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CUBA: INFORME DE LOS DERECHOS HUMANOS DE 2017

RESUMEN
https://cu.usembassy.gov/es/reporte-derechos-humanos/

Cuba es un estado autoritario dirigido por Raúl Castro, que ocupa los cargos de
Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, Primer Secretario
del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y Comandante en Jefe
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La constitución establece que el PCC es
el único partido legal y es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado. A causa
de las labores de recuperación tras el paso del huracán Irma, el gobierno aplazó
las elecciones municipales de octubre, pero se llevaron a cabo en noviembre,
aunque no fueron libres ni justas. Una comisión de candidaturas adscrita al PCC
aprobó de antemano a todos los candidatos, y el gobierno trabajó activamente
para impedir que se postularan los no aprobados por el PCC.

El ejecutivo nacional, entre cuyos integrantes había miembros de las fuerzas


militares, mantuvo un control efectivo sobre las fuerzas de seguridad.

Entre las cuestiones más importantes en materia de derechos humanos cabe citar
la tortura de presuntos adversarios políticos; las duras condiciones de
encarcelamiento amenazantes para la vida; los arrestos y detenciones, a veces
violentos, por motivos políticos; la ausencia total de independencia judicial; los
arrestos y detenciones arbitrarios por motivos políticos y, a veces violentos; los
procesos de enjuiciamiento en los cuales, en realidad, la carga de la prueba de
inocencia recae sobre el acusado; y los presos políticos. Hubo injerencia arbitraria
en la privacidad, incluso operaciones de registro e incautación en domicilios y
vigilancia y censura de las comunicaciones privadas. La libertad de expresión se
limitó a la que se realizara “conforme a los fines de la sociedad socialista”, con una
estricta censura que castigó aun la distribución de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos. Se prohibió la importación de materiales informativos; hubo
estricto control de toda clase de medios de comunicación; restricciones de acceso
a internet, incluso estricta limitación de disponibilidad y bloqueo de sitios;
restricciones de la libertad académica, incluso castigo por cualquier desvío con
respecto a la línea establecida por el oficialismo; penalización de la crítica de los
dirigentes públicos; y estrictas limitaciones de la libertad académica y cultural, que
abarcaban el acceso a bibliotecas. Hubo restricciones de los derechos de reunión
para quienes, a criterio del gobierno, actuaban “contra la existencia y fines del
Estado socialista”; penalización de las reuniones de tres personas o más no
autorizadas por el oficialismo, y realización de actos oficiales de repudio por medio
de turbas organizadas para que agredieran y dispersaran algunas reuniones
pacíficas; denegación de la libertad de asociación, incluso del reconocimiento de
asociaciones independientes; restricciones a la libertad de circulación interna y
externa; exclusividad de participación en el proceso político para las personas
aprobadas por el gobierno; corrupción oficial; ilegalización de los sindicatos
independientes; trabajo obligatorio; y trata de personas.
La mayoría de los abusos de los derechos los cometieron funcionarios oficiales
por orden de sus superiores. La impunidad para los infractores siguió siendo
generalizada.

Sección 1. Respeto de la integridad de la persona, incluido el


derecho a no verse sometida a:
a. Privación arbitraria de la vida y otras ejecuciones ilícitas o
motivadas por cuestiones políticas
No se recibieron informes confirmados de que el gobierno o sus agentes
cometieran ejecuciones arbitrarias o ilícitas en el transcurso del año.

b. Desaparición
No hubo informes de desapariciones prolongadas por las autoridades oficiales o
sus representantes, pero se presentaron varias denuncias de activistas detenidos
cuyo paradero se desconocía temporalmente porque el gobierno no registró esas
detenciones.

El 23 de octubre, la policía detuvo a Roberto Jiménez, activista de la sociedad civil


y líder de la organización Juventud Activa Cuba Unida, junto con César Iván
Mendoza Regal. Las autoridades no permitieron que Jiménez se comunicara con
sus familiares o amigos durante su período de detención de 16 días y, según
informes, lo golpearon y se negaron a decirle dónde estaba detenido. Freedom
House, una organización internacional de derechos humanos, publicó el caso de
Mendoza y Jiménez y le pidió al gobierno que suministrara información sobre su
estado. Las autoridades liberaron a Jiménez el 8 de noviembre después de
acusarlo de “asociaciones, reuniones y manifestaciones ilícitas”, delito sancionable
con una pena de 3 a 12 meses de encarcelamiento. En el caso de Mendoza,
aunque ya no está incomunicado, su familia aún desconocía cualquier acusación
en su contra más de dos meses después de su detención.
c. Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes
La ley prohíbe el trato abusivo de los detenidos y presos. Sin embargo, hubo
denuncias de que algunos miembros de las fuerzas de seguridad intimidaron y
agredieron físicamente a los defensores de los derechos humanos y de la
democracia, a los disidentes políticos, a otros detenidos y a presos durante la
detención y el encarcelamiento, y que lo hacían con impunidad. Algunos detenidos
y presos también fueron sometidos a malos tratos físicos a manos de otros
reclusos, con la anuencia de los guardias.
Hubo denuncias de agresiones de la policía contra los detenidos o de que la
policía era cómplice en actos públicos de acoso y de agresión física contra
manifestantes pacíficos (véase la sección 2.b).

Las fuerzas de seguridad del Estado detuvieron a Danilo Maldonado, grafitero y


disidente político, desde el 26 de noviembre de 2016 hasta el 21 de enero, por
haber pintado con aerosol las palabras “se fue” en un edificio la noche de la
muerte de Fidel Castro. Según Maldonado, las autoridades carcelarias lo
desnudaron y lo mantuvieron en reclusión solitaria el Día Internacional de los
Derechos Humanos, le dieron comida que contenía sedantes, lo golpearon y
amordazaron al menos en una ocasión y propagaron el rumor de que lo fusilarían
durante un intento de escape previamente organizado. Declaró que las
autoridades lo trasladaron a seis cárceles diferentes en un período de ocho
semanas para dificultar las visitas de su familia y su novia; de ordinario, le
cancelaron, negaron o cambiaron las visitas; y no le proporcionaron tratamiento
médico adecuado.

Condiciones en las cárceles y los centros de detención


Las condiciones carcelarias seguían siendo muy duras. Las cárceles estaban
hacinadas y las instalaciones, las condiciones de higiene y la atención médica
eran deficientes. Hubo denuncias de agresión a los presos por funcionarios de las
cárceles.

Condiciones físicas: El gobierno no suministró información sobre el número, el


lugar ni la capacidad de los centros de detención, que comprendían cárceles,
campamentos de trabajo y otras clases de instalaciones penitenciarias.
Se informó que en las celdas de las cárceles y centros de detención faltaban
servicios adecuados de suministro de agua, higiene, espacio, luz, ventilación y
control de la temperatura. Si bien el Estado proporcionaba algunos alimentos
básicos y cierta atención médica, muchos reclusos dependían de los alimentos y
otros suministros esenciales que les enviaba la familia. A menudo faltaba el agua
potable. Las celdas estaban hacinadas. Las mujeres también denunciaban falta de
acceso a productos de higiene femenina y atención prenatal inadecuada.

Los presos, sus familiares y las organizaciones no gubernamentales (ONG)


informaron acerca de la asistencia médica insuficiente, que había causado o
agravado diversas dolencias. Los presos también informaron sobre brotes de
dengue, tuberculosis, hepatitis y cólera. Hubo numerosas denuncias de muertes
de reclusos por ataques cardíacos, asma, infección por el VIH y sida y otras
afecciones crónicas, así como por suicidio.

A los presos políticos se les mantenía junto con la población carcelaria en general.
Por negarse a usar los uniformes habituales de reclusos, a los presos políticos se
les denegaron ciertos privilegios, como el acceso a las bibliotecas de las cárceles
y la mitigación acostumbrada en la severidad de las condenas (por ejemplo, el
traslado de una prisión de máxima seguridad a otra de seguridad intermedia). Los
presos políticos también informaron que otros reclusos los amenazaban,
golpeaban, intimidaban u hostigaban, por orden o con autorización de las
autoridades carcelarias.

Según los presos, el régimen de reclusión solitaria fue el castigo común por la
mala conducta, y a algunos de ellos los mantenían aislados durante meses en
cada caso.

A los presos que criticaron al gobierno o participaron en huelgas de hambre o en


otras formas de protesta se les sometió a un régimen prolongado de reclusión
solitaria, golpizas, restricciones de las visitas familiares y denegación de la
atención médica.

Administración: Una dirección de control de la legalidad dentro de la Fiscalía


General de la República tiene facultades para investigar denuncias de abuso en el
sistema penitenciario. Los resultados de estas investigaciones no eran de acceso
público. Por ley, los presos y detenidos podían solicitar rectificación de las
condiciones carcelarias y las infracciones de procedimiento, por ejemplo, la
continuación del encarcelamiento después de vencerse el período de la condena.
Según los presos, las autoridades públicas a menudo se negaron a aceptar
denuncias, o no las atendieron.
Los presos y los detenidos en prisión preventiva tenían derecho a recibir visitas,
aunque los familiares de algunos presos políticos manifestaron que las
autoridades carcelarias a veces cancelaron arbitrariamente las visitas
programadas. Algunos reclusos pudieron comunicar información sobre sus
condiciones de vida por medio de llamadas telefónicas a observadores de los
derechos humanos y a sus familiares.

