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INSTITUTO DE ENLACES EDUCATIVOS, A.C.

MAESTRIA EN CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN FAMILIAR DINÁMICA DE LA COMUNICACIÓN FAMILIAR

INDICE

Introducción a la materia
Currículum vitae-Presentación del tutor
Carta al alumno
Objetivos Generales
Bibliografía
Metodología

1 INTRODUCCIÓN.

2 COMUNICACIÓN HUMANA

2.1 Fundamentos científicos de la comunicación y su aplicación en la vida


familiar: Aspectos antropológicos.
2.2 Concepto de comunicación humana como un proceso sistémico a
favor de la integración familiar.
2.3 Comunicación interpersonal: proceso, aplicación y resultado.

3 COMUNICACIÓN VERBAL Y NO VERBAL

3.1 Elementos y efectos.


3.2 Manejo posicional de la comunicación con relación a la autoridad.

4 ANÁLISIS DEL MENSAJE

4.1 Semántica y semiótica en los mensajes familiares


4.2 Mensaje y formación de autoestima.

5 LA COMUNICACIÓN COMO MEDIO DE EDUCACIÓN FAMILIAR

5.1 Algunas actitudes educativas respecto a la comunicación.


5.2 Condiciones para emitir y recibir comunicación eficaz y asertiva.
5.3 La comunicación y la toma de decisiones:
5.4 La comunicación y las actividades comunes.
5.5 Contra comunicación, barreras de la comunicación y sus efectos en
la vida familiar.
5.6 Influencia de las barreras de la comunicación en la formación de
perjuicios educativos y sus efectos en la vida familiar

6 EL DIÁLOGO FAMILIAR
6.1 ¿Cómo lograrlo?
6.2 Conocimiento de las características de recepción del mensaje en los
niños, jóvenes y la pareja

7 INFLUENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LA FAMILIA

7.1 Medios de comunicación y familia.


7.2 Recepción del mensaje en los niños, los jóvenes y la pareja.

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INTRODUCCIÓN A LA MATERIA

Currículum Vítae

Mtra. Verónica Corral B.

Su experiencia se encuentra orientada principalmente hacia el área de servicio; brindar apoyo y


asesoría ha sido lo característico tanto en el ámbito laboral y estructurado de una empresa, como en el
desarrollo e impartición de pláticas y talleres a padres de familia.

• Maestría en Ciencias de la Educación Familiar, ENLACE.


• Diplomado en Orientación Familiar, ENLACE.
• Diplomado en Dirección del Hogar, ESDAI.
• Postgrado en Mercadotecnia, UNITEC.
• Licenciatura en Administración de Empresas, UNITEC.
• Diversos programas de actualización en temas como:
o “Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad” (Grupo Educare).
o “Canales de Percepción para una Mejor Educación” (Grupo Educare).
o Estilos de Aprendizaje.
• Experiencia en programas de “Escuela para Padres”; diseño e impartición de talleres y
cursos.

CARTA AL ALUMNO

Al ir avanzando y adentrándote en la lectura de está asignatura, podrás pasar de los conceptos


abstractos y teóricos de la comunicación humana a cuestiones de apoyo y ayuda en la vida práctica,
puesto que los conceptos se volverán útiles, detectables y funcionales para nuestro diario vivir y por
ende, para un continúo crecimiento personal, familiar y laboral si tomas el reto.

Especialmente para ti que estudias la Maestría en Ciencias de la Educación Familiar, encontrarás en


estas páginas una herramienta que con toda seguridad cambiará tu perspectiva y forma de trato con tus
alumnos, compañeros de trabajo, con tus hijos y cónyuge, así como también se modificará la manera
de ver a de los medios de comunicación y su influencia en tu vida cotidiana, y su intervención e impacto
en la educación.

Espero que así como a mí, esta materia sea un aliciente más en tu búsqueda personal de mejora
continúa.

Sólo me queda darte la bienvenida recordando a Máximo Bontempelli con su frase…

“Conversar es entrar en el surco que ha trazado el otro y proseguir en el trazo y


perfección de aquel surco”.

OBJETIVOS

• Adquirir los conocimientos básicos para comprender y analizar los fenómenos comunicativos
individuales y sociales que se presentan en la vida cotidiana y que afectan a la familia.

BIBLIOGRAFÍA

• Aguilar Álvarez Bay, Ernesto. (2001) “Vulgarianos en la Puerta”. Nueva York, Pág. 71.
• Aguilar, Eduardo. (1986) “Padres positivos”. México: Editorial Pax México, 207 pp.
• Asociación “A favor de lo mejor”. (1998) Manual de recepción critica. México. Pág. 91.
• Instituto Panamericano de Ciencias de la Educación. (2002) Diplomado en familia y
desarrollo: Comunicación humana, México: U.P.
• Polaino Lorente, Aquilino y Martínez Cano, Pedro. (1998) “Evaluación psicológica y
psicopatológica de la familia”. España: Instituto de Ciencias para la familia. Pág.
342.

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• Polaino Lorente, Aquilino y Martínez Cano, Pedro. (1999). La comunicación en la pareja.
España: Instituto de Ciencias para la familia. Pág. 302.
• Sánchez Muñiz, Consuelo y Sánchez Muñiz Rosario. (2006) .El que tiene la clave tiene
la llave. México: Editorial Trillas.
• Satir, Virginia. (2002). Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. México:
Editorial Pax México. Pág. 402.
• www.afavordelomejor.org.mx
• www.tomaelcontrol.com

METODOLOGÍA DE ESTUDIO

FOROS
LECTURAS EJERCICIOS PRÁCTICAS EVALUACIONES

1. INTRODUCCIÓN E1

2. COMUNICACIÓN
E2
HUMANA

3. COMUNICACIÓN
P1
VERBAL Y NO VERBAL E3
P2

4. ANÁLISIS DEL MENSAJE


Foro 1

5. LA COMUNICACIÓN
E4
COMO MEDIO DE
E5 P3 EVA1
EDUCACIÓN FAMILIAR
E6

6. EL DIÁLOGO FAMILIAR E7
E8

7.INFLUENCIA DE LOS EVA


MEDIOS DE (EJERCICIO
COMUNICACIÓN EN LA Foro 2 DE
FAMILIA VALORACIÓN
DEL CURSO)

 Se recomienda realizar las actividades en el orden presentado, a fin que se facilite la


comprensión y asimilación de los contenidos, y por ende la elaboración de las actividades a
realizar.
 Para la calificación de las actividades de la materia se considerarán los siguientes aspectos:
 La claridad e ilación en la idea expuesta
 Calidad en la presentación y contenido de las prácticas: Atractivas visualmente
 Exposición de temas con propias palabras (se permite el uso de citas de textos de
manera moderada, no permitiéndose más de un párrafo)
 Bibliografía consultada de al menos 3 fuentes (libros e internet)
 El seguimiento de instrucciones: Tipo de letra, espacios, etc.
 Anotación en prácticas de sus datos (nombre y sede)
 La ortografía
 Para el mejor desarrollo de la materia, se recomienda mantener retroalimentación con sus
compañeros de sede, con su tutor y con el docente en las actividades a realizar.
 Finalmente les recomiendo realizar las actividades de la materia poniendo su mayor empeño,
ya que ésta, así como se apoya en otras, servirá de base para cursos posteriores.
 Planeación de actividades del curso

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PORCENTAJES DE CALIFICACIÓN PARA ACREDITAR LA MATERIA

SISTEMA DE EVALUACIÓN %

Ejercicios (abierto 2 oportunidades, cerrados 3 35


oportunidades)

Prácticas 35
Se tiene una oportunidad

Evaluaciones 20
Se tiene una oportunidad

Foros 10
Comentario basado en argumentos y
fundamentos de las lecturas y situaciones
actuales.

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1. INTRODUCCIÓN

Objetivo general: Adquirir los conocimientos básicos para comprender y


analizar los fenómenos comunicativos que ayuden a fortalecer la unión
familiar a fin de mejorar las relaciones entre sus individuos.

En todas las relaciones interpersonales, la comunicación es una condición esencial para que esta
se de y de la mejor manera. La vida en familia es comunicación, la relación entre pareja; entre
padres e hijos; y entre hermanos es dialogo. El amor que une a los miembros de una familia tiene
como condición la comunicación.

“Mediante el encuentro y el diálogo interpersonal, un "yo" abre su interioridad, libremente, y la


traslada a la intimidad de un "tú", por cuya virtud acaban por constituirse en un "nosotros". Dicho
de otra forma, lo que se comunica, une; lo que une, permite compartir la existencia, y la
coexistencia entre dos personas −las vidas vinculadas y entretejidas− hace que ambas se
identifiquen en la comunión interpersonal.”1

Sin embargo, en la vida de familia siempre se presentan ocasiones difíciles en donde la


comunicación se obstaculiza, se agota o desaparece. En estas situaciones es difícil encontrar una
respuesta para la pregunta: ¿cómo proceder para mejorar la dinámica de nuestra comunicación?
La finalidad de incluir esta materia dentro del plan de estudios es: ayudar en el proceso de
autorreflexión o de autoevaluación, a fin de mejorar la comunicación en la familia.

Escenario de la comunicación familiar en la actualidad

A principios de la década de los 90, comenzó a vivirse en México un cambio substancial en la


concepción de la familia, pasando ésta de un modelo integrado, con un tiempo claro para la
convivencia, con una definición de roles tradicional: hombre-proveedor y mujer-ama de casa a un
modelo diferente.

Hoy, tanto el hombre como la mujer, requieren de más tiempo para progresar en el trabajo, por lo
cual hay menor convivencia y se requiere de mayor autonomía. La madre se convierte en co-
proveedora y el hombre comienza a ayudar en las labores del hogar. Esto ha propiciado que en
esa adaptación a la nueva realidad, haya una ruptura de la comunicación, pues tanto el hombre
como la mujer están aprendiendo como afrontar una realidad novedosa y con múltiples retos.

El mundo está cambiando, la televisión, el radio, el Internet, y los teléfonos celulares han
cambiado la dinámica de la persona, de las sociedades y del mundo entero. Un dato del estudio
realizado por el DIF sobre la familia en México, señala por ejemplo que el 80% de la convivencia
familiar se da frente al televisor…La familia ha cambiado con esas influencias. En el pasado el
respeto a los padres, los valores, la disciplina, la represión, la rigidez, la exigencia, el castigo, la
mirada amenazante eran suficientes para “EDUCAR” y comunicarse con el hijo. No había apertura
a temas sexuales o de drogas, no había tolerancia de los padres para con los hijos, ni los hijos
cuestionaban la autoridad de los padres.

1
Polaino Lorente y Martínez Cano, La comunicación en la pareja, editorial.
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La situación de la familia hoy es diferente. Hay una mayor tolerancia, libertad de expresión,
diálogo al mismo nivel, pero también hay más falta de respeto de los hijos a los padres y un
libertinaje notorio por la falta de disciplina, autoridad, respeto y tiempo de convivencia. Aunque
hoy hay una mejor comunicación entre el padre y sus hijos y la madre y sus hijos, la
comunicación entre papá y mamá es cada día más difícil. Esto propicia un mayor índice de
divorcios.

Según un estudio realizado por la agencia de investigación de mercado, De la Riva, hay tres
situaciones concretas en las cuales la comunicación une a la familia de manera fundamental.

Por un lado están los momentos de crisis, aquellos en los que hay enfermedad, muerte, pérdida
de trabajo o problemas con un hijo. Esas situaciones fomentan y propician la comunicación ideal
entre los miembros de la familia.

Por otro lado, la familia mexicana disfruta enormemente la comunicación en las comidas familiares
y los festejos que forman parte de una tradición específica en cada familia. En estos momentos
padres e hijos pueden demostrarse afecto a través del diálogo, del contacto físico, con momentos
de intimidad y respeto mutuo que fomentan la convivencia y la comunicación verbal y no verbal
enriquecedora de todos los miembros de la familia.

En la intimidad la comunicación se da cuando la pareja se queda sola en la recámara, sin hijos, sin
distractores, lo cual permite un intercambio muy enriquecedor para ambos. Lo mismo sucede con
las madres que ven televisión con sus hijas, pues el intercambio de opiniones y comentarios
ayudan a compartir valores y visiones sobre la vida.

2. COMUNICACIÓN HUMANA

Es difícil elaborar una definición de comunicación que sea objetiva y completa. Sin embargo, para
hablar de comunicación humana debe tomarse en cuenta todos los factores de estructura
biológica, social y psicológica, porque influyen en la asimilación del significado.

Toda práctica social, dentro de la cual se encuentra en primerísimo término, la comunicación


conlleva un modo de interpretación de la realidad, que impone o construye un marco, no solo de
referencia, sino de relación con el mundo, un tipo de filtro a través del cual se afina una óptica
social.

Por esto, es importante el estudio de la comunicación humana, pues mientras cada uno de los
miembros de la familia comprenda desde qué perspectiva interpreta la realidad el otro, podrán
entenderse mejor y optimizar su nivel de comunicación y así lograr afecto y unión en sus hogares.

2.1 Fundamentos científicos de la comunicación y su aplicación en la vida familiar:


aspectos antropológicos

Los fundamentos antropológicos de la comunicación humana requieren de la comprensión de


algunos conceptos en torno a lo que significa el ser humano y las notas que lo caracterizan y
singularizan.

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Intimidad, capacidad de expresión y libertad

Hay un primer concepto importante. Según afirma Yepes (1996)2, la inmanencia es una de las
notas que caracterizan a los seres vivos. El término inmanencia significa «permanecer dentro,
estar en el interior, pues lo inmanente es lo que se guarda y queda en el interior». Así, cuando
una persona lee, el contenido de la historia leída se arraiga en él, hecha raíces en el lector,
grabándose en su memoria. En este sentido, se dice que lo inmanente queda. Los seres no
vivientes no poseen la capacidad de apropiarse de lo que les ocurre. La conducta del ser humano
comporta un «enriquecimiento personal», en la misma medida en que lo que sucede en su vida
pasa a formar parte de él.

Pero conviene diferenciar entre las diversas formas de «quedarse con lo vivido». Según Yepes, en
función del grado de inmanencia

del comportamiento de los seres vivos podemos clasificar los diversos grados de vida: «comer es
menos inmanente que refunfuñar (esto no es sólo una función orgánica), y refunfuñar es menos
inmanente que pensar "Fulanito no me ha saludado". Los animales realizan operaciones más
inmanentes que las plantas, y el hombre tiene capacidad para comportarse de modo más
inmanente que los animales. Los hombres realizan diversas operaciones con distinto grado de
inmanencia».

Así, por ejemplo, ciertas funciones superiores del ser humano como el conocimiento intelectual y
el querer, al no ser materia visible y tangible, no poseen una expresión orgánica −como, por
ejemplo, el bajo nivel de glucosa en el fluido sanguíneo en relación a la sensación de hambre−:
son «interiores». Solamente conoce lo que una persona quiere quien quiere, quien posee ese
querer. El único modo de transmitir el querer y ponerlo en común con otros, es a través del
comportamiento, sea éste verbal o gestual. Nadie puede saber lo que yo estoy pensando hasta
que se lo comunique, sencillamente «porque está dentro de mí». Sólo mi decisión puede hacer
externo lo que, «a priori», antes de actuar de ningún modo, es interno, está en mi interior.

Así, pues, el primer concepto antropológico que se desvela, en lo que acabamos de afirmar, es el
de intimidad. «La intimidad hace referencia a un dentro que sólo conoce uno mismo. Mis
pensamientos no los conoce nadie, hasta que los digo. Tener interioridad, un mundo interior
abierto para mí y oculto para los demás, es intimidad: una apertura hacia dentro» (Yepes, 1996).

«La intimidad −continúa el autor citado− es el grado máximo de inmanencia, porque no es sólo un
lugar donde las cosas quedan guardadas para uno mismo sin que nadie las vea, sino que además
es, por así decir, un dentro que crece, del cual brotan realidades inéditas, que no estaban antes:
son las cosas que se nos ocurren, planes que ponemos en práctica, invenciones, etc.

La intimidad tiene capacidad creativa. La persona tiene imaginación, que es la facultad de


actualizar lo no presente, la capacidad del ser humano para traer a su conciencia aquello que tiene
en su memoria guardado. Por eso, la persona es una intimidad de la que brotan novedades, una
intimidad creativa, capaz de crecer.»

Ahora bien, todo lo que uno posee en su interior, ya sea por aprendizaje o por creación
imaginativa, tiende a salir fuera. Por ejemplo, cuando me siento feliz, toda una hermosa sinfonía
de movimientos musculares perfectamente armonizados me llevan a expresar exteriormente lo
que siento en mi interior. Y esto casi sin darme cuenta.

En consecuencia, «la persona tiene una segunda y sorprendente capacidad: sacar de sí lo que hay

2
En la exposición que sigue, nos fundaremos en el texto del profesor Yepes (1996), antes aludido.
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en su intimidad. A esto puede llamarse manifestación de la intimidad». La persona es un ser que
se muestra a los demás, que manifiesta lo que tiene dentro, lo aprendido y lo creado: «es un
«ente» que habla, que se expresa, que muestra lo que lleva dentro».

La intimidad y la tendencia natural a su manifestación apuntan hacia la concepción del hombre


como dueño de ambas. El hombre es dueño de sí mismo y de sus actos, pues puede decidir si
exterioriza lo que permanece en su interior y, por tanto, es el motor de su comportamiento.

Esto pone de manifiesto que «la libertad es la tercera nota definitoria de la persona y una de sus
características más radicales: la persona es libre, vive y se realiza libremente, poseyéndose a sí
misma, siendo dueña de sus actos».

Expresar lo que uno es o lo que uno tiene es, de algún modo, ponerlo a disposición de otro, darlo.
Ese es otro rasgo importante de la persona humana: la capacidad de dar. El ser humano es, en
este sentido, expresivo, es decir, «capaz de sacar de sí lo que tiene, para dar o regalar. Sólo las
personas son capaces de dar». El hombre es el único ser vivo que puede ser capaz y saber que da
algo. Sólo el hombre entiende lo que significa dar.

Pero, para que sea posible la donación de algo, es necesario que «alguien lo acepte, que alguien
se quede con lo que damos. A la capacidad de dar de la persona le corresponde la capacidad de
aceptar, y aceptar es acoger en nuestra propia intimidad lo que nos dan. Por eso no hay dar sin
aceptar, y no hay aceptar sin dar. Es decir, lo más alto de lo que es capaz la persona, el dar, exige
otra persona que acepte el don. En caso contrario, el don se frustra».

En ese mismo sentido, para que alguien dé al otro cónyuge, en el acto de la fundación de la
pareja, es necesario que exista ese otro, el cónyuge, que acepte la donación, pues sin tal
aceptación no puede fundarse ningún matrimonio.

Entregar, dar o regalar algo no es dejado en la calle; dar lo que pienso no es montarse en una
tarima para manifestar todo cuanto quiera. Resulta imprescindible que alguien se apropie de mi
regalo, «que alguien lo recoja». Abandonar las cosas que no queremos debajo de un puente no es
lo mismo que llevarlas a un lugar donde alguien pueda aprovechadas. Si nadie recibe las cosas,
acabarán por estropearse del todo: «alguien tiene que quedarse con lo que damos. Si no, no hay
dar; sólo dejar».

Si no pudieran darse las cosas a alguien, el resultado de cualquier donación humana sería la
frustración, pues es tan propio del hombre dar como recibir, regalar como aceptar el regalo. Por
tanto, del mismo modo que no puede haber aceptación cuando se da nada, tampoco puede haber
donación si quien recibe no recibe nada.

«Se da algo a alguien. Por tanto, otra nota característica de la persona es el diálogo con otra
intimidad, el yo doy y tú recibes, yo

hablo y tú escuchas, yo te pregunto y tú me contestas, tú me llamas y yo voy. Una persona sola


no puede ni manifestarse, ni dar, ni dialogar: se frustraría por completo. El hombre no puede
pasarse sin manifestar su intimidad, dando, dialogando y recibiendo» (Yepes, 1996).

Pues bien, un modo de dar y expresar lo que tenemos en la intimidad, se realiza mediante un
conjunto de actos que se llaman expresivos, comunicativos o relacionales; los cuales constituyen
el conjunto de comportamientos que se conocen con el término de «comunicación no verbal». A
su través el hombre habla el lenguaje de los gestos: expresiones del rostro, de las manos, etc.

«Con los gestos el hombre expresa sus sensaciones, imaginaciones, sentimientos, pensamientos,
deseos, o incluso la conciencia que tiene de sí mismo (el enfermo que no puede hablar asiente con

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los ojos). Reírse, llorar, fruncir el ceño, echar una mirada de indignación, o desviada, incluso
«tener mala cara», son expresiones de lo que uno lleva dentro» (Yepes, 1996).

Otro modo de expresar la intimidad es hablar. «Es un acto mediante el cual exteriorizo la
intimidad, y lo que pienso se hace público, de modo que puede ser comprendido por otros. La pa-
labra nació para ser compartida. Lo que expreso no es apenas un gesto −más o menos acertado−,
sino una manifestación de algo que es comprendido en su significado por los demás. La persona
es, ante todo, un ente que habla, un hablante». En cuanto que hablante, el hombre emplea la
comunicación verbal para transmitir, para poner en común con otros aquello que posee.

En consecuencia, «el hombre encauza la creatividad de su intimidad a través de la acción,


mediante la cual trabaja, modifica el medio, y da origen a la cultura, que en su conjunto puede
definirse como la manifestación del hombre».

Necesidad de compartir

Por tanto, una forma de desvelar lo íntimo es hablar. Esta manifestación íntima, decir lo que uno
lleva dentro, se dirige siempre a un interlocutor: el hombre necesita dialogar.

La necesidad de diálogo es una de las cosas de las que más se habla hoy en día. Tenemos
necesidad de explicarnos, de que alguien nos comprenda. Necesitamos ser comprendidos o incluso
sentirmos comprendidos. Una de las quejas más frecuentes de las personas que acuden a una
consulta de orientación o terapia familiar es que nadie las escucha.
Lo que una persona expresa «no se dirige al vacío. La necesidad de desahogar la intimidad y
compartir el mundo interior con alguien que nos comprenda es muy fuerte en los hombres y las
mujeres. Se puede uno pasar sin ello, pero la inclinación a abrirse es natural y radical, siempre
que ese alguien nos escuche (si nos comprende o no, sólo lo sabremos al terminar de hablar).

«El hombre no puede vivir sin dialogar porque es un ser constitutivamente dialógico y así, el que
no dialoga con otras personas, lo hace consigo mismo o adopta ciertas formas de diálogo con la
naturaleza, con los animales, etc. En esos casos se personaliza un ser natural, como hace Walt
Disney con los animales, los poetas con la naturaleza y los hombres primitivos con las fuerzas
cósmicas que eran divinizadas.

Por ser persona, el hombre necesita el encuentro con el tú, alguien que nos escuche, nos
comprenda y nos anime. El lenguaje no tiene sentido si no es para esta apertura a los demás».

«Esto se comprueba porque la falta de diálogo es lo que motiva casi todas las discordias, y la falta
de comunicación lo que arruina las comunidades humanas (matrimonios, familias, empresas,
instituciones políticas, etc.), pues la comunicación es uno de los elementos sin los que no hay una
verdadera vida social».

Así ha sido comprobado experimentalmente por Martín López (texto inédito) en una encuesta en
la que el 80% de las mujeres españolas casadas declararon como primer problema que las
distanciaba de su marido la incomunicación.

«Esta es una experiencia tan corriente que muchos estudiosos (sobre todo de ética, filosofía,
política y derecho) conciben hoy la sociedad ideal como aquélla en la cual todos dialogan
libremente para ponerse de acuerdo sobre las reglas de la convivencia. La preocupación teórica y
práctica por el diálogo es hoy más viva que nunca, tanto en la ciencia como en la vida social, en la
política, en las relaciones interpersonales, etc. Cuando una sociedad tiene muchos y grandes
problemas, hay que celebrar muchas y largas conversaciones, para que la gente se ponga de
acuerdo y encuentre soluciones. Que el diálogo y la comunicación existan no es algo que esté
asegurado» (Yepes, 1996).

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«Todo esto −continúa el autor citado− se puede decir de un modo más profundo: no hay yo sin
tú. Una persona sola no existe como persona, porque ni siquiera llegaría a reconocerse a sí misma
como tal. El conocimiento de la propia identidad, la conciencia de uno mismo, sólo se alcanza
mediante la intersubjetividad, es decir, gracias al concurso de los otros (padres, etc.)».

«Este proceso es la formación de la personalidad humana, mediante el cual se modula el propio


carácter, se asimilan el idioma, las costumbres y las instituciones de la colectividad en

que se nace, se incorporan sus valores comunes, sus pautas, etc., y se llega así a ser alguien en
la sociedad, a tener una identidad propia y una personalidad madura e integrada con el entorno,
de modo que se puedan establecer unas relaciones interpersonales adecuadas. Se abre aquí una
amplia línea de consideraciones: sin los demás, no seríamos nada, pues todo ese proceso es un
diálogo educativo constante».

Ese proceso de formación de la personalidad humana (Polaino-Lorente, 1976) en el que lo más


importante es el establecimiento de relaciones con los demás es tan radical y profundo que incluso
la identidad personal se forma en relación con los demás: uno se llama Fulano de Tal porque sus
padres decidieron llamarle Fulano y porque el apellido paterno es Tal. Tan necesario es el diálogo
y la participación de los demás en la vida de uno mismo que incluso el nombre es relativo a la
familia de la que uno procede.

«Cuando una persona se siente querida por muchas otras, sin apenas merecerlo, es lógico que
entienda esos afectos y su propia vida como un regalo. Surge de forma inevitable, entonces, el
agradecimiento. Si no disponemos de ninguna cosa adecuada para agradecer un regalo de esa
naturaleza, sólo hay una opción posible: pagar con la misma moneda, agradecer el regalo −el
querer− regalando algo de la misma naturaleza, es decir, queriendo» (Polaino-Lorente, 1997).

Sentido de la comunicación

Como ha escrito ya en otro lugar Polaino Lorente, (1990), «hemos de preguntamos en qué
consiste el hecho de comunicarse. Comunicarse es instalarse en un particular modo de ser en el
mundo: el de la interpersonalidad, una situación por la que el otro o los otros se nos unen hasta
formar con ellos un quiasma, un entrecruzamiento intersubjetivo».

«Comunicarse supone el establecimiento de un juego dialógico articulado mediante:

• Clausuras y aperturas. Con la comunicación se cierra el estado de soliloquio −coloquio con


uno mismo, pues la incomunicación no es posible desde la antropología−, a la vez que nos
abrimos al mundo intersubjetivo.

• Encuentros y despedidas. Porque con cada palabra que sale de nuestros labios nos
encontramos con el otro, al tiempo que al pronunciarla nos despedimos de algo que hasta
ese instante había quedado velado en nuestra intimidad.

• Donaciones y posesiones. Porque con cada palabra pronunciada nos damos a nosotros
mismos, a la vez que nos apropiamos del mundo al nombrarlo; y no sólo del mundo en
general, sino también del personal, en tanto que la palabra supone ese adentrarse
expansivo en la intimidad del otro.

• Lejanías y acercamientos. Porque al nombrar cada cosa nos acercamos al ser que esa cosa
es, pero a la vez ponemos distancia para diferenciar entre los contenidos significados en
ese contexto y los restantes que no vienen al caso.

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• Silencios y atenciones. Porque para permitir que penetren en nosotros las palabras del otro
hay que atender, a la vez que permanecer en silencio».

«He aquí la rica y sugerente sinfonía, trenzada de paradojas y ambigüedades, en que la


comunicación humana se despliega. Por eso, quizá resulte fácil perderse o extraviarse, e incluso la
incomunicación, en el intento de trasladar a otro nuestra intimidad. Pero a pesar de todas esas
dificultades, también gracias a la comunicación podemos trascender nuestra experiencia personal
y la experiencia del otro, hasta conseguir mudarlas en experiencia de lo trascendente.

Con la comunicación humana acontece algo parecido a lo que sucede con nuestro propio cuerpo,
que es simultáneamente transparencia y máscara, ocultamiento y desvelamiento del yo. En
efecto, el hilo de nuestro discurso puede servir tanto para transmitir nuestra intimidad como para
ocultarla. Cuando predominan esos velos y ocultamientos, surge la incomunicación, por fluido e
intenso que sea el parloteo del hombre» (Polaino-Lorente, 1990).

En realidad, comunicarse, como escribe Marcel, «es lanzar el propio discurso interior en el espacio
interior del otro; generar desde mi silencio la palabra que entra en el silencio del tú al que se
dirige».

La comunicación en el matrimonio

Siguiendo con el texto citado más arriba de Polaino-Lorente (1990), «la comunicación entre los
cónyuges es una nota esencial del matrimonio sin cuya continua presencia es muy difícil que éste
no zozobre, encallando definitivamente. Es un hecho sociológicamente comprobado, como ya se
ha dicho antes, que la queja más frecuente de las esposas es precisamente la falta de
comunicación con sus maridos, la incomunicación que existe entre ellos».

«La comunicación, la capacidad de diálogo sincero constituye también una nota distintiva de la
madurez personal. Entre los adolescentes, en cambio, es muy frecuente que cualquier conflicto se
exprese a través de la incomunicación, del aislamiento, incluso del mutismo. Por el contrario, la
persona madura jamás se repliega sobre sí misma, sino que es permeable, es capaz de suscitar el
encuentro dialógico con el otro, cualquiera que sea la naturaleza del conflicto».

«Si se admiten los conceptos hasta aquí expresados, es lógico que resulte tan relevante y
manifiesta la importancia de la comunicación en el ámbito conyugal».

Sin comunicación no puede haber unión, como sin ésta no es posible la comunión. Comunicar es
sinónimo de compartir; se comparte con el otro lo que el otro nos traslada a través de la
comunicación. Y únicamente puede uno aceptar lo que el otro nos ha dado, al casarse conmigo, si
es capaz de desplazado, un día tras otro, desde su interior hasta el mío, lo que esa persona es.
Desde este horizonte, la vida conyugal se nos manifiesta desplegándose a través del siguiente iter
(camino) dialógico: comunicación-unión-comunión-coexistencia.

Laín Entralgo ha puesto un gran énfasis al subrayar atinadamente el aspecto sodalicio (de
compañía) de la comunicación humana, en virtud del cual el hablante aspira a recibir la compañía
de aquél a quien habla, del oyente.

Esta función es la que caracteriza y entrevera la comunicación conyugal. Por ella el hablante se
percibe no sólo como un yo que dice, sino como un tú-y-yo, fundamentando la encarnadura
dialógica interpersonal. Así emerge un «nosotros» en el que por naturaleza consiste el
matrimonio; una nueva realidad en la que el vivir se transforma en convivir y el existir en
coexistir.

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Por la comunicación, ambos cónyuges subrayan lo que les une y no lo que les separa, participan
conjuntamente en un proyecto común y comparten solidariamente un mismo afán. Por la
comunicación, los cónyuges se transforman en «una sola carne», asistiendo al enlace indisociable
de sus respectivas biografías.

La fenomenología de la comunicación interpersonal ha de asumir el reto de describir, lo más


objetivamente posible, cómo vivo el encuentro con el otro y cómo me vivo yo en la experiencia de
vivir al otro. Y es que, como escribe Millán Puelles, «el otro me es vivido en la medida que yo
mismo me vivo como vivido por él». Sólo a través de este factum, de esta experiencia, alcanzo el
logos de mí mismo, a la vez que descubro al otro por la heterología de que estoy dotado.

La comunicación humana supone el encuentro interpersonal, un encuentro que no es sino la


vivencia de la convivencia, una estructura con dos polos subjetivos irreductibles a mero objeto por
la que «yo vivo su vivirse y el otro me vive su vivirle» (Millán Puelles, 1967). En este encuentro no
hay ni tautología objetiva ni reflexión objetivante, sino una forma propia de reflexión originaria,
intersubjetivamente trascendente. Como concluye el autor antes citado, la comunicación es la
«vivencia de una comunidad que se hace explícita en la experiencia de sentirse instalado
justamente en un ser como el mío».

La comunicación entre los cónyuges, para ser verdadera, supone el encuentro sujeto-sujeto; un
salir de sí para encontrar al otro, a la vez que uno se experimenta compartiendo su vida con el
otro y coexistiendo con él. Es, pues, un acceso a la participación que deviene participación misma.
Esa apertura ganada en la comunicación le conduce al acceso del conocimiento de su propio ser,
al vivir la experiencia de su propio revelarse ante el otro.

Y así, en la conciencia de participar del otro y del vivir participado por el otro, resurge de nuevo el
«nosotros», que ahora nos define en la misma medida en que somos nosotros mismos los que
creamos, esta vez en la realidad, no en la imaginación, nuestra propia historia, que no es sino
nuestra propia identidad, pero ahora referida y relativa al cónyuge.

Elementos de la vida social

Como la sociología afirma, el fundamento de la vida social es la persona y su conducta, que se


compone de acciones prácticas. Por tanto, el comportamiento humano es el primer elemento de la
vida social, la primera pieza básica que la constituye, y sin la cual, como es obvio, aquella no
surge: los cadáveres o los cuadros no conviven, aunque estén juntos. Desde esta perspectiva
puede afirmarse, también, que la familia es la célula del tejido social: el origen de la entera
sociedad.

Por tanto, en torno a la acción humana se articulan otros elementos importantes, que son la
condición de posibilidad de la vida social, a partir de los cuales ésta surge.

De nuevo, el segundo elemento que hace posible la vida social es el lenguaje, pues sin él no
existiría sociedad, ya que no podríamos manifestamos, ni compartir el conocimiento, ni ponemos
de acuerdo con los demás. Aristóteles (Política, 1253a, 718) lo expresó de una manera que se ha
hecho ya proverbial:
«La razón por la cual el hombre es un ser político, más que cualquier abeja y que cualquier animal
gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano, y el hombre es el
único animal que tiene palabra. Pues la voz es signo de dolor y de placer, y por eso la poseen
también los demás animales, porque su naturaleza lleva hasta tener sensación de dolor y de
placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para mostrar lo conveniente y lo perjudicial,
así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer
él solo el sentido del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de los demás valores, y la
participación comunitaria (koinonía) de estas cosas es lo que constituye la casa y la ciudad».

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Cuando Aristóteles (Política, 1253a, 7-18) habla en este texto de voz se refiere al lenguaje icónico
y cuando habla de palabra, al lenguaje digital. El lenguaje es el vehículo para compartir el
conocimiento, los sentimientos, los proyectos, los valores, para distribuir las tareas, para expresar
en suma todo lo que hay en nuestro pensamiento y en nuestra intimidad, de modo que pueda
articularse con el pensamiento y la conducta de los demás.

«El lenguaje tiene, pues, dos funciones desde el punto de vista antropológico: manifestarse o
expresarse, y comunicarse. En consecuencia, la comunicación y el intercambio son el tercer
elemento de la vida social. Sin comunicación no hay sociedad, como sin diálogo no hay relación
interpersonal. Pero la comunicación es lo que permite el intercambio entre las personas.

La sociedad puede definirse entonces como un sistema de intercambio. Se intercambian, en


primer lugar, según nos indica Aristóteles, palabras, y mediante las palabras, conocimientos. Pero
además se intercambia todo aquello que se refiere a las necesidades humanas. Son los bienes
repartibles: el fruto del trabajo, los instrumentos y la propiedad. La sociedad es también el
sistema de intercambio de los bienes necesarios y útiles para la vida humana» (Yepes, 1996).

Tipos de acciones expresivas

Dado que todos los actos expresivos o comunicativos constituyen y son cultura, podemos intentar
agrupados, siguiendo a Yepes (1996), del modo siguiente:

a) Los gestos del cuerpo y de la conducta tienen un valor simbólico o representativo de los
sentimientos o de la voluntad interior: saludar, sonreír, dar la bienvenida, etc. Los gestos son la
primera forma de lenguaje; a veces el silencio es más expresivo que la palabra. El hombre es el
único ser que hace del callar un gesto suyo característico, que también indica algo.

b) El lenguaje hablado expresa el discurso racional teórico, las decisiones o intenciones


prácticas, los sentimientos, los estados interiores, las situaciones, etc. Todo pensamiento se
expresa mediante el lenguaje. Decir palabras es usar términos que tienen un significado
convencional conocido por otros: lo que queremos decir es esto o aquello. Añadimos a la palabra
su significado, construimos una frase que expresa nuestro pensamiento. El lenguaje hablado es
quizá la acción expresiva y comunicativa más importante en la cultura.

c) Las costumbres son, desde esta perspectiva, gestos repetidos, muchas veces
periódicamente, que sirven de apoyo y seguridad a la vida humana. Las costumbres fácilmente se
convierten en ritos: el rito de una comida de fiesta, o de una ceremonia nupcial. Costumbres y
ritos tienen un valor simbólico: expresan algo, son una manera de hacer las cosas nacidas de la
libertad, la convención y la conveniencia de todos, que es aquello en lo cual los hombres se ponen
de acuerdo para convivir. Conducir por la derecha o por la izquierda es algo convenido, una
costumbre y, al mismo tiempo, una ley, y cumplida es un cierto rito, cuya omisión es muy
peligrosa. Las normas de cortesía son gestos rituales: dar los buenos días, besar la mano a las
damas o, como antiguamente, descubrirse la cabeza levantando el sombrero.

d) Algunos gestos son ya auténticas acciones receptivas porque implican cultivar la atención
hacia algo, esperar o dirigirse hacia un ser que nos atrae o que queremos: escuchar, mirar, sa-
borear, explorar, buscar, contemplar, esperar, comprobar, otear, escudriñar, fisgar, olfatear,
palpar, etc. Las acciones receptivas son tremendamente expresivas, pues en ellas los sentimientos
modulan la manera, modo y ocasión en que se realizan. Las acciones receptivas son la manera de
dirigir nuestra atención hacia el mundo y significan un modo peculiar de abrirse a él en una
determinada dirección.

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Las acciones receptivas suelen exigir silencio, pues éste es condición de la atención: sólo quien
calla puede atender. El ruido mata el callar. Es la condición de apertura a los demás la que nos
permite atenderles. Este requisito configura el aceptar el don que se nos ofrece a través de la
palabra pronunciada. Es la disposición desde la que podemos aceptar lo que nos regalan y, así, no
frustrar al comunicante.

e) Otros gestos, frecuentemente acompañados del lenguaje hablado, son más bien donales,
porque otorgan un bien o un mal, como sucede con los actos propios del amor y del odio: en-
señar, ayudar, cuidar, asentir, insultar, engañar, etc.

Sin embargo, las acciones donales forman parte de una vasta constelación de acciones
comunicativas que podemos llamar relacionales, y que se dirigen, de un modo u otro, a los
demás: desde firmar un contrato hasta pedir un billete. A través de las acciones relacionales
comunicativas es como se establecen los intercambios interpersonales de cualquier tipo.

En síntesis, que la comunicación humana nace del ser mismo de la persona, un ser
constitutivamente abierto hacia dentro y hacia fuera, y por ello capaz de manifestarse y dialogar.
Las acciones expresivas y verbales constituyen el primer medio de comunicación humana, merced
al cual acontece el encuentro entre personas, entre lo común y la entera vida social con toda la di-
versidad pluricultural de sus comunidades.

