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Apuntes sobre la esclavitud en Mesopotamia, Asia y África

La esclavitud prevaleció durante el mundo antiguo; las civilizaciones de


Mesopotamia, Egipto, China, Grecia y Roma elaboraron leyes y costumbres para
legitimizarla y regularla. También fue extensamente practicada en el norte de Europa,
África subsahariana, Arabia pre-islámica, el Sudeste Asiático y Japón, y existió, aunque
en una escala menor, en el Hemisferio Occidental.
Egipto, por ejemplo, desarrolló la modalidad esclavista con todas sus
características a fines del IV milenio antes de Cristo.
En el siglo XIX antes de Cristo, los Hititas, cuyo reino se ubicaba en la
península de Anatolia, en la actual Turquía, y se extendía hasta el Tigris, contaban con
mano de obra esclava cuyo origen sin dudar era la guerra, si bien podían existir otros
motivos por el que una persona era sometida a esclavitud.
Los asirios, cuyo solar estaba en Oriente Medio, en el siglo XIV a.C., contaban
con importantes contingentes de esclavos que eran empleados especialmente en obras
de embellecimiento de las dos ciudades importantes asirias: Asur y Nínive.
Y los lidios, reino que se ubicaba en la actual Turquía, también en el siglo XIV
a.C., practicaban la esclavitud, además de por guerra, por deudas, venta de niños y
autoventa.
En el siglo XIV a.C., el pueblo de Israel estaba sometido a esclavitud en Egipto,
pero, por supuesto no monopolizaban el contingente de esclavos.

Los egipcios que no pagaban sus deudas, podían ser esclavizados por sus
acreedores. Parece que esta costumbre rigió hasta los tiempos de Bocchoris
que reinó hacia el promedio del octavo siglo antes de la era cristiana. (Saco
1879)

El golfo Arábigo fue la vía marítima que, por situación geográfica, conocieron
los egipcios desde tiempos muy remotos; y de allí partían las naves con que Ramses II y
Ramses III, en el siglo XIV-XIII a.C., recorrieron el mar Eritreo hasta la India. Las
tribus bárbaras que habitaban en las costas del mar Rojo esclavizaban a los náufragos.
Y esa costumbre se alargaría en el tiempo, siendo que en el siglo VII d.C., y hasta el
XIX, es vía natural de esclavos para el mundo árabe.
En ese mismo siglo, en el VII a.C., los judíos, que sólo podían tener sometido a
esclavitud a otros judíos por un plazo de tres años, siendo que era sometido a esclavitud
el que hurtaba y no restituía ni pagaba la cosa hurtada, si el esclavo era extranjero, él y
su descendencia pertenecían a la familia del amo de forma perpetua, y esta
circunstancia es recogida en la legislación.

Asegúrate de que tus esclavos y esclavas provengan de las naciones vecinas;


allí podrás comprarlos. También podrás comprar esclavos nacidos en tu país,
siempre y cuando sean de las familias extranjeras que vivan en medio de
vosotros. Serán de vuestra propiedad y podréis dejarlos a vuestros hijos
como herencia para que les sirvan de por vida. En lo que respecta a tus
compatriotas, no serás un amo cruel. (Levítico 25:44-46)

Esta característica sólo se repetiría en la esclavitud británica, pues hasta en el


mundo árabe, donde la esclavitud alcanza altos grados de crueldad, no es siempre así.

