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Nicolini y Schist: El cará cter y perturbaciones

Guía 1
1. ¿Qué es el cará cter?
2. ¿Qué es el rasgo?
3. ¿Qué es la constelació n?
4. ¿Có mo entiende la psicología General el rasgo de cará cter y como lo entiende el psicoaná lisis?
5. Desde la conferencia 31: Explique cuá l sería el origen del cará cter
6. Desarrolle el origen y formació n del cará cter desde el concepto de Fijació n
7. Desarrolle el origen y formació n del cará cter desde el concepto de Identificació n freudiana
8. Desarrolle el origen y formació n del cará cter desde la teoría traumá tica
9. Precise las principales diferencias entre síntoma y cará cter

1- El cará cter es el conjunto de cualidades psíquicas y afectivas heredadas o adquiridas que


condicionan la conducta de cada individuo humano distinguiéndolo de los demá s. El cará cter es
aquello que nos hace diferentes de los demá s, al afirmar muestras particularidades. Se constituye
y manifiesta en el yo. El cará cter es formado por el yo, a su vez el cará cter le otorga al yo su
particularidad (estilo). Consiste en los modos de reacció n privilegiados de ese yo, en la reunió n de
ciertas propiedades y defectos que le imprimen un sello particular, Yo que, como estructura limite,
debe conciliar por sus mú ltiples servidumbres, las demandas internas y externas, con el fin de
evitar los estancamientos libidinales conforme al mandato del principio de placer. La formació n
del cará cter en universal aunque no constituye un proceso univoco.
2- Rasgo de carácter: Hace referencia a la presencia de forma predominante y estable de una estilo
particular de la personalidad que no es necesariamente indicador de patología. El rasgo es el
observable a través del cual se observa esa particularidad, pero no define ni da cuenta de los
procesos que lo constituyeron. El rasgo es la puerta de entrada a la elaboració n de hipó tesis
diagnó sticas y de las vicisitudes etiopatogenias.
3- Constelación Caracterológica (configuració n): Es la copresencia y conjunció n de varios rasgos,
que tiene como resultado la configuració n de una estructura (est. Del cará cter) que da cuenta de
un modo particular de funcionamiento del aparato psíquico. Hay estabilidad y fija nza en este
conjunto. Constelació n formada por rasgos de extraversió n, tenosidad y arrogancia. Freud plantea
que solo se puede hablar de una organizació n caracterologica con cierto grado de permanencia t
estabilidad una vez que se produce la culminació n del Edipo. Esto se debe a que la significació n de
esos rasgos en la configuració n caracteroló gica “definitiva” dependerá de vicisitudes aun no
acontecidas y de su eficacia. Es decir que las vicisitudes singulares propias del complejos de Edipo
y de su tramitació n son decisivas para la configuració n del cará cter, sea su resultante normal o
patoló gica.
Relación del carácter con la cultura
Esta relació n es mú ltiples y compleja. El cará cter deriva de la renuncia pulsional, que en gran medida
responde a los mandatos y requerimientos culturales que apartan la libido de sus caminos originarios
y la orienta por otros má s acordes a la consecució n de aquellos requerimientos afines a los intereses
de la propia cultura.
El cará cter, o ciertos rasgo de cará cter resultantes de dicha renuncia impuesta por la cultura, puede
ser mas o menos sintonico con esa cultura que ha participado en su génesis. El grado de esa sintonía
determina su normalidad o su condició n patoló gica. Todo el desarrollo cultural se edifica sobre la
renuncia a la satisfacció n pulsional directa.
Pero no toda renuncia a esa satisfacció n se atribuye a exigencias culturales. Freud enuncia tres
ó rdenes diferentes de factores: El primero es inherente a la condició n compleja y bisexual de la
sexualidad humana, Esta condició n hace posible que las pulsiones parciales que la configuran, puedan
estorbarse recíprocamente en la consecució n del placer-, no hallen satisfacció n en un mismo objeto,
accedan parcialmente a una síntesis igualmente satisfactoria para todas ellas, Se verá n por esto
impulsadas hacia otros caminos, a fin de alcanzar alguna forma de derivació n o deberá n tolerar
profundas trasformaciones para encontrarla.
