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Explicando lo Inexplicable (con base en texto publicado en el Periódico la República,

11 de marzo del 2015)

Presentación y Objetivo

El contenido de este texto constituye una referencia a la introducción del libro


“Explicando lo Inexplicable” escrito por Fernando Botero Quintana, publicado en el
2015. Su contenido ha sido ligeramente modificado y complementado con el propósito
de servir de apoyo en algún momento a las reflexiones y debates que acompañan el
curso Empresa social y Territorio: Desarrollo Local.

El estudiante de forma individual deberá realizar una lectura cuidadosa del mismo y
analizar sus contenidos, y seleccionar alguna de las reflexiones por considerar que es
la que resulta mayormente aportativa para la comprensión y tratamiento de la pobreza
en Colombia. Esta actividad deriva en principio en una puesta en común el día sábado
8 de febrero de las opiniones y argumentos de los estudiantes, y cerrarse con la
elaboración de ensayo entre dos y tres páginas en las que soporte su selección. Dicho
ensayo tendrá por fecha límite el tercer encuentro.

Diez reflexiones sobre la pobreza en Colombia (…y una más)

La introducción del libro ‘Explicando lo Inexplicable’, de Fernando Botero Quintana.

La pobreza es el mayor mal que ha afectado a Colombia desde la Independencia. Es


la enfermedad que ha deteriorado la salud de nuestro país y el principal obstáculo que
nos impide progresar como una sociedad justa e igualitaria. Esta problemática nos ha
estancado y nos ha limitado en el propósito de competir en un mundo cada vez más
globalizado e interrelacionado. La pobreza es la madre de todos nuestros conflictos y
un factor crucial que incide en la violencia que ha carcomido nuestra esencia como
nación. Por todas estas razones, la comprensión y el análisis del fenómeno de la
pobreza tienen una trascendental importancia en el debate democrático de ideas en
Colombia.

Aunque se han hecho grandes esfuerzos para reducir la pobreza en Colombia, la


realidad es que seguimos siendo un país pobre, y una de las naciones con mayores
índices de desigualdad en el mundo. Esta realidad, sumada al hecho de que hay
muchas personas que pueden vivir tranquilamente sin pensar en que millones de
compatriotas están inmersos en una lucha diaria y cruenta para sobrevivir, es lo que
me ha llevado a cuestionar el papel que cada individuo debe ejercer en nuestra
sociedad frente al reto de la pobreza.

Ante situación tan compleja, obvias resultan algunas preguntas: ¿cuáles han sido las
principales causas de este problema?, ¿quién o quiénes han sido los culpables?, ¿por
qué, a pesar de habernos independizado hace ya más de doscientos años, no hemos
podido superarla?, ¿cómo han incidido otros problemas como el conflicto armado o la
propiedad de la tierra sobre esta problemática?, ¿qué iniciativas son las más eficientes
para solucionar este problema?, ¿qué podemos aprender de otros países de América
Latina que han sido más exitosos que nosotros mismos en el terreno social?, ¿cuáles
son las condiciones necesarias para tener un programa social exitoso y de alto
impacto?, ¿cuáles podrían ser las soluciones específicas y puntuales al problema de la
pobreza?

