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Instituto de Enseñanza Superior

“SIMÓN BOLÍVAR”
Av. Agustín Garzón 1200 - Córdoba

CARRERA DE PROFESORADO DE INGLÉS

“Historia y Política de la
Educación Argentina”

Instancia Evaluativa Final


Integradora

Docente: Zancov, Tatiana

Alumna: Rodríguez, Ruth Noelia

Ciclo lectivo: 2019


El 24 de marzo de 1976, “las Fuerzas Armadas irrumpieron el orden democrático” (Arata y Mariño,
2013, p. 244) en la Argentina y produjeron un Golpe de Estado. El mismo derrocó al gobierno de María E.
Martínez de Perón, esposa y vicepresidenta del ya fallecido presidente de la República, Juan Domingo
Perón, con quién habían asumido la presidencia de la Nación en 1974. El mismo “fue posible a partir de la
alianza mantenida entre las fuerzas armadas, algunos sectores de la sociedad civil y los grupos económicos
concentrados” (Arata y Mariño, 2013, p. 243).
Existen dos aspectos, entre otros, que caracterizaron a éste período. Por un lado, la dictadura
“implementó con éxito un cultura del terror que inmovilizó a la sociedad civil, conduciéndola a un estado
de infantilización” (Arata y Mariño, 2013, p. 243); y por el otro “consideró la educación como un campo que
había sido especialmente apto para el florecimiento de la ‘subversión” (Puiggrós, 2003, p. 167). Este último
se desarrollará con más profundidad a los fines de analizar las medidas tomadas, en ese plano, por los
líderes que ocuparon por la fuerza el gobierno del país.
“La primera Junta Militar estuvo compuesta por los comandantes en jefe de las tres fuerzas: Jorge
Rafael Videla, Orlando Agosti y Emilio Massera” ” (Arata y Mariño, 2013, p. 244) cuya intervención se
autodenominó Proceso de Reorganización Nacional y para legitimarla, “adujeron que en el país imperaban
el vacío de poder y la anomia social” (ibíd.), además de considerar que el país se encontraba bajo los
efectos de un cáncer que “amenazaba con disolver la esencia misma de los valores ‘positivos y esenciales’
del ‘ser nacional’ (…) que debían volver a instaurarse en una sociedad que había sido desbordada por
ideologías que atentaban contra el ‘ser argentino” (ibíd.). La misma se estructuró sobre los siguientes ejes:
la implementación del terrorismo de Estado, la reestructuración del modelo económico (neoliberal) y la
acción en el campo de la cultura.
Durante este período (1976-1983) se sucedieron ocho ministros de educación. Algunos con mayor
influencia que otros sobre el sistema educativo, pero que en conjunto, en palabras de Pablo Pineau
representaron
El principio del fin de un modelo educativo que (…) había conservado hasta 1976 una serie de
rasgos distintivos: la principalidad del Estado como garante del derecho a la educación, un
sistema educativo altamente homogéneo que garantizaba el acceso gratuito y la promesa de
ascenso social a través de la escolarización de los sectores populares, entre otros aspectos
(citado por Arata y Mariño, 2013, p. 242).
Según Cecilia Braslavsky, “la orientación general de la política educativa de la dictadura (…) se
guió por criterios de valores que representaban aspectos elitistas, oscurantistas, neoliberales,
eficientistas y autoritarios” (citada por Arata y Mariño, 2013, p. 247). Por ejemplo, “el régimen
concebía al ámbito educativo (…) como el lugar sobre el que se debía intervenir para (…) reponer ‘los
valores de la moral cristiana de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino’ (Arata y
Mariño, 2013, p. 242). Para llevar adelante dicha transformación en el sistema se valió de:
 La militarización del sistema educativo: que según Carolina Kaufmann clausuró la
posibilidad de mantener debates pedagógicos, exacerbando la organización verticalista
del sistema.
 La descentralización del gobierno de la educación: transfiriendo de manera compulsiva
las escuelas primarias de la órbita nacional a las jurisdicciones provinciales, sin dotarlas
de los recursos humanos y financieros necesarios para garantizar su gestión,
profundizando la fragmentación del sistema educativo
 La implementación del principio de subsidiariedad: que consiste en promover el
derecho a enseñar por sobre el derecho a la educación. En este sentido, en su rol
subsidiario, el Estado le otorgó al sector privado una mayor injerencia sobre los
asuntos educativos. (Arata y Mariño, 2013, p. 247-249)
Estas tendencias, fueron combinadas y actuaron en el plano institucional a través de dos
estrategias que se diseminaron mediante una infinidad de prácticas: la estrategia represiva y la
