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Todo esto estuvo acompañado de un espíritu y una actitud hacia los estudiantes.

El estudiante
era un tipo de persona, el científico o historiador era otro. El escolar que aprendía física lo hacía
como un físico más que como un consumidor de algunos hechos envueltos en lo que Woods
Hole llama un "lenguaje medio". Un lenguaje medio habla sobre la materia en lugar de dejar
que hable la materia...
La metáfora del estudiante como científico neófito captura muy bien la esencia de esta
perspectiva. Una vez que comprendemos que esta metáfora proporcionó las bases para la
perspectiva, tienen mucho sentido el énfasis en la participación activa de los estudiantes
durante la investigación científica, la función dominante de los científicos universitarios y lo
importante de dar a los estudiantes conceptos fundamentales de la disciplina.

CONDUCTISTA

El dominio de los científicos y los matemáticos en el desarrollo de un currículo durante la


década de 1950 y principios de 1960 no pasó desapercibido a los psicólogos conductistas. Les
preocupaba que fuera ignorado todo el conocimiento que habían obtenido en los cincuenta
años anteriores acerca de cómo aprendían los niños. Además, querían formar parte de la acción
porque todo el dinero federal estaba comprometido en el desarrollo de currículos desde el
lanzamiento del Spunik. Argumentaron que los currículos estrictamente basados en las
disciplinas no enseñaban ciencias y matemáticas de manera eficaz, que el desarrollo curricular
era mucho más que proporcionar materiales que reflejaran la estructura de las disciplinas. De
acuerdo con estos psicólogos, el desarrollo curricular requería concentrarse no sólo en el
contenido, sino en lo que los estudiantes debían ser capaces de hacer —por ejemplo, las
conductas que aprendían— como consecuencia de la enseñanza. Además, los educadores
necesitaban tomar en cuenta cómo los estudiantes adquirían esas conductas —es decir, las
condiciones del aprendizaje— como consecuencia de la enseñanza. Para entender esas críticas y
propuestas, primero debemos considerar el desarrollo de estas opiniones.
Las raíces de las opiniones conductistas, igual que las de otras opiniones, pueden reconstruirse
hasta los filósofos griegos, en particular ARISTÓTELES. En una obra importante sobre la memoria
y el recuerdo, este argumentó que las imágenes son la base de la memoria, que las asociaciones
que hace una persona entre las imágenes son la base para el recuerdo y que los principios de
comparación, contraste, y contigüidad son la base para todas las asociaciones. Es decir, las
diferencias y similitudes entre las imágenes, al momento que éstas se presentan, explican los
modos en que el ser humano relaciona las imágenes y esas relaciones determinan lo que
recuerda en un momento dado. Muchas de las ideas de Aristóteles encontraron su expresión en
el empirismo clásico de John, LOCKE (1913) en el siglo XVII, y David, HUME (1957, 1967) en el
siglo XVIII. Este enfoque del conocimiento se basaba en la suposición de que todo el
conocimiento está enraizado en las impresiones sensoriales, es decir, los efectos que ver,
escuchar, tocar, degustar y oler cosas tienen sobre la mente humana. Esas impresiones
sensoriales forman los bloques de construcción de la experiencia, del mismo modo que los
átomos forman los bloques de construcción del mundo físico —tal como Isaac NEWTON

16 [POLITECTICO GRANCOLOMBIANO]

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