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¿QUÉ RESPONSABILIDAD TIENE EL ESTADO Y CUÁLES HAN SIDO LOS FACTORES

DETERMINANTES FRENTE AL AUMENTO EN LOS ÍNDICES DE HOMICIDIOS DE LOS DEFENSORES


DE LOS DERECHOS HUMANOS EN COLOMBIA EN LA ÚLTIMA DÉCADA?

En Colombia es muy cotidiano escuchar el término defensores de derechos humanos, en


especial en los últimos años, no precisamente por el reconocimiento a la ardua tarea de
defender los territorios de la delincuencia y propender por el bienestar de sus comunidades,
sino por sus muertes injustificadas y repetitivas, pero en realidad pocos saben que significa
serlo, qué hacen y por qué son tan importantes para la defensa de los derechos humanos,
sindicales, políticos y sociales, para esta definición traemos como referencia lo que algunos
líderes y lideresas responden en la página oficial de la Comisión de la verdad a esta pregunta
¿qué es ser un líder social?:

 Yisel Carabalí “es defender nuestro territorio hasta con la muerte” (2019).
 Alfaro Díaz Abonía “es ser un vocero en pro del fortalecimiento y cuidado
de nuestra cultura y territorio” (2019).
 María Perdomo “es ser la voz de aquellos que callan. Ser quien muchos
admiran pero que otros odian” (2019).
 Julián Muñoz “es dejarlo todo por una comunidad, desprendiéndose de su
familia e incluso de sí mismo” (2019).
 Víctor Pizarro “es ser un defensor del territorio y cuidar nuestras culturas
ancestrales” (2019).
 Claudia Rincón “es amar y defender nuestra cultura, tierra, raza,
identidad. Es defender lo que somos” (2019).
 Héctor Gañán Bueno “es defender a la madre tierra porque ahí está toda
nuestra cultura” (2019).
 Giovanni Romaña “es ser un superhéroe. Un sobreviviente. La voz de los
oprimidos” (2019).
 Nini Calderón “es tener los pantalones bien puestos para defender
nuestros territorios” (2019).
 Fredy Reinel “es defender los derechos humanos y clamar por la justicia y
por nuestros derechos” (2019).
 Yeison Mosquera “es ser un amigo de las comunidades y ser un ejemplo a
seguir” (2019).

También hay autores que resaltan que:

El concepto de liderazgo social está asociado a la trayectoria de personas impulsoras de


organizaciones de la sociedad civil que actúan con vocación de transformación social. Sin
embargo, éste, más que un liderazgo individual que puede generar protagonismos se
define más como colaboración, participación y facilitación, dejando atrás al líder-
caudillo. El contexto en el que se desarrolla el liderazgo social hace que este tipo de
liderazgo adopte diferentes matices que le dan un tono particular. El liderazgo social es
más humilde, cercano, colaborativo. (Delgado 2016).

En todo el mundo los defensores de derechos humanos son reconocidos por su valentía,
esperanza, perseverancia, ética, humildad, amplias competencias y sobre todo por la defensa de
los derechos colectivos más que por los propios, pero por desgracia no tienen el apoyo y
protección suficiente para iniciar y terminar cada proyecto que emprenden, ya sea porque son
asesinados al no pensar igual, por las personas que afecta con sus actuaciones o simplemente
son amenazados y silenciados, al punto de que muchos deben dejar su lugar de origen, sus
raíces y familia, para así evitar un final trágico, de alguna manera están asesinando sus ideales,
sus pensamientos, su esencia.

Se asume que toda persona tiene derecho a promover y procurar la protección y


realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales, ya sea de manera
individual o colectivamente en los planos nacional e internacional (ONU, 1998, pág. 3) y
puede ser reconocida como defensora de derechos humanos cuando se esfuerza, en
diversos contextos y situaciones, de manera individual o colectiva, en promover o
proteger el derecho o los derechos civiles y políticos de un individuo o un grupo, así como
en fomentar la garantía y disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales
(Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 2018).
Por lo anterior, para el contexto colombiano se entiende que una persona puede ser
defensora de los derechos humanos en diferentes ámbitos de liderazgo, identificándose
en principio los siguientes: líder comunal, líder comunitario, líder de Restitución de
Tierras, líder campesino, líder social, líder sindical, líder ambiental, líder de mujeres, líder
afrodescendiente, líder indígena, líder de víctimas o de desplazados, líder juvenil y de la
infancia, líder cultural, líder LGBTI, líder en salud, líder minero artesanal, comunicador(a)
defensor(a) de derechos humanos, abogado(a) defensor(a) de los derechos humanos,
defensor(a) o líder asociado a Organizaciones no Gubernamentales (ONG), líder en la
implementación del acuerdo de paz, líder en materia de sustitución de cultivos, líder de
movimiento político y líderes religiosos (Plan de acción oportuna de prevención y
protección para los defensores de derechos humanos, defensores de derechos humanos,
comunales y periodistas, 2018, p. 3-4).

