Está en la página 1de 132

1

2
Créditos
~ MODERADORA ~
MONA

~ TRADUCCIÓN ~
NAYARI
NELLY VANESSA
MARIA_CLIO88

~ CORRECCIÓN Y REVISIÓN FINAL ~


MARIA_CLIO88 & MONA

~ DISEÑO ~
GIGI

3
Índice
SINOPSIS 5 ~10~ 86

JUNTOS DE NUEVO 6 ~11~ 87

~1~ 8 ~12~ 98

~2~ 22 ~13~ 104

~3~ 32 ~14~ 108

~4~ 36 ~ NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA ~ 110

~5~ 40 ~ESCENAS ELIMINADAS~ 111

~6~ 45 ~ EPÍLOGO EXTRA ~ 125

~7~ 53 ~BANDA SONORA~ 130

~8~ 64 ~ACERCA DE LA AUTORA~ 131

~9~ 77

4
Sinopsis
¿Qué sucede cuando Satanás en carne y hueso se encuentra con Lillith en la vida real?
Algunos insultos, muchas peleas y aún más amor.
Durante dos años, Jameson Kane y Tatum O'Shea han hecho que su relación funcione.
Puede que no funcione para nadie más en el planeta, pero es perfecto para ellos. Su propio
cuento de hadas personal.
¿Pero puede Jameson darle a Tatum un verdadero "felices para siempre"? Él no está
seguro.
¿A dónde iría el diablo a comprar un trono, de todos modos?

ADVERTENCIA: contiene poca trama, mucho sexo y fue escrita para el propio placer
personal de la autora. También situaciones sexuales gráficas y temas sadomasoquistas.

5
Juntos de nuevo
—Detente. Detente, te lo estoy suplicando.
—Suplicando, ¿eh? Debo estar haciendo algo bien.
—No puedo soportarlo más.
—Soportarás todo lo que te dé.
—Dios, detente.
—No lo creo.
—Por favor.
—¿Has terminado?
—Um…
—Entonces yo tampoco.
—¡Por favor!
Jameson se reclinó es sus talones. Tate jadeó por aire bajo él, una de las manos de ella
en su pecho, la otra apartándose el cabello del rostro.
—Si no te gusta ser castigada —comenzó el con voz baja—, entonces tal vez no
deberías ser tan mala.
—Lo siento. No puedo evitarlo —jadeó ella, lamiéndose los labios.
—¿Has terminado? —preguntó él de nuevo. Ella finalmente abrió los ojos, mirándolo.
—Esto no es justo, lo sabes —indicó ella. Él resopló.
—¿Desde cuándo me ha importado una mierda ser justo?
—Esto va más allá de eso.
—Lo siento, ¿todavía se me necesita?
Ambos giraron la cabeza hacia la voz. Sanders permanecía enderezado y sacándose el
6 polvo de la pernera del pantalón. Se ajustó la corbata. Tate se rio entre dientes y Jameson
volvió a girarse hacia ella.
—No lo sé. Tatum, ¿vas a comportarte? —cuestionó él. La sonrisa de ella se amplió.
—Cariño, siempre me comporto.
—Caray, esa es una jodida mentira.
—Pero todo lo que pregunté fue…
—Tate.
—Si solo…
—Te lo estoy advirtiendo.
—Entonces dime cuándo…
—Tatum.
—¡¿Vamos a irnos pronto?! —Tate no pudo contenerse, preguntando por millonésima
vez. Jameson suspiró y se cernió sobre ella, intentando sujetarle las muñecas.
—Esta vez, Sanders, sujétale los brazos hacia abajo —instruyó él.
—¡No! ¡No! ¡Lo siento! ¡Dos contra uno no es justo! —gritó Tate. Sanders le sostuvo
las muñecas y las sujetó contra el suelo mientras Jameson descendía por su cuerpo.
—Tú lo pediste. —Fue todo lo que él dijo antes de que agachase la cabeza.
—¡No! —chilló ella, pero entonces los labios de él estaban sobre los de ella.
—No puedo creer que viniese todo el camino a casa para presenciar esto —se quejó
Sanders, apartando la mirada. Jameson alzó la cabeza.
—Cállate, te encanta.
Y entonces volvió a hacer pedorretas en el estómago de Tate.

7
~1~
Pueden pasar muchas cosas en dos años.
Tate regresó a Boston con Jameson y Sanders. Se quedó con Jameson, vivió con él en
Weston. Estaba en casa, después de todo.
Él estaba en casa.
Jameson era el diablo. A veces era cruel, a veces sádico, a veces la hacía desear
arrancarse el cabello. Pero siempre, siempre, hacía que lo amara aún más. Debajo de todo,
estaba su amor. Su confianza. Su adoración.
Claro, no eran perfectos, y estaba bastante segura de que habían convertido la pelea
en una forma de arte. Una vez le arrojó un plato a la cabeza y lo llamó retrasado. Luego él la
sostuvo en la ducha, llamándola cabeza caliente. Pero funcionaba para ellos, y luego la
“castigó” atando sus muñecas y follándola en el pasillo. Ella lo amaba.
Cada segundo.
Cuando pasaron el verano sin más incidentes, decidió seguir el consejo de él y de
Sanders, y regresó a la universidad. Sanders había tenido razón, Tate era una chica
inteligente y destacaba en sus clases. Trabajaría para obtener un título en negocios para
poder abrir su propio bar, y Jameson le informó que si terminaba el año con solidez, la
ayudaría a alcanzar ese sueño.
Pero luego cayó una bomba. La siguiente primavera, Sanders decidió que era hora de
abandonar el nido. Tate lo tomó mucho más duro de lo que hubiera pensado, se habían vuelto
ridículamente cercanos. Era su mejor amigo, iban a todas partes juntos. Él le enseñó a
conducir, ella le enseñó a jugar al ping-pong de cerveza. ¿¡Qué haría sin él!?
No estaba segura de cómo lidiar con eso. Jameson no fue de ninguna ayuda al
principio, ni siquiera le dijo el motivo, ninguno de los dos lo hizo. Ella se enfurruñó. Les dio
a todos el trato silencioso. Pero finalmente, se rindió y le dijo que si tenía que irse, entonces
tenía que irse, y le deseó lo mejor.
8
Aunque se aseguró de darle una fiesta de despedida que nunca olvidaría.
Para cuando llegó el mes de junio, Tate tenía mucha libertad. Ang se había mudado a
Los Ángeles, su carrera porno finalmente despegó, no más clasificación B para él. Sanders
estaba en Moscú. Su antigua compañera de habitación, Rusty, se había mudado, e incluso la
hermana de Tate, Ellie, se estableció con un nuevo novio, lejos del campo. Y Tate amaba a
Jameson, realmente lo hacía, pero no podía pasar todo su tiempo con él. Se mataban entre sí
si no salían a tomar aire de vez en cuando.
Jameson resolvió el problema cumpliendo su promesa: le compró un bar. Llegó a casa
un día y le entregó las llaves. Al principio estaba enojada. Si iba a ser suyo, quería ser la que
lo eligiera, explorar el lugar, ver si le funcionaba. Quería gritarle, enfadarse. Pero de alguna
manera involucró una locura sexual en el invernadero, y de repente estaba haciéndole una
llamada de medianoche a Sanders, explicándole que sus geranios no estarían allí cuando
regresase a casa.
Jameson realmente había elegido la ubicación perfecta. Realmente no debería haber
sido una sorpresa. Tate había aprendido a esperar la perfección de la mayoría de sus
decisiones. El hombre no hacía las cosas a medias. Y también resultó que el bar en el que Tate
solía trabajar había cerrado, y pudo contratar a la mayoría del personal anterior, gente en
quien confiaba y que sabía que trabajaba bien. Estaba muy segura de que su primera
incursión en el negocio sería un éxito.
Resultó que “éxito” no era una palabra suficientemente fuerte: el negocio estaba en
auge. Despegó como un cohete. Ella manejó el lugar y trabajó en la barra durante los
primeros seis meses. Mató por completo su carrera universitaria, y casi causó que Jameson
la matase. No le gustaba que estuviese tanto fuera. Eventualmente abandonó por completo
la universidad, creyendo que, de todos modos, estaba bastante bien sola. Y después de
demasiadas noches, decidió dejar de trabajar en el piso. Estableció algunas horas para ella.
Tomó unas vacaciones incluso, visitó a Sanders.
Todo iba tan bien que, para la primavera siguiente, se acercó a Jameson con la idea de
abrir un segundo bar. Algo un poco diferente. Un poco más oscuro, más sexy, y en una parte
diferente de la ciudad. Su respuesta fue un fuerte “no“ al principio. Pero tenía formas de
convencerlo, y ayudó que le prometiera mantener el mismo horario. Le tomó un par de meses
de ruegos, pero finalmente se salió con la suya.
—Deberíamos dar una fiesta.
Jameson lo sugirió hacia el final del verano. Era impactante: Jameson nunca quería
tener fiestas. Nunca quería salir de la casa, y nunca quería que la gente viniera. Tate había
estado ocupada explorando nuevos bares, y pensó que era su forma de llamar su atención.
—¿Qué clase de fiesta? —preguntó ella.
—Una de tipo especial.
—Oh Dios. No estoy lista para una orgía.
—Mojigata.
Él pensó que sería divertido una última alegría de algún tipo. El nuevo bar, junto con
9 el antiguo bar, ocuparía todo su tiempo libre. Pasaría un tiempo antes de que pudieran salir
y escapar, o algo por el estilo. Entonces, ¿por qué no hacer que Sanders fuera de visita a casa
y pudieran pasar una noche juntos en Nueva York?
Bueno, ¿quién podría decir que no a eso? No parecía ser tan importante.
Aunque parecía haber olvidado que prácticamente todo lo que Jameson tocaba lo
volvía un gran negocio, de una forma u otra…
—¿Por favor podemos irrrrrnoooos? —gimoteó Tate al pie de las escaleras. Pasó una
hora más o menos después del incidente de la biblioteca, y aun así, Jameson estaba
manteniendo en secreto sus planes. Solo le había dicho que estuviera lista para partir en una
hora. Era la una de la tarde, y solo tomaba tres o cuatro horas conducir a Nueva York. Parecía
algo temprano para la cena.
Si iban a cenar.
Odio las sorpresas.
—Jesús, eres como una niña pequeña —masculló Jameson, bajando finalmente las
escaleras.
—Bueno, he estado esperando aquí una eternidad —señaló ella. Él puso los ojos en
blanco y le dio la espalda.
—Diez minutos. Han pasado diez minutos desde que viniste aquí —la corrigió. Ella
alisó la tela sobre sus hombros, luego colocó el dobladillo de su traje en su lugar.
—Se siente como siempre —trató de discutir.
—Cállate o no iremos a ningún lado.
Ella saltó por la puerta detrás de él.
Sanders condujo. Se sentía un poco extraño tenerlo detrás del volante otra vez, pero
se negaba a viajar como pasajero en casi cualquier auto en el que fuera, así que lo dejaron
conducir. Tate no prestó atención a dónde iban, por lo que se sorprendió cuando se
detuvieron en su bar. Miró por un segundo, viendo el letrero de neón “O'Shea’s”.
—¿Me trajiste al trabajo? —cuestionó. Jameson asintió, poniendo su mano en la parte
baja de su espalda.
—Sí.
—Haces unas fiestas de mierda.
—Cállate.
Resultó ser una fiesta sorpresa. Jameson había organizado todo, el bar estaba cerrado
y había bebidas y comida suficiente para todos. Tate se rio y lo besó, hasta el punto de que
10 tuvieron que silbar para que ella lo soltase.
Ella comió, bebió, y definitivamente se alegró. Posiblemente muy feliz. Varios cócteles
y un par de tragos más tarde, Jameson anunció que era hora de irse. Realmente iban a ir a
Nueva York, y tendrían que apurarse si querían llegar a tiempo para sus reservas de la cena.
—Mmmm, ¿cuántas horas se tarda en llegar allí? —canturreó Tate, apoyándose en él
después de que estuvieron en el auto y en la autopista.
—Nos quedan alrededor de tres —respondió Jameson, aflojándose un poco la corbata.
Tate le pasó la mano arriba y abajo.
—¿Qué deberíamos hacer para pasar el tiempo? —preguntó en voz baja, y luego
mordisqueó el lóbulo de su oreja. Él se rio entre dientes.
—Solo hice una fiesta para ti. Creo que me lo debes —sugirió. Ella rio, luego pasó una
de sus piernas sobre las de él.
—Oh, en serio. ¿Y qué te debo? —interrogó ella, con voz ronca mientras pasaba las
uñas por su pecho.
—Algo grande.
—Creo que tú me debes a mí algo grande.
—Podrás tener eso al final de la noche.
—Lo quiero ahora.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque Sanders está conduciendo y aún no has aprendido cómo mantener la boca
cerrada.
Jameson tenía el Bentley equipado con una ventana de privacidad entre la parte
delantera y trasera del automóvil, pero no estaba completamente insonorizado, y tenía
razón, Tate no era silenciosa en el mejor de los casos. Cuando estaba borracha, como en ese
momento, no podía callarse en absoluto.
Pero sí notó que no podía hacer demasiado ruido si tenía la boca llena. Antes de que
la idea se expresara por completo, ella estaba de rodillas, soltándole el cinturón. Lo hizo
correrse en tiempo récord.
La cena fue increíble. La mejor comida, el champán más caro y las dos personas que
más amaba en el mundo. Incluso Sanders tuvo un par de vasos y fue convencido de reír más
de unas pocas veces.
—No te emborraches, eres nuestro conductor designado —le recordó Jameson.
Sanders se aclaró la garganta.
—Por supuesto que no, no soy un “borracho” —respondió él. Tate se rio.
—¿Recuerdas esa vez… cuando Jameson estaba fuera de la ciudad? Y nos
emborrachamos —tartamudeó ella entre risas. Sanders sonrió.
11 —Sí. Rompiste las cortinas de la biblioteca —le recordó. Jameson arqueó las cejas.
—¡¿Así es como se rompieron?!
—Chismorreo. —Tate se rio aún más fuerte.
La cena había sido tardía, lo que la llevó a adivinar que se quedarían en un hotel
durante la noche. Así que Tate se sorprendió cuando Sanders condujo por el centro y se
detuvo frente a un club nocturno.
—¿En serio? —cuestionó ella, mirando a Jameson.
—En serio. Ocasionalmente, me gusta verte sonreír.
Jameson no era el mayor fanático de bailar, y generalmente odiaba los verdaderos
clubes nocturnos. Demasiado ruido, mucha gente, demasiadas reglas. Si iba a estar
apretujado en un edificio con luces oscuras y música sexy y mujeres medio desnudas,
pensaba que al menos debería permitírsele tener sexo en algún momento. La mayoría de los
clubes nocturnos de Estados Unidos fruncían el ceño ante ese tipo de cosas, por lo que rara
vez acudía: si Tate deseaba una noche de fiesta, por lo general tenía que ir sola.
Pero había ido a por ella esa noche. Pasaron por alto la línea enorme, por supuesto. El
señor Kane no hacía fila. Una cuerda de terciopelo fue apartada a un lado con gran floritura,
y luego fueron llevados al oscuro club por un joven que parecía demasiado emocionado de
ayudarlos.
Alguien debería haberle advertido que Jameson es un torpe dador de propinas cuando
se trataba de chicos.
Por supuesto, estaba la pista de baile principal y, por supuesto, había mesas VIP.
Pasaron junto a todo hacia una pared trasera, frente a la cual había varias escaleras de
caracol de hierro forjado. Tate levantó la vista y se sorprendió al ver balcones a juego que
mostraban a la gente bailando. Cuartos privados. Bonito.
—Si necesitan algo, cualquier cosa —estaba diciendo a gritos el joven mientras les
mostraba su habitación—, solo levanten el teléfono y la camarera estará a su lado. Tammy
será su camarera, y estará con ustedes en breve.
Jameson se puso cómodo en un sofá de terciopelo, mientras Sanders estaba de pie
junto a la puerta, luciendo incómodo (es decir, normal). Cuando apareció una camarera para
tomar el pedido del servicio de botellas, Tate salió a echar un vistazo al balcón y no volvió a
entrar hasta que le sirvieron el licor.
Whiskey escocés para Jameson. Perrier para Sanders. Y, por supuesto, Jack Daniels
para Tate.
Tuvo el mejor momento. Jameson se sentó en la habitación y fumó cigarros,
parloteando con Sanders, pero eso no impidió que Tate se divirtiera. Resultó que una estrella
de rap semi-famosa estaba en la sala VIP al lado de la suya, y mientras estaba bailando, Tate
llegó a hablar con algunas chicas que estaban en su balcón. En poco tiempo, se estaba
estirando y gateando sobre la barandilla, entrando en su fiesta.
Pasaron unas buenas dos horas antes de que volviera al balcón. Estaba
significativamente borracha, pero todavía divirtiéndose. Se rio y gritó hacia su habitación,
inclinándose sobre la barandilla. Jameson finalmente salió.
12
—Jesús, pensé que ibas a quedarte allí toda la noche —espetó.
—Pfffft, sabías dónde estaba, pudiste venir y recogerme —señaló.
—No debería tener que perseguirte.
—Te encanta perseguirme. Ayuuuuuda —gimió, extendiendo sus brazos hacia él.
Él negó, pero Jameson se estaba riendo mientras la ayudaba a pasar por encima de la
barandilla, de nuevo a su lado. Ella también se rio, tropezando en la habitación y cayendo en
el sofá. Sanders miró al otro lado de la habitación, pero ninguna sonrisa se dibujó en sus
labios.
—¿Pasando un buen rato? —preguntó.
—El mejor momento. Pero me duelen los pies —protestó ella, levantando las piernas
en el aire y sacudiendo los pies en su rostro. Estaba usando tacones ridículamente altos. Se
preguntó por qué había pensado que eran una buena idea.
—Te dije que no te pusieras eso —le recordó Jameson cuando se sentó junto a ella y
le agarró un tobillo, quitándole el ofensivo zapato.
—Cállate, se ven muy atractivos. —Soltó un bufido, moviendo el otro pie, tratando de
mantenerlo fuera de su alcance.
—Muy atractivos. Sanders —barbotó—. Tiene zapatos de repuesto en el auto. Ve por
ellos.
Sanders asintió y salió corriendo de la habitación.
—Oh, gracias, mucho mejor. Me cuidas muy bien —farfulló Tate, estirando las piernas
una vez que se quitó el otro zapato.
—Siempre, Liebe —concordó él, masajeando suavemente uno de sus pies.
Liebe. Alemán para “amor”. Nunca dejaba de sentirse bien al escucharlo. Sintió que el
calor se extendía por su pecho.
—Este fue un muy buen momento, Jameson. Gracias —afirmó ella.
—Lo fue. ¿Lista para ir a casa? —preguntó él. Ella resopló de nuevo y se sentó,
abriendo las piernas.
—¡¿Estás bromeando?! ¡La noche todavía es joven! No vas a terminar tan temprano
conmigo —le advirtió.
—Esta noche se está poniendo aburrida. Solo puedo hablar sobre literatura rusa un
tiempo antes de tener ganas de estrangular a Sanders —señaló Jameson.
—Podrías divertirte conmigo, en lugar de ser un anciano —sugirió Tate, poniéndose
de pie y estirando los brazos sobre su cabeza.
—Ten cuidado —le advirtió. Ella le sonrió por encima del hombro, luego se fue y cerró
la puerta.
—Viejo. ¿Cuántos años tienes ahora, Jameson? ¿Treinta y tres? Dios, eso es
deprimente. Debería cambiarte por una modelo más joven —bromeó ella. Se inclinó hacia
13 atrás en el sofá, estirando los brazos a lo largo de la parte posterior del mismo.
—Es gracioso, a veces tengo los mismos pensamientos sobre ti —respondió él. Ella
puso los ojos en blanco.
—Por favor, nunca podrías encontrar a otra mujer como yo.
—No. Pero podría ser divertido intentarlo.
—¿Quieres probar? —cuestionó ella, deteniéndose. Él sonrió, pero entrecerró los
ojos.
—Hmmm, no sé. Ha pasado tanto tiempo. Quizás ya soy “demasiado viejo” para estar
en el campo de juego —le dijo. Ella jadeó melodramáticamente.
—¡No! ¡No el Jameson Kane! Nunca. Todavía lo tienes… estoy segura —aseguró ella,
su voz dulce como un almíbar. Él soltó una carcajada.
—Bueno, gracias por ese voto de confianza, Tate.
—Dios, debe ser muy fácil ser tú. —Ella suspiró, pasando los dedos por la chaqueta,
que colgaba del respaldo de una silla.
—¿Eso crees? —interrogó él.
—Lo sé.
—Intenta manejar y comerciar la misma cantidad de dinero que el PIB de un país
pequeño, en un solo día, y me dices lo fácil que es —reprochó. Ella se encogió de hombros,
dándole la espalda lentamente.
—Quise decir las otras cosas.
—¿Qué otras cosas?
—No Jameson Kane, el financiero. Jameson Kane, el hombre.
Ella se quitó el top y lo lanzó sobre su hombro. Él estaba en silencio, así que continuó.
Se desabrochó el sujetador y lo tiró también. Luego recogió su chaqueta y se la puso, dándose
la vuelta mientras abrochaba el botón superior. Era tan grande que casi ocultaba el diminuto
pantalón corto que llevaba, y mostraba todo, desde su escote hasta su ombligo. Jameson le
devolvió la mirada, con una de sus cejas arqueadas.
—¿Crees que es fácil? Me ocupo de ti todos los días —le recordó. Ella se rio y
lentamente rodeó el sofá, hasta que estuvo detrás de él.
—Por favor. Soy la parte más fácil de tu día —argumentó, inclinándose sobre él por
detrás y estirando los brazos a lo largo de los suyos. Cuando su mano se encontró con su
reloj, lentamente lo desabrochó y se lo quitó de la muñeca. Se lo puso.
—Eres fácil. Tratar contigo, sin embargo, es otra historia por completo.
—¡Eres tan gracioso!
Ella se quitó el pantalón corto y lo dejó a un lado antes de continuar rodeando el sofá.
Estaba completamente desnuda bajo su chaqueta, pero la tela aún ocultaba todas las cosas
buenas. Jameson pasó la mirada desde sus piernas hasta su pecho y a su rostro. La hizo
sonreír. Después todo el tiempo que pasaban juntos, después de dos años, todavía la miraba
14 como si fuera el desayuno.
La mejor cosa del mundo.
—Pensé que querías ir de fiesta —cuestionó mientras ella se movía para sentarse a
horcajadas en su regazo.
—Oh, definitivamente quiero ir de fiesta. —Ella se rio, soltando su corbata y
quitándosela por la cabeza.
—¿Qué tienes en mente? —indagó Jameson, observando mientras ella se ponía la
corbata.
—Hmmm, no lo sé. Tal vez podría nalguearte un tiempo, ver a dónde nos lleva la noche
—bromeó.
—Jesús, realmente quieres ser yo esta noche. —Él resopló.
—¿No me veo en el papel?
—No eres tan guapa como yo, pero casi.
—Dios, eres gilipollas.
—Lo bueno es que te encantan las pollas.
—Eso ni siquiera es gracioso.
—Sí lo es.
Tate se inclinó hacia adelante y lo besó.
Se habían estado besando, a intervalos, durante nueve años. Todos los días durante el
pasado año y medio, pero nunca envejecían. Nunca se estancaban. Ella siempre quería más.
Ella gimió cuando él le rodeó la mandíbula con los dedos, alzando su cabeza para darle un
mejor acceso. Gritó cuando él le mordió el labio inferior. Susurró “por favor” mientras los
dedos de él se abrían paso entre sus muslos.
—Esta es la verdadera razón por la que tienes una habitación privada —se mofó Tate
entre dientes mientras Jameson los giraba y la acostaba sobre el sofá.
—Sé cómo te pones cuando bebes —fue su respuesta mientras desabrochaba la
chaqueta.
—No estoy... —Ella trató de discutir, pero se convirtió en un grito ahogado cuando le
apretó los pechos.
—Es hora de estar en silencio ahora, Tate —la instruyó, deslizando las manos hasta
sus caderas por un breve momento antes de comenzar a desatar su cinturón.
—No quiero estar callada —se quejó.
—Cállate.
—Te gusta cuando soy ruidosa.
—Solo cuando quiero que seas ruidosa. Y ahora quiero que te calles.
—Tal vez no quiero…
—Cállate la boca. Esta es tu última advertencia.
Hmmm, haz lo que él quiera, o lo que yo quiera... bueno, es mi fiesta, así que esto debería
15 ser lo que quiera.
—Oblígame —lo desafió.
La respuesta de Jameson fue instantánea. Tiró bruscamente de la corbata sobre su
cabeza, agarrando sus muñecas con una mano al mismo tiempo. Las inmovilizó sobre su
cabeza y las ató juntas, luego anudó la corbata alrededor de la pata de una mesa auxiliar
detrás de ella. Casi no había holgura, y cuando ella tiró de sus restricciones, se anudaron con
más fuerza.
—Siempre tengo que estar enojándome —masculló él, sus dientes se encontraron con
su cuello mientras sus manos volvían a su pantalón.
—Me gusta mantenerlo interesante. Desátame —susurró ella, lamiendo la parte
externa de su oreja.
—Demasiado tarde. Si tienes suerte, después te desataré y te dejaré venir con
nosotros —contestó, sus manos forzaron sus piernas alrededor de sus caderas.
—Sabes que no me gusta estar atada —le recordó. Él realmente se rio.
—¿Crees que me importa una mierda?
—Pero pensé que esta fiesta era para mí.
—Lo es.
Y luego estaba dentro de ella. Tate gritó, arqueando la espalda. Él puso la mano contra
su esternón, presionándola hacia abajo, luego se inclinó hacia delante. La besó suavemente.
—¿Quieres que te desate? —susurró, sus labios contra los de ella.
—Quiero que hagas lo que quieras —murmuró ella.
Él golpeó sus caderas contra ella con tanta fuerza, que ella en realidad chilló, y sus
manos se sacudieron automáticamente contra la corbata, tirando de la mesa final hacia
adelante. Una lámpara se tambaleó y cayó al suelo, pero Jameson no pareció darse cuenta.
Solo siguió follándola.
Oh caray, ha estado reservándose para esto.
Técnicamente, Tate no sabía cómo describir el sexo que tenían, no era “hacer el amor”,
eso seguro. Al menos, no de la forma en que pensaba la mayoría de la gente. Cuando
realmente se ponían en marcha, siempre había al menos una pequeña punzada de dolor, con
una gruesa capa de placer cubriéndola. Perfección. Jameson simplemente era demasiado
grande, en todos los sentidos de la palabra. Sobre ella, dentro de ella, sus manos contra ella.
Él se apoderaba de ella, la desbordaba, y ella se desbordaba con él.
La perfección absoluta.
Así es cómo nosotros hacemos el amor.
—Jesús, Tate, te dije que cerrases la puta boca y comienzas a gritar incluso más alto
—siseó Jameson, penetrándola. Tate intentó responder, pero no pudo recuperar la
respiración. Ella intentó llevar sus brazos hacia él. Esa era la razón por la que odiaba estar
atada —quería tocarlo, estar tocándolo siempre.
16 —Es la única forma de que me escuches —logró decir ella.
—¿Es una jodida broma? Cómo puedo no escucharte, nunca dejas de hablar.
—Y tú nunca escuchas.
Él la abofeteó en el rostro.
Está usando lo mejor bastante pronto… debe querer que esto termine rápido.
—Vigila cómo me hablas —reprochó él. Tate negó, estirando las caderas hacia las de
él.
—Te hablaré como jodidamente quiera —presionó ella. Él la abofeteó de nuevo, y
luego tenía la mano alrededor del cuello de ella. Apretando. Casi ahogándola.
—Maldición, Tate, eres una malhablada —gimió, moviendo la boca a sus pechos.
Mordiendo. Besando. Por igual.
—Te encanta —dijo ella en un jadeo, comenzando a temblarle todo el cuerpo.
—Lo sé —susurró él, deslizando la lengua desde su escote al hueco en su garganta.
—Jameson. Jameson. Por favor —gimoteó Tate.
Él apartó las manos de su garganta y tiró de la corbata. Liberándole las manos.
Inmediatamente Tate llevó los dedos al cabello de él, apretando y tirando. Jameson gimió y
se apartó de ella, reclinándose sobre sus rodillas. Le agarró las caderas con las manos y su
empuje fue casi brutal.
—Te llevó más de lo que pensaba, Tate —se burló él, mirándola fijamente. Ella le
arañó el pecho con las uñas, clavándolas de verdad, arrancando un botón de su camisa.
—¿Qué puedo decir? La vejez te ha suavizado —lo provocó ella.
Esa vez, Jameson no se contuvo cuando la golpeó, y Tate gritó de verdad cuando se
corrió. Ella pudo sentir cada músculo que tenía tensarse, incluso provocando que Jameson
gritase. Él bombeó dos veces más en ella, luego también se estaba corriendo. Ella se
estremeció y jadeó por aire, lo rodeó con su cuerpo cuando él se dejó caer sobre ella.
—Santo Dios, Tate —farfulló él. Ella logró reírse.
—Lo sé.
—Debo ser un anciano, porque lo juro por Dios, uno de estos días tu coño va a
matarme.
—Me aseguraré de poner eso en tu lápida.
Él también se rio, luego le dio un beso en el esternón.
—Gracias, Liebe.
—De nada, Amor.
Tate lo sostuvo incluso más fuerte. La cabeza le daba vueltas por el alcohol y el
ejercicio. Le estaban temblando los muslos como si hubiese corrido un maratón. Le escocía
el cuello y la mejilla le ardía. Todos sus viejos favoritos. Ella puso el rostro en el cabello de él
e inhaló.
—Te amo —susurró ella.
17
—Lo sé, niña.
—Y tú también me amas.
—Más de lo que las palabras pueden expresar.
—Bien. Ahora apártate de mí, pesas una tonelada.
Jameson se rio e hizo una pedorreta en su pecho. Ella chilló intentando apartarlo, pero
él simplemente le hizo otra. Se convirtió en risas, luego protestas, luego amenazas, y pronto
la lengua de él estuvo en la boca de ella y ella estaba usando los pies para quitarle el pantalón.
—Joder, Tate. A este ritmo estaremos aquí toda la noche —susurró Jameson.
Deslizando los dientes por su mandíbula.
—Suena bien para mí —murmuró ella, gimiendo mientras dos dedos la reducían a un
charco de humedad. Ella estaba preparada para suplicarle que la follase de nuevo, cuando la
puerta de la habitación comenzó a abrirse.
—Señor, no creo que estos… —comenzó a decir la voz de Sanders.
—¡No entres aquí! —gritaron Tate y Jameson al unísono. Hubo una pausa, luego la
puerta se cerró lentamente. Una vez, Sanders se encontró con ellos en posiciones
comprometedoras había sido graciosa. Ahora, ambos se esforzaban en evitarle más
momentos embarazosos o incómodos.
Jameson la ayudó a ponerse de pie. Dándole una sonrisa lobuna cuando tardó un
momento en mantenerse derecha. Ella le pegó en el pecho antes de volver a vestirse. Sin
embargo, no pudo encontrar su sujetador, así que se puso la camisa y luego volvió a ponerse
la chaqueta de Jameson. Mientras Jameson se abrochaba el pantalón, ella saltó hacia la puerta
y dejó entrar a Sanders.
—Esto fue todo lo que pude encontrar —comentó él, sosteniendo un par de
deportivos. Tate los tomó y miró a Jameson.
—¿Los empacaste para mí? Me veré ridícula —se quejó, antes de inclinarse y ponerse
los zapatos: un par de DC blancos, estilo skater.
—Sé cómo eres, no podemos pasar toda la noche sin que te quejes de tus malditos
zapatos. Solo agarré los más planos que pude encontrar y las arrojé al auto —explicó
Jameson, peinando su cabello pasando sus dedos por él un par de veces.
—Muy considerado de tu parte.
—Lo sé. Salgamos de aquí. Sanders, ¿has pagado por mí?
—Sí señor.
—Excelente. Me alegro mucho de que estés en casa.
—Um… yo también, señor.
Empezaron a salir de la habitación. Hubo una breve discusión porque Tate quería
llevarse la botella casi llena de Jack Daniel's. Jameson le dijo que la dejase. Ella no quería
perder el alcohol ni el dinero. Él le indicó que había bebido suficiente y que no era su dinero,
así que no debería preocuparse por eso. Ella lo fulminó con la mirada y metió la botella bajo
su brazo, saliendo por la puerta abruptamente delante de él.
18 —Esa chica —refunfuñó Jameson, pero se rio entre dientes mientras ella caminaba
cautelosamente hacia la escalera de caracol.
—Lo siento, pero alguien parece haber olvidado algo —dijo la voz de Sanders desde
el interior de la habitación. Dio media vuelta, y luego Jameson realmente se rio. Sanders
sostenía un sujetador de encaje color rosa. El que Tate no había podido encontrar.
—¿Sabes qué? Quédatelo. Un recuerdo para cuando vuelvas a Rusia —bromeó
Jameson, guiñándole un ojo a Sanders antes de girarse para irse.
A los porteros no les gustaba la idea de que Tate se fuera con la botella, y hubo otra
discusión. Al final, Sanders fue capaz de quitársela de las manos. Ella bailó afuera, y estaba
encantada de descubrir que la fiesta de la estrella de rap de la sala privada contigua a la de
ellos, también estaba esperando allí afuera.
Mientras esperaban que trajeran sus autos, los dos grupos socializaron. Bueno, Tatum
conversó con las damas mientras Jameson y el rapero fumaban cigarros. Sanders estaba
junto a una pared.
—Entonces, tengo que preguntar —comenzó a decir una de las chicas—. ¿Cómo
mantienes a un hombre así? Leí un artículo que decía que solía acostarse con una chica
diferente cada noche.
Tate se rio y miró por encima del hombro. Jameson estaba parado un poco detrás de
ella. Con una mano se llevó el cigarro a los labios y metió la otra en el bolsillo del pantalón.
Sus tacones colgaban de su muñeca, y sonrió.
Ese hombre es la perfección.
—Muchos tríos —respondió Tate finalmente, y todas las chicas se rieron.
Al final, la limusina del rapero se detuvo y tuvieron que despedirse. Tate las despidió
con un ademán y luego se volvió hacia sus muchachos. Los zapatos DC a los que se había
cambiado permitían mucho movimiento y se preguntó por qué no los había usado en primer
lugar. Retuvo a Sanders contra una pared y lo obligó a sufrir que ella se “retorciese” contra
él. Cuando el automóvil se detuvo, finalmente la apartó. Ella soltó un bufido de risa y cayó
contra Jameson.
—¿Lista para ir a casa? —le preguntó. Ella asintió, agarrando sus solapas y
acercándolo de un tirón.
—Más que lista —respondió, antes de besarlo descuidadamente.
—¿Te das cuenta, —se apartó de ella mientras le apretaba las caderas con las
manos—, de que estás dando un espectáculo?
—¿Eh?
Jameson sacudió la cabeza hacia un lado y Tate miró hacia atrás. Varios hombres con
grandes cámaras estaban cruzando la calle, alejándose. Ella los fulminó con la mirada.
Probablemente habían aparecido por la estrella de rap, pero luego se dieron cuenta de quién
era Jameson, a Tate no le gustó. Los paparazzi eran responsables de muchos de los problemas
de ella y Jameson desde el principio, por lo que no le gustaba darles más de lo que
aprovecharse.
19 Entonces se dio vuelta y les hizo un corte de manga, con ambas manos, sosteniéndolos
frente a su rostro.
—Eso solo los hará tomar más fotos —le aseguró Jameson, rodeándole la cintura con
el brazo y llevándola hacia adelante, hasta el auto.
—¿Y? No les servirá nada, tendrán que desenfocarlo todo —respondió ella.
—Eres ridícula.
—Tú eres ridículo.
—¿Tate?
—¿Sí?
—Cállate.
El camino a casa no pareció tan largo. Probablemente porque pasó la mayor parte en
su regazo, besándolo y tocándolo tanto como se lo permitió. Él sacó una botella de Dom
Perignon, de 1999, y brindaron con sus copas. El segundo vaso terminó siendo derramada
en el frente de Tate, y luego fue una batalla campal. Para cuando llegaron a la casa de Weston,
ella estaba a horcajadas sobre el regazo de Jameson y él le agarraba la mandíbula,
obligándola a mirar hacia arriba mientras le echaba el champán en la garganta. Se derramó
sobre los lados de su boca y corrió por su cuello, sobre sus pechos.
—Eso fue un desperdicio —murmuró ella cuando se lo había tragado todo. Se pasó
las manos por el pecho, luego salpicó champán en el rostro de él.
—Tatum, si hace que estés húmeda, nunca será un desperdicio —contestó. Ella rio.
—Buena respuesta, señor Kane. ¿Podemos entrar ahora? —pidió.
—Pensé que nunca lo preguntarías.
Tropezaron con la escalera delanteras y golpearon la puerta. Como un par de
adolescentes cachondos, incapaces de mantener sus manos lejos uno del otro. Jameson
finalmente abrió la puerta de entrada y literalmente cayeron dentro, aterrizando con fuerza
en las escaleras. Tate gimió y Jameson la levantó, moviéndola, así estaba unos cuantos
escalones por encima de él.
—Jameson, espera, solo espera —dijo ella jadeante, agarrándose a sus hombros
mientras él tiraba de su camisa.
—No —respondió él, moviéndose para desabrocharle el pantalón corto. Ella apartó
sus manos.
—Sé que quieres llevarme arriba y hacerme estragos —intentó decir, sus manos
luchaban entre sí.
—Sin mierda. Deja de hablar.
—Pero tenía otros planes —dijo ella, sosteniendo sus muñecas.
—¿Qué otros planes? Te follaré esta noche, no me importan tus planes —espetó él con
brusquedad, liberándose de ella.
—Oh, no dije que no tendríamos sexo. Definitivamente quiero que me folles —
20 aseguró, pasando las manos por el pecho de él.
—Entonces, ¿de qué demonios estás hablando? —exigió. Ella se inclinó más cerca,
rodeándole los hombros con los brazos.
—Estoy hablando de esta noche. Estaba pensando que deberías follarme por el
trasero —susurró.
En el siguiente segundo, ella estaba gritando cuando Jameson la arrojó sobre su
hombro. Rio incontrolablemente mientras él subía corriendo las escaleras, subiéndolas de
dos en dos.
—Jesús, Tate, ¿por qué no dijiste algo antes? ¡Hubiera dejado ese jodido club horas
antes! —se quejó. Ella se agarró a su cinturón.
—Quería que fuera una sorpresa.
—Muy bienvenida. Maldita sea, ¿engordaste? —bromeó, ajustando su peso mientras
caminaba por el pasillo.
—¿¡Qué!? Oh, eso es todo. Bájame. ¡Me pondré un mono y no tendrás sexo durante
una semana! —le gritó, pero todavía se estaba riendo.
—Oh, no lo creo. Demasiado tarde. Ya lo dijiste, así que sucederá —respondió él.
Mientras atravesaban la puerta de su habitación, ella extendió los brazos, agarrándose al
marco de la puerta.
—De ninguna manera. Esto te enseñará a no burlarte de mí.
—No sé por qué todavía estás hablando, Tate. No es como si tuvieses voz en esto.
Luego la soltó de la puerta.

