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INTRODUCCIÓN

Las expresiones juicio, procedimiento y proceso algunas veces se utilizan como


sinónimos; Sin embargo, estas expresiones han correspondido a etapas diversas
de la evolución del derecho y de la doctrina procesal, se advierte que tienen un
significado histórico, cultural y doctrinal diferente.
También a través del presente trabajo veremos que a lo largo del tiempo las
palabras juicio, procedimiento y proceso han tomado diferentes significados.
En el manejo cotidiano del lenguaje jurídico suele utilizarse indiscriminadamente o
sin conocimiento pleno de su diferenciación dichos términos.
Grandes procesalistas han dedicado arduo tiempo de estudio a describir y/o
explicar el contenido de estos conceptos, con la finalidad de recalcar sus
diferencias.

DESARROLLO
La palabra juicio proviene del latín iudicium, que originalmente significaba la etapa
del proceso que se desarrollaba ante el iudex (juez). Posteriormente, y de manera
particular en el derecho común europeo, el iudicium era no solo una etapa, sino
todo el proceso.
El juicio es el acto en el que intervienen cuando menos tres personas: el actor que
pretende, el demandado que resiste y el juez en medio conociendo.
A partir del siglo XVI, los países de la Europa central, bajo la influencia de la
doctrina del derecho canónico, empezaron a sustituir la palabra iudicium por las de
processus, processus iudicii y processus iudicialis, también de origen latino.
España, sin embargo, conservó la expresión juicio y la difundió en los países
hispanoamericanos.
Una de las razones por las que iudicium fue sustituida por processus consistió en
que la primera llegó a adquirir muchos significados.
Actualmente, en los países de tradición hispánica la palabra juicio tiene, cuando
menos, tres significados:
a) como secuencia de actos (o procedimiento) a través de los cuales se tramita o
se lleva a cabo la sustanciación de todo un proceso.
b) como etapa final del proceso penal, que comprende las conclusiones de las
partes y la sentencia del juzgador.
c) como sentencia propiamente dicha.
El primer y el tercer significado eran ya distinguidos con toda claridad por un autor
mexicano de la primera mitad del siglo XIX, Manuel de la Peña y Peña, en los
términos siguientes: “La palabra juicio, en el lenguaje forense, tiene dos diversas
acepciones: unas veces se toma por la sola decisión o sentencia del juez, y otras
por la reunión ordenada y legal de todos los trámites de un proceso.”
En nuestro país esta palabra se utiliza con mayor frecuencia en la primera
acepción. La Suprema Corte había definido al juicio, para fines del amparo, como
“el procedimiento contencioso, desde que se inicia en cualquier forma, hasta que
queda ejecutada la sentencia definitiva”.
Más recientemente ha sostenido que el juicio “se inicia con la presentación de la
demanda y concluye con la sentencia definitiva o (la) resolución que, sin decidirlo
en lo principal, lo da por concluido…”.
Bajo la influencia de la codificación napoleónica y de la tendencia del
procedimentalismo, durante el siglo XIX y a principios del XX se difundió el uso de
la expresión procedimiento judicial.
Como afirma Clariá Olmedo, “cuando se habla de procedimiento, cabe entender
que nos estamos refiriendo al rito del proceso. Es el curso o movimiento que la ley
establece en la regulación de su marcha dirigida a obtener su resultado,
adecuándola a la naturaleza e importancia de la causa que tiene por contenido”.
Para Alcalá-Zamora “el procedimiento se compone de la serie de actuaciones o
diligencias sustanciadas o tramitadas según el orden y la forma prescritos en cada
caso por el legislador y relacionadas o ligadas entre sí por la unidad del efecto
jurídico final, que puede ser el de un proceso o el de una fase o fragmento suyo”.
Así, pues, mientras la noción de proceso es esencialmente teleológica, la de
procedimiento es de índole formal, y de ahí que... distintos tipos de proceso se
puedan sustanciar por el mismo procedimiento, y viceversa, procedimientos
distintos sirvan para tramitar procesos de idéntico tipo. Ambos conceptos
coinciden en su carácter dinámico, reflejado en su común etimología, de
procedere, avanzar; pero el proceso, además de un procedimiento como forma de
exteriorizarse, comprende los nexos –constituyan o no relación jurídica– que entre
sus sujetos se establecen durante la sustanciación del litigio.
Para Carnelutti el concepto de proceso denota “la suma de los actos que se
realizan para la composición del litigio”, en tanto que el de procedimiento, “el orden
y la sucesión de su realización”. La diferencia cualitativa entre los dos conceptos
es tan profunda, que llega a reflejarse en una diferencia cuantitativa:
si un solo procedimiento puede agotar el proceso, es posible y hasta frecuente que
el desarrollo del proceso tenga lugar a través de más de un procedimiento; el
paradigma de esta verdad nos lo ofrece la hipótesis, absolutamente normal, de un
proceso que se lleva a cabo a través del primero y segundo grado; en los dos
grados tienen lugar dos grandes procedimientos, que se suman en un solo
proceso.
Para el procesalista italiano, “la combinación de los actos, necesaria para la
obtención del efecto común, da lugar a un ciclo, que se llama procedimiento. No
se dice que tal ciclo sea suficiente para conseguir por sí solo el resultado final,
constituyendo así el proceso, ya que éste puede exigir más de un ciclo, esto es,
más de un procedimiento”.
La palabra Proceso viene de Processus que significa: Pro: Para adelante y
Cedere: Caminar. El término solo comienza a usarse en la Edad Media, pues los
romanos se referían a la Litis y al iudicium; la podemos definir como la sucesión de
actos encaminados a la consecución de un fin Jurídico determinado.
La palabra Procedimiento por su parte, deriva etimológicamente de procedere y de
la voz latina procesus que significa: Marchar, avanzar, obrar, desenvolver,
secuencia o acción de ir adelante. El sufijo miento, viene de la palabra griega
mentum que significa movimiento, vida.
el procedimiento significa solo la manifestación externa, formal, del desarrollo del
proceso, o de una etapa de este, pero no comprende las relaciones jurídicas que
se establecen entre los sujetos del proceso, ni la finalidad compositiva de este
El proceso es la solución imparcial, a cargo de un órgano de autoridad del Estado,
el juzgador, que interviene a instancia de una de las partes y cuya autoridad deriva
del imperio del propio Estado y de la fuerza de la ley.
Para que intervenga el órgano jurisdiccional del Estado no es necesario que las
partes hayan acordado previamente someterse a este órgano del Estado; no es
requisito un acuerdo previo ─ni obviamente posterior─ de las partes. Al igual que
en el arbitraje, en el proceso hay un litigio; pero en el segundo, a diferencia del
primero, no se requiere que haya acuerdo entre las partes para someter sus
diferencias a determinado medio de solución. Basta con que uno solo de los
interesados decida someter la controversia al conocimiento del órgano
jurisdiccional competente del Estado, para que, por el imperio de éste y la fuerza
de la ley, la otra parte quede sujeta al proceso que se siga ante ese órgano
jurisdiccional del Estado; y, asimismo, ambas partes estarán obligadas a cumplir
las determinaciones del juzgador y su pronunciamiento final, que recibe el nombre
de sentencia.

