Está en la página 1de 91

Para satiSfacer .

las expectativas de sus, padres ,


y ronseguir-:-;·u: afeCt-0,-_--~uchos 1,;,i:fio'S Se veii--
impelidos a realizar esfuerzos desmesurado«
Adoptan entonces el papel que los demás
quieren que desempeñen, peto .no se pen:ni-
teh e?presar Sus. s_en,tim_ientcrs: han. perd:i~:
do su ídenridad, es decir, tóda relación .con
su verdadero- ~-yo»,_ y en corts~uenciq; sólo-
pueden manifestar. sus sentímientos repric
midos mediante depresionc' o comporra-
miemos compulsivos. Reconocer h,a¡¡ta. qué
punto uno ha negado sus necesidades arec-
tivas y Su-s sentirtiientós más· intellso-s (in1,
angusria, mieda, dolor... ) es, como demues-
tra la prestigiosa psiquiatra alemana Ahce
:Mlller, un primer paso pata recuperar la
identidad, Mediante ejemplos clarificado-
res, .El drama del niño dotado, una obra que
se ha convertido )la en. un .clásico, analiza
las causas de la represión afectiva y explora
los. caminos que conducen a la recupera-
ción del '\1erdadero "Yº*·
Código TF0289EA
ISBN 978-987~1544-37·0

JJJ. llLI :,,,,,,.~,, ~i;fr%

FÁBULA FABULA
rusQi¿~r~ rusQ~~r~
ALICE MILLER

Estudió filosofla, psicología y sociología en


Basilea. Tras el doctorado, se formó en Zurich
como psicoanalista~ profesión que ejerció du~
rante veinte años. Desde 1980, Miller se ha
dedicado a dar a conocer al gran público los
resultados de sus investigacíones sobre la in-
fancia, y, entre otros galardones, ha mere-
cido el Premio Janusz-Korczak 1986. Tras el
impresionante éxito de El drama del niño do-
tado (Ensayo 36, ahora también en la colec-
ción Fábula), sacó a la luz más de nueve libros,
entre ellos los ensayos titulados El saber pros-
crito, La llave perdida, Por tu propio /nen y El
cuerpo nunca miente, todos ellos publicados
por Tusquets Editores (colección Ensayo 9,
15, 37 y 59).
Mí!!er. Alice
El drama del niño dotado.· 1a ed. • BuenosAlres: Tusquets Editores, 2009.
184 p. ; 20x13 cm. - (Fábula; 289) Índice
Traducido pot: Juan José Del So\at

ISBN 978·987-1544-37-0

1. Psicología. 2. Psiquiatría. t Juan José Del Solar, trad. lt Título


CDD 155,4

Título original: Das Drama des btgabten Kindc1 tutd dle Suihe nmh I. El drama del niño dotado y cómo nos hicimos
dcm wahren Sdlut, Ebtt Utn.- Hnd FortJdmilnmg 1994
psicoterapeutas
t.• edición en Superínfi;nos: fi:brtro de 1985 Todo, salvo la verdad . . .. . . .. . . . . . . . .. . . . . .. .. 15
L• edición en Pabuia: jnnio de 2009
El pobre niño rico ......................... .. 20
L' edid6n argentina en Fábula: julio de 2009 El mundo perdido de los sentimientos ....... . 26
En busca del verdadero Yo .................. . 33
© Suhrkamp Verlag, Fi:ankfurt am Main, 199,4
La situación del psicoterapeuta .............. . 42
Traducción de Juan José del Solar
El cerebro de oro ........................... . so
Diseño de la coltcd6n: adaptadón de FERRATERCM.iPINSMORALES de un diseño
original de Pterluig¡. C...erri
II. Depresión y grandiosidad: dos formas de la re-
Ilustración de la cubiem· ;ti A~ice Miller negación
www.alice-miücr.com Destinos de las necesidades infantiles . . . . . . . . . 55
&servados todos ios derechos de esta edición para
La ilusión del amor .. .. . . . . .. . .. .. . . . .. . . . . . . 63
Tusquets Editores, S.A. - Venez:uda 1664- (1096) Buenos Aires Fases depresivas durante la terapia . . . . . • . . . . . 85
info@nisq uels.com.a.r - www.!UJquetseditores.oom
La cárcel interior .. . . . . . . . .. .. .. . .. . . .. .. .. . .. 90
ISBN: 978:-987-1544-37·0 Un aspecto social de la depresión ........... . 98
Hecho d depósito de ley La leyenda de Narciso ....................... . 103
Se tenninó de imprim.ir en el mes de julio de 2009
en Artes Gráfieas Delsur S.A. • Alte. Solicr 2450 ·Avellaneda~ Pd;;t de Bueno$ Aires Ill. El círculo infernal del desprecio
lmpreso en la Argentina - Prim:ed in Argentina La humillación del niño, el desprecio de la debi-
Qp.;d;; rigurosamente prohibida cualquier forma de reproducción, distribución, comuni-
lidad y sus consecuencias. Ejemplos de la vida
cación pública o transformación total o pardal de esta obra sín el permiso escrito de los cotidiana .................................... . 107
tiw1ares de !os derechos de explotación, El desprecio en el espejo de la terapia ....... . 123
Epílogo 1995 ........................ , ....... . 165
9
AGRADECIMIENTOS

Siento el deseo y la necesidad de agradecer


muy particularmente a la señora Heide Mers-
mann, de la editorial Suhrkamp, toda la dedica-
ción que ha venido prestando a mis libros. En el
curso de mi dilatada labor orientada a esclarecer
el problema de los malos tratos infligidos a los ni-
ños he podido contar siempre con su incondicio-
nal apoyo. Agradezco a la señora Mersmann no
sólo la lectura cuidadosa, comprensiva, empática
y muy atenta del presente libro, sino, en el fondo,
muchísimo más: desde la aparición, hace quince
años, de El drama del niño dotado, la editorial ha
recibido las peticiones más diversas de lectores,
lectoras e instituciones de todo tipo. Y siempre
fue la seiiora Mersmann quien se encargó de dar
respuesta a estas llamadas y cartas con la misma
amabilidad, esmero y claridad.
Quisiera asimismo agradecer al personal del
departamento de producción de la editorial Suhr-
kamp la esmerada y competente preparación de
mi manuscrito en todas las fases, pero sobre todo
en la última y más difícil. No siempre resultó fácil
hacer coincidir la técnica con las necesidades ob-

9
jetivas, pero tanto el señor Rolf Staudt como el
Martin Miller, que con su espíritu abierto, perse-
señor Manfred Wehner hicieron todo lo posible
verancia y atención me hizo ver los bloqueos que,
para apoyar mis esfuerzos y asegurar la integri-
desde hacía tiempo, yo misma no me atrevía a ad-
dad del texto. A ellos quisiera expresarles aquí mi
mitir, y que seguramente no habría visto sin sus
más sincero agradecimiento.
lúcidos comentarios. Agradezco también a mis
Mi gratitud por las numerosas cartas de lec-
dos hijos, Martin y Julika, la confianza que me
toras y lectores se expresa ya en muchas de las
han demostrado en todos estos años, aunque no
páginas de este libro, aunque, de todos modos,
siempre me la mereciera, mientras mi conciencia
quisiera manifestarlo aquí de forma expresa.
seguía bloqueada. Espero que aún me queden los
Muchos de ellos han «colaborado» realmente,
suficientes años de vida para ganarme realmente
sin saberlo, en la redacción de este libro. Pero
la confianza que ellos han depositado en mí.
han de permanecer en el anonimato porque el
contenido de sus cartas es confidencial. Sus his-
torias, sus destinos trágicos y a menudo incon-
cebibles, y, por último, sus experiencias decep-
cionantes con terapeutas incompetentes y poco
honestos de todas las tendencias posibles, me
hicieron ver una y otra vez con qué facilidad se
puede abusar de la tragedia de las personas mal-
tratadas en su infancia.
Siempre me ha resultado doloroso no poder
responder personalmente a las numero¡;as cartas
recibidas. Los ,.motivos son diversos. Hoy dis-
pongo de nuevas posibilidades de abordar pre-
guntas específicas de lectoras y lectores, y hago
buen uso de ellas. Espero, sin embargo, que mu-
chos de los remitentes reconozcan fácilmente mis
respuestas a sus cartas (como también mi senti-
miento de profundo agradecimiento) en esta
nueva versión revisada de mi obra.
Por último, quisiera dar las gracias a mi hijo,

10
11
I
El drama del niño dotado
y cómo nos hicimos psicoterapeutas
Todo, salvo la verdad

La experiencia nos enseña que, en la lucha


contra las enfermedades psíquicas, únicamente
disponemos, a la larga, de una sola arma: encon-
trar emocionalmente la verdad de la historia
única y singular de nuestra infancia. ¿Podremos
liberarnos algún día totalmente de ilusiones?
Toda vida está llena de ellas, sin duda porque la
verdad resultaría, a menudo, intolerable. Y, no
obstante, la verdad nos es tan imprescindible que
pagamos su pérdída con penosas .enfermedades.
De ahí que, a través de un largo proceso, inten-
temos descubrir nuestra verdad personal que, an-
tes de obsequiarnos con un nuevo espacio de li-
bertad, siempre nos hace daño, a no ser que nos
conformemos con un conocimiento intelectual.
Aunque en ese caso seguiríamos aferrándonos al
ámbito de la ilusión.
No podemos cambiar en absoluto nuestro pa-
sado ni anular los daños que nos hicieron en
nuestra infancia. Pero nosotros sí podemos cam-
biar, «repararnos», recuperar nuestra identidad
perdida. Y podemos hacerlo en la medida en que
decidamos observar más de cerca el saber al-

15
macenado en nuestro cuerpo sobre lo ocurrido activa las torturas que alguna vez les infligieron;
en el pasado y aproximarlo a nuestra concien- por ejemplo, en clubes de flagelantes, en rituales
cia. Esta vía es, sin duda, incómoda, pero es la de tortura de todo tipo, en el ambiente sadoma-
única que nos ofrece la posibilidad de abando- soquista, y designan todo esto como liberación.
nar por fin la cárcel invisible, y sin embargo tan Hay mujeres que se hacen perforar los pezones
cruel, de la infancia, y dejar de ser víctimas in- para colgarse aros, se dejan fotografiar así en pe-
conscientes del pasado para convertirnos en seres riódicos y cuentan con orgullo que no sienten do-
responsables que conozcan su historia y vivan lor alguno al hacerlo, y que incluso les resulta di-
con ella. vertido. No hemos de dudar de la sinceridad de
La mayoría de la gente hace justo lo contrario. tales afirmaciones, pues estas mujeres debieron
No quieren saber nada de su propia historia, y, de aprender muy pronto a no sentir ningún dolor.
por consiguiente, tampoco saben que, en el fondo, ¿Y qué no harían hoy para no sentir el dolor de
se hallan constantemente determinados por ella, la niña que fue víctima de los abusos sexuales del
porque siguen viviendo en una situación infantil padre y tuvo que imaginarse que así le estaba
no resuelta y reprimida. No saben que temen y dando placer? Una mujer que haya sufrido abusos
evitan peligros que en algún momento fueron rea- sexuales en su infancia, que reniegue de esa rea-
les, pero dejaron de existir hace tiempo. Son per- lidad infantil y haya aprendido a no sentir dolor,
sonas que actúan impulsadas tanto por recuerdos huirá continuamente de lo ya ocurrido recurrien-
inconscientes como por sentimientos y necesida- do a los hombres, al alcohol, las drogas o a
des reprimidas que, a menudo y mientras per- una actividad compulsiva. Necesita siempre el
manezcan inconscientes e inexplicadas, determi- «pinchazo» para no dejar aflorar el «aburrimien-
narán de forma pervertida casi todo lo que hagan to» ni dar paso al sosiego en el que sentiría la
o dejen de hacer. sofocante soledad de la realidad de su infancia,
La represión de los brutales abusos y malos pues teme este sentimiento más que a la propia
tratos padecidos en otros tiempos induce, por muerte, a no ser que haya tenido la suerte de sa-
ejemplo, a mucha gente a destruir la vida de otros ber que revivir y tomar conciencia de los senti-
y también la propia, a incendiar casas de ciuda- mientos infantiles no mata, sino libera. Lo que, en
danos extranjeros, a vengarse e incluso a calificar cambio, sí mata a menudo es el rechazo de los
todo esto de «patriotismo• a fin de ocultarse la sentimientos, cuya vivencia consciente podría re-
verdad a sí mismos y no sentir la desesperación velarnos la verdad.
del niño maltratado. Otros prolongan de forma La represión del sufrimiento infantil no sólo

16 17
determina la >1da del individuo, sino también los
tabúes de la sociedad. y podía perdurar. Pero las vivencias traumáticas
Las biografías habituales ilustran claramente de toda infancia permanecen en la oscuridad.
este hecho, Al leer biografías de artistas famosos, Ocultas en esas tinieblas permanecen asimismo
por ejemplo, vemos que sus vidas comienzan en las . claves para la comprensión de tod a 1a"'"d a u1-
te nor.
algún punto más o menos cercano a la pubertad.
Antes, el artista pudo haber tenido una infancia
«feliz», «dichosa» o «sin preocupaciones», o bien
una niñez «llena de privaciones» o de «estímu-
los», pero cómo pudo ser la infancia de ese indi-
viduo es algo que parece carecer de todo interés.
¡Como si en la infancia no estuvieran ocultas las
raíces de toda la vida! Quisiera ilustrar lo dicho
con ayuda de un pequeño ejemplo:
Henry Moore escribe en sus Memorias que,
siendo todavía muy niño, le permitían friccionar
la espalda de su madre con aceite antirreumá-
tico. Al leer esto, se me abrió de pronto una vía
de acceso totalmente personal a la obra plásti-
ca de Moore. En las mujeres grandes y yacentes,
de cabeza pequeña, vi a la madre con los ojos del
niño que reduce la cabeza materna de acuerdo
con su perspectiva y concibe la espalda cerca-
na como algo gigantesco. Puede que esto tenga
sin cuidado a muchos críticos de arte. Para mí,
en cambio, es sintomático de la intensidad con
que las vivencias de un niño perduran en el in-
consciente, y de las posibilidades de expresión
que pueden encontrar cuando el adulto es libre
de hacerlas valer.
Ahora bien, el recuerdo de Moore era inocuo

18
19
envidiados, cosechan éxitos allí donde lo consi-
El pobre niño rico
deran importante, pero de nada les sirve todo
esto. Detrás acechan la depresión, la sensación de
vacío y de autoextrañamiento, de vivir una exis-
tencia absurda ... en cuanto se esfuma la droga de
la grandiosidad, en cuanto dejan de estar on top,
de tener la seguridad de la superestrella, o cuando
los invade el repentino sentimiento de haber fa-
Antes no podía evitar preguntarme si algún día llado ante cualquier imagen ideal que tengan de
nos sería posible captar la dimensión exacta de la sí mismos. Y entonces son ocasionalmente tortu-
soledad y del abandono a los que estuvimos e~­ rados por miedos o serios sentimientos de culpa
puestos cuando nifios. Entretanto sé que e~ po~1- o de vergüenza. ¿Cuáles son los motivos de un
ble. No me refiero aquí a los nifios que, a OJOS vis- trastorno tan profundo en este tipo de personas
tas, crecieron sin cuidados y que se han hecho dotadas?
adultos con esta certeza. Me refiero más bien al Ya en la primera sesión le hacen saber a quien
elevado número de personas que llegan. a la te- los escucha que tuvieron padres comprensivos, al
rapia con la imagen de esa infancia foliz Y pro- menos parcialmente, y que, si alguna vez les ha
tegida que les vio crecer. Se trata de pacientes con faltado comprensión por parte de quienes les ro-
muchas posibilidades, e incluso con talentos que deaban, esto se debía, en su opinión, a ellos mis-
desarrollaron posteriormente y cuyas dotes Y ren- mos, al hecho de que no podían expresarse de
dimientos también han sido alabados con fre- forma adecuada. Presentan sus primeros recuer-
cuencia. Casi todos estos nifios controlaban su dos sin compasión alguna para con el niño que,
micción ya en el primer afio de vida, y muchos en su momento, ellos también fueron. lo cual re-
ayudaban con habilidad, entre el afio y '.11edio Y sulta tanto más sorprendente cuanto que dichos
los cinco afios, a cuidar de sus hermanitos me- pacientes no sólo poseen una manifiesta capaci-
dad de introspección, sino que, además, pueden
nores.
Según la opinión preponderante, estas perso- compenetrarse con relativa facilidad con otras
nas --orgullo de sus padres- deberían tener una personas. Sin embargo, su relación con el mundo
autoconciencia sólida y estable. Pero ocurre pre- sentimental de su infancia se caracteriza por la
cisamente lo contrario. Todo cuanto emprenden falta de respeto, el control obligatorio, la mani-
les queda entre bien y excelente, son admirados Y pulación y el rendimiento a presión. No es raro

21
20
que en ellos se manifiesten el desprecio y la iro- . 5. ~os padres que no tuvieron este clima en su
nía, que pueden llegar hasta la burla y el cinismo. Infancia se hallan necesitados es deci·r ,ueus-
1
q b
En todos se advierte, además, la ausencia total de carán t?da la vida aquello que sus propios padres
una auténtica comprensión emocional de su pro- no pudieron darles en el momento debido: un ser
pio destino infantil, que no es tomado en serio, que les acepte, comprenda y tome en serio.
así como una desprevención absoluta en lo que 6 .. Esta búsqueda no puede, desde luego, aca-
respecta a las necesidades realmente propias, si- b.ar b1.en ~el todo, pues guarda relación con una
tuadas más allá de la obligación de rendir. La in- situación trrevocablemente pasada, es decir, la pri-
teriorización del drama originario se cumple en mera etapa posterior al nacimiento.
forma tan perfecta que la ilusión de la infancia fe- . 7. Pero una persona con una necesidad insa-
liz puede ser salvada. tisfecha e !nconsciente -porque rechazada- se
Para poder describir el clima psíquico de una ve:á ~omet1da, mientras no conozca la historia re-
infancia semejante, quisiera formular primero ~nm1da de .su propia vida, a una compulsión que
unos cuantos presupuestos de los cuales parto. mtenta satisfacer esta necesidad recurriendo a
l. Es una necesidad peculiarísima del niño, des- vías sustitutivas.
de el principio, el ser visto, considerado y tomado . 8. ~os más predispuestos a ello son los pro-
en serio como lo que es en cada caso y momento. pws h1¡os. Un recién nacido depende de sus a-
2. «Lo que es en cada caso y momento)) se re- dres venga lo que vm1ere.
· · y p
como su existencia
fiere a: sentimientos, sensaciones y la expresión de depende de que consiga o no el afecto de éstos
ambas cosas ya en el lactante. hará todo lo posible por no perderlo. Desde el pri'.
3. En una atmósfera de respeto y tolerancia mer día pondrá en juego todas sus posibilidades
para con los sentimientos del niño, éste puede re- como una planta pequefia que se vuelve hacia el
nunciar a ;u simbiosis con la madre en la fase de sol para sobrevivir.
separación y dar los pasos necesarios para lograr
su autonomía
4. Para que estos presupuestos del desarrollo A lo largo de mis veinte años de actividad
sano fueran posibles, los padres de estos niños como terape~ta me he visto confrontada sin cesar
tendrían que haber crecido también en un clima c.on un destmo mfantil que me parece significa-
parecido. Estos padres transmítirían a su hijo la tlv~ pa;a personas con profesiones que suponen
sensación de seguridad y protección en la que algun tipo de ayuda a los demás.
puede medrar su confianza. 1. Es el caso, por ejemplo, de una madre pro-

22 23
fundamente insegura en el plano emocional, que, impulsó luego al adulto a ejercer una profesión
para mantener su equilibrio sentimental, depen- asistencial, se hallan también las raíces del tras-
día de un comportamiento determinado o de cierta torno.
manera de ser de su hijo. Esta insegrnidad podía Este trastorno lleva una y otra vez a estos
muy bien quedar oculta, de cara al niño y a todo «asistentes» a querer satisfacer con personas sus-
el entorno, tras una fachada de dureza, autorita- titorias las necesidades no satisfechas en la infan"
rismo e, incluso, totalitatismo. cia.
2. A esto se añadía una asombrosa capacidad
del niño para captar y responder con intuición, o
sea, también en fonna inconsciente, a esta nece-
sidad de la madre o de ambos padres, es decir,
para asumir la función que inconscientemente se
le encomendaba.
3. De este modo el niño se aseguraba el
«amor» de los padres. Sentía que lo necesitaban,
y eso daba justificación existencial a su vida. La
capacidad de adaptación se amplía y se perfec-
ciona, v los niños en cuestión no sólo se convier-
ten en.madres (confidentes, consoladores, conse-
jeros, puntos de apoyo) de sus madres, sino que
también asumen responsabilidades de cara a sus
hermanos y acaban desarrollando una sensibili-
dad muy particular para captar ciertas señales in-
conscientes de las necesidades del otro. No es de
extrañar, pues, que más tarde elijan a menudo la
profesión de psicoterapeuta. Pues, ¿quién, sin esta
prehistoria, pondria tanto interés en intentar des-
cubrir todo el tiempo lo que ocurre en el incons-
ciente de otros? Sin embargo, en la ampliación y
el perfeccionamiento de esta capacidad perceptiva
que, en su momento, ayudó al niño a sobrevivir e

24
25
El mundo perdido de los sentimientos descubrieran nada» al ver, a los ocho años, a su
r:iadre embarazada; que no sintieran •ningún
tipo» de celos cuando nació su hermanito: que, a
la edad de dos años, al haberse quedado solos du-
r~nte los años de ocupación, tolerasen la irrup-
ción de grupos militares y los allanamientos de
morada sin llorar, tranquilos y •muy valientes».
Ya habían desarrollado todo un arte para man-
La adaptación temprana del lactante lleva a la tener alejados de sí los sentimientos, pues un niño
necesaria represión de las necesidades que el niño sólo podrá vivenciarlos si tiene a su lado a una
tiene de amor, respeto, eco, comprensión, soli- persona que lo acepte, comprenda y acompañe
daridad y reflejo, Lo mismo puede decirse de las con estos sentimientos. Si esto falla, si el niño
reacciones afectivas ante los fracasos serios: ello debe arriesgarse a perder el amor de su madre 0
conduce a que determinados sentimientos propios de quien la sustituya, no podrá vivenciar en ~e­
(como, por ejemplo, los celos, la envidia, la ira, el creto, «para sí solo», las reacciones más naturales
abandono, la impotencia o el miedo) no puedan en. el plano de los sentimientos; tendrá que repri-
vivirse en la infancia ni luego en la edad adulta. mirlas. Pero éstas permanecen en su cuerpo al-
Esto resulta tanto más trágico cuanto que, en este macenadas como informaciones.
caso, se trata de personas capacitadas para vi- A lo largo de toda la vida posterior de esta per-
vir sentimientos diferenciados. Uno lo advierte sona, estos sentimientos podrán resurgir como
cuando describen aquellas vivencias de su infan- una reclamación al pasado pero sin que el con-
cia carentes de dolor y de angustia. Por lo general texto original resulte comprensible. Descifrar su
se trata de V·ivencias relacionadas con la natura- sentido sólo es posible cuando se logra la unión
leza, que ellos podían experimentar sin herir a sus de la situación originaria con los intensos senti-
padres ni crearles inseguridad, sin mermar su po- mientos revividos en el presente. Los nuevos y re-
der ni poner en peligro su equílibrio. Sin em- veladores métodos terapéuticos toman como pun-
bargo, llama mucho la atención que estos niños to de partida esta regularidad y nos permiten sacar
tan atentos y sensibles, capaces de recordar exac- provecho de ella.
tamente cómo, por ejemplo, a la edad de cuatro Tomemos como ejemplo la sensación de aban.
años descubrieron la luz del sol en el resplandor don~. No la sensación de una persona adulta que
de la hierba, no mostraran curiosidad alguna «ni se siente sola y por ello ingiere pastillas, toma

26 27
drogas, va al cine, busca a conocidos o hace lla- rapia, esas viejas sensaciones de abandono emer-
madas telefónicas innecesarias para superar de al- gen en el adulto, se presentan con un dolor y una
gún modo el «bache». No, estoy refiriéndome a la desesperación tan intensos que nos damos per-
sensación originaria del niño pequeño, que des- fecta cuenta de una cosa: aquella gente no habría
conoce todas estas posibílidades de distracción Y sobrevivido a sus dolores. Para ello hubieran ne-
cuyos mensajes, verbales o preverbales, no llega- cesitado un entorno empático y concomitante del
ban a los padres. No porque tuviera padres es- cual carecían. De ahí que hubiera que rechazar
pecialmente malos, sino porque los padres mis- todo eso. Pero afirmar que no estaba ahí supon-
mos tenían sus necesidades, dependían de un eco dría negar una serie de experiencias obtenidas en
determinado del niño, necesario para ellos, que las respectivas terapias.
en el fondo eran también, a su vez, niños en En la defensa contra la sensación de abandono
busca de un ser humano disponible. Y, por pa- de la primera infancia, por ejemplo, encontramos
radójico que esto pueda parecernos... un niño es muchos mecanismos. Junto a la simple renegación
algo disponible. Un niño no se nos puede escapar, tropezamos por Jo general con la lucha perma-
como en otros tiempos nuestra propia madre. Po- nente y agotadora por conseguir, con la ayuda de
demos educar a un niño para que sea corno nos símbolos (drogas, grupos, cultos de todo tipo, per-
gustaría que fuese. Podemos hacer que un niño versiones), la satisfacción de las necesidades re-
nos respete, podemos imponerle nuestros propios primidas y entretanto pervertidas. A menudo tro-
sentimientos, reflejarnos en su cariño y admira- pezamos con intelectualizaciones, pues ofrecen
ción, podemos sentirnos fuertes a su lado, enco- una protección de gran fiabilidad, que, sin em-
mendarlo a una persona extraña cuando nos re- bargo, puede resultar fatal cuando el cuerpo
sulte excesivo: al final nos sentiremos el centro de -como en el caso de enfermedades graves-
la atención,. pues los ojos del niño seguirán cada asume la plena responsabilidad [cf. mis comen-
paso de su madre. Si una mujer ha tenido que tarios sobre la enfermedad de Nietzsche en La
ocultar y reprimir todas estas necesidades ante su llave perdida, y en Der Abbruch der Schweige-
madre, al ver a su propio hijo, por más educada mauer, 1990].
que sea, esas necesidades se agitarán en las pro- Todos estos mecanismos de defensa se presen-
fundidades de su inconsciente y exigirán ser sa- tan acompañados por la represión de la situación
tisfechas. El niño lo advertirá claramente y muy originaria y de Jos sentimientos respectivos.
pronto dejará de manifestar su propia necesidad. La adaptación a las necesidades de los padres
Pero cuando, más tarde, en el curso de la te- conduce a menudo (aunque no siempre) al des-

28 29
arrollo de la «personalidad-como-si», o de lo que «Veo una pradera verde y, en ella, un ataúd
con frecuencia se ha descrito como el «falso Yo». blanco. Temo que mi madre esté encerrada en él,
La persona desarrolla una conducta en la que pero abro la tapa y, por suerte, no es mi madre,
sólo muestra lo que de ella se desea, y se fusiona sino yo mismo».
totalmente con lo mostrado. El verdadero Yo es
incapaz de desarrollarse y diferenciarse porque Si, de niño, Kurt hubiera tenido la posibilidad
no puede ser vivido. Es perfectamente compren- de manifestar sus decepciones con respecto a la
sible que estos pacientes se quejen de sensacio- madre, es decir, de vivir también sentimientos de
nes de vacío, absurdo o derelicción, pues ese vacío ira y rabia, habría permanecido vivo. Pero esto
es real. De hecho, se produjo en ellos un vacia- hubiera llevado a la madre a retirarle su amor,
miento, un empobrecimiento, una matanza par- lo cual para un niño equivale a la muerte. De modo
cial de posibilidades. La integridad del niño fue que «mata», pues, su ira y con ella un trozo de su
herida, y de ese modo se recortó lo vivo y espon- propia alma, a fin de conservar a la madre.
táneo. De esta dificultad de vivir y desarrollar senti-
De niños, estas personas solían tener sueños mientos propios y auténticos, resulta una perma-
en los que se sentían en parte muertas. Quisie- nencia de la ligazón que no permite delimitación
ra ofrecer aquí dos ejemplos de estos sueños. alguna. Pues los padres han encontrado en el
falso Yo del niño la aprobación que buscaban,
«Mis hermanitos están en un puente y arrojan una sustitución de la seguridad que les faltaba, y
una caja al río. Sé que estoy encerrado en ella, el nif\o, que no ha podido construir seguridad
muerto; pero siento latir mi corazón y siempre propia alguna, sigue dependiendo de sus padres,
me despierto en ese momento.» primero conscientemente y luego a nivel incons-
ciente. El niño no puede confiar en sentimientos
Este suefio recurrente conjuga las agresiones propios, no ha hecho ninguna experiencia en ese
inconscientes (envidia y celos) frente a los her- campo, desconoce sus verdaderas necesidades y
manitos, para los que Lisa siempre había sido una es un perfecto extraño ante sí mismo. En esta si-
«madre• previsora, con la «matanza» de los pro- tuación no puede separarse de sus padres, y tam-
pios sentimientos, deseos y reivindicaciones, rea- bién en la edad adulta dependerá constantemente
lizada con ayuda de la formación reactiva. Kurt, de la aprobación de las personas que representen
veintisiete años, sueña: a los «padres-, tales como parejas, grupos y, sobre
todo, sus propios hijos. Los herederos de los pa-

30 31
dres son los recuerdos inconscientes Y reprimidos En busca del verdadero Yo
que nos obligan a ocultar profundamente el ver-
dadero y 0 ante nosotros mismos. Y así, ~la s_o-
ledad en la casa paterna, seguirá el postenor ais-
lamiento dentro de nosotros mismos.

