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TEOLOGÍA DOGMÁTICA PARA SEGLARES

Pbro. Dr. Pablo Arce Gargollo

1. Existencia de Dios

1.1 VERDAD FUNDAMENTAL Y COMPROBABLE

1.2 DEMOSTRACIÓN RACIONAL DE LA EXISTENCIA DE DIOS

1.3 POSIBILIDAD DE NEGAR A DIOS

1.4 NATURALEZA DE LA RELIGIÓN

1.5 RELIGIÓN NATURAL Y RELIGIÓN REVELADA

2. La Revelación sobrenatural

2.1 LA RELIGIÓN REVELADA O REVELACIÓN

2.2 NECESIDAD DE LA REVELACIÓN

2.3 NOCIÓN DE MISTERIO Y DOGMA

2.4 EL DEPOSITO DE LA REVELACIÓN

2.5 INMUTABILIDAD DEL "DEPOSITO" DE LA REVELACIÓN

3. La Fe sobrenatural

3.1 NATURALEZA DE LA FE

3.2 CARÁCTER RAZONABLE DE LA FE

3.3 MOTIVOS DE CREDIBILIDAD

3.4 EL ACTO DE FE

3.5 RELACIONES ENTRE LA CIENCIA Y LA FE

4. La naturaleza de Dios y su Obra

4.1 LA NATURALEZA DE DIOS

4.2 LA ESENCIA DE DIOS

4.3 ATRIBUTOS DE LA ESENCIA DIVINA

4.4 EL ENTENDIMIENTO DIVINO

4.5 LA VOLUNTAD DIVINA

5. La Santísima Trinidad

5.1 EL MISTERIO DE LA TRINIDAD DE PERSONAS EN LA UNIDAD DE DIOS

5.2 NATURALEZA DEL MISTERIO

5.3 ACTIVIDAD DE LAS DIVINAS PERSONAS

5.4 MISTERIO INCOMPRENSIBLE PERO NO CONTRADICTORIO

6. La Creación

6.1 TODO EL UNIVERSO HA SIDO CREADO POR DIOS

6.3

RELATO BIBLICO DE LA CREACION

6.4 EL FIN DE LA CREACION

6.5 VARIEDAD DE CRIATURAS

6.6 EL ALMA HUMANA

6.7 CREACION DE LA PRIMERA PAREJA HUMANA

6.8 LIBERTAD RESPONSABLE

7. La elevación y la caída

7.1 LA PROVIDENCIA: LA CONSERVACIÓN Y EL GOBIERNO DIVINO DEL MUNDO

7.2 LA ELEVACIÓN AL ORDEN SOBRENATURAL

7.3 FIN NATURAL Y FIN SOBRENATURAL

7.4 ELEVACIÓN DEL HOMBRE AL ORDEN SOBRENATURAL

7.5 LA CAÍDA DEL ESTADO DE JUSTICIA POR EL PECADO

7.6 EL PECADO ORIGINAL

7.7 LA PROMESA DEL REDENTOR

8. El Verbo Encarnado I

8.1 EL

PERFECTO HOMBRE

8.2 LA UNIÓN HIPOSTÁTICA

LA

MISTERIO

DE

ENCARNACIÓN:

CRISTO

ES

PERFECTO

DIOS

Y

8.3 ALGUNAS CONSECUENCIAS DE LA UNION HIPOSTÁTICA

9. El Verbo Encarnado II

9.1

CRISTO FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPIRITU SANTO

9.2

JESUCRISTO NACIO DE SANTA MARIA VIRGEN

9.3

EXCELENCIA DE SAN JOSE, ESPOSO DE LA VIRGEN

9.4

JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR

9.6

JESUCRISTO ES VERDADERO DIOS

10. La Redención

10.1 LA REDENCION VINO POR MEDIO DE JESUCRISTO

10.2 PASION, MUERTE Y SEPULTURA DE CRISTO

10.3 EFECTOS DE LA REDENCION

10.4 NECESIDAD Y UNIVERSALIDAD DE LA REDENCION

11. Resurrección, Ascensión y Segunda Venida de Jesús

11.1 DESCENSO DE CRISTO A LOS INFIERNOS

11.3

LA ASCENSION DEL SEÑOR

11.4 LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR LA-SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR

12. El Espíritu Santo

12.1 EL ESPIRITU SANTO

12.2 LA SANTA IGLESIA CATOLICA

12.3 EL PROTESTANTISMO

12.4 NECESIDAD DE PERTENECER A LA IGLESIA

13. Jerarquía de la Iglesia, comunión y perdón

13.1 NATURALEZA JERÁRQUICA DE LA IGLESIA

13.2 EL TRIPLE PODER

13.3 LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

14. Historia de la Iglesia

14.1

CONCEPTOS GENERALES

14.2

DIVISIÓN DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA

14.3.

I ANTIGÜEDAD CRISTIANA

14.4.

II MEDIOEVO

14.5.

III EDAD NUEVA

14.6.

IV ÉPOCA MODERNA

14.7.

V ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

15. La Iglesia y el Estado

15.1 DOCTRINA SOBRE LAS RELACIONES ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO

15.2 DIVERSOS MODOS DE REGULAR LAS RELACIONES JURÍDICAS ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO

15.3 LEGISLACIÓN CIVIL EN ALGUNOS PAÍSES

15.4 CUESTIONES MIXTAS; MATRIMONIO Y EDUCACIÓN

15.5 LA IGLESIA Y LAS CUESTIONES TEMPORALES

15.6 DERECHOS Y DEBERES DE LOS CATÓLICOS EN CUANTO A LA POLÍTICA

16. La Vida Eterna

16.1 LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

16.2 FE Y ESPERANZA EN LA VIDA ETERNA

16.3 LA ETERNA CONDENACIÓN EN EL INFIERNO

16.4 EL PURGATORIO

1. Existencia de Dios

1.1 VERDAD FUNDAMENTAL Y COMPROBABLE

La existencia de Dios es la verdad fundamental de la religión, el punto de partida. No tendría siquiera sentido hablar de la fe, de la religión o del dogma sin antes dejar sentada esta verdad. La razón humana, con su sola fuerza, sin ayuda de lo sobrenatural, puede llegar a demostrar la existencia de Dios, y a deducir muchas de sus perfecciones.

Ciertamente no podemos comprender a Dios, pues siendo infinito, no puede abarcarlo el limitado entendimiento humano; pero podemos conocerlo.

Lo anterior es, además, verdad de fe. El Concilio Vaticano I afirma que "La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas" (Co nst. dogm. Dei Filias, c. 2, Dt. 1785).

1.1.1 Necesidad de querer conocer a Dios El querer conocer a Dios es necesario para llegar a conocerlo. No basta tan sólo aplicar la inteligencia, sino que se requiere, además, de rectas disposiciones morales (buen comportamiento cara a Dios), pues de lo contrario es imposible conocer a Dios.

Aunque la existencia de Dios es una verdad que puede ser conocida por todos los hombres, sin embargo, en su conocimiento "el entendimiento humano encuentra dificultades, ya a causa de los sentidos o imaginación, ya por las concupiscencias derivadas del pecado original. Y así sucede que, en estas cosas, los hombres fácilmente se persuaden de que es falso o dudoso lo que no quieren que sea verdadero" (Pío XII, En. Humani Generis, 12-VIII-1950, Dt. 2305).

1.1.2 Conocimiento natural de Dios a partir de las criaturas Por ser Dios infinito en toda perfección, no lo podemos conocer directamente, sino que deducimos su existencia por medio del mundo y de las cosas creadas, que nos llevan al conocimiento del Creador.

Así dice San Pablo: "En efecto, las perfecciones invisibles de Dios,

divinidad, se han hecho visibles a la inteligencia, después de la creación del mundo, a través de las

cosas creadas" (Rom. 1, 20). La fe confirma la existencia de Dios, y además nos lo propone como el autor del orden sobrenatural.

a saber: su eterno poder y su

1.2 DEMOSTRACION RACIONAL DE LA EXISTENCIA DE DIOS

La existencia de Dios no es de evidencia inmediata para nosotros, sino que es fruto de un proceso discursivo, de un razonamiento.

En 1877 fue condenado el error de Antonio Ros mini -llamado ontologismo- que afirmaba que el conocimiento de Dios era el conocimiento más inmediato al entendimiento humano (cfr. Dt. 1891 ss.)

La mayoría de las pruebas tendientes a demostrar la existencia de Dios utilizan en su proceso

demostrativo el principio de causalidad. Santo Tomás de Aquino demuestra la existencia de Dios por cinco caminos o vías, que son: 1) Por

la existencia del movimiento. 2) Por la causalidad eficiente. 3) Por los seres contingentes. 4I) Por

los diferentes grados de perfección, y 5) Por el orden del Universo.

A continuación señalamos sólo algunas de estas pruebas y otras que, en último término, se reducen

a una de las vías de Santo Tomás.

1.2.1 Por la existencia del mundo

Enunciado: El mundo exige una causa de sí, a la que llamamos Dios.

Lo probamos por el principio de causalidad. Se enuncia así: "No hay efecto sin causa "; o bien:

"Todo ser que comienza a existir tiene una causa de sí".

Este principio no se puede probar porque es evidente y se verifica de continuo en la vida cotidiana. Bastará un ejemplo: no podemos admitir que un edificio o un vestido se hayan hecho a sí mismos; nos reiríamos de quien nos dijera que aparecieron "de buenas a primeras", sin intervención de un arquitecto o un sastre.

Pues bien, el mundo es un efecto incomparablemente más complicado que un vestido o un edificio. Luego, no podemos admitir que haya aparecido sin que un ser le diera existencia. Este ser se llama Dios.

1.2.2 Por los seres contingentes

Enunciado: Existen seres contingentes, que exigen la existencia de un ser necesario, al que llamamos Dios.

Primero explicaremos qué es un ser contingente y un ser necesario. Luego veremos que los seres que hay en el mundo son contingentes. Y finalmente por medio de tres suposiciones comprobaremos que los seres contingentes comprueban la existencia del ser necesario.

1º. Ser contingente es el que es indiferente de por sí a existir, o no. Por ejemplo, una rosa que hoy es

y mañana desaparece, o que pudo no haber sido, es un ser contingente.

2o. Ser necesario es el que no puede no existir, porque lleva en sí la razón de su existencia. Ser necesario no hay sino uno, que es Dios.

Los seres que hay en el mundo son contingentes. La experiencia nos enseña que aparecen, duran un poco y luego desaparecen.

Los seres contingentes aparecen de tres maneras: a) o de otro ser igual a ellos, por ejemplo, un árbol da nacimiento a otro árbol, un animal a otro animal; b) o de la reunión, de los elementos que los componen; el agua se produce por la combinación del hidrógeno con el oxígeno; la piedra aparece por agregación de las partículas que la integran, etc.; o c) por creación, como nuestra alma. 3o. Para explicar la existencia o aparición de los seres contingentes pueden hacerse tres hipótesis:

a) o proceden de la nada;

b) o proceden unos de otros en serie infinita;

c) o proceden de un primer ser necesario que les dio la existencia.

Examinemos estas tres hipótesis, o suposiciones.

a) La primera hipótesis: los seres proceden de la nada, es absurda, porque es imposible que la nada

produzca el ser. Así, es imposible sacar del bolsillo un pañuelo que no tengo.

Esta verdad, elevada a la categoría de postulado científico la aceptan todos, incluso los científicos

ateos que en el pasado pretendieron utilizarlo como argumento para dar una explicación de la realidad. Véanse al respecto las elocuentes palabras del biólogo Viracho, citadas en los ejercicios de este capítulo.

b) La segunda hipótesis: los seres proceden unos de otros en serie infinita, tampoco puede

admitirse, porque la serie infinita no explica nada. En efecto, la serie infinita o tiene a su cabeza un ser primero, y ya no es infinita; o no tiene a su cabeza un ser primero, y entonces ¿de dónde proceden los demás seres de la serie?

Así Por ejemplo: una cadena de eslabones infinitos es un imposible; porque si tiene un primer eslabón, ya no es infinita y si no tiene un primer eslabón, ¿de dónde cuelgan los demás?

Otro ejemplo: a veces se preguntan algunos: qué fue primero, el primer huevo , la primera gallina.

Pudo ser cualquiera de las dos cosas. Lo que importa es. admitirla existencia del primer huevo o de la primera gallina, porque si no, no habría hoy ni huevos ni gallinas. Repugna en absoluto a nuestra mente una sucesión infinita de huevos y gallinas, sin que hubiera existido un primer huevo o una primera gallina que dieran nacimiento a los demás.

c) Luego nos queda por aceptar la tercera hipótesis: esto es, que los seres provienen de un ser

necesario que les dio la existencia. Porque si este primer ser fuera contingente, habría recibido la existencia de otro, y éste de otro; y así volveríamos a la serie infinita.

4o. Conclusión. La serie de los seres contingentes no se explica racionalmente sino mediante la existencia de un ser necesario, que no recibió el ser, porque lo tenía de sí mismo; y que lo comunicó a los demás. Á este ser lo llamamos Dios.

Este argumento de la necesidad de un ser necesario es el mas claro y convincente para probar la

existencia de Dios. Su fuerza sólo puede ser desconocida por quien nunca ha meditado en él, o por

quien se deja arrastrar por pasiones y prejuicios que ciegan la inteligencia.

1.2.3 Por el orden del universo Enunciado: El orden admirable que hay en el mundo exige la existencia de una inteligencia ordenadora, a la cual llamamos Dios.

Probaremos que hay en el mundo un orden admirable; y luego que este orden exige una inteligencia ordenadora.

lo. Hay en el mundo un orden admirabilísimo en todos los seres:

a) En los infinitamente grandes. Millones de astros de masa gigantesca atraviesan el espacio a

velocidades fantásticas; sus órbitas se entrecruzan en multitud de puntos; pero sus movimientos

están regidos por un orden y disposición admirables.

b) En los más pequeños. Así, la planta más humilde tiene órganos complicados y diferentes para

cada función: nutrición,. respiración, circulación, reproducción, etc. Todos ellos tienden a un fin

preciso y determinado: la conservación del individuo y de la especie.

Werhner von Braun, el más importante físico del espacio, afirmaba que "los materialistas del siglo

XIX y sus herederos, los marxistas del siglo XX, nos dicen que el creciente conocimiento científico

de la creación permite rebajar la fe en un Creador. Pero, toda nueva respuesta ha suscitado nuevas preguntas. Cuanto más comprendemos la complejidad de la estructura atómica, la naturaleza de la vida, o el camino de las galaxias, tanto más encontramos nuevas razones para asombrarnos entre los

esplendores de la creación divina" (cit. en LOBO, G., Ideología y fe cristiana, p. 163). 2o. Este orden supone una inteligencia ordenadora. En efecto:

a) Sólo una inteligencia puede disponer convenientemente los medios apropiados para la obtención

de un fin. En lo cual, precisamente consiste el orden.

b) Es un absurdo atribuir al azar y a la casualidad el orden maravilloso del mundo, porque así como

lo que caracteriza a la inteligencia es el orden, así lo que caracteriza al azar es el desorden.

Obrar al azar es tanto como obrar ciegamente, sin el conocimiento de los medios, o sin la acertada disposición de ellos para alcanzar el fin que uno se propone. Pretender que el orden prodigioso del mundo es la obra ciega y caprichosa del azar, es un absurdo.

Sería ridículo pretender que al tirar al azar las doce letras de la palabra inteligencia, cayeran todas en línea recta y en el orden debido para la formación de la palabra. Mayor absurdo, pretender que esto sucediera cada vez que se tiraran. Pero el absurdo llegaría a su colmo si se pretendiera explicar de esa manera el orden de los miles de letras que componen este libro, sin que hubiera intervenido en lo mínimo una mano y una inteligencia ordenadora.

Pues bien, mucho más absurdo es admitir que el mundo se hizo al acaso, porque el orden que hay en él es inmensamente mis complicado que el de un libro; y un orden que en millones de siglos se ha mantenido

Conclusión: El orden admirabilísimo que hay en el mundo prueba la existencia de una inteligencia ordenadora, a quien llamamos Dios.

1.2.4 Por la ley moral

Enunciado: La ley moral exige un legislador superior al hombre. Este legislador es Dios.

lo. Se llama ley moral al conjunto de preceptos que el hombre descubre en su conc iencia, que le hacen distinguir el bien del mal, y le impulsan a obrar el bien y a evitar el mal.

La ley moral tiene tres condiciones: a) obliga a todos los hombres, b) es superior al hombre y c) obliga a la conciencia.

a) La ley moral obliga a todos los hombres sin excepción alguna; les prescribe, por ejemplo, el

respeto a la vida y a la propiedad ajena; y les prohíbe el asesinato y el robo.

b) Es superior al hombre, quien no puede ni desconocerla, ni cambiaría. Así nadie podrá hacer que

el asesinato sea bueno.

c) Obliga en conciencia. Cuando la observamos sentimos satisfacción; cuando la quebrantamos,

aun, que sea ocultamente, remordimiento.

2o. La ley moral prueba la existencia de Dios, porque como no puede haber ley sin un legislador que la dé, es necesario que la ley moral haya sido impuesta por un legislador que tenga esas tres mismas condiciones, a saber: que sea superior a los hombres, los obligue a todos, y pueda leer en su conciencia. Este legislador no puede ser sino Dios.

1.3 POSIBILIDAD DE NEGAR A DIOS

1.3.1 Los ateos. Sus clases

Llámanse ateos los que ignoran o niegan la existencia de Dios.

Ateo viene de la palabra griega: a, sin; y Teos, Dios. Es importante percatarse que en la raíz de muchas actitudes actuales que hallamos por todas partes - teatro, cine, novelas, artículos de periódico, canciones, ensayos, enseñanza universitaria, etc.- nos encontramos con abundantes puntos de pensamiento que fueron elaborados por ateos del siglo XIX, tales como Nietzsche, Feuerbach, Marx, Freud, etc. Herederos del racionalismo de Descartes y del idealismo de Hegel, el afán por someter todas las cosas a su razón les incapacitó para aceptar la realidad de Dios y pusieron al hombre como soberano del mundo y de la historia.

Se dividen en negativos, positivos y prácticos.

a) Negativos son los que no han tenido la idea de DI"OS; b) Positivos los que teniendo la idea de

Dios, niegan su existencia; c)prácticos, los que admitiendo la existencia de Dios, la niegan con sus obras, porque viven como si Dios no existiera.

¿Pueden existir estas tres clases de ateos?

a.1 Puede haber ateos negativos, esto es, hombres que ignoren la existencia de Dios; pero no por largo tiempo, porque el universo y la conciencia despiertan pronto en la mente la idea de un Ser Supremo.

Cuando ya el hombre está en posesión de sus facultades, y reflexiona sobre sí mismo y sobre lo que

le rodea, el espectáculo grandioso del universo despierta en él la idea de un Creador; y la voz de su conciencia le sugiere la idea de un ser que manda en ella y que puede premiarlo o castigarlo.

b) Respecto a los ateos positivos, podemos hacer una subdistinción:

b.1 Puede haber ateos positivos por convicción sectaria, que nieguen a Dios, al menos temporalmente, como fruto de una educación encaminada a fomentar la creencia de que Dios no existe.

Esto pasa cuando se enseña a un joven, en nombre de una falsa ciencia, que Dios es una mentira; y se le trata de convencer por toda clase de argumentos falsos, que él no puede refutar por la misma ignorancia en que está. "Nunca olvidaré la impresión que me produjo un soldado ruso en 1945. Acababa apenas de terminar la guerra. A la puerta del seminario de Cracovia llamó un militar. Cuando le pregunté qué quería respondió que deseaba entrar en el seminario. Mantuvimos una larga conversación. Aunque no llegó nunca a entrar en el seminario (tenía, por lo demás, ideas bastante confusas respecto de la realidad del seminario mismo), yo personalmente saqué de nuestro encuentro una gran verdad:

cómo Dios logra de forma maravillosa penetrar en la mente humana, aun en las condiciones sumamente desfavorables de su negación sistemática. Durante su vida adulta mi interlocutor no había entrado casi nunca en una iglesia. En la escuela, y luego en el trabajo, había oído afirmar continuamente: ¡No existe Dios! Y a pesar de todo repetía: ¡Pero yo siempre supe que Dios

existe!

y ahora querría aprender algo sobre El. (K. Wojtyla, Signo de contradicción, p. 2 l).

b. 2 Pero no puede haber ateos por convicción científica. En otras palabras no se puede comprobar científicamente que Dios no exista. Para ello sería necesario echar por tierra argumentos indestructibles; y admitir como ciertas, cosas tan absurdas como éstas: la serie infinita de los seres, la vida como brote natural de la materia (generación espontánea), y el orden maravilloso del universo como efecto del acaso.

Sería también preciso destruir la ley moral, tan íntimamente grabada en nuestra conciencia; y aceptar que puede haber efecto sin causa. Todo esto repugna a nuestra mente.

c)

Los ateos prácticos son muchos desgraciadamente, aun entre los católicos. Son muchos los que

viven tan olvidados de Dios, que obran a cada paso como si Dios no existiera.

Es éste uno de los mayores males de nuestra sociedad, y la causa de que ella se muestre tan indiferente y pagana.

El Documento de Puebla (1979), llama la atención sobre el ateísmo práctico del liberalismo capitalista y el sistemático del marxismo (cfr. nn. 535-561). Igualmente advierte los peligros del "secularismo ", en donde "Dios resultaría superfluo y hasta un obstáculo" (n. 43 5) de ahí la necesidad de conocer sus causas y motivos (n. 1113). Debe tenerse en cuenta también que no "raras veces los no creyentes se distinguen por el ejercicio de valores humanos que están en la línea del Evangelio", pero "la época no es extraña, sin embargo, a formas de ateísmo militante y a humanismos que obstruyen un desarrollo integral de la persona" (n. 1113).

1.4 NATURALEZA DE LA RELIGION

1.4.1 Sentido y origen de la palabra religión

La palabra religión engloba dos sentidos principales:

a) Como una ciencia que perfecciona nuestro entendimiento; y así decimos que la Religión es la

más necesaria de las ciencias. Recibe también el nombre de Teología (de Teos, Dios; logos,

tratado).

b) Como una virtud que perfecciona nuestra voluntad, y en este sentido decimos que una persona es

muy religiosa. Santo Tomás la define como la virtud que inclina a rendir a Dios el respeto, el honor

y el culto debidos (cft. S. Th. II-II, q. 81, a. 5).

Aquí trataremos tan sólo de la religión copio ciencia; en cuanto a virtud se estudia en la Moral 1. Conviene además advertir que del conocimiento de la Religión nace la virtud de la religión, porque no podemos amar, honrar y servir a Dios sin antes conocerlo.

La palabra Religión viene del verbo latino religare, que significa ligar, atar; pues la religión es el lazo que une al hombre con Dios mediante su amor y servicio.

1.4.2 Definición de la Religión

La Religión es la ciencia que nos enseña el conocimiento de Dios, de los deberes que nos ha impuesto, y los medios que nos llevan a El.

lo. Se dice que es la ciencia del conocimiento de Dios, porque lo primero que enseña son las verdades sobre Dios mismo. Enseña también cierto número de verdades que indirectamente se refieren a Dios, y que toman el nombre de verdades religiosas; por ejemplo, la existencia del alma humana, de otra vida después de la muerte, etc.

2o. La Religión es la ciencia de los deberes que Dios nos ha impuesto, porque siendo Dios el Ser Supremo, y también nuestro Creador y último fin, nos ha impuesto ciertos deberes que tenemos obligación de cumplir y que la Religión nos enseña;

De estos deberes unos miran directamente a Dios, otros al prójimo, y otros a nosotros mismos. Por ejemplo:

a) Para con Dios, tenemos el deber de adorarlo y servirlo.

b) Para con el prójimo, el de respetar su vida y sus bienes.

c) Para con nosotros mismos, el de procurar nuestra salvación.

3o. Se agrega que la Religión es la ciencia de los medios que llevan a Dios, porque Dios mismo se ha dignado manifestarnos ciertos medios muy a propósito para conducirnos a El, medios que la Religión estudia; por ejemplo, la oración y los sacramentos. Dios en su bondad ha dispuesto que estos medios, al mismo tiempo que honran a Dios santifiquen nuestra alma. Por eso reciben el nombre de medios de santificación.

1.4.3 Elementos que encierra

De lo anterior se desprenden los tres elementos que integran a la Religión en cuanto ciencia: el Dogma, la Moral y el Culto.

El Dogma -o Teología dogmática- comprende las verdades que debemos creer. La Teología Moral,

o simplemente Moral, enseña las obras que debemos practicar. Y el Culto, los medios de

santificación con los cuales honramos a Dios y procuramos nuestra salvación. Estos medios se

estudian en la ciencia llamada Teología Sacramentaria.

Los elementos de la religión están compendiados principalmente en: El Dogma en el Credo, la Moral en los mandamientos, y el Culto en la oración y los sacramentos. Pertenecen también al Culto las diversas ceremonias de la Iglesia, que llevan el nombre de Liturgia.

El Dogma es el elemento que constituye el punto de partida de la Religión. En. efecto, sin conocer a Dios, a la Religión revelada por El, y a la Iglesia por El fundada, mal podemos obedecer sus mandamientos, ni aprovechar los medios de santificación que nos brinda.

1.4.4 El fin de la Religión

En la Religión podemos distinguir un doble fin: a) Su fin próximo, que ir es el conocimiento, amor

y servicio de Dios en esta vida. b) Y su fin remoto, que es el procurarnos la posesión de Dios en el cielo.

1.5 RELIGION NATURAL Y RELIGION REVELADA

1.5.1 Noción

Conocemos a Dios de dos modos: por la razón y por la revelación.

a) La razón es la luz natural que Dios ha dado a nuestro entendimiento para conocer las cosas.

Con la sola fuerza de la razón natural -es decir, sin intervención especial de Dios podemos conocer varias verdades religiosas, por ejemplo, que hay un solo Dios, que tenemos alma, que existe otra vida después de la muerte, etc. (cfr. Dt. 1785, 1806, 21451, etc.).

b) La Revelación es la manifestación hecha por Dios a los hombres de algunas verdades de orden

religioso; por ejemplo, que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, y que murió para salvarnos;

o que en Dios hay tres Personas distintas, etc.

El conjunto de verdades religiosas que el hombre puede conocer por la simple luz de la razón se llama Religión NATURAL.

El conjunto de verdades que Dios ha manifestado al hombre por conducto de la Revelación, se llama Religión REVELADA. Como lo veremos luego, la Religión revelada es la Religión Católica.

1.5.2 No basta la Religión natural

No basta para salvarnos la Religión natural; a saber, no basta con aceptar las verdades religiosas que nos puede enseñar la luz de la razón; es necesario que aceptemos la Religión revelada.

Dios por su Bondad infinita ha querido abrir otro camino que lleve directamente a El y con mayor facilidad: el de la religión sobrenatural: "Quiso su sabiduría y bondad revelarse a Sí mismo, al género humano, y revelar los decretos eternos de su voluntad por otro camino, y éste sobrenatural" (Con. Vaticano I., Const. dogm. Dei Filias, c. 2; Dt. 1785). La razón es que no podemos ni conocer, ni amar, ni servir a Dios como El quiere y manda, sino aceptando las verdades, preceptos y medios de santificación que El se ha dignado manifestarnos. Otra manera de actuar significaría desprecio de lo que Dios ha dicho, considerándolo inútil o indiferente. Están pues, en grave error quienes dicen: "Yo soy honrado: yo no robo ni mato. Con esto tengo para salvarme". Esto les bastará para evitar la cárcel y la deshonra humana. Pero no podrán salvarse si no cumplen las condiciones que Dios les ha impuesto para ello. El es nuestro dueño y Señor, y nos ha creado para su servicio. En consecuencia estamos obligados a honrarlo y servirlo en la forma que se digne determinarlo.

Si Dios no hubiera hecho ninguna revelación, bastaría la Religión natural para salvarse. Desde el momento en que Dios revela, no cabe pensar que da lo mismo una religión que otra -indiferentismo religioso- sino que es preciso aceptar esa revelación divina que constituye la única religión verdadera. 1.5.3 Deberes que nos impone la Religión revelada

La Religión revelada nos impone, en especial, tres deberes:

El lo - es aceptarlas verdades que Dios nos ha manifestado.

El 2o. es cumplir los mandamientos que nos ha impuesto.

El 3o - es acudir a los medios de santificación con que El mismo ha querido ayudar nuestra debilidad.

Dios, en efecto, no ha querido dejar al hombre abandonado al error, al vicio y a su propia debilidad; sino que:

a) Para librarlo del error, El mismo le ha revelado las verdades que debe conocer y creer.

b) Para librarlo del vicio, El mismo le ha determinado las obras que debe practicar, y las que debe

evitar.

c) Para ayudar su debilidad, le ofrece su gracia por conducto de los sacramentos, la oración, etc.,

obligándolo a recurrir a estos medios.

Corno conclusión, debemos decir que no podemos conocer, amar y servir a Dios, ni salvar nuestra alma, si no aceptamos y practicamos la Religión revelada Íntegramente.

Así Cristo no dijo solamente: "E] que no creyere se condenará" (fe), sino también: "Si quieres alcanzar la vida, guarda los mandamientos" (moral) y, "Si uno no nace de agua y Espíritu Santo no

puede ver el reino de Dios", y "Si no comiereis mi carne no tendréis vida en vosotros" (sacramentos) (cfr. Mc. 16, 16, Mt. 19, 17, Jn. 3, 5, jn. 6, 54). "Con frecuencia, el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su coraz6n. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda, que se transforma en desesperación. Permitid, pues ---os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza-, permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo El tiene palabras de vida, sí, de vida eterna!" (Juan Pablo II, Homilía en la inauguración de su Pontificado,

22-XI-1978).

2.

La revelación sobrenatural

2. LA REVELACION SOBRENATURAL

2.1 LA RELIGION REVELADA O REVELACION

2.1.1 Naturaleza de la Revelación

a) Noción

La Revelación es la manifestación que Dios hace a los hombres en forma extraordinaria, de algunas verdades religiosas, imponiéndoles la obligación de creerías.

