Está en la página 1de 66

2 L DE LEGIBILIDAD

La capacidad de nuestros ojos es sorprendente, si bien en la vista,


como en todas las funciones de percepción, hay algo de ilusorio y mu-
cho de adivinación. La lectura, al ser la más grande de nuestras haza-
ñas cognitivas, nos exige llevar las capacidades fisiológicas al límite.
Todavía hay muchas lagunas en la fisiología y psicología de la lectura,
pero un repaso de esta maravillosa proeza nos llevará a descubrir prin-
cipios básicos de nuestra naturaleza y comportamiento. En esta obra
evocaremos una y otra vez dos de los principios fundamentales: uno
es que nuestro cerebro es una máquina de hacer pronósticos, y el otro,
que se pasa la vida ahorrando energía. De hecho —y tendremos oca-
sión de ver esto más adelante—, ambos fundamentos están íntima-
mente relacionados, ya que la adivinación es una estrategia para aho-
rrar energía.
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

La visión

La impresión visual es el producto de dos mecanismos: la reacción


de las células del ojo ante la luz, es decir, la recopilación de impresio-
nes fotoquímicas, y una interpretación mental de lo que percibimos.
En ese segundo proceso —la interpretación— solemos sentir que he-
mos captado más de lo que pasó frente a nuestros ojos. Esto se debe a

23
Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
24 Diseño, co municación y neurocienci a s

que el cerebro se vale de mecanismos de adivinación para relacionarse


con el entorno. Se trata de pronósticos muy importantes que no solo
nos ayudan a interpretar las señales y, en consecuencia, a prevenir pe-
ligros y prever oportunidades, sino también a ahorrar energía. Por
ejemplo, tenemos la impresión de que podemos ver perfectamente
una amplia parte de lo que llamamos campo visual, cuando, en reali-
dad, la fisiología de nuestros ojos es tal que estos solo pueden enfocar
con nitidez una pequeña fracción.
Nuestros fotorreceptores, es decir, las células sensibles a la luz que
tenemos en la retina, son neuronas capaces de activarse ante los estí-
mulos luminosos: reaccionan químicamente y en diversas intensida-
des ante fotones de luz visible. La retina es una membrana que cubre,
por dentro, la parte posterior del globo ocular. Los fotorreceptores
que la componen son neuronas de dos clases distintas, y su distribu-
ción no es homogénea. Unos, los conos, están mayormente empaca-
dos en el centro, integrando una red semejante a un panal, y son los
encargados de la visión nítida y el color. Por el otro lado están los bas-
tones, neuronas extremadamente sensibles a la luz, las cuales no dis-
tinguen colores y están situadas, sobre todo, en la periferia. Como ve-
remos enseguida, de la composición heterogénea de estas neuronas
dependen diversas funciones de la visión.
Comencemos con los bastones, que son, con mucho, los fotorre-
ceptores más abundantes. Tenemos entre noventa y cien millones de
ellos en cada ojo, y entre cuatro y medio y seis millones de conos. Es
decir, hay unos veinte bastones por cada cono. La sensibilidad de estas
células es tan aguda, que, según se dice, podrían detectar el impacto
de un solo fotón. Nos ayudan a ver en penumbra (los científicos, que
tienen nombres cultos para todo, llaman a esto visión escotópica) y nos
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

alertan ante cualquier cosa que se mueva a nuestro alrededor. Estas


células no nos proporcionan una visión nítida ni mucho menos, pero
sí nos dan información suficiente para ayudarnos a sortear un obs-
táculo o una amenaza. Mediante los bastones vemos la primera luz
del día, y, si estamos buscando la salida de una cueva, es gracias a ellos
que tenemos la impresión de que en algún sitio, quizás indetermina-
do, hay una fuente luminosa y, en consecuencia, la salvación. De los
bastones, pues, no podemos esperar datos precisos; más bien, infor-
mación vital en su forma más primitiva.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 25

Los conos, en cambio, están densamente empacados en el centro


de la retina, sobre todo, en la mácula, dentro de una minúscula cavi-
dad de 0,2 mm de diámetro llamada fóvea centralis o, para abreviar,
simplemente fóvea. Reaccionan con mayor rapidez que los bastones,
pero se activan solo ante emisiones de decenas o cientos de fotones
y en regiones específicas del espectro (en palabras científicas, esto es
encargarse de la visión fotópica). Así, algunos conos están «sintoni-
zados» para detectar longitudes de onda largas (rojos a amarillos);
otros, para las medias (amarillos a azules), y otros, para las cortas
(azules a violetas). Es esta especialización lo que nos permite distin-
guir los colores. De hecho, la falta o el deterioro de algunos conos
especializados es lo que se conoce como daltonismo: la acromatopsia,
es decir, la incapacidad para distinguir los colores, o las tres formas de
dicromasia: la protanopía, la deuteranopía y la tritanopía, que son las
ausencias de fotorreceptores sensibles al rojo, al verde y al azul, res-
pectivamente.
Curiosamente, las mujeres están mejor dotadas que los hombres
para distinguir tonalidades. No solo hay muy poco daltonismo entre
ellas, sino que en algunas —una de cada diez, aparentemente— se ha
detectado tetracromismo, es decir, una mutación genética que las ha
dotado de cuatro grupos de conos. Esta condición permite, en teoría,
diferenciar matices delicadísimos. Sin embargo, la capacidad de las
mujeres con tetracromismo había pasado inadvertida hasta hace poco,
y esto lo podría explicar el hecho de que carecemos de un lenguaje su-
ficientemente amplio como para comunicar las diferencias de gama.
Y es muy probable que nuestra falta de competencia comunicativa
encubra también otras formas de hipersensibilidad.
Otra diferencia importante entre las neuronas del centro de la reti-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

na —el eje óptico— y las de la periferia es la llamada convergencia neu-


ronal. Hay células sensibles —tanto de la vista como de otros senti-
dos— que se conectan con neuronas del cerebro en una relación uno
a uno. Otras, en cambio, constituyen conglomerados que se conectan
en conjunto a una célula integradora. La función de esta célula inte-
gradora es llevar al cerebro la suma de las percepciones del grupo,
pero, en todo caso, se trata de un dato singular, una especie de prome-
dio. En otras palabras, si cinco conos consecutivos del centro de la
fóvea detectan la presencia de una línea, el cerebro recibirá cinco da-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
26 Diseño, co municación y neurocienci a s

Figura 1. Esquema del ojo.

tos independientes de intensidad luminosa y orientación, con lo que


podrá averiguar, quizás, de qué objeto se trata. Por el contrario, si este
mismo estímulo llega a cinco fotorreceptores que están conectados a
una misma célula integradora, el cerebro comprenderá que hay un
oscurecimiento en cierta parte del campo visual, pero no podrá saber
nada más.
La única zona de la retina capaz de percibir las cosas con nitidez es
la fóvea, y aun hay que resaltar que apenas una pequeña fracción de
ese de por sí diminuto conglomerado de células es capaz de distinguir
las cosas detalladamente. A un grado del centro del campo visual, la
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

agudeza cae a la mitad, y si nos alejamos ocho grados, la pérdida de


definición es casi del setenta por ciento. En otras palabras, toda la in-
formación visual significativa que recogemos en cada mirada cabe en
una circunferencia de dos grados de diámetro. A un metro de distan-
cia, esos dos grados son apenas 17,5 mm.
En resumen, y como dije antes, el ojo nos muestra un diminuto
círculo de alta definición rodeado de imágenes que se van haciendo
indefectiblemente borrosas conforme se alejan del punto central.
Entonces, ¿por qué tenemos la impresión de que todo a nuestro alre-
dedor se ve con nitidez? Entre los factores que permiten ese virtuoso

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 27

fenómeno mencionaremos tres: los movimientos del ojo, la memoria


de corto plazo y, de nuevo, la adivinación.

Los movimientos del ojo

Hacia finales del siglo xix, el francés Louis Émile Javal (1839-1907)
descubrió que los ojos no se mueven de forma continua, como se
daba por sentado, sino a saltitos. En el caso de la lectura, los ojos se
detienen un instante —alrededor de un cuarto de segundo— en un
punto determinado y vuelan a otro. En esos pequeños intervalos de
percepción aguda, llamados fijaciones, extraemos información de los
objetos que caen dentro del campo de alta definición. Este campo
suele ser tan reducido, que apenas caben unos cuatro o cinco caracte-
res, dependiendo de factores como el tamaño de la letra, la distancia
de lectura, la nitidez del impreso, la iluminación, la habilidad del lec-
tor y más. Al mismo tiempo, los fotorreceptores cercanos al centro de
la fóvea, aun con su visión un tanto borrosa, exploran más allá del
punto de fijación para entrever lo que sigue, y el cerebro aprovecha
esos datos para programar el destino del siguiente brinco.
Los saltos del ojo entre un punto y otro son conocidos como saca-
das, nombre que les dio el propio Javal. La voz francesa saccade literal-
mente significa ‘sacudida’ y se refiere, entre otras cosas, al movimiento
de la flama de una vela. Conviene recordar esta imagen, porque la os-
cilación nerviosa del fuego ilustra bien la forma en que nuestros ojos
se agitan al explorar el entorno. (Como dato curioso, estos movimien-
tos son los más rápidos que puede producir un ser humano.) Durante
las sacadas y poco antes de que estas comiencen, el ojo queda ciego,
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

de manera que la visión sucede solo mientras el ojo está quieto. Ahora
bien, como una sacada dura tan solo de dos a tres centésimas de se-
gundo, estos saltitos, en conjunto, no suelen consumir más de un diez
por ciento del tiempo de lectura.
Tanto las sacadas como las fijaciones cambian de duración y ex-
tensión de acuerdo con la tarea. Keith Rayner y Monica S. Castelha-
no (2008) nos informan de que en la lectura silenciosa la duración de
las fijaciones va de los 225 ms a los 250 ms, mientras que en la que se
hace en voz alta va de los 275 ms a los 325 ms. En la percepción de un
escenario —añaden—, fijamos los ojos en duraciones que van de los

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
28 Diseño, co municación y neurocienci a s

260 ms a los 330 ms, pero las fijaciones son más cortas en la búsqueda
visual: de los 180 ms a los 275 ms. Las sacadas en la lectura silenciosa
son saltos de unos dos grados, mientras que en la lectura en voz alta se
reducen a un grado y medio. En la exploración de las escenas, si bien
los ojos se detienen por más tiempo, los saltos sacádicos son extensos:
cuatro grados. Finalmente, la búsqueda visual implica sacadas de unos
tres grados.
En otras investigaciones se ha medido que los textos complejos
exigen fijaciones más prolongadas y sacadas más cortas que la litera-
tura recreativa sencilla. También se ha constatado que la composición
tipográfica tiene un efecto en el esfuerzo que se exige al lector. El pro-
lífico estudioso de la legibilidad Miles A. Tinker descubrió que las
fijaciones en la literatura fácil consumían un 90,4 % del tiempo si se
leía en silencio y 93,9 % si se leía en voz alta; que la prosa narrativa fácil
exige menos tiempo en fijaciones si se compone en líneas de 19 picas
(91,9 %) o 40 picas (91,5 %) que en estrechas columnas de 9 picas
(93,6 %), y que los problemas de álgebra con fórmulas demandan una
dedicación del 94,7 % a las fijaciones (Gibson y Levin, 1975, p. 355).
Los movimientos del ojo son indispensables para que tengamos la
ilusión de una vista precisa de campo amplio. En realidad, nos propor-
cionan las piezas de un rompecabezas que se forma con unos pocos
atisbos de alta definición y se ensambla, sobre todo, entre imágenes
gradualmente difusas y algunas zonas ciegas. De modo que explora-
mos solo ciertos puntos relevantes de cada escena y, aun así, la exigua
información queda organizada en el cerebro con total eficacia.
Hay que decir, también, que los movimientos del ojo están ligados
a nuestra atención. Rayner y Castelhano (2008) aseveran que «A me-
nudo se asume que podemos mover nuestra atención para enfocarla
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

en un objeto mientras nuestros ojos se fijan en otro. Aunque la aten-


ción y el enfoque ocular puedan desacoplarse en operaciones muy
simples, en otras tareas —como la lectura, la percepción de escenas
y la búsqueda visual—, la atención encubierta y la ostensible (la posi-
ción exacta de los ojos) están firmemente conectadas». De hecho,
aunque podemos disociar la atención del enfoque ocular, es una labor
que exige un esfuerzo consciente y que, por lo general, dura poco.
Todavía no está claro qué procesos mentales nos llevan a decidir
dónde poner la vista. Las investigaciones han demostrado que nos
basamos en los datos difusos que están más allá del punto de fijación:

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 29

cosas como los espacios entre las palabras, si se trata de la lectura; al-
guna anomalía o punto de interés, si se trata de una escena, o un obje-
to curioso, si se trata de una búsqueda. La decisión se toma mientras
los ojos están fijos, puesto que no hay manera de reorientarlos en caso
de que, por ejemplo, el objetivo cambie a media sacada. Al respecto,
Rayner y Castelhano (2008) dicen que «Un punto importante acerca
de los movimientos oculares es que son más o menos balísticos. Una
vez que comienzan, es difícil, si no imposible, cambiar su trayectoria.
Además, como se trata de evoluciones motoras, toma tiempo planear
y ejecutar una sacada». Las escenas son exploradas en forma muy
idiosincrásica: los puntos de interés cambian señaladamente de acuer-
do con los códigos de cada perceptor. Es lógico, por lo tanto, que el
cerebro programe los movimientos sacádicos basándose en sus proce-
sos de inferencia (o adivinatorios, si se prefiere). Es una cuestión de
probabilidades.

La memoria visual de corto plazo

En nuestra relación con los estímulos visuales del entorno, maneja-


mos tres formas de memoria: la icónica, la de corto plazo y la de largo
plazo. La primera es la más breve de todas. Tiene, al menos, dos com-
ponentes: la persistencia visual y la persistencia informativa. La per-
sistencia visual es extremadamente breve. Dura lo suficiente para que
podamos ver el cine y la televisión como si fueran movimientos con-
tinuos, y no una secuencia de fotogramas parpadeantes en rápida su-
cesión. Se calcula que, en promedio, dura unos 150 ms, aunque este
tiempo varía en proporción inversa a la exposición y luminosidad del
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

estímulo. En otras palabras, mientras más nítido y luminoso sea el es-


tímulo, y mientras más tiempo permanezca expuesto, más breve será
la persistencia visual. La persistencia informativa es un recuerdo que
dura un poco más, pero no es visible, por más que su naturaleza sea
visual. Se trata, en realidad, de una versión codificada de la imagen.
En contraste con la persistencia visual, la informativa dura más mien-
tras más larga es la exposición al estímulo, pues con el paso del tiempo
extraemos una mayor cantidad de datos significativos.
Según algunas investigaciones recientes, la función de la memoria
icónica es poco importante en el asunto por el que la hemos traído

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
30 Diseño, co municación y neurocienci a s

aquí, es decir, en la impresión de que la imagen del entorno es algo


bien definido, continuo y claramente perceptible. Se ha comprobado
que se borra con cada movimiento sacádico y con cada parpadeo. No
sería posible, entonces, crear un mosaico coherente con solo este
recurso. Pero la memoria icónica tiene, al menos, dos contribuciones
fundamentales para nuestros intereses: una es que nos permite fijar
imágenes —textos, particularmente— aun en tiempos de exposición
extremadamente breves, con lo que la lectura se hace posible; la otra
es ayudarnos, mediante la persistencia informativa, a construir un re-
cuerdo más macizo, que es la memoria visual de corto plazo. Esta últi-
ma es el verdadero aglutinante de las fijaciones. La persistencia infor-
mativa impulsa dentro de nuestra memoria visual de corto plazo los
recuerdos simbólicos que configuran el escenario, y con estos recuer-
dos tenemos la impresión de que vemos una escena amplia, bien defi-
nida, rica en detalles. Es también un recurso muy limitado, pero tiene
la ventaja de que dura varios segundos y no se desvanece automática-
mente con la entrada de un nuevo estímulo. Más adelante hablaremos
de esos recuerdos simbólicos y de cómo nos ayudan a relacionarnos
con el ambiente y ahorrar energía.

Adivinación

La retina se conecta con el cerebro a través del nervio óptico. En


este punto de empalme se unen los axones de las células ganglionares
de la retina y convergen los vasos sanguíneos que irrigan al ojo; pero
no hay neuronas fotosensibles. Por esa razón, se le conoce como punto
ciego (fig. 1). No solemos darnos cuenta de su existencia, ya que la fal-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

ta de información en un ojo se suple con los datos que surte el otro.


