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Coordinadores de la Colección New Borders / Nuevas Fronteras

Édgar Cota Torres / Universidad de Colorado, Colorado Springs


José Salvador Ruiz Méndez / Imperial Valley College
Gabriel Trujillo Muñoz / Universidad Autónoma de Baja California
Rafael M. Rodríguez Ríos / Editorial Artificios

©JaimeMuñoz Vargas
©José
Salvador Ruiz-Méndez
©Gabriel Trujillo Muñoz

Primera edición: Abril de 2016


D.R. ©University of Colorado Colorado Springs
D.R. ©Universidad Autónoma de Baja California
D.R. ©Editorial Artificios
Abelardo L. Rodríguez 747 Col. Mtros. Federales
C.P. 21370 Mexicali, Baja California México

Edición, formación y diseño editorial: Elba Cortez y Rafael Rodríguez


Diseño de portada: Editorial Artificios

Impreso y hecho en México


Prohibida su reproducción por cualquier medio mecánico
o electrónico sin la autorización escrita del editor.
Fuegos cruzados
Ensayos sobre narrativa
policiaca de fronteras

Jaime Muñoz Vargas


José Salvador Ruiz-Méndez
Gabriel Trujillo Muñoz
Compiladores
Las fronteras lejos de
los límites. Sobre Blanco
nocturno de Ricardo Piglia

Hernán Maltz

En este trabajo intentamos conectar una novela vincula-


da al género policial, Blanco nocturno (2010) de Ricardo
Piglia, con un núcleo temático en torno a lo nacional,
la extranjería y lo fronterizo. Para ello, traemos a cola-
ción un par de cuestiones que nos sirven como punto
de partida. En primer término, debemos reconocer que
el vínculo que aquí establecemos entre el amplio géne-
ro policial y el infinito tema de la extranjería no resulta
novedoso; basta con recordar aquellas declaraciones de
los testigos del fundacional cuento de Edgar Allan Poe,
“Los crímenes de la Rue Morgue”, que no podían coin-
cidir respecto al idioma que provenía del cuarto de los
asesinatos, pero que aseguraban que se trataba sin dudas
de una voz extranjera; o podemos pensar en las ficciones
de Arthur Conan Doyle o William Wilkie Collins, que
respectivamente en Estudio en escarlata y La piedra lunar
–dos novelas también clásicas para la literatura policial–
tematizan el problema de la colonización y la extranjería.
En segundo término, si nos abocamos a analizar la obra
de Piglia, lo policial se instituye como una categoría funda-
mental que atraviesa no sólo su producción literaria –desde
“La loca y el relato del crimen”, de 1975, hasta los recien-
tes “Casos de Croce”, incluidos en su Antología personal
publicada en 2014–, sino también ensayística y editorial.

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Hernán Maltz

Particularmente, Blanco nocturno aborda de manera nítida


un diálogo explícito con las tradiciones clásica o inglesa,
negra o norteamericana y argentina.1 Sin embargo, en este
ensayo asumimos lo policial (aunque bien podría escribirse
un texto sobre las modalidades en que el género se presen-
ta en la novela en cuestión) y elegimos focalizarnos en un
análisis sobre el factor de la extranjería, la nacionalidad y lo
fronterizo.
El espacio inmediato demarcado por los límites in-
ternacionales que dividen países es motivo de reflexión
permanente para la antropología y la sociología (Rosaldo,
1991; Grimson, 2000; Karasik, 2000; Caggiano, 2007;

1) El trabajo de Rodríguez Pérsico (2011) se detiene en la tradición del género policial