Se dice: "en forma extraordinaria", para distinguirla del conocimiento natural y ordinario que alcanzamos por la razón.

Generalmente Dios revela así: manifiesta las verdades que desea se conozcan a algún hombre elegido por El, le manda que las enseñe a los demás, y comprueba con milagros que en verdad El las reveló.

"Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de Sí mismo, revelándose a Sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y, después de la muerte, en la luz sempiterna" (Pablo VI, El Credo del Pueblo de Dios, n. g).

b) Revelaciones públicas y privadas

Hablando en un sentido general, podemos distinguir dos clases de revelaciones: la Revelación pública y las Revelaciones privadas.

lo. Revelación pública es la que ha hecho Dios directamente para la utilidad de todo el género humano. Por ejemplo, la hecha a Moisés en el Sinaí y la efectuada por Nuestro Señor Jesucristo.

2o. Revelaciones privadas son las que ha hecho a algunas personas para su utilidad particular.

Ejemplos: las hechas a Santa Gertrudis, a Santa Teresa de Jesús, a Santa Margarita María cuando Nuestro Señor le pidió el establecimiento de la fiesta del Sagrado Corazón y de la devoción de los primeros viernes, etc.

La Revelación pública ha sido hecha por Dios directamente para la utilidad de todo el género humano, e impone la obligación de aceptarla a todos los hombres.

Las revelaciones privadas directamente son hechas para la utilidad particular, y no imponen la obligación de aceptarlas sino a las personas a quienes fueron hechas, o a las personas que tienen plena certeza de ellas, lo que ocurre raras veces.

Respecto a las revelaciones privadas conviene advertir:

a) Las revelaciones privadas no forman parte de la fe, ni enseñan verdades nuevas; sino que han sido hechas para ilustrar las verdades ya reveladas, y hacernos adelantar en la perfección cristiana.

b) La Iglesia no las aprueba sino después de maduro examen; y al aprobarlas no pretende enseñar

que cuanto de ellas se diga sea verdadero, ni mucho menos hacerlas obligatorias. Únicamente garantiza que en ellas no se dice nada contrario a la fe y a las buenas costumbres.

c) No podemos despreciar las revelaciones privadas, pues en general contienen enseñanzas de gran

utilidad para la vida cristiana.

d) Algunas veces la aprobación de la Iglesia no es una simple certificación de que no hay en ellas

nada contra la fe y la moral; sino una afirmación de su origen divino. Tal pasa, por ejemplo, con

las revelaciones del escapulario del Carmen a San Simón Stok, de la devoción al Sagrado Corazón

a Santa Margarita María, etc. Aunque en ningún caso llegan a ser artículo de fe.

Las demás revelaciones sólo nos merecen fe humana, de acuerdo con las condiciones intelectuales

y morales de la persona que las tuvo.

La Revelación pública terminó con los Apóstoles: después de ellos Dios no ha revelado nuevas verdades que sean objeto de fe.

c) Contenido de la Revelación

"Por la divina Revelación Dios quiso comunicarse El mismo y también los decretos eternos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, para hacerles partícipes de los bienes divinos que sobrepasan de modo absoluto la inteligencia de la mente humana" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, núm. 6).

El contenido de la Revelación es el mismo Dios y sus decretos eternos de salvación.

De estas verdades: a) unas no podía conocer nuestra razón; b) otras podía conocerlas, pero con mucha dificultad e incertidumbre.

Así de ninguna manera podíamos conocer el misterio de la Santísima Trinidad. Podíamos conocer, pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error otras verdades; por ejemplo, que no hay sino un solo Dios, y que es Espíritu Puro Y Creador de cuanto existe, que el alma humana es inmortal, etc.

lo. Dios ha querido revelarnos verdades que de, ninguna manera podíamos conocer por la pura razón, con el objeto de darnos a conocer el orden sobrenatural.

El orden sobrenatural consiste en la elevación del hombre por la gracia santificante, de simple criatura a la dignidad de hijo de Dios y heredero del cielo. Y también en los medios que Dios eligió para devolvernos la grada y el derecho al cielo que perdimos por el pecado; principalmente los misterios de la Encarnación y Redención.

2o. Dios quiso manifestarnos verdades que nuestra razón podía conocer pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error, para que todos - los hombres pudieran conocerla con facilidad, con certeza y sin mezcla de error (cfr. Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filias, Dt. 1786).

2.2 NECESIDAD DE LA REVELACION

2.2.1 Necesidad absoluta y necesidad moral

Una cosa puede ser necesaria de dos modos:

a) Es absolutamente necesaria, cuando sin ella nos es de todo punto imposible conseguir lo que

deseamos.

b) Es moralmente necesaria cuando sin ella podemos alcanzar lo que deseamos, pero con grave

dificultad y deficiencias.

Así sin estudiar en alguna forma nos es absolutamente imposible aprender. Y sin maestro nos es muy difícil, esto es, casi imposible aprender una ciencia con alto grado de dificultad, como la física nuclear o la filosofía.

En efecto son muy pocos los que tienen la inteligencia y la constancia suficientes para coronar solos un estudio de esa naturaleza.

Además, los que estudian sin maestro están expuestos a graves deficiencias, por ejemplo errores, dudas, lagunas; a hacer un estudio errado. incompleto y poco firme:

2.2.2 En qué sentido es necesaria la Revelación

La Revelación es absolutamente necesaria en un sentido, y moralmente necesaria en otro.

lo. La Revelación es absolutamente necesaria para conocer el orden sobrenatural, al que Dios se dignó elevarnos.

"Puesto que nos elevó al orden sobrenatural, era indispensable que nos manifestara ese orden", dice Santo Tomás (S. Th., q. 1, a. l).

¿Qué gana un niño con que una persona muy rica lo acepte por hijo, y lo nombre heredero de una cuantiosa suma, si no le avisa que lo constituyó heredero, ni las condiciones necesarias para recibir la herencia? De la misma manera, ¿qué habríamos ganado con que Dios nos hubiera hecho sus hijos y herederos, si no nos hubiera revelado nuestra condición de hijos y los medios necesarios para alcanzar la herencia del cielo?

2o. La. Revelación es moralmente necesaria para que las verdades religiosas de orden natural puedan ser conocidas por todos con facilidad, con firme certeza y sin mezcla de error alguno (cfr. Dt. 1786, Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, n. 6).

En efecto, aunque no es imposible que los mejores dotados puedan llegar por sí solos a esos conocimientos, lo harán con dificultad e incertidumbre, y, para la generalidad de los hombres la Revelación seguiría siendo necesaria.

Ya Santo Tomás advertía que gran parte de los hombres por carecer de talento, o de tiempo, o de formación, o por hallarse dominados por pasiones e intereses personales, no llegarían por sí mismos a este conocimiento (cfr. C. G., 1, 4).

Por su parte, también la historia prueba esta necesidad: aun los más grandes filósofos de la antigüedad cayeron en graves errores de orden religioso y moral; y que los pueblos a quienes no ha llegado actualmente la luz de la Revelación viven aún hoy sumergidos en graves errores.

2.3 NOCION DE MISTERIO Y DOGMA

2.3.1 Los misterios

lo - Misterio en general es una verdad que no podemos comprender, por trascender a nuestro entendimiento.

La naturaleza está llena de misterios y vivimos rodeados de realidades que no podemos comprender.

Nadie sabe a ciencia cierta - al menos hoy en día- qué es exactamente la fuerza gravitacional y mucho menos si es susceptible de control. Aún hay muchos "misterios" en el organismo humano y no digamos en las realidades que están físicamente muy alejadas de nosotros, por ejemplo: ¿qué habrá en Aldebarán, que está a 55 años luz de la tierra y es 40 veces mayor que nuestro sol?

2o. Misterio en sentido estricto es una verdad que no podemos comprender, pero que conocemos y creemos porque Dios nos la ha revelado. Por ejemplo, el de la Santísima Trinidad.

No debe extrañarnos que en la Religión haya misterios, porque si a cada paso los encontramos en los seres limitados de la naturaleza, con mayor razón en Dios, Ser infinito, que sobrepasa inmensamente la capacidad de nuestro entendimiento.

"Nunca creería en la divinidad de una religión que no tiene misterios", dijo un célebre pensador. En efecto, un Dios que cabe dentro de mi entendimiento ya no es Dios; y una religión que en todo está al alcance de los hombres, no es divina.

Los misterios no son contrarios a la razón humana, sino que únicamente están por encima de ella.

Por ejemplo, las leyes de la electricidad, que son conocidas por un buen físico, son un misterio para el ignorante. Mas esto no quiere decir que vaya contra su razón, sino que le son superiores.

No puede haber contradicción entre la razón y los misterios revelados, porque siendo Dios a la vez autor de la razón y de la Revelación, cualquier contradicción entre la razón y los misterios revelados implicaría contradicción en el mismo Dios; lo que no es dado suponer.

2.3.2 Dogmas

Dogma en sentido amplio, es una verdad contenida en la Revelación divina.

Dogma en sentido estricto, son las verdades reveladas por Dios y propuestas como tales por el Magisterio de la Iglesia a los fieles, con la obligación de creer en ellas.

La palabra dogma tiene dos sentidos: unas veces significa una verdad determinada y definida, por ejemplo, el dogma de la Asunción de la Virgen; otras, el conjunto de las verdades reveladas, como cuando decimos: el dogma católico.

El dogma en sentido estricto es objeto de fe divina y católica. Es de fe divina por proceder de una revelación divina, y es objeto de fe católica por ser una verdad propuesta por el Magisterio infalible de la Iglesia. Quien niega opone en duda de un modo pertinaz las verdades que han de ser creídas, comete el pecado de herejía.

Como puede observarse en el dogma hay dos elementos:

1) Es una verdad revelada por Dios y se halla por tanto contenida ya en la Sagrada Escritura, ya en la Tradición o en ambas.

2) Es una verdad propuesta por el Magisterio de la Iglesia con obligación de creer en ella. Esa propuesta puede hacerla la Iglesia, bien de forma extraordinaria, por una solemne definición del Papa o de un Concilio Universal de acuerdo con el Papa, o por el magisterio ordinario y universal de toda la Iglesia.

2.4 EL DEPOSITO DE LA REVELACION

El conjunto de verdades reveladas por Dios, que se entregaron a la Iglesia y que el Magisterio eclesiástico custodia es el depósito de la Revelación.

La Revelación está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición:

verdades reveladas fue escrita por aquéllos a quienes Dios las reveló, y se llama Sagrada

Escritura;

La Sagrada Escritura y la Tradición contienen, pues, toda la doctrina revelada; el Magisterio de la Iglesia custodia e interpreta esa doctrina.

Tanto la Escritura como la Tradición son la palabra de Dios, esto es, su enseñanza comprobada por milagros y profecías; con la diferencia de que la Tradición no fue escrita por aquéllos a quienes Dios la reveló; aunque después con el tiempo otras personas sí pudieron escribirla, para conservarla y transmitirla con mayor fidelidad.

El conjunto de las verdades de la Escritura y de la Tradición se llama "Depósito de la fe ", o "Depósito de la Revelación ".

a) Una parte de las

b) La otra parte no fue escrita sino transmitida verbalmente y se llama Tradición

El Concilio Vaticano II, en continuidad con el de Trento y con el Vaticano I, enseña: "Dios

dispuso, con su gran bondad, que todo lo que había revelado para la salvación de toda la gente se conservara íntegro para siempre y se fuera trasmitiendo a todas las generaciones" (Conc. Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, núm. 7).

2.4.1 La Sagrada Escritura

a) Su naturaleza

La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu

Santo, por aquéllos a quienes Dios la reveló. En con-secuencia, "tiene a Dios por autor", como dice

el Concilio Vaticano I (Dt. 1 7 8 7).

La Sagrada Escritura se llama Biblia (del griego biblos, que significa libro), porque es el libro por excelencia.

A la Biblia se le llama también: Sagrada Escritura, Libros Sagrados, Libros Inspirados, Palabra de

Dios.

Se llaman Versiones de la Sagrada Escritura a las traducciones que se han hecho de la Biblia a otras lenguas distintas de aquéllas en las que se escribieron originalmente, los 1ibros que la forman (hebreo, griego y arameo).

Es célebre la traducción de los setenta, que se remonta más o menos al año 130 antes de Cristo. Es

la versión de los libros del Antiguo Testamento, del hebreo al griego, hecha, según la tradición,

por setenta sabios de Alejandría.

Las Versiones más importantes en la Iglesia son:

La Vulgata y la Neovulgata.

La Vulgata es la traducción al latín que hizo San Jerónimo a finales del siglo IV. Esta versión fue solemnemente declarada como auténtica por el Concilio de Trento (1546). Se llama Vulgata porque entonces el latín era reputado lengua vulgar o popular respecto al griego.

La Neovulgata es la misma versión Vulgata, a la que se han incorporado los avances y descubrimientos más recientes.

El Papa Juan Pablo la aprobó y promulgó como edición típica en 1979. El Papa lo hizo así para

que esta nueva versión sirva como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas

modernas y para realizar estudios bíblicos.

b) Inspiración de la Sagrada Escritura

La inspiración divina de la Escritura consiste en tres cosas, a saber: a) Dios indujo a los autores a que escribieran los libros santos; b) les sugirió lo que debían decir; c) los preservó de error.

No consiste pues en que la Iglesia hubiera aprobado con su autoridad libros escritos por industria humana; sino en las tres condiciones indicadas.

La Sagrada Escritura es a un tiempo obra de Dios y del hombre; de Dios, como causa principal; del hombre, como causa instrumental.

Cuando el músico se sirve de un instrumento para obtener sonidos, el artista es la causa principal del sonido, y el instrumento la causa instrumental. Así Dios, dicen los santos Padres, se valió del hombre como de un instrumento para escribir los libros sagrados.

Aunque el autor es un instrumento en las manos de Dios, no deja de ser un instrumento inteligente y libre, que usa conscientemente sus facultades: sentidos, inteligencia, memoria, voluntad.

En consecuencia, el escritor sagrado: a) Puede utilizar conocimientos adquiridos por él de antemano; b) Conserva su personalidad, su estilo y expresión peculiares, hasta incorrecciones de lenguaje; pues a estas cosas no se les extiende la inspiración.

La misma Escritura afirma el hecho de la inspiración. Así Cristo dice que "David habló inspirado por el Espíritu Santo" (Mc. 12, 3 6). Y S. Pablo declara que "Toda escritura es inspirada por Dios " (II Tm. 3, 16).

c) División de la Sagrada Escritura

La Sagrada Escritura se divide en Antiguo y Nuevo Testamento. El Antiguo comprende los libros escritos antes de Cristo. El Nuevo lo escrito después de El.

Testamento significa pacto o alianza. La Revelación, por las promesas que hace Dios en ella, y por las obligaciones que impone, es un verdadero pacto entre Dios y los Hombres.

c. 1 Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento consta de 46 libros, que se dividen en 21 históricos, 7 didácticos y 18 proféticos.

a) Los históricos describen la historia de Israel, o de algunos de sus más célebres personajes.

b) Los didácticos (de didakein, enseñar) son libros de enseñanza religiosa y moral.

c) Los proféticos anuncian la venida del Mesías y reprenden al pueblo por sus infidelidades.

Los didácticos y parte de los proféticos están escritos en verso.

c.2 Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento consta de 27 libros: 5 históricos, a saber: los 4 Evangelios y los Hechos de los Apóstoles; 21 doctrinales, que son las Epístolas; y uno Profético que es el Apocalipsis.

Mención especial a los Evangelios

Los 4 Evangelios de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan nos refieren la vida y enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo.

Ellos deben ser para el católico el libro de mayor estimación y estudio, porque contienen los ejemplos del divino modelo y las enseñanzas del divino Maestro.

"Tanto enseña Cristo por sus palabras como por sus obras", dice San Agustín. Por eso todo el Evangelio merece ser atentamente meditado.

Digamos una palabra sobre los símbolos con que se representa a los evangelistas. Están tomados de los hechos narrados en el primer capítulo de cada Evangelio.

lo . San Mateo empieza su Evangelio por el origen de Cristo en cuanto hombre. Por eso se le dio por símbolo un rostro humano.

2o. San Marcos empieza por la predicación de San Juan Bautista en el desierto. Su símbolo es un león, animal del desierto.

3o. San Lucas empieza por el sacrificio de Zacarías, padre del Bautista. Su símbolo es un ternero, animal por excelencia de los sacrificios.

4o. San Juan empieza con una página subirme sobre la generación eterna del Verbo. Su símbolo es un águila, animal que se cierne en las alturas.

El profeta Ezequiel (1, 4-12), tiene una visión, de la que también se han tomado esas figuras.

CUADRO SINOPTICO

CARACTERISTICAS DE LAS PERSONAS

CARACTERISTICAS

DE SUS EVANGELIOS

FIN ESPECIAL

FECHA E IDIOMA

SAN MATEO

Era cobrador de impuestos. Uno de los Apóstoles.

Cita 43 veces el

Antiguo Testamento haciendo ver que en Cristo se cumplieron las

profecías. Relata el Sermón de la Montaña

Convertir a los judíos, haciéndoles ver que Cristo era el Mesías.

Hacia el año 50-55; en Arameo quizá en Siria.

SAN MARCOS

Era de Jerusalén. Fue secretario y compañero de viajes de San Pedro. No fue de los

12.

Se detiene mas en los hechos que en las palabras de Cristo.

Escribió su Evangelio "a ruegos de los cristianos de Roma".

Hacia el año 60, en griego, en Roma.

de Roma". Hacia el año 60, en griego, en Roma. SAN LUCAS Médico de Antioquía. Fue

SAN LUCAS

Médico de Antioquía. Fue secretario y compañero de viajes de San Pablo. No fue de los 12.

Gran Narrador: es el que tiene mejores prendas literarias. Es el único que relata la infancia de Cristo.

Convertir a los paganos, como compañero que era de San Pablo. El mismo era pagano convertido.

Hacia el año 62, en griego, parece que en Roma.

SAN JUAN Pescador de Galilea. Uno de los 12 . Fue "el discípulo amado" de

SAN JUAN

Pescador de Galilea. Uno de los 12. Fue "el discípulo amado" de Cristo.

De preferencia a la vida Divina de Cristo. Es quien mejor descubre los tesoros de su corazón. Narra los discursos de la promesa de la Eucaristía y el Sermón de la Ultima Cena.

Probar la Divinidad de Cristo, que empezaba a ser negada por los primero herejes. Completar los otros Evangelios.

Hacia el año 100 en griego, en Éfeso.

d) Libros "apócrifos" y biblias protestantes

Un Libro apócrifo es aquél que, teniendo un argumento o título semejante a los libros inspirados, no tiene un autor cierto y no está incluido en el Canon Bíblico fijado por la Iglesia, porque no fue divinamente inspirado y por contener algunos errores.

¿La Biblia católica y las protestantes son iguales? No. A las biblias protestantes les suprimieron algunos libros que están en la Biblia católica; por ejemplo: del Antiguo Testamento: Sabiduría, Judit, Tobías, Eclesiástico y 11 Macabeos y del Nuevo: Epístolas de Santiago, de San Pedro y San Juan. Además, en los libros que conservan, modifican algunas palabras para apoyar sus ideas erróneas.

2.4.2 La Tradición

a) Su naturaleza

Se llama Tradición a la doctrina revelada por Dios que no está contenida en la Escritura, sino que se ha conservado por diversos medios.

Por eso se dice que la Tradición es "complemento" de la Sagrada Escritura; así, por ejemplo, no todo lo que Nuestro Señor Jesucristo hizo o dijo fue escrito, y sin embargo ha sido transmitido infaliblemente, gracias a la asistencia del Espíritu Santo.

La Tradición ha llegado hasta nosotros por la predicación, la vida misma de la Iglesia, los escritos de los Santos Padres, la liturgia y otras diferentes formas, como luego veremos.

b) Valor de la Tradición

La Tradición, acompañada de las debidas condiciones, tiene el mismo valor que la Sagrada Escritura, porque también es la palabra de Dios, fielmente transmitida hasta nosotros.

Los protestantes le niegan todo valor, y al hacerlo contradicen a un mismo tiempo la razón y la Escritura.

El Concilio Vaticano II, en continuidad con el de Trento y con el Vaticano I, enseña.- "Dios dispuso, con su gran bondad, que todo lo que había revelado para la salvación de todas las gentes se conservara integro para siempre y se fuera trasmitiendo a todas las generaciones " (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Deí Verbum, núm. 7).

b. 1 Pruebas de razón

la. La Tradición, esto es, la predicación de los Apóstoles es anterior a la Sagrada Escritura, y durante muchos años fue la única regla de fe.

En efecto la predicación de los Apóstoles comenzó el mismo año de la muerte de Cristo (año 33). En cambio los libros de la Sagrada Escritura no fueron escritos sino desde el año 50 al 100; y sobre todo no fueron conocidos por la Iglesia universal, sino en el curso de los primeros siglos, porque al principio sólo fueron conocidos, por las Iglesias particulares a que iban destinados.

Luego, una de dos: o durante estos primeros años y siglos no había en la Iglesia fuente ninguna de fe, lo que es inadmisible, pues equivale a decir que no hubo fe en ellos o hay que admitir una fuente de fe distinta de la Escritura, a saber la Tradición o enseñanza de los Apóstoles y sus sucesores.

2a. No se puede saber con certeza qué libros contengan en realidad la doctrina de Cristo, ni cuál sea su verdadero sentido, sino por la enseñanza de la Iglesia. Luego esta enseñanza es norma o regla importantísima de nuestra fe -

3a. Si la norma de fe fuera sólo la Escritura, y no la enseñanza de la Iglesia, sólo podrían salvarse los que leen la Escritura; conclusión inadmisible.

En efecto hay muchas personas que no saben leer, o no tienen facilidad de procurarse una Biblia. Y aquí debemos pensar no sólo en el gran número de personas ignorantes de nuestros días y países, sino sobre todo en la dificultad máxima de conseguir una Biblia antes de que se descubriera la

imprenta: y en los cristianos convertidos en tierra de misiones, que no tienen Biblia en el único idioma que conocen.

b. 2 Pruebas de la Sagrada Escritura

Se prueba que la enseñanza de la Iglesia es fuente de la fe:

lo. Por las palabras de Cristo. Este dijo a los Apóstoles: "Id y predicad el Evangelio a toda criatura" (Mc. 16, 15) y no "Id y escribid libros"; y "El que a vosotros oye, a mí me oye"; (Lc. 10,16) y no el que a vosotros lee.

2o. Por la enseñanza de San Pablo, que escribe así a los fieles de Tesalónica:

"Manteneos firmes en la fe, y conservad las tradiciones que habéis aprendido, ya por la predicación, ya por mi epístola" (II Tes. 2, 14). Aquí le da exactamente el mismo valor, como fuente de fe, a su Epístola (Escritura) y a su predicación (Tradición).

Dice también a Timoteo: "Lo que has oído de mí delante de muchos testigos, confíalo a otros hombres fieles, capaces de instruir a los demás" (II Tim. 2, 2). Confía, pues la fe a la enseñanza, ya a la suya propia, ya a la de sus discípulos.

3o - San Juan declara que si se escribiera todo lo que Cristo dijo no cabrían los libros en el mundo; lenguaje figurado que da á entender que deja sin escribir muchas cosas acerca de Cristo (cfr. Jn. 21, 25). Dice también en su 2a. carta: "Aunque tenía muchas cosas que escribimos, no he querido hacerlo por medio de tinta y papel, porque espero veros y hablaros de viva voz" (II Jn. 12).

Tanto la razón como la Escritura enseñan, pues, el valor de la Tradición como fuente de la fe. Y los protestantes deben aceptarla si en verdad respetan la enseñanza de la Escritura.

c) Fuentes de la Tradición

La Tradición se halla contenida principalmente:

lo. en los símbolos de la fe,

2o. en la liturgia y vida de la Iglesia,

3o. en los escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia.

c. 1 Símbolos de fe

Símbolos de fe son ciertas fórmulas que compendian las principales verdades de ella. Los principales son:

a) El Símbolo de los Apóstoles, que remonta a la edad apostólica. Es el Credo.

b) El Símbolo de San Anastasio (Quicumque), que contiene una amplia declaración de los misterios

de la Santísima Trinidad y la Encarnación.

A los símbolos deben agregarse las Profesiones de Fe, que son también formulas en que se confiesan los dogmas y se condenan los errores contrarios. La principal es la ordenada por el Concilio de Trento.

c.2 La liturgia y la vida de la Iglesia.

La Tradición se halla también contenida en los ritos de la liturgia, que muchas veces son una confesión implícita de la fe.

Así, el rito de difuntos es una confesión de la creencia en el Purgatorio, pues ni los bien aventurados necesitan ayuda, ni los condenados pueden recibirla. La Santa Misa es una confesión del dogma de la Redención, etc.

Por otra parte, como enseña el Concilio Vaticano II (cfr. Const. dogm. Dei Verbum), Cristo quiso que su Revelación incluyera no sólo sus enseñanzas orales sino también su vida y sus obras. Y este

ejemplo suyo, continuado en la persona y ministerio de los Apóstoles y sus suceso res, plasmado en las instituciones y la vida y sentir del pueblo cristiano, forma también parte de la Tradición.

El Concilio Vaticano II viene pues a decirnos que, en el fondo, la Tradición no es otra cosa que la

misma Iglesia, que en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y trasmite a todas las generaciones todo lo que ella es y todo lo que Ella cree (cfr. Dei Verbum, n. 8).

c.3 Padres y Doctores de la Iglesia

a) Padres de la Iglesia son los escritores de la antigüedad cristiana (anteriores al siglo VII) que se

distinguieron por la pureza de su fe y por su santidad. Llámanse Padres apostólicos a los que conocieron a los Apóstoles, como San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San

Clemente Romano, etc.

b)

Doctores de la Iglesia son aquellos escritores que además de distinguirse por la pureza de su fe y

la

santidad, destacaron por su ciencia eminente.

Los cuatro grandes doctores en la Iglesia griega

son: San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo.

Y los cuatro grandes doctores en la Iglesia latina son: San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín

y San Gregorio Magno .

Se distinguen también entre los doctores: San Bernardo, San Anselmo, San Buenaventura, San Isidoro de Sevilla, San Francisco de Sales, San Juan de la Cruz, San Alfonso María de Ligorio y sobre todo Santo Tomás de Aquino.

Santo Tomás de Aquino es quizá la mayor luminaria de la Iglesia. Sobresalió especialmente en Sagrada Teología.

Su obra más conocida es la Suma Teológica. En muchos documentos los Papas han manifestado su voluntad de que la doctrina de Santo Tomás oriente la enseñanza católica.

Sobre la legitimidad y valor de las diversas fuentes de la Tradición, le compete juzgar únicamente a la Iglesia Católica, que es Maestra de toda la verdad revelada, columna y fundamento de la verdad. En otras palabras, la Tradición es infalible sólo cuando está reconocida y sancionada por el Magisterio de la Iglesia.

2.4.3 El Magisterio de la Iglesia

El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado por

Dios únicamente al Magisterio de la Iglesia. Ya hemos dicho cómo es el Magisterio quien sanciona la infalibilidad de una verdad contenida en la Tradición; ahora nos detendremos a hablar de su intervención respecto a la Biblia.

a) La Iglesia depositaria de la Palabra de Dios

Tres poderes corresponden a la Iglesia respecto a los libros sagrados: fijar su canon, determinar su sentido y velar por su integridad (cfr. Const. dogm. Dei Verbum, n. 10)

lo. Fijar el canon de las Escrituras significa determinar qué libros se deben tener por revelados, y cuáles no.

Canon significa aquí lista u orden de los libros revelados. Cristo, al dejar a su Iglesia la facultad de velar por su doctrina, tuvo que darle el poder de determinar en qué libros se hallaba esta doctrina. De otra suerte los fieles no hubieran sabido a qué atenerse en materia de tanta trascendencia. Es de advertir que en los primeros siglos muchos libros no revelados trataron de pasar por revelados.

2o. Determinar el sentido significa interpretar cuál es la verdadera manera de entenderla, especialmente en los pasajes obscuros y difíciles.

La Sagrada Escritura es un libro divino y misterioso, en el cual, como dice San Pedro, "Hay cosas difíciles de entender, cuyo sentido falsean los indoctos para su propia perdición" (II Pe. 3, 16). Habrá muchos seudoprofetas seguidos por muchedumbres dice el mismo apóstol (II Pe. 2, 1 y 2).

3o - Velar por su integridad quiere decir estar alerta, para que la Escritura no vaya a sufrir alteración o menoscabo.

Sólo la Iglesia tiene este triple poder, porque sólo a ella confió Cristo el depósito de la fe, y le dio la misión de enseñar.

b) Falsedad del libre examen

El libre examen de la Escritura, doctrina fundamental del Protestantismo, consiste en admitir que cada uno "tiene derecho" de interpretar a su gusto la Sagrada Escritura.

El libre examen no puede aceptarse, porque resultarían tantas doctrinas e Iglesias cuantas interpretaciones; y es evidente que Cristo no quiso fundar sino una sola Iglesia con una sola doctrina.

Como consecuencia del libre examen el Protestantismo se halla dividido en innumerables sectas, que profesan doctrinas contradictorias.

Otra prueba de que el libre examen conduce al error, es que los herejes de todos los tiempos han preferido defender sus errores con falsas interpretaciones de la Escritura.

Así, en vista del peligro de interpretaciones subjetivas o heterodoxas, la Iglesia indica que las ediciones de la Sagrada Escritura "sólo pueden publicarse si son aprobadas por la Sede Apostólica o por la Conferencia Episcopal" (CIC, c. 825 & l), con notas aclaratorias necesarias y suficientes, porque son muchos los pasajes difíciles.

2.5 INMUTABILIDAD DEL "DEPOSITO" DE LA REVELACION

La Revelación de Dios a los hombres tiene su culminación en Jesucristo. Ya no es un mensajero de Dios el que viene a revelar un aspecto del plan salvador: es Dios mismo el que, en su misma realidad personal, revela el Ser y el actuar divinos. "Dios últimamente nos ha hablado por medio de su Hijo" (Heb. 1, l). En Jesús culmina la Revelación, pues es la Palabra, el Verbo hecho carne (cfr. Jn. 1,14).