Además, el cerebro también se vale de la memoria visual de corto pla-
zo para llenar huecos.
El punto ciego es tan solo un ejemplo de fácil experimentación para
constatar que nuestro cerebro adivina cosas. Construimos hipótesis
sobre lo percibido y, para comprobar la veracidad de nuestras presun-
ciones, preparamos y ejecutamos nuevos actos de percebimiento. En
palabras de John J. Ratey (2002):

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 31

La fóvea ve con absoluta claridad solo una porción minúscula


de la escena: pedacitos de las formas, porciones de curvas, seg-
mentos de bordes y partes de los colores. […] El cerebro predi-
ce las formas definitivas a partir de los fragmentos que la fóvea
percibe.
[…]
La necesidad del cerebro de predecir, para llenar los espacios
entre los segmentos de las imágenes que vemos, es también la ra-
zón de que seamos propensos a las ilusiones ópticas. Tenemos la
impresión de que vemos algo que no está porque los indicios ac-
tivan nuestros modelos de predicción para decirnos que sí está.
[…] Todo el tiempo estamos completando la información vi-
sual. Cada uno de nosotros tiene un punto ciego en el campo
visual, puesto que en el sitio donde el nervio óptico se encuentra
con la retina no hay bastones ni conos. No vemos con ninguno
de los ojos en un área extensa. El hecho de que tengamos dos
ojos y, por ende, visión binocular, suple esta falta. Sin embargo,
si usted se cubre un ojo, no verá frente a usted una escena con un
hoyo en medio, puesto que nuestro cerebro llena este punto cie-
go y lo hace muy bien. También completamos detalles y patro-
nes todo el tiempo; cuando descubrimos a nuestro perro detrás
de una celosía, no vemos solo partes del perro, sino que tenemos
una experiencia visual completa.

Acuidad visual
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

Un ojo emétrope, esto es, sin anomalías oftálmicas, tiene una capa-
cidad sorprendente. En condiciones ideales de luminosidad, contraste
y transparencia atmosférica, puede distinguir un objeto si este oscu-
rece tan solo un uno por ciento la luz que recibe un cono, siempre y
cuando los conos vecinos sigan recibiendo una imagen sin variacio-
nes. Esto significa que el fotorreceptor puede distinguir la presencia
de algo que subtienda un ángulo de un segundo de arco (se reconoce
un límite extremo de alrededor de 0,5 s).
Para ilustrar esta potencia, hagamos un ejercicio imaginario: metá-
monos en un laboratorio perfectamente controlado en luminosidad

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
32 Diseño, co municación y neurocienci a s

y transparencia del aire. En una pared blanca, tracemos con tinta ne-
gra una recta vertical de un milímetro de anchura por unos veinte cen-
tímetros de altura. Ahora caminemos de espaldas, con los ojos fijos en
la línea, hasta perderla de vista. ¿Qué extensión debe tener el laborato-
rio para que el experimento sea posible, para que llegue el momento
en que la línea se desvanezca de nuestro campo visual? Si se trata de
ojos con conos capaces de detectar el oscurecimiento que genera una
línea de un segundo de arco, esa distancia es fabulosa: ¡203 metros!
Ahora bien, si nos fuéramos al extremo de los 0,5 s, necesitaríamos un
laboratorio de más de cuatrocientos metros de longitud.
En una ocasión, un estudiante me dijo que no creía que eso fuera
posible. Como estábamos en una universidad de Río de Janeiro, le
sugerí que se asomara por una ventana y fijara sus ojos en los cables
del teleférico del Pan de Azúcar, el espectacular morro que se levanta
sobre la bahía de Guanabara. A pesar de que nos encontrábamos a
4,8 km de la caseta del teleférico, los cables se veían con claridad.
Aquello no fue una prueba métrica de acuidad visual, toda vez que
desconozco los diámetros de esos cables, pero es sorprendente cómo
nuestros ojos son capaces de distinguir algo considerablemente me-
nor que un puño a través de casi cinco kilómetros de aire de ciudad
cargado de humedad marina.
Volviendo con nuestro experimento imaginario, si pusiéramos a un
paciente a 200 m de distancia de una línea de 1 mm de ancho, este no
podría decirnos qué clase de objeto o estímulo está impresionando su
campo visual; tan solo podría decir que hay una cosa orientada verti-
cal u horizontalmente. La verdad, este alarde extremo de capacidad
visual tiene poco sentido práctico, de modo que se han desarrollado
otros conceptos y formas para entender los límites de la agudeza vi-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

sual; por ejemplo, la acuidad de Vernier y la acuidad visual ordinaria.


Para valorar la acuidad de Vernier se presenta al paciente una línea
recta que, en realidad, está formada por dos segmentos. Uno de los
segmentos se desplaza gradualmente hacia un lado hasta que el sujeto
declara que percibe un quiebre. Por lo común, esto sucede cuando las
líneas se han apartado de dos a siete segundos de arco.
En la medición de la acuidad visual ordinaria, en cambio, lo que se
busca es precisar la distancia mínima entre rectas paralelas, es decir, el
punto en que se ven dos líneas, en vez de una. La importancia de este
experimento se intuye a la luz del siguiente diagrama:

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 33

Figura 2. Distribución de los estímulos entre los fotorreceptores.

En la figura 2 hay cuatro fotorreceptores que observan otras tantas


líneas: los estímulos A, B, C y D. Entre los dos primeros (A y B) hay
una separación de apenas 16ԣ de arco, así que ambos son detectados
por un solo fotorreceptor (F1). Recordemos que el espesor medio de
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

un cono es de unos treinta segundos. La línea C, en cambio, es detec-


tada por la neurona F2. Hasta aquí, lo que el sujeto puede distinguir es
un ligero oscurecimiento en F1 y F2 que se hace más intenso hacia la
neurona F1, pero carece de información para reconocer que hay más
de una línea. Ahora bien, entre los estímulos C y D hay una distancia
de 40°, de modo que tenemos un fotorreceptor F3 que no percibe
nada. Aquí el ojo sí tiene información suficiente para discernir la pre-
sencia de dos líneas distintas: A + B + C por un lado y D por el otro.
En resumen, un sujeto puede distinguir dos rectas paralelas si entre
ellas media una separación de entre treinta y sesenta segundos de

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
34 Diseño, co municación y neurocienci a s

Figura 3. Gráfica de Snellen


(Wikimedia Commons).

arco. A una distancia de lectura de 40 cm, este intervalo va de los 58 a


los 116 micrómetros, es decir, entre media y una décima de milímetro.
La acuidad visual ordinaria es lo que el optometrista mide cuando
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

alguien acude a un examen de la vista. Frente a los ojos del paciente


coloca una gráfica de Snellen (fig. 3), que es un cartel con letras de di-
ferentes tamaños. A cada renglón de la gráfica se asocia una medida
expresada en forma de quebrado con un 20 o un 6 en el numerador,
dependiendo del sistema métrico que se use en la localidad. En el sis-
tema imperial o angloamericano, estas fracciones son 20/200, 20/100, 20/70,
20/50, etcétera. Las letras (en optometría se llaman optotipos) están di-
bujadas de modo que todos los trazos tienen el mismo grosor. Cada
signo tiene, en total, una altura equivalente a cinco trazos. El renglón
de referencia es el 8, marcado como 20/20 (6/6 en el sistema internacio-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 35

nal). Los signos de ese renglón miden cinco minutos de altura, así que
cada una de sus líneas tiene un espesor de un minuto. Si el paciente
puede leer sin problemas estos optotipos, se dice que tiene una vista
20/20 o 6/6, lo cual significa que ve a 20 pies (6 m) lo que a 20 pies debe
verse. En cambio, si puede leer bien el renglón 9, se dice que su visión
es 20/15, es decir, que a 20 pies distingue lo que una persona con vista
normal tendría que ver a 15 pies.
Se ha establecido convencionalmente, pues, que la potencia 20/20 es
signo de una agudeza visual normal; en consecuencia, no se prescri-
ben anteojos correctivos a pacientes que tienen esa capacidad. Sin em-
bargo, una vista sin ametropías suele ser un poco mejor, toda vez que
nuestros ojos tienen la capacidad físico-biológica de distinguir trazos
de medio minuto de arco.
En la práctica, lo que sabemos de la acuidad visual puede aplicarse
a todos los letreros. Es obvio que los rasgos de menos de un minuto
de espesor estarán por debajo de lo que puede exigirse a un ojo nor-
mal, y, aunque abunden las personas capaces de verlos sin ayudas of-
talmológicas, representan una demanda inmoderada para la mayoría
de los perceptores. A una distancia de diez metros, un minuto de arco
abre casi tres milímetros, por lo que cualquier detalle (el asta de una
letra, digamos) que tenga un espesor menor a 3 mm estará teórica-
mente por debajo de lo visible. Para ilustrar esto con un ejemplo fácil-
mente identificable, estaríamos hablando de un tipo Arial de, diga-
mos, 110 pt.
El reconocimiento de las letras no depende de que todos los rasgos
sean visibles en toda su extensión, por lo que una Arial de 72 pt sería
razonablemente legible a esa distancia. En separaciones de cientos de
metros, como sucede con algunos letreros de carretera, las letras tie-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

nen que ser muy grandes. A 300 m, por ejemplo, los caracteres Arial
deberían crecer unas treinta veces, hasta los 2160 pt, que equivalen a
unos 76 cm. Ahora bien, cualquier letra que esté en el límite de la ca-
pacidad visual tendrá muy pocas posibilidades de lograr el éxito en el
hipercompetido mundo de la comunicación.
En condiciones ideales, procuraremos que las amplitudes de los
rasgos de las letras estén bien por encima de los límites de la acuidad
ordinaria. Deben tener, cuando menos, un minuto (1Ԣ) de arco en sus
rasgos más finos, sin contar los remates, terminales, ciertos ápices y
cosas por el estilo.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
36 Diseño, co municación y neurocienci a s

La percepción

Aunque nuestros ojos son prodigiosos, no son los mejores del rei-
no animal. Los halcones, por ejemplo, al igual que otras aves rapaces,
tienen ojos notablemente mejores que los nuestros en funciones de
enfoque, ampliación de imágenes y recepción de luz. Algunas aves
incluso tienen una segunda fóvea para la visión periférica. Lo que nos
hace excepcionales es la enorme complejidad que podemos alcanzar
en los niveles cognitivos superiores.
La percepción es un proceso continuo: comienza con actos reflejos
primitivos (sensación) y termina con comparaciones y juicios com-
plejos (cognición), donde participan la memoria y el pensamiento ac-
tivo. Los actos primitivos exigen un gasto mínimo de energía bioquí-
mica, tanto en cantidad de recursos como en tiempo. Al avanzar en la
escalada perceptiva, exigimos aumentos geométricos en el consumo.
Ahora bien, como Naturaleza es muy avara y no admite el menor
derroche de energía, una vez que el individuo está satisfecho (incons-
cientemente) con la información obtenida, el acto perceptivo se inte-
rrumpe. En otras palabras, percibimos tan solo lo que nos incumbe en
nuestro intento de relacionarnos exitosamente con el entorno.
En una forma muy esquemática, podemos decir que la información
se extrae de los objetos percibidos en calidad de piezas elementales.
Si una silla pasa por nuestro campo visual durante unas cuantas milé-
simas de segundo, la vemos, quizás, como un simple volumen, que se-
ría la manifestación primordial de un obstáculo, es decir, de algo que
debemos esquivar para la preservación de nuestra salud. Si fijamos la
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

atención en ese obstáculo durante otras cuantas décimas de segundo,


a nuestro archivo cerebral llegarán, sin concierto ni organización, cua-
tro líneas verticales, dos largas y dos cortas, y un par de superficies
rectangulares. En conjunto, estos datos se descifran en el archivo men-
tal como «es un objeto, y es más probable que se trate de una silla que
de otra cosa».
Los psicólogos distinguen entre ‘sensación’ y ‘percepción’. La fron-
tera entre ambos conceptos es un poco difusa, pero, en términos ge-
nerales, se dice que la sensación es una experiencia rudimentaria pro-
ducida por estímulos muy simples y aislados, mientras que, en el acto

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 37

de percepción, los estímulos —las sensaciones— se organizan, inter-


pretan e integran. La diferencia no está en la intensidad del estímulo,
sino en lo que hacemos con él.
La percepción visual completa comienza con la detección de un
cambio en la luminosidad del entorno y llega hasta la identificación y
manipulación de las formas. El proceso puede describirse en una se-
cuencia de cinco etapas, según lo explican Forgus y Melamed (1999,
págs. 29-30):

a) Detección del estímulo.


b) Discriminación de la radiación, la figura y la orientación como
aspectos separados del fondo.
c) Resolución de los detalles que dan lugar a una figura determi-
nada.
d) Identificación y reconocimiento de la forma.
e) Manipulación de la forma.

Detección

La manifestación más simple de la percepción visual es la detección


de un cambio en la luminosidad. En el extremo, esto se reduciría sim-
plemente al descubrimiento de una alteración luminosa. Como diji-
mos al principio de este capítulo al hablar de los bastones, si estuvié-
semos en una cueva totalmente oscura, esta función nos permitiría
notar la existencia de una fuente luminosa aunque no podamos enten-
der dónde se origina.
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

En última instancia, se trata de una discriminación entre un nivel


de luminosidad y otro. Nuestros cerebros están condicionados para
percibir diferencias comparativas, no para distinguir valores absolu-
tos, hasta el grado en que la total homogeneidad del campo visual lle-
ga a causar ceguera temporal y alucinaciones. Se han hecho una multi-
tud de experimentos con campos visuales homogéneos, como los de
Wolfgang Metzger, quien en los años treinta fuera pionero en estas in-
vestigaciones. Metzger exponía a sus pacientes a un ganzfeld, es decir,
un campo perfectamente uniforme en luminosidad y color. Sin infor-
mación externa que procesar, el cerebro del sujeto amplifica el ruido

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
38 Diseño, co municación y neurocienci a s

de fondo de su propio cerebro en busca de señales diferenciadas. Si


no hay nada que ver, el flujo de información visual cesa —lo que
induce una ceguera aparente—, y el paciente recurre entonces a imá-
genes incitadas por el mismo ruido, las que a menudo se le revelan
como alucinaciones. Este tipo de fenómenos no son exclusivos de los
laboratorios de investigación: los han sufrido mineros que, por un
accidente, han quedado atrapados durante mucho tiempo en galerías
totalmente a oscuras, así como exploradores del ártico que han queda-
do expuestos a campos blancos homogéneos.
Un programa o reflejo integrado es algo no aprendido, como la respi-
ración, la succión del neonato al sentir el pezón de su madre y muchos
otros actos de supervivencia. En algunos casos, el mecanismo que ge-
nera un acto instintivo puede ser tan simple como una discriminación
de luminosidad o color. A principios de los cincuenta, Nikolaas Tin-
bergen y A. C. Perdeck demostraron que las crías de gaviota buscan
alimentos en el pico de la madre mediante un programa integrado:
«El estímulo disparador (que provoca invariablemente la respuesta
de picoteo integrada) es un área roja que resalta sobre un fondo ama-
rillo» (Forgus y Melamed, 1999, pág. 10). De modo que la simple de-
tección del estímulo se basa en reflejos como estos y, en general, sirve
a ellos. No hay experiencia figurativa. La discriminación del brillo es
la forma más natural de percepción, y el brillo es la señal dominante.
Por cierto, que el brillo sea la señal dominante es un dato esencial para
los diseñadores gráficos. Si en un momento dado debemos decidir en-
tre usar el brillo, el color o la forma para señalar o destacar un objeto,
recordemos que el recurso más poderoso es el primero.
La pura detección del estímulo nos da información elemental, pero
a veces no necesitamos más. Imaginemos que vamos por una carretera
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

al atardecer y el sol se cuela de lado entre los árboles. De reojo, per-


cibimos destellos, cambios intermitentes de luz a sombra; pero, en
cuanto hemos comprendido el significado de esos cambios, en cuanto
nos hemos percatado de que no representan peligros ni oportunida-
des, dejamos de ocuparnos de ellos. Con el oído sucede algo semejan-
te: descubrimos que hemos estado oyendo el ronroneo de un motor
en cuanto este se apaga.
Tras detectar una confusa vislumbre dentro de una caverna, move-
mos la cabeza en busca de la fuente luminosa. Quizás solo los hiper-
sensibles bastones pueden notar el cambio, así que de nada sirve que

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 39

tratemos de localizar la fuente con el centro de la mirada, donde están


concentrados los conos. Además, si la luz fuese homogénea, no po-
dríamos descubrir ninguna segregación; pero, tratándose de la salida,
en algún momento notaremos que en cierto cuadrante hay una zona
un poco más luminosa. Nos aproximamos a esa región de mayor in-
tensidad hasta ver un contorno difuso, quizás una mancha de luz con
forma de arco. En ese momento podemos decir que en nuestro campo
visual hay «algo», no un simple cambio en la energía lumínica. Esta-
mos en la segunda etapa de la percepción visual.
La mayoría de nuestras visiones y audiciones se quedan en estas
dos etapas y pasan completamente inadvertidas para nuestro cons-
ciente. Ahí se desvanecen millones de objetos y mensajes cada día,
cosas que el cerebro descarta como insustanciales, a tal grado que ni
siquiera se ocupa de identificarlas. Por ejemplo, cada día orientamos
nuestros ojos unas cien mil veces, y, no obstante, en pocas de esas fija-
ciones adquirimos información significativa. Sentimos la presencia de
objetos por los cuatro costados, pero solo ponemos la atención en
aquellos que incitan a nuestros instintos básicos: supervivencia y re-
producción, o sea, los que nos preservan como individuos y como
especie.
La percepción no es un acto con etapas diferenciadas, sino un con-
tinuo que va creciendo en complejidad y gasto bioquímico. Es difícil
clasificar la tercera fase, pues está en un punto indefinido entre la de-
tección y la identificación. Para pasar de la detección a la identifica-
ción se necesita un acto intermedio al que Ulric Neisser llamó proceso
preparatorio. Según Forgus y Melamed (1999, pág. 291), hay dos tareas
que parecen intervenir en la atención:
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

La primera es la identificación, la cual requiere de la visión


foveal; la otra se refiere a una decisión acerca de la dirección del
siguiente movimiento ocular, dependiendo de la información
localizada en la periferia. Neisser (1967) señala una manera de
comprender lo que sucede cuando cambiamos de la visión peri-
férica a la central. Indica que un objeto no puede identificarse
hasta que no se separe primero de un fondo. Este proceso [pre-
paratorio] es general y permite que la figura se enfoque de modo
que sus rasgos puedan ser analizados a partir de características
más específicas. Cuando la figura se ha segregado, puede ocurrir

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
40 Diseño, co municación y neurocienci a s

la atención focal, usualmente, mediante un cambio en la posi-


ción de los ojos. El proceso preparatorio produce la visión focal.
Durante la atención preparatoria una parte del campo se separa
en una figura, mientras que durante la atención focal esta figura
se analiza en busca de sus rasgos informativos específicos.

