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Los abusos y las distorsiones de las ideas de DEWEY dieron a los críticos de la educación de la

década de 1950, como Arthur, BESTOR y el almirante Hyman, RICKOVER, un chivo expiatorio de
la incapacidad norteamericana para obtener una ventaja competitiva sobre los rusos en la
Guerra Fría, que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Algunos libros como Páramos educativos
(BESTOR, 1953), que acusaban a la educación norteamericana de ser intelectualmente débil,
preguntaron qué debían de enseñar las escuelas y quiénes debían decidir este asunto de los
problemas de interés nacional. Esos críticos pusieron las bases para una perspectiva que regresó
el centro de atención del currículo a las asignaturas, en particular a las disciplinas del
conocimiento, y el modo en que los escolares de esas disciplinas entienden su estructura. Pero,
como señalaron ATKIN y HOUSE, existían antecedentes políticos y educativos importantes para
estos asuntos:
Antes de la mitad de la década de 1950... Existía un animado debate sobre la educación, el cual
se centraba en el currículo. Se concentró en la vieja batalla entre los profesores de
universidades de arte liberales y los profesores de las facultades de educación. Este encarnizado
y acalorado conflicto sobre quién enseña a los maestros y lo que deben aprender provenía
cuando menos desde finales de la década de 1800 (ATKIN y HOUSE, 1981, p. 6).
Los profesores de artes liberales que representan a las asignaturas del currículo escolar
consideraban a los pedagogos, sobre todo a los educadores con perspectiva experimental, muy
generales y acaloradamente indirectos. Los pedagogos acusaron a los profesores centrados en
las materias de ser muy limitados (FOSHAY, 1970). ATKIN y HOUSE consideraron que la Segunda
Guerra Mundial tuvo una profunda influencia en este debate.
...La Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, el desarrollo de la bomba atómica, fortalecieron la
autoconfianza de los eruditos académicos universitarios y de su poder político. El
descubrimiento de la aplicación práctica de la energía atómica fue visto como un triunfo del
esfuerzo teórico e intelectual. Además, fue considerado un logro de la universidad y de sus
profesores. Los frutos de la investigación fueron considerados por la población norteamericana,
como nunca antes, por su impacto en la vida diaria. Estados Unidos se había enamorado cada
vez más de la tecnología durante las décadas anteriores, pero los descubrimientos se percibían
como resultados de la inventiva y de la industria, más que de la investigación científica y teórica.
EDISON y FORD han sido las encarnaciones más populares del progreso estadounidense en las
décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Con la victoria de los aliados sobre Alemania y Japón, Einstein se convirtió en un héroe cultural.
Este profesor muy reconocido —fumador de pipa, desaliñado, aparentemente ingenuo—, había
descubierto como un acto de razón las bases para la derrota de las potencias del Eje. Personas
como él habían trabajado intensamente durante la guerra para traducir la teoría en una terrible
arma que había salvado al mundo de la esclavitud. Los profesores lograron el respeto del
público norteamericano y la vida académica fue considerada, por primera vez tal vez, como
crucial para la supervivencia nacional... Los profesores y la importancia de la educación
universitaria recibieron elogios como nunca antes y como creen muchas personas, como nunca
volverán a recibirlos (ATKIN y HOUSE, 1981, p. 6).
Debido a esos eventos y al clima político internacional de la época, la educación de todos los
niveles fue considerada como crucial para alcanzar los objetivos nacionales. Los beneficiarios

12 [POLITECTICO GRANCOLOMBIANO]

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