El segundo orden que Freud invoca se deriva de que el vínculo eró tico, lleva frecuentemente acoplado
un monto de inclinació n a la agresió n directa. Tendencias agresivas que tienen su origen en la pulsió n
de destrucció n, Estos impulsos agresivos directos son coartadas en interés de la propia satisfacció n
libidinal para preservar el objeto amoroso. Ellos se orientan sobre la propia persona. Ambivalencia
determinante para la génesis de la moral, de los sentimientos de solidaridad social, de culpa y
necesidad de autocastigo. Se trata de una disputa en favor del privilegio de la libido objetal por sobre
la investidura narcisista
El tercer orden de factores y el má s poderoso se vincula con la herencia arcaica. Es la renuncia a la
sexualidad humana que la induce por otros caminos y otros destinos. Renuncia que es consecuencia
de la “represió n orgá nica”.
- Freud plantea que uno de estos otros destinos pulsionales es al formació n del cará cter. Los caminos
recorridos para su génesis (sublimació n, formació n reactiva, meta inhibida, etc) son destinos
libidinales en los que se afirma la cultura para contrarrestar las disposiciones pulsionales (eró tico
agresivas) que amenazan disolverla. Por lo tanto la formació n del cará cter es indispensable para el
desarrollo cultural.
4- Psicología General: La psicología general va a estudiar al cará cter desde lo manifiesto, es decir,
de lo observable, sin preocuparse y ocuparse de la constitució n del mismo, de su origen. La
psicología general va a estudiar le comportamiento, lo que se ve y dara una mirada social y
está tica acerca del cará cter.
Psicoanálisis: El psicoaná lisis , en cambio, busca entender cuá les son los mecanismos que van a
intervenir en esa formació n, cuales son los tipos de cará cter, el papel de la resistencia y la
diferencia entre cará cter y síntoma. El psicoaná lisis ademá s nos da herramientas para entender el
cará cter como un componente diná mico y como una parte de la personalidad.
El carácter es aquel rasgo de inercia del Yo, eso que en el sujeto no cambia para nada y que hace
parte de su personalidad; lo más fijo de su personalidad y que ayuda a distinguirlo de los demás. El
carácter del sujeto es justamente aquello que se resiste a cambiar de su personalidad. Y se resiste a
cambiar precisamente porque el sujeto, en esa manera de ser, obtiene una satisfacción, un plus de
goce, y todo lo que afecte ese plus de goce es capaz de producir reacciones muy violentas por parte
del sujeto.
La personalidad la podemos definir como la suma de las identificaciones del sujeto, lo que constituye
su Yo, y el carácter hace parte de los rasgos de personalidad, aquellos que en el sujeto se resisten a
cambiar. Mientras que la personalidad puede cambiar, es lábil, el carácter es algo fijo que
difícilmente cambia. Un ejemplo de ello es la irritabilidad o el mal genio de un sujeto, un rasgo de su
personalidad que siempre lo acompaña y que ayuda a identificarlo: «genio y figura hasta la
sepultura» dice el refrán que se utiliza corrientemente para describir el carácter de un sujeto.
El carácter en el análisis es aquello que se presenta como lo fijo, lo inercial e inanalizable. Freud lo
denomina un modo de consumir a la pulsión, lo que puede traducirse en términos de aquello que del
fantasma queda reabsorbido por el yo.
5-
Nicolini y Schust plantean tres conjuntos de hipótesis en los que articulan las diversas
formulaciones freudianas referidas al carácter, su etiología y sus trastornos. Estos tres
conjuntos de hipótesis responden a diferentes momentos de su teorización, pero no es
posible establecer una correlación entre unas y otras.
La coexistencia de distintas hipó tesis en Freud respecto al cará cter responde a la necesidad de dar
cuenta de fenó menos muy diferentes, de constelaciones caracteroló gicas diversas en su
complejidad, tanto como en su proceso de constitució n. Los procesos etioló gicos que confluyen en
la cristalizació n de un rasgo o de una constelació n caracteroló gica pueden ser de naturaleza
diversa y producir la misma resultante fenoménica observacional.
Estos tres conjuntos de hipótesis son :
Por fijación: El cará cter, en cuanto a su génesis, puede ser el resultante de determinadas
vicisitudes impuestas a algunos componentes de la sexualidad infantil y del complejo de Edipo,
incorporá ndolas de manera estable al yo. A) Como contrainvestidura, como formaciones
reactivas en el yo destinadas a contrarrestar la satisfacció n libidinal. B) Como continuaciones
inalteradas o derivados directos de dichos componentes sexuales infantiles.
Por Identificación: El cará cter es una alteració n del Yo normalmente resultante de las
identificaciones heredadas de investiduras de objeto abandonadas. En la configuració n del
cará cter tiene gran importancia la instauració n del ideal del yo y los procesos de sublimació n
que ella impone, los que consumen los impulsos de la sexualidad infantil apartá ndolos de su
meta original.