A la fecha no existe un sistema de base de datos unificado que dé cuenta de las cifras
consolidadas respecto al número de defensores de derechos humanos, defensores de
derechos humanos, comunales y periodistas asesinados. No obstante, esta situación y la
necesidad de contar con mejores sistemas de información, que garanticen una mayor
confiabilidad de los datos, se dispone de diversos recursos que sirven como referente
para la toma de decisiones de política pública. Entre estos se encuentran los
seguimientos y reportes brindados por la Oficina del Alto Comisionado de Naciones
Unidas, la Defensoría del Pueblo y el Observatorio de Derechos Humanos y Derecho
Internacional Humanitario de la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos, así
como las estadísticas de la Fiscalía General de la Nación, los cuales ofrecen datos sobre
los lugares de ocurrencia de homicidios y amenazas por municipios, las características
poblacionales de los afectados, las fechas de los hechos y los avances en materia de
investigación (Plan de acción oportuna de prevención y protección para los defensores de
derechos humanos, defensores de derechos humanos, comunales y periodistas, 2018, p.
7).

Las muertes de líderes y lideresas sociales tienen un impacto y unas consecuencias


negativas inimaginables en cada país, en especial hablando de democracia, además de la
imagen que se lleva el resto del mundo, sobre un país que pertenece a la Convención Americana
sobre Derechos Humanos, pero a diario están asesinando sus líderes y aparentemente no se le
da importancia que se debe, tampoco se toman medidas que puedan frenar esta situación.

Hace ya más de 20 años la ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU, adoptó la Declaración de las


Naciones Unidas sobre las personas defensoras de los derechos humanos. Y así los estados se
comprometieron en garantizar la protección de los Defensores de los derechos humanos. Pero
hoy las estadísticas dicen todo lo contrario, Colombia está en la cabeza de los informes donde
los asesinatos de defensores de derechos humanos ya hacen parte del panorama nacional.

20 años después de este avance en la protección de los derechos humanos, hoy la


defensa de los derechos humanos se ha convertido en una tarea titánica de personas
arriesgándose día a día por los intereses colectivos de su comunidad, pero aun así cada vez son
más quienes se le miden a esta peligrosa labor, pues las condiciones sociopolíticas lo ameritan,
así como la capacidad de educación que no deja de hacer la invitación a cuestionar el entorno y
a reconocer que hay luchas que pese a las dificultades merecen una pelea.

Los defensores de derechos humanos son el alma de los territorios, son el faro de sus
comunidades, son fuente de democracia, son germen de saber ancestral, hacen parte del
cordón umbilical con la tierra… son la esperanza de paz en la coyuntura histórica que vive
Colombia. Esos hombres y mujeres son esto y mucho más… su inmenso sacrificio, no lo
perdonará la Historia” Sánchez, Diana. Más allá de las cifras. Segunda Parte. Informe
Enero - junio 2018. Sistema de Información sobre Agresiones contra Defensores y
Defensoras de los DD. HH – SIADDHH citado por Programa somos Defensores (2019).

Según la organización Front Line Defense, en su informe “Basta de Asesinatos”, (2018)


América Latina no es un lugar seguro para ser un líder social. En su último reporte esta ONG
registró 321 defensores muertos en 2018, 241 de ellos en la región. Lo más alarmante es que
174 (54%) de estos homicidios se ubicaron apenas en dos países: Colombia y México, con 126 y
48 líderes asesinados en el 2018; este informe además expone que el aumento exponencial en
el número de amenazas de muerte y amenazas de encarcelamiento han obligado a varios
defensores a huir de sus hogares y comunidades, como Nicaragua, Colombia y Brasil siendo
particularmente representativos de esta tendencia, el asesinato de defensores de derechos
humanos siguió siendo la tendencia más preocupante en la región.

En muchos países de la región, el número de asesinatos no solo siguió aumentando, sino


que también se observó un patrón preocupante en el que se atacaron varios defensores de las
mismas organizaciones, dentro de los que se destacan los casos de Colombia y Guatemala;
aunque nuestro gobierno colombiano se empeña en defender que estos casos no son
repetitivos, que son muertes aisladas y que no tienen ninguna conexión, en conclusión, no es
seguro ser líder social en Latinoamérica.

Nuevamente, Front Line Defenders, en su informe Basta de Asesinatos (2018) indica que
los ataques son a menudo precedidos por campañas sostenidas a nivel nacional que se refieren
a los defensores como "anti-desarrollo", "anti-estado", "traidores", "terroristas o "criminales".
De hecho, causa alarma que al menos la mitad de los líderes asesinados (49%) en 2018 habían
sido amenazados con anterioridad. Casi siempre estos defensores alegaban contra actividades
de industrias extractivas o megaproyectos que perjudicaban vastas zonas ecosistémicas o donde
habitan pueblos ancestrales.

