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Publicado en los diarios Por Esto!

Lunes 24 de enero de 2011

IMPACTO AMBIENTAL

Pistas sobre las abejas desaparecidas

Juan José Morales

Hace poco más de tres años, en septiembre de 2007, escribimos


en esta columna sobre el extraño caso de las abejas desaparecidas o
síndrome de despoblamiento de colmenas (SDC para abreviar), un
fenómeno que se ha venido presentando desde hace más de una década
en Estados Unidos y Europa —aunque hasta ahora, afortunadamente, no
se ha dado en México—, el cual consiste en que miles de abejas de una
colmena salen de ella normalmente y no retornan, sin que se sepa
dónde fueron a dar ni qué suerte corrieron. Sencillamente, desaparecen.

Comentábamos en aquel entonces que un apicultor puede


encontrar que en dos o tres meses, de las 20 000 obreras que contenía
en promedio cada una de sus colmenas, quedan apenas 200 ó 300, o
sea poco más de la centésima parte, y que este problema se atribuía a
muchos y muy diversos factores, desde el cambio climático hasta la
aniquilación de las abejas por ondas electromagnéticas de las antenas
de telefonía celular, pasando por parasitosis, infecciones con hongos o
virus, uso excesivo de insecticidas en los campos agrícolas y otros
factores, sin que ninguna hipótesis se hubiera comprobado.

Pues bien, parece que por


fin se ha dado con el culpable de
esas enigmáticas desapariciones:
un insecticida que contiene
ciertas sustancias derivadas de la
nicotina llamadas
neonicotinoides, las cuales
actúan sobre el sistema nervioso
de los insectos y así los matan.

Según las investigaciones


que arrojaron sospechas sobre
estas neurotoxinas, no matan
La importancia de las abejas estriba directamente a las abejas sino
no sólo en que producen miel —de la
cual México es el tercer exportador les provocan una desorientación
mundial— sino en su función como tal que pierden la capacidad de
polinizadoras. Se estima que la tercera regresar a su colmena y también
parte de la producción mundial de de comunicarse con otras abejas
alimentos proviene de sembradíos mediante los movimientos
polinizados por ellas. Su desaparición, corporales que popularmente se
entonces, resultaría catastrófica.
conocen como “danza de las
abejas”.
Los insecticidas a los cuales se cree causantes del colapso de las
colmenas, son fabricados por la empresa Bayer Corp Science, filial de la
gran transnacional química alemana Bayer AG. De inmediato, la
corporación negó que sus productos estuvieran ocasionando la
mortandad, y en su defensa alegó que su uso había sido autorizado por
el gobierno norteamericano, porque en ningún caso se encontraron en
las semillas y los cultivos tratados con ellos concentraciones de
neonicotinoides capaces de causar la muerte a las abejas. Asimismo,
cita estudios que apuntan hacia ciertos hongos y virus como causa del
SDC.

Los investigadores que culpan a las neurotoxinas, sin embargo,


dicen que pequeñas concentraciones subletales, no mortales, pueden
afectar el sistema nervioso de los insectos en grado suficiente para
incapacitarlos. Al no poder encontrar el camino de vuelta a la colmena,
se extravían y mueren víctimas de depredadores o por otras razones.
Sería algo semejante al caso del virus de inmunodeficiencia humana o
VIH, que en sí mismo no es mortal, pero indirectamente provoca la
muerte del paciente al debilitar su resistencia a las infecciones. Es
posible también que, sin matar a las abejas, y al igual que el virus del
sida, los neonicotinoides las debiliten haciéndolas más propensas a los
ataques —esos sí mortales— de hongos y virus.

Las evidencias contra los neonicotinoides parecieron a los


gobiernos de Francia, Italia, Alemania y otros países europeos, lo
bastante convincentes para prohibir el uso de insecticidas que los
contienen. El resultado fue que, tras la prohibición, comenzaron a
restablecerse espectacularmente las poblaciones de abejas que habían
sido severamente diezmadas. En cambio, en aquellos lugares donde
continuaron usándose tales pesticidas, no hubo recuperación sino que
prosiguió el SDC. Esto fortalece la presunción de culpabilidad sobre
dichos compuestos, aunque Bayer sigue rehusando reconocerla.

Por cierto, como detalle curioso, debe señalarse que el Dr. Jerry
Bromenshenk, uno de los investigadores norteamericanos que apoyaban
la hipótesis de que el síndrome de despoblamiento de colmenas se debía
a esos insecticidas e incluso había aceptado testificar en tal sentido en
una demanda que grupos de apicultores presentaron contra Bayer,
súbitamente se retractó de su posición después de que la empresa
alemana le otorgó un generoso subsidio para realizar estudios que no
tienen qué ver con el SDC.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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