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UNIVERSIDAD PRIVADA “ALAS PERUANAS” – FILIAL ICA

FACULTAD: DERECHO Y CIENCIAS POLITICAS

TEMA: SUJETOS DEL PROCESO, LA TEORIA GENERAL DE LA PRUEBA, LAS NULIDADES PROCESALES, O
LOS MEDIOS IMPUGNATORIOS.

CURSO: Derecho Procesal Civil I

DOCENTE: Dr. Carlos Rodolfo Bulnes Tarazona

ALUMNO: Michelle Dellanira Calle Cornejo


Luis Daniel Alvarado Mitacc

CICLO: VI

TURNO:
INTRODUCCION
En la sociedad existen una infinidad de conflictos de trascendencia jurídica.
Algunos se originan de relaciones sustantivas de carácter civil; de un
contrato de compraventa; del matrimonio; de falta de reconocimientos de
derechos hereditarios, de la paternidad; de las relaciones de vecindad,
etcétera. Cuando los problemas se solucionan entre las personas
involucradas sin necesidad de concurrir ante un tercero, puede ser la
solución autocompositiva e inclusive de autotutela. Pero si no es factible, el
litigio deberá ser resuelto, si la parte que se considera afectada desea
(pretensión), por un órgano jurisdiccional (proceso) a través del ejercicio de
un derecho público subjetivo (acción) que es la facultad de índole
constitucional de solicitar la intervención del Estado.
DEDICATORIA
A nuestros padres por habernos
forjado como las personas que
somos en la actualidad, muchos de
los logros se los de los debemos a
ellos, nos formaron con reglas y
con algunas libertades para ser
exitosos.
SUJETOS PROCESALES
Sujetos procesales son aquellos que en el proceso jurisdiccional tienen aptitud
para realizar actos procesales cualquiera que sea la posición que ocupen en éste.
La doctrina diferencia entre quienes tienen la calidad de parte, terceros e
intervinientes. El concepto de sujeto procesal es omnicomprensivo de todos ellos.
Desde la doctrina mayoritaria, parte es quien pide en nombre propio o de otro la
actuación de la voluntad de la ley frente a otro en el proceso, por lo que adquiere
la calidad de actor (pretende) o de opositor (resistente); sin embargo, igualmente el
tercero es definido al unísono por la doctrina como aquél que con posterioridad al
establecimiento de la relación jurídica procesal llega al proceso entre otros,
adquiriendo en algunos eventos la calidad de parte y en otros la de mero
interviniente; pero al definir al interviniente se dice que es aquél que por voluntad
propia o forzada llega al proceso con capacidad para realizar actos procesales de
parte, con lo que la confusión torna en gaseosos tales conceptos. Es menester
entonces determinar con claridad y ojalá con sencillez, la connotación de cada uno
de esos términos y delimitar teóricamente sus alcances para concluir que son
aspectos de una misma institución: sujetos procesales, y que su tratamiento
diferenciado sólo se justifica por didáctica, aunque al final, como siempre, la
confusión sea manifiesta.

El concepto que se puede dar de las partes que intervienen en el proceso civil se
encuentra en relación con el ejercicio del derecho a la tutela judicial efectiva, en
virtud del cual dicho parte actúan en el marco de un proceso de carácter civil,
pidiendo algo a un determinado órgano jurisdiccional y frente a alguien.

Por ello, la parte del proceso civil no se identifica con la parte de la relación
material discutida, sino por el aspecto formal que es la actuación en el proceso; en
otras palabras: para que una persona alcance el status de parte del proceso,
deberá intervenir en el mismo de algún modo, penetrando en el proceso por medio
de la demanda (como demandante o demandado) o acudiendo al mismo en un
momento posterior como intervinientes.

Para que un sujeto se convierta en parte habrá de pedir en el proceso una


determinada declaración al órgano jurisdiccional en su propio nombre, de forma
que o serán parte del proceso aquellas personas que intervienen en calidad de
representante de otra; aunque el ordenamiento jurídico contempla ciertos
supuestos excepcionales en los cuales se permite la actuación procesal de un
derecho ajeno, pero en nombre propio.

Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, las partes del proceso civil pueden


definirse como aquellos sujetos que intervienen en un proceso, realizando tal
intervención para solicitar la tutela judicial interponiendo una determinada
pretensión o interviniendo porque dicha pretensión es interpuesta frente a ellos. Así,
en virtud de tal intervención, las partes deberán quedar afectadas por el resultado
definitivo.

Desde la fase inicial del proceso, con la interposición de la demanda, las partes
han de estar correctamente determinadas. No obstante, durante las distintas fases
constitutivas del proceso, las partes reciben denominaciones diferentes, de modo
que podemos diferenciar entre:

a) En la fase inicial:

- Actor o demandante: es parte activa del proceso, la persona que promueve el


mismo, mediante la interposición de la demanda ante el Juez, en la cual formula
su pretensión.

