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4.9.

LA RELACIÓN JURÍDICA REPRESENTATIVA

El acto de otorgamiento de la representación, como todo acto jurídico, genera una relación
jurídica que queda entablada una vez que el representante asume la representación y que
pasamos a denominar relación representativa, en cuyos extremos se ubican el representado y
el representante.

La relación representativa es una relación simple y compleja, pues puede entablarse entre el
representado y su representante para que éste desempeñe la representación sin que exista
ninguna otra relación jurídica entre ambos, pero puede también entablarse estando
representado y representante además vinculados por una relación conyugal o de parentesco, o
por un contrato de prestación de servicios, de mandato, de trabajo o por cualquier otra
relación contractual. De este modo, la relación representativa va yuxtapuesta a otra relación
jurídica, la que puede extinguirse sin que su extinción afecte la existencia de la relación jurídica
con la que va yuxtapuesta, o viceversa, como, por ejemplo, la disolución del vínculo conyugal
pero manteniéndose la representación y el poder en el ex cónyuge o la revocación del poder al
prestador del servicio sin que tal revocación afecte el vínculo nacido del contrato de locación.

Lo expuesto explica la autonomía de la representación como institución jurídica y la de la


relación representativa. Por eso, estamos con Díez-Picazo cuando, exponiendo la doctrina de la
autonomía de la representación, precisa la existencia de una relación jurídica entre el
representante y el representado a la que llama "relación representativa" y la distingue de la
"relación originante de la representación", la que puede ser de índole muy diversa.

En virtud de la relación representativa el representante actúa ante un tercero, que es ante


quien o con quien se realiza la gestión representativa y el que adquiere derechos o contrae
obligaciones como consecuencia del acto realizado con el representante. Este tercero, que lo
es porque es ajeno a la relación representativa, recibe la denominación tradicional de tercero
contratante, como rezago, seguramente, de cuando la representación voluntaria se
consustanciaba en el contrato de mandato.

La relación representativa es, pues, la relación jurídica entre el representante y el


representado, como consecuencia de haber otorgado éste su representación. En virtud de esta
relación el representante queda habilitado para actuar frente a los terceros, en nombre y en
interés de su representado, como representante directo, o en interés de su representado mas
no en su nombre, como representante indirecto.
En esta relación representativa que es el objeto del acto de otorgamiento de la
representación, como en toda otra relación jurídica, aparecen derechos y deberes para las
partes, en este caso, representado y representante.

4.9.1. LOS DERECHOS Y DEBERES DEL REPRESENTADO Y DEL REPRESENTANTE

La relación representativa, como lo acabamos de indicar, determina derechos y deberes tanto


para el representado como para el representante, en torno a los cuales se encuentran la
cautela del interés del representado y la confianza recíproca que deben guardarse ambos. Si
bien el acto jurídico que la genera es unilateral, la relación representativa, una vez entablada,
genera reciprocidad de derechos y obligaciones para las partes.

El Código Civil no ha precisado en el tratamiento de la representación los derechos y los


deberes inherentes a la relación representativa, lo que sí hace en relación al contrato de
mandato enumerando las obligaciones, por lo que aun cuando la representación es una figura
típica y distinta del mandato, consideramos que por analogía resultan de aplicación las
disposiciones del art. 1793, que enumera las obligaciones del mandatario, y del art. 1796, que
enumera las del mandante.

No se piense que los deberes que resultan de la aplicación analógica de los acotados arts. 1793
y 1796 son los únicos resultantes de la relación representativa, pues de ella se derivan muchos
otros a los cuales hemos hecho referencia y la seguiremos haciendo en el desarrollo de
nuestro estudio. Además, debe tenerse en consideración también que de los mismos deberes
que son inherentes a la relación representativa se derivan responsabilidades que, según el
caso, pueden imputarse el representado y el representante.

A. DERECHOS Y DEBERES DEL REPRESENTADO

El representado tiene el derecho fundamental a que el representante cautele debida y


adecuadamente sus intereses, y para esa finalidad le ha depositado su confianza al otorgarle
su representación, lo que le genera los deberes que pasamos a considerar en aplicación
analógica del art. 1796 del Código Civil.

A.1) Facilitación de los medios necesarios para el ejercicio de la representación

El representado voluntariamente ha otorgado su representación y ello lo obliga a facilitar a su


representante los medios necesarios para que pueda cumplir con el cometido. No se trata
únicamente de facilitar los medios económicos mediante provisión de fondos, sino también de
facilitar información y todos los documentos que sean menester. El dominus debe precisarle al
representante el interés que debe cautelar.
A.2) Pago de la retribución

Como lo hemos indicado el detenemos en las características del acto de otorgamiento de la


representación (Supra N.º 96.1), ni la onerosidad ni la gratuidad son características propias de
la representación, pues dependen de su relación originante. Si de ésta se deriva la obligación
de retribuir el ejercicio de la representación, el representado está obligado a retribuirla.