que la novela retoma. De nuestra parte, podemos enumerar ciertos elementos que
permitan sostener nuestra afirmación. En lo que respecta a la vertiente clásica o inglesa,
en Blanco nocturno tenemos: un enigma como motor de la trama; un crimen en cuarto
cerrado; una comunidad cerrada en la que ocurre un asesinato; la relevancia de las
memorias como marco englobante del relato; la figura del falso culpable (Yoshio); la
figura de Croce que con su capacidad de observación y su carácter solitario se acerca al
prototipo de detective clásico (a lo Dupin o Holmes); o la presencia de un némesis del
detective que también es una mente superior. En cuanto a la presencia de la tradición
negra o norteamericana, en la novela contamos con la figura del hombre poderoso,
“dueño” de toda la localidad (Cayetano Belladona); la presencia geográfica y simbólica
de Estados Unidos; los aspectos de dureza que acercan a Croce al private eye; el énfasis
temático anclado en la economía y la propiedad privada; y, en general, la tematización
de una serie de elementos propios de la serie negra, como el poder, el dinero, la
corrupción, el individualismo, la violencia, el cinismo y el sexismo (Giardinelli,
2013). Y, en la vertiente nacional del género, el ejemplo preponderante lo hallamos
en un párrafo extenso de la novela, en el capítulo sexto, donde se menciona a los
comisarios amigos, que son los personajes de otros escritores: Laurenzi, de Rodolfo
Walsh, Treviranus, de Jorge Luis Borges, y Leoni, de Adolfo Pérez Zelaschi. Todos
estos elementos de las distintas tradiciones del policial están atravesados por un alto
grado de auto-referencialidad, que constituye otro gran rasgo del género: no sólo hay
temas y motivos (como la referencia a la lectura de novelas policiales por parte de
Renzi), sino que incluso encontramos copias textuales de fragmentos de otras obras,
como el recuerdo de las palabras de Laurenzi, que son una cita textual del primer
párrafo del relato “Simbiosis” de Rodolfo Walsh, o la idea del delincuente como poeta
y matemático, que apela directamente a “La carta robada” de Poe, cuento en que el
ladrón, el Ministro D…, es matemático y poeta.

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Las fronteras lejos de los límites...

Vila, 2007)2. La frontera suele poner en jaque el con-


cepto de nación, que en los bordes de un país se vuelve,
quizá, más lábil y problemático.
Grimson (2000) y Caggiano (2007) critican las inge-
nuas ideas que ponderan los procesos homogeneizadores
de la “globalización”, la “hermandad de los pueblos” y el
consecuente “borramiento” de distinciones en espacios
fronterizos internacionales. Estos autores dejan en claro
que las diferencias siguen existiendo: “las fronteras conti-
núan siendo barreras arancelarias, migratorias e identita-
rias” (Grimson, 2000: 226). En armonía con esta concep-
ción que enfatiza las diferencias, deseamos dar una conti-
nuidad a través de otra vertiente, centrada en el análisis de
la zona fronteriza en un sentido más amplio, y no ligada
directamente a una geografía divisoria entre países. Pre-
tendemos hacer un repaso de elementos que definen, de
alguna manera, espacios fronterizos: las marcas del cuerpo
y del habla, la posición socio-económica, los imaginarios
sociales convertidos en sentido común, las interpretaciones
en torno a la identidad nacional y los espacios concretos de
circulación de los individuos y de sus ideas.
En este breve escrito, entonces, nos orientamos a tras-
tocar el énfasis en la zona fronteriza como espacio físico
de proximidad entre naciones, pues, como apunta Renato
Rosaldo, “[c]on más frecuencia de la que creemos, nues-
tras vidas cotidianas se entrecruzan por las zonas fronte-
rizas, grupos aislados o erupciones de todo tipo. Muy a
menudo las fronteras sociales son prominentes en líneas
como orientación sexual, género, clase, raza, grupo étnico,

2) Por supuesto, la lista podría ser infinita; aquí nos limitamos a señalar algunos trabajos.

