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TEMA 2

Bases demográficas de la sociedad española


Introducción
Para estudiar una sociedad debemos basarnos en su población y en las características
demográficas de esa población. La población está formada por un conjunto de personas que
viven en un lugar determinado, que se reproducen, se desplazan a otros lugares o reciben a
foráneos y mueren en algún momento de si existencia.

En las sociedades desarrolladas, su estabilidad o continuidad en el tiempo depende del


mantenimiento de unas señas de identidad colectivas de tipo político, los Estados nacionales.
Su tamaño y estructura se basan en tres procesos demográficos básicos: la relación entre
fecundidad, mortalidad y migración en un tiempo determinado.

En los últimos treinta años los cambios en esos procesos han sido espectaculares:

Tasas de fecundidad: España tenía una de las tasas más alta de Europa a inicios de los
70. A principios del XXI, ocurre lo contrario y las tasas de reproducción están situadas
por debajo del nivel de reemplazo generacional.
Mortalidad: ha experimentado un constante descenso y una mayor esperanza de vida.
Migración: España era un país tradicionalmente migratorio. El proceso se invierte y en
la actualidad es uno de los países que recibe más emigrantes.

Crecimiento natural (crecimiento o saldo vegetativo): diferencia entre nacimientos y


defunciones en una población determinada en un período determinado de tiempo.

Saldo migratorio: diferencia entre el número de inmigrantes y el de emigrantes.

A lo largo del XX España mantuvo crecimiento natural positivo y saldo migratorio neutro o
negativo. Excepto en 1918 (epidemia de gripe devastadora) y 1939 el número de nacimientos
siempre superó al de muertes. En cuanto a migraciones exteriores, en los primeros años del XX
se dio la migración española hacia el contiene americano y en los años 60 hacia Europa: ambas
superaron las entradas. Pero a finales de siglo e inicios del XXI la tendencia ha variado: ha
disminuido el crecimiento natural debido en gran parte al descenso de la fecundidad, se ha
reducido la movilidad interna y ha aumentado el saldo migratorio debido al enorme
incremento de emigrantes extranjeros. Estos tres elementos conforman las claves
demográficas de la sociedad española de los últimos 30 años.

Puesto que la población es un elemento estructural básico de una sociedad, el análisis


demográfico nos permite tener un conocimiento generalizado de es estructura. Tres razones:

1. No pocos fenómenos sociales de interés son simplemente el producto del cambio de


composición (edad y sexo) de la población.

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 1


2. En no pocas ocasiones son procesos demográficos los que están en la base de otros
procesos de cambio estructural que tienen interés más allá de la demografía.
3. La intervención pública o privada en la vida social y económica exige un conocimiento
detallado del volumen y características de la población a la que va dirigida.

Los procesos demográficos plantean enormes desafíos al diseño de política públicas y, más
concretamente, como sucede con claridad en el caso del envejecimiento en las sociedades
contemporáneas, a la articulación de algunas de las instituciones fundamentales del Estado de
Bienestar. Para entender correctamente una determinada sociedad resulta muchas veces
imprescindible recorrer le cambio que va desde su demografía hasta los factores
institucionales que inciden en su estructura social. Es decir, la población es un componente
estructural fundamental de toda sociedad, por lo tanto su estudio es imprescindible para
poder abordar el análisis de su estructura social y sus cambios estructurales.

La población española y su crecimiento natural


1/11/01: 40.847.371 habitantes en España, según el censo realizado por el INE.

2003: más de 42 millones de habitantes.

A comienzos del siglo XXI España cuenta con el mayor volumen de población de toda su
historia. Es el 28 país del mundo por el tamaño de su población y uno de los más poblados de
la UE, sólo superado por la República Federal Alemana, Reino Unido, Francia e Italia. En 2001,
la población española constituía el 10,7% de la población total de los 15 países UE, porcentaje
que ha disminuido con la incorporación de los nuevos países. No obstante ser un país populoso,
su gran extensión hace que España tenga una baja densidad de población cuando se la
compara con la de otros países europeos (120 hab/Km2).

¿Cómo hemos llegado a ser casi 43 millones de habitantes a comienzos del XXI? ¿Cómo se
explica ese crecimiento de los últimos años?

El factor más importante del reciente cambio de tamaño de la población española ha sido, con
mucho, un saldo migratorio positivo, es decir, la masiva llegada de inmigrantes. Mucho menor
es el peso del otro factor, el crecimiento natural (diferencia entre nacimientos y muertes). El
impacto del crecimiento natural en el tamaño de la población se evalúa observando la
evolución conjunta de las llamadas tasas vitales (natalidad y mortalidad). Y para entender la
evolución conjunta de ambas es necesario remitirse al esquema conceptual que se ha llegado a
conocer como teoría de la transición demográfica: radical transformación del modo en que las
poblaciones gestionan el volumen de sus efectivos. El resultado del cambio, que se alcanza tras
un periodo largo de tiempo, después de que el paso de las generaciones vaya transformando
los comportamientos vitales, reside en la transición desde unas circunstancias demográficas en
las que nace un número relativamente alto de niños pero sobreviven sólo unos pocos cuya
existencia es incierta, a otras condiciones bien distintas en las que basta con que nazcan unos
pocos niños, puesto que casi todos sobreviven y lo hacen, además, durante un extenso,
saludable y creciente período de tiempo.

Causas más generales y macromecanismos que desencadenaron la transición demográfica.


Factores clave:
4º. Estructura Social de España. Primer parcial 2
Cambio de cultura material
Nivel de vida asociado a la industrialización
Desarrollo económico.

