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Lora Leigh - Mentiras que enamoran

Serie Chicos del verano 01

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

SINOPSIS:

El amor siempre encuentra una manera.

Slade era la vida de Jessie, el primer amor que llenó su corazón y alma y completó su espíritu
de mujer. Años de espera que culminaron con un increíble fin de semana de abandono sexual,
enseñándole todo lo que necesitaba saber para ser su mujer y marcarla como mujer de Slade
para toda la vida. Jessie estaba segura que Slade la amaba. Hasta que él susurró aquella mentira,
aquella última traición, y se alejó sólo para casarse con otra mujer.

Ahora, cinco años más tarde Slade regresa, su alma marchita sin la presencia de Jessie, y
ahora va a tenerla, de una manera u otra. El amor por ella, el hambre feroz y la necesidad
imperiosa consume su corazón y su alma. Sin importar los obstáculos, Slade la quiere de vuelta.
Cueste lo que cueste. Sin importa lo que tenga que hacer.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 01

La música era un suave oleaje alrededor de la clara orilla del río. Era aquí donde la pandilla
se reunía para un fin de semana de bebida, pesca, y buena diversión. Era el primer encuentro
del verano, y parecía que todos estaban allí. Así como los que habían estado durante la última
década. Los chicos del verano estaban de vuelta y listos para olvidarse de las preocupaciones y
los problemas de la realidad diaria.

Casas rodantes, carpas, camionetas y una variada gama de vehículos estaban esparcidos por
el borde de la zona de acampada mientras una hoguera ardía en el centro. Gritos de bienvenida
y risas llenaban el valle de bosques a lo largo de la orilla del río mientras la música vibraba con
fuerza en el área para asegurarse de que no había vida silvestre en las inmediaciones.

La luz parpadeante daba un resplandor misterioso sobre el bosque detrás de él, incluso a
medida que reflejaba el jolgorio de aquellos alrededor del fuego. La fiesta estaba en su apogeo,
las bebidas no paraban y Slade Colter tenía un terrible dolor de cabeza con la fuerza suficiente
para competir con la música. Pero aún peor era la erección palpitante en sus pantalones
vaqueros. Estaba tan congestionado, tan listo, tan concentrado en una pequeña mujer que no
podía confiar en sí mismo para quedarse. No podía confiar en sí mismo para no aterrorizarla.

Debería haberlo sabido antes de salir este fin de semana. Tendría que haber hecho lo que
tenía previsto primero.

Slade golpeó el rodillo automático del toldo y lo dobló lentamente hacia el borde del tejado
antes de saltar dentro de la caravana y moverse en el asiento del conductor. Con un movimiento
rápido de la muñeca, encendió el motor y empezó lentamente a salir del claro. El poderoso
ronroneo del motor envió una oleada de satisfacción a través de su sistema mientras se movía

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entre las caravanas y vehículos estacionados a su alrededor, antes de girar e ir en dirección a la


carretera principal. Hizo caso omiso de las llamadas de los asistentes a la fiesta, maniobró el
vehiculó hacia la carretera, y con un rápido giro se dirigió lejos de la fiesta hacia el lugar
privado para acampar que había alquilado cerca de la ciudad.

A medida que la música se desvanecía detrás de él, suspiró de alivio, viendo como los faros
reflejaban la carretera e iluminaban el camino de la fiesta tras él. Más allá, la oscuridad le hacía
señas, la tranquilidad. O al menos eso esperaba. Su cabeza estaba tan jodidamente en mal estado
ahora que no sabía si volvería a averiguar lo que significaban esas palabras otra vez.

Libertad. Sabía que podría olvidar lo que eso significaba. Este era su último fin de semana en
las montañas por un tiempo, posiblemente un largo tiempo. Había pensado que pasar tiempo
con los chicos con los que había crecido era la receta perfecta para la inquietud que lo llenaba,
pero no era así. Se estaba haciendo peor. Y él estaría condenado si no se alejaba de esos risueños
ojos marrones y la sonrisa burlona de esa cosita dulce de Jessica “Jessie” Benton, entonces él iba
a joder la poca oportunidad que tenía de encontrar alguna vez la paz.

Él negó con la cabeza, con la esperanza de limpiar la bruma alcohólica y la imagen de esa
inocente, tentadora visión. Ella era tan condenadamente pequeña que le hacía sentir como un
gigante. Apenas un metro sesenta y uno, de dulces curvas y celebraba su vigésimo primer
cumpleaños este fin de semana. Vestida con un bikini que tenía sus ojos saliendo de sus órbitas,
y luciendo un pequeño tatuaje sexy en la parte baja de sus caderas, exigiendo conseguir una
mirada más cercana y su polla burlándose de él.

Bajó la mano del volante y reajustó su carne debajo de sus pantalones vaqueros. Ni siquiera
había sido capaz de ponerse el bañador que trajo por culpa ella. No podía conseguir bajar su
maldita erección lo suficiente para siquiera contemplarlo.

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Este era un buen aprieto, se dijo brutalmente. Había estado esperando por más de cinco años
para que Jessie tuviera esa edad mágica antes de hacer su movimiento con ella. Él había tenido
más erecciones de las que debería, y pasó muchas noches masturbándose pensando en ella.

Se pasó los dedos por el espeso cabello rubio, una llamarada de sensación corriendo por su
espalda al recordar el toque de sus dedos allí la primera noche de verano de este año.

—Slade, no tengo la intención de esperarte para siempre. —Su suave risa había enviado un
electrizante calor a través de su estómago—. Una chica no puede esperar tanto tiempo.

Él había hecho algún comentario burlón, riendo, queriendo nada más que besar esos labios
de color rosa pálido. Pero él había esperado. Veintiún años, se recordó. Él era un hombre, no un
niño, a los veintisiete años se estaba acercando a los treinta más de lo que incluso quería
admitir. Y seguro que no era inocente.

—Mierda estúpida —murmuró mientras giraba la casa rodante a lo largo de la carretera


principal, en dirección a la intimidad de su propio lugar para acampar. Hacia los principales
claros en lugar de las más pequeñas áreas privadas más cercanas a la ciudad.

Necesitaba escapar de la tentación de los ojos de terciopelo marrón. Tenía que pensar en esto,
se dijo. Jessie no era una aventura de una noche, y lo sabía condenadamente bien. Podía sentir
las bandas envolviéndose alrededor de su cuello, el hambre de una dulce pequeña mujer atando
su tripa en tantos nudos que tuvo que luchar para respirar. Por no hablar de lo que le estaba
haciendo a su polla.

Sacudiendo la cabeza, Slade hizo un brusco giro encabezando el estrecho sendero hacia su
zona de aparcamiento. Las conexiones del camping no eran tan eficientes, pero la paz de la
oscuridad, las noches tranquilas lo compensaba. Entrando en el terreno pavimentado lo
suficientemente grande para el vehículo, apagó el motor antes de saltar y conectar las tuberías

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de agua y alcantarillado. Oscuridad terciopelo se envolvió alrededor, tirando de él como una


brisa sofocante batiendo sobre su pecho desnudo.

Tomando una respiración profunda, empujó el control principal del toldo, viendo cómo se
extendía sobre él mientras sus dedos trabajaban en sus vaqueros. La maldita erección lo estaba
matando. En cuestión de segundos, los vaqueros fueron arrojados sin cuidado a la barra de
metal que anclaba el toldo a la caravana y su polla estaba apuntando hacia fuera de su cuerpo,
demandante.

Una brisa constante susurraba a través de la noche, envolviéndose a su alrededor, tan suave
y cálida como las manos de Jessie.

¿Qué demonios le pasaba? Nunca había tenido problemas en ir tras lo que quería, y maldito
si no la quería. Infierno, la necesitaba y lo sabía. Nadie más podía ver el hambre asolándolo día
y noche mientras su cumpleaños se acercaba. Dios sabía que lo había intentado.

Había pasado una semana desde que se folló a su ex compañera del FBI Amy Jennings, noche
tras noche, y todavía no había ayudado. Pensaba en Jessie. Soñaba con Jessie. ¿Por qué demonios
no se la follaba de una vez y acababa con esa mierda?

Porque no sería una follada y ya y él lo sabía. Porque una vez que la tuviera, sus días de
soltero de indiferente llegarían a su fin.

Uno de sus padres adoptivos le había advertido hace años que iba a encontrar una mujer que
rasgaría sus entrañas en pedazos y un anillo de matrimonio parecería un refugio en lugar de un
yugo, y Slade no le había creído. Él lo creyó ahora. Infierno, él lo había creído desde hace años
cuando se encontró mirando a Jessie, imaginándola desnuda, debajo de él, toda la intensidad y
el fuego en sus ojos convirtiéndose en pasión.

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Los sonidos de la noche lo envolvieron, el llamado de las ranas y grillos en el bosque a su


alrededor, y el bagre saltando en la orilla del estrecho río que fluía en la distancia. Una sinfonía
que llenaba su alma y parcialmente aliviaba la inquietud rodando a través de él.

No estaba ayudando a su erección.

—¿Siempre acampas desnudo, Slade? Una chica podría acostumbrarse a esto, sabes.

Se puso rígido por la diversión y el hambre en la voz que provenía de la puerta.

Se volvió y miró hacia ella, enmarcada en la tenue luz de la lámpara interior, ese maldito
bikini mostrando sus curvas, su carne morena brillando en la suave luz mientras ella inclinaba
la cabeza, el pelo largo y castaño fluyendo por encima del hombro.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Gruñó, empujando los dedos por su pelo mientras
su polla se sacudía por la tímida mirada que ella le dirigía.

—Estaba durmiendo la siesta. —Una sonrisa curvó sus carnosos labios rosados—. Me dijiste
que podía usar tu cama en cualquier momento que necesitara esconderme. ¿Recuerdas?

Diablos, sí, lo recordaba. El verano pasado, cuando Deke Austin la había estado observando
con nada más que maldito sexo llenando su mente, poniéndola nerviosa como el infierno.

—Mierda. —Se acercó a la puerta, obligándola a retroceder mientras él se ponía de pie


frente a ella en los estrechos confines del pequeño compartimento principal—. Maldita sea,
Jessie, ¿por qué diablos crees que dejé la fiesta?

Ella se alejó lentamente, chocando con el pequeño bar detrás del sofá mientras lo miraba con
recelo, con avidez.

—No sabía que te ibas, Slade. —Ella lo miró con esos ojos oscuros, su mirada vacilante iba a
su dura polla a cada momento mientras tragaba nerviosamente—. Estaba dormida, lo juro. Billy

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no me dejaba en paz en la orilla así que Ron me envió a ocultarme por un tiempo hasta que le
encontrara una distracción a Bill. Tu caravana estaba más cerca y no estabas en ella. Sólo iba a
acostarme por unos minutos.

Ella había estado en su cama todo este tiempo. Tendida en el colchón de matrimonio, su
cuerpo estaba relajado, esperándolo. La habitación en la caravana era el único espacio cerrado,
y el más grande.

—¿Cuánto tiempo has estado despierta, Jessie? —Se trasladó a la pequeña nevera, la abrió y
sacó una cerveza. Si no encontraba otra cosa que hacer con las manos, entonces iba a terminar
tocándola.

Se aclaró la garganta ante su pregunta.

—No mucho.

Él la miró fijamente mientras hacía estallar la parte superior de la lata, arqueando las cejas
en son de burla. Ella no podía mentir en absoluto. Nunca había sido capaz de hacerlo. Él no iba
a preguntarle cuánto tiempo, lo sabía. Ella había despierta cuando encendió el motor, ella había
sabido dónde se dirigía.

Echó la cabeza hacia atrás, tragando el amargo brebaje en un intento desesperado por no
acercarse a ella, para contener la lujuria llenándolo, sólo por unos minutos más.

—Lo siento, Slade. Debí dejártelo saber antes —dijo mientras él lanzaba la lata en el
contenedor a su lado.

Él se pasó la mano por el pecho, sus dedos agarrando su polla por un segundo antes de que
un gruñido retumbara en su pecho,

—Espero que sepas qué demonios estabas haciendo cuando te metiste en esa cama y
esperaste a que yo aparcara —espetó, su voz áspera, la demoniaca lujuria golpeando a través de

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sus venas como fuego, quemando por su necesidad de tocarla—. Maldita sea al infierno, Jessie.
He intentado de todo para permanecer lo más lejos posible de ti…

—¿Por qué? —Su respiración era más rápida ahora, esos pechos bonitos subiendo y bajando,
atrayendo su mirada como un imán—. Yo he estado persiguiéndote desde que cumplí dieciséis
años, Slade. No tiene que permanecer alejado.

Se movió más allá de ella lentamente, sentándose pesadamente en el amplio sofá y mirándola
mientras luchaba contra el instintivo impulso de tirarla hacia sí. Sus dedos se cerraron
alrededor de su pene, una vez más, acariciando ociosamente mientras la sangre tronaba en sus
venas. Ella estaba observando la acción, su lengua salió a acariciar sus labios carnosos con un
lamido rápido que hizo a sus bolas encogerse hasta la base de su pene.

—¿Tienes alguna idea de dónde demonios te estás metiendo? —Él gimió entonces—. No soy
un niño, Jessie. Tengo veintisiete años con un infierno de mucha más experiencia de la que te
puedas imaginar y necesidades que no podrías empezar a adivinar.

Una sonrisa se afiló en sus labios.

—Sé que le diste nalgadas a Melissa Lorring —dijo ella, la diversión no hacía nada para
cubrir su excitación—. Justo antes de que tomaras su culo. Y sé que utilizaste los juguetes de Val
Sheridan en ella. Tiene una extensa colección según he oído. Y vamos a ver, Jazz Lancing jura
que estabas follando a Massey Landers al aire libre en uno de sus partidos el año pasado, con
nada más que su vestido cubriendo el acto mientras tú estabas detrás de ella. —Un ceño se
formó entre sus cejas como ella le devolvía la mirada, sus ojos pareciendo más oscuros, con las
mejillas encendidas—. No hay mucho que hagas sin que yo me entere de ello, Slade. Y Amy
Jennings cacarea a lo largo y ancho que eres suyo por siempre jamás amén después de la
semana que pasaste follándotela a muerte el mes pasado. —Una chispa de ira celosa llenó su
voz—. Podrías haber esperado un poco más, sabes.

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No, él no podía. Si él no hubiera pasado la semana jodiendo a Amy hasta el infierno y vuelta
entonces habría terminado secuestrando a Jessie y asustando la mierda fuera de ella. Al menos,
eso era lo que él pensaba. Viéndola ahora, ya no estaba tan seguro si la habría asustado.

—¿Así que crees que sabes qué esperar, niña? —Él gruñó—. ¿Crees que no voy a querer
hacerte cada maldita cosa de lo que acabas de describir, y más? Confía en mí, no has escuchado
ni la mitad todavía.

—Te lo dije, soy tuya. —Ella abrió los brazos, mostrándole su cuerpo en bikini volviéndolo
loco—. ¿Qué más puedo hacer, Slade…? —Ella fue hacia él, un pequeño paso a la vez—.
¿Rogar?

Ella se colocó entre sus muslos y se inclinó más cerca. Slade se quedó mirando el calor
inocente y la excitación que se reflejaba en su mirada y supo que se estaba ahogando.
Ahogándose en la pura necesidad al rojo vivo que estalló entre ellos y se volvió incapaz de
resistir.

Su mano se clavó en su pelo, arrastrando su cabeza hacia abajo mientras forzaba sus labios
hacia los suyos. Dulces y afilados besos alimentaron su hambre. Derritiendo sus labios,
batallando para respirar mientras sus cabezas se inclinaban y consumían el sabor de cada uno.

Su ocupada y pequeña lengua lamió la suya antes de retirarse. Sus labios tiraron de ella,
bebieron de ellos, degustando la inexperiencia y la furiosa necesidad, y se hizo más intensa para
su desconocida sexualidad. Ella era una tentadora, no se daba cuenta de su propio poder, de la
lujuria violenta que despertaba en él, mirándolo a los ojos y sonriendo con una misteriosa
sonrisa peligrosa de conciencia femenina antes de que ella se pusiera de rodillas delante de él.
Sus manos agarraron sus rodillas separadas mientras se arrodillaba entre ellas.

—O tal vez esto. —Su cabeza bajó entonces, tomándolo en un beso que incineró su control y
cualquier tipo de dudas que pudiera haber tenido.

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—¡Dulce Dios! —Su cabeza cayó hacia atrás cuando su lengua lamió su polla. Caliente calor
satinado se extendió desde la base de su pene hasta la gruesa y palpitante cabeza, mientras su
lengua acariciaba hacia arriba. Se movió un poco allí, sondeó un poco aquí, hasta que sus
caderas se levantaron y una mano agarró su cabello mientras la otra sostenía la polla y la
dirigía a su boca—. Abre, nena.

Ella la abrió. Slade observó, la lujuria ardiente dentro de él mientras sus labios rosados se
separaban, cubriendo la cabeza abultada y le chupaba en su boca. Fue un placer tan destructivo,
consumiéndolo todo y él no podía hacer nada, excepto perderse a sí mismo a ella. Ella
aniquilaba la realidad, le robaba el alma.

—Hijo de puta. —Sus manos se apretaron en su pelo cuando su lengua lamió, su boca
succionó. Ella no tenía experiencia, pero lo que le faltaba en conocimiento lo compensaba con
caliente y dulce placer. Los húmedos sonidos de su boca sobre su pene estaban robando su
control, haciendo que su carne se apretara aún más, derramando una copiosa cantidad de pre-
eyaculación en su pequeña boca caliente. Ella lamió todo el camino hacia arriba como la
pequeña gatita sexual que era, tarareando de aprobación por su sabor.

—Así, nena. —Las manos agarrando su cabello comenzaron a dirigirla—. Lento y fácil,
cariño. Chúpalo como tu pirulí favorito. Justo así… —Él estaba jadeando mientras su lengua se
arremolinaba sobre su carne apretada, su boca moviéndose arriba y abajo un segundo antes de
que esa pequeña lengua caliente sondeara la bulbosa cabeza.

—Dulce bebé —susurró. Ambas manos agarrando su pelo ahora, sus dedos enredándose en
los hilos de seda mientras sus suaves manos se envolvían alrededor de la base de su erección y
comenzaban un lento movimiento, acariciando a lo largo del resto del eje mientras sus labios
calientes lo destruían.

—Tan hermosa…— Y ella lo era. La creación más hermosa que había visto jamás—. Así,
nena, chúpame lento y caliente, justo así. Dios, tu jodida lengua me está matando. —Ella

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acarició, lamió, chupó, llevándolo casi a la garganta antes de retroceder, sólo para hundirse en
él de nuevo. Sus labios, lengua y boca rodeándole con húmedo calor.

Sus ojos brillaron hacia él, párpados caídos y oscuros con asombro mientras él jodía su boca,
ojos soñolientos y llenos de lujuria inocente. Y si no tenía cuidado iba a poner fin a esta fase del
juego antes de que él estuviera preparado para ello.

—Suficiente. —Él levantó la cabeza, tirando de su cabello mientras un oscuro, profundo


gemido salía de sus labios—. ¿Así? —Él tiró de su pelo otra vez, viendo como su polla se
deslizaba libre de los labios con un pequeño pop.

—No me hagas parar. —Sus pequeñas manos estaban ocupadas, moviéndose sobre la dura
carne mientras él la atraía hacia él.

—Shh, nena. Ven aquí. —Él envolvió sus manos alrededor de su curvilínea cintura,
poniéndola en sus pies mientras él se levantaba del sofá, cerniéndose sobre ella, sus manos
deslizándose por su estrecha cintura hasta que se detuvieron justo debajo de sus pechos.

—No tienes ni jodida idea de lo mucho que te quiero —gruñó—. Has sido como una fiebre
en mi sangre desde que cumpliste los dieciséis. Un pequeño bebé dulce sin ni idea de cuan
depravado podría ponerme con ese cuerpo tuyo.

Una pequeña sonrisa secreta inclinó sus labios.

—¿Vas a pegarme? —Susurró. Era una tentadora, una diosa del sexo y él iba a tomar lo que
había llegado a considerar suyo—. Ten cuidado, Slade, me podría gustar.

Él sabía que lo haría. Pero primero había una necesidad que no podía controlar por más
tiempo. Su beso. Esos pequeños labios suaves envolviéndose alrededor de su pene tenían otros
asuntos que atender ahora.

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Bajó la cabeza, mirándola sin aliento, sus ojos revoloteando cuando un ligero lloriqueo dejó
su garganta un segundo antes de que él tomara a sus labios. Tendría que haber hecho
previsiones por su inocencia, lo sabía. Tendría que haber empezado suave, debería habérselo
facilitado. Pero Dios tenía hambre de ella. Necesitaba saborearla más de lo que necesitaba
respirar en este momento.

Ella era dulce calor. Era un fuego que no podía extinguir dentro de su alma, y ella era suya.

Sus labios se movieron sobre ella, su lengua presionando como un suspiro. Un gemido hizo
eco de su garganta y sus manos se levantaron, deslizándose en su pelo, agarrando los mechones
gruesos mientras se arqueaba contra él.

¡Joder, sí! Ella sabía a medianoche. Como una calurosa noche de verano. Su lengua se
encontró con la suya vacilante, un gruñido áspero dejando su garganta mientras sus labios se
inclinaban sobre la de ella y le sacudían el cuerpo.

Sus manos se movieron por su espalda mientras él entrelazaba su lengua en la de ella,


capturando la parte superior del bikini y soltándolo. Podía sentir su temblor contra él, sus dedos
tirando de su pelo mientras sus labios se devoraban. No podía tener suficiente de ella, no podía
besarla lo suficientemente profundo, con fuerza, no podía convencerse a sí mismo que él le
estaba atando a él lo demasiado rápido.

En cuestión de segundos tenía liberada la parte superior, lo arrojó descuidadamente a un


lado sin importarle donde caía. Y sus pechos presionaron contra su pecho. Pequeños pezones
calientes, duros como piedras, asomaban en su carne, un gemido sordo en su garganta mientras
retiraba sus labios de los de ella.

—Ven aquí. —Él la levantó hacia él, sintiendo el agarre de sus rodillas en sus caderas
mientras él la levantaba contra su pecho, girando y moviéndose a través de la puerta abierta
que conducía al dormitorio. La cama. Tenía que llegar a la condenada cama antes de tomarla en

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el sofá. Y era una posibilidad. Maldita sea, estaba tan caliente, tan dispuesto a follar podía sentir
el chisporroteo de la inminente liberación hormigueando en la base de su columna vertebral.

—Slade… —Su voz suave y caliente robó su cordura—. Oh Dios, Slade, he esperado una
eternidad para que me toques.

Él había esperado una eternidad para tocarla. Tantos años que podía sentirlos pesando sobre
sus hombros, su alma. Ella era suya. Por Dios, le pertenecía a él y a nadie más. Estaría
condenado si dejaba que otro hombre la tuviera. Nunca. No mientras él viviera.

Sostenerla en sus brazos era natural, correcto. Ella era una llama viva calentando todos los
lugares fríos dentro de sí mismo, llenando los rincones solitarios y rodeándolo de luz.

Cuando la acostó en la cama, la mirada fija en los rápidos movimientos de sus pechos
hinchados, su suavemente redondeada barriga y el tatuaje asomándose por encima de la banda
de su bikini, Slade supo que había encontrado algo que había buscado durante la mayor parte
de su vida. Un sentido de pertenencia.

Largos, oscuros mechones de pelo rodeando su cara y cabeza, tendido sobre la almohada
como un abanico mientras sus ojos oscuros lo miraban con necesidad. Sus brazos estirados por
encima de su cabeza, arqueando sus pechos altos, una deliberada tentación que tuvo que
apretar los dientes para no ir por ello. Su pene le exigió que la tomara y lo haría, pero había
tantas maneras en que necesitaba tocarla. Amarla.

—Eres hermosa —susurró mientras se movía para estirarse a su lado, sus labios encontrando
el hueco fragante de su garganta mientras su cabeza caía hacia atrás, arqueando su cuello por
su caricia.

Un gemido tembloroso salió de sus labios mientras ella se estremecía en respuesta a sus
dedos moviéndose en sus pezones apretados. Acariciando su cuello con sus labios, dientes y

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lengua, dejó que su pulgar e índice agarraran un duro pezón, ejerciendo la suficiente presión
para poner a prueba sus límites para el placer y dolor que sabía que podía darle.

Dios, ella era tan joven. Demasiado joven para saber lo oscuro, intenso que el sexo podría ser.
Hasta dónde podría empujarla mientras le robaba la ilusión de tener el control.

Ella arqueó sus pechos hacia él, un grito desigual llenando la noche un segundo antes de que
sus labios tomaran los suyos de nuevo, su lengua sumergiéndose profundamente en su boca
cuando él comenzó a empujarla. Él quería todo de ella. Cada fragmento de control, su última
inhibición, la inocencia que era gran parte de ella y lo llenaba de tal hambre.

Llevo sus manos a sus pechos, sus dedos atormentando sus pezones mientras ella comenzaba
a moverse bajo él, sus manos agarrando su cabello ahora, tirando de los mechones para
retenerlo más cerca, para tomar su beso más profundo a medida que la consumía. Demonios,
ella lo estaba consumiendo.

La visión de ese diminuto bikini todavía lo estaba tentando. Incluso ahora, su mente enfocada
en su beso, en los pequeños montículos duros bajo su mano, todo lo que podía pensar era en ese
maldito tatuaje. Tenía que verlo. Rompiendo el beso, empezó a dejar hambrientos besos en la
línea de su garganta mientras una mano se movía sobre su estómago tembloroso hacia material
de blindaje cubriendo la carne de su coño.

No tenía control para moverse despacio. Empujó su mano debajo del material luego se
detuvo en estado de shock ante lo que tocó.

—Joder —respiró ásperamente, levantando la cabeza para mirar sus aturdidos ojos—. ¿Qué
demonios has hecho?

Poniéndose de rodillas se apoderó de la banda rodeando sus caderas y arrancó el frágil


material. Tan fácil, los retazos de tela arrancados de su cuerpo y los arrojó descuidadamente al
suelo mientras alcanzaba la luz y la encendía.

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Ella yacía ante él, carne de seda reluciendo con un brillo satinado, desnuda ante su mirada,
su toque. Los tiernos pliegues desprovistos de los rizos suaves que deberían haber estado allí.
Ella se había hecho la cera. No había evidencia de haberse afeitado, sin apariencia de rugosidad
o enrojecimiento, la carne estaba suave, natural y brillante con una gruesa capa de crema
femenina que tenía a su boca salivando de hambre.

Se moría por tocar. Abrirla con sus dedos, saborearla con la lengua. La carne de melocotones
y crema brillaba tentadoramente como su mirada fue al pequeño tatuaje justo por encima de su
muslo. Una pequeña sonrisa inclinó sus labios.

Original, como era Jessie. El pequeño dragón exhalando una llama, pero tenía un aire
decididamente femenino. Los colores suaves del dragón en la poca luz que se reflejaba desde el
frente de la caravana lucían sexy como el infierno.

—Esto es como un tatuaje “Jessie” —susurró, viendo el feroz, pero femenino núcleo de Jessie
que él amaba tanto en la pequeña criatura caprichosa.

—Pensé que te gustaría. —Ella exhaló, jadeando, con la cara enrojecida y los labios
hinchados mientras ella le devolvía la mirada. Le hacía anhelar. Ansiar follarla, oír sus gritos
haciendo eco a su alrededor mientras ella suplicaba todo lo que él podía darle. Y él podía darle
tanto.

—Me encanta —susurró—. Más de lo que debería. —Sus dedos acariciaron sobre él antes de
pasar a la carne hinchada abajo, sintiendo el dulce calor de sus jugos en contra de sus dedos
mientras seguía hacia la estrecha rendija en la entrada de su vagina.

—Slade… —Su grito resonó a su alrededor mientras él bordeaba la apertura dulce, su dedo
acariciando, provocando la pequeña abertura mientras él la abría. Estaba resbaladiza miel
cremosa y caliente. Sentirla le arrancó un gemido mientras la levantaba hacia él, sus muslos
separándose aún más.

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Necesitaba saborearla. Miró sus propios dedos deslizarse a través de los jugos que salían de
su coño, su pecho doliendo mientras se obligaba a respirar, luchando por arrastrar suficiente
aire en su cuerpo. Ella le robaba el aliento, el control. Su corazón. En ese momento Slade se dio
cuenta que Jessie tenía el control de quebrarlo, completarlo.

—Eres demasiado joven —susurró mientras levantaba los dedos de la pulpa dulce que había
estado acariciando. Llevándolos a los labios, ignoró la sorpresa que abrió sus labios mientras
lamía aquella dulzura, su polla sacudiéndose mientras la sedosa humedad de su pasión
alimentaba su lujuria.

Él movió su mano, bajando a los labios mientras alisaba una pequeña cantidad de dulce miel
por el labio inferior.

—Saborea lo dulce que eres —susurró—. El más dulce y suave pequeño coño del mundo, y
va a ser mío. Todo mío. ¿No es así, Jessie?

Un escalofrío atravesó su cuerpo mientras lo miraba, sus ojos grandes y oscuros ardiendo en
su alma cuando vio la inocencia reflejándose en ellos. Su Jessie era suave y dulce, y no había
sido tocada antes. No estaba entrenada a la pasión. Slade sabía que debería haberla dejado
tranquila, sabía que debía marcharse, pero una vez la probó, no se podía negar eso así mismo.

—Saboréate —le instó suavemente, a pesar de la aspereza de su voz. Necesitaba verla aceptar
los apetitos que la atravesaban, necesitaba saber que estaba sumergiéndose tan profundamente
en la lujuria como había él sido arrastrado en ella.

Un rubor se apoderó de su rostro antes de ejecutar a lo largo de la esbelta columna de su


cuello con el rápido ascenso y la caída de los pechos de punta dura. Entonces surgió la lengua,
dulce rosa, y lamió el jugo brillante en los labios antes de que se enroscó alrededor de su dedo.

Él observó como ella succionaba delicadamente el dedo mientras su polla se sacudía


violentamente, recordando la sensación de esa caliente boca tirando de él.

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Dientecillos afilados rasparon sobre la yema de su dedo mientras sus ojos, oscuros y llenos de
anhelo, miraban hacia él.

Ella iba a destruir su alma, pensó, con mucha facilidad. O podría rehacer su mundo y
llenarlo con una luz que nunca había imaginado. Él oró por la luz.

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CAPÍTULO 02
Mirando hacia Slade, Jessie podía sentir la tensión apretándose en su cuerpo cuando la
necesidad comenzó a superar la inocencia, así como el temor femenino. Sólo estar cerca de
Slade podía hacerle arder la piel, estremecerse el vientre con necesidad. Como si su piel fuera de
repente demasiado sensible, su temperatura interna demasiado caliente, como si fuera
combustible cuando él estaba cerca.

—Voy a probarte, dulce bebé —susurró, una sonrisa maliciosa curvando sus labios mientras
sus ojos grises recorrían sus muslos entre abiertos—. Voy a comerte como si fueras caramelo.
¿Crees que puedes manejar eso?

No. Sin embargo, sus caderas se levantaron hacia él de todos modos mientras un grito salía
de sus labios. Ella no tenía ningún control, ni deseaba control. Nada importaba, excepto el toque
de Slade. El calor de sus manos, sus labios, oh, Dios… su lengua.

Yacía entre sus muslos, sus manos ahuecando su trasero para levantarla más cerca mientras
su lengua birlaba a través de la estrecha hendidura de su coño. El quemante, agonizante placer
la atravesó, apretando su cuerpo con tal intensidad que creía iba a romperse.

Suaves lamidas que acariciaban y quemaban, haciéndola corcovear en su agarre mientras


luchaba por más. Una caricia más profunda, más firme, algo para aliviar el impulso hambriento
en su clítoris. Y solo la provocaba. No la consumía, no la conducía sobre el borde.

La comió tal como dijo que lo haría. Como caramelo, una lamida lenta a la vez mientras ella
se retorcía debajo de él, sus gritos haciéndose más salvaje mientras luchaba por la liberación,

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

sus manos apretándose en su pelo mientras luchaba para presionarlo más contra su carne
húmeda.

—Suave y dulce —murmuró contra su clítoris—. Igual que el paraíso líquido, Jessie. Eso es lo
que eres. El más dulce, más suave coño que haya imaginado.

Quería gritar, deleitarse con la lujuria masculina y el hambre en su voz, pero lo único que
podía hacer era gemir, arquearse y rogar por más.

Mientras se retorcía debajo de él, los labios y la lengua se movieron a su clítoris dolorido
mientras sus dedos volvieron a la apertura de su vagina. Jessie contuvo la respiración,
anticipando más, sólo para gritar de frustración cuando él lamió lentamente alrededor de su
clítoris mientras sus dedos bordeaban su apertura. Él no tenía prisa. La estaba consumiendo con
placer decadente, tarareando contra su carne, su lengua rodeando su clítoris con movimientos
increíblemente ligeros.

No podía soportarlo. Sabía que no podía soportarlo. El sudor rodó de su piel mientras su
cabeza golpeaba contra la cama y ella luchaba por una liberación que estaba a un suspiro de
distancia.

—Slade, por favor… —ella gimió, la desesperación llevándola ahora—. He esperado tanto
tiempo. Por favor, no me provoques de esta manera… Por favor…

Apenas podía respirar, y mucho menos suplicar. Podía sentir las lágrimas reuniéndose en sus
ojos mientras sus terminaciones nerviosas pulsaban y corrientes eléctricas de placer corrían
sobre su carne.

—Podría comerte para siempre. —El gruñido ronco casi la hizo venirse, luego sus labios se
movieron más abajo, su lengua parpadeando en la entrada de su coño mientras ella se quedaba
sin aliento, y luego gritó entrecortadamente por más. Oh, Dios, sólo un poco más y el nudo de
tensión atormentando su vientre aliviaría. Sólo un poco.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

La necesidad alzándose a través de ella era aterradora. No podía controlarlo, no podía


aliviarlo. La tensión sólo se construyó, igual que el placer y los estremecimientos temblorosos a
través de su cuerpo. Y Slade fue implacable. Metió su malvada lengua en su coño mientras ella
se arqueaba hacia él, atormentándola, haciéndola enloquecer por la necesidad del orgasmo.

El sonido de sus gemidos era casi una caricia física. Slade rasgó a través de sus sentidos, los
sonidos de un hombre completamente sumergido en la furiosa lujuria por ella. Su lengua era
demoniaca, lamiendo, acariciando, empujando dentro de ella mientras la consumía, la comía
con perversa sensualidad. No hubo alivio, sólo la desesperada necesidad de ella mientras perdía
en el calor al rojo vivo arremolinándose a través de ella.

—Slade, por favor… —Ella estaba temblando, sacudiéndose, su voz desconocida a sus
propios oídos mientras rogaba por el orgasmo.

Este placer era demasiado intenso. No esperaba esto, no sabía cómo manejarlo. Nunca había
conocido nada igual, ni siquiera en sus fantasías más vívidas con sólo sus dedos para llegar a la
liberación. Se sentía como si se estuviera quemando viva, desintegrándose debajo de él. Y en
medio de eso, él añadió otro tormento. Su dedo se deslizó a través de sus jugos antes de
retroceder hacia la hendidura de su trasero, moviéndose contra la entrada de su ano con
firmeza.

—Oh Dios. Slade. Slade, por favor… —No había respiración con la que gritar, apenas la
suficiente con la que vivir.

Sus labios y lengua se movieron con provocación deliberada entonces, en lugar de


provocarla con empujoncitos y besos. Al mismo tiempo, el dedo sondeó y exploró su trasero aún
más.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Sus ojos se abrieron entonces cuando sintió la punta de su dedo perforar su culo antes de
entrar en ella lentamente, estirándola, quemando la carne allí con un placer al rojo vivo al que
sabía que no podría sobrevivir.

—¡Oh, Dios! —Ella oró por la liberación, porque el placer estaba destruyéndola—. No
puedo… No más… No más, Slade…

—Tranquila, nena. Ya está. Espera. —Su dedo se retiró antes de retroceder a través de la
suave crema fluyendo de su coño hacia sus dedos. Los jugos resbaladizos aliviaron su camino,
preparándola antes de que él lo deslizara más profundo, penetrando en su trasero mientras su
pulgar se deslizaba en la apertura de su coño.

Estaba perdida. Jessie sintió el orgasmo rasgar a través de ella, devastándola. La atravesó con
una fuerza que envió sus sentidos en espirales vertiginosas mientras gritaba su nombre.

—Dios sí, Jessie. —Él le quitó los dedos de su cabello y los llevó a los hombros antes de
levantarse entre los muslos y ponerse en posición. La gruesa cresta de su polla dio un golpecito
a su coño, extendiendo los pliegues sensibilizados mientras ella le devolvía la mirada en el
aturdido placer.

—Ya, nena. —Una duro mueca salvaje de placer torció su expresión cuando él comenzó a
trabajar en su interior—. Nena. Déjame tenerte ahora. Toda tú.

Se movió entonces, empujes fuertes y constantes que trabajaron dentro de ella, estirándola
con un placer/dolor que atravesó su mente y envió tensión creciendo a través de su cuerpo de
nuevo. Ella lo necesitaba. Oh, Dios, sí, esto era lo que necesitaba. Él estaba llenándola,
empujando en ella antes que un duro empuje lo enviara hasta la empuñadura en su interior.

—Slade… Oh, Dios, Slade… —Ella se arqueó mientras sostenía sus caderas, tratando de
gritar, respirar, adaptarse a la repentina intrusión dentro de ella, estirando los músculos no

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

probados, quemando a través de sus terminaciones nerviosas y construyendo una necesidad de


mayores proporciones.

—Eres tan jodidamente apretada, Jessie. —Su gruñido estrangulado la hizo sacudirse contra
él, conduciéndolo más profundo—. Tan apretada que podría correrme ahora.

Se movió contra ella, entonces, su polla deslizándose de nuevo, acariciando las terminaciones
nerviosas que ella no sabía que existían cuando comenzó a tomarla, poseerla. Él no estaba
follándola, estaba reclamándola. Podía sentir la marca dentro de ella, el conocimiento de que
nada podría ser tan bueno como Slade dentro de su cuerpo, empujando, acariciando,
penetrándola con un calor y fuerza que le robó lo último de la razón.

—Ayúdame —se quedó sin aliento, de repente sin saber qué hacer, las nuevas sensaciones
desgarrando, azotando—. Slade, por favor —Ella estaba sacudiéndose en su agarre, tensándose
mientras su polla follaba en su interior con movimientos lentos y fáciles, rápidos y duros que
tenían a su cabeza golpeando, su cuerpo temblando.

—Tranquila, nena. —Él extendió la mano, su mano tocando su mejilla, su expresión


sosteniendo la suya embelesada mientras su cuerpo la sostenía—. Mira lo bonita que eres. Tan
caliente y apretada, tan condenadamente dulce e inocente.

Sus dedos se movían por su mejilla hacia el montículo de su pecho.

—Eres mía, Jessie —gruñó, su mano regresó a su cadera mientras empezaba a moverse más
duro, más rápido. Su voz cada vez más ronca—. Mía, nena. Jodidamente mía.

Se acercó a ella, sus labios cubriendo los de ella duramente mientras sus brazos la rodearon,
sus caderas moviéndose ferozmente mientras comenzaba a follarla con un ritmo y fuerza que la
hizo estallar en llamas en un orgasmo de nuevo.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Sentía todo. Sensación sobre sensación. La sensación de su vagina apretando alrededor de su


pene, ordeñándolo con fuertes impulsos mientras el vello de su pecho raspó sus pechos.

Su lengua se hundió en su boca, reclamándola como su erección reclamaba su coño. Sus


brazos alrededor de ella, poderosos y fuertes, sus manos enterradas en el pelo, y oh, Dios… Ella
gritó en su beso cuando lo sintió correrse. Se condujo profundo, duro, un gruñido ronco
haciendo eco en el beso mientras él temblaba encima de ella y su polla empezaba a palpitar.

El fuego la llenó. Explosiones de caliente semen corrieron dentro de ella, excitándola de


nuevo, lo que provocó otro más fuerte, profundo orgasmo mientras comenzó a llorar de placer.

Sus uñas perforaron sus hombros, sus piernas apretando alrededor de sus caderas, y Jessie se
perdió en Slade. En ese momento, el corazón que le pertenecía a él se abrió aún más,
atrayéndolo y llenando su alma con el placer y las emociones corriendo a través de ella.

Siempre había sabido que Slade sería suyo. Siempre suyo. Aquí mismo, en su cama, en sus
brazos. Este era el lugar donde estaba destinada a estar. Para lo que Jessie había sido hecha. Para
Slade.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 03

Brillante calor rodeó a Slade mientras paseaba por el exterior de la caravana la siguiente
mañana y levantaba su vista hacia el techo más de una vez. Él había enviado a Jessie allá arriba
a disfrutar del sol de verano, robando su bikini y convenciéndola de disfrutar del calor de
verano al desnudo. Las líneas de bronceado del traje de baño eran más sexys que el infierno,
pero pensar en ella recostada, rodeada de nada excepto luz del sol, le había vuelto loco.

Ver los suaves globos blancos de su culo bañado por el sol, la manera en que quería verlos
enrojecidos por su mano, lo hubiera tenido sudando si el calor del día no hubiera logrado ya
eso.

Él frotó la mano sobre su húmedo pecho, caminando debajo del toldo, negándose a sí mismo
el lujo de unirse a ella. Si lo hiciera, iba a follarla otra vez. Iba a extender esas bonitas piernas y
ver su pene hundiéndose más allá de esos sedosos pequeños labios dentro del ultra apretado
agarre que lo esperaba.

Su polla se sacudió en sus vaqueros cortos, recordándole cuánto tiempo había esperado para
perforar ese pequeño coño tentador. Sentir el ardiente calor, los suaves jugos sedosos mientras
escuchaba sus gritos sonando en sus oídos. Y ella estaba demasiado sensible para tomarla otra
vez tan pronto, sabía que lo estaba. Aún después de su ducha, los pliegues sedosos de su coño
estaban hinchados y enrojecidos, atestiguando su duro uso de ella a lo largo de toda la noche.

Y había sido virgen.

Sus entrañas se apretaron ante ese conocimiento mientras caminaba a grandes pasos de
regreso dentro de la caravana y andaba hasta el dormitorio. Allí, sobre la manta color café claro
estaba la prueba de su inocencia. La mancha de color escarlata de su virginidad era como un

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

distintivo de honor, llenándolo de una sensación abrumadora de orgullo. Ella podría haber
tenido muchos amantes a estas alturas, caramba, tenía bastantes citas. Pero había reservado su
inocencia, ese cuerpo dulce, ágil y pequeño sólo para él.

Una sonrisa moldeó sus labios, una que no podía controlar mientras pensaba en ello. Ella era
toda suya, por Dios, e iba a permanecer así. Mataría al hijo de puta que se atreviera a tocarla
ahora.

Apoyando su mano en el marco de puerta, él continuó mirando esa diminuta mancha color
escarlata, su pecho se apretó con emoción, el conocimiento de que sus días como soltero estaban
bien y verdaderamente terminados. Iba a casarse con ella. De ninguna manera iba a darles la
posibilidad a esos imbéciles palurdos sureños de pensar que se la podían quitar. Ella era suya.
Suya. La palabra resonó a través de su cabeza mientras él movía su erección debajo de lo que
una vez habían sido unos flojos jeans cortados, pero estaban ahora llenos de su exigente polla.

Levantó la vista hacia el techo, imaginándosela allá arriba, brillando con aceite de
bronceado, estirada en la tumbona acolchada, su pelo sedoso en abanico alrededor de su cabeza
como lo había estado la noche anterior. Maldita sea, sólo la idea de eso estaba calentándolo. A
este paso, estaba condenado a sufrir un golpe de calor.

Él no podía tomarla otra vez, se recordó a sí mismo, su cabeza cayendo mientras un gemido
dejaba su garganta. Él la había tomado demasiado duro la noche anterior, no había manera de
que ese dulce coñito lo agarrara sin lastimarla.

Pero había otras formas. El pensamiento puso a su pene a gritar. Sí. Ve por ello. Sí chico.
Podría amarla con sus labios y su lengua, y luego podría llenar su suave boca con su polla y
sentirla chupando sus bolas hasta dejarlas secas. Dios mío, eso sería bueno, debajo del sol
resplandeciente, arrodillada delante de esa silla, empujando más allá de sus labios, follando su
boca con empujes suaves, relajados mientras sus labios y su lengua hacían explotar su mente y
su polla.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Entonces él podría voltearla sobre su espalda, extender sus muslos y tenerla de almuerzo.

Sus dedos estaban liberando los broches de metal mientras se daba la vuelta y se dirigía
afuera, agarrando la escalera que conducía hacia el techo. Él no podía esperar. Nunca había
estado tan lujurioso por una mujer en su vida. Incluso la semana que pasó intentando sacar la
imagen de Jessie de su mente, había sido tan intensa. Esta hambre le estaba comiendo vivo y
haciéndole temblar por la necesidad de tomarla.

Él subió la escalera, sus pies desnudos inaudibles en los escalones alfombrados mientras
conseguía llegar a la cubierta donde para tomar el sol. Y allí estaba ella, tan desnuda como su
lujuria; brillando con la gruesa cubierta de aceite bronceador que le había aplicado a su sedosa
carne más temprano, antes de forzarse a alejarse de ella.

Ella yacía sobre la tumbona, su cabeza descansando en sus brazos, respirando lenta y
profundamente mientras los rayos del sol pintaban una ruta de calor a lo largo de su espalda
desnuda, nalgas y piernas delgadas.

Su pelo estaba recogido en una cola de caballo alta en su cabeza. Tendría que irse. A él le
gustaba su pelo largo y suelto, le gustaba sentir su suavidad contra sus palmas encallecidas
mientras la sostenía para él.

Sus jeans cortados cayeron en la cubierta mientras se movía hacia a ella. Sentía una única
cosa. Lujuria. Conocía sólo un deseo, follarla hasta dejarles sin sentido otra vez. Ella era una
droga en su sistema, y él lo sabía. Una para la que no había cura, y él sin duda alguna no iba a
intentar cortar de tajo la adicción después de haberla tenido. No, Jessie era un placer del que
nunca tendría suficiente, y se proponía engullirse en su sabor y su contacto, cada oportunidad
que tuviera.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Su cabeza se alzó mientras se acercaba, sus ojos cafés brillando con conocimiento ahora
mientras su mirada caía hacia su erección rugiente antes de alzar su cara mientras él se dejaba
caer sobre sus rodillas enfrente de ella.

No dijo una palabra. Él no podía hablar después del nudo del tamaño de una bola béisbol que
la lujuria había dejado en su garganta. Movió sus manos hacia su pelo, jalando la banda elástica
y enredando sus dedos en la masa espesa mientras su polla se empujaba en sus labios.

Ella lamió sobre la cabeza, pero no abrió la boca para la cresta gruesa que presionaba en su
contra. Sonrió en lugar de eso, una curva lenta, burlona de sus labios que le tuvo gruñendo
como un animal en celo.

Los dedos de una mano se apretaron en su pelo mientras su otra mano se movió hacia abajo,
acunando su mandíbula y ejerciendo justo la adecuada presión para forzar su boca a abrirse. La
cabeza de su polla se deslizó suavemente adentro mientras su mandíbula se tensó de placer. La
necesidad caliente, rica, eléctrica corrió velozmente arriba de su columna vertebral mientras
ella lo chupaba hacia su garganta antes de retroceder, su fogosa lengua pequeña ardiente
debajo de la cabeza, lavando esa área ultra sensitiva antes de que su boca se hundiera hacia
abajo otra vez. Él envolvió los dedos alrededor del asta, conteniéndose, forzarse a no presionar
más profundo mientras comenzaba a empujar más allá de sus labios, sujetando su cabeza quieta
mientras él retorcía sus caderas, enroscado dentro de su boca con empujes desesperados
mientras el húmedo chupeteo comenzó a enviar sus sentidos a girar.

Las manos de ella agarraron sus muslos mientras se mantenía estable, trabajando su boca
sobre su erección como él le había enseñado varias veces la noche anterior, pero todavía el
toque era lo suficientemente inexperto para provocar que contuviera el aliento ante su
inocencia continuada. Pero lo que a ella le faltaba en experiencia, lo sobrepasaba en hambre.

Ella lo chupó como a una golosina favorita, tarareando de placer cuando él empezó a jadear
con lujuria, viendo su polla llenar su boca, sintiendo su lengua provocar y tentar hasta que sus

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

bolas se apretaron en la base de su erección y sintió un temblor de inminente liberación


arrastrándose por su columna vertebral.

—Voy a correrme. —Él miró hacia sus ojos mientras le advertía de la explosión por venir—.
Sujétame fuerte nena, voy a llenar esa bonita boca si no te detienes, y si lo hago, te tragarás cada
condenada gota. —El pensamiento de ella tomándolo tan íntimamente, su semen pulsando
sobre su lengua, el gusto íntimo llenando su boca, era abrumador.

Ella canturreó en respuesta, los ojos oscureciéndose mientras su boca se apretaba sobre él.

—¿Te gusta eso, dulce cosita? —Él gimió—. ¿Te gusta saber que tienes mis nueces anudadas
ante el pensamiento de follar tu boca hasta que te dispare cada gota de semen abajo de tu
garganta?

Su cara se sonrojó aún más, pero sus ojos resplandecieron con excitación. Así era cómo la
quería, tan condenadamente ardiente que rivalizaría con el sol por su calor.

—Eso es lo que vas a conseguir. —Él apretó los dientes, intentando contenerse, intentando
disfrutar de la vista de ella chupando su carne rígida sólo algunos segundos más.

Su polla tenía otras ideas. Antes de que pudiera controlar el impulso, sus bolas se sacudieron
con fuerza, el fuego corrió velozmente arriba de su columna vertebral y él estaba sosteniéndose
en su garganta, sus dedos apretados en su pelo mientras sus ojos se ampliaban, su garganta
trabajando convulsivamente mientras sentía su semen correr desde la punta de su polla.

—¡Joder! ¡Hijo de puta! —Él arrojó hacia atrás su cabeza, estremeciéndose mientras llenaba
su boca, sintiéndola a ella tragar, chupar, lamer, sacar cada maldita gota de semen de su polla
palpitante hasta que se vio forzado a retroceder en lugar de empezar de nuevo.

