Está en la página 1de 10

ORACIÓN A SANTA ROSALÍA

Célebre penitente, rosa fragante, conservada entre las asperezas de los


montes fragosos de Quisquina y Peregrino; dechado de mortificación,
dichosa y bienaventurada Rosalía, que merecisteis ver, en el frágil
instrumento de un cristalino espejo, al espejo en que se mira el Eterno
Padre, que es Cristo crucificado. Por el amor con que este Señor bajó del
cielo a tomar la humana naturaleza en las purísimas entrañas de María
santísima, naciendo en la pobreza de un establo, sin reparo, sin abrigo y en
un sumo desamparo, (el cual misterio contemplabais con tan ardiente
fervor.) Por la Inmaculada Concepción de su dulcísima Madre. Por la
preciosísima sangre, que este piadosísimo Señor vertió en el ara de la Cruz.
Por toda su acerbísima pasión, cuya memoria y meditación era el cotidiano
alimento de vuestra bellísima alma, hallando en este pasto todos los regalos
y tesoros celestiales. Por la ternura y devoción con que recibíais tres veces
al año a Jesús Sacramentado por mano del mismo Jesús. Os ruego, piadosa
Santa mía, pues sois antídoto contra la peste, que me libréis del contagio y
veneno infernal del pecado mortal, alcanzándome de mi Redentor, (con
quien tanta cabida tiene vuestra interposición) dolor perfecto de contrición,
y perdón universal de todas las culpas, que contra tan suprema y amable
majestad he cometido en el discurso de mi vida, solicitándome auxilios
para que de aquí adelante le sirva y no le ofenda, y una dichosa muerte,
para la cual hora imploro desde ahora vuestro patrocinio, por el cual espero
lograr la eterna felicidad y el favor que pretendo en esta Novena, si ha de
ser para gloria de Dios, de María santísima, y honra vuestra. Amen.

ANTIFONA
Salve Rosalía hermosa,
que, de Jesús por amor,
habitasteis el horror
de una montaña escabrosa.
Con luz divina y gloriosa,
despreciasteis reino humano,
ganando por vuestra mano,
con oro de penitencia,
de la divina clemencia
el tesoro soberano.

L/: Ruega por nosotros, Santa Rosalía


R/: Para que seamos dignos de los prometimientos de Cristo.
ORACIÓN: Señor Dios, que a la beata virgen Rosalía la sacasteis de entre
los regalos y delicias del mundo, y la colocasteis en la soledad de los
montes; concédenos propicio, que, por sus méritos y patrocinio, troquemos
el efecto de las cosas terrenas en amor de las celestiales; y que, por tu
misericordia, seamos libres de los azotes, de tu ira, por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.

ORACIÓN A SAN ROQUE


Glorioso San Roque, que mereciste por tu heroica caridad en la asistencia a
los pobres que padecían del mal de peste, alcanzar de Dios su alivio, y
exterminarla de los hospitales en que los asististe, pide al Señor nos dé
gracia para que con ella consigamos vernos libres de la peste y del pecado,
y que arrepentidos y salvos de los que hemos cometido, merezcamos
gozarle en tu compañía eternamente en la gloria. Amén.

ANTÍFONA
Dios te salve Roque Santo,
De ilustre sangre nacido,
En cuyo pecho una cruz
Estampó el autor divino,
Yéndote por todo el mundo
Que hiciste muchos prodigios
En tan portentoso signo,
Dios te salve, Roque angélico
Que con tan dulce sonido
Tan contagioso conflicto.

L/: Rogad por nosotros, bienaventurado Roque.


R/: Para que seamos librados de la peste y la epidemia.

ORACIÓN: Os suplicamos, Señor, custodiad a vuestro pueblo con


continua piedad, y por los méritos de los sufragios del bienaventurado
Roque, haced que seamos protegidos de todo contagio de alma y cuerpo.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
ORACIÓN A SAN SEBASTIÁN
Ínclito mártir de Cristo, San Sebastián, defensor esforzado de la Fe, honor y
gloria de la Iglesia católica; vos que fuisteis uno de los más distinguidos
capitanes del Imperio romano, y de los más intrépidos soldados de la
milicia de Dios; héroe insigne, con cuyas virtudes adornó el Cielo a la
religión que profesamos; por cuyo medio extendió el culto cristiano y
confundió a la idolatría; confiados en vuestra intercesión poderosísima para
con el dador de todo bien, y seguros de la presteza con que acudís a
favorecer a los que os invocan en sus necesidades de alma y cuerpo, nos
postramos hoy ante vuestra presencia, y de lo íntimo de nuestros corazones
os suplicamos elevéis nuestras peticiones al trono del Eterno, haciendo que
por vuestros méritos sean bien despachadas. Rogad, pues, al Señor en
nuestro nombre que exalte y propague la santa Fe católica, por la cual
derramasteis vos vuestra sangre; que extermine todos los cismas y herejías;
que haga que la Iglesia Romana triunfe de todos sus enemigos, que proteja
a su Vicario en la tierra; que conceda paz y concordia a todos los Príncipes
cristianos; que envíe la salud a los enfermos, el socorro a los menesterosos,
el consuelo a los afligidos, y llene de un gran pavor a cuantos se hallan en
pecado mortal para que se conviertan y confiesen sus culpas. Por último,
pedidle, santo gloriosísimo, que nos otorgue a todos la gracia de perseverar
constantemente en la observancia de su santísima ley hasta el fin de nuestra
vida para merecer así cantar con vos sus alabanzas en el Cielo. Amén.

