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Universidad Nacional de Tucumán

Facultad de Psicología
Ficha de Cátedra – Año 2012 Silvina Cohen Imach

Del garabato al dibujo. Una mirada diacrónica del dibujo infantil


Autora: Silvina Cohen Imach
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Sobre el garabato y el dibujo espontáneo
La literatura sobre la historia de los pueblos refleja el singular papel del
dibujo y la pintura, previos aún a la escritura. Ya en la Prehistoria fueron
utilizados como medio de comunicación, expresión y figuración histórico, social y
cultural (Caligor, 1971).
A pesar de esto, no siempre se ha entendido al dibujo como un modo de
expresar y simbolizar cuestiones vinculadas a la subjetividad. De hecho, a finales
del siglo XVII, con un criterio de realismo estético, las características de los
dibujos, tales como la desproporción, el uso inadecuado de los colores, la falta
de "objetividad", entre otros, se clasificaban como errores (Levín, 2005).
En cuanto al dibujo infantil, tanto en la Antigüedad como la época
medieval, al no existir en aquellas sociedades el sentimiento de la infancia tal
como lo concebimos en la actualidad, son escasos los vestigios de dibujos
realizados por niños. En cambio, cuando la niñez adquiere reconocimiento social,
como una etapa distintiva de la vida, a la que es preciso atender, cuidar,
enseñar, surge también la Pedagogía moderna, que posteriormente impactará en
la psicología infantil.
Es pues en el siglo XIX, a partir de esa disciplina, que se empieza a
valorar especialmente los dibujos infantiles para el estudio y la evaluación
pedagógica. Dan cuenta de este desarrollo las obras de Ruskin, 1875; Rucci,
1883; Perez, 1888; Sully, 1895 (citados en Levín, 2005) y, un poco más tarde la
obra de Luquet (1927), texto que constituye una recopilación de artículos
publicados por él a partir de 1905. El hallazgo del lápiz de grafito, también en el
siglo XIX, permitió a su vez una amplia difusión del dibujo, el cual aún en la
actualidad es utilizado con portaminas o con envoltura de madera (Levín, 2005).
Es recién a comienzos del siglo XX, a partir de los postulados de Spencer 1
(1853), sumados a los desarrollos de la pedagogía, y posteriormente de

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Spencer (1853) sostenía que el desarrollo del individuo seguía las mismas leyes que el
desarrollo de la especie, con lo cual también en sujeto humano la evolución sería del
dibujo y la palabra a la escritura.
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Claparède (1909) y Luquet (1927), cuando se empieza a pensar que esas


particularidades del dibujo remitían a determinados aspectos psicológicos.
Sin embargo, y dado que la psicología privilegiaba en sus inicios los
aspectos intelectivos de la personalidad, el dibujo se articuló, en ese primer
momento, casi exclusivamente con la inteligencia. Algunos tests, como el test de
la Figura Humana (DFH) de Goodenough (1926), se construyeron así como
instrumentos para medir el nivel intelectual en la infancia.
Con los avances del psicoanálisis, el grafismo cambia de estatuto en la
psicología. Surge la idea del dibujo en cuanto comportamiento espontáneo e
inconsciente, que se pone en relación con aspectos del mundo interno y la
personalidad. Con esto, el dibujo ya no es sólo ni principalmente la expresión de
la inteligencia, sino que se vuelve ahora en un medio para expresar la vida
afectiva y emocional del sujeto.
Las primeras psicoanalistas de niños, como Sophie Morgestern (1948),
Anna Freud (1979) y Melanie Klein (1964), descubrieron en el ámbito
terapéutico, que los niños evidenciaban la necesidad y la posibilidad de
manifestarse a través de sus dibujos, como el adulto lo hace por medio de la
palabra. Descubren además, que los dibujos utilizan, al igual que los sueños, un
lenguaje simbólico que se expresa en imágenes plásticas (Febbraio, 2002).
Actualmente no caben dudas, pues, que el dibujo infantil constituye una
combinación de aspectos motrices, cognitivos y de personalidad, que imprime un
testimonio visual y gráfico del particular modo de funcionamiento psicológico de
un sujeto, al estilo del juego en el niño y de la palabra en el adulto.