—Espera. —Su voz era áspera mientras ella intentaba seguirle, sus ojos aturdidos de pasión
mientras sus labios hinchados hicieron pucheros ante su retirada.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Diablos, no puedo tener suficiente de ti —él gimió, presionándola hacia la tumbona


mientras se movía detrás de ella, presionando sus piernas aparte mientras sacudía la botella de
aceite al lado de la silla reclinable—. ¿Dijiste que habías oído hablar de mí? —él gruñó, su
mano alisando las curvas dulces de su culo—. ¿Escuchaste hablar de lo que me gusta?

Ella se estremeció, sus caderas retorciéndose, alzándose hacia él.

—Lo que sea que quieras —ella gimió, su voz ronca, vibrando de excitación—. Te lo dije,
Slade. Todo lo que quieras.

Él separó las curvas de su trasero, contemplando la pequeña arruguita escondida dentro de


él, la suave carne rosada que la rodeaba. Era tan diminuto, un pequeño refugio apretado para
su polla, un portal oscuro, caliente saciar el hambre que lo consumía.

Él se sacudió sobre sus pies entonces, ignorando su quejido mientras él la alzaba, sacudió el
cojín de la silla y lo arrojó a la cubierta debajo de sus pies.

—Acuéstate, cariño. Sobre tu estómago. —Él la empujó al cojín esponjoso antes de separar
sus muslos, empujando sus rodillas hasta que su culo estuvo levantado delante de él, la entrada
que él buscaba mirar de entre las suaves mejillas.

—Dolerá al principio —le advirtió, sabiendo que no podía dejar que el erótico dolor la
sorprendiera—. Tendrás que relajarte, cariño. Presiona hacia mí. No puedes luchar contra mí,
ni siquiera por un minuto.

Él alzó la botella de aceite, goteando el resbaladizo calor a lo largo de la estrecha hendidura


mientras sus dedos lo agarraban y comenzaban a trabajar contra la flexible entrada. Ella estaba
gimiendo, pequeños gemidos excitados de exigencia femenina dejaban su garganta mientras él
introducía el dedo en ella, observando el pequeño agujero separarse para él antes de empujarse
de regreso, agregando más aceite, y luego uniendo ese dedo con el segundo.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ella se sobresaltó, un grito sorprendido dejo sus labios mientras él presionaba ambos dedos
adentro y los trabajaba en pequeños movimientos giratorios dentro de ella. Sin embargo, los
grititos calientes que se desbordaban de sus labios estaban llenos de placer, en vez de negación.
Él tiró liberándose, agregó más del aceite resbaladizo antes de comenzar a introducir el dedo
anular con los primero dos.

Ella presionó hacia atrás, abriéndose para él mientras un grito sorprendido dejaba sus labios
y un pequeño temblor recorrió velozmente arriba de su columna vertebral. Pero ella le tomó,
apretando alrededor de sus dedos mientras él los follaba dentro de ella lento y relajadamente,
abriéndolos, estirando los músculos acogedores mientras su pecho se apretaba y su respiración
comenzaba a enronquecerse en su garganta.

Él los liberó segundos después, cubrió su polla con el aceite y después presionó la cabeza
contra la rosada entrada.

—Respira, cariño —él cantó dulcemente mientras separaba las mejillas ampliamente y
comenzaba a estirar el pequeño agujero—. Ahora afuera, exhala y tómame, Jessie. Dame tu
culo, cariño.

Ella lo dio. Gritando de placer, su coño llorando contra los dedos que él colocó encima para
asegurarse de que era placer en vez de agonía lo que le estaba dando. Observó a su polla
hundirse dentro de ella, una tortuosamente lenta pulgada lenta a la vez mientras cada músculo
en su cuerpo se tensaba por contenerse.

Estaba sudando furiosamente, pestañeando para regresar la humedad que goteaba en sus
ojos mientras observaba la diminuta entrada ampliamente abierta para la longitud de la polla
dura como el acero que lo empalaba. Respirando dolorosamente, porque el placer era tan
jodidamente bueno. Porque sus gritos estaban llenos de súplicas y asombrada excitación por
más y su coño estaba empapado con los jugos que fluían de ella.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Él juró que la tomaría despacio y relajadamente. Que la introduciría suavemente en esta


nueva experiencia, mostrándole toda la gentileza que podía reunir de su alma. Estaba tomando
el fragmento final que ella poseía de su virginidad. Su pene ahora había tomado cada entrada
posible y no había ninguna duda en su mente de que ella le pertenecía, en cuerpo y alma. Podía
permitirse volverse lento. Deslizar su polla dentro mientras la observaba apretar alrededor de
él. Para deslizarse de nuevo, observando la carne aceitosa como la recostaba, la penetraba, hasta
que podía deslizarse de nuevo adentro. Eso duró todo un minuto antes de que sus caderas se
sacudieran y él miró asombrado mientras su cuerpo se sacudía el control de su mente y su polla
golpeaba dentro de ella.

Ella saltó, un grito estrangulado dejo su garganta.

—Dios, sí —ella gritó empujando de nuevo, empalando su culo más duro en la carne clavada
dura que lo invadía—. Más Duro, Slade. Oh Dios, sí, fóllame, fóllame más duro.

Él era un hombre poseído. Por el control. Una mano agarró su cadera mientras los otros
dedos, dos dedos, se extendían dentro de su coño mientras él se acercaba en ella. Su polla
comenzó a empujar duro y rápido dentro de ella, sus caderas bombeando en las mejillas suaves
de su culo mientras la embestía con delicioso abandono. No hubo súplicas para que se
detuviera, para que lo hiciera más lento.

—Sí —sus gritos hicieron eco alrededor de él—. Más duro, Slade… —Sus caderas
bombearon rudamente debajo de él, empujando más duro en su culo mientras sus dedos
follaban su vulva—. Ah sí. Es tan duro. Oh Dios, Slade, me estás matando… tan duro… más
duro… folla mi culo más duro… más duro…

Él gruñó, un sonido demente de lujuria mientras los conducía sobre el borde, sintiendo su
coño apretarse, convulsionar, entrar en erupción mientras los músculos de su culo se apretaron
fuerte en su polla, ordeñando el semen de sus bolas y enviándole erráticamente en una dicha

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

que hizo que un grito estrangulado se desbordara de sus propios labios mientras bombeaba su
semen profundamente dentro de su pequeño culo caliente.

Jessie estaba impactada. Yacía debajo del cuerpo de Slade, temblando por los efectos
posteriores de un orgasmo cegador, sintiendo su polla crispándose mientras llenaba su trasero,
disparando corriente tras corriente de semen dentro de ella, calentando su ano con cada chorro
mientras él se estremecía encima de ella.

No podría creerlo… placer y dolor, en igualdad de fuerza, había desgarrado a través de ella
mientras él empalaba su culo, llenándola hasta que estaba segura de que no podría tomar más,
y todavía había tomado más, suplicado por más, gritando por eso.

Sí, había escuchado sobre su fascinación por este acto en particular, cómo engatusaba,
adulaba y convencía a las pocas amantes que lo habían permitido. Habían proclamado que
estaba altamente sobrevalorado. Jessie estaba segura de que tenían que haber perdido el juicio.
Ella quería más, bueno, tal vez no ahora mismo, pero definitivamente después.

—Dulce nena. —Ella temblaba mientras él canturreo dulcemente las palabras, sus labios
acariciando su hombro mientras se movía, liberando su polla del agarre apretado que tenía
sobre él—. Vamos a matarnos a este paso.

Ella gimió mientras surgía de su culo, sintiendo el deslizamiento caliente de su semen


mientras lo seguía a su salida.

—Hmm, moriré feliz entonces. —Una sonrisa cansada curvó sus labios mientras ella se
rehusó a moverse, pequeños estremecimientos todavía corriendo a través de su cuerpo mientras
él alisaba una mano sobre su espalda, sus nalgas, demorándose para acariciar las cálidas curvas
suavemente mientras él colapsaba al lado de ella.

—Vas a quemarte si te quedas aquí arriba mucho más tiempo. —Alisó su pelo de su cara
mientras ella abría los ojos, devolviéndole la mirada soñolienta.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Él no era guapo, no realmente. No es que tuviera ojos para nadie más, pero sus facciones
afiladas y arrogantes nunca serían descritas como atractivas. Pómulos salientes, una nariz
afilada, arrogante que estaba un poco torcida donde había sido rota durante un pleito. Una
pequeña cicatriz acuchillada a través del borde de su terca barbilla, otro corte a través de la
feroz ceja rubia oscura sobre su ojo izquierdo.

Era alto, más de metro ochenta, y la hacía sentir tan protegida, tan femenina cuando la
envolvía, que la sensación provocaba que su pecho doliera. Su cuerpo era delgado y musculoso,
duro debido a los años de exigente trabajo físico que realizaba en la constructora que había
fundado con sus dos mejores amigos. Sus manos eran anchas y largas, y traían el placer más
increíble imaginable.

—Mejor deja de mirarme así. —Una sonrisa curvó esos labios duros y sexis. No demasiado
llenos, pero bien formados y todo lo sexis posible.

—No puedo evitarlo. —Ella casi balbuceo las palabras… estaba tan relajada ahora—. Eres un
dios del sexo, Slade. Creo que he muerto y he llegado al paraíso.

Él se rio, ese sonido oscuro y nunca había fallado en provocar que su vientre se tensara en
respuesta.

—Entonces tú eres una diosa. —Su mano se alzó, retirando detrás de su oído el pelo arrojado
sobre su mejilla por una brisa juguetona—. Diablos, si hubiera tenido alguna idea lo qué tenías
reservado para mí, te habría secuestrado cuando alcanzaste los dieciocho.

—Deberías hacerlo. —Ella se estiró mientras se volvía hacia su espalda, sus ojos cerrados
contra los rayos del sol mientras intentaba esconder su pena de él—. Estaría dispuesta.

—Eres demasiado joven —suspiró, su mano moviéndose hacia su estómago, sus dedos
enviando escalofríos de placer corriendo a través de su sistema mientras acariciaba la piel allí—

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

. Debería ser azotado como un caballo por follarte en la manera en que lo hago. Estás
demasiado tierna…

Ella se enderezó entonces, empezando a mirarlo con incredulidad.

—Sabes, Slade, solamente porque no soy tan experimentada como las otras mujeres que has
estado follando, no significa que no sepa lo que es el sexo, o que soy demasiado
condenadamente estúpida para comprender los rumores de lo que a ti te gusta. No sabía que
hubiera un límite de edad para la excitación.

Él alzó una ceja sorprendido mientras sus ojos recorrieron su desnudez, oscureciéndose hasta
un gris tormentoso mientras la observaba.

—Diablos, cariño —finalmente suspiró—. A veces no me encuentro cómodo con las cosas
que me he imaginado hacer contigo. Ya me siento como un condenado pervertido.

—¿Por qué? —Ella volvió a mirar de nuevo hacia él, confundida—. Lo disfruté. Confíe en
que no me lastimarías, o en que te detendrías si hubiera algo que no me gustara. ¿Hay algo más
de lo que no esté consciente con esto? —Ella agitó su mano para señalar su desnudez.

Él apoyo la cabeza en su mano mientras la observaba, la otra extendida para acariciar


ociosamente abajo de su brazo.

—Quiero atarte a mi cama, azotar tu culo hasta que llegues al orgasmo por eso, y luego
empujar un tapón anal arriba para que cuando folle ese pequeño coñito tuyo sientas que estás
recibiendo un bate de béisbol en vez de mi polla. Y después de que haya terminado de
dispararte a cada gota de semen torturando mis bolas dentro de ti, quiero azotarte otra vez sólo
por el puro placer de mirar ese bonito culito enrojecido y ese coñito desnudo derramando sus
jugos.

Ella pestañeó impactada, su culo apretándose, su coño revoloteando de interés.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Diablos, Jessie, se supone que deberías correr gritando, no mirarme como si acabara de
ofrecerte diamantes —él gimió mientras colapsaba de regreso en la cubierta, con un poderoso
antebrazo cubriendo sus ojos—. Diablos, creo que me superas en coraje.

Ella no podría hablar. Todo en lo que podía pensar ahora sería en la imagen que dejó en su
mente y la decadente excitación que la consumía.

—Soy joven, no una retrasada mental —ella espetó, luchando por controlar el impulso de
sugerir que lo hicieran ahora. Ahora mismo. No quería esperar, no importaba qué tan sensible
le jurara su cuerpo que estaba—. Qué, ¿hay alguna ley que diga que no puedo estar interesada?

Ella había sido virgen, no una inadaptada social. Sabía bien lo que era el sexo, así como
también las diferentes variaciones en él. Tenía primos. Les gustaba hablar. Y no les importaba
compartir los detalles con su pariente más pequeña. Creían que la planeación era todo.

—Debería haberla —él gruñó, alzando su brazo para dirigirle una mirada oscura, erótica—.
Las cosas que quiero hacerte probablemente son ilegales en cada estado.

Ella puso los ojos en blanco, volviendo a mirar de nuevo hacia él desafiante.

—Bueno, no querría infringir la ley. Supongo que sólo tendré que comenzar a decir que no
en lugar de eso. Estoy segura de que puedo arreglármelas. Pregúntale a Billy y Deke, les digo
que no todo el tiempo.

Un ceño instantáneamente arruinó su frente mientras él se levantaba, volviendo a mirar de


nuevo hacia ella posesivamente. Esa mirada hizo que su corazón gritara de alegría.

—Esos dos pequeños bastardos —gruñó—. Si me cabrean demasiadas veces les arrancaré la
polla.

—¿Por qué? —Ella parpadeó de nuevo con falsa inocencia—. Soy demasiado joven para ti,
¿recuerdas?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Él sonrió de nuevo, la curvatura de sus labios le decía que no debía tener nada que ver con la
diversión.

—Nena, no tientes a la bestia. Les arrancaré a esos pequeños imbéciles la polla luego te ataré
a mi cama y te follaré hasta que estés demasiado condenadamente exhausta para pestañear y
mucho menos para atormentarme más.

Ella se inclinó hacia adelante, apoyando sus manos contra sus hombros, sus labios a apenas
un aliento del de él.

—Con tal de que sean tuyas —ella susurró, mirando hacia sus ojos mientras los de ella se
estrechaban como advertencia—. Ninguna Amy, Melissa o cualquiera otra que hayas follado
durante los últimos años, Slade. Yo no comparto.

Él la sacudió hacia él, sus labios cubriendo los de ella, robando su aliento mientras su lengua
se zambullía en su boca, estableciendo una demanda en su beso que él ya había establecido en
su cuerpo.

—Tampoco lo hago yo, cariño —él gruñó mientras retrocedía—. Recuerda eso siempre.
Ahora levántate y ponte encima esa camisa que te di. Si no me equivoco, el buen tío Ron está
conduciendo al rescate. Estoy bastante segura de que es su camioneta la que oigo dirigirse hacia
aquí.

Sus ojos se ampliaron mientras ella maldecía en voz baja, arrastrándose de sus brazos
mientras estará en busca de la camisa que él le había dado antes. El sonido de la camioneta
estaba aproximándose mientras se aseguraba el último botón de la camisa azul oscuro de
hombre de manga corta, revisando para asegurarse de que la cubría adecuadamente mientras
Slade la jalaba hacia la escalera, sus jeans cortados otra vez cubriendo los muslos y delgadas
caderas.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Apretados y duros abdominales tentaron a sus dedos mientras la pasaba, pero ella se contuvo,
apenas, de extender la mano y poner a prueba su poderoso duro paquete otra vez. En respuesta,
su mano se colocó en su cadera mientras bajaban de regreso al suelo, mirando como la
estropeada, camioneta de doble tracción llegaba al claro con el autoproclamado tío de todos,
Ron, al volante y viéndose menos que complacido.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 04

El tío Ron, Ron Jackman, era un vendedor delgado, canoso, de vida dura con una sonrisa
agradable que podría volverse peligrosa en menos tiempo que lo que le tomaba a un hombre
respirar. Y el destello de luz en sus ojos azul claro era menos que reconfortante mientras se
aproximaba a la caravana y se quedaba mirando a Slade a los ojos por un largo momento.
Cuando se volvió hacia Jessie, su sonrisa era relajada, perezosa, pero con un indicio de acero.

—Bueno, al menos estás viva —él gruñó mientras Slade colocaba el brazo alrededor de sus
hombros, jalándola más cerca de él—. Rhonda temió que te habíamos perdido en la oscuridad
en alguna parte anoche hasta que el Jazz finalmente sacó su cabeza de su trasero y recordó
haberte visto viniendo aquí para esconderte de Billy.

Su voz era un barítono profundo, irradiando cordialidad, a pesar de la suspicacia en sus ojos
mientras se volvía hacia Slade.

—Podrías haberme avisado que la tenías. La hemos estado buscando por todos lados.

Algo en lo que Slade debería haber pensado. La mayoría de los hombres que se reunían en las
fiestas cuidaban de las mujeres que llegaban allí, especialmente las menores. Jessie era cuidada
especialmente, considerando algunos de los nuevos canallas que habían aparecido en el lago en
los últimos años.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Lamento eso, Ron. —Jessie se inclinó más cerca de Slade, el calor de ella filtrándose en sus
mismos poros mientras su brazo se apretaba en ella—. Debería habérseme ocurrido llamarte. Es
sólo que no pensé en eso.

Rhonda había estado cuidando de Jessie siempre que ella había ido a las fiestas. Era una de
las chicas especiales que Rhonda había tomado bajo su ala hacía mucho tiempo. Si no te metías
con sus bebés y lograbas salir bien librado.

Ron corrió su mano sobre sus mejillas oscuras, su mirada deslizándose hacia Slade otra vez.
Slade ocultó su sonrisa, sabiendo que el otro hombre estaba sólo esperando para desgarrarlo. No
había equivocación en el hecho de que él y Jessie ahora eran amantes. Y Slade no tenía la
intención de intentar esconderlo.

—Por qué no vas adentro y ves si abastecí el refrigerador de cualquier cosa para almorzar.
—Él besó la parte superior de su cabeza mientras su mano corrió abajo de su espalda, todo
dentro de él rechazando la idea de dejarla ir.

—¿Por qué? ¿Para que ustedes dos puedan discutir por qué estoy aquí? —Ella se rio,
diversión genuina en vez de cólera se reflejaba en sus ojos mientras volteaba su cara hacia él—.
Ustedes dos están mirándose como un par de perros listos para pelear. No estaría aquí si no
fuera donde quiero estar.

Slade le sonrió en respuesta a ella, una sonrisa garbosa que trajo un rubor de calor a sus
mejillas y un hambre en sus ojos.

—Anda, bonita. —Él le dio una palmada en su trasero, ignorando el golpe juguetón que ella
le dio a su cabeza mientras se daba vuelta y saltaba dentro de la caravana, deslizando la puerta
cerrada con un pequeño chasquido mientras lo hacía.

Slade se volvió hacia Ron entonces, cruzando los brazos sobre su pecho y volviendo la
mirada de nuevo hacia el otro hombre silenciosamente.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Rascándose el pecho irritado, Ron negó con la cabeza antes de que una sonrisa fría y débil se
formara en sus labios.

—Deberías deshacerte de tu basura antes de tomar algo dulce —él gruñó, asintiendo con la
cabeza hacia la caravana dónde Jessie registraba la cocina.

—¿De qué diablos estás hablando? —Él frunció el ceño, la confusión frunciendo sus cejas
mientras Ron hacía una mueca.

—Amy está en el claro buscándote. Ella nos ha conducido a la locura corriendo en esas
cuatro ruedas de su tío alrededor de los vehículos estacionados. Eres un condenado afortunado
de que sólo algunos de nosotros sepamos que a ti te gusta venir aquí. Dudo que sea bonito si ella
descubriera que te escondiste con Jessie aquí. —Su mirada era aguda, suspicaz—. Espero que no
estés jugando con esa niña, Slade. Yo no estaría feliz.

Ron no fue propenso a hacer comentarios o preocuparse por los asuntos de los demás. Él
mantenía sus asuntos privados y les permitió a los demás la misma consideración. El hecho que
estuviera dando la advertencia era debido más al proteccionismo cariñoso que Jessie inspiraba
en los hombres que se reunían cada fin de semana.

—Lo que te hace feliz no es alguna preocupación por la que me mantenga despierto por la
noche, Ron. —Él sonrió abiertamente quitándole hierro a sus palabras—. Vamos, hombre, sabes
que esto estaba por ocurrir igual que yo. Pensé que podría escaparme de eso este fin de semana
hasta que regresé y me di cuenta de que ella había estado durmiendo en la caravana todo el
tiempo que me había estado dirigiendo aquí. Ella es mía. No la habría mantenido aquí si no
tuviera la intención de aferrarme a ella.

Podía sentir esa banda cerrándose alrededor de su garganta otra vez. Compromiso. Como un
collar demasiado apretado amenazando con sofocarle.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ron volvió la mirada hacia él, sus ojos fríos. Se hizo más que evidente que no estaba
satisfecho con la explicación.

—Mejor haz algo al respecto sobre la chica Jennings entonces. Obviamente ella que tiene un
poder sobre ti, y sabes condenadamente bien que Jessie nunca le ha gustado particularmente.

Amy podría ser una bruja mezquina en lo mejor de las veces. Era una buena mujer, y por
algún tiempo, hasta el mes pasado en realidad, había sido su compañera en una operación
secreta para el F.B.I en conjunto con la Oficina de Seguridad Nacional. El hecho que ella
trabajaba para la agencia y vivió lo bastante cerca de él para saber que también había trabajado
para ellos y la operación. El hecho de que pareciera tan dura para él podía ser un problema.

—Amy no tiene ningún poder sobre mí. —Slade negó con la cabeza, intentando empujar el
recuerdo de que la operación en la que habían trabajado había sido abandonada en lugar de
completada, y que la información necesaria todavía no se había conseguido.

—Más te vale que no lo haga —el otro hombre gruñó, restregando su mano rudamente
sobre la parte inferior de su cara—. Porque si ella va detrás de Jessie y le permites hacerle
daño…

—Nadie lastimará a Jessie. —La sensación sofocante desapareció debajo del deseo instintivo,
furioso de proteger a Jessie.

—Asegúrate de eso —Ron le advirtió firmemente—. Y espera a que Rhonda arranque tu culo
la próxima vez que la veas. Jessie ha sido una de sus bebés durante años, y se ha preocupado a
muerte debido a que la chica estaba perdida. No se alegrará de que no le hicieras saber dónde
estaba.

Rhonda era la esposa de Ron. Una diminuta, escupe fuego de cabellos rubios que todos se lo
pensaban antes de meterse con ella. Era condenadamente amigable, sonriendo, risueña,
haciendo que todos se sintieran bienvenidos. Pero métete con una de sus bebés, ya sea que la

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niña o persona que hubiera tomado bajo ala fuera de su sangre o no, y ella te golpearía la
cabeza con una sartén de hierro. Había sido conocida por hacerlo en más que una ocasión.

—Jazz y Zack me dijeron que te dijera que te patearan el culo también. —Ron sonrió
entonces. Una verdadera sonrisa complacida, del tipo exuberante de sonrisa que hizo que Slade
hiciera una mueca. Jazz, Zack y él, habían sido sus mejores amigos toda su vida. Actualmente
eran socios en una empresa de construcción de rápido crecimiento que amenazaba con un día
convertirlos en muy cómodos y ricos ancianos.

—Puedo ver que lo está deseando —masculló Slade—. Diablos, se pensaría que huí con una
menor por la manera en la que estás actuando. Ella es mayor de edad, Ron.

—Y tengo la sensación de que la has jodido —Ron arrastró las palabras—. Y esa niña que
has secuestrado este fin de semana va a ser la que pague el precio. Si eso ocurre, te patearé el
culo, y te puedo apostar que no te dejaré caminar cuando haya acabado. —Su dedo se clavó en
el pecho de Slade, haciéndolo parpadear en respuesta asombrado antes de entrecerrar los ojos.

—Si la jodo y la pierdo, entonces no tendrás que patearlo. —Golpeó la mano del otro
hombre, tensándose, preparándose para enfrentar el reto en los ojos de Ron. No quería meterse
con el peleador sórdido que sabía que era su amigo, pero lo haría si tenía que hacerlo—. Si la
pierdo…

Él cerró los labios abruptamente. Coño.

—Éste es asunto mío, Ron, no tuyo. Ni ahora, ni nunca.

Ron flexionó los hombros, su furia más que aparente, aun tan confundido como estaba. ¿Qué
diablos le había hecho Amy para disgustarlo tanto? Slade no podía sondear la razón detrás de
eso, pero sabía que sería condenadamente seguro que llegaría hasta el fondo de eso.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Me encargaré de Amy mañana, después de que lleve a casa a Jessie —gruñó, furioso por la
interferencia y amenazas del otro hombre—. Me encargaré de cualquier cosa que ella crea que
está haciendo y Jessie no será afectada. Deberías saberlo mejor para pensar que yo la lastimaría.

—Y no creo que tengas opción —dijo Ron mordaz—. Esa es la parte molesta, Slade. Amy
simplemente me disgustó cuando fue allí esta mañana, y su mierda de sabelotodo no le cayó
bien a Rhonda tampoco.

Y cuando Rhonda no era feliz, Ron se ponía nervioso.

—Me encargaré de Amy. —Pasó sus dedos por su pelo con irritación. ¿Qué demonios estaría
haciendo ella?

—Sí, hazlo —masculló Ron, abriendo con fuerza la puerta del camión mientras volvía la
mirada hacia él—. Y vigila tu culo, chico, porque creo que está a punto de ser frito.

Se metió en la camioneta de reparto, aceleró el motor, y agitó la mano en despedida mientras


Jessie salía de la caravana. Un segundo más tarde él retrocedía fuera del campamento con un
chirrido de neumáticos mientras se daba la vuelta y retomaba el camino de regreso a la
carretera principal.

—Bueno, esa no pareció ser una conversación agradable. —Había una pregunta en su voz
que él no podía contestar. Diablos, él mismo no sabía lo que estaba haciendo.

—Sabes, Ron —él suspiró finalmente—. Supongo que pensó que el boogieman te había
raptado anoche.

—¿No lo hizo? —Ella se rio mientras la jalaba hacia él, sus brazos rodeando su cintura
mientras presionaba su cara en su pelo, inhalando el aroma a bronceador, luz del sol y limón.

Amy no era típicamente una pendenciera, pero lo había estado persiguiendo durante meses
antes de que él cediera el mes anterior y le diera lo que ella parecía querer. Una maniobra

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Serie Chicos del verano 01

estúpida, admitió. Condenado estúpido, y una de la que se arrepintió menos de una semana
después. Caramba, debería sólo haber secuestrado a Jessie en la manera en la que había querido
y pasar la semana follándola hasta sacarle el cerebro. Eso habría sido lo más inteligente de
hacer. Estaría en casa a estas alturas, compartiendo su cama cada noche.

Lo que no parecía una idea tan mala. Diablos, no tenía que salir corriendo ahora mismo y
comprar el anillo, ¿verdad? Podría compartir la morada con él. Tenía una casita bonita,
bastante espacio para cualquier cosa que su pequeño apartamento contuviera, y cualquier otra
cosa que ella pudiera desear.

—Entonces, ¿traje algo de comida? —finalmente preguntó, empujando atrás sus


pensamientos y concentrándose en la dulce cara que lo miraba fijamente.

—Si cuentas la cerveza y las patatas fritas como comida. —Su mueca de disgusto le aseguró
que ella no las consideraba así—. Déjame decirte, podríamos ir de pesca. Tú los limpias, yo los
freiré.

La sorpresa no hizo nada para moderar la oleada caliente de emoción que lo llenó.

—Suena bien para mí. —Él asintió abruptamente—. A mí se me ocurrió traer carnada y
cañas. Estás de suerte, cariño, el río está derecho realmente cerca y tiene algunos de los mejores
bagres de por aquí.

Jessie guardó silencio mientras descansaban bajo la sombra de los frondosos árboles, los hilos
de pescar arrojados en el agua mientras ella estaba sentada sobre uno de las acolchadas
tumbonas que él había llevado de la caravana para ella. Observó el flotador rojo y blanco

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Serie Chicos del verano 01

fijamente, no tanto enfocada en cualquier movimiento de la bolita, sino concentrada más en


Slade.

Había fantaseado sobre él durante años. Dolorida por él hasta que pensó que su pecho
estallaría por la necesidad de su contacto, su beso. Él fue su primer amante, el único hombre
que realmente la tocó, la tomó. Y ella repentinamente estaba aterrorizada por él.

No físicamente. Tenía una actitud saludable hacia el sexo y experimentar no le preocupaba


en lo más mínimo. Sexualmente, no creía que hubiera cualquier cosa que Slade hiciera que la
ahuyentara. Él no estaba involucrado en compartir, y por lo último que había escuchado, los
juegos que a él le gustaba jugar no eran exactamente dolorosos.

No, era el hombre que estaba vislumbrando más allá de las sonrisas fáciles y maliciosas y la
mirada llena de lujuria lo que la volvía repentinamente cohibida, la hacía consciente de su
juventud y su inexperiencia.

Él tenía veintisiete, pero era varios años mayor que ella. Cuatro años en la universidad, uno
haciendo sólo Dios sabía qué y dos creando el rápidamente creciente negocio de construcción
por el cual él y sus amigos se habían unido para invertir sus finanzas. Rigor Construction estaba
creciendo rápido, su reputación y su trabajo de construcción hablaba por sí mismo. Slade había
pasado la mayoría de ese tiempo en Washington, D.C., trabajando para meter más contratos del
gobierno para la empresa constructora. Pero había algo acerca de Slade, en ese año que pasó
con sólo visitas poco frecuentes a casa, que la molestaba. No es que él no se hubiera establecido
después del regreso. Él lo hizo, pero Jessie era consciente de que en ese año, Slade había
cambiado de manera sutil y oscura.

Y también estaba el hecho que Slade ya no era sólo un chico pueblerino. Asistió a fiestas en
D.C., se movía en un mundo de negocios despiadado, y conocía personas que la dejaban
pasmada.

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Él se veía cómodo ahora, sin embargo, en los vaqueros cortados con los pies desnudos, como
no lo estaba en el traje que había llevado cuando asistía a una recaudación de fondos en
Washington, D.C. al principio del verano. Dudó que pudiera elegir un vestido correcto para
semejante fiesta, y mucho menos parecer estar tan confiada, tan segura de sí misma como él
estaba.

Y ella lo amaba. Dios, lo amaba tanto que hasta dolía, pero el conocimiento de que no tenía
ni idea de cómo moverse en su mundo estaba comenzando a pesar sobre ella. Era una chica del
campo, nada más, nada menos. Se había criado en las montañas de Kentucky y tenía pocas
ganas de dejarlas. Quería establecerse con el hombre que tenía su corazón, tener bebés, hacer
los impuestos de las otras personas al lado y pasar sus noches en sus brazos.

¿Pero cómo sería suficiente alguna vez eso para él?

Amy Jennings había sido muy elocuente durante las semanas anteriores de que ella
finalmente había enredado a Slade. A pesar de que él había pasado menos de una semana con
ella, ella estaba orgullosa, segura de sí misma, y confiada de que una llamada telefónica llegaría
pronto. Por algún tiempo, Jessie había estado preocupada. En su mayoría porque veía en Amy
algo que ella misma no poseía. Esa misma confianza y esa arrogancia que Slade llevaba tan
cómodamente.

A su lado, Jessie se sentía como una provinciana en ropa prestada.

—Estás pensando demasiado —Slade interrumpió sus pensamientos mientras cambiaba de


posición en la silla junto a ella, su brazo musculoso extendido a lo largo de la parte trasera de la
tumbona mientras su mano jugaba con las largas hebras de su pelo.

—A los peces les gusta la quietud —le recordó ella. No tenía intenciones de compartir sus
temores con él. Fingiría su falta de conocimiento hasta donde pudiera, entonces llamaría a sus

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Serie Chicos del verano 01

primos, gritando por ayuda. Podrían vivir a estados de distancia, pero llegarían corriendo si ella
los necesitara. Y no tenía ninguna duda de que eventualmente los necesitaría.

Slade gruñó su respuesta.

—Te conozco bastante bien, Jess. Tus ojos se han estrechado, y estás mordiéndote los labios.
Eso usualmente significa que estás pensando demasiado intensamente. Normalmente termina
metiendo a alguien en problemas.

Ella le lanzó una mirada desde el rabillo de sus ojos.

–Suerte, supongo —murmuró ella.

—Tu culo —él se rio, sus fuertes dientes blancos destellando en la cara oscurecida por el sol,
dándole un aspecto desenfadado mientras que los espesos mechones de cabello rubio oscuro, le
caían sobre la frente—. Vamos, nena, dime ¿qué te pasa? ¿Finalmente averiguaste lo pervertido
que soy y cambiaste de opinión sobre estar aquí? —Su voz era burlona, pero el trasfondo de
seriedad se deslizó a través.

—Difícilmente pienso así. —Ella puso los ojos en blanco ante el pensamiento. Si fuera sólo el
sexo, no tendría ningún problema—. Cariño, ese pene que te cargas es impresionante como el
infierno, pero creo que puedo manejarte.

—Creo que puede que tengas razón. —Él inclinó la cabeza, sus labios presionando contra su
pelo—. Me pones más ardiente que el infierno. Y me asustas a muerte al mismo tiempo. Es una
combinación mortal.

—¿Te asusto? —Ella se volvió hacia él, doblando sus piernas debajo de ella mientras lo
miraba sorprendida—. ¿Cómo que te asusto?

Ella no podía imaginarse a Slade estando asustado de algo, o alguien.

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Serie Chicos del verano 01

Él se movió de su silla entonces, arrodillándose al lado de la de ella mientras sus manos


ahuecaban su cara, sus cañas de pescar olvidadas mientras su pulgar acariciaba sus labios.

—Porque haces que mi corazón se acelere —susurró, sus ojos tormentosos, su expresión tan
seria, tan absorta que hizo que su pulso se acelerara—. Nunca nadie hizo que mi corazón se
acelere, Jessie. Con excepción de ti. En los pasados tres años, cada vez que te he visto, tus ojos
risueños, esa pequeña sonrisa misteriosa en tu cara, la manera en que me miras de una manera
que no miras a nadie más. Pones mi pene más duro que la piedra, pero haces que mi corazón se
acelere. Me asustas a muerte.

Ella sintió sus labios temblando. Él era un hombre duro. No era fácil llegar a conocerlo, o
acercarse a él. Ella había sabido eso, incluso años antes, al principio cuando le echo un vistazo
mientras él iba a casa de la universidad.

—Slade, te amo. —Ella no podía detener las palabras, no las podría haber callado si su vida
hubiera dependido de eso—. Sé que tú no me amas y…

—No lo hagas. —Él presionó sus dedos sobre sus labios—. No me digas lo que yo siento o lo
que no, Jessie. Y no apresuremos esto. No quiero a nadie más, quiero ver qué es esto. Quiero ver
cómo hacerlo funcionar, ¿de acuerdo? Sólo tú y yo, mientras dure.

Él no estaba diciendo las palabras, pero lo que ella vio en sus ojos hizo que su corazón
estallara en un ataque de alegría. Él la miró como si ella fuera todo. En la misma forma en la
que su padre siempre le había sonreído a su madre, en la misma forma en la que ella sabía que
lo miraba a él. Estaba allí, y las sensaciones que disparó a través de ella fueron tan intensas
como un orgasmo.

—De acuerdo. —Sus manos subieron a sus muñecas, sus dedos doblándose ante la sensación
de su carne puesta áspera por el pelo, el calor rodeándola—. No tendré veintiuno años para

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siempre —ella susurró finalmente, incapaz de acallar sus peores miedos—. No te avergonzaré
y…

—Diablos, mujer, ¿de qué diablos estás hablando? —Él volvió la mirada hacia ella
sorprendido—. ¿Es por eso por lo que estás tan nerviosa como un condenado gato en un patio
lleno de perros ladrando? Nena, confía en mí —Él inclinó la cabeza, presionando su frente en la
de ella mientras miraba hacia sus ojos—. Nunca me avergonzarías. Me darías celos infernales.
Retorcerías mis tripas, pero nunca, jamás me avergonzarías.

Sus labios se colocaron contra los de ella, un beso, no tanto de lujuria, sino de sentimiento. Él
los movió contra los de ella lentamente, su lengua asomándose para lamer las curvas,
presionando en su boca mientras un gemido sincero dejó sus labios. No la estaba tomando… la
estaba amando. Seguramente para Dios que estaba amándola. Si la amaba, haría cualquier cosa
que se necesitara para encajar dentro del mundo que él conocía. Sin importar lo que se
necesitara.

Sus ojos cerrados mientras sus labios susurraban contra los de ella, mordisqueando,
lamiendo, una bendición lenta, tentadora que hizo que su aliento se atorara en su garganta
mientras levantaba la cabeza y la miro otra vez, su sonrisa gentil.

—Traigamos la cena, antes de que te meriende otra vez —suspiró finalmente—. Diablos,
puedes ponerme más duro más rápido que nada que alguna vez haya conocido. Y no hay
manera de que me puedas tomar otra vez hoy.

Ella lo intentaría, si él la presionaba. Pero esperar no era tan malo. Ella había esperado desde
que tenía dieciséis años, podría esperar un poco más.

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CAPÍTULO 05

El fin de semana terminó demasiado pronto. Jessie estaba sentada junto a Slade mientras el
estacionaba la caravana en el estacionamiento del campamento principal el domingo en la
tarde, llevaba otra de sus camisas y un chándal que colgaba de su cuerpo a pesar de la corbata
en la cintura. Era eso o ir desnuda. Aunque le gustaba la sensación de su ropa contra ella, el
aroma que la impregnaba, que le recordaba por qué su cuerpo estaba tan sensible y la causa del
agotamiento que tiraba de ella.

Jazz Lancing y Zachary Richards estaban estacionándose junto a ellos. Los amigos más
cercanos de Slade y sus socios en el negocio que poseían. Habían ido a la escuela y la
universidad con Slade. Eran altos y duros, tal como Slade, y eran buenos hombres. Jessie les
había conocido la mayor parte de su vida y confiaba en ellos.

—Jazz y Zack. —La voz de Slade estaba llena de humor y una perezosa satisfacción que la
llenó de orgullo—. Te llevé lejos y no les avisé.

Jessie sofocó su risa. Debería haberle dicho a uno de ellos a donde se dirigía cuando las cosas
comenzaron a ponerse feas con Billy, pero no había habido tiempo. Los asistentes habituales a
las fiestas eran muy protectores con las mujeres allí, aunque con ella y Slade desaparecidos,
deberían haber sumado dos y dos bastante fácilmente.

Ella se apoyó contra su pecho mientras él aseguraba la puerta de la caravana y la abrazaba


cerca mientras las caravanas se estacionaban a cada lado de Slade y los motores se apagaban.

—Zack necesita encontrar una mujer. —Ella sonrió—. Él se preocupa demasiado del resto de
nosotras. Le daría algo más que hacer.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
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Slade se rio, su mejilla rozando contra su pelo mientras se inclinaba para acariciar sus labios
contra su cuello. A ella le gustaba cuán a menudo la tocaba, siempre deseándola junto a él, sus
dedos jugando con su pelo, sus labios nunca lejos. No la apretaba y muchas veces no había
querido nada más que sólo abrazarla. Envió un calor fluyendo a través de ella que nunca había
sabido que pudiera existir. Llenó todos los lugares vacíos dentro de ella, los que ella no había
sabido que existieran hasta que Slade la tocó.

—¿Condujiste hasta aquí o necesitas un aventón? —Su mano extendida contra su estómago,
sus dedos rozando contra ella perezosamente mientras observaba a Jazz moviéndose desde el
asiento del conductor de la caravana.

—Un aventón. —Ella había venido con amigos—. Podría llamar a alguien. —no quería
actuar de forma impertinente, no quería ponerlo en una posición en la que él tuviera que
ofrecer más de lo que estaba dispuesto a dar ahora mismo.

—Tengo la bicicleta. Te llevaré a casa y luego regresaré a mi casa, me daré una ducha y me
cambiaré. Podríamos salir y comer.

—¿O yo podría hacer algo? —Ella volvió la mirada de nuevo hacia él—. Soy una cocinera
decente. —Una sonrisa lenta curvó sus labios—. Incluso mejor. Entonces podría tenerte de
postre.

El calor estalló a través de su cuerpo, apretando sus pechos aún más, haciendo que sus jugos
fluyeran de su coño. Dios mío, ella era tan patética. Todo lo que se necesitaba era una sonrisa
para hacerla derretirse.

—Suena perfecto para mí. —Sonaba más que perfecto. Otra noche para abrazarlo cerca.
Podría manejarlo. Fácilmente.

—¿Lista para rodar? —Él le dirigió una sonrisa malvada mientras Jazz y Zack estaban
abriendo sus puertas y viniendo desde las caravanas.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
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—Cuando quieras. —Ella volvió la mirada atrás hacia la caravana de Jazz en donde él salió.
Sus brazos cruzaban su pecho oscuro, un feroz ceño deformando su hermoso rostro. Él no se
veía complacido.

—Oye, Jazz. —Slade hizo una pausa, su brazo cayendo de ella, su cuerpo tensándose
mientras el otro hombre gruño, su mirada azul oscuro yendo sobre Jessie primero y luego Slade.

—Oye, Slade —finalmente arrastró las palabras—. Creo que mañana te enseñaré cómo usar
ese radio que tienes en esa caravana. Sabes, para algunas advertencias cuando secuestras niñitas
bonitas.

—Yo lo secuestré a él. —Jessie se rio de nuevo de semejante cara feroz, de ningún modo
amenazada o asustada de él—. Qué absurdo, Jazz, ¿no crees que yo sea lo suficientemente
bonita para hacer que un hombre olvide llamar por teléfono primero?

Ella admitió que el conocimiento de que a Slade no se le había ocurrido hacer algo que
debería haber sido un hábito muy arraigado en él, la complació. Ella había captado su atención,
completamente.

Una sonrisa retorció los labios de Jazz.

—Chica, eres lo bastante bonita para hacer que un hombre adulto olvide su propio nombre.
—Su mirada se movió de regreso a Slade, el humor iluminando finalmente las oscuras
profundidades—. Es peligrosa, amigo, mejor ten cuidado con ella.

—Tengo la intención de hacer justamente eso. —El brazo de Slade se deslizó alrededor de
ella otra vez—. Muy de cerca.

Jessie hizo caso omiso de Jazz, un recordatorio de la advertencia que ella le había dado el año
anterior, que Slade era de ella, y un día, de algún modo, lo demostraría.

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Serie Chicos del verano 01

El otro hombre negó con la cabeza, sus brazos cayendo de su pecho mientras él sacudía un
dedo ante ella.

—Eres una chica mala, Jessie —él gruñó—. Tu papá debería haberte zurrado más cuando
eras pequeña.

—Bueno, si tiene suerte, puede que le permita a Slade encargarse de esa pequeña pizca de
disciplina. —contuvo la sonrisa mientras los ojos de Jazz parpadeaban con sorpresa un segundo
antes de que se riera y negara con la cabeza.

—No dudo que él lo hará tampoco. —Se volvió hacia Slade entonces—. Asegúrate de al
menos aparecer a tiempo mañana. Tenemos que hacer esa estimación juntos y tenerla antes de
mediodía.

—Allí estaré. —Jessie se movió más allá de la caravana mientras Slade la empujaba hacia
adelante—. Nos vemos mañana, Jazz.

La caminata a lo largo del estacionamiento se hizo en silencio, un silencio relajado, tranquilo


mientras la calidez de la tarde la rodeaba, y esa mano de Slade en su espalda la rodeó un poco
para calmarla. La manera en la que sus dedos acariciaban e indagaban, podía sentir las
sensaciones claras en su coño. Estaba excitada, dolorida y volviéndose más ardiente a cada
minuto.

Afortunadamente, su apartamento no estaba muy lejos del lote de la caravana, porque el


duro latido de la Harley de Slade debajo de ella no estaba ayudando a las cosas mientras viajaba
detrás de él. Sus rodillas aferraron sus muslos, su espalda rozando contra sus pechos,
sensibilizando los pezones ya excesivamente excitados.

—Aquí vamos. —Él se estacionó, ayudándola abajar de la motocicleta antes de bajarse él


mismo—. ¿Tienes una llave guardada de reserva?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ella se movió rápidamente hacia su coche, alcanzando debajo de la cima de la rueda donde
ella guardaba la llave de repuesto y moviéndose hacia la puerta. Momentos más tarde, la puerta
fue abierta y el sistema de seguridad desactivado.

—Sana y salva… —Sus palabras fueron interrumpidas mientras la puerta se cerraba de


golpe y se encontró alzada, presionada contra ella mientras los labios de Slade se apoderaron los
de ella.

Sus brazos rodearon su cuello, sus dedos hundiéndose en la riqueza del pelo oscuro mientras
un sonido de gemidos hambrientos dejó su garganta. Su lengua se presionó contra la de ella,
trenzándose con ella, mientras sus labios se inclinaban contra los de ella y la devoraban como a
un caramelo.

Sus manos no estaban quietas. Su cuerpo duro la sujetaban muy cerca de la puerta mientras
sus dedos se curvaron alrededor de sus muslos, subiéndolas para encajonar su cuerpo mientras
presionaba la longitud de su polla cubierta con los vaqueros en el hueco de sus muslos.

—No puedo tener suficiente de ti —él gruñó mientras terminaba el beso, le devolvía la
mirada con los ojos oscuros de lujuria mientras sus dedos se movían más profundo debajo de
sus piernas, rozando contra la entrada dolorida de su vulva mientras el húmedo calor
humedecía la tela del chándal que vestía.

—Eso es algo bueno. —Su cabeza caía hacia atrás contra la puerta mientras los labios se
movían hacia su cuello, su lengua lamiendo, sus dientes raspando la carne suave.

—No cuando estoy duro como el infierno y tú necesitas descansar. —Él gimió, retrocediendo
antes de lamer sus labios otra vez, tentar con su lengua un segundo antes de que su sonrisa
iluminara su corazón—. Me voy, cariño, antes de que termine follándote contra la puerta y
arruinando el postre.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

La soltó lentamente, jalándola de nuevo y abriendo la puerta antes de poner otro duro beso
en sus labios.

—Regresaré en pocas horas. Prepárate para mí. Podríamos comernos el postre antes de la
cena.

Su amplio pecho se movió ásperamente mientras él tomaba aire, una mueca de disgusto
retorció sus labios antes de besarla otra vez, su lengua hundiéndose profundamente por largos
momentos mientras Jessie sintió su mente desintegrándose debajo de la dominante posesividad
mientras su lengua se apoderaba de ella.

Cuando él retrocedió, desenvolvió los brazos de su cuello, antes de rozar sus labios con su
pulgar otra vez.

—Te ves bonita así. Tus labios hinchados por mi beso, tus ojos casi negros porque me quieres
casi tanto como yo te quiero. Conserva ese aspecto, nena, y no conseguiré aguantar cinco
minutos antes de follarte otra vez.

—¿Se supone que eso me asuste? —Ella arqueó su ceja sugerentemente—. Siempre podrías
ducharte aquí, chico malo.

Ella observó el músculo saltar en su mandíbula mientras él daba un paso atrás, negando con
la cabeza.

—Necesitaré ropa. Si llego tarde a la oficina mañana, Jazz y Zack patearán mi culo. Cierra
esa maldita puerta, entra y ocúltate. Porque cuando regrese, lo tendrás.

—Y lo amaré. —Ella se rio mientras él gemía, presionando su espalda antes de agarrar la


puerta y cerrarla firmemente.

Volviéndose, Jessie se apoyó contra ella, cerrando los ojos, su sonrisa todavía en el lugar.
Finalmente, Slade era suyo. Aprendería cualquier cosa que tuviera que aprender, y con el

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Serie Chicos del verano 01

tiempo, confiaba en que cubriría cualquier necesidad que él tuviera. Pero él la retuvo, cuando
ella sabía que él no era de los que retenía a sus mujeres, al menos no en público. La mantuvo
junto a él, posesivo, autoritario. Había tomado cada oportunidad para tocarla y abrazarla,
encontrando un placer en hacer eso que podía ver en sus ojos.

El placer vertiginoso la llenó mientras una sonrisa boba se formó en sus labios. Sus dedos se
cerraron en la camisa que ella llevaba. La maldita cosa casi le llegaba hasta las rodillas, pero
olía a Slade, se plegaba alrededor de ella y le recordaba su contacto. La calentaba.

Y él iba a regresar, por el postre. El calor corrió velozmente a través de su cuerpo,


chamuscando cada terminación nerviosa y tenía la sangre pulsando rápida y caliente a través
de sus venas mientras se apresuraba hacia la ducha. Él iba a regresar y tenía la intención de
estar lista para él.

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Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 06

Amy estaba esperándolo cuando entró en el camino de acceso a su casa, y ella no estaba sola.
Sentado en el porche con ella estaba Don Farrell, su manejador en la Oficina de Seguridad
Nacional. Slade podía sentir su estómago hundirse mientras caminaba lentamente hasta el
porche, las llaves de la puerta principal en la mano, algún sentido interno le advertía que su
vida estaba a punto de irse al infierno.

—Escuché que estabas causando un alboroto en el campamento —le dijo a Amy mientras
caminaba sobre el porche.

Amy no era realmente del tipo de —causar un alboroto—, y mientras volvía la mirada de
nuevo hacia ella, supo que sin importar la razón por la que había hecho semejante aparición
pública para recogerlo, no tenía nada que ver con lastimar a Jess, y todo que ver con destruir su
vida.

—Tienes que seguir la relación que ustedes establecieron el año pasado, Slade —explicó Don
mientras Slade abría la puerta principal y luego se hacía a un lado para que pudieran entrar.

—Está terminado —les hizo saber a los dos—. ¿Así que por qué pretenden continuar
jugando a este juego?

La parte interior de la casa estaba fría, oscura, la paz que una vez contuvo se fragmentó
mientras Amy y Don entraban y la puerta se cerraba detrás de ellos.

—Error. Kingston y Baines nos siguieron el rastro hasta aquí, Slade. La operación sigue de
nuevo adelante. Establecieron contacto el otro día y están interesados en el trato que estábamos

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Serie Chicos del verano 01

preparando para las armas. De nuevo seguimos adelante, querido. —Ella se rio de nuevo hacia
él, mientras Slade sentía algo marchitándose dentro de su pecho.

