Está en la página 1de 10

Un nuevo sistema de relaciones internacionales

Mientras la Segunda Guerra Mundial se acercaba a su fin, las potencias que encabezaban el
bloque aliado comenzaron a delinear un sistema de relaciones internacionales que ofreciera
mayores garantías que el de la primera posguerra. Así, en febrero de 1945, los líderes de los
Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética se reunieron en la Conferencia de Yalta.
Entre otras cuestiones, decidieron la creación de un organismo internacional en el que
estuvieran representados todos los Estados soberanos y cuya misión esencial sería la de resolver
los conflictos internacionales de manera pacífica. E n junio de 1945, representantes de cincuenta
países se congregaron en la ciudad de San Francisco (Estados Unidos) y redactaron la carta
fundacional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Las Naciones Unidas
La ONU es una organización abierta, cuyos propósitos son mantener la paz y la seguridad
internacionales, fomentar la amistad entre los pueblos, su libre determinación y defender los
Derechos Humanos. Asimismo, sus principios básicos son la igualdad de todos los Estados, el
arreglo pacífico de las disputas y la abstención del uso de la fuerza.
La ONU se compone de una Asamblea General, de la que participan todos los países
miembros, la Secretaría General, la Corte Internacional de Justicia, como un tribunal
supranacional, y el Consejo de Seguridad. Este último actúa de manera inmediata cuando se
altera la paz, y sus resoluciones son de cumplimiento obligatorio. Tiene cinco miembros
permanentes (los Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) y diez rotativos.
Dependen también de la ONU valiosos organismos especializados, como UNICEF, encargada
de proteger a los niños, y UNESCO, dedicada al fomento de la educación y la cultura.
El reordenamiento mundial de la posguerra también se llevó a cabo en el plano económico. La
perspectiva de una repetición de la crisis de 1930 indujo a las potencias occidentales a delinear
también las pautas de un nuevo sistema financiero y comercial internacional en la Conferencia
de Bretton Woods en 1944. Se crearon entonces nuevos organismos como el Fondo
Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento,
conocido como Banco Mundial.
El FMI tenía como objetivos principales el fomento del desarrollo equilibrado del comercio
internacional, el mantenimiento de altos niveles de empleo, el desarrollo de los recursos
productivos en todo el mundo y la eliminación de los controles sobre los intercambios
comerciales. El Banco Mundial debía coordinar préstamos e inversiones privadas, para
derivarlos hacia proyectos útiles.

La Guerra Fría
Finalizada la guerra, el centro de poder internacional se desplazó fuera de Europa occidental y
emergieron dos superpotencias con capacidad de actuar militarmente a nivel mundial: los
Estados Unidos y la Unión Soviética. Esta situación es conocida con el nombre de
bipolaridad.
Pronto estallaron profundas divergencias entre estas potencias hasta desembocar en un
enfrentamiento global entre dos grandes bloques. Esa confrontación fue denominada Guerra
Fría.
Se la llama "guerra" porque ambos Estados tenían una voluntad manifiesta de expansión,
consolidación de las posiciones propias y de rechazo de cualquier acción del enemigo; se la
conoce como "fría" porque no hubo enfrentamiento bélico directo entre tropas de ambos países,
pero sí una confrontación indirecta en ciertas zonas del mundo, como Alemania, China, Corea y
Vietnam.
El conflicto entre las dos superpotencias se tradujo, asimismo, en un enfrentamiento entre dos
modelos de organización sociopolítica: el capitalismo liberal y el comunismo. La oposición
entre un sistema económico de los países occidentales, basado en la iniciativa privada y otro
de los países socialistas, apoyado en la propiedad estatal de los medios de producción.
También se planteaba una lucha estratégico-militar: los Estados Unidos y la Unión.
Soviética se embarcaron en una carrera armamentista, que concentró en ambas potencias
medios de destrucción de tal magnitud que ponían en riesgo la continuidad de la vida en la
Tierra.
Según los elementos que se tomen en consideración, se pueden señalar dos fechas para el
comienzo de la Guerra Fría: 1945, cuando en la Conferencia de Yalta los vencedores de
Alemania se enfrentaron respecto de los destinos de Europa; o 1947, cuando el presidente de
los Estados Unidos, Harry Truman, en respuesta a la extensión de la influencia soviética en
Europa oriental, propuso contener cualquier intento de expansión del comunismo sin importar
el lugar del planeta donde éste se produjese, y formuló la Doctrina Truman. Esta doctrina
proponía una política de contención de cualquier iniciativa soviética que perturbara el nuevo
orden internacional y justificaba que el gobierno norteamericano interviniera en el exterior. Así,
los Estados Unidos apoyarían “a los pueblos libres que están resistiendo los intentos de
dominio por parte de minorías armadas o presiones externas”, según sostenía esta doctrina.