Según el artículo Colombia, México y Brasil encabezan lista mundial de defensores de


derechos humanos asesinados, publicado en el Diario el espectador (2019) en el caso
colombiano, la ONG Irlandesa Front Line Defenders, alerta que se ha visto un aumento en la
violencia contra los defensores de derechos humanos desde la firma del Acuerdo de Paz con las
FARC-EP "Dos años después, el Estado no ha cumplido con la mayoría de sus obligaciones, como
establecer una presencia integrada en las regiones rurales e implementar programas de
restitución de tierras y sustitución de cultivos", sostiene la ONG. Mientras que, en Brasil,
México, Perú, Ecuador y otros países de la región, los homicidios de defensores de derechos
humanos tuvieron que ver en su gran mayoría, de acuerdo con la ONG, por "el conflicto entre la
explotación de los recursos naturales, incluida la captura de tierras indígenas o
afrodescendientes de larga data con fines de lucro privada, y los esfuerzos de los defensores de
los derechos a la tierra, el medio ambiente o los pueblos indígenas para proteger el medio
ambiente y sus comunidades".
En este gráfico se puede evidenciar la terrible panorámica de ser líder en un país como
Colombia, Estado que no está cumpliendo con lo acordado en el proceso de paz, para así evitar
el derramamiento injusto de sangre de inocentes, que lo único que han hecho y siguen haciendo
es defender los derechos de sus pueblos, sus creencias, el medio ambiente y los intereses
colectivos de su comunidad ante el Estado mismo, empresas nacionales y multinacionales y
particulares con intereses afectados.

¿cuáles han sido los factores determinantes para el aumento en los índices de asesinatos a
defensores de derechos humanos en Colombia?

Según el Informe anual, sistema de información sobre agresiones contra personas


defensoras de derechos humanos en Colombia – SIADDHH- (2019), La situación de Derechos
Humanos de los líderes y lideresas sociales en los últimos años, está determinada por algunos
elementos centrales:

1. La Disputa territorial entre múltiples actores armados, reorganización y continuidad del


paramilitarismo

2. La guerra por el control de cultivos de uso ilícito, el narcotráfico y el control de las rentas
derivadas de economías legales e ilegales

3. La dinámica extractivista y la presencia de grandes proyectos empresariales

4. Las negociaciones de Paz y posterior implementación del Acuerdo entre el gobierno y las
FARC, especialmente en el tema de cultivos de uso ilícito.

5. La Política de Seguridad y la Militarización de los territorios.

6. La persistencia del histórico conflicto por el uso y tenencia de la tierra y la política de


restitución de tierras.
Todos estos factores en conjunto han afectado con mayor rigor a los dignatarios y
dignatarias comunales por su condición local y su relación inmediata con las comunidades y con
los actores armados, en los últimos 8 años.”

También es importante tener en cuenta que “hay una correlación entre fechas
importantes del calendario electoral y el aumento de la violencia política y social. Por ejemplo,
el pico de asesinatos de líderes que se dio en septiembre de 2016 coincide con la campaña del
Plebiscito, el final del 2017 coincide con la entrega de firmas de candidatos independientes, la
inscripción de candidaturas y el inicio de la campaña legislativa (…)” y los picos de agresiones
registrados en 2014, coinciden con un año de elecciones presidenciales que fue sumamente
complejo y polarizado, según la Misión de observación Electoral (2018). En los siguientes
gráficos podemos observar el históricos de líderes asesinados, número de líderes víctimas y la
afectación por departamentos.
El programa Somos Defensores, en su informe basta de asesinatos (2019), manifiesta
que “a pesar de las aparentes buenas noticias, cuando comparamos estos pequeños avances
con el número total de asesinatos, se observa que aún prevalece la impunidad” esto cuando se
refiere a los avances del Estado colombiano sobre las medidas tomadas frente a los casos de
asesinatos de defensores de derechos humanos, todo esto debido a que:

El patrón de violencia y asesinatos que se ha documentado en 2016 continuó en 2017:


polarización social, falta de fe en el sistema político combinada con una disminución
histórica de la violencia en el marco de la confrontación entre el Estado y las FARC. No
obstante, con respecto a la situación de los/as DDH (defensores de derechos humanos),
la implementación de los acuerdos de paz con las FARC ha tenido un sabor agridulce. Si
bien es de suma importancia reconocer que el silencio de los fusiles trajo consigo la tasa
de asesinatos más baja entre la población general en los últimos 30 años, el número de
asesinatos de DDH aumentó de forma dramática. Según las cifras del Programa Somos
Defensores, se ha producido un aumento general en el número de asesinatos de DDH
desde el inicio del proceso de paz: en 2013, 78 casos; en 2014, 55 casos; en 2015, 63
casos; en 2016, 80 casos y en 2017 la cifra alcanzó los 121 casos.

