Está en la página 1de 6

ANALISIS POS COMFLICTO EN COLOMBIA

Realizado por:

Sindy Yessenia Del Valle

Presentado a:

Figueroa Kelly Jhoanna

Fundacion de Educación Superior San José

Facultad de Ingeniería Industrial

Bogotá D.C.

2020-1
Análisis de los videos

El conflicto es un proceso de interacción social que se da en un contexto


determinado. Es una construcción social, una creación humana diferenciada de la
violencia ya que puede haber conflictos sin violencia, aunque no hay violencia sin
conflicto, por lo que no toda disputa o divergencia implica conflicto. Aunque los
conflictos se pueden clasificar según el nivel en el que se desarrollan: micro
(interpersonales e intergrupales) o macro (entre grupos definidos dentro de un
estado o entre estados, donde las consecuencias de los enfrentamientos afectan a
un gran número de población); es posible extraer generalidades comunes a ambos
tipos de conflictos. El conflicto es un proceso en el que hay oposición de intereses
(tangibles), necesidades y/o valores no satisfechos. En contraposición, existe un
problema cuando la satisfacción de las necesidades de una de las partes impide la
satisfacción de las de la otra. Con base en esta definición se puede diferenciar dos
situaciones que se confunden con los conflictos reales:

Como el gobierno ha actuado:

El Gobierno Nacional firmó un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas


Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo (FARC-EP). El objetivo de este
acuerdo es claro: lograr una condición de paz entre el Estado colombiano y el
grupo insurgente, que permita poner fin a más de 50 de años de conflicto armado
interno. A este proceso se suma una serie de intencionalidades políticas y
democráticas que pretenden arar el terreno de un escenario de paz. En el
transcurso de los últimos años, tanto el Gobierno como algunas organizaciones
sociales vienen adelantando esfuerzos por crear un ambiente propicio para la
convivencia en un Estado en paz. En esta coyuntura, la escuela y sus actores han
cobrado una relevancia evidente. Así, el Estado, entendiendo la escuela como un
escenario de reproducción social, promulgó, en el 2014, la Ley 1732 desde la cual
se busca promover la “Cátedra para la paz” en todas las instituciones educativas
del país. Posteriormente, en el 2015 publicó el decreto 1038 por el cual se
reglamenta dicha Catedra al interior de las instituciones educativas. De acuerdo
con este decreto, el objetivo primordial de la Catedra para la Paz es “contribuir al
aprendizaje, la reflexión y al diálogo sobre cultura de la paz, educación para la paz
y desarrollo sostenible” (Decreto 1038, 2015, p. 1).

Desconociendo, en alguna medida, las lógicas y las distinciones que incentivan los
procesos educativos, el Estado pretende, a través de la expedición de políticas,
“garantizar la creación y el fortalecimiento de una cultura de paz en Colombia”
(Ley 1732, 2015, p. 1). Este desconocimiento se hace evidente en la poca claridad
que ofrece el Decreto en torno a la aplicabilidad pedagógica y la articulación
curricular que este proceso de enseñanza y/o aprendizaje debería tener. Por otro
lado, el documento no hace referencia al rol que deben cumplir los actores del
escenario escolar frente a lo que significa la construcción de una cultura de paz.
Los docentes son asumidos –de nuevo– como meros aplicadores de una política
que entraña una profunda transformación social, y que en el fondo implica la
constitución colectiva de un nuevo discurso de país.

Como la población que ingresa al posconflicto ha tomado este nuevo estilo de vida

En conclusión, la comprensión de un conflicto se facilita si se distinguen las


diferentes facetas. Por ejemplo, las diferentes áreas de discrepancia o de
incompatibilidad que se han de tratar para solucionar el problema, son los asuntos.
En cambio, los intereses son la razón por la que cada uno de estos asuntos
importa a la persona. Las necesidades son lo indispensable, lo mínimo que hace
falta para satisfacer a una persona, en cuanto a lo substantivo, lo psicológico y el
proceso seguido para resolver el problema. Cuando una persona expresa su
posición, o su solución para resolver el conflicto, esto no explica los asuntos a
tratar, ni sus intereses, ni sus necesidades básicas. Para arreglar bien el conflicto
hay que penetrar en las posiciones y llegar a la base del problema De una.
manera más sintética se puede decir que: El asunto es la discrepancia entre las
partes. P. ej. Dos vecinos discuten por la propiedad de un árbol limítrofe entre
propiedades. La propiedad del árbol es el asunto. Los intereses son la razón por la
que importa el asunto. P. ej. El vecino poseedor del árbol será el beneficiario de
este. Beneficiarse del árbol es el interés. Las necesidades son el mínimo
satisfactorio para cada una de las partes. P. ej. El vecino 1 no está dispuesto a
perder los frutos que caen en su propiedad, y el vecino 2 no está dispuesto a
perder la sombra del árbol en su propiedad, aunque ambos compartirían la
propiedad de este. Las necesidades son el fruto y la sombra. En este caso, la
satisfacción de las necesidades de una parte no son incompatibles con las de la
otra, por lo que esta situación entraría en la definición de pseudoconflicto.