Jesucristo, "con toda su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, prodigios y milagros, y, ante todo, con su muerte y resurrección y, finalmente, enviando al Espíritu de verdad, culmina plenamente la Revelación" (Const, dogm. De¡ Verbum, n. 4).

De lo anterior se desprende que con la muerte del último Apóstol -testigo ocular cualificado-, se cerró el contenido del depósito revelado por Dios.

La Iglesia, que es depositaria de la Palabra de Dios que es inmutable, no puede quitar o añadir nada.

Puede hablarse, sin embargo, de un progreso en el modo de explicar esas verdades.

2.5.1 Cierto progreso

Todas las verdades enseñadas por Dios a los hombres están contenidas en la Escritura y en la Tradición. Pero no se han conocido y profundizado en toda su amplitud .

De acuerdo con estas dos ideas precisemos en qué sentido se puede admitir el progreso del dogma católico, y en qué sentido no.

Podemos sentar estos tres principios:

lo. Con la muerte de los Apóstoles quedó terminada la Revelación; y después de ellos Dios no ha revelado ninguna verdad nueva.

En consecuencia, cuando la Iglesia define solemnemente un nuevo dogma, no establece una verdad nueva, no contenida en la Escritura y en la Tradición; sino que por el contrario declara que esta verdad está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición; y que por lo mismo hay que admitirla.

2o. Los dogmas no pueden cambiar de sentido; pero sí pueden cambiar los términos en que son expresados.

a) No pueden cambiar de sentido. Repugna que lo que la Iglesia aceptó ayer como verdadero, hoy

lo rechace como falso; o el caso inverso. Ello equivaldría a negar la asistencia que Dios prometió.

b) Pero sí sucede que los dogmas se pueden expresar con palabras más claras y precisas.

Ejemplos: El dogma de la Santísima Trinidad se expresó al principio diciendo que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Fue Tertuliano quien empleó por primera vez la fórmula que después quedó definitiva: En Dios hay Tres Personas y una sola es su Naturaleza.

Desde un principio se admitió que por las palabras de la consagración el pan se cambia en el cuerpo de Cristo. Pero la palabra transubstanciación (cambio de una substancia a otra) la empleó por primera vez la Iglesia en el IV Concilio de Letrán (1215).

En consecuencia el dogma es invariable, pero las explicaciones y términos de los teólogos pueden cambiar. La Iglesia sólo los acepta como la mejor manera de expresar por el momento el Dogma de que se trata.

3o. El progreso del Dogma consiste en que la Iglesia enseña de modo claro y explícito, verdades que estaban contenidas en la Escritura y en la Tradición de modo velado e implícito.

Así el dogma de la infalibilidad del Papa estaba contenida en forma implícita y velada en las palabras: "Tú eres Pedro, y sobre ti edificaré mí Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt. 16, 18). O en estas otras, dirigidas también a San Pedro: "He rogado por ti para que tu fe no perezca, y tú confirmado en ella confirma a tus hermanos" (Lc. 22, 32).

Y el Concilio Vaticano I definió el dogma de una manera precisa y explícita, precisando que el Papa es infalible cuando habla de dogma o de moral a toda la Iglesia en calidad de maestro supremo.

No debe extrañarnos este progreso pues la Sagrada Escritura es un libro lleno de profunda y misteriosa sabiduría, de suerte que no entrega de una vez todas las verdades que contiene, sino a medida que se estudia y se reflexiona sobre ellas.

3. La Fe sobrenatural

3. LA FE SOBRENATURAL: CREO EN DIOS

de haber hablado de la Revelación. Este orden perfectamente lógico: la fe es la respuesta o

aceptación del hombre a todo aquello que Dios le ha revelado.

3.1.1 Noción general

creo un hecho que me lo cuenta una persona que merece crédito. Así, lo que caracteriza a la fe es admitir una cosa porque otro la dice; o lo que es lo mismo, admitirla por el testimonio del otro.

Tratamos ahora de la fe, inmediatamente después

Fe en general es admitir por cierto lo que otro nos dice. Por ejemplo, cuando

"Cuando Dios revela, se le debe la "obediencia de la fe" (Rom. 16, 26; cfr. Rom. 1, 5; Cor. lo, 5-6), por la que el hombre se entrega todo él con libertad a Dios, prestando el pleno homenaje de la inteligencia y de la voluntad a Dios revelador y dando voluntariamente su asentimiento a la revelación que El le hace" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, núm. 5).

La fe se diferencia:

a) de la opinión que no admite las cosas como ciertas, sino como simplemente probables. La fe no

es mera opinión porque no da sólo probabilidad, sino certeza moral, de lo que se cree.

Así se creen, por ejemplo, la casi totalidad de los hechos históricos, que no se conocen de visu, sino sólo por testimonio de otros.

b) de la ciencia, que admite las cosas como ciertas, pero no porque otro las dice, sino Porque uno ve

o comprende que son así. Por ejemplo, no admitimos que es de día o que dos y dos sean cuatro porque otro lo diga, si no porque vemos y comprendemos que es así. En la fe se admite la verdad con toda certeza, no por la evidencia de la verdad en sí, sino por la confianza de aquél que nos enseña la verdad. La fe se divide en divina y humana, según que admitamos: lo que Dios o el hombre nos enseñan.

Hay muchas verdades de fe humana, porque son muchas las cosas que no podemos saber sino por el testimonio de otros; por ejemplo, quiénes son nuestros padres, dónde nacimos, y en general todo acontecimiento que no hemos presenciado personalmente.

Recuérdese que el saber basado en el testimonio de otro es el más frecuente en la vida diaria; hasta en las mismas ciencias llamadas experimentales se aceptan verdades por un acto de confianza en el testimonio o autoridad de otros investigadores.

3.1.2 La fe es una virtud sobrenatural El Concilio Vaticano I define la fe como: "una virtud sobrenatural por la que, con la inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por El ha sido revelado; no por la intrínseca verdad de las cosas percibidas por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede engañarse ni engañarnos" (Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filias, c. 3, Dt. 1789).

Elementos de la definición:

a) La fe es una virtud sobrenatural, pues trasciende todo orden natural o hu mano, ya que Dios -

como hemos visto- nos habla a través de la Revelación que es sobrenatural. La fe, respuesta a esa Revelación, debe ser también sobrenatural.

b) Con ayuda de la gracia, pues esta virtud supera las capacidades puramente naturales del ho mbre.

c) Creemos ser verdadero lo revelado; aceptamos esas verdades que constituyen lo que se llama

objeto de la fe, es decir, el conjunto de todas las enseñanzas divinas.

d) No creemos por la intrínseca verdad de las cosas, pues esa verdad no la captamos con nuestra

mente en toda su profundidad, toda vez que rebasan las capacidades del intelecto creado.

e) Creemos por la autoridad de Dios, que merece la más plena confianza, por encima de cualquier

otro testigo cualificado o la suma de todos ellos: Dios siendo infinitamente sabio, no puede engañarse; y siendo infinitamente santo, no puede engañarnos. La autoridad de Dios es el motivo de

la fe.

3.1.3 Diversas especies de fe

Debemos distinguir entre fe divina y fe católica.

a) Fe divina. Tiene lugar cuando la verdad que se cree ha sido revelada por Dios, pero no ha sido

definida por la Iglesia. Por ejemplo, la infalibilidad del Papa antes del Concilio Vaticano I.

b) Fe católica. Tiene lugar cuando la verdad ha sido revelada por Dios y definida solemnemente por

la Iglesia. Por ejemplo la infalibilidad del Papa después del Concilio Vaticano I.

En la fe debemos distinguir dos cosas: el hábito (virtud de la fe) que se nos infunde en el bautismo; y el acto de fe que se encuentra en el asentimiento que da nuestro entendimiento a la verdad revelada. Así, por ejemplo, al decir "Creo en Dios" hago un acto de fe que actualiza el hábito infuso de la fe.

Conviene observar que los protestantes tienen una idea errada sobre la fe, pues para ellos la fe no es el asentimiento de nuestra mente sino la confianza de que los méritos de Cristo nos sean aplicados. Confunden pues la fe con la esperanza.

3.2 CARACTER RAZONABLE DE LA FE

La fe es perfectamente racional, tanto en el motivo, como en el modo de inducirnos a creer.

a) La fe es racional en el motivo. En efecto, para creer en un hombre le exigimos: 1) ciencia, esto

es, que sepa lo que dice; 2) veracidad, que tenga la rectitud necesaria para no engañarnos.

Pues bien estas dos condiciones que exigimos en el hombre las encontramos siempre en Dios y en un grado muy superior. Pues Dios jamás podrá engañarse ni engañarnos.

b) La fe es también racional en el modo. En efecto, la fe no nos obliga a creer las verdades

reveladas, sino después de estar seguros de que Dios en verdad las ha revelado.

Si creyéramos una verdad como revelada por Dios, sin tener seguridad de que en verdad fue Dios quien la reveló, nuestra fe no tendría fundamento racional.

Por eso Dios, antes de obligarnos a creer, nos prueba mediante el milagro y la profecía que es El quien en verdad ha revelado.

Se llaman motivos de credibilidad a los argumentos que prueban el origen divino de la Revelación.

Se llaman motivos de credibilidad, porque hacen creíble o aceptable que la Revelación en verdad venga de Dios (cfr. Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filias, c. 3, Dt. 1790). En efecto, siendo el milagro y la profecía obras exclusivas de Dios, cuando existen en favor de una doctrina, prueban con evidencia que ella viene de Dios. De otra suerte Dios mismo nos indujera al error.

Los motivos de credibilidad son indispensables, porque Dios no puede obligar al hombre a creer las verdades de la fe, sin haberle probado primero que El en verdad las reveló. Los principales motivos de credibilidad son el milagro y la profecía, pues como sólo Dios puede efectuarlos, cuando se presentan en comprobación de una doctrina, prueban con evidencia que ésta viene de Dios.

Hay también otros dos motivos que nos mueven a aceptar como divina, la revelación:

a) La sabiduría excelentísima de la doctrina revelada que la hace inmensamente superior a todas las

invenciones humanas;

b) Su eminente santidad y su eficacia para levantar al hombre de sus flaquezas y errores.

Diferencias entre los motivos de credibilidad y el motivo de fe:

lo. Los motivos de credibilidad son múltiples (milagro, profecía, etc.); el motivo de la fe es único: la autoridad de Dios. 2o. Los motivos de credibilidad son anteriores al acto de fe; el motivo de la fe forma parte del mismo. En efecto, no creo (acto de fe), sino después de tener certeza por los milagros y por las profecías de que Dios ha revelado.

3o. Los motivos de credibilidad no obran en todos con la misma fuerza; a unos mueven más los milagros; a otros las profecías, a otros la sabiduría y santidad de la Religión cristiana para admitir la divinidad de la revelación. Por el contrario, el motivo de fe obra en todos con la misma eficacia; cada uno de los cristianos se dice: Dios ha revelado, luego debo creer.

Los motivos de credibilidad los conocemos por conducto de la razón. Así la razón sirve de base y fundamento a nuestra fe.

3.4 EL ACTO DE FE El acto de fe es un acto de nuestro entendimiento, bajo el impulso de nuestra voluntad, movida por la gracia.

lo. Es un acto del entendimiento, porque la fe nos enseña verdades, y la verdad es el objeto del entendimiento.

2o. Bajo el impulso de la voluntad, porque las verdades de la fe no se presentan con evidencia al entendimiento; y así éste no las admite si la voluntad no lo mueve a creer.

Es cierto que los motivos de credibilidad (milagros) obran en nuestra voluntad para moverla a creer, pero sin hacerle violencia, ni forzar su libertad. Dios no ha querido dar una evidencia absoluta a las pruebas de la revelación, para conservar el mérito de fe. Por eso les infundió luz suficiente para ahuyentar toda duda prudente en los

entendimientos bien dispuestos; pero no les infundió una evidencia que obligara a creer a los entendimientos rebeldes.

Por eso para creer se necesita una voluntad recta. Por eso también quien no vive la virtud de la santa pureza, y se deja llevar por el orgullo puede ser inducido fácilmente a la incredulidad. Así como el animal inmundo encenega el agua pura que bebe, así una voluntad viciada por la sensualidad y el orgullo se ensucia ella misma la fuente de la fe, límpida para otros.

3o. Movida por la gracia. La voluntad acepta la verdad de fe movida por la gracia, pues la fe es una virtud sobrenatural que rebasa con amplitud el ámbito de las fuerzas puramente naturales del hombre. Podemos decir por tanto -sin olvidar la ayuda de la gracia- que la inteligencia y la voluntad intervienen del siguiente modo:

lo. juicio de credibilidad: es razonable creer

2o. juicio de crecentada: debo creer

3o. decisión de la voluntad: quiero creer

4o. asentimiento del intelecto: creo

3.5 RELACIONES ENTRE LA CIENCIA Y LA FE

a) No puede haber oposición entre ellas

Entre la ciencia y la fe no puede haber oposición porque la una y la otra vienen de Dios; y si hubiera oposición entre ellas, Dios se contradiría a sí mismo.

Precisando los términos, debemos decir que no puede haber contradicción entre una verdad científica y una verdad religiosa.

1) Por verdad científica se entiende una verdad comprobada con absoluta certeza por la ciencia; no

una simple hipótesis o teoría de un sabio, por autorizado que sea.

2) Por verdad religiosa se entiende una verdad propuesta por la Iglesia como obligatoria a nuestra

creencia; no la opinión de un teólogo por autorizado que sea.

Cuando se advierte una contradicción entre la ciencia y la fe, hemos de juzgar que se trata de una contradicción aparente, que existe:

lo. O entre una opinión teológico y una hipótesis científica, y en este caso ni la primera es verdad religiosa, ni la segunda verdad científica.

2o. O entre una verdad religiosa y una hipótesis científica no demostrada, por ejemplo, entre el dogma de la creación y la hipótesis transformista que enseña que el hombre viene del mono.

3o. O por fin, entre una opinión teológico y una verdad científica demostrada, por ejemplo, entre la opinión de algunos teólogos que interpretaban los días de la creación como días naturales de veinticuatro horas, y la verdad científica de que el mundo necesitó largos siglos para su formación.

Pero podemos tener seguridad absoluta de que nunca una verdad de fe estará en contradicción real

con una verdad científica, porque la verdad no puede contradecirse a sí misma. El Concilio Vaticano I afirma que "aunque la fe esté por encima de la razón, sin embargo, ninguna verdadera disensión puede jamás darse entre la fe y la razón, como quiera que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe, puso dentro del alma humana la luz de la razón, y Dios no puede negarse a sí mismo ni la verdad contradecir jamás a la verdad" (Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filias, c. 4, Dt. 1,797).

b) Se ayudan mutuamente

La fe no es enemiga de la ciencia ni le teme a la ciencia, sino a la ignorancia. Es una gran verdad lo que dijo un pensador: "Si la poca ciencia aparta de Dios alguna vez, la mucha ciencia conduce

siempre a El" (Bacon).

lo. La fe es útil a la ciencia, especialmente en tres sentidos: a) le da, firmeza, haciéndola conocer con certidumbre muchas verdades de capital importancia, que la razón sólo conoce de modo incierto. b) La preserva de error, impidiéndole tomar por caminos extraviados. c) La ilustra, manifestándole muchas verdades que la razón sola nunca pudiera conocer. La fe es como un poderoso telescopio que aumenta poderosamente el alcance de la razón.

2o. La ciencia ayuda a la fe: a) en cuanto la razón es la que demuestra los motivos de credibilidad.

b) Y las ciencias son auxiliar eficaz e indispensable en el estudio de las verdades de la fe.

Es interesante resaltar el llamado que hace la Conferencia de Puebla: "A los científicos, técnicos y forjadores de la sociedad tecnológica, para que aliente el espíritu científico con amor a la verdad ( ); para que eviten los efectos negativos de una sociedad hedonista y la tentación tecnocrática ( ) Exhortamos a todos los pensadores conscientes del valor de la sabiduría ( ) a que tengan en cuenta la gran afirmación de la Gaudium et Spes: "El destino futuro del mundo corre peligro si no se forman hombres más instruidos en esta sabiduría (n. 15)" (Puebla, 1979, n. 1240).

4. La naturaleza de Dios y Su obra

4. LA NATURALEZA DE DIOS Y SU OBRAR

4.1 LA NATURALEZA DE DIOS

4.1.1 Cómo podemos conocerlo

Podemos conocer a Dios por la razón y por la revelación.

En este capítulo se estudian aquellas realidades de la naturaleza divina susceptibles de ser alcanzadas por la razón. A partir del capítulo siguiente el principal apoyo en los desarrollos explicativos será el conocimiento a través de la Revelación. La razón nos da a conocer la naturaleza de Dios de dos modos:

a) Por acción, atribuyéndole todas las perfecciones que encontramos en las criaturas, y todas las que

podamos concebir.

b) Por remoción, removiendo de El todo cuanto las criaturas tienen de limitado e imperfecto.

Esta forma de conocer se llama analógica, es decir, según un grado de semejanza (Dios es bueno ya que vemos que las criaturas son buenas) y otro de desemejanza (Dios no es bueno del mismo modo ni en el mismo grado de las criaturas). A la analogía se sigue la eminencia: Dios es bueno, pero bueno infinitamente. Así, pues, para el conocimiento racional de la naturaleza divina el punto de partida es la naturaleza

de las criaturas y en particular la naturaleza humana: las perfecciones que ésta posee las trasladamos por analogía a la naturaleza divina, elevadas al infinito. Y así, podemos atribuir a Dios la inteligencia, el poder, la bondad, la ciencia, la belleza, etc. Esta

forma de proceder se apoya en un clarísimo texto de San Pablo (Rom. 1, 20-2 1):

perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ellas nos dan las criaturas".

4.1.2 Definición de Dios

Podemos definir a Dios diciendo que es: un espíritu infinitamente perfecto que existe por sí mismo,

y de quien todos los demás seres reciben la existencia. Se dice:

a) Espíritu, esto es un ser inmaterial, dotado de entendimiento y voluntad como nuestra alma,

aunque infinitamente más perfecto.

las

b) Infinitamente perfecto, porque tiene todas las perfecciones posibles en grado sumo e ilimitado.

c) Que existe por sí mismo, porque no ha recibido de nadie la existencia.

d) Y de quien todos los demás seres reciben la existencia. El es el creador de todos los seres; y en

cambio El no ha sido hecho por nadie, pues es el Ser necesario que existe desde toda la eternidad.

4.1.3 Diferencias entre Dios y la criatura

Las criaturas no poseen su ser por necesidad de naturaleza; de hecho, hubo un momento en que no fueron y, aunque actualmente son, pudieron no haber sido. Tienen el ser recibido de otro (en último término de Dios), según el grado y los limites de su propia naturaleza. Dios en cambio, existe por sí mismo con necesidad absoluta; es el Ser sin limitación. Todo aquello que es algo -bondad,

sabiduría, poder, bello- se encuentra en El, y no de cualquier modo sino en grado infinito.

4.2 LA ESENCIA DE DIOS

Así como para el hombre el concepto de animal racional define su naturaleza y sirve para deducir sus otras perfecciones (ser libre, poder adquirir virtudes, etc.), nos planteamos ahora si habrá en Dios una cualidad que sea la primera y de la que se deriven todas las demás.

Esa cualidad no podrá ser limitada, pues Dios es causa de infinitas perfecciones. Por tanto, tendrá que definirse a partir de aquello más primario y común de todo ser: y esta cualidad es precisamente, que t son", que tiene ser. Dios "es", pero no por tener el ser recibido como las criaturas, sino que "es" por esencia, con imposibilidad radical de no ser - Ya Platón había vislumbrado que el Ser divino tenía que bastarse a sí mismo; Dios no "tiene" su ser como nosotros, sino que "es" su ser. Aristóteles demostró claramente la necesidad de un Ser que es su ser.

Este razonamiento filosófico, que se desarrolla en la 3a. vía de Santo Tomás, encuentra una confirmación en la Revelación que Dios hace de su Naturaleza: Moisés preguntó a Dios: "¿Cuál es tu nombre? ¿Quién diré que me envía? Dijo Dios a Moisés: Yo soy el que es (Ego Zum qui zum). Esto dirás al pueblo: El que "es" (Yahwéh) me envía a vosotros" (Éxodo 3, 14).

4.3 ATRIBUTOS DE LA ESENCIA DIVINA

Atributos divinos son las diversas perfecciones que distinguimos en Dios; como su Sabiduría, su Bondad, etc. Estas perfecciones no son realmente distintas en Dios; y así su Sabiduría no difiere realmente de su Bondad, ni ambas de la esencia divina, porque Dios es Simplicísimo.

Sin embargo, las llamamos diversas, porque no pudiendo nuestro entendimiento abarcar de una mirada el cúmulo de infinitas perfecciones de Dios, se ve obligado a distinguirlas para poderlas estudiar.

La Esencia divina es Única, Simple, Infinita, Inmutable, Eterna e Inmensa. a) Unidad

Dios es único, esto es, no puede haber sino un solo Dios, porque la esencia divina es incomunicable.

Esta verdad consta de muchos lugares de la Sagrada Escritura. Basta citar el primer mandamiento de la ley: "Yo soy el Señor tu Dios; no tendrás otros dioses delante de Mí" (Éxodo 20, 2). Los símbolos de la fe comienzan diciendo: "Creo en un solo Dios". Concebimos a Dios como Ser Infinito, esto es, que tiene todas las perfecciones. Si hubiera varios dioses el uno no tendría las perfecciones de los otros, y así ninguno sería Dios. En otras palabras, es imposible que existan dos seres infinitos.

Se llama idolatría el error que consiste en admitir y adorar varios dioses. Las causas principales de la idolatría son:

1. La ignorancia y debilidad del entendimiento humano que toma como dioses las manifestaciones de Dios en la naturaleza.

Especialmente aquellos que le causan admiración o temor, como el sol, el rayo, etc.; o que tienen relación más directa con la vida y felicidad del hombre, como el fuego, el agua, la paz, etc. 2. La malicia del demonio que se hace adorar como Dios y lleva a los hombres a adorar los mismos vicios.

Es deber de todo buen cristiano trabajar con la oración y la limosna por la conversión de los infieles.

b) Simplicidad

Dios es simple, esto es, no compuesto de partes.

La Simplicidad de Dios implica que Dios no tiene cuerpo, ni cualidades sensibles, ni partes de ninguna especie. San Juan nos enseña que "Dios es un espíritu". Y en otro lugar que "nadie vio a Dios ni lo puede ver" (Jn. 4, 24; Jn. 1, 18).

En Dios no puede haber partes, porque todo ser compuesto es posterior a las partes que lo componen. Dios no puede ser posterior a ningún ser, porque es la causa de todos. Luego no puede constar de partes. Ejemplos de que todo ser compuesto es posterior a sus partes: en una casa los ladrillos, piedras, maderas, etc., existen antes que la casa. Primero existen el hombre y el caballo; y entre los dos forman el jinete, etc. Cuando la Sagrada Escritura nos habla de los ojos y manos de Dios, etc., emplea un lenguaje figurado para darnos a entender mejor sus perfecciones y sus obras.

Así para significamos que Dios todo lo sabe, nos dice que. "En todo lugar los ojos de Dios contemplan a los buenos y a los malos" (Prov. 15, 3). E Isaías pinta con estas grandiosas figuras el poder de Dios: "¿Quién es aquél que ha metido las aguas del océano en el cuenco de su mano, y sostiene con sólo tres dedos la mole del universo?" (Is 40, 12).

c) Infinidad

Dios es Infinito, esto es, tiene todas las perfecciones en grado sumo e ilimitado.

La Escritura nos enseña que Dios es la misma sabiduría, "el solo Poderoso ", "el solo bueno ", "el que da a todas las cosas vida y movimiento"; en una palabra, que tiene todas las perfecciones en sumo grado. La razón nos demuestra que Dios es Infinito, porque de no serio podría recibir Más Perfecciones. Dependería entonces de aquél que se las diera, y, por tal motivo, no sería Dios. La consideración de la infinita grandeza de Dios, unida al reconocimiento de nuestra miseria y pequeñez, debe humillarnos profundamente ante El. Este es el sólido fundamento de la humildad cristiana.

d) Inmutabilidad

La inmutabilidad de Dios consiste en que Dios no está sujeto a cambio ni en su Ser, ni en sus

designios.

Así leemos en Santiago: "Dios, en quien no cabe mudanza ni sombra de variación". (1, 17). Y en Malaquías: "Yo soy el Señor y no cambio" (3, 6). Pruebas de razón: a) Dios no cambia en su Ser, porque ni puede adquirir nada nuevo, ni perder nada de lo que tiene, pues ya no sería infinito. b) Dios no cambia en los propósitos de su Voluntad, porque todo lo que sucede El lo tenía previsto y determinado desde la eternidad. Cuando se dice en la Escritura que "Dios se arrepintió de haber creado al hombre", es un modo de hablar figurado, porque en realidad Dios no puede mudar ni arrepentirse (cfr. Gen. VI, 7). Mudar o arrepentirse es cambiarse designios; Y el cambio de designios importa el conocimiento de cosas que antes se ignoraban. Pero Dios desde toda la eternidad todo lo sabe.

La Sagrada Escritura quiere significar simplemente la indignación Dios ante la maldad del hombre.

e) Eternidad

Consiste en que Dios no ha tenido principio ni puede tener fin.

"Tú, oh Dios, eres desde toda eternidad y por toda la eternidad", dice David (Ps. 89, 2).

Prueba de razón: Dios es eterno porque es el Ser necesario que lleva en sí la razón de su existencia, y no Puede no existir.

En consecuencia, para Dios no hay pasado ni futuro, sino que todas las cosas están en un eterno presente ante sus ojos.

Siendo Dios Acto Puro no cabe en Él la sucesión de tiempos y acontecimientos, como no cabe la adquisición de nuevas perfecciones. Todo lo abarca de una sola mirada y "mil años son para El como un día" (Ps. 89, 4).

Siendo Dios Eterno e Inmutable debemos unirnos a El por ser lo único que permanecerá para siempre. El más funesto engaño de los hombres es cuidar únicamente de lo que pronto desaparece y olvidarse de asegurar lo eterno.

f) Inmensidad. Presencia de Dios

La Inmensidad de Dios consiste en que está en todo lugar y en todas las cosas: y esto de tres modos:

a) Por esencia, en cuanto les comunica ser y actividad.

b) Por presencia, en cuanto está en todos los lugares presenciando lo que pasa en ellos.

c) Por potencia, en cuanto conduce todas las cosas al fin que les ha señalado.

No está lejos de cada uno de nosotros, sino que, "en El vivimos, nos movemos y somos" (Hechos 18, 27). Dios es Inmenso porque como causa universal de todas las criaturas, debe obrar en ellas para crearlas, conservarlas y gobernarlas, pues ningún ser puede obrar donde no existe. Pero Dios no está limitado ni contenido en ningún lugar, aun cuando está en todos los lugares. Por

eso decía Salomón hablando del Templo: "Si el cielo y los cielos no pueden contenerte, cuánto menos esta casa que he levantado" (III Re. 8, 27).

La presencia de Dios debe movernos a evitar todo cuanto pueda ofenderlo y a hacer todas nuestras obras dignas de sus divinos ojos. La Escritura atribuye el pecado al olvido de Dios: "El impío no tiene a Dios ante sus ojos, por eso su proceder es siempre perverso"; y nos muestra la virtud como fruto del pensamiento de su presencia. "Anda delante de mí, y serás perfecto" (Gen. 17, l).

Es también muy expresivo y digno de ser meditado este consejo que daba Tobías a su hijo: " Ten a Dios en tu mente todos los días de tu vida, y guárdate de consentir en el pecado " (Job. 4, 6).

"Los hijos

¡Cómo Procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres!

Y

los hijos de Reyes, delante de su padre el Rey, ¡cómo Procuran guardan la dignidad de la realeza!

Y

¿no sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre Dios?" (Josemaría Escrivá de

Balaguer, Camino, n. 265).

4.4 EL ENTENDIMIENTO DIVINO Como nosotros observamos que el hombre posee inteligencia, hemos de afirmar esta perfección de Dios, en grado eminente: "Dios es infinito en su entendimiento, en su voluntad y en toda

perfección" (Concilio Vaticano 1, Dt. 1782.)

Dios, pues, posee una inteligencia infinita.

Las propiedades de la inteligencia divina son:

a) perfecta e inmediata: la inteligencia divina no necesita pasar por la trama de los hechos, a través

del tejido de relaciones y de la multitud de estratos y entrecruces: no necesita encontrar la solución de un problema para pasar a otro. A los ojos de Dios se halla patente toda la realidad en toda su

cognoscibilidad, hasta en sus más profundas complejidades: " Todas las cosas están descubiertas a sus ojos"(Heb. 4, 13).

b) comprensiva e inmutable: el conocimiento divino no es pasajero ni superficial; no se detiene en

los aspectos pasajeros de las cosas. Tampoco puede aumentarse o enriquecerse, ni se halla sometido al peligro de disminuir o desaparecer. No existen en Dios los oscuros estratos del subconsciente, sino que conoce todo en un estado de conciencia despierta y clarísima.

c) universal: el espíritu humano elige los objetos de su conocimiento, pasando por alto otros o

relegándolos a un segundo plano. El conocimiento divino ni selecciona ni queda reducido a una

simple vista parcial: es universal y absoluto, lo mismo que su Ser.

4.4.1 Conocimiento divino y Libertad humana

¿Cómo se concilia el conocimiento divino con la libertad humana? ¿Un acto que Dios ha previsto desde toda eternidad no se realiza necesariamente? Entonces ¿cómo puede ser libre?

Daremos dos respuestas a esta importante cuestión:

1a. Nos constan de modo cierto, las dos verdades, a saber, que Dios todo lo sabe, y que el hombre es libre. Si no vemos cómo se concilian entre sí, no tenemos derecho a negar ninguna de las dos; tan sólo debemos reconocer la flaqueza de nuestro entendimiento.

2a. Las cosas que Dios prevé (o mejor dicho ve) desde toda eternidad, sucederán infaliblemente, pero de acuerdo con la naturaleza de cada criatura; esto es necesariamente en las criaturas irracionales, y libremente en las criaturas libres.