- Demandado: es la parte pasiva del proceso, la persona frente a la que se dirige la


pretensión contenida en la demanda.

- El Juez es el sujeto que centra, representa al Poder Judicial, en el cual se


encarga de resolver el conflicto presentado.

b) En la fase de recursos:
- Apelante, recurrente.

- Apelado, recurrido.

- El Juez es el sujeto que centra, representa al Poder Judicial, en el cual se


encarga de resolver el conflicto presentado.

c) En el proceso de ejecución:

- Ejecutante.

- Ejecutado.

- El Juez es el sujeto que centra, representa al Poder Judicial, en el cual se


encarga de resolver el conflicto presentado.

Partes
De conformidad con el Código de Procedimiento Civil, “toda persona natural o
jurídica puede ser parte en un proceso”, pero no define el concepto de parte, sólo
hace mención tangencial del mismo.

De acuerdo con algún sector de la doctrina, parte es quien pide en nombre propio
o en nombre de otro la actuación de la voluntad de ley frente a otro, obviamente
por medio del proceso; con lo que tal concepto se debe mirar sólo al interior del
proceso, se habla entonces de parte demandante y parte demandada. Significa
esto que sólo serán partes aquellos entre los cuales se establece o se constituye la
relación jurídica procesal compleja a partir de la notificación de la primera
providencia integradora del contradictorio, es decir, prima el carácter formal o
procesal, sin importar que el actor sea o no titular del derecho material debatido
ni que el opositor, igualmente, sea o no titular por pasiva de dicho derecho o
relación. Lo importante es que se persiga decisión judicial de fondo estimatoria o
desestimatoria de la pretensión invocada, o de otro lado, la ejecución forzada del
derecho cierto e insatisfecho argüido como título ejecutivo de conformidad con el
artículo 488 del Código de procedimiento Civil. Sin embargo, desde el punto de
vista material, el concepto de parte hace referencia a aquellos que reclaman y
debaten como suya, siendo estos efectivamente los titulares, la relación jurídica
sustancial.
LA TEORIA GENERAL DE LA
PRUEBA
Etimológicamente, el vocablo prueba al igual que probo deriva de la voz latina
probus, que significa bueno, honrado, así pues, lo que resulta probado es bueno,
es correcto, es auténtico. Podemos concluir en este punto que la concepción de
prueba radica en una
actividad procesal especial, cuyo producto de dicha actividad es, producir el
conjunto de motivos o razones, que, de los medios aportados por las partes, se
deducen y que le suministra al juez el conocimiento de los hechos, para los fines
del proceso.
Si bien esto es objeto de la teoría general del proceso, conviene repasar
brevemente algunos elementos básicos de la prueba, como todo lo relativo a:
 objeto de la prueba
 De dónde debe extraerse la prueba fuente de prueba,
 Quién debe confirmar carga de la prueba,
 Cómo ha de hacerse la prueba medios de prueba,
 Cuándo y dónde ha de hacerse la actividad probatoria procedimiento de la
confirmación,
 Cuál es el producto final del procedimiento elemento de prueba

OBJETO DE PRUEBA.

Si afirmamos que el fin de la actividad probatoria es el esclarecimiento de los


hechos y actos jurídicos debatidos, podemos tener a éstos como el objeto de la
prueba precisamente. Se les identifica normalmente con los términos thema
decidendum o más concretamente, thema probandum, que comprende en general
los hechos que deben ser materia de prueba, sin tomar en cuenta a quién
corresponde suministrarla, y segundo, porque se refiere a ciertos y determinados
hechos los que en cada proceso debe probarse. El 41.3 NCPC nos dice cuáles
hechos son y cuáles no son objeto de prueba.

De esta conceptualización de objeto de prueba surge, como se desarrollará más


adelante, una limitación en la actividad probatoria, concretamente, en el
ofrecimiento y admisión de los medios probatorios, particularmente sobre los
hechos y actos jurídicos que
son objeto de ser probados.
No son todos los hechos relatados en el cuadro fáctico expuesto los que deben ser
probados, sino, únicamente los que son controvertidos entre las partes. Esta
limitación abarca, a su vez, los poderes-deberes del Juez en cuanto a su iniciativa
probatoria. Por ello,
se debe tener como objeto de la prueba a los hechos. La acepción de hechos, como
objeto de la actividad probatoria en una investigación judicial o de un litigio, es de
cosas que suceden, como son de alguna importancia en la discusión o el litigio.
No son objeto de prueba los hechos no controvertidos, admitidos en forma tácita o
expresa por las partes al trabarse la litis, excepto, cuando esos hechos se traten
sobre derechos indisponibles para las partes. Tampoco son susceptibles de prueba
los hechos notorios o públicos, que son del dominio del saber público -vox pópuli-
que, por pertenecer
a la ciencia, a la vida diaria, a la historia o al comercio social, son conocidos y
tenidos en cuenta como ciertos por un círculo más o menos grande de personas de
cultura media.
Tampoco es susceptible de prueba el derecho invocado, ya que se rige por el
principio iurit novit curia: la norma jurídica aplicable no es lo demostrable, eso es
trabajo del Juez, lo que debe demostrarse son los hechos y actos que se
fundamenta la aplicación de las normas de fondo a nuestro favor, bajo los
aforismos romanos clásicos de Ius ex facto oritur, sea, “el derecho nace de los
hechos” y la máxima da mihi facti, ego tibi ius, que significa “dame los hechos,
que yo te daré el derecho”. Tampoco lo son aquellos hechos protegidos por una
presunción -salvo que se niegue ese hecho- y los evidentes.

