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Comprensión y Redacción de Textos II

Ciclo 2020-agosto
Semana 2, sesión 1


Fuentes de información: ejercicio de transferencia del correo electrónico

Actividad 1
Revisa las siguientes fuentes de información sobre el coronavirus. Complementa tu comprensión
del tema buscando fuentes adicinales.

Fuente 1
Acerca del coronavirus

Todos los países de la región ya han reportado casos de COVID-19, la neumonía causada por el
nuevo coronavirus que la Organización Mundial de la Salud describe como pandemia. Al tratarse
de un nuevo virus, existen muchas incógnitas. Pero hay consenso en que se trata de una zoonosis,
es decir, de una enfermedad que originalmente saltó de los animales a las personas. Todo indica
que ocurrió en el mercado de mariscos de Wuhan, en China, donde también se comercializan
animales salvajes.
Es importante saber cómo se contagia, pues sucede con mucha facilidad. El nivel de cercanía,
tipo de contacto, la duración del mismo y nuestros propios comportamientos son clave para el
nivel de riesgo. Y la fortaleza de nuestro sistema inmunológico —a menudo condicionado por la
edad y el estado de salud— también puede marcar la diferencia.
La clave es entender que los virus que afectan al sistema respiratorio viajan sobre todo en las
llamadas gotículas respiratorias, esas pequeñas gotitas que expulsamos al respirar, hablar, reír,
toser o estornudar. Por eso, el riesgo más alto de contagio se produce cuando estamos en contacto
cercano con una persona infectada, lo que el servicio de salud pública de Reino Unido, NHS,
define como estar a menos de dos metros por 15 minutos. Eso significa que un enfermo con el
que nos crucemos de forma fugaz en la calle se le haría muy difícil contagiarnos. Aún así, sin
embargo, incluso compartir vivienda con un enfermo de COVID-19 no es garantía de contagio.
Una posible forma de que esas gotículas lleguen a nuestro sistema respiratorio es a través de la
tos y los estornudos de una persona infectada, que los expertos estiman son las principales forma
de transmisión del coronavirus. Los estornudos transforman las gotículas en aerosoles que pueden
quedar suspendidos en el aire por varios minutos, antes de depositarse en las superficies cercanas.
Obviamente, las probabilidades de contagio son especialmente altas si nos estornudan o tosen a
la cara. No obstante, una conversación a corta distancia con una persona infectada con el virus
también es una posible forma de atrapar el virus. De hecho, una buena regla es que si podemos
adivinar qué ha comido una persona por su aliento eso significa que lo estamos inhalando, y con
el aliento también los virus que este podría contener. Esa es la razón por la que las autoridades
sanitarias de Estados Unidos están recomendando mantener una distancia de al menos 1,80 metros
con nuestros interlocutores.
Si bien los virus eventualmente mueren si no encuentran un organismo en el que reproducirse,
hay un periodo de riesgo en el que lo podemos recoger de diferentes superficies. Las barandillas
de las escaleras mecánicas de una estación de metro son un ejemplo: el virus puede llegar ahí en
forma de estornudo o por el contacto de la mano de un enfermo que se tapó la boca para toser. Y
si después de tocarlas nos llevamos las manos a la cara, el daño muy probablemente está hecho.

Adaptado de BBC Mundo (2020). Coronavirus: cómo contagiarse y cómo no. Recuperado de
https://bbc.in/2ULH0ZD
Fuente 2
El coronavirus no viaja por el aire

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho público el informe “Modos de transmisión


del virus que causa la COVID-19”, donde aclara cómo se transmite y cómo no este patógeno a
través del aire y otros medios. El estudio comienza explicando que las infecciones respiratorias
se pueden transmitir a través de gotas de diferentes tamaños: cuando son de un tamaño superior
a 5 - 10 micras de diámetro se denominan gotitas respiratorias, y cuando son más pequeñas de 5
µm se llaman núcleos de gotas. Según las evidencias actuales, el coronavirus se transfiere entre
personas a través de las gotitas respiratorias y por vías de contacto, como una superficie. En un
análisis de 75 465 casos de COVID-19 realizado en China, no se encontró transmisión por el aire.
La transmisión de gotitas ocurre cuando una persona está próxima, a menos de un metro, a alguien
que tiene síntomas respiratorios (por ejemplo, tos o estornudos). Por tanto, está en riesgo de tener
sus mucosas (boca y nariz) o conjuntiva del ojo expuesta a las gotitas respiratorias potencialmente
infecciosas.
La transferencia aérea es diferente de esa transmisión de gotas, ya que se refiere a la presencia de
patógenos dentro del núcleo de las gotas (menores de 5 µm) y que pueden permanecer en el aire
durante largos períodos de tiempo y ser transmitidos a distancias mayores de un metro. Esa
transmisión aérea puede ser posible en circunstancias y entornos muy específicos donde se trabaja
con procedimientos o tratamientos de soporte donde se generan aerosoles; es decir, intubación
endotraqueal, broncoscopia, succión abierta, administración de tratamiento nebulizado,
ventilación manual antes de la intubación, girando al paciente a la posición prono, desconectarlo
del ventilador, ventilación no invasiva de presión positiva, traqueotomía y reanimación
cardiopulmonar.
Según el informe de la OMS, existe alguna evidencia de que la infección por COVID-19 puede
provocar infección intestinal y estar presente en las heces. Sin embargo, hasta la fecha, solo un
estudio ha cultivado el coronavirus de una sola muestra de heces. No hay informes de transmisión
fecal-oral del virus COVID-19 hasta la fecha.
Una publicación reciente en el New England Journal of Medicine ha evaluado la persistencia del
virus de la COVID-19 en distintas superficies. En ese estudio experimental, sus autores generaron
aerosoles usando un nebulizador de tres chorros y un ‘tambor’ en condiciones controladas de
laboratorio.