Kingston y Baines eran tan escurridizos como las sombras. Los traficantes de armas le
estaban proporcionando armas y munición a Oriente Medio, y la CIA así como también
Seguridad Nacional estaba desesperada por detenerlos. Si no los detenían, el derramamiento de
sangre sólo iba a empeorar.

—Tenemos un vigilante que condujo anoche. —Amy sacó una carpeta de su bolso mientras
se movía hacia la cocina.

Slade fue por el whisky. No perdió el tiempo con un vaso, destapó la botella y un nervio duro,
que tomó intensifica trago que casi robó su aliento.

—¿Estás bien? —Preguntó Amy mientras él bajaba la botella, luchando por vivir y no sólo
respirar.

—Estoy escuchando. —Y muriendo por dentro.

—Habíamos anunciado el compromiso antes de que la operación se interrumpiera, y


Kingston y Baines se han ofrecido a ser los anfitriones de la boda. —Su sonrisa era triunfante
mientras ella abría el archivo por una fotografía a color—. Éste es nuestro vigilante, él llegó a la
ciudad anoche, y estaba en la fiesta a la que asististe en el claro. Regresaremos a Washington en
dos semanas, felicitaciones de Kingston y Baines, una vez que todo esté en su lugar. Ellos se
ocupan de la boda y nosotros estaremos dentro.

Kingston y Baines eran hombres de familia, tan extraño como era eso. Trabajar dentro de la
organización había tomado un año, sólo para hacerlo fracasar cuando los dos hermanastros
habían dejado de lado su muy lucrativo negocio por alguna razón.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Por qué ahora? —Justo cuando pensó que tenía su vida encarrilada. Cuando pensó que
finalmente podía perseguir sus propios sueños.

—¿Quién sabe? Eso es lo que necesitamos que averigües —Indicó Don, su cara categórica y
seria e intensa—. Averigua lo que están tramando y consigue las pruebas. Hagamos esto
mientras tengamos la oportunidad.

—¿Duración proyectada de la asignación? —No será de la noche a la mañana, eso es


condenadamente seguro.

—Tres años. Por experiencia sabemos que no se moverán rápido. Sólo están sumergiendo los
pies de nuevo en las ventas de armas ahora. Su cubierta como proveedores nos ayudarán a
averiguar exactamente a donde van esas armas y quiénes son sus contactos. Queremos reunir a
toda la red, Slade, no sólo a unos cuantos de ellos.

Tres años.

Él clavó los ojos en Amy. El compromiso que habían montado antes de que la operación
hubiera fracasado había tenido sentido en ese momento. Ahora, estaba desgarrando a través de
él como una navaja.

Jessie. Dios, ¿qué él iba a hacer respecto a Jessie? Inclinó la botella de nuevo, ignorando a
Amy y la mirada confundida de Don mientras le observaban. Él no les debía ninguna maldita
explicación, todo lo que les debía era la terminación del contrato que había firmado. Un
contrato que vendía su alma a la oficina de Seguridad Nacional hasta que esta operación
terminara. Una terminación que había sido un trato hecho hasta ahora.

Él asintió con la cabeza abruptamente.

—Denme los detalles.

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Serie Chicos del verano 01

No podría terminarlo. Si Kingston y Baines alguna vez averiguaban que él no era quién decía
y lo que fingía ser, un propietario de una compañía constructora con los medios y las
conexiones para procurar las armas que necesitaban, entonces se rebelarían. Embestirían
primero a la gente más cercana a él. Sobre todo a Jessie. Jessie no podía ser herida. Tenía que
protegerla, de la única manera que sabía.

Las noches de verano siempre habían sido la temporada favorita de Slade. La brisa soplando
a través de su pelo tenía aroma a césped recién cortado, carbón ardiendo y vida. La paz siempre
le había envuelto cuando montaba la motocicleta en las noches como esta, pero esta noche, no
había paz.

La pena desgarró a través de sus tripas con bastante fuerza para apretar los músculos allí,
haciendo que sus dientes se apretaran hasta que le dolieron por la presión. El viento azoto a
través de su pelo, los aromas familiares de las montañas envueltas alrededor de él, pero todo lo
que olió fue el perfume dulce de Jessie, y una furia amarga que no podía dirigir hacia nadie
excepto a sí mismo.

Todo en lo que podía pensar era en tocarla, sintiendo el calor caliente de su carne contra él,
el agarre apretado de su coño ordeñando su polla con resultados destructivos, arrojándole en
una liberación que él no podía rehusar, por mucho que quisiera que durara. La manera en la
que sus ojos lo miraban, sin importar lo que él le hiciera a ella, o la alentara a hacerle a él, ella
le observaba con calor y hambre.

Dios mío, qué tonto había sido. Envolviéndose alrededor de ella, dejando que algo que no
podía nombrar lo llenara, sólo para ser arrancado de él con una fuerza que aún le dejaba sin
aliento, luchando por respirar después de las negativas que corrían a través de su cabeza.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Debería sólo haberse quedado en casa. No tenía sentido hacer esto, pero no parecía poder
dejarlo ir. Tenía que verla, una última vez, convencerse a sí mismo más que a ella, de que el fin
de semana pasado había sido un error que ambos tenían que dejar atrás de ellos.

Le debía tanto a ella. No podía dejarla esperando, preguntándose. Si lo hiciera, nunca podría
protegerla en la única manera que él sabía. Y tenía que proteger a Jessie. Ante todo, incluso
antes de su propia comodidad, su propia atormentada pena, tenía que protegerla.

Él giró la motocicleta dentro del pequeño complejo de apartamentos en el que ella residía.
Pequeñas y ordenadas filas de edificios con sus alegres flores creciendo a lo largo de las
escaleras y hierba recién cortada cortando en el pecho. No quería ver alegría cuando el pesar
casi lo estaba comiendo vivo. Era solamente pesar. No era realmente pena. Su alma no estaba
siendo rasgada en dos. No la había amado, se dijo a sí mismo. Se preocupaba por ella. No quería
hacerle daño, diablos, había pasado años protegiéndola hasta que tuvo edad suficiente para él.
Era una mujer hermosa. Un sexy pequeño gatito hambriento y él era un hombre posesivo. Eso
era todo lo que había sido. No la amaba.

Y le estaba destruyendo hacer este recorrido, continuar con lo que sabía que tenía que hacer.
Mientras conducía a través de la noche, las imágenes del fin de semana se reprodujeron ante su
mente. Jessie arrodillada, los labios envueltos alrededor de su polla mientras le enseñaba cómo
darle placer. Sobre su espalda, sus muslos extendidos, sus gritos llenando su mente mientras él
empujaba su lengua despacio y suavemente dentro de su coño culminando, sintiendo las
oleadas de liberación en los dedos que él había enterrado en su culo.

Jessie nadando desnuda en el agua, envuelta en luz de luna, desafiándolo a unirse a ella. O
sentada contra su pecho mientras el amanecer ascendía sobre las montañas, sus brazos se
envolvieron alrededor de ella mientras la niebla los recluía.

Había sido un sueño. Una fantasía hecha realidad, y ahora que todo había terminado. Había
terminado.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Aparcó delante de su apartamento, respirando difícilmente mientras se obligaba a moverse.


Hizo que sus dedos se estiraran, uno a uno, de los manubrios, antes de girar desde el asiento. Se
sentía como un hombre viejo, cada hueso y músculo protestando por el viaje que estaba a punto
de hacer.

Subió por la acera de cemento, mirando directamente hacia adelante. Nunca había evadido
sus responsabilidades en su vida y no iba a empezar ahora. Sus nudillos aterrizaron
pesadamente en la puerta mientras sentía que el músculo en su mejilla saltaba violentamente en
respuesta a su llamada para entrar.

Su voz era como la miel, caliente y dulce, por lo que su polla se sacudió y latió con un
hambre que sabía no tenía más remedio que irse sin ser saciada.

Abrió la puerta, entrando lentamente, su mirada encontrándola instantáneamente junto a la


pequeña mesa del comedor, un halo de luz la rodeaba por las delgadas velas que había
instalado en el centro de ella.

Se detuvo, atrapado por ella, fascinado por la visión de pie delante de él. Los pies delgados
estaban encerrados en zapatos de tacón negro que elevaban y arqueaban sus graciosos pies tan
eróticamente que casi aulló de dolor. Un ajustado vestido corto negro, cubría los pechos,
ahuecándolos, formando los dulces montículos antes de deslizarse bajando por su cuerpo como
una catarata de la noche.

Ella estaba tan jodidamente bella que por un momento, por un segundo cegador, debilitante
casi llevó a su pene a gritar que era suya antes de hacer lo que sabía que tenía que hacer.

Proteger a Jessie. El impulso estaba tan arraigado, tan profundo, que hasta el hambre voraz
que se construía dentro de él no podía ignorarlo.

—¿Slade? —Ella inclinó la cabeza, su pelo cayendo sobre su hombro como una sombra
sedosa mientras volvía la mirada hacia él—. ¿Estás bien?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

¿Bien? Dios no, él no estaba bien. Se estaba muriendo por dentro. Se quedó mirando una
visión que cualquier hombre mataría por tener e iba a darle la espalda a ella, arrancando su
tierno corazón de su pecho y alejándose. Sólo iba a marcharse, y morir unas mil muertes
mientras lo hacía.

Se acercó a su lado y encendió la luz del techo, mirando sus ojos parpadear ante la claridad
repentina mientras un repentino brillo de presentimiento llenó sus ojos. La sonrisa que había
curvado sus labios se desvaneció y en cuestión de segundos ella estaba mirando hacia él, su
expresión sombría.

Él se aclaró la voz, apartando la vista de ella, luchando por que la fuerza, el autocontrol
hicieran lo que sabía que tenía que hacer allí.

Sus labios se apretaron, frunciéndose mientras temblaban ligeramente, antes de que ella los
inmovilizara, volviendo la mirada de nuevo hacia él mientras su respiración comenzaba a
acelerarse. Podía ver la conciencia surgiendo lentamente en sus ojos, el destello de horror, de
negación, el dolor que por un momento retorció las facciones y la dejó tambaleante antes de
aferrarse al respaldo de la silla, sosteniéndose con fuerza, y enfrentándolo de todos modos.

Dios, ella era tan joven, tan bella, y tan condenadamente fuerte que en ese momento, supo
exactamente lo que estaba dejando atrás, y hacia lo que estaba dirigiéndose. E iba a ser el
infierno. Y él se había buscado todo eso.

—Sólo dilo. —Él la observó. Vio la tensión de sus hombros, el conocimiento que llenaba sus
ojos. Su voz estaba baja, careciendo de la amarga cólera que había esperado, las lágrimas que
había estado seguro que ella derramaría. El pensamiento de esas lágrimas le aterrorizó. ¿Cómo
se suponía que combatiría sus lágrimas?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Tengo que hacerlo? —Preguntó él entonces, inseguro de si podría decir las palabras,
agradeciendo a Dios con cada pensamiento que ella supiera para que había venido aquí, que no
tuviera que decir las palabras, no tendría que dejarla ver que le estaba matando hacer esto.

—Oh, he sabido sobre esa parte de tus relaciones también. —Su voz era desolada, sus
palabras resonando con un dolor que ella no podía ocultar—. Supongo que fui bastante tonta
para pensar que duraría más tiempo que un fin de semana. Tengo que decir, que por lo menos
batí un récord. Tu relación más breve. Que afortunada.

Ella le estaba quebrantando, no su corazón, él no la amaba. Estaba quebrantando su


voluntad, rasgando algo dentro de él que no sabía que existía con su voz cargada de dolor y su
oscura y agonizante mirada.

Él quiso consolarla. Todo dentro de él le estaba gritando que fuera por ella, abrazarla,
contárselo, explicarle todo. Ella entendería. Dios lo ayudara, si alguna vez hubiera creído que
alguien lo había amado en su vida, sabía que Jessie lo hacía y él era un condenado tonto por
alejarse. Pero sabía que no había elección. El mejor regalo que podía darle era la falta de
esperanza. Para ser un bastardo en el sentido más puro y dejarla continuar en la búsqueda de
alguien…

Él no podía terminar el pensamiento. Los hijos de perras, mataría al imbécil lo


suficientemente valiente como para ponerle el primer dedo encima donde pudiera verlo. No
sería capaz de sobrevivir si veía otro hombre tocarla.

—Me iré entonces. —Tuvo que forzar las palabras para que atravesaran su garganta—.
Fuiste buena, Jessie. Condenadamente buena. Pero tienes razón, no lo suficientemente madura
y… —Las palabras se pegaron a su garganta mientras la observaba sobresaltarse. Como si
alguien hubiera puesto un látigo en su alma, ella brinco tan duro que él mismo sintió el dolor.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Entiendo. —Ella le volvió la espalda, un escalofrío corrió por su espalda mientras ella
desnudaba la delicada carne desnuda que corría hacia sus caderas. No había espalda para el
vestido, sólo tirantes delgados que lo sujetaban.

Cerró los puños. No podía tocarla. No la tocaría. Pero hijo de puta si no dolía dejar pasar el
aire, arrastrar cada bocanada de aire en su pecho, para sobrevivir sin tocarla. ¿Cómo diantres
había permitido que ocurriera esto? ¿Cómo podía tener tanto poder una persona para lastimar
a otros?

Y no la amaba. Se convirtió en un mantra dentro de su mente mientras la miraba. Pero ella


creía que lo amaba, ¿cuánto peor era eso para ella? La herida desgarrada profunda en su mismo
espíritu se hizo más profunda ante el pensamiento.

Las velas se apagaron pero ella no se dio la vuelta.

—Vete. Ahora. —Su voz era baja, casi incoherente mientras sus hombros se estremecían—.
Sólo vete, Slade.

Él juntó sus labios apretadamente, aquietando la violencia dentro de él, la necesidad, tan
abrumadora trabada en su alma y gritando de rencor, por decirle la verdad. Exhaló
cansadamente en lugar de eso, se dio la vuelta e hizo como ella le pidió.

Se fue.

Mientras la puerta se cerraba detrás de él, Jessie se sintió colapsar, sintió su respiración
vacilar mientras el dolor brotaba en su pecho. No se molestó en buscar la silla o detener el lento
deslizamiento hacia el piso. Sólo agradeció que la pata de la mesa estuviera allí para apoyar su
espalda, sosteniéndola en posición vertical mientras se quedaba mirando fijamente delante de
ella, atontada, incrédula.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

¿Cómo pudo estar tan equivocada? No tenía sentido, él se suponía que se daría una ducha y
regresaría con un cambio de ropa. Iban a cenar, luego tomarían el postre en su cama. No iban a
hacer… Nada.

Sintió su aliento sintió las lágrimas que escaldaban sus mejillas un segundo antes de que un
sollozo hiciera eco en la solitaria miseria que la rodeaba. Durante cinco años había esperado
por él, segura de que le esperaba más que un fin de semana, segura incluso de que si la relación
no funcionaba, al menos tendría la oportunidad de intentarlo. Él era un hombre duro, su vida
había sido dura, pero nunca creyó que la llevaría a su cama, que la tentaría y le prometería
esperarla, si no hubiera querido más que un fin de semana.

Apoyó su cabeza contra la pata de la mesa y lloró. No tenía ninguna intención de detenerlas,
o contenerlas como decía su padre cuando uno de sus hijos lloraba. Nunca había podido con las
lágrimas. Pero él no estaba aquí ahora. Se había ido, y el sufrimiento dentro de su alma la estaba
desgarrando. Era llorar o morir, y estaría condenada si muriera por Slade.

Lo amaba. No era una sentencia de muerte, era joven, y lograría sobreponerse a eso.
¿Verdad?

—Oh Dios. —Se envolvió los brazos alrededor de su estómago, inclinándose hacia adelante
con el estremecimiento convulsivo de agonía que la sacudió de su alma hacia afuera mientras
escuchaba la motocicleta encenderse, la oyó gritar desde el estacionamiento—. Te amo, Slade —
susurró, sabiendo que todo el amor en el mundo nunca podría reemplazar el suyo—. Te amo.
—Y no importaba, no realmente, porque no era lo suficientemente madura, no era lo
suficientemente refinada para encajar en su mundo. La única diferencia era que él lo había
comprendido antes de que fuera muy tarde, donde ella hubiera seguido esperanzada. Y
soñando.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 07

El mundo no terminaba por un corazón roto. Tenía todavía clases a las que asistir, un trabajo
que conservar, y Jessie hizo ambas cosas en piloto automático. La única diferencia fue que se
sumergió ahora en los dos, la escuela y su trabajo, trabajando hasta el agotamiento,
esporádicamente, rezando para que cuando llegara la noche se quedara dormida y no soñara
con Slade.

Se mantuvo alejada de las fiestas y el claro del bosque donde se llevaban a cabo, evitándolos
con una desesperación que la arañaba mientras cada fin de semana pasaba. ¿Estaba Slade allí?
Por supuesto que estaba, él era un asiduo allí, con buen o mal tiempo, y no había forma de que
pudiera enfrentarlo, no había forma de que pudiera enfrontar la piedad si alguien alguna vez
descubriera lo fácil, lo casualmente que él la había descartado. Lo profundamente que la había
lastimado.

Aun ahora, tres semanas más tarde, la herida abierta que una vez había sido su corazón,
dolía continuamente. Ella soñó con él, amándole, oyéndolo susurrar su amor por ella, con sus
brazos rodeándola, protegiéndola. Despertó en una cama fría, solitaria y lágrimas. Lágrimas
ahogándola.

Mientras se estacionaba en su complejo de apartamentos, exhaló cansadamente mientras


vislumbraba las dos Harley estacionadas junto a su departamento y los hombres que
descansaban casualmente en ellas. Jazz y Zack eran buenos amigos pero era más de

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

medianoche, el turno que había trabajado en la tienda Wal-Mart había sido uno duro y no
estaba de humor para charla.

Ella aunque tuvo un presentimiento que iban detrás de más que charla.

Aparcó el coche, mirando a los dos hombres a través de la ventana mientras apagaba el
motor, agarraba su bolso y abría la puerta. Ellos se enderezaron de sus motocicletas, los cuerpos
delgados y musculosos y la mirada de águila tensa y expectante.

—Hola, Jazz. Zack. —Ella echó la correa de su bolso sobre su hombro mientras cerraba su
coche y se dirigía hacia su apartamento—. ¿Qué hacen despiertos tan tarde?

Puso una sonrisa alegre en su cara mientras empujaba la llave en su puerta y volvía la
mirada hacia ellos. Contuvo su suspiro mientras veía que tenían todas las intenciones de entrar
con ella.

—Teniendo un ojo sobre ti, niña —gruñó Jazz mientras la seguían dentro del apartamento,
cerrando la puerta y esperando mientras ella desactivada la alarma.

—¿Un ojo sobre mí? —Arrojó su cartera a la silla junto a ella antes de caminar hacia la
pequeña cocina—. ¿Quieren una cerveza?

—Sí para ambas preguntas —contestó Zack mientras permanecían de pie en medio del piso
de su sala, esperando.

Diablos, no necesitaba esto. No ahora mismo. No hasta que lograra parchear las heridas
abiertas dentro de ella.

Llevó tres botellas de cuello largo hacia la sala de estar, pasando a cada uno de ellos una
botella fría antes de pasar delante de ellos y acomodarse en la gran silla confortable que estaba
a varios metros de la puerta principal.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

La habitación no era grande. Tenía un cómodo sofá, silla, mesita de café y centro de
entretenimiento que albergaba a su pequeña TV. Pero el alquiler costaba poco y la localización
estaba cerca de la escuela y el trabajo.

Jazz sacó una silla de la pequeña mesa del comedor, colocándola frente a ella mientras se
sentaba a ahorcajadas y la miró de nuevo con ojos azul medianoche. Zack se recargó en el sofá,
un pie apoyado en su rodilla mientras ambos la observaban silenciosamente.

Ella odiaba cuando éstos dos se volvían silenciosos y justos observadores. Usualmente
significaba que veían mucho más de lo que nadie quería que ellos supieran.

—No estoy lista. —Ella sabía tras de que iban, no tenía sentido en hacerse el tonto, pero se
había dado cuenta de que no estaba ni cerca de ser experta en leer a los hombres como alguna
vez pensó que lo era—. Sólo váyanse.

Ella alzó la cerveza, tomando un largo y lento trago, necesitando el falso coraje que obtenía
de ello.

Jazz miró a su compañero antes de volver a mirarla a ella. Ninguno dijo nada mientras su
estómago comenzó a acalambrarse por la tensión y su garganta se anudó con lágrimas que sólo
eran derramadas en la oscuridad de la noche cuando despertaba en su habitación fría y
solitaria.

—Trae tu traje de baño. —La voz de Zack no admitía negativas—. No tienes clases mañana y
estás libre para el fin de semana…

—Error. —Ella le dirigió una mirada furiosa. No iba a ser forzada a hacer algo que no podía
enfrentar—. Me inscribí a las clases de fin de semana y me cambiaron el horario de trabajo…

—Y yo llamé a tu jodido jefe hace una hora, justo después de que saliste de trabajar.
Cámbiate, maldita sea, irás al claro así tenga que cargarte a allí.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Por qué? —Ella bajó de golpe la botella en la mesa, furiosa—. Y quién te dio permiso de
joder con mi horario o mi vida, Zack? Tú no eres mi padre o mi jodido marido, así que vete.

Él se puso de pie.

—No tengo ningún problema en llevarte a rastras, chica. —Él sonrió burlonamente—. No
vas a esconderte así. Todos descubrirán por qué, diablos, ya están preguntándose. Vas a sacar tu
culo allí afuera y va a festejar y reír. Tú y Slade perdidos los fines de semana están dando de qué
hablar.

Su aliento se detuvo ante su nombre. Se obligó a respirar de nuevo, trabajar en pasar la


agonía que apretaba su corazón.

—¿Qué tiene que ver él con cualquier cosa?

—No juegues conmigo, Jessie —él gruñó—. Él es un adulto, quiere joder su vida, estoy
totalmente a favor de ello. Pero estaré condenado si vas a permitir que las malas lenguas te
lastimen. Ahora trae ese condenado traje y vámonos.

—No tengo uno.

—Seguro lo tienes. —Zack recogió la pequeña bolsa que él había llevado con él—. Aquí está.
No queremos excusas, tú eres más dura que esto, Jessie…

—No me pidas que ponga buena cara —espetó ella, empujando sus dedos a través de su pelo
mientras deambulaba por el cuarto, incapaz de mirarlos a los ojos, para ver el conocimiento
allí—. No puedo hacerlo. No estoy lista.

—Me importa un bledo lo que pienses que estás lista para hacer —gruñó Jazz—. Vístete y
vámonos.

Ella negó con la cabeza, las lágrimas llenando sus ojos.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—No puedo enfrentarlo.

—Si él está allí, no tendrás otra elección —espetó—. No ha aparecido en tres semanas, y las
habladurías están empezando. No te tendré en boca de las malas lenguas, Jessie. No así.

Ella envolvió los brazos alrededor de su pecho, tragando convulsivamente.

—Me matará verlo…

—Dolerá. Desgarrará tu corazón, pero sonreirás y fingirás que no existe, o así me ayudara a
darle una paliza a él por eso. Así que es tu elección, juega el juego o él irá de la casa a la oficina
el lunes lastimado y sangrando de un extremo al otro.

Ella se dio la vuelta en impactada.

—¿Por qué? —ella inquirió, furiosa, dolida. Eran los amigos de Slade. No tenía sentido que se
volvieran contra él por ella.

—Porque él sabía lo que hacía. —Jazz terminó su cerveza, quitando la bolsa de Zack antes de
entregársela a ella—. Tú no lo supiste. Ahora ponte en acción y ponte encima unos vaqueros y
una camisa. Irás con uno de nosotros, y uno de nosotros te llevará a casa. Pero iras. Y pasarás un
buen rato aunque te mate.

Aquello iba a matarla. La noche siguiente, exhausta, con demasiadas cervezas recorriendo su
sistema, Jessie rio, bromeó y festejó la noche toda la noche, sintiendo pinchazo de los ojos de
Slade sobre ella, el dolor punzando dentro de ella.

Él se había retirado horas antes, asegurando su remolque en su lugar contra la orilla del río
junto al de Jazz. La hoguera estaba resplandeciendo en la orilla, la música pulsaba y latía en el

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Serie Chicos del verano 01

aire mientras la risa y el jolgorio de los borrachos llenaban el claro. Allí tenía que haber casi
cuarenta personas dispersas a lo largo del amplio claro que conducía a la orilla del río.

Fin de semana 4 de julio, había olvidado lo que era incluso un fin de semana festivo. Estaba
parada debajo del toldo del remolque de Ron, bebiendo otra cerveza, mirando las travesuras de
los hombres y mujeres que se despojaban de la tensión de la semana y disfrutaban de la noche
al máximo. Jessie sólo quería ir a casa. Podía sentir a Slade observándola, dondequiera que se
moviera, su mirada amenazante mordiendo su control mientras ella bailaba demasiado y
luchaba por estar un paso adelante de las manos inseguras.

—Oye, chica linda, ¿cuándo pretendes bailar conmigo? —Huesudo, ancho como un camión
Mack y pelo tan oscuro como Slade rubio, Jazz avanzó hacia el protegido remolque, mirándola
con tranquilos ojos azules a pesar de su sonrisa y la voz atronadora.

Su mirada vaciló hasta la línea de casas rodantes y vehículos, deteniéndose en Slade antes de
que su mirada regresara hacia ella.

Jessie se apoyó contra el costado de la casa rodante, sonriendo en respuesta a él mientras ella
negaba con la cabeza exasperada.

—¿Quién va a sujetar al otro arriba?— Ella se rio mientras se abría paso un poco borracho.
Ella sabía que no estaría más estable en sus pies que lo que estaba él en los suyos. Pero él había
cumplido su promesa, no le había pegado a Slade, ni siquiera había actuado como si estuviera
molesto con el otro hombre.

—Podemos sostenernos el uno al otro. —Extendió los brazos amplios—. Vamos, un baile y
luego podré encontrar mi cama y dormir como el ángel que soy.

Ella bufó ante eso, aunque dio un paso cuidadosamente desde debajo de la dudosa protección
de su refugio. Estaba temblando al pensar en bailar, tener otro hombre tocándola, sujetándola.

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Serie Chicos del verano 01

La música era lenta y ensoñadora ahora, romántica, envolviendo la noche con un toque de
pasión y seducción.

Mientras sus brazos rodeaban su cintura, ella se estremeció.

—Agárrate, cariño —él dijo en su oído—. Si no bailas, todo el mundo sabrá que estás dolida.
Yo, Zack y el capitán Ron somos los únicos al tanto ahora mismo, mantengámoslo de ese modo.

Él no estaba tan borracho como fingió estar.

La gentileza llenó su voz ronca mientras su aliento se atascaba y ella acomodó su frente
contra su hombro.

—Dime cómo hacer que pare, Jazz —susurró ella, débil, combatiendo cada instinto dentro
de ella que le gritaba que fuera hacia él, gritar de furia porque él la había descartado tan
despreocupadamente.

—Lleva su tiempo. —Él colocó su cabeza contra la parte superior de la de ella—. Sólo cierra
los ojos, pretende que él te está abrazando, no me importa un carajo, y cubriré las apariencias.
Entonces podrás ir a lamer tus heridas para que puedas hacerlo nuevamente mañana. Te irá
muy bien. Nadie sabe que estás rompiéndote por dentro.

Su voz estaba en su oído, un barítono tranquilizador que alivió los estremecimientos que la
recorrían.

—¿Por qué sigue mirándome? —Podía sentirlo, incluso ahora—. No se detendrá.

—Porque es un bastardo estúpido. —Sus manos estaban acariciando arriba y abajo de su


espalda. Parecía una caricia, cuando en verdad era un gesto tranquilizador para aliviar el dolor
dentro de ella.

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Serie Chicos del verano 01

Jazz, como Zack, era uno de los tipos buenos. Trabajador, sin los bordes rudos y oscuros que
Slade poseía.

—Casi terminamos —respiró contra su oído—. Una pequeña canción más y podremos ir
tambaleándonos hacia la casa rodante y fingir consumir nuestra pasión. Diablos, sabes, si no te
hubiera visto en pañales desde hace largo tiempo, podría haberme aprovechado de eso.

Ella se rio. Sí, él la había visto en pañales. Una vez. El muy tonto.

—Estás loco, Jazz. —Ella se reacomodó contra su pecho. No era Slade, pero Jazz sólo quería
un baile, no su alma.

—Sí, sólo soy un tonto risueño —le aseguró mientras la canción terminaba—. Aquí vamos.

Él se apartó de ella, su brazo enlazado sobre su hombro mientras la conducía hacia su casa
rodante. Si no le conociera muy bien, nunca habría puesto un pie en el pervertido vehículo,
como había sido apodado.

Mantuvo su cabeza agachada, agradecida por el escape mientras introducía el oscuro


interior.

—Ve atrás, me sentaré aquí y observaré a los malditos idiotas allí afuera. Alguien va a
incendiar las colinas antes de que haya acabado. —Él señaló la parte posterior de la casa
rodante y la cama allí—. Ve a dormir, cariño. Haré guardia.

Ella estaba demasiado cansada, demasiado ebria y confundida para discutir. Se movió a
través del camper, entró en la puerta estrecha y se arrastró en la gran cama allí. La noche era
cálida, pero jaló el ligero cobertor encima de ella, su cuerpo frío como ella mientras combatía
los estremecimientos que la recorrían.

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Serie Chicos del verano 01

—Te amo, Slade —susurró ella, como lo había hecho cada noche durante las pasadas tres
semanas—. Buenas noches. —Él no estaba con ella, pero las palabras le permitieron cerrar los
ojos y dejar al alcohol asumir el control mientras se perdía en el sueño.

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Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 08

Jazz se sentó en el sofá varias horas más tarde, la televisión baja mientras observaba alguna
película de acción/aventura que ni siquiera recordaba el nombre. Su mente no estaba en la
televisión, sin embargo, estaba en la mujer durmiendo inquieta en su cama y el hombre
moviéndose más cerca de la puerta de la caravana.

No había duda de la forma más amplia, se detuvo en la puerta, la abrió sin hacer ruido.

—Está dormida. Déjala en paz.

Jazz, más que nadie, era muy consciente de lo que estaba pasando y por qué Slade se había
alejado de la chica más dulce chica que Jazz había conocido. Slade podía ocultar la verdad de la
mayoría de la gente, pero como socio de negocios, como amigo, como hermano, le había dicho
la verdad a Jazz. Y era una mierda, realmente. A veces la vida, solo te pateaba en el culo ida y
vuelta al infierno y ni siquiera le daba al hombre un descanso.

—Tenía la esperanza de que lo estuviera. —Slade exhaló bruscamente—. Tengo que verla,
Jazz. Sólo por un minuto. No voy a despertarla.

El chico necesitaba algo más que solo ver a Jessie y Jazz lo sabía. Su voz resonaba con
solitaria rabia, con un hambre que no estaba dispuesto a dejar de lado. Jazz respiró
profundamente. Había sabido que iba a venir, esto era por qué había traído a Jessie a su
caravana en lugar de dejar que Zack se hiciera cargo. Él era el único que sabía la verdad, el
único que permitiría a Slade acercarse a ella. No es que lo hubiera intentado. Slade había sido
muy cuidadoso de estar cerca de su propia caravana, beber su propia cerveza, y simplemente
observar. Hasta ahora.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Esto no te ayudará, Slade —suspiró, sintiendo el dolor del hombre. Infierno, todos habían
perdido bastante en sus vidas que sus años adultos deberían ser un campo de flores en lugar de
la mierda que era—. Sólo empeorará las cosas.

—Me voy en una semana. —Slade mantuvo su voz baja—. No puedo irme sin verla, y esta es
la manera más amable de hacerlo.

Jazz miró hacia la parte posterior de la caravana. Tomaría más que esos hambrientos ojos
para despertar a la agotada chica, nunca sabría que Slade había estado allí. Pero Jazz sabía que
su amigo sólo estaba torturándose a sí mismo.

—No me hagas rogar, Jazz —dijo Slade entonces, su cabeza levantada con orgullo, los
hombros rectos, tensos—. Sabes la verdad, sólo dame esto y nunca la molestaré de nuevo.

Jazz resopló ante la declaración. Algunas personas simplemente lo confundían, como si no


hubieran aprendido los círculos de la vida. Lo que veía entre estos dos nunca se desvanecería. Y
el destino tenía una manera de hacer que la gente se enfrenta incluso a sus peores sufrimientos,
sus mayores errores.

—Date prisa de una puta vez. —Se levantó de su asiento—. Y yo voy contigo. La tocas de
forma inapropiada y te rompo los brazos.

Slade no discutió. Siguió a Jazz, entrando en la pequeña habitación mientras el otro hombre
se detenía en una esquina, cruzando los brazos sobre el pecho y observaba a Slade.

Era humillante, ver a un hombre tan fuerte como él sabía que era Slade, vacilar ante algo tan
débil e indefenso como una chica pequeña.

Jessie había rodado sobre su espalda, la colcha todavía aferrada en sus manos, pero su
estómago y las caderas al descubierto. Slade se arrodilló junto a la cama baja, sus dedos

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Serie Chicos del verano 01

temblando mientras tocaba el pequeño tatuaje de dragón revelado desde la parte inferior del
bikini. Justo como Jessie. Una fantasía, una visión ardiente que nunca podría ser realmente suya.

Se inclinó hacia adelante y luego le dio un beso reverente en la pequeña marca antes de
levantarse y mirar fijamente a su cara. Sus dedos rozaron el pelo, echándolo hacia atrás,
temblaban mientras pasaban por sus labios. La tocó como un hombre toca la vida, una caricia
aterrorizada, ligera como el aire.

Él debería haber apartado la mirada. Jazz sabía que lo más amable que podía hacer por los
dos era dar a Slade unos momentos privados. Había algunas cosas que un hombre no podía
decir cuando otros estaban cerca, y Slade parecía un hombre que necesitaba limpiar su alma.
Pero Jazz también sabía que el autocontrol de su amigo no estaba en su apogeo. No iba a dejar
que le hiciera más daño a Jessie de lo que ya le había causado, incluso por amistad. A veces, un
hombre sólo tenía que dejar la amistad de lado, y para Jazz, este era uno de esos momentos.

—¿No es hermosa, Jazz? —Susurró Slade, su voz casi demasiado suave para escuchar
mientras él hacía la pregunta—. Pienso que es la cosa más bonita del mundo.

Sí, lo era. Pero Slade no necesitaba esa respuesta.

—Ella es como un fuego en el invierno. Te calienta incluso cuando no sabes que estás frío. —
La voz de Slade era dura—. Cuida de ella por mí, ¿quieres, Jazz? No dejes que esos hijos de puta
por ahí la toquen. Si lo hacen tendré que matarlos. No seré capaz de evitarlo.

Su voz era desigual, trayendo una punzada de calor a los ojos de Jazz. Maldita sea, ese chico
estaba matándose a sí mismo. Jazz sintió que se le encogía el corazón por la emoción que
llenaba la voz de Slade, irradiando de él mientras se inclinaba hacia la chica.

—La mantendré a salvo por ti, hombre. —Era lo menos que podía hacer. Slade había sacado
su culo de una gran cantidad de problemas cuando eran jóvenes—. No van a tocarla.

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Serie Chicos del verano 01

¿Cómo iba a manejar eso?, no lo sabía. Pero lo haría. No sólo por Slade, sino por Jessie. A
veces podrías mirar a dos personas y ver que el mundo tenía cosas guardadas para ellos, juntos.
Slade y Jessie eran dos de esas personas. Esto no había terminado para ellos, ni de cerca.
Simplemente se está retrasando un poco, por cualquier razón.

Observó entonces como Slade se inclinó más cerca, dio un beso en los suaves labios, luego
puso su cabeza junto a la chica mientras le susurraba al oído. Lo que estaba diciendo, Jazz no
pudo oírlo, pero podía oír la necesidad, el hambre arañando a través del tono bajo.

—Te amo, Slade —Las palabras fueron mal articuladas en el sueño mientras Jessie se movía,
acurrucándose más cerca de Slade, sus manos buscándolo antes de caer en la cama con un
pequeño gemido cuando Slade se echó hacia atrás.

Estaba blanco como el papel, sus ojos grises casi negros, las manos temblorosas, mientras él
las empujó por su pelo antes de cerrarlas en puños. Se quedó mirando a Jessie, su garganta
trabajando convulsivamente, su expresión agonizante iluminada por el resplandor de la luna
vertiéndose en la habitación.

—No permitas que la lastimen. —Su voz fue estrangulada cuando se volvió y salió de la
habitación y segundos después de la caravana.

Jazz miró la cama de nuevo, y su corazón se rompió. Aún dormida, pero las lágrimas bajaban
por sus mejillas y cuando habló, las palabras estaban tan llenas de amor, de deseo, que Jazz se
vio obligado a limpiar sus propios ojos.

—Tengo frío, Slade…

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CAPÍTULO 09

Cinco años después

—Jazz, eres un vago. —Jessie hizo su camino a través de su caravana recogiendo latas
desechadas de cerveza, bolsas de patatas fritas rancias, un par de pantalones cortos de natación,
todavía húmedos, que yacían por suerte en el piso de linóleo de la pequeña cocina en vez de la
moqueta de la pequeña sala de estar. El hombre era tan inútil. Necesitaba un ama de llaves, no
un amante o esposa. Él necesitaba una niñera a tiempo completo.

—Sí, mis madres adoptivas siempre dijeron eso. —Se rascó sus magros abdominales,
mirándola de reojo mientras ella se agachaba para comprobar el horno y asegurarse de que
nada estaba creciendo allí antes de abrir la puerta para inspeccionar completamente—. Puedes
cuidarme, Jessie. Estoy seguro que podrías volverme sumiso.

Ella lo miró por el rabillo del ojo antes de ponerlos en blanco y sacudir la cabeza.

—No apuestes por eso —resopló mientras cerraba la puerta del horno—. ¿Cuándo limpié
este lugar por última vez? Podría haber jurado que estuve el mes pasado trabajando mi trasero
durante tres días seguidos. Tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo, Jazz.

—¿Cómo qué? —Él apoyó su mano sobre la viga del techo de arriba que separaba la cocina
de la sala de estar—. ¿Cómo ocultarte en tu maldito apartamento y amamantar tu corazón roto?
Vamos, Jessie, han pasado cinco años.

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Serie Chicos del verano 01

Ella lo miró entonces, el ceño fruncido entre sus cejas mientras lo miraba con confusión.
¿Qué demonios estaba pasando con esto?

—No he amamantado un corazón roto en años —le aseguró ella con un gesto de la mano—.
El apartamento es tranquilo, y tengo trabajo que hacer. Mantenerme al día con los libros de
Rigor es un trabajo de tiempo completo con todos los proyectos en marcha, y tengo planes de
lecciones a considerar. Cuando termine el verano tengo que volver al trabajo. ¿Recuerdas?

Él gruñó, su expresión tornándose tranquilo, sus ojos azules de mal humor. Eso no era una
buena cosa. Cuando Jazz se ponía así, por lo general pasaba algo. Con la esperanza de evitar
otro de sus regaños de “enfréntate al pasado”, se movió a través de la caravana, arrojando la
ropa sucia en la pequeña canasta que estaba en el dormitorio antes de regresar a la cocina.

—¿Todavía diciéndole buenas noches?

Se quedó paralizada ante la pregunta. Girando lentamente, se enfrentó a su mejor amigo con
una chispa de ira.

—¿De qué diablos estás hablando?

—He dormido contigo, Jessie —gruñó—. ¿Crees que se puede ocultar el hecho de que le
susurras buenas noches antes de dormirte? Tengo un maldito buen oído, nena.

Ella se lamió los labios, no por nerviosismo o vergüenza, más bien porque no quería
responder a la pregunta.

—No voy a discutir de esto contigo. —Ella se alejó de él, abrió el grifo antes de arrojar a
chorros una pequeña cantidad de jabón entre los platos sucios que había colocado en el
fregadero.

—Dulce, si puedes fingir que él es quien te folla, mientras yo soy quien bombeo y embisto,
entonces puedes discutir esto.

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Serie Chicos del verano 01

Se agachó, a duras penas, cuando el cristal voló de su mano, apuntando a su cabeza. La


sonrisa que curvó sus labios era pura satisfacción masculina.

—A la mierda esto —le espetó—. Limpia tu propio jodido chiquero, yo no lo haré.

Se secó las manos en un paño de cocina, ocultando los nervios que sacudían sus dedos, una
banda apretada envolviéndose alrededor de su pecho. La culpa era bastante mala sin que él se la
lanzara a la cara. Algunos días, era lo único que podía hacer para enfrentarse a él sabiendo lo
que había hecho. Ella era condenadamente afortunada que aquello no hubiera destruido su
amistad. Todavía podía.

—Cariño, te dije que no me importaba. —Él le bloqueó mientras ella intentaba salir de la
caravana, una suave sonrisa en sus labios, en los ojos—. Simplemente estoy tratando de hacer
un punto aquí. No estás dejando ir el pasado…

—No necesito saber nada más de tus malditos sermones. Entre tú, Zack y Ron, he tenido
bastante de eso. —Ella le enterró el dedo en su duro pecho, consciente de que la feroz acción
tuvo muy poco efecto sobre él—. Sólo porque no estoy extendiendo mis piernas para cualquier
idiota con una polla dura no significa que no he enfrentado el pasado. Infierno. —Ella levantó
las manos con exasperación—. ¿A qué hay que hacer frente, Jazz? Él vino, se fue. Fin de la
historia. Adiós, Slade. Que se joda.

—Tienes tantas ganas de follarlo que sólo hablar te pone mojada. —No estaba enfadado, no
peleaba con ella. Estaba divirtiéndose. No riéndose de ella, pero deliberadamente empujándola
por cualquier razón.

Jessie dio un paso atrás, apoyando las manos en las caderas mientras lo miraba con los ojos
entrecerrados.

—¿Cual demonios es tu problema? Muy bien, me follaste, lloré por él. No sólo una vez, no
sólo dos veces. ¿Y qué carajo? Sabías qué diablos estabas haciendo cuando ocurrió.

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—Tal vez quiero que me folles y sea diferente. —Se encogió de hombros casualmente, y ella
podría, podría haber creído que eso era todo, si no fuera por el hecho de que ella podía ver las
evasivas en sus ojos, la diversión acechando aún más profundo.

Jessie dio un paso atrás, la cautela llenándola ahora. Esta era una parte de Jazz que no sabía
cómo manejar. El manipulador. Y maldito si podría averiguar qué demonios estaba haciendo
hasta que el juego había terminado.

—¿Qué significa eso? —Ella sacudió la cabeza con cautela.

—Exactamente lo que dije. —Dejó caer sus brazos, sus labios curvándose en una sonrisa por
la que la mayoría de las mujeres se desmayaban—. Tal vez la próxima vez que te esté
acariciando todo el cuerpo y te sostenga en contra de mí, quiero que pienses en mí, en lugar de
Slade Colter.

Jessie se apartó de él, empujando los dedos por su pelo antes de envolver sus brazos sobre su
pecho. En realidad no había dormido con Jazz a menudo. Sólo lo suficiente para pasar un par de
malas noches, no lo suficiente como para arriesgar sus corazones. Generalmente, cada vez que
él dejaba a alguna mujer, y cuando ella necesitaba más que una cama fría y un sueño para
aliviar la inquietud que arañaba su pecho. Pero no lo suficiente para aliviar el dolor. Había
llorado cada vez, curvándose lejos de él, odiándose a sí misma por su debilidad.

Había olvidado a Slade ahora. No se había despertado llorando por él en casi dos años. A
veces, a veces su nombre estaba en la punta de la lengua, pero ella lo había amado durante
tantos años que solo se sentía natural.

—No pensaba en Slade. —Ella no iba a pelear con él, pero incluso mientras decía las
palabras, sabía que estaba mintiendo. Ella bajó la cabeza, mirando al suelo mientras ella apretó
los dientes contra la furia de ese pensamiento.

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Serie Chicos del verano 01

—Todavía le susurras las buenas noches, incluso si estás dormida cuando lo haces, Jess —él
finalmente suspiró—. Todavía susurras su nombre cuando tienes frío, y te callas y te pones de
mal humor si hablamos de él. No has tenido citas…

—Tengo citas todo el tiempo —replicó ella sin calor en la voz.

—Tímidos chicos que no se pueden comparar con Slade. Apuesto que sus pollas son
pequeñas y sus cerebros aún más pequeños. Olvídate de eso. —Él chasqueó los dedos,
levantando los ojos, como si rezara antes de contemplarla de nuevo—. En realidad no te los
follas, ¿cómo lo sabrías?

—Te follé a ti —gruñó ella —. Ves, dejé el pasado atrás.

—Me follaste porque piensas que soy una apuesta segura —gruñó él de vuelta—. Bueno, tal
vez quiero más ahora.

Eso la sorprendió. Ella le devolvió la mirada, consciente de su sorpresa mientras sus manos se
juntaban en el pareo que llevaba sobre su traje de baño.

—¿Quieres más? —Ella frunció el ceño, sacudiendo la cabeza.

—Sí. Más. —Él asintió con la cabeza lentamente—. Tal vez yo quiero que te enamores de mí
de esa manera. Me estoy haciendo mayor, infierno, es el momento de sentar cabeza. Tal vez
quiero casarme contigo.

¿Tal vez? ¿Tal vez? ¿Qué demonios pasaba con los tal vez? Jazz no era un hombre de —tal
vez—. Él siempre sabía exactamente lo que quería e iba directo tras ello. Sin remordimientos,
sin recriminaciones y sin filosofar. Ese era su lema. O lo había sido.

—Y tal vez has perdido la jodida cabeza. —Ella entrecerró los ojos en él, tratando de
averiguar cuál era su problema—. No solo decides casarte así como así, Jazz. No funciona de esa
manera.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Tal vez estoy enamorado de ti y simplemente no quiero correr el riesgo de ser rechazado.
Sabes lo que el rechazo me hace. La idea hace que mi pobre cuerpo tiemble de miedo.

Jessie lo miró con incredulidad. Volviendo al fregadero empezó a olfatear las latas de
cerveza. Alguien le había dado matarratas en lugar de licor.

—Divertida Señorita Sabelotodo. —Él se rió luego fue se acercó pero ella evadió su agarre y
se dirigió a la salida.

—Limpia este basurero —le espetó—. No voy a limpiarlo de nuevo. Y que me aspen si me
quedo a escuchar tus estupideces. Averigua qué tipo de abeja tienes en el culo y deshazte de ella
antes de que me deshaga de ella por ti.

Él siguió afuera rápidamente.

—Tal vez el problema es, que yo quiero estar en tu culo —gruñó cuando estuvieron bajo el
toldo—. Vamos, Jess. Prometo no hacerte daño. Déjame tener tu culo…

Se dio la vuelta para darle una bofetada, pero un grito sorprendido salió como un gruñido
furioso detrás de ella. Un segundo más tarde Jazz estaba volando en el claro, la cabeza primero,
y una figura alta, demasiado familiar saltaba tras él.

—Cabrón mentiroso. —Un puño se estrelló contra el rostro de Jazz, lanzándolo hacia atrás
antes de que incluso tuviera la oportunidad de ponerse de pie—. Hijo de puta, te voy a matar.

—¡Ron! —Jessie estaba gritando por el patriarca del campamento, sabiendo que si alguien
podía calmar a la bestia enfurecida empeñada en romper la cabeza de Jazz, era Ron—. Zack. —
Él podría necesitar refuerzos. El único problema era que no estaban haciendo nada para ayudar.

Puños volaban y si Jessie no se equivocaba, había una posibilidad malditamente buena que
alguien terminara muerto. U hospitalizado.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Podrías detenerlos? —Ella corrió a Zack, agarrando su poderoso antebrazo y mirándolo


de forma suplicante.

—Diablos, no. Lo más divertido que he visto aquí en años —dijo arrastrando las palabras,
levantando la cerveza en la otra mano mientras miraba a Ron—. Apuesto por Slade. Acaba de
regresar y ese chico tiene una furia reprimida. Cincuenta dólares.

—Nah, Jazz lo vencerá. Él tiene poder de permanencia… —El dinero fue pasado a Ron.

—¡Como el infierno! —Gruñó Jessie, furia azotando a través de ella mientras golpeaba la
mano que él estiró para intentar atraparla cuando se volvió y corrió a los dos combatientes.

—Basta. —Ella se empujó entre ellos en el momento en que vio una abertura, cerrando las
dos manos en el duro pecho de Slade mientras el puño venía volando hacia su cara.

Él se detuvo. Apenas.

Los ojos de Jessie miraron el puño en estado de shock. Amplio, duro como una roca, raspado
y sangrando, y a no más de un centímetro de su nariz. Tragando con fuerza, levantó los ojos
hacia su rostro y sintió primero la impactante conciencia como un puñetazo en el vientre.

Ojos grises enfurecidos le devolvieron la mirada, luego a su puño, mientras Jazz se ponía en
pie, agarrando sus hombros y jadeando encima de ella.

—Infierno, nena, creo que Slade está loco. ¿Qué piensas? ¿Fue el comentario de tu culo?

Slade gruñó una maldición tan explícita que Jessie se estremeció de miedo ante la rabia en su
voz.

—Los dos son unos asnos. —Ella estaba luchando por respirar, con rabia, confusión y un eco
de dolor del pasado, mirando a un Slade mayor, más duro, sus manos encrespándose contra su
pecho mientras el calor y las sensaciones de placer corrían a través de su sistema.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ella se echó hacia atrás, sus dientes chasqueando juntos en auto-disgusto mientras miraba de
nuevo en su oscura, prohibida la expresión. Vio la negra furia que lo abrumaba mientras
miraba las manos del jazz en sus hombros, mirándola a los ojos, y luego de nuevo a las manos.

Ella no podía moverse. Estaba hipnotizada por él, por el salvajismo en su expresión, la furia
al rojo vivo que volvió negros sus ojos grises.

Slade era el hogar. No podía ver nada, no podía sentir nada más allá del hecho de que él
estaba de vuelta.

