Está en la página 1de 26

¿Un aire de familia?

Producción agrícola y mercados desde


Corrientes y Entre Ríos a Rio Grande do Sul, fines del siglo XVIII y
comienzos del XIX: algunas reflexiones comparativas
1
Julio César Djenderedjian (UBA, Argentina)

Cuando hacia 1833 un apresurado Arsène Isabelle cruzaba la frontera entre el

Estado Oriental y el Brasil, podía congratularse, como los turistas modernos, ante las agradables
perspectivas de vacación y placer que abrían para él los días siguientes: “notamos con satisfacción
una diferencia notable en el aspecto del país: campos llenos de verdor, árboles en la campaña,
muchas tropillas de ganado en las colinas y en las planicies... en fin, una apariencia de vida y de
labor agrícola que contrastaba singularmente con los desiertos que veníamos de recorrer” (Isabelle
1835: 375). La lectura del pasaje siguiente sugiere que esas diferencias se debían ante todo a
circunstancias políticas: el sur del Brasil previo a la guerra dos Farrapos no había aún
experimentado las tristes consecuencias de la revolución, la invasión y la guerra permanente que
habían llevado a los pueblos del Plata a un estado de abatimiento y desorden que parecía
desmentir el impetuoso progreso de tan sólo unas décadas atrás. Sería sin embargo prematuro
tomar al pie de la letra esos rápidos apuntes de viajero; quizá existieran diferencias más profundas
detrás de algunas similitudes de apariencia evidente, cuyo peso en el análisis historiográfico ha
2
sido sin embargo mucho más longevo y resistente de lo que hubiera cabido esperar . Dedicaremos
las páginas que siguen a tratar de justificarlo, ensayando una aproximación a ciertas circunstancias
productivas previas a los disturbios revolucionarios en áreas determinadas de Entre Ríos y
Corrientes, que luego buscaremos comparar con las existentes en Rio Grande do Sul; en la región
de Colonia, en la Banda Oriental; y en la campaña de Buenos Aires (parajes de Arrecifes, Luján,
Areco y Magdalena); este asomarse precario a ambos lados de una línea divisoria discutida y
cambiante (que por otra parte nada nos autoriza a suponer eficaz pretexto para encontrar
heterogeneidades sustantivas o a tomarla como razón suficiente de ellas), no aspira a constituirse
sólo en un elemental y sin dudas tedioso inventario de rasgos peculiares, sino más bien en un
tímido aunque ya necesario cotejo de los pobres datos con que contamos, a fin de intentar captar
algo de la particular dinámica económica y social oculta tras las espesas nubes de las variables
circunstancias políticas, cuya insistente visibilidad ha contaminado demasiado nuestra
comprensión de esas áreas de frontera; incluso quizá esas nubes hayan llegado a menudo a ser
lo suficientemente densas como para impedirnos discernir hasta qué punto ese confín incómodo

1
Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”Facultad de Filosofia y Letras,
Universidad de Buenos Aires, Conicet.
2
Resulta altamente ejemplificador confrontar ciertas descripciones del ambiente económico del Rio
Grande colonial, como por ejemplo la clásica y todavía útil obra de Prado Junior (1959:
escandía realidades dispares, y en qué medida esas disparidades eran fruto exclusivo de la propia
tierra que las albergaba.

a) Objetivos, fuentes y métodos

Contamos ya con diversos trabajos de excelente calidad para evaluar la producción


agrícola y la distribución de la riqueza pecuaria en ambas bandas del Plata y en el sur del Brasil a
3
fines del siglo XVIII . Para las actuales provincias argentinas de Entre Ríos y Corrientes las cosas
son un poco más complicadas, puesto que no tenemos la suerte de conocer aún la puesta en
evidencia de investigaciones comparables; en compensación, las fuentes primarias han venido en
nuestro auxilio. En el Archivo General de la Nación, Buenos Aires, se encuentran las detalladas
cuentas de dos percepciones de diezmos efectuadas en el norte de Entre Ríos (alrededores de la
villa de Concepción del Uruguay y parajes de Arroyo de la China; Arroyo Grande; Colman; Curro;
Diego Lopez; El Sauce; Gualeguaychú; Guayquiraró; Guerreros; La Mula; las Yeguas; Lucas;
Molino; Moreyra; Palmar; Perucho Verna; Pospos; Rabon; Tala; Uruguay y Yeruá) y en Corrientes
(alrededores de la propia Ciudad de Corrientes y los parajes de Caacati; Empedrado; Galarzas;
Palmar; Saladas; San Roque; Santa Lucia; Anguá y Zapallos). El primero corresponde al diezmo
de los años 1808-1809; el segundo, al de 18054.
Nuestro objetivo central será comparar algunos rasgos de la producción agrícola en
un período determinado de todas esas áreas dispersas, prestando atención a las peculiaridades de
cada una de ellas; no en busca de definiciones concluyentes sino sólo a fin de entrever los
esfumados contornos del sutil haz de atributos que hayan podido, en cierta manera, haber

especialmente. pp. 98 y ss.) con las dedicadas al territorio entrerriano, por caso Urquiza Almandoz
(1978: 136 y ss.).
3
De la muy abundante producción de los años recientes, nos valdremos especialmente de tres
investigaciones: para la campaña bonaerense (parajes de Areco, Luján, Arrecifes y Magdalena),
Garavaglia (1993); para la región de Colonia en la Banda Oriental, Gelman (1992); para Rio
Grande, Osório, H. (1998).
4
Archivo General de la Nación, Buenos Aires: en adelante, AGN. Ambos documentos se
encuentran en el legajo IX-20-5-7, Colonia, Gobierno, Hacienda, Tabacos, Misiones, Arbitrios de
Santa Fe, 1761-1807. El que los indolentes empleados de la postrera administración virreinal
hayan archivado los documentos bajo un rótulo tan insólito es buena evidencia del hecho de que
no sabían muy bien qué hacer con ellos, lo que nos sugiere su absoluta excepcionalidad. Como se
recordará, las autoridades de la Junta de Diezmos de Buenos Aires podían ordenar la recolección
directa del tributo (percepción) si los resultados del remate respectivo no habían satisfecho las
expectativas mínimas, o si no había habido interesados dispuestos a pagar las bases estipuladas.
Asimismo, como ocurre con el diezmo entrerriano de 1808-9, podía darse el caso de querer
determinar a ciencia cierta cuánto era lo que podía esperarse recaudar de una jurisdicción nueva y
cuyos remates recientes se habían visto afectados por una maniobra monopólica de comerciantes
interesados en ofertar los montos más bajos posibles. El expediente respectivo a este último punto
en AGN, Diezmos, Remates, Expedientes, 1803-1821, IX-13-5-7. Sobre la decisión de encargar la
recolección del diezmo entreriano en forma directa ver el parecer del Dr. Bazo (5 de febrero de
1804) en el libro de Votos Secretos de la Junta de Diezmos de Buenos Aires, AGN IX-15-1-21, fs.
7. Hemos efectuado ya una primera aproximación a los datos del diezmo entrerriano de 1808-9
(Djenderedjian: 1999).
marcado su carácter al punto de volverlas diferentes de las otras. Dado que ello podría en principio
parecer poco sensato dadas las evidentes distancias entre la información disponible para cada
área, la distinta calidad de las fuentes y la multitud de circunstancias que se derivan de situaciones
políticas y administrativas que poco tienen de análogas, trataremos de disculpar nuestra labor con
algunos argumentos que quizá puedan justificarla. Una primera ventaja se desprende del hecho de
que la tarea que intentaremos aquí cuenta con precedentes: Garavaglia comparó sus propios
resultados generales con los obtenidos por Gelman, y Osório lo ha hecho con los de ambos,
atreviéndose incluso a cotejar los números en columnas de construcción similar (Garavaglia 1993:
170; Osório 1998: passim). La seriedad de esas investigaciones podría eximirnos de acumular
pruebas en favor de su método; deambular por sus bases nos brindará sin embargo la oportunidad
de exponer los límites que nuestros propios datos nos imponen y las utilidades que esperamos
obtener de ellos, aun cuando sesgadas por una razonable dosis de prudencia. Los trabajos
efectuados por Garavaglia y Osório tienen en común el haber utilizado de manera intensiva un
conjunto de fuentes de particular riqueza: los inventarios post mortem, que, por el momento, no
5
han sido analizados en profundidad para los casos entrerriano y correntino . Es innecesario
advertir que la confrontación de los datos obtenidos por ambos era casi una consecuencia lógica,
dada la semejanza de procedimientos; además, la última autora citada ha complementado su
análisis con diversos censos agrarios (“mapas de animais”) cuyos resultados fueron comparados
con los obtenidos de fuentes similares por Jorge Gelman en su análisis de la región de Colonia.
Garavaglia, por su parte, encontró que aun dos realidades ganaderas algo diferentes como la
región de Colonia y la pampa bonaerense, vistas por otra parte a través de los prismas desiguales
de fuentes de origen y características contrapuestas, podían llegar a mostrar analogías bastante
6
sorprendentes . Los inventarios, un tipo de fuente excepcionalmente rica en detalles y cuyos datos
gozan de reconocida confiabilidad, poseen sin embargo dos desventajas principales: la
subrepresentación de los estratos sociales menos pudientes, y la omisión, inevitable, de muchos
casos que no llegaron a juicio sucesorio o en los cuales el mismo se ha perdido, no se tramitó en