Algunas funciones del dibujo en la infancia


Distintos autores coinciden en señalar que el dibujo constituye un aspecto
de suma importancia en el desarrollo infantil, principalmente en los primeros
años hasta los nueve a diez años. El comportamiento gráfico presenta múltiples
funciones en el desarrollo de un niño, ya que brinda la posibilidad de dominar el
movimiento, permite la comunicación interpersonal, expresa el mundo interno
del sujeto y hasta tiene una función de elaboración de conflictos.

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1. Domina el movimiento: el dibujo constituye una actividad motora


espontánea, que gradualmente se vuelve más coordinada y compleja, que
contribuye a la formación de la personalidad; tal como en el juego, el niño
dibujando y garabateando, siente el placer del movimiento. Dominar el
movimiento supone un determinado nivel de maduración psicomotriz,
intelectual y afectiva. Muchas conexiones cerebrales permanecerán
estables en el sujeto precisamente a continuación de las primeras
experiencias de movimiento y de control del trazado gráfico. Tanto en el
garabato como en el dibujo, el niño desarrolla aspectos fundamentales
para su evolución, tales como cimentar las bases esenciales para la
lectura y la escritura, la confianza en sí mismo, la experiencia de la
motivación interior y la creatividad.
2. Permite la comunicación interpersonal: es una forma de
comunicación interpersonal (tanto conciente como inconsciente) y por lo
tanto constituye un lenguaje denominado desde el psicoanálisis como
"latente", "silencioso", no verbal.
3. Expresa el mundo interno del sujeto: supone un medio para expresar
las fantasías y la creatividad. El dibujo constituye un complejo proceso a
través del cual el niño reúne elementos diversos de su experiencia en una
unidad distinta y con un nuevo significado. Sophie Morgestern (1948)
afirma que el niño se permite ser él mismo y representar, algunas veces,
situaciones complicadas utilizando símbolos más o menos trasparentes.
4. Tiene una función de elaboración de conflictos: el dibujo le permitirá
al niño expresar su realidad de una manera concreta pero, al mismo
tiempo, mediatizada, deformada, cumpliendo con una función de
descarga, de sublimación, como así también de elaboración de distintas
situaciones, sentimientos o temores del sujeto.

Diacronía del grafismo en los niños


De acuerdo con Philippe Wallon (1995) los primeros trazos infantiles
aparecen entre los 9 o 10 meses de edad, mientras que Jean Piaget (1972), al
realizar estudios desde la perspectiva psicogenética sobre los procesos de
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construcción del pensamiento de los niños, concluyó que durante el período


preparatorio de los 2 a los 7 años, el niño desarrolla la habilidad para dibujar. El
desarrollo de la motricidad fina se presenta entre el primer y el cuarto año,
cuando los niños aprenden a manipular los objetos y comienzan a desarrollar los
músculos, y es a partir de esta adquisición de habilidades que se pueden
desarrollar otras más complejas.
Según Piaget (1972), el dibujo, o la imagen gráfica que produce,
representa un esfuerzo en el niño por acercarse e imitar la realidad y es
considerado como un intermediario entre el juego y la imagen mental, que se
manifiesta alrededor de los 2 años.
Es posible realizar un recorrido del grafismo infantil, desde sus orígenes
hasta su establecimiento, que va generalmente desde el garabato al dibujo
complejo, atravesando por diferentes etapas. Son muchos los autores que se
han dedicado al tema, diferenciándose entre ellos tanto en relación al número de
etapas como a los nombres de las mismas (Luquet, 1927; Lowenfeld, 1972;
Osterrieth, 1976), aunque registran, en realidad, más semejanzas que
diferencias.
Luquet (1927), quien realiza importantes investigaciones en el campo del
dibujo infantil, divide este proceso en cuatro fases: 1) realismo fortuito, que se
da entre los 3 y 4 años; 2) realismo frustrado, entre los 4 y 6 años; 3) realismo
intelectual, entre los 6 y 10 años, y, por último 4) realismo visual entre los 10 y
16 años.
Según Viktor Lowenfeld (1972), investigador austríaco, el dibujo infantil
progresa en seis etapas: 1) el garabato, entre los 2 y 4 años; 2) el estadio pre-
esquemático, entre los 4 y 6 años; 3) el periodo esquemático, entre los 6 y 9
años; 4) el realismo gráfico, entre los 9 y 12 años, 5) el pseudonaturalismo,
entre los 12 y 13 años; y, por último 5) la crisis de la adolescencia entre los 13
y 16 años.
Según Osterrieth (1976), en el proceso del dibujo se dan los siguientes
estadios: 1) el garabateo, entre el 1 y los 4 años; 2) el período esquemático,
entre los 4 y 9 años; 3) el realismo convencional, entre los 9 y 13 años; y, 4) el
agotamiento y las diferencias individuales, entre los 13 años o más.
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En este trabajo se hará referencia a las etapas de Lowenfeld (1972) ya que


son las que más se acercan a la realidad local actual, aunque se realizan algunas
modificaciones y agregados, conforme a lo registrado a través del quehacer
profesional.

