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CHASUMÁ

Los niños estaban asustados, pues, en la mañana, habían escuchado decir a Don Ramón que
todas las noches, desde las doce, salía la Chasumá: recorría las calles del pueblo con paso
cansado y tenebroso: “toc-toc-toc…”. Cuando se escuchada el incesante taconear en las calles
solitarias, los cuerpos se helaban de terror, los perros aullaban temerosos: “auuú, auuú…”, y el
bullicioso caminar trepidada en los oídos. Pasaba golpeando el empedrado y lentamente se
alejaba, un frio vientecillo soplaba misterioso crispando los nervios. Don Ramón dice que la vio
en una noche de luna; era una mujer alta, los cabellos largos le daban hasta el suelo y en la
cara, en vez de ojos, tenía dos huecos profundos, donde brillaban lenguas de fuego; era
horrible, dice que de valiente no se desmayó. La noticia acerca de la diabólica mujer se divulgó
en el pueblo con rapidez de suspiro y el miedo se convirtió en pánico en toda la población.
Ocultado el astro luz, los niños temerosos se protegían junto a sus padres; los trasnochadores,
con esfuerzo inaudito, cambiaron de costumbre y temprano se recogían a sus domicilios.
Desde las nueve de la niche nadie se atrevía a salir, un silencio tétrico y envolvente cubría al
poblado, dando la apariencia de estar abandonado. Atemorizada, la población formó una
comisión para visitar al alcalde, exponerle el problema y encontrar una solución, y correr el
alma en pena que había quebrado la tranquilidad del apacible pueblo. –Señor Alcalde – dijo
don Cristóbal-. Algo debemos hacer porque la Chasumá nos tiene a todos atemorizados y por
su culpa todo ha cambiado: los cantineros se quejan que solo son visitados por los
parroquianos desde las seis de la mañana hasta las doce del día; los panaderos hacen el pan de
cada día cuando el sol asoma radiante, esto propicia que los estudiantes lleguen tarde a clases;
los campesinos no pueden madrugar y los gallos, como si estuvieran amedrentados, tampoco
cantan al amanecer. Frente a tantos problemas y después de una serie de deliberaciones,
acordaron hacer una urgente visita al sacerdote para pedir su consejo y mandar hacer una
misa.
LA LUZ LLEGO AL BOSQUECITO DE LA AMISTAD

Hace mucho tiempo, en un bosque llamado Aguará, Vivian muchos animalitos. Era un lugar
maravilloso, colorido, lleno de árboles, plantas, flores aromáticas y tenía mucha luz. Brillaba
cada vez que salía el sol, eso a los bichitos los ponía muy contento. Animalitos había de todo
tipo, coloridos, cantores, grandes, chicos, gordos, flacos, pero lo bueno era que a pesar de sus
diferencias todos eran amigos. Por un lado, estaba ella, la vaquita de San Antonio, que era
muy simpática y todos los que le veían querían atraparla. Decían que atraía la buena suerte y
que si le pedias un deseo ella te lo cumplía. Por otro lado, estaba nuestro amigo caracol, de
quien todos se quejaban porque por lo lento que andaba, siempre llegaba tarde a las fiestas y
reuniones. En este fantástico lugar, también vivía la señorita mariposa; ella era muy coqueta,
siempre se vestía con ropa multicolor y siempre estaba tan alegre; a ella más que a nadie le
gustaban los días soleados. Los animalitos para ir de un lugar a otro, no tomaban colectivo, ni
taxi, sino que llamaban al transporte “ciempiés”. Si, él era el encargado de llevar a estos
pobladores; tenia cien asientos y eso si… aunque no tenía la velocidad de un auto, lento, lento
llegaba a destino

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