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libros del Zorzal SILVIA BLEICHMAR Dolor pais y después... “Los argentinos deberemos, como los delfines, recuperar la capaci- dad de vivir, sabiendo que, por mucho tiempo, no podremos dejar de tener un hemisferio cerebral despierto que nos sostenga, que nos permita entregarnos a la alegria de recomenzar el camino de un futuro sin por ello ceder nuestra responsabilidad y el compromi- so que nos cabe. Alertas a los riesgos externos e internos que nos acosan, podemos permitirnos, luego de tanto dolor, el entusiasmo de compartir el suefio que constituye el trasfondo de un proyecto que nos permita volver al pais que queremos”. En marzo de 2002, Silvia Bleichmar publicé Dolor Pais, resultado de su preocupacién por la incidencia de la realidad econdmica sobre el psiquismo, del saqueo sufrido por el pais a manos de sus corporacio- nes (la financiera y la politica), la depredacién, que dejé a sus habi- tantes en estado inerme, melancolizados por su propia impotencia 0 desesperanzados por la ausencia de respuestas de la clase politica asus reclamos. El libro fue presentado al publico, en medio de un calor sofocan- te, lo que no impidid que 500 personas escucharan cémo quienes lo presentaron recorrian las paginas de un libro mas intenso que extenso cuya virtud era retratar, interrogar y desmenuzar las cau- sas de la crisis y analizar los distintos componentes psicoldgicos y éticos de la sociedad, pequefio volumen que se transformaria en emblema de la resistencia. Silvia Bleichmar termin6 de escribir Dolor pais y después... en julio de 2007, quince dias antes de morir. El lector encontrara en sus pagi- nas el libro que la autora quiso publicar con el titulo que ella misma eligid. Incluye, en la primera parte, los capitulos de Dolor Pajs y en la segunda, sus reflexiones posteriores a 2001, en las que transmite su compromiso con la transformacién, su empuje, su esperanza siem pre renovada y su fe en la lucha por un futuro mejor. 1SBN 978-987-599.051-7 L Ih Zorzal Bleichmar, Siva Dolor pais y despuss...- ta ed, - Buenos Aes Libros del Zorzal, 2007, 178 p.; 0:0 om, ISBN 976-967-590-051-7 41 Ensayo Argentino. | Titulo coo as6d Foto de tapa: Ezequiel Torres. “Lo tnico que puede resolver los problemas hhumanos son el amor y la verdad” Gracias por todo, silvia. Te evtranan, E2e- ‘quie!y Morena. Correceitn: Laura Kaganas Disefo: Fluxus “como 4 mid el indice Dolor Pat" Clrn, 28107701; La derota de pensamieno", Ca- (Sina, "a ae treo ese over’, Resta Topi, sepirbelotre Se 3004, “hora somes todos artoneror, Carin OU: “viel top de a normals, Co ‘in, 20603, “Ci moror se nfrenca” Rew 23, 220708 "Nueta esporstlided fata las cOmbationes",Coogemor Argentina Recent N° 4: “La guara de Malvinas ‘eintkincs aos despues” ageta de 2007 “et aerecno de wove eter en las pala ‘avn, 4017 “Le responsabilidad dels inteectusles, Revit 23, 208K “El pen. Sarmiento corporat yl ss univetstare™ Dio Moy, La Pat, 180806,“ ees ‘ltrs, Carey Cartes dere de 2005, "adres y Padres de a Patna" Cara ‘as, uo 208; "La Festa det Dor, Caray Caeta, novembre da 2006; "Lexan Sel aba", Cares y Carets, mayo Se 2006, “Enid cade: os cats de fais ‘mone La Mujer dem ido 1: Nimero 8 Vii wetimers gualmete con ‘dena, Cai, 200765, “La poe es impiaosa on la moral La Nac, 3105/2007 "Dele creencio al prj, Renta Vertex Vol Xv - 2007, © Libros de! Zorzal, 2007 Buenos Aires, Argentina 1S8N 978-987-599-051-7 Libros del Zorzal Printed in Argentina Hecho el depésito que previene la ley 11.723 Para sugerencias 0 comentarios acerca del contenido de Dolor pais y después... escribanos a: Info@delzorzal.com.ar www delzorzal.com.ar indice Una vez ms, tenia razén. 9 Prologo. 7 Introduccién. 2 Dolor Pais. 1. Los recursos de la historia. IL Dolor Pats. IL La derrota del pensamiento JV. La dificil tarea de ser joven. V. La salud politica VI. El sostén subjetive de una Etica VIL. Losers y Winners, entre la excusa yy lajustificacion : san 7A ‘VI. The Matrix y el Pats virtual... a) IX. Somos todos cartoneros, 89 X. Estamos acd. 4 Después... 