—Oye, nena, quiero señalar que estás mirándolo como si fuera carne fresca y te estás
muriendo de hambre. No es buena para esa afirmación de haberlo superado, ya sabes —Jazz
habló en su oído, su voz divertida, sus manos acariciando con franqueza sobre sus hombros
mientras la mirada de Slade rompía sobre ellos, trayendo a Jessie de vuelta a la realidad.

—¿Has perdido la cabeza? —Se burló, empujando a Jazz mientras ella se retiraba también.
Estaba siguiendo su ejemplo demasiado fácilmente—. ¿Estáis locos los dos?

Su rostro enrojeció de vergüenza cuando vio a la multitud reunida detrás de Slade, viendo el
interés en el escándalo que se desarrollaba ante ellos.

—¡Quítale las malditas manos de encima! —La voz de Slade era baja, un gruñido áspero y
furioso que envió la alarma sacudiendo a través de Jessie.

Evidentemente, Jazz no estaba en su estado de ánimo normalmente inteligente.

—Hey, tú me la diste para que la cuidara. Sólo hice lo que me pediste. Estoy cuidando de ella.

El shock sacudió a través de su sistema cuando ella se volvió hacia Slade, rabia quemando
lentamente dentro de ella mientras la verdad comenzaba a llenarla.

—La tocaste.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Jazz suspiró.

—Sí. Lo hice. Y vaya que lo hice…

Jessie lo golpeó con el codo en el abdomen, sonriendo con placer agudo ante su respiración
contenida. Podía sentir su cuerpo temblando de adentro hacia afuera, la ira carcomiendo su
control antes de que ella se alejara de ellos.

—¿Me entregaste a él? —Sus labios temblaban, sus manos apretándose en puños para
mantener que la furia no explotara a través de ella—. ¿Te atreviste a pedirle a otro que cuidara
de mí? —Ella estaba gritando, sólo apenas consciente del tono de su voz cuando su brazo se
estiró, involuntariamente, la ira creciente tan duro y rápido en su interior que ella no era
consciente de lo que estaba haciendo hasta que sintió la conmoción de su puño conectar con su
mandíbula.

Su cabeza se sacudió hacia un lado y luego hacia atrás, su mirada penetrante, casi negra, su
cuerpo apretado, su expresión dibujada en líneas de peligrosa rabia profunda.

—Antes de que me golpees, necesito señalar que he sido un chico muy bueno últimamente.
—Jazz levantó las manos frente a él, sonriendo a pesar de la condición ensangrentado y
magullado de su rostro—. Incluso me comprometo a limpiar mi basurero.

Él no estaba en absoluto arrepentido. No mostraba incluso una pizca de remordimiento.


Jessie podía sentir los ojos en ella, decenas mirando la escena con fascinación mientras ella se
apartaba de los dos hombres, lágrimas llenando sus ojos cuando la traición pasaba a través de
ella.

—No tienes derecho. —Ella señaló con un dedo tembloroso hacia Slade—. No tienes
derechos. Tú lo sabes y yo lo sé.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

No habló. Él le devolvió la mirada, la tormenta en sus ojos, su expresión estoica mientras la


miraba.

—¡Tú eres mía! —La ronca afirmación la hizo parpadear en estado de shock.

—¿Tuya? —Ella se irguió con cuidado, una burlona sonrisa retorciendo sus labios al sentir el
dolor, la humillación que había sentido durante años envolviéndose a su alrededor—. No, Slade.
No he sido tuya durante mucho, mucho tiempo. Y nunca lo seré de nuevo. —Ella se volvió,
burlándose de los tres hombres que se habían negado a ayudarla antes—. Hay una opción,
chicos. Si yo fuera ustedes, me guardaría el dinero.

Se dio la vuelta, pisando fuerte lejos de ellos, sin importarle si se mataban unos a otros
mientras se abría paso entre la multitud, moviéndose a la caravana que ahora deseaba haber
quemado como una vez había considerado. Ahí se localizaba su dolor más grande. Por Dios,
todavía podía quemarla.

—Mira lo que has hecho —espetó Jazz mientras ambos observaban la caravana de Jessie en
la línea de vehículos e iba por el camino hacia la carretera principal—. Ella se está yendo, y ella
me hará pucheros a mí durante semanas. Seguro como el infierno sabes cómo arruinar una
fiesta, Slade.

Slade no podía apartar los ojos de Jessie. Sus hombros estaban rígidos y rectos en el interior
con poca luz, la cabeza recta, no miró hacia él, no miró atrás. Esta no era la mujer que había
dejado. La que nunca gritaba, que siempre reía, cuyos ojos brillaban con luz y amor.

Esta era la mujer que había dejado en su apartamento, desplomada en el suelo, con el
abatimiento estropeando cada línea de su cuerpo. La había visto a través de los listones
parcialmente abiertos de las sombras de la noche, la vio echarse en el suelo, vio las lágrimas que
corrían por su rostro mientras miraba al frente. No había habido sollozos, ni gritos, sólo una

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

miseria silenciosa que nunca había olvidado. Una miseria que hacía juego con la que se
construyó en su interior con cada año lejos de ella.

Mientras la multitud se desvanecía, se quedó mirando fijamente a Jazz, Zack y Ron. Los tres
hombres lucían diversos grados de sospecha y simpatía. Finalmente Zack negó con la cabeza.

—Deberías haber llamado, Slade. Yo podría haberte advertido.

Él no había llamado a nadie más que a Jazz. Sólo Jazz había visto el dolor y la rabia
matándolo, sólo Jazz le había dado lo que necesitaba para alejarse de Jessie. Se volvió hacia su
amigo, con los ojos entrecerrados, rabia corroyendo en él.

—Me golpeas de nuevo, y voy a devolverte el golpe —murmuró Jazz, las palabras sólo para
sus oídos—. Podemos hablar o podemos luchar. Tu elección.

Eran hermanos en un sentido. Slade, Jazz y Zack se habían conocido en un hogar de acogida
fuera de la ciudad hace más de dos décadas. Todos no deseados, considerados demasiado
salvajes, demasiado incontrolables para la adopción. Ellos fueron a hogares de paso a menudo,
pero siempre volvían. Y estaban unidos.

Slade nunca habría imaginado que Jazz lo traicionaría tan a fondo como para llevar a Jessie
a su cama. Tocarla, Dios, amarla. ¿Lo había olvidado tan fácilmente? Por supuesto que no, no lo
había hecho. Ella no podía, porque su alma había muerto sin ella, sólo para respirar, vivir de
nuevo con su regreso.

—Que te jodan —espetó Slade, empujando al otro hombre y se dirigía a su moto. Sabía a
dónde iba ella, era tan instintivo para ella como lo había sido para él. Él lo sabía. Lo sintió en su
alma. Ella iba al pequeño lugar de campamento donde había aparcado su caravana una vez
antes, el único lugar donde el silencio y la paz de la tierra podrían aliviar cualquier dolor que
los llenara.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Oh, no, no, amigo. —Jazz le dio la vuelta, saltando hacia atrás antes que Slade pudiera
arremeter—. No irás tras ella. La dejaste, ¿recuerdas? Cinco años, hombre. Ella ya no es tuya.

El infierno que no lo era.

—¿Estás reclamándola? —Slade odiaba matar a un amigo, pero él estaría condenado si


dejaba a alguien interponerse entre él y Jessie.

—No me empujes, Slade. Jessie decidirá lo que quiere, no yo, no tú. Ahora vamos a hablar, o
podemos luchar. Esas son tus únicas opciones. Ir tras ella en este momento no es una opción.

Slade apretó los puños, decidido a apartar a Jazz fuera del camino y buscar a la mujer que lo
había atormentado durante cinco agónicos y largos años. Antes de que pudiera, Jazz, Zack y
Ron se movían a su alrededor.

—También tomar una copa y olvidarse de ello, hijo. —Ron empujó una cerveza en su mano,
su sonrisa fría. Dura—. No irás a ninguna parte esta noche.

—Vamos, Slade. —Zack le dio una palmada en el hombro, con el rostro adusto con escasa
hostilidad, pero lleno de determinación—. Harías lo mismo. Deja que se acostumbre a la idea de
que estás de vuelta, no importa el problema que hayas armado. Todos tenemos que hablar de
todos modos, ha pasado un largo tiempo, y hay un montón de cosas que no nos dijiste antes de
irte. —Había recriminación en su voz.

Su mirada cortó de nuevo a Jazz.

El idiota se encogió de hombros.

—Hey, te vieron salir de mi caravana ayer por la noche, y sus puños son casi tan duros como
los tuyos. Me gusta estar guapo, ya sabes. —Se acomodó la mandíbula con una mano—. Vamos
a compartir una bebida fuerte, hombre. Tus puños se han hecho más fuerte.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Slade quería sacudir la cabeza, obligarse a sí mismo a volver a la realidad. ¿Su mejor amigo
se había acostado con la mujer que sostenía el alma de Slade y tenía que compartir una copa
con él?

—Se estaba muriendo por dentro, hombre —Jazz le dijo en voz baja a continuación—. Ella
susurró tu nombre, lloró por ti, y la dejé fingir. ¿Quién era mejor? ¿Yo o uno de esos patanes?
—Hizo un gesto con la mano hacia la multitud detrás de ellos, sus palabras llegando a no más
allá de los oídos de Slade—. La cuidé por ti, hombre, como lo prometí. —Entonces una sonrisa
maliciosa cruzó su rostro—. Tal vez. Estoy pensando… tal vez podría ganártela.

Jazz paseó fuera mientras Slade miraba su espalda pensativamente. ¿Qué demonios pasaba
con los tal vez?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 10

Era dueña de la caravana que Slade había vendido, por lo que en realidad no había ningún
lugar donde huir que Slade no pudiera encontrarla. Pero ella no tenía intenciones de huir. No se
dirigió al pequeño camping. Ante la sospecha de que él la seguiría. Regresó a su apartamento en
su lugar, subiendo los escalones frente a las oficinas de Rigor Construction al gran apartamento
que le había alquilado a Jazz y Zack varios años antes. Cerró la puerta con cuidado,
encendiendo el sistema de seguridad y luego se trasladó a través de la sala de estar a oscuras a
su dormitorio.

Era el apartamento de Slade también. Había dormido aquí, en esa cama grande, a veces
durante semanas mientras construía su casa. Acababa de terminar la casa el mes antes de ese
nefasto fin de semana que habían pasado juntos. Hasta entonces, este había sido su hogar.

No, ella nunca había conseguido superarlo, pensó mientras se movía hacia el dormitorio. Ella
nunca había olvidado, algo dentro de ella se había negado a dejar ir el pasado.

Había instalado puertas correderas en la pared posterior de la habitación, con una puerta de
pantalla de bloqueo para permitir que entrara la brisa de verano fresco en la habitación
mientras permanecía dentro en las noches de verano. Afuera, el balcón que Jazz y Zack le
construyeron la atraía, si sólo se calmara el cansancio desgarrando en ella. Abrió las puertas de
cristal, dejando la pantalla asegurada antes de meterse en la cama, mirando a través de la
pantalla en la noche oscura mientras se acostumbraba al hecho de que Slade estaba de vuelta.
Más duro, más amplio. Un Slade más peligroso.

Uno al que no era más inmune ahora de lo que había sido cinco años antes.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Se pasó las manos por la cara, respirando ásperamente mientras luchaba por dar sentido a su
regreso. La había dejado cinco años antes. Después de un increíble fin de semana de sexo, se
había alejado, alegando su falta de madurez como la razón por la que no la quería, y tres
semanas más tarde había desaparecido, llevándose a Amy Jennings con él. La experta,
sofisticada Amy Jennings se había casado con él, vivido con él.

La noticia de que Amy había muerto unos meses antes en D.C había alcanzado los cotilleos
en la ciudad unos días antes, pero Jessie no había esperado que Slade volviera. ¿Por qué lo
haría? No había nada aquí para él.

Ella hizo una mueca ante el dolor que se apoderó de ella. El conocimiento de que otra mujer
le había reclamado casi la había destruido cuando se enteró. Esa había sido la primera noche
que se había acostado con Jazz. Gritando el nombre de Slade, sosteniendo a otro hombre
mientras le susurraba las palabras adecuadas y permitiendo que ella fingiera, aunque sólo fuera
por un rato, que no había sido una tonta, que no había perdido a la única persona que sabía
había amado verdaderamente.

Recordó su vergüenza cuando se despertó a la mañana siguiente. Cómo se encogió lejos de él,
el apretón de su estómago mientras la bilis subía a su garganta.

Está bien, Dulce. Solo somos tú y yo. Amigos. Úsame, Jessie, no hay vergüenza en ello cuando
no hay mentiras susurradas. Tú no me amas. Yo no te amo. Permíteme hacer esto más fácil.

Ella había sido tan débil. Muy débil. A través de los años ella y Jazz habían caído en una
rutina. Cuando la soledad era demasiado difícil de soportar, él estaba allí. Y nunca le importó
que fuera Slade a quien anhelara. Incluso en su sueño, ella todavía lo llamaba.

Se consoló que hubiera pasado más de un año desde que se había acostado con Jazz. Que en
los cinco años desde que Slade se fue, ella podía contar menos de una docena de veces donde le
permitió entrar a su cama. Una docena de veces era demasiado, admitió fácilmente.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¡Estúpida! —Gruñó para sí misma, su puño golpeando en la cama mientras apretaba los
dientes contra la ira surgiendo a través de ella.

Y ¿por qué debería estar enojada? ¿Por qué debería sentir vergüenza? Él la dejó.

Saltó de la cama, caminando por el piso mientras dejaba que la ira aumentara. Mejor ira que
excitación. Ella se negó a sentir excitación. Sus dedos se cerraron mientras recordaba el calor y
la dureza de su pecho bajo sus palmas, recordó la forma en que la miraba, comiéndola con los
ojos, incluso a medida que se arremolinaban con rabia. Peor aún, recordó su respuesta ante ello.
Un rayo caliente, surgiendo a través de su torrente sanguíneo, despertando un hambre dentro
de ella que no había conocido desde la última vez que él había tocado.

Y ella lo odiaba.

Un grito ahogado de furia salió de su garganta.

—Eres un hijo de puta —gruñó—. Bastardo. Inconcebible, hijo de puta, cabrón…

—Tu lenguaje ha ido cuesta abajo. Jazz no ha sido una buena influencia para ti.

Ella se sacudió, mirando la pantalla abierta del balcón, con el corazón acelerado mientras
Slade estaba allí, apoyado en el marco de la puerta mientras la miraba.

—¿Lo mataste? —Si él no lo había hecho, ella lo haría.

Un resoplido burlón salió de sus labios.

—No vale la pena matarlo. Creo que podrías haber debilitado su mente, sin embargo. Todos
esos idiotas tal vez estaban sacándome de quicio.

—¿Por qué estás aquí? —De repente se sintió menos cómoda mientras sacudía su bata de
una silla y se la ataba firmemente.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Entró en la habitación, cerrando la puerta detrás de él, su expresión ensombrecida, sus ojos
puntitos de hambrienta lujuria. Podía sentirlo en el aire a su alrededor, girando, brillando entre
ellos. Sus pechos apretados mientras lo miraba, sus pezones presionando contra la túnica
mientras los pliegues de su coño encerado comenzaban a humedecerse con una capa de sus
jugos.

Echó un vistazo a la cama.

—¿Quieres llevar esto a la sala de estar, Jessie? ¿O lo hacemos aquí?

Ella tragó con fuerza.

—Te puedo decir el hijo de puta que eres aquí como en cualquier otro lugar, Slade —sonrió
con burla aguda, fingiendo que su cuerpo no estaba gritando por su toque.

—Si puedes hacerlo mientras mi polla está golpeando en ese pequeño coño apretado, no hay
problema. —Se encogió de hombros como si no importara—. Pero así será. Y vas a gritar.
Depende de ti.

Sintió un crepitante calor correr sobre su cuero cabelludo antes de extenderse por su cuerpo.
Golpeó su clítoris como el látigo de un relámpago, enviando un pulso de dolorosa necesidad
que casi la dejó sin aliento.

—Tan confiado —canturreó burlonamente, dejando que sus labios se levantaran en una
mueca mientras ella pasaba su mirada sobre él. Ella no quería notar lo condenadamente bien
que se veía. Pantalones vaqueros ajustados, una camiseta oscura estirándose sobre su musculoso
y amplio pecho. Su rostro estaba más delgado, más duro, su mirada no sólo hambriento,
también bordeando lo voraz.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Confiado? —Reflexionó, arqueando las cejas mientras su mirada iba sobre ella de
nuevo—. Si eso es lo que deseas ver. No importa realmente en este punto. Esto va a suceder.
¿Ocurrirá ahora o hablamos primero?

—No pasará nada —gruñó—. Te fuiste, Slade. ¿Recuerdas? Yo no era lo suficientemente


madura para ti. —Esa herida que era su corazón sangró por el recuerdo—. ¿Te acuerdas de eso,
Slade? —Se lanzó hacia él furiosamente, cinco años de dolor y rabia haciendo erupción dentro
de ella—. ¿Te acuerdas de cómo lo hiciste? ¿Te acuerdas de la facilidad con la que lo hiciste?
Adivina qué, semental, no pensé mucho en el “postre” que ya has proporcionado.

Su expresión se contrajo por un segundo, una mueca llena de dolor que se suavizó tan
rápido como llegó.

Respirando ásperamente, se apartó de él, temblando mientras luchaba por contener la oleada
de violencia y rabia a través de ella mientras caminaba de la sala a la cocina.

—Me equivoqué.

Por segunda vez en la noche arrojó un vaso. Se estrelló contra la pared sobre su cabeza
mientras él se agachaba, moviéndose rápidamente hacia un lado mientras fragmentos llovían a
su alrededor.

—Es demasiado tarde —gritó, con los puños apretados a su lado, cinco años de agonía
rasgando a través de ella mientras la causa de la soledad, el frío dolor que la llenaba, estaba allí
delante de ella indemne.

—No aceptaré eso. —Su voz era baja, demasiado controlada, demasiado paciente mientras se
movía hacia ella.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—No tienes elección. —Risa amarga escapó de su garganta cuando ella se negó a retirarse,
de pie frente a él, mirándolo, odiando la excitación, el dolor llenándola—. ¿Vas a violarme,
Slade? ¿Vas a tomar algo que no ha sido tuyo desde hace cinco años?

—Lo arreglaré por ti, Jessie. —Su voz vibraba con necesidad oscuro.

—¿Lo harás, Slade? —Ella lo miró, la furia y violencia que la llenaba, rasgándola—. ¿Puedes
ir atrás en el tiempo? ¿Puedes borrar lo que hiciste? ¿Puedes hacerme jodidamente olvidar que
te se casaste con otra mujer y te fuiste con ella semanas después de pisotear mi corazón en la
tierra?

—Jessie…

—¿Sabes una cosa, semental? —Su risa se arrancó de su pecho—. Ni siquiera me importa
una mierda ahora. No importa una mierda. No te he extrañado en…

Antes de que pudiera escapar, él la atrajo hacia él, bajando la cabeza, sus labios calmando la
ira incluso cuando encendía cinco años de desesperada necesidad. Su lengua se hundió en su
boca mientras la arrastraba hacia el pecho, la cabeza inclinada, los labios sobre los de ella,
devorando sus labios mientras un ronco gemido se arrancaba de su garganta. Llevó las manos a
sus hombros, las uñas escavando profundo mientras su hambre, su sed, comenzaba a alimentar
la suya.

Sus labios mordieron los suyos para obligarlos a abrirse, su lengua hundiéndose dentro otra
vez y otra vez mientras una mano se enroscaba a través de su pelo, agarrando los gruesos
filamentos y le tiraba la cabeza hacia atrás bruscamente.

Más profundo, implacable, los embates de su boca extendiéndose por sus sentidos, mientras
ambos parecían alimentar al resto de los sueños perdidos, el hambre, el doloroso vacío del año
pasado. Una marca ardiente aumentando a través de ella mientras luchaba por acercarse,

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

batallando para purgar el lazo que la sujetaba en las garras de la pena de un fin de semana de
recuerdos. El toque de un hombre. El hambre de este hombre.

—¿Jazz te complació, nena? —Él arrancó sus labios de los de ella, con la voz grave—. ¿Te
corriste con él hasta que le suplicaste que se detuviera? ¿Te ponía más caliente cada vez que te
tocaba?

Los dedos en su cabeza la mantenían en su lugar mientras mostraba sus dientes, el gruñido
primitivo en su rostro casi aterrador de contemplar.

—No… —Espetó ella, odiando la satisfacción de que lo llenaba—. Lo hizo bien la primera
vez.

Él la lanzó lejos, apenas agarrándola antes de que ella tropezara con una silla de la cocina,
irguiéndola antes de que él fuera hacia el otro lado de la habitación, su respiración agitada, la
furia irradiando de su tenso cuerpo mientras se mantenía de espaldas a ella.

—Vas a lograr que mate a un hombre —gruñó—. Uno con el que crecí, confié con mi vida.
—Se volvió de nuevo hacia ella, atravesándola con las profundidades lívidas de sus ojos—. No
hagas eso, nena…

—No me llames eso —espetó, su voz áspera—. No soy tu nena, no soy tu nada. No soy tuya y
no soy de Jazz. Los dos se pueden follar el uno al otro por lo que me importa.

—Me gusta tu culo mejor —gruñó—. Ahora es el momento equivocado para mentirme,
Jessie. Ódiame si tienes que hacerlo, maldíceme si es necesario, pero no me mientas sobre esto.

—No tienes derecho a exigir nada —gritó ella, su corazón latía con fuerza, su coño húmedo.
Ella lo odiaba. Odiaba todo lo que le había hecho, la hacía sentir, todo lo que ella no podía
olvidar. Ella lo odiaba. Con tanta fiereza como su hambre por él.

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Serie Chicos del verano 01

—Vete. —estaba llorando. Podía sentir las lágrimas correr por sus mejillas ahora, y tenía otra
razón para odiarlo—. Tú no me deseabas, entonces, y yo no te deseo ahora.

—Mentirosa. —No había calor en su voz, ni ira—. Te lastimé. Dios sabe que he pagado por
ello un millón de veces en los últimos cinco años. Te mentí y te dejé. Y no tengo derecho a estar
aquí. Sé todo eso, Jessie. Pero no va a cambiar el hecho de que estoy de vuelta, y no voy a dejarte
ir. Ahora no. Nunca más.

—Y nada va a cambiar el hecho de que no te quiero aquí. Límpiate la cera de los oídos,
palurdo. Vete a la mierda.

Sus labios se curvaron con diversión.

—Te extrañé, Jessie.

—Nunca pensé en ti ni una vez. —Ella agitó su mano con desdén, luchando contra la
debilidad que la llenaba, la necesidad de tocarlo, de ser tocado por él.

—¿Ni siquiera una vez? —Él suspiró, mirando alrededor del apartamento—. Eso explica por
qué compraste mi caravana. Por qué duermes en mi cama, aquí. Por qué ni un solo hilo de la
alfombra ha cambiado en cinco años. ¿Sueñas conmigo, Jessie? ¿Cómo yo he soñado contigo?
¿Caliente, profundo, llenando cada partícula de tu alma hasta que despierto empapado en
sudor, dolorido por la liberación?

—Y obtenías tu liberación, ¿no, Slade? —Ella podría no olvidarlo. Nunca podría olvidarlo—.
Amy estaba allí…

—Amy es algo de lo que tenemos que hablar —dijo él entre dientes, una mueca torciéndole
el rostro—. Dios sabe que tenemos que hacerlo. Tengo que explicar…

—¿Por qué? —Los estremecimientos estaban haciendo estragos en su cuerpo. No quería


escuchar explicaciones. No quería saber lo que hacía a Amy la mejor mujer. Ella sabía que la

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Serie Chicos del verano 01

otra mujer se había alejado con el hombre que sostenía su alma. ¿Qué más importaba?—. ¿Por
qué coño te importa, Slade? Yo no era lo suficientemente madura…

—No lo hagas. —Él negó con la cabeza, mirándola ferozmente antes de rastrillar los dedos
por su cabello mientras se encogía de hombros con cansancio.

—¿No qué? ¿Recordarte lo que dijiste? ¿Lo que hiciste? —Ella sacudió la cabeza, exhausta—.
Tienes razón, ¿cuál es el punto? No te importó entonces, y no me importa a mí ahora.

Se dio la vuelta, alejándose de él, luchando con años de sueños inútiles y una necesidad que
no podía destruir. Era peor que un drogadicto. Había habido noches, tal como él dijo, ella se
despertó sudando, gritando, tratando de alcanzarlo. Necesitando su dosis.

—Lleva a Jazz a tu cama de nuevo y lo mataré —dijo mientras se dirigía a la puerta, con los
ojos ardiendo en ella en la penumbra de la sala de estar—. No me pongas a prueba en esto,
Jessie.

—Tal vez amo a Jazz ahora, Slade —replicó ella—. Cinco años es mucho tiempo. Tal vez es
hora de dejar ir el pasado.

Él se dio la vuelta, un movimiento letal lento que la hizo tensarse con cautela.

—No empieces con los malditos tal vez, ya he tenido suficiente de ese bribón sonriendo fuera
del lago. Y mantente alejado de él, Jessie. Lo mataré. Mataré a cualquier hombre que te toque
ahora. Recuerda eso.

La puerta se abrió de golpe, sólo para cerrarse de golpe detrás de él, un segundo después,
dejándola allí mirando su espalda con incredulidad. No tenía duda de que quiso decir cada
palabra de ello.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 11

Slade no se fue. Se instaló en el apartamento al lado del de ella, manteniendo abierta la


ventana de la habitación, a sabiendas que cualquier sonido en la habitación de enfrente, al lado
de su propio balcón sería claramente oído. No podía dejarla. No podía alejarse.

Se sentó en la silla al lado de su propia puerta corredera, mirando sus manos mientras
escuchaba su rabia, escuchándola llorar. Ella arrancó su corazón una y mil veces cuando juraba
que no le importaba una mierda, y luego le dio esperanzas cuando oyó el hambre dolorosa en
su voz cuando gritó su nombre.

Las oficinas de Rigor Construction estaban fuera de la ciudad, el edificio grande tenía tres
apartamentos, una planta baja y dos arriba. Zack, como Slade, había construido su propia casa
aún más lejos de la ciudad, dejando las habitaciones de arriba libre. No había vecinos aquí, no
había razón para que nadie se acercara, escuchara la voz angustiada de Jessie gritando hacia él.
Él no podría haber resistido eso. No podría haber resistido que cualquier otra persona oyera su
dolor, conociera el suyo propio.

La había abandonado cinco años antes; la amenaza del peligro que podría suponer para ella
había sido demasiado abrumadora. Y la operación había quedado sin terminar. Era su
responsabilidad. Había firmado. Y sólo Dios sabía el remordimiento que lo había carcomido
durante cinco largos años.

La boda le había puesto en su lugar con Kingston y Baines, entonces Amy había ido un paso
más allá. Ella se había quedado embarazada. Una de las pocas noches que había compartido su
cama, y ella había quedado en embarazo. El niño había no había nada más que una entrada

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

para empujar a Slade más profundo en la organización que estaban sumidos. Pero la prueba
había llegado. Había recogido la evidencia, había trabajado de manera constante para acabar
con los hombres a los que llamó amigos, y para mantener el control sobre una mujer decidida a
que los mataran a todos ellos.

Había creído que Cody era su hijo, que conocía a Amy lo suficientemente bien como para ser
capaz de confiar en ella. No se había dado cuenta de lo profundamente implicada que se había
hecho la organización, o cómo pondría en peligro su vida, y el niño que reclamaba como suyo.

Dios, cómo había anhelado a Jessie a lo largo de los años. Había padecido hambre con una
desesperación que no tenía fin, que sólo creció con los años. Ansioso por los correos
electrónicos que enviaba el bastardo de Jazz. Imágenes. Nunca había imaginado que el otro
hombre se acostaba con ella, que estaba tomando lo que Slade creía le pertenecía solo a él.

Se pasó las manos por el rostro mientras el amanecer se asomaba en el horizonte, al darse
cuenta de que los sollozos de Jessie se habían calmado y que en algún momento, ella debía
haberse quedado dormida. Él oró porque estuviera dormida. Uno de ellos necesitaba un poco de
descanso, y Slade sabía que hasta que Jessie fuera suya otra vez, el descanso sería sólo un vago
recuerdo.

Enfrentaba una batalla en tener Jessie de vuelta y él lo sabía. Jazz y los demás se harían a un
lado, no tanto porque querían, sino porque él no tenía ninguna intención de dar marcha atrás.
La vida había sido un infierno cada minuto que había pasado lejos de Jessie. No tenía
intenciones de permanecer lejos de ella ahora.

La idea de esa separación era un dolor amargo dentro de él. Había hecho su parte para su
país y destruido su propia felicidad en el proceso. A través de la pena y su determinación de
terminar la operación de la forma más completa posible, no había prestado suficiente atención
al peligro en el que Amy se había involucrado a sí misma. Ella se suponía era un respaldo, su
matrimonio era su pasaporte en la organización, pero Amy quería más. Ella lo había visto como

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

un medio para el poder y el dinero que él no sabía que ansiaba. Era un hambre que había
pasado por alto hasta la noche en que su amante cayó por un terraplén y los mató a ambos la
noche que Kingston y Baines habían sido detenidos.

Slade casi había muerto esa noche. Había sido trabajo de Amy llamar al equipo de respaldo
de los agentes cuando él se metía en problemas. En su lugar, Amy había desaparecido. Ella había
advertido a su amante, y con su ayuda robado casi un millón de dólares en efectivo antes de
intentar escapar.

La única persona que lloró en el funeral había sido Cody. Él tenía apenas cuatro, y aunque
Amy no había sido la mejor madre, había sido todo lo que Cody había conocido. Slade suspiró
con cansancio, sacudiendo la cabeza al pensar en su hijo. Cody podría no tener su sangre, pero
él seguía siendo su hijo. Había criado a Cody, amado, dado su alma en la operación que lo había
concebido. No podía dejarlo ir.

¿Cómo se sentiría Jessie acerca de él?

Se arrastró de la silla, salió a su balcón antes de saltar la corta distancia con el de Jessie. Allí,
abrió la puerta del balcón de nuevo, dio un puñetazo en el código de la alarma y luego se quedó
mirando fijamente, llenando sus ojos de la mujer que lo había atormentado durante cinco años.

No podía quedarse esta mañana, tenía que regresar a casa de los padres de Amy y comprobar
a Cody antes de ir a la casa que había tenido cuando dejó de la ciudad. El lugar necesita abrirse
y ventilarse antes de que él y Cody se mudaran a ella.

Pisando con cuidado a través de la habitación, sólo para ver cómo estaba, pero cuando se
acercó a la cama, sintió el dolor destruyendo su pecho. Llevaba esa jodida camisa y los
pantalones que le había dado para vestirse en su casa cinco años antes. Ambos estaban
desgastados por el tiempo, agujeros en las rodillas, pero envueltos alrededor de ella,
abrazándola como él no podía.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Estaba tumbada en la parte superior de las mantas, con las mejillas encendidas, sus labios
rosados separados, su cabello oscuro se extendía alrededor de su cabeza como un halo.
Maldición, ella era más bonita que nunca. Un pequeño gatito suave y sexy que se ajustaba a su
cuerpo perfectamente.

Se arrodilló a su lado, con cuidado de no despertarla, sus dedos moviéndose a esa gloriosa
extensión de cabello, sintiendo su suavidad, disfrutando de la sensación sedosa. Él era un
hombre débil. Lo había sabido hace años, cuando se había visto obligado a alejarse de ella.
Había salido de la mierda de Loudoun tan rápido como pudo, sabiendo que si se quedaba
mucho tiempo más iba a arriesgar la vida de ambos.

Pero Dios, la había perdido. Perderla había sido como perder un miembro, perder su alma.
Rasgó un agujero a través de su espíritu que todavía sangraba por el dolor, con dolorosa
hambre. Pero él estaba de vuelta ahora, y Jessie le pertenecía. A la mierda Jazz, Zack, Ron y
quien pensara que podían mantenerlo alejado de ella. Había vivido en sus sueños, en sus
fantasías y seguro que iba a regresar a ella.

Se inclinó hacia ella, su mirada cautivada por sus labios, atraído por ella más ahora de lo que
nunca había estado antes. Mientras dormía, los labios entreabiertos mientras respiraba
profundamente, dejó que los suyos acariciaran sobre ellos. Suave satén. Calor húmedo. El
gemido que contuvo estremeció a través de su cuerpo mientras presionaba más en contra de
ella, besándola como el tesoro que era, la necesidad de contenerse rasgando sus músculos.

Hasta que sus labios se abrieron aún más. Un suave gemido brotando de su garganta cuando
ella se volvió hacia él, su brazo encrespándose alrededor de su cuello.

—Slade. —El suspiro susurrante destrozó su control.

Su lengua se deslizó entre sus labios, enredándose con los de ella, y por primera vez en cinco
años volvió a la vida. El calor explotó dentro de su cuerpo, yendo a su polla, endureciéndose

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Serie Chicos del verano 01

instantáneamente mientras su mano se curvaba detrás de su cuello mientras la otra iba en


busca de su abdomen. Sus manos se apretaron en su pelo mientras luchaba por contenerse,
limitar sus caricias solo en el beso. Y el propio beso era el paraíso. Bebieron el uno al otro,
labios, lengua y gemidos apenas contenidos alimentándose entre sí hasta que Slade se encontró
tendido en la cama grande con ella, abrazándola mientras el sabor de ella llenaba sus sentidos.

Le pasó la lengua por los labios, tirando hacia atrás lo suficiente para tomar su pequeña
lengua rosada, hundirse dentro de su boca mientras un gruñido de necesidad se arrancaba de
su garganta. Tenía las manos debajo de la camisa, tocando los firmes y endurecidos pezones
mientras la mano de ella tiraba de su camisa, luchaba con su cinturón y su hambre crecía.

Podía sentirlo, con cada segundo el beso se hacía más profundo, las manos más frenéticas
hasta que finalmente ella liberó la correa y comenzó a luchar con sus vaqueros. Su polla
palpitaba por la anticipación, sus músculos tensos, tan apretados que dolían mientras luchaba
por contenerse. Pero ella era tan dulce, como el néctar, como el jarabe caliente y suave que
sabía estaba reuniéndose en su coño.

¿Ella todavía se hacía la cera? La idea le hizo temblar las manos mientras luchaba con la
necesidad de revisar y ver. Ella todavía estaba más dormida que despierta. Él debería ser
fusilado por aprovecharse de esa manera, por dejar que sus dedos fueran a sus vaqueros,
bajaran la cremallera y alcanzaran la gruesa erección debajo de su ropa interior.

Su lengua se hundió con fuerza en su boca mientras sus dedos se envolvían alrededor del
caliente eje. Su pulgar e índice tiraron de su pezón mientras la otra mano tiraba de su pelo
hasta que su cabeza cayó hacia atrás y se perdió en ella.

Era apenas consciente de sus manos en los pantalones, empujándolos sobre sus muslos
mientras ella soltaba completamente su dura polla. Se torcían uno contra el otro, labios robando
cualquier protesta que pudiera haber pensado hacer, aunque estaba bastante seguro de las uñas

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

en la espalda no tenían nada que ver con el rechazo y todo que ver con la lujuria
construyéndose entre ellos.

Pateó sus zapatillas de deporte mientras sus manos se sacudían y tiraban de sus pantalones
vaqueros. Frenéticos gritos resonaron en su garganta cuando él finalmente consiguió liberar
una de sus piernas. El calor húmedo de su coño tiró de él casi tan desesperadamente como lo
hacían sus dedos.

—Jessie —gimió su nombre, moviendo los labios a su cuello—. Por el amor de Dios.
Despierta. Despierta, nena.

—Jódete. Déjame dormir. —Ella se movía debajo de él mientras él se movía sobre ella, sus
manos empujando su camisa fuera del camino cuando sintió los botones desgarrándose de la
que ella llevaba—. Termínalo. No me dejes dolorida de nuevo, Slade. Por el amor de Dios,
termínalo esta vez.

Ella estaba despierta. Sus ojos eran rendijas oscuras, mirando hacia él mientras se movía
entre sus muslos, su polla empujando, deslizándose a través de la hendidura resbaladiza de su
coño mientras sus muslos se abrían para él.

Slade apretó los dientes, se colocó en la entrada y comenzó a empujar dentro de ella. Estaba
apretada. Él la miró, observando su expresión mientras ella luchaba por tomarlo, sintiendo sus
caderas ascendiendo, retorciéndose debajo de él mientras ella se quedaba sin aliento,
sacudiendo la cabeza en la almohada mientras él empujaba más adentro.

—Estás tan apretada como la primera vez, nena —gruñó—. Succionas mi polla como una
pequeña boca hambrienta.

Tenía las mejillas se sonrojaron aún más mientras su coño se humedecía más.

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Serie Chicos del verano 01

—Te gusta así, ¿verdad, cariño? Ese pequeño dolor mordiendo en tu coño. —Él empujó más
dentro de ella, bajando un brazo para levantar su pierna más alta a lo largo de sus caderas,
oyéndola gimotear mientras los pequeños músculos apretados lucharon para llevarlo más
profundo.

—Así, nena —susurró—. Dime lo que quieres. ¿Quieres que te tome lentamente? ¿O quieres
todo a la vez? Dime, nena. ¿Quieres más?

—Más… —Su grito lo tuvo apretando los dientes—. Oh Dios, Slade. Tómame duro. Lo quiero
todo…

Ella se arqueó mientras se deslizaba hacia atrás, luego su grito resonó a su alrededor
mientras desgarraba dentro de ella con una furiosa embestida. Él se quedó quieto, incrustado en
ella hasta la empuñadura, con la cabeza caída sobre su hombro mientras sentía la delicada
ondulación del tejido rodeándolo, encerrándolo, amamantándolo con un agarre firme y ultra-
apretado que tenía a sus cojones subiendo hasta la base de su pene.

—Dios, eres caliente. —Le mordió en el hombro luego lamió la pequeña herida mientras sus
manos rasgaban su espalda—. Tan caliente y dulce. —Él se echó hacia atrás, lentamente, una
pulgada a la vez, disfrutando de la flexión y apriete de su coño mientras ella luchaba para
mantenerlo dentro de ella—. ¿Quieres hacerlo otra vez, nena? ¿Duro y profundo?

—Sí, otra vez. —Ella jadeaba, sus caderas sacudiéndose debajo de él mientras la sentía
tensarse debajo de él, buscando el orgasmo.

Él se rió entre dientes con voz ronca.

—Cerca, ¿no es así, nena? Un empujón más duro lo hará por ti, ¿verdad?

Él no se lo dio. Él trabajó su polla dentro, sus caderas empujando, girando, su erección


cavando en el tejido apretado mientras ella gemía y lloraba debajo de él. Ella era como un puño

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apretado, tan caliente y desesperada como una virgen. Ella podías haber tenido un amante, pero
no había encontrado lo que sólo él podía darle. Lo que solo su cuerpo le había enseñado.

—Mírame, Jessie —gruñó mientras ella cerraba los ojos—. Mira, nena. —Él se echó hacia
atrás sobre sus rodillas, levantando sus caderas mientras él se retiraba, su polla goteando con
sus jugos mientras sus ojos se abrían y enfocaban, y él sintió su coño agarrándose más duro en
la cabeza de su pene—. Así. Mírame tomarte, cariño. Observa y aprende a quién le pertenece
este pequeño dulce cuerpo.

Se deslizó lentamente, viendo como los suaves pliegues se separaban para el grueso eje
hundiéndose dentro de ella mientras él se veía obligado a apretar los dientes contra el placer, la
necesidad de follarla hasta que ambos estuvieran gritando en la liberación.

Pero no podía. Todavía no. En este momento tenía que reforzar el conocimiento de que ella le
pertenecía. Solo a él.

—No me tortures, Slade. —Su súplica casi rompió su control—. Oh Dios, por favor fóllame.
Por favor…

—Tranquila, nena. —Él estaba incrustado hasta la empuñadura de nuevo, sus pelotas
presionando contra las curvas de su culo mientras su clítoris se asomaba, hinchado y rosado.
Bajó la mirada hacia el punto en que la poseía, sintiéndola ordeñar su polla, dolorida por
correrse.

—Tienes el coño más dulce —susurró, mirando mientras salía de nuevo, haciendo muecas de
doloroso placer ante la vista de su crema recubriendo su polla—. Mojado, caliente y tan
apretado. Quiero saborear cada golpe, Jessie. Saborearlo, nena. Déjalo que se construya.
Recuerda cuán mejor es cuando esperamos.

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Él lo recordaba. Recordaba observándola, así como ahora, en su cama, mientras la follaba por
casi una hora, haciéndola esperar hasta que los dos derramaban sudor, hasta que su pene era
un eje de agonía ante la pura sensación.

—He esperado lo suficiente —jadeó ella, su respiración entrecortada, sus pechos subiendo y
bajando con el esfuerzo que suponía arrastrar aire a sus pulmones—. He esperado demasiado,
Slade.

—Sólo un poco más. —Su mano se apretó contra su bajo vientre mientras forzaba su polla
dentro de ella otra vez, sintiendo los espasmos en su vientre bajo su mano—. Puedes esperar
sólo unos minutos más, nena. Déjame sentirte así, apretada y caliente, envolviéndote alrededor
de mí como seda fundida. Oh, sí, succiona con ese pequeño coño apretado, cariño. Chúpame
hasta que ninguno de nosotros pueda soportarlo más.

Los espasmos violentos que rasgaban a través de su coño lo estaban matando mientras se
retiraba, parando hasta que sólo la cabeza gruesa quedó encima del enrojecido oleaje de su
clítoris.

—Otra vez —ella gimió—. Entra otra vez, Slade. Oh, Dios, estírame. Haz que arda más.

Sus caderas se sacudieron, llevando su erección varias pulgadas en su interior, casi


provocando el clímax que ella buscaba tan desesperadamente.

—Chica mala. —Levantó una mano de sus caderas, dándole una pequeña fuerte bofetada a
su culo que solo hizo que su coño llenarse de más crema.

Ella se sacudió en su agarre, un grito desesperado saliendo de sus labios mientras su coño
succionaba más duro la cabeza de su pene.

—¿De quién es este coño? —Presionó la palma de la mano contra su clítoris, bombeando
contra ella suavemente mientras miraba sus ojos aturdido por la necesidad de alcanzar el

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orgasmo—. Dame lo que quiero, Jessie, y dejaré que te corras. Dime de quien es este coño. ¿A
quién ha extrañado, nena? ¿A quién pertenece este pequeño y estrecho coño?

—No… —Ella gimió en protesta—. Sin juegos, Slade. Por favor…

—Dime. —Él bombeó dentro de ella duro y profundo, obligándose a parar al sentir que ella
empezaba a llegar.

—¡Bastardo! —Gritó, con los puños apretados en la colcha debajo de ella.

—Dime. —Le frotó el clítoris con la yema de su palma, determinado a que admitiera esto—.
Dime, maldita seas. Sin mentiras. Miénteme, Jessie y me detendré. Puedes darle este coñito
apretado a un solo hombre, maldita sea. Ahora, ¿a quién carajo le pertenece?

—¡A ti! —Su grito ahogado estaba lleno de lágrimas—. Maldito seas, te pertenece a ti…

Su control se rompió. Se apoyó en ella, sus caderas empujando, golpeando su polla dentro
cuando la sintió hacerse añicos bajo él, su coño apretando y liberando humedad mientras
luchaba a sí mismo por retroceder, salir y derramar su semilla en el colchón en lugar de en las
profundidades ricas de su vientre convulsionándose.

Ella estaba temblando debajo de él mientras se derrumbaba sobre ella, apenas recuperando el
peso con los codos mientras se estremecía con las secuelas de su placer. Ella era cálida, suave, y
por un momento, solo un momento, él pudo fingir que nunca la había perdido.

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CAPÍTULO 12

—¡Fuera! —Gritó Jessie cuando lanzaba los zapatos de Slade mientras él se ceñía el cinturón,
mirándola con perezosa satisfacción—. Y no te molestes en volver. La próxima vez que te
presentes aquí llamaré a la policía.

Agarró el otro zapato un segundo antes de que conectara con su cabeza. Se sentó en la cama,
desatándolos y empujando sus pies sin prisa en las zapatillas de deporte.

—Actúas como si te hubiera violado —gruñó—. Tú fuiste quien desgarró mis vaqueros…

—Cállate. —Ella se había quitado la camisa y pantalones, poniéndose una bata y


amarrándola con fuerza alrededor de su cintura—. Cállate y vete.

—¿Estás tomando la píldora?

—No es de tu incumbencia. Fuera.

—Lo habría sido si me hubiera corrido dentro de ti como yo quería —gruñó—. Cuidado,
nena, o puedes quedar atrapada con más eficacia de la que quieres.

—Las mujeres han estado teniendo bebés durante años sin padres idiotas alrededor —le
espetó.

—No uno mío —Su cabeza se levantó, su mirada de repente aguda, feroz—. Nunca un niño
mío, Jessie, y lo sabes. No si puedo evitarlo.

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Él había sido abandonado cuando era niño, criado en un hogar de acogida tras otro hasta
que se escapó y fue a la universidad. Él siempre había jurado que nunca dejaría a un niño suyo
sufrir como él.

Jessie negó con la cabeza, cansada hasta los huesos mientras lo enfrentaba.

—Debes llevar condones, semental. Por la forma en que follas todo lo que se mueve, se
podría pensar que sería una segunda naturaleza —le espetó.

No dijo ni una palabra. Él amarró sus zapatos y luego se levantó de la cama, mientras ella se
alejaba de él.

—Si no tienes control de natalidad, encuentra uno —gruñó—. Los condones se rompen,
Jessie.

Bueno, eso la puso en su lugar.

—Sí, no querrás que tu pequeña puta se quede embarazada —se burló ella furiosamente.

—Basta. —Él la agarró por los brazos, una pequeña sacudida rápida que hizo que ella lo
mirara en estado de shock—. Nunca te llamarás a ti misma algo tan vil otra vez o golpearé tu
culo hasta que no puedas sentarte durante una semana. Nunca pensé en ti de esa manera.

—Entonces deberías. —Ella se apartó de él, moviéndose fuera de la habitación y dirigiéndose


a la cocina—. Te has divertido esta mañana ahora puedes conseguir el infierno fuera de aquí.

Ella luchó contra el temblor de sus manos, pero nada podía borrar la perezosa satisfacción en
su cuerpo. Slade no la había tomado sólo una, sino dos veces. Hasta que ella no pudo moverse,
ni siquiera gritar, sólo correrse, una y otra vez, empapando su polla con su liberación cada vez
que él lo exigía.

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Era patética. Como si no se hubiera alejado de ella una vez, tenía que caer a sus pies y rogarle
que lo hiciera de nuevo.

—Jessie. —Su voz la detuvo, más oscura, más profunda de lo que había oído alguna vez.

Se volvió de nuevo, dándole la cara mientras la auto-repugnancia, furia, y sus propias


patéticas necesidades se apoderaban de ella.

—Te amo.

Ella parpadeó hacia él en estado de shock.

—¿Qué?

Su expresión era estoica, sus ojos casi negros mientras la miraba.

—Te amo, y te amaba entonces —susurró, su voz áspera—. Pongo a Dios por testigo, si yo
pudiera haber encontrado otra manera… —Tragó, mirando lejos de ella antes de enderezar sus
hombros y volverse hacia ella—. Si hubiera podido, habría hecho las cosas diferentes.

Ella no podía manejar esto. Levantó la mano, alejándose de él antes de caminar hacia la
puerta y tirando de ella para abrirla con un rápido y violento tirón.

—No vas a hacerme esto otra vez. —Ella no podía mirarlo, miró el pasillo, los halos de luz
del sol cayendo sobre ella, atravesando la niebla mientras el dolor que había eliminado hace
años empezaba a perforar su corazón—. No vuelvas, Slade. Por ninguna razón.

Lo oyó respirar profundamente mientras se acercaba, sentía su calor apoderándose de ella,


una vez más calentando ese lugar en su corazón que había estado frío durante tanto tiempo. Se
armó de valor. Slade era una carga para ella, y ella lo sabía. Él era una debilidad que no podía
permitirse.

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—¿Jessie? —Su voz vibraba, el sonido de la misma agonizante como el doloroso vacío dentro
de ella.

Ella se volvió hacia él, mirando fijamente la expresión de sombría tristeza que llenaba su
rostro.

—No desaparece. Pensé que lo haría. Pensé que podía hacer lo que era correcto, y vivir con
la decisión. Pensé que podría ser fuerte. —Una sonrisa amarga se formó en sus labios—.
Aprendí la lección.

Dio un paso más allá de ella, entrando en la sala mientras lo veía alejarse, respirando con
alientos entrecortados mientras apretaba los labios para contener las lágrimas y cerraba la
puerta tras él. No se mantendría lejos, y ella lo sabía. Él creía lo que estaba diciendo, al igual que
ella creía que nada podía cambiar el pasado.

Sacudiendo la cabeza, se trasladó a través de la sala a la cocina y se sentó en una de las sillas
mientras un gemido de frustración salía de sus labios. ¿Qué demonios se suponía que iba a
hacer ahora? Había pasado demasiados años superando a Slade para dejarle entrar y estropear
de nuevo su corazón y su cabeza. Demasiados años tratando de no llorar, no renunciar porque
dolía tanto que sólo quería esconderse.

Ella no iba a dejar que le hiciera esto.

¿Su coño era de él? No lo creía. Ella pudo haberlo aceptado en su sueño, pero no había
manera de evitar que eso sucediera nunca más, y ella se aseguraría de que no tuviera la
oportunidad. Podía coaccionarla cuando estaba soñando con él, pero si él no podía llegar a ella,
entonces él no podía coaccionarla.

Ella sonrió, fría determinación llenándola. Slade iba a saber que ella no era la presa fácil que
obviamente, pensaba que era.

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***
Jessie iba a jugar duro.

Por primera vez en cinco años, Slade sintió la sangre bombeando a través de su cuerpo, la
anticipación surgiendo a través de su sistema. Una sonrisa curvó sus labios. La primera desde
que el fin de semana que había pasado con Jessie, una verdadera sonrisa, llena de diversión,
calidez y alegría.

Maldita sea, ella siempre había tenido la capacidad de hacer eso, desafiarlo, aunque sabía
que ella era suya. Era una mujer rara que tenía la capacidad de desafiar a un hombre a pesar de
que sabía que ya la tenía. Y Slade sabía que la tenía. Podía rabiar, discutir y pelear hasta que el
infierno se congelara, pero ella era de él, y él se lo demostraría.