5
Si bien Maeder (1981) se sirvió de datos de inventarios correntinos, el mismo carácter general de
la obra nos indica que esas fuentes todavía pueden ofrecer series de datos valiosas. En lo que
respecta a los inventarios coloniales entrerrianos, las atroces circunstancias de la guerra civil
redundaron en pérdida de cuantiosa parte de la documentación, de por sí poco abundante; en la
actualidad se conservan sin embargo algunas testamentarias coloniales en el Archivo General de
la Nación, en el Archivo General de la Provincia de Santa Fe, en el Departamento de Estudios
Etnográficos y Coloniales de la misma ciudad (en adelante DEEC), y en el Archivo Histórico y
Administrativo de Entre Ríos, si bien estos últimos escasos y en su mayoría truncos. Un
relevamiento y análisis completo de la documentación superviviente, tarea ardua por la dispersión
de las fuentes, quizá no reporte los beneficios de las series documentales preservadas para la
provincia de Buenos Aires y otras áreas del Plata.
6
“[a pesar de que] el grado de concentración en la Banda Oriental siempre aparece como un poco
más alto y el stock total para la época también es superior) ... no nos alejamos mucho en cuanto a
la polarización entre grandes, medianos y pequeños productores ganaderos. Mas, es interesante
subrayar la coincidencia en líneas generales de estas conclusiones, partiendo de la muestra de
inventarios y de documentos bastante diferentes...” (Garavaglia 1993: 170).
lugar cercano a aquel donde se encontraba la propiedad de nuestro interés (y por tanto el
documento ha quedado archivado en repositorio extraño) o del cual se ha desglosado la
documentación pertinente para incluirla en expedientes posteriores, circunstancia que la vuelve
difícilmente ubicable en la actualidad. Los censos agrarios y registros de percepción de diezmos
son mucho menos ricos y no tan confiables en los detalles pero nos ofrecen un corte sincrónico
más o menos completo de un área dada (con las lógicas lagunas y omisiones que son imputables
a negligencia del encuestador o recolector, a ocultamiento por parte de los productores, a
ausencias o aun a pérdida de parte de la documentación por culpa del paso del tiempo)7. Dado que
en estos últimos casos los registros originales, luego del uso para el cual se los confeccionó, han
permanecido usualmente archivados y aun olvidados durante centurias, sin estar sujetos a las
requisiciones de nuevos interesados sino hasta hace muy poco tiempo, en su mayor parte se han
conservado en buen estado y completos, como es el caso de los cuadernos y registros originales
de los diezmos que trabajaremos a continuación, confrontándolos con datos tomados de los
trabajos citados. Convenir en que no existen hoy mejores elementos de juicio sería insistir en
argumentos cuya única ventaja es la indulgencia que genera en el lector la consternada fatalidad
que le imponemos ante el desconsolador desierto que queda como necesaria alternativa a esos
registros defectuosos; con todas sus fallas, creemos sin embargo con firmeza que la información
proveniente de inventarios y diezmos no resulta incompatible per se, al menos dentro de los
escuetos límites que nos hemos impuesto y se harán evidentes a continuación; y si bien las
pérdidas de datos y ciertas diferencias de calidad podrían llevarnos a relativizar algún aspecto de
las conclusiones, no creemos que aquéllas impliquen una variación sustancial de estas últimas
llegado el improbable caso de que en el futuro podamos contar con registros menos imperfectos.
Los datos de las percepciones diezmales de 1808-9 y 1805 nos ofrecen las listas de
contribuyentes y los animales que entregó cada uno de ellos en concepto de pago del impuesto (en
el caso entrerriano, se trata de terneros, ovejas, mulas, caballos y además el trigo de ambas
cosechas; en el caso correntino, sólo tenemos vacunos, potrillos, ovejas y algunas mulas). Por
tanto, si suponemos que el recaudador ha obtenido, como podía esperarse, el 10% de la
producción de los años citados y de los productores nombrados, podremos calcular el procreo
anual obtenido por cada productor, y con éste, estimar el rebaño total y su distribución en las
diferentes unidades productivas. Dado que el procreo se ve influenciado en forma variable por las
condiciones climáticas, las epizootias, las políticas expansivas o retractivas de los productores ante
las perspectivas comerciales y otros factores diversos, podemos indicar que, al menos en el caso
entrerriano, el bienio 1808-9 fue al parecer normal en lo que a condiciones meteorológicas y
enfermedades se refiere, y que los precios de los vacunos, aunque dentro de una cierta tendencia
alcista provocada por buenas coyunturas mercantiles, no habían sido aún afectados por los
dramáticos cambios que se harían patentes pocos años después; mientras que, si bien la

7
Para una lúcida exposición de las ventajas y límites de los inventarios y los registros diezmales
ganadería correntina se encontraba en 1805 sufriendo los avatares de una crisis, la misma se
debía fundamentalmente a problemas de mercado y no climáticos, y la actitud de los productores
tendía más al aumento de stocks por falta de faenamiento antes que a su recomposición en otras
8
especies .
El procreo anual es sólo un paso previo, sin embargo. Dado que los trabajos ya
citados de Gelman, Garavaglia y Osório ofrecen interesantes detalles de la distribución del rebaño
vacuno entre los distintos productores y la porción que del mismo posee cada uno de ellos, para
volver a nuestras series de datos comparables con aquéllas estimaremos el monto del stock
particular de ganado vacuno poseído por cada productor. Si bien resulta bastante aleatorio suponer
que todos ellos han obtenido la misma rentabilidad de sus ganados, por el momento no contamos
con otra forma de llegar a ello más que optando por calcular un procreo neto anual del 27%, según
9
lo afirman diversos testimonios de época y del lugar . Las series resultantes no son en modo
alguno increíbles.
Ya que una comparación de todos los rubros productivos, en el caso en que fuera
posible, exigiría un esfuerzo y un espacio que no nos es lícito ocupar aún en ello, sólo
concentraremos nuestra atención en la evolución y distribución del ganado vacuno en manos de

como fuente, ver Garavaglia 1993: 125/6).


8
La guerra con Inglaterra de 1796-1802 y 1804-5 parece haber sido el factor que desató una crisis
cuyos avances ya eran patentes de tiempo atrás; más adelante volveremos sobre el tema. Un largo
informe de Manuel de Bedoya, juez hacedor de la renta decimal, fechado en 3 de enero de 1805,
no indica al clima entre la larga lista de males que afectan a la ganadería correntina. Citado en
Maeder 1951: 249 y s.). En cuanto a las otras especies abiertas a las posibilidades productivas de
los correntinos, digamos que el mercado de los mulares estaba restringido por la competencia
santafecina y la poca elasticidad de los consumidores altoperuanos, mientras que el ovino, que
tenía sin embargo ganado su lugar en la economía local gracias a la floreciente industria textil, no
contaba aún (ni contaría por mucho tiempo) con posibilidades expansivas. El caso entrerriano es
más facil de juzgar, gracias a que se ha conservado la correspondencia del recolector del diezmo
de 1808-9 (don Juan Ygnacio de Elía) con los miembros de la Junta de Diezmos porteña; si bien
en ella se hace alusión a ciertos cambios en el precio del trigo, debidos a las particularmente
favorables condiciones del año 1807 y a las menos extraordinarias de los dos años siguientes, no
se indica que haya existido algún factor que afectara el procreo vacuno o el precio de los mismos
de manera demasiado notoria. Véase la correspondencia en el mismo legajo del AGN que guarda
los cuadernos de la recaudación fiscal.
9
“...la Experiencia enseña que esta especie de Ganado [vacuno] procrea en cada año la tercera
parte de su pr[incip]al....” Juaquin de Legal y Cordova al Virrey Arredondo, Corrientes 28 de Junio
de 1791, refiriéndose a la estancia de Las Garzas, en el área del Payubre. En AGN IX-35-3-6,
Tribunales, leg. 2, expte. 31, sin foliar. A este 30% le hemos detraído el 3% estimado por el
administrador de la estancia correntina del Rincón de Luna como pérdidas en el procreo por
muertes y robos. Ver lista de “Animales muertos en esta estancia desde 1o. de Mayo de 1771
[hasta 1783]” en “Cuentas que presenta el Depositario dela Estanza. Rincon de Luna dn. Josef de
Aguirre: comprehenden desde 10. de Mayo de 1771 hasta 16 de Febrero de 1783”. En AGN,
Temporalidades de Corrientes, 1774-1797, IX-22-6-6. Existen varios testimonios concordantes
acerca de estas cifras de procreo estimado; ver Azara (1943: 8); sobre el procreo de una gran
estancia entrerriana de Gualeguay, Valeriano Barreda al Virrey, Buenos Aires, mayo 1809, en
AGN, Solicitudes Civiles, leg. 1 letras A-B, fs. 208 r. y v., IX-12-9-4. Garavaglia (1993:171)ha
estimado el procreo de las estancias bonaerenses en un 22% como cálculo prudencial; el cual no
está tan alejado del nuestro.
los pequeños, medianos y grandes productores de cada área, así como al perfil más o menos
ganadero que puedan exhibir éstas al confrontarlo con los otros renglones de la producción local,
en los casos en que los mismos están disponibles. La elección del stock vacuno como elemento de
comparación no es aleatoria ni inútil: en todo el espacio platino su posesión estaba, a fines del
siglo XVIII, en relación directa con la riqueza del propietario; y si bien los productores más
pequeños podían en ciertos lugares poseer un par de majadas de ovejas y ninguna vaca, o aun
encontrarse en mejor posición para la agricultura que para la ganadería (situaciones ambas, pero
especialmente la última, que debían en especial al usufructo abundante de mano de obra familiar),
veremos que aun en estos casos la comparación de las frecuencias en la distribución del rebaño
vacuno podrá ponernos frente a interesantes puntos de análisis.

b) Sociedad y producción agraria en Entre Ríos y Corrientes a inicios del siglo XIX

