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Staff
Moderadora de traducción
Alysse Volkov

Traductoras
Alysse Volkov ∞Jul∞
Bella’ Lipi Sergeyev
CamileMarie Kariza
Cjuli2516zc Maeh
Fiorella Mariana90
Gabych87 Sam89
Ivy Taywong
Jadasa Valentina D.
JennMB yo-5-4-1998
Zyanya

Correctoras
*Andreina F* Luna PR Dai_Alvarado
Taywong Indiehope

Revisión Final
*Andreina F*

Diseño
Larissa
Contenido
Sinopsis Segunda parte Capítulo 35
Lista de Capítulo 16 Capítulo 36
reproducción
Capítulo 17 Capítulo 37
Poema Capítulo 18 Capítulo 38
Primera parte Capítulo 19 Capítulo 39
Prólogo
Capítulo 20 Capítulo 40
Capítulo 1
Capítulo 21 Capítulo 41
Capítulo 2
Capítulo 22 Capítulo 42
Capítulo 3
Capítulo 23 Cuarta parte
Capítulo 4
Capítulo 24 Capítulo 43
Capítulo 5
Capítulo 25 Capítulo 44
Capítulo 6
Capítulo 26 Capítulo 45
Capítulo 7
Capítulo 27 Capítulo 46
Capítulo 8
Capítulo 28 Capítulo 47
Capítulo 9
Capítulo 29 Capítulo 48
Capítulo 10
Capítulo 30 Capítulo 49
Capítulo 11
Capítulo 31 Capítulo 50
Capítulo 12
Capítulo 32 Capítulo 51
Capítulo 13
Tercera parte Capítulo 52
Capítulo 14
Capítulo 33 Epílogo
Capítulo 15 Capítulo 34 Sobre el autor
Sinopsis
Lista de reproducción
1. “Talking Body” de Tove Lo.
2. “Warriors” de Imagine Dragons.
3. “Work Song” de Hozier.
4. “Arsonist’s Lullabye” de Hozier.
5. “Waiting Game” de Banks.
6. “How Will I Know” de Sam Smith.
7. “Give me love” de Ed Sheeran.
8. “The A Team” de Ed Sheeran.
“Solo hasta que se termina este
cigarrillo.”
—Edna St. Vincent Millay.
2 de abril 1921.

Solo hasta que se termina este cigarrillo,


un pequeño momento al final de todo,
mientras en el piso las cenizas caen silenciosas,
y en la luz del fuego que lanza extendida,
extrañamente con la alegre música mezclada,
la sombra rota danza en la pared,
permitiré que mi memoria recuerde
la visión de ti, por todos mis sueños atendidos.
Y luego adieu —¡adiós!— los sueños se han ido.
La tuya es una cara que puedo olvidar
el color y las facciones, cada una,
no siempre las palabras, y las sonrisas menos;
pero en tu día este momento es el sol
sobre una colina, después de que se ha puesto el sol.
PRIMERA
PARTE
Y duele que no pueda ser
lo que todo el mundo quiere
o lo que todo el mundo necesita.
—A.D.R.
Prólogo
Hace siete meses
Traducido por Alysse Volkov
Corregido por *Andreina F*

F
uera del pequeño bar en el corazón de Brooklyn, tres hombres
miraban fijamente al cuerpo mutilado que no era más que una
concha de la persona que fue una vez. La lengua del hombre fue
cortada y, también, cada uno de sus dedos justo debajo del segundo
nudillo, pero esas lesiones no eran nada en comparación con el estado de
la espalda del hombre.
Tenía largos agujeros, cortados tan profundos y harapientos que, si
uno lo miraba por lo que podría haber sido, podrían haber pensado que fue
ocasionado por un animal. Era muy claro que quienquiera que se hubiera
tomado el tiempo para cortarlo de esta manera o lo disfrutaba
inmensamente u odiaba ferozmente al hombre.
El albanés con el traje negro bien ajustado sabía que era una
combinación de los dos.
Casi sonrió, orgulloso de la artesanía que era cortar el cuerpo. Solo por
las heridas, podía darse cuenta de que el hombre estuvo vivo durante la
mayor parte. Con solo una mirada superficial, era capaz de discernir quién
hizo esto, los otros podían adivinar, pero la razón detrás de estas marcas
particulares era un hecho conocido solo por él. Sabía de primera mano que
cada corte del cuchillo era una historia contada. Una nacida de la furia y el
derramamiento de sangre.
Fue por él, después de todo.
Más que eso, sabía que esta particular llamada de atención era la de
Valon Ahmeti. Solo él poseía esta habilidad particular, y tenía la paciencia y
el estómago para verla.
Valon fue un simple huérfano cuando entró a la casa de Bastian, un
ex asociado de la Organización, y la desafortunada alma que se hallaba en
el suelo a sus pies; inició hace años, esperando un corazón amable y un lugar
para quedarse. Lo que consiguió a cambio… nadie lo pediría jamás.
Ya sea si era simplemente intrépido, o esperaba que un día moriría por
sus pecados, Valon luchó en el pozo durante semanas, perfeccionando sus
habilidades hasta que era prácticamente un arma andante. Esa fue la razón
por la que Jetmir vino a él para un trabajo que nadie más hubiera querido.
Bueno, él y que Valon era…
Como su amigo, no se asustaba fácilmente.
Todavía no sabía por qué Valon optó por alejarse de todo lo que
construyeron, alineándose con los malditos rusos, de todas las personas. Los
cuerpos que enterró ese día… Los demás querían matarlo, lenta y
dolorosamente, pero Jetmir los detuvo por razones que sólo él conocía.
Hubo rumores, por supuesto. Los rumores de que el chico que tomaron no
era el objetivo correcto, pero debido a Valon, nadie sabía la verdad.
Y ahora con Jetmir muerto, no quedaba nadie para contar la historia.
Y con su muerte, Valon ya no se encontraba a salvo del resto de la
Organización que lo quería muerto.
—¿Crees que fueron esos malditos rusos? —preguntó Tasirov desde su
posición justo detrás del líder de aquel grupo de hombres—. ¿Intentando
enviar un mensaje?
Había un mensaje aquí, sí, pero no el que sospechaban. —En realidad,
uno de sus asociados —dijo el líder, poniéndose en pie, quitándose la
chaqueta—. Estoy seguro de que recuerdas a Valon Ahmeti.
—¿Es ese… —El hombre palideció mientras miraba hacia atrás al
cuerpo, su braveza anterior desaparecida ahora que conocía al verdadero
culpable detrás de esto.
Todavía era asombroso, el efecto que el nombre de Valon tenía en
algunos de ellos.
—Creo que es hora de que traigamos a Ahmeti a casa.
No amaba nada más que los actos espantosos realizados sólo porque
eran hermosos de ver. Pero lo que tenía planeado para Valon… no, eso sería
épico.
—Fatos.
El líder giró cuando su nombre fue llamado, mirando al hombre que
no podía manejar la visión de Bastian.
—¿Cuándo empezamos?
Había esperado mucho tiempo para encontrar e ir tras Valon, aún
más tiempo para que nadie se interpusiera en lo que tenía planeado.
Esto iba a ser especial. Se aseguraría de que Valon aprendiera su lugar
de una vez por todas, y antes de terminar con él…
Fatos se aseguraría de que no quedara nada.
1
Perdida
Traducido por Bella'
Corregido por Taywong

H
abía un arte en fingir felicidad, ocultando verdades
cuidadosamente detrás de sonrisas apretadas, rápidas miradas
en lugar de expresiones vacías, y falsa alegría escondida en
chistes groseros. Podría haber sido menos exigente para simplemente
compartir el dolor en vez de enterrarlo, pero esa no era quien Aleksandra
Volkov era.
Ella continuó bailando incluso cuando sus pies se agrietaron y
sangraron, sonrió sintiéndose decepcionada, y encontró una manera de
perderse a sí misma en cualquier cosa cerca cuando todo se convirtió en
demasiado.
Funcionó, por mucho más tiempo del que probablemente debería,
considerando todas las cosas, pero como la mayoría de las ilusiones, pronto
llegó a su fin. Cuando llegó el momento en que una sonrisa ya no era
suficiente para arreglar lo que se encontraba roto, no supo qué hacer, no
cuando se hallaba acostumbrada a resolver sus propios problemas.
Pero este problema no desaparecería, no cuando se aferraba a ella
de una manera que solo la muerte podía. Alex nunca pensó que fuera
inmortal o inmune a los efectos que la vida tenía en una persona, pero no
existía nada como ver a su propia madre morir en frente de ella que la
hiciera dolorosamente consciente de su propia mortalidad y cuán fácil era
perderla.
Pero más que eso, aprendió el precio que se hallaba dispuesta a
pagar para proteger a aquellos que amaba.
Desde esa noche —una noche que no importaba cuánto tratara de
olvidar, siempre encontraba una manera para atormentarla— Alex trató,
por el bien de su hermano, de sonreír y pasar por las emociones de seguir
adelante, pero los días se volvieron cada vez más difíciles. Si no fuera por el
hecho de que pasaba la mayor parte de sus noches sola, empezaba a
volverse mucho más difícil esconder su dolor de todos los demás… hasta que
encontró algo más para aliviarse a través de ello.
Ella creció relativamente rápido, especialmente viviendo fuera del
país y lejos de su familia. Se emborrachaba más que feliz porque, incluso en
aquel momento, luchó contra la soledad y la depresión. Fue exactamente
hace dos años, cuando se tomó su primer Valium 1.
Fue en una simple y solitaria noche en Paris cuando se sentía
particularmente nostálgica y echaba de menos estar rodeada de personas
que la amaban —o lo más cercano a eso— allá en la ciudad de Nueva York.
Los Volkov no eran perfectos, y había días cuando se cuestionaba si de
verdad podían estar el uno con el otro, pero eran suyos y eran todo lo que
tenía.
Alex se encontraba sola fuera en la terraza del departamento estilo
dormitorio que compartía con otras dos chicas. Las estrellas eran como
diminutos puntos de luz en el manto azul marino que cubría el cielo. Era
hermoso. Era interminable. Pero también se sentía bastante vacío, al igual
que ella cuando no estaba en el escenario o en ensayos.
—¿Por qué estás de mal humor? —preguntó Josephina mientras salía
con un vaso de jugo de naranja en su mano, su comida para la cena.
Josephina era muy parecida a Alex, ambas americanas y con solo
dieciséis años, viviendo como adultas en una ciudad llena de pasión. Era la
hija de un congresista de Georgia y una madre que era miembro y asistía a
eventos de caridad siempre que era posible. Sus mundos pueden no haber
sido totalmente similares —el padre de Alex era un criminal, después de
todo— pero tratar de cumplir con las expectativas de sus padres era algo
que ambas entendían.
Alex se encogió de hombros. No sabía cómo describir lo que sentía.
Lo único que deseaba era que terminara. Las cosas eran diferentes cuando
eras una niña y no entendías la auténtica naturaleza de la vida en la que tu
familia se hallaba involucrada, pero después de unos años, era difícil
permanecer ciega.
—Estás pensando demasiado —continuó—. Estamos de vacaciones.
¿Por qué no vives un poco?

1 Los médicos recetan Valium a las personas que presentan síntomas de ansiedad, agitación
y tensión psíquica producidos por estados psiconeuróticos y trastornos situacionales
transitorios.
Después de su función la noche anterior, tenían unos poco comunes
días de descanso. Normalmente, Alex habría tomado la oportunidad para
volar a casa y pasar tiempo con Mishca si estaba libre, pero de acuerdo con
la última conversación que tuvo con Anya, él estaba saliendo alguien…
alguien que era ignorante de su mundo. Ya que la Gala de Ballet en la
ciudad de Nueva York se encontraba solo a un mes o menos, imaginó que
podía esperar hasta entonces para conocerla.
Las otras chicas en su compañía celebraban fuera en el
departamento, bebiendo vino y coqueteando con hombres mucho
mayores. Alex deseaba ser tan despreocupada.
—Prueba esto —sugirió Josephina, sacando la cigarrera que siempre
llevaba.
La colocó sobre la pequeña mesa de hierro forjado entre ellas,
abriéndola. Dentro llevaba un número de cigarrillos alineados
perfectamente de un lado, pero en el otro había dos pequeños paquetes
sellados llenos con al menos una docena de pequeñas pastillas amarillas en
uno. El otro tenía blancas.
Alex sabía que la chica fumaba, la mayoría de ellas lo hacía, sin
embargo, Alex acababa de empezar con el hábito, pero no sabía nada
sobre las pastillas o qué eran.
Pero no pudo evitar su curiosidad.
Josephina abrió la bolsita con las pastillas amarillas y redondas con
una V impresa en ellas, sacudiendo un par. Dejó caer una en la palma de
Alex, poniendo la otra en su lengua. Se la tragó en un segundo.
—Vamos —instó—. Estarás bien.
Alex podría haberse negado —más que probable que no le
importaría— pero cuando bajó la mirada hacia la decisión en su mano,
desesperadamente quiso sentirse mejor; quería sentirse más que solo un
alma perdida.
La tomó.
Y de nuevo otra noche.
Y cada vez que se sintió como la mierda después de esa noche.
Fue esporádico por un tiempo, y entonces se volvió más frecuente una
vez que Alex estuvo expuesta a una verdad que nunca imaginó. Pero incluso
entonces, fue cuidadosa, negociándolas por botellas de licor fuerte. Un
trago aquí o allá fue como comenzó. Inocente, si alguien fuera a juzgar,
pero uno se convirtió en cinco… ¿y ahora? Podía terminar una botella en
simplemente un par de horas sin pensarlo dos veces. Esa debería haber sido
la peor cosa a la que estuvo expuesta, pero una sola noche cambió todo.
Una noche cuando mató a su propia madre.
Muy pronto, incluso esas botellas no fueron suficiente para escapar de
sus propios recuerdos.
Ahora que el alcohol no tenía el efecto que quería, necesitaba algo
más, pero no sabía realmente el qué.
Fue por esta razón que Alex se encontró a sí misma vagando por las
calles de Brooklyn a altas horas de la madrugada, o a altas horas de la
noche, inquieta, buscando por algo para sacarla del borde de la frustración.
Débilmente, escuchó su teléfono sonar, una serie de pitidos
intermitentes que le dijeron que era Mishca llamando. Cuando su nombre
continuó bailando a través de la pantalla, rechazó la llamada. A pesar de
su bastante fría actitud hacia todo, él se preocupaba más de lo que
debería, considerando la vida que llevaron. Era un buen hermano —ella
nunca diría lo contrario— pero algunas cosas no podía arreglarlas a pesar
de su deseo de intentarlo. Además, tenía una nueva esposa en qué pensar,
no en si su hermana pequeña lo pasaba bien después de matar a su madre.
Hermana.
La idea siempre trajo consigo un dolor agridulce porque, mientras que
nadie reconocería la verdad, ella no era más su hermana de lo que él era
su hermano. En realidad, únicamente se había reunido con su hermano en
algunas ocasiones.
Hubo un tiempo cuando Alex depreciaba a Lauren, la esposa de
Mishca, y todos los problemas que trajo consigo con solo su nombre. Cuando
ellos se presentaron en la Gala —ahora parecía que fue hace siglo— ella
lucía tan inocente, muy lejos de la clase de mujer por la que los hombres de
la Bratva se sentían atraídos. A Alex le tomó un instante para gustarle,
aunque solo fuera por la absoluta felicidad que vio en el rostro de Mishca.
Fue tan solo meses más tarde que Lauren reveló un secreto por largo tiempo
mantenido que resultó en muerte para un número de personas involucradas.
En ese día, Alex no solo perdió una madre, un padre biológico que
solo conoció como un tío toda su vida, sino también al hombre que la crió,
quien ahora se sentía demasiado avergonzado incluso para reconocer su
existencia, pero también perdió un hermano, porque, a pesar de sus
intenciones, ella y Mishca terminaron en lados opuestos.
Ella sabía que él trató de permanecer neutral por su bien, lo creía, pero
se hizo más que claro que Mishca siempre elegiría a Lauren por encima de
todos los demás. Una parte de ella sabía que ni ella ni Lauren eran realmente
culpables de las indiscreciones de su madre, pero como parecía que era la
única sufriendo por ello, necesitaba poner su ira en alguna parte.
Con el tiempo, Alex se endureció a sí misma contra eso, tan bien, y
aprendió a ignorar todo de nuevo. Fue genuinamente feliz cuando la pareja
se casó, pero con su bien ganada felicidad vino el reconocimiento de que
no podía confiar en Mishca, no de la manera que quería, porque él tomaría
ese dolor en sí mismo. Y también Lauren.
Alex no podía, no les haría eso a ellos.
Perdida en sus pensamientos, Alex se encontró a sí misma en la
esquina de Brisbane y Turner, el sonido de la música retumbando atrayendo
su atención a la construcción de estilo almacén, donde una docena o algo
así de motocicletas se estacionaban en la calle del frente y unos pocos
hombres en cuero negro rondaban cerca. Fuera de un par de farolas
iluminando la acera, la oscuridad envolvía la mayor parte de la calle.
En el tiempo que le tomó a Alex llegar a la entrada, atraída por la
música fuerte y la más que obvia naturaleza peligrosa del lugar, unas
cuantas mujeres llegaron tropezando, todas en faldas cortas y tacones altos,
reclamando la atención de los hombres colocados de guardia en las motos,
dando a Alex la oportunidad de deslizarse en el interior.
Desde la calle, el almacén lucía bastante estrecho, pero al entrar, era
mucho más grande de lo que imaginó. Había por lo menos cuatro mesas de
billar establecidas en el lado izquierdo, aunque era bastante claro que en
verdad no eran utilizadas para los juegos, ya que actualmente una se
hallaba ocupada por una pareja teniendo sexo, con un pequeño pero
considerable público mirando y animándolos. Las otras parecían reservadas
para mujeres a casi nada de hacer un espectáculo, una casi cayéndose
cuando su pie se deslizó sobre el fieltro. Al otro lado se encontraba un grupo
de mesas, contra la pared del fondo estaba un bar bastante impresionante,
y una improvisada pista de baile tomaba el resto del espacio.
Cuando un hombre tropezó junto a ella, su mirada concentrada en
una mujer que lucía apunto de desmayarse, Alex leyó su chaleco, y luego
miró al parche en su espalda cuando la pasó.
¿Moteros?
Ella tenía muy pocos conocimientos acerca de las bandas por sí
misma, solamente que Mishca hacía ocasionales transacciones de negocios
con una, aunque no podía estar segura si era ésta en particular.
—¿Perdida?
Parpadeando, Alex miró hacia la persona que se acercó a ella, pero
gracias al número de chupitos de vodka con infusión de melocotón que
tomó más temprano, le tomó un momento para enfocarse en él.
Era musculoso. Sus poderosos brazos en exhibición por la camisa sin
mangas que llevaba debajo. Eran bronceados, probablemente de una vida
en el sol. Solamente tenía unos cuantos tatuajes, todos hechos en tinta
negra; un emblema en su brazo izquierdo y la cabeza de un toro en el otro.
Llevaba su cabello cortado cerca de su cuero cabelludo,
considerablemente diferente a lo que estaba acostumbrada, ya que la
mayoría de los hombres en la Bratva mantenían su cabello largo. Una dura
mandíbula, limpia de cualquier vello facial, y oscuros, casi negros ojos,
miraban abajo hacia ella, esperando por una respuesta.
Era atractivo en un aspecto de rudo motorista. Cuando se dio cuenta
de su inspección, sus labios se levantaron en una sonrisa, revelando una
mirada a unos más que agradables dientes, sus colmillos recubiertos de oro.
Encogiéndose de hombros, Alex respondió—: No perdida, no.
Él sostenía una botella de cerveza por el cuello, gotas chorreaban del
vidrio marrón. Llevándola arriba a sus labios, tomó un buen trago, los
músculos en su garganta trabajaron antes de dejarla caer de nuevo,
limpiando su boca con el reverso de su otra mano.
—Soy Snow.
—¿Snow? —Había escuchado peores nombres—. Alex.
—No creo que te haya visto por aquí antes, Alex… y considerando que
conozco a todo el mundo… eso nos lleva a la pregunta, ¿quién demonios
eres?
Alex estaba tan acostumbrada a dar su nombre completo, el único
poder verdadero que tenía ahora que ya no bailaba más, pero de pie a su
lado en un lugar de perdición, más bien quería mantener su anonimato, solo
en caso de que conociera a su hermano.
—Nadie en especial —replicó cuando se dio cuenta que él todavía, si
bien, esperaba por su respuesta—. ¿Interrogas a todas las nuevas personas
que entran aquí?
—Tal vez, tal vez no, pero pensé que podría hacerte compañía… a
menos que quieras que te deje con los lobos de allá afuera.
Lobos… cuán apropiado.
—Si lo que quieres es hablar, es un poco ruidoso aquí dentro para eso,
¿no crees?
Sus ojos juzgaron su rostro, como si estuviera tratando de descifrarla,
pero después de una prolongada pausa, simplemente lanzó un brazo
alrededor de sus hombros —un acto, pensó ella, para enviar un mensaje ya
que varios pares de ojos se volvieron en su dirección— llevándola lejos del
ruido hacia un pasillo trasero donde, incluso con las puertas cerradas, los
sonidos de carne golpeando y fuertes gemidos podían ser oídos.
Su corazón nunca se aceleró cuando llegaron al penúltimo dormitorio
al final del pasillo, ni siquiera pestañeó cuando la llevó dentro, cerrando la
puerta detrás de ellos con un firme clic.
Ella asimiló su entorno: la cama en una esquina, un par de imágenes
colgadas en las paredes, y sobre escritorio un tanto enorme se hallaba una
brillante arma nueve milímetros cromada que parecía recién estrenada. No
había nada realmente personal sobre el lugar, pero Alex no creía que este
fuera su hogar, solamente una habitación disponible donde traía mujeres a
quienes tenía intención de mantener por solo una noche.
Una parte de ella, la parte que luchaba por alguna razón, sabía que
estar aquí no era una buena idea, y que probablemente sería lo mejor si solo
dejara este lugar del todo. ¿Pero a dónde iría? ¿De regreso a un
departamento vacío que no se sentía realmente como casa? ¿Tal vez
dónde Mishca, que actualmente se encontraba en medio de llevar a su
esposa de luna de miel?
O tal vez, a la única persona a la que felizmente correría, pero que no
la quería a cambio.
No, tal vez se quedaría porque cuando miró a Snow moverse hacia la
cama, sentándose en el borde, su mirada moviéndose de sus desnudas
piernas a la bastante poco modesta caída en la parte frontal de su vestido,
sintió una agitación.
Puede haber sido prohibido o incluso un poco peligroso, pero se sentía
dispuesta y lista a perseguirlo si eso significaba que podía sentir otra vez.
—¿Tú…
La puerta se estrelló abierta antes de que Snow pudiera terminar su
pensamiento, y si su oscurecida expresión era algo para juzgar, no se sentía
feliz con la interrupción.
—¡¿Qué?!
La mujer, quienquiera que fuera, miró a Alex por un segundo antes de
regresar a Snow, su sonrisa asquerosamente dulce.
—¿Puedes conseguirme algo?
—Lárgate.
Ella sacudió su cabeza, sus manos volando arriba para evitar un
ataque cuando Snow se lanzó sobre sus pies, luciendo como si pretendiera
echarla fuera.
—Boone dijo que se lo debes.
Maldijo, su mirada evadiendo a Alex quien parecía fríamente
indiferente con relación a este acto, antes de que él sacudiera su cabeza
en la dirección del baño. Una vez que ella estuvo dentro con él, apoyó la
puerta, pero no lo suficiente para que la puerta se cerrara, haciendo a Alex
preguntarse si lo hizo a propósito de manera que pudiera ver lo que pasaba
en el interior. Solo tenía una visión limitada, así que se perdió la mayor parte
de lo que ocurrió dentro, pero no se perdió la pequeña bolsita que él
extendió o que la mujer la escondió en su escote.
A la vista de ello, su corazón se aceleró.
Cuando estuvieron solos de nuevo, después de que la mujer le
agradeció con un beso en la mejilla, estaba claro que Snow tenía una cosa
en su mente, pero la atención de Alex fue tomada por lo que vio.
—¿Qué le diste?
Un curioso brillo entró en sus ojos mientras se encogió fuera de su
chaleco, colgándolo sobre el respaldo de la silla.
—¿Qué te importa?
—Simplemente curiosidad…
—Nah, es un poco más que eso.
En respuesta, se encogió de hombros.
—¿Eres un narcotraficante? ¿Es por eso que te llaman Snow?
Su expresión fue ilegible mientras dijo—: Haces un montón de
preguntas para alguien que es solo curiosa.
—Tal vez quiero comprarte.
—¿Sí? ¿Y qué es exactamente lo que crees que estoy vendiendo?
Alex pasó sus dedos por su cabello, sabiendo que él observaba el
movimiento.
—Por eso estoy preguntando.
Cuando el silencio se estrechó entre ellos, Alex pensó que tal vez
cambiaría su opinión, al menos hasta que él comenzó a reírse, lo cual solo
hizo que sus mejillas se volvieran rosa de vergüenza.
—No podrías manejarlo.
Ahora, era su turno de reírse, sin embargo, lo hizo sin humor.
—No tienes idea de qué puedo o no manejar.
Si le creía o no, él regresó dentro del baño y salió momentos después,
cargando una de las bolsitas que le pasó a la mujer.
En el interior había cinco pastillas, todas adornadas con una pequeña
cara sonriente. Con un brazo enganchado alrededor de su cintura, la jaló
más hacia él, sonriendo abajo hacia ella.
—La primera es gratis.
—¿Qué es? —Incluso mientras hizo la pregunta, se estiró por ella, ágiles
dedos envolviéndose alrededor de los suyos cuando trató de alcanzarla.
—Algo que te llevará al límite.
Eso en realidad no era una respuesta, pero cuando Alex abrió la bolsa,
estallando una en su boca, realmente no le importó.
La expresión de él era de diversión más que cualquier otra cosa, pero
existía algo un poco depredador en ella también, pero eso, y el resto de la
noche, se perdió en Alex cuando la pastilla comenzó a hacer efecto.
Primero un hormigueo en su estómago, luego un gradual y devorador
calor la llenó, cuando la mano de Snow se cerró alrededor de su cuello,
inclinando su rostro hacia arriba para aplastar sus labios contra los de ella.
Eso solamente intensificó todo lo que sentía.
Ahora, su corazón corría, sus manos temblaban, y cuando él trabajó
bajando el cierre de su vestido, nunca se había sentido más viva.
2
El Ejecutor
Traducido por Bella'
Corregido por Taywong