estrategia discriminadora. La primera tuvo como objetivo principal restablecer los valores
perdidos: el rigor, el orden y la disciplina. La materialización de dicho objetivo fue la censura de
libros, la persecución física e ideológica de sus autores y la clausura de editoriales. También se
prohibió el uso de determinadas palabras, tales como, proletariado, liberación, explotación y
capitalismo y se instruyó a los docentes para que fueran capaces de identificar a los elementos
“subversivos” presentes en las instituciones educativas. La segunda, fue llevada adelante por
“grupos ligados a una concepción modernizadora tecnocrática (…) que promovieron la
incorporación de concepciones elitistas, neoliberales y eficientistas en el terreno educativo”
(Arata y Mariño, 2013, p. 251-252)
Dichas transformaciones también alcanzaron al nivel universitario nacional, donde el
ataque a las mismas fue directamente “frontal” (Puiggrós, 2003, p. 171). Las mismas debían “ser
especialmente atendidas por los programas contrainsurgentes, dado que en ellas se desplegaba
la mayor potencialidad de la infiltración marxista y peronista, vinculada con el reformismo
universitario” (Puiggrós, 2003, p. 170). Además se volvieron “aranceladas o bien clausuradas, y
muchos de sus docentes, cesanteados” (Arata y Mariño, 2013, p. 249).
En síntesis, en palabras de Adriana Puiggrós (2003), el bloque dominante fue incapaz de
restituir la educación tradicionalista; tampoco pudo articular en forma estable la hipótesis de
“guerra total contra la subversión” con interpretaciones ad hoc de concepciones científicas, y
como broche de oro final de la acción destructiva de la dictadura sobre la cultura argentina fue el
efecto de la aventura conducida por el presidente Leopoldo Galtieri en la Guerra de Malvinas (p.
172-173)
Cerrado este período con la asunción del Presidente radical, Raúl Alfonsín, en el año 1983;
la vuelta a la democracia sufrió las consecuencias sociales y económicas de las medidas tomadas
durante la dictadura militar. “Entre los años 1987 y 1989, una serie de acontecimientos políticos
aceleraron los tiempos electorales (…) y empujaron al gobierno de Alfonsín a convocar a
elecciones nacionales de manera anticipada” (Arata y Mariño, 2013, p. 265)
En 1989 asume como presidente de la nación el candidato del Partido Justicialista, Carlos
Saúl Menem. Con él se inaugura un nuevo ciclo histórico en la Argentina. Bajo una economía
neoliberalista, se privatizaron los servicios públicos, se siguieron una serie de políticas de
flexibilización laboral y el discurso pedagógico se apoyó sobre el paradigma económico (Arata y
Mariño, 2013, p. 266). Para los neoliberalistas, según Arata y Mariño (2013):
 El Estado debía reducir su papel al mínimo indispensable para poder garantizar la
supervivencia de la sociedad y la libertad de los individuos.
 El Estado sólo debía encargarse de lo que el mercado no podía hacer por sí mismo:
determinar, arbitrar y proveer las bases para ejecutar las reglas del libre intercambio de
bienes y servicios.
 El Estado debía intervenir en caso de conflicto social o allí donde el mercado no fuese in
instrumento pertinente: la administración de justicia, la defensa del país o la confección
de leyes. (p. 267)
Algo importante que estos autores señalan sobre este asunto, es que el discurso neoliberal sólo
reflejó una cara de la moneda. En su reverso, talló sus prerrogativas del sector neoconservador. A
diferencia del discurso neoliberal, el discurso neoconservador “sostenía la necesidad de construir un Estado
fuerte. Pero además elaboró un relato que se apuntalaba en el pasado e invocaba un orden perdido que
buscaba afanosamente restaurar” (Arata y Mariño, 2013, p. 267)
Durante el “menemismo” (1989- 1999) cobran protagonismo en nuestro país, organizaciones
internacionales que estaban en sintonía con el modelo económico adoptado por los dirigentes del período.
Entre ellos se puede citar al Banco Mundial, el Banco Iberoamericano y el Fondo Monetario Internacional.
El sistema educativo no fue ajeno a estas corrientes de pensamientos, sino que fue atravesada por
las mismas, en todos sus aspectos. En este sentido, Adriana Puiggrós (2003) señala que la política educativa
menemista se constituyó en un espacio de fluido cumplimiento de las directivas del Banco Mundial, que
propugnaban:
 La descentralización de los sistemas escolares y su paulatina transferencia al sector privado.
 El desfinanciamiento de la educación pública de nivel medio y superior.
 La flexibilización de la contratación docente.