Para la descripción de las regiones de Colonia, Rio Grande do Sul y Buenos Aires
remitimos a los trabajos ya citados y a los muchos que existen hoy y nos relevan de esa tarea;
aquí sólo nos extenderemos sobre los contextos correspondientes a los datos de Corrientes y
Entre Ríos que constituyen nuestro aporte10. El área cubierta por el diezmo correntino de 1805
abarca el ángulo noroeste de la actual provincia, en que el Paraná tuerce su curso a poco de
incorporar las cálidas aguas del río Paraguay; esa área se encuentra limitada al sur por la línea
sinuosa que forman el río Corrientes y los esteros del Iberá: incluye la parte de mayor importancia
económica, la más tradicional, la que fue teatro del poblamiento de los inicios; y también la breve
franja que corre entre el Santa Lucía y el Corrientes, que fue testigo de la ampliación de aquélla
hace unos dos siglos, conformando algo así como un hinterland extendido de la vieja ciudad de
Corrientes, una de las más antiguas del litoral; hoy comprende los departamentos de San Roque,
Saladas, Bella Vista, Empedrado, San Cosme, San Luis, Caacatí, Mburucuyá, Capital y Lomas. La
economía productiva de esa vasta zona abarcaba desde la agricultura diversificada más o menos
dominante en los alrededores de la ciudad de Corrientes (al menos desde 1664 el paraje de Las
Lomas fue objeto de resoluciones del Cabildo que lo reservaban exclusivamente para siembras,
expulsándose a los animales que las estropeaban) hasta la ganadería extensiva practicada entre
los ríos Santa Lucía y Corrientes, tierras que habían comenzado a poblarse ya en las primeras
décadas del siglo XVIII, pero que aún a inicios del siguiente se rozaban con las difusas estancias
11
de ganado semisalvaje de las planicies del Payubre .
La floreciente economía ganadera de Corrientes de inicios de la década de 1780
estaba sufriendo, veinte años después, los avatares de una crisis compleja. Una caída vertical en
las recaudaciones por remates de diezmos de cuatropea, constante a partir de 1787 pero cuyo

10
Sobre Buenos Aires la bibliografía es ya abrumadora; entre la más útil y reciente, ver Garavaglia
(1999); sobre Colonia véase Gelman (1998).
nadir sólo se alcanzaría en 1805 con una cifra total de apenas 700 pesos de plata, daba cuenta de
la pérdida de los dos grandes clientes de la ganadería local: el Paraguay, que por entonces
construía con éxito impensado sus propios planteles pecuarios, y los pueblos de Misiones, cuyo
poder adquisitivo descendía a la par que su población, y quizá aún más rápido. Si la ávida
demanda de cueros por parte del mercado porteño había sido capaz de alimentar desde entonces
el optimismo de los productores correntinos, las coyunturas bélicas de 1796-1802 y 1804-5 dieron
por tierra, al menos temporalmente, con esas esperanzas. Pocos rubros podían suplantarlo; habían
ya pasado en buena parte (y pronto lo harían definitivamente) las prósperas épocas de exportación
de mulares al Alto Perú, y Corrientes sufrió al parecer esa pérdida en medida mayor que sus
vecinas más prósperas. Hacia 1800 el representante del Consulado en Santa Fe escribía a sus
superiores que “los criadores solo ponen su cuidado en el procreo delas mulas, en que se
esperimenta gracias a Dios la maior felicidad, y es el ramo que mantiene toda la campaña, y la
sostendra mientras no quiebre el precio considerable en que se hallan”12. Algunos grandes
productores correntinos parecen haber coincidido con esta descripción; no es probable que ello
13
haya ocurrido con todos, como veremos luego con algo más de detalle .
La pérdida de los mercados paraguayo y misionero trajo aparejados otros cambios en
la economía local; entre ellos, la escasez del lienzo de algodón que, producido a gran escala en las
reducciones, oficiaba de moneda de cuenta en toda el área de predominio de monedas imaginarias

11
Véase una magistral descripción del ambiente geográfico y económico de la actual provincia a
inicios del siglo XIX en Chiaramonte (1991); también Maeder (1981: 50 y ss.); y Whigham (1988).
12
Agustin de Yriondo al Prior y Consules, Santa Fe 12 de febrero de 1800. En AGN IX-4-6-4,
Consulado de Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes, t. IV, fs. 122 r.
13
Las cuentas de la estancia de Las Garzas, en la zona del Payubre, indican el mantenimiento de
una poroporción importante de mulares y equinos: en 1785, sólo poco más de un 60% del stock
ganadero está constituido por vacunos, cifra que desciende al 34% en 1796; en este último año,
además de una recientemente establecida cría de mulas, existían 4 burros hechores y más de
11.000 yeguas. Otros grandes establecimientos correntinos adoptaban la misma política: en el
Rincón de Luna, en 1782, la proporción de vacunos apenas arañaba un 52%, mientras que en las
estancias de Itatí, en 1785, era de un ínfimo 46%, pero había llegado a ser sólo de un 28% nueve
años antes, y aun en todo el período 1788-1797, quizá el más propiamente vacuno de los datos
disponibles, el promedio es de un escaso 55%. La moda de la semiexclusividad del vacuno entre
las grandes estancias era al parecer un fenómeno rioplatense; en la estancia de Las Vacas, Banda
Oriental (cuyo solo nombre resulta ilustrativo), en 1787 el 93% del stock ganadero lo constituían los
vacunos; en otros años la relación es aún más favorable a éste. En el sur entrerriano, la estancia
de Juan Carlos Wright poseía en abril de 1782 un 84.89% de vacunos sobre el total de 4.712
animales; en las diversas estancias de don Pedro García de Zúñiga se registraba en noviembre de
1800 un 86.37% de vacunos sobre un total de 36.787 animales. Los datos de la estancia Las
Vacas en Gelman, J. “Sobre esclavos, peones, gauchos y campesinos: el trabajo y los trabajadores
en una estancia colonial rioplatense” en Di Tella, T.S. (comp.) Estructuras sociales y mentalidades
en América Latina. Siglos XVII y XVIII. Buenos Aires, Biblos, 1990, p. 246; los de la de Wright,
situada en las proximidades de Gualeguay, en AGN IX-23-10-6, Guerra y Marina, leg. 6, expte. 22,
“Ymbentarios de las Hazdas. y efectos de la Calera, y Ybiqui, correspondientes a Dn. Juan Carlos
Writh de Nacion Yngles”; los de las propiedades de Pedro García Zúñiga, en las cercanías de
Gualeguaychú, en AGN, Sucesiones, legajo 5899, “Quaderno 1ro. de la Testamenta. del finado Dr.
Dn. Pedro Garcia de Zuñiga...”, fs. 112 r. y ss. La estancia de Pedro García ha sido trabajada por
que abarcaba también el Paraguay14. Si bien el envío de cueros a Buenos Aires adquiere pronto
los caracteres de un verdadero boom y el consiguiente retorno en metálico hizo no poco por
impulsar el lento desarrollo local, la situación desventajosa de los productores correntinos (sobre
todo los del norte, ya que los de las nuevas áreas del sur estaban mucho mejor posicionados para
aprovecharlo, y el rápido crecimiento de los puertos fluviales de Goya y Esquina es un indicio
suficiente de ello) con respecto a los de Entre Ríos y la Banda Oriental hará que el peso de los
costos se vuelva a veces demasiado grande: las quejas de los funcionarios consulares sobre el
abandono de rodeos y descenso de precios son constantes y, al menos en parte, parecen
responder a la realidad: si en el trieinio 1792-94 la ganadería constituía el 66% del valor de los
diezmos, en 1808-10 (épocas con todo mejores que las inmediatamente previas) el mismo sólo
15
llega al 31% .
Esa crisis finisecular desmentía engañosamente varias décadas de expansión, sobre
todo patente en la ocupación de nuevas tierras. Desde los años 1750-70 las paces generales
entabladas con varias naciones indígenas del Chaco y la derrota militar de las que ocupaban el
interior de Entre Ríos, así como un férreo mantenimiento de las líneas de defensa contra los
ataques de aquellas que no se habían aún dado por vencidas, habían posibilitado la apertura de
16
extensas áreas del litoral a la colonización criolla . Las apretadas estancias ganaderas de
Corrientes pudieron dilatarse hacia el sur, mientras que persistentes y silenciosas oleadas de
migrantes que se desgranaban de las viejas ciudades del litoral, y sobre todo de las misiones
jesuíticas (cuyo caduco régimen de comunidad ya desde antes de la expulsión de sus creadores se
mostraba insistentemente incapaz de ofrecer un futuro a sus miembros), comenzaban una vida
nueva, libre y promisoria en esas tierras vacías y ávidas de hombres. Hacia fines del siglo XVIII
este proceso se mostraba ya avanzado: un pleito entre las ciudades de Santa Fe y Corrientes por
la potestad de cobrar impuestos en el área al norte del río Guayquiraró, entablado en 1782 y que
duraría hasta 1795, sugiere en los alegatos que ambas ciudades reconocían que en esa zona
limítrofe se habían ido asentando súbditos de las dos, lo cual implicaba que las oleadas