Por Trauma: El cará cter es una alteració n del yo que puede deber su génesis a la confluencia
de: a) aquellas situaciones traumá ticas e injurias narcisistas que lo afectaron precozmente en
su proceso de constitució n y, que tienen su paradigma en el complejo de castració n. B) Y de las
luchas defensivas de la edad temprana, que dichos traumas inauguraron, destinadas a
contrarrestar los peligros externos e internos que de ellos se derivan. El complejo de
castració n resignificara las injurias previas, las que a su vez, impondrá n una marca al
despliegue del Edipo y a las vicisitudes en las que culminara.
6- Primer conjunto de Hipótesis
Pulsiones de meta inhibida y formaciones reactivas
1- Freud parte de un postulado relativo al cará cter pero su interés es doble. Por una parte se centra
en el estudio de una triada particular de rasgos, que denomina cará cter anal. Esta alteració n del
cará cter resulta de la exacerbació n y constancia de algunas de sus propiedades que, con otra
intensidad y cualidad son universales. Por otra parte su interés se centra en la necesidad de
diferencias los fenó menos y procesos inherentes a la neurosis de transferencia respecto de
aquellos que se hallan en las perturbaciones de cará cter. Llega a la conclusió n que en la formació n
del cará cter la represió n no entra en acció n o bien alcanza su meta de sustituir lo reprimido por
unas formaciones reactivas y unas sublimaciones. En cambio en la neurosis se produce el fracaso
de la represió n y el retorno de lo reprimido.
Apartir de la ausencia de formaciones transaccionales sintomá ticas en la formació n del cará cter se
deduce que la defensa no ha participado o, por el contrario ha consumado exitosamente su propó sito
de silenciar o coartar la sexualidad infantil, sustituyendo sus representantes por formaciones
reactivas. Los rasgos de cará cter resultantes de formaciones reactivas constituyen la resultante del
cambio de signo impuesto por la represió n edipica. Esta se delata en esos “productos de reacció n”
rasgos de cará cter como la moral, la vergü enza, la limpieza, el pudor, la repugnancia, etc.
Por lo tanto, la emergencia de renovadas demandas pulsionales podrá quebr ar el éxito de la
represió n, con la aparició n de síntomas de retorno (neurosis de defensa). O bien podrá exigir un
refuerzo de la contrainvestidura, que conjugá ndose con la energía de la moció n pulsional reprimida,
será acogida en el interior del Yo como formació n reactiva. Como refuerzo de determinadas
disposiciones, como alteració n permanente. De desde modo se garantiza la represió n exitosa, con
ausencia de síntomas de transacció n y la ú nica evidencia persistirá en la justificació n de rasgos de
cará cter sintó nicos con un yo empeñ ado en su labor defensiva.
Formacion reactiva: mecanismo de defensa- consiste en enmascarar un motivo o emoció n
transformá ndolo en su contrario, por ejemplo, encubrir un odio con manifestaciones exageradas de
afecto.  Surge como defensa contra la pulsió n perturbadora, es decir, el sujeto construye una reacció n
contra la expresió n de su deseo con el objetivo de protegerse de él (y en ese sentido, puede ser definida
también como mecanismo de defensa). De este modo, por ejemplo, un excesivo pudor o autonegació n
pueden ser la formació n reactiva desarrollada por una persona con tendencias
pulsionales exhibicionistas de raigambre inconsciente. Así por ejemplo, la pulcritud, la escrupulosidad, el
pudor, pueden ser formaciones reactivas que se hallan en evidente contradicció n con la sexualidad
infantil a la que tempranamente estuvo entregado el sujeto, en un período que el psicoaná lisis de Freud
ha caracterizado como exento de barreras (puesto que aú n no se han instalado los «diques pulsionales»
de la vergü enza, el asco y la moralidad)
Freud plantea la vertiente opuesta en la formació n del cará cter: Sus constelaciones resultan de
“derivados directos” o “continuaciones inalteradas de las pulsiones originarias”. En decir que en la
génesis del cará cter la represió n no entra en acció n. Algunas mociones sexuales infantiles son
consumadas por transposició n (superposició n) en cualidades del cará cter, o que estas pueden surgir en
un empleo narcisista de dichos componentes libidinales.
Freud en “el cará cter y el erotismo anal” describe como el originario interés del niñ o por las heces
traspasa el interés por el regalo y luego por el dinero, mudanza que da cuenta de la economía como rasgo
de cará cter. (Cará cter anal). También se refiere a la envidia del pene en la niñ a, que tiene sus vicisitudes
en el desarrollo normal, su sustitució n por el deseo del hijo, que luego se transpone como deseo del varó n
como portador del pene, trasposició n que participa en la configuració n del cará cter sexual psíquico.