En 1947 el gobierno de los Estados Unidos lanzó un amplio programa de ayuda económica
destinado a los países europeos devastados por la guerra. El Programa para la recuperación
europea, más conocido como Plan Marshall, consistía básicamente en el otorgamiento de
préstamos a bajo interés y estuvo destinado en su mayor parte a Gran Bretaña, Francia,
Alemania e Italia. Los dirigentes soviéticos advirtieron que el Plan Marshall implicaba una
seria amenaza de extender la hegemonía de los Estados Unidos sobre sus áreas de influencia.
Por esta razón, exhortaron a los países de Europa oriental a rechazar la ayuda norteamericana y
lanzaron su propio plan: el Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME o
COMECON). El CAME se proponía promover la plena industrialización de los países
miembros -siguiendo el mismo esquema de los planes quinquenales aplicados en la Unión
Soviética- y el intercambio comercial entre las naciones del bloque. Durante esa reunión, se
formó la Kominform (Oficina de Información de los Partidos Comunistas y de los
Trabajadores). Su objetivo era crear una red para la circulación de datos relevantes entre los
partidos comunistas del bloque oriental, y sumaba también a los de Francia e Italia. Sirvió,
además, para someter a los partidos comunistas del mundo a las directivas emitidas por Moscú.
El enfrentamiento entre las dos grandes potencias también se manifestó en el terreno militar,
a través de la constitución de alianzas. En 1949, los norteamericanos impulsaron la creación de
la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que nucleaba a la mayoría de los
países capitalistas noratlánticos (Canadá, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo
e Italia -y posteriormente varios Estados más). Si bien estaba indiscutiblemente liderada por los
Estados Unidos. La OTAN era una alianza defensiva que comprometía a sus miembros a
prestarse ayuda militar en caso de agresión de terceros.
De acuerdo con este modelo y con el firme apoyo británico, entre 1954 y 1955 los Estados
Unidos implementaron alianzas militares en Oceanía, el sudeste asiático y Medio Oriente. Poco
antes, América latina cerraba filas con Washington al asociarse a la Organización de Estados
Americanos (OEA) y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).
En 1955, los soviéticos respondieron con la creación del Pacto de Varsovia, una
organización militar que nucleaba a los países comunistas. La presencia del ejército soviético en
Europa Oriental condujo a la instalación de gobiernos comunistas estrechamente ligados a la
Unión Soviética en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Albania y
Yugoslavia -estos dos últimos, menos dependientes de los soviéticos-. La división de Alemania
-y de Berlín- fue la culminación de este proceso.
La división de Alemania
En mayo de 1945, Alemania estaba ocupada por tropas de Gran Bretaña, Francia, los Estados
Unidos y la Unión Soviética. Estas fuerzas de ocupación ejercían un control absoluto sobre un
territorio devastado por la guerra.
En julio, una conferencia Internacional celebrada en la ciudad de Potsdam decidió dividir a
Alemania en cuatro zonas de ocupación militar y colocar el país bajo la tutela de un Consejo de
Control Interaliado. Sin embargo, era evidente que la coordinación de la toma de decisiones iba
a resultar muy dificultosa, dado que las dos superpotencias tenían intereses contrapuestos.
En 1948, las áreas estadounidense, británica y francesa unificaron sus monedas como paso
previo a una unificación territorial. Los soviéticos respondieron con el bloqueo de los accesos a
la ciudad de Berlín, en la que se repetía en pequeña escala la división del país en cuatro zonas.
Para salvar la situación, los Estados Unidos organizaron un puente aéreo que permitió
aprovisionar de alimentos a los más de dos millones de habitantes que vivían en el sector
occidental de la ciudad. En 1949, la Unión Soviética cedió y levantó el bloqueo.
La fragmentación de Alemania quedó consumada ese mismo año, cuando se crearon dos
Estados: la pro occidental República Federal de Alemania, con capital en Bonn, y la pro
soviética República Democrática Alemana, con capital en Berlín oriental. Esta ciudad también
estaba dividida en dos sectores: uno oriental y otro occidental.