A.3) Reembolso de los gastos

El reembolso de los gastos, en nuestra opinión, procede en todos los casos, sea que la relación
originante de la representación le haya dado características de onerosidad o de gratuidad. En
el primer caso, porque se trata de conceptos distintos, ya que uno es el de la contraprestación
por el desempeño de la representación y otro el reembolso de los gastos que efectúe el
representante, porque este reembolso no constituye contraprestación, por lo que no
desnaturaliza el carácter de gratuidad que se le haya querido dar a la relación representativa.
Sin embargo, nada obsta para que el representante pueda dispensar al dominus del
reembolso.

A.4) Indemnizar daños y perjuicios

La obligación que resulta para el representado si el ejercicio de la representación irroga daños


y perjuicios al representante, es también evidente. No tiene que ver con el carácter oneroso o
gratuito de la relación representativa, sino en el principio que obliga a indemnizar todo  daño,
siempre que exista un nexo causal entre el ejercicio de la representación y los daños y
perjuicios que sufra el representante. En alguna medida podría producirse una confusión con
la obligación de reembolso de gastos, pero no la hay. Los gastos son las expensas que por
cuenta del representado realiza el representante. Los daños son los que éste sufre como
consecuencia directa del ejercicio de la representación y, los perjuicios, lo que deja de ganar,
su lucro cesante. Ambos deben derivarse de hechos sobrevinientes el entablamiento de la
relación representativa.

B. DERECHOS Y DEBERES DEL REPRESENTANTE

Los derechos del representante son los deberes del representado, y viceversa, por lo que
también en aplicación analógica del art. 1793 del Código Civil pasamos a considerar los
deberes del representante.

B.1) Ejercer personalmente la representación y sujetarse a las instrucciones recibidas

Como la representación se funda en la confianza del representado en la persona del


representante, éste se obliga a ejercerla personalmente, salvo que se le haya dado la facultad
de la sustitución. El ejercicio de la representación implica, obviamente, sujetarse a las
instrucciones dadas por el dominus, máxime si se trata de la cautela de sus intereses.

B.2) Comunicar los resultados de los actos representativos

El representante, actúe o no en nombre del dominus, lo hace siempre en su interés. De ahí que
tenga la obligación de hacer de su conocimiento los resultados de los actos representativos y
de la manera como han quedado cautelados sus intereses.

B.3) Rendir cuentas de su actuación

La rendición de cuentas tiene una connotación muy propia, pues significa expresar los
resultados de la actuación mediante una evaluación económica a fin de determinar lo positivo
o negativo que ha resultado la cautela de los intereses del dominus. Implica, pues, justificar los
gastos para su aceptación por el representado y correspondiente reembolso, así como un
detalle documentado de la administración de los bienes o de los resultados de su disposición.

4.10. LA REPRESENTACIÓN Y SUS EFECTOS


Las reglas básicas en materia de representación son las siguientes:

a. Si el representante actúa en ejercicio de sus facultades, el acto es eficaz con respecto al
representado (art. 160 c.c.).

b. Si el representante se excede en el ejercicio de sus facultades, actúa como tal sin serlo o
viola dichas facultades, el acto es ineficaz con respecto al representado (art. 161 c.c.).

En efecto, el art. 160 c.c. regula que:

"El acto jurídico celebrado por el representante, dentro de los límites de las facultades que se
le haya conferido, produce efecto directamente respecto del representado".

Como lo ha advertido una atenta doctrina, para que se imputen los efectos jurídicos al
representante, deben interpretarse sistemáticamente los arts. 160 y 164 c.c.

El art 161 c.c. prescribe que:

"El acto jurídico celebrado por el representante excediendo los límites de las facultades que se
le hubiere conferido, o violándolas, es ineficaz con relación al representado, sin perjuicio de las
responsabilidades que resulten frente a este y a terceros".

El art. 1398 c.c.ita. establece que: "Quien ha contratado como representante sin tener los
poderes o excediendo los límites de las facultades conferidas, es responsable del daño que el
tercero contrayente ha sufrido por haber confiado sin su culpa en la validez del contrato"
Debido a la redacción de este numeral, se ha generado una discusión en la doctrina italiana,
respecto de la naturaleza jurídica del acto con falta o en exceso de poder. Así, "se han
alternado todas las tesis, la de la nulidad, especificando que se trata de nulidad relativa, la de
anulabilidad y la mayoritaria, de la ineficacia, que se subdivide en dos subtesis, la tesis que
configura el supuesto como negocio in itinere respecto al cual la ratificación se pone como
elemento de perfeccionamiento y la tesis del negocio cuyos efectos están suspendidos hasta
verificarse una condición suspensiva". Por otro lado, "el deber de resarcimiento del daño, no
significa que el representante deba cumplir la prestación en lugar del representado". Doctrina
nacional sostiene que los actos sujetos a ratificación tienen "efectos provisorios y deben ser
consolidados".

