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NOMBRE

Yajaira M. Acosta Valdez


MATRICULA
2017-0936
ASIGNATURA
Introducción a la psicología
FACILITADOR
Daisy López
TRABAJO FINAL
FECHA
6/8/2020

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EL ESTRÉS
Se define como la reacción fisiológica del organismo en el que entran en
juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se
percibe como amenazante o de demanda incrementada. El estrés es una
respuesta natural y necesaria para la supervivencia. Cuando esta respuesta
natural se da en exceso se produce una sobrecarga de tensión que repercute
en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y anomalías
patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo
humano.
La respuesta al estrés es nuestra particular forma de afrontar y
adaptarnos a las diversas situaciones y demandas que nos vamos
encontrando, es una respuesta que aparece cuando percibimos que nuestros
recursos no son suficientes para afrontar los problemas.
LOS TRES COMPONENTES DEL ESTRÉS
La respuesta de estrés es un proceso complejo que se manifiesta en tres
niveles: fisiológico, cognitivo y motor. Generalmente estos tres componentes
están presentes en la respuesta del sujeto, pero el papel que desempeña cada
uno de ellos puede variar según la situación y la persona. Es decir, en un caso
concreto puede que el componente cognitivo (pensamientos) sea el que más
peso tenga a la hora de modular el estrés, mientras que en otras situaciones
puede que sea el componente fisiológico o el motor el que dispare y module la
respuesta de estrés.
a) Componente fisiológico.
Supone un proceso de reacción sintomática que se desencadena a nivel
fisiológico en la persona cuando está desarrollando una respuesta de estrés
ante una determinada situación. Está constituido por una serie de síntomas
físicos que se ponen de manifiesto en la respuesta de estrés. El número de
síntomas presentes y la intensidad de los mismos es diferente según las
personas y su respuesta al estímulo estresante.
Los síntomas fisiológicos que pueden estar presentes en una respuesta
de estrés son: sudoración, tensión o dolor muscular, palpitaciones o
taquicardia, temblor, molestias en el estómago, otras molestias gástricas,
dificultades respiratorias, sequedad de boca, dolores de cabeza, mareo,
náuseas, etc.
Los síntomas fisiológicos del estrés suelen ser la señal más evidente
para detectar una respuesta de estrés en una persona, pero no siempre son los
responsables de iniciar una respuesta de estrés ni el único factor que modula
dicha respuesta, pues influye interactuando con el resto de las componentes.
Todos los síntomas físicos son causados por la activación del sistema nervioso
y no son más que una reacción de alerta con la que el organismo pretende

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prepararse para defenderse de una amenaza (real o supuesta). El problema es
que en los casos de estrés, este estado de alerta se mantiene a lo largo del
tiempo, siendo perjudicial para el organismo y preocupando gravemente a la
persona, lo que conlleva de nuevo más activación del sistema nervioso y por
tanto más sintomatología física.
b) Componente cognitivo.
Son los pensamientos que asaltan al individuo y están relacionados bien
con ese proceso de estrés, o bien con algún estímulo o situación que lo
produzca. Este componente posee una gran importancia, ya que toda
interpretación o valoración que hace la persona sobre cualquier aspecto va a
determinar y modular su actitud al respecto y por tanto, determinará también
las características de su respuesta de estrés.
Todo pensamiento o imagen que asalta al individuo son parte de la respuesta
cognitiva de estrés. Estos pensamientos son automáticos e involuntarios ya
que normalmente no son elaborados de forma intencionada por la persona.
Además, no suelen ajustarse a la realidad ni son objetivos.
c) Componente conductual
Este componente es el comportamiento ante dicha situación, es decir,
las cosas que hacemos. Cuando la persona se encuentra inmersa en el
proceso de elaboración de la respuesta de estrés, por un lado desarrolla una
sintomatología fisiológica y por otro lado elabora una serie de pensamientos
que interpretan la situación. Ambos aspectos influyen en el resultado final de la
respuesta de estrés que está desarrollando, pero también elabora esta última
respuesta motora que igualmente influye en todo el proceso.
Las respuestas motoras más comunes en las situaciones de estrés
suelen ser las respuestas de escape y evitación. Estas respuestas se producen
porque a corto plazo resultan adaptativas, ya que protegen y alivian de la
tensión y estrés en el momento de mayor angustia. No obstante, a la larga no
son nada adaptativas, sino más bien perjudiciales ya que el individuo no hace
frente a la situación que le estresa y opta siempre por huir de ella sin
solucionarla.
También es habitual que se pongan en práctica otro tipo de conductas
en forma de estrategias inadecuadas para afrontar las situaciones de estrés.
Algunos hábitos como aumentar el consumo de ciertas sustancias como el
tabaco, la cafeína o el alcohol se incrementan en momentos de mayor estrés.
La razón de que aumenten estos comportamientos es porque en situaciones de
estrés las personas encuentran en estos hábitos una fuente de alivio ante los
problemas y tensiones que le están creando estrés. Sin embargo, sólo se trata
de una relajación aparente ya que realmente estos hábitos a la larga lo que
hacen precisamente es incrementar la activación del sistema nervioso y por
tanto crear más estrés.