En 2018 la situación no ha mejorado y está empeorando aún más, con un registro de 46


DDH asesinados/as en los tres primeros meses del año. Como se ha documentado en
repetidas ocasiones, al menos desde hace 10 años, los ataques contra defensores de
derechos humanos y DDH han sido una realidad histórica en el marco de la violencia
sociopolítica. La falta de una respuesta adecuada por parte del Estado a esta crisis es
realmente preocupante. Un análisis de los datos de 2017 muestra que el 70% de los
asesinatos de defensores de derechos humanos y DDH continúan en una etapa inicial de
investigación, por lo que no se han producido avances. El 11% de estos están en proceso,
mientras que en un 10% de los casos ha habido una condena. En el 4% de los casos se ha
emitido una orden de arresto y solo en el 5% de los casos se ha ejecutado la sentencia del
tribunal. Esta situación supone aún un gran desafío no solo para la Fiscalía General del
Estado sino también para el Poder Judicial. Si no se realizan esfuerzos comunes para
abordar el problema, la tasa de impunidad seguirá siendo la misma e incluso mayor.

Según Aguirre (2020) en su columna La realidad detrás de los asesinatos de defensores


de derechos humanos en Colombia, El asesinato de líderes políticos y sociales no es nuevo en
Colombia. Durante décadas líderes sindicales, defensores de derechos humanos, periodistas y
políticos han sido víctimas del Estado, guerrillas, paramilitares, sicarios y narcotraficantes.
Tampoco es nuevo el problema de la ausencia total o parcial del Estado en casi la mitad del
territorio, y la presencia de grupos armados no estatales, políticos o del crimen organizado, o
una mezcla de ambos, además resalta que:

El reciente informe de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los


Derechos Humanos sobre la situación en Colombia ha producido una fuerte reacción
crítica del gobierno de Iván Duque. La controversia gira alrededor de la cifra de
defensores de derechos humanos asesinados, pero la cuestión de fondo es la falta de
control del Estado sobre casi la mitad del territorio y las medidas preventivas que deben
tomarse.

Este Informe enfatizan en la cuestión de los asesinatos a defensores de derechos


humanos (sobre derechos humanos, sustitución de cultivos ilícitos, reintegración de tierras,
derechos de minorías indígenas y afrocolombianos) y los ataques a la Juntas de Acción Comunal,
registrando 108 asesinatos en 2019. Eso significa, según la OACNUDH, un aumento del 50%
frente a 2018. Así mismo, contabiliza 36 masacres en 2019, que costaron la vida de 133
personas. El informe también denuncia que en 2019 hubo privaciones arbitrarias de la libertad
por parte del ejército y la policía, casos de violencia de miembros de las fuerzas armadas y la
policía contra ex guerrilleros de las FARC, y presuntas torturas y malos tratos por parte de la
policía. Aguirre (2020)

Pero aun así el Gobierno Nacional en el marco de su respuesta a las conclusiones


previstas en los informes toma una posición soberbia y desesperanzadora, quitándole
credibilidad, revictimizando a sus víctimas, y la implementación de su “Plan de Acción
Oportuna” tiene varios problemas según la Plataforma de organizaciones de derechos humanos
y la Cumbre Agraria (coordinadora de asociaciones campesinas): no soluciona la
descoordinación entre agencias del Estado que se ocupan del tema y centra la atención en las
acciones de grupos armados organizados. De este modo, se excluyen otros factores que pueden
generar violencia contra defensores de derechos humanos como la minería ilegal, la impunidad,
y las acciones de grupos paramilitares en presuntas connivencias con actores del sector privado
y autoridades civiles y militares. Y el gobierno osa decir que factores como la migración
venezolana tiene incidencia en estas estadísticas, desvirtuando la realidad de los territorios.

¿por qué el gobierno nacional desvirtúa las cifras del informe de la OACNUDH y revictimiza a
sus afectados?

Michel Forst, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de las y los
defensores de derechos humanos, realizó una visita a Colombia entre noviembre y diciembre de
2018 con el fin de determinar si “el Estado colombiano ha podido proporcionar un entorno
seguro y propicio para los defensores y las defensoras de derechos humanos en todo el país”, y
guiar al Gobierno para mejorar su protección. Desde hace 10 años el país no recibía la visita de
un relator sobre la situación de defensoras y defensores y esta vez los hallazgos fueron
dramáticos.

En la Declaración de Fin de Misión del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la
Situación de los Defensores y las Defensoras de Derechos Humanos, Michel Forst visita a
Colombia, 20 de noviembre al 3 de diciembre de 2018, (2020) se deja en evidencia temas
denunciados por defensoras y defensores de derechos humanos durante muchos años, la falta
de garantías de seguridad de las comunidades en las que viven y las propuestas regresivas del
nuevo gobierno (que a tan solo 3 meses de iniciar ya eran motivo de preocupación).