Ella quería jugar primero, lo que estaba bien. Él podía manejar un poco de juego. El filo de
hambre se había mitigado por la mañana mientras la llenaba, oír sus gritos haciendo eco a su
alrededor y sentir que su coño creando espasmos alrededor de su pene. Había pasado dos días
enseñándole a ella a encajar con su cuerpo, su hambre, hace cinco años. No le importaba de lo
que ella quería convencerse, nadie más podría hacerlo por cualquiera de ellos.

Ahora, estaba sentado en el pequeño bote, tendido en el asiento trasero, escondiéndose en las
sombras mientras veía la fiesta en la orilla. Había llegado tarde, varando la pequeña
embarcación y buscando a Jessie. La había encontrado rápidamente, alrededor del fuego con
Rhonda, obviamente tomando su turno cuidando de los niños.

Ella era una cuidadora natural, manteniendo a los niños riendo y divirtiéndose, incluso
mientras los mantenía alejado de los problemas. Refrigerios se establecieron bajo los toldos de
las caravanas estacionadas, perros calientes y malvaviscos estaban siendo asados al fuego, y en
medio de todo, Slade la observaban como el sueño viviente que era.

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La imaginó pesada con su hijo, una sonrisa en su rostro mientras los niños corrían detrás de
ella. Ella era una madre natural y, por un segundo, la necesidad de atarla a él, llenarla de sus
bebés fue abrumadora.

Joder, no era mejor que Amy. Él no podía y no engañaría a Jessie de esa manera, pero maldita
sea, ella había sido hecha para ser madre, creada con un núcleo de crianza y amor sanador, que
no podía imaginarla no teniendo sus bebés. Sus bebés. No de Jazz, y por Dios, seguro que no de
cualquier otro hombre. Suyos.

Levantó la cerveza a sus labios, bebiendo profundamente mientras se contentaba con sólo
mirarla. Era suficientemente, por ahora. Verla bromeando con Mamá Rhonda, la pequeña fiera
que gobernaba las fiestas que se celebran aquí como cualquier madre gobernaba una familia.
Ron no estaba muy lejos, siempre cerca de su esposa, siempre observándola, incluso cuando un
hombre pensaba que no. Era propenso a excederse, pero incluso cayéndose borracho vigilaba a
su esposa con una posesividad que Slade no había entendido, hasta que encontró a Jessie.

—¿Vas a venir aquí o te ocultarás toda la noche? —Zack salió de las sombras y le habló a
Slade en tono burlón.

—Sólo estoy mirando. —Slade levantó la cerveza antes de inclinarla hasta su boca una vez
más, sus ojos nunca dejando a Jessie—. Maldita sea, Zack. Extrañé esto.

Y lo había hecho. La camaradería, era diferente aquí. Mantuvo una distancia como un agente
con diversas escaramuzas que iban al infierno y de regreso. Había perdido bastantes amigos,
pero no podía hacer frente a la pérdida de amigos como Zack o Jazz, por lo que no había tenido
ningún otro.

—Sí, bueno, te extrañamos también. —Zack saltó al barco, trasladándose al asiento giratorio
delante de Slade mientras sacaba una cerveza de la nevera portátil en el suelo y se desenroscaba

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la tapa—. Nos preocupábamos por ti, hombre. Era una mierda en la que estabas involucrado. Vi
la noticia cuando las historias de los arrestos salieron a la luz. No fue bonito.

Slade suspiró con cansancio.

—No, no lo fue. —Él mantuvo sus ojos en Jessie, como la había mantenido en su mente
durante esos años infernales.

Dejó que una sonrisa inclinara sus labios mientras observaba la mirada de Jessie vagar sobre
la costa. No podía ver el barco, o a él. Un ceño fruncido empañó su frente un segundo antes de
que ella se volviera hacia los niños, riendo con un pequeño niño gordito mientras agitaba un
malvavisco quemado hacia ella.

—Nos preocupábamos por ella también —dijo Zack finalmente, con voz tranquila—. Ella no
era la misma. Trabajaba demasiado. Compró la caravana en cuanto estuvo a la venta, por medio
de Jazz para esconderlo de ti, entonces rentó tu apartamento. Parecía aliviarla un poco, así que
la dejamos. Pero nos preocupábamos.

No tanto como lo había hecho él. Supo que Jessie lo había comprarlo, y le puso un precio
ridículamente bajo.

—No estaban solos, Zack. —Movió su mirada hacia su amigo antes de volverla una vez más
a Jessie—. Sabes por qué hice lo que hice. No tenía otra opción. Lo hice de la única manera que
sabía.

—Sí. —Él vio asentir abruptamente a Zack por la comisura de sus ojos—. Pensé que éramos
amigos, sin embargo. Podrías habérmelo dicho.

—No se lo dije a ella. —Él inclinó la cerveza hacia Jessie mientras balanceaba otro niño en
sus brazos—. Y ella tiene mi alma.

Zack resopló.

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—Estás babeando poesía, hombre.

Slade se rió de la acusación.

—Ella se lo merece. Mírala. Hijo de puta, no creo que jamás haya visto nada tan bonito en mi
vida.

—Hombre, eres patético —gimió Zack—. Espero que no sea contagioso. Entonces, ¿qué vas a
hacer, simplemente sentarse aquí y mirarla toda la noche? ¿O emboscarla como hiciste esta
mañana?

Slade volvió su mirada a Zack.

—¿Piensas que nadie la oiría gritar como un alma en pena? —Se rió—. Infierno, hombre,
trabajo en la oficina los sábados. Ustedes dos me tenían sudando ahí abajo.

Slade se pasó la mano por la barbilla, sonriendo de nuevo al otro hombre por su descarada
diversión.

Zack se rió entre dientes, un hilo de exasperación corriendo a través de su voz.

—No va a ser tan fácil, muchacho. Acosarla no va a hacerte ganar ningún punto extra.

Slade se encogió de hombros, terminó su cerveza y cogió otra.

—Puedo esperar. Esperé cinco años.

—¿Y Jazz? La ha cuidado, Slade. Tal vez no está dispuesto a dejarla ir.

—No me recuerdes su negro corazón, ese roba mujeres, esa mala excusa de hombre —espetó
Slade furiosamente—. Tiene suerte de que no cortara su polla por tocarla. Y no comiences con
los malditos tal vez. Ya he tenido suficiente de eso.

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Todavía no estaba seguro de que no debería azotar el culo de Jazz de nuevo. Lo único que
salvó al imbécil de un estado vegetativo, fue el hecho de que Jessie se había corrido en sus
brazos, su coño tan apretado que casi estranguló su polla, sus ojos aturdidos, la conmoción y
sorpresa por el placer desgarrándola era prueba suficiente de que no Jazz no había tocado su
corazón. No había tocado lo que importaba. El resto Slade lo perdonaría. Con el tiempo.

—Entonces, ¿qué piensas hacer? ¿Mirarla hasta desgastarla? —Zack se rió.

Slade levantó la ceja, divertido.

—Un buen agente aprende rápido cuando ver y cuándo atacar, ¿recuerdas eso, Zack? Ella
sabe que estoy aquí, ella sabe que estoy vigilando. Sabré cuándo atacar.

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CAPÍTULO 13

¿Qué demonios estaba haciendo?

El lunes por la tarde Jessie salió al balcón fuera de su habitación, escuchando las voces de
Jazz, Zack y Slade mientras discutían sobre algo en el apartamento que él le había regañado por
mudarse. Maldita sea, tenían una oficina, ¿por qué demonios no iban allí en vez de interrumpir
su verano? Además del hecho de que no podían argumentar suficientemente alto como para
que ella lo escuchara.

Ella frunció el ceño, capturando solo palabras dispersas, nunca una frase o una idea del tema
del debate. Su curiosidad la estaba volviendo loca. Y Jazz, maldito él, probablemente lo sabía.

El edificio de oficinas en sí era apartado de la carretera principal y bastante privado. Con las
toallas se utilizaba para cubrir el barandal del balcón estaba oculta a la vista por debajo, lo que
le permitía tomar el sol desnuda cuando quería, como ahora. Era un riesgo, ya que el sonido de
la voz de Slade estaba poniéndola cachonda.

Apretó los dientes, girándose sobre su espalda mientras una vez más se encontraba
acariciando su abdomen, moviéndose demasiado cerca de los pliegues encerados entre sus
muslos mientras la voz de Slade iba a la deriva en la brisa. A este ritmo, la masturbación no
estaba muy lejos y se negó a permitir que su voz la empujarla a ese punto. Sin importar lo
bueno que sería.

¡Sería más fácil si realmente le oía actuando como un idiota! Frunció el ceño ante el
pensamiento feroz, incluso cuando resopló a sí misma ante el escarnio. Era una maldita
mentira. La voz de Slade, cabreada o sexualmente determinada, tenía el poder de hacer que su

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coño se empapara con la necesidad de follar. La sensación de él cayendo sobre, estirándola,


haciendo arder, era una de las cosas que nunca había sido capaz de olvidar. Incluso Jazz no
podía hacerle eso. Los latigazos de dolor erótico en la penetración habían sido más incómodo
que placentero cuando él la había tomado. Con Slade, sólo ansiaba más.

—Te vas a quemar.

Hablando del demonio. Jessie volvió la cabeza, mirando los ojos risueños de Jazz cuando salió
al balcón de Slade, su ceño elevándose y descendiendo con lujuriosa apreciación mientras sus
ojos vagaban por encima de su cuerpo desnudo.

Si el lunes estaba empezando mal, entonces el resto de la semana sólo podía empeorar.

Sentándose, Jessie recogió el ligero chal desde el suelo del balcón y se lo pasó por la cabeza
antes de enfrentarse a él de nuevo.

—¿No deberías estar construyendo algo? —Gruñó ella, poniéndose de pie mientras se movía
a la pequeña hielera que había llenado de bebidas anteriormente. Ella tiró una botella de agua
desde el interior frío antes de cerrarla de nuevo.

—Eh, son mis manos las que trabajan continuamente. —Él se encogió de hombros con
negligencia—. Así que puedo hacer lo que quiera.

La camiseta blanca que llevaba se extendía sobre su amplio pecho, haciendo hincapié en sus
delgadas caderas y duros abdominales antes de desaparecer en la banda de los vaqueros.
Todavía llevaba sus botas, que daban a sus poderosas piernas una apariencia sexy de alfa. Había
días en que deseaba haberse enamorado del gigante amable en vez del idiota taciturno que
había entregado su corazón cuando tenía dieciséis años.

—Ajá. —Ella sonrió, abrió la nevera y sacó una cerveza antes de tirarla hacia él después de
que él saltara entre los dos balcones, aterrizando a su lado.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Infierno, un hombre tiene que tomar tiempo para disfrutar de los frutos de su trabajo. —Él
le devolvió la sonrisa, inclinando el sombrero de paja de nuevo en su espesa cabellera mientras
se acomodaba en la silla acolchada a su lado—. Además, quería comprobarte. Estabas muy
tranquila la noche del sábado.

Había sido un manojo de nervios. Podía sentir a Slade mirándola, sus ojos siguiendo cada
movimiento esa noche. No lo había visto, pero podía sentirlo.

Ella se encogió de hombros ante la pregunta, bebiendo su agua en vez de discutir sobre Slade.

—Ha cambiado, ¿eh? —Dijo finalmente Jazz—. No es tan tolerante como antes.

—Él siempre fue así. —Ella le lanzó una mirada rápida—. No juegues conmigo, Jazz, ambos
sabemos que Slade siempre fue demasiado seguro de sí mismo, demasiado arrogante.
Simplemente no estaba tan desarrollado entonces.

Él asintió con la cabeza.

—A veces sólo se necesita una fuerza poderosa para despojar a un hombre así…

—No empieces conmigo. —Ella le lanzó una mirada dura—. No quiero oír, no quiero saber.
Slade es una parte del pasado y va a permanecer allí. Te dije eso la noche del viernes, no quiero
escuchar tus sermones y lo digo en serio.

Suspiró, el agravamiento posándose sobre su rostro fuerte.

—Slade no está en el pasado, Jess. Está aquí ahora, y él puso su mirada en ti otra vez. Y lo
siento, guisante de olor, perdiste tu propia apuesta. Te entregaste a él.

Ella se sonrojó ante el recordatorio. Cualquier persona en la oficina debajo de la escalera


había escuchado sus gritos esa mañana. El hijo de puta. Él se había asegurado de ello.

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—No significa nada. —Ella puso la botella de agua fría entre sus palmas—. Él no me va a
emboscar así de nuevo. Haré cambiar las cerraduras de las puertas y los códigos de seguridad…

—¿Y tú crees que eso detendrá a Slade? —Él se estaba riendo de ella ahora—. Nena, te
olvidas que es bueno en eso. La seguridad es la especialidad de Slade. ¿Por qué crees que él y
Zack están luchando como dos gatos determinados a marcar su territorio ahora? No le gusta
nuestra seguridad o la empresa que utilizamos. Él está preparando para revisar toda la maldita
cosa. Él pasará sin detenimiento tus pequeñas alarmas insignificantes.

Ella levantó su labio en una mueca silenciosa.

—Haré que lo arresten.

—¿Para qué? ¿Hacerte gritar en celo? —Sí, él se reía de ella. Disfrutando de la difícil
situación en que ella misma se había metido.

—Cuando finalmente te enamores, espero que sea un infierno —le espetó ella—. Espero que
ella enrede tu tripa en tantos nudos que no puedas pensar con claridad.

Él abrió los ojos como platos.

—¿Pienso con claridad ahora?

Sus hombros cayeron en derrota, su cabeza inclinándose mientras ella la sacudía con
resignación. No había sentido hablar con Jazz. Él no tenía ningún sentido. Estaba segura de que
él no era más que un niño pequeño en el cuerpo de un hombre adulto. Un empaque agradable,
pero infierno si él sabía cómo hacer algo excepto molestar y atormentar el resto del mundo.

Cuando ella abrió los labios para hablar, un movimiento por el rabillo de sus ojos le llamó la
atención. Ella estaba jodida. Era así de sencillo. Un segundo después Slade se arrastró sobre la
pesada barandilla de su balcón, y cerró la distancia, sus ojos grises cortando hacia ellos, su
cuerpo tenso, duro, mientras miraba a Jazz.

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Serie Chicos del verano 01

—¿Por qué no construir una puta pasarela entre los balcones? —Le espetó—. Antes de que
alguien se rompa el puñetero cuello.

¿Qué había sobre los pantalones vaqueros y botas que hacían a un hombre demasiado
atractivo a la vista? Combínalo con una camisa blanca y la ira en el rostro melancólico de Slade
y su coño estaba batiéndose. Con furia. Su clítoris palpitaba mientras la anticipación se
apoderaba de ella y la ira quemaba dentro de su pecho.

—¿Qué quieres? —Ella lo miró, odiando la forma en que su cuerpo reaccionó a él, cómo
todo dentro de ella se despertó y comenzó a gritar su nombre.

—Ven a almorzar conmigo. —Él no se andaba por las ramas—. Iremos en motocicleta a las
montañas y hablaremos.

Hablar era la última cosa en su mente si ese bulto bajo sus pantalones vaqueros era alguna
indicación.

—Hola, Slade, ¿no vas a saludarme? —El vozarrón de Jazz causó que Jessie hiciera una
mueca de dolor. Podía oír el desafío en ella—. Slade no me habló en todo el día. Está siendo
insociable, guisante de olor.

Slade ni siquiera lo miró, él siguió mirando a Jessie, su expresión intimidatoria, recordándole


la advertencia que le había dado la otra mañana.

—¿Puedes creer esto? —Gruñó Jazz—. El hijo de puta me aflojó los dientes y luego ni
siquiera puede decir “Hola” dos días después. Mi mejor chica no quiere hablar conmigo, y mi
vaca favorita intentó aplastar mis pies. Les digo, Mercurio debe estar alineado otra vez.

—Cállate, Jazz —murmuró ella, la mirada en los ojos de Slade la ponía nerviosa.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Cállate, un infierno —replicó, dándole a Slade una sonrisa dura—. El bastardo se larga por
cinco malditos años sin siquiera un “hasta luego” y piensa que sólo puede adueñarse del mundo
otra vez. Tal vez quiero mantener mi pequeña participación en él.

Slade gruñó.

Jessie se puso de pie, interponiéndose entre los dos.

—He tenido suficiente de esto. Háganlo en otra parte. Mátense el uno al otro, no me importa,
pero no lo harán en mi balcón. Jódanse.

—No me lo permites, ¿recuerdas? —Jazz le dirigió una sonrisa maliciosa cuando Slade dio
un paso hacia adelante con advertencia, sus manos agarrando sus brazos para trasladarla a un
lado.

Jessie le devolvió la mirada a Jazz con incredulidad.

—¿Ha perdido el poco cerebro que solías tener? —Preguntó ella con cuidado.

—Tal vez. —Él inclinó la cerveza a sus labios, tragando en un movimiento lento mientras le
hacía el guiño con coquetería—. Tú deberías ser sensata, guisante de olor.

—Jessie. —La voz de Slade era más oscura, más peligrosa de lo que nunca lo había oído. Y
llena de advertencia. Ella lo miró, sus labios planos en la peligrosa tensión que marcaba su
expresión.

—A la mierda. Mátense el uno al otro. A ver si me importa. —Ella pisoteó alrededor de Slade,
mirando hacia el balcón desde donde Zack miraba la escena con diversión.

—¿Te importaría asegurarte de que no se matan el uno al otro en mi puñetero balcón? —Le
espetó—. Y a menos que quieras que tu experto en seguridad vaya a la cárcel una semana,

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

mantenlo fuera de mi condenado apartamento. —Evadiendo la mano de Slade cuando él se


acercó a ella, Jessie se abrió paso dentro del apartamento y cerró la puerta de cristal tras ella.

—Jessie. —La voz de Slade estaba furiosa a través de la puerta, no es que ella realmente le
importara en ese momento. Ella podría haber sacado alegremente un bate de béisbol a ambos en
ese momento. Era como tratar con dos niños pequeños.

Extrayendo una camisa y pantalones cortos de su tocador, cogió sus zapatillas del suelo y se
fue hacia el baño para una ducha. Una ducha fría. Cuanto más luchaba con Slade, más excitada
se sentía. Él la estaba matando, destruyendo su control y su voluntad y no tenía idea de cómo
luchar contra él.

Media hora más tarde, vestida, furiosa y dolorida, salió de su apartamento en dirección a la
escalera cuando la puerta se abrió y Slade se acercó por el pasillo.

—¿Dónde diablos te crees que vas? —Su expresión era oscura, sus ojos grises brillando con
lujuria e ira reprimida. Se movió más allá de él, decidida a ignorarlo. Pero se encontró pegada a
la pared, sus pies abandonando el piso. El cuerpo de Slade sosteniéndola. La inmovilizó mientras
sentía una llamarada a través de su clítoris, un caliente rayo de sensaciones atravesando su
vientre mientras presionaba su erección cubierta por los vaqueros en la muesca que él forzó
entre sus muslos.

—Tu coño está jodidamente húmedo —gruñó, tormentosos de lujuria—. Tus pezones están
duros y tu cara sonrojada —continuó—. Apuesto a que podría hundirme dentro de ti ahora y
me apretarías como un puño de seda. ¿Entonces por qué huyes?

—Déjame. Ir. —Se mantuvo rígida, sus uñas mordiendo sus poderosos antebrazos mientras
le devolvía la mirada.

Sus caderas presionaron con más fuerza, robándole el aliento ante la caricia de su clítoris.
Oh, Dios, si lo hacía muchas veces más, se iba a correr.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—No huyas de mí, Jessie —gruñó—. Los dos sabemos que no va a funcionar. Podemos
empezar de nuevo…

—Como el infierno —le gruñó a la cara, sacudiéndose con la fuerza de la ira surgiendo a
través de ella—. Por el amor de Dios, Slade. Te has ido por cinco años. Cinco años de mierda.
¿Creías que iba a estar aquí sólo suspirando por ti y esperar para que esa gran polla con exceso
de confianza entrara de nuevo en mi vida? —se burló insultantemente—. ¿Crees que porque a
mi cuerpo le gusta la forma en que lo tocas, volveré a ser la niña estúpida que era entonces? —
Ella golpeó sus hombros con los puños, yendo en contra de él, gruñendo cuando se negó a
dejarla ir.

—Calla. —Los dedos de una mano la agarraron por el pelo mientras el gruñido vibraba entre
ellos y él la mantenía en su lugar con facilidad—. Tú serás mi pequeña y dulce Jessie —susurró
entonces, mirándola a los ojos, robándole el aliento con la profundidad de la emoción en su
mirada—. Sí, cariño, eres mi pequeño y dulce tesoro. Todo mío. Ese coño poco apretado, tu
pequeña boca inteligente, y ese tierno corazón que crees que puedes esconder de mí. —Sus
caderas giraron contra las de ella—. Toda mía.

Sus labios rozaron los de ella y ella casi se perdió. Casi.

—¡No! —Ella se movió hacia un lado mientras obligaba a sus piernas a bajar, tropezando
lejos de él mientras luchaba por estabilizar su respiración.

Fuertes manos ayudaron a estabilizarla, pero no eran de Slade. Jazz y Zack estaban allí,
atrapándola cuando tropezó. Se apartó de ellos, mirándolos con furia, con dolor. Él iba a
matarla. Estaba rompiendo su corazón, empujándola hacia la única cosa que estaba más
aterrorizada: darle su corazón de nuevo. Perderlo de nuevo la mataría y ella lo sabía.

—Idiota. —Su voz estaba llena de lágrimas. Emociones rasgaron través de ella, sentimientos
que había escondido incluso de sí misma cuando él se había ido. Cosas que no quería sentir, no

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Serie Chicos del verano 01

quería destruirse de nuevo—. ¿No puedes entiendes que esto se terminó? —exclamó—. Me
dejaste, Slade. No te dejaré destruirme de nuevo.

Ella se movió rápidamente lejos de los tres, caminando con furia hacia el aparcamiento y a la
libertad. Si no se apartaba de él, iba a romperse. Iba a perder su corazón, sus sentidos y su mente
y eso la aterrorizaba.

Slade la vio irse, la ternura hinchándose dentro de él mientras su corazón se encogía ante el
dolor que vio en su rostro. Dios, había crecido, era más fuerte, más segura. No iba a caer en sus
brazos. Su Jessie tenía una columna vertebral que era rígida como el acero y, a pesar del hecho
de que él sabía -en el fondo de su alma lo sabía- que ella todavía lo amaba, no estaba dispuesta
a ceder todavía.

—Ella le disparará a tu culo. —Jazz sacudió la cabeza cuando Slade lo miró. La expresión del
otro hombre era compasiva, su mirada llena de resignación—. No creo que jamás la haya visto
tan condenadamente enfada. La haces llorar y ella rasgará tus ojos hacia fuera, Slade. Sabes eso.
Ha sido así desde que era una niña.

Eso no era ira. Era dolor, confusión, una mujer luchando una batalla que no tenía ninguna
esperanza de ganar. Eso era lo que Slade sabía. Por un segundo, un pulso acelerado, un segundo
más caliente el infierno, ella había sido suya, su cuerpo relajado, fundiéndose con él, lista para
él. Lo había visto en sus ojos, sentido en las suaves curvas que presionaban contra su erección.

Ella no estaba enojada; estaba asustada. Asustada y huía de él. Había una diferencia.

—Estará bien. —Flexionó sus hombros, luchando contra la tensión creciendo allí—. Me
aseguraré de ello. —Él no había regresado, no había apostado su alma en volver por ella a
cambio de nada. Desde hace cinco años lo había atormentado, clamando por él en sus sueños y
torturándolo en sus fantasías. Ella había sido todo lo que le había mantenido cuerdo, y no tenía
intenciones de dejarla ir.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Slade, hombre, ¿sabes qué demonios estás haciendo? —La voz de Zack era exasperada.

—Por supuesto que no lo hace —Intervino Jazz—. Es como un elefante en una cacharrería
persiguiendo un pequeño ratón. Romperá todo a su paso.

—Empezando por tu dura cabeza —gruñó Slade, el conocimiento de que su amigo se había
acostado con su mujer le enfureció—. No me empujes, hombre. La única razón por la que
sigues vivo es porque probablemente me dispararía ella misma si te mato. La castración es
todavía una opción.

Jazz resopló.

—Gilipollas. Tal vez ella se merece algo mejor que tú. Tal vez creo que puedo cuidar de ella
un infierno mucho mejor de lo que tú has demostrado que eres capaz.

—¿Qué mierda pasa con tus malditos tal vez? —Gruñó Slade, apretando los puños con rabia
contenida—. ¿Te freíste el jodido cerebro mientras yo no estaba?

—Tal vez. —Una amplia sonrisa le dividió la cara—. Tienes que admitir, ella es lo
suficientemente caliente como para hacerlo…

Slade saltó hacia él.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 14

Jessie entró en el aparcamiento lleno de sombras de Rigor Construction tarde esa noche,
revisando cuidadosamente por cualquier signo de Slade mientras aparcaba cerca de la puerta
que daba a la escalera. Él estaba volviéndola paranoica, pensó mientras abría la puerta del
apartamento, comprobaba sus habitaciones rápidamente luego arrojaba sus paquetes a la cama.
Cerró las cortinas sobre la puerta del balcón y ventanas, dejando que el aire frío del aire
acondicionado golpeara sobre su carne enrojecida mientras se desnudaba.

Se dirigió a la ducha, flexionando los músculos tensos de sus hombros mientras entraba en el
cuarto de baño. Ajustando el agua, dio un paso bajo el chorro y dejó que cayera en las
torceduras en su espalda.

Slade estaba volviéndola loca. Otros dos días como este y ella sería una temblorosa, caliente
idiota. Una sonrisa se dibujó en sus labios. O tal vez no. Los juguetes que había comprado en la
pequeña tienda iban a tener que ayudar. El grueso vibrador no era Slade, pero debería ser un
alivio. El juguete anal y el Rocket de bolsillo cubrían sus posibilidades de deshacerse de la
excitación, y entonces podría resistirse a Slade.

Finalmente limpia, fresca, cerró el agua, se secó el pelo antes de envolver una toalla grande
alrededor de su cuerpo y salió del baño. Echó un vistazo a sus pies, mirando sus dedos de los
pies y considerando un poco de mimo femenino. Tal vez una capa de esmalte color escarlata.
Eso se vería bien, darse esa poca confianza añadida, pensó mientras empezaba a levantar la
cabeza.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Y ella vio las botas. Botas oscuras y desgastadas.

Jessie se detuvo, con el corazón acelerado mientras su pecho se apretaba con miedo
femenino. No miedo físico, primitivo miedo. El temor de una mujer que sabe que está atrapada.
Y ella fue capturada. La bolsa de la tienda de juguetes yacía en el suelo, habían abierto los
contenedores de los juguetes donde habían estado sellados.

Su mirada se levantó sobre las piernas largas y musculosas, una protuberancia apetitosa que
tuvo a su coño gritando de alegría. Arriba, arriba, la expresión oscura, la lujuria ardía en el
hombre al que nunca había tenido la fuerza para resistirse. En una mano sostenía el consolador,
en el otro la varita anal.

Él miró la varita por un largo momento antes de cambiar su mirada a la de ella. Sus ojos
grises eran casi negros en su duro rostro.

—¿De verdad crees que esto va a hacerlo? —preguntó—. ¿Que cuando se deslice en tu
pequeño culo apretado te va a dar lo que yo te di?

Se lamió los labios nerviosamente, repentinamente aterrorizada de lo que él sabía, podía e iba
a hacer con ella.

—Te pedí que no volvieras aquí.

Dios, ¿cómo había entrado y ella ni siquiera lo notó? No lo había oído. Temblaba,
sacudiéndose de hambre ardiendo en su alma, las necesidades rasgando a través de ella. Ella
había existido en piloto automático durante cinco años. Por inercia, fingiendo, incluso a ella
misma, que todo estaba bien. Ahora estaba viva otra vez y eso la estaba matando.

Él echó un vistazo a la varita.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Recuerdo lo apretado que es tu pequeño culo —su voz era estrangulada—. ¿Cuánto te
gustó tenerlo abierto?, mi polla hundiéndose en él, provocando que el placer doliera. ¿Crees que
esto va a hacer que te duela lo suficiente, Jessie?

Dio un paso más cerca. Jessie se retiró.

—No lo hagas —susurró ella, de repente desesperada, sabiendo que no podía luchar contra
él, como consigo misma—. No me hagas esto, Slade. Por favor, vete.

—No soy Jazz, Jessie —gruñó—. No me iré y seguro como el infierno no esperaré mientras
tratas de tomar una decisión. He esperado durante cinco malditos años. Estoy tomando el relevo
ahora, nena.

Cogió el tubo de lubricación que había puesto en la pequeña mesita de noche mientras
lanzaba el consolador a la silla en la esquina de su dormitorio.

—Eso no será necesario, querida. Mi verga es lo suficientemente grande para encender


incendios en ese dulce coño. Pero esto. —Indicó la varita en la mano—. Podemos jugar con esto
un poco. —Su culo palpitó, su ano hormigueó en respuesta mientras luchaba por la furia que
sabía debería estar ardiendo en su interior. Todo lo que pudo encontrar fue excitación, lujuria.

Sí, él le había enseñado a su cuerpo a anhelarlo, tal como lo había declarado. Y lo hacía.
Hambrienta. Gritaba con la necesidad y buscar fuerza de voluntad para luchar contra él la
estaba matando. Ella se retiró en cambio, moviéndose hacia atrás mientras él se acercaba más,
su expresión tan oscura, tan concentrada, sintió los jugos goteando de su coño en respuesta.

—¡No te deseo! —pisoteó con furia—. Te odio, Slade. ¿Me escuchas? —Ella retrocedió aún
más, su aliento bloqueándose en su garganta ante el conocimiento de que él la estaba
presionando más hacia la cama.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Te escucho, nena —canturreó, sus ojos grises suaves pero no menos llenos de lujuria—.
Pero te encanta lo que te hago, ¿no? Te encanta la forma en que puedo hacerte sentir dolor y
desear más de ello. Cómo el placer se vuelve tan caliente, sabes que vas a quemarte y saltas de
lleno en el fuego. Eso es lo que voy a hacer, Jessie. Te voy a mostrar todas las cosas que tanto has
soñado en los últimos cinco años.

—No, no lo hice. —Sus dedos se apretaron en la toalla mientras él la acorralaba hacia el


dormitorio—. Me olvidé de ti en el momento en que te fuiste. Ni siquiera te he echado de
menos.

Estaba temblando, lo deseaba tanto. Temblando por la conciencia de que la desgarradora


lujuria que la torturó durante años sería saciada solo por su cuerpo, su hambre, su capacidad
para aquietar las necesidades que la asolaban mientras él la hacía anhelarlo aún más.

Él puso la varita y el tubo de lubricante en la pequeña mesa junto a la cama antes de sacarse
la camisa. No discutió, no dijo una palabra maldita. Se desnudó. Lanzando su camisa a un lado,
sin apartar la mirada de ella, se inclinó y se quitó las botas y los calcetines antes de que sus
manos iban a los vaqueros.

—Deja caer la toalla. —Su voz era de grave, gruesa con lujuria—. Déjame ver ese pequeño y
bonito cuerpo, nena.

—¡Vete al infierno! —Gritó, sacudiéndose, anticipación desgarrando mientras abría el botón


y sus dedos iban a la cremallera.

Su boca salivaba. Recordó su gusto almizclado y el calor masculino, la sensación de su polla


chorreando en su boca, su semilla salada y rica, atacando sus papilas gustativas antes de
desembocar en su garganta. ¿Cuántas veces había soñado con eso, con la sensación de él entre
sus labios, oír sus palabras duras y explícitas mientras ella le chupaba?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Deberías ver tu rostro. —La cremallera estaba abierta, los dedos enganchándose en la
cintura mientras se despojaba de los pantalones y calzoncillos, dejando su cuerpo gloriosamente
desnudo mientras se enderezaba, una vez más, su polla tiesa en su abdomen, roja de enojada
lujuria, la cabeza acampanada y húmedo con pre-eyaculación—. Un pequeño bebé hambriento
—canturreó, su mano envolviéndose alrededor del tallo—. Ven aquí, nena. Vamos, déjame
volverme loco follando tu dulce boca.

Ella gimió. Dios, era una tonta, una víctima patética y dispuesta.

—Slade, por favor… No puedo hacer esto de nuevo… —No podía arriesgar su corazón.

—He vivido para esto —susurró de nuevo, sus ojos atormentados, con una expresión llena de
una emoción que podría haber sido dolor. Pero ¿por qué dolor? Él la había dejado, no al revés—
. Yo vivía para el día en que pudiera volver aquí, poder compensar lo que te hice. Para poder
volver a vivir. No volveré a irme, Jessie. Lo quieres tanto como yo. —Él se acercó más—.
Podemos hacerlo de la manera fácil, nena, o por las malas. Dame tu dulce boca.

Su mano agarró la toalla, tirándola lejos mientras sentía las lágrimas llenar sus ojos. Ella lo
miró, desesperada, oh, Dios, estaba tan desesperada por probarlo una vez más, tomar lo que él le
ofrecía, llenarse a sí misma de él.

—Te odio —gimió ella.

—Por supuesto que sí, nena. —Sus manos presionaron suavemente sobre sus hombros
mientras ella caía de rodillas—. Y no te culpo… Joder. Sí…

Su lengua lamió sobre la oscura cabeza, chupando el sabor de su pre-eyaculación, gimiendo


en la embriaguez de su pasión. Sus labios se abrieron, amplios, sintiendo su polla hundirse
dentro mientras sus manos agarraban sus poderosos muslos y sus sentidos iban más allá del
razonamiento.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Dios. Nena. —Sus manos se enroscaron en su pelo mientras sus caderas corcoveaban
contra sus labios, conduciendo la cresta más profunda—. Ahí vas, cariño. Ámame, Jessie.
Ámame.

El instinto se hizo cargo. No había pensamientos sobre el dolor, el pasado retrocedió y sólo el
placer se mantuvo. Relajó su garganta, llevándolo más profundo de lo que nunca había hecho
antes, tragando el espesor que amenazaba con estrangularla antes de retroceder y repetir el
proceso. Su lengua acarició contra la parte inferior de su polla mientras sus manos se movían,
los dedos de una mano acariciando sus testículos tensos mientras la otra se trasladaba a la
hendidura de su culo.

Tiró, obligando a su polla más profundo. Tragó saliva, gimió, sus dedos encontrando la
pequeña entrada prohibida que le daba tal placer, y masajeaba lentamente.

—Ese pequeño cabrón de Jazz está muerto —gimió, un sonido torturado de placer—… lo
mataré… sé que él que te enseñó eso. Dios. Mierda. Me estás matando.

Dejó que su garganta golpeara su cresta mientras masajeaba la entrada anal, sus dedos
ahuecando y apretando en sus bolas mientras su boca se apretaba alrededor de su polla en
movimiento. Pre-eyaculación se filtró furiosamente desde la cabeza, llenándola con su gusto
mientras atiborraba sus sentidos en esa fantasía cobrando vida.

Gruñidos resonaron por encima de ella mientras sus dedos se agrupaban en su pelo y tiraba,
creando un delicioso y ardoroso cosquilleo en el cuero cabelludo que se disparó directamente a
su coño.

—Sí. Nena, así… —gimió rudamente, un sonido torturado de placer masculino mientras sus
dedos le atormentaban—. Provócame, nena. Déjame follar esa bonita boca mientras me
provocas. Porque vas a gritar… —Se tensó al punto de ruptura cuando la punta de su dedo

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

pulsaba en la entrada anal, masajeando, mientras su garganta golpeaba contra la cabeza de su


pene antes de retirarse, sólo para tomarlo otra vez.

—Jodida boca caliente —jadeó, tirando de su pelo mientras ella gemía en el hambre
descontrolada—. Yo podría vivir en tu maldita boca, chupando mi polla día y noche… Oh,
nena… Dulce nena… —le gustaba hablar. Más de lo que recordaba mientras las explícitas
palabras llenaban su cabeza, agitaban sus sentidos.

Sacó su dedo de su culo, tomando la humedad que recubría su polla antes de regresar y
entrar otra vez, empujando dentro mientras él se resistía contra ella, un grito demoledor
dejando sus labios mientras calientes, explosiones furiosas de su corrida eran lanzadas a su
garganta.

—Dios. Joder. Tu pequeña descarada… —Su voz era estrangulada mientras se flexionaba, un
pequeño golpe que empujó su polla en la parte posterior de su boca por cada pulso de su semen
antes de que él se echara hacia atrás.

Antes de que pudiera jadear, él la empujó hacia la cama, tomando la varita anal de la mesa y
rápidamente recubriéndola con lubricación antes de agarrar su mano y envolver sus dedos
alrededor de la empuñadura de la misma.

—Úsalo —gruñó, mirándola como un hombre poseído por la lujuria—. Abre las piernas y
fóllate con eso.

Ella le devolvió la mirada, confundida.

—Hazlo. —Él tomó su muñeca, bajándola hasta que la punta de la polla falsa fue empujando
en los pliegues de su coño—. Empújalo dentro. Déjame mirarte joderte a ti misma con esto,
Jessie. Veremos qué tan caliente puedes ponerte antes que te dé la vuelta y llene tu pequeño culo
caliente con él. Juega conmigo, nena.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Slade estaba temblando de lujuria, amor, con todos los apetitos y deseos reprimidos que lo
había perseguido durante demasiados años. Y ahí estaba la única cosa que lo había mantenido
cuerdo. Jessie. Las piernas abiertas, los ojos fijos hacia él, la inocencia aún reflejada en las
profundas profundidades marrones mientras la veía presionar el extremo cónico de la varita
anal en su coño apretado.

Trabajó en él, jadeando, llenando sus oídos con el dulce sonido de su voraz necesidad
mientras observaba la longitud nudosa desaparecer en su coño. Los músculos de sus muslos
estaban apretados, tensos, las rodillas flexionadas y las caderas sacudiéndose contra la intrusión.
Su cabeza golpeaba en la cama mientras ella gemía su nombre.

Jazz podría haberle enseñado a chupar una polla, pero él no le había enseñado esto. Ella era
tan virgen para los juguetes como lo había sido para su polla la primera vez que la llenó. Y lo
estaba matando. Esta era su vergüenza, su lujuria insaciable por una delicada mujer, la
necesidad de impulsar todos los límites sexuales que ella pudiera poseer mientras él le robaba el
corazón y el alma. Tanto como ella poseía la suya.

Siempre había tenido el poder de hacerla desear. Había visto eso, siendo tan brutal
sorprendido por ella cuando sólo tenía diecisiete años que le había aterrorizado. La primera vez
que había tenido un orgasmo para él, no había sido en su caravana ese fin de semana. Había
estado en la orilla del lago, bailando lento, sus pechos en bikini frotándose contra su pecho
cuando él abofeteó su culo por burlarse de él.

Ella se había estremecido, su aliento rompiéndose, el rostro aturdido mientras sus ojos se
desenfocaban y sus caderas corcoveaban contra él. No había sido mucho, infierno, dudaba que
ella hubiera sabido lo que había sucedido, pero él sí. Y casi lo había matado entonces no
tomarla. Esperar los próximos cuatro años había sido un infierno. Cinco años después de eso la
había tomado por primera vez y casi lo mata. Y tenía la intención de compensar todo ahora.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Dios, eso es bonito —canturreó, sentado en la cama debajo de ella, sus manos ubicándose
en sus rodillas para abrir sus piernas aún más—. Mételo de nuevo, nena, déjame verte tomar tu
lindo coño.

Observó los pliegues desnudos sonrojarse y convulsionar por sus palabras mientras su jarabe
recubría toda la varita. Se inclinó hacia delante, su lengua lamiendo lentamente alrededor del
eje enterrado dentro de ella, sorbiendo el exceso de dulzura de los labios íntimos.

—Vamos. —Su mano en su muñeca le instó a adentrarse más, echando la cabeza hacia atrás,
mirando el juguete hundirse dentro de ella otra vez—. Buena chica. Sigue haciendo eso, nena, y
yo haré esto.

Recogiendo el lubricante extendió una cantidad generosa en sus dedos. Bajando la cabeza
una vez más a las curvas de jugosas, metió los dedos en la apertura de su culo.

—Oh, Dios. Slade… —Sus caderas se levantaron cuando empezó a presionar dos dedos en la
apretada entrada. Él no tenía ninguna intención de facilitarle el regreso allí. Quería que
quemara, quería que gritara del placer y dolor que sabía ella anhelaba.

—¿Me extrañaste aquí, nena? —Gruesos, anchos, trabajó sus dedos dentro de ella, sintiendo
su tejido dando espasmos alrededor de sus dedos mientras su rota respiración llenaba la
habitación—. ¿Me extrañó este pequeño culo dulce?

—Sí. —El gruñido femenino tuvo su polla sacudiéndose en su propia demanda—. Oh Dios,
Slade, te extrañé. Te extrañé tanto.

Sus caderas se sacudieron, obligando a sus dedos ir más dentro de ella mientras gritos salían
de sus labios.

—Aquí, nena. —Él rozó su mano en la varita anal, sabiendo que había pasado el punto
donde podía joder a sí misma hasta el final con él—. Vamos a probar esto.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Sacó el juguete de su coño y los dedos de su culo a pesar de su grito de protesta.

—Déjame verlo tomar tu pequeño culo.

Él miró. Metiéndolo contra la flexible entrada, consumido por la visión de su lucha por
tomar cada estocada progresivamente mayor que la anterior hasta que estuvo anclada en ella,
no más de la mitad de la longitud desapareciendo en el pequeño agujero apretado.

Su coño estaba enrojecido, abierto como una flor, la entrada agitándose con hambre. Metió la
lengua dentro de ella, lamiendo, mamando, consumiendo la dulzura que fluía allí mientras ella
se arqueaba, un grito ahogado saliendo de su garganta mientras comenzaba el orgasmo por los
duros golpes de la lengua en el pequeño portal apretado.

Él era un hombre poseído. Antes de que los temblores la abandonaron, él se levantó entre sus
muslos, tirando de la varita de su culo mientras la levantaba hacia él, presionando las rodillas
en su pecho y posicionando su polla para tomar lo que siempre había sido sólo suyo.

Esta era la prueba final de la intimidad. De dar. La confianza que tomaba aceptar la intrusión
aquí siempre había fascinado a Slade. Y ninguna mujer lo había tomado allí con tal hambre
como lo hacía Jessie.

El glande empujó mientras ella gritaba debajo de él, tensándose ante las sensaciones mientras
él la extendía más de lo que había permitido que la varita la estirara. Él le abrió las piernas
contra sus hombros y luego, su mirada yendo de su rostro al empalamiento de su culo.

—Me hubiera gustado tener el vibrador aquí y ahora —gruñó—. Yo podría empujarlo
dentro de tu apretado coño mientras lleno tu culo. ¿Te gustaría eso, nena? ¿Te gustaría que te
follara así?

Su cabeza se sacudió, sus ojos manchas oscuras bajo sus párpados entornados mientras
jadeaba en busca de aire.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Duele… —ella gimió, flexionando su culo a su alrededor.

—¿Me detengo? —Se movió hacia atrás, de repente asustado de haber presionado demasiado
lejos, demasiado rápido. Dios, a veces era difícil recordar lo tierna que era, tomaba todo lo que
él le daba tan fácilmente.

—No —ella gritó con dureza—. Por favor no pares… por favor…

Su cabeza se movió adelante y atrás mientras sentía su esfuerzo por aceptarlo en los
espasmos de su culo alrededor de la cabeza de su erección.

—¿Te gusta el dolor, nena? —A ella le gustaba el borde del dolor. Él lo sabía. Nada severo,
nada extremo, lo suficiente para hacer más dulce el placer.

—Sí —boqueó en busca de aire, finalmente relajándose lo suficiente para permitirle seguir
adelante.

—¿Más? —Él le dio un centímetro más, escuchando sus lloriqueantes jadeos.

—Más. —Ella estaba luchando por respirar, su estómago tenso, su clítoris encendiéndose a la
vida entre los pliegues de su coño mientras ella se arqueaba más cerca—. Oh Dios, Slade.
Soñé… —Una lágrima apareció en su ojo—. Soñaba con esto. Soñé y soñé… Por favor. Por
favor, hazlo como lo hacías antes. Hazme quemar…

Su control se hizo añicos. Él se retiró, la volteó sobre su estómago antes de elevar sus rodillas.
Él trabajó su polla dentro, frenando, obligándose a tomarla más lento de lo que su propio
cuerpo demandaba, metiendo su pene dentro de ella hasta que la llenó, estirándola,
quemándolos a ambos mientras su espalda se arqueaba y su jadeante respiración le exigía que
se moviera.

No fue fácil. No como lo había sido la primera vez. Estaba demasiado hambriento. Demasiado
privado del placer de su cuerpo. Él la folló como un hombre demente, cavando en su culo con

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

su polla con cada embestida, gruñendo, rugiendo, empujando más y más profundo, bajando su
mano debajo de ella, ahuecando su duro clítoris y la sintió estremecerse y pulsar a su alrededor.
Su propia liberación se disparó de su polla en cegadoras corrientes de calor que hizo que un
grito rasgara su garganta. La llenó, marcándola, reclamándola para siempre en cada pulso de su
orgasmo mientras se desplomaba sobre ella. Por primera vez en cinco años, el dolor en su pecho
disminuyó. No hizo nada por su polla dura, sin embargo.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 15

Jessie pensó que él había terminado. Los orgasmos violentos que habían desgarrado a través
de su cuerpo la dejaron hecha una ruina en la cama. Incapaz de moverse, de pensar, se sumió
en una bruma de saciedad, segura de que el sueño estaba a segundos de llegar.

No había estado tan cansada en años; todos los huesos y los músculos de su cuerpo estaban
relajados, saciados, débiles como un gatito recién nacido. Una sonrisa afiló sus labios en ese
pensamiento. Sólo Slade podía hacerle esto, por mucho que lo odiara.

Oyó a Slade en el baño, agua corriendo, algo crujiendo. Un segundo después el colchón bajó
y él la estaba llenando de nuevo, deslizándose en el tejido inflamado, violentamente sensible de
su coño.

Sus ojos se abrieron, al instante atrapado por su tierna mirada nublada mientras sus manos
le enmarcaban la cara y una sonrisa apretada tiraba en la boca. La mirada en sus ojos la hizo
llorar. El calor y la necesidad, no necesidad sexual, sino una profunda, hambre espiritual que
ella conocía muy íntimamente.

—Terminaré pronto. —Su aliento se rompió cuando ella se contrajo alrededor de él, con las
manos en movimiento para cubrir la suya, demasiado cansada para levantar los brazos para
abrazarlo con ella—. Sólo quiero abrazarte así, que me sostengas. Abrázame, Jessie. —Él apoyó
su frente contra la de ella mientras sacaba energía en sus brazos cansados para moverse.

Ella quería retenerlo. Para siempre. Quería sentir la calidez de él filtrándose en ella, la fuerza
de él llenándola. Él era como una droga, una a la que era irremediablemente adicta.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Quieta. No. —Sus manos se apoderaron de ella, sosteniéndolas contra su cabeza—. No ahí.
Aquí. —Él flexionó sus caderas, presionando más profundo, perforándola con una cegadora ola
de placer—. Sólo abrázame, nena. Déjame creer que no es sólo un sueño.

Restos de dolor llenaron sus ojos. Mirándolo así de cerca, su visión llena de color gris y
negro, mientras observaba las emociones que parpadeaban en sus profundidades.

—Slade. —Ella protestó ante el remordimiento que vio allí. La posesividad—. No podemos
volver atrás… —Su respiración se rompió mientras sus caderas se flexionaban de nuevo,
enviando placer corriendo a través de ella mientras la cabeza de su polla acariciaba sobre la
entrada de su vientre, enviando llamas saltando a través del tejido sensible.

—El pasado nunca se va —susurró, mirándola a los ojos, con las manos en movimiento para
enmarcar su cara otra vez, su pulgar acariciando sus labios mientras su expresión se torcía en
líneas de una emoción tan increíble que llenó su alma con calidez. Él la calentaba—. El pasado
siempre ha estado aquí… —Él se flexionó dentro de ella suavemente, acaloradamente—. Y
aquí… —Bajó la cabeza, sus labios presionando entre sus pechos, acariciando la carne donde el
corazón le latía con rapidez—. Nunca desaparece, nena.

No, no lo había hecho. Había yacido en su interior, durmiendo, soñando, esperando


despertar en brazos de Slade. Ella lo sabía. Lo admitía. No había ningún placer más grande que
esto, nada que pudiera darle calor de adentro hacia afuera o llenar los lugares solitarios en su
alma, excepto Slade.

Las lágrimas llenaron sus ojos mientras él se movía dentro de ella, su polla acariciando a
través de los músculos tensos, lento y fácil, sensibilizando las terminaciones nerviosas que
habían permanecido latentes, esperando su contacto. Dios, lo había extrañado. Lo había
extrañado como la luz del sol, como el calor en el invierno más oscuro. Y como en la primavera,
la luz del sol estaba de vuelta, calentándola, agrietando el hielo y destruyendo los escudos que
había construido contra el dolor.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Tú me dejaste. —Su respiración se enganchó en el dolor mientras su cuerpo se tensaba por
encima de ella—. No me deseabas…

Tiró por encima de ella, con las manos apretando sobre su cabeza mientras su respiración
ronca salía de su pecho.

—Yo te deseaba más de lo que quería respirar. —Él levantó la cabeza, sus caderas
moviéndose contra las de ella, acariciando, robándole la mente, cimentando su alma a la suya—
. Te deseaba hasta que me dolía, hasta que mi alma se rompió dentro de mí, Jessie. Y no podía
tenerte. Por mucho que te deseara, no podía tenerte.

¿Por qué? Quería hacer la pregunta, quería las respuestas, pero su cuerpo quería dominar su
corazón. Sus piernas levantadas, agarrando las caderas de Slade mientras comenzaba a follar
con trazos lentos, el placer quemando a través de sus sentidos y haciéndola a girar hacia el sol.