Sin comunicación no es posible la sociedad, y ni tan siquiera la vida o el espíritu: sólo los seres
inertes carecen de comunicación, puesto que son materia mostrenca. En cuanto aparece la
simultaneidad propia de lo inmaterial, surge la comunicación activa. Comer, reproducirse, ver, oír,
oler, etc., son ya formas de comunicarse del ser vivo con su entorno y con otros. La inteligencia y
la voluntad son las capacidades humanas que permiten la comunicación más profunda de la
persona y de su intimidad. De aquí que vivir no sea otra cosa que comunicarse.

2.2 Concepto de comunicación humana como un proceso sistémico a favor de la


integración familiar

Una aproximación al concepto de comunicación

La comunicación humana, según lo visto hasta ahora, es una determinada forma de interacción
social en la que se dan, en mayor o menor medida, intercambios de mensaje entre las personas
implicadas.

El estudio e investigación sobre la comunicación humana viven en la actualidad un momento de


esplendor. El interés por los problemas relacionados con esta función vital para la persona ha
experimentado un notable aumento. La información es poder, se dice. Y ésta es una postura vital
que ha calado hondo en nuestro modo de ser.

De aquí que resulte evidente que sea propio del ser humano el estar, en algún modo, en un
continuo proceso de comunicación. La persona vive sumergida, en la actualidad, en una corriente
de comunicaciones interpersonales y/o institucionales. Un poco más y será habitual hablar de la
conexión que se ha establecido, vía «Internet», con el foro de opinión de los más calificados
expertos acerca del crecimiento de las hormigas, el último programa de neurocirugía o la noticia
más reciente acerca de otras galaxias.

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Y, sin embargo, a pesar de que empleamos la mayor parte de nuestro tiempo comunicándonos
−todo nuestro acontecer es, en realidad, comunicación con otros o con uno mismo−, lo normal es
que ignoremos la complejidad que caracteriza a los actos de comunicación.

En este punto, lo primero que habría que cuestionarse es acerca de ¿cuál es el objetivo de la
comunicación, qué fin persigue, cuál es su meta? Por lo sostenido hasta ahora, puede afirmarse
que nos comunicamos para relacionamos y compartir algo que tenemos, aunque esa relación, en
la mayoría de los casos, sea imperfecta, pues no es posible transmitir con absoluta fidelidad lo que
de verdad nos pertenece personalmente y tenemos dentro.

En cualquier caso, el término «comunicación» contiene numerosos significados, un tanto ambiguos


e imprecisos. Acaso por esta razón, sea un concepto no muy apto para constituirse en objeto de
una sola disciplina. La comunicación parece exigir, obviamente, de la interdisciplinariedad. De
hecho, los diversos autores que se ocupan de ella, apenas si se ponen de acuerdo en el punto de
vista que debe adoptarse para afrontar el estudio holístico de la comunicación humana.

El problema emerge, y hasta eclosiona, cuando percibimos que el término «comunicación» se


refiere tanto a los diversos tipos de transporte («vías de comunicación» terrestre, marítima,
aérea), como a la información, a los medios de comunicación de masas, a la comunicación entre
personas, a la comunicación verbal −cuyo medio son los símbolos lingüísticos−, a la no verbal o
gestual, a la comunicación animal, etc. En las líneas que siguen sólo atenderemos a la comuni-
cación conyugal, a la interpersonal, a la que se da entre personas con un peculiar vínculo entre
ellas: el matrimonio. Sin embargo, incluso al atender a sólo este ámbito, no siempre encontramos
un término unívoco. De hecho, en la literatura especializada, aunque ha sido predominante el
empleo del término «comunicación», nos encontramos con otros, considerados como sinónimos,
con los que se ha intentado sustituir como «información», «interacción» o «conducta
comunicativa».

En el contexto de la psicología se prefiere emplear hoy la expresión «actividad comunicativa»,


aunque sea en la práctica intercambiable con otros como «acto comunicativo» o, simplemente,
«comunicación interpersonal».

Se adelantan aquí algunos conceptos, que será necesario estudiar y concretar con mayor detalle,
en los capítulos siguientes, pero con los que, sin embargo, conviene contar para establecer un
punto de coincidencia −y, en algunos casos, de discrepancia− desde el que abordar frontalmente
las cuestiones propias de la psicología de la comunicación en el matrimonio.
El diccionario de la Academia de la Lengua Española reconoce al verbo comunicar cuatro
acepciones diferentes, referidas a las relaciones entre personas y una sola para las cosas inanima-
das. Considerémoslas, a continuación, en detalle:

1) «Hacer a otro partícipe de lo que uno tiene».


2) «Descubrir, manifestar o hacer saber a uno alguna cosa».
3) «Conversar, tratar con alguno de palabra o por escrito».
4) Úsase también como reflexivo: por ejemplo, «comunicarse por señas».
5) «Consultar, conferir con otros un asunto, tomando su parecer».

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De acuerdo a las anteriores definiciones, Martín López (1990) establece algunas reflexiones en
torno a este concepto.

«La idea común a todas las acepciones es la de participación o intercambio, pero mientras las tres
últimas se centran sobre contenidos mentales −ideas, opiniones, sin excluir sentimientos,
creencias, actitudes−, la primera permite incluir en la comunicación cualquier cosa que uno tenga
−posesiones, derechos−. Este aspecto lo concreta el Diccionario al definir el término
comunicativo, en este sentido: «Que tiene aptitud o inclinación o propensión natural a comunicar
a otro lo que posee», distinguiéndolo de la acepción de «fácil y accesible al trato con los demás».

Siguiendo el uso funcional de este término en nuestra lengua, la comunicación puede definirse
como «acción y efecto de comunicar o comunicarse» y también como «trato, correspondencia
entre dos o más personas».

Por último, y dado que por la comunicación algo se hace común, también con ella se relaciona no
sólo el concepto de comunidad, de la «calidad de común», sino también el «trato familiar, la
comunicación de unas personas con otras». Y, por extensión, las correspondientes acepciones que
de ello se derivan en el plano político, social y religioso.

Según el uso de nuestra lengua, siguiendo a Martín López (1990) por comunicación puede
entenderse lo que a continuación se indica:

• «La participación (o el intercambio), de contenidos mentales −ideas, opiniones, sentimien-


tos, creencias, etc.−,
• y, en estos casos, de palabras o por escrito e incluso por señas, o de cosas que uno posee
−bienes, derechos, etc.−; en ambas acepciones la comunicación es tanto el proceso a
través del cual se realiza la participación (o intercambio), como el resultado de ella: esto
es, lo que por participación se hace común.

En adelante, entenderemos por comunicación, la acción y el efecto de hacer algo común a los dos
términos −individuales y colectivos− de una relación interhumana, algo que en principio sólo
estaba o era propio de uno de ellos.

Entendida como acción, la comunicación es el proceso de transmisión de lo propio que, por


recepción del otro, se hace común a ambos.

En tanto que efecto desencadenado por ella, la comunicación es la modificación que la transmisión
de lo propio produce:

1) En el que lo transmite, pues quien comunica algo lo pierde, aunque, en alguna manera,
siga bajo su posesión.
2) En el otro de la relación, pues, ahora posee algo de lo que antes carecía.
3) En la relación entre ambos, en sí misma considerada, pues a partir de este acto la relación
propiamente dicha se enriquece con la donación/aceptación de los contenidos, que por su
virtud se ponen en común.

Obviamente, estudiar la comunicación humana resulta un problema erizado de dificultades, por


muy diversas razones que han de revisarse, aunque algo se haya dicho ya en el capítulo anterior.

Comunicación animal y lenguaje humano

El término lenguaje, al igual que la mayoría de los términos que tienen que ver con los signos, es
ambiguo, ya que su caracterización puede tomarse según términos de muy variadas dimensiones.

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Así, el formalista se inclina a considerar cualquier sistema axiomático como un lenguaje, sin tener
en cuenta si hay cosas que denota, o si el sistema es realmente usado por algún grupo de
intérpretes; el empirista se inclina a acentuar la necesidad de la relación de los signos con los
objetos que denotan y cuyas propiedades enuncian verdaderamente; el pragmatista se inclina a
mirar un lenguaje como un tipo de actividad comunicativa, social en su origen y naturaleza,
mediante el cual los miembros de un grupo social son capaces de realizar más satisfactoriamente
sus necesidades individuales y comunes.

Pero si el lenguaje fuese tan sólo un sistema de signos con que referirse a algo, los gestos rituales
con que se cortejan los patos, ¿no serían lenguajes como el humano?

Un resumen de las notas diferenciales propuestas esclarecerá la pregunta, tal y como uno de
nosotros sostuvo (Polaino-Lorente, 1980):

1) La palabra fija el mundo. La vida sin palabras del animal se consume en lo fugitivo de las
impresiones que cambian a cada momento. Por la palabra, las impresiones quedan
articuladas en complejos permanentes con significados y situadas ante la conciencia como
campos de orientación objetivos y abarcables. La aplicación de la palabra al mundo es un
proceso de organización, es una clasificación de lo percibido en el espacio vital del hombre.
El animal es uno con su ambiente, es además un exponente y función. En cambio, el ser
dotado de lenguaje se halla enfrentado con su mundo exterior. Mediante el símbolo de la
palabra, las imágenes

2) percibidas son llevadas a cierta distancia. Con el lenguaje se realiza no solamente una
fijación del mundo, sino también un distanciamiento de él. Por la formación del lenguaje
resulta posible esta separación.

3) El lenguaje humano permite referencias a lo ausente, a lo lejano en el tiempo y el espacio;


el animal se halla confinado al presente.

4) El lenguaje es productivo. El hombre genera locuciones, expresiones nuevas, nunca por él


dichas, con frecuencia no oídas a nadie, de acuerdo con las situaciones que se van
produciendo.

5) Además, el lenguaje humano está caracterizado por su dimensión social: existe en forma
de lenguas o idiomas propios de distintas comunidades históricas.

6) Gracias al lenguaje, el hombre se encuentra no sólo libre frente al mundo, sino que
también queda liberado del mutismo de la propia intimidad. Sólo el hombre puede decir lo
que sufre. Mediante la palabra no se expresa, como en el sonido del animal, solamente un
estado subjetivo, sino lo que del mundo penetra en la intimidad de la vivencia. De esta
manera se muestra el hombre como un ser que puede inquirir más allá de sí mismo y
hacer visible el mundo bajo el signo del pensamiento.

La comunicación entre personas es, desde luego, algo muy distinto del acto comunicativo entre
animales o de la transferencia de información de la memoria de un ordenador a otro.

La persona dispone de lenguaje, y sólo la persona lo posee. Martín López (1990) insiste en este
hecho al sostener lo que sigue: «El hecho insoslayable de que el lenguaje significativo sea
específicamente humano, ya desde su localización cerebral, introduce una distancia insalvable
entre ambas comunicaciones −la humana y la animal−, y hace que cobren toda su dimensión
específica la intencionalidad y la experiencia interna de la comunicación».

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«Ciertamente −continúa el autor citado−, toda comunicación interhumana se lleva a cabo a través
de procesos de interacción, de relación social. En este sentido, hay que afirmar con carácter
general que toda interacción es cauce de comunicación y tiene un contenido comunicativo. Sin
embargo, hay que ser preciso y distinguir con nitidez la modalidad de las interacciones sociales,
según su calidad comunicativa.

De aquí se sigue que sea necesario considerar si, por razón del modo y del contenido, toda
comunicación o interacción comunicativa entre hombres, merece recibir con igual propiedad el
nombre de comunicación humana o si tal denominación debiera reservarse para un tipo
determinado y especialmente selecto y exigente de comunicación entre personas.

A este respecto, conviene tener presente aquellos casos en los que se habla de relaciones
impersonales o deshumanizadas, de relaciones meramente biológicas, etc., en las que, sin duda,
existe algún tipo de comunicación entre personas, pero cuyas características y modalidades −falta
de intencionalidad, desimplicación en el otro, violencia, fingimiento, etc.−, parecen alejar la
comunicación de lo que es específico y diferencial del hombre. A fin de cuentas, éste es un
problema análogo al que se plantean los autores −por ejemplo, Max Weber− a la hora de determi-
nar cuáles de los diversos tipos de actos que pueden realizar los hombres y que afectan a los
demás, deben considerarse como actos sociales».

La comunicación es un proceso porque es dinámico y continuo. Para que este proceso se cumpla,
es necesario que el mensaje se transmita de una persona a otra u otras, y generalmente se
produce una respuesta a nuestra comunicación.

El lugar donde mejor puede estudiarse la conducta y comunicación humana, es la familia, ya que
esta funciona como un sistema en relación, donde este aspecto relacional esta en constante
definición.

Cada unas de las partes de un sistema esta en relación con las demás y un cambio en una de ella
genera otro cambio en las demás y en consecuencia en el sistema total. Además todo sistema
esta inmerso en un medio y cualquier cambio en este afecta al sistema y viceversa.

Desde la perspectiva de la teoría general de sistemas, la familia es un sistema autocorrector y


dinámico y por lo tanto, nuestras observaciones deberán ir dirigidas tanto hacia las transacciones
que suceden en su interior, como hacia la estructura interna del sistema; dicho de otro modo, lo
que nos interesará será conocer la interacción entre los miembros, sus modos de relación y las
reglas que rigen esa relación.

En el momento de estudiar las conductas de los individuos, estas deberán ser interpretadas en
función de la influencia que posean en relación con el sistema, y nunca deberán interpretarse de
forma individual.

2.3 Comunicación interpersonal: proceso, aplicación y resultado


Las relaciones interpersonales se practican diariamente, minuto a minuto, pues se refieren al
intercambio de mensajes que se dan entre personas. Sin embargo, la comunicación interpersonal
se define por la situación en la que se da: momentánea o duradera, cercana o lejana, etcétera.
El estudio de la comunicación interpersonal ayuda a la adaptación con el entorno y con las
personas que nos rodean.

Las relaciones interpersonales más trascendentes, y por lo tanto más complicadas son las
afectivas, particularmente las que se dan en el núcleo familiar.

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En la vida tenemos diversas relaciones: con el cónyuge, con cada uno de los hijos, con amigos,
compañeros, etc. Algunas de estas relaciones son buenas y otras no lo son. Algunas nos parecen
más valiosas que otras. ¿Cuál es la diferencia entre unas y otras?

La comunicación permite satisfacer las necesidades humanas de sentirse incluido, considerarse


valorado y el tener cierto control de la vida. Las relaciones en las que nos comunicamos de esta
manera las consideramos mejores que las relaciones en las que no lo hacemos así.

Aunque las relaciones satisfactorias puedan parecer muy diferentes entre sí, la comunicación
dentro de ellas generalmente participa de características comunes.

Cuando se comprenden las características de la comunicación interpersonal, las relaciones y la


comunicación con otras personas, cercanas y no cercanas, serán más exitosas.

Las interacciones en la comunicación no son o una comunicación impersonal o una interpersonal


como dos ideas opuestas y distantes. Imaginemos una línea continua en la que en un extremo
está la comunicación impersonal y en el otro la comunicación interpersonal. Una interacción es un
proceso continuo. Cuando éste presenta un incremento de ciertas características se convierte cada
vez más en interpersonal. Cuando estas características tienden a disminuir se va convirtiendo en
impersonal.

La mayoría de nuestra comunicación son impersonales más que interpersonales, están basadas
más en los papeles que desempeñamos, que en, conexiones individuales con otros. Una
interacción comunicativa es proceso continuo que se vuelve más interpersonal mientras refleja de
manera creciente las siguientes características:

1. Única en los esquemas de comunicación

Entre más interpersonal es la relación, se refleja una mayor singularidad en las pautas de
comunicación. Las situaciones interpersonales son orientadas por reglas comunes o por
convencionalismos. En estas ocasiones se tiende a etiquetar o generalizar a otra persona, y
después se interactúa en concordancia. Podemos comunicar según ciertas reglas para tratar a
niños, adolescentes, mujeres, hombres y demás grupos de individuos. Sin embargo, si los padres
conocen a su hijo adolescente de manera interpersonal y se comunican con él a ese nivel, es
imposible que lo traten de acuerdo a un estereotipo. Es posible que sepan lo que le gusta o le
molesta a su hijo, y que el padre y la madre actúen con eso en mente.

2. Insustituible para la relación

En la medida en que una relación sea única, también es insustituible. Si el padre, la madre y su
hijo o hija comparten algún gusto, tienen cierto tipo de conversaciones, realizan alguna actividad
y se preocupan mutuamente, su relación tenderá a ser única. Su hijo o hija será diferente a los
otros miembros de la familia; y sus padres serán para él o ella un padre o una madre especial.
Esto significa que su relación también será irremplazable.

3. Interdependencia de las personas involucradas

Cuando una relación llega a ser cada vez más interpersonal, el futuro de las personas involucradas
cada vez estará más ligado. En ocasiones este vínculo es satisfactorio y otras veces no lo es. Lo
que sucede a algún miembro de la familia afecta a los demás de algún modo. Los estados de
ánimo positivos y negativos de los miembros influyen en el ambiente familiar general.

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4. Reveladora de información personal

Otra manera de medir el nivel interpersonal de una relación es considerar la cantidad de


información personal que los individuos comparten entre sí. En la medida en que una relación va
siendo interpersonal las personas se sienten más a gusto compartiendo, hasta cierto punto,
pensamientos y sentimientos.

5. Satisfactoria intrínsecamente

La mayor parte de la comunicación impersonal tiene alguna intención. Se está tratando de


conseguir algo y no de crear la relación. En una relación interpersonal, la comunicación se da por
la satisfacción intrínseca. Las personas no necesitan hablar de algo en particular. No necesitan
conseguir nada. Lo que es importante, es simplemente platicar, construir la relación. Si en la
familia o en el matrimonio se habla sólo para pedir cosas, planear actividades, o solicitar servicios,
NO hay una auténtica comunicación personal.

6. Poco frecuente

La gran parte de nuestras interacciones comunicativas son impersonales. Este hecho no es


lamentable, sino práctico. En un día normal de trabajo las personas no tienen tiempo para

desarrollar relaciones interpersonales con toda la gente que tratan. De esta manera, la auténtica
comunicación interpersonal y las relaciones interpersonales son especiales y notables, ya que no
es posible hablar profundamente, comunicar la intimidad constantemente.

3. COMUNICACIÓN VERBAL Y NO VERBAL

El hombre es el único ser que tiene una capacidad simbólica que despliega en el lenguaje. El
lenguaje es un instrumento del pensar y no sólo del comunicar.
Todo saber humano se desarrolla gracias a la capacidad de abstracción del hombre que se da
gracias al conocimiento derivado de la información que se percibe a través de los sentidos.

Toda esta información se obtiene de dos fuentes de dos formas: verbal y no verbal. La
comunicación verbal se refiere a los signos orales y palabras habladas o escritas. La comunicación
no verbal se realiza a través de multitud de signos: imágenes sensoriales (visuales, auditivas,
olfativas...), sonidos, gestos, movimientos corporales, etc. Sin embargo, suelen emplearse juntas.

3.1 Elementos y efectos

Todo mensaje depende del emisor en cuanto éste es el encargado de codificarlo y del receptor en
cuanto es capaz de interpretarlo. El acto comunicativo no se realiza si el emisor no utiliza un
código conocido por el receptor.

Mientras más familiares sean los mensajes verbales y no verbales especialmente, más cercana
será la interpretación del receptor al propósito del emisor. Los mensajes no verbales son
especialmente importante porque a través de ellos es posible captar percepciones, significados,
sentimientos, emociones, etcétera, cuestiones que el emisor expresa con poca intencionalidad.

Para comprender la importancia de la comunicación verbal y no verbal y los efectos que pueden
tener en las relaciones familiares te recomendamos las siguientes lecturas:

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La comunicación verbal

Una de las características que diferencian al hombre de otras especies animales, es el disponer de
un lenguaje que resulta fácilmente manejable y muy apropiado para la comunicación.

El uso del lenguaje está implicado siempre, de una u otra forma, en las interacciones de unas
personas con otras. Ningún otro sistema de comunicación −incluso el utilizado por las especies
animales más próximas al hombre− está adornado con la complejidad y la sutileza del lenguaje
humano.

Sin embargo, si comparamos el lenguaje humano (como sistema de comunicación) con cualquier
otro sistema empleado por el hombre u otros animales, observamos que comparten algunas de
sus características. Es decir, que algunos de los rasgos del lenguaje humano −aunque no todos, ni
los más específicos− pueden encontrarse también en otros sistemas de comunicación animal o
humano.

Hockett (1963) sugirió que el lenguaje tal vez podría ser caracterizado en términos de un número
determinado de elementos definitorios. Como ejemplos de estos rasgos, Hockett enumeró los
siguientes:

a) desplazamiento: un sistema de comunicación tiene la capacidad para referirse a cosas que


no están inmediatamente presentes;
b) apertura: capacidad para crear y comunicar nuevos significados;
c) tradición: capacidad para aprender y comunicar a las siguientes generaciones nuevos
símbolos y mensajes; y
d) dualidad de diseño: capacidad para combinar un número finito de palabras, símbolos y
componentes según un número infinito de mensajes posibles.

Muchos sistemas de comunicación tienen algunos de estos rasgos, pero sólo el lenguaje humano
dispone de todos ellos. Por eso, los intentos de Gardner y Gardner (1969) y de Premack (1971) de
enseñar a algunos animales el lenguaje humano no fueron tan fructíferos como se esperaba.

Tradicionalmente, el estudio del lenguaje se ha dividido en las siguientes partes:

a) la sintaxis, que estudia el orden y la estructura que regulan cómo deben enlazarse las
palabras;
b) la fonología, que estudia los sonidos y las regularidades del lenguaje hablado; y
c) la semántica, que estudia el significado del lenguaje.

Desde el punto de vista de la psicología social, se atiende otro nivel de análisis del lenguaje: el
que se ocupa de cómo los mensajes son emitidos y recibidos en las situaciones reales.

Morris (1946) empleó el término «pragmática» para describir la ciencia que estudia cómo se
utiliza el lenguaje. Ciertamente, es importante conocer las palabras, la gramática y las reglas de
pronunciación, pero ello no es suficiente. Es necesario conocer también qué, dónde, cuándo, cómo
y a quién se comunica algo. Acaso por eso, Forgas (1985) concede una importante función a la
sociolinguística, en tanto que disciplina que estudia el modo en que tales variables sociales
condicionan la forma de emplear el lenguaje.

Veamos a continuación las líneas de investigación más relevantes sobre este particular.

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El lenguaje y el encuentro interpersonal

El primer paso en cualquier encuentro social y uno de los más relevantes usos del lenguaje es
dirigimos a nuestro potencial interlocutor.

El modo en que se emplean determinadas formas lingüísticas, como los pronombres personales y
las fórmulas de interacción en una conversación, están fuertemente influidas por las convenciones
culturales. Cada cultura, cada lengua dispone de sus propios repertorios lingüísticos, como los más
convenientes y económicos para las interacciones cotidianas, según su peculiar idiosincrasia.
Según Brown (1968) y Brown y Gilman (1960), las formas de dirigirse a otra persona, en cada
cultura, siguen reglas explícitas que son universalmente reconocidas por las personas adscritas a
dicha cultura. Dos son esas reglas principales y sustantivas: la norma del status y la norma de la
solidaridad.

La norma relativa al status prescribe que las formas familiares o formales del lenguaje han de
emplearse siempre que nos dirigimos a personas de un estatus social más bajo, con
independencia de que el hablante sea o no de ese mismo estatus. Las formas «polite» de dirigirse
a otras personas, en cambio, deben emplearse, de acuerdo también con la norma del estatus,
siempre que nos dirigimos a personas de un puesto social más alto, poco importa que el hablante
pertenezca o no a esa misma posición social. Sin embargo, estas normas no tienen hoy ni la
vigencia social ni el uso estereotipado que antaño. La antigua rigidez se ha mudado, al parecer, en
flexibilidad no reglada, con independencia de cuáles puedan ser sus consecuencias.

La norma de la solidaridad regula las interacciones, en función de la intimidad existente entre los
interlocutores. Esta norma prescribe que las formas «polite» se utilicen cuando apenas si se tiene
confianza con la persona que nos escucha. Por el contrario, los modos informales de interacción
lingüística se emplean con aquellas personas con las que el hablante tiene mucha confianza, con
independencia de cuál sea su posición social.

Sin embargo, hay también otras muchas variables que pueden influir de un modo decisivo en las
formas del lenguaje empleadas en estas interacciones. Este es el caso, por ejemplo, de la
ideología política de una persona, que puede resultar determinante de la forma en que se dirige a
los demás.

El lenguaje y los grupos sociales

Cuando dos o más personas interactúan de forma habitual, casi inevitablemente se desarrolla
entre ellos un código lingüístico específico, restrictivo y particularizante.

Una de las razones que explican este fenómeno es que cuanto más se conocen dos personas,
menor necesidad hay de pronunciar todos y cada uno de los detalles que exige una exacta
comunicación verbal entre hablantes desconocidos. Una gran parte de los mensajes que se emiten
entre ellos no son explícitamente expresados, sino que quedan indicados o implícitos. Por decirlo
de alguna manera, dado que se conocen y saben a qué se están refiriendo cada uno en cada
momento, economizan la interacción empleando códigos propios, implícitos y no completamente
desarrollados. En esto consiste la economía del lenguaje: un ahorro de recursos y esfuerzos, que,
naturalmente, son siempre escasos.

Esto supone que los ambientes sociales que comparten un determinado grupo de personas,
forzosamente acaban por crear códigos propios, sea por el conocimiento último entre los
interlocutores, sea por economía del lenguaje.

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Pero hay también una tercera razón adicional: disponer de un lenguaje propio ayuda a
identificarse con el grupo de pertenencia. Entre otras cosas, esta es la regla que suele emplearse
para determinar quién pertenece y quién no pertenece al grupo. En este sentido se han realizado
algunos estudios empíricos relativamente importantes como las investigaciones de Friendly y
Glucksberg (1970) o, más recientemente, las de Forgas (1983).

A lo que parece, muchos grupos sociales adoptan y utilizan palabras muy especializadas, más bien
como un símbolo de su estatus, que como un modo peculiar de ayudarse en la comunicación. Esta
es una característica común, por ejemplo, entre casi todos los grupos de profesionales afines,
algunos de los cuales «inventan» o establecen una jerga excluyente y exclusiva.

De otro lado, hay muchas variables situativas y contextuales que, de algún modo, influyen en la
forma de comunicarmos verbalmente. Puesto que una misma idea podemos expresarla
verbalmente de muy diversas formas, es lógico que casi siempre optemos por la forma que mejor
se adapta a la situación en que nos encontramos. Con otras palabras, los requerimientos de la
situación social particular en la que nos encontramos, ejerce una influencia importantísima en qué
decimos y en cómo lo decimos.

Algunas investigaciones sobre la poliglosía han demostrado que se emplean diversos registros
lingüísticos para hablar con los familiares que para hablar con los compañeros del trabajo.
Investigaciones, consideradas hoy como clásicas, fueron llevadas a cabo por Fishman (1971),
Rayfield (1970) y Gumperz y Hymes (1972), quienes confirmaron con los resultados que
obtuvieron mucho de lo que líneas atrás se ha aludido.

Sin duda alguna, la situación social particular influye también en cómo se interpreta lo que
percibimos. Gallois y Callan (1985) encontraron que las personas reaccionan de forma diferente al
acento de quien habla, dependiendo incluso de la situación en la que lo oyen. También Garton
(1983) y Pratt (1983) han podido confirmar estas diferencias.

Otra interesante cuestión es cómo seleccionamos, entre las numerosas alternativas semánticas, la
que mejor se adapta a la situación.

Los investigadores en sociolingüística han concluido que las personas tenemos una idea muy clara
de los requerimientos de las diversas situaciones, el estatus, las relaciones entre quienes hablan y
la oportunidad del mensaje en cada circunstancia (Forgas, 1985; Gibbs, 1985). En una
conversación, cada palabra pronunciada es cuidadosamente seleccionada entre un vasto número
de alternativas lingüísticas posibles, que tienen significados similares, para, de esa forma,
ajustarse lo más posible a los requerimientos de aquella situación concreta.

No podemos poner fin a este breve análisis de la conducta verbal interpersonal sin mencionar aquí
los mensajes que se emiten sin significado y la influencia que, en ocasiones, ejercen
poderosamente en la relación.

Según hemos observado, nos relacionamos verbalmente con los demás, de acuerdo a ciertas
reglas. En cada conversación, hemos de decir cosas que sean relevantes, dichas en una secuencia
que sea apropiada, ser considerados y educados, intentar evitar los silencios, etc. A todo ello hay
que atenerse si deseamos establecer una comunicación interpersonal.

Sin embargo, en algunas ocasiones lo que se busca precisamente es decir algo que no signifique
nada. Así, por ejemplo, ante una pregunta que consideramos inoportuna y que no nos sentimos
obligados a contestar.

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A este tipo de mensajes, Bavelas (1985) los denomina con el término de «descualificados», y
sostiene que las personas emitimos este tipo de mensajes cuando nos encontramos ante un
conflicto de evitación-evitación, es decir, cuando tenemos que elegir entre dos opciones ninguna
de las cuales nos gusta. Estos mensajes, como precisa la autora, son relativamente frecuentes en
la vida diaria de cada persona.

Características y variedad de los mensajes no verbales

Los mensajes verbales constituyen únicamente una pequeña parte de la comunicación


interpersonal, pero una parte muy importante. Los mensajes emitidos mediante el lenguaje verbal
van normalmente acompañados de abundantes señales no verbales que apoyan, modifican,
niegan e incluso sustituyen completamente el contenido enunciado por el mensaje verbal. En
algunos encuentros sociales apenas si se emplea algo más que los mensajes no verbales. En
situaciones en las que la comunicación verbal explícita no es posible (excesivo ruido, una larga
distancia, o la natural discreción entre enamorados, en presencia de otras personas), numerosos
signos y señales no verbales pueden llegar a sustituirla: la mirada, la sonrisa, los gestos, los
cambios de postura, etc.

No es infrecuente que encuentros entre personas del sexo opuesto comiencen con elaborados
intercambios de señales no verbales. Con algunas de estas señales se indica al otro, antes de que
ninguna palabra haya sido emitida entre ellos, el interés y la oportunidad de iniciar un diálogo
verbal.

La habilidad para emitir y recibir efectivamente estos mensajes no verbales resulta esencial para
la interacción social exitosa. Argyle (1969) sugirió que «esta habilidad es una estrategia
aprendida, al igual que cualquier otra. Algunas personas simplemente son mejores que otras. La
ausencia de esta habilidad supone desadaptación, lo que puede ser remediado con un adecuado
entrenamiento en estas estrategias».

Por último, hemos de señalar que la investigación en el ámbito de la comunicación no verbal es


relativamente reciente, aunque ya Darwin (1872) escribiera acerca de la expresión de las
emociones en personas y en animales, en el pasado siglo.

Comunicación verbal y no verbal: similitudes y diferencias

Los mensajes no verbales no son meras o simples alternativas al uso del lenguaje. La
comunicación no verbal (en adelante, CNV) tiene características y peculiaridades que la
diferencian del lenguaje verbal, como sistema de comunicación.

De una parte, la decodificación y la reacción a los mensajes no verbales suele ser mucho más
rápida, automática e inmediata que respecto de los mensajes verbales. En la CNV puede
sostenerse que casi no necesitamos analizar y decodificar, conscientemente, lo que esos mensajes
significan.

Por contra, los mensajes verbales suponen, normalmente, una secuencia de codificación y
decodificación más concienzuda y parsimoniosa, ya que cuesta más tiempo entender, interpretar y
preparar una oportuna y pertinente contestación a una sentencia verbal. De aquí, que hoy se
sostenga que los mensajes no verbales están mucho menos sujetos a la interpretación y
consciente autorregulación que los mensajes verbales.

Estas señales y signos no verbales nos informan de aspectos que son tal vez difíciles de comunicar
de forma verbal, como ciertas actitudes, emociones y sentimientos respecto de los cuales la
persona que gesticula no querría comunicados.
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Los mensajes no verbales pueden informamos también acerca de cuándo una persona dice la
verdad y cuando está mintiendo. En este sentido, los experimentos más sorprendentes los
realizaron Ekman y Friesen (1969, 1974), quienes pudieron demostrar que los mensajes del
cuerpo son mucho más eficaces para desvelar el verdadero sentido de lo que dice el paciente.

De otra parte, la comunicación verbal y no verbal difieren en lo que se refiere a los contenidos
comunicados, ya que los mensajes no verbales tienden a ser mucho más eficientes en la
transmisión de actitudes y emociones que la comunicación verbal. A esta conclusión llegaron
Argyle, Salter, Nicholson, Williams y Burgess (1970) y Argyle, Alkema y Gilmour (1971). Esto tal
vez puede parecer sorprendente, ya que de ordinario se supone que la comunicación no verbal
sólo acompaña y, si acaso, completa a la comunicación verbal.

Una explicación de estos sucesos se dio una vez que se estudiaron las restricciones culturales
respecto de lo que puede ser o no comunicado, mediante el lenguaje. En la mayoría de los países
de la cultura occidental, no se acepta la expresión verbal directa de actitudes y emociones
interpersonales. Esta negación obliga a comunicar tales contenidos mediante señales no verbales,
que no pocas veces contradicen el contenido del mensaje de lo que se dice de palabra.

Darwin explicó este fenómeno en términos evolutivos: el sistema de señales no verbal es mucho
más primitivo que el verbal y, por consiguiente, está más adaptado a la comunicación de
mensajes básicos de tipo emocional.

En síntesis, podemos decir que los mensajes no verbales se emiten y reciben mucho más
rápidamente, no están bajo control consciente, y son más poderosos y eficaces que la
comunicación verbal para trasladar a las otras personas ciertas actitudes y emociones.

De este modo se establece una relativa especialización selectiva respecto de los canales de
comunicación que empleamos. Para referirnos a cosas externas o ajenas a nosotros mismos, para
solucionar problemas, etc., utilizamos por lo general el lenguaje verbal. En cambio, para
comunicar contenidos de la vida social y personal como valores, actitudes y reacciones, que
atañen a la propia intimidad, utilizamos el canal que es pertinente en la comunicación no verbal.
De aquí que los mensajes no verbales jueguen un rol imprescindible en la comunicación a otras
personas de los personales estados emocionales y de la propia y recóndita intimidad.

Funciones de la comunicación no verbal

Acabamos de observar que el lenguaje y los mensajes no verbales, en tanto que sistemas de
comunicación, tienen muy diferentes características, lo que condiciona en buena parte que el
principal rol por ellos jugados esté al servicio de la interacción social.

En la mayoría de nuestros encuentros diarios utilizamos mensajes verbales y no verbales,


simultáneamente, e incluso para muy diversos propósitos. Sin embargo, estas dos modalidades de
comunicación están usualmente coordinadas y se apoyan una a otra, lo que corrobora el hecho de
que los gestos enfatizan, completan y añaden cierta información a la que expresamos mediante el
lenguaje.

Entre los estudiosos de estos temas, hoy se reconoce que la investigación acerca del lenguaje
debe incluir también la comunicación no verbal, tal y como acontece en la realidad (Forgas, 1985).
Es posible que quizá dos vías de información resulten contradictorias o que funcionen con cierta
independencia una de otra, manteniendo −por decirlo de alguna manera− dos conversaciones a la
vez. De hecho, los mensajes no verbales suelen restringirse para comunicar propósitos no
fácilmente expresables mediante el lenguaje verbal. En síntesis, que las señales no verbales se
emplean, principalmente, para cumplir las cinco funciones siguientes:

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1) Dirigir la situación social.
2) Autopresentarse.
3) Comunicar ciertos estados emocionales.
4) Comunicar algunas actitudes íntimas.
5) Servir de canal de control para matizar lo afirmado.

Estas son, según Argyle (1969 y 1972), las funciones que hoy se atribuyen a la comunicación no
verbal.

1. Dirigir la situación social

No nos damos cuenta de ello, pero incluso la más simple interacción social requiere una dirección
cuidadosa y compleja por parte de quienes participan en ella. De hecho, necesitamos
continuamente indicar al interlocutor cuáles son nuestras reacciones positivas o negativas a lo que
nos están comunicando, el aumento o descenso de nuestro interés por lo que nos está diciendo,
nuestro deseo de redefinir o de poner fin al encuentro, así como otros muchos mensajes, cuyas
funciones son esenciales para la continuidad de la interacción.

Cuando dos personas inician un diálogo, sus intercambios verbales suelen estar dirigidos,
soportados y apoyados en la modalidad de la comunicación no verbal. Este hecho es muy
significativo. A pesar de emitir algunas expresiones verbales de un relativo interés, es imposible
continuar una conversación con alguien que a través de ciertas señales no verbales nos está
expresando su aburrimiento o ausencia de interés.

Así, por ejemplo, es muy difícil comunicamos con las personas que no nos miran, que no asienten
a lo que estamos diciendo o que toman una postura distante respecto de nosotros, orientando su
cuerpo hacia otra parte. Sea cual fuere el tópico de la conversación (por muy burdo que éste sea),
sin las continuas manifestaciones no verbales que apoyan, reivindican un cierto interés y dirigen el
intercambio de información, sería imposible mantener la interacción.

Otro momento secuencial en el que la comunicación no verbal es especialmente significativo es al


iniciar y terminar una interacción. Incluso antes de mediar la primera palabra, ha existido ya
mucha interacción no verbal entre las dos personas que se encuentran en una reunión social o en
un congreso profesional.

Introducirse en un círculo de personas que están hablando en una fiesta, exige poner en marcha
uno de los más complejos ejemplos del ritual no verbal que es previo a la pronunciación de una
sola palabra.

También para poner fin a una conversación es conveniente y muchas veces necesario manifestar
ciertos comportamientos, lo que supone ciertas habilidades y destrezas no verbales

2. Autopresentarse

Un rasgo esencial de toda interacción social es que nuestra auto estima y auto imagen son
puestas en tela de juicio, durante el encuentro interpersonal. En ese escenario natural es donde
precisamente debemos establecer exitosamente ciertas interacciones (con nuestros nuevos
amigos) y mantener el adecuado punto de vista acerca de nosotros mismos.

Pero la situación puede resultar azarosa si estamos fuera de nuestro medio social habitual o si
hemos de presentarnos ante muchos desconocidos, sin apoyarnos en las personas que
previamente nos conocen como somos.

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En esta última situación, la comunicación verbal es de mucha ayuda. Puesto que, en cierto modo,
la cultura prohíbe la comunicación verbal explícita de tales mensajes, la comunicación no verbal se
hace cargo de estas tareas mediante las sonrisas, los movimientos de asentimiento, los gestos
corporales, etc., o tal vez a través de determinadas ropas, joyas, etc. Marsh, Rosser y Harre
(1978) estudiaron la función del vestido como señal representativa de determinado estatus.

3. La comunicación de ciertos estados emocionales

La expresión facial es un medio universal para comunicar ciertos estados emocionales.

El canal verbal no sólo es más lento e infructuoso para comunicar este tipo de información, sino
que es también más ambiguo. Un problema relacionado con la comunicación de emociones (García
Villamisar y Polaino-Lorente, 1998a, b y c) es que para comunicarse al otro a través de las
palabras, debemos primero identificar y etiquetar la emoción que estamos experimentando, lo que
en muchas ocasiones constituye un proceso difícil y complejo.