101 XI. Una vez mas hemos votado. 103 XII. El horror a la indiferencia sn 108 XII. Nuestra responsabilidad hacia los combatientes....mue TT XIV. El derecho de volver a creer en las palabras sew 122 XV. La responsabilidad de los intelectuales 126 _ Sum Biscaaen XVI El pensamiento corporativo y la crisis universitaria... 131 XVIL El sexo es cultura is XVIIL Envidia y caridad: dos caras de la misma moneda ...139 XIX. La depre de estar afuera 12 XX, Vietimas y vie marios, igualmente condenados enn. 145 XXI. Madres y padres de la Patria. prin XXII. La Fiesta del Don cen AOD XXII Los “excesos” del trabajo. 155 XXIV. La politica es impiadosa con la MOFal ne 138 XXV. De la creencia al prejuicio 163 Una vez mas, tenia razon. porque Hl siempre existes dandequieet por existes mejor donde te quiero ‘porque fu boca es sangre 1y tenes fio tengo que amarte amor tengo que amarte ‘aungue esa herida dela come dos ‘aungue te busque y no te encuentre yaunque Ta noche pase y yo le tenga yno Corazin Conca, Masso BuNEDERTL Ella sabia que eso iba a ocurrir, yo siempre trataba de disuadirla. Y me crefa... porque queria creerme, pero en el fondo sé que dudaba de mis palabras. Desde muchos aitos antes lo supo y lo decia: “Yo voy a morir joven”. Discutiamos sobre eso. Yo le daba razones de toda indole, apelaba al orden racional para apartarla de ese designio. Dolorosamente supe, en los ‘ltimos aftos, que ella, una vez més, tenia raz6n. Y aunque seguf intentando quitarle esa idea de su cabeza, los dos sabfamos que eran sélo dul- ces mentiras piadosas. Cuando muere un ser amado, alguien como Silvia Bleichmar, con quien recorrimos juntos 36 aitos del cami- no de nuestras vidas, cuando se han compartido tantas cosas, cuando ya todo es séto recuerdo, tanto de los mo- mentos trascendentes como de los insignificantes, de las tisas despreocupadas como de los momentos intensos de dolor, de las alegrias y de las tristezas, siempre hay algo de culpa, de autorreproche, reaccién egofsta sin duda, narcisista al fin, pero inevitable, una forma de condolerse de si mismo formulando, como lo hago ahora, esta frase que no por convencional menos cierta: “Con su pérdida una parte de mi vida se interrumpe, se acaba y muere con cella, se va con ella para acompaitarla, se va y no volvera 0 Seva Bunn jamés, quedaré con ella sin posibilidad de retorno, sera cenizas”. Lo que se acaba, Io que Silvia se leva de mi, es mucho més que tal 0 cual cosa que podriamos haber seguido compartiendo, es la vida misma, la suya, por su- puesto, pero también la mia; la mia de la forma en que hasta ahora la he vivido, esa historia tinica, imposible de tepetir; ese mundo tinico que compartfamos prematura- mente concluye, se diluye en ef océano del ocaso, del que ninguna memoria podré restituirlo. El cuerpo de Silvia Bleichmar fue reducido a cenizas “no en la hoguera, como las Brujas de Salem, aunque mu- chos en vida lo hubieran deseado como forma semejante de estrangulamiento social de una mujer que los inquieta- ba con su forma de ser-. Lo que nunca podra ser reducido a cenizas serén sus ideas, su pensamiento, todo lo que ella sembré y dejé como huellas en tantas vidas, la mia para empezar, en tantas historias personales, politicas, psicoa- naliticas y su influencia en tantos discursos, actividades, existencias, con la fuerza licida, brillante y provocativa de su manera de ser, de pensar, de hablar, de transmitir. Se fue con més dolor por la muerte que miedo a morir, y no hablo de dolor fisico, sino del dolor de saber que nunca més volveria a ver a los que ella més amaba. Cuando ya era certeza, cuando sabia que era inminente que lo que habia anticipado iba a acontecer, ese saber la atormentaba: dejar- nos y dejamnos con esta enorme tristeza. Pero mas alld de todo lo que una interpretacién pre- cipitada