Lento y fácil. No la tomó con furia, no la amó desesperadamente. Él la amaba como había
hecho aquel primer fin de semana después de haber cumplido la primera llamarada de lujuria.
La amaba con sus labios sobre los de ella, su lengua enredándose con la de ella, sus manos
sosteniendo su cabeza aún mientras le daba, y tomaba sólo su placer.

La amaba con su cuerpo, trabajando su erección dentro de su coño, gimiendo en su agarre


mientras ella gemía en silencio ante el caliente estiramiento. La tomó en formas que ni siquiera
había soñado. Mirándola fijamente a los ojos, y cuando su orgasmo se apoderó ella, él bajó sus
labios a su oreja.

—Te amaré hasta que me muera… —Su cuerpo se sacudió por encima de ella mientras le
susurraba las palabras, su propia liberación rasgando a través de él, estremeciéndose a través de
su cuerpo y llenando el condón que no se dio cuenta que él se había puesto hasta ese momento.

Te amaré hasta que me muera. ¿Entonces por qué la había dejado y llevado a otra mujer con
él?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

La noche se había asentado, llenando el interior de la habitación con la oscuridad mientras


las cortinas bloqueaban la luz de la luna. Slade se recostó en la cama, desnudo, con el cuerpo
cubierto por Jessie. Estaba tendida en su pecho, con el pelo cayendo a su lado, las piernas
encerradas por las suyas. Un preciado peso que disfrutaba mientras la escuchaba respirar.

Finalmente se había derrumbado sobre él a menos una hora antes, temblando, agotada por
ese clímax final que había arrancado de su cuerpo. Se las había arreglado para aferrarse a ella
mientras la levantaba contra su pecho, eliminaba el condón y luego se echaba hacia atrás. Fue
entonces cuando se extendió encima de él, como un gatito decidido a aferrarse al pequeño
territorio que llamaba suyo.

Sus labios se levantaron en una sonrisa mientras jugaba con su pelo, bajaba la cabeza y le
besaba la frente. No podía quedarse mucho más tiempo. Los padres de Amy habían oído los
rumores de que estaba pasando tiempo con Jessie de nuevo y estaban furiosos. Amy había
alimentado a sus padres con una maliciosa, amarga historia de la fascinación de Slade con
Jessie, y el fracaso de su matrimonio a causa de ella. Maldita sea, ¿cómo había pasado por alto
su calculadora frialdad? O tal vez no lo había hecho. Él sabía que ella no había estado
involucrada emocionalmente con él, era una de las razones por las que la había aceptado como
compañera en ese caso. Él la conocía. Y sabía que su corazón no iba a involucrarse. Pero sus
padres no eran conscientes de ello.

Sabía que tarde o temprano, él no sería capaz de confiar en ellos con Cody, él odiaba alejar al
chico de ellos. Su último vínculo con su hija. Pero él no permitiría que la joven mente de Cody
se torciera al vivir con sus abuelos.

No tenía mucho tiempo para asegurar el corazón de Jessie antes de que tuviera que decirle la
verdad, y él lo sabía. Demonios, ya debería habérselo dicho, debería haber sido sincero con ella
desde el principio en lugar de dejar que los años les separan.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Debes estar agotado —murmuró ella contra su pecho, su voz somnolienta, casi
incoherente.

—Tú estás agotada. —Se dio la vuelta hasta que yaciera de costado, acurrucándola cerca—.
Duerme, nena. Me tengo que levantar pronto y salir, quiero saber que estás soñando conmigo
cuando me vaya.

Ella se puso rígida en sus brazos, moviéndose para apartarse de él.

—No voy detenerte…

—No, no lo harás. Solo estoy perezoso como el infierno después de amarte. He estado
trabajando en la casa por las noches, tratando de poner todo en orden. Cinco años lejos y
necesita algunas reparaciones antes de que pueda volver a instalarme en ella. Estoy listo para
estar en casa, Jess. Ha pasado un largo tiempo.

—¿Nunca vendiste la casa? —Ella tiró del vello en su pecho, rozando su mejilla sobre él
mientras su cuerpo se tensaba en renovada necesidad.

—No tenías dinero para comprarla —gruñó—. Tienes mi caravana, nena. Me imaginé que
era suficiente.

—¿Sabías que compré la caravana? —Ella frunció el ceño, mirando hacia él—. Jazz dijo que
nunca lo sabrías.

La mirada de Slade se ensombreció, meditando.

—Jazz no necesitaba otra puñetera caravana. Esa pervertida guarida es todo lo que puede
manejar. Yo sabía quién la tenía, quién vivía en ella. Habrías tenido la casa si quisieras.

La conmoción apareció en ella mientras negaba con la cabeza por la confusión.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Tienes tanto sentido común como Jazz —le espetó—. Si te importaba tan jodidamente
tanto, ¿por qué te fuiste?

Y allí estaba el quid de la cuestión. Había vuelto de nuevo a su vida, como si perteneciera,
como si ella le perteneciera.

—Discutiremos esto muy pronto —él suspiró, moviendo la mano distraídamente por su
pelo—. Esta noche no, porque no hay tiempo suficiente. Pero muy, muy pronto, nena.

Muy pronto no era suficiente para ella, podía verlo en sus ojos. Ella estaba más allá del dolor
y se estaba preparando para exigir respuestas. Esas respuestas no iban a ser fáciles.

—Podrías dormir aquí. —Ella lo miró, la vacilación evidente en sus ojos—. Podríamos
hablar.

Slade le rozó el cabello, el dorso de los dedos cosquilleando de placer al sentir los hilos de
seda.

—Todavía no —susurró suavemente—. Pronto.

Ella no ocultaba su dolor tan fácilmente como pensaba que lo hacía. Retrocediendo, se
levantó de la cama, arrastró su bata sobre su cuerpo desnudo y la amarró con fuerza.

—Lo que sea. —Ella se encogió de hombros con negligencia, su pretensión de que no le
importaba mordiendo en su ira, recordándole que se lo merecía, a pesar de que no le gustaba—.
Depende de ti.

Slade suprimió su suspiro. No podía dejar a Cody con sus abuelos toda la noche, tanto como
quería. Los fines de semana eran lo suficientemente duros. El chico se preocupaba
incesantemente cuando Slade no aparecía para la hora de acostarse, siempre algo preocupado
que le hubiera sucedido algo a su padre, también.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Iba a tener que explicarle las cosas a Jessie. Él ya había esperado demasiado tiempo, y no
tenía ninguna intención de ocultar a Cody.

Se levantó de la cama, recogiendo su ropa mientras se vestía, escuchando a Jessie mientras se


movía alrededor de la cocina.

—Volveré por la mañana…

—No estaré aquí. —Ella mantuvo la cabeza baja mientras abría el pequeño congelador en la
esquina y sacaba una gallina de Cornualles congelada—. La escuela comienza de nuevo en seis
semanas. Me tengo que ir y empezar a preparar mi habitación y tengo compras y cosas que
hacer. No sé a qué hora estaré en casa.

Ella estaba relajada. Su pequeño cuerpo caliente estaba saciado y pensaba que podría
reemplazar la distancia entre ellos. Él no lo creía. Había trabajado demasiado condenadamente
duro para llegar hasta aquí, pasó muchas noches sin dormir soñando con ella. Ella no iba a
alejarlo ahora que él estaba empezando a sentir el calor de su corazón una vez más.

—Entonces una hora. —Él se puso las botas, mirándola fijamente—. Quiero verte antes de
tener que ir a la casa mañana por la noche. No te esconderás de mí, Jessie, no me importa lo
mucho que quieras hacerlo.

Cerró el congelador y arrojó la gallina en el fregadero mientras se volvía hacia él.

—No me posees, Slade. —No había enojo en su voz, sólo acero puro—. Dije que tengo cosas
que hacer. Así como tú tiene cosas que hacer. No trates de insistir sobre esto porque no va a
funcionar.

Él frunció el ceño hacia ella, vislumbrando la pura terquedad en la barbilla levantada. Hubo
un momento en que ella habría cedido a él, cuando habría esperado por él. Esos días se habían
ido, lo sabía, pero estaba seguro como el infierno sería duro acostumbrarse a este lado de ella.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

No es que no lo hubiera visto crecer dentro de ella antes de irse. Ella era una de esas mujeres
que te podría asustar con sólo el destello de castigo en los ojos. Hasta el momento, se las había
arreglado para evitar eso. Si alguna vez lo veía, tenía miedo de terminar mostrándole cuanto
poder ella tenía sobre él.

Bien, tenía trabajo que hacer. Podía trabajar alrededor de eso.

—Te veré mañana de todos modos. —Se inclinó para besar el ceño fruncido en su frente.

—Te dije que no estaré aquí —le espetó—. ¿Alguna vez escuchas algo que no quieres oír,
Slade?

—Ya no. —Él caminó hacia la puerta, abriéndola mientras miraba hacia ella—. Y, por cierto,
vas a decirme que me amas de nuevo pronto, Jessie. No esperaré mucho más.

—No aguantes la respiración…

—Te amo, nena…

—Bésame el culo, semental…

Dejó el apartamento riéndose, notando que su corazón estaba más ligero de lo que había
estado en cinco años. Ella no tenía que decir las palabras, tenía la prueba. Y él no permitiría que
ni una sola cosa dañara eso. Jessie era suya.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 16

Debería haber sabido que él no lo dejaría ir. Jessie estaba arreglando los asientos en el salón
de clases que le habían asignado ese año. Los libros estaban apilados en el piso, los estantes
finalmente limpios, aunque la otra superficie disponible estaba cubierta. El centro de cómputo
estaba finalmente intacto, los seis nuevos equipos instalados y funcionando perfectamente por
lo que ella podía decir.

Estaba de pie en una de las mesas, estirándose hacia la parte posterior de la plataforma final
mientras trataba de despejar el polvo acumulado en las esquinas cuando sintió unas manos
agarrando con fuerza su cintura. Ella abrió la boca, con sus manos agarrando las poderosas
muñecas mientras miraba a Slade.

Una sonrisa curvaba sus labios, achicándole los ojos. Una de las primeras que había visto
desde su regreso.

—Cuidado allí arriba, chica. —Él la levantó más cerca de la plataforma mientras tomaba
ventaja de la altura adicional y rápidamente limpiaba el polvo allí reunido.

—He terminado ahora. —Su voz era ronca, su contacto con el efecto que había tenido
siempre.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Cuestionó en tono quejumbroso mientras él la dejaba en el


suelo, su mano curvándose alrededor de su culo antes de palmearlo cariñosamente.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Quería verte antes de irme a la casa. Puesto que estarás tan ocupada pensé en parar aquí
antes y hacer algo juntos. La casa debería estar lista pronto.

¿Lista para qué?

—Eso es bueno. —Se aclaró la garganta mientras se movía hacia atrás de él, incluso mientras
dejaba que sus ojos lo devoraran. Maldita sea, él se veía bien. Demasiado bien.

Su pelo rubio era corto, pero finalmente estaba comenzando a crecer más allá del corte GQ
que él había adoptado por alguna razón. Recién afeitado, vestido con botas y pantalones
vaqueros y una camisa azul que destacaba el gris de sus ojos.

—Sí, realmente bueno —gruñó—. Será agradable finalmente estar en casa. —Él cruzó los
brazos sobre su pecho, casi mirando hacia ella—. Quiero que te mudes conmigo.

Ella parpadeó hacia él por la sorpresa.

—¿En serio? —Ella miró su postura, las caderas sobresaliendo hacia fuera, colocando su
mano casualmente sobre ella mientras le devolvía la implacable mirada—. No es demasiado
malo. Tengo una casa, Slade, y me gusta.

—No lo necesitas a tiempo completo, Jessie —argumentó con firmeza, obviamente decidido a
ganar—. Tengo una gran cama y mucho espacio. Puede arreglarlo como a ti te gusta. Como lo
desees. —Podía oír la zalamera oferta. Y era tentadora, malditamente tentadora.

—Me gustan las cosas tal y como las tengo en el apartamento. —Ella sacudió la cabeza con
determinación. No estaba preparada para esto, para darle esa gran parte de ella misma. Todavía
no.

Él frunció el ceño. Un aspecto totalmente masculino de frustración y manipulación brillando


en sus ojos.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—No me gusta dejarte por las noches —gruñó—. Te quiero en mi cama conmigo, Jessie.

—Y tú eres un niño grande, Slade —canturreó, su sonrisa dulcemente burlona—. Prometo


que el hombre del saco no me llevará.

—Él podría si no dejas de ser tan condenadamente terca —gruñó—. No voy a dejarte de
nuevo, Jessie. Lo juro…

—Y yo no soy un juguete que puedes tirar y luego volver y recoger cada vez que tengas un
impulso. La vida no funciona así, Slade. No me importa cuántas garantías me des, no me
mudaré contigo. —Ella casi se rió de la determinación con los ojos entrecerrados que llenaba su
expresión.

—Pondré la casa a tu nombre. —Arrogancia masculina llenó su cara entonces—. Haremos el


papeleo esta semana…

—Slade, eso no va a suceder. No quiero tu casa, no voy a ser tu pequeña compañera de


juegos, y no voy a vivir contigo. Olvídalo. Nosotros no estamos casados, semental. Tengo una
opción aquí.

—Entonces nos casaremos —espetó—. Nos dirigimos en ese camino de todos modos.

Auténtica conmoción rebotó a través de ella.

—Vaya, ¿no estamos románticos hoy? —Ella sacudió la cabeza, el sarcasmo goteaba de ella
mientras lo miraba—. Simplemente no lo entiendes, ¿verdad, Slade? No soy una niña. No soy un
pedazo de arcilla que puedes dar forma y moldear y tomar decisiones por ella. Ni siquiera sé si
me gustas…

—Me amas. ¿Por qué sigues tratando de ocultarlo?

Ella apretó los labios con fuerza.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Quién lo dice?

—Lo dice ese pequeño culo apretado que abriste para mí anoche —gruñó, una chispa de ira
llenando sus ojos—. Niégalo. Adelante, Jessie, dime que Jazz tiene esa parte de ti también.
¿Alguna vez confiaste en alguien que no amas tan plenamente?

—Tal vez Jazz no fue mi único amante, Slade —sugirió maliciosamente—. ¿Qué te hace
pensar que llené mis días con un hombre que no amaba y que sabía que nunca me amaría? Yo
podría haber tenido docenas de amantes.

—Tú y Jazz y sus puñeteros tal vez —gruñó—. No lo hiciste, nena. Esperaste por mí. —Sus
brazos se sacudieron de su pecho, su pulgar apuntando a su corazón—- Tú lo sabes y yo lo sé, y
por Dios, no veo ningún sentido en jugar juegos ahora.

—¿Cómo los que jugaste cinco años atrás? —Ella no iba a enojarse, se prometió a sí misma.
Slade no iba a avasallarla y era así de simple. La quería de nuevo en su vida, muy bien, podía
jugar a su manera o podía encontrar otro juego para jugar—. Vamos, Slade, dime por qué te
escapaste y te casaste Amy Jennings. Mejor aún, ¿por qué vuelves ahora, cinco años después, y
sólo después de su muerte?

—Me estás haciendo enojar, Jessie —espetó—. Te lo dije, discutiremos todo esto pronto…

—Y no me importa si alguna vez hablamos de ello —se arrojó hacia él, pasando a recoger
una carga de libros para colocar en las estanterías como si la discusión no tuviera nada que ver
con su corazón, su alma—. Te fuiste con otra mujer. Ninguna llamada telefónica, ni cartas, ni
correos electrónicos. Nada más que un pequeño adiós agradable y un recordatorio de la niña
que era —le recordó casualmente, ocultando el dolor que recordaba de su voz cuando no pudo
evitar el de su corazón.

Jessie empujó los libros en un estante inferior, respirando profundamente mientras lo sentía
detrás de ella, observándola. Podía sentirlo mirándola. Desde que tenía dieciséis años, apenas

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

consciente de lo que estaba entregándole cuando ella puso su corazón en él. Ella había sentido
su mirada la primera vez que se dio cuenta que se estaba convirtiendo en una mujer. La
sorpresa, el calor. Ella se había dado cuenta de eso en ese momento, como si un lazo místico los
atara, negándose a dejarlos en libertad.

—Hubo más que eso. —Las palabras parecían forzados de él—. Cosas que no sabes…

—Cosas que no quiero saber. —Estaba mintiendo. Se moría por saber. Era una fiebre en su
sangre de la que no podía liberarse. Pero maldita sea, la había dejado. Nunca, nunca le daría ese
tipo de poder sobre ella de nuevo.

Llevó otra pila de libros en el estante mientras él se quedaba en silencio detrás de ella.

—¿Por qué haces esto? —Ella se volvió hacia él, frustrada, irritada, no sólo por él, sino por su
respuesta a él—. No te pedí que volvieras aquí. No te pedí que te metieras en mi maldita cabeza
de nuevo.

—¿No? —Le espetó a su vez—. Me torturabas todas las noches que me las arreglaba para
dormir; llenando mis sueños, atormentándome con la sensación de tu calor y tu hambre. —
Caminó hacia ella, presionándola contra la plataforma antes de empujarle en sus brazos—.
Estás luchando una excelente pelea, nena, tratando de convencerte a ti misma que no me amas,
que no te importa un carajo. —Sus labios se apartaron de sus dientes en una sonrisa salvaje—.
Lo sé mejor. Lo sé, porque lo siento cada vez que te toco, cada vez que te tomo. Así que no te
molestes en mentirme.

—¿Como tú me mentiste a mí? —Ella finalmente se lo arrojó a la cara—. ¿Qué, Slade, eres el
único que puede hacerlo?

La soltó lentamente, su expresión siniestra, enojada.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Como yo te mentí —finalmente susurró—. Y pagué por ello cada segundo de los últimos
cinco años, Jessie. Los dos lo pagamos. No sé tú, pero yo estoy cansado de ser castigado. Tú
también podrías hacerlo. Porque tú eres mía. —Su dedo señaló imperiosamente hacia su
pecho—. Y seguirás siendo mía.

Ella abrió los labios para la explosión, para decirle exactamente donde podía meter sus
demandas, sus creencias, su maldita arrogancia. Un fuerte golpe en la puerta cerrada los hizo
saltar en su lugar.

—Maldito seas —murmuró, caminando rápidamente hacia la puerta y abriéndola


lentamente.

Clarissa Jennings estaba al otro lado de la puerta, su expresión recordándole a Jessie el hecho
de que la otra mujer era tan vengativa como su primo había sido. Su primer año enseñando el
año pasado había sido tan difícil debido a la ineptitud de esta mujer que Jessie había solicitado
una transferencia al final del año. No había llegado todavía.

—Necesito hablar con Slade. Vi que llegó más temprano y asumí que estaba aquí. —La
desaprobación y disgusto marcaban sus angulares rasgos.

—Oh, Slade. —Jessie se volvió, devolviéndole la sonrisa dulcemente—. Te buscan.

Lo que vio en el rostro de Slade era aterrador. La mirada que le dirigió a Clarissa estaba llena
de furia, con advertencia. Sólo lo suficiente para hacer que la otra mujer diera un paso atrás
como mientras miraba entre con confusión.

—Ya me iba —gruñó, parado tras Jessie mientras la miraba—. Te veré más tarde.

—Sólo si no te veo venir primero —murmuró.

Él gruñó, tomándola del pelo mientras le inclinaba la cabeza hacia atrás para un beso rápido
y duro, haciendo caso omiso de la aspiración desdeñosa de Clarissa.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Más tarde, nena. —Él sonrió con fuerza antes de apartarse de ella, sus dedos agarrando el
brazo de Clarissa y conduciéndola rápidamente por el pasillo.

Vale. Ahora quería respuestas. Y las tendría pronto.

Slade cerró de golpe la puerta de su jeep, acechando los escalones de la entrada a la casa
Jennings con un borde de la furia. Clarissa era una perra, casi tan jodidamente vengativa como
su prima había sido. Golpeó en la puerta principal, escuchando los gritos de felicidad de Cody a
medida que lo vislumbraba a través de la ventana.

La puerta se abrió rápidamente y el niño pequeño se lanzó a sus brazos.

Robusto, pero tan condenadamente delgado que a Slade le preocupaba que el niño estuviera
muerto de hambre a pesar de la cantidad de alimentos que comía. Pelo tan oscuro como una
nuez y los ojos de un impresionante color turquesa. Cody le había enseñado a Slade el
significado de la verdadera inocencia. El niño le había permitido ir a través de algunos de los
días más tristes de su vida.

—La abuela dijo que no ibas a volver —gritó Cody mientras enterraba su rostro en el pecho
de Slade—. Que no podría vivir en la casa grande contigo como dijiste. ¿Por qué está mintiendo,
papá? —Él levantó la mirada hacia Slade ferozmente—. Me gusta la casa grande.

La ira lo atravesó. Al igual que su madre, su abuela estaba ahora tratando de usar el agarre
que este niño tenía sobre él para controlarlo. Amy se había salido con la suya, simplemente
porque podía. Estaría condenado si permitía que sus padres hicieran lo mismo.

—No hay nada de qué preocuparse, colega. —Él palmeó la espalda de su hijo, mirando a
Glenda y Hank Jennings mientras avanzaban por el pasillo—. Nos mudaremos muy pronto. Tú
y yo. —Y, oró, con Jessie.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Bajó a Cody, señalando la caja de arena en el patio delantero.

—Ve a jugar, deja que papá hable con los abuelos. ¿De acuerdo?

Él apartó el pelo de la frente de Cody, maravillado por la inocencia reflejada en los ojos de
color turquesa del niño.

Cody miró a sus abuelos antes de volverse y enganchar sus vaqueros para arriba en sus
pequeñas caderas.

—Voy a jugar, pero díselo, papá. Me iré a vivir contigo a la casa grande y eso es todo.

—Eso es todo, hombrecito. —Slade asintió con firmeza—. Ve a jugar, yo me encargo de ello.

Él le devolvió la mirada a la pareja mayor mientras Cody salía corriendo a la pila de arena.

—Hank. —Slade se volvió hacia el hombre mayor, postergando el temperamento


normalmente plácido del hombre—. ¿Quieres decirme por qué Clarissa piensa que tú me
puedes decir a quien permites alrededor de mi hijo y a quien no?

La demanda de Clarissa había sido concisa mientras lo acorralaba en la oficina del director
de la escuela. De ninguna manera él vería a Jessie de nuevo o los abuelos de Cody podrían
demandar por la custodia del niño.

Cuando salió de la oficina, Clarissa había estado pálida, temblando, totalmente convencida
de que ella había mirado la muerte a la cara y apenas escapó cuando se fue. Esperaba que
mantuviera la boca cerrada un poco más.

Ahora, sólo tenía que lidiar con Glenna y Hank.

—Esa mujer destruyó a Amy, Slade —acusó Glenna, lágrimas llenando su voz—. ¿Crees que
no nos dijo lo miserable que la hiciste a causa de esa pequeña zorra?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¡Basta! —Era una maldita buena cosa que lo hubiera dicho Glenna y no Hank. No iba a
golpear a una mujer, pero Amy había heredado su boca vengativa de alguna parte. Se volvió
hacia Hank—. Puedo llevarme a Cody ahora y no volver, Hank. No toleraré esto. Ese chico es
inocente y no permitiré que se metan con él. Yo era fiel a Amy y la traté bien. Sabes que yo lo
hice. Ahora ella se ha ido, y que me aspen si Cody va a pagar por los problemas que tuvimos.

—Tú no la amabas. —Hank sacudió la cabeza con cansancio, con los ojos tristes—. Estaba en
el coche gracias a ti.

—Ella estaba en ese coche porque era allí donde quería estar —espetó, deseando poder
decirles la verdad, deseando que el sello de ultra-secreto en su archivo no le prohibiera revelar
la información—. Si hubiera querido que nuestro matrimonio funcionara ella lo habría
intentado, lo mismo que yo. No fue culpa de Jessie, ni de Cody. Y ninguno de ellos va a ser
castigado por ello.

Estaba furioso y dio gracias a Dios, no por primera vez, que ellos no tuvieran conocimiento
de que Cody no era su hijo biológico. Se lo quitarían en un santiamén.

—Me lo llevo conmigo ahora —les espetó, luchando contra la rabia creciendo dentro
mientras le lanzaba a Hank una mirada implacable—. Mejor piensen sobre esto y decidan cuán
importante es que continúen con esta venganza. Si sigue así, me aseguraré de que nunca vean a
Cody de nuevo.

Él no les dio la oportunidad de discutir. Se volvió, yendo de nuevo al patio y balanceando a su


hijo en sus brazos.

—¿Qué tal si empezamos a trabajar en la casa temprano hoy? —Levantó al niño a sus
hombros mientras se movía al jeep—. Podríamos poner la valla alrededor de la yarda. ¿Eso
suena bien?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Cody gritó un yee-haw que tuvo a Slade riendo de alegría, su corazón iluminándose
mientras lo depositaba en el asiento del niño en la parte trasera, lo ataba y se movió alrededor
de la parte delantera del vehículo.

Cuando saltó en su asiento y se puso el cinturón de seguridad, lanzó otra mirada de nuevo a
la pareja de pie en el porche, y sintió a su pecho apretarse con pesadez. Tenía la esperanza de
permanecer en términos amistosos con los padres de Amy. Cody necesitaba a su familia, a sus
abuelos. No tenía tías o tíos, pero podría tener a familia extendida de los Jennings si se sacaban
los palos de sus culos el tiempo suficiente para ver la verdad.

No era la primera vez que agradecía a Dios que Jessie no viviera en ninguna parte cerca de
la familia de Amy. El condado vecino no era uno que ella visitara mucho. No era uno que Slade
visitara mucho, hasta Amy. Pero servía como recordatorio de que él iba a tener que contarle lo
de Cody y la razón de porqué la había dejado hace cinco años. Pronto. Si no lo hacía, alguien
más lo haría.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 17

A la mañana siguiente, antes de que la niebla incluso se hubiera levantado de la tierra, Slade
se detuvo en las oficinas de Rigor Construction y estacionó su jeep al lado del coche de Jessie. El
pequeño lago junto a las oficinas mantenía la niebla pesada, y le daba a la oficina de dos pisos
un encanto que no habría tenido de otra manera.

En el pequeño muelle que conducía desde la empinada orilla, estaba el barco de pesca de
Jazz y Zack, Sea-Doo. Sus juguetes, con los que jugaban frecuentemente. Slade negó con la
cabeza, pero admitió que las noches que habían pasado pescando en el agua eran algunos de
sus mejores recuerdos, además del fin de semana que había pasado con Jessie. Lo cual lo llevó al
punto de partida. La situación con los padres de Amy se le estaba yendo de las manos.

Había dejado a Cody con sus abuelos por última vez, temía. Glenna había sido abiertamente
hostil hacia Slade, aunque se calmó momentáneamente con Cody. Hank había permanecido en
silencio, con la cabeza colgando abatido ante la ira de su esposa. Era algo que Cody no tenía
necesidad de ser parte, y para ser honesto, Slade estaba cansado de la irascible mujer. No era un
ambiente sano para su hijo. Hoy, tenía dos objetivos. Encontrar a otra persona para cuidar al
chico, y esta noche, decirle la verdad a Jessie.

En primer lugar, la necesitaba. Dios, la echó de menos la noche anterior. La mujer estaba
bajo su piel como una fiebre. Ella siempre lo había estado, y él había admitido, incluso antes de
dejarla, que nada curaría su fiebre por ella.

Se acercó a la puerta del apartamento, sus labios torciéndose en la nota pegada en ella.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Si esta nota está aquí, todavía estoy durmiendo. Vete y vuelve a una hora decente.

Resoplando, insertó la llave en la cerradura y la giró con un clic silencioso. La puerta se


abrió, encerrándolo en una ráfaga de aire caliente. Maldita sea, hacía demasiado calor aquí. A
pesar de las ventanas abiertas y el aire de la mañana, estaba lleno de calor sofocante.

Dio un paso por el interior, entrando en el dormitorio mientras se ponía la camisa.


Recostándose contra la pared, se quitó las botas, mirando fijamente a la mujer durmiendo en la
cama, tumbada desnuda bajo una manta liviana. Su cabello desplegado alrededor de su cara
enrojecida, los labios entreabiertos con seductora sensualidad mientras respiraba
profundamente.

Quitándose sus jeans y pantalones cortos, tiró de la manta, quitándola lentamente de su


esbelto, hermoso cuerpo, sonriendo cuando ella murmuró en sueños, frunciendo el ceño
mientras su polla se sacudía ante la demanda lujuriosa. Una sonrisa arrugó sus labios cuando
desnudó sus pechos, los montículos sonrojados, sus pezones endurecidos. El aire de la
habitación se volvió más cálido.

El material se deslizó por su torso, abdomen, dejando al descubierto el pequeño tatuaje, el


dragón que tanto amaba. Dios, soñaba de besarla allí de nuevo, sentir el calor de su carne, oler
su excitación desde los suaves pliegues de abajo. Entonces la manta dejó al descubierto sus
muslos, revelando los suaves pliegues de su coño. Maldita sea, la visión del tatuaje nunca dejaba
de debilitarlo. Era tan Jessie. Caprichoso, recordándole los cuentos de hadas y el amor que había
perdido.

Ella era su luz. El aire que respiraba y no tenía ni idea de cómo convencerla de esto, cómo
convencerla que lo del pasado nunca se repetiría, que había sabido, incluso antes de dejarla, de
qué se estaba alejando.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Con la manta ahora tendida en el suelo, y el cuerpo suave de Jessie revelado a él, los
pensamientos de cualquier cosa excepto amarla, tocarla, huyó de su mente. Solo mirarla seducía
sus sentidos, lo llenó de visiones de ella retorciéndose debajo de él, consumiéndose de pasión.
También le llenaba de ternura. La mezcla de emociones lo dejaba fuera de balance,
recordándole a menudo del poder que esta pequeña mujer tenía sobre él.

Con el pecho apretándose con las emociones que a menudo parecían demasiado intensas,
Slade se sentó al lado de ella, sintiéndola girarse al instante hacia él, acurrucándose contra su
pecho con un pequeño suspiro somnoliento. Odiaba la idea de despertarla, a pesar de la
necesidad golpeando a través de su cuerpo. Rara vez tenía la oportunidad de abrazarla mientras
ella dormía, acurrucada confiadamente sobre su corazón mientras sus piernas se enredaba con
los suyos. Sus dedos se enroscaron a través de su pelo, el tacto de la seda fría contra su palma
recordándole las noches incontables cuando había permanecido solo, mirando hacia la
oscuridad, su alma llena de recuerdos de ella. La necesidad de tocarla había sido abrumadora,
su conocimiento de que sólo la distancia entre ellos había salvado su propio sentido del honor
fue un trago amargo.

Si no se hubiera ido, nunca habría tomado las decisiones que había tomado, porque Dios
sabía que ella era como una fiebre en su sangre que él no tenía ningún deseo de librarse.

—Te dije que estaba durmiendo —murmuró ella contra su pecho, su cuerpo todavía
relajado, curvándose confiadamente en su contra—. Sabía que ibas a aparecer en una hora
miserable.

Una sonrisa curvó sus labios mientras le apartaba el pelo de la cara, la mano ahuecando el
lado de su cara mientras él ponía un beso en contra de la comisura de su boca.

—Te extrañé —susurró, manteniendo su voz baja, decidido a aferrarse a la orilla de la


fantasía envolviéndose alrededor de ellos.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ella se estiró en su contra, las sedosas piernas frotándose contra las suyas más toscas
mientras se acurrucaba más cerca, sus propios brazos apretando alrededor de ella.

—Tenemos que hablar hoy, Slade —ella finalmente suspiró, sus manos presionando contra
su rugoso pecho salpicado de pelo, sus labios acariciando su cuello.

Slade cerró los ojos. Sí, tenían que hablar hoy. Pero no en este momento. No cuando la niebla
de la madrugada los envolvía y estaba yaciendo dulce y relajado en su contra.

—Te amo, Jessie. —Él tenía que susurrar las palabras, para reforzar la emoción que había
apoyado sus decisiones durante los últimos cinco años.

—Pero a veces el amor no es suficiente. —Los recuerdos tristes en su voz pincharon en la


comodidad envolvente.

—Y a veces, el amor es todo lo que tienes. —Durante cinco años había vivido con el
recuerdo del amor. Él no podría sobrevivir de los recuerdos por más tiempo—. Hablaremos esta
noche. Hay mucho que tengo que decirte y decisiones que tenemos que tomar. Pero no quiero
hablar ahora. Ahora mismo, sólo quiero tu amor.

Ella inclinó la cabeza hacia atrás, sus aterciopelados ojos marrones somnolientos, oscuros.

—Siempre has tenido mi amor, Slade. Cada minuto de cada día durante el tiempo que te
conozco. Pero ya no soy una niña. Y no necesito tu protección. —Su voz se entrelazó con el
acero, su mirada directa, determinada.

—Yo te protegeré con mi vida siempre que sea necesario, Jessie —suspiró. Infierno, él no
sabía nada más—. Tú eres mi luz. He estado sin ti demasiado tiempo, te he necesitado
demasiado. Eso nunca va a cambiar.

—Entonces vamos a tener un infierno de tiempo para restablecer esta relación —le advirtió,
la sensualidad adormilada que llenaba su rostro no hacía nada para restar valor a la rebeldía en

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Serie Chicos del verano 01

sus ojos—. Puedes ser el gran semental malo, pero que me aspen si permito que pretendas que
el pasado nunca ocurrió y no quieras hablar de él. No funciona de esa manera para mí.

—Lo sé, nena. —Y pesaba cada vez más en su corazón. Quería olvidar. Quería cerrar la
puerta al dolor detrás de ellos y nunca volver a abrirla—. Sólo déjame abrazarte ahora mismo,
mientras la mañana es tranquila, mientras que estás suave y dulce por el sueño. Déjame tener
eso por ahora.

—Siempre lo has tenido. —Levantó la mano, los dedos pasando por su mandíbula antes de
acariciar sus labios—. Pero no es gratis esta vez, Slade. Esta vez, quiero todo de ti. Los secretos
que estás ocultando y las razones por las que te fuiste. Todo. O bien, puede salir por esa puerta
ahora y no volver nunca más.

—Nunca —gruñó, la feroz negativa rasgando su pecho mientras la empujaba con más
fuerza contra él—. Cree eso, Jessie. No importa lo que pienses, no importa lo mucho que te
disgusten las decisiones que he tomado o tomaré, nunca me iré de nuevo. Nunca.

—Lo haré. —Arrepentimiento brillaba en sus ojos—. No voy a mentir, Slade. Y no permitiré
que juegues conmigo. Nunca más.

Él la empujó de espaldas, a sabiendas de la culminación de cinco años fue cerrando


rápidamente adentro en él y el temor de que se apretó el pecho lo enfermaba, le aterrorizaba.

—Te arrastraré de vuelta —gruñó—. Y si lo tengo que hacer, te ataré a mi cama y te


mantendré allí hasta que no puedas pelear más, Jessie. Te advertí hace años que no sabías en lo
que te estabas metiendo, y te lo advierto ahora. No voy a tolerar perderte de nuevo.

Sus labios cubrieron sus protestas. Estirando los brazos por encima de la cabeza él los
mantuvo allí mientras la silenciaba con su beso. No era un devastador, voraz beso, aunque Dios
sabía que él estaba desesperado por saborearla. Utilizó las caricias para desarmarla en su lugar.
Inclinando sus labios sobre los de ella, él tomó un sorbo de ella, de su sabor. Su lengua acarició

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Serie Chicos del verano 01

más allá de las curvas entreabiertas, retrocediendo con la misma rapidez, disfrutando del sonido
de sus rotas respiraciones mientras se arrojaba al fuego que era tanto una parte de ella.

Sus pechos apretados contra su pecho, pequeños pezones calientes, pero nada era tan bueno
como su beso. Él tiró de sus labios en los suyos, presionado de nuevo, lamiéndolos, probando,
sumergiéndose en su boca y dejándola fluir a su alrededor. Su corazón volvió a nacer en ella.
Cinco años de privación y dolorosa soledad. Haría falta una eternidad para aliviar el hambre.
Nunca olvidaría, nunca se permitiría perderla de nuevo.

—Caliéntame, Jessie —susurró contra sus labios, sus dientes tirando de la curva inferior,
desesperado por aferrarse a ella, negándose a liberar sus labios mientras ella miraba hacia él, la
pasión y la ira luchando en su mirada—. He estado tan frío, nena. Profundo frío, donde ningún
fuego podía llegar, sólo tú. No quiero tener frío otra vez.

La rendición se hizo eco en su suave gemido, en el aleteo de sus pestañas mientras bordeaba
los labios con la lengua. Suave, caliente y llenando los lugares oscuros de su alma, se relajó
debajo de él, su pequeña lengua suave asomándose, tentándolo a quemar el fogoso centro que
era Jessie.

La tocó como el sueño que ella había tenido durante cinco largos años. Él le soltó las manos,
permitiendo que sus dedos moldearan las firmes curvas de sus pechos, mientras sus labios se
movían por el arco de su garganta, en dirección infaliblemente al rosado y duro pezón.

Ella se arqueó y gritó cuando él arremetió contra ellos con la lengua. Sus dedos enterrándose
en su pelo, su respiración ronca mientras él les amamantaba en su boca, rastrillado sobre ellos
con los dientes.

—Es tan bueno… —Su gemido susurrante solamente alimentó su lujuria—. Es mejor que en
los sueños, Slade. Es mejor que en los sueños.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Él gimió ante la ronca declaración. Sí, era mejor que en los sueños, más caliente, más
profundo y quería más. Se movió por su cuerpo, extendiendo sus muslos mientras bajaba la
cabeza y besaba en los pliegues húmedos de su coño. Él puso sus labios en contra de ellos,
rastrillándolos con su lengua, lamiendo a través de la pequeña y estrecha rendija y se embriagó
en su calor y su gusto.

Ella era néctar. Un incendio en el invierno. Calor de verano. Llenaba todos los rincones
oscuros de su alma, dándole alegría. Esto era deleite. Manteniendo sus caderas arqueadas hacia
sus labios, follándola con su lengua, lamiendo sus jugos y escuchando sus gemidos irregulares,
que hacían eco de su alrededor.

Mientras ella se deslizaba en el orgasmo, sintió a su pecho expandirse con orgullo y


posesividad. Ella era suya. Yendo encima de ella, él se movió entre sus muslos abiertos, viendo
como su polla empujaba contra las curvas sonrojadas, sus dientes rechinando al recordar que el
condón seguía metido en los pantalones.

—¿Estás protegida, nena?

Ella le devolvió la mirada, los ojos oscuros llenos de calor y hambre.

—Nunca lo hice sin protección —ella respiró con brusquedad.

Él la miró, reviviendo el anuncio de Amy de su embarazo, su horror, el terror de que el fin de


semana que había pasado llenando a Jessie con su semilla destruiría su vida también.

Echó un vistazo a su abdomen y luego, una oleada de emoción rasgó a través de él al pensar
en llenarla con su hijo. Ver sus dulces curvas madurar, su vientre pesado con un bebé.

Se lamió los labios por el hambre.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Quiero tener bebés contigo —susurró, presionando en su interior—. Pronto. Quiero a


nuestro hijo llenándote. Quiero atarte a mí hasta que no haya manera en el infierno que puedas
alejarte de mí.

Su respiración se enganchó mientras sacaba su mirada hacia su rostro y veía el hambre allí.
No sólo el hambre de la lujuria, de la liberación. Los sueños hambrientos, la necesidad de atarlo
a ella tan efectivamente como él la ataría.

Se deslizó dentro de ella, trabajando sus caderas lentamente, acariciando cada agonizante
pulgadas de su pene en el portal el apretado agarre. Ella ondulaba a su alrededor,
convulsionando, atándolo a su alma con su toque, con su amor.

—Haríamos hermosos bebés, Jessie —gruñó, su voz áspera mientras se asentaba en su


interior hasta la empuñadura—. Nuestros bebés.

—Me estás matando, Slade —ella gimió, sus ojos casi negros por la emoción mientras se
levantaba hacia él, tomando todo de él con un doloroso pequeño grito de placer—. No me hagas
soñar para luego alejarte de nuevo.

El temor de dolor en su voz mientras sus manos se apoderaban de sus brazos, le rompió el
corazón.

—Nunca más —gruñó, retrocediendo, empujando con fuerza dentro de ella—. Nunca voy a
perderte de nuevo, Jessie.

Sus manos se hundieron en sus caderas mientras comenzaba a moverse, la capacidad de


hablar, de pensar, desapareciendo rápidamente debajo de la pasión consumiéndolos. Golpeó
dentro de ella, sintiendo el agarre de su coño, ondulando a su alrededor, con espasmos y
convulsiones mientras ella gritaba con voz ronca, buscando su primer lanzamiento.

No era suficiente. Todavía no.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Otra vez. —Él gruñó, acercándose a ella, levantándole las piernas y hundiéndose más
profundamente en su interior.

Estaba mojada, tan sedosa, dulce y melosa que gruñó con hambre animal contra su garganta.
No podía tener suficiente de ella. No podía llegar lo suficientemente profundo. Y estaba tan
jodidamente apretada que cada golpe era como empujar dentro de un tornillo de terciopelo que
apretaba y se retorcía el placer de su alma.

—Abrázame, Jessie. —Ella tenía los brazos apretados alrededor de sus hombros, pero él no
estaba lo suficientemente cerca. Su calor le abrasaba, lavando sobre él, a través de él,
calentándolo. Pero tuvo que acercarse, tenía que marcarla, atarla a él para siempre.

Sus brazos apretados alrededor de él, su cuerpo acelerándose debajo de él, pero las palabras
que él necesitaba no salieron de sus labios. No hicieron eco en el aire a su alrededor, y él sabía
que no era algo con lo que pudiera obligarla.

Ella le había dado su amor incondicionalmente una vez, y ahora estaba luchando por ello.
Rogando por ello.

Se movió más duro, más profundo, gruñendo con el placer y el dolor de su amante,
tomándola. Sus gritos rompieron la quietud del aire cuando se lanzó desesperadamente dentro
de ella una y otra vez. Él la folló con desesperación. Todo lo que conocía era el placer, el hambre
y el amor rasgando a través de él.

Cuando ella explotó debajo de él otra vez, su coño ondulando y apretando alrededor de él, la
realidad se oscureció. Su único punto de luz era Jessie mientras sentía la advertencia
chisporroteando por su columna vertebral y llenando su cabeza.

Empujó con más fuerza, sus caderas golpeando contra ella, su polla acariciando
furiosamente dentro del calor de su coño hasta que se deshizo también. Se condujo más
profundo, luchando para convertirse en una parte de ella para siempre, su liberación

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

rompiéndose. Duro, su semen se disparó de su polla, llenándola, inundándola con rica semilla
caliente, en busca de ese vínculo definitivo, el sueño que lo había llenado durante años.

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CAPÍTULO 18

—Tenemos una cita esta tarde —le recordó Slade mientras yacía en el somnoliento, saciado
esplendor después de otro ataque de sexo alucinante. El hombre era un orgasmo caminante. Un
mecedor, increíble orgasmo esperando a suceder. Su coño todavía palpitaba de los golpes que le
había dado, y le dolía con el placer satisfecho.

—No tenemos una cita. —Se estiró, la pereza llenándola mientras sus ojos se cerraban y una
buena siesta se convirtió en una consideración importante.

El silencio que llenó su declaración no fue perceptible para ella al principio. Sus sentidos
estaban todavía aturdidos, su sistema nervioso sobrecargado. No había nada como el sexo con
Slade. Le hacía algo. La ponía borracha, drogada ¿o tal vez sedada? Era mejor que cualquier
droga de la que jamás hubiera oído hablar. Y supuso, trabajando con algunos de los niños más
precoces en la escuela, había oído hablar de la mayoría de los fármacos actuales.

Tal vez era la sobrecarga de adrenalina, pensó perezosamente. ¿No caes muy rápido cuando
te estrellas contra ello?

—Jessie, estaré de vuelta esta noche…

—… No quiero oírlo. —Ella realmente no quería. Era como tentar al destino. Había estado
allí antes, no le gustó entonces y le iba a gustar mucho menos una segunda dosis de la
desilusión.

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Serie Chicos del verano 01

Ella oyó su suspiro e hizo caso omiso de eso también. Estaba demasiado condenadamente
laxa para discutir en este momento. Por supuesto, si él quería acostarse al lado de ella, tal vez
una siesta un poco antes de que él se fuera corriendo a esa estúpida reunión, podría manejar
eso. No habían hablado mucho, se dio cuenta. Desde el momento en que había estado de vuelta
en su vida, no habían hecho mucho, excepto follar. Era una manera cojonuda de pasar un día
de verano, pero tenía que admitir, estaba empezando a desear más. Ansiar más.

Quería pasar la noche en sus brazos. Quería compartir sueños, y contarle lo de los niños en
la escuela, de la perra directora del infierno. Quería oír hablar de su día de trabajo, escuchar su
humor seco mientras él compartía las vivencias de su día con ella. Quería algo más que sexo y
eso la enojaba.

Mientras yacía allí, habría jurado que sintió un soplo de aire en su cadera, una caricia de luz
sobre el tatuaje colocado allí. Un frágil recuerdo revoloteó por su mente. Medianoche, una fiesta
rabiando fuera mientras se deslizaba en el sueño, la sensación de los ojos de Slade en ella, sus
labios en su cadera, segundos después, su voz en su oído.

Lleva mi corazón contigo, nena. Te seguirá… siempre…

El sonido de su dolor, su voz ronca, entrecortada, como desgarrando su alma. Como si


hubiera sucedido en realidad, más que un sueño ilusorio, un grano de esperanza para mantener
su corazón cálido. Era patético, admitió, no por primera vez.

Ella abrió los ojos, mirando hacia abajo, donde él se arrodillaba junto a la cama, la cabeza
ahora levantada de su cadera. Escalofríos corrieron por su espalda mientras él le devolvía la
mirada, todavía con las sombras de un dolor sombrío y asolado.

Las palabras estaban en la punta de sus labios, el conocimiento luchando por encontrar su
camino mientras ella lo empujaba de vuelta. No iba a pensar en el pasado, se juró a sí misma.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Estaba tomando un día a la vez con él, un solo toque a la vez. Si y cuando él se hubiera ido de
nuevo, ella sobreviviría, sabiendo que no había tenido falsas expectativas.

Una mueca resignada tiró de sus labios.

—Nunca te dejaré de nuevo, Jessie.

Ella sacudió la cabeza, apretando las carreras sobre su cuero cabelludo, el recuerdo
susurrando en su cabeza de nuevo.

—Sin promesas, Slade. —Levantó la mano, sus dedos rozando su mandíbula y su barba sin
afeitar mientras él le cogía la mano, sosteniéndola en su mejilla—. Tengo que sobrevivir. Sin
promesas.

Él negó con la cabeza, el cansancio llenando su expresión antes de negar con la cabeza con
irritación. Irritación en la cara de Slade le divertía. Tenía una manera de bajar las cejas,
mirándola esos ojos tormentosos, y haciendo que la mayoría de la gente deseara nunca haberse
cruzado con él, para empezar. Siempre la había hecho reír.

—Vuelvo esta noche. —Él puso sus dedos en sus labios cuando ella comenzó a negar la
declaración—. Esta noche, Jessie. Apuesta por eso.

Ella no era una mujer de apuestas. Ya no.

Él se levantó, dándole una última e inquietante mirada.

—Tú has tenido mi corazón, todo este tiempo. Infierno, eres dueña de mi alma. No me pidas
que deje de soñar contigo, o deje de pedirte un mañana. Porque durante cinco malditos años la
esperanza que llegaba con cada mañana era todo lo que me quedaba. Recuerda eso.

Se volvió y pisoteó fuera del dormitorio y entonces del apartamento mientras Jessie fruncía el
ceño hacia el techo.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Lleva mi corazón contigo, nena. Te seguirá… siempre…

Sacudiéndose lejos el frío de la premonición, se levantó de la cama. Se olvidó de dormir, ella


sólo soñaría. Últimamente, sus sueños habían sido demasiado sombríos, demasiado molestos,
para querer enfrentarlos de nuevo. La única vez que no soñaba con él era cuando él la
abrazaba. Las noches eran largas, inquietas, la necesidad de sentir su calor contra ella era
abrumadora.

Debería haber exigido respuestas a estas alturas, pensó mientras se arrastraba hasta la ducha
y frotaba su cuerpo con furia. Ella debería haber exigido respuestas antes de permitirle tocarla.
Pero no lo había evitado. Demasiado estúpida, pensó con un suspiro mientras se secaba y se
ponía el traje de baño y la bata. El agua clara del pequeño lago fuera del edificio de oficinas le
resultaba irresistible. Su flotador estaba asegurado en el asiento del barco de pesca de Jazz, y el
sol estaba saliendo caliente y brillante. Iba a disfrutarlo antes de ir a dar clases, reuniones de
padres y maestros, y comenzara el estrés del año escolar. No tenía tiempo para preocuparse por
Slade o sus razones de nada. Se dijo que no había excusa para sus acciones cinco años antes. Si
él la hubiera amado, realmente amado, podrían haber trabajado a través de cualquier cosa.

Caminando desde el edificio, dejó que una sonrisa curvara sus labios cuando oyó los patos
haciendo ruido al final del muelle. Había docenas de pequeños grupos de los lindos pequeños
demonios luchando por cada trozo de comida que podían encontrar. Mientras caminaba por el
estacionamiento, el shock se disparó dentro de ella cuando vio al niño en el borde de la pasarela
flotante, inclinado hacia adelante, con las manos extendidas hacia un precioso bebé con plumas.

—Dios mío. Oh, Dios mío. —Ella comenzó a correr por el camino, sabiendo que nunca
llegaría a tiempo. Nunca…—. Oh, Dios mío. ¡Slade! Jazz. ¡Ayúdenme! —Ella estaba gritando
cuando el bebé cayó en el agua, su pequeña cabeza desapareciendo en las oscuras
profundidades mientras ella se quitaba la bata de los hombros y se lanzaba dentro.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

El agua caliente la envolvió, profundo, tan jodidamente profundo. Y oscuro. El cabello del
niño era oscuro, así, y la visión se veía gravemente limitada bajo las oscuras aguas.

Se estiró, pateando, sus manos moviéndose frenéticamente mientras luchaba por sentir la
oscura cabeza del niño. Él no podría haberse hundido tanto, pensó irracionalmente. No pesaba
lo suficiente. Él era pequeño y no podía haberse ido muy lejos. Pero la caída al agua era de casi
cuatro pies, esto le habría dado suficiente impulso por la forma en que su cuerpo se había
curvado, tratando de alcanzar ese condenado pato.