L
impiando la sangre de sus manos con la última parte de la camisa
del hombre, Luka Sergeyev dio un paso atrás, chasqueando sus
dedos frente al rostro de Donnie Jefferson para recuperar su
atención. No necesitaba al tipo perdiendo el conocimiento antes de que
llegaran a la razón real por la que Luka le hizo una visita.
Metiendo su navaja favorita de regreso a su bolsillo, Luka suspiró,
sabiendo que probablemente había ido demasiado lejos con la cantidad
de cortes que todavía exudaban sangre, pero no existía otro modo para
garantizar que mostró su punto de vista. El dolor hacía a las personas más
receptivas a la persuasión.
Luka aprendió esto de la manera difícil, pero eso fue hace mucho
tiempo atrás cuando solo era un chico.
Curvando su mano alrededor del hombro de Donnie, enterró sus
dedos dentro de uno de los cortes particularmente feos allí, sintiendo la piel
y musculo ceder cuando empujó sus dedos profundamente.
La respuesta del hombre fue inmediata y escandalosa. Luka trató de
no dejar que eso lo excitara.
—Ahora que tengo tu atención, tienes dos opciones. Dime dónde está
el dinero y podemos terminar esto ahora. Tal vez te dejaré en un hospital,
eso es debatible, pero al menos conseguirás llegar a casa. La segunda
opción, no me das el dinero y yo te muestro cuán creativo puedo ser por las
siguientes horas. Quiero decir —Luka hizo un gesto al hombre, aunque era
dudoso que pudiera verse a sí mismo con la sangre filtrándose en sus ojos—,
ya ves lo que puedo hacer con una navaja. Imagina qué haré una vez que
esté inspirado.
Gimiendo, Donnie trató de responder, las palabras salieron
apresuradas y confusas, pero con otra firme sacudida de Luka, fue capaz
de forzar su salida.
—Está en la caja fuerte.
—Buen hombre.
Quitando sus dedos de la nueva herida sangrando nuevamente, Luka
rodeó la silla, poniendo sus manos en la espalda del hombre para empujarlo
hacia la caja fuerte de última generación instalada en la pared que no solo
tenía cerradura digital, sino una que también requería un escaneo de retina.
Donnie era más que un inteligente hombre de negocios. Al menos
cuando se trataba sobre arruinar a sus clientes quienes firmaron sus ahorros
para lo que pensaron que él podía proporcionarles. El problema era que lo
hacía operando en territorio Bratva, y cuando dicha Bratva protegía a uno
de los clientes que él arruinó, era el trabajo de Luka pagarle con una visita.
Eso era lo que significaba ser un ejecutor de la Bratva.
Mientras que Luka no siempre disfrutaba la carnicería en su paso,
cuando tenía un trabajo como este… lo disfrutaba un poco demasiado.
Durante la última hora —un nuevo récord, incluso para él— hizo intricados
cortes en la carne del hombre, siempre cuidadoso de no cortar demasiado
profundo o demasiado rápido, solo lo suficiente para que la persona en el
extremo receptor lo sintiera por todas partes, pero no lo suficiente para que
se desmayaran en cualquier momento.
Considerando el hecho de que se hallaba atado con cinta a una silla,
Donnie no podía abrir la caja fuerte por sí mismo. En su lugar, le dio la
combinación a Luka, quien la tuvo abierta en segundos. Había montones
de dinero agrupado, suficiente para saber que eran indudablemente miles
de dólares de cientos de familias.
Luka vació la caja fuerte, echando el dinero en una vieja mochila que
cargaba. Debía tomar solo lo suficiente para cubrir lo que Donnie tomó de
una de sus víctimas, pero con el estado de humor en el que se encontraba,
Luka lo tomó todo.
Al terminar, tiró la mochila cerca de la puerta, sintiendo los ojos del
hombre sobre él.
Donnie probablemente empacaría y se dirigiría fuera del estado
donde establecería otra operación similar a esta y empezaría todo otra vez,
muy lejos de donde Luka pudiera atraparlo.
A Luka nunca le gustaron los hombres como Donnie, y si él fuera mejor
en controlarse a sí mismo con el olor a cobre de la sangre incrustándose en
su boca, podría haberlo dejado.
Pero eso no era quien Luka era.
Sin darle un segundo pensamiento, Luka sacó la navaja de su bolsillo,
caminando de regreso hacia Donnie sacudía su cabeza enérgicamente,
suplicando detrás de la mordaza, pero no podía hacer nada para detener
lo que estaba a punto de pasar.
Con la rapidez y eficiencia de años de práctica, Luka cortó los
pulgares del hombre. Sus gritos eran como música, pero Luka no se quedó
para apreciar su obra.
Hizo un rápido trabajo en liberar al hombre, su advertencia no dicha
mientras colgaba la bolsa sobre su hombro y se dirigía hacia la fresca noche
de otoño. Recuperando las llaves de su bolsillo, Luka subió en el Jeep que
parecía haber visto mejores días, puesto que necesitaba una buena lavada
para limpiar las capas de mugre apelmazada en el exterior.
El aire frío no lo molestó mientras se dirigía a la ciudad, hacia el club
en el sur de Manhattan que había abierto hace solo unos meses. Mientras
que podría haber sido propiedad de la Bratva, en su mayoría se conservaba
limpio del trabajo que hacían porque la esposa del jefe manejaba los libros
y prácticamente dirigía el lugar.
Si existía una cosa que Luka sabía, era que su jefe nunca dejaría a su
esposa, pero al menos se aseguraría que nada de ello cayera sobre ella.
Bajando de su Jeep, Luka se dirigió hacia la entrada trasera,
introduciendo un código de cuatro dígitos en el teclado al lado de la manija
de la puerta. Después de un incidente hace un par de años atrás, el jefe
decidió que era mejor tener un código de seguridad en vez de tener algún
guardia permanente.
Una vez dentro, Luka caminó la distancia del pasillo hasta que llegó a
una puerta, tomando las escaleras al otro lado de la misma a una oficina
sobre el piso del club.
Como de costumbre, el Pakhan 2, Mishca Volkov, se hallaba sentado
detrás de un escritorio de caoba, el teléfono de la oficina sostenido entre su
hombro y oreja, hablando rápido en ruso mientras pedía los resultados de
uno de sus contratistas en la ciudad.
A diferencia de su predecesor, Mishca se involucraba directamente
con todos los nuevos aspectos del trabajo que le dieron no hace ni ocho
meses.

2 Jefe de la Mafia Rusa.


Luka arrojó la mochila en una esquina de la oficina, dejándose caer
en el sofá mientras golpeaba su pie sobre la mesa, sonriendo ampliamente
cuando vio a Mishca fruncir el ceño.
Eran los pequeños placeres de la vida.
Esperó pacientemente a que el jefe terminara su llamada, sus ojos
vagando alrededor de la habitación hasta que aterrizaron en una de las dos
imágenes enmarcadas que nunca dejaba de notar cuando entraba.
Era una más que sincera foto de una de las personas que
constantemente lo atormentaba, la única persona que se envolvió
alrededor de él a pesar de su deseo de sacarla de su cabeza. Sabía que no
existía manera de que pudiera tenerla de la forma que quería, no cuando
él era del modo que era.
Además, por supuesto, estaba la conversación que él y Mishca
tuvieron antes. Con él advirtiendo a Luka sobre permanecer lejos de su
hermana.
Admitió voluntariamente que existía una oscuridad dentro de él.
Algunas noches, alimentaba el hambre que nunca podía ser
verdaderamente satisfecho. La alimentaba en el dolor que causaba a otros.
Pero cuando esa misma sed de sangre desapareció y vio el resultado de lo
que había hecho, no podía soportar la visión de sí mismo, por no hablar de
que lo que le hizo a alguien quien, aunque merecía el castigo, no merecía
lo que él había hecho.
Pero ahora no era el momento para pensar en eso.
Colgando, Mishca dejó caer el teléfono de regreso en su soporte,
girando su silla por lo que era más capaz de verlo. A diferencia de su
hermana, quien era rubia y tenía los ojos azules más grandes que Luka había
visto, Mishca era frío. Cabello oscuro, ojos azules que no se perdían nada, y
la estatura de un hombre acostumbrado a salirse con la suya.
Ahora habiendo trabajado para él por los últimos cinco años, Luka lo
admiraba, incluso si era un dolor en el culo.
—¿Qué tal ha ido?
—Como tú querías.
Luka señaló a la mochila en el piso, sin necesidad de abrirla. Ambos
sabían que el dinero estaría en el interior o él no estaría allí. Ninguno de ellos
abordó la sangre manchando sus manos ante la mención de Donnie.
—¿Y Jefferson?
Luka sonrió, fallando en esconder su satisfacción.
—-Como yo quería.
Mishca sacudió su cabeza, conociendo demasiado bien qué
significaba eso.
—¿Respirando?
Encogiéndose de hombros, respondió—: Apenas.
—Suficiente. Las chicas estarán pasando el día en la ciudad mañana.
Mantén tu teléfono encendido.
Aunque asintió, Luka se preguntaba si Alex estaría yendo con Lauren
y su amiga, Amber. En los últimos cinco años, Luka se acostumbró a su vida
en las sombras, completando más de los trabajos sangrientos que otros
codiciaban en secreto, pero durante los últimos dos meses, su papel
comenzó a cambiar. Su trabajo cambió de detrás de escenas a más público
mientras que jugaba al guardaespaldas algunos días. Pero más que eso,
comenzó a asistir a reuniones con Mishca y no solo como el matón.
Nunca se cuestionó por qué, aunque era aparente que todo el
mundo se preguntaba lo mismo. Luka no lo hacía bien con las personas en
general, y tenía la mala costumbre de hacer enemigos incluso a los cinco
minutos de conocerlas, no que a él le importara. Preferiría ser temido que ser
ridiculizado.

***

En el largo tramo de carretera, el ruidoso rugir de su motor cortó a


través del silencio de la noche, la alta hierba balanceándose mientras
pasaba volando. Esto no era una cosa poco común cuando Luka conducía,
música a todo volumen a través de los altavoces. Cualquier persona al otro
lado de esta carretera polvorienta podía oírlo a un kilómetro de distancia.
Eventualmente, sus luces delanteras iluminaron una casa estilo
victoriana a la distancia, solo un par de autos estacionados junto a ella. Un
hombre gordo con el nombre de Roger Pedenski se suponía que estuviera
haciendo guardia, acechando por cualquiera que condujera hasta allí,
pero se hallaba sentado en el último escalón, profundamente dormido,
obviamente a pesar de la música de Luka.
Ni siquiera cuando Luka revolucionó el motor el hombre se despertó,
lo cual le dijo a Luka una de dos cosas. Ya sea que probó la mercancía de
pastillas azules que mantenían alrededor por los clientes y pasó el último par
de horas dentro con una de las chicas y estaba inconsciente, o el viejo
bastardo se encontraba muerto.
Se inclinaba a creer la primera.
Metiendo sus manos dentro de sus bolsillos, Luka se tomó su tiempo
caminando hacia el frente de la casa, mirando muy de cerca a Roger para
asegurarse de que, de hecho, seguía respirando. En ese momento,
esperaba que Roger no despertara, solo para que pudiera tener la
oportunidad de enseñar al hombre a nunca bajar la guardia, especialmente
considerando su trabajo.
En lugar de seguir caminando, subió hacia al lado, dirigiéndose al
hombre dormido. Luka siempre fu ligero de pies, normalmente indetectable
cuando se trataba de alguien con inteligencia promedio.
Suspirando, Luka no podía luchar contra su sonrisa cuando levantó el
pie y dio una patada al hombre en la escalera.
Roger aulló mientras se despertaba, lazando sus brazos hacia afuera
para evitar su caída, pero su impulso fue demasiado grande y terminó
cayéndose cada escalón hasta que aterrizó en un montón en la tierra.
—¿Qué mierda fue eso? —Gruñó, tratando de ponerse de pie, pero
su significativo peso lo hizo difícil.
Luka se encogió de hombros, caminando hacia la casa.
—Despertador, gordo de mierda.
Cuando su espalda daba hacia la puerta, Luka la empujó abierta y
caminó al interior, pero no antes de escuchar a Roger mascullar sobre él
siendo un lunático. Sí, sí, lo era, y se sentía orgulloso de ello.
Tres pisos componían el estilo victoriano: el sótano donde guardaban
casi todas las marcas de alcohol conocidas por el hombre —aunque a los
clientes solo servían la basura barata— la planta baja donde los clientes
eran presentados a las chicas y últimamente hacían sus selecciones, y el piso
de arriba, donde el servicio real se llevaba a cabo.
No había docenas de habitaciones en el lugar, eran posiblemente
alrededor de siete, pero desde que tenían solo un pequeño número de
chicas, funcionaba bien. Algunas veces, cuando traían a una nueva chica,
dormiría en el sótano donde tenían establecida una cama plegable hasta
que un lugar permanente fuera encontrado.
El hombre que Mikhail, el antiguo jefe de los Volkov Bratva, dejó a
cargo después de degradar a Luka —no que fuera a estar allí mucho tiempo
ya que Mishca estaba en el medio de conseguir deshacerse de todos
aquellos que eran leales al anterior Pakhan— era un imbécil que disfrutaba
su posición un poco demasiado. Seguro, ellas eran prostitutas, y este grupo
escogió esto como su profesión, pero eso no le daba el derecho para tomar
ventaja de ellas. Claro que ellas eligieron esto, pero trabajar para ellos era
completamente diferente que solo trabajar en las calles. Mientras que a ellas
se les concedía la seguridad que solo la Bratva podía proporcionar, también
sabían que necesitaban mantener a los jefes contentos porque eran
prescindibles.
Ni siquiera Luka era así de malo, y él hizo algunas cosas cuestionables
a través de los años.
Yuri se hallaba sentado en un sofá verde mar, frente a una gran
televisión que transmitía actualmente un juego de futbol, y por la forma que
miraba atentamente cada jugada, era seguro asumir que tenía dinero en
ello.
Luka no se molestó en darle al hombre un saludo, tomando las
escaleras de dos en dos hasta el siguiente rellano. Unas cuantas de las
chicas lo pasaron con sonrisas placenteras. Él les hablaba, siempre
educado, aunque la mayoría de los hombres quienes frecuentaban este
lugar no lo eran. A él no le importaba lo que ellas eligieron hacer para
ganarse la vida. ¿Quién era él para juzgar? Lastimaba personas para vivir.
Cuando se acercó a la última puerta en el pasillo, no se molestó en
tocar, giró la manija y entró.
Las otras chicas podrían haber necesitado compartir una habitación
cuando trabajaban, pero Natasha era una de los mayores ingresos, y a
causa de esto, se le dio el privilegio de tener una de las habitaciones más
grandes en la casa. A diferencia de otras chicas quienes eligieron esta
profesión, ya sea por la fuerza o como un medio para un fin, Natasha eligió
esto por el dinero que hacía.
Natasha era hermosa, como la mayoría de las otras chicas, pero
diferente a ellas, cuidaba tan bien de sí misma hasta el punto que si quería,
podía ser más de lo que era. Cabello negro azabache caía en la parte baja
de su espalda, complementando la piel suave y pálida, con una forma
cuidadosamente esculpida que la hacía ideal para cualquier hombre. Su
sonrisa era encantadora y la primera vez que la vio, había estado
interesado.
Sin embargo, al igual que otros, esto era todo lo que le atrajo de ella.
En su momento, recurrió a largas noches con una bolsa de arena para
trabajar su agresión y cansarse a sí mismo hasta que caía rendido de
agotamiento. Fue solo después de haber sido llamado a la casa victoriana
que la conoció. Un cliente había sido un poco demasiado agresivo con una
de las chicas y él dijo que se encargaría. Aunque incluso ahora, todavía no
estaba seguro de cómo sucedió, pero un minuto trataba de explicar las
reglas al hombre, y al siguiente, le rompía el cuello.
Nadie habló de esa noche, aunque él sí preguntó cuántas personas
sabían lo que hizo, pero Natasha no hizo demasiado caso de lo que vio
desde la ventana de su dormitorio. De hecho, Luka creyó que era la única
razón por la que vino a él.
Una sola noche con ella le fue suficiente para saber que podía tomar
todo lo que le diera, incluso si podría haberla dejado mallugada. A partir de
entonces, la veía cada martes como un reloj.
Funcionaba para ellos.
Se aceptaban el uno al otro. Él no la trataba como una puta, una
tendencia que la mayor parte de los hombres en su mundo hacía, y ella le
dio un respiro de su frustración.
En tanto que no hubiera sentimientos involucrados, funcionaba para
él. Siempre era cuidadoso. Siempre tratando de asegurarse de que ella
sabía que no quería nada más que su cuerpo y, en ciertas raras ocasiones,
compañía.
—¿Día largo? —preguntó ella sentándose de nuevo en la cama,
estirando sus brazos a su lado.
Él se encogió de hombros, sin responder. Mientras que esto era un ritual
por el que pasaban siempre que la visitaba, a menudo se preguntaba si ella
alguna vez se cansaba de ello.
Arrojando su chaqueta a una silla vacía, se tumbó en la cama, con
los brazos cruzados detrás de su cabeza mientras miraba hacia el techo,
esperando a que terminara lo que sea que estuviera haciendo. No pasó
mucho tiempo antes de que escuchara el roce de la silla cuando fue
empujada hacia atrás, y ella se puso de pie, arrastrándose sobre la cama,
subiendo encima de él.
A medida que la adrenalina comenzó a desaparecer, poco a poco
sus pensamientos fueron de regreso automáticamente a los eventos de la
noche, recordando la manera que la hoja cortó a través de la piel del
hombre. Solo el recuerdo le era suficiente para respirar profundamente por
su nariz y sacarlo a través de su boca.
Las manos de ella fueron a sus mejillas, y se estremeció, deseando
poder desconectar su deseo sexual del dolor que infringía a otros.
—¿Cuántos?
Esa era otra pregunta que ella hacía, una que le ayudaría a medir con
exactitud cuánto pasaba dentro de él. Esta noche, sin embargo, no
respondió.
No fue tan malo como normalmente era.
Sus manos viajaron a los hombros de él, amasando los músculos a lo
largo, sus labios en su oreja. Tanto como podía, se relajó debajo de su toque,
aunque no bajó la guardia por completo.
No confiaba lo suficiente en ella para eso.
Por solo unos segundos, dejó a su mente vagar, pensando en cosas
que era mucho mejor olvidar, y las veces en su vida cuando momentos
como este eran robados, sabiendo que otros querían arruinarlo, pero
mientras que él lo tuviera —incluso si no era con la persona que quería
precisamente— lo aceptaría.
Rodándolos, la puso sobre su espalda, arrastrándose sobre su cuerpo,
tirando del sujetador de encaje que llevaba. Natasha sonreía, animándole,
pero tan pronto como lo registró, él le dio la vuelta otra vez, trayéndola sobre
sus rodillas.
Incluso cuando pasó horas en esa cama con ella, todavía no podía
resolver la tensión enroscada en su interior.
3
Malas decisiones
Traducido por Bella'
Corregido por Taywong