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Los tres componentes que se han descrito son responsables de la
aparición de la respuesta de estrés, y es la interrelación entre los mismos la
que mantiene dicha respuesta en el tiempo. De esta forma, si una respuesta
cognitiva (pensamientos distorsionados) tiene lugar, incrementa a su vez la
respuesta fisiológica (nervios, taquicardias, nauseas…), y en consecuencia
también potenciará la respuesta motora (huir, pedir ayuda, etc.). No obstante,
la cadena no acaba aquí, sino que puede proseguir continuamente si tenemos
en cuenta que cuantos más pensamientos distorsionados preocupen a la
persona, más síntomas fisiológicos molestos presentará, y en mayor grado
llevará a cabo la conducta motora pertinente.
LOS DISTINTOS TIPOS DE ESTRÉS
El manejo del estrés puede resultar complicado y confuso porque existen
diferentes tipos de estrés: estrés agudo, estrés agudo episódico y estrés
crónico. Cada uno cuenta con sus propias características, síntomas, duración y
enfoques de tratamiento. Analicemos cada uno de ellos.

Estrés agudo
El estrés agudo es la forma de estrés más común. Surge de las
exigencias y presiones del pasado reciente y las exigencias y presiones
anticipadas del futuro cercano. El estrés agudo es emocionante y fascinante en
pequeñas dosis, pero cuando es demasiado resulta agotador. Una bajada
rápida por una pendiente de esquí difícil, por ejemplo, es estimulante temprano
por la mañana. La misma bajada al final del día resulta agotadora y
desgastante. Esquiar más allá de sus límites puede derivar en caídas y
fracturas de huesos. Del mismo modo, exagerar con el estrés a corto plazo
puede derivar en agonía psicológica, dolores de cabeza tensiónales, malestar
estomacal y otros síntomas.
Afortunadamente, la mayoría de las personas reconocen los síntomas de
estrés agudo. Es una lista de lo que ha ido mal en sus vidas: el accidente
automovilístico que abolló el parachoques, la pérdida de un contrato
importante, un plazo de entrega que deben cumplir, los problemas ocasionales
de su hijo en la escuela, y demás.
Dado que es a corto plazo, el estrés agudo no tiene tiempo suficiente para
causar los daños importantes asociados con el estrés a largo plazo. Los
síntomas más comunes son:
 Agonía emocional: una combinación de enojo o irritabilidad, ansiedad y
depresión, las tres emociones del estrés
 Problemas musculares que incluyen dolores de cabeza tensos, dolor de
espalda, dolor en la mandíbula y las tensiones musculares que derivan
en desgarro muscular y problemas en tendones y ligamentos;
 Problemas estomacales e intestinales como acidez, flatulencia, diarrea,
estreñimiento y síndrome de intestino irritable;
 Sobreexcitación pasajera que deriva en elevación de la presión
sanguínea, ritmo cardíaco acelerado, transpiración de las palmas de las
manos, palpitaciones, mareos, migrañas, manos o pies fríos, dificultad
para respirar, y dolor en el pecho.

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El estrés agudo puede presentarse en la vida de cualquiera, y es muy tratable y
manejable.

