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UNIVERSIDAD DE BAJA CALIFORNIA, UBC

MAESTRÍA EN EDUCACIÓN, MATEMÁTICAS

RESUMEN DE LECTURA: LA CONDUCTA SUICIDA EN LOS


ADOLESCENTES: FACTORES DE RIESGO Y ROLES DE LA INSTITUCIÓN
ESCOLAR EN SU PREVENCIÓN Y EL PRÉSTAMO DE APOYO PSICOLÓGICO
OPORTUNO EN CASOS LIGADOS A SU CONTEXTO.

MAESTRANDO IGNACIO CADENA RODRÍGUEZ


SUSTENTADO ANTE LA MAESTRA: REYNA ISABEL SERRATOS
NAVARRETE

SANTIAGO DE CALI, COLOMBIA.


ABRIL DE 2019.
1. INTRODUCCIÓN.

En todo occidente es un hecho reconocido que la adolescencia, uno de los


estadios del desarrollo humano, objeto de estudio abordado por las ramas
evolutiva y educativa de la psicología, constituye una de las etapas de la vida que
puede implicar, por una parte, una transición relativamente tranquila hacia el
estadio del adulto joven (Coleman, 1980; citado por Palacios y Oliva, 2014)1 sin
que ello desconozca, claro está, el conjunto y la naturaleza de los cambios
psicosociales a los que en este lapso se enfrentan chicos y chicas; por otra parte
también comporta manifestaciones de ansiedad, frustración, conformismo,
rebeldía, sucesivas identificaciones y períodos de crisis (Manoni y otros, 1984)2,
entre otras conductas manifiestas, que ameritan atención de los adultos directa o
indirectamente responsables de la orientación de estas personas en proceso de
formación, a saber, padre y madre dentro del núcleo familiar; educadores,
psicólogos, psicoterapeutas y médicos3, entre otros, en el entorno social; se afirma
que esta corresponsabilidad recae sobre estos agentes por cuanto quienes se
hallan específicamente por fuera del contexto familiar, lo hacen al tenor de
Tratados Internacionales4, preceptos Constitucionales5, Leyes6 y a través de un

1
Palacios y Oliva. (2014). Adolescencia y su significado evolutivo. En: Desarrollo psicológico y educación. 1.
Psicología evolutiva. Compilación de Palacios, J., Marchesi, A., y Coll, C. (2014). Alianza Editorial. Madrid.
2
Manoni y otros. (1984). La Crisis de la Adolescencia. Gedisa. Barcelona, España.
3
Es bien conocido, en la literatura médica, que estos profesionales de la salud atienden casos de intento de
suicidio adolescente en los que la señorita o el joven han consumido dosis altas de medicamentos o
alucinógenos.
4
Los países miembros de la ONU tienen suscrito, desde el siglo XX, la Declaración Universal de los Derechos
del Niño, entendiéndose por niño aquella persona menor de edad -lo que incluye al adolescente- que
necesita la protección de sus Derechos Fundamentales al interior del núcleo familiar y de la sociedad. En
todo caso el Estado de cada país miembro, mediante sus Leyes e Instituciones, es el garante de respetar y
hacer efectivos estos derechos.
5
La Constitución Política de Colombia consagra estos Derechos, de los niños y de los adolescentes, en sus
Arts. 44° y 45°.
6
Estas leyes forman parte de la legislación educativa que cada país de occidente ha expedido, marcos
normativos que delegan y establecen la responsabilidad de la educación y la formación de los niños y
ente específicamente creado para este propósito: la institución escolar (Miras,
1991)7.

