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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

FACULTAD DE ARTES

PROTOCOLO DE TESIS

QUE PARA OPTENER EL TITULO DE

LICENCIADO EN ARTES PLÁSTICAS:

DAVID RAMOS RAMÍREZ

PRESENTA: EL MONSTRUOSO MONUMENTO

LA IDENTIDAD DE LA CIUDAD Y LA IDENTIDAD EN LA CIUDAD

DIRECTOR: JOSEFINA ITANDEHUITL ORTA ROSALES

TOLUCA, MÉXICO, SEPTIEMBRE, 2017.


Índice:

Capítulo 1. El monumento en México

1.1 ¿Qué es el monumento?


1.2 Sí, pero no
1.3 ¿Preguntar por el espacio?

Capítulo 2. Hacia los espacios

2.1 Espacios de reunión

2.2 Hasta los monolitos de piedra desaparecen

2.3 La ciudad como escultura

Capítulo 3. Del monumento al hito

3.1 De lo efímero a la perdurable

3.2 Lugar habitado

3.3 El deambular

3.4 Lo monumental de lo monumental

Capítulo 1. El monumento en México


1.1 ¿Qué es el monumento?

Según Maderuelo, el objeto monumento es la conmemoración de algún


acontecimiento. El término latino “monumentum” significa recordar 1, y ese
recuerdo es representado por un monolito 2 como una marca capaz de otorgarle un
lugar a lo que entendemos por memoria: un monumento es un sentido de
continuidad, es la presencia de la ausencia. Una vertical que entorpece el
equilibrio del espacio, ha sido históricamente un dispositivo que distintas culturas
han levantado con el objetivo de invocar el olvido y fijar un espacio para el
recuerdo.

En ese sentido, diremos monumento a todo objeto elaborado por un grupo de


individuos para recordar o hacer rememorar a las generaciones venideras ya sea
algún evento, rito o creencia. La especificidad de los monumentos atiende a su
modo de intervenir sobre la memoria. Trabaja con ella y la activa por la mediación
del afecto para recordar el pasado y hacerlo vibrar como vibra el presente.
“Estaban” convocados y seleccionados con fines importantes, ya que puede
contribuir directamente a mantener y preservar la identidad de una comunidad
étnica o religiosa, nacional. Como se ha dado hasta entonces.

Y bien, es necesario hacer cuestionamientos esperando dar respuestas concisas


en esta investigación: ¿Qué son los monumentos? ¿Para qué sirven? ¿Cómo fijar
un monumento en cualquier parte? ¿Existen monumentos efímeros?

Es necesario aclarar que los monumentos son siempre definidores de un espacio


en específico, es por ello que siempre debe haber un estudio previo del espacio
para que haya un buen funcionamiento, pues determina las relaciones que
suceden a su alrededor, ya sean de carácter espacial o de significado (en la
definición de Augé, por cuanto sea relacional, identificatorio e histórico).

Riegl mantiene que, en el sentido más antiguo y primigenio, el monumento puede


ser “artístico o escrito, en la medida en que el acontecimiento que se pretende
1
Corominas, Joan. (2017). Breve Diccionario etimológico de la Lengua Castellana. Recuperado de
www.rae.es.
2
Monumento de piedra de una sola pieza.
inmortalizar se ponga en conocimiento del que lo contempla sólo con los medios
expresivos de las artes plásticas o recurriendo a la ayuda de una inscripción” 3

Sin embargo, para poder comenzar a hablar de lleno sobre estos “objetos
interesantes” es necesario, tener en cuenta que existe su contraparte y con los
cuales quizás me sienta más cómodo. Los contramonumentos son la idea de un
monumento que no está, y que depende de recursos como la “invisibilidad” y el
“vacío” para crear un espacio de conciencia crítica mediante la reactivación de la
memoria y la conciencia pública sobre acontecimientos que se han pretendido
olvidar u ocultar, convirtiéndose en un vehículo de denuncia social.

Es importante recordar que no todos los monumentos tienen que ver con el triunfo
de un momento histórico o hazaña heroica de una colectividad. Existen espacios
reservados para la ausencia, lugares donde se han cometido quebrantamientos
contra la humanidad, como los campos de concentración nazis y los lugares de
explotación de esclavos. Ese patrimonio oscuro da cuenta, también, de la memoria
traumada. James Young define el contramonumento como “negaciones, espacios
conmemorativos dolorosamente autoconscientes concebidos para desafiar las
premisas esenciales de su ser”4

Gérard Wajcman subrayó que los contramonumentos “en lugar de colectivizar y


reunir a un grupo en la pacífica comunión del recuerdo, pretenden mostrar lo que
no es posible ver: el olvido.”5

3
Riegl, Aloïs. (1987). El culto moderno a los monumentos: caracteres y origen. Madrid: Visor libros.
4
Young, James. (1992). La Textura de la Memoria: Memorias y Significado del Holocausto. El
contramonumento: La memoria contra sí mismo en Alemania (pp.27). Chicago: Investigación crítica.
5
Wajcman, Gérard. (2001). El objeto del siglo. (pp.189). Buenos Aires: Amorrortu,
Olvido, Fotografía intervenida, 2016

1.2 Sí, pero no

En casi cualquier plaza de las avenidas principales o en las carreteras, están


presentes en la memoria de los habitantes sólo como puntos de reunión, en lo
más alto y de distintos materiales. Los monumentos, son la decoración de plazas y
calles que se completan con los Símbolos de lo Habitual.