¿Cómo puede ayudar la psicoterapia en estos


casos? No puede devolvernos nuestra infancia
perdida, no puede modificar hechos ni anularlos.
Con ilusiones no pueden curarse heridas. El pa-
raíso de la armonía preambivalente, en el que tan-
tos heridos depositan sus esperanzas, resulta inal-
canzable. Pero la experiencia de la propia verdad
y su conocimiento postambivalente posibilitan, en
una fase adulta, el retorno al propio mundo afec-
tivo ... sin paraíso, pero con la capacidad de sentir
el duelo, que nos devuelve nuestra vitalidad.
Entre los puntos de inflexión de la terdpia se
cuenta la toma de conciencia emocional por parte
de ciertas personas en el sentido de que todo el
amor que con tanto esfuerzo y autoentrega con-
quistaran no tenía por objeto ese ser que en rea-
lidad eran ellos; de que la admiración por su be-
lleza y sus logros tenía por objeto la belleza y esos
mismos logros, y no realmente al niño tal como
era. En la terapia, el niño pequeño y solitario se
despierta detrás de su rendimiento y se pregunta:
«¿Qué habría ocurrido de haberme presentado
ante vosotros como un ser malo, feo, colérico, ce-

32 33
loso, atolondrado? ¿Qué hubiera sido de vuestro s~rcasmos, aunque de forma inconsciente sigan
amor? Y, sin embargo, yo he sido también todo siendo atropelladas o, sencillamente, descuidadas.
aquello. ¿Querrá esto decir que, en realidad, no Esto sucede de la misma forma sutil en que los
fui yo el amado, sino aquello que yo mismo fingía padres lo hacían antes con el niño, cuando éste
ser? ¿Aquel niño sensato, fiable, sensible, com- no poseía aún lenguaje alguno para expresar sus
prensivo y nada problemático que, en el fondo, no necesidades. Como niño grande, tampoco le es-
era nada niño? ¿Qué ha ocurrido con mi infancia? taba permitido decir, y ni siquiera pensar: «Podré
¿No me ha sido acaso escamoteada? Nunca podré e~tar triste o contento cuando algo me ponga
volver a ella. Jamás podré recuperarla. Desde un t~1ste o contento, pero a nadie le debo una alegría
principio fui un pequeño adulto. Mis capacida- m tampoco tengo por qué suprimir mi aflicción,
des ... ¿no fueron sencillamente objeto de un temor o cualquier otro sentimiento en función de
abuso?». las necesidades de otros. Puedo ser malo, y nadie
Estas preguntas van ligadas a una gran dosis se morirá ni tendrá dolor de cabeza por ello;
de duelo y de dolor antiguo y hace tiempo repri- puedo tener rabietas si me hacéis daño, sin per-
mido, pero, gracias a ellas, se alza siempre una deros a vosotros, padres míos».
nueva instancia interior (corno un heredero de En cuanto el adulto puede tomar en serio sus
aquella madre que nunca existió): la empatía sentimientos actuales empieza a darse cuenta de
-surgida del duelo- para con el propio destino. la manera en que había actuado antes con sus
En una fase semejante, un paciente soñó que ha- s~ntimientos y necesidades, y de que ésta había
cía treinta años había dado muerte a un niño sin sido su única posibilidad de supervivencia. Se
que nadie lo hubiera ayudado a salvarlo. (Treinta sentirá aliviado cuando perciba en sí mismo cosas
años antes, quienes rodeaban al niño se sorpren- que hasta entonces había estado acostumbrado a
dieron de que éste se volviera hermético, de que reprimir. Cada vez verá más claramente cómo,
fuera valíente y educado, pero no manifestara para protegerse, a veces se burla de sus senti-
emociones de ningún tipo.) mientos e ironiza sobre ellos, cómo intenta eva-
Ahora bien, resulta evidente que, tras varias dirlos, o bien los trivializa o no se hace cargo de
décadas de silencio, el verdadero Yo puede des- ellos, o tal vez sólo los percibe al cabo de varios
pertar a la vida con la recién adquirida capacidad días, cuando ya han pasado. Poco a poco el
de sentir. mismo interesado irá dándose cuenta de cÓmo
A partir de entonces, sus manifestaciones de- busca distracción compulsivamente cuando se en-
jan de ser trivializadas, de ser objeto de burlas o cuentra triste, inquieto o conmovido. (Cuando

34 35
murió la madre de un niño de seis años, su tía le O le molesta ver caras nuevas en la sala de espera.
dijo: «Hay que ser valiente y no llorar; ahora .ve a ¿Por qué? Desde luego no por celos. Es un senti-
tu habitación y ponte a jugar».) En muchas situa- miento que desconoce del todo. Y, sin embar-
ciones él se sigue percibiendo a partir de los otros, go ... «¿Qué buscan éstos por aquí? ¿Viene aquí más
preguntándose a cada momento q~é iri;-pr.esión gente aparte de mí?» Hasta entonces no lo ha-
causará, cómo deberla ser ahora, que sentimientos bía notado. Celosos sólo podían ser los demás·
debería tener. En líneas generales, sin embargo, el él, de ninguna manera. Y resulta que ahora lo~
paciente se siente ahora un poco más libre. verdaderos sentimientos son más fuertes o más
Una vez que ha comenzado, el proceso na~ural poderosos que las normas de la buena educación.
de la terapia continúa. La persona en tratarr;i~nto Por suerte. Pero no resulta fácil descubrir de in-
empieza a articularse y rompe con su do~ihdad mediato los verdaderos motivos de la rabia por-
acomodaticia, aunque, debido a sus experiencias qu~ al principio se dirigen contra personas que
infantiles, no pueda creer que esto sea posibl~ sin qmeren ayudarnos, por ejemplo, contra los tera-
poner en peligro la vida. A partir de su antigu~ peutas y nuestros propios hijos, contra personas
experiencia, espera y teme el rechazo, la repri- que nos dan menos miedo y son, sin duda, los de-
menda 0 el castigo cuando se defiende o aboga sencadenantes, mas no los causantes de la rabia.
por sus derechos, para luego vivir una y ot~ vez Al principio le resultará humillante no ser sólo
la liberación que supone poder soportar el nesgo bueno, eomprensivo, generoso, moderado y, sobre
v defender su propia causa. Este proceso puede todo, carente de necesidades, si, hasta entonces,
~mpezar en forma totalmente inoc~. Uno es s.or- la autoestima se había apoyado exclusivamente
prendido por sentimientos que hubiera prefendo en todo esto. Pero tendremos que abandonar este
no advertir, pero ya es demasiado tarde, la recep- edificio del autoengaño si de verdad queremos
tividad para.las emociones propias ha quedado al ayudamos. No siempre somos tan culpables como
descubierto y volver atrás se hace imposible. nos sentimos, ni tampoco tan inocentes como nos
y entonces, el niño que alguna vez fue intimi- gustaría creer que somos. Sin embargo, esto no lo
d~do y condenado al silencio, podrá vivirse a sí sabremos mientras vivamos sin sentimientos con-
mismo como nunca lo había creído posible. fusos, mientras no conozcamos con pre;isión
El hombre, que hasta entonces nunca habí~ nuestra propia historia. No obstante, la confron-
sido exigente v satisfacía incansablemente las exi- tación con la propia realidad ayuda a desmon-
gencias de lC:s otros se pone de pronto '.11rioso tar ilusiones que han mantenido oculta la visión
porque el terapeuta vuelve a «tomar vacac10nes». del pasado y a ver las cosas con más claridad.

36 37
C ando descubrimos en el presente nuestra cul- vertirá conmigo? ¿Qué tengo yo que prefiere ver
p~bílidad real. tenemos que disculpamos ant~ el a otra gente? ¿Qué puedo hacer para que se que"
perjudicado. Así quedamos libres para ebm1~ar de? ¡Sobre todo no llorar! jSobre todo no llorar!».
los sentimientos de culpa inconscientes y ~o JUS- En aquel momento, el niño no podía pensar
tificados de la infancia. Pues, aunque no eramos en lo que estaba diciendo, pero al cabo del tiempo
culpables de las crueldades vividas, nos sentíamos aquella persona pasó a ser ambas cosas: el adulto
y también el niño de dos años, y fue capaz de llo"
responsables de ellas. . rar con amargura. N.o era un llanto catártico, sino
Este sentimiento de culpa pertinaz, destructor
e irreal, sólo puede elaborarse si no lo rechaza- la integración de su deseo temprano por la ma-
mos mediante una nueva culpa real en el pre- dre, del que él, hasta entonces, siempre había re-
sente. Muchas personas transmiten a . otros l~ negado. Durante las semanas siguientes el pa-
crueldad vivida en otros tiempos, y obtienen as1 ciente experimentó la torturante rabia ante su
la imagen idealizada de sus padres. En el fo~do
madre, que había sido una pediatra de gran éxito
siguen siendo unos niños pequeños y dependien- profesional y no había podido darle continuidad
tes, incluso a una edad avanzada. No saben ~ue alguna en la relación. «Detesto a esos canallas
podrían ser más auténticos y since.r?s consigo eternamente enfermos que siempre me han de-
mismos y con los demás si se _rerm1~1eran read- jado sin ti, madre. Te odio, porque preferías estar
mitir viejos sentimientos de la mfancia: . . . con ellos que conmigo." En este caso se mezcla-
Cuanto más a fondo podamos admitir y v1v1r ron sensaciones de desamparo con la rabia largo
sentimientos tempranos, más fuertes y coherentes tiempo contenida ante la madre no disponible.
nos sentiremos. De este modo podr,emos expo- Gracias a la vivencia, al esclarecimiento y a la jus-
nernos a sentimientos de nuestra mas temprana tificación de los sentimientos violentos, desapa-
infancia y experimentar el desamparo de aquella recieron una serie de síntomas que torturaban ha-
etapa, cosa que, por otra parte, consolida nuestra cía tiempo al paciente y cuyo sentido ya no
resultó difícil descifrar. Sus relaciones con muje-
seguridad. . _ res perdieron el marcado carácter de relaciones
Tener sentimientos ambivalentes ~~e una per
iendo adulto es totalmente d1stmto a sen- de poder, y la compulsión a conquistar y aban"
son a S
. de pronto tras una larga preh'istona,
· co mo donar fue desapareciendo con el tiempo.
t irse, ' 1 · d 1 d Todos los sentimientos de impotencia, rabia y
un niño de dos años que, mientras a cna a e a
de comer en la cocina, piensa desesper~do: «¿Po.r abandono son vividos en la terapia con una in-
qué saldrá mamá cada tarde? ¿Por que no se d1- tensidad que antes hubiera sido impensable. Van

39
38
abriendo poco a poco, hacia Jos recuerdos repri-
los sentimientos que la censura interior, heredera
midos, la puerta hasta entonces cerrada con cerro-
de '.os. pad:es, tolera y admite. La depresión y el
jo. Sólo puede recordarse lo que se ha vivido
vac10 mtenor constituyen el precio que hay que
conscientemente. Pero el mundo afectivo de un
pagar ~or este control. El verdadero y o no puede
niño herido en su integridad es ya el resultado de
~omum~arse porque ha permanecido en un plano
una selección en la que lo esencial quedó elimi-
mconsc1ente, y por ende no desarrollado en una
nado. Sólo en la terapia se expetimentan conscien-
cárcel interior. El trato con los guardian~s de esa
temente y por primera vez estos sentimientos tem-
cár,cel no favorece un desarrollo vivo. Sólo des-
pranos, acompañados por el dolor del no-poder-
pues de la liberación empieza el y o a articular-
comprender propio del niño pequeño. De ahí que se, a crecer Y a desarrollar su creatividad. y allí
siempre parezca un milagro observar cómo, pese do~de antes sólo era posible encontrar el temido
a todo, han podido sobrevivir y manifestarse tan- vac10 o los temidos fantasmas de la grandiosidad
tos elementos propios detrás de semejante defor- se abre una riqueza vital realmente inesperada'.
mación, renegación y autoalienación, cuando se N~ e.s una vuelta al hogar, pues éste nunca había
encontró el acceso a los sentimientos. No obs- existido. Es el descubrimiento de un hogar.
tante, sería desorientador pretender que, detrás
del falso Yo, se oculte conscientemente un ver-
dadero Yo desarrollado. Pues el niño no sabe lo
que oculta. Kurt formuló el problema en los si-
guientes términos: «Yo vivía en un invernadero de
cristal al que mi madre podía echar una ojeada en
cualquier momento. En un invernadero es impo-
sible ocultar nada sin traicionarse, salvo deba-
jo del sucio. Pero entonces uno mismo tampoco
lo ven.
Una persona adulta sólo puede vivir sus sen-
timientos si en la infancia tuvo padres o sustitutos
de los padres que le prestaban atención. Esto es
algo que les falta a las personas maltratadas en la
infancia, y por eso no pueden ser sorprendidas
por sentimientos, pues sólo tienen acceso a ellos

40
41
La situación del psicoterapeuta tir de vivencias propias lo que significa «haber
traicionado» a su Yo.
Así pues, creo que nuestro destino podría ca-
pacitarnos para ejercer la profesión de psicotera-
peuta, pero sólo con la condición de que, en la
propia terapia, se nos dé la posibilidad de vivir
con la verdad de nuestro pasado y renunciar a las
más burdas ilusiones. Esto supondría aceptar
Se oye afirmar a menudo que el psicotera- la idea de que nosotros, a costa de nuestra au-
peuta padece de un trastorno de su vida afectiva. torrealización, nos vimos obligados a satisfacer
Las explicaciones precedentes han querido dejar las necesidades inconscientes de nuestros padres
en claro hasta qué punto esta afirmación podría para no perder lo poco que teníamos. Supondria
apoyarse en hechos certificados por Ja experien- además poder vivir la rebelión y el duelo ante la
cia. Su sensibilidad, su capacidad de compenetra- no disponibilidad de los padres de cara a nuestras
ción, su excesiva provisión de «antenas» indican necesidades primarias. Si nunca hemos vivido
que de niño fu.e, cuando no abusivamente explo- nuestra desesperación y la rabia inconsolable que
tado, sí utilizado por personas con necesidades. de ella deriva, y, por consiguiente, nunca las he-
Claro está que, a nivel teórico, existe la posi- mos elaborado, podemos correr el riesgo de trans-
bilidad de que un niño haya crecido junto a unos ferir al paciente la situación de nuestra propia
padres que no tuvieran necesidad de semejante infancia, que ha permanecido a nivel inconscien-
abuso, es decir, que vieran y entendieran al niño te. Y nadie se asombraría de que necesidades in-
en su esencia, que toleraran y respetaran sus sen- conscientes hondamente reprimidas puedan llevar
timientos. Este niño habría desarrollado luego un al terapeuta a disponer de un ser más débil en lu-
sano sentimiento de autoestima. Sin embargo, ape- gar de los padres. Esto es fácilmente realízable
nas cabe suponer: con los propios hijos, con subordinados Y con
l. que vaya a seguir luego la profesión de psi- pacientes que, a veces, dependen de su terapeuta
coterapeuta; como niños.
2. que llegue a constituir y a desarrollar la Un paciente con «antenas» para captar el in-
sensibilidad adecuada para captar al otro tal consciente del terapeuta reaccionará muy pronto
eomo lo hacen los niños «utilizados»; ante ello. Pronto se «sentirá» autónomo y se com-
3. que llegue a entender suficientemente a par- portará como tal cuando intuya que para el te-

42 43
rapeuta es importante recibir pacientes con una me parece la eliminación de la represión. Tene-
conducta segura y que se independicen pronto. mos que conocer emocionalmente nuestro pasado
Puede hacerlo, podrá hacer todo cuanto se espe- no sólo como padres, sino también como terapeu-
re de él. Pero esta autonomía desembocará en la tas. Tenemos que aprender a vivir y esclarecer
depresión, porque no es auténtica. La auténtica nuestros sentimientos infantiles para que ya no
viene precedida por la experiencia de la depen- tengamos necesidad de manipular inconsciente-
dencia. La auténtica liberación sólo se encuentra mente a nuestros pacientes a partir de nuestras
más allá del sentimiento, profundamente ambi- teorías, y dejar que lleguen a ser lo que son. Sólo
valente, de la dependencia infantil. Los deseos del la vivencia dolorosa y la aceptación de la propia
terapeuta de obtener aprobación y eco, así como verdad nos libera de la esperanza de encontrar,
de ser comprendido y tomado en serio, son satis- pese a todo, a los padres comprensivos y empá-
fechos por el paciente cuando éste aporta un ma- ticos -tal vez en el paciente- y poder convertir-
terial que se aviene bien con el bagaje cultural del los, mediante interpretaciones inteligentes, en se-
terapeuta, con sus teorías y, por consiguiente, con res disponibles.
sus expectativas. De este modo, el terapeuta prac- Esta tentación no debe menospreciarse. Raras
tica el mismo tipo de manipulación inconsciente a veces, o quizá nunca, nos habrán escuchado nues-
la que también él, de niño, estuvo expuesto. tros propios padres con la atención con que un
Tiempo atrás pudo detectar quizá la manipula- paciente suele hacerlo; nunca nos habrán reve-
ción consciente y liberarse de ella. También lado su mundo interior en forma tan sincera y
aprendió a mantener e imponer sus opiniones. comprensible para nosotros como a veces lo ha-
Pero la manipulación inconsciente nunca puede cen ciertos pacientes. Sin embargo, el trabajo del
ser detectada por un niño. Es el aire que respira, duelo -nunca concluido- de nuestra vida nos
no conoce otí'o y le parece el único normal. ayudará a no ser víctimas de esta ilusión. Unos
¿Qué ocurre cuando nosotros, como adultos y padres como los que nos hubiera hecho falta en
como terapeutas, no advertimos cuán peligroso su momento --empáticos y abiertos, comprensi-
puede ser este aire? Que de modo irreflexivo ex- vos y comprensibles, disponibles y utilizables,
pondremos a sus efectos a otras personas, afir- transparentes, daros, sin contradicciones incom-
mando que lo hacemos por su propio bien. prensibles, sin el angustiante cuartito de las, tra-
Cuanto más hondo calo en la manipulación in- moyas-, unos padres así no los hemos tenido
consciente de los niños por sus padres, y de los nunca. Toda madre sólo podrá ser empática
pacientes por los terapeutas, tanto más urgente cuando se haya liberado de su infancia, y tendrá
44 45
que reaccionar de forma no empática en la me- Durante toda su infancia, el hijo había inten-
dida en que renegar de su destino le imponga ca- tado ser alegre y sólo podía vivir su verdadero Yo,
denas invisibles. Lo mismo se puede decir del sus sentimientos y premoniciones, a través de
padre. perversiones compulsivas que, hasta el momento
Lo que sí existe es este tipo de niños: inteli- de la terapia, le habían parecido extrañas, vergon-
gentes, despiertos, atentos, hipersensibles y, por zosas e incomprensibles.
estar totalmente orientados hacia el bienestar de Estamos totalmente indefensos frente a este
los padres, también disponibles, utilizables y, so- tipo de manipulación durante la infancia. Lo trági-
bre todo, transparentes, claros, predecibles y ma- co es que también los padres se hallarán a mereed
nipulables ... mientras su verdadero Yo (su mundo de este hecho mientras se nieguen a contemplar
afectivo) permanezca en el sótano de esa casa su propia historia. Sin embargo, en la relación
transparente en la que tienen que vivir, a veces con los propios hijos se perpetúa inconsciente-
hasta la pubertad y, no pocas veces, hasta que mente la tragedia de la infancia paterna cuando
sean padres ellos mismos. Ja represión sigue sin resolverse.
Así, por ejemplo, Robert, de treinta y un años, Otro ejemplo contribuirá a ilustrar con mayor
no podía, cuando niño, estar triste ni llorar sin claridad lo expuesto: un padre que de niño se
sentir que iba sumiendo a su querida madre en asustaba con frecuencia de Jos ataques de angus-
una atmósfera de infelicidad y de profunda inse- tia de su madre, víctima de una esquizofrenia pe-
guridad, pues la •alegría serena» era la cualidad riódica, sin que nadie le diera explicación alguna,
que a ella le había salvado la vida en su niñez. Las disfrutaba contándole a su adorada hija historias
lágrimas de sus hijos amenazaban con romper su de terror. Se burlaba del miedo de la niña para
equilibrio. Sin embargo, ese hijo sensibilísimo luego tranquilizarla siempre con la siguiente
sentía en sí mismo todo el abismo oculto tras las frase: es una historia inventada, no tienes por qué
defensas de aquella madre, que de niña había es- sentir miedo, estás en mi casa. De este modo po-
tado en un campo de concentración y jamás le día manipular el miedo de la niña y sentirse
había mencionado este hecho. Sólo cuando el hijo fuerte al hacerlo. Conscientemente quería darle
se hizo mayor y pudo hacerle preguntas, ella le algo bueno a la hija, algo de lo que él mismo ha-
contó que había estado entre un grupo de ochenta bía carecido: tranquilidad, protección, explicacio-
niños que tuvieron que ver cómo sus padres eran nes. Pero Jo que también Je transmitía, sin ser
conducidos a la cámara de gas. ¡Y ninguno de consciente de ello, era el miedo de su infancia, la
aquellos niños había llorado! expectativa de una desgracia y la pregunta no es-
46 47
clarecida (también de su infancia): ¿Por qué la de cuestionar una y otra vez tanto estos métodos
persona a quien quiero me da tanto miedo? como también a todos los terapeutas que los prac-
Todo ser humano tiene en su interior un cuar- tican.
tito, más o menos oculto a su mirada, en el que Cuanto mejor conozcamos la historia de nues-
guarda las tramoyas del drama de su infancia. tra vida, mejor podremos detectar las manipula-
Los únicos seres humanos que con seguridad ten- ciones allí donde aparezcan. Es nuestra infancia
drán acceso a este cuartito son sus hijos. Con los la que tan a menudo nos impide hacerlo. Es nues-
propios hijos entrará nueva vida en el cuartito, tra antigua nostalgia, no vivida del todo, de unos
el drama hallará su continuación. En solitario, el padres buenos, sinceros, inteligentes, conscientes
niño no tenía posibilidad alguna de actuar libre- y valientes, la que nos puede inducir a no percibir
mente con esas tramoyas: su propio papel lo ha- la deshonestidad o la inconciencia de los terapeu-
bía fusionado con la vida; tampoco podía salvar tas. Corremos el peligro de tolerar demasiado
recuerdo alguno relacionado con esa «actuación» tiempo las manipulaciones si algunos terapeutas
remitiéndolo a su vida posterior, a no ser con poco honestos saben promocionarse y presentarse
ayuda de la terapia, donde su papel podría resul- como particularmente probos y maduros. Cuando
tarle cuestionable. Las tramoyas le daban miedo la ilusión se corresponde tanto con nuestras ne-
a ratos, no podía relacionarlas con el recuerdo cesidades y urgencias, tardamos más en detec-
consciente de su madre o de su padre. De ahí que tarla. Pero mientras sigamos poseyendo plena-
desarrollara síntomas. Y luego, durante la terapia, mente nuestros sentimientos, esta ilusión tendrá
el adulto puede resolverlos cuando los sentimien- que ser enterrada, tarde o temprano, en favor de
tos ocultos detrás de los síntomas afloran a su la verdad terapéutica.
conciencia: sentimientos de espanto, desespera-
ción y protesta, de recelo y de rabia inconsolable.
No hay nada que proteja a los pacientes contra
las manipulaciones inconscientes de sus terapeu-
tas. Tampoco ningún terapeuta es totalmente in-
mune a tales manipulaciones. Pero el paciente
tiene la posibilidad de hacérselas ver cuando las
descubre, o de dejar al terapeuta si éste perma-
nece ciego e insiste en su infalibilidad. Mis reco-
mendaciones tampoco eximen a nadie de la tarea

48 49
El cerebro de oro le amaba, aunque no más que a los preciosos ves-
tidos que de él recibía a manos llenas. Se casó
con ella y fue feliz, pero la esposa murió al cabo
de dos años y, para pagar su entierro, que tenía
que ser grandioso, el marido gastó el resto de for-
tuna que le quedaba. Débil, pobre e infeliz deam-
bulaba un día por las calles cuando, en un esca-
parate, vio un par de hermosos botines que a su
En las Cartas desde mi molino de Alphonse mujer le hubieran quedado perfectos. Olvidando
Daudet encontré un relato que, aunque parezca que su esposa había muerto -tal vez porque su
un tanto raro, tiene mucho en común con estas cerebro vacío ya no podía trabajar-, entró en la
observaciones. Para concluir este capítulo sobre tienda para comprar los botines. Pero en ese ins-
el niño explotado, quisiera resumir aquí su con- tante cayó a tierra y el vendedor vio en el suelo a
tenido. un hombre muerto.
Érase una vez un niño con un cerebro de oro. Daudet, que habría de morir de una enferme-
Sus padres lo advirtieron por azar cuando, a con- dad de la médula espinal, escribió al final: «Esta
secuencia de una herida en la cabeza, le brotó oro historia parece inventada, pero es real de princi-
en vez de sangre. Empezaron a proteger cuida- pio a fin. Hay personas que tienen que pagar las
dosamente al niño y le prohibieron el trato con cosas más insignificantes de la vida con su sus-
otros niños, para evitar que le robaran. Cuando el tancia y su médula espinal. Se trata para ellos de
niño creció y quiso recorrer mundo, su madre le un dolor eternamente recurrente. Y luego, cuando
dijo: «Hemos hecho tanto por ti que también no- se cansan de padecer... ».
sotros deberíamos participar de tus riquezas». El ¿No se cuenta el amor maternal entre las co-
hijo se sacó entonces un gran trozo de oro del ce- sas más «insignificantes», pero también más im-
rebro y se lo dio a su madre. Durante un tiempo prescindibles, de la vida, que mucha gente -pa-
vivió a lo grande con su riqueza, en compañía de radójicamente- ha de pagar con la renuncia a su
un amigo que, sin embargo, le robó una noche y espontaneidad vital?
desapareció. El hombre decidió entonces proteger
su secreto en el futuro y trabajar, porque las pro-
visiones disminuían a ojos vistas. Un buen día se
enamoró de una muchacha hermosa que también

so 51
II
Depresión y grandiosidad:
dos formas de la renegación
Destinos de las necesidades infantiles

Todo niño tiene la legítima necesidad de ser


observado, comprendido, tomado en serio y res-
petado por su madre. Durante las primeras se-
manas y meses de vida le es imprescindible poder
disponer de su madre, utilizarla y ser reflejado
por ella. Una imagen de Winnicott ilustra esto
con bella precisión: la madre contempla al niño
que lleva en brazos, el niño contempla la cara de
su madre y se encuentra a sí mismo en ella ... su-
poniendo que la madre observe realmente a ese
ser pequeño, único y desamparado, y no proyecte
sobre él sus propias expectativas, sus miedos o los
planes que haya forjado para el niño. En el último
caso, éste descubrirá en el rostro materno no la
imagen de sí mismo, sino las necesidades de la
madre. Él mismo se quedará sin espejo y en vano
lo buscará durante el resto de su vida.