Cuando existen violaciones masivas de los derechos humanos, cada país adopta
medidas judiciales y políticas que buscan reparar y evitar que se repita el suceso
causal, formas institucionales como acciones penales, comisiones de la verdad,
programas de reparación, entre otras, que están para abordar la transición desde
la situación de conflicto, enfocándose en la reparación de las víctimas; a este
conjunto de medidas especiales se le denomina Justicia Transicional (International
Center for Transitional Justice [ICTJ], 2013).
Entre los procesos que acarrea −el desarme, desmovilización y reintegración
DDR−, el desarme con-siste en la recolección y eliminación de armamento,
explosivos y artillería; la desmovilización implica el licenciamiento formal y
controlado de miembros activos de fuerzas o grupos armados mediante ubicación
y reinserción, y la reintegración incluye la búsqueda de habilidades y
competencias ciudadanas y la apertura de espacios que propicien la convivencia y
acciones de reconciliación (Agencia Colombiana para la Reinte-gración, s.f.), lo
que contribuye al desarrollo del país, en pro de una interacción social generando
la adap-tación de los desvinculados y desmovilizados individuales y colectivos
(Documento CONPES 3554, 2008)
Como ha cambiado la mentalidad de las personas frente a esta situación vivida en
Colombia y el posconflicto.

Colombia lleva muchísimos años en guerra y posee una experiencia sin igual en
procesos de paz frustrados. Desde las guerras de independencia, pasando por la
guerra de los Mil Días y La Violencia, hasta el actual proceso de paz, son muchas
las ocasiones en las que en Colombia se ha intentado dar terminación al conflicto
y dar paso a una situación de post conflicto en la cual nuevos brotes de violencia
aparezcan como innecesarios. La ausencia de una paz duradera debería suscitar
un análisis a fondo de los diversos procesos de paz que se han dado en el país,
comenzando desde el proceso de construcción de Nación en el siglo XIX hasta los
procesos más recientes. El análisis de tal historia permitirá observar las diversas
estructuras que han dado lugar no sólo a la aparición de la guerrilla sino de los
grupos paramilitares y permitirá observar las carencias institucionales del Estado
que han conducido a la aparición de grupos de autodefensa, sean estos de
derecha o de izquierda.

Adoptando una perspectiva que tenga en cuenta la historia de los conflictos


colombianos y de sus causas estructurales (lo que en Fernand Braudel se
denomina la longue duree) veremos que el origen de las guerrillas se ha dado por
la falta de unas opciones de participación para algunos grupos políticos, como es
el caso de la ANAPO en los años 1970s y el fraude electoral fraguado entre los
partidos liberal y conservador para "elegir" a Misael Pastrana. Pero también la falta
de medidas durante la etapa posterior al conflicto ha dado lugar a nuevas
confrontaciones, como bien lo ha mostrado Eduardo Pizarro en su excelente
análisis sobre el origen de las FARC y su conexión a las deficiencias del proceso
de paz con las guerrillas liberales. Como estos ejemplos muestran, la etapa post
conflicto es muy importante, no sólo porque las decisiones que se tomen en este
momento determinarán elecciones posteriores, sino por el hecho de que la
ausencia de solución a las causas de la confrontación puede generar nuevos
conflictos y determinar la aparición de nuevos actores, como lo muestra el caso de
las AUC que están próximas a desmovilizarse y cuyo origen esta, entre otras, en
la falta de solución del Estado colombiano a la cuestión guerrillera.

El manejo del período postconflicto que siguió a La Violencia se limitó a desarrollar


una política de borrón y cuenta nueva, dejando de lado las necesidades de las
víctimas de las atrocidades cometidas por los dos bandos. El diseño institucional
cerró las posibilidades para un acceso democrático al poder y la falta de atención
a las causas del conflicto generó nuevas violencias, una de las cuales es aquella a
la que se le pretende dar término a partir del 3 de noviembre.