No fuera Dios Sabio si un suceso que debe ser libre de acuerdo con la naturaleza de la criatura, se tornara fatalmente necesario únicamente porque El lo conoce de antemano.

Explicación: Las cosas que Dios prevé, sucederán infaliblemente porque la ciencia de Dios no puede fallar; pero sucederán de acuerdo con la naturaleza del ser. Así el sol y la tierra, que no tienen libertad, obedecen necesariamente las previsiones u órdenes de Dios. Pero el hombre como ser libre, debe realizarlas libremente. Si un suceso libre de acuerdo con la naturaleza del ser, se tornara necesario únicamente porque Dios lo conoce, tendríamos esta contradicción: Dios al mismo tiempo hizo al hombre y no lo hizo libre.

Lo hizo libre porque le dio la libertad. No lo hace libre, porque al ver de antemano lo que hará, le quita la libertad.

Semejante contradicción no puede encontrarse en Dios.

4.4.2 La predestinación

¿Cómo contestar la tan conocida objeción: Si Dios tiene previsto que me he de condenar, me

condenaré, sea que obre bien o que obre mal; y si Dios tiene previsto que me he de salvar, me salvaré, sea que obre bien o que obre mal? Luego, ¿es inútil obrar el bien?

Se puede contestar de tres maneras: indirectamente, retorciendo el argumento; directamente, mostrando que es contradictoria; y por la exposición de la doctrina católica.

lo. Indirectamente, esto es, volviendo al argumento contra el que me lo hace: El argumento citado prueba tanto como este otro: Si Dios ha previsto que me he de morir de hambre, me moriré de hambre sea que coma o que no coma. Luego no debo comer. ¿Quién no ve que este argumento es falso?

2o. Directamente, haciendo ver que es contradictoria. Esta objeción se basa en una contradicción evidente: en efecto, si Dios ha previsto que he de salvarme, por lo mismo ha previsto también que obraré bien. Igualmente si previó que habría dé condenarme, por lo Mismo tuvo que prever que obraría mal. Pero es un absurdo suponer que Dios haya previsto que se condene el que obra bien, o que se salve el que obra mal. Esto iría directamente contra su sabiduría y su justicia.

3o. Exponiendo la doctrina. Dios me ha dado libertad para obrar. Mi salvación o mi condenación dependen del uso bueno o malo que yo haga de mi 1ibertad. Pero este uso no deja de ser 1ibre por ser conocido de Dios.

4.5 LA VOLUNTAD DIVINA

Al ser la voluntad una de las perfecciones de la naturaleza humana, hemos de afirmarla -por la vía de analogía y eminencia- de la naturaleza divina. Es de fe que en Dios existe una Voluntad infinitamente perfecta (cfr. Conc. Vat. 1, Dt. 1782). La voluntad es la facultad espiritual e inmanente, que sigue al conocer, y con la cual la persona - humana, angélica o divina- adquiere algo o alguien. En Dios -Ser simplísimo-, su obrar se identifica con su esencia, y Por eso -como hemos dicho- hay una identidad entre su Inteligencia, su Voluntad y su mismo Ser. Es importante no perder de vista esta importante precisión, para evitar el peligro de hablar o pensar de la divinidad antropomórficamente. De esta identificación de la Voluntad con el Ser de Dios, brotan sus propiedades fundamentales:

simple, inmutable y eterna omnipotente, buena y justa.

a) Es simple, porque está exenta de todo lazo interno o externo de dependencia, y en ella no hay

sucesión de actos: su volición es única, aunque los efectos sean múltiples en la esfera de lo extradivino. De aquí se sigue que no pueda haber contradicción en las consecuencias del querer de Dios.

b) Es inmutable y eterna, pues se identifica con el Ser divino. No obstante la diversidad de objetos

del querer divino que se desarrolla en la sucesión del tiempo, el querer divino que ordena toda esa

diversidad está siempre inmutable desde toda la eternidad sin sufrir cambio alguno.

Esta inmutabilidad comporta, sin embargo, una diferencia esencial con el fatalismo, que dice estar sometido todo a un destino ciego y necesario, sin tener en cuenta para nada la actividad humana. La doctrina católica no excluye la Providencia divina ni el juego de la libertad humana; no impone a todos los seres la necesidad de obrar, sino que predispone las causas necesarias para la producción de efectos necesarios, y las contingentes o libres para la producción de efectos no necesarios.

c) Es omnipotente. La Omnipotencia de Dios consiste en que con solo su Voluntad puede hacer

todo cuanto quiere.

Dice la Sagrada Escritura: " Todo cuanto quiso el Señor lo hizo en el cielo, en la tierra y en los abismos" (Ps. 134, 6). La razón nos certifica la Omnipotencia de Dios, porque es Infinito. Si su poder fuera limitado, Dios no sería Infinito, y dejaría de ser Dios. Advertencias:

a) La Voluntad de Dios está como la nuestra, dotada de libertad. Pero la Libertad de Dios es

infinitamente perfecta, y así no está sometida a las imperfecciones y deficiencias de la libertad humana, la mayor de las cuales es poder pecar, esto es, elegir el mal. Dios, como perfectísimo que es, es impecable.

b) Dios no puede morir, porque el poder morir, lejos de ser una perfección de la voluntad, es una

grave deficiencia y limitación del poder.

c) Dios no puede hacer un círculo cuadrado, porque esto es una cosa absurda, que envuelve

contradicción en sí misma, y que ni siquiera podemos concebir.

La Omnipotencia divina debe movernos a poner en Dios toda nuestra confianza. "No confiéis, dice la Escritura, en los hombres, porque vuestra salvación no está en manos de ellos. Dichoso el que pone su esperanza en Dios" (Ps. 117, 9, 145, 2; Jer. 17, 5, 7).

d) Buena y justa

La Bondad es un atributo que mueve a Dios a amarse a Sí mismo, y en sí a todas las criaturas y a colmarlas de beneficios.

Todas las páginas de la Sagrada Escritura están llenas de testimonios de la infinita bondad de Dios para con sus criaturas, especialmente con el hombre. Hasta tal punto la bondad existe en Dios, que el mismo Salvador nos la señala como atributo exclusivo de El: "Nadie es bueno sino sólo Dios" (Lc. 18, 19).

La bondad reviste en Dios de diversas formas, y según ellas, toma nombres diferentes. Se llama: a) Amor cuando es un afecto de su voluntad lo inclina a buscar nuestro bien; b) liberalidad cuando se manifiesta por obras y beneficios; c)gracia cuando no dispensa auxilios sobrenaturales; d) ternura o compasión cuando se compadece de nuestras necesidades; e)paciencia y mansedumbre cuando tolera a los malos y se demora en castigarlos; f) misericordia o clemencia cuando perdona nuestros pecados. Para corresponder a la infinita bondad de Dios, debemos: a) agradecer sus beneficios y pagarle Amor con amor; b) pedirle confiadamente las gracias necesarias y el perdón de nuestras culpas. Inmensa diferencia existe entre el Dios verdadero y los dioses del paganismo, entre la religión cristiana y las falsas religiones. Estas, aún en los pueblos más civilizados, están llenas de ignominia. Los dioses eran mentirosos, crueles, vengativos, lujuriosos y llenos de todos los defectos. Muchas veces llegaron a ser la personificación de los vicios; así entre los griegos y romanos, Venus era la diosa de la impureza, Baco de la embriaguez, Mercurio del hurto, Némesis de la venganza, etc.; y el modo de honrarlos, era imitarlos y entregarse a los más abominables excesos. ¡Qué distinto se muestra nuestro Dios! El es espejo purísimo de santidad; aborrece todo mal, ya sea el error, que es el mal del entendimiento, ya el vicio, que es el mal de la voluntad . Es modelo de todas las virtudes; y todos deben imitar su Santidad si quieren gozar de El, porque a su cielo nada entra manchado. En fin, ha dejado a su Iglesia numerosos medios de expiación y santificación que todos podemos y debemos aprovechar para nuestro perfeccionamiento.

De la excelsa bondad divina se sigue que Dios es infinitamente justo. La justicia de Dios consiste en que "retribuye a cada cual según sus obras", premiando al bueno y castigando al malo (cfr. Prov. 2, 14).

Al hablar de la Providencia explicaremos por qué Dios permite en el mundo los males y el pecado.

5. La Santísima Trinidad

5.1 EL MISTERIO DE LA TRINIDAD DE PERSONAS EN LA UNIDAD DE DIOS 5. 1.1 El misterio

"Es necesario que el misterio del Hijo de Dios hecho hombre y el misterio de la Santísima Trinidad, que forman parte de las verdades principales de la Revelación, iluminen con la pureza de la verdad la vida de los cristianos- (S.C. para la Doctrina de la Fe, Decl. Para defender la fe contra algunos errores actuales acerca de los misterios de la Encarnación y de la Santísima Trinidad, 21-11-1972 AAS 64 [19721, pp. 237-246, n. 1). El misterio de la Santísima Trinidad nos enseña que en Dios hay Tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; pero que las tres tienen una misma Naturaleza divina, y en consecuencia son un solo Dios. Este misterio es un dogma de fe definido: cfr. Dt. 39, 54, 86, 703, etc. Las palabras "naturaleza" y "persona", no se toman aquí en el sentido corriente de los términos, sino de acuerdo con el lenguaje filosófico, que es más preciso. La naturaleza o esencia de los seres es aquello que hace que las cosas sean lo que son; el principio que las capacita para actuar como tal (por ejemplo, la naturaleza del hombre es ser animal racional compuesto de alma y cuerpo), La persona, en cambio, es el sujeto que actúa (por ejemplo un hombre concreto con un nombre: Pancho

Tiznado Téllez, que actúa de acuerdo a su naturaleza: piensa, quiere, trabaja, etc.). Así es claro que en cada hombre hay una sola naturaleza y una sola persona. En Dios, en cambio, no ocurre así: una sola Naturaleza sustenta a una Trinidad de Personas.

5.1.2 Revelación del misterio.

En el Antiguo Testamento hay varias alusiones a este misterio; pero Dios no quiso enseñarlo de modo claro, quizá porque los judíos, propensos a la idolatría hubieran tomado por tres dioses a las tres Personas divinas. En el Nuevo Testamento se nos enseña de manera precisa. Veamos dos textos en que se nombran las tres divinas personas:

El primero relata el bautismo de Cristo. El Padre dejó oír su voz desde el cielo: "Este es mi Hijo muy amado; escuchadle-. El Hijo era bautizado por San Juan. Y el Espíritu Santo descendió en forma de paloma (cfr. Mt. 3, 17).

El segundo nos muestra a Cristo cuando mandó a los Apóstoles a la conversión del mundo. "Id, les dijo, y enseñad a toda la gente, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt. 28, 19).

La fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar la sustancia. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son una sola divinidad, les corresponde gloria igual y contorno majestad (Símbolo de S. Atanasio o Quicumque).

5.1.3 Errores

Los principales son de dos clases:

a) Unos, queriendo asegurar mejor la unidad de naturaleza de Dios, negaron la trinidad de Personas,

afirmando que las tres divinas Personas eran tan sólo tres diversos modos de concebir a Dios. Entre

éstos está Sabelio.

b) Otros, queriendo asegurar mejor la diferencia de personas, llegaron a negarla igualdad de

Naturaleza. Por ejemplo, Atrio que negó la divinidad de Cristo, asegurando que era de diferente

naturaleza que el Padre; y Macedonio que negó la divinidad del Espíritu Santo.

Sabelio fue excomulgado por el Papa Calixto I; y Atrio y Macedonio condenados por el Concilio de Nicea y I de Constantinopla.

5.2 NATURALEZA DEL MISTERIO A ninguna inteligencia creada o creable le es posible comprender el misterio de la Santísima Trinidad. El esfuerzo racional de los teólogos -y principalmente de S. Tomás de Aquino- ha tratado de ilustrarlo a partir de los datos revelados: tarea que emprendemos a continuación. 5.2.1 Distinción de las personas Las tres divinas personas no se distinguen ni por su Naturaleza, ni por sus perfecciones, ni por sus obras exteriores. Se distinguen únicamente por su origen.

lo. No se distinguen:

a) Por su Naturaleza, porque tienen una Naturaleza común, la Naturaleza divina. Así no son tres

dioses, sino un solo Dios.

b) Ni por sus perfecciones, porque éstas se identifican con la Naturaleza divina. Así ninguna de las

tres Personas es más sabia o poderosa, sino que todas tienen infinita sabiduría y poder; ni la una es anterior a las otras, sino que todas son igualmente eternas.

c) Ni por sus obras exteriores; porque teniendo las tres la misma Omnipotencia, lo que obre una

respecto a la criatura, lo obran las otras dos.

2o. Se distinguen únicamente por su origen, porque el Padre no proviene de ninguna persona; el Hijo es engendrado por el Padre; y el Espíritu Santo procede a la vez del Padre y del Hijo. Esto es lo que impide que una Persona se confunda con las otras.

a) Procesiones

Es inútil buscar en el mundo físico un equivalente a este misterio; pues tal verdad sobrepasa el limite de lo creado. Es posible, sin embargo, alcanzar una cierta profundización en esta verdad gracias a la Revelación. Así, con respecto a la Primera y a la Segunda Personas divinas hallamos, por una parte, el empleo de términos relativos: Padre-Hijo (cfr. Jn. 1, 18-1 14, 13; Gal. 4, 4); y por otra parte, que el Hijo es el Verbo del Padre: la Palabra interior con que se expresa totalmente a Sí mismo (cfr. Jn. 1, l). De la Tercera Persona se nos dice que procede del Padre y del Hijo (cfr. Jn. 15, 26). A partir de estos datos revelados, y basándose en la analogía de las potencias espirituales del hombre (inteligencia y voluntad), los teólogos han ilustrado -no explicado- este misterio. Las Procesiones (de procedencia) lo ilustran de algún modo. a.1 El Padre no proviene de ninguna otra Persona. a.2 El Hijo es engendrado Por el Padre por vía de entendimiento.

Cuando la inteligencia humana conoce una cosa -por ejemplo una silla- forma de ella un concepto, también llamado palabra interior o verbo. La inteligencia" divina se comportará analógicamente: de aquello que conoce en primer lugar -la misma esencia de Dios- forma un concepto, o verbo. La idea o concepto concebida tiene, en el hombre, dos características: es distinta de la cosa conocida (la idea de silla no es la silla misma), y es, tan sólo, un imperfecto reflejo de ella (la inteligencia no es capaz de penetrar todo el ser de la cosa). Pero cuando concibe la Inteligencia Suma -al conocerse a Sí mismo-, esa idea será perfecta: el término de ese acto intelectivo perfectísimo es una Idea perfectísima. Además, por ser Dios absolutamente simple, la Idea eterna no se distingue en realidad de la Naturaleza divina.

Esta Idea perfecta de la esencia divina subsiste a su vez como distinta; y, en este insondable

misterio, la Persona que, conociéndose concibe el Verbo, es Dios Padre; la Persona engendrada o concebida por el Padre (Palabra eterna de Dios, el Verbo, Imagen perfecta M Padre), es el Hijo (cfr. San Agustín, De Trinitate, 9; Santo Tomás, S. Th. 1, q. 34, a. l).

a.3 El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo por vía de Voluntad y Amor. Para la procedencia de la Tercera persona se toma como punto de referencia la otra operación del alma humana: la voluntad libre. El estudio de sus operaciones dará la clave para ilustrar la procesión del Espíritu Santo: Dios Padre, al conocer eternamente su Verbo, eternamente lo ama, lo mismo sucede en la relación amorosa del Hijo al Padre. Este nexo de Amor infinito y perfectísimo da lugar a una Persona divina subsistente, que es el Espíritu Santo. Advertimos también que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un solo principio. Focio, patriarca de Constantinopla, fue condenado por enseñar que el Espíritu Santo procedía solamente del Padre.

b) Nombres de las Tres Divinas Personas

1a. La primera Persona se llama Padre, porque ha engendrado a la segunda Persona, que es Hijo suyo por naturaleza desde toda la eternidad.

Jesucristo es el único Hijo de Dios por naturaleza, puesto que nosotros sólo lo somos por adopción. 2a. La segunda Persona de la Santísima Trinidad se llama: a) Hijo, porque es engendrada por el Padre, y posee su Naturaleza. b) Verbo, esto es, palabra de Dios, porque así como el verbo o palabra es fruto del humano entendimiento, así el Verbo es fruto del entendimiento del Padre. 3a. La tercera persona se llama Espíritu, que expresa aspiración o impulso de amor, porque procede del Padre y del Hijo por vía de la Voluntad y de Amor. Se agrega Santo, porque a él se atribuye de modo especial la santidad.

c) Unidad de Naturaleza

Las tres divinas Personas tienen una misma Naturaleza divina. En consecuencia:

lo. No son tres dioses, sino un solo Dios.

2o. Todas las tres divinas Personas son igualmente perfectas puesto que tienen una misma Naturaleza común.

3o. Siendo un solo Dios, debe también decirse que hay un solo Omnipotente, un solo Eterno y un solo Señor.

5.3 ACTIVIDAD DE LAS DIVINAS PERSONAS

5.3.1 Actividad interna y externa

La actividad de Dios es interna (ab intra), si se refiere a las divinas Personas entre Sí, y externa (ad extra), si se refiere a las criaturas.

1o. La actividad interna de Dios es propia de cada una de las divinas Personas, porque se basa en sus relaciones de origen, que son propias de cada persona.

Así sólo el Padre no procede de otra Persona; sólo el Hijo es engendrado por el Padre; y sólo el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Estas tres relaciones, fruto de la actividad interna de Dios, han recibido el nombre de paternidad,

filiación y espiración. La paternidad es la relación del Padre al Hijo. La filiación, la relación del Hijo al Padre. La espiración, la relación del Padre y del Hijo al Espíritu Santo.

2o. La actividad externa de Dios es común a las tres divinas Personas, y así t odo lo que hace una de ellas para con las criaturas, lo hacen también las otras dos. 5.3.2 Atribuciones

Además de las obras propias de cada Persona y de las comunes a todas tres, hay ciertas obras apropiadas, que sin ser exclusivas, se atribuyen especialmente a cada una de las divinas personas. Así la Escritura suele atribuir:

a) Al Padre la omnipotencia y las obras de omnipotencia, como la creación y conservación de las

criaturas.

b) Al Hijo la sabiduría y las obras de sabiduría, como la Redención y el juicio final.

c) Al Espíritu Santo el amor y las obras de amor, como la santificación de las almas.

Estas obras y perfecciones se atribuyen especialmente a cada una de las divinas personas, por tener alguna relación con su origen.

a) Al Padre se atribuyen de modo especial las obras de omnipotencia a, porque siendo el principio

de las otras dos Personas, es de modo especial origen de todos los seres.

b) Al Hijo se le atribuye en especial la sabiduría porque procede por vía de entendimiento, y la

sabiduría es Fruto del entendimiento.

c) Al Espíritu Santo se atribuye especialmente el amor, porque procede por vía de Voluntad y de

Amor.

Sin embargo, es importante recordar, que teniendo las tres Personas tina misma Naturaleza divina, tienen en realidad igual Omnipotencia, Sabiduría y Amor.

5.4 MISTERIO INCOMPRENSIBLE PERO NO CONTRADICTORIO

Al hablar de este misterio es preciso no alterar los términos con que la Iglesia lo expresa: en Dios hay tres Personas y una sola Naturaleza.

No podemos comprender este misterio, entre otros motivos porque no podemos tener una idea clara de lo que es en Dios la Persona.

Sin embargo, no hay contradicción en él. Habría contradicción si se dijera que en Dios hay una persona y tres Personas, o una naturaleza y tres naturalezas. Pero lo que se enseña es que en Dios hay tres Personas y una Naturaleza.

Debemos creer firmemente este misterio porque Dios nos lo ha revelado. Por otra parte, no podemos extrañar que siendo Dios infinito, haya en El cosas que sobrepasen nuestro entendimiento.

Debemos: a) rendirle nuestros homenajes de adoración y amor; b) agradecerle los inmensos beneficios de la Creación, Encarnación y Redención; c) encomendarnos a las tres divinas Personas, fuente de luz, esperanza y amor para el cristiano.

Las oraciones más recomendadas en su honor son la invocación "Gloria al Padre…" y el Trisagio Angélico. Debemos honrarla especialmente los domingos, día que la Iglesia dedica a su culto.

6. La Creación

Luego de haber hablado de la vida íntima de Dios -actividad ab intra-, trataremos ahora de la primera de las actividades ad extra de Dios: la Creación.

6.1 TODO EL UNIVERSO HA SIDO CREADO POR DIOS

6.1.1 Noción: creación "ex nihilo"

Por creación se entiende la acción de Dios mediante la cual da la existencia a los seres, sacándolos de la nada.

lo. Es acción de Dios. Acción de su actividad externa, ya que tiene por objeto las criaturas, y no El mismo.

La creación es, pues, obra de las tres divinas Personas, aunque en la Sagrada Escritura suele atribuirse al Padre, porque en ella luce de modo especial el poder de Dios. Por eso decimos en el Credo: "Creo en Dios Padre Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra". 2o. Mediante la cual da la existencia a los seres. En efecto, todos han sido creados por El, y por eso se llaman criaturas. En el lenguaje de la Sagrada Escritura "Creador del cielo y de la tierra" significa, pues, Creador de todos los seres, tanto espirituales corno materiales. 3o. Sacándolos de la nada. Sacar un ser de la nada significa producir un ser que antes no existía de ninguna manera, ni como tal, ni en materia alguna anterior. Al fabricar un escultor una estatua, no la crea, pues aunque no existía como tal, existía la materia de que la formó; por ejemplo, la madera o el mármol. Dios, por el contrario, sí crea a los seres, pues no los formó de materia alguna anterior, ya que fuera de Dios nada existía. Es importante percatarse que la nada no es un ser positivo, como un lugar de donde Dios saca los seres. Por el contrario la palabra "nada" se opone a "algo", y denota que antes de la creación no existía algo preexistente, de donde pudiera formar los seres.

6.1.2 Sólo Dios puede crear

La creación es un acto exclusivo de Dios (cfr. S. Th. 1, q. 45, a. 5). En efecto, el paso de la nada al

ser exige poder infinito.

Esto se comprende con un ejemplo: para realizar una buena comida necesito los ingredientes. Si tengo poca capacidad como cocinero necesito buenos y adecuados ingredientes. Sin embargo, al ir disminuyendo el número de los ingredientes requiero de una mayor capacidad culinaria para hacer una buena comida. Es decir, a menor materia disponible, se requiere mayor capacidad en el agente. Pero aunque sea expertísimo el cocinero, sin ningún ingrediente jamás podrá hacer una comida. No podemos comprender la creación porque: a) es un acto infinito; b) no tenemos ningún ejemplo de ella, ya que toda la actividad del hombre se reduce a transformar la materia ya existente.

6.2 PRUEBAS DE LA CREACION

6.2.1 La razón y la Sagrada Escritura

lo. La razón prueba la creación de los seres, porque de otra suerte hay que admitir:

a) O que los seres vienen de la nada, lo que es absurdo.

Es un axioma científico y experimenta¡, básico e inamovible que nada se crea a nuestro alrededor,

ni siquiera un átomo de materia puede ser formado de la nada; cualquier fuerza supone siempre otra fuerza preexistente de la cual procede; no se da el movimiento sin un motor que lo determine, ni vida alguna que no brote de una vida anterior a ella.

b) O que vienen unos de otros en serie infinita, lo que no explica nada.

Una serie infinita de ruedas dentadas no explica por qué mueven las manecillas del reloj: hace falta la cuerda que imprima el primer movimiento.

c) O bien que el mundo es, como Dios, eterno e increado; lo que tampoco admite la ciencia.

Es ya una tesis científica el desgaste de la energía en el inundo: y sí éste fuera eterno, habiendo la

energía empezado a acabarse desde siempre, a estas horas habría ya terminado el proceso de extinción. 2o. La Escritura nos enseña la creación en muchos lugares. Basta citar las palabras con que inicia el Génesis. "En el principio creó Dios el cielo y la tierra" (Gen. 1, l). Dios creó al mundo libremente y con un simple acto de su voluntad. "Habló y todo fue hecho: dijo y todo fue creado " (Gen. 32, 9).

6.2.2 Errores sobre la creación

Los principales son tres: materialismo, dualismo y panteísmo.

a) El materialismo niega la existencia de Dios, y afirma que la materia es eterna, y que la

combinación de sus elementos basta para explicar la existencia de los seres.

Refutación. El materialismo es un sistema absurdo, pues admite todas las contradicciones del ateísmo, a saber:

a.1. Que el mundo, que es un efecto, no tiene causa de sí.

a.2. Que existe la serie infinita de seres contingentes, sin que exista un primer ser necesario.

a.3. Que el orden maravilloso del universo es fruto del azar.

a.4. Que la vida brotó espontáneamente de la materia.

a.5. Que lo espiritual no es más que una fase o estado de la materia.

b) El dualismo es un sistema que admite dos principios eternos: un principio bueno y causa de todo

lo bueno, que es Dios; y un principio malo e independiente de Dios, causa de todo mal.

Refutación. El dualismo es un sistema falso. Si hubiera un principio independiente de Dios, Dios dejaría de ser Infinito y Omnipotente, pues ni lo tuviera todo, ni lo pudiera todo.

c) El panteísmo (de las palabras griegas: pan, todo; y teos, Dios), enseña que todos los seres se

confunden con Dios porque son una emanación de la sustancia divina.

Refutación. El panteísmo es también un grave error.

c.1. Dios y el mundo son realidades enteramente diversas. Dios es eterno, y el mundo tuvo principio; Dios es infinitamente perfecto, y el mundo tiene una perfección muy limitada; Dios es Inmutable, y el mundo está sujeto a perennes cambios.

c.2. El panteísmo es un ateísmo disfrazado. Negarla existencia de un Dios personal, y admitir que

Dios se confunde con el mundo, es en realidad negar a Dios.

Algunas de las actuales sectas religiosas orientales de moda en la civilización occidental--Zen, Budismo, Yoga, etc.- tienen raíz panteísta. 6.2.3 Tiempo y estado en que fue creado el mundo Respecto al tiempo, sabemos que el mundo tuvo principio.

La Geología y la Astronomía nos lo demuestran. También nos lo enseña la fe, y así dice San Pablo:

"Dios nos eligió antes de la creación del mundo, para ser santos en su presencia" (Ef. 1, 4).

Pero no sabemos cuándo fue creado. Los científicos calculan muchos millones de años; y la fe no necesita decirnos nada en este sentido.

Respecto al estado en que fue creado, la fe nos enseña que Dios creó al mundo, pero no que lo creara como existe hoy. Para la ciencia, su organización actual es obra de miles de siglos.

Podemos establecer las siguientes conclusiones:

lo. Respecto a la materia, se puede admitir que una vez creada por Dios, su evolución fue el fruto de las causas naturales, queridas por Dios mismo.

2o. Respecto a la vida, es necesario admitir la intervención directa de Dios, para la creación de las primeras especies.

3o. Respecto al hombre, se debe admitir la intervención directa de Dios para la creación de su alma y para la formación de su cuerpo.

4o. Por último, el evolucionismo absoluto, según el cual una materia eterna, no creada por Dios, da origen espontáneamente y sin intervención de Dios ala vida de las plantas, a la sensibilidad de los animales y a S la inteligencia del hombre, es una teoría materialista y errónea, que va a un mismo tiempo contra la razón y la fe.

6.3 RELATO BIBLICO DE LA CREACION

6.3.1 Modo de la creación

La Escritura dice que Dios hizo el mundo en seis días.

El lo. creó la luz, y la separó de las tinieblas; el 2o. creó el firmamento separando las aguas superiores (nubes) de las inferiores (mares);

el 3o. separó la tierra del mar, y la hizo producir plantas;

el 4o. hizo el sol, la luna y las estrellas;

el 5o. hizo los peces y las aves;

el 6o. formó los animales terrestres, y al fin de éste, creó al hombre.

Sobre la descripción que hace Moisés de la creación, la Iglesia enseña que es un relato histórico; pero que Moisés no se propone al hacerlo, un fin científico, sino un fin religioso. lo. Es un relato histórico. Es decir, no es un canto lírico o un invento de la imaginación; sino una

narración en estilo sencillo y popular de la obra de la creación.

2o. Moisés no se propuso un fin científico, sino un fin religioso: que los hombres reconocieran a Dios como Creador de cuanto existe.

Hay que tener en cuenta que la Sagrada Escritura habla de sucesos verdaderamente históricos que no deben entenderse corno si fueran meros mitos, leyendas o modos de decir dependientes de una cultura. Dios no nos puede engañar haciéndonos creer mitos y leyendas. Las grandes verdades de nuestra fe cristiana están enraizadas en la historia de los hombres (así, por ejemplo, que el hombre fue creado directamente por Dios, Jesucristo nació de la Virgen María por obra del Espíritu Santo,

la

Iglesia la fundó Jesucristo, etc.).

El

Magisterio de la Iglesia enseña que el sentido literal de la creación se encuadra en el género

histórico. Cfr. Pío XII, En. Humani Generis, 12-VIII-1950, Dt. 2315-2318; Re

6.3.2 El relato de la creación y la ciencia

Siendo así que Moisés no se propuso un fin científico, no hay para qué exigir un acuerdo rígido entre la ciencia y la descripción mosaica. Basta que no haya contradicción entre ellas.

De hecho, la ciencia y el relato bíblico están de acuerdo en los puntos fundamentales, en especial en estos tres:

a) El mundo no es eterno.

b) El mundo fue formado sucesivamente.

c) Aparecieron primero los seres inferiores y después los superiores; primero la materia, luego las

plantas, los animales y por fin el hombre.

A la objeción: ¿Cómo pudo Dios crearla luz el primer día cuando el sol no apareció sino hasta el

cuarto?, se puede contestar: antes de la luz del sol existió la luz producida por la materia confusa del mundo en ignición. Los diversos astros no vinieron a formarse sino mucho más tarde.