Estas transposiciones pulsionales son procesos de desplazamiento que hacen posible sucesivas
mudanzas de objeto libidinal. Otro ejemplo de formació n caracteroló gica de este tipo, en donde la
sexualidad infantil parece hacer sido eludida, a partir de un desplazamiento son los celos, que
desempeñ an un papel mucho mayor en la vida anímica de la mujer porque reciben un refuerzo desde la
fuente de la envidia del pene desviada.
De esta manera, los componentes eró tico-infantiles de estos rasgos de cará cter, admitieron cierto
deslazamiento desde su objeto inicial. Esto hace posible su admisió n dentro del Yo. Cuanto mayor es este
desplazamiento mas firmemente se instaurara como rasgo de cará cter, porque resultara mas sintó nico
con el yo y mas fá cilmente admisible por este. A su vez, estos desplazamientos de objeto conllevan
también un desplazamiento de meta pulsional (la cual alcanzaría su má xima expresió n en la sublimació n,
que consume la pulsió n hasta su acabamiento). Los desplazamientos de meta inhibida son en especial
aquellos que Freud describe como “mociones de meta inhibida”. Estas, se acompañ an de un suave efecto
embriagador, lo que las diferencia de las pulsiones sublimadas, cuya consumació n no conmueve nuestra
corporeidad. Las mociones de meta inhibida si bien coartan la satisfacció n plena y directa sexual, admiten
cierto grado de descarga libidinal. Es una inhibició n relativa, que permite a la pulsió n avanzar en el
camino de su cancelació n con su correlato de sensaciones placenteras hasta una parada intermedia,
aunque estas nunca alcanzaran la intensidad de una satisfacció n eró tica directa.
Estas propiedades del cará cter muestran como determinados componentes de la sexualidad infantil
lograron cierto aprovechamiento por el yo, eludiendo así (parcialmente) la represió n, lo que hace posible
alguna medida de satisfacció n pulsional a partir del desplazamiento de objeto y la inhibició n de la meta
originaria.
Freud luego plantea que el fin ú ltimo de la represió n es la inhibició n de la descarga, por lo tanto el
impedimento de la consumació n del deseo. Así, en estos rasgos de cará cter resultantes de mociones de
meta inhibida, la acció n específica queda sustraída, el deseo sensual no se consuma. Y las mociones de
deseo quedan reprimidas. Freud señ ala que estas pueden retornar a su meta directa primera atreves de
la regresió n. Y que los síntomas neuró ticos pueden resultar también de aspiraciones sexuales de meta
inhibida, en que la inhibició n nos e logro acabadamente o dejo lugar a un regreso a la meta sexual
reprimida. Por lo tanto los rasgos de cará cter resultantes de este desplazamiento de meta, podrá n
persistir exitosamente o ceder su lugar a síntomas neuró ticos.
Para que esta cooperació n pueda producirse y la pulsió n reprimida pueda resultar “promovida” por el yo,
este tendría que contar con la anuencia del superyó . En la génesis de estos rasgos de cará cter, los
procesos de formació n reactiva han participado, en cambio en la formació n del ideal. El Superyo que se
ha constituido pro formació n reactiva contra las pulsiones del ello reprimidas, se emparienta con lo que
Freud considera normal en la feminidad. Esta cooperació n, entre las pulsiones inhibidas de su fin y los
intereses narcisistas del yo , puede resultar en un cará cter “normal”, o por el contrario, podrá originar
alteraciones del cará cter, en tanto los desplazamientos de meta y las trasposiciones de objeto frá giles y
coyunturales , no consientan una efectiva ganancia de placer pulsional.
Derivado directo de la vertiente narcisista inherente a las pulsiones anal-eroticas.

En El carácter y el erotismo anal describe a las Freud personas que se caracterizan por tener tres
cualidades:
-Ordenados: (metó dicos, honrados, decentes) incluye aseo corporal, escrupulosidad en el cumplimiento
de pequeñ as obligaciones y formalidad. (lo contrario: desordenado,descuidado).
- Ahorrativos: en extremo llega a la avaricia.
- Pertinaces: (tenaces). Acaba en desafío, al q fá cilmente se anudan la inclinació n a la ira y la manía de
venganza.