nos haria creer, més allé de lo que su constante consideracién por la muerte nos puede hacer pensar, Sil- via Bleichmar sélo amé y s6lo asevers la vida y el vivir. Tenemos pruebas de ello tanto en sus textos como en la manera en que ha aceptado la vida, en que ha honrado la vida, hasta el final. “Quiero que la muerte me encuen- tre vivo", soliamos compartir esa frase que alguna vez lefmos juntos. “Prefiero morir como una persona sana, a vivir como una persona enferma”, solfa repetir. Por eso oton easy outs u le impresiond y se identificé tanto con un trozo del dis- curso que Saramago pronuncié en Estocolmo al recibir el Nobel de literatura, que ahora reproduzco: “Muchos aftos después, cuando mi abuelo ya se habfa ido de este mun- do y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, crefa en los suefios. Otra cosa no podria significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivia sola, mi- rando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: ‘El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir’. No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como sila vida de pesadilla y continuo trabajo que habfa sido la suya, en aquel momen- to casi final, estuviese recibiendo la gracia de una supre- ma y tiltima despedida, el consuelo de la belleza revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vi6 gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenia pena de irse de la vida sélo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jer6nimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venfa a buscarlo, se despidié de los arboles de su huerto uno por uno, abrazéndolos y Hlorando por- que sabia que no los volveria a ver". Le sigo hablando, a veces en voz alta, y pienso que si alguien me escucha dira que estoy loco; sé perfectamente que Silvia no me puede of, que sélo me escucha dentro de mi, y me doy cuenta de que en mi su voz insiste para pedirme que no finja que le estoy hablando, que no mienta otra vez, que asuma esta verdad terrible. Sé que cada uno de todos nosotros tuvo con Silvia Bleichmar una relacién diversa (y no digo s6lo en psicoa- nélisis 0 en politica), todos sabemos que en ese prisma tan particular, cada uno de nosotros ha amado a una Silvia Bleichmar diferente, multifacética, en un determinado mo- mento hist6rico, durante tal 0 cual época, 0 incluso, como 2 Suwa Biogas fue en mi caso, hasta los instantes finales, y esta genero- sa multiplicidad, esta superabundancia misma que tuvo, ros obliga a no detener el camino que inicié, a no dar por concluida una trayectoria, a no apropiarse de aquello que fue inapropiable y que debe seguir siéndolo. Nos obliga a continuar dandole aliento de vida, a trabajarla -como a ella le gustaba decir— para hacerse duefo de ella y hacer carne la frase de Fausto, de Goethe: “Eso que has hereda- do, trabdjalo para que sea tuyo”. Aquellos que han leido a Silvia Bleichmar saben que esta ley encuentra en ella un ejemplo patente. Freud, Melanie Klein, Laplanche, Lacan ¥ muchos otros autores fueron trabajados en ella y devi- nieron Silvia Bleichmar. Su obra es importante, en primer lugar por aquello que testimonia y por aquello que ha en- frentado comprometidamente, el anquilosamiento del dis- curso oficial. Esta tarea merece ser realizada, entre muchas otras razones, porque hay allf una intuicién que no puede ser abandonada, intuicién que guié su pensamiento y que hace a su persistencia larvada y constante en el psicoané- lisis argentino: la intencién de quebrar el solipsismo endo- genista al cual el biologismo de arrastre en psicoanalisis pareceria condenar al ser humano. Alli se define también Ja insistencia de una implicacién, de un compromiso, que determina en el sujeto una voluntad de apropiacién de sus propios enunciados, similar, de uno u otro modo, a aque- Ilo que, de modo mas sofisticado, se ha conocido poste- tiormente como “palabra plena”, y que hace a un cambio en la