El Consejo de Iglesias de Cuba, la mayor organización religiosa protestante,


informó que organizaba oficios semanales celebrados por capellanes en todas las
cárceles del país. La Iglesia Católica Romana también participaba en un programa
de esa clase. A las personas de otros credos también se les permitía profesar su
religión. Hubo denuncias aisladas de que las autoridades carcelarias no
informaron a los reclusos sobre su derecho de acceso a oficios religiosos, se
demoraron meses antes de responder a esas peticiones y limitaron las visitas de
los grupos religiosos a un máximo de dos o tres al año.

Vigilancia independiente: El gobierno no permitió que los grupos internacionales o


nacionales independientes de defensa de los derechos humanos vigilaran las
condiciones carcelarias ni que las organizaciones humanitarias internacionales
tuvieran acceso a los detenidos. Aunque en años anteriores el gobierno prometió
que permitiría una visita del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la
tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes, no hubo ninguna
visita durante el año.
 d. Arresto o detención arbitrarios
La ley prohíbe el arresto y la detención arbitrarios y estipula el derecho de
cualquier persona a cuestionar la legalidad de su arresto o detención ante un
tribunal. Sin embargo, el arresto y la detención breve de manera arbitraria
siguieron siendo un método común empleado por el gobierno para controlar la
expresión pública y la actividad política de carácter independiente. Raras veces se
cuestionó con éxito la legalidad de los arrestos o detenciones, en particular, de
estas últimas presuntamente realizadas por motivos políticos.

Por ley, la policía tiene amplia discreción para parar e interrogar a los ciudadanos,
solicitarles su identificación y efectuar operaciones de registro e incautación. La
policía recurrió a las leyes contra la perturbación del orden público, el desacato a
la autoridad, la falta de respeto, la agresión y el incumplimiento del pago de multas
mínimas o arbitrarias como formas de detener, amenazar y arrestar a activistas de
la sociedad civil. Los agentes de policía efectuaron detenciones breves
habitualmente, a veces acompañadas de golpizas. La ley dispone que los agentes
de policía presenten a los sospechosos un auto de detención firmado, en el que
figuren las razones, la fecha y el lugar de toda detención en una comisaría de la
policía, así como un registro de los efectos personales que se hayan incautado
durante un registro policial, pero esa ley dejó de cumplirse a menudo. Las paradas
y registros arbitrarios fueron más comunes en las zonas urbanas y en los puntos
de control oficiales situados a la entrada de las provincias y los municipios.

Los agentes de la policía y de seguridad siguieron valiéndose de detenciones


breves y, a veces, violentas para impedir la actividad política independiente o la
libertad de reunión. Esas detenciones solían durar entre pocas horas y varios días.
La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional
(CCDHRN), una ONG, contabilizó más de 4.800 detenciones hasta noviembre, en
comparación con 9.940 durante todo el año 2016. Varios miembros de la campaña
Todos Marchamos, incluso las Damas de Blanco, presentaron denuncias de
detenciones semanales de sus miembros para evitar manifestaciones. A veces se
impusieron largas condenas de encarcelamiento de críticos pacíficos del
oficialismo, si bien fueron raras. En marzo, la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU),
el mayor grupo de defensa de los derechos humanos y de oposición política,
publicó una lista de 54 presos políticos en todo el país, que habían cumplido más
de un mes de encarcelamiento por delitos como desacato a la autoridad,
“peligrosidad predelictiva”, incumplimiento del pago de multas y agresión. Según la
UNPACU, estas personas fueron encarceladas por haber participado en protestas
y reuniones pacíficas o, de otro modo, por haber desafiado al gobierno.

La ley autoriza la detención preventiva por un máximo de cuatro años cuando se


trata de personas a quienes no se ha acusado de cometer un delito, si se
determina subjetivamente que existe “peligrosidad predelictiva”, por lo cual se
entiende “la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos,
demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las
normas de la moral socialista”. Esa detención se empleaba principalmente como
un instrumento para reprimir la conducta “antisocial”, por ejemplo, el consumo
abusivo de sustancias o la prostitución, pero las autoridades también la utilizaban
para acallar a la oposición política pacífica. Varias organizaciones nacionales de
defensa de los derechos humanos publicaron listas de personas que consideraban
como presos políticos y, hasta diciembre, por lo menos cinco personas que
figuraban en esas listas seguían presas según la disposición de “peligrosidad
predelictiva” estipulada en la ley.

 Función de la policía y del aparato de seguridad


El Ministerio del Interior ejerce control de la policía, las fuerzas de seguridad
nacional y el sistema penitenciario. La Policía Nacional Revolucionaria, adscrita al
mismo Ministerio, es el principal órgano de aplicación de la ley del país. Las
unidades especializadas del servicio de seguridad del Estado de dicho Ministerio
están encargadas de la vigilancia, la infiltración y la supresión de la actividad
política independiente. La policía apoyó a estas unidades mediante la realización
de redadas y operaciones de incautación de domicilios y sedes de organizaciones
de derechos humanos, la detención de las personas de interés para el Ministerio y
el suministro de instalaciones para los interrogatorios.

La policía solía infringir impunemente las leyes de procedimiento y a menudo no


proporcionó a los ciudadanos la documentación legalmente necesaria o se negó a
proporcionarla, en particular durante las detenciones y los registros arbitrarios.
Además, las fuerzas de seguridad actuaron con impunidad en la comisión de
infracciones de los derechos humanos y civiles.

Aunque la ley de procedimiento penal prohíbe la coacción durante los


interrogatorios de investigación, la policía y las fuerzas de seguridad a veces
emplearon tácticas, amenazas y acoso agresivos y físicamente abusivos durante
los interrogatorios. Según los detenidos, los agentes los intimidaron con amenazas
de arrestos prolongados, la pérdida de los derechos de tutela sobre los hijos, la
denegación del permiso de salida del país y otras formas de castigo.

No había mecanismos oficiales de fácil acceso para investigar los ultrajes del
gobierno.

A menudo estuvieron presentes los agentes secretos de la policía y del Ministerio


del Interior, que dirigieron actividades para interrumpir los intentos de reunión
pacífica (véase la sección 2.b.).
Según informes independientes, se organizaron “actos de repudio” coordinados
por el Estado contra varios grupos independientes e integrantes de la sociedad
civil, entre ellos, las Damas de Blanco y otras organizaciones, para impedir que se
reunieran o para avergonzar a los participantes ante el público (véase la sección
2.a.). En agosto, el Estado de SATS, un grupo de defensa de los derechos
humanos, filtró un video de Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente, mientras
dictaba una conferencia a la plana mayor del PCC en febrero, durante la cual
ordenó que los miembros del partido emplearan tales “actos de repudio” como
instrumento para acallar a los miembros de la sociedad civil que trataran de criticar
al gobierno en foros públicos o en reuniones comunitarias.

Procedimientos de arresto y trato de los detenidos


Según el procedimiento penal, después de una detención, la policía tiene un plazo
de 24 horas para presentar una denuncia penal a un investigador policial. El
instructor tiene 72 horas para investigar y preparar un informe para el fiscal, el cual
a su vez cuenta con otras 72 horas para recomendar o no al tribunal competente
que inicie una investigación penal.

Dentro del período inicial de detención de 168 horas se debe informar a los
detenidos de la razón del arresto y de la investigación penal y darles derecho a
representación jurídica. Los acusados pueden salir en libertad bajo fianza, quedar
bajo arresto domiciliario o estar detenidos mientras continúa la investigación. Una
vez que el acusado cuenta con un abogado, la defensa tiene cinco días para
responder a la acusación de la fiscalía, después de lo cual se suele fijar la fecha
del juicio. Los fiscales pueden requerir juicios sumarios “en circunstancias
extraordinarias” y cuando se trata de delitos contra la seguridad del Estado.

Se informó que los acusados se reunieron con sus abogados por primera vez
apenas minutos antes del juicio y no se enteraron de la razón del arresto dentro
del período de 168 horas exigido por la ley.

Según informes, era posible obtener la libertad bajo fianza, aunque no solía
concederse en casos de detenidos por actividades políticas. El tiempo de
detención en espera del juicio se descontaba del período de cumplimiento de la
pena, en caso de una condena.

A los detenidos se les puede interrogar en cualquier momento mientras estén


encarcelados y se les priva del derecho a solicitar la presencia de un abogado
durante el interrogatorio. Tienen derecho a guardar silencio, pero los agentes no
están obligados por ley a informarles sobre ese derecho.

Por ley, los investigadores deben concluir sus averiguaciones penales en un plazo
de 60 días. Los fiscales pueden concederles dos prórrogas de 60 días cada una,
previa solicitud, de forma que cuentan con un total de 180 días para sus
averiguaciones. Este plazo podría prorrogarlo aún más el tribunal competente en
“circunstancias extraordinarias” y previa solicitud particular del fiscal. En ese caso
ya no quedan más requisitos jurídicos para concluir la investigación ni para
presentar acusaciones penales y las autoridades pueden mantener detenida
indefinidamente a una persona sin ningún cargo.