FUENTE DE PRUEBA

Entendemos como fuente de prueba todo aquel elemento de la vida social que la
ley reconoce como idóneo para producir prueba sobre un hecho relevante para un
proceso judicial, como es el conocimiento de ese hecho de parte de una persona
que no es sujeto procesal -testigo-; el conocimiento técnico de una persona cuya
formación técnica o científica acerca de un hecho de esa misma naturaleza perito;
el bien mueble o inmueble cuyo estado o condición se discute y el juez deba
reconocerlo; el documento de un acto o contrato que se invoque en juicio, o el
conocimiento de una parte que sea llamado por su contraparte a declarar sobre
determinado hecho controvertido.

CARGA DE LA PRUEBA

Este tema será profundizado más adelante. No obstante, podemos decir que el
término carga tiene un significado propio en el lenguaje jurídico y proviene de
la voz latina onus. En algunas traducciones de libros italianos leemos peso de
la prueba, esto por cuanto antes de que la expresión carga fuera adoptada y
aceptada por todos los juristas, el orine latino o el onere italiano eran
traducidos como peso.

Este concepto de carga de la prueba es quizás el menos comprendido de los


elementos de la teoría general de la prueba, puesto que se ha interpretado como
una serie de reglas en el ofrecimiento de la prueba y no en la etapa de apreciación
de las mismas, es decir, se ”juega” con este concepto a la hora de aportación y
admisión de las pruebas, cuando realmente su utilización es una etapa posterior:
la de apreciación por parte del Juez, y en forma residual, sea que en ausencia de
prueba se utilizan las reglas que conforman el onus probandi.

MEDIO DE PRUEBA
El sentido de medio de prueba radica en que el thema probandum no es una
demostración cualquiera, sino a través de ciertos medios o instrumentos y
procedimientos que las normas procesales prescriben, permiten o prohíben,
constituyendo, por un lado, los caminos o medios para que las partes prueben
los hechos en que fundamentan sus alegaciones, y, por otro lado, imponen
límites a la actividad probatoria, específicamente, en el ofrecimiento y
admisión de las pruebas.

PROCEDIMIENTO DE PRUEBA

A modo introductorio, el procedimiento probatorio incluye cuatro fases esenciales


a saber:

a) El ofrecimiento de la prueba.
b) Admisión o rechazo de la prueba,
c) Práctica de la prueba -
d) El derecho a que se valore la prueba
Es lo que denominamos el ciclo de vida de las pruebas:

Abierto el término de prueba, propuesto el medio de prueba, surge el derecho de la


parte a que sea admitido, siempre que la proposición haya sido hecha
válidamente, esto es, que no haya incurrido en determinadas prohibiciones, que
dicen relación con los denominados límites a los medios de prueba. Admitida la
prueba, surge el derecho de la parte a que la prueba sea practicada, pues, caso
contrario, nos hallaremos ante una denegación tácita de la facultad de probar y,
consecuentemente, ante una situación de indefensión. Es necesario que las partes
se involucren dentro de la práctica de la prueba, esto quiere decir que tengan
intervención, pues así controlan también la práctica de la prueba de la parte
contraria y ejercen vigilancia en que el juzgador efectivamente la está evacuando
debidamente.

Esto es lógico, si tenemos en cuenta que la actividad probatoria, es actividad


procesal, es desarrollo de una parte esencial del mismo proceso y, por ende, en
ella debe observarse la garantía esencial de intervención de las partes que es la
defensa. Respetada esta garantía simultáneamente para los dos litigantes, es que
se habla de la vigencia del principio del contradictorio. Asimismo, debe acotarse
que es una facultad del juez solicitar prueba de oficio, con ciertos límites, en la
cual también puede haber intervención de las partes a la hora de su práctica.