Para enfrentar públicamente el debate, el Gobierno Nacional decidió, a través de la


Consejería de derechos humanos, realizar sus propios diagnósticos sobre la situación de
agresión contra defensores de derechos humanos, sin contar con un sistema de información
propio, sino a partir de las cifras suministradas por la Fiscalía General de la Nación que, a su vez,
las toma de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
en Colombia –OACNUDH–. Sin embargo, los análisis que presentan distan mucho de los
realizados por otras instituciones del Estado como la Defensoría del Pueblo, las organizaciones
de la sociedad civil e, incluso, empiezan a tener diferencias con la OACNUDH.

A pesar de la permanente insistencia de las comunidades, poco efectivas han sido estas
voces frente a funcionarios no muy dispuestos a escuchar y ver la realidad; El informe del
Relator Especial, conocido a inicios del 2020, mostró una realidad que comunidades, personas
defensoras y organizaciones de la sociedad civil han tratado de evidenciar durante años para
demandar garantías, pero que la institucionalidad ha desconocido de manera radical, llegando
incluso, en el actual Gobierno, a sobreponer un discurso en el que se habla de protección y
disminución de la violencia, que poco tiene que ver con lo que defensoras y defensores de
derechos humanos deben enfrentar cada día.

Por todas las dificultades a las que se exponen quienes defienden los derechos, el
informe del relator Forst se convierte en un documento muy importante, porque en él queda
explícito que el riesgo para defensoras y defensores no ha disminuido, por el contrario, se
afirma que ha aumentado desde la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y la guerrilla de
las FARC, situación que queda más clara cuando se observa que Colombia es el país de América
Latina con más asesinatos a personas defensoras que se caracteriza, además, por su
estigmatización y criminalización y por un alto nivel de impunidad. Estas condiciones, como se
reconoce en el informe, impiden que exista en el país un contexto propicio y seguro para
defender los derechos humanos.

Acción por parte del estado, fracaso institucional y falta de una respuesta estatal
completamente integrada

El Relator resalta que hay retraso, falta de determinación política y designación


insuficiente de fondos para temas denunciados también por comunidades, líderes y sociedad
civil. Estas responsabilidades se trasladan directamente al gobierno de turno, a quien
corresponde dar continuidad a la implementación del Acuerdo para cumplir con todo lo allí
pactado.

La Comisión Nacional de Garantías de Seguridad –CNGS–, creada con el fin de construir


estrategias que condujeran a la desarticulación de grupos criminales, que son quienes agreden a
comunidades y personas defensoras de derechos humanos. Este espacio, en el que participaban
entidades del Gobierno y sociedad civil, fue altamente valorado por líderes y organizaciones
sociales, por su importancia para aportar una solución a la violencia en los territorios. Sin
embargo, con el cambio de Gobierno este espacio se transformó. Así lo identificó Michel Forst
en su visita al país, pues en el informe afirma que, aunque por Decreto la CNGS se debe reunir
una vez al mes solo se había citado dos veces desde el cambio de gobierno.

Sumado a esto Iván Duque decide publicar el Plan de Acción Oportuna –PAO– que, como
se señala en el informe, se elaboró sin la participación de la sociedad civil, ni de la comunidad
internacional. Organizaciones sociales y personas defensoras interpretaron este como una
propuesta para reemplazar la CNGS, desconociendo las necesidades y reales y pasando por
encima del Decreto que regula el Acuerdo de Paz.

Esto lo hizo mediante la publicación del Decreto 2137 de 2018 por medio del cual se crea:

La Comisión Intersectorial Para el desarrollo del Plan de Acción Oportuna (PAO) de


Prevención y Protección individual y colectiva de los derechos a la vida, la libertad, la
integridad y la seguridad de defensores de derechos humanos, defensores de derechos
humanos, comunales, y periodistas, en adelante "Comisión del Plan de Acción Oportuna
(PAO) para defensores de derechos humanos, líderes, sociales, comunales, y periodistas",
con el objeto de articular, orientar y coordinar los diferentes programas de protección y
recursos de las distintas entidades del Gobierno involucradas en la prevención y
protección individual y colectiva de los derechos a la vida, la libertad, la integridad y la
seguridad de defensores de derechos humanos, defensores de derechos humanos,
comunales, y periodistas.

En los últimos nueve años, la investigación de crímenes contra DDH ha sido una acción
aislada dentro de la Fiscalía y ha sido gestionada a voluntad del fiscal de turno. Como
consecuencia, no ha desarrollado una política integrada y dotada de los recursos adecuados. Los
esfuerzos realizados por la Mesa Nacional de Garantías con el apoyo de la Oficina del Alto
Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH) para resolver casos pendientes se han visto
materializados únicamente en el 13% de avances en las investigaciones de los últimos ocho
años. Es hora de establecer una nueva política dentro de esta entidad que cumpla con todas las
pautas y regulaciones internas y permita desarrollar una acción integral en relación con los
ataques contra DDH. Una única política coordinada y gestionada por la Fiscalía General
establecería una respuesta unificada, integral y cuantificable al aumento de asesinatos. Sin
embargo, uno de los problemas a los que se enfrenta es que los procesos están dispersos por
todo el país. Obviamente la solución no sería centralizarlos en Bogotá, sino que se llevaran a
cabo en sus correspondientes regiones y que las fiscalías regionales tuvieran los elementos
técnicos, conceptuales y materiales para abordar estas investigaciones con imparcialidad y
eficacia.