En mi opinión el negocio con falta, en exceso o con abuso de poder es ineficaz y puede, como
no, ser ratificado. No cabe su calificación como in itinere ni sometido a condición alguna ni,
mucho menos, entender que existe el deber de subsanarlo. En atención a ello, se sostiene que
"el discurso está estrictamente ligado a la función que se quiere atribuir a la ratificación que,
en la consideración de la doctrina y también a nivel de orientaciones de la jurisprudencia, ha
sido siempre entendida como un negocio dotado de cierta autonomía, al igual que el poder,
prescindiendo del hecho que sea interpretado un evento deducido en condición o un
elemento que perfecciona un negocio in itinere".

4.11. ¿QUÉ TIPO DE RESPONSABILIDAD LE CORRESPONDE AL REPRESENTANTE?

Dada la naturaleza de la representación, frente al representado (o falso representado) es de


carácter extracontractual. En mi opinión, frente al tercero, es de la misma naturaleza. No
obstante, un sector de la doctrina afirma que es precontractual "en cuanto el tenor de la
disposición es muy claro en este sentido y el representante, incluso si es pseudo representante
no puede ser calificado tercero respecto al contrayente con el cual ha entrado en contacto a
efectos de la estipulación de un contrato que habría podido surtir efectos si hubiese sido
ratificado. Por consiguiente, es responsabilidad precontractual a la cual se le reconoce un
carácter objetivo". Independientemente del "contacto" del representante que se excede,
abusa o del falso representante, lo que ha infringido es el deber genérico de no dañar.

Interesante el fundamento por el cual se sostiene que esta responsabilidad es objetiva:


"puesto que se trata de una responsabilidad vinculada a una actividad emprendida a efectos
de concluir un contrato con otros, su justificación se encuentra, en definitiva, en la asunción
del riesgo de esta iniciativa económica, de la cual se obtienen ventajas y desventajas". Entre
las desventajas "figura la confianza no culpable del tercero en la conclusión del contrato y en
su eficacia".

El art. 161 c.c. individualiza, tres supuestos:

1. EXCESO DE FACULTADES
Se configura cuando, habiendo una relación jurídica representativa, el representante se
extralimita, va más allá del ámbito de actuación conferido por el representado. Puede ser
tanto en perjuicio o en beneficio del dominus. Este supuesto tiene que ser diferenciado de la
actuación ultra vires del representante :en este caso, que se da en el ámbito de la denominada
representación orgánica, el representante (actuando dentro del ejercicio de sus funciones) va
más allá del objeto social de la persona jurídica representada. A diferencia del art. 161, el acto
tiene eficacia respecto del tercero de buena fe (art. 12 de la Ley General de  Sociedades, N°
26887, del 09.12.97). Se discute en doctrina si en el caso de las personas jurídicas no lucrativas
cabría aplicar este tipo de solución.

2. FALSA REPRESENTACIÓN
En este caso no existe la relación jurídica de representación. Se afirma que "naturalmente,
cuando el pseudo representado sea cómplice del falso representante y haya realizado un
verdadero engaño, o una estafa, con daño al tercero contrayente, incurrirá en una
responsabilidad aquiliana". En nuestro sistema, se daría la responsabilidad solidaria de
ambos ex art. 1983 c.c.

3. VIOLACIÓN DE FACULTADES
Este supuesto también es denominado en la doctrina como abuso en la representación, el cual
"presupone que la actividad del representante aparezca exteriormente conforme al contenido
de su efectiva legitimación, persiguiendo en concreto, no obstante, fines e intereses
incompatibles (en todo o en parte) con aquellos del representado. En este caso, no existe
ninguna posibilidad de confundir exceso de representación, que es el exceso de los límites de
la legitimación y abuso, que implica la desviación de esta de sus fines sustanciales". Dentro del
mismo se encontraría, por ejemplo, el negocio jurídico celebrado por el representante en
manifiesto conflicto de intereses con el representado, como sería el caso en el cual
(habiendo estado facultado para vender un bien del representado) el representante se lo
venda a un familiar suyo o lo haga a un precio notoriamente inferior al del mercado. El art.
1394 del c.c.ita. prescribe lo siguiente:
"El contrato concluido por el representante en conflicto de intereses con el representado
puede ser anulado a pedido del representado, si el conflicto era conocido o reconocible por el
tercero".