Los procesos de modernización social, económica y cultural de las sociedades industriales


elevan el bienestar material de sus poblaciones, mejoran sus condiciones de salud merced a
los avances médicos y hacen progresar la higiene pública y privada. Ello implica que las
transiciones suelen comenzar con una disminución de las tasas de mortalidad (en especial la
infantil) y continúan, después, con una caída de la fecundidad. Al final de la transición, las
poblaciones postransicionales alcanzan un cierto equilibrio demográfico o regresan a ritmos de
crecimiento relativamente similares a los pretransicionales. De una sociedad que ha
consumado su transición demográfica podemos esperar, por lo tanto, un ritmo de crecimiento
natural muy reducido, con bajas tasas de fecundidad y mortalidad.

Hoy día, el ámbito de aplicación del concepto de transición demográfica se ha ampliado hasta
cubrir la totalidad del planeta. Idea original: surgió de la experiencia histórica de los países
europeos. En el caso de España, el período clave de su modernización demográfica es el siglo
XX: los cambios sociales, económicos y culturales producidos durante el pasado siglo
terminaron por completar el proceso de la transición demográfica. Al final de ese proceso
España se presenta como una sociedad con una estructura y un comportamiento demográfico
perfectamente equiparable al de otros países avanzados. Es cierto que el comienzo
relativamente simultáneo de las caídas de la mortalidad y la natalidad dio su tono peculiar a la
transición española.

¿Cómo ha evolucionado el crecimiento natural de la población española en los últimos años


del siglo XX?

Puesto que el crecimiento natural no es más que la diferencia entre ambas magnitudes
(fecundidad y mortalidad), el resultado del cambio de las tasas vitales en estos últimos años no
puede ser otro que una considerable disminución del ritmo el crecimiento natural. A partir de
los años 70 se ha producido un súbito retraimiento del crecimiento natural como consecuencia
de la caída brusca y acelerada del número de nacimientos y de un lento incremento de las
defunciones.

1988: marca el límite inferior de esa caída. El crecimiento natural se acercó mucho a cero
(365.000 nacimientos, 360 fallecimientos).

Evolución del crecimiento natural de la población española desde 1975 a 2003: la


desfalleciente natalidad de los españoles ha sido el factor dominante en la evolución
descendente de su crecimiento natural durante ese período. La brusca caída de la natalidad
comenzó en 1976 y se prolongó hasta 1998, momento a partir del cual ha tenido lugar un leve
repunte que todavía no parece haberse detenido.

En resumen, a lo largo del siglo XX la sociedad española ha experimentado una intensa


transformación demográfica. Esa transformación ha estado vinculada a los trascendentales
procesos de modernización social, económica y cultural (urbanización, alfabetización, pérdida
de peso económico y social de la agricultura, industrialización, crecimiento de los servicios,

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 3


desarrollo económico y elevación del nivel material de vida, secularización, etc.), que han
convertido a España en un país avanzado. En la actualidad el comportamiento de la población
española es el propio de una sociedad que ya ha finalizado su transición demográfica.

Si es cierto que el siglo XX es el siglo de la transición demográfica en España, no los es menos


que en los comienzos del XXI, empezamos a vislumbrar en nuestro país el contorno de un
nuevo escenario demográfico claramente postransicional: bajo ritmo de crecimiento
vegetativo de nuestra población. En el momento actual, con tasas muy bajas de natalidad y
mortalidad, el crecimiento natural de la sociedad española es muy reducido, si lo comparamos
con las fases previas de la transición demográfica.

La fecundidad y la nupcialidad
En 1975 España tenía uno de los niveles de fecundidad más altos de toda Europa. Las mujeres
españolas registraron una fecundidad coyuntural (medida con el ISF) de 2,8 hijos por mujer.
Pero desde 1976 y hasta 1998 el ISF fue disminuyendo de manera continuada en nuestro país.
En 1981 el ISF se situó por debajo de los 2,1 hijos por mujer. El valor por debajo del cual no
está asegurado el reemplazo generacional. En 1993 el ISF cayó por debajo de los 1,3 hijos por
mujer, el umbral que caracteriza a las sociedades o regímenes contemporáneos de muy baja
fecundidad. En 1998 El ISF descendió hasta los 1,16 hijos por mujer, el mínimo
correspondiente a este pequeño período. Es decir, durante las tres últimas décadas los índices
coyunturales de fecundidad han venido experimentando en España una acusadísima
disminución que nos ha llevado a ocupar, junto con Italia y algunos otros países de Europa
oriental, los últimos lugares del mundo. Este régimen demográfico de muy baja fecundidad es
uno de los síntomas que permiten afirmar que la transición demográfica ha concluido en
nuestro país.

La fecundidad de las mujeres extranjeras supera a la de las españolas, hasta el punto de que en
2003 la casi totalidad del crecimiento natural corresponde a hijos de madre extranjera. La
brusca caída de los niveles reproductivos de nuestra sociedad que se ha producido en las tres
últimas décadas, pese a la ligera recuperación de los años más recientes, bien despertando
alarma en ciertos sectores de opinión, además de preocupación entre los administradores
públicos e interés entre los expertos.

Este reciente descenso de las tasas de natalidad, se inscribe en la larga evolución secular que
caracteriza a una sociedad que realiza su transición demográfica y reduce por ello su esfuerzo
reproductivo. Esa decreciente intensidad reproductiva de las españolas está asociada a
diferentes procesos de cambio demográfico, social, económico y cultural, que varían
radicalmente la posición social y familiar de las mujeres. Conocer algunas características de
este régimen de baja o muy baja fecundidad en España nos ayudará a entender por qué se
tienen tan pocos hijos en la España de hoy y por qué hemos caído en esa situación de
verdadera depresión demográfica.

La acentuada caída de los niveles coyunturales de la fecundidad ha venido acompañada a


partir de 1980 de un considerable retraso en el calendario de la maternidad.