Período agráfico
Se trata del periodo que va desde el nacimiento hasta los 18 meses o 2
años, y se caracteriza por la ausencia de la actividad gráfica.

1. Período del garabato (2 a 4 años)


Se denomina así al período que abarca desde los 2 a los 4 años. Estos
primeros trazos, denominados garabatos, no siempre efectuados sobre papel,
suelen realizarse a partir del año y medio y constituyen la primera expresión
gráfica de lo que más irán tomando progresivamente forma y contenido. Son los
precursores del dibujo y la escritura.
Sus primeros contactos con el lápiz y el papel van a ser exploratorios y muy
condicionados por las limitaciones propias de su nivel de maduración visomotora
y sus habilidades personales. Al igual que los otros aspectos de su desarrollo,
cada niño seguirá su propio proceso, por lo que déficits a esta edad no son
necesariamente indicadores o síntomas de retraso futuro.
La etapa del garabato ha sido clasificada por los autores en tres sub-estadios
(garabato desordenado, garabato ordenado y garabato con nombre).
a. Garabato desordenado: A los 18 meses, el pequeño comienza a
expresarse gráficamente realizando sus primeros garabatos. Estos
primeros garabatos se caracterizan por ser grafismos sin intención ni
capacidad para representar formas, figuras u objetos. Su aparato
neuromotor solo le permite al niño mover todo el brazo y aún no posee
coordinación ojo-mano. Son capaces de tomar un objeto (tiza, lápiz,
crayón) y realizar trazos en forma de garabatos, sin una forma definida,
como un intento de imitar el movimiento del adulto (la escritura). Es tal su
deseo de imitación que a veces se puede ver que usan el lápiz al revés,
para imitar la escritura del adulto. Se caracteriza por ser un movimiento
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impulsivo, rápido y sin control. Por ello, sus trazos pueden ser
indistintamente fuertes o débiles. No hay un reconocimiento del papel
como espacio o límite, por lo que puede dibujar en el piso, la mesa o las
paredes (Febbraio, 2002).
b. Garabato ordenado: A los 20 meses, el codo comienza a funcionar
provocando la aparición de los garabatos de vaivén, denominados
"barridos" y el pequeño no observa aún lo que hace. Posteriormente el
garabato se hace circular. A los 2 años y medio, tiene un mayor control
de la muñeca y del movimiento de pinza pudiendo realizar trazos
independientes. Sigue los movimientos de la mano con su mirada aunque
el acto motor es todavía independiente del acto visual. Le interesa sobre
todo el placer que obtiene con el movimiento. A esta edad el niño es
capaz de dibujar círculos y combinarlo con líneas para crear nuevas
formas. Su trazo y presión se hacen más fuerte, debido al placer que
otorga el dibujar. Sus dibujos aún no tienen la forma de los objetos y
figuras humanas que representa. Con respecto al color, puede empezar a
experimentar con diferentes colores, pero éste aún desempeña un papel
secundario en esta etapa.
c. Garabato con nombre: A los 3 años, suele comenzar a aparecer la
coordinación óculo-manual y entra en juego la percepción. El niño mira lo
que dibuja y trata de controlar el movimiento de la mano. Tiene un mayor
interés y atención por sus obras. Empieza a no salirse del papel,
respetando los límites del espacio. Combina los colores llenando páginas
enteras. Da nombre al dibujo que realiza, pero sólo después que lo dibuja,
y aún puede pasar que después de un tiempo el niño se olvide de lo que
dijo. Esto significa que el grafismo va tomando valor de signo, de
representación de algo. Al principio no hay relación o semejanza entre el
dibujo y lo que dice que es, y poco a poco esta relación va siendo mayor.
La forma se perfila y podemos reconocer en el dibujo del niño el primer
esbozo de la figura humana, aunque sólo con cabeza y piernas. Esta
primera representación o esquema gráfico de sí mismo es de gran