La garantía constitucional de la defensa conlleva el derecho a que la prueba


propuesta, admitida y rendida, sea valorada por el tribunal. Se trata de una
exigencia implícita al desarrollo de toda actividad defensiva ya no solo probatoria.
Por supuesto, que si la prueba no es valorada no tendría ningún sentido el
proceso en sí y tampoco el derecho a probar, pues quedaría al arbitrio del juzgador
la decisión, tornándose este en arbitraria y parcial, ocasionando con ello una total
violación al derecho de la defensa.

El resultado probatorio en que desemboca la valoración con relación al íntegro


objeto procesal establece la base fáctica del pronunciamiento jurisdiccional
definitivo. Ese resultado debe reflejar el estado subjetivo del juzgador en cuanto al
grado de convencimiento obtenido con respecto a la verdad del acontecimiento
sometido a su decisión: duda, probabilidad -o improbabilidad- y certeza, tanto en
sentido afirmativo como negativo.

En síntesis, el procedimiento probatorio implica, necesariamente, y en este orden,


que toda prueba sea ofrecida exclusivamente por las partes, legalmente admitida,
eficazmente practicada en audiencia y valorada en sentencia.

ELEMENTO DE PRUEBA
Como resultado de esta actividad probatoria, se generan para el juez elementos de
prueba o convicción sobre los cuales debe establecer cuáles hechos fueron
demostrados y cuáles no. Así el medio probatorio denominado "prueba
testimonial" genera como elemento un testimonio; la prueba pericial un peritaje,
etc.
NULIDADES PROCESALES
Son recursos aquellos que tienen como propósito cuestionar un acto
procesal contenido en una resolución, será recurso, por ejemplo, la
apelación, la reposición, la casación o la queja, por atacar resoluciones
concretas, sean decretos, autos o sentencias. En cambio, son remedios
los medios impugna torios que cuestionan actos procesales no
contenidos en resoluciones, así, por ejemplo, son remedios la tacha a
un testigo o a un documento, la oposición a una pericia, el pedido de
nulidad de una audiencia o del acto de la notificación.
Entonces nos encontramos con que la nulidad procesal es un medio
impugnatorio muy particular, en algunos casos será un remedio y en
otros un recurso, y ello dependerá de si el acto procesal que se
cuestiona
está o no contenido en una resolución.

VICIOS QUE ORIGINAN NULIDADES

En el punto precedente dimos una definición sobre qué son las


nulidades e indicamos que están destinadas a afectar actos procesales,
por lo que ahora resulta conveniente precisar qué son los actos
procesales y específicamente qué elementos de ellos pueden ser
afectados con este medio impugna torio. Para tal efecto, resulta
necesario partir de algunas categorías civiles, como el concepto de acto
jurídico, al que posteriormente intentaremos dar los matices propios de
su naturaleza procesal. Como sabemos, nuestro Código Civil define al
acto jurídico como la manifestación de voluntad derivada de una
conducta humana que busca producir los efectos reconocidos por el
ordenamiento jurídico, y que tiene como elementos la capacidad, el
objeto, la finalidad y la forma.
En doctrina existe toda una tendencia destinada a demostrar la
distinción entre el acto y el negocio jurídico.
Así, por ejemplo, Francesco Messineo define al acto jurídico como un
acto humano realizado consciente y voluntariamente por un sujeto (por
lo general capaz de obrar, del cual nacen efectos jurídicos, porque el
sujeto, al realizarlo, quiere determinar un resultado; y tal resultado se
toma en consideración por el Derecho.
El negocio jurídico, en cambio, es una declaración o declaraciones de
voluntad que están destinadas a producir efectos jurídicos que son
queridos por el agente que la expresa, y que se manifiestan en la
creación, regulación o extinción de relaciones jurídicas. El profesor
Guillermo Lohmann, define al negocio jurídico como: aquella
declaración o declaraciones de voluntad de Derecho Privado que, por sí,
o en unión de otros hechos, estarán encaminadas a la consecución de
un fin práctico, lícito y admitido por el ordenamiento jurídico el cual
reconoce a tales declaraciones como el sustento para producir efectos
prácticos queridos y regular relaciones jurídicas de derecho subjetivo.
Ahora bien, en nuestra opinión, tanto el concepto de acto como el de
negocio jurídico, son, en principio, aplicables al proceso salvando las
distancias
de su carácter eminentemente público, por lo que podemos sostener
que estaremos ante actos o negocios procesales en tanto sus efectos se
produzcan dentro de una relación jurídica procesal.

Clasificación de las nulidades procesales en la doctrina

Aclaramos que, en materia de nulidades procesales, nuestro Código


Procesal Civil no hace la distinción entre actos inexistentes y nulos,
actos nulos y anulables, nulidades absolutas y relativas, sólo se expresa
de las nulidades.

