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Enseñemos con sencillez.

 
Es posible que al tratar algún tema con el que estemos muy familiarizados, se nos olvide que para
nuestros oyentes es algo nuevo y difícil de entender. Así que al dirigir un estudio bíblico, no debemos
abrumar a la persona con más información de la cuenta. En vez de eso, destaquemos las ideas
principales.
La mejor enseñanza no es aquella en la que abundan las palabras (Pro. 10:19).
Tampoco hay que buscar todas las referencias bíblicas; normalmente bastará con leer los textos
clave.
Recordemos que Jesús enseñó verdades muy profundas en su Sermón del Monte (Mat., caps. 5-7).
Con todo, lo hizo con sencillez y sin hablar demasiado.

¿Nos imaginamos el amplísimo vocabulario que podía haber usado Jesús? Sin embargo, a la hora
de enseñar, siempre tenía en cuenta el nivel de sus oyentes, consciente de sus limitaciones y nunca
los abrumaba con demasiada información (Juan 16:12). Las palabras que usaba eran sencillas, pero
las verdades que transmitía no podían ser más profundas.

el Sermón del Monte, según aparece en Mateo 5:3–7:27. En este discurso, Jesús no utilizó frases
ni argumentos complicados. A duras penas encontraremos una palabra que no sean capaces de
entender con facilidad hasta los más pequeños. Por eso, no nos extraña que, al concluir el sermón,
la muchedumbre —entre la que seguramente había muchos campesinos, pastores y pescadores—
‘quedara atónita por su modo de enseñar’ (Mateo 7:28).

De este modo, mucho antes de la llegada de la imprenta, logró que su mensaje quedara grabado de
forma imborrable en la mente y el corazón de quienes lo escucharon. Tan solo pensemos en algunos
ejemplos: “Dejen de juzgar, para que no sean juzgados”. “Los que están sanos no tienen necesidad
de médico, sino los enfermos.” “El espíritu [...] está pronto, pero la carne es débil.” “Paguen a César
las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios.” “Hay más felicidad en dar que en recibir.” dos
milenios después, estos dichos siguen siendo tan valiosos como el día que se pronunciaron.

La mayoría de las verdades bíblicas son relativamente sencillas. Ahora bien, puede que nuestros
estudiantes estén confundidos por culpa de las doctrinas de la religión falsa. Nuestra labor como
maestros consiste en hacer que la Biblia les resulte fácil de comprender. Los maestros capaces
transmiten la información de manera sencilla, clara y precisa, y de esta forma evitan complicar la
verdad innecesariamente. 
A medida que la persona progrese en su estudio, irá comprendiendo verdades bíblicas cada vez más
profundas (Heb. 5:13, 14).