Son sujeto que en su primera infancia, les llevo un tiempo largo gobernar la incontinencia fecal, se
rehusaban a vaciar el intestino (por la ganancia colateral de placer q extraían de la defecació n). Freud
Infere en su constitució n sexual congénita, un resalto eró geno de la zona anal; y concluida la niñ ez no se
descubre en ellos nada de tales flaquezas y originalidades. La zona anal perdió su significado eró geno en
el curso del desarrollo. Entonces conjeturamos q aquella triada de cualidades de su cará cter puede
lícitamente ser puesta en conexió n con el consumo del erotismo anal . En decir que son personas que
sienten mucho placer en esa zona pero al crecer ese placer es sustituido por las
caracteristicas mencionadas.
El erotismo anal es uno de los componentes de la pulsió n q en el curso del desarrollo y en el sentido de
nuestra educació n cultural se vuelven inaplicables para metas sexuales; esto sugiere discernir en estas
cualidades de cará cter (q resaltan en quienes antes sobresalieron por su erotismo anal –orden,
ahorratividad, pertinacia-) los resultados de la sublimació n de éste. Aseo, orden, y formalidad, causan la
impresió n de ser una formació n reactiva contra el interés por lo sucio, lo perturbador, lo q no debe
pertenecer al cuerpo.
Freud Concluye exponiendo que “enuncio una formula respecto de la formació n del cará cter definitivo a
partir de las pulsiones constitutivas: los rasgos de cará cter q permanecen son continuaciones inalteradas
de las pulsiones originarias, sublimaciones de ellas, o bien formaciones reactivas contra ellas”
7- Segundo conjunto de hipótesis: La sublimación y las identificaciones heredadas de
investiduras de objeto.
Este conjunto de hipó tesis tiene por eje las formulaciones freudianas contenidas en el tercero y quinto
capitulo del “Ello y el yo” y en las conferencias 31, 32 y 33 de Nuevas conferencias de introducció n al
psicoaná lisis.
En el Ello y el yo, Freud plantea que el proceso de sustitució n de una investidura de objeto por una
identificació n, participa en la conformació n del yo y contribuye esencialmente a producir lo que
denomina su cará cter. Este proceso puede dar lugar a esta concepció n: El cará cter del y es una
sedimentació n de las investiduras de objeto resignadas, contiene la historia de esas elecciones de objeto.
Afirma que esa reconstrucció n en el yo del objeto perdido es el prerrequisito que hace posible el
desasimiento libidinal del objeto. Opera por lo tanto, como un resarcimiento (restauració n del dañ o), que
implica alteració n del yo, por la que este puede dominar al ello, buscando profundizar los vínculos con el.
La identificació n contribuye a este propó sito, permite al yo proponerse como objeto de amor sustituto,
que podría reparar al ello seseante de su pérdida y establecerse como garante para la consecució n del
placer deseado. Estas identificaciones tienen lugar en las etapas tempranas del desarrollo.
El ideal del yo se instaura como un sustituto de las imagos parentales y heredero del complejo de Edipo
por via de su destrucció n. Por lo que la instauració n del superyo y sus cualidades tienen gran
importancia en la configuració n del cará cter.
Se debe distinguir entre estas las identificaciones – secundarias- que alteran de modo perdurable al yo,
otorgá ndole ciertos rasgos de cará cter a imagen del objeto amado y perdido. De otras que intervienen en
la configuració n del superyó , y en cuanto al privilegio que tiene este dentro del yo y su relació n con el
resto del yo, jugara un pale importante en las peculiaridades del cará cter.
En “la descomposició n de la personalidad psíquica “Freud insiste en remarcar la importancia de estas
identificaciones que, en un movimiento regresivo, subrogan investiduras de objeto resignificadas, sea en
la formació n del supero yo , sea en la del cará cter. La significació n particular de las investiduras
parentales, otorgan a las identificaciones aquel privilegio que les permite poder enfrentare al resto del yo
en calidad de superYo. Las posteriores identificaciones con los padres, contribuirá n a la génesis del
cará cter, afectando solo al to y sin intermediarse ya por le Superyo.
Los procesos explorados pro Freud que intervienen en la formació n del ideal (identificació n y
sublimació n, represió n y formació n reactiva), son procesos universales y normales
Esta vertiente centran en la formació n del cará cter responde y coincide con el anhelo cultural. Freud
dedico uno de sus escritos a ciertas manifestaciones del malestar de la cultura, donde busco discernir el
papel del sentimiento inconsciente de culpa y la consciencia moral de la criminalidad, a la bú squeda de
autocastigo como determinante de los que fracasan al triunfar. También en Moises y la religió n
Monoteista indaga las creencias y las ideologías de los pueblos y la injerencia de estas en el cará cter y el
padecimiento humano.