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Pero entre los judíos, la secta de los esenios, que se desarrolló en la segunda
mitad del siglo II a.c., era contraria a la esclavitud, si bien la importancia de la secta en
mínima ya que el tiempo histórico de esta secta fue breve, sin que llegasen a ejercer
influencia real en el tratamiento de la cuestión.
Y como judíos nos permitimos identificar a los fenicios, que entran en la historia
en el siglo XIII a.C., y que desarrollaron un intenso tráfico de esclavos por el
Mediterráneo.
En lo tocante a Extremo Oriente, se tienen noticias de que en el siglo XI a.C.
Existía esclavitud en China, que conocía dos vertientes: la esclavitud pública, en la que
incurrían los prisioneros de guerra y aquellos que cometían algún delito, entre los que
primaba la falta al juramento de fidelidad al soberano, y la privada, sujeta al mercado,
en el que entraba de forma habitual la venta de niños, y sobre todo de niñas.
La ejecución del esclavo no tenía ninguna consecuencia hasta que un edicto del
siglo II la prohibió, como también prohibió la venta de niños, siendo que la orden, al
menos en lo tocante a la venta de niños, y conforme a la experiencia que hoy mismo
conocemos en lo tocante a adopciones, no parece que tuviese mucho éxito.
Ya en el siglo VIII a.C., y en Egipto, el rey Sabacon, de origen etíope, abolió la
pena de muerte, que fue sustituía por pena de esclavitud.
Y en el siglo VII a.C., relata Heródoto que los escitas, que tras veintiocho años
de ocupación de Mesopotamia fueron expulsados por los Medos, se encontraron al
llegar a su tierra, en la actual Rusia, que sus mujeres se habían unido a sus esclavos. El
ejército que sucumbió a los Medos no aceptó la situación sobrevenida y volvió a
someter a esclavitud a quienes habían ocupado su lugar durante su ausencia.
En el siglo VI a. C., algunos de los países conquistados por Darío I, rey de
Persia, pagaban un tributo en esclavos; así, los etíopes le enviaban, entre otras cosas,
cinco jóvenes cada tres años. Los pueblos de la Cólquida, que habitaban la parte oriental
del mar Negro, y otros que habitaban hasta el monte Cáucaso, cada cinco años le
regalaban 200 jóvenes, mitad hembras y mitad varones; y Babilonia y Asiria
contribuyeron también anualmente con 1.000 talentos de plata y 500 jóvenes eunucos.
También en el siglo VI a. C., Babilonia practicaba la esclavitud, siendo que
Nabucodonosor II, a la toma de Jerusalén en 587 a.C., sometió a esclavitud al pueblo de
Israel, que sería liberado por Ciro el año 538. Esa tradición se hunde en la historia,
siendo que en el siglo XVIII a.C. Fue proclamada una ley por el rey Hammurabi (el
conocido como código de Hammurabi), donde se reconocían ciertos derechos a los
esclavos. Así, en la ley 69 se conserva el siguiente texto:

Si un esclavo [o una esclava ..., que vuelvan] a su dueño; si [...] golpea [...],
que no vuelvan [a su dueño].

Y en la ley 119:

Si las deudas se apoderan de un hombre y tiene que vender a una esclava que
ya le haya dado hijos y el dueño de la esclava paga todo el dinero que le
había prestado el mercader, que redima a su esclava.

Aunque el código destaca por castigar con la muerte en un importante número de


supuestos, también prevé el sometimiento a esclavitud en otros, y reconoce la calidad de
herederos, en las mismas condiciones que a los otros hijos, a los hijos de esclava que
hubiesen sido reconocidos por el amo, y si no hubiesen sido reconocidos, a la muerte
del padre serían libres tanto la madre como los hijos. (leyes 170 y 171)

