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DERECHO INTERNACIONAL AMERICANO

NOMBRE: Hermer A. Valerio Díaz

MATRICULA: FB-2881

SECCIÓN: 09 (Viernes 1-4)

LA DOCTRINA CALVO

La Doctrina Calvo, denominada así por su autor, Carlos Calvo (1824-1906), es una
doctrina panamericana de Derecho internacional que establece que, quienes viven en un
país extranjero deben realizar sus demandas, reclamaciones y quejas sometiéndose a la
jurisdicción de los tribunales locales, evitando recurrir a las presiones diplomáticas o
intervenciones armadas de su propio Estado o gobierno. Ha sido recogida en varias
constituciones latinoamericanas. Esta doctrina a veces es confundida con la doctrina
Drago, debida al también jurista argentino Luis María Drago, que establece una
aplicación más restringida del mismo principio. Calvo justificaba su tesis señalando que
era necesario impedir que los países más poderosos interfirieran en la jurisdicción de los
más débiles.

Durante las dos primeras Conferencias Interamericanas que se celebraron en


Washington D.C. (1889-1890) y Ciudad de México (1901-1902), Estados Unidos se
negó a firmar la Convención sobre Derechos de Extranjería en donde se asentaron los
principios básicos de la doctrina Calvo. Se estableció igualdad jurídica para nacionales
y extranjeros, se estableció como un acto de fuerza mayor los daños causados por actos
revolucionarios, y se admitió la posibilidad de reclamaciones diplomáticas cuando
existía denegación de justicia. En contraposición, Estados Unidos logró que se firmara
el Tratado sobre Reclamaciones por Daños Pecuniarios, un órgano jurídico regional que
atendería las reclamaciones y que no se obligaba a reconocer los principios de la
doctrina Calvo.

Durante la 4.a conferencia celebrada en Buenos Aires (1910) se firmó una convención
que logró incorporar la condición de que se recurriría primero a los tribunales locales
antes de acudir al arbitraje internacional, es decir, sólo en caso de denegación de
justicia. En la 5.a conferencia celebrada en Santiago de Chile (1923) se encomendó a la
Junta Interamericana de Jurisconsultos determinar los derechos civiles y garantías
individuales de los extranjeros y las excepciones que hubiese lugar. Durante la 6.a
conferencia celebrada en La Habana (1928) se acordó que los Estados debían reconocer
las mismas garantías individuales a extranjeros y nacionales. Durante la 7.a conferencia
celebrada en Montevideo (1933) se definió la responsabilidad internacional de Estado
siendo la Comisión Jurídica Interamericana la designada para establecer la normatividad
a seguir.2 No fue fácil unificar los criterios al respecto del concepto de denegación de
justicia, por tal motivo existieron varias controversias, como el caso de la expropiación
del petróleo en México.

Esta doctrina provino de las ideas de Carlos Calvo, en Derecho internacional teórico y
práctico de Europa y América. La doctrina Calvo proponía prohibir la intervención
diplomática cuando hubiera pleitos entre partes de distintos países, hasta que no
estuvieran agotados los recursos locales. La Doctrina Drago fue anunciada en 1902 por
el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Luis María Drago, en respuesta a la
renuncia de los Estados Unidosa ejecutar la Doctrina Monroe durante el bloqueo naval
contra Venezuela. Establece esta doctrina jurídica que ningún Estado extranjero puede
utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda
financiera. La doctrina Drago resultó ser una respuesta a las acciones del Reino
Unido, Alemania e Italia, quienes impusieron un Bloqueo Naval a Venezuela a finales
de1902, en respuesta a la gran deuda externa de Venezuela que el recién llegado
presidente Cipriano Castro se negaba a pagar.

