Está en la página 1de 273

EL TESORO DEL ALMA

EN LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO

Y LOS

QUINCE SABADOS DEL ROSARIO


· POR

SOLEDAD ARROYO
• (De la ~~· O. T. de Sanlc Dom ingo). .

Tercera edición, revisada por la misma Autora.

MADRID
IMPRENTA DE LOS HIJOS DE GÓMEZ FUENTENEBRO
Calle de Bordadores, 10
.,
1 9 09
EL TESORO DEL ALMA
EN LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO
ó .

Y LOS

QUINCE SABADOS DEL ROSARIO


POR

SOLEDAD ARROYO
· (De la\'. O. T. de ~anLc Domingo).

Tercera edición, revisada por la misma Autora.

MADRID
IMPRENTA" DE LOS. HIJOS DE GÓMEZ FUENTENEBRO
Calle de .Bordatl.ores, 10
1209
ES PROPIEDAD
Todos l9s derechos de ttaduc-
ción,! eservados.
+
~~S EL ~~n~R ~~N J~~É M~RI~- S~U~~~R YB~RRtR~,
POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA. SANTA SEDE APOS-
TÓLICA, OBISPO DE MADRID·ALCALÁ 1 CABALLERO GRAN
CRUZ DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN DE ISABEL LA
CATÓLICA, COMENDADOR DE LA DE CARLOS III 1 CONSE·
JERO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA, CAPELLÁN DE HONOR
DE S, M., SU PREDICADOR Y DE SU CONSEJ0 1 ETC., ETC.

HACEMOS SABER: Que venimos en conceder y


por el presente concedemos licencia para que
pueda impr_imirse y publicarse en esta Dió-
cesis el libro titulado EL TEsoR.o DEL ALMA EN
LOS QUINCE MISTERIOS DEL ROSARIO, Ó EL M ES DE
OCTUBRE CONSAGRADO Á MARÍA, Y LOS QUINCE
SABADOS DEL RosARIO, por Soledad Arroyo,
mediante que de nuestra o·r den ha sido leído
y examinado, y segú n la censura, nada con-
tiene que no se halle en perfecta m·monia con
los dogmas y enseñanzas de la Iglesia Ca-
tólica.
En testimonio de lo cual, expedimos el pre-
sente, rubricado de m¿estra mano, sellado con
. el mayor de nuestras armas, y refrendado
por nuestro Secretario de/]ámara y Gobierno
en Madrid á 8 de Marzo de 1909.-t JosÉ
MARÍA, Obispo de Madrid-.A.lcalá.-Por man-
dado de S. E. I., el Obispo mi Señor, Da. Luxs
PÉaEz, Seoratario. -(Hay un sello.)
-----------------------------------

Madre mía amorosísima: Postrada humilde·


mente á tus mate1·nales plantas, te ofrezco el po-
bre t1·abajito ·que voy á emprender. Bien sabes
que cono~co mi inutilidad, y que sólo me mueve á
ello eZ pensar si será del divino agrado que el
sirva pm·a hon'l·arte · y hflcer algún _bien á las
almas. ¡Ah , .Af.adre mía! Aunque soy ind'i gna de
invocm·te con este dulce titulo, él es el consuelo y
el esfue1' zo en mis penas y miserias. Soy tu hija,
si, y por esto he de pedirte tu bendición al empe-
zar to~os mis trabajos.
Bendice, pues, éste, Madre querida, el cual
quie1·o ejecutar· bajo el celestial influjo de tu mú·a-
da maternal: tú me guia1·ás en él, así como la
madre que presencia y d-irige las primeras · labo·
res de su hija)" bendice también las almas de los
que este librito léye1·en, y -haz que él sirva para
que en nuest1·os corazones crezca tu dulcísimo
amor, de tal modo, que en la vida merezcamos tu
especialísima protección, y que en la hora de la
muerte nos bendigas también y se.a tu ósculo ma-
ternal el p1·incipio de nuestra eterna dicha. Amén.

La Autora suplica un Avemaría, en caridad, á


los devotos de la Santísima Virgen que lean este
libro.
PROLOGO
Pqético · es en verdad el pensamiento de consa-
grar á María el mes de. las Flores, presentándolas á
su:s plantas para que simbolicen las espirituales,
que en profusos ramilletes la ofrecen las almas pía-
. dosas ·ct.urante esos días en que la naturaleza, ador- .
.nada con sus :rriás bellas galas, las habla de la In-
maculada Virgen, Reina de la belleza .y su amoro-
sísima Madre. Pero la piedad filial de los devotos de
María; de continuo estimulada por sus favores, no
se conforma y~ con dedicarla solamente el mes de
la:s flores; la ofrece también el mes de los frutos, el
mes de Octubre, en cuyo primer domingo se celebra
la hermosa festividad del Rosario·, y al que el in-
mortal P.ontl:fice León XII-[ ha ·dado,solemn.e realce
con sus notabilísimas y repetidas Encíclicas, exhor-
tando á sus hijos para que siempre, y especialmente
durante él, obsequien á la Santisima Virgen é im-
ploren su patrocinio, mediante la hermosísima de--
voción del Santo Rosario.
Sí: mes del ~osario, mes de María, por lo tanto,
es ya el mes de_ Octubre, y ciertamente que el pen-
samiento de dedicarla el mes de los frutos es tam-
bién poético y consolador ..
En efecto: esos frutos cosechados por el infati-
gable labrador, que la tierra con su sudor regada
ha producido, bien pueden _simbolizar los frutos de
virtud y santidad que el alma debe· d~ cosechar
VIII
J

en el campo de la vida, tan lleno de espinas y male- l


zas. Mas ¡ah! ¡cuántas almas olvidan que están en
este Ca]Tipo, única y exclusivamente para cultivarle l

y hacerle fruct_íféJ:.:O en "() btas -~e PEirfección cristía- í1


na, y con cuánta facilidad olvidan el fin para q ne el
hombre fué creado, que no es otro que el servicio de ::
Dios y la sahración de su alma! ¡Cuánto.s yultivan
las maJas hierbas de las pn.sione~, las espinas de los
pecados, y dejan secar la hermosa semilla. de la gra-
cia, gérmen fecundo de preciosos frutps de santidad
·y de gloria! Pero las almas que, fieles á esta graci~,
cultivan los preciosos frutos de la virtud, consá-
granlos·,. pónenlos en este mes á la·s augustas plan-
tas de ~aría, sabiendo cuán beneficioso es para ellos ·,
i
el bellísimo·.sol de su maternal ternura. . ·
. Co~gr~guémonos, pues, ·durante este mes., bajo 1'

· el manto de nuestra Madre y repitamos con fervor


:
la salutación ap.gélica, mientras meditamos los mis- 1
_terios del Santo Rosario. El fué siempre para las 1

almas amante.s de María, cual rica mina, de la que


extraje1:on in.nlensos tesotos espiritualés; cual bellí-
simo jardín, embalsamado por el celestial aroma de
las preciosas :flores de las virtudes, que por doquier
esparcen el. perfume de la piedad y del consuelo;
cual sol radiante, en fin, que ilumina con sus rayos
de consoladoras verdades, las tinieblas de esta tris-
te vida: Y al contemplar á María en sus misterio!!,
recolectando frutos de santidad sublime, pidámosla i
gracia para, á su imitación, -recoger también frutos
de virtud en el árido desierto de esta vida, cuyó
precio gocemos á sus benditas plantas, en el eterno
paraíso de la Gloria . .f.,inén.

J
DÍA PRIMERO
Hecha la señal de la c1·uz, y 1·ez·a'do con arrepenti-
miento el Acto de Contrición, se empezará con la si-
guiente ·

OR.A.CJÓN P .A.R.A. TODOS LOS DÍ.A.S

Reina del santísimo :&osario, dulcísima


Madre de.- nuestras almas:. aquí tenéis_á vues-
tros hijos que, _con-fusos y arrepentidos de sus
miserias, fatigados por 1as tribulaciones de la
vida, y confiando · en vüestra maternal pro·
tección, vienen á postrarse ante vuestro altar
en este mes consagrado á honri!Lros por el su-
premo J ei·arca de la Iglesia. ; ·
¡Olí Madre amorosísinia! _Nosotr'os quei·e-
mos obsequiáros-. dedicAndoos estos breves
momentos con toda la efusión -'d é nuestras
álmas. A_co~ednos bajo las al~s de vuestro
maternal amparo, cubridn_os con vuestro man-
to y atraednos bondadosa á vuestro purísimo
Corazqn, depósito de celestiales gracias.
Dejaos r·o dear de vuestros hijos, que están
pendientes de vúestros labros. Hablad, Madre
querida, para que oyéndoos sumisos y. ponien-
do en práctica las santás inspiraciones que
- 10
-
cual maternales consejos ~s dignéis conceder-
nos durante este bendito mes, log~emos la
dicha de vivir cumpliendo con perfección la
santísima voluntad de vuestro Divino Hijo,
creciendo en todo momento su amor en nues-
tros corazones, para que logremos la dicha de
alabarle con Vos eternamente en la Gloria.
Amén.

Primera. -consideración sobre el primer -


,· . Misterio gozoso.

De la virtud de la humildad.

Vamos á dar comienzo á las consideracio-


nes que hemos de hacer sobre las virtudes en
los misterios del santísimo Ro.sario, hablando
de la virtud de la hu-mildad, pues que ella es
base y cimiento del edificio espiritual de la
perfección, que con las demás virtudes hemos
de levantar en nuestras almas. Con la ver-
dadera humildad puede decirse que vienen
como consecuencia todas las demás vírtudes,
y que sin humildad toda virtud es ilusoria; y
esto parece significarnos aqpel pasaje que se
lee en la vida de Santa :María Magdalena de
-11
Pazzis, que dice: «Queriei].dO un )iÍa Jesús
darla inteligencia de los di v!nos secretos, le
plugo instruirla por sí misrp.o, y entre otras
palabras, la dijo: «En el infierno hay muchas
»Vírgenes, pero no hay ningún alma humilde.»
Pues bien; en la contemplación del pri-
mer Misterio gozoso, encontraremos sublimes
ejemplos, elocuentisifi?.aS lecciones que p.os
impulsen al amor de tan ~ecesaria virtud,
«Por los hombres, .dice el P. Tesniere, Dios
se hace hombre; por nosotros, mis.e rables, el
Altísin10 se humilla; por nosotros, criaturas,
el Creador es creado; por nosotros, débiles é
indigentes, el Todopoderoso conoció y se so· -
metió á la indigencia. Por nosotros, hijos in-
gratos, extrayiados y rebeldes, el Hijo primo-
génito ha sacrificado su felicidad y su gloria .
.Por nosotros, pecadores y per~id-Os pa_ra siem--
pre, el Santo de los santos se ha entregado á
los suplicios y á la muerte.»
¡Qué estupen~o anonadamiento el del Di-
vino Verbo, descendiendo del cielo á tomar
nuestra humana naturaleza en el seno purísi-
mo de la Santísima Virgen! Adoren nuestras
almas en el silencio de la admiración tan pro-
fundo misterio , y fijemos después nuestra
atención en esa humildísima Yirgen, que ha
-

- 12-
de ser nuestro modelo y celestial Maestra ·en
todas las virtudes,. y que parece darnos ejem-
plo, de una ·manera especial, de esta prihci-
palísima de la humildad. ¡Ah! Es tanta la .ne- \
cesiqad que de ella tenemos y tanta ia difi-
cultad que ofí·e·ce á nuestra miser~a su prác .. - ,1
tica,-qúe debemos de bendecir al Sefior, al 11
contemplar á la Santísima Virgen, Reina de
to·do's los Santos, of_reciéndonos un .ejemplo de
vida tan oculta; retirada y humilde, que no se
perciben en ella ni aun esas demostraciones
de celestial grandeza que el Omnipotente hace
brillar á veces en la vida de sus siervos; pues
la Santísima Virgen, que gqzó de las prerro-
gativas· y · dones que á, todos ellos concediera,
y que én perfección, g·r a.cia -y santidad se
eleya á inconmensurable a}tura sobre todos
los ángeles y santos, se presenta á. nuestra ¡
i
vista sin dai· muestra alguna de tan excelsa ,
grandeza, estando siempre ocultos los emi·
·nentes dones qu·e posee y la gloria que la cir-
cunda. Por esto observaremos que está siem- ,

pre al lado de su Divino Hijo en la humilla- \


ción y en el dolor.
En efecto, en el pesebre de Belén, donde
contemplamos á un Dios Niñoqueqtliere nacer
en un pobre establo, rodeando dos animales

_1
13-
su humildísima cuna, vemos á la Santísima
Virgen, sosteniendo en sus brazos a!_ Divino
Infant~, y . participando de aquel desamparo
y pobreza. Cuando nuestro .Di vino Salvador
en su Sagrada Pasión fué insultado y hecho el
e.s car.nio y b.efa d~ la plebe, ka S~ntísima Vir-
ge~ sale á su encuentro en la c.a lle de la
Amargura, ·á compartir los insultos., burl~s y
humillaciones oon su .amado Jesús; y si por
último le contemplamos expirando .en un in·
fame patíbulo, en 1nedio de dos n1al.hechores,
allí está también su Santísima Madre, inmóvil
al pie de la Cruz, participando de_Ja ignomi·
nia de aquell~ afrentosa -muerte, y absorbiep.·
do amarguraf;! y tormentos inex:plicab~es en su
purísimo Corazón.
Pero en vano buscaremos á .la Santísima
Virgen cerca de su Divino Hijo en esos mo-
mentos -en los que su divinidad parecía brillar
instantáneamente, pues no nos dice el Evan-
gelio que estuviese con Jesús cuando las mul-
ti~udes, entusiasmadas por su predicación y
por los prodigios que obraba, querían acla-
marle Rey; ni con los discípulos que contem-·
piaron la manifestación ct·e su gloria en el
Tabor; ni con el Bautista á las márgenes del
Jordán, cuando se abrió el cielo· y se oyó
- 14-
aquella voz soberana que descubría la gloria·
del Salvador, ni ·q ue pr~senciara tampoco su·
triunfante entrada por las calles de J erusaléri.
·¡Oh Madre mía! ¡Sólo te vernos cerca de tu
Divino Hijo en la humillación y en el dolor!
¡Qué herinoso ·ejemplo! Bien podemos decir
que tu Inmaculado Corazón es ~l modelo de
los corazones verdadera1nente generosos que
rio quieren otra cosa que "los sufrimientos por
amo1~ á, Jesús, y dechado perfectísi.mo de hu-
mildad. Haz, Madre querida, que ya que he·
mos contemplado los ejemplos -que nos das de
ésta hermosa virtud, tan rara desgraciada·
mente, como necesaria, la practiquemos imi·
tándote en las ·humillaciones, para que un día
alabemos á Dios contigo en la exaltación de
la Bienaventuranza.

EJEMPLO

La institución d·e la festividad de Nuestra


Señora del Rosario tuvo su origen en el glo·
rioso triunfo de las · huestes cristianas en Le-
panto.
El Papa San Pío V congregó á los prínci-
pes cristianos en una. santa confederación y
liga contra las fuerzas del gran turco Selim
- 15-
Solimán, en el año de 1571. Para conseguir la
victoria, quiso que el pueblo cristiano se pre-
parase con oraciones, y muy principaimenté
con· la del Santo· Rosario, para lb cual aprobó
y confirmó todas las indulgencias y gracias
con que sus predecesores ha~bían· enriquecido
á la cofradía, concediendo para en· adelante
otras nuevas, y recomendó el rezo del santo
Rosario para implo.raT de este modo el p:.ttro-
cinio de la Santísima Virgen. Esta bondadosa
Madre escuchó los ruegos que sus hijos ta di-
rigían por medio de la devoción que tanto
ama, concediendo una milagrosa victoria, ha-
ciendo que el viento cambiase, contra lo que
era natural, á favor de l~s cristianos, é infun-
diendo el des'a liento en la escuadra de los
turcos; habiendo confesado algunos de ellos .
haber visto. ángeles con espadas desnudas so-
bre nuestras galeras. Por esto en la sala real
del Vaticano se pintó á San Pedro y San_Pa:
blo, y un ejército de ángeles que por la ar-
mada de la Liga peleaban contra el poder
del infierno, y se acuñaron medallas con la
misma alegoría. Mientras tenía lugar este me-
morable triunfo, el Papa se ocupaba en Roma
de un trabajo importante) con varios Prela-
dos. De repente les impone silencio con un
- 16-
signo de la mano, se lev~:qta bruscamente, se
dirige _á un~ v:entana, 1~· abre y pern;1anece
asomad<? á ella algunos rpinutos, en p.rofUJ:l.~a
cont~mplació:q. Estaba absorto mirando ¡.tL
cielo} y en su· semblante se·· deja_b a ver una
gran e:r_nocióJ?.. ·Después vol vióse á los Pre-
lados, y ex-clamó: eN o haolemos ahora de nin-
gún asunto; corramos á. la iglesia · á dar gra-
cias á Dios; nuestro ejército. ha t,riu~fado. »
Todos los que estaban presentes s~ fijaron en
el día y la hora en que tuvo· esta visió1;1 el
Papa; era el 7 de Octub1~e, ~ las cinco de ~a
tarde, ·el d!a y la hora precisamente en que
triunfaba la Cruz en el golfo de Lepanto ..

SANTOS Y REYES DEVOTOS ·DEL ROSARIO


"'-
Santo _Pomingo de Guzmán instituyq la
devoción del.Rosario) por revelación de l~
Santísima Virgen, y con é_l renovó .el esp¡ritu
de oració~ que parecía p.aberse E?Xtinguicto
casi por completo . entre los cristianq~. Más
de cieJ:l ~il herejes é innuOJ.erabtes peG-~dore_s
se convir-tieron mediante la . maravillosa efi-
cacia de. tan permósa devoción, que Sañto .!)o-
mingo reeomendaba á toda clase de personas,
explicand,o sus mi~terios · con unción y sen e¡ ..
- 17-
Hez ·admirables. (P. :Morán.) San-Luis, rey de
Francia, acostumbraba á rezar todos los días
una parte del Santo Rosario, arrodillándose y
levantándose á cada Avema1·ía. (P. Alvarez.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Al Rosario se debe el acrecentamiento de.


los cr-istianos. (Urbano VIII.)

OBSEQUIO -

El obsequio . á la . Santi~irpa Virgen pará


este día, y 1o. mismo para todos los del ' mes,
será redoblar en cada uno de ellos . el fervor
en la -recitación del S~nto Rosai·io, y la_~te~­
ción en la tueditación de sus misterios. · Tam-
bi.é n ~~ podi·A_~ of~ecer á la .Santí~inia Y_irgenJ
como obsequio, los actos de piedad que ins·
pire á cada uno su devoció_n.

SÚPLICAS Á LA SANTÍSIMA VIRGEN


PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES .

- Os saludamos, Virgen Santísima, Hija de


Dios Padre, bendic:lendo á Dios, que .os pre-
servó de · toda mancha en vuestra Inmaculada
Concepción. Por tan exce~sa prerrogativa os
rogan1os nos conce<;láis pur~za de alma . y
2
- 18-
é~et~po, y' q~e nuestras conciencias estén sien1~
pi;e liores, no -sólq del _pecad_d mórtai, sino
también de tocÍa voluntaria faltá é imperfec..:
~iÓn. ( Avemr;¡rid.) ·-
Os sal_~ damos, Virgen Santísima, ·M~dre de
Dios Hijo, bendiciendo Á Dios, que os conce-
d·íó el pri vilegi<J de unir la virg'inidad · á la
maternidad divina. P01~ tan singular bene-·
ficio os rogamos que nos concedáis la gracia
de vivir cumpli~ndo nuestras respectivas obli-
ga<;iones, si~ - apartarnos nunca d~ la .presen-
~~~ ~ ~e -~ io~ .dirlgien4o á su gloria y .ofrecie_n -
<tR ,IW}i Sij, amqr Q.a_sta_nuestr~ más lev-e movi-
tp!~HfQz · s~nti~fic~ndo ,a sí to~as nuestras. obt~ as. ·
CAvernat·ía.J . . . . ~ .
·~~.Oe; sáíu,damos, Vir-gen Santisima, Esposa
~!3 j)f.o~,. E$p~rítu Santo, bendic~endo á Dios.
por la gracia que os concedió en vuestra
Asunción, glorifi.c ándoos en alma y cuerpo.
Por ta:n port-entosa gracia· os rogarnos. nos al- ·
caneéis la ·de . una muerte preciosa á los ojos
d~l S~i}or 1 y que nos consoléis bandadasª. en
~qu~Üo~ slipí:~iriós.· momentos, ínÚ'a que;·eon·
ft~dos _eri'fj ~hesfi;ó póderoso ·a uxflio, i~esistarrioJ
~' lÓs' 2óllib~t~.~ \íel','enemigo y murkmos dul~
eedle'nt~·~re1clitt~d~s eri 'vúesttos amantes bra~
ios·: 1 (!A~~1~~1.¡~·:) . ' .·.. .'' .
r ·< - ' • ~: ··· :
19-

ORACIÓN FIN AL

¡Oh Virgen Santísima del Rosario, Madre


de Dios, Reina del cielo, consuelo del mundo
y terrot del infierno! ¡Oh encanto suavísimo
de nuestras almas, refugio en nuestras necé-
sidades, consuelo en nuestras· penas, desalien-
tos y pruebas! A Vos llegamos con filial con-
fianza para depositar en vuestro tiernísimo
Cora~ón todas· nuestras necesidades, deseos,
temores, tribulaciones y empresas. V os, Ma-
dre mía, lo conocéis todo) y omnipotente por
· gracia, p·~déi.s remediarriosi. V os nós amáis,
Madre querida, y queréis todo nuestro bien.
¡Ah y cuán consolador es saber que no hay
dolor para el que no nos ofrezcáis alivio, ni
situación para la -·qúe· ·no haya misericordia
en vuestro amante Corazón! Por esto nos arro-
jamos confiadamente en vuestros brazos, es-
perando vuestro amparo maternal. Somos
vuestros hijos, aunque indignos por nuestras
miserias· y por ·la ingratitud con qué hemos
correspondido á vuestros maternales .favores.
Pero ·una vez más, perdonadnos, otd nuestras
·súplicas y despachadlas favorablemente. Ha·
-20-
ced, Madre querida, que n oolvidemos las sa-
ludables enseñanzas que se desprenden de la
consideración de-los· misterios del santo Rosa-
rio, ni las inspiraciones que durante ella nos
habéis concedi-do, para que, imitándoos como
buenos hijos, durante el destier.ro de la vida,
merezca,mos ·la dicha de vivir con V ós _en las
alegrí~s de la patria bienaventurada, alaban-
do y be~diciendo al Señor .por los siglos de
los siglos. Amén.

DÍA 2
• "l. •

Seguttda · cons¡der~ci6n soQr~-.el p~im.er


Misterio gozo~ . .

De la virtud de la humlldad. ·

Hermosos y sublimes son 1 como hemos


visto, los ejemplos que de la virtud de la hu-
mildad nos dió la Santísima Virgen, y -g rande
es la necesidad que tenemos de practi~ar esta
fundamental vi-r tud. Ella es el verdadero dis·
tinti.vo de las almas grandes; pues parece que
el Señor, siempre admirable en - su sabiduría, ·
- 21-
las proveyese· de·esta virtud, · cual de escudo
impenetrable, con el que puedan defenderse '
de los ataques de sus enemigos, de los cüales
el alma humilde siempre. sale victoriosa. Sí;
la humildad verdadera es piedra preciosa,
moneda de circula·ción segura para· obtener
los di vinós favores, báculo en el que se sos-
tiene el alma, tanto en los ':alle~ .oscuros de
la prueba' como en las alturas de la contempla- ·
ción; Dies la ·colóca en el alma ·donde · quiere
ha·cer brillar sus misericordias,.cual lastre ma-
ravilloso, para que ri.o ·sea sumergida en el
borras·coso ma_r del orgullo; ella previene, 'cuar
celestial antídoto~ el veneno de · la propia eS··
tima, y cual seguro puerto sirve de asilo en
las furiosas t~m pestades y -vi en tos de 1¡:¡, l'ison- ·
ja humana, tari fuertes como terribles. El
Beato Enrique ·'Suso·, en tifi discurso sobre la
humildad, dice elogiando esta virtud:
«Et que marcha por la senda de la humil-
dad ha encontrado el medio de abreviar ·el ca-
mino, y tiene ·alas para volar al paraíso. Este
es el camino de paz- y tranquilidad perfecta;
imp~·síble es servir á Dios con mayor seguri·
dad que seQuitándose sinceramente en la pro-
fundidad de su nada; y nadie puede excusar-
se de hacerlo así, sea viejo ó joven, enfermo
-22-
ó sano, grande ó pequeño, pues que ésta es
una verdad común á todas las criaturas~
«La humildad bien pl'acticada-dice una
piadosa autora-lleva la paz al alma, y cons-
tituye la felicidad de la vida Suele ha?er
entre las ·personas piadosas un error lamenta·
ble, que consiste en considerar á la humildad
como una virtud austera y sombría, y que en-
tristece ~l alma, cuando, por el .contrario, no
hay virtud más noble y consoladora ·que la
hurpildad. Ella consiste en apreciar en su jus.to
valor lo que se de,be á Dios, á las c_riaturas y _
á si mismo, y obrar en consecuepci~ de esta ·
apreciación. La humildad es la franqueza y
. lealtad del alma, que quiere ver triunfar siem-
pre la verdad, aunque este triun~o _la humille
y la confunda. Es la delicadeza de un co-
raz6n que ama á Dios y cifra su felicidad en
que sea suya toda la gloria, pues nada es más
grato á aquel que ama, que ver la gloria de
la persona amada.»
Y $i aún queremos oir nuevos elogios de la
humildad, escuchemos al P. Granada, que en
uno, de sus arrebatos de sublime elocuencia,
exclama al contemplar al Salvador á los pies
d~ sus discípulos en el acto de lavar~s los
pies:
-23-
. ~ ¡04 admirable virtuq. d~ la humildad!
¡pópp debe!}. s~T grande.s tus , riquezas, pue·s
tanto eres alabada! ¡Oh cómo no. ~e.b.en ser
conocidas 1 pues por tantas vías no~ eres e~co·
rpendada!....¡Oh hu mi! dad. predicaqa y enseña·
da ~n to~a ~a vida de éristo, cantada y alaba-
d~- por bo~a .d~ su Madre, flor hermosísim~
entre las virtudes, di vinC¡t piedra i~á? que -·
'}traes á ti el Oriador de todas ~as co~as .. El
qu~ ; t~ desechase, serÉ\; de B~os . des~chado! ·
aunq1Je ~sté eJ;llo ~ás alto ~el ~ielo; y .~~ que
t.~ ~br'aza;re, s,e rá qe D~os . abrazaO.o, ~unque
aea e,l m.ayor pecad<;>r del 1nundo. Tú pl~ces
á los hombre~ , agra~as á los ángele~, confqn-
ues
.. '
á los demonios y atas las rrianos
~ ~ . al
,
Cría-
'

clor. Tú ere.f;!, fundamflnto d~ la~ yir~ude~,


q~uerte de · lo~ v!.cí~s,_ ~spejo de liis v~rg~~~~~
Y: hospedería de la Santísima TF~nida~. Q,uie~
n:llega· ·sip. tiJ derrama; q qien edific;;a, 1~ . _r~o.
sobre ti, d~struye; qui~n arp.ontona y~~Jp..d~s .
sjr). t~, el polvo l~eva ante l~ cara d_~¡ , v,}FH~tq :
Sjn .ti la virgen es desechada de. .las' _P,U~i~ ta~
del cielo, y contigo la pública pecadora . ~» re-
cibida· á los pies de Cristo . Abraza·d esta ~ir·
Lud las virgel}es, para qu~ p.or ~llá; os a:p~·o~~
v:~ch<1 . v~estra virginida~. Buscadla vosotróE?,
l9s religiosos, por~ue ~in ella · S~r4 ::van~ ~ues-
-24- {
tra religión. Y no menos vosotros, los legos,
;
1

porque por ella seréis librados de los lazos !


del mundo.» 1
Nada añadiremos á tan hermosas en~eñan- ~
zas, á tan brillantes_ elogios de esta virtud ¡
fundamental. Pero notemos que si la humil· ~
dad es la base de todas las virtudes, es tam- :
bién necesaria para conservarlas y cual pre·
cioso velo (por decirlo así) ·que preserva su
brillo; sin el cual el polvo ·de la vanagloria y
los insectos destPuctores del orgullo; bien pron-
tole empañarían. ¡Ojalá, pues, que al contem-
plar la excelencia de esta virtu.d, y la abso-
luta necesidad que de ella tenemos para ele-
var y conservar el edificio de la perfección
en nuestras almas, . nos resqlvamos. á practi-
<:h'l.rla siempre c~n esmero! Tengamos para
ello presente el ejemplo que de esta hermosa
virtuel nos da nuestr(l. amorosísima Madre;
corramos á sus plantas benditas á suplicar-
la que quiera ser en ella nues~ra celestial
Maestra, y seamos- dóciles á sus . !llaternales
enseñanzas. '.

Sí, Madre mía:_ á tu amparo recurrimos,


bajo tu manto nos cobijamos) cual el niño que
atemorizado á la vist11 de una fier~, se preci-
pita confiado en el seno cariño.so de au madre~ · ¡
- 25-
Nosotros sabemos que esa fiera, .ese monstruo
horrible del orgullo, hace víctimas por do-
quier, sin respetar siquiera los asilos de la
piedad, ni las almas consagradas á .practicar-
la. Quiere separarnos de Dios y de ti, Madre
querida; robar el mérito de nuesúas buenas
obras con una vana complacencia, y á todas
horas y -eJ;l todas -p artes nos peraigue. Pero
¡oh Madr.e mta! nosotros recurrimos á ti con
la confianza de que siguiendo ~ócile~ tu amo-
rosa voz, é imitando con la diyina gracia los
sublimes ejemplos que de esta virtud nos de-
jaste, mientras viviste sobre la tier11a/ triun-
faremos de .nuestros enemigos, y llegaremos
un día á la exaltación eterna de la gloria;
pues si somos verdaderamente humildes se
cumplirá en nosotros aquella soberana sen-
tencia, que dice: «El que se humilla será en-
salzado.»

EJEMPLO

Mártir ~el Rosario fué' la pastor cita Pasca-


sia, nacida en el Piamonte en el siglcJ XIV.
Su piadosa madre le inspiró desde la infan ·
cia la devoción á la Virgen, y la ensenó á
rezar el Rosario. A los tres añ~s· era ya la ·
-26-
delicia de esta niña repetir la salutación an-
gélica. El Seño.r., que quería ·hacer de ell~ .
una mártir, permitió que su -buena mad-r e
murie.se, y . que su _padre se casa~e co~ una:
mujer de genio violento é irasc~ble, ¡!amada
Margarita. -De ell_a se sirvió el · dempnio para
atormentar a la angelical sierva _d e 1~ ,Reina
de lo.s ángeles, hasta hacerla víctima de la
devoción deLRosario. No podía $qportar ~que·
lla mujer..que lá niña .le reza~e -eon tanta fre- .
cuencia, y un :día qtle Pascasia ·e·s taba ocupa-
da en est~ · devoción, . la sorprengió su madras-
trft, ~e arrojó sobre ella, la Il).altrató, le arran ·
có ·de las manos el rosario, .·lo ·. despedazó -y
arrojó al campo_ La niñ~, me~os apep.ada de
sus golpes -que· d. el ultraje );leche _á la Virgen
y á su Divino Hijo, á falta de rosario hizo
s~cretamente ciento cincuenta nudo¡;¡ en un
cordón y siguió practicando su devociqn fa vo-
rita. Muchas veces fué maltratada la niña por
su ntadrastra, y todavía pueden verse hoy
señales de su sangre en un rincó~ del establo.
Un día, en fin, en _el que las ovejas volvían
del monte sin la pastorcita, que extática se
había quedado rezando el Rosario en una co-
lina, salió á buscarla Margarita, y apenas se
aQerc~ á ella) la c~gió _por los cabello~, 1~
27
arrastró por el suelo y tales golpes la dió, pri-.
mero con la rueca, después con un garrote, y
por fin ·con una piedra, que le -rompió el crá·
neo, y la niña qu~dó muerta. Consumado el
crimen, la madrastra . desesperada, se tiró
por un precipicio y se mató . Los vecinos que
·conocían las virtudes de la pastorcita, la
vida de martirio que había soportado con tan-
ta paciencia, .y cómo había . muerto poi no
abandonar la devoción del Rosario, empeza-
r on á invocarla como intercesora en la pre-
sencia de Dios. EL Señor la honró con mila-
gros, y el gran Papa del Rosario , San Pío V,
la colocó en los altares. (P. Alvat:ez.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS .DEL ROSARIO

El Beato Alano, re~igioso dominico, fué el


restaurador del Rosario. La Santísima Vir-
g@n se le apareció, y le animó á que propa-
gase esta- devoción, prometiéndole su ·a yu-
da. El Beato Alano se dedicó durante quince
años,_ con celo infatigable, á predicar el santo
Rosario, y la Santísima Virgen bendijo su
predicación, apoyándola con admirables por-
tentos. (P. Pradel.)
El rey Felipe II dijo á su hijo antes de ,
-28
morir:. «Si quieres, hijo mío, que tus Estados
prosperen, no olvides el rezo del Santo Rosa-
rio. (P. Alvarez.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

El Rosario es un. tesoro de gracias. (Pau-


lo V)
(Todo lo demás) como en el día p1·imero.) -

DIA -3

Primera. oonaidara.ción sobre al segundo -


:Misterio gozoso.

De la caridad para con el ·prójimo.

De gran in1portancia para nuestra vida


espiritual son las enseña.n zas que en este
Misterio nos ofrece la Santísima Virg~en. En
efecto, si la ·contemplamos en él después de
haber concebido ya en sus purísimas entra·
ñas al Unigénito del Padre, observaremos
·que lo primero que el Señor; que habita · en
ella cuaL en_ inmaculado-Tabernáculo, la ins-
-29-
pira, ..es -un acto de carida.d para ·con.el pro ji-
mo, en la visitación á su prima Santa Isabel:
María corresponde fielmente á _esta inspira-
ción, sin ·que la detengan en su cumplimiento
las dificultades y privaciones de un-largo y
penoso viaje; demostrándonos con su eje m·
plo que cuando el alma está cerca de Dios,
cuando le ama verdad~ramente, no puede
menos de traducirse este amor en obras de
caridad para con el prójimo; pues estos dos
amores son cual dos ramas · que partiend0 de
un mismo tr-onco,. han de es_tar unidas para
florecer y dar fruto; y pronto-se marchitarían
si_.se tratase de s~pararlaé"; ·p or lo . cual dice
Santa Teres~ que podren1os jtfzga1· del amor
que á-Dios tenemos, por la ·medida .- del ·qué'
tenemos á- nuestros hermanos, imagen suya.
Esencial es este amoT 3:1 prójimo, por ser
uno de los dos mandamientos en los que . está
encerrada toda la ley; y su práctica es· tan
conforme con los sentimientos grabados en el
fondo de nuestro ser por la mano' omnipotente-
del eñoi·, que aun aquellos que no practican
ninguna virtud no quieren que se les niegu~
la ·de ser compa,sivos en las n~cesidad-es .dé
sus semejantes. Podríamos comparar el amm~
al prójimo, á una piedra precios:l· d-e ~fuinens-ó~
Só- l
valor, sumamente rara, y que todo el que ttó
la poséyese tratara de falsificar. Pues ¿qué
otra cosa son que falsificaciones de este amor ~
esos espectáculos en los que se ofende á Dios,
y se destí·uye , por lo tanto, la caridad en el '
alma, con el pretexto de ejercitar la · benéfi- ·
cencia con el prójimo; esas limosnas farisai-
cas hechas á son de trompeta, que fomentan J

el orgullo, publicando osteñtosamente que se


practica la caridad, cuando en realidad se
está faltando á ella., ·y · tantos y tantos actos
que los hombres aplauden, pero que Di6s re- r
prueba y castiga?
Pero no son estas falsificaciones de la ca-
ridad las más temibles para las personas pia-
dosas, á las que una vid·a retirada pone á
cubierto de tantos y tan extravagantes erro-
res como en el mundo sé profesan, y que tra- i

tan de practicar aquel consejo del Divitio


Maestro, cuando nos dice que ignore nu_e stra
mano izquierda el bien que la· derecha practi-
que Otras falsificaciones hay, qué por lo
!
mismo que son menos groseras, pueden enga- ¡

fiar mas fácilment~, y es tristísimo observar


tantos errores y faltas en está materia, no yá
sólo entre los mundanos, que es natural ye~
rren y se extravíen caminando en tinieb~as,
- ai
sino tambien> entr@ . los que se . -p recian de
caminar ~ ia iuz d~l Evangelio y de- -practi-
car ~us divinas· enseñanzas. En efecto:· ¡cuán
pocas son las conversaciones en las que reina
el espí ·itu de caridad; y qué diferentes son
; las visitas de los cristianos de lo que debie1~ari
ser, y de lo que fué la que la Santísima Vir-
gen hizo á su prima Santa I~abel! ·M aría sólo
busca en esta visita la gloria de pios ·y el bien
del prójimo, mientras que frecuentemente ob-
f?ervamos que el móvil de muchas visitas de
'
nuestros 'días es alguna de las pasiones que
doriünan el mísero corazón humano; siendo,
por ciert~, en:g año lamentable el de · tantas
personas qué se creen en .c amino de"· perfec-
ción, olvidand·o ·que la veedadera caridad es
el fundamento de esa pérfección á que· as-
- . .
piran.
y es tan get1eral ya este engaño de c'ensu,;
rar al prójimd, que casi se repara en él, y á
veces se le disfraza coÍ1 apari.e ncias de bien,
sirviendo de excusa ·el deseo de que sé corri:
jan los defectos·, que tal vez infundadament~
se suponen, sin reparar en las faltas que r~eál­
íñente se están cómétiendo. O hi defensa de
tales ó cuales principios ó ideas, 6 la sirn·patía
por· ést~ ·ó el otro instituto relfgioso; ptete~•

.
-32-
tos todos que parecen ins.(>irados por el ene-
migo de las almas, que está tan· interesado en
que á la caridad se falte. Y ya que no pueda
desconocerse que ha.y falta, se dice que éstas
son faJtas ligeras, que hay que hablar de algo,
y otras muchas excusas que en nada atenúan
la gravedad del mal. Pero si á la luz de la fe
y libres de toda pasión lo considerásemos,
¡cuán distintamente juzgaríamos, y con qué
cuidad9 haríamos uso de nuestra lengua, de
ese pequefio miembro que puede d~r la muer·
te en e-xpresión -del apóstol Santiágo! Y si
de todo palabra- ociosa hemos -de dar cuenta
á Dios, ¿qué será de esas palabras, no ya
ociosas solamente, sino injuriosas al prójimo,
por más ilusiones que queramos fiacernos?
-E n eJ ·Diálogo Q.e Santa Catalina se lee que
dijo el Señor á la Santa, respecto á aquellos
que juzgan temerariamente á su prófimo :
o: N o piensan estos desgraciados que la lengua

ha sido formada únicamente para honrarme,


• 1
pura confesar sus . faltas, pa.ra practicar la.
vil·tud, y trabajar en la salvación del pró·
jimo.» .
Examinemos, pues, si hacemos de nues·
tra lengua -el solo uso para que fué forma•
-dar. No está prohibida en ,~1 una amena y.
-33-
modesta conversación , pües un rem·eo pru-
dente y santificado por una recta intención,
honra también al Reñor, ·ofreciéndosele como
descanso p·a ra reparai~ nuestras fuerzas, y
emplearlas después con. mayor ardor en su
servicio. Pero en manera alg-una caben en
este uso esas censuras apasionadas, ·esa lige·
reza de juicio, ese deseo de sobreponer-se á tos
demas, esa falta de docilidad haCia. losTepre ·
sentantes de Dios, y de discreción en mate·
rías de las que nadie nos ha · constituido jue-· ·
ces, que SB observan -con ·descons<>ladora fre-
cuen-c ia en las conversací'ones de muchas
personas que debén de aspirar á · la perfec-
ción. Sepamos· callar, que el ·silencio es pa•
dre de gra"ndes pensa'm ientos, y practicán-
dole ·en determinadas ocasiones, evitai·emós
grandes males á nuestra alma; no· miremos
como falta liger·a contravenir á la ley· de
Dios y á los consejos y ejemplos que nuestro
Divh1o Maestro nos dió durarrte sú vida mOI~­
tal, y tengamos siempre presente· que son
«hiena venturados los misericordiosos) porque.
ellos alcanzarán misericordia. 7¡

3
- 34:. -...

FJEMPLO

El P: Alfonso de· Zamora refiere lo siguien-.


te: «En la ciudad de Valencia dió San Luis.
Beltrán un rosario bendito que babía>. Hevado
de· estas- Indias á una persona de mucha .cali- ·
das, diciéndole: «Tened .en gran reverencia
este•rosaTio, porque en las Indias ha sanaé(o
enfermos, convertido pecadores y aun pienso
/

que ha resucitado muertos.» Fué muy público


en ··el reino de Granada, que ·en un· pueblo
donde ei Sánto predicaba, con- el rosario re·-.
su.citó á uria muchacha de pocos años, hija ·de,.
una .india que había convertido. Tenía el bien-
. aventurado Padre aquel rosario en tan grf.tn
venei·ación, ·que en vi aba ·algunas v eces á pe- .
dirle á aqu~lla per.sona á.. quien lo había dado,
para p'onérselo á ·los enfermo·s. A otra · perso··:
na devota 'y espiritual_; dijo clarainente ·~ «D.ios:
me ha heeho la merced de que con este .- rosa
ri'o _he resucitado muertos.» En la -Bulá de· e~·-:
nonización del Santo se eón-signa esto ·mi~nio,
y se· añade ·que con el rosado salvó á un ·náú-.
frago, que por espacio · de un día y dos hoeh~s
estuvo en el mar nadando, al cual el :-;anto
esperó . en la orilla con vestido y alimento,
sabiendo que arribaría alli. Dícese también
-35-
· en la misma Bula que aun cuando cayeran
aguas torrenciales, se libraba de la mojadura
el Santo y}os que le a~ompañahan, por v.irtud
del rosario-. (~. P radel.t .....

1 SANTOS Y REYES D~VOTOS DEL ROSARIO

San Fran~i.sco de - As~s,. glorioso 'fúndador


<te 1~ Orden F1~ ancisc~na, aprendió .el!- · sus
pJática;S ~sp~rituale~ con Santo Dqmingo, la
. de.voc~ón . del ~os arto, Ia. cual recome~~aba .
frecuentement.e á sus innumerables y. . san tea, ..
-
hijos. :(Revista del Rosru·io.) · .
Segismundo 1, rey d~ Polonia, implorando
.;
el auxilio ·de . la Virgen.. del Rosario, obtuvo
celebérrima victoria de los i:noscov~tas, ma-
1
tando GUarenta mil hombres y haciendo diez .
mÜ prisionRros, y obtuvo del Papa León X
que el aniversario de esta victoria se celebra-
se en todas ~as iglesias de su reino. (P. Al-.
va1'ez.)
ELOGIOS PONT1FICIOS

El Rósario es úna oración en gran manera


grata á la Virgen, llena de eficacia para la
defensa ~de la 1glesia-y del pueblo cristiano, y ·
p~ra impetrar de Dios públicos' y partiqulares
beneficios. (León XIII) : _~ . · '~.'- . .
•• • • .~- ~ • • • .t . J • ...·' :. 'l \. . -
-36- .

DÍA 4
Segúnda consideración sobre el segundo
:Misterio gozoso.

De la caridad con el prójimo.


Muchos son los ejemplos que en la Visita .
ción nos ofrece la Santísima. Virgen; pues
(,quién podrá decir cuál seria la cordialidad,
dulzura y caritativo trato de que fué modelo ·
en la dichosa morada de su santa prima? ·¡Ah
y cuán' necesaria nos ~s imitarla ejercitando
con nuestros ·prójimos, esta virtuosa condes-
cendencia! Ella pudiera llamarse pequefia
moneda de la caddad; pero como las ocasiones
de adquit'irla son continuas, nos es dado con
su práctica acumular tesoros de méritos para
nuestras almas, al propio tiempo· q úe ayúdar
al espiritual aprovechanilentodenuestros her- -
manos.
Personas hay, piadosas por otra pa.rte, y
capaces hasta de hacer sacrificios por su pró-
jimo, en ocasión determinada, pero cuyo tra-
to. ordinario es tan áspero é ·intransigente,
que desvían; no sólo de su comunicación, con
Ja que tantó bien podtíáfi hacer, sino hasta·
~ · 37-

de la piedad·· de que .h acen· profesió'n, pues aon


su adusto proce_d er la presentan bajo un as-
pecto sombrÍo é insoportable. Si estas pe.rso-
nt;~¡s se hubiesen encontrado en las bodas de
Canaán, ciertamente que no hubiesen inter-
cedido por los esposos, para que el Salvador
les proveyese po~ milagro de . excelente y
abundánte .vino. Hubieran pensado que esta
falta era proveclrosa, pues hacía practicar' la
abstinencia á los· convidadós y la hiünillación
á los espt>sQs. Pero' la Santísima Virgen no
piensa de este modo. ·E l espír~tu de la verda-
dera piedad .~s - -rígido solamente para· con
nosotros mismos, pero indulgent·e para con el
prójimo, no sólo socorriéndole en las necesida-
des graves,.,sino también procurándole cuan-
to pueda convenirle y proporcionándole todo
aquello que .lícitamente paede serie agrada-
ble .. Y por cierto, qué.hermoso ejemplo de es~a
complacencia es el que nos ofreye en estas
bodas la Santísima Vi1;gen, pues no parece
sin misterio que el Evangelio nos hable de
un solo milagro obrado por el Divino Salva-
dor á instancias de su S.antísima Madre, y no
teng~ él p0r objeto una causa grave, sino
s.o lamente el proporcionar vino á aquellos
c<;>nvidados y evitar la confusión que los es-
-- -38 -
·posos bubi"esen ·s ufrido por su fa,lta. - Y para
·esto, insiste María, .sin desani~arse por -la
· negativa de su Divino Hijo, com-o para de-
'.mostrarnos que si tanto se interesa en nu~s-
tra felicidad temporal, ¿cuál será su solicitud
· cuando se- trate de nuestra salvación eterna?
Creen algunos que la práctica"·de la- car-i-
. dad ~e- limita á alargar con desdén un· socorro
· al menesteroso, á quien quizá tratarían dura-
mente si en algo les contrariara,- pero la vm~ ­
dadera caridad es dulce, benigna é indu1gen- .
-te; todo lo sufre, lo embellece todo y no admi-
te resentimi·e nto ni antagonismo de ningún
género. El que sus inspiraciones sigue, no re-
. conoce más que dos clases de hombres: una,
los discípulos del Evangelio, á quienes ama en
· Dios, y otra, los desgraciados qtie le ofenden,
por _cuya conversión ruega y .se -inmola- eón
·todas las veras de su alma. ¡Ah! ¡Cuán hermosa
, es la caridad! Para su predicación, _podemos
- decir que reservó el Divino Maestro sus más
· memorables enseilanzas. Quiso que ella fuese
comó. el distintrvo de nuestra adhesión á su
,_ do-ctrina, cuando_ dijo: «En esto conocerá el
mundo que sois mis discípulos, en que os
amáis;» al darnos el dulce nombre de hijos de
· Dios, lo ~ace á título de ·esta misma caridad,
- 39
exclamando: «Bienáventurados los pacíficos;»
y en la memorable noche de la Cena, en la ,
que quiso dar una prueba suprema del amor de
su Divino Corazón á los hombres, instituyendo
la Sagrada Eucaristíi:t, exhorta todavía á sus
discípulos á la p·r áctica. de la caridad, y anun-
ciándoles· un precepto. nuevo·,_ como si q uisie-
. se que su atención se fijase especialmente
en aquellos supremos momentos, les dice:
•Am·aos los unos á los otros, como yo os -he
amádo.» Pero ¿cómo es posible esto? ¡,Podremos
no~otros n,únca, no ya imitar, pero ni siquie-
ra co-m prender, cómo nuestro Divino· balva-
dor nos ha amado? Mas· s.i no es posible la imi-
tación de este inmenso amor en su' extensión,
debemos altmenos esforzarnos en -copiar algu-
nos rasgos de este bellísimo original, siquiera
-sea imperfectamente .
.·Pero ¡cuán difícil es ya encontrar ese her-
moso espíritu de caridad en toda su pureza!
. El mundo le desconoce, y lo que es más triste,-
la$ pers¿nas que se 11 aman piadosas le ol vi.
dan frecuentemente'. El hombre enemigo, es
deGir, el demonio, parece que siembra el or-
gullo-y la envidia en el hermoso campo de las
almas, y ya casi se percibe entre esta cizaña
maldita, el hermoso grano de la carida-d, paz,
.- 40-
dulzura, compasión y misericordia. Denomí-
_n ase á esta cizaña con di versos títulos, lla·
1nándola espíritu de partido) de nacionali ·
dad, etc.; pero realmente. pol' ella se destruye
la c·a ddad y se renuncia á ser ~liE!cípulos del
Divino Maestt·o, que dejó ··este mutuo _amor
como señal de-que pertenece.mos á su escuela.
:Mucho tenemos que Il<?rar de parte de nues-
tros enemigos; pero ¡cuán diferente se;ía nues- .
tr~ situación si ellos pudiesen decir de nos-
otros lo que se decía de los primeros cristia-
. nos: •Mirad cómG se aman! :o y ¡cti~ntas almas
· C'1 nquistaríatnos para Dios mediante el ejem-
. plo de esta verdadera unión y caridad!
. ¡Oh Jesús mío! Venid en !lledio de nosotros
. en este borrascoso mar del mundo, é instruid-
nos de nuevo con vuestras inspiraciones. De-
cidnos que no sabemos a qué espírit~ perte-
necemos, cuando un falso celo nos hag·a _ser
duros con nuestros hermanos; enseftadnos á
• conducir con dulzura al pobre paralítico á la
piscina de la penitencia, y á no huir del que,
- muerto 4 la gracia, exhala .el mal olor de sus
p ecados; dadnos el espíritu de ' los primeros
- fieles, para que mutuamente nos exhortemos
á 1~ caridad con aquella t.ernura con que el
. ~póstol Saq Juan lo hacía en su ancianidad á
-41-
sus discípul9s, dándoles por único cons~jo este
m_utuo amot;; y gtabad · en nuestro corazón
aquellas sublimes palabras que desde la Cru~
pronunciasteis,, rogando por vuestros verdu-
gos,. para que .á '_vuestra imita~ión~ por_vues-
tro amor todo l9 sufra~os y'perdon.emos_.

EJEMPLO

. _ - Un re~igioso que_salía á pedir limosna por


los pueblos tuvo que pasar la noc}fe y parte
<i:e un día -~n una· gt~an casa, h.ahitada por _u na
viuqaJ el hijo casado, la nue.ra y-los hijo~ de
éstos. A 1~ hora de comer el religioso oeser:v~
cierta tristeza y malestar en la familia. Todos
obseq ui~ban al buen fraile, todos hablab_a:n
con él, pero ellos entre sí no . se dirigían la
palabra. Después de concluida la comidar el
religios_o quedó un m<;>mento solo con la nu~­
: a, y no por curiosidad, sino por caridad, le
preguntó:-¿Qu~ os sucede, hija mia? Veo
aquí una tristeza que no comprendo.- ¡Ay,
Padre!-dijo la joven:-lo qüe sucede en ca~a
es que ténemos en ella un verdadero infiero?·
Mi su~gra tiene un genio atroz. HaGe cerca de
un a~o que tuvimos una reyerta, y désde en·
to!lces no no_s hemos hablado, ni nos h3¡bl3¡re-
-42-
mos basta el día· del juicio.-¿Y rezáis el Ro-
sairo juntas?--dijo el·P adre.-Todos los días~
conte-stó la nuera.-M i suegra lo guía como
ama de ca.sa, y los demás la acompañamos en
el rezo ... ; -¿,Y las dos juntas habláis con-Dios;
y con su Santísima Madre, durante el .rezo del
Rosario, y no os habláis después? ¿Y piens-as
tú que Dios, ni la Santísima Virgen os escu-
chan rezando con el corazón lleno de odio y de
resentimiento? La joven bajó hÍ c-a~~za y no
contestó. -
Antes de cenar rezaron el Rosari0. Al fraile
le parec-ió .obse·rvar qne la nuera contestaba
con voz -trémura y conmovida. Al .de·é ir el
·:.Padre «Ave María Purísima,» se levantó, cogió
la mano á su suegra delante de toda la fami-
lia y se la besó, diciendo con voz entrecorta-
da por las lágrimas: •Perdonadme, madre mía;
· os he faltado hace un año y os pido perdón,
pues soy m.al educada y poco cristiana. Toda
·la culpa es .mia. ~· La anciana cogió entr:e sus
brazos á la esposa de su hijoí y entre lágr·imas ,
y besos, -dijo: (¡N: o, que es mía; pues tengo un
g·enio que no me aguantarían los Santos del
· cielo.»--No, no, que soy yo la que he faltado,
no haciéndome cargo de vue.s tra edad y de lo
.que-habé-is sufrido durante vuestra vida, y -al
-~ 43-
fin y al cabo, nuestra disputa vino de que no
queríais que se gastase el dinero, que de s~gu­
ro. no os llevaríais al otro mundo, sino que lo
ahorrábais para vuestro hijo, y- todo quedaba
· en casa.-De todos m6dos-intervino el relí·
gioso--.: resulta que érais dos ·personas buenas,
y que el diablo se había m·e tido en medio, te-
niendo bastante ganancia, y· la Virgen c;Iel Ro-
sario le ha obligado á huir. · · ·
'
El buen fraile se marchó .ál. día ·siguiente.
t""; • •• • • -

U:J;l año desp~_és VC?.lvió á visitar á la· familia.


,Allí todós ·estaban alegres, y vió á la viuda
. qq.e: tenia en s~s rodillas á ~a criatura de po-
c.os meses.-¡E.ola!-dijo el re ligioso:-gente
· núeva-tenemos.-Es una n.iña-dijo la anciana
-qué Dioe nos ha n1ai1dado hace tres meses. ·Y
e,e llama· Rpsario-diJo el a~a joven.-¡Bendi·
to sea - Dios!.~contestó el religioso.-Ahora ya
· podemos·rezar el ·Ro~ario-dijo la nuera-¿no
es verdad, madre? N o callarás-contestó la
buena mujer' dando con la mano un golpecito
·en la mejilla á su nuera.
Al acostarse el' religioso c;iió gracias á la
Santísima Virgen ·por la felicidad de aquella
casa; y al despedirse áe la familia, el herede-
ro le besó la mano.-Padre-le dijo-Dios
trajo aquí á · vuestra reverencia. Desde que
-- 44 _-
usted dijo á mi mujer q!le Dios y 1a Virgen
~-aría no escuchaban en el Rosario á 1_os que
tenían rencor, esta casa~ de u~ infierno que
er_ar1 .se ha trocado en u.n cielo, y todo se lo
debe·mos á yuestra. vi-sita.-No, .hijo míQ, gxu-
cias ~ea_n dadas á Dios-contestó . el fraile--:- y
á la Virgen del Rosario.-"-(Se.mana Católi.c a.)

'SANTOS Y REY~S . DEVOTOS DEL ROSARI:O


. .. \. .
- San Felipe Neti ado_ptéf la piadosa costum·
bre de doi·mi~· co~ su rosario, á fin de comen-
zar á rezarlo tan_ luego como se despertase.
Maravillosamente afi"cfonado á modo de rezar
tan provechoso, decía que cre.í a disgustaría
grandemente al Señor si no le rezase todo en-
tero· cada día. (Revista del Rosado.) ·
La reina Ana, m~jer de Luis ~III, inscri-
bía solemnemente· á sus hijos ' e u la Cofradía
del Rosario. (P: Alva1·e~.) ·

ELOGtOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO 1.

El · Rosario es el azote del demonio. -


(Ad1·iano. VI.)
-45-

-nrA ·5 · ·.
Tercera consideración sobre· el segun·ao
. Misterio gozoso. ·

De la caridad con las aimaa del Purgatorio.


Ai habla1~ de los deberes .de la caridad .
para con nuestros prójimos, no ~-s posible pa·
sar en .s ilencio el que ~~nemos de a_li viar . á
unos prójimos tan amados de Dios como son_
las a-l mas del Purgatprioi y -cuán fá~il nos es
ha¡cer· ll~gar granqes consuelos á este· peno~ o
lugar de expiación) ya 'que en él podemos_
ejercitar varias obrás dé mfsericordia co=n sólo
p}·acticar la r.de rogar á Dios c~n oraciones ·y .
sam~ificios poT las almas que ~llí se purificari!
En _efecto, allí ves_tiremoS' al- desnudo, no
con ·los harapos que en el mundo cubren la
desnudez, · sino con · vestid~r{t preciosísima é
imperecedera de gloria; állí podremos saciar ·
el hambre y sed ·d e nuestrós hei·manos-; pero
no el han1bre y sed materiales, sino. e~e ham·
bre penosí~ima, esa mística sed de Dio:s,· de la
que dijo el Profeta: <Como brama el sedient0
ciervo por la fuente de las aguas, así ¡oh Dios
mío!, clama por Vos-. mi ·áima : Sedient-á está
-46 __.:..
.mi alma del Dios fuerte y vivo; ¿cuándo será
que yo llegue y me presen-te ante la cara de
Dios?» (1) Sed que · las almas del Purgatprio,
libres ya de la mortal envoltura del mre(po-y
conocedoras de la inmensida'd del bien que
anhelan, p~decen por manera tan violeuta,
que ella constituye- ~1 ~yor d~ s~~ Jl.Orrorg-
sps tor~entos~ allí visita~emos, no c~n ~ Nues-
tra presenci~, pero sí con_· nu~stros sufragios,
á aquellas benditas almas que sufq~n . mucho
más qúe todos los enfermos . del, mundo, a.
aqueHas prisioneras de la dÍyina Justi~i~,
que S!JSpiran por la' libertad con ansia incÓm·
parablemente mayor que los prisioneros de
la j!JSticia humana; all_í redimiremos almas
cautivas á costa de nuestras oraciones y obras
sat_isfactoria's; allí, en fin consolaremos á esas
tristes almas, abreviando _su destierro y ace·-
lerando el momentp_, Atap. fatigadas peregri·
ri.as, de ll~gar al celeste albergue; á la patria ·
inmortal de la bienaventuranza. ·
, Ver_~aderame11t~ que nunca nuestr.a .·cari-
tativa ayuda se· emplea1~á. mejor que en favor
de las ánimas del Purgatorio. No tendremos·
q'u e temer que nues.t ros fa~orecidos p_a guen
' .
~· .'" ..' . - ~ . ... .. . - l
- 47· -
con ingratitud nuestros. dones; y aunque esta
consideración nunca debe de detenernos en el
ejercicio de las obras de caridad, pues pura-
mente por Dios deben hacerse, toda vía. es ·
consolador pensa~ que la semilla de· caddad.
que sembremos en el Purgatorio s.erá. de la
que mayores frutos de bendición recogerá
nuestra alma, y _q ue los intereses espirituale~
que en la banca del Purgatorio colo,EJ.uemos·,_,
serán los que más nos enriquezcan de -bien e~
de gracia -en el tiempo, Y. de·gloria en la eter-
nidad.· ¿Y cómo no, si son nuestr~s- deudores.
no solarnent~ esas almas santas que agr_a de-.
cidas ·nos alcanzarán gracias preciosísimas;
sin{) tamoién el cielo, que .nos debe, por de-
cirlo así. la a,nticipación:del gozo que allí pro·
porciona. la entrada de nuevos bien~ventura
dos? -El mismo Dios . parece que, en -cierto
sentido, ha querido. como l{gar su mat19 omni ;
potente para esta obra del alivio del Purgato ·
rio, ..dejándono~ á nosotros el poder ·y el mé-
rito de _a rran_car de aquella purgación terribl~
á esas al!nas benditas esposas suyas, á las que_
tanto· ama; as·! · que aL satisface!~ nosotros-su
justicia con.nuestros sufragios, y anticipar la
~ntra.da eri el cielo de est~s aimas; cabe pen 1
á_a r., á nuestro .. rq.odo de entende:r;, .. que· est~·
• • • - - ... -~ 'i
.. ~ ... # ~
- · 48 _:.:.
o~ia quiere recibirla, y .hacerse cb?lo deudn·r
nuestro por ella, el ·mismo J?ios. . _ . . .
¡Oh! ¡Cuán misterios.a~en~e- grande,· y
cuán po.co coi1ocida es· la devoción en ~avor
de. la~ ánimas del Purgatorio! Vérdáderarpen·
te que aúnque nues-~ro ~orazón 'fuese bastante
ins~Ílsi:t>le para rio do~ers_e de·las terribles pe·
nas ·que aquell~s bendi~as almas· P.aa~cen, y
aunq1_1~ fuésemos t~n tibios q~e no noB· movie-
ra la -gloria que a, ,Dios proc~ra esta ~ermosa
obra, todavía habíamos d.e practic~rl~ ante.la
co~sideracion del bieñ. q~e ella proporci?na á
nuestr~s ~lmas, puesto qu~ son biE~maventu~a­
do~ los- mi~ericordiosos, según dij<? el Señor,
. pórq~e ellos al-ca~za1~á~ mi~e~icordia; y tam-
bién ·cuand<? habla del juicio final,' nos pro-·
mete ei cielo en premio de _esta miseri~ordia,
al decir ·q ue recibirá como hechas ,e n .f~vor
suyo las obras d~ caridad que con nuéstro pró-
jimo hubiésemos practiéado .Cierto, qu~ no de·-
bemos co~formarnos con pr~cticár la miseri-
cordia en el ,lJurgatoriD, sino que, cuando
podamos, hemos de ayu_d~r· también á nuestro
prójimo .en, el mt.lndo; pero ¡qué consoládor e~
saber que hay un lugar ~n el. que siempre, y
cualquiera que sean nuestras -circunstancia-s;
·podemos se·r~ misericordioso.s; :Y. alcanzar, :_Pór
-49-
lo ~tanto, mis~ericot~ia! _E n efeyto, ·hay .ocasio-
nes poco favorables á veces, -para ayudar al
prójimo; .pues la pobreza, la enfe-rmedad y ~a
falta d-e libentad se presentan en la vida com9
obstácules pai a que el alma piadosa no pueda
1

practic_a r todo el bien. que desearía. Pero ¿qué


<1bstá-culo puede impedir que se ejercite la mi-
sericordia con las almas benditas del Purga-
torio, pudiendo llegar alli como sufragio los
dolores de .la -~nfermedad, las privaciones -de
la pobreza, ·los sufrimientos del .corazón, lo~
esfuerzos todos --d el alma para alcanzar la vir-
tud, cuando ~odo esto se ofrece.aL :-:-eñor para
ali-vio dé~-CÍ!-H~llas ;;tlmas desterr_a das? . · ·
'· Pues bien, ya que tantas ~on - ntlestras deu· .
d-as, imitem_os al mayordomo del Evangelio,
cuya prudencia alaba nuestro Divino ·Maestro
· en la parábola, porque supo hacerse amigo:. de
-los deudores de su señor, perdonándole~ parte
·de sus deudas; perdonando, es deci-r, satisfa-
ciendo por las deudas de las a~mas del .Pur-
gatorio, para-tener por amigas ·á estas santas
·aln1as .en el .día de -la cuenta . ·ó sea en la hora
de la muerte, en la que nos ser.virá de gran
·.cqnsuelo haber sido devotos de las .almas del
Purgatorio. Para esto es .de gran eficacia el
·santo.Rosario y asilo; manifestó-un alma venir
4
- 5D-
da ·de aquél lugar, q_ue ·según refieré el"Padré
Busséher, se.apareció á Santo Domingo di cien·
dp que venía como embajadora del Purgato"riQ
para pedir al Santo que predicase y propaga--
se la devoción del Rosario, que allí ·procura,
tanto alivio. «Que los cofrades, dijo, apliquen
á la·s · almas ·del Purgatorio el tesorb de fndul·
genciás y gracias espirituales que poseen.
Nada perderá con ésto, pues los elegidos inter-
cederán á su vez por ellos eri el cielo Los án-
géles se regocijan con ·e sta devoción, y su
Reina se ha déclarado tierna :Madre de los que
la' practican.»
Dichosá, pues, el alma· que viv.iendo piado ..
samente sé dedicase al alivio de 'las almas
.dél Purgatorio. ¿Cual sería su co~suelo 'en -fa
hora de la muerte, pudiendo· pens'ar cuánto
roga1~án entonces por ella. aquella multitud
de almas · á · las que abrevió indecib_les tor-
mentos, y aéeleró la posesión del Bien infini·
to? ¿N o ·podrían tal v'ez estas almas agrade·
·cidas,- alc ,.nzar para quien tanto bien las hi..zo
la gracia de morir en brazos de María? Y en·
tonces, si una madre del mundo no es capaz
de soltar al- hijo que estrecha en su regazo _
para que caiga en· el fuego, ¿cuánta · ser~a su
·confianza de no caer desde estos amantes bra-
--51-
·~o.s en las terribl~s llamas del Purgatorio'/ Se
l~e en la vida de Santa Lutgarda que habién-
dosela aparecid~ la duquesa de · Brab_a nte, la
dijo que, contra lo que hubiese podido ·espe-
rar, la Santisima Virgen la había librado de
caer en las penas del Purgatorio, por haberla