A
pesar de que se había puesto a beber sus noches estos últimos
meses, de fiesta en más de la mitad de los clubs de Manhattan,
había pasado un tiempo desde que Alex despertó con un vago
recuerdo de la noche anterior y un dolor de cabeza del infierno.
Obligándose a sí misma a una posición sentada —aunque trajo
consigo un nuevo nivel de dolor— Alex frotó sus ojos, tratando de aclarar su
visión borrosa. Sintiendo movimiento a su derecha, parpadeó,
entrecerrando los ojos, luego parpadeó de nuevo, no creyendo lo que veía.
Un tipo dormía a su lado sobre su estómago, su rostro girado en
dirección opuesta a ella, pero lucía vagamente familiar. Si no fuera por su
cráneo sintiéndose como si estuviese partiéndose, podría haberse esforzado
más para recordar quién era él. No era particularmente desagradable a la
vista, no obstante, considerando que había otras dos chicas tendidas a los
pies de la cama, se sentía como si estuviera a punto de vomitar.
Horrible era la única manera para describir cómo lucía.
Llevaba el vestido torcido, la mitad superior desabrochada, su cabello
un desorden con círculos oscuros alrededor de sus ojos, sin mencionar el
maquillaje del día anterior; Alex apenas se reconoció a sí misma. Lo cual
comenzaba a ser habitual.
Cavando por su teléfono, tocó un botón en el teclado para encender
la pantalla, maldiciendo cuando vio la hora. Se suponía que se encontraría
con Lauren para pasar el rato —su nueva cuñada tenía una cosa por la
unión— y si no aparecía, Lauren sin duda iría a Mishca, y no se sentía de
humor como para todas esas preguntas.
Alex contemplaba su próximo movimiento cuando su teléfono sonó,
un nombre que hizo que su corazón latiera cuando lo vio aparecer en la
pantalla.
Luka.
Luka Sergeyev.
La nueva mano derecha de su hermano, un sicario en la Volkov
Bratva, y la pesadilla de su existencia… y algunos días, cuando se permitía
pensar en las posibilidades, él se sentía como mucho más.
Por un tiempo, se sintió como un enamoramiento, luego se sintió como
algo más, algo indescriptible, algo que Luka pareció devolver por un corto
tiempo, al menos hasta que Natasha pareció convertirse en un permanente
accesorio en su vida. Algunos días había amistad, otros días sentía una
atracción que hacía casi imposible mantenerse alejada de él.
Ahora, no sabía qué pasaba entre ellos.
Aunque no quería contestar, se sentía impotente para evitarlo.
…Pero eso era antes. Antes de que cada cosa en su vida se hubiera
puesto de cabeza.
—¿Síp?
—Oye. —Ese era su saludo habitual para todo el mundo—. ¿Dónde
estás?
Alex miró alrededor, tratando de devanarse el cerebro por una
respuesta, pero en realidad no recordaba dónde estaba, pero no podría
decirle eso. Necesitaba desviar el tema.
—¿Hay alguna razón por la que preguntas?
—Unión familiar. Tengo que recogerte y a la mejor amiga. ¿Lista?
Presionando el teléfono en su hombro para amortiguar y tapar
cualquier ruido que hacía, Alex agarró sus zapatos y bolso, caminando de
vuelta al baño.
—Soy perfectamente capaz de llegar ahí por mi cuenta.
El despreocupado tono de su voz empezaba a drenarse lentamente.
—Cierto, pero puedes ya sea darme una dirección o rastrearé tu
teléfono. Elección de la señorita.
—Bien, te llamaré en cinco minutos.
Colgó antes de que él pudiera responder, escabulléndose del
dormitorio, dirigiéndose hacia el frente donde podía ver el bar. Había
cuerpos por doquier, en distintos estados de desnudez. Para incluso llegar a
la puerta, tenía que pasar por encima de un hombre bastante grande quien
se hallaba completamente desnudo, una mujer quien era menos de la
mitad de su tamaño acostada encima de él.
Cuando se encontraba fuera en la calle, levantó la mirada al letrero
de la calle en la esquina, rápidamente mandó un mensaje a Luka con una
dirección antes de que siguiera adelante con su amenaza.
—¿A dónde vas?
Alex dio un salto, mirando por sobre su hombro a donde su ex
compañero de cama trotaba detrás de ella, tirando de su camiseta en el
camino. Aunque era poco probable que Luka estaría estacionándose en
cualquier momento, aun así miró hacia atrás, comprobando por alguna
señal de aquel Mercedes negro.
—Tengo cosas que hacer —dijo.
—Por lo menos dame tu número —continuó él, sin importarle en lo más
mínimo que ya no parecía interesada—. Esta no tiene que ser la única vez
que nos veamos.
Eso era cierto, pero Alex no sabía si quería verlo de nuevo,
especialmente con su memoria todavía confusa desde la noche anterior,
pero tan pronto como ese pensamiento se formó, la familiar tentación de
hacer algo malo la llenó… sin mencionar que todo lo que él le dio fue
sorprendentemente fuerte.
Sin pensar en nada de eso, recitó su número, sus dedos apretándose
alrededor de su propio teléfono mientras éste comenzó a vibrar en su mano.
—¿A dónde vas? Puedo darte un aventón.
Forzando una sonrisa, Alex sacudió su cabeza.
—No, gracias. Tengo un amigo ya en camino.
Él eventualmente cedió —sin embargo, apenas hizo una protesta—
caminando de vuelta a su complejo habitacional, y Alex siguió adelante,
apresurándose a cruzar la calle, justo cuando un Jeep Wrangler verde
militar, en su mayoría cubierto con lodo, se detuvo con un chirrido a su lado.
Ella solo le dedicó una mirada, sin pensar mucho en ello, pero miró dos veces
cuando vio quién se hallaba a su lado.
La única persona que la molestaba más en el mundo.
La única persona que podría meterse bajo su piel sin esfuerzo.
Luka tenía largo cabello rubio que se enroscaba justo por encima de
sus hombros. Con una nariz regia y labios que por lo general se curvaban en
una sonrisa, tenía que ser el tipo más atractivo que Alex conocía. Por no
hablar de los ojos azules que le hacían lucir incluso más inocente.
Pero a pesar de todos sus atractivos, existía una oscuridad que
irradiaba de él. Ella no lo hubiera creído si no lo conociera tan bien —nadie
con un rostro como ese debería haber sido capaz de las cosas que sabía
que él podía hacer con un cuchillo— pero después de verlo cubierto en
sangre —por ella, siempre se lo recordaba a sí misma— fumando un cigarro
con indiferencia, sabía que debajo del humor crudo y las bromas fuera de
lugar, existía algo que no estaba por completo bien con él.
En un fluido movimiento, puso la transmisión en neutral, saliendo y
viniendo alrededor a su lado. Siempre parecía estar moviéndose lento,
deliberado, como si fuera consciente de todo lo que sucede a su alrededor.
Sus ojos hicieron un barrido sobre ella mientras abría la puerta, y por la
manera que su boca se torció, más como una mueca que una sonrisa, no
parecía feliz con lo que vio.
—Luces como la mierda.
Confía en él para ser brutalmente honesto. Luka era brutalmente
honesto para encontrar defectos, y por lo regular, a ella le gustaba de ese
modo. Sabiendo que rara vez escondía alguna cosa de ella, era bastante
agradable dado que la mayoría de los hombres que trabajaban para
Mishca la mantenían en la oscuridad acerca de la mayoría de las cosas.
Pero ahora, mientras se sentía como si hubiese sido atropellada por un auto,
Alex en realidad no se sentía de humor para ello.
—No pedí un aventón o un sermón —murmuró, agarrando la parte
superior de su camioneta para subir.
Si no estuviera sufriendo de un dolor de cabeza, podría haber
comentado sobre su camioneta. Ya que él normalmente llevaba a Mishca
a todos lados, ella nunca pensó mucho en el tipo de auto que Luka
conducía. Mientras la mayoría de los hombres de su posición conducían
elegantes autos deportivos, parecía casi adecuado que Luka conduciría
algo tan resistente como un Jeep Wrangler.
Cerró sus ojos mientras él encendía el Jeep, su estómago agitándose
cuando comenzaron a moverse. Todo el camino a su departamento, Alex
se concentró en no vomitar lo poco que tenía en su estómago. Sin embargo,
él permaneció callado, lo que no era una gran sorpresa ya que rara vez
hacía conversaciones banales.
Con Luka manejando, llegaron en tiempo récord, subiendo por el
elevador en silencio. En realidad, no existía necesidad de que la siguiera
arriba —no que se estuviera quejando— aunque podría haber tomado
medidas muy cuidadosas.
Hurgando para sacar las llaves de su bolso, por poco las deja caer
cuando Luka extendió la mano, sus dedos rozando sobre los suyos mientras
trataba de agárralas cuando él las tomó, abriendo la puerta.
La siguió adentro, y mientras que no quería notarlo, era difícil no ser
consciente de su presencia detrás de ella. Incluso cuando no trataba de
abrumarla, era simplemente quién era.
—Necesito usar tu ducha.
Alex ni siquiera tenía que señalarle la dirección de la habitación de
invitados. Él había estado en su departamento más veces de las que podía
contar. Sin una mirada hacia ella, y cargando con la mochila que sacó de
la parte trasera de su Jeep, la dejó sola sin otra palabra.
Como no tenía mucho tiempo, Alex fue dentro de su propia
habitación, tomando una ducha para lavar la noche lejos. Tras tomar un par
de Advil —sin mencionar el vapor del agua caliente— se sintió ligeramente
mejor.
Dentro de su armario, había filas y soportes de vestidos, colgados en
perchas de seda especiales que encontró en una boutique de
especialidades. No había mucho que Alex tuviera que amar además de las
personas en su vida, pero su ropa era una de ellas. De sus viajes —y gracias
a una bastante sobre indulgente madre cuando se trataba de cosas
bonitas, a pesar de que hubiera parecido más acerca de apariencia que
de cualquier otra cosa ocupando una pared de su propio closet— tenía una
variada colección de vestidos de diseñador. Esto, no obstante, no tenía
nada de su colección de zapatos.
Eligiendo uno azul pastel hecho de chifón con paños oscuros que
ayudaban a ocultar su pecho, Alex alcanzó su par favorito de tacones
Louboutin de color carne. Para algunos, los tacones eran un dolor,
especialmente en las calles de Nueva York, pero si existía algo que Anya
inculcó en ella, fue la idea de que una necesitaba siempre verse lo mejor
posible.
Vestida, Alex fue de regreso al baño, limpiando con su mano a lo largo
del espejo para quitar un poco de la humedad. No se miró por mucho
tiempo antes de comenzar a aplicarse el maquillaje.
Ahora que lucía moderadamente humana, no tenía miedo a cuál era
su apariencia otra vez, pero era duro, siempre ver el rostro de alguien que
todo el mundo odiaba.
Para el momento en que terminó —base, corrector, rubor y toda la
obra— y volvía a salir a la sala de estar, Luka justo regresaba, vestido en un
par de pantalones de mezclilla negros y botas, una camisa arrojada por
encima de su hombro mientras frotaba una toalla por su cabello rizado. Ella
no quería, incluso mentalmente se aconsejó a sí misma que no lo hiciera,
pero era casi físicamente imposible no beber de él.
Estaba tonificado y tenía el ajuste delgado de un corredor, pero la
mayor parte de esto se escondía debajo de los coloridos tatuajes que lo
cubrían. Algunos representaban de manera significativa la Bratva, en
particular la cabeza de tigre gruñendo en el centro de su pecho. Ella había
visto otros con trabajos artísticos similares, hombres a los que simplemente les
gustó el diseño, pero en el círculo que ellos frecuentaban, era una
advertencia tanto como era una promesa.
Su mirada se deslizó desde el tigre a las diversas imágenes sobre las
crestas de su estómago a las hendiduras en su cintura. Realmente era muy
agradable a la vista…
—¿De dónde venías? —preguntó mientras lanzaba la toalla sobre el
sofá y tiraba de su camisa.
Antes, ella podría haber respondido su pregunta con una respuesta
sarcástica, pero en estos momentos, Alex no se sentía de humor para pelear
con él.
—De ningún lugar en particular.
Alex desvió la mirada cuando dijo esto y no se dio cuenta cuando él
se acercó a su lado y la agarró del brazo. A pesar de la obvia fuerza que
poseía, fue gentil con ella. Siempre lo era.
Antes de que pudiera decir cualquier cosa, tomó su mano, intentando
alejarla, pero al momento del contacto, simplemente la dejó allí. La parte
posterior de su mano era suave, pero su palma y dedos lucían callosos y ella
solo podía imaginar de qué.
—Fue solo una fiesta —confesó finalmente, aunque no podía estar
segura de por qué le decía siquiera.
No existía razón para hacerlo, no cuando no había nada pasando
entre ellos.
Sin importar lo que ella sentía.
—No te quiero haciendo nada imprudente —dijo, con ojos
sorprendentemente serios—. Si tienes un problema, ven a mí y resolveremos
esa mierda.
Eso era lo que siempre le gutó sobre Luka, cuán fácil era estar a su
alrededor cuando la tensión no estaba allí, cuando se hallaban justo en el
mismo lugar sin la intromisión del mundo exterior. En momentos como este,
podía ser ella misma sin miedo de juicios, porque él no trataba de cambiarla.
No tenía que ser perfecta a su alrededor incluso si se esforzaba por serlo.
Pero el momento fue roto cuando su teléfono sonó a la vida y él giró
su cabeza en su dirección, su cabello se movió, y pudo ver la mancha roja
de ira en su cuello. Cómo no se había dado cuenta hasta este momento,
no lo sabía, pero ahora que lo hacía, sintió como si un balde de agua fría
fue arrojado sobre su cabeza.
—¿Cómo está Natasha?
Escuchando su tono, él miró de regreso hacia ella, olvidando unos
instantes su teléfono.
—¿Qué?
Pinchó en la marca en su cuello, preguntándose si haciendo eso le
dolería casi tanto como verlo le dolía a ella.
—¿Cuánto cuesta que se corra en estos días? ¿O es gratis porque eres
su jefe?
—Alex, no empieces esa mierda.
—¿Qué mierda? Solo estoy curiosa. No es de extrañar que necesitaras
una ducha. No puedo imaginar tratar de…
Sus ojos se estrecharon, prometiendo dolor si terminaba esa oración,
pero si había una cosa que sabía, es que Luka nunca la lastimaría
psicológicamente. Si no lo había hecho hasta ahora, no lo haría.
¿Emocionalmente? Bueno, estaba haciendo un muy buen trabajo de ello.
—¿Ha tenido que darse prisa alguna vez? ¿Tal vez otro cliente moría
por llegar a ella antes de que tu polla se hiciera suave?
El teléfono fue completamente olvidado cuando Luka se dio la vuelta
por completo para enfrentarla, y si tenía que adivinar, solo estaba
consiguiendo enojarse más. Excepto, que a ella no le importaba. Cuando
comenzaba, no lo hacía, no podía parar.
—Alex, es suficiente.
Elevando una ceja, sonrió dulcemente.
—¿O?
Un músculo palpitó debajo de su ojo mientras la miraba.
—¿Tenemos que hacer esta mierda cada vez que te veo?
—Si recuerdo, tú pediste recogerme, no fue al revés. Para todo lo que
me importa, podías haberte quedado con la amigable puta de barrio.
Esa era la cosa con Luka, él discutía, al menos cuando estaban un par
de ellos y siempre y cuando fuera desenfadado, bromeaba con ella cuando
otros se encontraban alrededor… incluso Mishca. Si ella no era la que lo
terminaba, entonces podría continuar durante más de una hora, una vez
por días.
Simplemente no existía ningún sentido en discutir con él acerca de
dónde le gustaba clavar su polla. En especial, si iba a solo seguir haciéndolo.
Se le podría caer para lo que le importaba en ese momento.
—Si hemos terminado, deberíamos ponernos en marcha. Hay
personas a las que en realidad quiero ver hoy.
Luka murmuró algo en voz baja, pero caminó por delante de ella,
cerca de quitar la puerta de las bisagras cuando la abrió.
Colocándose sus lentes de sol porque sus ojos seguían inyectados de
sangre, Alex permaneció detrás de él, eligiendo ignorar la mirada le enviaba
cuando subieron al elevador y se dirigían abajo.
El camino hasta donde Amber fue corto y sin incidentes, el martilleo
en el cerebro de Alex finalmente disminuyó a nada.
Alex saludó con la mano a Amber mientras se subía al Jeep, ignorando
todavía la presencia de Luka por completo. Regresando a su teléfono,
podía sentir prácticamente la mirada de Luka en ella, pero era muy buena
en pretender, y él simplemente lo hacía más fácil para ella. Amber se aclaró
la garganta, lo más probable sintiendo la tensión entre ellos, en especial con
la conducción temeraria de Luka y la manera que murmuraba a cada
pocos segundos.
Para el momento en que llegaron al viejo edificio, estacionando junto
a la banqueta y Luka alimentando el parquímetro después de bajarse del
auto, era claro para cualquiera que viera que había un problema, pero Alex
no sería la única en decirlo, no esta vez. Si Luka pensaba que era terco,
entonces obviamente debía haber olvidado con quién trataba.
Dentro del departamento, Alex se sintió como en casa, como siempre
hacia cuando venía, pero esta vez era más que una excusa para evitar a
Luka por un poco más de tiempo hasta que tuvieran que irse.
Revisó su apariencia en el baño, buscando a través del refrigerador
por una botella de agua que por lo regular se guardaba ahí, e incluso se
ocupó en su teléfono antes de regresar a la sala de estar y tomar asiento
junto a Luka, asegurándose de que había una cantidad de espacio entre
ellos.
No fue demasiado tiempo después que Lauren salió de su dormitorio,
su mirada yendo sobre los tres hasta que su sonrisa vaciló un poco.
—¿Todo está bien?
A Alex le gustaba pensar en la nueva esposa de su hermano como la
pacificadora entre todos ellos. Ella quería que todos se llevaran bien, y si
había un problema, encontraba una manera de solucionarlo. La mayor
parte de sus esfuerzos se hallaban destinados para arreglar la relación entre
Mishca y Klaus; el gemelo que nadie supo que existía hasta hace cerca de
un año. Era casi adecuado cómo alguien tan oscuro como Mishca pareció
terminar con alguien como ella. Mientras que él tenía cabello oscuro y ojos
azules, ella era morena, con cabello castaño con reflejos dorados, y ojos
color avellana que parecían no perderse nada. Con todo, Lauren era la
agradable contraparte para la seriedad de Mishca.
Alex, contenta de seguir usando sus lentes de sol, levantó la mirada y
asintió, forzando una sonrisa antes de regresar a su teléfono, mirando la
ruleta dar vueltas mientras jugaba un juego de preguntas que dominaba
por el momento.
Luka, nunca el alegre, lucía listo para cometer actos de violencia
mientras pasaba una mano a través de su cabello, su cuerpo apretado con
la tensión cuando fulminó con la mirada a Alex, al menos hasta que se relajó
y sonrió por encima hacia Amber.
—Creo que dejé una camisa negra en tu casa…
Alex debería haber sabido que él trataba de provocarla. No es como
si esta fuera su primera vuelta, pero incluso así, se encontró a sí misma
preguntando—: ¿Por qué estaría en su casa?
Cerró su boca, dándose cuenta cómo debió haber sonado eso, pero
el daño estaba hecho. Él seguía enojado con ella, podía verlo en sus ojos,
pero se sentía complacido de conseguir una reacción más de ella… el
imbécil.
Amber, quien lucía desorientada sobre lo que pasaba entre ellos,
rápidamente trató de explicar.
—No fue…
Alex, quien todavía no se había alejado de Luka dijo—: Al menos
podría entender por qué te acostaste con ella, a diferencia de la…
Ella podría no haber entendido cuál era su problema con la palabra
“puta”, sin embargo, eso no la detuvo de intentar usarlo.
—Poshyol ty’ 3… Vete a la mierda.
Ahora, ella consiguió la reacción que quería.
Su sonrisa era frágil cuando se enfrentó con Luka, pero era inmune a
su ira, nunca había temido un día en su vida a pesar de cómo otros

3 “Jódete” en español.
reaccionaban a él. Inclinando su cabeza a un lado, Alex preguntó—:
¿Sensible acerca de tu puta, Luka?
—Quien yo folle no te concierne.
Eso era bastante cierto, pero dile eso a su estúpido corazón que en
realidad se preocupaba por él.
—Igualmente.
No había querido decirlo, no es como si estuviera pasando tiempo con
nadie recientemente, pero sus pensamientos se desviaron de inmediato a
Snow —cuyo nombre vino por fin a ella— cuando dijo eso, y a la
conversación que tuvieron más temprano.
Había confusión en el rostro de él por el más breve momento, y algo
parecido a herido si fuera capaz de ese tipo de emoción, pero muy pronto,
más ira la reemplazó, lo cual la confundió. ¿Por qué le importaría ahora?
Al sentir hacia dónde iba esto, Lauren, siempre amable, intervino,
acaparando la atención de Luka antes de que pudiera responder.
—¿Pensé que estaría con Mish hoy?
Él miró de nuevo hacia ella, mirada que inmediatamente volvió a Alex.
Había acusación allí que seguía sin entender.
—Una jodida larga historia. Traeré el auto.
Con él sobre sus pies, saliendo por la puerta, Alex no se sentía lista para
lidiar con las preguntas que sabía que Lauren sería propensa a hacer con él
yéndose. En cambio, se dirigió al baño, cerrando la puerta de un portazo
detrás de ella, deseando que le gustara a nadie más que a él.
4
Hasta luego
Traducido por Ivy
Corregido por Taywong

S
us brazos cruzados sobre su pecho, Luka contempló si valía la
pena la molestia de echarle una bronca a Alex como deseaba.
Nadie le hablaba del modo en que lo hizo, no cuando existía un
indicio de su enojo. Pero era intrépida cuando lo enfrentaba, ni una sola vez
retrocedía, incluso cuando otros se apagarían bajo su mirada.
Eso fue porque sabía que nunca le haría daño, no de esa manera.
Y sobre todo porque era un gran dolor en su culo.
Sabía que no le gustaba Natasha, pero no fue porque Natasha le
hubiera hecho algo, sino porque se encontraba con él. Los sentimientos que
Alex tenía por él eran complicados. Joder, toda su relación era complicada,
y no solo porque siempre se hallaba a dos pasos del abismo.
Tenía la desgracia de ser la hija del jefe. No solo era prácticamente la
realeza de la mafia —no importaba quién era su padre, ambos eran muy
superiores— pero ella fue considerada intocable mucho antes de que Luka
hubiera llegado a Nueva York.
Ya había sido bastante fácil para Luka controlarse a sus espaldas
cuando se conocieron. Ella solo tenía dieciséis años en aquél entonces, y a
pesar de sus preferencias por romper las reglas, se negó a cruzar esa. No
después de lo que vio de regreso al recinto de Bastian. Y con esa imagen
pegada en su cabeza, fue fácil ignorar sus avances. Pero cuánto más
tiempo pasaba a su alrededor desde que decidió quedarse en la ciudad en
vez de volver a Francia, donde vivió por casi tres años, más descubría que
en realidad ella le gustaba.
Era bonita, por supuesto. Su madre lo era también, aunque esa perra
era traicionera. Pero descubrió que Alex era bastante refrescante ya que no
huía del modo en que otros lo hacían. La persona que adoptó una vez que
entró a la protección de la Bratva no significaba hacer amigos, y se las había
arreglado para mantener a otros lejos de él, dado que todos pensaban que
estaba loco.
Por alguna razón, a Alex no le importaba.
Y si quería admitírselo en ese momento, se había sentido solo, pero
mientras era buena para conversar y simplemente tenerla alrededor
cuando el silencio era demasiado sofocante, no podía dormir con ella, no
cuando hubiese querido más de él. Por eso buscó a Natasha.
Le hizo una promesa. Siempre y cuando estuviera con ella, e incluso
después, nadie la molestaría. Cada martes era su noche con ella, y el resto
del tiempo, podía hacer lo que quisiera. Desde hace dos años, había ido
por ella, saciando su deseo y las más oscuras emociones, y trabajó por ellos...
hasta Alex.
Cuanto más trataba de mantenerla fuera de problemas, más tiempo
tenía que pasar con ella. Y había habido noches cuando el silencio se
extendía entre ellos, pero no le importaba, no cuando se encontraba con
él. Esa noche fue su primer error. Casi se rindió a lo que quería. Mierda, lo
que tanto deseaban, pero se alejó antes de que fuera demasiado. Pero con
solo una pequeña probada, era casi imposible apartarse.
A partir de ese momento, todo entre ellos fue intenso. Conversaciones.
Discusiones. Mierda, simplemente estar en la misma habitación juntos
desataba algo que casi se podía tocar físicamente.
Y a pesar de que le gustaba Alex más de lo que jamás admitiría en
esta vida, eso no quería decir que le gustaba cuando se comportaba mal.
Antes, que bebiera lo había molestado, excepto que no era su lugar para
decir algo. Pero desde la noche en que se marchó por su cuenta para
encargarse de Anya, se volvió su problema.
La conocía ahora, mejor que a sí mismo, a decir verdad, así que
podría darse cuenta cuándo empezaba a salirse de control. Por esa razón
Mishca le pidió estar atento a ella, asegurándose que no hacía nada que
lamentaría más tarde. Verla hoy... parecía que hacía un trabajo muy pobre
de ello.
Se veía claramente que tenía resaca. Lo supo desde el segundo que
la recogió, pero no le pidió explicaciones del modo que necesitaba. Se lo
tomó con calma porque viéndola tan frágil sacó su instinto de protección.
Ella siempre lo había hecho.
Y podría habérselo hecho entender si no hubiera visto el chupetón en
su cuello.
Lo que los hizo bajar de vuelta al punto de partida.
Luka mantuvo las manos en sus bolsillos mientras caminaba detrás de
ellas, con los ojos constantemente vagando hacia Alex. A pesar de estar
con resaca y lucir como el infierno esta mañana, se aseó bastante bien. Y
esos tacones que insistió en usar le hacía cosas increíbles a sus piernas.
Parpadeando, se dio cuenta que Lauren había caído detrás de Alex
y Amber después de su llamada telefónica, y sabía que con solo una mirada
iba a hacer lo que mejor sabía hacer.
Entrometerse.
—¿Quieres mi sincera opinión? —preguntó una vez que la alcanzó.
—No. —Realmente no quería porque, no importaba lo que dijera, no
podría ayudarlo.
Ignorándolo, como solo ella podía hacerlo, dijo—: No creo que Mish
realmente te mataría si tuvieras algo con una persona en particular que es
cercana a él.
Poniendo sus ojos en blanco, aunque la acción se perdía en ella,
respondió—: Deja de molestar, Lauren.
—Solo digo...
—Jesús maldito Cristo. Deja de molestar. Si quisiera tu consejo,
entonces te lo habría pedido. Deja de tratar de "arreglar" mierda cuando
deberías estar preocupada por ti misma.
Lamentó sus palabras al momento en que lució desanimada. Nunca
le había elevado la voz, o hablado de cualquier modo que no fuera
respetuoso. Ella era demasiado amable, casi hasta la exageración. No era
su culpa que creyera en el amor verdadero y esa mierda.
—No sucederá de nuevo.
Mierda.
Antes de que pudiera arreglar lo que dije, se apartó, y al momento en
que salieron una hora más tarde, no solo Alex lo ignoraba.

***

Luka se encontró en la oficina de Mishca de nuevo, esperando las


asignaciones que necesitaría repartir mientras Mishca y Lauren se iban de
luna de miel. Desde que estaría fuera por alrededor de una semana, alguien
tenía que tomar las riendas en su lugar.
Sus pies se levantaron sobre la mesa, silbando para sí mismo, ya
pensando en lo que haría después. Cuanto más Mishca trataba de hablar
por encima de él, más fuerte silbaba hasta que el sonido era casi
ensordecedor.
—Luka. —Había una advertencia en su voz, pero fue una que Luka no
acató—. Esto es serio.
Luka asintió de buena manera.
—¿Serio? Esto es serio. Muy serio —concordó Luka—. Me aseguraré de
que nada se vaya a la mierda mientras estés afuera estrangulando al
dragón.
Pellizcando el puente de su nariz entre el pulgar e índice, Mishca cerró
los ojos con fuerza, luchando por paciencia.
—Luka...
—¿Estrangulando el pollo? —sugirió en cambio, casi esbozando otra
sonrisa.
—Lárgate.
Por fin.
Luka se puso de pie, más que listo para salir de allí.
—Una cosa más.
Dio la vuelta cuando Mishca llegaba alrededor de su escritorio,
enrollando la manga. Sus cejas se elevaron mientras trataba de adivinar lo
que Mishca diría a continuación. Pero no fue nada de lo que dijo, sino lo que
hizo. Arrojó un puñetazo, que conectó con la nariz de Luka, dolor rápido y
absoluto.
Su cabeza se recuperó rápidamente, sus manos inmediatamente
fueron a ahuecar su nariz, una risa sorprendida dejándolo. Una vez que el
impacto desapareció, Luka se limpió la nariz con el dorso de la mano,
embadurnada de sangre.
Aun sonriendo, dijo—: Golpeas como una perra.
La seriedad dejó a Mishca cuando regresó esa sonrisa.
—No vuelvas a romper mi dedo otra vez.
¿De eso se trataba? Pensó que Mishca había olvidado ese pequeño
incidente.
—Necesito que hagas algo más por mí. Dile a Alex que se quede en
el departamento mientras no estamos. Estará más segura allí.
—¿Pensé que tenía que mantenerme alejado de ella? Ya sabes,
desde que no necesita mi tipo de “mierda” en su vida.
Mishca tenía razón en eso, pero ni siquiera sabía la mitad de ello.
—Todavía confío en ella contigo más que cualquier otra persona. No
me hagas lamentar esa decisión.
Dejando su humor desvanecerse, contempló a Mishca seriamente.
—Si pensaste por un segundo que lo haría, entonces no me asignarías
a ella.
Luka era una de las pocas personas que sabían la verdad sobre Alex.
La mayoría veía a una chica consentida que se hallaba desesperada por la
atención de alguien, pero Luka sabía lo que Alex vivió siendo una niña,
incluso si no le hubiera dicho abiertamente.
Mikhail estaba demasiado ocupado con la Bratva para ser un padre
apropiado, y Anya... bien, no hubo ni un poco de instinto maternal en su
cuerpo, pero eso no significaba que no tenía expectativas, algunas eran
casi demasiadas para que un niño esté a la altura.
Alex aún trataba de librarse de esa influencia, pero eso eran años de
condicionamiento de los que tendría que librarse.
—Nos vemos cuando vuelvas —dijo Luka por encima de su hombro
mientras se dirigía a la puerta.
5
Hace diez años
Traducido por Alysse Volkov
Corregido por Taywong

S
u corazón latía dolorosamente en su pecho, mechones de
cabello pegados a su sudoroso cuello y frente mientras Alex
terminaba otra serie de giros, cayendo en la punta de sus zapatos
de ballet, volviéndose para mirar a su madre con una brillante sonrisa.
Durante las últimas tres semanas, trabajó incansablemente en su rutina
para su primera audición con una particular compañía con sede en París.
Tal vez no hubiera podido pronunciar ninguno de los nombres de las
personas para las que estaría actuando —tardó demasiado tiempo en
recordar que el nombre de su instructor no era el Sr. Grey— se aseguraría de
que era perfecta para ello.
—Eso fue horrible. —Este sentimiento vino de Anya sentada en una silla
al otro lado del estudio de baile, con las manos dobladas remilgadamente
en su regazo.
No creía en el uso de vaqueros —una idea que transmitió a Alex— y,
a pesar de la compañía presente, llevaba un vestido que habría sido
inapropiado si no fuera por el abrigo de piel que usaba para combatir el
clima frío de Manhattan.
A diferencia de las otras madres que vinieron a observar al otro lado
del vidrio, Anya se vistió como si estuviera en camino a la Semana de la
Moda de Nueva York, pero eso también podría haber sido porque la
mayoría de las chicas que venían a este estudio en particular fueron traídas
por las niñeras o los conductores. Anya no creía en la contratación de
sirvientas, ni de ninguna mujer, aunque Alex nunca entendió por qué.
Hoy era la tercera práctica individual de Alex para la semana, y si
estaba siendo sincera, se sentía agotada, tanto mental como físicamente.
Pero hasta que alcanzara el nivel de perfección de Anya, continuaría hasta
que sus pies sangraran si fuese necesario.
El instructor de Alex, el Sr. Grey, hizo una mueca notoriamente, aunque
esta expresión se perdiera en Anya, ya que se encontraba demasiado
ocupada frunciendo el ceño ante Alex. Tratando de no mostrar su
frustración, Alex reanudó su posición inicial, esperando a que el pianista
comenzara de nuevo.
Sus piernas se enderezaron, empezó, tratando de ignorar la sensación
de los ojos de Anya en ella mientras se movía, deseando poder perderse en
los movimientos como lo hacía cuando se hallaba sola en esta habitación.
Cuando terminó, su pecho jadeando con cada respiración, esperó a que
Anya hablara, sabiendo que no podía decir nada negativo. Esta vez, no
había perdido un paso. Pero Anya solo recogió sus cosas, parpadeando una
vez a Alex para transmitir el único mensaje que tenía que dar.
Era hora de irse.
Decepcionada, Alex agradeció al Sr. Grey. Podía ver la lástima en sus
ojos, incluso él no era tan duro con ella, pero se alejó antes de que pudiera
darle palabras de aliento. Eso solo la avergonzaría más. Siguió a Anya hasta
el auto en ralentí, deslizándose por la parte trasera y mirando por la ventana
cuando comenzaron.
—No vuelvas a avergonzarme.
Alex nunca pudo entender cómo un error de su parte avergonzaría a
su madre, pero, aun así, asintió. Ella encontraría una manera de ser lo mejor
que había.
No importaba qué.
6
Libre
Traducido por ∞Jul∞
Corregido por Luna PR

A
unque el recuerdo de aquella noche era todavía borroso, Alex
encontró el camino al recinto, esta vez un poco más segura de
sí misma. Snow era bastante fácil de ubicar, se hallaba sentado
en el bar con una chica de pie entre sus piernas, tenía los brazos alrededor
de sus hombros. Ninguno de los dos notó que se aproximaba hasta que
estuvo frente a ellos.
—¿Snow?
Su mirada se clavó en ella, sonriendo ampliamente mientras la veía de
arriba abajo, apartó bruscamente a la mujer para acercarse a Alex.
—No creí que regresaras tan pronto.
Tampoco ella, pero después de un tiempo, perdió el éxtasis que sus
pastillas le daban.
—¿Tienes un segundo?
—¿Para ti? Muchos.
Se levantó, tomándole la mano mientras la conducía por el pasillo
hacia su habitación. Alex ignoró las miradas curiosas.
Después de cerrar la puerta, Snow rodeó su cintura, atrayéndola
mientras se inclinaba para besarla. Frunciendo el ceño, volteó la cabeza,
empujando contra su pecho.
Riendo, se detuvo, pero aún la sostenía.
—Fuiste mucho más divertida la última vez que estuviste aquí.
Sí, cuando estaba drogada.
—Estoy aquí solo para comprar, no para meterme en la cama contigo.
Sus ojos perdieron un poco de arrogancia.
—¿Sí? ¿Y qué te hace pensar que voy a venderte?
Sacó un fajo de billetes.
—Porque tengo el dinero.
Snow se lo arrebató, contándolo antes de guardarlo. Se dirigió al
cuarto de baño, donde evidentemente tenía la mercancía, volvió después
de un par de minutos con una bolsa pequeña.
Trató de tomarla en cuanto se la ofreció, pero retiró su mano cuando
se acercaba.
—Sabes, estoy dispuesto a aceptar otra forma de pago. Puedes
mantener tu dinero.
Alex forzó una sonrisa, agarrando la bolsa de plástico antes de que
pudiera alejarla de nuevo.
—No, gracias. Tengo con qué pagar.
Sin embargo, exageraba, ya que vivía de sus ahorros. Por supuesto,
Mishca tenía dinero y lo único que tenía que hacer era pedirlo, pero si
supiera para qué lo quería, se lo negaría de antemano.
—Oye. —Agarró su brazo antes de que pudiera salir de la habitación,
jalándola casi dolorosamente—. La próxima vez que vengas aquí, controla
tu jodida actitud.
Librando su brazo, no se molestó en responder mientras se iba tan
rápido como llegó.