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nacionalidad, edad, política, vestido, comida o gusto”


(1991: 190). A su vez, si bien Pablo Vila (2007) se centra
efectivamente en el análisis del espacio físico fronterizo, re-
sulta importante su consideración respecto a cómo las dis-
tintas subjetividades experimentan dicho espacio y cómo
operan las mediaciones entre esas identidades diversas. El
autor se cuestiona si la frontera física es el lugar apropiado
para la pregunta sobre la identidad, y consigna al respecto:
“la lucha por el sentido que encontramos en la frontera
puede ser, dada[s] las peculiares características del lugar, un
poco más compleja que otras luchas por el sentido, pero tal
lucha es la característica de cualquier lugar donde ocurran
procesos de identificación” (2007: 63). De nuestra parte,
adherimos a este planteo y agregamos: la frontera física es,
en efecto, un espacio apropiado, pero lo mismo sucede, en
todo caso, con otros lugares que no están necesariamen-
te en los límites físicos entre países (aunque éstos últimos
sean ámbitos privilegiados de análisis).
Con el trasfondo conceptual establecido, entonces,
pretendemos abordar la temática de la frontera, la extran-
jería y la nacionalidad desde una obra literaria: Blanco
nocturno de Ricardo Piglia. En ella se narra la historia
de Tony Durán, un puertorriqueño que a principios de
la década de 1970 llega a una localidad de la provincia
de Buenos Aires por motivos no del todo esclarecidos, y
finalmente es asesinado.
La acción tiene lugar lejos de los límites físicos de
la Argentina, e incluso se sitúa en un espacio que suele
ser caracterizado como “la esencia” del país: un pueblo

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Las fronteras lejos de los límites...

pampeano en la provincia de Buenos Aires3. Así, resulta


sugestivo observar y analizar cómo se define lo extranjero
y lo nacional en un ámbito alejado de la frontera física
entre países, que suele ser, como muchas veces se la em-
plea, el espacio conflictivo por excelencia para aproximar-
se (territorial e interpretativamente) al carácter inestable
de lo nacional.
La elección de un pueblo ubicado en medio de La
Pampa4 nos permite retomar la tensión que Gabriela
Karasik (2000) observa en el eje inclusión-exclusión que
ronda el espacio imaginario de la nación: si desde una
perspectiva de sentido común este lugar representa “lo
argentino”, a lo largo de la novela se reseña constante-
mente el carácter “inmigrado” de la localidad: su fun-
dador, Bruno Belladona, es un italiano que llega en un
ferrocarril hecho por ingleses y se apropia de tierras que
en el presente de la enunciación de la ficción pertene-
cen a empresas norteamericanas. Así, la “autenticidad”
argentina del lugar se ve afectada por su propio proceso

3) Si bien nunca se aclara exactamente el nombre de la localidad, se dan referencias


geográficas precisas: “El pueblo está en el sur de la provincia de Buenos Aires, a 340
kilómetros de la Capital” (Piglia, 2010: 14).
4) La región pampeana representa la imagen icónica por antonomasia de la geografía
constitutiva de lo tradicionalmente argentino. La historia del país, de hecho, tiene un
fuerte arraigo en esta zona, que fue la clave del denominado Modelo Agroexportador.
A su vez, el gaucho, una de las más importantes figuras del simbolismo mítico
argentino y habitante “natural” de esas tierras, es puesto en cuestión en la novela,
como veremos unos párrafos adelante.

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Hernán Maltz

de constitución5. Este hecho fundacional signado por lo


extranjero nos permite marcar dos cuestiones que juegan
un conflicto entre sí: por un lado, el “afuera constituti-
vo” (Hall, 2003) resulta sumamente lábil, pues todos “los
de adentro” también vienen “de afuera”: esto es resaltado
por la propia voz de uno de los personajes de la novela,
el argentino-japonés, Yoshio Dazai, quien le dice al co-
misario Croce: “Los hijos pagan la culpa de los padres
y la mía es tener ojos rasgados y piel amarilla [...] Usted
me va a condenar por eso, por ser el más extranjero de
todos los extranjeros en este pueblo de extranjeros” (Pi-
glia, 2010: 78-79). Por otro lado, si bien el pueblo ya
tiene en su fundación el sello de la inmigración, hay un
borramiento de esa cualidad por parte de los inmigran-
tes más antiguos –y mejor posicionados–, en detrimento
de los posteriores: un claro ejemplo es el funcionamiento
del club social: “Acá no cualquiera puede entrar” (2010:
123), explica el periodista Bravo a Emilio Renzi, y le acla-
ra que “[en] toda sociedad cerrada hay un exterior y un
interior” (2010: 123). La cita de Dazai también apunta a
eso: todos son extranjeros, pero en “grados” diferentes, y
justamente sobre esas diferencias de grado se construyen