Preguntas que no encuentran una respuesta satisfactoria, y cuya aproximación


probablemente provenga de un dialogo en el que se pueda no sólo aceptar el carácter
complejo de dichas problemáticas, los diversos saberes que involucra su aprehensión
y dominio, también las posibilidades de ofrecer nuevas y eficaces soluciones. Es este
precisamente el ejercicio que realiza Fernando Botero Quintana, quien logra entablar
un diálogo con algunos de los líderes de mayor trascendencia en nuestra historia
reciente, con el propósito de presentar sus opiniones y poner en evidencia desde
diversos puntos de vista, como el político, el académico, el económico, el social, el
eclesiástico, el empresarial, el filantrópico y el intelectual, las causas y las posibles
soluciones al problema de la pobreza en Colombia. De ahí el abanico de opiniones
que presenta en torno a cuestiones que rodean el tema de la pobreza, haciendo visible
la diversidad de respuestas entre los líderes de opinión que han tenido alguna
incidencia sobre esta problemática en diferentes campos de acción. Estas se formaron
a partir de los aportes realizados por: Manuel José Cepeda (febrero de 2011), Pedro
Gómez (febrero de 2011), Juan Lozano (marzo de 2011), Alfonso Esguerra (abril de
2011), Rudolf Hommes (agosto de 2011), Cecilia López (septiembre de 2011), Samuel
Azout (septiembre de 2011), Alejandro Gaviria (octubre de 2011), Álvaro Uribe (febrero
de 2012), Luis Alberto Moreno (mayo de 2012), Juan Manuel Santos (junio de 2012),
César Gaviria (agosto de 2012), Andrés Pastrana (septiembre de 2012), Fernando
Londoño Hoyos (marzo de 2013), padre Joaquín Sánchez (marzo de 2013), monseñor
Juan Vicente Córdoba (abril de 2013) y Alfredo Sarmiento (mayo de 2013).
Dialogantes que permitieron que el autor llegue a sus propias conclusiones, las cuales
presentó en el texto “Explicando lo Inexplicable”.

Primera reflexión

No hay consenso ni sobre las causas ni las soluciones del problema de la pobreza en
Colombia

La mayoría de los personajes que entrevistó citan diferentes causas y soluciones


sobre el problema de la pobreza. Este hecho marca la diversidad de opiniones
existentes y la complejidad del tema. Esta falta de consenso, aunque tiene sus
aspectos positivos, también refleja la dificultad implícita en diagnosticar claramente las
causas y determinar las soluciones. Se trata evidentemente de un obstáculo de
importancia con el propósito de describir, de manera profunda y detallada, el problema
que se abarca en esta discusión.

Desde otra perspectiva, y si bien es cierto que muchas veces los desacuerdos se
pueden asociar con la creatividad, en este caso sucede exactamente lo contrario. Al
realizar las entrevistas el autor pudo constatar la existencia de múltiples y profundos
desacuerdos acerca de las causas y soluciones de esta problemática. Al mismo
tiempo, estos desacuerdos no se traducen en la aparición y desarrollo de ideas
creativas e innovadoras. Podría decirse que el pensamiento del país en esta materia
no ha sufrido cambios trascendentales en los últimos tiempos. Y sin embargo, la
realidad es que el país ha cambiado radicalmente. Expresado en otras palabras, el
cambio de la realidad nacional es mucho más profundo y trascendental que el cambio
en nuestro pensamiento acerca de esta misma realidad. De hecho, es muy difícil
visualizar en los comentarios de los entrevistados un conjunto de nuevas y audaces
ideas que sirvieran para identificar las causas de la pobreza en el contexto actual, por
un lado, y las soluciones que encajen con la disponibilidad de recursos con que
contamos hoy en día, por el otro. Por lo general, se ofrecen causas y soluciones para
la problemática de la pobreza que, a la postre, vienen a ser muy apegados a lo que
podríamos llamar la sabiduría convencional. Así las cosas, el análisis parece por
momentos propicio para los problemas de la pobreza del siglo anterior que para las
realidades del momento actual.

Segunda reflexión
No hay un culpable del problema de la pobreza; todos los somos

Después de hacer todas las entrevistas consignadas en este libro, Fernando Botero
señala que es difícil encontrar un culpable o unos culpables del tema de la pobreza en
Colombia. La mayoría de los entrevistados le adjudican la responsabilidad a toda la
sociedad. Algunos culpan también al gobierno o a los gobiernos de turno, señalando
con frecuencia el hecho de que combatir la pobreza nunca ha sido realmente una
prioridad de la gestión gubernamental. Pero la mayoría admite que la pobreza no ha
podido ser resuelta por cuenta de la responsabilidad conjunta de todas las personas
que componemos la sociedad.