Regulación y medidas internas

A nivel nacional e internacional existe una común preocupación por los índices de
crecimiento en los asesinatos de líderes, esto ha hecho que muchas organizaciones y los mismos
Estados dirijan sus esfuerzos para sistematizar y caracterizar el fenómeno, como lo menciona el
vigésimo Quinto Informe defensor del pueblo (2017), pero lastimosamente no se observan
labores efectivas para prevenir, proteger y judicializar las agresiones que padecen los
defensores y defensoras de derechos humanos y los lideres(as) sociales.

En el año 2010 se gestó en el congreso una ley donde se modificaba el término de


prescripción para el homicidio de defensores de derechos humanos, de alguna manera en un
término considerable, amplía el tiempo para que las entidades y familiares de las victimas
puedan hacer justicia y no quede en la impunidad, “El término de prescripción para las
conductas punibles de genocidio, desaparición forzada, tortura, homicidio de miembro de una
organización sindical legalmente reconocida, homicidio de defensor de Derechos Humanos,
homicidio de periodista y desplazamiento forzado, será de treinta (30) años” (ley 1426, 2010,
art. 1).

Adicional, para el año 2017 se promulgó el decreto 2252, del Ministerio del Interior
donde se busca la prevención y protección de defensores de derechos humanos, líderes y
lideresas de organizaciones y movimientos sociales y comunales, y defensores y defensoras de
derechos humanos por parte de gobernadores y alcaldes, se considera que sí esto se cumpliera
a cabalidad, es decir que cada gobernante asumiera su responsabilidad como debiera, el
número de muertes de estos líderes sería menor y hasta nula, porque el hecho de actuar de una
manera temprana ante cualquier sospecha de situación de riesgo, minimiza los hechos
lamentables que se registran hoy en día y maximiza la prevención de la vulneración de los
derechos de estas comunidades, a continuación se extraen los artículos más relevantes de
dicha ley:

ARTÍCULO 2.4.1.6.1. Objeto. Especificar los niveles de coordinación entre los


gobernadores y alcaldes como agentes del presidente de la República en relación con la
protección individual y colectiva de líderes y lideresas de organizaciones y movimientos
sociales y comunales, y defensores y defensoras de derechos humanos que se encuentren
en situación de riesgo.

ARTÍCULO 2.4.1.6.2. Primeros respondientes. Las gobernaciones y alcaldías, en el marco


de sus competencias, con el apoyo del Ministerio del Interior, del Ministerio de Defensa
Nacional y del Ministerio Público, actuarán como primeros respondientes en la detección
temprana de situaciones de riesgo contra líderes y lideresas de organizaciones y
movimientos sociales y comunales, y defensores y defensoras de derechos humanos.

ARTÍCULO 2.4.1.6.3. Responsabilidades a nivel territorial. En el marco de las rutas de


protección y la política pública de prevención de violaciones a los derechos a la vida,
integridad, libertad y seguridad de personas, grupos y comunidades, contenidas en este
decreto, con el apoyo del Gobierno Nacional las gobernaciones y alcaldías tendrán las
siguientes responsabilidades:

1. Diseñarán e implementarán acciones tendientes a fortalecer la prevención


temprana en el funcionamiento estratégico de los Consejos de Seguridad Territoriales.

2. Ajustarán y/o crearán mecanismos institucionales tendientes a evitar la


consumación de situaciones de riesgo que afecten a líderes y lideresas de organizaciones
y movimientos sociales y comunales, y defensores y defensoras de derechos humanos.

3. Realizarán estrategias de cultura de rechazo ciudadano a la utilización de armas y


promoverán el desarme voluntario.
4. Establecerán un plan de fortalecimiento y articulación de las acciones tendientes
a garantizar la presencia territorial de los programas de protección del Estado, en
términos de presencia territorial de los programas de protección establecidos a través de
la Ley, sin que implique la creación de nuevos programas no previstos en ésta.

5. Desarrollarán estrategias dirigidas a la generación de capacidades de los grupos y


comunidades, para la identificación, análisis de riesgos y el fortalecimiento de prácticas
propias de prevención y protección individual y colectiva, que les permita acudir a las
autoridades competentes para la salvaguarda de sus derechos, e implementar acciones
contingentes, con enfoque diferencial por razones de género y etnia, para
contrarrestarlos o mitigarlos.

6. Activarán las rutas de protección individual o colectiva previstas en este decreto


en favor de líderes y lideresas de organizaciones y movimientos sociales y comunales, y
defensores y defensoras de derechos humanos que se encuentren en situación de riesgo.