Mayo y Latrubesse de Díaz (1996). Sobre las existencias de la estancia de Itatí véase Maeder
(1981: 204).
14
Esta circunstancia y la reorientación del comercio ganadero hacia Buenos Aires, área de
circulación de dinero contante, tuvo entre otros efectos el de cambiar la composición de la masa
monetaria correntina, aumentando la proporción del metálico, proceso que sin embargo sería lento,
causaría de momento complejos problemas en la cadena de pagos, y cuyas ventajas no se harían
patentes hasta bastante tarde. Ver al respecto Djenderedjian (1998).
15
Tanto para estos datos como para un panorama de los problemas del período véase Maeder
(1981:246 y ss.)
16
Puede fecharse este avance a partir de 1748, cuando los abipones nakaigeterhes, yaukinagás y
otras naciones y parcialidades aceptaron la paz con los españoles, poniendo así fin a más de
medio siglo de constante alarma en todo el litoral. Un sutil análisis político de ciertas importantes
consecuencias de esas paces en el injustamente olvidado libro de Salaberry (1926).
inmigratorias del norte y del sur ya estaban colisionando17. Retrasadas ante hechos que se
consumaban sin requerirlas, las instituciones llegarían poco después: a partir de 1792 las
autoridades santafecinas fueron nombrando jueces pedáneos para los parajes que se extendían a
lo largo de la costa del Paraná, llegando a inicios del siglo XIX los correspondientes al límite norte
18
de la actual provincia de Entre Ríos . Mientras, en el sur de Corrientes tenía lugar un proceso
análogo, con fundación de parroquias y erección de nuevos pueblos; en 1805, el obispo Lué podía
constatar que “todos [los partidos] tienen un Juez comisionado dependiente de Corrientes, menos
el de Curusuquatia que es puesto por Yapeyú”19. Algunos habitantes de aquellos pueblos a
menudo menos ancianos que ellos mismos continuaron avanzando en busca de tierras más
propicias o menos concurridas: don Miguel Pucheta, vecino de San Roque (que había sido fundado
apenas trece años antes), escribía en 1794 al comandante de Concepción del Uruguay, don
Joseph de Urquiza, diciéndole que “... La urgente necesidad de buscar terreno en que con
[comodidad descan]sasen [mis] haciendas ... [me] hizo mudar de destino, transmigrandolas de la ...
jurisdiccion de Corrientes a los campos de Taces, los quales ... se hallan comprehendidos con todo
20
su vecindario vajo de la del mando de Vm....” . Un migrante traía a otros, usualmente parientes; el
apellido Pucheta no tardaría en volverse habitual en los magros padrones del norte entrerriano de
21
inicios del siglo XIX .
No es extraño entonces que la economía de esas zonas nuevas fuera por esa época
mucho más dinámica que la de otras ya más decantadas del litoral. Los diezmos entrerrianos de
1808-9 nos aportan referencias de tres de aquéllas, cuyas disparidades no impedirían sin embargo
continuar considerándolas parte de un mismo y flamante territorio: la zona ganadera y de
colonización por entonces extremadamente reciente ubicada a la vera de los arroyos Grande y
Guayquiraró (actuales departamentos de La Paz y San José de Feliciano); otra similar, pero aún
más despoblada, que corresponde a parte del hoy departamento Concordia, y por fin el área más
antigua que rodeaba a la villa de Concepción del Uruguay, donde la presencia de chacras de
cultivo de trigo era netamente predominante, aun cuando hacia el interior de ella existían algunas

17
Véase el pleito en AGN, Santa Fe-Corrientes, deslinde de las jurisdicciones, IX-13-8-11; para los
argumentos, especialmente fs. 52 r. y ss. Hasta inicios del siglo XIX la ciudad de Santa Fe tuvo
jurisdicción sobre la mitad occidental de la actual provincia de Entre Ríos.
18
Véase el listado de autoridades nombradas por el Cabildo de Santa Fe, en Cervera (1907: 26 y
ss.).
19
Sobre la fundación de parroquias en Corrientes durante la segunda mitad del siglo XVIII, ver
Mantilla (1928: I, 145 y ss.); el cuaderno de visitas del obispo Lué en Stofferl (1992: 107/8). El
documento original se encuentra en el Archivo del Arzobispado de Santa Fe, carpeta “Inspección
de Parroquias”.
20
Dn. Miguel Geronimo Pucheta, vecino y habitante en la Capilla de San Roque a Jose de Urquiza
(por entonces comandante militar de Entre Ríos), San Roque, 8 de Noviembre de 1794. En AGN,
Sala VII, leg. 1463, Archivo Urquiza, t. I, fs. 1 v. Sobre la fecha de fundación de San Roque, Azara
(1847: I, 346). A lo largo del siglo XIX esta expulsión de correntinos hacia los campos entrerrianos
no haría sino afianzarse y aumentar. Ver Schmit (1999).
21
En 1805 aparecen varios Pucheta en el partido de Guerreros, vecino al Guayquiraró. AGN,
Justicia, leg. 50, expte. 1446, IX-31-8-8. Sobre la migración familiar ver Djenderedjian (1999).
pocas grandes unidades productivas (Joseph de Urquiza, Ygnacio Sagastume) que ya por
entonces podían figurar entre las más importantes del oriente entrerriano.
Según un censo de 1805, sólo habría en esa fecha unos 150 ó 200 habitantes
situados a la vera de los ríos Guayquiraró, Diego López, La Mula, El Sauce, Guerreros, las
Yeguas, Lucas y Moreira, es decir la franja que va desde el Paraná al Gualeguay y que abarca
22
aproximadamente una décima parte del territorio de la actual provincia, no el menos aventajado .
Aunque a veces menos vacía, es lícito decir cosas similares de la porción oriental: no contamos
con censos de época, pero puede estimarse que en la extensa franja que va desde Concepción del
Uruguay hasta el arroyo Yeruá habría por entonces quizá unos 1.000 a 1.200 habitantes, buena
parte de los cuales residía en la propia Concepción, por entonces ya agraciada con el título de
23
villa . Esas fecundas tierras semivacías albergaban sin embargo una impetuosa y alocada
prosperidad: muestra elocuente del rápido progreso económico y aun demográfico de la región, los
remates de los diezmos de cuatropea y granos de 1805, pregonados por primera vez en el ámbito
local (hasta entonces lo habían sido en Buenos Aires), llegaron a la astronómica cifra de 2.130
pesos, aumentando al año siguiente a 2.687. Valga apuntar aquí que esos mismos diezmos, antes
24
de 1804, nunca habían pasado de mil .

c) Las condiciones diferenciales de la producción ganadera en el litoral a inicios del siglo


XIX

Menos progresista, menos feraz, más vinculada a los circuitos comerciales


tradicionales, Corrientes no había logrado participar tan completamente de esa alegre prosperidad,
quizá no sólo por cuestiones de mercado. Desde el arroyo Hondo hacia el norte, es decir desde
casi el límite con Entre Ríos, comenzaba el área de la “gusanera”: todo ganado herido o que
acabara de nacer o parir debía ser inmediatamente desparasitado, pereciendo si no se efectuaba
esta operación25. Los viajeros rinden constante homenaje a un suelo capaz de producir todos los

22
Esto surge de los datos de las familias asentadas a la vera de los arroyos mencionados. AGN IX-
31-8-8, Justicia, leg. 50 expte. 1446.
23
Esa es la cifra que obtendremos si retrotraemos a 1800 los datos del área para 1820
(aproximadamente 2.100 personas); suponiendo una tasa de crecimiento del 3% anual, que en
este contexto no es irrazonable. Ver Schmit (1999).
24
Sobre el remate de 1805, véase el dictamen de Nicolás del Campo, Buenos Aires 15 de enero
de 1805 en AGN IX- 13-5-7, Exp. 2; sobre lo recaudado en 1806, AGN IX-7-3-2, “Quadrante de
diezmos”. El registro indica que los 2.687 pesos se pagaron sólo por los diezmos de cuatropea,
pero dado que no figura el importe de los granos y tanto antes como después ambos rubros se
remataron juntos, suponemos que también ese año y esa cifra corresponden a ambos. De
cualquier forma, lo obtenido por los granos siempre parece haber sido una parte mínima de la
recaudación; en 1811, uno de los pocos años en que los importes se encuentran discriminados, la
cuatropea de Arroyo de la China importó 860 pesos, y los granos 245; téngase en cuenta que se
trata de la zona más agrícola del oriente entrerriano. Si tomamos los datos de Gualeguaychú, por
ejemplo, nos encontraremos con valores respectivos de 1.500 y 180 pesos. Ver AGN, Testimonios
de remates de diezmos, 1810-1821, IX-13-5-7.
25
Azara, F. De, Viage de Buenos Ayres a Corrientes, en AGN, Manuscritos provenientes de la
Biblioteca Nacional, VII-32, fs. 33.
frutos que le confiara el esfuerzo humano; pero en esos elogios unánimes se adivina una atención
mayor a las potencialidades futuras de la región que a sus posibilidades concretas e inmediatas de
26
realizarlas . Si uno de los factores importantes en el desarrollo de la producción agrícola
bonaerense lo fue la propia ocupación humana, cuyas quemazones periódicas y pastoreo
intermitente hicieron lo suyo por mejorar tierras ya feraces, el norte entrerriano, área recién
ocupada y que no podía exhibir siempre comparables índices de fertilidad, contaba sin embargo
con tierra en abundancia y factores productivos vírgenes, cuyas posibilidades, brutalmente
truncadas luego a causa de las luchas que comenzarían en la década de 1810, a pesar de su
concreta solidez no habían aún alcanzado a hacerse plenamente evidentes en los años
27
coloniales .

d) Productores y riqueza pecuaria en el área platina a fines del siglo XVIII e inicios del XIX:
confrontación de datos y reflexiones

Un estudio comparativo de la composición del rebaño puede comenzar a brindarnos


algunos valiosos elementos de análisis para evaluar en forma un poco más concreta hasta qué
punto esas tierras cercanas eran sin embargo distintas. El cuadro I nos muestra los porcentajes
que ocupa en aquél cada una de las especies animales de las cuales poseemos datos, para las
áreas y años determinados.
Como puede verse claramente, a pesar de todas las falencias que puedan tener datos
provenientes de fuentes diferentes y recopilados sobre regiones que lo son mucho más, hay
algunas circunstancias que no dejan de tener interés y, por sobre todo, explicación útil. Buenos
Aires es, con mucho, el área de producción más diversificada: sólo el 58.56% del rebaño está
conformado por vacunos. Todas las restantes participan de un aire de familia sospechosamente
similar: una vocación mucho más marcada por el ganado vacuno, que alude, más que a
condiciones productivas superiores para ello con respecto a la campaña bonaerense, a una