¿El proceso y procedimiento son elementos de un mismo juicio?


Si ya que el procedimiento es el modo como va desarrollándose el proceso, el
trámite a que está sujeto, o una serie de fases, se sirve del procedimiento, pero no
siempre que hay procedimiento existe un proceso, sin embargo no puede haber
proceso sin procedimiento además de que se materializa en un expediente, ya que
es esencial para el desarrollo del proceso.

¿Cuáles son los fundamentos constitucionales de la unidad jurisdiccional?


En la parte dogmática de una Constitución se contienen los derechos públicos
subjetivos que tiene el gobernado como oponibles al poder público Si en, el
proceso interviene el Juzgador como autoridad y la parte como gobernado, es
claro que las disposiciones constitucionales que rigen las relaciones entre
gobernantes y gobernados le sean aplicables al proceso. Por tanto, procederemos
al análisis de algunas disposiciones constitucionales, establecidas en el capítulo
de garantías individuales, y que contienen principios constitucionales aplicables al
proceso.
Garantías de seguridad jurídica.
Se refieren a determinados procedimientos a los que debe apegarse el poder
público, cuando con sus actos pretenda afectar a los gobernados. Están
consagradas en los artículos 8o., 14, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22 y 23 que,
respectivamente, se refieren al derecho de petición, a la irretroactividad de la ley,
la privación de derechos sólo mediante juicio y la prohibición de aplicar la analogía
en juicios penales; el principio de legalidad y la inviolabilidad del domicilio; la
expedita y eficaz administración de justicia; los requisitos para la prisión
preventiva; los requisitos para la detención ante autoridad judicial; las garantías
del inculpado, la víctima o el ofendido en un proceso penal; la imposición de penas
sólo por vía del Poder Judicial y la persecución de los delitos por el Ministerio
Público; la prohibición de tratamientos inhumanos y la de que alguien sea juzgado
dos veces por el mismo delito.
Garantías de igualdad.