posicién del sujeto respecto a su propia implicacién subjetiva. Por ello suscribimos sus propias palabras, las de Silvia Bleichmar en La hora de un balance: "Si existi6 en un siglo que valié la pena ser vivido, falta atin al psi- coanélisis redefinir los términos con los cuales se insertaré en la historia que comienza. Tanto su capacidad de hacer frente a nuevos problemas como la confianza decisiva en su fecundidad son motivo de los pérrafos que anteceden. No hay en ellos, indudablemente, la menor propuesta de oven ous v srs, 8 tuna agenda de debate para la realizacién de un balance, pero si la conviccion de que la herencia tedrica debe ser resguardada de sus mayores riesgos: su dilucién en el in- terior de un campo empobrecido material y teéricamen- te, asi como su enquistamiento empobrecedor a partir del desgaste de un pensamiento critico que la remoce. La res- tauraci6n hist6rica no viene hoy de la mano de la polémi- ca sino de la dilucién de los enunciados que produjeron Jo mejor det pensamiento que hemos recibido: soslayar a Lacan, como soslayar a Marx, son las formas larvadas del autoaniquilamiento de los intelectuales. Someter a discu- sién la vigencia de la herencia tedrica recibida es el primer paso para comenzat nuestra propia recomposicién ante las dificiles condiciones imperantes". Siempre luch6 por despojar al conocimiento cientifico de los aspectos de fe -no de conviccién, no de pasién- concebida esta fe como la creencia absoluta en el dogma, como una creencia que no puede poner a prueba sus pro- pios postulados de base y que se caracteriza por el “re- curso a la autoridad” y, por el contrario, proponia embar- carnos en un “retorno al texto”, o, mas aun sobre el texto ~es decir en el desentraftamiento de sus contradicciones internas-, lo que traeria consecuencias tanto para el pro- cesamiento te6rico psicoanalitico como para el modo de concebir toda practica. “No se puede enajenar el derecho a pensar en el poder supremo”, proponia Spinoza; frase que siempre tuvo como horizonte y compartiamos, para plantear que no s6lo no se podfa enajenar en el poder su- premo el derecho a pensar sino que no se podia delegar en él la responsabilidad de hacerlo, ya que no es sdlo des- de el poder supremo que emana la autoridad despética, sino desde los sujetos que depositan en él esa responsa- Baruch Spinoza, Mua Teoégico Politic, Juan Pablos Editor, México D.F 1975, 4 Sura Btecis bilidad. La libertad que otorga la inteligencia, deciamos en nuestras charlas, s6lo se sostiene, a su vez, en el valor de las reglas de conducta prescriptas; reglas prescriptas, en nuestro caso particular, por el compromiso que im- pone una reevaluacién conceptualizante marcada tanto por una ética que rige a la comunidad cientifica como 4 los modos de produccién, apropiacién y circulacién de los conocimientos, reglas internas al sistema cientifico en cuestién, que acostumbramos a llamar método, pero re- glas también que hacen a la practica social en Ia cual los conocimientos se insertan. Pero Silvia Bleichmar ya no est con nosotros, ya sélo queda su palabra escrita y este silencio que da cuenta de su ausencia. También queda este dolor que corta la res- piracién y se transforma en gemido, sensacién de fraca- so ante lo absurdo que vuelve a ganar Ia batalla. Pero, zcémo pelear contra ese absurdo? ;Cémo volver a sonreir sin sentir que puede estar allf agazapado recordindonos que la muerte, eso imposible, esté allf implacable? Estaba- mos los dos, ella y yo, preparados para esta muerte, creo que més preparados hubiera sido imposible. No obstan- te, el desgarro, esta herida lacerante en los tegumentos, esta sensacién de abatimiento y desamparo que nos deja Es que ha muerto Silvia Bleichmar y ésa no es cualquier muerte. Es una muerte que parecia inimaginable aunque haya acontecido. Por eso, aunque pteparados, sorpren- didos. Por eso, devastados aunque enteros, enteros pero devastados. De esto