En este orden de ideas, y teniendo en cuenta que la crisis que experimentan los
adolescentes conlleva factores de riesgo -consumo de sustancias psicoactivas,
inicio precoz y por ende en nada responsable en el manejo de su sexualidad, por
citar sólo dos-, ante los que deben permanecer alerta los padres y la escuela a fin
de evitar consecuencias irreversibles o fatales en detrimento de la integridad física
de lo(a)s jóvenes que se encuentran en este período evolutivo, a continuación, y
sobre la base del establecimiento de vínculos entre los elementos teóricos que
versan en los referentes bibliográficos consultados para la construcción del
presente texto, y, los datos empíricos que en el mismo utilizo a partir de mi
experiencia en centros educativos como directivo escolar, me enfocaré en el
análisis, sin pretender ser exhaustivo, de algunas de las posibles causas que
subyacen a una de las los comportamientos adolescentes de mayor riesgo, esto
es, la conducta suicida sin descuidar, desde luego, la asunción de una postura en
torno al rol que debe asumir la institución escolar8 frente a un fenómeno en el que
entra en juego la propia vida de un ser humano, razón de más para que docentes
de aula y directivos escolares, estemos siempre dispuestos a aprender acerca de
cómo hacer lectura eficaz y oportuna de los indicios asociados con esta conducta
o con el intento de suicidio.

adolescentes en las instituciones escolares indistintamente que estas pertenezcan al Estado o al sector
particular. En el caso colombiano corresponde a la Ley General de Educación o Ley 115/94.
7
Miras, M. (1991). Educación y Desarrollo. Departamento de psicología evolutiva y de educación.
Universidad de Barcelona.
8
En lo sucesivo se utilizará, como sinónimo de esta expresión, el término escolarización, que alude a una
subcategoría derivada del concepto de educación por ser este último más amplio en vista de que no son
únicamente los profesores de la escuela o del colegio los que buscan incidir en los cambios de conducta que
se esperan de los adolescentes en interés de que evolucionen de un nivel bajo de adaptabilidad a los medios
físico y social culturalmente organizados, a uno superior; la educación informal, junto a los los medios de
comunicación influyen, también, con sus contenidos, en la formación, y por lo tanto, en el desarrollo mental,
personal y social de los niños y adolescentes (Coll, 1991. Psicología y Educación).
2. LA CONDUCTA SUICIDA EN EL ADOLESCENTE: CAUSAS
SUBYACENTES.

Las conductas suicidas o los intentos de suicidio en adolescentes no son el


resultado de decisiones espontáneas; por el contrario, cristalizan luego de toda
una lucha que compromete los planos afectivo, emocional y psicológico del sujeto,
quien al no hallar solución alguna a la situación personal o social que lo perturba,
se ve desbordado por la problemática que le atormenta; en este punto la presión
alcanza un punto crítico que se traduce en un trastorno mental que finalmente lo
lleva a consumarlo o por lo menos a intentarlo; las estadísticas médicas revelan
casos en los que no obstante haber hecho lo posible por matarse a sí mismo –este
es el significado etimológico del término-, el o la menor de edad sobrevivieron;
más aún: en otras ocasiones, y aunque la búsqueda de la muerte nunca fue la
intencionalidad, esta sobrevino por la asunción de conductas de alto riesgo para la
integridad física de quienes cedieron ante la presión de grupo o terminaron
asumiendo una conducta egocéntrica que los llevó a concebirse, falsamente,
como seres invulnerables (Elkind, 1978, 1985; citado por Palacios y Oliva, 2014)9.
Bien sea el producto de los trastornos mentales, o de la incapacidad del
adolescente para manejar una crisis que lo desborda como corolario lógico de sus
carencias, o ya por la pérdida de control sobre las pulsiones que acompañan esta
etapa, la conducta suicida y la tentativa de suicidio tienen sus génesis; conocerlas
permitirá, a la institución escolar, extraer lecciones útiles a fin de hacer todo lo
humanamente posible por dar respuestas apropiadas a los gritos de auxilio de
quienes eligen estas rutas (Moya, 2008) cuando lo que en realidad necesitan es la
orientación y el apoyo de adultos responsables durante esta etapa de transición;
en otras palabras: nuestro papel [el de la familia, la sociedad y el Estado] es
afrontar este período de la vida de nuestros adolescentes con todos sus altibajos
que lo caracterizan (Winnicott, citado por Manoni y otros, op.cit.). Este es, por
consiguiente, el contenido de los apartados que vienen a continuación.