26
Un interesante análisis en Chiaramonte (1991:58/9). El lúcido Juan Francisco Aguirre, hablando
del Paraguay (pero con palabras que seguramente podrían aplicarse al menos en parte a
Corrientes) indicaba que “no es la provincia tan al propósito como las del Rio de la Plata para la
cria de animales. Desmedran aun los traidos de ella por los pastos y el clima que no les conviene
tanto. La sabandija, el calor, las lluvias y la helada les hace mucha impresión...”Aguirre (1949: II,
primera parte, 383). Al parecer, también la producción pecuaria riograndense sufría limitaciones
ambientales: no la menor de ellas, la escasez de barreros en los que el ganado pudiera suplirse de
sal; los vientos atlánticos dejaban en compensación una fina capa de sabor marino sobre la
gramilla, que era ávidamente consumida por las bestias. Las diferencias se manifestaban en el
peso: mientras que en las márgenes del Plata un ejemplar bovino podía rendir de 16 a 20 arrobas
de carne, en el Rio Grande apenas llegaba a 8 ó 10. Véase Prado Júnior (1959:100), quien
concluye que “[la producción pecuaria riograndense] no es brillante; el ganado es allí largamente
inferior al platino ... a pesar de la semejanza de las condiciones naturales...”.
27
Si nos atenemos a las mediciones de V. Martin de Moussy, la fertilidad media de la zona de
Concepción del Uruguay llegaba, hacia fines de la década de 1850, a 13 granos de trigo por cada
uno sembrado; en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, la media obtenida era de 30. Martin de
Moussy (1860-64: I 474/5). Sobre las mejoras en la productividad introducidas por la ocupación
humana en la pampa, véase Garavaglia (1999: 17 y ss.).
situación de ocupación humana y desarrollo productivo que es la de una frontera ganadera, de
población incipiente y dispersa y economía constituida mayormente por estancias y haciendas de
variable dimensión pero que comparten un uso extensivo de pastos semivírgenes y en las cuales
existen otros rubros de producción alternativos, que ocupan sin embargo una posición claramente
subordinada; imagen general que vuelve inevitable pensar en la caracterización de líneas de
avance sucesivas de la frontera efectuada por F. J. Turner, dentro de la cual su aspecto sería
asimilable al de una situación intermedia entre la fase del traficante, sin ocupación permanente, y
la del agricultor, en la que la producción adquiere un carácter cualitativamente más intensivo28.
Debemos recalcar que esa diversidad porteña no sólo ha de limitarse al ganado: probablemente, si
pudiéramos comparar índices de producción de otros rubros (por ejemplo cereales) nos
encontraríamos también con que los productores de Buenos Aires dedican una proporción mucho
mayor de sus esfuerzos a tareas que en el resto del litoral y del otro lado del Plata no revisten la
misma importancia29. Desde ya que pueden existir circunstancias bióticas y de mercado
particulares; pero no deja de ser llamativo que el período seleccionado haya sido en Buenos Aires
uno de neta predominancia del ganado vacuno: si hubiéramos situado nuestro punto de
comparación apenas unos treinta años atrás, la diversificación porteña (con un alto porcentaje de
30
mulares) hubiera sido aún mayor .
Nos quedan por ver las causas peculiares (y más sutiles) de esa vocación ganadera
en el litoral, en el sur del Brasil y en la Banda Oriental. El caso de Rio Grande ha sido ya explicado
por Osório: la inestabilidad de la frontera, la amenaza latente de la guerra y la necesidad de
evacuar el área ante las posibles agresiones de los españoles determinaron el mantenimiento de
un alto porcentaje de las inversiones en bienes muebles; siendo el ganado vacuno aquel de mayor
valor de mercado, es lógico que se le concediera la preferencia en la composición de los
inventarios. Esta lúcida explicación no se contradice con la que hemos esbozado más arriba: las
causas políticas, aquí, parecen haber contribuido a afirmar el carácter móvil e inestable propio de
esa frontera ganadera (Osório 1999). El caso correntino resulta distintivo: aun cuando quizás exista
un subregistro importante en los demás rubros, el predominio vacuno nos remite a las abundantes
exportaciones de cueros de la época, que, aun a pesar de todos los problemas que hemos dicho
que experimentaban, constituían ya entonces el primer commodity exportable de esa área.
Probablemente, si contáramos con cifras de producción de cereales y hortalizas (el trigo, pero

28
“El elemento que favoreció la rápida extensión de la frontera del ranchero es el hecho de que en
un país remoto, carente de facilidades de transporte, el producto debe tener escaso aporte o bien
ser capaz de movilizarse por sus propios medios, cosa que podía hacer fácilmente el ranchero para
conducir su producto al mercado...” Ver Turner (1992: 44 y ss.; la cita de p. 56).
29
Un compartido asombro ha acompañado a las coincidencias halladas con las investigaciones de
Roberto Schmit para el período inmediatamente posterior al que estamos analizando aquí: todavía
en la tercera o cuarta décadas del siglo XIX el papel de la producción de granos entrerrianos es
mísero si lo comparamos con los índices bonaerenses y aun si consideramos que una buena parte
de esa producción podría haber escapado a las poco escrupulosas inquisiciones de quienes por
entonces recogían las estadísticas de que nos valemos hoy. R. Schmit, comunicación personal.
sobre todo el maíz y la mandioca eran los principales vegetales cultivados en la estancia de Las
Garzas, y todo nos indica que allí constituían una parte poco importante del rendimiento total,
justamente por tratarse de una gran unidad productiva) tendríamos seguramente el grueso de la
producción campesina del área: único competidor respetable de la ganadería extensiva que por
31
entonces ocupaba buena parte de los esfuerzos de los productores locales .
Entre Ríos y la Banda Oriental son las áreas que mejor han aprovechado las
coyunturas favorables del comercio atlántico. Es evidente que poseen envidiables condiciones para
ello: tierras abundantes, movilidad social, capital en abundancia aportado por los grandes
comerciantes porteños, pastos vírgenes, rebaños extensos; en suma, son las áreas más prósperas
en un momento de proverbial prosperidad para la producción pecuaria rioplatense, y sólo dejarán
su lugar a Buenos Aires cuando los efectos devastadores de la guerra hagan contra ellas más de
lo que hubiera sido capaz cualquier coyuntura mercantil adversa.
Para reforzar aún más lo dicho en el párrafo anterior, bastará con echar una mirada
rápida al Cuadro II: duplicando en forma completa las cifras de la más próspera de las regiones
que le siguen, parece ser que las estancias entrerrianas eran en promedio más grandes que las de
las áreas ganaderas cercanas. La baja cantidad de unidades es asimismo un indicativo de que nos
encontramos ante la gran frontera ganadera del Plata: muy lejos de la saturación riograndense y de
la digna pobreza correntina, en esa zona nueva “los hatos de ganado eran más grandes, los
caballos más lindos, los campesinos más vigorosos que en la banda occidental del Paraná”, y aun,
por lo que parece, que en cualquier otra32. Téngase en cuenta además que sólo poseemos datos
del área norte, mientras que es en la zona sur (sobre todo en Gualeguay y Gualeguaychú) donde
se concentraba por entonces el grueso de la producción ganadera local, en el seno por otra parte
33
(al parecer) de enormes estancias dirigidas por unos pocos grandes propietarios . Aun si podamos

30
Ver las cifras, y sobre todo las inteligentes reflexiones de Garavaglia (1993: 149 y ss.).
31
De cualquier manera, Maeder señala que hasta fines de la década de 1730 más del 70% de la
recaudación de diezmos se obtenía sobre la producción agrícola, ocurriendo a partir de entonces
un sustancial cambio, que la llevó a poco más del 30% del total medio siglo más tarde; el resto fue
ocupado por la ascendente ganadería. Sin embargo, a inicios del siglo XIX las cosas habían vuelto
a cambiar, como ya hemos señalado; pero en este caso, los cambios en el valor de los diezmos de
cada rubro responden más a bajas en los precios del ganado que a cambios en la orientación
productiva. Es más, la proporción del vacuno que exhibe la percepción del diezmo de 1805
responde seguramente a aumentos en el stock por detención del faenamiento, provocado por la
mala coyuntura mercantil. Sobre la evolución de los remates del diezmo de Corrientes ver Maeder
(1981: 257 y s.); sobre el papel de los cambios de precio en la variación de los montos recaudados
en concepto de diezmo, así como sobre los problemas monetarios que le estaban relacionados,
ver Djenderedjian (1998).
32
Cita tomada de Robertson (1920: 90-91). Se refiere al área occidental de Entre Ríos hacia 1812.
33
Los más conspicuos: Juan Castares, quien poseía unas 70.000 cabezas en 1809; Pedro García
de Zúñiga, en cuyas estancias de Gualeguaychú figuran en 1805 más de 40.000 cabezas; las de
Esteban García de Zúñiga, hermano del anterior, con una cifra similar en 1803. Si bien entre las
cifras que hemos dado no están incluidas algunas grandes estancias del norte entrerriano, como
las de Francisco Candioti, quien según Robertson poseía más de 80.000 cabezas en 1812.
Fuentes: Juan Castares: Valeriano Barreda al Virrey, B.A., mayo 1809. En Solicitudes Civiles, leg.
1 letras A-B, fs. 208 r. y v., AGN IX-12-9-4; Pedro García de Zúñiga: su testamentaria, AGN,
nuestra base de datos eliminando las dos grandes estancias de Juan de Uriarte (en el
Guayquiraró, con alrededor de 20.000 cabezas de ganado vacuno) y Joseph de Urquiza (En
Concepción, con unas 30.000), las dos unidades productivas mayores de las que poseemos datos,
34
el promedio continúa siendo alto: alrededor de 1.240 vacunos por productor . La región de
Colonia, por otra parte, acusa aquí la apariencia de una ocupación algo más avanzada, lo cual está
de acuerdo con lo que sabemos de ella gracias a las minuciosas investigaciones de Jorge Gelman:
miríadas de pequeños y medianos campesinos entre las grandes estancias de los ricos, ocupados
tanto en sus modestos rebaños como en sus cultivos, que han hallado una suerte de tierra
35
prometida en ese lugar privilegiado .
Es justamente un avatar de ese tema el que se presenta de inmediato a nuestra
reflexión: ¿cómo se repartía esa ingente riqueza en Entre Ríos y, por comparación con el resto,
era allí esa distribución más regresiva que en las otras áreas? ¿Hasta qué punto los pequeños y
medianos productores tenían parte en ella? Si respuestas integrales son por el momento
imposibles de obtener, una mirada a los gráficos I y II nos pondrá frente a elementos de juicio
aptos para orientarlas.
Podemos ver en el gráfico I que la cantidad de productores sin vacas es más alta en
Entre Ríos que en el resto de las áreas en estudio, en parte porque en el gráfico están pesando las
explotaciones dedicadas en forma exclusiva a la producción de trigo situadas en los alrededores de
Concepción; si prescindiéramos de ellas, el punto inicial de la línea estaría muy cercano al de Rio
Grande. Con todo, ese límite es significativo: la escasa entidad del segmento siguiente (de 1 a 100
cabezas) nos muestra las peculiares distancias que separan la frontera ganadera entrerriana de
sus similares platinas. Parece evidente que, de cualquier forma, el sector de pastores más pobres
es allí bastante más pobre que en las otras. En el caso correntino nada sabemos acerca de
quienes únicamente producían granos y hortalizas, ya que en el gráfico solamente se incluye a
quienes poseían animales, fueran éstos vacas, ovejas, caballos o sólo una de esas especies; es
llamativo sin embargo que el segmento de quienes poseen de 1 a 100 animales adquiera tenor
superior al de casi todas las otras áreas, lo cual alude en forma muy clara a la existencia de una
gran cantidad de pequeños productores dueños de explotaciones diversificadas y cuyo pasar,
limitado por las condiciones locales y por esa pobre riqueza acumulada en un ámbito menos