EL SuperYo tiene protagonismo en la formaciones de cará cter, también por su aptitud para dominar al yo,
Sujeto a sus exigencias y apremiado pro la angustia ante la conciencia moral, el yo consumara aquellas
operaciones de las que también resultaran rasgos de cará cter: represió n y formació n reactiva, inhibició n
de meta y sublimacion. Esta transformara ciertos componentes de la sexualidad infantil en rasgos de
cará cter m de modo que aquellos se consumaran por via de estos. La represió n no opera por via de la
sublimacion, estos componentes han perdido su significació n genuina y con ella su peligrosidad original.
Por via de la sublimació n, la obra de la represió n es innecesaria, ya que domestica la sexualidad infantil
sometiéndola a las exigencias e ideales culturales. Las pulsiones anal- eró ticas también podrá n
consumarse por via de la sublimació n, (no solo como derivado directo de la vertiente narcisista) para
ello deben tolerar una trasformació n mas radicas, su desexualizacion.
En estos rasgos y constelaciones de cará cter sintó nicos con los mandatos del ideal cultural, se afirmara
la autoestima del sujeto, y este buscara preservarlos, ya que su conservació n garantiza suministros
narcisistas provenientes de ese ideal. Esta es la normalidad, una sujeció n a la norma cultural.
La sublimacion tiene un estrecho parentesco con el superyó , ya que esta estructura debe su origen a ese
proceso. La identificació n con las Imagos parentales, en la cual se funda el Ideal, comporta una
sublimació n: No solo el abandono libidinal de los objetos incestuosos primogénitos, sino la
desexualizacion de sus investiduras que, retraídas sobre el yo (narcisismo secundario) los reconstruye en
sus atributos grandiosos y prohibitivos. Estos procesos sublimatorios traen aparejada la liberacion de las
pulsiones destructivas que la libido había ligado y orientado sobre los objetos del mundo. Esto otorga al
Superyo su cará cter severo y cruel y Se produce un replegué que reorienta la agresividad sobre el propio
sujeto, posibilita que esta pueda hallar cabida en el Yo, y en el ello como intensificació n del masoquismo,
lo que incrementa al condició n sumisa del Yo al imperativo de la consciencia moral (aparece la culpa
inconsciente)
El cará cter resultante, desde los procesos que comportan difusió n pulsional e interiorizació n de la
destructividad que retorna desde als investiduras de objétales abandonadas, conformara una estructura
que habrá de impulsar estos mismos procesos a los que debe su origen. También ejercerá influencia en
las posteriores elecciones sexuales de objeto.
El cará cter como precipitado de identificaciones y en tanto resistencia, limitara los cambios de la cura
psicoanalítica, porque esta constituido por cicatrizaciones de procesos libidinales, transcurridos cuya
reanimació n sería necesaria en el curso de la labor analítica, para posibilitar a la libido nuevos destinos.
Reanimació n que no siempre es susceptible de producirse.

Sublimación: Mecanismo defensa, modifica impulsos inaceptables y los canaliza por vías aceptables,
incluso admiradas. La sublimació n permite que un impulso se exprese en forma directa porque la
expresió n es socialmente aceptable y, por lo tanto no amenazadora. Freud considera a la religió n, la
ciencia y el arte, como a las principales vías de sublimació n.
Las labores creativas (pintas, escribir poesía), son sublimaciones comunes del impulso sexual, participar
en deportes de contacto, como el boxeo o futbol, son sublimaciones comunes de la agresividad. Por
ejemplo: un cirujano encuentra en esa profesió n una vía de escape socialmente aceptable para los
impulsos agresivos. La sublimació n es el ú nico mecanismo de defensa en verdad exitoso, porque da de
manera continua nueva direcció n a impulsos indeseables.

Los que fracasan cuando triunfan, sentimiento de culpa y necesidad de autocastigo


Son perturbaciones del cará cter en las cuales desempeñ an un papel centras las relaciones reciprocas
entre el yo y el superyó .
En sentimiento de culpa: Cuando se logra el cumplimiento de un deseo infantil, anhelado pero
inalcanzable hasta entonces, inscrito en en el terreno de la fantasía, se acompañ a muchas veces de
malhumor o escepticismo y no de vivencias gozosas. Esto se debe a que la satisfacció n de hacer llegado
tan lejos se mezcla con un sentimiento de culpa, hay algo injusto o prohibido. Se relaciona con la crítica
infantil al padre. Parece como si lo esencial en el éxito fuera haber llegado mas lejos que el padre. Y como
si continuara prohibido sobrepasar al padre. El malhumor y escepticismo son huellas visibles de su
significació n inconsciente: la culpa por el parricidio.