9
Palacios y Oliva. (2014). Ibídem.
2.1 Una institución escolar negligente frente a su misión. Varios expertos,
vinculados estrecha o tangencialmente con la institución escolar, admiten la
responsabilidad de la escuela en el fracaso de uno de los principales objetivos
para los que ésta fue creada: la formación cognitiva, personal y social del
adolescente; de hecho Bruner (1986)10, uno de los pedagogos de renombre en la
actualidad, al deliberar en torno al éxito o el fracaso de la instrucción durante el
proceso de escolarización, concluyó que al niño, y por extensión al adolescente,
por lo general se les deja en solitario en esta búsqueda de respuestas y certezas
que le ayuden a configurar y a consolidar una identidad propia; Manoni y otros
(1984) han ido más lejos al denunciar que la escuela ha dimitido en el plano
educativo: a los jóvenes [adolescentes] no se les prepara para vivir. Se los
instruye, pero ya no se los educa. No hay “acompañamiento” de una clase de
edad a otra. La imagen n° 1 da cuenta de lo que Bruner, Manoni y otros han
expresado con conocimiento de causa.
11
Imagen n° 1: Fotografía y titular de fatalidad a raíz de conducta suicida en adolescente :
“Estudiante de 16 años habría decidido quitarse la vida adentro de su colegio, en Pereira”.

Estudiante de 16 años habría decidido quitarse la vida adentro de su colegio, en Pereira, Colombia. Fuente:
https://www.publimetro.co/co/noticias/2019/03/28/estudiante-decidio-quitarse-la-vida.html

10
Bruner, J. (1986). Realidad mental y mundos posibles. Los actos de la imaginación que dan sentido a la
experiencia. Gedisa. Barcelona.
11
Evidencia empírica que permite inferir la veracidad de los planteamientos teóricos tanto de Bruner (1986)
como de los de Manoni y otros (1984). Sobre esta evidencia se ha de aducir que el sistema educativo
púbico en Colombia padece, entre otros aspectos, de insuficiencia de psicólogos u orientadores dentro de
las escuelas y colegios, es decir, la relación técnica entre el número de profesionales en ejercicio dentro de
los planteles educativos y los estudiantes que estas personas deberían atender, supera los tres mil alumnos
por profesional: 1/3000; para agravar el problema, se sustrajo del horario escolar lo que antes de la reforma
educativa de 1994 se conocía como dirección de grupo, tiempo en el que un profesor asignado durante todo
el año lectivo, dedicaba por lo menos una hora de clase semanal a escuchar las necesidades y expectativas
de sus educandos y a labores propias de la orientación escolar; después de esta reforma el educador que
trabaja con adolescentes, normalmente en bachillerato, no cuenta con más tiempo que para dedicarse al
desarrollo del currículo escolar. En las ocasiones en que se abren estos espacios, los profesores, ya
desligados por inercia de esta responsabilidad, lo consideran una “pérdida de tiempo”.
2.2 El efecto de los trastornos mentales. Moya (2008)12, en su análisis del
suicidio consumado, liga este fenómeno a trastornos psicológicos como la
depresión, el alcoholismo y trastornos adaptativos –ver diagrama n° 1-, factor este
último en el que, precisamente, la institución escolar13 debería contribuir con la
intención de propiciar la evolución equilibrada del adolescente desde un nivel de
adaptabilidad bajo a los medios físico y social culturalmente organizados, a un
nivel alto en el que este haya adquirido autonomía en beneficio propio y de la
comunidad a la que pertenece (Coll, 1991)14.

Diagrama N° 1.

Causas de suicidio consumado en adolescentes.


Fuente: Moya (2008).

