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Título: Mi primer desfile con la banda

Autor: Wilder Quispe Tito

Cursaba en el tercer año de secundaria y, ya hace varios años había intentado participar de la
banda de músicos de mi colegio, pero por diversos motivos no lo había logrado. Mis intentos
en los años anteriores eran infaustos. La causa principal siempre fue mi propia
irresponsabilidad. La primera vez, en primer año de secundaria, no me sentía preparado y
evitaba las invitaciones de mi profesor. La segunda vez, en el segundo año de secundaria, ya
me consideraba que estaba listo pero mi impuntualidad para llegar a los ensayos relegó mi
participación en la banda de mi colegio. A todo este trajín de dos años, en el tercer año
finalmente pude ingresar.

Cuando finalmente fui admitido al grupo musical más importante del colegio, sentí una
emoción inmensa, pues era un privilegio. Los estudiantes músicos eran muy reconocidos por
diversos motivos, pero sobre todo por sus logros musicales, hasta el momento la banda
arturiana ya ostentaban un tetra campeonato en los concursos de bandas a nivel regional. Con
todo este historial, para mi ingresar a la banda significaba todo un privilegio.

Todo lo narrado hasta el momento, para mí, tuvo un momento cumbre cuando realicé la
primera salida de representación, a un distrito de mi provincia, con la banda que
recientemente había integrado. Al enterarme sobre la salida a este evento pasaban muchas
cosas por mi cabeza. Hasta creo que llegue a preocuparme. Pensaba sobre los costos de este
viaje, los horarios madrugadores que suponía tendría que cumplir, las que desarrollaríamos
allí y otros detalles típicos de un viaje. Pero, grata fue mi sorpresa cuando me enteré que el
municipio de la ciudad a la que íbamos cubría todos nuestros gastos, sin dejar pasar ninguno.
Antes solo había escuchado hablar de esos privilegios. Ahora ya sentía la emoción de ser un
estudiante músico. La preocupación había pasado y comencé a disfrutar.

Llegando a la ciudad, fue impactante como los pobladores de ese lugar esperaban con
emoción nuestra llegada. Nos saludaban, nos invitaban a pasar a un lugar preparado, todo
esto muy calurosamente. Era increíble el cariño que la gente le tenía a este grupo de músicos.
Ciertamente, no estaba enterado de la buena fama que con los años de esfuerzos y triunfos
había logrado. Simplemente yo, en mi primer año como integrante de esta banda, estaba
disfrutando de lo que mis compañeros habían logrado. Me llamó la atención como se retribuía
en cariño todo el esfuerzo hecho.

Una vez llegados, procedimos a alistarnos para el compromiso del día. Una vez más, la
comisión encargada, nos sorprendió con una deliciosa sopa caliente, para el frio de la mañana.
En esta era notable una presa de cordero gigantesca. Hasta antes de este acontecimiento yo
había solamente escuchado sobre el trato que recibían mis compañeros que participaban en
la banda. Se hablaba de alimentos diferenciados para los músicos puesto que entre otras
cosas se hacen un esfuerzo mayor, creo yo para alegrar el día festivo o cívico, cual fuera el
caso. Pero en esos momentos, yo era parte de ese grupo privilegiado. Esas muestras de cariño
no dejaron de mostrarse hasta el final de nuestra estadía en la ciudad. El almuerzo fue
también otro detalle a desatacar. Obviamente, nos dieron una gran presa de cordero otra vez
porque en estos lugares la carne es un símbolo de celebración y cariño.

Todo este cariño debía ser recompensado, el sonido de las marchas que interpretábamos
simplemente destacaban, en volumen sonoro, en marcialidad y musicalidad. Un momento
que quedo en mi memoria es como mis amigos ya experimentados eran capaces de hacer
delirar con sus melodías a los que estaban alrededor. En un desfile, como el que estábamos
participando, hay un buen tiempo de espera en las que se está simplemente parado
esperando que pasen los primeros grupos de marcha. Ahí es cuando empieza la improvisación
de los más expertos. Cogieron sus instrumentos y comenzaron a tocar huayños tradicionales
del sur. Para asombro mío las personas alrededor muy dadas a esas melodías música
disfrutaban haciendo rondas de bailes, acompañado de licor. Esto último era una disonancia
en mi manera de ver las cosas.

Muy aparte de esas actitudes, yo estaba disfrutando. En esa primera salida, aunque no era un
músico experto sentí lo significativo y valioso de dar un poco de ti y recibir mucho de personas
que, aunque no te conocían valoraban tu esfuerzo. Llegado el momento de nuestra
participación en la marcha pasamos gallardos y orgullosos. Por los altoparlantes se
mencionaba los logros de la banda y se describía la calidad de nuestra interpretación.
Terminadas las actividades nuestro bus nos esperaba y teníamos que volver. Estábamos
agotados por el sol, adoloridos por estar parados con zapatos todo el día, cansados después
de haber tocado por un buen tiempo, pero sobre todo eso, el grupo estaba alegre, yo estaba
feliz, fue una muy buena primera de muchas salidas a compromisos con ese grupo increíble.

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