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importancia para la estructuración del psiquismo en el niño, y está


vinculado a la construcción del esquema corporal y la imagen corporal.
Por ello, el este tema un capítulo aparte, que en el presente trabajo, se
intentará sólo hacer una reseña del concepto y de la evolución de la figura
humana (para mayor profundidad, ver Koppitz, 1995).
El término imagen corporal fue acuñado por Paul Schilder (1958)
-psiquiatra vienés, contemporáneo a Sigmund Freud- para definir la idea,
representación o imagen que del propio cuerpo tiene cada sujeto, que se
construye según la información que a través de él se recibe.
Entre los 2 y 3 años surgen los primeros ensayos gráficos, que se
convierten entre los 4 y 5 años, en una verdadera representación (Hervás
Anguita, 2006). Hasta los 5 años, los niños dibujan la figura humana con
un círculo, que representa la cabeza, y dos líneas verticales, que
representan las piernas. Así, el primer esquema identificable de un niño es
habitualmente la figura humana, que los especialistas mencionan
utilizando el término “monigote” o “renacuajo”, que suele aparecer a partir
de los tres años.
Otros objetos de interés para el niño pueden ser graficados, tales como el
auto, la casa, animales, aunque no pueda graficar la forma real. Es
frecuente la aparición del dibujo del “sol”, como un círculo y muchas rayas
a su alrededor para dar la forma de rayos. El gráfico puede tener ya una
intención clara de comunicar situaciones, personajes y emociones, pero
principalmente a través de las formas.
En cuanto al color, si bien se empieza a interesar por utilizar diferentes
colores en el dibujo, no existe relación entre éste y el objeto que dibuja.
Investigaciones realizadas con niños de esta edad (Hervás Anguita, 2006),
concluyen que aquellos que utilizan a menudo los colores cálidos en sus
gráficos revelan un comportamiento emocional libre, con relaciones
afectivas cálidas y cordiales; mientras que niños que prefieren el azul
tienden a ser más controlados en su comportamiento, y los que utilizan
principalmente el negro tienden a revelar introversión o timidez en el
comportamiento emocional. Si bien es importante este dato, debe ser
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relativizado debido a que hay suficientes investigaciones actuales, sino


que responde más bien a casuísticas propias.
El emplazamiento generalmente es en el centro; el tamaño de lo graficado
es grande y el trazo es fuerte.

2- Período Pre-esquemático (4 a 6/7 años)


Esta etapa abarca, en general, de los 4 a los 6 o 7 años. A partir de los 4
años surge en el niño la intencionalidad y el sentido de representación, cuando
comienza a decir antes lo que va graficar. Empieza a elaborar esquemas, aunque
aún no totalmente estructurados, siendo la figura humana el primer pre-
esquema, que consigue desarrollar en el papel. El comportamiento gráfico se
caracteriza en este momento por el descubrimiento de relaciones entre la
representación y el objeto representado, y se busca un concepto recurriendo a
diferentes símbolos. Aún no hay un orden espacial y las relaciones se establecen
en función del significado emocional.
La figura humana es representada mediante un círculo grande con dos
círculos internos, ya que da una importancia máxima a la cabeza y a los ojos,
incluyendo más o menos detalles, y que gradualmente, conforme a su propia
experiencia perceptiva, irá enriqueciendo. A lo largo de esta etapa, la figura
humana evoluciona hacia una figura más completa en las que ya se han
incorporado el cuerpo y los brazos. En los niños más detallistas puede que
también se incorpore el pelo como un elemento más. Según el grado de
madurez del pequeño es posible observar cómo unos niños no dibujan ni brazos
ni manos, y a la cabeza tan sólo le pone los ojos, mientras que otros dibujan
boca y nariz, brazos, y hasta pueden haber descubierto los dedos, que incluyen
de forma destacada.
Estas producciones gráficas se irán perfeccionando a medida que
evolucionen otras áreas como la cognitiva, la afectiva y la social, proceso que se
da de forma continua pero no uniforme ni igual en todos los niños.
Si bien el niño distribuye el espacio de manera anárquica, a los 6 o 7 años
comienza a perfilarse una planificación en el espacio y el orden. En cuanto al