Estrés agudo episódico


Por otra parte, están aquellas personas que tienen estrés agudo con
frecuencia, cuyas vidas son tan desordenadas que son estudios de caos y
crisis. Siempre están apuradas, pero siempre llegan tarde. Si algo puede salir
mal, les sale mal. Asumen muchas responsabilidades, tienen demasiadas
cosas entre manos y no pueden organizar la cantidad de exigencias
autoimpuestas ni las presiones que reclaman su atención. Parecen estar
perpetuamente en las garras del estrés agudo.
Es común que las personas con reacciones de estrés agudo estén demasiado
agitadas, tengan mal carácter, sean irritables, ansiosas y estén tensas. Suelen
describirse como personas con "mucha energía nerviosa". Siempre apuradas,
tienden a ser cortantes y a veces su irritabilidad se transmite como hostilidad.
Las relaciones interpersonales se deterioran con rapidez cuando otros
responden con hostilidad real. El trabajo se vuelve un lugar muy estresante
para ellas.
La personalidad "Tipo A" propensa a los problemas cardíacos descrita
por los cardiólogos Meter Friedman y Ray Rosenman, es similar a un caso
extremo de estrés agudo episódico. Las personas con personalidad Tipo A
tienen un "impulso de competencia excesivo, agresividad, impaciencia y un
sentido agobiador de la urgencia". Además, existe una forma de hostilidad sin
razón aparente, pero bien racionalizada, y casi siempre una inseguridad
profundamente arraigada. Dichas características de personalidad parecerían
crear episodios frecuentes de estrés agudo para las personalidades Tipo A.
Friedman y Rosenman descubrieron que es más probable que las
personalidades Tipo A desarrollen enfermedades coronarias que las
personalidades Tipo B, que muestran un patrón de conducta opuesto.
Otra forma de estrés agudo episódico surge de la preocupación incesante. Los
"doña o don angustias" ven el desastre a la vuelta de la esquina y prevén con
pesimismo una catástrofe en cada situación. El mundo es un lugar peligroso,
poco gratificante y punitivo en donde lo peor siempre está por suceder. Los que
ven todo mal también tienden a agitarse demasiado y a estar tensos, pero
están más ansiosos y deprimidos que enojados y hostiles.
Los síntomas del estrés agudo episódico son los síntomas de una sobre
agitación prolongada: dolores de cabeza tensos y persistentes, migrañas,
hipertensión, dolor en el pecho y enfermedad cardíaca. Tratar el estrés agudo
episódico requiere la intervención en varios niveles, que por lo general requiere
ayuda profesional, la cual puede tomar varios meses.

Estrés crónico
Si bien el estrés agudo puede ser emocionante y fascinante, el estrés
crónico no lo es. Este es el estrés agotador que desgasta a las personas día
tras día, año tras año. El estrés crónico destruye al cuerpo, la mente y la vida.
Hace estragos mediante el desgaste a largo plazo. Es el estrés de la pobreza,
las familias disfuncionales, de verse atrapados en un matrimonio infeliz o en un
empleo o carrera que se detesta. Es el estrés que los eternos conflictos han
provocado en los habitantes de Irlanda del Norte, las tensiones del Medio
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Oriente que afectan a árabes y judíos, y las rivalidades étnicas interminables
que afectaron a Europa Oriental y la ex Unión Soviética.
El estrés crónico surge cuando una persona nunca ve una salida a una
situación deprimente. Es el estrés de las exigencias y presiones implacables
durante períodos aparentemente interminables. Sin esperanzas, la persona
abandona la búsqueda de soluciones.
Algunos tipos de estrés crónico provienen de experiencias traumáticas de la
niñez que se interiorizaron y se mantienen dolorosas y presentes
constantemente. Algunas experiencias afectan profundamente la personalidad.
Se genera una visión del mundo, o un sistema de creencias, que provoca un
estrés interminable para la persona (por ejemplo, el mundo es un lugar
amenazante, las personas descubrirán que finge lo que no es, debe ser
perfecto todo el tiempo). Cuando la personalidad o las convicciones y creencias
profundamente arraigadas deben reformularse, la recuperación exige el
autoexamen activo, a menudo con ayuda de un profesional.
El peor aspecto del estrés crónico es que las personas se acostumbran a él, se
olvidan que está allí. Las personas toman conciencia de inmediato del estrés
agudo porque es nuevo; ignoran al estrés crónico porque es algo viejo, familiar
y a veces hasta casi resulta cómodo.