Freud sostiene que ese menosprecio hostil viene a relevar la primitiva sobreestimació n que
tempranamente nos mereció (el padre). Esta grandiosidad es una ficció n, heredada del originario
narcicismo infantil, destinada a sostenernos. Y a medida que los padres reales van cobrando su estatua
humana, nos desilusionan. El ideal del yo es el precipitado de la vieja representació n de los progenitores.
Expresa la admiració n por aquella perfecció n que el niñ o les atribuía en ese tiempo.
Algunos tipos de carácter descubiertos en la labor Analítica 1916
En este texto Freud expone tres tipos de cará cter que son patoló gicos:
- Los de Excepción: Dicen que han sufrido y se han privado bastante, que tienen derecho a que se
los excuse de ulteriores requerimientos, y que no se someten má s a ninguna necesidad
desagradable pues ellos son excepciones y piensan seguir siéndolo. Existió un hecho
desencadenante en la historia del sujeto a partir de la cual se instaura la excepció n y los
comportamientos a raíz de la misma. “Su neurosis se anuda a una vivencia o a un sufrimiento que
los ha afectado en la primera infancia, de los que se sabían inocentes y pudieron estimar como
injusto prejuicio inferido a su persona.
Tanto la atribució n de privilegios como la rebeldía que presenta el sujeto son factores que
intensifican los conflictos que eventualmente llevan a la aparició n de la neurosis.
En el tratamiento en analista debe detectar este desencadenante, ya que antes de conocerlo las
resistencias del paciente no permiten un desarrollo del tratamiento.
Se guía al paciente en proceso de pasar del principio de placer al principio de realidad, a que este
acepte la renuncia de ciertas satisfacciones. Al renunciar a ellas aprende a cambiar la ganancia
inmediata que obtenía de las mismas por una ganancia posterior pero má s estable y fiable.
- Los que fracasan cuando triunfan: “Ciertos hombres fracasan cuando se les cumple un deseo
hondamente arraigado y por mucho tiempo perseguido”. Segú n Freud un factor que coincide en
diversos casos es que la contracció n de la enfermedad subsigue al cumplimiento del deseo y
aniquila el goce de este. El éxito real en la vida adulta deberá ser sancionado como si se tratara de
un crimen edipico, con su consecuente sentimiento de culpa inconsciente.
- “Dichos sentimientos se derivan, segú n S. Freud, del conflicto entre el sú per Yo y los deseos
sexuales y agresivos infantiles, conflicto que es una representació n interiorizada y una
perpetuació n de los conflictos entre el niñ o y sus padres, el sentimiento de culpa resulta
directamente influido por el grado en el que un individuo manifiesta sus sentimientos agresivos
volviéndolos contra sí mismo como una condena moral”. “La culpa inconsciente, en donde
predominan las pulsiones de muerte, es el gigante negro que todo lo impregna, la habitualidad de
su presencia condiciona que pase desapercibido en su importancia, sin que llegue a sospecharse
de la magnitud de sus nefasta influencia” .
- Los que delinquen por sentimiento de culpa: es aquel donde se invierten las secuencias ló gicas
que cualquiera puede imaginar. Existen casos donde la conciencia de culpa preexiste a la falta, al
delito; es decir, que la culpa no proviene de la falta sino que, a la inversa, la falta proviene de la
conciencia de culpa. De aquí el nombre que les da Freud: “delincuentes por conciencia de culpa”;
donde lo que se intenta es dar racionalizació n, argumentos a aquella culpa má s primitiva.
Entonces, propone que este sentimiento de culpa brota del complejo de Edipo, y que “es una
reacció n frente a los dos grandes propó sitos delictivos, el de matar al padre y el de tener comercio
sexual con la madre” (pá g. 339); empero, se puede ver en estas palabras nuevamente un
argumento de algo má s original, un sentido velando lo má s estructural tal como se viene
planteando a lo largo de este trabajo de reflexió n.

Tercer conjunto de hipótesis

En aná lisis terminable e interminable, Freud al ocuparse de los obstá culos que se oponen al
conocimiento que el yo puede tener del ello, afirma que se trata de mecanismos que fueron
instrumentales y se instauraron durante el proceso de organizació n del mismo yo, y sostiene que se fijan
en el interior del yo, y se establecen como modos regulares de reacció n del cará cter, que durante toda la
vida se repite cuando retorna una situació n parecida a la originaria. Una fijació n consiste en un
reforzamiento especial, indica que algo ha cobrado una magnitud inesperada, una intensidad que lo
vuelve relevante y le otorga autonomía respecto de la restante organizació n ,por lo que produce efectos
anó malos.