21%

51%

27%

Depresión Alcoholismo Trastornos adaptativos

2.3 El influjo del contexto familiar y del entorno social. La familia [y] la
escuela…son entonces analizados como contextos en los que tiene lugar el
desarrollo del adolescente, por lo que todo lo que ocurra en ellos influirá

12
Moya, J. (2008). Conducta suicida en adolescentes: implicaciones en el ámbito de la justicia juvenil. Texto
central para elaborar el resumen de lectura.
13
Por institución escolar no se entiende solamente el conjunto de planteles educativos de enseñanza
obligatoria; este concepto incluye la educación formal que abarca el pregrado (Coll, 1991).
14
Coll, C. (1991). Psicología y Currículo. Una aproximación psicopedagógica a la elaboración del currículum
escolar. Paidós. México.
decisivamente sobre el curso del desarrollo (Oliva, 2014)15; estas palabras,
muy acertadas de por sí en lo que concierne al decisivo influjo que estos
ámbitos llegan a ejercer sobre este período de la vida del joven o de la
señorita, sirve de base para fundamentar las causas de suicidio o tentativa de
suicidio que Moya (2008) correlaciona con estos dos contextos:
2.3.1. Factores familiares. Los padres con trastornos psiquiátricos, que abusan
de las drogas, con antecedentes de suicidio y que maltratan o abusan de sus
hijos, inciden como factor de riesgo en la conducta suicida o tentativa de suicidio
de sus hijos adolescentes; a ello se suma el hecho de que, como adultos y por
hallarse inmersos en estos estilos de vida deteriorados, poco o nada pueden hacer
por evitar que sus hijos adolescentes opten por una conducta suicida o tentativa
de suicidio; otro factor asociado y que puede activar el intento de suicidio en el
adolescente lo constituye el divorcio de los padres; este se expresa con
sentimientos de tristeza y enojo a tal punto que el adolescente desea infligir a sus
padres el mismo dolor que está sintiendo –ver imagen n° 2- .

Imagen N° 2: El divorcio de los padres: un factor de riesgo en la tentativa de suicidio adolescente.

La confusión y el dolor que provoca en el adolescente el divorcio de sus padres, puede llevar a tentativa de suicidio
“benigno” –p.ej.: ingesta de pequeñas cantidades de medicamentos-, episodio en el que el joven o a señorita clama a
voz en cuello por ayuda u orientación adulta para hacer frente a esta situación (Moya, 2008).
Fuente de la imagen: https://www.jw.org/es/enseñanzas-bíblicas/jóvenes/preguntan/divorcio-padres/

15
Oliva, A. (2014). Desarrollo social durante la adolescencia. En: Desarrollo psicológico y educación. 1.
Psicología evolutiva. Ibídem.
2.3.2 Factores sociales. Martín y Velarde (1996) nos muestran una serie de
estadísticas relacionadas con el efecto del retraso que las sociedades de
occidente han ido propiciando, deliberadamente, en cuanto a la incorporación
de los adolescentes a la vida adulta debido a todo lo que implica el instalarlos
en este estadio: el 67% de los adolescentes entre 15 y 20 años se dedica
exclusivamente a estudiar, es decir, a cumplir con una de las tareas
(Havighurst, 1972)16 requeridas para su transición exitosa a la etapa del adulto
joven; el 83% entre los 15 y 17 años, depende económicamente de sus padres,
en tanto que entre los de 18 a 20 años, 31 de cada 50 se encuentran en la
misma situación; en armonía con este análisis estadístico, Steiner (1991)17
pone de relieve una realidad que explica, en parte, esta prolongación adrede
que de la adolescencia como etapa de transición hacia la vida adulta, ha
impuesto occidente a este segmento joven de su población con toda la carga
psicosocial que impacta al adolescente:

Ya no aceptamos la proyección de que el progreso necesariamente habrá de difundirse


desde los centros privilegiados a todos los hombres. Indecentes lujos de las sociedades
desarrolladas coexisten con lo que parece ser la endémica muerte por inanición en una
gran parte de la tierra. Nos hallamos en una posición ambivalente e irónica respecto al
dogma del progreso.