6.3.3 Los seis días de la creación

Para explicar los seis días, en griego, "yom", de la creación, se han presentado tres hipótesis:

la. La primera, llamada literal, enseña que Dios creó al mundo en 6 días de 24 horas. Hoy nadie la sigue, pues las ciencias modernas han demostrado que el mundo exigió muchos siglos para su formación. 2a. La segunda, llamada concordista, (porque intenta un acuerdo entre las ciencias modernas y la Biblia), enseña que la palabra "yom" no designa días de 24 horas, sino largos períodos. En efecto, dicha palabra tiene en el hebreo, que es una lengua muy pobre en vocablos, el significado de día solar y el de época o período.

3o. La tercera, llamada simbólica, enseña que Moisés empleó la palabra "yom" para designar días de 24 horas, no porque creyera que Dios creó al mundo en 6 días de 24 horas , sino con un fin simbólico. A saber, quiso referir toda la obra de la creación a 6 días de trabajo y 1 de descanso para autorizar con el ejemplo del mismo Dios la santificación y descanso del séptimo día.

6.4 EL FIN DE LA CREACION

6.4.1 Fin primario: La gloria de Dios

El fin primario y principal de la creación es la gloria y alabanza de Dios: "Todas las cosas las creó

Dios para su gloria" Is. 43, 7).

La gloria de Dios se divide en interna y externa:

lo. La gloria interna consiste en el conocimiento que tiene de sus, infinitas perfecciones, y en la alabanza que a Sí mismo se tributa.

Esta gloria interna no puede ser aumentada, porque Dios no tiene, ni puede tener de Sí mayor conocimiento y estimación

2o. La gloria externa consiste en el conocimiento que de El tienen las criaturas y en la alabanza que le den. Esta sí puede ser aumentada.

a) Las criaturas racionales la procuran de una manera directa y consciente, mediante el

conocimiento y servicio del Creador.

b) Las irracionales, de una manera indirecta, en cuanto nos dan a conocerlas divinas perfecciones,

en especial su Omnipotencia que sacó los seres de la nada; su Sabiduría, que los dispuso con tanto orden y belleza; y su Bondad, pues al crearlos no se propuso su provecho, sino nuestro bien.

6.4.2 Fin secundario: La felicidad de las criaturas

El fin secundario de la creación es la felicidad de las criaturas. Dios, en efecto, no creó los seres para aumentar su felicidad propia, sino para procurar la de las criaturas.

Por otra parte, Dios ha dispuesto las cosas con tal sabiduría, que los mismos medios con que procuramos su gloria, aseguran también nuestra felicidad.

6.5 VARIEDAD DE CRIATURAS

Dentro del orden creacional, Dios procede de un modo estrictamente lógico: crea primero a la criatura puramente espiritual (ángeles), luego a la material (universo físico) y, por último, al hombre, como compuesto de ambos órdenes.

6.5.1 Los ángeles

a) Su naturaleza

Los ángeles son criaturas, totalmente espirituales, sustancias completas, superiores al hombre e inferiores a Dios, con una enorme capacidad de inteligencia y de amor (cfr. S Th. I, q. 54).

Los ángeles son espíritus puros, esto es, no son cuerpos, ni están hechos para unirse a ningún cuerpo. No tienen, por ello, forma ni figura sensible, pero se representan sensiblemente: a) para ayudar a nuestra imaginación; b) porque así han aparecido a los hombres, como leemos en la Sagrada Escritura. Como todos los espíritus están dotados de inteligencia y voluntad.

Los ángeles son superiores al hombre. Poseen un conocimiento mucho más perfecto, que comprende no por raciocinio sino de modo inmediato. Al no poseer realidad material, son inmortales, y no están sujetos a nuestras miserias, dolores y necesidades. Dios ha creado a los ángeles con un doble fin: a) para que eternamente lo alaben y bendigan; b) para ser los ejecutores de sus órdenes, como lo indica su nombre, pues ángel significa mensajero Dios creó a los ángeles en estado de inocencia y de gracia. Y además, a los que permanecieron fieles los recompensó con la gloria. Su existencia consta en muchos lugares de la Escritura.

cfr. A. T: Gen, 3, 4; 28, 12; 32, 2-3; Ex. 3, 2; Libro de Tobías; Dan. 8, 16-26; 9, 21-27. N. T.: Lc. 1, 11-19; 1, 26-28; Mt. 16, 27; 25, 31; Mc. 14, 27, cte. Respecto a su número, la Escritura indica un número sobrecogedor, inmensamente grande (Lc. 2, 13; 8, 30; Mt. 26, 54; Ap. 5, 11, etc.). Daniel vio ante el trono del Señor que "millares de millares le servían, y mil millones asistían a su presencia" (7,10) Los ángeles buenos, explica Santo Tomás, "forman una multitud inmensa, superior a la muchedumbre de los seres materiales (S. Th. I,q. 50, a. 4), porque Dios, que hizo perfecta la creación, abre más la mano a medida que sus criaturas son más perfectas, más espirituales. No hay, además, dos ángeles de la misma especie, sino que cada uno tiene la suya (cfr. ib, a. 4).

b) Ángeles buenos

Los ángeles buenos son los que permanecieron fieles a Dios; y fueron en recompensa confirmados en gracia.

Se dividen en tres jerarquías, y cada jerarquía en tres coros: la jerarquía suprema la forman los serafines, querubines y tronos,- la segunda, las dominaciones, virtudes y potestades; y al inferior, los principados, arcángeles y ángeles b.1 El ángel custodio Llamamos ángel custodio al ángel que Dios da a cada hombre para que lo defienda y custodie desde el nacimiento hasta la muerte.

La existencia del ángel de la guarda consta en la Escritura: "El mandó a los ángeles que cuidasen de ti, para que te custodien en cuantos pasos dieres" (Ps. 90, 1l). Este es el sentir común de todos los Padres y Doctores de la Iglesia, y 1a Iglesia misma ha establecido la fiesta de los ángeles custodios (2 de octubre) Los ángeles custodios se interesan grandemente por nuestro bien:

lo. nos sugieren buenos pensamientos y deseos de virtud;

2o. nos defienden de múltiples peligros de alma y cuerpo;

3o. presentan a Dios nuestras oraciones y buenas obras y nos alcanzan de El gracias y favores.

Tres deberes principales tenernos para con él: respeto a su presencia; gratitud por sus beneficios y confianza en su protección, por ser un excelente intercesor ante Dios y defensor contra el demonio.

"Cuando tengas una necesidad, alguna contradicción -pequeña o grande-, invoca a tu Angel de la Guarda, para que la resuelva con Jesús o te haga el servicio de que se trate en cada caso" (Forja, n. 93 1, Josemaría Escrivá de Balaguer).

c) Ángeles malos o demonios

Son los ángeles que por su rebeldía fueron condenados al infierno. Son, pues, criaturas de Dios, que no quisieron sujetarse a El y, por tanto, merecieron castigo eterno (cfr. Apc. 12, 7-9; Mc. 3, 22-27; Jn. 8, 49; 2 Pe. 2, 4, etc.) Se llaman diablos o demonios y su caudillo Lucifer o Satanás.

La existencia de los demonios y su acción maligna es una verdad de fe (cfr. Dt. 23 7, 42 7, 1923, etc.). No se trata, pues, del modo de hablar de un pueblo primitivo que personificaba al mal en unos seres superiores pero inexistentes. Por el contrario, estos seres reales, personales, espirituales, aunque han sido ya vencidos por Jesucristo, tienen -como un ejército derrotado, en huida-, gran capacidad de hacernos daño: a) porque no han perdido su naturaleza de ángeles, y así su conocimiento y su poder son muy superiores a los nuestros; b) porque su experiencia de tantos siglos les ha enseñado el mejor modo de engañarnos; c) porque su voluntad perversa está siempre inclinada a toda maldad.

Los demonios procuran nuestro mal: a) por odio a Dios cuya imagen ven en nosotros; b) por odio a Cristo, cuya muerte nos rescató de su poder; c) por envidia a nosotros pues Dios nos destinó a ocupar los puestos que ellos perdieron en el cielo.

"Digan lo que digan algunos teólogos superficiales, el Diablo es, para la Fe cristiana, una presencia misteriosa, pero real, no meramente simbólica, sino personal. Y es una realidad poderosa ("el Príncipe de este mundo---, como le llama el Nuevo Testamento, que nos recuerda repetidamente su existencia), una maléfica libertad sobrehumana opuesta a la de Dios; así nos lo muestra una lectura realista de la historia, con su abismo de atrocidades continuamente renovadas y que no pueden explicarse meramente con el comportamiento humano. El hombre por sí solo no tiene fuerza suficiente para oponerse a Satanás; pero éste no es otro Dios; unidos a Jesús, podernos estar ciertos de vencerlo. Es Cristo, el "Dios cercano- quien tiene el poder y la voluntad de liberarnos; por eso el Evangelio es verdaderamente la Buena Nueva. Y por eso también debemos seguir anunciándolo en aquellos -regímenes-de terror que son frecuentemente las religiones no cristianas. Y diré todavía más: la cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del terror de los demonios que le trajo el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo se apagara, a pesar de toda su sabiduría y de toda su tecnología, el mundo volvería a caer en el terror y la desesperación. Y ya pueden verse signos de este retorno de las fuerzas oscuras, al tiempo que rebrotan en el mundo secularizados los cultos satánicos-. (Cardenal Joseph Ratzinger, Informe sobre la Fe. BAC, Madrid 1985, p. 153). c.1Influencia del demonio sobre el hombre La teología ha tipificado algunas maneras de la estrategia diabólica, más o menos repetidas en las manifestaciones de su insidia:

a) El asedio es acción contra el hombre desde fuera, como cercándolo, provocando ruidos nocturnos

para amedrentar, haciendo llamadas misteriosas en paredes o puertas, rompiendo enseres domésticos, etc. Un testimonio representativo y no muy lejano es la vida de S. Juan María Vianney, cura de Ars (1786-1859), que vivió largos períodos de su vida asediado por el demonio.

b) La obsesión es ataque personal con injurias, daño del cuerpo, o actuando sobre los miembros y

sentidos.

c) La posesión es la ocupación del hombre por el dominio de sus facultades físicas, llegando hasta

privar de la libertad sobre su cuerpo. Contra la posesión y la obsesión la Iglesia emplea los

exorcismos.

d) Existen otros modos de seducción, tales como los milagros aparentes que él puede realizar, y la

comunicación con el demonio que se supone en algunos fenómenos de la magia negra, el

espiritismo, etc.

e) Pero la manera ordinaria como el demonio ejecuta sus planes es la tentación, que alcanza a todos

los seres humanos. Se define por tal, toda aquella maquinación por la que el demonio,

positivamente y con mala voluntad instiga a los humanos al pecado para perderlos,

Es muy importante percatarse que -a pesar de¡ indiscutible poder de la tentación diabólica-, no puede su malicia actuar más allá de donde Dios lo permite: su poder es poder de criatura, poder controlado. "Dios es fiel, y no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas" (I Cor. 10, 13). En concreto, conviene, pues, situarse en el justo medio: ni olvidar su acción y su eficacia maligna, ni perder la serenidad y confianza en Dios.

6.5.2 El hombre

a) Su naturaleza

El hombre es un animal racional, esto es, un ser personal compuesto de cuerpo y alma.

Por ser animal, se distingue de los ángeles; por ser racional, se distingue de los brutos. El hombre es la criatura más noble que Dios colocó sobre la tierra. Dios mismo declaró que lo había formado a su imagen y semejanza (cfr. Gen, 1, 26). Y dijo esto en razón del alma del hombre, que es un espíritu dotado de entendimiento y voluntad divinas. La creación de Adán la narra el Génesis diciendo: "Formó Yahvéh Dios al hombre del polvo de la tierra (parte material), y le inspiró en el rostro aliento de vida (actividad divina especial: creación del alma), y fue así el hombre Ser animado" (Gen. 2, 7). No es contraria a la fe católica la hipótesis del "evolucionismo mitigado---, que sostiene que, para formar el cuerpo del hombre, Dios perfeccionó el cuerpo de un mono antropoide, perfeccionándolo (---polvo de la tierra" puede entenderse cualquier realidad material, inorgánica u orgánica) e infundiéndole un alma espiritual. Dos cosas, pues, han de mantenerse:

a) la intervención especial y directa de Dios para la formación del cuerpo, y,

b) la creación e infusión en ese cuerpo de un alma inmortal (cfr. Dt. 2327)

El cuerpo y alma del hombre son distintos entre sí; pero se unen íntimamente para formar un solo ser. La unión del alma y del cuerpo no es una unión exterior y accidental, como la del carro y el conductor, sino que es una unión íntima. A este tipo de unión los filósofos la denominan substancial, porque de ambos elementos resulta, una sola substancia completa.

6.6 EL ALMA HUMANA

6.6.1 Su naturaleza y su existencia

El alma humana es el principio vital que comunica al cuerpo, vida, sensibilidad y pensamiento.

Negar la existencia del alma humana sería un gran absurdo.

a) La razón la prueba. Nos consta en efecto que la simple materia ni vive, ni siente, ni piensa.

Nosotros vivimos, sentimos y pensamos. Luego tenemos un principio distinto de la materia.

b) La Sagrada Escritura también nos la prueba. Así Cristo nos alerta: "No temáis a los que sólo

pueden dañar el cuerpo. Temed a los que pueden precipitar alma y cuerpo en el infierno" (Mt. 10,

28).

El alma humana tiene dos propiedades importantísimas, que la distinguen del principio vital de los brutos: es espiritual e inmortal.

6.6.2 Espiritualidad del alma

El alma humana es espiritual, porque no es cuerpo, ni consta de partes materiales, sino que es un principio superior a la materia.

Esto se prueba porque realiza operaciones que están por encima de la materia. Comparemos, para cerciorarnos, el conocimiento del hombre con el conocimiento de los animales.

lo. El conocimiento de los animales se refiere a las cualidades materiales de los cuerpos, que se pueden percibir por los sentidos

2o. El conocimiento del hombre: a) Se refiere a seres y cualidades inmateriales. b) Aun los seres

materiales los conoce de modo inmaterial. c) Puede raciocinar. Tres cosas que no puede el animal.

a) El hombre conoce seres espirituales como Dios; y nociones in materiales como las nociones de

virtud, deber,

b) Conoce los seres materiales de un modo inmaterial, porque aparta de ellos las cualidades

sensibles, y llega a formar las ideas, que son inmateriales y abstractas.

Expliquemos esto con un ejemplo: El perro distingue al amo de¡ extraño y del mendigo por la voz, las facciones, el olor, los ademanes y demás condiciones sensibles y concretas. Pero nunca podrá decirse: todos estos tres tienen algo de común, son animales racionales; porque este concepto es

algo inmaterial que no pueden percibir los sentidos. El hombre lo hace así cada vez que aparta las cualidades materiales de los seres para formar las ideas, o conceptos generales.

c) Además el hombre puede raciocinar, lo que no puede el animal. Es absurdo suponer que un perro

lea un libro y discuta las ideas del autor; o que un asno pueda fabricar una computadora o componer una sinfonía. Pues bien, como el actuar sigue al ser, decimos que, habiendo en el hombre operaciones inmateriales, es de rigor que haya en él un principio inmaterial que las produzca; y a este principio inmaterial lo llamamos alma.

Necesariamente la naturaleza de un ser está de acuerdo con sus operaciones. Así es imposible que una piedra tenga respiración y circulación, o que una planta vea y sienta placer, Por eso, habiendo en e¡ hombre operaciones inmateriales es de rigor que haya en él un principio inmaterial. 6.6.3 Su inmortalidad El alma no muere con el cuerpo, sino que es inmortal. " Dios ha hecho al hombre inmortal escribe el libro de la Sabiduría (2, 23).

Dice también el Eclesiastés: "Que el polvo vuelva a la tierra de donde salió; y el espíritu vuelve a Dios que le dio el ser" (12, 7). La razón prueba igualmente la inmortalidad del alma:

a) Porque siendo el alma un espíritu, no lleva en sí germen alguno de corrupción que es propia de lo

material.

El cuerpo al morir se disgrega en los diversos elementos que lo componen y entra en corrupción, El alma humana es simple y espiritual, y no tiene ni elementos que se disgreguen, ni materia que pueda corromperse.

b) Porque así lo exige la sabiduría de Dios. Si el alma no fuera inmortal Dios no hubiera puesto en

el hombre un deseo de felicidad, que jamás pudiera satisfacer. Puesto que en esta vida no puede satisfacer de lleno ese deseo, y puesto que va contra la divina

sabiduría haber puesto en el alma una aspiración tan honda y poderosa para nunca satisfacerla, es de rigor admitir la existencia de otra vida, donde dicha aspiración pueda tener completa realización.

c) Porque así lo exige la justicia de Dios. Pues de otra manera tantas injusticias que se dan en él

mundo quedarían sin reparación.

6.7 CREACION DE LA PRIMERA PAREJA HUMANA

Terminada la obra de la creación, Dios creó al hombre. 1 "Dios, dice el Génesis, vio que todo lo creado era bueno, y dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" (1, 26). Formó entonces el cuerpo de Adán del barro de la tierra; y creando una alma racional, la unió a ese cuerpo.

Es de fe que el alma de Adán es creada, es decir, sacada de la nada por Dios. Y lo mismo pasa con el alma de cada hombre. El cuerpo de Adán fue formado de materia preexistente, interviniendo Dios en su formación.

Respecto a Eva dice el Génesis que Dios formó su cuerpo de una de las costillas de Adán durante un sueño de éste. Y su alma la creó de la nada, como la de Adán. Dice San Agustín, que Dios sacó a la mujer, no de la cabeza, ni de los pies de Adán, sino de su costado, para darle a entender que no era superior al hombre, ni tampoco su esclava, sino su compañera. Esto mismo significó con las palabras con que la formó: "No es bueno que el hombre esté solo; démosle por ayuda y compañera una semejante a él" (Gen. 2, 18). 6.7.1 Unidad del género humano Consta en la Escritura que todo el género humano viene de Adán y Eva. San Pablo afirma que "de un solo hombre hizo nacer todo el linaje de los hombres" (Hechos 17, 26). Y que todos los hombres por descender de Adán han contraído el pecado original (cfr. Rom. 5, 12).

La unidad del género humano es, pues, una verdad que consta claramente en la Escritura, y que no podemos poner en duda.

Sería un error, de corte evolucionista, negar el carácter histórico de los primeros capítulos del Génesis, donde se narra la creación; igualmente negar que Adán y Eva fueron dos personas singulares; negar el pecado original para todos los hombres, como si no descendiéramos todos de nuestros primeros padres (Poligenismo) cfr. Pío XII, En. Humani Generis, Dt. 2305.

6.8 LIBERTAD RESPONSABLE El hombre es libre y por tal motivo responsable: puede responder de sus propios actos gracias a su voluntad, Decirnos, por tanto que, responsabilidad es la propiedad de la voluntad por la que el hombre responde de sus actos.

"El hombre consigue esta dignidad cuando, librándose de toda esclavitud de las pasiones, tiende a su fin con una libre elección del bien y se procura los medios adecuados con eficacia y con diligente empeño. Pero la libertad del hombre, herida por el pecado, no puede conseguir esta orientac ión hacia Dios con plena eficacia si no es con la ayuda de su gracia. Y cada uno tendrá que dar cuenta de su vida ante el tribunal de Dios, según haya hecho el bien o el mal". Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et Spes. núm. 17

7. La elevación y la caída

ELEVACION Y LA CAIDA DE LAS CRIATURAS ESPIRITUALES

7.1 La Providencia: la conservación y el gobierno divino del mundo

7.1.1 Noción de Providencia

7.1.2 Conservación y gobierno de las criaturas

7.1.3 Existencia de la Providencia

7.1.4 Cosas que parecen oponérsele

a) El mal físico

b) El mal moral

c) El sufrimiento de los buenos y la prosperidad de los malos

7.1.5 Confianza en Dios

7.2 La elevación al orden sobrenatural

7.2.1 Diversos dones concedidos a Adán

a) Naturales

b) Preternaturales

c) Sobrenaturales

7.3 Fin natural y fin sobrenatural

7.3.1 Fin natural del hombre

7.3.2 Fin sobrenatural del hombre

7.3.3 El orden sobrenatural

7.4 Elevación del hombre al orden sobrenatural

7.4.1 Noción

7.4.2 Dones sobrenaturales. La gracia. Filiación Divina

7.4.3 Dones preternaturales

a) Ciencia

b) Integridad

c) Inmunidad

d) Inmortalidad

7.4.4 Dones permanentes y transmisibles

7.5 La caída del estado de justicia por el pecado

7.5.1 El precepto y la desobediencia

7.5.2 El pecado

7.5.3 El castigo

7.6 El pecado original

7.6.1 Su naturaleza

7.6.2 Verdadero pecado, pero no es pecado personal, en nosotros

7.6.3 Sus efectos

a) No supone injusticia por parte de Dios

b) Dogma y misterio

7.6.4 Excepción al pecado original

7.7 La promesa del Redentor

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7. LA ELEVACION Y LA CAIDA DE LAS CRIATURAS ESPIRITUALES

7.1.1

Noción de Providencia

Se llama Providencia el cuidado y gobierno que Dios tiene de todas las criaturas, a las que dirige convenientemente a su fin.

Dios tiene Providencia especial del hombre. Su sabiduría le exige que cuide con mayor solicitud de las criaturas más nobles. "Antes se olvidará la madre de su hijo que Dios de nosotros" (Is. 49,15).

7.1.2 Conservación y gobierno de las criaturas

La Providencia abarca dos cosas: la conservación de las criaturas y el gobierno de ellas.

lo. Dios conserva a las criaturas, haciendo que permanezcan en el ser. Como necesitaron de Dios para salir de la nada, así necesitan de El para mantenerse en el ser y no volver a la nada.

El ser contingente recibe el ser en todos los momentos de su existir, y no sólo en el primero; para él el instante que precede no es razón suficiente de su existencia en el instante que sigue; sino que depende en todo momento de quien le dio el ser, de la misma manera que el arroyo depende de la fuente que lo alimenta. En otras palabras, las criaturas no pueden seguir existiendo "por su propio impulso", porque en ese caso serían independientes de Dios, existirían por sí mismas, lo cual es imposible en los seres contingentes.

Con toda verdad, pues, se dice que la conservación es una creación continuada. 2o. Dios gobierna también los seres, dirigiéndoles a los fines para los cuales los creó. En especial dispone todas las cosas para provecho espiritual del hombre: "Todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios" dice San Pablo (Rom. 8, 18). Pero la acción de la Providencia no destruye la libertad; de manera que, desgraciadamente, el hombre puede contrariarla y perderse eternamente.

7.1.3 Existencia de la Providencia

La Escritura nos revela en todas sus páginas su existencia: "Tu Providencia, oh Dios, gobierna el mundo", leemos en la Sabiduría (14, 3); y el Salvador nos dice: "No os acongojéis por hallar qué comer o cómo vestiros. Bien sabe vuestro Padre que de ello necesitáis"" (Mt. 6, 31).

Dios cuida hasta de las cosas más pequeñas, sin que ello desdiga de su grandeza, puesto que todos son obras de sus manos. Ni un cabello cae de nuestra cabeza sin que El lo quiera (cfr. Luc. 21,18). La existencia de la Providencia es también una verdad de fe definida: "Todo lo que Dios creó, con su Providencia lo gobierna y conserva" (Conc. Vat. I, Dt. 1789).

Dios providente es una consecuencia de su infinitud: nada, en ningún aspecto, escapa a su Ser y a sus perfecciones infinitas; todo lo ve, todo lo conoce, todo lo dispone o lo permite, todo lo orienta a Su Gloria y a nuestra felicidad.

La aceptación y profundización de esta verdad dogmática supondrá en nuestra vida un aumento de fe: todos los acontecimientos, en lo personal y a nuestro alrededor, provienen de la mano amorosa de Dios, que siempre, a veces de modo difícil de comprender, los orienta a nuestro bien.

7.1.4 Cosas que parecen oponérsele

Tres cosas parecen oponerse a la divina Providencia:

lo. El mal físico, sean los sufrimientos, enfermedades, la muerte y demás flaquezas del hombre. 2o. El mal moral, o sea el pecado. 3o. La prosperidad de los malos y sufrimiento de los buenos. Estudiemos este triple aspecto de la cuestión.

a) El mal físico

El mal físico, como la ignorancia, pobreza, enfermedades y la muerte no va contra la divina Providencia:

lo. Porque estos males o son inherentes a nuestra condición imperfecta de criaturas, o una consecuencia y castigo del pecado.

2o. Porque estos males no lo son en realidad, sino sólo en apariencia; pues sufridos con resignación, se convierten en bienes, es decir:

* hacen posible expiar nuestros pecados pasados. En efecto, el sufrimiento cristianamente aceptado, es un medio de expiación.

* con ellos podemos probarle a Dios nuestra fidelidad, reconociendo como Job que de El vienen tanto los sucesos prósperos como los adversos.

* ayudan a acrecentar el mérito y virtud; pues no están estos en servir a Dios cuando todo sale bien, sino cuando la necesidad o el dolor nos visitan.

b) El mal moral

El mal moral, o sea el pecado, no tiene su causa en Dios, sino en el hombre, esto es, en el mal uso que hace de su libertad. Por ello, no se opone a la Providencia de Dios, que es siempre santa. (cfr. Dt. 514, 816).

Expliquemos esta doctrina en sus diversos puntos:

lo. Dios no es el autor del pecado. El autor y responsable del pecado es el hombre, por el abuso de su libertad.

2o. Dios tampoco quiere el pecado, sino que por el contrario lo aborrece supremamente, y lo prohíbe y castiga con gran severidad.

3o. Dios únicamente permite el pecado; y esto por muy graves motivos:

a) Por respeto a la libertad del hombre. Dios la respeta tanto, que no impide la libre acción de éste,

aunque le disguste infinitamente.

b) Porque quiere que el hombre tenga mérito y derecho a recompensa. Si Dios lo forzara a

obedecer, no tendría una cosa ni la otra.

c) Porque Dios es suficientemente sabio para sacar bienes aun del abuso de nuestra libertad.

"Dios no permitiría el mal, dice San Agustín, si de él no pudiera sacar bienes". Ejemplos: La historia de José, la traición de Judas, las persecuciones de la Iglesia. La liturgia entona el Sábado Santo las siguientes palabras, referentes al pecado de Adán: "¡Oh feliz culpa! que nos mereció tan grande y excelente Redentor".

c)

El sufrimiento de los buenos y la prosperidad de los malos

La prosperidad de que gozan los malos y los sufrimientos de los buenos tampoco se oponen a la divina Providencia.

Digamos en primer lugar que hay muchas excepciones. Con sobrada frecuencia los buenos prosperan y los malos se ven arruinados. Además la prosperidad de los malos y los reveses de los buenos tienen muchas veces clara explicación natural; a saber, hay personas muy buenas, pero carecen de las dotes naturales necesarias para prosperar en un negocio: inteligencia, previsión, tacto, constancia, etc. Y los malos pueden tener estas dotes en grado muy superior.

Pero aun descontando esto, decimos que la prosperidad de los malos y los sufrimientos de los buenos no van contra la Providencia:

lo. Porque la Justicia Divina no se cumple definitivamente en esta vida sino en la otra. Muchas veces los que gozan aquí irán a sufrir allá. Como nos enseña Cristo en la parábola del rico Epulón (cfr. Lc. 16, 19).

¿Cómo es posible -podría preguntar más de uno- que tantos malos en esta tierra triunfan en su vida personal y parece que lo tienen todo?: honores, riquezas, mando, goces para su baja sensualidad. Y, también: ¿cómo es que tantos gobiernos -la historia habla-, pueden por años y lustros atropellar la libertad de los hombres, de naciones enteras que, violentados y avasallados, tienen que vivir heroicamente su fe? Una maravillosa respuesta daba un sacerdote santo. Sin ser palabras textuales decía: no hay nadie tan malo en el mundo (aunque nunca le gustó dividir a las personas en buenas y malas), no hay gente de intención tan miserable y ruin, que no haya hecho algo virtuoso en su vida. Dios, es la Bondad, y premia ese bien que han hecho: premia en esta vida, porque después ya no será posible.

2o. Porque el sufrimiento, lejos de ser una señal del abandono de Dios, lo es de su predilección. El bendice con la cruz. Los Proverbios enseñan que: "Dios castiga a los que ama" (3,12). Y el arcángel San Rafael dijo a Tobías, al devolverle la vista: Porque eras justo, fue necesario que la tribulación te probara" (12,13). Además, Dios retribuye a los malos el bien que hacen con bienes temporales, ya que no podrá premiarlos con los eternos.

7.1.5 Confianza en Dios El pensamiento de la Providencia debe movernos:

a) confiar en Dios sin vacilar, pidiéndole lo que necesitamos.

b) a recibir con sumisión los males de esta vida; sin rebelarnos contra sus designios.

San Pedro nos escribe: "Humillaos bajo la mano poderosa de Dios, descargando en su amoroso seno todas vuestras solicitudes, pues El tiene cuidado de vosotros" (I Pe. 5, 6). Recordemos también, que es necesario poner de nuestra parte los ¡os necesarios para conseguir lo que necesitamos. Quedarnos de brazos cruzados y dejarlo todo a la Providencia equivale a tentar a Dios, pues es exigirle milagros sin necesidad. Resulta, pues, verdadero el refrán: "Ayúdate que Dios te ayudará".

Respecto a las realidades terrenas (la política, las ciencias, etc.) Dios las deja a la libre responsabilidad de los hombres, porque gozan de autonomía. "Sin embargo, si por "autonomía de las realidades terrestres", se entiende que las cosas creadas no dependen de Dios y que el hombre las puede utilizar de modo que no las refiera al Creador, no habrá nadie de los que creen en Dios que no se dé cuenta hasta qué punto estas opiniones son falsas. La criatura sin el Creador se

esfuma" (Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et Spes. num. 36). Cfr. Puebla, nn. 216, 276, 279, 436 y 454.

7.2 LA ELEVACION AL ORDEN SOBRENATURAL

El plan providente que Dios realizó con las criaturas espirituales es un plan sorprendente: las elevó a un orden superior al suyo propio, haciéndolos participar de la misma vida divina. Lo hizo llevado por su gran bondad, en virtud de que el ser racional -creado a su imagen y semejanza- es capax Dei:

capaz de recibir la vida divina. Veremos con detalle esa elevación sobrenatural del hombre.