honrado siempre con el Rosario. Seamos, pues,
muy devotos de las ánimas benditas; ponga-
mos, por medio del voto de ánimas, todas nu~s­
tras obras satisfactorias en manos de M'aria,
y luego confiemos sin medida en esta Madre
amorosa, pues por lejos que vayamo~ en la
consideración .de su poder y de sú misericor·
dia, siempre nos quedaremos lejos de la rea-
lidad.
EJEMPLO

En _la Historia de los Clérigos Regulares


Menores se cuenta de un E. Luis, devotísimo
de las almas del Purgatorio, que viajando al
ponerse el sol por un campo sólitario, donde
no faltaban malh~chores, empezó, como ~e
costumbre, á rezar el Rosario en sufí·agio de
los fieles difuntos_, para que libráseri. de tocio
peligro: Desde Íejos le -vieron. dos ladrones
que por allí andaban merodea~do, y se pro·-
pusi~ron asaltarle. Pero de improviso oyeron
-52-
una corneta militar y descubrieron que de· ~
trás del Padre iba una compañía de soldados,
á cuya vista huyeron y se ·e scondieron.
Entretanto él Padre; que nada había visto,
continuó su viaje rezando, hasta qll;e encon-
tró una posada donde se quedó para _pasar allí
la -noche. Poco después entraron en la misma
posada los dos malhechores, y encontrando al
:
· Padre solo, le preguntaron qué tropa era aque- 1
lla qQe con ~ igo traía. Sorprendido el refigioso
de tal pregunta, contestó que él había viajado
sin compañía de nadie. De lo cual muy admi.
rados los ladrones prosiguieron haciéndole
más preguntas, hasta venir ~n conocimiento
d~ la devo.ción que el Padre tenía á las ben-
ditas almas,_y cómo rezaba por ellas en su
camino el Santo Rosario para librarse de todo
ma.l. Cayeron entonces en cuenta aquellos
forajidos de que lo ocurrido era un prodigio;
descubrieron ~1 Padre las intenciones -que te-
nían de acometerle, la corneta que habían
ofdo, los soldados que habían visto; y tocados
de la divina misericordia, determinaron de· ,:
jar su mala vida, y allí mismo,·en la posada,
se confesaron de sus pecados. (P. Alvarez.)
-53-

S:A.N~OS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

El Beato Jua.n Masías, hermano converso


de la Orden de Predicadores, fué devotísimo
del Rosario en sufragio de las almas del Pu-r~
gatorio, y ·sacó con él· más de un millón de ,
estas benditas álmas de aquel luga_r de ex-
piación. (P. Alva·rez.) .· ~
Jacobo II, rey de Inglaterra, hacía rezar
el Rosario á su corte~ con la explicación de
los :Misterios. (Lectura Dominical.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

El Rosario es árbol de vida, que resucita


muertos, cura enfermos y conserva á los sa-
nos. ( Nicolas V.)
DIA 6
Primera consideración sobre el tercer
Misterio gozoso.

De la virtud de la pobreza.
Si ~s tierno,- poético y lléno de celestial
cons]J.elo el Misterio que vamos á considerar,
se presta también á profundas meditaciones,
y despréndese de él un fruto práético d~ 1~
' '
-54-
.. mayor trascend_e ncia en 1~ vida_ espiritual.
La pobreza, es decir, el desprendimiento de
los bienes terrenos, es la virtud que princi-
palmente- descuella en este tercer Misterio.
gozoso dél Nacimiento del Hijo de Dios en el
portal de Belén. ¡Ah! Tanta -es la dificultad
que nuestra mísera naturaleza encuentra en
la práctica de la pobreza,- de las privaciones,
· que necesitábamos una lección tan elocuente
como el nacimiento temporal de un Dios-infi-
nito, omnipotente y eterno, síri tener siquiera
un miserable rincón preparado para recibirle,
cual si f~ese el más necesitadó de los hom-
bres, eligiendo lo más ·despreciable, un pese-
sebre rodeado de bestias, y aun éste prestado,
siendo El dueilo absoluto de todas las cos~s y
su soberano Creador_. Vamos, pues, á ese por-
tal, á ese pesebre, cuna del Rey de reyes y
Sefior de los -que domjnan, á aprender cuál
es el aprecio y ·la· estimación que deben tener
para el cristiano, y de una m.anera especial
para el al_m a q,ue aspira á la perfección, los
bienes, los honores y las dignidades de este
mundo. y · ya que él es la cátedra donO-e por
. primera vez se present~ á nuestra vista el
Divinó Maestro, y ya también que sólo á su
imitación está vinculada nuestra salvación
-55-
eterna, prócurémos que esta primera ense.,
fianza quede profundamente grabada en nues·
tras almas.
¡Ahr! ¿Y cómo justificaremos, al lado de. este
pobre pesebre. e~ este mísero portal, esos de-
seos de amontonar riquezas que han de ser un
punado de basura; esos cuidados excesiv-os por
un porvenir que quizá no llegue para nosotros;
esas superfiuidades que nos rodean, y de la_s
que rio seremos menos responsables delante
de Dios porque el uso de ün siglo sensual y
falto de fe las autorice? ¿Qué pensar allí de
esos fantasm.as de superioridad que en nues-
tra imaginación rios forjamos, y que Iiama·
mos nobleza, posición elevada, superioridad
de talento, y ~ por los cuales llegamos á ereer~
nos mayores que nuestros .semejantes? 1\Jire-
mos, miremos á. ese. portal, y veámos lo que
significan en la presencia de Dios esas gran-
dezas, esas riqtlezas, e!:)os honores; ó, por me·
· jor decir, esa mit?.eria, es'e orgullo é insensatez·,
que desola la tierra. ¡Ojalá que esta mirada
haga caer á ti.empo la venda de nuestros ojos,
para qtie nos apartemos de la send.a del error
por donde el :mundo se precipita en ~l et~rno
abism9! Con razón exclama el P. Gr~nada:
«-¡Oh ,~curiosidades y . demasías.L ¿,Cómo s_ois
-56-
. vosotras acogidas en tierra de cristianoJ!? O
bien seamos cristianos, ó bien desechemos de
no.sotros todos estos regalos y demasías, pu-es
nuestro Señor y Maestro, no sólo deseuhó ·de
sí todo lo demasiado, sino t~m?ién lo nece ·
sario. •
Por esto observamos que esta virtud de. la
pobreza ha sido particularmente amada por
los Santos. Virtud rar a es, en efecto; la ver-
dadera pobreza, y poco conocida en toda su·
perfección; mas ella es característica de las
almas que conocen, á la luz de la contempla-
ción de las soberanas grandezas,- la nada y
miseria de las cosas materiales y el magni-
fico .premio que por renunciarlas se alcanza.
Y no creamos· que esta · virtud puede practi·
carse solamente en la carencia absoluta de
terrenales bienes, no; ella, como todas, no de-
pende tanto de las circunstancias como de la
voluntad, y por eso dijo nuesti·o Divino Sal-
vador: «Bienaventurados los pobres de espí-
ritu. » Poco ó ·nada implican las exteriorida-
des para el alma que quiere seguir á Jesús en
la pobreza, pues ~l la inspirará sacrificios de
tal modo, que en medio de la mayor opulencia
pueda, desnuda de todo afecto material, obte-
ner el premio prometido á esta evangélica
-57- .
virtud . . En efecto, pobre_ es, aunque posea
grandes caudales, Bl que ~ sujeta á un plan
de vida mortificado y pobre, no permi1iéndo·
se nunca moderar sus austeras prescripcio-
n..es, y á. quien el espíritu de pobre~a informa
en todas sus obras, como tirano implacable de
las inclinaciones de la naturaleza; y rico es en
·espíritu, y puede morir con el a na tema del
avaro aquel que, ~unque viva forzosamente
en la n1iseria, alimenta deseos desordenados
de riqueza y placer, sin moderarlos en nada,
en cuanto le es posible satisfacerlos.
Esto nos asegura el Beato Enrique Suso,
cuando ·en su discurso sobre la nece's idad de
renunciar~e á si mismo, dice: «Si el rico toma
de sus riquezas lo nece~ario para alimentarse
y vestirse, como si lo pidiera á otro;_si cuan·
do á sus amigos ú otros que lo merezcan tienen
necesidad de socorros, les ayuda como si aq ue-
llos bienes fuesen realmente de los pobres á
quien los da; si, en fin, cuando viene la ad-
versidad _y pierde su fortuna, permanece tran-
quilo y sosegado, como si jamás hubiese po-
seído nada, éste será verdaderamente pobre
de espíritu, aunque posea el imperio de 4u- · •
gusto ó los tesoros de Creso.»
. No encontraremos, pues," obstáculo, si que- ·
..;;:,.. 5~

Femos practicar esta virtud de la ·pobreza,


porque á todas horas y de todos modos se nos
presentarán ocasiones para ello,. si verdade-
' rámente ·q ueremos obrar según prescribe; y
éonstántement13 tendremos que practicar el
sacrificio para llegar á su · perfección. Ri,
¡-cuántas necesidades dejaron de serlo para
nosotros! -¡cuántas privaciones sabremos ·im-
ponerne-s; -y cuántos alivios, aunque sean líci-
tos y -aun cuaudo nos -p arezcan hasta cierto
punto necesarios, r-ehusaremos si tenemos pre-
. sente que ·hemos de·practicar a pobreza! ¡Ah!
Dichosos nosótros si somos verdaderamente
pobres de e~píritu, pues poseeremos al mismo
Dios, Tesoro infinito de nuestras almas.y Autor
soberano de todo. bien!

EJEMPLO

. El-Beato Vianney, .cura de Ars, daba tan-


tas limosnas, que ..frecuentemente se· encon-
traba eon que no tenia siquiera lo n~·cesario.
En una ocasión no teNía con que pagar una.
éapilla ·que -había hecho construir en la igle-
.. sia. ¿Qué hacer? Toma su ro~ario y va á pa-
searse por el campo, con1o solía hacerlo cuan-
. do -se ·veía-en semejantes. apuros. ~as apenas
-=- 59 _:
había llegado á las puertas de la ciudad, se
encontró á, un caballero que le pre.g untó-có'mo
le iba.-Estoy bien, ·contestó el cura , de _A rs,
pero muy afli~ido, porque no tengo con 9.ue
pagar una.. eapilla que acabo, d ehacer cons-
truir. El caballero reflexiona un poco, sa.c a
del bolsillo veinticinco monedas de oro y se
las entrega al sa~erdote, encomendándose á
sus _oracio~es, de~Sapareciendo en seguida sin
dar lugar á que el varón de Dios¡ le manifie~­
te su agradecimiento.
En otra ocasión, que debía el trigo emplea-
do en el mantenimiénto 'de su instituto La·
P1·ovidencia, rezaba el R9sario con la mayor
confiañza en María, cuando de repente se le.
presenta una: mujer,. preguntándole si era él
cura de Ars; y como le respondiese que sí,
«he .aquí) dijo la mujer, el dinero que me· han
mandado entregarle; se encomiendan á. sus
oraciones.» La mujer desapareció al insta'nte
sin decir quién .era, ni quién la había envia-
do, y el Beato Vianney, lleno de reconoci-
miento, llev.ó el dinero al propietario que le
había vendido el trigo. (Vida del_Cura de Ars.)
-60-

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Antonio de Padua fué devotisimo del


Rosario. Refiere la CJ·onica- de su Orden que,
habiéndole sorprendido en despoblado un
fuerte aguacero, y no teniendo con que abri·
garse, se colocó sobre la cabeza su Rosario,
rogando á la Virgen que le defendiese de la
lluvia y que el Rosario, cual si se hubiese
convertido en solidísimo" techo, le cubrió y
protegió de tal maner~, que llegó á la ciudad
sin que le tocase una gota de agua. (Revista
del Rosa'rio.)
La reina Maria de Médicis hizo que el
pueblo, la corte y muchos Obispos se reunie·
sen en París en la iglesia de los PP. Domini-
cos, para rezar el Rosario, pidiend<? el triunfo
de las armas católicas en el si~io de la Roche-
lá. (P. Alva1·ez.)

ELOGIOS PONTJFICIOS DEL ROSARIO

Los monstruos de los errores modernos


serán destruidos por el Rosario. (Pío IX.)
1
-61

DÍA 7
Segunda consideración sobre el tercer ""'
:M~sterio gozoso.

De la pobreza de e•ptTltu.
No se puede dudar de qúe la doctrina de
Jesucristo es en todo opuesta á las máximas
del mundo, y por esto n~cesitan cegarse aque·
llos que pretenden hermanarlas, olvidando
que es imposible se.r vir á dos señores. Y por
cierto que el pobre establo 'de Belén es lugar. á
propósito para convencernos de esta verdad,
pues vemos .,en él al Rey. del cielo elegir la'-
mayor pobreza para su nacimiento, ofrecien-
do esto gran contraste c9n el espíritu del
mundo, en el que no se vive sino para pro-
curar riquezas, comodidades y placeres. Si,
nuestro Divino J\'laestro llamó bienaventu-
rad_os á los pobres de espídtu, pero el m un·
do no ilama dichoso sino al que posee gran·
des riquezas, siquiera sean n1al adquiridas, y
labre con ellas ~u eterna desgracia. La expli·
cación d~ tan opuesta doctrina · se encuentra
·en la existencia de la otra vida, én ra ~ que el
--- 6• ..2
/
-
pobre de espíritu ·gozará el fruto de sus pri-
vaciones, mientras que. el llamado dichoso en
el mundo no disfruta'rá :<fe-su mentida felicidad
nías <JJ-1~ , lo·.~ q_ue: dure ; su efünera. . e~istencia·
sobre la tierra. Ee~..o aun._quejuzgal}do de este
modo no nos equivocaremos ciertamente, no
compren.deremos toda vía toda la_ dicha del
pobre de .esp·í ritu, ñi · la esclavitU-d . del que
.:v.i ve· anhelando los. bienes· del m un do. La des·
. :g¡~a-~i~ de·é~t~ ~i erppie~:a· del otro 'lado de.·-la
.t~pn~~,. . ni -a·q uél tiene q u~ esp~rar -la ·r.fluerte
para em}?ezar"tt gozar el fruto de la virtud de
.I.a ,pobr~za. J , . · • · · ..

- . -. Q~~s~r~emqs, si ~_q, al que pa,dece s~d ~-~


:t;iquczas, ;y vererr;1.0~ con cuántá exactitud se·
ha . cg~para¡~o esta sed á la.· del h~drópJ~o, .. que
:Q..O ; beb1e. ~ada ;.,m~s que para excitar el tor-
i. rpento· ~~l . ~es~o., sinll,egai~ jamá.s al descanso
de. ~l.a - saciedad.
-: . Sf;
- . -nunc.a .e l avaro
·'
estará sa"'
~

~isf~~ho, ; pues no. hs;ty en. el mundo c\fras que


-IP;Iegan ·.gomp.oH~r· l~j~a~t-ida~. ql}e· su~fla _s~
y<?dic~a, . n~ té.soros . capa~es de apagar .es_a s.ed
-l?~ll~S~ re!~ oi~o que le d.e vor_a . De ~~_uerte que,. _á
,.p~-=~ir: d.e sus r~q~ez[;ts., ~je~e qJie ser~ desgra·
o ~~~;,d~ p'or }10 ?pode~ s~tisf~c,er los d.es~qs de su
~~.G~:~~óp..·-. Se qirá que no toüos 1<?13· .ricos _son
~~ v.~r.os .Y, .~s verdap; nu~.s t~mt>i~n -~~ .~~- q_ue-. 1~
-63 ~

multitud dé-cuidadoa que~·las riquez~s pfP.p or·


cionan, los negocios, pérdic;las y sinsabores ·t t
ellas anejos; S<?n como espinas que pun~a.r;1 y
no dejan gozar de paz y alegría.. .
El pobre de espí~·itu, por el contrario, di~¡
fruta una paz inalterable, un· gozo que. nadi~
le puede·arrebatar. Tiene 'lo que quiere, .pues
nada desea·, y es verdad innegable· que no ~s
más feliz quien mas ~iene;· sino quien rne.Bo~
ne_cesita. La ausencia. de cuidados, y , so\>re
todo la tranquilidad de la c~onGiencia·, tan.4L·
fícil en la posesión de las riquezas, son · ta~,·
bién fuentes de· dicha para el p~b~-e de espíri ·
tu, no !'Ól-o durante .la vida 1 --si:no tambiéq. en
la hora de la .~uerte, puesto que entonpes no
le atormentará el amor á _las riqu.e zas qu~
deja, ni el recuerdo de cómo · usó de eHas du-
rante la_vida; y gozosa su alma, desprendida
de los bienes del mundo; saldrá de él ,dichosa
para. tomar posesión del verdadet~o Bie_I\, in·
mutable·yeteeno. ¡Bienaventurad~s los pobres
de espíl'itu, podemos; pues, exclamar, no sólo
en la bienaventuranza .de la · glori~, siJ!O aun
en este mundo, ya que todo lo tiene quien nada
desea, y porque ellos gozará_n de esa h~rmQsa
paz, que es la única ·dicha. que existe en es.t_e
valle de lágrimas!
-64-
«La pobreza voluntaria, dice ·san Juan
Clímaco, es una abdicación de los cuidados
del siglo, un camino sin obstáculos hacia
Dios, la expulsión de la tristeza, el funda-
mento de la paz y la pureza de la ·vida:~ y 'San
Francisco de Asís dice que es la pobreza
cca~ino de salvación, fundamento de la hu-
mildad y perfección verdadera .... e Contempla
á mis amados pobres (dijo el Seflor á Santa
Catalina, en el libro del Diálogo). y admira
con qué santa alegria pasan sus días; no les
entristece otra cosa que las . ofensas que se
me hacen; pero esta tristeza, en lugar de
afligirlos, conforta su alma. En la pobreza
han encontrado la suma riqueza . y han aban.-
d.o-nado las tinieblas para gozar de una per-
fecta luz. Por haber abandonad.o la miseria
del mundo, gozan de una alegria sin límites,
pues han trocado despreciables bienes por
inmortales tesoros y experimentan una gran
satisfa·c ción en sufrir por la justicia. •
Después de haber considerado las excelen-
cias de la evangélica virtud de la -pobreza,
volvamos, para .que nos resolvamos á pra~.:ti­
carla, al· humildísimo Portal de Belén, y vea-
mos allí á la Santísima Virgen tan p~bre qu~
ni aun tiene lo necesario para abrigar al di·
65 --
vino Niño. Mas ¡ah! que Ella es la primera
que tiene la dicha de verle sobre la tierra, y
de recibir sus primeras miradas. Pues si Dios
al hacerse hombre, nada _ha querido yer junto
á su cuna de lo que estima el mundo, se ha
complacido en· ser recibido en él por la más
pura de las criaturas que ha existido ni exis·
tirá jamás: . -
¡Oh Madre mía! Dejadnos llegar á ese po·
b_re portalito, desprovisto de todo ornato ma·
terial, pero iluminado por los esplendores-del
cielo y conteni~ndo sus tesoros, á estudiar
cuál es el valor que el cristiano debe dar á
los bienes de este mundo. Ayudadnos, Madre
querida, .para qúe, imitándoos en la pobreza,
sean nuestras' almas cual místico portal, des·
nudo de to.d as las cosas de la tierra) en el-que
penetren las luces del cielo, ~ á fin de que en
ellas more también nuestro divino Salvador,
pudiendo así esperar habitar un día las eter·
nas mansiones d.el reino de los cielos, por
El prometido á los pobres de espíritu en las
Bi~na ven turarizas.

5
.
-66-
:,

EJEMPLO

Una familia de modestos industriales t.enia


la piadosa costumbre de/ 1 ezar unida todo~ los
(,lías el · S~nto Rosario. La suerte la fa·vor~cia,
y 4 medida que con la _prosperidad aumenta-
l
ban las ocupaciones, la asiduidad en rezar el l,.
Rosario disminuía-.visiblem~nte. Primero le su-
primierDn algunps ·días,: luego algunas tempo.:
radas, hasta que por, fin dejaron por· completo
de rezarl~. Olyidad,a tenían .ya tan h~rmosa !
'
práctica, cuando -la madr~ . de ; esta · familia
cayó gra-vemente· enferma, y habiéndose per·
~ido toda esperanza de . salvarla, el. marido
1

lloraba desolado á la cabecera ·de su cama.


Un ámigo,. exhortándole á poner en_ aquellos
mome_ntos toda su ·co·nfianza en María, cnnso~
ladora de afligidos; le · dijo: ·«Recemos juntos
el Rosario » - ¡Ah! respondió el marido, lan ~
zando un profundo suspiro. ¡El Rosario! Cuán·
to tiempo h~ce que le hem.os abandonado! Por
esto nos abandona -Dios y. ·. nos castiga. ¡Oh ;
.M adre mia!-exclamó después dirigiéndose á
la Santísima Virgen - si Vos curáis á nu·e stra
querida enferma, os prometo no dejar pasar
un solo día sin rezat el Rosario. Apenas había

f .1
-67-
acabado de hacer esta promesa, la enferma
mejoró . visiblemente, y pocos días después
estaba ya en plena .convalecencia. (P. Buss-
cher.)

SANTOS Y RE.YES DEVOTOS DEL ROSARIO

San l3enito José Labre practicaba en gra-


do eminente. la devoción al Rosario. Era fá-
cil reconocerle .por un gran rosario que lle·
vaba colgado al Guello, .y :del que no· se des-
prendía ni d.e dia ni de noche. Pero no con-:
tento con esto; habíase revestido, por decirlo
asi, d-el espíritu del Rosario, practicando las
virtudes que en!jefia la consideración de sus
misterios. (Re'Qista del Rosario.)
Alfonso V, ' rey de Portugal, decía á sus
ministros~ «Recemos el Rosario para que la
Virgen Santísima sea la Guía y Protectora de
nuestro reino.» {Lectura Dominical.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Son inmensos los bienes que cada día re-


cibe el pueblo cristiano por el Rosario'. ( Urba-
1
no IV.)
l •

, ...
- .... - -. - -·- - - - . ( .. : .. : . í ,.J ·: • j
68- 1

DIA 8 .
i

Primera consideración sobre el cuarto t


Misterio gozoso_.
'
'

De las prácticas piadosas.

Por cierto que no · podrán menos de con ..


moverse admir-adas nuestras almas si a"tenta-
mente consideran el misterio de la Purifica-
ción de la Santísima Vi~gen! ¿Có1uo es esto?
¿Purificarse la misma pureza, la Reina inma-
cula~a de las vírgenes) la excelsa Madre de ,
Dios, cuya bendita alma estuvo exenta desde
el primer instante de su sér de toda sombra de
imperfe~-ción? ¡Ah y qué bellol:rfulgores .espar-
ce en este acto la diadema de sublimes virtu-
des que la adornan! Pero fijémonos solamen-
te, al contemplarla en"la virtud celestial de
la pureza que· debe ser imita~a por sus hijos.
Es esta virtud delicada , flor bellísima
trasplantada del cielo, que no nace en el ce-
nagoso suelo del mundo, ni entre el estieréol
de la naturáleza corrompida. Sólo se ~clima­
t~ á l~s plj;t¡Utj;t¡S de la Purísima Reina .de las
vitgeries, crecieñdo á la sombra de su ampa:.
ro y cercad~ por las espinas de la cristiana
mottifi_c ación. Esta virtl:ld angelical tiené re·
serva~o premio singular en el cielo, p.ues sólo
los que. con _perfección la practicaron .en el
mundo, en~onarán aq_uel cántico ·misteriC>so,
no comprensible á otras almas, al ir conti-
nuamente en pos del Divino Cordero, celes-
tial E~poso · de las almas puras. ·Estas almas
dichosas son aún desde_.e sta vida objeto de los
más preciosos favores, y de una íntima fami·
liaridad del Corazón divino, - que. d~sde su
ve~ida al mundo. quiso _ estar rodeado.y comu-
nicarse especialmente con las almas adorna;.
das d~ tan celestial virtud. Y si queremos
c01nprender cuán grata-sea ella á sus divinos
ojos., consideremos que n.o hay falta leve
en cuanto á ella se opon.e, al paso que nada
es extremado cuando se tratá de conservarla ó
perfeccionarla; pues que l~ prudenCia que di-
rig~ las demás virt~des, parece que se inclina
con respeto ante ésta., singularmente bella,
de tal modo, que cualqqiera que sea .el sacri-
ficio que el hombre haga, -en su honor·, aun
cuando sea el de la' propia vida, taL vez el
:r;riundo le tache de imprudente; pero la Igle·-
si~, la voz de· . Dios, no le reconvendrá por ·
70..:::.
falta de pnudencia, sino que le aclam.ará már~
tir herorco de_la .casti_dad.
Pero también al presentarse la Santísima
Virgen en el templo para cumplir un precep-
to, al que no estaba obligada, nos ofrece tln
hermoso .ejemplo de .la exactitud que debemos
observar en nuestras prácticas piadosas, ~y del
recogimiento con que debemos permanecer en
·la iglesia'. . A consideraciones tristísimas se
presta, en verdad, la falt·a de compostura que
·Se nota· eii los templos, á los que á veces pate-
_se se va m-ás bien .á ofender á la 'm ajestad de
·Dios, allí presente, .que á =adorarle y desagra:.
·viarle;. pues apena observar. esa ignorancia,
-hasta en la manera de entrar y salir eh ellos·,
sin hacer las genuflexiones debidas_, ó no ha-
·ciéndolas:de la manera conveniente, mientras
que se estudian cuidadosamente los usos para
,Presentarse bien en la sociedad; cuán sin res-
peto s.e permanece en la casa de Dios; con qué
libertad se mira á todas partes y con qué faci-
¡idad se habla, y no ya sola una palabra nece-
·saria, sino que se lleg-a hasta á entablar una
larga conversación, haciendo así. caso omiso
.de.la .santidad del lugar. ¡Ah! Si nos penetráse-
·mos 'Qien de la grandeza de Dios. allí presente;
·si avivás.émos nuestra·fey considerásemos que
- 71-
"' - . ~ -
ios espíritus án_gélicos allí postrad os oculta.n sus
rostros bajo las alas, deslumbrados por la glo·
ria que contemplan, (,qué haríamos nosotros',
viles gúsanillos, in'iserables pecadores qüe he-
IDO~ <C?fendidQ á. este Dios de ma,jestad _y gran:..
deza?· Bien . pod~tamos decir, llenos d·e asom-
bro y confusión,. ·aqrréilas palaoras de J acob;
·Verdaderamente . gr·a nde es -este lugar en
qué ·Dios habita;» pero· no podríamos ~.ñ .adi:r
que lo ignorábamos, pues que la 'fe nos ense-
fia la real prese~.cia d~ .nuestro Dios en la
Sagradada Eucaristía. -
_::{·~ N& .eñtre~os;-pues, . en el . templo.. sin ' con-
sid-~rar qile· es un :lugar santó, y ~entonces evi-
-taremos caer en' esas .faltas,. tan frécuerites por
·desgracia, como da:fiosas á la fe. Recojamos
núestros señtido_s; cerremos :nuestros ojos· cor-
rpoialeá para· des.cuhfir:· mejor· con la vistá in-
·teri-or la santidad del te-i:nplo, y adoremos con
·toda·1a atención de nuestro espíritu,· y con l~
'm ayor reverencia exterior, á nuestro Dios Sa-
·crairrentadé, que ·se dignó quedarse en ·el taber·-
·náculo,' y admitirnos en · su divina presencia,
para recibir nuestras --adoraciones y acoger
bondadoso,ntiestras súplicas. No hablemos tam-
·poco sin ne.cesidad en·el tem-plo, ni nos ocupe-
~Ihos en · él de ótra eosa que de la oraeion,·recor-
72-
dando cómo nuestro mansísimo Jesús arrojó
con un látigo á los que profanaban. el de J e·
rusalén; y ya que tantas irr~verencias se co~
meten en la iglesia, guardemos en ella escru-
pulosamente la debida compostura, para dar
buen ej.emp~o y desagraviar . al Señor; y de
este modo imitaremos ta]Ilhlén á la Santísima
Virgen en la modestia y reverenci~ con que
se presentó en el templo .á la ceremonia d·e la
Purificación. · '

EJEMP~O

' Arrodilla-do una. vez en una iglesia de·. P~­


ds, rezaba de:votamente el Santo Rosario el
sabio Ampére, el cual, á los once años, desco-
llaba como matemático, y á los dieciocho ha-
bía rehecho todos los cálculos de la mecánica
analítica. de Lagrange, sin que estQS profun-
dos estudios le impidiesen aprender, como ju-
gando, el latín, el griego, el italiano y la bo-
tánica. Pero. lo que le dió más celebridad fu.é
la invención del telégrafo eléctrico, si bien
.tardó algo en llevarse á la práctica el princi-
·pio desc}J bierto por él.
Pues Bien; Federico 0zanam, no incrédulo
ei!tonces, pero sí atravesando lo que gráfica·
·mente _ha llamado el ~. Gratry la crisis_de la
SANTOS Y REYES DEVOTOS · DEL ROSARIO

·San Carlos Borromeo rezaba el Rosario


todos los. día~ de rodillas, y obligó á los solda-
dos á rezar en pomún el Rosario. «El Rosa-
rio-decía -es más poderoso contra los turcos
que millares de ejércitos.» Y en cartas pas-
torales le recomendó á todos sus diocesanos,
y le prescribió co~o punto de reglamento en
todos los seminari~s, , conventos,. colegios y
demás casas de piedad. (Revista del Ro-
.sario.)
-- 7 4 -
~· Enrique IV prometió con Juramento .al
Papa Clerri"ente VIII rezar todos l~s días una
parte del Rosario, y -los sábadós el Rosari<? en-
tero: (Lectúra Dominical.)
. .
E~OGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

El Rosario es rico tesoro,' eri. v~rdad, for:.


mado por lÓs mér:itos de .CriátQ',. de ~ . ~a.dre
de Dios .y~ de los Santos,~ ~~ que eón ·r~z~9:n
~ues~ro
- - .
an.tecesor
• '
. Clemente
. . . .
. VI
' . .
aplicó
• . ' . l
aqÜe~·.(
llas p~labras . de la Sabiduría: . «Es u _n .t~S9XQ
!Úfiuito . para' lo~ hombres; , que á ' cua~tos se
han valido 'de 'él los ha hecho par:tícip~s .de).~
amistad de Dios.» (León XIII.) · · · ·· · · · ·

1 .'

DIA 9

· Segunda-consideración sobre el cuarto-


, Misterio gozoso.

De las prácticas piadosas.

Empezando hoy las coJ?.sideraciones sobl'e


·las prácticas p_iadnsas q\le la; contempl-ación
d~ la San:tísima Virgeñ ·en e1 templo nos ins~
piran, haremos algunas reflexiones acér·¿ a d. .e -
-75
los principales actos de piedad, exceptuando
los Santos Sacramentos, de los que nos ocupa-
remos más tarde. Entre ellos ocupa el primer
lugar la asistencia al santo sacrificio de la
Misa ; y verdaderamente ·no se · coFnprende
cómo un cristiano, y más aún una persona
que haga profesión de piedad, pueda, á menos
de tener graves impedimentos, pasar un soto
día sin asistir á la renovación de los misterios
sagtados de ·nu~stra R-edención, y · sin implo-
rar _la_divina misericordia, tan pr·opicia duran-
te e'l santo sacrificio de la ~lisa, · sobre tantas
y tantas necesidades particulares y generales
que nos rodean, -y sobre las ánimas ·b_e nditas
del P~rgatorio, para las que la ~~nta Misa· es
sufragio valiosísimo. - ·
El P. Cormier, en sus Ent1·etenimientos á
los Tercia1·ios Dominicos, dice lo siguiente,
que puede muy bien aplic·a rse ·á los devotos
del Santo Rosario: «El Terciario debe consi.
derar la santa Misa como el sol de su día, y
como sólido ejer alrededor del cuai se mueven
con facilidad, ardor y ~igor todas sus accio-
nes, tanto interiores como exteriores: Por lo
tanto, debe disponer todas lás o-b ligaciones_dé
1
su estado, de tal modo, que le ·permitan asiS •

tir á ella todos los días. Si . tiene que hacer


-76-
algunas concesiones respecto á sus ejercicios
de piedad, por cau~a de las personas que. le
rodean, ó por las e~ige!lcias de sus ocupacio-
nes, tratará d~ que esta~ concesione~ recaigan
más bie.v sobre otros ejercicios, para que no
se ~e moleste r_e specto á éste. Ha_ de saber
también soportar en paz l~s recr~minaciones
que puedan hacérsele, con el fin de conquis-
tar poeo á poco esta justa y preciosa libertad·
de asistir al santo sacrificio de la Misa todos
lo~ días. ·Y le será. .más fácí_l conquistarla á ·
medida que derg.uestre que sai?e aprovechar-
~e de ella, t~abajan_do el restq del día en_ cum-
plir ~W~ deber~s. co.n el mayor acie~to y gene-
rosidad.>?
La oración mental, ~~ lec~ura. espiritual
y e~ ex-amen de · ((oncienc~a son tambi.éñ. me-
dios para. alcanz.a r la perfección, que nunca
debemos omitir. Más adelante encontraremos
ocasión de ocuparnos de la primera de estas
prácticas; ~ en cuanto á las otras dos, .debe-
mos procurar observarlas convenientemente,
cuidando en la lectura espiritual_ de no usar
otros libros ·que l:os que · nue_stro director nos
aconseje, pues no todo lo b~enq hace bien á
~odos, y hemos de leer con detención, sabo-
reando cada uno de a·q uellos. I?ensamientQs
77-
que mueven n-uestro espÍritu, dejándolos pe•
ñ~trar en él dulce~entey ~uspendiendo ia lec•
tura algunos ins.t antes, que más vale leer poco
y sacar mucho ·fruto, que no devorar muchas
páginas fría y precipitadamente. Convenien-
te es recogernos un momentito antes,' como .
ligera preparación á nuestra iectura, y ho
olvidar tampoco una acción de gracias, si-
quiera sea brevísima, después de ella, En cuan-
to ai examen particular, debemos ser cons-
tantes eri su práctic-a , para que después de
habernos servido como escardiilo para arran.
car de nuestra alma todos los defectos, nos
ayude á plantar en ella todas las virtudes.
Finalmente, si deseamos de veras . adelantar
en ellas, no debernos omitir tampoco los ejer-
cicios anuales, _pues sabemos que mediante su
práctica otorga el Señor precioeas y abundan-
tes gracias conducentes á la salvación del
ahna. ·
Pero no Imitemos á aquellas personas que
se ocupaii más de aumentar el número de sus
.devociones, que de practicarlas de una mane-
ra conveniente. San Francisco de Sales acon-
seja hacer las cosas ordinarias, mas de una
-manera no ordinaria, sino cori .perfección;
·pero estas personas· creen que - eUa consiste
-78-
~n multiplicar sus piadosos ejerCicios, y así
no oyen hablar de nuevas devociones sin que
las abraeen inmediatamente, resultando de
aquí que, cargándose de un cúmulo de prác;
ticas que no pueden cumplir buen~mente, en·
~uentran en esta multiplicid~d una carga
abrumadora, de la que tratan de desembara·
zars~ lo antes ~posible; y pensando únicamen-
te en terminar pronto, no ~ se ocupan d~ las
d;isposicion~s que deben lleva~se á la oración.
Gon esto adquieren la cpstumbre de rezar ma·~
quinalmente, imposibilitándose en cierto t:nodo
.de practicar la óraci_ón con un espíritu tran-
quilo, atento, humilde y recogido cual se debe-.
Bien se ve cuán preferible fuera reducir estas
devociones y practicar con verdadero espíritu
aquellas que son compatibles con los deberes
y disposiciones de catla uno, según el dictamen
de su director espi~itual. Est!l de be ser, pues,
nuestra conducta: huir de esa fiebre de nove-
dad que quiere abarcar cuanto oye é imhar á.
todo el mundo, conformándonos con practi·
car con perseverancia inquebr~ntable aquello
_p ru.d entemente s~ñalado en nuestro plan de
vida; y si queremos hacer más, fijémonos en
hacerlo mejor cada día, que más haremos, es
- .decir, más agradatú~s serán á -bios nuestra~
- ... • - • ... - J - _. -- ~ -- ~ - ~ - - • - - .....
- 7 9 -.
~ráctica.s,á_ medida que _con mayor perfec:-·
Qión·las observemos.
.. ~ ! : . ... 1 '~ )

ÉJEMPLO ..
'
Tres vírgenes, con objeto de prepararse
para la fiesta de la Purificación,-y por conse-
jo de su confesqr, rezaro_n el Rosario -por- es-
pac"üi cie cua.r~nta díás. En la v-i gilia _d-e .<Ücha
fiesta tá -Santísima Virgen .se -apareoió .á la
pi·irnera hermana con un : riéo -~es_ti do "Qerd~­
~o ·en .oro, y dándola las grac-ias, la b~ndijo .
.Áp.ar~ci?se despué~ á la oti~ a her~ana con un
vestido sencillo, y -también la dió las g·racias,
mas -:Pr-egúntán.dole ésta p01: qué se había pre-
senta.dq á la- otra con un vestitdo tan l·ico,
María le .contestó: «Porq-ue ella· me ha ves~
ti do mejor que tú.» -Después_r apareclóse á la
· tercera,~ éon- un vestido de cañama.Zo, y ésta
la pidió perdón p9r sti ti.bieza.en amarla ..
· Al"siguiente afio toqas tres se prepararon
mu~y_ biéJ?. para di-cha fiesta, rezando el Ros~­
rio con. gran. ·devocióQ, Y. en la noche anterior
a la fiesta ap~reciéndoselas María-muy·enga-
í~ria~a~, ·l~s dijo~-que se . preparasen p~ra ver
el Paraíéo á lá inah.ana siguiente. A.sí ·lQ .hi-
cieron eonfesan'd~·.y comlilgánuo; y á la hora
1

de Completas volvieron á ver á la Santísima


-80-
V:irgeii. - que ~ vino á buscarlas, y ·entre los
cánticos de los ángeLes expiraron dulcemente
las tres, una tras otra. (De las Glorias de
María.) ·

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL. ROSARIO

El B·e ato Luis Grigp.~n de Monfort, -que


por su ardieilie celo ~ri propagar el Rosario
mereció ser compar~do á Santo Do~ingo, no
dejaba de recomendarle en sus. predicaciones
y eii sus escritos. Cuando daba -una misión
hacía rezar las tres partes del Rosario á dis-
tintas lioras. Tal es también el ej~rcicio de
lo.s Padres de su Congregación, siendo de no-
tar qúe las Hijas de la Sabiduría, estableci-
das por él, deben rezar cada día el Rosario
enteró, en vez del Oficio divino. (P. P1·adel.)
Blanca de Castilla, rein~ de Francia, fué
iniciada en ia· devoción .del Ros~riq por el
mismo Santó Domingo, é invocan.cio con ella
á la· Santísima Virgen, según el consejo del
Santo, para tener sucesión; cuando llevaba
ya doce afios de -matrimonio, alcanzó tener
por hijo á San Luis, rey de Francia, qqe fué
modelo de reyes. {P. Pradel.)
-81-

ELOGIOS PONTIFICIOS DE:L ROSARIO

Al Rosario se debe la extirpación de las


herejías. (San Pío V.)

DIA 10

Tercera consideración sobre ·el cuarto


:Misterio gozoso.

De la devoción del Santo Rosario.

La preciosisima devoción del Santo Rosa·


rio ha sido siempre manantial perenne de
gracias y vir~udes (1), y la protección que la
Santisü:ña VirgEJn dispen~a á los que con ella ·
la honran, ha sido Visible y altamente COnSO·

(1) Copiosisima.s son las indulgenéias qu~ pueden


.. ganar los cofrades del Santo Rosario, 'l as cuale~ cons·
tan en los Manuales de la Cofradia.. Sólo recordaremos
aqui que ganan cinco á'ños y cinco cuarentenas, cada
vez que en las Avemarias del Rosario pronundan .éon
devoción el nombre de Jesús, y otros cien dias por
cada Padrenuestro y por cada_ Avema.rta 1 estando el
ro-s ario bendecido por los PP. Dominico$¡ y si el rosa•
.do tiene además la bend1Ci0n de los PP. Crucíferos(que
los Superiores de los PP. Dominicos pueden aplicarle
·a
-- H2-
ladorá en .to_do t_i~mpo, _como ,si en el Santo
RosariÓ hubiese Ella querido dejar á. los-cris-
tianos, además de la cadena conductora _que
atraiga sobre sus almas multitud de celestia-
les gracias, una red salvadora para atraer las
almas extraviadas -á su dulcísimo Corazón.
¿,Qué, no vemos esto cónfirmado en ·n uestros
mismos días? Miremos á Bernardeta, sencilla
pastorcúa, que al tener la dicha -dé contem-
plar á la Reina def cielo en la- Gruta bendita
de Lo urdes, celestialmente-inspirada, toma el
rosario , y desde- entonces reza el Rosario
cada _v ez que ve á la Santísima -Virg~n. Ber··
n~rdita reza el Rosar'io y Mada la colma de
gradas. Pe-ro después de Bernardita rezait
también el Rosari_o, eri Lourdes, multitudes de
todos los países, allí arrastradas por ámor á •
Maria, é incés_a~temente también, María de·

támbi~n), ganarAn, además de las .indulgenoias indica•


das, otros quinientos _dias por cada Padrenueetro y,.
por cada Avemaria. Hay concedida además Indulgen~
cia plenaria á los cofrades los dias que comulgando y
visitando una iglesia, recen el Rosario entero por el
triunfo de la Santa Iglesia; y cien años y cien· éuaren"'
. tenas cada dia, por llevar consigo-el rosa.rio, Para s~~
cofrane del Ro~~rio basta hacerse inscribir en.eí Ji~ro:
de la· Cofradiai y rezar tres partes del Ros.a.ri:Q ca<;la
r.temana.
- B3 -~:-
trama sus bendiciones, ·multiplica los prodi 4

gios, sobre esas multitudes que rezan-el Ro-


sario. Ella misma se aparece con el rosa-
rio, co.mo . mostrando al mundo n·u evamente
dónde está su salvación. Veámosla sino sobre
el rosal que le simboliza, con blanco ropaje,
dejando deslizarse ·entre sus virginales dedos
las cuentas de ese mismo rosario; y observe 4

mos cómo dice á Bernardita que vaya aquel


lugar durante quince días consecutivos, re-
corqándonos así sus quince misterios. Máa
tarde, magnífico templo con quince altar'es
representándolos, había de perpetuar en Lo ur-
des la devoción predilecta de la Reina de los
cielos que inspiró á Santo Domingo ·de Guz.;
mán.
¿Quién no se anima, pues, á propagar por
doq~ier ·eL Santo Rosario, y á prat.-íicar cons-
tantemente esta devoción, amada con tanta
predilección por la Santísima Virgen? ¡Y de
cuánto consuelo · nos servirá en la , hora de
la n1uerte haber sido escrupulosamente fie!es
en rezar, el Santo Rosario! ,pues si cada día de
nuestra ; vida hemos p~dido con fervor ciento
cincue:uta ·veces á nuestra Madre que ·ruegue
por nosotros en aquella hora, y esto mientras
in editábamos los ~misterios . de SU Vl.da 7 y de la
- S4-
de su Divino Hijo, ¿cómo no esperar su pro-
tección amorosa en aquel momento decisivo?
¡Oh, el Santo Rosario! ¿Quién puede contar las
gracias que mediante él ha concedido la San·
tísima Virgen? Mucho se ha dicho y -escrito
· sobre esta <;levoción; pero todo es poco para
demostrar su ex·eeleneia. Mística cadena que
eleva nuestras almas del desierto del mundo
á celestes regiones; misterioso rosal en el que
se aspira suavísimo aroma; imán poderoso
_q ue atrae sobre nosotros las bendiciones de
nuestra amorosísima Madre, el Santo Rosario
ha sido siempre la práctica con la que sus
verd·a deros ·d'evotos han honrado especialísi ..
mamen te .á la Santísima Virge_n . Hagámoslo
así nosotros tambiéJ?-, y no aleguemos impedi-
mento para ello; pues mucho pued~ la vo-
luntad cuando es firme en sus pro.pósitos y 1

raro será el caso en que verdaderamente no


podamos rendir este tributo dé amor filial á
nuestra Madre: Sea antes ó después de nues·
tras ocupaciones, ó en medio de ellas, si su
índole lo permite, que ing·enio.So es el amor
cuand9. es v.erdadero; y si de veras am·amos
á María, encontraremos ocasión de manifes-
tarlo. ,
Recemos} sí, el Santo.Rosario, aunque para
85-
ello tuviéremos que sacrificar una pequeña
parte de nuestro descanso; pero si tenemos
tiempo, podríamos rezar separadas sus tres
partes; santificando así nuestros días con la
consideración de sus misterios. Por la maña-
na, podemos contemplar .los gozpsos, ·sacan-
do de esta contemplación saludables ·ense-
ñanzas para emplearle bien; cuando ya es·
tamos cumpliendo nuestras obligaciones; y· la
ctuz dejar sentir su peso, recitemos los mis:
teri"os dolorosos, aprendiendo en ellos á sufrir
santamente; y, por último, cuándo el día ter-
mina, y sentimos la fatiga que el trabajo y la
lucha nos-han ocasionado, vayamos ál tem-
plo, si nos es. posible, á ofrecérsela á nuestro
Jesús, y rep9sar un poco cerca del tabernácu-
lo; y allí consolémonos en la contemplación
de los misterios gloriosos, pensando que, cual
aquel día, terminarán todos los de nuestra
vida, á la que seguirá el cons~elo eterno, si
santamente los empleamos; y que tendrán fin
tambi.én fodas nuestras penas, como cons1de- ·
ramos en estos misterios que le tuvieron las de
Jesús y J.\t1aría.
Terminemos ya esta consideración y sea
con las palabras de un.insigne Prelado de san ..
