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El transexualismo en la clínica psiquiátrica

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Por Margarita Alvarez Villanueva


Publicado en Lectura Lacaniana: 10 junio, 2016
Foto Christine Jorgensen

1. El síndrome transexual
En 1953, el endocrino Harry Benjamin
aísla por primera vez el transexualismo
como síndrome.1 Veinte años después, en
la década de los setenta, este síndrome
pasa a formar parte de las categorías
nosográficas de la OMS y, en 1980, de las
del DSM-III.

El síndrome descrito tiene tres


características:

1. Su característica principal es que un individuo, que desde un punto de vista biológico


es sexualmente normal, tiene la convicción permanente de que su cuerpo y sus genitales
no se corresponden con lo que considera su sexo real y desea de manera intensa y
obsesiva cambiar su conformación anatómica sexual según la imagen que él tiene de sí
mismo. Esta convicción se instala generalmente durante la pubertad y, conduce:

2. En primer lugar a travestirse.

3. Y, luego, a la demanda imperiosa de someterse a tratamientos hormonales y


quirúrgicos adecuados para dar a su cuerpo la apariencia del sexo reivindicado, lo que
se conoce como operación de “cambio de sexo” o de “transformación de sexo” o,
también, de “reasignación de sexo” ya que suele culminar en un cambio de estado civil.

El síndrome sexual se considera completo cuando comporta la totalidad de los síntomas


precedentes. Se dice entonces que se trata de un transexualismo primario. Cuando no
es así, se habla de transexualismo secundario.

En los casos diagnosticados de “transexualismo verdadero o primario”, la medicina no


se refiere a las intervenciones de extirpación de los órganos sexuales en términos de
“castración” sino de “ablación terapéutica” o de “transformación sexual”, basándose en
que los que hacen la demanda de que les mutilen los órganos sexuales, no sienten esta
intervención como una castración.2
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En relación a esta definición de síndrome transexual, señalaré algunos puntos:

Primero, la convicción transexual sólo puede ser reivindicada por un individuo en la


medida en que los discursos médico y social admiten la convicción como creíble y, por
tanto, legítima. Igualmente la demanda de cambio de sexo sólo puede formularse en la
medida en que los médicos y juristas creen que es posible cambiar de sexo, es decir, que
desde el punto de vista médico, social y jurídico existe la posibilidad de hacerlo.

Pero ¿a qué se llama cambiar de sexo? La medicina se refiere con ello a un conjunto de
transformaciones morfológicas -ablaciones, injertos, reconstrucciones plásticas,
tratamientos hormonales- que rectifican fundamentalmente la apariencia. Sin embargo,
estas transformaciones producen en el sujeto la ilusión de que ha habido un corte, una
discontinuidad radical, un antes y un después en su historia. Esta ilusión va unida al
hecho de pensar el cuerpo como pura envoltura, que ser hombre o mujer es una
cuestión de pura apariencia, sin tener en cuenta los límites del organismo ni los que
impone la modalidad de goce sexual en juego.
2. Breve historia del concepto

Aunque el transexualismo en tanto “realidad clínica” preexiste a su definición, el


síndrome transexual ha tenido que esperar a los progresos científicos para ser aislado. A
partir del siglo XVIII hay anotaciones realizadas en las antiguas casas de alienados
sobre ciertos pacientes que tenían la convicción de pertenecer a un sexo contrario a su
sexo biológico, es decir hombres que decían ser mujeres y mujeres que decían ser
hombres. A mediados del siglo XIX, los registros de Esquirol3 o de Leuret4 testimonian
de que tales pacientes adoptaban tanto como podían la manera de vestir, el estilo y las
costumbres del sexo que han elegido. En algunos casos, tal como recoge Hubert,5 se
observa que tales individuos reaccionaban agitadamente cuando alguien se dirigía a
ellos nombrándoles de acuerdo con su sexo anatómico, es decir llamándoles por
ejemplo “señor” en el caso de un hombre o “señora” en el caso de una mujer. Retomaré
más adelante esta cuestión (en la segunda parte del trabajo*).

Durante la primera mitad del siglo XIX se clasifica a estos pacientes en el registro de las
monomanías o delirios parciales, afecciones mentales que perturban solamente una
parte de la mente, dejando intactas las facultades (Esquirol). A lo largo de ese siglo
surgirá un discurso médico nuevo sobre las perversiones en el seno del cual comienza a
construirse el concepto de “inversión”.

Entre 1850 y 1950 aproximadamente se desarrolla la clínica de las perversiones


sexuales gracias al trabajo de Krafft-Ebing, Havelock Ellis y Magnus Hirschfeld entre
otros.6 En esos momentos se entiende por perversión toda manifestación sexual que no
sirve a lo que se consideran los fines de la naturaleza, es decir, a la procreación. La
convicción de ser de un sexo contrario al anatómico es considerada como una
perversión más y los individuos que la tienen tienden a ser confundidos con
homosexuales “afeminados”, como se dice en la época, o con travestíes.

