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SERIE: “EL REINO DE DIOS”

MENSAJE 26:
“LOS 2 REINOS”
Mateo 27:45-50; Marcos 15:33-37;
Lucas 23:44-45.
PASTOR SAULO ZÚÑIGA SOSA
14/06/2020

IDEA CENTRAL
La oscuridad que se extendió sobre toda la tierra fue una manifestación sobrenatural. Toda la tierra se
referiría probablemente a Judea, o a Palestina, pero no a todo planeta. Un eclipse del sol no sería una
explicación natural aceptable, pues era el tiempo de la Pascua, la cual se celebraba con luna llena. Fue un
evento milagroso pero a la vez simbólico de la hora solemne cuando las fuerzas de “tinieblas espirituales”
reinaban aparentemente sin límites.
PROPÓSITO
Comprender que la oscuridad significaba juicio, el juicio de Dios sobre nuestros pecados, su ira como si
estuviera ardiendo en el corazón mismo de Jesús, de tal modo que él como nuestro Substituto sufrió la más
intensa agonía, un dolor indescriptible, un aislamiento y abandono terrible. Aquel día el infierno vino al
Calvario y el Salvador descendió a él y llevó sus horrores en nuestro lugar.

INTRODUCCIÓN
La luz de una extraordinaria estrella anunció el nacimiento de Cristo (Mateo 2:2); por eso, era apropiado
que las tinieblas de un eclipse extraordinario notificasen Su muerte, ya que ÉL ERA LA LUZ DEL MUNDO.

I. EL PRINCIPAL OBJETIVO DE ESTE ECLIPSE ERA:


1) simbolizar el actual conflicto de Cristo con el poder de las tinieblas, venciéndolas en su propio terreno.
2) simbolizar también la oscuridad en que se hallaba su propio corazón ante el desamparo del Padre.
3) Dios hace salir su sol sobre malos y buenos (Mateo 5:45); sin embargo, retiró la luz del sol a Su propio
Hijo, cuando fue hecho pecado por nosotros.
4) Mientras la tierra le negaba una gota de agua, el cielo le negaba un rayo de luz, al sacarnos de las
tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
5) Él mismo en lo más profundo de Sus sufrimientos, hubo de andar en tinieblas, sin disfrutar de la luz de
la comunión con Dios (1 Juan 1:5 Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en ÉL).
6) Durante las tres horas que duraron estas tinieblas, no leemos que pronunciase una sola palabra; la
soledad era tan pavorosa y apabullante que, sólo después de emerger de las sombras, pudo pronunciar un
grito de angustia.
DESARROLLO
II. ALGO SIMILAR, YA HABÍA SUCEDIDO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO EN ÉXODO 10: 21 – 29.
1) Las otras 8 plagas habían venido después de una advertencia.
2) La 9ª Plaga (Tinieblas) vino sin advertencia.
3) En este caso no fueron 3 horas, sino 3 días.
4) Las personas no salían de sus casas.
5) Pero el pueblo de Israel si tenia luz y continuaban con sus actividades normales.
6) Podemos ver que el dios de los egipcios RA (dios del sol) no pudo con el DIOS VERDADERO.
7) Ve y sirve con tu familia, solo déjame todo lo que tienes.
8) La obediencia parcial a las instrucciones del SEÑOR es inaceptable.
9) Vamos a servir a Jehová con todo lo que tenemos; lo vamos a dar todo.
III. ESTE SORPRENDENTE ECLIPSE TENÍA POR OBJETO TAPAR LAS BOCAS DE ESTOS BLASFEMOS
QUE ESCARNECÍAN A CRISTO EN LA CRUZ.

1) Debemos aprender lo que Jesús nos enseña en cuanto al desamparo de Dios; Cristo no se rebela contra
el hecho. Mateo 27:46. Éste fue, como acabamos de insinuar, el más grave de todos los sufrimientos de
Cristo, y por eso fue aquí donde pronunció su más dolorida queja. Hasta entonces, el Padre había estado
cerca de Él; ahora se alejaba de Él, no física, sino moralmente. Ésta es la notable diferencia entre el
abandono físico y el desamparo moral: la lejanía física es compatible con el consuelo moral, pero no hay
nada que cause tanto dolor como la cercanía física sin consuelo, sin ayuda, sin amparo.

2) El Padre le abandonaba ¡en medio de Sus grandes sufrimientos! De seguro que jamás hubo una angustia
tan profunda en toda la Historia de la Humanidad, pues nadie jamás ha podido sentirse tan desamparado y
por un motivo tan grave.

3) De dónde tomó tal queja: del Salmo 22:1. Esta palabra, como aquella otra: «En tus manos encomiendo
mi espíritu» están tomadas de los Salmos de David, para enseñarnos el uso que hemos de hacer de la
Palabra de Dios para guiarnos en la oración y tener ayuda en nuestra debilidad (Romanos 8:26).

4) En qué tono la expresó: a gran voz, lo cual indica la extrema intensidad de su dolor y angustia, la fuerza
que quedaba aún en su naturaleza, y el anhelo de su espíritu al expresarla.

5) Nuestro Señor Jesucristo, en medio de Sus sufrimientos fue, por algún tiempo, desamparado por Su
Padre. Así lo expresó Él mismo, para que no quedase duda alguna sobre el hecho. ¡Profundísimo misterio!
Sin que el Padre cesase de amarle, ni Él al Padre, el Padre, con todo, le desamparó: le entregó en manos
de Sus más crueles enemigos, y allí le dejó sin intentar librarle de tales manos. Ningún ángel fue enviado
desde arriba para librarle, ningún amigo surgió desde abajo para aliviarle.

6) Cuando su alma estuvo antes conturbada, oyó una voz del Cielo para confortarle (Juan 12:27–28) cuando,
en Su agonía del huerto, se sintió triste y despavorido, apareció un ángel para darle fuerzas. Pero ahora no
tenía ni lo uno ni lo otro. Dios ocultó completamente Su rostro de Él.

7) ¿POR QUÉ? Cristo estaba siendo hecho pecado y maldición por nosotros (2 Corintios 5:21; Gálatas
3:13). ¡Nada menos que eso! Tengamos bien en claro que Jesucristo, en Su naturaleza humana, no sólo fue
víctima por el pecado, no sólo pagó la pena por el pecado, sino que, sin culpa personal («no conoció pecado»)
sufrió en Sí el efecto directo e inmediato de la culpa: ¡la muerte espiritual, que consiste en la ausencia de
la comunión con Dios! ¡El Infierno en su más íntima esencia! Dios el Padre le amaba como a Hijo, pero le
odiaba como a Sustituto.

8) Sin embargo, aun en medio de este extremo desamparo, todavía dice Cristo: «Dios mío, Dios mío; aunque
me desamparaste, todavía eres mío». Sin esta profunda convicción, Jesús no habría podido seguir adelante
en su resolución de no descender del madero; pero eso le animó a permanecer clavado hasta el final.

CONCLUSIÓN
Se ha preguntado: “pero ¿cómo podría Dios abandonar a su HIJO?” La respuesta debe ser que Dios el Padre
abandonó al Hijo en cuanto a su naturaleza humana, y aun esto en un sentido limitado aunque muy real y
agonizante. El sentido no puede ser que hubo un tiempo en que Dios el Padre dejó de amar a su Hijo.
Tampoco puede significar que el Hijo haya en alguna forma rechazado al Padre. ¡Lejos de ser así! Lo llamaba
“Dios mío, Dios mío”. Y por esa misma razón podemos estar seguros que el Padre lo amaba tanto como
siempre.