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Tras experimentar un cierto rejuvenecimiento en la segunda mitad de los 70, entre 1980 y
2000 la edad media a la maternidad se ha retrasado dos años y medio y la edad media de las
madres españolas al nacimiento del primer hijo cuatro años.

Otro de los rasgos que caracteriza la fecundidad estos últimos años es el peso creciente que en
nuestro país han adquirido los nacimientos extramatrimoniales. Durante estos últimos años se
ha invertido la tendencia decreciente de la ilegitimidad que caracterizó a las generaciones
españolas nacidas en la primera mitad del siglo. Ha llegado a representar casi una quinta parte
de la fecundidad total a inicios del XXI. Aunque por ahora no ha alcanzado los niveles de otros
países europeos, la práctica de reproducirse al margen del matrimonio se ha ido convirtiendo
en un comportamiento crecientemente aceptado y practicado en nuestra sociedad y ha dado
lugar a la doble desinstitucionalización de la familia en las sociedades demográficamente
avanzadas.

Las mujeres que están participando en este nuevo régimen demográfico de muy baja
fecundidad demuestran padecer un importante déficit de natalidad (discrepancia entre el
número de hijos deseado y tenido).

A pesar de que se incrementa el número de nacimientos fuera del matrimonio, en España aún
es un fenómeno vinculado al matrimonio (8 de cada 10 nacimientos). Por lo tanto, nupcialidad
y fecundidad aún son fenómenos demográficos estrechamente relacionados. El nivel de
fecundidad de una población es muy sensible a la proporción de mujeres casadas.

Así, el cambio de pautas matrimoniales en la España de estos tres últimos decenios puede
resumirse en una menor intensidad y en un calendario más tardío de la nupcialidad. La menor
intensidad debida a la caída de los índices de primonupcialidad, que disminuyen fuertemente
en la segunda mitad de los 70 y primeros 80, ralentizan su caída en los segundos 80 y tienden a
estabilizarse en los 90, siempre sin remontar los niveles alcanzados a mediados de los 70. En
cuanto al calendario matrimonial, tras un pequeño rejuvenecimiento a finales de los 70, se ha
producido una significativa elevación de la edad de entrada al matrimonio que sobrepasa los 4
años entre 1981 y 2002. Ese retraso está muy relacionado con el de la maternidad. El retraso
de la maternidad tiene dos factores fundamentales: durante los años 70 a un mayor control
contraceptivo. En los 80 debido el retraso en la formación de pareja y la nupcialidad y el menor
número de parejas. Otras características:

1. Auge de la cohabitación.
2. Mayor debilidad de las uniones matrimoniales a partir de 1981 (año de la legalización
del divorcio).
3. Secularización del matrimonio.
4. Creciente y doble desvinculación de matrimonio y reproducción.

Características más definitorias del nuevo escenario:

Bajos niveles de fecundidad


Escasa nupcialidad
Posposición del matrimonio y la maternidad y déficit de natalidad generado por la baja
fecundidad.

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 5


Creciente difusión de la cohabitación.
Grado cada vez mayor de inestabilidad marital.
Fenómenos de la reproducción al margen de la pareja.
Aparición de nuevos modelos de formación de hogares
Práctica de estrategias vitales de índole no familiar durante períodos crecientemente
largos del ciclo vital.

La combinación de todos esos rasgos permite hablar de la difusión de unos modelos


reproductivos nuevos, muy distintos de hecho de los que caracterizaron la transición de la
fecundidad durante los procesos de modernización demográfica. El cambio es de tal magnitud
que ya se puede hablar con propiedad de una segunda transición demográfica.

El ISF expresa el número medio de hijos que tendría una mujer al final de su vida reproductiva
si tuviera a cada edad entre los 15 y los 49 años el comportamiento reproductivo de las
mujeres que tienen esas edades en un año determinado.

La mortalidad
El control de la mortalidad, junto con el de la natalidad, son unos de los principales requisitos
que hace posible el ciclo de las modernas transiciones democráticas y que termina por
transformar los regímenes poblacionales de las sociedades que lo experimentan. La transición
demográfica implica el paso a una situación que no tiene precedentes históricos y que se
caracteriza por sus bajas o muy bajas tasas de mortalidad. El freno a la mortalidad, sobre todo
el infantil, y el creciente aplazamiento de la muerte, lo que de hecho desencadena la transición.
Una vez concluida la transición de la mortalidad, el riesgo de muerte a lo largo de todas las
edades de la vida disminuye de forma más que considerable para segmentos muy amplios de
la población. Es decir, cuando se cierra el moderno ciclo transicional, las tradicionales crisis
demográficas de mortandad provocada por hambrunas, epidemias, guerras y catástrofes
naturales desaparecen, las tasas de mortalidad se sitúan en mínimos históricos y la
esperanza de vida a todas las edades se elevan hasta cotas agregadas nunca antes
alcanzadas por los seres humanos. Como consecuencia de todo ello, las sociedades deben
enfrentarse entonces a los problemas del envejecimiento.

Tratar de explicar la caída histórica de la mortalidad es bastante más difícil que simplemente
describir sus pautas, sus ritmos o sus intensidades. La llamada hipótesis alimentaria de
McKeown, situaba a las mejoras en la alimentación en el origen del crecimiento moderno de la
población. Tesis de una transición epidemiológica: la evolución moderna del control de la
muerte había supuesto el cambio desde una situación en la que predominaban la mortalidad
infantil y las enfermedades infecciosas a otra en la que, tras la virtual desaparición de las
grandes pandemias del pasado, cobraban un protagonismo decisivo los tumores y las
enfermedades del aparato circulatorio. El desenlace de esta transición epidemiológica llega a
una última fase caracterizada por las llamadas enfermedades sociales provocadas por la propia
conducta humana y las enfermedades degenerativas tardías (tumores y enfermedades
cardiovasculares), propias de las poblaciones crecientemente envejecidas que viven en las
sociedades que han consumado la transición demográfica.