El modelo italiano sanciona este supuesto con anulabilidad, mientras que el peruano con
ineficacia. El conflicto de intereses entre representante y representado "debe referirse a la
relación de gestión, en base a la cual el representante, como cooperante del principal, asume
la obligación de actuar en el interés de este. De tal manera se tiene conflicto de intereses
todas las veces que el cooperante desconoce esta obligación y desconoce el interés del
principal, porque en el negocio a concluirse está comprometido un interés suyo o el interés de
otro, el cual tiene en cuenta y está en contraste con el del principal. Así que el conflicto de
intereses se resuelve en un peligro actual y real de daño para el representado, el cual, por la
intervención de un elemento extraño, corre el riesgo de verse comprometido el fin que tenía
en mente lograr cuando otorgó el mandato.

Un negocio realizado en estas condiciones está viciado, porque el representante, siendo el


ejercicio actual del poder de representación incompatible con el fin para el cual fue concedido,
debe considerarse despojado del poder de vincular al dominus. Precisamente el negocio es
anulable y el dominus puede hacer valer sus pretensiones tanto contra el representante
mismo, si es su contraparte, como contra el tercero contrayente, cuando pruebe que este
último conocía la existencia del conflicto al momento de celebrar el negocio, o la situación
objetiva era tal que él, utilizando la diligencia media, tenía la obligación de conocerla".

4.12. LA RATIFICACIÓN
Esta figura jurídica sólo es inherente a la representación directa sin poder, donde el
representante excede los límites de la representación, viola el contenido o se atribuye una
representación que no la tiene, donde frente a los actos jurídicos celebrados por dicho
representante, que son ineficaces, el representado tiene la facultad de ratificarlos, es decir,
convalidar, reafirmar, aprobar, revalidar en todos sus efectos. En esencia, esa es la finalidad de
la ratificación. La ratificación es, entonces, un acto jurídico por el que el indebidamente
representado acepta o aprueba el acto celebrado por quien se excedió en Ios límites de las
facultades, las violó o se atribuyó la representación sin que nunca se la hubieran otorgado.
Naturaleza jurídica de la ratificación
Es un acto unilateral y accesorio. Es unilateral porque sólo compete y es atribución única de la
voluntad del representado que convalida en sus efectos el acto jurídico celebrado por el
representante sin poder y un tercero.
Es accesorio, en razón de que el acto ratificatorio se circunscribe al contexto del acto jurídico
celebrado por el representante sin poder y un tercero, que vendría a ser el acto jurídico
principal.
Destinatarios de la ratificación
 

La persona que recibe la ratificación del acto jurídico celebrado por el representante sin poder,
vendrá a ser el tercero contratante, mas no el mencionado representante. Ello tiene
fundamento en que la ratificación propicia de que los efectos de aquel acto jurídico, en forma
válida ingrese a la esfera jurídica de representado y, por tanto, surge una relación jurídica
entre éste y el tercero contratante. Sería iluso creer que la ratificación sea dirigida hacia el
representante sin poder ya que éste solamente ha servido como un nexo o enlace para
vincular al tercero contratante como representado, aun cuando este último inicialmente no
autorizó ello. Otro sector de la doctrina señala que los destinatarios serían ambos, pero este
razonamiento (según nuestro parecer) queda enervado por cuanto el interés legítimo y la
relación jurídica que se está convalidando es con el tercero contratante mas no como
representante sin poder.
Forma de la ratificación
La forma a seguir del acto ratificatorio es aquella que corresponde al acto jurídico que se
ratifica. Así tenemos, por ejemplo, si el acto jurídico celebrado por el representante sin poder y
un tercero se ha realizado mediante escritura pública, es correcto que la ratificación se realice
también mediante esta forma, es decir, por escritura pública.
Transmisibilidad de la ratificación
Según nuestro Código Civil se prevé que la facultad de ratificar el acto jurídico celebrado por el
representante sin poder es transmisible a los herederos del representado, de manera, si éste
fallece, es perfectamente posible que sus herederos puedan realizar la ratificación.

4.13. LA REVOCACIÓN

La revocación es el acto jurídico unilateral recepticio, por medio del cual el representado
extingue la relación jurídica con el representante. Puede ser expresa o tácita. Para que sea
oponible a terceros hay que inscribir la revocación en el Registro de Mandatos y Poderes o
comunicarles esta situación.

El art. 149 c.c. establece que "El poder puede ser revocado en cualquier momento". Doctrina
nacional sostiene que "la revocación de poder, al igual que su concesión, es/un acto jurídico
unilateral y recepticio. En orden a esto, su eficacia queda supeditada a que la decisión y
ejecución de la revocación del poder sean puestas en conocimiento no solo del apoderado,
sino de los terceros que pudieran tener noticia de la existencia de la representación". También
se sostiene que es "un poder de extinción o de cancelación de negocios jurídicos unilaterales".