El desarrollo sano

A fin de que una mujer pueda darle a su hijo


lo que le es indispensable para toda la vida, es im-

55
prescindible que no se la separe del recién nacido. miento de dicha técnica, sino también la que se
La distribución hormonal que despierta y «ali- practica en los grandes hospitales generales, de
menta» su instinto maternal se produce inmedia- suerte que pronto redunde en beneficio de todos.
tamente después del parto y se prolonga en los días Una mujer que experimente el bonding con su
y semanas siguientes gracias a la familiaridad cada hijo COITerá menos peligro de abusar de él, y es-
vez rnavor con su hijo. Si el niño es separado de tará en mejores condiciones de protegerlo de los
la madre, corno era normal hasta hace poco en casi malos tratos del padre.
todas las clínicas, y sigue ocurriendo hoy dla en Pero también una mujer que debido a su pro-
todo el mundo por comodidad e ignorancia, la ma- pia historia reprimida no haya tenido ese contacto
dre y el niño habrán perdido su gran oportunidad. con su hijo, podrá ayudar más tarde al niño a su-
El bonding (contacto ocular y epidérmico en- perar esa carencia si, gracias a su terapia y a la
tre la madre y el recién nacido después del parto) superación de su represión, torna conciencia de
les da a ambos la sensación de ser una sola per- la importancia de dicha carencia. También podrá
sona, una unidad que, de un modo natural, ya es- compensar las consecuencias de un parto difícil si
taba idealmente presente en el momento de la no las trivializa y es consciente de que un niño que
procreación y que luego creció con el niño. Ese hava sufrido un serio trauma al comienzo de su
contacto da a la criatura la seguridad y protección vida necesita una atención y dedicación especiales
necesarias para que pueda confiar en su madre para superar el miedo ante lo ya sucedido.
y le transmite a ésta una seguridad instintiva que Si un niño tiene la suerte de crecer junto a una
la ayuda a entender y dar respuesta a las señales madre que lo refleje y esté disponible, es decir,
de su hijo. Esta primera familiaridad mutua se que resulte funcionalmente «utilizable» para el
vuelve luego irrecuperable, y su carencia puede desarrollo del niño, poco a poco irá surgiendo en
impedir muchas cosas desde el principio. él, a medida que se haga grande, una sana auto-
El conocimiento científico de la importancia conciencia. En el mejor de los casos es también
decisiva del bonding es aún muy reciente.• Cabe la madre quien brinda un clima afectivo cálido y
esperar, sin embargo, que no sólo la obstetricia de comprensión de las necesidades del niño, aun-
practicada en las maternidades tome conoci- que las madres no demasiado afectivas también
pueden hacer posible esta evolución, limitándose
* Entre Jos numerosos Hbros de infonnación sobre este tema simplemente a no impedirla. El niño, entonces,
(Janus, Leboyer, Odent, Stern), el libro <le Desmond 1v1orris me parece
el más útil para padres que esperan un hijo. (Desmond Iv1orris, Baby- puede buscar en otras personas aquello que le
watching, Londres, Jonathan Cape, 1991.) falta a su madre. Diversas investigaciones han
56 57
puesto de manifiesto esta inaudita capacidad del tará satisfacer sus propias necesidades con avuda
niño para utilizar cualquier «alimento» afectivo, de su hijo. Esto no excluye una entrega afe¿tiva,
cualquier estímulo de su entorno por pequeño pero a esta relación explotadora le faltan com-
que sea. ponentes de vital importancia para el niño, tales
Por autoconciencia sana entiendo la incuestio- como fiabilidad, continuidad y constancia, y le
nable seguridad de que los sentimientos y deseos falta sobre todo ese espacio donde el niño podría
experimentados pertenecen al propio Yo. Esta se- vivir sus propios sentimientos y sensaciones. De-
guridad no es reflejada sino que está allí, como sarrollará, por tanto, algo que la madre necesita
el pulso, que pasa inadvertido mientras no se al- y que, si bien entonces le salva la vida (el amor
tera. de la madre o del padre), suele impedirle ser él
En esta vía de acceso, no reflejada y evidente, mismo durante toda su vida. En este caso, las ne-
hacia sus propios deseos y sentimientos, encuen- cesidades naturales propias de la edad del niño
tra el ser humano su asidero y su autoestima. Allí no pueden ser integradas, sino que son escindidas
le estará permitido vivir sus sentimientos, estar o reprimidas. Esta persona vivirá más tarde, sin
triste, desesperado o falto de ayuda, sin temor a saberlo, en su pasado.
crear inseguridad a nadie. Le será lícito tener La mayoría de las personas que me han pe-
miedo al verse amenazado o ser malo cuando no dido ayuda debido a depresiones tenían, por lo
pueda satisfacer sus deseos. Sabrá no sólo qué general, madres inseguras en grado sumo que a
no quiere, sino también qué quiere, y podrá ex- menudo padecían ellas mismas de depresiones y
presarlo sin que le importe ser amado u odiado contemplaban a ese hijo, el único o con frecuen-
por ello. cia el primero, como su propiedad. Lo que la ma-
dre no haya recibido de su propia madre en su
momento lo puede encontrar en su hijo: es un ser
El trastorno disponible, puede ser utilizado como eco, se deja
controlar, está totalmente centrado en ella, nunca
¿Qué ocurre cuando la madre es incapaz de la abandona, le brinda su atención y admiración.
ayudar a su hijo? ¿Qué ocurre cuando no sólo no Cuando él la abruma con sus necesidades (como
está en condiciones de adivinar y satisfacer las ne- en otros tiempos lo hiciera su madre), ella deja de
cesidades de aquél, sino que ella misma está estar tan inerme, no se deja tiranizar, puede edu-
necesitada, cosa por lo demás muy frecuente? car al niño para que no grite ni moleste. Y al final
Ocurre que, inconscientemente, esa madre inten- puede procurarse consideración y respeto, o tam-

58 59
bién exigirle al niño que se preocupe por su vida orgullosa de su hija, contó Barbara. Pero ya había
y su bienestar, una preocupación que sus propios envejecido y estaba achacosa, y Barbara se preo-
padres le debían todavía. Vaya un ejemplo a cupaba mucho por la salud de su madre, soñaba
modo de ilustración. a menudo que le había pasado algo y se desper-
Barbara, treinta y cinco años, sólo en la tera- taba presa de una gran angustia.
pia empezó a vivir sus temores, hasta entonces re- Gracias a esos sentimientos emergentes, esta
primidos, que acompañaban una situación terri- imagen de la madre fue modificándose. Sobre
ble para ella. Al volver un día de la escuela, todo cuando surgió el recuerdo de la educación
cuando tenía diez años -era justamente el cum- relacionada con la higiene, Barbara revivió a su
pleaños de su madre--, la encontró tumbada en madre como un ser dominante, exigente, que la
el suelo del dormitorio con los ojos cerrados. La controlaba y manipulaba, una mujer mala, fría,
niña creyó que la madre estaba muerta y rompió necia, estrecha de miras, obsesiva, capaz de ofen-
a gritar desesperada. En ese momento la madre derse por cualquier nimiedad, exaltada, falsa y
abrió los ojos y dijo casi extasiada: «Me has hecho avasalladora. La vivencia y la explieación de la ra-
el regalo de cumpleaños más hermoso; ahora sé bia tanto tiempo contenida evocaron en la hija re-
que alguien me quiere,,. La compasión con el des- cuerdos de la infancia, que, en efecto, remitían
tino infantil de su madre impidió a la hija, du- a rasgos de este tipo. Ahora Barbara podia des-
rante décadas, sentir que el comportamiento de cubrir realidades y era capaz de comprobar la le-
aquélla suponía una terrible crneldad. Más ade- gitimidad de su rabia, Descubrió que, efectiva-
lante pudo reaccionar de forma adecuada en la te- mente, la madre había sido a veces fría y mala
rapia, con rabia e indignación. con ella, cuando se sentia insegura frente a su
Barbara, madre ella misma de cuatro hijos, hija. Se había preocupado mucho por la niña, ya
sólo tenía,escasísimos recuerdos de su propia ma- que con esta preocupación podía defenderse de
dre, pero si podía recordar la permanente com- la envidia que ésta le inspiraba. Como de niña la
pasión hacia ella. Al principio la describió como madre había sido muy humillada, tenía que ha-
una mujer sensible y de gran corazón, que siendo cerse respetar por su hija.
ella niña le «contaba ya abiertamente sus preo- Poco a poco las distintas imágenes de la ma-
cupaciones», se preocupaba mucho por sus hijos dre fueron fusionándose en la imagen de una per-
y se sacrificaba por la familia. En el interior de la sona que, por su propia debilídad, inseguridad y
secta en que vivía la familia, con frecuencia le pe- fragilidad, había hecho de la niña un ser dispo-
dían consejo. La madre estaba particularmente nible. En el fondo, esa madre que tan bien fun-

60 61
cionaba de cara a los demás, seguía siendo una La ilusión del amor
niña ante su propia hija. Ésta, en cambio, aceptó
el papel de personaje comprensivo y solícito hasta
que, a la vista de sus propios hijos, descubrió en
sí misma sus necesidades hasta entonces ignora-
das, que intentó satisfacer con ayuda de ellos.

Quisiera intentar exponer unas cuantas ideas


que mi trabajo me ha ido sugiriendo a lo largo de
los años. Mi actividad comprendía también múlti-
ples encuentros breves con personas que sólo ha-
blaron una o dos horas conmigo. Precisamente en
estos breves encuentros sale a la luz la tragedia del
destino individual con una claridad muy particular.
Lo que se denomina depresión y se siente como va-
cfo, absurdo existencial, temor al empobrecimiento
y soledad, se me presenta siempre como la tragedia
de la pérdida del Yo o de la extrañación frente a
uno mismo, que se inicia en la infancia.
En la práctica podemos encontrar diversas
formas mixtas y matices de este trastorno. Por ra-
zones de claridad intentaré describir dos formas
extremas, considerando una de ellas como el en-
vés de la otra: la grandiosidad y la depresión.
Detrás de una grandiosidad manifiesta acecha
continuamente la depresión, y tras el humor
depresivo suelen ocultarse a menudo intuiciones
rechazadas sobre nuestra historia trágica. De he-
cho, la grandiosidad es la defensa contra el pro-
fundo dolor que produce la pérdida del Yo, pér-

62 63
dida que es resultado de Ja renegación de la rea- globo» (sueño de una paciente), y, si bien se elevó
lidad. muy alto al soplar vientos favorables, de pronto se
agujereó y ahora yace en el suelo como un mi-
núsculo guiñapo. Del componente específico de
La grandiosidad como autoengaño ese individuo no podía desarrollarse nada que,
más tarde, pudiera ofrecerle un asidero. Pues
El hombre «grandioso,, es admirado en todas junto al orgullo que despierta un niño se oculta,
partes y necesita de esta admiración, no puede vi- peligrosamente cerca, la vergüenza de que no sa-
vir sin ella. Tiene que realizar con brillantez todo tisfaga las esperanzas en él depositadas.*
cuanto se proponga, y es capaz de ello (pues pre- Sin terapia, el grandioso no puede renunciar a
cisamente no intentará hacer otras cosas). Tam- la trágica ilusión de confundir admiración con
bién él se admira... a causa de sus atributos: su be- amor. No pocas veces se dedica toda una vida a
lleza, inteligencia, talento, y también por sus éxitos esta sustitución. Mientras las verdaderas necesi-
y rendimientos. Mas, pobre de él si algo de esto le dades de respeto, de comprensión y de ser to-
falla: la catástrofe de una grave depresión se vuelve mado en serio que sentía el otrora niño no pue-
entonces inminente. En general, nos parece natural dan ser comprendidas ní vividas conscientemente,
que las personas enfermas o viejas, que han per- proseguirá la lucha por el símbolo del amor. Una
dido mucho, o bien las mujeres menopáusicas, paciente me dijo un día que tenía la impresión de
por ejemplo, se vuelvan depresivas. Pero no suele
* En un trabajo práctico efectuado en Chestnut Lodge se ínvestigó,
tenerse en cuenta que también hay personalida- en 1954, el entorno familiar de doce pacientes con psicosis maniaco~
des que pueden soportar la pérdida de la belleza, depresiva. Los resultados corroboran en gran rr1edida mis conclusiones
obtenidas por vías muy distintas, sobre la etiologfa de la depresión. '
salud, juventud o de algún ser querido, con duelo, «Todos los pacientes provenían de familias que se consideraban so-
pero sin deprimirse. Y a la inversa: hay personas cialmente a~sladas y JX)CO respetadas en su entorno. De ahí que hicieran
todo lo pos1ble por aumentar su prestigio ante los vecinos recurriendo
con grandes talentos que sufren graves depresio- al conformismo y a una serie de rendimientos especiales. Entre estas
aspiraciones se le atribuyó un papcJ particular al niño que más tarde
nes. ¿Por qué? Porque uno está libre de depre- habría de enfermarse, Tenía que garantizar el honor familiar y sólo era
siones cuando la autoestima arraiga en la auten- amado en. }a medida en que, gracias a ciertas capacidades y talentos es-
peciales, a su belleza, etcétera [la cursiva es tnía ~ A,M.], se hallara en
ticidad de los sentimientos propios y no en la po- condiciones de satisfacer las exigencias ideales de la familia. Si falla-
sesión de determinadas cualidades. ba en su intento, era castigado con una frialdad total, la exclusión del
círculo familiar y la certeza de haber cubierto a sus familiares de un
El colapso de la autoestima en el individuo profundo oprobio.» (Citado según M. Eicke~Spengler, J977, pág. 1.104.)
También he encontrado en mis pacientes el aislamiento social de las
«grandioso,, nos mi..¡estra con toda claridad cómo, familias, que, sin embargo, no era causa, sino consecuencia de la ne~
en realidad, ésta pendía en el aire, «colgada de un cesidad de lo.s padres.

64 65
haber andado siempre sobre zancos hasta enton- se relacionaba sobre todo con la falta de contactos
ces. Y una persona que anda todo el tiempo sobre sexuales, aunque en el fondo se agitaban tempra-
zancos, ¿no debe acaso envidiar constantemente nas ,angustias de abandono, que esta mujer ya no
a quienes se valen de sus propias piernas al correr, pod1a contrarrestar con una conquista nueva. To-
aunque esta gente le parezca más pequeña y •me- dos sus espejos sustitutivos se habían roto, y ella
diocre» que ella misma? ¿Y no llevará en su in- volvía a estar ahí, confusa y desamparada, como en
terior un odio contenido contra los responsables otros tiempos la niña pequeña frente al rostro de
de que no se atreva a caminar sin zancos? En el 1 su madre, en el que no se descubría a sí misma
fondo, la persona sana es envidiada porque no
tiene que esforzarse de continuo por merecer ad-
miración, porque no necesita hacer nada para
¡ sino la confusión de aquélla. De forma parecid~
pueden vivir su envejecimiento los hombres, aun-
que algún nuevo enamoramiento pueda devol-
producir tal o cual efecto, sino que, con toda tran- verles por un tiempo la ilusión de la juventud e
quilidad, puede permitirse ser como es. f introducir así fases maniacas en la incipiente de-
El hombre grandioso nunca está realmente li- presión por envejecimiento.
bre, porque depende en una medida enorme de la 2. En este relevo por {ases entre grandiosidad
admiración de otros y porque esta admiración Y depresión, y viceversa, se pone de manifiesto su
está vinculada a atributos, funciones y rendimien- parentesco. Se trata de las dos caras de una
tos que pueden fallar de improviso. misma medalla que podría calificarse de falso y 0
Y que, de hecho, fue concedida en alguna ocasión
por buenos rendimientos. Así, por ejemplo, un ac-
La depresión como envés de la grandiosidad tor podrá reflejarse en los ojos del público entu-
siasmado la tarde del éxito, y vivir sentimientos
En los pacientes con los cuales tuve tratos la de grandeza y omnipotencia divinas. Y, sin em-
depresión se hallaba unida a la grandiosidad en bargo, a la mañana siguiente podrán presentarse
formas muy diversas. sensa~iones de vacío, absurdo y hasta vergüenza
l. A veces la depresión aparecía cuando, debido e 111d1gnación, si la dicha de la tarde anterior no
a enfermedades graves, invalidez o envejecimiento, sólo tenía sus raíces en la actividad creativa de Ja
la grandiosidad se derrumbaba. Así, por ejemplo, la actuación o de la expresión, sino, sobre todo, en
fuente de éxitos externos había ido secándose len- la satisfacción sustitutoria de la vieja necesidad
tamente en el caso de una mujer soltera y senes- de encontrar eco y reflejo, de ser visto y com-
cente. La desesperación ante el hecho de envejecer prendido. Si su creatividad se halla relativ~mente

66 67
libre de estas necesidades, nuestro actor no ten- 3. Sucede a veces que una persona consigue
drá depresión alguna a la mañana siguiente, sino mantener la ilusión de la atención y disponibi-
que se sentirá animado y empez".1"á a oc,uparse de lidad permanentes de los padres (de cuya ausen-
otras cosas. Pero si el éxito obtemdo la v1spera ser- cia en la temprana infancia reniega exactamen-
vía para renegar la frustración infantil, só'.o le te como de sus reacciones afectivas), gracias a
aportará -como toda sustitución- u~a satisfac- una serie de rendimientos extraordinarios e inin-
ción momentánea. Ya no podrá producirse una sa- terrumpidos. Por lo general, esta persona estará
tisfacción real, pues su tiempo habrá transcurrido en condiciones de impedir con renovada brillan-
irrevocablemente. El niño de otros tiempos ya no tez una depresión inminente y deslumbrar tanto a
existe, como tampoco los padres de aquella época. quienes lo rodean como a sí mismo. Sin embargo,
Los actuales --en caso de que aún vivan- habrán no pocas veces elige a la vez a un cónyuge que
envejecido entretanto y se habrán vuelto depen- haya aportado ya fuertes rasgos depresivos o, al
dientes, ya no ejercerán violencia alguna sobre el menos, asuma y actúe inconscientemente en el ma-
hijo, y quizá se alegrarán de sus éxitos y de sus r~­ trimonio el componente depresivo de lo grandioso.
ras visitas. En el presente hay éxito Y reconoci- De este modo, la depresión queda fuera. Uno se
miento, pero éstos no pueden ser más de lo que preocupa por el «pobre» cónyuge, lo protege como
son, no pueden colmar el viejo agujer~. Por otra a un niño, se siente fuerte e indispensable y ad-
parte, la vieja herida no podrá curar m1entl1:s sea quiere un contrafuerte adicional en el edificio de la
renegada en la ilusión, es decir, en el d:hr.10 del propia personalidad, que carece de fundamentos
éxito. La depresión nos acerca a las prox1m1dades sólidos y depende de los pilares del éxito, del ren-
de la herida, pero sólo el duelo por lo perdido, por dimiento, de la «fortaleza» y, sobre todo, de la re-
lo que se perdió en el nwmento decisivo, conduce a negación del mundo afectivo de la propia infancia.
la auténtica cicatrización."
~
Aunque en el cuadro fenoménico exterior la
depresión se oponga diametralmente a la grandio-
,., Como ejemplo de un trabajo del duelo ~ogrado podemos ~itar una sidad y, gracias a la atmósfera que crea, tenga de
confesión de Igor Stravinsky: 11Estoy convencido de que, e:i mi. caso, la
· · del '-echo
desgrac1a provi.no n de que mi padre me . resultaba. 1ntenormente
d · algún modo más en cuenta la tragedia de la pér-
un extraño, y de que tampoco mi madre me bnndaba cariño: Cuan,º m~
hermano máyor murió inesperadamente, mi r:'adre no ca~1ah1..ó.hac1a m1
los sentimientos que él le había inspirado y mt padr; co~t1nuó ~1endo tan talento para ser feliz. Mis padres hicieron todo lo necesario para hacer
reservado como siempre: yo decidí entonces que algun d1a les ;I1rla cuatro feliz a un niño. Pero con frecuencia me sentía muy solou. (Ambas citas
verdades. Pues resulta que el día aquél llegó y se ft-1:e. N~d1e. salvo yo provienen de un artículo de JI. Müller·Braunschweig, 1974.) En este
mismo, recuerda ese día, cuyo único testigo ocular sigo siendo yo». En caso, el drama infantil fue totaln1ente reprimido, la idealización de los
total contraste se halla la declaración de Sam~el Beckett: ."Puede de- padres perduró con ayuda de la renegación, pero el aislamiento infinito
cirse que tuve una infancia feliz: ... aunque yo mismo no tuviera mucho de su infancia encontró su expresión en los dramas de Beckett.

68 69
dida del Yo, ambas presentan, sin embargo, mu- produjo una pérdida de ciertos ámbitos afectivos
chos puntos en común. que hubieran conducido a la formación de una
Podernos observar los siguientes: autoconciencia estable. Hay niños a los que no se
l. Un falso Yo, que ha conducido a la pérdida les permitió vivir con libertad sus sentimientos
del Yo verdadero; más tempranos, tales como el descontento, la ira,
2. la fragilidad de la autoestima, que tiene sus los dolores, la alegría ante el propio cuerpo e in-
raíces no en la seguridad del propio sentir Y que- cluso la sensación de hambre. A veces se oye a
rer, sino en la posibilidad de realizar el falso Yo; madres contar con orgullo que sus bebés han
3. perfeccionismo; aprendido a contener el hambre y, distraídos con
4. renegación de los sentimientos desprecia- halagos, esperan tranquilamente la hora de la co-
mida.
dos;
5. relaciones de explotación; He conocido adultos con este tipo de experien-
6. un gran miedo a perder el canno; de ahí cias infantiles, atestiguadas en cartas, que nunca
una gran disponibilidad a adaptarse; sabían a ciencia cierta si tenían hambre o "sólo
7. agresiones escindidas; imaginaban tenerla», y sufrían de miedo a des-
8. proclividad a las humillaciones; mayarse de hambre. Entre ellos se contaba Bea-
9. proclividad a los sentimientos de culpa Y de trice. La insatisfacción o el enojo de los hijos des-
vergüenza; pertaban en la madre dudas acerca de su papel
1O. desasosiego. materno, los dolores físicos· de los hijos le pro-
vocaban miedo, y la alegría serena ante el propio
cuerpo generaba en la madre envidia y sentimien-
La depresión como renegación del Yo tos de vergüenza «frente a los otros». Los miedos
de la madre condicionaban por completo la vida
La depresión puede entenderse, pues, como un afectiva de la niña, y Beatrice aprendió ya muv
síntoma directo de la pérdida del Yo que consiste pronto qué no le estaba permitido sentir para n~
en la renegación de las propias reacciones afec- poner en juego el «amor» de la madre.
tivas y sensaciones. Esta renegación empezó al Si desechamos las claves para la comprensión
servicio de la adaptación necesaria para Ja vida, de nuestra vida, las causas de la depresión -a5í
por miedo a perder el amor durante la infancia. como las del sufrimiento, la enfermedad y la cu-
De ahí que la depresión remita a un trauma muy ración- seguirán siendo a la fuerza un enigma
temprano. Ya al principio, durante la lactancia, se para nosotros.

70 71
Un psiquiatra, cuyo libro me fue remitido por nos al paciente en cuestión cuando, de niño, era
un lector, afirma que los malos tratos, la falta de vapuleado sin compasión? ¿Fue realmente la gra-
atención y la explotación en la infancia difícil- cia de Dios la que asistió a ese hombre en la edad
mente pueden ser causas suficientes para explicar adulta? ¿O podría ser la explicación mucho más
la posterior aparición de enfermedades psíquicas. sencilla?
Según él, tendría que haber motivos irracionales Si ese hombre tuvo una madre que, pese a la
de índole totalmente distinta que serían los res- pobreza, fue capaz de darle verdadero amor, pro-
ponsables de que una persona no se vea afectada tección y seguridad en su primer y tan decisivo
por las consecuencias catastróficas de los malos año de vida, después estuvo mejor preparado para
tratos, o de que se cure con mayor rapidez que elaborar los malos tratos posteriores que alguien
otra. En su opinión, tendría que entrar en juego cuya integridad se vio herida desde el primer día
la «gracia». de vida, que no tuvo derecho alguno a vivir su
Cuenta la historia de un paciente que pasó su propia vida y que, desde el principio, hubo de
primer año de vida con su madre soltera en con- aprender que el único sentido de su existencia
diciones de extrema pobreza, y al que, más tarde, consistía en «hacer feliz» a su madre.
las autoridades acabaron separando de ella. El Tal fue el destino de Beatrice, mi paciente. En
niño fue pasando de un centro de acogida a otro, su juventud no fue brutalmente maltratada, pero
y en todos ellos recibió durísimos malos tratos. de muy pequeña tuvo que aprender a no llorar, a
Sin embargo, cuando empezó un tratamiento psi- no tener hambre ni necesidades para «hacer feliz»
quiátrico, su estado mejoró mucho más rápido a su madre. Primero padeció de anorexia, y más
que el de sus compañeros de infortunio, cuyas tarde, durante toda su vida adulta, de profundas
historias personales presentaban abusos menos depresiones.
espectaculares;c¿Cómo pudo ese hombre, víctima Aferrarse a las ideas tradicionales sobre el
de tantas crueldades en su infancia y juventud, li- amor y la moral sin criticarlas es un buen método
berarse tan rápidamente de sus síntomas? ¿Fue para ocultar o reprimir los hechos reales de la
acaso por obra y gracia de Dios? propia historia. Pero sin el libre acceso a tales he-
Mucha gente prefiere este tipo de explicacio- chos, las raíces del amor permanecerán cortadas.
nes y evita así las cuestiones decisivas. Pero ¿no No es de extrañar, pues, que el deseo de tener rela-
deberíamos preguntarnos quizá por qué. Dios ciones cariñosas, generosas y comprensivas re-
no se mostró dispuesto a ayudar también a los sulte infructuoso. No podemos amar realmente si
otros pacientes de aquel psiquiatra, y mucho me- nos está prohibido ver nuestra verdad, aquella so-

72 73
bre nuestros padres y educadores, y también la tenté desoír todas mis reflexiones críticas. Tam-
verdad sobre nosotros mismos. Sólo podemos ac- poco quise advertir las primeras manifestaciones
tuar como si amáramos. Pero este comporta- de una enfermedad latente, llamada esclerosis
miento hipócrita es lo contrarío del amor. Con- múltiple, así como el incremento de mis crisis de-
funde y engaña y, sobre todo, produce en el otro presivas. Ahora, al cabo de tres años de terapia,
una rabia impotente que deberá ser reprimida, sé por fin cómo llegaron -y quizá tuvieron que
que nunca podrá vivirse conscientemente y, p_or llegar- a producirse estos síntomas angustiantes
tanto, tendrá efectos destructivos. En especial para que yo pudiera tornar en serio mis percep-
cuando el afectado dependa de su fe en ese su- ciones y mis síntomas.
puesto amor. »Durante las reuniones me indignaba siempre
Ser más sincero, es decir, también menos des- que se hablaba del "amor incondicional" que, su-
tructivo, es algo que ayudaría a mucha gente si puestamente, nos brindaban todos los integrantes
los líderes religiosos reconocieran estas simples del grupo. Yo misma me explicaba mi indigna-
leyes psíquicas. En vez de ignorarlas, tendrían ción por el hecho de no haber tenido ninguna ex-
que mezclarse un poco más entre la gente y ob- periencia de amor verdadero, que nunca me fue
servar el inmenso daño que ocasiona la hipocresía dado de niña, y no poder, por tanto, cimentar en
en las familias, en la vida pública y en la socie- mí la confianza en que éste existiera realmente.
dad en general. Eso, al menos, era lo que nos decían. Como es-
La carta que me envió Vera, y de la que cito taba tan hambrienta de amor, yo quería creer en
aquí un pasaje por deseo suyo, ofrece u~ claro esas afirmaciones. Y si pude creer en ellas, fue
ejemplo de la confusión producto de la hipocre- porque la hipocresía era el pan de cada día, ese
sía. La historia de Maja, que seguirá a la de Vera, pan que mi madre me daba, y yo nunca había
muestra, a su vez, cómo pudo sentir un amor es- probado otro. Pero ahora lo tengo claro: sólo el
pontáneo por su propio hijo después de que lo- niño necesita sin falta el amor incondicional. Y
grara eliminar la represión de su pasado. . . sólo al niño podemos y debemos dárselo. Es de-
Vera, de cincuenta y dos años, me escnb1ó: cir, querer y aceptar al niño que se nos confía,
haga lo que haga, ya llore o sonría contento. Pero
«Fui alcohólica durante muchas décadas y me amar incondicionalmente a un adulto, al margen
líberé del alcohol gracias a los grupos de AA. de lo que haga, nos llevaría a intentar querer tam-
Quedé tan agradecida por esta liberación que du- bién a un frío asesino de masas o a un mentiroso
rante once años asistí a todas las reuniones e in- redomado por el mero hecho de que pertenezca a
74 75
nuestro grupo. ¿Podemos hacer esto? ¿Debería- se rebeló contra las justificadas exigencias de éste,
mos hacerlo? ¿Por qué? ¿A quién le aprovecharía? por lo que se sintió totalmente mala al hacerlo,
Cuando afirmamos querer incondicionalmente a separada de sí misma como en la depresión.
un adulto, no hacemos sino demostrar nuestra ce- Pensó que tal vez era una rebelión contra las exi-
guera y falta de sinceridad». gencias de su madre, actitud que antes sólo se
daba con los propios hijos. Pero esta vez no ocu-
Vera tiene razón. Los adultos no necesitamos rría nada parecido. El amor por el que allí había
un amor incondicional, ni siquiera de nuestros te- luchado le llegaba ahora con total espontaneidad,
rapeutas. Ésa es una necesidad infantil que, más añadió. Estaba disfrutando de su unidad con el
tarde, ya no puede ser satisfecha. Quien no ha he- hijo y consigo misma. Luego empezó a hablar de
cho el duelo por esa pérdida en la infancia, está su madre en los siguientes términos:
jugando con ilusiones. Lo que necesitamos de
nuestros terapeutas es sinceridad, respeto, con- «Yo era la perla en la corona de mi madre.
fianza, empatía y comprensión, así como la ca- Ella decía siempre: En Maja se puede confiar,
pacidad de esclarecer nuestros propios sentimien- sabe hacer las cosas. Y, efectivamente, eduqué a
tos sin dejarnos agobiar por ellos. Y esto podemos sus hijos pequeños para que ella pudiera ejercer
conseguirlo. Pero cuando alguien nos prometa su profesión. Se fue haciendo cada vez más fa-
amarnos <dncondícionalmenten, tenemos que cui- mosa, pero nunca la vi feliz. ¡Cuán a menudo la
darnós de él. Si Vera encontró en tres años algo añoraba por las tardes! Los pequeños lloraban; yo
que no había podido encontrar durante largas dé- los consolaba, pero jamás lloraba. ¿Quién hubiera
cadas de búsqueda, fue gracias a su determina- utilizado a un niño llorón? Sólo podía disfrutar
ción a encontrar la verdad, y a no dejarse engañar del amor de mi madre si me mostraba hábil, com-
por más tiempo. En este camino eontó con el prensiva y moderada, si nunca ponía en duda su
apoyo de las experiencias con su cuerpo. forma de actuar, si nunca manifestaba lo mucho
Maja, de treinta y ocho años, llega unas se- que la echaba de menos: todo esto hubiera limi-
manas después del nacimiento de su tercer hijo y tado su libertad, tan necesaria para ella. Todo
cuenta lo libre y vital que se siente con el bebé. esto se hubiera vuelto contra mí. A nadie se le hu-
Lo más llamativo es Ja diferencia con respecto a biera ocurrido pensar entonces que esa tranquila,
las dos veces anteriores, en las que tuvo la sen- cómoda y hábil Maja era tan solitaria y sufría
sación de ser utilizada en forma constante e in- tanto. ¿Qué me quedaba, aparte de estar orgullosa
discriminada, y hasta «explotada», por el niño, y de mi madre y ayudarla?