Tercera reflexión

Hemos progresado en la lucha contra la pobreza, pero el problema aún es colosal y


falta mucho por hacer

Es evidente que en Colombia ha habido un gran progreso en la lucha contra la


pobreza. De este hecho fundamental no puede haber la menor duda. Esta conclusión
es prácticamente consensual a nivel de las personas con quienes se realizaron los
diálogos que soportan el texto publicado

Los últimos cincuenta o sesenta años marcan un sendero de progreso importante en


esta materia. En tiempos más recientes, este avance se ha profundizado en forma
clara y notoria. Más aún, cuando se comparan las cifras actuales con las cifras de
comienzos de siglo en temas relacionados con la pobreza como el crecimiento
económico, la cobertura en educación, el acceso a la vivienda, la esperanza de vida, la
mortalidad infantil, el desempleo y los porcentajes de la población en condiciones de
pobreza y miseria, se observa un cambio positivo notable y bases sólidas como para
mirar con optimismo el presente y el futuro del país. El hecho central es que el país ha
avanzado a pasos agigantados en la lucha contra la pobreza.

En otro orden de ideas, la pobreza se ha convertido en un tema principal para los


gobiernos. En las entrevistas que realizó se hizo énfasis en el diálogo político, se
resalta el hecho de que la lucha contra la pobreza se ha convertido en un foco
importante de las políticas de los gobiernos. Más allá, la realidad es que la lucha
contra la pobreza se ha ido convirtiendo en un tema importante del debate político. Se
trata indudablemente de un progreso en esta materia.
Dicho lo anterior, el hecho de reconocer los progresos y los avances no puede
esconder la realidad apabullante de que la pobreza en Colombia sigue siendo un
problema de dimensiones colosales. Se ha avanzado, es cierto, pero definitivamente
falta mucho por hacer. La pobreza sigue afectando al país en múltiples aspectos y
sigue siendo un tema central de la realidad nacional.

Cuarta reflexión

Las soluciones estatales y privadas al problema de la pobreza han sido, por lo general,
poco efectivas

Al comentar con mis entrevistados los programas que se han establecido para luchar
contra la pobreza en Colombia, el autor identifica la preocupación, casi universal, por
la baja efectividad de los esfuerzos estatales tanto como aquellos de la iniciativa
privada. Sorprende entonces el hecho de que los avances logrados en el país con
relación a la mejoría de los índices de pobreza, atrás mencionados, se hubieran
logrado con herramientas de gestión pública y privada de tan baja eficacia.

Las soluciones desarrolladas por el Estado y por las organizaciones privadas no han
sido efectivas por muchas razones. La más evidente es que las políticas estatales y
las ayudas privadas se caracterizan por el asistencialismo. En particular, las
soluciones basadas en los auxilios monetarios o físicos ayudan en su momento, pero
carecen del rasgo de auto sostenimiento que les diera más solidez de largo plazo.

La corrupción, el clientelismo, la baja efectividad de la gestión pública colombiana, la


geografía y la existencia de grupos ilegales armados como la guerrilla, los
paramilitares y las bandas criminales son, todo ellos, factores que no se pueden dejar
de reconocer y que condicionan el hecho de que las soluciones desarrolladas por el
Estado y las organizaciones privadas no hayan sido realmente efectivas hasta el día
de hoy. Lo cierto es que los sectores más vulnerables de la sociedad siguen teniendo
grandes dificultades para el acceso a los programas sociales. Esta falta de efectividad
sigue siendo una amenaza que no hemos podido apaciguar. Parece que estamos
atrapados en un círculo vicioso en el cual diagnosticamos los problemas sin encontrar
las soluciones efectivas para salir de ellos.

Quinta reflexión
En lo esencial existe una falta de voluntad política para resolver el problema de la
pobreza

Al leer las entrevistas, una conclusión central es que ha faltado la suficiente voluntad
política para resolver el problema de la pobreza en Colombia. Quizás se trate de una
gran paradoja. Después de todo, la lucha contra la pobreza se ha convertido en uno de
los temas centrales de los gobiernos. Pero aun así parece evidente, en las
conversaciones con los entrevistados, que todavía falta mucha voluntad política como
para resolver el problema desde su raíz.

Por demás, la gran mayoría de los entrevistados concuerda en opinar que los
esfuerzos estatales han sido poco efectivos debido a la falta de voluntad política. Para
los que analizan el contexto político, esta falta de voluntad está ligada al hecho de que
la mayoría de los políticos representan los males que nos aquejan como sociedad.
Son ellos, precisamente, los que encarnan los vicios de la corrupción, las políticas
asistencialistas, el clientelismo y la inequitativa distribución de la riqueza. Y en ellos
recae también la responsabilidad de que las políticas estatales no hayan sido
implementadas de manera adecuada y que los resultados en materia de pobreza no
hayan alcanzado su pleno potencial.