21
~2~
—Despierta.
Tate gimió y se enterró aún más bajo las almohadas. Pero Jameson se negó a ser
ignorado y de repente el colchón estaba temblando debajo de ella.
—¡¿Qué?! —espetó, levantándose—. ¡¿Qué hora es?!
—Son las ocho en punto. Vamos, levántate —la instó. Él estaba inclinado sobre ella,
con ambas palmas sobre el colchón, sacudiéndolo.
—¡¿Las ocho?! Jameson, ¡nos fuimos a dormir hace dos horas! Vete —gimió ella,
comenzando a recostarse. Pero la agarró del brazo y la apartó de la cama.
—No, no, no. Es hora de levantarse. Tengo una sorpresa para ti —ofreció, ayudándola
a ponerse de pie.
—Odio las sorpresas —se quejó ella, pero lo siguió mientras la arrastraba al baño.
—Te gustará esto, lo prometo —le aseguró.
—Lo dudo. Solo quiero dormir, Jameson. Estoy adolorida de una forma que ni siquiera
puedes imaginar.
—Te sorprendería.
Tate resopló.
Aunque fue una buena sorpresa. Jameson le había preparado un baño completo, con
burbujas y todo. Ella gimió cuando la ayudó a entrar en la jabonosa calidez, y siguió gimiendo
hasta que estuvo profundamente dentro de las burbujas. Tenía los ojos cerrados, por lo que
no era consciente de que se estaba uniendo a ella hasta que sintió subir el agua. Era una
bañera enorme, y él se sentó en el otro extremo, acomodando las piernas de ella para que
estuvieran encima de las suyas.
—Está bien, así no está tan mal —admitió ella, y se rio.
22 —Pensé que te gustaría —respondió él, agarrando una esponja y enjabonando una de
sus piernas.
—Gracias. Pero, ¿qué pasó para que tengas que hacer esto a los ocho? Me hubiera
encantado esto a las dos de la tarde, cuando Dios se propuso que los buenos seres humanos
se despertaran —señaló. Él se rio entre dientes y comenzó a masajear su pie izquierdo.
—Porque tenía algo más de lo que quería hablarte —comenzó. Tate frunció el ceño.
Jameson rara vez dudaba, y si estaba comenzando una conversación haciendo algo bueno
por ella, entonces estaba doblemente asustada.
—Oh Dios. Ahora realmente desearía haberme quedado en la cama —gimoteando,
apoyando la cabeza contra la porcelana.
—Tengo algunos problemas que necesito revisar con mi abogado —le informó.
—¿Y?
—Entonces, también necesito que mi testamento sea redactado nuevamente, y hay
una fusión comercial que estoy investigando —continuó él.
—Todavía no estoy segura de cómo me afecta eso. A menos que me estés dejando
todo en tu testamento. Entonces estoy muy interesada —bromeó.
—Eso desearías. Te involucra porque el abogado que maneja estas cosas no está en el
país, y no lo estará por un tiempo. Tengo que ir con él —explicó Jameson.
—Bueno. Buen viaje —dijo Tate con un bostezo.
—Vendrás conmigo.
—¿Disculpa?
—Dije, vendrás…
—No, te escuché —indicó Tate, sentándose derecha y mirándolo—. ¿Qué quieres
decir? ¿Por qué tengo que ir?
—Porque te quiero allí, me gusta tenerte conmigo cuando viajo —aseveró él.
—Bueno, es muy dulce de tu parte, pero tengo un trabajo, Jameson. Tengo cosas
pasando aquí, simplemente no puedo... —comenzó a divagar.
—Está resuelto.
—¿Eh?
—Se ha solucionado. Hablé con el gerente del bar y con el cantinero, lo manejarán
todo, todo estará bien. No has estado allí mucho últimamente, de todos modos —puntualizó.
Tate apartó sus pies de él.
—¿Qué mierda, Jameson? ¿Te gustaría que llamara a tu trabajo y dispusiera que
tuvieras tiempo libre a tus espaldas? —exigió. Él se rio de ella.
—Eso no funcionaría, mi secretaria nunca te escucharía.
—Esto no está bien, y lo sabes. No puedes hacer algo como esto —le espetó.
—Bueno, tu negocio es mitad mío. Podría simplemente cerrarlo.
Cabrón.
23
—Lo sabía —siseó Tate, poniéndose de pie—. Sabía que era solo cuestión de tiempo
que me echases eso en cara.
—Tate, cálmate y solo escúchame —dijo Jameson con un suspiro.
—¿Por qué? ¿Cuál es el punto? Ya sea que escuche o no, simplemente me obligarás a
que haga lo que tú quieras, así que vamos a cortar la mierda —dijo, envolviéndose con una
toalla.
—Cuida tu lenguaje —espetó él rápidamente. Lo miró furiosa.
—Lo ves. Entonces, ¿a dónde me estás arrastrando ahora? —cuestionó, saliendo del
baño.
—No será por tanto tiempo, Tate, así que cálmate —gritó Jameson tras ella. Ella puso
los ojos en blanco y se dirigió al armario.
—No me importa. Esto es una mierda ¿A dónde vamos? —repitió la pregunta.
Finalmente la siguió.
—A Hong Kong.
—¡¿A Hong Kong?!
—¿Tartamudeé?
—¡¿Por cuánto tiempo?!
—Una semana, tal vez más —respondió. Tate gimió, agarrando una de sus viejas
camisetas de un cajón.
—¿Tal vez más? ¿Por qué no un mes, viendo que ni siquiera me necesitan aquí para
ayudar a dirigir tu negocio? —se quejó, dejando que su toalla cayera al suelo antes de pasarse
la camisa por la cabeza.
—Puedes callarte en cualquier momento —le ofreció.
—Cállate tú. ¿Cuándo nos vamos? —Se negó a mirarlo mientras se vestía con un
pantalón de yoga.
—En aproximadamente dos horas.
—¡¿Dos horas?!
—Sí. Así que será mejor que comiences a empacar.
—Tú maldito. No sabía de este viaje, no planeé este viaje, no quiero ir a este viaje,
¿sabes qué? Voy a seguir con la tendencia y a no tener nada que ver con este viaje —le
informó, y luego se movió para salir de la habitación. Jameson la agarró del brazo,
deteniéndola en seco.
—Será mejor que cambies tu puta actitud. Te guste o no, pronto nos subiremos a un
avión, y no quiero pasar las siguientes veinticuatro horas lidiando con tu mierda —le
advirtió. Ella le sonrió dulcemente.
—Oh, pasarás mucho más tiempo que veinticuatro horas lidiando con eso.
Luego se apartó y entró furiosa a la habitación.

24 Tate no tuvo que empacar. Se envolvió en una manta y se quedó así, escuchando
mientras Sanders le hacía una maleta. Se sentía un poco mal, pero también sabía que tenía
que estar en el viaje, él se iría, después de todo. Y no le gustaban las sorpresas. No así, no los
que la menoscababan como dueña de un negocio y jefa.
Hizo un último y valiente intento de negarse a ir, pero Jameson simplemente la
levantó, con manta y todo, y la llevó al automóvil. Antes de que pudiera desarrollar la energía
para ser una perra, estaban en el campo de aviación, cargando sus pertenencias en el avión.
Un avión privado, Jameson finalmente había comprado uno. Sobre todo por ella, con la
explosión de la carrera de Ang, no podía ir de visita cuando quisiera, por lo que Tate volaba
hacia Los Ángeles y a Las Vegas todo el tiempo. Eventualmente, Jameson decidió que sería
más económico comprar un avión y darle uso gratuito.
Decidió no pensar en ese pequeño hecho mientras se acomodaba en un sofá. Se sentó
a su lado y se quitó la chaqueta mientras el avión despegaba.
—Has estado sospechosamente callada —comentó él, mirándola.
—Puedo ser ruidosa si quieres —le ofreció. Él se rio entre dientes.
—No gracias. Me sorprende que seas tan optimista. Pensé que estarías arruinada con
resaca esta mañana —señaló.
—No tuve suerte —dijo Tate con un suspiro. De hecho, estaba bastante segura de que
todavía estaba borracha. Pero no iba a decirle eso.
—Bueno. Odio tratar contigo cuando estás enferma.
—El sentimiento es completamente mutuo. Y no tengo resaca, así que no te preocupes
por eso.
—No lo haré.

Dos horas más tarde, Tate sentía que iba a morir. Jadeaba, apoyando la espalda contra
la pared. Jameson se rio entre dientes.
—¿Terminaste? —preguntó. Ella se lamió los labios, dejando que sus ojos se cerraran.
—Haces que esto empeore, espero que lo sepas.
—Podría irme —le ofreció él.
—¿Podrías? —cuestionó ella.
Jameson comenzó a ponerse de pie, pero al mismo tiempo, Tate sintió que su
estómago se revolvía y ella se agarró a su pantalón. Él no se movió, y cuando ella se inclinó
hacia adelante para meter la cabeza n el inodoro, se sentó de nuevo. Suavemente juntó todo
su cabello y lo sostuvo en la parte posterior de su cabeza.
—Las cosas que hago por ti, niña —murmuró mientras ella vomitaba y tenía arcadas
en el inodoro.
25 —Dios, nunca me he sentido así de mal. Solo quiero que pare —rogó Tate, apoyando
una mano en el tanque del inodoro. Jameson usó su mano libre para frotarle los hombros.
—¿Quieres algo para beber?
—No, voy a vomitar.
—Mejor que ácido estomacal.
—¿Te burlarás de mí si empiezo a llorar? —le preguntó, respirando profundamente
mientras sentía otra oleada de náuseas que le recorría el estómago.
—No hasta que termines de vomitar, lo prometo —respondió él. Ella se las arregló
para reírse, pero eso solo hizo que se empeorara su estómago y volviera al inodoro.
Sanders finalmente apareció con un ginger ale. Jameson se movió para sentarse en el
suelo con ella, alimentándola con galletitas saldas. Ella le dio las gracias, luego se tumbó,
apoyando la cabeza en su regazo. Estaba demasiado destrozada para seguir enfadada con él.
Además, sabía que la mayoría de los tipos adinerados de bolsa, los directores ejecutivos y
magnates financieros no estarían dispuestos a sostener el cabello de su novia mientras
vomitaba, así que pensó que eso compensaba a Jameson hablando con su personal a sus
espaldas.
Cuando ya no quedó nada por vomitar, finalmente regresaron a la cabina principal.
Tate se tendió en un sofá, apoyándose en Sanders mientras Jameson iba a buscar algo real
que pudiera comer y, potencialmente, mantener.
—¿Estás bien? —indagó Sanders en voz baja, cerrando su ordenador portátil.
—No, me estoy muriendo —graznó ella, temblando. Él colocó su brazo sobre ella,
frotando su muñeca cariñosamente.
—No te estás muriendo. No deberías beber tanto —señaló. Ella le pellizcó la pierna.
—La retrospectiva es veinte y veinte. Deberías haberme detenido —replicó.
—No es mi trabajo controlar cuánto…
—¿Sanders? —lo interrumpió, envolviendo su brazo alrededor de su cintura y
presionando su rostro contra sus costillas.
—¿Hmmm?
—Por favor cállate ahora, me estás haciendo sentir peor.
—Por supuesto.
Tate durmió contra él todo el camino a San Francisco. Aterrizaron allí para repostar,
y Jameson en realidad abandonó el avión para hacer un recado. Normalmente, Tate habría
sospechado, pero estaba demasiado cansada como para preocuparse. Podría estar
arreglando la venta de su cuerpo a un jeque petrolero, y no le importaba. Mientras nadie le
molestara mientras tenía resaca.
Después de que despegaron, durmió un poco más, directamente hasta el punto medio
entre Estados Unidos y Hong Kong. Luego se despertó, soltó un fuerte eructo y se dio cuenta
de que se estaba muriéndose de hambre. Sanders estaba durmiendo en un cuarto trasero,
pero Jameson se había quedado despierto para vigilarla, por lo que le había traído algo de
26 comida.
—Jesús, Tate, no te pongas enferma otra vez —se burló mientras ella devoraba un
plato de comida.
—Siento que no he comido en años —respondió con la boca llena.
—Ciertamente estás comiendo así.
—Jameson. —Ignoró su rudeza.
—¿Sí?
—¿Por qué necesitabas que viniera a Hong Kong? —le preguntó. Ahora que su cerebro
estaba más claro, no sentía la necesidad de ser tan perra.
—Porque, tan difícil como es creerlo, niña, me gusta estar cerca de ti —contestó,
moviéndose, por lo que estuvo sentado junto a ella.
—Eso es muy dulce, Jameson. Pero, verdadera y seriamente, no me gusta cómo lo
hiciste. Podrías haberme preguntado —reprochó, empujando su bandeja y metiendo los pies
debajo de ella.
—Estaba tratando de hacer algo espontáneo. Divertido. ¿Recuerdas esas palabras? —
Jameson se burló de ella. Tate trató de fulminarlo con la mirada, pero no pudo aguantarlo.
Sonrió y se inclinó hacia él.
—Hace algún tiempo. ¿Y Hong Kong? Hará tanto calor —se quejó ella.
—Te encantará, lo prometo —le aseguró, besándole la cima de la cabeza.
—No puedes simplemente deshacerte de mí —comenzó ella, rodeándole con el
brazo—. Nada de pasar todo el día en las reuniones. Odio eso. Arruinaste Londres para mí,
esa vez.
—Nunca me dejarás olvidar eso, ¿verdad? —Él suspiró.
—No, probablemente no. —Ella negó.
—Pasaré todos los días contigo, te lo prometo, Liebe —susurró él. Ella sonrió.
—Bien.
Hablaron durante un tiempo, sobre muchas cosas diferentes. La conversación
siempre fluyó entre ellos, a pesar del hecho de que eran dos personas muy diferentes.
Simplemente funcionaba para ellos. Luego, una hora antes de que aterrizaran, Sanders salió,
luciendo fresco como una margarita con un traje recién planchado. Tate se miró a sí misma,
todavía con su vestimenta de resaca, y se rio. Besó a Jameson antes de saltar hacia atrás para
cambiarse y limpiar su maquillaje de anoche.
Cuando aterrizaron, Tatum se sentía casi la mitad de normal otra vez. Se había puesto
un pantalón corto y una camiseta sin mangas, luciendo muy diferente a la novia de un
magnate financiero como era posible. Se recogió el cabello en una coleta suelta, se puso sus
lentes de aviador y luego los siguió fuera del avión.
Hacía calor, como había predicho, y buen señor, la humedad. Podía sentir que sudaba
a través de su camiseta sin mangas y se preguntó cómo los chicos podían mantenerse en sus
trajes: ¡Jameson llevaba un tres piezas! Pero actuaba tan bien y tan cómodo como siempre,
27 caminando por la aduana como si fuera algo que hiciera todos los días.
—Entonces, ¿te encontrarás con su abogado hoy? —preguntó Tate durante el viaje al
hotel.
—No. En realidad, no está en Hong Kong —respondió Jameson.
—¿Disculpa? —Tate no creía lo que escuchaba.
—No está en Hong Kong. Está en Singapur —explicó él.
—Entonces ¿por qué diablos no fuimos a Singapur? —exigió Tate.
—No me gusta Singapur. Me gusta Hong Kong. Va a encontrarse conmigo aquí —
continuó Jameson, revisando los mensajes en su teléfono.
—Oh. ¿Cómo, mañana?
—Como en un par de semanas.
Tate se sentó muy quieta. En Boston, Jameson había dicho que sería una semana, tal
vez más. Ahora, de repente, el abogado aparecería “en un par de semanas”. Todo era muy
extraño. ¿Qué tan lejos podría estar Singapur?
—No lo entiendo —comenzó Tate lentamente, tratando de mantener la calma—.
Singapur está como justo al lado. Podrías estar allí y regresar en un día. ¿Por qué no solo vas
a él?
—Porque no quiero. Me gusta esto.
—Entonces porque te gusta esto, ahora Sanders y yo tenemos que estar aquí contigo.
Indefinidamente —aclaró Tate. Jameson asintió.
—Siento que estamos diciendo lo obvio aquí.
—Entonces, ¿cómo es que en Boston, dijiste…
—Me importa una mierda lo que dije en Boston. Los planes cambian, Tate. Estamos
aquí ahora, y no iremos a ningún lado. Lidia con eso.
Tate odiaba cuando hablaba así, una cosa era ponerse desagradable en la cama. Era
bastante diferente a la luz del día. No apreciaba que le hablara de la misma manera. Pero ella
no dijo una palabra. Había aprendido desde hacía mucho tiempo que responder no
funcionaba. Una persona no podría pelear con fuego contra el fuego, no con Jameson. La
calma era mucho más efectiva. Lo miró por un segundo más, luego se recostó en su silla. No
dijo una palabra más hasta que llegaron al hotel.
Continuó sin decir nada mientras se registraban, y no emitió ningún sonido cuando
llegaron a la habitación. Una suite en el ático, con dos dormitorios, cocina, sala de estar y
balcón alrededor. Se dio cuenta de que estaba esperando que dijera algo, que comentara lo
agradable que era el lugar, pero no dijo una palabra. Después de que entregaron su equipaje,
ella siguió al conserje. Cuando subió al ascensor, Jameson salió al pasillo, pero no dijo nada.
Solo la miró mientras las puertas se cerraban.
Tatum amaba a Jameson, realmente lo hacía, pero a veces necesitaba su espacio.
Se estaban quedando en el Four Seasons, que estaba justo en el agua. Tatum caminó
por un rato. Cuando aterrizaron, había una fuerte capa de nubes, pero empezaban a
28 disiparse. Mientras caminaba por el frente del océano, el sol la golpeaba.
Tate sabía que era una especie de mocosa. Por el amor de Dios, estaba caminando en
una playa de Hong Kong, cuando veinticuatro horas antes había estado en Boston, pensando
que pasaría un fin de semana tranquilo en casa. Estaba con el hombre con el que planeaba
pasar el resto de su vida, un hombre que aún hacía que su corazón se acelerara y sus bragas
se derritieran. Mucha gente mataría por estar en su lugar.
Pero todavía tenía ganas de pelear contra la autoridad, y Jameson era tan autoritario
como ellos. Y no estaba bien, la arrastraba por semanas, sin importar lo que ella dijera.
Estaban en una relación, deberían ser iguales, pero él parecía olvidar eso de vez en cuando.
Simplemente la arrastraba y la llevaba, como si fuera su chihuahua. No quería ser un
chihuahua. Quería ser una rottweiler.
Así que puedo morderlo en el trasero.
Era doblemente estúpido estar molesta porque sabía que estaba justo en la naturaleza
de él. De vez en cuando, Jameson tenía que golpearse el pecho y actuar como el rey de la
jungla. Actúa como si nada y a nadie le importará, porque era solo un mal asno. Lo que sea.
Normal, simplemente deja que siga su curso.
Sin embargo, algo se sentía diferente en este momento. El secreto, ir detrás de ella.
Parecía mucho más premeditado. Por lo general, solo actuaba como un ogro y no la dejaba
salir de la casa, ir a Los Ángeles, o algo así. Esto era un poco demasiado. ¿Hablar con sus
empleados? ¿Volar alrededor del mundo? No era lindo.
El sol se estaba poniendo, así que Tate regresó al hotel. Pero no quería regresar a la
habitación, todavía no, así que se dirigió al área de la piscina. Descubrió una gran hamaca,
ensartada entre dos palmeras, por lo que se subió a ella. Para cuando se sintió cómoda, el sol
ya se había puesto y estaba oscuro.
Tate no sabía cuánto tiempo había estado allí cuando escuchó pasos acercándose.
Suspiró y no se molestó en volver la cabeza. Sabía quién era, se preguntó qué le había llevado
tanto tiempo.
— ¿Me gritarás si te molesto? —preguntó Jameson, acercándose a la hamaca.
—Eh. Demasiado cómoda para importarme en este momento. Buscaré la energía para
ello más tarde —respondió ella.
Se agarró a la red y Tate se apoyó en la hamaca mientras se deslizaba frente a ella,
separando sus piernas con las suyas. Se balancearon un poco, pero no volcaron, y pronto
tuvo sus pies descansando sobre su estómago. Ella volvió a acomodarse, mirando al cielo.
—Quería que fuera un viaje divertido. —Él finalmente rompió el silencio.
—Entonces tal vez deberías haberme incluido en él, en lugar de simplemente
arrastrarme —sugirió Tate.
—Tal vez quería que fuera una sorpresa —respondió.
—Tal vez creo que no es una muy buena sorpresa.
—No puedo leer tu mente, Tate.
—No, por eso deberías hablar conmigo.
29 Él tragó saliva y pudo sentirlo trabajando para controlar su ira.
—Si te pido que me hagas un favor, ¿crees que podrías suspender tu malhumor por
un tiempo y solo dejarte llevar? —le preguntó finalmente. Tate resopló.
—Bueno, cuando preguntas tan dulcemente...
—Solo confía en mí. ¿Está bien? Nunca te obligué a hacer algo que no terminara
gustándote —puntualizó.
—Oh, me gustaría diferir. —Tate se rio—. Recuerdas esa vez que…
—Cállate, Tate.
Se quedaron en silencio por un tiempo. Una vez más, Jameson le estaba masajeando
los pies, y ella suspiró, deleitándose con la sensación. Hace dos años, si alguien le hubiera
dicho que Jameson Kane estaría frotándole los pies, se hubiera reído de ellos.
Solo disfruta de este viaje. Hazlo por él. Hace mucho por ti.
—Jameson —susurró, después de unos diez minutos.
—¿Hmmm? —respondió él.
—¿Cuál es Casiopea? —preguntó.
—¿Disculpa?
—¿Es esa? —cuestionó Tate, señalando el cielo.
—¿Me estás preguntando sobre las constelaciones? —aclaró él.
—Es eso, o ser perra contigo un poco más. Tu elección —le dijo, pero estaba
bromeando.
—Ven aquí.
Tomó unas cuantas maniobras, y ella casi se cayó de la hamaca, dos veces, pero
finalmente Tate estaba mirando en la misma dirección que él. La hamaca estaba muy ancha,
por lo que Tate se acomodó a su lado, tendida junto a él con el brazo debajo de su cabeza.
—Quiero verlas todas —le informó.
—Jesús, no soy astrónomo, Tate —espetó él.
—Sí, pero eres Jameson Kane. Lo sabes todo — fue su respuesta.
—Cállate. Mira, ahí.
Señaló hacia arriba y ligeramente a la derecha. Cuando ella todavía no podía verlo, la
agarró de la mano y la sostuvo en la suya, señalando con el dedo. Él se movió, mostrándole
la forma, una especie de “M” en las estrellas. Luego le mostró algunos de los signos
astrológicos. Fue agradable, hablar de algo no sensorial, algo que no perteneciera a nada de
lo que sucedía a su alrededor.
—¿Cómo aprendiste todo eso? —preguntó Tate, después de que le explicase cómo el
Cinturón de Orión se convertía en el Cazador.
—Una clase en la secundaria. Leer algunos libros —contestó él, rodeándole los
hombros con el brazo y acercándola más, obligándola a ponerse de lado. Ella ancló su brazo
30 alrededor de su cintura.
—Nunca aprendí sobre eso en la escuela —dijo ella bostezando. Él bufó.
—Probablemente porque estabas demasiado ocupada con tu maestro —sugirió. Ella
se rio.
—Cállate, no me volví una puta hasta después de la escuela —le recordó.
—¿Alguna vez la extrañas? —indagó.
—¿Qué, la escuela?
—No, la vida de antes… todo esto. Poder acostarte con quien quieras, cuando quieras
—explicó. Tate se quedó quieta. ¿Por qué le estaba preguntando eso?
—¿Qué quieres decir? —dijo cautelosamente.
—Solías hacer lo que quisieras, cuando querías. Con quien querías. Igual que Angier,
te acostaste con él durante cinco años. ¿Alguna vez lo echas de menos? —Jameson trató de
aclararlo. Pero no solucionó nada.
—¿Alguna vez echo de menos dormir con Ang? ¿Qué tipo de pregunta es esa? —exigió
Tate, plantando sus manos en su pecho y levantándose. Él se encogió de hombros.
—Solo una pregunta. Simplemente tengo curiosidad —respondió él, apartándole el
cabello del rostro.
—¿Extrañas acostarte con todas las mujeres del área de los tres estados? —
contrarrestó Tate. Jameson se rio.
—Liebe, cada mujer en el área de los tres estados no podría competir contigo. No, no
lo extraño —le aseguró. Ella entornó los ojos.
—Estás siendo sospechosamente dulce —le dijo. Él bufó.
—No puedo ganar contigo. Solo cállate y contesta la pregunta —exigió él, tirando de
un mechón de su cabello.
—No, no echo de menos acostarme con Ang, o con alguien. ¿Por qué me preguntas
eso? —presionó ella. Jameson se encogió de hombros.
—A veces... a veces solo me gusta comprobar que eres feliz —dijo finalmente.
Soy una perra.
—Jameson —susurró ella, recostándose sobre su pecho—, incluso cuando me haces
enojar, todavía estoy más feliz contigo que nunca en toda mi vida.
—Buena respuesta.

31
~3~
Jameson tenía un gran dolor en el cuello. Eso es lo que obtuvo por pasar la noche en
una hamaca con Tate encima de él. Y no de una manera sexy y divertida. No, más bien un
despertar sorpresivo por los conserjes. No fue sexy en absoluto.
Subieron escaleras arriba, y fue capaz de convencerla de tomar una ducha con él, pero
fue de corta duración. Sanders llamó a la puerta a mitad de camino, antes de que las cosas se
volvieran realmente interesantes. Aparentemente el "paquete" de Jameson había llegado, el
que había estado esperando, Sanders no era muy bueno para ser discreto. Afortunadamente,
Tate estaba demasiado distraída por los dedos de Jameson. Tendría que esperar su turno, así
que se aseguró de darle un orgasmo lo suficientemente grande como para que no le hubiera
importado si las paredes del baño cayeran a su alrededor, sin importar que Jameson se
escabullera.
—¿Ella está mejor? —preguntó Sanders mientras Jameson salía de la habitación y se
secaba el cabello con una toalla.
—Sí. Estaba enojada porque los estoy “arrastrando” a los dos. —Se rio entre dientes.
—Te dije que no le gustaría el elemento sorpresa.
—Lo sé. ¿Está el auto listo?
—Sí, está esperando abajo.
Estaba a unos veinte minutos de camino al aeropuerto. Originalmente Jameson había
querido alquilar un auto o una limusina durante su viaje, pero Sanders descartó esa idea. No
se sentía cómodo con que lo llevase otra persona. Manejaría, o no estaría en el auto. Así que,
aunque se suponía que también eran unas vacaciones para él, Sanders fue una vez más el
chófer de Jameson, llevándolo por Hong Kong en un Rolls Royce alquilado.
Mientras cruzaban la isla, la mente de Jameson vagó. Miró por la ventana, pero no
contempló ninguna de las vistas. Pensó en Tate. Su risa. Sus ojos. Su cuerpo. La había estado
mirando casi todos los días durante los últimos dos años, pero nunca se sentía pesado. Y
32 realmente, la había estado mirando por mucho más tiempo que eso, solo en sus recuerdos.
Pensó en los años. Sonrió al recordar la primera vez que la había visto...
Eloise O'Shea se presentó ante Jameson en una fiesta organizada por el padre de
Jameson. Sus dos familias estaban allí, y él había conocido a Mathias O'Shea antes, pero nunca
a las mujeres O'Shea. Eloise era excepcionalmente bonita, cuando la conoció, lo primero que
pensó fue que podría haber sido una modelo, si hubiera querido. Alta, con piernas largas y
caderas pequeñas. Sonrió con la sonrisa correcta, dijo las cosas correctas.
Aburrido.
Él vagamente recordó su gesticulación con el resto de su familia, su madre y Mathias,
que estaba de pie casi en frente de una mujer joven. Una chica de piernas largas y patética que
se parecía muy poco a su hermana, Jameson apenas podía verla. Él no miró dos veces, de todos
modos. Estaba a un mes de cumplir los veintiún años y ya era más rico de lo que nadie tenía
derecho a ser, las mujeres jóvenes no le interesaban. Las rubias altas con cuerpos bien
formados, sin embargo, estaban justo en su camino.
Jameson y Ellie se encontraron nuevamente en varias ocasiones, chocando entre sí. Más
tarde se enteró de que mucho de eso había sido cuidadosamente diseñado por sus padres,
organizando toda la relación desde el principio. Cada vez, Ellie pedía una cita, mencionando los
restaurantes que le gustaban, ofreciéndole llevarlo a eventos exclusivos, bla, bla, bla.
A Jameson no le importaba los restaurantes o eventos, él solo quería saber cómo era ella
en la cama.
Tomó mucho tiempo, más tiempo del que le hubiera gustado. Era encantadora e
inteligente, pero increíblemente aburrida. Sin embargo, lo criaron para ser educado, así que lo
aguantó. Nunca se había llevado bien con su padre, pero por una vez, el anciano estaba
satisfecho con su decisión. Jameson estaba cansado de codearse con él, por lo que quedarse con
Ellie parecía más fácil.
Ella no era horrible en la cama, aunque, por supuesto, la mayoría de las mujeres tenían
que intentar activamente ser malas en la cama. Estaba ansiosa por complacer, pero pronto se
hizo evidente que no estaba dispuesta a complacerlo de la manera que realmente quería. Y
Jameson se daba cuenta de que las cosas que quería estaban bastante lejos de ser "normales".
La primera vez que "conoció" a Tatum O'Shea fue a principios de febrero, Jameson había
logrado evitar reunirse oficialmente con el clan O'Shea el mayor tiempo posible, pero después
de dos meses saliendo con Ellie, ya no podía evitarlo más. Nadie podía lanzar un ataque como
ella podía, y Jameson odiaba un ataque. Así que aceptó cenar en su casa.
Estaba de pie en la sala de estar, tomando un brandy con Mathias, cuando la puerta de
entrada se abrió, y luego se cerró rápidamente de golpe. Jameson miró en el pasillo, luego hizo
una doble toma. Una chica estaba caminando hacia las escaleras, gritándole a su teléfono.
33 Tenía el cabello largo y negro recogido en una desordenada cola de caballo en la parte superior
de la cabeza, y llevaba un pantalón corto, que era tan ridículamente ajustado y pequeño, que
bien podría haber estado usando ropa interior.
Pero pensar eso hizo que se preguntara si estaba usando ropa interior, lo que le llevó a
pensar en quitarle el pantalón corto y hacerle cosas indescriptibles... lo más probable era que
se atase dicho el pantalón corto a varias partes de su cuerpo, y…
—Kane —ladró Mathias—. ¿Has conocido a mí otra hija, Tatum?
¡¿Esa es la chica de la fiesta de Navidad?!
—No, no lo hice —respondió Jameson.
—Una niña rebelde, esa. Le dijimos que estuviera aquí esta noche, le dije a qué hora
debía estar en casa, pero, ¿acaso escuchó? Por supuesto que no. Qué ridículo. Y ese atuendo.
Parece una prostituta —masculló Mathias. Tatum era ajena a todo esto mientras caminaba de
un lado a otro frente a la escalera, discutiendo con quien estuviese al otro lado del teléfono.
Deja de mirarla así, tiene dieciséis años, maldito pervertido.
—No es tan malo, obviamente estaba haciendo ejercicio —logró responder Jameson.
Tatum finalmente colgó su teléfono y corrió escaleras arriba. Jameson se aclaró la
garganta, miró hacia otro lado. Mathias masculló un poco más, pero no volvieron a hablar de
Tatum. Aunque Jameson pasó la mayor parte de la noche mirando las escaleras, esperando que
bajara, preguntándose cómo luciría con ropa normal.
Ella nunca volvió, más tarde se enteraría de que su padre le había enviado un mensaje
diciéndole que no lo hiciera, diciéndole que ya lo había avergonzado lo suficiente frente a su
invitado.
En el transcurso de su relación con Ellie, Jameson no vio mucho a Tatum. Las dos chicas
estaban lo suficientemente separadas en edad que realmente no tenían mucho en común.
Además de eso, eran dos personas muy diferentes. Dos personas que no se llevan muy bien. Ellie
nunca invitaba a su hermana a ninguna parte ni a nada, y Jameson evitó las reuniones
familiares a toda costa, por lo que nunca tuvo una razón para estar cerca de Tatum.
Pero cada vez que se encontraba a su alrededor, su presencia lo impresionaba. Ella era
algo tímida y reservada, pero cuando sonreía, era grande e iluminaba la habitación. Tenía ojos
oscuros y agudos, y era muy inteligente. Y su cuerpo, querido señor. Era solo cinco años más
joven que él, si hubiesen tenido veinticinco y treinta años, no habría hecho una diferencia. ¿Pero
diecisiete y veintidós? Jameson sabía que la forma en que la miraba era inapropiada. Aun así,
se veía bien, no podía negarlo, y Tate tenía una apariencia increíble. Diferente de Ellie. Más
oscura.
Había algo en ella que también traía a la luz los oscuros pensamientos de Jameson.
La primera vez que Jameson trató de romper con Ellie, había sido muy directo. Él le dijo
que la razón principal era porque estaba aburrido en la cama. Jameson quería algo más, algo
diferente. Ellie gritó, amenazó y lloró. A Jameson no le importó.
El primer intento de ruptura fue la primera vez que se acostó con alguien fuera de su
relación. Él había ido a un bar, conectado con una camarera. Una chica muy aventurera con
una boca ridículamente talentosa, pero la mejor parte, la mujer amaba cuando él le tiraba del
34 cabello. Algo sobre esto lo emocionó. Cuanto más duro tiraba, más le gustaba. Cuanto más lo
chupaba, más duro la montaba.
Esto es lo que quiero.
Y así continuó durante un año y medio. Intentaría deshacerse de Ellie. Ellos tendrían
una pelea. Él le advertiría que se iba a acostar con otra persona, él se acostaría con otra
persona, le diría que se acostó con otra persona, y Ellie todavía le suplicaría que se quedara.
Era una locura. Qué relación tan loca y jodida.
Él aprendería que se especializaba en ese tipo de relaciones.
Pero la presión exterior de su padre, la de sus padres, de la misma Ellie, lo mantuvo con
ella. En el fondo, Jameson admitió que era débil. Preferiría tomar el camino de menor
resistencia, luego simplemente abandonaría a la perra y lidiaría con la ira de su padre. Así que
Jameson se quedó. Se acostaba con otras, explorando sus inclinaciones más oscuras con
mujeres.
Y a medida que crecía, podía admitir que ocasionalmente fantaseaba con Tate. Era
impresionantemente sexy, y una fruta prohibida. Era tan amable como podría ser, siempre
educada, una especie de chica de "por favor y gracias", lo cual parecía estimularlo más. Cuanto
más agradable y educada era ella a su alrededor, más quería hacer... algo. Sacudirla de su
agradable vida. Asustarla. Envolver su mano alrededor de su garganta y apretarla.
Pero solo un poco.
Sin embargo, todo era una fantasía. También pensó que la cantante pop Katy Perry era
sexy, pero lo más probable es que nunca fuera a acostarse con ella. Él nunca tocaría a Tate, en
realidad no se sentía atraído por ella. Demasiado joven, demasiado inmadura, demasiado
inexperta, demasiado fuera de los límites.
No, nunca habría algo entre él y Tatum O'Shea.