76 77
»Cuanto mayores son las perlas en la corona pezones. ¡Dios mío, qué desagradable! Y al cabo
de una madre, más profundo es el agujero de su de dos horas volvía a la carga: y otrn vez... Jo
corazón. Mi madre necesitaba de esas perlas por- mismo ... Cuando empezaba a succionar, yo au-
que, en el fondo, todas sus actividades servían llaba Y profería maldiciones. La cosa empeoró
para reprimir algo en sí misma, una nostalgia tal tanto que no pude probar alimento y llegué a te-
vez, no lo sé ... Tal vez ella misma lo hubiera des- ner cuarenta de fiebre. Entonces me permitieron
cubierto de haber tenido la dicha de ser madre en dejar de amamantar y en el acto me sentí mejor.
un sentido no simplemente biológico. Al parecer Durante bastante tiempo no advertí sentimiento
se esforzaba muchísimo y era muy consciente de maternal alguno. Si el niño se hubiera muerto
sus deberes. Pero la alegría del amor espontáneo n:e ~ubiera dado igual. Y todos esperaban que m~
nunca le fue dada. smtlese muy feliz. Una amiga, a la que llamé en
»iY cómo se repitió todo esto con Peter! 11:~ arranque de desesperación, me dijo que el ca-
¡Cuántas horas absurdas hubo de pasarse mi hijo rmo sólo vendría con el tiempo, cuando empezara
con las criadas para que yo pudiera sacar mi di- a ocuparme del niño y lo tuviera constantemente a
ploma, que me alejó aún más de mí misma y de mi lado. Esto tampoco era cierto. Sólo desarro-
él! ¡Cuántas veces lo he dejado solo sin danne llé un cariño cuando pude ir de nuevo a trabajar
cuenta del mal que le estaba haciendo, porque yo y, al volver a casa, encontraba al pequeño y veía
misma nunca pude vivir mi propio abandono! en él una especie de distracción y de juguete. Aun-
Sólo ahora empiezo a intuir lo que puede ser la que, honestamente, un perrito me hubiera "ser-
maternidad sin corona, perlas ni aureolas de san- vido'.' de igual manera. Ahora que poco a poco
tidad». empieza a crecer y advierto que puedo educarlo
que me tiene cariño y confía plenamente en ml
En una rev'ista femenina alemana que en los ahora es cuando se va desarrollando una relació~
años setenta se preocupaba por expresar abierta- tierna Y estoy contenta de tenerlo aquí. [Las cur-
mente verdades tabuizadas, apareció la carta de sivas son mías - A.M.] Os escribo todo esto sim-
una lectora que narra sin tapujos la trágica his- p'.cmente porque me parece bien que alguien
toria de su maternidad. El relato se cierra con las diga, de una vez por todas, que no existe el amor
siguientes frases: maternal en este sentido... y menos aún un ins-
tinto maternal» (Cf. Emma, julio de 1977).
«¡Y encima amamantarlo! No le daba de ma-
mar correctamente y no tardó en mordem1e los Lo esencial del problema radica en que la au-

78 79
tora de esta carta no pudo vivir realmente su pro- cinos cuando ella tenía tres meses. La edad pudo
pia tragedia ni la de su hija, porque la suya, su establecerse porque la familia se mudó más tarde.
infancia emocionalmente inaccesible, habría sido Gracias a estar tan familiarizada con sus propios
el comienzo de esta historia. Su afirmación pesi- sentimientos, Johanna pudo vivir plenamente la
mista es, en consecuencia, desorientadora e in- rabia producto del engaño, y el horror de haber
correcta. En realidad sí que existe algo como sido violada a una edad tan temprana. Lo que
«amor maternal e instinto maternal». Podemos más la indignaba ahora era darse cuenta de
observarlo en animales que no hayan sido maltra- que la capacidad de seguir sus instintos se hu-
tados por los hombres. También la mujer nace biera visto dañada de manera tan seria. Éste fue
con el «programa» instintivo que Ja capacita para para ella el mayor delito cometido por sus padres.
amar, proteger, apoyar y alimentar a sus hijos, y Más tarde dijo: «Me robaron mis sentimientos
para alegrarse de ello. Pero a menudo nos arre- maternales cuando yo tenía tres meses. Al prin-
batan a muy temprana edad estas capacidades cipio no podía amamantar a mi hijo pese a de-
instintivas, como por ejemplo en la infancia, searlo intensamente».
cuando nuestros padres nos explotan para satis- Transcurrió mucho tiempo antes de que Jo-
facer sus deseos. Por suerte, como lo demuestra hanna pudiera enfrentarse a sus padres en un diá-
la historia de Johanna, podemos recuperar esas logo interno, expresar la rabia e indignación al-
capacidades en cuanto nos decidimos a dar ca- macenadas en su cuerpo, reclamar sus derechos y
bida a la verdad. elaborar los abusos a que fue sometida. Pero in-
Johanna, de veintisiete años, inició su terapia cluso antes de que pudiera iniciarse este proceso,
reveladora poco antes de quedar embarazada. Es- la simple disponibilidad a dar cabida a la incon-
taba bien preparada para el parto, muy contenta cebible verdad hizo que la fiebre bajara y se le
del bonding con su sano bebé, y se alegraba de curaran los pechos. Pudo darle de mamar al bebé,
poder amamantarlo de forma tan satisfactoria. que muy pronto aprendió a renunciar al biberón,
Pero de pronto, sin ningún motivo aparente, se le cosa que la nodriza había considerado «total-
endurecieron los pechos y empezaron a dolerle, y mente imposible».
cayó en cama con fiebre alta, mientras la nodriza Johanna disfrutó de su maternidad y de la di-
tenía que darle al niño el biberón. cha de poder amar, de que le estuviera permitido
En sus pesadíllas, entre los delirios febriles, re- amar, proteger, alimentar, serenar y atender a un
vivía una y otra vez con todo detalle escenas de ser inocente, así como adivinar sus necesidades.
abusos sexuales por parte de sus padres y sus ve- Sin embargo, esta dicha se veía interrumpida sin

80 81
cesar por periodos de duda en los que se pregun-
taba si no lo estarla haciendo todo mal, si la dicha este amor que, según sospecho, es "falso". ¿Por
no tendría un final desgraciado, si ella misma po- qué? ¿Cómo habéis logrado que yo haga esto?
día «abandonarse» tanto a esa felicidad. Como Muy pronto me enseñasteis que un niño pequeño
antes había estudiado psicología, se preguntaba no merece ningún respeto, que no es una persona,
ahora si no estaría actuando de forma compul- que, en el mejor de los casos, es un juguete con
siva, si no estarla mimando peligrosamente al el cual se puede jugar, pero al que también está
niño por puro egoísmo, etcétera. Esta angus- permitido amenazar, explotar y maltratar a volun-
tiante autocrítica se vio reforzada aún más por tad, sin cargar por ello con ningún tipo de res-
consejos de amigos que pensaban que al niño ponsabilidad. Este mensaje vuestro es el que tan
había que ponerle límites desde un principio, a menudo me hace sentir insegura, estresada y so-
para que aprendiera a estar solo; de lo contrario, brecargada, aunque a veces sigo sin atreverme a
se convertiría en un tirano. Aunque Johanna hu- sentir la rabia que me inspiráis, y la vuelco en mi
biera rechazado tiempo atrás estas opiniones, en propio hijo. Es muy fácil pensar que Michael po-
el caso de su propio hijo no logró eludir la in- dría impedirme vivir y ser libre porque ahora me
seguridad que se abría paso en ella. necesita todo el tiempo. Pero no es él. Me basta
La terapia la ayudaba continuamente a orien- con mirarle a los ojos, ver en ellos su inocencia y
tarse, y todo el tiempo descubría lo importante sinceridad, para saber lo siguiente: que otra ve~
que para ella era poder amar y demostrar su lo estoy utilizando como chivo expiatorio en vues-
amor sin peligro, sin necesidad de temer que tro lugar. Un niño querido aprenderá desde el
fuera explotado, engañado o violentado. Eso la principio lo que es el amor. Un niño descuidado,
hacía sentirse otra vez ella misma, como antes de despreciado y explotado no podrá aprenderlo
los malos tratos que tan temprano le infligieran. nunca. Pero yo quiero saberlo, y lo estoy apren-
En sus enfrentamientos internos con los padres, diendo con Michael, lentamente, cada día de
no tenía más remedio que decirles: nuevo, a pesar de lo que me habéis enseñado. Sé
que algún día sabré con certeza que soy capaz
«Quiero a Michael, y quiero quererlo. Mi alma de aman.
necesita este amor como mi cuerpo necesita aire.
Pero corro muchas veces el peligro de reprimir La lucha de Johanna por recuperar sus senti-
esta necesidad y preciso de toda mi energía e in- mientos verdaderos salvó no sólo el futuro de su
teligencia para hacerlo, sólo para "liberarme" de hijo, sino también el suyo propio. La historia de
Anna muestra lo que, sin esta lucha (sin terapia),
82
83
puede ocurrirle a una nma que sufrió en edad Fases depresivas durante la terapia
temprana abusos sexuales. Anna, una mujer de
cincuenta años, me escribió unos días antes de su
muerte:

«Hoy recibí la visita de mis hijos ya mayores,


y por primera vez en mi vida me di cuenta de que
me querían y siempre me habían querido, y de
que, hasta hoy, yo no había sentido nunca ese El grandioso sólo recurrirá a una terapia
amor. A menudo he abandonado a mis hijos por cuando sus estados depresivos lo impulsen a ha-
irme con distintos hombres, cuando en realidad cerlo. Mientras funcione la defensa en la grandio-
lo que hacía era huir del amor que mis hijos me sidad, esta forma del trastorno no mostrará nin-
inspiraban, huir de mis verdaderos sentimientos guna presión visible del sufrimiento, salvo el
para buscar el placer sexual con hombres que me hecho de que los parientes (cónyuges e hijos) con
hacían mucho daño sin darme nunca lo que yo en depresiones y problemas psicosomáticos tendrán
realidad necesitaba: amor, comprensión, acepta- que buscar ayuda psicoterapéutica. En el trabajo
ción. Ya de muy pequeña, mi padre me condi- terapéutico, la grandiosidad se nos revela en su
cionó a buscar el placer asociándolo al dolor y a forma mixta con la depresión. La depresión, en
la rabia, y a temer y reprimir el anhelo del ver- cambio, la encontramos en casi todos nuestros
dadero amor, es decir, a evitar el trato con per- pacientes, ya sea en forma de sintomatología ma-
sonas capaces de amar. ¿No era esto una perver- nifiesta, o en las distintas fases del humor depre-
sión? Nunca en mi vida he podido librarme de sivo. Estas fases pueden tener funciones diferentes.
ella. Y ahora que la veo, es demasiado tarde». El rasgo común a todas ellas es el de desaparecer
cuando se logran vivir y esclarecer los sentimientos
Era demasiado tarde porque Anna podía al fin recordados y las situaciones antiguas.
sentir rabia e indignación, aunque sólo ante sus
parejas. A su padre, en cambio, lo seguía «que-
riendo» y respetando igual que antes, según me Función señalizadora
escribió.
Suele ocurrir que algún paciente llegue que-
jándose de depresiones y abandone después la

84 85
consulta bañado en lágrimas, pero muy aliviado y de unos días se quejan de autoextrañación y va-
sin depresión. Tal vez haya podido vivir un ataque cío, e intuyen de forma vaga que han perdido el
de ira largo tiempo contenida, o paya manifes- acceso a sí mismas. Inconscientemente, se han re-
tado al fin el recelo que la madre le inspirara du- producido en este caso estados que, al repetirse,
rante muchos años, o sentido por vez primera podían iluminar ciertas situaciones que les tocó
cierta tristeza ante tantos años de vida pasada y vivir de niños: cuando, al jugar, se sentían a sí
no vivida, o bien se haya enfadado una vez más mismas, cuando estaban consigo mismas, les exi-
por la inminencia de unas vacaciones del tera- gían que rindiesen, que hicieran algo «inteli-
peuta y la consiguiente separación. No importa de gente•, y su mundo en estado naciente era así
qué tipo de sentimientos se trate, lo importante atropellado. Es probable que, ya de niños, estos
es que hayan podido ser vividos, posibilitando así pacientes reaccionaran sumiéndose en un estado
el acceso a recuerdos reprimidos. La depresión depresivo, pues no les estaba permitido reaccio-
había anunciado su proximidad, pero también su nar como hubiera sido normal, en este caso tal
renegación. Por algún motivo actual, se hizo po- vez con rabia. Cuando el adulto se toma tiempo
sible la im1pción de estos sentimientos, tras lo para hacer suyas en el presente tales reclamacio-
cual desapareció el estado depresivo. Un estado nes, a fin de elaborarlas, la rebelión puede ini-
de este tipo puede señalizar que ciertas partes re- ciarse entonces, gracias a los sentimientos des-
negadas del Yo (sentimientos, fantasías, deseos, pertados, y la necesidad reprimida (permanecer
miedos) están consolidándose sin haber encon- consigo mismo) resultará evidente. Como con-
trado una descarga en la grandiosidad. secuencia casi automática, el estado depresivo
remite: su función defensiva ya no es necesaria.
También el actuar pierde su función en el mo-
«Atropellarse» • mento en que está permitido saber lo que de ver-
dad se necesita. En este caso, quizá tiempo para
Hay personas con heridas muy profundas que, sí mismo y no la distracción en fiestas.
siempre que se han acercado muchísimo a sus zo-
nas más internas y se han sentido a gusto y com-
prendidas, organizan una fiesta o cualquier cosa «Estar embarazado,, de afectos intensos
que les resulte totalmente indiferente en aquel
momento, y vuelven a sentirse entonces solitarias Las fases depresivas pueden durar a veces
y víctimas de toda suerte de exigencias. Al cabo varias semanas antes de que irn;mpan emocio-

86 87
nes fuertes provenientes de la infancia. Es como si el trabajo me salía muy fácilmente, pude hacer
la depresión hubiera retenido esas emociones. por mi examen más de lo que me había propuesto
Cuando son vividas, uno recupera su vitalidad hacer en toda la semana. Entonces pensé: tienes
hasta que una nueva fase depresiva anuncia algo que aprovechar esta buena disposición, prepara
nuevo. Tales estados son descritos en los siguien- un capítulo más por la tarde. Me pasé toda la
tes términos: «He dejado de sentirme. ¿Cómo es tarde trabajando, pero ya sin ganas, y al día si-
posible que me haya vuelto a extraviar frente a mí guiente la cosa no funcionó: me sentí el último de
mismo? No tengo relación alguna con mi inte- los idiotas, incapaz de retener algo en la cabeza.
rior. Todo carece de esperanza ... Nunca mejo- Tampoco quería ver a nadie; era como en las an-
rará. Nada tiene sentido. Anhelo recuperar mi vi- teriores depresiones. Entonces empecé a "hojear
talidad». Luego puede sobrevenir un estallido de hacia atrás" y encontré el pasado en el que había
rabia con violentos reproches y quejas; si estas empezado aquello. Me había arruinado el placer
quejas son legítimas, se producirá un gran alivio, al querer sobrecargarme más y más. Y ¿por qué?
pero si son injustas -por estar transferidas a Entonces recordé lo que decía mi madre: "¡Qué
personas inocentes-, la depresión durará hasta bien que has hecho esto! ¡Podrías hacer también
que sea posible una explicación. esto otro!"... Me enfurecí y dejé los libros. De
pronto tuve la seguridad de que me dalia cuenta
si volvían a entrarme ganas de trabajar. Y claro
Enfrentamiento con los padres que me di cuenta. Sin embargo, la depresión de-
sapareció mucho antes ... Cuando advertí que yo
Hay también momentos de depresión después mismo había vuelto a atropellarme».
de que alguien empieza a resistirse a las exigen-
cias de sus. padres hasta entonces reprimidas en
el inconsciente -por ejemplo, la exigencia de ren-
dir-, aunque todavía no se halle realmente libre
de ellas. En esos casos recae una vez más en el
callejón sin salida de la exigencia absurdamente
excesiva que se impone a sí mismo, y sobre la
cual sólo le alertará el estado depresivo en que ha
vuelto a sumirse. Esto lo expresa en los siguientes
términos, más o menos: «Anteayer me sentía feliz,

88 89
La cárcel interior Un niño aún no tiene esta posibilidad. El me-
canismo de la autonegación no se deja entrever
todavía en él; por otro lado, el niño, a diferencia
del adulto, estará realmente amenazado por la in-
tensidad de sus sentimientos si no cuenta con un
entorno de apoyo o empático. Pero también el
adulto podrá temer sus sentimientos como un
niño mientras no sea consciente de las causas de
Es probable que, por experiencia propia, cual- este miedo. Esta fortísima intensidad de los sen-
quier persona conozca el estado depresivo que timientos sólo vuelve a encontrarse en la puber-
también puede manifestarse u ocultarse en un tad. Sin embargo, el recuerdo de los sufrimientos
malestar psicosomático. Si se presta atención, no de la pubertad, del no-poder-comprender-ni-cla-
es difícil observar que la depresión surge casi con sificar los propios impulsos, permanece mejor
regularidad y frena la vitalidad espontánea grabado en nuestra memoria que los primeros
cuando se ha reprimido algún impulso propio o traumas que a menudo se ocultan tras la imagen
un sentimiento intenso y no deseado. Así, por de una infancia idílica o tras una amnesia infantil
ejemplo, cuando un adulto no puede vivir el duelo casi total.
por la pérdida de un ser querido, sino que intenta Esto podría explicar por qué la gente adulta
olvidar su af!ícción distrayéndose, o cuando por recuerda menos a menudo con nostalgia la época
miedo a perder una amistad suprime ante sí de su pubertad que la de su infancia. En la mez-
mismo la indignación que le produce el compor- cla de nostalgia, expectativa y miedo a la desi-
tamiento del amigo idealizado, tendrá que contar lusión que en mucha gente acompaña a ciertas
probablemente con un estado depresivo (a no ser festividades conocidas desde la niñez, se refleja
que la defensa de la grandiosidad estuviera per- probablemente la búsqueda de la intensidad afec-
manentemente a su disposición). Pues la situa- tiva de la propia infancia. Pero justo por ser los
ción actual le recuerda la dependencia anterior, sentimientos del niño tan intensos, su represión
que él mantiene reprimida. Cuando empiece a no puede quedar sin consecuencias relevantes.
prestar atención a este contexto, podrá sacar pro- Cuanto más fuerte sea el recluso, más gruesos ha-
vecho de su depresión: ésta le permitirá enterarse brán de ser los muros de la prisión que dificulten,
de una serie de provechosas verdades sobre sí o incluso impidan, su posterior desarrollo emo-
mismo. cional.

90 91
Si hemos llegado a experimentar varias veces Este paciente estaba describiendo, en realidad,
que la irrupción de sentimientos intensos de la el proceso del conocimiento emocional. Las inter-
primera infancia, impregnados por el atributo es- pretaciones de terapeutas que no han descubierto
pecífico del no-comprender, puede hacer desapa- nunca la verdadera historia de su infancia pueden
recer un estado depresivo prolongado, nuestro perturbar este proceso, o también alterarlo, fre-
trato con los sentimientos «no deseados», sobre narlo, dilatarlo e incluso impedirlo, o bien redu-
todo el dolor, irá modificándose a medida que pase cirlo al nivel de conocimiento intelectual. Pues el
el tiempo. Descubriremos que no tenemos por paciente estará dispuesto a renunciar muy pronto
qué seguir forzosamente el esquema inicial (de- a la alegría del descubrimiento y de la propia ex-
silusión-represión del dolor-depresión), pues en presión para adaptarse a los planes de su tera-
adelante tendremos otra posibilidad de tratar con peuta... por miedo a perder la simpatía, compren-
las frustraciones, vale decir: la vivencia del dolor. sión y empatfa que ha estado esperando a lo largo
Sólo así se nos abrirá el acceso emocional a nues- de toda su vida. Que esto no tenga por qué ocurrir
tras vivencias tempranas, es decir, a las zonas siempre es algo que él, debido a las experiencias
hasta entonces ocultas de nuestro Yo y de nuestro con los padres, no puede creer. Pero, si cede a este
destino. Un paciente que se hallaba en la fase fi- miedo y se adapta, el tratamiento se deslizará ha-
nal de su terapia formuló esta situación en los si- cia el plano del falso Yo, y el verdadero permane-
guientes términos: cerá oculto y atrofiado. De ahí que sea importan-
tísimo que el terapeuta no tenga que formular,
«No eran los sentimientos bellos y agradables movido por su propia necesidad, contextos que el
los que me transmitían nuevos conocimientos, paciente está precisamente a punto de descubrir
sino aquellos contra los que yo más me había de- con ayuda de sus sentimientos. De lo contrario se
fendido: sentimientos en los que me veía como un comportaría como un amigo que llevase buena co-
ser mezquino:" pequeño, malo, impotente, aver- mida a la celda de un prisionero en el preciso ins-
gonzado, pretencioso, rencoroso o confuso. Y, so- tante en que éste tuviera la posibilidad de aban-
bre todo, triste y solitario. Pero precisamente des- donar su celda y pasar una primera noche tal vez
pués de estas vivencias, tan largo tiempo evitadas, sin protección y hambriento, pero en libertad.
tuve la certeza de haber comprendido algo de mi Como, de todas formas, este paso hacia lo incierto
vida partiendo desde dentro, algo que no hubiera exige un gran valor, puede ocunir que el prisione-
podido encontrar en libro alguno». ro pierda su oportunidad y permanezca en la cár-
cel, consolándose con su comida y la «protección».

