Está en la página 1de 4

1

JORNADAS PRECONGRESO DE PSICOLOGÍA. Colegio de Psicólogos de Rosario, 2 y 3 de noviembre de 2017

CLÍNICA, ÉTICA Y POLÍTICA

La convocatoria, la amistosa hospitalidad y la posibilidad de participar de este rico intercambio, en tan bella
ciudad en vecindad con las aguas del Paraná, junto al entusiasmo y vocación de los colegas rosarinos por un
saber hacer clínico ligado al arte y a la perspectiva comunitaria, lugar emblemático para la historia de la salud
mental, me evoca a uno de mis maestros, el querido Fernando Ulloa, con quien supervisábamos la asamblea
de convivencia que coordiné en el servicio , llamado Terapia a Corto Plazo 3, en el Hospital Borda, como
psicóloga concurrente. Espacio de supervisión que se fue transformando en supervisión del equipo, desde su
reconceptualización de la salud mental como producción cultural y como variable política que funciona como
un contrapoder en el trabajo de capacitación en asamblea de los equipos interdisciplinarios de salud.

Los integrantes de los equipos interdisciplinarios de salud mental se encuentran en extrema proximidad con
el sufrimiento psíquico y sus diversas manifestaciones límites en transferencia, por lo que requieren de
cuidado y de producción de salud mental, para saber cómo habérselas allí, donde se es convocado, sin ser
demandado como analista. Ulloa nos ensenó a pensar la clínica psicoanalítica institucional como una
propuesta ética en relación a la producción de verdad que fundamenta justicia.

El campo de la Salud Mental, que surge articulado a la perspectiva de derechos luego de las catástrofes de la
segunda guerra mundial, en el contexto del nuevo orden socio político de Europa, se desvincula de la
psiquiatría, promoviendo diferentes movimientos que implican diferentes modalidades de pensar la clínica.
Para el psicoanálisis la clínica no se enseña sino que se transita.

A partir del descubrimiento del inconciente en su relación al cuerpo, que le permite a Freud caracterizar el
sufrimiento mental como un síntoma cultural, y considerar que la salud está dada por la capacidad de amar y
trabajar y no por la inexistencia de síntomas, no se trata de la idea de salud o de enfermedad, ni de trastornos
de la mente. El campo de la salud mental, que se ocupa de la producción de salud mental ligada a la defensa
de los derechos, remite al abordaje del sufrimiento psíquico , considerando a la locura como la expresión de
una situación particular que da cuenta de una suerte de dislocamiento en relación al lazo social, vinculado al
linaje, a la filiación, a los traumas, como a núcleos traumáticos, ligados al contexto sociocultural, histórico y
económico, que resultan transmitidos silenciosamente de generación en generación, y eclosionan en el soma
desplegando respuestas no compartidas en el lazo con el semejante, ligadas al real del sufrimiento, ajenas a la
fundamentación organicista, para el que las palabras no alcanzan a dar cuenta de un sentido.

Nos referimos a un dislocamiento corporal ligado a la angustia en tanto afecto y destino pulsional, que surge
como efecto de un exceso de goce vinculado a un estado tensional que amenaza la consistencia corporal,
produciendo la disolución yoica, a partir de la perplejidad que muchas veces se resuelve en una ideación
delirante aunque sustentada en la razón, se impone en la mostración sin mediación simbólica de lo indecible a
través del pasaje al acto, o en la silenciosa melancolía petrificada producto de algún duelo sin duelar,
suspendido hasta el encuentro de quien soporte la escucha y promueva un decir que posibilite salir de un
horror silenciado. Lo cual plantea a la locura como pensante, en su desocultamiento de alguna verdad, y a la
cuestión de los criterios, avances, retrocesos e interrogantes respecto a la clínica de la internación en su
2

relación con la desmanicomialización, como productos del malestar en la cultura y de la cultura del malestar,
para lo cual es necesario dar batalla cultural.

En julio del 2000 en la ciudad de Buenos Aires, un acontecimiento se impone con la sanción de la ley 448 de
salud mental y derechos humanos. En el Hospital Borda, que se hallaba en proceso de reconversión, se abre la
posibilidad de concursar por selección interna un cargo de jefatura de un servicio de internaciones de larga
estadía, en el marco de dicha ley, a fin de su transformación en servicio de Externaciones Programadas y
Asistidas con Rehabilitación Psico Social. Cargo que obtuve, pudiendo llevar a cabo como experiencia piloto el
programa que denominamos “Arte, Cultura, Psicoanálisis y Trama Social”, casi sin recursos, logrando al cabo
de dos años, a pesar de la diversidad de obstáculos, el cambio de perfil del servicio, con la externación de
pacientes y la reducción paulatina de cuarenta camas a veinte y luego a doce, con apertura de consultorios
externos para tratamientos ambulatorios.