Hegemonía soviética
El fin de la Segunda Guerra Mundial consolidó a la Unión Soviética como potencia y a Stalin
como una de las figuras centrales de la política internacional. También generó desafíos inéditos,
como la competencia ante los Estados Unidos. Frente a este escenario, los soviéticos optaron
por reafirmar su control sobre sus Estados satélite,1 de modo tal que fueran aliados confiables y
obedientes en caso de una futura confrontación.
En los primeros años de posguerra, Checoslovaquia, Bulgaria, Hungría y Polonia habían
logrado desarrollar experiencias políticas relativamente autónomas, conocidas como
democracias populares. Allí, las elecciones libres coexistieron con programas económicos que
combinaban los mecanismos de mercado con la planificación. Sin embargo, la Unión Soviética
consideró que estos márgenes de independencia eran riesgosos. En consecuencia, a partir de
1948, lanzó una serie de golpes de Estado para establecer gobiernos similares al ruso. Prohibió
todos los partidos con excepción de los comunistas, los cuales monopolizaron el Estado. En el
plano económico, las principales decisiones fueron tomadas por organismos de planificación,
mientras que la agricultura se colectivizó y la industria se nacionalizó.
La excepción a esta oleada estalinista fue Yugoslavia, gobernada por Josip Brosz. Esta figura,
apodada "Tito”, había liderado a las guerrillas comunistas contra los alemanes durante la guerra
y había liberado a su país sin apoyo del Ejército Rojo. Gracias a esto, pudo desafiar
abiertamente a Stalin, romper con Moscú en 1948 y luego recibir ayuda económica
norteamericana. Yugoslavia se convirtió así en uno de los primeros países en rechazar el orden
internacional para ubicarse dentro del grupo de las naciones neutrales o no alineadas.

Las fases de la Guerra Fría

La Guerra Fría se extendió durante más de cuatro décadas, un largo período dentro del cual
pueden distinguirse etapas de agudización del antagonismo y otras de distensión.
1
Estado satélite Denominación, por lo general denigratoria, que se da a un país que es formalmente
independiente, pero que en la práctica está sometido a un gobierno más poderoso.
Primera Guerra Fría (1945-1962)
La desconfianza entre Occidente y la Unión Soviética comenzó durante la Segunda Guerra
Mundial. Si bien Stalin se alió con Roosevelt y Churchill, nunca había confiado en ellos. Para el
líder soviético, el retraso en abrir un "segundo frente” en Europa Occidental era una estratagema
para debilitar a su país. De hecho, temía que los Aliados firmaran una paz separada con el Eje
para luego atacar a la Unión Soviética. Por su parte, británicos y estadounidenses comenzaron a
cuestionar las ambiciones soviéticas y a pensar cómo frenar su expansionismo. Las
desavenencias se volvieron irreversibles con el final de la guerra: durante las conferencias de
Yalta y Potsdam de 1945, no se logró establecer un consenso sobre el futuro de Alemania en
particular y el de Europa en general. Cada bando desconfiaba de las intenciones del otro y buscó
consolidar su posición en las regiones que controlaba: los Estados Unidos enviaron asistencia
económica a Europa a través del plan Marshall y le aseguraron ayuda militar. La Unión
Soviética, por su parte, instauró regímenes de tipo estalinista en buena parte de Europa
Oriental.
Los primeros años de la Guerra Fría estuvieron jalonados por crisis como el bloqueo soviético
de Berlín en 1948, lo que precipitó la partición de Alemania en el oeste capitalista y el este
socialista. Más seria fue la guerra de Corea, en la que intervinieron China y los Estados
Unidos
Estos problemas podían explicarse, en parte, por el carácter novedoso de la situación, lo cual
generaba incertidumbre y provocaba errores de cálculo en los actores. De todas maneras,
enseguida surgieron espacios e instituciones como las Naciones Unidas, que permitieron lidiar
de manera colectiva con este tipo de escenarios.
La muerte de Stalin, en marzo de 1953, trajo una cierta tranquilidad: los soviéticos moderaron
su política exterior mientras buscaban un nuevo dirigente, que terminó siendo Nikita Jruschev.
Este personaje demostró estar más abierto a la negociación que su antecesor, aunque también
sorprendió por sus declaraciones exageradas, sus amenazas y su audacia diplomática.
Crisis de los Misiles
En 1959 se produjo la Revolución cubana. Al comienzo, Cuba mantuvo relaciones
diplomáticas con los Estados Unidos. Sin embargo, cuando la Revolución comenzó a
nacionalizar empresas, Washington rompió relaciones con La Habana. Así, en 1961, apoyó la
invasión de bahía de Cochinos, para derrocar al gobierno revolucionario. A partir de entonces,
Cuba inició su acercamiento a la Unión Soviética.