92 93
Pero si se respeta la necesidad de descubrir !izado por sus rendimientos, éxitos y cualidades,
del paciente, podrá revivirse conscientemente y si puede darse cuenta de que sacrificó su infancia
por vez primera una situación antigua y jamás re- por este supuesto «amor», dicha constatación le
cordada, percibida también por primera vez en producirá hondas conmociones internas, pero un
toda su tragedia y por fin sometida al trabajo buen día sentirá el deseo de poner fin a su ma-
del duelo. Es propio de la dialéctica del traba- niobra publicitaria. Descubrirá en sí mismo la ne-
jo del duelo el que esas vivencias estimulen, por cesidad de vivir su verdadero Yo y no tener que
.un lado, el encontrarse a sí mismo y, por el otro, seguir ganándose ese amor, un amor que, en el
lo tengan como condición previa. fondo, lo deja con las manos vacías porque su ob-
La contrapartida de la depresión dentro del jeto era ese falso Yo al que él mismo ha empe-
trastorno es la grandiosidad. De ahí que un pa- zado a renunciar.
ciente pueda verse temporalmente liberado de la La liberación de la depresión no conduce a
depresión cuando el terapeuta, o el grupo de te- un estado de alegría permanente o de carencia
rapia, lo hacen participar de su propia grandio- total de sufrimientos, sino al dinamismo vital, es
sidad, es decir, cuando, como parte de ellos, le decir, a la libertad de poder vivir los sentimien-
permiten sentirse en cierto modo también grande tos que afloren de manera espontánea. Es propio
v fuerte. En ese caso el trastorno asume otro de la pluralidad de lo vivo el que estos senti-
~igno durante cierto tiempo, pero sigue exis- mientos no siempre sean alegres, "hermosos» y
tiendo. No obstante, la liberación de ambas for- «buenos», sino que pongan de manifiesto toda la
mas del trastorno apenas será posible sin un pro- escala de lo humano, es decir, también la envi-
fundo trabajo de duelo sobre la situación de la dia, los celos, la ira, la indignación, la desespe-
infancia. ración, la nostalgia y la aflicción. Pero esta aper-
La capacidad de vivir el duelo, es decir, de re- tura y esta libertad para dar cabida a los senti-
nunciar a la ilusión de la propia infancia «feliz», mientos, al margen de lo que nos revelen, resultan
y de percibir emocionalmente toda la magnitud inalcanzables si sus raíces fueron cortadas en la.
de las heridas padecidas, devuelve al depresivo su infancia. Así, a veces, el acceso a nuestro verda-
vitalidad y creatividad, y puede liberar al gran- dero yo sólo nos es posible si ya no hace falta te-
dioso de los esfuerzos y la dependencia de su tra- mer el mundo afectivo de nuestra infancia.
bajo de Sísifo. Si una persona puede darse cuenta, Cuando éste haya sido vivido ya no nos resultará
a través de un largo proceso, de que nunca fue extraño ni amenazador. Nos será conocido y fa-
«querido» por haber sido el niño que fue, sino utí- miliar, y ya no tendrá que continuar oculto tras
94 95
los muros de la cárcel de la ilusión. Sabremos en- él un proceso «disuasivo», el descubrimiento tam-
tonces quién y qué nos «encerró». y precisamente bién quedará excluido y la depresión podrá cele-
este saber nos liberará, también, por fin, de anti- brar con tranquilidad sus triunfos.
guos dolores. Tras una larga fase depresiva, acompañada de
Muchos de los consejos vinculados al «trato» ideas de suicidio, Pia, una mujer de cuarenta años
con pacientes depresivos presentan un carácter que había sido duramente maltratada en la infan-
netamente manipulador. Según algunos psiquia- cia, pudo por fin vivir y legitimar la violenta y
tras, debería demostrarse al paciente que «SU de- largo tiempo reprimida rabia contra su padre. A
sesperanza no es racional», o bien hacer que tome ello no siguió en un principio ningún alivio visi-
conciencia de su «hipersensibilidad». Este proce- ble, sino una etapa llena de duelo y lágrimas. Al
dimiento apuntalaría, en mi opinión, el falso Yo finalizar este periodo dijo:
y la adaptación emocional, es decir, en el fondo,
también la depresión. Pero si no deseamos esto, «El mundo no ha cambiado, la maldad y la
tendremos que tomar en serio todos los senti- crueldad me rodean por todas partes y lo advierto
mientos del paciente. con mayor claridad aún que antes. No obstante ...
Precisamente su hipersensibilidad, su pudor, por primera vez encuentro que la vida merece
sus autorreproches (¡cuán a menudo sabe un pa- realmente ser vivida. Tal vez porque tengo la im-
ciente depresivo que está reaccionando en forma presión de vivir por vez primera mi propia vida.
hipersensible, y cómo se lo reprocha!) van Y ésta es una aventura fascinante. Sin embargo,
creando el hilo conductor de los antiguos senti- ahora entiendo mejor mis planes de suicidio, so-
mientos y de la queja verdadera y oculta, aunque bre todo los de mi juventud: en realidad, me pa-
él no entienda todavía a qué se refieren en reali- recía absurdo seguir viviendo porque de algún
dad. El sentimiento de desesperanza puede, de modo había vivido una vida extraña, que en nin-
hecho, corresp~nderse exactamente con la situa- gún momento había deseado y que estaba dis-
ción real de la infancia. puesta a echar fácilmente por la borda».
Cuanto menos realistas sean estos sentimien-
tos, cuanto menos «se avengan,, con la realidad
actual, más claramente mostrarán que son reac-
ciones ante situaciones desconocidas que están
aún por descubrir. Pero si el sentimiento en cues-
tión no es vivido, sino que el terapeuta opera con

96 97
Un aspecto social de la depresión porque éste transmite una sensación de conten-
ción y apoya la ilusión de que las necesidades de
amor, comprensión y seguridad reprimidas en la
infancia pueden ser satisfechas, pese a todo, por
el grupo. Pero a la larga, esta «droga• tampoco
puede eliminar la depresión mientras los senti-
mientos infantiles sigan reprimidos. Este apo-
yarse en el propio Yo, es decir, en el acceso a los
Podríamos plantearnos la pregunta: ¿Tiene la propios sentimientos y necesidades reales, así
adaptación que desembocar a la fuerza en la de- como la posibilidad de articularlos, siguen siendo
presión? ¿No podría ocurrir, y no hay acaso ejem- necesarios para el individuo si quiere vivir sin de-
plos de ello, que las personas emocionalmente presiones ni adicciones.
adaptables vivan muy contentas? Tal vez ha habido También en el niño adaptado dormitan fuer-
casos similares en el pasado. En culturas que con- zas que oponen resistencia a esa adaptación. En
tinuaban viviendo dentro de un sistema de valores la pubertad, muchos jóvenes eligen nuevos valo-
aislado de otros, un hombre adaptado no era cier- res que son diametralmente opuestos a los de sus
tamente autónomo ni tenía un sentimiento de padres; forman, pues, nuevos ideales e intentan
identidad propio e individual que le diera apoyo, hacerlos realidad. Pero cuando esta tentativa no
pero encontraba su apoyo en el grupo. Claro que se halla arraigada en la vivencia de las propias ne-
también había excepciones que, no satisfechas por cesidades y sentimientos auténticos, el joven se
todo esto, eran lo suficientemente fuertes como adaptará a los nuevos ideales de modo parecido a
para evadirse. Hoy, sin embargo, semejante encap- como, en otros tiempos, se adaptaba a sus padres.
sulamiento de. 1m grupo frente a otros con otras es- Volverá a renegar de su verdadero Yo para ser re-
calas de valores, resulta apenas posible. Exigiría conocido y amado por el grupo de jóvenes de su
una firme seguridad del individuo en sí mismo, si edad o por su pareja. Sin embargo, nada de esto
no quiere convertirse en marioneta de distintos in- sirve en realidad contra la depresión. Pues esa
tereses e ideologías. persona tampoco será ella misma cuando sea
Cierto es que hoy día existen numerosos gru- adulta, y no se conocerá ni se querrá; lo hará todo
pos que se denominan terapéuticos y consideran para ser amado por alguien, tal y como lo hubiera
que su tarea es este fortalecimiento de sus miem- necesitado con urgencia en otro tiempo, siendo
bros. Puede surgir incluso una adicción al grupo niño. Y esperará conseguido al fin mediante la

98 99
adaptación. Los dos ejemplos siguientes pueden africana, creció solo con su madre; el padre mu-
ilustrar lo expuesto. rió cuando él era aún muy pequeño. La madre in-
l. Paula, de veintiocho años, quisiera libe- siste en la observación de ciertos modales e im-
rarse de su familia patriarcal, en la que la madre pide por todos los medios que el niño sienta y,
se halla sometida al padre. Se casa entonces con menos aún, exprese sus necesidades infantiles.
un hombre sumiso, y parece haber hecho algo to- Por otro lado, le hace con regularidad masajes en
talmente distinto de lo que hiciera su madre. El el pene hasta la pubertad, supuestamente por
marido consiente que ella duerma en casa de sus consejo de los médicos. Ya adulto, el hijo se se-
amigos. Ella misma se prohíbe sentimientos de para de la madre y de su mundo, y se casa con
celos y de ternura, y quisiera poder relacionarse una europea que, además, pertenecía a un estrato
con muchos hombres sin atarse sentimentalmen- social totalmente distinto al de su casa paterna.
te a fin de sentirse autónoma como un hombre. No hay que atribuir a un azar, sino a la historia
Pero tiene tal necesidad de «progresismo» que se infantil de Amar, almacenada en su cuerpo pero
deja maltratar y humillar por sus amigos cuando aún inconsciente para él, el que eligiera una mu-
a éstos les viene en gana hacerlo, reprimiendo a jer que lo torturara, humillara y le diera insegu-
la vez todos sus sentimientos de humillación y de ridad hasta un grado extremo, y que él no pudiera
rabia en la creencia de que así quedará libre de hacerle frente en modo alguno ni tampoco aban-
prejuicios y será una mujer moderna. A través de donarla. Este torturante matrimonio es, como el
estas relaciones ha salvado, pues, su docilidad in- ejemplo anterior, un intento por evadirse del sis-
fantil, pero también ha hecho suya inconsciente- tema social de los padres con ayuda de otro sis-
mente la sumisión de su madre. Como sufría de tema. El hombre adulto pudo liberarse sin duda
depresiones agudas y era dependiente del alcohol, de la madre de su adolescencia, pero emocional-
comenzó mm ,,terapia reveladora que le ha per- mente quedó ligado a la imagen materna de su in-
mitido sentir los efectos que en ella había tenido fancia, que seguía siendo inconsciente, y que su
aquella sumisión de la madre. Con el tiempo, es- mujer sustituía mientras él mismo no podía vivir
tas confrontaciones directas e internas con la ma- sus sentimientos de aquellas etapas. En la terapia
dre le permitieron no seguir incorporando, in- fue para él terriblemente doloroso darse cuenta
consciente y compulsivamente, la actitud de su de la medida en que había admirado a su madre
madre en sus relaciones de pareja, y poder amar siendo niño y, al mismo tiempo, cómo en su in-
por fin a gente digna de su amor. defensión se había sentido manipulado por ella,
2. Amar, de cuarenta años, hijo de una familia en qué medida la había amado y odiado, y había

100 101
adaptación. Los dos ejemplos siguientes pueden africana, creció solo con su madre; el padre mu-
ilustrar lo expuesto. rió cuando él era aún muy pequeño. La madre in-
1. Paula, de veintiocho años, quisiera libe- siste en la observación de ciertos modales e im-
rarse de su familia patriarcal, en la que la madre pide por todos los medios que el niño sienta y,
se halla sometida al padre. Se casa entonces con menos aún, exprese sus necesidades infantiles.
un hombre sumiso, y parece haber hecho algo to- Por otro lado, le hace con regularidad masajes en
talmente distinto de lo que hiciera su madre. El el pene hasta la pubertad, supuestamente por
marido consiente que ella duerma en casa de sus consejo de los médicos. Ya adulto, el hijo se se-
amigos. Ella misma se prohíbe sentimientos de para de la madre y de su mundo, y se casa con
celos y de ternura, y quisiera poder relacionarse una europea que, además, pertenecía a un estrato
con muchos hombres sin atarse sentimentalmen- social totalmente distinto al de su casa paterna.
te a fin de sentirse autónoma como un hombre. No hay que atribuir a un azar, sino a la historia
Pero tiene tal necesidad de «progresismo» que se infantil de Amar, almacenada en su cuerpo pero
deja maltratar y humillar por sus amigos cuando aún inconsciente para él, el que eligiera una mu-
a éstos les viene en gana hacerlo, reprimiendo a jer que lo torturara, humillara y le diera insegu-
la vez todos sus sentimientos de humillación y de ridad hasta un grado extremo, y que él no pudiera
rabia en la creencia de que así quedará libre de hacerle frente en modo alguno ni tampoco aban-
prejuicios y será una mujer moderna. A través de donarla. Este torturante matrimonio es, como el
estas relaciones ha salvado, pues, su docilidad in- ejemplo anterior, un intento por evadirse del sis-
fantil, pero también ha hecho suya inconsciente- tema social de los padres con ayuda de otro sis-
mente la sumisión de su madre. Como sufría de tema. El hombre adulto pudo liberarse sin duda
depresiones agudas y era dependiente del alcohol, de la madre de su adolescencia, pero emocional-
comenzó una)erapia reveladora que le ha per- mente quedó ligado a la imagen materna de su in-
mitido sentir los efectos que en ella había tenido fancia, que seguía siendo inconsciente, y que su
aquella sumisión de la madre. Con el tiempo, es- mujer sustituía mientras él mismo no podía vivir
tas confrontaciones directas e internas con la ma- sus sentimientos de aquellas etapas. En la terapia
dre le permitieron no seguir incorporando, in- fue para él terriblemente doloroso darse cuenta
consciente y compulsivamente, la actitud de su de la medida en que había admirado a su madre
madre en sus relaciones de pareja, y poder amar siendo niño y, al mismo tiempo, cómo en su in-
por fin a gente digna de su amor. defensión se había sentido manipulado por ella,
2. Amar, de cuarenta años, hijo de una familia en qué medida la había amado y odiado, y había

100 101
estado a merced de ella. Sin embargo, tras haber La leyenda de Narciso
vivido estos sentimientos, no tuvo que temer más
a su esposa y, por primera vez, se atrevió a verla
como de verdad era. El niño debe adaptarse para
conservar la ilusión de amor, de atención a su
persona y de bienestar. El adulto ya no necesita
esta ilusión para sobrevivir. Puede renunciar a la
ceguera y así, con los ojos abiertos, decidir lo que
va a hacer. La leyenda de Narciso describe la tragedia de
Tanto el grandioso como el depresivo reniegan la pérdida del Yo, del llamado trastorno narci-
plenamente de la realidad de su infancia al vivir sista. El Narciso que se refleja en el agua está
como si aún pudieran salvar la disponibilidad de enamorado de su hermoso rostro, del que su ma-
sus padres: el grandioso, en la ilusión del éxito, y dre se sentía, sin duda, orgullosa. También la
el depresivo, en el miedo a perder por su propia ninfa Eco responde a las llamadas del joven,
culpa la atención hacia su persona. Pero ninguno de cuya belleza está enamorada. Las llamadas de
de los dos puede dar cabida a la verdad de que en Eco engañan a Narciso. También le engaña su
el pasado no existió amor alguno y de que ningún imagen especular en la medida en que sólo refleja
esfuerzo del mundo podrá cambiar nunca este su parte perfecta y extraordinaria, mas no las
hecho. otras partes. Su parte posterior y su sombra, por
ejemplo, le quedan ocultas, no pertenecen a su
amada imagen especular, son excluidas de ella.
Este estadio de la fascinación es comparable
con la grandiosidad, así como el siguiente, el de·
seo destructor de sí mismo, es comparable con la
depresión. Narciso no quería ser nada más que el
joven hermoso, negaba su verdadero Yo, quería
fusionarse con la bella imagen. Y esto lo condujo
a la autoentrega, a la muerte, o bien -en la ver-
sión de Ovidio- a la metamorfosis en flor. Esta
muerte es una consecuencia lógica de la fijación
en el falso Yo. Pues no son sólo los sentimientos

102 103
«bellos», «buenos» y complacientes los que nos
permiten estar vivos, dan profundidad a nuestra III
existencia y nos proporcionan ideas decisivas, El círculo infernal del desprecio
sino a menudo aquellos que nos resultan incó-
modos e inadecuados, precisamente aquellos que
preferiríamos evitar: impotencia, vergüenza, en-
vidia, celos, confusión, rabia y duelo. En el es-
pacio de la terapia, estos sentimientos pueden ser
vividos, comprendidos y ordenados. En este sen-
tido, dicho espacio constituye un espejo del
mundo interior, que resulta mucho más rico que
el «rostro hermoso». Narciso está enamorado de
su imagen idealizada, pero ni el Narciso gran-
dioso ni el depresivo pueden amarse realmente.
Su entusiasmo por su respectivo falso Yo les im-
posibilita no sólo el amor al otro, sino también,
pese a todas las apariencias, el amor por la única
persona que les ha sido confiada por entero: ellos
mismos.

104
La humillación del n1no, el desprecio
de la debilidad y sus consecuencias.
Ejemplos de la vida cotidiana

Mientras viajaba durante unas vacaciones mis


ideas giraron en torno al tema «desprecio» y releí
una serie de apuntes que acerca de ese mismo
tema había hecho con anterioridad. Tal vez haya
que atribuir a esta sensibilización m!a el que vi-
viera mucho más intensamente que de costumbre
una escena trivial y sin hechos espectaculares,
una de esas escenas que, sin duda, deben de pro-
ducirse con suma frecuencia. Voy a iniciar mis re-
flexiones relatándola, pues con su ayuda podré
ilustrar, sin riesgo de indiscreción, una serie de
ideas que he ido adquiriendo en el curso de mi
trabajo.
Un día, mientras daba un paseo, vi delante de
mí a una pareja joven, ambos muy altos, a cuyo
lado con-eteaba lloriqueando un niñito de unos
dos años. (Estamos acostumbrados a ver este tipo
de situaciones desde la perspectiva del adulto, y
yo quisiera intentar aquí, a propósito, describir
ésta desde el ángulo del niño que la experimentó.)
Los dos acababan de comprarse un helado en un
quiosco y estaban lamiéndolo con fruición. El ni·
ñíto también quería un helado igual. La madre le

107
dijo en tono cannoso: «Ven, que te dejaré darle Me pareció evidente que el niño no se había
un mordisco al mío, uno entero sería demasiado visto frustrado en su «deseo pulsional oral», pues
frío para th>. Pero el niño no quería morder, sino hubiera podido mordisquear el helado varias ve-
que estiraba la mano hacia el helado que su ma- ces, pero sí había sido humillado y frustrado todo
dre le sustraía. Empezó a llorar desesperada- el tiempo. No se entendió que él deseaba tener el
mente, y la misma situación volvió a repetirse con palito en su mano al igual que los otros; y algo
el padre: «Ven, ven a morder el mío», le dijo éste más: se rieron de ello, su necesidad fue objeto de
con cariño. «¡No, no!•, exclamó el niño volviendo burla y diversión. Se vio enfrentado a dos gigan-
a corretear; quiso apartarse, pero regresó y lanzó tes que, orgullosos de ser consecuentes, se apo-
una mirada triste y envidiosa hacia donde los dos yaban incluso uno al otro, mientras que él per-
adultos saboreaban su helado, contentos y soli- manecía totalmente solo con su dolor, incapaz, en
darios. Éstos le ofrecieron varias veces un mor- apariencia, de decir algo más que «no» y de ha-
disco, y cada vez que el niño estiraba su manita cerse entender por esos padres a través de sus
hacia el helado, la mano de los adultos se alejaba gestos (bastante expresivos, por lo demás). No te-
con el preciado tesoro. nía ningún defensor. Cuán injusta es, además,
Y cuanto más lloraba el niño, más se divertían esta situación en la que un niño se encuentra ante
sus padres. Se reían muchísimo y esperaban di- dos adultos más fuertes que él como ante una
vertir también al niño con sus risas: «Oye, pero si muralla; denominamos «coherencia en la educa-
no es para tanto, no sigas haciendo el numerito». ción» al hecho de negarle al niño la posibilidad de
En una de ésas, el niño se sentó en el suelo, de quejarse ante uno de los padres de la conducta
espaldas a los padres, y empezó a tirar guijarritos del otro.
hacia atrás, en dirección a su madre, hasta que de Podriamos preguntarnos por qué los padres se
pronto se levalttó y, angustiado, miró si sus pa- portaron de forma tan poco empática. ¿Por qué a
dres aún seguían allí. Cuando el padre hubo ter- ninguno de los dos se le ocurrió, por ejemplo, co-
minado su helado, le dio el palito al niño y siguió mer más rápido o i.ncluso tirar la mitad de su he-
caminando. Esperanzado, el pequeño intentó la- lado para darle al niño el palito con el resto aún
mer el trocito de madera, lo observó, lo tiró, quiso comible? ¿Por qué ambos se echaron a reír y co-
alcanzarlo de nuevo, no lo hizo, y un sollozo pro- mían tan lentamente, mostrándose tan indiferen-
fundo y solitario, cargado de desilusión, estre- tes a la desesperación de su hijo, que era eviden-
meció su cuerpecito. Luego echó a trotar valien- tísima? No eran padres malos ni fríos, el padre se
temente detrás de sus padres. había dirigido al niño en términos muy cariñosos.

108 109
Y, sin embargo, ambos mostraron una carencia fuerte que conoce su debilidad porque la ha vi-
de empatía, al menos en aquel momento. vido no necesita hacer demostraciones de fuerza
Sólo es posible explicarse este enigma si se les mediante el desprecio.
mira también a ellos como a un par de niños in- También los sentimientos de impotencia, celos
seguros que encuentran por fin a un ser más débil y abandono son a veces vividos por el adulto en
ante el cual pueden sentirse más fuertes. ¿Qué su propio hijo, ya que en su infancia no tuvo
niño no ha sentido alguna vez que otros se han oportunidad de vivirlos conscientemente. Más
burlado de su miedo diciéndole, por ejemplo: arriba he descrito el caso de un paciente que se
«No tienes por qué asustarte de una cosa asf»? El vefa impelido a conquistar, seducir y abandonar
niño se siente en esos casos humillado y despre- mujeres hasta que pudo vivir su propio y reite-
ciado por no haber podido calibrar el peligro, y a rado abandono por parte de la madre. En esa
la primera oportunidad traspasará esos senti- etapa recordó que era ridiculizado a menudo y
mientos a otro niño aún más pequeño. experimentó por primera vez los sentimientos de
Estas experiencias se dan con toda clase de humillación y envilecimiento de aquel entonces.
matices y puntualizaciones; hay un hecho común Todo aquello había permanecido oculto para él
a todas ellas: el miedo del niño débil y desam- en ese momento.
parado proporciona una sensación de fortaleza Podemos «liberarnos» de los dolores no vivi-
al adulto, incluso la posibilidad de manipular el dos delegándolos en nuestros propios hijos. Más
miedo (en el otro), cosa que él no puede hacer o menos como en la escena del helado que aca-
con su propio miedo. bamos de describir: «Mira, nosotros somos ma-
Es asimismo indudable que, dentro de veinte yores, nos está permitido; para ti en cambio es de-
años o incluso antes, nuestro niño repetirá la masiado frío, sólo cuando seas lo suficientemente
aventura del helado con sus hijos, pero seguro mayor podrás disfrutar con la misma tranquilidad
que él será entonces el poderoso, y el otro aquel con que lo hacemos nosotros».
pequeño ser desamparado, envidioso e impotente Lo que humilla al niño no es la no realización
al que por fin ya no tendrá que seguir llevando en de la pulsión, sino el desprecio de su persona. La
su interior y podrá escindir y situar fuera. afección se ve, en general, reforzada por el hecho
El desprecio por este ser más débil y pequeño de que los padres, gracias a su amenazadora con-
se convierte así en la mejor protección contra la dición de «mayores», se vengan inconscientemen-
irrupción de los propios sentimientos de impoten- te en el hijo de sus propias humillaciones. En los
cia: es la expresión de la debilidad escindida. El curiosos ojos del niño reencuentran su propio pa-

110 111
sado humillante del que tienen que defenderse nuestra propia historia. Y en la base de todo des-
con el poder al que ya han accedido. Ni con la precio, de cualquier discriminación, se encuentra
mejor buena voluntad podemos liberarnos de los el ejercicio del poder -más o menos consciente,
modelos que tan tempranamente aprendimos de incontrolado, oculto y tolerado por la sociedad
nuestros padres, pero quedaremos libres de ellos· (excepto en casos de homicidio o malos tratos
en cuanto nos permitamos sentir y advirtamos corporales serios)- del adulto sobre el niño. Lo
cómo sumamos bajo esos modelos. Sólo enton- que el adulto haga con el alma de su hijo es
ces estaremos en condiciones de advertir lo des- asunto de su exclusiva competencia, la trata como
tructivos que eran, aunque hoy aún nos topemos si fuera propiedad suya, algo similar a lo que
a menudo con ellos. ocurre con los ciudadanos en un Estado totalita-
En muchas sociedades, las niñas pequeñas son rio. Pero el adulto nunca estará sometido a éste
además discriminadas por ser niñas. Pero, como en la misma medida en que un niño pequeño lo
las mujeres detentan el poder sobre recién naci- está a sus padres, que desprecian sus derechos.
dos y lactantes, las que fueron niñas transmiten Mientras no nos sensibilicemos ante los padeci-
este desprecio a su propio hijo a una edad muy mientos del niño pequeño, este ejercicio del poder
temprana. El hombre adulto idealizará luego a su no será atendido ni tomado en serio por nadie, y
madre, porque todo ser humano se aferra a la sí totalmente trivializado, pues se trata tan sólo de
idea de haber sido realmente amado, y despre- niños. Pero estos niños se convertirán, veinte años
ciará a las otras mujeres, de las que puede ven- más tarde, en adultos que les cobrarán todo esto
garse en lugar de la madre. Y éstas, las mujeres a sus propios hijos. Puede que a nivel consciente
adultas y humilladas, no suelen tener a su vez combatan la cn1eldad «en el mundo», y, a la vez,
otra posibilidad de descargar su lastre que endil- se la impongan de manera inconsciente a otras
gándoselo a su propio hijo. Todo puede ocurrir personas de su entorno, porque llevan dentro de
entonces de modo oculto e impune; el niño no sí una idea de la crueldad a la que ya no tendrán
puede contarlo en ningún lado, salvo quizá más acceso, una idea que permanece oculta tras las
tarde a través de alguna perversión o neurosis ob- idealizaciones de una infancia feliz y los impulsa
sesiva, cuyo lenguaje será, sin embargo, lo sufi- a cometer actos destructivos.
cientemente críptico como para no delatar a la Urge que esta «transmisión hereditaria• de la
madre. destructividad de una generación a la siguiente
El desprecio es el arma del débil y la capa pro- sea sustituida por una toma de conciencia emo-
tectora contra sentimientos que nos recuerden cional. Una persona que abofetea, golpea u ofen-

112 113
de conscientemente a otra sabe que está hacién- Los ejemplos siguientes ilustrarán la sorprendente
dole daño, aunque no sepa por qué lo hace. ¡Pero similitud con que la gente se defiende de su des-
cuántas veces no se han dado cuenta nuestros tino infantil. aunque presenten notables diferen-
padres -ni nosotros mismos frente a nuestros hi- cias en la estructura de su personalidad y en su
jos- de Jo profunda, dolorosa y duradera que po- grado de formación.
día ser Ja herida que infligíamos al Yo embrio- Un hijo de campesinos griegos, de unos treinta
nario de nuestros hijos! Es una gran suerte que años, dueño de un pequeño restaurante en Eu-
nuestros hijos lo adviertan y puedan decírnoslo, ropa occidental, explica con orgullo que jamás
que nos den la oportunidad de ver nuestras omi- bebe alcohol y que debe a su padre esta práctica
siones y nuestros fallos y de pedir disculpas. En- de la abstinencia. A los quince años, un día en
tonces les será posible desechar las cadenas del que volvió a casa borracho, recibió una paliza tan
poder, la discriminación y el desprecio que vie- fuerte de su padre que estuvo una semana entera
nen transmitiéndose de generación en generación. sin poder moverse. Desde entonces el alcohol le
No tendrán ya necesidad de defenderse de la im- resulta tan repulsivo que nunca más ha podido lle-
potencia ante el poder cuando su impotencia tem- varse una gota a los labios, aunque su oficio lo
prana y su rabia se conviertan en vivencia cons- mantenga en constante contacto con él. Cuando
ciente. oí que pensaba casarse pronto, le pregunté si tam-
Sin embargo, en la mayoría de los casos, el bién les pegaría a sus hijos. «Por supuesto», fue
propio sufrimiento infantil permanece oculto a la respuesta, «sólo a golpes puede educarse de-
nivel emocional para el sujeto y constituye pre- bidamente a un niño, es el mejor método para ha-
cisamente por eso la fuente oculta de nuevas -y cerse respetar. En presencia de mi anciano padre
a veces muy sutiles- humillaciones en la gene- yo jamás fumaría, por ejemplo, aunque él mismo
ración siguieniie. En estos casos tenemos a nues- fume; es una muestra de mi respeto por él.» El
tra disposición varios mecanismos de defensa, ta- hombre no parecía tonto ni antipático, pero su
les como la renegación (del propio sufrimiento, formación escolar no era muy sólida. Se podía
por ejemplo), la racionalización («le debo una confiar, por lo tanto, en la ilusión de que con una
educación a mi hijo•}, el desplazamiento («no me explicación intelectual sería posible contrarrestar
hacía daño mi padre, sino mi hijo»), la idealiza- el proceso de destrucción psíquica.
ción («las palizas de mi padre me hicieron bien»), Pero, ¿qué ocurre con esta ilusión en el ejem-
etcétera, pero sobre todo el mecanismo de con- plo siguiente, cuyo protagonista es un hombre
versión del sufrimiento pasivo en conducta activa. culto?