35
~4~
—¿Hola? —gritó Tate, arrastrándose por el ático. Casi recordó a Jameson diciendo
que tenía que hacer un recado, pero había estado en una niebla post-coital. No muchas cosas
pueden atravesar ese tipo de niebla.
Los chicos se habían ido por un largo tiempo. Una vez más, Tate tenías sospechas. ¿A
dónde se estaban escapando? Y no estaba necesariamente sorprendida de que Jameson se
comportara de esa manera, pero era una sorpresa de parte de Sanders. Tampoco era un
fanático de las sorpresas, y desde luego no le gustaba participar en ellas.
Oh Dios, esto es todo un plan elaborado para venderme a la esclavitud sexual. Le tomó
dos años, pero finalmente encontró un comprador.
Tate serpenteaba por las habitaciones. Comiendo algunas uvas. Bailando desnuda en
el balcón. Luego finalmente se vistió y se acostó. Tomó una siesta. Se despertó con el sonido
de la puerta abriéndose. Se sentó, frotándose los ojos.
―¿Tate? ―La voz de Jameson sonó por la habitación.
―Aquí dentro ―dijo con un bostezo.
―Bueno, ven aquí.
Mandón.
Tate salió de la cama, arrastrando los pies mientras se dirigía al área de la sala de
estar. Jameson la miró y estalló en carcajadas. Parpadeó hacia él.
―¿Qué? ¡¿Qué?! ―preguntó ella.
―¿Estabas durmiendo? ―Él ignoró su pregunta, caminando hasta que estuvo justo
frente a ella.
―Sí. ¿Por qué?
―Tu cabello, dormiste mientras estaba mojado.
36 Todavía estaba riendo mientras levantaba las manos hacia su cabeza. Podía sentir
cómo él le acariciaba el cabello, por lo que también levantó la mano y lo sintió. Se encogió. Sí,
no es bueno. Básicamente estaba llevando un nido gigante de nidos de rata en la parte
posterior de su cabeza.
―Supongo que otra ducha lo pondrá en orden ―bromeó, inclinándose sobre él y
rodeándolo con los brazos.
―Está bien, pero esta vez, puedes pasar todo el tiempo de rodillas ―le advirtió.
―Oye, nadie te obligó a hacer eso por mí, y me hubiera alegrado devolvértelo, pero
huiste. ¿Dónde han estado todo este tiempo? ¿Dónde está Sanders? ―preguntó Tate, dándose
cuenta por primera vez de que él no estaba allí. Echó un vistazo alrededor, pero no lo vio en
ninguna parte de la habitación.
―Mira, sé que no te gustan las sorpresas, pero creo que... ―comenzó Jameson.
Sin embargo, fue interrumpido por un ruido de golpes. Algo golpeó la puerta de la
habitación del hotel, y luego se abrió un poco. Había voces en el pasillo. Tate reconoció a
Sanders hablando en voz baja, aunque no podía entender lo que estaba diciendo. Entonces
alguien más comenzó a hablar, y no estaba hablando bajo en lo absoluto.
―No volé todo el camino en un momento, solo para que tú y Satanás puedan decirme lo
que puedo y no puedo hacer.
Tate dejó escapar un grito y echó a correr hacia la puerta, justo cuando comenzaba a
abrirse. Sanders entró primero, pero ella pasó corriendo junto a él, arrojándose a la otra voz.
Ha pasado tanto tiempo.
Angier Hollingsworth no había cambiado mucho a lo largo de los años, a menudo
bromeaba que él era un vampiro. El hombre no parecía envejecer. Todavía era desgarbado,
su cabello todavía desordenado, su sonrisa aún traviesa. La única diferencia era que ahora
era semi famoso y bastante rico. Tate no lo había visto en mucho tiempo, porque sus horarios
estaban muy ocupados. Ella no podía tener tiempo libre para verlo tan a menudo como solía
hacerlo, y él no podía tener tiempo para nada. La industria del porno era muy exigente, y Ang
estaba sentado en la cima.
Bueno, más como acostándose en la cima, realmente.
―¡¿Qué estás haciendo aquí?! ―gritó ella, saltando sobre él. Ang tropezó hacia atrás
con su peso, dejando caer su equipaje mientras caía contra la pared en el pasillo.
―¡Fui invitado! ―le dijo, envolviéndola con los brazos mientras ella le rodeaba la
cintura con las piernas.
―Te he echado de menos, Angie-wangy ―suspiró, presionando su cabeza contra su
cuello. Ang siempre se sintió un poco como en casa para ella. Cálido, familiar, reconfortante.
―Siempre te extraño, Tater tot ―respondió, abrazándola con fuerza.
―Dios, creo que voy a vomitar. ―La voz de Jameson vino detrás de ellos.
Tate se rio y se desenvolvió de Ang, dio un paso atrás en el suelo. Ayudó a recoger sus
maletas y lo ayudó a llevarlas a la habitación del hotel. Le mostró un poco los alrededores,
37 haciendo que exclamase por la decoración, el balcón.
―En serio, Ang. ¿Qué estás haciendo aquí? Jameson no me ha dicho nada, ni siquiera
estoy segura de lo que yo estoy haciendo aquí ―preguntó Tate mientras miraban hacia el
océano. Ang se volvió hacia ella.
―Me llamó hace una o dos semanas, me dijo que te traería aquí, pensó que tal vez te
gustaría la compañía ―explicó.
―¿Sanders te llamó hace una semana? ―preguntó ella.
―No, Satanás.
―¡¿Jameson te llamó?! ¿Él mismo? ¿Como, realmente te habló? ―Tate se rio.
Jameson y Ang nunca se habían hecho amigos. Ambos toleraban la presencia del otro
por ella, pero solo eran dos personas totalmente diferentes. Eran cordiales y educados, se
llevaban bien en un nivel básico, pero eso era todo. No había llamadas telefónicas o mensajes
de texto entre ellos. La idea de que Jameson llamara a Ang era francamente extraña.
¿Qué demonios está pasando?
―¿Te llamó “hace dos semanas” para pedirte que vinieses a este viaje? ¿Y ni siquiera
yo sabía que iba a venir a este viaje hasta la mañana de ayer? ―aclaró Tate, todavía
conmocionada. Ang tragó saliva y se encogió de hombros, volviéndose para mirar el agua.
―Podría haber sido solo una semana, no sé. Y él solo dijo que podría traerte, y que
podría querer que yo viniese. Solo recibí la llamada ayer por la mañana de que realmente me
quería aquí ―explicó Ang.
―Dios. Realmente debo haberlo hecho sentir mal ―murmuró Tate, recordando su
charla en la hamaca, lo que debe haber sucedido después de que Jameson llamara a Ang.
―No es sorprendente. Eres como una idiota.
Tate le dio un puñetazo en el brazo.
―Cállate. Vamos a buscar algo para comer, y puedes contarme todo sobre tu última
aventura sexual ―sugirió Tate, enganchando su brazo con el de él y llevándolo de vuelta al
interior.
―Sabes, lo creas o no, en realidad no estoy teniendo tanto sexo ―le dijo Ang, y Tate se
echó a reír.
―No lo creo. ¿Tú? Imposible.
Jameson estaba en una especie de reunión telefónica, por lo que Tate llevó a Sanders
y Ang abajo a un restaurante. Sanders le contó a Ang todo sobre Moscú, y Ang le dijo a
Sanders todo acerca de cómo moverse alrededor.
Como en los viejos tiempos.
Jameson finalmente se unió a ellos, lo que agregó una ventaja aguda a la conversación.
Tate a menudo se había preguntado si la rivalidad entre los dos hombres alguna vez se
extinguiría. Dos años era mucho tiempo, pero ambos parecían estar enzarzados en una
especie de guerra entre ellos.
―Me debes mucho tiempo por esto ―comentó Jameson después de que Ang se había
ido a buscar un baño. Tate resopló.
38 ―No debería tener que deberte algo que no pedí ―señaló.
―Cállate y dime lo agradecida que estás.
―Más allá de las palabras, cariño.
―Cállate.
―Jameson ―comenzó Tate―, ¿por qué sigues estando tan molesto con él? Y si te pone
tan ansioso, ¿por qué lo invitaste?
―No estoy “molesto” con Angier, simplemente no me gusta. Y lo invité por ti ―repitió
Jameson el sentimiento.
―Estás actuando como una perra sobre todo el asunto arruinando el regalo ―bromeó.
―¿Tatum?
―¿Hmmm?
―Cállate la boca.
―Cualquier cosa por ti.
Estuvieron en silencio por un tiempo. Sanders tomó su ensalada. Jameson miró al
vacío. Tate le sonrió. Finalmente la miró, le dio una doble mirada y luego la miró.
―¿Qué? Esa mirada en blanco te hace ver como una vaca ―dijo él sin rodeos.
―Jesús. ¿Cómo te las arreglas para recoger a las mujeres con una boca así?
―respondió ella.
―Eres lo suficientemente fácil.
―Gracias ―soltó ella de repente. Jameson gimió y se pasó una mano por el rostro.
―Tus cambios de humor se vuelven agotadores. ¿Por qué estás agradecida? ―Él
suspiró.
―Por traer a Ang, por tratar de salvar este viaje para mí. Por aguantarme ―dijo ella.
Jameson asintió.
―Bueno. Deberías estar agradecida.
―Oh, créeme, lo estoy.

39
~5~
Jameson se sentó al pie de la cama, mirando a Tate mientras cerraba la puerta de la
habitación. Todas las luces estaban apagadas en la habitación. Las persianas habían sido
cerradas, dejando solo una franja de luz justo abajo de las ventanas. Nunca encendieron el
aire acondicionado cuando habían ido a almorzar, por lo que la habitación estaba sofocante.
Pero Tate no hizo ningún movimiento para encender el aire acondicionado. Ella sabía que a
él le gustaba el calor.
Me conoce tan bien.
A Jameson le encantaba este lado de Tate. Por supuesto, él amaba todos los aspectos
de ella ―en primer lugar, amaba su corazón y su alma. Pero pensó que era estúpido que la
gente nunca quisiera admitir que el sexo formaba parte de una relación amorosa. Sí, le
encantaba tener sexo con Tate. Sí, le encantaba cómo era ella en la cama. En primer lugar,
era una gran parte de lo que lo había atraído, su atractivo sexual.
Él amaba especialmente que era el único que podía ver ese lado de ella, por siempre.
Fuera de la cama, en público, Tate era una fiera. Una personalidad dominante, sabía cómo
comandar algún lugar. Cómo atraer la atención. Su ingenio y personalidad, su boca
inteligente y palabras atrevidas. Ella no aceptaba mierdas de nadie, por nada. Muy
independiente. Muy fuerte de voluntad.
Así que le dio una oscura emoción ver a una mujer voluntaria, independiente y tan
fuerte, de rodillas. Bajándose para arrastrarse por el piso del dormitorio hacia él. Tan lenta
en sus movimientos, acentuando el balanceo de sus caderas. Se puso de pie y se sentó sobre
sus talones. Puso sus palmas sobre sus rodillas, luego las deslizó por sus muslos, separando
sus piernas. Su cuerpo llenó rápidamente el vacío y se deslizó hasta su longitud, presionando
sus labios en su oreja.
―¿Juego? ―susurró ella, moviéndose lentamente hasta que se sentó a horcajadas
sobre su regazo, poniéndose de rodillas.
40 ―¿Qué tipo de juego? ―murmuró él. Ella seguía moviéndose y deslizándose,
moviéndose como seda contra su cuerpo, hasta que estuvo arrodillada a su lado.
―No puedes decir una palabra ―dijo suavemente, moviéndose para estar presionada
contra su espalda.
―¿O qué?
―O gano, y todo se termina. ―Se rio entre dientes, soltando su corbata y arrastrándola
sobre su cabeza.
―No me parece un juego muy divertido ―señaló, dejando que tirase de él. Ella lo
obligó a recostarse mientras se movía hacia su lado.
―Créeme, lo haré divertido ―le aseguró, y sintió sus manos en la hebilla de su
cinturón.
―Tú dices eso. De alguna manera lo dudo ―la desafió. Ella resopló y le bajó el
pantalón.
―Al final de la noche, me estarás adorando. El juego comienza ahora ―dijo.
―Espera, yo nunca...
Sus dientes rozaron la parte inferior de su pene, y Jameson se atragantó con el aire.
Ella se rio entre dientes, un sonido condescendiente que hizo que quisiera tirar de su cabello
y decirle quién estaba a cargo. Pero odiaba perder. Así que se tragó su gemido y cerró los
ojos, deleitándose en la sensación de sus labios trabajando hacia la base de su pene.
Esta mujer será mi muerte.
Por supuesto, eso no era nada nuevo. Jameson había dormido con muchas mujeres en
su tiempo, y ninguna de ellas se comparaba con Tate. Ella siempre lo mantenía con ganas de
más. Nunca era más que suficiente, lo que realmente decía algo, considerando las locuras que
había hecho en el pasado. Las locuras que se habían convertido en algo estándar para él. Casi
aburrido, incluso...

―¿... está listo todo el papeleo? ―preguntó Jameson, caminando por un amplio pasillo
mientras trataba de comerse un perrito caliente. Almorzando en el camino.
―Todo está listo. ¿Hay alguna razón por la que sigas preguntando? ―respondió Sanders,
hojeando algunas páginas en una carpeta que llevaba. Jameson lo miró.
―Actitud. Me gusta. Solo estoy comprobando, esa estúpida fiesta de mierda es mañana,
y sé que Dunn no ha hecho nada para prepararla. Qué error, asociarse con ese tipo ―masculló
Jameson, tomando otro bocado de su comida.
―Nunca entendí por qué aceptaste eso. La fiesta está lista, reservé el servicio de catering
y conduje hasta Boston ayer para ver el espacio de la oficina. Todo está listo. ¿Cuáles son los
planes para esta noche? ¿Cena? ―peguntó Sanders, cerrando la carpeta y colocando una
41 tableta encima.
―No, no hay cena ―dijo Jameson con la boca llena―. Iré a un Club. Si esta es mi última
noche en Nueva York por un tiempo, voy a hacer que cuente.
―Un enfoque muy adulto, estoy seguro.
―Cuidado. No me gusta mucho esa actitud.
―¿Algún club en particular? ―Sanders lo ignoró.
―Lo resolveré. Pero no quiero quedarme en casa, puedes hacer que los de la mudanza
comiencen a empaquetar el resto de la mierda. Nos quedaremos en el Waldorf ―le informó
Jameson.
―Está bien, reservaré una suite.
Un hombre dobló una esquina y Jameson fue a su lado, pero lo obligó a volverse hacia
Sanders. El tropiezo fue suficiente para sacar todo el material de las manos de Sanders. El
hombre más joven fulminó con la mirada a Jameson, movió sus ojos hacia el desastre en el piso,
luego volvió a subir. Jameson levantó sus manos, tratando de no reírse. Sanders odiaba los
desastres.
―Lo tengo, lo tengo, no te preocupes, pequeña linda ―bromeó Jameson, y luego se inclinó
para recoger el desastre. cabeza
No tenía muchas ganas de vivir en Boston. Él no era necesariamente un fanático de Bean
Town. Pero era dueño de una casa allí, y Dunn era un viejo amigo que había estado buscando
ayuda. Jameson tenía dinero más que suficiente para arrojar, y la vida se había estancado
bastante, así que pensó que tal vez sería divertido. Podía trabajar con sus clientes desde
cualquier lugar del mundo, la ubicación no importaba. Y Nueva York siempre estaba a una
distancia segura, así que no podría ser tan malo.
Regresaré a vivir aquí antes de Año Nuevo.
Jameson salió solo. No tuvo problemas para hacer las cosas por él mismo, porque no era
solo ridículamente feliz con su propia compañía, sino que ser rico y atractivo tenía múltiples
ventajas, rara vez terminaba una noche solo.
Y esa noche terminó con el doble de diversión.
A la mañana siguiente, Jameson fue despertado por un rayo de luz solar que ardía en sus
párpados. Gimió e intentó levantar un brazo para bloquearlo, pero algo estaba encima de él.
Finalmente abrió los ojos. Una mujer estaba sobre su brazo, manteniéndolo entre el colchón y
sus pechos. No podía sentir la punta de sus dedos. Miró su pecho y otra mujer se extendió sobre
él.
―¿Qué hora malditamente es? ―gritó él, liberando su brazo.
―Justo después de las siete de la mañana, señor. Si queremos llegar a Boston a tiempo
para estar listos y preparados para el evento, debemos irnos pronto.
La voz de Sanders era suave, y Jameson miró alrededor hasta que encontró al hombre
joven. Estaba de pie frente a las ventanas, abriendo otra serie de cortinas.
―Sí, bien, sácalas de aquí. Tengo un dolor de cabeza del tamaño de Bélgica ―se quejó
42 Jameson, apartando a la otra mujer antes de salir gateando de la cama.
Se metió en el baño, poniéndose un calzoncillo a medida que avanzaba. Bostezó y se pasó
la mano por el cabello, frunciendo el ceño ante su reflejo. Parecía tener una gran resaca, con
suerte él mejoraría antes de la noche. Él no quería lucir de esa manera frente a clientes
potenciales. Se encogió de hombros y se metió un cepillo de dientes en la boca mientras
encendía el agua. Estaba abriendo la pasta dental gratuita cuando oyó fuertes voces en la
habitación contigua. Cerró el agua y escuchó. Cuando una de las chicas comenzó a gritar, volvió
a la habitación.
Casi se rio. Sanders estaba tratando de acorralar a las mujeres hacia la puerta principal
de la suite. Una mujer estaba bien, bostezando y tirando de un par de botas hasta la rodilla.
Pero la otra mujer, la que había estado durmiendo en su brazo, si Jameson no se había
equivocado, no estaba aceptando amablemente que la echaran. Ella gritó y discutió con
Sanders, exigiendo saber quién era y por qué tenía que irse. Sin embargo, cuando empujó a
Sanders, eso fue demasiado lejos. Jameson arrojó su cepillo de dientes al fregadero y atravesó
la suite.
―¡Ahí estás ―gritó la chica―. Dile a este tonto que yo…
A Jameson no le importó. La agarró por el brazo, abrió la puerta de entrada y
prácticamente la arrojó al pasillo. Ella gritó y tropezó contra una pared. La otra chica, Jameson
no podía recordar ninguno de sus nombres, se fue por su propia cuenta. Mientras se ponía la
chaqueta, le guiñó un ojo.
―Llámame.
Luego se fue por el pasillo. Él sonrió y cerró la puerta de golpe.
―Y así es como lidias con ellas ―indicó Jameson, volviéndose hacia Sanders.
―Perdóneme, pero no tocaría a esas mujeres, aunque me pagaras. ―Fue la respuesta del
asistente. Jameson se rio y revolvió su cabello.
―Qué princesa. Vamos, empaca mi ropa y vámonos de aquí.
Para cuando subieron al auto, Jameson no se sentía tan mal. Los cuatro Tylenol extra
que tomó ayudaron, y cuando llegaron a Boston, cuatro horas más tarde, casi se sintió normal.
Pero su humor era otra cosa. De alguna manera, Sanders había conseguido que se perdieran.
―No, no, tú hiciste que nos perdiéramos ―respondió Sanders mientras giraba por otra
calle.
―¡¿Cómo diablos nos perdimos?! ¡Estoy en el asiento trasero! ―espetó Jameson.
―Me seguías diciendo cuándo y dónde girar. Le he dicho en repetidas ocasiones que no
aprecio que me digan a donde ir desde el asiento trasero ―le recordó Sanders.
―Cállate y sácanos de aquí. ¿Dónde estamos? Siento que vamos a recibir un disparo
―refunfuñó Jameson, mirando por la ventana.
Estaban en un barrio de mierda, en una parte de Boston a la que él nunca había ido, una
parte que nunca había querido visitar. Su padre era originario del área de Boston, por lo que
Jameson había pasado mucho tiempo allí cuando era niño, pero no había regresado mucho
como adulto. Y ciertamente nunca al maldito gueto, donde parecía estar ahora.
43 Miró por la ventana, observando mientras pasaban negocios y licorerías cerradas. Abrió
la boca para decirle a Sanders que condujera más rápido, pero luego fue atrapado con la
guardia baja. Pasaban por una especie de restaurante y disminuían la velocidad por el tráfico.
Pero eso no fue lo que llamó su atención.
Dos mujeres estaban comiendo afuera en un banco de picnic. O más correctamente,
sobre un banco de picnic, colocado en la mesa. Mientras el auto esperaba en un semáforo,
Jameson vio cómo las chicas saltaban de la mesa. Una estiró sus brazos sobre su cabeza, riendo
mientras lo hacía. Llevaba unos grandes lentes de aviador con cristal de espejo que ocultaban
la mitad de su rostro, pero tenía una gran sonrisa y un cuerpo aún mejor. Llevaba un ajustado
pantalón de cuero y una camiseta sin mangas blanca que dejaba poco a la imaginación. Él no
la reconoció en absoluto, lo cual tenía sentido, no conocía a nadie en Boston. Pero había algo
acerca de ella que era familiar. Algo…
―Sanders ―bramó Jameson cuando el auto comenzó a avanzar. Vio como la mujer sexy
se ponía una chaqueta―. Sanders, da vuelta el auto.
―Señor, creo que la salida por autopista está por delante, puedo tener...
―Da la vuelta al maldito auto.
Sanders hizo lo que le dijeron, pero tardó un poco en encontrar un lugar, y cuando
volvían a pasar por el restaurante, las dos mujeres caminaban por la calle. La que había
captado la atención de Jameson estaba haciendo una especie de galope tonto, haciendo reír a
su amiga. Luego ambas chicas se metieron en un VW de mierda y él ya no pudo verla.
―Qué extraño ―murmuró, tratando de mirar dentro de su auto mientras pasaban. Él no
podía ver nada.
―¿Las reconoció, señor? ―preguntó Sanders. Jameson se recostó en su asiento,
frunciendo el ceño.
―No. No, en absoluto.

44
~6~
Una cosa que Tate había aprendido sobre Jameson era que estaba obsesionado con el
dinero. Casi tanto como estaba obsesionado con el sexo. Ni siquiera era necesariamente
porque quería ser rico, simplemente no podía quedarse quieto cuando podía obtener dinero,
se podía llegar a un acuerdo, algo por hacer. Ni siquiera tenía que estar ganando dinero para
sí mismo, por lo que no tenía que seguir trabajando. Jameson tenía suficiente dinero para
retirarse por varias vidas. En su mayoría, siguió trabajando para ayudar a otras personas a
ganar dinero. Era solo una segunda naturaleza para él.
Así que, por supuesto, encontró una forma de ganar dinero en Hong Kong.
―Prometiste no dejarme sola, ¿recuerdas? ―señaló Tate mientras caminaban por la
calle.
―Y no lo he hecho, me gustaría que lo vieras. Traje a tu mejor amigo aquí. Creo que
podría tener un día para mí mismo para trabajar ―contestó Jameson. Tate frunció el ceño,
pero no discutió. Ella se apoyó en su costado, rodeándolo con los brazos.
―Está bieeeen. Simplemente no entiendo. Si tienes tiempo para negociar, ¿no tienes
tiempo de viajar a Singapur para visitar a tu abogado? ―cuestionó.
―Tate.
―¿Sí?
―Cállate. Veré a mi abogado cuando quiera ver a mi abogado.
―Está bieeeen.
―Mira. Intento invertir en esta propiedad. ¿Qué tal si hacemos una fiesta? Te gustan
las fiestas ―sugirió Jameson. Tate notó un soborno y lo soltó.
―Me gustan mi tipo de fiestas, no las tuyas. Está bien, de verdad, haz tu trato, gana tu
dinero. Voy a pasar todo el día con Ang. Tooodo el díaaa, solooos. Con Ang. Solo. Ang. Y yo.
Solos ―lo provocó.
45 ―Juro por todo lo que es sagrado, si descubro que hiciste algo inapropiado, lo haré...
― comenzó a amenazar Jameson.
―Sabes que hablar así me excita ―señaló. Jameson apretó los labios con fuerza, pero
no dijo nada más.
Se detuvieron frente a un gran edificio. Hizo una llamada telefónica mientras Tate le
daba un golpe a Sanders, haciéndolo moverse. Finalmente, Jameson le dio un beso de
despedida y los dejó solos.
―¿Qué deberíamos hacer? ―preguntó Sanders. Tate le dio una sonrisa de lobo.
―Todo lo que queramos ―respondió con voz ronca. Él se sonrojó y miró hacia otro
lado.
―Por favor, no me hagas sentir incómodo.
Ella se rio y lo abrazó, guiándolo hacia la calle.
―No soñaría con eso. Vamos a buscar a Ang e ir a meternos en problemas ―sugirió.
―Pensándolo bien, por favor, siéntete libre de hacerme sentir incómodo.
El cambio de horario había afectado a Ang durante unas sólidas doce horas, pero
estaba levantado y listo para cuando llegaron al hotel. Tate se puso su traje de baño y luego
se marcharon en busca de una playa. Jameson podría trabajar en ganar dinero. Tate
trabajaría en su bronceado.
―Hace demasiado calor ―se quejó Ang, tumbándose sobre la arena, sin molestarse
siquiera en tomar una toalla.
―No es tan malo como pensé que sería ―comentó Tate, dejando caer la toalla y
extendiéndola.
―Porque Satanás lo mantiene como una sauna en tu casa. ¿Dónde está su pequeño
demonio, de todos modos? ―preguntó Ang, sentándose y mirando a su alrededor.
―¿Te puedes imaginar a Sanders en traje de baño? ―Tate se rio, estirando su toalla―.
Volverá dentro de un par de horas, estoy segura de que está haciendo travesuras propias.
―¿Siquiera sabe cómo deletrear travesuras? Sanders no sabría cómo meterse en
problemas ―resopló Ang.
―Eso es lo que tú crees.
―¿Qué?
―Nada.
Estuvieron en silencio por un tiempo. Tate se acomodó, absorbiendo el calor y la
humedad. Hong Kong se sentía como una sauna gigante para ella. Cuando estaban afuera, el
calor y la pesadez de todo eso hicieron que quisiera acurrucarse y tomar una siesta. Lo que
hizo, justo allí en la playa. Pero luego algo la despertó. Sintió algo contra su pierna.
―No me di cuenta que dejó tal cicatriz ―murmuró Ang.
Tate abrió los ojos. Ang todavía estaba sentado y miraba hacia abajo a sus piernas,
frunciendo el ceño. Deslizaba su dedo índice de arriba hacia abajo por una cicatriz que corría
46 paralela a lo largo del costado de su rodilla derecha. Realmente no era tan grande, tal vez
siete u ocho centímetros, y se había desvanecido durante todo el año.
―No es tan malo. Creo que es genial, me hace ver como alguien malo. Le digo a la gente
que la obtuve en una pelea con cuchillo ―bromeó Tate, doblando su rodilla. Ella había estado
en un desagradable accidente automovilístico el invierno pasado, quedó bastante golpeada.
El corte había requerido puntos, no era tan malo.
La pierna rota, sin embargo, había dolido.
―Me alegro de que no estuve allí, probablemente hubiera perdido los nervios
―comentó Ang.
―Dios, Jameson perdió los nervios lo suficiente por ti, por mí y por otras veinte
personas. Lo juro. Si alguna vez dudé del amor de ese hombre, ese accidente ciertamente lo
demostró. No sabía que pudiera enojarse ―mencionó Tate, sentándose y mirando la cicatriz
también. Ella había estado corriendo. El conductor no había estado prestando atención. Lo
siguiente que supo fue que se estaba despertando en la habitación de un hospital.
Jameson en realidad trató de golpear al conductor. Solo Sanders y dos oficiales de
policía lo habían detenido. Luego se quedó en su habitación, todo el tiempo que ella estuvo
en el hospital. No tomó una llamada telefónica, no vio ni un cliente. Durmió en las sillas hasta
que a ella le enyesaron la pierna, y luego durmió en la cama con ella. Completamente
envuelto alrededor, como si temiera dejarla ir.
―No puedo imaginarme a Satanás enojándose por algo ―rio Ang, sacudiéndose la
arena de la pierna.
―Te sorprenderías. Fue muy dulce. Estaba muy preocupado por mí ―murmuró Tate.
―Tal vez haya esperanza para él después de todo.
Tate se mordió el labio. Nunca le había contado a Ang la historia completa. Habían
estado visitando a Sanders cuando ocurrió el accidente, al otro lado del mundo. Había sido
un viaje sumamente jodido, aunque por suerte la mayor parte del drama no la había
involucrado, por una vez. No se sentía lista para compartirlo con él.
―Jameson me preguntó algo raro anoche ―Tate cambió de tema y bajó las piernas.
―¿Por qué no me sorprende eso?
―Me preguntó si alguna vez extraño dormir contigo. ¿No es extraño? Nunca me había
preguntado algo así antes ―comentó Tate.
―Se siente amenazado por mí. Bien. Me gusta ―bromeó Ang. Tate le arrojó un puñado
de arena.
―Cállate.
―¿Y qué dijiste? ―preguntó. Ella se encogió de hombros.
―Dije la verdad, que no. Quiero decir, pasamos momentos increíbles, Angie-wangy,
pero ahora amo mi vida ―aseguró con sinceridad. Ang asintió.
―Sí. La vida no es tan mala ―concordó, dejando que la arena le atravesara los dedos.