 La aplicación de programas focalizados a los sectores sociales que estaban en situaciones límite
desde el punto de vista social y de seguridad (p. 185)
Con este panorama, “la educación comenzaba a considerarse como un elemento del mercado que
debía ser regulado por la ley de la oferta y la demanda” (ibíd.). Junto con las ideologías del neoliberalismo,
se integran al vocabulario social y educativo, términos tales como “competencia”, “calidad”, “eficacia y
eficiencia”, “accountability” y “autonomía”. Las mismas pasarían a constituir el “glosario pedagógico” como
Arata y Mariño (2013) lo definen.
Durante este período, se sucedieron cuatro ministros de educación, de los cuales, se puede destacar
a Antonio Salonia, quien fuera sustituido por Jorge Rodríguez por no querer seguir las directivas que el
Banco Mundial había establecido.
Los cambios introducidos por las políticas educativas de Menem, en palabras de Adriana Puiggrós
(2003), “fueron las más desestructuradores del sistema creado en la década de 1880” (p. 186); además de
que señala que “el argumento central que sostiene a las políticas educativas neoliberales es que los
grandes sistemas escolares son ineficientes, inequitativos y sus productos de baja calidad” (citada por Arata
y Mariño, 2013, p. 270). Ella también menciona que dichos cambios fueron apoyados por la mayoría de las
fuerzas políticas que tenían representación parlamentaria en ese momento. Entre las leyes sancionadas
para favorecer dichos cambios, se encuentran:
 Ley 24.048/93 que continúa la transferencia, iniciada en la dictadura militar, de los
establecimientos educativos nacionales a las provincias.
 La Ley Federal de Educación N°24.195/94, que “fue blanco de críticas por parte de una amplia
franja social y política por la inoportunidad de plantear una reforma estructural muy
ambiciosa, basada en un modelo cuyo fracaso en España era de conocimiento público”
(Puiggrós, 2003, p. 190)
 La reforma la Constitución en 1994, que “habilitó al gobierno a distribuir la gratuidad en la
forma equitativa, es decir, eliminando el derecho universal a la enseñanza gratuita aunque
elevando a nivel constitucional la autonomía (“autarquía”, agregada en la reforma)
universitaria (Puiggrós, 2003, p. 187-188).
 Ley de Educación Superior N° 24.521/95, que “establece la obligación del Estado de planificar,
impartir y financiar la educación superior, así como sus atribuciones de aprobación y
supervisión de las instituciones privadas del nivel” (Puiggrós, 2003, p. 189-190).
Como ya se anticipó, los cambios introducidos por las políticas educativas de Menem fueron las más
desestructuradores del sistema que se había creado a finales del siglo XIX en la Argentina. De entre ellos, la
sanción de la ley Federal de Educación fue la que más influencia tuvo. Norma Paviglianti, señala que el
proceso de sanción de esta Ley tuvo dos características:
En primer lugar, la reforma se efectuó desconociendo el estado de situación
socioeducativa nacional, caracterizado por la segmentación del sistema educativo en
dos circuitos escolares fuertemente diferenciados. En segundo lugar, la ley favoreció al
sector privado, pues, por un lado, estableció el carácter público de la educación; y por
otro, reconoció a la Iglesia como agente natural de la educación, otorgándole el lugar
por el cual aquella había bregado a lo largo de un siglo (citada por Arata y Mariño, 2013,
p. 272).
Como resultado de esta nueva estructura educativa, basada en el modelo económico adoptado por el
menemismo, se suscitaron una serie de consecuencias que dan cuenta de esta desfragmentación y
desestructuración del sistema educativo, tales como, coexistencia de entre tres y cuatro sistemas distintos,
cierre de escuelas secundarias, primarización de los años iniciales del secundario (7° del primario, pasó a
ser 1° del secundario), ruptura del ciclo de enseñanza media entre EGB y Polimodal, cierre de las escuelas
técnicas que tuvieron que modificar su orientación, eliminación de las clases de idiomas y sus docentes,
traspaso de docentes de su área de conocimiento a otra distinta sin capacitación previa, descalificación
profesional de los profesores, falta de preparación de los directores del nivel primario y secundario para
articular ambos niveles, deterioro de la educación de adultos, especia y artística, e insuficiencia de la
educación inicial y exclusión de la asistencia materno-infantil. Todo esto sumado a la crisis económica que
atravesaba el país e interpelaba a la sociedad.