Jruschev aprovechó esta situación y, en julio de 1962, instaló en Cuba misiles nucleares
capaces de atacar el territorio estadounidense. Buscaba restablecer el equilibrio estratégico, ya
que la URSS vivía bajo la constante amenaza de las armas occidentales. Entonces, estalló la
crisis de los misiles: los Estados Unidos bloquearon Cuba en octubre de 1962 y anunciaron que
hundirían toda nave soviética en el área. Al mismo tiempo, se hicieron preparativos para un
ataque aéreo y una invasión anfibia. Las negociaciones que mantuvieron los diplomáticos
evitaron el enfrentamiento militar: tras trece días, Jruschev aceptó dar marcha atrás, mientras
que el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, accedió a retirar sus misiles de
Turquía y se comprometió a no invadir la isla caribeña.
Las consecuencias de estos sucesos fueron enormes: en primer lugar, las superpotencias se
toparon de frente con la posibilidad de una guerra nuclear. Se establecieron así canales de
comunicación directa para evitar que las crisis futuras también se salieran de control. A pesar de
la resolución pacífica, la retirada de Jruschev fue percibida como un fracaso en la URSS, y esto
perjudicó su futuro político.
Distensión (1962-1979)
La resolución de la Crisis de los Misiles dio lugar a un mayor entendimiento entre las
superpotencias. Más allá de sus diferencias, ambas estaban de acuerdo en que una guerra abierta
conllevaría una destrucción mutua asegurada, por lo cual debían cooperar para evitar una
confrontación de este tipo. Se inició así una larga serie de conferencias, tanto bilaterales como
internacionales, en las cuales se buscó limitar y regular el armamento nuclear. Los progresos en
este ámbito fueron lentos y difíciles, y no se evitó que las potencias continuaran incrementando
sus reservas nucleares e introduciendo nuevos dispositivos. No obstante, para finales de los años
ochenta, la Unión Soviética y los Estados Unidos habían llegado a ciertos consensos básicos.
El acercamiento entre Oriente y Occidente se pudo ver en otros planos. Hubo una mayor
apertura comercial y cultural entre ambos bloques, al tiempo que se lanzaron notables
iniciativas conjuntas. El fenómeno no estuvo restringido a las superpotencias: Alemania
Occidental y Alemania Oriental establecieron vínculos diplomáticos oficiales en 1970,
mientras que los Estados Unidos y China normalizaron sus relaciones poco después. Esta fase,
que recibiría el nombre de distensión, llevó a que muchos pensaran que la coexistencia pacífica
era posible y que la Guerra Fría se resolvería de forma gradual por la progresiva unión entre los
dos bloques.
Segunda Guerra Fría (1979-1989)
El optimismo llegó a su fin al concluir la década de 1970. Los motivos fueron varios: por un
lado, los Estados Unidos consideraron que la Unión Soviética no estaba cumpliendo con los
tratados que firmaba. La violación de los derechos humanos en su territorio y en el de sus
Estados satélite, la invasión soviética de Afganistán en 1979 y el despliegue de nuevos misiles
en Europa fueron algunas de las causas por las que los dirigentes estadounidenses desconfiaban.
En 1981, Ronald Reagan asumió la presidencia de los Estados Unidos y adoptó un discurso
duro hacia la Unión Soviética, además de enviar ayuda económica y militar a fuerzas
anticomunistas en todo el mundo. La reacción de la Unión Soviética fue interrumpir muchas de
las negociaciones vigentes, redoblar su política represiva en Europa Oriental y continuar con sus
campañas de expansión.
Los vínculos bilaterales se deterioraron hasta que, en 1985, Mijaíl Gorbachov llegó al poder en
la Unión Soviética. Convencido de que su país no podía sostener económicamente campañas
como las de Afganistán y la competencia militar con los Estados Unidos, el nuevo dirigente
alteró de manera radical la postura soviética. Planteó propuestas unilaterales de desarme, redujo
la participación de la Unión Soviética en conflictos externos y mantuvo varias reuniones con
Reagan, que arrojaron resultados muy prometedores. Esta nueva distensión se combinó con las
reformas introducidas por Gorbachov que condujeron al final de la Guerra Fría, con la caída del
Muro de Berlín, en noviembre de 1989, y la disolución del Estado soviético, en diciembre de
1991.