En la doctrina procesal se admite tales distinciones, asignándolos


diversos fundamentos. La ineficacia es el género; la nulidad es la
especie. Ahora bien, veamos la siguiente clasificación: inexistencia;
nulidad absoluta; nulidad relativa y anulabilidad; otra clasificación
corresponde a las nulidades intrínsecas y extrínsecas. Mención aparte
para su elucidación merece las irregularidades procesales.

INEXISTENCIA

Palacio, dice que los actos procesales inexistentes “suelen caracterizarse


como aquellos actos que se hallan desprovistos de los requisitos
mínimos indispensables, como serían en el ámbito procesal, la
sentencia dictada por un funcionario ajeno a la magistratura, o
pronunciada oralmente, o carente de la parte dispositiva, o provista de
un dispositivo imposible o absurdo, etc.”. Otros casos: la sentencia sin
la firma del juez; la inspección judicial realizada por el auxiliar
jurisdiccional y en el acta no conste la participación del juez.

NULIDAD ABSOLUTA

La nulidad absoluta tiene un vicio estructural que lo priva de lograr sus


efectos normales. La nulidad absoluta “se produce siempre que un acto
procesal adolezca de una circunstancia esencial fijada en las leyes
procesales como necesaria para que el acto produzca sus efectos
normales”, la nulidad pronunciada por el juez que declara su
incompetencia.
Además, la nulidad absoluta es insubsanable, y procede de oficio o a
pedido de parte, y, doctrinariamente, en cualquier estado del proceso,
mientras que éste no haya terminado. La nulidad absoluta no puede ser
convalidada, pero requiere que sea declarada su invalidez.
Para Couture, “el acto absolutamente nulo tiene una especie de vida
artificial hasta el día de su efectiva invalidación; pero la gravedad de su
defecto impide que sobre él se eleve un acto válido”.

NULIDAD RELATIVA
La nulidad relativa se distingue de la nulidad absoluta en su posibilidad
de subsanación. “El acto procesal relativamente nulo se equipará, de no
ser subsanado, al acto absolutamente nulo, no siendo susceptible de
producir efecto alguno. Pero realizada la subsanación, los efectos del
acto se producen desde el momento en que ha tenido lugar”.
Ejemplo de ello lo tenemos en el principio de convalidación de las
nulidades en las notificaciones: Tratándose de vicios en la notificación,
la nulidad se convalida si el litigante procede de manera que ponga de
manifiesto haber tomado conocimiento oportuno del contenido de la
resolución.
Por otro lado, en la nulidad relativa subyacen vicios que perjudica el
interés de alguna de las partes. Ejemplo: La nulidad sobre la resolución
que concede un embargo sobre bienes inembargables.

ANULABILIDAD

La anulabilidad de un acto procesal se produce cuando pese a su


realización defectuosa, según Manuel Serra Domínguez “el acto produce
plenamente sus efectos mientras no sea impugnado dentro de un plazo
preclusivo por alguna de las partes.
Ejemplos típicos de anulabilidad son los relativos a la incompetencia
territorial, a la recusación, a la incongruencia, a la defectuosa redacción
de los actos procesales escritos, y otros semejantes, en los que la propia
ley deja al arbitrio de las partes el cumplimiento de determinados
preceptos procesales”. Es necesario aclarar que los hechos que
configuran excepciones procesales no pueden ser alegados como
causales de nulidad por el demandado, o reconviniente, que pudo
proponerlas como excepciones.
La anulabilidad se invoca a pedido de parte, no de oficio. Precluye, por
excelencia, si el interesado no la pide en la primera oportunidad.

NULIDADES PROCESALES EXTRÍNSECAS E INTRÍNSECAS


Las nulidades extrínsecas atañen a lo formal; las nulidades intrínsecas
a los vicios del consentimiento y al fraude procesal.
Sobre las nulidades intrínsecas provenientes en los vicios del
consentimiento,
Los tribunales cuya actuación se hubiere producido con intimidación o
violencia, tan luego como se ven libres de ella, declararán nulo todo lo
practicado y promoverán la formación de causa contra los culpables,
poniendo en conocimiento del Ministerio Fiscal”.
También se declararán nulos los actos de las partes o de personas que
intervengan en el proceso sí se acredita que se produjeron bajo
intimidación o violencia. La nulidad de estos actos entrañará la de todos
los demás relacionados con él o que pudieren haberse visto
condicionados o influidos sustancialmente por el acto nulo”.
En nuestro ordenamiento jurídico, las nulidades intrínsecas
provenientes del fraude procesal se incoan como una pretensión
nulificaste.

PRINCIPIOS BÁSICOS DE LAS NULIDADES PROCESALES.