47 ―¿Entonces no te lo perdiste del todo? ―preguntó Tate, pero ella estaba sonriendo.
Ang resopló.
―Tater tot, ¿sabes lo que estaba haciendo antes de subirme al avión? Tener un
cuarteto con tres de las mejores ganadoras de AVN el año pasado. Te amo, follas como una
campeona, pero estoy bien ―le aseguró. Tate estalló en carcajadas y le arrojó más arena.
―Oh, caray, ¿qué pasó con el “Ya he tenido suficiente sexo”, Señor Cínico? Pffft,
teniendo cuartetos. Cansado de sexo, mi culo. ―Tate siguió arrojándole arena.
―Está bien, tal vez “cansado” fue una exageración. ¡Detente! ―gritó, empujando la
arena hacia ella.
―¿Cómo es que nunca tuvimos un cuarteto? ―exigió Tate, girando la cabeza hacia un
lado y arrojando arena a ciegas.
―¡Oye, lo intenté! ¿Recuerdas esa casa abierta a la que fuimos? ―le recordó Ang, y
luego un puñado de arena la golpeó en el pecho.
―¡Angier! ¡No iba a follar a una pareja al azar en una casa viéndonos! ¡Estuvimos allí
por la comida gratis! ―gritó Tate.
―Siempre fuiste demasiado mojigata para mí, gracias a Dios que Satanás vino
―bromeó.
Tate jadeó y se giró para mirarlo, solo para que le arrojaran arena en su boca abierta.
Mientras ella escupía y tosía, Ang la derribó al suelo. Rodaron en la arena, agitando sus
extremidades, esforzándose por meter la mayor cantidad posible de arena en la ropa del
otro.
―No puedo respirar. ―Tate arremetió mientras se cubría la cabeza con los brazos y
se sentaba a horcajadas sobre su cintura.
―¿Vas a ceder? ―le preguntó, sujetándole ambas muñecas con una mano mientras su
mano libre recogía más arena.
―Me rindo, me rindo, tú ganas, quítate encima de mí ―suplicó, moviendo las caderas.
―Hmmm, ahora que te tengo a mi disposición... ―murmuró Ang.
―Detente. ―Tate se rio.
―Toda esta charla sobre cuartetos me ha excitado mucho —indicó él.
―Por favor. No puedes manejarme, ahora soy mucho más rara que cuando solíamos
dormir juntos ―se burló.
―Me gustaría probar esa teoría.
―Pffft, qué lástima.
―Ejem.
Ambos levantaron la cabeza para ver a Sanders parado detrás de ellos.
―¡Ang está siendo un idiota! ―gimoteó Tate.
―¡Tate se está negando a acostarse conmigo! ―se quejó Ang también.
48 ―La parte de que eres un “idiota” lo creo ―comentó Sanders—. Sin embargo, que Tate
se niegue a acostarse con alguien es algo impactante.
Todos se rieron de eso, y Ang se quitó encima de ella. Después de sacudir la mayor
parte de la arena de sus trajes de baño, volvieron al auto. No se había dado cuenta de que
había dormido tanto, habían estado en la playa durante casi tres horas.
―¿Qué vamos a hacer para cenar? Me muero de hambre ―farfulló Tate, luchando por
ponerse una camiseta sin mangas por la cabeza.
―Jameson tiene algo planeado para ustedes dos. El Señor Hollingsworth y yo
cenaremos en nuestras habitaciones ―explicó Sanders.
―¡¿Qué?! ―exclamó Tate, asomando la cabeza por el agujero del cuello―. ¡Ang voló
miles de kilómetros para estar aquí, en un momento! Él vendrá a cenar con nosotros.
―Está bien, Tate, puedo simplemente... ―comenzó Ang.
―La reserva ya fue hecha, no se pueden cambiar. Lo siento mucho ―interrumpió
Sanders.
―Esto no tiene sentido. ¿Por qué Jameson lo trajo hasta aquí, solo para dejarlo afuera?
Cuando regresemos, le informaré al Gran Señor que Ang estará cenando con nosotros ―dijo
Tate.
―Jameson no está en el hotel.
―¿Qué?
―Él no está allí. Su cita llegó tarde. Te va a esperar en la cena.
Tate gimió.
Todo el tiempo que ella se estuvo preparando, no dejó de pensar en eso. ¿Por qué
invitar a Ang, pero luego no quererlo alrededor? Sabía que a Jameson no le gustaba, pero no
podía evitarlo todo el tiempo que estuvieron allí, sería ridículo. Pero como Ang había volado
la mitad del mundo, Tate decidió que podía dejarlo pasar. Por lo menos una noche.
Tate se puso un vestido ajustado de diseñador y se ocupó de su maquillaje. No dudaba
que estarían comiendo en un buen restaurante y quería estar a la altura de Jameson.
Ella se sorprendió cuando Sanders se detuvo frente al restaurante y Jameson estaba
esperando afuera. Él nunca la esperaba. Por lo general, cuando se encontraban para cenar,
ya estaba sentado y tomando su primer trago. O su comida, dependiendo cuan tarde llegara.
Pero allí estaba, caminando hacia la acera y abriendo la puerta.
―¿Qué estás haciendo? ―espetó Tate, mirándolo. Trató de recordar la última vez que
le había abierto una puerta.
―Siendo un caballero ―respondió, tendiéndole la mano.
Tate estalló en carcajadas.
―¿Incluso puedes deletrear esa palabra?
―Sal del maldito auto.
Tate tropezó un poco cuando él la sacó, todavía riendo. Se despidieron de Sanders y
49 luego entraron. Pero antes de que pudieran pasar la entrada, Jameson la detuvo.
―¿Qué? ¿Hay algo en mi vestido? ―preguntó Tate, mirándose a sí misma. Él la estaba
mirando de la manera más extraña.
―No. Te ves perfecta. Quería decírtelo antes de entrar ―dijo. Ella resopló y lo miró.
―¿Te sientes bien? ―Ella se rio, poniéndole una mano en la frente. Él la apartó.
―Sí. Solo... sabes que todo lo que hago por ti, lo hago por amor, ¿cierto? ―cuestionó.
El momento divertido había terminado.
―Está bien, ahora me estás asustando.
―Cállate ―espetó Jameson, luego puso una mano en su espalda, guiándola hacia
adelante―. Solo estoy tratando de advertirte. Esto es por tu propio bien. Algo que tenía que
suceder.
Tate fue a responder, fue a preguntarle qué demonios estaba pasando. Pero luego
doblaron una esquina y todo el aire abandonó su cuerpo. Dejó de moverse y él se presionó
contra ella desde atrás.
Santa. Puta. Mierda.
Tate no había visto ni hablado con sus padres en mucho tiempo. Antes de que Jameson
volviera a entrar en su vida, había pasado siete años sin hablar con su padre. Funcionó para
ella. A él no le gustaba ella. A ella no le gustaba él. Su madre era un punto discutible,
demasiado borracha o drogada como para importar. Era duro, pero era la verdad. No les
importaba, así que a Tate no le importaban.
Entonces, ¿qué diablos están haciendo aquí?
El anciano O'Sheas estaba sentado a una mesa, buscando aperitivos. Su padre parecía
mayor, más curtido. Se inclinó sobre su plato, mirando al restaurante. Su madre pasaba la
mirada por la habitación mientras sorbía un gran vaso de vino. Parecían completamente
fuera de lugar.
―No. No, no quiero hacer esto ―siseó Tate, tratando de retroceder. Jameson se
mantuvo firme y ella sintió sus manos descansar sobre sus hombros.
―No sabía que tenías opción.
―No estoy de broma, Jameson. No más juegos, ¿recuerdas? ―le recordó.
―Esto no es un juego. Esta es la vida, niña. Es hora de aguantar y lidiar con eso ―le
dijo. Ella jadeó.
―A la mierda con ese ruido, me voy de aquí. ―Intentó apartarse de él, pero la mantuvo
en su lugar.
―Liebe ―susurró, sus labios justo en su oreja. Ella se mantuvo quieta―. Solo haz esto.
Di lo que tengas que decir. Perdónalos. Diles que coman mierda y mueran. Lo que sea. Pero
sácalo y termina de una vez, ya no puedes tener esto sobre ti.
Tate tomó una profunda y temblorosa respiración. Él estaba en lo correcto. Por
supuesto él estaba en lo cierto, Jameson siempre tenía la razón. Bastardo. Ella se recostó
contra él.
50 ―¿Por qué? ―susurró.
―Porque me preocupo por ti, y ha sido suficiente.
No quería llorar cuando se enfrentara con su padre, así que se apartó de Jameson y
caminó por el piso. Estaba en la mesa antes de que sus padres se dieran cuenta de que estaba
en la habitación. Su padre logró ponerse de pie, aunque no sonrió. Pasó la mirada por su
cuerpo, y la desaprobación fue evidente en ella.
No importa. Eres lo suficientemente buena para Jameson, eso es todo lo que importa.
―Madre. Papá ―dijo Tate con voz clara. Jameson sacó su silla para poder sentarse y
luego se sentó también.
―Recibimos aperitivos mientras te esperábamos ―explicó Jameson, señalando algo
de comida que estaba sobre la mesa. El estómago de Tate se había convertido en un nudo
gigante y ella lo rechazó.
―¿Cómo estás querida? Ha pasado mucho tiempo ―canturreó su madre, una
difamación distinta a su voz.
―¿Así es? ―cuestionó Tate, mirando a la otra mujer.
―Lo admito, me sorprendió cuando lo escuché de Kane ―interrumpió su padre.
―Sí. Estuve un poco sorprendida, yo misma. ―Asintió Tate, desviando sus ojos a
Jameson. Él no parecía nervioso en absoluto. En realidad le guiñó un ojo.
―¿Cómo has estado? Estoy segura de que tu vida es fabulosa, me encantaría saber
todo al respecto ―dijo su madre.
―¿De verdad? Porque la última vez que hablamos, me recomendaste no estar con
Jameson, para evitar los sentimientos de Ellie. ―Tate le recordó.
Mejor ir al grano.
―Bueno, yo... tú eras... eso fue diferente, querida. Eso era en la casa, no nos dimos
cuenta de lo serios que se volverían ustedes dos —trató de explicar su madre.
―Oh, cuando me estoy acostando con él, no soy lo suficientemente buena. Pero ahora
que estamos “saliendo”, ¿está bien? ―aclaró Tate. Su madre realmente sonrió.
―¡Por supuesto! Ellie está tan feliz con su vida ahora, y Jameson es un hombre tan
encantador, lo has hecho muy bien, Tatum. Ustedes dos son una pareja muy hermosa ―le
aseguró su madre. Tate se rio de verdad, mirando a Jameson de nuevo.
―¿Es esto la vida real?
―Bueno, somos realmente apuestos.
Gracias a Dios apareció un camarero. Jameson ordenó automáticamente por Tate, y
por una vez, estaba agradecida por ello. Ella retorció una servilleta entre sus manos. Cuando
el material comenzó a rasgarse, Jameson se lo quitó.
―Entonces ―comenzó su padre de nuevo, una vez que les sirvieron la comida―, te he
visto en los medios.
―¿De verdad? No sabía que eras fan de TMZ ―comentó Tate, apuñalando una
51 zanahoria con el tenedor. No estaba segura de cuál había sido el plan de Jameson para cenar,
ninguna gran revelación había sido hecha. Sin ruptura o avance. Solo más de la misma
amargura.
―Es difícil de evitar cuando amigos y colegas constantemente me muestran imágenes
de mi hija haciendo el ridículo ―respondió su padre.
―Lo siento, ¿qué imágenes son esas? ―cuestionó, bajando sus cubiertos.
―Fotos tuyas en eventos, fuera de ridículos clubes nocturnos, actuando como una
idiota. ¿Cuándo vas a crecer? ―exigió.
―Tengo una pregunta. ―Tate trató de mantener su voz tranquila―. ¿Por qué soy la
que siempre hace el ridículo? ¿La idiota? Jameson también está en esas imágenes.
―¡Es completamente diferente! Él es... Kane es... ¡es totalmente diferente! ―exclamó
su padre.
―No, en realidad es un excelente punto. ¿Por qué está bien para mí estar en estas
imágenes escandalosas, pero no Tatum? ―preguntó Jameson, dejando caer su servilleta
sobre la mesa.
―¡Tú sabes de qué estoy hablando! ¡Eres un hombre, ella es una mujer! Es repugnante,
verla en Internet ―masculló el Señor O'Shea.
―¿De verdad? Nunca me canso de mirar a Tate, en persona o en internet ―comentó
Jameson, volviéndose hacia ella. Ella le sonrió.
―Sabes, papá ―suspiró Tate―. Creo que Jameson nos trajo a todos aquí esperando
algún tipo de solución, pero creo que estamos demasiado lejos para eso.
―Podría haberte dicho eso hace años.
Una cosa era que Tate se dijera a sí misma que nunca volvería a hablar con sus padres.
Era completamente diferente escucharlo de sus padres. Ella asintió y se secó los ojos, todavía
tratando de no llorar.
―Bien. Es bueno saberlo. Entonces quiero decirte algo ―dijo, su voz temblorosa.
Sintió la mano de Jameson de repente, descansando contra su pierna. Apretando.
―No te pongas histérica ―gimió su padre.
―¡Vamos a calmarnos y tomar un trago! ―sugirió su madre.
―Nunca me has gustado. Por qué tuviste un segundo hijo está más allá de mí. Siempre
me trataste como si fuera el segundo lugar. Como un pensamiento posterior. Nada de lo que
hice era lo suficientemente bueno para ti, y durante años, me castigué por eso. Pero ahora sé
que podría haber sido malditamente perfecta, y no hubiera sido lo suficientemente buena
para ti. Tengo un negocio exitoso y estoy saliendo con maldito Jameson Kane, ¡y todavía no
soy lo suficientemente buena! ―Tate comenzó a elevar la voz.
―No tengo que sentarme aquí y escuchar… ―farfulló el señor O’Shea.
―Oh, sí, malditamente lo harás. Si esto es realmente nosotros cortando lazos,
entonces voy a salir con un estallido. Vete a la mierda, papá. Nunca me conociste, y nunca lo
harás. Nunca sabrás las cosas increíbles que he hecho y que haré. Nunca serás invitado a
ningún aspecto de mi vida, y ciertamente nunca conocerás a ningún niño que pueda tener.
52 Estoy muy contenta de que hayas venido por nada. A la mierda los dos, y que tengan una vida
súper maravillosa ―espetó Tate, luego se levantó.
Su padre le gritó que se largara, pero Tate lo ignoró. Jameson gritó su nombre, pero
Tate lo ignoró también. Siguió caminando fuera del restaurante, tratando de ignorar todo lo
que la rodeaba.
Uno pensaría que después de todos estos años, ser huérfano no sería tan malo.
~7~
Tate había tenido razón. Cuando Jameson descubrió que los O'Shea estaban visitando
Tailandia, pensó que posiblemente era la oportunidad perfecta para una resolución entre
ella y su padre.
Al parecer, lo había pensado muy mal. Vio a Tate salir furiosa del restaurante, luego
suspiró y se apartó de la mesa.
—Sabes —comenzó él, sacando su billetera de su bolsillo—, nunca lo entendí. ¿Por
qué odias tanto a Tatum?
—¿Una mejor pregunta es por qué te gusta? Nunca me va a sacar un centavo, si ese es
tu objetivo, Kane —le advirtió Mathias O'Shea. Jameson soltó una carcajada antes de arrojar
algunos billetes sobre la mesa, suficiente como para cubrir sus comidas.
—Espero que sea una broma. Tate no era una doña nadie cuando me encontré con
ella en Boston, ni siquiera pensaste en ello. De todos modos, tengo más dinero que tú.
Lamento haberte arrastrado hasta aquí, esta fue una mala idea —dijo Jameson con un
suspiro.
—Podría haberte dicho eso, si me hubieras dicho cuál era tu intención. Vi esas
fotografías soeces. Ella haciéndole el corte de mangas a los fotógrafos. Asqueroso. Debes
tenerla bajo control —le informó Mathias.
—¿Me estás diciendo cómo manejar a Tate? —aclaró Jameson.
—¡Bueno, alguien debería manejarla! La chica necesita a alguien que pueda ponerla
en su lugar —dijo Mathias.
—Tate es absolutamente perfecta como es, tú eres quien necesita ser puesto en su
lugar. Desafortunadamente, simplemente no me importas lo suficiente como para hacerlo.
Te traje aquí para darle un cierre a Tate. Espero que lo haya logrado con ese arrebato. No te
veremos de nuevo —aseguró Jameson, y luego comenzó a alejarse.
53 —¿Estaba embarazada? —gritó Mathias. Jameson se congeló. Se volvió hacia ellos.
—¿Disculpa?
—Nunca he podido averiguar por qué te quedaste con ella. Entiendo la necesidad de
una amante, pero estar en una fiesta con una zorra de tu brazo es impropio. ¿Te quedaste
con ella porque la embarazaste? —exigió Mathias.
Jameson estaba furioso. Él podía llamar puta a Tate. Nadie más.
—Escúchame —dijo en voz baja mientras se inclinaba sobre la mesa—, nunca vuelvas
a hablar de ella de esa manera. Planeo estar con Tate por mucho tiempo, lo que significa que
voy a tener que lidiar con el daño que causaste. Lamento haber intentado hacer esto,
claramente eres una causa perdida.
—No tengo que tomar este abuso. Fui invitado aquí, ¡por ti! Pensé que querías que
metiese algo de sentido común sobre esa chica, pero claro, eso no es posible. Así que espero
que sean muy felices juntos, revolcándose en su sucia relación —barbotó Mathias.
Suficiente es suficiente.
—Voy a enterrarte. ¿Me escuchas? Besa todo lo que tienes y dile adiós. A esta hora
mañana, seré dueño de cada negocio, de cada acción, de cada participación que poseas.
Tendrás mucha suerte si te dejo mantener tu maldita casa. Y si te escucho decir algo
despectivo sobre Tate, una vez más, te la quitaré también. Nunca más tendrás que
preocuparte por ella, ya no es tu familia. Es mi familia ahora, y no eres digno de conocerla.
Jameson no esperó una respuesta, simplemente se alejó. Podía oír a Mathias farfullar,
podía oír a la señora O'Shea tratando de calmar a su marido. Ignoró todo y sacó su teléfono
móvil, llamando a Sanders para decirle que trajera el automóvil.
Encontró a Tate a la vuelta de la esquina. Estaba apoyada contra una pared, mirando
hacia la calle. Jameson se movió para pararse frente a ella, pero no lo miró.
—¿Estás enojado conmigo? —preguntó ella. Él soltó una carcajada.
—¿Por qué demonios estaría enojado contigo, Tate? ¿Por decir lo que piensas? Me
encanta cuando eres una perra —le recordó. Ella comenzó a reír también, pero luego vio las
lágrimas.
—Simplemente no lo entiendo —exclamó—. ¿Qué le hice? Nunca le hice nada. Solía
hacer todo lo que querían. ¿Cómo puedes odiar a alguien que ni siquiera conoces?
—Porque es miserable, niña, por eso quiere que todos a su alrededor sean miserables
—explicó Jameson. Ella sollozó y se secó el rostro.
—Bueno, hace un muy buen trabajo, porque me siento bastante malditamente
miserable. —Su voz finalmente se quebró al final, y las lágrimas no pudieron ser detenidas.
Jameson la abrazó.
—No digas eso. Me tienes. No lo necesitas a él. Lamento haber hecho esto —susurró,
frotándole la espalda con las manos.
—No es tu culpa. Yo solo... lo odio, Jameson. Real y verdaderamente, lo odio, y no
quiero. Ni siquiera quiero conocerlo. No quiero relacionarme con él —gritó, rodeándole la
cintura con los brazos.
54 —Está hecho. Dijiste lo que querías decir. Nunca tienes que volver a verlo.
—Lo juro por Dios —gimió ella, finalmente recuperando el aliento—, cambiaré mi
apellido cuando lleguemos a casa. Ya ni siquiera quiero ser un O'Shea. No quiero ese apellido.
No quiero esa conexión.
Jameson tomó una respiración profunda. Apoyó el rostro en su cabello.
—Suena bien para mí.
Tate se despertó en mitad de la noche para descubrir que estaba sola. Pensó en
levantarse y buscar a Jameson, pero estaba demasiado agotada. El encuentro con su familia
había sido agotador. Jameson la había llevado a la habitación, la desvistió y luego los metió a
los dos en la cama. Se quedó dormida con él envuelto alrededor de ella, cálida y cómoda.
Calculando que era mejor no saber qué nefastas hazañas estaba haciendo, Tate volvió
a dormirse.
Por la mañana, se despertó sintiéndose un poco refrescada. Nunca había tenido un
estallido así con su padre. Claro, se había enfrentado a él, esa vez que Jameson la había
llevado a su casa. Pero decir realmente cómo se sentía, decir todo lo que alguna vez había
querido decir, se sintió bien. Sintió que finalmente había cerrado un capítulo. Entonces,
cuando salió de la cama, casi saltó a la sala de estar.
—Pensé que ibas a dormir todo el día —comentó Jameson mientras comía tostadas
en la mesa del desayuno.
—Pensé en eso —respondió ella, besándolo en la mejilla antes de sentarse frente a él.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, sin apartar la mirada del periódico. Tate se encogió
de hombros y puso un poco de tocino de su plato.
—Sorprendentemente bueno —afirmó, metiéndose la comida en la boca—. Quiero
decir, anoche, como que quería vomitar. Pero ahora, es como… se ha ido. ¿Sabes?
—Bien. Me alegro.
—¿Dónde estuviste anoche? Me desperté y te habías ido —mencionó Tate, luego se
acercó y le robó una tostada.
—Tenía cosas que hacer.
—¿A las tres de la mañana?
Ella tomó otro pedazo de tocino.
—Hay todo un montón allí —señaló Jameson, finalmente apartando la mirada del
periódico—. ¿Por qué siempre tomas mi comida?
—Porque sabe mejor cuando te la robo —bromeó ella.
55 —Dios, casi te prefiero cuando estás deprimida y llorando.
—Cabrón.
—Siempre.
—Entonces, ¿dónde estuviste? —Tate lo intentó de nuevo, comiendo todo su tocino.
—Te lo dije, tenía algunos asuntos. En el lado de los Estados Unidos, de ahí la hora
temprana —respondió Jameson de forma críptica. Tate entrecerró los ojos y agarró un
tenedor, comenzó a picotear sus huevos revueltos.
—¿Qué tipo de negocio? —preguntó con sospecha. Algo en sus respuestas la puso
nerviosa. Él le ocultaba algo.
—Un mal asunto —respondió, luego se levantó. Tomó su plato y lo dejó frente a ella.
—Oh Dios. Solo dímelo ahora, ¿me venderás como esclava? —gimoteó Tate. Él se rio
entre dientes.
—No. Solo un poco de basura que debía ser atendida, Liebe. No hay nada de qué
preocuparse —le aseguró, luego la besó en la cabeza antes de ir a la habitación.
Hmmm. Aún no confío en él.
Tate terminó el desayuno y estaba completamente preparada para violarlo en la
ducha, pero se le informó que tenía que prepararse. Se encontrarían con un conocido suyo
para el tenis de dobles. Tenis. Tate realmente se rio.
—¿Es una broma?
—No. Dile a Angier que necesita estar listo en una hora.
—Angier ni siquiera sabrá qué extremo de la raqueta sostener.
—Lo bueno es que está en tu equipo, entonces.
Tate no había jugado al tenis desde la secundaria. Ang nunca había jugado tenis.
Cuando lo despertó y le dijo lo que harían, la miró como si estuviera loca, pero le prometió
que sería divertido. Usaría su pantalón corto de Serena Williams, por lo que al menos su vista
sería agradable durante el juego.
—¿A Jameson le gusta el tenis? —preguntó Ang mientras ella le llevaba café a la cama.
—Nunca lo había visto jugar tenis —respondió ella.
Tomó un poco de persuasión, pero finalmente Ang se levantó de la cama y se puso un
pantalón corto y una camiseta. Tate le alborotó el cabello y él la llevó a caballito hasta su
suite. Jameson estaba esperando adentro, también con un pantalón corto y una camiseta, con
una gorra negra sobre los ojos. Los miró mientras caminaban por la habitación, pero no dijo
nada. Tate se cambió a su equipo, luego salieron.
—Entonces, ¿por qué jugaremos tenis? —preguntó ella, una vez que estuvieron en el
auto. Ella y Ang se sentaron en la parte posterior, mientras Jameson se quedó delante con
Sanders.
—Me encontré con una vieja amiga mía. Nos invitó a jugar, pensé que sería divertido
—fue su respuesta.
56 Ooohhh, esta “conocida” es femenina, ahora lo entiendo.
—¿“Ella” es ardiente? —indagó Tate.
—Extremadamente.
—Puaj. Sandy, —ella decidió cambiar el tema—, ¿juegas al tenis?
—No si puedo evitarlo.
—¿Vas a jugar con nosotros hoy?
—Dios, no.
Se detuvieron en un elegante complejo y entraron. Sanders desapareció en el salón
mientras Jameson guiaba al resto a las pistas de tenis. Tate se estaba riendo de una historia
que Ang estaba contando cuando alguien le llamó la atención.
Había una mujer a un par de metros de ellos. Era ridículamente alta, probablemente
de metro setenta y cinco, o metro ochenta, en zapatillas planas. Llevaba una falda de tenis
blanca plisada, tan corta que casi carecía de sentido, y una camiseta blanca sin mangas. Su
brillante cabello negro había sido peinado hacia atrás en una apretada cola de caballo, y
llevaba visera blanca. Todo el blanco desataba su profundo bronceado a la perfección. Pero
eso no le molestó a Tate.
No, la forma en que la mujer estaba sobre Jameson y besaba fuertemente su mejilla,
eso molestaba a Tate.
—Angier, Tatum, esta es Isadora. —Jameson presentó a la mujer, mientras se alejaba
de ella. Tate sonrió.
Buen chico.
—¡Ah, hola, estoy tan contenta de finalmente conocerte! —dijo la mujer con fuerte
acento. Tate no podía ubicarlo, casi sonaba español, pero no del todo. La voz de la mujer
también era gruesa y pesada, proveniente de la parte posterior de su garganta.
—Oh, gracias, un placer conocerte también. Gracias por invitarnos —contestó Tate
rápidamente, moviéndose para estrechar la mano de Isadora. La otra mujer la ignoró y se
inclinó, besando fuertemente a Tate en la mejilla. Tate tuvo la extraña sensación de que la
estaban golpeando.
—Pero, por supuesto, tenía que hacerlo. Tenía que conocer a la mujer que domesticó
a nuestro feroz Kane. —Isadora se rio, inclinándose sobre Jameson y presionando una mano
en su pecho.
¿Qué diablos está pasando? ¿Está tratando de orquestar un trío? No me acostaré con
esta jirafa.
—Sí, bueno, él es tan... —Tate luchó por mantener su sonrisa—, feroz, supongo.
¿Cómo se conocieron?
—¿No te lo dijo? —Isadora se rio, un sonido casi musical, octavas que descendían de
la escala. Tate y Ang se miraron el uno al otro. Parecía tan confundido como Tate se sentía.
—No me di cuenta de que era necesaria una conversación para jugar al tenis —espetó
Jameson, y luego se alejó de ellos.
—Ah. Veo que aún no lo has domesticado —bromeó Isadora, guiñándole un ojo a Tate.
57
No aprecio todo este guiño, risa y respiración. No de alguien tan lindo.
—¿Ustedes dos salían? —preguntó Tate, aunque estaba bastante segura de que ya
sabía la respuesta.
—Sí. Parece que fue hace mucho tiempo. —Isadora suspiró, mirando anhelante a
Jameson—. Tiene una casa de vacaciones en Río, de ahí soy. Soy cantante. Fue un torbellino,
solo un mes más o menos, pero Kane deja una impresión duradera, ¿no?
—Ciertamente deja algo, eso es seguro —concordó Tate.
Finalmente siguieron a Jameson, a una pista que Isadora había reservado para todos.
Tate casi empujó a Ang hacia la brasileña demasiado sexuada, y luego arrinconó a Jameson
en un banco. Estaba descubriendo su raqueta y balanceándola en el aire.
—De acuerdo, acabemos con eso para poder jugar —dijo él con un suspiro,
obviamente listo para su indignación.
—Me invitaste a jugar al tenis con una mujer con la que solías tener sexo. Con una
mujer que claramente aún quiere tener sexo contigo —planteó Tate.
—Para ser justos, ella también quiere acostarse contigo —la corrigió Jameson.
—Oh, discúlpame, eso cambia totalmente las cosas. Sostén mi pantalón corto
mientras inicio un sesenta y nueve.
—No hagas promesas que no cumplirás.
—¿Por qué no me lo dijiste? Me gusta estar mentalmente preparada cuando tengo que
interactuar con una de tus fans —masculló Tate, sacando también su raqueta.
—Oye, tengo que interactuar con Angier todo el tiempo. Podrás aguantarla durante
una hora, cariño —señaló Jameson. Ella bufó.
—Eso es una hora demasiado larga.
—De hecho, lo hice por él —indicó Jameson, su voz tranquila y confidencial.
—¿Eh?
—Ella está sola aquí. Desesperada. Y sé que Angier tendrá sexo con cualquier cosa con
pulso. Parecía un ganar-ganar —explicó.
—Tan lindo —dijo Tate, incapaz de mantener el sarcasmo fuera de su voz. Él golpeó
la raqueta contra su trasero, haciéndola gritar.
—No me hagas enojar. Jugaremos, coquetearemos, tomaremos bebidas y, con un poco
de suerte, podremos terminar el día teniendo sexo —le dijo Jameson.
—Suena casi divertido, cuando lo pones de esa manera.
La brasileña miró de forma sexy a Ang por un momento, pero era obvio que Jameson
era su objetivo final. Cuando todos tomaron sus lados de la cancha, Tate miró con ira
mientras la otra mujer coqueteaba y tocaba a Jameson. Se inclinaba contra él. Respiraba
sobre él.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —cuestionó Ang en voz baja.
—Esa chica quiere tener sexo con Jameson. Él está tratando de juntarla contigo. Sé
58 sexy —informó Tate.
—Perra, nací sexy.
Tate tuvo que estar de acuerdo. Ang llevaba un par de Ray Bans de aspecto antiguo, y
su cabello estaba recortado a los lados, pero largo y salvaje en la parte superior. Había un
toque de James Dean, algo de 1950. Su sonrisa de chico malo estaba firmemente en su lugar,
y aunque Isadora se estaba concentrando en Jameson, echó un par de miradas coquetas en
dirección de Ang.
—Bueno, un poco más sexy, consigue su atención. No quiero pasar el resto del día
tratando de quitarla a Jameson la idea de una orgía —siseó Tate.
—¡¿Podríamos terminar con una orgía?!
—Angier, no me hagas servir la pelota en la parte posterior de tu cabeza.
Tate estaba oxidada, el tenis nunca había sido su deporte. Podría pegarle a la pelota y
lanzarla hacia adelante, pero no era genial. Ang no podía jugar una mierda, era cómico verlo
subir y bajar por la cancha. Ambos se rieron mucho, se derrumbaron en risas lo suficiente
para ganarse un chasquido de Jameson.
Isadora jugó el juego bella y elegantemente, como Tate sabía que haría, y por supuesto
Jameson era bueno. Si había algo en lo que Jameson no era bueno, simplemente no lo hacía,
por lo que Tate había pensado que le iría bien en el tenis. Junto con la bomba brasileña,
dominaron el juego. Tate no podía entender por qué no cambiaban, colocando a un jugador
malo con uno bueno, al menos para igualar las probabilidades.
Pero rápidamente se hizo evidente que Isadora no quería igualar las probabilidades.
Murmuraba en la oreja de Jameson, moviendo su trasero en su rostro. Tate se pasó la mitad
del juego haciendo muecas de vampiro hacia él, lo que le valió sonrisas de lobo que se
alimentaban del coqueteo.
—No creo que le interese mi sexy —le informó Ang a Tate, mirando por encima de
sus lentes mientras Isadora se doblaba directamente por la cintura, manteniendo las rodillas
bloqueadas mientras se ataba los cordones de los zapatos. Jameson estaba situado
directamente detrás de ella, agitando su raqueta hacia ellos.
Tate le hizo un corte de mangas.
—Sí, no estamos aquí para jugar al tenis. Nos invitó aquí para volverse amigos de sexo
—masculló Tate.
—No sería del todo malo. Ella es un poco atractiva —señaló Ang. Tate resopló.
—No vine todo el camino a Hong Kong para tener una orgía con la ex novia de
Jameson.
—¿Ese tipo de cosas suceden mucho?
—Sí. Fuimos a la gala Met el otoño pasado, y Dios, qué pesadilla. Estaba esta modelo,
una cosa rubia joven con la que Jameson se había acostado hace un millón de años. Lo siguió
toda la noche. No quiero volver a pasar por eso —le dijo Tate.
—¿Qué harás al respecto? —preguntó Ang.
59 —Prostituirte.
Antes de que pudiera discutir, Tate corrió hacia la red, recogiendo la pelota a medida
que avanzaba.
—Oh, gracias, Tatum. —Isadora se deshizo en su acento de jarabe, corriendo hacia la
red también.
—No hay problema. Digamos que Ang nunca ha estado en Hong Kong antes, deberías
mostrárselo por completo después de esto —espetó Tate, sin siquiera intentar ser sutil.
—¿De verdad? Esperaba alcanzar a Kane un poco más. Muy poca oportunidad de
hablar durante el juego. Estaría muy contenta de hacerle compañía mientras le muestras a
Angier los sitios —ofreció Isadora.
Hmmm, no soy la única que carece de sutileza.
—Mira, tengo planes con Jameson —mintió Tate. No había ningún plan establecido,
pero pensó que no los necesitaba. Era su novio. Si decía que estaba ocupado, entonces estaba
malditamente ocupado.
—¡Sí, por supuesto! ¡La fiesta! —exclamó Isadora. Tate parpadeó sorprendida.
—¿Qué?
—¡La fiesta! Kane me lo contó todo, ¡muchas gracias por invitarme!
—¿Vamos a jugar o a charlar todo el día? —gritó Jameson desde la línea de fondo. Tate
se hizo a un lado.
—¡Tu encantadora compañera me estaba diciendo todo sobre nuestra fiesta! —
exclamó Tate, protegiéndose los ojos con la mano. Sus propios ojos estaban ocultos por el
pico de su sombrero, pero el conjunto de su mandíbula era ominoso. Él no estaba feliz.
—Mi compañera debería aprender a mantener la boca cerrada. Vamos a terminar este
juego —contestó.
—Oh, terminaré este juego, está bien —refunfuñó Tate, alejándose pisando fuerte.
—¿Sucede algo? —cuestionó Ang, acercándose a ella. Tate se inclinó hacia él,
presionando su rostro contra su pecho y dejando escapar un grito de burla.
—¿Qué demonios está pasando? —Suspiró, girando la cabeza a un lado y apoyando
todo su peso contra él—. Primero la cena con mis padres. Entonces el jodido tenis. ¿Ahora
una fiesta? Jameson odia las fiestas, odia cualquier tipo de actividad física que no sea sexo, y
odia a mis padres.
—Tal vez esté tratando de pasar página —sugirió Ang, pero podía sentir que
intentaba no reírse.
—¡Cuando hayan terminado de restregarse, a algunos de nosotros nos gustaría seguir
jugando!
Tate lo fulminó con la mirada mientras la voz de Jameson cruzaba la cancha. Oh,
entonces podría dejar que una bomba brasileña le frotara el trasero por toda la entrepierna,
¡¿pero Tate no podía abrazar a Ang?! Oh, estaba enojada. Taaaaan enojada.

60 —Ang, ¿podrías hacerme un favor? —comenzó Tate, acariciándole los costados.


—¿Hmmm?
—Solo ve y haz todo lo que haga.
—¿Eh?
Tate lo ignoró y se quitó el top. No estaba siendo escandalosa, estaba usando un sostén
deportivo: había muchas mujeres corriendo por las canchas con lo mismo. No, eso no era
suficiente para obtener la reacción que quería. Pero al darse la vuelta y volver a presionarse
contra el frente de Ang y hacer un estiramiento del dedo del pie, estaba bastante segura de
que eso inspiraría una respuesta.
—¿Parece molesto? —preguntó Tate, sin siquiera intentar ocultar su sonrisa mientras
fingía estirarse de una pierna a la otra.
—Asesino. ¿Estamos tratando de enojarlo? —cuestionó Ang.
—Solo pasando un buen rato, meterme con él. Me hizo sudar con todos sus coqueteos,
ahora es su turno. —Tate se rio.
—Entonces hagamos que cuente.
Ang la golpeó en el trasero, lo suficientemente fuerte como para hacer que cayera y
colocara sus manos sobre el piso.
—No estoy jodiendo, Tate. ¡Tienes dos segundos para noquearlo! —gritó Jameson.
—¡Ooohhh, se siente como un desafío para mí! ¡¿Juego!? —gritó ella, levantándose
lentamente y estirando los brazos sobre su cabeza.
—No me presiones, no ganarás.
—Pffft, siempre gano.
Tate se giró, enfrentando a Ang mientras estiraba los brazos hacia atrás, forzando su
pecho hacia afuera. Ang ni siquiera ocultó el hecho de que estaba mirando sus pechos.
—No estoy seguro de qué tipo de juego estás haciendo, pero debo ser honesto, me
gusta —bromeó. Tate resopló y bajó los brazos, rodeándole el cuello con ellos. Él apoyó sus
manos en sus caderas.
—¿Se ve enojado? —preguntó ella. Ang miró hacia atrás.
—Es difícil de decir. Siempre se ve enojado —señaló, caminando hacia atrás y
obligándola a seguirlo.
—Si se queda quieto, no está enojado —explicó Tate.
—Oh, entonces definitivamente está enojado.
—¿Se está moviendo?
—Está justo detrás de ti.
Antes de que Tate pudiera responder, fue agarrada del brazo y girada. Soltó un grito
cuando Jameson se inclinó hacia adelante, arrojándola sobre su hombro antes de
enderezarse. Ella se rio y se despidió de Ang mientras la sacaban de la cancha.
61 —¿Por qué siempre me presionas? —demandó Jameson, pateando la puerta de la
cerca y dirigiéndose hacia el edificio principal.
—Porque es muy divertido. —Tate soltó una risita y bufó, tratando de enderezarse.
—No me parece divertido —aseguró Jameson.
—Ciertamente encontraste a la señorita Brasil divertida —mencionó Tate.
—Los celos no son atractivos —le recordó.
—La señorita Brasil frotando su trasero en tu entrepierna no fue particularmente
atractivo, pero lo superé.
Él le dio una nalgada.
—Probablemente lo disfrutaste.
—Ni siquiera un poco.
—Bueno, yo lo disfruté, y eso es lo que cuenta.
—Jameson, bájame —lo instó Tate.
La dejó caer bruscamente y ella se tambaleó sobre sus pies, agarrándose de su brazo
para encontrar su equilibrio. Lo fulminó con la mirada.
—Iba a contarte acerca de la fiesta —comenzó él lentamente. Siempre había sido un
poco psíquico, ella había estado a punto de preguntárselo.
—¿Oh en serio? ¿Cuándo, justo después de que la gente empezase a aparecer? ¿Qué
fiesta, Jameson? —exigió Tate, cruzándose de brazos. Él suspiró.
—Ese trato de bienes raíces. Resulta que Isadora está tratando de entrar en la misma
propiedad del hotel. Todos pensaron que sería una buena idea tener una fiesta para
inversores, presentarlos a todos. Ofrecí la suite —dijo rápidamente.
—¡¿Por qué?! —gimió Tate—. ¿Por qué tenemos que tenerla en nuestra casa? ¡Y esta
noche! ¿Hay tanta prisa?
—Son las cartas que salieron, niña. Tengo que jugar con ellas —dijo Jameson. Tate
suspiró y se frotó la frente.
—Lo juro, no estoy siendo una perra, Jameson, pero después de lo de anoche,
simplemente no creo que tenga la energía para ver a pantalones sexys por ahí coqueteando
contigo toda la noche mientras socializo con un grupo de personas que no conozco y nunca
más volveré a ver —explicó. Jameson puso los ojos en blanco y la atrajo hacia sí.
—Cállate. Te verás sexy y encontrarás a alguien con quien coquetear —señaló,
guiándola hacia el salón.
—Odias cuando coqueteo con otros hombres.
—Coquetear está bien. Actuar como una puta es otra cosa. Eso hará que te nalguee.
—Promesas, promesas.
Tate se estaba riendo, por lo que no estaba realmente prestando atención a lo que
estaba pasando, estaban caminando más allá de la entrada principal, dirigiéndose hacia el
62 salón donde Sanders estaría esperando. Sin embargo, antes de que pudieran llegar, un
hombre se escabulló de las puertas de entrada y les bloqueó el camino.
—¡Kane! ¡Kane! ¡¿Qué estás haciendo en Hong Kong?! —gritó el tipo prácticamente en
sus rostros. Otros dos hombres aparecieron de la nada y de repente los flashes de las cámaras
la cegaron. Tate levantó la mano, bloqueando su rostro.
—Chicos, vamos, acabamos de jugar al tenis. Váyanse a la mierda —espetó Jameson,
moviéndose para que Tate se escondiera detrás de él.
—¿Qué puedes decirnos sobre el nuevo súper resort? —gritó uno de los otros tipos
de cámaras.
—Nada. ¡Seguridad! —exclamó Jameson, manteniendo un brazo alrededor de Tate
mientras intentaba dar un paso al lado de los paparazzi.
—¿Es cierto que se encontró con Mathias O'Shea anoche?
Eso llamó la atención de Tate. Normalmente nunca se molestaban con ella, solo lo
acosaban por cuestiones de negocios. ¿Por qué les importaría su padre?
—En serio, váyanse a la mierda.
—¿Es verdad que Kane Holdings acaba de sacar a O'Shea de su puesto en el tablero
de…
— ¡Cierra la puta boca, ahora!
—¡¿Y Kraven Brokerage se está moviendo para bloquear los intercambios que está
realizando la firma de O'Shea?!
¿De qué diablos están hablando?
—¡Tatum! ¡Tatum! —bramó el chico de la cámara número dos, agarrándola por el
hombro y girándola—. ¿Es cierto que tu padre cree que eres la prostituta personal de
Jameson?
—¡¿Qué?! —chilló Tate, tropezando hacia atrás.
Sin embargo, nunca recibió una respuesta. El puño de Jameson chocando con el rostro
del tipo casi los calló a todos.
Apuesto a que la prisión de Hong Kong no será muy divertida...

63
~8~
Al comienzo de su relación, si podía llamarse así, Jameson jugó mucho con Tate. Ella lo
había empezado todo, él solo había querido terminarlo.
Para uno de sus juegos, la había llevado a su casa para visitar a su familia lejana. No
resultó un juego muy divertido. Él pensó que el distanciamiento había sido solo eso, un grupo
de personas que se habían acostumbrado a no hablar entre ellos. Se juntarían, tomarían un
trago y luego volverían a ser igual que cualquier familia, todavía disfuncional, pero al menos
en la misma habitación.
Había estado muy equivocado. Jameson podía admitir cuando estaba equivocado,
simplemente no sucedía muy a menudo. Resultó que los problemas de los O'Shea eran mucho
más profundos que el hecho de que Tate se acostara con Jameson cuando tenía dieciocho. No,
había mucho más. La señora O'Shea tenía un serio problema con el alcohol y las medicinas
recetadas. Ellie guardaba rencor hasta el punto de ser casi delirante. Y Mathias O'Shea… bueno,
Jameson puede haber sido un sociópata, pero el señor O'Shea estaba más cerca de ser un
verdadero psicópata. Violento, malo, sin empatía. Muy extraño.
No era de extrañar que Ellie terminara en una relación abusiva. Si la vida de Tate
hubiera ido según lo planeado, probablemente se habría encontrado en una situación similar.
La familia que la había destrozado probablemente le había salvado la vida, de alguna manera.
Claro, la relación que Jameson y ella habían tenido en ese momento no había sido exactamente
normal, pero ella había sido una socia completamente funcional, completa con sus propias
opiniones y libre albedrío.
Hasta esas pequeñas vacaciones, su relación había sido muy informal. Claro, Jameson se
había dado cuenta de que Tate significaba más para él que solo sexo, pero no había
profundizado demasiado en ello. Supuso que simplemente seguiría su curso.
Salió de la ducha una mañana y descubrió que Tate había salido de su habitación. Lo
cual estaba bien, no le importaba demasiado lo que hiciera consigo misma. Acababa de sacar
la ropa de su equipaje cuando oyó gritos en la habitación de al lado. La habitación de Ellie y de
64 Robert.
Jameson no sabía por qué, pero había tenido un mal presentimiento. Se puso una
camiseta y un pantalón deportivo, suspiró y salió de su habitación. No había querido lidiar con
problemas familiares reales, no quería ser la persona que rompiera una pelea familiar. Pero
había escuchado la voz de Tate en la refriega y, como siempre, había despertado su curiosidad.
Cuando Jameson vio a Robert golpearla, y vio a Tate caer al suelo, la primera emoción
que sintió fue de sorpresa. Total conmoción, que alguien pudiera lastimar a Tate. La segunda
emoción fue rabia. Rabia pura. Ni siquiera lo había pensado, simplemente se estrelló contra la
puerta de la habitación e inmovilizó a Robert contra la pared.
Jameson sabía que Tate no era exactamente una flor delicada. Era una chica dura que
había pasado por cosas difíciles, por no mencionar el hecho de que probablemente había
experimentado un comportamiento más agresivo por parte del mismo Jameson, mientras
estaba en la cama. Pero en su mente, era completamente diferente. Se le permitía tocar a Tate
de esa manera porque era suya, porque era consensuado. Porque le pidió que lo hiciera. Porque
le gustaba que lo hiciera. Porque nunca, nunca, la lastimaría. A nadie más se le permitía tocarla
así, tratarla así.
Debería haberle arrancado la maldita cabeza.
Eso había marcado el cambio. Cuando Jameson miró hacia atrás a través de los años,
ese momento fue el verdadero definitorio. Fue entonces cuando supo que había algo diferente,
que era algo más. Con cualquier otra chica, habría terminado el viaje, terminado la relación.
Demasiado dramatismo. Jameson no tenía que ver con el drama, sino con el sexo. Pero por
Tatum, quiso arrastrar a Robert al polvo. Quería levantarla y alejarla de todo. Protegerla de su
horrible familia. Hacerle cosas malas en la cama, para poder olvidarse de las cosas malas de la
vida real.
Quería salvarla. Me tomó todos estos años resolverlo, pero incluso en aquel
entonces, quería ser su príncipe en un caballo blanco.