Por contra, no suelen darse muchos problemas para emitir este tipo de información a través de la
expresión facial. Ekman y colaboradores (1983) comprobaron que es muy fuerte la vinculación
entre las emociones y su expresión facial. En uno de sus estudios más relevantes sostuvieron que
las personas con las que trabajaron parecían experimentar la emoción apropiada, sencillamente,
cuando eran instruidos para mover de determinada forma los músculos de la cara, movimientos
que eran equivalentes a los que suelen manifestarse, espontáneamente, cuando experimentamos
esa emoción concreta.

Además, como ya hemos observado, las normas culturales de las sociedades occidentales suelen
limitar la comunicación verbal de emociones. Los mensajes no verbales son los que, de ordinario,
se ocupan de cumplir esa importante función.

Pero no sólo a través de la expresión facial se comunican las emociones. La postura, los gestos, la
distancia, la mirada, etc., son, qué duda cabe, fuentes emisoras de ese tipo de información. En
este sentido, la conducta de las mujeres parece ser mucho más elocuente, brillante y precisa,
tanto para la emisión de mensajes no verbales con contenido emocional, como para su exacta
recepción.

4. La comunicación de actitudes

La mayoría de las actitudes pueden ser expresadas tanto de forma verbal como no verbal. Lo que
sucede es que las señales no verbales normalmente reafirman, subrayan y completan el
significado transmitido mediante el lenguaje.

En los encuentros sociales, muchas otras actitudes −particularmente las que son temporales y/o
muy versátiles− son exclusivamente comunicadas a través de mensajes no verbales. Como hemos
observado líneas atrás, estos mensajes no sólo informan acerca de las actitudes, sino que forman
parte también e intervienen en la dirección de aquella concreta situación social.

Es interesante mencionar cómo varía la importancia de los distintos canales empleados en la


comunicación de actitudes. En este sentido, las experiencias de Mehrabian (1969), confirman que
los rasgos faciales soportan cinco veces más peso en la comunicación de actitudes que los
contenidos verbales.

De acuerdo con Argyle, Alkema y Gilour (1971), parece haber una fuerte evidencia respecto del
importantísimo rol que desempaña el canal no verbal de comunicación −mucho más relevante que
el verbal− en la comunicación de actitudes interpersonales
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5. El uso de un canal de control

Un factor irrenunciable en la dirección de las interacciones sociales es controlar quién está


hablando, durante cuánto tiempo y quién va a tomar el relevo. La interacción social está por lo
general muy organizada y estructurada, ya que el canal auditivo de comunicación tiene una
capacidad muy limitada. De hecho, sólo una persona puede hablar en cada momento, si los demás
desean entenderla.

Mediante la comunicación no verbal el grupo social dirige la conversación, dando alternativamente


el turno a una u otra persona o dirigiendo la mirada todos los que escuchan hacia el hablante. Es
así como suele emplearse el control del canal verbal de comunicación.

Los experimentos de Walker (1983) lo pusieron de manifiesto en las estrategias no verbales


empleadas para dar el turno en la emisión de palabras de una a otra persona. Kendon (1967)
mostró que los patrones de comportamiento de la mirada empleados al inicio y término de una
intervención verbal son significativamente diferentes. También Walker (1983) profundizó por su
parte en el estudio de estas estrategias.

Hacia una clasificación de los mensajes no verbales

Los mensajes no verbales no se emiten y se reciben de forma aislada. La comunicación humana


consiste más bien en la combinación de múltiples señales a través de una gran variedad de
modalidades.Mehrabian (1969) sugirió que el significado de los mensajes no verbales puede ser
descrito en términos de tres dimensiones independientes:

1) Las indicaciones de inmediatez o intimidad que se emplean para comunicar una cierta
unión y/o evaluación.
2) Las indicaciones de relajación que se emplean para comunicar ciertas diferencias de
estatus y de control social.
3) Las indicaciones de actividad que se emplean para comunicar una relativa viveza e interés.

Estas tres dimensiones de los mensajes no verbales, propuestas por Mehrabian, tienen su justa
correspondencia con otros procedimientos de clasificación de la comunicación, que fueron
enunciados por Osgood, Suci y Tannenbaum (1957).

Los últimos autores citados clasificaron muchas palabras y otras unidades semánticas en tres
dimensiones. Schlossberg (1954), en cambio, clasificó las expresiones de las diversas emociones,
según tres características. Evidentemente con estas clasificaciones se pretendió simplificar y
codificar mejor los trabajos de investigación, especialmente de aquellos procedimientos
observacionales cuyos contenidos eran precisamente los mensajes no verbales.

De otro lado, Pierre Guiraud (1980), en su libro El lenguaje del cuerpo hace una análisis de las
señales que los seres humanos emitimos a través de los gestos. En esta publicación, el autor
estudia el cuerpo como emisor de información. Sin embargo, sus explicaciones no son muy
congruentes y rigurosas, ya que sigue procedimientos poco precisos, muy del gusto de las
pseudociencias que, a lo largo de la historia, han tratado de estas cuestiones.

No obstante, Guiraud distingue entre la información suministrada por el propio cuerpo y la


información proporcionada por los movimientos que realiza.

Respecto de la información obtenida a partir del propio cuerpo, tal y como se nos presenta, tres
han sido las principales disciplinas que lo han estudiado. De una parte, la fisiognomonía o carácter
de la morfología, que estudia los rasgos físicos de las personas como signos que suministran cierta
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información acerca de las facultades psíquicas. Todavía hoy se sigue empleando en algunas
caracterologías, aunque su estudio ha sido abandonado. La apariencia física de una persona nos
permite, hasta cierto punto, calificada como enérgica o tímida, franca o pérfida, inteligente o
estúpida, simpática o antipática. Sin embargo, estas inferencias, «prima facie», resultan
engañosas con harta frecuencia.

Son muchas las caracterologías que se han construido a partir de ciertos rasgos. Sin embargo, las
comprobaciones experimentales no parecen estar de acuerdo con lo que de ellas se afirma en la
teoría, aunque, sea también evidente que los rasgos de una persona nos dicen algo acerca de ella
y constituyen una cierta información para el interlocutor, al que, de hecho, acaba por influirle en
mayor o menor medida.

De otra parte, la patognomía estudia la kinética de las emociones (temblores, contracciones


musculares, variaciones de temperatura, etc.). Sobre estas cuestiones, todavía hoy se sabe muy
poco. El estudio de las señales y manifestaciones externas de nuestras emociones, constituyen
indicios naturales y, en ocasiones, razonables, además de espontáneos, a través de los cuales
aquéllas se manifiestan.

Por último, los rasgos fisiognómicos y patognomónicos dan origen a la construcción de ciertas
metáforas. Así, por ejemplo, inferimos a partir de ellas si un recibimiento ha sido frío o cálido,
cortante, distante, etc.

A lo que parece, cualquier imagen de la actividad corporal (respiración, calor vital, gestos,
movimientos, etc.) sirve para estructurar vastos y complejos campos léxicos. El simbolismo y el
empleo analógico de la fisiognomía y de la patognomía hacen el resto en la construcción de este
discurso implícito.

Hasta aquí los indicios naturales y/o espontáneos aportados por el propio cuerpo. Pero
disponemos, además, de otros sistemas explícitamente arbitrarios y convencionales. Tres son
también las disciplinas que han estudiado este tipo de información no verbal suministrada por el
cuerpo humano.

La kinética se dedica al estudio de los gestos y de la mímica, como signos de comunicación, sea
en sí mismos considerados o como signos que acompañan al lenguaje articulado.

La proxemia estudia las posiciones y desplazamientos del cuerpo como fuente capaz de
suministrar importante información.

Por último, la prosodia, es la disciplina que estudia los sonidos que emitimos cuando hablamos.
También la forma en que modulamos la sentencia que estamos pronunciando suministra cierta
información al interlocutor, a través de algunos de sus componentes como la melodía, el ritmo, el
volumen, el timbre, etc.

3.2 Manejo posicional de la comunicación con relación a la autoridad


Las personas comunicamos más con nuestra apariencia, movimientos del cuerpo y con nuestras
expresiones, que con nuestras palabras. Pues nuestra comunicación no verbal es capaz de decir lo
que nosotros no podemos o no queremos expresar. Podemos saber si alguien esta mintiendo
viéndolo a los ojos u observando la manera como reacciona. Los comportamientos no verbales
acompañan y en ocasiones suplantan al comportamiento verbal. Dentro de los comportamientos
no verbales más reveladores se encuentran: la apariencia, el tono de voz, la mirada... de aquí la
importancia de saber observar para captar lo que en realidad quiere decir el otro.

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Una de las acepciones de la palabra autoridad en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua


es "carácter o representación de una persona por su empleo, mérito o nacimiento". Así pues, los
padres llevan a cabo la representación de un papel que les ha venido al fundar una familia, tener
que ejercer la autoridad en la misma.

El ejercicio de la autoridad tiene varias fases:

1) Conocimiento de las metas comunes que tienen los miembros que forman el grupo. La
familia como grupo humano está compuesta por personas que tienen niveles distintos de
maduración, de responsabilidad, pero que tienen unos vínculos, espacios y metas
comunes. Esto no es percibido conscientemente cuando los hijos son pequeños, pero al
madurar lo asumen de manera implícita.

2) Comunicar y consensuar con los otros miembros lo que quiere conseguir quien ejerce la
autoridad. Quien ostenta

3) la autoridad tiene que saber qué quiere para el grupo. Necesita de un tiempo de
clarificación personal. Cuando lo ha realizado, precisa exponerlo de manera explícita a los
otros que forman el grupo, de forma verbal como a través de su conducta y decisiones
para hallar el consenso entre los miembros del grupo.

4) Cumplir y hacer cumplir las metas marcadas y consensuadas. Pero no basta que todos los
miembros del grupo sepamos qué hay que hacer, es necesario que se lleve a la práctica lo
previsto. Es la capacidad de mover que tiene quien ejerce la autoridad, ya sea por su fama
o prestigio, ya sea por procedimientos más coactivos.

Prescindir de las fases, puede dar lugar a deformaciones de la autoridad. Cuando se prescinde de
comunicar y consensuar entre los miembros las normas, surge el autoritarismo −ejercicio
arbitrario de la autoridad−; cuando no se cumplen ni se hacen cumplir las normas marcadas y
consensuadas, se instala el abandonismo −la renuncia a la autoridad−.

Los padres tienen autoridad por el hecho de ser padres. Pero la autoridad se mantiene, se pierde o
se recobra por el modo de comportarse. La autoridad se mantiene o se recobra por el prestigio.
Esta afirmación es equivalente a la de "educamos por lo que somos". Es decir, por la congruencia
entre lo que somos, lo que hacemos y lo que decimos.

4. ANÁLISIS DEL MENSAJE

El mensaje es el contenido de la información que va del transmisor al receptor y de regreso y


cobra importancia en cuanto a la forma cómo se interpreta. Los mensajes pueden ser semánticos
o semióticos y el significado de cada uno depende de la relación de la palabra (semántica) o signo
(semiótica) con el transmisor o receptor.

La familia es muy importante en la elaboración de códigos (palabras o signos), pues ésta da la


pauta de interpretación, ya que cada persona aprende según el lugar en el que vive.

*Un signo también puede ser una palabra.

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4.1 Semántica y semiótica en los mensajes familiares

La semántica se refiere a la relación entre las palabras utilizadas en los mensajes y los objetos o
ideas que los representan. Si el objeto o idea designada por la palabra está totalmente fuera de la
experiencia del receptor, el mensaje pierde significado. Se pierde la comunicación.

La semiótica es el estudio de los signos, es decir, la representación de un objeto por un signo.

La función de la familia es establecer códigos para que sus miembros puedan corresponder con
una interpretación semejante.

En la comunicación familiar se emplean tanto signos verbales como no verbales, y es importante


conocer la manera en que funcionan para elegir los signos adecuados al momento de transmitir un
mensaje.

La semántica va de la mano de la Semiótica. El estudio de los significados de los signos es


importante para aprender a expresarse de manera adecuada, evitando confusiones o malos
entendidos y logrando que nuestro mensaje sea claro y entendible.

4.2 Mensaje y formación de autoestima

Autoestima significa tener confianza en uno mismo, ser independientes y tener control sobre
nuestros actos.

Cuando el niño se siente amado y respetado y ha podido recibir el mensaje de la madre a través
de la mirada, entonces es más fácil que acepte los valores y normas familiares, se identifica con
los padres, los toma como modelos para expresar sus sentimientos hacia los demás, puede
desarrollar un sentido de confianza básica (seguridad), evitando el temor y la inhibición de sus
actos.

Es muy importante lograr un ambiente familiar favorable que estimule la confianza. Esto se puede
lograr partiendo de la base de que los padres poseen confianza en ellos mismos, haciendo que su
hijo desarrolle las habilidades que le permitan tener éxito; y así mismo entenderá que los triunfos
no llegan siempre a la primera y se esforzará por conseguir siempre lo mejor.

El riesgo de no brindarle una traducción sana a nuestros hijos de lo que son, es decir, inflarle
mucho el EGO o por lo contrario desinflarlo ocasionara graves problemas en la estructuración y
formación del SELF (instancia psíquica que nos permite darnos cuenta de qué somos nosotros,
porqué nos sentimos nosotros mismos y no alguien más dentro de un parámetro de la realidad).

Para ayudar a nuestros hijos a que confíen en sí mismos, debemos:

1) Considerar a cada uno de nuestros hijos como individuos con valor. De esta manera se
sentirán como seres capaces de desarrollar sentimientos positivos.
2) Siempre debemos estimularlos con frases de aliento y tratar de evitar las frases ofensivas
o que minimicen sus tareas diarias.
3) Aunque nuestras ocupaciones nos absorban el 99% de nuestra vida, debemos mostrar
interés en lo que hacen nuestros hijos y preguntarles qué piensan de los asuntos de la vida
cotidiana, para que expresen su opinión y evitar forzarlos a que piensen como uno.
4) Apoyarlos siempre cuando las cosas no marchen bien aunque las hayan provocado.
(Recuerden que siempre hay acuerdos y tratos).

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5) Respetar su individualidad, tratar de no escoger los juegos o la forma de la vestimenta, se
les sugiere y ELLOS ELIGEN.
6) No sobreprotegerlos, esto los limita ya que los hacemos seres pasivos, faltos de iniciativa y
dependientes. A la larga, como padres, vamos a sentir un gran fracaso.

En casa, las cosas que deben de propiciarse para conseguir esto, son:

1) Amar y respetar a los hijos como son, con su temperamento, carácter, necesidades
educativas especiales, etc.
2) Nunca debemos hacer comparaciones entre los hermanos y amigos, esto los lastima mucho
y genera agresividad entre ellos y hacia nosotros como padres.
3) Como papás ser buenos modelos y SIEMPRE actuar con el ejemplo.
4) Propiciar un ambiente democrático en el hogar. Esto significa distribuir responsabilidades
en la medida de su madurez y ser escuchados cuando lo soliciten. Con esto estamos
dándole el lugar que le corresponde a cada quien.
5) Intentar integrar un hogar estable, es decir, que promueva el compañerismo y el apoyo
para resolver juntos algún problema de cualquiera de los hijos.

La autoestima y la comunicación están muy relacionadas, porque según como se diga algo, el
efecto será positivo o negativo, de aprendizaje o de resentimiento, que se transmite desde la
infancia hacia el futuro. Por esta razón, se entiende que los padres y madres que dañan la
autoestima de sus hijos no siempre lo hacen intencionalmente, ya que ellos fueron educados del
mismo modo.

Cuando los padres quieren que sus hijos reaccionen como ellos desean, suelen comportarse de
maneras particulares. Estas maneras pueden ser:

Mártires: controlan al niño haciéndolo responsable de su sufrimiento y culpable por todo lo que
pueda querer o hacer que no le caiga bien a estos mártires, a quienes nada les viene bien, y
recurre a las quejas, los reproches, las lagrima, las amenazas de que les va a dar una ataque,
etcétera.

- Ves como me sacrifico por ti y no te importa-

- Dejé todo para criarte y me lo pagas haciendo eso-

- ¿En que nos equivocamos que nos haces estas cosas?-

Los dictadores: controlan al niño o la niña atemorizándolos cuando hacen algo no autorizado, son
estrictos y amenazantes para que obedezcan y todo los enfurece. Condenado de manera
inapelable al niño, con burlas, gritos, despliegue de poder y dominación.

Como puedes ser tan estúpido/a, como no te das cuenta de las cosas-

Te avisé y ahora vas a ver lo que te pasa por no obedecer-

Yo no tengo que darte explicaciones, lo haces porque te lo ordeno y punto-

A veces estos roles (mártir y dictador) se combinan, se alternan y agregan mas confusión a los
chicos porque también van acompañados con demandas o manifestaciones de cariño. Y si un hijo
llega a quejarse, a llorar o a reclamar por el trato que recibe puede volver a ser juzgado, culpado
y descalificado.

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Según se hallan comunicado nuestros padres con nosotros así van a ser los ingredientes que se
incorporen a nuestra personalidad, nuestra conducta, nuestra manera de juzgarnos y de
relacionarlos con los demás.

Esas voces quedan resonando dentro de nosotros toda la vida. Por eso hay que aprender a
reconocerlas y anular su poder para que no nos sigan haciendo sufrir, para liberarnos de esos
mandatos distorsionados y para no volver a repetírselos a nuestros hijos e hijas.
Ninguna forma de maltrato es educativa y ningún mensaje o comunicación que culpabiliza, critica,
acusa, insulta o reprocha es un buen estímulo para nadie. Y menos en la infancia, cuando no hay
posibilidades de defenderse, protegerse o entender que es la impotencia y el desconocimiento de
otras formas de trato lo que lleva a los padres y madres a asumir ese papel de mártir o de
dictador.

"Lo primero que hay que entender es que no podemos hacernos cargo toda la vida de los
problemas que amargaron o hicieron de nuestros padres y madres personas mártires o dictadoras.
Basta con empezar a investigar de que manera nos afectaron esas actitudes, para comenzar a
liberarnos de sus efectos y no repetir nada de esto con los propios hijos e hijas, con nuestros
alumnos, con cualquiera de nuestros chicos o chicas que puedan estar a nuestro cuidado."

5. LA COMUNICACIÓN COMO MEDIO DE EDUCACIÓN FAMILIAR

Se podría decir que la gran parte de los problemas que se dan entre marido y mujer son por falta
de comunicación, pues la comunicación en el matrimonio es un proceso necesario para que la
pareja se una y forme un proyecto en común, incluso podemos decir que el matrimonio es
comunicación, pues si lo esencial en el matrimonio es el amor, este amor es por naturaleza
comunicación.
Gracias a la comunicación se pueden conseguir los objetivos educativos trazados, pues el diálogo
estimula el clima de confianza en la familia y así se puede llegar a conocer el problema de un hijo
antes de que se produzca, o se haga más grande.
La comunicación conyugal es un factor necesario dentro de la comunicación familiar. Si la primera
marcha bien, la segunda se dará con mayor facilidad. El trato mutuo de los esposos es el espejo
en el que miran los hijos.
5.1 Algunas actitudes educativas respecto a la comunicación

La comunicación en la familia responde a una necesidad real y ofrece un método de solución de


conflictos, pero antes de que se presenten los problemas, debemos establecer un trato agradable
entre los cónyuges para enseñar a nuestros hijos a comunicarse y constituir relaciones
armoniosas.
El hombre es un ser de naturaleza familiar, y la comunicación con sus padres, hermanos y demás
miembros de la familia es fundamental, principalmente en el proceso de su formación, y en su
capacidad de integración a la sociedad. Por ello, en la literatura pedagógica y psiquiátrica se
observan múltiples referencias al papel que juegan los hogares desintegrados como un factor de
riesgo importante en el uso y abuso de drogas, baja autoestima y otros problemas en niños y
jóvenes. El tiempo que dedican los padres a sus hijos debería ser una prioridad.

Los padres responsables deberían preguntarse: ¿Cuántas horas, o minutos, paso al día con mis
hijos? ¿Con qué intensidad vivo ese tiempo? ¿Estoy en casa con ellos y para ellos? ¿Me dedico
seriamente a mirarlos, a conocerlos, a quererlos, a comprenderlos?

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Muchos padres se dejan vencer por el egoísmo y sólo piensan en sí mismos, en su comodidad, en
ver la televisión y en olvidarse de los problemas después de lo mucho que han trabajado. Pero la
estabilidad familiar se logra con esfuerzo, y es esencial para que los hijos no paguen más adelante
las consecuencias. De qué sirve exigirle a un hijo que sea «Licenciado», cuando ni siquiera hemos
hecho de él una persona.
Es asombroso como, en una sociedad de consumo como la nuestra, la prioridad es el trabajo ya
que sólo éste, según nuestros estándares, podrá elevar nuestro nivel de vida. Pero el tiempo
dedicado al trabajo se lo restamos a los hijos, sin que la calidad de vida de nuestras familias
aumente, pues ni siquiera nos damos tiempo de convivir y comunicarnos con ella. Un estudio
hecho en Estados Unidos demostró que el tiempo que un padre de clase media pasa con sus hijos
no llegaba a más de tres contactos al día; es decir, los veía tres veces al día, y este contacto era a
través de un beso o un saludo, con un tiempo aproximado de cuarenta segundos.
Realmente trágico, y esto no sólo sucede en Estados Unidos; esto también pasa en nuestro país,
nos pasa a todos.
Por lo tanto, no basta estar físicamente cerca: es necesaria la aproximación de mi «yo», de mi
intimidad, que lleva a encontrar el tiempo de conversar con los hijos, de valorar sus virtudes y de
buscar la mejor manera de incrementarlas. Esta aproximación nos lleva a intercambiar criterios
educativos, opiniones, cariño, y tantas cosas más, aparentemente pequeñas y sin importancia,
pero que van logrando que nuestros hijos abran también su intimidad, y van haciendo que el
hogar sea, tanto para los padres como para los hijos, ese lugar de alegría y felicidad.
Para hacer realidad el diálogo entre padres e hijos, antes debe existir un puente tendido, abierto,
franqueable, a través del cual la vida, las inquietudes, los problemas de los hijos, encuentren
respuestas prontas y eficaces.
La base del trato con los hijos es una buena amistad. Se puede armonizar perfectamente la
autoridad paterna y materna que la educación necesita, con un sentimiento de amistad, que exige
ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos. Ellos, aun los que parecen más despegados
o fríos, desean siempre ese acercamiento, esa amistad con sus padres.
La amistad con los hijos no devalúa la paternidad; por el contrario, la engrandece, si se sabe tener
con la debida proporción que debe de existir entre un niño y un adulto, o una adolescente y una
madre. Ser amigos no significa ser el confidente en la adolescencia, o el «cuate» del alma.
Significa, más bien, que exista la suficiente confianza para abrir la intimidad hasta donde el otro
quiera. Porque la puerta de la intimidad de los hijos no se puede forzar, hay que tocar. Ellos nos
contarán lo que quieran si nos hemos sabido ganar su confianza. Para que un joven te cuente
algo, antes habrá que haber oído muchas cosas, desde que fue niño; a veces cosas que para uno
son intrascendentes, pero para él muy importantes.
La amistad con los hijos se desarrolla con naturalidad, con sencillez en el trato, participando en
sus diversiones, con jovialidad al comentar los hechos que de una u otra manera los afectan. Se
logra compartiendo algunas actividades con ellos, comentando aspectos personales con facilidad,
interesándose en sus cosas, compartiendo vivencias, contando historias. En una palabra, podemos
aprender a disfrutar de la compañía de los hijos como se disfruta la compañía de un buen amigo.
El trato requiere tiempo y dar tiempo es exigencia de la verdadera amistad; para que se conserve
es necesario cultivarla, dedicarle largos ratos, conversar, escuchar, conocerse.
El mejor logro de todos los esfuerzos que se realizan en la vida son los hijos, más que el trabajo
profesional o que cualquier otro negocio. Triunfar en la empresa, en los negocios, en la vida
política, en el arte o en la ciencia a costa de los hijos, con la posibilidad incluso de fracasar en la
vida familiar, es realmente salir derrotado en aquello que en la vida tiene una mayor
trascendencia. Muchos padres que se matan trabajando justifican su esfuerzo con la disculpa de
que lo hacen por sus hijos. Pero éstos los necesitan más a ellos que a su dinero. Se puede atender
bien ambos aspectos, trabajo y familia, si se sabe jerarquizar objetivos, organizar el trabajo,
evitar horas extras de oficina; si llegar a casa se da uno a los hijos, en vez de ponerse a ver

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televisión para descansar, si se, aprovechan los fines de semana para actividades familiares. Y si
se interrumpe cuando sea necesario, lo que se tenga que interrumpir.
Los amigos abren el corazón cuando hay confianza, pero ésta hay que conquistarla, confiando en
los hijos desde que son pequeños. Es preferible dejarse engañar alguna vez, porque la confianza
que se pone en los hijos hace que ellos se avergüencen de haber abusado y se corrijan; en
cambio, si ven que no confiamos en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre. Un día en una
cafetería oímos a una adolescente decirle a su mamá: «Si no me crees nada, entonces mi vida es
una mentira».
Otorgándoles confianza se les facilita que se abran sin reservas, expongan sus inquietudes y
consulten sus problemas, convencidos de que siempre encontrarán comprensión y ayuda.
Conviene evitar siempre la impresión de que la televisión, el teléfono o las amistades son más
importantes, pues de lo contrario no expresarán sus inquietudes, o se encerrarán en sí mismos.
No escuchar, no contestar sus preguntas, no conocer sus inquietudes y necesidades es una de las
razones del fracaso educativo, que viene a descubrirse cuando el hijo, ya grande, no quiere nada
con sus padres.
Saber de sus gustos, afanes, sentimientos e ilusiones nos llevará a conocer íntima y
profundamente a los hijos, a estar en sus éxitos al igual que en sus fracasos, en los aciertos como
en los errores; a reír con sus bromas y a compartir de sus tragedias para, de ser posible, hacerlas
más livianas. A no rechazar porque sí a sus amigos, su música, su vestido, su peinado… Un
adolescente comentaba: «¡Se molestan por tenerlo a uno, para luego criticarlo!».
En los periodos difíciles de la vida, se debe dar más efecto. A veces será necesario dar un giro en
la estrategia y tener más paciencia y serenidad. Sin embargo, una cosa es comprender y otra dar
la razón en todo. Los padres poseemos una experiencia que comunicar y una riqueza de
conocimientos que entregar, pero hay que ayudar a los hijos a que comprendan también el
trabajo, a veces heroico, que representa sacar una familia adelante.
Crear un ambiente cálido, cariñoso, apoyador y motivador es, probablemente, lo más importante
que puede hacer uno por su familia.
Ser buen escucha

Un aspecto clave en la comunicación y que generalmente falla es el saber escuchar. Por ello, vale
la pena dedicarle un poco de espacio. Para volverse un oyente eficaz la primera condición es el
respeto mutuo. El respeto significa aceptar lo que el otro dice, aunque no esté de acuerdo. Y
significa que los hijos y los padres puedan expresar sus creencias y sentimientos, sin temor a ser
rechazados.
No podemos escuchar a nuestros hijos mientras preparamos la comida, o mientras arreglamos los
cajones, o le echamos una ojeada a la televisión. No podemos comunicarnos porque estamos
pendientes de otra cosa, no de los sentimientos de nuestro hijo. Escuchar implica establecer un
contacto visual, y una determinada postura física que diga: «Te estoy escuchando».
Hay que saber reconocer los sentimientos que están detrás de lo que los hijos dicen, y de lo que
no dicen. Esto es lo que llaman saber oír con el corazón. Como dijo la zorra en el libro El
Principito, «Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos». Así, hay
que comprender lo que el niño siente, lo que nos quiere dar a entender, y después explicar ese
significado, de tal manera que el niño se sienta comprendido y aceptado.
Por ejemplo, un niño rebelde lo que está pidiendo a gritos es atención, es que platiquemos con él.
Pero de tal manera está viciada la relación con sus padres, que eso lo demuestra con rebeldía. No
nos dice: « ¡Es que te tengo coraje!», porque si lo hace corre el riesgo de que le den una tunda y,
entonces, mejor no dice nada.

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Los niños pequeños lloran, pero no por lo evidente: a lo mejor tienen hambre, o sueño, o se
pelearon en la escuela, pero no lo dicen. Eso es lo que hay que preguntar para que se sientan
comprendidos, en lugar de « ¿qué te pasó?»
A veces el niño llega triste o preocupado porque no lo incluyeron en el equipo de fútbol, y
entonces le decimos: «Por eso no se acaba el mundo», «Eso no es problema»; es decir, le damos
la solución, en lugar de ayudarle a resolver su verdadero problema.
Si nuestra hija adolescente termina con el novio, debemos preguntarnos con empatía cómo se
sentirá, en vez de decirle: «Ya conseguirás otro», «Así es la vida», o «Al fin que ni valía la pena».
Lo importante es reconocer los sentimientos y encausarlos, no negarlos. Al reconocer los
sentimientos se abre la comunicación y nuestra hija se sentirá comprendida.
Si nuestro niño no quiere ir al colegio, en vez de decirle: «Vas porque vas, no seas flojo»,
podríamos preguntarle: «¿Por qué?, ¿Estás enfermo?, ¿Te enojaste con la maestra?, ¿Tienes algún
problema? Así dejaremos que el niño se exprese y abriremos la comunicación.
En la comunicación cuentan mucho los gestos, el tono de voz, la mirada, la postura. Comunicamos
más con los gestos que con las palabras, y todas estas expresiones fortalecen mucho la
comunicación.
Uno debe aprender a captar el comportamiento del niño. El comportamiento expresa el
significado, y lo hace más claramente que las palabras. Hay que estar atentos, porque la conducta
nos puede manifestar un problema, como un complejo o una enfermedad, etc.
Por otro lado hay que cuidar la impulsividad en la respuesta. Las respuestas impulsivas llevan a
una mala comunicación, y refuerzan las conductas inadecuadas del niño. Los padres impulsivos
son fácilmente manipulados por sus hijos, porque éstos hacen lo que les viene en gana y los
padres no tienen argumentos para impedírselos. Por ejemplo, si un padre dice de manera
reiterativa a su hijo: “No te metas a nadar”, y el niño lo ignora.
Para una buena comunicación en la familia es necesario aprender a manejar los mensajes «yo»,
en lugar de los mensajes que generalmente solemos manejar, por ejemplo, «Eres un sucio»,
«Eres un desordenado», «Me desesperas», etc. Estos mensajes «tú» etiquetan y acusan,
conllevan críticas al niño y sugieren que él es el culpable. Generalmente cuando regañamos
mandamos mensajes «tú». Los mensajes «yo», por el contrario, describen mis sentimientos
respecto a las consecuencias de un comportamiento: «Cuándo no llamas, o no regresas a casa
temprano, me preocupa que algo te pueda pasar, porque no sé dónde estás». Este tipo de
mensajes no acusan y hacen reflexionar sobre el comportamiento, se centran en el padre o la
madre y no culpan.
Otro aspecto importante en la comunicación es evitar el enojo. El enojo constante produce sordera
en el hijo, refuerza el objetivo de poder, o de revancha del niño, y provoca una comunicación
tirante, además, el niño se siente amenazado y se pone a la defensiva. Lo más triste es que casi
nunca se consigue lo que se quiere, pero, en cambio se desgasta uno mucho.
Claves en la comunicación familiar

• Siempre encontrar el tiempo apropiado para comunicarse.


• En medio de un conflicto o una pelea, retirarse. Esto es lo mejor, a fin de no perderse el
respeto.
• Jamás ridiculizar ni utilizar el sarcasmo. Estos dos elementos hacen tensa la comunicación
y destruyen las relaciones.
• Creer que el hijo es capaz y valioso; cuando nos comunicamos hablamos de nuestras
creencias y valores.
• Preocuparse por lo que se puede hacer en el presente, más que angustiarse por lo que no
se hizo en el pasado.
• Recordar que son los errores y no los triunfos los que nos hacen aprender más en la vida.

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• Desarrollar el coraje de hacerle frente a los retos que nos presenta la vida.
• Aprender primero a entender, para poder seguir entendiendo.
• Tener paciencia y autocontrol para escuchar primero, en segundo lugar volver a escuchar,
y en tercero, preguntar.
• Crear un ambiente familiar acogedor.
• Escuchar más los significados que las palabras. Ya que son las claves no verbales de lo que
nos quieren decir nuestros hijos.

5.2 Condiciones para emitir y recibir comunicación eficaz y asertiva


¿Se observa a si mismo diciendo "Sí" en situaciones en las que en realidad sentía que debía decir
"No"? ¿Encuentra dificultad para expresar su descontento a un miembro de su familia aun si cree
que es justificado? ¿Le cuesta aceptar un elogio?
Si respondió afirmativamente a cualquiera de las anteriores preguntas podría no ser tan asertivo
en su forma de comunicar como desearía serlo.
La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y quiere decir "Afirmación de la
certeza de una cosa", de ahí podemos ver que está relacionada con la firmeza y la certeza o
veracidad, y podemos deducir que una persona asertiva es aquella que afirma con certeza.
Ahora bien, ¿Qué es ser asertivos? Es la relación con nuestra consciencia de nosotros mismos
primero, de quienes nos rodean, y del medio en que nos desenvolvemos.
Asertividad, una voz relacionada con las comunicaciones que se ha incorporado al lenguaje común
de las personas.
Al decir asertividad nos referimos a una forma para interactuar efectivamente en cualquier
situación, incluyendo aquellos momentos en las relaciones entre los seres humanos que
representan un reto para quien envía un mensaje, debido a que a través de éste se puede
confrontar o incomodar a quien lo recibe.
Cuando hablamos de aprender a ser asertivos me refiero a promover el desarrollo de las
habilidades que nos permitirán ser personas directas, honestas y expresivas en nuestras
comunicaciones; además de ser seguras, auto-respetarnos y tener la habilidad para hacer sentir
valiosos a los demás.
Ser asertivo implica:
Tener una comunicación intrapersonal muy efectiva consigo mismo: Ser conscientes de
nuestros pensamientos, sentimientos, motivaciones, necesidades y deseos sin juzgarlos,
administrar nuestras emociones y asumir la situación de manera responsable.
Encontrar el valor que se tiene por quien se es, la consciencia de ser tan importantes como
cualquier otra persona en este planeta. No más importantes, pero tampoco menos, ni el mejor ni
el peor, todos igual de importantes.
Es administrar nuestras emociones y asumir la situación de manera responsable.
Saberse y sentirse bien por los talentos recibidos y por las cualidades desarrolladas. Es
reconocer que nuestra inteligencia es suficiente para valorar nuestras situaciones, y tomar
decisiones sin necesidad de la aprobación de otros.
Haber aprendido a reconocerse, y esto representa tener una imagen positiva de si misma(o), y
un sentimiento positivo que se han logrado a través de un aprendizaje continuo, idealmente el ser
asertivos debería de llevarnos a trabajar conscientemente hacia una solución de "Ganar–Ganar”
esto significa asegurarnos que todas las partes involucradas encuentren satisfacción a sus
necesidades tanto como sea posible.

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Es un sentido de igualdad fundamental en todo. Es también la disposición a sintonizarnos con
la experiencia de otros sin saltar a conclusiones ni juicios acerca de ellos o nosotros, desarrollar la
habilidad de aplicar el raciocinio derivado de la experiencia para tomar decisiones responsables y
beneficiosas.
Es la disposición de lograr lo que deseamos manteniéndonos conscientes que los
resultados dependen de muchos factores, sin embargo es válido mantenernos flexibles al elegir y
si es necesario permitirnos cambiar de opinión.
Es asumir riesgos calculados, pero sin evadir la realidad, aceptar que existen situaciones más
allá de nuestro control, y mantenernos confiados que al permanecer centrados en aquellas que si
podemos influenciar, la mayoría de nuestras necesidades serán satisfechas.
La asertividad es innata y aprendida

De manera que el camino hacia la asertividad, puede convertirse en un aprendizaje, un proceso


nuevo de descubrimiento de las potencialidades que se tienen en una relación consigo mismo es
un comportamiento aprendido. Si corremos con la suerte de contar con buenos modelos de
personas asertivas durante nuestra infancia, será natural para nosotros desarrollar ese hábito, de
otra manera posiblemente nos encontremos en la situación de desear cultivarlo.
Los hombres y a las mujeres tradicionalmente tienen la orientación social de formas diferentes. En
ocasiones es socialmente aceptable para los hombres ser agresivos, mientras que se espera que
las mujeres sean pasivas y sumisas, en la actualidad la realidad es otra. Algunas mujeres al
intentar romper el "molde" sumiso con el que pretende "etiquetarlas" la sociedad frecuentemente
creen que la única manera de hacerlo es adoptando la postura diametralmente opuesta, la de la
agresividad, al mismo tiempo que reconocen que el comportamiento agresivo es poco femenino.
Es entonces cuando consideran ser asertivas, lo cual, a diferencia de la agresividad, si es
compatible con la feminidad. Podemos decir que el primer paso hacia la asertividad se genera en
la relación del ser humano consigo mismo.
Algunas personas evitan ser asertivas porque temen desagradar a otros y no ser aceptados por
esto. Sin embargo, aunque se podría evitar una desavenencia inmediata al evitar ser asertivos, a
la larga podría lastimarse la relación. Esto también podría suceder si evita hacer valer sus
derechos y permite que se aprovechen de usted una y otra vez.
Algunas personas encuentran dificultad en ser asertivas por actitudes negativas aprendidas
durante la infancia, en esos casos ayuda concentrarse en lo positivo en nosotros, los demás y la
situación. Comience a expresar lo que le agrada de sus amigos y familia y pronto le devolverán los
elogios.
Etapas de la conducta asertiva
Describa la conducta: “Cuando estoy hablando contigo y no me pones atención.”
Exprese sus sentimientos: “Yo me siento mal, pienso que no te interesa lo que te estoy
comentando.” en vez de "Tu eres", El enfoque aquí se encuentra en la parte "Yo siento", "Yo
quiero" de la exposición. Al expresar rabia es frecuente tender a acusar a la otra persona,
exagerar e involucrarse con las emociones. El emplear esta técnica nos permite enfocarnos
constructivamente en nosotros mismos y estar claros con respecto a nuestros propios
sentimientos.
Cree empatía: “Entiendo que estás muy presionado por los exámenes.”
Negocie un cambio: “Sin embargo quiero que tú me pongas atención cuando te hablo.”
Informe las consecuencias: “Porque si no lo haces, yo prefiero que no vengas a visitarme.”

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Técnicas

Para ayudarnos a ser asertivos es importante tener una visión positiva de la vida y un sentido de
nuestro valor como seres únicos, tener claros nuestros derechos y responsabilidades, resulta útil
expresar algo positivo a cada persona con quien trate en el día, aunque sean solo pequeños
detalles, recuerde que estos pueden hacer grandes diferencias.

Hacer una lista de las cosas que más nos gustan de nuestro trabajo y hogar es una buena idea
para comenzar a entrenarnos para ver lo positivo de cada situación. Una vez terminada esa lista
elabore otra con sus mejores atributos personales, esto le permitirá mantener una perspectiva
clara al surgir situaciones que le brinden la oportunidad de actuar asertivamente.