5) Incluso la novela muestra que, una vez concretado el proceso de formación de “lo
local”, los cambios continúan, de modo que el mito del campo argentino y su pureza
se desvanecen en la práctica de su reproducción. Como cuenta Sofía: “la pampa estaba
cambiando para siempre, las maquinarias eran cada vez más complejas, los extranjeros
compraban tierras, los estancieros mandaban sus ganancias a la isla de Manhattan […].
El viejo [Bruno Belladona] quería que todo siguiera igual, el campo argentino, los gauchos
de a caballo, aunque él también por supuesto había empezado a girar sus dividendos
al exterior y a especular con sus inversiones, ninguno de los terratenientes era un caído
del catre, tenían sus asesores, sus brokers, sus agentes de bolsa, iban a donde los llevaba
el capital pero nunca dejaron de añorar la calma patricia, las tranquilas costumbres
pastoriles, las relaciones paternales con la peonada” (2010: 89-90; énfasis del original).

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Las fronteras lejos de los límites...

diferencias absolutas. Estos dos elementos en tensión, la


condición de extranjería que atraviesa a todos los perso-
najes y las distinciones que se suscitan en los procesos
de identificación, también los encontramos de manera
diáfana en boca de Sofía:

Aquí todos somos descendientes de gringos y más que


nada en mi familia [...] Mi abuelo el coronel, para em-
pezar, alardeaba porque era del norte, de Piamonte, es de
no creer, miraba con desprecio a los italianos del sur, que
a su vez miraban con desprecio a los polacos y a los rusos”
(2010: 90; énfasis del original).6

Tenemos, entonces, una posible primera conclusión, li-


gada a los espacios fronterizos que habitamos en la vida
cotidiana. El imaginario social enquistado en un sentido
común local y el club social de un pueblo bonaerense
en la década de 1970 quizá no sean los ejemplos más
actuales, pero nos permiten ver de manera taxativa las ex-
clusiones espaciales, institucionales y sociales vinculadas
a una circulación local y cotidiana de personas e ideas7.
Además de los cuestionamientos que suscita el propio
lugar, también asistimos en Blanco nocturno a un desfile

6) Vale aclarar que el concepto de “gringo”, en Argentina, difiere de su acepción


mexicana. En el primer caso, y como se observa en el ejemplo, se trata de una amplia
referencia a los individuos provenientes de otros países (y con rasgos físicos distintivos:
piel, cabellos y ojos claros), pero que no necesariamente alberga una connotación
negativa. Al contrario, entendemos que en México el término se reserva para una
otredad más específica, los estadounidenses, y guarda por lo tanto un sentido
invariablemente despectivo.
7) Entendemos que los estudios centrados en las fronteras territoriales internacionales
también pueden comprender un tipo de circulación local y cotidiana, aunque, de
todas formas, revisten cierto carácter extraordinario.

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Hernán Maltz

de personajes extranjeros: desde el finado Tony Durán,


puertorriqueño y estadounidense, pasando por el propio
linaje de inmigrantes-fundadores del pueblo (los Bella-
dona), el argentino-japonés Yoshio Dazai, la irlandesa
madre de Lucio y Luca Belladona, el estanciero inglés
Cooke, el búlgaro director de un diario local, y hasta la
sutil ironía del Chino Arce.
Tony Durán es un mulato nacido en Puerto Rico8 y
criado en Estados Unidos, que llega al pueblo bonaerense
por motivos no del todo esclarecidos, y allí también mue-
re de manera igualmente oscura. Durán se comunica en
español pero su habla resulta extraña (y, al mismo tiem-
po, cálida y cercana):

Hablaba un español arcaico, lleno de modismos ines-


perados (chévere, cuál es la vaina, estoy en la brega) y de
frases o palabras deslumbrantes en inglés o en español
antiguo (obstinacy, winner, embeleco). A veces no se
entendían las palabras o la construcción de las frases,
pero su lenguaje era cálido y sereno. (Piglia, 2010: 31;
énfasis del original).