Arresto arbitrario: A menudo, las autoridades dejaron de cumplir los


procedimientos jurídicos que rigen el proceso de arresto y detuvieron a los
sospechosos más de 168 horas sin informarles de la naturaleza de la detención ni
darles tiempo para comunicarse con sus familiares ni proporcionarles un abogado.
Detención preventiva: El gobierno mantuvo a los detenidos en reclusión por
investigación durante meses o años, tanto en casos políticos como apolíticos. En
los casos apolíticos, las demoras se debieron muchas veces a la ineficiencia de la
burocracia y a la falta de control sobre la policía.
e. Denegación de juicio público imparcial
Aunque la constitución reconoce la independencia de la judicatura, esta última
está directamente subordinada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y al
PCC, que pueden destituir o nombrar a los jueces en cualquier momento. La
judicatura estaba enteramente dominada por consideraciones de orden político, y
prácticamente no había separación de poderes entre el sistema judicial, el PCC y
el Consejo de Estado.

Hay tribunales civiles en los niveles municipal, provincial y nacional. Se convocan


tribunales especiales que deliberan a puerta cerrada cuando se trata de casos
políticos (“contrarrevolucionarios”) y otras causas que se consideran delicadas
para la “seguridad del Estado”. Las autoridades negaron la entrada de algunos
observadores a los juicios celebrados durante el año. Los tribunales militares
también tenían competencia sobre los civiles si alguno de los acusados era
miembro activo o ex miembro de las fuerzas armadas, las fuerzas policiales u otro
organismo de aplicación de la ley.

Procedimientos judiciales
La ley concede el derecho a un juicio público; sin embargo, los juicios por motivos
políticos a menudo se celebraban en secreto, como sucedía cuando las
autoridades citaban excepciones por delitos contra “la seguridad del Estado” o por
“circunstancias extraordinarias”. Muchas causas concluían rápidamente y no se
permitía la presencia de la prensa.

Todos los ciudadanos, así como los extranjeros, tienen igualdad de derecho al
debido proceso, pero a menudo los tribunales no protegieron ni observaron esos
derechos. La ley supone que el acusado es inocente a menos que se demuestre
su culpabilidad, pero las autoridades no solían acatar ese principio, con lo cual la
carga de la prueba de inocencia recaía sobre el acusado. La ley concede a los
acusados de un delito penal el derecho de no ser obligados a prestar testimonio ni
a declararse culpables.

La ley exige que los acusados sean representados por un abogado, si es


necesario, a expensas públicas. A menudo, los abogados contratados
particularmente se mostraban renuentes a defender personas acusadas de delitos
políticos o vinculadas a casos de derechos humanos. Los abogados de la defensa
tienen derecho a contrainterrogar a los testigos del Estado y a presentar testigos y
pruebas de parte de los acusados. Los únicos abogados autorizados para ejercer
ante los tribunales penales son los pertenecientes a los bufetes colectivos del
Estado.

Los criterios para la presentación de pruebas eran arbitrarios y discriminatorios.


Según informes, los fiscales presentaron pruebas improcedentes o inciertas para
demostrar las intenciones del acusado o dar testimonio de sus antecedentes
revolucionarios.

Los abogados defensores tienen derecho a examinar el expediente de


investigación del acusado, a menos que las acusaciones entrañen “delitos contra
la seguridad del Estado”. En ese caso, a los abogados defensores no se les
permite tener acceso al expediente sino hasta cuando se hayan formulado cargos.
Según muchos detenidos, particularmente los presos políticos, a sus abogados se
les fue difícil el acceso a los expedientes, por causa de obstáculos administrativos.
A veces se prestaron servicios de interpretación durante los juicios para personas
que no hablaban español, pero el gobierno afirmó que por escasez de recursos no
siempre era posible facilitar intérpretes.

En los juicios de acusados a quienes se les imputa el cargo de “peligrosidad


predelictiva” (véase la sección 1.d.), el Estado debe demostrar solamente la
“proclividad” en que se halla el acusado para cometer un delito, de manera que, de
hecho, no se necesitaba haber cometido un acto delictivo. La pena puede ser de
hasta cuatro años de reclusión. Por lo general, las autoridades hicieron uso de
esta disposición contra las trabajadoras sexuales, los alcohólicos, los jóvenes que
se negaron a presentarse en los centros de trabajo y los infractores reincidentes
de las leyes que restringen el cambio de domicilio, así como los activistas políticos
que participaron en protestas públicas.

La ley reconoce el derecho de apelación en los tribunales municipales, pero en los


tribunales provinciales lo limita a casos de encarcelamiento prolongado o de pena
capital.

Presos y detenidos políticos


El gobierno siguió deteniendo a los presos políticos, pero negó hacerlo y no
permitió que las organizaciones humanitarias internacionales ni las Naciones
Unidas tuvieran acceso a sus cárceles y centros de detención.

Fue difícil determinar el número exacto de presos políticos, aunque las


organizaciones independientes de derechos humanos calcularon que había de 65
a 100. El gobierno siguió negando la retención de presos políticos y no permitió
que las organizaciones humanitarias internacionales ni las Naciones Unidos
tuvieran acceso a sus cárceles y centros de detención. Esta falta de transparencia
gubernamental y la infracción sistemática de los derechos al debido proceso
oscurecían la verdadera índole de las acusaciones, las investigaciones y el
procesamiento de delitos penales, de forma que las autoridades públicas podían
enjuiciar y condenar a los activistas pacíficos defensores de los derechos
humanos por delitos penales o por “peligrosidad predelictiva”. El gobierno
empleaba la designación de “contrarrevolucionarios” para los reclusos que
consideraba adversarios políticos, pero no divulgaba su número. Siguió vigilando
estrictamente a las organizaciones que llevaban la cuenta de la población de
presos políticos, las cuales solían enfrentar acoso de la policía del Estado.

El 20 de marzo, las autoridades sentenciaron a Eduardo Cardet, director del


Movimiento Cristiano Liberación (MCL), una organización de defensa de los
derechos humanos, a tres años de prisión por agredir a un agente de policía.
Amnistía Internacional llamó a Cardet preso de conciencia y declaró que fue
arrestado por criticar a Fidel Castro y al gobierno. Según las declaraciones del
MCL y de los testigos, las autoridades sujetaron a Cardet de forma rápida y
violenta después de detenerlo en su bicicleta. Estas afirmaron que empujó a uno
de los agentes cuando lo detuvieron. El arresto de Cardet ocurrió cinco días
después de la muerte de Fidel Castro y dos días después de que criticara el
período de luto impuesto, las prohibiciones relativas a la música y a las bebidas
alcohólicas y otras medidas del oficialismo, durante una entrevista por radio con
una emisora de noticias de España.

Los presos políticos informaron que el gobierno los tenía incomunicados por
períodos prolongados. Se les negaron las medidas de protección que se otorgaron
a otros presos o detenidos. El gobierno también solía denegar a los presos
políticos acceso a visitas a la casa, clases en la cárcel, llamadas telefónicas y, a
veces, visitas de la familia.

Procedimientos y recursos judiciales civiles


Es posible solicitar desagravios judiciales por medio de los tribunales civiles por la
infracción de resoluciones administrativas, sin embargo, varios expertos jurídicos
independientes observaron que la ineficiencia general de los procedimientos y de
la burocracia a menudo demoró o socavó el cumplimiento de las resoluciones
administrativas y de los mandamientos de los tribunales civiles. Como todos los
tribunales del país, los tribunales civiles no tenían independencia ni imparcialidad
ni ofrecían garantías eficaces de procedimiento. Ningún tribunal permitió que los
demandantes entablaran pleitos en busca de reparación por violaciones de los
derechos humanos.

Restitución de bienes
En noviembre de 2016 el gobierno aprobó un reglamento que rige el proceso en
virtud del cual las organizaciones sin fines de lucro, entre ellas, las instituciones
religiosas, pueden presentar una petición para reclamar los bienes confiscados por
el Estado al comienzo de la revolución. No quedó claro si alguna organización
utilizó este procedimiento para reclamar bienes durante el año.

Injerencia arbitraria o ilícita en la privacidad, la familia, el hogar o la


correspondencia
La constitución protege los derechos de privacidad del domicilio y de la
correspondencia de los ciudadanos, y la policía debe tener una orden de registro
firmada por un fiscal o un juez antes de entrar a un domicilio o de efectuar un
registro. Sin embargo, se informó que los funcionarios públicos vigilaban regular y
sistemáticamente la correspondencia y otras comunicaciones entre los
ciudadanos, rastreaban sus movimientos y entraban a las casas sin autoridad
jurídica y con impunidad.