Habiendo definido qué es la nulidad, y a través de ella qué se denuncia,


resulta pertinente establecer cuáles son los principios que la rigen para,
en función a ello, determinar en qué casos debe ser declarada. A
manera de aclaración, es de indicar que quizá es en este tema en donde
la institución bajo análisis se presenta más claramente como una figura
con matices propios y distintos de los que rigen la nulidad en materia
civil. Ahora bien, debemos tener presente que la nulidad procesal es,
como afirma el profesor Juan Monroy Gálvez, una situación no querida
en el proceso, pues inevitablemente implica un retroceso en el iter
procesal, lo que significa prolongar el tiempo que demorará la solución
del conflicto de intereses. En tal virtud, como se podrá apreciar, los
principios de la nulidad están destinados a autolimitar su utilización, a
supuestos muy específicos en los que la afectación al derecho de
defensa es patente e inevitable. Veamos entonces cuáles son:
A. PRINCIPIO DE ESPECIFICIDAD.

Implica que no basta que la ley establezca una determinada formalidad


para que su omisión genere la nulidad del acto procesal, sino que esta
sanción únicamente podrá aplicarse cuando surja de manera expresa
o implícita de la ley. Las nulidades expresas no requieren de mayor
comentario, en éstas simplemente la ley establece la formalidad
indicando que deben cumplirse bajo sanción de nulidad u otra fórmula
similar. Sin embargo, el caso de las nulidades implícitas es diferente, y
presupone que si bien dicha sanción no está prescrita
específicamente por la ley, deberán aplicarse si el incumplimiento
formal ha generado que el acto no cumpla con su finalidad, afectando
de esta manera el derecho de las partes. Como señala Alberto Maurino,
las nulidades implícitas surgen debido a que: el legislador no puede
prever en forma detallada y minuciosa las variantes y matices que en
realidad asumen las irregularidades del acto procesal, que soncausasde
nulidad,
en consecuencia, el sistema de legalidad debe ser atenuado por criterios
moderadores como los siguientes:
a. Disposición prohibitiva asimilada a la nulidad
expresa. Esto implica la existencia de expresiones impera ti vas como
«no será permitido», «es inadmisible», etc.
b. Finalidad del acto. J. Ramiro Podetti, al definir
el principio señala que la nulidad deberá ser declarada:
cuando la violación de una forma procesal o la omisión de un acto
origina el incumplimiento del propósito perseguido por la ley y que
puede dar lugar a la indefensión. Como se puede apreciar, la aplicación
del principio de especificidad está condicionada al principio de
instrumentalidad de formas que, según enseña el profesor Luis A.
Rodríguez bajo la sumilla de «principio de legalidad, y contempla tanto
la nulidad expresa como la implícita al haber previsto la posibilidad de
que sea declarada, aun sin sanción establecida en la ley, cuando los
actos procesales incumplieran los requisitos indispensables para la
obtención de su finalidad. B. Principio de convalidación. En virtud del
carácter excepcional que tiene la nulidad, se admite que los defectos
formales de los actos, puedan ser saneados por la voluntad de la parte
perjudicada con el incumplimiento de una formalidad. El profesor
uruguayo Eduardo Couture, refiríendose al tema, sostuvo que, en
principio, en Derecho Procesal Civil, toda nulidad se convalida por el
consentimiento», posteriormente precisa: «Aunque la conclusión parezca
excesiva a primera vista, es menester no alejar de la consideración de
que el Derecho Procesal está dominado por ciertas exigencias de firmeza
y de efectividad en los actos. Frente a la necesidad de obtener actos
procesales válidos y no nulos, se halla la necesidad de obtener actos
procesales firmes, sobre los cuales pueda consolidarse el derecho.
Ahora bien, la voluntad consentidora de la parte perjudicada puede
manifestarse expresa o tácitamente. Habrá convalidación expresa en la
medida que el acto procesal formalmente viciado, sea ratificado por la
parte perjudicada.
Existirá convalidación tácita cuando la parte legitimada para pedir la
nulidad, no la deduzca en el momento debido. Este tipo de
convalidación se sintetiza en el precepto consensus non minus ex faxto
quam ex ver bis colligitur es decir, si el que puede y debe atacar, no
ataca, aprueba.

PRINCIPIO DE TRASCENDENCIA.

Este principio se sintetiza en el precepto: pas de nullite sans grief, es


decir, no ha y nulidad sin agravio. En efecto, las nulidades no existen
por el mero interés de la ley, por tanto: no hay nulidad sin un perjuicio
cierto e irreparable que no pueda remediarse de otro modo que no sea
la sanción de nulidad. Eduardo Couture refiriéndose al tema enseñaba:
no existe impugnación de nulidad, en ninguna de sus formas, si no
existe un interés lesionado que reclame protección. La anulación por la
anulación no vale: Si la formalidad omitida o el acto incumplido se
había establecido como protección especial de una de las partes, la
nulidad no puede ser argüida por aquella a quien no alcanza tal
protección. Admitir lo contrario, sería incentivar las argucias legales y la
mala fe procesal. En lo que respecta a la regulación de este principio en
el Código Procesal Civil, es de indicar que lo que se ha determinado
como principio de trascendencia.