¿Dónde estás? gritó en silencio, mirando a través de las oscuras profundidades


desesperadamente. Oh, Dios. Permíteme encontrarlo. Permíteme encontrarlo.

Luchando para empujar más profundo, buscando desesperadamente, podía sentir la presión
en el pecho creciendo con más fuerza, la necesidad de oxígeno consumiéndola cuando vio el
pequeño atisbo de carne pálida. Alargando la mano sin pensar, sus dedos se enredaron en el
cabello suave y sedoso, y empujó mientras empezaba a patear hacia la superficie, tirando del
niño a sus brazos mientras luchaba ahora para salvarlos a ambos. Manos duras agarraron su
cintura y la impulsaron más rápido a través de las profundidades, lo que la hizo estallar hacia la
superficie más rápido de lo que podía ella misma.

Ella rompió a través del agua, tragando aire, el pequeño cuerpo laxo en sus brazos
asustándola cuando vio la cara pálida de Jazz inclinándose para tomar el cuerpecito. Levantó al
niño hacia él mientras Slade se alzaba por la cubierta flotante, un aullido furioso desgarrando
su garganta.

—¡Cody! —Su resonante grito la sorprendió mientras miraba donde Jazz y Zack estaban
trabajando para expulsar el agua de los pulmones del bebé, rogándole que respirar.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¡Oh, Dios! Cody. ¡Bebé! Respira para papá, Cody. Respira. —Slade se dobló, sopló en la
boca y la nariz, mientras Jazz masajeaba el diminuto pecho y Zack compraba el pulso en el
pequeño brazo.

El rostro de Slade estaba mojado y no sólo por la caída que había tenido en el agua al ir tras
ella. Las lágrimas caían de sus ojos, llenando su voz mientras oraba.

Como en cámara lenta, Jessie miró, su corazón estallando en su pecho mientras sollozos
luchaban por salir.

—¡Oh, Dios! Cody, por favor… —Slade se dobló, respirando en la boca del niño otra vez
mientras Jazz y Zack maldecían, gritando.

De repente, el pequeño cuerpo se sacudió, convulsionó y el agua brotó de su nariz y boca. Un


grito quejumbroso se convirtió en un grito de terror hacia su papá mientras Slade le tiraba a sus
brazos, meciéndolo, de rodillas, con los brazos rodeando al niño mientras hundía la cara en su
pelo mojado.

El rostro de Slade estaba blanco, su cuerpo tembloroso. No es que ella lo culpara, el niño era
un extraño para ella y ella estaba temblando, shock y confusión rasgando a través de su mente.
No lo podía creer. Se dijo que no había manera de que pudiera haberlo sospechado. Y, sin
embargo, la prueba estaba allí.

—Papá te tiene, hijo. —Él frotó la frágil espalda del niño, sus manos pareciendo tan grandes
contra un cuerpo tan pequeño—. Está bien, hijo. Papá te tiene.

—Jessie. —Jazz se arrodilló a su lado, empujando hacia atrás su cabello mientras ella miraba
a Slade y su hijo—. ¿Estás bien, Jessie? Tu mejilla está sangrando.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Levantó la mano, se tocó la mejilla con aire ausente. Apenas recordaba el pato que había
tenido la mala suerte de estar en su camino mientras se zambullía tras el niño. Pero no le dolía.
Nada podría doler lo suficiente para calmar el dolor que rabiaba en su alma.

El hijo de Slade.

Él estaba meciendo al bebé, un pequeño de brazos y piernas delgados que suspiraba y se


agarraba a los hombros del hombre. Su papá.

Él gimió:

—Papá… yo sólo quería que el patito… —Tosió, estrangulándose con el agua antes de que
sus vías aéreas se despejaran de nuevo—. El patito, papá… —Los sollozos se silenciaron, el
terror desvaneciéndose mientras su papá lo mecía, aferrándose a él, consolándolo y susurrando
cosas de “papá” a en su oído.

—¿Jessie? —Jazz le volvió la cara hacia él, entonces, sus profundos ojos azules compasivos—
. ¿Estás bien, guisante de olor?

Ella se levantó temblorosamente, tropezando lejos de él, empujando sus manos mientras
trataba de enderezarla.

El hijo de Slade, y él no se lo había dicho. Él no le había dicho cuando se escapó con Amy,
dejando a Jessie llorando, herida, orando por un milagro y un niño que aliviara su dolor. Le
había dado a ese niño a Amy en su lugar.

—Jessie —la voz de Jazz era suave, llena de comprensión—. Ven aquí, chica. Quiero estar
seguro de que estás bien.

Dejó que la abrazara hasta que Slade pudiera respirar, pudiera darse cuenta de lo que había
sucedido. Dejándolo hacer lo que había hecho en otro tiempo, salvarla de Slade. Ella sacudió la

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Serie Chicos del verano 01

cabeza, golpeando sus manos mientras se alejaba de él. Tomó la bata de la cubierta,
poniéndoselo, sintiendo las llaves sacudirse en el bolsillo.

Ella tendió la mano, negando hacia Jazz mientras él la alcanzaba de nuevo.

—No. —Su voz era ronca, las lágrimas que sostenía dentro asfixiándola mientras ella se
movía rápidamente lejos de todos—. No lo hagas.

Tenía que escapar. Tenía que escapar de Slade y sus amigos, los hombres que se respaldaban
el uno al otro, sin importa el qué. ¿Cuál fue el pacto? Jazz se lo había dicho una vez. ¿La cosa de
los tres mosqueteros? No podía recordar, pero mientras corría por su coche no le importaba.

Él no se lo había dicho. Él se había ido, dejando que creyera que amaba a otra mujer, que no
era lo suficientemente madura, lo suficientemente mujer para retenerlo. Y él había regresado,
ocultándole la verdad, ocultándole que tenía un hijo. ¿Por qué? Porque él no confiaba en ella.
Porque todavía la veía como esa niña inmadura e inútil que él obviamente creía que era. Un
buen polvo, pero no lo suficiente para confiar. No lo suficiente para tener a su bebé, a pesar de
su anuncio de antes.

Ella metió la llave en la cerradura, las manos temblando tan duro ahora que era todo lo que
podía hacer para abrir la puerta. El interior era sofocante, casi tan asfixiante como la agonía en
su interior.

Los sollozos desgarraron su pecho mientras cerraba la puerta detrás de ella, dejando que las
hendiduras de la calefacción del vehículo la encerraran. Ella no podía… un sollozo rasgó más
allá de su pecho mientras su visión se enturbiaba por las lágrimas. ¿Qué había hecho?

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Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 19

Era demasiado estúpida.

Jessie condujo el coche sin pensar a dónde se dirigía, su corazón y su mente eran un cúmulo
de emociones, una mezcla del pasado y el presente, de sueños rotos y apenas formados. Ella no
podía borrar de su memoria la cara de Slade mientras sostenía a ese niño. Pálido, con los ojos
tan oscuros que parecían humo negro, llenos de lágrimas, enrojecidos por el agua y el horror.

Sus dos manos habían cubierto la espalda del niño, tan pequeña. Su pecho subía y bajaba,
respiraciones agitadas desgarrando su pecho mientras le caían las lágrimas, y él continuaba
palmeando el cuerpo de su hijo, asegurándose de que estaba bien. Sin ningún hueso roto. Que
estaba respirando. Que estaba realmente a salvo. Que estaba vivo.

El amor que ella había visto en el rostro de Slade había sido como un rayo rasgando a través
de su mente, arrancando las excusas con las que se consolaba, y haciéndola admitir sus propios
fracasos, su propia inmadurez.

—Está bien, papá te tiene. Papá se hará cargo de ti… papá te tiene, bebé… —Papá. El amor
que Slade sentía por ese niño era evidente en su voz, en su rostro. Su expresión llena de horror y
rabia mientras luchaba por forzar el agua fuera de los pequeños pulmones, rogándole a Dios,
orando por su vida.

No sabía qué hacer. Dónde ir. Qué pensar o sentir. No podía ir hacia Jazz. El club de los
muchachos estaba intacto, lo había sabido en el momento que se dio cuenta que Slade había

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

regresado. El hijo de puta la había pasado a Jazz, dejando que el otro hombre velara por ella,
protegerla como si fuera una niña estúpida.

Jazz y Zack estaban fuera de cuestión. ¿Y dónde la dejaba esto a ella?

Sus hermanas vivían a varios estados de distancia y su madre tomaba el sol en la playa de
Florida. Donde ella debería estar, pensó Jessie. Podría estar recostada en la playa, tomando el sol
sin ningún club de muchachos a la vista. Podría haber tenido amantes, amantes reales. Hombres
que la querían porque ella merecía ser querida, no porque era una pseudo suplente decidida a
salvar su virtud inexistente para el hijo de puta que la dejó por otra mujer.

No, no por otra mujer. Ella lo sabía mejor. Ahora. Él la había dejado por el niño. Amy debió
estar embarazada cuando se casó con ella, no había otra explicación. Slade nunca habría dejado
a su hijo para ser criado por otros, sin importar a lo que él tuviera que renunciar. Él habría
sacrificado todo por ese bebé. Y Jessie conocía a Amy. La otra mujer había sido calculadora,
manipuladora. Una verdadera perra con una veta malvada de media milla de largo. Demonios,
ella era igual que su prima, Clarissa, la directora del infierno.

Otra mujer había dado a luz al niño por el que Jessie había orado. Eso la atravesó su interior.
El bebé por el que había rezado cinco años antes, y que Amy había dado a luz en su lugar.

Se secó las lágrimas cayendo por su cara, odiándose a sí misma por llorar, por sentirse
herida. Por estar tan condenadamente conmocionada. Él la había amado. Ella lo sabía entonces,
igual que lo sabía ahora. Ella no se había equivocado acerca de la emoción que había visto en
los ojos de Slade, en su rostro. Ni entonces ni ahora. Fue la razón por la que había vuelto con él
tan fácilmente cuando volvió a reclamarla. También fue la razón por la que había luchado
preguntándole por qué. ¿Por qué la dejó? Por qué no le había explicado cómo pudo haberla
amado y alejarse. Debido a que ella conocía una sola cosa que obligaría a Slade a tomar tal
decisión.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Se había criado sin familia, sin seguridad. Yendo de un hogar de acogida a otro casi toda su
vida, Slade nunca había conocido la permanencia, nunca había conocido la seguridad. Zack le
había dicho una vez que Slade había jurado que nunca permitiría que su hijo tuviera esa vida.
Que no iba a dejar a su bebé sin su nombre, o protección. Ella había dejado de lado el mensaje
obvio en lo que él estaba diciendo. Ella había ignorado la cuerda salvavidas que él había
arrojado a su alma.

Tal como ella había ignorado lo que su alma había tratado de decirle desde esa primera
noche. Slade no era como la mayoría de los hombres. Sus propios deseos personales o hambre
nunca dictaban su sentido de la responsabilidad o de lo que sabía que era correcto o incorrecto.

Lleva mi corazón contigo, nena. Te seguirá… siempre…

No había sido un sueño. Esa noche en la caravana de Jazz, había estado segura de que tenía
que estar soñando que Slade la tocaba, que su voz había sonado a su alrededor, rota, llena de
arrepentimiento y amor. Ella no había estado soñando, él había estado allí, las manos
acomodando su pelo hacia atrás, sus labios acariciando el tatuaje, después el lóbulo de su oreja.

Cuida de ella, Jazz… Su voz se había roto cuando susurró esas palabras.

Las palabras dispersas que no tuvieron ningún sentido durante los últimos cinco años,
cayeron en su lugar. Ella no había sido capaz de darle sentido al sueño, ya que no había sido un
sueño.

Del mismo modo que no había sido capaz de entender por qué no había tratado de amar a
nadie más. Durante años se había quedado en este pequeño lugar, en el centro de las amistades
de Slade, pendiente de la noticia más mínima que escuchaba de él. El corazón le saltaba en el
pecho cuando se enteró de que iba a venir a casa, su alma desbordada de alegría cuando lo vio
de nuevo por primera vez. Y a pesar de todo, ella se había negado a entender por qué la había
dejado.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Había sido demasiado inmadura. Su propio dolor, su propia desesperación de sentir los
brazos de Slade había sido lo único que importaba. Se había convencido de que no la había
amado, sin embargo nunca había sido capaz de dejarlo ir. Le había dejado creer que amaba a
otra mujer, que eligió a una mujer que encajaba en su vida obviamente mejor de lo ella lo haría.
Ella se había convencido a sí misma que ella le había fallado por ser tan joven. No había sido
con su juventud con lo que le había fallado. Había sido algo mucho más profundo, mucho más
importante. Ella había dejado de creer en él, cuando ella había sabido desde el fondo de su alma
que Slade no la habría traicionado sin pagar el mismo costo. ¿Qué había hecho?

Ella guió el vehículo sobre la carretera principal, sus manos cerrándose alrededor del volante
con dedos desesperados. Slade no le había fallado.

Ella le había fallado a Slade.

Slade acunó a Cody cerca de su pecho mientras él encontraba la fuerza en sus piernas
debilitadas para enderezarse y ver como Jessie salía del estacionamiento. Había visto en su
rostro el shock, el dolor cegador que la había escapar de él. Dios, él simplemente no podía dejar
de hacerla sufrir, ¿verdad?

—Lo siento, papá —Cody gimoteó contra su pecho, sus delgados bracitos alrededor de su
cuello mientras todavía temblaba de miedo.

—Vamos, pequeño. —La voz de Slade era áspera, cruda del aullido furioso que había salido
de su garganta cuando vio a quien llevaba Jessie en los brazos cuando la sacó de las turbias
aguas hacia la superficie—. Vamos a secarte.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Presionó la cabeza de Cody en su pecho, moviéndose rápidamente hacia el edificio de


oficinas hacia departamento de Jazz en la planta principal con Jazz y Zack flanqueándolo. Si no
hubiera sido porque las puertas estaban abiertas nunca hubieran escuchado los gritos de Jessie,
o el terror histérico en su voz. Él podría haber perdido a su hijo y la mujer que amaba en las
oscuras aguas de ese lago, y nunca se habría enterado hasta que fuera demasiado tarde.

—Cody, ¿dónde está la abuela, bebé? —Sentó a su hijo en la cocina, haciendo retroceder el
rebelde pelo castaño oscuro mientras miraba los ojos turquesa todavía llenos de lágrimas y
miedo.

—Abuela dijo que viniera aquí… —Cody gimió—. A tu oficina. Sólo quería acariciar a los
patitos primero, papá. —Él miró implorante a su padre—. No podía respirar, papá. —Sus ojos
estaban todavía llenos de terror.

Slade sintió que rabia lo consumía. Una cegadora furia asesina mientras su cabeza se volvía
hacia Zack.

—Llama al Sheriff. —Los brazos de Zack estaban cruzados sobre su pecho—. Eso fue un
delito, Slade. Déjalos lidiar con ella. Nunca dejes a esa perra loca alrededor de él otra vez. Pero
no vayas tras ella.

Slade aplastó sus labios mientras los sollozos de Cody comenzaban a sacudir su pequeño
cuerpo. Maldita sea. No era más que un bebé. Demasiado pequeño para su edad, todo brazos y
piernas flacas y grandes ojos azules. Estaba sin aliento en este momento, en el borde de la
hiperventilación. Cody había sufrido durante años, sus temores a menudo lanzándolo a un
pánico total, incluso antes de la muerte de Amy.

—Cálmate, cariño. —Slade tomó la toalla de Jazz, envolviéndola alrededor del tembloroso
cuerpo de Cody y frotando las manos por encima de él con firmeza—. Está bien, pequeño. Sin
sangre, sin lágrimas. ¿Recuerdas? ¿Estás sangrando?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Las palabras casi lo ahogaron, arrancaron el corazón de su cuerpo y lo dejaron sangrando en


el piso. Él no debería tener que animar a su hijo a ser fuerte, a luchar contra la incapacidad
para respirar, para hacer retroceder sus temores.

—No hay sangre… papá… —Cody hipó salvajemente.

—Entonces estás bien, ¿verdad? Nada que temer, hombrecito. Todo está bien ahora.

Cody asintió ferozmente contra su pecho, aunque faltaban todavía varios minutos antes de
que pudiera luchar más allá del pánico que fluía a través de su pequeño cuerpo.

—Buen chico —canturreó Slade.

La respiración de Cody comenzó a calmarse, las lecciones que su padre le había enseñado
durante los últimos años surgieron de forma automática. Había luchado para enseñar a su hijo,
incluso a una edad temprana a pensar. A usar la cabeza, no sus miedos. Hacer eso ahora
apestaba.

Cody lo miró con confianza, con los ojos todavía con lágrimas, pero las etapas iniciales de la
hiperventilación fueron remontando lentamente.

—¿La abuela te dejó aquí, Cody? —Slade luchó por mantener su voz suave—. ¿Dónde estaba
el abuelo?

—Fuimos a comprar helados y galletas —El labio inferior de Cody se frunció en un


puchero—. El abuelo, no quería. La abuela quería preguntarte algo, pero cuando te vio salir por
la otra puerta, se enfadó mucho y me dejó. Dijo que tú me cuidarías, papá.

Glenna le había visto salir del apartamento de Jessie. Su rencor e ira irracional hacia Jessie y
Slade por la muerte de Amy casi habían matado a su hijo. Dulce Dios, si no hubiera sido por
Jessie, por su rapidez de pensamiento, Cody habría muerto.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Slade estaba a un suspiro del asesinato y lo sabía. Nunca, nunca había lastimado físicamente
a una mujer en su vida, pero Glenna Jennings estaba cerca, tan jodidamente cerca de sentir sus
dedos alrededor de su garganta que él temía matarla antes de soltarla.

—Vamos, Cody. ¿Qué tal si te secamos? Creo que papá necesita una bebida. —Jazz se movió
junto a ellos lentamente, sosteniendo sus brazos hacia el niño mientras Slade luchaba contra la
furia en sus entrañas.

—¿Tienes sed, papá? —El ceceo infantil estuvo acompañado por los inocentes ojos en los
cuales se secaban las lágrimas.

—Sí. Tengo sed, hombrecito. —Dejó que Jazz lo alzara.

—Vamos a tener que lavar esa ropa, soldadito —dijo Jazz mientras se alejaba, sosteniendo a
Cody contra su pecho—. Lo bueno es que el tío Jazz tiene amigos con niños y podría ser capaz
de encontrar algunos calzoncillos.

La alegría forzada en la voz de Jazz le recordó a Slade el hecho de que él no era el único
temblando. Cuando Cody desapareció por el corto pasillo, Slade se volvió a Zack, el pánico aun
latiendo como un tambor fuera de control a través de sus venas.

—¡Mierda! ¡Hijo de puta! Creo que acabo de perder diez años de mi vida. Soy demasiado
viejo para perder un puto año, Slade —Zack estaba murmurando cuando Jazz desapareció en
uno de los dormitorios con Cody, sus risas sonando mientras Slade abría bruscamente la puerta
del armario y sacaba whisky del interior.

Segundos después, el licor fluía por su garganta, abrasando sus entrañas mientras apoyaba
sus manos sobre el mostrador y luchaba por respirar. Zack tiró la botella de su mano y bebió
directamente de la botella.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Jessie. —Slade tragó con fuerza—. Tienes que ir a buscarla. Ella no se veía bien, Zack. Ve a
cuidar de ella.

—Ni por todo el trigo de Kansas —gruñó Zack, volviéndose hacia él y fulminándolo con
furia—. Te dejo aquí solo e irás a buscar sangre. Jessie es más fuerte de lo que crees, Slade. Deja
que se tranquilice y volverá. Ella no se irá por mucho tiempo.

Slade se pasó la mano por el pelo antes de sacudir la botella de Zack y volver a llenar su vaso.
Todavía podía oír a Cody, su voz regresaba lentamente a la normalidad mientras se reía de algo
que Jazz estaba diciendo. Él parpadeó la humedad en sus ojos, respirando con cuidado a través
de la constricción en su pecho.

—Dios, esto es una mierda. —Espetó Slade, pasándose los dedos por el pelo mojado, sólo
entonces se dio cuenta que estaba chorreando agua en el piso de la cocina de Zack.

—Te dije que le contaras la verdad —gruñó Zack—. No puedes ocultar una mierda como
esta, Slade, porque sólo te muerde en el culo cuando menos te lo esperas. Ella no es un puto
juguete. Ha estado lidiando con demasiadas cosas desde que decidiste tirar de ese truco estúpido
hace cinco años y te alejaste de ella. Nosotros la cuidamos por ti. Pero lo jodiste ahora y todas las
cartas están echadas.

Slade le devolvió la mirada con sorpresa.

—Jazz no la cuidó una mierda.

Zack gruñó.

—Ella estaba herida, Slade. Mucho. Era uno de nosotros o algún otro tonto. Tú no pones a
una mujer así en espera. Soy muy parecido a ti. Ella no necesitaba un amor de rebote, necesitaba
un amigo que la abrazara mientras soñaba contigo. Jazz era capaz de hacer eso. Soy demasiado

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Serie Chicos del verano 01

cretino para algo así, para ser honesto. Si estuviera entre mis muslos, que me aspen si la dejara
pensar en un tonto como tú. —Sus ojos azul oscuro estaban llenos de ira.

Slade había logrado evitar esta conversación desde que regresó. Ahora, no le importaba un
comino. Podía luchar con Zack tan fácil como podía matar a Glenna.

—No contaba con que me esperara —espetó—. Pero que me condenen si uno de esos
bastardos olfateando alrededor de ella continuamente eran buenos para ella. Lo único que pedí
fue que mantuvieran un puto ojo sobre ella. No que le encontraran a alguien para follar.

Miró hacia el pasillo, escuchando la risa de Cody, y el vozarrón de Jazz.

—Bueno, hicimos las dos cosas. —La sonrisa de Zack era todo dientes—. Y basta con ver todo
el agradecimiento que estamos recibiendo. —Su mirada chasqueó con ira—. Eres un maldito
idiota, Slade. Deberías haberle dicho a Jessie la verdad desde el comienzo, en lugar de dejarla
como lo hiciste. ¿Y qué demonios? ¿Se te olvidó cómo usar un condón?

Slade bebió otro trago ardiente de whisky.

—Estaba borracho —gruñó—. En esa maldita boda y recepción, y todo lo que podía pensar
era en Jessie. Todo lo que podía sentir o ver era a Jessie. Amy muy convenientemente se
aprovechó. Más de una vez.

Esos primeros meses habían sido peor que el infierno. Él volvía en la noche, después de tratar
con Kingston y Baines y su regodeo sobre lo excelentes hombres de negocios que eran. Se
quedaba en silencio, calmado, tan borracho como el infierno. Y Amy siendo Amy, no era de las
que dejaba pasar una oportunidad. Según Amy, justo antes de su muerte, tenerlo en su cama era
imperativo. Él no era el padre de Cody, y nunca podría dejar que nadie lo descubriera. No sólo
ensuciaría la operación, sino que pondría en peligro sus planes. Los suyos y los de su amante.

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Serie Chicos del verano 01

Slade se sentó en una de las sillas de la cocina, bajando la cabeza mientras se limpiaba las
manos con cansancio en su rostro. Él nunca había perdonado a Amy por quedar embarazada
durante una misión tan peligrosa. No había querido un niño, y según ella, no amaba al padre.
Su objetivo había sido proyectar la familia perfecta para atraer a Kingston y Baines en la trampa
que planearon con Slade. Lo que ella realmente buscaba era robar ese puto dinero para que ella
y su amante pudieran escapar.

Zack gruñó, pisando fuerte a medida que sacaba su teléfono celular de sus pantalones y
comenzaba a hacer llamadas, para averiguar si alguien había visto a Jessie.

Slade escuchaba con el corazón encogido. ¿Cuántas veces Jessie permitiría que la hiriera
antes de darse por vencida? Antes de que el amor que llenaba su alma fuera destruido para
siempre.

—Ella simplemente está dando una vuelta. —Él cerró el teléfono largos minutos después—.
Está bien, Slade. No está actuando como una desquiciada, como algunas personas que
conocemos han sido propensas a hacer. —Le disparó a Slade una mirada acusadora.

Slade asintió lentamente, girando la cabeza cuando se abrió la puerta de la habitación y Cody
salió corriendo hacia fuera, vestido con una pequeña camiseta de mujer.

—Jessie dejó algunas cosas aquí un tiempo atrás. —Jazz sonrió—. La mujercita más pequeña
que vi en mi vida.

Slade se quedó mirando la camiseta. Le quedaba inmensa a su hijo. Entonces los ojos de Slade
se dirigieron a Jazz. La implicación de la ropa de Jessie ahí estaba clara, pero no pudo encontrar
la energía para enfurecerse. Jazz no amaba a Jessie. Cualquier hombre que la amara nunca se
daría por vencido tan fácilmente. Jazz lo había hecho, sin embargo, tal como Slade le había
pedido. Había cuidado a Jessie para él. Haciéndose cargo de ella. Impidiéndole involucrarse con
otro hombre y destruir sus dos almas.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Sin embargo había cosas que los hombres simplemente no se dicen. Cuando Slade miró a su
amigo, dejó que una sonrisa bordeara sus labios mientras asentía con suavidad. Sí, él y Jazz
estaban bien con esto.

El asentimiento de Jazz lo resolvió. Estaban bien. Hermanos. Como siempre lo habían sido.

—Papi. Jazz dijo que la señora que me sacó era tu novia —Cody se rió burlonamente,
hoyuelos formándose en sus mejillas cuando saltó al regazo de Slade—. Si ella es tu novia, ¿ella
va a ser mi mamá?

Diablos, sí.

—Cálmate, Cody. Hablaremos de mamás más tarde. —colocó a su hijo contra su pecho,
pasando su mano por su espalda. A pesar de su presente alegría, finos temblores aún recorrían
el cuerpo de Cody.

Slade luchó para no aplastarlo en sus brazos, evitar aferrarse a él, sintiendo la pena crecer
dentro de él. La venganza de Glenna casi había matado al hijo de su propia hija. Su odio a Jessie,
y evidentemente también a Slade, habían destruido casi toda su vida. Era algo que no dejaría
pasar. No sería capaz de llegar a ella ahora, Jazz y Zack eran como malditas mamás gallinas a
veces. Pero llegaría a ella.

—Cody y yo vamos por un helado y hacer una pequeña parada en la clínica —anunció
Jazz—. A asegurarnos que el agua del lago no vaya a detener su crecimiento.

Slade negó con la cabeza. Su niño. No necesitaba a nadie más para cuidar a su hijo más de lo
que necesitaba a alguien cuidando de su mujer. Al menos, no en las áreas importantes.

—Yo lo llevaré. —La tristeza llenó su alma mientras la verdad de lo que había pasado
comenzaba a hundirse en él—. ¿Qué te parece, hijo? ¿Helado y patatas fritas compensan el
viaje al médico?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Galletas también. —Cody asintió ante la idea—. Deliciosas galletas. Pero todavía estás
húmedo, papá.

El chico comía como un cerdito y nunca ganaba una libra. Tenía que ser el chico de su edad
más delgado que Slade hubiera visto nunca. Y el chico tenía razón, todavía estaba mojado.
Suspirando, Slade pasó al chico a Zack, maravillándose de nuevo de lo pequeño que era. Para
un chico que comía tanto, debería tener tres veces su tamaño.

—Jazz sólo los acompañará y se asegurará que no te diriges a lugares que no deberías ir. Yo
me quedaré aquí y hablaré con J.J. cuando llegue —anunció Zack.

Jesse James Roberts era el sheriff y un viejo amigo. Slade se puso de pie, pasándose los dedos
por el pelo mientras se dirigía a la habitación de invitados por el cambio de ropa que guardaba
allí. No discutió el anuncio de Zack. Tenía miedo de acabar matando Glenna. Su control era
mínimo.

Después de una ducha rápida y cambiarse de ropa, Slade volvió a entrar en la cocina,
alzando a Cody desde el piso donde él y Jazz habían estado luchando y lo sostuvo cerca de su
pecho.

—Vamos, hombrecito. —Besó la cabeza de Cody mientras se dirigía hacia la puerta—.


Vamos a encontrar algo de ropa limpia y luego papá te conseguirá helado y galletas. Pero
iremos a ver a ese agradable doctor que vimos la semana pasada. ¿Qué te parece?

—Está bien. —Cody suspiró, obviamente olvidándose del médico—. Entonces, quiero
conocer a tu novia. Necesito una mamá, papá. Ellas hacen deliciosas galletas. Tú las quemas.

Slade se estremeció mientras Jazz reía detrás de él. Vendido por una galleta. ¿Ahora, no era
así cómo marchaba su vida últimamente?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 20

Slade no estaba en el apartamento cuando ella se detuvo en el estacionamiento y se quedó


mirando el pequeño afluente del río cercano. La camioneta de Zack no estaba, pero el llamativo
Corvette del ‘69 de Jazz estaba en frente de la puerta que conducía a los pisos de arriba.

Arrastrándose con cansancio desde el coche, Jessie se movió lentamente hacia la puerta y al
piso de arriba. Estaba exhausta, su mente corriendo en círculos, los años de odiar, anhelar y
sufrir habían culminado en este punto. El tiempo que le había tomado ver a un niño pequeño
caer en el agua, y escuchar las súplicas de Slade por la misericordia de Dios y la vida de su hijo.

¿Qué había ocurrido? Recordó que esa semana Amy se jactaba que Slade era suyo, que
siempre sería suyo. Jessie recordó el pánico al oír la confianza en la voz de la otra mujer. ¿De
alguna manera ella había sabido inconscientemente que Amy estaba embarazada?

Sacudiendo la cabeza ante su propia incapacidad para responder a esa pregunta, abrió el
apartamento y entró, sin sospechar lo que iba a encontrar allí.

Allí estaba Jazz, acomodado en su silla favorita, con un refresco en la mano mientras veía la
televisión.

—Ya era hora de que arrastraras tu pequeño culo aquí —gruñó mientras se sentaba, casi
apoyando la lata en el borde de la mesa antes de hacer una mueca, poniéndose de pie y
dirigiéndose a la cocina.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

La última vez que dejó una lata sobre el borde de su mesa, había marchado a casa empapado
de soda.

—Buen chico —murmuró mientras dejaba caer sus llaves y el bolso en la mesa junto a la
puerta y se movía a través de la casa—. Ahora vete a casa a donde perteneces.

—Infierno, Jessie. No me puedes echar —suspiró mientras caminaba de vuelta a la sala de


estar—. Sabes que esa mierda no funciona.

Era verdad. Él se le había pegado a ella como un mal olor en los últimos cinco años. Él y
Zack.

Entonces ella lo miró, viendo la preocupación que achicaba sus ojos, apretando sus sensuales
labios. Jazz era un hombre que se veía malditamente bien. Metro noventa y ocho, salvaje pelo
negro que fluía hasta los hombros, y ojos azules. Jazz era un completo hedonista. En eso, él era
muy parecido a Slade y sospechaba que a Zack también. Pero mientras los otros dos hombres
escondían en parte esa sexualidad extrema, Jazz se deleitaba en ella. Algo que Jessie no había
sido capaz de apreciar plenamente las pocas veces que había compartido su cama.

—¿Por qué? —Ella lo miró con curiosidad, preguntándose por qué se había puesto a sí
mismo y su amistad con Slade en peligro por dormir con ella.

No le preguntó a qué se refería, lo sabía. Él se pasó los dedos por el pelo mientras se volvía
hacia ella, su expresión más grave de lo que había visto en mucho tiempo.

—Le pertenecías a Slade. —Finalmente masculló—. Sabías eso, incluso si querías negarlo, y
yo también. Y estabas herida. —Él encogió sus anchos hombros, como si eso fuera razón
suficiente.

—¿Por qué, Jazz? —Le preguntó de nuevo, dándole la mirada que daba a sus estudiantes
cuando sabía que no era exactamente la verdad.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Infiernos, Jess. Él es mi amigo —espetó, sus ojos azules en llamas—. Tú eras su chica. No
tenías que enamorarte; sólo necesitabas a alguien para fingir un par de veces. Slade lo sabía. No
lo discutimos entonces y no lo haremos ahora, pero Slade lo sabe o me habría matado en lugar
de sólo quejarse un poco.

Y ella sabía que para Jazz eso lo explicaba todo.

Ellos eran, en esencia, su familia. Slade, Jazz y Zack tenían algo importante en común. Los
tres eran hijos adoptivos, hijos no deseados. Las reglas parecían transformarse para los niños
que se habían criado con la sensación de que eran parias, que no tenían a nadie. Slade, Jazz y
Zack se habían unido como amigos en la escuela de varones donde habían sido acogidos;
viniendo de diferentes familias, eran la estabilidad de cada uno. Familia.

Jessie se acercó a una silla cercana y se sentó lentamente, su estómago retorciéndose con la
nauseabunda comprensión de la tensión que debió haber puesto en esa amistad, ese vínculo que
Slade y Jazz compartían.

—Lo siento —susurró, conteniendo las lágrimas que la amenazaban una vez más.

—Cariño, no tienes que disculparte —Suspiró él, acercándose a ella se inclinó hacia delante,
su gran mano se colocó debajo de su barbilla para inclinar su rostro hacia él.

—Me ofrecí. Me puse a tu disposición, y me aseguré que ninguno de esos imbéciles que
jadeaban detrás de ti tuviera una oportunidad. Necesitabas cariño, yo te lo facilité. —Él sonrió
lentamente, suavemente—. Y te cuidé para mi hermano, como él lo habría hecho por mí si las
posiciones estuvieran invertidas.

—¿Y tú? —Susurró dolorosamente—. Arriesgaste tu amistad con alguien importante para ti,
para salvarme.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Nop. —Él sacudió la cabeza firmemente—. Hablé con Slade, mientras él estaba fuera,
cariño. Sabía que estaba lastimado, que se preocupaba por ti. Quería que fueras feliz. Slade es
un buen tipo, Jess. Y ese hombre te ama más que a la vida. Y él me quiere a mí. Él sabe que te
cuidé, y eso es todo lo que le importa.

Jessie tragó con fuerza.

—Te quiero, Jazz —susurró ella, y sabía que era verdad. No era un amor romántico, o un
amor sexual. Él era, junto a Slade, quizás una de las personas más queridas en su vida.

—Cielo, yo también te quiero. —Se inclinó y la besó en la mejilla con todo el afecto de un
hermano mayor—. Todo estará bien. Le dejaré saber a Slade que estás en casa antes de que se
vuelva loco. Zack se va a quedar con el pequeño Cody y él vendrá a ti…

—No. —Ella sacudió la cabeza con fuerza mientras se ponía de pie.

—Jess, no puedes dejarlo volviéndose loco toda la noche, preocupándose…

—Tengo que ir a él. —Ella se giró para ver a Jazz mientras él se ponía lentamente de pie,
mirándola en silencio—. Es mi turno, Jazz. Tengo que ir a Slade.

Su sonrisa era cálida, tierna.

—Tal vez tengas razón. —Finalmente asintió y le hizo un guiño—. Toma una ducha primero
sin embargo, cariño. Te ves bastante linda, pero el agua de un río no es el olor más agradable.

—No. —Su nariz se arrugó cuando levantó el dobladillo de su top y lo olía—. No es el mejor
olor.

—Bajaré y seguiré respondiendo a sus llamadas cada treinta minutos —Jazz suspiró—. Las
cosas que hago por ti, belleza. Las cosas que hago.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Una sonrisa tiró de sus labios mientras caminaba desde el apartamento hasta su teléfono
celular que sonaba incesantemente.

—Todavía no está en casa, amigo. —Su voz fue ahogada cuando la puerta se cerró—.
Tranquilízate, yo te haré saber cuando llegue…

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 21

La casa de Slade era tan hermosa como lo había sido cinco años antes. Una granja de dos
pisos con revestimiento de madera y un porche rodeándola, la elegancia masculina y el encanto
de la casa le había encantado desde que ella la había visto seis años antes.

Había cambiado algunas cosas. El patio ya no estaba cubierto de malas hierbas. Estaba ahora
bien cortado, la cerca de madera corriendo alrededor del perímetro brillaba con una capa
marrón oscuro que hacía juego con la casa. Era una casa de familia. El tipo de vivienda
destinada a ser llenada de risas de niños y el olor de pasteles recién horneados.

Ahora, estaba tranquilo. El Jeep de Slade estaba estacionado en la calzada junto a la Pickup de
Zack; la luz del porche estaba encendida, dándole la bienvenida a la próxima caída de la noche,
a través de las cortinas abiertas del salón podía verle pasearse con el teléfono a la oreja. Él había
estado llamando a Jazz casi media hora para ver si ella se había presentado en su apartamento.

Con los faros apagados, y el cielo oscureciéndose, Jessie condujo su coche en el camino de
entrada, estacionándolo al lado del carro de Zack, y exhaló un suspiro. Esto era difícil. Una de
las cosas más difíciles que jamás había hecho en su vida. Ella venía a Slade. Sin juegos, sin
pretextos, como la por primera vez hace cinco años. Ella venía a él, abiertamente.

Estaba aterrorizada. Sabía que él la amaba. Slade no era un hombre para jugar y ella siempre
había sabido eso, a pesar de sus intentos de esconderlo de ella. Era difícil de admitir para sí
misma que después de cinco años de dolor para él, soñando que iba a regresar, calentaría esos
lugares fríos dentro de ella que había tirado por la borda debido a su orgullo.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Y fue orgullo. Le había roto el corazón cuando se fue, pero incluso entonces Jessie había
sabido en el fondo de su mente que no se iba porque quería. Había visto el dolor en sus ojos, el
hambre salvaje y la pérdida que había herido su cara. Pero todo lo que oyó fueron las palabras,
el rechazo. Y era todo lo que había recordado.

Dejando escapar una respiración profunda, abrió la puerta del coche y salió cuando la
puerta de entrada se abría de golpe y Slade salía al porche. Jessie se paró cerca del coche,
temblando mientras su mirada melancólica encerraba en ella, su expresión sombría en la
penumbra, su gran cuerpo tenso mientras Zack salía a reunirse con él.

Golpeando a Slade en el hombro, Zack pasó junto a él, con la mirada preocupada sobre Jessie
mientras se movía a su camioneta. Jessie cerró la puerta de su coche y se reunió con él mientras
cruzaba la calzada.

—¿Estás bien, cariño? —Su voz era baja cuando se detuvo frente a ella, sus ojos verdes llenos
de preocupación.

—Estoy bien. —Ella hizo una mueca ante su quebradiza voz, un producto de las lágrimas
que había derramado a través del día.

Se metió las manos en los pantalones mientras miraba por encima del hombro donde Slade
los observaba en silencio.

—¿Está bien?

Zack miró hacia atrás antes de dedicarle otra vez una suave sonrisa.

—Él y el niño están bien, cariño. Hiciste bien. ¿Cómo estás?

Ella asintió con la cabeza lentamente.

—Estoy bien. Pero tengo que hablar con él ahora.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

La necesidad de saber la verdad quemaba dentro de ella, pero la necesidad de explicaciones


era lo que le desgarraba el corazón. Tenía que asegurarse de que el niño, Cody, estaba bien.

—Buena suerte, cariño. —Zack la atrajo hacia su pecho, le dio un beso de la parte superior
de la cabeza y luego se alejó.

Jessie mantuvo la cabeza baja, luchando contra las lágrimas. Jazz y Zack le habían salvado
después que Slade la había dejado. Ella no había sido lo suficientemente madura, no había
protegido lo suficiente de su corazón para tirar de ella fuera del dolor sombrío que la había
bañado. Con su familia lejos, no había habido nadie con quien aliviar el vacío que crecía dentro
de ella excepto ellos.

—Hasta luego, Zack —susurró a su puerta de la camioneta y caminó a la pasarela que


llevaba al porche de Slade.

No había hablado, sólo la miraba. En sus ojos veía el mismo dolor que había causado estragos
allí hace cinco años, la noche en que había salido de su vida y entrado en la de Amy. Pero esta
vez, ella también veía el amor en ellos, la emoción, la manera en que la miraba que nunca
utilizaba con ninguna otra persona. La forma en que la había mirado desde que tenía dieciséis
años.

Se detuvo en el primer escalón, mirando hacia él con el corazón en la garganta. Tenía todo el
derecho de pedirle que se fuera, darle la espalda.

—¿Puedo entrar? —Ella calmó el temblor de sus labios mientras estaba delante de él, sin
saber qué decir, qué hacer.

—Es tu casa, Jessie. —Él se movió de nuevo, haciéndose a un lado mientras ella se acercaba al
porche—. He estado preocupado por ti.

Él no la tocó con nada excepto sus ojos. Ojos que la acariciaban, que le robaban el aliento.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Necesitaba pensar. —Ella encogió los hombros contra su mirada inquisitiva mientras él
abría la puerta frontal y la dejaba entrar—. Acerca de un montón de cosas.

El interior de la casa estaba aún sin decorar. Algunas piezas de mobiliario adornaban la sala
de estar, pero el comedor estaba desnudo. La cocina contenía algunos electrodomésticos y una
pequeña mesa de madera.

Ella nunca había estado dentro de su casa, pero mientras miraba alrededor de la entrada, las
habitaciones muy abiertas, el sentido del espacio, y la espera la golpeó. Era una casa esperando
ser un hogar, con un pequeño comienzo ya iniciado en los pocos juguetes que vio esparcidos
alrededor de la sala de estar.

Al entrar en la habitación, cogió el osito de peluche, probando la suavidad de él antes de


ponerlo en la gran caja de juguetes de plástico contra la pared. Había varios camiones y coches
de plástico, hechos para las pequeñas manos, estacionados al azar frente a la televisión. Recogió
dos de esos también.

A medida que los ponía en el baúl de juguetes, miraba el interior, sintiendo a Slade detrás de
ella, mirándola.

—No es más que un niño pequeño —susurró—. Mi mamá siempre decía que los chicos eran
mucho más difíciles de criar que las niñas. Hay que enseñarles cosas desde jóvenes. Como
acomodar sus juguetes y otras cosas. —Ella lo miró con una sonrisa agridulce—. Tengo un
hermano, ya sabes. No vive por aquí. Está en el servicio militar.

—Conozco a tu hermano, Jessie. —Él inclinó la cabeza, mirándola atentamente—. Él era muy
firme cuando me recordaba tu edad antes de ir al servicio.

Ella lo miró con sorpresa.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Tenías dieciséis años. —Su expresión era sombría, aunque sus labios se levantaban en una
pequeña sonrisa—. Me amenazó con castrarme.

—Sí, eso suena como Benji. —Ella tomó una respiración profunda mientras se levantaba y
miraba alrededor de la habitación antes de volverlo a mirar—. Tenemos que hablar, Slade.
Sobre lo que pasó cinco años atrás. Sobre Cody. —Ella se volvió hacia él, tirando de una
respiración profunda, ansiosa por la verdad—. ¿Estaba Amy embarazada de Cody cuando te
casaste con ella?

Vio como él dejaba salir una respiración profunda y dura.

—No me casé con Amy porque estaba embarazada —respondió finalmente—. Me casé con
Amy, porque era mi pareja en una operación muy delicada en la que estábamos involucrados de
vuelta en D.C. donde Amy y yo éramos agentes de la Oficina de Seguridad Nacional, Jessie.

Ella tuvo que sentarse. Jessie tropezó con una silla cercana antes de mirar hacia Slade en
estado de shock mientras él se pasaba los dedos por el pelo en señal de frustración. Sus ojos eran
tormentosos por la emoción mientras se movía hacia la silla a su lado. Retirándose de su
posición contra la pared donde estaba, antes de sentarse frente a ella y devolverle la mirada.

—Fui reclutado por primera vez por el FBI, mientras estaba en la universidad. —Se inclinó
más cerca de ella, con las manos colgando entre sus piernas abiertas, cerca de las rodillas.

Mientras miraba hacia ellos, él movió su dedo índice, pasándolo suavemente sobre la rodilla
revestida de mezclilla.

—Después del 9/11, algunos de nosotros fuimos colocados bajo la jurisdicción de la Oficina
de Seguridad Nacional. Amy y yo éramos dos de esos agentes. Estábamos trabajando encubiertos
para infiltrarnos en un grupo de traficantes que vendían armas en Oriente Medio. Cuando
llegué a casa, hace cinco años, fue después de que se suponía la operación había fracasado. Nos

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Serie Chicos del verano 01

habíamos llegado a ninguna parte. —Él respiró rudamente, el suspiro de aire llegando contra la
parte superior de su cabeza mientras sentía su pecho apretándose con miedo.

—¿Qué pasó?

Cogió su mano. Sus dedos parecían frágiles, protegidos dentro de su agarre más grande, más
fuerte.

—La organización que estábamos investigando tenía un estatus de “valores familiares” —


resopló él—. Amy y yo habíamos anunciado un compromiso antes de que se estancara la
operación. Nos dijeron que todo había terminado. Vine a casa. El fin de semana que pasamos
juntos, Amy había recibido un mensaje del jefe de la organización. Él quería ser anfitrión de la
boda… —Sus dedos frotaron contra su dedo anular—. Tuvimos que pasar por ello. Retirarnos
entonces habría colocado no sólo nuestras propias vidas en peligro, sino la vida de nuestras
familias. Aquellos que amábamos. No era una organización amistosa si pensaban que estabas
jodiéndolos. —Su voz áspera, el dolor que había atravesado su alma cuando se fue se hizo eco
en ella.

Jessie alzó la cabeza, luchando contra las lágrimas que se dio cuenta habían empezado a caer
de sus ojos.

—Jessie. —Su expresión se torció en una mueca de dolor mientras sus manos enmarcaban su
rostro—. Yo te amaba, nena. Te he amado más allá de todo lo que sabía, pero teníamos que
detenerlos. Las armas que mataban a nuestros hombres en el Medio Oriente eran vendidas a
ellos por americanos. Eso pesaba lo suficiente en mi conciencia, pero los hombres que estaban
investigando habían enviado a alguien aquí a descubrirnos, a vigilarnos. No podía arriesgar a
todos los que amaba. No podía correr el riesgo.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Jessie reprimió el sollozo que amenazaba con desgarrar a través de su pecho. ¿Podría ella
haber hecho eso? ¿Podría haber caminado lejos de su propia miseria y actuar de manera
desinteresada?

—¿Y el embarazo de Amy?

Sacudió la cabeza con cansancio.

—Estaba borracho, y ella estaba desesperada. Ella me dijo justo antes que la operación se
fuera al infierno que Cody no era mío. —Sus labios se torcieron con amargura—. Para
entonces, ya no importaba, Jessie. Ese chico es mío, de mi sangre o no.

Jessie frunció el ceño. Ella tenía fotos de Slade cuando era un niño que su madre había
tomado cuando su padre había sido director de la escuela de Slade. Ella no tenía la certeza, pero
estaba casi segura de que no había manera que Cody pudiera pertenecer a cualquier otra
persona.

Pero, ¿dónde los dejaba eso ahora?

Slade observó mientras Jessie negaba con la cabeza antes de caer a sus rodillas mientras
respiraba con dificultad. Ella rompió su corazón, hacía que sus latidos enloquecieran. Tenerla
dando vida a su alma y sueños eran a menudo lo único que lo mantenía caliente por la noche
en los últimos cinco años.

¿Que se suponía que iba a decir a ella ahora?, se preguntó. ¿Cómo se suponía iba a hacer lo
que había hecho más fácil para ella?

—Creo que lo supe todo el tiempo —susurró ella, con voz ahogada mientras mantenía la
frente apretada contra sus rodillas—. Simplemente no quería enfrentarlo. No podía permitirme
creer que tú me amabas, que lamentabas haberte ido, aunque lo sabía. Sabía que esa noche en la

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

caravana de Jazz no era un sueño. Sabía que te estaba matando incluso entonces, tanto como a
mí, pero yo no podía enfrentarlo. Si tuviera que enfrentarme a ello, no podría haber vivido.

Slade tragó con fuerza, sintiéndose viejo y roto mientras escuchaba su voz llena de lágrimas.

—Tenía la esperanza. —Él frunció ante eso ceño—. Mientras creyera que era porque era
demasiado inmadura, demasiado joven, tenía la esperanza de que vinieras a casa, y darte cuenta
que había crecido y todo estaría bien. Entonces llegaste a casa. Amy había muerto, y yo no podía
hacer nada. Todavía estaba aterrorizada, tan indecisa. Y todavía te amaba tanto… —Ella levantó
la cabeza, mirándolo miserablemente—. Pero no podía dejarlo pasar. Porque si lo hacía tenía
que admitir la verdad. Y si hiciera eso, entonces tendría que enfrentar que te traicioné… —Su
voz se quebró y las lágrimas llenaron sus ojos mientras él la miraba en estado de shock—.
Tendría que admitir que traicioné ese amor… —Una lágrima resbaló libre—. A pesar de que
sabía, todo el camino hasta mi alma sabía que me amabas, aún así me acostaba con Jazz, me
permitía odiarte… Tuve que odiarte para sobrevivir…

—Dios. Jessie, no… —Él saltó de su silla, con las manos agarrando sus antebrazos, tirándola
de su silla para mirarla furiosamente—. No te hagas esto a ti misma. —Él la sacudió, con
suavidad—. ¿Crees que te culpo? ¿Crees por un minuto, nena, que yo no lo hice para que me
odiaras? ¿Para que pudieras seguir con tu vida? —Tenía la garganta apretada por la emoción,
el pecho dolorido—. Pensé que estabas dormida cuando llegué a la caravana de Jazz. No pensé
que te darías cuenta que estaba allí. Nena, no hiciste nada malo.

Su rostro se contrajo mientras luchaba por contener sus sollozos, pero las lágrimas corrían
por sus mejillas mientras ella se apartaba de él, envolviendo sus brazos alrededor de sus pechos.