El Ministerio del Interior empleaba un sistema de informantes y de comités de


vecinos, conocidos como Comités de Defensa de la Revolución, para vigilar a los
opositores del gobierno e informar sobre sus actividades. Los agentes de la
Dirección General de la Seguridad del Estado, adscrita al Ministerio citado,
sometieron a periodistas extranjeros, dignatarios y diplomáticos extranjeros
visitantes, autoridades académicas y empresarios a vigilancia frecuente, incluso a
vigilancia electrónica.

El Partido Comunista de Cuba (PCC) es el único partido político reconocido de


conformidad con la ley, y el gobierno reprimía activamente cualquier intento de
constitución de otros partidos (véase la sección 3). El gobierno alentó la
movilización política en masa y favoreció a los ciudadanos que participaron
activamente (véase la sección 2.b.).

Los familiares de funcionarios públicos que abandonaban las misiones de trabajo


internacional sin autorización oficial a veces enfrentaban acoso del gobierno o
pérdida del empleo, del acceso a la educación o de otros beneficios públicos.

Según informes, los familiares de los defensores de los derechos humanos,


incluso sus hijos menores, sufrieron represalias relacionadas con las actividades
de sus parientes, tales como reducción del sueldo y terminación del empleo,
rechazo de la admisión a la universidad, expulsión de esta última y otras formas
de acoso.

El 11 de abril, la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas expulsó a la


profesora Dalila Rodríguez González por tener “un grupo de actitudes que
contravienen, en la dimensión social y ética, el correcto actuar docente educativo
que exige su categoría docente, de consecuencia para la formación de los
estudiantes”. Según Rodríguez, las autoridades universitarias no le dijeron qué
actitud ni comportamiento específicos eran inapropiados y tampoco le dieron la
oportunidad de defenderse ni de apelar la decisión. Declaró que creía que las
autoridades la habían expulsado, en parte, porque su padre era defensor de los
derechos humanos.

Sección 2. Respeto de las libertades civiles, incluidas las siguientes:


a. Libertad de expresión y de prensa
La constitución establece la libertad de expresión, incluida la libertad de prensa,
solamente mientras esté “conforme a los fines de la sociedad socialista”. Las leyes
que prohíben que se critique a los dirigentes del gobierno y se distribuya
propaganda antigubernamental imponen penas de tres meses a quince años de
reclusión.

Libertad de expresión: El gobierno toleraba muy poco la crítica pública de los


funcionarios o programas oficiales y restringía el debate público de las cuestiones
que se consideraban delicadas por motivos políticos. Los agentes de seguridad
del Estado hostigaban continuamente a los organizadores de foros independientes
para debatir temas culturales y sociales con el fin de obligarlos a dejar de tratar de
asuntos que se consideraban polémicos. Según los organizadores, hubo actos de
agresión de los agentes de seguridad del Estado, se instaló vigilancia por video
fuera de los locales y se detuvo a los expertos e invitados el mismo día en que
tenían prevista su participación.
Algunos funcionarios públicos informaron que se les había sancionado con
despido, descenso de categoría o censura por expresar opiniones discrepantes o
por afiliarse a organizaciones independientes. Varios profesores, investigadores y
estudiantes universitarios informaron que se les había forzado a abandonar sus
cargos, bajado de categoría o expulsado por expresar ideas u opiniones ajenas a
las normas aceptadas por el gobierno. En abril, la Universidad Central Marta
Abreu de Las Vilas expulsó a Karla María Pérez, estudiante de primer año de
periodismo, por sus “proyecciones, hechos, membresía en organizaciones y
páginas en las que publicaba”, contrarias al proyecto revolucionario. La
Federación Estudiantil Universitaria, el grupo de alumnos universitarios afiliados al
gobierno dentro de este plantel, apoyó esta decisión en una carta abierta en la
cual indicaba que Pérez “reconoce ser miembro de una organización ilegal y
contrarrevolucionaria, contraria a los principios, objetivos y valores de la
Revolución Cubana” y citó la famosa frase de Fidel Castro: “Dentro de la
Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

Durante el transcurso del año, algunas agrupaciones religiosas informaron que


habían tenido más libertad para expresar opiniones en los sermones y las
reuniones de carácter religioso, aunque la mayoría de los miembros del clero
seguía ejerciendo autocensura. En algunos casos, los jerarcas religiosos criticaron
al gobierno y su política e incluso a los principales dirigentes del país, sin
represalias. La Iglesia Católica mantenía un centro cultural y educativo en La
Habana, donde se celebraron debates en los cuales los asistentes expresaron
opiniones diferentes sobre el porvenir del país. Los pastores Mario Travieso y
Alain Toledano, afiliados al Movimiento Apostólico, denunciaron acoso frecuente,
incluso vigilancia, amenazas, intimidación e imposición de multas arbitrarias, por la
policía. Ambos afirmaron que el gobierno los acosaba por criticar abiertamente
ciertas políticas oficiales durante sus sermones.

Libertad de prensa y de los medios de comunicación: El Estado era propietario


directo de todos los medios de comunicación oral y escrita, así como de todas las
fuentes de información de amplia disponibilidad. En general, los programas de
noticias y de información fueron casi iguales en todos los medios, con excepción
de las transmisiones de los programas de noticias del Gobierno de Venezuela. El
gobierno también controlaba casi todas las publicaciones e imprentas. El partido
censuraba las exhibiciones y actuaciones públicas. El gobierno también limitaba la
importación de materiales impresos. Los corresponsales extranjeros en el país
tuvieron acceso limitado a los funcionarios públicos y a menudo se les negó la
posibilidad de entrevistarlos. Además, lucharon para recopilar hechos y datos
fidedignos para sus reportajes. A pesar de cumplir con los requisitos de
verificación establecidos por el gobierno, los periodistas oficiales que informaban
sobre temas delicados lo hicieron bajo pena de riesgo personal y el gobierno les
prohibió trabajar para medios de comunicación extraoficiales, además de sus
deberes oficiales.
Violencia y acoso: El gobierno no reconoce al periodismo independiente y, a
veces, sometió a algunos periodistas independientes al acoso e incluso a
detención y abuso físico. En su mayoría, las detenciones fueron de periodistas
independientes que filmaron arrestos y actos de acoso de activistas de Todos
Marchamos o, por lo demás, que trataron de cubrir temas delicados por motivos
políticos. A dos periodistas se les detuvo, confiscó el equipo y acosó por cubrir las
secuelas del huracán Matthew. Algunos periodistas independientes informaron
sobre interrogatorios por agentes de seguridad del Estado por publicar artículos
críticos de las instituciones oficiales.
Censura o restricción del contenido: La ley prohíbe la distribución de material
impreso que se considera “contrarrevolucionario” o crítico del gobierno. En
general, no se encontraron revistas ni diarios extranjeros fuera de las zonas
turísticas. No se permitía la distribución de material de contenido político, lo cual
se interpretaba tan ampliamente que incluía la Declaración Universal de los
Derechos Humanos, diarios extranjeros e información independiente sobre salud
pública y, si se realizaba, las consecuencias eran acoso y detención.
A veces, el gobierno prohibió que las bibliotecas independientes recibieran
materiales extranjeros e incautó materiales donados por gobiernos,
organizaciones religiosas o personas del exterior. Las autoridades públicas
también confiscaron o destruyeron cámaras fotográficas y teléfonos celulares de
las personas para impedirles que distribuyeran fotografías y videos que
consideraban inaceptables, como los tomados durante los arrestos y detenciones.
Varios activistas informaron sobre interrogatorios y confiscaciones en el
aeropuerto a su llegada de los Estados Unidos. El 6 de abril, las autoridades
aeroportuarias detuvieron durante seis horas a Eliécer Ávila, dirigente de Somos+,
una organización de defensa de los derechos humanos, a su regreso de una
conferencia sobre derechos humanos en Colombia. Según informes, las
autoridades le confiscaron la computadora portátil, varios materiales de
capacitación, algunas unidades de memoria y otras pertenencias.

Leyes sobre difamación: El gobierno recurre a las leyes sobre difamación para
arrestar o detener a las personas que critican a los cuadros directivos del país.
Libertad de acceso a internet
El gobierno restringía el acceso a internet y se recibieron informes fidedignos de
que vigiló, sin la debida autoridad legal, el uso del correo electrónico, las redes
sociales, las salas de chat y la navegación por internet por ciudadanos nacionales
y extranjeros. Controló todo el acceso a internet, con excepción de unos servicios
restringidos que facilitaban algunas representaciones diplomáticas y un número
pequeño pero cada vez mayor de redes clandestinas.

Si bien la Unión Internacional de Telecomunicaciones informó que el 39% de los


ciudadanos usaba internet en 2016, ese número incluía a muchos con acceso
limitado a un servicio nacional de intranet que ofrecía solamente correo electrónico
y sitios web oficiales, por una fracción del precio de internet abierta. Otros grupos
internacionales informaron que había poco acceso a internet y que
aproximadamente el 15% de la población podía acceder a la internet abierta.