Frente a este ataque combinado, Estados Unidos replicó que, como país, no apoyaría a


un estado americano que sufriese ataques bélicos como respuesta a la negativa de pagar
sus deudas, pretendiendo que la Doctrina Monroe sólo se aplicaría cuando dicho país
sufriese ataques de potencias europeas motivadas por la intención de recuperar
territorios americanos y colonizarlos. Así surge esta doctrina Drago, como una protesta
por parte de Luis María Drago frente a la actuación de Estados Unidos. Una versión
modificada por Horace Porter fue adoptada en la Haya en 1907. Esta añadió que el
arbitraje y litigio deberá usarse siempre como método de solución de conflictos
internacionales antes que recurrir a la fuerza militar.

CLÁUSULA CALVA
Se llama así a la estipulación de renuncia de protección diplomática que se incorpora a
los contratos entre un Estado latinoamericano y un ciudadano o corporación extranjeros,
en virtud de la cual éstos no pueden acudir a su gobierno para defender sus derechos
contractuales ni para formular reclamaciones contra la otra parte con ocasión o por
consecuencia del contrato que les vincula. La renuncia por una persona jurídica o
natural a la protección diplomática del Estado al que pertenece tiene el efecto, en la
teoría y en la práctica del Derecho Internacional, de tornar inviables las reclamaciones
de los Estados en defensa de los intereses de sus nacionales en el exterior, que fueron
tan usuales a fines del siglo XIX y principios de este. Los Estados solían tomar a su
cargo la defensa de los derechos contractuales de sus ciudadanos en el exterior cuando
consideraban que ellos habían sido vulnerados y ejercían toda la presión necesaria para
que sus reclamaciones sean atendidas. Esto coincidió con el crecimiento de las
inversiones de capital privado norteamericano y europeo en los países de América
Latina, que dio lugar a numerosas reclamaciones diplomáticas y a inevitables fricciones
internacionales.

Esta cláusula es una derivación del planteamiento formulado por el internacionalista


argentino doctor Carlos Calvo, quien en su libro "Derecho Internacional Teórico y
Práctico" (1896) sostuvo la tesis de que un Estado no debe afrontar responsabilidad por
daños o pérdidas sufridos por extranjeros como resultado de insurrecciones armadas o
guerras civiles. Estas ideas recibieron el nombre de >doctrina Calvo en los círculos
diplomáticos internacionales. A partir del planteamiento del jurista argentino se dio el
nombre de cláusula Calvo a la estipulación mediante la cual los inversores extranjeros
renuncian explícitamente a toda protección internacional en sus relaciones contractuales
establecidas con un país que no es el suyo. Esta cláusula se suele incorporar en los
contratos celebrados entre un gobierno y personas extranjeras para prevenir
reclamaciones diplomáticas.

La cláusula Calvo enerva esta posibilidad. A partir de ella todo conflicto que surja entre
las partes no será materia del Derecho Internacional ni de reclamación diplomática sino
del Derecho interno del Estado donde se han realizado las inversiones, que debe ser
resuelto por los jueces ordinarios de éste. Lo cual significa que el inversionista
extranjero, al renunciar explícitamente al amparo diplomático para toda reclamación
derivada de su relación contractual, consiente en ser tratado en pie de igualdad con los
nacionales. Asume, de este modo, el mismo tratamiento que los demás ciudadanos del
país en que ha hecho la inversión, pero éste, a su vez, está obligado a garantizarle una
administración de justicia eficiente, igualitaria y justa ante los tribunales locales o las
posibilidades de un arbitraje imparcial.

DOCTRINA DRAGO

La doctrina Drago tuvo gran incidencia entre los países hispanoamericanos, quienes
vieron en sus postulados un fuerte soporte de derecho internacional para oponerla a la
amenaza de potencias extranjeras sobre la soberanía y el territorio de las nuevas
naciones. No así lo tuvo frente a los Estados Unidos, quien la rechazó por considerarla
contraria a sus propios intereses expansionistas, y de allí que a comienzos del siglo XX,
no pocas veces ocupó a países centroamericanos y del Caribe mediante la fuerza
armada, para asegurarse de que estos pagasen las deudas públicas contraídas con
potencias europeas y de esta manera, evitar que invadiesen territorio americano, para
cobrar sus acreencias. Ejemplo de ello, lo fueron las invasiones de los Estados Unidos
en Honduras (1911), Nicaragua (1911), República Dominicana (1907) y Haití (1915),
éstas dos últimas intervenidas financieramente hasta 1941 y 1933 respectivamente.