La carrera armamentista
La Guerra Fría se libró en múltiples campos, además del político y el militar: la investigación
científica, el espionaje y la propaganda —por diversos medios-ocuparon un lugar aún mayor que en los
conflictos precedentes.
Complejo militar
Las dos guerras mundiales les dejaron en claro a las grandes potencias el lugar esencial que la
investigación científica y la tecnología tenían en los combates modernos. La Segunda Guerra
Mundial había traído una novedad aún más radical con la bomba atómica, capaz de destruir
ciudades y ejércitos enteros. Los Estados Unidos y la Unión Soviética reconocieron rápidamente
que sus pretensiones de hegemonía debían sustentarse en la posesión de artefactos nucleares,
aviones a reacción y otras armas de avanzada, por lo cual invirtieron enormes sumas de dinero
para construirlas y desarrollarlas.
Este esfuerzo económico, científico y bélico fue llevado adelante por el complejo militar-
industrial, una estrecha asociación de hombres de Estado, altos mandos de las Fuerzas
Armadas, empresarios y académicos que cobró un peso decisivo en la política interna de ambas
superpotencias. La inmensa influencia adquirida por este sector hizo que la defensa se volviera
prioritaria, mientras que todo proyecto contrario al militarismo se marginó.
La competencia fue vertiginosa: en agosto de 1949, la Unión Soviética rompió el monopolio
estadounidense al detonar su primer dispositivo nuclear. En la década siguiente, las
superpotencias fabricaron bombas de hidrógeno. La búsqueda constante por superar los avances
del enemigo impulsaba aún más esta dinámica.
De todas maneras, pronto quedó claro que el uso de armas nucleares provocaría un
contraataque devastador, lo cual dio pie a acuerdos y negociaciones. Aun así, los Estados
Unidos y la Unión Soviética continuaron gastando enormes sumas de dinero en armamento.
Carrera espacial
La competencia tecnológica y cultural entre los dos bloques se trasladó también a la
exploración del espacio. En 1957, los soviéticos lograron poner al primer hombre en el espacio.
Desde entonces se produjo una carrera en la que cada potencia buscó superar a la contraria.
Ante los impactantes logros soviéticos, los estadounidenses lanzaron el programa Apolo, que
en su undécima misión, en 1969, alcanzó el primer alunizaje exitoso y una caminata sobre la
superficie lunar. La tecnología espacial ocupó un lugar destacado durante la Guerra Fría, tanto
por sus potenciales aplicaciones militares como por sus efectos psicológicos sobre la población.
Espionaje
Conocer los planes y actividades del adversario, un factor importante en todo conflicto bélico,
cobró un papel destacado durante la Guerra Fría. Cada superpotencia desarrolló sus propios
organismos de inteligencia, los cuales se enfrentaron en una intrincada competencia de secretos,
engaños y espionaje.
En 1947, los Estados Unidos crearon la Agencia Central de Inteligencia (CÍA). Esta entidad
operó, en buena medida, en las sombras, escondiendo datos sobre su funcionamiento y
permaneciendo al margen de controles por parte de otras agencias gubernamentales. Sus tareas
se limitaron, en principio, al análisis de información proveniente del exterior, pero rápidamente
amplió su área de acción a la recolección de inteligencia, las operaciones encubiertas y el
contraespionaje. Así, la Agencia llevó a cabo operaciones anticomunistas en países como Irán,
Guatemala y Laos. Aparte de sus éxitos, tuvo marcados fracasos, como no predecir la
instalación de misiles soviéticos en Cuba.
Las operaciones de inteligencia soviéticas quedaron bajo el control del Comité para la
Seguridad del Estado (KGB). A diferencia de la CÍA, esta organización se encargaba también
de mantener la seguridad interior y funcionaba como policía secreta. Además, estaba
estructurada como un servicio militar y seguía códigos castrenses.
La KGB operaba a través de una red internacional de informantes, espías y agentes. Sus
actividades eran diversas, y cubrían desde el registro de datos hasta el reclutamiento de
colaboradores y la venta de armas.
La KGB fue una herramienta crucial para el mantenimiento del orden interno. Espiaba a la
población para monitorear la opinión pública y erradicar cualquier tipo de disenso. De esta
manera, esta institución fue temida y vista como la encarnación de los aspectos más brutales del
régimen.
Censura y represión
Las actividades de espionaje generaron una sensación de temor y paranoia a ambos lados de la
Cortina de Hierro. Los Estados Unidos ya habían atravesado una situación parecida en los años
veinte, cuando las noticias sobre la expansión de la Revolución rusa desembocaron en una ola
de persecuciones contra el movimiento obrero y las izquierdas. Esos miedos revivieron a fines
de los años cuarenta tras conocerse que había espías comunistas en suelo estadounidense, que
les habían suministrado datos cruciales a los soviéticos.