El gobierno concedía selectivamente acceso domiciliario a internet a ciertas partes


de La Habana y a algunos sectores de la población constituidos, en su mayoría,
por funcionarios públicos, profesionales establecidos, algunos profesores y
estudiantes, periodistas y artistas. Los demás podían tener acceso a servicios de
correo electrónico y de internet por medio de las “asociaciones juveniles”
patrocinadas por el gobierno, los cibercafés o los puntos de acceso (hotspot) wifi
aprobados y reglamentados por el Ministerio de Información, Tecnología y
Comunicaciones. Se exigía a los usuarios que compraran tarjetas prepagadas
para poder acceder a internet.
Durante el año, el gobierno aumentó el número de puntos de acceso wifi a más de
500 en todo el país y redujo el costo a un peso convertible (CUC) (US $1) por
hora, tarifa que estaba fuera del alcance de algunos ciudadanos cuyo ingreso
oficial promedio era de unos 29 CUC (US $29) mensuales. El costo del acceso a
la intranet nacional era de 10 centavos por hora. Las autoridades examinaron el
historial de navegación por internet de los usuarios, leyeron y censuraron el correo
electrónico e impidieron el acceso al menos a 41 sitios web considerados
inaceptables. Además del acceso a internet por medio de los puntos de acceso
wifi, los ciudadanos nacionales y extranjeros podían comprar tarjetas de acceso a
internet y usar los centros comerciales de los hoteles. El acceso solía costar de 5
a 10 CUC (de US $5 a $10) por hora, tarifa que estaba bastante fuera del alcance
de muchos ciudadanos.

Si bien la ley no fija penas específicas por el uso de internet sin autorización, es
ilícito poseer una antena parabólica para tener acceso sin censura a internet. El
gobierno restringía la importación de enrutadores inalámbricos, buscaba
activamente los puntos de acceso privado a dispositivos inalámbricos y confiscaba
el equipo.

También eran ilícitos el uso de programas informáticos de encriptación y la


transferencia de archivos cifrados. A pesar de la falta de acceso, el acoso y las
deficiencias de la infraestructura, un creciente número de ciudadanos mantenía
blogs donde publicaba opiniones críticas del gobierno para lo cual contaba con la
ayuda de sus simpatizantes en el exterior, quienes a menudo creaban y
mantenían los sitios de esos blogs. El gobierno bloqueaba el acceso local a
muchos de esos blogs. Además, un pequeño pero creciente número de cubanos
podía usar Twitter, Facebook, Instagram y otros canales de las redes sociales
para denunciar independientemente algunos sucesos ocurridos en el país e
incluso para hacer observaciones críticas del gobierno. Al igual que otros críticos
del oficialismo, los blogueros sufrieron acoso e incluso detención y maltrato físico
por parte del gobierno.

Los defensores de los derechos humanos denunciaron que el gobierno solía vigilar
e interrumpir los servicios telefónicos celulares y fijos antes de actividades
planeadas o de aniversarios importantes relacionados con los derechos humanos.
La ETECSA, entidad proveedora de servicios de telecomunicaciones de propiedad
del Estado, solía desconectar el servicio para los organizadores de actividades pro
derechos humanos, a menudo poco antes de su detención por los agentes de
seguridad del Estado o con el fin de interrumpir las actividades planeadas.

Libertad académica y actos culturales


El gobierno limitaba la libertad académica, controlaba los planes de estudio de
todas las escuelas y universidades, y destacaba la importancia de robustecer “la
ideología revolucionaria” y “la disciplina”. Algunas autoridades académicas se
abstenían de reunirse con extranjeros, entre ellos, diplomáticos, periodistas y
profesores visitantes, sin previa autorización del gobierno y, a veces, sin la
presencia de un vigilante oficialista. Los que estaban autorizados para viajar al
extranjero sabían que sus actos, si se consideraban desfavorables por motivos
políticos, podrían traer consecuencias negativas para ellos y para sus familiares
residentes en Cuba. Durante el año, el gobierno concedió un mayor campo de
operación a algunos centros educativos religiosos.

Los artistas y docentes que hablaban con franqueza a menudo sufrían críticas y
acoso organizados por el gobierno.

Las bibliotecas públicas exigían que los ciudadanos cumplieran un trámite de


inscripción antes de que el gobierno les concediera acceso a libros o a
información. Ese acceso podía denegarse si los ciudadanos no podían demostrar
que necesitaban consultar una biblioteca determinada. Las bibliotecas exigían una
carta de autorización del empleador o de una institución académica para consultar
libros y materiales censurados, delicados o poco comunes. Las instituciones
religiosas organizaban pequeñas bibliotecas. Las bibliotecas independientes eran
ilegales, pero seguían existiendo y enfrentaban acoso e intimidación.

b. Libertad de reunión y de asociación pacíficas


El gobierno restringió la libertad de reunión y de asociación pacíficas.

Libertad de reunión pacífica


Aunque la constitución concede algunos derechos de reunión, el derecho está
sujeto al requisito de que no se ejerza “contra la existencia y fines del Estado
socialista”. La ley obliga a los ciudadanos a solicitar autorización para organizar
reuniones de tres personas o más, y la infracción de esa disposición podría
castigarse con reclusión máxima de tres meses y una multa. El gobierno toleró
algunas reuniones y muchos grupos religiosos informaron que pudieron reunirse
sin inscripción y sin exponerse a sanciones.

Los activistas independientes se enfrentaron a mayores obstáculos, y las fuerzas


de seguridad del Estado solían reprimir cualquier intento de reunión, aunque fuera
en residencias particulares y en números pequeños.

Según informes, el 19 de agosto más de 100 agentes de seguridad del Estado


interrumpieron por la fuerza una actividad dedicada a las familias patrocinada por
la UNPACU, una organización de defensa de los derechos políticos y humanos.
Según José Daniel Ferrer, presidente de la UNPACU, aproximadamente 50
activistas, familiares y vecinos se habían reunido para asistir a una comida
campestre a orillas de un río antes de que las autoridades llegaran y recurrieran a
violencia e intimidación, incluso contra algunos menores de edad, mujeres y
personas de edad, para dispersarlos. Se informó que las autoridades golpearon
fuertemente a cinco miembros de la UNPACU, que algunos sufrieron fracturas de
la nariz y que al menos uno necesitó puntos de sutura.

El gobierno también siguió organizando actos de repudio por medio de turbas


reunidas para que agredieran y dispersaran algunas reuniones pacíficas. Los
participantes llegaban en autobuses públicos o los funcionarios públicos los
reclutaban en lugares de trabajo y escuelas de los alrededores. Llegaban y salían
por turnos, vociferaban lemas y cantos revolucionarios y proferían improperios
contra las personas reunidas pacíficamente. A veces, se agredía físicamente a las
víctimas de este acoso o se infringían daños a sus bienes de propiedad. Los
agentes de seguridad del Estado presentes en el lugar de los hechos, a menudo
en números abrumantes, no detenían a quienes agredían físicamente a las
víctimas ni atendían a las denuncias de estas últimas; más bien, solían organizar
esas actividades o participaban directamente en actos de agresión física.

El gobierno no concedió permisos a manifestantes independientes ni aprobó la


celebración de reuniones públicas por grupos de defensa de los derechos
humanos ni otros críticos de cualquier actividad oficial.

Libertad de asociación
Por lo común, el gobierno negaba a la ciudadanía la libertad de asociación y no
reconocía a las asociaciones independientes. La constitución proscribe toda
organización política que no esté reconocida oficialmente. Varias entidades
independientes, incluidos los partidos políticos de oposición y asociaciones
profesionales, actuaron como organizaciones no gubernamentales (ONG) sin
reconocimiento jurídico.

Las iglesias reconocidas (incluso la organización humanitaria católica Cáritas), el


movimiento de la masonería y varias asociaciones fraternales y profesionales eran
las únicas asociaciones legalmente autorizadas para funcionar fuera de la
estructura formal del Estado o del PCC. Los grupos religiosos estaban bajo la
supervisión de la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC, que tiene autoridad para
negar permisos para celebrar actos religiosos y que ejercía presión sobre los
jerarcas religiosos para que se abstuvieran de incluir temas políticos en sus
sermones.

Los grupos deben inscribirse por medio del Ministerio de Justicia para recibir
reconocimiento oficial. Las autoridades siguieron desatendiendo las solicitudes de
reconocimiento jurídico de grupos nuevos, entre ellos, varios grupos religiosos
nuevos, así como organizaciones de defensa de los derechos de la mujer y de los
homosexuales, con lo cual sus afiliados se expusieron a posibles acusaciones de
asociación ilícita.
El gobierno siguió dando trato preferente a quienes participaban activamente en
las actividades del PCC y en las manifestaciones de apoyo masivo al oficialismo,
en particular mediante la concesión de valiosas prestaciones públicas, como
ingreso a la enseñanza superior, becas u oportunidades de empleo.

c. Libertad de culto
Véase el Informe sobre la libertad de culto en el mundo (International Religious
Freedom Report) del Departamento de Estado
en www.state.gov/religiousfreedomreport/.

d. Libertad de circulación
Hubo continuas restricciones a la libertad de circulación dentro del país, a los
viajes al exterior y a la migración con derecho de regreso. El gobierno también
controló la migración interna de las zonas rurales a La Habana.