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Sin embargo, a finales del siglo XIX los descubrimientos y avances técnicos permiten las
primeras intervenciones, realizadas sobre animales. El biólogo Eugen Steinach realiza
experimentos con diversos tipos de mamíferos que consistían en castrar a algunos
individuos e implantarles glándulas germinales (testículos y ovarios) del otro sexo, para
conseguir cambiar un macho en una hembra y viceversa.7 Más adelante, intentará
“curar” la homosexualidad masculina a través de la castración quirúrgica de los
testículos –aún no se había descubierto el papel de las hormonas-, tras lo que se
transplantaba al paciente los testículos de otros hombres considerados más viriles.
Estas tentativas constituyen el caldo de cultivo del que surgirá algunos años más tarde
la idea de cambiar quirúrgicamente el sexo, pensada también con fines terapéuticos.

En 1919, Hirschfeld crea en Berlín el Instituto de Ciencias Sexuales -que fue destruido
en 1933 por los nazis. Allí atienden a numerosos travestíes y transexuales y surgen las
primeras demandas de cambio de sexo. Se realizan las primeras intervenciones
quirúrgicas para transformar anatómicamente algunos hombres en mujeres. Tales
intervenciones consisten en una ablación primero de los testículos y, luego, del pene,
para posteriormente implantar ovarios.

En 1931, Felix Abraham, un sexólogo que trabaja como asistente de Hirschfeld, relata
así uno de los primeros casos: “Rudolf (más tarde, Dora) ha hecho un primer paso en el
sentido de una feminización de su sexo sometiéndose en 1921 a una castración. Aunque
su instinto sexual masculino se debilitó, el sentimiento que tenía de sí no varío por lo
que buscó una feminización mayor a través de una modificación más acentuada de sus
partes sexuales”.8

Señalemos dos cuestiones en este relato:

1) Por un lado, se asocia la castración con la feminidad: un hombre castrado no es un


hombre.

2) Se busca cambiar el sentimiento que la persona tiene de sí a través de una


intervención sobre el cuerpo y no a través de un tratamiento psicológico.

Podemos pensar que tanto para Abraham como para su paciente “ser mujer” era algo
vinculado a la anatomía y a la imagen del cuerpo. Por eso las intervenciones se suceden
una tras otra, buscando que el paciente se sienta una verdadera mujer. En 1930, este
paciente se someterá a una intervención que él mismo había intentado hacerse a la edad
de 6 años: la ablación del pene. Seis meses después se le implantará una vagina
artificial.

El más conocido entre los primeros operados fue el pintor danés Einar Wegener (Lili
Elbe),9 que se sometió a diversas operaciones en Dresde, incluida una implantación de
ovarios, a consecuencia de la cual murió por gangrena seis meses más tarde.

En 1949, el norteamericano D.O. Cauldwell usa el término “psicopatía transexual” para


describir “a los individuos que pertenecen físicamente a un sexo y, aparentemente,
psicológicamente, a otro y que desean modificar quirúrgicamente sus características
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físicas para que se parezcan a las del otro sexo”.10

Un año después, el fotógrafo danés Georges Jorgenson retorna a EEUU con el nombre
de Christine Jorgenson,11 tras haberse sometido a una operación de “cambio de sexo”
en Copenhague, a manos del endocrinólogo Christian Hamburger. Es la primera vez que
se asocia el tratamiento hormonal con las intervenciones quirúrgicas. El caso salta a los
medios de comunicación y el tema cobra gran actualidad. Para Hamburger, el problema
de su paciente se debía a un error hormonal. Planteó por primera vez la hipótesis de
que durante la época prenatal se hubiera producido una inundación cerebral de
hormonas del sexo contrario. Esperaba que la ciencia lo demostraría algún día -cosa
que no ha sucedido.

En 1953, Harry Benjamin retoma el término de Caldwell en el Trasvestism and


Transexualism Symposium que tuvo lugar en Estados Unidos y sitúa, como señalamos
al principio,12 el síndrome transexual como una entidad nosológica autónoma.
También toma la explicación de Cauldwell: se trata de un problema constitucional
(genético u hormonal), cuyas modalidades aún no han sido descubiertas, por lo que se
han de prescribir hormonas del otro sexo.

Como podemos ver, desde que se aísla el síndrome se considera que su etiología es de
orden fisiológico y, por tanto, su abordaje debe ser médico, por vía endocrina y
quirúrgica, y no psicológica. Se trata de un síndrome operable. Al principio, se
desaconseja el abordaje psicoterapéutico de manera explícita.

Benjamin aplica los criterios de lo normal y lo patológico al síndrome: existe el


verdadero transexual, aquel que no presenta evidencias clínicas de psicosis -se refiere a
signos positivos como delirio o alucinaciones, es decir a signos propios de una psicosis
desencadenada- y el falso, aquel que sí las presenta.

Él se esforzará por diferenciar el síndrome transexual del travestismo y de la


homosexualidad. Planteará que el transexual no extrae satisfacción erótica manifiesta
del hecho de travestirse como ocurre en el travesti y que si mantiene relaciones sexuales
con alguien del mismo sexo esto no implica homosexualidad porque él se siente de otro
sexo. Para él, el verdadero transexual es el que responde a la definición de
transexualismo primario. Sólo éste era operable.