El estrés crónico mata a través del suicidio, la violencia, el ataque al corazón, la


apoplejía e incluso el cáncer. Las personas se desgastan hasta llegar a una
crisis nerviosa final y fatal. Debido a que los recursos físicos y mentales se ven
consumidos por el desgaste a largo plazo, los síntomas de estrés crónico son
difíciles de tratar y pueden requerir tratamiento médico y de conducta y manejo
del estrés.
Causas del estrés
Las situaciones y presiones que causan estrés son conocidas
como estresores. Normalmente pensamos en los estresores como en algo
negativo, como un horario laboral exhaustivo o una relación pesada. Sin
embargo, cualquier cosa que suponga demandas altas o forzar a ajustar tu
vida normal puede ser estresante. Esto incluye los eventos positivos como
el casarse, comprar una nueva casa, ir a la universidad o recibir un ascenso.
No obstante, no todo el estrés es causado por factores externos. El estrés
también puede ser auto-generado. Por ejemplo, cuando te preocupas
excesivamente sobre algo que puede o no que suceda, o el tener
pensamientos irracionales y pesimistas sobre tu vida.

Causas comunes de estrés externo

 Cambios grandes en la vida


 Trabajo o escuela
 Dificultades en las relaciones
 Problemas financieros
 Estar demasiado ocupado
 Niños y familia

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Causas comunes de estrés interno

 Preocupación crónica
 Pesimismo
 Autodiscurso negativo
 Expectativas surrealistas/ Perfeccionismo
 Pensamiento rígido, falta de flexibilidad
 Actitud de todo o nada

Las causas del estrés excesivo dependen, al menos en parte, de la


percepción de cada uno. Algo que puede ser estresante para ti, puede que no
lo sea para otro; incluso que disfrute con ello. Por ejemplo, tu viaje matinal
puede ser para ti ansioso y tenso, porque te preocupa el tráfico que pueda
haber y que llegues tarde. Otros, sin embargo, encontrarán ese viaje relajante
porque les permite disfrutar de diferentes canciones mientras van conduciendo.

Sus consecuencias

Las consecuencias negativas del distrés son numerosas; sin embargo, es


importante destacar las diferencias entre estrés agudo y el estrés crónico.
El primero ocurre en momentos puntuales y de forma temporal, como respuesta a la
experimentación de uno o varios sucesos altamente estresantes. Por ejemplo, debido a un
examen que ha de ser preparado en una semana cuando la persona ha tenido todo el año para
hacerlo. Como resultado, el individuo puede sufrir un cuadro de ansiedad, dolores musculares,
dolores de cabeza, agotamiento, problemas gástricos, taquicardia, etc. Este tipo de estrés es
menos grave, y con el tiempo el cuerpo vuelve a la normalidad.
Pero cuando el estrés es crónico las consecuencias son todavía más dañinas,
provocando agotamiento físico, emocional o mental y causando daños generales en la salud de
la persona afectada, especialmente a través del debilitamiento del sistema inmune.
Además, el estrés crónico produce cambios en la autoestima. Imagina una persona que está
varios años en paro y tiene problemas económicos; cuando el estresor se presenta una y otra
vez de manera repetida, la persona puede llegar a una situación grave de desmoralización.
Algunas consecuencias del estrés negativo de larga duración son:

 Fatiga emocional.
 Enfermedades del aparato digestivo, enfermedades cutáneas y problemas
cardíacos.
 Sentimientos de inseguridad y el sentimiento de indefensión aprendida.
 Despersonalización, irritabilidad y pérdida de motivación.
 Insomnio.
 Ansiedad.
 Depresión.
 Abuso de alcohol o sustancias.

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Fases del estrés: ¿cuáles son?

Uno de los pioneros en la investigación del estrés fue Hans Selye , que llevó
a cabo sus estudios en la década de los 50. En la actualidad, su teoría sigue teniendo de gran
importancia a la hora de analizar la evolución de este fenómeno psicológico y fisiológico.