Las personas que trataban de emigrar legalmente declararon que enfrentaban


interrogatorios de la policía, multas, acoso e intimidación, lo que incluía la pérdida
involuntaria del empleo. Según informes, a veces, se despedía a los funcionarios
públicos que solicitaban emigrar legalmente a los Estados Unidos en cuanto se
conocían sus planes. Algunos familiares de ex funcionarios públicos que
emigraron de la isla perdieron las prestaciones públicas o no pudieron viajar para
unirse con sus familiares en el exterior porque se les denegaron los pasaportes.

La ley prevé penas de prisión de hasta tres años o una multa de 500 pesos no
convertibles (CUP) (US $20) para los “balseros” que hagan un primer intento de
salida (en forma clandestina, por lo común en embarcaciones de fabricación
rudimentaria). A la mayoría de las personas descubiertas al tratar de salir sin
autorización por mar se las detuvo brevemente. En el caso de desertores militares
o policiales o de personas que viajaban con menores, el castigo podía ser más
severo. Las condenas de reclusión también fueron más comunes para quienes
intentaban fugarse a los Estados Unidos por medio de la Base Naval de los
Estados Unidos en Guantánamo.

Conforme a los términos del Acuerdo Migratorio entre los Estados Unidos y Cuba
suscrito en 1994, el Gobierno de Cuba convino en abstenerse de enjuiciar a los
emigrantes que fueran devueltos de aguas internacionales o estadounidenses o
de la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo o de tomar represalias
contra ellos, después de tratar de emigrar ilegalmente, siempre y cuando no
hubieran cometido otro delito penal. El gobierno impidió los viajes independientes
fuera de La Habana con fines de vigilancia de la situación de los cubanos
repatriados. Algunos de los presuntos emigrantes declararon que sufrieron acoso
y discriminación, por ejemplo, multas, expulsión de los centros educativos y
pérdida del empleo.
Circulación en el país: Si bien la constitución permite a todos los ciudadanos viajar
a cualquier parte del país, los cambios de residencia a La Habana estaban
restringidos. La comisión municipal de vivienda y las autoridades públicas
provinciales deben autorizar cualquier cambio de residencia. El gobierno puede
multar a las personas que residan en un lugar sin autorización de esos órganos y
devolverlas a su lugar de residencia legalmente autorizado. Hubo denuncias de
que las autoridades limitaron los servicios sociales a las personas que residían
ilegalmente en La Habana. La policía amenazó con enjuiciamiento a cualquier
persona que regresó a La Habana después de haber sido expulsada.
La ley permite que las autoridades prohíban la presencia de una persona en
ciertas regiones del país o que la restrinjan a una determinada región, durante un
período máximo de 10 años. Con arreglo a esta disposición, las autoridades
pueden proceder al exilio interno de cualquier persona cuya presencia en un lugar
determinado se considere “socialmente peligrosa”. Algunos disidentes informaron
con frecuencia que las autoridades les impidieron salir de las provincias donde
residían o los detuvieron y devolvieron a sus casas a pesar de que no se había
impuesto ninguna restricción formal ni por escrito contra ellas.

Viajes al exterior: El gobierno siguió exigiendo que varias clases de ciudadanos


obtuvieran permiso para viajar en calidad de emigrantes, entre ellos, el personal
médico muy especializado, el personal de las fuerzas militares o de seguridad,
muchos funcionarios públicos, tales como autoridades académicas, y muchos ex
presos políticos o activistas defensores de los derechos humanos. También adujo
razones arbitrarias o falsas para negar autorización a algunos defensores de los
derechos humanos para salir de la isla con el fin de participar en talleres,
actividades o programas de capacitación. Por ejemplo, la CCDHRN informó que,
solo en agosto, las autoridades les negaron la autorización de salida al menos a
12 defensores de los derechos humanos.
Protección de los refugiados
Acceso a asilo: La constitución dispone que se conceda asilo a las personas
perseguidas por sus ideales o por cometer actos relacionados con varios motivos
políticos determinados. El gobierno no dispone de ningún mecanismo formal para
tramitar la concesión de asilo a extranjeros.
Protección temporal: En los pocos casos de personas que solicitaron asilo, el
gobierno colaboró con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Refugiados y otras organizaciones humanitarias para facilitarles
protección y asistencia mientras se procuraba establecerlos en un tercer país.
Además, el gobierno permitió que algunos estudiantes extranjeros que temían
persecución en su país de residencia permanecieran en Cuba después de
terminar sus estudios, hasta que se pudieran corroborar o resolver sus
alegaciones.
Sección 3. Libertad de participar en el proceso político
Si bien existe un proceso de votación para escoger candidatos, los ciudadanos no
tienen posibilidades de escoger su gobierno por medio del derecho al voto en
elecciones libres y justas ni de presentarse como candidatos de partidos políticos
distintos del PCC, y el gobierno tomó represalias contra quienes buscaron un
cambio político pacífico.

Elecciones y participación política


Elecciones recientes: Varios órganos oficialistas seleccionaron previamente a
todos los candidatos que se presentaron a las elecciones municipales celebradas
en noviembre y, una vez aprobados por el PCC, se postularon para los cargos en
su mayoría sin oposición. Hubo denuncias de que una comisión electoral de nivel
municipal impidió que al menos una candidata compitiera en las elecciones
municipales por no demostrar el “compromiso de cumplir los objetivos trazados por
la Revolución”.
Partidos políticos y participación en la política: Unas comisiones oficialistas tenían
que acreditar previamente a todos los candidatos a cargos electivos y rechazaban
a ciertos candidatos sin explicación ni derecho de apelación. Los candidatos
disidentes informaron que el gobierno organizó protestas y reuniones comunitarias
para manchar su nombre. Habitualmente, se valió de campañas de propaganda en
los medios oficiales de comunicación para criticar a sus adversarios. Se impidió
físicamente que numerosos miembros de la oposición presentaran su candidatura
o se les intimidó de otra forma para impedir que participaran en el proceso
electoral.
Participación de la mujer y de las minorías: Ninguna ley restringió la participación
de las mujeres ni de las minorías en el proceso político y, de hecho, participaron.
Las mujeres constituían el 23% del Consejo de Ministros, el 42% del Consejo de
Estado, el 49% de la Asamblea Nacional del Poder Popular y más de la mitad de
los presidentes provinciales. Las mujeres siguieron estando insuficientemente
representadas en los órganos decisorios de mayor poder; no había mujeres en el
comité ejecutivo del Consejo de Ministros ni en altos cargos directivos militares.
Sección 4. Corrupción y falta de transparencia en el gobierno
La ley prevé la imposición de sanciones penales por corrupción y el gobierno se
mostró profundamente preocupado por las acusaciones de corrupción y a menudo
aplicó medidas severas para reprimirla.

Corrupción: La ley prevé penas de tres a ocho años de reclusión por


“enriquecimiento ilícito” de las autoridades o de los funcionarios públicos. El
gobierno no cumplió la ley debidamente y, a veces, los funcionarios incurrían en
prácticas corruptas con impunidad. Hubo numerosas denuncias de corrupción de
los agentes del orden y de otras instancias oficiales en la aplicación de una
multiplicidad de restricciones económicas y la prestación de servicios públicos.
Según varias fuentes, durante el registro de viviendas y vehículos, a veces la
policía sustrajo bienes del dueño o pidió sobornos a cambio de imposición de
multas o de detenciones
Divulgación de información financiera: La ley no exige que los funcionarios
nombrados y elegidos revelen sus activos.
Sección 5. Actitud del gobierno frente a la investigación
internacional y no gubernamental de supuestas violaciones de los
derechos humanos
El gobierno no reconocía a los grupos nacionales de derechos humanos ni les
permitía funcionar lícitamente. Varias organizaciones de defensa de los derechos
humanos siguieron funcionando fuera de la ley, entre ellas, la Comisión Cubana
de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), la Unión Patriótica
de Cuba (UNPACU), el Movimiento Cristiano Liberación (MCL), la Asamblea para
la Promoción de la Sociedad Civil y la Fundación Lawton de Derechos Humanos.
El gobierno sometía a los defensores cubanos de los derechos humanos a
intimidación, acoso, breves detenciones periódicas y encarcelamiento prolongado
por acusaciones dudosas.

Ninguna ONG independiente y oficialmente reconocida vigilaba los derechos


humanos. El gobierno se negaba a reconocer a toda ONG de vigilancia o
promoción de los derechos humanos que no estuviera autorizada, y a reunirse con
ella. Se recibieron varias reclamaciones de acoso gubernamental explícito a las
personas que se reunieron con ONG no autorizadas.

Las Naciones Unidas y otros organismos internacionales: El gobierno siguió


denegando a las organizaciones internacionales defensoras de los derechos
humanos, entre ellas, a las Naciones Unidas y a sus organismos afiliados y al
Comité Internacional de la Cruz Roja, el acceso a los presos y detenidos. En
septiembre, las Naciones Unidas publicaron un informe en el cual se describió a
Cuba como un país que era motivo de preocupación por causa de intimidación y
represalias contra personas particulares y grupos que buscaban cooperar o que
habían cooperado con las Naciones Unidas, sus representantes y sus
mecanismos en el campo de los derechos humanos.
La Relatora especial de las Naciones Unidas sobre la trata de personas visitó el
país en abril y el Experto independiente de las Naciones Unidas sobre los
derechos humanos y la solidaridad internacional, en julio. El gobierno controló
estrictamente las visitas de ambos y ninguno de ellos se reunió con personas ni
organizaciones independientes que no estuvieran aprobadas por el oficialismo.