En términos generales, el debate político sobre la pobreza se caracteriza por la falta


de una fecunda argumentación. Los contradictores políticos fundamentan su análisis
en críticas sobre la gestión social de los diferentes gobiernos. Se hacen muchas
críticas sobre el rumbo que se debió haber elegido en cuanto a las soluciones a la
pobreza, las medidas que se tomaron y no se tomaron, o el desempeño
gubernamental, pero no se enfatiza el análisis sobre las razones por las cuales los
planteamientos son débiles desde una perspectiva social, política o económica. La
polarización salta a la vista y se perfila como el principal obstáculo para que las críticas
se conviertan en un pensamiento constructivo que se refleje en la voluntad política
necesaria para combatir el problema de la pobreza.

Sexta reflexión

Para algunos la violencia es la causa de la pobreza, para otros es la consecuencia. Lo


cierto es que la violencia es una variable fundamental y un hilo conductor del tema de
la pobreza en Colombia
En Colombia, la violencia ha sido un factor que ha limitado nuestra capacidad de
convivir en una sociedad más justa e igualitaria. Por esta razón, varios de los
entrevistados ven en la violencia el eje central e hilo conductor del tema de la pobreza
en nuestro país. Para algunos, la violencia es la causa, para otros, la consecuencia de
la pobreza en Colombia. Lo cierto es que, el análisis de la violencia es esencial para
entender las entrañas del tema de la pobreza en nuestra nación.

En un sentido, todos los personajes con los que habló Fernando Botero identifican a la
violencia como causante de la pobreza. El punto evidente es que, por cuenta de los
fenómenos violentos, en los cuales el país se ha visto envuelto por muchas décadas,
se han dejado de invertir recursos públicos millonarios en las soluciones para resolver
el problema de la pobreza. El hecho escueto es que Colombia invierte un porcentaje
enorme de su producto interno bruto en temas de seguridad nacional. Como es
apenas evidente, gastar o malgastar continuamente nuestra riqueza en la guerra es
una barrera importante que nos limita en la lucha contra la pobreza.

Otra razón por la cual la violencia se constituye en causa de la pobreza es su impacto


multidimensional sobre nuestro crecimiento económico. La violencia incide en mayor o
menor medida, y tiene un efecto directo y concreto, en temas como la inversión, el
desempleo, la propiedad de la tierra, la exploración petrolera, la expansión de la
infraestructura y la política social. En particular, nuestro conflicto armado, existente
desde hace más de sesenta años, ha limitado la inversión extranjera y la ha
circunscrito a unos pocos puntos de la geografía nacional. De igual manera, la
violencia ha impedido la creación de empleos y la generación de la riqueza. La
violencia también ha sido un factor determinante en cuanto a la reforma rural que el
país necesita para la distribución equitativa de la tierra. Al mismo tiempo, por la
violencia tampoco se han podido implementar las políticas sociales ni se ha podido
facilitar el acceso de los más necesitados a estas mismas. Por éstas y más razones, la
violencia es considerada por los líderes de opinión consultados como el obstáculo
principal para tener un mayor crecimiento económico en nuestro país. Podemos
concluir entonces, como lo hacen los personajes entrevistados, que existe una clara y
directa relación causal entre violencia y pobreza en Colombia.

En otra dimensión, es claro que la violencia también es una consecuencia de la


pobreza. Esta afirmación se deriva de dos argumentos que están plasmados en las
ideas que se debatieron. En primer lugar, la realidad es que, por falta de
oportunidades, las personas han recurrido a la ilegalidad y, por ende, a la violencia
para sustentarse económicamente. Todos los diagnósticos sobre el conflicto armado
en Colombia coinciden en destacar que el Estado no ha podido resolver el problema
de la pobreza en Colombia, y que está notoriamente ausente en las zonas de violencia
de nuestra geografía nacional.