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Entre estos pueblos surge una rara, si no excepción, peculiaridad: Los medos,
cuyo imperio, el aqueménida, en el siglo V a.C. se extendía desde Egipto y Grecia hasta
Uzbekistán, tenían parcialmente prohibida la esclavitud, si bien los ejércitos que
vencían eran vendidos como tales.
Por su parte, en el siglo IV a.c., Ptolomeo I, general de Alejandro, a la muerte de
éste recibió Egipto, con jurisdicción sobre Palestina el año 323 a.C.. En el curso de su
reinado incrementó el esclavismo, al que fueron sumados muchos pueblos, entre ellos,
judíos. A su muerte, su hijo Ptolomeo II proclamó la libertad de los judíos.
Queremos, dice el edicto otorgado para el caso, que todos los judíos cogidos en
Siria, Fenicia y Judea por los soldados del difunto rey nuestro padre, y que fueron
traídos y vendidos en Egipto, como también aquellos que antes o después han sido
vendidos del mismo modo en nuestro reino, queden exentos de esclavitud.
Y esa libertad sería pagada por el Tesoro a los propietarios de los esclavos.
Que nuestros soldados, además de su sueldo, reciban de nuestro
Tesoro 120 dracmas por cada uno de esos esclavos que tuvieren en su
poder; y que nuestros tesoreros paguen igual rescate a los diferentes
amos que poseyeren otros, porque teniendo motivos para creer que el
haber traído los soldados a Egipto tan gran número de cautivos, ha
sido contra la voluntad del rey nuestro padre, contra toda especie de
equidad, y sólo por el deseo de aprovecharse de ellos; el amor a la
justicia y la compasión que se debe tener a los desgraciados, nos
obliga a poner en libertad a todos estos cautivos, después que se haya
pagado a sus amos el precio que hemos ordenado. Y como estamos
ciertos de que nuestra bondad es provechosa en esta ocasión, creemos
que nuestro actual edicto será ejecutado de buena fe; que tres días
después de su publicación, los poseedores de dichos esclavos presenten
una lista de ellos; y si algunos dejan de obedecernos, se les pueda
denunciar, confiscándoseles todos sus bienes en nuestro
provecho”.Este edicto fue ejecutado en siete días; y las 120 dracmas se
pagaron, no sólo por cada esclavo adulto, sino también por cada niño.
(Saco 1879: 40-41)
También en la India la esclavitud se hunde en la Historia. El Ramayana de
Valmiki, poema épico compuesto en el siglo III a.C., que forma parte de los textos
sagrados, habla de esclavas destinadas a los harenes; y de las 1.000 que adornadas de
collares de oro, regaló el rey de Videhars a las hijas del monarca Dusha-rutha.
Pero la práctica de la esclavitud en la India tiene raíces profundas y particulares;
así, la venta de los hijos por sus propios padres (y el sometimiento de las hijas a la
prostitución) era costumbre común y se justifica el hecho por las recurrentes hambrunas
que siempre han asolado ese territorio.
Sin embargo, el tráfico estaba prohibido para brahmanes y militares.
En lo tocante a la esclavitud en el mundo árabe, hay que señalar que recoge las
costumbres ancestrales, y la esclavitud es un hecho natural que se aplicaba en todas las
profesiones y en todos los estratos sociales, desde la labranza de la tierra hasta el
servicio de los reyes, sin dejar de lado el ejército, donde existieron cuerpos de gran
repercusión, como los mamelucos y los jenízaros, cuerpos militares de élite formados
por esclavos, donde un esclavo podía llegar a ser un general que mandaba sobre miles
de hombres, aunque seguía siendo esclavo.
Sin embargo no estaba permitido esclavizar a un musulmán, y eventualmente, un
esclavo que se convirtiese al Islam podía obtener la libertad.

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La adquisición de esclavos era un objetivo nada desdeñable, hasta el extremo
que tras la batalla de Badr (13 de marzo de 624) donde se produjo una muy importante
matanza, el propio Mahoma tuvo que intervenir a fin y efecto de que la misma no le
impidiese hacerse con esclavos.
Y los hechos nos demuestran que la sociedad árabe hacía mucho uso de la
esclavitud, a la que aplicaba sus particulares técnicas, como la castración, que se
aplicaba incluso a aquellos por los que tenían singular afición, como sucedía con los
negros.
No hay duda que ese es el motivo por el que en el mundo árabe, las poblaciones
negras son del interior de África, pero no de los territorios del norte. Ciertamente, dado
el intenso tráfico llevado a cabo por el Islam, si no hubiese existido esa práctica, el norte
de África y Oriente Medio serían hoy, sin lugar a dudas, más negro que árabe. Y es que,
estudiosos del tema estiman que entre el siglo VIII y el XIX los árabes sustrajeron de
África subsahariana y oriental entre ocho y doce millones de personas.
El comercio de personas africanas esclavizadas con las sociedades islámicas
del norte del Sahara y con otros puertos del Océano Índico se intensificó en el
siglo VII por la conquista árabe de África del Norte. Ocho siglos después, en
el XV, los árabes dominaban el comercio de esta región, incluyendo el de
personas esclavizadas por compra o por medio de razias, en las que se
capturaba a seres humanos sin mediar consideración alguna para ser
vendidos y muy seguramente utilizados en la milicia, la administración y el
servicio doméstico. (Velázquez 2012: 40)
Las rutas comerciales eran muy activas en el mercado de esclavos, pero no era
únicamente esa su función, ya que de norte a sur viajaban productos manufacturados
como tejidos y otros elementos escasos o inexistentes en el centro de África, de donde
se importaba, además de los esclavos, oro y otros minerales.
Esas rutas comerciales tenían una gran importancia, pues, además de atravesar el
desierto del Sahara de norte a sur, enlazaban El Cairo, Trípoli, y las demás ciudades
mediterráneas con el que era su principal centro de suministro, Mali, desde donde,
especialmente a partir del inicio de la trata atlántica, partían nuevas rutas hasta el
Atlántico, donde tomaban contacto con los traficantes europeos.
Pero esas rutas, si coincidieron con la trata atlántica, tenían mucho mayor
recorrido, ya que se venían utilizando desde los primeros años del Islam, desde Egipto a
Marruecos, y hasta los estados cristianos de la orilla septentrional del Mediterráneo.