El abordaje que planteamos no es por un análisis que descifra. La apuesta que sustenta nuestra práctica es
que se trata de abordar lo real del cuerpo por la invención desde una función de letra, que cifra el goce y
sostiene la consistencia corporal, en lo que llamamos función escritural, a fin de posibilitar al sujeto su
“neoinserción” en la trama social comunitaria. La letra, que forma parte del juego fónico combinatorio
esencial de la función poética, abre el discurso a un encadenamiento que no es el del sentido, en un juego de
palabras que va a contrapartida del desciframiento que se produce en un análisis. Constituyendo una función
de borde que litoraliza la función del organismo con la mentalidad, y articula lo real imposible de representar,
con lo simbólico del lenguaje, a partir de considerar la especificidad del amor de transferencia, que define una
posición ética, la de la abstinencia, en el respeto y acompañamiento del trabajo psíquico del sujeto. Lo cual no
implica por parte del analista dejar de poner palabras ni llevar a cabo actos como intervención, para propiciar
la producción singular de un saber hacer a fin de poner en juego una nueva relación con el cuerpo, que
permita al sujeto acotar la ajenidad del mismo, es decir, la sensación de su desposeimiento.

Propiciando el decir en transferencia, que, como el trazar, dibujar o escribir, a partir de los instrumentos que
suelen acompañar al acto creador, hace a una escritura peculiar, la de la corporización del goce tensional que
afecta al cuerpo, en un trabajo fundamental de pasaje de paciente institucionalizado, hacia la invención de
una restitución de significación personal, que le posibilite participar de la trama social.

La síntesis conceptual precedente fundamenta el programa del servicio de Externación Programada y Asistida
que llevamos a cabo desde octubre del 2000 hasta el 2015, con firme decisión sostenida en el deseo, en
función de la descronificación del Departamento 4 de Internación del Borda y la creación de un servicio de
externación, junto a quienes me fueron acompañando en una experiencia de aprendizaje y transmisión, en la
que pusimos entre paréntesis los diagnósticos de las historias clínicas, y cuyo dispositivo bisagra lo constituía
la reunión de equipo. Con las primeras externaciones, sostuvimos la continuidad de los tratamientos con
modalidad ambulatoria y enfoque comunitario, con el objetivo de evitar reinternaciones, en un programa que
denominamos Uno por Uno, con espacios colectivos y de atención intensiva ambulatoria en situaciones de
crisis, además de espacios artístico grupales y clínico culturales electivos, a partir de las propuestas de los
nuevos pasantes e integrantes del equipo tomando en cuenta intereses detectados en la población asistida
como propios, tales como Biblioteca, Lecturas de cuentos cortos, Espacio de Experimentación Creativa,
Narrativa e Historieta, Poesía al Borda, Expresión corporal, Tiempo de Tango, Musicoterapia, Lectura y
3

comentario de Noticias, Taller Literario, Asamblea, Emprendimientos Sociales de Elaboración de Jabones


Artesanales y de Hierbas Aromáticas, que se constituyeron en espacios productores de efectos de escritura,
que desde nuestra perspectiva teórica, consideramos que hacen a la consistencia corporal. Con efectos que
pueden ser leídos en cuanto el coordinador se interesa por aquello que en el llamado loco se hace oír, desde
una posición de escucha y alojamiento, diferenciada de la centrada en el diagnóstico.

La problemática del llamado “enfermo mental crónico”, es una cuestión de sujeto ligada a lo social. Vinculada
por un lado con la ruptura del lazo social, que da cuenta de la particularidad de la estructuración de su
realidad psíquica, moldeada por la historia y la fantasmática familiar, en las respuestas a las vicisitudes de
goce y tensión en relación al otro, en tanto goce intrusivo y amenazante, que deja al sujeto fuera de discurso
y de los mecanismos de producción, por lo que termina aislado en la internación psiquiátrica, constituyendo
el manicomio su lugar en el mundo. Por otro lado, esto se potencia con la inevitable iatrogenia institucional,
asociada a mecanismos segregativos históricos de exclusión social, vigilancia y poder, que criminalizan al
sujeto con severo padecimiento mental, considerándolo peligroso, hasta que encuentra soporte a su
existencia, anudado a ese espacio de hospitalización disciplinada que lo asila. Muchas veces sumido en
silenciosa y pétrea devastación subjetiva, cristalizada en una posición melancolizada, que, como hemos
constatado en numerosos casos, se encuentra vinculada a duelos sin duelar, que hasta conllevan la pérdida
del sentimiento de sí.