Sección 6. Discriminación, abusos sociales y trata de personas


Mujeres
Violación y violencia doméstica: La ley penaliza específicamente la violación de las
mujeres, incluida la violación conyugal, y por separado, el “abuso lascivo” de una
persona de uno u otro sexo. El gobierno hizo cumplir ambas leyes. El castigo por
violación es encarcelamiento por un período mínimo de cuatro años.
La ley no tipifica a la violencia doméstica como una categoría específica de
violencia, pero prohíbe las amenazas y los actos violentos, incluso los
relacionados con la violencia doméstica. Las penas por violencia doméstica varían
entre multas y condenas de prisión de diferente duración, según la gravedad del
delito.

Acoso sexual: La ley prevé sanciones por acoso sexual, con posibles condenas
que van de tres meses a cinco años de reclusión. El gobierno no divulgó
estadísticas acerca de arrestos, enjuiciamientos o condenas por delitos
relacionados con el acoso sexual durante el año.
Coacción en el control de la población: No hubo denuncias de aborto coercitivo,
esterilización involuntaria ni otros métodos forzosos de control del crecimiento de
la población. Las estimaciones de la prevalencia de la mortalidad materna y del
uso de anticonceptivos pueden consultarse en:
www.who.int/reproductivehealth/publications/monitoring/maternal-mortality-
2015/es/.
Discriminación: La ley establece la igualdad de derechos, condición jurídica y
responsabilidades de las mujeres y los hombres cuando se trata del matrimonio, el
divorcio, la crianza de los hijos, la manutención del hogar y la carrera profesional.
Menores de edad
Inscripción de nacimientos: La ciudadanía se obtiene normalmente por haber
nacido en el territorio del país y, por lo general, los nacimientos se inscribieron
oportunamente. Los emigrantes que tengan hijos en el exterior deben solicitar un
pasaporte cubano para el menor antes de volver a entrar a Cuba.
Matrimonio a edad temprana y forzoso: La edad mínima legal de consentimiento
para contraer matrimonio es de 18 años. Se permite el matrimonio de niñas de 14
años y de varones de 16 años con el consentimiento de sus padres.
Explotación sexual de menores: La prostitución es legal para las personas
mayores de 16 años. No hay ley de estupro, pero el castigo por violación aumenta
a medida que disminuye la edad de la víctima. La ley impone entre 7 y 15 años de
encarcelamiento por hacer participar a menores de 16 años en actos
pornográficos. El castigo puede aumentar a períodos de 20 a 30 años o ser la
muerte cuando hay circunstancias agravantes. La ley no penaliza la posesión de
material pornográfico, pero castiga la producción o distribución de toda clase de
material gráfico obsceno, con sanciones que van de tres meses a un año de
prisión, más multa. El ofrecimiento, el suministro o la venta de material obsceno o
pornográfico a menores de 16 años se castigan con períodos de dos a cinco años
de encarcelamiento. La trata internacional de menores se castiga con 7 a 15 años
de encarcelamiento.
Sustracción internacional de menores: El país no es parte del Convenio de La
Haya sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores
suscrito en 1980.

Antisemitismo
Entre 1.000 y 1.500 personas pertenecían a la comunidad judía. No hubo informes
de actos antisemitas.
Trata de personas
Personas con discapacidades
No se conocía ninguna ley que prohibiera la discriminación contra las personas
con discapacidades. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social está a cargo del
programa de Empleo para personas con discapacidad (PROEMDIS). La ley
recomienda que los edificios, los establecimientos de comunicaciones, los
servicios de viajes aéreos y otros servicios de transporte faciliten el acceso a las
personas con discapacidad, pero esos servicios e instalaciones raras veces fueron
accesibles para ellas.

Minorías nacionales, raciales y étnicas


Los afrocubanos solían sufrir discriminación racial y algunos eran objeto de
epítetos raciales mientras recibían golpizas ilegales a manos de los agentes de
seguridad en relación con actividad política. Ellos también denunciaron
discriminación en el empleo, en particular en trabajos codiciados dentro de la
industria turística y en altos cargos públicos.

Actos de violencia, discriminación y otros abusos sociales motivados


por la orientación sexual y la identidad de género
La ley prohíbe la discriminación en el empleo, la vivienda, los casos de falta de
nacionalidad o el acceso a la educación o a la atención de salud por causa de la
orientación sexual.

Durante el año, el gobierno promovió los derechos de las personas lesbianas,


homosexuales, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI), incluso la
ausencia de violencia y de discriminación en los foros regionales e internacionales.
Varias ONG no reconocidas promovieron los derechos de los grupos LGBTI y
enfrentaron acoso del gobierno, no por promover tales asuntos, sino por su
independencia de las instituciones públicas oficiales.

Estigma social de la infección por el VIH y el sida


El gobierno mantenía cuatro cárceles exclusivamente para reclusos con infección
por el VIH y el sida; algunos de ellos cumplían condenas por “propagar una
epidemia”. No solía haber dietas ni medicamentos especiales para los pacientes
seropositivos.

Sección 7. Derechos de los trabajadores


a. Libertad de asociación y derecho de negociación colectiva
La ley, incluidos los reglamentos y normas jurídicas afines, restringe mucho los
derechos de los trabajadores al reconocer solamente a la Central de Trabajadores
de Cuba (CTC), controlada por el PCC, como la suprema confederación sindical.
Todo grupo sindical debe pertenecer a la CTC para funcionar lícitamente. La ley
no concede el derecho de huelga. Tampoco prevé la negociación colectiva,
aunque establece un procedimiento complicado para concertar convenios
colectivos. La Organización Internacional del Trabajo siguió expresando su
preocupación por el monopolio sindical de la CTC, la prohibición del derecho de
huelga y las restricciones impuestas a la negociación colectiva y los acuerdos, así
como el hecho de que las autoridades públicas y los funcionarios de la CTC
tuvieran la última palabra sobre todos esos acuerdos.

El gobierno seguía impidiendo la formación de sindicatos independientes en todos


los sectores. El PCC escogía a los dirigentes de la CTC. La función principal de la
CTC consiste en administrar las relaciones del gobierno con los trabajadores. No
negocia colectivamente ni promueve los derechos de los obreros ni defiende el
derecho de huelga.

Varios sindicatos independientes pequeños funcionaban sin reconocimiento


jurídico, entre ellos, la Confederación Obrera Nacional Independiente de Cuba, la
Confederación de Trabajadores Independientes de Cuba y el Consejo Unitario de
Trabajadores Cubanos. En conjunto, forman la Asociación Sindical Independiente
de Cuba. Estas organizaciones trabajaban para promover los derechos de los
trabajadores, mediante el ofrecimiento de una alternativa a la CTC patrocinada por
el Estado, y presuntamente para defender los derechos de los pequeños
empresarios y empleados. Según informes, los sindicatos independientes fueron
sometidos a acoso de la policía e infiltración por agentes públicos, lo cual limitó su
capacidad para representar eficazmente a los obreros o trabajar a su favor.

El gobierno puede decidir si un trabajador “no es apto para trabajar”, lo que trae
como consecuencia la pérdida del empleo y la denegación de oportunidades de
trabajo. Se consideró que las personas no eran aptas para trabajar por causa de
sus creencias políticas, lo que comprendía negarse a pertenecer al sindicato oficial
o intentar salir del país ilegalmente. También se castigó a los profesionales que
mostraban interés en emigrar al limitarles las oportunidades de empleo o
despedirlos.

b. Prohibición del trabajo forzoso u obligatorio


La ley no prohíbe explícitamente el trabajo forzoso. Prohíbe la reclusión ilegal, la
coacción y la extorsión con penas que van desde imposición de multas hasta
encarcelamiento; sin embargo, no hubo indicios de que se hubieran empleado
esas disposiciones para enjuiciar casos de trabajo forzoso. El empleo de menores
en trabajo forzoso, narcotráfico, prostitución, actos pornográficos o comercio de
órganos es castigable con encarcelamiento por un período de 7 a 15 años. El
gobierno hacía cumplir las leyes y las penas parecían ser suficientes para evitar
infracciones.

El servicio militar obligatorio de los varones jóvenes se cumplía a veces mediante


asignación a una entidad económica controlada por las fuerzas militares o a otros
servicios gubernamentales. Persistieron las acusaciones de trabajo forzoso o bajo
coacción en misiones médicas en el extranjero, aunque el gobierno las negó.