Con el paso del tiempo (y no es necesario mucho tiempo), los monumentos crean
un trato igualitario, son escenario de reuniones familiares, prueba que demasiada
memoria es una vertiente del olvido. La escultura cívica es varias cosas
simultáneamente: revancha contra el enemigo vencido, intimidación, y ¡claro!
Están presentes los gustos del patrocinador, porque todo escultor monumental
tiene que estar apadrinado.

No hay pueblo que no tenga estatua. Sin embargo y rápidamente, la repetición de


lo mismos personajes convierte a estas esculturas en arte dudoso. Sin decirlo,
existe una necesidad de la estética: debemos aprovechar todo lo que vemos,
porque están hechas para desaparecer en mucho tiempo.

Si, estos adefesios destruyen la armonía del paisaje. Muchas veces anónimos,
estos rostros de bronce, acero, mármol o piedra, poco expresan a los habitantes
de la ciudad. Pero la importancia de estas piezas, que requieren largos procesos
de creación en manos de escultores y artistas, es que le otorgan identidad a un
lugar en particular.

Son claramente un signo del poder y hace explicitas las necesidades de


legitimidad de los gobiernos sucesivos. Pero los monumentos no nos proveen de
esa otra información: quién las observa y cómo, qué tanto avisan del sentido
colectivo de la historia y que tanto de la percepción estética a pesar de todo, qué
lugar ocupan en la formación escolar y urbana, qué fue un héroe a principios de
siglo y qué es hoy un héroe, cómo se reducen o se amplían los monumentos en el
aprecio cotidiano, cómo se materializa lo bello y cómo se invisibiliza lo oficial.

En este orden, cada busto o cada monumento tiene una función recordatoria, cada
estatua es el homenaje de lo que perdura a lo que no se volverá a repetir.

El crecimiento urbano asimila de inmediato cualquier proposición monumental


(excepto el guerrero chimalli ese si es feo) de la calidad que sea: conviene
reconocer entonces que la escultura cívica y su feroz complemento, la “escultura
civil”, Esos hermosos cangrejos gigantes que anuncian marisquerías o esas
cervezas enormes inflables que se utilizan como publicidad poseen una realidad
infalsificable. Anteriores al arte, ajenas a cualquier afán de vanguardia, estas
piezas de heroísmo congelado o de promociones heroicas son, de algún modo,
esenciales en esta sociedad.

Al Estado le hacen falta: referencias históricas y geográficas, lealtad al pasado y


lealtad de los aquí presentes, en este acto solemne, y le son también
indispensables a la sociedad representada en los funcionarios y en los
comerciantes, al nivel del gusto público allí acumulado y concentrado.

La ocupación de los espacios públicos por parte de estos monumentos supone


una transformación del paisaje urbano, invitando a observar, a leer, a tocar, a ser
parte de la instalación, para que el visitante se interese en conocer el porqué de su
existencia. En cierto modo se favorece en dotar un espacio para la reconciliación
que todavía no existe, y sería importante dotarlo de significado, de valor, de
utilidad, profundizando en la necesidad de favorecer a la acción directa,
implicando a colectivos ciudadanos en actividades en torno a ellas y lo que
significan.

En México, todavía, el valor histórico y los valores típicos se determinan por el


número de monumentos (el ganador indiscutible: Don Benito Juárez), y por el
modo en que los monumentos se encogen al avance de lo urbano. Creo que se ha
llegado a tal punto que se está invadido de monumentos por todas partes, al
menos en Toluca puedes encontrar alguno cada dos calles en el centro de la
ciudad. Muchos de ellos “no se” si en verdad tengan un reconocimiento del
personaje inmortalizado o simplemente se han mezclado en el espacio.

1.2 ¿Preguntar por el espacio?

Hay que pensar que la escultura es una convención, y este acuerdo delimita las
fronteras de lo que se considerará integrante a la categoría y supondrá una
concepción particular arraigada en una pluralidad de aspectos, por lo cual sus
fronteras tomarán la forma que su contexto exija o necesite. El espacio se da
entonces como un a priori (sin serlo realmente) puesto que sin el espacio no hay
conciencia del mundo, pero ésta no lo preexiste pues se hace en el espacio y, por
lo tanto, ese conocimiento espacial es un saber que está en el cuerpo pero que se
hace en la acción.