Un sector de la doctrina nacional distingue la revocación del desistimiento o apartamiento del


contrato (recesso). Así "el desistimiento es el poder de dejar sin efecto un contrato mediante la
manifestación de voluntad de una sola de las partes o de ambas si se ha previsto o se ha
regulado de esa manera. El desistimiento opera sobre el plano de los efectos. En el
desistimiento hay una retractación del contrato. Uno se desiste porque la razón que lo
impulsaba a contratar ha desaparecido y por eso está autorizado a dejar sin efecto un contrato
válido y eficaz. En cambio, la revocación es un poder que "incide directamente sobre un acto
precedente, provocando su eliminación"". Un supuesto de desistimiento lo tenemos en el art.
1365 c.c.

La revocación y la renuncia "son expresión de un mismo derecho" que la ley le reconoce al


representante y al representado, "es decir, el derecho potestativo de apartamiento (recesso),
que le permite a cada uno de poner fin a la relación con una manifestación unilateral de
voluntad, de la cual, el otro no puede hacer más que tomar conocimiento y asumir los
efectos".

La revocación "no tiene necesidad de formas particulares y puede producirse tácitamente, con
el cumplimiento del negocio previsto por obra del mismo interesado (ya que la legitimación del
representante es se dice de segundo grado y no excluye la del dominus: Cas. Italiana No. 2193,
del 30.05.75)".

4.14. OTROS SUPUESTOS DE EXTINCIÓN DE LA REPRESENTACIÓN

Salvo el caso de la revocación, no contamos con un artículo específico que regule estos
supuestos. Por ello, dada la semejanza con el contrato del mandato, cabe la aplicación, en vía
analógica de los arts. 1801 a 1805 c.c. De tal manera:

La representación se extingue por ejecución total del poder (entendido como el acto o la serie
de actos que estaba facultado a realizar el representante), vencimiento del plazo y muerte,
interdicción o inhabilitación del representante o del representado (art. 1801 c.c.).

Son válidos los actos que el representante realiza antes de conocer la extinción de la
representación (arts. 1802 c.c.).

Si el poder ha sido otorgado también en interés del representante o de un tercero, la muerte,


interdicción o inhabilitación del representado no extinguen el poder. (1803 c.c.).
Existe el deber de información para con el representado, por parte de los herederos o de quien
represente o asista al representante, de la muerte, interdicción o inhabilitación de este, así
como de tomar las providencias exigidas por las circunstancias (art. 1804 c.c.).

Si se trata del supuesto de pluralidad de representantes que tienen que actuar conjuntamente,
el poder se extingue para todos aun cuando la causa de extinción se refiera solo a uno de ellos,
salvo pacto diverso (art. 1805 c.c.).

4.15. LA REPRESENTACIÓN APARENTE

La representación aparente está regulada en el artículo 842 del Código de Comercio y surge


cuando una persona (por ejemplo, una sociedad comercial), a través de comportamientos
reflejados en actos u omisiones, crea la apariencia razonable ante terceros que cierto sujeto es
su representante legal y que por lo tanto está facultado para contratar en su nombre y
representación. Dicho de otro modo, es cuando la persona que interviene en un acto jurídico
en nombre y representación de la sociedad no se encuentra inscrita en el registro de la
mencionada entidad y aun así existe la posibilidad de que la sociedad comercial quede
obligada en virtud de ese negocio jurídico si se cumplen los requisitos para que se configure
una representación aparente. La referida norma reza lo siguiente: “Quién dé motivo a que se
crea, conforme a las costumbres comerciales o por su culpa, que una persona está facultada
para celebrar un negocio jurídico, quedará obligado en los términos pactados ante terceros de
buena fe exenta de culpa”.

A continuación, enumeramos aquellos que se presentan cuando es una sociedad comercial la


obligada en un negocio jurídico, en virtud de una representación aparente:

1) Persona que celebra un negocio jurídico en nombre y representación de una sociedad


comercial, pero que no ostenta la calidad de representante legal de la misma. Por lo general,
son trabajadores de la sociedad.

2) Persona jurídica (sociedad comercial) que cuenta con un representante legal, y que a través
de distintos actos genera la apariencia de que una persona distinta a su representante ostenta
las facultades de un representante legal capaz de obligar a la sociedad.

3) Negocio jurídico celebrado entre la persona que actúa como representante de la sociedad
comercial, pero que no ostenta tal calidad, y un tercero.

4) Tercero con quien se celebra el negocio jurídico, quien tiene la intención de contratar con la
sociedad comercial y que actúa de buena fe exenta de culpa. Esta persona cree
razonablemente que quien suscribe el contrato en nombre de la sociedad es su representante
legal, pues así se lo ha hecho creer la sociedad y las costumbres comerciales.

Cabe mencionar que la norma no se limita a las sociedades comerciales, sino que es aplicable
también a personas naturales comerciantes, entidades sin ánimo de lucro, etc., es decir, que
los primeros dos elementos identificados varían dependiendo de los involucrados en el
negocio jurídico.