Para facilitarle ser asertivo es importante identificar sus derechos, como ser humano usted tiene
derecho a:
• Alcanzar sus metas
• Decidir el rumbo de su vida
• Sus propias opiniones
• Mejorarse a si mismo
• Privacidad
Cometer errores

Emplear alguna o todas las siguientes técnicas nos facilitaría la labor:


Comunicación asertiva

Haga valer sus derechos. Insista en ser tratado de manera justa. Sea tan claro y específico como
pueda al expresar lo que quiere, piensa y siente.
Disentir pasiva y activamente

Cuando usted no esté de acuerdo con alguien, no es recomendable fingir estarlo sólo por
"mantener la calma" sonriendo, asintiendo o prestando atención. Sería más beneficioso a largo
plazo cambiar el tema o expresar nuestro desacuerdo más activamente.
Preguntar por qué
Si una persona le solicita hacer algo que le parezca poco razonable o desagradable pregunte "por
qué" debe hacerlo. Como adultos merecemos una explicación y es nuestro derecho insistir en una
explicación convincente.
Hablar de usted mismo

Si ha hecho algo que considera deseable de compartir hágalo, permita que los demás se enteren.
También permita que los demás conozcan su opinión y sus sentimientos sobre cualquier cosa que
le parezca de interés. No se trata de monopolizar las conversaciones, pero de participar cuando
sea apropiado.

Algunas tácticas de comunicación asertiva


Si es que sus emociones se encuentran involucradas con lo que espera lograr por medio de la
comunicación asertiva, se recomienda observar con neutralidad la situación; para ello se sugiere
tomar altura, esto es, analizarla visualizándose fuera de ella, como si fuera otra persona.
Después envía su mensaje al otro y espera la respuesta, escuchando e interactuando con él o ella,

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buscando llegar a una solución de colaboración, con la intención de participar en un proceso en el
que ambas partes estén conformes con el resultado.
Podemos decir que una persona asertiva ante una situación difícil o de conflicto es capaz de:
describir claramente el problema; expresar sus sentimientos; comprender al otro al ponerse en su
lugar; solicitar lo que requiere para cubrir sus necesidades de manera segura, con la claridad que
le proporciona conocer los objetivos que pretende lograr a través del mensaje; ofrecer
alternativas; y dar a conocer las consecuencias que tendrá el receptor de acuerdo con su
respuesta. Todo ello con sinceridad, de una manera abierta, receptiva, equilibrada y con armonía.
Rasgos de una persona asertiva

Las personas asertivas son personas comunes y corrientes, y pasan desapercibidas hasta que se
encuentran ante una situación en la que es necesario negociar, es entonces cuando se diferencian
por:
• Saber lo que quieren
• Asegurarse de ser justos
• Solicitar lo que desean con claridad
• Mantenerse calmados
• Aceptar la critica y el elogio con ecuanimidad
• Expresar elogios y afecto abiertamente
• Ventilar constructivamente sus emociones negativas
• Como puede ver son simples detalles, pero al combinarlos y aplicarlos eficazmente
podemos lograr grandes cambios positivos para nosotros y todos quienes nos rodean.

Tipos de asertividad

Acción asertiva básica

Está es una expresión simple y directa de sus creencias, sentimientos u opiniones. Usualmente
una simple exposición de la forma "Yo quiero" o "Yo siento".
Acción asertiva por empatía
Demuestra sensibilidad hacia la otra persona. Usualmente contiene dos partes, un reconocimiento
de la situación de la otra persona o sus sentimientos, seguida de una exposición que hace valer
nuestros derechos.
A continuación un ejemplo que recientemente le sugerimos a una joven y fue empleado con éxito
para mejorar la comunicación con su pareja: "Yo se que has estado muy ocupado, pero me
gustaría sentir que nuestra relación es importante para ti. Me gustaría que hicieras tiempo para mi
y para nosotros."
Acción asertiva progresiva
Esto ocurre cuando la otra persona no responde a nuestra aserción básica y continua intentando
violar nuestros derechos. En ese caso gradualmente escalamos en nuestra aserción y nos
mostramos progresivamente firmes. Esto podría incluir el mencionar algún tipo de acción como
consecuencia; realizada sólo después de varias exposiciones asertivas básicas.

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Por ejemplo:
"Si mañana cuando vuelva mi computadora no está lista me veré forzado a acudir a la oficina de
protección al consumidor."
Enfocar el "Yo"
Esto es especialmente útil para expresar sentimientos negativos. Comprende una exposición de
tres partes:
Para comenzar sería recomendable desarrollar un sistema de creencias y valores que le permita
ser asertivo consigo mismo. Se trata de darse permiso a si mismo, permiso para enfadarse, para
decir "No", para solicitar ayuda y para equivocarse.
Aprenda a emplear los diferentes tipos de acciones asertivas y técnicas mencionadas
anteriormente.

Emplee sus mejores técnicas de comunicación.


• Mantenga contacto visual directo
• Adopte una postura abierta y relajada
• Asegúrese que su expresión facial coincide con su mensaje
• Mantenga un tono de voz bien modulado y estable
• Escuche a los demás y demuéstreles que les escuchó
• De ser necesario haga preguntas para aclarar dudas
• Trate siempre de encontrar una solución "Ganar - Ganar", y muy importante, elija un buen
momento para ser asertivo.

Sólo leer estas líneas no le convertirá en una persona más asertiva, pero el poner en práctica la
información que le ofrecen si podría hacerlo. De ser posible póngase de acuerdo con un amigo o
familiar para ayudarse mutuamente.
Al practicar con un amigo o familiar podemos obtener su ayuda y escuchar su opinión sobre como
lo estamos haciendo. A la larga el comunicarnos honestamente puede beneficiar nuestras
relaciones.
Al principio es preferible probar cambiar nuestro comportamiento en las situaciones de menos
riesgo, con la práctica podremos asumir una actitud asertiva como nuestro comportamiento
natural.
Actuando
Si le parece que lo anterior es simplemente una exposición de ideas felicítese, es una opinión
asertiva, esa es nuestra parte de la ecuación "Ganar - Ganar" nuestro compartir de lo que hemos
encontrado hasta ahora funciona para nosotros.
Nosotros ganamos cada vez que las ponemos en práctica al permitirnos encontrar soluciones
satisfactorias para todas las partes involucradas, ganamos en satisfacción al compartirlas con
usted, y usted está en posición de ganar también al ser asertivo y elegir cuales de ellas decide
adoptar para permitirse alcanzar mayores niveles de satisfacción personal.

El ser asertivos es una cuestión individual, no existe fórmula mágica alguna, se trata de evaluar
opciones y elegir la más apropiada para nosotros, tal vez después de adaptarla a nuestra
personalidad.
De cualquier manera si al leer las anteriores líneas por lo menos pudo encontrar un punto con el
cual identificarse, eso ya es ser asertivo, sólo resta ponerlo en práctica para cosechar los
beneficios.

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La habilidad de expresarnos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando
decir lo que queremos sin atentar contra los demás, se denomina asertividad. La comunicación
asertiva es apropiada, considerando el lugar, la oportunidad, la intensidad, las características del
interlocutor y el lenguaje no verbal.
Comunicarnos en forma asertiva no es fácil. Desde la infancia, en la familia, luego en la escuela y
después en el trabajo, aprendemos a veces a callar nuestros verdaderos sentimientos y
pensamientos debido a las consecuencias que pueda tener el expresarlos abiertamente. Pero no
nos hace felices el callar o el expresar lo que sentimos o pensamos de manera tímida o
disculpándonos, en tal forma que somos ignorados. Toda persona tiene derecho a expresarse y a
ser ella misma y a sentirse bien por hacerlo así, siempre y cuando no lastime a otros o viole sus
derechos.
La asertividad se encuentra a la mitad entre dos extremos: la no-asertividad y la agresividad
(buscar lo que se quiere sin tener en cuenta el efecto en otras personas y en las relaciones).
El trato con una persona no asertiva, produce sentimientos de lástima o desprecio hacia esa
persona. El trato con un agresivo hace sentir nuestros derechos transgredidos, ofensas y
humillaciones, y produce una postura defensiva o a su vez agresiva. En contraste, tratar con una
persona asertiva nos lleva a sentir respeto por esa persona que es capaz de expresarse con fuerza
y amabilidad sin atropellarnos. "No ser ni el camello que absorbe adversidades y lleva a otros a
cuestas, ni el león que impone a la fuerza sus condiciones..." Rafael Echeverría
Por lo anterior, los puntos básicos para la Asertividad son:

1) Derecho a TOMAR LAS DECISIONES acerca de su vida.


2) Derecho A DECIR “NO” a las solicitudes de otros.
3) Derecho de DEFENDERSE DE LA GENTE que critica o trata de pisotear.
4) Derecho de COMPARTIR SENTIMIENTOS de coraje y miedo, así como los de felicidad y
amor.
5) Derecho de RESPONDER en caso de ser violados algunos de sus derechos. Perre S. y
Lucien A.: Las Relac. Interpersonales (Trd.: Kirchner, Monserrat), Barcelona; Herder,
1999.

En otra definición de Asertividad que menciona Keith Davis en su libro "El Comportamiento
Humano en el Trabajo", menciona que asertividad es el proceso de expresar sentimientos, pedir
favores razonables, dar y recibir una retroalimentación honesta. El individuo asertivo no tiene
miedo pedirle a la otra persona que modifique su conducta ofensiva y no se siente incómodo por
tener que rechazar las peticiones no razonables del otro.
Ejemplo: retroalimentación. Tres tipos de respuesta.

El padre ha llamado a su hijo:

Padre - (Enojado) ¡Luis! ¡Tus calificaciones son un desastre! ¡Eres un pésimo estudiante!
(Claramente, el padre ha tomado una actitud agresiva. Veamos posibles respuestas del hijo).

Hijo - (No asertivo) (se queda callado, o dice) Sí papá (echando humo por dentro).

(El mensaje que está mandando el hijo es en realidad: "Yo no cuento. Te puedes aprovechar. Mis
sentimientos no son importantes").

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Hijo - (Agresivo) ¡Eso no es cierto! ¡Y ya me cansé de que me esté regañando! ¡Un buen padre
debe apoyar a sus hijos!
Padre - ¡Vete a tu habitación!
(La respuesta del hijo no es respetuosa; lanza un reto a la autoridad del padre al tratar de
dominar la situación en forma unilateral. El mensaje es "Esto es lo que yo pienso y no me importa
lo que tú pienses o sientas. Le tiro a ganar").

(A continuación, veamos como el hijo aplica primero escucha activa y empatía, antes de dar una
respuesta asertiva).
Hijo - (Escucha activa, reflejando el contenido). ¿Tú sientes que mis calificaciones pueden
mejorarse? Creo que has observado casos en los que no he actuado con el suficiente empeño en
mis estudios ¿es así?
Padre - ¡Así es!
(De paso, el hijo ha aplicado lo que Kofman atinadamente llama verbal aikido - en lugar de
recibir el impacto, lo ha desviado en su favor, al sugerir mejora y casos en lugar de las
generalizaciones del padre).
Hijo - (Empatía, reflejando sentimientos) Comprendo. Percibo que estás molesto por esta
situación.
(Empatía, tratando de entender motivos) Te agradecería mucho me indicaras alguna situación
específica en la cual sientes que me ha faltado empeño.
(Más aikido). Además, apreciaría tus valiosas sugerencias para mejorar en este aspecto.
(Nota el Percibo que estás molesto, haciendo referencia a la percepción, las emociones del padre).
Padre - Con mucho gusto...
(Describe una o dos situaciones, y da algunos consejos. El hijo aplica más escucha activa para
entenderlo). Finalmente:
Hijo - (Asertivo, firme pero atento). Agradezco tus observaciones y sugerencias. Cuando me
indicaste que "mis calificaciones eran un desastre" me sentí agredido. En futuras ocasiones, te
agradeceré tus observaciones de otros casos específicos y sugerencias para mejorar. A propósito,
quisiera aprovechar para destacar los siguientes logros importantes en mis estudios...
(Mensaje: así pienso, siento, percibo la situación yo, el hijo, quien como persona digna, soy tan
importante como tú).
En este ejemplo, podemos notar cómo el escuchar, entender y comprender están íntimamente
relacionados con la asertividad (puede decirse que forman parte de ella). No hubiera sidoadecuado
que el hijo respondiera de inmediato al primer mensaje de su padre, antes de entender
claramente el mensaje y los motivos y sentimientos ocultos que lo habían provocado. "Strive first
to understand, then be understood", dice Covey.

Es interesante analizar la estructura de la última respuesta del hijo, típica de muchas respuestas
asertivas: "Cuando tú hiciste ESTO en particular, me afectó ASÍ. En futuras ocasiones, te
agradecería que mejor hicieras ESTO OTRO. “¿Distingues esta estructura en la respuesta del hijo?

El siguiente tipo de respuesta se puede confundir con el anterior: "Cuando TÚ ERES ASÍ
CONMIGO, me HACES SENTIR ASÍ. Sería mejor que fueras ASÁ". ¿Te imaginas el efecto si el hijo
le hubiera dicho a su padre "cuando tú eres agresivo y regañón, me haces sentir fúrico? Te
agradecería que fueras más educado...?" El hijo estaría culpando al padre por como él es, no por

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uno de sus actos. Luego le dice que LE HACE SENTIR algo. Nadie nos "hace sentir" nada. Nosotros
nos sentimos de alguna manera. Por si fuera poco, acaba recetándole un cambio en su
personalidad...
La comunicación no asertiva despierta el sentimiento de quedar lastimado, dolido, utilizado. La
comunicación asertiva despierta sentimientos de confianza, auto-respeto. Nos sentimos bien al ser
asertivos. Se abre un espacio para el acuerdo y la sinergia. El caso anterior también muestra una
situación de dar retroalimentación de manera inadecuada (Padre) y de recibirla, por parte del hijo.
Comunicación eficaz
La asertividad es un requisito necesario para lograr una Comunicación eficaz, sin embargo, no es
el único. Veamos a continuación qué otros aspectos son básicos para lograrlo.
Es imposible no comunicar
De forma continua estamos emitiendo conductas. Nuestras conductas provocan en otros el efecto
de un mensaje, de una comunicación. Incluso en aquellas ocasiones que elegimos " no
comunicar", estamos transmitiendo a nuestro interlocutor lo que sentimos sin expresarlo.
La comunicación transmite una percepción personal del mundo. Lo que piensas, sientes o percibes
sobre el entorno, los demás o ti mismo, lo reflejas en tus palabras: estás comunicando.
La comunicación es un proceso de influencia MUTUA entre dos o más personas. Para que el
mensaje sea eficaz es necesario adaptarlo a quién lo escucha. Seguro que utilizas diferentes
palabras para hablar con tus "colegas" que para hacerlo con tus padres o con un desconocido.
Comunicar es lanzar información (y recibir) dando en el blanco. El fin es cambiar conductas, no
conocimientos. Para que la comunicación cambie las conductas, el mensaje debe de ser:
1º percibido
2º comprendido
3º aceptado
4º integrado
El mensaje es eficaz cuando es intenso, duradero y posee un tono afectivo positivo, agradable. El
tono es agradable si el mensaje crea seguridad, simpatía, autonomía. El tono es desagradable si el
mensaje genera inseguridad, hostilidad, dependencia.
Problemas de la comunicación
En el proceso de la comunicación existe una perdida de información desde quien recibe y desde
quien emite. Se piensa decir un 100%, se trasmite un 80 %, se recibe un 60%, se interpreta un
50 % y ¿cuánto de esto aceptará y pondrá en práctica el receptor?
Los problemas fundamentales están en:
• No dije todo lo que quería decir
- Prepara el mensaje
- Escribe los puntos fundamentales previamente
- Prevé las objeciones
- Prepara las contestaciones

• No oyó todo lo que dije


- Escoge las mejores condiciones físicas y psicológicas para realizar la comunicación.
- Acostumbra a volver atrás en caso de interrupción. Ayuda a retomar el hilo del mensaje.

• No escuchó todo lo que dije


- Procuremos evaluar regularmente las comunicaciones no verbales del oyente
(aburrimiento, despiste...).

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- Cuidar nuestra expresión oral y los medios para captar atención.
- Hacer preguntas de control, de forma que el oyente tenga que explicar, resumir o dar
alguna opinión sobre lo escuchado.
- Repetir la misma información de diferentes maneras para facilitar la creación de huellas de
memoria.

• No comprendió lo que dije


- Hablar el lenguaje del otro. Apoyar nuestra comunicación con medios técnicos que faciliten
la comprensión.
-
• Lo comprendió pero no lo acepta
- Adaptar el mensaje a la personalidad del oyente.
-
• No retiene todo lo que acepto
- Hacer resúmenes parciales.

- Realizar síntesis escritas.


- Recordar brevemente los puntos fundamentales que se trabajaron en la sesión anterior.

Cómo mejorar la comunicación


- Mantener el contacto ocular con el que habla.
- Indicar que se escucha diciendo "si" y afirmando con la cabeza.
- No expresar inicialmente el propio acuerdo o desacuerdo. Dejar hablar.
- Dejar pausas para animar al que habla a seguir haciéndolo.
- Resumir de vez en cuando lo que se escucha para comprobar si se ha comprendido o no.
- No menospreciar al que habla o su forma de hacerlo.
- Responder a los sentimientos que están detrás de las palabras. Mostrar que se comprende.

En la familia se debe utilizar la Comunicación como un arma estratégica, basada en los siguientes
aspectos:

1. – Los padres, líderes en comunicación


El factor más importante es el liderazgo de los padres, que debe basarse en el comportamiento y
en la filosofía. Deben de considerar la comunicación, una herramienta básica, los padres siempre
deben estar dispuestos a los hijos y contestar todo tipo de preguntas, aunque sean difíciles y
conflictivas, lógicamente esto muy bien valorado por las personas que escuchan.
2. - Comunicación ascendente

En la familia siempre ha existido la comunicación de niveles jerárquicos superiores a inferiores,


aunque cada vez, existe más el compromiso de una comunicación en dos sentidos, como un
instrumento de participación.
Todavía queda mucho para que sea igual de eficaz en ambos sentidos.

3. - Comunicación directa

Hay que hacer énfasis en la comunicación directa con los hijos, es básico el contacto directo con
ellos, ya que con esta relación damos confianza, sobre todo en conflictos y grandes cambios. En
estos contactos se pueden utilizar las pláticas individuales, y las reuniones en las que los padres

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exponen un asunto ante los hijos; esta última presenta la dificultad de que los hijos, por falta de
confianza en sus padres, digan amén a todo y no generen sus dudas y preguntas.
4. - Comunicación veraz
Toda la familia debe responsabilizarse para que la comunicación fluya y sea creíble, los hijos
exigen una comunicación veraz de sus padres, estos deben hacer fluir la información que
manejan, incluso cuando las cosas van mal, sí estas se transmiten claramente se crea un entorno
en que toda la información resulta más creíble.
5. - Instrumentos
Siempre hay que cuidar la manera de cómo se emite y se recibe el flujo de los canales de
comunicación, ya sean en casa o en el trabajo, por medio de e-mail, gráficos, boletines
informativos, vídeos, entre algunos.
Cómo mantener una comunicación eficaz
Mala comunicación en la pareja
El uso frecuente de frases del tipo: tú tienes la culpa, eres, haz, deberías, siempre. No escuchar,
dar consejos antes de tiempo, no dejar acabar la conversación, hacer preguntas de reproche,
justificar en exceso las opiniones tomadas (porque yo creo que…; sí, porque yo veo que…), no
saber elegir el momento oportuno para hablar de temas conflictivos (por ejemplo, cuando la
pareja está cansada o muy enfadada) o interpretar las respuestas (Eso demuestra tu falta de
personalidad, claro es que eres una persona sin carácter), son ejemplos de mala comunicación.
Orientaciones para mantener una buena comunicación en la pareja
En general, ambos miembros de la relación han de expresar de forma directa y sincera todo lo que
sienten, desean u opinan, tanto lo bueno como lo malo, sea referente a la propia relación o no
(porque la persona está en interacción con otros ámbitos: el trabajo, los estudios, los amigos, la
familia, que son también fuentes de continuas preocupaciones o alegrías y, en definitiva,
“influyen” en la relación de pareja). Así, disponer de alguien con quien hablar y en quien confiar es
una de las “tareas” que se ha de cuidar.
Es habitual que en la pareja se den situaciones conflictivas que generen emociones como
ansiedad, enfado, tristeza, etc. No manifestarlos impide llegar a una relación estrecha y
comunicativa.

Cómo expresar los sentimientos negativos


Ante todo de forma directa, sin rodeos, espontáneamente y justo en el momento que aparecen.
Para ello es importante que las frases que se emitan recojan realmente los sentimientos propios y
no acusaciones contra el otro.
Por ejemplo, cuando una persona quiere hablar con su pareja de un tema que le preocupa y nota
que no le hace caso, podría decirle: “No estás escuchando- en tono severo y elevado-, eres un
insensible, deberías preocuparte más por mí” (expresión de sentimientos inapropiada). O bien,
podría decirle: “Me estoy sintiendo dolido, porque no quieres hablar del tema” (expresión de
sentimientos apropiada).
Así como han de saber expresarse, también han de saber cómo escucharse. Escuchar bien
refuerza los lazos de confianza, neutraliza los conflictos y mejora el clima de la relación en la
pareja.
Cómo escuchar de forma comprensiva y atenta:
En primer lugar, haciendo que no interfieran otros pensamientos. Escuchar todo lo que la pareja
transmita con palabras y con gestos, en ese momento es lo más importante. Al mismo tiempo, ha
de cuidar también sus propios gestos. Para ello es necesario que mantenga un contacto visual

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continuo, que la expresión de la cara muestre atención, que el cuerpo esté algo inclinado hacia
delante (demostrando interés) y que mueva la cabeza o utilice palabras de asentimiento y
comprensión (como “ya, ajá, sí”).

5.3 La comunicación y la toma de decisiones


La comunicación es indispensable para la toma de decisiones en un matrimonio, pues mientras
más conectados se encuentren los esposos en sus metas, mejor podrán formar a sus hijos en
valores comunes.
Las decisiones teóricas y empíricas se pueden ubicar en un extremo de la decisión racional,
calculable y predecible; y en el otro la ambigüedad y la incertidumbre pasando por la no decisión
racional.
“Se asigna a la decisión tres funciones:
a. Permite que el decisor actúe;
b. Tiene por función permitir que el actuado, soporte al mundo;
c. Tiene un papel de preservación social.

Las decisiones que toman los participantes se hacen, principalmente, en dos sentidos:
• Sin considerar el problema o conjunto de problemas que se estén afectando, lo que deriva
en una "decisión por omisión"; o bien,
• Los problemas se asocian a ciertas decisiones en tanto no exista una mejor alternativa, lo
que supone una decisión contingente.

Los participantes como los problemas y las soluciones varían de situación en situación. El
resultado que tenga una decisión esta en función del tiempo de que se disponga, la situación
contextual en el cual se desarrolla el proceso decisorio, los problemas que se estén enfrentando
en ese momento y de la disponibilidad que tienen los participantes para atender su solución. Las
decisiones consideradas como "no importantes" son las que, generalmente, resuelven más
problemas.
Hay aspectos que podrían afectar a la familia cuando tienen la necesidad de tomar decisiones,
como una mala comunicación, cualidades de la toma de decisiones y perfiles personales de
quienes toman decisiones ya que del resultado de una decisión puede ser la diferencia entre el
éxito o fracaso. También podría observarse que una persona debería de tener ciertas capacidades
y experiencia de acuerdo al nivel de la decisión ya que una persona que no conoce del tema a
decidir no tiene una visión clara para enfrentar lo que pudiera estar a punto de decidir, una
persona con habilidades podría tomar el control sobre las demás personas haciéndolas creer que
sus propuestas son correctas y no dejar a los demás la oportunidad de poder pensar y que se
adelanten a tomar una decisión buscada por uno y lograr los objetivos buscados.
Una persona debe tener capacidades especiales que son captadas por la experiencia, como un
buen juicio y creatividad.
Un decisor es aquel que se apoya de otras decisiones y de otras personas con conocimientos
adecuados para poder hacer una buena decisión.
La toma de decisiones
Planificar, resolver problemas, mejorar la eficiencia, reducir los errores; todo esto depende de que
usted sea capaz de tomar e implementar decisiones correctas.
Decidir sobre algo significa hacer una elección o llegar a una conclusión y ninguna de las dos cosas
es fácil. A veces hay que tomar decisiones muy difíciles; por ejemplo, mudarse, cambiar de
trabajo, casarse, divorciarse, etc. Pero es vital poder tomar decisiones correctas, porque el
bienestar, incluso la supervivencia, de una vida o de una familia, depende casi enteramente de la

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calidad del proceso de la toma de decisiones.

Además, ¡No hay vida tan completa como la que uno elige vivir! ¿Quién soy? ¿Qué es lo que
quiero? Muchos de nosotros vamos por la vida sin hacernos y sin contestarnos estas cruciales
preguntas. Sin embargo todos los días, todas las semanas, todos los meses y todos los años
tomamos decisiones que influyen en gran medida nuestras posibilidades de fracasar o de tener
éxito.
¿Cuáles son las grandes y pequeñas decisiones que nos gobiernan y qué hacemos con ellas?
¿Cómo podemos evitar el tomar decisiones negativas?

La cuestión de quienes somos y lo que logramos como individuos está determinada en gran parte
por buenas decisiones. Si aprendemos a tomar decisiones correctas, y entendemos el papel que
juegan en nuestra vida habremos descifrado la mayor parte de los fundamentos del desarrollo
personal.
¿Qué es una decisión?
Adoptamos y ejecutamos muchas de nuestras decisiones en segundos. A veces es algo que se da
tan rápido que casi no somos conscientes de ello. Pero es importante analizar lo que sucede y
cómo podemos mejorar el procedimiento, porque las decisiones que tomamos son el medio por el
cual hacemos avanzar nuestra vida y alcanzamos nuestras metas.
Tomar una decisión es como estar en un cruce de caminos. Hay que elegir una opción entre dos o
más alternativas. Estas opciones generalmente están limitadas por condicionantes, por ejemplo:
• La situación en la que nos encontramos ahora.
• La situación en la que quisiéramos estar en el futuro.
• Los recursos disponibles.
• Lo que los demás están dispuestos a aceptar.
• La factibilidad de las distintas opciones.
• El factor tiempo.

Identificar y apreciar estos factores correctamente es uno de los aspectos más importantes de la
buena toma de decisiones.
Tomar más conciencia de las decisiones que toma le ayudará a analizar el proceso de la toma de
decisiones. Por ejemplo, ¿lleva sobre sus hombros toda la carga de la toma de decisiones, o hace
participar a otra gente? ¿Toma las decisiones claves de un modo planificado y racional con mucha
anticipación, o toma cada decisión sobre la marcha? ¿Se basa en su intuición para ayudarse a
tomar una decisión, o prefiere usar el pensamiento lógico para hacer una elección apropiada?
Tipos de decisiones
Existen distintos tipos de decisiones, por ejemplo:
Rutinarias. Estas son decisiones comunes en relación con una gran variedad de cuestiones.
Muchas veces se ahorra tiempo si estas decisiones las adopta una sola persona.
Urgentes. Algunos problemas se dan rápidamente y pueden traer serias consecuencias si no se
los resuelve inmediatamente. Aquí también muchas veces una persona los resolverá
personalmente y dará explicaciones o se justificará luego.
Problemáticas. Este tipo de decisiones hay que tomarlas cuando emerge una dificultad y no hay
una solución evidente. Generalmente resulta más útil que un grupo tome estas decisiones, e
incluso que se consulte a gente externa al problema.
Consultivas. Otras decisiones que uno toma afectarán a otra gente. Muchas veces es importante
hacer participar a los que se verán afectados por los resultados de la decisión.

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También se puede distinguir entre decisiones programadas y no programadas.
Programadas. Son las relativamente poco importantes o repetitivas. Comúnmente existen
procedimientos o criterios preestablecidos para tomarlas. No involucran grandes riesgos y por lo
tanto se pueden delegar con mayor facilidad.
No programadas. Son las decisiones nuevas y donde los riesgos son altos. Se dan en situaciones
inusuales o mal definidas, donde hay muchos cursos de acción posibles.
¿Por qué son importantes las decisiones?
Las decisiones son importantes porque tienen el poder de ser el detonador del proceso que lleva a
hacer realidad las aspiraciones y metas de toda persona.
Las decisiones que adoptamos muchas veces afectan a la gente que nos rodea. Del mismo modo,
las decisiones que toma otra gente muchas veces tienen consecuencias para nosotros. Para evitar
problemas potenciales y aprovechar al máximo las oportunidades que se presentan, usted
necesita usar toda una batería de capacidades, que incluyen pensar con lógica, analizar los
riesgos, utilizar la creatividad y la intuición.
En ocasiones no hay una sola decisión "correcta". Puede haber varias opciones y tenemos que
usar toda nuestra capacidad analítica para elegir la mejor opción o la que cause menos daño.
Tomar una decisión es parte de un proceso que incluye reunir información, generar opciones y
analizar riesgos.
Evalué sus decisiones
Cuando se le pregunta a alguien ¿Quién es usted y qué es lo que quiere? La respuesta juega un
papel muy importante en las decisiones que toma
Un buen método para conocer la respuesta es descubrir dónde está usted ubicado uno con
respecto a algunas decisiones básicas que toma, consciente o inconscientemente, a lo largo del
día y que determinan su forma de actuar. Veamos algunos ejemplos:
El aspecto personal. ¿Qué aspecto tiene? ¿Qué aspecto quisiera tener? ¿Se ha ocupado de su
aspecto físico para ampliar las oportunidades de lograr objetivos personales y profesionales?
¿Cree que necesita dedicar más atención a su aspecto personal?
Su aspecto personal ¿disminuye o incrementa su autoestima?
El trabajo, la carrera o la posición. ¿Tiene el empleo o la profesión que quiere? ¿Está contento
con el oficio o carrera que eligió? ¿Se queja de lo que tiene o lo disfruta? ¿Considera que está
donde está por su decisión o siente que la decisión se tomo por expectativas de otro? ¿Tiene
planes para hacer cambios? Si pudiera empezar de nuevo, ¿haría todo igual?
La relación con otros. ¿Le satisface la relación que tiene con los demás? ¿Se esfuerza para
mostrar lo mejor que tiene para ofrecer? ¿Sabe escuchar? ¿Se preocupa por los demás y lo
demuestra? ¿Habla, expresa y presenta sus ideas, como quiere hacerlo? ¿La gente lo respeta por
la manera en que usted la trata? Sus relaciones en general, en su casa, en el trabajo, con sus
amigos, etc., ¿son lo que usted desea? ¿Toma decisiones conscientes con respecto a su relación
con los demás?
La actitud ante los problemas. Los problemas, ¿lo paralizan o lo ponen en movimiento? ¿Odia
ver aparecer un problema o lo considera como una "cosa propia de la vida"? ¿Busca y encuentra
las oportunidades que hay dentro de los problemas? ¿Elige considerar a los problemas como
escalones para el "éxito" o como obstáculos que le impiden avanzar y no lo llevan a ninguna
parte?
La capacidad de enfrentar metas. ¿Elige fijarse metas? ¿Lo hace a menudo? ¿Las expresa por
escrito? ¿Son metas específicas? ¿Se da plazos para cumplirlas? ¿Define claramente los resultados
que espera obtener?

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La elección de amistades. ¿Elige sus amigos? ¿Se rodea de la gente que más respeta? ¿Sus
amigos lo ayudan a superarse o lo mantienen sumergido? ¿Quiénes son verdaderamente sus
amigos? Si pudiera elegir ¿con quién pasaría su tiempo? ¿Puede elegirlo? ¿Realmente le gusta la
gente a quién llama sus amigos?
El tiempo libre. Usted dispone de infinidad de maneras de pasar cada momento del tiempo libre,
¿lo emplea como usted elige o según la elección de otro? ¿Comparte sabiamente su tiempo libre?
¿Siente que controla conscientemente su tiempo libre o las cosas que hace simplemente
"ocurren"?
El nivel de educación. ¿Cuánto sabe usted? ¿Qué más le gustaría saber? ¿Qué piensa de la
posibilidad de saber más? ¿Qué hace al respecto? ¿Cómo estimula su mente? ¿Está
verdaderamente informado o elige no estarlo?
Lo que espera de sí mismo. ¿Qué espera de sí mismo? Todos los ejemplos enumerados, son
importantes, pero saber qué espera de sí mismo, es vital, porque requiere decisiones que llegan a
la raíz misma de su autoestima, de quién usted es y de lo que espera de usted. Esta decisión lo
confronta con estas importantes preguntas: ¿Quién es? y ¿qué es lo que quiere?
Le sugerimos que se Siéntese solo/a en un lugar tranquilo y se haga esta pregunta: ¿Qué espero
realmente de mí mismo/a? Escuche la respuesta.
Esta pregunta, más que ninguna otra, lo enfrentará a lo que está haciendo con su vida. Lo que
responda y elija hacer al respecto podría modificar profundamente el resto de su vida. Esta es la
pregunta, mejor dicho la decisión, que afecta y dirige todas las otras decisiones que tomará.
Hay gente que se ha hecho esta pregunta, pero nunca se tomo realmente el tiempo necesario
para buscar la respuesta. Es lamentable que esto ocurra. No se puede dirigir la vida
significativamente sin enfrentar interrogantes sobre lo que uno está haciendo aquí, lo que espera
de sí mismo y lo que hará al respecto.
Póngase de acuerdo con usted mismo acerca de cuál es su propósito y cuáles son los valores
personales que tiene en la vida. Recuerde que Dios lo ama incondicionalmente y quiere lo mejor
para usted. Déle la oportunidad de ser su guía en la aventura maravillosa de vivir una vida plena y
abundante tomando decisiones correctas.
La actitud al tomar decisiones
Existen tres modelos o ciclos que establecemos consciente o inconscientemente, que controlan
casi todo lo que sentimos y hacemos cada día. Es muy probable que usted se ajuste a uno de los
tres.

Por pequeña y poco importante que parezca cada simple decisión, cuando se van sumando
construyen un modelo. A su vez el modelo crea un ciclo y ese ciclo dibuja un modelo más grande
que define para cada uno de nosotros, nos demos cuenta de ello o no, una manera de vivir.
Es importante saber con qué modelo se identifica en este momento y en cuál le gustaría
encontrarse, para poder decidir algo al respecto.
Estos modelos son:
Modelo I - decisiones que debilitan
Las personas del modelo I toman pequeñas decisiones que debilitan y perjudican. Tienden a
quejarse en vez de sacar el mejor partido de una situación difícil, ven los riesgos y no las
oportunidades. Tienen el hábito (es decir el modelo de toma de decisiones) de pensar primero en
lo peor y después en lo mejor. Contemplan la vida como una serie de luchas y no ven que esas
mismas situaciones pueden significar desafíos y oportunidades de crecer y sentirse mejor.
La gente del modelo I tienden a tener un pensamiento regido por un patrón negativo. Sin siquiera

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pensarlo suelen decir: "Yo sé que esto no va a resultar" "Para que voy a abrir el correo, no recibo
más que facturas" "Cada vez que hablo con él, termino peleando" "Hoy no es mi día" "Nunca me
atienden bien en este restaurante" "Nunca voy a tener suerte" o "Nunca tengo nada que
ponerme".
Las personas del modelo I ven la oscuridad y nunca el amanecer. Dicen qué cosas no van a
funcionar, pero no saben qué cosas si lo harán. Claro que no viven siempre amargados. Son gente
normal, como todos nosotros pero toman pequeñas decisiones que los debilitan en vez de
fortalecerlos, y así, sin conciencia de lo que hacen, crean un ciclo descendente construido por ellos
mismos desde el cual no pueden ver el horizonte.
Modelo II - decisiones que mantienen
Este es el modelo más numeroso. Se trata de personas que toman decisiones que las mantienen
en permanente situación de empate, sin llevarlas a ningún lado. Andan bien, sobreviven. Debido a
sus decisiones, nunca llegan verdaderamente a ninguna parte ni alcanzan un nivel de satisfacción
personal acorde con su verdadero potencial.
La mayor parte de la gente entra en esta categoría, porque las decisiones de este modelo son
siempre las más fáciles y automáticas. El programa básico de esta gente es el de seguir a la
multitud, se amoldan a la mayoría. Ciertamente no hay nada malo en ser así, pero tampoco nada
demasiado bueno.
Las investigaciones psicológicas revelan que estas personas se sienten calladamente frustradas
con la vida, pero sin estar muy seguras de la razón. Este es el modelo que lleva a la deriva por la
vida en vez de establecer una dirección clara.
La gente del modelo II procura tomar decisiones que no creen conmoción. Sobrevive y se las
arregla, se limita a existir. Hacen lo que se "supone" deben hacer y no logran más que una
fracción de lo que la vida les ofrece. Decisión por decisión, día

tras día, se aseguran de permanecer en el mismo lugar. Sin ser reconocidos por un notable nivel
de logros, tampoco llegan a un fracaso como los del modelo I.
Modelo III - decisiones que fortalecen
Las decisiones que toma la gente que pertenece a este modelo, incluso las más insignificantes, la
ayudan a avanzar, a mejorar a cada instante y en cada día y a prepararse para el éxito. Por
ejemplo: cuando no le dan la película que quiere ver, la persona del modelo III, en lugar de decir
"lo que pasa es que nada me sale bien", dice "está bien, podemos ver otra cosa". Si el servicio no
es muy bueno en un restaurante, en lugar de decir: "Este servicio es muy malo" dice, en forma
casi automática "¡es una gran cosa esto de poder salir y descansar!".
No es que la persona del modelo III ve todo "perfecto" o "maravilloso" sólo acepta que la vida no
es perfecta. Las cosas no son siempre como uno quisiera que fueran. Al reconocer este hecho, usa
cada oportunidad que se le presenta productivamente, para construir y mejorar.
La gente del modelo III se queja poco o nada. Sabe que eso no sirve. Enfrenta cada situación, la
ve como realmente es y saca el mejor partido posible de ella. En lugar de deprimirse, elige
considerar la vida como una serie de oportunidades para fortalecerse y crecer.
Métodos para tomar decisiones
La enumeración que presentamos a continuación señala que existen distintos métodos de toma de
decisiones: arriba, el estilo es autoritario; abajo, democrático; entre ellos una gama de acciones
que se relacionan con el grado de autoridad utilizado por el líder y la cantidad de libertad de que
dispone el resto del grupo para tomar decisiones.

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1) El líder toma decisiones y las anuncia.
2) El líder le vende la decisión al grupo.
3) El líder presenta la idea e invita a hacer preguntas.
4) El líder presenta una decisión tentativa sujeta a cambios.
5) El líder presenta un problema, obtiene el aporte del grupo y luego decide.
6) El líder permite al grupo tomar decisiones dentro de límites predeterminados.
7) El líder da a los integrantes del grupo completa libertad de acción.

Es importante notar que hay ventajas y desventajas en ambos extremos. Los líderes que eligen el
método autoritario toman decisiones rápidamente y permiten que los miembros del grupo tengan
todo su tiempo disponible para otras tareas. Sin embargo, no aprovechan al máximo las
capacidades del grupo y sus integrantes pueden no sentirse comprometidos con decisiones que se
les imponen. Los líderes que eligen el método democrático alientan a los miembros del grupo a
sentirse responsables de las decisiones y se aseguran de que todos piensen a fondo en una amplia
gama de ideas. Por otro lado, el método democrático muchas veces se hace lento y pesado.
La medida en que se involucra a otra gente en la toma de decisiones, depende muchas veces de la
cuestión a decidirse. Por ejemplo, puede resultar inapropiado discutir algunas cuestiones de
disciplina o situaciones en las que es importante afirmar la autoridad personal.