t~ memoria 1 y mártir contemporáneo de los
-86-
episcopales deberés (el Sr. Martfnez Izquier-
do) giciendo: <tEsta devoción(el Ranto Rosario)
lo es para· nosotros todo, y encierra cuanto el
cristiano puede desear. En el Ro~ario entran
las mejores y más excelentes plegarias que la
Iglesia ensefta á sus hijos; en él se recuerdan
., todos.los venerables misterios de nuestra re-
paración y las excelsas grandezas de ·María
Santísima. El ofrece á los individuos, á las
familias, á los institutos ;religiosos, á la socie·
dad entera, virt~des que admirar, granP.ezas
que contemplar, ejemplos que excitan é in~li­
nan al bien; en ·él se encuentra consuelo para
las penas, remedio para los males y satisfac·
ción para los más ardientes deseos. El Rosa-
rio sirve de oración vocal y da materia abun·
dante al espíritu más perfecto para sus dia-
rias meditaciones, abriendo también vastísimo
campo por donde se puede subir al .más alto
grado de contemplación. El Rosario, bien en-
tendido y bien rezado, es eficacísimo remedio
para los males que hoy .afligen á loS' pueblos.
Ejercitáos, pues, en la prácÚca de esta devo-
ción, haciéndole yuestro ejercicio preferente,
que, repetido con humildad y fervor, os alcan-
ce las misericordias del Altísimo :~
--:- '87 -

EJEMPLO

Cierto día, fiesta de la Santísima Virgen,


fué arrebata.do en espíritu el Beato Alano. En
este estado, oyó que de todas las partes del
~undo salían voces terribles que de~ian:
<c¡Venganza, venganza sobre los habitantes
de la tierra!>) Después de oir -estas voces, vió
ríos de fuego que ca,ían d~l cielo sobre la tie-
rra y sus habitantes: Al momento, entre llan-
tos y alaridos, pereció una multitud innume-
rable de hombres. Los que sobrevivieron em-
pezaron á clamar con todas sus fuerzas, pi·
diendo auxilio. Como Dios no se hace .es pe·
rar d·e los que le invocan,. al punto se -vió
·f:tparecer una fulgentísima nave que descen-
dió de-l cielo, rodead·a de estrella_s, y adór-
·nada de los m~s bellos c:olores, la que an-
daba· de una á otra parte -en el aire como
las naves ordinarias sobre las aguas; y era de
tanta capacidad, que innu1nerables gentes po-
dían entrar en ella. Vió tan1bién que sobre la
preciosa cubierta, y al uno y otro lado de ella,
y dentro de la nave, había muchos ángeles,
que derramaban sobre · Ja ·tierra torrentes de
agua para apagar el incendio horrible en que
él mundo ardía. ~Iaa lo bellísimo allí, sobre
-88. ~

todo, era ver á la ca:beza qe la naye una her·


mosísima Señora., cuya elegancia, gracia y
bellezá no hay lengua que lo ·pueda explicar,
la cual, como Patrona; llevaba el timón Por
fhi, toda esta nave estaba rodeada de un pre~
ciosisimo arco iris.
Mientras esto sucedía, y los hombres lu
chaban con·las angustias de la muerte,. aque-
lla Señora, que era la :Reina de los ánge·
· les, decía: «¡Oh miserables hijos de los hom-
bres, acudid á Mí para no perecer en este
diluvio! Sabed que así ·como el mundo se -
salvó del diluvio del pecado por medio de la
salutación . angélica, así. acudid á Mí ahora,
por la misma salutación.>) Después :de estas
palabras, muchos en la tierra saludaban á la
Virgen, r~pitiendo el Ave María, y cuantos
así lo hacían eran transportados á . la nave
por unas blanquísimas palomas. Y á cuantos
entraban en ella, convidaba la Virgen con
manjares ex quisitos y los deleitaba con un
riquísimo vino, de dulzura inefable. Apenas
entraróri en la ñave los que fueron llamados
por las palomas, .mnpezaron los ángeles otra
faena, dejando de apagar el fueg.o; y fué
edificar en brevísimo tiempo una ciudad admi~ .
ra.ble ,. con torres -de muy elev&da altura ; Allí
- 8ll-
fueron trasla_dados desp!_lés todos l9s que re·
zaban el E,osario á Maria, par~ preservarlos
del incendio en q·u e · todavíá -Se consumfa el
mundo. Finalmente, la Augusta Reina del Cie-
lo puso término á _la visión con estas: palabras:
«Así eomo ..en el diluvi9 universal perecie·
ron todos· los que despreciaron la nave de
Noé, así en éste, y eillos últimos tiempos, pe·
recerán los que desprecien mi Rosario.» (Bea·
to ·Alano.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS. DEL ROSÁRIO -

El' Rosario fué el uriico libro de Santa Her·


minia de Pi~rac. En él, y en fos misterios que
nos hace contemplar, halló ~n manantial in-
ago.t able d~ luces, consolaciones y arroba-
mientos inefables. (P.~ P1·adel.j ~ ·
La reina Ana de Austria renovó la santa
costumbre, observada desde San Luis, de re-
zar el Rosario en comuni~ad en la corte, é
instituyó una Orden de don-cel~as nobles, cuyo
número era de cincuenta, llamada del Collar
celeste del Santísimo Rosario : -(P. Alva1·ez.)
- 90 -:;-

ELOGIOS PONT1FICIOS DEL ROSARIO

Rezad el Rosario-decía con frecuencia


Pío IX, -esta oración tan sencilla y que· tiene
tantas inqulgencias; anunciad que el Papa no
se contenta con bendecir el Rosario, sino qtJe
Io reza cada día, y quiere que sus hijos hagan
otro tanto; tal es mi última palabra, que os
d.ejo como recuerdo. Pío IX murió contem- ·
plan do los misterios del Rosario. ( .Pad1~e .
Pradel.)
· DIA 11
Primera consideración sobre el quinto·
Misterio gozoso.

Del buen ejemplo y , de la. recepción


de los Santos Sacramentos. · -

'-· Aunque son varias las enseñanzas que po.,


dríamos saca.r de la consideración de este
Misterio, hemos de fijarnos solamente en el
ejemplo que nos da el Divino Niño predican-
do en ·el templo .de Jerusalén, y en el que nos
ofrece María buscando sin descanso día y no-
che al Amado de su alma, sin tener reposo
basta haberle hallado. En cuanto á lo prime·
-91-
ro, hemos de notar que, -á imitación de Jesús,
debemoe busc~r siempre en primer término la
gloria· de Dios en nuestras determina~iones
todas, y· hasta en nuestras más mínimas accio-
nes, pensando que toda obra buena, y aun in-
diferente; que practiquemos con esta · recta
intenCión de · glorificar á Dios, y cumplir su
·voluntad adorable, ofrecida como un acto
de amor suyo, será agradable á sus divinos
djos~ No · busquemos, pues, · otra cosa en todo
que ·la gloria dé · Dios, consagrándole ·hasta
nuestro m'ás mínima pensamiento y deseo,
hasta la más pequeña acción -6 movimiento de
nuestra vista, ofreciéndolo todo :por su amor,
y · sabiendo renunciar á' cuanto no pudH3semos
dirigir este fin; y cuando de procurar la ·glo ·
ria de Dios y cumplir su santísima voluntad
'se tráte¡' n:o nos arredren los sacrificios ni las
penalidades, ni capitulemos con las naturales
inclinaciones, ni con las dificultades de ningún
género. Miremos á' Jesús, que amando tanto á
su -Santísima Madre y á San José, se aparta
de ·ellos voluntariamente, sabiendo la amar-
gura que en su ausencia iban á sufrir; y cuan-
do la Santísima Virgen, con maternal ternu ·
ra, le dirige como una amorosa reconvención,
J esús 1 en su respuesta, no~ enseña q?e la glg-
-- 9 2 -
ria de su Padre Celestial debe preferirse á
todo, y que hemos de cumpli~~ su santísima
voluntad, sean cuales-fueren los sacrificios á
que este cumplimiento nos obligue.
~ambién hemos de predicar á imitación de
Jesús, para atraer las ovejas extraviadas al
redil del Padre _de familias. Y si bien es cier-
to que no todos hemos de dirigir la palal;>ra /1
las multitudes, hay otra predicación á la -que
todos estamos obligados, y es la que se refie-
_re hizo San Francisco un dia que, diciendo á
un hermano lego que iban á predica-r, reco-
rrieron las calles de la ciudad, regresando al
convento sin haber desplegado los labios .
.:_Padre-preguntó el lego-¿no decíais que
íbamos á predicar? - Ya hemos predicado,
hijo-respondió el Santo.-¿Cómo, Padre?-
replicó el lego. A lo que _San Francisco con-
testó, diciendo: « H-emos predicado con el
ejemplo.
He aquí cuál ha de ser nuestra predica:.
ción. El ejemplo, sí; hemos de dar buen ejem ·
plo en .todo y constantemente, y de este modo
·haremos much? fruto en las almae; pues aun-
que nos parezca que el murrdo se burla de
nosotros y de la virtud que practicamos, es
muy grande la fuerza del ejemplo, y qúizf\;
en aquellas personas _que menos lo pensa-
mos se graban las acciones de qq_e ahora se
mofan, viniendo más tarde_q más temprano á
convertirse esta semilla, en fruto saludable
para sus almas. ¡Felices nosotros si salvamos,
mediante el buen ejemplo, e~ alma de nuestros
hermanos! pues que dice el Señor que salva·
remos la nuestra. Y aunque, según nuestras
circunstancias, no hemos de· dejar de instruir
á nuestro prójimo en las eternas verdades, ya
sea en familia, ya en catequesis) en hospita-
les, cárceles, etc., no debemos olvidar que
nuestra verdadera -predicación ha _de ser prin·
cipalmente el buen ejemplo.
Por úHimo, podemos considerar en este Mis·
terio .cómo, á imitación de Mari~, hemos de
buscar sin descanso á Jesús en el Templo,
mediante la recepción de los Santos Sacra-
mentos, acercándonos á ellos con las debidas
disposiciones. Y al ocupa1~ nos ahora del de la
Penitencia ; recordaremos que siempre obliga
el dolor, aunque se trate de confesiones fre-
cuentes y no haya culpas graves, y que hemos
de presentarnos ante el ministro del Señor
como reos, no á juzgar, .sino á ser _juzgado~, "S
confesarnos humil~es, contritos, y con senti·
mientos de viva fe,- que nos hagan olvidar la
·___ -.. 94 --
perso~aÜdad · del sa.c erdote, no viendo en el. .
confesol}ario sii1_9 al ·min,istro ..de Dios. De
- este mqdo evit aremos ca~r en tantas y tanta~
. i~It~s como en esta m_a teria s~ _-cometen.entre
personas. que se llaP;J.an :piadosas; . y que pa-
recé ql vid ah ~a santidad . . qel Sacr~mento
cuando .
.hab-lan sin -disereción: de sus con-fe- _
~

so res, ponie:pdo en t~la ~e juicio -lo que en el . ·


épnfesonario se .dice 7 ·y ..acercándose múchas .
v:eces ·á ~1, má~ ·preocupadas de· eóq1o s~nin
acogi~as las i~pe.t:;tin_encias- que. va.n ~ conta1:
~l confeso~, que: de prepa1:arse debidamente
a.l ,acto siempre i~ponent~ y sol-emne, de -la
confesión. ¿Cuáles· son Jos frutos · d~ t.a~es , con-_
f~s~one.s? ~a exp~riencia r~sponde d~ manera
desco_n,s_o~adora á' esta pr.e gunta. ·_Y áunque .se
dé _ e~casa import~nqia , á estas faltas,_huya· ,
mos de ellas co.n salud-able temor, pensando .
· q.ue santamente han de tratarE;e l;:ts ~osas : ~an~
tas y que el mif3mo .Dios vengará los ultr~j~s
~echo_~/ á, cosa tan grandeme~te . santa .como·
son los Santos Sacramentos. ..
-~ . Ll~guemos, pues; siempr~ á confesarnos
c.o nvenientemente pre·para-dos, :y con esa pu·
- reza. /
de. intención de
"' • -.. : • ...lo'
Ja .
cual . dic-e- el P-. Gor·f • •

n;,lier,,_en.los.En.t retenÚnientos citados, .«q.uesu


ltjz ;4~c~ ~esai_>a:!.e~~r, el__ h.q~bre e,n- ~1 : co.nfe.:
- 95
~or, y qu~ aparezca en él Dios, y que ella
es la medida de 1~ calidad, y del número
d~_ gracias que_ van á descender sobre e~
alma . ¡Ah! Si supieran los bienes de. que uno
se p~·iva ,(continúa diciendo), buscando en la
dirección de~ ministro de Dios su propia satis
facción y turbándose cuando no se encuen·
tra . .Los pretextos que se alegan para disimu-·
lar esta manera de: buscarse á sí mismo, _no
hacen otra cosa-que añadir la ceguedad á ~a
miseri~. P.ero si se busca á Dio_ S' solamente
con humildad; si se tiene confianza en la vi.r 3
tud de su preciosa Sangre, e1;1tonces será su;-:
ficiente una sola palabra, como dice el Evan·
gelio:· .« Tantum die verbo.» La fór!llula de la
absolución, un c?nsejo familiar, Jina palabra:.
interior de la gracia, será suficiente para ilu·
minar vivamente el alma, conmoverla pro·.
fundamente, hacerla progresar, y darla fuer-
za~ inesperadas para adelantar en la virtud.»

EJEMPLO

~efiere Fr. Alberto Castellano, y lo cita el


P. Mo~·án, - que ·en Út ciudad:. de Leli {én 'Ho·
l~nda), un joven de diecisi~ete· años: ]labJ.a ~. co·
Jll.etido un pecado graví~im~. Cqan~<{· ~~ :c~.g: ~
- - ~-:-

·-f esaba se apoderaba de éL.t an ..gran. vergüeJ?.-


.za, que callaba aquel pecado, y pasaba _á co-
mulgar sacrílegamente. Predicaba en aquel.l a
ciudad, con gran fervor, el P. Conrado, de la
Orden de Santo Domingo, exhortando á la
devoción al Santo Rosario. Un día asistió -est~
joven al sermón, y dyendo las excelencias del
Rosario y los frutos de bendición que conse-
guían los que le rezaban devotamente, se con·
movió, y mucho más cuando oyó que el pre-
dicador decía~ «El Santo Rosario alcanza la '
gracia de .una verdadera contrición, y de
confesar ente'r amente los pecados .» Como el
joven padecía esta dolenci-a espiritual, fué sin
dilación á inscrihir su nombre en la Cofradía,
y comenzó á rezar todos los dias el Santo
Rosario. La Santísima Virge~ oyó .b enigna á
su devoto, y le alcanzó de su divino HijO" la
gracia de una entera y verdadera confesión,
la que hizo el joven derramando muchas lá·
grimas. Continuó después toda la vida rezan-
do el Santo Rosario 1 y murió santamente.
(P. Mordn .) ·

SANTOS Y REYES DEVOTOS lJEt ROSARIO

San Camilo de -Lelis juzgabá la devoción


del Rosario tan propia.' de los ~ristianos, .y
-97-
sobre todo de los sacerdotes, que habiéndole
dicho-uno de éstos que no tenía r0sario, excla-
mó: ¡Ay! ¡ay! ¿Qué es esto? ¡He-aquí un sacer-
dote sin rosario, un sacerdote sin rosario! .
(Revista del Rosm·io.)
El P. La Rue quedó un dí~ sorprendido al
hallar á Luis XVI rezando el Rosario. «Es
una devoción, le ·dijo el rey, que me enseñó
mi ma.dre, y no quisiera, por nada de este
mundo, faltar á ella.~ (Lectura Dominical.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL · ROSARIO

Predicó Santo Domingo á los pueblos el


Rosario, ·por orden de Dios, para defenderlos
contra las herejías y los vicios. (Pío IX.)

DIA 12
Segunda consideración sobre el quinto
Misterio gozoso.

Recepción de los Santos Sacramentos.


Siguiendo las consideraciones sobre la re-
c·e pción de los Santos Sacramentos, considera-
remos hoy cuál debe ser nuestra solicitud en
acercarnos al Sagrado Banquete. -La Iglesia,
7
- 9 8 --
Madre amorosa, quisiera que sus hijos se lle--
gasen todos los J!.ías á recibir la Sagrada Co-
munión, y así se lee en el Catecismo Romano
que dice: «En cuanto á la frecuencia de la
Comunión, San Agustín da la infalible regla
siguiefl:te: «Vivid de tal modo que podáis ~o­
mulgar todos los días.» Por lo tanto, deben los
párrocos exhortar frecuentemente á los fieles,
é inspirarles un gran deseo de recibir este Sa-
cram~nto todos los días, para alimentar y for-
talecer sus almas, de la misma manera que
toman todos los qías el alimento material para
sustentar el cuerpo: puesto que no tiene me-
nos necesidad de alimentarse el alma que ~1
cuerpo.» «Por donde se ve, dice Monseñor Se-
gur, co~1entando estas palabras, que el deseo
fórmal y explícito de la Iglesia Católica, y
por consiguiente de nuestro Señor Jesucristo,
es que llevemos una vida tan ajustada y tan
cristiana, que podamos recibir la Santa Co-
munión todas las mañanas y santificar así cada
uno de los días de nuestra vida~ por medio de
la unión incesantemente renovada de nuestras
almas con Jesucristo. Esta es una regla segu-
rísima, y los que la censuran se oponen á la
sabiduría infalible de la Iglesia católica; ~ esto
es lo que debemos enseñar á los íieles~»
. -99-
¿Pero á qué buscar nuevos textos que nos
muevan á frecuentar la Sagrada Comunión,
cuando la voz infalible del Soberano Pontífi-
ce acaba de ·resonar dulcemente ep. los _oídos
de las almas amantes de la Sagrada Eucaris ·
tía? Sí; cual los de J erícó al _sonido de las
trompetas de los israelitas, han caído los m u-
~os del "Sagrario, al sonido de la voz augusta
del Vicario .de Jesucristo, que hª' franqueado
sus. puertas; y ya nadie podrá impedir á las
almas ataviadas con la vestidura de la gra-
cia, penetrar en el banquete del Padre de
familias, asistir al Sagrado· Convite, alimen-
mentarsé con el Pan de los ángeles, y embria-
garse con el Vino que engendra vírgenes.
Atrás, pues, los infundados temores, y los espe-
ciosos pretextos que retraen á las almas de la
Sagrada Comunión. Nuestro Santísimo Padre
ha dicho gráficamente que «no es ella_ pre-
mio, sino medicina;» que si como premio .hu-
biésemos de recibirla, nadie podría llegar á
la sagrada Mesa; ¿pues quién duda que el
alma. más fervorosa no es digna de con1ulgar,
no ya diariamente, c9mo desea el Soberano
Pontífice, sino ni aun una sola vez en toda su
vida, por larg~· y perfecta que · ella hubiese
sido? Pero si indignos somos, somos tamb~én,
- 100- :,
1

enfermos y necesitados estamos de este divino


Alimento, de esta celestial Medicina. 1

Así lo compr_endieron lQs primeros cristia-


nos, los cuales se acercaban cada día al Ban-
quete Eucarístico, y robustecidas sus almas
con este Manjar divino, ·se nos presentan como
modelos de virtud y perfección. Y si el _imi-
tarlos parece difícil en nuestro decaimiento
de espíritu, ·es porque faltan las fuerzas so-
brenaturales que el Pan de los fuertes -con¡u-
nica al que digna y frecuentemente le recibe.·
Por .eso .lo hicieron siempre así las almas san-
tas, y e:otre innumerables ejemplos que para
demostrarlo pudieran citarse, recordaremos
nada más algo de lo que dice un Manual de
la Orden de Santo Domingo, por tratarse en
él precisamente, de Santos devotos del Rosa-
rio. «Desde los primeros tiempos de la ·orden,
di:ce, las comuniones frecuentes y cotidianas
se propagaba~ por todas partes en ella. Santa
Catalina de Sena, Santa Rosa de Lima, Santa
Catalina de Rizzis, Sa'nta Inés, la Beata Mar-
garita del Castillo, comulgaban todos los días; .
1

la Beata Imelda moda en el éxtasis de su '


comunión milagrosa. Santo Tomás de Aquino
escribía el inmortal oficio del Santísimo Sa-
.cramento; San Jacinto atravesaba á pie .en-
- 101-
juto las corrientes tumultuosas del Nieper,
llevando en una mano el Santísimo Sacra-
mento· y en la o~ra una imagen de la Santísi·
ma Virgen; en fin, la Orden entera profesaba,
una devoción especial á la Sagrac;ia Euca-
ristía.»
Animémonos, pues, en,vista de estos ejem-
plos, á comulgar con_·frecuencia con las de-
biaas dispósiciones. Mas no fijemos solamente
nuestra atención en la preparación próxima,
sino también, y -con preferencia·, erí la prepa-
ración remota, es decir, en la santidad de
vida propia del alma que frecuenta la Sagra-
da Comunión. No imitemos á aquellos que mi-
rarían como una grave falta acercarse á la
Sagrada Mesa sin haberse préparado tanto ó
cuanto tiempo, 6 haber r~citado tales ó cuales
oraciones, pero. que no tienen escrúpulo en
recaer inmedi.atamente,
. /
después de haber co·
mulgado, en las mismas faltas, y se preocupan
poco de emprender seriamente la lucha nece-
saria para ~vitarlas. ,Pero si trabajand<? cons-
tantmnente, con la gracia de Dios, para pro·
curar á ~uestras almas esta preparación re-
mota coi! la i)ráctica de las~irtudes ,. hemos
pasado el día anterior en el recogimiento de
nuestros sentidos, en la mortifica~ión de nues-
-102-
tras m~las inclinaciones, tratando de abra-
zarnos bien á nuestra cruz por amor á Jesús,
vayamos humildemente confi~dos á recibirle,
aun cuando no tengamos largo tiempo· para
prepararnos la mañana siguiente, que siempre
ora quien con recta intención y santa~ente
obra. No nos preocupemos tampoco, después
de reoibir al Señor, del_ libro que hemos de
leer, ó del método que hemos de adoptar para
la acción de gracias. ·Sigamos el consejo de
.Santa Teresa, que recomienda se cierren los
ojos corporales para mejor contemplar inte-
riormente al Señor, que está realmente en
nosotros, y sepamos aprovechar tán pr'eciosos
momentos, abriendo de par en par. el alma á
nuestro Jesús, que quiere colmarla de dones.
Arrojémonos despu_és en sus ·divinas manos,
~xponiéndole sencillamente nuestras penas y
combates, nuestros temores y esperanzas,
todas nuestras necesidades, eri fin, que Él- nos
escucha amoroso para consolarnos, fortale-,
cernos y concedernos todas aqüellas gracias
que convengan para su gloria y nuestro bien . .
¡Oh qué dicha la del ahna que emplea
todos los días d'e su permanencia en la tierra
en esta preparación y a-cción de gracias;
sirviéndola una santa Comunión de prepa-
- 103-
ración para la del día siguiente, y ésta de
acción de gracias por la de todos los días.
E;lla puede decir que pasa por el mundo, pero
que no vive en él; pues libre de las pasiones
y miserias de este mundo corrompido, ·aspíra
en pura atmósfera de santos deseo~;J, su con-
versación está en los cielos, y cada día se une
1nás íntimamente eón su Dios. Por -esto en ·
cuentra en ·la Sagrada Jpucaristía fuerza, con-
sejo, esperanza, luz y todo . bien, recibiendo
al Soberano Autor de todos los biene~) su di-
vino Esposo, siendo para ella la Sagrada Co·
mu:n.ión, Consuelo supremo en ~as tribulacio-
nes .del destierro y Prenda segura de su e ter·
na bienaventuranza .


EJEMPLO

Después que Rafael del Riego f!lé apresado


- por los campesinos de Sierra Morena, y con-
ducido á la cárcel de Madrid, la gracia co·
menzó á inspirar sentimientos saludables en
aquel espíritu revolucionario. Próximo ya á .
la muerte, á la que le condenó la justicia hu-
mana, quiso reconciliarse con Dios, y pidió
por confesor á uno de los Padres Dominicos
del Colegio de Santo Tomás.
-
Bs·imposible describir ~a conmo:vedota es·
cena que tuvo lugar. ·entre el ·P adre espiritual.
y -el hijo -pródigo, que .volvió lleno de tristeza
y~desengaños á cobijarse . bajo el techo pate~·~
no. -Postróse .Riego á 'los pies del ~. ·san Vi-
cente, y con.fesó todas- sus culpas con . tanta
sincerí_dad; angustia ·y dolor, que -el Padre;
conmovido, rompió á llorar y dijo:~~Dime,
hijo mío, ¿qué ·has hee:h0 para merec~r este
. favor singular .-del cielo? ¿,Qué gracia tan ·
extraor_dinaria es ésta que asi mueve tu cora-
zón?» Entonces Riego co:p.testó con las siguien-
tes · palabras: «Padre, ini vida . entera ·es ·un
tejido .de iniqulgades; no registro, en mi con-
ciencia cosa alguna acreedora .á tanto bene-
ficio como Dios me hace; pero si á obra alg1U·
na mía debo atribuJr el que D.~os se compa·
dezca de mi alma, esto sólo recuerdo: cuan- ,
-do niiío, mi ·sapta mad)·e me llevaba todos los ,
días á· la capilla del R~osario d·e la iglesia de
Santo Domingo, de Oviedo, y allí d.e rodiil~s
rezábamos juntos el Rosario á la .Virgen. Mu-
rió mi quérida .madre, .y desde enfo·n ces,· bi·e n
como recuerdo de carifio á la autora de mis
días, bien como resto de devoción á la Santí- ·
sima Virgen, jamás dejé un solo día de rezar
el Santo Rosario.»
-105-
/ -Basta, hijo mío, basta, -exclamó enter-
necido el confesor, estrechando á Riego entre
sus brazos;-lá Vlrgen te. ha salvado. ¡Oh!
Dale las gracias y ten án~mo. Esta conversión
es una prenda d~ felicidad eterna No temas
dejar el mundo engañador; un momento de
prueba, un momento d~ ~xpiación, y la Vir·
gen te unirá á tu ptado~a madre en e.l Paraíso.
Acabada su ~onfesión, Riego formuló y firmó
de su puño y letra una h·e rmosa retractación
de todos sus errores.» (Del .[1·is de Paz.)
SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO
San Juan de Rossi, canónigo romano, re-
z~ba el Rosario diariamente, por más abatido
y fatigado _que se encontrara, y cuando esta-
ba enfermo, le tenía siempre en la mano.
(P. P 'r adel.) ·
Clotilde V.de Francia, Reina de Cerdeña y
Terciaria Dominica, rezaba todos los días el
Rosario entero ·con gran fervor. l P. P1·adel.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

La Santísima Virgen, nos librará de los


sacrílegos ataques de los impíos, á condición
de que los fieles recen · con frecuencia, y en
todas partes, el Santo Rosario. (Pía IX.)
_ . 106-

DIA 13
Primerá. consideración sobre el primer
Misterio doloroso.

De la oración.

Profundo, consolador y altamente instruc-


tivo es el Misterjo de la Oración del Huerto
que hoy vamos á considerar, en el que nuestro
divino Maestro se nos presenta como modelo,
preparándose á los tormentos y á la muerte
_por medio de la oración. Pero observemos
cómo para orar se retira del bullicio de la ciu-
dad, y elige la soiedad del campo y el silen-
cio de la noche, entregándose así de lleno á
la más ferviente oración. Este hermoso ejem·
plo debemos imitar los que de discípulos suyos
nos preciamos, buscando en la oración luz y
fuerza para todas las dificultades de la vida,
practicándola también, en cuanto nos sea P9-
sible; en soledad y silencio exteriores,.y siem..
p1~ . interiores, es decir, procurando ·olvidar
durante ella , todo asunto extraño á la
oración.
;....,_ 107-
Creen algunos que sólo deben de orar los
religiosos y las personas que aspiran á llevar
una vida piadosa; pero la oración és indispen.
sable á todo aquel que d~sea seriamente la
salvación de su alma, ya que ella es arma po-
derosa para triunfar de nuestros enemigos.
Lástima, pues, que tantas almas descono~can
los preciosos tesoros de celestial-es gracias en-
cerrados. en la oración, que es cual.su a ve per-
fume del cielo que recrea el"alma y cual bien-
hechor rocío que hace fructificar en ella las
virtudes. En efecto; esos momentos más-ómenos
largos, en los que el al~a reposa á los pies. del
Señor, son los que la. dan fuerza para luchar,
durante el día, con las. dificultades interiores
y exteripres, ,con las que enemigos visibles
é- invisibles, tratan constánteniente de enter-
pecer su marcha hacia Dios; y verdadera-
mente que en esos instantes en los.que se está,
por decirlo así, fuera del mundo, es en los
que parece quiere el Señor conceder las fuer-
.zas necesarias para vivir en el mismo mundo
según su léy y según su amor. Alma sin ora-
ción, es cual navegante sin rumbo, ·que no
sabe á dónde se dirige; y podríamos décir que
es el tiempo de la oració~ semejante á aquel
en que el buen servidor recibe las órdenes de
108 --=-
su señor, ó en el que ef hijo s.umiso recibe el
cariñoso saludo y bendición .de su amoroso
padre.
«La . oración, ha dicho u u sabio Prela~
do de santa memoria (~l Sr. Izquierdo), orde-
na los deseos y ennoblece las aspiraciones del
hombre; ella es el consejero en nu~stras duda~,
la l'uz á cuyos resplandores el entendimiento
descubre ~ Dios; la centella que prende en
nuestros pechos 1~ llama del amor divino. Por
ella establec~mos nu,e stras relaciones con J e~
sucristo, le· consultamos y nos ilustra, le co-
nocemos y nos conocel?os, en lo cual consiste
la verdadera ciencia; le presentamos nuestras
necesidades y nuestras miserias, .Y las socorre
y las cura. ·E lla, en fin, rectifica .nuestras
ideas, arregla y dirige nuestro p:roc.e der, y
hace que no pensemos, ui sintamos, ni obre•
~os por nosotros mismos, sino que Dios eje-
cute todo en nosotros. -Por eso se ha dicho:
«Dichoso aquel á quien el Sefior enseña;» por
eso Dios_ha prometido al alma que le invoca,
guiarla á la soledad y allí · h~blar á su _co.-
razón.»
Sobre la necesidad de lá oración, y el
modo de practicarla, hay libros divinamente
inspirados, como son el Tt·atado sobre la ora.-
-109-
ción, de Santa Catalina de Sena, las obras de
Santa Teresa y otros; y en cuanto á su aplica·
ción práctica á nuestras almas, debemos guiar-
nos sin reserva por nuestro director espiritua1,
una vez que hayamos hecho elección acer·
tada, lo cual es de suma importancia, pues
buen guía será el que conoce por propia expe-
riencia el camino por el que ha de conducir-
nos; y más fácil y seguramente adelantaremos
en el ejercicio de la oración, á medida que sea
más práctico ·en -él, y, por lo tanto, esté más
cerca de Dios,· el director á quien co.nfiemos
nuestra alma. ·
¡Dichosos nosotros si llegamos á practicar
convenientemente la oración! Poco tendre·
m os que temer entonces de nuestros enemigos,
,y nos enriq uecei'emos de preciosas gracias;
que así como los que descienden á los mares
en busca-de tesoros no perecen en ellos por
el aparato colocado al efecto· para h~cerles
respirar el aire de la tierra, y mucho asombro
causaría verlos salir ilesos, al que este.secretó
no conociera; así pudiera asombrar ver al
alma sumergida en este amargo y peligroso
mar del mundo sin perecer, y recogiendo en
él magníficos tesoros de virtudes, al · que :no
supiera que lar ot~ción es el eonducto que la
- 110-
salva, haciéndola respirar aire del cielo . Re·
cordemos, pues, que conviene siempr"e orar
y nunca desfallecer, y oremos continuamente;
en nuestras penas, implorando el soeorro de
lo alto, en acción de gracias por los prósperos
sucesos, y en todo tiempo y circunstancia;
que vida de oración es vida de luz, de con-
suelo y de virtud, y atajo -seguro pa.ra el
Cielo.

EJEMPLO

El célebre Cluck poseía una hermosa voz;


y sie]ldo muy niiio aú:q.J cantaba ya en una de
las principales iglesias de Viena . Un día, al
salir de la iglesia, le vino al encuentro un
religiQso ·de edad provecta; y después de feli- ·,
·citarle le dijo: «Toma este Rosario, ·hijo mío,
y promete á la Santísima Virgen que en . su
honor lo rezarás cada- día. Ella te protegerá
y alcanzará virtud para que glorifiques á su
divino Hijo con el valioso talento que en la
voz te ha dado. Adiós, acuérdate siempre del
pobre Fr. Anselmo.» Dicho esto, le bendijo y
dtsapareció. Con una inclinación de cabeza
muy significativa, había respondido Cluck al
aparecido; y perm~neció toda la vida fiel á su
- 111-
promesa, y fiel con Cluck se mostró también
la Virgen Santísima del Rosario. Veamos
cómo se verificó esta mutua fidelidad.
Para perfeccionar sus ·estudios , Cluck
determinó irse á Roma. ¿Pero quién le pro-
porcionaría los recursos necesarios para tan
largo viaje, sí sus padres vivían en la esca-
sez? ¿Quién? El Santo Ro<sario.. Fr. Anselmo le
había prometido la asistencia de la Virgen,
si le rezaba .con asiduidad. Rezó pues, el Ro-
S8Jrio no ya una ve:Z cada día como antes,
sino con más frecuencia y más fervor. No
había pasado mucho tiempo, cuando el Maes-
tro d.e ·Capilla de la Basilica, encargado de
coleccionar en Roma las obr~s del célebre
Palestrina, soUcitabá, de parte del Arzobispo,
que sus padres permjtiesen á Cluck acom·p a-
ñarle en calidad de secretario.
En Roma fué considerado Cluck como un
prodigio del arte, y en consecúencia, invitado
á desempeñar los más brillantes puestos de su
profesión. Y si el Rosario le sirvió de talismán
para el logro de su~ aspiraciones, luego le
servía de tema celestial para sus inspiracio ·
nes y de expresión la más ad~cua_da para
manifestar á la Santísima Virgen su grati-
tud. ¿Recordaba Cluck el insigne favor ·de su
- 112-
amada Madre? Pues rezaba el Rosario. ¿ Ne-
cesitaba tomar alguna resolución importante?
Rezaba también el Rosario. ¿Padecía alguna
aflicción ó gozaba alguna prosperidad? Reza-
ba siempre el Rosario. En sus Misterios bus-
caba las inspiraciones .para sus obras, medí·
tando, ya unos, ya otros, según el carácter de
la composición. Más tarde, fué llamado á la
corte de Ver8alles por los reyes, que le hicie-
ron su Maestro de Capilla y le colmaron de
honores, y todo lo atribuía al mágico poder
de su breviario de músico. En fin, fiel á su
promesa, jamás se acostó sin rezar el Rosario
que le encargó ·F r. Anselmo, hasta que Heno
de méritos y glorias, llegó al fin de ~u carrera
y cortó la muerte el hilo de su vida. Cierto
consuelo misterioso . que se experimentaba
junto á su lecho de _muerte, indicaba la pre-
Eencia de la amabilísima Reina del cielo, que
sin duda venía á recibil'le y á darle la última
y mayor prueba de correspondencia á su fide-
lidad en rezar el Santo Rosario. (Revista del
Rosa'i·io.)
- 113-

SANTOS Y 'REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Alfonso Rodríguez consideraba como


su principal ejercicio de devoción el rezo del
Santo Rosario. (Révista del Rosario.)
El emperador Maximiliano de Alemania
no ile a vergonza.ba de alistarse bajo la ban •
dera del Rosario, perteneciendo á su Cofra-
día. (P. Bus-sehe1·.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Cuantas n1ás v~-ces y con más fervor se


digan las preces <!!el Rosario, tanto más segu-
ro será el patrocinio de la VIrgen en favor
del pueblo cristiano. (Pío IX.)'

DIA 14 -
Segunda consideración s~bre el primer
Misterio dolorQ.so.

De la p~rseveranoia en la oración.

Reflexionábamos ayer brevemente sobre


la excelencia de la oracióñ; p.e ro indispensa~
ble es,. para gozar sus· preciosos frutos, ser
8
- 114-
constantes en _tan santo ejercicio, á pesar de
todas las dificultades, tentaciones y repug-
nancias que en su prác~ica pudiésemos encon-
trar. Lamentable error sería creer que sólo
habíamos de _perseverar en la oración cuando
encontramos en ella facilidad y consuelos,
pues no es esto lo que hemos de bus~ar, ni lo
que ha de santificarnos; y así, aunque deba-
mos recibir estos consuelos con reconocimien-
to, cuando nos los concede el Señor p'ara alen-
tarnos al sufrimiento, no hemos de olvidar
que no ellos) sino la perseve'rancia en la ora-
ción, sean cuales fueren lós obstáculos que s-e
opongan á nuestros buenos propósitos) es la
prueba de que 'solamente buscamos á Dios al
practicarla.
Sublime ejemplo de esta pers-everancia
nos ofrece nuestro divino Redentor proster-
nado en el Huerto, .sumido. en cruel amargura
y derramando su precios~ Sangre, cual sudor
copioso, por la· fuerza de interiores angustias,
más que mortales; y este Misterio d~bemos
contemplar esos días en los que sentimos la
desolación, la angustia, el tedio, el desalien..
to, el temor_y la duda e:o. nuestro espíritu.- Sí;
di as hay en los que el cuerpo y el alma pare-
cen nega.rse á· soportarse _mu~uamente 1 y en

'¡¡
115-
los que sólo un esfuerzo de la voluntad, soste-
nida por la gracia, puede hacernos obrar
según esa fe y esa esperanza, que parecen
extinguirse en nuestra alma. ¡Ah! ¿Quién sa-
brá expresar cuántas penas puede ella pade-
cer, y hasta qüé grado se eleva á veces su in·
tensidad?
En las ·enfermedades físicas no es frecuen-
te ·que el mismo sujeto padezca diferentes
males; pero las penas interiores pueden mul-
tiplicarse indefinidamente en·una misma alma
·cuando la· divina Providencia lo dispone así
para su bien. Mas hay una diferencia notabi-
lísima entre- unos y otros sufrimientos: las
enfermedades físicas debilitan y hasta destru-
yen la fuerza y la vida del cuerpo que las
padece , mientras que las penas interiores
aumentan la fuerza y la vida del · alma que
generosamente las acepta, y la procuran bie-
nes indecibles de gracia y.gloria, de tal modo,
que las desearíamos con ansia, si ese velo que
parece ocultarnos lós hermosos horizontes de
la esperanza se descorriese por un momento
y claramente pudiése~os contemplar ·la in-
mensidad de los bienes que atesora nuestra
alma, precisamente en esas prueba$) en las
que nos creemos .cercados de densas nieblas,
- 116-
lejos de _todo bien, y en las que hasta llega-
mos á dudar, si estamos fuera del camino de
. la salvación . .
Animémonos, pues, á sufrir cuanto el Se·
ñor disponga en este sentido; pensemos que
todos nuestros padecimientos y angustias han
pasado antes por el Corazón amantísimo de
nuestro divino Salvador, y vayamos ~n nues·
tras tribulaciones .á contemplarle postrado en
angustiosa agonía, perseverando en la oración,
sin que el aparente abandono del_cielo,_ni la
intensidad de creciente- y mortal angustia, le
hicieran decaer en tan heroica perseveran-
cia. De este modo, lejos de abandonarnos á
la peligrosa tentación del desaliento, practi-
caremos con invencible ·constancia la ora-
ción, y dirigiremos con mayor confianza nues~
tras súplicas al 9ielo. No importa que por
l ~rgo tiempo no hayan ellas obtenido el fa-
vorable despacho .que en nuestra impacien-
cia quisiésemos tocar inmediatamente con la
mano: pues ¿qué sabemos nosotros, pobres gu.'
sanillos, de los eternos juicios del Omnipoten-
te?Tal vez aquella súplica qu~ negligentemen-
te y por causa de este desaliento omitimos, era
la que iba á completar la prueba que el Se-
ñor pedía á nuestra perseverancia, y aquella
- 117-
tentación contra la esperanza era la última
negativa, próxima ya á la concesión de la
g'r acia solicitada, como lo fué para la Cana·
nea la última y más desconsoladora negativa
del Salvador, á la que se siguió, no ~ólo el in·
mediato y favorable despacho de la súplica,
sino la alabanza del divino ·Maestro.
¡Oh Jesús mío! Al contemplar la mortal
angustia que sufrió en el Huerto vuestro . di-
vino Corazón, siendo Él el manantial de celes·
tiales consuelos, al que llegan las aln;¡as á
embriagarse de las más inefables delicias,
paréceme que en ese Huerto habéis qu~rido
establecer una cátedra, en la que poda:r:nos
aprender sublimes lecciones sobre la oración.
Pues ¿quién se, atreverá á quejarse de las pe-
mis que en ella experimente, si contempla las
vuestras? ¡Y ·cuán bien nos enseñasteis la
conformidad con la Voluntad divina -en aquel
Fiat pronunciado en tan ang~stiosos momen-
tos! Haced, Jesús mío, que aprove.chemos tan
sublimes lecciones, y que en ·todos los. ins-
tantes de nuestra vida, cualquiera que sea el
dolor ó prueba que en ellos nos aflija, repita·
mos esa oración sublime, que Vos nos ense-
ñásteis, diciendo: Fiat voluntas tua.
- 118-

EJEMPLO

Fray Luis de Granada refiere el caso si-


guiente:
Había _.9n hombre que era muy devoto de
Nuestra Señora, á quien rezaba su Santo Ro·
sario, y por este ·medio eficaz para todo bien
y aprovechamiento, le hacía Dios tantas mer- ·
cedes y regalos, que por espacio de algunos
añ-os · anduvo casi siempre en continua ora·
ción. Viéndose, pues, tan aprovechado en la
oración mental, preguntó á un compañero
suyo, llamado Gregorio, si para darse más á
ella sería_bien dejar ef Rosar~o. Respondióle
que no, por lo cual perseveró un año más en la
devoción del Rosario; y como viese que iban
al mismo paso los favores del Cielo en su
alma, como hombre ya~muy . espiritual, se
determinó, sin dar cuenta ' de. ello á Gregorio,
á dejar el Rosario. .
Mas á los pocos días de haberle dejado,
comenzó á tener muchos trabajos y sequeda-
des, y casi á no tener oración; que á tales ries- .
gos se expone quien piensa sin esta Estrella
del mar, María, tener feliz navegación en la
vida del espíritu. Dió cuenta de esto á Grego-
rio, sin decirle la causa, que era haber dejad9
- 119-
el Ros~rio, á io cual éste sonrióse y le dijo:
«V u el ve á rezar el Rosario.» Hízolo así, y le
fué tan bien con ello, que en breve volvió á
tener el ·espíritu y devoción que solía. Este
Gregario aconsejaba á los que querían apro·
vechar en la vida del espírit~, que rezasen
devotamente el Rosado. Es hoy Venerable, y
se espera que la Iglesia le ponga en el ca-
tálogo de los Santos. (Revista del Rosa1·io.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Francisco Javier fÚ·é gr.a n apóstol


del Rosario. No ·dejó de reza.rle, por, ocupado
que estuviese, y siempre lo llevó al cuello
ostensiblement~.l\'luy á menudo era llamado el
Santo en.las misiones á la asistencia de-los en-
fermos á gran distancia; y como le era impo-
sible vis~tarlos á tod-os, enviábales su Rosario,
encomendándoles que lo rezasen., si podían,
y en caso d·e imposÍbilidad, que se lo pusiesen
al cuello, asegu(ahdo á unos que se alivia·
rían y á otros que sa.narían, y que al menos
no morirían sin Sacramentos, como efectiva·
mente sucedía. Un día el mensajero mandado
por el Santo á un enfermo, encontró ya á éste
muerto. Pw;;iétonle, -sin embargo, el rosario,
- 120-
y el difunto volvió inmediatamente á la vida.
(Revista Popular.)
Casimiro II, rey de Polonia~ escribía al
General de los Dominicos: «Venero vuestro
santo háb~to, beso vuestra mano, y os suplico
que me enviéis pre~icadores del Rosario, re·
formadores del pueblo.» (P . Alvarez.) ·

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Pío VI, al mori_r e.n el desti~rro, comparó