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tamaño de las personas y objetos que grafica está en función de la significación


que tienen para el niño, y aparecen como flotando, sin base de sustentación.
Los colores que utiliza en esta etapa son elegidos de forma emocional por
lo que el hecho de utilizarlos supone una experiencia gratificante. En esta etapa
el niño está más preocupado por conseguir la semejanza de la forma que por
representar otras cualidades de los objetos (Hervás Anguita, 2006).
En cuanto al tiempo que le dedican a esta actividad, no hay criterios
científicos estandarizados. Cuando el niño llega a la etapa de poner nombre a
sus dibujos puede mantenerse interesado durante 20 minutos. El mismo es
quien decide cuándo ha acabado su obra, y no entenderá su interrupción.
A esta edad las figuras humanas y los objetos se articulan dentro del
papel, y el niño puede plasmarlas no sólo como formas individuales sino
formando parte de una escenificación, de una situación concreta.
Si bien ya se señaló que cada niño sigue su propio proceso de desarrollo
del comportamiento gráfico, según su grado de maduración y su historia
personal, en general, se espera que entre los seis y siete años el dibujo de la
figura humana esté consolidado.

3- Período esquemático (6/7 a 9 años)


Esta etapa, también llamada del realismo incipiente, abarca
aproximadamente desde los 6 a los 9 años, en la cual el ingreso escolar tiene
una gran influencia. A partir de esta edad surgen nuevas realidades y un interés
más centrado en la lectoescritura que en el grafismo, lo que produce cierto
“estacionamiento” gráfico debido a la dificultad de los nuevos aprendizajes. Así,
la miniaturización que se produce por la enseñanza de la lectura y la escritura
constituye un ejemplo de ello.
Debido a la repetición, característica de esta etapa, los conceptos se
convierten en esquemas, es decir, en conceptos definidos, lo cual se visualiza a
través de:
- El dibujo de la figura humana expresada por líneas geométricas;
- el establecimiento de la línea de base como primer concepto espacial y

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- la coherente relación entre el color y el objeto (Cabezas López, 2007).


Ahora el color coincide con el objeto (dibuja al cielo azul, al sol amarillo),
debido a su realismo incipiente.
En este momento se va consolidando la imagen corporal y el gráfico del
niño se asemeja a la realidad en relación a la forma y al color, dibujando ya con
esquemas muy claros. En relación a la forma de la figura humana, se puede
observar ahora una distinción entre cabeza, tronco y extremidades.

4- Período del realismo gráfico (9 a 12 años)


Luego de las etapas precedentes, surge el período denominado realismo
visual o gráfico, que se da aproximadamente entre los 9 y 12 años. Durante esta
etapa se produce el descubrimiento de la realidad social, lo que influirá
notablemente en su grafismo. Es la edad en que los iguales (sus pares)
adquieren una gran importancia, época en que descubren su independencia
social y disfrutan con sus reuniones y códigos propios por lo que la actividad
gráfica, en general realizada en forma individual, deja de ser frecuente.
En este nuevo escenario, la representación esquemática y las líneas
geométricas no alcanzan para que el niño se exprese, por lo cual intenta ahora
enriquecer su gráfico y adaptarlo a la realidad.

5- Etapa del pseudonaturalismo (12 a 13 años)


Esta etapa, que se da entre los 12 a los 13 años, el producto gráfico final
adquiere cada vez más importancia para el niño ya convertido en adolescente. El
dibujo tiene ahora una perspectiva espacial, por lo cual pueden dibujar figuras
tridimensionales. El grafismo del cuerpo del cuerpo humano adquiere un mayor
significado, aumentando las características sexuales en el dibujo.

6- La crisis de la adolescencia
Finalmente, entre los 13 y 16 años de edad, sobreviene la crisis de la
adolescencia. A medida que el niño crece y se acerca a la etapa adolescencial,
comienza a apartarse del dibujo. Luquet (1927) sitúa este “enfriamiento” entre
los 10 y los 15 años. Después de este estacionamiento, según el autor, se
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renueva la afición al dibujo entre los 15 y los 20 años, aunque sólo en aquellos
sujetos que presentan mayores habilidades para la expresión artística. Es por
ello, que los dibujos de un adulto que en su juventud y adultez no se dedicó a
dibujar, se diferencian muy poco de los dibujos de niños de 8 o 9 años.