La respuesta fue el macartismo, fenómeno que tomó su nombre del senador Joseph
McCarthy, quien creía que el socialismo tenía una influencia decisiva sobre el gobierno, la
prensa, la educación y hasta en Hollywood. Este personaje lideró una caza de brujas 2 contra toda
persona sospechosa de simpatizar con la izquierda. Con ayuda del FBI, McCarthy avasalló las
libertades de expresión y prensa, al tiempo que citó a cientos de personas a declarar frente al
Comité de Actividades Antiamericanas. El macartismo llegó a su fin por el creciente rechazo de
la opinión pública y por la oposición de la Corte Suprema.
Por su parte, la libertad de opinión ya había sido restringida en la Unión Soviética desde los
años veinte. La Guerra Fría reforzó todavía más las restricciones, sostenidas con la vigilancia de
la KGB. Las críticas al gobierno y su ideología podían acarrear duros castigos, así como la
posesión de discos, películas y prendas de vestir que llegaban de Occidente. La propaganda
soviética mostró los objetos provenientes del capitalismo como mercancías decadentes
fabricadas con métodos inhumanos. No obstante, los bienes occidentales continuaron llegando a
manos de los rusos, en especial de los más jóvenes, al tiempo que surgían grupos de
intelectuales que desde la clandestinidad cuestionaban el autoritarismo estatal.
Guerra Fría y cultura popular
La Guerra Fría tuvo una enorme repercusión sobre la cultura de masas de la segunda mitad del
siglo XX. Para estadounidenses y soviéticos, el cine, la literatura y otras expresiones artísticas
eran la mejor manera de mostrarle al mundo sus logros y el potencial de sus sistemas, así como
de desmerecer a los demás.
Los temores y la ideología pudieron expandirse a través de las películas de Hollywood, que se
difundieron por todo el mundo gracias a sus argumentos fáciles de entender y el despliegue
técnico de sus producciones. Algo similar ocurrió con las novelas de ciencia ficción o con las
series televisivas. La figura del espía que utilizaba la tecnología, la habilidad y el encanto
personal para cumplir sus misiones fue idealizada, como puede verse en la saga de James Bond
iniciada con El Satánico Dr. No, y también satirizada, como en El Superagente 86 (1965-1970).
La idea misma de una guerra fue en un principio tratada de manera indirecta por la ciencia
ficción, donde los extraterrestres asumían el rol de los soviéticos, como puede verse en la
adaptación de 1953 de La guerra de los mundos. La difusión del cine soviético fue
decididamente menor, en parte por la escasez de recursos, aunque se lanzaron films de alta
calidad que atrajeron a un público considerable

La descolonización
Se llama descolonización a la eliminación de los antiguos imperios coloniales. Este proceso,
que se inició luego de 1945 pero cuyos antecedentes se pueden rastrear a partir de la
finalización de la Primera Guerra Mundial, dio lugar al surgimiento de nuevos Estados, algunos
de ellos sin precedentes.
La descolonización se puede atribuir, a varias causas: en primer lugar, al agotamiento de las
grandes metrópolis coloniales, como resultado del esfuerzo bélico y de la destrucción que
provocó la Segunda Guerra Mundial, que derivó en la evidente pérdida de poder del continente
2
caza de brujas. En el contexto del siglo XX, se refiere a todo proceso judicial que se lleva a cabo contra
una amenaza considerada extrema que, en la mayoría de los casos, resulta ser completamente ficticia.
europeo. Asimismo, los estados europeos no disponían de los recursos económicos ni militares
necesarios para mantener sus imperios coloniales. Las finanzas de estos países se hallaban
deterioradas por la guerra y la acción de sus gobiernos estaba dirigida prioritariamente a la
reconstrucción de las economías de las áreas metropolitanas.
En segundo lugar, la resistencia de los territorios colonizados a seguir dependiendo de
Estados que ya no estaban en capacidad de continuar dictando sus políticas a miles de
kilómetros de distancia.