La información esencial está en los contornos. Como veremos un


poco más adelante, hay dos teorías: una dice que el perceptor distin-
gue las formas por sus rasgos, la otra, que usa modelos o referencias
para comparar formas —por lo que recurre a la memoria por primera
vez—. Según algunos autores, los dos sistemas pueden ser comple-
mentarios. El umbral de discriminación de la forma es proporcional
a la razón entre el perímetro y el área. En otras palabras, mientras más
complejo es el perímetro para un área determinada, más alto es el um-
bral. La conclusión es que las formas de perímetro simple son más fá-
ciles de identificar.
Nuestro cerebro, debido al prurito ahorrador de energía, reduce in-
cluso los perímetros intrincados a sus formas más simples. Podemos
hablar de ángulos: un contorno complejo es aquel en que las líneas
cambian de dirección una y otra vez. El reconocimiento total de un
contorno así nos obligaría a resolver muchos vértices, pero, si no tene-
mos necesidad de hacer semejante esfuerzo, el cerebro simplifica la
forma y elimina los ángulos:

En otro estudio significativo, Bitterman, Krauskopf y Hoch-


berg (1954) demostraron que los tipos de error que cometen los
sujetos en la identificación de formas son selectivos, y parecen
estar relacionados con los ángulos. Los investigadores adaptaron
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

a la oscuridad a ciertos sujetos durante 10 minutos y luego les


mostraron figuras geométricas, cada una de las cuales se ilumina-
ba durante medio segundo. Los errores típicos en la identifica-
ción de estas figuras eran de la siguiente clase: a un cuadrado se
le confundía con un círculo, al triángulo se le nombraba círculo,
una cruz era una estrella, una X un cuadrado, etc. Por lo común,
el círculo se identificaba correctamente. Resulta significativo que
bajo estas condiciones limitantes, las formas completas […] se
simplificaran, es decir, se convierten [sic] en un círculo o en una
forma con menos ángulos. Esto se relaciona con los resultados

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 41

obtenidos por Hochberg, Gleitman y MacBride (1948) y [por]


Krauskopf, Duryea y Bitterman (1954) en el sentido de que hay
un umbral más elevado para las formas visuales de figuras que
tienen relaciones superiores entre el perímetro y el área que las
que tienen relaciones inferiores. (Forgus y Melamed, 1999,
pág. 37.)

Identificación

En este paso gradual por las cinco etapas de la percepción es difícil


distinguir entre el momento en que reconocemos una forma y el mo-
mento en que la identificamos. Esto está en torno a las etapas 2 y 4.
Reconocerla es relacionarla con algo familiar, mientras que identificarla
es poder nombrarla y describirla. En todas las etapas de esta fase supe-
rior se necesita una visión foveal y comparar esa imagen con datos que
tenemos almacenados en el cerebro. De hecho, este uso de la memoria
es lo que marca la verdadera diferencia entre las etapas de detección y
las de identificación.
El proceso preparatorio comienza con la comprensión de que la
figura tiene un contorno y nos lleva hasta el examen de ese perímetro
con la fóvea. Esta exploración demanda diferentes grados de esfuerzo,
dependiendo del objeto de que se trate. Por ejemplo, cuando una per-
sona intenta determinar la identidad de otra, dos tercios de sus movi-
mientos oculares van a la nariz, la barbilla, las manos, los ojos y la par-
te posterior de la cabeza (Forgus y Melamed, 1999, pág. 239). También
se ha descubierto que lo importante en este tipo de análisis no son las
formas mismas, sino las relaciones geométricas que los rasgos guardan
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

entre sí.
De hecho, se usan dos teorías o modelos para explicar cómo identi-
ficamos las cosas. Originalmente se creía que distinguíamos los obje-
tos a través de la igualación de patrones; esto es, comparando lo perci-
bido con esquemas almacenados en la memoria. Así, la identificación
de una persona sería un acto semejante a montar una fotografía sobre
otra a fin de evaluar cuán análogos son las superficies y los contornos
de ambas. Al respecto, Forgus y Melamed citan algunos argumentos;
por ejemplo, este:

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
42 Diseño, co municación y neurocienci a s

Sutherland (1973) ha observado diversos aspectos del recono-


cimiento del patrón en los seres humanos y en los animales que
cualquier teoría del reconocimiento o del dispositivo de simula-
ción tendría que explicar. Tales factores incluyen el ser capaz de
reconocer una forma como única aunque la magnitud del estí-
mulo y localización retiniana puedan variar de una prueba a otra.
Algunos otros aspectos sutiles son el que ciertas rotaciones de
una forma no se tratan como equivalentes a la original; que cier-
tas formas se confunden con más facilidad que otras; que las
figuras ambiguas pueden verse de distintos modos y que la re-
dundancia de las formas se usa para reconocerlas. (Forgus y Me-
lamed, 1999, pág. 280.)

Y este:

Un argumento que puede plantearse en contra de la hipótesis


de que la abstracción de rasgos directos mediante las células cor-
ticales sea el proceso fundamental en el reconocimiento de pa-
trón es la importancia de la organización total del estímulo para
determinar la respuesta del sujeto. Recuérdese el papel central
de la organización figurativa en la teoría gestaltista de la percep-
ción, la cual establece que ciertos procesos corticales innatos
operaban para producir la forma ‘óptima’, dados los aspectos
estructurales del estímulo. Una figura buena u ‘óptima’ por lo co-
mún tenía una cantidad mínima de irregularidades, muchos ras-
gos redundantes o repetidos y era simétrica. Los ejemplos de
procesos gestaltistas de las experiencias perceptivas cotidianas
son muy numerosos. Considérese cuántas veces olvidamos apli-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

car correctamente el artículo el cuando se presenta dos veces su-


cesivas en una oración. No observamos tales irregularidades,
pero los profesores de gramática sí lo notan. (Forgus y Melamed,
1999, pág. 284.)

En las primeras tres etapas —detección del estímulo, discrimina-


ción de la figura y resolución de los detalles— el proceso es práctica-
mente automático. Hasta ese punto, dos personas expuestas al mismo
estímulo tendrán respuestas semejantes. Además, los bastones pueden
—y suelen— encargarse de estas tareas, y, debido a sus problemas de

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 43

convergencia y enfoque, no son capaces de revelar más que bosquejos.


Al reojo, una sombra grande puede ser un oso, un camión o una nave
espacial. La experiencia del sujeto, pues, no mejora la calidad del acto
de percepción hasta que comienzan las últimas dos etapas (las fovea-
nas): la identificación y la manipulación del objeto. Por otra parte, la
acumulación de modelos mentales, obtenidos en las percepciones co-
tidianas, hace que el individuo sea cada vez más eficiente y preciso en
su interpretación del entorno.
En la cuarta etapa, la memoria busca semejanzas entre el objeto y
otros datos ya almacenados, hasta lograr su identificación. En la quin-
ta, el pensamiento hace juicios basados en situaciones previas donde
el perceptor se enfrentó con un estímulo semejante, para decidir cuál
debe ser su actitud frente al objeto percibido. Naturalmente, en este
nivel influyen la inteligencia y todos los códigos que el sujeto se ha
formado en su interacción con el mundo: educación familiar y formal,
actitudes, intereses, experiencias, hábitos…
Es obvio que desde el reflejo integrado de la primera etapa hasta
la manipulación final del objeto hay un formidable aumento en el
gasto bioquímico. Al respecto, Forgus y Melamed (1999, págs. 33-34)
escriben:

Bridgen (1933) dirigió un experimento en el cual extendió los


niveles de energía hacia las etapas superiores hasta que se experi-
mentó la percepción de una forma modelada. Con ayuda de un
taquistoscopio descubrió que la diferenciación general de figura-
fondo terminaba a los 10 milisegundos (nivel 2). A esto seguía la
discriminación inexacta de la forma, entre un quinto y dos se-
gundos (nivel 3). La etapa final terminaba en la diferenciación
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

más perfecta de formas entre los cuatro y los 13 segundos (nivel


4). De esta manera, parece que la evolución gradual desde un
campo homogéneo hasta una figura-fondo inestable, una figura
más diferenciada y la percepción final del patrón ocurre en dura-
ciones temporales de 10 milisegundos a 13 segundos. Estos tiem-
pos son válidos por lo menos bajo las condiciones utilizadas en
el experimento, las cuales, en general, consistían en la exposición
de luces o formas débiles de intensidad constante a sujetos pre-
viamente adaptados a la oscuridad.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
44 Diseño, co municación y neurocienci a s

Con todo, en experimentos recientes se ha demostrado que necesi-


tamos tan poco como 40 ms para extraer la información primaria de
una escena. De hecho, se afirma que la primera fijación nos basta para
descubrir lo imprescindible y que las siguientes sirven solo para aña-
dir detalles.
Si la manipulación de la forma nos exige varias fijaciones a lo largo
del contorno, un análisis de las relaciones geométricas entre los rasgos
y una larga lista de idas y venidas a las diferentes memorias, es lógico
que nuestros cuerpos se nieguen a pagar semejante costo si no es a
cambio de un beneficio sustancial. De todos los actos de percebimien-
to, son unos cuantos los que llegan hasta las etapas finales.
Todo esto nos debe persuadir de usar imágenes complejas en anun-
cios que van a estar expuestos a ambientes altamente competitivos.
Las fotografías e ilustraciones ricas en información, los textos largos
y los arreglos gráficos de muchos elementos demandan una energía
excesiva.

La lectura

No tengo ninguna duda de que la lectura de inmersión, esos largos


ratos en que perdemos la conciencia de que estamos leyendo, es la
proeza más compleja que puede lograr cualquier criatura sobre el pla-
neta. No por nada pasamos día tras día, durante años y años, entre-
nándonos para alcanzar un pasadero nivel de destreza. La lectura de
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

inmersión es, digamos, el súmmum, pero, en cuanto a la habilidad


para leer, hay una amplia gama de categorías: desde niños y adultos
que comienzan a entrenarse, hasta los más experimentados devorado-
res de bibliotecas. No obstante, a la distancia y tras una extensa prácti-
ca, la tarea de leer nos parece mucho más fácil de lo que es en realidad.
Hemos visto ya algo sobre la forma en que nuestros ojos exploran
el entorno. Pues bien, la lectura comienza con una fijación de donde
se extrae un número muy limitado de datos duros: digamos que los
suficientes para identificar tres, cuatro o cinco letras. Adicionalmente,
registramos otros datos nebulosos más allá del punto de fijación; pe-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 45

Figura 4. En este estudio de seguimiento de ojos se muestran los puntos de fijación.


El tiempo que el lector dedicó a cada uno está indicado con el tamaño de la circunferencia
(Wikimedia Commons).

culiaridades, como la presencia de un espacio (una frontera entre pa-


labras), una mayúscula, un guion o alguna irregularidad. Gracias a los
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

descubrimientos más recientes, ahora sabemos que el procesamiento


lingüístico de hecho puede comenzar unos 60 ms antes de que la pala-
bra sea fijada (Pieters y Wedel, 2008). Esto se conoce como ventaja de
la vista previa.
El cerebro, basado en esta información fragmentaria, programa un
nuevo salto sacádico para llevar los ojos a otro punto del texto. Ese
sitio no suele estar inmediatamente después del que se acaba de ex-
plorar, sino varios caracteres más allá, de modo que hay una buena
cantidad de letras que escapan a nuestra vista de alta definición. Rara
vez nos detenemos en partículas conectivas (artículos, preposiciones,

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
46 Diseño, co municación y neurocienci a s

conjunciones) y ciertas palabras de pocas letras; buscamos, más bien,


las voces más significativas: sustantivos, verbos, adjetivos, adverbios.
Si tomamos en cuenta que los ojos no son capaces de ver durante
las sacadas, entenderemos que en el viaje de un punto de fijación al si-
guiente se pierden caracteres que nunca son explorados. El cerebro va
entonces adivinando cadenas de letras y palabras enteras e hilvana en-
tendimientos hipotéticos. Con los datos obtenidos en la siguiente
fijación, refuerza el valor de las hipótesis más probables y descarta las
más improbables. Después de un número de fijaciones, termina op-
tando por el significado que obtuvo más excitación (estímulos neuro-
nales positivos) y menos inhibición (estímulos neuronales negativos).
Si en algún momento detecta que la información está incompleta y no
encuentra significado en las expresiones hipotéticas, el cerebro exige
a los ojos dar un salto atrás. En estos saltos, llamados regresiones, cote-
jamos lo ya visto o recogemos información nueva.
A todos nos ha sucedido que, durante la lectura, llegamos a un pun-
to en que la frase no tiene sentido o parece contradecir la tesis que se
ha venido sosteniendo. A menudo esto se debe a que hemos pasado
por alto una de esas partículas conectivas; una negación, por ejemplo.
Para ilustrar este fenómeno, vuelva a la primera oración de este párra-
fo y léala de nuevo, pero sáltese deliberadamente el no de «en que la
frase no tiene sentido». Verá que no hay manera de sacar de esa ora-
ción alterada un valor lógico acorde con el tema que estamos tratando.
Llegados al final de un período así, lo natural es que echemos atrás,
pero no en una regresión simple, sino en un nivel más alto de con-
ciencia.
Los correctores, incluso los cibernéticos, conocen de sobra ciertos
errores típicos: preposiciones, conjunciones o artículos duplicados,
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

letras invertidas (p. ej.: al por la), conectivos omitidos, parónimos


(palabras semejantes en su escritura, pero distintas en significado,
como caballo y cabello, callado y cayado)… En su muy peculiar y pro-
fesional forma de leer, están mejor adaptados para detectar estas posi-
bles zancadillas que a nosotros, lectores típicos, se nos cuelan a me-
nudo. De hecho, cabe pensar que muchas veces nos hemos saltado
palabras y, aun habiendo adivinado mal, nos hemos quedado tan cam-
pantes. Mientras el período parezca tener sentido y no desentone con
el contexto, nunca nos percataremos de que lo hemos malinterpre-
tado.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 47

Esto no debe suceder en ciertas formas de comunicación. En el


caso de los mensajes publicitarios, la exposición suele ser brevísima
para cada perceptor, dado que los anuncios compiten entre sí animo-
samente por el favor de la masa. ¡Un publicista no puede poner en
riesgo el breve momento en que por fin consigue la atención de al-
guien! Pensemos, por ejemplo, en un anuncio que se valiera del refrán
Agua que no has de deber… alterado, como acabo de escribirlo, en una
de sus letras. Quizás usted, amable lector, aun siendo atento, acaba de
pasar por alto la paronimia: deber por beber. Por más tentadora que re-
sulte la ocurrencia de modificar así el refrán para, digamos, promover
el uso responsable del agua, el publicista tendría que considerar el
riesgo de que los apurados lectores completen la frase sin leerla del
todo, y que, en consecuencia, pierdan su sustancia. Algunos podrían
incluso transitar decenas de veces por enfrente del anuncio sin perca-
tarse de una paronimia deliberada.
De las investigaciones de un fabricante de alimentos, he sabido que
el comprador promedio invierte 2,5 s en la elección de sus productos
(y que más del sesenta por ciento de las decisiones de compra se to-
man dentro de la tienda). Si una fijación dura al menos un cuarto de
segundo, en dos segundos y medio el cliente tiene tiempo para hacer
menos de seis fijaciones (recordemos que las sacadas también con-
sumen tiempo). En esos seis golpes de vista, el comprador tiene que
encontrar el producto, identificarlo plenamente y verificar si sus carac-
terísticas han cambiado de manera significativa desde la última vez
que lo adquirió. ¡Esto nos debe decir algo sobre la manera de organi-
zar la información en un envase!
Si ya hemos dicho que el examen de las palabras es complicado y,
como todos los actos de percebimiento, está sujeto a las predicciones
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

del cerebro a partir de informes parciales, algo muy semejante debe-


mos decir de la exploración de las letras. De ellas vemos su geometría
elemental, y lo más probable es que descartemos del todo la informa-
ción irrelevante, como pueden ser los remates, terminales, astas re-
dundantes y ciertos ornamentos. Vemos cada letra como un grupo
de líneas más o menos organizadas. Esto es una forma de lo que los
psicólogos llaman percepción por rasgos distintivos:

Otros experimentos que comprueban [la] interpretación de


rasgos distintivos debida a los Gibson son los […] de Anne Pick

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
48 Diseño, co municación y neurocienci a s

y el de Gibson, Schapiro y Yonas (1968). En el último experi-


mento se usaron dos conjuntos de nueve letras como una prue-
ba, y el criterio consistió en la cantidad de tiempo que cada suje-
to necesitaba para afirmar si dos letras presentadas
simultáneamente eran iguales o distintas. Los sujetos eran adul-
tos y niños de 7 años.
Los resultados indicaron que el tiempo necesario para afirmar
que dos letras eran distintas dependía de los rasgos distintivos
que compartían ambas letras. Así, aquellas que tenían orienta-
ciones similares de líneas, como horizontal y vertical, necesita-
ban más tiempo para ser discriminadas que las letras con orien-
taciones diferentes, por ejemplo, vertical y horizontal en una
letra, como la G, y diagonal en otras letras, como la W. Los adul-
tos tardaban 571 ms en promedio para responder y decir que p y r
eran letras distintas, pero solo 458 ms para decir que G y W eran
diferentes. Los tiempos de reacción para los niños, aunque eran
más largos, también demostraban un amplio rango de variación,
lo cual dependía de los rasgos afines o extraños entre las letras.
Los datos se sometieron además a un análisis de conjunto
para determinar si los tiempos de reacción tenían relación casual
con el concepto de rasgo distintivo. Este análisis reveló que cier-
tos rasgos clave eran esenciales para determinar qué letras se
agrupaban juntas. Estos rasgos eran los siguientes: líneas abiertas
o cerradas; líneas curvas contra rectas, diagonalidad; líneas hori-
zontales contra verticales, e intersección. Además, estos rasgos
distintivos ejercían una influencia mucho más importante para
discriminar qué letras eran diferentes que para decir cuáles eran
iguales. En general, los juicios de «igualdad» requerían menos
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

tiempo que los juicios de diferencia, y los juicios de «igualdad»,


para unos pares, eran confiablemente más cortos que los juicios
de igualdad para otros pares. Gibson y sus colaboradores conclu-
yeron que, en algunos casos, los juicios de igualdad se basan en
una percepción directa de la repetición sin un análisis de rasgos
distintivos. (Forgus y Melamed, 1999, pág. 257.)

Por ejemplo, al observar una i detectamos una línea vertical y un


punto. En este caso no hay duda de que se trata de la letra i, pero ¿qué
sucede cuando vemos una línea vertical larga que lleva adosado un se-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 49

Figura 5. Aun en rótulos cuidadosamente escritos y copiando, los niños a menudo tra-
zan letras invertidas, sobre todo, horizontalmente, como la Y, la J y la G de estos ejemplos.

micírculo? Hay, por lo menos, cuatro letras que pueden describirse


así: b, d, p, q. Según mis observaciones, las cuatro son equivalentes,
de modo que, hasta cierto nivel de percepción, lo mismo da una b que
una d. De hecho, quienes están aprendiendo a leer pasan mucho tiem-
po trazando signos invertidos horizontalmente , así como
confundiendo aquellos de los cuales uno es imagen especular del otro
(p, q). ¿Acaso no sería más natural que confundiéramos aquellos cu-
yos dibujos comparten mayores superficies (l, i)? Necesitamos, pues,
datos adicionales para decidir de qué signo se trata, y estos nos los
pueden proporcionar el contexto y otras letras de la propia palabra.
En general, nos basta con esto, con las adivinanzas naturales del cere-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

bro; sin embargo, cuando estas no pueden aclarar el enigma, tenemos


que recurrir a la discriminación espacial: juzgar cuál es el lado derecho
del signo y cuál su lado izquierdo, pero esto es un trabajo mucho más
complicado. Para entender cuán ardua puede ser esta apreciación y
reconocer el gran esfuerzo y consumo de energía bioquímica que exi-
ge, recuerde las dificultades que los niños —e, inclusive, muchos adul-
tos— enfrentan para relacionar, por ejemplo, la palabra izquierdo con
el pie izquierdo.
Seguramente tenemos conjuntos de neuronas, núcleos o conexio-
nes que se activan cuando:

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
50 Diseño, co municación y neurocienci a s

— detectamos una línea recta;


— detectamos un semicírculo;
— lo visto es vertical;
— los objetos están adosados el uno al otro;
— el contexto dice que una b ahí tendría sentido;
—…

De la misma manera, hay neuronas o conexiones que reciben inhi-


bición para los noes como para todo lo que no está presente en el
campo visual.
Hasta hace poco tiempo se creía que los lectores aprendíamos a
reconocer en un solo golpe de vista, progresivamente, letras, sílabas,
palabras y —en un alto nivel de pericia— hasta frases enteras. Inclu-
sive, podemos citar a Adrian Frutiger, uno de los más connotados ti-
pógrafos y pensadores del diseño gráfico, quien al respecto dice (1994,
pág. 116):

Es de observar que[,] con el empleo progresivo de la escritu-


ra, los diferentes signos de un alfabeto dado han experimentado
un proceso de acomodación o igualación que confiere a las pala-
bras, líneas y páginas un aspecto unitario conjunto. Esta aproxi-
mación de las distintas formas literales [supongo que el traduc-
tor quiso decir «de letras»] no ha determinado necesariamente
una merma de legibilidad, puesto que con el hábito de la lectura
se deja de deletrear el escrito para captar en [su lugar] la imagen
conjunta que constituye la palabra; y esto hasta el punto de que
con una sola mirada se captan incluso extensas porciones de la
frase. El ordenamiento de los signos se hace, pues, texturiforme,
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

de suerte que lo material y el espaciado, valga decir, hilos y tra-


ma, configuran una especie de «tejido» legible.

Nos parece natural suponer que la lectura se consigue a través de


esta clase de reconocimiento de alto nivel. De la misma manera, se
suele suponer que los ascendentes, descendentes, tildes y demás ras-
gos de los caracteres añaden sus pequeñas cuotas en la construcción
de un perfil distintivo para cada palabra. Sin embargo, las investigacio-
nes han llevado a rechazar estos modelos lineales y a adoptar el de la
lectura en paralelo. Esto significa que son varios los caracteres que se

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 51

procesan simultáneamente, trazo por trazo, y se integran a través de


mecanismos probabilísticos.
Cada vez que vemos una palabra, identificamos los signos y los ba-
rajamos hasta encontrar significados. Por ejemplo, si en nuestro cam-
po visual aparece la secuencia saldo, en el cerebro se dispararán cade-
nas como salto, lado, lados, sal, caldo, alto, lodos y más, puesto que
todas estas voces tienen algo en común con la secuencia enfocada.
Sin embargo, las palabras que se forman exactamente con las cinco le-
tras de saldo, como lados, reciben en conjunto más activación y menos
inhibición. El resto del trabajo lo hace el contexto, y si esto no resulta-
ra suficiente para desambiguar (a fin de cuentas, los significados de las
palabras saldo y lados tienen muy poco en común), sería posible llevar
la exploración visual hasta el punto de extraer datos acerca del modo
en que las letras están ordenadas. La organización espacial de una le-
tra —es decir, su geometría lateral y su posición en la palabra— solo
es explorada si vale la pena el elevado consumo que ese acto exige.
Cabe esperar que, en la mayoría de nuestros actos de percebimiento,
sea un sinsentido el registrar de qué lado está cada cosa que vemos, oí-
mos o tocamos. En la mayoría de nuestras relaciones con el mundo,
que algo esté a la izquierda o a la derecha es irrelevante.

Letreros en la calle

La publicidad —los medios visuales, en general— está sometida a


condiciones técnicas y ambientales que casi siempre son adversas para
la lectura. Es absurdo asumir que los perceptores estarán siempre en
condiciones de alcanzar niveles de acuidad ordinaria. Según Gerald
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

Westheimer (Moses y Hart, 1987, pág. 423), «Debido a que todos los
elementos ópticos, anatómicos y fisiológicos están desempeñándose
al máximo de su capacidad cuando un sujeto exhibe lo que llamamos
agudeza visual ordinaria, una disminución en las funciones de cual-
quiera de los elementos constitutivos se manifestará en una reducción
de la acuidad. La lista de los factores que influencian la agudeza visual
son legión». Esos numerosísimos componentes que actúan en perjui-
cio de la percepción normal pueden ser ambientales, fisiológicos y
psicológicos. Solo para efectos de persuasión, hagamos una lista que,
desde luego, estará lejos de ser exhaustiva:

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
52 Diseño, co municación y neurocienci a s

Ambientales: Falta o exceso de luz, ya sea del espectro total


(oscuridad natural) o de una parte de él (lo que daría al objeto
una coloración anormal); interposición de gases (neblina y
humos), de edificios, muros, vehículos, personas, vegetación
u otras cosas cualesquiera; excesivo ruido de fondo; falta de dife-
renciación con respecto al ruido de fondo; movimientos de los
objetos; distancia, contraste, reflectancia, perspectiva y ángulo
visual.
Fisiológicos: Ametropías, es decir, defectos de refracción en
el ojo y excentricidades retinianas, incluyendo la presbicia; mo-
vimientos oculares (sacadas); fatiga; enfermedades oftalmológi-
cas, tales como el glaucoma, la queratitis, la ceguera, las catara-
tas, problemas del nervio óptico, estrabismo, nistagmo, ceguera
nocturna, daltonismo.
Psicológicos: Estrés, depresión, desinterés, ignorancia, indo-
lencia, analfabetismo, incompatibilidad de códigos, represión
sexual, inapetencia, experiencias previas desagradables.

Las personas y situaciones que participan en un acto de comunica-


ción estadísticamente normal suelen estar afectadas por muchos de
estos factores. Por ejemplo, la incidencia de ciertos padecimientos
oftálmicos, como las ametropías, es tal que, en algunas naciones, la
mitad de la población usa anteojos correctivos —es el caso de los Es-
tados Unidos—. Tomemos en cuenta también que, con la edad, todos
estamos expuestos al deterioro de nuestra capacidad para enfocar. En
aquellos lugares y entre aquellos grupos sociales donde la esperanza
de vida supera los ochenta años, si un individuo ha aprendido a leer
con soltura en torno a los ocho, estará usando lentes para vista cansa-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

da a los cuarenta y cinco, más o menos; por lo tanto, usará lentes du-
rante la mitad de su vida como lector.
La lectura de la publicidad callejera está entonces condicionada,
limitada, reducida y muchas veces cercenada. Las carteleras especta-
culares pretenden llamar nuestra atención al oscurecer, mientras con-
ducimos un automóvil a ochenta kilómetros por hora, sostenemos
una conversación telefónica, escuchamos las noticias de la radio y
pensamos en nuestros problemas. Y tratan de hacerlo, además, dispa-
rando sus lemas entre un fárrago de anuncios que compiten brava-
mente por cautivarnos.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 53

En algunas ciudades, el costo del alquiler de una cartelera de gran-


des dimensiones puede superar en varios órdenes al de una buena re-
sidencia, por lo que la instalación de esos anuncios se ha convertido
en un negocio de muy alta rentabilidad. Como resultado, hay lugares
donde la saturación de mensajes publicitarios es abrumadora y, en
consecuencia, las comunicaciones son caras y poco eficaces.
Por encima de otra forma cualquiera de publicidad, los anuncios
urbanos deben tomar en cuenta los factores que disminuyen la visión
y la legibilidad. Aquellos que no tienen la potencia de absorber la
atención deben esperar una nueva oportunidad, el momento propicio
en que, casualmente, los ojos del paseante se crucen con el mensaje,
y este por fin lo aprecie como algo digno de leerse. Los publicistas dan
por descontado que, a fuerza de pasar una y otra vez cerca del anun-
cio, los viajeros acabaremos por ver sus mensajes. Es verdad que un
suceso es más probable mientras más se repita, pero las cosas cotidia-
nas también terminan por convertirse en partes anodinas de un paisa-
je donde, a fuerza de no mutar, pasan inadvertidas. ¿Cuántas veces no
nos hemos dicho: «Paso todos los días por aquí y no me había fijado
en ese anuncio (o parque o tienda o lo que sea)?». La calle es hoy
como un gigantesco atrio de catedral donde miles de mendigos se lan-
zan hacia nosotros estirando el brazo, a la espera de que les pongamos
algunos centavos en las manos.

Legibilidad y lecturabilidad

Llevamos siglos tratando de entender la tipografía, y apenas hemos


dado con algunas pistas acerca de su comportamiento; o, más bien,
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

acerca de la manera en que los signos se pasean por nuestras neuronas


tratando de decirnos algo. Durante décadas, los neurocientíficos han
intentado explicar diversos fenómenos relacionados con las letras,
pero una buena parte de ese trabajo ha sido estéril para un número
de efectos prácticos. Una de las razones ha sido la falta de educación
tipográfica: habría que estar relacionado con las imprentas y los talle-
res de diseño para entender la vida real de un signo. Por ejemplo, mu-
chas investigaciones se han hecho tomando las letras mayúsculas
como modelo y extrapolando los resultados a la lectura en general,
cuando las mayúsculas son apenas el 1,8 % de los caracteres que se

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
54 Diseño, co municación y neurocienci a s

usan normalmente en un libro en español (en inglés, la cifra llega


al 2,3 %). Aprovechando que vamos pasando por el mismo barrio,
es una torpeza que las mayúsculas sean las primeras letras que los
niños comiencen a aprender.
Más recientemente, en los ochenta, las computadoras personales
trajeron consigo la propagación de algo de cultura tipográfica. A partir
de eso, algunos científicos han tratado de aplicar los protocolos de la
investigación formal para decidir si las letras de paloseco son más legi-
bles que las romanas o cuáles son los cuerpos (tamaños de las letras)
más propicios para la lectura, por citar un par de preguntas clásicas.
Sin embargo, las variantes en tipografía son tan numerosas, que es casi
imposible diseñar una investigación que arroje algún resultado digno
de confianza. Así que no es de extrañar que haya respuestas firme-
mente documentadas en uno y otro sentido.
La legibilidad ha sido, entonces, algo así como una presa mal ase-
diada que sigue oculta en el bosque, dejando huellas, pero sin que na-
die la haya visto de cerca. Ahora bien, ¿qué se entiende por ‘legibili-
dad’? Por lo que dice Ole Lund (1999), hasta los tiempos de Tinker no
había una preocupación por distinguir entre la tarea de descifrar un
signo y la de interpretar todo un texto.

Alrededor de 1940, el influyente investigador de la legibilidad


Miles Tinker, así como el poco menos influyente investigador de
la legibilidad Matthew Luckiesh, prefirieron el término lectura-
bilidad sobre legibilidad para describir su prolífico trabajo, aun
cuando ambos basaron su constructo lecturabilidad en diferentes
criterios teóricos y operativos. En la correspondencia de 1943 en-
tre Tinker y Luckiesh, citada por Sutherland, ambos se arroga-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

ron el mérito de haber usado la palabra por primera vez. En su


argumentación, Tinker explícitamente se refirió al libro que es-
cribió con Donald Paterson: How to make type readable, publica-
do en 1940. Sin embargo, Luckiesh y Moss ya habían usado la pa-
labra en el título de un artículo de 1938. (Lund, 1999, pág. 16.)

Las dos palabras en inglés son legibility ‘legibilidad’ y readability


‘lecturabilidad’.Aunque sus definiciones no han sido ampliamente
aceptadas, me parece adecuado tomar por bueno lo que de ellas dice
Walter Tracy (2003, pág. 31):

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 55

Legibilidad es el término que empleamos para conversar acer-


ca de la claridad de cada uno de los caracteres. […] En tipogra-
fía, entonces, podemos otorgar a la palabra [lecturabilidad] un
significado particular: si las columnas de un periódico o revista
o las páginas de un libro pueden ser leídas por varios minutos
continuos sin esfuerzo ni dificultad, entonces podremos decir
que el tipo de letra tiene una buena lecturabilidad. La palabra
describe una calidad de comodidad visual, un requisito impor-
tante en la comprensión de largas extensiones de texto, pero, pa-
radójicamente, no tan importante en cosas tales como los direc-
torios telefónicos o los itinerarios de líneas aéreas, donde el
lector no lee de manera continua, sino que busca un solo detalle
de información.