Su sexualidad también entra en un marco de indefinición:


si en principio aparece presentado como un “macho” que
seduce a las hermosas mellizas Belladona, el episodio de

8) Recordemos que Puerto Rico, en su condición de territorio no incorporado a


Estados Unidos, también vive la tensión permanente entre autonomía y dependencia
respecto a la potencia norteamericana, y por lo tanto se trata de un país que en sí
mismo encarna el citado problema de Karasik (2000) sobre la tensión del eje
inclusión-exclusión.

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Las fronteras lejos de los límites...

su muerte revela un aspecto en sentido inverso: su dudosa


relación con Dazai, teñida de homoerotismo.
La composición de Durán se estructura en base a una
serie de ejes de indecibilidad: color de piel, nacionalidad,
idioma, sexualidad. El personaje queda en una suerte de
espacio imaginario fronterizo de indefinición: “Un yanqui
que no parecía yanqui pero era un yanqui” (Piglia, 2010:
16), así lo describe el comisario Croce. Durán no es local,
pero tampoco es totalmente extranjero (habla español); es
de afuera pero logra insertarse, al menos parcialmente, en
el circuito social. De esta manera, podemos encontrar en
la figura de Durán variaciones que relativizan la tensión
entre inclusión y exclusión; aunque, en última instancia,
con su asesinato, se impone la segunda. Un ejemplo de su
ambivalencia está expuesto claramente en una apreciación
del periodista Bravo, en un comentario que nos permite
distinguir tres niveles de separación entre interioridad y
exterioridad (el club social; la comunidad local; y la dico-
tómica escisión “racial” entre “blancos” y “negros”):

Mi trabajo como cronista social consiste en poner la


marca alta y mantener separados a los que están de un
lado y a los que están del otro. Mis lectores no pueden
entrar y por eso leen el diario. Cómo se pasa de un
lado, o, mejor, cómo se salta de un lado a otro, es lo
que todos quieren aprender. El finado Durán, un mu-
lato, un negro en realidad, porque acá en la provincia
no hay mulatos, o sos negro o sos blanco. Bueno, él,
negro y todo, al final pudo entrar. (Piglia, 2010: 123).

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Hernán Maltz

Pero, según otra voz de la novela, la de Cayetano Bella-


dona (hijo del fundador Bruno y, por ende, heredero y
“dueño” del pueblo), los negros ya no existen en el país:

Había muchos negros en el Río de la Plata en la época


de la colonia, formaron un batallón de pardos y mo-
renos, muy decididos, pero los mataron a todos en las
guerras de la independencia. Hubo incluso algunos
gauchos negros, sirviendo en la frontera, pero al final
todos se fueron a vivir con los indios. Hace unos años
quedaban todavía negros en los montes, pero se fue-
ron muriendo y ya no hay más. (Piglia, 2010: 37-38).

La corporeidad de un negro simboliza en sí misma una


frontera: el discurso de Belladona, representativo de un
gran sentido común imperante, coloca “lo negro” por
fuera de “lo argentino”. De este modo, “lo negro” y/o “lo
mestizo” indican per se una presencia fronteriza incorpo-
rada a un cuerpo, el de Durán en este caso. Como refiere
Solomianski (2003), la masa discursiva hegemónica de
la argentinidad se compone también de “ocultamientos”,
de identidades invisibilizadas en la matriz mítica nacio-
nal: es justamente el caso de los negros, a quienes siste-
máticamente se los ha excluido y eliminado en la visión

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Las fronteras lejos de los límites...