Tienen por objeto evitar privilegios y otorgan a todos los individuos los mismos
derechos. Están contenidas fundamentalmente en los artículos 1o., 2o., apartado
B, 4o., 5o., primer párrafo, 12,13 y 31, fracción IV; en los que se señalan el
alcance de la protección de las garantías, los derechos indígenas, la igualdad del
varón y la mujer ante la ley, el libre ejercicio de cualquier profesión, comercio e
industria a todas las personas, siempre que no sean contrarios a la ley, la omisión
de títulos de nobleza, la prohibición de leyes o tribunales especiales y la equidad
en el pago de los impuestos.

Garantías de libertad.

Permiten la autodeterminación de las personas, situación que el Estado debe


respetar. Las encontramos principalmente en los artículos 1o., segundo párrafo;
2o., apartado A, 3o., 4o., segundo párrafo, 5o., 6o., 7o., 9o., 10, 11, 15, 24 y 28,
que individualmente aluden, en lo fundamental, a la prohibición de la esclavitud, a
la libertad de procreación, a la libertad de educación, a la libertad de trabajo, a la
libertad de pensamiento, a la libertad de imprenta, a la libertad de asociación, a la
posesión y portación de armas en el domicilio, a la libertad de tránsito, a la
prohibición de extraditar reos políticos, a la libertad de culto y a la libertad de
concurrencia en el mercado, respectivamente.

Garantías sociales.

Establecen derechos y prerrogativas de los grupos humanos o de la nación en su


conjunto, conforme a criterios de justicia y bienestar colectivos. Las encontramos
fundamentalmente en los artículos 3o., 4o., párrafos tercero y quinto, 21, párrafos
quinto y sexto, 27 y 123 que, de manera particular tratan, respectivamente, sobre
el derecho a la educación, a la salud y a la vivienda; el disfrute de la seguridad
pública; el régimen de propiedad de tierras y aguas, derechos agrarios, ejidales y
comunales y, los principios del régimen laboral.

Garantías en materia económica.

También son de contenido social porque imponen al Estado deberes en beneficio


de toda la población. Están reunidas en los artículos 25, 26 y 28, los cuales
mencionan, cada uno por su parte, que corresponde al Estado la rectoría
económica; que es obligación también del Estado la creación de un sistema de
planeación del desarrollo nacional; la prohibición de monopolios –explotación
privilegiada de un artículo o servicio–, el establecimiento de facultades
económicas exclusivas del Estado, la prohibición de liberar del pago de impuestos
y del acaparamiento de productos. Es importante señalar que, según el artículo 29
de la Constitución Federal, con la participación de los Poderes Ejecutivo y
Legislativo, en casos de invasión, perturbación grave de la paz pública o cualquier
otro factor que ponga a la sociedad en grave peligro, es posible suspender
temporalmente las garantías en todo el país o en lugar determinado, para hacer
frente a la situación.

CONCLUSIONES
En ocasiones, se ha utilizado el vocablo "proceso" como sinónimo de
"procedimiento". No hay sinonimia entre ambas expresiones puesto que
"procedimiento" es la acción o modo de obrar.
En el proceso se contemplan las etapas diversas en abstracto. Podríamos decir
que el proceso es abstracto y el procedimiento es concreto
En el proceso se previene una secuela ordenada al desempeño de la función
jurisdiccional, mientras que, en el procedimiento, la realidad se ha pretendido
apegar a esa secuela, pero con todos los matices e individualidad que impone el
caso real.
El proceso es el desarrollo regulado por la ley de todos los actos concatenados
cuyo objetivo es que se diga el derecho a favor de quien tenga la razón total o
parcial. El procedimiento es el desarrollo real de un caso en que se ha planteado
una determinada controversia.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS.

Escobar Alzate, J. (2012). Manual de teoría general del proceso: fundamentos


jurisprudenciales y doctrinales. Ibagué, Colombia: Universidad de Ibagué.
Recuperado de http://elibro.net.talisis.remotexs.co/es/ereader/unid/70132?
page=40.

Suprema Corte de Justicia de la Nación. (Mayo 2006). El Sistema Jurídico


Méxicano. Biblioteca Digital y Sistema Bibliotecario. Suprema Corte de Justicia de
la Nación Recuperado de
https://www.scjn.gob.mx/sites/default/files/material_didactico/2016-11/Sistema-
Juridico-Mexicano.pdf