Todos estos fenó menos, tanto síntomas como las limitaciones del yo y las alteraciones estables del
cará cter, poseen naturaleza compulsiva, es decir que muestran una independencia respecto a la
organizació n de los otros procesos anímicos. Se trataría de procesos defensivos que adquirieron esta
propiedad, estableciéndose como modalidad de cará cter. Freud concluye que los factores determinantes
de esta fijació n de los procedimientos defensivos en el yo de la primera infancia son aquellas situaciones
traumá ticas e intensamente displacenteras vinculadas a peligros externos e internos generadores de
angustia que, por su intensidad operaron como Injuria narcisista en el yo. Por su condició n, paralizan al
yo, perturban su posterior desarrollo y alteran duraderamente su configuració n.
El proceso por el cual se construye esta fijació n es la compulsió n repetitiva, que cristaliza aquellos efectos
positivos y negativos del trauma. Que será n acogidos en el yo llamado “normal”, y como tendencia de el,
habrá de prestarle unos rasgos de cará cter inmutable.
En 1920 Freud planea que hay personas que presentan conductas repetitivas, las cuales no pertenecen al
campo de la neurosis. Por lo que se trata de personas que no padecen ningú n síntoma neuró tico y que sin
embargo muestran a lo largo de su vida la reiteració n de vicisitudes que culminan en un mismo
desenlace.
1- Reconocemos diversas configuraciones psíquicas inherentes a diferentes momentos virtuales en la
organizació n del psiquismo y del yo en su proceso de constitució n.
2- Toda configuració n psíquica es vulnerable a determinadas amenazas que será n señ alizadas por la
angustia, la que indica ciertos puntos clave de inflexió n en dicho proceso de constitució n.
3- Las características específicas de cierta configuració n y del peligro que enfrenta, definen las
cualidades variables inherentes al objeto y la naturaleza del vínculo que se establece con el.
4- En un cierto momento virtual de organizació n del aparato psíquico privilegia determinado arsenal
defensivo, el cual persiste en el yo y del cual podrá valerse aun habiendo alcanzado otro momento
de su organizació n. La fijació n a cierta configuració n defensiva provocara aquellas cristalizaciones
que reconocemos como constelaciones caracteroló gicas.
Injuria narcisista paradigmática: Son los dañ os o heridas al Yo del sujeto. Se denomina herida
narcisista a todo lo que viene a disminuir el autoestima del Yo o su sentimiento de ser amado por objetos
valorados.
Compulsión repetitiva: Es el concepto con el que Freud intenta dar un fundamento al impulso de los
seres humanos a repetir actos, pensamientos, sueñ os o situaciones desagradables o dolorosas. Así repite
experiencias antiguas sin recordar su prototipo, al contrario, posee la impresió n de que se trata de algo
motivado en lo actual. Freud se pregunta que se repite cuando se repite? Y concluye: se repiten todo lo
que se ha incorporado al ser del paciente partiendo de las fuentes de lo reprimido: sus inhibiciones, sus
tendencias inutilizables y sus rasgos de cará cter patoló gico”
Recuerdo encubridor: En la obra “Sobre los recuerdos encubridores” Freud introduce por primera vez
el concepto de recuerdo encubridor. Hay dos modalidades de recuerdo encubridor: a) Un recuerdo
temprano es utilizado como pantalla para ocultar un suceso posterior. B) Un recuerdo posterior sirve de
pantalla ocultadora de un suceso temprano
Estos recuerdos no se conservan por su contenido, sino por su asociació n que guardan con el recuerdo
reprimido, por lo que se los considera formació n sustitutiva. A Freud le llamo la atenció n la paradoja en
cuanto a los acontecimientos infantiles : se olvidan hechos importantes mientras que se conservan
recuerdos insignificantes, de los que el sujeto se sorprende de sus supervivencias. Estos recuerdos Freud
los llama encubridores ya que ocultan experiencias sexuales reprimidas o fantasías. Constituye una
formació n como el síntoma, el lapsus o el acto fallido. Predomina el mecanismo de desplazamiento. Freud
distingue varios clases de recuerdos encubridores: Positivos y Negativos, segú n si su contenido se halle o
no en una relació n de oposició n con el contenido reprimido