La cultura tendrá un papel determinante en el posconflicto: reconstruir la identidad


y el tejido social de un país enfermo por medio siglo de guerra.
El desafío más grande que tenemos como país es cambiar de mentalidad, y las
artes y la cultura son fundamentales en ese proceso”. Así dio paso Mauricio
Rodríguez, director del programa radial Líderes RCN, al conversatorio sobre
cultura en el Foro Colombia 2016 ¿Para dónde va el país? Luego tomó la palabra
Álvaro Restrepo –coreógrafo, creador y director de la fundación El Colegio del
Cuerpo–, quien empezó su ponencia resaltando que quizá esta era la primera vez
que un bailarín tenía la palabra en un escenario de alto nivel para hablar de paz y
cultura. “Se vislumbra la etapa del posconflicto, y la cultura será columna vertebral,
catalizador, articulador, pivote y médula de ese proceso”, dijo.

Restrepo expuso una tesis puntual: la tarea de reconstruir la identidad y el tejido


social de Colombia, un país que en sus palabras está “severamente enfermo, y
aquejado por una grave crisis multidimensional (ética, política, espiritual, social,
económica…)”, debería ser transdisciplinaria. En su opinión, la cultura debe
“aglutinarse” con sectores como la educación, los medios de comunicación e,
incluso, la protección social y la salud; y juntos diseñar un plan extraordinario para
sanar el alma, la mente y el cuerpo de manera simultánea.

Pero claro, hay obstáculos para que la cultura se posicione en ese papel. Quizá
los dos más evidentes y arraigados sean la falta de credibilidad y de presupuesto.
Ambos fueron tema en esta conversación que también contó con la presencia de
la poeta Piedad Bonnett, de Ramiro Osorio, director del Teatro Mayor Julio Mario
Santo Domingo, y de Germán Rey, miembro de la junta directiva de la Fundación
Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Piedad Bonnett comenzó con una anécdota de sus años de adolescencia, para
ilustrar cómo en Colombia la cultura tiene que abrirse paso contra los prejuicios: el
papá de una de sus amigas calificó como “un bonito adorno” la carrera de filosofía
y letras que ella había elegido. “Él partía de una concepción de cultura que la
supone información, entretenimiento, barniz decorativo, pasatiempo para el ocio…
Una idea que persiste en muchas mentes, incluidas las de gobernantes y
periodistas”, dijo.

Germán Rey fue enfático en su posición al respecto: la cultura debe estar en los
grandes debates y en las reformas estructurales del país. “Por ejemplo –señaló–:
yo no sé por qué se sigue discutiendo la política de tierras sin referir el tema
cultural. ¿Es que acaso no hay nada más profundamente cultural que la
pertenencia a la tierra, que el despojo, que el desplazamiento, que los retornos
simbólicos? ¿Puede haber una política solo con medición de áreas?”.

Segundo obstáculo: la falta de apoyo financiero. Ramiro Osorio planteó que es


fundamental asumir una posición más firme frente a las exigencias que el sector le
hace al gobierno: “Somos un sector que aporta al producto interno bruto (PIB) y
por lo tanto requerimos incentivos como los otros sectores. Cumplimos una labor
en el desarrollo de la sociedad”. Las industrias culturales aportan un 3,3 por ciento
al PIB del país, una cifra cercana a la meta del Ministerio de Cultura de llegar a 3,6
por ciento este año.
La cultura y las artes, entonces, no solo crearán ciudadanos más preparados y
educados sino, como bien lo dijo Restrepo, “más sensibles, intuitivos, memoriosos,
perceptivos, compasivos… más humanos”. Y justamente esos son los ciudadanos
que se necesitan de cara al posconflicto.

CITAS

https://www.researchgate.net/publication/332236722_Perfil_psicologico_y_neuropsicologico_de
_victimas_del_conflicto_armado_en_Colombia

https://www.semana.com/nacion/articulo/posconflicto-y-cultura-cambio-de-mentalidad/458568

file:///C:/Users/sindy%20del%20valle/Downloads/Dialnet-
EducacionConflictoYPosconflictoEnColombia-6260867.pdf

https://www.semana.com/noticias/articulo/que-espera-post-conflicto-colombiano/69797-3

https://elpais.com/especiales/2017/planeta-futuro/colombia-tras-el-conflicto/