Entre los períodos analizados, el gobierno de facto durante el régimen de la dictadura militar (1976-1983) y
el gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1999), se produjeron importantes reformas dentro del sistema
educativo bajo un mismo modelo económico, el neoliberalismo. El impacto que produjo este pensamiento
en la educación argentina, tiene algunos puntos en común entre ambos períodos y otros no. Por ejemplo,
en ambos períodos se apuntó hacia la descentralización del sistema educativo, pasando del ámbito
nacional al provincial a las instituciones educativas; se favoreció el sistema educativo privado en contra del
público, al cual se señaló de “ambiente propicio para la subversión” en el caso del período de la dictadura y,
de “baja calidad” en el caso del período menemista; y se vio a la educación pública como un gasto a reducir
y no como un inversión, en ambos casos, llevando a altos índices de analfabetismo, bajos salarios docentes,
desarticulación de las escuelas o entre niveles y disminuyendo la posibilidad de acceso a la educación. Sin
embargo, un rasgo distintivo entre ambos períodos es que, es que durante la dictadura militar, primó el
pensamiento de los ideales de las fuerzas al momento de intervenir el sistema. Las medidas tomadas para
identificar y controlar la “subversión”, especialmente en los establecimientos educativos, fueron extremas
y con una claro sentido de adoctrinar a las masas sobre quién manda y sobre quiénes. En el caso del
menemismo, le pensamiento neoliberal y el “glosario pedagógico” que adoptaron de él para referirse a los
problemas educativos (Arata y Mariño, 2013, p. 268), muestra una relación más profunda entre el
menemismo y el neoliberalismo, que entre éste y los del gobierno de la dictadura que solo se valió del
mismo para favorecer sus medidas económicas. Finalmente, los resultados de la implementación de las
políticas neoliberales, claramente no responden al modelo de gobierno en el que se insertan (de facto y
democracia en este caso), sino al pensamiento de unos pocos que llegan al poder para satisfacer sus
ambiciones personales a costa del padecimiento de la mayoría de los gobernados. Nuestros días no son la
excepción a la regla.
Bibliografía
 Arata, Nicolás y Mariño, Marcelo (2013). La educación en la Argentina. Una historia en 12 lecciones.
Buenos Aires: Ed. Novedades Educativas.

 Puiggrós, Adriana (2003). ¿Qué pasó en la educación argentina? De la dictadura al presente. Buenos
Aires. Editorial Galerna