Pasiones tristes de las que hablaba Spinoza, que inhiben la acción, aún más, en un sistema cuyo discurso
universalizante implica el rechazo de las cosas del amor, potenciando el aislamiento, la soledad, el
individualismo, la marginación y la segregación, en el contexto de un orden social que intenta taponar o
acallar lo que no funciona sin promover políticas pùblicas socio comunitarias.

Foucault considera que el poder psiquiátrico, a partir del siglo XVIII, establece una práctica y teoría de la
hospitalización, como espacio de conocimiento y lugar de prueba, convertido en un proceso de oposición,
lucha y dominación (Foucault, 2008) que llega a condicionar el funcionamiento de la institución asilar.

Para Oscar Masotta, en su artículo Psicosis, en Ensayos lacanianos, tanto la teoría como la práctica
psicoanalítica tienen algo más que una palabra para decir y más que un nudo a disolver en el interior del
conjunto del aparato psiquiátrico, aún cuando muchas veces los mismos psicoanalistas no entiendan qué
papel habrán de cumplir en la red de demandas sociales. (Masotta, 1976).

En la actualidad el afán diagnóstico, asociado a la estandarización de las conductas y a la medicalización para


acallar la locura, como a la experimentación sobre ella con prácticas de electrochoques, aún empleadas y
hasta recomendadas, son claros ejemplos de dichos dispositivos de poder donde convergen discursos, modos
de tratamiento y cuidados, normativas administrativas, hasta ordenamientos arquitectónicos, en el
disciplinamiento de los cuerpos de la medicina.

Dicha concepción asilar, que se liga a la pobreza y la indigencia en tanto la desocupación, la violencia y el
desamparo potencian la segregación y el sufrimiento de quienes no pueden inscribirse como uno entre otros,
al no ofrecerse los recursos que la ley establece desde las políticas sociales y de salud, es pasible de hacerse
nuevamente carne en el seno de las instituciones y de la sociedad misma.La historia demuestra que, a pesar
4

de tantas experiencias innovadoras desinstitucionalizantes y territoriales desde el abordaje comunitario y de


derechos actualmente establecido, tanto por la ley de salud mental 448 de la CABA, la ley nacional de salud
mental y adicciones 26657 de orden público y su decreto reglamentario, como por sus antecedentes incluidos
en la Ley y por lo establecido por el nuevo código civil, -leyes superadoras del paradigma asilar, que otorgan
autonomía a las personas con padecimiento mental y contemplan la elaboración diagnóstica por parte de un
equipo interdisciplinario para determinar si se requiere internación, ante la posibilidad de riesgo de daño
cierto e inminente-, el espíritu de las mismas es resistido, negado o renegado por ciertos sectores ligados a las
corporaciones médicas, en un casi permanente retorno que insiste, asociado a la sociedad del mercado. Lo
cual no implica que haya que ceder en la batalla cultural, económica y política.

Concluimos con la mención de algunos ejemplos del recrudecimiento de dicha lógica custodial, asociada al
actual sistema capitalista ligado a la ganancia y el dinero, y no a la obtención de la ganancia para la vida de la
que hablaba Freud:

-el proyecto de derogación del decreto reglamentario 603 del 2013 y el de una nueva reglamentación de la ley
26657, presentado en octubre del 2016 en el Ministerio de Salud por sectores representativos de la
psiquiatría, reintroduciendo el modelo hegemónico y el concepto de peligrosidad, desde una concepción de
salud mental que contraría el espíritu de la Ley,

- la propuesta de derogación del art 4 de la ley nacional de salud mental y adicciones -que considera que las
adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental-, para lograr la
habilitación de granjas y comunidades terapéuticas de larga estadía, como de centros especializados ligados al
modelo médico hegemónico,

- la continuidad de los hospitales monovalentes, contrariando lo legislado respecto a que en el 2020 deben
dejar de existir, con la creación de centros especializados en psiquiatría y neurociencias bajo la égida de
concepciones neurobiologicistas, prorizando emprendimientos arquitectónicos con presupuestos aprobados,

- considerando que la psiquiatría nuevamente sea la única disciplina habilitada para el ejercicio de cargos de
conducción, lo cual nos retrotrae a la ley 17152 del ejercicio de la medicina, la odontología y carreras de
colaboración, sancionada sin discusión parlamentaria durante el gobierno de facto de Onganía, que
consideraba a los psicólogos auxiliares de la psiquiatría.

Cuestiones denunciadas en documentos elaborados por quienes participamos en forma irrestricta la defensa
de la ley 26657 y su decreto reglamentario, desde las casi treinta entidades que conformamos el Consejo
Consultivo Honorario de Salud Mental y Adicciones, funcionando orgánicamente en forma autoconvocada, a
pesar de la falta de convocatoria oficial.

Noviembre 2017. Cristina Gartland

También podría gustarte