En tercer lugar, un despertar nacionalista, que se venía gestando desde inicios del siglo XX,
pero que comenzó a tomar forma gracias a que en muchos de los pueblos colonizados existía una
clase privilegiada, educada según los modelos occidentales. Los integrantes de esas elites locales, que
habían estudiado en Europa o en los Estados Unidos, experimentaron las diferencias entre estas
situaciones y el estado de sujeción de sus países de origen. Entraron en contacto con un clima de libertad
e igualdad, sin grandes barreras sociales, y se hicieron conscientes de la humillación y la opresión de la
que eran víctimas sus connacionales. Esas elites autóctonas y los partidos políticos, organizados de
manera semejante a los de las metrópolis, asumieron, entonces, la tarea de llevar a cabo la acción
liberadora
Si bien las situaciones fueron extremadamente variables, se pueden destacar dos grandes
escenarios: Asia y África; y dos potencias en retirada: Gran Bretaña y Francia.
Gran Bretaña trató de buscar salidas negociadas para evitar un conflicto armado que no
estaba en condiciones de afrontar; como contrapartida, procuró mantener vínculos económicos
duraderos. El comienzo del fin del Imperio británico fue su retirada de la India en 1947. El
retiro británico fue forzado por una intensa campaña de agitación encabezada por el líder del
movimiento independentista Mahatma Gandhi. Esta campaña se basó en la idea de la no
violencia, que consistía en huelgas de hambre, sentadas en las calles, boicots a los productos
ingleses, resistencia al pago de impuestos, etcétera. A pesar de los esfuerzos de Gandhi, el
territorio que hasta entonces dominaban los británicos se fragmentó en dos Estados: la India, de
mayoría hindú, y Pakistán, de mayoría islámica.
Francia, en cambio, intentó volver a una política de gran potencia, que en la realidad no
ejercía desde fines del siglo XIX. En ese marco pretendió prolongar la agonía de su imperio por
todos los medios y se enredó en guerras coloniales en las que resultó derrotada y humillada,
como ocurrió en Vietnam (1954) y en Argelia (1962).
El conflicto árabe-israelí
Un caso diferente fue el de Palestina, que estaba bajo el mandato británico desde la
finalización de la Primera Guerra Mundial. Poblada mayoritariamente por árabes, la llegada
masiva de judíos luego del Holocausto introdujo un factor de inestabilidad en la región. En
1947, la ONU decidió dividir el territorio en dos zonas: una árabe y otra israelí. Esta decisión
provocó el rechazo de los palestinos, que consideraron artificial la creación del Estado de Israel,
en 1948.
En 1948, 1956, 1967 (cuando Israel ocupó Gaza, Cisjordania, el Sinaí y toda Jerusalén) y
1973, los dos sectores recurrieron a la fuerza para intentar solucionar sin éxito sus diferencias.
El proceso de paz abierto con los acuerdos de Camp David (1979), así como otros
acercamientos posteriores, no ha logrado establecer bases sólidas para una paz duradera.
Las grandes potencias se involucraron también en los conflictos que se desarrollaron en
Medio Oriente. La descolonización, la creación del Estado de Israel en 1948, y la creciente
importancia del petróleo de la región convirtieron a la zona en uno de los puntos más sensibles
de la política internacional de la segunda posguerra

La Guerra Fría en el Extremo Oriente


Como ya vimos, uno de los escenarios de la Guerra Fría fue el continente europeo. Otra región donde
se manifestó el conflicto Este-Oeste fue el Asia oriental. Aquí, el enfrentamiento se superpuso a uno muy
anterior: el colonialismo. Por esa razón, el fin de la Segunda Guerra Mundial y la descolonización
crearon una realidad muy compleja: al agotamiento de la viejas metrópolis imperiales (Gran Bretaña,
Francia, Holanda) se agregó el vacío dejado por la derrota y la retirada de Japón.

La guerra civil en China


En 1945, en China se reanudó la guerra civil que se había suspendido cuando tuvo lugar la
invasión japonesa, en 1937. El sector nacionalista o Kuomintang, reconocido por las potencias
occidentales y liderado por Chiang Kai Shek, se enfrentó al sector comunista liderado por Mao
Tse Tung.
El triunfo de los comunistas, en 1949, fue un duro golpe para los Estados Unidos, que vieron
cómo se conformaba un bloque agresivo, expansionista y homogéneo. Aun más cuando Mao y
Stalin sellaron un tratado de alianza y cooperación entre China y la Unión Soviética. En
contrapartida, los Estados Unidos protegieron a Chiang Kai Shek, quien se refugió en la isla de
Taiwán. El régimen comunista nunca estuvo sometido al soviético, aunque en los primeros años
de la Revolución, ambos mantuvieron buenas relaciones. Desde fines de la década de 1950,
estas relaciones empeoraron y culminaron con un enfrentamiento entre ambos países .