Tate suspiró y se apoyó contra la pared. Jameson estaba sonriendo y mezclándose en


la fiesta. Nadie pareció notar el vendaje rodeándole los nudillos. Cuando había golpeado al
fotógrafo, había cortado la cámara. Cortado su piel.
Por supuesto que no había ido a la cárcel. Los sobornos iban bastante lejos en Hong
Kong, y para el final de toda la prueba, los paparazzi fueron los que fueron llevados en un
auto de policía. Jameson envió un mensaje para avisarles a Ang e Isadora que necesitarían
encontrar su propio camino de regreso al hotel, luego llevó a Tate afuera. Sanders apareció
no mucho después, chasqueándole los dedos al valet.
—¿Por qué iba a decir eso? —Había preguntado Tate, inclinándose sobre la mano de
Jameson, tratando de juzgar si necesitaría puntos de sutura o no.
65 —Porque las personas son imbéciles. Tal vez lo piense dos veces antes de hacer
preguntas como esa otra vez.
—No deberías haberle pegado.
—Debería haberlo golpeado más fuerte.
—¿Qué era todo lo que decían sobre mi padre?
—Cosas de las que no tienes que preocuparte.
—Jameson…
—No me presiones sobre esto, Tate. No estoy de jodido humor.
Tate no lo había presionado sobre el asunto, pero tampoco quiso dejarlo pasar. Pero
después de que regresaron al hotel, no tuvo tiempo de presionarlo. Inmediatamente saltó a
la ducha para prepararse para su fiesta. Entonces Tate hizo lo mismo y eligió un atuendo.
Tomó una ducha también. Hizo que se viera tan bien como fuera posible.
Qué jodido desperdicio.
Tal como había predicho, no conocía a nadie, y tal como había predicho ella, tuvo que
ver a Isadora sobre Jameson. Tate no estaba celosa, per se, simplemente no apreciaba la
flagrante falta de respeto. Ang apareció y prometió distraer a la diosa brasileña. Pero antes
de que pudiera cruzar la habitación, se distrajo con una chica diferente.
Hombres. Qué montón de cabrones.
—¿Estás bien?
Tate sonrió cuando Sanders se movió para detenerse junto a ella.
De acuerdo, no todos los hombres.
—Estoy bien. Solo aburrida. ¿Cómo estás? Siento que no hemos llegado a pasar tiempo
juntos —comentó Tate, haciendo un mohín. Sanders se aclaró la garganta.
—Habrá tiempo más tarde, estoy seguro —respondió, ajustándose la corbata.
Hmmm, terriblemente temprano para temblar. Está nervioso.
—Sandy —comenzó Tate—, ¿hay algo en juego que deba saber?
—¿Por qué me preguntas eso?
—Por esta fiesta. La cena de anoche. Ang. Isadora.
—La fiesta se debe a la propiedad del complejo en la que está invirtiendo, el señor
Hollingsworth es para usted, la cena fue una cuestión de “lugar correcto momento
adecuado”, y la señora Silva resultó ser una inversionista en el mismo complejo. —Sanders
parloteó rápidamente. Tate se giró para enfrentarlo completamente.
—Una cosa que aprendí sobre ti: cuando realmente quiero saber el significado de una
acción, me das todos los puntos obvios. Pero sé que sabes lo que realmente estoy
preguntando —le gritó. Él tragó, no la miró a los ojos.
—Entonces la cuestión es por qué me sigues preguntando si sabes que siempre
responderé de esa manera —respondió.
—Me lo dirías, ¿verdad? ¿Si estuviera planeando algo malo? —cuestionó Tate en voz
66 baja. Finalmente, Sanders puso la mirada en la de ella.
—Por supuesto que sí —le aseguró, su tono muy serio. Ella sonrió, extendió la mano
y le apretó el brazo.
—¿Y qué se necesitará para convencerte de que te mudes a casa para siempre? Te
extraño —Decidió cambiar de tema.
—Y yo también te extraño. Pero sabes que no es tan simple —respondió. Ella bufó.
—Lo es. Hay un montón de...
—¡Sanders!
Jameson tenía una voz que podía transmitir cuando quería, así que no había duda de
quién estaba llamando. Sanders le dirigió una sonrisa tensa a Tate antes de cruzar la
habitación. Vio cómo Jameson se reía y le daba palmadas a Sanders en la espalda. Lo presentó
por todos lados.
Esto es tan jodidamente aburrido.
Tate gimió y se apartó de la pared. Una mirada a su reloj le dijo que eran solo las cinco
de la tarde. La fiesta continuaría por un tiempo, pero ya lo había superado. Se abrió paso
entre la gente, sonriéndoles cortésmente a todos. Cuando finalmente llegó al otro lado de la
habitación, se deslizó en el dormitorio, cerrando la puerta suavemente detrás de ella.
Su teléfono estaba en un extremo de la cómoda, enchufado y cargándose. Podía ver la
luz de notificación parpadeando, así que se dirigió hacia allí. Encendió la pantalla. Era de
Rusty, su antigua compañera de cuarto. Tate se rio mientras recorría las fotos de la otra chica
en una fiesta de despedida de soltera en Las Vegas. Tate había sido invitada a la misma fiesta,
pero la había rechazado porque pensó que estaría ocupada con el bar. Resultó que estaba
ocupada al otro lado del mundo.
Bueno, no estaba técnicamente ocupada.
Tate no sabía cuánto tiempo se enviaron mensajes de texto. El tiempo suficiente para
ponerse cómoda, inclinada sobre la cómoda y apoyar los codos sobre ella. Le contó a Rusty
todo sobre su propio viaje, sobre Jameson arrastrándola de un extraño incidente al siguiente.
Rusty y Jameson se habían encontrado varias veces, pero la otra mujer siempre había tenido
un poco de miedo de él. Entonces Tate le envió algunas fotos vergonzosas con la esperanza
de humanizarlo un poco.
—¿Qué estás haciendo?
Tate levantó la vista y vio a Jameson de pie en la puerta, su mano todavía agarraba la
perilla.
—Hablando con Rusty —explicó, volviendo a su teléfono.
—Hay una fiesta aquí, sabes — señaló. Ella asintió.
—Lo sé.
—Llena de gente.
—Sí.
—En persona, con quienes puedes hablar.
67 —Lo tengo.
—Tatum. Olvídate de tu teléfono y sal de aquí.
—No, gracias.
Oyó que se cerraba la puerta, y luego caminó hacia ella.
—No estaba preguntándotelo, Tate —le advirtió.
—Realmente no estoy de humor, Jameson. Lo juro. Celebra tu fiesta, yo voy a pasar el
rato aquí. Puedes despertarme cuando todos se vayan —ofreció Tate, finalmente mirándolo
nuevamente. Se había movido para apoyarse contra el tocador al lado de ella.
—Pensé que te gustaban las fiestas —murmuró. Ella se rio entre dientes.
—Me gusta mí tipo de fiestas. Esta es gente charlando, sonriendo e intentando
adivinar cuánto vale cada uno. Lo que nadie parece darse cuenta es que ninguno de ellos es
tan rico como tú, por lo que el resto no importa. Aburrido. Ni siquiera se dan cuenta si estoy
allí o no —le dijo.
—Yo me doy cuenta, y eso es todo lo que importa —la corrigió. Ella bufó.
—Estoy demasiado cansada para discutir contigo. Ve a tu fiesta, coquetea con tu
brasileña, terminará antes de que te des cuenta —le dijo. Él se movió para pararse detrás de
ella.
—Estoy sintiendo un poco de celos —respondió él, y luego sintió su mano en su
espalda. Lentamente deslizó sus dedos por su columna.
—No estoy celosa. Tal vez un poco molesta, pero no celosa.
Su mano siguió moviéndose, deslizándose sobre la tela de su ajustada falda lápiz,
alisando su trasero.
—Y actitud, siento mucha actitud. No me importa eso —indicó.
Su voz se estaba poniendo dura, la presión de su mano más pesada. Tate dejó de mirar
su teléfono y, sin volverse, trató de ver si podía verlo por el rabillo del ojo. Pero estaba
completamente fuera de su vista.
—No trato de ser amable. Solo te digo cómo me siento. Y no tengo ganas de festejar
—continuó ella, su voz baja.
—No me importa una mierda cómo te sientas.
—Suena como un problema personal.
La golpeó en el trasero y ella atrapó su labio inferior entre sus dientes.
Alguien definitivamente está de humor para jugar. No debo ser la única que encuentre
aburrida esta fiesta.
—¿Por qué no podrías venir a buscarme y pedirme que termine la fiesta? ¿Por qué
siempre te escondes? —exigió él, moviendo la mano adelante y atrás sobre su falda.
—Ah, claro, eso funcionaría —se burló, y luego se quedó sin aliento cuando la azotó
68 de nuevo.
—Ahí está esa actitud.
—Jameson —susurró ella.
—¿Hmmm?
—Tienes a cuarenta personas en la habitación contigua, todas aquí a petición tuya.
Tienes que volver —le indicó.
—¿Diciéndome qué hacer, Tate?
—No soñaría con eso, señor.
Azote.
—Actitud de mierda… Joder, Tate. Te vuelo por la mitad del mundo, y la mitad de las
veces todo lo que tengo a cambio es tu maldita actitud —siseó.
—Oh, vamos, es más como un tercio de…
Azote.
—Cállate la boca.
—Será mejor que estés dispuesto a terminar lo que comenzaste —dijo Tate jadeante.
De repente, su mano estaba sobre su espalda, empujándola hacia abajo. Sus brazos
salieron de debajo de ella y dejó caer su teléfono mientras estaba apoyada contra la cómoda.
Rusty, ¿quién?
—¿Qué mierda me dijiste? —Su voz era mortalmente suave. Sintió sus dedos rozar la
parte posterior de su muslo, apenas un toque. Entonces su falda se estaba moviendo. La
levantó y la colocó sobre su trasero, dejando que la tela se amontonara alrededor de sus
caderas.
—Tal vez cambié de opinión. Tal vez sí quiero volver a la fiesta —susurró ella,
mordiéndose una sonrisa.
—Demasiado tarde para eso, niña. Hiciste esto a propósito, sabes que estás me
encantan. —Jameson suspiró, y ella sintió que su dedo recorría el borde superior de sus
medias.
—No todo es por ti. Iban con el conjunto —respondió ella.
—¿La ropa interior no iba con tu atuendo? Porque no llevas nada.
—Bueno, no podría tener ninguna línea. Esa falda es realmente apretada. No quiero
ser hortera.
—Lo que quieres es que te follen.
Tate mantuvo la boca cerrada, tarareando suavemente mientras sus dedos subían y
bajaban por el interior de sus piernas. Permaneció en silencio hasta que sus dedos se
empujaron dentro de ella. Entonces jadeó.
—Jameson. Hay mucha gente por ahí —dijo jadeante, girando la cabeza a un lado,
tratando de verlo. Debido a su mano en su espalda, no podía levantarse del todo, así que no
podía ver nada. Era una especie de sensación extraña, ser tocada, pero no ver al que la tocaba.
69 Toda la diversión de tener los ojos vendados, sin la molesta venda de ojos.
—¿Eso te molesta? —cuestionó él, enganchando sus dedos dentro de ella. Ella se tragó
un gemido.
—No. Yo solo... sé cómo estás con gente nueva —susurró. La mano en su espalda se
movió a su cabello, tirando bruscamente.
—Por favor, Tate, ilumíname. ¿Cómo soy con “gente nueva”? —siseó Jameson,
obligándola a moverse hacia atrás.
—Te gusta poner buena cara. El desviado magnate normalmente no sale hasta más
tarde —explicó ella, y luego gritó cuando tiró lo suficientemente fuerte como para mirar
hacia arriba.
—¿“Desviado”? Y mantenlo bajo, no quiero arruinar la “buena cara” que he puesto
hasta ahora —indicó.
—No entré aquí para que me siguieras —espetó ella de repente. No estaba buscando
sexo, ni siquiera de Jameson.
—Lástima, porque lo hice. Deja de hablar —exclamó él. Ella gimió, moviendo una
mano hacia la que tenía en su cabello, tratando de soltar su agarre.
—No puedo parar, lo siento —respondió ella. Él apartó sus dedos y ella gimió por la
pérdida. Pero entonces estaba presionando contra ella, sujetando sus piernas contra el
tocador.
—Maldita sea, Tate. Dije que cerraras la boca. ¿Por qué nunca puedes escuchar? —
masculló.
—¿Por qué no puedes aprender que no me gusta escuchar? —Se las arregló para reír.
Él no respondió. Tate escuchó un cajón abrirse e intentó girar la cabeza para mirar,
pero la sostuvo firmemente en su lugar. Hubo un suave crujido, como si estuviera cavando a
través de algún tipo de tela, luego el cajón se cerró de golpe.
—Qué estás…
Tate no pudo terminar su pregunta, porque algo se le metió en la boca. Tardó un
segundo en descubrirlo. Su lengua estaba contra algo suave. Sensación casi genial. Suave.
Satín.
Simplemente empujó un par de bragas en mi boca.
—Nunca haces lo que te dicen, así que tendré que obligarte —le informó, y luego la
empujó hacia abajo de nuevo.
Sus manos no estaban unidas, no la estaba sosteniendo en su lugar. Ella podía sacar
la tela de su boca en cualquier momento. Pero no lo hizo. Tate presionó sus palmas contra el
tocador y gimió ruidosamente cuando sintió su polla presionando dentro de ella. Arrastró
sus uñas sobre la madera, estremeciéndose cuando se presionó contra ella, llevándola hasta
el borde.
Había entrado en la habitación para escapar de la fiesta. Para escapar de esa incómoda
sensación de estar en una habitación llena de gente que no conocía. Ahora, estaba siendo
70 follada en una habitación al lado de esa habitación llena de gente que no conocía.
Y no le pareció un poco extraño que finalmente se sintiera cómoda de nuevo.
Gritó y gritó cuando él comenzó a golpearla. La ropa interior no estaba haciendo un
trabajo terriblemente bueno para amortiguar los sonidos, pero supuso que era mejor que
nada. Su mano encontró su camino de vuelta a su cabello, tirando de raíz, pero no tirando de
ella hacia arriba. Su otra mano estaba agarrando su cadera, tirando de ella contra sus
embestidas.
—Joder, Tate, ha pasado demasiado tiempo —gimió desde detrás de ella. Ella logró
asentir.
—Mmmm hmmm —concordó, incapaz de manejar palabras reales.
—Si no estuvieras tan ocupada siendo una perra la mitad del tiempo, podríamos estar
haciendo esto más a menudo —le informó.
—Mmke fte modanff —respondió ella bruscamente.
—¿Qué?
Le quitó la ropa interior de la boca y ella jadeó por aire.
—Creo... que me entendiste… —dijo jadeante. Él soltó su cadera y le dio una zurra,
provocando otro gemido.
—Vigila tu puta boca.
—Dios, estás muy ansioso hoy. ¿Tu brasileña te hizo entrar en calor? —Tate se burló
de él, queriendo más de él. Más manos, más palabras, más todo.
—Es bastante atractiva, pero no pude cerrar el trato —respondió Jameson, casi
saliendo por completo. Tate contuvo la respiración mientras lentamente se deslizaba hacia
adentro, y luego, estaba golpeando contra ella. Gritó y él repitió la acción.
—¿Demasiado viejo para ganártelas? —se las arregló para preguntar, y luego se
mordió el dedo mientras él volvía a casa.
—Está demasiado ocupada teniendo sexo con Angier en el baño. Tal vez tenga el
siguiente turno.
—Chica con suerte.
Él se apartó bruscamente y tiró de ella para enfrentarlo. Estaba tragando en el aire
cuando forzó su cabeza hacia la suya, su boca cubrió la de ella. Fue un beso enojado, lleno de
dientes que chocaban y de lenguas agresivas. Los condujo hacia atrás, alrededor de la cama,
y luego se sentó en el costado, tirándola sobre él.
—¿Quieres ser la que le chupe la polla en este momento? —preguntó Jameson,
ayudándola mientras luchaba por desabrocharse la camisa.
—Ha pasado un tiempo —se burló Tate. Apartó sus manos antes de simplemente
separar la camisa, arrancando los botones.
—Puta.
—Solo para ti.
71
—Si es solo para mí, ¿por qué estás hablando de él?
—Tú eres quien habla sobre la polla de Ang. Si tienes tanta curiosidad, estoy segura
de que podríamos...
Sus dedos se envolvieron alrededor de su cuello, apretando con tanta fuerza, que
congeló las palabras en su garganta.
—No arruines esto al ponerme enfermo, Tatum —espetó.
Ella quería responder. Volver con una réplica que realmente lo enojara. Pero estaba
tirando de su garganta, obligándola a ponerse de rodillas. Entonces su mano libre estuvo
entre ellos, guiándola de vuelta a su pene. Ella suspiró, sentándose en su regazo.
—Esto es mucho mejor que tu fiesta —susurró, mordisqueándole el borde de su oreja.
—No me digas.
—Mejor que Ang.
—Será mejor que lo sea.
—Mejor que una brasileña.
—No nos volvamos locos.
—Puedes joderte tú solo.
Tate fue a alejarse, disgustada, pero su brazo se envolvió alrededor de su cintura. El
cambio fue rapidísimo: primero, estaba a horcajadas sobre él. Luego, estaba debajo de él, y
la estaba cabalgando como si fuera una pura sangre.
—Vigila cómo me hablas y, maldita sea. Maldita sea, Tate, sé que te encanta ser una
puta, pero no todos necesitan escucharlo —maldijo.
—Entonces deja de follarme —lo retó, su respiración comenzó a atorarse. Él se inclinó
hacia atrás, poniéndose de rodillas.
—Oh, siempre termino lo que empiezo.
—¿De verdad? Puedo recordar un par de veces…
Él le dio una bofetada en el rostro, luego su mano estaba de vuelta en su garganta. Ella
comenzó a gritar al ritmo de sus embestidas.
—¡¿Por qué me haces hacer eso?! —exigió él.
—Porque... me encanta —susurró ella, con los ojos en blanco.
—Aparentemente. Un coño tan estúpido no podía esperar ni un par de horas.
Podríamos estar haciendo esto contigo inclinada sobre la barandilla en el balcón, pero no.
Debes lanzar una fiesta de mierda, esconderte aquí. Arruinarles la noche a todos —
refunfuñó.
—No parece que terminara tan mal para ti —señaló. Él soltó su garganta, agarró una
de sus piernas en su lugar. La empujó hacia arriba para que su rodilla casi tocara su pecho.
Estaba tan profundamente dentro de ella que estaba viendo manchas con cada embestida.

72 Cómo me gusta.
—Eso es lo que piensas. Si quisiera un revolcón, me hubiera quedado con Isadora.
—Es curioso, el otro día pensé lo mismo sobre Ang.
Eso le ganó otra bofetada.
—Cállate, amas todo lo que te doy.
—Jameson, no puedo... por favor... quiero… —Tate no podía formar una oración
coherente. No podía formar un pensamiento coherente. El orgasmo que se estaba acercando
comenzaba en su pecho, haciendo que sus senos se apretaran, por lo que era difícil respirar.
—Sé lo que quieres —susurró él, soltando su pierna e inclinándose hacia ella. Ella lo
encontró a mitad de camino, besándolo con fuerza.
Sus uñas se clavaron en la parte posterior de su muslo, y cuando gritó, se mordió el
labio inferior. Eso lo terminó. Ella se vino de inmediato, todo su cuerpo entró en un espasmo
antes de cerrarse sobre él. Él gimió, presionando su frente contra su pecho mientras
esperaba su orgasmo. Se tomó un tiempo.
—Mierda. Joder —jadeó ella, frotándose los labios.
—Nos vamos a matar entre nosotros algún día, mientras hacemos esto —dijo
Jameson, también jadeante.
—Totalmente.
—Levántate.
Tate apenas tuvo la sensación en sus piernas y Jameson rodó fuera de ella. Ella se
sentó, pero antes de que pudiera siquiera preguntar qué tenía en mente, su mano estaba en
su cabello, tirando de ella. Empujándola. Forzándola a su longitud. Ni siquiera lo dudó,
simplemente envolvió sus labios alrededor de la cabeza de su eje y comenzó a alejarse.
Apenas había recibido tres bombeadas buenas, todavía tratando de recuperar el aliento y
encontrando su ritmo, cuando Jameson gimió y le empujó con fuerza la parte posterior de la
cabeza. Su polla se encontró detrás de la garganta y Tate se tragó su reflejo nauseoso,
obligándose a tomarlo.
Porque soy una puta campeona.
Una de las cosas favoritas de Jameson sobre ella eran sus legendarias habilidades para
dar mamadas, así que siempre trataba de montar un espectáculo para él. Encontró su ritmo
después de eso, moviéndose y girando en la cama para inclinarse sobre él, con una mano en
su muslo. Sus uñas arañaron su piel.
—Dios, eres tan buena en eso, niña —gimió Jameson, y sintió su mano relajándose en
la parte posterior de su cabeza—. Tan jodidamente buena.
—¿Mejor que una brasileña? —preguntó ella, subiendo por aire. Él se rio entre dientes
y forzó su cabeza hacia abajo otra vez.
Después de un par de minutos, pudo decir que no duraría mucho más. Podía sentirlo
literalmente palpitar. Pero en ese punto, había estado trabajando en eso por un tiempo, y
73 todo el escenario la había calentado nuevamente. Sus dedos encontraron su camino entre
sus piernas, y de repente su atención se dividió en dos.
—Tate... joder, voy a venirme en tu boca —le advirtió Jameson. Tate se alejó y él
realmente gruñó, pero ella se movió rápidamente, balanceando su pierna sobre sus caderas.
—Hoy no —susurró, bajándose sobre él.
—¿Dije que pudieses… —comenzó a recriminar él, pero se interrumpió cuando ella
apretó todos sus músculos a su alrededor. Ambos jadearon y sus manos fueron a sus muslos,
agarrándolos lo suficientemente fuerte como para saber que habría moretones. Ella comenzó
a girar sus caderas contra las suyas.
No tomó mucho tiempo. Jameson en realidad se vino antes que ella, una rareza para
ellos, pero su orgasmo se desató y ella prácticamente gritó, colapsando en su pecho. Se
sacudió y jadeó, apretando los dedos contra su caja torácica.
—Mierda. Joder. —Ella jadeó por aire.
—¿Qué mierda fue eso? ¿Una segunda venida? —preguntó Jameson, respirando con
dificultad también. Tate se deslizó a un lado, alejándose de él hasta que estuvo tendida sobre
el colchón.
—Algo así —corroboró, tragando espesamente. Sintió su mano contra su espalda.
—¿Te sientes mejor?
—Inmensamente. Gracias.
—Bien —contestó él, y luego se enderezó. Él se levantó y ella pudo oír la hebilla de su
cinturón tintineando—. Ahora vete a la mierda y vuelve a salir.
—Hipocresía. Mis huesos ya no existen. —Se rio entre dientes. La golpeó en el trasero,
luego tiró de su falda nuevamente en su lugar. Agarró sus caderas y la rodó hasta que estuvo
boca arriba.
—Difícil. Recompensé tus pucheros. Me lo debes —dijo. Una de sus medias se había
soltado completamente, solo un desastre acumulado alrededor de su tobillo. Jameson le
quitó el zapato y sacó sus medias.
—No te debo una mierda. En todo caso, acabo de darte una recompensa —lo desafió,
estirando los brazos por encima de su cabeza. Él se movió sobre ella, sus rodillas a cada lado
de sus caderas.
—Acabo de follarte, ¿y ya te estás enojando? ¿Alguna vez aprendes? —interrogó él, y
de repente sintió sus manos cerca de su garganta. Seda contra su piel. Se dio cuenta de que
estaba envolviendo la media alrededor de su cuello, y abrió los ojos.
—Aparentemente no —contestó, su voz ronca. Él anudó la tela y la tensó lo suficiente
como para que la sintiera pellizcándola.
—Podríamos divertirnos mucho con esto —murmuró él, enrollando el exceso de seda
en sus puños. Un imbécil, y Tate ya no sería amiga del oxígeno.
—Mucho más divertido que una fastidiosa fiesta —susurró ella.

74 —Eres una puta. Me encanta. Voy a... —Jameson comenzó a apretar más la media,
cuando de repente se abrió la puerta de la habitación.
—Hola, ¿puedo tomar tu… —comenzó a decir Ang, luego se detuvo. Tate echó la
cabeza hacia atrás, sonriéndole. Ang los miró con una sonrisa en el rostro. Jameson solo lo
observó.
—¿Qué pasa? —preguntó Tate de forma casual.
—Podrías llamar, sabes —señaló Jameson.
—¡Gracias a Dios que no lo hice, me habría perdido toda la diversión! —bromeó Ang,
atravesando la puerta y cerrándola detrás.
—¿Qué diablos crees que estás haciendo? —demandó Jameson.
—Disfrutando el espectáculo. Dios, siento que ha pasado una eternidad desde que vi
tus pechos, Tate. —Ang casi gimió. Tate se echó a reír y miró bajó la mirada. Todavía tenía el
sujetador puesto, pero de alguna forma durante su pequeño encuentro, Jameson le había
desgarrado la blusa.
—¿Qué quieres, Angier? —Jameson suspiró, soltó la media y se arrastró hacia atrás
frente a Tate. Una vez que estuvo parado, agarró su mano y la sentó.
—Oh. Sí. ¿Puedo ir a tu habitación de invitados? —preguntó Ang. Tate se quitó la
media de la garganta y se levantó también.
—¿Qué pasa con tu habitación? —cuestionó, volviéndose para mirarlo mientras
intentaba cerrar su camisa.
—Mi habitación no tiene las mismas... comodidades que la tuya —respondió, pero
estaba hablando lentamente, eligiendo cuidadosamente sus palabras. Ella lo miró fijamente.
—¿Qué tipo de comodidades?
—Bueno, tu habitación tiene una modela brasileña desnuda, así que...
—Jesús —masculló Jameson—. Los presenté a ustedes dos, así que podrían salir y
tener sexo en su propio tiempo. No en mí habitación de hotel.
—Me alegra que ella no te esté follando a ti en tu habitación de hotel —dijo Tate
riendo. Él la fulminó con la mirada.
—La noche todavía es joven.
—¿Poooor favooooor? Si la obligo a vestirse, arruinará el estado de ánimo —suplicó
Ang.
—¿Cómo terminó desnuda en el dormitorio de invitados, de todos modos? —Tate
sintió curiosidad.
—Bueno, estaba cayendo sobre mí en el baño, por cierto, tal vez quieras llamar al
servicio de limpieza, y luego simplemente dejó caer toda su ropa y se abrió de piernas.
Francamente, deberías estar feliz, incluso pensé en preguntarte —señaló Ang. Jameson
resopló.
—No tengo que…
75 —Tiene razón —interrumpió Tate, poniendo su mano sobre el brazo de Jameson—.
Es bastante asombroso. Normalmente no nos enteramos hasta que escuchamos los ruidos
sexuales. Solo déjalos quedarse.
—Dios. Bien.
—Hablando de ruidos sexuales, la mayoría de los invitados a tu fiesta se fueron
después de que los ruidos de mono comenzaron a salir de aquí. Necesitan aprender a
callarse. —Ang se rio entre dientes, luego salió corriendo por la puerta antes de que Jameson
pudiera arrojarle algo.
—Mira, te lo dije, nunca te callas.
—Estaba hablando con nosotros dos.
—Cállate.
Tate fue al baño y se limpió, se quitó la otra media y se arregló la falda. Cuando regresó
a la habitación, Jameson se estaba cambiando a un traje completamente nuevo. Se arrastró
detrás de él, lo abrazó y le mordió el hombro mientras intentaba abrocharse un chaleco.
—Gracias —susurró, jugueteando con su corbata.
—¿Por qué? —preguntó él, volviendo la cabeza hacia ella.
—Por entenderme.
—Siempre, Liebe.
Regresaron a la fiesta. Ang no había mentido, no quedaba mucha gente y los pocos
que se habían quedado parecían bastante incómodos. Probablemente porque hasta los
ruidos sexuales más alocados provenían del otro dormitorio. Increíblemente inapropiado.
Lo amo.
Sanders y Jameson lograron salvar lo que quedaba de la fiesta, riéndose y charlando.
Tate habló con la esposa de un abogado de bienes raíces, y en realidad se divirtió.
Pero mantuvo un ojo en sus muchachos. Jameson llamaba su atención de vez en
cuando. Le hacía algún guiño. Sanders jugó genial. En realidad, haciendo contacto visual con
las personas, incluso se rio un par de veces.
Él cambió mucho.
Con los años, en realidad se había llenado un poco. Siempre sería poco refinado, pero
ya no era “flaco”. Cuando se mudó por primera vez a Rusia, había tenido mucho tiempo libre.
Aparentemente había llenado la mayor parte con ejercicio. Su cuerpo lo mostraba. Sus
hombros eran más anchos, sus brazos más gruesos. Hacía que Tate se sintiera orgullosa.
Siempre había pensado que era guapo, desde la primera vez que lo había visto. Ahora se
sentía como si finalmente estuviera viendo su propio potencial, y realmente le importara.
Sin embargo, pensar en todo eso también la entristeció. Sabía que los dejaría de
nuevo. Su hogar estaba en Moscú ahora, su vida estaba allí. Le rompía el corazón. No quería
que se fuera. A veces, solo algunas veces, anhelaba los viejos tiempos. Antes tenía su propio
negocio. Antes de que Sanders se fuera de casa. Antes de que ella y Jameson tuvieran el juego
de ruptura y reconciliación. Volviendo a cuando todos se conocieron, y ella y Sanders eran
libres de correr todo el día. Ella y Jameson eran libres de jugar toda la noche.
76 ¿Por qué las cosas no pueden permanecer igual?
~9~
—Está bien, entonces, ¿cuál es el plan de hoy?
—No hay plan.
—Pero somos solo nosotros.
—Solo nosotros, Dios Porno.
—Me gusta eso. Ese será mi nombre hoy, solo responderé a eso.
—Lo tengo.
—¿Y por qué seremos nosotros?
—Jameson se reunirá con ese abogado, al fin.
—¿Y eso le llevará todo el día?
—Si quieres tener sexo con tu novia brasileña, está bien. Ve.
Ang se rio y tiró de un mechón de cabello de Tate.
Había pasado una semana desde la fallida fiesta en la habitación del hotel. Isadora, la
sensual modelo brasileña, había renunciado a cortejar a Jameson, al parecer Ang cumplía
más que con sus necesidades. Eso dejó a Tate, Jameson y Sanders con mucho tiempo juntos,
lo cual era agradable. Durante una semana, llegó a fingir que era como en los viejos tiempos.
Pero esa mañana, Jameson le informó que su abogado finalmente había volado a la
ciudad. Más pronto de lo esperado. ¿Tate no estaba feliz con eso? Finalmente podría volver
a su precioso Boston y a su precioso bar. Lo despidió metiéndole un dedo húmedo en la oreja
mientras salía por la puerta, lo que le valió un golpe y una amenaza de castigo.
Buenos tiempos.
Jameson llevó a Sanders con él, por lo que dejó a Tate sola en la habitación del hotel.
La cual rápidamente dejó para invadir la habitación de Ang. Él estaba acunando a Isadora, o
77 posiblemente teniendo sexo medio dormido, Tate no estaba segura, pero irrumpió en su
habitación de todos modos, casi arrastrándolo fuera de la cama. Como un verdadero amigo,
dejó su flojera y fue a la ciudad con Tate.
—La follé lo suficiente. Ya es aburrido. Entonces, ¿vamos a hacer esto todo el día? —
preguntó él, mirando a su alrededor. Estaban en un autobús turístico rojo brillante de dos
pisos. El último piso no tenía techo y se sentaron allí, viendo pasar los sitios.
—No. Pero pensé que sería una forma barata y fácil de ver la ciudad —explicó,
volviéndose para mirar mientras pasaban por el famoso Hotel Península. Jameson le había
dicho que normalmente se quedaba allí cuando lo visitaba, pero esta vez se había decidido
por un hotel más grande de “marca”.
—¿Barato? ¿De verdad tienes que preocuparte por cosas así? ¿El Gran Papi Kane no
te da acceso a sus fondos? —bromeó Ang. Ella puso los ojos en blanco.
—Eso es aburrido. Puedo sacar fácilmente la tarjeta negra de American Express, pero
entonces no podríamos verla así —señaló.
—¡¿Te dio una tarjeta negra American Express?!
—No compro nada.
—Oh, sí, lo haces.
De hecho, fueron de compras después de eso, cerca del frente de agua había muchas
tiendas. Tate era una tonta cuando se trataba de las apariencias urbanas, en cualquier país.
A veces, una persona solo necesitaba un reloj que parecía que se estaba derritiendo. O al
menos, ella lo hacía. Se rieron de sus compras mientras se dirigían a la cubierta Sky 100, en
el séptimo edificio más alto del mundo. Tenían servicio de té mientras miraban Victoria
Harbour.
—Me está llamando —murmuró Tate, mirando su teléfono. Antes de que pudiera
responder, Ang lo alejó.
—Estará bien, créanme —dijo rápidamente, luego respondió la llamada, emitiendo
gemidos.
—¡Estamos en público! —siseó Tate, golpeándolo con su servilleta. Ang haciéndole un
gesto con la mano y se llevó el teléfono a la oreja.
—Lo siento, lo siento, ya sabes cómo es la boca de Tate. Dios, es incluso mejor de lo
que recordaba, feliz de que no hayas arruinado todos los años de arduo trabajo que le hice
—dijo Ang rápidamente, sonando sin aliento. Tate no podía escuchar la respuesta de
Jameson, pero podía adivinarla.
—Eres un idiota —refunfuñó, arrojando la servilleta al rostro de Ang. Guardó silencio
un momento, luego la miró antes de volverse.
—No. Sí. Sí, seguro. Lo entiende. ¿Quieres hablar? Está bien. En eso. Demasiado tarde,
Satanás, dijiste lo que fuera necesario. —La voz de Ang fue provocativa hacia el final.
¿De qué diablos están hablando?
Pero antes de que Tate pudiera hacer esa pregunta en alto, Ang colgó el teléfono. Ni
siquiera le ofreció que dijera hola o adiós.
78 —¡¿Qué fue eso?! ¡Quería hablar con él! —espetó Tate.
—Solo un hombre hablando. Sus reuniones serán hasta tarde, me dijo que te
entretuviera, así que vamos. Desnúdate —instruyó Ang. Ella bufó.
—Vete a la mierda. ¿Qué dijo? —preguntó.
—Solo eso, que estará con su abogado por un tiempo, por eso te estaba llamando. Dijo
que podríamos pasar el rato y hacer lo que quisiéramos esta noche. Así que hagámoslo, Dios
sabe cuándo tendremos una oportunidad como esta de nuevo —comentó Ang, levantándose
lentamente de su silla.
—No tendré sexo contigo.
—Eres tan aburrida ahora.
Tate quería volver al hotel para cambiarse, pero Ang lanzó un ataque. Quería ir a la
Avenida de las Estrellas, tomarse una foto al lado de la estatua de Bruce Lee. Y una vez que
estuvieran allí, quería quedarse para poder ver la “sinfonía de luces” cuando varios de los
edificios más grandes de la ciudad ofrecían un espectáculo de luces y de música. Así que
pasaron otras dos horas dando vueltas hasta que eso sucedió.
A pesar de que continuaba quejándose por querer quitarse la ropa sudada, Ang la
arrastró a un club nocturno. Tate tuvo que admitir que fue muy divertido. La atiborró de
alcohol. Copiosas cantidades de alcohol. Después de cierto punto, dejó de importarle llevar
la ropa sudada. Dejó de preocuparse por casi todo.
—¡Deberíamos hacer esto más a menudo! —gritó Tate, saltando hacia el pesado bajo.
—¡Si pudieras convencer a Satanás para que se mudara a Los Ángeles, podríamos
hacerlo! —exclamó Ang, bailando alrededor de ella en círculo.
—Tiene ese condominio allí —dijo Tate, tratando de sorber su bebida mientras aún
saltaba.
—Utiliza tu arrebato mágico para convencerlo —sugirió Ang, pellizcándole la
entrepierna. Ella escupió su bocanada de licor, riendo.
—Arrebatamiento mágico, eso es lo mejor.
Tate no tenía idea de qué hora era cuando finalmente abandonaron el club. Tan tarde
que el sofocante calor había disminuido un poco, una brisa soplaba por las calles. Ang les
pidió un taxi y consiguió que volvieran al hotel. Era algo consciente del hecho de que no
estaba tan borracho como ella; de hecho, no parecía borracho en absoluto. Pero estaba
demasiado achispada para preocuparse. Se reclinó en el taxi, poniendo sus pies en su rostro.
Cuando llegaron al hotel, Tate intentó sacar su celular para llamar a Jameson y ver si
estaba en casa. Si lo hacía, probablemente no estaría feliz, serían más de las dos de la
madrugada. Pero mientras buscaba en su pantalón corto, no sintió el bulto familiar de su
teléfono.
—Espera —dijo, agarrando el brazo de Ang mientras caminaban por el vestíbulo.
—¿Eh? —murmuró él, comiendo un tipo de carne que le había comprado a un
79 vendedor ambulante.
—Mi teléfono. Perdí mi teléfono, tenemos que volver —explicó, empujando sus manos
por la parte delantera de su camisa, revisando para asegurarse de que su celular no estaba
escondido en su sostén.
—Nah, yo lo tengo —confesó, y continuó hacia los ascensores. Ella trotó detrás de él,
enderezando su parte superior.
—¡¿Por qué?! ¿Cuándo? Dámelo —exigió. Él lo sacó de su bolsillo trasero y lo arrebató
de la mano. La pantalla se iluminó: ocho mensajes de texto y tres llamadas perdidas. Oh Dios.
Abrió el teléfono.