retrospectiva de la historia nacional, tal como sostiene la


cita de Cayetano Belladona9.
El análisis de la figura de Durán en tanto cuerpo-fron-
tera10 nos permite, entonces, tener presente la idea gene-
ral de Solomianski en torno a la represión usual con que
el imaginario nacional aborda el problema de la negri-
tud. Sin embargo, si pasamos a otro personaje de Blanco
nocturno, Yoshio Dazai, probablemente resulte más difí-
cil apoyarse en las ideas de Solomianski sobre el oculta-
miento y la invisibilización. Más bien, podemos inscribir
a Dazai en lo que Karasik (2000) señala como la usual
oposición entre argentinidades “incompletas” o “falsas”
y la “verdadera” nacionalidad. En Blanco nocturno, el na-
rrador realiza una nota al pie para reseñar la inmigración
japonesa en Argentina y darle cabida a su legitimidad11.
De este modo, Yoshio Dazai no forma parte de las iden-
tidades invisibilizadas, aunque sí de las que no traspasan,

9) Como señala Peter Wade (2008), la negritud es un elemento significativo para pensar
los estados nacionales latinoamericanos. En relación a los ejemplos que ofrece el autor,
referidos principalmente a Cuba, Brasil y Nicaragua, el caso argentino representa uno
de los máximos exponentes donde el “blanqueamiento” se ha impuesto como proceso
real (si se nos permite la expresión), pero especialmente como ideología de sentido
común que remite a “la espera de un futuro nacional más blanco y menos negro
e indígena” (2008: 119). Por otra parte, Solomianski (2003) también propone una
relectura de la tradición literaria argentina y postula que textos fundacionales como
El matadero de Esteban Echeverría, Amalia de José Mármol y El Martín Fierro de José
Hernández están “invadidos por afroargentinos” (2003: 17-18). Así, Blanco nocturno
puede ser inscripta en esa serie de negritud en la literatura nacional argentina.
10) Empleamos la expresión inspirados en Diana Maffia (2009), quien desnaturaliza
la presunta universalidad del “hombre blanco” y trabaja con la metáfora de los cuerpos
como fronteras.
11) Cfr. Piglia, 2010: 86.

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Hernán Maltz

aún con su larga historia en el país12, el umbral de “lo


esencialmente argentino”.
Pareciera que las marcas que podemos encontrar en
Blanco nocturno sobre el carácter inestable de lo nacional
llegan a su cenit cuando la voz del comisario Croce des-
mitifica la figura del gaucho:

–Me hace mal el mate –dijo Croce–, me jode el


estómago...
–Que no se diga eso de un gaucho –se divertía Luca–.
Tómese un cimarrón, comisario...
Croce sostuvo el mate y chupó tranquilo de la
bombilla de lata. El agua amarga y caliente era una
bendición.
–Los gauchos no comían asado... –dijo de pronto
Croce–. Si no tenían dientes... Te los imaginás, siem-
pre de a caballo, fumando tabaco negro, comiendo
galleta, se quedaban enseguida sin dientes y ya no po-
dían masticar la carne... Sólo comían lengua de vaca...
y a veces ni eso.
–Vivían a mazamorra y a huevo de avestruz, los po-
bres paisanos...
–Muchos gauchos vegetarianos... (Piglia, 2010:
100-101).

“Gauchos vegetarianos” resulta una expresión inelu-


diblemente oximorónica, al menos para el discurso

12) En la susodicha nota al pie de la novela, se nos informa que en 1886 llega al país el
primer inmigrante japonés y que en 1911 nace el primer nikkei –argentino de origen
japonés– (Piglia, 2010: 86).

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Las fronteras lejos de los límites...

hegemónico nacional, puesto que sus significantes típicos


no deberían ser incompatibles: que un gaucho no coma
asado es una contradicción que pone en jaque todo el
aparato mítico nacional.
El narrador de Blanco nocturno nos induce a pensar
esas modulaciones en torno a la inestabilidad de lo na-
cional, con la presencia de las figuras de Tony Durán,
Yoshio Dazai y el resto de los extranjeros que circulan
por el texto, y también con las múltiples reflexiones que
muchas veces salen de sus propias voces, como la men-
cionada desmitificación del gaucho. Sin embargo, resulta
importante observar otro orden de acontecimientos, a los
que podríamos clasificar como “aquello que efectivamen-
te sucede en la ficción”: el puertorriqueño es asesinado
y el argentino-japonés inculpado por ese crimen que no
cometió. En esa dirección, nos permitimos atisbar una
–muy libre– interpretación: el sentido común hegemó-
nico posee mucha fuerza, y los hechos de la novela se