a.l Rosario, con el ángel que confortó á Jesús
en la oración del Huerto.

DIA 15,
-Priméra. consideración sobre el segundo
Misterio doloroso.

De la mortUloaolón exterior.

Dura á nuestra flaca naturaleza y rele-


gada al olvido en nuestros días, es la consi-
deración que vamos á hacer sobre el s~gundo
Misterio doloroso, pues que ha de versar so-
bre la necesidad de la mortificación. En efec-
io, el mundo, retrocediendo siempre en la
121-
moral, á pesar de sus decantª'dos adelantos,
admite costumbres verdaderamente paganas,
llegando á llamar necesidad á la sensualidad,
lícito á lo prohibido, exigencia social a:l peca-
do; y de tal modo se han extendido en él las
nieblas densísimas del error, á pesar de las
luces de lá civilizaci6n contemporánea, que
~n su recinto es ya casi imposible distinguir la
senda del deber que conduce á la eterna sal·
vacic2_n. Por esto hay que apartarse de este
mundo desgraciado, y olvidar todas sus er~a­
das máximas y supuestas necesidades, para
recordar como cristiano lo que la palabra mor-
tificación significa, y meditar junto á la col um·
na donde nuestro divino Salvador se ofreció
á sufrir aquellos cruelísimos azotes por nues-
tro amor) que .debemos imitarle, practicando
la externa mortificación. Y al mirar ese sa-
cratísimo Cuerpo ho_rriblemente despedazado,
manando preciosa Sangre ; al · contemplar
aquellas profundas llagas, para las que nó hay
otro bálsamo que nuevos y crueles azotes,
que las abren más y más con tormento inaudi ·
to, y al reflexionar que somos nosotros la
ca~sa de tan espantoso suplicio, comprende-
remos la necesidad ·de la mortificación) y nos
decidiremos á practicarla, en mayor ó menor
- 122 _ ·

grado, según las circunstancias, pe-ro sin el vi l

dar que no hay ninguna e.n la que nos deba-


mos dispensar de ella por completo.
No nos ocuparemos aquí de la clase de 1
1
mortificaciones que hemos de practicar, pero
debemos ser generosos; y aunque en este
punto nada debe hacerse.sin que la obedien-
cia lo sancione, podemos solicitar humilde·
mente, y sin porfía,. pero con constapcia, que
nuestros cuerpos sean hostias vivas, inmola-
das á Dios en aras de la mortificación. Dice
Sa.rita Teresa que cuando una buena i:o.spira-
ción viene muchas veces, ·debe ponerse- en
l
práctica, y hemos de ser fieles á los deseos de
'
mayor perfección que podamos sentir en nues-
tras almas, sin desmayar por temor al tra-
bajo y mortificación que ellos nos exijan, bajo
el pretexto de no tener fuerzas suficientes,
mientras que previa prueba no nos autorice
para usar este lenguaje. La 1nisma Santa dice
en su Vida que después que se dió mas á la
penitencia, por consejo de su director, tenía
más salud ·Y fuerza, añadiendo humildemente
que éste la decía: que tal vez muchos de sus
sufrimientos se los enviaba el Señor para su- e
plir la mortificación que luegó practicaba. S

Esto no quiere decir que todos tengamos e

j 1
1

- 123-
fuerzas, ni seamos llamados á aq-uellas auste-
l
ridades verdaderamente asombrosas que al-
gunos Santos practicaron, y en las que solo ll.n
1
! milagro de la gracia, fielmente correspe>ndida,
1
' podía sostenerles. Pero si pocos son los llama-
dos á esa mortificación extraordinaria, ante la
que se estremece nuestra mísera naturaleza,
todos estamos -obligados á practicarla, de tal
modo, que no parece se comprende que á un
alma que aspira á la perfección le sea desco-
nocida esta práctica de la mortificación de su
cuerpo, ~menos de muy serias razones de sa-
lud, pues sólo por temor á padecer en ella leve
. detrimento, no se deo e renunciar á toda mace-
ración corporal; que no son tan dañosas como
generalmente se,las supone ciertas mortifica-
ciones, y muchas son las p~rsonas, no sola- .
mente Q.e salud delicada, sino de verdad en-.
fermas, que l.as siguen y hah seguido sin que
te oga~ que arrepentirse, ni temer la cuenta
que hayan de dar del detrimento de su salud; y
además, Dios ayuda á quien en Él confía .
Cierto que debe obr_arse siempre cü'n pru-.
dencia; peró en este caso, más se falta de
or dinario por defecto que por exceso; pues
según dice Santa Teresa, es ex traño cómo
estos cuerpos nuestros quieren ser regalados,
124-
y cómo fingen necesidades y males para li- t
brarse de la mortificación. De esto se lamenta
el P. Jandel, en su Manual ·de los Terciar·ios
Dominicos, diciendo: «Parece qué se quiere
borrar la mortificación corporal del catálogo
de las virtudes prescritas en el Evangelio.
Una multitud de cristianos en el mundo, y
aun personas que hacen profesión de pieda.d,
~
no comprenden su necesidad, y parece que no
·~
se .aperciben siquiera de los motivos que hay
para practicarla .. Pero á los que pretenden
discúlparse con la importancia de la mor ti-
ficación interior, para excusarse de la mor-
tificación de los sentidos (excusa pueril para l
dispensarse de ambas), no hay mejor res- :
puesta que darles que aquella de San Luis
Gonzaga: «~s pre~iso practicar la una y no
omitir la otra. :o Así han obrado los Santos, y
han conformado constantemente su conducta
á éstos principios. Para· convencerse de .ello,
no hay más que leer su historia en los Anales
de la Iglesia, y se ver.á , como lo hace obser-
var el P. Surin, que entre los Santos cuya
vida conocemos con algunos detalles, no se
encuentra uno solo que no haya vivido en la
práctica de las austeridades y de las macera-
ciones corporales; ejemplo decisivo en que se

11
1 1
-125-
apoya este piadoso autor, tán versado en
cosas espirituales, para comoatir el intolera·
ble abuso de los cristianos que quieren alcan-
zar la perfección sin mortificar sus sentidos,
y llegar al cielo por un camino que los San·
tos no han seguido nunca.»

EJEMPLO

Una gran pecadora, llamada Elena, entró


en tina iglesia, precisamente en el momento
en que se predicaba la ~evoción del- Rosario.
Exaltabª' el predicador, poniendola de relie-
ve, l:J. grandeza y eficacia de esta devoción,
tanto, que Elena al volver á su casa compró
un rosario, el cual ocultó cuidadosamente
para evitar las burlas de sus amigas. Le re-
zaba de vez en cuando sin la menor atención;
pero al poc·o tiempo, aficionándose á esta
prá~tica, concluyó por rezarle diariamente.
Esta fidelidad fué bastante para que la Santí-
sima Virgen mirara con misericordia á esta
pecadora, la que sintió tales .remordimient{)S
de su vida pasada, que no la permitían repo·
so alguno, hasta que, no pudiendo resistir
más, se acercó al tribunal de la pen.i tencia .y
confesó todas sus culpas con tanto arrepentí·
miento, que el confesor quedó admirado. ·
-126-
Gozosa por haber obtenido el perdón de
sus pecados, se ·postró ante el altar de la San-
tísima Virgen, y mientras que rezaba el Rosa-
rio, la Madre de misericordia y Refugio de
pecadores se dignó decirla: •Elena, mucho
has ofendido á Dios, pero cambia de vida, que
yo te concede~é preciosas y abundantes gra-
cias.» · Profundamente · conmovida y bañada
en llanto, Eleria respondió: c:¡Oh. Madre mía!
Verdad es que hasta aquí he cometido mu-
chos "Qecados, y que estoy cargada de deudas;
pero Vos, que sois tan poderosa, ayudadme,
yo quiero entregarme á Vos sin reserva y
hacer penitencia lo que me resta de vida.»
Elena cumplió esta promesa. Distribuyó sus
bienes á .los pobres y llevó una austera y. pe-
nitente vida. Si se sentía asaltada por las
tentaciones., rezaba con confianza el Rosario.
Perseveró hasta exhalar el último suspiro,
invocando. <.el dulce nombre de María. Pocos
días antes~· ct.e su muerte, vino á consolarla la
Santísima ,\?'rg~n con el Niño Jes~s, y en el
momento de e~ pirar .se vió su alma volar al
cielo .en figura de paloma. (Pr?pagador del
Rosa1!io.)

:
- 12"1-

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO


San Francisco de Borja, en medio de los
trabajos y cuidados sin número que le.impo-
nían las funciones de su cargo, halló siempre
tiempo para rezar el B,os~rio y meditar sus
:Misterios . .con detención. (P. P1·adel.)
El rey Luis XIII tomó la Rochela median-
te el rezo del Santo Rosario, que él y sus sol-
dados rezaban, según el consejo del P. Gene-
ral dé los Dominicos. (P. Alva1·ez.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO


El Rosario destruye el pecado, recupera la
gracia y conquista la gloria. (Gregorio XIV.)

DIA 16
Segünda consideración sobré el segundo
~ísterio doloroso .

. De la obediencia y perseverancia en la práctica


de la mortificación.

Consi~erando ayer los terribles azotes que


nuestro adorable Salvador sufrió atado á la
columna, comprendi-mos ·la ·necesidad de ha-
-¡:; -,
,,
-128-
cer penitencia para -satisfacer por nuestros
pecados, y para seguir el ejemplo que el Di ·
vino Maestro, y á su imitación todos los San-
tos, nos dan en este punto; y vimos también
que no es posible elevarse por las alturas de
la perfección cristiana sin atravesar el cami-
no del sacrificio, del vencimiento propio, y de
la penitencia. Mas no se crea que por ser tan
necesaria la mortificación se debe uno lanzar
á practicarla sin otro guía que el propio jui-
cio, pues de este modo la mortificación podría
ser inútil y hasta perjudicial. La prudencia,
que es la reguladora de todas las virtudes,
lo es también muy especialmente de ésta; y
para que ella sea fructuosa, s9n indispensa-
bles la perseverancia y la obediencia. «Toda
mortificación corporal, unida á la Pasión de
·.'
Nuestro Señor (dice el P. Faber), debe ser
practicada por una humilde obediencia, ja-
más por elección propia y sin autorización
del superior;» y añade después: « La fit;me
perseverancia en las austeridades permitidas,
á pesar de las repugnancias de la naturaleza,
es d~ una importancia infinita1nente mayor
que su número y severidad.»
· D~ suma importancia son estas dos refie·
xiones, ya que la obediencia es más' grata al
- 129-
Señor que el sacrificio, y serja engaño la-
mentable el apartarse de ella, tanto en esto
c~mo -en otro particular; pues nuestras obras,
por muy excelentes que en sí fueran, no ten•
drían el valor, á los ojos de Dios, que las más
sencillas prácticas inforn1adas por la ob~­
diencia: En cuanto á la perseverancia en los
ejercicios de mortificación que hemos abraza-
do, debemos ser extremadamente exactos ·en
su cumplimiento, no dejándolos ni demorán-
dolos, sin muy notable causa, pues á esta cons-
tante fidelidad en la observancia del plan de
vida, sabiamente trazado por un prudente di·
rector, están vinculadas gracias muy especia-
les, y parece que el enemigo de nuestra sal va-
ción forma tam.b ién un especial empeño en que
á ella faltemos. Muy cautos debemos de ser,
por .lo tanto, en conocer sus astucias, y no
fijar la atención en esas mil dificultades que
diariamente parecen_oponerse á que sigamos
las prácticas ordinarias; teniendo por regla
fija é invariable seguirlas constantemente,
cueste lo qbe costare, sin atender-á esas difi-
cultades, repugnan.cias y malecillos, que vie-
nen como á hacernos poner en tela de juicio,
si serán suficiente motivo para omitir por el
momento lo que debemos practicar. ·Si el mal
9
- 130 -:-
~S · grave, por sí solo se queja, dice Santa
Teresa; y cuando las dificultades son verda-
deramente tales, no dan lugar á vacilación.
Sepamos, pues, ser generosos en esta fide-
lidad y digamos en esas repugnancias y tur--
baciones: ¡Oh Señor! Si yo hubiese de hacer
rp.i volqntad, si mi cuerpo me perteneciera)
ciertame~lte que no .·le mortificaría en este
instante, en el que siento para hacerlo tanta
~iticultad; pero como todo os lo he entregado
y á Vos pertenece, éste es el momento ele pro-
bar que de veras os pertenezco, y he. de ser
víctima.
' ~
inmolada á vuestra adorable volun·
tad 1 sin que la mía éntre para nada en . mis
obras. Pronto ahuyentaremos al enemigo con
semejante co~ducta, y muchas veces termi-
naremos consolados la obra. que con tanta re-
pugnancia habíamos comenzado. .
Refería un religioso· dedica.do á dar ejercí ..
cios espirituales, que después de hacerlos fer·
vorosamente una señora, resolvió sujetarse á
un plan de vida de gran austeridad, lo que
consiguió sin dificultad la p1~imera semana.
Mas la segunda, cuando hubo de dar cuenta
á este Padre, su director; fué acongqjada,
pues sus fuerzas parecían extinguirse y no sa-
bía .qué resolver ante esta dJ.lda que interior•
....._ 13.i-
rnente le atórmentaba. ¿Cómo podrás sufrir
toda tu vida.un martirio semejante? El Padre,
conociendo la emboscada del enemigo de las
almas, acogió con benignidad á aquella afligi-
da por esta tentación, diciéndola: «Bien,_hija
mía) esté tranq~ila y . no piense por cuánto
tiempo ha de seguir la vida que ha empren-
dido; sólo quiero que si tiene valor para ello,
la observe con exacta fidelidad esta semana,
y veremos después.» Aquella alma, viendo
tan corto plazo, prometió seguir practicando
durante él aquello mismo que tan imposible
le parecía, y el Señor la dió tanto esfuerzo,
que cuando la semana terminó, elfa misma
solicitaba de su director abrazar hasta la
muerte aq uelta forma de vida tan austera,
ante la cual se había estremecido la natu·
raleza.
Desechemos, pues, semejantes tentaciones, ·
si se presentan, ocupándonos en lo que actual-
mente hacemos, sin discutir nunca en nuestro
interior sobre si tendremos ó no fuerzas para
practicar durante tanto ó cuánto tiempo, tal
ó ·cuál obra; pues que no sabemos si aquel
tiempo llegará para nosotros, y, s~ llega, nun-
ca nos' negará el Señor los necesarios auxilios
para c~mplir su voluntad santísima, si humil·
- 132-
de y confiadamente se lo pedimos, pues no se
deja vencer en generosidad, y si somos fieles
en su servicio, irán en aumento sus gracias·,
y con ellas se nos harán soportables y hasta t·
dulces las prácticas de la cristiana mortifi-
cación.
EJEMPLO

En Jaffa, de Galilea, tuvo lugar un hecho


estupendo _el día 14 de Abril de 1886.
Sor Catalina, una de las Hermanas del
Rosario allí instaladas, estaba sacandg agua
de un pozo, ancho, hondo y sin brocal. Una
niña, llamada N eseira, que asistía á la escue-
la de las Hermanas, corrió apresuradamente
hacia ella quer:iendo ayudarla; mas al llegar,
cerca .del borde tropezó y se precipitó en el
fondo del pozo. Grande fué la consternaéión
<;le Sor Catalina y . de las demás religiosas.
Jnstantáneamente se extendió por el pueblo
la funesta noticia, que atrajo al lugar del su-
ceso gran número de personas. Milagro de
Dios fué sin duda que dejasen con vida á las
Hermanas, porque todos se mostraban enfure-
cidos contra ellas, cuaJ si fueran autoras de
un crimen. Todos miraban al fondo del pozo,
todos gritaba~ á la infortunada niña que ce-
rrase la boca y se agarrase á la cuerda que

d j
- 133-
la tiraron, mas en vano; la niña estaba su·
mergida en el fondo del pozo, sin señal algu ·
na de movimiento. Sus desolados padres,
creyéndola perdida para siempre, hacian ex-
tremos dé dolor. Más de una hora hacía que
Neseira estaba sumergida en .las aguas. Los
muchos circunstantes, perdida ya la esperan-
za, iban retirándose poco á po.co, quién llo-
rando, quién imprecando, quién proponiendo
se cumpliese la costumbre árabe, es decir,
reclamar de las Hermanas por precio_de san·
gre una fuerte suma.
En tan críticos y angustiosos momentos,
cae de rodillas la Hermana Sor Catalina, ex-
clamando: «¡Virgen Santísima· del Rosario,
Vos · sois toda nuestra esperanza, socorred-
nos!» Y al decir esto, movida por súbita ins-
piración de lo alto, se arranca de la cintura
su rosario, lo arroja al pozo y luego introduce
en el agua el cubo con que la sacaba poco an-
tes. A los pocos momentos, la cuerda del cubo
se movía. Reanimóse la esperanza; todos uná-
nimemente invocaron á la Santísima Virgen;
nunca se había orado con tanto fervor en
aquel triste rincón de la tierra. Tiran de la
cuerda, y un bulto se asomó sobre el agua.
«Es Neseira,» prorrumpen todos á una voz. Y,
.- 134-
en efecto, la .niüa, eon los pies en el cubo, el
rosario en la mano, asida á la cuerda, salió
del pozo sin la menor l_esióu interior ni ex-
.terior. ·
Atónitos los espectadores ante hecho tan .
asombroso, convirtieron sus lamentos en ex-
clamaciones de alegría. Preguntaron á N esei-
ra qué había visto, qué oí9-o, y ella respondió
riendo: «Nada vi ni oí, hasta elJU...omento en
que sentí ~lguna cosa,sobre mi pierna: era el -
rosario. Apenas le hube asido, abrí los ojos, y
viendo una gran luz, aperéibí muy claramente
el cubo y la cuerda, á los cuales me agarré._»
Cambiados luego sus chorreantes vestidos,
N eseira se dirigió al oratorio de las Hermanas
para da.r gracias á la Virgen del Rosario por
favor tan insigne; y desde aquel día qu_iso lla-
,m arse, y la llama todo el mundo, María del
Rosario. (Revista del Rosario.)
S.A.NTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROS.A.RIO

San Vicente de Paúl llevaba siempre un


rosario colgado á la cintura, no tan sólo para
rezarlo con frecuencia, sino · también para
hacer una profesión exterior y pública de su -
veneración á la Reina de los cielos. (Revista
del Rosm·io.)
"
- 135- -
Leopoldo I rezaba todos los dias el Rosa-
rio, y no se avergonzaba de mostrarle pú-
blicamente; y por todo su imperio hasta ·los
niños practic~ban con tanto fervor esta devo-
ción admirable, que· un predicador predijo
que pronto aquellos nifios azotarían á los tur-
cos con -sus rosarios. (P. Bussche·r .)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

El Rosario fué instituido por Santo Domin ..


go, por inspiración del Espíritu Santo, para
utilidad de 1a Religión católic.a . (Bixto V.)

DÍA 17
'r ere era consideraéión sobra al segundo
~isterio doloroso.

De la ní.ortUlcaolón.

Ya que nos hemos ocupado en los días an-


teriores de la necesidad que de la mortifica-'
ción cristiana tenemos, y de las condiciones
que esta morti:dcación debe reunir, conside-
raremos hoy las mortificaciones que continua-
mente· se presentan en la· vida, y que tanto
13ü-
· pueden-ayudarnos á -la santificación de nues·
tra alma. N o es necesario advertir que, entre
ellas, ocupan el primer lugar todas cuantas
sean necesárias para cumplir ~xactamente los
Mandamientos de la Ley de -Dios, los de l-a
Iglesia, y las obligaciones particulares de
cada uno; pero ·además de éstas de })recepto,
se nos presentan) sin buscarlas, mortificacio-
nes cotidianas, cuyo valor es mucho mayor de
lo que aparece á primera vista, y que pueden
enriqu~cernos de méritos y ayudar grande·
mente á santificarnos si -las sabemos mirar y
recibir en espíritu de fe y de sacrificio. Entre
estas mortifi~aciones son las principales, no
olvidando que hablamos de la mortificación
corporal, las enfermedades. Si ellas son vio·
lentas, no hay, en efecto, mortificación más
penosa, ya que no está en nuestra mano a par~
tarlas de nosotros ·al cabo de tanto ó cuánto
tiempo, y que hemos de sufrir sin alivio, pues
poco valen, los exte~iores cuidados cuando el
sufrimiento es intenso. Por lo tanto, son tales
enfermedades ocasiones preciosas para l~s
almas saritas de mostrar su amor al Señor,
y tiempo oportuno para hacer .rápidos pro-
gresos en la perfección de este mismo amor.
Mas prescindiendo ahora de ellas, hay otros
- 137-
males, si no tan violentos, más frecuentes,
de los que se sirve á menudo la Divina Pro-
videncia para nuestra santificación. Muchos
Santos vemos que padecieron de este modo
durante largos años; y así debernos de · mirar
esas enfermedades habituales que más ó me·
nos nos mortifican constanteme~te y nos ha-
cen penosas las más ordinarias acciones, como
medio adecuado para nuestra perfección, y
besar amorosamente la mano soberana que
para nuestro bien nos las envía.
Por lo demás, se nos presentan ocasiones
de practicar la mortificación á cada instante
y de todos modos, en mayor ó menor escala,
las cua.les no debemós de desperdiciar por
su pequeñez; pues si somos fieles en las cosas
pequeñas, poco á poco, con la gracia de Dios,
lo seremos también en las grandes. N o pue-
den enumerarse estas continuas ocasiones
que la vista del alma, ansiosa de sacrificio,
descubre en todas partes, sabiendo aprove-
char toda molestia natural de los elementos,
ó de las intenciones de los hombres, é impo-
nerse constantes privaciones S sacrificios, si
no notables por ~u importancia, sí por la con-
ti.riuidad y fielelidad en su práctica . Su ?eseo
de padecer la hace descubrir estas ocasiones
- 138-
de que está poblada la vida, asi como lo
está la atmósfera de esos pequeños insectos,
sólo perceptibles al que está provisto de un
apropiado microf:lcopio.
Notemos que no se hab~a aquí del sacri-
ficio de las cosas superfluas; pues éste, si
ellas se oponen á la salvación del alma, es
obligatorio al cristiano; y 'aunque esto no fue-
se, por el solo hec_ho de no ser necesarias;lo es
al alma que, aspirando á.la perfección, debe
vivir según el espírítu de pobreza. Pero aun
de lo necesario. sabe cercenar algo el espíritu
penitente, y sacrificar, siquiera sea en.peqt¿.e·
ña parte, ya el repos<;>, ya el alimento, ya el
abrigo, algo, en fin, de lo lícitamente y sin ex-
ceso pe rmitido, y aceptar mil y mil incomodi-
dades que lícitamente también pudieran ex-
cusarse} en obsequio de la mortificación . Cier- ·
tamente que este constante sacrificio es penoso
á la naturaleza; mas ¡dichosas las almas que
le practican! Ellas podrían decirnos qué her-
mosos consuelos encontraron en este camino,
en apariencia tan espino!:lo, pues hay ciertas
gracias q~e parece no se conceden á otro
precio que al del sacrificio. Animémonos á
imita:rlas , y aunque hayamos de hacernos al- ·
guna violencia para ello, entremos con valor
- .139 -
en esa senda de la mortificación, tan frecuen-
tada por los ~autos. Miremos, ·en fin, á nues-
tro divino Salvador atado á la columna; arro-
jémonos á sus pies, y allí, contemplando aquel
sacratísimo Cuerpo bañado en sangre precio-
sísima que de El mana para nuestro reme-
dio, digámosle con fervorosas ·ansias de imi-
tarl~:
¡ Oh amorosísimo _Redentor de nuestras
almas! ¡Qué confusión es para mi sens~alidad
veros en esa. columna recibiendo con al)lorosa
mansedumbre: en vuestro inocentísimo cuerpo,
los despiadados golpes de inhumanos- verdu-
gos! ¡OÜánto me habéis amado, Señor, y qúé
mal he correspondido yo á este amor, cuando
habiendo Vos_., sufrido tá nto, huyo yo, misera-
ble pecador, de los más ligeros sufrimientos,
pareciéndome excesjva toda_ mortificación!
¡Per dón, Jesús mío, per~ón y misericordia
para t~n vil é ingrata criatura! N o obraré así
en adelante., Señor, yo os lo prometo, pidién-
doos vuestra gracia, abrazado á esa columna
en la que os he contemplado en suplicio tan
espantoso, y regándola con mis lágrimas.
¡Cuántas veces, Jesús mío, he ligado yo tam ·
bién vuestras divinas _m anos con mi~ culpas,.
impidiend<? que derramasen las gracias que
-140-
vuestro amor me _preparaba! Pero basta de
ingratitud, Señor: ya me entrego á . Vos com·
pletamente. Ligadme ahora, con los lazos
_de vuestro amor, .á la columna de la morti-
:ficación, del sufrimiento, del sacrificio; y allí
castigadme por mis culpas, que yo quiero su-
frir _por ellas en expiación de los pecados que
en el mundo se cometen contra Vos, y sin
esto, Jesús mío, quiero sufrir porque os amo.
Vos sois verdaderamente Esposo de sangre, .y
las joyas de vuestro amor son los azotes, las
espinas y la Cruz. -Haced que n~ lo olvide en
mi miseria, y que la sed de amaros y de pa-
decer por vuestro amor, crezca siempre en
mi alma, aumentando vuestro amor, el amor
á la Cruz, y éste, las ansias de am~ros más,
de tal modo, que viva y muera en tan amoro-
so martirio.
EJEMPLO

Dos meses antes de la guerra con los Es-


tados U nidos había ingresado en 1a escuadra
del contraalmirante Cervera un joven recién
salido del Colegio de_ma,rinos1 que fué incor-
porado á la oficialidad del ac01:azado Infanta
María Ter esa. Este joven fué desde su niñez
aevotísimo de la Santísima: Virgen, no pasan
-141-
do día alguno sin que rezase, al menos, una
parte del Rosario. Si solícito fué siempre en
ofrecer este obsequio á la Virgen del Rosario,
mucho más lo fué durante la guerra, sobre
todo cuando pensaba qu~, de aceptar nuestra
escuadra el combate, si se quedaba herido,
forzosamente había de perecer, pues no sabía
nadar.
Llegó el 3 de Julio, día aciago y triste; la
escuadra salió del puerto de Santiago, donde
estaba .embotellada) y á poco de salir disparó
la escuadra yanqui sus potentes cañones, que
por ser de máyor alca~ce sembraron de deso-
lación y de cadáveres nuestros barcos. El In-
fanta !J!!a?'Ía Teresa, que era el barco insignia,
después de una l,lora de combate quedó incen-
diado, y su tripulación, reducida ya á menos
de la mitad) trató de abandonar el barco para
ganar á nado las costas. Nuestro marino enL-
pezó á desnudarse, invocando de todo cora- ,
zón á. la Santísima Virgen, cuyo Rosario re-
zaba en aquellos momentos. Ya con sólo la
ropa interior se ~cercó á un amigo suyo, en el
momento de coger éste una cuerda para lan-
zarse al agua, suplicándole que le dejase
agarrar de un pie, para de este modo llegar
ambos á la playa. Pero el soldado ~e ·negó di·
- 142 _ .
ciendo: «Ya ve usted, la costa está lejos, y
para quedarnos los dos en el agua, vale más
que se quede uno.». Diciendo esto, se descolgó
por la cuerda. Ya no había tiempo que perder.
Si el marino no abandonaba el barco, ó moría
abrasado por las llamas, ó con el barco que-
daba sepultado bajo las olas. Entonces, lleno
de confianza en María, se persigna, reza la
Salutación Angélica y por una cuerda se dej~
caer en el mar. Lo primero que le sucedió ,
fué bajar hasta el fondo ~ haciendo esfuerzo~
desesperados para salir. á flote, perdiendo el .
sentido después, Luego_, habiéndose agarrado
á una. peña, se subió sobre ella, quedándose
de nuevo sin sentido echado sobre él vientre.
Esta postura le acabó de salvar; pues ·como
de este modo iba arrojando el agua por la
boca, fué poco f.t poco recobrando los sen·
tidos. ·
Cuando se hizo cargo de su situación, y
vió muchos cadáveres sobre la playa, pregun·
tó á los compañeros que cerca de él estaban
que quién le había salvado:. Todos dijeron
que ellos no habían sido. «Pues entonces,, dijo,
¿cómo me he_ salvado' sin saber nadár?» En
medio de su admiración divisó el cadáver d~
aquel amigo .suyo que se había negado. á de·
- ·1 43-
jarse coger dei pie, y que, fiado en sus fuer.:.
zas, esperaba ganar á nado la .playa. «¡Esto es
admirable, exclamó: que se ahoguen los bue
nos nadadores, y que yo; que no sé nadar, rne
haya salvado!» Instintivamente puso la mano
en un bolsillo. de los calzoncillos, y en él halló
el Rosario con que todos los días rezaba á la
Virgen·. Arrodillado más tarde ante su mara-
villosa Gruta ""de Lourdes, la dió gracias, pro-
'metiendo invocarla en todos sus apuros y
tribulaciones con la devocíón del Rosario.
(Revista del Rosario.)

SANTOS Y REYES DEVOl'OS DEL ROSARIO

S~n Pablo de !a Cruz, fundador de la Orden


de los Pasionistas) obtuvo facultades para es-
tablecer la Cofr~día en los noviciados de su
Orden. Era socio del Rosario perpetuo, y
como en el mo-mento de su agonía le viniese
á la memoria la hora que él había tomado, y
no pudiese rezar el Rosario, suplió la imposi-
Qilidad física, repasando los Misterios con el
1
mayor fervor de espíritu. (Revista_ del Ro-
sario.)
El Rey· San Fernando, en sus campañas
contra los sarracenos, névaba siempre reli-
giosos predicadores del Rosario, y _una imagen
144-
de la Santísima Virgen, á la que encomenda-
ba sus batallas. (P. Alva1·ez.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO ~


\
·Por ~os méritos de la Virgen M.aría, y por
obra de Santo Domingo, predicador eximio
de la Cofradía del Rosario, ha sido el mundo
universo preservado de la ruina. (Alejan- \
d1·o VI.)

DIA 18

Primera consideración sobre el tercer


~isterio doloroso.

De la mortUicación interior. '

Verdaderamente que si supiésemos medi-


tar bien los Misterios del Santo Rosario, se-
rían para nosotros un manantial inagotable
de ejemplos, consuelos y ensefianza¡S. Contem-
plábamos _en el Misterio anterior á nuestro
Divino Salvador, sufriendo ignominiosos y j
cl'uelísimos azotes, y allí , junto á aquella co-
lumna, donde tanto sufrió por nuestro amor,
propo1_1íamos ser más fieles en la pr~ctica de

1
'\. '¡ ~
- 145-
la mortificación exterior. Pero como ella es in-
com.p leta y, por deo-irlo así, cual un cuerpo
sin alma si no va unida y es animada por la
interna mortificación, nos ocuparemos de ésta,
al considerar en el tercer Misterio doloroso la
coronacion de espinas de nuestro divino Re-
dentor. 11 ¡Oh dulcísimo Salvador mío! (pudié-
ramos exclamar con el Venerable ·~ranada,
· al contemplar este Misterio.) Cuando yo abro
los ojos y miro ese retablo tan doloroso que
aquí se me pone delante, ¿cómo no se me par-
te el corazón de dolor? Veo ...esa delicadísima
cabeza, de quien tiemblan los p9qeres del cie·
lo) traspasada con crueles espinas; veo esce.-
pido y abofeteado ese divino rostro, oscureci-
da la lumbre ,de esa fuente clara, cegados
con la lluvia de la sangre esos ojos serenos,
y veo los hilos de sa,ngre que gotean de la ca·
beza, descendiendo por el rostro y bórrando
la hermosura de esa divina cara.»
Y, en efecto, por duro que sea nuestro
corazón no pedrá menos de conmoverse si
·contemplamos al Se~or en tan espantoso su·
plicio. ¡Ah! Miremos cómo, después de haber
recibido aquellos terribles azotes que llagaron
cruelmente su Cuerpo Sacratísimo, colocan
_s obre las IJa.gas, como único vendajé, un peda-
10
- 146-
zo de manta vieja, raída y llena de basura; y
si una sola llaga, cuando es profunda, tanto
atormenta, aun curada cuidadosamente, ¿qué
· sufrimiento causarían al Salvador tantas y
tan terribles, sobre las que no caía otro bálsa-
mo que la desnudez, aquel inmundo ropaje, y
los empellones y malos tratamientos de los
soldados? ¡Oh Jesús amorosísilno! Qué, ¿no es
este bastante tormento para que todavía quie- ·
, ran añadir, mientras lo sufrís, otro nuevo y
más espantoso, cúya sola consideración estre-
mece? Sí, oigamos cómo entre las carcajadas.
producidas por la befa y escarnio que se hace
del Salvador tan atormentado, se percibe . un
ruido leve, pero terrible. Son agudísimas espi-
nas que penetran su sacrosanta c·abeza. ¡Y con
cuánta ferocidad se las clavan! ¿Quién podrá
ponderar la intensidad del dolor que ellas
causarían al atravesar los nervios y penetrar
hasta los más dolorosos? ¡Ah! Estos nervios
tan delicados} en los que por parecernos into-
lerables los dolores, multiplicamos los cal-
mantes para aliviarlos, son en Jesús atrave ·
sados y destrozados por cruelísimas espinas,
clavadas con inhumana crueldad.
¿Qué decir ante tan doloroso espectáculo?
Fijémonos un momento en ese hermosísimo
- 147-
rostro, en el que desean mirarse los ángeles,
y le veremos desfigurado por la sangre y los
cardenales; contemplemos al Rey inmortal de
los siglos: mas ¡ah! tiene por trono ·un mise-
rable banquillo, por cetro una caña y por
corona cruelísimas espinas; miremos todavía
á nt1estro amorosísimo Salvador y divino moa
delo en tan lastimosa fígura, rodeado de sol·
dados, que no tienen otro consuelo para sus
dolores que el escarnio, tratarle de loco ta-
. pándole los ojos, y renovar sus llagas con fie-
ros tratamientos; y allí, cerca de Jesús, pense·
1nos en esos supuestos agravios de que nos
q uejamos 1 y digamos, si nos atrevemos, que
no se nos considera cual merecemos, y que no
que:t:'emos sufrir las injurias que se nos hacen.
Pero no, Jesús mío; bien conocemos ahora
cuánta es nuestra insensatez cuando) preten-
diendo ser discípulos vuestros y mirándoos á
Vos burlado y despl'eciado, buscamos con
afán la honra y consideración de nuestros se-
mejantes y no podemos sufrir que se nos in-
jurie ó calumnie.
Mucho podremos aprender ciertamente á
los pies del Salvador, colocados entre aquella
chusma impía que de Él se burla, en orden á
la mortificación interior, significada en a que ..
-148-
llas espinas que atormentan su sagrada cabe-
za, y que si en apariencia no son tan crueles
como los azotes, no son por esto menos dolo.
rosas. Así la mortificación interior no parece
á primera vista tan penosa como la exterior;
mas bien practicada, no es menos costosa,
pues sus actos, se nos presentan continua-
mente como espinas que han de taladrar
nuestras inclinaciones y deseos, y no sola-
menté los malos, sino hasta los lícitos· tam- •
bién, en muchas ocasiones; que si bien se
reflexiona, un santo es -una víctima ante
Dios, un lóco á los ojos del mundo y un ver-
dugo para consigo mismo. Así vemos que
todos los Santos practicaron en grado heroico
la mortificación de los sentidos, pues con ra-
zón se ha dicho que ellos son las ventanas ·
del alma. Y así como en destemplado invier-
no, por mucho calor que haya en una habita-
ción, pronto se enfría si se abren las venta-
nas, así también, si no cuidamos de recoger
nuestros sentidos, prontó se resfriará en nues-
tra alma el calor de la devoción, y se disipa -
rán en la atmósfera de mil puerilidades in-
útiles , los preciosos aromas de celestiales
gracias que la habían embalsamado durante
la oración y el recogimiento. Y todavía éste
~
-149-
es el menor mal que puede causarnos la falta
de la mortificación de los sentidós) y difícil-
mente se librará de pecado el que en medio ·
del mundo vive sin ejercitarla; pues la falta
de moralidad que en él se observa," hace un
deber para el cristiano, de esta regla de per·
fección, particularmente en lo que se refiere
á la vista y al oído; ya qüe no todo lo que á
su paso en las calles se presenta le es lícito
ver ni oir, y mucho se expondría si sin reser·
va en sus sentidos las ·atravesara.
Resolvámonos, pues, considerando á nues-
tro divino Redento~ coronado de espinas, á
1

practicar genero.s amente la mortificación inte-


rior, y no olvidemos que la disipa<tión de los
sentidos es completamente opuesta á la per..
fecdón á que debemos aspirar, y un peligro
terrible para la salvación de nuestras almas.

EJEMPLO

Júzguese por la siguiente gracia, obtenida


m~rced á la fidelidad de la hora del Rosario,
con cuánta razón debemos de ser devotís_imos
de tan hermosa práctica.
Escriben á La Corona de Lyon. La escena
ocurre en París el4 de Mayo de 1897, en casa
de una amiga mía: eN o te . olvides del Bazar
- 150-
de la Caridad-la dice su esposo:-hoy es la
gran fiesta. Prepárate: se dice que asistirá Su
Excelencia el Nuncio de Su Santidad.-Con
muc~o gusto iría-respondió ella; -pero me
corresponde hoy la hora del Rosario Perpetuo,
y de tres á cuatro estaré ocupada en ella;
no quiero que sea hoy el primer día que la
deje.-Bien .....--replicó el marido-haz lo que
quieras. Mi devota amiga se retiró cuanto la
.fué posible del bullicio de la ciudad, de las di-
. versiones, hizo su hora de guardia, y fortal~ ·
cida en el retir·o y .el recogimiento, se · dispo·
nía á salir. Mas he aquí que de pronto se oyen
gritos de: «¡Al fuego! ¡Al fuego!» en la calle
de Jean Gonjon. Y en segu.i da se sabe la noti-
cia de la espantosa catástrofe. La piadosa
señora, al tener noticia de a.q-uellas desastro-
sas muertes, adoró los inescruta.bles designios
de la Divina Providencia, aunque á veces
terribles también, y dió g~acias á la Madre
de Dios, .que por medio de la hora de guardia
la había salvado.» ·
En esta misma catástrofe murieron he_.
roicamente dos Hermanas ·de la Caridad, que
despreciaron su vida por. salvar del fuego á
algunas personas más, y afirman testigos ocu·
lares que una de ellas, la Superiora de Ray-
- 151
necey, murió de rodillas, con el rosario en la
mano, el cual dejaron intacto las llamas, por
singular prodigio. (Revista del Rosm~io.)

S.ANTOH Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Ignacio de Loyola rezaba el Rosario


todos los días, y acostumbraba á tenerle en
la mano cuando dormía, como para dar á
entender que jamás ol~idaba sus Misterios y
que al despertar quería consagrarles su pri-
mer pensamiento. (P. Pradel.)
La Infanta Margarita de Austria, desde s·u ·
infancia, rezaba fervorosamente el Rosario
todos los días, le llevaba siempre en la mano
y distribuyó rosarios en todas las partes del
mundo; recibiendo gran cantidad de ellos, de
su parte, los misioneros que iban á evangeli-
zar distintas regiones. (P, P~radel:)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Clérigos y seglares, hombres y mujeres,


llegaron con el Rosario á tal fervor de devo-
ción, que alcanzaron de María gracias en
gran número, y hasta obraron muchos prodi-
gios. (Clemente VII.)
- 152 7"

DIA 19
Seg~nda. consideración sobre el tercer
Misterio doloroso.

De la mortlfioaolón Interior.

_ Si queremos practicar bien la mortifica-


ción interior, no es bastante que mortifique-
mos la vista y el oído; hemos de mortificar
también nuestra leng.ua, .guardando, en cuan-
to nos sea posible, un virtuoso silencio. Nada,
por cierto, de-muestra más claramente, no
sólo la falta de espíritu·, sino también la de
cordura y educación, que ese inmoderado
aftin de hablar, que pudiera compararse al
resonar de la vasija cuando está vacía. Pero
principalmente es perju~ie:ial el no saber
guardar silencio, porque el que habla mucho,
muchas faltas ha de cometer necesariamente;
y porq.ue el hablar más de- lo que dicta la
prudencia, va contra la perfección á que de-
bemos aspirar. «Nuestro Señdr (dice el padre
J andel) por el silencio que guardó durante su
Pasión, nos pa demostrado el aprecio que
- 153 _ .
hace de esta virtud, y cómo debemos practi-
carla aun en medio de las injurias, desprecios,
injusticias y malos tratamientos. El Apóstol
Santiago hace del gobierno de la lengua una
irrecusable medid~ de la perfección. Si alguno
cree-dice-practicar la piedad y ser religio·
so sin poner freno á su lengua, su piedad y
su religión son vanas. Y como más fácil es á
la fragilidad humana callar, que hablar de-
bidamente, resulta que el silencio será siem-
pre un gran bien, mientras que con él no fal-
temos á la caridad del prójimo. Dichosa (ha
dicho un gran Santo) el alma que guarda si-
lencio sobre las cosas de que le es permitido
hablar, pues no encontrará dificultad en ca-
llar cuando sea conveniente; y San Ambrosio
no · tenía reparo en decir á las vírgenes de su
tiempo., . que es- frecuentemente un crimen
para una virgen consagrada á ·Dios, querer
hablar mucho, aunque sea de cosas buenas, y
· que el pudor nunca es más agradable al S_e ñor
que cuando está acompañado del silencio. Un
alma silenciosa por virtud, se preserva de
muchos escollos. El sílencio es tan necesario
como difícil en el mundo, en- el que la disipa·
ción forzada de la vida ofrece tantos obstácu-
los al espíritu interior; y es también un sacri·
-154-
ficio muy meritorio que ofrecemos á Dios, por-
que el deseo de hablar y de comunicar sus
propias impresiones es vivo é imperioso en el
alma humana.,
También el P. Cormier asegura que la mor-
tificación de la .lengua será una buena com-
pensación á las peniten.cias que no se puedan _
observar, diciendo: -«Difícil sería encontra~
una compensación más adecuada, pues la mor-
tificación bien elegida debe ser medicinal y
verdaderamente penosa, sin ser perjudicial;
pues bien, la mor_tificación de la lengua reune
todas estas condiciones. Ella consiste en no
hablar con inconsideración y altanería, vani-
dad ú o os motivos humanos; en callarse vo· -.
luntariamente para dejar la palabra á otro, ó
para reprimir la precipitación, y en no prolon-
gar las conversaciones más de lo que una pru-
dente_conveniencia aconseja. Es preciso tra·