Ya en casa.
Al decir que estoy en casa, significa que te quiero en casa.
¿Dónde diablos estás?
Contesta tu teléfono.
Si te acuestas con Angier, le daré una paliza.
Será mejor que no tengas sexo con Angier.
Voy a matar a Angier.
Por favor envíame un mensaje de texto o llámame.
El último texto realmente la puso más nerviosa. Un enojado, Jameson maldiciendo era
normal. El suave y gentil Jameson era una bestia completamente diferente. Era la calma antes
de la tormenta. Por lo general, significaba problemas, y no siempre del tipo sexy.
No le gustaba herir sus sentimientos, incluso si era por accidente.
—¡¿Por qué no me lo dijiste?! ¡Ha estado enviando mensajes de texto durante las
pasadas dos horas! —espetó Tate, siguiendo a Ang hacia el ascensor y golpeándolo en el
brazo. Él la apartó y apretó el botón de su piso.
—Oye, dijo que podíamos hacer lo que quisiéramos. Quería pasar la noche a solas con
mi mejor amiga. Solíamos ser solo nosotros dos, ¿recuerdas? Nosotros contra el mundo.
Ahora tenemos suerte si nos vemos cada dos meses —señaló Ang. Tate se tragó su
comentario sarcástico. Dos hombres, dos viajes de culpa. No era justo. Al menos con Jameson,
podía seducirlo hasta la sumisión. Ang era una mierda de suerte.
—Lo siento. Tienes razón. Y lo pasé muy bien —aseguró Tate, tropezando con la pared
cuando el ascensor se detuvo en el piso. Las puertas se abrieron y Ang agarró su mano,
acercándola de un tirón mientras un gran grupo de jóvenes subía al elevador. Parecían tener
poco más de veinte años, y eran de América o de Canadá.
—Hola, hermano —saludó un chico, haciendo un gesto con la cabeza hacia Ang.
—Hola —respondió, sonriéndoles. Tate hipó y trató de no reírse. Sin embargo, uno de
los muchachos siguió mirando a Ang. Miró hacia otro lado. Luego miró hacia atrás. Luego
80 hacia otro lado. Luego se volvió hacia él.
—Esto va a sonar loco —comenzó—, pero te pareces a...
—Lo soy —respondió Ang, interrumpiéndolo.
—¡De ninguna manera!
—Oh sí.
—¡Amigos! ¡Este es ese tipo, de la película de anoche!
Tate realmente comenzó a reír. Ang solo puso los ojos en blanco, logrando un saludo
mientras los chicos reían y chocaban puños.
—Sí, ese soy yo —afirmó, su sonrisa se tensó.
—¿Puedo tomarme una foto?
—No creo que eso sea...
FLASH.
Tate estaba lo suficientemente borracha como para rodar, así que organizó a todos en
una pila en una esquina, para que uno de los muchachos pudiera tomar un selfie de todos.
Luego todos se turnaron para tomarse fotos individuales con Ang, que cada vez se mostraba
menos complacida con la adoración. Tate los incitó a todos, sintiéndose tan emocionada de
verlo tan incómodo.
—¡Entra aquí! —pidió de repente uno de los tipos, agitando su brazo hacia Tate.
—¡¿Yo?! No, no, no quieres una foto mía, no soy nadie —se rio Tate. Ang jadeó.
—¡¿Nadie?! ¡¿Cómo puedes decir eso, después de todos esos premios que acabas de
ganar?! —preguntó. Ella parpadeó hacia él.
—¿Eh?
—Chicos, saben quién es, ¿verdad? —preguntó Ang, agarrándola del brazo y
atrayéndola hacia él.
—¿Ella, eh, parece algo familiar? —comentó uno de los tipos, pero sonó más como si
estuviera adivinando.
—¡Esta chica acaba de ganar CUATRO premios en las AVN, por sus escenas anales! ¡Es
la mejor en el negocio! —continuó Ang.
—¡¿Qué?! —gritó Tate.
Tal vez se burló demasiado de él.
—Oh, es probable que por eso no la reconozcamos.
—Sí, generalmente la cámara apunta un poco más abajo en eso. Vamos, ¡ven aquí, un
selfie más! —ofreció Ang, envolviendo su brazo con fuerza alrededor de Tate para que no
pudiera escapar.
Hijo de puta.
Otra ronda de fotos fue tomada. Hacía mucho que el ascensor se detuvo en un piso,
81 donde los muchachos habían planeado bajarse inicialmente. Pero siguieron riendo y
tomando fotos, manteniendo las puertas abiertas.
—¡¿Quieren salir de fiesta con nosotros?! —preguntó uno de los chicos, gesticulando
al pasillo.
—Oh, de ninguna manera, tenemos que practicar para un rodaje mañana —explicó
Ang con un profundo suspiro, envolviendo su brazo alrededor de sus caderas. Ella le dio un
puñetazo en el pecho.
—No, nosotros…
—¡Oh hombre! ¡¿Como es una sesión pornográfica?! —prácticamente gritaron sus
nuevos amigos, fuera de sí mismos por la emoción.
—¿Cómo de cualquier otro tipo? Que tengan una buena noche, muchachos. —Ang les
guiñó un ojo, bajando la cabeza hacia Tate.
—¡Grábalo, hombre! ¡No puedo esperar a ver esta película!
—Ang —le advirtió Tate—, no lo hagas. Te patearé en el…
Sus labios cubrieron por completo los suyos, su lengua se metió en su boca. Tate no
había besado a Ang en mucho tiempo, había olvidado cuánta lengua le gustaba. Los chicos en
el pasillo gritaron y gritaron, lanzándole palabras de aliento a Ang. Ella resopló, empujando
sus hombros. Él simplemente los movió a través del ascensor, empujándola contra la pared
más alejada. Eso le ganó otra ronda de gritos, y luego las puertas del ascensor se cerraron.
Pero Ang no se rindió. Le tomó un empujón real quitarlo de ella.
—¡¿Qué diablos fue eso?! ¡¿Premio anal?! —exigió, moviéndose contra su agarre.
—Oye, tú lo comenzaste, haciéndolos tomar todas esas fotos. Y no estaba muy lejos de
la verdad, te encanta lo anal —señaló.
—“Amor” es un estiramiento. ¿Qué estás haciendo? Quítate de encima —refunfuñó
Tate, tirando de su brazo. Cuando aún no la soltó, lo miró furiosa. La estaba mirando
fijamente, con una expresión muy seria en su rostro. Una mirada casi triste. Ella dejó de
moverse.
—Tate. —Ang suspiró su nombre, moviendo un brazo para que pudiera pasar un dedo
por un lado de su mejilla.
Oh Dios. No estoy lo suficientemente borracha para esto. Por favor, no lo dejes decir algo
raro.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, con tono suave.
—Yo solo te extraño. ¿Sabes? —dijo él con una sonrisa, retorciendo parte de su cabello
alrededor de su dedo.
—Yo también te echo de menos, Ang, pero eso no significa que puedas besarme en un
ascensor —intentó bromear Tate, tomó su mano libre y unió sus dedos.
—Esto no es eso —murmuró él en voz baja, sus ojos vagando por su rostro—. Solo sé
que pasará mucho tiempo antes de que volvamos a vernos. Mucho antes de que tengamos un
día para ser solo nosotros, juntos. Tal vez nunca.

82 Ridículamente, Tate sintió ganas de llorar.


—¿Por qué estás diciendo eso? Todavía tenemos el resto de este viaje, puedo visitarte,
y podemos...
La besó de nuevo, y esta vez Tate lo permitió. Fue diferente. Fue suave, y fue triste.
Era como si se estuviera diciéndole adiós, de la única forma en que realmente sabía cómo
hacerlo. Sostuvo su mano aún más apretada, presionándola contra su pecho.
—Siempre fuiste mi favorita, Tater tot —susurró, presionando su frente contra la de
ella.
—Ang, ¿qué está pasando? —susurró Tate, mirándolo.
No le respondió. En ese momento, el ascensor sonó y las puertas se abrieron,
sorprendiéndola. Estaban en su piso. Aún más sorprendente era Jameson, parado frente a las
puertas, con los brazos cruzados sobre el pecho. Una de sus cejas arqueada cuando vio la
escena, Ang sosteniendo a Tate, presionándola contra un pared.
—Interesante —murmuró Jameson. Ang inspiró profundamente, luego sonrió. Se
volvió hacia la puerta.
—Hola, Satanás, dijiste que hiciéramos lo que quisiéramos —bromeó, luego bajó a
Tate, prácticamente lamiéndose el interior de la boca. Ella hizo ruidos de arcadas.
—Muy divertido, Angier.
Ang finalmente la soltó, pero no antes de darle una palmada en el trasero lo
suficientemente fuerte como para enviarla a tropezar con Jameson. Los saludó y dijo buenas
noches, luego caminó por el pasillo hacia su habitación, silbando una pequeña melodía. Tate
lo miró con la boca abierta.
¡¿Qué diablos está pasando?!
—¿Qué demonios fue eso? —Las palabras de Jameson imitaron sus pensamientos.
—Lo juro, no tengo ni idea. Un minuto, estamos montando en el ascensor con un
montón de fans. Al siguiente me está besando como si fuera a morir mañana —trató de
explicar Tate.
—Ah…
Y eso fue todo. Jameson se dio vuelta y comenzó a caminar hacia la habitación. La
mente de Tate estaba volando. Jameson odiaba que Ang la tocara. Odiaba cuando Ang
respiraba en su dirección. ¡Acababa de decirle que Ang la había besado y no le importó!
—¡¿Hay algo que me estoy perdiendo?! —gritó Tate, tropezando detrás de él. Jameson
mantuvo la puerta abierta a su habitación y la dejó entrar por delante.
—¿Qué quieres decir? —cuestionó, quitándole el bolso y arrojándolo al mostrador.
—Ang fue muy raro, y tú no estás enojado, y... y... no puedo salir de esto —refunfuñó
Tate, dando saltos sobre una pierna mientras trataba de quitarse la sandalia. Finalmente lo
hizo y la lanzó sobre su hombro.
—¿Quieres que me enoje? —cuestionó Jameson, moviéndose lentamente para
pararse frente a ella.

83 —Siempre estás enojado, es una de las cosas que más me gusta de ti —se burló Tate,
y se quitó su otro zapato. Arrojó ese, también.
—Hmmm, una de las cosas. ¿Y qué es lo que más amas de mí? —interrogó con voz
lenta.
—Es cara o cruz —respondió Tate, bostezando mientras se recogía el cabello en una
cola de caballo.
—¿Entre qué y qué?
—Tu pene y tu boca.
—Jesús.
—Bueno, por boca, me refiero a las palabras. A cómo hablas.
—No mucho mejor.
Ella rio disimuladamente y se dirigió al balcón. La brisa era más fuerte ahí, levantando
y moviendo su cabello. Suspiró y apoyó los antebrazos en la barandilla, se inclinó sobre ella.
Jameson salió e imitó su postura, apoyándose contra la barandilla también.
—Sabes que no me refiero a eso —susurró Tate.
—¿Disculpa?
—Lo que más me gusta de ti eres tú —trató de explicar Tate, luego hipó. Él rio y se
movió detrás de ella, poniendo sus manos en la barandilla a cada lado.
—Eso sería mucho más dulce si no estuvieras borracha —señaló él.
—No estoy borracha. Solo… achispada —ofreció. Él se rio de nuevo, pero fue un
sonido oscuro, y luego sintió sus dientes contra su hombro.
—Suficiente como para dejar que Angier te meta la lengua en la boca —masculló.
—Ajá, lo sabía, estás enojado —brome ella, y luego aulló cuando sus dientes la
mordieron con fuerza.
—Según tú, siempre estoy enojado. ¿Lo pasaste bien esta noche? —preguntó,
alejándose un poco de ella.
—Lo hice —respondió con sinceridad, temblando al sentir que sus dedos recorrían su
coleta.
—¿Angier consiguió algo más dentro de ti?
—¿No te gustaría saberlo? —se mofó, y luego se quedó sin aliento cuando tiró
bruscamente de su cabello.
—No apreciarás encontrarme con la lengua en la garganta de Isadora —siseó.
—No, no lo haría.
Soltó su cabello y la giró, así que estuvo frente a él.
—¿Te gustó? —exigió. Ella soltó una carcajada.
—¿Qué clase de pregunta es esa? Fue un beso, por supuesto que me gustó. Besar es
divertido —respondió. Él la fulminó con la mirada.
—Deja de ser una listilla.
84
—No le pedí que me besara, no quería que lo hiciera, intenté que se detuviera. Jesús,
¿cuándo te volviste el señor inseguridad? —lo cuestionó Tate.
—Justo cuando atrapé a mi novia con la lengua de otro hombre profundo en su
garganta —respondió.
—Oh, por el amor de Dios. Sabes, que en realidad estaba pasando un buen rato, así
que, si vas a seguir actuando como una perra, entonces prefiero terminar la noche en otro
lugar —le advirtió.
—Ten cuidado —respondió él.
—No. ¡No hice nada malo y estás lanzando un ataque de furia!
—¿Un qué?
—Un ataque de furia, ya sabes, eso que hacen las chicas cuando no se salen con la
suya.
Cuando le rodeó la garganta con la mano, Tate se preguntó si tal vez lo habría
empujado demasiado lejos.
O no lo suficientemente lejos...
—¿Esto se siente como algo que hace una niña pequeña? —preguntó, su voz
mortalmente suave. Ella respiró profundamente por la nariz.
—Se siente como algo que hace una perra —respondió.
Le clavó las uñas mientras apretaba y el aire se hizo difícil de alcanzar.
—¿Cómo es que Angier te besa en un ascensor, pero yo trato de tener una
conversación, y recibo charlas y discusiones? —masculló Jameson. Ella sonrió.
—Porque él es mucho más divertido —bromeó, su voz era poco más que un suspiro.
—Cierra la puta boca.
—Bien.
Angier pudo haber conseguido besarla en un ascensor, pero Jameson consiguió
desnudarla en un balcón. Devorarla como si estuviera muriéndose de hambre por ella. Luego
la inclinó sobre la barandilla y la folló con tanta fuerza que seguridad vino a la puerta para
investigar todos los gritos y maldiciones.
La mejor noche de todas.

85
~10~
Algunas veces Jameson trataba de precisar el momento exacto en que se enamoró de
Tate. Claro, desde el primer momento en que la había visto, había logrado robar un pequeño
pedazo de su corazón. Pero cuándo había estado inequívocamente enamorado de Tatum
O'Shea, era más difícil de definir.
Cuando había herido sus sentimientos llamándola estúpida, cuando habían empezado a
acostarse juntos, fue cuando se dio cuenta de que le importaba. Que pensaba en ella como algo
más que sexo. Luego, en la casa de sus padres, cuando Robert la golpeó. Ese fue el primer
momento en que pensó que realmente le pertenecía, como algo que nadie más era digno de
tocar. Solo él.
Cuando estaba en Berlín y había visto los periódicos proclamar que estaba saliendo con
Nick Castille, el primera base de los Red Sox de Boston. Fue entonces cuando supo que tenía un
problema. Había sido herido. Había olvidado cómo se sentía eso, Tatum O'Shea se lo había
recordado.
Verla en el hospital, eso había lastimado su alma. Ella le gritó que deseaba que no
existiera, que la había matado por dentro. No confiaba en él, no le creyó mientras estuvieron en
España, eso había lastimado su corazón.
Pero las perlas.
Lo había mantenido unido por mucho en España. Claro, pelearon, le gritó. Pero no le
preguntó por qué. Nunca cuestionó realmente por qué había hecho lo que había hecho.
Jameson era un imbécil egoísta y egocéntrico, lo sabía, por lo que nunca pensó en cuestionar su
falta de preguntas.
Pero las perlas.
Ella se había derretido en un callejón en París. Llorando de una manera que nunca antes
había visto, no en Tate. No, Tatum O'Shea era demasiado fuerte para llorar, lágrimas reales.
Pero allí estaban, mientras sollozaba y gritaba. Exigiendo saber cómo podía hacerle algo así,
86 ¿por qué le hizo algo así?
¿Cómo pude hacerle eso?
Más tarde, Jameson le diría a Tate que fue el momento en que se dio cuenta de que estaba
enamorada de él.
Lo que nunca le dijo fue que fue en el momento en que se dio cuenta completamente de
que también estaba enamorado de ella.
~11~
—No puedo verte —gimoteó Tate.
—¿Qué tal ahora?
—Veo unas fosas nasales y una barbilla.
—Al menos son unas fosas nasales sexys.
—De eso nada.
—¿Qué tal ahora?
—¡Sí! —exclamó ella—. Sí, ahí está esa hermosa sonrisa.
Nick Castille se rio, pasándose la mano por el cabello. Era medianoche en Tucson,
Arizona. Lo que serían las diez de la mañana en Hong Kong. Nick le había enviado un mensaje
de texto, pidiéndole que hablase un rato por Skype con él. Él quería verla, dijo. Había pasado
un largo tiempo. Así que él accedió a quedarse hasta tarde si ella se levantaba temprano.
Ellos se habían mantenido en contacto. Ella siempre tendría un lugar especial en su
corazón para Nick. Claro, en cierto modo, sutilmente había intentado meterse entre ella y
Jameson —como Jameson se había aficionado a señalar. Pero Nick también había sido
ridículamente comprensivo, más allá de perdonarla, y él siempre le había permitido a ella
hacerlo que quisiese, sin preguntas ni juicios. Cuando ella eligió a Jameson sobre él, ni
siquiera se había molestado. Les había deseado lo mejor.
Con el paso de los últimos dos años, habían logrado verse el uno al otro. Cuando él
estaba en Boston para la temporada de béisbol, a veces saldrían todos a comer. Cuando
Sanders había vivido en casa, ella lo arrastraría a los partidos de béisbol. A Jameson no le
caía exactamente bien Nick, pero tampoco se sentía amenazado por él. Aun así, el diablo no
trataba gentilmente a quien había intentado quitarle a su súcubo, así que pasaría un largo
tiempo antes de que Nick fuese bienvenido en la casa de Weston. La mayoría de las
interacciones de Tate con Nick estaban limitadas a internet.
87 —Así que, ¿cómo estás? —preguntó él, bebiendo de su taza de café.
—Bien, bien. Esto ha estado divertido —le aseguró ella.
—Eso es bueno. ¿Cuándo crees que vendrás a casa? —continuó él.
—No lo sé, probablemente pronto. Jameson vino aquí para ver a su abogado. Que de
hecho estaba en otra ciudad. Se reunieron ayer, en realidad Jameson está con él en este
momento —explicó Tate—. Así que supongo que en cuanto terminen lo que estén haciendo,
volveremos a casa.
—Increíble. Suena genial. ¿Cómo está Ang?
Tate resopló, apoyando la barbilla en las manos. Estaba tumbada bocabajo sobre el
suelo, en medio de la sala de estar de la suite. Tenía el ordenador abierto frente a ella, al
alcance de la mano.
—Bien. Un poco extraño, en realidad. Salimos anoche y antes de que volviese a mi
habitación se puso todo emocional o algo así. Pensé que iba a decirme que tenía cáncer —
rememoró ella.
—Nah, probablemente solo está contento de volver a estar con su amiga. Eres una
persona a la que es duro echar de menos —aseguró Nick.
—Pffff. Tú no me echas de menos —se burló ella.
—Echo de menos tus bromas.
—Mis bromas son horribles.
—Sí, hacen que las mías parezcan mejores en comparación.
—Hablando de mejor en comparación, ¿hay alguna posibilidad de que pueda echar un
vistazo? —indagó ella sonriendo ampliamente, esperando que eso lo adularía.
—Tate, aquí es medianoche —indicó Nick, pero tuvo un problema reteniendo su
sonrisa. Era horrible poniendo un gesto inexpresivo.
—Lo sé, lo sé, pero sabes que me encanta —suplicó ella, haciendo pucheros.
—Sí, sí, ya solo hablas conmigo por una razón —masculló él mientras se inclinaba
fuera de la cámara.
—¡Al menos es por una buena razón! —Ella se rio. La pantalla de Skype se nubló con
el movimiento del brazo de Nick. Solo píxeles llenos de oscuridad y luz. Luego una sombra
moviéndose tras Nick. Otra sombra borrosa entrando en foco mientras era sostenido frente
a él.
—Espera, observa esto —dijo la voz de Nick, y luego la cámara de aclaró.
—Papi.
Tate chilló y ondeó las manos al rollizo bebé que la estaba mirando. El pequeño bebé
tenía los ojos marrones de su padre y una gruesa mata de cabello castaño. El pequeño niño
repitió la palabra unas cuantas veces antes de que Nick apartase a Jake de la cámara y lo
sentase en su regazo.
—¡¿Esa es su primera palabra?! —exclamó Tate.
88 —Sí. Claramente es un chico listo —contestó Nick.
—¡No sé de dónde lo sacó, debo haberle repetido “mamá” cientos de veces! —El
borrón detrás de Nick se rio. Luego se inclinó sobre su hombro, hacia la luz y en el foco de la
lente.
—Es un chico, sobre gustos no hay nada escrito —le aseguró Tate a la esposa de Nick,
Laura. La otra mujer se rio.
—Muy cierto. Supongo que debería estar emocionada; solo tiene diez meses, bastante
pronto para que esté diciendo nada. Tal vez será un genio —mencionó Laura, pasando los
dedos sobre el cabello del bebé.
—Mientras sepa cómo lanzar una bola, no me importa lo listo que sea —añadió Nick.
Tate y Laura resoplaron a la vez.
Hacía dos años, cuando Tate había dejado a Nick en Tucson, ella nunca habría
imaginado que un año después él conocería a la mujer con la que iba a casarse. O que ella se
quedaría inmediatamente embarazada y tendrían un bebé. Había sido rápido, pero era claro
que los dos se amaban realmente. Y Tate se llevaba genial con Laura, otra razón por la que
deseaba poder visitar a Nick más a menudo. La familia de él se sentía como una extensión de
sí misma. Laura era casi como la hermana que Tate deseaba haber tenido, y el bebé Jake era
su sobrino. Ella los amaba.
—¿Cuándo vas a tener un pequeño Kane correteando por ahí? —provocó Laura. Tate
hizo un sonido de arcadas.
—Dios, ¿puedes imaginar a Jameson con un bebé? Sería una mie… eh, ahhh,
necesitaría un cambio de pañales, y Jameson se desmayaría. O intentaría venderlo por uno
limpio —bromeó Tate.
—Apuesto a que él te sorprendería. Pero hablando de pañales sucios —comentó Nick,
sosteniendo a Jake alejado de su regazo. Laura masculló.
—¿Alguna vez termina? Es bueno verte, Tate, ¡ven pronto a visitarnos! —gritó ella
mientras se llevaba al bebé fuera de la cámara.
—¡Lo intentaré! ¡Dale besos por mí! —chilló Tate. Nick se rio.
—En serio, apuesto a que él sería genial con los niños. —Nick retomó el tema del que
estaban hablando.
—¿Jameson? ¿Alguna vez lo has visto alrededor de niños? Parece como si fuese a
vomitar —señaló Tate.
—¿Qué hay de ti? ¿Quieres niños?
—Bueno, sí, algún día.
—Entonces él querrá niños.
—Suenas muy seguro.
—Tate, el hombre vive para verte feliz. El momento en que esté preparada para tener
hijos, él asumirá la responsabilidad —le aseguró Nick. Ella sonrió.
89 —Gracias por tener fe en él —murmuró ella.
—De nada.
—¿Por qué querías que te llamase? —preguntó ella. Nick se encogió de hombros.
—Solo echaba de menos tu rostro. Algunas veces parece que el tiempo pasa muy
rápido, y lo siguiente que sé, es que algo grande ha sucedido. Solo… no quería perderme nada
—intentó explicarse él. Tate frunció el ceño.
—¿Qué te perderías? Todavía los mismos Tate y Jameson por aquí —indicó ella. Él
asintió.
—Lo sé. Pero como dije, a veces las cosas se mueven rápido —repitió.
Tate quería seguir haciéndole preguntas, pero fue interrumpido por la puerta de la
suite abriéndose. Se levantó sobre las manos y para cuando miró sobre su hombro, Jameson
estaba a medio camino de la habitación, quitándose la chaqueta.
—¿Dónde estuviste toda la mañana? —preguntó ella.
—¿Con quién estás hablando? —Él ignoró la pregunta de ella e hizo una él mismo.
—Oh, Nick quería que lo llamase para saludarlo —respondió ella, agachándose y
apartándose a un lado para que Jameson pudiese ver la pantalla del ordenador.
—Oh Dios —masculló él.
—Hola Jameson —gritó la voz de Nick—. ¡Todavía un rayo de sol, puedo verlo!
Jameson le hizo el corte de mangas.
—Chicos —exclamó Tate con voz burlona, girándose, así estaba de nuevo frente a la
pantalla.
—Te dejaré ir. Solo quería saludar realmente. Ten un buen VIAJE y sé buena con él —
instruyó Nick. Tate estalló en carcajadas.
—¿Estás bromeando? Siempre soy buena con él —dijo ella.
—Mentira —gritó Jameson tras ella.
—Sé cómo eres, así que deja de quejarte todo el tiempo y solo aprecia lo bueno —
indicó Nick. Ella jadeó.
—Me retracto de cada cosa asquerosa que dije sobre ti —añadió Jameson, Nick se rio.
—De acuerdo, sí, esta conversación tiene que terminar antes de que suceda algo
extraño, como que se hagan amigos —farfulló Tate.
—Fue bueno hablar contigo. Mantente en contacto —pidió Nick. Ella resopló.
—Siempre. Dale recuerdos a Laura, y un gran beso a Jake —le dijo ella.
—¡También dale mis recuerdos a Laura! —gritó Jameson. Nick bufó.
—Hablaré contigo más tarde.
Tate le lanzó un beso, luego la pantalla se oscureció. Ella suspiró y cerró el ordenador.
Apoyó la mejilla sobre las manos. Murmuró para sí misma, moviendo perezosamente los pies
90 en el aire mientras pensaba en su conversación. “A veces las cosas se mueven rápido”, había
dicho él; ¿pero por qué? ¿Por qué estaba todo el mundo siendo tan extraño?
—¿Solo quería saludar? —preguntó Jameson tras ella.
—Ajá —contestó ella.
—Eso es agradable. Supongo.
—¿Qué has estado haciendo? —cuestionó ella con un bostezo.
—Recogiendo estos contratos de mi abogado. Para lo que vinimos aquí —respondió
él.
—¿Eso significa que volvemos a casa? —supuso ella.
—Todavía no.
Tate estaba a punto de seguirle haciendo preguntas cuando algo aterrizó sobre su
espalda baja. Ella se alzó sobre los codos, intentando mirar sobre el hombro. Por el rabillo
del ojo pudo ver una gran carpeta verde sobre ella. También pudo ver a Jameson alejándose
de ella, regresando a la cocina.
—¿Qué es esto? —masculló ella, alcanzando a su espalda e intentando tomar la
carpeta.
—Algo que necesitas revisar, antes de esta noche —indicó él mientras ella se giraba
en una posición sentada, cruzándose de piernas. Ella lo miró. Estaba de pie en la zona de la
cocina, bebiendo de una botella de Perrier.
—¿Asuntos de contratos? ¿Por qué quieres que lo mire? —preguntó Tate con una risa,
abriendo la carpeta y pasando las páginas. Captó unas cuantas palabras y dejó de reírse. Dejó
de pasar las hojas. Volvió a la primera página.
—Porque necesitamos hablar de ello. Es la razón por la que vinimos aquí —dijo él
simplemente. Tate pasó la mirada sobre las palabras.
—Pero… dijiste que tenías que hablar con tu abogado… sobre una fusión. Tu
testamento —le recordó ella. Se lo recordó a sí misma. Estaba muy confundida. Pasó a la
siguiente página.
—Lo hice. Mi testamento está aquí, puedes verlo a continuación —prometió él. Ella
tragó saliva con dificultad y se levantó lentamente, comenzándole a temblar las manos.
—Jameson. —Ella pronunció su nombre lentamente mientras pasaba a la siguiente
página.
—¿Sí?
—¿Esto es lo que creo que es?
—Eso depende.
—¿De qué?
—De lo que creas que es. Tu cerebro es una de las cosas más jodidas que he visto
jamás, no tengo ni idea de qué estás pensando —bromeó él.
91 No era divertido.
—¡¿Qué demonios es esto?! —exigió ella, volviendo a mitad del documento. Términos
como “separación de bienes”, “estilo de vida” y “activos mutuos” la asaltaron. Girando en su
visión.
—Te lo dije, es por lo que vinimos aquí —repitió él. Ella lo miró fijamente.
—Jameson, esto es un maldito contrato prematrimonial.
—Lo sé.
—¿Por qué tienes un contrato prematrimonial?
—Porque no soy un jodido estúpido.
—¡¿Sí, pero por qué me lo estás entregando ahora mismo?!
—¿Te levantaste estúpida? ¿Por qué siquiera estamos teniendo esta conversación?
Oh, necesitas un bolígrafo. Toma, puedes firmar al final, en la parte trasera —le informó
Jameson, caminando hacia ella con un bolígrafo en su mano extendida. Ella alejó el bolígrafo
Mont Blanc de un golpe.
—¡¿Me estás jodiendo?! ¿Con quién vas a casarte? Porque esta jodidamente claro que
no conmigo —espetó ella. Él puso los ojos en blanco.
—Está bien, antes de que te vuelvas loca, deja que te diga que…
—¿Me hiciste volar hasta Hong Kong así tu abogado podía redactar un contrato
prematrimonial? ¡¿Esa es tu idea del matrimonio?! —exigió Tate. Estaba respirando tan
fuerte que sentía que iba a hiperventilar.
—No, esa es mi idea de lo que es necesario antes del matrimonio. Un matrimonio
incluye otros documentos que están en la carpeta con mi testamento. También requiere un
oficiante certificado y testigos, así que firma el maldito contrato prematrimonial así podemos
encontrarnos con ellos y terminar con esta mierda —masculló Jameson.
—Oh Dios mío. Esta es realmente tu idea de una proposición, ¿no es así? —dijo ella
jadeante—. ¿Esta es una maldita broma?
—Ciertamente la estás convirtiendo en una.
—¡No puedo creerte! ¿Dos malditos años y simplemente me entregas un contrato?
¡¿Firma aquí, luego vayamos a firmar otro pedazo de papel?! ¡¿Es una puta broma?! —Tate
estaba casi chillando.
—Cálmate de una jodida vez.
—¡Cálmate tú! ¡¿Jesús, Jameson, solo soy otro trato de negocios para ti?! ¡¿Una
“fusión”?! —siseó ella. Él la miró por encima de la nariz.
—Más bien una absorción hostil —la corrigió él.
—Hiciste esto porque pensaste que yo no aceptaría —barbotó ella repentinamente.
—¿Disculpa?
—Planeaste la peor manera posible para proponerte, la forma más imbécil, así yo me
negaría, ¡¿no es así?! —exigió ella. Él se rio.
92 —Me das demasiado crédito.
—Que te jodan.
—Ese es tu trabajo.
—¿Sabes qué?, que te jodan. ¡¿Piensas que puedes hacer una mierda como esta?! —
Tate comenzó a gritar, buscando el bolígrafo que él le había ofrecido. Lo vio en el suelo y lo
recogió—. Voy a firmar esta estupidez. Firmaré tu estúpido contrato, completaré tu jodida
fusión.
—Nadie te está obligando, Tate. No querría molestarte —dijo él con su espeluznante
tono suave.
—No. Demasiado tarde —respondió ella con voz cantarina mientras ponía el contrato
prematrimonial sobre la mesa y se inclinaba, firmándolo con una floritura—. Ahora no
puedes echarte atrás, imbécil. Un jodido contrato prematrimonial. Ni siquiera un “buenos
días”. —Ella estaba casi mascullando para sí misma mientras pisoteaba por la habitación.
—¿Qué demonios estás haciendo? —cuestionó él. Ella tomó sus sandalias, saltando
mientras se las ponía.
—Preparándome —farfulló.
—¿Preparándote para qué?
—Ir de compras.
—¿De qué demonios estás hablando?
—¿Quieres una fusión? Entonces una de mis estipulaciones contractuales es que
necesito un jodido vestido blanco caro —le informó Tate, luchando para ponerse la chaqueta.
—Tate, simplemente cálmate y habla conmigo, necesitamos hablar de esto. —Él
suspiró, frotándose el rostro con la mano.
—¡Demasiado tarde para eso! Tuviste todo este tiempo para hablar conmigo, pero
aparentemente hacer un jodido trato y redactar un maldito contrato era más importante. Así
que, ¿cuándo va a tener lugar la mágica fusión? —preguntó ella, colocándose el bolso.
—Necesitamos estar allí a las seis en punto —indicó él, mirando su reloj. Ella jadeó.
Él lo decía en serio.
—Ocho horas. Me diste un contrato y ocho horas —dijo ella suavemente. Él la alcanzó.
—Si simplemente me dejases terminar de decirte… —comenzó él, pero ella se apartó.
—¡Y un anillo! —exclamó ella repentinamente, dirigiéndose a la puerta.
—¡¿De qué demonios estás hablando ahora?! —gritó detrás de ella, mientras ella
llegaba al pasillo.
—¡Voy a comprar un jodido vestido blanco y un gran anillo de diamantes, imbécil! —
le chilló ella antes de cerrar la puerta de golpe.
Un contrato. Dos años. Un jodido contrato. Dos jodidos años.
Tate caminó por el pasillo, giró y se detuvo frente a otra puerta. Llamó hasta que el
ocupante abrió la puerta.
93
—¿Está todo bien? —preguntó Sanders, pareciendo sorprendido.
—¡Venga, vámonos! —gritó ella, volviendo al pasillo.
—¿Disculpa? —contestó él. Ella escuchó la puerta cerrarse, luego él estaba a su lado.
—¡¿Lo sabías, no es así?! —exigió, pulsando el botón de bajada una vez que llegaron
al elevador.
—¿Sabes qué? ¿Qué sucedió? —Sanders sonaba atónito. Las puertas se abrieron y
entraron.
—Sabías lo que él estaba haciendo —indicó ella.
—¿Qué estaba haciendo? —continuó Sanders, pareciendo desconcertado.
—¡Su abogado! ¡Esos estúpidos contratos de los que seguía hablando! ¡Fusiones!
¡¿Cómo pudiste no decírmelo?! —cuestionó Tate, girándose hacia él mientras el elevador
comenzó a descender. Sanders se estremeció.
—Lo siento mucho, me pidió que no lo hiciese. —Esa fue su respuesta. Ella dejó salir
un grito de frustración mientras hacía gestos de ahogamiento hacia la garganta de él.
—¡¿Te estás burlando de mí?! ¡¿Cuántas veces te he dicho, les he dicho a ambos, que
odio esa jodida mierda?! —le gritó Tate.
—Lo has mencionado, varias veces que tú…
—Cállate. Solo cállate. Habla sobre una mala idea. ¡¿Un contrato?! ¿Pensó que diría
que no, esa es la razón por la que lo hizo? Bueno, a la mierda, quiere hacer algo así, me casaré
con él, solo para cabrearlo —amenazó Tate, saliendo al vestíbulo cuando el elevador se abrió.
—Um, está bien. —Fue la única respuesta de Sanders.
El valet llevó el auto. Tate se sentó en el asiento trasero, queriendo poner distancia
entre ella y Sanders. Ella todavía tenía la urgencia de estrangularlo. Le indicó que la llevase
al mejor y más cercano centro comercial.
Compraron durante un tiempo. Tate no solo compró un vestido de boda, compró tres.
También compró un collar con diamantes incrustados y una tiara. Una tiara. Obligó a Sanders
a sentarse en una tienda de lencería mientras ella elegía corsés, sujetadores, medias y ligas.
—¿Vas a tener muchas bodas? —preguntó él. Ella lo miró furibunda.
—No lo sabría, ¿no es así? Nadie pidió mi opinión —espetó ella, luego gastaron más
dinero.
—¿Ahora adónde? —Sanders suspiró, metiendo sus comprar en el maletero del auto.
—Quiero encontrar la joyería más cara de todo Hong Kong —ordenó ella.
—Por supuesto.
Condujeron por un tiempo. Tate permaneció en el asiento trasero, mirando por la
ventana. Maldito Sanders. Maldito Jameson. Ella simplemente no podía superarlo. Cuando
había sido una niña y había imaginado casándose, había imaginado a un hombre
proponiéndoselo, ciertamente no había sido como Jameson había hecho. Ella imaginó a
alguien proponiéndoselo con un anillo, no con un contrato prematrimonial. Proponiéndoselo
94 arrodillándose sobre una rodilla, no lanzándole un contrato. Proponiéndoselo con prosa
poética, no lenguaje contractual. Proponiéndoselo…
Jameson se me propuso. Fue jodido y totalmente equivocado. Pero se propuso. Jameson
Kane me lo propuso. Jameson Kane quiere casarse conmigo. Jameson Kane quiere pasar el resto
de su vida conmigo. Jameson Kane se me propuso.
—Sanders, detente —pidió ella sin aliento.
—¿Disculpa? —cuestionó él.
—Detente —dijo ella más alto.
—Tatum, estamos en una autopista. No puedo simplemente…
—Detente o vomitaré en este asiento trasero.
Sanders se detuvo, poniendo las luces de peligro mientras movía el auto al carril de
emergencia. Tate se deslizó por el asiento al lado del pasajero y bajó la ventanilla, sacando la
cabeza. Mantuvo la boca abierta y tomó respiraciones profundas, cerrando los ojos
apretadamente.
—¿Estás bien? —le dijo Sanders. Ella sacudió la mano y lentamente volvió a sentarse.
—Lo estaré —jadeó, cerrando la ventanilla.
—¿Estás mareada?
—No —respondió.
—¿Puedo preguntar cuál es el problema?
Tate abrió los ojos. Miró el techo del auto. Pestañeó para alejar las lágrimas.
—¿Realmente se me propuso? —preguntó ella.
—Sí. Sí, lo hizo —le aseguró Sanders.
—¿Es real? ¿Realmente se supone que nos casemos hoy? —continuó ella con las
preguntas.
—Sí. En tres horas, en realidad —indicó él, mirando su reloj.
Tate comenzó a llorar.
—Lo siento —sollozó ella. Sanders suspiró y comenzó a arrastrarse sobre el asiento
delantero. Ella comenzó a reír, nunca lo había visto hacer algo tan extraño. Pero para cuando
estuvo sentado a su lado, la risa había desaparecido.
—¿No quieres casarte? —preguntó él, tomando su mano cuando ella se la tendió.
—No. Quiero decir, sí quiero, quiero casarme. Simplemente no sabía que estaba
sucediendo hoy. No tenía ni idea de que él quisiese casarse. —Ella sorbió por la nariz,
girándose en su asiento y alzando las piernas, poniéndolas en el regazo de él.
—Han estado juntos por bastante tiempo, seguramente en alguna parte del fondo de
tu mente sabía que esto podía suceder —señaló él, rodeándole los hombros con el brazo y
acercándola.
—Bueno, sí, en mi mente. La mente de Jameson es un poco diferente. Pensé que yo
tendría que proponerme —explicó ella, riéndose un poco.
95 —Él nunca permitiría eso —aseguró Sanders. Ella suspiró y apoyó la cabeza en el
hombro de él.
—Solo… no puedo creerlo. Todos estos años, Sandy, y todavía no puedo creer que él
quiera estar con alguien como yo —indicó ella, inclinando la frente en el cuello de él.
—Eso es tonto, si me permites decirlo. La mayoría de la gente preguntaría cómo
serían capaces de quedarse con él —señaló él. Ella negó.
—No sé si puedo manejar esto. Es demasiado, Sanders. Él es simplemente demasiado
—susurró ella.
Se quedaron en silencio por un tiempo. Ella abrió y cerró los dedos alrededor de los
de él, rezando para que él dijese lo correcto. Dijese algo que pudiese calmarla. Dijese algo que
ella necesitaba oír.
Él no la defraudó.
—¿Sabes qué creo? —dijo Sanders finalmente.
—¿Qué?
—Tal vez… tal vez estar enamorado es como mirar al sol. Exactamente donde quieres
estar y al mismo tiempo demasiado —murmuró él.
Como mirar al sol. Jameson Kane, justo el centro de mi universo, eso es todo.
—Siempre tienes razón —susurró. Él se rio.
—El tiempo no cambia algunas cosas.
Tate también se rio, luego levantó la cabeza y lo besó.
Ella y Sanders tenían un tipo de relación muy diferente. Nunca han estado
relacionados de forma romántica, nunca habían estado enamorados, aunque habían estado
intimando y eran cercanos en modos que ella nunca había sido con nadie más. Ella nunca
sabía cómo explicarlo. Sanders dijo que eran almas gemelas, y tuvo sentido para ella.
Así que cuando ella lo besaba, no era un acto sexual. Al menos no para ellos. Era muy
natural. Y él le devolvía el beso, apretándole la mano. Ella sonrió contra sus labios y se alejó
un poco.
—¿Crees que él todavía nos dejará hacer esto, después de que se case conmigo? —
preguntó ella, frotando su nariz.
—Bueno, lo que Jameson no sabe, no le hará daño —sugirió Sanders. Tate estalló en
risas.
—Por qué, señor Dashkevich, se ha vuelto muy atrevido en su edad adulta —se burló
ella.
—Discúlpeme, señora O’Shea, pero si soy “atrevido”, entonces es porque me hiciste
de esta manera.
—Coqueto.
Con el tiempo, Sanders volvió a arrastrarse al asiento delantero. Tate tomó algunas
respiraciones profundas más, secándose los ojos. De acuerdo. Jameson se había propuesto.
Ahora muchas cosas tenían sentido, esa debía ser la razón de traer a Ang. Él sería su dama
96 de honor, por decirlo así. Esa era por la que la noche anterior Ang la había besado como si
fuese la última oportunidad para hacerlo. Esa era la razón por la que Jameson había
organizado la cena con sus padres. Esa era la razón por la que Nick había querido hablar con
ella. Todo el mundo menos Tate había sabido lo que Jameson estaba planeando. Él lo había
organizado todo con mucho cuidado, con mucho secretismo.
—¿Adónde ahora? —preguntó Sanders, mirándola en el espejo retrovisor. Tate dejó
salir un suspiro, se pasó las manos por el cabello.
—Al centro comercial. Volvamos al centro comercial —contestó ella.
—¿Necesitas más cosas? —cuestionó él. Ella sonrió.
—Solo un par de cosas.