José Martínez de Sousa (2001) no define las voces de la misma ma-


nera, sino que las saca del ámbito estrictamente tipográfico. De legibi-
lidad dice que es la «Calidad de un impreso de ser fácilmente leído»
y añade una nota extensa de la que recojo la primera parte:

La palabra legibilidad (a diferencia de lecturabilidad) se refiere


a factores personales de índole somática principalmente (agude-
za visual, capacidad, etcétera) y se juzga por las características
externas de la publicación: clase de papel, tinta de impresión, ta-
maño, tipo y cuerpo de la letra, longitud de la línea, espaciado de
estas (interlineado), tamaño de las ilustraciones, etcétera (es de-
cir, se refiere a la forma, no al fondo).

Y de lecturabilidad dice que es la «Facilidad de comprensión e in-


Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

terpretación de un texto relacionada con el estilo y el argumento (es


decir, con el fondo)», a lo que agrega la siguiente nota:

En España, algunos textos utilizan la voz comprensibilidad. La


palabra lecturabilidad, utilizada tanto en periodismo como en
didáctica y bibliología, corresponde a la inglesa readability, refe-
rente a la claridad y simplicidad del estilo. No debe confundirse,
pues, con legibilidad (en inglés, legibility, referente a la facilidad
de lectura debida a la presentación tipográfica). En efecto, un
contexto puede ser muy legible (claridad de lectura debida a la

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
56 Diseño, co municación y neurocienci a s

percepción de palabras y frases) y poco lecturable (difícil de


comprender o interpretar), o, a la inversa, puede ser muy lectu-
rable (una carta, por ejemplo) y poco legible (si está escrita con
«letra de médico»).

A estas discrepancias podríamos añadir otras, y sin necesidad de


mudar de idioma, pues, como dije antes, se trata de términos que aún
no han sido «definitivamente definidos», si se me permite la expre-
sión. En español tenemos, desde luego, la autoridad de la Real Acade-
mia Española, que fija legible como ‘que se puede leer’, y comprensible,
como ‘que se puede comprender’, es decir, «3. Entender, alcanzar,
penetrar». Sin embargo, estas son definiciones tan compendiosas,
que no pueden encajar en un estudio especializado; a fin de cuentas,
el diccionario académico no tiene esta función. Para efectos del pre-
sente trabajo, adoptaremos las definiciones de Tracy: La legibilidad
es, entonces, lo que permite que una letra se distinga de otra, y la lec-
turabilidad, lo que hace que un texto sea más confortable y compren-
sible que otro.

Diferenciación, homogeneización, habituación

Diferenciación
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

En 1916, Lucien Alphonse Legros y John Cameron Grant publica-


ron un importante libro llamado Typographical Printing Surfaces: The
Technology and Mechanism of Their Production. En él expusieron un es-
tudio de legibilidad basado en la geometría comparativa de algunos
caracteres. Seleccionaron las letras redondas más usuales de un con-
junto de tipos y las repartieron según su similitud fisonómica; por
ejemplo, la u con la n, la l con la i, la c con la o y la e. Tomando como
base ese trabajo, hoy mido y constato que la c y la o de la Arial com-
parten el 94,9 % del área, en tanto que en la Arno Pro comparten tan

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 57

solo el 73,2 %. A partir de resultados como este, Legros y Grant hubie-


ran calificado la Arno Pro como una letra mucho más legible que la
Arial.
Legros y Grant también se refieren a los trabajos de otros investiga-
dores de la legibilidad, como Sanford, Javal, Cattell y Cohn, además
de Theodore de Vinne (Lund, 1999, pág. 96), y por ellos sabemos que
las investigaciones serias sobre el tema comenzaron en el siglo xix.
Mencionan también los curiosos estudios de J. McKeen Cattell,* del
laboratorio de psicología de la Universidad de Leipzig. De él dicen:

[McKeen Cattell] hizo unas quince mil observaciones y en-


contró que la sensibilidad de la retina, en un mismo observador,
no era de ninguna manera constante. En sus experimentos tomó
por separado letras y palabras de cuatro a ocho caracteres y obtu-
vo los tiempos relativos en los cuales las diferentes clases de le-
tras se hacían legibles. Encontró que las minúsculas latinas eran
ligeramente menos legibles que las mayúsculas, y que las letras
alemanas [góticas] eran considerablemente menos legibles que
las latinas…

Como corolario a sus investigaciones, McKeen Cattell dice:

[…] No se necesitan experimentos para demostrar que los


libros (especialmente los textos escolares) deben imprimirse con
letras grandes y claras, pero los experimentos, como el que yo he
descrito, podrían llevarnos a determinar el tipo de letra más
apropiado. Parece probable que el uso de dos variedades de le-
tras, mayúsculas y minúsculas, es, para el ojo y el cerebro, más
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

perjudicial que favorecedor. En las letras todos los adornos es-


torban, en consecuencia, el tipo alemán es ofensivo. Las formas
geométricas simples son las más fáciles de ver. Las líneas no de-
ben ser muy delgadas; parece que juzgamos las letras por sus
líneas más gruesas, y resulta dudosa la ventaja de usar líneas del-
gadas y gruesas en la impresión. De todas estas consideraciones,
tal parece que nuestra imprenta no ha hecho mejoras al alfabeto

* Parece ser James McKeen Cattell (1860-1944), importante psicólogo esta-


dounidense.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
58 Diseño, co municación y neurocienci a s

usado por los romanos. Nuestros signos de puntuación son difí-


ciles de ver, y, creo, bastante inútiles. Me parece mucho mejor
reemplazarlos (o, en todo caso, complementarlos) con espacios
entre las palabras, correspondientes en anchura a las pausas del
pensamiento, o, lo que es lo mismo, a las pausas que deben ha-
cerse al leer el pasaje en voz alta. Tal método de mostrarle al ojo
las pausas no solo hará la lectura más fácil, sino que nos enseñará
a pensar con mayor claridad.

En estas etapas tempranas de la investigación, tomemos en cuenta


también las sugerencias de Émile Javal ( Los movimientos del
ojo, pág. 27). Él, para aumentar la legibilidad, sugería disminuir el
tamaño de las letras, así como la extensión de los ascendentes y des-
cendentes, y hacer composiciones más compactas mediante la reduc-
ción de los espacios entre caracteres y la supresión de las interlíneas.
Desde luego, estos consejos del padre de la oftalmología apuntan a in-
crementar el número de signos que abarca cada fijación. Javal logró
hacer eco de sus sugerencias, y uno de sus discípulos, Charles Drey-
fus, diseñó y produjo una letra de 4 pt que resulta sorprendentemente
legible. Ahora bien, una cosa es que sea «suficientemente legible», y
otra que sea suficientemente lecturable como para remplazar los cuer-
pos de nueva a doce puntos, que son los más comunes.
Legros y Grant también sometieron sus hipótesis a la experimenta-
ción. Como dije antes, midieron meticulosamente cinco tipos: uno
moderno —ligeramente alterado por los autores—, uno antiguo, un
paloseco, un gótico (fractura) y uno hecho ex profeso al que llamaron
Blackfriars. No es de extrañar que, según los parámetros del examen,
este último haya sido el más legible de todos.
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

Por lo que corresponde a McKeen Cattell, no creo que ni siquiera


haya puesto a prueba sus recomendaciones. En el fondo, exterioriza
ideas sugerentes, pero creo que el científico no tenía suficiente infor-
mación como para interpretar bien todo lo que tenía entre manos. Es
obvio, por ejemplo, que carecía de cultura tipográfica. Cuando dice
que los «adornos estorban», casi acierta, pues, según lo que he obser-
vado, los ornamentos no aportan nada para la interpretación del signo,
pero de ahí a que entorpezcan la lectura hay un gran trecho. Es cierto,
también, que «las formas geométricas simples son las más fáciles de
ver», como lo demostraron, en los años cincuenta, experimentos

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 59

Figura 6. Basado en los estudios de Javal y en los trabajos de Charles Dreyfus, Tho-
mas Huot-Marchand diseñó la letra Minuscule. En la imagen, de arriba abajo, se ven los
tipos Minuscule Six, Cinq, Quatre, Troix y Deux, especiales para composiciones tipográfi-
cas de 6, 5, 4, 3 y 2 puntos, respectivamente.

como los de Bitterman, Krauskopf y Hochberg (Detección,


Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

pág. 37); pero eso no implica necesariamente que las mayúsculas


sean más legibles que las minúsculas, y menos aún que se puede pres-
cindir de las segundas. Finalmente, el consejo de remplazar o comple-
mentar con espacios los signos de puntuación es un disparate, como
lo puede constatar cualquier especialista en composición editorial.
Las conclusiones generales que se pueden extraer de los primeros
experimentos nos conducen, casi obligatoriamente, a sostener la hipó-
tesis de que las letras deben diferenciarse lo más posible en aras de
la legibilidad. Bajo esta premisa, a partir de la segunda mitad del si-
glo xx se han hecho diversos estudios sobre los riesgos de confusión.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
60 Diseño, co municación y neurocienci a s

En 1963, Gibson, Osser, Schiff y Smith reunieron niños que apenas co-
nocían unas cuantas letras —las iniciales de sus nombres, por ejem-
plo—, de modo que no eran capaces de apuntalar sus memorias con
los nombres de los signos, como lo hacen los lectores avanzados.
A cada uno le mostraban una letra y, un segundo más tarde, otras seis.
De este segundo grupo, el niño debía escoger aquella que fuera igual a
la primera. Los autores del experimento detectaron confusiones «sig-
nificativamente altas» entre ciertos pares: M W, N M, Q O, E F, P R
y K X, en tanto que hubo caracteres que no fueron confundidos en
ningún caso (Gibson y Levin, 1975, pág. 17). Otros experimentos han
constatado que, en particular, los pares E F, M N y P R son fuente de
complicaciones. Es obvio, por lo tanto, que el problema esencial está
en las similitudes morfológicas.
El tipógrafo y diseñador armenio-estadounidense Hrant Papazian
ha propuesto eliminar todo lo que de modular hay en la tipografía.
En «Improving the Tool» (2000), muestra el diagrama de la figura 7
con que expone la abundancia de modulación y similitudes que hay
en las formas tradicionales de las letras. Nótese que casi todos los ca-
racteres pueden agruparse por sus anillos, arcos, ascendentes, descen-
dentes, astas oblicuas y demás, dando lugar a un puñado de grupos
figurativos.
De acuerdo con Hrant Papazian, sería conveniente romper los pa-
trones y dotar a cada letra de algún rasgo propio. En el artículo citado
sintetizó su propuesta con un tipo Lucida modificado que no le atrajo
amistades entre sus pares. Por ejemplo, Cynthia Hollandsworth, en
sus comentarios a la conferencia que Papazian dio el 8 de octubre de
1999 en el congreso de la ATypI en Boston, declaró que «La teoría de
Papazian pareció perder validez […] cuando mostró las formas que
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

sacó de la Lucida [fig. 8]. El diseño tipográfico es un arte y una arte-


sanía de la sutileza, y en el ejercicio de la teoría, introdujo en las for-
mas de las letras distorsiones groseras, las cuales, en vez de hacer
aportaciones a la lecturabilidad en el ejemplo que expuso, más bien
atrajo la atención a las propias letras y sus disonancias. Salí disuadida
de la idea, o, al menos, de la aplicación de la idea que él exhibió»
(Hollandsworth, 1999). De esta guisa, y aun peor, van muchos de los
afeamientos que recibió la propuesta.
A primera vista, las letras de Papazian (hechas sobre las rodillas, se-
gún me confesó) están lejos de cumplir con las expectativas místicas

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 61
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

Figura 7. Diagrama de módulos y similitudes de Hrant Papazian. Los módulos son


grupos de letras que comparten ciertos componentes, mientras que las similitudes, marca-
das con líneas de conexión, son pares de letras semejantes. De acuerdo con Papazian, tanto
unos como otros contribuyen a la confusión.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
62 Diseño, co municación y neurocienci a s
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

Figura 8. Experimento de Hrant Papazian con el tipo Lucida.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 63

de los tipógrafos, quienes se han administrado por vía intravenosa


más de quinientos años de cultura y estética tipográfica. Es verdad que
parece difícil superar de un plumazo algo que se ha sostenido con tan-
ta firmeza por medio milenio, pero también lo es que detrás de estas
críticas se esconde un arraigado conservadurismo. Muchos tipógrafos
pecamos de eso, y es, quizás, en lo único en que coincidimos: el cuida-
do afanoso de una tradición. Lo curioso es que recientemente se han
diseñado y probado con éxito —aunque como hemos visto, las prue-
bas de legibilidad casi siempre dejan algo que desear— tipos especia-
les para disléxicos. Véase, por ejemplo, el tipo Dislexie,* creado por
Christian Boer en la Universidad de Twente (Holanda). Aunque in-
corpora algunas modificaciones distintas (y otras más sutiles) que la
Lucida de Papazian, ambos experimentos avanzan por senderos seme-
jantes.

Homogeneización

La teoría de que la diferenciación favorece la legibilidad no ha con-


quistado muchos partidarios, que digamos; no obstante, en forma
pausada y a costa de esfuerzos valientes, ha ido demostrando que es
efectiva, al menos en ciertas situaciones. La historia de la tipografía,
en cambio, demuestra claramente que los diseñadores de letras se de-
cantan por la homogeneización. Quizás uno de los más fuertes punta-
les de este enfoque es Adrian Frutiger, a quien hemos citado antes
(pág. 50). Repito sus palabras: «… los diferentes signos de un alfa-
beto dado han experimentado un proceso de acomodación o iguala-
ción que confiere a las palabras, líneas y páginas un aspecto unitario
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

conjunto» y «El ordenamiento de los signos se hace, pues, texturifor-


me, de suerte que lo material y el espaciado, valga decir, hilos y trama,
configuran una especie de “tejido” legible».
Frutiger ha dedicado una buena parte de su trabajo a desentrañar
la esencia misma de los signos del alfabeto, así como a crear patrones
ultramodulares, hechos de tal suerte, que de uno solo se originen casi
todas las letras. Su genial tipo Univers (1957) es un epítome de la sim-

* <http://www.fastcodesign.com/1664561/dyslexie-a-typeface-designed-to-
help-dyslexics-read>. Consulta: 15/10/2013.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
64 Diseño, co municación y neurocienci a s

Figura 9. Los contornos inter-


nos de la m se comenzaban con gol-
pes de contrapunzón, como el de la
derecha. La misma figura se emplea-
ba para los contornos internos de la
n y la h, entre otras letras.

plificación modular, así como un paradigma del espíritu tipográfico


esos tiempos: cientificismo, racionalidad, esencialidad, geometría bá-
sica, adecuación tecnológica, persistencia de rasgos… Por su parte,
la letra Futura de Paul Renner, diseñada entre 1924 y 1927, expresa tal
grado de simplificación, que parece estar hecha con escrupulosidad
geométrica y sin modulaciones de ninguna especie. Como sucediera
en el siglo xvii, a principios del xx se redescubrió la razón y se puso
un dique a la exaltación emocional.
Además de legibilidad, estética y sentido del orden, el diseño mo-
dular de las letras ha aportado beneficios técnicos desde los orígenes
del oficio. La inclinación de Gutenberg por la letra textura parece con-
firmar esto, pero es la tipografía del siglo xvi la que comienza a va-
lerse ostentosamente del diseño modular. Para cortar el punzón de
una m redonda, por ejemplo, el abridor se valía de un contrapunzón
grabado con la forma de los contornos internos de la letra (fig. 9), es
decir, las partes que quedan delimitadas bajo los arcos y entre los fus-
tes. Este mismo contrapunzón le servía también para la h, la n y la u,
además de todas las fundiciones de estas mismas letras con diacríti-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

cos, abreviaturas y ligados.


Pareciera como si la uniformidad hubiese nacido con la escritura.
La hay en los alfabetos latino, griego y cirílico; en el devanagari, el
copto, el árabe y el armenio; la hubo en la escritura cuneiforme y en
los jeroglíficos de Egipto y la América prehispánica. La búsqueda de
la regularidad de los trazos —un atributo casi tan viejo como la letra
misma— y el veterano contrapunzón hicieron del trazo tipográfico la
quintaesencia de la homogeneidad. Las letras de imprenta adquieren
ritmo gracias a la repetición de fustes, arcos, vientres, ápices, contor-
nos internos…, y muchos tienen la falsa idea de que ese ritmo ayuda a

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 65

que el ojo se mueva en una dirección virtuosa. Por otra parte, esa mis-
ma regularidad, aunada al equilibrio de las formas y las contraformas,
ayuda a que en las páginas impresas nada se distinga sin motivo. En el
texto, cualquier rasgo demasiado notable afecta la percepción del lec-
tor, lo distrae y confunde.