La Guerra de Corea
En Corea, luego de la evacuación japonesa, en 1945, se acordó que el sur de la península fuese
ocupado por los Estados Unidos y el norte por la Unión Soviética. En 1949, la ONU convino un
plan para convocar a elecciones, que sólo se realizaron en el sector meridional. Allí se organizó
la República de Corea, reconocida por Occidente.
En junio de 1950, Corea del Norte, que tenía un gobierno comunista, atacó a Corea del Sur.
Los Estados Unidos, respaldados por la ONU, respondieron el ataque: recuperaron Corea del
Sur e invadieron Corea del Norte. Pero la situación se complicó porque China intervino para
apoyar al régimen norcoreano. Con esta intervención, el conflicto creció en intensidad, y el
peligro de una guerra generalizada parecía inminente.
El general Douglas Mac Arthur, jefe de los ejércitos estadounidenses y héroe de la Segunda
Guerra Mundial, propuso utilizar armas nucleares para bombardear China y eliminar el
comunismo. Sin embargo, el presidente Truman prefirió limitar la campaña al territorio
coreano. Durante 1951 y 1952 hubo pocos enfrentamientos. Finalmente, en 1953 se llegó a un
acuerdo que restableció las fronteras anteriores a 1950.
La Guerra de Corea fue el choque arquetípico de la Guerra Fría: una nación artificialmente
dividida, una confrontación imperial e ideológica, una guerra limitada
La Guerra de Vietnam
Hasta 1945, Vietnam formaba parte de la colonia francesa de Indochina. En 1946, los
vietnamitas, liderados por las fuerzas del comunismo local, se rebelaron contra los franceses,
aunque recién pudieron vencerlos en 1954. Dividida en tres estados separados: Vietnam, Laos y
Camboya. Ese año la Conferencia de Ginebra consagró la creación de dos Estados: Vietnam
del Norte, gobernado por el líder comunista Ho Chi Minh, y Vietnam del Sur, bajo el régimen
capitalista y dirigido por Ngo Dinh Diem.
La negativa del gobierno de Vietnam del Sur, presionado por los Estados Unidos, a avanzar en
el proceso de reunificación del país desencadenó el estallido de una insurrección liderada por
una organización guerrillera, el Vietcong, que era apoyada por el gobierno de Vietnam del
Norte.
Los estrategas de Estados Unidos consideraban que si Vietnam del Sur caía en manos del
comunismo existía el peligro de que todos los países de la región lo hicieran. Esta suposición,
conocida como teoría del dominó, empujó a los Estados Unidos a involucrarse en una guerra
(con mayor intensidad desde 1965) que demostró que el poderío militar, bombardeos masivos y la
utilización de armas químicas, no siempre es suficiente para lograr la victoria.
Las características del terreno (montañas cubiertas por una selva muy tupida), la hostilidad de
gran parte de la población vietnamita, el alto número de víctimas y la actitud de muchos
estadounidenses, que repudiaron de manera creciente una guerra a la que consideraron ajena,
convencieron al gobierno de los Estados Unidos de la necesidad de evacuar Vietnam, hecho que
ocurrió en 1973. Finalmente, en 1975 el sur cayó en manos del comunismo y el país se unificó.
En 1975, el ejército norvietnamita avanzó sobre el sur y tomó la ciudad capital, Saigón. En julio de 1976,
se proclamó la reunificación del país como República Democrática Popular de Vietnam

La Conferencia de Bandung
Las perspectivas de los países recientemente descolonizados no eran muy alentadoras. Los
nuevos estados enfrentaban conflictos políticos internos y, sobre todo, graves problemas
económicos. Para tratar estos problemas, en abril de 1955, representantes de varios estados
de Asia y de África se reunieron en Bandung, Indonesia. Los participantes de la
conferencia condenaron el colonialismo y la discriminación racial; reconocieron la
necesidad de promover el desarrollo económico y de preservar la independencia nacional;
solicitaron su admisión en la ONU y proclamaron el principio de no intervención en los asuntos
internos de otros países. En esta reunión se comenzó a plantear la postura -sostenida sobre todo
por Jawaharlal Nehru, presidente de la India- de constituir una tercera fuerza, no alineada con
ninguna de las dos grandes potencias. En 1961, en una reunión celebrada en Belgrado,
Yugoslavia, con la incorporación al grupo de algunos países de América latina, se constituyó
el Movimiento de Países no Alineados.