En realidad, es improbable que una persona adopte un solo estilo de toma de decisiones.
Probablemente use varios de los métodos descritos en distintos momentos. Además, no se puede
decir que hay estilos "correctos" e "incorrectos" para tomar decisiones. Sólo existen los que logran
o no hacer que la gente se motive y comprometa con la decisión tomada.
Como responder a las disyuntivas
La respuesta meditada
Para tomar buenas decisiones es importante dedicar un tiempo a meditar el problema o la
cuestión. Desgraciadamente, muchas personas no dan una respuesta meditada porque se sienten
bajo la presión de tomar decisiones instantáneas.
Hay una cantidad de barreras que impiden pensar con claridad, incluyendo:
• Las emociones. No tiene nada de malo que a uno le importe un problema, pero es
vital desligarse de las emociones porque pueden nublar el entendimiento
• Estar demasiado pegado a la decisión. Uno puede tener una mejor perspectiva en
relación con determinada decisión, si toma distancia.

Falta de tiempo. Si encuentra que toma malas decisiones por el apuro, debe reevaluar sus
prioridades.

Presiones de otra gente. Puede sentir que otros esperan que sea "resolutivo" y actúe
rápidamente. Pero ser resolutivo significa tomar una buena decisión, apreciar las evidencias
cuidadosamente antes de actuar, y no necesariamente tomar una decisión rápida.
• Pensar a fondo los problemas se parece al ejercicio físico. Parece más difícil si uno
no lo hace mucho, pero cuanto más lo practica, tanto mayores son los beneficios que trae.

La respuesta intuitiva
Con tanto énfasis puesto en la razón y en la lógica es fácil olvidarse de la intuición, esas
corazonadas que nos dicen que un curso de acción particular es el correcto, aunque no podamos
explicar por qué. La gente que ignora su intuición se priva de una fuente poderosa de sabiduría
que puede ser extremadamente útil para ayudarla a tomar decisiones. La toma de decisiones
puede exigir el uso de la intuición y de la razón en distintos momentos.

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La intuición, a la que a veces se llama instinto o "lo que me dicen las tripas", es algo que nos
puede dar una comprensión directa de una situación sin que medie un pensamiento o evidencia
racional visible. Aunque la intuición no sigue ningún proceso de pensamiento consciente, casi
siempre se basa en experiencias pasadas.
Se nos ha enseñado a respetar el costado racional, lógico, de nuestra naturaleza y desmerecer o
negar el costado intuitivo. Si escuchamos y confiamos en nuestra intuición, tendremos la
recompensa de una gran cantidad de información valiosa y una guía para la toma de decisiones.
Recurrir de su intuición no significa que debe eliminar o no prestar atención a su mente racional.
Su intelecto es una herramienta muy poderosa que tiene su mejor uso en el soporte y refuerzo de
su sabiduría intuitiva.
Pasos claves para la toma de decisiones
Cuando la gente toma malas decisiones generalmente se debe a que no ha reunido toda la
información que necesita o que no ha pensado en todas las consecuencias de sus decisiones. En
síntesis, no ha sido sistemática en su método.
La toma de decisiones malas provoca frustración, hace perder dinero, rebaja la moral, debilita la
disposición a esforzarse y da por resultado un mal desempeño, por lo que vale la pena asegurarse
de recorrer todo el procedimiento metódicamente. Puede sonar trabajoso, pero se hace más fácil
con la práctica. Al fin se encontrará cumpliendo los pasos sin tener que pensarlo conscientemente.
Un método sistemático
El siguiente es un método que se puede implementar. Consta de:
1. Fijar objetivos
Identificar los objetivos es el paso más importante de todos. Una vez que pudo centrarse en su
meta, decidir sobre cómo alcanzarla será mucho más fácil.
Hay dos tipos de objetivos de los que tiene que ser consciente:
• Objetivos generales o mediatos, es decir lo que se quiere lograr en el largo plazo.
• Objetivos específicos o inmediatos, es decir lo que se quiere lograr tomando una
decisión particular.

Saber cuáles son los objetivos da libertad y claridad para tomar decisiones dentro de las
responsabilidades que se tienen asignadas.
2. Reunir información
El segundo paso del procedimiento de toma de decisiones es reunir la información que sirva para
lograr los objetivos que se buscan alcanzar. Para que la información sirva tiene que ser:
• Relevante. Si es irrelevante hace perder tiempo y oscurece datos vitales.
• Suficientemente detallada.
• Precisa.
• Completa.
• Oportuna.

Recuerde que siempre debe haber un equilibrio entre lo disponible y lo deseable.


3. Identificar opciones alternativas
Cuando se tiene que tomar una decisión, siempre es tentador elegir la opción más obvia. Pero,
muchas veces, es una de las respuestas menos evidentes la que ayuda a alcanzar los objetivos
deseados. Para poder tomar decisiones de modo efectivo hay que aprender a buscar bajo la
superficie y descubrir ideas innovadoras.

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Una vez que haya pensado en todas las opciones posibles, entonces sí reduzca las alternativas
sobre la base de los criterios de decisión. A modo de sugerencia le podemos decir que:
• Nunca piense que agotó todas las posibilidades.
• Evalúe los factores condicionantes. ¿Son reales todos los condicionamientos?
• Deje a su mente en libertad. Use la imaginación para pensar más opciones.
• Asegúrese de no estar partiendo de supuestos innecesarios.

Encontrar nuevas ideas puede no ser tan difícil como a veces se lo hace aparecer, simplemente
tiene que usar la imaginación. Pensar creativamente es una clave para generar opciones o
soluciones nuevas y diferentes para los problemas. Pensar creativamente es la capacidad de ver
problemas o situaciones de modo distinto, de verlos en una perspectiva diferente, desde otro
ángulo, de costado, de atrás para adelante, incluso patas para arriba.
4. Evaluar opciones
Una vez que ha generado varias opciones, el siguiente paso es evaluar las más adecuadas. Para
las decisiones de rutina o urgentes, puede tener que hacer esta evaluación rápidamente y de
modo informal, guiándose por su experiencia y sentido común.

En cambio, para las decisiones más problemáticas o decisiones que tendrán un efecto significativo
sobre su vida, le resultará útil abordar el proceso de evaluación de modo más sistemático. Podría
intentar usar algunos de los siguientes criterios de evaluación:
Factibilidad. Puede evaluar la factibilidad de una opción tomando en consideración:
a) Las capacidades requeridas para implementarla.
b) Los costos. Este a menudo es el criterio de factibilidad más importante.

Aceptabilidad. La aceptabilidad de una opción se da en la medida en que ésta responde a los


objetivos originales de la decisión. Los objetivos le darán algunos criterios para medir la
aceptabilidad de una opción particular.
Riesgo. Una de las maneras más directas de analizar los riesgos es simplemente evaluar el peor
resultado posible de la opción. Esto suele llamarse evaluar el riesgo de "peor variante" de una
opción. Si está dispuesto a aceptar las consecuencias de ese riesgo, puede seguir adelante con
esa opción con seguridad. Sí, por el contrario, decide que los resultados de "peor variante" serían
demasiado graves como para soportarlos, lo mejor sería rechazar esa opción.
5. Elegir la mejor opción
Uno de los pasos finales es elegir la mejor opción de la gama de soluciones o decisiones posibles
que ha generado y evaluado. Las siguientes metodologías pueden ayudarlo con esta difícil tarea.
Evaluar los pros y los contras. Éste es probablemente el método que más se utilice para llegar a
una decisión. Involucra enumerar las ventajas y desventajas de los distintos cursos de acción y
luego elegir el que tiene las mayores ventajas.
Consensuar. Para alcanzar un consenso hay que producir una discusión hasta llegar a una decisión
acordada. Este abordaje no funciona a menos que todos los participantes:
• Puedan decir lo que piensan.
• Expresen honestamente lo que sienten y opinan.
• Salgan de la reunión sintiendo que ha emergido una decisión como resultado de una
discusión adecuada y un acuerdo.

Votar. Este método se usa generalmente cuando es difícil llegar a un consenso. Sólo debe usarse
si todos los presentes están dispuestos a cumplir con lo que se vote.

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Negociar. Negociar es una manera de llegar a un compromiso. Se puede usar cuando las partes
que tienen puntos de vista opuestos han llegado a una decisión aceptable para ambos. Si adoptó
este método, debe apuntar a asegurar que la parte que pierda en un área la compense con
ganancias en otra área. El objetivo de la negociación es asegurarse de que ambas partes se
sientan ganadoras.
Por último, antes de dar el paso final de hacer pública su decisión, verifique que:
• Está conforme y confía en esta decisión.
• Será aceptable para sus líderes.
• Será aceptable para sus colegas y los miembros de su grupo.
• No establece precedentes peligrosos para futuras decisiones.
• Ha tomado en cuenta todas las opciones.
• Ha pensado a fondo en todas las consecuencias de su decisión.

Si ha cumplido un procedimiento sistemático y se hizo todas las preguntas citadas, puede


finalmente tomar la decisión con seguridad.
6. Implementar y monitorear la decisión
Tomar una decisión no es el fin del proceso. Hay que actuar y luego verificar si las cosas funcionan
como se las pensó. Hay varios motivos por los que es importante monitorear los efectos de una
decisión una vez que se ha implementado:
• Monitorear una decisión hará que su acción sea lo más efectiva posible. Les demostrará
a los demás que usted tomó seriamente la decisión y está decidido a hacer que
funcione.
• Las decisiones muchas veces tienen consecuencias no previstas. No se puede saber
siempre cómo va a resultar una acción particular o si su selección final se

• demostrará correcta.
• El monitoreo le permite aprender de sus errores así como de sus éxitos. La capacidad
para la toma de decisiones se desarrolla con la experiencia, y el monitoreo lo ayuda a
mejorar sus capacidades de toma de decisiones.

Las decisiones - los resultados


Todos tomamos malas decisiones de vez en cuando, no importa cuánto lo hayamos pensado. Sin
embargo, es igualmente importante reconocer el error y estar preparado para cambiar de decisión
si no funciona. En algunos casos esto puede significar:
• Revisar los objetivos de la decisión.
• Redefinir el problema.
• Obtener más información.
• Encontrar opciones que no haya tomado en cuenta antes.
• Reevaluar las opciones.

Un fruto es un resultado que no aparece de inmediato, sino al final de un ciclo y para el inicio de
otro. Un ejemplo de esto lo tenemos en los hijos; su calidad la vemos en el momento de enfrentar
la vida. Un buen hijo es el que encara su vida con responsabilidad, lo que no significa ser perfecto,
sino haber adquirido la capacidad de asumir los beneficios de los aciertos y el precio de los
errores.
En resumen, la persona que sabe tomar decisiones correctas, da buenos frutos y para ello deben
desarrollarse las siguientes cualidades:
Ser realista. Es la cualidad que permite aceptar limitaciones. Si acepta sus límites, descubre el
espacio de lo que es realmente posible y el equilibrio de la vida se encuentra en desarrollar al
máximo todas las posibilidades. Sin embargo, hay quienes se obsesionan queriendo desarrollar

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ciertas aptitudes, mientras desconocen otras que enriquecerán su vida.
Ser sensible. Es la cualidad de estar atento a las informaciones recogidas por nuestros sentidos,
sin desestimar ningún dato. No es una casualidad que Dios nos creara con cinco sentidos distintos
para percibir lo que sucede, por el contrario, su claro propósito ha sido proveernos de distintas
perspectivas para evaluar un mismo suceso.
Ser ordenado. Es tener la capacidad de reconocer las prioridades (qué va primero y qué va
después) para lo cual se utiliza un sistema de valores. Este sistema es una orden de principios
ubicados de acuerdo a su importancia. Todo ser humano posee un sistema de valores que se
forma desde la infancia y se consolida al llegar a adulto.
Ser responsable. Es poder responder a cualquier circunstancia en forma consciente a nuestra
calidad humana. Para poder ser responsable hay que tener noción de lo que sucede y de lo que
uno es, a fin de asumir, las oportunidades de la vida y las consecuencias, buenas o malas, de
nuestros actos.
Ser constante. Es la cualidad que necesita quien está en camino para llegar a su destino. Se
puede ser realista, se puede ser sensible, se puede ser ordenado, se puede ser responsable, pero
si no se es constante no habrá resultado.
Ser objetivo. Es la cualidad de percibir las cosas tal como son, lo que implica que cualquier
perturbación en el observador traerá una perturbación en la observación, atribuyéndole al objeto
observado, cosas que no tiene o restándole lo que si tiene.
Toma de decisiones
El saber tomar decisiones es un factor imprescindible: la vida y el futuro de una persona dependen
en gran parte de ello. En las próximas tres sesiones hablaremos sobre este tema y aprenderemos
y practicaremos un modelo de toma de decisiones que será fundamental en nuestra vida.
Ya sea conscientemente o no, tomamos decisiones a diario; algunas son muy importantes, otras
no tanto. Tal vez ni siquiera nos damos cuenta de decisiones como a qué hora levantamos, qué
ponernos, comer algo o no, estar en clase a tiempo. A medida que crecemos nos vemos forzados
a tomar decisiones cada vez más importantes, algunas no pueden tener respuestas simples; por
ejemplo, el hecho de permanecer en la escuela, obtener un trabajo, etc. Estas decisiones son
difíciles y las soluciones que elijamos pueden afectar nuestras vidas profundamente.
En la toma de decisiones afectan diferentes aspectos:
- Aumento de la conciencia de sí mismo.
- Entendimiento de los valores personales y familiares.
- La comunicación.
Existen además otros factores de los que debemos estar conscientes:
- Información: Muchas veces carecemos del conocimiento necesario para tomar decisiones
informadas.
- Presiones especiales. Podemos estar fuertemente influenciados por las opiniones y valores de los
que nos rodean: familia, amigos, medios y, algunas veces, estas impresiones son contradictorias.

- Situación: A veces nuestras decisiones son impulsivas por estar tomadas en situaciones
específicas o de crisis. Las consecuencias de estas decisiones pueden ir más lejos de lo que
suponemos.

5.4 La comunicación y las actividades comunes


Dentro del núcleo familiar se comparten muchas actividades, pues generalmente lo que afecta a
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uno, repercute en otro, aunque sea solo afectivamente.
La comunicación tiene la función de convertir las vivencias personales en convivencia, esto es que
cada miembro de la familia comparta sus actividades para unificar los fines y construir metas
juntos.

5.5 Contracomunicación, barreras de la comunicación y sus efectos en la vida familiar


Así como la comunicación verbal y no verbal son herramientas básicas para establecer una buena
relación familiar, también pueden significar conflictos si en esta se interponen barreras que
dificulten la comunicación.

¿El ruido?

¡Sí! Sucede como cuando hablamos por teléfono. De pronto puede surgir en la línea un ruido
extraño que dificulta el entendimiento. Si el ruido es leve, sólo molesta un poco pero se logra la
comunicación, aunque sea a medias. En cambio, si el ruido es estruendoso, hace imposible que
llegue el mensaje.

En el caso del teléfono, la situación se arregla volviendo a marcar o entrevistándose


personalmente los interesados. Pero en el caso de una pareja de novios ¡y sobre todo de esposos!
Que hayan dejado entrar el ruido en su hogar, el problema se vuelve difícil, aunque no imposible,
de resolver.

Por eso, es importante, conocer los “ruidos” de todo tipo que pueden dañar a la pareja, para
evitarlos.

Tipos de ruido

1. Egoísmo

• El esposo llega del trabajo y no puede, o no quiere, desconectarse de los problemas o


pendientes que tiene en su empleo y con ello bloquea la comunicación con su familia.

• La esposa esta tan entusiasmada hablando de su clase de cocina que no deja al marido
hablar de nada más.
• Alguno de los dos ha tenido un día horrible y no puede quitarse el mal humor, pero ni
siquiera lo intenta, más bien se desquita con el cónyuge o con sus hijos, como si ellos
tuvieran la culpa.
• Uno de los dos no esta en disponibilidad de comunicarse: esta muy cansado, tiene
demasiado sueño o se siente mal. Y en lugar de explicar su malestar, únicamente se
duerme dejando a todos con una sensación de no haber sido tomados en cuenta y de
que algo anda mal.

Todos estos casos son muestra de que las personas actúan a veces pensando sólo en sí mismas y
esto no resulta justo para los demás.

Este tipo de ruido resulta ser el más común. No tiene que ser drástico para que corte la
comunicación, basta con que uno de los dos interlocutores −el que habla o el que escucha–no este
realmente con ánimos de conversar para que se impida una verdadera comunicación.

2. Activismo

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“¡Ya vine, vieja!...!ya me voy vieja!” ¿Alguien recuerda esta conocida frase, extraída de una
película de Pedro Infante? Se trataba de un señor que tenía varios empleos, así es que llegaba
“volando” a su casa, nada más para cambiarse de uniforme y volvía a salir “disparado”. Claro que
la esposa no alcanzaba ni a contestarle pues nada mas lo veía como una ráfaga que cruzaba
varias veces al día por su casa.

Aunque éste es un caso exagerado, sí sucede muchas veces que estamos todos tan envueltos en
el activismo que descuidamos la

plática tranquila con nuestra pareja, y esto, tarde o temprano, afecta la unión de los dos.

3. Agresividad

No hay nada que corte más la disponibilidad de una persona para escuchar que una ofensa. Si
tenemos quejas o diferencias con nuestro cónyuge o novio, lo mejor es buscar las palabras que
tengan el significado de lo que queremos decir pero sin ofender.

Algunas frases que podemos prohibir en el hogar son:


-Te lo dije...
-Siempre que yo, ..., tú...
-Nunca me...
-¿Qué? ¿no entiendes?

Hay veces que el enojo o el orgullo nos hacen imposible este propósito de no ofender, pero es
mucho más difícil pedirle a una persona que nos escuche y nos entienda, si se siente ofendida.

Aquí también cabe el otro propósito de olvidar las fallas que se han cometido en el pasado, como
quien dice: “perdón y olvido”, ya que recordar las ofensas es otra forma de ruido dañino.

4. “Adivinanzas”

Pedro y Sandra llevan cinco años de casados. Cada año él se va una semana de cacería y también
cada año Sandra se niega a ir con la excusa de que a ella no le gusta dormir en el campo.

Este año, Pedro organizó la casería para fin de año y pensó que sería bueno invitar a sus hijos
mayores, pero no a Sandra. Pedro pensó: “No le voy a preguntar ni siquiera si me quiere
acompañar de casería, al cabo que ya se que a ella no le gusta acampar”.

A su vez, Sandra pensó: “No puedo creer que se vaya a ir en fin de año, que me vaya a dejar
sola, sin los niños y ni siquiera me invite”.

Aquí puede surgir un conflicto que se pudo haber evitado hablando. Se trata de un marido
“adivinador”.

Es cierto que muchos años de convivencia permiten a la pareja conocerse mejor, pero aun así, en
muchas ocasiones es mejor consultar para saber a ciencia cierta los deseos y pensamientos del
otro. Por otro lado también es mas conveniente explicar lo mal que nos hace sentir cierta decisión,
o que se nos tenga “tanta consideración”, que armar toda una tragedia interiormente. No esperar
que nos adivinen lo que realmente queremos si no lo decimos abierta y tranquilamente.

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5. Miedo de hablar

Miguel tiene inquietud de cambiar de residencia, siente que podría tener mejores oportunidades
en otra ciudad, pero no sabe como decírselo a Susana. Piensa: “La última vez que toque este
tema, se soltó llorando, mejor no digo nada. Si solo tratara de comprender la situación”.

En otra pareja vemos que Lucia siente que dos hijos son muy pocos pero su esposo Alfonso cree
que son suficientes. Los embarazos son pesados para Lucía y los dos niños ya se hacen compañía
uno al otro. Ella pasaría otro embarazo difícil con la ilusión de tener otra mujercita.
Lucia cada vez que la idea le vuelve a su cabeza, piensa: “La última vez que hablamos de eso, se
puso furioso mejor lo dejo así”.

Es importante ser reflexivos y calmados al escuchar a la pareja, motivarle y hacerla sentir que en
realidad todo se puede platicar y todo se puede arreglar hablando.

6. Incomprensión

A Eduardo le encanta hacer planes con sus amigos del trabajo. Siempre se le hace fácil decir que
sí podrán asistir a reuniones sin consultar a Marcela. A Marcela también le gusta salir en pareja,
pero le agradaría frecuentar más sus propias amigas con sus novios.

Como ambos saben que “hablando se entiende la gente” Marcela simplemente le dice a Eduardo:
“Me gustaría que cuando hagas planes para el fin de semana me consultes primero”.

En otra familia se encuentra el caso de Estela a quien le encanta preparar postres para su familia
pero Horacio, su esposo, lleva un año tratando de bajar de peso y es muy antojadizo. Ella le dice
que sí necesita bajar de peso, pero sigue preparando postres.

Horacio buscando obtener comprensión le dice: “Estela ya sabes que me encantan tus postres
pero no ayudan a mi propósito. Te pido que solo hagas postre una vez a la semana, así los niños
disfrutan y yo solo batallo un día”.

Si estas situaciones no se comentaran surgiría un sentimiento de incomprensión que podría


afectar a la pareja.

7. Grandes diferencias

Cuando una pareja se enamora, con tal de consolidar su unión, o da importancia las diferencias
entre los dos en cuanto cultura, religión, o nivel económico. Esas diferencias a la larga, pueden
estropear la comunicación en el noviazgo o en el matrimonio.

Otra diferencia que debe cuidarse es el caso de que uno de los dos crezca intelectualmente y el
otro quede rezagado. También puede ser factor de desunión. Se puede dar cuando la mujer
persevera en tomar cursos de educación para los hijos, o de formación espiritual, mientras que al
marido no le llaman la atención. O bien cuando el marido trabaja mucho y no comunica o explica a
su mujer los problemas o cambios importantes por los que pasa su negocio u ocupación. La
esposa, si no tiene oportunidad de formarse y crecer de otra manera, por su ocupación de ama de
casa y madre, puede quedar atrás en conocimientos básicos generales.

Para evitar esto, es importante mostrar siempre un interés sincero en las cosas del cónyuge, de
esta manera siempre tendrán temas en común y sentirán el apoyo de la pareja.

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8. Intervenciones

Es muy fácil que un conocido o familiar haga ruido en una relación de novios o esposos, pero...
¿quién les va a enseñar o ayudar a convivir de nuevo?

La base para eliminar este ruido está en confiar plenamente en el cónyuge y no creer nada que se
nos diga acerca de él o de ella sin haberlo consultado primero con el “acusado”.

9. Silencios

Parece una contradicción, pero el silencio es, en sí mismo, un verdadero bloqueo para la
comunicación, porque se puede malinterpretar.

Si bien es importante y hasta bueno que haya silencios en tiempos de paz y alegría, debemos
estar siempre atentos a que nuestro silencio no represente un conflicto.

Los silencios después de un enojo, pueden estar motivados por el orgullo. Si éste el caso, no
debemos dudar en romperlo, ya que lo único que está causando es una serie de barreras y
rencores que no se eliminan con facilidad.

Quien se atreve a romper este tipo de silencio orgulloso es, por lo general, el que tiene mayor
humildad y habilidad de comunicación de los dos, y con seguridad también es ¡el más inteligente!

5.6 Influencia de las barreras de la comunicación en la formación de perjuicios


educativos y sus efectos en la vida familiar.

Así como la comunicación verbal y no verbal son herramientas básicas para establecer una buena
relación familiar, también pueden significar conflictos si en esta se interponen barreras que
dificulten la comunicación.
Sabiendo que nuestras conductas puedan transmitir mensajes y causar reacciones en las demás
personas, ahora queremos abordar el tema de los malentendidos. La característica más peligrosa
de los malentendidos es que pueden existir sin darnos cuenta... hasta que exploten.

Simplificando mucho el tema de la comunicación, podemos decir que ésta consiste en un


transmisor, un receptor y un mensaje. Aunque sabemos que estos tres elementos están
interactuando continuamente, normalmente cuando decimos una cosa, esperamos que los demás
entiendan justo aquello y no otra cosa. Pero muchas veces no es tan sencillo, ni tan fácil, porque
la otra persona puede tener reacciones y sentimientos que nunca fue mi intención provocar. Este
es el hecho del que quisiera que tomarais nota y que lo recordaseis en vuestra vida de
matrimonio. Empecemos a ver este problema en relación con el siguiente caso donde un marido
llega a una reunión familiar donde estaba su esposa y nos dice:

* Mi esposa se enfadó mucho porque saludé a mi hermana antes que a ella.

El señor en cuestión insistía en que había saludado a las personas en ese orden sólo por la
colocación de las mismas en la sala. No tenía ninguna otra intención. Otro caso del mismo género
es el siguiente:

* Mi esposa organizó una cena sin avisarme con anticipación y, además, coincidió con la noche del
fútbol en TV. Yo no dije nada y lo tomé con resignación. Pero cuando las visitas se fueron, ella
estuvo muy molesta conmigo. No entendía por qué y se lo reclamé pues consideraba que era yo
quien había hecho el sacrificio. Me dijo que se sentía muy mal con los invitados por la mala actitud
que yo había tenido durante la cena. Sorprendido le expliqué que no era así, que yo había
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renunciado de buen modo a mi partido de fútbol. Pero ella me contestó: “tu cara larga me decía
otra cosa”.

Aquí tenemos dos ejemplos de interferencia en la relación humana y en la comunicación.

En el primer caso vemos cómo el marido (= transmisor) quiso saludar a todos (= mensaje) pero
encuentra que su esposa (= receptor) interpreta otro mensaje. En el segundo caso también el
marido quiso hacer su mejor esfuerzo (= mensaje), pero su esposa percibe otra cosa (por la
comunicación no verbal del esposo). En ambos casos, de manera no intencional, se provoca una
reacción en la otra persona, que nunca fue pretendido. Cuando hablamos de la gota que derrama
el vaso, y nos preguntamos por dónde entran las gotas, aquí tenemos uno de los agujeros más
comunes en las relaciones humanas. En mi opinión, muchos problemas comienzan así −sin darnos
cuenta de las reacciones que causamos− y cuando se prolongan durante mucho tiempo los
resentimientos provocan las explosiones. Lo que sigue es un intento de análisis de este fenómeno
y de cómo se debe manejar.

Está claro que las reacciones emocionales como las de estas mujeres pueden deberse a muchas
cosas: cansancio, acumulación, sensibilidad especial, actitudes negativas, problemas anteriores,
etc. y, para una solución del problema, será necesario que ellas también pongan de su parte.

• Las palabras y/o acciones pueden provocar reacciones que nunca pretendiste y que nunca
imaginaste.
• No te fíes de tus buenas intenciones.
• No siembres vientos porque cosecharás tempestades

6. EL DIÁLOGO FAMILIAR

Como ya hemos estudiado hay diferentes formas de expresarnos: mediante nuestra apariencia,
gestos, etcétera, pero la forma más directa y reveladora de expresarnos es a través de nuestras
palabras.
El diálogo es un medio muy poderoso para lograr una buena comunicación. Para cultivar y
enriquecer una buena relación es indispensable saber dialogar. Cuando participamos en un
diálogo, nos sumergimos en una relación íntima con otro ser humano, compartimos nuestros
pensamientos. Por esto, el diálogo supone un gran desafío.
6.1 ¿Cómo lograrlo?

El diálogo nos da la oportunidad de conocer a fondo a otras personas, sin embargo, el diálogo es
frecuentemente el mayor desafío en una relación afectiva. ¿Cuántas familias funcionarían más
armoniosamente si entre padres e hijos hubiera un mayor respeto por el diálogo auténtico? Y sin
embargo, en la mayoría de los casos lo único que logramos es gritar y discutir, cuando en realidad
lo que deberíamos buscar es comprendernos.

Todos estamos conscientes de la importancia de la familia, como núcleo de la sociedad y cuna del
amor auténtico y desinteresado. En esta aseveración meramente conceptual, debemos de asumir
el compromiso de establecer mecanismos al interior de la familia, que permitan hacerla realidad y
lograr los beneficios personales, familiares y sociales que conlleva.

Las bases principales sobre las que debe sustentarse una buena relación interpersonal, entre
otras, son el respeto, la confianza y la comunicación. Estos comportamientos son fundamentales
en las relaciones familiares. Cuando dentro de la familia actuamos sobre estas bases con
congruencia, es casi seguro que asumiremos los mismos comportamientos en nuestras relaciones

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interpersonales fuera de ella, en cualquier ámbito: la familia extendida, la escuela, la oficina, los
amigos, la sociedad toda.

Un mecanismo viable para lograr lo anterior, son las reuniones de convivencia familiar donde es
recomendable establecer un diálogo sincero y abierto entre los miembros de la familia para
exponer los problemas e ideas de cada uno de ellos. No se requiere de una formalidad extrema,
pero sí debemos intercambiar opiniones con compromiso y seriedad.

Existen dos elementos básicos sobre los cuales es conveniente apuntalar las reuniones familiares
que persigan una integración sólida de la familia, a saber:

1) Escuchar.- Todos y cada uno de los miembros de la familia debemos saber escuchar. No
podremos dar una opinión y/o sugerir opciones correctivas, si no entendemos todas las
variables de la situación expuesta o problema existente. Además, es importante escuchar a
todos aquellos miembros de la familia que deseen hablar. No debemos descalificar a nadie
por su edad, experiencia, género, etc. Las más innovadoras y creativas ideas y propuestas
de solución nacen de las personas que rompen paradigmas con un nuevo enfoque, siempre
respetando los valores morales que rigen a la familia.

2) Empatía.- Lo que se conoce coloquialmente como “ponerse en los zapatos de los demás”.
Es decir, debemos entender que los comentarios o problemas de un miembro de la familia
que este en la etapa de la adolescencia, van a ser radicalmente diferentes a los
comentarios o problemas de un miembro de la familia adulto. Pero, ninguno de los dos es
menos importante que el otro. Tendemos a subestimar los comentarios o problemas de los
miembros de menor edad de la familia y en ocasiones, tendemos a dar toda la validez a los
comentarios y sugerencias de los mayores. Consideramos que cualquiera de los dos
extremos es negativo. Lo recomendable es establecer un diálogo abierto donde se
escuchen todos los puntos de

vista y se den consejos o soluciones dentro del contexto de la persona que lo expone sin
importar cuál de los miembros lo propone.

Las reuniones familiares pueden ser el cauce para la actualización de la moral familiar y de las
emociones de todos los miembros de la familia, así como el medio para presentar temas
fundamentales, como crisis y logros cotidianos, de los que “no hay” ocasión de hablar en la
convivencia diaria, tales como el matrimonio, los hijos, las amistades, el trabajo, los estudios y
demás consideraciones emocionales, espirituales o económicas.

Todos los problemas familiares son importantes, desde un posible caso de drogadicción, hasta el
repudio a la sopa de

verduras o la importancia de rezar juntos. Algunos son más urgentes que otros. Algunos son más
fáciles de resolver que otros. Pero todos son importantes, porque afectan a algún miembro o a
toda la familia. Adoptando mecanismos de este tipo, con dedicación, respeto y la escucha atenta,
se creará un “círculo virtuoso” en las reuniones familiares que enriquezca y consolide el respeto, la
confianza y la comunicación entre los miembros de la familia.

Comunicación en familia: Múltiples e importantes comunicaciones

La comunicación es un vehículo necesario de la relación humana y educativa. El hombre es un ser


relacional, crece socialmente. La verdadera educación, que promueve el crecimiento global de la
persona, se realiza de hecho a través de la comunicación personal y grupal.

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En la vida familiar existen muchas formas del así llamado diálogo educativo, todas ellas
interesantes y necesarias para la creación de actitudes y valores; un abanico de estrategias que
debemos simultanear equilibradamente.

Por una parte utilizamos el monólogo cuando mandamos, censurarnos, juzgamos, aconsejamos,
interrogarnos a nuestros hijos. Es una comunicación unidireccional. No esperamos respuesta o
esperamos un dócil asentimiento. Un ejemplo clásico del monólogo es el sermón educativo, a
veces demasiado frecuente y largo. Utilizamos el diálogo-negociación cuando negociamos salidas,
permisos, peticiones de todas clases, hacemos contratos bilaterales para establecer horas de
trabajo y descanso, y proclamamos premios y castigos en las cláusulas de estas negociaciones (en
las que a veces terminamos cediendo blandamente y ellos terminan saliéndose con la suya).
Finalmente realizamos el diálogo-conversación, una comunicación cuyas características básicas
son la voluntariedad, la mutua interacción y el respeto. Conversamos para buscar juntos unas
orientaciones, unos valores, un caer en la cuenta de situaciones y sucesos, una mayor
responsabilidad en el proceso de toma de decisiones. De este diálogo-conversación vamos a tratar
en ésta y en las siguientes entregas.

¿Es necesario el diálogo-conversación?

Su necesidad dependerá de lo que pretendamos con la educación, de los objetivos de mi proyecto


educativo familiar. Si unos padres únicamente quieren que su hijo esté preparado en el sentido de
tener muchos conocimientos académicos, juntamente con los idiomas, la informática y otras
tecnologías, etc., en este caso no necesitarán dedicar demasiado tiempo al diálogo-conversación.
Lo importante será proporcionar oportunidades para dicha preparación.

Pero si además quieren que su hijo sepa lo que significa la amistad, compartir y aceptar, entender
el amor; que sea profesionalmente correcto, contribuyendo a mejorar la sociedad; que logre
asumir una fe cristiana auténtica y libre, etc. entonces, necesitarán ayudarle en su madurez
afectiva y en su responsabilidad. Y para todo esto será necesario el diálogo-conversación. El
silencio de la casa, de la escuela, no es recomendable para transmitir valores. No basta con que
nos vean buenos, correctos y responsables. La palabra se hizo para algo. Hay silencios muy
significativos, pero el diálogo explicito profundiza y enfatiza mucho mejor el gesto y las actitudes.
No olvidemos que la educación es audiovisual (palabra e imagen).

Equilibrio de estrategias

No estamos diciendo que la conversación sea la única estrategia educativa en el ámbito de la


interacción familiar. Saber exigir, mandar, negociar, son el marco necesario que permite el orden
y concierto en la casa para que podamos tener precisamente espacios de conversación. En
muchas casas hay una habitación de trastos y cosas sueltas, que algunas madres llaman leonera;
pero hay familias en que toda la casa es una leonera psicológica.

Por otra parte es especialmente importante mantener la autoridad moral. Si no me respetan, no


puedo dialogar porque me consideran como un trapo, y con un trapo no se dialoga. También es
necesario proporcionar ayudas específicas cuando se detectan problemas físicos, intelectuales o
efectivos de los hijos. Si un niño tiene problemas, hay que ayudarle a resolverlos para liberarle de
lo que le impide seguir creciendo en madurez humana y en valores, lo cual facilita también la
apertura al diálogo.

Por lo tanto la comunicación es importante, pero ello no quiere decir que sea lo único que
debemos hacer en educación. Las otras estrategias son necesarias y apoyan la comunicación. Es
necesario establecer un equilibrio ecléctico de estrategias.

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Lo específico del diálogo-conversación

Conversar es comunicarse sin buscar nada práctico a corto plazo.

El diálogo-conservación se diferencia del diálogo-negociación, las motivaciones verbales, las


alabanzas y las censuras, etc. en que la conversación es un espacio de libre comunicación en la
que no pretendemos lograr un objetivo concreto ni una solución inmediata.

Sucede con frecuencia que cuando hacemos de la conversación un instrumento para que mi hijo o
hija haga algo o acepte algo a las inmediatas, la conversación se convierte en una negociación,
que podría ser muy interesante en otro momento, pero perderíamos el insustituible fruto de la
conversación que es comprender al otro, escucharnos, dar testimonio de nuestros valores como
adultos, educar en sana libertad de expresión, confrontar sus ideas con las nuestras, en definitiva,
influirles en una atmósfera de libertad y respeto. Si todos los diálogos se convierten en
negociaciones y discusiones para ver quién tiene la razón o para ver quién cede más, ¿cuándo
conversamos? Conversar es dejar opinar a los hijos y no poner cara de extrañeza ("¿Qué estás
diciendo?") pues entonces se acaba la libertad de expresión. Ellos están viendo en tu rostro un
impedimento para su libre comunicación.

Conversar es expresar tu opinión sin imponerla, preocuparse de dar justificación a tus opiniones
(si las tienes; y si no, piénsalas y exprésalas en otra ocasión). Es un intercambio sereno de puntos
de vista. Tú no te asustas ni te echas las manos a la cabeza sino que expones tu opinión y él o
ella la suya. Los criterios o actitudes no se mandan, se motivan en libertad. Si no aceptamos esto
tendremos muy poco que hacer en este campo del diálogo-conversación.

Conversar es dar importancia a lo que los niños y adolescentes opinan aunque lo hagan de un
modo infantil o inmaduro. Las opiniones de un niño o adolescente sobre sus amigos, su futuro
(que tanto les inquieta también a ellos), la sexualidad, el alcohol y las drogas, esas amistades
extrañas que a veces nos sorprenden, etc. son las cosas de su vida, lo más importante para ellos.

Para conversar es preciso jugar limpio con los hijos. No jugar limpio es disimular planteando un
diálogo libre pero en la práctica lo que queremos es convencerle de algo y tomar alguna decisión
inmediata. Hay que tener mucho cuidado especialmente con los adolescentes. Si vamos a utilizar
el diálogo para mandar, prohibir o conceder algo, tenemos que decirlo previamente "Vamos a
charlar, yo te voy a escuchar y luego yo tomo la decisión". Eso también es un diálogo interesante
y a veces necesario, pero no es la conversación abierta y desinteresada de la que estamos
tratando ahora, cuyo objetivo es escucharnos, entendemos, favorecer el enriquecimiento o cambio
de actitudes y valores a medio o largo plazo.

Recuerdo lo que decía una madre: "Yo dialogo mucho mejor con los hijos de tu vecina que con mis
propios hijos; porque estoy relajada; no me asusto porque me digan cosas horribles de la
sexualidad o de lo que sea, sino que lo tomo con calma; por mi parte no dejo de decirles lo que
pienso, me escuchan con respeto y noto que les he influido positivamente en muchas ocasiones".

Este es el problema de ser padre, evidentemente, que nos ponemos tensos y nos sentimos
amenazados con sus expresiones.

Por lo tanto para dialogar es necesario no estar obsesionado por conseguir algo o pretender algo a
la inmediata. Es como un diálogo como de igual a igual, pero sin hacernos colegas de nuestros
hijos, conservando siempre nuestra autoridad moral de padre y madre.

En el terreno de la búsqueda de la verdad no somos dominadores de nuestros hijos, aparte de que


los hijos están viviendo una vida distinta a la nuestra. Los hijos necesitan un diálogo en el que no
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estemos tensos ni preocupados por convencerles de nuestros puntos de vista aunque expresemos
sinceramente nuestros valores.