97
~12~
Jameson Kane estaba nervioso. Muy, muy nervioso.
Eran las seis y media, y nada de Tate.
Él había sabido que estaba asumiendo un riesgo. Cuando Jameson había llamado a su
abogado sobre redactar un acuerdo prematrimonial, él se había imaginado dándoselo a Tate
en Boston. Ella simplemente podía ir a la oficina y el abogado podía explicárselo todo. En
realidad, podía llevarse a cabo una conversación.
Pero luego, resultó que el abogado de Jameson estaba lidiando con otro cliente en
Singapur. Aunque, una vez que a Jameson se le metía en la cabeza llevar algo a cabo, era duro
echarse atrás. Él no quiso ir a Singapur, pero estuvo dispuesto a ir a Hong Kong. Su abogado
accedió a comenzar con el papeleo, ellos podían repasarlo juntos cuando estuviese
terminado.
Jameson no sabía qué esperaba Tate de él. ¿Ella honestamente pensaba que se
arrodillaría? ¿Cantarle una canción o algo así? Al diablo con eso. Ni siquiera se le había
ocurrido.
Lo único que había estado pasando por la mente de Jameson era que esta era la mujer
con la que quería pasar el resto de su vida, y quería que eso comenzase lo antes posible.
Inmediatamente. Así que, si eso significaba volar alrededor de medio planeta, entonces así
sería. Lo que fuese necesario.
Aparentemente, Tatum no se sentía del mismo modo.
—No te preocupes, hombre —murmuró Ang, luego Jameson sintió la mano de él en
su hombro—. Ella estará aquí.
—Así no es exactamente cómo imaginé que iba a ir todo esto. Se suponía que estarías
tú aquí para ella, no yo —susurró Jameson.
—Considéralo una oportunidad para crear lazos —sugirió Ang.
98 —No me hagas vomitar.
Con toda honestidad, Jameson estaba agradecido por la presencia del Ang. El hombre
más joven tenía una personalidad optimista y jovial. De la clase que siempre veía el vaso
medio lleno. Así que mientras Jameson sentía como si se estuviese ahogando lentamente,
esperando a ver si ella aparecería, esperando por algún tipo de mensaje de texto o llamada,
al menos por parte de Sanders, era agradable tenar a Ang allí, intentando animarlo.
Aunque “intentar” era la palabra clave.
—¿Tal vez quedaron atrapados en el tráfico? —sugirió Ang.
—Por favor, deja de hablar, ahora —farfulló Jameson, luego miró de nuevo su reloj.
Las siete menos cuarto.
—Tengo otra boda —intervino el ministro que Jameson había contratado.
—Solo espere un poco de tiempo —espetó Jameson.
Pero quince minutos más tarde, todavía no había señales de ellos. El sol casi se había
puesto y una fuerte brisa provenía del océano. Una boda en la playa había parecido una idea
romántica. Ahora era simplemente deprimente.
Tal vez ella y Sanders huyeron. Jodidamente interesante.
—Lo siento mucho —se disculpó el ministro. Jameson suspiró y se giró hacia él.
—No, lo siento yo por malgastar su tiempo. Gracias por esperar —dijo él, estrechando
la mano del hombre.
—Por supuesto. Y por favor, no se preocupe. Estoy seguro de que hay…
—¡Estamos aquí! ¡Estamos aquí!
Jameson se giró. Tate estaba corriendo por la playa, Sanders corriendo de algún modo
tras ella. Ella estaba ondeando algo en el aire, intentando hacerles señas. Él tomó una
profunda respiración, dejando que sus ojos se cerrasen.
—Gracias a Dios —murmuró él.
—Lo siento, lo siento mucho. Tuve que volver por un montón de cosas, y perdimos la
noción del tiempo, y luego el tráfico fue una mierda, y simplemente lo siento mucho. —Ella
sonaba sin aliento mientras los alcanzaba.
Jameson abrió los ojos y admiró a Tate. Su vestido era simple, uno corto, sin tirantes
y de color crema. Ella no llevaba zapatos, o ningún accesorio, excepto por un montón de
flores blancas al azar que estaba sujetando en su mano derecha. Parecían como si hubiesen
sido arrancadas de un jardín. Tenía el cabello recogido en una alta coleta desordenada. El
maquillaje de sus ojos era oscuro y emborronado, y llevaba un pintalabios rosa pálido.
Se veía exactamente como la mujer que conoció por primera vez, encargada de aquella
fiesta hacía tantos años.
Estoy tan jodidamente enamorado de esta chica…
—Pensé que me estabas dejando plantado —comentó él. Ella puso los ojos en blanco.
—Por favor. Hice que Sanders se detuviese en el hotel, vi tu testamento… muy
generosos, señor Kane. No voy a ninguna parte —lo provocó ella.
99 —Bueno, sabía que eso era una mala idea.
—Cállate.
—Cállate tú.
—Lo siento —interrumpió el ministro—, ¿todavía les gustaría seguir con esto?
Fue breve y simple, justo como Jameson había estado esperando. Sanders y Ang
hicieron de testigos. Tate dijo “sí, quiero”, lo que fue como quitarse un peso de encima. Ahora
no había vuelta atrás. Cuando llegó el momento de intercambiarse los anillos, ella intentó
rechazar al hombre con un gesto de la mano.
—No tenemos de eso, está bien —le informó ella. Jameson alzó la mano.
—Tal vez tú no lo tengas, pero yo sí —indicó él, buscando en su bolsillo.
—¿Me conseguiste un anillo? —cuestionó ella.
—Ya tenía un anillo —la corrigió él.
—¡¿Tenías un anillo y en lugar de dármelo me diste un contrato prematrimonial?! —
exclamó ella, llevándose las manos a las caderas.
—Iba a dártelo después de que mirases el contrato prematrimonial, pero estabas
demasiado ocupada volviéndote loca. Ahora cállate y extiende la mano —ordenó él. Ella hizo
lo que le dijo y él deslizó el gran diamante en su dedo anular, feliz de que encajase a la
perfección. Él lo había medido en base a otro de sus anillos.
—Oh Dios mío —dijo ella ahogadamente, llevándose la mano al rostro—. Es hermoso.
Jesús, Jameson, ¿dónde lo conseguiste?
—Harry Winston.
—¿Perdona?
—Harry Winston. Hice que lo hiciesen en Nueva York. Llevó un tiempo, trabajé con
un montón de diseñadores. Si iba a quedarse en tu dedo, entonces tenía que ser perfecto.
Nadie más tendrá ese anillo. Solo tú.
Tate lo miró por un segundo, llenándosele los ojos de lágrimas. Él odiaba cuando ella
lloraba, pero estaba contento de que ella lo recordase. Contento de que ella lo recordase igual
que él.
—Nunca habrá un anillo de Harry Winston. Nunca te pediré que te cases conmigo. No
quiero esas cosas, nunca lo hice… No quiero poner estrellas en tus ojos, no soy ese tipo. Soy el
diablo, y no tengo planes de cambiar…
Soy tan jodidamente estúpido. Retiro todo lo que dije… debería haberle conseguido este
anillo al principio. Deberíamos haber estado juntos desde el principio. Soy ese tipo, y quiero ver
esas estrellas en sus ojos. Quiero saber que soy el único que las pone ahí.
Afortunadamente, antes de que a Tate pudiesen saltársele las lágrimas, prácticamente
saltó sobre él, besándolo de un modo que hizo sonrojar al ministro.
—Disculpen. ¡Disculpen! —El hombre se aclaró la garganta—. Todavía no he llegado
100 a esa parte.
—Creo que ellos ya lo están, amigo —se burló Ang.
Se separaron lo suficiente para escuchar el resto del discurso del ministro y darle las
gracias. Jameson le dio una gran propina antes de despedirse de él. Luego le estrechó la mano
a Ang y le agradeció el estar allí, le agradeció su comportamiento tranquilizador. Ang se rio
de él, luego realmente lo abrazó.
Jameson logró mantener la comida en el estómago.
Tate lanzó el ramo al rostro de Ang antes de darle un rápido beso de despedida,
dándole las gracias profusamente y prometiendo despertarlo temprano la mañana siguiente
así ella podía gritarle por mantenerlo todo en secreto. Luego ella besó a Sanders, pero no
hubo nada rápido en ello. Ella prácticamente se sumergió en él, metiéndole la lengua en la
boca.
—Está bien, está bien —espetó Jameson. Ella se apartó riéndose.
—Te lo dije —chilló ella, guiñándole un ojo a Sanders. Jameson no tenía ni idea de qué
significaba eso y eligió ignorarlo, caminando un poco con Sanders.
—Gracias, por hacer todo esto. Sé que te incomoda —mencionó Jameson, poniendo
una mano en el hombro de Sanders.
—No es tan malo cuando sé que el resultado será uno bueno —contestó el otro
hombre.
—Tuviste más fe de la que yo tuve. Estaba muy enfadada en el hotel, y luego esa fue
una laaaaarga hora de espera —le aseguró Jameson.
—Sí. Tuvo una especie de crisis en el auto. A veces le toma un tiempo darse cuenta de
lo que es bueno para ella —explicó Sanders.
—A veces creo que nunca la entenderé tan bien como lo haces tú. —Jameson suspiró.
—Un poco de misterio es bueno para una relación.
Jameson estalló en risas y dejó de caminar, tomando a Sanders en un abrazo.
—Estoy muy contento de que vinieses. No hay nadie más a quien querría a mi lado en
este momento —susurró él. Sanders asintió, devolviéndole el abrazo.
—Ni la mitad de contento que yo, señor. No me lo habría perdido por nada del mundo.
Se separaron, se aclararon las gargantas y pestañearon. Hicieron planes para el día
siguiente, luego Jameson se despidió antes de girarse y regresar con Tate.
—Casi pensé que ibas a irte a casa con él —se mofó ella. Jameson puso los ojos en
blanco.
—Ahora tienes que obedecerme, hiciste un juramento, así que cierra la puta boca —
ordenó él. Ella resopló.
—Sí, buena suerte con eso.
—¿Qué quieres hacer ahora, niña? —preguntó él, bajando la mirada hacia ella
mientras paseaban por la playa. Ella se encogió de hombros.
101 —No lo sé. Esta es tu fiesta. ¿No planeaste nada después de esto? —indagó Tate.
—No realmente.
—Apestas en esto.
—¿Tate?
—¿Qué?
—Cállate ahora.
—Sabes, —ella lo ignoró—, si hubieses hecho esto como una persona normal, habría
habido una recepción. Una fiesta, con gente, cosas que hacer.
—Ah, una persona normal. ¿Y qué más sucedería en la boda de una persona normal?
—preguntó Jameson.
—Cosas. Tú lanzarías la liga, yo lanzaría mi ramo, haríamos estúpidos bailes, luego
me cargarías por el umbral —parloteaba Tate. Jameson suspiró y dejó de caminar. Le rodeó
la cintura con un brazo, luego alzó sus piernas, acunándola en sus brazos.
—No hay umbral, Así que esto tendrá que servir. ¿Dónde está tu liga? X—preguntó él,
caminando por la playa, dirigiéndose al estacionamiento.
—No estoy llevando una.
—Maldición. Dame tus bragas, las lanzaremos en su lugar.
—Tampoco llevo eso.
—Tú, señora Kane, es una chica muy, muy mala —dijo Jameson en voz baja. Ella le
sonrió.
—Lo soy, señor Kane. Probablemente debería castigarme —sugirió ella.
—Oh, pretendo hacerlo.
Jameson la llevó hasta el estacionamiento, pero lo que él vio cuando llegaron hizo que
la dejase en el suelo.
—¿Qué? ¿Qué es? —preguntó ella, recolocándose el vestido. Él no respondió y ella
miró donde miraba él con el ceño fruncido.
Un grupo de tipos estaban de pie junto al auto que Jameson había alquilado para él.
La mayoría tenían grandes cámaras colgando de sus cuellos. Cómo habían averiguado lo que
estaba sucediendo, Jameson no tenía ni idea, pero claramente, el secreto había sido revelado.
—No quiero tener que lidiar con esto —masculló él, y justo entonces, uno de los tipos
con cámara los vio. Todos comenzaron a gritar y moverse a la vez.
—¡Kane! ¡Kane! ¿Es cierto que planeó una boda secreta?
Flash. Flash.
—¡Kane! ¡¿Es cierto que cuando Mathias O’Shea se opuso a la boda usted bloqueó sus
acciones?!
Flash.

102 —¡Kane! ¡¿Por qué se casaron en Hong Kong?!


Flash.
—Chicos, si no quieren ser arrestados, les sugiero que se marchen ahora —farfulló
Jameson.
—¡Háblenos de la boda! ¡¿Estuvo Sanders aquí?!
Flash.
—¡Dennos un beso! ¡Venga!
Flash.
—¿Jodidamente tartamudeé? Les pedí que se fuesen —repitió Jameson.
Flash.
—¡Bésela!
Flash. Flash.
—¡¿Es cierto que tuvo a una estrella del porno como padrino?!
Flash.
—Si tomas otra fotografía, voy a romperte la cámara en la cabeza —amenazó
Jameson.
—¡Bésela!
Flash. Flash.
—¡Señora Kane! ¿Por qué el secretismo? ¡¿No quería una gran boda?!
Flash.
—Ya está, vas… —comenzó Jameson, pero Tate le sujetó del brazo. Cuando él bajó la
mirada hacia ella, estuvo sorprendido de ver que estaba sonriendo.
—¿Qué acabas de llamarme? —preguntó ella al paparazzi que estaba más cercano a
ella. Él pareció atónito por un minuto.
—Um. Le pregunté si quería tener una gran boda, señora Kane —repitió él. La sonrisa
de ella se hizo más grande.
—Me gusta eso. De acuerdo, chicos tomen las fotografías antes de que suelte al señor
Kane y se arroje sobre vosotros —ofreció Tate. Jameson gimió.
—¡Dennos un beso! ¡Bésela! —Todos los paparazzi estaban gritando a la vez. Tate se
rio y se puso de puntilla, rodeando los hombros de Jameson con los brazos.
—Solo dales lo que quieren —sugirió ella.
—Será mejor que no te acostumbras a obtener lo que quieres —le advirtió él,
deslizando los brazos por su cintura.
—¿Por qué no? De todos modos, normalmente lo hago.
—Cállese, señora Kane.
Luego él representó un gran espectáculo, echándola hacia atrás y besándola
103 sonoramente.
~13~
—¿Deberíamos mirar? —preguntó Tate, levantándose.
—No —gimió Jameson—. Duerme. Por favor, por el amor de Dios, mujer, déjame
dormir.
—¿Realmente creías que iba a dejarte dormir en nuestra noche de bodas? —preguntó
ella, luego lo mordió en el pecho. Él se apartó de golpe.
—Uno de estos días realmente vas a provocarme un ataque al corazón —advirtió él.
—Algo bueno que yo lo herede todo —indicó ella.
—Oye, Sanders obtiene la mitad.
—Sí, pero simplemente me casaré con él después de que mueras, así que da lo mismo.
—Cállate y duérmete.
—Venga, miremos. —Ella bajó la voz a un susurro mientras meneaba su cuerpo junto
al de él.
—¿Por qué te gusta mirar esa mierda? —cuestionó Jameson.
—Porque es divertido.
—¿Divertido? Tate, casi nos destruyeron no una, sino dos veces —le recordó él. Ella se
encogió de hombros.
—Ahora es diferente.
—¿Cómo?
—Soy tu esposa. Ahora soy indestructible.
Jameson no pudo protestar contra eso.
—Está bien. Consigue el ordenador portátil.
104 Tate salió arrastrándose por la cama, salió corriendo desnuda por la habitación. Luego
volvió y saltó al colchón, sosteniendo el ordenador. Él se lo quitó y lo abrió, apoyándolo sobre
su estómago.
—Ve ahí —señaló Tate, inclinando el aparato hacia ella así podía teclear en la barra
de búsqueda de Google.
—Me lo debes por esto —le informó Jameson, metiendo la mano en el cabello de la
parte trasera de la cabeza de ella.
—¡¿Qué?! Solo es un artículo, apenas nada. ¿Cómo puedo deberte por eso? —
cuestionó ella, ignorándolo mientras se deslizaba por las páginas web.
—Porque yo lo digo —contestó él, cerrando la mano en un puño.
—Pffff, como si eso importase. —Resopló ella. Él tiró con fuerza.
—Oye. Vigila la mandita boca.
—Vigílala tú.
—Creo que tener mi apellido te ha dado un par de pelotas —mencionó él.
—Ohhh, entonces debes estar más excitado por haberte casado conmigo —se mofó
ella.
Se ha acabado la hora de jugar.
Jameson se giró rápidamente, haciendo que ella chillase y el ordenador volase fuera
de la cama. Él la clavó en el colchón.
—¿Qué demonios acabas de decirme? —masculló él. Ella sonrió, pero no hubo nada
dulce en ello.
—Creo que me escuchaste —canturreó ella.
—¿Qué demonios está mal contigo? ¿Por qué siempre quieres cabrearme? —espetó
él, colocando una rodilla entre las piernas de ella, obligándola a separarlas.
—Porque creo que es divertido —susurró ella, luego jadeó cuando él le agarró el
muslo con dureza con la mano, levantándole la pierna, así estaba cerca de la cadera de él
—No vas a pensar que es divertido en un minuto —advirtió él, moviéndose así estaba
de rodilla entre sus piernas.
—Estoy segura de que lo haré.
Jameson no se preocupó de que ambos estuviesen agotados por tener sexo toda la
noche. No le importó si ella estaba preparada o no. No le importaba nada excepto estar
dentro de ella. Él se sostuvo la polla con una mano, empujándola completamente dentro de
ella de un golpe, chocando sus caderas con las de ella.
—Joder, Tate, te despertaste húmeda por mí —gimió él. Ella logró reírse entre jadeos.
—Solo por ti —murmuró ella.
Él se apartó de ella y ella gimió. La colocó bocabajo, golpeándola en el trasero antes
de volver a empujarse en su interior.
105 El sexo entre ellos siempre había sido diferente, especial, por la confianza innata que
tenían el uno en el otro. A Jameson le gustaba el sexo rudo, le gustaba tener manos fuertes y
palabras más fuertes todavía. No estaba practicando ninguna “forma de arte” o “estilo de
vida”, simplemente se corría llamando zorra a una mujer o sujetándola por la garganta.
Tatum no estaba buscando a un “maestro” o un “consejero sexual”, ella simplemente obtenía
placer siendo llamada zorra o que alguien le apretase la garganta.
Para alguna gente, el sexo trataba sobre llevar un cierto estilo de vida, o casi un tipo
de representación de arte, y eso estaba completamente bien. Jameson creía que la gente
debería hacer lo que fuese que funcionase para ellos, pero no era lo que él y Tate estaban
haciendo. Ellos solo eran dos personas follando. A la mierda las palabras de seguridad; ellos
no las necesitaban porque no era un juego para ellos. Jameson nunca le haría daño, y Tate lo
sabía. Era confianza. Era sexo.
Era hacer el amor.
—Oh Dios mío, deberíamos volver a casarnos si así es cómo vas a actuar al día
siguiente —gimió Tate. Jameson la golpeó en el trasero de nuevo.
—¿Qué demonios hace falta para que te calles? —exigió él, alzando más las caderas
de ella y empujando todo lo fuerte que podía. Ella gimió, apoyando las manos contra el
cabecero y empujándose hacia él.
—No estoy segura. Tal vez deberías seguir intentándolo —dijo ella jadeando. Él le
sujetó el cabello y tiró, obligándola a alzarse. Ella movió las manos para aferrarse a la parte
superior del cabecero.
—Te di una maldita boda. Te di un maldito anillo. Te di mi maldito apellido. Lo mínimo
que puedes darme es lo que quiero —espetó él.
—Siempre te doy lo que quieres —gimoteó ella.
—Siempre —concordó él, soltándole el cabello y deslizando la mano alrededor de su
mandíbula. Ella giró la cabeza hacia él, metiéndose su dedo índice en la boca. Él gimió
mientras ella se lo chupaba, rodeándoselo con la lengua como si fuese su polla.
—Joder, Jameson —chilló ella cuando él movió la mano hacia su garganta. Rodeándola
con los dedos y apretando.
—Jameson. Jameson —la imitó él—. Ahora ella dice mi nombre. ¿Recuerdas cuando
intentaste llamarme Kane? Ahora que compartes mi apellido no lo dirás.
—Porque suena bien en mí. —Ella se rio.
—Que te jodan. Yo cree ese nombre, no significa nada en ti, estúpida zorra.
—Puede que tú lo hayas creado, pero yo lo mejoraré.
Jameson le soltó la garganta y puso las manos en la mitad de su espalda, obligándola
a agacharse, así su rostro estaba sobre el colchón. Luego alcanzó alrededor de ella, forzando
sus dedos dentro y alrededor de su centro aliente.
—Es tiempo para que cierres la maldita boca y te corras.
Por una vez, Tate no devolvió ningún comentario ingenioso, obedeció. Tate se corría
106 con todo el cuerpo, él podía observar cómo se apoderaba de cada centímetro de ella.
Observar mientras un sonrojo se extendía por sus omóplatos, justo como sabía que se estaría
extendiendo por su pecho. Ella chilló, clavando las uñas en el cabecero y él sintió su coño
cerrarse alrededor de él. Él gimió, pasando las uñas sobre la espalda de ella, y a ella le tembló
todo el cuerpo.
Cuando todos los músculos de ella se habían relajado y ella estaba gimiendo y
jadeando por aire, su cabeza medio hundida entre las almohadas, Jameson se apartó. Ella
gimió en protesta, moviendo el rostro así podía mirarlo.
—¿Qué estás haciendo, por qué no terminaste? —murmuró ella.
—Oh, no se preocupe señora Kane, planeo hacerlo.
Otra cosa que Jameson pensó era la belleza de estar en una relación sexual
completamente abierta, amorosa y confiada, él podía correrse cuando y donde quisiese sobre
Tate.
Son las pequeñas cosas de la vida.

107
~14~
Tate giró y miró a Jameson. Sonrió. Estaba dormido.
Habían pasado todo el día en la cama. Todo el día. Bueno, hubo un viaje a la ducha y
otra aventura en el balcón, así que técnicamente no todo el día en la cama. Pero
permanecieron todo el día desnudos, lo que fue bastante increíble.
Ella alzó la mano, observando su anillo de bodas a la luz de la luna. Era un anillo
precioso. Casi de apariencia antigua, tenía una gran piedra en forma de pera que estaba
rodeada por numerosos diamantes pequeños, y estaba colocada sobre una fina banda de
platino. Pero eso realmente no le importaba a ella, ella se había casado con él pensando que
no había ningún anillo.
No, lo que a ella le encantaba del anillo era lo que simbolizaba. Él le había dicho que
nunca le daría ese anillo, aun así, ahí estaba; él le había pedido que se casase con él. Él había
cambiado. Le había dado a ella todo lo que siempre deseó. Más.
Tate se movió de costado, preparada para despertar a Jameson de un rasguño, cuando
algo sonó tras ella. Se giró y miró hacia el ordenador, que todavía estaba en el suelo, se había
conectado, por alguna razón. La pantalla estaba ridículamente iluminada en la habitación a
oscuras. Jameson masculló en su sueño y se giró bocabajo. Intentando no hacer ruido, Tate
salió deslizándose de la cama, luego se arrastró sobre manos y rodillas hacia el ordenador.
Estaba a punto de cerrarlo, pero la pantalla llamó su atención. Había olvidado
completamente lo que había intentado buscar. Casi estalló en risas, tuvo que taparse la boca
con la mano. Miró de nuevo hacia la cama antes de acercar el ordenador, bajando por la
pantalla.
Había una imagen de ella y Jameson en la cima, saliendo de la estación de metro en
Nueva York. Él le estaba sosteniendo la mano a ella y tenía la mano libre levantada,
bloqueando el flash de la cámara. Abajo había unas cuantas fotografías más, de ellos hacía
dos semanas, fuera de un club nocturno de Nueva York. Tate vestía la chaqueta de él,
108 haciéndole un corte de mangas al paparazzi. Eso la hizo sonreír incluso más. Luego por
supuesto, la vieja pero estupenda, Jameson y ella de pie en la lluvia, él sosteniendo un
paraguas sobre ella y besándola.
Pero su nueva fotografía favorita era la del final. Era la única imagen que ella tenía del
día de su boda. Jameson inclinándola, pesándola profundamente. Un brazo alrededor de la
cintura de ella, sosteniéndole la mandíbula con la otra mano. Él estaba vistiendo uno de sus
caros trajes hechos a medida. Ella estaba vistiendo un vestido de tubo que compró en
Forever21 por veinte dólares. Muy ellos. Muy prefecto.
Todo es muy perfecto.

109
~ Noticias de Última Hora ~
El financiero Jameson Kane mantiene a su novia en la oscuridad, arruina a su
familia política.
Ayer por la noche, el magnate financiero de treinta y tres años, Jameson Kane, se casó
con su novia de mucho tiempo, Tatum O’Shea de veintiocho años, en una boda secreta junto a
la playa en Hong Kong. Los especuladores se han preguntado durante mucho tiempo cuándo, o
si, la boda tendría lugar en algún momento. Nunca se anunció ningún compromiso, y la boda
en sí misma parecía haber sido una decisión tomada en ese momento.
Mathias o’Shea, padre de la novia, y su esposa, también fueron vistos en Hong Kong,
teniendo una cena con la pareja, pero se asume que no fueron invitados a la boda. Poco después
de su visita, O'Shea fue expulsado de su posición en la junta de J.P. Morgan, y las acciones en
muchas de sus compañías han caído. Los O’Shea también han sido auditados, y hasta ahora
Hacienda ha descubierto numerosos años de impuestos sin pagar e ingresos no declarados.
Desde ayer, se rumorea que O’Shea ha puesto la casa familiar a la venta, para pagar algunas
de las deudas. No se sabe si los O’Shea si quiera saben de la boda de su hija.
Fuentes cercanas al evento declaran que casi no se produjo, con la señorita O’Shea
llegando una hora más tarde a su propia boda. Pero se intercambiaron los votos y es
oficialmente la señora Kane, aunque la mayoría de la gente pensó que nunca sucedería.
Las mujeres del mundo están llorando mientras el hombre conocido cariñosamente
como “Satán” está oficialmente fuera del mercado.
Felicidades al señor y señora Kane. Y si tienen una boda en los Estados Unidos, por favor
envíennos una invitación.

110
~Escenas Eliminadas~
Nota de la autora: Esta escena fue escrita a petición de una crítica; me pidió muy
específicamente cómo pensaba que Jameson lo manejaría si averiguase a través de
otra persona que a Tate le gustaría tener un bebé. Esto literalmente salió de mi
cerebro a un correo electrónico que le envié. Nada de esto ha sido editado, releído o
corregido.

Jameson entró en la cocina.


Tiempo para acabar con la mierda.
—Tatum —exclamó él.
Ella estaba sentada en la cocina, leyendo una revista, y levantó la mirada hacia él.
Sonrió brevemente antes de volver a ponerse a leer. Él frunció el ceño. Hubo una vez en que
ese tono la habría puesto al borde. ¿Ahora ella simplemente ríe ante ello? Nada bueno.
—¿Qué sucede? —preguntó Tatum, bostezando y pasando la página.
—He estado hablando con Sanders —comenzó él, inclinándose al otro lado de la isla.
—Increíble. ¿No hablas con él todos los días? —se burló ella, antes de tomar un vaso
de agua y tomando un trago. Él la miró fijamente.
—Sí, pero normalmente cuando hablamos no es sobre cuántos jodidos bebes
aparentemente quieres.
Tate escupió el agua. Sobre él. Se miraron el uno al otro por un segundo, ella con agua
goteándole por la barbilla. Él con agua goteando por… todas partes.
—Lo siento… ¿Qué? —chilló ella. Él se echó hacia atrás y tomó un trapo.
—Creo que me escuchaste. —Se secó el agua del rostro, luego le lanzó el trapo a ella.
—¡¿Por qué te lo diría?! —exigió ella, secando el desastre de su barbilla y luego la
encimera.
—La pregunta es, ¿por qué estás hablando con él de eso? Creo que, si quieres hijos, la
111 persona clave con la que deberías hablar es con la que estás follando —indicó Jameson.
—¡Bueno, no es fácil hablar contigo! —espetó ella.
—Esa es una excusa de mierda.
—¡¿Ves?! ¡Este momento, ahora mismo, es la razón por la que no hablaría de ello!
Estás siendo un imbécil. ¿Por qué no puedes ser simplemente un ser humano? —exigió ella,
antes de bajarse del taburete y acercarse al fregadero, rellenando su vaso de agua.
—Porque alguien me ha causado un daño cerebral permanente con todas sus
conversaciones sin sentido. Ahora. Bebés. Los quieres —dijo él como declaración.
Ella permaneció callada.
Jameson no iba a mentir, la idea de niños lo aterrorizaba. Sabía qué clase de persona
era él, era muy consciente de su disposición. Sabía que la gente lo describía como
“espeluznante” y normalmente estaba orgulloso de ese hecho. Pero no quería asustar a sus
propios hijos. No sabía si eso era algo que podía evitarse.
¿Y Tate? ¡¿Como madre?! Era casi hilarante.
—Algún día. —Finalmente ella comenzó a hablar de nuevo—. Sí, algún día quiero
hijos. ¿Viste el hijo de Ellie la última vez que estuvo aquí? Es adorable.
—No es un cachorrito, Tate. Los bebés no se quedan como bebés para siempre —le
recordó él. Ella le lanzó el trapo.
—Sé cómo funcionan los bebés, Jameson. Y no estoy diciendo que los quiera ahora
mismo, en este instante. Pero los quiero, y me asusta muchísimo porque sé que la idea no te
entusiasma exactamente —espetó ella.
Se miraron el uno al otro por un segundo, y Jameson pasó la mirada sobre sus rasgos.
Dejó que su mente recordase el pasado. Ella era una persona muy cariñosa. Una persona muy
compasiva. Era leal, generosa y amable. Ella se reía un montón, y no tenía miedo de nada. Lo
mejor de todo, lo amaba a él. Solo a él.
Si esas no son las mejores aptitudes para ser madre, no sé cuáles lo son.
—Haré un trato contigo —comenzó él, acercándose a ella. Ella lo observó con cautela.
—Oh, Dios. ¿Qué tipo de trato? —cuestionó ella, cruzándose de brazos. Él se detuvo
justo frente a ella.
—Te dejaré tener bebés si…
—Oh, ¿me dejarás? Que magnánimo por tu parte, señor.
—…si, puedes prometerme que tendrán tu sonrisa.
—¿Eh?
Ella pestañeó hacia él, claramente con la guardia baja.
—Tu sonrisa. Es una de mis cosas favoritas de ti —aseguró él, deslizando un dedo
sobre su mandíbula.
—¿Quieres que nuestros hijos tengan mi sonrisa? —cuestionó ella en voz baja.
112
—Sí. Pero mi cerebro. Eres una mierda con el dinero —añadió. Ella logró reírse,
aunque se le estaban llenando los ojos de lágrimas.
—De acuerdo. Creo que puedo manejar eso. —Sorbió por la nariz.
—Bien.
Él se inclinó hacia delante y la sujetó por la cintura. Ella dejó escapar un chillido
mientras la ponía sobre su hombro antes de salir apresuradamente de la cocina.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?! —exigió ella.
—Dijiste que querías hijos —le recordó él, subiendo las escaleras.
—¡Lo sé! ¡¿Pero qué estás haciendo?!
—Tomándote para darte lo que quieres.
Ella se rio todo el camino hasta la habitación.

113
Nota de la autora: Esta es una entrevista entre el blog Beauty and Her Beastly
Books con Jameson y Tate. Pensé que sería divertido y pasé un buen momento
haciéndolo. Nada de esto ha sido editado del post original en el blog. Gracias a Carol
por la entrevista y por permitirme compartirla aquí.