El gobierno siguió empleando a algunos estudiantes de secundaria en las zonas


rurales para cosechar cultivos agrícolas (véase la sección 7.c).

c. Prohibición del trabajo infantil y edad mínima para trabajar


La edad mínima para trabajar es de 17 años, aunque la ley permite el empleo de
menores de 15 y 16 años para capacitarlos o para compensar la escasez de mano
de obra, con permiso de los padres y una autorización especial del Director de
Trabajo Municipal. La ley no permite que los menores de 15 y 16 años trabajen
más de siete horas diarias ni más de 40 horas semanales ni en días feriados. Los
jóvenes de 15 a 18 años de edad no pueden trabajar en ciertas ocupaciones
peligrosas específicas, como la minería, ni de noche.

No se conocía ningún programa oficial que previniera el trabajo infantil ni que


retirara a los menores de ese trabajo. Sin embargo, los programas contra la
inasistencia escolar se destinaban a mantener a los niños en la escuela. Las
inspecciones y sanciones parecieron ser suficientes para hacer cumplir la ley,
puesto que las inspecciones del trabajo infantil se incluían en todas las demás
inspecciones laborales habituales. El gobierno informó que entre noviembre de
2016 y febrero se habían realizado 346 inspecciones de esa naturaleza en
empresas oficiales y del sector privado. El gobierno castiga el trabajo infantil en
actividades ilícitas con multas y suspensión de los permisos de trabajo. No hubo
informes fidedignos de que hubiera un grupo numeroso de trabajadores menores
de 17 años.

El gobierno empleaba a algunos estudiantes de secundaria en las zonas rurales


para cosechar productos agrícolas en granjas estatales durante la principal época
de la cosecha. Los estudiantes que participaron no recibieron ninguna
remuneración, pero se les dio crédito académico y recomendaciones favorables
para ingresar a la universidad. Según informes, quienes se negaban a participar o
no obtenían una excusa para ausentarse podían recibir malas calificaciones o
recomendaciones para ingreso a la universidad, aunque supuestamente también
podían participar en otras actividades (en lugar de la cosecha), como forma de
respaldar su solicitud de ingreso a la universidad. No hubo informes de
condiciones laborales abusivas ni peligrosas.
d. Discriminación con respecto al empleo o a la ocupación
La ley prohíbe la discriminación en el lugar de trabajo por el color de la piel, el
género, las creencias religiosas, la orientación sexual, el origen territorial y
“cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana”, pero no protege
explícitamente la opinión política, el origen social, la discapacidad, la edad, el
idioma, la identidad de género ni el estado de seropositividad al VIH u otras
enfermedades transmisibles. No hubo información disponible sobre la aplicación
de estas disposiciones por el gobierno durante el año.

Hubo discriminación en el empleo con respecto a los miembros de la población


afrocubana. Los dirigentes de la comunidad afrocubana señalaron que algunos de
sus miembros no pudieron conseguir empleos en sectores como los de turismo y
hospitalidad porque eran “demasiado oscuros”. Los dirigentes afrocubanos
explicaron que los empleos en los sectores de atención a los turistas se asignaron
a cubanos de tez clara y a menudo estaban entre los trabajos mejor remunerados.
A los afrocubanos se les dio con más frecuencia empleos de baja categoría,
incluso de limpieza y eliminación de basura, los cuales les impidieron interactuar
con los turistas, una fuente importante de divisas.

No hubo estadísticas que indicaran si el gobierno hacía cumplir debidamente las


leyes correspondientes.

 e. Condiciones de trabajo aceptables


El salario mínimo mensual estaba fijado en 225 CUP (US $9). El requisito del
salario mínimo no se aplicaba al sector no estatal, que abarca los trabajadores
autónomos. El gobierno complementaba el salario mínimo con la educación
gratuita, la asistencia médica subvencionada (el pago diario se reduce en el 40%
después del tercer día de estancia en un hospital), la vivienda y algunos alimentos.
Aun con los subsidios, el gobierno reconoció que el salario mínimo medio de 700
CUP (US $29) mensuales no brindaba un nivel de vida razonable.

La semana laboral normal es de 44 horas, pero es más corta en ocupaciones


peligrosas como la minería. La ley dispone para los trabajadores un período de
descanso semanal de 24 horas, como mínimo, además de 24 días de vacaciones
anuales pagadas. Esas normas se aplicaban a los trabajadores del Estado y a los
del sector no estatal, pero no a los trabajadores autónomos. La ley no prevé mayor
pago por concepto de horas extraordinarias ni prohíbe las horas extraordinarias
obligatorias pero, en general, estas suelen limitarse a 12 por semana o a 160 por
año. La ley contempla pocas razones para que un obrero se niegue a trabajar
horas extraordinarias. Negarse a hacerlo podría dar lugar a que apareciera una
anotación al respecto en el expediente oficial de trabajo del empleado, lo cual
pondría en peligro sus solicitudes posteriores de vacaciones. El Ministerio de
Trabajo y Seguridad Social (MTSS) está autorizado para fijar otros límites a las
horas extraordinarias, según sea necesario. La remuneración por horas
extraordinarias se paga en efectivo al jornal horario establecido o mediante el
aumento de las horas de asueto, particularmente para los obreros vinculados
directamente a la producción o a la prestación de servicios; estas normas no son
válidas para el personal de gerencia. Los obreros se quejaron de que la
remuneración por concepto de horas extraordinarias se les dejó de pagar o se les
pagó con atraso.

El gobierno establece normas relativas a la seguridad del lugar de trabajo y recibió


asistencia técnica de la Organización Internacional del Trabajo para ponerlas en
práctica. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social hacía cumplir las normas
sobre el salario mínimo y las horas hábiles por medio de oficinas de nivel nacional,
provincial y municipal; sin embargo, el gobierno carecía de mecanismos para
hacer cumplir debidamente las normas sobre seguridad y salud en el empleo. No
se disponía de información confirmada sobre el número de inspectores laborales.
Los informes de los últimos años indican que había muy pocos inspectores y que a
menudo las normas de salud y seguridad se pasaban por alto o estaban
debilitadas por causa de prácticas corruptas.

Según las estadísticas oficiales, hasta finales de junio había 567.982 trabajadores
autónomos (de los cuales el 33% eran mujeres), cifra que representa un aumento
del 5% en comparación con la de 2016. El porcentaje de toda la fuerza laboral en
el sector privado aumentó de cerca del 25% en 2012 al 29% a fines de 2016. El
gobierno mantenía una lista de menos de 200 oficios en los cuales se permitía que
los ciudadanos trabajaran por cuenta propia, incluso con contratación de mano de
obra. Los trabajadores autónomos y del sector privado obtenían licencias
mediante solicitud al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y estaban sujetos a
inspección oficial. En agosto, el gobierno suspendió la expedición de nuevas
licencias para ciertas actividades en el lucrativo sector de hospitalidad. A pesar de
las sanciones penales por hacerlo, un elevado número de trabajadores participó
en la economía informal, entre ellos, personas que realizaban transacciones
activamente en el mercado negro o actividades profesionales no permitidas
oficialmente por el gobierno. No hubo informes ni estadísticas fidedignos sobre la
economía informal.

Algunas empresas extranjeras funcionaban en un número restringido de sectores,


por ejemplo, hotelería, turismo y minería. Esas empresas funcionaban a partir del
principio de operaciones conjuntas en que el gobierno contrataba y pagaba a los
empleados de la empresa en pesos una suma que representaba tan solo una
pequeña fracción de lo que dichas empresas remitían al Estado por concepto de
costos de la mano de obra. La mayor parte del empleo formal se realizaba por
medio de agencias de empleo oficiales. En general, se prohibía que estas
empresas, incluidas las compañías y organizaciones internacionales, contrataran o
pagaran directamente a sus trabajadores, aunque al parecer muchas hacían
pagos furtivos complementarios. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social hace
cumplir las leyes laborales impuestas a cualquier negocio, organización o entidad
pública extranjera con sede en el país, incluso a las empresas extranjeras de
propiedad absoluta que operan en el país, a las sociedades anónimas en las
cuales participan inversionistas extranjeros que trabajan en el país, las Naciones
Unidas, las ONG internacionales y las embajadas. Los trabajadores cubanos
empleados por esas entidades están sujetos a varios reglamentos laborales
comunes para la mayoría de los trabajadores estatales y no estatales, junto con
algunos otros reglamentos específicos para esta clase de entidades. Los órganos
gubernamentales, incluido el Ministerio de Finanzas y Precios, la entidad de
recaudación de impuestos, hacían cumplir los reglamentos. No hubo informes
sobre los mecanismos de protección de los derechos de los trabajadores
migrantes.

En los informes oficiales del gobierno se citaron 3.576 accidentes laborales en


2016 (un aumento de 92 en comparación con la cifra registrada en 2015) y 89
defunciones en el lugar de trabajo (un aumento de 18 en comparación con la cifra
registrada en 2015). La CTC proporcionaba poca información a los trabajadores
sobre sus derechos y, a veces, no atendía ni asistía a los obreros que se quejaban
de las condiciones peligrosas en el lugar de trabajo. En general, se entendía que
los trabajadores no podían evadir las situaciones peligrosas sin poner en riesgo su
empleo, y las autoridades no protegían debidamente a quienes enfrentaban ese
dilema.