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El control moderno de la mortalidad obedece a un conjunto interconectado de casusas de todo
tipo (biológicas, sociales, económicas, culturales, ambientales, etc.) asociadas a los procesos
de modernización social y desarrollo económico. Una vez que han desaparecido los factores
tradicionales de riesgo de amplio espectro, las probabilidades de perder la vida o la salud en
las sociedades contemporáneas están estrechamente asociadas a la pertenencia a
determinados grupos poblacionales o, si se prefiere, a las condiciones y estilos de vida de
diferentes estratos y categorías sociales. El género se convierte en un argumento fundamental
para entender las pautas diferenciales de mortalidad dentro de una misma sociedad (es el caso
de los jóvenes hombres que mueren por accidente de tráfico, drogas, Sida, en mayor medida
que las mujeres jóvenes).

En la actualidad la sociedad española presenta un nivel agregado de mortalidad en especial


para las mujeres, que se sitúa entre los más bajos del mundo. España comenzó a experimentar
la caída de las tasas de mortalidad a principios del pasado siglo XX y, tras las oscilaciones
impuestas por los últimos embates de la mortalidad epidémica y las consecuencias de la
guerra civil, ha conocido una evolución muy positiva a lo largo de toda la segunda mitad de
siglo. Elemento fundamental de esas positiva evolución; la caída a lo largo del XX de la
mortalidad en las primeras edades de la vida, tanto la mortalidad infantil en el primer año de
vida, como la mortalidad entre 1 y 4 años de edad. La reducción ha sido prácticamente
continua durante todo el siglo, ya que sólo se interrumpió con ocasión de la crisis de
mortandad asociadas a las epidemia de gripe de 1918 y a la guerra civil.

Desde comienzos de los 80 la tasa bruta de mortalidad ha comenzado a aumentar en España.


Pero ese indicador sólo refleja que los ancianos tienen un peso cada vez mayor en nuestra
población. Se trata de una mortalidad más aparente que real: cuando aumenta mucho el
número de ancianos tiende también a aumentar el número global de defunciones, lo que hace
que se eleve la tasa bruta. La evolución de la mortalidad en los últimos años ha continuado
recorriendo la favorable trayectoria seguida a lo largo del XX. En los últimos 30 años los
españoles han ganado casi 7 años en su esperanza de vida. A finales del XX teníamos una de las
esperanzas de vida más altas de Europa para las mujeres, sólo igualada por las francesas. Y
superior en más de 1,5 a la media europea de los 15. La de los varones, más baja que la de las
mujeres, supera en casi un año a conjunto de los europeos de la Unión.

¿A qué se debe esa ganancia de la esperanza de vida que se ha producido en los últimos años?
Durante la primera mitad del siglo XX el grueso del aumento de la esperanza de vida era una
consecuencia de la disminución de la mortalidad infantil. Durante los 30 últimos años
obedecen a la caída de la mortalidad en las edades más avanzadas. El logro fundamental de las
tres últimas décadas del XX es la concentración de la muerte en la fase final del ciclo vital.

El resultado de ese autentico envejecimiento de la muerte es el continuo aumento de la


longevidad de la población española, que ha entrado ya en la última fase de la transición de la
mortalidad que se caracteriza por las enfermedades degenerativas tardías. Las enfermedades
infecciosas ceden paso a las enfermedades crónicas relacionadas con determinados factores
ambientales.

Principales causas de muerte de los españoles a finales del XX: enfermedades del aparato
circulatorio, tumores, afecciones del aparato respiratorio, peso creciente de los tumores y

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decreciente de las enfermedades cardiovasculares. Significativo peso, entre los varones, de las
llamadas muertes violentas (accidentes de tráfico sobre todo).

En las sociedades con un comportamiento demográfico avanzados, el riesgo de muerte está


significativamente asociado a los diferentes estilos de vida de distintos segmentos o categorías
sociales. En todas las sociedades que cuentan con los adecuados registros estadísticos se
puede verificar que, históricamente, la mortalidad de los varones ha superado a la de las
mujeres en prácticamente todas las edades. Desde el mismo momento del nacimiento, los
hombres resultan penalizados con un mayor riesgo de muerte, siendo la sobremortalidad
infantil masculina un hecho virtualmente universal y, en consecuencia, difícilmente imputable
a modelos de conducta asociados al género. Los españoles de hoy tienen en promedio un 5%
más de probabilidades de morir a cualquier edad que las españolas. Esa diferencia se hace
máxima ente los 15 y los 30 años, es decir, durante la juventud y sobre todo entre los 20 y 24
años, un período en el que las probabilidades de morir de los hombres casi multiplican por 4 a
las de las mujeres. Contra el tópico popular, son los hombres los que parecen e sexo débil en lo
que se refiere a su capacidad de supervivencia.

Una nota sobre la movilidad interna de la población española


Es el tercer proceso demográfico básico. En este caso incompleto puesto que solo se refiere a
las migraciones que se producen en el interior del país, elemento importante como factor
crucial de la distribución espacial de una población. Los cambios experimentados a lo largo del
XX en España han sido trascendentales. Casi la mitad de la población española vivía en el 2001
en un municipio distinto del que nació y cerca de una cuarta parte residía en una provincia
distinta de la de su nacimiento. En términos absolutos, más de 30 millones son los cambios de
residencia entre municipios españoles a lo largo del XX y un número superior a los 20 millones
los desplazamientos de municipio que se han producido entre comienzos de los 70 y el
momento presente. Al filo del nuevo siglo, el número de variaciones residenciales de municipio
que se produce anualmente es de casi 900.000. Así, los movimientos interiores son el
elemento que más ha incidido en la distribución espacial de la población española y en las
características demográficas de los territorios afectados durante el pasado siglo XX.