***

La belleza de un ático, especialmente si se encontraba en ese edificio,


era que no existían vecinos, así que cuando pusiera música hasta altas horas
de la noche, nadie llamaría para quejarse en administración. No es que
realmente se pudieran quejar ya que el propietario de dicho edificio vivía
en ese ático, pero mientras que él y su esposa estaban fuera del país, Alex
le daba buen uso.
Cuando Luka llamó y le dijo la petición de Mishca, al principio lo
rechazó, prefiriendo la tranquilidad de su propio espacio. Pero después de
una noche de beberse todo lo que tenía, pensó que no haría daño si
tomaba la reserva de su hermano. Al dejar el complejo de Snow tenía diez
pastillas, aparentemente a veinticinco dólares cada una, pero ya consumió
siete y ni siquiera habían pasado cuatro horas. A este ritmo, regresaría. Tenía
que controlarse.
Un bajo sonaba a través de los altavoces, una voz lírica cantaba sobre
promesas rotas y sueños desesperados, Alex comenzaba a sentirse genial.
No sólo porque la música era embriagante y disfrutaba de esa canción, sino
porque las pastillas mágicas de Snow hacían efecto en su sistema. Probó
muchas cosas en su vida, pero nada se comparaba a esto. El estado
nebuloso en el que se hallaba era algo que no podía describir
adecuadamente, no importa lo mucho que lo intentara.
Quería mantener esa sensación el mayor tiempo posible, y la única
manera de lograrlo era combinar las pastillas con mucho alcohol.
Consumiendo hasta la última gota de vodka, Alex tiró la botella en el
fregadero, buscó algo mejor en el gabinete donde Mishca guardaba el
licor, sabía que tenía una impresionante reserva. Pero en realidad eso no era
lo que deseaba. Después de su última visita a Snow, quería evitarlo debido
a la forma arrogante en que se alejó de él, porque en el pasado, fue capaz
de ignorar los impulsos de consumir cuando le daba la gana.
A pesar de la mezcla, todavía no se encontraba lo suficientemente
drogada como anhelaba.
Alex tocó las llaves del Mercedes, volviendo a tomar el dispositivo
parecido a un USB. Si existía un solo objeto material que su hermano
adoraba, era su coche. Se hacía cargo de cuidarlo, asegurándose de pulirlo
mínimo dos veces al mes, y si supiera que pensaba conducirlo, bloquearía
la idea de inmediato.
Pero... se encontraba fuera del país y lo que él no sabía, no le haría
daño.
En el instante en que salió del ascensor, bajó al estacionamiento,
pulsando ocasionalmente la tecla de desbloqueo hasta que vio las luces
intermitentes parpadear en la oscuridad. Al subir, introdujo la llave, sonriendo
cuando ronroneó a la vida.
Recordó cuando tenía catorce años, Mishca le enseñó a conducir
durante uno de sus viajes a los Estados Unidos, pero con su itinerario, todavía
no tenía licencia, ocasionando que la emoción de ese momento fuera
mucho más dulce.
Fácilmente llevó el auto hacia la calle, zigzagueando a través del
tránsito mientras se dirigía al puente. No sabía a dónde iba, sólo que quería
salir de la ciudad e ir tan lejos como el auto le permitiera... o al menos hasta
que necesitara parar por combustible.
Bajando las ventanas, rio cuando el aire frío le golpeó el rostro,
azotando su cabello hacia la espalda. Al menos, mantuvo las manos en el
volante, parpadeaba constantemente para aclarar su visión mientras
evitaba chocar contra algún auto estacionado. Pero por suerte, entre más
se alejaba de la ciudad, menos autos circulaban por la calle, y cuando dejó
la carretera a través de una de las salidas, apenas existía un vehículo a la
vista.
Con la mano en la palanca de cambios, el viento agitaba su cabello,
el rugido del motor ahogando el sonido de su risa. A pesar de que la aguja
del velocímetro continuaba subiendo, presionó más fuerte el acelerador,
sintiendo el cambio de velocidad.
Mientras avanzaba, sólo apartó los ojos del camino durante una
fracción de segundo, el timbre de su teléfono tomó su atención, pero en
esos preciosos segundos, no se dio cuenta de que comenzaba a invadir el
carril izquierdo, y sólo reaccionó cuando oyó el estruendo de una bocina.
Jadeando, tiró del volante, apenas evitando golpear el camión que
ahora iba a alta velocidad por la calle.
Aún a exceso de velocidad, miró por el espejo retrovisor, la sangre
bombeando tan rápido que casi no podía respirar. Riéndose del susto, se
encontraba lista para terminar esa noche acelerada, porque finalmente
encontró lo que buscaba. La adrenalina era tan fuerte como cualquier cosa
que haya tomado.
Pero cuando su mirada volvió al camino, un animal que apenas podía
distinguir salió disparado delante de su coche, giró el volante, pisando el
freno. El auto dio vueltas mientras trataba de enderezarse, la valla de
contención estaba cada vez más cerca...
7
Emociones frágiles
Traducido por Ivy
Corregido por indiehope

—N
unca me has llevado a una cita —comentó Natasha
pensativamente, pasando un cepillo por los largos
mechones de su cabello mojado. Apenas había
salido de la ducha cuando llegó Luka, y parecía avergonzada por su
aparición en la habitación, normalmente mantenían un horario estricto,
pero no se quejó.
Luka ya se había quitado las botas, colapsando nuevamente con un
gemido, frotando sus cansados ojos. Había sido un largo día, asegurándose
de que la mierda transcurriera sin contratiempos, mientras el jefe se hallaba
fuera de la ciudad, y mientras lo hacía, Luka recordaba exactamente por
qué nunca quiso ascender en la Bratva. Prefería ser simplemente el músculo.
Preferiría apuñalar a alguien en la mano y exigir el pago que verse obligado
a pedirlo amablemente.
Ante la suave declaración de Natasha, parpadeó para abrir los ojos,
mirándola aunque ella no podía verlo. Existieron momentos en los que
insinuó que quería algo más de él, algo diferente de su arreglo. Pequeñas
cosas al principio, pedirle que se quedara una hora más, preguntarle acerca
de su vida fuera de sus obligaciones. Una vez existió alguien muy parecido
a Natasha, alguien que le importó, pero al final, esos sentimientos que
albergó solo causaron más dolor a todos los involucrados.
No lo haría, no podía, cometer ese error nuevamente, no solo con ella,
sino también con Alex. Ya era propenso a impulsos irracionales en lo que
concernía a Alex, así que lo mejor era no hacer nada con ella; no con sus
necesidades.
Y si tenía que ser honesto, esa chica del pasado no inspiró ni la mitad
de sentimiento de lo que hizo Alex.
—¿Por qué haría eso?
Ella frunció el ceño, su cepillo deteniéndose de golpe, pero solo por
un segundo.
—Porque me gustas y eso es lo que hacen las personas normales. —
Volvió al frágil taburete, el dobladillo de su camisón subiéndose, revelando
la cremosa piel que, debido a la conversación que tenían, no hacía nada
para atraerlo—. ¿No estás avergonzado de mí, verdad?
Un indicio de vulnerabilidad se encontraba presente en sus ojos
cuando le preguntó esto. Nunca había pensado demasiado en cómo se
sentía ella acerca de su propia profesión, tomando sus opiniones sobre el
asunto al pie de la letra. Nadie la obligó a estar allí. Si no tenía problemas
con ello, entonces él tampoco los tenía, pero comenzaba a volverse muy
claro que empezaba a preocuparse acerca de lo que pensaba sobre ella,
y con eso, era claro que quería más.
Pero esa pregunta también trajo recuerdos de su madre y lo que hizo
para proveerlos durante los años que estuvo con ella. Si no se hallaba
avergonzado de ella, entonces no podría estarlo de Natasha. Pero eso no
quería decir que buscaba algo más de lo que tenían ahora. Eso lo tenía
claro.
—No, pero no veo que tiene que ver una cosa con la otra.
—Entonces, ¿por qué no me invitas a salir?
Restregándose una mano por su cara, pensó en irse pronto a la cama.
—Nunca invité a una chica a salir, y no me veo comenzando eso
ahora. No veo ninguna razón, puesto que follo a cualquiera. —El último
comentario se encontraba destinado a detener su línea de preguntas más
que a ser precisamente una verdad.
No, nunca había salido con una chica, pero solo porque su vida
nunca le dio una oportunidad.
Su comentario tuvo el efecto deseado cuando ella enmudeció y se
volvió hacia el espejo. La habitación estuvo en silencio durante mucho
tiempo, hasta que su teléfono comenzó a sonar. Luka suspiró, contemplando
lanzar la maldita cosa y eso que solo era el segundo día... hasta que leyó el
nombre.
No había hablado con Alex desde el día anterior a que el jefe se fuera
con Lauren, en parte porque ella lo evitaba y en parte porque se sentía
molesto con ella. Para otros, decía verdades a medias, o simplemente eludía
aquello de lo que no podía hablar, pero nunca mintió descaradamente.
Con Alex, siempre fue honesto, incluso cuando podía protegerla de algo
que finalmente la lastimaría. Porque conocer la verdad era mucho más fácil
que vivir bajo una mentira. A diferencia de Mishca, no creía que Alex fuese
débil o necesitase ser consentida como una niña.
Incluso cuando actuaba como una.
Al tocar con el dedo la pantalla para conectar la llamada, puso el
teléfono en su oído.
—¿Si?
—¿Luka?
Se sentó al oír su voz. Con solo una palabra, podía decir que estuvo
bebiendo, probablemente se hallaba en una fiesta, a pesar de que fue
vetada en los clubes de Mishca. Pero incluso si ese fuera el caso, todavía no
explicaba por qué parecía tan asustada, o el hecho de que su mano moría
por un cuchillo, así quienquiera que le hubiera hecho algo, sabría que se
había metido con la chica equivocada.
—¿Dónde estás?
—Saliendo de la carretera veintinueve. La jodí... y no sabía a quién
llamar, pero...
—¿Qué tan lejos? —Ya se encontraba alcanzando sus botas.
—No lo sé.
Sosteniendo su teléfono entre el hombro y la oreja, apretó los
cordones, atándolos.
—¿Con quién demonios estás?
—Con nadie. Yo... en cierto modo tomé el Mercedes de Mish...
Se detuvo.
—¿Qué mierda?
—Luka, yo...
—Quédate allí. No hagas una mierda. No digas una mierda. Estaré ahí
pronto.
No tuvo que esperar por una respuesta, guardando el teléfono
mientras se ponía de pie, registró la habitación para asegurarse que no se
olvidaba de nada.
—¿A dónde vas?
Luka se sentía tan agitado que, aunque probablemente no se lo
habría dicho antes, lo escupió.
—Alex la jodió. Tengo que arreglarlo.
—Sabes... siempre te vas corriendo cuando ella llama.
Si realmente hubiera estado prestando atención, podría haber
escuchado la nota celosa en su tono, pero en ese momento, se hallaba
demasiado ocupado para concentrarse.
—Me tengo que ir.
—¿Puedo ir contigo?
Se detuvo en la puerta, mirando hacia ella. A veces, Alex no era la
única con la que era brutalmente honesto.
—Demonios, no. Alex te odia. Y no es tu lugar. —Por no mencionar que,
mientras él prefería ignorarlo, fue por su culpa que lo hacía.
—Pero es posible que necesites a alguien para allanar las cosas en
caso de que la policía ya esté allí. —Era evidente que hizo una suposición
correcta por lo poco que dijo Luka—. No sabes qué vas a encontrar cuando
llegues. Podría ser útil.
Existía una pequeña posibilidad de que tuviera razón, y realmente no
se llevaba bien con los cuerpos policiales, pero si solo era Alex, Natasha
simplemente conseguiría empeorar la situación.
No sabía por qué, pero Luka se encontró asintiendo.
—Está bien.
8
Como un corazón roto
Traducido por ∞Jul∞
Corregido por indiehope

A
pesar del humo y el grave daño a la parte delantera del auto,
Alex estaba bien, aunque sabía que una vez que Mishca
volviera y viera el resultado de su impulsiva decisión, iba a estar
molesto, y muy bien podría desquitarse con ella. Realmente amaba su auto.
Afortunadamente, en ese momento de la noche, la carretera se
encontraba bastante vacía. Estaba sentada en una de las vallas de
contención, no contra la que se estrelló, mirando por encima del auto, un
cigarrillo apagado en su mano mientras esperaba. Se sentía muy mal,
viendo lo que había hecho, pero sus manos no temblaban a causa del
miedo, sino por la adrenalina que todavía corría a través de ella.
Recordó el poder que sintió mientras corría por el largo tramo de
carretera, fácilmente superando los ciento veinte. Era como si entre más
rápido fuera, más quería conquistar velocidades más altas, para ver cuán
rápido y hasta dónde podía llegar, corriendo lejos de los problemas que no
se sentía preparada para enfrentar. Sólo tomó un parpadeo, un rápido
segundo en el cual sus ojos se salieron del camino, para que se iniciara el
efecto dominó. Ella viró por varios kilómetros, un milagro que el auto no se
hubiera volteado, antes de que se estrellase contra la barandilla, las bolsas
de aire desplegándose al instante.
Si algo la lastimó, fue eso.
El polvo había sido sofocante y tomó cada gramo de fuerza que
poseía para salir del auto, ya que apenas podía moverse.
Alex no sabía cuánto tiempo pasó mientras se sentaba ahí sola, aun
sintiendo los efectos de lo que había tomado, aunque no con tanta fuerza.
Faros dobles y un motor sonando fuerte le hizo volver la cabeza,
llenándola de alivio cuando vio a la ahora familiar Wrangler acercándose
rápidamente. Saltó, rodeando el carril mientras se detenía bruscamente,
apagando el motor. Él estuvo a su lado en cuestión de segundos.
—Luka…
Se acercó a ella tan rápido que tuvo miedo de que estuviera a punto
de golpearla, pero en cambio sostuvo su cara, obligándola a encontrarse
con su mirada enfadada. Sus ojos iban de su cara al resto de ella, como si
quisiera confirmar visualmente que estaba bien en lugar de escucharla
decírselo.
Nunca lo había visto tan furioso, y nunca pensó que vería miedo en
sus ojos. No lo vio cuando iba a hacer su trabajo, o incluso cuando volvía
cubierto de sangre, pero ¿lo mostraba por ella ahora?
Mientras intentaba apartar las manos de él de su cara, echó la
cabeza hacía atrás para que tuviera una mejor visión de ella, y cuando sus
ojos se estrecharon, sabía que él lo sabía.
—¿Has estado bebiendo? —La pregunta era tan baja que no podía
confundir su ira por cualquier otra cosa. Mientras tragaba, tratando de
pensar en una buena excusa, dejó caer la mano—. ¿Qué demonios
pensabas? —siseó haciendo un gesto hacia el auto.
—Yo no pensa…
—¡No me digas que no estabas pensando! —espetó, alzando la voz—
. Estoy acostumbrado a que hagas tonterías, pero podrías haber matado a
alguien. Joder, ¡podrías haberte matado!
Alex se encogió bajo el ataque de su ira, pero no era nada que no se
mereciera. Tenía razón, y nunca debería haber entrado en el auto, pero no
pensó que estuviera tan mal como para no poder estar detrás del volante.
—Estoy acostumbrado a tener que limpiar tu mierda, pero esta es la
última vez que vienes con esta clase de mierda, ¿entendido?
No era porque estuviera gritándole que las lágrimas se formaron en sus
ojos. Era que se sentía tonta, y más que nada, se sentía como la niña que
siempre la acusaba de ser. Luka era muy vocal con su ira, y demostrativo,
gesticulando salvajemente a su alrededor, pero sus movimientos llamaron la
atención de Alex a su Jeep, cuando una puerta se cerró de golpe.
Con él siendo mucho más alto, no podía observar por encima de su
hombro para ver quién se acercaba, pero cuando por fin llegó al lado de
Luka, Alex no esperó verla.
No era un secreto para nadie que no le caía bien Natasha y la razón
de por qué. No le gustaba admitirlo, pero Alex se sentía celosa de la chica.
Era todo lo que Alex no era. Natasha tenía el cabello largo, ondulado
dos tonos más oscuros que el marrón, ojos del mismo rico color, y mientras
que Alex era pequeña y casi no tenía curvas en su figura, Natasha era
prácticamente la definición de curvilínea. Y lo más importante, tenía la
atención de la persona que Alex quería.
Las reglas que regían a Alex y Luka no afectaban a Natasha. Claro,
técnicamente trabajaba para la Bratva, pero si Luka quería estar con ella,
nadie iba a detenerlo. Hubo una época en la que Alex pensó que Luka no
se preocupaba por esas reglas dado que coqueteó descaradamente con
ella en varias ocasiones, pero desde Anya, se detuvo por completo.
Alex dio un paso atrás, su mirada moviéndose entre los dos. No había
dudado ni un segundo en llamar a Luka cuando se encontró en problemas.
Incluso si Mishca hubiera estado en la ciudad, probablemente habría
llamado a Luka primero, pero si hubiera sabido que se encontraba con
Natasha... probablemente no lo hubiera llamado.
Natasha deslizó su mano sobre el hombro de Luka, como si estuviera
tratando de calmarlo.
—Tenemos que manejar esto antes de que alguien pase por aquí.
Estoy segura de que Alex no quería que esto sucediera.
Con sus mejillas volviéndose rojas por la vergüenza, Alex apretó los
dientes. No ayudó el hecho de que Natasha hablaba de ella como si no
estuviera allí de pie, y sólo lo hizo peor saber que había escuchado a Luka
mientras le gritaba.
Sólo verlos tan cómodos juntos se sintió como una puñalada en el
corazón. Podía recordar todas las veces que le rogó por cualquier pequeño
pedazo de él, sólo para ser negado porque “ella no podría manejarlo”.
Sabía que la trataba de manera diferente a los demás, incluso bromeaba
con ella cuando nadie más estaba alrededor, pero era evidente que había
leído algo que evidentemente no sucedía.
Apartando sus ojos de ellos, vio de nuevo hacia el auto que aún
seguía echando humo, pero en menor medida.
—Lo siento. Debería haber llamado a alguien más. No me di cuenta
de que estuvieras ocupado.
No fue Luka quien respondió, sino Natasha.
—No fue un problema en absoluto.
Había un filo en su risa, algo que Luka pareció atrapar.
—No recuerdo haberte llamado, Natasha. No tengo el número de la
Habitación Dorada. He tenido la intención de pedirlo, ¿cada uno obtiene
un número separado, o sólo llamas y pides lo que quieres? ¿Tal vez hay un
menú?
—Alex, ya es suficiente —dijo Luka.
—¿En serio? —preguntó metiendo la mano en su bolsillo buscando el
paquete de cigarrillos y el encendedor. Tirando uno libre, se lo colocó entre
los labios, encendiendo el final del mismo, sólo para que fuera arrancado
de sus labios y arrojado al suelo, Luka lo aplastó con la punta de su bota—.
Oh, eres un maldito caradura. A menos que seas mi hermano, o me estés
follando, cosas que no se aplican contigo, no puedes hacer eso. —Ahora,
ella era la que estaba totalmente enojada.
—No esta noche, Alex —replicó en francés, ganándose un ceño
fruncido por parte de Natasha como si no supiera que podía hablar el
idioma. Umm.
Tal vez si no hubiera comenzado inmediatamente a gritar, ella podría
haberse sentido diferente, pero ahora no se sentía de humor para una
conversación privada.
—¿Qué prefieres entonces? —preguntó ella, todavía en inglés—.
¿Mañana por la noche? No me gustaría interrumpir tu cita. —Sus ojos se
centraron en Natasha—. Sé que esos pueden ser complicados, también.
Aunque lo admito, no sabía que reservaste el miércoles por la noche
también. Su coño debe estar forrado en oro.
Natasha no parecía ofendida por la declaración, pero sus ojos se
estrecharon.
Cuando Luka abrió la boca, probablemente para castigarla de
nuevo, ella le restó importancia a sus palabras.
—Lo que sea. Estoy segura de que quieres que espere en el auto,
donde no seré capaz de seguir jodiendo tu noche. Discúlpame mientras me
subo.
Sin esperar una respuesta, Alex fue hacía el Jeep, encendiendo otro
cigarrillo a lo largo del camino. La nicotina ardiendo en sus pulmones
mantuvo la calma mientras se subía a la parte trasera, pero no sirvió de nada
cuando se dio cuenta de que Natasha permaneció al lado de Alex.
Hizo un par de llamadas, hablando en un acalorado ruso, mientras
explicaba lo que necesitaba. Primero llegaron algunos de los chicos de
Mishca que no notaron a Alex en absoluto, luego llegó un camión de
plataforma que cargó el Mercedes y se lo llevó. Sólo tomó alrededor de una
hora y media, pero para ese momento, Alex estaba sin cigarrillos y
empezando a quedarse dormida. Mientras que su cuerpo se sentía
agotado, mentalmente se sentía completamente despierta.
Cuando Luka terminó y era hora de irse, parecía mucho más irritado
que cuando llegó, con ese tic familiar apareciendo en su mandíbula.
—Alex, asiento delantero.
Natasha lo miró con confusión y tal vez un poco herida, Alex sólo lo
miró desinteresadamente.
—Estoy bien aquí atrás, gracias —dijo con una risa, arrojando la colilla
de su cigarrillo por la ventana.
Al parecer, Luka no estaba de humor para ser negado.
Rodeando el auto, casi arrancó la puerta de sus bisagras cuando la
abrió violentamente, golpeando su mano sobre sus muslos desnudos
mientras la arrastraba a través del asiento, sin preocuparse de que exponía
algo más que sus piernas al aire frío. Por un momento, sus ojos se dirigieron
hacia el vértice de sus muslos, pero ella bajó la parte delantera de su vestido
antes de que pudiera ver nada. Enganchando un brazo alrededor de su
cintura, la levantó con facilidad, incluso mientras luchaba contra él,
llevándola alrededor del auto hasta que llegó a la puerta abierta del
acompañante, y la empujó dentro.
Una mirada de él le dijo que si se movía un solo centímetro, lo
lamentaría.
Una vez que Natasha subió a la parte trasera, aunque de mala gana,
Luka salió disparado de allí.
El sol comenzaba a aparecer en el horizonte, tonos apagados de
melocotón y naranja, para cuando regresaron a la ciudad. Primero dejaron
a Natasha y Alex se dijo que no debía prestar atención, que no tenía sentido,
pero no pudo dejar de mirar por encima e inmediatamente desear no
haberlo hecho.
Natasha lo estaba abrazando, susurrando palabras que sólo él podía
oír, y en el último segundo, su mirada conectó con Alex mientras Luka le
devolvía su abrazo. Ella podría haber jugado a la inocente, actuar como si
no supiera qué efecto tendría eso en Alex, pero en su lugar, sonrió.
Quería que Alex supiera que había ganado una pelea, la cual Alex no
se dio cuenta que la otra chica estaba jugando. Y para asegurarse de que
entendiera su punto, besó la mejilla de Luka cuando se apartó.
Apartándose, se giró hacía otra dirección, sintiéndose aún más tonta
de lo que se había sentido en toda la noche.
Amor no correspondido, pensó mientras Luka volvía a subir, se sentía
peligrosamente similar a un corazón roto.
Regresar a la ciudad fue un asunto silencioso. Él seguía enfadado con
ella, se dio cuenta, principalmente, por la forma en que apretaba
rítmicamente el volante. Para el momento en que llegaron al ático, Alex se
sentía agotada y más que lista para terminar la noche.
Estacionando el auto en una plaza de aparcamiento, Luka apagó el
motor, se quitó el cinturón de seguridad, pero no hizo ningún movimiento
para salir. Ella esperó, esperando que dijera algo, pero cuando no lo hizo,
alcanzó la manija de la puerta, girándose para enfrentarlo y poder darle las
gracias. Podría no haberle gustado la compañía, pero todavía se sentía
agradecida de que hubiera estado allí.
—Luka, gr…
—Lo que hiciste fue estúpido, y si tú…
—Si estás a punto de darme una charla —lo interrumpió, como él lo
hizo previamente—. Guárdatela. No necesito esa mierda de ti.
—Es evidente que la necesitas de alguna jodida persona, ya que
obviamente no está entrando en esa cabecita tuya. ¿No te das cuenta de
que podrías haber muerto ahí?
—Lo sé, Luka —espetó—. Lo entiendo. La cagué. Admití eso. No va a
suceder de nuevo, y la próxima vez que esté en problemas, me aseguraré
de llamar a otra persona.
Exasperado, le dio un puñetazo a la consola central.
—Eso no es de lo que se trata. ¿No lo entiendes? Quiero que me llames
cada vez que jodidamente quieras, pero no cuando la mierda ya golpeó al
ventilador. Si estás teniendo un día de mierda, llámame y vamos a trabajar
esa mierda antes de que sientas la necesidad de beber, o hacer mierda
insensata como destrozar el auto de tu hermano. ¿Te das cuenta de que va
a estar molesto cuando vuelva...
—No te preocupes. Le diré que fue mi culpa por lo que no…
Giró su cuerpo para poder verla mejor, y para que ella pudiera ver la
seriedad de su expresión.
—¿De verdad crees que me importa una mierda eso?
—Esa es la única conclusión a la que estoy llegando. —Pero sabía que
no era del todo cierto.
—¿No crees que me importas? —preguntó, su voz se había ido
suavemente, de una manera que la hacía realmente mirarlo—. ¿Cómo
diablos es obvio para todo el mundo menos para ti que me importa lo que
te suceda?
No creía alguna vez haberle oído decir esas palabras en voz alta, y si
las hubiera oído en cualquier otro momento, podría haberse sentido
mareada, pero no sentía nada de eso en ese momento
—Si te preocupabas por mí, entonces no la habrías traído contigo. Es
decir, lo entiendo. La estás follando. Bien por ti. Pero no pretendas que no
sabes cómo me siento por ti, e incluso si no te sientes de la misma manera,
podrías al menos decírmelo así yo no… —Su voz se fue apagando, mientras
se limpiaba con rabia sus mejillas, odiando el hecho de que incluso cuando
se enojaba, lloraba.
—¿Así no qué, Alex? —preguntó, apartando sus manos de su rostro.
Dios, no lo entendía. ¿Por qué necesitaba ver el dolor en ella? ¿Por
qué no podía simplemente decir lo que quería que dijera, así podía alejarse
de él y acabar con todo?
—Lo superé, Luka.
El agarre en sus manos se hizo más fuerte.
—No digas eso.
—¿Por qué no? —gritó de repente hacia él—. ¿Por qué no puedes
simplemente decirlo, Luka? Sólo dilo, no te quiero, Alex. Tal vez entonces
pueda superar estos estúpidos sentimientos.
—Porque nunca voy a mentirte. Incluso cuando quiero.
Más confusa ahora de lo que había estado anteriormente, Alex
sacudió la cabeza, liberándose de él mientras salía de su Jeep y se dirigía
hacia el edificio sin mirar hacia atrás.
Él no la siguió.
9
Ocultándose
Traducido por Maeh
Corregido por indiehope

