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PARÁSITO

Ricardo Miranda Tapia

En un punto de "Racionalidad e imaginación en la historia cultural", M.H. Abrams


cita una afirmación de Wayne Booth que dice que la lectura "deconstruccionista" de
una obra dada "es pura y simplemente parasitaria" de "la lectura obvia y unívoca".
La última frase pertenece a Abrams, la primera a Booth. Mi cita es un ejemplo de
un tipo de cadena que pretendo cuestionar aquí.1

Este es el "punto" de arranque desde el que Hillis Miller va a plantear su concepción de


deconstrucción, su visión acerca de esta forma de enfrentarse a cualquier texto. La idea de
"parásito" en torno a su supuesto "huésped" y la relación que se establece entre ambos. No es
casual que Miller parta citando una cita que, a su vez, cita otra; lo que el autor quiere es mostrar su
visión deconstruccionista a través del proceso mismo de la deconstrucción.

Para ser consecuentes con la propia idea del autor y, sobre todo, para entrar en el juego y
desde allí "desarticular" el propio andamiaje montado por Miller (todo con el fin de ver más claro a
través del follaje de lo que subyace a él y, así, reafirmar la propia visión del autor), no sería ocioso
o pecar de soberbia intentar iniciar el proceso de deconstrucción aplicándolo al texto de Miller, a
medida que se van exponiendo sus principales concepciones deconstruccionistas. Este será el
objetivo primordial de este breve ensayo.

1
     Miller, J. Hillis "El crítico como huésped",
en Para leer al lector, Manuel Alcides Jofré y Mónica Blanco
editores, Ed. Universidad Metropolitana de Ciencias de la
Educación
El autor comienza haciendo una lectura semántica de la palabra "parasitaria" o "parásito"
(en referencia al carácter que suelen asignarle a la deconstrucción). Encuentra en ella la alusión
cargada de arbitrariedad del que se alimenta de otro sin ningún esfuerzo, como también la alusión a
su contraparte semántica, es decir, al que sirve de alimento al "parásito"; a este alimento del que el
"parásito" se sirve, Miller lo va a llamar "huésped".

"Parásito" es una de esas palabras que evoca a su aparente opuesto. No tiene


significado sin su contraparte. No hay parásito sin huésped.(...). Un curioso sistema
de pensamiento, de lenguaje, o de organización social (en realidad los tres a un
mismo tiempo) están implícitos en la palabra parásito. No hay parásito sin huésped.
El huésped y el algo siniestro o subversivo parásito son camaradas invitados junto al
alimento, compartiéndolo.2

En seguida el autor recoge toda una gama de significados y contrasignificados de raíz


etimológica en torno a ambas conceptos: parásito y huésped, con el afán de mostrar la íntima
relación de uno y otro, o más bien, la íntima dependencia de significado entre ambos.

Las palabras "huésped" y "comensal" (...) se remontan a la misma raíz etimológica:


ghost-ti, extranjero, huésped, comensal, precisamente "alguien con quien uno tiene
deberes recíprocos de hospitalidad".(...). "Comensal" (en inglés "guest"), por otro
lado, viene del inglés medieval gest, del nórdico antiguo gestr, de ghos-ti, la misma
raíz de huésped. Un huésped es un comensal y un comensal es un huésped. (...). La
relación de dueño de casa que ofrece hospitalidad a un comensal y el comensal que
la recibe, entre huésped y parásito en el sentido original de "huésped hermano", está
incluida dentro de la misma palabra "huésped".3

Todo esto en virtud de la relación que existe entre un texto dado ("unívoco" lo va a llamar
Miller) y los intertextos que se hacen presente en él, de los que el texto se sirve o de los que se sirve
el intertexto. Aquí va a estar la "vital ambivalencia" de la relación huésped (texto unívoco) y
parásito (intertexto). Más que un texto unívoco lo que hay es una lectura unívoca y dentro de esta
lectura unívoca el lector como huésped o parásito multívoco o crítico.

La pregunta que se plantea es: ¿quién se alimenta de quién? ¿Es lícito extraer citas de un
contexto "unívoco" y sacar de ella diversos significados que a la postre se traducirá en todo un
estudio que, probablemente, "deforme" esta "univocidad" tan preciada por algunos?
2
     Ibíd., p.p. 229-230.

3
     Ibíd., p.p. 230-231.
¿Es la "crítica deconstructiva" como un virus que invade al huésped, que es a su
vez un texto inocentemente metafísico, un texto con un "significado obvio o
unívoco", transmitido por una gramática referencial? ¿Reprograma tal crítica
ferozmente el grama del texto, huésped para obligarlo a proferir su propio mensaje,
lo "misterioso", la "aporía", la "diferencia", "differance", o lo que sea? (...). Por otro
lado, ¿podría ser al revés? ¿Podría ser que la metafísica, el significado obvio o
unívoco, es el virus parasitario que durante milenios ha sido pasado de generación
en generación en la cultura occidental dentro de sus lenguas y en los textos
privilegiados de esas lenguas?4

Con esto comienza todo el cuestionamiento que hace Miller a los códigos culturales que
manejamos sin ningún empacho, y esto toca, por supuesto, a todo lo que es el lenguaje. El
lenguaje, por sí mismo, puede constituir una prisión, desde la cual se nos pueden imponer ciertos
supuestos básicos; de hecho, aquello que llamamos unívoco puede no serlo de ninguna manera.
Frente a este hecho, Miller va a cuestionar toda metafísica, identificándola con la significación
"obvia" o "unívoca" del lenguaje.

¿Es el sistema de la metafísica tan "natural" al hombre como es natural que un


pájaro de reloj cante cucú o que una abeja construya su panal en celdas
hexagonales? Si es así, el virus parasitario sería una presencia amistosa que
transmite el mismo mensaje que ya está genéticamente programado dentro del
huésped. (...). ¿Es la cárcel del lenguaje una limitante exterior o es parte de la
sangre, de los huesos, de los nervios y del cerebro prisionero? ¿Podría esa voz
incesantemente murmurante que habla siempre dentro de mí o que teje allí
constantemente la tela del lenguaje, incluso en mis sueños, ser un invitado
misterioso, un virus parasitario, y no un miembro de la familia? ¿Cómo podría
incluso formular esta pregunta, ya que debe ser preguntada usando palabras
entregadas por la voz que murmura? ¿No está esta voz hablando aquí y ahora?5

Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿en qué pueden convenir la metafísica como tal y lo
"unívoco de cualquier tipo de lenguaje? ¿No es la metafísica, por ser precisamente lo que es, por su
esencia, un lenguaje multívoco? ¿No es la metafísica, en general, la que "abre puertas" para el
propio cuestionamiento? No se puede identificar sin más a la metafísica con un sistema filosófico
determinado, con Platón o con Aristóteles. Que la metafísica se desarrolle de "forma oficial" con
estos pensadores y, a través de muchos otros, en esta línea, no quiere decir que, necesariamente,
esto sea todo el ámbito metafísico. Por supuesto, Miller admite que el nihilismo en cuanto tal surge
"dentro" de ella, pero eso no obvia el problema, puesto que identificar "nihilismo" y
"deconstrucción" en la supuesta concepción que, desde la metafísica o la lectura unívoca, se tiene de
ambos elementos como "parásitos".

4
     Ibíd., p.p. 231-232.

5
     Ibíd., p. 232.