29
Hernán Maltz

desarrollan a pesar y al pesar de la ideología y las acota-


ciones del narrador y de Croce (que coinciden en varios
aspectos)13.
Quizá Blanco nocturno pueda ser usada como una he-
rramienta útil para pensar la frontera –territorial, pero
también simbólica en sus múltiples variantes– lejos de
los límites de la nación (argentina, en este caso). Como
apunta Vila (2007), las zonas fronterizas territoriales son
un ámbito privilegiado para estudiar los procesos sociales
de identificación, pero tampoco es necesario ir a zonas
fronterizas para estudiarlos. Así, la construcción de la
frontera (como objeto de estudio) acapara cuestiones que
la exceden, y en ese exceso resulta provechoso reflexio-
nar sobre la novela de Piglia, que, desde el alejamiento

13) Otro ejemplo de esto lo hallamos nuevamente en la voz del comisario, que
contradice al sentido común xenófobo con una “verdad” estadística: “Apenas el 0,1 %
de los crímenes en la Argentina son cometidos por japoneses” (Piglia, 2010: 85). Esta
actitud de ir en contra del sentido común imperante nos puede devolver al epígrafe
de la novela, en que se cita una frase de Louis-Ferdinand Céline: “La experiencia
es una lámpara tenue que sólo ilumina a quien la sostiene” (2010: 9). En este
fragmento tenemos la síntesis de un tema iterativo de la ficción pigliana en torno a
cierto pesimismo sobre la posibilidad misma de la comunicación y el entendimiento.
Y Croce condensa este motivo: se trata de un personaje que es portador de una
sabiduría que no puede comunicar. La experiencia, tanto como experimento externo
así como vivencia subjetiva e interna, resulta ser el eje que (des)organiza el orden
social. Podemos encontrar una advertencia similar en el epígrafe de la primera novela
de Piglia, Respiración artificial, publicada originalmente en 1980 (treinta años antes
que Blanco nocturno), con una cita de T. S. Eliot: “We had the experience but missed
the meaning, / an approach to the meaning restores the experience” (2001: 9). Si
bien en este último caso se incorpora la problemática de la significación, nuevamente
tenemos a la matriz experiencial como organizadora de la ficción y como suerte de
advertencia sobre el desorden social (derivado de la imposibilidad de comunicar).
Vale recordar, de hecho, que la recepción crítica de Respiración artificial siempre la ha
catalogado como una ficción clave sobre la última dictadura argentina (1976-1983), a
causa de su tratamiento elusivo de dicho período histórico: “¿cómo narrar los hechos
reales?” (2001: 14), se pregunta uno de los personajes, en una interrogación que puede
tener un anclaje tanto literario-epistemológico como histórico-político.

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Las fronteras lejos de los límites...

físico, nos reconduce a algunas preguntas básicas sobre


las precarias definiciones de extranjería, nacionalidad,
pertenencia e identidad.
Para concluir, y dado que en este ensayo atisbamos a
mostrar que la clave de la novela se encuentra en las vo-
ces de los personajes, podemos cerrar el escrito trayendo
a colación, una vez más, algunas palabras del comisario
Croce. Cuando éste ve el cadáver de Tony Durán e inicia
su pesquisa, nos revela su creencia sobre cierta condición
indivisible de la pertenencia humana (y su posible recha-
zo, por ende, al mencionado eje de inclusión-exclusión):

–Soy de aquí –dijo de pronto el comisario como si


hubiera despertado– y conozco bien el pelaje de los
gatos y no he visto nunca uno que tuviera cinco patas,
pero me puedo imaginar perfectamente la vida de este
muchacho [Tony Durán]. Parecía venir de otro lado
–dijo sosegado Croce–, pero no hay otro lado. –Miró a
su ayudante, el joven inspector Saldías, que lo seguía a
todos lados y aprobaba sus conclusiones–. No hay otro
lado, todos estamos en la misma bolsa. (Piglia, 2010: 17;
énfasis propio).

Bibliografía
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Hernán Maltz

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