Según este autor, la respuesta de estrés consta de tres fases distintas:

1. Alarma de reacción

Cualquier alteración física, emocional o mental consecuencia de haber detectado


una amenaza o haberse cruzado con un estresor causa una reacción instantánea
orientada a combatir esta situación. Esta respuesta recibe el nombre de reacción de "lucha o
huida", y consiste en la liberación de adrenalina hacia distintas las partes del cuerpo: los
vasos sanguíneos, el corazón, el estómago, los pulmones, los ojos, los músculos…

Ante un estímulo estresante, esta hormona proporciona un impulso rápido para que nuestra
energía aumente y así podamos escapar del peligro. Notamos los efectos porque la
respiración, el pulso y la frecuencia cardíaca se aceleran para que los músculos respondan más
rápidamente. Las pupilas se dilatan, la sangre circula a mayor velocidad y
ésta se aleja del aparato digestivo para evitar vómitos.

Además de estas funciones fisiológicas, la adrenalina también afecta al cerebro, que se pone
en modo alerta: la atención se estrecha y somos más sensibles ante cualquier estímulo. La
adrenalina, además de ser una hormona, también es un neurotransmisor que actúa en nuestro
encéfalo.

En esta fase, el nivel de cortisol también se incrementa y, como consecuencia, aumenta la


cantidad de azúcar en la sangre y se debilita el sistema inmunológico para
ahorrar energía y ayudar al metabolismo de grasas, proteínas y carbohidratos. La
liberación de estas hormonas puede ser beneficiosa para el organismo en algunos casos, pero
a largo plazo las consecuencias son extremadamente perjudiciales.

2. Resistencia

En la etapa de resistencia, el cuerpo trata de adaptarse gracias un proceso llamado


homeostasis, que da lugar a una fase de recuperación y reparación. El cortisol y la adrenalina
vuelven a sus niveles normales, pero los recursos se van agotando y las defensas y la energía
necesarias para la fase anterior de estrés disminuyen. El cuerpo ha realizado un
sobreesfuerzo y ahora debe descansar.
El problema surge cuando la situación o estímulo estresante no cesa o reaparece
continuamente, porque puede manifestarse la fatiga, los problemas de sueño y un malestar
general. Como consecuencia, la persona se vuelve muy irritable y tiene una gran dificultad para
concentrarse o ser productivo en su vida cotidiana.

3. Agotamiento

Cuando el estrés dura mucho, el organismo acaba por agotar recursos y pierde gradualmente
la capacidad adaptativa de las fases anteriores. El cuerpo se debilita y, después de cierto
tiempo en esta situación perjudicial, el organismo puede sucumbir a la
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enfermedad, ya sea una infección viral o bacteriana, porque sus defensas se han agotado.
Todos los efectos negativos del estrés crónico mencionados con anterioridad se manifiestan en
esta etapa.

Las cinco fases del estrés negativo

Las investigaciones han continuado a lo largo de los años, y recientemente, el Instituto


Canadiense de Estrés, tras estudiar miles de personas con estrés negativo, afirma que son
cinco las fases del distrés:
Fase 1: Fatiga física y/o mental

En esta fase la persona experimenta las primeras consecuencias del estrés: una
pérdida de vitalidad y la aparición de la fatiga , el cansancio, la somnolencia, la
desmotivación… Por ejemplo, cuando alguien llega del trabajo en esta fase, lo único que desea
es desconectar y tumbarse en el sofá.

Fase 2: Problemas interpersonales y desenganche emocional

En esta fase la persona se muestra irritable y de mal humor , y experimenta


problemas en sus relaciones personales, ya sea con familiares, amigos o compañeros del
trabajo. Esto crea un círculo vicioso, puesto que la persona estresada empeora todavía más la
situación. El individuo prefiere estar a solas y encerrarse en sí mismo.

Fase 3: Turbulencias emocionales

En esta fase la persona experimenta un desequilibrio emocional


pronunciado. La fase anterior ha desestabilizado las relaciones interpersonales cercanas,
creando un ambiente próximo más tenso. Como consecuencia, el individuo comienza a dudar
de sí mismo y se ve afectado emocionalmente.

Fase 4: Dolencias físicas crónicas

El estrés se va cronificando y no solo se ve afectada la mente (cerebro), sino el cuerpo


en su conjunto. La tensión continuada puede provocar dolores musculares en
las zonas cervicales, hombros y lumbares, además de dolores de cabeza. En esta fase se
pueden tomar medidas como hacer deporte o recibir masajes, pero si no se trata el verdadero
problema estresante, no desaparecerán ni el estrés ni las dolencias.