7.2.1 Diversos dones concedidos a Adán

Dios enriqueció al hombre con tres clases de dones: los naturales, los preternaturales y los

sobrenaturales.

a) Naturales son los debidos a la naturaleza humana.

En sentido absoluto, ningún don es debido al hombre, puesto que no le es debida la existencia. Pero una vez que Dios le da la existencia, debe darle los dones que exige su naturaleza. En este sentido se dicen dones naturales, por ejemplo, la inteligencia, la voluntad, los dones o cualidades corporales, la libertad, etc.

b) Preternaturales son los que están por encima de la naturaleza humana, pero no por encima de

otras naturalezas creadas. Un ejemplo nos explicará esto. El don de la inmortalidad, está por encima de la naturaleza humana, pues todo ser material naturalmente debe morir, pues la materia es de suyo corruptible. Pero no está

por encima de la naturaleza angélica, porque los espíritus no tienen germen ninguno de corrupción o muerte.

La inmortalidad, pues, que es un don natural para el ángel, es don preternatural para el hombre.

c) Sobrenaturales son los que están por encima de toda naturaleza creada o creable. Son

principalmente la gracia y la gloria. En consecuencia, no sólo por encima de la naturaleza humana, sino también de la angélica. Son dones plenamente divinos, y una participación gratuita de lo que es propio de la Naturaleza de Dios.

7.3 FIN NATURAL Y FIN SOBRENATURAL

7.3.1 Fin natural del hombre

lo. Dios tuvo que señalar un fin al hombre, ya que es propio del ser inteligente proponerse un fin en lo que hace.

2o. El fin del hombre debe estar de acuerdo con su naturaleza; y satisfacer las facultades de su cuerpo y de su espíritu.

El fin natural del hombre consistiría en que su cuerpo poseyera los suficientes bienes corporales, su entendimiento conociera las suficientes verdades, y su voluntad amara y poseyera los suficientes bienes para ser feliz. 3o. El último fin del hombre hubiera sido el dar gloria a Dios mediante el conocimiento imperfecto que tiene de El a través de las criaturas, y el haberlo amado de acuerdo a ese limitado conocimiento. La felicidad del hombre estaría limitada por su misma capacidad conocer y amar. Para hacerlo capaz de una felicidad mucho mayor, Dios quiso señalarle un fin sobrenatural.

7.3.2 Fin sobrenatural del hombre

El hombre con su sola fuerza no conoce a Dios sino de un modo imperfecto; no es capaz de verlo en

su misma Esencia, pues ésta es del todo trascendente a un ser creado.

Pero Dios quiso procurar al hombre un conocimiento mucho más per fecto de Sí: quiso que lo contempláramos cara a cara en el cielo, tal cual es, de modo inmediato, intuitivo y facial, a lo cual se sigue inefable interminable gozo. Y en esto consiste precisamente el fin sobrenatural, en la llamada visión beatífica (Dt. 530, 570, 693, 1647, 1928, etc.).

Este fin sobrenatural, gratuito por parte de Dios, es obligatorio por parte del hombre. No puede renunciar a él, para contentarse con un fin meramente natural, porque la elevación al orden sobrenatural es universal y absoluta. De modo que a todo hombre se le presenta este dilema o ser inmensa y eternamente feliz, gozando de la visión de Dios en la gloria, o verse para siempre privado de Dios y castigado a eterna desdicha: tertium non datur.

Esta simple consideración nos prueba con cuánto esmero debemos tender a la consecución de nuestro último fin.

7.3.3 El orden sobrenatural

El orden sobrenatural consiste propiamente en dos cosas:

lo. En el fin sobrenatural a que Dios destinó al hombre.

2o. En los medios sobrenaturales que Dios le dio para conseguir este fin, de los cuales el más importante es la gracia santificante que se infunde en los sacramentos.

7.4 ELEVACION DEL HOMBRE AL ORDEN SOBRENATURAL

7.4.1 Noción

Dios elevó desde un principio a nuestros primeros padres y a todos los hombres al orden sobrenatural (cfr. Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filias, c.2). Esto es:

a) Le señaló como último fin su eterna posesión en el cielo, por la visión beatifica.

b) Para poder llegar a este fin les concedió medios sobrenaturales a propósito, de los cuales el

principal es la gracia.

El estado en que Dios creó a nuestros primeros padres recibe dos denominaciones:

a) Estado de inocencia, porque ellos no fueron formados en el pecado, mientras que todos sus

descendientes sí nacen en el pecado.

b) Estado de justicia original. Con estas palabras se comprenden los diversos dones sobre. naturales

y preternaturales con que Dios los enriqueció.

7.4.2 Dones sobrenaturales. La gracia. Filiación divina

Los dones sobrenaturales son principalmente la gracia, las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo. Baste por ahora, dar una noción somera de lo que es la gracia, pues un estudio más

completo de esta realidad sobrenatural y de los medios por los que nos llega -los sacramentos- se estudia en la Teología Sacramentaria.*

* Cfr. Sada R. y Monroy A. Curso de Teología Sacramentaria pp. 19-30, ERSA, México 1980.

La gracia santificante es una participación de la Naturaleza divina, que nos hace hijos adoptivos de Dios y herederos de la gloria.

lo. Es una participación de la naturaleza divina (cfr. 2a. Epístola de San Pedro 1, 4,). Como dijimos, los dones sobrenaturales, y entre ellos la gracia, son divinos en sentido estricto, esto es, propios de Dios.

2o. Que nos hace hijos de Dios. Por naturaleza somos tan sólo criaturas, siervos de Dios. La gracia, por sobre la naturaleza, nos hace sus hijos.

Dos diferencias principales hay entre el hijo y el siervo:

a) El hijo participa de la naturaleza de sus padres, de quienes recibió la existencia; el siervo es un

extraño en la familia.

b) El hijo tiene derecho a la herencia de sus padres; el siervo no.

La gracia nos hace hijos de Dios no por naturaleza, sino por adopción. A veces en una casa recogen un niño huérfano, lo educan con esmero, llegan a adoptarlo por hijo, le dan el apellido familiar y una participación en la herencia. Algo así hace Dios con nosotros, participándonos algo de su Naturaleza, y dándonos derecho a su heredad. Sólo Jesucristo es Hijo de Dios por naturaleza.

3o. La gracia no es una participación sustancial de la naturaleza divina, sino una participación accidental; pues la misma substancia divina es incomunicable.

7.4.3 Dones preternaturales

Dios adornó a nuestros primeros padres con cuatro dones preternaturales muy excelentes. Dos se refieren al alma, la ciencia y la integridad; y dos al cuerpo: la inmunidad y la inmortalidad.

a) La ciencia consiste en que poseyeron sin estudio gran número de elevados conocimientos, en

especial religiosos y morales que por referirse a Dios son más sapienciales.

b) La integridad, en el orden perfecto de toda su naturaleza. Las pasiones estaban perfectamente

sometidas a la razón, y ésta por entero a Dios. Por ello, era imposible un pecado pasional, pues para

ello tenía antes que darse la ruptura de la razón con Dios. Por ello, nuestros primeros padres en estado de inocencia no podían pecar venialmente.

c) La inmunidad, en que no estaban sometidos al dolor. La misma ley del trabajo era para ellos

suave y deleitosa.

d) La inmortalidad, en que no debían morir; sino que después de algún tiempo deberían ser

trasladados al cielo sin pasar por la muerte.

7.4.4 Dones permanentes y transmisibles

Estos dones, tanto los sobrenaturales, como los preternaturales, tenían dos propiedades: eran permanentes y transmisibles.

lo. Eran permanentes. Esto es, Dios se los concedió a nuestros primeros padres, no por algún tiempo, sino de modo permanente, mientras no se hicieran indignos de ellos por el pecado.

2o. Eran transmisibles. Esto es, Adán los transmitirla por naturaleza a todos sus hijos. De manera que si Adán no hubiera pecado, todos los hombres nacerían en estado de gracia, con derecho al

cielo, y adornados de los dones preternaturales.

7.5 LA CAIDA DEL ESTADO DE JUSTICIA POR EL PECADO

"Sin embargo, el hombre constituido por Dios en estado de inocencia, ya en el comienzo de la historia abusó de su libertad, inducido por el Maligno, alzándose contra Dios y pretendiendo

alcanzar su fin fuera de Dios

experiencia. Pues el hombre al observar su corazón hecha de ver que también está inclinado hacia el mal y sumergido en una multitud de maldades que no pueden venir de su Creador, que es bueno".

Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et Spes, num. 13; cfr. Conc. de Trento, Decreto sobre el pecado original, Dt. 782-792. (Vid. Puebla, nn. 281, 328 y 330).

.). Lo que nos enseña la Revelación divina coincide con la misma

7.5.1 El precepto y la desobediencia

Dios colocó a nuestros primeros padres en un delicioso jardín, llamado el paraíso terrenal, donde gozaban de tranquila felicidad (cfr. Gen. 1, 26). Los elevó, además, a un orden sobrenatural con el cual eran capaces de lograr el fin sobrenatural de la visión beatifica. Sin embargo, por ser infinitamente justo, dispuso que ese fin lo obtuvieran por méritos propios, de acuerdo a la naturaleza libre de su ser.

Para ello, les impuso un precepto, a saber, el no comer de una fruta que se encontraba en medio del paraíso, amenazándolos de muerte si desobedecían (cfr. Gen. 2, 17).

Adán y Eva no obedecieron al Señor. Eva se dejó seducir por el demonio, quien le dijo que si comían serían como dioses, sabedores del bien y del mal. Comió, pues, del fruto, y luego se lo presentó a Adán, quien por complacerla también comió (cfr. Gen. 3).

7.5.2 El pecado

El pecado de nuestros primeros padres no fue un simple pecado de gula, sino un gravísimo pecado de soberbia, al pretender ser iguales al Altísimo.

En virtud del don de integridad, el pecado no podía ser de pasión -rebelándose éstas al dictado de la razón-, pues le estaban perfectamente sujetas. Tenía que venir la ruptura por la rebeldía de la razón, no sujetándose ésta al designio divino. Además, hizo más grave su pecado la circunstancia de que el mandato era fácil de guardar, y de que ellos no tenían ni ignorancia que cegara su mente, ni concupiscencia que los arrastrara al mal.

7.5.3 El castigo

Nuestros primeros padres, no solamente fueron arrojados del paraíso en castigo de su pecado, sino que:

lo. Fueron privados de los dones sobrenaturales, a saber: de la gracia y del derecho a la gloria; y quedaron esclavos del demonio y condenados a eterna perdición, si Dios no los perdonaba.

2o. Fueron privados de los dones preternaturales, y así:

a) En vez de la ciencia se vieron sometidos a la ignorancia.

b) En vez de la integridad, sintieron el desorden en su naturaleza; a saber, la concupiscencia, o rebelión de la carne contra el espíritu, y la inclinación al mal por parte de la voluntad.

c)

En vez de la inmunidad se vieron sometidos a toda clase de privaciones y sufrimient os.

d) Y en vez de la inmortalidad, se vieron castigados con la muerte.

7.6 EL PECADO ORIGINAL

7.6.1 Su naturaleza

El pecado de Adán no es exclusivo de él, sino que se transmite a todos los hombres. Se llama pecado original porque nos viene a consecuencia de nuestro origen.

Este pecado nos viene a consecuencia de nuestros origen, porque Adán era cabeza y fuente de todo el humano linaje. Adán, pues, con su pecado hizo que la naturaleza humana se rebelara contra Dios; y por eso, al nacer, recibimos la naturaleza humana privada de la gracia y del derecho al cielo.

"Creemos que todos pecaron en Adán pues, esta naturaleza humana caída de esta manera, destituida del don de gracia de que antes estaba adornada, herida en sus mismas fuerzas naturales y sometida al imperio de la muerte, es dada a todos los hombres; por tanto, en este sentido, todo hombre nace en pecado. Mantenemos, pues, siguiendo al Concilio de Trento, que el pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, "no por propagación ni por imitación", y que se halla como propio de cada uno" (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, n. 16).

7.6.2 Verdadero pecado, pero no es pecado personal en nosotros

El pecado original es verdadero pecado, pero no es en nosotros pecado personal.

lo. Es verdadero pecado. Porque nos despoja de la gracia y del derecho al cielo. Por su causa nacemos "hijos de la ira", como nos dice San Pablo; esto es, privados de la justicia original (cfr. Ef 2, 3).

Para comprender mejor esta noción conviene tener presente la diferencia entre el acto de pecado y el estado de pecado. Pongamos por ejemplo un robo grave. El acto de pecado, o sea la misma acción de robar, pasa. El estado de pecado, o sea la privación de la gracia que el pecado produjo en nuestra alma, perdura hasta que el pecado se nos perdone. Pues bien, tratándose del pecado original cabe la misma distinción. El acto fue cometido por Adán y pasó. Las consecuencias de ese acto, o sea la privación de la gracia y del derecho al cielo, perduran y afectan a todos sus descendientes. 2o. Pero no es en nosotros pecado personal. Este pecado evidentemente es distinto en Adán y en nosotros.

a) En Adán fue pecado personal, cometido por un acto de su voluntad.

b) En nosotros no es cometido por un acto de nuestra voluntad, sino que nos viene sin quererlo, a

consecuencia de nuestro origen.

Por lo mismo que no hay acto ninguno de nuestra parte en él, no hay tampoco nada positivo. En nosotros el pecado original es una simple privación, a saber, la privación de la gracia con que hubiéramos nacido si no viniéramos al mundo manchados con él.

7.6.3 Sus efectos

Por el pecado original, el hombre:

a) Nace despojado de los dones sobrenaturales, de la gracia y del derecho al cielo.

b) Se ve privado de los dones preternaturales y sometido a la ignorancia, la concupiscencia, los

sufrimientos y la muerte.

c) Por último, su misma naturaleza quedó debilitada.

Así dice el Concilio de Trento: "Todo Adán por el pecado pasó a peor estado en el cuerpo y en el alma "

Una de las más desagradables consecuencias del pecado original es la inclinación al mal y la concupiscencia. lo.

1o. El pecado disminuyó en el hombre la inclinación al bien. La inclinación a la virtud es natural al hombre, porque obrar conforme a la virtud, es obrar conforme a la razón; pero, después del pecado, tender a la virtud resulta difícil y costoso.

Sin embargo, es falsa la doctrina protestante según la cual la naturaleza humana quedó a tal grado corrompida, luego del pecado original, que ya es incapaz de obrar el bien. La fe católica indica que quedó herida, enferma, pero no corrompida. 2o. La concupiscencia -o inclinación al pecado - de suyo no es pecado. El Concilio de Trento condenó el error de Lutero, que confundía a la concupiscencia con el pecado original; y así el bautismo nos borra este pecado y nos deja la concupiscencia. Pero si es una de nuestras mayores mortificaciones y la raíz de mayor número de pecados. Preocupado por esa inclinación al mal exclamaba San Pablo "¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Rom. 7, 24).

a) No supone injusticia por parte de Dios

Dios no fue injusto en castigar a todos los hombres por el pecado de uno solo; en efecto:

lo. Si se trata de los dones sobrenaturales y preternaturales.

a) No eran dones debidos a la naturaleza del hombre, sino sobreañadidos por pura bondad.

b) Y Dios era libre de concedérselos bajo una condición. Y no cumplida ésta, pudo quitárselos sin

injusticia.

Ejemplo: Un maestro ofrece a sus alumnos un paseo si determinados discípulos se portan bien. Si ellos se portan mal, puede el maestro sin injusticia privar a todos del paseo.

c) En fin, el pecado original puede privar de la felicidad del cielo; pero por el puro pecado original

nadie se condena.

Si se trata de niños que mueren sin bautismo, su destino es el limbo. Si de adultos, nadie se condena sin haber cometido una transgresión grave y voluntaria de la ley de Dios. 2o. Si se trata del debilitamiento que el pecado dejó en la naturaleza, tampoco obró Dios con injusticia, porque nos brindó medios muy propios para fortificarnos, y vencer la tendencia al mal.

Dios la remedia dándonos la gracia de que el pecado nos privó.

La gracia nos ayuda eficazmente en el vencimiento del mal y la práctica del bien.

b) Dogma y misterio

El pecado original es dogma de fe, definido por el Concilio de Trento, y expresado claramente en la Escritura.

Así dice San Pablo: "Como el pecado entró en el mundo por un solo hombre, y la muerte por el pecado, así la muerte ha pasado a todos los hombres, habiendo pecado todos en uno solo" (Rom. 5, 12). Consta, pues, que tanto el pecado como la muerte son efecto del pecado de uno solo. Más el pecado original también es un misterio. Hay en él cosas que no podemos comprender, aunque tampoco enseña nada que contradiga de lleno la razón. Por ejemplo, de Adán no recibimos sino el cuerpo; ¿Cómo es posible que se nos transmita el pecado, que reside en el alma? Contestan los autores que tal cosa no es imposible, como lo vemos en la ley de la herencia, pues con frecuencia los hijos heredan no sólo las cualidades físicas, sino también las intelectuales y morales de sus padres. Hay esta otra explicación, más fundamental: en razón del pecado de Adán, Dios crea para cada uno de sus descendientes el alma sin adornarla de la justicia original. Por otra parte, el dogma del pecado original ayuda mucho a explicar la debilidad y malas inclinaciones del hombre, que de otra suerte quedan sin explicación satisfactoria. 7.6.4 Excepción al pecado original

Todos los hombres contraen el pecado original, con excepción de Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María.

lo. Cristo no incurrió en él por derecho de naturaleza, ya que por su concepción milagrosa no estaba sometido a la triste herencia de Adán.

2o. La Virgen María tampoco lo contrajo, aunque ya no por derecho, sino por especial privilegio de Dios, que se llama su Inmaculada Concepción.

La Inmaculada Concepción de María consiste en que María por especial privilegio de Dios, y en previsión de los méritos de Cristo, desde el primer instante de su ser se vio adornada con la gracia. Se dice:

a) Por especial privilegio, porque María, como descendiente de Adán, hubiera debido contraer el

pecado original; y, si no lo contrajo, fue por especial gracia o privilegio de Dios.

b) En previsión de los méritos de Cristo, porque María necesitó ser redimida, como los demás hijos

de Adán. Sólo que en ella la redención fue más admirable: a nosotros nos levanta después de caídos

en el pecado; a María no le permitió caer.

c) Desde el primer instante de su ser se vio adornada con la gracia, es decir, desde que su alma se

juntó con su cuerpo, estuvo aquélla revestida de la gracia santificante.

7.7 LA PROMESA DEL REDENTOR

Los hombres, después del pecado de Adán, ya no podrían salvarse al no usar Dios de especial misericordia con ellos.

Pero Dios tuvo compasión del hombre caído, e inmediatamente después del pecado le prometió un Redentor.

Su oficio principal debla ser el de mediador entre Dios y los hombres, para levantar al hombre caldo y acercarlo de nuevo a Dios.

A nuestros primeros padres en el paraíso ya les dio la esperanza de un Salvador. Y a Abrahán le hizo la siguiente promesa: En un descendiente tuyo serán benditas todas las naciones de la tierra (Gen. 22, 18).

En los mismos términos renovó la promesa de Isaac y luego a Jacob: "Serán benditas en ti y en el que nacerá de ti todas las tribus de la tierra". A Judá, hijo de Jacob le prometió: "El cetro no será

quitado de Judá

naciones". Y a David le anunció también que de su descendencia nacería el Mesías (cfr. Gen 26, 4-

28, 14-49,10)

hasta que venga el que ha de ser enviado, y éste será la esperanza de las

8. El Verbo Encarnado I

8.1 EL MISTERIO DE LA ENCARNACION: CRISTO ES PERFECTO DIOS Y PERFECTO HOMBRE

8.1.1 Enunciación del Misterio

El misterio de la Encarnación nos enseña que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, o sea el Hijo, se encarnó y se hizo hombre en las purísimas entrañas de la Virgen María.

Encarnar significa hacerse carne, esto es, hacerse hombre. Cuando decimos que el Hijo de Dios se encarnó, queremos expresar que se hizo hombre, tomando un cuerpo y un alma como los nuestros. Cristo es pues, Dios y hombre verdadero. Hay en El dos naturalezas, la divina y la humana, cuya unión forma una sola persona que es la divina. 8.1.2 Errores. Defensa de los Concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia

Hay tres clases de errores sobre este misterio: unos niegan en Cristo la naturaleza divina; otros la naturaleza humana; y otros, en fin, yerran sobre el modo como se unieron ambas naturalezas.

lo. De los que niegan a Cristo su naturaleza divina el principal es Arrio (S.IV). Niega que Jesucristo sea Dios. Afirma que es una criatura perfectísima ; pero no admite que sea de una misma Naturaleza o Substancia con el Padre. Fue solemnemente condenado por el Concilio de Nicea (a. 325), el cual definió que el Hijo es consubstancial al Padre.

Muchos protestantes de nuestros días niegan también la divinidad de Cristo (Bultmann, Bonhoffer, etc.).

2o. Niegan la naturaleza humana los gnósticos y algunos otros herejes: rechazaban que Cristo fuera verdadero hombre; y admitían que su cuerpo no era real sino ficticio, y de apariencia como un fantasma.

3o. Los que yerran sobre el modo de unirse las dos naturalezas en una persona:

a) Nestorio (S.V) enseñó que en Cristo había dos personas, una para cada naturaleza. Y, como

consecuencia, que María Santísima no podía llamarse Madre de Dios (teotokós), porque no era madre sino de la persona humana (antropotokós). Fue condenado por el Concilio de Éfeso (a. 43l).

b) Eutiques profesó el error opuesto, a saber, que en Cristo no había sino una sola naturaleza,

porque la naturaleza humana había sido absorbida por la divina, como el océano absorbe una gota de agua. Esta herejía conocida como monofisismo fue condenada por el Concilio de Calcedonia (a.

451).

Otros herejes enseñaron que aunque en Cristo había dos naturalezas, sin embargo, no tenía sino una sola voluntad (monotelismo).

No es lícito separarse de las nociones para exponer el misterio de la encarnación. En concreto las

nociones de "naturaleza" y "persona" indican realmente quién es Jesucristo. Por eso "son claramente

opuestas a esta fe las opiniones

Dios subsiste desde la eternidad, en el misterio de Dios, distinto del Padre y del Espíritu Santo- e igualmente las opiniones según las cuales debería abandonar la noción de la única persona de

.) según las cuales no sería revelado y conocido que el Hijo de

Jesucristo, nacida antes de todos la naturaleza humana y, finalmente la afirmación según la cual la humanidad de Jesucristo existiría, no como asumida con la persona eterna del Hijo de Dios, sino, más bien, en sí misma como persona humana y, en consecuencia, el misterio de Jesucristo consistiría en el hecho de que Dios, al revelarse, estaría de un modo sumo presente en la persona humana de Jesús". S.C. para la doctrina de la Fe, Decl. 21-11-1972 (para defender la fe contra algunos errores actuales acerca de los misterios de la Encarnación y de la Santísima Trinidad), AAS 64 (1972), pp. 237 núm. 3.

8.2 LA UNION HIPOSTATICA

8.2.1 En Cristo hay dos naturalezas

En Jesucristo hay dos naturalezas: una divina, porque es Dios; y otra humana, porque es hombre.

a) Su naturaleza divina

Jesucristo es Dios desde toda la eternidad, puesto que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Y es hombre desde la Encarnación, es decir, desde que unió a su Persona la naturaleza humana, en el seno virginal de María Santísima.

En el primer capítulo de su Evangelio, nos enseña San Juan esta doble verdad: (y nos dice que): "En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios"; y que "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn. 1, 1; 1, 8). Puesto que en Jesucristo hay dos naturalezas, habrá que decir que aquello que pertenece a la naturaleza en Jesucristo será doble: hay en El, pues, dos entendimientos, uno que corresponde a la

Naturaleza divina y otro a la humana. Por la misma razón hay también en El dos voluntades. Respecto a su Naturaleza divina basta decir que tenía todas las perfecciones propias de la divinidad:

hablemos de su naturaleza humana.

b) Su naturaleza humana

En la naturaleza humana de Cristo, podemos distinguir dos elementos: el cuerpo y el alma.

1o. El cuerpo de Cristo es: a) real: "Palpad, decía a sus apóstoles después de su resurrección, y considerad que un espíritu no tiene carne ni huesos como vosotros veis que yo tengo" (Lc. 24, 39).

b) Delicado y perfectísimo, aunque sujeto al dolor, a las necesidades y a la muerte, porque venía a

expiar nuestros pecados.

2o. El alma de Cristo es, como la nuestra, un espíritu creado por Dios para animar su cuerpo. Es, si, infinitamente más perfecta, ya en sus facultades naturales, ya en sus dones sobrenaturales.

b. 1 Facultades naturales

Digamos algo de sus facultades naturales; entendimiento y voluntad.

lo. Su entendimiento estaba dotado de excelentes conocimientos. ""En él, nos dice San Pablo, estaban encerrados todos los tesoros de ,la sabiduría y ciencia de Dios" (Col. 2, 3)

El entendimiento humano de Jesús estuvo dotado de tres clases de ciencias: la infusa, esto es, infundida directamente por Dios sin necesidad de imágenes ni raciocinios; la beatífica, o contemplación de la divina esencia; y la adquirida por medio de los sentidos y la razón. Las dos primeras le venían a causa de su unión con el Verbo; la tercera la adquirió con el paso del tiempo, en primer lugar de San José que le enseñó su oficio, de su Madre Santísima, del conocimiento sensible, de las enseñanzas de la Escritura y de los maestros de Israel.

2o. La voluntad humana de Cristo era perfectísima, dotada de eminente poder y santidad, y de perfecta libertad. "Soy dueño de dar mi vida y dueño de recobrarla", decía el Salvador (Jn. 10, 18). Tenía la voluntad de Cristo dos eximias perfecciones, de que carece la nuestra: la impecabilidad (no podía pecar, ni sentía inclinación al mal); y la integridad (en él no había concupiscencia, sino que el apetito estaba perfectamente sometido a la razón, puesto que en Cristo no existía el pecado original, ni aquellas de sus consecuencias que envuelven imperfección moral). Había también en Cristo perfecto acuerdo entre su voluntad humana y la divina. En su voluntad humana se daba principalmente un amor tiernísimo para con sus padres; y de amor, misericordia y mansedumbre con los hombres. "Mi comida es hacer la Voluntad del que me ha enviado ". "Venid a mí todos los que estáis agobiados por el sufrimiento, que yo os aliviaré". "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Jn. 4, 34 - Mt. 11, 28, 29).

En Cristo hubo pasiones; y así leemos en la escritura que amó con predilección a San Juan, lloró ante la tumba de Lázaro, y se llenó de angustia, tedio y tristeza al pensamiento de su pasión. Sus pasiones, sin embargo, se diferenciaban de las nuestras en que nunca tendieron a un fin malo, y siempre obedecían la dirección rectísima de su voluntad. b.2 Dones sobrenaturales y preternaturales Cristo estuvo adornado con la plenitud de la gracia, virtudes y dones del Espíritu Sa nto; y no podía ser de otra manera dada su unión íntima y personal con la divinidad.

"Hemos visto su gloria, lleno de gracia y de verdad. De su plenitud todos hemos recibido" (Jn. 1, 14, 16).

Respecto a los dones preternaturales ya hemos indicado que tuvo la ciencia y la integridad; más no

la inmunidad ni la inmortalidad, pues quiso expiar nuestros pecados sometiéndose al sufrimiento y a la muerte.

8.2.2 En Cristo no hay sino una persona: la Divina

Las dos naturalezas de Cristo están unidas en una sola persona, que es la divina, a quien llamamos

Jesucristo.

El Verbo divino no se unió a una persona humana, sino a una naturaleza humana; y así la persona divina hace las veces de persona no sólo para la Naturaleza divina, sino también para la naturaleza humana, a la cual se unió.

Nuevamente aquí se encuentra nuestra inteligencia frente a un misterio. Podemos comprobar que en esta unión no hay contradicción, pero no podemos comprender a fondo cómo se hace. Creemos sí

con absoluta firmeza en él, porque Dios nos lo reveló en forma que nos brinda plena certidumbre. Así como dijimos que en Jesucristo todo lo que se refiere a la naturaleza es doble -dos inteligencias, dos voluntades-, todo lo que se refiere a la persona será único: y así, no adoro en El dos seres, sino uno solo, no actúan dos individuos sino uno solo, etc.

8.2.3 La unión hipostática: Noción

La unión de las dos naturalezas en Cristo se llama hipostática o persona, porque ambas están unidas en una sola Persona: la del Verbo.

Hipóstasis es el sustantivo griego que corresponde al sustantivo castellano persona, e hipostático el adjetivo que corresponde al adjetivo personal. Las dos naturalezas de Cristo se mantienen íntimamente unidas, pero sin confundirse; como el cuerpo y el alma en el hombre están en íntima unión, pero sin confundirse el uno con la otra. La unión de las dos naturalezas en Cristo es perpetua. El Verbo tomó la naturaleza humana para siempre. Por eso en la Eucaristía y en el cielo su divinidad permanece unida a su cuerpo y a su

alma.

8.3 ALGUNAS CONSECUENCIAS DE LA UNION HIPOSTATICA

Esta unión tiene consecuencias importantes: a) todos los actos de Cristo tienen valor infinito; b) su humanidad; c) hay comunicación merece adoración de propiedades entre las dos naturalezas.

8.3.1 Valor infinito de sus actos

La persona, en general, tiene la propiedad de ser centro de atribución de todos los actos del

individuo.

Por ejemplo, no se dice: mi garganta canta, mi voz habla, mi cerebro siente; sino, yo canto, yo hablo, yo siento; atribuyendo al mismo "yo" todas mis acciones. Lo mismo pasa en Cristo. Todas sus acciones, así las de su Naturaleza divina como las de la humana, se refieren a su persona. Así decimos que Cristo creó el mundo (obra propia de Dios), y que padeció (obra propia del hombre).