Sebastián, gema de los mártires


Y soldados de Cristo,
Al cual las alas de las flechas sirvieron
Para ir a las alegrías bienaventuradas;
Míranos con tu fiel mirada
En este período de contagio,
Y obtén para nosotros
Tiempo de sanación.
  
Antífona: Oh gran hombre de fe, santísimo Sebastián, benditísimo
soldado, por cuyos méritos y oraciones, toda la nación de los Lombardos
fue librada de una plaga mortífera; intercede por nosotros ante Nuestro
Señor Jesucristo, para que nosotros, por tu bienaventurada intervención,
podamos ser librados de esta plaga epidémica, de la súbita e improvisa
muerte, y de toda adversidad de cuerpo y alma. Líbranos, y dígnate
defendernos, y concédenos tal longitud de vida, y una gran enmienda de
nuestros pecados, para que después de este exilio, por tus santas oraciones,
podamos regocijarnos con Cristo.
  
L/: Ruega por nosotros, San Sebastián mártir.
R/: Para que merezcamos pasar ilesos esta epidemia de peste, y obtener las
promesas de Cristo.
  
ORACIÓN: Concédenos, te suplicamos, Dios omnipotente, que por la
intercesión de tu bienaventurado mártir San Sebastián podamos ser librados
de toda adversidad en el cuerpo y nuestras almas sean purificadas de todo
mal pensamiento. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN A SAN LUIS GONZAGA


Amorosísimo San Luis, modelo de pureza, ejemplar de humildad y serafín
abrasado del divino amor, dignaos interceder por este indigno devoto
vuestro que confiado en vuestra protección, coloca en vos toda su
esperanza; Sí, santo mío, bien sé que no merezco ni siquiera una sola
mirada vuestra, pues la he desmerecido con mi omisión y negligencia en la
práctica de estas tres virtudes que en vos resplandecieron de un modo tan
singular; pero también sé tenéis vuestras delicias en interceder por los
miserables que buscan vuestro amparo. Ea, pues, poderoso Protector mío,
obtenedme de Jesús una tal pureza de corazón, que éste pronta a dar mil
vidas, antes que consentir en cosa alguna que pueda mancharla, ¡y un
perfectísimo conocimiento de mi bajeza y miseria, para jamás
ensoberbecerme, y finalmente un ardentísimo amor de Dios, que me sea
desamor de mi amor propio y de todo lo mío, hasta enfermar y morir como
vos, por amor de aquel que por mi amor murió. Alcanzadme también, ya
que tanto priváis delante del Altísimo, aquella gracia que por medio de
vuestra intercesión pido a Dios en este triduo, haciéndose empero en toda
su soberana voluntad a la que me someto gustosa.

ORACIÓN A SAN RAFAEL


¡Glorioso Arcángel Rafael, que estáis presente ante el trono del Altísimo!
Yo, vuestro indigno pero devoto protegido, me prosterno en vuestra
presencia. Conociendo por una parte mi indignidad y por otra vuestra
ardiente caridad, os suplico, desde lo íntimo del corazón, os dignéis
escuchar mis humildes ruegos y presentarlos ante el acatamiento divino,
para obtener por vuestra mediación las gracias de que me encuentro más
necesitado en el alma y en el cuerpo. Os pido especialmente, ¡oh glorioso
Arcángel! Os dignéis alcanzarme la gracia de… (aquí se especifica el
favor que se desea obtener). Mas, si prevéis que el objeto de mi súplica no
ha de contribuir a la mayor gloria de Dios y salvación de mi alma, os ruego,
oh celestial Protector mío, escojáis vos misma para mí la gracia que
conozcáis me ha de conducir con más seguridad a la eterna salvación, y ser
más útil al remedio de mis necesidades temporales. No miréis tanto a mis
deseos, cuanto a mi verdadero bien. Lleno de una entera confianza en vos,
espero alcanzar lo que solicito por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo,
que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.

Yo soy el Arcángel San Rafael, que asiste siempre delante del Trono de
Dios, para bendecirlo y contar todas sus maravillas. Aleluya.