Por el este, la primera ruta, pasando por Kawar, Fezzan y Zawilah,


transportaba sudaneses de Kanem-Bornú y de los países del Chad hasta
Barqah y Egipto, y la segunda, partiendo de Tombuctú y Gao, pasaba por
Tademeka para, tras una travesía que podía durar hasta 40 días, alcanzar
Gadames, Kairouán y Túnez. Por el oeste, otras dos rutas suministraban
esclavos a las regiones noroccidentales del continente africano. Saliendo de
Malí, de los países del alto Senegal o de Ghana, una de ellas se dirigía hacia
Awdaghost, Idjil, Zemmur y Tamedelt, o hacia Walata, Tagheza, Sijilmasa,
Marrakech, Fez y Tlemcén, mientras que la segunda, desde Gao, Tombuctú o
Djenné enlazaba con Tagheza por la vía de Toudemi (Armenteros 2012: 227)

Si eso sucedía por Occidente, en el siglo VIII había sido iniciada la presencia del
Islam en la India. El Sultán Firoze Shah Tughlaq fue un gobernante musulmán turco de
la dinastía Tughlaq, quien reinó en el Sultanato de Delhi desde 1351 hasta 1388, y
convirtió la ciudad en un enorme campo de esclavos. Tenía 100.000 esclavos y miles

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de esclavas sexuales en su harem; y el Mongol Islámico, el Emperador Shahjenan, tenía
15.000 esclavas y concubinas en su harem personal. Y en el siglo XI, miles de hombres
y mujeres hindúes fueron enviados a los mercados afganos islámicos de esclavos.
Y la caza de esclavos no se limitaba a los territorios de su influencia, sino que
hacían incursiones que se prolongaron a lo largo de los siglos, con acciones concretas
que adquirían carácter de espectacularidad, como los sucesivos asaltos a la costa de
Calabria, donde si en 1636 capturaron en un sólo asalto 700 esclavos, en 1639
capturaron más de mil... y 4000 en 1644, lo que ocasionó un despoblamiento de la
zona, que se retiró al interior.
Esta situación venía existiendo desde siempre, y con especial incidencia en
España, donde las incursiones de los cazadores de esclavos estaban apoyadas desde
tierra por la población morisca asentada en el litoral. Al respecto es de destacar, en la
actualidad, la situación de poblaciones que como Valencia o Castellón, tienen un barrio
alejado de la ciudad, el Grao. El origen de esta circunstancia procede precisamente de
esa situación de ataques imprevistos en los que, con la colaboración directa de los
moriscos, arribaban a las costas flotas esclavistas que se proveían de los naturales.
Fue ese, el motivo principal que movió a Felipe III a decretar la expulsión de los
moriscos, el 60% de los cuales se hallaba concentrado en la costa valenciana, el 8 de
Abril de 1609.
Y es que, a lo largo del siglo XVII, los piratas árabes operaron libremente tanto
en el Mediterráneo como en la costa Atlántica, llegando incluso a Londres para capturar
y asolar las ciudades costeras. En sólo tres años, desde 1606 hasta 1609, la armada
británica reconoció haber perdido a manos de los piratas árabes, no menos de 466
buques mercantes, varios de ellos cargados de esclavos blancos con destino a Virginia.