bajar mucho tiempo para adquirir esta mortifi-
cación, aun en un grado ordinario. ¡Felices los
que saben evitar las palabras inútiles, y que
hasta oírlas les causa tedio! Tal sucedía á
la Beata Margarita d'Ipres, que cuando las .
pronunciaban en su presencia, era acometida
del sueno ó entraba en éxtasis.»
Pero hay un silencio interior, que consiste
- 155-
en recoger nuestro espíritu, sin dejarle va·
gar por inútiles pensamientos, que hemos de
procurar también, pues «más vale un pensa-
miento del hombre, que todo el mundo (dice
San Juan de la Cruz), y por eso sólo Dios es
digno de él, á El se le debe, y cualquier
pensamiento del hombre que no se tenga en
Dios, se le hurtamos.» Este silencio interior
supone una continua vigilancia y una serie
no interrumpida de sacrificios, ya que para
practicarlo es preciso, no sólo renunciar á
toda novedad ó espectáculo, sino aun á aque·
llas conversaciones ó distracciones que, a.un-
que nó sean malas y no nos estén prohibidas,
ocup~n nuestra a~ención. Sí: hay que sacri-
ficar toda cur.iosiqad, vivi!' en el mundo, ig·
norando cuanto en él pasa, fuera de lo que
sea necesario saber para el cumplimiento de
nuestras partieulares obligaciones; hay que
prohibirse; no sólo y a las lecturas dañosas
que circulan como veneno mortífero por las
venas de nuestra sociedad contemporánea,
sino hasta las indiferentes, auuque no con-
teng·;ln nada malo, ceñirse á aquellas, que
nuestro director nos prescribe, y no lee~· ni
aun Jibros piadosos sin e·s peciallicencia; hay
qu~ trabajar, con la gr_!1cia de Dios, p~ra que
- 156-
ningún acontecimiento exterior turbe esta
paz deliciosa de nuestro espíritu, siquiera es-
temos obligados á oir cómo se nos injuria ó ca·
lumnia;yhay que soportar (lo cual es aún más
difícil) toda pena interior, angustia, tentación
ó desolación, procurando no perder la paz ni
buscar con ansia exterior el consuelo, sino
esperar solamente el alivio de Dios, permane-
ciendo en esta silenciosa soledad de espíritu.
Este silencio, esta vida interior, no se al-
canza con facilidad; pero precisamente los es-
fuerzos que hemos de hacer para conseguirlos,
eonstituirán esa interna mortificación de que
nos estamos ocupando. Pero no nos desanime·
mos, si no adelantamos cuanto desearíamos; y
para practicar en la presencia del Señor la
mortificación interior, sin retroceder nunca,
por penosa que nos s.ea, miremos á nuestro Di-
vino Salvador sufriencio crueles é innumera·
bies heridas en su sacratísima cabeza, ocasio-
nadas por aquellas penetrantes espinas, y
pidámosle gracia para sufrir por su amor, en
nuestro corazón, las espinas de continuos y
penosos actos de interna mortificación.
¡Oh Jesús mío! Al contemplar cubierto de
sangre vuestro di vino rostro por esas crueles
espinas, sin que hayáis opuesto la -menor re-
- 157-
sistencia á tan doloroso tormento, me lleno
de confusión por · mi flojedad é inmortifica-
ción. ¡Cuánto habéis sufrido por mi amor,
Jesús de mi_ alma! ¿Y será posible -que yo
huya del sacrificio? No. ¡Basta de ingratitud!
Tomad, Señor, iric_ondicionalmente, mi pobre
corazón; unidle al vuestro sacratísimo, y he·
ridle, según os plazca, con las espinas qu~ le
circundan. No oigáis mis indiscretas lamenta-
ciones; estrechadle fuertemente contra ellas
para que más se aproxime á vuestro di vino
Corazón, y coilcededme que vuestro amor pe-
netre por las heridas de estas espinas en mi
· espíritu, y que cada una de ellas sea una boca
que procure vuestra gloria y la salvación de
las almas.
EJEMPLO

Las Hermnnitas de los Pobres, en París,


habían visfo caer rotos todos los cristales de
la casa durante el bomba,rdeo. Terminado el
sitio, hubieron -de llamar á un vidriero, como
era natural. Mientras que éste colocaba los
cristales, 1:1na Hermanita trataba de evange ·
lizarle; pero sus palabras, si bien eran escu-
chadas con atención, por pura cortesía, no
hacían mella en el espíritu del obrerp. La
- 158-
Hermanita, viendo al fin su indiferencia, le
dió un rosario, explicándole la manera de
servirse de él, y le dijo: «Aceptadlo, amigo
mío; llevadle siempre en el bolsillo; él os
hará dichoso, y cuando os encontréis en algún
peligro, rezadle como os he dicho, y estad
segúro de que la Santísima Virgen os atenderá
en vuestras afiicciorres. 7)
Pocos días después, firmado el armisticio,
comenzó á permitirse á algunos la . salida de
París. N uestro vidriero se procuró un pa·s e y
fué en busca de algunas provisiones para su
familia y amigos. Al llegar á Villeneuve Saint·
Georges en~ró en una cantina, con ánimo de
echar un trago; pero traspasando los límites
que se había propuesto, se puso más alegre
de lo que convenía á las circunstancias y di- .
rigió terribles apóstrofes contra los prusianos,
y aun contra el mismo Emperador. Los sol-
dados -prusianos que esta};>an presentes, con-
?luyeron por imparcientarse, le detuvieron, y
le llevaron á la cárcel. Allí, calmándose poco
-á poco, se hizo cargo de su situación el po-
bre vidriero. «¿Cuánto tiempo perJUaneeeré
aquí?-se preguntaba asombrado.-¿Me lle-
varán á Alemania? ¿Qué será entonces de mi
mujer y de mis :Q.ijos? ¡En buena me he meti-
-159-
do!-dice-y tengo un hambre espantosa.»
De pronto se acuerda de que en uno de sus
bolsillos ha guardado un pedazo de pan. Bus-
cándole, encuentra en él un objeto peque-
no, que saca por curiosidad: era su rosario.
«¡Ah!-exclama,_:_Sí, me acuerdo; es el rosa-
rio de la Herlllanita. ¡Pobre Hermana, cómo
perdió _el tiempo con sus sermones! Ella me
dijo que le guardase, que me daría buena
suerte, y que lo rezara cuando me viese en
un apuro. A fe mía que éste es el caso. · Pero
¿cómo se reza el Rosario? ... Esta es la difi-
cultad. Bien me lo explicó, lo recuerdo; pero
yo no hice caso de lo que me decía.» ,
Entretanto, mientras - el pobre prisionero
trata de recor:dar' e'n vano, las instrucciones
de la buena Hermanita, y criando comienza
su primera Avemaría, que de mucho tiempo
atrás no había salido de sus labios, oye dar
vuelta á la llave de su prisión. La puerta se
abre, y un oficial bávaro entra. Al ver al
prisionero sentado sobre la paja con el rosa-
rio en la mano . se detiene sorpr-endido: ~Pero,
¿cómo- dice el oficial, -no sois incrédulo?
No-contesta el prisíonero maquinalmente.
¿Y sois católico?-En efecto; y como Vf3is, rezo
el Rosario.-Entonces, salid, y sed en adelante
- 160-
algo más comedido con nosotros que somos
católicos y también rezamos el Rosario.»
No hubo necesidad de que el oficia~ repi-
tiese la orden. A la mañana siguiente, nu~s­
tro vidriero se apresuró á ir á dar las gracias
á la buena Hermanita que le babia regalado
el rosario y la prometió · guardarlo toda su
vida é invocar en los momentos difíciles á
Aquella que había acudido en su auxilio de
una manera tan oportuna y manifiest;;t. (De
L 'Ilustré J>OU1~ t ous.) ·

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

La Beata Margarita María de Alacoque,


desde la edad de cuatro años, rezaba el Rosa-
rio entero diariamente, besando latierra á
cada Avemaría. De creer es que á causa de
esta fervorosa devoción· le alcanzó la Santí-
sima Virgen una luz especial para descubrir
los inestimables tesoros del Corazón de Jesús.
(Revista del Rosario.)
De ios Reyes de Escocia y de los no bies
de aquel reino se refiere qüe era tal su con~
fianza en el Rosa!io, que todos llevaban uno
de cuentas de oro al cuello, para preservarse
de todo mal. (P. Alva1·e~.)
- 161-

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Por inspiración divina conoció Santo Do·


mingo que con el Rosario, á manera de ins·
trumento bélico, serían vencidos y derr_otados
los enemigos, y humillada su perversa auda-
cia, como asimismo acaeció. (León XIII.)

DIA 20.
Primera consideración ·s.obre el cuarto
Misterio doloroso.

De la n'ecealdad de ·nevar la Crllz.

¡Cuán provechosas son las ensefianzas que


podemos sacar del Misterio que vamos á me- ·
ditar! «Contemplemos á Jesús-dice el Vene·
rabie Granada,-que camina con aquella tan
pesada carga de la Cruz sobre sus hombros
tan flacos, siguiéndole mucha gente y 'muchas
piadosas mujeres que con · sus lágrimas le
acompañaban. ¿Quién no había de llorar~ ·
añade_:_viendo al Rey de los ángeles caminar
pas<? á paso, con a_q uella carga tan pesada,
H
- - 162-
temblando las rodillas, inclinado el cuerpo,
los ojos mesurados, el rostro sangrien~o, con
aJquella guirnalda en la cabeza y con aquellos
t~n vergonzosos clamores y pregones q úe da-
ban·contra El?» ¡Oh! ¡y qué espectáculo tan
doloros.o sería éste para nuestra Madre la ~an ~
tísima Virgen, que nos da un h~rmosísimo
ejemplo prese·1tándos.e en la calle de la Amar-
gura, saliendo al encuentro de su divino Hijo,
cargado con la Cruz de nuestras culpas, con la .
Cruz de cruel amargura que abrumaba su pu ·
rísimo Corazón! Ella nos ens~ña ~n este paso
dolorosísimo que no puede seguir el alma las
huellas del divino Maestro sin recorrer el ca.
mino del Calvarjo, cargada con la Cruz que la
adorable Providencia la ha deparado, ya que,
n1edian:te· 1a semejanza con el Salvador, ha de
obtener su. eterna salvación, pues sólo los que
·s e hallen conformes al di vino Modelo entra-
rán en la bienaventuranza de la gloria!
Verdad es ésta que todos confesamos di-
ciérid.o que sin cruz no puede haber salvación;
y sin embargo, por una contradicción que sólo
puede explicarse a tendiendo á la miseria de
nuestra naturaleza corrompida por el I?ecado,
queren1os, sí, la salvación, pero procurando
huil· del sufrimiento é imitación del Sal \rador
- 163-
que la procura. Comprendiendo esta necesidad
de la cruz, escuchamos con entusiasmo las ex~
celencias que de ella se nos predican; conside·
ramos la cruz como signo salvador, llave del
cielo, tesoro de gracias, regalo amoroso de
Dios; nos conmueve el heroísmo · cristiano de
las almas que se abrazaron con cruce,s que
verdaderamente parecen insoportables sin el
amor y la gracia del Señor, por quien las su·
frían, y tal vez sentimos ansias de imitarlas
r: én ciertas ocasiones; mas ¡ah! ¡con cuánta
1:( frecuencia sucede, que amando tanto la cruz
soñada, se mir~ con desdén y se sopor la con
imperfección, y á veces hasta .con impacien·
cia, la cruz real y ver.dadera, aquella que la
misericordia y la sabiduría de ·Dios nos ha
destinado como la inás adecuada á nuestro
bien, y á la que ha vinculado nuestra salva·
ción y .gracias preciosís!mas para santificar·
nos, según los· planes de su inefable Providen ·
c_iat Somos como el niño sin razón, q~e desean-
do poseer lo que más brilla, se deja arrebatar
lo que más vale, cuando con inútiles deseos
de -cosas impracticabl~s en las circunstancias
en que nos encontramos, desperdiciamos las
ocasione.3 de ·alcanzar la santidad en estas
mismas circunstancias, que juzgamos de.s fa vo·

lt '
- 164:-
rabies á . este fin; pues no tenemos que ir muy
lejos para buscar los inapreciables tesoros y
los inmensos bienes que proporciona el a1nor
á la cruz, ya que esta cruz bendita nos sigue
á todas partes, y está colocada sobre nuestra
alma por la mano bondadosa del Señor. Sí: la
cruz está siempre á nuestro lado, está con
nosotros, dentro de nosotros mismos. Ella es la
enfermedad que sufrimos, la prueba que nos
aflige, la persona que nos mortifica, todo el
cúmulo de fatigas, de miserias, y de contra-'
riedades que nos rodea. No perdamos, pues, el
tiempo y la ocasión preciosa · ~ santificarnos,
dando oídos y comentando las especiosas ra-
zones que nuestros enemigos nos presentan
para que no· nos aprovechemos de nuestra
propia cruz, que es la que sólo tiene la vir-
tud para nosotros de salvarnos y santificar-
nos; ni seamos del número de los necios, que _
es infinito, los cuales alegan como c~usa de
su flojeda;d en el divino servicio los mismos
medios que Dios les concede como más ade-
cuados á su eterna salv;.ación, las cruces más
propias para su aprovechamiento y santi-
ficación, elegidas é impuestas por la infinita
Sabiduría.
· Triste eosa , es , en efecto , oir decir al
- 165-
pobre que él se santificarla si la miseria no
se lo impidiera; al rico, que la multitud de
cuidados le privan de ocuparse, cual quisiera,
en su sa~tificación;. al que trabaja, suspirar,
por que cree que sólo en el sosiego llegaría
á conseguirla; y al que se ve privado del tra-
bajo activo po·r enfermedad ú otra causa, ase-
gurar que sólo alcanzaría la perfección obran-
do con la actividad de que se ve privado .
. Sueña con el claustro el que está obligado á vi-
vir en el mundo; con la libertad el que debe
soportar, por penosa que le sea, la dependen-
cia de sus superiores; y así, ¡cuántos y cuántos
llaman obstáculos á los que precisamente
son medios de santificación para su alma!
¡Ah! Si cada }lno conociésemos todo el valor
de las circunstancias que nos rodean, de la
cruz que nos aflige, lejos de soñar con otras,
nos abrazaríamos con santo entusiasmo á
aquellas que nos impone la paternal y atno-
rosa Providencia de nuestro Dios, y hasta
haríamos los mayores sacrificios, no por apar-
tarlas de nosotros sino por conseguir que el
1

Señor nos concediera esas mismas ocasiones,


que tan poco sabemos apreciar. Los Santos,
iluminados por la luz del cielo, que dejaban
penetrar con docilidad en su alma, compren·
- 166 -::
dian el valor de estas cruces, y servíanles de
escabel para la santidad las circunstancias
en que Dios les había co~ocado; llamáranse
pobreza, trono, claustro, matrimonio, enfer-
medad, desprecios, persecución, desamparo,
soledad, trabajo continuo, etc., pues todo con-·
duce á Dios cuando á Dios queremos dirigirlo.
Por !o tanto, no nos hagamos ilusiones, pues la
creencia de que llevaríamos con m~s fruto ·
las ajenas cruces, manifiesta claramente el
deseo de soltar la nuestr~; y si mirándola
como carga intolerable de peso excepcional
prorrumpiésemos en amargas quejas, demos·
traríamos, no su gravedad, sino nuestr_a fla-
queza é inmortificación. Miremos, ep fin, una
y muchas veces meditando este misterio, á
nuestro Divino Sal vad'Or llevando la cruz en
que debía morir, y ani:mémonos it lJevar ~a
nuestra, pues cierto es que J?.O nos cargará el
Se:fior con un átomo más del peso que con su
divina gracia podamos llevar, y recordemos
también que, según aquellasentenciadelApós-
tol, (lNadie será tentado sobre sus fuerzas.»
EJEMPLO

Muchos recordarán toda vía la horrorosa


catástrof~ que tuvo lugar en Maenchestein
- - J68-

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

El Beato Francisco Posadas fué desde su


nifiez muy devoto del Rosario, rezándole to-
dos los días con sus compañeritos..-La Santísi-
~a Virgen le salvó milagrosamente un día
en que, bañándose, fué arrastrado por la co-
rriente, y en otra ocasión se le apareció en
sueños con varios rosarios en la mano, iny-i ·
.tándole á que tomase uno. Habiéndosele apa-
recido el demonio bajo la forma de un negro,
trató de arrancarle el rosarío que lleva-
ba ál cuello; pero Francisco, sosteniéndole con
una mano, en tanto que con la otra hacía la

señ-al de la Cruz, dijo al demonio: o:l\1ira la
1

Cruz,» y el espíritu infernal desapareció.


Desde entonces ,. vi!3nrlo qge el demonio temía
tanto al rosario, llevaba dos, uno al cuello y
otro en la mano, y cuando llegó á ser religio-
so, predicó esta devoción con éxito extra-
ordinario. (P. Buss~her .)
Felipe IV, Terciario Dominico, quiso que
el Rosario se reza.se á coros y en voz alta, en
las catedrales, .en las parroquias y hasta en
los cuarteles. (P. Alvarez.)
-169-

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

El Rosario es medio eficaz para honrar á


Dios y á la Virgen y _p ara ahuyentar los
grandes males del mundo. (Sixto IV.)

DÍA 21
Segun~a. consideración sobre el cuarto
Misterio doloroso.

Del amor á la propia oruz.

Siguiendq las reflexiones que la medita·


ción del cuarto Misterio doloroso nos sugiere
sobre la nec-esidad de llevar la cruz, á ejem ·
plo de nuestro Divino Maestro, hemos de con·
siderar hoy lo provechosa que es á nuestra
alma la cruz que pesa sobre cada uno de nos-
,otros, y cuánto debemos ·amarla; .. pues gran
engaño sería desear-los bienes de otras cruces
y estimar poco la nuestra, en la que única-
mente está para nosotros todo bien. Oigamos si
no de los labios,de nuestro Divino M~estro cuál
es la cruz que debe santificarnos . .¡Ah! No dijo
170-
el Señor que el que qúisiese seguirle y ser su
discípulo, tomase la cruz que rpás provechosa
le pareciera, 6 aquella á que sintiese más incli-
nación. No; no nos dejó derecho de eleg,lr en
este punto; term\nantes son sus palabras, y no
dan lugar á duda: «El que quiera venir en pos
de mí, tome su cruz y sígam'e.» Su cruz, sí, su ·
propia cruz, no la cruz que desea, la cruz que
sueña, sino aquella que la divina Providencia
le ha deparado: y ésta por penosa, intolerable
é infructuosa que nos parez~a, y_ aunque se
. nos figure casi invencible 1a repugnancia y
resistencia que nuestra naturaleza opone para
abrazarla~ No hay escape; cargados con esta·
cruz, con la nuestra, es c9mo hemos de seguir
al Salvador: y santificarnos. _
¿Que nos parece demasiado dura esta ne·
ce~idad absoluta de tener qu~ renunciar á
ap~rtar de nosotros esa cruz, esas circuns-
tancias, esos sufrimientos, sean cuales fueren,
de que tanto anhela verse libre· nuestro cora-
zón? No temamos; pues no hay cruz ninguna,
por muchas que sean sus asperezas, en la que
no haya depositado la Divina Providencia
celestial bálsamo para alivio de las heridas
que estas asperezas causan; y este bálsamo
consola'dor ·brotará de ·n uestra cruz si con ge-
- 171-
nerosidad la abrazamos y la estrechamos con
efusión contra nuestro .corazón. Preguntemos
si no á aquellas almas dichosas que abrazaron
con amor su cruz, y veremos en sus respues-
tas cuán m;nbriagadas se encontraban con
este celestial "bálsamo, cuando en sublime
arrobamiento exclamaban, diciendo: «Ü pa-
decer ó morfr, » con Santa Teresa·, ó «padecer
y no -morir» con Santa Magdalena de Pazzis.
Verdad que esto es ya el heroísmo del amor,
lalocura de la cruz; pero ¿por qué no tratar
9e conform~rnos, en cuanto con la· divina gra-
cia nos sea posible, á estos sublimes ejemplos?
Resolvámonos para comenzar este camino á
~irar -c on menos prevención á esta propia
cruz, consid!3rándola como regalo amoroso
de nuestro Divino Salvador, y medit~ndo los
bienes que á nuestra alma proporciona. To-
~émosla con amor, tal cual el -Señor nos la
presenta, y no quera:mos juzgar del peso que
tendrá más adelante, que es un engaño del
enemigo hacernos creer que más tarde nos
será insoportable el peso de nuestra cruz; y á
veces como· las fuerzas que tenemos son las
· necesarias para el momento y queremos te-
nBrlas P.ara sufrir todo lo que á nuestra. ima-
ginació_n se presenta, tememos sucumbir. N<?
- 172-
pensemos, pues, más que en el momento pre-
sente; en él pidamos fuerzas al Señor, y cier-
to que nos concederá las necesarias para
sostener en él esa cruz salvadora que nos ha
de llevar al Cielo. Procuremos, en fin, amar
nuestra cruz, por amor al Señor que nos la
impone; ·y si de nuestro corazón, cargado
con su cruz, se escapan amorosas /j~culato ·
rias, dirigidas al Corazón amantísimo que
cargó con la enorme cruz qe nuestros peca·
dos, su amor nos sugerirá· medios para que
lleguemos á amarla.
U na persona que llevaba su cruz con gran
violencia, logró mirarla con más amor me-
diante una práctica muy sencilla. Desp.ués
que al levantarse ofrecía sus obras al Señor,
se postraba en tierra pidiendo la impusiese la
cruz que en aquel día hubiese de llevar, y al
besarla, se proponía abrazar aquella ~ruz
que recibía de manos del Señor, y a~arla por
amor suyo. Esta ó análogas ptácticas, y sobre
todo una · firme voluntad' de abandonarnos
completamente á la divina voluntad, nos lle-
vará á amar 'nuestra propia cruz; y si abra-
zándola con generosidad seguimos á nuestro
Divino Maestro, seremos verdader.a~ente sus
discípulos, y por consiguiente amados de su
- 173-
dulcísimo Corazón en el triste calvario de
esta vida, mientras llega el momento de-pe·
netrar con esta bendita llave de la. cruz, en
las eternas mansiones de la gloria..
¡Oh Jesús mío. Dejad que nos acerquemos
á Vos con las piadosas mujeres que os acom-
pañaban por las calles de Jerusalén. Ya llo-
ramos también sobre nosotros, como á ellas
las dijerajs, y lloramos, Señor, al ver con
cuánto amor y mansedumbre lleváis vuestra
Cruz, y reconocer la flojedad é imperfección
con que nosotros llevamos las nuestras. Bien
comprendemos ahora que no se puede ser
vuestr() discípulo sin llevar la cruz, pues cruz
y sufrimiento fué vuestra santísima vida.
Nosotros os ,contemplamos, Señor, pobre . en
· Belén, desterrado en Egipto, en trabajo, sumi-
sión' y silencio en Nazaret, penitente y tenta-
do en el ·desierto, fatigado y sin albergue en
·v uestra vida pública, _con terrible angustia y
mortal sudor en el Hue!'to, vendido por uno
de vuestros discípulos, negado por otro, aban-
donad<:> de casi todos; calumnrado, tratado
éomo loco, pospuesto á un criminal, condena..
do por jueces y sacerdotes, vilipendiado por
el pueblo, m~niatado, atormentado cruelísi-
mamente, abofeteado, azotado,. coronado de
:._ 174 -
· espinas, conducido al suplicio, llevan-do pú-
blicamente el- patíbulo en que deb-íais mo·
rir á són de pregón; y, pof último, Jesús mío,
os vemos morir en la Cruz, pendiente ·de tres
clavos, rodeado de ver_dugos y malhechores y
abandonado de vuestro Eterno Padre, en an-
gustia supretna. ¿Y podremos llamarnos vuBs·
tros discípulos, es decir, imitadores de vue~­
tra vida, en la posible proporción, huyendo
del sufrimiento y procurando el descanso?
¡Qué desatinados somos, Señor! Maf:! Vos, que
sabéis cuán grande es nuestra miseria y tanto
nos amáis, ·podéis darnos luz para que conoz-
camos que á Vos sólo se llega por la cruz, y
fuerzas también para que, abrazándola estre-
chamente, vivamos y muramos en ella por
vuestro a-mor.
EJEMPLO

En X.; capital del _Mediodía de España,


una señora Terciaria lloraba angustiada y
sin consuelo el desyarío religioso de su mari-
do. Más de veinte años hacía-que éste no se
confesaba. Constante y habitualmente apar· ·
tado de Dios, había cerrado las puertas de su
alma á todos los llamamie~tos_ y benéficas
inspiraciones_de la gracia. En vano su devota
- 175-
esposa le re~onvenía cadñosamente, mos-
trándole su ingratitud para con Dios; en
vano, cual ángel bueno) trataba de atraerle
al buen camino; e~1 vano, poBtrada en el San·
tuario, suplicaba la conversión de su esposo.
Este, frío, indiferente,- empedernido, seguía
_ impasible el sendero de la perdición y de la
desventura eterna. -
Agotados ya por la esposa casi todos los
ingeniosos medios de atracción, ocurriósela,
por verdadera inspiración, tentar el último
_recurso, obligar á su marido con repetidas
instancias á que rezase diariamente el Santo
Rosario: ¡Primer prod~gio de l_a maravillosa
~ficaci[\r del Rosario de María ! El caballero,
esquivo á toda devoción, accedió á los reite-
radós ruegos de su esposa y empezó el rezo
diado del Rosario. Tres meses continuó re-
zándole, y antes de tern1inar el .cuarto, la
Emperatriz de los cielos, re!ugio de pecado-
res, oyendo los ruegos de aquel que la invo-
caba COJ?. su or.ación favorita, completó la obra
mara vi llosa de la gracia, con m o viendo el co-
ra'zón de aquel pecador. El último día del mes
de Octubre hacía éste confesión general, Y. al
día siguiente comulgaba fervorosamente, re-
cibiendo á continuación la sagrada librea de
- 176-
Terciario Dominico. Lázaro había salido del
sepulcro por mediación de la Virgen Santísima
del Rosario. (Revista del Rosa1·io.)

8-.A.NTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Bernardino de Sen~ fué uno de los


Santos de la Orden Franciscana que más se
distinguió por su amor á la Virgen; y su devo-
ción al Rosario, juntamente con· la del Dulcí-
simo Nombre de Jesús, le alcanzaron glor~oso
triunfo en el cielo. (Revista del Rosa1·io.)
Carlos V de Alemania y I de España, in-
terrumpido en sus devociones, respondió más
de una vez: 'Después~ ·de acabar mi ·Rosario
me ocuparé de los negocios.l) (Lectu'ra Do:
rninical.)

ELOG lOS PONTlFICIOS DEL ROSARIO

Con el rezo del Rosario, é inflamados con


la meditación de sus Misterios, comenzaron
los fieles á transformarse en otros hon1bres,
al propio tiempo que comenzaron también á
disiparse las tinieblas de la herejía y á brillar
la luz de la fe, fundándose al efecto Co-
fradías en diversas partes· del mundo.-
(León X.) .
- 177 ~

DIA 22
Primera consideración sobre el quinto
:Misterio doloroso.

De la virtud de la obedlenola.

Hagamos esta consideración á la~ sombra


del árbol de vida de la" Cruz, regado con."la
preciosísirna Sangre de nuestro Divino Reden-
tor, que gran fruto espiritual podremos sacar,
si contemplamos debidamente las sublimes
lecciones y admirables ejemplos que nos ofre-
ce el Divinó Maestro, sirviéndole de cátedra
esa Cruz. ¡Oj~lá SU:t>iésemos comprender todas
las virtudes que desde ella·nos predica, y que
con el fervor de esta contemplación nos lanzá-
semos á practicarlas con denuedo!
Pero entre todas estas virtudes de que nos
da ejemplo, vamos á fijarnos solamente en la
virtud de la obediencia. Sí; Jesús obedece.
Ese Dios Omnipotente que sostiene'· con su
dedo la inmensa bóveda del firmamento,- obe·
dece. ¡Qué confusión para el vil gusanillo que
no quiere obedecer á ·Dios en la persona de
12
- 178-
sus superiores! Pero lo que más asombra es
considerar á quién obedece. Esta lección sí
que debemos meditarla atentamente, si por
desgracia_juzgamos que la obediencia obliga
sólo en relacióq. con la virtud y la prudencia
de nuestros superiores. Jesús obedece, pero
no á hombres prudentes, sabios y caritativos,
Bino que obedece ·á inicuos jueces, á senten-
cias. fOTmuladas contra toda justicia y á in-
humanos verdugos que se burlan ferozmente
de la inoceii te Víctima que van á sar:rificar.
¿Y en qué obedece? ¿Pensará Jesús si es
demasiado penosa la obediencia, ó si está dic-
tada por la prudencia ó la caridad? No. Obe-
dece sin examen, presentando sus pies y ma-
nos ·sacratísimos para que viles clavos les
traspasen cruelísimamente, y ni una queja,
ni una repulsa, ni una objeción siquiera, se
escapa de sus divinos labi_os -al escuchar las
órdenes inhumanas de aquellos soeces verdu-
gos, á quienes obedece el Supremo Hacedor
con la· mayor sumisión y mansedumbre. ¡Ah!
¡Cuán sublime ~ ejemplo y soberano remedio
para nuestr.o orgullo nos ofrece, en esta admi-
rabilísima obediencia, nuestro Divino Re-
dentor!
Es la virtud de la obediencia la que, .por
¡1

l, - 179-
\
decirlo así, avalora todas nuestras obras, y
reduce todos nuestros deberes á ~no solo, que
es obedecer; según en el Diálf!go de Santa Ca-
talina lo manifestó el Señor á la Santa, diciendo
de esta virtud: «¡Oh cuán dulce y gloriosa es
la virtud de la obediencia, por la cual existen
todas las d~más virtudes, pues nace de la ca-
ridad! Sobre ella está fundada la piedra de la
santa fe; y es como una reina majestuosa. EL
que la posee tiene todos los bienes, y no expe-
rimentará mal .alguno. Todos sus días son col-
mados de paz y reposo, y no llegan á él las
olas irritadas del n1ar tempestuoso del mundo.
El centro de su alma es inexpugnable á lapa-
sión del odio, aun cuando se le injurie, por-
que quiere o~edecer y sabe que está ordena-
do el perdón. N o siente am~rgura cuando no
son satisfechos t9dos sus deseos, porque la
obediencia hace que no desee realmente más
que á lVIí, que puedo, sé y quiero satisfacer
todos sus deseos. Se ha apartado de todas las
alegrías mundanas, y encuentra en todas las
cosas una dichosa paz. Nadie puede entrar en
la vida eterna sin la obediencia; pues ella es .
la llave que abre la puerta del .. Paraíso, ce-
rrad,a por la desobediencia de Adán . ~
Bien podremos comprender po! lo_dicho la
- 180-
necesidad y excelencia de la virtud de la obe·
diencia; pero no olvidemos que nuestra obe··
diencia ha de ser inspirada en motivos sobre-
naturales, y que no debemos fijarnos nunca en
la personalidad de los superiore&,· sino en su
autoridad , que se deriva de la del mismo
Dios, á quien obedecen1os en ellos. Por lo
tanto, poco importa para obedecer que s...ean,
6 nos parezcan, más 6 rrienos virtuosos y pru-
dentes; lo que interesa es obedecer con ren-
dimiento de juicio y prontitud en cuanto nos
manden, no siendo pecado . Nada perjudica-
rá tampoco á nuestra obedi~ncia que esto sea
más ó menos acertado, pues aunque ellos
erraran en lo que nos mandan, nosotros siem-
pre acertaremos obedeciendo, pudiendo ser
más meritoria la obediencia á medida que sea
menos prudente el mandato; y muchas veces
se ha servido el Señor, para perfeccionar esta
v~rtud, de superiores poco idón~os y pru-
dentes.
No ·dejaremos de recordar aqui el consejo
que Santa Teresa da~ las personas que quie·
ran seguir camino de perfección en el mundo,
diciéndolas, que deben sujetarse por completo
á la obediencia de un buen director. Consejo..
jmportantísimo, en verdad, pues siguiéndole
- 181-
se camina rápida y seguramente á la perfec-
ción. Pero este sacrificio de la propia volun-
tad ha de ·hacerse generosa y completamente,
entregándose sin reserva en manos de la obe-
diencia, mieste lo que cueste, y renunciando
para siémpre á la propia voluntad; y de este
modo practicaremos con gran mérito la obe-
diencia, según se lee en el citado Diálogo de
Santa Catalina: «Hay personas-dijo el Señor
á .la Santa.- que no están incorporada$ "á una
Orden religiosa, y que sin embargo están en
la barca de la perfección. Estas son las que
observan los consejos sin ser religiosos, y que
renuncian real y espiritualmente las riquezas
y pompas del mundo, guardan la castidad, sea
en el estado de virginidad, sea en el perfume
de ·la continencia, y observan la obediencia
sometiéndose á una persona, á la cual se es-
fuerzan en obedecer p~rfectamente hasta la
muerte. Si tú me preguntas quién tiene más
mérito, si los que obedecen de este modo, ó los
que están en una Orden, te responder~ que el
méritodela obediencia no se mideporlosactos,
por el lugar, ó por la persona, que puede ser
buena.ó mala, seglar ó religiosa. El mérito de
la obediencia está en el amor del que obedece,
y este amor es la medida de la recompensa. •
- 182

EJEMPLO

El Beato Fr. Gabriel de Ancona, siendo"


Guardián de una casa· de la Observancia, ha-
bía· mandado á un novicio que todos los días
rezase una parte del Rosario á la Santísima
Virgen antes de córner; el cual un día, por
ocupaciones de la obediencia, se olvidó de
rezarla. El Guardián, inspirado por Dios,
preguntó al novicio si la había rezado aquel
día, y como le respondiese que no, le re·
prendió muy ásperamente y le mandó levan-
tar de la mesa, y que luego se .fuese á rezar-
la. El novicio obedeció, arrodillándose ante
el altar mayor. De allí á poco, ,mandó el
Guardián al que servía la mesa, que fuese á
mirar lo que hacía el novicio, y acechándole
por la puerta, vió un ángel sobre la cabe·
za del novicio, q~e devotamente oraba, el
cual ponía diez rosas y un lirio de oro en un
hilo, y embebido en esta visión y consola-
ción, no se acordó de volver á dar respues-
ta al Guardián, el cual envió á otro de los que
servían, y después otro; y viendo que ningu-
no volvía, fué él mismo con todos los frailes,
y ·Vieron aquella angélica aparición. Cuando
- 183-
el novicio terminó, el ángel ató el hilo, é hizo
una guirnalda de rosas y lirios, púsola sobre
la Gabeza del novicio, y desapareció. De esta
aparición quedó una maravillosa sefial; que
en el lugar donde el novicio hacía oración, se
sinti.ó por algunos años muy su.a ve olor á ro-
sas y lirios. El novicio perseveró en su devo-
ción} y no mucho tiempo después, pasó de ésta
á la otra; vida. (Martínez de la. Pa1·ra.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Luis Gonzaga fué tan devoto detSan-


tísimo Rosario, que confesaba deber su voca-
éión re{igiosa á esta devoción. (Revista del
Rosa1·io.) .
Fernando 'I de Aragón fundó la ord~n de
caballeros de las Azucenas, que llevaban
como blasón la imágen de la Virgén bajo
la advocación del Rosario; y á los cuales im-
puso la obligación de rezar_le toqos los días . .
(P. _Alva1·ez.)

ELOGIOS PONT1FICIOS DEL ROSARiq

Al Rosario se debe . la salud de I.os fieles.


(Clemente VIII.)
i

184-
1

.
DJA 23
Segunda consideración sobre el quinto
:Misterio doleros~.

De la virtud de la' obediencia,

Consideraremos hoy, al seguir ocupándo·


nos de la virtud de la obediencia, cómo po·
dremos recibir en este espíritu todo a<}onteci- 1

miento que directa ó indirectamente nos con-


traríe, y esto, hasta en las cosas más peque-
ñas, pues sabemos que nada sucede sin la
permisión de Dios. «La paciencia (dijo el Se·
ñor á Santa Catalina en el Diálogo otras veces
citado), es la compañera inseparable de la
obediencia; y dichoso es el que sabe obedecer
de este modo en todas las cosas á la voluntad
de Dios.» Y ciertamente que el que supiese
unir y practicar constantemente estas dos
. virtudes, caminaría á pasos agigantados á la
santidad. Porque ¿qué es la santidad? Muchos
errores suele haber en la manera -de apre-
ciarla. ,Creen algunos que esta h~rmosa flor

'
¡
- 185-
sólo crece á la sombra de los claw:¡tros ó en
medio de las asperezas del desierto; y aunque
estos lugal'es son muy favora~les á su acli-
matación y en ellos se la ha visto nacer y
desarrollarse con frecuencia, puede ella bro-
tar en todas partes, mediante el riego de la
divina gracia, fielmente correspondida. Por
esto la hemos visto lozana, lo mismo en el
trono que en la choza; en la humilde aldea
que en la populosa ciudad; y así abrigada á
la sombra de medios abundantes de piadosas
ayudas, como aislada en medio d-e un pueblo
.pagano, y constantemente .amenazada de sus
enemigos. Piensan otros que la santidad son
grandes austeridades, ó el dónde hacer mila-
gros.; y h-a llándose lejos de este camino, creen
encontrar pretexto para no pro_curar tan gran
bien~ Se toma por la esencia los accidentes
y las gracias con que-quiere honrarla en oca·
siones la Divina Sabiduría. Pero si recorda-
mos las palabras del Di vino Maestro -cuando
nos dice: «sed perfectos como mi Padre ce-
lestial es perfecto,» y «mi manjar es hacer
la voluntad de mi Padre,» y meditamos los
ejemplos que su sagrada vida y la de sus
siervos nos ofrecen, veremos clar_:amente que
la santidad es á todos practicable; .y que ella
- 186-
consiste en. una completa sumisión á la san-
tisima voluntad del Señor.
Asi, pudier·~ llamarse á la santidad, un pro-
longado fiat á todas las disposiciones sobera-
nas del Señor. Fiat pronunciado con igual
constancia, amor y abandono en los dias se-
renos del . alma, que en los borrascosos, en
los que parece anegada en la tribulación;
y repetido en lo_s dolores interiores y exte-
riores, y en toda situación, disposición, tras·
torno ó prueba, por pen6sos que fueren; y
podria ·compararse este fiat, en cierto modo, á
una nota tenida e~ una composición musical
que armonizara con todos los acordes, embe·
lleciera toda melodía y no disonase· nunca,
cualquiera que fuese el carácter, tonalidad ó
matiz de la misma composición. Cierto que
no puede esto realizarse en la armonía huma-:-
na; pero la armonía espiritual tiene combina·
ciones más ricas y puede siempre .oirse este
fiat desde el llamamiento á la gracia hasta la
muerte, que es el último acorde en que se
deja oir en la tierra este abnegado fiat, eco
del cielo, que ha de entonarse después en él
eternamente.
Pues bien; este fiat de la obediencia es el
que debemos pronunciar en todas las circuns-
187-
tanci-as de nuestra vida, en los preceptos. de
la ley de Dios, en las obligaciones de nuestro
estado, en los mandatos de nuestros superio·
res, ~n los dolores de nuestro cuerpo, en las
aflicciones de nuestro espíritu, en todo acon·
tecimiento ó prueba, en fin, y de cualquier
modo que puedan presentarse. Así obedecere-
mos á. la voluntad de ese Dios que obedeció por
nuestro amor; y cuando esta obedienc~a nos
sea pen sa, en los momentos de lucha y difi-
cu~tad, ·vayamos á cobrar ánimo al pie de la
Cruz. Tomemos un Crucifijo, y contemplándo-
le, aprenderemos á obedecer; pues ¿para qué
pena no encontraremos consuelo viendo á
nuestro Jesús crucificado por nuestro amor?
Mirél!losle, sí, , y escuchémosle en nuestras
tribulaciones y desalientos, cuando desde la
Cruz parece de-cirnos:
«Sec_a tus lágrimas, hijo mío, y contém-
plame unos instantes en esta Cruz, en la que
me ha colocado mi amor á ti y el deseo de
hacerte bienaventurado. Desahoga á mis he·
ridos pies tu afligido corazón. Cuéntame tus
penas , tus dolores , tus desconsuelos , tus
desgracias. ¡Ah, hijo mío! Yo conozco todo
sufrimiento, y para todo te ofrezco ejem·
plo, consuelo. y esfuerzo al pie de mi Cruz.
- 188-
¿Sufres en el cuerpo, hijo mío, terribles do·
lores ó lentas y penosas enfermedades que
hacen de tu vida un prolongado martirio?
Mírame convertido en viva llaga, pe:p.d~ente
de tres clavos en la Cruz, durante tres horas
de espantoso suplicio. Une tus dolores á los
míos y súfrelos por amor á quien tanto pade-
ció por ti. ¿Careces de medios para tu subsis-
tencia? ¿Ei~es pobre, .hijo mío? Ven, ven y
contempla al Creador de cuanto existe, morir
desnudo en la Cruz, sin tener siquiera donde
reclinar su cabeza., y atormentado en su sed
con. hiel y vinagre. ¿Eres despreciado, insul-
tado , calumniado de aquellas personas á
quienes amas y á las que sólo ha~ hecho bien?
¿E~ mofado tu talento, tu virtud, son mal in·
terpf.~tados tus sacrificios aun por los buenos?
Míram~ entonces, hijo querido. Medita cómo,
siendo la infinita Sabiduría, se me llamó loco;
siendo la ~urna bondad, blasfemo y ~ndemo­
niado, y mira cómo jueces, sacerdotes y todo
el pueblo paga mi inmenso amor. N o olvides
que .soy entregado á él por uno de mis discí·
pulos, á los que tantas pruebas de a·mor había
dado, negado por otro y· abandona.do de mu-
chos. ¿Sufres, en fin, por estar ligado á perso-
nas que me ofenden y en me~io de un mundo
- 189-
depravado ? Mírame crucificado entre dos
malhechores y atormentados mis oídos con
sus blasfemias y las del pueblo que me rodea.
»¿Te sientes culpable, h~jo mío? No huyas
demí.Veny arrepiéntete.Mitacon cuánta dul-
zura acojo al pecador en las palabras que diri-
jo al buen ladrón, y con cuánto amor imploro
misericordia para mis mismos ve.rdugos. Ven
al pie de mi Cruz, si te encuentras sólo y des-
amparado, y oye con inefable consuelo de tu
alma, que te doy á mi misma Madre para que
lo sea tuya. Ella es la Reina de tierra y cielo,
y te ama con indecible ternura. Arrójate en sus
brazos y no te consideres sólo, pues tienes
una· Madre tan poderosa y amante. Y si sien·
tes en tu alms;t el desamparo, la desolación,
¡ah, hijo mío! no te desanimes, ven también á
mi Cruz, y abrazándote á ella con amorosa
constancia, une tu oración á la que dirijo á mi
Eterno Padre, exclamando: «Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has desamparado?» Ven al
Calvario cuando te sientas abandonado de to-
dos y hasta de ti mismo; y aunque sientas tem ·
blár la tierra bajo tus pies, zumbar el tt~ueno
de la tentación, levantarse cual espectros tus
miserias, mira aún á la Cruz, y allí hallarás un
asilo en mi Corazón abi~rto. Entra por esta
- 190-
llaga, hijo mío, y al penetrar en este Corazón
que tanto ama al que sufre, bendecirás tus
dolores, que te abren Pi:lSO á este divino Mar
de amorosa§. delicias. :e

EJEMPLO

En el siglo XVII había en Roma, en un