114 115
En los años setenta, un escritor checo con ta- dirse, pudo adaptarse tan bien al régimen comu-
lento lee pasajes de sus obras en una ciudad de nista.
la República Federal Alemana. A continuación A diferencia del mencionado escritor checo, el
tiene lugar una charla con el público durante la director cinematográfico Ingmar Bergman habló
cual le hacen preguntas sobre su vida, a las que sobre su niñez en un programa televisivo y se re-
él responde con toda naturalidad. Explica que, firió a ella -en un tono totalmente consciente
aunque en su momento tomó partido por la pri- y con una comprensión mucho mayor (aunque
mavera de Praga, actualmente disfrutaba de una sólo intelectual) de los elementos relacionantes-
gran libertad y hasta podía viajar con frecuencia como a una 'Crónica de humillaciones; la humilla-
a Occidente. Luego pasa a describir la evolución ción fue el instrumento esencial de su educación.
de su país en los últimos años. Interrogado acer- Así, por ejemplo, cuando se mojaba los pantalo-
ca de su niñez, habló con ojos brillantes de en- nes, tenía que llevar todo el día un vestido rojo
tusiasmo sobre su dotado y polifacético padre, para que los demás pudieran verlo y él tuviera
que lo había promocionado espiritualmente y que avergonzarse. Era el menor de los dos hijos
había sido un verdadero amigo para él. Sólo al de un pastor protestante. En la entrevista televi-
padre había podido mostrarle sus primeros rela- siva relató una escena que solía repetirse a me-
tos. El padre estaba muy orgulloso de él, e incluso nudo durante su infancia: su hermano mayor era
cuando le pegaba -cosa que hacía a menudo golpeado en la espalda por el padre, y la madre
para castigar las travesuras que la madre le con- restañaba la espalda sangrante del hermano con
taba-, se sentía orgulloso si su hijo no lloraba. algodón. Él asistía a la flagelación, sentado.
Como las lágrimas suponían golpes adicionales, el Bergman relató esta escena sin excitación al-
niño aprendió a contenerlas y hasta se sentía or- guna, con total frialdad. Uno se lo imaginaba allí,
gulloso de obsequiar a su admirado padre con de niño, observando aquello con toda tranquili-
algo tan importante como su valentía. dad. Seguro que no huía, ni cerraba los ojos, ni
Aquel hombre habló de esas palizas regulares gritaba. Daba la impresión de que, si bien esta es-
como si se tratara de lo más normal del mundo cena se había producido realmente, era al mismo
(cosa que para él, desde luego, lo eran), y añadió tiempo un recuerdo encubridor de aquello que le
luego: «No me hicieron daño alguno, me prepa- había sucedido a él mismo. Pues es muy difícil
raron para la vida, me endurecieron y enseñaron suponer que semejante padre le pegase sólo a su
a ser valiente. Por eso he podido llegar tan lejos hermano.
profesionalmente». Y de este modo, podría afia- Muchas personas viven largo tiempo conven-

116 117
ciclas de que las humillaciones sólo iban dirigidas ¿Por qué he traído a colación tres ejemplos de
a sus hermanos. Únicamente en el curso de la te- hombres que recibían castigos corporales? ¿No
rapia reveladora podrán recordar, entre senti- son acaso situaciones límite? ¿Será porque quiero
mientos de odio e impotencia, pero también de investigar las consecuencias de las palizas? No, en
ira e indignación, lo humillados y abandonados absoluto. Podemos suponer tranquilamente que,
que se sentían ellos mismos cuando su querido en este caso, se trata de simples excepciones. He
padre los vapuleaba, y podrán vivir al fin esos elegido estos ejemplos en paiie porque no me fue-
sentimientos. ron confiados como secretos, sino que son ya del
No obstante, Bergman tenía otra posibilidad dominio público, y, sobre todo, para mostrar que
de trato con sus sufrimientos, además del despla- también los peores malos tratos permanecen
zamiento y la renegación: hacer cine y delegar ocultos gracias a la fuerte tendencia idealizadora
en los espectadores los sentimientos rechazados. del niño. No hay tribunal, fiscal ni juicio alguno,
Imaginemos que, como espectadores de sus pelí- todo queda oculto en las tinieblas del pasado, y,
culas, empezamos a vivir los sentimientos que él, cuando se dan a conocer hechos, éstos son pre-
como hijo de semejante padre, no pudo experi- sentados bajo el nombre de buenas acciones. Pero
mentar abiertamente entonces y que sin embargo si esto es así en los casos más evidentes de malos
conservó en su interior. Sentados frente a la pan- tratos corporales, ¿cómo podrá revelarse entonces
talla, como el chiquillo que él fue en otro tiempo, la tortura psíquica, que de todas formas resulta
nos vemos confrontados con una crueldad que menos visible y mucho más discutida? ¿Quién to-
aflige a <muestro hermano» y apenas nos senti- mará realmente en serio las sutiles humillaciones
remos capaces o dispuestos a acoger en nosotros tal y como se manifestaban en el ejemplo del ni-
toda esta brutalidad con sentimientos auténticos. ñito con el helado? No obstante, sí que aflorarán
La rechazaren::os. Cuando Bergman refiere luego, sin excepción en todas las terapias de los adultos,
con gran consternación, que hasta 1945 no logró en cuanto éstos hayan aprendido a dar paso a sus
darse cuenta de lo que era el nacionalsocialismo sentimientos. La explotación del niño por los pa-
pese a haber viajado a menudo por Alemania du- dres conduce a una larga serie de abusos y hu-
rante la era hitleriana, su constatación me parece millaciones sexuales y no sexuales que, más tarde,
una consecuencia de aquella infancia. La cruel- siendo ya adulto (a menudo siendo ya padre o
dad era el aire familiar que había tenido que res- madre), aquel niño irá descubriendo penosamente
pirar desde niño. ¿Cómo hubiera podido sorpren- a través de la terapia.
Un padre que haya crecido en un ambiente
derle?
119
118
puritano se sentirá, en ciertos casos, muy inhi- Además de las sexuales, hay otras formas de
bido en sus relaciones sexuales matrimoniales, y violación del niño, como por ejemplo las que se rea-
así, por ejemplo, sólo se atreverá a mirar con de- lizan con ayuda del adoctrinamiento, que se
tenimiento y por primera vez el órgano genital fe- halla en la base tanto de la educación «antiauto-
menino, a jugar con él y a sentirse excitado du- ritaria» como de la «buena». En ambas formas de
rante el baño de su hijita pequeña. De modo educación, las verdaderas necesidades del niño en
similar, una madre que de pequeñita fue víctima las distintas fases de su desarrollo no pueden ser
de abusos sexuales y se asustó y sintió humillada percibidas. En cuanto el niño es sentido como un
al ver un pene erecto, desarrolló miedo ante el ór- objeto de propiedad con el cual se persiguen una
gano sexual masculino. Una mujer así podrá, en serie de objetivos, en cuanto se apoderan de él, su
determinadas circunstancias, manipular su miedo crecimiento vital se ve violentamente interrum-
sólo a través de su hijito pequeño. Podrá, por pido.
ejemplo, «secar» tanto al níño después del baño Uno de los dogmas evidentes de nuestra edu-
que éste tenga una erección nada peligrosa ni cación consiste en cortar desde un principio las
amenazadora para ella. También podrá masajear rafees vivas y tratar luego de sustituir su función
sin miedo el pene de su hijo hasta la pubertad natural recurriendo a métodos artificiales. Así,
de éste, a fin de «quitarle la fimosis,,. Bajo la pro- por ejemplo, se limita la curiosidad del niño ( nhay
tección del amor incuestionable que todo niño preguntas que no se hacen))), y, más tarde,
brinda a su madre, ésta podrá continuar sus au- cuando ya carece del impulso natural para apren-
ténticas y vacilantes indagaciones sexuales, que der, se le ofrecen clases de recuperación no bien
tan temprano interrumpiera. tiene dificultades en la escuela. Hallamos un
Pero ¿qué supone para el niño ser explotado ejemplo similar en el comportamiento del ma-
por padres sexualmente inhibidos? Todo niño niaco, caso éste en que la relación objeta! ya ha
busca contactos tiernos y se sentirá feliz si se los sido interiorizada. Las personas que, de niños, tu-
dan. Pero, al mismo tiempo, se sentirá inseguro si vieron que reprimir con éxito sus sentimientos de-
le despiertan sentimientos que no se hubieran pre- masiado intensos, tratan de recuperar a menudo,
sentado de forma espontánea en aquella fase de su con ayuda de la droga o del alcohol, y al menos
desarrollo. Esta inseguridad se verá más acentuada por breve tiempo, la propia intensidad vivencia!
aún por el hecho de que sus propias actividades perdida [cf. Alice Miller, Por tu propio bien, Tus-
autoeróticas serán castigadas con palabras conde- quets editores (Ensayo 37), Barcelona, 1997].
natorias o miradas despreciativas de los padres. Para que podamos evitar la violación y discri-

120 121
minac10n inconscientes del niño, éstas tendrán El desprecio en el espejo de la terapia
que convertirse ante todo en vivencias conscientes
para nosotros mismos. Sólo una sensibilización a
las formas refinadas y sutiles de humillar a un
niño podría ayudamos a desarrollar ese respeto
que el niño necesita desde su primer día de vida
para poder crecer psíquicamente. Hay distintas
vías para alcanzar esta sensibilización, por ejem-
plo, la observación de situaciones con niños aje- ¿Puede representarse una historia que no se
nos en las que se intente una compenetración con conoce? Por imposible que esto parezca, ocurre
el niño y, sobre todo, el desarrollo de una empatía permanentemente, a menudo como un actuar
para con nuestro propio destino. ciego, y no tiene repercusiones. Para que la his-
toria pueda ser comprendida y elaborada, nece-
sitamos el instrumental adecuado. Luego iremos
encontrando poco a poco nuestra historia en la vi-
vencia de nuestros propios sentimientos y nece-
sidades, si podemos aceptarlos, respetarlos y con-
siderarlos legítimos.
Esto vale también para el terapeuta. En algu-
nos seminarios o controles individuales se me ha
preguntado a veces cómo habría que proceder
con los sentimientos «indeseados», por ejemplo,
la indignación que el paciente suele despertar de
vez en cuando en el terapeuta. Un terapeuta sen-
sible experimentará naturalmente esta indigna-
ción. La pregunta es: ¿debería reprimirla para no
desairar al paciente? Pero, en este caso, el paciente
sentiría la indignación reprimida y se confundiría.
¿Debería ponerla de manifiesto el terapeuta? Esta
maniobra podría angustiar al paciente.
La pregunta acerca de cómo proceder con la

123
122
indignación y otros sentimientos indeseados ya sentimientos libera en el paciente una serie de ne-
no vuelve a plantearse si se parte del supuesto de cesidades y deseos antiguos, largo tiempo repri-
que todos los sentimientos que el paciente des- midos, que, sin embargo, no pueden ser satisfe-
pierta en la persona del terapeuta forman parte chos sin autocastigo o no pueden satisfacerse ya
del intento inconsciente por contarle su historia y, porque guardan relación con situaciones pasadas.
al mismo tiempo, ocultársela, es decir, protegerse. Este último caso queda ilustrado por el ejemplo
El paciente no tendrá otra posibilidad de contar del deseo inaplazable y apremiante de tener hijos,
su historia que haciéndolo exactamente en la deseo que expresa, entre otras cosas, el de tener
forma inconsciente en que lo hace. En este sen- una madre disponible.
tido, todos los sentimientos que vayan surgiendo Pero hay también una serie de necesidades
en el terapeuta pertenecen a esa historia críptica que pueden y deben ser satisfechas sin falta en el
y no pueden ser rechazados por él. El terapeuta presente y que surgen regularmente en la terapia.
deberá ser capaz de dar cabida a sus sentimientos Entre ellas figura, por ejemplo, la necesidad esen-
y de explicárselos a sí mismo. Sólo entonces po- cial a todo ser humano de articularse con liber-
drá experimentar hasta qué punto los sentimien- tad, es decir, de poder presentarse en públíco tal
tos que en él hace surgir la persona que busca su cual es en su lenguaje, en sus gestos, en su con-
ayuda le recuerdan su propia historia reprimida, ducta, en el arte y en toda expresión auténtica que
requiriéndole que elabore esa parte en sí mismo. se inicie con los berridos del lactante. Las perso-
Esto se aplíca también a asistentes que trabajen nas que, de niños, tuvieron que ocultar su ver-
con drogodependientes y otras víctimas de abusos dadero Yo ante sí mismas y ante los demás se
sexuales y físicos en la infancia. Por lo general, sienten fuertemente impulsadas a derribar las
sólo dejan paso a un asomo de su propio miedo, antiguas barreras, aunque este primer paso hacia
y lo tapan ·herméticamente ante sí mismos con fuera vaya unido a un gran miedo.
teorías abstractas, ideologías, trivializaciones o El primer paso no conduce siempre a la libe-
comportamientos autoritarios. ración, sino a la repetición de los miedos de la
constelación infantil, es decir, a vivir una serie
de sentimientos torturantemente vergonzosos y de
La articulación quebrantada del Yo una dolorosa desnudez, que acompañan la ope-
en la compulsión a la repetición ración de «mostrarse». Estos miedos a desnu-
darse recuerdan a los antiguos. Cuando son vivi-
La capacidad adquirida de abrirse a ciertos dos, comprendidos y explicados en relación con la

124 125
antigua situación, se pone de manifiesto hasta alrededor no hay nadie más?». Los sollozos de-
qué punto eran fundados en aquel entonces. Pero sesperados que siguieron a mi pregunta abrieron
cuando no se realiza este trabajo interior, el pa- a la paciente el acceso a una parte de su realidad
ciente seguirá buscando, con seguridad de sonám- temprana, que había consistido en una soledad
bulo, personas que, al igual que sus padres (aun- infinita. Y al mismo tiempo la liberó por fin de
que por otros motivos), no tengan la posibilidad los dolorosos y destructivos sentimientos de ver-
de comprenderlo. Y se esforzará precisamente por güenza.
que esas personas lo entiendan, es decir, por ha- Sólo mucho más tarde pudo Linda darse el
cer posible lo imposible. lujo de comprender la experiencia de la «pared»
En una determinada fase de su terapia, Linda, en su contexto biográfico. Esta mujer, que por lo
cuarenta y dos años, se enamoró de un hombre general sabía expresarse con gran claridad, em-
mayor, sensible e inteligente que, sin embargo, pezó a contar todo en forma tan extrañamente
fuera del erotismo, rechazaba todo cuanto no pu- confusa y precipitada que, durante cierto tiempo,
diese comprender intelectualmente y sentía la ne- ya no tuve oportunidad de comprenderla en de-
cesidad de defenderse contra ello. Precisamente a talle, probablemente como en su momento les
este hombre le enviaba ella largas cartas, en las ocurrió a sus padres. Vivió momentos de odio y
que intentaba explicarle los caminos que hasta rabia repentinos, y me reprochó mi indiferencia
entonces había seguido en la terapia. Consiguió y falta de comprensión. Casi no me reconocía
hacer caso omiso de todas las señales de extra- aunque yo seguía siendo la misma. Así, en el con-
ñeza de su corresponsal y redobló sus esfuerzos, tacto actual conmigo, tropezó con el distancia-
hasta que se dio cuenta de que había vuelto a en- miento que le inspiraba su madre, que había pa-
contrar un'sustituto del padre y, por consiguiente, sado su primer año de vida en una casa cuna y
no podía perder la esperanza de ser finalmente no había podido ofrecer calor alguno a su hija.
comprendida. El despertar trajo al principio sen- La hija lo sabía hacía tiempo, pero para ella
timientos de vergüenza cáusticos y dolorosos, que seguía siendo sólo un saber de orden intelectual.
duraron un buen tiempo. Hasta que un día dijo: Además, la compasión que le inspiraba su madre
«Me veo a mí misma tan ridícula como si hubiera le impedía percibir y sentir su propia carencia. La
estado hablando con una pared y esperase que me imagen de la «pobre madre» había bloqueado sus
respondiera; como una niña tonta». Yo le pre- propios sentimientos. Sólo con los reproches que
gunté: «¿Se reiría usted si viera a una niña que nos dirigió primero a mí y luego a su madre se
debe confiarle sus penas a una pared porque a su puso de manifiesto la infinita desesperación que

126 127
le había dejado su nunca satisfecho anhelo de con- una serie de interiorizaciones de actitudes valo-
tacto. Los recuerdos reprimidos de su madre lejana rativas de los padres.
y nada proclive al contacto habían mantenido en Un niño pequeño de estas características tendrá
la hija la sensación de la «pared» que tan doloro- que sentir que hay algo en él que su madre no
samente la separaba de las demás personas. Con puede «utilizar». Así, por ejemplo, se suele esperar
los violentos reproches acabó liberándose también que el niño sepa dominar sus funciones corporales
de la compulsión a la repetición que consistía en lo antes posible: supuestamente para no chocar
entregarse siempre a un interlocutor incapaz de contra los demás, pero en realidad tan sólo para no
comprenderla y sentir que dependía de él sin es- trastornar la represión de los padres que, de niños,
peranzas. debieron también sentir miedo a «Chocar», aunque
mantuvieran reprimida esta experiencia.
Marie Hesse, la madre del escritor Hermann
El desprecio en la perversión Hesse, relata en sus Diarios cómo su voluntad se
y en la neurosis obsesiva vio quebrantada cuando tenía cuatro años. Cuando
su hijo cumple cuatro años, ella declara sufrir muy
Si partimos del supuesto de que toda la evo- particularmente con la terquedad del niño, que
lución emocional de un ser humano (y el equili- combate con diversa fortuna. A los quince años,
brio que se constituye sobre ella) depende de Hermann Hesse es enviado a Stetten, a un hospital
cómo, ya en los primeros días y semanas, vivieron para enfermos mentales y epilépticos, a fin de que
sus padres las manifestaciones de sus incipientes «su espíritu terco y contradictorio fuera domesti-
necesidades y sensaciones, y de cómo respondie- cado al fin». En una carta airada y conmovedora
ron a ellas, tendremos que admitir que, ya enton- escribe Hesse a sus padres desde Stetten: «Si fuera
ces, se habían .echado las primeras bases de una pietista, y no un ser humano, tal vez podría confiar
tragedia posterior. Si la madre no puede cumplir en vuestra comprensión". Sin embargo, sólo tras
con su función especular ni alegrarse de la exis- una «enmienda,, se le abría la posibilidad de salir
tencia del niño, sino que depende de su manera del hospital, de modo que el joven «se enmendó».
de ser determinada, se producirá entonces la pri- En un poema posterior, dedicado a sus padres, se
mera selección: lo "bueno» será separado de lo restituyen la renegación y la ideali7,aci6n: Hesse
«malo», lo «feo» de lo «bello", y lo «correcto» de se acusa de haberles complicado la vida a sus
lo «falso», y esta selección será interiorizada por progenitores con «su manera de sen>.
el niño. Sobre este telón de fondo tendrá lugar Muchas personas conservan durante toda su

128 129
vida este sentimiento de culpa, esta sensación dre, aunque transferidas a otras personas. Incitan
opresiva de no haber satisfecho las expectativas al niño de entonces a cometer acciones compul-
de sus padres. Es más fuerte que cualquier in- sivas y perversiones en las que pueden reprodu-
tento por explicar, desde una perspectiva intelec- cirse las situaciones traumáticas tempranas, pero
tual, que la tarea de un niño no puede consistir que seguirán siendo desconocidas para el afec-
en satisfacer las necesidades de sus padres. No tado.
hav argumento capaz de contrarrestar estos sen- El paciente pasará un mal rato cuando tenga
tiI~ientos de culpa, pues tuvieron su origen en que comunicar al terapeuta sus satisfacciones
una etapa muy temprana y de ella recaban su in- sexuales o autoeróticas mantenidas hasta entonces
tensidad y su contumacia. Sólo en una terapia re- en secreto. Claro que también podrá hacerlo sin
veladora podrán ir disolviéndose lentamente. experimentar ningún tipo de emociones, limitán-
La mayor de las heridas -no haber sido dose a dar una información pura y simple, como
amado por lo que uno era-- no puede curarse sin si estuviera hablando de una persona extraña.
el trabajo del duelo. Puede ser negada con más o Pero una información de este tipo no le ayudará
menos éxito (como por eJemplo en la grandiosi- a romper su soledad ni lo conducirá a la realidad
dad y la depresión), o reabierta constantemente de su infancia. Sólo cuando esté preparado para
en la compulsión a la repetición. Encontramos admitir y vivir los sentimientos de vergüenza o de
esta última posibilidad en la neurosis obsesiva y miedo, se dará realmente cuenta de cómo fue su
en la perversión. Las reacciones de desprecio de infancia. Se sentirá vil, sucio o aniquilado del
los padres ante el comportamiento del niño per- todo por el más inocente de sus actos. Y él mismo
manecen registradas en él y almacenadas en su se sorprenderá al constatar cuánto tiempo ha sub-
cuerpo como recuerdos inconscientes. El espanto sistido aquel sentimiento de vergüenza reprimido,
y la extrañe.za, la repugnancia y el asco, la irri- euánto tiempo ha tenido cabida junto a sus opi-
tación y la indignación, el miedo y el pánico fue- niones tolerantes y progresistas sobre la sexuali-
ron muchas veces suscitados en la madre por los dad. Sólo estas vivencias harán ver al paciente
impulsos más naturales del niño, tales como las que su adaptación temprana mediante la escisión
actividades autoeróticas, la búsqueda y descubri- no fue una muestra de cobardía, sino realmente
miento del propio cuerpo, la micción, la defeca- su única oportunidad de supervivencia, su única
ción, la curiosidad o la rabia ante la desilusión y posibilidad de escapar de ese miedo a la aniqui-
el fracaso. Más tarde, todas estas experiencias lación.
quedarán unidas a los ojos espantados de la ma- ¿Puede la propia madre ser tan amenazadora?

130 131
Sí siempre que se sienta orgullosa de haber sido obsesivas (en apariencia), absurdas y sorprenden-
la.hijita buena y adorada de su propia madre~ que tes (angustiantes), puede imponerse alguna visión
a los seis meses controlaba su micción, al ano se crítica.
mantenía limpia y a los tres años era, a su vez, la Nada puede introducirnos mejor en la tragedia
«madre» del hermanito menor, etcétera. La u;a- oculta de la relación inconsciente madre-hijo sin
dre ve en su propio lactante aquella parte escin- bonding, que la experiencia conjunta del poder
dida y nunca vivida de su Yo, cuya .ir~p.ción en destructivo de la compulsión a la repetición y la
la conciencia teme, y a la vez al desmh1b1do her- percepción de su mensaje mudo e inconsciente en
manito-bebé que ella 'misma cuidó como una ma- la actualización del antiguo drama.
dre a una edad muy temprana y que sólo aho~a Michael, treinta y dos años, que padecía de
tendrá que envidiar, y quizás odia;. e~ su p~op10 una perversión, llevaba en sí el recuerdo incons-
hijo. y así. contra su propia conv1cc1on, adiestra ciente del rechazo de la madre y, sin saber por
debidamente a su hijo con miradas. qué, temía constantemente el rechazo de los de-
El niño va creciendo y no puede renunciar a más. Hacía cosas que, en su entorno inmediato y
vivir su verdad, a expresarla aunque sólo sea de en su medio social, eran condenadas y desprecia-
forma muy secreta. Así pues, una persona puede ha- das, y temía el castigo. Si la sociedad santificara
berse adaptado enteramente a las exigencias de de pronto su tipo de perversión (como sucede en
su entorno y haber desarrollado un falso Yo, pero determinados círculos), él tendría tal vez que mo-
a la vez dejar que siga viviendo, a través de su difiéar sus compulsiones, mas no por eso se li-
perversión o su neurosis obsesiva (y muy dolo- beraría. Pues el elemento provocador no era el
rosamente), algún fragmento de su verdad~ro Yo. permiso para querer a tal o cual fetiche, sino los
Éste «Vivirá», sin embargo, en idénticas circuns- ojos extrañados y aterrados que también había
tancias, o biei;¡ en las mismas condiciones en que descubierto en su terapeuta. Sentirá la necesidad
por entonces vivía el niño junto a su aterrada ma- de provocar en éste, con todos los medios de que
dre cuva imagen había reprimido entretanto. La disponga, repulsión, extrañeza y asco, pues no es-
pe~er¡ión y las compulsiones aca?arán. escenifi- taba en condiciones de contarle con palabras lo
cando siempre el mismo drama: solo ba¡o el pre- que había ocurrido al comienzo de su vida.
supuesto de una madre aterrada es posible la. sa- Sin embargo, estos mensajes, transmitidos
tisfacción pulsional. es decir, que sólo en e~ clima mediante provocaciones, no le sirvieron de nada
del autodesprecio puede lograrse un orgasmo. (por mientras tuvo bloqueados los sentimientos de su
ejemplo con un fetiche), sólo en representac10nes infancia y los contextos permanecieron ocultos

133
132
a vivencia de los sentimientos les quedaba abierta era la idealización del seduc-
para él . Con l . .
reprimidos y la inupción de recuerdos trág1c~s, tor, del gran amigo, salvador, profesor y maestro,
pudo ponerse fin al actuar ciego y autodestructivo y la dependencia de una determinada forma de
y dar cabida a un duelo auténtico, pro'.11ndo Y no comportamiento sexual. de las drogas o de ambas
protegido. Todas las distorsiones de1an d~ . ser cosas. También la lucha por la aceptación social
necesarias en cuanto la herida puede ser v1v1da. de un determinado tipo de adicción, sexual o no
y entonces se nos revela claramente el callejón sexual, es uno de los muchos caminos que suelen
sin salida en el cual nos movemos al trat~r de elegirse para evítar la confrontación con la propia
aclararle conflictos pulsíonales a un pac1e~te historia.
que, desde su más temprana infancia•. fue adies- Muchas personas sexualizaron a una edad
trado para no sentir. ¿Cómo pueden vivirse los de- muy temprana sus necesidades de protección,
. . t ?
seos y conflictos pulsionales sin los s~nt1m1en ~s. atención, ternura y amor, y conviven con distintas
·Qué significan realmente sin sentimientos de ira, formas de fijaciones sexuales sin haberse dete-
( . t ? nido nunca a examinar su historia. Se asocian a
abandono, celos, soledad y enamoram1en o.
En los últimos diez años he recibido muchas grupos; aceptan, sin criticarlas, teorías que con-
cartas de lectores contándome que, de jóvenes, firman sus fijaciones, y están convencidas de
eran a todas luces víctimas de acosos sexuales, se- compartir con otros unos conocimientos de base
ducciones y chantajes emocionales por parte de científica cuando, en el fondo. sólo consiguen di-
hombres adultos, pero nunca llegaban a recon~­ simular así, inconscientemente, su historia repri-
cer estos hechos como tales. Los recuerdos repri- mida. Mientras lo sigan haciendo perjudicarán a
midos de su infancia no les permitían ver este .he- otros tal y como en su momento los perjudicaron
cho. Sólo cuando leyeron mi libro Du sollst nu:ht a ellos, sin necesidad de sentir el menor escrú-
merken (No d!i'bes sentir) surgieron sus dudas Y la pulo.
«sospecha». Por primera vez en su vida se atre- Creo que el futuro (la terapia) de estas perso-
vieron a cuestionar la conducta y el carácter de nas y de sus víctimas está amenazado por todo
aquellos hombres. Nunca se les había ocurrido tipo de ideologías. Se les debería informar, por lo
pensar antes que habían sido engañados, que al- tanto, de que es posible descubrir la propia his-
guien había explotado su anhelo ?e. a~o: Y aten- toria, elaborarla y liberarse de fijaciones que po-
ción, porque no podían sentir la l~JUStie1a come- drían ser destructivas tanto para ellas como para
tida contra ellos: ese tipo de s.entim1entos se les los demás. Es francamente impresionante cons-
había olvidado en la infancia. La única vía que tatar la frecuencia con que falla el actuar sexual

134 135
pseudo-pulsional cuando el paciente empieza a vi- La degradación, el autodesprecio y el autoex-
vir sus sentimientos y a percibir sus verdaderos trañamiento recuerdan el desprecio de la situa-
ción primaria y van creando, dentro de la com-
deseos pulsionales. . pulsión a la repetición, las mismas condiciones
De un reportaje sobre los burdeles del bai:no
hamburgués de St. Pauli, publica~o en la. re~ista trágicas de placer que en otros tiempos. En este
Stem el 8 de junio de 1978, extraigo la siguiente sentido, la compulsión a la repetición es una
frase: «Sientes aquel sueño viril, tan seductor como oportunidad. Puede ser eliminada si el recuerdo
absurdo, de ser mimado como un nifiito por las es aceptado y elaborado en la terapia reveladora.
mujeres y, sin embargo, dominarlas a la vez como Si esta oportunidad no se aprovecha, si se ignora
un pachá». Este «sueño viril» no só~o no es ab- lo que la compulsión a la repetición pone de ma-
surdo, sino que proviene de la necesidad más au- nifiesto, ésta podrá perdurar toda la vida en dis-
téntica y legítima del niño pequeño. Nuestro mundo tintas variantes, sin ser comprendida.
tendría sin duda otro aspecto si la mayoría de los No puede eliminarse un fenómeno incons-
niños pequeños tuvieran la oportunidad de disp~­ ciente con declaraciones o prohibiciones. Sólo es
ner de sus madres como pachás y ser a la vez mi- posible sensibilizarse ante él para reconocerlo, vi-
mados por ellas, sin tener que preocuparse dema- virlo conscientemente y tenerlo bajo control. Una
siado pronto de las necesidades m~ternales .. madre no podrá respetar a su hijo mientras no
El autor del reportaje pregunto a los clientes advierta cómo avergüenza, por ejemplo, al niño
qué les procuraba el máximo placer en aquello.s con alguna observación irónica destinada a en-
locales, y resumió las respuestas en las frases s1· cubrir tan sólo su propia inseguridad. Sin em-
guientes: «La disponibilidad y la entrega de las mu· bargo, no podrá advertir el enorme grado de hu-
chachas: el hecho de que no fuera preciso hacerles millación, desprecio y envilecimiento que su hijo
juramentos de amor como a una ami~a, ~ de qu~ sentirá a su lado si ella misma nunca ha vivido
no quedarañ obligaciones, dramas psicolog1cos n1 conscientemente esos sentimientos, sino que ha
remordimientos de conciencia cuando el deseo .de· intentado rechazarlos con ironía.
saparecía: "Pagas y eres libre". Incluso (y p.rec1sa- Algo parecido puede observarse en la mayoría
mente) el elemento degradante que también un de los psiquiatras, psicólogos clínicos y terapeu-
contacto de este tipo tiene (y precisamente) para tas. Si bien no emplean palabras tales como malo,
el pretendiente puede aumentar la excitación, aun- sucio, pérfido, egoísta o con-ompido, hablan entre
que hablar de estas cosas gusta menos» [las cur- sí sobre pacientes «narcisistas», «exhibicionistas»,
sivas son mías - A.M.}. «destructivos», «regresivos» o «borderline», sin ad-