En lo que tiene que ver con el futuro del conflicto armado, existe una gran diversidad
de opiniones entre los personajes entrevistados. Algunos tienen una mirada optimista
hacia adelante y creen que estamos cerca de superar el conflicto armado, un hito que
marcaría un rumbo hacia la disminución de la violencia y la pobreza en nuestro país.
Otros, en cambio, creen que estamos lejos de apaciguar la violencia, toda vez que el
conflicto armado siempre estará a la orden del día en un país donde la desigualdad es
un fenómeno tan preponderante como generalizado. Se podría decir, incluso, que este
escepticismo se refleja en el pensamiento que tienen los colombianos del común. Al
hablar sobre la coyuntura actual siempre hay posiciones encontradas. Unos reconocen
los avances en materia de violencia y ven con optimismo el futuro; otros creen que
seguimos estancados y que estamos lejos de vivir en una sociedad basada en el
entendimiento y la paz. Una cosa sí es imposible de negar: mientras que la violencia
siempre esté latente en la cotidianidad de nuestra vida social, los principales
damnificados siempre serán los sectores que viven en condiciones de pobreza.

Séptima reflexión

La mayor parte de los entrevistados ven en la educación una solución fundamental del
tema de la pobreza

La educación, como una solución fundamental para resolver la problemática de la


pobreza en Colombia, es un pensamiento en común de todos los entrevistados. En un
tema en donde los consensos son esquivos, los personajes que aparecen en este libro
concuerdan en que la educación es la base fundamental de cualquier sociedad y la
herramienta más eficaz para luchar contra la pobreza. Dicho lo anterior, lo que sigue
es una discusión a fondo sobre los temas propios de la educación: cómo fortalecerla y
extenderla, cómo elevar su calidad, cómo volverla relevante para las realidades de una
Colombia insertada en el mundo globalizado del siglo XXI y otros temas.

En este sentido, la reforma del sistema educativo está al orden del día. Lo cierto es
que la calidad de la educación en nuestro país está ligada con las deficiencias de
nuestro modelo educativo, sobre todo en el sector público. Mientras que, en las
instituciones privadas, que atienden a las clases medias y altas, se proveen
herramientas académicas para fomentar el bilingüismo, el análisis y la investigación
teórica, y las expresiones culturales y artísticas; en las instituciones públicas se
promueve un enfoque académico limitado, de baja calidad, y de poca relevancia para
el mercado laboral. Es evidente que una persona que accede a la educación privada
tiene la oportunidad de ser capacitada para competir en el mundo laboral y de
desarrollar sus habilidades mentales para sobrevivir en la cotidianidad, mientras que
una persona con acceso a la educación pública tiene que sobrepasar muchos
obstáculos para acceder a una oportunidad laboral digna que mejore sustancialmente
su condición socioeconómica y sus posibilidades de sobrevivir y progresar. Siendo así,
los sectores más vulnerables de la sociedad tienen una notoria dificultad de acceso a
la educación, y aun cuando logran llegar a ella, su calidad es altamente cuestionable.
Este factor contribuye al círculo vicioso de la pobreza que le resta fuerza al propósito
de erradicar la pobreza de nuestro país.

En este contexto, resulta una opinión generalizada por los líderes consultados, la
educación es la solución fundamental para resolver el problema de la pobreza en
Colombia. Reconocen, además, que la educación es la fuerza que impulsa el
desarrollo social. De tal suerte que los argumentos en favor del fortalecimiento de la
educación en nuestro país son tan evidentes como abundantes. Es meridianamente
visible que, con una educación de calidad para todos, son muchos los avances que se
pueden lograr en materia social.

Octava reflexión

La pobreza es un obstáculo grande para el crecimiento económico y el desarrollo de


Colombia

La pobreza es uno de los mayores obstáculos que tiene Colombia en el propósito de


crecer económicamente y de desarrollarse como un país democrático con bases
sociales, políticas, económicas y culturales bien estructuradas. Ésta es una reflexión
muy importante a la que llega el autor. Se puede pensar que esta afirmación tiene algo
de obvio, pero la verdad es que en Colombia el debate público está centrado en el
conflicto armado y la violencia, sin que exista el espacio necesario para considerar la
problemática de la pobreza. En mi opinión, es necesario expandir el debate nacional.
En realidad, la pobreza, el conflicto armado y la violencia son tres temas que van de la
mano. En su conjunto no permiten que crezcamos económicamente para alcanzar
nuestro pleno potencial. Quizás sea cierto que, si pudiéramos terminar con el conflicto
armado, tendríamos un país en mejores condiciones, pero seguiríamos siendo un país
con un capital humano limitado. Por todo lo anterior, es posible identificar a la pobreza
como un gran obstáculo que afecta al desarrollo social y al crecimiento económico de
nuestro país.