Los países hispanoamericanos continuaron proclamando la doctrina Drago ante los


escenarios internacionales, cada vez que tenían oportunidad para hacerlo, y, de su parte,
Estados Unidos de igual manera procedía a presentar su oposición a la misma. Como
ocurrió en la III Conferencia Panamericana de Río de Janeiro del año 1907, donde las
naciones hispanoamericanas pretendían discutir la doctrina Drago y por oposición de los
Estados Unidos se remitió el tema a la consideración de la II Conferencia de Paz de la
Haya a celebrarse en el mismo año. Luego, en ésta última Conferencia, a proposición de
Estados Unidos se aprueba el Tratado Porter, donde en principio se rechaza el uso de la
fuerza por un país, para el cobro de deudas contractuales a otro país; sin embargo, se
autorizó el uso de esa misma fuerza, cuando el Estado deudor rechace someterse a un
arbitraje sobre la cuestión en discusión, o cuando aceptado el compromiso, rechace
aplicar el laudo arbitral. En esa oportunidad la delegación argentina, de la cual formaba
parte Luís M. Drago, se pronunció contra la modificación de su doctrina, y ratificó la
misma, dentro de los términos en que ella había sido formulada en la citada
comunicación del 29 de diciembre de 1902. Varios países hispanoamericanos salvaron
su voto, entre ellos, Venezuela. Países centro americanos y Perú, esgrimieron la doctrina
Drago ante una reunión extraordinaria de la Sociedad de Naciones ocurrida en el año de
1932, con motivo de la invasión japonesa a Manchuria, para cobrarle a China
obligaciones morosas, recordando al efecto los principios jurídicos contenidos en el
Tratado Porter.

Hoy en día subsiste la Doctrina Drago porque ningún Estado puede cobrar
compulsivamente las deudas públicas o privadas de otro Estado y, esta tesis junto con la
de Calvo se encuentra presente en la creación de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) y en la Organización de los Estados Americanos (OEA). En las cartas de
ambas organizaciones se consagra la integridad territorial de los países miembros y se
prohíbe el uso de la fuerza entre ellos, para obtener ventaja de cualquier naturaleza. En
efecto, la Carta de la OEA dispone lo siguiente: “Artículo 20: Ningún Estado podrá
aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la
voluntad soberana de otro Estado y obtener de éste ventajas de cualquier naturaleza”.
“Artículo 21: El territorio de un Estado es inviolable; no puede ser objeto de ocupación
militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente,
cualquiera que fuere el motivo, aun de manera temporal. No se reconocerán las
adquisiciones territoriales o las ventajas especiales que se obtengan por la fuerza o por
cualquier otro medio de coacción”.

Durante los inicios del siglo XX, la inestabilidad política y económica y el atraso en los
pagos de los empréstitos realizados durante el siglo XIX, dieron pie a lo que se
denominó la Primera Invasión Estadounidense, que se extendió desde 1916 hasta 1924.
En la República Dominicana había una gran inestabilidad política y un gran
endeudamiento, que acrecentó la deuda externa. Debido a esto Estados Unidos ocupó el
territorio dominicano, alegando la violación del artículo III de la Convención de 1907,
el cual establecía que el país no podía aumentar su deuda externa sin el consentimiento
de los Estados Unidos; y éstos, además, querían dotar al país de estabilidad política. En
realidad, el interés de los Estados Unidos era por motivos fundamentalmente
económicos, ya que República Dominicana poseía grandes recursos materiales que le
servirían de mucho a los invasores.

Deuda pública o deuda soberana, es el conjunto de deudas que mantiene un Estado


frente a los particulares u otros países. Además constituye una forma de obtener
recursos financieros por el Estado o cualquier poder público materializada normalmente
mediante emisiones de títulos de valores o bonos.

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