137
136
vertir que confieren a estas palabras un sentido sobre todo con el desprecio por su sensualidad y
peyorativo. Es posíble que, en su vocabulario abs- su alegría de vivir, sin ofrecer ejemplos precisos e
tracto, en su actitud objetivizadora, e incluso en la ilustradores de ello. Cierto es que, con ayuda de
estructuracíón de las teorías y en los diagnósticos diversos modelos teóricos, podríamos representar
apasionados, tengan algo en común con l~s mí- el «rechazo afectivo», pero no podríamos trans-
radas despreciativas de las madres, esas miradas mitir el clima emocional con el que sólo esta pe-
que provienen de las nifias o niños de tres años nosa situación logra familiarí7.arnos, es decir, que
adaptados que hay en ellas. . permite al lector la empatfa. Al hacer represen-
No es infrecuente que el terapeuta se vea m- taciones teóricas nos mantenemos emocional-
ducido a veces, ante la actitud desprecíativa del mente «fuera», podemos tratar sobre «los otros»,
pacíente, a proteger su propia superioridad con la ordenarlos, agruparlos, nombrarlos, clasificarlos,
avuda de teorías. Pero el verdadero Yo del pa- diagnosticar y discutír acerca de ellos en un len-
clente nunca vendrá a visitarlo a esa trinchera. Se guaje especializado que les es incomprensible. Si
ocultará ante él exactamente como lo hacía ante rechazamos este lenguaje, necesitaremos ejem-
los aterrados ojos de su madre. Pero si gracias a plos.
nuestra sensibilización logramos percibir, tras Pues sólo a partir de la vida concreta puede
cada desprecio, la historia de la prolongación del mostrarse cómo un ser humano ha vivido el
niño despreciado, al terapeuta le resulta:á fácil ~o «mal» concreto de su infancia como «el mal en
sentirse agredido ni parapetarse más tiempo m- si». Sólo a partir de la historia de una vida indi-
teriormente detrás de las teorías. El conocimiento vidual es posible apreciar lo poco que, de niños,
de la teoría es importante, pero la teoría correcta podemos advertir las compulsiones de nuestros
no tiene función defensiva alguna para el tera- padres, y cómo, sin terapia, esta ceguera puede
peuta: es la sl.l'Cesora de los padres severos y vi- perdurar, en determinadas circunstancias, a lo
gilantes. largo de toda una vida, aunque intentemos una y
otra vez escapar de esta prisión que nos ence-
guece.
La «depravación» en el mundo infantil de Hermann Fue así como decidí ilustrar esta compleja si-
Hesse como ejemplo del «mal» concreto tuación tomando a Hermann Hesse como ejem-
plo, un ejemplo que ofrece la ventaja de ser ya co-
Es muy difícil explicar cómo un hombre pudo nocido y, además, haber sido divulgado por el
vivir con el desprecio que padeció siendo niño, propio escritor.

l38 139
Al principio de su Demián describe Hermann sexuales, mientras que el pequeño se halla ex-
Hesse la bondad y la pureza de una casa paterna puesto al control.•
que no ofrece cabida ni atención algunas a la La primera parte de Demián me parece fácil-
mentira inocente de un niño. (No es difícil, Y el mente asequible, incluso para quienes hayan cre-
autor lo confirma indirectamente, reconocer en cido en círculos diferentes. Lo que a mí me hace
esta novela su propia casa paterna.) Y el niño se tan difícil la continuación de su lectura son las
queda, pues, solo con su pecado y se siente de- valoraciones tan singulares de Hesse, que, su-
pravado, malo y segregado, aunque nadie le riña puestamente, éste recibió de sus padres y abuelos,
y todos (porque nada saben de lo •terrible») sean que eran misioneros. Estas valoraciones incons-
amables y simpáticos con él. cientes y extrañas son rastreables en muchos de
Muchas personas conocen esta situación. sus relatos, aunque quizá sea Demián la novela
Hasta la forma idealizada de describir una casa donde más directamente se manifiesten.
tan «pura» no nos resulta extraña y refleja tanto Aunque Sinclair haya tenido su propia expe-
. la visión infantil como la crueldad soterrada de riencia de la crueldad (la extorsión por parte del
una forma de educar que tan bien conocemos. muchacho mayor), esta experiencia se revela ine-
«Como casi todos los padres», escribe Hesse ficaz y no le brinda la clave para entender mejor
en Demián, «tampoco los míos colaboraron en el el mundo. El mal es para él (de acuerdo con el
despertar de los instintos vitales, de los que lenguaje misionero) lo «depravado»: ni el odio, ni la
nunca se hablaba. Solamente colaboraban con crueldad representan para él lo malo, sino frus-
un cuidado infatigab/.e en mis esfuerzos deses- lerías tan curiosas como, por ejemplo, beber en la
perados por negar la realidad y seguir viviendo en hostería.
un mundo infantil, que cada día era más irreal Esta concepción específica del mal como lo
y más falso~ No sé si los padres pueden hacer «depravado• le vino al pequeño Hesse de su casa
mucho en estos casos, y no hago a los míos nin- paterna. De ahí que todo cuanto ocurra tras la in-
gún reproche. Acabar con mi problema y encon-
trar mi camino era sólo cosa mía; y yo no actué "' En su relato Alma infantil escribe Hesse: .;Los adultos se corn·
portaban como si el mundo fuera perfecto y ellos, semidioses, mientras
bien, como la mayoría de los bien educados• [las que los nHios sólo éramos seres residuales y escoria~. (... ) «Constante-
mente ocurría -ai cabo de unos días o de pocas horas- algo que no
cursivas son mías - A.M.]. hubiera debido o~urrir, algo lamentable, desconsolador y oprobioso.
A los ojos del niño, los padres parecen estar ¡Desde ~os Pt;Jpósitos y promesas más nobles y firmes nos precipitá-
bamos u:em1s1blemente en el pecado y ta bajeza, en ia cotidianidad y
libres de deseos pulsionales, pues tienen los me- en la rutJna ( ... ) ¿Por qué sería? ¿Por qué ocurría esto? ¿No podía ser
dios y las posibilidades de ocultar sus actividades de otra manera?» [Cuentos 3, Alianza Edit., l\.1adríd, 1980. (N, del E.J]

140 141
troducción del dios Abraxas, llamado a «conciliar ellas a sus maridos y a sus hijos. Estas tabernas
lo divino y lo demoniaco», se nos antoje curio- también desempeñan un papel importante en
samente extraño: ya no nos conmueve. Es como Demián, lo cual resulta tanto más grotesco
si el mal debiera combinarse aquí con el bien en cuanto que Hesse jamás tuvo necesidad de entre-
forma un tanto artificial. Tenemos la impresión garse a la bebida en mesones ni tabernas, aunque
de que para el joven es algo extraño, amenazador sí de evadirse de la estrechez del sistema de va-
y, sobre todo, desconocido, pero de lo cual no lo- lores parental.
gra liberarse porque lo «depravado», unido ya al Todo niño empieza a elaborar representacio-
miedo y a los sentimientos de culpa, se halla emo- nes muy concretas del mal a partir de las prohi-
cionalmente cargado. Él quisiera «matarlo» en sí biciones, tabúes y temores de su casa paterna.
mismo: Tendrá que recorrer un largo camino hasta con-
seguir liberarse de ellas, hasta que descubra en sí
«Nuevamente intenté, con redoblado esfuerzo, mismo el propio «mah y no lo viva ya como algo
construirme un "mundo luminoso" a partir de las «depravado,, y «malo» por ser pulsional, sino
ruinas de un periodo destrozado de mi vida, nue- como una comprensible reacción latente a los
vamente viví con el único deseo de suprimir en mí traumas que hubo de reprimir en su infancia. Ya
lo malo y oscuro e instalanne de lleno en la luz, de adulto, tendrá la posibilidad de descubrir las
arrodillado ante los dioses» [las cursivas son mías causas y liberarse de esa latencia.
-A.M.]. Asimismo tendrá la posibilidad de disculparse
por el daño que, debido a dicha latencia, haya
En la Exposición Hesse celebrada el año 1977 ocasionado inconscientemente a otras personas.
en la Helmhaus de Zurích pude ver un cuadro En el fondo, no les debe esas disculpas sólo a
junto al cual creció el pequeño Hermann, porque ellas, sino'. s~bre todo, a sí mismo, pues sólo po-
colgaba encima de su cama. A la derecha se ve dremos ehmmar los sentimientos de culpa in-
un camino «bueno» que conduce al cielo, sem- conscientes que nos atormentan desde la infancia
brado de espinas, contrariedades y sufrimientos. si no nos cargamos con nuevas culpas.
A la izquierda queda el camino agradable y pla- Hasta qué punto la pérdida del «amor» de sus
centero, que conduce irremediablemente al in- padres amenazaba la búsqueda hessiana del ver-
fierno. Las tabernas desempeñan en él un papel dadero Yo, es algo que puede apreciarse en el si-
muy importante: es probable que, con semejan- guiente pasaje de Demíán:
tes amenazas, las mujeres quisieran apartar de

142
143
«Pero allí donde, no por costumbre, sino por En el relato Alma infantil describe Hesse con
un impulso propio, ofrendábamos amor y respeto, gran ternura y compasión los sentimientos de un
allí donde éramos discípulos y amigos con todo i niño de once años que sustrae unos cuantos higos
nuestro corazón, llegaba un instante amargo y 1 secos del cuarto de su querido padre para tener
terrible en el que, de pronto, creíamos sentir que 1 cerca de sí algo que pertenezca al autor de sus
la corriente que nos guiaba quería alejarnos del días. El miedo, la desesperación y los sentimien-
amado. Y, entonces, cualquier pensamiento que tos de culpa lo torturan en su soledad y son fi-
rechazara al amigo y maestro se erguía con su nalmente relevados por la más profunda de las
aguijón ponzoñoso contra nuestro propio corazón, vergüenzas y humillaciones en cuanto se descubre
cualquier golpe defensivo nos daba en plena cara. la «fechoría». La intensidad del relato nos hace
Las palabras "infidelidad" e "ingratitud" se alza- suponer que se trata de un hecho real, ocurrido
ban como llamadas y estigmas vergonzosos ante durante la propia infancia de Hesse. Y esta sos-
los ojos de quienes creían conservar en su interior pecha se vuelve certidumbre gracias a una ano-
una moral válida; el corazón asustado huía angus- tación de su madre, fechada el 11 de noviembre
tiosamente a los queridos valles de las virtudes in- de 1889: «¡Descubierto el robo de higos de Her-
fantiles y no podía creer que también era preciso mann!,, [las cursivas son mías - A.M.].
producir esa ruptura, que aquel lazo también de- Las notas del diario de la madre y la copiosa
bía ser cortado». correspondencia de ambos padres con distintos
r
miembros de la familia, publicada en 1966, permi-
Y en Alma infantil leemos: ten adivinar el vía crucis del pequeño. Corno

«Si hubiera de condensar todas estas impre-


siones v confüetos en un sentimiento fundamen-
tal y d~signarlo con un solo nombre, no podría
' muchos niños parecidos, Hesse era tan difícil de
soportar para sus padres no pese a, sino debido a
su riqueza interior. Sucede a menudo que los ta-
lentos Y dones de un niño (intensidad de senti-
pronunciar otra palabra que: miedo. Miedo e in- mientos, profundidad vivencia), curiosidad, inte-
seguridad era lo que yo experimentaba en aque- ligencia y atención, que naturalmente incluye
llas horas de desolación infantil: miedo al castigo, un sentido crítico) enfrentan a sus padres con
miedo a mi propia conciencia moral, miedo a los conflictos de los que éstos habían intentado de-
impulsos de mi alma, que consideraba prohibidos fenderse con normas y preceptos hacía va mucho
y perversos" [las cursivas son mías - A.M.]. tiempo. Y los preceptos tienen que ser ;alvados a
costa del desarrollo del niño, llegándose a la si-
144
145
tuación, aparentemente paradójica, de que tam- masiado nerviosos y débiles para él, y toda la
bién los padres que están orgullosos del talento de familia no es lo suficientemente disciplinada y re-
su hijo, e incluso lo admiran, tienden a rechazar, gular. Parece tener talento para todo: se queda
reprimir o destruir, presionados por su propia ne- observando la luna y las nubes, improvisa largo
cesidad, lo mejor -por ser lo más auténtico- que rato en el armonio, hace unos dibujos preciosos a
hay en el niño. Dos observaciones de la madre de lápiz y a pluma, canta muy bien cuando quiere, y
Hermann Hesse pueden ilustrar de qué modo esta dotes poéticas tampoco le faltan» (Cf. Hennann
labor de destrucción es compatible con una preo- Hesse, Infancia y juventud, 1966).
cupación y entrega presuntatnente «amorosas•: Con la imagen fuertemente idealizada de su
1. (1881) «Hermann está yendo a la escuela in- infancia y de sus padres que encontrarnos en Her-
fantil; su temperamento impetuoso nos causa mu- mann Lauscher," Hesse abandonó a aquel niño
chas preocupaciones» (1966). El niño tenía tres original, rebelde, «difícil» e incómodo para sus
años. padres que él mismo había sido. No podía dar ca-
2. (1884): «Las cosas van decididamente mejor bida en su interior a ese importante fragmento de
con Hermannle, cuya educación nos ha causado su Yo: tuvo que expulsarlo. Su auténtica gran nos-
tantas preocupaciones. Desde el 21 de enero hasta talgia del verdadero Yo permaneció insatisfecha.
el 5 de junio ha estado en el colegio de niños y Que a Hermann Hesse no le faltaba valor, ta-
sólo pasaba los domingos con nosotros. Allí se lento ni capacidad para vivir profundamente su
portaba bien, pero volvía a casa pálido, delgado vida queda demostrado en sus obras y en muchas
y deprimido. La estancia ha sido decididamente de sus cartas, sobre todo en la fuiibunda earta
buena y provechosa. Tratar con él resulta ahora que, a los quinee años, envió desde Stetten. Pero
mucho más fácil» [A.M. (1966)]. El niño tenla en- la respuesta del padre a esta carta (cf. 1966), las
tonces siete años. anotaciones de la madre y Jos pasajes de Demián
Un tiempo antes (el 14 de noviembre de 1883)
" "Si ahora, a veces, mi ínfancia conmueve aún mi corazón, es bajo
escribía el padre, Johannes Hesse: «Herrnann, que fa fomrn de un cu,,Wro enmarcado en oro y de tonalidades. profundas,
en el colegio pasa por ser casi un dechado de vir- en el cual dislingo ante todo una prof11slón de castaños y chopos fron,
do.<;os, una luz matinal indescrípttbletnente delldosa y un fondo de es-
tudes, es prácticamente inaguantable a veces. Por pléndida& n1ontaflas. Y no conozco denominación mtis precios.a pant to~
más humillante que nos resulte a nosotros [las das esas horas de mi vida en las que n1e era concedido un descanso
breve Y apartado del mundo, para lodos aquellos paseos que hacía en
cursivas son mías - A.M.], me pregunto seria- solitario por las hermosas montañas, para todos esos instantes en que
una dicha mínima e inesperada o un amor sin deseos me aJejaban el
mente si no deberíamos enviarlo a algún estable- ayer y el rnafiana, que con1pararlos con esta verde imagen de ml vida
cimiento o a casa de alguien. Nosotros somos de- más te1nprana.» (O. Completa. T. 11, Aguilar, Madrid, 1961.)

146 147
y de Alma infantil antes citados, nos da~ testi- del adulto, sino, sobre todo, las del miedo precoz
monio de la intensidad con que lo agobiaba el al desprecio de los queridfsimos padres y los pos-
abrumador peso de su destino infantil reprimido. teriores sentimientos de indignación y de duelo.
Pese a su gran resonancia, a sus éxitos y al Las simples palabras, aunque sean interpretacio-
Premio Nobel, Hesse fue víctima, en sus años de nes muy hábiles, dejan tal cual o acentúan aún
madurez, de la trágica circunstancia de vivir se- más la escisión entre las especulaciones intelec-
parado de su verdadero Yo, de aquello que los tuales y el saber del cuerpo.
médicos, para abreviar, denominan depresión. Por tal motivo, apenas será posible liberar a
un adicto de su adicción diciéndole que ésta es
una reacción ante una sociedad enferma. El
La madre de los primeros años de vida adicto aceptará con gusto estas explicaciones y
como mediadora de la sociedad querrá creer en ellas porque le ahorrarán la ver-
dad y los dolores que ésta conlleva. Pero aquello
Si le dijéramos a una persona que su perver- que observamos no nos enferma, más bien puede
sión no seria problema alguno en otra sociedad y debe provocamos sentimientos de indignación,
porque la nuestra está enferma, genera inhibicio- ira, duelo o impotencia. Lo que nos enferma es lo
nes e impone compulsiones, no la ayudaríamos indiscernible, las presiones sociales que hemos
mucho. Esa persona también se sentiría, como absorbido a través de la mirada de nuestros pa-
ser histórico y único, marginada e incomprendida dres y de las que no podremos líbrarnos mediante
y su verdadera tragedia se vería trivializada por ningún tipo de lectura ni educación. Son los re-
esta «interpretación». Pues lo que ella debe com- cuerdos inconscientes de las compulsiones y de
prender es su historia personal, que se pone de las perversiones de los padres, que se manifesta-
manifiesto en"la compulsión a la repetición. Esa ban en sus malos tratos. Dicho de otro modo; mu-·
historia estuvo determinada, entre otras cosas, chos de los que buscan ayuda son muy inteligen-
por presiones sociales que, sin embargo, no se tes, leen en periódicos y libros acerca de la locura
instalan en la psiquis como conocimiento abs- armamentística, la explotación del planeta, la
tracto, sino que van anclándose en ella a través de mendacidad de la diplomacia, la arrogancia y ma-
las experiencias emocionales más tempranas del nipulación del poder, la adaptación de los débiles
niño con sus padres. De ahí que éstas no puedan o la impotencia del individuo, y van formándose
resolverse con palabras, sino sólo mediante viven- . sus propias ideas al respecto. Lo que sin embargo
cias, y no sólo mediante las vivencias correctoras no ven -porque no pueden verlo- es el compor-

148 149.
tamiento absurdo y contradictorio de sus padres habitualmente mermado; antes bien, la acción se
en la época en que ellos eran todavía niños muy liberará de la compulsión a la repetición para
pequeños. No podemos recordar esa actitud de co~vertirse en una acción más clara, consciente y
nuestros padres porque entonces nos veíamos onentada hacia un objetivo, libre ya de compo-
obligados a reprimir el dolor y la ira. En cuanto nentes autodestructivos.
estos sentimientos afloran y pueden ser relacio- La necesidad interna de elaborar siempre nue-
nados con situaciones más tempranas, se produce vas ilusiones y renegaciones para no vivir la pro-
un cambio. La interacción de otrora y, con ella, pia verdad desaparecerá cuando esta verdad haya
las presiones parentales resultarán así más fáciles sido vivida ya una vez. Nos daremos cuenta en-
de desenmascarar. tonces de que a lo largo de toda nuestra vida he-
La represión de la libertad y la compulsión a mos temido y rechazado algo que no podrá volver
la adaptación no sólo comienzan en la oficina, a ocurrir porque ya ocurrió una vez, cuando em-
en la fábrica o en el partido político, sino ya en pezábamos a vivir, cuando éramos seres inermes.
las primeras semanas de vida. Esta compulsión es Puede obtenerse un efecto terapéutico en
reprimida más tarde y permanece por tanto, en forma de mejoría transitoria si la rígida concien-
virtud de su esencia, inaccesible a cualquier tipo cia del paciente logra ser «sustituida» por otra,
de argumentación. Pues nada se modifica en la más bien tolerante, del terapeuta o del grupo.
esencia de la adaptación o de la sumisión si sólo Pero el sentido de la terapia no es enmendar el
se intercambia su objeto. destino del paciente, sino posibilitarle el encuen-
Un compromiso político puede alimentarse tro con su propio destino y el duelo en torno a
con la rabia inconsciente del niño que es objeto éste. El paciente debe poder encontrar en sí
de abusos, del niño prisionero, explotado, limi- mismo sus sentimientos tempranos reprimidos, a
tado y adiestrado. En la lucha contra adversarios fin de vivir conscientemente la manipulación in-
políticos, por ejemplo, puede descargarse parcial- consciente y el menosprecio de sus padres, y verse
mente esta rabia, sin que por ello deba abando- libre de ellos. Mientras deba contentarse con la
narse la idealización de la persona concreta que tolerancia del terapeuta o del grupo, las miradas
actuó como referente en la primera infancia. La despectivas de sus padres permanecerán en él
vieja sumisión puede desplazarse entonces hacia inalteradas -contra su propia convicción y de-
figuras de líderes o grupos. seo-, pues se mantienen ocultas en el incons-
Pero si se viven la desilusión y el subsiguiente . ciente y, no obstante, registradas en las células de
duelo, el compromiso social o político no se verá su cuerpo. Se pondrán de manifiesto en las rela-

150 151
ciones del paciente con otras personas y consigo tente y a merced de los demás, como también el
mismo, y lo torturarán, pero serán inasequibles a niño incómodo y díscolo, siguen siendo despre-
cualquier elaboración. Los contenidos inconscien- ciados. Una serie de sueños de Hans puede ilus-
tes permanecen inmutables y son intemporales. trarlo:
Sólo al volverlos conscientes empieza la transfor- Hans, cuarenta y cinco años, que consultó con
mación. un segundo terapeuta debido a las obsesiones que
le torturaban, soñaba constantemente que estaba
en una atalaya situada sobre un pantano, en la
La soledad del despreciador periferia de una ciudad muy querida por él. Desde
esa torre gozaba de una vista panorámica sobre
El desprecio que el paciente manifiesta puede la ciudad, pero se sentía triste y abandonado. En
tener diversos antecedentes en su historia perso- l~ ~orre había un ascensor, y a menudo surgían
nal, pero su función común es la defensa contra dificultades con el billete de entrada 0 bien im-
los sentimientos indeseados. Ésta puede desapa- pedimentos en el camino hacia la atalaya. En la
recer cuando dichos sentimientos logran ser vi- realidad, aquella ciudad no tenía tal torre, pero
vidos; por ejemplo, la desesperación y la ver- ésta pertenecía claramente a su paisaje onírico y
güenza ante el amor no correspondido del niño y, l~, resultaba muy conocida. El sueño siguió repi-
sobre todo, la rabia ante la no disponibilidad de tiendose a menudo, acompañado siempre de sen-
los padres. Mientras se sea capaz de despreciar y saciones de abandono. Durante la terapia acabó
se sobrevalore el propio rendimiento («él no sufriendo transformaciones decisivas. Primero,
puede lo que yo puedo»), no será preciso vivir el Hans se sorprendió al soñar un día que, si bien
duelo de haber sido amado por el rendimiento. La ya tenía su billete de entrada, la torre había sido
grandiosidad garantiza la pervivencia de la ilu- demolida y ya no tenía la vista panorámica. En
sión: yo he sido amado. Pero, al .evitar este duelo, cambio pudo ver un puente que unía el pantano
se sigue siendo, en el fondo, el despreciado. Pues c~n la ciudad. Fue, pues, a pie hasta la ciudad y
tendré que despreciar todo cuanto en mí no sea v10 «no todo», pero sí «unas cuantas cosas de
grandioso, bueno e inteligente. De este modo pro- cerca». Hans, que tenía fobia a los ascensores se
longo la soledad de mi infancia; desprecio la im- sintió de algún modo aliviado, pues el viaje en,as-
potencia, la debilidad, la inseguridad, en pocas censor siempre le había provocado no poca an-
palabras: al niño desamparado que hay en mí y gustia en el sueño. Al referirse a éste, dijo que tal
en el otro. Tanto el niñito desamparado, impo- vez ya no era importante para él seguir mante-

152 153
niendo la vista panorámica, divisarlo todo, estar Y yo me hallaba, pues, solo con todos los intereses
arriba, ser más inteligente que los otros, etcétera. espirituales. Por un lado tenía que demostrar lo
Ahora podía ir a píe como una persona común y que sabía para ser tomado por fin en serio, pero
corriente. al mismo tiempo tenía que ocultarlo para que mis
Mucho más se sorprendió Hans cuando, al padres no dijeran: "Los estudios se te han subido
cabo de un tiempo, volvió a verse de pronto, en a la cabeza. ¿Te crees mejor que los demás por-
otro sueño, en el ascensor de aquella torre y sintió que has tenido la posibilidad de estudiar? Sin los
que lo elevaban sin experimentar angustia alguna. sacrificios de tu madre y el duro trabajo físico de
Disfrutó del ascenso y, al llegar arriba, vio algo tu padre jamás hubieras podido hacerlo". Esto me
muy raro: a su alrededor había gran animación, creaba sentimientos de culpa, y yo quería ocultar
era una meseta desde la cual aún se divisaban los mi forma de ser distinta, mis intereses y mi ta-
valles, pero en la que también había una ciudad, lento. Quería ser como los demás. Pero, al inten-
y en la calle un bazar con muchísimos objetos, tarlo, también me era infiel a mí mismo».
una escuela donde un grupo de niños hacía ballet,
y él pudo bailar con ellos (éste había sido un de- Hans buscaba, pues, su torre; luchaba con una
seo infantil suyo), así como grupos de personas serie de impedimentos (camino, billete de en-
que discutían y con las que se sentó y empezó a trada, angustia, etcétera) y, cuando estaba en lo
hablar. En aquella comunidad se sintió integrado alto, es decir, cuando era más inteligente que los
tal y como él era. Aunque el sueño expresara más otros, se sentía solo y abandonado.
bien sus deseos que acontecimientos reales, ponía Es una contradicción habitual que los padres
sin embargo de manifiesto sus necesidades reales: adopten esta actitud de recelo y rivalidad frente a
las de amar y ser amado más allá de sus rendi- su hijo, pero a la vez lo estimulen a rendir el
mientos. , máximo y estén orgullosos de sus éxitos. Hans te-
Este sueño, que lo impresionó y le produjo nía, pues, que buscar su torre y luchar también
una gran alegría, le llevó a comentar: contra ciertos impedimentos. Finalmente vivió su
rebelión contra las presiones y el estrés, y la torre
«Mis sueños anteriores en la torre ponían desapareció en el primer sueño. Pudo renunciar a
siempre de manifiesto mi aislamiento y soledad. la fantasía grandiosa de verlo todo desde arriba y
En mi condición de hermano mayor, en casa acercarse a las cosas de «SU querida ciudad» (en
aventajaba siempre a mis otros hermanos: inte- su propio Yo). Sólo entonces pudo ver con clari-
lectualmente, mis padres no estaban a mi altura, dad cómo había tenido que aislarse de los demás

154 155
a través del desprecio, y a la vez había estado ais- cio experimentado en otros tiempos al peligroso y
lado y separado de su verdadero Yo, de su zona destructivo desprecio por el ser humano, que es
desamparada e insegura. elevado a la categoría de programa. La crueldad
Pero en cuanto se presenta el duelo por lo irre- de la que alguna vez el niño fue víctima a escon-
versible, el desprecio desaparece regularmente. didas se pone de manifiesto en los grupos juve-
También él servía, a su manera, para renegar de niles violentos, pero el hecho de que su origen se
la realidad pasada, pues al fin y al cabo es menos halle en la infancia no sólo es negado por los
doloroso pensar que uno mismo es culpable de afectados, sino, más aún, por el conjunto de la so-
que no lo entiendan. En ese caso hasta es posible ciedad.
hacer un esfuerzo para explicar algo al interlo-
cutor y salvar así la ilusión de la comprensión
(«Con sólo que me exprese correctamente»).* Liberación del desprecio
Ahora bien, si se renuncia a este esfuerzo, ha-
brá que darse cuenta de que la comprensión en sí La perversión sexual, la neurosis obsesiva y la
era imposible, porque la represión del propio des- ideologización no son las únicas posibilidades de
tino infantil volvía a los padres ciegos ante las ne- prolongar la tragedia del primer desprecio. Hay
cesidades de sus hijos. Ni siquiera los padres innumerables formas en las que es posible obser-
conscientes podrán entender siempre a su hijo, varla a través de matices muy finos. La desilusión
pero sí respetarán sus sentimientos aunque no del niño ante el rechazo de su Yo por parte de sus
puedan comprenderlos. En un caso semejante, el padres se manifiesta primero en la misma forma
niño no necesitará ponerse a salvo de la verdad como el niño se sentía rechazado por los padres.
dolorosa en el desprecio, cosa que, por desgracia, La transmisión no consciente del propio clima
sucede con mucha frecuencia. familiar tiene diversos rostros. Hay, por ejemplo,
Én el fo;do, el nacionalismo, la xenofobia y el algunos que jamás emplean palabras groseras ni
fascismo no son otra cosa que enmascaramientos hablan en voz alta, que sólo dan una impresión
ideológicos de esa huida, una huida que lleva de de bondad y de nobleza y, al mismo tiempo, son
los recuerdos torturantes y reprimidos del despre- capaces de hacer sentir a otra persona que es ri-
dícula, necia o muy chillona, en cualquier caso
"" Como ejemplos conmovedores pueden citarse, entre otras, las demasiado ordinaria en comparación con ellos.
obras de Van Gogh o del pintor suizo Max Gubler, quienes tan vana-
mente lucharon por consef.:,11.lir la comprensión de sus madres con todos No lo saben, y tal vez ni siquiera desean señali-
los medios de que disponían. zarlo, pero irradian algo parecido. Su comporta-