En 1955, el sexólogo americano John Money utiliza por primera vez el término “rol de
género” para designar el hecho psicológico por el que alguien se siente y se comporta
como una mujer o como un hombre.13 Los estudios sobre los individuos nacidos con
ambigüedad genital ponen en evidencia el carácter determinante de la asignación de
sexo por parte de los adultos en la constitución de su identidad sexual, es decir, el
género que les han atribuido. La fijeza de la identidad de género justifica la decisión de
modificar el cuerpo de los transexuales, ya que éste parece más maleable que su
psiquismo. Aunque, a diferencia de los intersexuales, los transexuales no han sufrido
ningún error de asignación de sexo.

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En 1956, el psiquiatra Jean-Marc Alby subraya en su tesis doctoral,Contribution à
l’étude du transsexualisme,14 la existencia de una idea prevalente en los transexuales
mediante la cual se autodefinen: “Yo tengo un alma de mujer encerrada en un cuerpo de
hombre (o viceversa), debido a un error de la naturaleza”.

Para Alby, se trata de una construcción delirante, una solución psicótica por lo que no
se muestra favorable a la operación de cambio de sexo como tratamiento del transexual
porque puede significar el inicio de una descompensación.

Esta idea encierra dos convicciones: la convicción de ser de otro sexo, que aparece
precozmente en la infancia, y la convicción de que la naturaleza ha cometido un error,
que aparece más tarde. Respecto a los transexuales masculinos, Alby refiere que hay
momentos en que la feminización que experimentan aparece como enigmática y el
individuo puede hacer distintas interpretaciones: la feminización se debe a una falta
inconfesable, una perversión incomprensible, etc. Luego aparece la solución, la
convicción del error de la naturaleza. A partir de ahí el sujeto reinterpreta su historia y
distorsiona el recuerdo: ellos han sido femeninos desde siempre.

En los años 60, el Robert Stoller intenta también perfilar la clínica diferencial entre el
transexual, el travesti y el llamado, en la época, “homosexual afeminado” a través del
concepto de género, que él inventa. Sin embargo, Lacan le responderá con el concepto
de sexuación. Reseñaremos este debate en un próximo post (*).

* Primera parte de la clase “Transexualismo y transgénero”, impartida dentro del curso


“Elecciones sexuales. Versiones de la sexualidad” organizado entre la Sección Clínica de
Barcelona y la universidad de Barcelona en el curso 2003-2004. La segunda parte está
publicada en este mismo blog: http://www.elblogdemargaritaalvarez.com/2012/09/la-
pasion-transexual-conviccion-o.html

Ambas partes están publicadas reunidas en Freudiana 70. Barcelona: CdC-ELP, 2014.

Notas

1. Benjamin, Harry: “Travestism and Transsexualism”. En: International


Journal Sexology, 1953, vol. 7, pp. 12-14.
2. Mercader, Patricia: L’illusion transexuelle. Paris: L’Harmattan, 1994, p.
17.
3. Esquirol, Jean-Étienne-Dominique: Des maladies mentales, t. I. Paris:
Baillière, 1938.
4. Leuret, François: Fragments psychologiques sur la folie. Paris: Crochard,
1934, p. 114.
5.Hubert, Hervé: “L’énigme transexuelle”. En: Divisions subjectives et
personnalités multiples (bajo la dirección de François Sauvagnat). Rennes:
Presses Universitaires, 2001, p. 204.
6. Von Krafft-Ebing, Richard: Las psicopatías sexuales (1886). Barcelona:
Sagitario, 1970.
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7. Freud, Sigmund: “Tres ensayos de teoría sexual” (1905). En: Obras
Completas, vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1984, p. 133 n. 7 y
p. 194.
8. Abraham, François: Perversions sexuelles. Paris: François Aldor, 1931,
pp. 241-243.
9. Maleval, Jean-Claude: “El síndrome transexual”. En: Cuadernos de
psicoanálisis 26. Bilbao: ICF, 2002, pp. 83-84. De E. Wegener se puede
consultar una biografía en inglés de Niels Hoyer: Man into Woman. New
York: Duton, 1933. También existe una biografía novelada de David
Ebershoff. La chica danesa. Barcelona: Anagrama, 2001.
10. Cauldwell, David: “Psychopathia transexualis”. En: Sexology 16, 1949,
pp. 274–280.
11. Jorgensen, Christine: A personal autobiographie. New York:
BantamBook’ 1968.
12. Benjamin, Harry: “Travestism and Transsexualism”, op. cit.
13. Money, John: “Hermaphoditism: recommendations concerning
assignment of sex, change of sex, and psychologic management”.
En:Bulletin of the John Hopkins Hospital, Baltimore, 1955, 97, p. 284-300.
14. Alby, Jean-Marc: Contribution à l’étude du transsexualisme. Thèse.
Faculté de Médecine de Paris, juin 1956, Paris.
Texto extraído de:
http://www.elblogdemargaritaalvarez.com/2010/10/y-la-ciencia-creo-al-
transexuali.html

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