Según las encuestas recientes sobre la juventud europea, los jóvenes valoran mucho la familia
quieren que sea un espacio de libertad, de comunicación y sinceridad, y recuerdan con nostalgia
los momentos de auténtico diálogo. Necesitan una atmósfera tranquila en casa, con buena
ósmosis afectiva, donde los padres son testigos de sus propios valores (lo cual no significa que
necesitan también como hemos dicho, otros tipos de intervención familiar).

Sin este diálogo-conversación faltaría algo importante en la educación en valores y actitudes. Los
hijos necesitan padres y madres que no guarden silencio sobre los valores humanos, sino que se
mojen y digan cuáles son sus criterios. Esto es importantísimo para ellos, aunque digan "No me
convences". Nuestro testimonio aunque no nos lo creamos, es un referente necesario para su
vida.

El espejo retrovisor

Para favorecer este diálogo-conversación debemos cuidar nuestros gestos mientras escuchamos a
un niño o adolescente. Sería divertido que tuviéramos una especie de espejo retrovisor sobre
nuestro hombro para ver la cara que estamos poniendo cuando escuchamos y hablamos con
nuestros hijos. Sería impresionante. En los cursos de formación para profesores jóvenes, uno de
los ejercicios consiste en dar una clase grabándola en vídeo, para analizar después los diversos
aspectos de la comunicación, especialmente el gesto o lenguaje no verbal. Sería genial hacer algo
así en familia.

Las caras que ponemos cuando hablamos con nuestros hijos son a veces extrañísimas. Nos
transformamos, ponemos tal rostro de pánico que eliminamos toda libertad de expresión. Hay
padres que ni al peor enemigo le ponen caras tan horribles como los gestos que hacen cuando un
hijo dice algo inconveniente (a su juicio). Como si dijeran: "Este niño está loco o es un estúpido...
¿Pero hijo qué estás diciendo?" Son presiones psicológicas que matan la libertad de expresión.

Por otra parte los niños son muy astutos y nos tientan con frases duras para ver cómo
reaccionamos. No debemos creer que sus expresiones ("Yo no voy a Misa nunca porque no creo
en Dios") se las crean ni ellos mismos. Un adolescente está comenzando a tornar posturas, pero
aun no tiene formado su criterio definitivo; mañana o dentro de dos meses pensará otra cosa.
Otras veces se trata de posturas psicológicas, defensivas, tentativas; o una manera de
contraatacar, de hacer una guerra de frases; quizás están descontentos con nosotros porque les
exigimos algo que nos les gusta o por otras causas.

El chantaje del diálogo

Como el diálogo supone una libertad y voluntariedad libre de dos personas, si uno no quiere, dos
no dialogan. Hay momentos y situaciones en que los adolescentes no quieren dialogar, por
rebeldía u otras causas. Pero lo que nosotros no debemos hacer es mendigar el diálogo a toda
costa, supeditando todo a tener una conversación. Diálogo sí, pero no a cualquier precio.

El diálogo no es el objetivo último de la educación sino un medio, a veces importante, y en


conjunto imprescindible. Pero no tiene por qué ser aquí y ahora, ni podemos transmitir que
estamos obsesionados e inseguros a causa del diálogo. Ellos se dan cuenta y nos pueden utilizar
con el chantaje: "Si no me concedes tal cosa no dialogo contigo".

Educar es promover actitudes fundadas en valores a través del modelo (mi coherencia), la palabra
y la experiencia. Cuando la palabra no puede ser conversación, porque no existen condiciones
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adecuadas sin culpa nuestra, entonces la podemos utilizar en forma de monólogo, a través de
sanos y auténticos razonamientos de valores y actitudes. El diálogo-conversación es muy
importante pero no siempre es posible. En ese caso hay que seguir educando por medio de
motivaciones, mandatos, buen ejemplo, cariño y ayuda a los hijos. De una u otra manera, educar,
siempre es posible.

Y si somos nosotros los que estamos poniendo dificultades para el diálogo, tendremos que
examinarlas y tratar de modificar la situación. Más adelante analizaremos los comportamientos y
actitudes nuestras que bloquean la comunicación. En todo caso, no es bueno ceder al chantaje
afectivo del niño que se pone de morros y no nos quiere hablar.

Actitudes, técnicas y tiempo

El diálogo-conversación tiene unas técnicas propias que es conveniente estudiar. Hay una manera
de hacer preguntas, por ejemplo, muy distinta de los interrogatorios a los que sometemos a los
hijos para saber con quiénes han estado y qué han hecho. Hay una actitud imprescindible en toda
conversación, la empatía, que es un compromiso de respeto y escucha positivo, sobre la que es
necesario reflexionar a fondo. Habrá que analizar también los distintos esquemas del diálogo
según los temas: problemas del propio adolescente, opiniones, ideas, valores, decisiones que él
tiene que tomar, etc. Uno de los problemas más significativos en nuestra sociedad es la falta de
tiempo para dialogar, que habrá que estudiar en orden a tomar medidas. En nuestras casas
llamamos sala de estar a una estancia donde apenas estamos o estamos sin estar. Quien está allí
es el televisor como subido a un altar. Y lo que no aparece por allí es uno de los grandes
eslabones perdidos de la educación que es la conversación en familia.

¿Qué tipos de comunicación estoy utilizando?

Supongamos que a lo largo de varias semanas hemos dedicado cinco horas en comunicamos con
los hijos. Prescindimos ahora si en conjunto es mucho o poco tiempo. Se trata de valorar qué
formas de comunicación hemos utilizado con más frecuencia, entre aquellas a las que se alude en
la charla (aconsejar, negociar, interrogar, censurar, alabar y conversar).

Imaginemos un círculo en el que hemos señalado, como hipótesis ideal, unos segmentos o
porciones que representan cada una de dichas formas de comunicación. Sería aproximadamente
una utilización positiva y equilibrada del tiempo de comunicación, naturalmente con flexibilidad y
siempre considerando un tiempo suficientemente amplio de varias semanas:

• Aconsejar, tiempo empleado en dar consejos y recomendaciones: 25%


• Negociar, tiempo empleado en tratar de llegar a acuerdos con los hijos sobre normas,
permisos, proyectos, etc. 25%
• Interrogar, tiempo empleado en intentar averiguar qué han hecho u obtener respuestas
claras y respuestas directas: 5 %
• Censurar, reprender lo mal hecho: 5 %
• Alabar, elogiar hechos positivos: 15 %

6.2 Conocimiento de las características de recepción del mensaje en los niños, jóvenes y
la pareja

La escuela y la familia empiezan a perder terreno frente a los poderosos medios masivos de
comunicación en lo que se refiere a la educación de los niños. Es indudable el incremento de la
participación de los medios en el proceso educativo dentro de nuestras sociedades.

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No se puede considerar ya únicamente la existencia de la educación formal que imparten la familia
y la escuela. , Puesto que los niños aprenden fuera de ellas una amplia serie de conocimiento y
habilidades importantes para su vida presente y futura. En este sentido, la UNESCO ha
introducido, a través de la Comisión Internacional sobre la educación para el Siglo XXI, (Delors,
1996), el concepto de educación permanente: una educación que dura toda la vida y que no
comienza ni termina con la escuela.

Debido a que las innovaciones tecnológicas han propiciado una eclosión de la comunicación
audiovisual es preciso investigar el impacto que estos cambios están produciendo en la educación
de los niños. Estas transformaciones deben ser evaluadas, sobre todo, al interior de los dos
principales escenarios en los cuales los niños aprenden a consumir mensajes educativos: la
escuela y el hogar, aunque sin olvidar otros escenarios que constituyen el entorno en el que se
desarrollan los niños: su barrio, la comunidad en la que viven.

En la actualidad los medios masivos de comunicación se han convertido en un factor fundamental


dentro del esquema de la educación informal: los niños dedican más tiempo a los mensajes de los
medios masivos que a la propia escuela y sus actividades formativas. Sin embargo, no se trata tan
solo de un problema de rating u horas dedicadas a estos medios en contraposición a lo que se
dedica a las actividades escolares o familiares.

Conocer cuantas horas escuchan los niños la radio o cuanto invierten de su tiempo en los
videojuegos no nos indica que efectos tienen los medios sobre los niños. El conocimiento de los
datos estadísticos del consumo en relación con los medios de comunicación masiva no implica una
demostración de su efecto neto sobre la conducta y la actitud del niño (Moragas, 1979) y si es una
manera de adoptar una visión comercial del proceso: es estudiar a la teleaudencia como
potenciales consumidores individuales (Orozco, 1994). La cuestión es más de fondo: ¿Por qué los
medios de comunicación masiva están ejerciendo una influencia tan grande en el proceso
educativo de las nuevas generaciones?

¿Cómo aprende, como recuerda y como aplica el niño los mensajes educativos que recibe de la
familia, la escuela y de los medios? ¿Cómo y por qué los niños se acercan a los medios de
comunicación, en que contexto reciben sus mensajes y que uso le dan dentro de sus vidas? ¿Qué
hábitos personales y familiares se están trastocando con las nuevas tecnologías de comunicación,
que influencia tienen sobre los procesos de pensamiento, las emociones y los comportamientos?
Y, sobre todo, ¿De qué manera repercute todo lo anterior en el proceso educativo?

Se trata de cuestionamientos que ya han despertado el interés, y hasta la preocupación, de


diversos investigadores de los medios y de estudiosos interesados en la educación, no solo de
nuestro país sino de Latinoamérica (Ruiz, 1990; Charles, 1996; Latapi, 1997). Existe una
separación muy marcada entre juego y aprendizaje. Los videojuegos tienen un gran potencial
educativo (desde las iniciales enciclopedias educativas hasta verdaderos programas de realidad
virtual, pasando por programas específicos sobre biología, medio ambiente, etc.) Se han probado
también en el campo de la educación especial en niños con problemas de aprendizaje y con otros
impedimentos.

El niño se divierte mientras aprende

Los otros medios se encuentran mas alejados en lo que se refiere al contacto que los niños tienen
con ellos. No obstante, hay que aclarar que el cine, en particular, les gusta mucho, pero los niños
no acuden con tanta frecuencia a las salas cinematográficas, por lo que su contacto se da a través
de los videos y de la televisión. Las maquinas de vídeo son poco usadas, en comparación con los
medios mencionados anteriormente, debido a que, al igual que las salas de cine, requieren que el
niño se desplace de su casa a otro lugar de la colonia.

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Diversos estudios han coincidido en relacionar la creciente violencia de la sociedad con los medios
de comunicación. Su influencia (como factor decisivo más NO UNICO), ha sido probada por
estudios de laboratorio y de campo, y por instrumentos estadísticos.

Los contenidos violentos producen al menos alguno de estos efectos negativos en niños y jóvenes.

1) Incremento en la agresividad de los niños: tienden a imitar lo que ven, y muy


especialmente cuando la conducta violenta es desempeñada por un personaje atractivo o
bien por el héroe de la película, así como cuando la conducta negativa no se castiga.
2) Insensibilización: los niños se familiarizan con la violencia o con algún otro tipo de
contenido negativo y empiezan a verlo como algo normal.

Recepción de mensajes

Cabe destacar cuál es el concepto de "recepción". Es el espacio donde los agentes sociales
producen y negocian sentidos del orden social, en el encuentro de las ofertas simbólicas,
tomándolas como articulación para pensar desde la cultura no solo la comunicación sino también
la reproducción y construcción de lo social.

Un problema metodológico de orden conceptual que se debió resolver fue determinar ¿quiénes son
los adolescentes?, para poder definir con quiénes se trabajaría. Por lo tanto, previo a definir la
muestra no probabilística, sobre la que se aplicaron la técnica para recabar datos, se debió acotar
y definir el término "adolescente".

Si bien parecería quedar claro cuáles son los límites de inicio de la pubescencia, pubertad o
preadolescencia que coincide con los cambios biológicos que se asocian a la madurez de la
capacidad reproductora, no está nada claro cuándo finaliza la adolescencia, ya que no existen
fenómenos fisiológicos objetivos que puedan marcar la madurez e independencia, es decir, la edad
adulta del individuo. Es más, la definición de estos conceptos varía según la realidad social y
cultural en la que está inmersa.

En la recepción, las competencias del lector (receptor) tanto como su interpretación de intención
entran en juego en la producción de sentido.
Es sabido que frente a un mismo producto comunicativo no todas las personas ven lo mismo.

Naturalmente, las competencias del receptor ya sean lingüísticas, genéricas o ideológicas están
construidas en las condiciones de existencia de esos receptores. De esta forma, entran en juego la
edad del sujeto, su situación socio-cultural y sus disposiciones psíquicas.

Lo cierto es que de una forma o de otra existen valores y concepciones que se transmiten que son
en cierta forma adoptadas por los receptores.
Dentro de los factores que intervienen en este proceso podemos señalar diferencias sociales y
culturales que van desde la pertenencia o no a una determinada clase social, grupo o subcultura
hasta la edad y el sexo del sujeto.

En el caso de los adolescentes que como hemos visto no se informan sobre política por otros
medios.

Los adolescentes están en una etapa de evolución psicológica clave en la constitución de sus
identidades.

El adolescente no tiene marco referencial e histórico propio de donde extraer elementos para
relativizar los valores transmitidos.

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El sentimiento escéptico se reafirma con la figura de la ironía promoviendo un fuerte grado de


escepticismo difícil de revertir.

Los estudios sobre la recepción, ligados al análisis de la influencia, se han convertido en los
últimos veinte años en uno de los sectores clave del desarrollo de las teorías de la comunicación.
En este ámbito se ha producido, además, un progresivo acercamiento –algunos autores hablan de
convergencia— entre las tradiciones de investigación hasta aquel momento separadas −y en
oposición−: la funcionalista, también llamada sociológica o liberal y la crítica, también conocida
como marxista, junto a los estudios etnográficos de audiencia o conceptos como “comunidad
interpretativa”, de procedencia interpretativa. En estas líneas, se presenta una caracterización
global de estos estudios, a la vez que se analizan las influencias recibidas, los principales
conceptos y las aportaciones más significativas.

A partir de los años ochenta se desarrolla lo que podríamos calificar como una nueva corriente −o,
por lo menos, que tiende a definirse como tal, aunque sólo lo sea relativamente− en el análisis de
audiencia. De forma general, esta corriente estudia los procesos a través de los cuales la
audiencia construye significado a partir de la exposición a los medios. Justamente, uno de los
puntos centrales de los estudios de recepción es el carácter activo que se otorga a la audiencia; la
capacidad de actuación que se le reconoce en su relación con los medios. Este punto, además, se
presenta como novedoso en la investigación.

En los estudios de recepción, el contexto de recepción permite ver como los distintos planos de la
vida (el económico, el político, el cultural, etc.) se articulan en prácticas rutinarias regidas por
normas, entre las que se encuentra ver la televisión.

En la medida que la comunicación es un proceso cambiante, el debate no está cerrado ni


terminado. Entre otros, se plantea ahora como cuestión fundamental la necesidad de plantear la
reflexión en el nuevo contexto que define la globalización.

7. INFLUENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LA FAMILIA

Los medios de comunicación forman parte importante de la vida diaria de nuestros hogares. De la
misma forma en que nos interesamos por la alimentación de los hijos, debemos pensar qué puede
nutrir su mente y qué puede hacerle daño. Obviamente no todo lo que emiten los medios de
comunicación es bueno para ellos, por esto es importante estar concientes de los efectos que
pueden tener estos medios sobre la familia y así enseñarlos a ser selectivos para que puedan
emitir juicios propios sobre los contenidos.

Desde pequeños, los padres son el modelo a seguir para sus hijos, por lo que no se puede exigir,
sino son los mismo padres los primeros en llevar a cabo lo que piden. Solo se podrá llevar formar
el hábito de una “dieta” equilibrada en medios si son los propios padres la que la llevan primero.

7.1 Medios de comunicación y familia

Parece que los medios de comunicación son la única salida para la diversión, sin embargo, les
hemos asignado un valor desproporcionado, pues la constante exposición a los medios puede
provocar en el niño o en el adolescente una percepción errónea de la realidad.
Comunicación se deriva etimológicamente del vocablo latino comunicatio, que significa hacer
común, entrar en relación, participación, intercambio.
La comunicación nace del modo mismo de ser de la persona, constitutivamente abierta hacia

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adentro y hacia fuera, y por ello capaz de manifestarse y dialogar.
Sin comunicación no habría sociedad y ni siquiera vida, ni espíritu: solo los seres inertes carecen
de comunicación. La inteligencia y la voluntad son las capacidades humanas que permiten una
comunicación más profunda de la persona y de su intimidad. En todo ello se ve que vivir es
comunicarse.
Corresponde ahora aludir a la comunicación social. La telecomunicación se efectúa a distancia por
medios técnicos. Vivimos "la cultura de la pantalla", en esta doble vertiente. Son "tecnologías que
inciden de lleno en el conocimiento y la conducta del hombre, en un sentido más directo y
profundo aun del que históricamente cabe atribuir a la imprenta".
Lo específico de las imágenes y de la informática es algo común con los libros: se trata de una
realidad que llega al sujeto como algo que no es real e inmediato en el mismo sentido en que lo es
la lluvia, el frío o un encontronazo con el vecino: aparecen a través de una pantalla, son
realidades "lejanas" que se hacen presentes así, de una manera estrictamente cultural y técnica;
son trasmitidas, no son inmediatas al sujeto receptor, hay por medio una mediación. Por esta
razón, ningún aparato puede sustituir de verdad el contacto directo con la realidad y con la
persona: con una pantalla no se puede dialogar de verdad.
1.- Los riesgos de la civilización de la imagen

Es legítimo preocuparse si la imaginación humana podrá continuar desarrollándose normalmente y


si lograra sobrevivir en una sociedad inundada de imágenes prefabricadas. Tiempo atrás la
memoria visiva de una persona consistía en el patrimonio acumulado mediante experiencias
directas y en un reducido repertorio de imágenes reflejo de la propia cultura. En el acto de leer un
libro el punto de partida es la palabra y su secuencia nos lleva a la imagen visiva, mientras que en
la televisión el principio es la imagen televisiva, simultánea, lo que produce una mayor dificultad
para llegar a la expresión verbal. Los jóvenes de hoy tienen una formación cultural muy distinta
de la que tenían las precedentes generaciones. Una formación que deriva sin duda no tanto de la
lógica secuencia de un discurso sino la rapidez y simultaneidad de una imagen. La información
llega directamente a la sensibilidad y a la afectividad, es mucho más penetrante que la
información verbal, más cálida, más inmediata. Se fija más intensamente en la sensibilidad.
Estamos asistiendo al surgimiento a un nuevo tipo de inteligencia, la inteligencia simultánea. ¿Va
a ser mejor o peor? El problema es que la cantidad de imágenes que nos lanzan es tan
desmesurada que ello nos lleva inmediatamente a no saber distinguir entre la experiencia directa
y lo que hemos visto por pocos segundos en la televisión.
2.- La responsabilidad de los padres

La formación de la persona implica inevitablemente la responsabilidad de los padres para con los
hijos, que se ven obligados a inculcar una especie de "pedagogía de la imaginación", para la cual
ni siquiera están preparados. Nos acercamos así al corazón del problema, a la delicada situación
que se viene a crear en una familia por culpa de los medios de información. Resulta difícil porque
no se crean las condiciones necesarias para afrontarlo, porque no se estudia atentamente el
problema, porque se tiende a "delegar" a la televisión funciones educativas que son propias de los
padres y que abarcan incluso los momentos de distracción y del "estar juntos" condición necesaria
para el desarrollo de una verdadera amistad entre padres e hijos.
Antes de afrontar el argumento sobre la posibilidad de uso de los medios de comunicación social
como coeducadores, trataremos de analizar la magnitud del fenómeno que ha transformado los
hombres modernos y en especial a los más jóvenes en insaciables consumidores de imágenes.
Al extraordinario progreso que ha alcanzado el instrumento técnico no ha correspondido el mismo
nivel con respeto a los contenidos: la televisión no respeta la verdad. Tienen el arte de hacer
verosímil lo falso. Es la perversión de la verdadera comunicación. El lenguaje de los políticos, de
los publicitarios, de los informadores y, en general de cualquier persona investida de autoridad,

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tiene el riesgo de perder de vista el respeto y el testimonio que deben a la verdad y al interlocutor
y convertirse en "buenas palabras", un lenguaje sofistico, manipulador de la verdad y de las
personas, al servicio de intereses de uno u otro tipo: ejemplo si usted no compra este coche se
arrepentirá toda la vida....
El lenguaje de las imágenes: violencia y pornografía
Analizaremos ahora cuáles son los peligros aun más concretos que nos acechan a través de la
televisión y qué mecanismos psicológicos pone en marcha. Es de sobra conocido que el lenguaje
de las imágenes en movimiento es un lenguaje que depende de las leyes del subconsciente pero
que tiene buenas posibilidades de superación a través del control consciente. Por este motivo es
importante observar en qué modo se recibe el mensaje televisivo, cómo se transforma y qué
factores desencadena en la personalidad del hijo. Resulta típico el problema de la violencia,
durante una programación de televisión de una hora se cometen una media de nueve actos
brutales. Estos programas no solo provocan un aumento de agresividad sino también afectan el
funcionamiento psicológico en general.
Los investigadores han observando todos los días los efectos de la violencia, detectan que los
niños modifican su propia visión de la realidad y el proceso de conocimiento. Se acostumbran,
conviven con ella, intentan parecerse lo más posible a sus héroes televisivos actuando con
comportamientos incontrolados. Por desgracia son demasiados los adolescentes que han sido
protagonistas de trágicos sucesos, que han matado o se han suicidado por un espíritu de
imitación.
No todas las personas reaccionan igual ante imágenes violentas o escabrosas aunque existe una
categoría más vulnerable, que es la de aquellos jóvenes o niños con serias carencias afectivas y
menos estables. Peor aun la situación en los menores de seis años, pues acaban viendo
programas para adultos, sin naturalmente tener una capacidad critica.
3.- El rol de los padres: una presencia "activa"
El desarrollo correcto de la capacidad critica en el joven esta condicionado a la presencia del
adulto durante la visión de un programa, pero me refiero a una presencia "activa" ya que es de
primordial importancia que la persona mayor comente, guié, oriente. Es fundamental ayudar a los
hijos a saber distinguir la realidad de la ficción, activar una especie de dialogo" critico con ese
"intruso" que, gracias a la fuerza de la imagen se instala en nuestro hogar y convierte el
tradicional circulo familiar en un semicírculco.
Desde luego reconozco que no es fácil para unos padres que trabajan tener esta presencia activa
o, no recurrir, durante el poco tiempo libre que se transcurra en casa, a la ayuda de la televisión,
para entretener a los hijos un tiempo. Pero el precio es demasiado alto.
Falta la interacción, porque el hijo absorbe los mensajes que le manda la tele sin "dar" nada de sí
mismo: se nota casi un regreso a la pasividad de los primeros meses de vida.
Se empobrece la fantasía, desaparece el placer de la lectura y esa gimnasia mental que se pone
en marcha para imaginar y vivir lo que acabamos de ver.
Disminuye el tiempo para el juego, se atenúa la creatividad, se educa al consumismo haciendo un
favor a los fabricantes de todos los objetos que señala la TV porque se comprarán solo esos.
La televisión como coeducador

Intentamos analizar cuáles podrían ser algunos puntos dictados por el mero sentido común:
a) Disciplinar el tiempo de visión. Es muy positivo responsabilizar al hijo desde pequeño
diciéndole que el tiempo es oro y que no hay que "matarlo" sino administrarlo.
b) Seleccionar anticipadamente los programas. Si la programación no ofrece alicientes, será
oportuno tener en casa una buena videoteca de películas y videos sobre la naturaleza.
c) Intentar explicar sin dramatizar excesivamente, la violencia de algunos espectáculos.

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d) Evitar que el hijo esté solo viendo la tele
e) Jugar a la TV: intentar que el hijo repita con algún amigo algunos juegos y espectáculos
propuestos por la televisión: le ayudará no solo a desarrollar su capacidad critica, sino
también a no olvidar un concepto que lo ayudará también cuando crecerá: que tiene que
ser él al elegir y no prestarse a ser elegido.
f) Propugnar por una televisión con auténticos valores artísticos informativos, culturales y
políticos.

4.- Una revolución moral

La responsabilidad no corre todo a cargo de los padres, pues al progreso técnico no ha


correspondido al de los contenidos. Necesitamos jóvenes autores, directores, técnicos, managers
bien formados moral y profesionalmente. La televisión es uno de esos campos donde más claro se
ve que ciencia, tecnología y conciencia son un trinomio inseparable. Pero, ¿quién es la conciencia
hablando de televisión? Es su dueño el que gobierna y administra pero sobre todo quien decide los
programas y los hace. Es cierto que la TV, y en modo especial la TV privada vive gracias a una
única entrada que es la publicidad y que ésta última llega si tiene un público que te sigue y que
parece tener gustos muy limitados (películas, telenovelas, variedades...).
Pero la televisión bien usada, por su enorme capacidad de seducir, de convencer, de penetrar,
puede ser una validísimo instrumento de información y formación de la conciencia de naciones y
continentes capaz, sin lugar a dudas de una verdadera revolución moral. Se dice que una
civilización esta acabada cuando es incapaz de generar desconfianza hacia los medios de
información. Pero su fin lo decreta definitivamente cuando los que conocen bien los peligros del
progreso no coalizan para ir contra corriente, para evitar mistificación de un instrumento que no
es nunca neutral y que corre el riesgo, aunque sea un símbolo del progreso de retorcerse contra el
hombre. El futuro de la televisión esta ya aquí hoy, depende de nosotros.
Para que los hijos no sean TV-adictos

• Motivar a otras actividades.


• Horarios y programas específicos.
• TV como medio extraordinario, no rutina.
• Labores domésticas compartidas.
• Pasear con ellos fuera de casa.
• Buscar orientación sobre programación.
• Más participación de padres en juegos con los hijos.
• Buscar apoyo y ayuda en los colegios.
• Dar o tomar clases. Ayudar al prójimo.

Efectos negativos y tangibles de la TV

1) Crea dependencia.
2) Consume mucho tiempo.
3) Inactividad cerebral.
4) Tendencia a la pasividad y laxitud.
5) Desorden de horarios (hijo y familia)
6) Aceptación indiscriminada de programación.
7) Anulación de la creatividad.
8) Rompimiento de la unidad familiar.
9) Ver y aceptar lo anormal como normal.

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5. TELEVISIÓN Y RADIO

A continuación se reproduce, con fines académicos, el ensayo realizado por la Asociación A Favor
de lo Mejor que tiene como fin resumir y analizar el libro de Steve Allen, Vulgarians at the Gate
(«Vulgarianos en la puerto»).3 En cursiva y negrita se incluyen fragmentos de dicho libro.

Para elevar los estándares de la cultura popular


Televisión y Radio
¿Construcción o Destrucción?

Este ensayo resume y analiza el libro de Steve Allen, Vulgarians at the Gate (Vulgarianos en la
puerta»). Con ese título y dos subtítulos, Steve Allen anuncia lo que el lector encontrará en
Vulgarians at the Gate. Valiéndose de una errata intencional, que deja a salvo a los respetables
ciudadanos de Bulgaria, Allen anuncia que las cualidades de la vulgaridad están a lo puerta y
parecen haber conquistado sobre todo lo radio y la televisión, los medios con mayor impacto en la
población. Al mismo tiempo, revela la intención del libro: revalorar la cultura popular y, con la
participación de toda lo sociedad, mejorar la calidad de los contenidos que transmiten los medios
masivos de comunicación.
Allen —fidedigno observador de lo realidad por su vasta experiencia dentro de los medios en los
Estados Unidos—, apunta un giro dramático en lo comunicación de masas: el talento creativo y la
calidad han sucumbido frente al afán de obtener grandes ganancias, sin importar los medios
utilizados para lograrlo. El resultado es desolador; lo sórdido, vulgar y grotesco se proponen como
elementos esenciales paro incrementar el rating y con él, las fortunas de los principales artífices
de la programación: los dueños de los medios y los anunciantes.

En la despiadada lucha por acumular dinero, las principales víctimas son los niños y jóvenes
sometidos a un intenso bombardeo de imágenes y sonidos que enaltecen la violencia, degradación
e inmoralidad como pautas de conducta no sólo válidas, sino «glamorosos». El “argumento”
predilecto de los responsables de la erosión de la cultura popular suele ser la tolerancia y el
respeto a la libre expresión de las ideas. Otros, más cínicos, reconocen abiertamente que si el
producto (programa o personaje) vende, todo lo demás es lo de menos.

La fórmula es relativamente sencilla: al apelar a los más bajos instintos para provocar una
reacción escandalosa, ésta se convierte en publicidad gratuita, la audiencia aumenta y se
engrosan así las cuentas bancarias de quienes patrocinan el espectáculo.
En su afán por rehuir una responsabilidad que les corresponde por esencia —son los dueños de los
medios quienes aceptan un programa y su permanencia en el aire depende de anunciantes que los
patrocinen—, quienes encabezan los medios de comunicación suelen descargar la culpa en el
pública. «Si eso quieren, eso les damos», es la triste excuso con que pretenden encubrir sus
verdaderos motivos.

En la despiadada lucha de los medios por acumular dinero, las principales


víctimas son los niños y jóvenes sometidos a un intenso bombardeo de violencia,
degradación e inmoralidad como pautas de conductas no sólo válidas, sino
«glamorosas».

Ése es, señala Allen, el meollo del problema: la mayoría de las personas no quiere educar a sus
hijos en la promiscuidad, la falta de respeto, la violencia extrema, el racismo, el ejercicio de la

3
Asociación A favor de lo Mejor, A.C., http://ww.afavordelomejor.org.mx
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sexualidad sin compromiso, el abuso contra las mujeres ni lo pérdida del sentido de la vida. Son
los medios, con la complacencia de los anunciantes y la pasividad de los padres de familia,
quienes han decidido que eso es lo que la cultura popular necesita.

Allen es diáfano cuando propone una prueba que, como bien sabe, nunca se llevará a cabo: reunir
a los hijos —niños y adolescentes— de los dueños de los medios y los ejecutivos de los compañías
patrocinadoras, conducirlos a un gran auditorio y permitirles observar los programas que sus
papás consideran que «la gente quiere»... y esperar las consecuencias.

No se necesita ser un genio para darse cuenta de que los medios transmiten programas con plena
conciencia de su contenido nocivo; simplemente prefieren recoger las ganancias económicas, y
cerrar los ojos al daño psicológico y cultural que causan.

Hoy, nadie puede afirmar que los medios no afectan la conducta del público. Desde hace mucho
tiempo resulta claro que los niños y los jóvenes imitan a los personajes del cine, radio y televisión.
Negar esta realidad es renunciar al sentido común. Basta recordar a la multitud de jóvenes que
copió el peinado de los Beatles, los incontables adolescentes que se vistieron como Madonna o las
numerosas pequeñas que actualmente repiten las frases de las Chicas Superpoderosas.

¿Qué es lo que están transmitiendo los medios de comunicación? Allen analiza fundamentalmente
los medios estadounidenses pero, como es bien sabido, los demás países imitan este modelo.
Entre otros, Allen identifico los siguientes mensajes: violencia, obscenidad, misoginia, sadismo,
perversión, vulgaridad, anarquía, racismo, inmoralidad.

Como bien señala, estos mensajes no forman parte de emisiones aisladas; por el contrario,
integran una creciente mareo que se infiltro cada vez más en programas de televisión y de rodio,
muchos de ellos enfocados directamente al público juvenil e incluso infantil. Eso explica que,
desde las primeras páginas, Allen indique que su libro está escrito para todas las personas que se
oponen a lo mareo vulgar y, específicamente, a «nuestros hijos y nietos» que viven inmersos en
los medios de comunicación y, en consecuencia, sobre ellos se cierne la

amenaza de ser arrastrados por una atmósfera social repleto de vulgaridad, violencia, pésimos
modales, colapso familiar y un generalizado desprecio por los modelos honestos de conducto.

EL LEGADO DE UN GENIO

Una regla de oro del arte del «buen decir», es hablar solamente de lo que se conoce bien; sólo así
se aseguran la credibilidad de las opiniones y la contundencia de los argumentos. Esto explica la
radical importancia de penetrar, aunque sea a grandes rasgos, en lo personalidad del autor de
Vulgarians of the Gate. A través de su biografía, descubrimos a un hombre multifacético que
recorrió prácticamente todos los ámbitos del mundo del espectáculo y lo hizo imprimiendo, en
cada uno, su impronta personal.

Steve Allen —reconocido como «el hombre del renacimiento televisivo»— nació, vivió y murió
dentro del negocio del entretenimiento estadounidense. Su aguda visión del panorama actual de
los medios masivos de comunicación y su influencia en la cultura popular, es resultado de una
larga y fructífera vida dedicada al mundo de la farándula y, específicamente, a una de sus facetas
más populares: la comedia.
El currículo artístico de Allen es impresionante. Sus múltiples talentos le permitieron forjar historia
como comediante, escritor, compositor, actor, productor y conferencista.

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La mayoría de las personas no quiere educar a sus hilos en la promiscuidad o lo


violencia extrema. Son los medios, con la complacencia de los anunciantes y la
pasividad de los padres, quienes han decidido que eso es lo que la cultura
necesita.

Cuando murió, el 30 de octubre de 2000, dejó un vasto legado de producciones artísticas que
seguirán siendo referencia obligada para comprender y aquilatar lo profunda trascendencia del
talento, el trabajo y la responsabilidad cuando se emplean a favor de lo mejor.

Quizás lo más sorprendente en la vida de Steve Allen, protagonista y artífice de la era dorada de a
televisión estadounidense, es su férrea negativa a navegar con la corriente. Su integridad personal
le impidió cerrar los ojos a una realidad repulsiva y, lo que es más notable, se negó a guardar
silencio. Levantó la voz, llevó su mensaje a incontables personas y se unió o instituciones que,
como él, se comprometieron a elevar el nivel de la cultura popular. Además, libró esta batalla —
tenaz, valiente, sincera— movido por el amor al mundo del espectáculo y a los jóvenes y niños, el
grupo más susceptible de ser influenciado negativamente por los medios de comunicación.

Allen escribió Vulgarians at the Gate de la misma forma en que vivió su vida: con la pasión que
distingue a quienes luchan por ser congruentes con sus ideales.

Con más de 50 años de presencia en la televisión, Allen se distinguió por su humor desenfadado,
su capacidad de improvisación y su enorme versatilidad. Conductor de programas, actor,
productor, comediante... el camaleónico Allen revolucionó la televisión y creó una escuela que aún
sigue vigente.

Como punto culminante de su carrera destaca su papel como creador y primer conductor de The
Tonight Show, del 27 de septiembre de 1954 al 25 de enero de 1957, el programa estelar de la
cadena NBC que todavía se transmite y del que se desprendió el formato que, con variantes, han
seguido todos los programas de su tipo en Estados Unidos y el mundo. The Tonight Show fue
conducido sucesivamente por Jack Paar y Johnny Carson que, como Allen, alcanzaron así o
categoría de «súper estrellas» de los medios. Hoy, con Jay Leno al frente, sigue siendo el
programa más destacado del horario estelar y la más longeva serie de la historia televisiva.

Como protagonista de The Steve Allen Show (transmitido por la NBC de 1956 a 1960), Allen libró
una espectacular batalla por el rating compitiendo todos los domingos por la noche contra otro
coloso de la televisión: Ed Sullivan de la CBS. De 19600 1976, produjo y estelarizó programas
para las principales cadenas de televisión, entre los que se cuentan varios episodios de comedia
nocturna que David Letterman ha reconocido como su principal fuente de inspiración para crear su
exitoso programa.

No se necesita ser un genio paro darse cuento de que los medios transmiten
programas con pleno conciencia de su contenido nocivo; simplemente prefieren
recoger las ganancias y cerrar los ojos al daño psicológico y cultural que causan.

También recibió premios Peabody y Emmy por su serie Meeting of Minds, uno de los programas
más populares de la cadena PBS. Transmitido de 19770 1981, el programa utilizó el formato de
talk-show para entrevistar a figuras como Aristóteles, Platón, Sócrates, Agustín de Hipona, Tomás
de Aquino, Marx, Voltaire, Cleopatra y muchos otros protagonistas de lo historia de lo humanidad,
interpretados por destacados actores y actrices.

Miembro del Salón de lo Fama de la Academia de Televisión, distinción que recibió en 1986, Allen
será recordado sobre todo como uno de los hombres más graciosos de los Estados Unidos. Sus

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habilidades como comediante le permitieron romper esquemas, innovar constantemente y
efectuar rutinas que han sido imitadas una y otra vez: actos peligrosos, entrevistos por las calles y
con la audiencia presente en el estudio, una asombrosa capacidad de improvisación y una brillante
naturalidad como entrevistador.

Pero Allen fue mucho más que un comediante de éxito. Como actor, participó en numerosas
producciones y estelarizó la extraordinaria cinta The Benn y Goodman Story.

También compuso más de 8 mil 500 canciones, incluyendo la famosa This Could be the Start of
Something Big y Gravy Waltz, ganadora del Grammy. Steve Allen fue reconocido por el Libro
Mundial de Récords Guinness como el «compositor más prolífico de los tiempos modernos».

Al conjugar sus cualidades como músico y comediante, creó un espectáculo siempre fresco con el
que recorrió una y otra vez el territorio estadounidense; tan sólo unos días previos a su muerte,
había actuado en un recinto con localidades agotadas. Durante 46 años, parte fundamental de su
espectáculo era la participación de su esposa, la célebre actriz Jayne Meadows, quien lo recuerda
como «mi mejor amigo y mi compañero dentro y fuera del escenario por más de 48 años. Era el
hombre más talentoso que he conocida, y el único y verdadero amar de mi vida».

Steve Allen es también el autor de 54 libros que abarcan una enorme variedad de géneros, desde
poesía y relatos cortos hasta textos de humor, autobiográficos y políticos. Muestra clara de sus
convicciones es la enorme cantidad de textos (libros y artículos para los más prestigiosas revistas
estadounidenses) alusivos a lo educación, la moral, los movimientos sociales y, por supuesto, la
cultura popular estadounidense. Su infatigable labor de escritor abarcó la totalidad de su vida; de
manera póstuma se lanzaron al mercado Steve Allen’s Private Joke File y Vulgarians at the Gate.

En los Estados Unidos, el problema ha ocasionado ya tremendas tragedias en el


ámbito de los crímenes protagonizados por niños y jóvenes, el aumento de los
embarazos en las adolescentes y las altas tasas de desintegración familiar.

Quedan por enumerar sus primeros logros en la radio y su participación dentro del teatro como
actor, productor y escritor, pero Lo dicho hasta aquí es suficiente para valorar su profundo
conocimiento de los entretelas de los más variados ámbitos de lo comunicación de masas. Los
medios fueron su vida. Más de seis décadas de éxitos lo demuestran; a ellos entregó su caudal de
talento. «Siempre estoy ocupado —dijo alguno vez— pero siempre realizando cosas que disfruto.
Muy rara vez me ocupo de cosas que me molestan. Soy afortunado. No muchos pueden vivir para
divertirse y que les paguen por ello».

Steve Allen se divirtió, sin dudo, y fue recompensado con todo justicio, pero quizás ni él mismo
imaginó el impacto que tendría su vida en muchas generaciones. Vulgarians at the Gate es un
claro ejemplo. Como analizaremos, este Libro puede considerarse una pieza fundamental del
combate para elevar la calidad de la cultura popular apelando a lo inteligencia y responsabilidad
de los protagonistas de los más poderosos medios de comunicación; pero a lo distancia, se percibe
un objetivo de mucha mayor envergadura: hacer del mundo un mejor lugar para vivir.