La consecuencia jurídica de la apariencia creada en el mercado por dicho sujeto es que él


resulta obligado ante quienes contrataron con la persona que asumió la condición de
representante aparente. De otro lado, para que opere la representación aparente, es
indispensable que los terceros se hubiesen comportado conforme a la buena fe exenta de
culpa al momento de contratar con el supuesto representante, es decir, que ellos antes de
realizar el contrato verificaron o tomaron todas las medidas razonables para conocer si el
sujeto estaba facultado o no para hacer negocios por la persona que creó el manto de
apariencia en el mercado, como por ejemplo revisar previamente el certificado de existencia y
representación legal reciente del ente societario.

4.16. VICIOS DE LA VOLUNTAD

La doctrina también examina qué sucede si el consentimiento o voluntad del representante


adolece de algún vicio o qué acontece si éste actuó con fuerza o dolo. Si se acepta la teoría de
la representación-modalidad, y dado que según ella es la voluntad del representante la que
genera el acto jurídico, no cabe duda que si dicha voluntad adolece de algún vicio del
consentimiento, el acto está viciado de nulidad relativa y el representado podría solicitar que
se declare la rescisión, excepto cuando el error del representante no altera los efectos
queridos por el representado, pues en tal caso no hay perjuicio patrimonial que proteger. Si se
trata de fuerza o dolo, el acto es siempre anulable, cualesquiera sean sus efectos, pues la
sanción de estos vicios es de orden público. Si el representante procedió con dolo, quien
contrató con él podrá pedir la rescisión, pero por la indemnización de perjuicios responderá el
representante y no el representado, pues la representación no cabe en la comisión de hechos
ilícitos civiles. Lo anterior, a menos que el representado hubiere sabido que el representante
actuaría dolosamente, y ello pueda probarse.

Finalmente, la doctrina y la jurisprudencia han discutido si puede el representado pedir la


declaración de nulidad absoluta de un acto cuando el representante supo o debió saber el vicio
que lo invalidaba (art. 1683). La jurisprudencia más reciente, como se dijo al estudiar la
nulidad, se inclina por admitir la solicitud, estableciendo que la representación autoriza al
representante sólo para efectuar actos lícitos a nombre del representado; por ende, éste
podría solicitar la nulidad absoluta, ya que no se le puede imputar el acto ilícito. A contrario
sensu, si el representado conoció o debió conocer el vicio de que adolecía el acto, está
inhabilitado de pedir la declaración de nulidad, aunque el representante haya ignorado el
vicio.

¿Es válido un contrato celebrado bajo violencia o intimidación?

A la primera se refiere el artículo 1267 del Código Civil al establecer que "hay violencia cuando
para arrancar el consentimiento se emplea una fuerza irresistible". Ello se dará en todos
aquellos casos de violencia física absoluta en que la voluntad de la persona que realiza la
declaración es sustituida por la del agente violentador, así como en los casos de coacción
psíquica.

La intimidación consiste, según dicho precepto en "inspirar a uno de los contratantes el temor
racional y fundado de sufrir un mal inminente y grave en su persona y bienes, o en la persona
o bienes del cónyuge, descendientes o ascendientes". Para calificarla, "ha de atenderse a la
edad y condición de la persona", debiendo tenerse en cuenta que "el temor a desagradar a las
personas a las que se debe sumisión y respeto, no anulará el contrato". Aunque el Código Civil
no lo explicite, la amenaza intimidatoria ha de ser injusta, ya que en el caso de que la amenaza
se reduzca al posible ejercicio de un derecho, no se estará llevando a cabo intimidación alguna.

Si bien en el negocio jurídico celebrado bajo la violencia física absoluta no hay realmente
voluntad y en el caso de intimidación ésta se encuentra sólo viciada, el Código Civil dispone la
misma consecuencia para ambos supuestos: los contratos celebrados bajo violencia o
intimidación serán anulables aunque se hayan empleado "por un tercero que no intervenga en
el contrato" (artículo 1268 del Código Civil).

4.17. NEGOCIO CONSIGO MISMO

El autocontrato puede definirse como aquel contrato donde existiendo formalmente acuerdo
libre de voluntades que sirve de base a toda relación contractual, sin embargo, las voluntades
concordes son libremente exteriorizadas por una sola persona, aun ostentando distintas
cualidades.

El autocontrato, en el sentido de contrato celebrado por una persona con ella misma, se
relaciona con la representación, pues, en puridad, existe cuando se celebra un contrato con un
único declarante que adopta la posición de las dos partes: de una, obrando en su propio
nombre; y, de la otra, haciéndolo en el del tercero; o bien cuando la persona que perfecciona
el contrato representa a las dos partes en relación. El fenómeno de la autocontratación es
definido por el Tribunal Supremo como "figura por la que el acto unilateral de una sola
persona crea relaciones jurídicas entre dos patrimonios distintos" (en Sentencia de 21 de
febrero de 1968).

