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Resumen Lectura 1 de Homilética

La Palabra es Dios mismo. Lo que significa que la palabra de Dios no es el mensaje del
evangelio, sino, el verbo encarnado, es el mensaje mismo.

Entre el poder que tiene nuestra palabra para cambiar la realidad y quien es la palabra, se
encuentra la predicación, porque la predicación, en su mejor expresión, no es otra cosa que
la palabra humana puesta al servicio de la Palabra de Dios.

Teniendo en cuenta lo anterior, la predicación es entonces, expresión y manifestación de


Dios en la tierra, por lo que debe ser dada de manera humilde y debe tomarse muy en serio,
es decir, trasmitirla sin olvidar nunca la homilética. Esto es, darle la importancia que
realmente tiene.

Siempre hay que entender a la predicación como un proceso de comunicación en el cual


hay un emisor, un receptor, un canal y un propósito. El “alguien” es el emisor, el “algo” es
el mensaje, el “de una cierta manera” es el o el canal el “alguien más” es el receptor y el
“propósito” es la razón para comunicarse en primer lugar. Por esta razón, esta siempre va a
ir de la mano con la comunicación verbal y no verbal, por lo que debemos tener cuidado
siempre de que nuestras palabras concuerden con nuestros gestos, debido a que la
discrepancia entre gestos y palabras es un ruido, ya que entorpece el proceso comunicativo.

 El contexto eclesial de la predicación es de carácter testimonial, es decir, que lo


ideal es que la predicación cristiana sea el resultado de la experiencia de fe del
creyente.
 El predicador debe aprender a escuchar, es decir “prestar atención a los que oyen”.
Esto es, no ser sólo quien se para frente a todos a hablar y hablar como un
monólogo sin tener en cuenta las necesidades de su congregación, sino, aprender a
escuchar los problemas de quienes escuchan y responder a ello con su sermón.
 El aspecto profético de la predicación es denunciar y desafiar, al mismo tiempo que
se anuncia la gracia de Cristo como quien redime de todo pecado.
Finalmente, algo que jamás se debe olvidar en la predicación es el propósito del sermón.
Este pasaría a ser, si hacemos una analogía, una regla que permite medir el efecto de lo que
vamos a decir. Es un criterio de evaluación que ayuda a alcanzar el efecto deseado. Por lo
que explicitar el propósito del sermón, sería la clave precisa para trazar el camino que nos
llevará a alcanzar nuestros objetivos en la predicación.

LAURA AGUDELO GARCÍA

HOMILÉTICA

SEMESTRE TRES

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