Habituación

Algunos sostienen que la legibilidad depende de nuestras expe-


riencias. En el mundo de la tipografía se ha difundido mucho la opi-
nión de Zuzana Ličko en el sentido de que ningún tipo es inheren-
temente legible, sino que tal propiedad depende de la familiaridad
del lector con la letra: «Usted lee mejor lo que más lee», dice Ličko
(Lund, 1999, págs. 67-68):

… Esas preferencias por tipos como el Times Roman existen


por costumbre, porque esas letras han permanecido el mayor
tiempo. De todas maneras, cuando aparecieron por primera vez,
no eran lo que la gente estaba acostumbrada a ver. Pero, como
esos tipos se utilizaban con frecuencia, se han vuelto extremada-
mente legibles.

Durante los noventa, en los catálogos de Emigre, la fundición digi-


tal de Zuzana Ličko, el párrafo con que se exhibían las fuentes tipográ-
ficas decía así:

Los tipos no son intrínsecamente legibles; antes bien, es la


Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

familiaridad del lector con las letras lo que cuenta para su legibi-
lidad. Las investigaciones han demostrado que los lectores leen
mejor lo que más leen. La legibilidad es también un proceso di-
námico, puesto que los hábitos de los lectores han cambiado
siempre.

Por más que queramos dar crédito a esta postura, es obvio que no
resiste una reducción al absurdo: hay tipos casi imposibles de desco-
dificar, y aunque nos adiestremos arduamente para descifrarlos cada
vez mejor, otra persona que se entrenara con letras «normales» nos

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
66 Diseño, co municación y neurocienci a s

superaría rápidamente en eficacia. Los partidarios de la habituación


apuntan al lector como el único responsable de la calidad de la lectura.
Llevado al extremo, esto implica que una «letra de doctor» es tan le-
gible como la Helvetica…, siempre y cuando el lector se acostumbre.
¡Vaya, no puedo leer mi propia caligrafía con la velocidad y precisión
con que leo este libro!
Curiosamente, otro de los que se han inclinado por la teoría de la
habituación es Adrian Frutiger. Él aprendió a leer con letras góticas,
como lo hicieran muchos alemanes hasta el segundo tercio del
siglo xx, y, según afirma, nunca tuvo el menor problema. Para Fruti-
ger, la velocidad en la lectura es más una habilidad mental que visual.
Y, al menos en esto último, tiene razón.
* *
*

No veo cómo podríamos averiguar cuál de los tres modelos discuti-


dos —diferenciación, homogeneización y habituación— es el acerta-
do, si es que alguno acierta o falla más que los demás. Las letras que
acostumbramos a leer, es decir, los tipos que algunos llaman de lectura,
varían tan poco, pero tan poco, que es casi imposible diseñar un expe-
rimento que los ponga a prueba equitativamente y arroje resultados
ciertos. Una Times New Roman y una Palatino tienen diferencias os-
tensibles ante los ojos de los tipógrafos, pero para el público en gene-
ral esas letras son casi idénticas.
Los ornamentos y rasgos estilísticos de un tipo son como nuestra
vestimenta, y nada nos impide reconocer perfectamente bien a nues-
tras abuelitas, vayan vestidas de negro o de amarillo. Veamos: entre la
maja desnuda y la maja vestida de Goya, ¿cuál es más identificable
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

como ser humano?; ¿tiene sentido preguntar en dónde se habla el me-


jor español?; ¿dónde se ven los mejores amaneceres? Ninguna de es-
tas preguntas tiene respuesta. El problema no es la tipografía y, proba-
blemente, ni siquiera los estudios de legibilidad; en el fondo, lo que se
nos oculta es la comprensión cabal de cómo percibimos y leemos.
Si tenemos la capacidad de distinguir un perro con solo verle la cola,
seguramente no necesitamos ver el total de una letra para descifrarla;
a fin de cuentas, el cerebro usa retazos de lo percibido para construir
nuestras ideas del mundo. Prescindimos de todo lo accesorio. De las
letras no nos preocupan ni remates ni terminales ni ápices ni orna-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 67

mentos —ni, seguramente, algunos de los trazos que solemos consi-


derar ‘estructurales’—. Esos elementos no aportan información lin-
güística; su modesto trabajo es contribuir con un estilo, una historia,
idiosincrasia y cierto aire al conjunto, a la composición tipográfica. En
otras palabras, ¡casi todo lo que preocupa a los tipógrafos es superfluo
para la lectura!
Las investigaciones formales han sido prácticamente estériles, de
modo que hoy tienen una larga fila de detractores. Ole Lund, en su te-
sis Knowledge construction in typography, que ya hemos citado, habla
sobre David Kindersley, rotulista y tipógrafo, y cita su artículo de 1968
«Legibility», publicado en Printing Technology:

Kindersley aducía que la prosa [el espacio entre letra y letra]


es una de las variables más importantes al determinar la calidad
de un tipo, pero que nunca se toma en cuenta en las investiga-
ciones sobre legibilidad. De acuerdo con las observaciones in-
troductorias de Kindersley, gran parte de las investigaciones en
legibilidad revisten «un gran interés», pero necesitan de una
«interpretación a la luz del sentido común tipográfico para ser
útiles». Más adelante en el artículo, no obstante, es menos di-
plomático: «Me inclino a creer que la investigación en legibi-
lidad ha sido muy poco útil hasta ahora. Muchos diseñadores
han expresado este sentimiento. Quizás solo en los tamaños
extremos —como en las letras para letreros de carreteras o me-
dicinas de patente— pueda ser de alguna utilidad, aunque en
general no se toma en cuenta; pero entonces es más un asunto
de visibilidad». Kindersley, consciente de su papel como artesa-
no y artista, tenía otra preocupación, y así la destacó: «Estoy
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

más bien asustado con toda esta palabrería sobre la legibilidad.


Me parece que estamos tratando de exponer el problema en un
mal momento. Debemos dejar que el alfabeto se desarrolle. Tal
vez estamos derrochando tiempo al comparar objetos muy simi-
lares sin resultados claros. En otras artes, por regla general, no
hacemos pruebas experimentales, porque sabemos instintiva-
mente qué estándares van a resultar. No queremos estándares,
porque impiden la evolución. Necesitamos, sobre todo, median-
te la experimentación continua, evitar la fosilización.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
68 Diseño, co municación y neurocienci a s

La experimentación falla porque es extremadamente difícil fijar la


variable independiente. Las variables son incontables y se acumulan
con cada cambio. Supongamos que deseamos analizar el efecto del ta-
maño de equis (o cuerpo medio) en la legibilidad. Seleccionamos un
tipo y creamos un conjunto de versiones modificadas con una gama
gradual de tamaños de equis. Los exponemos a diferentes lectores en
condiciones de laboratorio y medimos los resultados en términos de
velocidad de la lectura y comprensión. Al final, las conclusiones pue-
den certificar, por ejemplo, que cierto tamaño de equis tiene un mejor
efecto en la lectura y lo hace en una razón que excede cualquier casua-
lidad estadística. Pero ¿qué es lo que en realidad ha medido el estu-
dio? Podríamos dar por válida la deducción, pero también podríamos
interpretar, sin temor, que lo que mejora la lectura no es el tamaño de
equis, sino el espacio blanco que cambia como efecto de las variacio-
nes en esa dimensión; y también podríamos añadir otros razonamien-
tos por el estilo.
Es muy probable que la fisonomía de las letras no tenga ningún
efecto en la legibilidad —y tampoco la habituación—, siempre y
cuando no se caiga en los extremos. Volviendo al símil de los seres
humanos, el que una persona tenga los pies pequeños, el talle corto,
la cabeza grande, un enorme volumen corporal y vaya disfrazada del
dinosaurio Barney no la hace más o menos identificable como perso-
na. Habrá que seguir trabajando en la comprensión del fenómeno de
la lectura y verificar si es cierto que los nuevos tipos modificados para
disléxicos son tan efectivos como parece. Esos resultados sugieren que
la teoría de la diferenciación es la más cercana a la realidad, pero tene-
mos ciertas razones para recelar. Veamos:
Según informa la admirable tesis de Ole Lund, en 1931 y 1932 la fun-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

dición tipográfica Bauer echó mano de científicos para demostrar, de


manera sospechosa, las victorias del tipo Futura en supuestas pruebas
de legibilidad. De ese estudio, titulado Futuraheft, Lund solo da cierto
crédito al informe del psicólogo y «psicotecnista» Walther Moede.
Más adelante enumera otros esfuerzos semejantes al de Bauer (Lund,
1999, págs. 109-110):

La American Type Founders promovió su enormemente po-


pular tipo Century Schoolbook, lanzado a mediados de los vein-
te, refiriéndose a una serie de pruebas y experimentos hechos

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 69

por, entre otros, la British Association for the Advancement of


Science y la Clark University. El material de mercadotecnia im-
plicaba astutamente que el Century Schoolbook era mucho más
legible que otros, y aseveraba que todos los experimentadores,
que habían trabajado de manera independiente, habían llegado a
las mismas conclusiones.
Linotype Mergenthaler comercializó ampliamente sus tipos
(romanos) para periódicos Ionic no. 5 (lanzado en 1925), Excel-
sior (lanzado en 1931) y otras letras similares bajo el nombre de
«Grupo de la Legibilidad». Mergenthaler Linotype exaltó el
Grupo de la Legibilidad de tipos para periódicos como «la solu-
ción científica a un problema tipográfico», y aseveró que el tipo
Ionic no. 5 había sido diseñado para superar «la desventaja de la
fatiga ocular y la visión deteriorada» con base en un «estudio de
los movimientos oculares durante la lectura».

Ole Lund se refiere a otros ejemplos del período de entreguerras,


pero dice que ese tipo de mercadotecnia no es exclusivo de aquella
época (1999, págs. 110-111):

Parece que se aplicó una estrategia similar en los años ochen-


ta para un tipo que después se convertiría en uno de los más exi-
tosos de los noventa, el paloseco Meta, de Erik Spiekermann.
En un ensayo del propio Spiekermann acerca del proceso de di-
seño del tipo (que inicialmente fuera comisionado y proyectado
para convertirse en la nueva letra corporativa del Deutsche Bun-
despost ),* alega que antes de que fuera propuesto (y, más tarde,
rechazado), «un profesor de psicología aplicada había escrito un
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

informe muy favorable acerca de él». Paul Stiff, editor del Infor-
mation Design Journal, recientemente describió un fenómeno
contemporáneo de esta manera: «Algunas compañías de diseño
de la información tratan de engancharse a la ayuda de “investiga-
dores”, en mucho, por las mismas razones que en los comerciales
de dentífricos de la televisión aparecen hombres con batas blan-
cas».

* Servicio postal de Alemania.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
70 Diseño, co municación y neurocienci a s

El cerebro bífido

El cerebro está dividido en dos partes iguales, una de cada lado del
plano sagital: el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo. En los
humanos, estas partes son iguales solo de manera aparente, porque en
el sentido funcional son asimétricas. Durante mucho tiempo, las lesio-
nes cerebrales nos han dado pautas para entrever esta asimetría. Por
ejemplo, en la práctica se ha visto que una incapacidad súbita para ma-
nejar el lenguaje está casi siempre relacionada con un traumatismo en
el lado izquierdo de la cabeza. No solo se han encontrado funciones
cognitivas diferenciadas en uno y otro lado, sino que algunos conside-
ran que cada hemisferio tiene, hasta cierto punto, su propio modo de
procesar la información.
Para muchos psicólogos, la división categórica es falaz, toda vez
que, según se ha constatado, la mayoría de las funciones cerebrales
están distribuidas en ambos hemisferios. Hay, no obstante, ciertas
asimetrías fisiológicas, como la distribución de dopamina y norepi-
nefrina y la concentración de materia gris. El lenguaje sí que está en
el  hemisferio izquierdo de la mayoría de las personas, aunque nues-
tras habilidades lingüísticas para enfatizar y entonar se encuentran en
el derecho.
Entre los dos volúmenes cerebrales hay una conexión voluminosa
dotada de un gran número de fibras. Se llama cuerpo calloso. Este haz
de filamentos nerviosos tiene la misión de comunicar los dos hemisfe-
rios para que funcionen de manera coordinada. Sin embargo, se ha
visto que podemos marchar razonablemente bien aun con los hemis-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

ferios separados. Esto se ha verificado en pacientes a quienes se ha


practicado una comisurotomía, esto es, una intervención quirúrgica
que consiste en cortar el cuerpo calloso (en general, para controlar
ciertos trastornos epilépticos graves). Gracias, entre muchas otras co-
sas, a los experimentos que se han hecho con pacientes de «cerebro
dividido», tenemos una idea más o menos clara de las diferentes for-
mas en que piensa cada hemisferio.
El lado izquierdo procesa la información de manera racional, lineal,
objetiva y secuencial. Según Betty Edwards (1999, pág. 33):

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 71

El hemisferio izquierdo analiza, abstrae, cuenta, marca el


tiempo, planea procedimientos paso a paso, verbaliza y hace afir-
maciones basadas en la lógica. Por ejemplo, «dados los números
a, b y c, podemos decir que si a es mayor que b y b es mayor que
c, entonces a es forzosamente mayor que c». Este enunciado
ilustra el proceder del hemisferio izquierdo: un estilo analítico,
verbal, resolutivo, secuencial, simbólico, lineal y objetivo.

El derecho, en cambio, ve el mundo de una manera intuitiva, holís-


tica, rápida, compleja, perceptual y sincrónica, además de que está
mejor dotado que su contraparte en la percepción y manejo del es-
pacio.

… tenemos una segunda manera de adquirir conocimientos:


la del hemisferio derecho. En este modo «vemos» cosas que
pueden ser imaginarias, que existen solo dentro del ojo de nues-
tra mente. En el ejemplo que acabo de dar, ¿acaso usted visualizó
la relación a, b, c? En el modo visual vemos cómo las cosas exis-
ten en el espacio y cómo las partes se unen para formar el todo.
Con el lado derecho entendemos las metáforas, soñamos, crea-
mos nuevas combinaciones de ideas. Cuando algo es demasia-
do complejo para describirlo, podemos comunicarnos con ges-
tos. El psicólogo David Galin tiene un ejemplo favorito: trate de
describir una escalera en espiral sin hacer un ademán en espiral.
Y en el modo del hemisferio derecho, somos capaces de dibujar
imágenes de nuestras percepciones. (Edwards, 1999, pág. 38.)

Quizás nuestra dificultad para «trazar» verbalmente una escalera


Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

de caracol estriba en que se trata de un cuerpo tridimensional muy


enrevesado, y es posible que el hemisferio izquierdo sea hábil sola-
mente en una dimensión. Pregunte usted por ahí qué es deshilachar o
deshebrar y verá las manos de su interlocutor moverse mientras, de
voz, le da una explicación insustancial. Es divertido.
Los dos hemisferios recogen la misma información, pero, como
podemos ver, a veces la procesan de diferentes maneras. Nuestra com-
putadora lingüística —el área de Broca— está en el lado izquierdo,
mientras que nuestras capacidades para organizarnos en el espacio
parecen estar localizadas en el derecho. Cada hemisferio responde a

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
72 Diseño, co municación y neurocienci a s

los estímulos a su manera, pero uno termina tomando el control de


la situación, mientras que el otro se retrae (esta claudicación es una
muestra más de economía). Con mucha frecuencia, en el mundo so-
cial del ser humano, la respuesta es un acto de comunicación que ata-
ñe a nuestra entidad verbal y simbólica: el lado izquierdo. Es tal la pre-
ponderancia de este tipo de respuestas, que a menudo se habla del
lado lingüístico como el hemisferio dominante.
Con todo, no podemos llevar muy lejos este modelo dicotómico.
Nuestro pensamiento no es lineal, sino que abarca muchas formas de
procesamientos simultáneos. Los métodos de imagenología están
ayudando a los científicos a comprender estos fenómenos cada vez
mejor, así como a desmontar mitos tales como la división tajante de
los hemisferios según la tarea. Todo lo que hacemos envuelve mucho
más que una función localizada. La creatividad, por ejemplo, pone en
marcha muchas —la atención y la imaginación, entre otras—, y estas
se activan en diversas regiones de la masa encefálica.
Convertimos las percepciones en símbolos, que es la manera más
concisa que tenemos de relacionarnos con el mundo. Entendemos
una nariz como un par de rectas en ángulo; un ojo, como dos curvas
que se intersectan; el Sol, como una circunferencia radiante… A me-
dida que el perceptor se llena de experiencias, incorpora variaciones
y agranda su archivo de símbolos: atesora narices de rectas largas,
otras donde una línea se curva hacia arriba o hacia abajo, otras don-
de los segmentos forman un ángulo muy agudo, donde uno es corto,
etcétera. Los inventarios de símbolos del fisonomista y el dibujante
serán mucho más ricos que los de otra persona cualquiera, pero segui-
rán siendo catálogos de formas geométricas elementales. Esto hace
que el dibujo figurativo sea muy difícil, especialmente para quienes no
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

suelen practicarlo: aun teniendo modelos a la vista, terminan constru-


yendo un mapa de símbolos. He ahí nuestro ser biológico transitando
por el camino del menor esfuerzo.