se desprende que esta enorme triste- 2a, este punzante dolor, tendré que alejarse del duelo que conduce a la nada o s6lo a la bisqueda de consuelo y, por el contrario, deberd ir a la busca de eso que ella, Silvia Bleichmar, nos ha legado, su compromiso con la transfor maci6n, su empuje, su esperanza siempre renovada, su fe en la lucha por un futuro mejor. Por eso quiero terminar cediéndole la palabr “Lo] la herencia del pensamiento racionalista de Freud sigue (osama sms 15 siendo no s6lo una propuesta filos6fica sino un modo de concebir la esperanza: limitar la irreversibilidad bajo el modo de operancia sobre la legalidad, no para tornar re- versible lo acaecido (irreversible) sino para dominar sus efectos cuando estos se inclinan del lado de la destruc- cidn y de la muerte”: CARLOS SCHENQUERMAN Agosto de 2007 * Silvia "Bleichmar, Calguio Temporaidd:Detorminacin-Acar. “Repeticion y tomporalidad”, Paidon, Bricnos Airs, 199% Prélogo Esta ta belleaay est los huillades; Por dificil que sea a empresa no quisiera sere infiet ri os segundos ni ala primera Albert Camus En julio de 2001, hojeando los diarios mientras tomaba un café, me encontré con una nota de opinién cuyo titulo atra- jo mi mirada como un iman: "ZCémo se mide, en indices aceptables, la suba inexorable del dolor pais?”. Firmaba Ja nota Silvia Bleichmar, psicoanalista graduada en Fran- segtin se detallaba. Recuerdo que lei et articulo cinco veces, y con cada lectura me sentia menos desamparado en .un pais degradado, depredado y camino al colapso. Ya habian pasado algunos meses desde que, con mi hermano Octavio, habfamos iniciado un emprendimiento editorial (Libros del Zorzal) con el objetivo de participar en el debate puiblico y preservar un espacio de creatividad y de salud enel contexto desolador que presentaba Argentina, Busca- mos inspiracién en el trabajo editorial de Pierre Bourdieu, quien por esos aftos dirigia una colecci6n notable llamada “Razones para la accién”, formada por textos de actuali- dad, breves y contundentes. Es dificil describir la intensidad de 1a energia que me contagié Silvia Bleichmar con su articulo y la diversidad de razones para la acci6n que logr6 disparar en mi. Corti a casa, busqué su teléfono en la guia y atendis ella misma. Intenté explicarle que no me conocia pero que me habia impactado su articulo y que tenia una editorial que segu- 18 Suna Buscar ramente tampoco conocia, pero que... Al dia sig pezamos a trabajar en el libro Dolor Pais Creo que lo que ella mas disfrutaba era escuchar historias y nuestros encuentros de trabajo fueron evolu- cionando progresivamente en intercambios de historias. “Dime qué historias cuentas y te diré quién eres”, bro- meaba. La tiltima historia que intercambiamos hablaba de un joven, hijo de inmigrantes europeos que habian logrado escapar de la Segunda Guerra: corrian los aftos cincuenta en Buenos Aires cuando el joven Heg6 una no- che a su casa, a las cuatro de la maftana, y escuché que su madre le decia a su padre, en idish: "jA esta hora llega dela milonga!”. ¥ el padre respondia: “Dejalo, dejalo que vaya a lugares de donde se vuelve”, De a poco nos fuimos enterando de que sus padres y mis abuelos habian recalado en Argentina huyendo del horror europeo, que en 1976 ella escap a México con sus hijos y yo con mis padres y que los dos nos doctoramos en Ja misma universidad de Paris. Lugares todos ellos de los que volvimos, de donde pudimos volver. Dolor Pais es, en definitiva, el resultado de historias que Silvia fue escuchando con su enorme sensibilidad e inter- pretando con su impecable formacién académica. Presen- tamos el libro en marzo de 2002, en medio del calor sofo- cante, ahortos, esperanzas confiscadas y sesenta por ciento de argentinos en la miseria. Eramos quinientas personas escuchando a Silvia Bleichmar, Marfa Seoane y Luis Horns- tein recorrer las paginas de un libro pequeiio y contunden- te que se transformarfa en emblema