En otras palabras, no se puede perder de vista que el contexto histórico y social


en que vive el adolescente actual es de desencanto, de incertidumbre sobre su
porvenir, de cierta idea funesta que yace tras bastidores y que tiene que ver con la
cruda realidad de que para todos no está garantizado el acceso ni el disfrute pleno
de los valores y bienes propios de la cultura que de manera hipócrita le presenta la
sociedad al alcance de la mano; o como bien lo define Moya (2008), para los
adolescentes actuales la idea de proyecto tiene escaso o nulo sentido, de ahí que
muchos no puedan responder a la pregunta sobre sus planes para el futuro. No

16
Citado por Palacios y Oliva. Ibídem.
17
Steiner, G. (1991). En el castillo de Barba azul. Gedisa. Barcelona.
cabe duda que una organización social de esta índole frustra y conlleva, en la
mente de quien se encuentra en proceso de formación y al contemplar un
panorama sombrío para su futuro, la ideación de matarse a sí mismo. En esta
misma línea se posiciona el proceso de escolarización como factor de riesgo en la
conducta suicida o en la tentativa de suicidio. La asimetría en las relaciones que
se establecen entre los estudiantes adolescentes, en las que unos prácticamente
someten a los otros sin que los profesores alcancen muchas veces a percibir la
magnitud del influjo negativo del poder que alcanzan a ostentar los grupos de
bravucones que se instalan en los espacios escolares, es un factor de riesgo que
puede materializar la conducta suicida –ver imagen n° 1- o activar la tentativa de
suicidio como mecanismo de defensa de la víctima de agresión reiterada y
sistemática, aspecto que debe ser correctamente interpretado por padres de
familia y profesores a raíz de la violencia entre iguales que se ha apoderado de los
planteles educativos (Ortega, 1998)18.

3. TENTATIVA DE SUICIDIO: MEJOR ES PECAR DE PRUDENCIA QUE


CORRER EL RIESGO…

En los párrafos anteriores quedó expuesto el hecho de que en ciertas ocasiones el


adolescente, sin tener la intención de consumar un suicidio, la muerte sobreviene
como consecuencia de una conducta egocéntrica que lo lleva a considerarse
invulnerable frente a determinados riesgos que pueden poner en serio peligro su
vida; asimismo es cierto que uno de los factores contra los que debe luchar quien
se encuentra en transición hacia la edad adulta es la presión de grupo, aspecto
que por no aprender a manejarlo de manera adecuada, propicia que el
adolescente se descontrole por completo y dé rienda suelta a sus impulsos ante la
incitación o la errónea actitud de responder a los “retos” que le imponen sus pares;
el siguiente caso, extraído de la experiencia vivida en un contexto educativo, da
cuenta del constante estado de alerta en que ha de mantener la institución escolar

18
Ortega y otros (1998). La Convivencia escolar: qué es y cómo abordarla. Programa educativo de
prevención de maltrato entre compañeros y compañeras. Junta de Andalucía. Consejería de Educación y
Ciencia.
en el curso de las jornadas que por horario deben desarrollar con esta población;
el caso se argumenta a partir de la imagen n° 3:

Imagen N° 3: Estudiante que puso en riesgo su integridad física, y su vida, producto de la presión de
grupo y de una conducta egocéntrica centrada en la falsa sensación de invulnerabilidad.

Fuente: archivo que como directivo coordinador de un centro educativo tengo registrado en consonancia con
la misión de mi labor.