En comparación con la inhibición lateral, parece que la opera-


ción de las células corticales y del cuerpo geniculado lateral del
tipo explorado por Hubel y Wiesel podría usarse para explicar
ciertos fenómenos de metacontraste, enmascaramiento y reco-
nocimiento de patrón. Muchos patrones pueden expresarse fá-
cilmente como segmentos de línea de orientaciones específicas,

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 73

por ejemplo, letras del alfabeto y números. Las figuras más com-
plicadas, como las de animales y rostros, pueden esquematizarse
en términos de rasgos simples. Por lo tanto, es un salto relativa-
mente menor el implicar los tipos de células de Hubel y Wiesel
en un análisis del procesamiento de tales estímulos. (Forgus y
Melamed, 1999, pág. 284.)

La escritura y la lectura son manipulaciones de símbolos por anto-


nomasia. Las lenguas maternas se procesan de inmediato, gracias a
que el cerebro identifica esos símbolos instantáneamente. No pasa lo
mismo con una lengua extranjera, porque la interpretación exige uno
o más pasos adicionales: primero, el perceptor debe percatarse de que
está recibiendo un estímulo lingüístico; luego, debe identificar el idio-
ma y, después, aumentar su nivel de atención para entenderlo. Final-
mente, debe traducir el estímulo a un lenguaje familiar articulado, es
decir, repensar la idea en sus propias palabras. En la lectura, antes de
que todo esto suceda, al igual que durante el mismo proceso y aun
después, las letras y la composición pueden ser admiradas por sus va-
lores estéticos.
A finales de los setenta compré un ejemplar de Album Cover Album,
un libro editado por Storm Thorgerson y Roger Dean en 1977. La obra
es una recopilación de cubiertas de discos de música popular que es-
tuvieron de moda entre los cincuenta y la fecha de la edición. Por su-
puesto, los estudiantes universitarios conocíamos perfectamente bien
las versiones en español de las cubiertas de un gran número de esos
discos. Excepto por el idioma, muchas de las nuestras eran idénticas
a las originales. No obstante, esas fotografías reducidas de las cubier-
tas en inglés parecían siempre más atractivas que las versiones con las
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

que estábamos familiarizados. Era intrigante e inquietante a la vez. Ysi


a esto añadimos la preferencia sistemática de muchos de mis compa-
ñeros por escribir en inglés sus propios anuncios, entonces resultaba
también un poco vergonzoso. Llegué a preguntarme si el español es-
crito era antiestético —uno de mis profesores de la universidad había
sugerido algo por el estilo—. La respuesta me llegó muchos años des-
pués, cuando entendí las dos diferentes formas de pensar que se atri-
buyen al cerebro bífido: si uno ve algo escrito en su idioma materno,
no es capaz de admirarlo estéticamente: el centro de control lingüís-
tico toma el mando, descifra el mensaje y, satisfecho, cierra la sesión.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
74 Diseño, co municación y neurocienci a s

Figura 10. Las


letras invertidas nos
ayudan a desviar la
atención del mensaje lin-
güístico y nos permiten
concentrarnos en la com-
posición estética.

El diseñador puede valerse de artimañas para inhibir las intromi-


Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

siones del hemisferio izquierdo. En sus lecciones de dibujo «desde el


lado derecho del cerebro», Betty Edwards sugiere, por ejemplo, colo-
car el original de cabeza (algo fácil de hacer con una fotografía o una
ilustración, pero no con un modelo vivo). Si se trata de texto, sugiero
a mis alumnos que, al hacer bocetos, escriban los rótulos en otro idio-
ma, especialmente en uno con que no estén muy familiarizados. Otros
trucos consisten en invertir las letras como si estuvieran vistas en un
espejo, emplear palabras inventadas o usar otros alfabetos, como el
cirílico o el griego.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 75

Dimensiones de la legibilidad

Hemos tratado la legibilidad desde el punto de vista de la tipogra-


fía. Y aunque la palabra escrita es, por lo común, el vehículo de comu-
nicación preponderante del diseño, no es el único. Las imágenes, el
color, la organización, el material, la disposición de las partes, la ubi-
cación del mensaje, los espacios vacíos…, todo en una pieza de dise-
ño gráfico está sujeto a leyes, a las esquivas leyes de la legibilidad. La
definición del término no cambia: aun en lo estrictamente visual, si-
gue siendo ‘la calidad de algo de ser fácilmente leído’. Lo que salta a
una nueva dimensión es la lectura.

Diseño gráfico y arte

En esta obra nos estamos ocupando del diseño gráfico y la comuni-


cación objetiva, no del arte. La diferencia entre las dos formas de ex-
presión ha sido materia de muchas discusiones y, para analizarla, hay
obras mejor calificadas que esta. Sin embargo, para efectos de este tra-
bajo, me interesa decir que el arte y la comunicación se distinguen
principalmente en dos atributos: uno es que en el arte el emisor es el
artista, en tanto que, en el diseño de la comunicación, el diseñador
trabaja para un emisor y se articula en alguna parte entre este y el me-
dio; el otro es que el mensaje del arte es subjetivo, impreciso y desco-
dificado, en tanto que el del diseño de la comunicación es objetivo,
codificado y, en el mejor de los casos, puntual. Con estos anteceden-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

tes, podemos afirmar que un mensaje es ilegible —y fracasa— cuando


falla en ser objetivo y exacto.
Estamos también en el terreno de lo que el lingüista Pierre Guiraud
(1982) llamaba «comprender y sentir»: lo que se comprende no se
siente y lo que se siente no se puede comprender. Esta posición de
Guiraud es tan precisa como la idea popular de la disociación de los
hemisferios cerebrales y fue formulada antes de que el concepto del
cerebro bífido saliera de los gabinetes médicos. De ‘comprender’ y
‘sentir’ dice:

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
76 Diseño, co municación y neurocienci a s

Constituyen los dos grandes modos de la expresión semioló-


gica que se oponen antitéticamente, de manera que la noción de
una «doble función del lenguaje» puede extenderse a todos los
modos de significación. En efecto, comprender y sentir, el espíritu
y el alma, constituyen los dos polos de nuestra experiencia y co-
rresponden a modos de percepción no solamente opuestos sino
inversamente proporcionales, al punto que podríamos definir a
la emoción como una incapacidad de comprender: el amor, el
dolor, la sorpresa, el miedo, etc., inhiben la inteligencia que no
comprende lo que sucede. El artista, el poeta[,] son incapaces de
explicar su arte, del mismo modo que no podemos explicar por
qué nos sentimos conmovidos por la curva de un hombro, una
frase, un reflejo en el agua. (Guiraud, 1982, págs. 16-17.)

Abundando en esta dicotomía, Guiraud enlista una serie de térmi-


nos que se oponen entre sí, unos del signo lógico y otros del signo ex-
presivo: lo convencional ante lo natural, lo arbitrario ante lo moti-
vado, lo homológico ante lo analógico, lo objetivo a lo subjetivo, lo
racional a lo afectivo, lo abstracto a lo concreto, lo general a lo singu-
lar, lo transitivo a lo inmanente y lo selectivo a lo total. Las fronteras
entre un signo y su opuesto son difusas, pero, en la opinión de Gui-
raud, «estamos en presencia de dos modos de significación que opo-
nen a las ciencias y las artes» (1982, pág. 18).
La comunicación publicitaria puede valerse de un estímulo emoti-
vo. Ya hablaremos de esto otra vez cuando discutamos los argumentos
del pathos en R de retórica. De hecho, las emociones han sido
sustento y meta de la publicidad en innumerables ocasiones, pero tie-
nen un lado azaroso. Quien se vale de los sentimientos para comuni-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

car algo corre el riesgo de que su mensaje produzca resultados inespe-


rados, incluso contrarios a lo que buscaba; o bien, que el mensaje sea
rechazado por quienes no se sientan a salvo en los momentos en que
su sensibilidad se vea comprometida; o bien, que una respuesta emo-
cional intensa desplace cualquier efecto intelectual. Las emociones
tienen un lenguaje de muy baja codificación.
Un mensaje profundamente conmovedor será funesto para un pú-
blico que no quiera sentirse conmovido. No nos gusta que nos recuer-
den nuestros vicios, defectos y debilidades. Por ejemplo, la ley obliga
a poner en ciertos productos advertencias sobre los riesgos de consu-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 77

mirlos. El pequeño icono de una calavera en un medicamento o vene-


no podría precavernos de darle mal uso, pero ¿funcionan los avisos,
mucho más notables, perturbadores, que se ponen en las cajetillas de
cigarrillos y bebidas alcohólicas? Según Lindstrom (2010),* los estu-
dios de seguimiento de ojos e imagen por resonancia magnética fun-
cional no solo prueban que los consumidores esquivan esos rótulos
inconscientemente, sino que les producen apetencia de fumar o
beber.
La facultad de incitar una reacción emocional es lo más cerca que
la  comunicación dirigida puede estar del arte. Pero el signo artístico,
si bien se propone conseguir esa reacción, no exige que sea la misma
en todos los perceptores. Una obra de arte puede producir, al mismo
tiempo, placer, exaltación mística, alegría, tristeza, hambre, miedo,
asombro y asco; en cambio, el signo comercial o propagandístico no
se puede dar el lujo de disparar fuegos artificiales de todos los colores
y a cualquier destino. Busca su meta en un público determinado, el
cual solo discierne ciertos códigos y reacciona de maneras imprecisas;
tiene un alcance limitado por las características del medio y está con-
trolado por un presupuesto y un marco legal; está acotado también
por el alcance y la capacidad del emisor y su red de distribución, y,
sobre todo, está sometido al cumplimiento de un fin incuestionable:
suscitar la inclinación de las personas a adquirir un producto, votar
por un candidato, aceptar una idea, apoyar un fin social, etcétera.
Los semiólogos hablan de niveles de codificación. «Cuando más am-
plia y precisa es la convención —dice Guiraud—, el signo es más codi-
ficado» (1982, pág. 37). Las matemáticas, por ejemplo, son un sistema
de signos altamente codificado: a cada signo corresponde casi siem-
pre un solo significado y viceversa. El arte abstracto es todo lo contra-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

rio. En medio hay expresiones medianamente codificadas, como el


lenguaje oral, a menudo polisémico, o el arte sacro medieval, que esta-
ba lleno de símbolos convencionales. Es obvio que la legibilidad de un
aviso depende en parte de su grado de codificación. Un cartel que
simplemente diga «Beba Coca-Cola» será infinitamente más legible

* Tengo ciertas dudas sobre la veracidad y precisión de la obra de Martin


Lindstrom, más parecida a un libro de autoayuda que a un trabajo científico
riguroso. Sin embargo, creo que lo que aquí se asevera es cierto.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
78 Diseño, co municación y neurocienci a s

que uno donde aparezcan osos polares bebiendo a morro de unas bo-
tellas diminutas.
La legibilidad de un anuncio completo abarca varias dimensiones,
a saber:

a) Legibilidad convencional.
b) Lecturabilidad.
c) Disposición de las partes.
d) Rapidez con que el perceptor recibe el mensaje.
e) Comprensión.

De los dos primeros puntos ya nos hemos ocupado bastante. Ahora


tocaremos someramente los otros tres.

Disposición

Basta con haber trabajado cerca de los medios impresos tradiciona-


les para conocer, por lo menos, una forma «infalible» de organizar la
información en un periódico o revista: siempre en página impar, a la
derecha y arriba, en espiral, de arriba abajo, de izquierda a derecha, en
zigzag, desde el centro a la periferia, en fin… Frecuentemente, lo que
se considera una ventaja per se es solo una circunstancia. Por ejemplo,
los periódicos suelen añadir alrededor de un diez por ciento al precio
de los anuncios que se colocan en página impar (derecha). Los anun-
ciantes que están dispuestos a pagar el sobreprecio exigen que sus
mensajes sean puestos en la esquina superior derecha de la página,
porque se dice que ese es el punto más visible en un periódico desple-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

gado. En realidad, lo que sucede es que el lector diestro (nueve de


cada diez, aproximadamente) sostiene el diario con la mano derecha
y da vuelta a las hojas con la izquierda. Sus ojos, por lo tanto, se fijan
pronto en el medio superior derecho de la nueva página simplemente
porque es lo primero que queda al descubierto (dicen que el que pega
primero pega dos veces) y porque está en la mano inmóvil. No es, por
lo tanto, cuestión de superioridad espacial, sino de oportunidad.
Recientemente, con la comercialización de equipos y servicios de
seguimiento de ojos (eye tracking) —que antes solo estaban disponi-
bles en los laboratorios de investigación de psicología cognitiva—,

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 79

hemos podido comprobar en qué orden exploran la información los


perceptores. Estas mediciones se hacen de manera común en sitios
web, aprovechando que casi todas las nuevas computadoras están
equipadas con cámaras de televisión. Desde un lugar remoto, y con la
anuencia del usuario, las empresas que ofrecen esos servicios registran
las direcciones hacia donde apuntan los ojos, así como los tiempos
que los lectores dedican a cada fijación. Estos datos se exhiben en grá-
ficas inspiradas en las termografías, donde se usan gamas de colores
para exhibir los puntos que recibieron fijaciones prolongadas. Por lo
común, vemos en rojo las zonas del anuncio donde los espectadores
pasaron más tiempo.
Aunque estos estudios comerciales de seguimiento de ojos están en
sus etapas primarias, ya se puede concluir que el texto es, con mucho,
lo más significativo. No importa dónde esté colocado, los ojos lo des-
cubrirán en un intento de descifrar el aviso, de entender por qué hay
una mujer sensual en traje de baño, un perro con anteojos o una ancia-
na inexpresiva que presenta una sonriente dentadura postiza sobre la
palma de la mano.
Más adelante, cuando nos ocupemos de la A de atractivo,
abundaremos sobre este interesante tema. Por ahora debe bastarnos
tomar conciencia del cometido estelar que el texto tiene en un anun-
cio y, por lo tanto, de lo importante que es componerlo de forma que
pueda leerse sin dificultades.

Rapidez

Es obvio que un mensaje donde hay una palabra sobre un fondo


Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

contrastante llega mucho más rápido que otro donde un lema, un lo-
gotipo, tres fotografías, dos textos de apoyo y otros elementos gráficos
se disputan la efímera atención del lector. La velocidad es indirecta-
mente proporcional a la cantidad de información, así que el anuncian-
te debe encontrar un justo medio entre el número de datos y la cali-
dad con que habrán de percibirse.
¿Qué debe recordarse de un mensaje? La mayoría de los publicistas
coinciden en que los anuncios deben alcanzar presencia de marca, esto
es, que la marca y, de ser posible, los productos que se le asocian estén
el mayor tiempo posible en las mentes de los consumidores. Por su

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
80 Diseño, co municación y neurocienci a s

parte, los psicólogos saben que la retención de cualquier cosa en la


memoria exige que haya una experiencia traumática o de otra manera
intensa, o bien, que la cosa aparezca persistentemente en las rutinas
de las personas. En resumen: profundidad, persistencia o ambas. La
publicidad se enfoca en estos dos objetivos: lograr que la marca sea un
recuerdo indeleble y que el consumidor se encuentre con ella la ma-
yor cantidad de veces posible. La meta última del publicista es lograr
que la marca consiga convertirse en la primera selección de los consu-
midores, su top-of-mind. Esto significa que, al ser interrogado un con-
sumidor sobre qué producto desea, en su mente aparezca inmediata-
mente determinado nombre. En las encuestas, cuando se pida a los
entrevistados que hagan una lista de las marcas que conocen, la top-of-
mind es la que aparece en primer lugar.
Para lograr que cierto producto comience a abrirse paso nos vale-
mos de eslóganes, imágenes y otros recursos llamativos. Usamos foto-
grafías impactantes y ofertas atractivas; nos valemos de lo erótico, lo
pasmoso, lo chocante, lo extraño y asombroso; a veces, echamos
mano de un personaje público admirable y digno de ser imitado, de
una situación codiciada, un símbolo de ternura, etcétera. Cualquier
recurso destinado a intensificar deseos y a inducir la necesidad de sa-
tisfacerlos parece útil en esta etapa del posicionamiento. Pero, una vez
que la marca ha dejado su impronta en las mentes de los perceptores,
al comparar la importancia de las promesas oportunas con la imposi-
ción machacona del nombre, lo segundo opaca rotundamente a lo pri-
mero. A las alturas de ciertos productos archiconocidos, poco importa
lo que se diga de ellos. Coca-Cola ha creído en los osos polares como
vehículos publicitarios. Me puedo imaginar el racional que preparó la
agencia publicitaria, lleno de promesas sublimadas: los osos son no-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

bles, fuertes, los reyes de su hábitat; no tienen depredadores, son


blancos, caen simpáticos, y el ártico representa lo frío, es decir, lo fres-
co y puro, y… ¡necedades por el estilo! La refresquera pudo haberse
valido de puercoespines o truchas, porque lo verdaderamente impor-
tante es mantener la huella de la marca en todos los cerebros.
Los productos más populares son también los más codificados, y
por eso tienen de su lado la rapidez. No necesitan dar explicaciones,
solo exhibir la marca amplia y ostentosamente. Por lo tanto, un fabri-
cante que aspire a colocar su mercancía como primera selección tiene
que propagar atributos y ventajas gradualmente y, en el camino, ir des-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 81

cubriendo qué cualidades de oportunidad deben ceder el paso a una


mayor presencia de la marca.