UN PROBLEMA COMPLEJO

La paulatina degradación de los contenidos que transmiten los medios, reconoce Allen, es un
problema complejo. Muerte, dolor, sadismo, perversión locura... Nuestros días parecen marcados
por una desbocada complacencia por los temas perturbadores. Están en todas partes: diarios,
sitios de Internet, programas de televisión, emisiones de radio, producciones cinematográficas. La
explicación no es sencilla pues abarca cuestiones legales, políticas, filosóficas, sociales y
económicas.

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En consecuencia, al analizar los mensajes que transmiten los medios, debemos tener en mente
toda la realidad del amanecer del siglo XXI. Allen afirma que el tema a desentrañar es «lo que
significa ser humano y lo que significa ser civilizado».

Motivado por una sincera preocupación por la «tierna sensibilidad de los niños», Allen analizo
horripilantes ejemplos de la vulgaridad en los medios y cómo algunos de los personajes más
terribles «alcanzaron la prominente posición que ahora ocupan».

Al analizar la presencia del mal en nuestra época, el autor observa con mucho sentido común que
ésta no es nueva, pero que nunca antes había tenido tan profusa difusión y tan notables
defensores. La sombra de maldad que se cierne sobre el mundo ya estaba ahí desde los primeros
tiempos. Sin embargo, hoy nos sentimos más apabullados por las manifestaciones de lo malo, por
el rostro de lo inhumana perversidad. Dos factores coinciden para acrecentar esta preocupante, y
muchas veces angustiosa, sensación. En primer lugar, la abundancia de medios de comunicación
empecinados en convencernos de que habitamos en el peor de los mundos posibles. Y en segundo
lugar destaca que, aunque el mal siempre ha estado ahí, nunca había estado «tan o la mono».

La vulgaridad y la violencia han penetrado en nuestras casas y es tiempo de echarlas fuera. Por
eso, Allen centro su atención en los dos medios que con mayor frecuencia invaden el ámbito de lo
privado: radio y televisión. Todo el libro es uno llamada o lo acción, a sacudir el conformismo y
protestar por lo que está sucediendo.

Allen no inventa nada, su libro es un compendio de casos bien documentados en los que plasmo,
con meridiana precisión, la dimensión del problema. Cita las palabras de lo actriz Susan Sarandon:
«Puedes encontrar más de uno hora y media de televisión que quisieras que tus hijos vieran?». Lo
cierto e que cada vez es más difícil. Allen alude a una encuesto reciente de CNN, USA Today y
Gallup, donde se muestra que el 76% de los adultos estadounidenses están de acuerdo en que la
televisión, películas y música popular son influencias negativas para los niños. Además, la
encuesta reveló que el 75% de los entrevistados se esfuerza por proteger a Pos niños de esa

influencia pero prácticamente el mismo porcentaje señaló que ejercer eso protección es «casi
imposible».

Es claro que muchos medios de comunicación del mundo han adoptado la perversión como la
mejor estrategia para aumentar sus ventas. Es así de sencillo: la fascinación por lo perverso debe
mucho de su éxito a los grandes negociantes del entretenimiento que, en la cultura de lo sórdido,
han hallado el instrumento ideal para multiplicar sus utilidades. Consumidos por la sed de
ganancias, eligen el escándalo fácil para seducir a un amplio sector de lo población.

En los Estados Unidos, el problema ha ocasionado ya tremendas tragedias en el ámbito de los


crímenes protagonizados por niños y jóvenes, el aumento de los embarazos en las adolescentes y
las altas tasas de desintegración familiar. Allen reitera a lo largo del libro lo que es una realidad
plenamente comprobada: «existe abrumadora evidencia» de que lo violencia que transmiten los
medios influye adversamente sobre las actitudes y conducta del público.

Son numerosos los estudios realizados por instituciones educativas, médicas y gubernamentales
que demuestran que «las imágenes degradantes de lo violencia y el sexo tienen un efecto
desensibilizador» en la mente de quienes las perciben. Es decir, lo saturación de contenidos que
banalizan el ejercicio de la sexualidad y la violencia, o inclusive las encumbran, produce la
paulatina pérdida del sentido de lo bueno y lo malo, y arrebatan lo sensibilidad de los televidentes
o radioescuchas quienes acaban por considerar «normal» lo que es claramente inhumano y
degradante.

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Lo que más desconcierta es el cinismo de los dueños, accionistas, ejecutivos y


productores que públicamente profesan ciertos valores morales que «desaparecen»
en cuanto sé refieren a su labor dentro de la industria del entretenimiento.

Una de las más dolorosas pérdidas de nuestra generación es la creciente ausencia del sentido de
lo humano, con sus inevitables consecuencias: incapacidad de compasión, egoísmo individualista,
desconfianza en los demás y tristeza generalizada. Se han abierto tontos cauces a lo exposición
masiva de la maldad, que los aguas han salido de cauce. Apostar por el mal, so pretexto de una
expresión artística o bajo el endeble argumento de «retratar la realidad», es apelar a los instintos
básicos y éstos no conducen a lo vivencia plena de lo que hace hombre al hombre.

Se trata, en síntesis, de atender a los límites que el sentido común y muchos


ordenamientos legales imponen a la libre expresión de las ideas en aras de tutelar
un bien jurídico de mayor peso, en este caso,

el del orden y el bienestar social.

Allen insiste: ¡es hora de despertar! Las voces aisladas que pugnan por lo necesidad de
estándares mínimos de calidad en los medios y lo necesidad de más programas de corte familiar
tendrán poco o nulo efecto si la sociedad, en su conjunto, no se hace escuchar. El llamado de
Allen abarca a todos pero, específicamente, se dirige a los dueños de los medios de comunicación
y a los anunciantes, a quienes pide que se unan al esfuerzo de los padres de familia para
consolidar un nuevo «pacto social» mediante el cual se produzca una renovación cultural y se
logre contar en los medios con un ambiente «más sano para nuestra sociedad y más seguro para
nuestros niños».
De manera contundente, Allen propone un código de conducta obligatorio que enmarque la
responsabilidad de la industria del entretenimiento con la calidad de la cultura y abarque, entre
otros, los siguientes elementos:

• Establecer ciertos estándares mínimos para la difusión del material violento, sexual y
degradante que transmita cada medio.
• Comprometer a la industria en una disminución general del nivel de violencia mediática.
• Prohibir la realización de programas juveniles con materiales para adultos.
• Proveer a los padres de familia de más fidedigna información sobre los contenidos de la
programación.
• Comprometerse con la creación de espacios e impulsar verdaderos esfuerzos creativos
dentro de los programas familiares.

Una de las más dolorosas pérdidas es la creciente ausencia del sentido de lo


humano, con sus inevitables consecuencias: incapacidad de compasión, egoísmo
individualista, desconfianza en los demás y tristeza generalizada.

Señala también que ese esfuerzo será poco fructífero, sí los padres de familia no lo respaldan
activamente y sugiere el envío de cartas, correos electrónicos, llamadas telefónicas, señalando en
los apéndices de su libro los datos de diversas organizaciones y medios a los que puede acudirse
en busca de apoyo.

Como prevé Allen, muchos verán en su libro una invitación a la censura; así que de inmediato
puntualizo que no se trata de hacer intervenir al gobierno en la programación sino de urgir « a la
industria del entretenimiento a asumir un nivel mínimo de responsabilidad por sus propias
acciones, y a tomar medidas sensatas de autorregulación».

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LA OSCURA REALIDAD

El libro de Steve Allen es también un compendio de errores y horrores cometidos por la industria
del entretenimiento. El gran error es haber cedido a las leyes de la oferto y la demanda para
afirmar que todo se vale con tal de ganar dinero. El horror es que dentro de ese todo se incluyen
conductas inhumanas, crueles y criminales. Para respaldar sus afirmaciones, Allen no duda en
reproducir, a la letra, canciones, transcripciones de programas de televisión, declaraciones de
prensa y otros datos que, sin exagerar, asquean y entristecen. Son mensajes que exaltan el
homicidio, la violación, el desprecio por las mujeres, el sexo antinatural y la falta de respeto a los
padres. En otros apuntes, menos grotescos pero igualmente significativos, Allen lamenta el
recurso fácil de lo vulgaridad como estrategia básica de producción, programación y
comercialización de espacios en los medios.

Cifras y datos dan fe de sus observaciones. De acuerdo con A.C. Nielsen, un niño (entre los 2 y los
11 años de edad), pasa en promedio 4 horas diarias frente al televisor. Un estudio del Cenfer for
Media and Popular Culture señala que un promedio de 15 actos violentos son televisados por
canal, cada hora, entre los 6 de la tarde y la media noche. En 1999, el entonces presidente Clinton
señaló que «cuando un típico muchacho estadounidense alcanza los 18 años, él o ella han visto
dramatizados 200 mil actos de violencia y 40 mil asesinatos». El panorama, como puede
apreciarse, adquiere tintes de tragedia. Allen analiza nuestra época y encuentro incontables
adalides del mal y lo horrendo, con los ojos puestos en la niñez y primera juventud a quienes se
ve, llanamente, como el principal mercado de esos productos.

Allen señala sólo una solución: despertar a los ciudadanos, padres de familia preocupados por sus
hijos, para invitarlos a librar una «guerra cultural exitoso» que permita revertir el daño causado
por la paulatina degradación de los contenidos de los medios. Además, señala que la tarea no será
fácil y habrá que mantener en perspectivo un factor central del problema: el ansia

de ganancias económicas se ha convertido en uno de los motores de la sociedad actual. De ahí se


desprende un urgente llamado a las grandes empresas pues son ellas quienes, en su papel de
patrocinadores de los medios, están financiando «una gran parte del daño social que estamos
sufriendo». Al apelar a su responsabilidad, Allen les obliga a mirarse al espejo y reconocer que, al
crear y producir entretenimiento violento, no pueden escudarse en el precario argumento de estar
dándole al público lo que pide como si «ellos mismos estuvieran de alguna manera moralmente
opuestos o lo que están obligados a promocionar».

Si bien el panorama se presenta oscuro, Allen se muestro optimista. El mal se ahoga con el bien
en abundancia y los tiempos críticos son tierra fértil para sembrar esperanza. Pero ésta sólo se
cosecha con acciones que comprometan. Frente a la actitud de muchos artífices de la culturo
popular que pugnan «por degradar a una sociedad de por sí perturbada», Allen presenta el caso
de muchísimas personas e instituciones que no están dispuestos a seguir recibiendo tanta basura
o través de los medios.

Su misma vida es un ejemplo de este compromiso por el bien social. El libro es necesariamente
autobiográfico y reseño con fidelidad las acciones emprendidas por Allen para mejorar el nivel
cultural de su país. Porque libró la batallo, Allen cuenta con la autoridad moral para invitar a
participar en la gesto por la dignificación de la sociedad. Su llamado se dirige o todos

aquellos que creen en la necesidad de contar con más y mejores contenidos aptos para toda la
familia y, una y otra vez, imploro la reflexión de los dueños de los medios que han deificado el
rating, convirtiéndolo en lo única medida del éxito o fracaso de un programa determinado. Al
«cerrar los ojos a lo que es nado menos que el colapso parcial de su propia sociedad», los
propietarios de los canales de rodio y televisión han elegido el dinero y rehuido su responsabilidad
cultural.

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EL DIOS RATING

Frente a la gélida prevalecencia del lucro sobre la dignidad humano, Allen se pregunta qué pasó
con la televisión estadounidense que, de ser un sector eminentemente familiar apenas hace 50
años, se ha convertido en un destacado transmisor de los más rastreros instintos del ser humano.
Sus cavilaciones desembocan siempre en o misma conclusión: la competitividad, la supremacía
del poder económico y la renuncia a optar por soluciones creativas, sintetizado en a «resignación»
o ir con la corriente, han convertido lo soez en un buen vehículo para amasar fortunas. «Mucho
del entretenimiento moderno supone ya “vulgarianos” que se dirigen a “bárbaros”. Pero la
pregunta de fondo es mucho más importante. ¿Por qué son tan elevantes los ratings? Porque se
traducen en dólares».

Allen urge a una cruzada personal, familiar y social que se rebele contra la supremacía de lo
riqueza sobre los valores culturales. Los medios son reflejo de la sociedad, cierto, pero están
obligados a colaborar en su perfeccionamiento, no en su destrucción. Allen miro con tristeza el
ámbito que mejor conoce, lo comedia, y extraña la genialidad creativa de los cómicos que
divirtieron a generaciones enteras sin recurrir a la vulgaridad. Lo difícil ahora, apunta, es
encontrar a algún comediante que no sucumba a la tentación de lo grotesco y lo inmoral.

Pero la mirada de Allen, que ha contemplado todo lo que hoy que ver en la industria del
entretenimiento, se poso directamente en quienes poseen el poder de lanzar al aire un programa.
Lo que más te desconcierta es el cinismo en que han caído los dueños, accionistas, ejecutivos y
productores que públicamente profesan ciertos valores morales que «desaparecen» en cuanto se
refieren a su compromiso como responsables dentro de lo industrio. Esto, que en el ámbito
médico podría llamarse fácilmente esquizofrenia o síndrome de personalidad múltiple, es en
realidad el resultado de la tergiversación de la escalo de valores. Cuando el único éxito de
relevancia es el económico, todo el entramado de las relaciones sociales comienza o desdibujarse.

Allen muestra su preocupación por la respuesta casi generalizada de los ámbitos intelectuales o no
llamar a los cosas por su nombre y la creciente aceptación de una visión de un mundo molo —la
que trasmiten los medios—, donde la libertad cede su espacio al libertinaje y el anhelo de un
hábitat verdaderamente humano se difumino ante la posibilidad, real y comprobada, de obtener
grandes ingresos a costa de pervertir a la juventud.

LA EXTINCIÓN DE LA FAMILIA

El autor hace gala de su condición de abuelo y bisabuelo preocupado por sus descendientes e
invita observar la realidad y no rehuir a lo que es evidente: nuestra sociedad vive momentos que,
cuando menos, debemos calificar de peligrosos. Inmerso en la realidad estadounidense, Allen
enfatizo el grave daño causado a la familia. Las cifras no mienten: reportes del FBI indican que en
1970 los arrestos relacionados con drogas sumaron 300 mil; para 1999 la cifra alcanzó los 1 .5
millones. El National Center for Health Statistics, por su parte, indicó que en 1 940, el porcentaje
de muchachas entre 15 o 19 años que engendraron un bebé fuera del matrimonio era de 13.5 por
ciento. Para 1 984, el porcentaje subió al 75.9 por ciento.

Hoy, Estados Unidos encabezo la lista en el número de hogares destruidos y los nacimientos fuera
del matrimonio; dos quintas

partes de los niños no viven ya con sus dos progenitores, lo que representa el doble de casos en
sólo 25 años. Otro estudio de la Universidad de Pennsylvania, realizado en una muestra de 1 ,000
niños de familias divorciadas entre 1967 y 1987, indicó que la gran mayoría no había visto a su
padre ni una sola vez durante el año previo al estudio. Un dato de gran relevancia si se considera
que los papás deberían ser quienes supervisaran lo que sus hijos ven y escuchan.

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Otro ejemplo es el abuso de los contenidos sexuales en los programas de televisión. Lejos de
tratar la sexualidad como lo que es —una realidad maravillosa que implica la donación total entre
dos personas, hombre y mujer, en el marco de una relación marital estable— los medios se han
dedicado o minusvalorar la sexualidad, convirtiéndola en mera genitalidad al servicio exclusivo del
placer.

Un estudio reciente de USA Today analizó las escenas centradas en el ejercicio de la sexualidad
humana; de las cuatro principales cadenas estadounidenses (ABC, CBS, NBC y FOX) sólo el 9%
retrataba relaciones sexuales dentro del matrimonio, el resto (9 1%) implicaba relaciones de
adulterio, entre adolescentes no casados, homosexuales y otros tipos de sexualidad no
matrimonial.
Como señala Allen, si se toma en cuenta que el televidente promedio en los Estados Unidos,
atestigua aproximadamente 14 mil referencias a lo sexual por televisión cada año, la idea de lo
sexualidad que transmiten los medios «debe ser causa de una auténtico preocupación».

EN BUSCA DE RESPUESTAS

Allen no oculto su sorpresa ante el relativismo moral que ha conducido a la descomposición social
que caracteriza nuestro tiempo: la desaparición, paulatina pero comprobable, de «la percepción
general de uno ley moral natural que empieza con la simple suposición de que algunas conductas
están bien y otras mal». Por increíble que parezca, hay muchas personas empeñadas en negar lo
innegable y en concreto, la probada relación entre la creciente criminalidad y la desintegración
familiar debida lo constante exposición televisiva.

El juicio de Allen es contundente cuando afirma que lo sucedido en años recientes es «una
creciente, ciega y hasta estúpida insensibilidad en la que muchos han perdido la conciencia del
mal» al grado de ignorar o menospreciar cualquier planteamiento sobre lo que es correcto y lo que
es incorrecto. «Si somos personalmente

Pero además de la necesidad de señalar a los principales responsables del deterioro en los medios,
Allen urge a todos sus lectores a la acción. “Si somos personalmente tan virtuosos que

no estamos realizando un mal específico, aun así podemos estar contribuyendo a él simplemente
por echarnos para atrás, haciendo poco o nada para oponernos”.

Apostar por el mal, so pretexto de uno expresión artística o bajo el endeble


argumento de «retratar la realidad», es apelar a los instintos básicos y éstos no
conducen a la vivencia plena de lo que hace hombre al hombre.

Sin menguo de ese llamado a la acción, Allen enfoco su atención en quienes, como los ejecutivos,
poseen el control de lo que los medios transmiten, y no duda en considerarlos faltos de buen juicio
y gusto, por su errónea percepción del público y lo que éste

quiere escuchar y ver. Sin embargo, ejerciendo la virtud de ponerse en lugar del otro, también
reconoce que la situación de los ejecutivos es precaria pues «su destino profesional depende de
los ratings y las ganancias de los programas que autorizan».

Con base en ejemplos reales, la serie de dibujos animados de Charles Schultz (el creador de
Snoopy y compañía) y los documentales de National Geographic, dos programas reiteradamente
rechazados por los ejecutivos, a pesar de que les fueron presentados incluso con patrocinadores,
Allen realza que la audiencia, al convertirlos en un éxito, «fue mucho más sabia que los
autoproclamados expertos de las cadenas de televisión».

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UNA CAUSA COMÚN

Allen demuestra que las voces de inconformidad por los contenidos reprobables de los medios han
surgido de todos los frentes, liberales y conservadores, porque «ambos bandos han perdido la
guerra cultural, y los verdaderos ganadores son los intereses comerciales de los medios».

Lo tarea es mucho más compleja de lo que puede apreciarse a simple vista: la raíz del dilema,
más que en individuos particulares carentes de buen gusto, está en todo un sistema sojuzgado
por la imperiosa sed de obtener colosales ganancias en el menor tiempo posible.

El dato alarma porque, sumando a las personas detrás de cada programa de radio o televisión que
atenta contra los valores humanos, se alcanza una muchedumbre de individuos dispuesta, muchas
veces, a ignorar los propias convicciones con tal de lograr sus metas patrimoniales, tanto
individuales como colectivas.

Lejos de tratar la sexualidad como lo que es —una realidad maravillosa que


implica la donación total, en el marco de una relación marital estable— los medios
minusvaloran la sexualidad, convirtiéndola en mera genitalidad placentera.

Lo que estamos presenciando, explica Allen, ya fue calificado por Adam Smith, como el problema
central del capitalismo basado en la libre empresa: la mentalidad de «todo con tal de ganar
dinero».

Este modo de pensar ha probado sin duda su eficacia para producir dividendos y altos niveles de
vida pero «la pregunta es, ¿puede alcanzar esos objetivos sin corromper a sus practicantes y a las
sociedades en donde opera?».

La respuesta es obvia. Pocos han sido capaces de resistir la fiebre del dinero y renunciar a sus
privilegios con tal de defender sus principios morales que, por desgracia, tras un período largo en
desuso, suelen empezar a erosionarse y acaban por perderse.

La cultura mejorará si cada persona se propone mejorarla. Los medios no cambiarán por
voluntad propia... no les interesa. Hay que ayudarlos a comprender sus enormes
posibilidades de hacer el bien y su probada eficacia para corromper.

Allen apunta que quienes detentan el poder de definir la programación «parecen no tener
literalmente ninguna orientación moral interior» pues «la explícita y deliberada vulgaridad ha
rebasado, con mucho, hasta los más laxos límites que habían prevalecido durante los últimos
años».

Allen demuestra estos excesos con análisis específicos sobre figuras y programas de la radio y la
televisión estadounidenses. Uno a uno va desmenuzándolos hasta exhibirlos como lo que son: un
escaparate de aberrante vulgaridad que, de ser un hecho aislado en el pasado, se ha convertido
en un elemento casi obligado.

«Ahora está generalmente aceptado —tanto en la política de izquierda como de derecha— que
toda nuestra cultura y nuestra sociedad está resbalando, a una creciente velocidad, hacia una
alcantarilla moral».

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¿Y LOS NIÑOS?

Steve Allen considera que hay un aspecto concreto al que no se le ha prestado la suficiente
atención: «la participación de los niños» como televidentes. Una sociedad que aún conserva como
la más grave afrento aquello que se comete contra un menor, permanece imposible ante lo que
bien podría llamarse un crimen moral contra la infancia. El arma empleada es la televisión y los
autores intelectuales son, en este tema Allen no tiene duda, las cadenas de televisión.

El daño puede variar de acuerdo a la dosis de televisión de que se trate pero queda claro que los
niños son tiroteados con mensajes que niegan la autoridad, demeritan la institución familiar,
ridiculizan los valores tradicionales y promueven la sexualidad sin compromiso y la violencia como
conductas glamorosas. El autor lanza un desafío: ¿quieres que estos niños sean los cónyuges de
tus hijos y los padres de tus nietos?

Quienes afirman, y en México tenemos abundancia de ellos, que la televisión es puro


entretenimiento y que para educar está la escuela o la familia son, por decir lo menos, ignorantes.
Nadie en uso de razón puede negarlo: la televisión incide en las conductas y actitudes de los
niños. Además, su omnipresencia e influencia rebasan con mucho a la de otros medios de
comunicación.

La mentalidad del capitalismo, «todo con tal de ganar dinero», ¿puede alcanzar
sus objetivos sin corromper o sus practicantes y a las sociedades en donde opera?

La realidad es que nuestros hijos están expuestos a una abundante basura mediático y el
consumo de desperdicios conduce necesariamente a la enfermedad. Está ampliamente
documentado que la televisión en casa puede ser un instrumento educativo y enriquecedor pero
solamente bajo la supervisión de algún adulto con criterio. Lamentablemente, sabemos que esto
no es tan fácil.

De hecho, muchas veces, la televisión se emplea precisamente para suplir la ausencia de los
padres, como lo demuestran las siguientes conclusiones de un análisis sobre la influencia de la
televisión en la dinámica del hogar:

1. El abuso de la televisión causa severos daños a la convivencia familiar y,


desafortunadamente, coda vez son más los programas violentos y vulgares que deterioran
la mente de quien lo observa, especialmente la aguda y sedienta mente de los niños.
2. Las horas frente a la televisión impiden el desarrollo de alguna actividad más provechosa
intelectualmente, como

3. leer un libro, adquirir un pasatiempo, convivir con los amigos o practicar algún deporte.
4. En lo mayoría de los hogares, la televisión ocupa, hasta físicamente, el centro de la caso
5. Son minoría los menores que miran la televisión con la supervisión de un adulto (de hecho,
cada vez más niños poseen una televisión en su dormitorio).

6. Limitar las horas frente al televisor puede ayudar a prevenir el consumismo de los niños
(que frecuentemente quieren poseer lo que la televisión anuncia).
7. Ver la televisión en familia fomento la unidad y permite aportar diferentes puntos de vista.
8. Los padres deben evitar el convertir la televisión en niñera.
9. Lo televisión no debe emplearse como premio por haber realizado bien los tareas o
encargos de la casa.
10. La televisión causa adicción.
11. El mal uso de la televisión dificulta las relaciones de convivencia familiar, entorpece la
educación y puede ser causa de innecesarios cuestionamientos no aptos para la mente
infantil.

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Si se toma en cuenta que el televidente promedio en E.U., atestigua


aproximadamente 14 mil referencias a lo sexual cada año, la idea de la sexualidad
desordenada que transmite la televisión «debe ser causa de una auténtica
preocupación”.

Allen señala con claridad que son las cadenas de televisión quienes ocupan el primer lugar de
responsabilidad porque son ellas quienes determinan qué transmitir a los hogares y, en
consecuencia, a los niños. «Cuando un programa está al aire, está siendo emitido con una clara
intención de la televisora: que sea contemplado en la mayor cantidad posible de hogares».

Y resulta que en esos hogares abundan los padres demasiado ocupados para ver lo que sus hijos
miran o suficientemente aturdidos como para ser capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo.

MIRADA CLARA

Con base en el tradicional concepto teológico de «ocasión de pecado», según el cual los individuos
que pretenden ser mejores deben alejarse del contexto social que impida objetivamente esa
mejoría, Allen advierte que, muchas veces, nuestra cultura parece haber convertido a la sociedad
entera en «una ocasión masiva de pecado». Por lo menos así lo indica la vertiginosa velocidad con
que ciertos personajes alcanzan la cumbre de lo fama sin importar el que, para lograrlo,
proclamen a los cuatro vientos toda clase de conductas criminales y degradantes.

Un síntoma claro, afirma Allen, es escuchar a un típico muchacho estadounidense de doce años
tarareando canciones que alaban la violación, el asesinato de policías o el consumo de drogas ante
la silente indiferencia de un mundo adulto que no quiere reconocer en ello una conducta peligrosa.

Pero Allen no es de los que suelto ¡a piedra y oculta la mano. Lejos de huir, enfrentó el problema
y se convirtió en vocero del Parents Televisión Council, una agrupación con vasta experiencia en
(a lucha por mejorar (a calidad de los contenidos de los medios y volverlos más familiares. El PTC
ha rebasado ya los 600 mil miembros y su campaña de difusión a través de los periódicos pasó de
100 mil a 3.8 millones de dólares. Por medio de desplegados de una plano en el periódico, el PTC
busca crear conciencia en el público respecto a la nefasta influencia de los medios, y a actuar en
consecuencia.

La acción, en pocas palabras, supone comunicarse directamente con ¡os patrocinadores de los
programas inconvenientes para pedirles que retiren su respaldo económico y/o contribuyan con
donativos para el PTC que permitan impulsar aún más a campaña de conscientización a través de
la prensa.

Allen no oculta su satisfacción por los resultados obtenidos, pero sabe que el éxito dependerá de
la perseverancia y la paciencia. No le cabe duda: sólo señalando por su nombre a los
patrocinadores de los programas destructivos podrá aspirarse a cambiar las cosas para bien. Las
condenas generalizadas son insuficientes por

injustas pues, aunque sean oasis en un desierto de mediocridad, siempre habrá genuinos
esfuerzos por producir televisión de calidas y apto para toda la familia.

DEJA QUE SE OIGA TU VOZ

Vulgarians at the Gate es uno invitación constante a tomar conciencia de nuestra dignidad y sus
exigencias, a no dejarnos arrebatar la ilusión de vivir como personas, a echar a andar en pos de
un mundo más humano. Nadie puede darse por vencido antes de iniciar la batallo.

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Aceptar que los medios inunden nuestras casas con basura, vulgaridad, obscenidad sin freno y
mal gusto sin límite, es conformarnos con lo mediocridad y renunciar a nuestros derechos como
televidentes. Allen lo enfatiza: los patrocinadores sostienen los programas pero es el público
consumidor, usted y yo, quienes sostenemos o los patrocinadores. Estos no son sordos al reclamo
popular pero es preciso que éste sea lo suficientemente claro y alto.

Se trata, sin duda, de un esfuerzo pero, ¿no es propio de los padres empeñarse al máximo,
llegando incluso al sacrificio, por sus hijos? Pues si tos padres luchan por llevar a su hogar la
mejor comida para garantizar así la salud física de los suyos, ¿no deberían también evitar que ¡a
televisión sirva para contaminar la mente de sus niños? Allen no se rindió porque le animaba una
esperanza: «Con un poco de sentido común, decencia y autocontrol, los productores de
entretenimiento estadounidenses podrían desarrollar un código voluntario de conducta que
eliminaría, en gran medida, los elementos antisociales de la programación actual sin limitar su
arte».

No se trata de hacer intervenir al gobierno en la programación sino de urgir «a la


industria del entretenimiento a asumir un nivel mínimo de responsabilidad por
sus propias acciones, y a tomar medidas sensatas de autorregulación».

Enfatiza esto último al recordar, con palabras de Rita Kempley, periodista del Washington Post,
cómo en algunas de las mejores producciones cinematográficas de todos ¡os tiempos, «los
cineastas se refirieron a todo, desde el terror puro hasta la más anhelante sexualidad, en algunos
casos de manera inolvidable, sin tener que acudir a excesos de provocación, carne, sangre o
grandiosos efectos». La supuesta libertad de expresión actual, continúa Kempley, «sólo limitó el
vocabulario de los cineastas. Mientras más enseñan, menos crean»; el abuso de lo sexual y la
violencia son «una manera simplista de manipular al público».

FRÁGIL EXCUSA

El argumento preferido de los productores de contenidos infames en los Estados Unidos es


sencillo: «Puedo hacer lo que me dé la gana en cualquier medio de comunicación, sin importar lo
desagradable que sea, gracias o la Primera Enmiendo, según lo cual no puede coartarse mi
libertad de expresión».

La libre expresión de las ideos con repercusión social, es el sustento del Derecho a la Información
que encuentra uno de sus más claras antecedentes en el principio medieval «lo que a todos
compete, debe ser conocido por todos». Cuando hablamos de información nos referimos a la
acción o efecto de informar e informarse, entendiendo por «informar» el dar noticia o enterar de
una cosa. Información, por lo tanto, implica la transmisión o difusión de mensajes (saberes),
desde un polo emisor o otro receptor, o que circulan entre polos igualmente activos que se
enriquecen mutuamente. De ahí que los sociólogos investiguen el hecho social del diálogo público
establecido a través de los medios de comunicación.

El Derecho a la Información está determinado como un derecho humano en el artículo 19 de la


Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada por la ONU en 1 948. Dicho

artículo señala: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión: este
derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir
informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras por cualquier medio de
expresión».

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Si bien la libre expresión de las ideas es un derecho humano, no es de ninguna manera un
derecho absoluto. Hay diversos escenarios en los que mi libertad de expresión está limitada,
válida y ¡jurídicamente, por un derecho superior. Es el caso del sigilo judicial para no entorpecer
las investigaciones de un delito, o la obligación de los medios de no hacer público lo que pertenece
al ámbito privado de las personas y que pueda comprometer su seguridad (en el caso mexicano,
las declaraciones patrimoniales de los funcionarios públicos o el llamado «secreto bancario», por
ejemplo). Otra reconocida limitación a la expresión de las ideas es cuando éstas incitan a la
violencia, hacen apología de un crimen o promueven conductas antisociales.

En nuestro país, la libre expresión de las ideas encuentra su fundamento jurídico en los artículos
6o. y 7o. de la constitución. El 6o. señala: «La manifestación de las ideas no será objeto de
ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los
derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el Derecho a la
Información será garantizado por el Estado».

«Si somos personalmente tan virtuosos que no estamos realizando un mal


específico, aun así podemos estar contribuyendo él simplemente por echarnos
para atrás, haciendo poco o nado para oponernos».

Por su parte, el artículo 7o. indica: «Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre
cualquier materia, ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censuro, ni exigir fianza a
los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta que no tiene más límites que el
respeto a la vida privada, a lo moral y a la paz pública. En ningún caso podrá secuestrarse la
imprenta como instrumento del delito».

Las limitantes señaladas por la Constitución, y otras reguladas en diversos países del mundo,
obedecen al sentido mismo de la convivencia social y el orden jurídico. Confundirlas con la censura
—tomada en su sentido amplio según el cual el gobierno va más allá de sus obligaciones paro
impedir la difusión de las ideos— es una postura falaz y acomodaticia para intentar justificar lo
injustificable.

Los niños son tiroteados con mensajes contra la autoridad, la familia, mensajes
que promueven la sexualidad sin compromiso y la violencia. ¿Quieres que ellos
sean los cónyuges de tus hijos y los padres de tus nietos?

Con esto línea de pensamiento, muchos medios subrayan su «derecho» a transmitir vulgaridades,
desviaciones, crímenes y perversiones bajo el endeble argumento de que la inmensa mayoría de
quienes los observan a través de los medios no se convertirán en asesinos, violadores o
narcotraficantes. Como Allen señalo, la mayoría de los fumadores no morirán de cáncer o
padecimientos pulmonares pero «de cualquier manera es un hecho que el pequeño porcentaje de
estadounidenses que sí mueren por los efectos venenosos del tabaco rebasan con mucho las 400
mil personas por año». Razón suficiente para que la publicidad del tabaco sea cada vez más
regulada, limitada e inclusive prohibida en los medios masivos de comunicación.

Si el tabaco envenena el organismo, es obvio que la inmoralidad afecta a la salud mental de quien
lo «consume» a grandes dosis, vía los medios de comunicación que, hasta hoy, y como hicieron
durante decenios ¡os productores de tabaco, se empeñan por negar su responsabilidad.

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HABLAR CON LA VERDAD

Digámoslo, con Steve Allen, fuerte y cloro: los contenidos de los medios de comunicación que
ensalzan la violencia, endiosan el ejercicio desordenado de la sexualidad sin compromiso y
menosprecian la educación del público, pueden causar —y causan— graves daños a la salud
individual y social.

«El cine, los medios y lo industria de la músico popular, ofrecen sus propios héroes, la mayoría de
los cuales desprecian la vida normal, el trabajo arduo y la fidelidad. En cambio, glorifican la

violencia, la excitación y la aberración. El efecto de este adoctrinamiento es incalculable, pero


temible» (Peter Gibbon, prefecto de la Hackley School en Nueva York). «Al día siguiente en que un
adolescente mate a tiros a los hijos y las hijas de los ejecutivos de los estudios en Bel-Aire o
Westwood, Disney y Time-Warner, éstos dejarán de aplaudir el asesinato» (Greg Easterbrook, en
The New Republic).

Un típico muchacho estadounidense de doce años tarareo canciones que alaban la


violación, el asesinato de policías o el consumo de drogas ante la silente
indiferencia de un mundo adulto que no quiere reconocer en ello uno conducta
peligrosa.

Con estos escalofriantes citas, Allen inicia un intenso capítulo de Vulgarians at the Gate donde
explica el proceso continuo de negación de responsabilidad de los medios. En él señala que los
partidarios de la vulgaridad responden muchos veces a la más leve crítica actuando como si
alguien estuviera atacando su conducta personal. Esta es una «impresionante equivocación». Lo
que lo gente quiere es impedir que sigan imponiendo sus ínfimos estándares a la juventud por
medio de lo televisión, radio, películas y artes teatrales en general.

Otra interpretación equivocada es lo que hacen los medios cuando afirman que nadie obliga al
pública a ver a escuchar ciertos programas, por lo que éstos no deberían ser criticados. Otra vez,
un argumento falaz. Lo que está en juego no es el presenciar o no presenciar esos programas,
sino luchar por elevar sus niveles de calidad paro que, en vez de destruir, contribuyan a construir
uno sociedad más sana. Lo que necesitamos, afirma Allen, «es una formidable combinación de
responsabilidad de los padres ‘los adultos en general, responsabilidad privado y corporativa, y —si
es necesario- sí, más leyes para proteger los corazones y las mentes de nuestros niños».

«Con un poco de sentido común, decencia y autocontrol, los productores de


entretenimiento podrían desarrollar un código voluntario de conducta que
eliminara, en gran medida, los elementos antisociales de la programación sin
limitar su arte».

Frente a la irresponsabilidad de los medios y la aparente conformidad del resto de la sociedad,


Allen avizoro mejores caminos pues, por lo menos, ya son muchos más los que llaman a las cosas
por su nombre.

En contraparte, señala, será muy difícil avanzar si no logramos superar el lucro como valor
supremo pues «es más difícil que nunca dejar de promover el mal y el crimen mientras sean
percibidos como mercancía que puede, y de hecho se convierte, en una ganancia masiva».

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Es tiempo de remar contra corriente y tratar de reordenar a nuestra civilización, misma que, por
cierto, ha sido siempre frágil, tal como lo demuestra el triunfo de la violencia sobre la razón en
muchos episodios históricos.

El problema no es de unos cuantos inmorales poderosos obsesionados por vulgarizar al mundo, es


más bien la pasividad, el sopor del gran público que parece conformarse con lo grotesco como
sucedáneo del entretenimiento.

EL PAPEL DE LOS MEDIOS

Allen quiere alertar a la gente, a cada lector, para evitar que, como ha sucedido en los últimos
años, a unos pocos productores del entretenimiento más sucio «no sólo se les ha permitido operar
en el mercado, sino que han acabado por dominarlo». Las complejas consecuencias de este
fenómeno se encuadran en una certeza: lo que los medios transmiten no es inocuo, tiene siempre,
una repercusión en el público y, más específicamente, en cada uno de los integrantes de ese
conglomerado.

De hecho, los medios surgen para comunicar y buscan ejercer su oficio precisamente para
impactar en las personas. Su fin es captar la atención e influir en el pensamiento de la gente.
Además, han demostrado a cabalidad su eficacia. El deslumbrante poder económico de la industria
del entretenimiento sólo se explica por su fiabilidad para incidir en el pensamiento e influir en las
decisiones económicas de la audiencia. La simbiosis entretenimiento publicidad comprueba, sin
duda alguna, la relación causa-efecto entre lo que los medios difunden y la gente piensa.

Los patrocinadores sostienen los programas pero es el público consumidor, usted


y yo, quienes sostenemos a los patrocinadores. Estos no son sordos al reclamo
popular pero es preciso que éste sea lo suficientemente claro y alto.

Los medios, por deducción lógica, sí difunden valores o antivalores morales y lo hacen con plena
conciencio. Sin embargo, lo que Allen destaca es que, a últimas fechas, los medios han renunciado
incluso a juzgar moralmente sus contenidos supeditándolos a sus afanes mercantilistas. Si la
sexualidad desordenada abunda en las pantallas y atiborro las ondas de radio es porque vende;
«la industria de la publicidad emplea material de índole sexual no tanto por la intención consciente
de debilitar la fibra moral de una nación, sino simplemente para vender sus mercancías».

Atrapados por este criterio, muchos creativos de la industria del entretenimiento han tejido una
telaraña que acabó por atraparlos.

En lugar de actuar con sinceridad


—»Es horrendo lo que hago, lo sé, pero gano dinero»—, disfrazan su apuesta por lo vulgar con
argumentos a favor de la libertad de expresión, el respeto a formas «alternativas» de vida y la
tolerancia que al ser elevada al status de una virtud cardinal, «ha creado un ambiente que impide
a los hombres comunes la habilidad de reconocer el mal cuando lo ven».