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Edad Etapa Subestadio Características principales


Primera expresión gráfica de lo que
Garabato desordenado luego tomará forma y contenido. El
(18 meses) movimiento es impulsivo, rápido y
sin control.
El garabato se hace circular. Tiene
2 a 4 años Del garabato un mayor control de la muñeca y del
Garabato ordenado movimiento de pinza. Combina los
(20 meses a 3 tres años) círculos con líneas para crear nuevas
formas.
Garabato con nombre El niño mira lo que dibuja y trata de
(3 a 4 años) controlar el movimiento de la mano.
Tiene un mayor interés y atención;
respeta los límites de la hoja; Da
nombre al dibujo que realiza, pero
sólo después que lo dibuja. Puede
aparecer el “renacuajo” o
“monigote”.
Aparece la intencionalidad y el
sentido de representación Comienza
a elaborar pre-esquemas, y la figura
humana es el primero.
Algunos niños no dibujan aún brazos
4 a 6 años Pre-esquemático ni manos, y a la cabeza sólo le pone
ojos; otros dibujan brazos, manos,
boca y nariz, y hasta dedos.
El niño distribuye el espacio de
manera anárquica. El tamaño de las
personas y objetos graficados está
en función de la significación
subjetiva, y aparecen como flotando,
sin base de sustentación.
El gráfico del niño tiene un sentido
en forma y color. Dibuja un esquema
6 a 9 años Esquemático muy claro. La figura humana
progresa discriminando cabeza,
tronco y extremidades.
La representación esquemática y las
Realismo gráfico líneas geométricas no bastan para
9 a 12 años permitir al niño su expresión;
enriquece su gráfico y lo adapta a la
realidad.
Interesa ahora el producto gráfico
final. Puede dibujar la perspectiva y
12 a 13 años Pseudonaturalismo figuras tridimensionales. El grafismo
del cuerpo humano adquiere un
mayor significado, aumentando las
características sexuales en el dibujo.
13 a 16 años Crisis de la Enfriamiento del comportamiento
adolescencia gráfico.

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Evaluación psicológica en la infancia a través de dibujos


En cuanto lenguaje cifrado y expresión del desarrollo madurativo e
intelectual, los dibujos son importantes instrumentos de evaluación psicológica,
válidos y al mismo tiempo, económicos en tiempo y material, y relativamente
fácil de aplicar.
La finalidad de estos instrumentos de evaluación es la de explorar
distintos aspectos psicológicos del sujeto, tales como características de
personalidad, aspectos emocionales, aspectos vinculares, desarrollo de la
maduración visomotriz, nivel intelectual. Mientras algunos autores enfatizan el
valor del dibujo como índice de maduración y desarrollo intelectual, otros
priorizan el valor proyectivo, a través de indicadores de la dinámica de la
personalidad (Casullo, 1988).
Entre las técnicas gráficas que evalúan aspectos relacionados con la
evaluación del nivel intelectual por lo general se aplica el Dibujo de la Figura
Humana de Goodenough (1926), mientras que para el diagnóstico de la
maduración visomotriz se utiliza el Test de Bender-Koppitz (Bender, 1964;
Koppitz, 1974).
Entre las técnicas gráficas proyectivas más utilizadas, se pueden
mencionar el Test de la Figura Humana (Machover, 1949), Test de la Casa, el
Árbol y la Persona –HTP- (Buck, 1948), Test del Árbol (Koch, 1962), Test de la
Familia (Corman, 1967), Test de los Garabatos (Corman, 1971) y Dibujo de la
Familia Kinética (Frank de Verthelyi, 1985), entre otras.
Después que Florence Goodenough (1926) ideó su test de inteligencia
basado principalmente en el número de detalles que el examinado incluye en el
Dibujo de la Figura Humana (DFH), observó que su test ponía en juego no sólo
la capacidad intelectual sino también factores de personalidad (Hammer, 2005)
“Los músculos no mienten”, diría Hammer (2005), ya que aún cuando el niño
dibuja con una consigna dada un tema específico, expresa a través de sus
grafismos sus vivencias personales, que se manifiestan, aunque de modo
encubierto o disfrazado por el mecanismo de la proyección, su propio mundo
interno. Esto significa que frente a estímulos nuevos, en apariencia neutros, el
niño responde en base a su propia estructura de personalidad. Dibujando, por lo
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tanto, el niño expresa su nivel de desarrollo intelectual, y también proyecta


espontáneamente el propio mundo interno, habla de sí mismo y de su relación
con los otros.

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