convento de-Carmelitas descalzos, un religio-
so. converso, devotísimo de María Santísima,
llamado Esteban de Todos l9s Santos. «Con
mi Ro~mrio-solía decir con frecuencia, -al-
canzo de la Reina del Cielo cuanto le pido.»
Habiendo la princesa Peretti perdido un pa-
pel de asuntos muy importantes, lo que le
causaba mucha pena, quiso Dios que · encon-
trara al bueri Hermano. Le contó la desgra·
cia en que se hallaba y le pidió el auxilio de
sus oraciones. El caritati.vo converso, prome-
tiendo á la Princesa hacer c.u anto estuviese
en su mano, pasó largas horas de la noche
s~guiente, delante del Santísimo Sacramento.
Fué en seguida al altar de la Santísima Vir-
gen, la rezó el Rosario con mucho ·fervor, y
dirigi.éndo~e á María, le dijo co_ n sencillez
filial: «Madre mía, no he de Tezar más vues-
tro Rosario hasta que me hagáis encontrar el
- 191-
escrito de nuestra bienhechora. • Luego se
retiró, dejando su rosario sobre el altar. ¡Oh
prodigio! A la mañana siguiente, el sacristán .
halló el escrito de la Princesa debajo del
mantel del altar, donde el converso había de·
jado su rosario. Los Padres del con vento,
hombres fidedignos, atestiguaron el hecho.
(P. P'l·adel.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

El Beato Clemente Hofbafier, que será en


breve ~anonizado, decía: «Dichoso aquel- que
~comprende todo lo que hay de fe y de luz, de
esper·a nza y amor en la práctica del Santo
RosariÓ.» , o:Es~a piadosa corona, decía otra
vez, ·es mi biblioteca, • y se complacía en re-
petir que con el rezo del Rosario, ó una parte
de él, había siempre alcanzado de Dios lo
que le había pedido. o:Cuando me llaman cer-
ca de un pecador obstinado, decía también,
basta que yo pueda rezar un rosario por el
camino, para estar seguro del éxito, y no
tengo memoria que en semejantes casos haya
muerto un solo enfermo sin convertirse.» (Re-
vista del Rosario.)
Juan I de Portugal levantó el célebre con1
-: 192-
vento de la Batalla, maravilla del arte, y en
su iglesia destinó un altar á la Virgen del Ro-
.sario, que Gregorio XIII honró con privile-
gios. (P. Alvarez.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

El Rosario fué instituido contra heresi~r­


cas y herejías. (León X.)

DIA 24
Primera. consideración sobre el primer
Misterio glorioso.

De la virtud de la fe.

· Grandioso es, en verdad, el Misterio que


hoy nos· toca considerar, y de gran consuelo
puede servir su meditación á nuestras almas.
¡Oh y qué transformación tan completa! En
los miste.rios dolorosos hemos visto á nuestro
adorable Redentor padeciendo cruelísimos
tormentos, hecho mofa y ludibrio de la plebe,
abandonado -de sus discípul9s, y en suprema
- 19-3-
angustia, le hemos oído clamar á su Padre Ce·
lestial desde el suplicio de la Cruz~ y com-
prendiendo en estos Misterios á cuánto nos
obliga su imitación, como discípulos suyos,
hemos abrazado las angustias y sufrimientos,
la mortificación interior y exterior, la cruz
que la divina Providencia nos depare, sea
cual fuere, y la obediencia, cual verdugo de
nuestra propia voluntad. Tal vez nuestro po-
bre corazón se ha sentido abrumado ante
estas co~sideraciones; pero ¡ah! que no hay
sólo penas para el cristiano imitador de Jesús.
Vamos hoy al sepulcro donde fué colocado el
s~grado cadáver de nuestro Redentor, y no
temamos, no, encontrar allí la muerte con
sus horrores, ,ni esa des·olación, término de las
grándezas é ilusiones humanas, pues al sepul-
cro del Salvador y al de sus discípulos, guar-
dando la debida proporción, va á buscarse la
gloria y el principio de la verdadera y eterna
vida.
¿Dónde está (podremos ppeguntar con la
amante Magdalena, al acercarnos al sepulcro
ya vacío)) dónde está aquel Cuerpo Sacratísi-
mo, tan maltratado y desfigurado por los tor ..
mentos, del que los poderes de la tierra se
habían apoderado,· para saciar en él su satá•
I:J
- 194-
nica fiereza? ¿Dónde está? Ha resucitado; no
está aquí, se nos dirá, no por los soldados que
le custodiaron, sino por urí ángel hermoso,
guardián cel_e stial del Santo- Sepulcro. ¿De
qué han servido, entonces, aquellos ·centine-
las que antes le rodeaban? ¿De qué la muerte
ignominiosa que el pueblo deicida le ha dado?
Todo ha servido para la gloria de Dios. Aquel
Sacratísimo Cuerpo ha resucitado, pero no ya
desfigurado por los torme:p.tos, sino lleno de
gloria, maje::Jtad y grandeza. Cobremos, pues,
ánimo al considerar que si según la voluntad
de Dios sufrimos las tribulaciones de la vida,
ellas serán también para nosotros un día, mo-
tivo de eterna resurrección y gloria sin fin; y
sea el fruto de la contemplación de este Mis·
terio, fundamento de nuestra fe cristiana, la
resolución de vivir segú~ el espíritu de esta
misma fe.
El justo vive de la fe(dice la Sagrada Escri·
tura); pero no de esa fe lánguida y sin obras,
que llama el Apóstol fe muerta y que es la de
muchos, á los que se pudiera tratar de incon-
secuentes. Sí, en todo se exige al hombre el
acuerdo de sus acciones con las-ideas que pro-
fesa, y sqlo al tratarse de la fe, por una abe-
n·ación lamentable é incomprensible, sin la
-195-
intervención del enemigo de nuestras almas,
no pasa por insensato en nuestros días el que,
haciendo profesión de creyente, obra contra lo
que confiesa; sino aquel que, consecuente en
s~s ideas, practica los preceptos y consejos que
esta fe le prescribe. Por esto o-ímos censurar
á los que abandonando las pompas y vanida-
des del mundo (según prometieron hacerlo en
el Bautismo) asisten al templo , frecuentan los
Santos Sacramentos y se ejercitan en otras
buenas obras. De ellos se dice que son exage-
rados y fanáticos, y que hasta su salud puede
resentirse, por frecuentar los lúgubres recintos
de las iglesias y 'privarse de las diversiones
y espectáculos, que miran como una necesi-
dad los mundanos. Y éste es el lenguaje de
múchos que dicen tener fe, en su sentido más
benigno, y cuando en la persona á quien juz·
gan no pueden encontrar la más ligera falta
en que pueda cebarse su crítica mordaz; pues
frecuentemente se emplean palabras soeces y
groseras calumnias para tildar á las personas
- del delito de consagrarse á la piedad, de vi-
vir según la fe q~e profesan y que. dicen
profesar los que las censuran. .
Pero no _nos extrañe demasiado que así
se expresen los que .e stán engolfados en las
- 196-
vanidades del mundo. Ellos ven algo que no
comprenden, y al buscar la explicación en
las tinieblas de su espíritu, se extravía su jui-
cio; pues ¿cómo puede comprender la virtud
el que es esclav-O de sus pasiones y vicios? ¡Ah!
¡Cuán admirados quedarían si llegasen á com-
prender el mérito, y aun la facilidad, que en
practicar la virtud encuentran aquellos de
quienes hacen mofa, y que con santo ardor es-
tán siendo con sus oraciones y sacrificios sus
interces01:es para que el cielo detenga el cas-
tigo que está sobre ellos suspendido; y que allí,
en aquellos templos donde -el tedio les abru-
m_a, gozan de tanta felicidad, los que apar ..
tándose de las vanidades del mundo se entre-
gan de lleno al ejercicio de las virtudes, que
se ven á veces obligados á exclamar, inunda-
dos en dicha incom arable: ¡Gracias infinitas
os sean dadas) Señor, por haberme arrancado
del mundo! Mientras seguí sus máximas, nada
bastó á saciar mi corazón. Fui desgraciado eJ:!
medi9 de lo que él llama dicha; sus aplausos,
sus diversiones, sus halagos, todo era frío é
incompleto par-a mí; y ahora, Señor, que he
abandonado ese mundo, y que me compadece
y se burla de mí porque desprecio sus place-
res, es cua!!do me colmáis de consuelo, de t&l
-197-
modo, que podría decir con Santa Teresa y
San Francisco Javier: «Señor, basta de gozo,
ó dadme fuerzas para soportarle.»
En efecto; grande es aun en esta vida
la felicidad del alma virtuosa, y grande tam-
bién la desventura del que sin fe busca ciego
la dicha en las causas de su desgracia y pide
á la nada la satisfacción de infinitos deseos;
siendo más d~sgraciados aún, los que no que-
riendo admitir los misterios de la fe divina,
buscan lo sobrenatural en manifestaciones
diabólicas; y apart~ndose de Dios, que con
inefable bondad quería comunicarse á sus
almas, se entregan aun desde esta vida á la.
comunicación infernal con e_l espíritu de las
tinieblas, que ha de ser su eterno verdugo.
- Lejos están las almas piadosas, por la mi-
s~ricordia de D~os, de que puedan convenirlas
las anteriores consideraciones; pero por ellas
comprenderemos hasta dónde, rodando de
abismo en abismo, puede llegar el alma que se
va apartando _de la luz bendita de la. fe. Resol-
vámonos, pues, á_seguir siempre y en todo,
los derroteros que ella nos marca, y nuestro
término será dichoso, ya que es la fe antor-
cha divina que nos muestra el camino de la
gloria, á través d~ las tinieblas del destierro.
-198-

EJEMPLO

El Venerable Arzobispo P. Antonio MaCla-


ret, de cuya beatificación se trata, fué devotí ·
simo del Santo Rosario. No contento con rezar
sus quince dieces, le dirigía muchas veces por
sí mismo antes de sus predicaciones, enseñan-
do al pueblo prá·c ticamente el modo de rezar-
le, y recomendaba con mucha eficacia que s·e
rezase todos los días. En su viaje á la isla de
Cuba reunía á los pasajeros sobre cubierta
para. rezar el Rosario, y . en Cataluña de tal
manera restableció la costumbre de rezarle,
que dicen sus biógrafos, que era más difícil
hallar después quien dejase ?e rezarle, que
antes quien se atreviese á hacerlo pública_m en-
te. Lla~ado para auxiliar á cuatro reos que
no querían confesarse,_aconsejó que los que
les acompañaban fuesen rezando el Santo Ro-
sario, por cuyo medio obtuvo su conveTsión.
Se negó á ordenar á un seminar!sta sólo ·p or-
que observó que permanecía ~udo mientras-
sus compañeros rezaba.n el Rosario; y en una
ocasión que entró en una iglesia donde guia·
ba el Rosario el sacristán, en vez del señor
Cura, como él había mandado, se puso, con la
mayor naturalidad, á guiarlo él mismo.
-199-
En el altar del Rosario le vió celebrar el
P. Comas, observando en él un resplandor ex·
trafio, que le acompafió hasta vol ver á la sa-
cri~tía, después de celebrar. Varias veces le
habló lalSantísima Virgen, animándole á la
propagación del Santo Rosario, y el Venera.ble
Arzobispo, fiel á la voz de su amada Madre,
trabajó sin descanso en ella, no sólo con sus
exhortaciones, sino c.on sus escritos, en pasto-
rales, opúsculos y hojas de propaganda que á
mi1lones distribuyó. Estando ya para morir,
manifestó todavía su amor al Ro~ario, pues to·
mándole en sus manos, le besó repetidas ve·
ces, entregándosele después al P. Clotet. (Pa-
dre Aguilar .)
_ SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

El Beato José de San Jacjnto, al ser mar-


tirizado. en el Japón, dijo a la multitud que le
rodeaba llorando porque se quedaba sin mi-
nistro de Dios: «A falta de misioneros os dejo
la devoción del Rosario; que será vuestra
guía y maestro en la contemplación de sus
Misterios.» Dos siglos pasaron sin que en el
Japón pudieran entrar sácerdotes, y á media-
dos del siglo XIX, los primeros misioneros
llegados allá, quedaron aso1nbrados al encon-
-200-
trarse con miles dé cristianos. Conservaban
el sacramento del Bautisme, muchas oracio-
nes de la Iglesia y nuestras principales creen-
cias, siendo su oración principal el R-o sario.
Guardaban en una casa un cuadro que repre-
sentab-a sus Misterios, y á menudo iban como
en peregrinación á venerarlo. (P. Alva1·ez.)
El rey Juan de Bohemia decía: «El Ro-
sario es toda la esperanza de mi salvación.»
(Revista del Rosario.) ·'

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSA1UO

Sabido es cuán grata sea á la Virgen la


fórmula de orar del Rosario, cuán útil para
·alcanzar los beneficios del cielo, y cuán á pro-
.pósito para la defensa de la Iglesia y del pue-
blo cristiano. (León XIII.)

DIA 25
Segunda. ~onsideración sobre el primer
]4isterio glorioso.

Del espirltu de fe.


Al meditar ayer el eonsolador Misterio de
la Resurrección gloriosa de nuestro Di vino .
-201-
Salvador, contemplábamos la dicha del ver-
áadero creyente que obra según le dicta su
fe, y hoy vamos á considerar cómo debería-
mos mirarlo todo bajo el prisma de esta mis~
ma fe, que embellece los horizontes de la es-
peranza, y cuán hermoso es vivir, por decir-
lo así, una vida sobrenatural, juzgando· en
todo según ella. En efecto, grandes maravi-
llas encierra el mundo natural, admirable,
en verdad, como· obra del Omnipotente, y á
descubrirlas se aplica el hombre con ardor en
nuestros días; mas con triste frecu'encia, apar-
tándose en su orgullo de la luz bendita de la
fe, no _puede percibir las maravillas de la gra-
cia, que cual mundos sobrenaturales~ son in ·
comparablemente más bellos, más grandio-
sos y ·más dignos de ocupar su atención y de
llevar su espíritu á la alabanza de sa divino
Autor. Es que á semejanza de un espejo J que
fá<;-ilmente se empana, la fe se oscurece en el
alma por la mala conciencia; y por el contra·
rio, cuanto mayor es su pureza, más brilla en
ella esta di\ ina luz, y con mayor esplendor
se reflejan también las grandezas y miseri-
cordias del Creador Omnipotente.
¡Y cuántas son las bellezas de esta vida
interior, que es por .sí misma secr~to celes-
- 202-
tial revelado ·en la tierra, hermoso oasis en el
desierto del m.undo, muralla infranqueable á
los tiros de los enemigos y manantial perpe·
tuo de méritos y gracias! Pero no alcanzará
estos bienes el hombre que ama los goces ma-
t-eriales; ni aquel , que no quiere mirar
- más
allá de lo que su pobre razón descubre, goza-
rá de estos celestiales encantos que Dios
oculta á los soberbios y descubre á los humil·
des; pues no se penetra en este oasis más que
por las puettas de la oración y -del sacrificio;
, no se llega á tan inexpugnable fortaleza sin
·atravesar el mar del dolor en la na ve del
abandono total en manos de la Divina Provi-
dencia; ni descubrirá este manantial precioso,
cuyas aguas saltan hasta la vida eterna, el
que est~ sentado en las sombras de la muer-
te: que muerte, y muerte eterna significa, el
vivir alejado de Dios por el pecado. Preciso
es, por lo tanto, para vi\dr esta vida de fe,
huir de tanto error como en el mundo se p.ro-
fesa; pues es tan contagiosa esa indiferencia,
que cual peste mortífera nos rodea por do-
quier, que ataca más ó menos á la mayor
parte de las almas. _¡Qué! ;_no vemos eón cuán-
to interés se miran los negocios del mundo,
la salud, las comodidades y el bienestar ma.:
-203-
teriál, posponiendo á todo ·esto los interese 9
de la gloria de Dios y del hien de las almas'?
Para procurar aquellos bienes nn se omite ~a
crificio, ni se desperdicia ocasión, mientras
que se pierden innumerables de conquistar
los bienes espirituales que la fe nos ofrece,
como si no debiesen apreciarse tanto, ó tuvie-
sen menos valor. ¿Y es es~o vivir según el
espíritu de la fe? Pues qué, ¿no sabemos que el
menor grado de gracia vale más que todos los
bienes de la naturaleza, y qu~ ~~ naturale-
za toda? /

Pero ¡ah! que para vi vi· según la fe pres-


cribe en nuestros días, hay que navegar con-
tra la ·corriente de materialismo que todo lo
invade, de tal :modo, que ya ni se comprende
que pueda obrarse nunca por un motivo sobre·
natural, ni nada que pueda revestir estecarác'!.
ter; y si acaso se admite el significado de la
palabra sobrenatural en ti~mpos pasados, en
los nuestros dícese que es inadmisible, y no
significa más que enferrnedad ó ilusión; en
tanto que ningún peligro se ve, ni parece
concedérsele ninguna intervención al tenta
dor de las almas, en ese materialismo absoluto,
en esa helada indiferencia y en esa tristísima
prudencia humana que excluyen todo arran-
-204-
'que de fervor, toda acción heroica, todo gene-
roso sacrific~o. No nos dejemos, pues, ~rras­
trar por esta indiferencia y sensualidad que
hoy imperan; estemos siempre alerta contra
esas ideas que poco á poco, é insensiblemen · .
te, conducen· al error, semejantes á las olas
del mar agitado que arrastran al que no está
prevenido y no cuida constantemente de re-
ti_rarse á la orilla; y vivamos en todo según
la fe_. No importa que nadie viva corno nos-
otros, ni que las tentaciones del enemigo se
unan al mal ejemplo, y á la atracción de las
máximas del .mundo; tengamos presente aque-
lla preciosa máxima : «En tiempo de teuta-
ción, vida de fe,~ y así, cuando la oscuridad
nos rodee, esforcémonos más y más para
obrar según la fe, pensando que ei Señor
graba en su amantísimo Corazón las · luchas
que sostenemos y · las victorias que con su
gracia alcanzamos en este campo de .bata-
lla y triste destierro del mundo, y se .c ompla-
ce en prepararnos por ellas . magníficas coro-
nas, que ceíiirán nuestr·as sienes eternamente
en el cielo. Dejemos, pues (si bien con pena
de nuestra alma y orando por ellos), dejemos
correr á los hombres sin fe, en pos de los bie-
nes de la tierra, y apresurémonos á atesorar
-205-
esos bienes reales que la fe nos muestra en
una vida de fe y . de sacrificio, que si en este
camino nacen algunas espinas y se atraviesan
penosos desiertos, también se encuentran en
él deliciosos oasis; y siguiéndole, lle~aremos
en_breve al bello edén de la eterna biena ven-
turanza.

EJEMPLO

· La. Venerable Benita Rencurel pastoreaba


ovejas á la edad de ocho ailos, ganando como
único sueldo un pedazo de pan, que repartía
con otros pobres. EJ?. el campo rezaba casi
continuamente el Santo Rosario, y á la edad
de diecisiete 'años se le apar-eció la Santísima
1

Virgen y la enseñó la Letanía, encargándola


que la rezase y la enseñase á sus compañeras.
Cerca de cuatro meses tuvo la dicha de. que
todos los días la visitase ~a Santísima Virgen,
y agradecida á tantas bondades, prometió la
pastorcita rezar todos los día~ quince rosarios
enteros, mas otras quince Pi=1rtes del Rosario,
y así lo cumplió fielmente. La Santísima Vir-
gen 1~ dijo que «ninguna ofrenda la era tan
agradable como la corona mística del Rosa-
ri67 y que ninguna o~ra devoción era tan efi-
. -206-
caz para convertir pecadores y librar á las
almas del Purgatorio.»
Una tarde, víspera de los fieles difuntos,
vió Benita levantarse del valle una -nube lar-
ga, formada de multitud de almas de figuras
humanas, al frente de las cuales iban la Vir-
gen y dos ángeles. Acercándose una de ellas,
la dijo: «Somos almas que salimos del Pm ga-
torio. Los ·méritos de la Madre de Dios y tus
oraciones y sufrimientos, han abreviado el
tiempo de nuestra expiación.» Y como las
viese subir y entrar en ·el cielo, la pastora
sintió inmenso gozo de presenciar los frutos
de su Rosario. Murió esta amante de María á .
los setenta y un años de edad, dejando al
' mundo cristiano, además del pei~fume de sus
virtudes, el gra~ S~. ntuario de~ Nuestra Seño-
ra de Laus. La Santa Madre Iglesia le ha
dado el título de Venerable . (P. Alva1·ez.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO


...
Santa Juana Francisca Chantal se obligó
con voto á rezar todos los días el Santo Rosa-
rio. (Revista del Rosa'r io.)
Luis XIV no dejó nunca, ni por ocupacio·
nes, ni poi· guerras, de seguir la piadosa cos-
- 207-
tu mbre de rezar todas las tardes el rosario .
(P. Busscher.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Sabemos de cuánto provecho haya sido el


Santísimo Salterio ó Rosario, y cuántok;l dones
di vinos recibe por él diariamente el mundo.
(Sixto V.)

DIA 26

Primera consideración sobre el segundo


~isterio glorioso.

De la virtud de la esperanza.

¡Qué fecundo manantial de consuelos nos


ofrece la contemplación del segundo Misterio
glorioso del Santo Rosario! Sí: subamos hoy
al .Monte Oli vete con la Santísima Virgen y
los Apóstoles, y consideremos allí, cuán glo-
riosamente tenninan las penas que en el
mundo se padecen por cumplir la voluntad
de Dios; y que si imitamos á Jesús en sus do-
lores en la tierra, también entraremos un día .
- 208
en ese cielo, al que le vemos elevarse triun-
fante y glorioso.. Fijemos en él -nuestra vista,
á semejanza de-los Apóstoles-, que aunque la
nube de la fe nos ocult_e la vista del Señor,
todavía queda u na huella luminosa que nos
marca el camino de ese cielo, patria suspira-
da de nuestras almas; y esta brillante huella,
q__ue al elevarse á él ha dejado impresa nues-
tro ~dorable Redentor, es la esperanza.
¡Oh cuán bella es la virtud de la espe-
ranza! Ella es cual sol radiante que ilumina
las tinieblas de este mundo, ~ual celestial
aroma que recrea nuestras almas en medio de
su corrupción, cual bálsamo precioso que cal·
ma los dolores del destierro, y cual luminoso
faro que, descubriéndonos el anhelado puerto,
nos alienta á luchar con el mar tempestuoso
de nuestras propias pasiones. «Hay en el cie-
lo (dice Chateaubriand) una potencia divina,
compañera asidua de la religión y de la justi-
cia, que nos ayuda á soportar la vida. Se em-
barca con nosotros para mostrarnos el puerto
en las tempestades, y es igualmente dulce y
caritativa con lps viajeros célebres, que con
los pasajeros desconocidos. Aunque una venda
cubre sus ojos, sus miradas pene.tran el por.;
venir, y muestra en sus manos tan pronto flo·
:7
1
:i
-209-
'
res en capullos preciosos, tan ·pronto una copa
l-lena de un licor.Bmbriagador. Nada hay tan
encantador como ·SU dulce voz y la gracia
con q,u e' sonTíe, y c'uanto más se avanza hacia
la -tun1ba, más pura y brillante se muestra á
los mortales que coñsuela. La fe y la caridad
la llam·an ~ermana, y su nombre es la espe-
ranza.» ·
Muy desgraciad.o es, en efecto, el que no
conociendo esta: virtud ·de ia esperanza, la
cifra en lo que no puede llenar su corazón,
que sólo s~ satisface con el Bien infinito, y
pierde la posesión de este eterno Bien llaman-
·do bienes, ·e n eu ·ceguedad, á lás miserias de
este mundo, que no pueden hacerle feliz, pu.es
en él t-odos he:r;nos de llorar, porque es valle
de lágrimas y lugar de expiación, y las eepi-
nas del dolor brotan por .doquier, sucediendo
con frecuen·e ia que el que forma mayor ein-
peño en a'partarlas .de .su camino, se hiere con
ellas más pro·fundamente. Así;pudiera decirse
que entre--el que -hace de .estemundo el lugar
de sus goces y ·espetanzas, y e'l que vive en .él
. como de paso, sus.pirando por su e ter-ría pa ..
tria, f?Ucede algo semejamte á io que aconte-
eería· á- 'dos ·. VIa3etos, de ~los cuales -uno fuese .
iJnstalacl.G ~on ,todas.las comodidad e , pero que
14
-210-
al fin le esp._erase el cadalso, y otro, que aun-
que hiciese el camino en el más pobre asien-
to y lleno_de privaciones, supiera que le es·
peraba · un trono al fin de su penoso viaje~
Cierto que el primero no quisiera que este
viaje tuviese ' fin, y esquivaría se le hablase
de esto, como le sucede al que no quiere pre-
pararse bien para el término d.el viaje de la
vida, qué es la muerte, después de la cual le
espera el suplicio · eterno~ d~l infierno. Mas
aq1,1el que e~pera reinar dichosamente en la
gloria a_l fin de su carrera, cierto también. que
á semejanza del segundo viajero, no huye del
pensam-iento de aca¡bar s~ viaje, ant-es por el
contrario, ve con felicidad pasar los días que
le abrevian, y aun encuentra en este pensa-
miento las fuerzas para. soportar sus penali·
dades. Para uno y otro viajero va pasando el
tiempo, y a~nque diferentemente instalados,
al fin hay molestias en el camino. de la vida
que han de ser comunes á ambos, pues son
inevitables; mas ¡~h! ¡qué~distinto término les
espera! Y si pronto olvidaría las comodidades
gozadas en el trayecto, el que se viera conde- .
nado á morir afrentosan1ente al terminarle, y
si nada le importarían todas las anteriores
privaciones al que á su llegada se encontrara
- 211-
rey, feliz y poderoso, ¿cuánto más deberán
olvidarse los goces y penas de esta pobre
vida, al descubrir á su tétmino, en la hora de
]a muerte, la inmensidad de eternas y terribles
penas ó de sempiterna é inenarrable dicha'(
Pero ¿qué felicidad, qué goces serltn éstos
que espera el alma justa por toda la eterni-
dad? ·Aquí hay que ' enmudecer, pues no
a·o n bienés que podamos comprender en este
triste destierro de la vida, por ser del todo
diferentes á las miserias q lie eri el mundo
engañosamente se llaman tales, y la celestial
elocuencia del Apóstol no supo decir de ellos
otra cosa que «ni · el ojo vió, ni el oído oyó,
ni el corazón del hombre puede compren-
·der ~o gue el Señor tiene reservado ·para los
que le aman » ¡Oh Dios mio! ¿Cuáles serán
esos torrentes de delicias que· inundarán á las
almas en la gloria , si cuando os ha placido
enviar alguna got~ á este mundo á vuestros
siervos, no podían sop<>rtar tanta dicha y os
pedían capacidad para poderla recibir"? «¡Oh
Padre de la.s misericordias! (di~·emos, para
concluir, con el Venera.ble Granada.) ¡Oh Pa-
dre de las misericordias y Dios de tóda con-
solación! Suplícote, Señor, por las entrañas
de tu piedad, no sea yo privado de este sob~-
- 212-
rano bien. Sef!or,-Dios mío, que tuviste por
bien hacerme á "tu imagen y semejanza, y ha-
cerme capaz de tiJ hinQhe este seno que tú
criaste, pues lo criaste para ti. Mi parte sea,
Dios mío, en la tierra de los vivientes;· no me
des, Señor, en este mundo descanso ni riq_ ueza;
guárdamelo todo para allá . No quiero heredar
con los ~ij:os de ·R ubén en la tierra ~e Gala~d
y perder el derecho á la tierra de promisión.
U na sola cosa pedí al Señor, y ésta siempre
buscaré; que more yo en la casa del Señor
todos los dÚ1s de mi vida.» r;l,

EJE~PLO

La Revista .d_el Santísimo Rosariq publicó


un. hecho acaecido á un soldado franeés que
comhatió en la guerra prusi-ana, relatádo por
él al general Aubert. Héle aquí-:
. «Estábamos en Vitry construyendo reduc-
to~, y nuestro comandante eligió algunos tira-
dores experimentados, y" á n1í entre ellos,
para que deslizándonós á gatas á cierta dis·
tancia, pudiésemos observar al enemigo sin
ser vistos. Antes de amanecer entré por el
cauce de un arroyo desecadQ y fut arras~.
trándome por sus silllwsidades, hasta que,
habiendo Hegaqo junto -á qn árbol cm·pulento,
213 -
escogí este punto para mi observatorio. Ya
empezaba á desesperar de mi misión, cuando
me pareció ver -detrás de un . árbol una man_o.
Tomé los catalejos y vi, no sin emoción, la
cabeza y las manos de .un hompre tan cerca,
. que instintivamente hice un movimiento ha-
cia atrás. · El hombre, sin duda, no me veía,
pues estaba cavando la tierra con un palo;
-su fisonomía revelaba un honrado campesino,
que soñaba tal vez con su hogar. Sentía ·en
el alma verme obl~gado á m-atar á ~quel sim-
pático joven, ~omo se mata fJ, una liebre., No
obstante, ' me preparé; · ·queríá herirle en el
.pecho para evitarle' .sufrimiento, y espetaba
1a ocasión 'oportuna en completa inmovilidad.
El : joven. echó una mirada ;en torno s-uyo, y
no. viendo á n:adfe, sacó de un saquito de cue-
.:.r o un ·rosario . .Se- levantó para ponerse de
rodillas, hizo la señal d~ la cruz y q~edó todo
su cuerpo al descubierto para mí . El instinto
·de la guerra me obligó á coger el fusil, y
.apunté al· joven soldado, le ví al extremo
de- mi cañón inmóvil, un poco inclinada la
cabeza y _los ojos. mirando al cielo;. sus la-
bios. se movían y entre sus dedo~ se des.liza.-
. ban .las cuentas del rosario. ¿Qué pasó por
1ní? No. le .sé; t6da mi sangre. de. cristiano se
-214-
estremeció dentro de mis venas; me pareció
ver descender de lo alto sobre aquel hombre,
rayos de misteriosa luz y que entre nubes de
oro se remontabar al cielo. Una santa visión
dominó todo mi-ser, y el fusil se me cayó de las
manos. Aquel joven volvería sin dufta á su país,
sin sospechar siquiera que el rosario le había
salvado la vida . Al momento de retirarme, las
.b alas silbaron á mi alrededor, pero no vi de
dónde salían; ·la oración del joven me pro te·
gió en ..aquellos momentos, sin duda alguna.::>
- .
SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Francisco de Sales se vió combatido,


á la edad de dieciséis años, por una tentación
gravísima contra la virtud de la esperanza,
de la cual. se vió libre, mediante el voto que
hizo á la Santísima Virgen, de rezar toqos los
días el Santo Rosario en su honor. El Santo
cumplió su voto con tal perfección, que dedi-
caba todos los días una hora en rezar los
quince Misterios del Rosario, y lo llevaba
siempre pendiente de la cintura. Suyas son
las siguientes palabras: «EL Rosario es el me-
jor modo de orar. Rézalo diariamente con de ..
voción y llévalo contigo, en señal de que de-
seas ser siervo de Dios y de Ma ía. » También
-215-
decía que si no estuviese obligado á rezar el
Oficio Divino, no hubiese rezado otra cosa
que el rosario á la Santísima Virgen; y es-
tando para morir, mandó que l~ c.o locasen su
rosario en él brazo, para que le sirviese de
escudo con que rechazar los últimos asaltos
del enemigo. (P. P 1·adel.)
A ruegos de la Reina viuda Mariana, ma-
dre de Carlos II, se hizo ex ten si va á todas
las iglesias de España y América española
la fiesta solemne del Rosario, que antes sólo
se celebraba en las ·igl-esias donde estaba ins-.
talada la Cofradía. (P. 4.lvarez.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO · .

Por medio del Rosario se conseguirá que


· la ira de Dios, provocada por tantas iniquida-
des, más fácil y prontamente se apar.t e de
las naciones, y de par en par se abran las
· puertas hoy cerradas á la efusión de la mise-
ricordia. (Pío IX.}

.;
-216-

DIA 27

~egunda considera-ciÓn' sob-ra el segundo


~. ~!i~terio- ~lario_s·o. · ·
1
· .J ' •

~ .... ' - .. - . 1-
De .la virtud de la es¡;;eranza. ·
. -
((Las pmias de f5ste mundo ,. (se· lee ~ en las
·M áximas espirituale-s) : son aDmo ~as .· a·guas
del mar, que pierden su· amargu.rá cuando s.e
elevan al cielo .>>Y,. en ~f~cto,.- :¿cuál será ~ la
pena que no se mitigue y el dolor que no tenga
alivio cuando se eleve nQestro corazón al cíe-
Jo, ·pór ' medio de 1~ ~onsolad_o~a ;{~-tud de la
esper~u~a, , y cómo .no er>bra·rá ~nu~yo§l bríos
nuEpstra alma p~ra su-frir' al conside.r ar ~sa <it-
chos.a bienaventuranza que e~ ~.efior, en su .n.ü-
sericordia, n~os tiene pre.parada? Pero si la vir-
tud d~ .la esperanza es el lenitivo de n.Q.e.s~ros
. dolo-res, es al propio tiempo -la medida 'de las
gracias que se nos conceden; pues esta virtud
consoladora es tan agradable al Señor, que
dice San Francisco de Sales «que se nos con·
cederá tanto, cuanto santamente hubiéremos
esperado.~ Por esto debemos desechar esas
-217-
. teritacionés ae desconfianza que el -enemigo
de nuestr-as almas nos presenta á veces, para
ver si -·puede. hacernos ; participar.. de sq . m.i-
.s.erab¡e ·s uerté de no esperar jamás; y ni st.·
quiera nuestras.._ faltas: é imperfecci,ones de:.
be.n·resf.r:iar · - esta~ esper-anza, sino -que levan-
-tándonos de elias humildes,· sí, ·pero c.onfiando
siempre en :ht miseriéordia de Dio&, que «no
quien~ la muerte del pecador sino que se con-
·viett:Ly viva,~ debemos arrojarnos ·en manas
de su amorosa Providen:cia, siri permitir que
,nada, turbe.la confiarnza en nuestra alma . .Así
practicaremos aquella máxima _ ~el P. Oaus- ·
·s.ade que aiC-e: «dejemos ._el pasado *. la mise-
ricordia de ·Dios, el fut-uro á 'su providencia, y
aon~a:gremos el present'e ·á' su amor, :o y para
ello,, a.lenfemos constari-temente ;nu.estro espí-
ritu, en los mom·~ntos_. de prueba, eón la consi-
deracióh-ue la gloria. · ~ · -
Reposa, si, alma mía, . de tus angustias y
temores, ·c0nt·e.mplandQ este consolador. mis·
' terio .de la Ascensió'n .del Señor, que.. su con·
· sicLeraci0n:.. te. ·hará. .vi~lumb 1 ar, á través del
-pl16CÍOSO·prisma_de la ;fe, · el térnuno dichOSO
adonde 'co~1duae el penoso .sendero de la vida
·'Cristiana·, .el ea.mino de la Qpuz·y del sacrifi-
~ cio : .Olv~da . unos :rqom_entos :el .d estierro en que
- 218-
te bailas, para contemplar con delicia la Pa-
tria que te espera. No es un sueño no, esta
perspectiva. hermosa; este porvenir eterna-
mente venturoso, es la realidad. Sueño puedes
llamar, y sueño triste y con frecuentes pesa-
dillas , á esta · pob~e vida, tarr llena de que-
brantos, é ilusos á los desgraciados que, sepa-
rándose de su eterno Bien, persiguen esos en-
gañosos fantasmas, que .a.l alcanzarlos dBjan .
caer el disfraz de felicida.d que les cubría y se
desploman sobre su~ insensatos amadores, des-
garrando sus corazones el peso .á brumador del
desengaño, y que se llama~ pecado, remordi-
miento, y desesperación. ·Mas si la bondad
·inmensa del Señor te ha librado ya de sus
'asaltos, .y -si su diestra -omnipotente te sos-
tie'n e en el camino de la salvación, á pesar
de tus miserias, á .lo que puedes entender,
¡oh alma mía! ¿por qué estás triste · y por
qué te turbas? Espera, espera en Dios, tu
fuerza, inmenso bien y eterna felicidad. Con-
sidera que al entrar Jesús en la Gloria dejó
sus puertas abiertas para que tú entres tam-
bién, si eres fiel á su amor; y piensa cómo su
di vino Coraz·ón, que tanto te ama, desea lle·
gues á ocupar en esa Gloria el esplendente
trono que allí te tiene preparado. Si; hay cie-
-219-
lo, alma mía, es decir, un lugar de- luz,. de
amor, de paz y felicidad eterna é indecible;
y en ese lugar tienes una propiedad que nadie
ni nada podrá arrebatarte, si tú n9 renuncias
á -ella por el pecado. Podrá faltarte todo en
la tierra: ¿qué te importa, )Ilientras puedes
decir con ·humilde confianza: el cielo es mío,
y allí tengo un trono que nadie puede arreba-
t-arrpe? Irá·s al cielo. ¡Oh! ¿Has pensado bien
en esto alguna _vez, ó quizá suponiendo un
largo plazo, ha perdido para ti gran parte
de su fuerza .esta consideración? Pero al
fin, si no te extraví~s, allí habrás de llegar .
.Puede ·s er mucho., ó acaso poco, muy poco,
el .tiempo que para es~o falte; y sea poco ó
m~cho, ha de pasar brevemente, pues no dejas
un ·instante de caminar; y si .en los acon-
. -t_ecimientos que se esperan en el mu-ndo~ se
piensa, por lejanos que estén, ¿por qué no me-
ditas con-frecuencia en la Gloda, cuando esta
meditación puede ser lenitivo poderoso en tus
males, é infundirte gran aliento para practi- .
car la virtud? Sí; pensemos, pensemos en la
Gloria y sufriremos conso!ados con ta-n dulce
esperanza. Digamos con el Profeta: «aunque
me cerquen los dolores de la muerte y los pe-
ligros del inp.erno, esperaré siempre en el
-222-
He aquí lo que me dijo esta joyen, y enton-
ces presencie un espectáculo indescriptible,
una muerte verdaderamente celestial. Vi una
débil criatura dejando tod{tla felicidad que la
rodeaba, con radiante serenidad, consolando
á sus ancianos padres, ·bendicien-do á su pobre
niño , animando á su marido, no viendo otra
cosa que el cielo, y no hablando má~ que .de
él; siendo su último suspiro una sonrisa á la
gracia y á la gloria eterna .. Este recuerdo es
para mí inefable.,• (Revista del _Rosa1·io.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO


San Alfenso Ma·ría de Ltgorio decía: «Es
gran auxilio en las tentaciones besar el rosa·
rio y estrecharle contra el corazón. 7>- Él lle-
vaba un rosario al cuello y otro puesto en la
cintura, y le rezaba con frecuencia. En .su
ancianidad, habiéndosele debilitado la memo-
ria, quería que los que le rodeaban le recor-
dasen esta obligació_n. Cierto día, dudando de
si la había- cumplido, preguntó á uno de sus
fl}miliares, y como éste le respondiese que sí,
el Santo dijo estas palabras: «De esta devo-
ción pende mi salud eterna; cuando dudo de
haberla practicado, dudo de mi predesttna-
ción,:a (Revista del Santísimo Rosa1·io.) ·
- 223-
La reina María Stuard encontraba en la
devoción del Rosario el valor necesario para
seportar sus terribles pruebas. Cuando se
sentía desfallecer durante su cautiverio, re-
zaba el santo Rosario, y esta devoción hacía
siempre renacer la resignación en su alma.
· (P. Busscher .) _

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Por virtud del Rosa:rio de Santo Domingo,


la fe, la piedad, la concordia, fueron reco-
, brad.a s; l<is maquinaciones de los p.erej~s des-
vanecidas, y muchísimos engañados voiyieron
á la v.e rdad. (León X III.)

DIA 28
Consideración sobre e-1 tercer Ml.sterio glorioso.

De los done"s de piedad y fortaleza.

Si meditamos atentamente el ·Misterio de


la venida del Espíritu Sa nto, comprendere·
mos que para obtener sus soberanos dones
hemo~ de prepararnos con el retiro y la ora-
ción, y cuán necesario nos es para recibirlos
estar cerca de María, nuestra amante .Ma.dret.
- '224-
invocando su poderosa intercesión, como lo
hicieron los Apóstoles y discípulos, que al
lado de la Santísima Virgen -y por &U interce~
sión los recibieron. Precioso·s·son, en verdad.,
todos estos dones con ·que el Di vino Huésped
de las almas las -enriquece; pero sólo haremos
'en este día algunas b_reves consid;eraciones
sobre los de piedad y fortaleza.
Piensan muchos qüe únicamente los reli-
glqsgs y las p-ersonas QOmpietaD;J.~nte 1~etira~
das _del_m_undo, pueden vi v_ir pia.do~arp-ente y,
aspirar á, la perf~c~ión érlstian~ en' la prácti-
ca de. la& virtudes;. p~ro á poco q1Je retle;x.io-
nasen sobre cuántos. s.e s~utificaron y se san;
tifican viviendo .en el mÚndo, comprenderí'a~' -
· fácilmente su ,error. Verdad es que el mundo
es lugar · de peligro y gráve riesgo para el
qqe ,l_e ama y para el que, llam~do 'P9I D)bs a
abandonarle, en él -pg.rmanece; pero es lugar
de santificacign para quien sólo en el mundo
vive;· obede.cie~do "'á la -;ol~nfacl , d~f Señor
que en el múndo le quiere; ·p n.es·si el h@Tno
de Babilonia era por sí lugar de · muer'té, para
los santos jóvenes que por el. amoT ge· Dios. en
él entraron, lugar fué de alab:;tnz!1 ··y berrdi"'
eión. Y si. portento fué el que los santos niños·
permaneciesen ilesos, .en ~ JJ?-edia .. d~ -:vora;c.e s·
- 225 --
llamas, no es menos admirable el poder del
Altísimo haciendo servir á la santificación
del alma los mismos peligros y peqados del
mundo. ·
En efecto; el verdadero cristiano, in ves-
tido de las virtudes que nos predica el santo
Rosario, puede atesor·a·r las gracias que reci ·
bir _pudiera en lugares solitarios y reseTvados
á la oración y á la penitencia, en tanto que
cruza esas calles á las que le llevan ·las obli-
ga.ciones de su propio estado, ó los deberes de
caritativo' celo, recogiendo en ·ellas los méri-
tos que atesorar se puede en solitario clausw
tro:No será edificado, como si en él estuviera,
por fervorosos hermanos; pero el olvido que
óbs~rva · de Dios, y las ofensas que se le infle·
ren, servirán para que su alma se lance con
vehemencia ~ amarle y desagraviarle; y por
esas calles, en las que tanta vanidad se
1nuestra, puede pasar sin fijar en ellas su vis-
ta y su· pensamiento, ·orando en los misn1os '
sitios en los que tantas blasfemias se profie~
ren, y ofreciendo sus· sufrimientos, sean oca-
sionados por las inclemencias del tiempo, por
la fatiga ó enfermedad, ó por la penitencia,
en los mismos lugares que ve atra-vesar en
en bus_c a de placeres culpables. 'No se .podrá
1~
-226-
lamentar tampoco de perder el mérito de aus-
teras prácticas, y de votos que indisoluble-
mente á su Dios la unieran, pues todas ó
casi todas estas prácticas y votos .pueden ·ob-
servarse en el mundo, y ejemplo nos ofrecen
los santos · qu~ así lo hicieron; y si no pu-
diese en un todo seguir 1as observancias del,
claustro, en este mismo n1undo ha de enc_on-
trar penalidades con que suplir lo que á esto
faltase, si sabe aprovecharlas, pues son mu-
chas las miserias, molestias, ingratitudes, in-
justicias y penalidades de todo género que
puede sufrir en él.
Animémonos, pues, á practicar la piedad,