de la resistencia civica. No puedo ocultar mi orgullo al encontrar lectores de ese texto en subtes, plazas, cafés y vaya uno a saber en cudn- tos hogares. Cada cual encontré en él palabras con las que construir un espacio de salud y de esperanza en un afio en el que todo era triste. En lo personal, la experiencia de Dotor Pats fue un antes y un después en el sentido de que la edicién de libros pasé de ser una iniciativa entretenida y Dovon ras YORU 19 creativa a ser una profesin de 24 horas al dia, Ese escrito dio inicio a la coleccién “Mirada atenta”, que tuvo a Silvia Bleichmar como asesora de lujo. No pude intuir que Silvia sentia el dolor de su pais y de su gente como padecimiento propio ni, tampoco, los efectos de ese sufrimiento ambiente en su cuerpo. Nuestro pais, al que definia como un “pulmotor invertido que bom- bea oxigeno hacia el exterior”, terminé siendo una metafo- ra de ella misma. Dedicé su vida a repartir oxigeno a los dems, trabajando, curando y esperanzando sin respio, ‘Nunca olvidaré nuestro tltimo encuentro, cargado de esas historias que tanto le gustaban. Me conté que su nieta de cinco afios ie habia dicho esa misma semana: “Abuela, sabés una cosa, extrafio los buenos tiempos”. Me dijo que el deterioro no es malo, que esté en la esencia del hombre y de la naturaleza pero hay que trabajar mucho para que no evolucione hacia la degradacién ni la depredacién. Me dijo también que a fines de julio terminaria su préximo libro, Dolor Pais y después..., el mismo que el lector tiene hoy en sus manos con el titulo que ella eligié. Cuando el 15 de agosto supe que Silvia nos habia de- jado, me sentf muy solo. Pensé en todos los que se estarian sintiendo tan solos como yo y en todas las historias que que- darian huérfanas. Pero tuve también la certeza de que se fue a un lugar del que siempre puede volver a través de suis pa- labras. Ya empiezo a extraiiar yo también los buenos tiem- Pos, a Silvia, su consejo y la amistad con la que me hon’. Lzorotpo Kuesz Agosto de 2007 Introducci6n Cuando hoy vuelve a mis manos y recorro las paginas de Dolor Pats, evoco el tiempo en que esos textos fueron escritos y veo con satisfaccién que muchas cosas han cambiado 0 que, al menos, han comenzado a cambiar. Peto también re- conozco lo que esta pendiente, lo que queda por hacer, y que sinose toma en cuenta aquello que debe seguir pensandose, trabajéndose en ese proceso de cambio o de transformacién, las cicatrices de los dafios suftidos tendran caracteristicas de queloides. Una cicatriz. queloide es aquella que queda en los tejidos después de cerrada una herida o una Hlaga. Huella permanente que da cuenta de una efraccién acontecida an- teriormente y que usamos por exten: de impresién en el énimo de un sentimiento pasado. Si la cicatriz es pléstica, poco notoria, no deja limitaciones a la motilidad. Una cicatriz. queloide, en cambio, es algo que se nota, que todos ven. Es la imagen de un funcionamiento ri- gido, empobrecido en los limites de su funcionalidad que, cuando refiere al psiquismo, conlleva un empobrecimiento no s6lo afectivo sino también intelectual. La sociedad argentina se ha ido lenando, en estos tilti- mos afios, de cicatrices y sintomas que dan cuenta no s6lo del grado de deterioro econdmico al que hemos quedado sometidos sino, a su vez, de las dificultades que presenta 2 el remontar las consecuencias de afios de estafa, saqueos, asesinatos y crimenes de todo tipo. Luego de afios de impu- nidad, ha ido decantando en el imaginario colectivo la con viccion de que la justicia es, sino imposible, préicticamente inaplicable, dado que nadie puede dar garantias de su ejer- cicio. La sectotializacién, la descomposicién de la nocién de conjunto, la fractura de las obligaciones hacia el semejante y de los nexos de solidaridad y compasién han producido un extrafiamiento en el cual, no s6lo la vida humana ha perdido valor sino, a su vez, toda nocién de proyecto