La movilidad geográfica es un fenómeno connatural a las poblaciones humanas que se


intensifica en las modernas sociedades industriales por diferentes razones:

- Procesos de concentración urbana.


- Facilidades de transporte
- Desiguales tasas de desarrollo económico de algunas zonas
- Especialización funcional de ciertas áreas.
- Proceso de urbanización que ha experimentado el país como uno de los principales
correlatos de su modernización social y su desarrollo económico.

Las tres primeras cuartas partes del XX son un periodo prolongado de éxodo rural. 1975
representa el punto de inflexión. Entre 1951 y 1975 los movimientos interiores fueron
unidireccionales (desde el campo hacia núcleos urbanos), de largo recorrido (interprovinciales,
interregionales), se extendieron por todo el país y las capitales de provincia fueron importante
polo de atracción para emigrantes interiores. La España meridional (Andalucía, Extremadura,

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Castilla la Mancha) y Galicia, expulsan emigrantes que se establecen en Madrid, Barcelona,
Valencia, Zaragoza y País Vasco.

Los años clave de las migraciones interiores son los años 60. España registra una movilidad
espacial altísima y un éxodo rural masivo, propulsados por el desarrollo económico, la
modernización de la agricultura y el crecimiento de la industria y los servicios en los núcleos
urbanos. Desde entonces la población española no ha vuelto a alcanzar ni las cotas de
movilidad ni el alcance de recorrido correspondientes a aquellos años.

Por tanto, desde mediados de los 70 en adelante, el perfil básico de los flujos migratorios
interiores ha cambiado en un doble sentido:

1. Se produce menos movilidad interna


2. La movilidad interior es sustancialmente distinta a la del periodo precedente.

Razones:

- Su carácter pluridireccional y abierto: disminuyen migraciones laborales y aumenta


movilidad de retorno o residencial.
- Por la importancia que adquieren los movimientos pendulares (ida y vuelta) y
temporales.
- Por el peso creciente de los movimientos de corto recorrido, dentro de la misma
provincia o área metropolitana.

Consecuencia: zonas que tradicionalmente recibían inmigrantes (Madrid y Barcelona)


presentan saldos migratorios negativos en los 90. Una parte importante de esta reciente
movilidad interior de los españoles se debe a los procesos de suburbanización (traslados de
población desde ciudades a otros municipios cercanos más pequeños), hasta el punto de que
se ha llegado a hablar de éxodo urbano.

La estructura de la población española


Efectos de la evolución de las tasas vitales en la estructura por edad de la población española.

La estructura o distribución por edad de la población es esencial desde un punto de vista


puramente demográfico porque, los fenómenos demográficos estás todos ellos asociados a la
edad y, en consecuencia, sus magnitudes agregadas dependen de la estructura de edad de la
población que los experimenta. Muchos procesos sociales relevantes están en mayor o menor
medida relacionados con la edad: para entenderlos correctamente es imprescindible estudiar
la estructura de edad de la población.

Es decir, la estructura por edad es una característica fundamental de toda población que tiene
repercusiones en diferentes ámbitos de la vida social como la economía, la política, la cultura y,
por supuesto, en el presente y el futuro de la propia población.

La estructura por edad de una población en una determinada fecha depende de su historia, es
decir, de la evolución de sus tasas vitales en el periodo que precede a esa fecha. Aquí se
recurre a la transición demográfica que desencadena el fenómeno actual del envejecimiento.
Se entiende por envejecimiento de la estructura de edad de una población el peso creciente
4º. Estructura Social de España. Primer parcial 9
que en esa oblación tienen las edades avanzadas frente a las edades jóvenes. La caída de las
tasas de fecundidad hace disminuir el peso de las primeras edades en la totalidad de la
población. Cuando, esa caída se prolonga en el tiempo, la merma de efectivos poblacionales se
va extendiendo desde la niñez a la adolescencia y la juventud. Cada vez hay menos niños,
adolescentes y jóvenes. Si, al mismo tiempo, van disminuyendo las tasas de mortalidad en las
edades avanzadas, el resultado será que los ancianos tendrán un peso cada vez mayor en esa
evolución y están abocadas al envejecimiento de sus poblaciones.

La estructura por edad de la población española con bajas tasas de fecundidad y mortalidad ha
estado envejeciendo a lo largo de todo el siglo XX:

1900 (comienzos de la transición demográfica): edad media de la población española por


debajo de los 30 años. Uno de cada tres españoles tenía menos de 15 años y sólo uno de cada
veinte había superado la frontera de los 65 años.

2001: edad media sobre los 40 años. Uno de cada siete españoles tenía menos de 15 años. Casi
uno de cada cinco había cumplido ya los 65 años.

Por tanto, la población española ha envejecido notablemente en el pasado siglo XX.

Evolución demográfica en la tres últimas décadas, periodo de intensa modernización que


siguió a la transición a la democracia.

Para observarlo, se analizan las pirámides de población correspondientes a 1970 y a 2001. Las
pirámides son el instrumento gráfico más elemental para estudiar la estructura por edad de
una población. Comparándolas se observa que la pirámide se ha ido estrechando con el paso
de los años, como consecuencia de las bajas tasas de fecundidad de los últimos decenios. La
cima de la pirámide se ha ido ensanchando especialmente en su mitad derecha, que
representa a las mujeres. En 1970 las edades con más efectivos eran precisamente las más
jóvenes (entre 0 y 9 años. En 2001, las edades con más volumen poblacional son las
comprendidas entre los 25 y 39 años.