Sucesiones, 5899; Esteban García de Zúñiga: su testamentaria, AGN, Sucesiones, 5901; Candioti:
Robertson (1920: 91).
34
Por lo que parece, las estancias de los Urquiza sólo alcanzarían dimensión extraordinaria ya
avanzado el siglo XIX. Téngase en cuenta, por lo tanto, que las unidades productivas cuyos datos
poseemos aquí no incluyen las que entonces eran las más grandes del territorio entrerriano
(Candioti, Castares, García de Zúñiga –luego Elía-, etc.) de manera que el promedio general de
animales por estancia debió haber sido aún mayor.
35
Ver Gelman (1998). Parece evidente que si contáramos con datos de otras áreas de la Banda
Oriental, menos ocupadas que Colonia, tendríamos una imagen de ellas más cercana a la de
nuestro Entre Ríos. En el caso de Buenos Aires probablemente estemos ante una
sobrerrepresentación de los estratos más acaudalados, como ya consta que fue advertido por
Garavaglia.
propicio, era sin embargo menos dependiente de fuentes de ingreso externas a la parcela familiar
de lo que parece ser que lo era en Entre Ríos. De cualquier modo, algo muy llamativo surge al
considerar los tramos siguientes: si quienes sólo poseen hasta 500 cabezas de ganado vacuno
forman a menudo las dos terceras partes o más de los productores en Colonia, Corrientes y Rio
Grande, en Entre Ríos la situación es distinta: mientras quienes cuentan hasta con 500 vacas son
allí el 54% del total de los productores, en los estratos que arrancan de esa cantidad encontramos
al 46% restante36. Así, no es raro que sea justamente en Entre Ríos donde la proporción de
grandes propietarios de vacunos es también la mayor: quienes poseen más de 1999 vacunos
forman el 13% del total, contra un 2%; un 3% y un 9% respectivamente para Corrientes, Rio
Grande y Colonia.
En el gráfico II encontramos dicho lo anterior con algo más de precisión: mientras que
en Corrientes quienes poseen hasta 500 cabezas de ganado vacuno son dueños del 31% del
rebaño total, en todas las otras áreas el mismo segmento se encuentra en posición más frágil,
siendo Entre Ríos el lugar con distribución más regresiva de la propiedad vacuna: sólo un 5% del
total del ganado se reparte entre quienes poseen menos de 501 cabezas. Consecuencia directa de
ello, el sector más pudiente (más de 1999 cabezas por unidad productiva) domina en Entre Ríos al
72% de la riqueza pecuaria total en vacunos; en Colonia lo es el 60%, en Rio Grande el 42% y por
fin en Corrientes, al parecer la más cercana a los bellos sueños de justa distribución del capital que
preconizaron ciertos filósofos sociales, ese mismo segmento sólo posee el 29% de la fortuna
vacuna local.
Algunas puntualizaciones antes de continuar. Parece claro que el área correntina que
estamos analizando poseía rasgos mucho más campesinos que las del sur de la provincia, que por
su misma cercanía a Entre Ríos debían participar más bien de los caracteres de esta última que
de la primera; de cualquier forma, a medida que se continúa hacia el sur esos rasgos campesinos
se vuelven claramente más raros: en Concepción, único centro urbano (¡?) del oriente entrerriano
de entonces, y cuyas características productivas quizá hubiéramos podido esperar que se
parecieran a las de los alrededores de Corrientes, no cesan sin embargo de diferir de ellas: incluso
prescindiendo de las 30.000 cabezas de la gran estancia de don Joseph de Urquiza, quienes
poseen más de 1.999 vacunos en las proximidades de la Villa continúan siendo dueños del 65%
37
del rebaño local . Por otra parte, la individualidad entrerriana se manifiesta también en la débil
participación de los segmentos intermedios: si en Colonia quienes poseían de 101 a 999 vacunos
representaban alrededor de una cuarta parte del total general de los mismos y en Rio Grande

36
Respectivamente, en Corrientes quienes poseen hasta 500 vacas suman el 82% de los
propietarios; en Rio Grande el 87%, y en Colonia el 73%.
37
Quizá el término “rasgos campesinos” pueda prestarse a equívocos; aquí entendemos por él a
los atributos propios de una producción orientada en forma mayoritaria a la agricultura en pequeña
escala con abundante uso de mano de obra familiar; si bien nada impide (ni obliga) a considerar
dentro de ella a ciertas explotaciones medianas o pequeñas dedicadas mayormente a la
alcanzaban al 35%, en Entre Ríos ese segmento sólo da cuenta del 12% del rebaño local. Para
delimitar algo más esa imagen tan particular y a efectos de completar este análisis comparativo,
analizaremos a continuación los gráficos relativos a la confrontación con los datos de la campaña
38
bonaerense .
En el gráfico III, pero sobre todo en el IV, podemos entrever la dimensión de los
grandes productores del Entre Ríos colonial: el segmento constituido por quienes cuentan con más
de 5.000 cabezas de ganado vacuno está integrado por 14 estancieros que poseen en conjunto
más de 150.000 vacas, dan cuenta del 9% del total de las explotaciones y, mucho más importante
aún, del 63% del rebaño total: un poco más del doble de la proporción que poseen sus
equivalentes en Buenos Aires (el 31%), en Rio Grande (el 28%) y casi cuatro veces que en
Corrientes (el 16%). Como es lógico, el resto de los productores entrerrianos es mucho más
“pobre” que sus similares: quienes poseen hasta 499 vacas (el 53% de los productores) sólo
controla el 5% del rebaño total, mientras que el mismo segmento en Buenos Aires lo hace sobre el
16%; en Rio Grande sobre el 17% y en Corrientes sobre el 31%. Las estancias entrerrianas eran
más grandes, qué duda nos puede caber ya; pero esa pletórica riqueza, al parecer, no alcanzaba
necesariamente a todas las explotaciones que cabían por entonces en esa tierra promisoria. Y, si
hemos de confiar en el valor predictivo de los datos que hemos expuesto, no ha de sorprendernos
que a lo largo del siglo XIX esta particular tendencia no haga más que afirmarse: si bien no
contamos aún con estudios sistemáticos acerca de la distribución del rebaño vacuno en esa época,
la sola existencia de las inmensas propiedades de Urquiza es un buen indicativo de que la
desigualdad, al menos, no sólo no se había atenuado sino que, por el contrario, continuaba siendo
la norma.

Algunas consideraciones finales

Los límites que nos impone el espacio impiden que nos extendamos aún más;
permítasenos sin embargo ofrecer unos pequeños párrafos de recapitulación, que nos servirán
asimismo para ordenar en parte ciertos resultados de nuestras inquisiciones. La imperiosa imagen
de otras zonas (quizá excesivamente propensas al exhibicionismo político) ha contaminado al
parecer la de toda la historiografía bonaerense: según los datos que hemos expuesto, la verdadera
expansión ganadera del Río de la Plata colonial no se produjo en Buenos Aires, sino en Entre
Ríos. Bromas y exageraciones aparte, resulta de todo punto evidente que la gran beneficiaria de la
apertura al comercio atlántico (o por lo menos la que demostró que sabía aprovecharla mejor) fue
la rica y virgen tierra del sur del litoral; si algunas veces la de la Banda Oriental no le fue
demasiado a la zaga, en todo caso parece que una más antigua ocupación humana había, al