S
e sentía como la mierda por casi haberse matado y por poco
destruir completamente el auto de Mishca. Algo con lo que no
iba a estar muy feliz una vez que se lo dijera cuando él y Lauren
estuvieran de regreso de Sardinia. Desde esa noche, evitó rotundamente a
Luka, incluso haciendo caso omiso a sus llamadas. Sólo le enviaba algún
texto de vez en cuando para hacerle saber que estaba bien así no iba a
verla, pero sabía que solo lo mantendría lejos por un tiempo.
No teniendo nada más que hacer, y no queriendo posponer lo
inevitable, Alex se vistió, yendo rumbo al club donde Mishca, al menos, sin
duda estaría. Mientras había querido hacer un esfuerzo con su aspecto,
simplemente no tenía ganas de pasar por la molestia, solo colocó su cabello
en un moño desordenado y se puso un vestido con medias.
El camino al club fue tranquilo e interminable, un fuerte palpitar
comenzó detrás de su ojo derecho con cada toque de la bocina del taxista.
Las náuseas regresaron, y en este punto, pensaba que no podía estar más
tiempo lejos de Snow, no con lo que él le ofrecía. Ya había ido a través de
las últimos cinco que le dio, y mientras se sentía segura de estar bien con
ellas… comenzaba a dudar.
Pagando la tarifa, salió del auto, saludando a uno de los nuevos
guardaespaldas mientras caminaba hacía el club. En su camino, no perdió
de vista el Jeep estacionado a unas cuadras de distancia, todo cubierto de
fango, y se sintió peor sabiendo que Luka se encontraba aquí. Desde la
noche que dejó su apartamento, hizo su trabajo evitándolo a toda costa,
esquivando sus llamadas, también. No era como si se hubiera alojado en su
apartamento de todos modos, por lo que no fue difícil alejarse de él.
Ocultarse. Eso era lo que hacía, y una parte de ella sabía que era
tonto hacerlo. No le debía nada, ni siquiera tenía que explicar sus acciones,
pero no podía ignorar el hecho de que recordar cómo la vio la hacía sentirse
avergonzada.
Pero no lo suficiente como para detenerse.
Incluso ahora, ansiaba dirigirse a través de la ciudad al único lugar de
en dónde realmente no debería estar, para ver a la única persona que era
lo peor para ella. Pero, ¿podía realmente ser considerado lo peor cuando,
al menos por algunas horas, se sentía mejor? En esas horas, no pensaba en
la vida dentro de la cual nació, las cosas que tuvo que probar, o incluso las
cosas que tuvo que hacer para quedarse en su compañía. No es que el
dinero fuera problema. Podía fácilmente pagarle cualquier monto que
pidiera, pero no quería eso, no de ella.
Tal vez él pensaba que la estaba corrompiendo, debería quitarse esa
idea, porque era difícil corromper algo que ya se hallaba descompuesto.
Alex fácilmente hizo su camino directo a la parte trasera del club
donde se ubicaban las oficinas, lista para abrir la puerta de Mishca, pero las
voces amortiguadas al otro lado la hicieron detenerse.

***

Con el jefe y Lauren de regreso de su luna de miel, Luka fue solicitado


a una rápida reunión así podría discutir los negocios y todo lo que ocurrió
hasta ese momento. Normalmente, habría hecho un gran alboroto acerca
de lo que ellos hicieron, malditamente molestando a Mishca como
usualmente lo hacía, pero luego de ir por ellos al aeropuerto, dejando a
Lauren en casa, simplemente no lo sentía. No cuando su mente estaba
ocupada con pensamientos de Alex.
El primer par de días luego de haberla confrontado estuvo bien, no
fue la primera vez que lo había molestado y no llamado por algunos días,
pero había pasado casi una semana y media y seguía sin tener una palabra
de ella.
Incluso cuando su teléfono no sonaba, se encontró tomándolo,
esperando por un pitido o algo solo para saber si se encontraba bien.
Irrumpir en su apartamento no ayudó mucho, no cuando ella no estuvo allí,
o al menos no lo estaba cuando él fue. Esto no habría sido un problema si
tuviera alguna idea de dónde encontrarla.
Mientras Mishca hablaba sobre transacciones de negocios que
necesitaban completarse, Luka veía hacia su teléfono, leyendo el último
mensaje que Alex le envió antes de las dolorosas verdades que los
apartaron.
Oye, Tigre, ¿has comido hojuelas de maíz?
Esa había sido su versión de buenos días, y mientras pudo no haber
sabido que él no comía cereal, nunca fallaba en hacerlo sonreír. El mensaje
fue enviado semanas atrás, antes de que Mishca prácticamente le hubiera
dicho que se mantuviera alejado de ella, antes de que hubiera visto el
chupetón en su cuello y el resultante dolor en su rostro. Nunca prestó
atención a cómo esperaba esos mensajes, al menos no hasta que dejaron
de llegar.
Los extrañaba, y la forma en que ella sonreía hacia él, como si fuera
la única persona en el mundo que podía hacer eso.
Una parte de él ansiaba caer en la tentación, dándole exactamente
lo que ella quería. No era por lo que Mishca dijo que no lo hacía, sino por
quién era y el daño que eso causaría si supiera la verdadera razón de cómo
terminó en Nueva York.
—¡Luka!
Parpadeó, enfocándose de regreso en el ahora irritado ruso frente a
él. Guardando su teléfono en el bolsillo, dobló sus manos en el regazo y
finalmente se enfocó en lo que Mishca decía.
—¿Incluso me escuchabas?
—No.
Había algo particularmente inquietante sobre la manera en que
Mishca lo miraba, pero Luka no le dio importancia.
—La Habitación Dorada, ha cerrado.
Ahora, Luka parpadeaba sorprendido.
—¿Qué?
—No creo que necesite repetirme. Voy a tener a nuestro banquero
configurando las cuentas para cada uno de ellos. Mantenme informado.
Luka se puso de pie, estirando sus brazos por encima de su cabeza.
—Lo haré.
Se dirigía a la puerta, más que listo para salir de allí. Si Alex quería seguir
escondiéndose de él no importaba. Incluso si no quería que lo hiciera, él la
encontraría, pero Mishca lo detuvo en la puerta.
—¿Dónde demonios está mi auto?
Era una pregunta que Luka estuvo esperando no tener que responder
ya que el Mercedes no se hallaba disponible por el momento. Lo había
llevado a un taller para arreglarlo, no dándose cuenta que el daño causado
en el frente fue tan extenso que el precio había sido exuberante.
Si le decía a Mishca la razón por la cual el auto estaba en ese estado,
tendría que explicar lo que Alex había hecho, aunque no sabía
exactamente qué sucedía con ella, pero no quería hacerlo aún, no cuando
pensaba que podía llegar a ella primero.
—Lo choqué.
Mishca parpadeó, no creyéndole, y Luka pudo ver el momento
exacto cuando Mishca pensó en matarlo. Colocó sus manos planas contra
su escritorio, depositando su peso contra ellas mientras decía—: Dilo de
nuevo.
Hubo un golpe en la puerta antes de que se abriera, pero Luka veía
hacia Mishca y no vio quién entraba.
—De nuevo.
Sus ojos se redujeron a diminutas rendijas.
—No jodas conmigo, Luka.
Esta fue la primera vez en un largo tiempo que dejaba que alguien le
hablara de esa manera por el bien de otra persona, e incluso entonces, él
respondía violentamente, aunque ahora pensaba en lo que haría para
suavizar el asunto.
Un tipo diferente de irritación lo llenó mientras trataba de no
reaccionar. Él deseaba, deseó, muchas veces que alguien más y no Alex lo
afectara de esa manera.
—Pero ambos lo disfrutamos así que… está bien, está bien —dijo
alzando sus manos—. Era tarde y estaba oscuro como la mierda. Iba por el
lado derecho del camino y golpeé un árbol que apareció de la maldita
nada, pero si te hace sentir mejor, puedo conseguirte una chica hula para
tu nuevo auto.
—¡Lárgate!
Luka sonreía mientras le daba la espalda a Mishca, yendo hacia la
puerta, su paso titubeó cuando tuvo una primera vista de Alex ahí. No tenía
que preguntarle si había escuchado, lo llevaba escrito en su rostro.
Su mirada se apartó de la suya en el momento en que hicieron
contacto visual, forzando una sonrisa mientras saludaba a su hermano,
ignorándolo por completo. No quería llamar su atención en ese momento,
pero si pensaba que podía evitarlo por más tiempo, se llevaría una gran
sorpresa.
Caminando afuera hacia su Jeep, se inclinó a un lado y esperó,
sabiendo que en algún punto, ella tendría que salir. No sabía cuánto tiempo
estuvo de pie ahí, atrayendo las miradas de curiosos, pero no les dio
importancia. Luego de al menos una hora, finalmente salió, sus ojos
inmediatamente se detuvieron sobre él. Su mirada sorprendida lo hizo
consciente de que ella no esperaba que permaneciera allí.
Se giró, yendo por la dirección opuesta, lejos de donde necesitaba ir,
solo para evitarlo. Alejándose de su auto, corrió tras ella, atrapándola
fácilmente en segundos. Afortunadamente, no intentó correr lejos de él, tan
solo se resignó ante lo que sea que tuviera que decir.
Alex no lucía mejor de lo que lo hizo la última vez que la vio. De hecho,
pensó que se veía más abatida de lo normal.
No esperó a ver lo que él quería, en su lugar dijo—: No tenías que
hacer eso por mí. Iba a decirle lo que sucedió.
Se encogió de hombros.
—Ahora no necesitas hacerlo.
—¿Qué puedo hacer por ti, Luka?
Estudió su rostro, las venas de color rojo se dividían en sus ojos, pesadas
bolsas debajo de ellos.
—¿Es Anya? —preguntó. Genuinamente queriendo saber qué era lo
que la tenía tan estresada. No era lo suficientemente arrogante como para
creer que era debido a él que se hacía esto a sí misma, sin embargo, creía
que eso no colaboraba en hacerla sentirse mejor.
Cuando estuvieron juntos y ella le pidió que le dijera que no la quería,
él le dijo la verdad. La quería, más de lo que incluso quería admitir, pero
entonces vendría el momento en el cual la verdad acerca de quién era
realmente saldría a la luz, y no quería ser quien le rompiera el corazón
cuando lo supiera.
—Estoy bien.
—Puedes mentirle a todo el mundo —dijo con una inclinación de su
cabeza en dirección al club—. Pero no a mí.
—Luka, no te debo nada.
—Si esto es acerca de Natasha…
Ella alejó su mirada, pero no antes de que viera el destello de emoción
en sus ojos.
—A quien follas no es asunto mío, ¿cierto?
—Alex…
—¿Vamos a hacer esto cada vez que nos veamos? —preguntó de
repente—. Realmente no queda nada entre nosotros de qué hablar.
Empezaba a frustrarse, no solo porque lo estuviera apartando, sino
porque no encontraba las palabras para decirle lo que realmente quería.
—Deja de castigarme por…
Ella rió.
—¿Es eso de lo que crees que se trata, Luka? No me estoy alejando
debido a que no quiero hablar de mis sentimientos. Tal vez me gusta beber.
Tal vez es la única vez en mi vida que de hecho me siento feliz, donde no
estoy fingiendo por el bien de todos los demás. Ahora, ambos sabemos
cómo terminará esta conversación porque hemos estado corriendo en
círculos entre nosotros por semanas. Ahora dejémosla aquí y ahorrémonos
el dolor de cabeza.
Esta vez cuando se alejó, la dejó ir. Ya sea que lo admitiera o no,
pareció que solo lo hizo peor para ella, y si tenía que forzarse a mantenerse
alejado de ella para darle una oportunidad de sanar, lo haría.
Incluso si eso lo matara.
10
Hambre contaminada
Traducido por Fiorella
Corregido por Dai_Alvarado

S
u estómago retumbó por la falta de comida, pero mientras
pasaba por los distintos menús extendidos sobre el mostrador, no
podía decidir nada de lo que realmente quería. Tirando el último
folleto abajo, suspiró, yendo a agarrar su teléfono para desplazarse a través
de los textos. Uno de Lauren el cual respondería más tarde, y otro de Luka
que eliminaría de forma inmediata sin necesidad de leer.
Cada vez que pensaba en él, o incluso leía su nombre, pensaba en la
forma en que Natasha se vio la otra noche, esa satisfacción aun
atravesando sus nervios. Alex deseó que no le importara, deseaba que Luka
no le importara. Demonios, había algunos días en los que ni siquiera sabía
por qué le gustaba en absoluto.
Era más que un poco arrogante, tenía el sentido del humor de una
virgen de trece años, y cuando se sentía de mal humor, era un bastardo
completo y total... pero, otras veces era considerado, cuidadoso con sus
sentimientos, y siempre hizo un punto para tratarla como si le importaba.
Incluso cuando deseaba que no lo hiciera, él hacía un punto para
comprobarla.
Esos días, la hacía sentir especial, no solo por su línea paterna, sino
también a causa de ella.
Alex estaba a punto de terminar su noche con una buena botella de
vodka cuando su teléfono sonó de nuevo. Esta vez, cuando lo recogió, se
sorprendió al ver un mensaje de Snow. Al deslizar el dedo por la pantalla, sus
ojos vagaron por el mensaje.
Eran solo dos palabras, un emoticón sonriente siguiéndole, pero eran
suficiente para sacar a Alex de su depresión momentánea.
¿Quieres festejar?
Pensó en las pastillas que tomó la última vez que estuvo con él, cómo
todo dejó de existir por ese corto período de tiempo. Incluso si el subidón no
duró mucho tiempo, sin duda iba a disfrutar más esta vez. Pero en realidad
no se sentía de humor para hacer frente a Snow. No había hecho nada
necesariamente, pero la forma en que actuaba la hizo querer evitarlo por
completo.
Indecisa, miró los menús, luego de vuelta a su teléfono.
La pregunta era, ¿de qué se sentía más hambrienta?
Trató de racionalizar en su propia cabeza, trató de reconstruir lo que
la llevó a este punto. Sabía cuál fue su punto de quiebre —Anya— pero, ¿en
qué momento decidió darse por vencida y dejar que esto le quite el dolor?
Se suponía que tenía que ser más fuerte que esto. La familia de la que
venía era conocida por su crueldad, por la forma en que fueron capaces
de manejar cualquier problema que les arrojaron. Demonios, los problemas
que no podían solucionar con el dinero, se arreglaban con brutalidad.
...Pero tal vez esto era un problema que no se podía resolver
fácilmente.
Tirando abajo los menús, se dirigió a la puerta y no lo pensó dos veces.
Pronto, no estaría pensando en nada en absoluto.
En vez de conducir —no que tuviera acceso a un auto ahora que
Mishca se encontraba por los momentos fuera de servicio— llamó a un taxi,
recitando la dirección antes de sentarse y encontrar una posición cómoda.
No se sentía familiarizada con ello, y sabía que no era el almacén,
pero cualquier preocupación por su seguridad quedó en segundo plano por
su necesidad de ser libre.
En el camino, se dirigieron a través de la ciudad, todas las luces
brillando en arcos brillantes, iluminando el cielo nocturno. La ciudad
prosperó en falsas promesas y exaltación, y al mismo tiempo, ella prosperó.
No como estaba ahora, que era una apreciación totalmente diferente, pero
en aquel entonces, acogió todo lo que la ciudad tenía para ofrecer con los
brazos abiertos.
En aquel entonces, había vivido más de lo que la mayoría de las
personas hizo en su vida. Viajando por el mundo, teniendo una carrera de
ensueño, todo a la espera en la punta de sus dedos, todo antes de su
decimoséptimo cumpleaños. ¿Qué más podía haber pedido?
Pero esos días fueron contados, y antes de que realmente pudiera
hundirse en lo que se suponía era su vida de ensueño, todo fue arrebatado
después de un solo día, uno que nunca olvidaría, aunque quisiera.
Descansando su cabeza contra el frío cristal de la ventana del
pasajero, observaba los edificios desdibujarse, recordando cuando entró en
uno muy parecido al Hilton Garden que pasaba, sin esperar la angustia que
encontraría en la suite en la planta superior.
11
Hace tres años y medio
Traducido por mariana90
Corregido por Dai_Alvarado

—¿H ay alguna razón por la que estoy aquí? —preguntó


Alex suavemente mientras ella y Mishca entraban en
el vestíbulo del Hotel Península, sus tacones haciendo
clic en el suelo de mármol.
Estaba familiarizada con el lugar, sabía que su familia celebraba
reuniones en este mismo edificio, y así era desde antes de nacer. Tal vez
nunca asistió a una —y no era como si estuviera al tanto de los trabajos
internos de la propia Bratva desde que hicieron un punto para mantenerla
en la ignorancia de todo esto— y el hecho de que estaba siendo traída aquí
ahora no inspiraba buenos sentimientos.
Estando Mishca allí la ayudó un poco, aunque no mucho, ya que no
parecía como si supiera por qué se encontraba allí más de lo que ella lo
hacía.
Pero hizo un punto para aliviar su miedo con humor.
—A decir verdad —dijo con una sonrisa forzada—. Ni siquiera sé por
qué estoy aquí.
Tomaron el ascensor hasta llegar a su piso, Mishca permitiéndole
caminar por delante de él mientras algunos de los guardias de Mikhail se
situaban en la entrada, abriendo una puerta doble con una tarjeta llave
que sostenía.
No solo estaban Mikhail y Anya en la sala, esta última, Alex sabía que
estaba allí porque llamó a Alex con el mensaje de que Mikhail la quería allí,
pero Viktor también. Podría haber sido el tío de Alex, pero prefería limitar el
tiempo que pasaba a su alrededor.
Nunca le hizo nada, apenas habló diez palabras con ella durante los
últimos cinco años, pero algo en él siempre ponía a Alex en el borde. No era
solo ella. Él tenía la tendencia a actuar como si no existiera, incluso cuando
se hallaban en la misma habitación.
Mishca sacó una silla para ella antes de reclamar el asiento a su lado.
Había perdido su actitud fría, aumentando sus defensas mientras miraba a
su padre.
—¿Qué es esto?
Mikhail, que siempre tuvo el hábito de sonreír, incluso cuando estaba
estresado, se encogió de uno de sus enormes hombros, sus dedos tatuados
descansando sobre la mesa.
—Ahora esperamos.
Transcurrieron cinco minutos. Diez. Quince. Definitivamente algo
estaba mal ya que todos permanecieron sentados en un silencio tenso, los
ojos bajos. Cuando Alex pensó que estaban siendo un poco dramáticos,
hubo un suave sonido mientras el ascensor llegaba una vez más, pares de
pies caminando, entonces se abrió la puerta, y en lugar de un jefe, o incluso
alguien de la Bratva, Lauren fue llevada adentro y las puertas se cerraron
detrás de ella.
Alex se sentía demasiado sorprendida para hablar, mirando a su
hermano para calibrar su reacción. Era obvio que se sentía tan sorprendido
como ella.
Mikhail hizo un gesto para que tomara el solitario asiento en la mesa,
torciendo el grueso anillo de plata en el dedo meñique.
—No esperaba tu petición. Pensé que, en este punto, estarías muerta.
Mishca se puso de pie en cuestión de segundos, hablando en un ruso
rápido.
—¿Qué demonios haces?
Alex sabía que no tenían la mejor de las relaciones, especialmente
con los papeles que desempeñaban, pero no podía recordar un momento
en que Mishca fuera sido tan irrespetuosamente descarado, sobre todo, no
delante de ella ni con nadie más alrededor.
Mikhail solo le dio a Mishca la más rápida de las miradas,
respondiendo en la misma lengua.
—Te sientas o ella se muere ahora.
Una guerra continuaba en los ojos de Mishca, pero se calmó lo
suficiente para recoger la silla y colocarla derecha, pero no se sentó,
permaneció de pie, apoyando las manos sobre la mesa, apoyando su peso
sobre ellas.
—Solo hay un problema con eso —dijo Lauren, sonando mucho más
tranquila de lo que Alex se sentía en ese momento. Era casi como si no
estuviera afectada por lo que sucedía justo en frente de ella—. Si me
mataras, ellos sabrían que fuiste tú. Además, tengo algo que quieres.
El “ellos” al que Lauren se refería se perdió en Alex, pero era obvio que
todos los demás en esta sala sabían exactamente a quién se refería.
Metiendo la mano en la carpeta que llevaba, sacó un montón de
papeles, colocándolos en la mesa.
—Mi padre tenía un diario acerca de todo el trabajo que hizo por ti.
—Empujó la pila sobre la mesa hacia él—. Nombres. Fechas. Es suficiente
para un hombre inteligente.
¿Estaba... Estaba amenazándolos?
Alex no entendía lo que sucedía, mirando a todos en la sala a su vez.
¿Qué demonios pasaba?
¿Y por qué Mishca permitía que esto sucediera? Era como si estuviera
atónito y sin palabras. Pero al no decir nada, prácticamente firmaba su
certificado de defunción.
Mikhail se rio como si encontrara todo divertido.
—¿Eso es lo que viniste a hacer aquí? ¿Amenazarme?
—Quiero respuestas acerca de mi padre —continuó como si no
hubiera hablado—. Estoy segura de que lo recuerdas. —Sus ojos cortaron a
Mishca, y había rabia allí—. El Dr. Cameron Thompson. ¿Creo que lo llamaste
“Doc”?
Por primera vez en su vida, Alex creyó ver vergüenza en los ojos de su
hermano.
Pero ese nombre, vagamente recordaba haberlo escuchado antes.
Este médico trabajó para ellos, pensó. Fue su médico. De hecho, si no se
equivocaba, desde antes de que pudiera incluso hablar. Si Doc era su
padre, entonces eso significaba que tenía que haber sabido acerca de
ellos, ya que era un secreto difícil de mantener oculto, pero si ese fuera el
caso, no habría estado tan enojada por esto ahora. Tenía que haber algo
más en esto que Alex sabía.
Sin embargo, Anya, que no había dicho una palabra, miró a Lauren.
—¿Qué es…
Pero Mikhail levantó la mano, interrumpiéndola antes de que pudiera
terminar esa declaración.
—Tú tienes todas las respuestas, ¿verdad? —desafió a Lauren—. En tu
pequeño diario.
—No, quiero saber por qué ordenaste matarlo.
Alex se quedó sin aliento. ¿Doc fue ejecutado? Nadie habló de él en
años, no es que hubiera dicho algo desde que tenía apenas la edad
suficiente para hablar en ese momento. Mishca lo conoció más de lo que
ella lo hizo, pero había algo sobre las expresiones de todo el mundo que
empezaba a preocupar más a Alex.
Tanto Mikhail y Mishca se mostraron sorprendidos por esta
declaración, como si fuera la primera vez que escuchaban hablar de esto,
pero Viktor y Anya casi parecían agitados, y Alex no podía entender por
qué. Seguramente, Mikhail habría sabido algo. Él era el jefe, después de
todo.
—Mikhail —habló Viktor en esa sedosa voz de depredador suya—. No
tenemos tiempo para las acusaciones de esta chica tonta. Mátala y acaba
de una vez.
Mikhail, que no había apartado la mirada de Lauren, preguntó—: Si
hubiese matado al buen doctor, ¿te hubiera dejado acercarte a mi hijo?
—Podrías haber pensado que nunca lo descubriría.
Él negó, como si encontrara su respuesta deficiente.
—Entonces no eres tan inteligente como mi hijo te atribuye. Dime, ¿por
qué crees que tengo algo que ver con la muerte de tu padre?
—Un hombre, Ivan, fue llevado a la estación de policía porque me
atacó y a alguien que me importa demasiado. Ofreció la información al
fiscal sobre un asesinato, el asesinato de mi padre. Proporcionó detalles
suficientes para que se volviera a abrir su caso. Dijo que tú autorizaste la
muerte de mi padre, enviándolo a él, otro hombre, y Viktor para que lo
hicieran. —Lauren apartó la vista de todos ellos—. Un robo que salió mal. Eso
es con lo que crecí creyendo, al menos hasta que oí a Viktor decir esa frase
en el desayuno. “Creo que realmente no se puede luchar contra el destino”.
No tuvo que decir qué era, porque Alex sabía a lo que se refería.
Todavía podía recordar el rostro de Lauren cuando Viktor dio su brindis,
cuando su vaso de jugo de naranja se deslizó de su mano y cayó al suelo,
rompiéndose en el impacto.
—¿Cómo sabes estas cosas? —preguntó Mikhail, y la prudencia
desapareció de su voz.
—Me encontraba en el armario. Nadie sabía que me hallaba allí, y se
mantuvo fuera de los archivos de la policía.
Para el resto de ellos, esto obviamente los unía, pero para Alex,
todavía no tenía la menor idea de por qué estaba allí, en particular.
—Estos hombres de los que hablas, son ellos los que te atacaron y al
policía, ¿verdad?
Asintió.
—¿Por qué harían esto? No se puede cobrar a un hombre muerto.
Ella tiró la carpeta sobre la mesa, tal como lo hizo con los papeles,
pero esta vez, el comentario era peor.
—Mi padre supo que Viktor dormía con tu esposa.
El corazón de Alex cayó, aun cuando la boca de Mishca se abrió a
pesar de que la cerró con la misma rapidez.
Anya jadeó indignada.
—¿Vas a permitir que me acuse de estas mentiras? En mi país, te
cortarían la lengua.
—No hay necesidad de tales amenazas, Anya —consoló a su
esposa—. Vamos a dejar que la muchacha hable. Si miente, bueno, nos
ocuparemos de ella, pero sé que no sufrirá ningún daño hasta que termine.
—Pero Mikhail no parecía realmente creerle a Lauren, como si dijera la
última declaración para el beneficio de Mishca—. Dices saber de esta vida,
entonces conoces mi título. Nadie se mueve a menos que lo ordene.
—A menos que estuvieran tratando de ocultarlo de ti —replicó Lauren,
con una frialdad en su voz, que se hizo más dominante—. Si no lo ordenaste,
entonces, ¿qué razón tenía tu capitán para matarlo?
—¿Dónde está la prueba?
—¡No hay ninguna prueba! —exclamó Anya—. Está mintiendo.
Por un momento, había tristeza en los ojos de Lauren.
—Hay una prueba viviente.
Esta vez, Mishca tomó la palabra, clara confusión en su voz.
—¿Hubo un testigo del acto?
—Alex.
Al oír su nombre, ella se sacudió un poco, mirando a su hermano por
algún tipo de explicación.
—¿Cómo llegué a esto? —Recordó cuando Mishca dijo que el padre
de Lauren murió cuando ella tenía cinco años. Con un cálculo rápido, Alex
sacudió la cabeza—. Era un bebé cuando murió tu padre.
Lauren miró directamente a Mikhail, con la cabeza en alto mientras
hablaba las palabras que desencadenarían una reacción en cadena que
terminaría en múltiples muertes y años de dolor.
—Ella no es tu hija.
12
Diciendo su nombre
Traducido por Ivy
Corregido por Dai_Alvarado