Aspecto relevante del reciente proceso de envejecimiento de la población española: se


produce a velocidad creciente. En los últimos 30 años se ha acelerado en España el ritmo de
envejecimiento:

1. Mientras en 1900 y 1970 la edad media de la población española había crecido menos
de cinco años. En los últimos 30 años ha aumentado en 7 (desde 32,9 en 1970 a 40 en
20012). Las ganancias en la edad media son de un rango similar.
2. La proporción de menores de 15 años se ha reducido a la mitad (desde 127,8% en
1970 a 14,5% en 2001)
3. La población mayor de 64 años se ha casi doblado en términos relativos (desde un
9,7% en el 70 a un 17% en 01).
4. La proporción de octogenarios se ha multiplicado por dos veces y media (desde un
1,5% en el 70 a un 3,9% en 01).
5. El índice de envejecimiento (relación entre la población mayor de 634 años y menor de
15) se ha multiplicado por más de tres veces: si en el 70 había 35 ancianos por cada
100 menores de 15 años, en 2001 había 117. Es decir, mientras en 1970 el triple de

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probabilidades de encontrar a u menor de 15 años en nuestro país que de encontrar a
un anciano en 2001 ya era más probable encontrarse un anciano que con un menor.

En 2001, el del último censo de población, había en España casi 7 millones de personas
mayores de 64 años. Esos siete millones de ancianos reciben varios millones de pensiones
públicas, están presentes en más de la tercera parte de los hogares españoles, son propietarios
de una buena parte del patrimonio inmobiliario del país, ocupan más de un tercio de las camas
hospitalarias, protagonizan más de ocho de cada diez entierros y constituyen una quinta parte
de la fuerza electoral. Nunca antes en la historia de nuestra población habíamos contado con
tantos ancianos. Y lo más importante, en las próximas décadas el proceso de envejecimiento
seguirá su curso y los ancianos representarán una proporción cada vez más nutrida de la
población española. En el año 2025 cumplirán 65 años los españoles nacidos en la década de
1960, es decir, las generaciones con mayor número de efectivos de la historia de España, la del
baby boom.

Aunque algunos demógrafos no consideran que el envejecimiento de la población sea un


problema, la mayoría de los expertos advierte peligros ciertos en la transición a un nuevo tipo
de sociedades con escasez de recursos humanos y ve sombrías perspectivas en el futuro
envejecido de la población española.

Los principales retos del envejecimiento se sitúan por un lado, en la viabilidad económica de
ciertas instituciones básicas del bienestar, como las pensiones públicas y la atención sanitaria,
que se encontrarán financieramente lastradas con el aumento de la población dependiente.
Por otro lado, la merma de competitividad económica de las sociedades crecientemente
envejecidas, que tropezarán con dificultades para competir en pie de igualdad con otras
sociedades más jóvenes. En resumen, toda un serie de instituciones sociales, políticas y
económicas, fundamentales para nuestra convivencia y bienestar, tendrán que hacer frente a
esa inevitable realidad de un número creciente de ancianos que disfrutarán de una mayor
esperanza de vida que con un abanico de necesidades que también se puede esperar que
aumente, exigirán mayores cotas de atención y cuidados.

Conclusiones
Mediante la revisión de las bases demográficas, siguiendo el procedimiento habitual de los
demógrafos: observar, los tres procesos demográficos elementales que determinan el tamaño
y estructura de una población, fecundidad, mortalidad y movilidad se observan los cambios
experimentados en la sociedad española de los últimos 30 años.

Primer gran cambio: a comienzos de los 70 España tenía una de las tasas de fecundidad más
altas de Europa. A comienzos del XXI somos una de las poblaciones europeas con menor tasa
de reproducción, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional.

Segundo gran cambio: hace 30 años España había dejado prácticamente de enviar población al
exterior de su fronteras y apenas recibía emigrantes procedentes de otros países. Hoy en día
se ha convertido en polo receptor de elevadas cantidades de inmigrantes que se desplazan
hacia España desde diversas regiones del mundo. La pauta de los movimientos interiores ha
cambiado también de forma radical: desde los 70 se produce menos movilidad interna en

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 11


España y es de carácter pluridireccional y abierto (disminuyen las migraciones de índole laboral
y aumenta la llamada movilidad de retorno o la residencial. Adquieren importancia los
movimientos pendulares y temporales y más peso los de corto recorrido.

Tercer gran cambio: La mortalidad ha seguido su curso descendente y se ha producido un


significativo avance en la esperanza de vida de los españoles y, sobre todo, de las españolas.

A lo largo del siglo XX la sociedad española ha hecho su transición demográfica, el proceso en


virtud del cual las sociedades que lo experimentan pasan de altas a bajas tasas de fecundidad y
mortalidad. En España ha estado vinculada a los procesos de modernización social, económica
y cultural (urbanización, alfabetización, pérdida de peso económico y social de la agricultura,
industrialización, crecimiento de los servicios, desarrollo económico y elevación del nivel
material de vida, secularización, etc.) que la han convertido en una sociedad avanzada. Pero
los cambios que se han producido apuntan al fin de la transición demográfica. En el momento
actual, con tasas muy bajas de natalidad y mortalidad, el crecimiento natural de la sociedad
española es muy reducido. Ha disminuido de forma notable y la movilidad interna se ha
reducido. El saldo migratorio se ha ido haciendo cada vez mayor, al crecer la cantidad de
inmigrantes muy por encima del número de emigrantes. España se presenta como un país con
una estructura y un comportamiento demográfico equiparable al de otras sociedades
avanzadas.

En cuanto a fecundidad, ha ido disminuyendo de manera continuada en nuestro país desde


mediados de la década de los 70 y hasta finales de los 90. Hitos de esa disminución:

- 1981: se situó por debajo del nivel de reemplazo generacional


- 1993: cayó bajo el umbral que caracteriza a las sociedades o regímenes demográficos
contemporáneos de muy baja fecundidad.
- 1998: descendió hasta el mínimo de este período.