conjunto. E120 de diciembre del 2001, mas que un cambio politi- co, escuchamos un rugido del pafs. El golpe de las cacerolas expresaba, con ruido, la furia. La protesta daba cuenta del dolor, un enojo sordo para el cual no existian atin palabras Ese rugido del pais articul6 algunas frases, representacién de deseos antes que propuestas: “Que se vayan todos”, “No se va, el Pueblo no se va”, intentos por identificar aun otro quién se aduefiaba del pais, expresion de una profun- da indignacién frente a la corrupcién y la expoliacién del sistema politico-financiero, Gran parte de los argentinos, sin embargo, atribuyeron el fracaso del modelo social, econdmico y simbélico de los 90, a la corrupcién, antes que al modo de subordinacién a los intereses mas degradados del capitalismo salvaje. No cuestionaron la profunda inmoralidad que guardaban las formas con las cuales el bienestar supuesto de los 90” se desbarat6, dejando los mufiones de la nacién al aire, de- jando en carne viva a un pais que, a diferencia de los 70’, no basé su aquiescencia en el terror sino en su connivencia con las migajas de un festin al cual no estuvimos invitados, recibiendo desde el cotredor las sobras aplacatorias que convocaban a la complicidad y la pérdida de identidad. Los aftos posteriores a la crisis nos mostraron un pais, de contrastes, donde el reconocimiento de la imposibilidad de la salvacién individual convivié con el ocultamiento mezquino de la riqueza, no por pudor ético sino por te- DDovon ox sso 23 mor al despojo a manos de los marginados. También un pais movilizado en tareas solidarias destinadas a suplir las carencias de un Estado que no termina ain de reponerse a su devastacién, al retiro de su funcién y a la reducei6n de mero administrador de las crisis que por sucesivas de- vienen una sola y gran catéstrofe, al odio a los exclitidos y a la resistencia profunda y sostenida por parte de estos de evitar su deshumanizaci6n. Un pafs en el cual el cis- ‘ma que nos partié en dos regiones sociales, econémicas y de perspectiva no ha sido indudablemente saldado. En el cual la profunda indiferencia de quienes han quedado del lado opulento de la muralla de acciones y palabras piden, tal vez por “fatiga de la compasiGn” 0 por egofsmo, que les quiten de la vista la miseria, que se expulse a los des- arrapados que los someten constantemente al temor de un destino en el cual su supervivencia material y simbélica no se encuentran definitivamente garantizados. En esos aftos posteriores a la crisis, el odio a los des- pojados se expres6 bajo formas racionalizantes, autojustifi catorias, de quienes eludian la responsabilidad social que implica el concepto de semejante en el marco, no sélo de un territorio sino de un proyecto irrealizable sin la partici- paciGn conjunta; pliegues fascistas escondidos en el pedido de seguridad, la aceptacién de la impunidad, la naturali- zacién de la muerte de nifios y adolescentes a manos de la desatenciGn y desnutricién, y la conviccién resignada res- pecto al cardcter inevitable de la miseria. Frente a la demanda excluyente de seguridad aparece, sin embargo, el reclamo de una mayor justicia. La lucha con- tra la impunidad se ha constituido en tino de los motores de la movilizaci6n por parte de quienes claman reparaciGn juri- ica antes de terminar de velar a sus muertos, porque saben. «que no hay descanso en paz sino se mueven en direccién de lograr el reconocimiento del derecho de las victimas. Los modos de deshumanizacién que se ponen de relie- ve en el intento de someter a una parte del pafs a su con- a Suwa Biecman dicién simplemente de “superviviente asistido", con vidas ““inmecesarias de ser vividas y vidas valiosas perdidas”, en- cuentra su limite en el florecimiento de acciones creativas y busquedas nuevas que dan cuenta del deseo profundo de no verse reducido a la animalidad més degradada, so- metida a la caridad que slo conserva la vida y despoja del