156 157
miento refleja la atmósfera que debieron de irra- Esto explica asimismo que haya profesores
diar sus padres y de la que ellos jamás se dieron perfectamente capaces de expresarse en forma
cuenta. A los hijos de estos padres les resulta par- clara, pero que tienen que exponer sus ideas en
ticularmente difícil formular algún reproche hasta un lenguaje tan complicado y distanciante que el
que lo aprenden en la terapia. alumno sólo consigue seguirlo con una mezcla de
También hay otros que pueden ser muy ama- . indignación y esmero, sin saber qué hacer con él.
bles, incluso una pizca altaneros, y en cuya pre- Es posible que, en tales casos, el estudiante viva
sencia uno se siente etéreo. Nos transmiten la sentimientos que sus profesores tuvieron que re-
sensación de que sólo ellos existen, de que sólo primir, de niños, ante sus propios padres. En caso
ellos tienen algo interesante o relevante que decir. de que estos estudiantes sean maestros algún día,
Los demás sólo pueden estar ahí, al lado, y admi- tendrán la oportunidad de transmitir esos cono-
rarlos fascinados, o bien apartarse desilusionados cimientos inútiles a sus alumnos como si fueran
y tristes por su propia nulidad, pero no pueden algo muy valioso (porque les costó muy caro).
articularse junto a ellos. Esto suele ocunirle a hijos Es muy ventajoso para la terapia que el pa-
de padres grandiosos, con los que el niño no tenía ciente pueda llegar a vivir los modelos destructi-
ninguna oportunidad de rivalizar, y que, de adul- vos de sus padres. Pero, corno ya he dicho, para
tos, transmiten inconscientemente esta atmósfera a liberamos completamente de estos modelos nece-
quienes les rodean. sitamos algo más que la mera inteligencia. Ne-
Otra impresión producen los que, de niños, cesitamos el acceso a nuestras emociones.
aventajaban intelectualmente a sus padres y eran Cuando, gracias a la elaboración emocional de
admirados por ellos, pero a la vez quedaban la historia de su infancia, un paciente recupere su
abandonados con sus problemas porque los pa- dinamismo vital, se habrá alcanzado el verdadero
dres no estaban a su altura. Esta gente puede objetivo de la terapia.
transmitimos una sensación de potencia, pero Hay que dejar que el individuo decida si quiere
también, en cierto modo, una invitación a defen- dedicarse o no a una actividad regular, si quie-
dernos con medios intelectuales contra cualquier re vivir solo o en compañía, o si, llegado el caso,
impotencia ascendente. En su presencia sentirnos desea afiliarse a algún partido político de su elec-
que ignoran nuestra necesidad, del mismo modo ción: son decisiones suyas. La historia de su
que ellos tampoco fueron vistos nunca en su aflic- vida, sus vivencias y experiencias desempeñarán
ción por sus padres, para quienes tenían que ser un papel en ellas. No es tarea nuestra «socializar-
siempre fuertes. lo», ni educarlo (tampoco políticamente, pues toda

158 159
educación es una tutela), ni «facilitarle amista- propios. No seguirá dándole vueltas al círculo in·
des»: todo esto es problema suyo. fema) del desprecio.
Pero si alguien ha vivido conscientemente y va- Esta tendencia no sólo tiene consecuencias
rias veces las manipulaciones y prejuicios que su- personales y familiares, sino también políticas.
frió en su infancia, así eomo los deseos revan- Las personas que hayan descubierto su pasado,
chistas que todo esto dejara en él, será capa'; de que hayan aprendido en la terapia a esclarecer
advertir cualquier manipulación con más rapidez sus sentimientos y analizar sus verdaderas causas,
que hasta entonces y tendrá él mismo menos n~­ no estarán ya sometidas a la compulsión de des-
cesidad de manipular. Podrá afiliarse a grupos sm cargar su ira sobre seres inocentes para así
quedar irremisiblemente expuesto y sometido a ahorrársela a quienes se hubieran hecho merece-
ellos si antes ha vivido el desamparo y la depen- dores a ella. Estarán en condiciones de odiar lo
dencia de su infancia. Correrá menos riesgo de aborrecible y amar lo que sea digno de amor. Ya
idealizar a personas y sistemas si antes se ha dado que se atreven a averiguar quién ha merecido su
cuenta exacta de cómo, en su momento, vivió odio, podrán orientarse en la realidad sin ser víc-
cada palabra de su madre o de su padre c?mo si timas de la ceguera del niño maltratado, que no
fuera la verdad. suprema. Y puede ocurnr que, puede hacer daño a sus padres y, por lo tanto, ne-
al escuchar una conferencia realmente mala o al cesita chivos expiatorios.
leer un libro realmente malo, sienta primero la El futuro de la democracia depende de este
misma fascinación y asombro infantiles de enton· paso adelante del individuo. Apelar al amor y a la
ces, pero al mismo tiempo advierta el vacío que razón será inútil mientras estos pasos para escla-
acecha detrás, o alguna tragedia humana que le recer los sentimientos sigan siendo obstaculiza-
produzca escalofríos. A una persona a~í no po- dos. Es imposible combatir el odio con argumen-
dremos impresionarla con palabras fascmantes o tos; hay que comprender su origen y utilizar un
incomprensibles, porque se ha heeho adulta a instrumental que permita su desaparición.
partir de vivencias. A fin de cuentas, una perso~a La vivencía de las emociones intensas es una
que haya padecido conscienter:i~nte su . p~op10 experiencia liberadora, no sólo porque el cuerpo,
destino en toda su tragedia, sentlra el sufr1m1ento tenso desde la infancia, puede «descargarse» en-
del otro con mayor intensidad y rapidez, aunque tonces, sino sobre todo porque esta vivencia nos
éste aún tenga que superarlo. No podrá burlar- abre los ojos a una serie de realidades, nos libera
se de los sentimientos de otro, no importa de qué de ilusiones, nos devuelve recuerdos reprimidos y
tipo sean, si es capaz de tomar en serio los suyos a menudo hace desaparecer nuestros síntomas.

160 161
De ahí que esta vivencia sea también fortalece- ponsables y nada tienen que ver con considera-
dora y favorezca el desarrollo. La ira desaparece ciones de índole racional. El odio a la vida y el
cuando por fin puede vivirse y considerarse legi- amor a la destrucción son los elementos que ha-
timada. Sólo volverá a aparecer, y con razón, si cen que los nacionalistas de todo el mundo se pa-
se dan nuevas causas que la provoquen. rezcan tanto unos a otros, como si llevaran todos
Sin embargo, el odio injustificado y transferido a un uniforme único e internacional. Esta destruc-
personas inocentes es infinito y no puede aplacarse tividad se nutre de la misma fuente, a saber, de
nunca. Es perturbador porque oculta las realidades la misma historia de torturas padecidas en la in-
y hace imposible percibirlas. Es destructivo porque fa~cia que o no se recuerdan para nada, o no se
procede de una historia de destrucción reprimida, quieren reconocer, y que, además, la sociedad ha
cuya crueldad el cuerpo ha conservado íntegra- venido. negando por completo hasta hace muy
mente en la memoria. Envenena el alma, devora la poco tiempo. Hoy ya no podemos permitimos
memoria mental, aniquila no sólo la capacidad de más tiempo esta negación, porque sus riesgos cre-
calar hondo y compenetrarse, sino, en el fondo, cen espectacularmente. Las personas dispuestas a
también el entendimiento. Un edificio construido a desenterrar su historia de las tinieblas del olvido
partir del autoengaño acabará derrumbándose animarán también a otras a que se atrevan a dar
tarde o temprano, y destruirá sin piedad vidas hu- ese paso y podrán, con su conciencia despierta,
manas; si no la vida del constructor, sf la de sus aportar a la oscuridad de la «política,, actual más
hijos, que advierten las mentiras de los padres, luz y claridad que las hasta ahora posibles.
pero no pueden admitirlas y se arruinan precisa-
mente por eso. Pagan el precio del desinterés de
sus padres.
Una persona que sepa bregar honestamente
con sus sentimientos, sin autoengañarse, no ne-
cesitará disimularlos con ideologías y, por tanto,
no constituirá un peligro para los demás. Las in-
numerables formas de confusión nacionalista tan
difundidas actualmente nos muestran a las claras
que, una vez más, sólo estamos ante el mismo
sinsentido, cuyos motivos tienen sus raíces en los
sentimientos y recuerdos reprimidos de los res-

162
163
Epílogo 1995

Han transcurrido dieciséis años desde la apa-


rición del libro El drama del niño dotado, unos
años en los que se han producido muchos cam-
bios en el ámbito de las terapias. Se han desmo-
ronado estructuras anquilosadas y han surgido
nuevos métodos terapéuticos, a veces incluso pe-
ligrosos. Por muy compenetrado que un autor
esté con su libro, éste nunca sustituirá á un buen
terapeuta. Pero sí puede hacemos ver que nece-
sitamos una terapia al ponemos en contacto con
nuestros sentimientos suprimidos o incluso repri-
midos, con lo cual a veces se pone en marcha un
proceso curativo. Ésta parecía ser, desde un prin-
cipio y hasta hoy, la función de El drama ...
Las tentativas que inicié hace diecisiete años
con este libro de convencer a los exponentes del
psicoanálisis de la gran importancia de las emo-
ciones para el desarrollo humano han encontrado
un eco cada vez mayor en el tra.nscurso de los
años. A ello ha contribuido también la ampliación
de nuestros conocimientos sobre los traumas de
la infancia y las consecuencias de su represión.
Debemos esta ampliación en parte a las infor-

165
maciones transmitidas por los medios de comu- centro específico del cerebro que nos permite cui-
nicación y, en gran parte, a las terapias revela- dar de nosotros mismos y de los demás?
doras. A la vista de las investigaciones de los El material clínico y los ejemplos ofrecidos en
neurobiólogos sobre el cerebro humano se han El drama... corroborarían una hipótesis seme-
abierto hoy nuevas perspectivas adicionales. An- jante. Pero aún habría que investigar muchísimo
tonio Damasio, autor del ahora conocido libro para demostrar su legitimidad, lo que eventual-
Descartes' Error, 1994, ha constatado, a partir de mente ayudaría a comprender por qué muchos ni-
numerosas observaciones y experimentos, que las ños que fueron víctimas de abusos y negligencias,
personas que, debido a accidentes o intervencio- niños que tuvieron que suprimir y reprimir sus
nes quirúrgicas (por ejemplo, extirpación de tu- verdaderos sentimientos, no pueden más tarde,
mores cerebrales), han perdido el centro que re- siendo ya adultos, protegerse ni cuidar bien de sí
gula las emociones en el cerebro, no sólo son mismos, y por qué muchos de ellos actúan de ma-
incapaces de experimentar sentimientos, sino que nera destructiva e irracional aunque sean capaces
al mismo tiempo pierden también la capacidad de grandes logros en el ámbito intelectual. Para
de tomar decisiones y organizar su vida. Puede actuar racionalmente necesitarían tener acceso a
que las restantes zonas del cerebro funcionen sus verdaderos sentimientos, a su verdadero yo.
bien, y que las funciones intelectuales permanez- Sin embargo, a diferencia de las personas que
can intactas, como lo ilustran los tests psicoló- por accidentes u operaciones han sufrido algún
gicos, pero en el ámbito del sentir y del actuar se trauma cerebral irreversible, las víctimas de ma-
constatará un daño considerable. Parece evidente los· tratos en la infancia pueden, de adultos, re-
que el acceso a las emociones le es imprescindible cuperar la capacidad de sentir. Los investigadores
al hombre para poder organizar su vida. se asombran de la plasticidad del cerebro hu-
Esta CQlll.Probación me parece particular- mano, que puede compensar más de una carencia
mente relevante para comprender las consecuen- mientras el cuerpo siga vivo, lo cual explica por
cias de los traumas infantiles. ¿Qué ocurre enton- qué en muchas terapias ha sido posible obtener
ces, desde una perspectiva neurobiológica, con los cambios positivos en la esfera de la acción gracias
niños que no tuvieron ninguna posibilidad de a la recuperación de la capacidad de sentir, y por
desarrollar su vida afectiva, esos niños cuyo des- qué los afectados han podido cuidar luego mejor
tino he descrito ~n El drama ... ? ¿No habrán po- de sí mismos y de sus hijos. Sin embargo, no
dido desarrollar -o lo habrán hecho sólo de ma- siempre es posible comprobar estos resultados.
nera incipiente, aunque insatisfactoria- ese Hay también personas (y ellas relativizan los ha-

166 167
llazgos) que pese a un largo «trabajo emocional» de los años setenta, en mi crítica del método in-
parecen condenadas a revivir una y otra vez sus telectual y unívoco del psicoanálisis, puse de re-
antiguos traumas. Para comprender totalmente lieve la importancia de las vivencias afectivas para
las razones de estos efectos, necesitamos mucha el desarrollo espiritual del ser humano, en Europa
más experiencia, reflexión y evidencias de las que se sabía aún muy poco sobre los nuevos métodos
actualmente tenemos en relación con los proble- terapéuticos que trabajaban con los sentimientos.
mas de represión, renegación y curación. Entretanto, hace ya tiempo que estos métodos
¿Nos ayudará en esta tarea la investigación del han penetrado en Europa desde Estados Unidos,
cerebro? El tiempo lo dirá. De todas formas, los y su número ha aumentado muchísimo en los úl-
nuevos descubrimientos científicos corroboran timos años. Terapia corporal, bioenergética, Ges-
algo que muchos terapeutas saben ya por expe- ta/t, terapia primaria, focusing, son sólo algunos
riencia: que nuestra actividad racional y construc- de los nombres que apuntan en esta dirección.
tiva depende no sólo de que la función del pensar Aunque muchas personas sentían ya mejoras im-
se mantenga intacta, sino también de nuestro ac- portantes mediante la simple vivencia de los sen-
ceso a las verdaderas emociones. La tecnología timientos, porque su cuerpo experimentaba una
nunca será capaz de sustituir esta función de descarga, también había, como hemos dicho, nu-
nuestro cerebro, por lo que somos nosotros quie- merosos casos que desembocaban en una depen-
nes debemos ocuparnos del cuidado y el cultivo dencia de tipo adictivo de sentimientos de dolor.
de nuestros sentimientos. En conjunto, la psico- Este hecho reforzaba aún más la dependencia del
logía tradicional ha tenido muy poco en cuenta, terapeuta, supuestamente encargado de aportar la
hasta fecha reciente, la importancia de las emo- liberación prometida.
ciones, que ahora se han convertido en tema de Hace unos años aún nos preguntábamos cómo
numerosas inW'!stigaciones. Sería deseable que, en podría acercarse a la gente hacia sus sentimientos
el futuro, los niños aprendieran tempranamente a intensos reprimidos. Hoy día se sabe que hay dis-
tomar en serio, comprender y clasificar sus sen- tintos métodos que rápidamente ayudan a derri-
timientos. La casa paterna, el jardín de infancia y bar las defensas. Pero a la vista de las nuevas ex-
la escuela podrían serles de ayuda en cuanto esta periencias, tenemos que tomar conciencia de que
forma de «educación» se vea legitimada. En este este camino no es el apropiado y el necesario para
sentido, las últimas investigaciones de los neuró- todo el mundo, y que puede ser peligroso cuando
logos podrían constituir un aporte positivo a los los terapeutas no saben cómo enfrentarse a la
conocimientos de la pedagogía. Cuando a finales transferencia y a la contratransferencia. Así, por
168 169
ejemplo, el oscurecimiento del ambiente en la te- car con estos esfuerzos, ya que los analistas de
rapia primaria estimula ya con fuerza la regresión hoy conocen cada vez mejor que antes los méto-
capaz de degenerar en el total desamparo y en dos más recientes. Estos analistas formados en
la idealización completamente acrítica del tera- distintos métodos quizás ayuden a poner coto al
peuta. Este desamparo del paciente que ha hecho abuso excesivo e incontrolado del trabajo regre-
una regresión a la primera infancia parece con- sivo. Algo se ha hecho ya en esta dirección. Cada
tener una invitación al abuso. Todo proceso te- vez resulta más claro que el psicoanálisis ya no
rapéutico, pero muy en especial la confrontación representa siempre y en todas las circunstancias
con traumas anteriores, presupone un acompa- la perspectiva freudiana, ni ofrece tampoco la ri-
ñamiento competente y honesto; un acompaña- gidez de antes en cuanto al reconocimiento de la
miento semejante brinda una protección que per- realidad infantil. El libro El niño que quería ser un
mite al paciente utilizar las posibilidades de su gato, de Caroline Elliacheff, es un hermoso ejem-
vida adulta, así corno sus talentos y sus puntos plo de este cambio; también corroboran esta ten-
fuertes, en suma, todo su potencial curativo, para dencia, entre muchas otras, las obras de Tilman
hacer el trabajo de duelo por sus pérdidas sin per- Moser, Gerard Lambert, Anne-Marie e Isabelle
manecer atascado en un estado regresivo y sin pa- Filliozat. Aunque las ideas de los analistas orto-
sar a depender de gurús. De no producirse un doxos no se hayan modificado, los conocimientos
acompañamiento semejante, el paciente puede sobre la influencia de los traumas infantiles en la
convertirse en víctima de las más graves mani- vida emocional adulta parecen penetrar cada vez
pulaciones, tal como se practican no sólo en el más claramente en las consultas de los analistas
seno de conocidas sectas, sino también en mu- y alterar de un modo positivo la calidad de su tra-
chos de los llamados centros de terapia que ya bajo.
han integracjo "estructuras sectarias. En la actualidad no me es posible recomendar
Por suerte hoy también hay otras tendencias ningún método en concreto ni asumir la respon-
positivas. El hecho de que se pueda abusar fácil- sabilidad por ningún terapeuta. Esta responsabi-
mente de las nuevas posibilidades terapéuticas no lidad he de dejarla enteramente en manos del lec-
significa que no puedan ser utilizadas también en tor. En una entrevista que concedí en abril de
forma honesta (con precaución y un espíritu 1995 me referí a los factores que hoy tendría en
abierto a la relativización crítica). Las experien- cuenta si tuviera que buscar un terapeuta. De lo
cias del psicoanálisis en el trabajo con la trans- que entonces dije citaré a continuación lo si-
ferencia y la contratransferencia podrían fructífi- guiente:

170 171
tengo ante mí a una persona honesta. Y podré ha-
«A diferencia del niño pequeño, el adulto dis- cerlo si investigo los hechos sin impedimentos in-
pone de su capacidad de razonamiento Y d~ sus ternos. Muchas personas temen la realidad y
experiencias, así como del libre acc~so a la mfor~ creen lo que quieren creer. Sin embargo, algunas
mación. Puede utilizar todo esto si lo de~ea. S1 quieren saber si no acabarán confrontadas con
está decidido a no someterse a una terapia qu';' engaños conscientes. Todo eso puede averiguarse,
pudiera anularlo desde el princip.io mismo, tendra pues existe una serie de indicaciones que, por
muchísimas posibilidades de onentarse sobre la desgracia, algunos pacientes particularmente ne-
persona y la formación del terapeuta ant~~ de cesitados suelen pasar por alto.
decidirse a favor o en contra de una regres10n a »Si hoy tuviera que buscar un terapeuta, em-
la infancia. En la primera entrevista podrá pre- pezaría preguntándome: ¿Con quién conservaría
guntar con tranquilidad cómo llegó el terapeuta a mi autonomía? ¿Quién me daría informaciones
su profesión, por qué la eligió, qué había hecho verificables, quizás incluso direcciones de perso-
antes etcétera. Por desgracia, la mayoría no hace nas a las que el o la terapeuta en cuestión haya
esas ~reguntas, aunque no estén prohi~idas Y se- ayudado a largo plazo? ¿Quién responderá satis-
ría esclarecedor formularlas. No se sienten ~on factoria y sinceramente a mis preguntas? ¿Quién
derecho a hacerlo y acuden a la entrevista onen- concertará conmigo un compromiso de trabajo
tativa como niños pequeños que no quieren caer justo y transparente? ¿Quién tolerará la crítica,
mal a nadie y que han de estar contentos si no s.e estará dispuesto a enfrentarse a determinados he-
les echa. En esta actitud infantil y sumisa perci- chos y a sus propias contradicciones y no pro-
birán al terapeuta como a la madre bondadosa, al meterá imposibles?».
padre fuerte, al sacerdote o a Dios, Y_ se esforza-
rán por «hacei;los felices» y consegmr finalm~n­ ¿Qué se necesita, además de la correcta elec-
te al ansiado amor gracias a sus buenas accio- ción del terapeuta, para llevar a buen término el
nes. Así se produce lo que ya he descrito en El proceso de curación? Muchas cosas. Pero el ae-
drama ... : el adulto volverá a recurrir a sus anti- ceso a las emociones me parece decisivo para de-
guas estrategias de supervivencia, ti:'icionar~ su terminadas personas. Para los muchos que viven
verdadero Yo, renunciará a su capacidad crítica Y separados de sus sentimientos desde la temprana
de razonamiento a fin de obtener, gracias a su infancia, es en la terapia donde podrá ocurrir por
adaptación, la apariencia del amor. . . primera vez algo de importancia vital: el desarro-
»En cualquier caso, yo intentaría averiguar SI llo de capacidades que no pudo tener lugar en la

172 173
infancia de los niños emocionalmente adaptados. ellas. Pero también hay otras personas que no
¿Podrán acaso los sentimientos intensos y placen- ~an conseguido encontrar una pareja sincera y,
teros estimular también este desarrollo? En una sm embargo, han podido vivir y expresar emocio-
cárcel estadounidense se comprobó que los delin- nes intensas y placenteras en una actividad crea-
cuentes peligrosos a los que durante el día se les tiva. Poder expresarse -a través del canto, la mú-
hacía cuidar pequeños animales en sus celdas sica, la escritura, la pintura o la cerámica- es
sólo reincidían en el 20 por ciento de los casos, siempre placentero. Tras leer el libro de Dama-
mientras que los otros, carentes de este «entre- sio, pienso que el enfrentamiento con los traumas
namiento de las emociones», presentaban un reprimidos no es la única, sino una de las mu-
índice de reincidencia del 80 por ciento. Esta esta- chas posibilidades de descubrir la intensidad del
dística muestra, entre otras cosas, que esas per- mundo afectivo personal y familiarizarse así con
sonas que antes habían vivido separadas de sus él. La ventaja de los otros descubrimientos radica
sentimientos, destruyendo así su propia vida y la en que pueden cumplir una función constructiva
ajena, podían desarrollar ahora, en su interior, Y nutricia, que posibilita por primera vez la inte-
sentimientos hacia un ser vivo. Esta experiencia gración de las antiguas experiencias dolorosas en
les permitió no seguir rechazando su necesidad caso de que aún sea necesario. Sin embargo, los
de amor, recuperar una parte de su autoestima viejos traumas se desvanecen la mayoría de las
y, de ese modo, tomar decisiones más humanas. veces, pierden importancia en un presente que
Este tipo de datos relativizan la hipótesis que yo ofrece al afectado la posibilidad de expresarse li-
compartí durante un tiempo: que sólo la vivencia bremente y, sobre todo, de mantener un estrecho
de los dolores tempranamente reprimidos puede contacto con sus sentimientos y necesidades ac-
anular los bloqueos emocionales. La experiencia tuales.*
no ha corroborado de forma incondicional esta Nuestro cerebro se asemeja a un ordenador
suposición. Lo cierto es que, hasta ahora, no se con innumerables programas. ¿Cómo podríamos
han investigado de manera realmente sistemá- pretender dominarlos todos y afirmar que un mé-
tica los otros accesos a las emociones. todo terapéutico sería capaz de borrar todos los
Hay personas que han tenido la suerte de po- programas de nuestra educación anterior? Eso
der formar una feliz relación de pareja y, o bien me parece hoy prácticamente imposible, incluso
curarse, o bien, gracias a ella, encontrar la fuerza
necesaria para exponerse conscientemente a las
, * No. me ?cuparé aquí ~e las principales diferencias entre las emo~
privaciones de su infancia y vivir el duelo por c1ones pnmanas Y secunda.nas pues rebasaría el marco de este epílogo,

174 175
después de cien años de terapia primaria. Pero tal
vez sí podremos averiguar cuáles de esos progra-
mas trabajan para nosotros y cuáles, en contra. El
niño no podía hacerlo, el adulto puede intentarlo.
Tal vez lo consiga si busca su autonomía y si, en
virtud de su educación, no quiere convertirse
en una marioneta de intereses ajenos.
Un refrán dice: «Todos los caminos conducen
a Roma». Me he pasado años buscando estos ca-
minos porque quería llegar a toda costa a Roma,
y una y otra vez perdía el rumbo. Entretanto he
descubierto que no hace falta que todos llegue-
mos a Roma, sobre todo porque ésta ha sido,
desde siempre, la sede del poder sobre el alma hu-
mana. Errando el camino también es posible des-
cubrir nuevos lugares, en los que valga la pena
permanecer más tiempo sin darse prisa. Para mí,
«Roma» significaba la posibilidad de descubrir
enteramente la historia de mi infancia, que, en-
tretanto, he reconocido como una hibris. Sólo
desde que renuncié a la idea fija de llegar a una
«resolución total», me ha sido posible efectuar
nuevos desctrbrimientos que, aunque quizá sólo
valgan para mí misma, me demuestran que tam-
bién otras personas pueden hacer sus propios des-
cubrimientos y que yo puedo confiar tranquila-
mente en que lo harán.

176
Últimos Fábula

258. La mirada inocente


Georges Simenon

259. El contorno Je/ abísm<>


Vida y kyenda .ú úopoltÍIJ María Pattero
J. Benito Fernández
260. El portm>
Reinaldo Arenas

261. Diez grandes tttJVelasy ms autores


William Somerset Maugham

262. CastiUos J, cartón


Almudena Grandes

263. Amrita
Banana Yoshimoto

264. Delitos y faltas


Woody Allen

265. Cartas a un amigo akmán


l\.lbert Camus

266. Casa Je/ Olivo


Autobiograf• (1949-2003)
Carlos Castilla del Pino
279. Vén y dime c.ómo vives
26Z Cuentos eróticos de verano
Agatha Ch.ristie Mallowan
AA.VV.
280. Cvne_j(! es rico
268. Eljardin de los Finzi·Contini
John Updike
Giorgio Bas.sani
28 /, U11 diquecontra el Pacífico
269, Gode/, Escher, Bacb
Un Ettmu y Grár.ilBuck Marguerite Duras
Douglas R. Hofstadter
282, Que na muera la aspidútra
270. El ervti;mo George Orwell
Georges Bataille
283,)acquesy JU amo
Milan Kundera
VI. De lágrimas y de santos
E.M. Ciaran
284. El telón
Milan Kundera
272, .%1homa. Biogrefia riel Profeta
Karen Annstrong
285. Oru,"/l en España
George Orwel!
273. Los apuñalaMres
Leonardo Sciascia 286. Curw de,/ilosofia
en seis horasy cuarto
274. Si la naturalew es la respuesta, Witold Gombrowícz
¿cuál era la pregunta?
Jorge Wagensberg 287, E'n las cimas de la desesperación
E.M. Cioran
275. Poesía (1980-2005)
Luis García Montero 28 8. Profandidades
Henning Mankell
276. Hasta qtte te encuentre
John lrving 28 9. El drama del nitio doldlÍiJ
Altee :Miller
27Z Adulterios
WoodyA!len 290. 74atos italianos
Henning Mankell
278. v.
Thomas Py11chon 291. Hoy, júpiter
Luis Landero