Novena reflexión

A nivel regional otros países han sido más efectivos que Colombia en luchar contra la
pobreza

Para el autor resulta admirable la forma como se ha combatido a la pobreza en otros


países de América Latina, toda vez que algunos de nuestros vecinos regionales han
desarrollado soluciones efectivas para disminuir la pobreza y elevar la calidad de vida
de su población más necesitada.

Algunos casos de los más sobresalientes. En Chile, como ejemplo, desde el retorno de
la democracia en ese país, en 1989, los sucesivos gobiernos de la concertación tanto
como de la derecha han desarrollado programas sociales que se destacan a nivel
regional por su alta efectividad. Estos grandes logros de Chile, se han basado en un
amplio consenso entre las distintas fuerzas políticas sobre la importancia y rumbo de
la política social. A riesgo de simplificar lo que es por naturaleza complejo, el autor
señala que la efectividad y consenso político están detrás del éxito de la estrategia
antipobreza chilena.

Desde otra perspectiva, vale la pena mirar el caso de Brasil. Lo que es meritorio
destacar son los logros del gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en cuanto
a la erradicación del hambre y la pobreza extrema. Los resultados de los dos
cuatrienios de Lula fueron espectaculares en este campo. Lo que hay detrás de estos
éxitos es una voluntad política de hierro y una obsesión del presidente brasilero por
lograr sus metas sociales. En definitiva, la clave en Brasil fue la voluntad política.

Finalmente, está el tema de México. En la administración del presidente Carlos Salinas


de Gortari, de 1988 a 1994, se le dio un vuelco a la política social de ese país. El
nuevo programa social del gobierno, bautizado “Oportunidades”, lo que hizo fue
remplazar los subsidios directos del pasado por subsidios condicionados. Para
acceder y participar en el programa, y recibir dinero constante y sonante en efectivo,
los usuarios debían certificar las vacunas y visitas de control médico de sus hijos, por
un lado, y sus certificados de matrícula escolar, por el otro. Nuevamente los resultados
fueron espectaculares, tanto así que este tipo de programas de subsidios
condicionados son, hoy por hoy, el modelo a seguir en todo el continente. Superar el
asistencialismo anacrónico del pasado y satisfacer las necesidades puntuales de la
población más vulnerable, han sido dos resultantes fundamentales del modelo
mexicano. Detrás de este éxito está evidentemente la innovación implícita en el
desarrollo de los nuevos programas de subsidios condicionados.

Mirando estos casos de éxito en el nivel regional de América Latina se van perfilando
variables y conceptos que tienen enorme importancia: la efectividad en la
implementación social y el consenso político del modelo chileno; la voluntad política
del modelo brasilero; y los subsidios condicionados del modelo mexicano.
Definitivamente son rasgos que debemos tener presentes al diseñar y mejorar los
programas sociales de Colombia. Reconociendo siempre que podemos tomar de
ejemplo estos rasgos, pero que nuestro país está constituido bajo ciertos paradigmas
únicos.

