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Ulises Heureaux

Ulises Hilarión Heureaux Lebert, conocido como Lilís (San Felipe de Puerto Plata, 21 de octubre de 1845-Moca, 26 de
julio de 1899), fue un militar y político dominicano. Fue presidente de su país en tres ocasiones: del 1 de septiembre
de 1882 al 1 de septiembre de 1884, entre el 6 de enero y el 27 de febrero de 1887, y nuevamente desde el 30 de abril
de 1889 hasta su asesinato en 1899. Su forma de gobierno dictatorial condujo al país a la bancarrota, situación que
provocó una fuerte inestabilidad política y fue la causa principal de la posterior intervención norteamericana de 1916.
El Gobierno de Lilís fue una continuación de los de Luperón y Meriño, pero lo colocó en una posición de poder tal que,
movido por los baecistas, se dispuso a ser él quien señalara al próximo presidente de la República. De ahí que cuando
Luperón quiso imponer la candidatura de Pedro Francisco Bonó, la cual este rechazó, Heureaux se apresuró a expresar
su apoyo a la de Francisco Gregorio Billini como presidente y Alejandro Woss y Gil como vicepresidente. A ella se le
opuso otra encabezada por el general Segundo Imbert y Casimiro de Moya, quienes ganaron los comicios, pero Lilís
introdujo en las urnas 15,000 votos y el Congreso, sumiso, proclamó vencedores a los primeros.
Deseando detener la creciente hegemonía de Heureaux, el ala más liberal de los azules empezó a atacar al Gobierno
de Billini, quien finalmente tuvo que entregar el poder a Woss y Gil el 16 de mayo de 1885, con lo que el control
político quedó en manos de Lilís, ya que Woss y Gil obedecía a sus dictados. Las tendencias absolutistas de Heureaux
alarmaron al ala liberal, que se alineó con Casimiro de Moya con miras a las próximas elecciones presidenciales.
Llegada la fecha, Moya presentó su candidatura y lo mismo hizo Lilís. La gran mayoría del país estaba a favor del
primero, pero de nuevo Heureaux recurrió al fraude. Los moyistas iniciaron entonces una revolución en 1886 y, como
las armas favorecieron en un principio a los insurrectos, Heureaux sobornó a los principales hombres del
levantamiento y, al final, Monción y Moya tuvieron que abandonar el país.
Tan pronto como Lilís asumió el poder por segunda vez, instó a sus partidarios a pedir que el Congreso se convirtiera
en Convención Nacional a fin de modificar la Constitución para extender a cuatro años el período presidencial de dos y
lograr que las elecciones se celebraran de acuerdo con la vieja forma indirecta de los colegios electorales, en vez de la
del sufragio universal y el voto libre y directo. El Congreso no solo lo complació, sino que además le otorgó el título de
Pacificador de la Patria. Dueño absoluto de la situación, Heureaux llenó las cárceles de presos políticos, amordazó a la
prensa y controló el Congreso. Ante todos esos hechos, los liberales azules solicitaron a Luperón, fuera de la
República, que regresara para evitar que Lilís se reeligiera en los comicios de octubre de 1888. Luperón accedió y
Heureaux le escribió para ofrecerle apoyo a su candidatura.
Pronto, Luperón descubrió que Lilís solo esperaba la aprobación de un préstamo de 770,000 libras esterlinas, que
Eugenio de Marchena, un agente financiero, gestionaba en Europa, para lanzar por tercera vez su propia candidatura.
Como el préstamo fue aprobado por la casa holandesa Westendorp y Compañía, Luperón se retiró de la contienda
cívica. Afianzado en el poder, Heureaux reinició las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos, por lo que los
exiliados políticos se reunieron en Haití bajo el liderazgo de Moya para sacarlo de la presidencia. El plan contaba con la
colaboración del presidente Hippolyte, molesto por la ayuda que su homólogo dominicano prestaba a los contrarios a
su gobierno. Pero Lilís firmó un pacto con él y la proyectada invasión abortó.
Necesitado de una mayor seguridad, Heureaux ofreció al Gobierno de Estados Unidos el arrendamiento de la bahía y
península de Samaná a cambio de dinero y protección militar, pero la impopularidad de esa decisión fue tan grande
que se vio obligado a dejarla sin efecto. Dado que las dificultades económicas del Gobierno aumentaban, recurrió a
otro empréstito de 900,000 libras con la misma firma, pero esta no pudo facilitárselo y, para evitar la quiebra, vendió
sus intereses en la República a un grupo de capitalistas norteamericanos, quienes fundaron la San Domingo
Improvement Company. Cuando se convocó a nuevas elecciones a finales de 1892, Lilís expresó que no pensaba
repostularse por encontrarse muy cansado, pero en realidad lo que deseaba era saber quiénes serían los aspirantes a
la presidencia.
Eugenio de Marchena, funcionario del Banco Nacional de Santo Domingo, presentó su candidatura y lo mismo hizo
Lilís, derrotándolo abrumadoramente gracias a su acostumbrado método. En venganza por el fraude, Marchena le
cerró el crédito que tenía en el banco, y Lilís lo apresó y ordenó su fusilamiento en diciembre de 1893. Ignacio María
González, ministro de Asuntos Exteriores, que estaba en la conspiración de Marchena, se asustó y huyó a Puerto Rico,
de donde pasó a Haití a juntarse con Luperón y Moya para preparar otra expedición contra Heureaux. En esta ocasión
Hippolyte los apoyó con armas y municiones, pero Lilís le hizo saber que favorecería a sus enemigos si no detenía la
invasión y el presidente haitiano obligó a los expedicionarios a salir de su país en el plazo de 72 horas.
En 1897, el Gobierno de Lilís se hallaba en total bancarrota e incapacitado de poder cubrir las acreencias de nacionales
y extranjeros, por lo que tuvo que conseguir un nuevo préstamo de 600,000 dólares en Europa, que destinó a pagar
las deudas que había contraído con comerciantes e industriales de las ciudades de Santo Domingo y San Pedro de
Macorís, dejando a los cibaeños sin recibir nada. El disgusto por esa discriminación se sintió rápidamente,
concretándose en la invasión marítima que desde Montecristi lanzó el negociante Juan Isidro Jimenes. La invasión
fracasó y Jimenes se exilió en París, donde entró en contacto con un grupo de jóvenes dominicanos que se disponía a
regresar a su país. Ya en él, uno de ellos, llamado Jacobito de Lara, se unió al comerciante y agricultor Horacio
Vásquez, quien con su primo Ramón Cáceres urdía el derrocamiento de Heureaux.