L/: Se puso un ángel cerca del altar del templo.


R/: Con un incensario de oro en la mano.

OREMOS: Oh Dios que bendijiste a tu siervo Tobías al enviarle al


Arcángel San Rafael para que fuese su compañero en sus caminos y buen y
certero consejero. Concédenos a nosotros también, tus siervos, que seamos
protegidos por este mismo arcángel y auxiliados por él en todo momento.
Amén.

ORACIÓN A SANTA ROSA DE LIMA


¡Oh Prodigiosísima Virgen Rosa de Santa María! que estáis colocada en los
jardines celestiales; Honra y gloria de vuestro pueblo, alegría del mundo;
Rosa de Jericó, de quien cuidó Jesús para que cuidaseis también de sus
criaturas, como escogida y destinada para nuestra Intercesora, Patrona y
Abogada. Virgen favorecida de María Santísima nuestra Señora, de nuestro
Gran Padre Santo Domingo de Guzmán, y de la esclarecida Virgen Santa
Catalina de Sena. Rosa encendida con los más vivos colores de tus
imponderables virtudes, y adornada de toda la angelical pureza, que jamás
tu alma se vio afeada con mancha de pecado mortal. Serafín en el amor,
Querubín en la sabiduría, Prodigiosa en tus obras, Ejemplar de penitencia y
Celadora ardientísima de la salvación de las almas. Infinitas gracias damos
a la Majestad Divina, por haberos favorecido con tan señalados privilegios.
Y especialmente por habernos dado en vos una particular y poderosísima
Medianera, como Patrona de la América; y por ella, con el mayor júbilo y
rendimiento de nuestros corazones os tributamos este humilde culto,
suplicándoos os dignéis con vuestra intercesión con seguir la paz y
tranquilidad de la Iglesia y del Estado; nuestro amparo, protección y
defensa; la de Nuestro Muy Santo Padre de Nuestro Dignísimo Prelado
arquidiocesano(o Diocesano) líbranos de los ataques y persecuciones de los
enemigos de Nuestra Santa Religión, y que unidos, con la pureza de alma,
por una sola fe, una firme esperanza y una caridad perfecta, en esta vida
mortal, logremos todos acompañaros después en la Eterna
Bienaventuranza, y ahora la gracia que con especialidad impetramos en
esta novena, siendo para mayor honra y gloria de Vuestro Amado Jesús y
beneficio de nuestras Almas.

ANTÍFONA
Ven ¡oh Esposa de Cristo! Recibe la corona que te preparó el Señor desde
toda la eternidad.

L/: La gracia se ha difundido en tus labios.


R/: Por eso te bendijo el Señor desde toda la eternidad.

ORACIÓN: Oh Dios omnipotente y dador de todos los bienes que quisiste


floreciera en las Indias la bienaventurada Rosa, prevenida con el rocío de la
gracia celestial y como modelo de virginidad y de paciencia, concede a
nosotros tus siervos que caminando apresurados en pos del buen olor de sus
virtudes merezcamos ser el buen olor de Cristo que contigo vive y reina por
los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN A SAN CAMILO DE LELIS


Gloriosísimo Padre mío San Camilo, Siervo fidelísimo del Señor, de quien
mereciste la imponderable fineza de que apartando los brazos de la Cruz,
con voz inteligible te animara a proseguir la empresa comenzada, para
consuelo de los que se hallan en las últimas agonías, por lo que la Santa
Iglesia os ha dado el atributo de Protector de las Almas en la hora de la
muerte: postrado me tenéis, solicitando vuestro amparo para aquel lance, en
que son tan formidables las tentaciones con que el Demonio hace los
últimos esfuerzos, y en que espanta el temor de la inapelable sentencia de
una eternidad, o para siempre infeliz, o para siempre dichosa. Alcanzadme,
os ruego, amantísimo Padre, desde ahora para entonces, una perfecta
contrición, viva fe, firme esperanza, fervorosa caridad, reverente
disposición para recibir los Sacramentos, lograr la Indulgencia plenaria, y
un total apartamiento de todo lo mundano, para que, humillándome,
uniéndome, estrechándome, postrándome y arrojándome a los Santísimos
pies de mi Dios, sea por Él admitido en el número de los escogidos. Y para
conseguir esta gracia, imploro, ¡oh amado Padre mío San Camilo!, por
vuestro medio, la asistencia de Jesús, mi Dulcísimo Redentor, de María, mi
Amantísima Madre, y de José, mi especialísimo Abogado. Haced, por
vuestro amor, que impresos en mi corazón estos Santísimos y dulcísimos
nombres, sean el consuelo de mi Alma, y seguro medio para conseguir una
buena muerte y después gozar de la eterna gloria.