MEDIOS IMPUGNATORIOS
Podemos definir este instituto procesal como el instrumento que la ley
concede a las partes o a terceros legitimados para que soliciten al juez
que, el mismo u otro de jerarquía superior, realice un nuevo examen de
un acto procesal o de todo el proceso, a fin que se anule o revoque éste,
total o parcialmente. Adviértase que se trata de un instituto sólo
utilizable por los elementos activos de la relación procesal que tienen
interés directo en el resultado del proceso o del acto procesal que se
impugna, es decir, la parte o el tercero legitimado. También es notorio el
hecho que él uso de un medio impugnatorio implica una petición a un
juez, sea para que éste realice el acto concreto que implica la
impugnación -el nuevo examen- o para que lo haga el juez
jerárquicamente superior a éste. El nuevo examen antes referido es el
elemento nuclear de los medios impugnatorios, su esencia. Finalmente,
éstos existen sólo porque es necesaria la realización de una nueva
revisión o examen del acto procesal ocurrido. Importa destacar que el
nuevo examen que se pide puede estar referido a la realización de un
acto procesal determinado al interior de un proceso o también a todo el
proceso. En el segundo caso se trata, en estricto, de un nuevo proceso
en donde se solicita se revise lo realizado en el anterior. Finalmente,
debe destacarse de la definición dada, el sentido teleológico de los
medios impugnatorios, adviértase que su objetivo es alternativo: sea
que se declare la nulidad del acto procesal o del proceso que se
impugna o, sea que se revoque uno de éstos, advirtiéndose que el
vocablo revocación significa la pérdida de eficacia del acto o del proceso.
CLASES DE MEDIOS IMPUGNA TORIOS.
Los medios impugnatorios se clasifican en remedios y recursos. Los
remedios son aquéllos a través de los cuales la parte o el tercero
legitimado pide se reexamine todo un proceso a través de uno nuevo o,
por lo menos, el pedido de reexamen está referido a un acto procesal. El
rasgo distintivo está dado porque el remedio está destinado para atacar
toda suerte de actos procesales, salvo aquéllos que estén contenidos en
resoluciones. El artículo 356 del Código Procesal Civil recoge esta
clasificación. Demos ejemplos de remedios. El pedido de nulidad
respecto de la realización de un acto de notificación es un típico
remedio; no ataca una resolución sino un acto procesal (la notificación).
Otro remedio, contenido en el Código Procesal Civil en su artículo 178,
es la nulidad de sentencia. Se trata del inicio de un proceso contra una
sentencia expedida en otro proceso ya concluido, en el cual ha mediado
dolo, fraude o colusión cometido por una parte o el juez. Los recursos, a
diferencia de los remedios, se utilizan con exclusividad para atacar a los
actos procesales contenidos en resoluciones. Se trata de los medios
impugnatorios por excelencia, son los más comunes, tanto que respecto
de ellos han ganado terreno algunas afirmaciones que parece oportuno
precisar. Así, suele referirse corrientemente a los "recursos
impugnatorios", sin advertirse que tal frase de acuerdo a lo ya
desarrollado- no es otra cosa que una tautología; si el recurso es una
especie en donde los medios impugnatorios son el género, con decir
recurso basta y sobra. Por otro lado, en el Perú por lo menos, la palabra
recurso se ha envilecido, al punto que se usa para nombrar a cualquier
escrito que se presenta en un proceso, perdiéndose su acepción
específica. Sin embargo, esta "popularidad" del concepto tiene como
origen un error en la traducción de los libros de los autores italianos
clásicos. La palabra "ricorsi" significa en italiano escrito y la palabra
"ricorso" significa recurso en el exacto sentido del concepto.
Lamentablemente, una palabra subsumió a la otra, de tal suerte que
todo se tradujo como recurso, generando así el uso indebido que hoy
observamos.
ELEMENTOS DEL RECURSO.
Inicialmente conviene precisar que el recurso sólo tiene existencia
procesal a partir de un "pedido de parte", esto es, sólo surge a partir de
la iniciativa de alguno de los litigantes. Un juez puede sentir un
profundo desacuerdo con la decisión que ha expedido, sin embargo,
luego de haberla notificado no tiene manera de modificarla en su
contenido sustantivo y, por cierto, tampoco de solicitar que otro juez
revise su decisión. Esta facultad sólo está concedida a las partes o a los
terceros legitimados. Otro rasgo propio del recurso, como ya se expresó,
es que sólo es útil para solicitar el reexamen de decisiones judiciales
contenidas en resoluciones; para simplificar el tema, se suele afirmar
que a través de recursos sólo se afectan resoluciones. Cabe precisar que
una resolución puede contener más de una decisión judicial. Siendo
así, es factible que una parte recurra de una resolución sólo en forma
parcial, es decir, precisando que sólo de parte de la resolución es que se
quiere un nuevo examen. Por cierto, es también posible que el nuevo
examen se quiera de toda la resolución; de ser así, el recurso tendrá la
calidad de total. En estricto, esta calidad de parcial o total del recurso
es aplicable por extensión a todos los medios impugnatorios. Otro perfil
propio del recurso es que quien lo utiliza debe ser la parte a quien la
resolución le produce perjuicio, lo que en doctrina se suele denominar
agravio. Por oposición, entonces, no podrá interponer un recurso la
parte a quien favorezca una resolución.
Otro elemento característico del recurso es que quien lo alega debe
acreditar que la resolución objeto de impugnación, además de
producirle agravio, tiene en su elaboración o génesis lógica un vicio o
error. Separamos los conceptos para comprender dentro del vicio a
aquellos defectos producidos por una aplicación indebida o inaplicación
de una norma procesal que conducen a una afectación de un debido
proceso. En cambio, el error está referido a la aplicación indebida,
inaplicación o interpretación errónea de una norma de derecho
material. La doctrina suele llamar "error in procedendo" al primero y
"error in iudicando" al segundo. Como se advierte, no se trata que el
recurrente alegue el agravio, sino que, además debe fundamentar en
que consiste el vicio o error cometido en la resolución que impugna.
Finalmente, el último rasgo característico del recurso está dado por su
objeto. El pedido de un nuevo examen no es otra cosa sino un medio
para conseguir un fin, y éste puede tener dos expresiones: sea anular la
resolución impugnada si se logra acreditar que ha sido expedida
conteniendo un vicio en su elaboración o contexto, o sea revocar la
resolución, esto significa hacerle perder su eficacia a fin de sustituirla
por otra que puede ser expedida por el mismo órgano jurisdiccional que
declaró su ineficacia o que éste ordene realizar tal acto al juez que la
expidió inicialmente.