Como bien se observa, alrededor de la adolescente están sus compañeros de


colegio; se halla sentada sobre un techo cuya altura con respecto al suelo oscila
entre los ocho y los diez metros; al ser llevada a la oficina de la coordinación a fin
de extraer por persuasión el motivo de este comportamiento, guardó silencio;
acudiendo entonces a sus pares mientras se comunicaba a sus acudientes acerca
de la urgencia con la que se les requería en ese momento en la institución, se
logró establecer, a través de los alumnos que presenciaron el hecho, que: i) no era
la primera vez que lo hacía; ii) en esta ocasión y antes de ser sorprendida por el
directivo escolar sobre esta superficie, corrió de un lado para otro sobre ella a
petición de varios de los estudiantes que la animaban a correr este riesgo
innecesario –ver imagen n° 4: descargos que escribió la adolescente al ser
confrontada ante su progenitor en presencia del directivo escolar-. De su relato
escrito se infiere que la presión de grupo representa una de las causas que la llevó
a poner en alto riesgo su integridad física y su propia vida, máxime si se considera
que estas estructuras no sólo están expuestas a un deterioro constante en vista de
su exposición a los elementos naturales, sino que derivado de ello, no están
diseñadas para soportar peso y movimientos bruscos como los que realizó la
adolescente de manera temeraria; también deja en claro el egocentrismo que se
apoderó de ella y que la llevó, erróneamente, a considerarse invulnerable; este
suceso demuestra, además, cómo los adolescentes, en un momento dado, llegan
a descontrolarse por completo sin tener en cuenta los graves riesgos en los que se
pueden ver envueltos producto del influjo psicosocial (Palacios y Oiva, op.cit.). A
la postre, y puesto que la estudiante admitió que no era la primera vez que ponía
en riesgo su integridad física, fue remitida a orientación.

Imagen n° 4: Causas que aduce la adolescente al dar cuenta de esta actitud.

Fuente: archivo que como directivo coordinador de un centro educativo tengo registrado en consonancia con
la misión de mi labor.

A modo de síntesis.

Diferentes ramas de la psicología que estudian al adolescente se han de


complementar en interés de adquirir una visión global de los rasgos que definen
esta etapa del desarrollo humano: si bien es cierto que la transición de la pubertad
a la edad del adulto joven puede transcurrir sin mayores riesgos en algunos casos,
no es lo menos que esta etapa se caracteriza por la crisis que suele afectar a
estas personas que se hallan en la encrucijada de elegir la mejor opción de vida
para su futuro. Prestar atención a esta segunda versión redundará en un
acercamiento teórico que brindará luz a las situaciones empíricas a las que la
institución escolar se debe enfrentar ante un fenómeno que permaneciendo
siempre latente en su contexto o en su entorno inmediato, puede estallar de un
momento a otro a través de un suicidio consumado o una tentativa que ponga en
riesgo la vida del o de la involucrada. Esta luz podrá guiar, entonces, a la
institución escolar no sólo en la identificación de las causas que subyacen a
dichos comportamientos inestables que tienen su origen principalmente en el
contexto familiar y en el entorno social –y dentro de este la institución educativa-,
sino a la toma de medidas oportunas y apropiadas para mantenerse alerta
incluso ante actos en los que la falsa sensación de invulnerabilidad o la presión de
grupo pueden compeler a la señorita o al joven a poner en peligro su vida; de este
modo, la observación de pautas de conducta en las que el alumnos adolescentes
se sustraen de su realidad inmediata, comunican a sus pares tentativas de llevar
a cabo el acto o estados depresivos o relacionados con el consumo de drogas y
alcohol, se erigen en alertas a considerar seriamente con la finalidad de intervenir
a tiempo: más vale, en todos estos casos – recordando siempre que no se trata de
que estas personas, que necesitan apoyo y acompañamiento permanentes, lleven
a cabo este viaje de transición de una edad a otra en solitario-, pecar por
prudencia que presenciar el levantamiento de un cadáver o la remisión de un
cuerpo cuya ingesta de tóxicos no da lugar a otra opción que su traslado a un
centro asistencial en espera de que le salven la vida.

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