Décima reflexión

Muchos factores hacen pensar que en un par de décadas puede resolverse el


problema de la pobreza en Colombia

Para el autor la clave que ofrece este diálogo ilustrado con los diferentes líderes le
permiten tener el pleno convencimiento de que podremos resolver el problema de la
pobreza en Colombia en un futuro cercano. La mayor parte de los líderes con quienes
habló reconocen el progreso que se ha logrado en diferentes campos en la lucha
contra la pobreza. Hemos logrado tener un crecimiento y una estabilidad económica
muy importantes. Hemos podido avanzar en el propósito de ponerle un fin al conflicto
armado y disminuir la violencia. Sabemos que tenemos que desarrollar un sistema de
educación de calidad para hacer competitivo a nuestro capital humano. Somos
conscientes de que debemos superar las barreras de la corrupción, el clientelismo y el
asistencialismo para que las políticas sociales beneficien realmente a quienes las
necesitan. Y lo más importante de todo: reconocemos que el fin de la pobreza debe
ser un propósito fundamental para el Estado y la sociedad.
Esta visión optimista sobre el futuro la pudo percibir en la mayoría de las entrevistas.
Sin embargo, en estas mismas entrevistas Fernando Botero evidencia una gran
paradoja que es difícil de explicar. Las personas que más critican la realidad actual del
país y son pesimistas en cuanto a la lucha contra la pobreza, son precisamente las
mismas que piensan que la problemática de la pobreza se puede resolver en un futuro
cercano. Estas personas, aunque sienten frustración y ven con escepticismo el futuro
del país, creen que la pobreza es una problemática que se puede resolver en algunas
décadas. Lo que me parece importante a destacar es que, los líderes de nuestro país
creen que se puede cumplir con un objetivo primordial de cualquier sociedad: el
acabar con la pobreza para que todos podamos vivir en igualdad de condiciones, y así
podamos convertirnos en un mejor país.

Reflexión adicional.

Más allá del diseño de programas y políticas adecuadas para reducir la pobreza,
también de factores específicos del contexto territorial suelen influir de forma
significativa en las perspectivas del desarrollo y en las posibilidades de combatir la
pobreza.

Si bien la pobreza parece estar circunscrita a la dinámica macroeconómica y al


desarrollo institucional, esta evidencia una gran diversidad de causas y
consecuencias, posibles de identificar en los escenarios locales y regionales. De ahí
que considerar la dimensión espacial – territorial- resulte determinante al momento de
preguntarnos por la forma cómo están determinadas las condiciones de pobreza e
incluso en la efectividad de las diferentes iniciativas que han acompañado el propósito
de eliminar la pobreza en Colombia.

De su carácter complejo se han alimentado muchos de los más destacados teóricos


como Amartya Sen para quien las posibilidades están dadas por la consulta de
libertades, capacidades y necesidades. Su preocupación es la calidad de vida como fin
en sí misma. Para Sen si se pensara en las oportunidades que pueda llegar a tener un
individuo para alcanzar los objetivos impuestos o autoimpuestos, no sólo debe tenerse
en cuenta los bienes a los que accede, también hacen parte importante todo el
conjunto de características personales que le permiten la utilización de todos los
bienes en la capacidad necesaria para alcanzar sus fines.
Ciertamente Sen recoge la inquietud de algunos que le antecedieron y propusieron
abordar el fenómeno de la pobreza y el bienestar de los hogares desde el punto de
vista de las potencialidades, observando las capacidades efectivas y los conjuntos
socialmente visibles y deseables de las personas que componen los hogares. Así, la
idea de Sen se sostiene en la definición de vivir como una combinación de quehaceres
y estados concretos y la definición de la calidad de vida como capacidad de lograr,
efectiva y eficazmente, esos conjuntos de quehaceres y estados socialmente valiosos
y alcanzables por un tiempo y espacio determinado. De allí que la pobreza sea
considerada como la falla en la capacidad efectiva para logar un estándar de vida,
constituyendo una verdadera privación o exclusión social; con ello, los conjuntos
socialmente viables y deseables están estrechamente relacionados con dimensiones
del bienestar como la educación, la salud, la esperanza de vida, pero no directamente
con el ingreso.

Con Sen la pobreza resulta ser un problema multidimensional y su medición debe


lograr capturar la inhabilidad de los hogares para alcanzar un mínimo nivel de
capacidades para la obtención de los conjuntos socialmente deseables. En ello radica
la importancia de la caracterización de la pobreza la cual pasa por el análisis espacial,
y su relación con la distribución y concentración de la actividad industrial, los ingresos
y condiciones de vida. En sentido práctico, las acciones para reducir la pobreza,
principalmente en términos de satisfacción de necesidades básicas insatisfechas y
mejoramiento de la calidad de vida por acceso a bienes públicos, se esperaría fueran
responsabilidad de los gobiernos territoriales. Desde la perspectiva de reducción de la
pobreza los municipios colombianos tienen un importante papel que cumplir y sus
acciones se ven bastante diferenciadas en términos de sus resultados en indicadores
sociales.

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