Entre 1600 y 1640, por ejemplo, los corsarios berberiscos capturaron más de
800 navíos ingleses e hicieron alrededor de 13.000 prisioneros. (Martínez
2008:217)

Y las incursiones, como queda señalado, eran muy exitosas, hasta el extremo que
los esclavos, que debían cargar con una pesada cadena atada al tobillo, eran tan
abundantes, y como consecuencia tan baratos, que con relativa frecuencia eran forzados
a trabajar hasta la muerte, ya que resultaba más barato comprar otro esclavo que
mantenerlo. Y es que dese mediados del siglo XVI hasta finales del XVIII hubo, con
casi total seguridad, cerca de millón y medio de europeos esclavizados por los
musulmanes.
Pero no todos los esclavos sufrían esos tratos. Algunos, aquellos por los que se
tenía cierta esperanza de obtener un rescate eran hasta bien tratados, aunque cuando el
rescate tardaba en llegar, algo bastante común, y no había lugar para ponerlos a trabajar,
no se les daba de comer.

Los mercados de cautivos más importantes del Mediterráneo musulmán de la


época eran los de Constantinopla, Quíos, Trípoli, Túnez, Tabarca, Argel,
Mogador, Tetuán, Marrakech, Safi y Salé. En lo concerniente al mercado de
cautivos de Salé, sabemos que en el período en que su puerto gozó de máxima
actividad, desde el primer tercio del siglo XVII hasta casi finales de la
centuria, llegaron a entrar hasta 1.500 cautivos europeos anuales (125 de
media mensual) que luego eran distribuidos a otros mercados del interior de
África, Egipto y Asia menor. (Martínez 2008:221)

El mercado de esclavos añadía más vejaciones a los esclavos.

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Los hombres están desnudos para que puedan ser observados desde todos los
ángulos, a la vez que tienen que realizar algunos ejercicios para resaltar sus
méritos. Las mujeres están cubiertas y cuando alguno quiere comprar una, la
trasladan a una casa cercana y la hacen desnudar para que el posible
comprador pueda comprobar la belleza de su cuerpo. (Barrio: 97)

Y para subsistir, los esclavos dependían en gran parte de la ayuda de las órdenes
religiosas destinadas a su rescate, los trinitarios (orden fundada en Italia en 1193), y los
mercedarios (fundada en España en 1203), que lograban rescatar un 4% de esclavos por
año.
En lo que respecta al comercio de esclavos a través del Océano Índico comenzó
al menos hace cuatro mil años y, al parecer, fue cuando cobró gran importancia de la
mano de la expansión musulmana, y se caracterizaba, en contraste con la trata atlántica,
en que la mayoría eran mujeres en edad reproductiva y especialmente valoradas por su
juventud y su voluptuosidad, siendo su destino el harem... pero también existía otro
sector no desdeñable de esclavos destinados a trabajos duros como minería o
agricultura... y para cualquier otro menester, como el ejército.
Es digno de destacar que, mientras en el siglo XIX, y como consecuencia de la
Revolución Industrial, para la que la esclavitud tradicional resultaba anti económica, se
había decretado la supresión de la esclavitud en el mundo atlántico, no sucedía lo
mismo en Oriente, que había perdido el tren del desarrollismo y se encontraba
supeditado a la industria de Inglaterra. En este tiempo, y mientras Inglaterra poblaba
Australia y Nueva Zelanda de esclavos ingleses, se desarrollaba a pleno rendimiento la
trata árabe.
Es en este momento cuando Tuwaini ibn Said, heredero al sultanato de Omán, y
enfrentado a su hermano Majid Ibn Said, se instaló en Zanzíbar, dominio de Omán
desde 1698, en su lucha por el trono. A partir de este momento, la principal fuente de
ingresos de Zanzíbar sería la exportación de esclavos y de marfil, convirtiéndose la isla
en el principal centro negrero que atendía el comercio del Índico, y todo con la anuencia
de Inglaterra, principal cliente del marfil, que en 1897 acabaron convirtiendo el
sultanato en protectorado.
La esclavitud siguió vigente en el mundo árabe, y con carácter de libre ejercicio
en Arabia Saudita hasta 1960, cuando, como contrapartida al permiso que precisaban
para la constitución de la OPEP, el rey Saud ben Abd al-Aziz accedió al ruego de John
Fitzgerald Kennedy en ese sentido, y procedió a su abolición.
Pero no fue Arabia Saudita la única que mantuvo la esclavitud hasta el siglo XX.
Así, Afganistán la abolió en 1923; Irak en 1924; Nepal en 1926; Persia en 1929... y
Mauritania en 1980.
Respecto al África subsahariana, India, China, Japón y el Sudeste Asiático, hay
que tener en cuenta que también utilizaron la esclavitud desde siempre... y con
variantes. Así, en época tan temprana como el siglo XVI, Toyotomi Hideyoshi, el que
es conocido como el unificador de Japón, la suprimió en 1590, si bien desde 1603 hasta
1868, espacio conocido como periodo Edo, condenaban a esclavitud a los familiares de
los condenados a muerte.
Por lo que respecta a África, desde siempre existió la esclavitud doméstica, y por
lo que llevamos relatado, todo señala que, sobre todo el tráfico esclavista significó,
desde tiempo inmemorial, un capítulo de vital importancia para la economía de la
generalidad de reinos que, lógicamente también debieron emplear la mano de obra
esclava en su propio servicio.