Comprensión

Por comprensión me refiero a la fracción que el perceptor entendió


de lo que el emisor quiso decirle. Lógicamente, mientras más equiva-
lencia haya entre lo emitido y lo percibido, más alta será la compren-
sión. En este sentido, la codificación ha de ser un atributo funda-
mental, ya que un mensaje altamente codificado tiene las mayores
probabilidades de ser entendido. Si usted no sabe chino, no importa
cuán claro y elocuente sea un interlocutor que le hable en chino; usted
no se enterará de nada.
Me encuentro con un viejo anuncio cuya parte principal es una ca-
ricatura. Muestra a una mujer examinando ropa que cuelga de una es-
tantería. A sus espaldas, un Papá Noel le advierte: «Sea desconfiada».
Bajo la caricatura aparecen tres recuadros con sendas marcas de pro-
ductos que controlan el encogimiento. Más abajo, un texto de apoyo
de unas cien palabras que explica algunos atributos de los productos.
Finalmente, en renglón y medio, la revelación un poco tangencial de
por qué la mujer debe ser desconfiada. El anuncio data de los setenta,
tiempos en que, gracias a la publicidad masiva, la marca era muy nota-
ble. Por todos los medios, sus mensajes usaban la confianza y la des-
confianza como signos de apoyo. De modo que, en sus tiempos, el
mensaje debe haber sido más o menos comprensible. Hoy esos códi-
gos se han perdido totalmente. Cuando mostré el anuncio a mi hijo
nacido en 1996, él me miró con cara de desconcierto y me dijo que no
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

entendía nada. Le pedí que leyera el texto de apoyo, así que después
de un rato, mucho más largo del que solemos dedicar a cualquier pie-
za publicitaria, me explicó que se trataba de algo que tenía que ver con
el encogimiento, pero que, aun así, no lo entendía bien. Hoy los dos
nos preguntamos qué hace ahí un Papá Noel . Suponemos que el
anuncio salió a los medios en vísperas de Navidad. La intención evi-
dente del publicista era poner al personaje como un aval de calidad.
Como se ve, los códigos se distorsionan y los factores que origi-
nan tergiversaciones son múltiples: tiempo, espacio, educación, cul-
tura, edad, lenguaje, intereses y mucho más. La comprensión es frágil.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
82 Diseño, co municación y neurocienci a s

Figura 11. Diagrama de Venn que representa cómo se puede hacer


una intersección de conceptos polisémicos para representar una idea espe-
cífica.

La publicación a que he aludido está reproducida en un libro de Raúl


Cremoux y Alfonso Millán titulado La publicidad os hará libres. Los
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

autores dan su propia explicación:

El anuncio juega con la confianza y la desconfianza. Por un


lado, la figura representa a una compradora que se encuentra
ante el grave dilema de «elegir» prendas de vestir que no le
ofrecen suficiente información para adquirir lo que busca. Por
el otro, el personaje yanqui «Santa Claus» avala otras prendas
y señala que esas sí merecen confianza, no sin antes advertir: sea
desconfiada de otras etiquetas (publicidad). Como se ve, «San-
ta» no juega limpio. (Cremoux y Millán, 1975, pág. 16.)

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 83

Se trata, pues, de una pieza hasta cierto punto legible, pues la tipo-
grafía no ofrece dificultades, la escena es clara y los personajes son, sin
duda, Papá Noel y una mujer que selecciona ropa para comprarla. El
problema es que, a falta de referente, los signos terminan por quedar
vacíos o volverse polisémicos. Por ejemplo, el lema «Sea desconfia-
da» ha perdido todo su significado. Por su parte, Papá Noel es un sig-
no al que se pueden dar multitud de interpretaciones (en este caso,
por cierto, su actitud entremetida y desconfiada
resulta disonante).
Significamos cosas determinadas a partir de sig-
nos indeterminados. Imaginemos tres conceptos
polisémicos: ‘sudor’, ‘atleta’ y ‘botella’. Podemos re-
crearlos en un diagrama de Venn donde las intersec-
ciones producen conceptos aun imprecisos, pero
más definidos que los originales. Por ejemplo, entre
‘sudor’ y ‘atleta’ encontramos ‘ejercicio físico’, y en-
tre ‘atleta’ y ‘botella’, ‘refresco’. La intersección de
‘sudor’ con ‘botella’ está un poco más descodificada
que las otras dos, pero en ese espacio podrían apa-
recer conceptos como ‘sed’. Finalmente, donde se
juntan los tres conjuntos y los tres subconjuntos en-
contramos el mensaje central ‘bebida deportiva’.
Vemos entonces el logotipo y el lema, y si estos con-
firman nuestra lectura, habremos terminado de des-
cifrar el mensaje en un tiempo muy razonable.
Ahora bien, cuando la imagen es disonante con
el logotipo y el lema, el anuncio todavía puede cum-
plir su misión, pero a costa de exigir un mayor tra-
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

bajo a los perceptores. Por ley —y por un mínimo


de decencia—, hoy sería inadmisible ver un anun-
cio como los que publicaba Marlboro en los años
cincuenta. Antes de que Leo Burnett posicionara
la marca como masculina y vaquera, la casa Philip
Morris intentaba ganarse el interés del público fe-
menino. El racional parecía sensato: las madres pri-
merizas necesitaban momentos de relajación. Se les
ocurrió poner imágenes de bebés suplicantes que Figura 12. Anuncio de
hablaban a sus madres con frases como esta: «An- Marlboro de los años cincuenta.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
84 Diseño, co municación y neurocienci a s

tes de que me regañes, mami, quizás deberías encender un Marlbo-


ro». Dejemos de lado los juicios éticos, pues, en los años cincuenta,
fumar se calificaba socialmente de una manera muy distinta a la de
ahora. Lo que deseo destacar es la disonancia: ¿Qué hace un bebé en
un anuncio de cigarrillos? ¿Qué significa el sombrerito de papel alu-
minio (o lo que sea que tiene en la cabeza)?
Si bien hay mensajes que buscan no ser entendidos transitoriamen-
te —por ejemplo, los de la llamada publicidad preventiva—,la com-
prensión es un componente esencial de la legibilidad. Un buen nivel
de entendimiento implica una lectura rápida y exacta. Hay medios de
comunicación que se distinguen por su fugacidad, como las carteleras
espectaculares. En cambio, hay otros, como las revistas y algunos car-
teles, que pueden aguardar durante semanas a que el lector o el tran-
seúnte se detengan a descifrarlos por completo.
Las investigaciones más recientes dan un respiro y el beneficio de
la duda a las disonancias. No es justamente el caso del anuncio de
Marlboro, pero cuando en una imagen aparece un elemento fuera
de contexto, el anuncio suele recibir más fijaciones que cuando todo
es aparentemente normal. Las irregularidades, desde luego, deben de-
tectarse como tales y de inmediato, a la primera fijación. Más adelante,
en A de atractivo, nos ocuparemos de este tema.

El lenguaje
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

La comunicación depende de que el emisor y el perceptor sigan


ciertas reglas y que el medio se sintonice de modo que pueda transmi-
tir apegándose a esas mismas reglas. Hay sistemas muy simples, inclu-
so binarios, como los semáforos, donde el verde significa ‘seguir ade-
lante’ y el rojo, ‘detenerse’.
El código más importante en la comunicación es la palabra, el ha-
bla, y de esto no hay duda. No hago oídos sordos a aquello de que una
imagen vale más que mil palabras y bla, bla…, pero es inútil negar la
preponderancia del lenguaje hablado en cualquier sistema. La palabra
es, simplemente, un instrumento de comunicación mucho más codifi-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 85

cado que cualquier imagen, y eso la hace casi exacta (y la precisión es


justamente el eje de este trabajo).
Las hablas tienen muchos niveles de codificación. Entiéndase por
codificación las reglas del habla y la adaptación de los hablantes a esas
reglas. En nuestro pequeño entorno más próximo, en nuestras casas,
podemos comunicarnos con palabras o expresiones que no serían
comprendidas fuera de ahí. De la misma manera, tenemos dichos
particulares en nuestros barrios, comunidades, ciudades o regiones.
La codificación de estas hablas no está asentada en documentos; se
aprende de boca en boca y se sostiene con la difusión que los propios
hablantes dan a las voces y expresiones (a menudo, estos giros locales
se extienden más rápida y vigorosamente si son humorísticos).
Hay un punto, no obstante, donde el habla tiene que normarse.
Las leyes, decretos y sentencias; la educación y la difusión del cono-
cimiento; las noticias, la publicidad y muchas cosas más solo funcio-
nan si se construyen sobre un código lingüístico ampliamente acepta-
do. Por lo general, las reglas se fijan en las gramáticas y diccionarios,
documentos que tienen diversos ámbitos de aplicación. Por ejemplo,
la lengua española tiene una institución normativa, que es la Asocia-
ción de Academias de la Lengua Española, formada por veintidós aca-
demias nacionales. Cada uno de estos institutos recoge información
sobre las nuevas palabras, giros o construcciones gramaticales que van
apareciendo en los países donde se habla el español, y, en muchos ca-
sos, asientan esas novedades en diccionarios de localismos. El objeti-
vo es que los comunicadores, según los grupos de perceptores a quie-
nes queramos llegar, contemos con códigos particulares o generales
establecidos en documentos.
La española es una de las lenguas más difundidas del mundo, por lo
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

que está expuesta a grandes influencias. Hoy, la mayor de ellas es la del


inglés, debido a que la vanguardia tecnológica, política y social de los
Estados Unidos deja huellas constantemente en forma de neologis-
mos y calcos de frases hechas. Esto no es motivo de preocupación: to-
das las lenguas modernas se han alimentado de retazos de otras, las de
los conquistadores y las de los conquistados.
El español no es el único idioma que tiene un poderoso cuerpo
normativo. La fundación de la Real Academia Española, en 1713, bajo
el reinado de Felipe V, fue largamente antecedida por la de la Acadé-
mie française, de 1635, y esta, por la italiana Accademia della Crusca,

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
86 Diseño, co municación y neurocienci a s

de 1583. Son instituciones que han hecho o hacen diccionarios, los


cuales, en los ámbitos de sus respectivas lenguas, se han considerado
o se siguen considerando normativos. Tal es el caso del Diccionario de
la lengua española, que hoy se edita en la sede de la Real Academia Es-
pañola con el consenso de la asociación de las veintidós academias.
Hay lenguas, sin embargo, que no están normadas por una institu-
ción, sino por autoridades de facto. Este es el caso de la lengua inglesa,
otra de las más extendidas del mundo. Sus diccionarios, gramáticas y
manuales de estilo son compuestos por organizaciones públicas o pri-
vadas. Una de las consecuencias de esto es que cada lexicón del inglés
acumula cantidades gigantescas de vocablos en un afán por hacer gala
de su liderazgo. Otra consecuencia es que la ortografía de esa lengua
se quedó estancada hace muchos siglos, lo cual se aprecia en la escasa
correspondencia entre lo hablado y lo escrito. Finalmente, su ortoti-
pografía, que durante siglos corrió en paralelo con las de otras lenguas
europeas, comenzó a paralizarse en el siglo xviii mientras la hegemo-
nía del idioma pasaba de las islas británicas a los Estados Unidos.
La codificación, especialmente la normativa, estrecha el conjunto
de significados que se pueden atribuir a los signos. Al respecto, Pierre
Guiraud (1982, p. 36) dice:

La noción de un signo o de un sistema de signos más o menos


codificados es fundamental.
En efecto, la codificación es un acuerdo entre los usuarios del
signo que reconocen la relación entre el significante y el signifi-
cado y la respetan en el empleo del signo. Ahora bien, esta con-
vención puede ser más o menos amplia y más o menos precisa.
Así, un signo monosémico es más preciso que un signo polisémico.
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

La denotación objetiva es más precisa que la connotación sub-


jetiva, un signo explícito es más preciso que un signo implícito y
un signo consciente es más preciso que un signo inconsciente.
Cuanto más vaga se torna la convención, el valor del signo va-
ría en mayor medida con los diferentes usuarios.

Las palabras se descubren entre las conversaciones de los hablantes


y se coleccionan. El trabajo del lexicógrafo es, entonces, entenderlas
para definirlas. Los vocablos se registran, pero no tienen gobierno.
La lexicografía es anárquica.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
L de legibilida d 87

El gramático se cuela entre los pueblos para entender cómo se ha-


bla, de qué maneras se imbrican los signos para construir la comuni-
cación. Descubre las reglas del habla y las pone al servicio de los ha-
blantes. La gramática es democrática.
El ortógrafo tiene la responsabilidad de crear un código distinto al
del habla, pero debe hacerlo de tal suerte que, con el menor número
de signos y reglas, ese código represente a todas las hablas de un idio-
ma. La ortografía no puede ser dúctil, su papel no es darles gusto a los
hablantes, simplemente hay que obedecerla. Es tiránica.
Por último, la ortotipografía debe inquietar solo a una pequeña co-
lectividad de profesionales de la edición. Fuera de esa élite, no hay ne-
cesidad de que nadie se ocupe de ella; basta con que los encargados
hagan bien su trabajo y pongan los signos tipográficos adecuados en
los lugares correctos. La ortotipografía es oligárquica.
En todo caso, el objetivo de las normas lingüísticas es reducir la
ambigüedad —y por ello sirven a los hablantes—. Aprovechamos los
diccionarios y demás instrumentos para componer mensajes lógicos
y entendibles dentro de determinados ámbitos sociodemográficos.
Es por ello extraño, por decir lo menos, que en las comunicaciones
publicitarias y propagandísticas se escriba con tanto descuido. Para
muchos, la gramática y la ortografía son meras «reglas de urbanidad»
(y aunque no fueran otra cosa, también serían dignas de tomarse en
cuenta). Concedemos que un mensaje mal escrito puede hacerse ca-
mino y llegar a la mayoría de los perceptores, pero también es posible
que algunos destinatarios se queden enredados en la mala construc-
ción gramatical y que la evidente negligencia del anunciante engendre
rechazo en algunos grupos sociales.
La ortografía y la ortotipografía tienen una faceta menos evidente
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

en cuanto a la legibilidad. Como hemos visto, la lectura es un proceso


de inferencias: el lector recoge información parcial, la completa con lo
que tiene archivado en su memoria y la verifica o corrige en la siguien-
te toma de datos. Cada grupo de letras que aparece en el punto de fija-
ción se asocia con un abanico de palabras, las cuales reciben niveles
variables de excitación e inhibición que las hacen más factibles en de-
terminado contexto. Para dar una imagen un tanto simplista, ponga-
mos la secuencia cave-, que aparece en un poco más de diez palabras,
la mayoría de las cuales están relacionadas con caverna. Con la secuen-
cia cabe-, en cambio, comienzan medio centenar de palabras, sin con-

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.
88 Diseño, co municación y neurocienci a s

tar las derivadas. Si la palabra en el punto de fijación es cavernario, la


ortografía nos sirve para reducir nuestras hipótesis considerablemen-
te, y eso se traduce en una lectura más rápida, más precisa y con ma-
yor nivel de comprensión. Otro caso ortográfico es el de las mayúscu-
las, que nos sirven como si fueran mojoneras para transitar bien por
los textos. Ya hemos hablado de las regresiones, esos saltos hacia atrás
que damos inconscientemente cuando, durante la lectura, nos falta un
dato o nos topamos con una incongruencia. Si la regresión simple no
basta para completar el sentido, hacemos otra en un nivel más alto de
conciencia. En estos casos es frecuente que nos valgamos de las ma-
yúsculas para orientarnos en el texto, por lo que es prudente usarlas
con propiedad.
Copyright © 2013. Ediciones Trea. All rights reserved.

Buen, Unna, Jorge de. Diseño, comunicación y neurociencias, Ediciones Trea, 2013. ProQuest Ebook Central,
http://ebookcentral.proquest.com/lib/bibliodiegoportalessp/detail.action?docID=4823894.
Created from bibliodiegoportalessp on 2018-08-04 07:14:12.