mundo simbélico que lo transforma en humanizado, El pais se ha tornado opaco, borroso. No se ven bordes nitidos salvo en estadisticas oficiales, cuestionadas y poco confiables, las cuales someten a la poblacién a una lectura indiciaria del mundo desde miltiples realidades que hacen estallar la idea de un colectivo e impactan atin mas sobre el ‘ejido social. El sistema de representaciones que sostiene ala Argentina no es homogéneo, no hay dominancias, y la osci- lacién entre ia responsabilidad ética compartida de construir un proyecto comiin y el deseo de supervivencia individual a cualquier costo es constante. Los argentinos tenemos una fa- la en la nocién del largo plazo y una tendencia ala inmedia- te2, producto de una historia sometida a los vaivenes de los intereses mas degradados que nos obliga constantemente a sostener la cotidianeidad bajo modos degradantes. Con el tiempo, nos hemos convencido de que nuestros tratos societarios y la tolerancia a la impunidad nos arras- tran a un abismo, sin que atin hayamos tomado en nuestras manos de manera unificada el cardcter politico que esto implica. La corporacién politica, si bien cerrada atin sobre sus propios intereses, se muestra més sensible a la posibi- lidad de deponer sus propias ambiciones cuando la matea humana se le lanza encima como ocurriera en Misiones, donde se produjo, por primera vez, un verdadero proceso de reciudadanizacién en virtud del cardcter politico que toms el reclamo de poner coto a la inmoralidad politica’. Y Tec misionera del 29 de Octubre de 206 la cual decar6 vencedor al Frente Unido por la Digidad, que obtuvo la mayorie de los convencionales| censtituyentes para refrmor la Consttuclén de esa provincia. La elec fe una derota para el gebemadar Caras Rovira, que quera garatiza st Daven Ly seus 25 si bien una parte importante de la poblacién ha aceptado cierta rutinizacién de la vida politica, cierto naturalismo de la injusticia, siendo indudable que este es el problema mayor que enfrentamos para poder reconstruimos de manera profunda a partir de las experiencias historicas que arrastramos, atin se alimentan aunque sea de manera frag- mentaria y aislada el anhelo de un pais mas justo y capaz de desplegar, no slo de sostenerse, en su potencialidad. Anos después de la crisis del 2001, mi preocupacién fundamental respecto de nuestro futuro como pais es el terminar de liquidar la herencia de los 90’. No simplemente desde un éngulo politico y econdmico sino, como es abor- dado en este libro, a nivel del conjunto de representaciones con las que los argentinos enfrentan su vida politica y su vida cotidiana. Por eso las preocupaciones que guian estas paginas: cules son los residuos que dejé la década del 90 en ja mentalidad argentina?, ;de qué manera pesan en un futuro proyecto historico de redistribucién mas equitativo? Porque la herencia més preocupante de la pasada década sla forma mediante la cual los sistemas de representacio- nes acompafian o quedan pasivizados frente a las politicas oficiales. La idea de que en los 90 triunfé el modelo de la corrupcién es absolutamente incorrecta. Lo que triunfo es un modelo de inmoralidad que se basé en formas perver- sas de manejo del ingreso y de apropiacién de la riqueza nacional. Gran parte de las propuestas moralistas y anti- corrupcién, a su vez, eran profundamente inmorales en la medida en que se planteaban seguir sosteniendo la misma politica con menores niveles de corrupcién. Sin embargo, estas propuestas eran igualmente inmorales respecto de la apropiacién y distribucidn de la riqueza. lorcet mandato consecutive con ln modifcacin de un artcul de la Cart Moga provincial. Tras una dura campana en la que amibas facciones Posie ro ted sabre el tablero, la coalci logre vencer teniendo como referent Principal al actual Obispo Emérito de Puerto Iguana, quien desde hace aos {sts comprometids con lucha por fos derechos de os mas desfavorcides. 2 Sum Bisa