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En toda la Costa de Oro la esclavitud estaba presente. Y en años posteriores,
exactamente a finales del siglo XVIII, sabemos que las tres cuartas partes de
la población del Sahel sudanés era esclava, y gracias a dicha población
esclava, el transporte de mercancías mediante caravanas, estaría asegurado.
(García, L. 1976: 3)

Y los esclavistas africanos, si con los traficantes negreros europeos desarrollaron


una actividad frenética en la captura y suministro, lo hicieron con un método que
escapaba a la voluntad de aquellos, que compraban, no lo que querían, sino lo que les
era ofrecido.
Así, con dificultad era atendida la demanda de mujeres, que si en la trata
atlántica hasta mediados del siglo XVII no representaba un problema significativo
atendiendo el volumen de la trata y la integración social que a los pocos años era
accesible al esclavo, a partir de ese momento, y en los grandes centros de recepción y
reclusión de esclavos británicos, holandeses, y en menor entidad franceses, suecos y
alemanes, donde el trato era radicalmente distinto, se requerían mujeres, siempre con
poco éxito, con la idea de instalación de granjas de crianza.
Pero a los esclavistas africanos tampoco les preocupaba la cuestión, y valoraban
más las esclavas, que tenían mayor predicamento en el mercado esclavista interno y
eran demandadas muy especialmente por los traficantes árabes, quienes al cabo
mostraban un mayor interés por ellas.
Poco parecía importar a los esclavistas negros el destino de los esclavos que
suministraban, y poco por tanto debía importarles la baja proporción de mujeres que
suministraban, el trato o el destino de su mercancía.
De hecho, llevaban siglos traficando con el mundo árabe, al que le servían
ingente cantidad de esclavos, siendo que se produjo un tráfico de esclavas muy
importante.
Sin embargo, se ha extendido la idea que señala a los traficantes de incitar
guerras intestinas al objeto de que el vencedor suministrase a los vencidos como
esclavos, pero si el traficante es merecedor de todos los desprecios, no es justo añadirle
culpas que no tiene, y es que los traficantes no tenían capacidad para fomentar guerras
que posibilitasen la captura de esclavos, ya que el control de sus factorías no pasaba de
las vallas de las mismas.
Eran los traficantes africanos los que, ávidos de los productos manufacturados,
del hierro, de las armas, del tabaco, de chucherías varias que les llegaban desde las
factorías negreras, se ufanaban en servir cuantos esclavos les eran demandados... y más.
Pero además, hay que señalar que, a pesar de esas chucherías, los esclavistas
negros no eran engañados; sabían lo que vendían y conocían su valor; las chucherías
eran un bien de consumo más, que tenía el valor que tenía.