á aspirar á la perfección, que muchos méritos
podremos adquirir en el mundo, dirigiendo á
Dios . todos. nuestros pensamientos, haciendo
por su amor todas nuestras obras, y si anima·
dos de ardiente celo por su gloria, trabajamos
constantemente por todos los medios que es·
..tén á nuPstro alcance en conducir á Él las
almas de nuestros hermanos. Y aunque no po-
damos practicar grandes austeridades, no nos
faltará. ocasión de hacer penitencia, si todo
lo miramos como venido de la mano del Señor
y aceptamos por su amor, desde la picadura
el pequeño insecto, hastá la más cruel enfer-
-- 227 -
medad; desde la mt\s ligera inconveniencia
doméstica, hasta la más injusta persecución;
y desde el más leve tedio, hasta las penas in-
teriores más dolorosas; r~cibiéndolo todo con
amor, y abandono en la divina Providencia,
y sin apart1,rlo de nos~tros, siquiera con el
deseo, Sí; á gran grado de perfección pode1nos
llegar aun viviendo en medio del mundo, si
seguimos esa senda del sacrificio, cuyos hori~ ·
zontes dilata el Señor par-a que á su tiempo
sea mayor la recompensa; que en el cielo no
se equiyocan las medidas y se fabrican las
coronas á medida de las cruces; y dichosa
es el alma que así se santifica, ,pues si su méri-
to está oculto, y nada de ~xtraordinario ofrece
su -yida, aun á los ojos de los buenos, ella será.
verdaderamente preciosa á los ojos del Señor.
Gran necesidad tenemos también, en las
actuales circunstancias, del dón de fortaleza,
y el inmor_tal Pontífice León XIII .nos llamó á
luchar contra los errores y depravación de
los tiempos modernos) poniendo en nuestras
manos· el Rosario de -María, en la audiencia
_concedida al Vicario General de los PP. Do-
, minicos el 26 de Septiembre de 1883, dicien-
do: o:Que todos los hijos de Santo Domingo se
levanten á luchar y se preparen á esgrimir
- 228 -
en el combate, cual aguerridos soldados, las
armas que con tanta previsión les dejó su
glorioso Padre. Que instituyan en todas par ·
tes el Rosario de la Santísima Virgen, lo pro-
paguen y. lo cultiven) de manera que, merced
á su solicitud, se alisten los .pueblos en las san-
tas milicias en que resplandecen las insignias
del Rosario; y los fieles, conocien~o las gra-
Cias y privilegios de esta devoción, f.le sirvan
de ella con frecuencia, y la ernpuüen cual
arma poderosa.»
Sigamos, pues, estos sapientísimos conse-
jos; armémonos de invicta fortaleza, empu-
üando el arma del santo Rosario, y revistién-
donos del espíritu de sacrificio que .sus Miste-
rios nos predican, luchemos con el espíritu
del mundo, no sólo apartándono~ en todo de
sus máximas perniciosas, sino también pidien ·
do al Seüor la victoria, por medio de tan pode-
rosa devoción, y venceremos en la lucha. De
este modo plantaremos la bandera del Cruci-
ficado en esos corazones que las pasiones le
han usurpado, proclamaremos el reinado de
Jes:ucristo en esta sociedad extraviada, res-
cataremos los cautivos del de~onio y coope-
raremos á que se difunda la-luz hermosa de 1a
fe, en toda su pureza y esplendor, en ·e l abis-
- 229-
motenebro.sode este mundo desgraciado. Sepa-
mos, por último, orar y sufrir se~ún el espíritu
d~l Rosario, _
Y nuestra será la victoria: y cuan·
do sintamos desfallecer nuestro ánimo, recor-
demos que cerca de María obtuvieron los
Apóstoles los dones del Espíritu Santo, y ro-
guémosla nos alcance el de fortaleza, para
trabajar en nuestra_·propia santHiuación y
procurar también la de nuestros hermanos.

EJEMPLO
«Critica y angus~iosa-dice el P. Rodrí-
guez-era la situación de Manila á principios
del año 1646; pues en las costas de Pangasi-
nan y Zambales habían aparecido cinco gran-
d~s . naves holandesas, que cometían toda cla-
se de atropellos, y que esperaban otras diez
para apoderarse de las islas. Hiciéronse roga-
tivas en todas las iglesias, ac.udiendo la gen·
te especialmente á la del con vento de Santo
Domingo, en la · que se venera la milagrosa
imagen de Nuestra Señora del Rosario. Man-
dó el gobernador preparar. los dos únicos ga-
leones que había, con las pocas armas .c on que
se contaba, y que se alistasen doscientos sol1r
dados en cada uno, diciéndoles q u~ las armas
principales con que habían de pelear eran
- 230-
las del Rosario, rezánqole cada día á coros,
en voz alta y de rodillas, y- que les daba por
Patrona á la Virgen del Rosario. Salieron
estos dos galeones del puerto de Cavite, y se
dieron á la vela e13 de Marzo de 1646, y el
día 15 se avistaron con los bajeles enemigos á
la altura de Zambales. Las fuerzas beligeran-
tes que iban á medir sus atmas eran en ex·
tremo desiguales; y el arrojo temerario de los
buques españoles hubiese ~ido una locura, si no
se hubiese contado previamente con el auxilio
del cielo.»
•Duró la batalla desde las dos de la tarde
hasta el anochecer - dice el P. Cuenca, tes-
tigo presenc~al,-y causó asombro al enemigo
_/ nuestra artillería, cuyas naves destrozó; y si
en las nuestras llovían las balas, se veía bien
claro qu~ la ~adre de Dios nos amparaba, .
pues á pesar de -ser tantas} y tan reñida la ba-
talla, aunque hubo heridos, no murió ninguno
de los nuestros, cuando de los enemigos pere-
cieron muchos y· su almiranta se fué á pique.
Este triunfo le alcanzó la devoción del Rosa-
rio, que antes de entrar en batalla se rezó en
voz alta y á vista del enemigo, haciendo voto
_ de solemnizar la victoria que se esperaba por
intercesión de la Santísima Virgen, dedican·
- 281-
do un día de hacimiento de gracias por tan
gran beneficio que después recibimos, en efec-
to, huyend? el enemigo destrozado »
Esta, y otras victorias que á ella. se ~i­
guieron, dieron origen á las tradicionales
fiestas de la Naval, que todos los años se ce-
lebran en la primera semana de Octubre, en
el templo de Santo Domingo de Manila, y fue-
ron declaradas como milagros de la Virgen
del Rosario, en jt!licio contradi<~torio, el 9 de
Abril de 1652.

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

San Pío V rezaba el Rosario todos los días,


sin que fuer~n obstáculo para ello sus múlti-
ples, , al par que gravísimas ocupaciones; y
antes de la célebre batalla de Lepanto, decía.:
o:lremos.á Santa María de la 1\tlinerva á ofrecer
.Rosarios por la victoria de los cristianos.»
(Revista del Santísimo Rosa1·io.)
Luis XII, rey de Francia, h~zo que cada
soldado recibiese un rosario y que se alista-
se todo el ejército en la Cofradía; y á ci Jr-
tas _- ho.ras no se oía otra cosa en el campo y
bajo las tiepdas de campana, que el rezo del
Avemaría. (P. Bussche1·.)
- 232

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

¡Qué roderoso es un ejército que lleva en su


mano; no la espada., sino. el rosario! (Pio IX.)

DIA 29

Primera consideración sobre el cuarto


:Misterio glorioso.

De la buena muerte.

·La existenCia del hombre sobre la tierra


es tan breve y fugaz, que pudiéramos consi-
derarla como un átomo de polvo salido del
abismo de ·la nada, q.u e agit~do un instante
por el viento de la vida, va á caer inmedia-
tamente en el abismo de la eternidarl; y en
ese soplo de vidá tan rápido, viene la muerte
como un ladrón, á sorprender á los hombres,
por·· más que muchos quisieran cerrar los ojos
á la experiencia que les ·demuestra evidente-
mente esta verdad, que otros meditan con con-
suelo; pues apenas encontraremos .otra idea en
la que más difiera el pensamiento humano, que
- 233 -
en la del acontecimiento infalib1e de la muer-
te. En efecto, vemos que, mientras á unos cau-
sa terror, y desgraciados huyen con espanto de
esta idea q_ue, sin embargo, es la única que con
seguridad verán realizada, otros, por el con-
trario, hallan en este mismo pensamiento ma-
nantia-l inagotable de consuelos y esperanzas,
y miran á la muerte cual libertadora de su
cautiverio y conductora á su eterno destino, á
su inmortal patria, á la posesión del Bien infi-
nito. No extrañemos esta diferencia, pues la
divina Sabiduría la establece diciendo <<que
la muerte del impío es pésima, al paso que la
del justo es preciosa á los ojos del Señor, 1) y
meditemos hoy sobre esa preciosa muerte, al
justo reservada, en este Misterio, en el que
contemplamos la preciosa por excelencia, el
tránsito bienaventurado, la Asunción dichosí-
sima y llena de gloria de nuestra :Madre la
Santísima Virgen.
La muerte es el -eco de la vidaJ y si la vida
de María fué santa sobre todas las vidas, su
muerte había de ser necesariamente precio·
sa sobre todas las muertes, por ser produ-
cida por la llama del divino amor, que cual
en ningún otro, ardía en su purísimo Cora·
zón .. Pues bien~ ¿,quién podrá comprender la
- 234-
inmensa felicidad de ese término de ansio-
so martirio de amor de este Corazón amoro ·
sísimo, por la tan anhelada posesión del divi-
no objeto que le cansara? Si muchos Santos
ansiaban tanto ese momento de u"rii' se· á su
Dios eternamente; si tantas almas, exhalando
el ansia de su amor, exclaman con el Profeta:
Heu mihi quia incolatus meu§ p1'olongatus est!
¡Ay de mí, . que mi destierro se ha prolonga·
do!, ¿con qué vehemencia lo repetiría la San-
tísima Vir gen en aquellos años que transcu-
rrieron desde la Ascensión de su Di vino Hijo,
hasta el momento, mil veces dichoso, de su
tránsito bienaventurado? ¿Y cuál sería el trans-
porte más que ser~fico de su, purísima almr.t. en
el moment9 de. entrar en la posesión del infini-
to Bien, al que amaba con ardor incompara-
blemente mayor, que con el que le amaron
todos los Santos, porque con perfección tam-
bién incomparablemente mayor le conocía?
Contemplemos en el silencio de la ad!llira-
ción lo que por su grandiosidad no puede ex-
presarse, y pasemos á considerar cuán dulce
es la muerte del justo que sirve y ama á Dios,
mientras permanece en el destierro de la vida.
Para él la muerte es preciosa, como el reme·
dio único para calmar las ansias que siente
-235-
de unirse á Dios, y así la mira como líber·
tadora . de su alma, premio de sus trabajos,
término de sus peligros y celestial mensa-
jera de su etPrna dicha; y el recuerdo de la
muerte le sírve de alivio en los pesares, de
esfuerzo en la .p rueba y de esperanza conso· _
ladora y bien inmenso siempre, pues la con-
sidera cerrando las puertas de · este lóbrego
calabozo del mpndo y abriendo las de su
eterna y bienaventurada patria; y la espera
como _á glorioso t~rmino de su largo y penoso
viaje, ya que sólo la muerte puede acercarle
al perenne manantial de eterno ~ien que con~
templa suspirando, y conducirla al regazo de
una Mad• e amadísima y á los eternos abrazos
de su divino Esposo.
San Jua,n de la Cruz dice, hablando de la ·
muerte de aquellos que de veras aman á
Dios: «La mu~rte de semejantes almas es n1uy
suave y dulce; más que les fué la vida espiri-
tual toda su vida, porque mueren con ímp_etus
y encuentros sabrosos de amor, como el cisne
que canta más dulcemente cuando se quiere
morir. Que por esto dijo David que la muerte
del justo es preciosa; porque allí v:au á entrar
los ríos del amor en la mar del amor, y están
allí tan anchos y r.e presados, que parecen ya
- 236-
mares, juntándose allí el principio con el fin,
lo p~imero y lo postrero, para acompañar al
justo qu.e va á su reino, oy.éndose_--como dice
Isaías-las alabanzas de los fines de la tierra,
que son gloria del justo, y sintiéndose el alma
en esta sazón, con estos gloriosos encuentros,
muy á punto de salir en abunqancia á pq-
seer el reino perfectamente. Porque se ve
pura y rica cuanto se compadece con la fe y
el estado d~ esta vida, y dispuesta para ello.
Que ya en este estado, déjales Dios yer su her·
mosura, y fíales los dones y las virtudes que
les ha dado,· porque todo se les vuelve en
amor y alabanza, sin toque de presunción y
vanidad, no habiendo ya levadura de imper-
fección que corrompa. la masa. Y como ve
q.u e no le falta más que romper la t~la fiaca
de su humana condición de vida natural, en
que está enredada y presa, é impedida su li-
bertad; con deseo de ser desata da y verse con
Cri~to, y haciéndola lástima que una vida tan
baja la impida otra tan alta, pide que se rom-
pa.» Muerte dichosísiÍna .podemos llamar, cier-
tamente, á la que termina una santa vida,
pues aquel Dios mi~ericordioso que no dejará
sin premio un vaso de agua dado por su amor,
parece que quiere mostrár al alma justa, en
-237-
los últimos momentos de su permanencia· en
el mundo, algo de los inenarrables goces que
la esperan en la eterna bienaventuranza.

EJEMPLO

Una tarde de invierno . recibió aviso un


ce~oso sacerdote de · una enferma que había
de recibir los últimos Sacramentos. No siendo
inminente el peligro, continuó el rezo del
· Breviario, apuntando antes en su libro de
Iiotas calle X, _núm. 28, que eran las señas
de la enferma. Terminado el rezo, se dirigió
·el sacerdote á la calle que se le había indica-
do, y entranqo en el núm. 18,· preguntó á
un jqven, quien le indicó dónde había una
enferma grave, aunque, añadió, su nombre
no era por el que· preguntaba el sacerdote.
Este, sin embargo, llamó á la puerta y pene-
tró en una reducida habitación, donde la mi-
seria se · presentaba por doquier. En un rual
jergón yacía una mujer moribunda, y á su
lado .e staba sentado un hombre, que al ver al
sacerdote -se levantó bruscamente, y encole-
rizado, dijo: ¿Qué viene usted á hacer aquí?
Amigo mío-respondió el sacerdote con dul-
zura,-se me ha avisado para vuestra pobre
238 _:

mujer, que parece estar muy mal y vengo á


traerla los auxilios de la Religión.-Ni mi
mujer ni yo tenemos necesidad de usted, ni
nadie le ha 'namado; salga usted de aquí, y
déjenos tranquilos-dijo el hombre.- Enton-
.ces-repuso el sacerdote,-me habré equivo-
cado de puerta; pero de todos modos, conti-
nuó con firmeza, aquí hay una persona que
va á morir y antes de marcharme quiero sa-
ber si desea hablarme.-¡Oh, sí, señor Cura!-
respondió la enferma con débil voz,-yo tengo
necesidad de ust~d. Hace tres días que pedí
un sacerdote y se me niega con crueldad;
Dios le ha conducido á usted aquí, pues yo
deseo confesarme.-Ya lo oye usted, amigo
mio-dijo el sacerdote dirigiéndose al mari-
do;-es su voluntad, y su voluntad suprema.
Usted no puede oponerse á ella, y así, le rue-
go nos deje solos unos momentos. Fueron pro ·
nunciadas con tanta. autoridad estas palabras,
y a-compañadas de una actitud tan firme, que
aquel hÓmbre, co1no fascinado, siguió la di-
rección de la mano del sacerdote, que le sen a-
laba la puerta y salió refunfuñando. La pobre
mujer entonces no f;abía c6m0 expresar · su
dicha y reconocimiento. - .Es la Santísima
Virgen-dijo al sacerdote,-bañada en lágri·
- 239-
mas y mostrándole su rosario.-:-Es la Santísi·
ma Virgen quien le ha conducido á usted aquí.
n ·e sde que me siento grave he rezado todos
los días el rosario, suplicando á esta buena
Madre no permitiera que yo muriese sin reci-
bir los Santos Sacramentos, y he aquí que
precisamente llega usted á tiempo, que creo
voy á morir.-¿Pero q~ién m·~ ha avisado?-
dijo el sacerdote.-¡Ay! No he sido yo, ni mi
marido tampoco, seguramente. El sacerdote
abrió su cuaderno y vió que no era para el
~número 18, sino para el 28, para el que se le
había avisado; su memoria le había engaña-
do. Admirado de esto, respondió á la enferma:
Verdaderamente que no hay que dudar que
la Sar~tísima ~irgen es quien me ha conduci-
do aquí, y de una. manera prodigiosa. Déla
usted gracias, y tenga plena confianza, pues
es evidente que ha querido salvarla.
El buen sacerdote, después de haber cum ·
plido su misión cerca de la enferma, se re~iró
conmovido, hasta derramar lágdmas, y · ben·
diciendo á :María; dirigióse en se ~ uida al nú-
mero 28, donde en~ontró á la enferma que le
esperaba, y volvió á su casa dichoso,-con esa
felicidad qu6 inunda el corazón del sacerdote,
cuando siente haber ·sido escogido por el Se-
- 240-
ñor como instrumento para la salvación de un
alma. (P1·opagado1· del Rosario.)

SANTOS Y REYES DEVOTOS D~L ROSARIO

San Estanislao de Ko.s tka profesaba una


ternura sin límites á la Virgen del Rosario.
En sus últimos 1nomentos p~día su rosario, y
cuando le decían que paxa qué lo quería si no
podía ya rezarlo, contestaba: «Él es una
prenda de mi Madre querida.?? (Revista del
Santísimo Rosa1·io.)
Fernando II dijo en el Concilio de Trento:
«Por los méritos del Rosario de María, ha
exaltado Dios nuestra fe.» (Revista del' Ro-
sario.)

ELOGIOS PONTJFICIOS DEL ROSARIO

El Ros.arió es la oración más eficaz para


fomentar en el corazón de los fieles la devo -
ción á María. (Pío IX.)
- 241-

DIA 30

Segunda consideración sobre el cuarto


· ~isterio glorioso.

De la buena muerte.

El apego á los bienes y goces del mundo


es, según los Santos, la causa del temor que á
la muerte se observa por doquier. «Si no gemís
como viajeros (dice San Agustín), tampoco os
. alegraréis como ciudadanos; es decir, jamás
llegar.éis á ser habitantes del cielo, porque ha-
béis preferido serlo de la tie~ra. Si rehusáis las
fatigas del viaje, no consegui!éis el descanso
de la patria; si reposáis donde es necesario ca-
minar, nunca llegaréi.s al término de la prue-
ba.,. «¡Ah! (exclama Santa Teresa). Si no tu-
viésemos puesto núestro contento en cosa de
la tierra, la pena que causa -el vivir lejos de
Dios, templaría el mied-o de la muerte) cam-
biándole en deseo de gozar de la vida verda ..
dera .»
Y en efecto; la muerte es gran maestra,
16
- 242-
cuyas lecciones son de éxito seguTo para
bien vivir, pues ella. presenta las cosas bajo
su verdad~ro aspecto, y el que la consulta
para apreciarlas, conoce la vanidad de todo
lo que - no sirv-e en la última hora más que
para atormentar á los que lo aman. Sí, ha
habido desgraciados que amando desordena-
darnente los oienes materiales y habiéndose
de separar de ellos para siempre, los han he·
cho traer junto al lecho mortuorio, desde el
cual iban á abandonarles irremisiblen1ente.
También el alma justa quiere verse rodeada
de lo qué ama en aquella hora) y por eso pide
una cruz en donde esté colocada la imagen
de su Salvador; mas ¡ah! que a muerte que
separa de las criaturas, destruyendo su amor,
es la que conduce á la perfección del amor
divino) al alma feliz que le posee; y por esto,
grande es el encanto que tiene para el alma_
santa el Crucifijo en la ,hora de la muerte,
pues allí está erí la cruz bendita su adorado
Jesús, á quien tanto amó en la yida y á quien
va ya á unirse eternamente . Y mientras que
el que amó las cosas ti'ansitorias las ve con·
vertirse en humo que se escapa, cual figuras
de póLvora que brillan breves instantes, el
que an1ó 'la cruz y vivió en ella constante-
-243-
mente, la abraza entonces con inefable dicha,
pues la ve trocada en preciosa llave, con la
que va á penetrar en las eterna~ mansiones
de la gloria; y bendice al Señor por haberle
dado gracia para soportar su ligero peso y
no haber abandonado .e sta cru~ salvadora,
como lo hicieron tantos desgraciados que se
dejaron seducir por el aparente brillo ' de los
caducos bienes que el mundo les ofrecía.
Grande es·, ciertamente, el conttaste que
presenta la muerte del desgraciado que, presa
de horrorosa deeesperación, se arroja blasfe-
mando en el abismo) y la del santo, que dul-
cemente reclinado en el pecho amoroso de su
divino Salvador, se eleva extáti_co á la bien·
aventurada mansión de su eterna dicha; pero
no nos admiremos, pues la vida del alma san-
ta es un acto continuo de deseo de la eterna;
y s(la llama del amor divino tuvo poder para
trocar la vida en muerte, ¿por qué no le ten·
drá para convertir la muerte en vi~a? ¡Oh
- senda amable de la virtud! ¿Quién no se lanza
á ti con denuedo, viendo que aunque pareces
espinosa. tienes tan dichoso y glorioso tér:mi-
no? ¡Oh maldito camino del pecado! ¿Quién
no te detestará, aunque tu entrada esté cer ..
cada de flores, sabiendo que conduces al sem·
-244-
piterno abismo de horror y confusión? ¡Y
cuán distinto será también el juicio de estas
dos almas; qué terrible y espantoso para el
réprobo! Pero fijémonos solamente, para ter.. ', 1

minar esta consideración, en · cuán dicho~o 1


será el juicio del alma justa, á fin de que pro- ·
curmnos merecerle. !
Sí: ¡qué dulzura, q~é alegría ver por fin el
divino Objeto de todo su amor, contemplar
por vez ·p rimera aquella mirad-a dulcísima,
de tan irresistible encanto y cuyo celestial !

influjo percibió tantas veces -en su corazón!


¿Y qué experimentará este alma venturosa
si con amor la dirigiese P!tlabras de consuelo, 1

diciéndola: Jam hiems t~ransiit? Sí, ya pasó el i


tiempo helado de la prueba, de la soledad, del
destierro, de la desolación, del torJ!lento. Ya
pasaron las lluvias de temores, angustias,
penas y miserias en las que creíste anegarte.
Surge, levántate, sal ya de este mündo mise·
rabie y peligroso, en el que constantemente
temías perderte; amica mea, porque en mi
infinita misericordia he querido lavarte con
mi preci0sa Sangre, y purificarte con el fuego
de mi divino amor. Et veni. Ven ya á Mí, á .~
este Corazón divino que tanto te ama; ven á
anegarte en inefables dulzuras por to_da una
.:

l1
- ' 245-
·eternidad·.. Yo mismo seré tu· reco..Inpensa. Y
no ha de quedár sin premio ni ]a más minima
acción de cuantas ejercitaste por :mi amor. Ni
un suspiro, ni un deseo., ni un paso que hubie ·
ses dado con. este fin. Ni nada de cuanto hi-
ciste cori es"te mismo amor por. tus hennanos;
púes.si bien todo fué inspirado por mi gracia, ·
fuiste ·fiel mensajero de ella, y quiero que
todo se·a premiado magnífica: y eternamente.
- ¿Qué ·pensará entonces este alma de todos sus
trabajos, de aquellos dolores, y ·d e cuantos
sacrifiCios haya podido practicar? Todo le
parecerá !lada, bendecirá por ello al ·Señor,
y si alguna pena .p udiese sentir en medio de
tan inm-e nsa dicha, fuera la de rio ten·e r 1nás
sufrimientos que ofrecerle, al · conocer todo
su valor. ¡Qué félici~ad será la suya, al con·
templar á su afuadísima Madre la Santísiwa
· Virgen, gozándose en ·su ~icha, si has.ta en
el mundo es dulce la enhorabuena de una
madre después de largos trabajos y de una
penosa separación!
Después de tales consideracione s, propo~­
gamos vivir santamente, para que nuestra
muerte sea preciosa á lós ojos de Dios, dicho-
sísimá á nuestra alma y sirva de edificación
á las de nuestros prójimos; y recordemos siem-
-246- :
pre aquella sabía máxima que dice: o:El pla- ,,
cer de morir sin pena, vale bien .la pena de.
vivir sin placer.» 1

EJEMPLO

En un presidio fué condenado á muerte


uno de los presos, por haber dado de puñala-
das á un guarda. El -capellán de presidio se
presentó al preso para prepararle á bien mo·
rir; mas este infeliz, que era hombre sin fe,
enemigo de la religión, maldiciénte y blasfe- l
mo, acogió a(capellán con groseros insultos r-·
y palabras obscenas. No por eso desistió el
sacerdote de intentar la converi!ión de aquel
culpable; le habló con dulzura de Dios, de su
bondad, del cielo y del infierno; pero todo era
inútil, pues el preso no contestaba sino con
rugidos de o"dio. Se retiró el capellán afligido)
poniendo s.u confianza en la que es Refugio de
., pecadores, y encargó á varias personas -de·
v-otas que pidieran á Dios la conversión de
1, aquel desventurado. Ya no había tiempo que
perder, pues sólo faltaban minutos para lá eje-
cución del criminal. El capellán se presentó
segunda vez en la cárcel, con la Cr~z y el
Rosario en la mano. Se trató de disuadirle de
que hablase al empedernido criminal, pues

•1¡ 1
- 247-
desde la. anterior entrevista aquel hombre
había redoblado sus mafuiciones contra Dios
y la RPligión, hasta el ext_remo de tener que
amordazarle la lengua y ·ponerle cadenas .
Mas el buen sacerdote. que tenía puesta su
confianza en la Madre de miseric01:dia, pasó
adelante, invocando á la Virgen, y se acercó
al reo, que no cesaba de rugir desesperado.
Al saludo que le dirigió, contestó el preso con
una maldición horrible; pero como estaba
atado con cadenas, no pudo impedir que el
sace!'dote le echase el rosario al cuello. ¡Pro-
digio de. la gracia! Apenas el rosario tocó al
reo, la fiéra se amansó, Satanás fué vencido,
, y aquel infeliz prorrumpió en voces pidiendo
perdón y -confesión. (P. Alva1·ez.)

HANTOS Y REYES DEVOTOS DEL RO~ARIO

San Ju-an Berchmans estaba tan persua ·


dido de la excelencia del Rosario, que al acer-
carse á tomar la comida, lo besaba reve~en~
temente y se lo ponía aL cuello ó al brazo p-ara
no perderlo nunca de vista. Llevábalo siem-
pre consigo, cual preciosa reliquia, y se com-
placía en decir que tenía tres tesoros muy
queridos , con los que deseaba morir : el
CrucifiJo, el Rosario, y las reglas de su Insti-
/

- 248-
tuto. En efecto; murió con áquellos ·amados
objetos de su devoción, y teniendo el rosario
entre las manos. (Revista del Santísimo Ro-
sa1·io.)
Alfonso V de Portugal decía á su hija
Santa Juana, de la Orden de Santo Domingo:
eRoguemos á la Bienaventurada Virgen, .que
con su Rosario gobierne nuestro Reino . »
(P. Al-oar·ez.)

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

En vista de que los peregrinos, que á mi-


llares acuden al santuario de Lo urdes, prin-
cipalmente se valen del Rosario para.venerar
á la Madre de Dios y obtener su auxilio e_n
medio de tantos males, no podemos menos de
alabar que se construya una iglesia donde
estén representados todos sus Misterios, para
que mejor sean meditados y los fieles con
más devoción repitan la Salutación Angélica.
(Pío IX.)
249-

DIA 31

Consideración sobre el quinto Misterio glorios9.

De la C\evoclón á Maria.

Vamos á terrninar hoy estas pequeñas con-


sideraciones, con la del último de los Mis-
terios del Santo Rosario': la Coronación de
Nuestra Señora. Misterio bellísimo en verdad,
que completa este místico ramillete, siendo,
por decirlo así, cual precioso lazo qúe · une
todas ·sus ftores, presentándolas celestialmen-
te combinadas'; y en el que va escrita la dedi-
catoria, diciéndonos quién es la excelsa Reina
y am~rosa Madre á quien las consagramos.
¡Ah! Al llegar aquí, habría que entregar la
pluma á un ~ erafín de los que. cerca de la
Santísima Virgen contemplan su ex celsa be-
lJeza, su inmensa bondad y su poder omnipo-
tente por gracia; pues ¿qué podremes decir
noso_tros ·para ensalzar dignamente las inmen-
sas perfecciones, de nuestra Madre querida?
No podemos hacer otra cosa que. llegarnos á
sus maternales· plantas y balbucear allí algu-
- 250 --
nas palabras de alabanza y amor, pensando,
que el niño es comprendido por su madre,
quien sonríe cariñosa á e~as inconexas pala-
bras, que sólo la ternura maternal sabe tradu-
cir; pues sólo Dios conoce la grandeza, la per-
fección, la gracia de su obra maestra, de
aquella criatura privitegiada, concebida sin
pecado, Madre y Virgen juntamente, y que
libre de la corrupción del sepulcro, fué lleva-
da al cielo en cu~rpo y alma; Portento admi-
rabie de la gracia, Lirio inmaculado, y Mujer
benditísima entre -todas las muje-res, á la que
llama Hija predilecta el eterno Padre, Madre
el divino Verbo, y Esposa el Espíritu Santo.
Contentémonos, pues, con bendecir á Dios del
fondo de nuestra alma, porq \le hizo tan grande,
· tan pura, tan perfecta y admirable á nuestra
Madre queridá, y unámonos así á las __celes-
tiales jerarquías que · celebra.(! su solemne
entrada en el cielo y su gloriosa coronación,
_como el triunfo naás completo y dichoso que
haya jamás·alcanzado pura criatura. ¡Bendi-
ta seas, Emperatriz del cielo, Compendio ma-
ravilloso de gracias y perfecciones, Abogada
mil veces bendita del humano linaje, Madre
amabilísima de nuestras almas; bendita seas,
si, en ese momento solemne en que eres coro~
-251-
nada.-por la Beatísima Trinidad, como Madre,
Hija y Esposa de las tres divinas Personas, y
bendito mil y mil veces sea Dios, que en su
omnipotencia y isericordia, de tan admira-
ble modo te quiso engrandecer! .,
Pero si no podemos expresar. las grande
zas de la Santísima· Virgen, ¿nos ~erá" dado
acaso . meditar sus inmensas bondades? ¡Ah!
Esta meditación es preferible hacerla en ef
silencio, recordando el cúmulo de estas mis-
mas bondades quB n.uestra prop~a experiencia
nos muestra; pues si registramos el libro de
nuestra alma, en aquellas páginas que encon·
tremos gracias, bendiciones 'Y favores del ci.e-
' lo, verem_os grabado también el nombre dulcí-
simo: de María. Mas no solamente en las pági,·
nas de nuestra alma va unido el nombre de
María á todo bien, á toda gracia, á todo bene-
ficio. En la historia de las naciones le leere-
mos cerca de los combates más gloriosos, y en
la de los pueblos le ·Veremos escrito alla.do de
todo lo que para ellos ha sido grandeza. ¡Qué!
¿No vemos cómo cada pueblo y cada aldea
guardan -bellas ir adiciones y piadosos monu ·
mentos delasbondade eMaría?¿No observa·
IDOS esa -multitud de títulos COU que se inVDCa á
la Santísima Vi~gen, y que·están proclamando
- 252-
los· beneficios que en todo· tiempo y lugar ha
derramado esta Mad-re amorosa? Y .son tantas
y tantas estas advocaciones, que parecen ago·
tar· ya el Diccionario en esa a-plicación poé ·
tica de títulos dados á la Santísima Virgen;
pues al hablar de María todo se agota, sin
que se haya empezado á deci.r nada, mien-
tras que su bondad, cual caudaloso río de gra-
cias y bendiciones, sigue en creciente perpe-
tu·a , inundando el mundo y los corazones de
sus hijos.
Por esto el nombre de María tiene un en-
. canto irresistible para el alma, y su invo-
cación es tan natural y consoladora al po-
bre corazón humano, aun en medio de las ma- '
y ores tribulaciones y de las situaciones . más
difíciles y angustiosas. _En efecto, así como la
luna, en esas noches que las nubes cubren el
puro azul del cielo, todavía deja ver su res- -
plandor á través de las mismas, y no pocas -
veces aparece disipando las · tormentas, así el
recuerdo de :1\'Iaría, su invocación, da alguna
uz, algún alivio y consuelo en medio de las
mayores angustias, y parece que acudiendo á
Ella se disipan también las tempestades del
alma; pues el Séfior ha comunicad_o con sus
luces y gracias, á esa Luna bellísima de sua-
-253-
vi~imo resplandor y celestial encanto, al · pU·
rísimo Corazón de nuestra Madre, el poder
de remediar á los hijos que en el Calvario
la confió, depositando en ese mismo amante
Corazón el consuelo y alivio para las nece-
sidades del pobre mortal; y por esto nos dicen
los Santos que María es el Canal por donde
se nos comunican todas las gracias que del
cielo recibimos.
Que nuestro amor y confianza en María,
pues, crezcan cada día en nuestro corazón.
- Acudamos á Ella siempre en nuestrás necesi-
dades) imite!llos ante todo sus virtudes, y lue-
go confiemos, pero confiemos sin límite ni
término en su maternal bondad, que es la
confianza en María, sendero florido por.el que
se ataja en el cafi?.ino de la virtud y en el
camino del cielo. ¡Ah! sí; si Ella nos .conduce,
¡cuántos peligros apartarA de nuestro paso
su previsión maternal! ¿N o hemos visto en
esos días de deshecho temporal cómo el tierno
niño que, abandonado perecería, desafía lo
que para él fuera peligro, cobijado gozoso y
tranquilo en el seno materno? Cobijémonos
también nosotros bajo el manto de nuestra
Madre; no nos separe_mos nunc~ de Ella; se-
. pamos volver á sus plantas prontamente si
- 2-54-
alguna vez tuviésemos esta desgracia, y cual-
quiera que sea nuestra necesidad, los peli-
gros y_ las angustias de nuestra alma, Ella
nos ac?gerá bondadosa, pues es Consuelo de
los afligidos, Auxilio de los cristianos y Refu ·
gio de pecadores.
¡Oh Madre mía dulcísima! Una súplica te
dirigimos al terminar este mes que te hemos
consagrado) y es que nunca se extinga en
nuestros corazones el fuego de tu amor, y que
jamás dejemos de invocarte) Madre querida.
Planta tú misma, y riega bo~dadosa- para que
fructifique en nuestra~ almas, ese árbol pre·
cioso de tu devoción, del que podríamos decir,
quod plantatus est secus decursus · aquarum,
que- está plantado en las corrientes de las
aguas vivas de la gracia, q.u e inunda el alma
donde crece; y aun podríamos proseguir di-
ciendo: Quod {1·uctum suum dabit in tempo-
're suo) que produce frutos á su tiempo; pues
si bien es cierto que este árbol hermoso da
fruto, y fruto copioso de bendiciones en todo
tiempo, hay un tiempo en el que este fruto
es de excepciQnal valor, y este, tiempo es, la
hora de la muerte. ¡Oh Madre mía! ¡Qué fru-
tos tan preciosos han recogido en esa hora tus
devotos, las almas que verdaderamente te
- 255-
han amado y te han alabado con la devoción
del Santo Rosario! Sea así también para nos-
otros, Madre querida. Ven tú mi~ma á p-re- _..
sentarnos esos frutos dulcísimos de amor di-
vino, para que, embriagados con ellos, atra-
vesemos los umbrales de -la eternidad y ala-
bemos á Diof:l en el cielo por los siglos de l0s
si-glos, y le demos gra_cias por habernos con-
cedido una Madre tan p~derosa y amante.
¡Bendita ~ sea! Amén.

EJEMPLO

Suceso ó parábola, varios auto:vés cuentan


lo que sigue: «Un sant-a teligioso Dominico
caminaba una tarde solo y á pie, ~ través de
un bosque,- rezando el -Rosario, C0mO era su
costumbre. El cielo estaba sereno el viento
1

en calma. Nada-podía turbar ni distraer aquel


tranquilo rezo. Dé rep ente oye en_los aií·es
acentos suavísim_os, un movüutento de alas
palpitantes, una mezcla de música .y de cán·
ticos. que resonaban en medio de aquellas sel-
vas. Asombrado el piad~)So Dominico, suspen-
dió- el rezo y se puso á escuchar; pero en
aquel mismo mon1ento cesaron también los
cánticos. Apenas algunas ramas se moví~n en
la copa ,dc los árboles. «Es una, ilusión ~ dijo
-256-
el Padre-ó bien puede ser un. ardid del de-
monio para que yo no siga rezando.» Y conti-
~ nuó su Rosario. En seguida, como ac~rcándo­
se á él, pei·cibió mil ecos de alegres cánticos
y de alas que se batían. Otra vez se paró y
escuchó, y otra v;ez c:esaron aquellos cánticos.
Entonces, contiJ:!uando el rezo, sin hacer caso
de lo que oía, las voces parecía que le acom-
pafiaban y sonaban á su lado c.ada vez más
suaves. Llegado al extremo del. bosque y á
la vista de! cielo, en el que no brillaba más
que un ·tenue crepúsculo, observó que las nu-
bes se separaban y una claridad extraordina :-
ria alumbraba las alturas, en medio de la cual
apareció la Virgen lviaría, rodeada de ánge- _
les. El religioso seguía su Rosario, y á cada
Avemaría los cánticos se repetían de nuevo,
y pequefios serafines con las alas abiertas,
como en las pinturas de Rafael, arrojaban
ramilletes de rosas y azucenas. La Virgen,
inclinándose, re.cibía aquellas aromáticas flo-
res, que llegaroh á cubrirle sus pies, rodillas
y regazo. Fuer~ de sí el buen religioso, per-
dió la pala;bra ~y dejó el rezo. En aquel mis-
mo instante cesaron los cánticos; los ángeles
dejaron caer sus alas y en todos se vió des ·
agrado, sobre todo en la Santísima Virgen,
- 257-
qu~ se mostró triste y como disgustada. El
corazón ~el Dominico sintió gran turbación
al ver extinguirse aquella gloria, y balbu-
ceand0 y temblando exclamó: -.¿Cómo, Ma-
dre mía, ese rostro tan sonriente se ha muda-
dó en pálido y pesaroso? ¿Dónde es.t~n los
cánticos de los áng·eles y los ramilletes de
rosas? La Virgen le respondió con acento de
tierna queja: «¿,Y por qué tú has dejado d.e
~ rezar el Rosario y alabarme con el Avema-
ría'(» (P. Alva1·ez.)
SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

Santa Ter~sa de Jesús rezaba todos los


días los quince misterios del Rosario, y com-
pendió en breves, pero sublilnes frases, sus
principales virtudes, diciendo: «El Rosario es
un modo admirable para retraer á los fieles
de las vanidades del mundo. Del Rosario tomé
yo aquellos dulcísimos y su a ves afectos, sobe·
ranamente eficac·es, para la unión de mi alma
con Dios.» rRevista del Santísimo Rosario.)
Felipe III, asociado á la Cof,radía del Ro-
sario, cuando encontraba á su familia rezán-
dole, decía: ,, Bien está; estas son las armas
con que E;3paña triuufará.)) (P. Alvarez.)

17
......_
- 25R-

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

Es muy justo que, para perpetuar la me-


morht de la victoria que en Lepanto nos dió
el cielo, y para tributar gracias á Dios y á la
Santísima Virgen, instituyamos una fiesta so-
lemne, bajo el título del «Rosario,:. la cual
haya de celebrarse todos los años el primer
domingo de Octubre. ( Gregorio XIII.)
- 259-

LOS QUINCE SABADOS DEL ROSARIO

Consiste esta devoción en obsequiar á la


Santísima Virgen quince sábados consecuti-
vos, precedentes á la fiesta del Rosario (ó en
otro tiempo del año), del modo siguiente:
Comulgar cada sábado, meditar por su
orden un Misterio en cada uno de ellos, visi-
tar la capilla, rog_ando por lo que ordinaria-
mente acostu1nbra . á pedir la Iglesia, practi-
car una vir tud y una mortificación volunta-
ria, y, pudiendo, rezar el Rosario entero.
o:El primer milagro aprobado y obtenido
por esta devoción-dice el P. Palomeque-se
obró en Tolosa ·de Francia el año 1641, y
desde entonces fué tal el entusiasmo por prac-
- ticarla, que en el afio 1686, en el convento
del mismo Tolosa, comulgaban cada sábado
más de L300 _p_ersonas. »
Las indulgencias concedidas á esta devo-
ción, son: Indulgencia plenaria en tres sába-
dos que se elijan á voluntad (Decreto de 12 de
Diciembre de 1849), y en los doce sábados
restantes se ganan siete años y siete cuaren-
tenas de indulgencia. (Idem.)
La manera de servirse de este libro para
practicar la devoción de los quince sábados
del Rosario, es la misma que se indica para
la cel~bración del mes, leyendo cada sábado
las co'nsideraciones referentes al Misterio que
toca meditar.
IN DICE

DIA. l. 0 -De la virtud de la humildad . ...... . 10


DIA. 2.-Idem ... .. . ...................... . 20
DI A. 3 -De la caridad para con el prójimo ... . 28
DIA. 4 -Idein ... ...... .... ......... ..-.. ....... . 36
DIA 5 -De la caridad en el Purgatorio .. . .. . 45
DIA 6.-De la virt·ud de la pobreza . ..... .. . . 53
DIA 7. -Idem... . .......... , ............... . 61
DIA 8.-De las p1·ácticas piadosas ........... . 68
DIA. 9.-Idem ................. . . .......... . 74
DI A. 10. -De la dev oción del Santo Jl,osario .. . 81
DIA 11. -Del buen ejemplo ....... ........ ... . 90
D l A 12. - Recepción de los Santos Sa.c ramentos. 97
DIA 13.-De la oración .................... . 106
DIA 14.-Idem .... . ..................... . 113
DIA 15.-De la mortificación exterior ....... . 120
DIA 16.-Idem ... . . . ....................... . 127
DIA 17 .-Idem ................... ......... . 135
DIA. 18. -De la mortificación interior ..... . .. . 144
DIA 19.-Idem .................... ......... . 152
DIA 20. -De la necesidad de llevar la cruz .... . 161
DIA 21. -Del amor á la propia cruz ........ .. . 169
DIA 22 . -De la virtud de la obediencia ... .... . 177
DIA 23.-Idem, ............................ . 184
DIA 24.-De la virtud de la fe .............. . lf.J2
DIA 25.-Idem ...... .... . ... , ....... .... .. . 200
DIA 26. -De la virtud de la esperanza ... . ... . 207
DIA 27 -Ident ... .... .... ....... . . ; ...... . 2l6
DIA 28. -De los dones de piedad y fortaleza .. 2~3
DIA 29. -De la buena muerte . .............. . 232 1•
DIA 30 .-Idem .......................... . 241
DIA 31.- De la devoción á Maria ... ......... . 249
OBRAS DE LA MISMA AUTORA

El p1·imer Obispo de Madrid. -Biografía del


Excmo. é Ilmo. Sr. D. Narciso Martinez
Izquierdo.
La Sag1·ada Eucaristía contemplada al místico
1·esplando1· del Salterio de David.
La Inmaculada Concepción en Lourdes y el
Santo Rosario.
Los Santos Angeles y su imitación.