La característica básica de esta figura radica, por tanto, en el hecho de que, frente a la
necesidad de que, en el contrato, como acuerdo libre de voluntades intervenga una pluralidad
de partes; en el autocontrato interviene un único sujeto aun manteniéndose el concurso de
varias voluntades. El riesgo propio del autocontrato es evidente, al reunirse en una sola
persona dos voluntades, generándose una desconfianza hacia la posible parcialidad en quien
actúa en los casos propios de autocontratación.

De otro lado, dos son las modalidades de autocontratación que pueden darse, aquella en que
una persona, el auto contratante, actúa en un negocio jurídico representando a dos sujetos
con intereses distintos; o bien, cuando éste contrata con un tercero representando a aquél y, a
la vez, actuando en nombre propio, como genuina autocontratación y sobre la que más se ha
discutido, al no existir ninguna regulación expresa de esta figura en nuestro ordenamiento
jurídico. Así tenemos:

1)    Que una persona actúe lanzando una declaración de oferta por derecho propio y, a su vez,
esa misma persona, como representante de otro sujeto declare aceptar la oferta.
Así por ejemplo, si “A” decide vender su casa en el Distrito de San Miguel y, a su vez es
representante de “B”, quien le ha otorgado poder a fin de que le compre una casa en el
Distrito de San Miguel; en este supuesto es factible que “A” pueda lanzar una oferta de venta
de dicha casa como propietario y, asimismo como representante de “B” declare aceptar la
oferta y comprar dicho bien inmueble, donde aquí se podrá apreciar que “A” está vendiendo
su casa y, a su vez como representante de “B” está comprando dicha casa. Se observa como
una persona (es decir “A”) está realizando un acto jurídico bilateral, es decir, una
compraventa.

2)    Que una persona actúe lanzando una oferta en representación de otra persona y, asimismo
en representación de otro sujeto distinto al mencionado, declare aceptar la oferta.
Como por ejemplo podríamos citar si “A” recibe poder de “X” para vender su casa ubicada en
el Distrito de San Miguel, asimismo “A” tiene poder de “Y” quien le ha facultado comprar una
casa en dicho Distrito; en consecuencia “A” puede vender dicho bien inmueble en nombre de
interés de “X” y, de igual forma puede comprar dicha casa en nombre e interés de “Y”. Como
se podrá apreciar, la persona de “A” habrá celebrado un acto jurídico consigo mismo, esto es,
una compraventa en representación de personas distintas.

4.18. SUSTITUCIÓN Y DELEGACIÓN DEL PODER

La sustitución consiste en la cesión que realiza el representante de su posición dentro de la


relación representativa a persona distinta, quien viene a sustituirlo ocupando su lugar con las
facultades que le fueron conferidas. Por efecto de la sustitución la relación representativa se
extingue respecto del sustituyente y se entabla con el sustituto, quien se constituye en
representante. Como el representante está obligado a ejercer personalmente la
representación, dentro de las facultades que le han sido conferidas debe figurar la de la
sustitución, pues así lo establece el art. 157 del Código Civil.

En efecto, el acotado art. 157 preceptúa que "El representante debe desempeñar
personalmente el encargo, a no ser que se le haya facultado expresamente la sustitución". La
norma registra antecedentes en los Códigos de 1936 y de 1852, aunque referidos al contrato
de mandato, y fue considerada por la Comisión Reformadora y finalmente adoptada por la
Comisión Revisora.

Como puede apreciarse, pues, la sustitución es una facultad que el representado debe
conferirle expresamente al representante, vale decir, es un poder especial. De no mediar esta
facultad y de producirse la sustitución, el representante incurre en responsabilidad y la gestión
representativa del supuesto sustituido constituirá una anomalía y configurará una
representación sin poder.

La definición de delegación es dar de una persona a otra la jurisdicción que tiene por su oficio
para que haga unas tareas o conferirle su representación. Otra posible dirección sería el
proceso que nos permite conferir a un colaborador el encargo de realizar una tarea,
concediéndole la autoridad y libertad necesarias, pero conservando siempre la responsabilidad
final por el resultado. La delegación implica al mismo tiempo la obligación de rendición de
cuentas al superior de las tareas que han sido delegadas.