Una cuestión que hay que desmitificar son los pretendidos


intercambios ventajosos para los mercaderes europeos. Hoy sabemos
que el mercado africano estaba bajo el control de comerciantes
profesionales y que eran muy exigentes en cuanto a la calidad y
cantidad de las mercancías tratadas. Los esclavos se intercambiaban,
como hemos dicho, por tejidos y productos metálicos, es decir, por
mercancías muy costosas. (García Fuentes 1976: 5)

Al respecto, Elikia M'Bokolo, historiador congoleño, señala:

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En Gabón y en Loango las sociedades costeras, núcleos fundamentales de
estas redes mercantiles, se organizaron de manera sumamente jerarquizada
en función de la participación de sus miembros en la trata. Las relaciones
basadas en el parentesco, primordiales en las sociedades africanas de linaje,
se fueron transformando progresivamente en relaciones basadas en la fortuna
adquirida gracias a este comercio, que llegó así a determinar el lugar que
correspondía a los individuos en la sociedad. (M'Bokolo: 9)

Y el mismo autor señala que en el delta del Níger existían oráculos que
determinaban quienes debían ser vendidos, de donde se deduce que los esclavos no
procedían siempre del resultado de una guerra tribal, sino que era la propia tribu la que,
de manera pacífica, designaba a aquellos miembros que debían ser sometidos a
esclavitud.
Una situación que, si no significaba necesariamente que los designados fuesen a
ser exportados, mantenía en régimen de esclavitud a importantes porcentajes de la
población, siendo que, a finales del siglo XVIII, en un territorio concreto como el Sahel
de Sudán, estaba esclavizada las tres cuartas partes de la población.
Esa situación puede darnos algo de luz sobre el escalofriante número de esclavos
negros que fueron sacados de África con destino a América, muy especialmente entre
mediado del siglo XVII y el siglo XIX... pero no debemos quedarnos sólo con ese dato,
sino que debemos completarlo con que, en ese mismo periodo no fue menor el número
de esclavos que, de raza negra, transitaron por el mundo árabe y por el Índico. Luego
están los de las otras razas.
Y tampoco debemos echar en el olvido la actuación llevada por los esclavistas
una vez declarada ilegal en el hemisferio occidental.

La ciudad de Lieja (Bélgica) se convirtió en uno de los centros


internacionales de la industria siderúrgica de recuperación de donde se
proveían tratantes tan importantes como Tippu Tip, árabe mestizado que
traficaba con esclavos entre Zanzíbar y el Alto Congo que es donde le
encontró Stanley, convenciéndole para que trabajase para Leopoldo II,
propietario personal del paradójicamente llamado “Estado Libre del
Congo”, y nombrándole gobernador de la provincia de Stanley Falls. (García
Cantús 2008: 63)

Leopoldo II de Bélgica fue el fundador y único propietario del Estado Libre del
Congo, y sometió a esclavitud a su población, a la que dedicó a la explotación de los
recursos naturales de forma similar a la utilizada por Inglaterra en Sierra Leona cuando
descubrió la existencia de ingentes cantidades de diamantes en un territorio inhóspito al
que había confinado a los esclavos negros residentes en Inglaterra.
Y de la esclavitud en Australia y Nueva Zelanda antes de la conformada por
naturales de Inglaterra, la esclavitud entre los aborígenes, es difícil encontrar algún dato,
si es que acaso existe, ya que la población aborigen fue llevada al punto de la extinción
y quedó hasta mediado el siglo XX como fauna local susceptible de ser cazada.
La verdad es que, al hablar de la esclavitud acostumbra a meterse en el mismo
saco a los europeos en su conjunto, y eso es radicalmente injusto por dos motivos: no
todos los europeos han participado del mismo modo, y hay diferencias constatables
abismales... ni por supuesto han sido sólo los europeos los protagonistas de la trata, ni
tampoco por supuesto han sido los europeos los más implicados.
Y esa aseveración no es partidista, porque, si geográficamente el que suscribe es
europeo, políticamente se niega a serlo.

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¿Quiénes han sido, así, los más implicados?... probablemente el mundo árabe.
Pero eso, es lo menos importante. Lo importante es la filosofía de la vida, el concepto
de libertad, y en eso, da igual el número. Lo que importa es el trato, porque tampoco la
esclavitud es el problema, sino por encima de ella aquello que entendemos por
humanidad, porque la esclavitud, al fin, no es más que un medio de producción arcaico,
y seguramente hoy, en nuestra sociedad, hay un mayor porcentaje de libres que ya
quisieran para sí la esclavitud de muchos esclavos en la Roma, en la Grecia clásicas, o
en la España americana del siglo XVI.

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http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/TestimonioAFRO-INACCSS%281%29.pdf
Visita 17-9-2017

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