Adaptado de América Economía (2020). El coronavirus no viaja por el aire. Recuperado de


https://bit.ly/2ULLijH

Fuente 3
Sobre el coronavirus

Un estudio publicado en The Journal of Hospital Infection sobre la permanencia en superficies


del coronavirus SARS-CoV-1 (causante del brote de SARS en 2003) muestra que el virus puede
durar desde varias horas en materiales como el aluminio hasta cinco días en el plástico. Se ha
comprobado en otro estudio más reciente publicado en The New England Journal of Medicine
que el comportamiento del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) en superficies es similar al del
SARS-CoV-1.
Adaptado de El Mundo (2020). Síntomas del coronavirus, tratamiento y cómo evitar el contagio.
Recuperado de https://bit.ly/39Ijn8B

Fuente 4
Infección del coronavirus

El coronavirus (SARS-CoV-2) es una cadena de material genético (ARN) recubierto de una


membrana de proteínas que la protegen y de la que sobresalen otras proteínas que le ayudan a
unirse a las células humanas y entrar en ellas. El SARS-CoV-2 se une a las células humanas
usando la proteína ACE2, situada en la superficie exterior de las mismas. El virus encaja su
proteína S en la ACE2 como una llave en una puerta. Una vez dentro, utiliza la maquinaria celular
para producir entre 10 000 y 100 000 copias de sí mismo que se lanzan a infectar nuevas células.
Los virus son inquietantes porque no están vivos ni muertos. No están vivos porque no pueden
reproducirse por sí mismos. No están muertos porque pueden entrar en nuestras células, secuestrar
su maquinaria y replicarse. En eso son efectivos y sofisticados porque llevan millones de años
desarrollando nuevas maneras de burlar a nuestro sistema inmune. Es una batalla que comenzó
hace más de 3500 millones de años con la aparición de las primeras formas de vida en la Tierra y
que continúa ahora con la epidemia global de coronavirus.
Más del 60% de las enfermedades infecciosas en humanos vienen de patógenos compartidos con
animales salvajes y domésticos. Cada año, estas enfermedades infectan a unos 1000 millones de
personas y matan a 2,7 millones de ellas, la inmensa mayoría en países pobres. El coronavirus ha
causado por ahora poco más que 3300 defunciones. Un 0,1% del total.
La zoonosis, el paso del virus de los animales al ser humano, se puede dar después de un proceso
de recombinación de diferentes virus. En el caso de la gripe H1N1 de 2009, el paso se dio de aves
a cerdos y de ahí al ser humano. Por ahora no se sabe qué animal originó el brote de SARS-CoV-
2, pero todo apunta a que sucedió en China y que la especie en cuestión fue un murciélago. Los
murciélagos son uno de los reservorios de virus más habituales, incluido el ébola, probablemente
porque han desarrollado una inmunidad que les permite sobrevivir con cargas virales leves.
Cuando estos patógenos saltan a otras especies, sus sistemas inmunes no saben luchar contra ellos
y puede originarse una epidemia si el virus es evolutivamente apto para propagarse. Lo más
parecido a la secuencia genética del nuevo SARS-CoV-2 es un virus de murciélago aislado en
Yunnan (China) con el que comparte el 96% de su material genético.
El nuevo coronavirus y el SARS de 2003 —otro primo cercano con el que comparte más del 80%
del genoma— usan la misma puerta de entrada: la proteína ACE2, que se forma en la superficie
exterior de las células del pulmón y otros órganos, y que siempre tiene que estar ahí, pues es
esencial para mantener la presión sanguínea y evitar enfermedades cardiovasculares. Para el virus,
la ACE2 es como una cerradura en la que introduce una llave: la proteína S. Cada tipo de
coronavirus tiene una proteína S ligeramente diferente —es uno de los elementos que más
mutaciones acumulan debido a su importancia para iniciar la infección— y conocerla en todo su
detalle es esencial para poder desarrollar tratamientos.
El País (2020). Así infecta el coronavirus. Recuperado de https://bit.ly/3aLrNgZ