Fase 5: Enfermedades relacionadas con el estrés

Tras un estado de agotamiento y despersonalización crónicos la persona comienza a


manifestar daños físicos serios. Los resfriados, gripes, úlceras, colitis, son algunos ejemplos
que, aunque no han sido producidos directamente por este fenómeno, son causa del
debilitamiento del sistema inmunológico.
Cuanto más perdure la situación estresante peor serán las consecuencias, pues pueden
aparecer la hipertensión, los problemas cardiovasculares e incluso el infarto.

Cómo combatir el estrés

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Combatir el estrés no es tarea fácil, puesto que, en ocasiones, no podemos controlar
los estresores externos. Por ejemplo, si la situación estresante es la falta de empleo y la crisis
económica o si nuestra pareja nos deja o nos hace la vida imposible.

Sin lugar a duda, la terapia psicológica se convierte en una buena


alternativa para paliar esta situación, porque ayuda a desarrollar una serie de
estrategias y habilidades para que podamos controlar las experiencias y consecuencias que el
estrés produce y reducir así el malestar de manera significativa. Además, la psicoterapia
también es útil para ayudarnos a corregir la manera como interpretamos los eventos
estresantes.

Los teóricos del estrés afirman que el estrés ocurre cuando la persona no
dispone de suficientes recursos para afrontar la situación. Es decir, que la
fuente de estrés se encuentra en el desajuste entre las demandas existentes y el control que
tiene la persona para afrontar dichas demandas. Cuando no es posible eliminar el estímulo o
situación estresante, dotar a la persona de recursos suficientes es una buena alternativa para
combatir el estrés.

Los estudios científicos también afirman que el entorno social no solamente


puede desencadenar la situación estresante , sino que puede actuar como
amortiguador, reduciendo los efectos negativos, e incluso como manera de prevenir y reducir
el estrés. En el trabajo, por ejemplo, pueden emplearse diferentes estrategias para que la
relación con los compañeros sea positiva y, de esta manera, el impacto negativo del estrés se
reduzca e incluso desaparezca.

En casos menos graves, se pueden tomar una serie de medidas para reducir el estrés:
gestionar correctamente el tiempo, practicar Mindfulness o hacer ejercicio son algunas
alternativas.

6 consejos prácticos para manejar el estrés

El estrés es una parte natural de nuestras vidas cotidianas. Puede ser


desencadenado por cualquier asunto que demande más de nuestra atención,
desde trabajar hasta tarde y quedar atascado en el tráfico, hasta cambios
serios de la vida tales como muerte, divorcio o enfermedad.

Cuando enfrenta una situación estresante, su pulso se acelera, respira


más rápido, los músculos se tensan y el cerebro usa más oxígeno y aumenta la
actividad. Si la respuesta al estrés dura demasiado tiempo, puede perjudicar su
salud.No siempre puede evitar el estrés en su vida, pero puede aprender a
manejarlo mejor. Los Institutos Nacionales de la Salud recomiendan estas
medidas:

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1. Establezca prioridades. Decidir qué cosas se deben hacer y qué
cosas pueden esperar y aprender a decir no a tareas nuevas si usted
está abrumado(a).
2. Manténgase en contacto con personas que pueden proporcionar
apoyo emocional y de otra índole. Pida ayuda a los amigos, la
familia y la comunidad u organizaciones religiosas para reducir el
estrés debido a responsabilidades laborales o asuntos familiares, tal
como el cuidado de un ser querido.
3. Tómese tiempo para hacer actividades relajantes que
disfruta como leer, hacer yoga o jardinería.
4. Evite pensar obsesivamente en los problemas. Enfóquese en lo
que ha logrado, no en lo que no ha podido hacer.
5. Haga ejercicio con regularidad. Una caminata moderada de solo 30
minutos por día puede ayudar a levantarle el ánimo y reducir el estrés.
6. Si siente que está consumiendo drogas o alcohol para sobrellevar el
estrés o si está teniendo pensamientos suicidas, acuda a un
profesional de la salud emocional

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