CLASES DE RECURSOS.

Como ocurre en el Derecho y regularmente en casi todas las ciencias,


las clasificaciones de los recursos abundan, dependen del criterio
clasificatorio que se utilice. Los recursos pueden ser propios o
impropios. Son propios cuando van a ser resueltos por el órgano
jurisdiccional superior a aquél que expidió la resolución impugnada.
Apréciese que este criterio no toma en cuenta el juez ante quien se
interpone el recurso, sino más bien el juez que lo resuelve. Por esa
razón, tienen la calidad de recursos impropios aquéllos que
contrariando el ciclo normal de un medio impugnatorio que exige un
nuevo examen del acto procesal por un juez distinto a aquél que
participó en el acto son resueltos por el mismo juez que expidió la
resolución impugnada. Los recursos propios, por el efecto que
producen, se clasifican en positivos o negativos. Son positivos aquellos
recursos en los que el juez superior está facultado a declarar la
ineficacia del contenido de la resolución impugnada (y de esto, por
extensión) y, además, a declarar el derecho que corresponde,
sustituyendo a aquél declarado ineficaz.
Los recursos negativos, en cambio, sólo facultan al juez superior a
dejar sin efecto el contenido de la resolución impugnada, es decir, sólo
anulan o revocan, aun cuando autorizan adicionalmente a ordenar al
inferior expida una nueva decisión. Entre los negativos incluso se
presenta una subclasificación muy ligada a lo que el ordenamiento
jurídico opta en cada caso. Así, hay algunos recursos negativos que le
imponen al inferior una manera de decidir; en cambio, hay otros en los
que el juez puede -si así lo considera- ratificar su decisión en el sentido
de la resolución impugnada original, pudiendo determinarse así una
nueva e idéntica impugnación. Es cierto también que esta última
posibilidad -muy poco práctica por lo demás- se presenta en contadas y
cada vez menos ocasiones en la legislación comparada. Hay otro criterio
clasificatorio bastante común pero no por eso bien conocido. Es aquél
que divide los recursos en ordinarios y extraordinarios. El origen de esa
clasificación es la doctrina francesa. Ha sido discutida su bondad, a
pesar de muchas legislaciones la usan. Según este criterio, los recursos
ordinarios son aquellos que se conceden bastando argumentar que la
resolución impugnada ha sido expedida con vicio o error. Sin embargo,
hay otros recursos respecto de los cuales la legislación aplicable exige
cierto número y tipo de requisitos de admisibilidad y, sobre todo, de
procedencia, que determinan que su concesión sea una situación
excepcional, éstos son los extraordinarios. Ejemplos clásicos de cada
uno serían, sin duda, la apelación para los ordinarios y la casación para
los extraordinarios.