4.19. LA RENUNCIA

La renuncia es el acto jurídico unilateral y recepticio con el cual el representante le comunica al


representado su voluntad de apartarse de la relación jurídica representativa.
La renuncia del representante es la contrapartida de la revocación por el representado y se
justifica también en la confianza que sirve de sustento a la relación representativa. Díez-Picazo
la funda en el intuitu personae y en la confianza, las cuales juegan recíprocamente en la
relación representativa, y que, así como el representado puede poner término a ella mediante
la revocación, también puede hacerla el representante mediante la renuncia. La renuncia viene
a ser, pues, una extinción del vínculo representativo por obra de la exclusiva y libre voluntad
del representante, constituyendo también, por ello, un acto jurídico unilateral que, al igual que
el de la revocación, es también de carácter recepticio, sólo que la manifestación se dirige
únicamente al dominus.

El art. 154 c.c. establece que:

"El representante puede renunciar a la representación comunicándolo al representado. El


representante está obligado a continuar con la representación hasta su reemplazo, salvo
impedimento grave o justa causa. El representante puede apartarse de la representación si
notificado el representado de su renuncia, transcurre el plazo de treinta días más el término de
la distancia, sin haber sido reemplazado".

Del tenor de la acotada norma se deducen dos maneras diferentes de renunciar a la


representación: (1) la comunicación de la renuncia y (2) la notificación de la renuncia.

1. La comunicación de la renuncia es, como hemos adelantado, un acto jurídico unilateral y


recepticio, pues el representante debe dirigir su manifestación de voluntad al
representado. La ley no impone forma para hacerla, siendo suficiente, para ello, cualquier
medio idóneo para comunicar la renuncia al representado. En tal caso, queda obligado a
continuar con la representación hasta su reemplazo, pues no puede, bajo responsabilidad,
faltar a su deber fundamental, cual es, la cautela de los intereses de quien le otorgó su
representación. Por ello, la renuncia sólo es oponible a la imputación de responsabilidad
por apartarse de la representación si el representante ha renunciado invocando un
impedimento grave o una justa causa.

El impedimento grave y la justa causa son dos conceptos que se deben tomar en
consideración. El impedimento grave se entiende cuando median caso fortuito o fuerza mayor
que, según el Código Civil, consisten en "un evento extraordinario, imprevisible e irresistible,
que impide la ejecución de la obligación o determina su cumplimiento parcial, tardío o
defectuoso" (art. 1315), como sería un accidente que determina la hospitalización del
representante y le impide desarrollar sus actividades. La justa causa puede consistir en el
incumplimiento por el dominus de obligaciones de su cargo generadas por la relación
originante de la relación representativa, en el incumplimiento de sus deberes por efecto de la
misma relación representativa (Supra N.º 101.1) o de causas de orden moral, como sería el
caso que el representante compruebe que los negocios que le ha confiado el representado
tienen origen ilícito.

2. La notificación de la renuncia es también un acto jurídico, pero de naturaleza procesal.


Supone que el representante renuncia mediante escrito presentado a un órgano
jurisdiccional, el que notifica al representado para que en el término de treinta días más el
término de la distancia nombre un reemplazante. Si el representado no lo hace el
representante puede apartarse de la representación sin incurrir en responsabilidad.

La diferencia entre la renuncia comunicada y la renuncia notificada radica, precisamente, en el


carácter procesal de la segunda. Se trata de un simple acto procesal, como lo ha planteado el
art. 154, segundo párrafo, del Código Civil, razón por la cual el Código Procesal Civil ha omitido
señalar la vía procesal, por innecesaria.

https://www.monografias.com/trabajos93/representacion-del-acto-juridico/representacion-
del-acto-juridico2.shtml

https://www.monografias.com/trabajos89/la-representacion/la-representacion.shtml

http://spij.minjus.gob.pe/notificacion/guias/CODIGO-CIVIL.pdf

file:///E:/TRABAJOS%20DE%20CONTA%202019-II/Teor%C3%ADa%20del%20Acto%20Jur
%C3%ADdico.pdf

https://andrescusi.blogspot.com/2014/09/la-ratificacion-andres-cusi-arredondo.html

https://repository.icesi.edu.co/biblioteca_digital/bitstream/10906/84375/1/T01443.pdf

https://guiasjuridicas.wolterskluwer.es/Content/Documento.aspx?
params=H4sIAAAAAAAEAMtMSbF1jTAAAUMTU2NTtbLUouLM_DxbIwMDCwNzAwuQQGZapUt
-ckhlQaptWmJOcSoAhjN0bDUAAAA=WKE

https://guiasjuridicas.wolterskluwer.es/Content/Documento.aspx?
params=H4sIAAAAAAAEAMtMSbF1jTAAAUNDMzNztbLUouLM_DxbIwMDCwNzAwuQQGZapUt
-ckhlQaptWmJOcSoAYIPf1zUAAAA=WKE
https://andrescusi.blogspot.com/2014/09/acto-juridico-consigo-mismo-andres-cusi.html

https://www.monografias.com/docs/Delegacion-De-Poder-F3F4WSTPC8UNZ