C
uando Alex llegó a la dirección de Snow, se sentía más que un
poco ansiosa. La puerta ya se encontraba abierta, la gente
esparciéndose por el patio de la casa, la mayoría borrachos y
tropezando con ellos mismos. No les prestó atención, a pesar de que tuvo
que pasar al lado de un tipo que intimaba con un árbol.
Snow se hallaba justo en medio de la acción, recostado en el sofá de
la sala de estar, con los pies levantados sobre una mesa que parecía haber
visto días mejores. La visión de él sentado así le hizo fruncir el ceño. Ellos eran
completamente diferentes, no se parecían en lo más mínimo, pero la pose
le recordaba mucho a Luka.
Hasta este punto, había hecho un gran esfuerzo por ignorar los
pensamientos de él, hacerlos retroceder a los recovecos más distantes de
su mente, pero ahora, incluso con el más pequeño de los recuerdos, allí se
encontraba, corriendo de nuevo al frente. Siempre venían los buenos
pensamientos primero, los que le recordaban el modo en que sonreía, cómo
siempre olía cálido y acogedor cuando se acercaba. Incluso la forma en
que siempre llenaba su espacio, hasta cuando no quería que lo hiciera. Esos
pensamientos siempre traían ese familiar retorcijón en su estómago, pero
después siempre llegaban recuerdos de por qué hacía todo lo posible para
evitarlo últimamente.
A diferencia de todos los demás, Luka veía demasiado. Tenía una
manera de ver a través de ella como si pudiera leer sus pensamientos...
anticipar lo que iba a hacer antes de que lo hiciera.
Podría haber sido porque eran tan parecidos, dos personas heridas
tratando de encontrar su camino porque cualquier otra razón no tenía
sentido. Por eso podía soportar estar cerca de Snow a pesar de todo lo
relacionado con él. Era fácil. No le hacía sentir nada. Snow era más que el
custodio de un lugar para alguien que era inalcanzable, alguien con el que
desesperadamente deseaba que pudiera estar con ella. Snow era una
distracción suficientemente buena cuando las pastillas no funcionaban.
Mientras tuviera el par, podría olvidarse de la vida que llevaba fuera de esta
habitación.
Los ojos de Snow flotaron sobre ella, alegres y desenfocados.
Aparentemente, disfrutaba de su propio producto a pesar de que Alex lo
recordaba específicamente diciéndole que nunca lo usaría. Pero de
cualquier modo, eso no era de su incumbencia, siempre y cuando sobrara
algo para ella.
Forzando una sonrisa, continuó caminando hacia él, sin discutir con las
chicas a los costados por un segundo de atención. Lo que hacía cuando no
se hallaba con él, no le importaba. A decir verdad, no le importaba lo que
hacía cuando estaba con él, no que recordara mucho de eso de todos
modos.
—¿Pensé que no ibas a volver? —preguntó mientras permanecía
sentado, dejando que llegara a él para variar.
Alex lo odiaba. Odiaba que ahora ansiaba una droga que solo él
podía darle, y odiaba más que sabía lo que esta debilidad le costaba. Sabía
que no aceptaría su dinero esta vez. Hizo claro ese punto la última vez que
se vieron. ¿Se encontraba realmente dispuesta a ofrecerse por esto?
—¿Tienes que estar aquí? —se encontró preguntando, mirando a las
decenas de personas que eran ajenas a su confusión interior.
—¿Necesitas privacidad?
Sabía lo que insinuaba, y aunque cada parte de ella se rebeló ante la
idea, asintió.
Snow susurró algo a la chica junto a él, deslizándose fuera del sofá. Por
segunda vez, se encontró detrás de él, temiendo lo que iba a tener que
hacer para conseguir lo que quería.
Empujó una puerta, ladrando para que la pareja en el interior se fuera
antes de que tuviera la puerta cerrada y a ella atrapada dentro con él.
Cuando se acercó esta vez, húmedos labios presionaron besos descuidados
en su cuello mientras jugaba con la cremallera de su falda, no se resistió, a
pesar de que se puso rígida, incapaz de relajarse.
—Si malditamente te relajas, la mierda será mejor para ti —susurró
mientras finalmente alcanzaba el dorso de la cremallera y la bajaba.
Se mordió el labio, lágrimas picando sus ojos mientras apartaba el
rostro, no quería que la viera a punto de llorar, y no quería que la besara. No
parecía importarle, tampoco.
—Súbete a la cama.
Se obligó a moverse, Alex se sentó en el borde de la cama, centrando
su mirada en un agujero de la pared. Solo podía ver a Snow desabrochando
sus vaqueros por el rabillo del ojo, y cuando sus dedos apretaron el edredón
de su cama, trató de olvidar todo esto.
—¿Puedo por lo menos tener las píldoras? —preguntó, enfadada
consigo misma por la inestabilidad presente en su voz.
Snow se rio, empujando su espalda sobre la cama mientras se
arrastraba encima de ella, levantando la falda por sus muslos.
—Pago primero.
Cuando se estiró para tomar su mano, bajándola por su cuerpo para
que pudiera apretar la erección que tensaba sus pantalones, ella arrebató
su brazo libre.
—Deja de actuar como una perra presumida —le escupió—. ¿Crees
que la mierda es gratis aquí?
—No, estoy dispuesta a pagar por ella. Cualquier número que me des,
estoy dispuesta a pagarlo. Solo dame un número. —Lo miró, tratando de
encontrar cualquier atisbo del chico que conoció la primera noche en el
recinto. Ese chico no parecía tan malo, pero ahora que miraba a Snow, no
vio nada de eso en él.
—Excepto que no quiero tu maldito dinero. Tengo bastante del mío.
Por lo que no importaba lo que dijera, iba a obligarla a hacer esto.
Cuando tiró de su ropa interior, bajándola por sus piernas, ella cerró
los ojos, obligándose a desconectarse del momento, para pretender que se
hallaba en cualquier otro lugar, excepto allí.
Pero estaba entre sus muslos, empujándolos para abrirlos, y en el
momento en que sintió que la violó, se mordió el labio para no gritar. Hubo
tanto dolor, no porque fuera particularmente grande, sino porque no lo
deseaba y su cuerpo no se encontraba listo.
Sin embargo, a él no le importaba, solo la obligó a aceptar lo que le
daba, sin importar la manera en que hacía gestos de dolor, o cómo las
lágrimas caían una cada vez. Para cuando terminó y Snow se retiró de ella,
Alex no creía que nada mereciera la pena eso.
Snow extendió la mano en el bolsillo de sus vaqueros, lanzándole una
pequeña bolsita. La apretó en su puño mientras se enderezaba la ropa,
incapaz de mirarlo a los ojos mientras se dirigía hacia la puerta.
Pero incluso cuando salió de ese lugar, dejando atrás la risa burlona
de Snow y el interminable suministro de la misma cosa que ansiaba, una
parte de ella sabía que estaría de vuelta, porque las píldoras ya cantaban
su nombre.
13
Lugar feliz
Traducido por Fiorella
Corregido por Luna PR

D
urante un tiempo, Luka vivió y respiró la Bratva, pasando todas
sus horas de vigilia trabajando para demostrar que era leal a
los altos mandos, con ganas de hacerse un nombre por sí solo
en un mundo donde todos querían lo mismo. A diferencia de la mayoría, fue
capaz de lograrlo en menos tiempo de lo esperado, pero con la clase de
nombre que generó, las personas eran menos propensas a romper las reglas,
y ahora, casi nadie se sentía dispuesto a salir de los límites no vaya a ser que
Mishca envíe a su ejecutor para enderezarlos.
Al principio, se sintió orgulloso de ello —finalmente, luchar era todo lo
que sabía— pero con menos trabajo, tenía mucho tiempo libre en sus manos
y estar inactivo no funcionaba. Permitió que en varias ocasiones sus
pensamientos viajaran al pasado, a la sangre y el caos que hacían que sus
manos clamaran por violencia.
Fue por esa razón que, una noche, Luka se encontró perdido en un
salón de billar, un lugar neutral abierto a personas de todos los ámbitos de
la vida, siempre y cuando nada pasara en el interior. Por un tiempo, algunos
se sintieron nerviosos con Luka allí, su predilección por la violencia era un
hecho bien conocido, pero al pasar unas semanas sin incidentes, incluso
después de que un hombre a propósito le derramara una jarra entera de
cerveza, se mantuvo la calma. Eso no quería decir que no encontrara a
dicho hombre al otro lado de la ciudad en otra ocasión y le rompiera ambas
rótulas, pero mientras no estuviera en el bar, a nadie le importaba una
mierda.
Una vez que llegó a este lugar, se convirtió en su punto medio entre
dominar sus frustraciones y estar con Natasha. Se cansó de buscarla muchas
veces para salir, aunque sólo fuera porque comenzaba a pensar que la
necesitaba, sin embargo, esto lo decepcionó.
—Estás jugando como la mierda esta noche. —Raj, su oponente,
señaló mientras se apoyaba contra el palo de billar.
Mirando al hombre, Luka no respondió mientras volvía su atención a
la mesa, considerando su siguiente movimiento. Tuvo la intención de alejarse
de sus pensamientos, pero Alex todavía permanecía allí. Algo pasaba con
ella, y no estaba seguro qué era.
Y tratar que hablara sobre ello racionalmente no parecía estar
funcionando, pero hasta que encontrara una manera de llegar a la verdad,
le daría espacio.
Observó la mesa con cuidado, planeando su siguiente tiro mientras se
ponía en posición, alineando su taco de billar al punto exacto que
necesitaba. Era su última bola antes de quedarse con el ocho. Estaba a
punto de disparar, preparado para hacerlo, hasta que sonó la campana de
la entrada.
Era un reflejo mirar cada vez que alguien entraba, pero esta vez su
mano apretó instintivamente el mango, ya que no podía apartar la mirada.
Definitivamente la suerte no se encontraba de su lado cuando Alex entró,
nada prudente con esos tacones tan altos. Podrían no ser prácticos, pero
hacían cosas increíbles a sus piernas y mentiría si dijera que no apreciaba la
vista.
Parecía tener la intención de ir a la barra, y su primer pensamiento fue
que se encontraba ahí por él, pero cuando su mirada no se desvió en su
dirección ni siquiera por un breve momento, desechó la idea.
Luka quería ignorarla, pretender que no la vio en absoluto —no era
como si lo notara en el oscuro rincón en el que se encontraba— pero no
pudo, demasiado consciente de su presencia a pesar de la distancia entre
ellos.
Sosteniendo con más firmeza el palo, estrechó los ojos en el tiro que
calculaba hacer, pero ahora enterado de que estaba allí con él, no podía
pasarla por alto, sin importar cuánto lo intentara. Incluso ahora, podía oírla.
Ella no hablaba tan alto para que pudiera entender lo que decía, pero era
lo suficientemente fuerte para que se distrajera.
Y al igual que la mayoría de las veces cuando se trataba de ella, su
concentración se esfumó.
Su agarre en el taco era tan fuerte que fue un milagro que no se
rompiera. Como casi todos los hombres presentes en el lugar, sus ojos se
dirigieron a Alex, absorbiendo hasta la última parte de su anatomía, y el
conjunto que moldeaba su cuerpo. Si se podía llamar así. La parte superior
llegaba justo debajo de sus pechos, la falda del mismo color borgoña se
ajustaba a sus caderas y muslos. El vientre desnudo para que cualquiera lo
pudiera ver.
Cada vez que venía, ordenaba un trago, aunque normalmente
permanecía intacto, esta noche lo bebió, necesitaba algo para calmar sus
nervios.
Quería hacer caso omiso de su presencia por completo, debería
ignorarla, pero se sentía tan atraído a ella que no podía resistirse. Incluso
ahora mientras se encontraba a más de doce pasos de distancia, era
consciente de cada movimiento que hacía. La forma en que lanzó ese
sedoso cabello sobre su hombro, la coquetería en su sonrisa... mandó su
concentración al infierno.
Agarró el paquete de cigarros del bolsillo trasero, estaba a punto de
tomar uno cuando oyó hablar al hombre junto a Alex, notó la forma en que
la veía, una mirada que el propio Luka disparó en su dirección. Antes de que
pudiera detenerse comenzó a cruzar la habitación, y toda protesta que
pudo pensar quedó en silencio.
14
Arréglate
Traducido por Taywong
Corregido por indiehope

B
ajo el chorro de agua hirviendo, Alex trató de lavar sus pecados,
queriendo desesperadamente librarse del tacto de Snow, pero
sin importar cuánto tiempo estuvo de pie dentro de la ducha,
aún podía sentirlo en todas partes.
En el momento en que llegó a casa después de verlo, corrió al baño,
limpiando lo poco que tenía en su estómago, pero con la evidencia de en
quien se había convertido en sus manos, eso solo la hizo sentirse peor.
Durante dos días, permaneció en su apartamento, alternando entre
la ducha y enroscarse en una bola en su cama. Se sentía como nada, peor
de lo que ya lo hacía. Pensamientos de Anya y Luka se perdieron en los
rincones de su mente, mientras un nuevo fracaso se enfrentaba a ella.
Pero no importaba qué tan mierda se sintiese, era solo en tanto que
podía recostarse y rendirse antes de que el recordatorio de las píldoras
viniera de vuelta.
Ya podía imaginar la dulce liberación que le iban a traer, y con eso se
fue desmoronando su voluntad.
No se molestó en tomar solo una como lo hizo antes. Tomó tres. Por
desgracia, el efecto no comenzó inmediatamente.
Cerrando el agua, salió, tratando de alcanzar una de las toallas que
colgaba cerca. Tuvo que pasar por encima de la ropa que cubría el suelo,
junto con una variedad de otras cosas que dejó tiradas.
Usualmente, era extremadamente ordenada, le gustaba que las
cosas estuvieran en el lugar apropiado, pero ya no le importaba más.
Buscando a través de su armario, escogió la ropa y se vistió
ciegamente, al menos para ella, usando un suéter de gran tamaño y una
falda circular. No se molestó con los tacones, no sería capaz de manejarlos
más tarde.
Tomando sus llaves y su bolso, se dirigió afuera, aunque no estaba muy
segura de a dónde iba.
No sabía a dónde se dirigía, no sabía si había algún final a la vista en
absoluto, porque era finalmente, afortunadamente, insensible a todo.
Alex se perdió en las nubes, yendo a la deriva, la niebla mojando su
cara mientras se dirigía por la calle sin vislumbrar un final. Más bien disfrutaba
de ella misma hasta que llegó al bar iluminado en la esquina, mirando a
través de las ventanas, avistando cabello rubio y brazos tatuados.
¿Cuáles eran las probabilidades de que lo estuviera viendo esta
noche, de todas las noches? Afortunadamente, no vio a Natasha
merodeando, o muchas otras mujeres para el caso, y tal vez si no estuviera
flotando en su propia nube, se hubiera mantenido caminando.
Pero el verlo le hizo anhelar hablar con él, porque si había una persona
a la que podía recurrir, era Luka.
Al llegar al picaporte de la puerta, un pensamiento la golpeó. ¿Qué
pensaría si supiera lo que hice? No la juzgaría, no existía un hueso crítico en
su cuerpo, pero la idea de él estando decepcionado casi le hizo darse la
vuelta.
Pero siguió adelante porque lo necesitaba más de lo que tenía miedo
de él sabiendo la verdad.
Alex abrió la puerta, sintiendo la oleada de calor que la golpeó
cuando entró en la sala de billar. Se dirigió directamente a la barra, sintiendo
múltiples miradas sobre ella mientras cruzaba la pista. Era una de las pocas
mujeres en la habitación. Tal vez antes podría haber entretenido a los
hombres que la miraban con admiración, pero la idea de coquetear con
cualquier hombre revolvió su estómago.
Encontrando un asiento en el bar, Alex sonrió vacilante al camarero,
saludándolo mientras sacaba la identificación que compró hace años, pero
rara vez usaba.
—¿Qué puedo servirte?
Observó las opciones limitadas en la pared, pero al final se encogió
de hombros.
—Sorpréndeme.
A medida que él mezclaba su bebida, Alex cruzó las piernas, el borde
de la falda se alzó, algo que parecía bastante fascinante para el hombre
sentado a su lado.
Tenía que ser tan grande como Mikhail y no tenía vergüenza de estar
comiéndose con los ojos, a alguien de, al menos, la mitad de su edad.
Cuando el camarero volvió con un trío de tragos, cada uno de ellos
de un color diferente, se sentía más que lista para beberlos.
Levantando el primero, saludó a su vecino, que seguía mirándola,
sonriendo mientras se tomaba el trago. Era como tragar ácido. El segundo
fue mucho más suave, y para el momento en que llegó al tercero, su
garganta estaba entumecida.
—¿Qué te parece si me dejas comprarte la próxima ronda? —se
ofreció dirigiéndose a ella, permitiéndole una mejor vista de él.
Incluso si estuviera con chicos mayores como él, probablemente iría
por alguien un poco más... bueno, más. No sabía lo que en realidad era. Su
traje se ajustaba bien, llevaba su cabello bien peinado, y no era poco
atractivo, pero le faltaba algo que la hizo desinteresarse.
—Eso es amable de tu parte, pero no, gracias.
—¿No? ¿Qué hay de malo en una bebida?
Ahora se daba cuenta de las consecuencias de aceptar aunque sea
algo pequeño.
—Yo…
A su otro lado, alguien arrojó un billete de veinte dólares, y no tuvo
que mirar para saber que era él. Olía a almizcle y noches de verano, un
aroma particularmente agradable que nunca podría confundir con
cualquier otra persona.
—Has terminado. Vámonos.
Envolvió esa mano llena de cicatrices y tatuajes alrededor de su brazo,
tirando de ella del asiento antes de que pudiera protestar. Su admirador, sin
embargo, hizo la protesta por ella.
—Deja ir a la dama. Estoy seguro de que puede cuidar de sí misma.
Fue más que obvio para ella que Luka no estaba de humor para tratar
con él, de lo contrario habría hecho una broma, pero la tensión en su cuerpo
solo creció a medida que sus ojos se estrecharon y una energía peligrosa
pulsaba de él.
No tuvo que responderle al hombre porque, cualquiera que fuese la
expresión que Luka tenía, hizo al otro hombre palidecer en respuesta y
volverse a la cerveza que le sirvieron.
Luka no perdió más tiempo antes de arrastrarla fuera, pero en vez de
ir a través de la entrada principal, salió por la parte posterior en un callejón
lateral.
Una vez fuera, la dejó ir, y con el equilibrio deteriorado, se tropezó, casi
plantando la cara en el pavimento. Podría no haber bebido mucho, pero
los tragos junto con las pastillas empezaban a hacerla ver todo nebuloso.
Finalmente, el auto-aborrecimiento se fue.
Luka, cuya cólera solamente seguía creciendo, no parecía darse
cuenta. Llenó su espacio, ojos azules furiosos enfocados en ella.
—¿Estás tratando de molestarme?
A pesar de que hizo la pregunta, tenía que ser retórica dado que
parecía más que molesto en este punto.
Sacudió la cabeza, con la intención de responder a la pregunta
seriamente, pero la paz que sentía provocó una sonrisa en su rostro,
haciéndole creer que se burlaba de él. Retiró el cabello que caía en ondas
caóticas sobre su cuello, dejando que la brisa fría la calmara. Se sentía como
si se estuviera quemando.
—¿Qué estás haciendo aquí, Alex?
Caminando hacia él, enganchó un dedo en su cinturón, dándole un
tirón y tratando de acercarlo más. Sorprendentemente, se lo permitió.
—No sé. —Ya no sabía nada—. Pero estoy feliz de encontrarme
contigo, Tigre.
Su expresión se suavizó cuando utilizó el nombre, haciéndola
preguntarse, una vez más, si también sentía esa inevitable atracción que ella
sentía hacia él.
—¿Qué hay ahí debajo? —preguntó, su dedo a solo centímetros de
su rostro mientras trazaba las líneas y contornos—. Debajo de los chistes, el
auto desprecio, ¿quién eres realmente? Eres una persona conmigo, y
alguien totalmente diferente con todos los demás.
—¿Qué importa? —Y la miró como si verdaderamente quisiera saber.
—A mí me importa.
—¿Por qué? ¿Qué parte de mí te gusta más?
Se encogió de hombros, sonriendo dulcemente hacia él.
—Me gusta todo de ti.
No parecía creerle, pero ella lo quería. Lo necesitaba.
—¿Por qué no puedes verlo, Luka? Siempre lo he hecho.
Mientras la miraba como si quisiera hundir sus dedos a través de su
cabello, solo los detuvo en algunos mechones, sus ojos fijos en ella. No existía
ninguna duda al respecto, podría haber permanecido allí por siglos tratando
de entenderlo y a sus pensamientos, pero sus inhibiciones se habían ido, y
aunque no hubiera querido hacer algo al respecto, ella lo quería.
Tomando el asunto en sus propias manos, Alex se puso de puntillas
mientras tiraba su cabeza hacia abajo, presionando sus labios contra los
suyos. Los labios de Luka eran firmes pero suaves, y mientras trazaba su
lengua por el labio inferior, los separó. Tuvo el control durante unos fugaces
segundos, y luego su espalda estaba contra el ladrillo, la mano de él
empuñada en su cabello mientras se hacía cargo.
Los latidos de su corazón atronando en sus oídos, no podía hacer
nada más que rendirse.
Con sus manos en la parte posterior de sus muslos, la levantó, sus
piernas rodeando su cintura, y se sentía como si la estuviera consumiendo.
Tenía su mano debajo de la falda, después entre sus piernas, haciéndola
jadear contra su boca. Sus dedos se encontraban allí, añadiendo presión,
insistentes, listos para deslizarse por debajo de la fina capa de encaje.
Hubiera sido tan fácil para él hacerlo, y se hallaba tan cerca de rogarle que
hiciera eso, pero a la entrada del callejón, alguien pateó una lata,
rompiendo la bruma bajo la que estaban. Luka dejó caer sus piernas, sin
embargo. se quedó cerca, y por primera vez, esa cuidadosa máscara que
usaba había desaparecido, reemplazándola con una que parecía de
necesidad.
Estaba tan cerca que podía sentir su erección a través de sus
pantalones, y más que el beso embriagador que compartieron, esto la llenó
de algo más. Casi podía olvidar lo que había hecho con Snow.
Sin embargo, aunque había necesidad en sus ojos, también parecía
haber una guerra violenta dentro de él.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó, su acento más grueso de lo que
jamás lo escuchó. Las inflexiones rusas se habían ido, sustituyéndolo por uno
que rara vez escuchaba—. ¿Quieres que te folle? ¿Es eso?
Se marchitó bajo sus palabras, la bruma de la lujuria, disipándose. Eso
ni se acercaba lo que quería de él... y si eso fue todo lo que vio, entonces
tal vez se equivocó acerca de él.
Quería decirle que se fuera a la mierda, para tomar el poco orgullo
que le quedaba y alejarse, pero se encontró respondiendo a su pregunta
con honestidad.
Golpeando su pecho con su dedo antes de poner la palma de su
mano, sintió el calor a través de su camisa y el fuerte latido de su corazón.
—Quiero estar ahí. Quiero importarte de la manera que me importas.
—Él abrió la boca, pero ella negó con la cabeza antes de que pudiera decir
nada más—. Quiero importarle a alguien que no sienta la obligación de
amarme.
—Deja que te lleve a casa, Alex —dijo después de un momento de
silencio.
Ese fue a la vez el último y el único lugar en el que quería estar.
Mientras amaba la santidad de su propio espacio, todavía era simplemente
una habitación vacía.
Pero era mejor que rogarle por cinco minutos de su atención.
Retrocediendo, cruzó los brazos sobre su pecho, mirando lejos de él.
Todavía podía saborearlo en sus labios, el fantasma de sus dedos en su piel.
No quería dejar ir esa sensación, no todavía.
—Puedo llegar a casa por mi cuenta.
—Estás borracha y es tarde. Vamos.
Toda la pelea la drenó, así que, en vez de discutir, lo siguió a su Jeep.
Cerrando los ojos, se aferró fuertemente tanto como pudo, sabiendo
que el momento en que se viniera abajo, iba a perderlo. Permanecieron
cerca incluso después de separarse y él expertamente los llevó a su lugar.
Podría solamente haberse sentido como segundos para ella, pero ya
estaban de vuelta en su edificio, pero en vez de Luka decirle que saliera,
apagó el motor y fue a su lado. Sin decir una palabra, la ayudó a salir,
tomando sus pies mientras la cargaba a través del vestíbulo y dentro del
ascensor. Ella apoyó la cabeza contra su pecho, escuchando el ritmo
tranquilizador de su corazón.
Él los dejó entrar con su llave, cerrando la puerta con el pie mientras
los llevaba a su habitación, donde la depositó en la cama.
—Quitemos los zapatos.
Su voz fue baja por una vez, carente de cualquier emoción que
pudiera encontrar, pero eso podría haber sido porque todo empezaba a
convertirse en un torbellino.
Alex no recordaba si había estirado las piernas hacia él, pero sintió su
tacto mientras se los quitaba uno a la vez. Con un brazo a su alrededor, tiró
de ella cuidadosamente a sus pies mientras la desnudaba, dejando su ropa
en el caos del piso.
Su contacto era casi vacilante cuando le dio la vuelta para
enfrentarlo, su mirada persistente en su cuerpo.
Sonriéndole casi con tristeza, le preguntó—: Esto es lo para lo que soy
buena, ¿no?
—Por supuesto que no.
Pero ella no lo escuchaba.
—Una cara bonita, pero no mucho más.
Tomó su cara, obligándola a centrarse en él.
—No puedes creer eso.
Cuando trató de alejarse, la sostuvo con más fuerza.
—¿Cuánto has tenido de beber?
—¿Realmente importa?
—Háblame. Dime lo que es.
No se dio cuenta de que lloraba hasta que se limpió las lágrimas con
los pulgares.
—Ya no hay nada aquí para mí.
—Estoy aquí. —Su respuesta fue inmediata y sincera.
—Todavía me puedo ir.
—Y podría traerte de vuelta.
—¿Incluso si fuera feliz en otro lugar?
Tragó, sus ojos descendiendo sobre su cara.
—Si realmente creyera eso, entonces te dejaría ir, pero estarías
yéndote porque huyes de algo aquí. Déjame hacerte feliz aquí.
Ella rio sin humor, soltándose de su agarre.
—No me puedes arreglar, Luka.
—No, no puedo. Solo tú te puedes arreglar a ti misma, pero eso no
quiere decir que no quiera hacerte feliz. Esa es la única cosa que quiero.
Subiéndose de nuevo a la cama, dejó que sus palabras viajarán a
través de su mente, su cara hundiéndose en la suave almohada en la
cabecera de su cama.
Se estiró hacia él, preguntándose si aceptaría lo que ofrecía, y cuando
lo hizo, no lo arruinó hablando, simplemente se agarró a él mientras cerraba
los ojos, deseando que el sueño viniera.