ganadería, creemos que se les aplica mejor el epíteto de pastores que el de campesinos, al menos
en lo que se refiere al caso entrerriano.
menos en algunas partes de esta última, hecho ya lo suficiente por asentar los principios de una
producción algo más diversificada y, sobre todo, de una distribución de la riqueza un poco más
igualitaria. En Entre Ríos, por el contrario, nada parecía oponerse al feraz y desbocado
florecimiento de una ganadería de nuevo cuño, cuyo aún informe futuro guardaba en sí los
gérmenes no siempre benéficos propios de una desbordante riqueza obtenida demasiado rápido:
debido tanto a la incertidumbre de su permanencia en razón de su carácter poco menos que
improvisado como (menos evidentemente pero no por ello en forma menos profunda) a los rasgos
de arbitrariedad y derroche que son consiguientes a todo crecimiento desordenado, las relaciones
sociales en esa área debieron ya entonces estar marcadas por peculiares atributos de simplicidad
y a menudo de violencia, que las guerras que comenzarían en 1810 no hicieron más que
generalizar: los informes de los comandantes locales a los virreyes y ciertos expedientes elevados
a éstos indican en forma clara que la cortesía barroca y el respeto a las costumbres y las leyes
propios de las más antiguas regiones cercanas no eran cualidades muy abundantes entre los
entrerrianos39.
Pero esto es sólo la primera parte: la distribución más desigual de esa ingente
riqueza alude tanto a una economía más dinámica como a posibles conflictos a punto de estallar.
La guerra fue en Entre Ríos un fenómeno importado; ¿habrá tenido algún papel la peculiar
distribución de la riqueza pecuaria en esas tierras para que aquel fenómeno arraigara allí tan
firmemente y por tan largo tiempo? No es posible aún decirlo con certeza, pero nuevamente ciertas
anécdotas muestran particulares límites a la autoridad que, antes que puros indicios de conflicto,
sugieren la sorda presencia del mismo, insinúan sus caracteres y, más interesante aún, presagian
(y quizá en alguna medida explican) las formas que fue adoptando luego allí el ejercicio del poder:
en 1806, en ocasión de la Primera Invasión Inglesa, las milicias de Gualeguay y Gualeguaychú
desertaron escandalosamente luego de exigir que se les satisficieran por adelantado dos meses de
salario antes de entrar en campaña. Esta deshonrosa anécdota, que los relatos de historia
tradicional piadosamente ignorarían, adquiere especial relevancia cuando advertimos que el
comandante desobedecido lo fue Don Tomas Antonio Lavin, estanciero de mucha menor cuantía (y
al parecer más apocado carácter) que quien logra luego restablecer el orden, don Joseph de

38
No fueron incluidos en los gráficos anteriores por la diferente escala adoptada por Garavaglia;
como veremos, ésta nos brindará oportunidad de definir otros rasgos peculiares de la producción
litoral.
39
Los ejemplos podrían ser innumerables; valga la siguiente muestra: ante dos perentorias
órdenes de desalojo de campos en los que están intrusos, uno de quienes debiera irse arrebata la
orden judicial y desaparece con ella; los otros le indican a la fastidiosa y burlada autoridad que “...
las Probidenzias emanadas de esa thenencia de Govno. no son otra cosa que enrredos, y
embrollas de Sta.fee...”. Ambos al parecer se salen con la suya: no hay fuerza pública suficiente
para expulsarlos, al menos por el momento. Expedientes incoados por Jose Joaquín Romero por
terrenos que compró a la Real Hacienda en Los Seibos, en la porción occidental de Entre Ríos,
año 1800, en DEEC, Expedientes Civiles, t. 57, documento 147, fs. 570 r., v., 582 r., v.; y por Don
José Arias Troncoso, contra pobladores de sus tierras, también compradas en almoneda a la Real
Hacienda, año 1797, en DEEC, Expedientes Civiles, t. 46,documento 619, fs. 477-9.
Urquiza40. Esas milicias díscolas, que los reglamentos impresos en la cercana Buenos Aires
literalmente ignoraban, en la hora del conflicto supieron demostrar que su borrosa existencia no
necesariamente significaba sumisión: y no tardarían tampoco en encontrar jefes que supieran
41
darse cuenta de ello .
En lo que hace a su etapa menos visible, sólo nos resta agregar algunas otras débiles
conjeturas: si los salarios que paga la estancia del Rincón de Luna hacia 1796-7 sólo alcanzan los
3 ó 4 pesos de plata por mes, y la mayor parte de ellos (y aún más) cobrados por anticipado en
lienzo, efectos y animales, en la no excesivamente lejana estancia de Pedro García de Zúñiga, en
el Gualeguaychú del 1800-3, las remuneraciones rara vez bajan de los 6 pesos mensuales, siendo
la mayor parte de las veces de 7 ú 8, y en general las cuentas deudoras son mucho más cortas (y
42
las permanencias también) que en la gran estancia correntina . Ambos datos aislados nos hablan
asimismo de una economía ganadera más floreciente y dinámica, así como de relaciones sociales
de una entidad y carácter muy distinto en el sur entrerriano que en Corrientes: si la condición
fundamental del crédito es el conocimiento del aspirante a deudor por parte del acreedor, así como
la posibilidad de éste de tenerlo a mano y la confianza que tenga en su capacidad de redimir la
deuda, la tardía fortaleza de las mismas en Corrientes (hija de una larga tradición de pagos en
especie pero también de las complicadas consecuencias de deberes y derechos que les eran
consiguientes) y la mucho más escueta de Entre Ríos nos muestran hasta qué punto diferían
ambas sociedades; y nos sugieren también cuán distintas eran las posibilidades y los problemas
de cada una de ellas cuando todavía el singular impulso de los últimos años coloniales no dejaba
de mostrar, para quienes supieron distinguir los matices y aun ver más allá de ellos, parte de lo que
43
podía esperarse de tan afortunada combinación de recursos aún sin usar en esta última .
Pero los trastornos revolucionarios impusieron enseguida a los hechos una dinámica
mucho menos meditada, y supieron devastar tan brutalmente los frutos de aquel progreso que,
cuando luego de 1820 fue posible ocuparse nuevamente de hacerlos crecer, esa etapa de bonanza

40
Tomas Antonio Lavin al Virrey Sobremonte, Concepción del Uruguay, 25 de Noviembre de
1806; Jose de Urquiza al Virrey, Concepción del Uruguay, 27 de Diciembre de 1806. Ambas en
AGN, Correspondencias de Entre Ríos, leg. 3, IX-3-6-1.
41
Los magistrales párrafos de Halperín Donghi (1979: 279 y ss.) acerca del ascenso político de
esas regiones nuevas que hasta antes de 1810 Buenos Aires había supuesto sus humildes
subordinadas ocultan un poco el hecho de que la autoridad porteña, al menos en el caso
entrerriano, no había sino muy imperfectamente llegado a ejercerse allí en los años coloniales, y
esto según la imagen que nos transmiten los documentos conservados; si contáramos más
abundantemente con los producidos en las propias localidades entrerrianas de entonces, veríamos
en forma mucho más clara la virtual independencia que los grupos locales de entonces disfrutaban,
así como los peculiares vínculos de poder que habían establecido allí.
42
Ver los libros de cuentas del Rincón de Luna en AGN IX-22-6-7, Temporalidades de Corrientes,
legajo 3, 1799-1810; las de la testamentaria de Pedro García de Zúñiga, en AGN, Sucesiones,
5899.
43
Véase por ejemplo Lastarria (1914: 155 y ss.).
previa parecía que nunca hubiera tenido lugar44. No nos traslademos sin embargo hacia allá; ello
forma parte de otra historia.

Bibliografìa

Aguirre, J. F. de (1949) “Diario del Capitán de Fragata D...” en Revista de la Biblioteca Nacional, t.
XVIII, nros. 45 y 46, Buenos Aires, 1949.
Azara, F. de (1847) Descripción é historia del Paraguay y del Rio de la Plata. Madrid, Sanchiz.
Azara, F. de (1943) Memoria sobre el estado rural del Río de la Plata en 1801 y otros informes.
Buenos Aires, Bajel.
Cervera, M.M. (1907) Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe. Santa Fe, Librería y
encuadernación “La Unión”.
Chiaramonte, J.C. (1991) Mercaderes del litoral. Economía y sociedad en la provincia de
Corrientes, primera mitad del siglo XIX. Buenos Aires, FCE.
Djenderedjian, J. (1998) “Economía natural y economía monetaria en las postrimerías de la colonia:
algunas reflexiones en torno al caso paraguayo”, mimeo, Buenos Aires.
Djenderedjian, J. (1999) “Una Arcadia criolla. Producción ganadera familiar y poblamiento de la
frontera norentrerriana a inicios del siglo XIX”, ponencia presentada en reunión de la Red de
Estudios Rurales, Septiembre 1999, Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio
Ravignani,”, Facultad de Filosofía y Letras, U.B.A.
Garavaglia, J.C. (1993) “Las ‘estancias’ en la campaña de Buenos Aires. Los medios de
producción (1750-1850)” en Fradkin, R.O. (comp.) La historia agraria del Río de la Plata colonial.
Los establecimientos productivos. Buenos Aires, CEAL, t. II, pp. 124-208
Garavaglia, J.C. (1999) Pastores y labradores de Buenos Aires. Una historia agraria de la campaña
bonaerense. 1700-1830. Buenos Aires, Ediciones de la Flor.
Gelman, J. (1990) “Sobre esclavos, peones, gauchos y campesinos: el trabajo y los trabajadores
en una estancia colonial rioplatense” en Di Tella, T.S. (comp.) Estructuras sociales y mentalidades
en América Latina. Siglos XVII y XVIII. Buenos Aires, Biblos
Gelman, J. (1998) Campesinos y estancieros. Una región del Río de la Plata a fines de la época
colonial. Buenos Aires, Los Libros del Riel.
Gelman, J.D. (1992) “Producción campesina y estancias en el Río de la Plata colonial. La región de
Colonia a fines del siglo XVIII” en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio
Ravignani, Tercera Serie, 6, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, U.B.A., pp. 41-65
Halperín Donghi, T. (1965) “El surgimiento de los caudillos en el cuadro de la sociedad rioplatense
posrevolucionaria”, en Estudios de Historia Social, 1, octubre 1965.
Halperín Donghi, T. (1979) Revolución y guerra. Buenos Aires, Siglo XXI.
Isabelle, A. (1835) Voyage a Buénos-Ayres et a Porto-Alègre, par la Banda-Oriental, les Missions
d’Uruguay et la Province de Rio-Grande-Do-Sul..., Havre, J. Morlent.
Lastarria, M. De (1914) “Colonias orientales del Río Paraguay o de la Plata”, en Facultad de
filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Documentos para la Historia Argentina, t. III,
Buenos Aires, Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco.
Maeder, E.J. (1981) Historia económica de Corrientes en el período virreinal. Buenos Aires,
Academia Nacional de la Historia.
Mantilla, M.F. (1928) Crónica histórica de la Provincia de Corrientes. Buenos Aires, Espiasse y Cia.
Martin de Moussy, V. (1860-64) Description Géographique et Statistique de la Confédération
Argentine. Paris, Firmin Didot.