Características: considerable retraso en el calendario de la maternidad de las mujeres


españolas, preso creciente que han ido adquiriendo los nacimientos extramatrimoniales,
importante déficit de natalidad de las mujeres españolas en el sentido de que están teniendo
menos hijos de los que en realidad desearían tener.

Para comprenderlo se relaciona a partir de los 80 con caída de la nupcialidad, calendario


matrimonial más tardío y conectarlas con las dificultades que los jóvenes españoles han
encontrado para independizarse de sus padres a causa de falta de puestos de trabajo,
precariedad laboral y carestía de la vivienda.

En cuanto a mortalidad España comenzó a experimentar la caída de las tasa a principios del
pasado siglo XX y ha conocido una evolución muy positiva a los largo de toda la segunda mitad
de siglo. Se ha prolongado en los últimos años del pasado siglo en los que se ha ganado casi 7
años en esperanza de vida. Desenlace: en la actualidad la sociedad española presenta una
mortalidad en especial para las mujeres que se sitúa entre las más bajas del mundo. Las
ganancias en esperanza de vida obedecen a la caída de mortalidad en las edades más
avanzadas. El logro fundamental de las tres últimas décadas es la concentración de la muerte
en la fase final del ciclo vital. La mayor contribución positiva la hacen las edades avanzadas. El

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 12


resultado de ese auténtico envejecimiento de la muerte es el continuo aumento de la
longevidad de la población española. La evolución global de las causas de muerte se ajustan al
modelo de la llamada transición epidemiológica: la población española ha entrado ya en la
última fase de la transición de la mortalidad caracterizada por las enfermedades degenerativas
y tardías. Las enfermedades infecciosas ceden paso a las crónicas y las relacionadas con
determinados factores ambientales. Entre las principales causas de muerte de los españoles a
finales del pasado siglo XX son las enfermedades del aparato circulatorio, los tumores y las
afecciones del aparato respiratorio. Peso creciente de los tumores y decreciente de las
enfermedades cardiovasculares.

¿Qué incidencia ha tenido la evolución reciente de las tasas vitales en la estructura por edad
de la población española? El envejecimiento de la estructura de edad de la población o peso
creciente que en esa población tienen las edades avanzadas frente a las edades jóvenes, como
principal reto a los que se enfrentan las sociedades que han concluido su transición
demográfica. Resultado de ese veloz envejecimiento: nunca antes en la historia de nuestra
población habíamos contado con tantos ancianos (casi 7 millones de personas mayores de 64
años en 2001). En las próximas décadas el proceso del envejecimiento se espera que siga su
curso y los ancianos representen una proporción creciente de la población española, lo que
forzosamente abocará a nuestra sociedad a realizar un esfuerzo de adaptación en muchas de
sus instituciones y un cambio de comportamiento si desea mantener sus actuales niveles de
bienestar material.

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 13


TEMA 2
Bases demográficas de la sociedad española
Introducción
El estudio de una sociedad requiere conocer su población y sus características demográficas.
En las sociedades modernas, su continuidad se basa en mantener su identidad que debe
defender el Estado. Los tres procesos demográficos básicos son: fecundidad, mortalidad y
migración. Cambios en los últimos 30 años en esos procesos: fecundidad. De una de las tasas
más altas a nivel europeo en los 70, a estar por debajo del nivel de reemplazo generacional.
Mortalidad: constante descenso y mayor esperanza de vida. Migración: de ser un país
migratorio a recibir enormes tasas de emigrantes.

La población española y su crecimiento natural


Durante todo el siglo XX, el cambio demográfico de la sociedad española ha sido espectacular.
En los 60, emigraba mucha gente en busca de mejores oportunidades, hoy somos polo
receptor de una gran inmigración y los movimientos interiores han cambiado. En los 70,
España era uno de los países europeos con una tasa de fecundidad más alta. Hoy en día somos
de los más bajos, con una tasa de reproducción por debajo del nivel de reemplazo
generacional. El cambio experimentado se debe al cambio político, que ha conllevado
modernización social, económica y cultural (transición demográfica, urbanización,
alfabetización, desruralización, industrialización, sector terciario asociado al Estado de
Bienestar, secularización, incorporación de la mujer al mercado laboral, desarrollo económico
y mayor nivel de vida). Hoy en día España tiene el comportamiento de una sociedad que ha
finalizado su transición demográfica. Caracterizada por una disminución de las tasas de
mortalidad (en especial la infantil), a la que le sigue una caída de la fecundidad (se puede
desarrollar). El futuro está presidido por la senda de una segunda transición demográfica
caracterizada por bajas tasas de natalidad y mortalidad y crecimiento natural (diferencia entre
nacimientos y muertes) casi negativo: en 1988 se certificó el mínimo.

La fecundidad y la nupcialidad
Ese continuado decrecimiento de la fecundidad se caracteriza por un importante retraso en la
maternidad y déficit de natalidad, ya que las españolas tienen menos hijos de los que en
realidad desearían. Si en 1975 el índice Sintético de Fecundidad (ISF) era de 2,8 hijos por mujer,
en 1981 llegó a 2,1, valor por debajo del cual no se garantiza el reemplazo generacional y llegó
a un mínimo de 1,1 en el 88, mínimo de los más bajos del mundo. La mayor fecundidad de las
madres extranjeras no ayuda a mitigar el problema del envejecimiento de la población.