***

Las náuseas tenían una manera sigilosa de acercarse. Cuando se está


despierto, al menos, uno podría estar preparado para las consecuencias de
beber demasiado, corriendo hacia el punto más cercano para expulsarlo,
pero perdida en el sueño, fue un poco peor porque el alcohol seguía
nadando alrededor, y era complicado funcionar correctamente. Pero esto
no era la primera vez de Alex ni, probablemente, sería la última.
Sus ojos se abrieron lentamente, como si tuvieran mente propia, pero
aun cuando el mundo giró frente a ella, al igual que su estómago lo hacía,
sabía lo que estaba por venir. Poniendo una mano en la boca por si acaso,
Alex se movió tan rápido como pudo fuera de la cama, tropezando en casi
todos los alrededores mientras corría al baño, apenas poniéndose rodillas
antes de que expulsará todo de su cuerpo. Incluso mientras lo hacía, tenía
que levantar la cara de vez en cuando, tirar de la cadena para que el hedor
no la hiciera atragantarse más.
Alex gimió, pero al menos los mareos empezaban a calmarse lo
suficiente para que casi pudiera ver su propia mano delante de ella. Se
sonrojó de nuevo, la espalda apoyada en la pared así su frescura podría
filtrarse en sus poros y calmarla. Prácticamente sudaba por todas partes,
pero después de unos minutos de solo sentarse y respirar, por fin se calmó.
Se tomó su tiempo levantándose, dirigiéndose al lavabo mientras se
apoyaba contra el borde del mismo, alcanzando su botella de enjuague
bucal en primer lugar, después cepillándose los dientes con tanta fuerza
como pudo. Cuando terminó, se echó agua en la cara, secándose con una
toalla que tenía cerca. Cuando volvió a mirar su reflejo en el espejo, se
encogió.
Peor. Era peor de lo que había esperado.
Se llevó una mano a la cara esperando que tal vez, la persona que le
devolvía la mirada fuera un extraño, pero no era tan afortunada. Sus ojos
parecían inyectados en sangre, a pesar de que se había acostumbrado a
esta vista con las semanas que estuvo bebiendo sin control, y las bolsas
debajo de ellos parecían que estaban en constante crecimiento. Excepto,
la única cosa que no crecía en ella era todo lo demás. Se veía más delgada,
la clavícula más pronunciada, los ángulos de su cara más severos.
Ahora que lo pensaba, no podía recordar la última vez que había
comido nada que pudiera ni remotamente considerarse una comida.
Agarrando un par de diminutos shorts y una camiseta sin mangas que
estaba sobre el piso y parecía bastante limpia, se dirigió a la cocina, sin
molestarse en encender las luces por el camino. Tirando la puerta del
refrigerador, frunció el ceño al contenido. No había nada ni remotamente
comestible. Contempló la posibilidad de ordenar algo, corriendo a través
del tiempo que la llevaría ahí, cuando pensó en algo un poco más
importante.
Alex no se dio cuenta de que le temblaba la mano hasta que la pasó
por su cabello. Fácilmente podrían haber transcurrido días sin ver a Snow en
el pasado, tal vez incluso más, pero ahora que su mente se había fijado en
lo que podía darle, no podía pensar en otros diez minutos sin verlo.
Snow iba a estar molesto por lo que hizo ayer, probablemente
actuaría como un idiota al respecto, pero en realidad no tenía ninguna otra
opción.
Mordiéndose las uñas, corría de vuelta a su habitación cuando un
ruido desde el sofá la hizo saltar, sus ojos yendo a la persona que ahora
balanceaba sus piernas dejando caer sus pies al suelo.
Mierda, había olvidado que Luka se quedó en su casa, aunque lo
recordaba en la cama con ella. Ahora que definitivamente no estaba de
acuerdo, y si bien en cualquier otro momento podría haber fingido estar
molesta, esta vez en realidad lo estaba. Indudablemente, él comenzaría a
hacerle preguntas que no quería responder, y si decía algo que no le
gustase, solo haría que fuera más difícil irse.
Ella realmente no necesitaba esta mierda ahora.
—Luka, estás despierto. Uh, genial. Me estoy yendo a la ciudad para
reunirme con un amigo. Si quieres, puedes quedarte aquí y te veré más
tarde.
Cuando terminó de hablar, apretó sus labios, preguntándose por qué
había abierto la boca, ya que con la forma en que la miraba, sin duda se
dio cuenta de que algo sucedía.
—¿Quién?
Agitó una mano, con la esperanza de recuperarse de su cagada.
—No deberías conocerlos. No están relacionados con la Bratva.
Se puso de pie, moviéndose alrededor del sofá hasta que estuvo
frente a ella, con la mirada fija en su rostro. La suya, sin embargo, se enfocó
en su pecho y no porque ella lo estuviera mirando. Tenía miedo de lo que
diría si viera la verdad, como sabía que lo haría.
—Dame un nombre y te diré si lo hago.
Sus ojos se movían, tratando de llegar a una respuesta que fuera lo
suficientemente buena para él, pero dado que no esperó ser cuestionada,
fue un poco lenta en inventar una.
Levantó la mano, queriendo quitarse el cabello de la cara, pero al ver
sus dedos temblar de nuevo, los apretó en un puño.
—John.
—¿John?
—Sí, solo John.
Era evidente que Luka no creía ni una palabra de lo que decía, pero
a medida que la agitación en su intestino empeoraba, empezaba a no
importarle que no le creyera, y se sentía más interesada en conseguir sacarlo
de allí para poder irse.
Decidiendo no permanecer allí para que descifrara sus palabras,
golpeó su hombro cuando pasó a su lado, camino a su habitación, pero
nunca era así de fácil con Luka, y no eran solo sus palabras a lo que él había
estado tratando de darles sentido, sino ella en su totalidad.
La agarró por detrás, su mano empuñando la tela de su camiseta
mientras le daba un fuerte tirón, girándola, tomando su mandíbula para que
no pudiera darle la espalda. Sus ojos se movían mientras observaba su rostro,
buscando qué, no lo sabía.
Su ceño se hizo más evidente, su agarre apretando ligeramente.
—¿Qué has tomado?
Alex no pudo evitarlo. Se rio un poco. No era que la pregunta fuera
particularmente divertida, sino porque en realidad no sabía qué había
tomado, o al menos parte de ello. Podría haber enlistado lo que bebía
mientras seguía aquí, pero cuando se hallaba en el recinto con Snow, era
todo un misterio.
A pesar de la creciente ira en su rostro, se decidió a responder con
honestidad.
—Un poco de todo. —La expresión en su cara la tenía sacudiendo la
cabeza—. Pero no te preocupes, incluso si no hubiera estado drogada ayer
por la noche, aun lo habría hecho. Tal vez no ahora, pero con el tiempo. Se
siente como que es donde vamos a terminar en algún momento, ¿no lo
crees?
Haciendo caso omiso de eso, le preguntó—: Dime... ¿qué estás
tomando?
—Creo que respondí eso. Ahora, ¿vas a tardar mucho con esto?
Tengo un lugar a donde ir.
—Ese es el lugar donde has estado, ¿por qué no has estado en casa?
¿Quién te está dando esta mierda de todos modos?
Esbozó una sonrisa secreta, moviendo su dedo.
—Un amigo.
—No me jodas, Alex.
Ya no lo encontraba divertido, se liberó de él, con el ceño fruncido.
—Retrocede, Luka. No te debo nada, y la última vez que lo comprobé,
no somos familia, ni follábamos juntos. Eso significa que no tienes derecho a
decirme qué hacer.
—Eso no quiere decir que no me preocupe por ti y el hecho de que te
estás ahogando en lo que mierda sea esto.
—Lo aprecio, y si no fuera tarde, me quedaría aquí para seguir
discutiéndolo, pero tengo prisa, así que... En serio —dijo cuando no se
movió—. Estoy bien. Sé que dije que nunca te llamaría de nuevo, pero si algo
pasa, serás la primera persona a la que llame, ¿de acuerdo?
Cuando sonó su teléfono, tomó la oportunidad para alejarse de él. Era
obvio que quería detenerla, pero no pudo ignorar la llamada, no cuando
era su jefe.
—Puedes perderte, Luka.
Se sentía contenta de haber escapado sin más problemas, pero no se
dio cuenta de lo difícil que fue para él verla irse.

***

Tres píldoras, una botella de vodka, y un montón de otras cosas, en las


que Alex realmente no quería pensar, más tarde, se sentía como la mierda.
No solo físicamente, aunque también se sentía así ya que apenas podía
mantener los ojos abiertos, sino también emocionalmente, sobre todo desde
la escena con Luka más temprano.
No quería admitir que las cosas se hallaban fuera de control más de
lo que quería admitir que ahora oficialmente negociaba su cuerpo por
drogas.
Solo otra cosa que añadir a su lista de cagadas.
Una parte de ella sentía ganas de llorar por lo que se hacía a sí misma,
que tenía una opción en el asunto, pero la otra parte disfrutaba del dolor al
que se sometía porque lo merecía. Le habían dado tantas opciones, tantas
oportunidades para ir por una ruta diferente, pero cada vez, eligió mal.
Llevaba su teléfono en una mano, y tenía pastillas en la otra, y todos
los demás de fiesta a su alrededor parecían ajenos a su agitación interior.
Nuevamente, tenía dos opciones.
Podía llamar a Luka, admitir que no estaba haciéndolo bien y lo sabía,
sin importar cómo se sintiera acerca de su relación con Natasha, él estaría
allí y ayudaría a su manera. Pero su otra opción era más fácil. Podía tomar
las pastillas, hundirse en el olvido, y enfrentar el problema otro día.
Dejando caer el teléfono sobre la cama, frunció el ceño aun cuando
levantó su mano, tomándolas todas en lugar de racionar. ¿Realmente
alguna vez había tenido una opción?
15
La muerte está tocando
Traducido por Taywong
Corregido por indiehope

M
ishca arqueó una ceja, mirando hacia Luka.
—¿Tengo que decirte cómo hacer tu trabajo?
Aunque su mano temblaba con impulsos de un tiempo
pasado, Luka simplemente asintió, aceptando lo que
Mishca le decía. Algo pasaba con el jefe de la Bratva que Luka no estaba
entendiendo en este momento. Desde que regresó de Italia, se había vuelto
un poco dictador, y aunque su relación siempre fue bastante fácil antes,
ahora era como si estuviera intentando deliberadamente presionar los
botones de Luka para molestarlo.
Sólo una vez el cuidadoso control de Luka se deslizó, la noche en que
Vlad fue asesinado. Más que los otros que mancharon su conciencia, Luka
no olvidaría la muerte del ex-ejecutor en el futuro cercano, especialmente
dado que había sido por su propia mano. Claro como el día, todavía podía
recordarse levantando el arma, disparando las balas que lo mataron casi
instantáneamente, como si fuera un acto reflejo. En ese momento, no
importó que hubiera conocido a Vlad por un par de años y que hubiera
considerado al hombre mayor como alguien cercano. En última instancia,
tuvo que elegir entre añadir otro recuerdo inquietante o salvar a un amigo
de la misma cosa, sólo Luka sabía que no habría sido lo mismo. Mishca se
preocupó por Vlad de una manera que lo habría roto si hubiera sido él quien
le quitara su vida.
No muchos entendían el sacrificio que significaba tomar una vida.
Claro, algunos podían olvidar los nombres y las caras de las personas que
mataron, pero Luka no era uno de ellos, y lo más importante, no quería serlo.
Le gustaba tener el recordatorio, saber que, durante cada momento de su
vigilia, no era una buena persona. Necesitaba recordar quién era.
Pero después de que el acto estuviese hecho, cada vez que tuvo que
matar a alguien por un trabajo, necesitaba su tiempo para relajarse o de lo
contrario todo salía burbujeando a la superficie, y temía que una vez que
esa parte de él se liberara, no sería capaz de contenerla. Por eso, cuando
Mishca golpeó en su contra, momentos después de haberle hecho un favor,
Luka reaccionó de la manera en que lo hizo, rompiendo el dedo del capitán
de la Bratva. Su rabia había sido súbita y abrumadora, pero antes de que
pudiera seguir adelante con ello, aunque el satisfactorio crujido de hueso
bajo su mano lo hizo extrañar el Pozo, se alejó, usando a Natasha para
trabajar a través de los impulsos más oscuros que lo consumían.
Por el momento, lo puso atrás, ignorando sus necesidades más bajas.
Mishca era su amigo, lo más cercano que tenía a un hermano. No le haría
daño. Al menos no intencionalmente, pero la única cosa en su mente en la
actualidad era rastrear a Alex y llegar al fondo de lo que sea que pasaba
con ella.
Anoche…
No creía que la hubiera visto tan deshecha.
Ya no hay lugar para mí aquí.
Esas palabras lo perseguían, porque si esa era la forma en que
realmente se sentía, entonces no había estado haciendo un buen trabajo
de mostrarle exactamente lo importante que era para él.
¿No sabía que vivía por la forma en que solía sonreírle sólo porque era
él?
¿Acaso no sabía que hacerla reír, ver la manera que solía iluminarse a
su alrededor, era una de las razones por las que amaba estar a su alrededor?
Porque le hacía sentir que era algo más que un asesino.
—¿Terminamos?
Pero no se molestó en escuchar la respuesta de Mishca, dejando su
oficina.
Lanzando la mochila por encima de su hombro, Luka se dirigió hacia
la noche, su paso vacilante al capturar la vista de la persona que realmente
no tenía ganas de encontrar. Era una visión no deseada, no sólo por el
resentimiento que el tipo llevaba hacia Luka, sino porque era un
recordatorio de un pasado que era mejor olvidar.
Klaus Volkov, o Red, si tuviste la mala suerte de convertirte en una de
sus marcas, era el hermano de Mishca, aunque eso era muy claro ya que el
par eran gemelos. Pero mientras que se parecían físicamente, sus
personalidades eran polos opuestos.
No es que Luka pudiera culparlo por esto. Ambos eran producto de
los hombres que los hicieron.
Sucedió que Luka era el culpable de la ira que Klaus llevaba consigo.
Al menos, parte de la culpa. Había otros a los que asignaba el primer
objetivo.
En comparación, Luka habría salido a la luz, pero cada vez que Luka
y Klaus cruzaban sus caminos siempre había una tensión considerable entre
el par, una casi ignorada. Nadie se preguntaba realmente por qué, en
especial con la personalidad de Luka y la predilección de Klaus por la ira,
pero solo ellos dos sabían por qué existía esa tensión.
Hace unas semanas, Klaus le pidió que saliera y lo encontrara, y sin
tener elección, Luka obedeció, pero no había sido tan inocente como
esperó.
Luka se acercó a él, con las manos en los bolsillos, su ceño fruncido.
—¿Teniendo un mal día?
La mirada que le disparó habría sofocado a un inferior, pero Luka era
inmune. Klaus, que tenía el aspecto de un hombre que había venido a este
lugar con una misión, no se molestó en hablar. Sólo marchó hacia Luka,
aterrizando un fuerte golpe en su rostro y golpeando hacia atrás, aunque el
movimiento no parecía perturbarlo en lo más mínimo. Su mirada fija en Luka,
había un fuego en sus ojos que generalmente se mantenía oculto, pero esta
noche estaba en plena fuerza.
Un golpe sólido en la cara lo desequilibró, pero la fuerza detrás del
mismo podría haber arrojado a un hombre menos fuerte. Había crecido
peleando, luchando en bastantes batallas espantosas que apenas si sentía
el dolor. Eso no quería decir que no estuviera afectado. Lo sentía, pero no
procesaba lo mismo, y para la mayoría de la gente, eso era incomprensible.
Pero Klaus lo conocía mejor que nadie. Tal vez debido a la información
que había descubierto en él... tal vez porque se hallaban cortados de la
misma tela, forzados en una vida que ninguno había elegido, y por esa
razón, no sería capaz de sofocar su rabia simplemente dándole una paliza.
No, Klaus necesitaba lo mejor, para demostrarse a sí mismo, porque
no le importaba una mierda lo que Luka pensaba de él, que ya no era tan
débil.
Retrocedió, sus brazos cayeron a sus costados. Para aquel que
observara, podría haber lucido descuidado, pero Luka conocía esa postura
engañosa.
—Pelea. —La orden se dijo lentamente, con cuidado, como si fuera
una solicitud tanto como una súplica.
Cuando regresó por primera vez y Luka le mostró la marca en su
costado, una de las dos que en realidad no había tratado de cubrir, hubo
un entendimiento entre ellos. Pero no había mucho que pudiera hacer. Si se
parecía en algo a Luka, era en ser constantemente bombardeado por los
recuerdos de un tiempo que prefería olvidar, y la única manera de purgarlo
era tomar represalias contra los que le habían hecho daño.
Ser golpeado en la cara, por no hablar de la burla, hizo que la vieja
necesidad de violencia parpadeara hacia la vida dentro de él, pero lo
contuvo, manteniendo las manos a sus lados, incluso cuando se retorcían. Si
Klaus concordaba o no, Luka le debía esto.
Una deuda de sangre sólo podía resolverse respondiendo con sangre.
Luka, que se había enderezado, se encogió de hombros, todavía sin
hacer un movimiento contra él, no listo para tomar represalias. Llegaría un
momento en el que lo haría, siempre y cuando siguiera golpeándolo, pero
todavía no estaba en ese punto.
Klaus pareció ligeramente molesto, pero no se quedó así mucho
tiempo antes de lanzar sus puños de nuevo, uno a su cara, el otro a su
cuerpo, pero en lugar de retroceder como lo había hecho antes, seguía
golpeando, aterrizando puño tras puño, más rápido de lo que Luka se había
dado cuenta.
Sólo le tomó una fracción de segundo para finalmente ponerlo fuera,
y si preguntas, no habría sido capaz de decir cuál fue el disparador, pero
una vez que sucedió, no lo obligó a volver abajo, feliz y voluntariamente la
abrazó.
Atrapando el puño de Klaus, Luka giró, empujándolo hacia atrás. En
este punto, ya no era una pelea justa. Esto era sobre la supervivencia. Si iba
a haber alguien que saliera de esto vivo, entonces Luka estaba decidido a
ser esa persona, aunque Klaus tuviera que morir.
Al final, de cualquier manera, terminaron sangrientos, pero vivos.
Y desde entonces, las cosas habían sido tensas, como probablemente
lo serían siempre, pero al menos eran cordiales.
Klaus se encontraba apoyado al costado de la camioneta de Luka,
vistiendo su atuendo habitual de color negro, la capucha de su chaqueta
de cuero hacia arriba, parcialmente oscureciendo su rostro, pero no se
confundía quién era. Sabía que podía reconocerlo en cualquier parte.
—¿Puedo hacer algo por ti? —preguntó cundo llegó a pocos metros
de distancia.
Cuando no estaban alrededor de los demás, Luka no salía de su
camino para ser amable con Klaus. Aunque en realidad le gustaba el
mercenario, era difícil saber qué lado obtendrías en un día determinado. Le
gustaba andar con cuidado, sólo en caso de que finalmente decidiera
romperlo y matarlo.
—Reclamando ese favor.
Luka frunció el ceño.
Meses atrás, cuando Klaus reapareció en la ciudad, trayendo
recuerdos que era mejor dejar enterrados, se habían cruzado
inevitablemente. A cambio de que guardara los secretos de Luka, el hecho
de que hubiera sido el único que torturara el infierno fuera de él, aunque en
realidad era Mishca quien debía estar en esa silla, tendría una deuda que
debía cobrarse otro día. Nunca se había olvidado de esta obligación con
él, cómo podría desde que estaban constantemente uno al lado del otro,
pero eso no significaba que no estuviera curioso por saber por qué lo
cobraba ahora.
—¿Por qué?
Klaus frunció el ceño, aunque no parecía particularmente enojado.
—¿Importa?
—Depende. Cuando termine lo que sea que este favor es, ¿cómo sé
qué harás después?
Ahora Klaus sonreía.
—No te mataría. A Lauren le gustas.
—¿Y eso te importa? —En respuesta, se encogió de hombros—. Quiero
decir, si estás enamorado de la esposa del jefe, ¿quién soy yo para juzgar?
Un poco extraño, sin embargo, ¿cierto? Por lo que sabes, podría estar
pensando en ti mientras...
—Me asombra que hayas vivido tanto tiempo. Honestamente. —
Eligiendo ignorar sus comentarios, Klaus metió la mano en el bolsillo de su
chaqueta, sacando una foto.
Lo volteó, mostrando a Luka la imagen negra y gris, el sujeto en ella
ignoraba que lo seguían mientras se enfocaba en el teléfono a punto de
subir a una camioneta negra, pero más que eso, al ver a la persona
representada allí sintió que algo estrechaba el corazón de Luka.
Ambos sentimientos de odio y afecto se apoderaron de él mientras se
preparaba, sabiendo que Klaus esperaba una reacción. Habían pasado
años desde que vio al hombre en la imagen. En ese tiempo, había enterrado
cuidadosamente la mayor parte de su vida anterior tanto como podía, y eso
significaba esforzarse por olvidar a esta persona, una persona que era muy
parecida a él, pero peor.
Una persona que lo ayudó a torturar a Klaus, aunque se podría decir
que lo disfrutó mucho más que Luka.
De hecho, si hubiera alguien que disfrutara de lastimar a la gente un
poco demasiado, sería él.
Estancado por el tiempo, se acercó a Klaus, tirando la mochila que
llevaba al asiento trasero.
—¿Qué hay de él? —preguntó después de que tuviera un momento
de recogerse.
—Tu vida por la suya.
Apretando los dientes, Luka no pudo evitar mirar hacia atrás al edificio
del que acababa de salir, preguntándose si estaban siendo vigilados. No
era raro que estuvieran uno alrededor del otro, especialmente con Klaus
saliendo más, pero sólo se necesita a una persona que fuera un poco
demasiado curiosa para que los secretos se expusieran, y realmente no
necesitaba eso.
—Te ayudo a encontrarlo y me dejarás vivir, ¿es eso cierto?
Klaus sacudió la cabeza, metiendo en el bolsillo la foto.
—En absoluto. No necesito que lo encuentres. He encontrado el resto
de su grupo muy bien, necesito saber todo sobre su operación.
Ahora, era el turno de Luka de parecer confundido.
—¿Qué operación?
La cabeza de Klaus se inclinó hacia un lado de aquella manera
extraña suya, como si estuviera tratando de determinar si Luka mentía.
—No lo sabes, ¿verdad?
—¿Saber qué?
—Tu amigo aquí se ha apoderado de los Besniks desde su
desafortunado deceso —No lo hizo sonar desafortunado en absoluto—, y
por eso cometió su primer error. —Palmeó el bolsillo de su chaqueta—. Salió
de su escondite.
—¿Por qué carajo haría eso?
Aunque hizo la pregunta en voz alta, era más para sí mismo que para
Klaus. Desde la noche que dio la espalda a la Organización, Klaus no había
pensado mucho en lo que los otros hicieron en su ausencia... quizás excepto
por Fatos. No pasó un día que Luka no hubiera pensado volver a ver su rostro,
y qué haría cuando lo viera. Mientras sentía una cantidad inconmensurable
de ira hacia su viejo amigo, existía esa antigua sensación de tristeza. Hubo
un tiempo en el que Fatos era el único amigo que tenía, y a veces,
especialmente porque lo conocía tan bien, echaba de menos ese
compañerismo.
Pero con Klaus queriéndolo muerto, la probabilidad de una feliz
reunión era escasa.
—Probablemente buscándote. Dime, ¿has hecho algo para llamar la
atención de los albaneses?
Inmediatamente, pensó en la noche en que intentó ayudar a Alex,
buscando respuestas para arreglar una situación que necesitaba ser
manejada. Una sola noche cuando casi había ido demasiado lejos con
respecto a Alex, pero no lo suficientemente lejos cuando se trataba de
Bastian.
Cuando lo pensó lo suficiente, todavía podía recordar el calor de la
sangre manchada que cubría su piel cuando cortó la espalda de Bastian, y
luego cuando hizo un punto al cortar la lengua del hombre, teniendo
bastante satisfacción en verlo ahogarse hasta morir.
No era como si la Organización no supiera dónde estaba... o tal vez
Jetmir no se molestó en compartir esta información, y prácticamente todos
los que estuvieron allí esa noche estaban muertos... excepto por Fatos.
¿Cometió un error al matar a uno de los miembros de más alto rango
de la Organización?
Tal vez.
—Lo quieres —dijo Luka—, tráelo tú mismo.
Sonriendo, Klaus preguntó—: ¿Esa es tu respuesta final?
Encogiéndose de hombros, Luka no se molestó en contestar, dando
la vuelta en su camioneta para entrar, queriendo ignorarlo por completo,
pero era difícil ignorar a alguien como él.
Sacudiendo la cabeza, Klaus se inclinó en la ventana de la puerta del
pasajero.
—Después de todo lo que ha hecho, ¿todavía no lo traicionarías?
Apretando sus dientes, Luka miró hacia delante, pensando en el
momento en que las cosas no eran tan complicadas.
—No más de lo que traicionaría a Mishca.
—Sin embargo, uno te dio vida, el otro te la quitó.
Al arrancar el motor, Luka puso el auto en marcha, echando a Klaus
una última mirada.
—Aún no hemos llegado al final. Esa respuesta sigue en el aire.
****