7. Mantendrán canales permanentes de interlocución con los Inspectores de Policía


y Corregidores, y con el Gobierno Nacional, con el fin de detectar situaciones de riesgo
que requieran la activación de las rutas de protección individual y colectiva de líderes y
lideresas de organizaciones y movimientos sociales y comunales, y defensores y
defensoras de derechos humanos, la detección temprana de alertas o la necesidad de
adoptar medidas urgentes o de emergencia. Para estos efectos, designarán como
mínimo una funcionaria o un funcionario de sus administraciones que garantizarán este
canal con las autoridades de policía y el Gobierno Nacional.

8. Activarán, de ser necesario, cualquiera de los mecanismos que el Código Nacional


de Policía y Convivencia les permite como primeras.

9. Diseñarán e implementarán sistemas de control y seguimiento de todas las


acciones que adopten a nivel local para cumplir con sus responsabilidades.
Aunque el gobierno nacional desde hace muchos años solicita acciones contundentes y
pertinentes por parte de los agentes del Estado para garantizar la protección de los derechos
líderes y defensores de los derechos humanos, es visible para todos que esto no tiene un avance
positivo, el entonces ministro del Interior de Justicia (Valencia, 2009) manifestó en una circular
que:

El Gobierno de Colombia rechaza y condena, nuevamente, las amenazas y acciones que,


contra los defensores y defensoras de derechos humanos, defensores de derechos
humanos y comunales han sido puestas en su conocimiento y solicita, enfáticamente, el
trámite oportuno y ágil de las investigaciones que permitan identificar y castigar a los
responsables. Instamos a los gobernadores y alcaldes municipales y distritales llevar a
cabo todas las acciones necesarias para garantizar, respetar y hacer respetar la labor
que los defensores y defensoras de derechos humanos, defensores de derechos humanos
y comunales adelantan en su jurisdicción y propender por la garantía de los derechos a la
vida, libertad, integridad y seguridad personales (circular externa CIR -259-DMI- del
Ministerio del Interior y de Justicia).

Pero, hacer una manifestación escrita o verbal no significa que el gobierno está
cumpliendo con su deber, es solo revisar las cifras oficiales de homicidios a defensores de
derechos humanos, para llegar a la conclusión que las palabras son muchas, pero las acciones
pocas.

Es importante resaltar la sentencia T-236, 2012, de la Corte Constitucional donde se


marca un precedente más, relativo a la garantía de los derechos de los defensores de los
derechos humanos, en este caso una mujer que fue víctima de múltiples vulneraciones a sus
derechos fundamentales como la seguridad personal, vida, libertad, integridad y debido
proceso, decidió instaurar acciones legales en contra de Fiscalía General de la Nación y
Ministerio del Interior, ya que no se le otorgó la seguridad solicitada a ella y sus hijos, no se le
otorgó protección adecuada en su situación de víctima de abuso sexual, desplazamiento
forzado y tentativa de secuestro, todo esto en el marco de su condición de defensora de los
derechos humanos, cuando prestaba asistencia psicosocial a victimas del conflicto armado de
Colombia.

La victima presentó una acción de tutela, la cual fue negada en primera y segunda
instancia, pero solo hasta que llegó a revisión a la Corte Constitucional, se le dio una sentencia
justa y acorde a su situación, revocando la decisión de segunda instancia y ordena a dichas
entidades valore de manera de objetiva y razonada la situación de la accionante y se revise el
programa de prevención y protección de los derechos vulnerados, efectúe ajustes necesarios
para adecuarlos a los principios mínimos de racionalidad; esta sentencia además nos enriquece
con algunos conceptos sobre defensores de los derechos humanos, como se mencionan a
continuación:

La complejidad de la labor que desarrollan los defensores de derechos humanos, lo cual


supone para los Estados en el marco de su protección, la incorporación de obligaciones
positivas y negativas. Las primeras, deben estar encaminadas a que las autoridades
competentes actúen con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar todo
tipo de violación de sus derechos, mientras que las segundas, aluden a que las
actuaciones estatales deben realizarse con la debida diligencia para evitar violar los
derechos humanos.

El papel de los defensores de derechos humanos, en el contexto de una sociedad


democrática, es de mucha monta, en tanto se constituyen en los interlocutores
autorizados entre la sociedad civil y las autoridades del Estado, a fin de darle contenido a
las políticas públicas que envuelven temas de derechos humanos, lo cual contribuye al
logro de la convivencia, la vida, la igualdad, la libertad y la paz, como cometidos trazados
por el constituyente. De igual modo, que el nivel de exposición es aún mayor cuando
ejecutan su labor dentro de un conflicto armado, como ocurre en Colombia,
vulnerabilidad que se incrementa notablemente cuando se trata de mujeres defensoras
de derechos humanos, dada la especial situación de vulnerabilidad e indefensión a la que
están expuestas. Es por ello, que sobre el Estado recae el deber de brindar medidas de
protección de manera oportuna y eficaz a los defensores de derechos humanos, a fin de
garantizar a plenitud sus derechos, las cuales deben incluir un enfoque de género, esto
es, teniendo en cuenta el impacto diferenciado del conflicto armado sobre las mujeres,
que optan por la defensa de los derechos humanos, como proyecto de vida. (Corte
Constitucional, T-236, 2012).