44
Si bien basándose en mediciones quizá no demasiado confiables, Mansilla estaba mayormente
en lo cierto cuando afirmaba que las haciendas entrerrianas habían desaparecido “como el humo”:
de los dos millones y medio de vacunos que supuestamente había antes de la emancipación han
quedado, en 1823, poco más de 40.000. Los postrados entrerrianos, aun cuando no llegaran al
vegetarianismo pleno debieron al menos cambiar en forma notable sus hábitos alimenticios: en la
década de 1820, a la inhallable carne de vaca ha sucedido la de avestruz. Mansilla cit. en Montoya
(1971: 28); Halperín Donghi (1965: 128/9).
Mayo, C. A. et Latrubesse de Díaz, A. (1996) “La incógnita comienza a despejarse; producción y
mano de obra en una estancia colonial entrerriana; (1800-1804)”, en: IXo. Congreso Nacional y
Regional de Historia Argentina, Rosario, 26-28 de Septiembre de 1996. Buenos Aires, Academia
Nacional de la Historia.
Montoya, A. J. (1971) La ganadería y la industria de salazón de carnes en el período 1810-1862.
Buenos Aires, El Coloquio.
Osório, H. (1998) “A estrutura produtiva do Rio Grande do Sul colonial: 1765-1825”, Ponencia
presentada en las XVI Jornadas de Historia Económica, Quilmes.
Osório, H. (1999) “A pecuária rio-grandense em tempo de guerra: 1815-1825” Ponencia
presentada en las II Jornadas de Historia Económica, Montevideo, Julio 1999.
Prado Junior, C. (1959) História econômica do Brasil. São Paulo, Editora Brasiliense.
Robertson, J.P. et G.P. (1920), La Argentina en la época de la revolución. Buenos Aires, Vaccaro.
Salaberry, J.F. (1926) Los charrúas y Santa Fe. Montevideo, Gómez & Cia. Impresores.
Schmit, R. (1999) “Población, migración y familia en el Río de la Plata. El oriente entrerriano, 1820-
1850”, mimeo, Buenos Aires.
Stofferl, E. G. (1992) Documentos inéditos de la Santa Visita pastoral del Obispado del Rio de la
Plata. 1803-1805. Santa Fe, Universidad. Católica de Santa Fe.
Turner, F. J. (1992) “El significado de la frontera en la historia americana” en Clementi, H., F. J.
Turner. Buenos Aires, CEAL.
Urquiza Almandoz, O. F. (1978) Historia económica y social de Entre Ríos (1600-1854). Buenos
Aires, Banco Unido del Litoral S.A.
Whigham, Th. L. (1988) “Cattle Raising in the Argentine Northeast. Corrientes c. 1780-1870” en
Journal of Latin American Studies, 20.
Cuadro I. Composición del rebaño en el área platina, fines del siglo
XVIII
e inicios del XIX (en animales de cada especie sobre el total de los
mismos)

Vacunos Equinos Mulares Ovinos


Rio Grande do Sul, 1791 75,60% 18,20% 1,10% 5,10%
Entre Ríos, 1808-9 78,17% 7,18% 0,54% 14,11%
Corrientes, 1805 83,65% 1,43% s/d 14,92%
Buenos Aires, 1797-1815 58,56% 13,41% 1,85% 26,19%
Colonia, 1796 83,92% 5,18% s/d 10,89%

Nota:
Datos tomados de: Osório (1998); Garavaglia (1993: 199-207); Gelman (1992: 47); y de
documentación citada de AGN IX-20-5-7. Gelman no proporciona datos de mulares para la región
de Colonia, pero sí de porcinos, que no fueron incluidos por no existir datos de los mismos para los
casos de Rio Grande, Entre Ríos y Corrientes. Por otra parte, tanto en esos casos como en el de
Buenos Aires hemos sumado los bueyes y lecheras a la cuenta de vacunos, y las yeguas a los
equinos. En el de Buenos Aires, reiteramos que corresponde a los partidos de Areco, Arrecifes,
Luján y Magdalena, zona trabajada por Garavaglia y cuyo recorte obedece fundamentalmente a la
intención del autor de presentar datos de estancias ganaderas y no de chacras u otras empresas
agrícolas no centradas en el ganado; esto es, no se están mezclando excesivamente en aquéllos
las extensas áreas de predominio de la agricultura cercanas a Buenos Aires. La diversidad porteña
resulta, por tanto, mucho más evidente. La recolección de equinos por parte del diezmero
correntino parece haber dejado de lado una parte importante de los mismos, ya que no se explica
de otro modo la baja cifra final; de cualquier manera el resto de los datos se muestra fidedigno, si
bien no podemos pedirles, como ya hemos advertido, la riqueza y confiabilidad que brindan los
inventarios trabajados por Garavaglia y Osório.
El área platense a inicios del siglo XIX

Referencias:
1. área de recolección del diezmo correntino de 1805
2. área de recolección del diezmo entrerriano del Guayquiraró, 1808-9
3. área de recolección del diezmo del oriente entrerriano, 1808-9

Los nombres de cursos de agua aparecen subrayados. Elaboración propia en base al atlas de V.
Martin de Moussy, publicado junto con su Description Géographique et Statistique de la
Confédération Argentine, Paris, Firmin Didot, 1860-64.
Apéndice

Datos utilizados para la elaboración del artículo (ver las fuentes en el texto)

Entre Ríos, 1808-9 Corrientes, 1805 Rio Grande do Sul, 1784 Colonia, 1796
Explotaciones Vacas Explotaciones Vacas Explotaciones Vacas Explotaciones Vacas
Sin vacas 32 - 12 - 173 - 51 -
1 a 100 5 278 105 6.926 738 27.509 54 3.833
101 a 500 48 12.278 138 30.574 425 97.206 121 35.930
501 a 999 24 17.093 29 20.556 95 65.362 30 20.950
1000 a 1999 26 38.611 21 26.685 58 77.830 25 29.100
Más de 1999 21 173.685 7 34.463 51 192.949 28 136.700
156 241.944 312 119.204 1540 460.856 309 226.513

Buenos Aires, 1791-1815 Entre Ríos, 1808-9 Corrientes, 1805 Rio Grande do Sul, 1765-1815
Explotaciones Vacas Explotaciones Vacas Explotaciones Vacas Explotaciones Vacas
Menos de 100 61 2.064 37 278 117 6.926 118 4.738
100 a 199 41 5.996 17 2.444 65 9.296 35 4.854
200 a 499 80 26.407 28 8.333 73 21.278 34 11.085
500 a 999 48 32.776 27 18.593 29 20.556 26 18.261
1000 a 4999 42 84.396 33 59.722 27 42.630 23 49.583
5000 y más 9 69.284 14 152.574 1 18.519 4 33.634
281 220.923 156 241.944 312 119.204 240 122.155

Nota: los datos de Rio Grande do Sul, 1765-1815, corresponden a una muestra en la que se seleccionó una parte de todos los inventarios disponibles.
Gráfico II. Distribución del ganado en el área platina (Entre Ríos, Corrientes, Rio Grande y
Colonia)
según la magnitud del rebaño vacuno poseído por cada productor
(en %)
Sin vacas 0% 0% 0% 0%
1 a 100 0% 6% 6% 2%
101 a 500 5% 26% 21% 16%
501 a 1000 7% 17% 14% 9%
1001 a 1999 16% 22% 17% 13%
Más de 1999 72% 29% 42% 60%
100% 100% 100% 100%

Abreviaturas:
ER: Entre Ríos
RGS: Rio Grande do Sul
COR: Corrientes
COL: Colonia

80%

70%

60%

50% ER, 1808/9


COR, 1805
40%
RGS, 1784
30% COL, 1796

20%

10%

0%
Sin vacas 1 a 100 101 a 500 501 a 1000 1001 a Más de
1999 1999
Gráfico III. Distribución de los productores en el área platina
(Entre Ríos, Corrientes, Rio Grande y Buenos Aires)
según la magnitud del rebaño vacuno poseído por cada
productor (en %)
BA, 1751-1815 ER, 1808-9 RGS, 1765-1815 COR, 1805

Menos de 100 vacas 22% 24% 49% 38%


100 a 199 vacas 15% 11% 15% 21%
200 a 499 vacas 28% 18% 14% 23%
500 a 999 vacas 17% 17% 11% 9%
1000 a 4999 vacas 15% 21% 10% 9%
45000 vacas y más 3% 9% 2% 0%
100% 100% 100% 100%

Abreviaturas:
BA: Buenos Aires
ER: Entre Ríos
RGS: Rio Grande do Sul
COR: Corrientes

60%

50%

40%
BA, 1751-1815
ER, 1808-9
30%
RGS, 1765-1815
COR, 1805
20%

10%

0%
Menos de 100 a 199 200 a 499 500 a 999 1000 a 5000
100 vacas vacas vacas vacas 4999 vacas y
vacas más
Gráfico IV. Distribución del ganado en el área platina (Entre
Ríos, Corrientes, Rio Grande y Buenos Aires)
según la magnitud del rebaño vacuno poseído por cada
productor (en %)
BA, 1751-1815 ER, 1808-9 RGS, 1765-1815 COR, 1805

Menos de 100 vacas 1% 0% 4% 6%


100 a 199 vacas 3% 1% 4% 8%
200 a 499 vacas 12% 3% 9% 18%
500 a 999 vacas 15% 8% 15% 17%
1000 a 4999 vacas 38% 25% 41% 36%
5000 vacas y más 31% 63% 28% 16%
100% 100% 100% 100%

Abreviaturas:
BA: Buenos Aires
ER: Entre Ríos
RGS: Rio Grande do Sul
COR: Corrientes