Considero que el espacio público es propiedad de todos con el mismo derecho,


pudiendo ser utilizado por todos aquellos que integran la sociedad y por ello es
mantenido por las instituciones sociales. El espacio privado se caracteriza por el
uso particular, perteneciente a un solo dueño o un grupo.

Hoy han surgido toda una serie de espacios híbridos, públicos y privados, cada día
nos encontramos ante un monstruo de espacios abiertos y cerrados, reales y
virtuales, inmensos y diminutos, que se sitúan, jerarquizan y especializan… y
muchas veces no hay una línea divisoria que determine: hasta aquí es privado o
hasta aquí es público.

El espacio público ha retrocedido y perdido calidad, mientras asistimos a una gran


demanda sobre plazas y calles en forma de colonización publicitaria y de la
privación creciente del espacio público.

Esto determina que la escultura queda desprovista de las reglas internas que la
rigieron hasta ese entonces, y si la referencia al monumento en tanto lógica y
gramática fue abandonada como principio rector de lo escultórico, sería válido (y
aun, pertinente) preguntarse, ¿cuál es el principio que sostiene a la escultura
como término vigente en la contemporaneidad?

En este momento surgen varias interrogantes ¿qué significa hacer escultura en


nuestro tiempo histórico, donde se han visto afectadas ideas tan fundamentales
como la concepción del cuerpo, el tiempo y la valoración de la materia y el
espacio, siendo éstos principios fundamentales de la disciplina escultórica?

En consecuencia, ¿qué sentido adquiere el quehacer escultórico en un mundo que


ha tomado otra dirección? ¿Es posible establecer una posibilidad real para la
disciplina escultórica sabiendo de la crisis del cuerpo y la corporeidad?

Antiguamente el trabajo que tenía el escultor consistía en manipular y dar forma a


la materia a través de procesos muy específicos, modelar, cincelar, tallar, se
enfrenta al concepto de construir. Actualmente la acción de construir desarrolla
otros procedimientos escultóricos, como armar, montar, fabricar o edificar. Así,
construir es la acción de la escultura contemporánea.

La escultura en sentido estricto o escultura en el campo expandido, se podría


definir por la idea de ausencia. La ausencia no es el vacío, pero supone que algo
“estuvo allí”, pero ya no lo está, se ha quitado como el caso de la Ex-cama de
piedra. La escultura es siempre representación, presentación o constatación de
una pérdida, es siempre el recuerdo de una ausencia como presencia.

La escultura es inseparable del monumento, siendo conmemorativos tienen una


relación específica con un lugar determinado. Estos objetos de dimensiones
mayores funcionan en relación con la lógica de su representación y de su papel
como hito, por eso son representativas y en su mayoría verticales, los pedestales
son parte importante de la estructura dado que sirven de intermediarios entre la
ubicación real y el signo a representar. Estos enormes bloques de piedra, fueron
pensados para ser vistos siempre desde fuera.

Muchas obras acaban no siendo vistas a la primera mirada, olvidadas a


desaparición en la ciudad de imágenes gracias a la inserción de publicidad que
empieza a construir en este momento la nueva monumentalidad para el espacio
público. La escultura pierde su espacio en el espacio abierto de la ciudad, y se
torna subordinada a entornos de edificios consolidados.

Actualmente las esculturas no atraen la atención ni tampoco demarcan el lugar de


ubicación, pues, no establecen ninguna relación con el entorno, pudiendo estar en
cualquier lugar, más bien parecen estar pérdidas o abandonadas.

Están presentes en unos instantes en la memoria de los transeúntes, pero


desaparecen. Es algo similar a lo que pasa con los monumentos después de cierto
tiempo se vuelven comunes se desvanecen excepto el guerrero chimalli ese si es
feo y creo que quedara siempre presente tanto por su monumentalidad como por
su fealdad y es que es reconocido a nivel estatal, aunque nunca lo hayas visitado,
pero con semejantes memes que se hicieron uno no está exento de conocerlo.

Referentes:

Augé, Marc, Los no lugares. Espacios del anonimato, Una antropología de la


sobre modernidad, Barcelona, Gedisa, 1996.

Maderuelo, Javier, El espacio raptado. Interferencias entre Arquitectura y


Escultura, 1990
Página Web de la Real Academia de la Lengua Española y Breve Diccionario
etimológico de la Lengua Castellana, de Joan Corominas. Ed. Gredos. Madrid,
2003.

Riegl, Aloïs, El culto moderno a los monumentos: caracteres y origen, Serie La


balsa de la medusa, Madrid, Visor libros, 1987.

Wajcman, Gérard, El objeto del siglo, Amorrortu, Ed. Buenos Aires, 2001