Recomendaciones para el gobierno de Colombia por parte del programa Somos Defensores,
en su informe Basta de asesinatos (2018)

El Gobierno de Colombia ha recibido muchas advertencias y es plenamente consciente


de los riesgos a los que se enfrentan los/as DDH en todo el país. Es hora de comenzar a
desarrollar e implementar planes de prevención reales que tengan un claro liderazgo político
tanto a nivel nacional como local. No es justo que sigan asesinando a más defensores/as cuando
existen formas de evitarlo:

 Desarrollar en el interior de la Fiscalía una política exclusiva, que reúna todas las directrices
y normativas para garantizar que exista un programa de acción integrado de manera
adecuada para proteger a los/as DDH;
 Llevar a cabo un análisis integrado de la situación que permita identificar y procesar a las
personas responsables de los ataques;
 Garantizar que el Ministerio del Interior, la Fiscalía, la Policía Nacional, la Unidad Nacional
de Protección Nacional y las autoridades regionales y locales se reúnan de manera
coordinada para implementar los compromisos políticos y técnicos que se hayan acordado
con los/as DDH relativos a la prevención, protección e investigación;
 Garantizar que la rama judicial en su conjunto se centre en la violencia contra los/as DDH,
ya que constituye un ataque a los esfuerzos por construir la paz y la democracia;
 Iniciar debates dentro de estas instituciones con carácter urgente, en colaboración con los
organismos estatales que ya han hecho algún avance, como la Defensoría del Pueblo y la
Procuraduría General;
 Tomar medidas efectivas para combatir la cultura de estigmatización y las campañas de
difamación contra los/as DDH que a menudo suponen la alerta temprana de un ataque;
 Diseñar e implementar, con la participación de la sociedad, los cambios estratégicos,
institucionales, presupuestarios y operativos para garantizar la seguridad ciudadana,
especialmente en zonas rurales, de acuerdo con los estándares internacionales y la
Constitución.

Es hora de tomar medidas preventivas

Varios gobiernos nacionales han realizado importantes esfuerzos por crear un marco
normativo, adecuar las instituciones y reunir recursos para atender la situación de riesgo
que afrontan los/as DDH. Sin embargo, a pesar del amplio marco institucional dedicado a
la protección de DDH en Colombia, la respuesta institucional sigue siendo débil por las
siguientes razones: falta de reconocimiento de la legitimidad e importancia del trabajo de
los/as DDH, incluido su papel clave en la implementación del proceso de paz; falta de
recursos para abordar las causas estructurales que ponen a estas personas en riesgo; falta
de implementación a nivel local de directrices y planes nacionales; falta de un programa de
protección totalmente integrado y con los recursos adecuados que coordine las actividades
de todos los órganos pertinentes para garantizar la máxima protección de los/as DDH. Por
otro lado, dicha estrategia debería tener en cuenta las necesidades de los diversos grupos,
analizando factores como la edad, la etnia, el género y el nivel socioeconómico. (programa
Somos Defensores, informe Basta de asesinatos, 2018)

Cuando se ataca a los/as defensores/as de derechos humanos, la propia democracia está


bajo amenaza. Actualmente el problema ya no es reconocer las situaciones trágicas y
aparentemente sin esperanza a las que se enfrentan tantos y tantas defensores/as. De
hecho, muchas personas han denunciado, condenado y comunicado su situación una y otra
vez. Esta terrible situación no nos permite el lujo de sentarnos a esperar. No cabe duda. Es
nuestra responsabilidad moral incorporar los ideales de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos y el deber de actuar es urgente. En cada uno de los seis países que
aparecen en este informe, la cuestión fundamental es la falta de voluntad política para
insistir en la protección de los/as DDH como elemento clave de la política gubernamental.
Los gobiernos deben reconocer el papel vital que desempeñan los/as DDH en la
construcción de sociedades más justas y equitativas. No es suficiente suscribir acuerdos
internacionales de derechos humanos y aprobar una legislación aparentemente
progresista. Esos compromisos deben cumplirse y los gobiernos deben proporcionar el
apoyo político y los recursos económicos necesarios tanto para proteger a los/as DDH en
riesgo como para investigar los ataques en su contra. (Michel Forst, Relator especial de las
Naciones Unidas sobre la situación de los defensores y defensoras de derechos humanos,
2018).

Por: Marín Ramírez Braina Alejandra


Jácome Trujillo Ari Tatiana