ANTÍFONA
Bien, siervo bueno y fiel, porque fuiste fiel en lo poco, en lo mucho te
constituiré, entra en el gozo de tu Señor.

L/: El Señor dirige al justo por caminos rectos.


R/: Y le muestra el Reino de Dios.

ORACIÓN: Oh Dios, que has adornado a San Camilo con una caridad
incomparable para las almas que luchan en la agonía, dígnate en vista de
sus méritos, infundir en nosotros el espíritu de tu amor, a fin de que en
nuestra hora postrera merezcamos triunfar del enemigo y alcanzar la corona
celestial. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN A LOS SANTOS COSME Y DAMIÁN


Gloriosísimos Mártires de Cristo, y abogados míos, San Cosme y San
Damián, que unidos en caridad verdadera, y como hermanos, más por la fe
cristiana que testimoniaron con el derramamiento de su sangre, me valgo
de su poderosa intercesión: y les suplico, fiado en su misma santidad, me
alcancen de Dios nuestro Señor, primeramente todo aquello que conduce a
la gloria suya, coma para bien de mi alma: y después, el remedio de mis
aflicciones, la paciencia que necesito en los trabajos, y por el favor que
solicito en esta novena de mi devoción, cómo y en cuanto conviniere para
mi salud eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN A SAN JUAN DE DIOS


Amantísimo padre y misericordiosísimo patriarca San Juan de Dios, a
quien la beatísima Trinidad favoreció con la comunicación y perfecta
imitación de las tres personas; el Padre, con el paternal afecto a los más
desamparados y más desvalidos hijos; el Hijo, con el misericordioso celo
de la salud y remedio de sus hermanos; y el Espíritu Santo, con el ardiente
amor y perfectísima caridad para con los pobres; y el mismo Hijo de Dios;
hecho niño os ennobleció con el apellido y nombre de Dios, queriendo que
se añadiese al nombre de Juan, para que de Juan y Dios se compusiese y
enlazase vuestro nombre; siendo así mismo favorecido de la soberana
Reyna y madre de Dios, que en repetidos casos os sacó libre de los mayores
peligros, y os comunicó las entrañas de piedad y misericordia para con
todos sus hijos; y vos, con sagrado y amoroso padre mío, supisteis
corresponder a tantas finezas con tan fervoroso desempeño, que fuisteis en
la ley de gracia un vivo y sagrado compendio de los antiguos y más
celebrados patriarcas. Yo os suplico, que, pues fuisteis tan milagroso en
socorrer pobres, tan maravilloso en curar sus dolencias y tan portentoso en
remediar sus almas, me alcancéis de Dios para mi alma el remedio, para
mis dolencias el alivio para mis necesidades el socorro; y también os
suplico me consigáis do su Majestad lo que deseo en esta novena, á mayor
gloria suya y bien de mi alma. Amen.
LETANÍA A SAN ROQUE EN CASO DE PESTE O PLAGA

Señor, ten piedad de nosotros.


Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Dios, escúchanos.
Dios, escúchanos, te lo imploramos.

Dios Padre de los cielos,


ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,


ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,


ten piedad de nosotros.

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
San Roque, de corazón generoso que despreciaste el mundo,
San Roque, fiel discípulo de Jesucristo,
San Roque, que sacrificaste tus bienes y a ti mismo por los pobres,
San Roque, que llevaste continuamente la mortificación de Jesucristo,
San Roque, cuyo corazón ardía de caridad,
San Roque, tu que sufriste el desprecio por el amor a Jesucristo,
San Roque, que arriesgaste tu vida para consolar a los enfermos,
San Roque, que serviste con celo y coraje heroicos durante la peste,
San Roque, que intercediste para detener los estragos de la peste por el
signo de la cruz,
San Roque, que intercediste para salvar del contagio de la peste a varias
ciudades,
San Roque, que finalmente fuiste atacado por la peste,
San Roque, que eres modelo de paciencia para los infectados por la peste,
San Roque, que recobraste tu salud milagrosamente,
San Roque, que, a pesar de tu inocencia, fuiste cubierto de oprobio
y encadenado por tus conciudadanos,
San Roque, que terminaste tu vida en prisión como un malhechor,
San Roque, que fuiste invocado eficazmente contra la peste por la Iglesia
en un Concilio,
San Roque, coronado por Jesucristo con gloria y honor,
San Roque, nuestro protector,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,


Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,


Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,


Ten piedad de nosotros.

Cristo escúchanos,
Cristo escúchanos, te lo imploramos.

OREMOS: Concédenos, oh Señor te suplicamos, que por la intercesión de


San Roque, tu confesor, tengas piedad de nosotros y podamos
reconciliarnos con tu Divina Majestad. Te lo pedimos por medio de
Jesucristo nuestro Señor. Amén.