¡Es un gran placer tenerlos aquí a ambos en Beauty and Her Beastly Books! Y por
Beastly1 no me estoy refiriendo a ti, Jameson. *Guiño*
*Beauty and the Beastly Books: Entonces, aquí están, juntos. Y todos sabemos todo
lo que llevó que esto sucediese. ¿Creen que se asentarán y se convertirán en una de esas
parejas aburridas y acomodadas?
Jameson: Bueno, no estoy seguro de a qué te refieres, Tate ya es aburrida.
Tate: ¡OYE! Cierto, no creo que jamás seamos aburridos… UNO DE NOSOTROS tiene
el don del dramatismo (indicio, no soy yo). Y puedes llamarme aburrida todo lo que quieras,
Satán, porque malditamente me estoy acomodando.
*Beauty and the Beastly Books: Tate, yo particularmente NO tengo problemas con
la forma en que Jameson te habla o te trata, porque viniendo de él es una señal de amor (lo
siento, Jameson) y también obviamente te divierte… ¿Pero hay algo que no harías por él? ¿Y
hay un nombre que no te gusta y por el que te gustaría que te llamase?
Tate: Hmmm, depende un poco. Callarme “estúpida” en la cama es diferente, estamos
jugando, no es real. Si estuviésemos en la tienda y él fuese como “oye, zorra estúpida, ¿qué
clase de queso quieres?” Probablemente le golpearía en las pelotas. Pero en la cama… no, no
puedo pensar en nada que no haría por él o nombre por el que no pueda llamarme. Excepto
que no haría un trío con Pet. Eso es asqueroso.
*Beauty and the Beastly Books: Tengo que concordar con eso, Tate. Pet
simplemente debería morir, quiero decir, desaparecer. *Guiño*. Jameson, ¿qué es lo que
nunca le pedirías a Tate (dentro o fuera de la cama)?
Jameson: Nunca le pediría que me permitiese hacerle daño si ella no lo desease.
Nunca le pediría que se hiciese daño a sí misma. Pero eso es todo. Pedir permiso realmente
no está en mí.
(¿¿Es mi impresión, o de repente hace calor aquí?? *Se abanica a sí misma*)
*Beauty and the Beastly Books: ¿Hay un trío Jameson/Sanders en tu futuro, Tate?
*Mira a Jameson disculpándose* ¡Por favor, no me patees, Jameson!
Jameson: Esa pregunta me puso físicamente enfermo.
114
Tate: ¡Oooooohhh, mi cumpleaños es justo a la vuelta de la esquina! ¡Qué buena idea!
Jajaja, no, incluso tan loca como estoy, eso sería un poco extraño. Tal vez para mi cumpleaños
pediré un fin de semana donde consiga hacer todo lo que quiera con Sandy, podríamos ir…
Jameson: NO.
(Ups, será mejor que cambie de tema *Piensa para sí misma*)

1
La traducción sería Bestial.
*Beauty and the Beastly Books: Jameson, ¿qué dirías sobre todas esas mujeres a las
que se le derriten las bragas por ti? *Mirada a un lado y comprobación de la ropa interior
número 2 para ver si todavía está en su sitio*
Jameson: Diría que es más de lo mismo, y claramente tienen un gusto excelente.
Simplemente deberían dejar de usar bragas. Una prenda de ropa muy molesta.
(En ese caso, deja que me vaya por unos minutos. *Lo piensa para sí misma, pero
permanece en la silla*)
Tate: Ahora yo ESTOY físicamente enferma.
*Beauty and the Beastly Books: Tate, muchas mujeres comparan la apariencia de
Jameson con la de Nick Bateman y David Gandy. Particularmente creo que parece un Gandy
más joven, pero con una mejor polla prefiero creer… ¿A cuál de los dos crees que se parece
más? (En realidad, ¿podrías decirnos también si es una patata como Gandy o un pepino como
Bateman?) *Intenta adivinarlo mirando el pene de Jameson. Quiero decir PANTALÓN*
Tate: No veo a Bateman en absoluto…demasiado escuálido. ¡¿Ves esta bestia de
amplios hombros junto a mí?! Se parece mucho más a Gandy, pero… ¿más malvado? JAJAJAJA.
Y no hay ninguna patata escondida en ese pantalón.
Jameson: Jesús, si vamos a pasar la mayoría del tiempo hablando de mi polla,
simplemente puedo bajarme el pantalón.
Tate: Nadie quiere un espectáculo.
(¡¡YO LO QUIERO!! *Alzando la mano*)
*Beauty and the Beastly Books: ¿Tate, puedes decirnos qué significa ese colgante
de perla barato para ti? Todos lo vimos/leímos sobre ello, pero estoy segura de que hay más
gente que yo deseando saber más sobre lo que significa para ti.
Tate: Oh, querida. En realidad, ahora se queda en la caja fuerte de casa. Para mí era
un símbolo. No sé si los has notado, ¿pero no parece que no se puede ver mucho a través de
esa gran cabeza suya? Tiene una excepcional expresión de póquer, siempre creo que no me
está escuchando, o no le importa lo que estoy diciendo. Ese collar me mostró que escucha
cada palabra que he dicho, y lo recuerda. Me dice que me ama lo suficiente para hacer algo
contra su naturaleza, contra su inclinación, contra lo que ÉL quiere hacer. Jameson rara vez
hace algo que no quiere hacer. Solo… significa mucho. Lo significó todo.
Jameson: Lo juro por Dios, si empiezas a llorar me voy.
Tate: Eres un gilipollas.
115 (Pero es un gilipollas excitante *Suspiros*)
*Beauty and the Beastly Books: Jameson, ¿qué hay de ti? Todos sabemos que te
encantaría reemplazarlo por un colgante de perla real y caro, ¡pero es tan emotivo y chocante
que le dieses uno barato! ¿A qué estabas aspirando? ¿Ser dulce y romántico o solo hacer tu
reclamo?
Jameson: Estaba buscando una reacción. Una buena. No sé una mierda sobre ser
dulce o romántico, pero Tate seguía diciendo que nunca la escuchaba. Quería mostrarle que
lo escucho todo. Dijo que, si un regalo fuese dado con amor, ella vería el valor real, no la
etiqueta del precio. Así que le conseguí un pedazo de mierda y recé porque ella viera el
precio. Las mujeres son jodidamente extrañas.
(¡Oye, estoy orgullosa de ser extraña!)
*Beauty and the Beastly Books: Tate, ahora de verdad y sin avergonzar a Sanders,
por absolutamente me ENCANTA… ¿Qué sucedió con preguntarle el quitarle la virginidad?
¿Realmente lo harías? Y Jameson, ¿cuál sería tu reacción a eso?
Tate: ¡Eh, estaba en un mal lugar! No estaba pensando correctamente. Y con total
honestidad… en ese momento, sí lo habría hecho. Sanders es especial para mí. La idea de él
haciéndolo con una chica al azar, que no se tomaría el tiempo para hacerlo sentir bien, Dios.
Habría matado a la chica. Lo juro, todas y cada una de sus novias tendrán que pasar por mí
primero. Debería empezar reclamando solicitudes. La mujer que llegue a estar con Sanders…
tendrá que estar más allá de la perfección. No creo que haya una que lo merezca, incluida yo.
Solo creo podría hacerlo muy divertido para él, jajajaja.
Jameson: ¿Recuerdas ese comentario de “físicamente enfermo” de antes?
Tate: Solo respondo a la pregunta.
Jameson: Yo no lo permitiría.
Tate: Jameson…
*Mirando de uno a otro*
Jameson: Los mataría a ambos.
Tate: ¡Jameson! Cállate y se honesto.
Jameson: No me gustaría. Me haría… incómodo. No me gusta sentirme incómodo.
Pero me preocupo por ambos, y si ambos pensasen honestamente que era la mejor solución
al “problema” de él… pensaría en ello. Pero no me gustaría.
Tate: No fue tan duro, ¿no es así?
Jameson: Cierra la puta boca.
*Suspiros*
*Beauty and the Beastly Books: Esta es para ambos… En tu opinión, Jameson,
¿cuáles son las mejores y peores cualidades de Tate? Lo mismo para ti, Tate, ¿cuáles son la
de Jameson?
Jameson: Al fin, mi tipo de preguntas… Su mejor cualidad es cómo folla. Lo peor es
que ronca.
116 Tate: Nunca volveré a dormir contigo. La mejor cualidad de Jameson es que a pesar
de todas las apariencias, es muy compasivo. Habla mucho, pero me deja salirme con la suya.
Me deja ser yo, deja que todo el mundo a su alrededor sea quien quiere ser. Su peor cualidad
es que casi tiene falta total de empatía.
*Choca esos cinco, Tate*
*Beauty and the Beastly Books: También para ambos, si tuviesen que describirse el
uno al otro con una palabra, ¿qué palabra elegirían? ¡Satán y zorra no están permitidas!
*Guiño*
Tate: JAJAJAJA, maldición… um, ¿gilipollas? No… ¿estúpido? No, podemos hacerlo
mejor, um… ¿maleducado? ¿Arrogante? ¿Mandón? ¿Controlador? ¿Domin…
Jameson: Vamos a estar aquí toda la noche si no la callas. Una palabra para Tate,
cariñosa.
Tate: Una palabra para Jameson, tabú.
(¡¡¡Ohhh, siempre me ha encantado la palabra “tabú”!!!)
*Beauty and the Beastly Books: Jameson, ¿hay algo de Tate que no sabes, pero te
encantaría? Y por favor, abstenerse de pelearse aquí… *Aunque la reconciliación sería
excitante, cof, cof, interesante de ver*
Jameosn: ¿Algo que no sé? Dios, esa es difícil… Nunca se calla, estoy bastante seguro
de que he escuchado la historia de su vida un millón de veces. Hmmm… supongo que me
gustaría saber exactamente qué pensó que conseguiría de una vida con Nick que pensó que
no podría tener conmigo.
*Beauty and the Beastly Books: Tate, qué es eso que sabes de Jameson, pero
desearías no saber. *Por favor, no digas que en realidad la tiene pequeña, arruinaría mis
fantasías*
Tate: JAJAJA, no Jameson es hermoso en todas partes. Solo pregúntale a él, te lo dirá.
Algo que desearía no saber… es un poco egoísta. Desearía no saber cuánto daño le hice,
cuando me fui a Arizona. Hemos hablado mucho sobre ello. Hace un tiempo, dijo que no había
sabido la clase de poder, que podía hacerme tanto daño como lo hizo, con Pet. Bueno, yo no
tenía ni idea de que podía hacer lo mismo. Y lo hice. No sé si seré capaz de perdonarme
realmente a mí misma.
*Beauty and the Beastly Books: Jameson, ¿cómo se siente ser Satán?
Jameson: ¿Has visto el auto que conduzco? ¿La ropa que visto? ¿La mujer con la que
duermo por la noche? Se siente jodidamente fantástico.
*Beauty and the Beastly Books: Tate, tienes un poco de Satán en ti, así que, ¿cómo
se siente estar en los zapatos de Jameson por un tiempo?
Tate: Una mierda. Él lo hace mucho mejor que yo, puede quedarse con el título.
*Beauty and the Beastly Books: Tate, si tienes hijos con Jameson, qué rasgos de él
quieres que tengan (digamos que tienes un niño y una niña) *Imágenes de un mini Jameson
y una mini Tate correteando alrededor* Y Jameson, ¿qué hay de los rasgos de Tate, qué
elegirías para tus hijos?
117 Tate: ¡¡OOOOOHH!! ¡Pequeños Jamesons! ¡¿Eso no sería ADORABLE?! Querría que
ambos tuviesen sus ojos, su fuerza e inteligencia, sus agallas.
Jameson: Oh, Dios. Querría… Tate hace y MANTIENE amigos con facilidad. Puede que
lo joda mucho, pero tiene buenas intenciones, y el mejor corazón que nadie que haya
conocido. Quería que tuvieran todo eso.
*Beauty and the Beastly Books: Jameson, ¿quieres hijos? ¿Y qué nombres elegirías
para un niño y una niña? *Tal vez Carol en homenaje a la mejor relación de una noche que
tuviste después de esta entrevista* Ups, ¿lo dije en voz alta?
Jameson: Algún día, quizás, sería agradable tener hijos. En un lejano futuro distante.
Alguien que llevase mi nombre, nuestro legado. ¿Y por qué tiene que ser de una noche? Estoy
en la ciudad el resto de la semana.
*Abanicándose durante un minuto y sonrojándose*
*Beauty and the Beastly Books: Ahora la gran pregunta… Jameson, ¿cuándo es la
boda? ¿Seré invitada a la ceremonia? ¿O tal vez a la despedida de soltero? *Mirando con
esperanza a Jameson*
Jameson: No digas la palabra con “B” alrededor de Tate, creo que ella está “anidando”,
o algo. He escuchado el rumor de que pronto va a salir algún tipo de libro sobre nosotros, tal
vez allí lo pondrá. Y estoy completamente bien contigo organizando una despedida de soltero
para mí, con boda o no.
*Haciendo una nota mental de cosas que hacer y recordar limpiar la casa* Ups, de
nuevo, mejor vuelvo con la entrevista.
*Beauty and the Beastly Books: Ahora, siento por ponerte bajo el foco de atención
aquí, Jameson… tengo la tradición en mi blog de que cada vez que hago una entrevista con
personajes increíbles, quiero decir, gente como vosotros dos, hago una rápida sesión de
preguntas y respuestas… ¿Preparados? *Baja la mirada hacia Jameson y ve que de hecho ya
está preparado*
*Beauty and the Beastly Books: ¿De día o de noche?
Jameson: Cualquier momento.
Tate: Cualquier momento.
*Beauty and the Beastly Books: Posición favorita.
Tate: El misionero.
Jameson: Ella se inclina sobre cualquier objeto que esté más cerca.
¿¿¿Quién dijo que estaba hablando de seco???
*Beauty and the Beastly Books: ¿Luces encendidas o apagadas?
Tate: Encendidas.
Jameson: Encendidas.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Color favorito?
Tate: Oro.

118 Jameson: Negro.


*Beauty and the Beastly Books: ¿Libro favorito?
Jameson: La Divina comedia de Dante Alighieri.
(¡¡También me encanta ese libro!! *Salta con excitación*)
Tate: *Cof*Farsante*Cof* Las cinco personas que conoces en el cielo de Mitch Alborn.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Vino o cerveza?
Tate: Cerveza.
Jameson: Vino.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Casual o Chic?
Tate: Casual.
Jameson: Chic.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Comida favorita?
Tate: China.
Jameson: Francesa.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Comida o sexo?
Tate: ¡AH! ¡NO PUEDO DECIDIR! ¡¿AMBAS?! ¡UGH! ¡PERO NO PUEDO!
Jameson: Sexo.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Canción favorita? ¿Tal vez la canción de la boda?
¡Solo estaba bromeando, Jameson, no tienes que mirarme así!
Jameson: Solo estoy controlando mi temperamento porque eres guapa. La canción
favorita es el tercer movimiento de la sonta Luz de Luna de Beethoven.
(¡¡OHHHHHH, DIJO QUE ERA GUAPA!! *Escribe es su diario “¡¡Este es el mejor día de
mi vida!! ¡¡Jameson dijo que era guapa!!” Luego se gira hacia ellos avergonzada*)
Tate: Ummmm… ugh, ahora mismo diría que es Shake it off de Taylor Swift, pero eso
cambia.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Pepsi o Coca-Cola?
Tate: Coca-Cola.
Jameson: Ninguno.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Gatos o perros?
Tate: Perros.
Jameson: Gatos.
(¡¡Por supuesto, Satán sería una persona de gatos!!)
*Beauty and the Beastly Books: ¿Acurrucarse o segunda ronda? Hay algo parecido
a acurrucarse cuando viene con Jameson.
Jameson: Hay estar en el ring, o jodidamente desmallarse, no sé qué es eso de
“acurrucarse” de lo que hablas.
119 *Sonrojo*
Tate: Y la gente se pregunta por qué me escurro en la habitación de Sandy para
acurrucarme.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Cama o sofá?
Jameson: Lo que esté más cerca.
Tate: Cama.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Ropa interior o sin nada?
Tate: Ropa interior.
Jameson: Sin nada.
*Beauty and the Beastly Books: ¿Príncipe encantador o Satán?
Tate: Ambos mezclados en uno.
Jameson: ¿Esta es una pregunta de verdad?
*Beauty and the Beastly Books: ¿Rápido o lento? (¡Dejen de ser malpensados, puede
ser cualquier cosa!)
Jameson: Me gusta todo rápido. Mujeres, autos, dinero, sexo.
Tate: Sí, tendría que coincidir con él en eso.
*Beauty and the Beastly Books: Y finalmente, ¿boxes o calzoncillos? (*Esperanza de
que Jameson se lo mostrase a ella y Tate no la asesinase*)
Jameson: Depende de la ropa. Trajes, visto calzoncillos. Pantalones vaqueros, me
pongo bóxer. En casa nada. Si alcanzas mi hebilla, puedo mostrarte…
Tate: Esto sería mucho más fácil si no estuviésemos en una entrevista. Solo lo digo…
(Bueno, podemos ir a mi apartamento, está bastante cerca en realidad… ¿¿¿VOLVÍ A
DECIRLO EN ALTO???)
Muchas gracias por venir (¡Yo seguro que disfruté viendo a Jameson tan cerca!
*Mirada a Tate, ¿volví a decirlo en alto?* ¡¿Jesús, alguien me ha echado algo en la bebida?!)
¡Tuve el mejor momento! ¡Espero que vuelvan pronto y traigan a Sandy! *Le desliza a
Jameson su número de teléfono*
Jameson: Voy a cambiar una de mis respuestas.
Tate: La entrevista se terminó, Jameson, no puedes simplemente decidir…
Jameson: La peor cualidad de Tate es que es demasiado dura consigo misma, y le
afecta lo que la gente con demasiada facilidad, en particular las cosas que ni siquiera son
ciertas. Su mejor cualidad es que cuando ama a alguien, ama todo sobre esa persona, inclusos
sus fallos. Incluso si es el diablo.
Tate: Oh Dios mío, Jameson, eso es realmente dulce. ¡¿Por qué no puedes ser así todo
el tiempo?! ¿Por qué no podías simplemente haber…
Jameson: Tatum.
Tate: ¿Qué?
120 Jameson: Cierra la maldita boca. La entrevista se terminó.
Nota de la autora: Una nota de amor de Jameson para Tate en el Día de San
Valentín; parte de un proyecto con el encantador Blog True Story Book.

De las Oficinas de Jameson Kane, CEO y Fundador; kane.jameson@kane.net


Para: Tatum O’Shea; sluttymcgee@yahoo.com
Fecha: 14, febrero, 2015; 16:32
RE: Este día

Niña,
He sido informado, múltiples veces, por Sanders de que hoy es un día donde se supone
que te envía una tarjeta romántica, profesando mi amor y adoración.
Esto me parece jodidamente estúpido. Sabes que te amo, “adoración” es exagerado, y
ni siquiera sé qué significa “romántico”.
Pero ya que no me dejará solo y está leyendo sobre mi hombro, te diré que estoy
agradecido por cada día que me despierto junto a ti, e incluso más agradecido por cada día
que llego a casa contigo. Gracias por ser la mejor parte de mi vida.
Puede que muestres tu gratitud hacia mí (que es abrumadora, estoy seguro)
esperando en la biblioteca y estando desnuda cuando llegue a casa (esta no es una petición).
Respetuosamente,
Jameson.

PD: Cambia tu jodida dirección de correo electrónico.

121
Nota de la autora: esta es una “guerra” de notas que creció a proporciones
épicas en mi muro de Facebook. Después de la última nota, cambió y una “guerra” de
mensajes entre Jameson y Tate, completada con capturas de pantalla de los
verdaderos mensajes.

DE: Las Oficinas de Jameson S. Kane


ASUNTO: Viernes 13 y el Día de Sal Valentín
PARA: O’Shea, Tatum

Olvidé mencionar, no estaré en casa el viernes y sábado. Aparentemente tengo un


compromiso el fin de semana. Sanders no me comenta estas cosas hasta que el jodido último
momento. Por el lado bueno, parece que estaré rodeado de mujeres todo el fin de semana.
No puede ser una completa pérdida. Quería avisarte, así puedes hacer tus propios planes.
NADA DE ANGIERS.

Saludos,
Jameson.

DE: Casa de tu madre


ASUNTO: ¿Por qué no puedes ser como una persona normal?
PARA: El Diablo

En serio. ¡¿Un correo?! Una llamada de dos segundos, eso es todo lo que habría
tomado. No soy ninguno de los robots de tu oficina. ¡¿Y el Día de San Valentín?! No está bien.
¡Tenía planes para nosotros! Y si vas a abandonar, entonces DEFINITIVAMENTE voy a hacer
que Ang venga. Lo tendré de cualquier forma que quiera. Porque estaré sola con mi amigo,
¡JA!
Sinceramente,
Tate, también conocida como Zorra Cabreada
122

DE: Las Oficinas de Jameson S. Kane


ASUNTO: Viernes 13 y el Día de San Valentín
PARA: O’Shea, Tatum
Envié un correo porque A) soy un jodido adulto y estoy en el trabajo, y B) si te llamase,
nunca dejaría el teléfono, nunca cierras la boca. Y por favor, no te compares con mis
empleados, al menos ellos se ganan su paga. ¿Exactamente, qué haces tú para ganarte la tuya?
Adelante. Invita a Angier. Veremos cuánto me puedo cabrear realmente. Ha pasado
un tiempo desde que no jugamos a un juego.
Saludos,
Jameson.

DE: La tierra de una novia cabreada


ASUNTO: Que te jodan
PARA: El señor cabreado y amargado

Exactamente, qué hago para ti es nada y todo, ¿quieres hacerte tú mismo una
mamada? Adelante, observaré. Porque es muy seguro que ya no vas a conseguirlo de mí.
Por favor, deja de molestarme, estoy teniendo una conversación por Skype muy
importante con mi querido Ang, discutiendo sobre nuestros planes de San Valentín.
Me pregunto si el club de sexo en el centro todavía está abierto…
Tu querido robot,
Tate.

DE: Las Oficinas de Jameson S. Kane


ASUNTO: Viernes 13 y el día de San Valentín
PARA: O’Shea, Tatum

Sigue hablando, me encanta ver tu trasero rojo. Espero que no tengas ningún plan
para el resto de la semana, porque para cuando acabe contigo no serás capaz de caminar
derecha. Mejor cancela tus planes con Angier.
123 NO me mensajees de nuevo, soy un hombre muy ocupado y estoy cansado de tus
distracciones. No me hagas ir a casa para explicarte esto en persona. No te gustará.
Saludos,
Jameson.

DE: JAJAJAJAJAJA
ASUNTO: Lo creeré cuando lo vea
PARA: Satán (no confundir con una bolsa de aire caliente)

Gran discurso. Promesa, promesas. Veo tu amenaza y la subo a ESTUPIDEZ.


¿Quieres que deje de enviar mensajes?
OBLÍGAME.
Tu turno,
Tate.

DE: Las Oficinas de Jameson S. Kane


ASUNTO: Respuesta Automática Activada
PARA: O’Shea, Tatum

Sentimos informarle que Jameson Kane ha abandonado la oficina por el día de hoy. Si
es una emergencia, por favor, póngase en contacto con Sanders Dashkevich.
El señor Kane volverá a la oficina mañana por la mañana, a las ocho de la mañana.
NO CONTESTE A ESTE MENSAJE

124
Nota de la autora: Este era el Epílogo original que escribí para Reparation, allá en…
¿mayo del 2014? Por aquel entonces, el capítulo final también era diferente; en la
versión original Jameson nunca decía la palabra con “A”, porque simplemente no podía
imaginármelo diciéndola, en ese momento. Obviamente, mucho cambió. Nada de esto
ha sido editado, releído, corregido o comprobado la exactitud del lenguaje.

~ Epílogo ~
—Dios, hace buen tiempo.
—¡No, no! ¡alemán! Tienes que hablarme en alemán.
—Es ist sehr schon aus.
—Es… ist, her… —Tate intentó repetir las palabras.
—Shon.
—Shon… ¿cas? —Ella se rio.
—Deberías haber elegido el español.
Se acurrucó contra el cuerpo de Jameson, tumbada sobre él. Él no se quitó los lentes
de sol o movió la cabeza para mirarla, pero le rodeó el cuerpo con el brazo.
—La escuela no empieza en otro mes o dos, podría cambiar —comentó ella, doblando
los brazos sobre el pecho de él y apoyando la barbilla sobre ellos.
—Lo recomendaría fuertemente. Tu acento alemán es una mierda —indicó él. Ella se
rio.
—Tengo un profesor de mierda. Ahora tienes que decírmelo todo en español —
advirtió ella.
—Hoy me voy a tomar toda la ropa de… —Él comenzó a hablar de prisa.
—¡Eh! ¡Oye, todavía no lo habló! —se mofó ella. Él se rio entre dientes y la rodeó con
el otro brazo.
125
Estaban en la cubierta superior del yate de él. Él lo había llevado a América y estaban
atracados en Miami. Era julio, así que hacía un calor sofocante, pero ella vivía prácticamente
en bikini, así que no era tan malo. Además, el también pasaba la mayor parte del tiempo en
traje de baño. Ella no se cansaría del cuerpo de él.
Sanders iba a ir al MIT en otoño. Ingeniería. Iba a aprender cómo diseñar autos,
¿Quién sabía? Tatum también iba a ir a la universidad en otoño, pero no al MIT. Ni siquiera a
Harvard. Iba a comenzar con poco, en la universidad comunitaria, solo para tomar clases de
educación general y ver si empresariales era algo que realmente quería hacer.
Ya que parecía que todo el mundo estaría ocupado llegado el otoño, Jameson tuvo la
idea de que se alejasen durante parte del verano. Habían navegado por la costa este, desde
Boston todo el camino A South Beach. Ahora iban a pasar el resto del verano el Florida y los
Cayos. Ella incluso había hablado con él de llevar a Ang. La vida era casi tan perfecta como
posiblemente podía ser.
Petrushka solo había sido un problema una vez. Llamando a la casa, repetidamente, a
pesar de la orden de restricción. Tatum finalmente había contestado al teléfono y la había
amenazado, embarazada o no; Tate patearía el trasero de la modelo si seguía intentando
ponerse en contacto con Jameson. Tatum era la única mujer en su vida, y Pet sería mejor que
se acostumbrase a ello de una maldita vez.
Ella nunca llamó de nuevo.
Nick también volvió a Boston, aunque él no era un problema. A veces, ella lo atrapaba
mirándola un poco melancólico, pero luego él sonreiría con su sonrisa de cachorrito, y
continuaría con lo que fuese que estaba haciendo. Él y Jameson incluso pasaron una noche
juntos, jugando al póquer en la biblioteca. Ella no estaba segura de lo que sucedió, pero para
el final de la noche Nick tenía un ojo morado, Jameson tenía los nudillos despellejados y
estaban hablando y riendo como si fuesen los mejores amigos.
Los chicos son jodidamente extraños.
—¿Te lo comenté? —comenzó Jameson repentinamente—. Fuimos invitados.
—¿Fuimos?
—Fui —se corrigió él.
—¿A qué? —preguntó ella.
—Estoy cordialmente invitado a la boda del señor Wenseworth Dunn y la señora
Petrushka Ivanovic —confesó. Tate estalló en risas.
—Te estás burlando de mí. No lo hicieron —dijo ella jadeante.
—Oh, lo hicieron. Admite un acompañante. Pensé en invitar a Sanders, pero creo que
tú te ves mejor en vestido —dijo.
—Probablemente. Solo iré con una condición —respondió ella.
—¿Y qué es?
—Llegamos a tener sexo, los más sonoro posible en un baño durante el servicio —
indicó ella.

126 —Eres tan pervertida, niña. Me encanta —se burló él, apretando más los brazos
alrededor de ella-
—¿De dónde viene “niña”? ¿Llamabas así a Pet? —indagó ella. Él arrugó la nariz.
—Siempre has sido simplemente eso, es tu nombre. Desde la primera vez que te vi.
Pet tuvo su propio apodo, después de que la conociese —contestó. Ella se alzó, así estaba a
horcajadas sobre su pecho.
—Ohhhh, quiero saberlo —dijo ella en un susurro.
—Fozte.
—¿Significa?
—Coño.
Ella se rio de nuevo.
—Casi estoy celosa. ¿Vamos a ir? —cuestionó ella, dirigiendo la mirada sobre el
puerto.
—Pensaré en ello —dijo él, susurrando y dejando las manos en el pecho, donde las
manos de ella habían estado hacía un momento.
Ella bajó la mirada hacia ellas y sonrió. Él tenía una cicatriz a un lado de su mano,
desde el nudillo de su dedo meñique hasta la cima de su muñeca. Cuando había dado un
puñetazo a la ventana en el Jag, el corte había sido profundo. Sanders le había dado puntos.
Aparentemente, no era tan bueno con los puntos de suturo como lo era en todo lo demás.
Pero a ella realmente le gustaba. Ella le había hecho una marca a Jameson.
Parecía justo.
—¿Dónde está Sanders? Pensé que teníamos planes para ir a comer. Siempre me está
dejando plantada —se quejó. Jameson se rio.
—Tiene miedo de ti. Desde que lo emborrachaste tanto en su cumpleaños que no
podía ver con claridad, no confía en ti —le recodó Jameson. Ella se rio.
—Oh, estaba bien.
—Nunca he visto a un hombre crecido vomitar tanto.
—Cállate. ¿Dónde está Ang? Esto está sospechosamente silencioso. —Ella miró a su
alrededor, dándose cuenta por primera vez. Jameson movió las manos a los muslos de ella.
—Probablemente es porque le pedí a todo el mundo que se mantuviese alejado —le
informó él. Ella arqueó las cejas.
—¿Le pediste a todo el mundo que se mantuviese alejado? —aclaró ella.
—Bueno, les dije que se mantuviesen alejados. En un lenguaje muy gráfico. Se van a
quedar en un hotel el resto del fin de semana —aclaró él.
—¿Por qué?
Él se sentó repentinamente y ella se rio, sosteniéndose a sus hombros, así no perdía
el equilibrio. Él aseguró las piernas de ella alrededor de su cintura y luego se levantó,
llevándola a las escaleras. Ella miró alrededor de ellos, preguntándose qué estaba
sucediendo.
127 —Porque tengo planes para nosotros esta noche —confesó él, bajando de la cubierta
superior. Él finalmente había reemplazado los muebles que la enfadada sirvienta había
lanzado por la borda. Pero caminó junto todo ello, llevándola a la cubierta inferior.
—Oh, ¿de verdad? ¿Y qué clase de planes, señor Kane? —interrogó ella.
—Unos muy retorcidos —contestó. Ella se rio.
—¿Cómo de retorcidos? Acabas de volver de Los Ángeles ayer… pensé que estarías
agotado —provocó ella.
—Nunca estoy demasiado agotado para ti, Tate. Siempre consigues el último bocado
—le aseguró, llevándola a las profundidades del barco.
—Malditamente claro.
La llevó a la cama, la tumbó sobre la cama. Cubrió su cuerpo con el suyo propio. La
besó de la barbilla a las rodillas, y luego arriba de nuevo. Ella suspiró, sonriendo contra la
boca de él, rodeándolo con los brazos.
A veces, él era muy dulce, ella pensaba que le iba a estallar el corazón. La forma en
que la miraba, a veces, simplemente la mataba. Como si fuese la única mujer que quisiese
volver a mirar jamás. Ella pensaba que tal vez la había estado mirando de ese modo desde
hacía algún tiempo, y simplemente nunca lo había notado.
Chica estúpida.
Otras veces, era tan malvado, que la hacía sentir viva. Como si estuviese ardiendo.
Justo el otro día, se habían enzarzado en una “discusión”. Ella le lanzó su plato de la cena a la
cabeza, llamándolo retardado. Él la metió bajo el chorro helado de la ducha, llamándola
cabeza loca. Ella le dijo que se jodiese a sí mismo. Él le contestó que ella siempre era mucho
mejor en eso. Ni siquiera llegaron a la habitación. Él usó la camiseta de ella para atarle las
manos y ella se rozó las rodillas por la alfombra del pasillo. Ang se encontró con ellos en su
camino a su habitación. Aseguró que iba a necesitar ayuda psicológica.
El momento absolutamente mejor de mi vida.
—Tatum —murmuró él contra su piel.
—¿Hmmm? —contestó ella.
—Todavía me debes algo —dijo él suavemente, luego se apartó de ella. Ella abrió los
ojos.
—¿Disculpa? —cuestionó ella, un poco perdida. Ella lo miró. Estaba inclinado con
medio cuerpo fuera de la cama, rebuscando por algo en el suelo.
—Espero que no lo hayas olvidado. Yo no lo he hecho —contestó él, luego regresó,
sosteniendo algo en la mano. Una botella vacía de Jameson, con una nota escrita a mano en
la etiqueta. Ella se rio, quitándosela.
—Oh, Jesús. Lo había olvidado. ¿Esta es la razón por la que hiciste que todo el mundo
se fuese? —preguntó ella, releyendo su promesa de hacer cualquier cosa por él.
—Oh sí. Esta noche va a ser muy interesante, niña. —Se rio, sonando diabólico
mientras se apartaba de ella y caminaba hacia el baño.
128 —Oh, Dios… ¡¿Está la secretaria sexy encerrada ahí?! —exclamó ella, alzándose. Él se
rio.
—No, pero la noche todavía es joven —indicó él, desapareciendo en la otra habitación.
Regresó cargando una bolsa de lona. La soltó a los pies de la cama y aterrizó con un sonoro
PUM. Varias cosas entrechocaron y sonaron dentro de la bolsa. Ella abrió los ojos de par en
par.
—Oh Dios mío —barbotó ella. Él se rio de nuevo y se arrastró sobre ella.
—¿Asustada? —murmuró él, clavándole los dientes en el hueso de la cadera.
—Aterrorizada —aseguró ella.
—Bien. Me gustas asustada.
—Tienes sentido. Eres Satán.
—Sí. Por favor, no lo olvides.
—Nunca podría.
—Repítelo, antes de que comencemos —susurró, apartándole el bikini del camino.
—Para un hombre con un gran ego, seguro que necesitas mucha afirmación. —Ella
gimió cuando alzó las manos para cubrirle los pechos.
—Dilo —ordenó él, apretando.
—Te amo.
—De nuevo, por favor —murmuró él, y luego le mordió con fuerza en el hombro. Ella
jadeó.
—Te amo, jodidamente mucho.
—Ah, gracias niña. Yo también te amo.
Volvió a dirigir la boca hacia la de ella, forzándola a separar los labios. Definitivamente
esta noche no sería una noche de dulzura.
Jodidamente maravilloso.
—Jameson —dijo ella jadeando, luchando para quitarle la camiseta.
—¿Qué? —masculló, tirando del fondo de su bikini.
—Cuando dije cualquier cosa… —comenzó ella.
—Tate —advirtió él. Ella se rio, hasta que dos dedos se deslizaron en su interior.
—No quería decir literalmente cualquier cosa. Quería decir… —continuó ella, no
escondiendo muy bien su sonrisa.
—Tate. —Su tono fue duro. Casi tan duro como las uñas en la garganta de ella.
—Yo llego a elegir, y luego tú tienes que hacer cualquier cosa que yo quiera, porque
realmente soy yo la que tiene que… —comenzó de nuevo con una risa.
—Tatum.
—¿Hmm?
—Por favor, por el amor de Dios, solo esta vez, te lo estoy suplicando, cierra la puta
129 boca.
~Banda Sonora~
En mi página de Facebook, pedí a la gente canciones que les hiciese pensar en esta
serie. Todas fueron increíbles elecciones, pero escogí unas cuantas que realmente hicieron
eco en mí. ¡Así que esta es una Banda Sonora hecha por los lectores! Disfrútenla, y si tú
participaste, léela para ver si una de tus sugerencias llegó a la lista.

1.- Figured You Out – Nickleback ― elegida por Sandra Godinez


2.- Love Hate Relationship – Trapt ― elegida por Sandra Godinez
3.- Heart Wants What It Wants – Selena Gomez ― elegida por Leah B Towery
4.- Our Time – Yeah Yeahs ― elegida por Sunny Borek
5.- The Funeral – Band of Horses ― elegida por Sunny Borek
6.- Poison & Wine – The Civil Wars ― elegida por Leah B Towery
7.- Just Breathe – Pearl Jam ― elegida por Jolene Rocha
8.- Sober – Pink ― elegida por Brandi Swendt
9.- 37 Stitches – Drowning Pool ― elegida por Leah B Towery
10.- Desire – Meg Myers ― elegida por Tiffani Towery
11.- Pain – Three Days Grace ― elegida por Ange Hall
12.- Scars – Papa Roach ― elegida por Ange Hall
13.- Dark Horse – Katy Perry ― elegida por Brandi Swendt
14.- The River – Audra Mae ― elegida por Amanda Sheila
15.- Monster – Imagine Dragons ― elegida por Sierra McBride
16.- Beggin for Thread – Banks ― elegida por Sierra McBride
17.- Arsonist's Lullaby – Hozier ― elegida por Sierra McBride
18.- Whore – In This Moment ― elegida por Brit Nichole Lane
130 19.- Leaving Tonight – The Neighbourhood ― elegida por Molly al-Jawad
~Acerca de la Autora~
Mujer loca de un lugar remoto en
Alaska (Donde la necesidad de una mente
creativa es necesaria), he estado escribiendo
desde... ¿siempre? Sí, eso suena bien. Las
personas me han dicho que les recuerdo a
Lucille Ball, también veo matices de Jennifer
Saunders, y Denis Leary. Así que básicamente,
me río mucho, soy muy torpe y digo la palabra
J MUCHO.

Me gustan los perros más que ciertas


personas y no confío en nadie que no beba. No,
no vivo en un iglú, y no, el sol no pone durante
seis meses al año, allí está tu lección del día de
Alaska. Tengo el cabello de sirena, tanto una
maldición como una bendición, y la mayor
parte del tiempo hablo tan rápido, que incluso
yo no puedo entenderme.
Sí. Creo que eso lo resume todo de mí.

131
132