El mal uso de la televisión dificulta las relaciones de convivencia familiar,


entorpece la educación y puede ser causa de innecesarios cuestionamientos no
aptos para la mente infantil.

El daño que un malentendido de este calibre produce en la sociedad es realmente preocupante.


Uno vez que se han desdibujado las fronteras entre lo bueno y lo malo, cuando todo está
permitido —en cuanto se considera «normal» una conducta aberrante simplemente porque es
común—, la sociedad pierde la brújula y comienzo a adentrarse en complejos laberintos.

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«Decir que algo es “normal” de ninguna manera implica que sea socialmente aceptable o
admirable». Este enredo, afirma Allen, es parte de la trastornada ideología contemporáneo, en la
que se confunde respeto con aceptación, tolerancia con complacencia y frecuencia con
normalidad. A pesar de las confusiones, Allen sostiene que aún existe la conciencia de que las
referencias morales —es decir, la existencia de pautas de comportamiento acordes con la dignidad
humana— son un elemento necesario, pues «con su total ausencia, la vida en nuestro ya de por sí
problemático mundo sería literalmente intolerable».

Por eso, insiste en llamar a las cosas por su nombre y se refiere a personas y empresas concretas
que «ante su ausencia evidente y tol de contrición o reforma» deben ser señalados como
culpables de la vulgarización de la cultura popular.

CULPABLES

Durante las últimas dos décadas, las tres mayores cadenas televisivas de Estados Unidos han
enfrentado una erosión significativa de su audiencia por lo que Allen denomina «la
suburbanización de la televisión»; es decir, a posibilidad de elegir entre más servicios televisivos
que, por su calidad, atraen la atención del sector más preparado de la sociedad. A través de la
televisión por cable o satélite, cadenas como la Public Broodcosting System (PBS), el Discovery
Channel, Arts & Entertainment y el History Channel han logrado incrementar su auditorio con una
programación innovadora e inteligente. Esta es la parte encomiable del fenómeno.

En el reverso de la moneda está la respuesta de las grandes cadenas a esa pérdida de


televidentes. William Link, reconocido productor y escritor de televisión, señala:
«Creo que con la llegada del cable, los estándares realmente se deterioraron. Las tres cadenas,
que hasta entonces eran más o menos limpias, recibieron un duro golpe al perder casi el 50% de
su audiencia. Y ahora, para competir, el asunto se está poniendo peor aún la vulgaridad, incluso
durante la mañana, es terrible».

«Los medios, ofrecen sus propios héroes, la mayoría de los cuales desprecian la
vida normal, el trabajo y la fidelidad. En cambio, glorifican la violencia, la
excitación y la aberración. El efecto de este adoctrinamiento es incalculable, pero
temible».

Link comparte con Allen la creencia de que el dinero es el que manda. «Tengo 40 años en la
industria y nunca había atestiguado un nivel tan ínfimo. Para los anunciantes, las cadenas, los
estudios cinematográficos, hasta los productores independientes, todo es cuestión de dinero».
Link acusa a los medios de transmitir violencia bajo el eufemismo de «acción» que «vende porque
la audiencia está formada por niños. Este es el público meta: niños varones menores de 18 años.
Estos chicos verán la cinta Duro de matar tres, cuatro, cinco o seis veces. Esto es, otra vez, un
asunto de dinero. ¿De dónde viene el dinero? Bueno, de los padres. Los chicos no ganan dinero.
(...) Padres, despreocúpense de sus hijos: sólo denles dinero».

Es una revisión cruda pero veraz, porque abarca a todos los culpables de la cadena de la
vulgaridad que ha motivado a los grandes consorcios estadounidenses a esforzarse por retener a
la parte menos preparada y más numerosa de televidentes dispuestos a consumir la telebasura,
por lo que han rebajado aún más la ya ínfima calidad de los programas que transmiten y acuden a
«programación cada vez más escandalosa y a más intensas campañas de promoción en un intento
desesperado de proteger su nicho en el mercado del entretenimiento». Como resultado de esta
apuesta por lo más rastrero, Allen cree que «todavía no hemos visto las profundidades a ¡as que
la televisión es capaz de caer».

Allen señala que lo más que han hecho las cadenas para proteger a la audiencia infantil y juvenil

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ha sido recurrir a los sistemas de clasificación y, eventualmente, incluir algunos mensajes de tipo
social en su programación. Respecto a la clasificación, Allen destaca que es insuficiente para
prevenir el daño por la sencilla razón de que os programas clasificados para adultos o
adolescentes bajo ¡a supervisión de un adulto son emitidos a todas horas y, ante la falta de
adultos en la audiencia, son los menores quienes deciden qué quieren ver. La clasificación, añade,
sirve muchas veces para atraer aún más a un público que busca, precisamente, los contenidos de
menor calidad. Respecto a los mensajes de tipo social, como los que previenen el consumo de
drogas, Allen cuestiono la sinceridad de quienes los transmiten. Resulta ilógico, añade, que un
mensaje

de 20 segundos compita en impacto con un programa de uno hora que ensalzo la violencia y el
modo de vida de los drogadictos y los narcotraficantes. En México, a esto le decimos «querer
tapar el sol con un dedo».

APELAR A LOS INSTINTOS

Allen señala que las cadenas televisivas apuntan la mayor parte de sus estrategias al grupo de
edad comprendido entre los 15 y los 30 años, con especial énfasis en los varones menores de 25.
No sorprende, por tanto, que parte esencial de la «fórmula ganadora» sea la comercialización de
lo sexual, pues el público meta es precisamente «ése en que la naturaleza coloca el impulso
sexual en su más alto grado». Además, y quizás todavía más grave, ese grupo se caracteriza por
su incapacidad para emitir juicios morales, como apunta el profesor Robert Simon con 30 años de
experiencia docente, quien afirma que «entre el 10 y el 20% de sus alumnos son reticentes a
emitir juicios morales» y parecen «comprometidos con un relativismo moral que no les permite
pensar sobre el engaño, el robo y otros asuntos morales».

Esta generación, continúa Allen, parece estar dispuesta a aceptar un mundo donde no hay lugar
para los criterios del bien y el mal, y en ej que los únicos beneficiados son Madonna, Howord
Stern, Jerry Springer, MW y «otros enemigos de (...) la salud mental».

Bajo esta sombra relativista, un análisis realizado en 1 998, reveló que casi el 70% de la
programación infantil estaba dirigida a niños de primario y contenía más violencia y lenguaje
inapropiado que los programas dirigidos a infantes de jardín de niños y a adolescentes. Además,
46% de los programas para niños carecía de contenido educativo, el 44% transmitía demasiada
violencia y, en la programación para adolescentes, el 19.2% de los programas presentaba un
exceso de referencias sexuales.

Ante este tipo de adoctrinamiento infantil sorprende, pero no extraña, que en Estados Unidos los
menores de edad sean responsables de ¡mil asesinatos al año! Nadie afirma que la televisión sea
la única culpable de ¡a conducta violenta pero «sugerir que ni siquiera deba incluirse en la lista de
agentes causales es pura tontería».

La American Medical Association, por ejemplo, señaló desde 1976 que «la violencia por televisión
amenaza la salud y el bienestar de los jóvenes estadounidenses». En 1982, el National Institute of
Mental Health concluyó que «existe un claro consenso entre la mayoría de los investigadores
respecto a que la violencia televisada conduce a conductas violentas». La American Psychiatric
Association, en 1986, apuntó que hay
“evidencia contundente de que la violencia en los programas de televisión puede tener un efecto
severo y negativo en la conducta de la juventud”. En 1993, la American Psychological Association
declaró que no hay «ninguna duda de que los altos niveles de exposición a la violencia por
televisión están correlacionados con la creciente admisión de actitudes violentas y el incremento
del comportamiento agresivo».

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Es evidente que la industria del entretenimiento conoce estas conclusiones: sencillamente
pretende ignorarlas y seguir adelante con su maquinaria productora de dinero. El rabino Jacob
Pressman escribió en el Beverly Hills Courier un artículo que Allen reproduce, donde señala que las
nuevas generaciones han aprendido ¡os más sórdidos actos de violencia «en los libros, las
revistas, los periódicos, las películas, lo televisión y el Internet. Pero éstos son objetos
inanimados, incapaces de emitir juicios morales. Así que (los difusores de la violencia) tienen que
ser los creativos que viven para ganar dinero. Tengo un miedo terrible de que, de acuerdo a las
leyes de la probabilidad, un día, uno de esos brillantes, artísticos y creativos personajes que
saturan nuestra vida con su entretenimiento violento, se encontrará parado al lado de la tumba de
su hijo asesinado (...) y se preguntará: “¿Soy responsable de la muerte de mi propio hijo?”. Y
desde miríadas de voces más allá de lo tumba, vendrá el susurro: “Sí, lo eres”».

Es imposible saber hasta qué grado afecta a los niños la excesiva exposición a la violencia pero lo
incuestionable es que los perturba. «Los medios son una parte importante de nuestras vidas y
tienen mucho qué enseñar. Pero algo de lo que muestran quizá no sea lo que queremos que
nuestros hijos aprendan. Algunas veces puedes identificar el impacto de los medios de inmediato
(...) pero la mayoría de las ocasiones el impacto no es tan evidente. Ocurre lentamente, mientras
los niños ven y escuchan ciertos mensajes una y otra vez: peleas y otras formas de violencia
como medios para “manejar” conflictos. Cigarrillos y alcohol presentados como interesantes y
atractivos en lugar de nocivos y mortales. Actividad sexual sin resultados negativos, como las
enfermedades o los embarazos no deseados» (American Academy of Pediatrics).

Aceptar que los medios inunden nuestras casas con basura, vulgaridad,
obscenidad sin freno y mal gusto sin límite, es conformarnos con la mediocridad y
renunciar a nuestros derechos como televidentes.

El consenso en la influencia perniciosa de la violencia en los medios, llevó al ex presidente Clinton


a declarar que los estudios demuestran que «la diferencia entre la violencia real y ficticia, clara
para la mayoría de los adultos, puede volverse muy difusa para los niños vulnerables. Los niños
inmersos en la cultura de la violencia se desensibilizan ante ella y se vuelven más capaces de
cometerla ellos mismos. Por eso he urgido enfáticamente a la gente en la industria del
entretenimiento a considerar las consecuencias de lo que crean y cómo lo anuncian. Se puede
valorar el derecho a la libre expresión de la Primera Enmienda y al mismo tiempo actuar con
cuidado y control».

Los medios pueden y deben esforzarse por proteger a la sociedad en la que se transmiten sus
mensajes. Nadie desea la intervención gubernamental en forma de censura pero tampoco debe
soslayarse el deber del Estado de salvaguardar la salud física y mental de sus habitantes. Allen
abunda en los dilemas de la libre expresión con un capítulo que dedica íntegro al estudio de la
censuro diferenciándola claramente del necesario autocontrol de los medios.

Lo que está en luego no es el presenciar o no presenciar esos programas, sino


luchar por elevar sus niveles de calidad para que, en vez de destruir, contribuyan
a construir una sociedad más sana.

Su razonamiento conduce a demostrar que la televisión siempre ha ejercido un autocontrol que


equilibre la libre expresión del pensamiento con las normas básicas de convivencia social. De ahí
«la suficientemente obvia distinción entre la libre expresión política y filosófico por una parle, y el
intento de llevar al mercado la enfermiza mercancía» que promueven los más prominentes
amantes de la vulgaridad de la industria del entretenimiento. Se trato, en síntesis, de atender a
los límites que el sentido común y muchos ordenamientos legales imponen a la libre expresión de
las ideas en aras de tutelar un bien jurídico de mayor peso, en este caso el del orden y el
bienestar de la sociedad.

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Los complejas consecuencias de este fenómeno se encuadran en una certeza: lo


que se transmite no es inocuo, tiene siempre una repercusión en el público y, más
específicamente, en cada uno de los integrantes de ese conglomerado.

Allen no pretende agotar el tema, pero invita a abordarlo con inteligencia y sinceridad. La clave
está en distinguir entre la libertad y el libertinaje; la primera, rectamente ordenada, lleva
necesariamente a la búsqueda del bien. El segundo, sin duda, conduce a la anarquía, el desorden
y la descomposición social. Un compositor tiene libertad paro crear su música pero, al convertirlo
en invitación al asesinato de policías, la violación o el racismo, incurre en uno grave violación del
orden establecido. Esto, que así expresado parece tan sencillo, ha dado lugar a incontables
debates. Resulta paradójico que millones de personas reprueben la técnica de propaganda
empleada por Hitler para consolidar su totalitarismo y, al mismo tiempo, encubran lo invitación o
la violencia o través de los medios con sofisticadas elucubraciones sobre los derechos individuales.

Como afirma Allen, el debate puede durar muchos años y quizá la vida entera, pero enfrentarla
con argumentos es esencial para evitar que el bien de pocos, los que se enriquecen a costa de la
vulgaridad y la violencia, prevalezca sobre el bien de las mayorías, con derecho a vivir en un
mundo pacífico y humano.

EL TRIUNFO DE LO PERVERSO

En Vulgarians at the Gate, Allen estudio los mensajes que transmiten personajes como la
cantante Madonna, Howard Stern el locutor de radio convertido en estrella de cine y televisión, y
el conductor de televisión Jerry Springer. Sólo son un botón de muestra de o bajo que puede caer
una persona (y todas las que la respaldan) con tal de atraer lo atención —y el dinero— del público.

No se reproducirán aquí las declaraciones de esos personajes ni los letras de las canciones
popularizadas por 2 Live Crew, Tupac Shakur o Eminem. Baste mencionar que entre esas «joyas
del arte popular» encontramos blasfemias, invitación a la violencia y el consumo de drogas, elogio
de la violación y la discriminación racial, difusión de lo vulgaridad en el vestir y el hablar,
justificación de toda clase de conductas sexuales antinaturales y un largo etcétera de mensajes
que nadie, en su sano juicio, quisiera inculcar a sus hijos.

El análisis de Allen sobre estas figuras que intencionalmente emplean el escándalo como medio de
promoción, arroja interesantes luces sobre el éxito, medido en términos de popularidad e ingresos
económicos, de éstos y otros personajes. En primer lugar, destaca la intencionalidad de su
vulgarización; son burdos y soeces porque quieren serlo, porque en esa «técnica» han encontrado
una veta por explotar que produce —las cifras no mienten— ingresos multimillonarios. Conocen el
instinto natural del hombre y lo explotan, estimulándolo externamente con lo que, están seguros,
ciertamente reaccionará. En el desorden sexual y la violencia extremas han hallado la fuente del
escándalo y, en ésta, la mejor estrategia de marketing. Sin ese énfasis en lo grotesco, ninguno de
ellos sería hoy quien es dentro del mundo del entretenimiento.

Segundo, detrás de cada personaje o programa sórdido, se encuentro una inmensa infraestructura
comercial que apoya, también con plena conciencia, su carrera. Todo el aparato se mueve por
impulsos económicos, nada más. Dentro de este esquema, todo se vale con tal de obtener
ganancias. El único criterio a seguir es el que resulta de combinar ratings e ingresos por
publicidad; si la cifra es económicamente atractiva, el programa se transmite y se patrocino a la
figura en cuestión. El éxito de la vulgaridad convertida en espectáculo, es el éxito del máximo
poder reconocido en Estados Unidos: el «poder del dinero».

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El problema no es de unos cuantos inmorales poderosos obsesionados por


vulgarizar al mundo, es más bien la pasividad, el sopor del gran público que
parece con formarse con lo grotesco como sucedáneo del entretenimiento.

Tercero, el éxito de cualquier individuo o programa que transmite violencia o depravación es el


éxito del instinto sobre la razón, de la indecencia sobre la decencia, de la avaricia sobre la
generosidad, de las leyes del mercado sobre fas leyes de la naturaleza.

Cuarto, aunque la responsabilidad es de la sociedad entera, su mayor parte recae necesariamente


en ciertos individuos o corporaciones, económicamente poderosos, que financian las emisiones.
Entre ellos, destacan los anunciantes que «buscan a cierto sector de lo población y dejan a los
modelos computarizados de las agencias de medios la decisión de elegir en dónde se publicitan
sus productos». Esta decisión, sostiene Allen, sólo permite «señalar, generalmente con precisión,
información sobre el tipo de gente —edad, posición social, raza, etcétera— que, por lo menos en
su mayoría, ve algunos programas en particular. Eso de ninguna manera puede garantizar que
todos los integrantes de esa audiencia aceptan lo que ven».

Quinto, dada lo probada relación producto-mensaje, el público interpreta, con justa razón, que los
anunciantes están de acuerdo con lo que los programas difunden.

Muchos creativos, disfrazan su apuesta por lo vulgar con argumentos a favor de la


libertad de expresión, el respeto a lo «alternativo» y la tolerancia que, al ser
elevada a virtud cardinal, «impide a los hombres comunes reconocer el mal
cuando lo ven».

Sexto, Allen reivindica el derecho del público a manifestar su inconformidad con los contenidos de
los medios e invita a una actitud proactiva mediante comunicaciones directas con los artífices de
la vulgaridad: los medios y sus anunciantes.

Séptimo, la inactividad al respecto supone complicidad con los medios. Son los padres de familia
quienes cuentan con el poder de revertir la ola de vulgaridad que amenaza con arrasar la cultura
popular.

«La crudeza, los groserías, la promoción de lo obsceno, el vicio y la violencia que toleramos en
nuestras pantallas de televisión serán la crudeza, las groserías, la obscenidad, el vicio y la
violencia que tendremos que soportar en nuestra vida real en los años por venir.

»De acuerdo a la actual tolerancia de esta disminución de buen gusto y valores en la televisión,
estamos enseñando a nuestros hijos que el nivel más básico de la conducta humana es la norma
aceptada» (senador Robert C. Byrd).

MUCHO POR HACER

Allen concluye su libro con una pregunta: ante lo que está probado y documentado —lo creciente
andanada de suciedad en los medios—, qué podemos hacer? La respuesta es diáfana: mucho y
urgente. La tarea de mejorar el nivel de la industria del entretenimiento compete “a toda la
sociedad” y debe empezar precisamente en la célula misma de cualquier grupo social: la familia,
pues «la verdadera tarea educativa es algo que coda individuo debe conseguir por sí mismo y
después, por algún medio, transmitirla a sus hijos”.

La cultura popular será mejor en la medida en que cada persona, desde su trinchera, se proponga
mejorarla. La televisión y otros medios no cambiarán por voluntad propia... sencillamente porque
no les interesa cambiar. Tenemos que ayudarlos, forzarlos si es preciso, a comprender la

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profunda1imensión social de un medio de comunicación, sus enormes posibilidades de hacer el
bien y su probada eficacia para corromper.

Los grandes consorcios desean retener a la parte menos preparada y más


numerosa de televidentes, dispuestos a consumir la tele-basura. Han rebajado
aún más la ya ínfima calidad de los programas para proteger su nicho en el
mercado.

En los Estados Unidos y en México, las estaciones de radio y televisión pueden funcionar porque
se comprometen a proveer de programación en favor del interés público. Si en lugar de contribuir
al bien de la sociedad, los medios se empeñan en contaminarla con patrones equivocados de
conducta, el Estado estaría en su derecho de cancelar las licencias o concesiones que les permiten
funcionar. Nadie quiere esta alternativa pero no puede pasarse por alto. La invitación es a los
responsables de los contenidos, para que tomen conciencia de su responsabilidad social sin
supeditarlo a su sed de ganancias.

Lo mismo puede decirse de los anunciantes; hoy la decisión de patrocinar o no un programa rara
vez recae en un individuo. Las grandes decisiones se toman por consenso entre un grupo más o
menos nutrido de ejecutivos. Una vez más, el reto es despertar la conciencia individual y la
responsabilidad personal, ¿serán los anunciantes capaces de sacrificar una parte de su audiencia
potencial, si ése es el precio de patrocinar programas dignos? Sólo si los que toman la decisión
retornan a
los antiguos criterios de calidad que permitieron el auge de una industria del entretenimiento
donde el talento era el principio rector.

«Decir que algo es “normal” de ninguna manera implica que sea aceptable o
admirable». Este enredo ideológico contemporáneo, confunde respeto con
aceptación, tolerancia con complacencia y frecuencia con normalidad.

Mientras el criterio sea únicamente económico, los medios y sus anunciantes seguirán
deslizándose por la oscura resbaladilla de la vulgaridad como moneda de uso corriente. El
llamado es a todos los protagonistas de ¡a industria de los medios, pero lo que está en juego «es
nuestra ético y estructura nacional».

Y llegamos así al meollo de Vulgarians at the Gate y de las convicciones de Sieve Allen: los padres
de familia son, por derecho y por obligación, quienes pueden hacer que los medios cambien. Si la
única ley que rige los contenidos es la de la oferta y la demanda, es preciso disminuir la demanda
de vulgaridad, desorden sexual y violencia.

Los padres pueden optar por cerrar los ojos y financiar el entretenimiento de sus hilos, sin analizar
en qué consiste y qué tipo de mensajes contiene. Pero como primeros responsables de su
educación, la inmensa mayoría de los padres de familia no está dispuesta a permitir que su
esfuerzo de años se diluya por largas horas frente a la televisión. El reto es grande porque nunca
antes habíamos presenciado tal omnipresencia del mal en nuestros medios de comunicación, pero
lamentarse sin actuar es una actitud estéril. Al buscar el bienestar de nuestros hijos, somos los
padres quienes debemos ocuparnos de su salud mental y tomarnos en serio «aquellos elementos
de nuestra sociedad que muestran, claramente, su destructiva influencia en los corazones y las
mentes de nuestros hijos».

Podemos cerrar los ojos ante el entretenimiento de nuestros hijos, sin analizar
qué tipo de mensajes contiene. Pero lo inmensa mayoría de los padres no está
dispuesta a permitir que su esfuerzo de años se diluya por largas horas frente a la
televisión.

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Nunca es fácil lo que vale la pena. Pero pensemos por un instante en el fruto de un esfuerzo
consciente por facilitar la formación de nuestros hijos como personas íntegras. En la actualidad,
las largas horas perdidas frente a la televisión, los videojuegos que sustituyen a los auténticos
entretenimientos infantiles, la escucha minuto tras minuto de música estrepitosa, las ropas
inadecuadas en cuerpos diminutos, se unen para crear niños disfrazados de adultos, acompañados
por adultos que parecen haber olvidado que fueron niños.

Si compras un boleto para ver una cinta vulgar o adquieres música etiquetada como
ofensiva, o pagas los productos del patrocinador de un programa inconveniente, estás
contribuyendo o lo violencia, degradación y vulgaridad social.

La saturación de imágenes y sonidos cargados de mensajes vacíos ha terminado por enterrar una
de las facultades humanas por excelencia: la imaginación. En nuestra época no hace falta pensar,
y mucho menos imaginar, para jugar un rato. Pero la sofisticación produce un fenómeno
paradójico: son los juegos quienes juegan con los niños, cuando debiera ser ó la inversa. La nueva
generación de teleadictos admite sin reparos que los espectáculos determinen los límites de su
fantasía. Con costosísimas producciones se encubre al héroe de moda y los encargados de la
mercadotecnia llenan el mercado de productos alusivos a la nueva creación de los «genios» de
Hollywood. No queda nada para la imaginación personal.

Aún es tiempo de rescatar la inocencia de los niños y propiciar el renacimiento de la imaginación,


de fomentar la capacidad creativa de grandes y pequeños, de aventurarnos a vivir nuestros
sueños incluso a costa de padecer pesadillas, de redescubrir la belleza del soñar despiertos. Quizá
el primer paso sea difícil pero sólo basta un dedo paro apagar la tele o un movimiento para
sentarnos con nuestros hijos; quizá, así, los adultos salvemos al niño que llevamos dentro y los
niños recuperen su natural encanto.

LA PALABRA EN ACCIÓN

Apagar la televisión, aunque muy recomendable, no es la solución al problema porque, como


hemos visto, los responsables de la programación actúan automáticamente movidos por la fuerza
de la demanda. De ahí que Allen invite a pasar de los lamentos a la acción, a poner la palabra en
obras y pugnar por el fortalecimiento de los valores morales que guíen la conducta social
mediante el reconocimiento de que «es correcto comportarse de ciertas formas e incorrecto de
otras».

En esa batalla no debe interponerse el temor o el desánimo, o sorprendernos que «nuestra labor
nos obligue, eventualmente, a criticar a algunas personas y fuerzas muy poderosas de la
sociedad». De hecho, afirma Allen, señalar a individuos concretos es indispensable para obtener
una respuesta en favor de la mejora de los contenidos de los medios.

Allen enumero algunas sugerencias que han probado su eficacia al ser instrumentadas por
personas o grupos: las cartas de protesta o felicitación cuyo poder nunca debe ser subestimado,
los boicots a ciertos productos de los patrocinadores de programas nocivos y, de ser necesario
aunque sólo se recomiende como último recurso, las manifestaciones públicas

de descontento. Otras posibles medidas son la difusión de literatura (artículos o libros) que
sustenten los argumentos en pro de una mejor cultura popular y la presión a los organismos
gubernamentales encargados de hacer cumplir la ley que regula a los medios de comunicación.

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La clasificación de programas es insuficiente ya que los programas clasificados


para adultos, o adolescentes bajo la supervisión de un adulto, se emiten a todas
horas y, ante la falta de adultos en la audiencia, los menores deciden qué quieren
ver.

Cuando terminaba de corregir el manuscrito de Vulgarians at the Gate, Steve Allen fue
sorprendido por la muerte. Las palabras de las últimas páginas, sin embargo, quedan ahí para ser
recogidas por quienes compartan con él «una genuina preocupación por la generación que está
creciendo hoy en día, en los primeros años del siglo veintiuno», y explica que la degradación, la
vulgaridad y la violencia en los medios no terminará, por el contrario, seguirá creciendo, a menos
que el público, cada uno de manera individual, se tome en serio el peligro que ese tipo de
entretenimiento representa cuando invade las casas y la vida entera.

«La crudeza, obscenidad, vicio y violencia que toleramos en nuestras pantallas de


televisión serán la crudeza, obscenidad, vicio y violencia que tendremos que
soportar en nuestra vida real en los años por venir».

Steve Allen apunta que cada vez que una persona compra un boleto para ver una
cinta vulgar o adquiere un CD con música etiquetada como ofensiva, o paga los productos de un
anunciante que patrocina un programa de televisión inconveniente, está contribuyendo a la
violencia, degradación y vulgaridad de los medios que «envenenan las mentes de nuestros niños y
aletargan la sensibilidad moral de todos nosotros».

Es un reto colosal y no es exclusivo de los Estados Unidos, aunque es importante señalar que el
90% de las películas proceden de este país y el 75% de la programación televisiva también. Los
«vulgarianos» ya están en la puerta del mundo e, imposible negarlo, hasta en la cocina de nuestro
México. Basta un día cualquiera para encontrar, en las dos grandes cadenas de televisión abierta y
en incontables estaciones de radio, crudas manifestaciones de dolorosa vulgaridad y
desproporcionada violencia.

Además, los consorcios comerciales que patrocinan la programación no dudan en apostar por las
series estadounidenses y las burdas imitaciones mexicanas que confirman la receta: espolvoreé
los bajos instintos de la naturaleza humana, mézclelos con programación abundante en

sexualidad desordenada y violencia, añada publicidad escandalosa, sazónelo con falacias en


nombre de la libertad de expresión y obtendrá un éxito comercial.

Se muestra la violencia como medio para «manejar» conflictos; cigarros y alcohol


presentados como atractivos en lugar de nocivos y mortales; actividad sexual sin
resultados negativos, como enfermedades o embarazos no deseados.

Otro libro sería necesario para enumerar casos concretos del fenómeno de la vulgarización de los
contenidos de los medios en México pues los hay, a raudales, y cada vez más ofensivos. Usted y
ya los conocemos, y así lo han reconocido figuras del mundo del espectáculo, coma Verónica
Castro: «No me gusta la televisión de ninguno de los canales. Creo que están amarillos y hay una
falta de respeto increíble» (Día Siete, no.74).

El problema es global y muchas de las voces más fiables del mundo, por su rectitud moral, se han
alzado para prevenir los males que puede causar la televisión mal utilizado y resaltar las infinitas
bondades de la televisión empleada para hacer el bien.

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Allen culmina con un llamado que es reto, con una súplica que es desafío:
«Por la seguridad de nuestros hijos y nietos, y de la sociedad que heredarán y
legarán a la siguiente generación, te ruego que tu propia voz sea escuchada».

Allen fue una voz destacada en este frente a favor de lo mejor en los medios de comunicación.
Vulgarians at the Gate da cuenta cabal de su incansable labor y queda ahí para despertar las
conciencias dormidas, y echar a andar en pos de un mundo más humano; conocer su contenido
sin asumir el reto de hacer lo que esté de nuestra parte por mejorar el nivel de la cultura popular
es haber perdido lastimosamente el tiempo.

Allen culmino con un llamado que es reto, con una súplica que es desafío: «Por la seguridad de
nuestros hijos y nietos, y de la sociedad que heredarán y legarán a la siguiente generación, te
ruego que tu propia voz sea escuchada».

La responsabilidad es nuestra. Lo que está en juego: el mundo que vivimos y el que heredaremos
a nuestros hijos.

7.2 Recepción del mensaje en los niños, los jóvenes y la pareja

Actualmente los niños nacen sabiendo como manejar el control remoto de la televisión; aprenden
sus primeras letras de la mano del “mouse” de la computadora y manejan con gran facilidad casi
cualquier aparato audiovisual. Es decir, son altamente receptivos a los mensajes que se envían a
través de los medios de comunicación.
Los niños y los jóvenes conforman audiencias muy influenciables y vulnerables. De acuerdo a su
etapa de vida se encuentran en un proceso de maduración donde la confianza en sí mismos no es
total y sus valores aún permanecen flotantes. Un programa de televisión o una película puede ser
una experiencia significativa para un adulto maduro. Pero para un niño o adolescente, ese mismo
programa o película puede llegar a influir en una futura conducta autodestructiva y antisocial.
Por esto, las familias deben asumir la responsabilidad como audiencia, así como los productores y
creadores, y aprovechar mejor los contenidos de los medios de comunicación, sin satanizar, ni
prohibir o rechazar, sino más bien aprender a ser selectivos y críticos frente al fenómeno de los
medios.
La televisión y la educación de los niños

Una mamá, molesta por las observaciones del esposo respecto de la mala conducta del hijo de
ambos, exclamó: "pues salió a tu familia". Muchos papás ya no culpan a las generaciones
anteriores de los defectos de los hijos. La televisión es ahora responsable de la agresividad,
descortesía y gustos extravagantes de los niños. Es un enemigo que irrumpe en el recinto del
hogar y complica la laboriosa obra de la educación de los hijos.

Características de la televisión

1) Es absorbente. Se apodera de los ojos y de los oídos y aprisiona la atención de los


espectadores hacia las móviles imágenes que desfilan por la pantalla luminosa. Se
encuentra, además, cómodamente instalada al alcance de la mano. No importa que la lluvia
tienda su gris cortina o que el viento azote despiadadamente los árboles. Tampoco se
requiere formar largas colas para entrar al cine. Basta oprimir un pequeño botón para
contemplar, en el propio hogar y arrellanado en cómoda butaca, variados programas.

2) Es pródiga en temas. Cada media hora o cada hora, los canales ofrecen documentales,
noticieros, comedias, etcétera. La necesidad de mantener funcionando los canales muchas

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horas al día ha diluido la calidad de los programas. Se sirve a los espectadores el platillo
favorito de lo espectacular, cortado periódicamente por anuncios acompañados de insulsas
melodías.

3) Presenta la vida real, si bien lo hace frecuentemente con imágenes distorsionadas. La


perspectiva del mundo de los adultos en la vida real es muy restringida para el niño. Ve a
sus padres como papá y mamá, advirtiendo apenas sus relaciones como marido y mujer.
Ignora en qué consiste ganarse la vida. Desconoce por completo. el tenebroso mundo de la
calumnia, el dolo y el fraude. La televisión introduce al niño en este mundo compuesto con
demasiada frecuencia por mujeres provocativas y padres alcohólicos; simpáticos y bien
vestidos, delincuentes que burlan a sus anchas a la policía y criminales pertenecientes casi
siempre a la clase baja. De vez en cuando, transmiten mensajes pobres: "no tengas en
menos a tus amigos; no creas todo lo que se dice; el que la hace la paga; el éxito es lo
único que importa". Es obvio que tal imagen parcial y fragmentaria confunde a los niños.

4) Produce excitación. Ciertamente, niños y adultos la buscamos en numerosas formas de


diversión: carreras de caballos, corridas de toros, cacerías, etcétera; pero la ubicuidad de la
televisión y sus inagotables recursos la han llevado a extremos increíbles (Glynn, 1954).
¿Hasta dónde llegará? Es todavía demasiado pronto para preguntar qué considerarán
sexualmente excitante los niños −expuestos ahora "masivamente" al sexo− cuando lleguen
a ser adultos. No puede uno menos que inquirir: ¿destruirá o mellará la televisión la
sensibilidad de los niños? ¿Llegará a aproximarse a la realidad de esta generación? El niño
hoy en día se encuentra en posición peculiar: su experiencia se ha agotado de antemano.
Poco queda que no haya visto y, sin embargo, su experiencia es vicaria o de segunda mano.
La ha vivido a medias sin sentirla (Himmelweit, 1958).

5) Fomenta la pasividad. ¿Qué esfuerzo debe desplegar el niño que contempla un programa de
aventuras? ¿Qué espíritu crítico despiertan los conflictos resueltos por un apretón de manos,
un beso o, lo que es peor, un revólver? La televisión inculca tanto a los adultos como a los
niños la tendencia a la pasividad y a la receptividad, a ser alimentados y absorber lo que se
les ofrece. Tales efectos aparecen ciertamente en otras situaciones. Lo amenazador de la
televisión es su ubicuidad. Hay demasiada televisión y desde muy temprana edad. Si la
madre perspicaz fomenta en el niño la independencia propia y el interés por la actividad, la
televisión fomenta las tendencias opuestas. Hay acentuadas diferencias entre los juegos de
policías y 'ladrones y los programas policíacos; entre asistir una vez a la semana al cine y el
gesto fácil de prender en cualquier momento el aparato televisor.

6) Atiza la violencia. No sólo no descarga la agresividad

7) latente del espectador, sino que la aviva. Los programas han iniciado una carrera
desenfrenada en pos de la violencia, cuyas proporciones futuras apenas pueden imaginarse.
Un estudio realizado durante 10 años por Eson (1972) concluye que la contemplación de la
violencia fomenta la agresividad posterior de los niños. El investigador no afirma que la
violencia de la televisión sea el único factor, sino que es independiente de otros factores
causales estudiados en el mismo periodo y contribuye más que la capacidad mental,
conflictos paternos, estrato social, nivel de aspiración, raza y religiosidad.

8) Sirve de distracción. Los lectores están familiarizados sin duda con el impulso de tomar una
novela policíaca y escapar así de las tensiones de la vida real. De modo semejante, si los
niños encuentran demasiadas presiones en el ambiente, experimentan la tendencia a
escaparse de todo, sumergiéndose en la fantasía.

9) Cumple los deseos; es decir, proporciona salida a impulsos que no pueden expresarse en la
vida real.

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Es necesario realizar estudios a largo plazo sobre los efectos del ejercicio constante de la
fantasía. ¿Insensibiliza ante la dureza y aridez de la realidad? impide al niño ensayar
soluciones reales a los problemas? ¿Lo acostumbra a buscar refugio fácil? No es posible
todavía responder satisfactoriamente a estas inquietantes cuestiones, tanto más delicadas
cuanto que la televisión es maestra consumada en el arte de la fantasía. Tiene a su alcance
los espléndidos recursos para hechizar la imaginación de niños y adultos.

Los diarios relatan casos de chicos que franquean los linderos existentes entre la fantasía y
la realidad, para ejecutar lo que vieron en la pantalla. Con frecuencia, los conflictos se
resuelven por la agresión y los niños fácilmente dan el paso desde la fantasía a la realidad.
Un estudio muestra que los niños ex-puestos a películas de violencia no cambian sus
opiniones sobre la inmoralidad de tal conducta, sino están más prestos a recordarla en
tiempo de conflictos y sienten inclinación a resolverlos mediante la violencia. Peor aún si el
acto violento no es castigado. Otro estudio (Brodbeck, 1955) señala que, cuando un villano
tiene éxito, los niños se identifican fácilmente con él y prefieren ser como él. En otras
palabras, escogen cierto tipo de conducta que tenga éxito sin importarles sus consecuencias
inmorales. Los programas que incluyen la moraleja de que cometer un crimen se paga, no
inhiben la agresión. La conclusión que se desprende de los estudios citados es que el niño
quiere asemejarse al villano fuerte más que al héroe débil; un final ético no neutraliza la
influencia de un villano fuerte y atractivo (Zajonc, 19SQ).

10) Asusta a los niños. Es verdad que cierto tipo de violencia no los espanta, como cuando el
Pato Pascual es perseguido o un cocodrilo devora al títere curioso. Las películas de vaqueros
tampoco llegan a atemorizarlos, pues los niños presienten lo que va a suceder. Otras
escenas, en cambio, despiertan el miedo en sus mentes, como cuando el personaje con el
cual se identifican sufre algún daño, especialmente en lucha cuerpo a cuerpo. Algunos niños
lloran al ver un perro herido.
Igualmente espantables son las escenas que recuerdan al niño sus propios temores, sobre
todo la soledad, el alejamiento de los padres y la oscuridad. Por desgracia, ciertos
programas explotan los temas del cuarto oscuro, la sombra siniestra junto a la ventana y el
cadáver ensangrentado, que infunden terror al niño, quien proyectará en el sueño sus
propias preocupaciones. Otras situaciones producen miedos semejantes; pero la televisión
resulta especialmente peligrosa a causa de la viveza y frecuencia de estas experiencias.

11) Cansa a los pequeños, más si los programas retrasan la hora de dormirse.

La revista Time narra el caso de un grupo de niños de tres a trece años de edad
pertenecientes a familias que se encontraban en una base aérea. Los niños sufrían de
cansancio crónico, insomnio, dolor de cabeza y trastornos digestivos, síntomas a los cuales
no se encontraba explicación satisfactoria. Un minucioso examen detectó que estos niños
eran adictos a la televisión. Veían programas de tres a seis horas los días laborables y de
seis a doce horas los sábados y domingos. El remedio fue sencillo: suprimir la televisión.

12) Rinaldi (1966) señala otra característica nociva de la televisión: sus héroes son personajes
mágicos. Nada les sale mal a diferencia de los héroes reales y los de la literatura, cuya vida
está tejida de triunfos y derrotas, alegrías y tristezas.

13) Característica especial de la televisión mexicana es la presentación de publicidad de tipos


alejados de las características del país. México podría ser en los anuncios un país nórdico. La
televisión desaprovecha un medio útil para promover la identidad nacional y enfoca su
atención en un pequeño grupo. Así lo confirma una encuesta realizada por El Excelsior, el
niño conoce mejor a los personajes de la televisión, como "Chespirito", "el Chapulín
Colorado", etcétera, que a la realidad y los héroes nacionales.

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INSTITUTO DE ENLACES EDUCATIVOS, A.C.

MAESTRIA EN CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN FAMILIAR DINÁMICA DE LA COMUNICACIÓN FAMILIAR

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