De esta doctrina se saca la consecuencia importantísima que todas las acciones de Cristo, aun las propias de su naturaleza humana tienen valor infinito por atribuirse a la persona divina del Verbo.

Esta doctrina nos permite también ilustrar la Redención:

En efecto, si hubiera en Cristo dos personas, una divina y otra humana, la Redención no hubiera podido verificarse; pues la persona divina no hubiera podido padecer ni morir; y la persona humana hubiera podido padecer y morir, pero sus acciones no tendrían valor infinito, por no proceder de una persona divina.

Por el contrario, en la doctrina católica se ilustra la Redención; porque Cristo padece en cuanto hombre, esto es , en su naturaleza humana; pero sus padecimientos tienen valor infinito por la unión personal entre la naturaleza humana y la Persona divina.

"En efecto, amó Dios tanto al mundo, que le dio a su unigénito Hijo. Así como en el hombre-Adán

este vínculo quedó roto, así en el hombre-Cristo ha quedado unido de nuevo" (Juan Pablo II, En. Redemptor Hominis, 4-11-1979, Núm. 8), (cfr. Puebla, n. 400).

8.3.2 Su Humanidad merece adoración

La Humanidad de Cristo merece ser adorada a causa de su unión personal con el Verbo divino. De

modo que el culto que se rinde a su Humanidad se rinde al Hijo de Dios.

Por eso la Iglesia permite que al Corazón de Jesús y a sus sagradas llagas, se dé culto directo de latría o adoración, Igualmente permite que a la santa Cruz, a los clavos de la pasión, a la sábana santa, etc. se dé culto indirecto de latría, por la relación íntima que guardan con la naturaleza humana de Cristo.

8.3.3 Comunicación de propiedades

La comunicación de propiedades consiste en que puede atribuirse a Cristo Dios lo que es propio de la naturaleza humana; y a Cristo hombre lo que es propio de la naturaleza divina. Así se puede decir que Dios murió y resucitó; o que un hombre es inmortal y omnipotente.

Debe mantenerse el cuidado de emplear términos concretos, y no abstractos. Así se dices que Dios es hombre, murió, etc., pero sería gravísimo error decir que la divinidad es la humanidad, o que la divinidad murió.

La razón es porque no todo lo que puede aplicarse a la persona de Cristo, puede aplicarse a la divinidad en general.

Esta comunicación de propiedades la llaman los teólogos comunicación de idiomas, porque idioma quiere decir en griego propiedad; viene del adjetivo, idios, que significa propio, particular

9. El Verbo Encarnado II

9.1 CRISTO FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPIRITU SANTO

9.1.1 Cómo se verificó

La Concepción de Nuestro Señor Jesucristo en el seno de la Virgen María se hizo de modo sobrenatural y milagroso. "Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de la Virgen María", rezamos en el Credo.

Veamos en alguna forma cómo se realizó este altísimo misterio:

a) El cuerpo de Cristo fue formado por el Espíritu Santo en las entrañas de la Virgen María, en el

mismo cuerpo de la Santísima Virgen.

b) El alma de Nuestro Señor Jesucristo fue creada directamente por Dios y unida al cuerpo.

c) A este cuerpo y a esta alma se unió el Verbo Divino, en una sola persona: Jesucristo.

San Lucas nos refiere en el primer capítulo de su Evangelio cómo se verificó este augusto misterio. El Arcángel Gabriel se presentó en Nazaret a la Virgen Santísima. y tuvo lugar entre los dos este diálogo sublime -El Arcángel: "Dios te salve, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres". Al oír tales palabras la Virgen se turbó, v se puso a considerar qué significaría tal salutación. Mas el Arcángel le dijo: "No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. He aquí que concebirás y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo".

-María: "¿Cómo puede ser esto, pues yo no conozco varón?"

-El Arcángel: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por cuya causa El Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios".

-María: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".

El Arcángel se retiró, y en las entrañas de María se obró el misterio inefable de la Encarnación del Verbo.

Es importante detenerse a considerar este misterio. Y, entre otras razones, caer en la cuenta de que todo sucedió en un, único instante de tiempo: la formación del cuerpo, la creación e infusión del alma y la asunción de la naturaleza humana por parte de la Persona divina. Si la Encarnación se hubiera dado en momentos sucesivos, -primero la unión cuerpo-alma, y luego la unión de naturalezas- Cristo habría tenido persona humana, y la Santísima Virgen no seria Madre de Dios sólo Madre del hombre. Y la Redención del género humano no hubiera tenido lugar, pues las acciones de Cristo serían acciones del hombre, y por tanto, sin valor infinito.

9.1.2 Necesidad y fin de la Encarnación

lo. La Encarnación era necesaria en el supuesto de que Dios exigiera por el pecado una reparación digna de El. Porque una reparación digna de Dios sólo puede darla un hombre-Dios.

Esta idea la explicaremos mejor al hablar de la necesidad de la Redención. Agreguemos que si Dios hubiera determinado perdonar bondadosamente al hombre, la encarnación no hubiera sido necesaria. 2o. El Hijo de Dios al encarnar se propuso varios fines:

a) El primero y principal fue reparar en una forma digna y adecuada la ofensa que el pecado causó a

su Padre.

b) El segundo, fue la salvación del género humano, envilecido por la culpa. "Jesucristo vino al

mundo para salvara los pecadores" (I Tim. 1, 15).

c) El tercero fue darnos ejemplo de vida, esto es, presentársenos como modelo de todas las virtudes.

9.2 JESUCRISTO NACIO DE SANTA MARIA VIRGEN

9.2.1 María es verdaderamente Madre de Dios

María Santísima puede llamarse con propiedad Madre de Dios, porque es madre de Jesucristo, que es verdadero Dios.

Una madre no engendra el alma sino sólo el cuerpo de su hijo; y sin embargo, por la unión substancial entre el cuerpo y el alma, es llamada madre de él. Así, aunque María no formó sino el cuerpo de Cristo, por la unión substancial de este cuerpo con la Segunda Persona divina, es llamada con propiedad Madre de Dios. El Concilio de Éfeso (a. 43 1) condenó la herejía de Nestorio, quien enseñaba que María Santísima no se podía llamar Madre de Dios (cfr. Dt. 113). "María -dice el Papa Juan Pablo II citando el conc. de Éfeso- es la Madre de Dios (theotókos); ya que por obra del Espíritu Santo concibió en su seno virginal y dio al mundo Jesucristo, el Hijo de Dios consubstancial al Padre (En. Redemptor hominis, n4; ver también Conc. Vat. II const. Lumen gentiun. n. 53). 9.2.2 Su dignidad y principales títulos El título de Madre de Dios es para María su más alta dignidad y de él emanan sus más excelentes privilegios.

lo. La más alta dignidad, pues en razón de su maternidad divina tiene estrechas relaciones con las divinas personas: con el Padre, que la escogió desde siempre como Madre de su Hijo.

Con el Hijo, al que dio su humanidad; y con el Espíritu Santo, de quien recibió santísima fecundidad.

2o. Sus más excelentes privilegios, porque su título de Madre de Dios es la causa de su Inmaculada Concepción, de su plenitud de gracia, virginidad perpetua y asunción a los cielos. Estudiemos estos privilegios.

a) Inmaculada Concepción.

Es dogma de fe definido por S. S. El Papa Pío IX el 8 de Diciembre de 1854 (Bula Ineffabilis Deus, Dt. 1641) que "La Virgen María fue preservada e inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano". La razón de él es que Cristo no podía permitir que su madre estuviera ni por un momento privada de la gracia y sometida al demonio.

b) Plenitud de gracia.

El alma de la Virgen María fue adornada desde ese primer instante de un inmenso tesoro de gracia, que no cesó nunca de acrecentarse con nuevos dones de Dios. Y ya que la gracia es incompatible con el pecado, estuvo siempre libre de él: no cometió ni el más leve pecado venial ni se vio sometida a la concupiscencia.

"Llena de gracia" la saludo el Arcángel (Lc. 1, 28) y, la razón de este saludo es que la Virgen ha recibido -enseña Juan Pablo II - "una bendición singular entre todas las bendiciones en Cristo" (Ene. Redemptoris Mateo- n. 8)

La plenitud de la gracia fue concedida a María en grado inferior que a la humanidad de Cristo -cuya medida es la unión hipostática-, pero muy superior a los ángeles y los santos, por eso es Reina de los ángeles y Madre de todos los hombres en el orden de la gracia. La plenitud inicial se fue desarrollando a lo largo de toda su vida porque su amor fue siempre activo, llegando a una perfección insuperable.

c) virginidad perpetua de la Madre de Dios.

El amor de Jesús a su Madre, que había ofrecido a Dios su virginidad, hizo que los planes divinos de redención se realizasen respetando ese propósito de María. La maternidad y la virginidad, dice San Bernardo (cfr. In assumptione B. Mariae Virginis: PL. 183, 428), son las dos coronas que Dios quiso concederle.

Las palabras del Arcángel Gabriel manifiestan claramente que María será Madre de Dios sin dejar de ser Virgen (cfr. Mi. 1, 22-23), como había sido ya profetizado por Isaías (cfr. Is. 7,14). La Iglesia explica este privilegio mariano con una fórmula tradicional: antes, en y después del parto. Antes del parto porque concibió por obra del Espíritu Santo. En el parto porque, como señala el Catecismo Romano (cfr. 1,4,8), "María dio a luz a su divino Hijo sin detrimento de su virginidad, como el rayo del sol atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo". Después del parto porque siempre permaneció virgen. Cuando en el Evangelio se habla de los "hermanos de Jesús (cfr. Mt. 12, 46-50; Mc. 3, 31-35; Lc. 8, 19-21), se refiere, según el uso bíblico de la palabra hermano, a sus primos o parientes. Igualmente llama a José "padre de Jesús" (cfr. Lc. 2,48), porque desempeñó ese oficio y fue su padre ante la ley.

d) Asunción y glorificación de la Virgen. El Papa Pío XII definió en 1950 como dogma de fe que

"la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta a la gloria celeste en cuerpo y alma" (cfr. Bula Munificentissimus Deus, Dt. 2333).d El sentido de la definición es que María, que participó tan estrechamente de la Redención de su Hijo, debía también asemejarse a El en su glorificación y por eso, al terminar su peregrinaje terreno, fue llevada al Cielo no sólo en el alma, como los demás santos, sino también en el cuerpo. Complemento de su glorificación es su realeza; así lo reclama su íntima relación con Cristo, Señor y Rey del Universo:

"A esta exaltación de la Hija excelsa de Sión, mediante la asunción a los cielos, está unido el misterio de su gloria eterna. En efecto, la Madre de Cristo es glorificada como Reina universal" (En. Redemptoris Mater. n. 41). 9.2.3 María como medianera de todas las gracias La Iglesia enseña que sólo Jesucristo es nuestro Mediador (cfr. I Tim. 2, 5-6) y, sin embargo, aplica a la Virgen el término de Medianera porque sabe que "la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder" (En. Redemptoris Mater. n. 38).

Esta mediación subordinada de María "es, al mismo tiempo, especial y extraordinaria. Brota de su maternidad divina y puede ser comprendida y vivida en la fe, solamente sobre la base de la plena

verdad de esta maternidad. Siendo María, en virtud de la Elección divina, la madre del Hijo

consubstancial al Padre y "compañera singularmente generosa" en la obra de la redención, es nuestra Madre en el orden de la gracia. Esta función constituye una dimensión real de su presencia en el misterio salvífico de Cristo y de la Iglesia" (Ene. Redemptoris Mater, n. 38).

a) Madre de los hombres en el orden de la gracia

Por ser María Madre de Jesucristo, nuestra cabeza, es también Madre nuestra, pues somos miembros del Cuerpo de Cristo. Esta maternidad espiritual comienza en la Encarnación y es confirmada por el mismo Jesucristo desde la Cruz (cfr. Juan 19, 25-27). El Concilio Vaticano II lo explica así.

"Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, sufriendo junto con su Hijo, que moría en la Cruz, cooperó de manera absolutamente singular, por la obediencia, por la fe, la esperanza y la ardiente caridad, en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por esta razón es nuestra Madre en el orden de la gracia" (Cons. Lumen gentiun, n.

61).

Desde este punto de vista es particularmente significativo otro texto de San Juan que nos presenta a la Virgen en las bodas de Caná (cfr. Juan 2, 1-2), porque manifiesta "la solicitud de María por los hombres, el ir a su encuentro en toda la gama de sus necesidades. En Caná de Galilea se muestra sólo un aspecto concreto de la indigencia humana aparentemente pequeño y de poca importancia ("No tienen vino"). Pero esto tiene un valor simbólico. El ir al encuentro de las necesidades del hombre significa, al mismo tiempo, su introducción en el radio de acción de la misión mesiánica y del poder salvífico de Cristo. Por consiguiente, se da una mediación: María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencia y sufrimientos. "Se pone en medio, o sea hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de Madre", consciente de que como tal puede -más bien "tiene el derecho de- hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres. Su mediación, por lo tanto, tiene un carácter de intercesión: María "intercede" por los hombres. No sólo como Madre desea también "que se manifieste el poder mesiánico del Hijo", es decir su poder salvífico encaminado a socorrer la desventura humana, a liberar al hombre del mal que bajo diversas formas y medidas pesa sobre su vida" (En. Redemptoris Mater, n. 21).

Al mismo tiempo, señala también el Papa Juan Pablo 11, hay otro aspecto de la función maternal de María, que es el presentarse "ante los hombres como portavoz de la voluntad del Hijo", indicadora de aquellas exigencias que deben cumplirse para que pueda manifestarse el poder salvífico del Mesías- (Ibid, n. 21). El "haced lo que El os diga" es, en efecto, la enseñanza más grande de la Madre a los hijos.

b) Corredentora

La mediación de gracia de María, como queda dicho, no se reduce a la mera intercesión: la Virgen, por ser Madre de Dios, participa de la potestad regia de conducir a los hombres hacia el Cielo.

La Bienaventurada Virgen María es, en efecto, Corredentora. Ya el anunció de Simeón (cfr. Lc. 2,

34-35) le había indicado claramente "la concreta dimensión histórica en la cual su Hijo cumpliría su

misión, es decir en la incomprensión y el dolor

sufrimiento al lado del Salvador que sufre, y que su maternidad será oscura y dolorosa" (En. Redemptoris Mater, n. 16). Ese anuncio alcanza su pleno significado cuando María está junto a la Cruz de su Hijo (cfr. Juan 19,25). Padeció y casi murió junto al Hijo que padecía y moría, y abdicó de sus derechos maternales sobre Jesús para que todos los hombres alcanzaran la salvación y, en lo que de Ella dependía, lo entregó para aplacar la justicia divina. Se puede, pues, decir con verdad que redimió con Cristo al

género humano.

Así, le revela también que deberá vivir en el

Santa María, como Madre de Cristo, es Madre de la Iglesia; es decir, de todo el Pueblo de Dios. Por ello al terminar la tercera sesión del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI la proclamó solemnemente Madre de la Iglesia.

Juan Pablo II hace ver que desde el momento mismo en que la Iglesia inicia su camino o peregrinación de fe, el día de Pentecostés, está presente María como un testigo excepcional del misterio de Cristo "en la base de lo que la Iglesia es desde el comienzo, de lo que debe ser constantemente, a través de las generaciones, en medio de todas las naciones de la tierra, se encuentra la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor. Precisamente esta fe de María, que señala el comienzo de la nueva y eterna Alianza de Dios con la humanidad en Jesucristo, ésta heroica fe suya precede el testimonio apostólico de la Iglesia, y

permanece en el corazón de la Iglesia, escondida como un especial patrimonio de la revelación de Dios" (En. Redemptoris Mater, n. 27) 9.2.4 El culto y la devoción a María Santísima Pablo VI afirmó que la devoción a María es "un elemento cualificador e intrínseco de la genuina piedad de la Iglesia y del culto cristiano" (Ex. Marialis Cultus, n. 56). Esta es una experiencia vital e histórica en toda América Latina que, como señalaba Juan Pablo II, pertenece a la íntima "identidad propia de estos pueblos" (Discurso en Zapopan; cfr. Documento de Puebla nn. 283, 285, 291, 294, 299, 745). Todas las prerrogativas que hemos recordado, al mismo tiempo que revelan la dignidad inmensa de la Madre de Dios, nos manifiestan el trascendental puesto que el Señor le asignó en la obra redentora. De ahí surgen en el hombre las relaciones sobrenaturales con la Madre, expresadas a través de las fiestas marianas y de tantas devociones llenas de piedad y de cariño. Entre esas devociones el rezo del Santo Rosario es una de las más recomendadas por la Iglesia: "El rezo del Santo Rosario, con la consideración de los misterios, la repetición del Padre nuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y amor, de adoración y reparación" (Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Roma, 9 de enero de 1973). Podemos y debemos acudir a su amparo, acogiéndonos a su maternal protección, como lo hacía el Papa Juan Pablo II en 1979, durante su viaje a México, ante la imagen de la Virgen de Guadalupe:

"¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!

con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro". Esta es la maternal tarea de la Virgen: llevarnos a Cristo.

Escucha la oración que

9.3 EXCELENCIA DE SAN JOSE, ESPOSO DE LA VIRGEN José, descendiente de David y a quien la Sagrada Escritura llama "justo" (cfr. Mt. 1, 19), es decir, varón de eximia santidad, fue el hombre elegido padre de Cristo en un doble sentido:

a) ante la ley, en cuanto era el esposo de María;

b) por el amor y cuidado que tuvo con el niño Dios, a quien prestó los servicios del más cariñoso de

los padres.

San José es llamado padre nutricio del Salvador en cuanto lo nutrió y alimentó, y padre putativo, en cuanto era reputado por el común de las gentes como verdadero padre de Jesús, pues el misterio de la encarnación quedó oculto a ellas. Estos títulos, sin embargo, no pueden hacer pensar que las relaciones entre José y Jesús eran frías y exteriores. Es verdad que la fe nos dice que no era padre según la carne, pero su paternidad fue más profunda que la de la carne, y quiso a Jesús como el mejor de los padres ama a su hijo. Jesús, en lo humano, señala Mons. Escrivá de Balaguer, debió parecerse a José: "en el modo de trabajar, en los rasgos de su carácter, en la manera de hablar. En el realismo de Jesús, en su espíritu

de observación, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan, en su gusto por exponer la doctrina de una manera concreta, tomando ejemplo de las cosas de la vida ordinaria, se refleja lo que ha sido la infancia y la juventud de Jesús y, por tanto, su trato con José" (Es Cristo que pasa, n.

55).

Después de Santa María, es José la criatura más excelsa; en virtudes, en perfección, en grandeza de alma. "Como San José -señala el Papa León XIII- estuvo unido a la Santísima Virgen por el vínculo conyugal, no cabe la menor duda que se aproximó más que persona alguna a la dignidad sobre

eminente por la que la Madre de Dios sobrepasa a las restantes naturalezas creadas

dio a la Virgen por esposo a José, no sólo se lo dio, ciertamente, como sostén en la vida, sino que también le hizo participar, por el Vínculo matrimonial, en la eminente dignidad que ésta había

recibido" (En. Quaquam Pluries). Así lo explica San Bernardino de Siena: "Cuando, por gracia divina, Dios elige alguno para una misión muy elevada, le otorga todos los dones necesarios para llevar a cabo esa misión, lo que se verifica en grado eminente en San José, padre nutricio de Nuestro Señor Jesucristo y esposo de María" (Sermo I de S. Joseph).

Sí, pues, Dios

A él, que es quien trató con mayor intimidad a Jesús y a María, le venera la Iglesia como maestro de

vida interior. El Papa Pío IX lo declaró el 8-XII-1870 como especial protector y patrono de la

Iglesia. Fomenta, además, su devoción, viendo en ella un camino fácil para aumentar el amor a su Esposa y a su Hijo:

"Si crece la devoción a San José, el ambiente se hace al mismo tiempo más propicio a un

incremento de la devoción a la Sagrada Familia

llegamos a la fuente de toda santidad, a Jesús, quien por su obediencia a José y María consagró las virtudes del hogar" (Benedicto XV, M. pr. Bonum sane et salutare).

José nos lleva derecho a María, y por María

9.4 JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR

Dios determinó salvar a la humanidad enviando una de las tres divinas Personas, para que se hiciera hombre y nos redimiera.

La segunda Persona, o sea el Hijo, fue la que se hizo hombre, tomando cuerpo humano en las entrañas de la Virgen María. Y hecho hombre, se llama Jesucristo.

El Redentor recibe los nombres de Jesús, Cristo y Nuestro Señor. lo. Jesús significa Salvador. Es su

nombre, por decirlo así, civil; nombre común entre los judíos, por el cual era conocido: "Jesús de

Nazareth". Un ángel reveló este nombre a María y a José: "Le pondrás por nombre Jesús, porque ha de salvar a

su pueblo de sus pecados" (Lc. 1, 3). Por eso lo llamamos expresivamente "El Salvador".

2o. Cristo, en hebreo, Mesías, significa ungido o consagrado. Se da este nombre al Redentor, porque en Israel eran ungidos los sacerdotes, reyes y profetas; y Cristo fue sumo Sacerdote, Rey y Profeta. Así como el nombre de Jesús hace referencia principal a su naturaleza humana, el de Cristo la hace a la divina, como sinónimo de algo sagrado. Y la unión de ambos -Jesucristo- expresa la unión de las dos naturalezas. Cristo es Sacerdote, en cuanto ofreció el gran sacrificio de la Nueva Ley, y se constituyó mediador entre Dios y los hombres. Rey, porque todas las criaturas están sometidas a su dominio. Profeta, porque nos enseñó en nombre de Dios y nos reveló sus misterios.

La unción de Cristo no fue con aceite material, como la de los sacerdotes y reyes de Israel; sino espiritual, en cuanto Dios lo llenó de toda suerte de gracias, y lo constituyó Rey Sacerdote Sumo.

3o. Jesucristo se llama Nuestro Señor, porque además de habernos creado en cuanto Dios junto con

el Padre y el Espíritu Santo, nos rescató al precio de su sangre en cuanto hombre-Dios; y por eso es de modo especial nuestro dueño y señor. 9.5 FIGURAS Y PROFECIAS DEL REDENTOR

Cristo es el verdadero Mesías, o enviado de Dios, porque en él se realizaron las figuras y profecías que anunciaban al Mesías prometido.

Entre las figuras y las profecías hay esta diferencia: que la figura anuncia por medio de hechos o personas y la profecía por medios de palabras.

9.5.1 Figuras del Mesías

Las principales figuras del Mesías son: a) de su pasión y muerte, Abel, Isaac, la serpiente de bronce y el cordero pascual; b) de su resurrección, Jonas; c) de su sacerdocio, Melquisedec, y d) de su Iglesia, el Arca de Noé.

Abel: su sacrificio fue agradable a Dios; murió inocente, y su sangre clamó hasta el Señor. La sangre de Cristo clama también, no venganza sino perdón. "La aspersión de la sangre de Jesús habla mejor de la de Abel" (San Pablo, Heb. 12, 24). Isaac: también inocente, es condenado a morir, y subió a una montaña cargado con la leña que serviría para su sacrificio. La serpiente de bronce:

Levantada sobre una cruz, curaba de la mordedura de las serpientes a quienes la miraban; imagen de Cristo crucificado, que sana las heridas de nuestra alma. El cordero pascual: se ofrecía en expiación de los pecados, y su sangre preservó a los israelitas del ángel exterminador. Jonás, de quien dijo

Cristo: "Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena: así el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra". Melquisedec, sacerdote del Altísimo, ofreció en sacrificio pan y vino; Jesucristo "constituido pontífice según el orden de Melquisedec" (San Pablo, Hebr. 5, 10) se ofrece diariamente en sacrificio bajo las especies de pan y vino. El Arca de Noé:

único refugio de salvación cuando el diluvio, como hoy Cristo y su Iglesia.

9.5.2 Profecías sobre el Mesías

Los profetas anunciaron el tiempo en que aparecería, las principales circunstancias de su nacimiento, vida, pasión y muerte, su resurrección y ascensión y la fundación de su Iglesia.

lo. Acerca del tiempo en que aparecería: a) Daniel anunció que desde el edicto para reedificar a Jerusalén hasta la muerte del Mesías no alcanzarían a transcurrir setenta semanas de años (cfr. Dan. 9, 24). Efectivamente a mediados de la última de las setenta semanas murió el Salvador; b) Jacob, profetizó que el cetro real no sería quitado a la familia de Judá hasta la venida del Mesías (cfr. Gen. 49, 10).

Cuando los judíos le pedían a Pilato la condenación de Cristo y le decían: "no tenemos otro rey sino al César", atestiguaban sin advertirlo el cumplimiento de esta profecía (Jn. 19, 15). 2o. Sobre su nacimiento: Miqueas profetizó que nacería en Belén; e Isaías que nacería de madre Virgen, saldría de la tribu de Judá y vendrían a adorarlo reyes de oriente. "He aquí que concebirá una virgen y dará a luz un hijo y será llamado Emmanuel, esto es, Dios con nosotros" (Is. 7, 14). -Y tú oh Belén eres pequeña respecto a las principales de Judá; pero de ti saldrá el que ha de dominar a Israel, el cual fue engendrado desde el principio, desde los días de la eternidad" (Miq. 5,

2).

3o. Sobre su vida: predijeron entre otras cosas que enseñarla públicamente teniendo por auditorio a los pobres (1);sería taumaturgo, legislador y sacerdote eterno (2) ; se mostraría indulgente. No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que aún humea"(3). "El mismo Dios vendrá y os salvará. Entonces serán abiertos los ojos de los ciegos y las orejas de los sordos, Entonces el cojo

saldrá como el ciervo y se soltará la lengua de los mudos"(4). 4o. Acerca de su pasión y muerte: predijeron numerosas circunstancias, por ejemplo, que sería vendido en treinta ciclos de plata (5), abofeteado y escupido (6), azotado y despojado de sus vestiduras (7), que hecharían suertes sobre éstas (8) y le taladrarían las manos y los pies (9), y le darían a beber hiel y vinagre (10)(11) (12). 5o. Sobre su Iglesia: anunciaron que el Mesías establecería un nuevo y purísimo sacrificio (13) y un nuevo sacerdocio; que fundarla un reino espiritual, el cual habría de extenderse hasta los confines del mundo, y nunca sería destruido (14).

1) Is. 61, 1 y 28, 19.

2) Deut. 18, 18; Ps. 109, 4.

3) Is. 43, 3.

4) Is. 35, 4.

5) Zac. 11, 12.

6) Is. 50, 6.

7) Is. 53, 4.

8) Ps. 21, 29.

9) Ps. 21, 28.

10) Ps. 48, 12.

11) Ps. 15, 10,

12) Ps. 23, 7.

13) Mal. 1, 11

14) Is. 9, 7.

9.6 JESUCRISTO ES VERDADERO DIOS

9.6.1 Verdad fundamental

"La única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros esta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A El queremos mirar nosotros, porque sólo en El, Hijo de Dios, hay salvación, renovando la afirmación de Pedro " Señor: ¿a quién iríamos, Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan Pablo II, En. Redemptor Hominis, núm. 7). Cfr. Puebla, núm. 214. La doctrina sobre la divinidad de Cristo es de capital importancia. En efecto, si Jesucristo es verdadero Dios, se sigue que son divinas su doctrina, la Iglesia que fundó y las verdades que ést a nos enseña. Por el contrario si no fue Dios, ni su doctrina, ni su Iglesia son divinas, ni El nos merece crédito, porque nos habría engañado al presentarse como Dios.

"La Iglesia cree que Cristo, que murió y resucitó por todos, ofrece al hombre luz y fuerza, por medio del Espíritu Santo, para que pueda responder a su vocación; y que no se les ha dado a los hombres otro nombre bajo el cielo por el que puedan salvarse. Igualmente, cree que la clave, el centro y la finalidad de toda la historia humana se encuentra en su Señor y Maestro. Además, la Iglesia afirma que en el fondo de todos los cambios hay muchas cosas que no cambian, que tienen su último fundamento en Cristo, que es el mismo ayer y hoy y por todos los siglos" (Con. Vaticano 11, Const. Past. Gaudium et Spes, núm. 10) (cfr. Puebla, núm. 194). Veamos, pues, las principales pruebas de su divinidad. Ellas son: a) y b) las profecías realizadas en El, que lo señalaban como Dios; C) los milagros obrados en confirmación de su divinidad; d) la afirmación del mismo Jesucristo; e) la afirmación de su Padre celestial; f) la santidad de su vida y doctrina; la afirmación de los apóstoles y de la Iglesia. 9.6.2 Pruebas de la divinidad de Cristo

a) Las profecías

Las profecías, que como hemos visto se cumplieron en Cristo, lo designaban no sólo como Mesías, sino también como verdadero Dios.

Así los profetas:

lo. Le daban nombres que sólo a Dios pueden aplicarse, por ejemplo, el admirable, el justo, el santo de los santos.

2o. Le dieron el nombre de Dios. Isaías dice: "El mismo Dios vendrá en persona y os salvará" (35, 4). Y en otro lugar: "He aquí que una virgen dará a luz un hijo, y su nombre será Emmanuel, esto es, Dios con nosotros" (7, 14).

En otro lugar dice también: "Ahora nos ha nacido un niño. Se llamará el admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo futuro, el príncipe de la paz" (9, 6). Conclusión. Como estas profecías tuvieron realización en Cristo, debemos concluir que Cristo es Dios; pues si no lo fuera, el mismo Dios nos hubiera inducido al engaño.

b) Profecías hechas por el mismo Cristo

El mismo Jesucristo hizo numerosas profecías acerca de su persona, de los Apóstoles, de su Iglesia, y de otros varios acontecimientos, que dan mayor peso a este argumento.

la. Respecto a su persona, en tres ocasiones predijo su pasión, y muerte de cruz y resurrección. "Mirad que vamos a Jerusalén , y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y lo condenarán a muerte, y lo entregarán los gentiles, para que lo escarnezcan, azoten y crucifiquen; más al tercer día resucitará" (Mt. 20, 18).

2a. Respecto a sus Apóstoles, predijo la triple negación de Pedro, la venida del Espíritu Santo sobre ellos, y las persecuciones que les tocaría afrontar.