—Eras mío. —El gruñido en su voz le hizo fruncir el ceño, inseguro—. Eras mío y ella te dio
el niño que yo soñaba tener. Ella se jactó la semana antes de eso, que eras de ella. Que te tendría.
—Una risa amarga dejó sus labios—. Dios, creo que ya sabía de alguna manera que iba a
perderte. Así que me metí en la caravana y me escondí en tu cama, a sabiendas de que no ibas a

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Serie Chicos del verano 01

venir a mí. Sabiendo que te esconderías. Lo sabía… —Sus manos cayeron a su lado, sus puños
apretando tan fuerte que estaban pálidos mientras Slade la observaba, la escuchaba, el peso en
su alma levantándose con cada palabra—. ¡Pero tú eras mío! —Ella se volvió hacia él, su feroz
expresión, sus ojos brillaban con rabia ahora—. Así que me escondí, esperé y te provoqué para
que me tomaras, sabiendo… Sabía lo que pasaría y te culpé. Todavía te odiaba y como un
maldito bebé cerré los ojos y salté justo en mi propia miseria en lugar de aceptarlo.

Dios, esto iba a ser difícil. Slade le devolvió la mirada, ocultando la alegría explotando en su
pecho, no porque ella hubiera sido miserable, sino porque él sabía lo que había sospechado
desde el principio, que su pequeña y dulce Jessie había intentado deliberadamente seducirlo,
mentido acerca de estar dormida en la caravana en lugar de admitir que tenía todas las
intenciones de tomar a su hombre.

Su corazón estaba latiendo; todo su ser fue liberado al saber, ver en sus ojos la feroz y
posesiva devoción que sentía por ella.

Cruzó los brazos sobre el pecho, con el ceño fruncido hacia ella mientras ella lo miraba a los
ojos, las llamas de su ira calentándose más rápido que una hoguera.

—¿Así que te dispusiste a seducirme? —Él mantuvo su voz sin revelar el placer completo
desgarrando a través de él.

—Tienes condenada razón —le espetó, sus ojos marrones brillando ferozmente—. Esperé por
ti desde que tenía dieciséis años y quería saber cuan jodidamente bueno eran las manos de un
hombre podían sentirse contra mi piel. Tus manos, la noche de mi cumpleaños cuando bailaste
conmigo. Sentí tus manos contra mi espalda, tus dedos haciendo esos pequeños movimientos en
mi piel como si estuvieras tratando de introducir debajo de ella. Estabas excitado —lo acusó
duramente—. Hiciste todo para ocultarlo, pero yo sabía que lo estabas.

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Serie Chicos del verano 01

Dios sí, ella había sido dulce a los dieciséis años y tan sexy como el infierno. Ella lo había
tentado a un punto que casi lo había aterrorizado. Dio las gracias a Dios cuando sus vacaciones
terminaron ese verano, sabiendo que si él no conseguía alejarse de ella, iba a terminar en la
cárcel. Porque nada le habría impedido tomarla.

Ella se limpió las lágrimas de sus mejillas, devolviéndole la mirada a la defensiva mientras
respiraba profundo, su top presionando contra sus pechos, desafiándolo a arrancárselo.

—¿Así que deliberadamente me provocaste todos estos años? —Él levantó sus cejas.

Dios, que iba a azotar su trasero. No tenía ni idea del infierno que le hizo pasar.

—Tú, Jazz y Zack pensaban que yo era tan inocente. —Ella puso los ojos en blanco
expresivamente, mirando hacia él—. Era virgen, Slade, no estúpida. Yo sabía lo que era una
erección y para qué era y sabía que si mis dedos podrían hacerme sentir bien entonces los tuyos
me destruirían de placer. No era estúpida. Pero te amaba. —La furia en su rostro casi le hizo dar
un paso atrás. Maldita sea, parecía Rhonda antes de que ir a buscar la sartén—. Y tú estabas
follando en tres malditos condados como un ciervo en celo —gruñó—. Creo que te odié por eso.

Slade luchó con el rubor subiendo a su cara. Sí, él lo había hecho. Era eso o follarla a ella.

—Voy a azotarte, Jessie. —Observó el shock llenar su cara—. Voy a golpear tu culo hasta esté
rojo remolacha, entonces te daré la vuelta y haré que me muestres exactamente cómo te has
dado placer tu misma.

Jessie lo miró en estado de shock.

—¿Has oído una sola palabra de lo que te he dicho? —Se lanzó hacia él, la ira todavía
creciendo en su interior—. Slade, te seduje. ¿Te hice pasar el infierno pensando que era todo
culpa tuya y tú vas a follarme por ello? Ah, sí, gran castigo, semental.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ella vio sus ojos estallando por el título, la profundidad de color gris más oscuro, las mejillas
ruborizándose con la lujuria.

—Te escuché, Jezebel —gruñó—. Veamos, ¿qué debo hacer con una mujer que
deliberadamente me dio el más increíble fin de semana de sexo que he tenido? ¿Quién llenó mi
alma con luz y me dio una razón para creer en el amor que nunca pensé que tendría?

Inclinó la cabeza, mirándola mientras ella lo miraba en estado de shock.

—Creo que debería follarte. Primero tu apretado coño dulce, entonces ese pequeño culo
caliente hasta que me pidas perdón. Tal vez ambos a la vez. —Él asintió con la cabeza
bruscamente—. Eso te enseñará una lección.

—¿Slade? —Ella se lamió los labios nerviosamente, observándolo, la miseria luchando con
esperanza—. ¿No entiendes lo que hice? Me acosté con Jazz. Te odiaba…

Él sacudió la cabeza, respirando duramente.

—Todavía quiero castrar a ese maldito chico de granja por tocarte, Jessie, deja de
recordármelo. —Él extendió la mano, peinado hacia atrás una franja de cabello y sonrió con
una delicadeza que se enredó alrededor de su corazón y sanó el dolor que había palpitado allí
por tanto tiempo—. Pero, nena, al mismo tiempo doy gracias a Dios que fuera Jazz. No le pedí
que te tomara por mí. No le pedí a ninguno de ellos hacer otra cosa excepto mantenerme fuera
de la cárcel al no dejar que ninguno de esos imbéciles que empujaban para llegar a tu lado,
estuvieran en tu cama. Habría matado a uno de ellos.

Se quedó quieta, en silencio, mientras él se acercaba a ella, con las manos enmarcando su
rostro, una pequeña sonrisa inclinando sus labios.

—Yo te amaba, Jessie, incluso antes de que te dejara seducirme. Te amaba hasta el punto de
follar en tres condados en un intento de evitar que matarte una vez tuviera mi polla dentro de

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Serie Chicos del verano 01

ti. Te aterrorizarías como el infierno fuera de mí y me echarías como una polilla a una llama. Si
ese fin de semana tuve tu corazón mientras jugaba ese fiasco con Amy, entonces mucho mejor.
Merecía sufrir por ser tan tonto como un ladrillo en primer lugar. Pero no lo hiciste.

Bajó la cabeza, sus labios suavizándose sobre los de ella, ambos temblando, mientras ella lo
miraba con incredulidad.

—Te he amado desde que tenías dieciséis años, toda ojos grandes y exuberantes, labios
dulces. Esa noche que bailamos, te marqué como mía. No había un chico o un hombre en ese
lago que no supiera a quien le pertenecías, y en el minuto en que uno de ellos cruzara la línea,
cojearían por una semana.

Sus ojos se abrieron, recuerdos barriendo sobre ella. Los dos últimos años de la escuela
secundaria, cuando conseguir una cita era como hablarle a la pared. Después de eso, la forma
en que los hombres la eludían después de recibir su advertencia.

Sus ojos se estrecharon.

—Eso fue sucio.

—¿Y lo que tú le dijiste a Melissa Loring no lo fue? —Él levantó una ceja mientras ella sentía
el terror barrer sobre ella.

Ella tragó con fuerza.

—¿Ella te lo dijo?

—No tuvo que decírmelo —él se rió entre dientes, el sonido travieso y muy sexy—. Su
hermano se lo dijo a Jazz cuando ella le preguntó si realmente eras dueña de un arma y si
pensaba que eras lo bastante arriesgada para utilizarla.

Jessie agachó la cabeza, un rubor manchando sus mejillas.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Era una fulana —acusó avergonzada—. Alardeó conmigo acerca de las cosas que podía
hacer con tu cuerpo. Al menos Amy tuvo el buen sentido de permanecer lo más lejos posible de
mí.

Sus pulgares suavizaron por sus mejillas mientras ella ponía sus palmas tentativamente
contra su abdomen.

—No quiero madurar, Slade —ella finalmente suspiró—. No quiero preocuparme de ser
sofisticada y usar maldito maquillaje todo el tiempo y llevar el calzado adecuado. Pero lo haría.
Pero eso no es mi…

—Jessie, nena —se quejó entonces, una burlona sonrisa cruzando sus labios—. Te ves como
un sueño, no importa cómo te vistas y no me importa un carajo lo que uses. Si no lo has notado,
incluso antes, la mierda social no me va. Hacemos lo que tenemos que hacer, a continuación,
vamos a casa, nos ponemos pantalones cortos y somos nosotros mismos. Cariño, eres lo que
quiero. Usando maquillaje o no. Desnuda o vestida. Aunque, me gustaría desnuda la mayor
parte del tiempo. Te amo, Jessie. Cada dulce pulgada de ti, por dentro y por fuera.

—Te amo, Slade. Siempre te amé.

Slade podía sentir el dulce alivio corriendo a través de su sistema incluso mientras su sangre
comenzaba a golpear con lujuria. Fue barriendo a través de él, por sus entrañas mientras su
polla se sacudía, palpitante, presionando contra sus vaqueros y exigiendo la liberación.

Jessie lo miraba con estrellas en sus ojos, su expresión aliviando el dolor amargo y
desconsolado de momentos antes mientras dejaba que sus palabras lo llenaran.

—Deberías estar enojado conmigo —suspiró ella finalmente—. Puede que me haya vuelto
más vieja, pero no mucho más sabia, Slade.

¿En serio?

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Esperaste por mí —susurró—. Admítelo, Jessie. Hiciste algo que nunca creí posible que
una mujer hiciera por un hombre. Has esperado para mí. Has salvado tu corazón, y a excepción
de ese maldito Jazz, guardaste tu cuerpo. —Él apoyó la frente contra la de ella. —¿En quién
piensas cuando él te tocaba, nena? ¿Cuando él le sostenía, qué brazos sentías alrededor? ¿Quién
te estaba amando?

—Tú. Siempre tú. —Dulce inocencia. Llenaba sus ojos, su expresión. Ella era como un soplo
de aire de la mañana, suave y limpio, dulce e inocente como la vida misma.

—Y fue lo mismo para mí. —Su corazón cerrado en los años que habían perdido—. Soñé
contigo, te abrazaba. Amy se adjudicó el título, pero en mi corazón, tú eras mi esposa, Jessie. Por
siempre y para siempre. No voy a lamentar el pasado. No puedo lamentar tener a Cody. Amo a
ese chico. Pero tenemos nuestra oportunidad ahora. Quiero agarrarte con las dos manos,
agarrarte fuerte y reclamar todo lo que perdimos la primera vez.

—Sigo pensando que has sido un asno —ella hizo un gracioso mohín—. Deberías haberme
dicho sobre Cody, Slade. Esa primera noche, deberías habérmelo explicado.

—Sí, debería haberlo hecho. —Él la besó en la frente, tirando de ella hacia su regazo
mientras se sentaba en la silla, con los brazos pasando a su alrededor—. Quería que me
aceptaras primero, Jessie, antes de pedirte aceptar a un niño de otra mujer. Quería estar seguro,
antes de darle esperanzas a Cody. —Su hijo necesitaba una madre. Amy había fracasado como
madre tanto como él había fracasado como marido.

Jessie se acurrucó en sus brazos, la mano apoyada contra su pecho, la cabeza apoyada en su
hombro mientras dejaba que sus manos vagaran sobre ella. La deseaba hasta que tenía que
obligarse a respirar, pero Dios, esto era bueno. Sólo sostenerla, sentir el silencio envolviendo la
noche a su alrededor, sintiéndola, profundo en su alma, y una parte sabiendo que no podía
sobrevivir sin su toque.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Él está realmente bien? —Susurró ella—. ¿Lo llevaron a la clínica del Dr. Gladmore? El
viejo Doc Morrison no debería tratar a los perros, mucho menos a los niños. Deberías haber
encontrado un pediatra para supervisarlo desde que volviste a casa.

Slade dejó que una sonrisa tirara en sus labios.

—No sabía eso. —Él besó su cuello con suavidad, con reverencia—. Tal vez podrías
ayudarme con eso.

Ella fue lo suficientemente largo que empezó a preocuparse silencio.

—La doctora Stephens… —Ella nombró a un médico de un condado vecino—. Es una buena
pediatra. Mi hermana solía llevar a sus hijos allí, antes de mudarse. La llamaré y le conseguiré
una cita. ¿Ya lo has matriculado en la escuela? Iniciará pronto, y me gustaría tener la
oportunidad de asegurarme que está en el aula de clases correcta. Empezar con el profesor
adecuado significa todo, Slade. Quiero que vengas a la escuela esta semana y lo inscribas.

—Hmm. ¿Tú me ayudarás con eso también? —Él acarició su oído mientras ella asentía
enérgicamente.

—Iré contigo. Clarissa es una perra, pero espero que sea agradable con su propia familia…

Slade suspiró con pesar, preocupándose ahora.

—Glenna le dejó en el muelle, Jessie. Ella le señaló las oficinas y solo lo dejó después de
verme saliendo de la puerta que conducía a los apartamentos. Lo dejó allí deliberadamente. Ella
sabe que vives aquí también, y adivinó dónde había estado yo.

Jessie se puso tensa, y luego comenzó a temblar de furia cuando se volvió para mirarlo con
incredulidad, los ojos muy abiertos, sorprendidos.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—¿Sigue respirando? —Su voz era áspera con rabia—. Porque si es así, no lo estará por
mucho tiempo.

Sus brazos se apretaron alrededor de la pequeña salvaje. Maldita sea, la amaba.

—J.J. se está haciendo cargo de eso, Jessie. No voy a presentar cargos, pero no confío en
Clarissa. Tal vez lo llevaré a otra escuela.

Ella negó con la cabeza lentamente, pensativamente.

—No, yo me encargaré de él. Conozco a la profesora con la que quiero que esté y Clarissa no
se mete conmigo. Ella sabe que tiraré de cada pelo en su cabeza si lo hace. Sólo me molesta. Es
una pésima directora.

Slade se sentó en silencio. Podía oírla pensar, hacer planes y se extendió a través de él como
la luz del sol. Ella aceptaría a Cody, y sería un infierno de madre.

Finalmente suspiró.

—Cody no es mi hijo biológico, Jessie, pero…

Ella le devolvió la mirada, en silencio, sin creerlo.

Él apartó la mirada durante un largo momento.

—Sigue siendo mi hijo…

—¿Dejaste que ella te mintiera de esa manera? —Le preguntó entonces—. Sabes, Slade, lo
admito, puedo tener una visión estrecha, a veces, pero creo que tú estás ciego. ¿Qué diablos
quieres decir con que no es tu hijo biológico? No hay una oportunidad en el infierno que ese
niño pueda pertenecer a cualquier otra persona.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Jessie recordó mirarlo, viendo los ojos turquesa abiertos, sus salvajes rizos oscuros. Y estaba
tan condenadamente delgado que parecía que nunca comía. Ella apostaba que comía como una
manada de elefantes después de una sequía.

—Él no se parece a mí o Amy —resopló él—. Me dijo…

—Ven aquí. —Ella sabía que no debía discutir con Slade cuando él estaba convencido de
algo. Había que mostrarle la prueba, y eso era algo que tenía.

Se movió de su regazo y se dirigió a donde había dejado caer su bolso en la mesa del
vestíbulo. Ella había sacado las fotos mientras estaba en su apartamento, sin saber por qué
necesitaba ver las fotos antiguas de Slade como niño. Para tener la certeza ella misma, tal vez.
Ella las había tomado de su madre durante una de sus visitas a Florida.

—Papá era el director de la escuela, ¿recuerdas? —Ella sacó las fotos mientras caminaba
hacia él—. Mamá siempre estaba tomando fotos de los niños para los anuarios. Especialmente
aquellos niños cuyos padres nunca compraban las fotos de la escuela. Era una fanática.

Levantó la foto más reveladora de la pila. Slade, a la edad de Cody, escuálido como el
infierno, su rizado y salvaje pelo castaño oscuro, sus ojos color turquesa sombríos mientras
miraba hacia la cámara. Su madre siempre había amado a los niños sin padres.

—¿Recuerdas a mamá? —Le preguntó.

—Me acuerdo de ella. —Sus labios se inclinaron en una sonrisa—. Recuerdo a tu padre
también. —Su ceño era el mismo de cualquier otro chico que había ido a la escuela durante el
reinado de su padre—. Y a su pala de azotes. —Sip. Recordaba a su padre.

—Mira esto. —Ella le entregó la foto, viendo sus ojos abrirse, el destello del shock, el rostro
aflojándose con sorpresa antes que su mirada se levantara hacia ella.

—¿No tienes ninguna foto de ti cuando eras pequeño? —Era horrible que no lo hiciera.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Él negó con la cabeza lentamente.

—Nadie me tomó fotos.

—Bueno, mamá lo hizo. —Ella le entregó el resto—. Desde el jardín de infantes hasta el
séptimo grado, Slade. Tus miradas comenzaron a cambiar cuando entraste a la escuela
secundaria. El azul oscuro de tus ojos se hizo más ligero, tu cuerpo empezó a llenarse. Eras uno
de esos niños que simplemente no tenía el mismo aspecto a medida que fue creciendo. Sospecho
que Cody será así.

Slade parpadeó, pasando por las imágenes, su garganta apretándose por la emoción ante la
prueba de que Cody era de hecho su hijo. No sólo porque Slade le amaba, sino porque él era
una parte de Slade.

—Amy era una perra mezquina. —Ella se sentó en la silla frente a él, respirando
profundamente—. Lo sabías antes de follártela —ella se quejó con desdén—. No podías confiar
en una palabra de lo que decía.

—Usó a Cody —dijo con amargura—. La organización estaba dirigida por fanáticos. No
podía llegar a los niveles superiores y sin los requerimientos familiares. Debían tener algo que
amenazar, para sostener sobre la cabeza de un hombre. Amy decidió tomar el riesgo de perder a
un hijo si la operación se iba al infierno.

Jessie bajó la mano, sus manos apretándose en su regazo mientras ella asentía con la cabeza
lentamente. Sí, eso sonaba como Amy. Ella era el tipo de mujer que se aseguraba que todas sus
demandas se cumplían a su manera. Y había deseado a Slade, operación o no.

—Maldita sea, era escuálido —suspiró mientras pasaba las fotos—. Estaba empezando a
preocuparme por Cody. Ese chico come como un caballo y nunca parece crecer una pulgada. Te
lo juro, él me llevará a la quiebra comprándole alimentos. —Su voz estaba llena de amor, suave
con devoción a su hijo.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Bueno, tú no eres un peso ligero —gruñó ella—. Te he visto comer, Slade. Podrías
avergonzar a un caballo.

Ella levantó la vista a tiempo para ver su sonrisa, agradecida, adorando, llena de muy
masculino, muy posesivo amor. La llenaba de calor, haciendo hinchar sus pechos, sus pezones
hormigueando contra el material suave de su camiseta.

—Maldita sea. —Su rostro se apretó, una mueca de emoción retorciendo sus
características—. Es idéntico a mí, ¿eh?

—Idéntico a ti —respondió ella en voz baja, y por un momento, un momento, esa tristeza
porque el niño que él tanto amaba no fuera suya, casi la abrumó.

—Necesita una mamá, sabes. —Se aclaró la garganta, poniendo las fotos a un lado antes de
volverse para mirarla—. Quiero que te cases conmigo, Jessie. No volví aquí para jugar o perder
más tiempo sin ti en mi cama donde perteneces, todas las noches. Soy muy malo con el romance
y lo sé. Quería darte el anillo primero, hacer las cosas bien. —Le tocó la cara, otra de esas
caricias que aceleraban su cuerpo, apretando su corazón de alegría. No había nada tan perfecto
como cuando Slade la tocaba.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No quiero perderte otra vez —susurró—. He sido tuya desde que tenía dieciséis años,
Slade. Siempre tuya.

—¿Eso es un sí, entonces? —Él arqueó las cejas, diabólico humor seductor arrastrándose en
sus grises ojos.

—Sí —ella suspiró, alegría explosionando en su interior—. Eso es un sí, Slade.

Como si pudiera haber dicho cualquier otra cosa.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

CAPÍTULO 22

El sonido suave de su voz, aceptándolo, aceptando a su hijo tan fácilmente que envió un
pulso de emoción pura explosionando en el pecho de Slade. Robándole el aliento con la
incandescencia de su sonrisa, el amor en sus ojos.

Ella no quería crecer, dijo. Por Dios, si crecer significaba que perdería la inocencia de niña
abandonada y la dura determinación, entonces él odiaría si crecía.

Antes de que él considerara cualquier otra cosa, sin embargo, tenía que tenerla. Poniéndose
de pie, antes que Jessie pudiera hacer más que jadear, Slade la tenía en sus brazos, acechándola
hacia el único lugar en la casa que sabía que su Jessie podía gritar sin ser escuchada. El cuarto
de abajo estaba bien aislado, más porque Slade tenía la costumbre de tocar su vieja guitarra
eléctrica tan fuerte como el amplificador lo permitía. Aislar la habitación de invitados había
sido su única concesión.

Como él cerró la puerta detrás de ellos, sacó un pequeño receptor de su bolsillo trasero, lo
miró, accionó un interruptor y lo puso junto a la cama. Jessie le dio una mirada cuestionable
mirada.

—El localizador de Cody —gruñó—. He tenido que instalar bandas electrónicas alrededor de
las puertas y en el hueco de la escalera para saber cuándo pasaba por allí. Le gusta pasear si se
levanta antes que yo.

Sí, recordaba a su hermano haciendo eso. Tenían todo resuelto.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Dios, no puedo creer que te tengo aquí, Jess —susurró Slade de nuevo, sus manos alisando
sus brazos, acercándola más cuando la gran cama se alzó junto a ellos—. He soñado con tenerte
aquí. Amándote. Tocándote.

Enredando sus dedos en su pelo, bajó la cabeza, tomando sus labios en un beso que amenazó
con hacer que sus rodillas se debilitaran. Besos largos, una maraña de labios, probando,
suavizando unos sobre otros mientras él gemía ante la caliente ondulación a través de su
sistema.

Su pene estaba duro como el hierro, golpeando por debajo de sus vaqueros mientras se
sacaba sus botas lentamente, una a una mientras saboreaba a Jessie, mordisqueando sus labios
luego calmando la pequeña picadura con una lamida de su lengua. Pero él era un hombre
hambriento. Un sabor de ella, una sensación de esas dulces curvas y su lengua era una bastarda
codicioso. Se deslizó en su boca, profundizando en el sabor de la miel oscura mientras ella se
encontraba con la suya y el placer comenzaba a consumirlos.

En cuestión de minutos las botas fueron expulsadas por el suelo y Jessie salió de sus zapatillas
y vaqueros mientras luchaba por aferrarse a su beso. Él agarró el escote de su camiseta y solo lo
arrancó. Él no tenía la paciencia de una cuidadosa seducción. No esta vez.

—Sigues destruyendo mi ropa —ella gimió mientras sus labios se movían en la de ella, sus
dientes rastrillando a través de su cuello mientras se ocupaba de las bragas de la misma manera.

—Entonces deja de usar las malditas cosas —gruñó mientras las manos de ella desgarraban
la camisa, botones volando en su desesperación de desnudarlo.

Dios, iba a venirse en sus vaqueros, si él no conseguía meterse en su cuerpecito caliente. Ella
lo ponía tan jodidamente caliente que se sentía como si fuera a estallar en llamas. El sudor
cubría su cuerpo antes de que se las arreglara para sacarse los restos destrozados de su camisa
de sus hombros, mientras su boca estaba atacaba su carne. Joder, su lengua lamió sobre sus

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

planos, duros pezones, sus pequeños dientes afilados mordiéndolos perversamente mientras
miraba hacia ella, observando la sensualidad transformando sus características.

—Estás siendo una chica mala —gimió cuando su lengua se enroscó alrededor del disco
oscuro que estaba atormentando. Él no le había enseñado esto, lo que dejaba a una sola
persona—. ¿Crees que no sé quién te enseñó esta mierda?

—Hmm, tú me enseñaste —susurró ella, sorprendiéndolo—. Me vuelves tan loca cuando me


haces esto. Quiero volverte loco a ti también.

Su estómago se tensó ante la idea de tenerla experimento con él, probando las caricias que le
ponían más duro. Sólo la idea tenía a sus bolas apretándose, su polla crispándose.

—¿Te gusta ese pensamiento, semental? —Su mano fue entre sus muslos, ahuecando las
dolorosas esferas mientras se movía contra él.

—Tú me sigues llamando semental y te mostraré lo que es bueno —gruñó—. Estás jugando
con un hombre desesperado aquí, Jessie.

—¿Estoy jugando? —Ella se arrodilló entre sus muslos, sus dedos moviéndose a lo largo de su
erección mientras él apretaba los dientes con el placer.

—Mierda. —Estaba casi jadeando en busca de aire ahora.

—Calma, semental. —Ella sonrió, una lenta, fácil y sexy como el infierno curva de sus labios
mientras sus manos se movían a la cintura de sus pantalones vaqueros. Si no sacaba el material
restrictivo de su culo, iba a estrangular a su polla.

Ella rozó sus manos lejos, los dedos de seda rozando su abdomen convulsionante mientras
ella aflojaba la presión de la mezclilla de cintura altura.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Te extrañé, Slade —susurró mientras se inclinaba hacia adelante, plantando un beso en la
piel revelada mientras las manos de él se enterraban en su cabello.

—Dios, nena —gimió, tragando con fuerza y su pequeña lengua inquisitiva lamía su carne
mientras sus dedos bajaron la cremallera sobre su polla palpitante—. Si no te pones en marcha
un poco, el juego terminará rápido.

—Mmm. Como si no fueras capaz de permanecer duro durante horas —susurró ella un
segundo antes de que sus dientes pellizcaran en su abdomen inferior, causando un silencioso
gruñido de placer agonizante al apretar los labios.

—Duro por ti, punto. —Él estaba casi jadeando cuando los pantalones vaqueros se aflojaban
y sus gráciles dedos se curvaban en la pretina.

Él se levantó, sus dedos encrespándose a su lado mientras él la dejaba quitarle los vaqueros y
bóxers hasta las caderas. Su pene estuvo en sus labios y su lengua lo lamió a él con provocación,
sacando un gemido ahogado de su pecho.

No había persuasión aquí, ni seducción. Ella se movía sobre él como la miel, las manos
tirando lejos sus pantalones vaqueros mientras se arrodillaba delante de él, su lengua
enroscándose alrededor de la cabeza de su erección. Lo estaba volviendo loco. Sus bolas estaban
tan condenadamente apretadas contra la base de su pene, todo su cuerpo sacudido por placer
mientras ella tiraba sus pantalones a un lado y luego se inclinaba hacia las torturadas esferas.

—Dulce Dios en el Cielo… —su cabeza fue hacia atrás, sus dedos apretándose en su pelo
mientras ella chupaba la sensibilizada bolsa, lamiendo, sus dientes rastrillando, su dulce
lengua… Ah, Dios, su lengua estaba matándolo.

Entonces sus manos se deslizaron hasta sus muslos, los calientes dedos sondeando en los
tensos músculos, frotando pequeños círculos a lo largo de la carne hipersensible, creando
sensaciones que le hacían contener el aliento.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ella alisó sus manos a lo largo de sus muslos mientras lamía su polla, succionando la cabeza
un poco más allá de sus labios, su lengua caliente dándole un beso negro debajo de la cresta
mientras sus dedos, manchados por la humedad que se extendía sobre su polla, destellaban por
encima de su ano.

—Suficiente. —Él apenas pudo empujar las palabras de sus labios mientras enterraba las
manos en su pelo, sosteniendo sus labios donde los necesitaba. Esos pequeños dedos malvados
eran otra historia, sin embargo.

Sus dientes afilados rastrillaron sobre la cabeza de su polla, una advertencia, un pulso
violento de placer tensando sus testículos antes de que ella encerrara la cresta en sus labios una
vez más. El mensaje erótico era claro. Haría lo que ella quería, no lo que él quería.

—Jessie, nena… —Sus manos apretaron fuerte mientras sus pequeños dedos sondeaban, su
lengua acariciaba. Él iba a perder la cabeza en cualquier momento. Si hacía lo que él
sospechaba que ella estaba a punto de hacer.

—¡Joder! —Un dedo penetró la entrada mientras sus manos sujetaban su pelo, conduciendo
su polla varias pulgadas en su boca chupando antes de que ella pudiera detenerlo—. Paga el
precio, chica —gruñó, sus caderas moviéndose mientras su dedo se deslizaba más allá—. Si
quieres ser mala, entonces conseguirás que folle tu cara a cambio.

Las palabras explícitas la tenían gimiendo, la vibración de su voz hormigueando a lo largo de


su erección mientras la punta del dedo se deslizaba hacia atrás, recogía la humedad y regresaba
allí otra vez. Dos delgados dedos se deslizaron dentro de él mientras sus caderas se sacudían de
nuevo, moviéndose, empujando su polla en su boca mientras su lengua parpadeaba con avidez
a su alrededor.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Ella dudó, no realmente segura. Sus ojos oscuros miraron hacia él mientras ella obviamente
luchaba por retener suficiente de su propio control y estar segura de que él estaba disfrutando
de sus esfuerzos en pro de su placer.

—Cualquier cosa que quieras, nena —gruñó, sosteniendo su cabeza en su lugar, luchando
para reunir suficiente aliento para hablar—. Experimenta. No hay mucho que no te dejara
hacer…

Sus dedos se deslizaron adentro, curvándose por encima de un punto que envió placer
tronando tan duro, tan brutalmente a través de él que su cabeza cayó hacia atrás y un grito
ronco se derramó de sus labios. Maldita sea, ella lo estaba matando de placer. Su boca tragó su
polla, sus caderas impulsando la gruesa longitud tan profundo en su boca como ella se lo
permitía.

Cuando sus dedos volvieron, infaliblemente encontrando ese lugar que destruyó su control,
trabajó por todo lo que valía la pena. Empujando con facilidad, acariciando sobre él,
masajeando, manipulando hasta que sus manos la mantienen en su lugar, sus caderas
conduciendo su erección a la parte posterior de su garganta antes de que sus pelotas estallaran.
Sintió su semilla hacer erupción desde la punta de su polla, salpicando su garganta la cual tragó
rápidamente antes de que otro pulso brutal saliera de él.

Parecía no terminar nunca, sus músculos contrayéndose dolorosamente mientras él se


tensaba con sus dedos y su polla derramaba en su boca succionadora boca.

—Basta. —Se sentía como un animal, sacudido por una lujuria tan penetrante, tan
abrumadora que no había pensamiento, nada más que el instinto.

Su mano se movió para sujetarle la muñeca, sacando los dedos de su culo antes de que él la
empujara de vuelta al colchón. Para lo que él tenía en mente, nada funcionaría, excepto una

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

cama. Una cama y el sedoso y resbaladizo deseo en sus labios, lengua, alimentando la furiosa
lujuria rabiando a través de él.

Jessie gritó cuando Slade la lanzó a la cama, sus manos estirándose hacia él sólo para que él
las extendiera por encima de su cabeza.

—¡Déjala allí! —El gruñido áspero era una advertencia, una orden que ella obedeció
instintivamente mientras lo veía moverse al pequeño cofre al otro lado de la cama. Él lo abrió de
golpe, recuperando la varita anal que él había comprado y almacenado allí el día antes y el tubo
de lubricante que yacía junto a ella antes de que él empujara sus muslos abiertos y se moviera
entre ellos.

Él no le dio tiempo para recuperar el aliento. Ni tiempo para prepararse, sin vacilantes
lamidas o suaves besos en sus muslos. Se zambulló en su coño, su lengua separando las curvas
desnudas, sus labios moviéndose sobre su clítoris y procediendo a llevarla a la locura.

Su grito rompió la habitación mientras se arqueaba hacia él, sus muslos separándose
mientras él los empujaba, sus manos moviéndose entre sus muslos antes de que ella lo sintiera
levantar sus caderas, empujando una almohada debajo de ellas.

Ella se retorció debajo de él mientras su lengua azotaba sobre su coño, lamiendo,


acariciando, rodeando su clítoris mientras sentía la varita anal presionando contra la entrada de
su culo.

—En mis hombros —gruñó, levantando sus pies hasta que se posaron sobre sus anchos
hombros, dejándola completamente abierta para él.

Su boca se movió sobre su carne con resultados devastadores. Él chupó su clítoris, su lengua
parpadeando hasta que ella se tensó, tan cerca al orgasmo que podía sentir las ondas en su
vientre.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Él retrocedió.

—No. Maldito seas… —Ella gritó entrecortadamente, luego su espalda se arqueó, las manos
aferradas a la barra de madera de la cabecera mientras sentía la varita anal hundirse más allá
de la primera bola circular.

Su lengua se hundió dentro de su coño de nuevo, bombeando eróticamente, erráticamente,


sus sentidos girando mientras lamía las tiernas paredes. Sus terminaciones colisionaban,
ardiendo.

Él retrocedió.

—Slade… —ella gimió su nombre, suplicando.

La varita se hundió varios grados más, estirándola más como las bolas se hacían más
grandes.

—Dulce pequeño coño —canturreó, lamiendo a través de la rendija, lamiendo el pliegue


mientras soplaba cálidos pulsos de aire hacia su clítoris—. Así, dulce nena. ¿Te gusta así?

Sus pies presionaron en sus hombros mientras elevaba las caderas, luchando por presionar
más cerca mientras su lengua comenzaba a bordear de la entrada a la vagina, parpadeando
sobre la abertura, lamiendo los jugos que salían de ella.

Él le estaba tentándola a la muerte.

La varita se coló lejos, enviando fuego rasgando a través de su ano, mientras comenzaba a
estirarse más amplio, enviando una mezcla sorprendente de placer y dolor disparándose en ella.
Su coño se contrajo cuando ella gritó, su voz áspera, estrangulada incluso a sus propios oídos
cuando el sonido le llegó.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Qué bonito. —Él se echó hacia atrás, hundiendo la varita en su interior un grado más
profundo mientras ella se sacudía en su agarre—. Ese coño desnudo y dulce es intoxicante,
Jessie. Todo sedoso y resbaladizo. —Él lamió los pliegues de nuevo, provocando un tirón de
placer—. Veamos cuánto de esa varita puedes tomar. —Su sonrisa era oscura, sensual—.
Entonces voy a follarte, Jessie. Empujaré dentro de tu coño, y estarás más caliente, más apretada,
tan jodidamente apretada que voy a tener que adentrarme lento y fácil…

Ella iba a correrse solo con sus palabras. Se estremeció, gritando mientras otra bola
penetraba. Ella bajó las manos, llegando a él.

—¡Deja las manos arriba! —Su voz era aguda y controlada.

Jessie se echó hacia atrás, los puños tirando del edredón debajo de ella en lugar de los duros
músculos de sus brazos.

—Buena chica —cantó a continuación, la mano alisándose sobre la curva de su culo antes de
que él la levantara. Un segundo después, descendió de nuevo, arqueando las caderas, enviando
fuego corriendo a través de su culo.

Estaba perdida en las sensaciones que se construían, una sobre la otra, rayando en sus
terminaciones nerviosas, ardiendo fuera de control mientras luchaba por la necesidad cada vez
más imperiosa del orgasmo. Un orgasmo que él mantenía fuera de su alcance.

—Nena hermosa —susurró, inclinándose hacia adelante para chupar su clítoris en su boca,
lamiendo suavemente mientras se retorcía en su agarre—. Ahí vas, nena. Simplemente deja que
se sienta bien.

Ella perdió el aliento mientras la vara se hundió más, estirándola, quemándola, mientras su
cabeza se movía más abajo, hundiendo la lengua en su coño. Sus ojos se abrieron, un jadeo
dejando sus labios al sentir su lengua estirándola. La protuberancia extendiéndose en su trasero
estaba presionando en su coño, volviéndola más apretado, ajustada.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Slade se rió entre dientes, el sonido uno de oscura hambre.

—Oh sí, cariño. Creo que estamos listos ahora.

Se arrastró sobre su cuerpo, deteniéndose en sus pechos, sus labios y su lengua atormentando
sus pezones duros mientras la cabeza de su polla rozaba su coño. Respiración entrecortada, sus
sentidos aturdidos, ella se movió contra el calor y la dureza presionando contra ella mientras los
firmes tirones de su boca en sus pezones enviaban agonizante placer rayando hacia su clítoris.

Él le robó el aliento, pasando de sus pechos a sus labios, sus dientes tirando de la curva
inferior mientras llenaba su visión.

—¿Lista, nena? —La quemante, demasiado amplia, cabeza de su polla presionó contra la
entrada de su coño. Los pliegues se abrieron lentamente antes de envolverse alrededor de la
amplia cresta cuando se detuvo.

—Déjame probar tus besos, Jessie. Dame tus labios, nena. —Ella gimió entrecortadamente,
yendo de un lado a otro contra el colchón, sus caderas retorciéndose debajo de él mientras ella
abría los labios.

Pudo probarse a sí misma, un sabor extrañamente dulce que se aferraba a sus labios y lengua
mientras la besaba con tanta delicadeza que ella podía sentirlo hundiéndose en su corazón.

—Te amo, Jessie —susurró contra sus labios—. Te amo más que a la vida.

Ella gritó, corcoveando contra él, las manos sujetando sus hombros cuando él comenzó a
trabajar su polla dentro de ella entonces. Fuego, una conflagración ardiente de sensaciones,
placer y dolor, calor y dureza, trabajo lento y fácil dentro de ella, moviendo la varita incrustada
en su culo mientras él llenaba su coño.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Oh, Dios. Slade… Slade… Más… —Estaba tensa en una sensación violenta, intensa,
empujando hacia ella. Por lo que cerca del orgasmo su vientre ondulaba. Tan cerca pero todavía
no.

Él empujó dentro de ella, se retiró, empujando más profundo con cada empalamiento hasta
que ella temblaba, estremeciéndose, tan llena de él que estaba segura que había penetrado en su
alma.

—Así, cariño. —Él estaba en ella hasta la empuñadura, palpitante, caliente, quemándola con
pasión y necesidad. La lujuria era como un torbellino dentro de ella, girando a través de sus
aturdidos sentidos mientras ella gemía, lloraba—. Así, cielo. —Él le besó los labios de nuevo,
una lenta bendición de sentimientos antes de que sus caderas se movieran y empezara a
empujar de nuevo.

Comenzó lento. Lento y fácil, trabajando dentro de ella con cada embestida mientras se
esforzaba más cerca de su liberación. En cuestión de minutos se movía más rápido, más fuerte,
poniendo a prueba los límites de su excitación, el placer de ella, sosteniéndola en el borde,
haciéndola esperar hasta que sus piernas se levantaron más, envolviéndose en sus caderas y ella
suplicó.

—Fóllame, Slade. Fóllame duro. Y rápido y profundo… y… Oh. Dios.

Se liberó. Ya no era sólo Jessie. Sus gritos llenaron su cabeza, o eran los suyos, mientras
comenzaba a bombear en ella, dentro y fuera, golpes martilleando que atravesaron sus sentidos
y le lanzaron como un cohete a las estrellas.

Su orgasmo fue violento. La atravesó. Le quemó. Sacudió todos los huesos y músculos de su
cuerpo. Hizo añicos su mente, se extendió por ella con la fuerza de un cataclismo antes de
lanzarla al espacio. Estrellas explotaron delante de sus ojos, extendiéndose por su mente, y la
dejaron a la deriva en una bruma de réplicas violentas y duras y la sensación de Slade

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

estremeciéndose encima de ella, el pulso caliente de su semillas en su interior, lo que provocó


un temblor, un gemido sobresaltado, y luego regresándola a la tierra otra vez.

—Vivo por ti, nena. Siempre… —susurró en su oído, su voz ronca, palpitando con el placer y
la emoción y todos los sueños que ella había tenido.

Sus ojos se abrieron, mirando hacia él mientras él se erguía lo suficiente para mirarla.

—Y yo vivo por ti —susurró—. Siempre, Slade. Siempre y para siempre…

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

EPÍLOGO

Fuegos artificiales estallaban en el aire, los niños estaban corriendo, saltando, gritando con
toda la exuberancia de la juventud mientras las risas y el jolgorio llenaba la orilla del río. En
medio de la multitud de niños, un niño pequeño se rió con picardía, tirando de las coletas de
una de las niñas mayores antes de corretear fuera de peligro. Él podría haberse escabullido si
los pantalones cortos que llevaba no se deslizaran por su pequeño trasero.

Pero debido a que lo hacían, se detuvo, dando tiempo a la adolescente para alcanzarlo, sus
dedos encontrando las sensibles costillas haciéndolo reír a carcajadas antes que la chica le diera
un beso en la mejilla y lo soltara.

Desde debajo del toldo de la caravana, Jessie y Slade miraban, riéndose de las payasadas de
Cody mientras las manos de Slade corrían una vez más sobre el estómago todavía plano de
Jessie. En su dedo una banda de oro brillaba a la luz del fuego, haciendo juego con el que ella
llevaba con un simple diamante en su dedo. No había querido un diamante más grande; Jessie
no era ostentosa, y por mucho que Slade hubiera querido comprar las piedras más caras, más
llamativas, se había decantado por lo que sabía le gustaría más a Jessie.

Había llorado. Cuando él había inclinado su rodilla delante de ella, deslizando el anillo en su
dedo y susurrando lo mucho que la amaba, ella había llorado. Lo que asombró a Slade. Habría
pensado para entonces que habría estado condenadamente segura que ella era el centro de su
vida. Él no podía mantener sus manos fuera de ella, manteniéndola desnuda con la mayor
frecuencia posible.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

No es que ella hubiera caído en la idea del matrimonio fácilmente. Y no se mudó con él hasta
que se casaron debido a Cody. Ella había querido que le dieran tiempo a Cody tiempo para
acostumbrarse a ella, aceptarla, no sólo como novia o esposa de su padre, sino como su madre.
Con Glenna y Hank ignorando al niño, ella lo había tomado como suyo, cuidándolo en la
escuela como una gallina. Clarissa Jennings no había sabido lo que la golpeó la primera vez que
se había atrevido a hablar bruscamente al niño cuando Cody había aceptado la insistencia de
los otros niños y preguntado si ella era su prima.

Jessie había salido de su salón de clase cuando la mujer respondía mordazmente que Cody no
tenía primos. La historia se había acelerado a través del condado. Cómo Jessie había sonreído
fríamente, agarrado del brazo de la otra mujer en un mortal apretón y arrastrado fuera de su
propia oficina. La pelea a gritos que siguió se había oído en toda la escuela. Cuando Jessie se fue,
sonrió cortésmente a los padres con los ojos abiertos, dijo a la secretaria que ella y Cody se irían
a la oficina del superintendente y luego a la oficina de su abogado. Después de que recogieran
al padre de Cody.

Nadie podría lastimar a Cody de nuevo, ella se aseguró de ello. Ella sería tan protectora con
todos sus hijos, Slade lo sabía.

Cody brillaba dentro del ambiente familiar, algo que nunca había conocido antes. Se reía
más, sus silencios solemnes menos frecuentes. Jessie incluso lo había convencido para tratar la
natación, con un chaleco salvavidas.

Los dedos de Slade jugaron sobre la suavidad de su vientre, frotando, acariciando, amando la
sensación de la vida que imaginaba que podía sentir allí. Su bebé. Seis meses después de su
matrimonio y ella le estaba dando uno de los regalos más grandes del mundo. Una familia. No
sólo su amor, su amor y la aceptación de Cody, su deseo de tener más hijos, llenando sus días de
amorosa calidez.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Estás demasiado callado —murmuró ella, con las manos sobre las de él mientras se
apoyaba en su contra, su ojo de águila puesto en su hijo mientras él se reía y jugueteaba.

Los adultos en servicio de niñera eran sorprendentemente hábiles en su trabajo. Jessie no


daba nada por sentado sin embargo. Vigilaba a su hijo, diciendo que era la única manera de
estar seguro.

—Pensando en ti. —Él acarició su oído, tirando suavemente con los dientes, sintiendo el
escalofrío que corrió sobre ella.

—No me puedes secuestrar —se rió—. Cody peleará por mí.

Slade gruñó. Si Jessie era posesiva con ese chico, entonces Cody era aún más con ella. Esa era
su mamá, le decía a todo el que quisiera escuchar. Y mejor que fueran agradables con su mamá
o lucharía con ellos. Eso incluía a Slade. No podían discutir, Jessie siempre ganaba. Simplemente
porque Cody se ponía de pie frente a ella, frunciendo el ceño con fiereza, informando a su
padre que su mamá siempre tenía razón y los papás simplemente se suponía debían saber eso.
Luego enganchaba sus siempre demasiado grandes pantalones vaqueros en las caderas
huesudas como un pequeño hombre y se alejaba.

Y aunque odiaba admitirlo, ella generalmente tenía razón.

—Ese chico tiene que ir a dormir —él gruñó, sintiendo su polla despertar a la vida mientras
presionaba contra su culo.

Se acurrucó más cerca de él, su sonrisa lo suficientemente brillante como para rivalizar con
los fuegos artificiales mientras miraban a Cody de nuevo arrastrando a su maestra a través del
claro de la caravana donde Slade y Jessie habían establecido sillas. Annie Mayes era un ángel en
lo que se refería a Cody. Era una cosa bonita, admitió Slade, viendo su sonrisa tímida mientras
se acercaba a ellos.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Cody insistió. —Su risa era un poco tímida.

—Mamá, ¿puedo comer otro perro caliente? —Cody enganchó sus pantalones cortos,
enderezó los hombros y miró a Jessie con encantadora travesura—. Tengo hambre.

—Siempre tienes hambre —se rió ella—. Están en la mesa dentro de la caravana. Ve. Pero no
refrescos, Cody. Leche.

—Eww. Me gustan los refrescos, mami —protestó con el feroz ceño fruncido.

—Recuérdame hacer pagar a Jazz por esto —murmuró a Slade antes de volver su atención a
Cody—. Nada de soda. La leche o agua, sin discutir. —Él abrió la boca para hacer precisamente
eso.

—Hijo. Mamá dijo que sin discutir. —Slade endureció su voz, conociendo la debilidad de
Jessie, su vacilación en esta etapa temprana de la maternidad con su terco hijo—. Leche o agua.
Punto.

Sus labios formaron un puchero.

—Bien. Pero cuando sea grande, voy a beber refrescos todo el tiempo, sólo porque me gusta.
—Él pisoteó hacia la caravana, suspirando ruidosamente, hablando consigo mismo mientras iba
por el perro caliente y uno de los pequeños cartones de leche que Jessie había guardado para él
en el refrigerador.

—Annie, bienvenida a la fiesta. —Jessie dio un paso adelante cuando la mano de Slade se
deslizó por su brazo, capturando su mano mientras se enfrentaban a la callada maestra—. Me
alegra que hayas venido esta noche.

—Gracias. —Ella se movió, avergonzada o quizás incómoda—. Realmente no estoy


acostumbrada a las fiestas.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

Tenía la edad de Jessie, en su segundo año de enseñanza, y aunque Jessie le aseguró que
Annie era una maestra perfecta, parecía insegura en torno a muchos de los padres.
Especialmente los hombres. El primer día de clases, su salón de clase bombardeado por Slade,
Zack y Jazz, ella había lucido francamente aterrorizada.

Esa mirada volvió un segundo más tarde, cuando un ruido sordo provino del interior de la
caravana de Jazz, sus grandes ojos yendo a los recovecos sombríos de la caravana estacionada al
lado de la suya.

—Hey, Slade. Maldita sea, Zack robó mis bebidas de nuevo y simplemente se alejó con una
chica de la ciudad. Ese chico necesita comprar su propio maldito licor. —Jazz Salió de su
caravana, su gran cuerpo a la vista, su expresión ceñuda mientras los miraba antes de entrar a
la caravana de Slade y Jessie—. O Jessie te obligó a deshacerte de las cosas buenas… Oh, hola,
pequeño. Tengo refrescos en mi caravana, ¿por qué estás bebiendo leche?

Jessie suspiró. Slade se rió entre dientes. Annie parecía aterrorizada.

—Me tengo que ir. —Annie se apoyó en el soporte del toldo mientras Jazz salía de nuevo.
Vestido con pantalones cortos y nada más, de casi dos metros, los pies descalzos con esa melena
salvaje de pelo negro cayendo sobre sus hombros y azules y helados ojos de vikingo, podría ser
un espectáculo imponente.

—Hey, pequeño ratón, ¿a dónde huyes? —Él rió mientras ella saltaba de nuevo antes de
pasar rápidamente a lo largo de la orilla—. ¿Fue algo que dije? —Él volvió a reírse, volviéndose
hacia Slade con una aguda sonrisa.

Slade negó con la cabeza, mirando como Jazz se iba con la última botella de whisky, su risa
haciendo eco detrás de él.

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Lora Leigh - Mentiras que enamoran
Serie Chicos del verano 01

—Tienes amigos extraños. —Jessie se volvió en sus brazos, mirando a la caravana con poca
luz para avistar Cody delante de los dibujos animados, el perro caliente en una mano, la leche
en la otra—. Creo que él deliberadamente asustó a Annie.

—Ah, pero yo tengo la mejor esposa. —Él inclinó la cabeza, besándole el cuello, las manos
corriendo por su espalda mientras frotaba su erección contra su vientre. Él no iba a entrar en
un debate sobre las estupideces de Jazz. La lista era demasiado malditamente larga—. ¿Quieres
ser secuestrada?

Ella levantó la cabeza, su sonrisa brillante, sus ojos destellando con amor, pasión y un calor
que aún tenía el poder de hacer tronar su corazón en su pecho.

—En cualquier momento, semental —susurró—. En cualquier momento. —Ella miró la


cabaña—. Bueno, mejor después que Cody se vaya a dormir.

Sus risas se mezclaron luego se hizo el silencio. En el resplandor de la hoguera, iluminado


por los fuegos artificiales por encima, los labios de Slade cubrieron los de Jessie, recorriendo
sobre ellos, hundiéndose en una caricia que le acarició el alma.

Su esposa. Su familia… Y la vida era malditamente buena.

FIN

COORDINACIÓN POR DAHI

TRADUCIDO POR CECI _SGO , DAHI, ESTEFANI Y GABY _67

CORREGIDO POR LINN_


LECTURA FINAL POR MERCHE

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