Causas de ese descenso: conocimiento de las medidas contraceptivas, incorporación masiva de


la mujer al sistema educativo que alarga la etapa formativa, proporciona mejores
oportunidades laborales, proporciona mayor independencia. Paralelamente, ese progreso no

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 14


viene acompañado de políticas de conciliación laboral que permitan a las futuras madres
compaginar su rol de madre trabajadora, ni de vivienda asequible. Así, tanto la nupcialidad
como la maternidad se retrasan ostensiblemente y aumenta el número de nacimientos
extramatrimoniales en un contexto de cambios familiares muy significativos. En definitiva, se
lleva a cabo un proceso de cambio social, económico, cultural y demográfico que hace cambiar
la posición social y familiar de las mujeres.

La nupcialidad se caracteriza pues por un importante decrecimiento y se da cada vez a edades


más tardías, factores que van asociados al retraso en la fecundidad. La precariedad laboral, la
dificultad para poder independizarse son otros factores determinantes. Por el contrario, crece
la cohabitación, los matrimonios son más inestables desde el 1981 con la legalización del
divorcio y se disocian matrimonio y reproducción.

De todo ello surge un nuevo modelo reproductivo, que se califica como segunda transición
demográfica.

La mortalidad
Es uno de los fenómenos asociados a la transición demográfica: la culminación de una
modernización social que desemboca en un freno a la mortalidad, sobre todo la infantil, a
causa de los avances médicos y el freno a situaciones de hambre, epidemias, guerra y
catástrofes naturales. Cuando finaliza esa transición, el riesgo de muerte a cualquier edad
disminuye para sectores muy grandes de la población. En España esa transición se inicia a
principios del siglo XX y se desarrolla ampliamente en la segunda mitad de siglo, con el
incremento en la esperanza de vida de 7 años.

Los fenómenos que explican esa transición de manera más desarrollada son, la hipótesis
alimentaria: una mejor alimentación procura más salud y más vida. La transición
epidemiológica: se controlan y desaparecen las grandes infecciones, lo que lleva al control de
la mortalidad infantil, tanto en el primer año de vida, como en la etapa de 1 a 4. Aparecen las
enfermedades circulatorias y los tumores y culmina con las enfermedades de sociedad:
provocadas por la conducta humana y las enfermedades degenerativas típicas de las
poblaciones que envejecen.

Detrás de ese control de la mortalidad subyacen causas sociales, económicas, culturales,


biológicas, ambientales, etc. Y cuando desaparecen los fenómenos que la provocaban, las
causas de muerte se asocian a las distintas condiciones de vida de cada categoría social. En
este sentido, el factor género es crucial para entender las distintas pautas de muerte (mueren
más jóvenes hombres por accidentes de tráfico, drogas, SIDA que mujeres). La mortalidad
femenina es, en estos momentos, una de las más bajas del mundo. Y la masculina es superior a
la de las mujeres, especialmente en las edades de los 15 a los 30 y, sobre todo de los 20 a los
24.

El logro esencial de estos últimos 30 años es que la muerte se concentra en la última etapa de
la vida a causa de la mayor longevidad de la población. Donde las causas más frecuentes,
características de la última etapa de la transición de la mortalidad, son enfermedades crónicas

4º. Estructura Social de España. Primer parcial 15


del aparato circulatorio, afecciones respiratorias y tumores. Es significativo, también, el
aumento de muertes por causas violentas en los hombres.

Una nota sobre la movilidad interna de la población española


Junto a fecundidad y mortalidad es el tercer proceso demográfico esencial. Aquí sólo se trata
la movilidad interior que a lo largo de todo el siglo XX ha experimentado una redistribución de
la población de más de 30 millones de personas, 20 en los últimos 30 años. Así, a principios del
XXI casi la mitad de la población vivía en un municipio distinto al de nacimiento. Causas:
desigualdades territoriales en cuanto a desarrollo económico, que favorecen concentración
urbana en busca de mejores oportunidades, mejora de los transportes y las vías de
comunicación, urbanización y especialización funcional de determinadas zonas.

El éxodo rural se produce a lo largo de las tres cuartas partes del XX. Suelen ser
unidireccionales (del campo a la ciudad), interprovinciales y se producen en todo el país. La
España del sur expulsa emigrantes hacia el centro, norte y la costa mediterránea. En los 60, el
éxodo es masivo (desarrollo económico, industrial y modernización de la agricultura en los
extrarradios).

A partir de los 70, se produce menos movilidad interna y la que se produce es diferente a
causa del incremento de la movilidad de corta distancia (áreas metropolitanas o misma
provincia), movimientos de ida y vuelta o temporales y factores diversos (menor migración
laboral y más residencial o de retorno). Ello, hasta el punto de que se habla de éxodo urbano
(precios muy altos de la vivienda y crisis).

La estructura de la población española


La estructura por edad de la población explica el pasado, presente y el futuro de una población,
así como su desarrollo social, económico político y cultural. En nuestro caso, la transición
demográfica ha desembocado en un proceso de envejecimiento de la población, es decir la
cada vez más acusada presencia de personas de edad avanzada frente a los más jóvenes.

A principios del XX un 30% de la población española tenía menos de 15 años y un 5% más de


65. A inicios del XXI, el 15% tenía menos de 15 años y poco menos del 20% más de 65 y el
proceso se acelera. Hay casi 7 millones de ancianos en España y el proceso se acelera a medida
que las generaciones boomers, la de mayores efectivos de la historia, se van acercando a la
edad de jubilación.

Sin duda, como ya se está haciendo patente, ello creará problemas al Estado de Bienestar, ya
que el sistema de pensiones peligrará y la asistencia sanitaria también quedará mermada. Se
intuye escasez de recursos humanos, lo que desembocará en menor competitividad productiva
ante sociedades más jóvenes. El reto de una sociedad envejecida será, cómo dotar de los
servicios adecuados a una población envejecida que cada vez los necesitará más.

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