3a. Respecto a la Iglesia, predijo su perpetuidad. "Y yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos" (Mt. 28, 20).

Estas diversas profecías sobre sucesos libres, prueban el carácter divino del que las hizo.

c) Los milagros

Los milagros de Cristo prueban no solamente su carácter de Mesías, sino también su divinidad. En

efecto:

a) Cristo los hizo en su propio nombre, en tanto que los demás siempre los hicieron en nombre de

Dios. Por ejemplo dijo al leproso, "Yo lo quiero, se limpió 33 (Mt. 8, 3); y al hijo de la viuda de Naím: "Muchacho, a ti te digo, levántate" (Lc. 7, 14).

b) Comunicó a sus discípulos el poder de hacer milagros en su nombre (Alc. 16, 17).

c) Hizo milagros en confirmación de su divinidad. Así dijo a los judíos, que querían apedrearlo

como blasfemo, por haberse declarado Dios: "Sí no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago y no queréis dar crédito a mi palabra, dádselo a mis obras" (Jn. 10, 37).

Y antes de la resurrección de Lázaro dio gracias a su Padre Celestial por razón del pueblo que le rodea, "con el fin de que crean que Tú eres el que me has enviado" (Jn. 11, 42.) Cristo hizo milagros en confirmación de su divinidad; y como el milagro es prueba de la intervención divina, es evidente que los milagros de Cristo prueban su divinidad. De otra suerte Dios mismo hubiera confirmado con milagros una mentira, lo que es inconcebible.

d) Testimonio del mismo Cristo

Cristo se proclama Dios de muchos modos:

a) Se atribuye perfecciones y poderes que sólo Dios tiene, como la eternidad, la creación, el poder

de perdonar los pecados; y dice claramente: "Todo lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo" (Jn. 5, 19).

b) Aprueba explícitamente la confesión de Pedro: "Tú eres el Hijo de Dios vivo", y la de Tomás:

"Señor mío, y Dios mío" (Mt. 16, 16; Jn. 20, 28).

c) Manifiesta que es Dios e Hijo de Dios: "El padre y yo somos una misma cosa"; y declara

solemnemente ante Caifás que es Hijo de Dios y que vendrá a juzgar a los hombres (Jn. 10,3; Mt

26, 64).

Esta afirmación hecha por Cristo prueba su divinidad. En efecto, ningún hombre fuera de Cristo, ningún profeta, ningún fundador de religión se ha atrevido a proclamarse Dios. Si Cristo se hubiera proclamado Dios sin serlo, sería o un loco o un mentiroso; y ambas cosas repugnan, pues nadie ha existido tan sabio ni tan santo.

e) Testimonio de Dios Padre

En el bautismo de Cristo en el Jordán y más tarde en el Tabor se oyó una voz del cielo que decía:

"Este es mi Hijo amado en quien tengo todas mis complacencias; escuchadle" (Mt. 3, 17 - 17, 5).

Este testimonio tiene especial valor, por ser la afirmación clara y explícita de Dios, verdad infalible.

f) Su vida y doctrina

lo. Cristo fue en su vida ejemplo perfecto de toda santidad, a tal punto que pudo decir a sus discípulos: "Ejemplo os he dado para que como obré, obréis también vosotros" (Jn. 13, 15). Y a sus enemigos: "¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?" (Jn. 8, 46).

2o. Por otra parte, su doctrina está llena de sabiduría y santidad. Ella transformó la faz de la tierra y ha producido en todas partes frutos de la más excelente perfección.

Esta santidad de Cristo, y la sabiduría y santidad de su doctrina prueban su divinidad, sobre todo si

las juntamos con la afirmación que El mismo hizo de ser Hijo de Dios. Pues no se concibe que un loco o un impostor haya sido el más sabio y el más santo de los hombres, y el Fundador de la más excelente doctrina que han contemplado los siglos.

g) Testimonio de los Apóstoles y de la Iglesia

Los Apóstoles dieron fe de la divinidad de Jesucristo; y son especialmente elocuentes los

testimonios explícitos y numerosos de San Juan y San Pablo. "Sabemos, dice San Juan, que vino el

Hijo de Dios

"Jesucristo teniendo naturaleza de Dios, no por usurpación, se hizo igual a Dios" (Fil. 2, 6).

Este es el verdadero Dios, y la verdad eterna" (1 Jn. 5,20). Y San Pablo afirma:

Este testimonio tiene especial valor, pues los Apóstoles no sólo conocieron de cerca a Cristo, sino que confirmaron sus enseñanzas con numerosos milagros y con el martirio.

La Iglesia Católica por su parte, siempre ha enseñado que Jesucristo es Hijo de Dios por naturaleza y verdadero Dios; y sobre esta creencia ha descansado inconmoviblemente su doctrina.

Hay otras tres pruebas de la divinidad de Jesucristo: su resurrección, verificada por virtud propia y anunciada por él con anterioridad; la fundación y desarrollo de su Iglesia; y el testimonio de sus mártires.

10. La redención

La Redención son los actos, con los que Cristo, lleno de amor, se ofrece y muere por nosotros, para satisfacer la deuda debida a la justicia divina, merecernos de nuevo la gracia y el derecho al cielo, y liberarnos de la esclavitud del pecado y del demonio.

10.1 LA REDENCION VINO POR MEDIO DE JESUCRISTO

10.1.1 Noción de Redención

La Redención son los actos, con los que Cristo, lleno de amor, se ofrece y muere por nosotros, para satisfacer la deuda debida a la justicia divina, merecernos de nuevo la gracia y el derecho al cielo, y liberarnos de la esclavitud del pecado y del demonio.

Esta definición incluye la naturaleza de la Redención y sus efectos:

lo. La naturaleza está comprendida en las palabras: murió por nosotros y se ofreció en nuestro lugar.

2o. Los efectos en las siguientes: para satisfacer, merecer y liberarnos del pecado y del demonio.

Mediante estos tres efectos: la satisfacción, el mérito y el rescate destruyó Jesucristo los efectos que el pecado había producido en nuestra alma, y consiguió el fin que se proponía con la Redención

10.1.2 Necesidad de la Redención

Tres caminos podía seguir Dios respecto al hombre, después del pecado de Adán: a) dejarlo abandonado a su desgracia; b) perdonarlo sin más, es decir, sin satisfacción adecuada; c) exigirle satisfacción plena, de acuerdo con la ofensa.

Este último camino le pareció más digno de su Justicia, Sabiduría y Misericordia; así determinó que el Verbo se encarnara y muriera para reparar la ofensa y las demás consecuencias del pecado.

La Redención es para el hombre un misterio, porque no podemos comprender cómo es posible que Dios muera por nosotros. Consta, sin embargo, en todo el Evangelio; y por eso debemos creerla con fe firme, y vivir agradecidos a Dios por tan excelente beneficio.

10.1.3 Por medio de Jesucristo

Cristo se ofreció en nuestro lugar al Eterno Padre, en satisfacción de nuestros pecados. En efecto,

lo. La reparación de una ofensa no se cumple con la sola cesación de la ofensa, sino que requiere una satisfacción.

2o. Esta satisfacción debe procurarla el mismo culpable.

3o. Los culpables éramos los hombres; pero no siendo capaces ni dignos de una adecuada satisfacción, fue preciso que Cristo se pusiera en nuestro lugar.

10.2 PASION, MUERTE Y SEPULTURA DE CRISTO

Está referida en Mt. 6, 26-; Mc. 14, Lc. 22 y Jn. 18 La pasión tuvo lugar en Jerusalén, capital de Judea. En aquel entonces, provincia del Imperio romano, gobernada por Poncio Pilatos. Empezó por la oración del Huerto. Allí a la vista de los innumerables pecados de los hombres, de los pavorosos tormentos que lo esperaban, y de la inutilidad de sus sufrimientos para muchos, sufrió Cristo congoja y aflicción tan acerba, que le sobrevino un sudor de sangre, y cayó en agonía como un hombre que va a morir.

Luego Judas, traicionándolo, con un beso, lo entregó a sus enemigos. Estos se apo deraron de El y lo llevaron atado como un criminal a casa del gran Sacerdote Caifás.

Cristo compareció a cuatro tribunales: dos religiosos, presididos por Anás y Caifás, donde estaban reunidos los príncipes de los sacerdotes y los escribas (doctores de Israel); y dos civiles: el de Pilatos, gobernador de Judea, y el de Herodes, gobernador de Galilea, a quien lo remitió Pilatos, al saber que Cristo era galileo.

Cristo sufrió toda suerte de oprobios y sufrimientos; fue abofeteado, escupido, tratado como rey de burlas, y paseado por las calles como loco. Por orden de Pilatos fue azotado y coronado de espinas. Luego Pilatos lo condenó a morir, no por creerlo culpable, sino por miedo al pueblo judío que le gritaba: -"Si perdonas a éste, no eres amigo del César" Un. 19, 12).

a) Suplicio de la Cruz

La Crucifixión del Señor se verificó en el calvario. Cristo llevó sobre sus hombros la pesada cruz y varias veces cayó en el camino por su mucha extenuación. Al llegar al Calvario lo desnudaron de sus vestiduras, y tendiéndole sobre la cruz, clavaron sus manos y sus pies con gruesos clavos y lo elevaron en alto.

Tanto entre los romanos como entre los judíos, la cruz era el suplicio más cruel e ignominioso reservado a los criminales vulgares. Cristo quiso padecerlo, para someterse a la mayor afrenta y humillación.

Pero desde que murió Cristo en ella, la Cruz se tornó en objeto de amor, de gloria y de bendición. De amor, porque es el motivo que llevó al Señor a la muerte; de gloria, porque gracias a ella alcanzamos la gloria del cielo; de bendición, porque es fuente de innumerables gracias para el cristiano.

"La cruz sobre el Calvario, por medio de la cual Jesucristo (

tiempo una gran manifestación de la eterna paternidad de Dios, el cual se acerca de nuevo en él, a la humanidad, a todo hombre, dándole al tres veces santo Espíritu de Verdad" (Juan Pablo II, En. Redemptor hominis, núm. 9)

b) Sufrimientos de Cristo

Jesucristo padeció múltiples e intensos sufrimientos:

), deja este mundo, es al mismo

b.1 Todo su cuerpo fue cruelmente herido;

La cabeza, con la corona de espinas, las manos y los pies traspasados con clavos; la cara, por las bofetadas y escupitajos; todo el cuerpo por la flagelación. Sufrió en el sentido del gusto por la hiel y el vinagre que le dieron; el olfato, pues el Gólgota era un lugar de calaveras; el oído, por las blasfemias y las burlas, la vista, al ver a su madre y al discípulo amado, llorando. Los sufrimientos físicos de su pasión, fueron sumamente intensos y crueles:

-La flagelación; que ordinariamente se realizaba con varas espinosas y garfios de hierro, era dolorosísima; la piel se entumecía al principio, después se desgarraba y por último los azotes caían sobre la carne viva y despedazada;

-La coronación de espinas; eran fuertes y agudas, que penetraron hondamente en su santa cabeza; -El nuevo desgarramiento de su carne que suponía quitar los vestidos para la crucifixión; como estaban adheridos a la carne, al separarlos se abrían cruelmente todas las llagas; así permaneció a la intemperie de los elementos durante las tres horas de crucifixión;

-El enclavamiento en la cruz; fue suplicio de inconcebible dolor: los clavos al penetrar sus manos y sus pies desgarraron sus nervios y tendones y separaron sus huesos;

-La crucifixión: permaneció varias horas en cruz, posición de suyo muy dolorosa; soportó todo el peso de su cuerpo en sus manos y pies taladrados, sin poderse mover, ni valer en ninguna forma, pues tenía impedidas de movimiento hasta sus manos;

-La sed: causada por todo el desgaste físico y por sus muchas heridas y pérdida de sangre. Para el que tiene heridas el mayor de los tormentos es el de la sed; también lo fue para Cristo.

b.2 Padeció de todo aquello en lo que el hombre puede sufrir:

Además de los acervos dolores físicos, sufrió traición de un discípulo, el abandono de los amigos, la negación de Pedro; padeció por las blasfemias pronunciadas en su contra; en su honor y gloria por

las burlas y vilipendios en el proceso y en la misma muerte; en las cosas que poseía, fue de ellos

despojado y, por último, en los dolores de su espíritu: la tristeza, el tedio y el temor. b.3 Padeció de todo tipo de hombres

De gentiles y judíos, de hombres y mujeres, de poderosos y plebeyos, de conocidos y desconocidos.

Santo Tomás de Aquino, apoyándose en el texto de Isaías que dice "Mirad y ved si hay dolor como

mi

dolor" (Isaías 1, 12) explica por qué el dolor físico y moral de Cristo ha sido el Mayor de todos

los

dolores:

1) Por las causas de los dolores: el dolor corporal fue acerbísimo, tanto por la generalidad de sus

sufrimientos (según dijimos arriba), como por la muerte en la cruz.

El dolor interno fue intensísimo, pues lo causaban todos los pecados de los hombres, el abandono de

sus discípulos, la ruina de los que causaban su muerte y, por último, la pérdida de la vida corporal, que naturalmente es horrible para la vida humana natural.

2) Por causa de la sensibilidad del paciente: el cuerpo de Cristo era perfecto, óptimamente sensible, como conviene al cuerpo formado por obra del Espíritu Santo. De ahí que, al tener finísimo sentido

del tacto, era mayor el dolor. Lo mismo puede decirse de su alma: al ser perfecta aprendía

eficacísimamente todas las causas de la tristeza.

3) Por la pureza misma del dolor: porque otros que sufren pueden mitigar la tristeza interior y también el dolor exterior, con alguna consideración de la mente, Cristo en cambio no quiso hacerlo.

4) Porque el dolor asumido era voluntario.

Y así, por desear liberar de todos los pecados, quiso tomar tanta cantidad de dolor cuanto era proporcionado al fruto que de ahí se había de seguir.

Y de estas cuatro razones, concluye el Santo, se sigue que el dolor de Cristo ha sido el mayor de cuantos dolores ha habido (cfr. S. Th. III; q. 4 6, a. 6)

La meditación de los padecimientos de Cristo, es en extremo útil para el cristiano. En ella se

formaron los santos, y tiene la ventaja de ser un libro en que todos, aun los más ignorantes, pueden leer. Allí viendo cuánto nos amó Cristo, nos es fácil encendernos en su amor: "¿Quién no amará al que nos amó de tal manera? (cfr. Adeste laderas).

Los santos -me dices- estallaban en lágrimas de dolor al pensar en la pasión de Nuestro Señor. Yo,

en cambio

Escrivá de Balaguer, Vía Crucis, VIII, I).

c) La muerte de Cristo

Cristo en la Cruz permaneció aproximadamente tres horas, desde el mediodía hasta las tres de la

tarde, al cabo de las cuales entregó su espíritu al Padre.

Quizá es que tú y yo presenciamos las escenas, pero no las "vivimos" (Josemaría

Estando en la cruz, pronunció siete palabras. La 1a. fue en favor de sus verdugos y de los pecadores: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc. 23, 24). La 2a., una palabra de salvación para el buen ladrón. Este, arrepentido, le dijo: "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino" (Lc. 23, 43) y el Señor le contestó: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso". La 3a., para dejarnos a Maríacomo nuestra Madre. "Mujer, dijo Jesús a María, señalándole a Juan, y en la persona de Juan a todos nosotros: "Ahí tienes a tu hijo- y luego a San Juan: "Ahí tienes a tu madre" (Jn. 19, 27). La 4a. fue un hondo clamor hacia su Padre: "Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado? (Mt. 27, 46). La 5a., una manifestación de la sed que lo devoraba:

"Tengo sed" (Jn. 19, 28). La 6a., el anuncio de que la redención estaba consumada: "Todo está consumado" (Jn. 19, 30). La 7a., para encomendar su espíritu al Padre: "Padre mío en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23, 46).

Estas últimas palabras las dijo con un gran esfuerzo de su voz, y luego inclinando la cabeza, expiró. Varios prodigios se verificaron a la muerte de Jesús: el velo del templo se rasgó; el sol se eclipsó; tembló la tierra; hendiéronse las rocas; se abrieron varias tumbas y muchos muertos resucitaron y fueron vistos en Jerusalén. Todas estas manifestaciones de la naturaleza eran otras tantas pruebas de la divinidad de Cristo. Así lo comprendió el Centurión, quien bajó dándose golpes de pecho, y diciendo: "¡Verdaderamente Este era el Hijo de Dios!" (Mc. 15, 29). La palabra INRI, que se coloca sobre el crucifijo está formada por las iniciales de las cuatro voces Jesús Nazareno, Rey de los judíos (en latín, Jesús Nazarenus Rex Iudeorum).

d) Su sepultura

Dos de sus discípulos, José de Arimatea y Nicodemo, con autorización de Pilatos, bajaron el sagrado cuerpo, lo ungieron con perfumes y lo ligaron con lienzos, a usanza de los judíos; y lo depositaron en un sepulcro nuevo, tallado en la roca.

Cristo quiso ser sepultado para que estuviéramos más ciertos de su muerte; y el hecho de su Resurrección fuera más patente y manifiesto.

En el sepulcro el cuerpo de Cristo no experimentó la más mínima corrupción, cumpliéndose la profecía de David: "No permitiréis que tu Santo experimente corrupción (Ps. 15, 10).

10.3 EFECTOS DE LA REDENCION

La Redención tuvo como fin reparar el pecado y los desastrosos efectos que el pecado habla traído al hombre.

La Redención es pues, a un mismo tiempo, una satisfacción o reparación para Dios, y una restauración y rescate para el hombre.

El siguiente esquema hace ver el modo como los saludables efectos de la Redención vinieron a reparar los efectos del pecado.

Encontramos:

En el pecado: En la Redención:

1o. La ofensa a Dios que mancha el alma y la hace merecedora de una pena. La satisfacción de Cristo, que, a) reparó la ofensa,

b) borró la culpa,

c) y remitió la pena.

2o. La degradación del hombre. Se ve privado de la gracia y la gloria. El mérito de Cristo, que, Restauró al hombre mereciéndole de nuevo la gracia y la gloria.

3o. La sucesión al demonio. El rescate de Cristo, que, Nos libertó del poder del demonio.

Vamos, pues, a estudiar:

a) La satisfacción de Cristo, que reparó la ofensa borró la culpa y remitió la pena.

b) El mérito de Cristo, que restauró al hombre, devolviéndole la gracia y el derecho al cielo.

c) El rescate de Cristo, que nos libertó del demonio

10.3.1 La satisfacción de Cristo

"Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió por el sacrificio de la Cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: "Donde abundó el delito sobreabundó la gracia" (Rom. 5, 20). (Pablo VI, El Credo del Pueblo de Dios, núm. 17). La satisfacción de Cristo abarca tres cosas: Cristo mediante su muerte reparó la ofensa causada a Dios con el pecado, nos borró la culpa y nos remitió la pena. Ofensa, culpa y pena son tres cosas diferentes:

a) La ofensa es el agravio que se causa a Dios con el pecado.

b) La culpa es la mancha que el pecado deja en el alma, al despojarla de la gracia.

c) La pena es el castigo que el pecado merece.

Pues bien, la satisfacción de Cristo destruyó este triple efecto:

a) Reparó la ofensa hecha a Dios: "Siendo enemigos de Dios, fuimos reconciliados con El por la

muerte de Cristo" (Rom. 5, 10).

b) Borró la culpa: "Nos lavó de nuestros pecados con su sangre" (Apoc. 1, 5).

c) Pagó la pena debida por ellos. "Llevó la pena de todos nuestros pecados sobre su cuerpo en el

madero de la Cruz" (I Pe. 2, 24). Aunque Cristo satisfizo por nuestros pecados en todos los actos de su vida, quiso sin embargo, que tanto sus satisfacciones como sus méritos no produjesen sus efectos sino después de su pasión, refiriéndolo todo a su muerte. Así nos explicamos cómo la Sagrada Escritura aplica al sacrificio de la Cruz todas las satisfacciones y méritos de Cristo.

a) Sus cualidades: voluntaria y completa

La satisfacción de Cristo fue voluntaria, completa, condigna y superabundante.

Fue voluntaria, porque Cristo dio su vida gustosamente, por el amor que nos tenía.

"Fue ofrecido porque él mismo lo quiso", dice Isaías (53, 7). Y el mismo Jesucristo exclama:

"Nadie me arranca la vida, sino que la doy por propia voluntad" (Jn. 10, 18). Fue completa, porque ella tiene la virtud suficiente para reconciliarnos con Dios y borrar nuestros

pecados. "La sangre de Cristo nos purifica de todo pecado" (I Jn. 1, 7).

b) Condigna y superabundante

Una satisfacción es condigna cuando hay proporción entre lo que se debe y lo que se restituye. Es deficiente en el caso contrario.

Por ejemplo, el acreedor que remite una parte de la deuda al deudor, no recibe satisfacción o pago condigno, sino deficiente. La satisfacción de Cristo fue condigna, porque guardó proporción con la ofensa. Si la ofensa causada a Dios con el pecado es en cierta manera infinita, la satisfacción de Cristo fue de infinito valor. Hay que tener en cuenta que:

a) La magnitud de una ofensa se mide por la dignidad de la persona ofendida. Así, es mucho más

grave la ofensa causada a un superior que la causada a un compañero; y tanto más grave cuanto más

alto es el superior. Siendo Dios de majestad infinita, la ofensa hecha a El con el pecado, era en este sentido infinita.

b) La magnitud de una satisfacción a causa del honor ofendido, se mide por la dignidad de la

persona que la ofrece. Así cuando se trata de injurias a una nación, no basta la satisfacción que

pueda dar uno a título particular sino que se requiere que ella venga del que preside la nación.

La satisfacción de Cristo no sólo fue condigna, sino también superabundante; esto es, pagó más de lo que debíamos. San Pablo dice que "donde abundó el pecado sobreabundó la gracia" (Rom. 5, 20). En efecto, el pecado no es un acto infinito en sí puesto que procede de una criatura, y la criatura es incapaz de un acto infinito. Sólo puede llamarse ofensa infinita, en cuanto ofende a Dios, Ser infinito. Por el contrario cualquier acto del Hijo de Dios era infinito en sí, porque procedía de la persona del Verbo.

Jesucristo quiso que su satisfacción fuera superabundante y "copiosa su redención" (Ps. 20, 7) para hacernos comprender la excelencia de tan divina obra, y darnos plena confianza en sus méritos y en nuestro perdón. 10.3.2 Los méritos de Cristo

Cristo no solamente nos perdonó el pecado y la pena por él debida, sino que nos mereció la gracia y el derecho al cielo.

Si la satisfacción de Cristo borra en el hombre la culpa y la pena del pecado, los méritos de Cristo, son una verdadera restauración del hombre, pues le devuelven los dones de orden sobrenatural que el pecado le habla arrebatado.

Veamos, pues, qué méritos alcanzó Cristo, por qué pudo Cristo merecer para nosotros, y cómo mereció.

a) ¿Qué bienes mereció Cristo?

El mérito implica la consecución de un don que no tenemos, pero que nos es debido en alguna

manera.

lo. Cristo no pudo merecer para si mismo ni la gracia ni la gloria, porque ya las tenía, y no las podía perder. Para si mismo no mereció sino la glorificación de su Cuerpo, después de haberlo sometido al sufrimiento y al oprobio.

2o. Pero para nosotros sí pudo merecer. El, mediante su pasión y muerte, nos mereció la gracia, la

gloria y toda suerte de bienes espirituales.

a) La gracia: "Si por el pecado de uno sólo murieron todos los hombres, mucho más copiosamente

la gracia de Dios se derramó sobre todos" (Rom. 5, 10).

b) La gloria: "Tenemos la firme esperanza de entrar en el santuario del cielo por la sangre de Cristo"

(Heb. 10, 19).

c) Toda clase de bienes espirituales: "Nos bendijo con toda suerte de bienes espirituales en

Jesucristo" (Ef. 1, 3). "El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó, ¿cómo será posible

que no nos dé con El todos los bienes?" (Rom. 8, 32).

b) ¿Por qué pudo Cristo merecer por nosotros?

Siendo el mérito un fruto personal, ¿cómo se explica que Cristo mereciera por nosotros? San Pablo

lo explica de dos maneras:

1o. Todos los cristianos formamos con Cristo un cuerpo místico, en el cual El es la Cabeza y nosotros los miembros; y es natural que los miembros participen de los bienes de la cabeza. (cfr. Rom. 12, 4; 1 Cor. 12, 12; Ef. 4, 15 y 5, 23).

Santo Tomás se expresa así: "La cabeza y los miembros pertenecen a la misma persona; siendo, pues, Cristo nuestra cabeza, sus méritos no nos son extraños, sino que llegan hasta nosotros en virtud de la unidad del cuerpo místico" (Sent. 3, c. 18, a. 3). 2o. Porque así como toda la naturaleza humana, por estar encerrada en Adán, mereció la privación de la gracia, así toda la naturaleza humana encerrada en Cristo, mereció que la gracia se le devolviera. Dice San Pablo: "Como todos mueren en Adán, todos en Cristo han de recobrar la vida" (I Cor. 15,

22).

c) ¿Cómo nos mereció Jesucristo estos bienes?

Los méritos de la pasión de Cristo se basan en su amor y en su obediencia.

Por amor y por obediencia a su Padre quiso Cristo someterse al sufrimiento y la muerte; y de ambas virtudes recibió la pasión de Cristo toda la grandeza y eficacia.

Además, convenía sobremanera que la Redención fuera una obra de amor y obediencia. Ya que el pecado del primer hombre fue un pecado de desobediencia fundado en el orgullo. Por amarse el hombre excesivamente a sí mismo, no vaciló en desobedecer a Dios.

La Redención vuelve al hombre a Dios: y debía consistir en un acto de obediencia, por amor. De esta suerte los infinitos merecimientos de la pasión y muerte de Cristo, se deben principalmente a su amor y a su obediencia.

10.3.3 La Redención nos liberó del poder del demonio El pecado nos constituyó deudores a la justicia divina; y Dios permitió que, en castigo, el demonio tuviera poder sobre el hombre. Este poder Regó a ser tan grande, que los Padres de la Iglesia, lo comparan a un cautiverio o esclavitud.

Pues bien, Cristo con la Redención pagó la deuda debida a la justicia divina; y en consecuencia cesamos de vernos sometidos al demonio.

Es de advertir que la deuda de justicia que el hombre tenla contraída no era con el demonio, sino con Dios. El demonio por tanto, no tenía ningún derecho de justicia sobre nosotros.

En consecuencia el poder de liberarnos, o de mantenernos cautivos no correspondía al demonio, sino a Dios; así como el poder de dar libertad a un prisionero no corresponde al simple carcelero, sino a aquél por cuya orden estaba preso.

10.4 NECESIDAD Y UNIVERSALIDAD DE LA REDENCION

10.4.1 Su necesidad

La Redención, como la Encarnación, no era absolutamente necesaria, pues Dios podía dejar abandonado al hombre, o perdonarlo generosamente.

Pero si era necesaria en el supuesto de que Dios exigiera una reparación condigna. En este caso era preciso que una de las divinas Personas se hiciera hombre y reparara la ofensa causada a Dios, porque sólo un hombre-Dios puede reparar de una manera digna la ofensa cometida contra Dios.

10.4.2 Su universalidad y nuestra cooperación

Es de fe que Cristo murió por todos los hombres, esto es, que se entregó en rescate para que todos se salven.

Aunque de hecho muchos no lo consigan, por no emplear los medios de salvación necesarios.

Calvino enseñó que Cristo no murió por todos los hombres, sino sólo por los elegidos. Lo mismo enseñan los jansenistas, quienes para denotar esta idea no representan a Cristo crucificado con los brazos abiertos, sino casi cerrados. Esta enseñanza está en contradicción con la Sagrada Escritura. San Juan nos dice: "Cristo es propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero (I Jn. 2, 2). Y San Pablo: "Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos" (I Tim. 2, 6).

Cuando la Escritura dice que "Cristo murió por muchos", de acuerdo con el género de la lengua hebrea y los textos ya citados, muchos debe entenderse en el sentido de multitud: Cristo murió por la multitud, esto es, por todos.

Aunque Cristo murió por todos los hombres, no podemos salvarnos sin la cooperación de nuestra parte. Es el mismo Cristo quien nos enseña: "Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos" (Mt. 19, 17). Y San Agustín dice: "El que te creó sin ti, no te salvará sin ti". Esto es, sin tu cooperación.

"Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre -todo hombre sin excepción alguna- ha sido redimido por Cristo, porque con el hombre -cada hombre sin excepción alguna- se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello. Cristo, muerto y resucitado por todos, da siempre al hombre -a todo hombre y a todos los hombres- su luz Y su fuerza para que puedan responder a su máxima vocación" (Juan Pablo II, En. Redemptor Hominis, num. 14), cfr. Puebla, núm. 1310. Los protestantes, en especial Lutero y Calvino niegan la necesidad de cooperar a la gracia, enseñando que sólo la fe justifica; esto es, que ella nos aplica los méritos de Cristo, sin necesidad de cooperación de nuestra parte. Este es un gravísimo error, que está en evidente contradicción con la enseñanza de la Sagrada Escritura. "La fe sin obras es muerta", declara Santiago (2, 20). Y San Pablo: "No son justos los que oyen la ley, sino aquéllos que la cumplen" (Rom. 2, 13). Y el mismo Cristo declara que en el juicio final recibirán la recompensa del cielo los que hayan practicado las obras de misericordia para con su prójimo (cfr. Mt. 25, 34).

Es necesario, pues, que nos apliquemos los méritos de Cristo mediante los medios instituidos por El con este fin: la fe, los mandamientos, los sacramentos, la oración. Quienes desprecian estos medios no pueden salvarse.

Sería falso afirmar que los méritos de Cristo, por ser de infinito valor, se extienden sin más a todos. Porque aunque sean de infinito valor, son como una medicina, que no aprovecha sino al que se la aplica. Advirtamos aquí dos circunstancias:

a) Cristo no se contentó con merecernos la salvación, sino que nos dio también la oportunidad de

merecerla con nuestros propios méritos. Lo cual es mucho más honroso para nosotros, pues no la reci