A Luka no le gustaba nada de los clubes de motos. No podía explicar


la noción, especialmente cuando podía pensar en unos cuantos miembros
que pensaba que estaban bien, pero la premisa de ellos no se sentaba bien
con él.
A pesar de sus reservas, Luka entró a hacer negocios, sintiendo los ojos
encima mientras seguía al presidente a una sala de atrás donde se resolvían
los detalles restantes. Unos cuantos hombres seguían detrás de ellos, pero si
existía una cosa de la que estaba seguro, era de que no tratarían de
emboscarle.
Mientras el presidente se dirigía a una caja fuerte incrustada en la
pared, presionando un código para abrirla, Luka se balanceó sobre sus
talones, silbando suavemente mientras metía sus manos en los bolsillos.
Se sentía listo para irse, nunca le había importado particularmente
este trabajo, pero ese era el trabajo. El dinero cambiando de manos, el
producto se entrega, y estaba casi fuera de allí, pero en el último momento,
miró al oír el agudo sonido de la risa que venía de su derecha.
Esperaba ver a una chica cuya cabeza fuera maltratada por un par
de los hombres que llamaban a este lugar su casa, pero no esperaba que
esa chica fuera Alex. Se hallaba sentada en un taburete, de espaldas a la
pared, aunque lucía casi desplomada, su cabeza apoyada sobre sus
hombros.
Podría superar esto si estuviera sobria, si fuera consciente de lo que
sucedía a su alrededor. No tenía derecho a decirle qué hacer, aunque la
vista de ella con alguien más lo irritaba hasta la mierda. Pero el hecho de
que estuviera apenas consciente mientras el idiota entre sus piernas la
apretaba, tirando de las correas de su vestido hasta que estuvo desnuda de
la cintura para arriba, envió a una familiar furia instalarse dentro de él, hasta
que su único foco fue llegar a ella.
Luka no recordaba haber dejado caer la bolsa llena de dinero en
efectivo en el suelo, ni tampoco recordaba haber sacado el par de armas
que siempre llevaba consigo. En un minuto se sentía decidido a marcharse,
y el siguiente había disparado varias balas, perfectamente calculadas para
golpear a los miembros que estaban más cerca de Alex. No eran tiros de
matar a pesar de su necesidad por eso, pero si lo suficientemente cerca
como para llamar su atención.
El caos se produjo, cuando las mujeres se dispersaron y los hombres
forcejearon por sus armas. Antes de que ninguno de ellos pudiera ni siquiera
pensar en tirar del gatillo, Luka cruzaba la habitación, arrebatándole al
hombre a Alex, que era un poco lenta al hecho de que las balas estaban
volando.
Cuando Luka le dio la vuelta, maldijo, sus movimientos muy lentos
mientras trataba de liberarse, pero decidido, Luka le palmeó la parte de
atrás de la cabeza y le golpeó la cara primero en la mesa de billar.
—¡Tienes un maldito deseo de morir! —gruñó mientras disparó de
vuelta, tratando de ponerse de pie, ahuecaba su nariz mientras fluía la
sangre.
—¿Qué maldito problema tienes, ruso? —preguntó uno de ellos.
No se molestó en corregir esa suposición, Luka se giró hacia el
presidente de esta pequeña banda de moteros, sin importarle una mierda
de que hubiera al menos veinte armas sobre él. Tal vez era el hecho de que
no parecía despreocupado de la amenaza a su vida que los hizo mirar el
uno al otro, inseguros de lo que era capaz.
No tenían ni idea.
Moviendo la cabeza en la dirección de Alex, Luka dijo—: Ella viene
conmigo.
—Pura mierda —dijo el que había estado con Alex mientras rodeaba
la mesa, más seguro de sí mismo ahora que tenía su pequeño ejército—.
Digo que malditamente se queda. ¿Por qué no le preguntamos con quién
quiere quedarse?
La pregunta sólo consiguió fastidiar más a Luka.
—No sabes quién es ella.
—Si es tu puta —dijo el presidente—, aprende a controlarla.
Ella no era de Luka en absoluto, pero las palabras estaban en la punta
de su lengua.
—Es la hermana pequeña de Volkov.
Las acciones de Luka podrían haber captado su atención, pero sus
palabras fueron suficientes para poner miedo en sus corazones. No eran
estúpidos, ninguno de ellos podía enfrentarse a la Bratva y vivir para ver el
final de la misma.
Nunca hubo un día en que pensó que tendría que usar el nombre de
Volkov para sacarlo de un lío. Era muy aterrador por su cuenta, pero si quería
sacar a Alex de allí a salvo, tenía que hacerlo de la manera correcta con el
mínimo derramamiento de sangre.
—Ahora, tienes una opción. La sacaré de aquí y no voy a mencionar
esto a mi jefe, o te dispararé y luego nos iremos.
—No puedes llevarnos a todos.
Por supuesto, esta respuesta inteligente vino de la persona que Luka
se sentía ansiosa de matar. Con el arma aún en la mano, cerró la distancia
entre ellos, muy consciente de que los demás lo apuntaban, pero no les
prestó atención. Agarró el chalecodel hombre, empujándolo hacia delante
y fuera de balance.
Luka sostenía el arma apretada contra su cabeza, sin importarle que
al menos otros cuatro le apuntaran a cambio. No estaba igualado, pero
tenía a alguien aparte de sí mismo para pensar, y a pesar de ese deseo
oscuro en él que pedía por una pelea, tuvo que dejar que éste se fuera.
—Crees que no conoces el miedo —dijo, hablando para que sólo él
pudiera oír—. Pero no sabes de lo que soy capaz. Cuando vuelva a
encontrarme contigo, y prometo que lo haré, voy a poner una bala en tus
dos malditas rodillas, y al final de la noche me rogarás que te mate.
—Snow. —El presidente chasqueó, rompiendo su momento—.
Encuentra otra perra por la noche.
Snow seguía sonriendo, tratando de mantener la cara para sus
hermanos a su alrededor, pero Luka prácticamente podía oler el hedor de
malestar en él ahora. No sabía cuánto tiempo tomaría, ya fuera un día o un
año, pero Luka iba a darle una visita, y cuando lo hiciera, purgaría a cada
demonio dentro de él.

***

Hubo una serie de leyes de tránsito rotas mientras Luka corría desde el
almacén, su mente yendo tan rápido mientras trataba de pensar en la mejor
manera de manejar esto. Esta no era la primera vez que había estado cerca
de alguien que usaba drogas, pero era la primera vez que la persona le
importaba.
Mishca reaccionaría de manera exagerada y empeoraría la situación,
y no se sentía de humor para tratar con Klaus, así que, sin ninguna otra
opción, la llevó al único lugar que estaba lo suficientemente aislado para
que él cuidara de ella.
Su propio lugar.
Aceleró el motor, mirando constantemente a su regazo para
asegurarse de que ella estaba bien donde su cabeza descansaba sobre su
pierna, pero como permanecía igual, se preocupó por si seguía respirando.
Cuando vio su lugar, lanzó su Jeep en el estacionamiento y corrió hacia el
lado de Alex para sacarla.
Con cuidado, levantándola por encima del hombro, mantuvo un
brazo alrededor de sus piernas mientras caminaba la corta distancia hasta
su casa.
Conseguir abrir la puerta con una sola mano fue un reto, pero lo logró.
Cerró la puerta con el pie, sin molestarse en bloquearla detrás de él mientras
subía las escaleras llevándola, con el corazón golpeando en su pecho. Trató
de centrar sus pensamientos y concentrarse en la tarea que tenía entre
manos, pero tenerla sobre su hombro, apenas moviéndose en absoluto,
hacía que sus emociones fueran demasiado caóticas. Estaba demasiado
investido en esto, en ella, para apagarlo como lo había hecho tantas veces
en el pasado.
Sin pensarlo dos veces, la llevó a su dormitorio, dejándola caer sobre
la cama, pero inmediatamente la agarró por los hombros para forzarla a
levantarse.
Pero seguía flácida.
—Mierda... mierda.
Recogiéndola, la llevó al baño, casi tropezando en su prisa por
encender la ducha, congelando el agua que fluía desde arriba. Se sentó
con ella en sus brazos, el agua empapándolo inmediatamente a través de
su ropa.
—Alex, despierta.
Se estaba helando, gotas de agua cayendo en sus ojos, no importa
cuántas veces los limpiaba. Como todavía no se movía, levantó la mano a
su cara y la abofeteó, aunque no puso mucha energía detrás de eso, su
mano temblaba demasiado.
Nada.
Durante mucho tiempo, trabajó con abandono descuidado, nunca
dando un segundo pensamiento a aquellos que lastimaba, y a pesar de
todo, rara vez sentía miedo.
Pero mientras su mano seguía temblando cuando la levantó de
nuevo, no podía negar que eso era lo que sentía.
Miedo.
Con una bofetada más fuerte que las demás, gritó su nombre.
Ella gimió, un sonido bajo que era como música para sus oídos. Trató
de empujarlo, pero mantuvo una postura firme.
Luka tenía que arreglar esto, arreglarla, pero en su estado actual,
empezaba a entrar en pánico demasiado rápido para hacer algo bueno.
Balanceando su puño, lo clavó en la pared y, otra vez, sólo quedó satisfecho
cuando oyó el crujido de la baldosa junto con el agudo dolor que irradiaba
de su brazo.
El dolor afilaba su mente, le ayudaba a concentrarse y, normalmente,
apagaba todo dentro de él.
Contra su cabello, susurró una disculpa, sabiendo que lo que
planeaba hacer con ella era por su propio bien... aunque le doliera.
Levantándola, abrió su boca y metió dos dedos. Alex respondió de
inmediato, atragantándose, sus delicadas manos se acercaron para
agarrarle el brazo, sus uñas marcaron su piel. Sólo cuando empezó a vomitar
se las quitó.
Una vez que comenzara, no se detendría. Se tambaleó a un lado,
pero apenas había espacio para moverse. La mayor parte pasó por encima
de sus jeans, y de su propia ropa, pero eso no le importaba, solo se alegraba
de verla finalmente moverse.
Pero no fue hasta que comenzó a llorar, susurrando palabras rotas que
no podía oír que algo se rompió dentro de él.
SEGUNDA
PARTE
Los secretos nunca mueren.
Los enterramos vivos,
y rogamos porque ellos no
vuelvan a acecharnos.
—Mia Hollow.
16
Pasado
22 de noviembre
Traducido por Fiorella
Corregido por indiehope

L
uka salió del ascensor, con las manos en los bolsillos mientras
caminaba hacia la puerta que aparecía en el documento que su
antiguo jefe le había dado. Después de tres meses de trabajo por
debajo de Mikhail Volkov, ahora estaba siendo enviado a trabajar para su
hijo, la misma persona que Luka había hecho un objetivo para evitar, pero
no podía negar la nueva asignación sin levantar sospechas.
Ayudó el que hubiese dicho medias verdades, las suficientes para que
nadie pusiera en duda sus orígenes y las que era capaz de mantener
correctamente en su mente. Mientras que aún tenía su acento del viejo país,
ahora se había embrollado por su tiempo aquí en Estados Unidos, junto con
su pronunciación del acento de su madre. Teniendo en cuenta que hizo el
trabajo sucio, y la manera en que lo hizo, nadie quería pasar más tiempo del
necesario con él, lo que trabajó para su fachada.
No dudaba de que el hijo de Mikhail había oído los rumores acerca
de quién era y lo que hacía, pero solo esperaba que la actitud que
interpretaba sería suficiente para alejarlo de ser interrogado.
Levantando el puño, golpeó contra la pesada madera, se colocó de
nuevo para que la persona al otro lado fuera capaz de verlo con claridad.
Se tomó unos momentos, pero cuando la puerta se abrió de par en par, Luka
no esperaba lo que vio en el otro lado.
Una chica, con grandes ojos verdes y largo cabello rubio. A pesar de
su pequeña estatura, no se parecía mucho a una niña. No había una gran
cantidad de curvas, pero eran suficientes para que él las notara.
—¿Quién eres? —Las palabras salieron de su boca antes de que
pudiera detenerlas, pero no se arrepentía de preguntar.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, una ladina de diversión, una sin
ningún indicio de un motivo oculto. Era diferente, y no podía recordar la
última vez que alguien le había mirado con algo más que desprecio.
No podía... a él simplemente no le gustaba pensar en ella.
—¿No debería ser yo la que preguntara eso? —preguntó, la calidad
cantarina de su voz atrayéndolo.
¿Francés?
—Tal vez. Busco a Volkov.
—Esa sería yo, o Volkova si quieres ser técnico, ¿qué puedo hacer por
ti?
Nadie le había mencionado alguna vez que el Pakhan tuviera una
hija, no una que se pareciera a esta chica, pero ahora que Luka realmente
la miró, se dio cuenta de lo mucho que se parecía a Anya. Y si fuera su hija,
no podría tener mucho más de quince años.
Al darse cuenta de esto, Luka dio un paso atrás, aclarándose la
garganta.
—El otro Volkov entonces.
Lo miró con curiosidad, como si sólo por el poco tiempo que habían
estado de pie allí juntos, lo encontrara interesante.
Abriendo la boca, Alex quiso decir algo más, pero una voz dentro del
apartamento la cortó.
—¿Qué te he dicho sobre responder a mi puerta?
No había duda de que el chico que había aparecido detrás de su
hermana era Mishca Volkov. Luka estaba inquietantemente familiarizado
con esa cara, pero a diferencia de la que había torturado Luka hace unos
meses, no había miedo en los ojos de este hombre. Sólo frialdad, una ira con
la que podría relacionarse.
—¿Quién eres tú?
Pensó en poner su guardia atrás, pero se le ocurrió algo mejor, una
fachada que le haría menos probable de ser querido.
—Luka —respondió con una amplia sonrisa—. La ayuda.
Tuvo la reacción deseada.
Mishca no parecía saber qué pensar de él, entrecerrando los ojos
mientras trataba de determinar si Luka trataba de ser irrespetuoso a
propósito.
—Entra y voy a ponerte al día con todo lo que necesitas saber.
Mishca se hizo a un lado, permitiéndole caminar delante de él, con
cuidado de no darle la espalda. Inteligente. Pero Luka tampoco confiaba
en él, sin importar cuánto tiempo había estado trabajando para la familia y
nadie se había dado cuenta, pero era menos evidente sobre eso.
Fue llevado a una oficina, una que lucía los mismos apagados tonos
grises que el resto del edificio parecía tener. Antes de entrar, sin embargo,
se encontró mirando por encima del hombro a la Volkov más joven, una
adición inesperada con la que no había contado.
Apenas diez minutos en su presencia y lo sabía, sabía en una manera
que le sorprendió que ella iba a ser un problema.
Si era bueno o malo, todavía no lo sabía.
17
Encerrada
Traducido por Jadasa
Corregido por indiehope

L
as estrellas cubrían el cielo de medianoche, asomándose a través
de la escasa cubierta de nubes. La luna colgaba pesada, su débil
luz derramándose por la ventana de la habitación a oscuras.
Alex se sentía atontada cuando se despertó, tratando de orientarse,
apartándose el cabello de su rostro mientras se incorporaba. No estaba en
casa, eso era evidente, ya que no reconocía lo que la rodeaba. Pero eso
era apenas fuera de lo normal ya que casi todas las noches no lograba
recordar lo que había hecho. También quedó claro que no se hallaba con
Snow, dado que donde sea que estuviera estaba demasiado limpio.
Aunque todavía se sentía mal, fue cuidadosa mientras se movía,
recordando la última vez que se despertó así; poniéndose de pie, frunció el
ceño hacia el colchón en el medio del suelo a sus pies. Sábanas lo cubrían,
limpias por lo se veían; pero aparte del colchón, no había nada más en la
habitación.
Se miró a sí misma, tirando de la parte inferior de la camiseta que
llevaba, intentando leer la parte delantera, pero estaba desteñida casi
hasta el punto de que no se veía. De alguna manera, su vestido
desapareció, y su cabello se encontraba húmedo.
Extraño.
Pasó sus dedos sobre el diseño descolorido, sí, había visto a Luka con
algo similar. Y a veces, era propensa a ilusionarse cuando se trataba de él,
pero también pensó que olía a él.
Mirando a su alrededor, observó sus alrededores; pero no creía,
incluso con vagos recuerdos, haber estado aquí antes. Se dio cuenta de que
ya no estaba con Snow. Se hallaba demasiado vacío y faltaba el olor de un
grupo de hombres que vivían juntos.
Dirigiéndose al baño, revisó los cajones, buscando una botellita de
enjuague bucal, la cual necesitaba desesperadamente para deshacerse
del mal sabor en su boca. Después, se lavó la cara con agua, sintiéndose
moderadamente mejor, pero no tan bien como esperaba.
Al salir de la habitación, miró tanto como pudo, con la esperanza de
poder encontrar algo, aunque solo sea una foto que le ayudara a
comprender de qué lugar se trataba.
Un estrecho pasillo daba a una escalera hacia el final del mismo, con
otras dos habitaciones en esta planta. No había fotografías o cualquier
forma particularmente notable que le dijera quién vivía aquí. Todo se
sentía... estéril. Las paredes fueron parcheadas en ciertos puntos, la pintura
blanca destacándose entre la de color crema claro, y quedaba muy claro
que la casa estaba siendo renovada.
La sala de estar era igual, parecía como si fuera el centro de las
reparaciones. Ni siquiera había algún mueble.
—¿Hola?
No obtuvo respuesta. Tampoco oyó pasos que anunciaran a alguien
acercándose.
Giró en una esquina, dirigiéndose a la cocina, donde podía oler que
se cocinaban alimentos. Había una variedad de ollas y sartenes sobre seis
hornallas, todo rebosaba con ingredientes. Tuvo la tentación de echar un
vistazo, pero la puerta trasera se abrió, y un perro bastante grande entró, sus
ojos posándose sobre ella mientras saltaba por la sorpresa.
Era un Husky, si no se equivocaba, con el pelaje de color gris y blanco,
ojos del mismo azul pálido que Luka. La forma en que se arqueaban sus cejas
sobre sus ojos lo hacían verse demoníaco, como si estuviera planeando la
mejor manera de sacarle de un mordisco su brazo y convertirlo en un nuevo
juguete, pero meneaba su cola de un lado para el otro.
¿Quizás era un asesino feliz?
Luka irrumpió detrás de él, sacudiendo la nieve de su cabello mientras
cerraba con llave la puerta. Cuando la vio allí de pie, su expresión cambió
a una de indiferencia, sin revelar nada. Con ella, siempre había algo en sus
ojos, ya sea enojo, molestia, y en raros casos, diversión, pero ahora... nada.
Y mientras que por lo general ignoraba eso, sentía, a pesar de que él todavía
tenía que decirle unas palabras, que se sentía molesto.
Si tenía que suponer, entonces tenía que ver con Snow, ya que, al
menos, recordaba ir hacía él la noche anterior. ¿Fue la noche anterior o sólo
unas pocas horas atrás? Ni siquiera sabía qué hora era.
Mierda. ¿Dónde se encontraba su teléfono?
—Luka, ¿dónde…
—¿Tienes hambre? —le preguntó interrumpiéndola y señalando la
cocina con un movimiento de cabeza.
No cuando su estómago amenazaba con revolverse...
—En realidad no, pero estoy…
—Dame un segundo. Tengo que alimentar a Loki.
Se acercó, yendo a un rincón de la cocina que tenía una cama
bastante grande para perro y dos cuencos plateados al lado de ella. Llenó
uno con agua de una jarra que sacó de la heladera y el otro con comida
para perros.
Alex nunca lo vio como una persona de tener mascotas, no cuando
rara vez estaba en casa, pero era obvio que amaba al perro —¿se llamaba
Loki?— por la manera en que le rascó detrás de las orejas antes de dejarlo
comer.
¿Tal vez lo cuidaba por un amigo?
—¿Este es tu perro? —preguntó mirando al uno y luego al otro.
—Sip. Su nombre es Loki.
Por supuesto. Luka no tenía amigos fuera de la Bratva.
Alex sonrió, mirando a Loki.
—No te tomaba como un chico de cómics. ¿De dónde lo sacaste?
—Se me acercó... —Pero su voz se apagó, tensando la mandíbula por
un momento.
¿No tenía intención de contarle?
—En Albania, ¿quieres decir? ¿Lo encontraste, o tus padres te lo
compraron? —En este momento, solo trataba de hacer conversación, no
solo porque quería saber más acerca de él, sino también porque quería
evitar la charla que sabía que vendría una vez que le dijera por qué estaba
allí con él.
Parecía tener una luchar interna consigo mismo antes de que le
respondiera.
—No sé de dónde vino, simplemente apareció un día. El lugar donde
lo encontré... los perros fueron entrenados para luchar y todos eran enormes.
No tenía una oportunidad contra ellos. Si alguien se enteraba que estaba
allí, lo habrían sacrificado... solo como que lo adopté. Ha sido mi compañero
desde entonces. —Algo sobre la forma en que contó la historia le hizo pensar
a Alex que había algo más que eso, pero no se encontraba en un lugar
como para presionarlo.
Terminando de alimentarse, Loki trotó hacia ella, olfateando su mano
cuando se la extendió. Cuando le dio el “visto bueno”, incluso dejó que lo
acariciara.
—¿El enojón de Luka salvó tu vida?
Y con toda la convicción del mundo, Luka respondió—: No, él salvó la
mía.
Sin saber cómo responder a eso, se mantuvo en silencio, hasta que el
silencio fue demasiado.
—¿Esta es tu casa?
—Sí.
Eso fue todo. Eso fue todo lo que dijo.
—¿Cuánto tiempo has vivido aquí?
—Tres años, más o menos. —Se encogió de hombros, volteándose
hacia la cocina mientras levantaba una tapa y le echaba un vistazo.
Decidió ignorar su mal humor, acercándose a una ventana y miró
hacia fuera, tratando de evaluar en qué parte de la ciudad se encontraban,
pero solo había oscuridad y árboles, nada más se podía distinguir.
Aparentemente, vivía en el medio de la nada.
—¿Dónde estamos?
La miró, cruzando los brazos sobre su pecho. No parecía relajado, en
lo más mínimo, aunque intentaba que pareciera como si lo estuviera. Alex
no podía explicarlo, la manera en que intentaba no verse amenazante,
cómo era tan cuidadoso con sus movimientos; pero había algo en la forma
en que actuaba que le molestaba.
Ignorando su pregunta, hizo una de las suyas.
—¿Sabes dónde te encontré anoche?
Lo único que sabía con certeza era que había estado con Snow, pero
no sabía si se fue de ese lugar, ya que no tenía sentido que Luka la
encontrara allí, no cuando ni siquiera sabía adónde fue.
—¿Te llamé para que me recogieras o algo así? Si lo hice, lo lamento.
No era mi intención arruinar tu noche.
¿Qué día de la semana era? ¿Era por eso que actuaba tan raro,
porque interrumpió una de sus sesiones semanales?
No respondió durante mucho tiempo, su atención enfocada de
nuevo en lo que hacía en la cocina. Sintiendo que algo lo inquietaba, y no
queriendo hablar sobre Snow, Alex no preguntó, mirando al perro que
seguía junto a ella, mirándola como si fuera el que trataba de entenderla.
Además de ser algo enorme, la bestia en realidad parecía bastante
amistosa, y cuando extendió su mano para acariciarlo de nuevo, sonrió
cuando prácticamente la obligó a hacerlo. Incluso cuando retiró su mano,
él empujó su cabeza de vuelta debajo, mirándola con grandes ojos.
Nunca tuvo una mascota, no es que le hubiese dado mucha
importancia con lo ocupada que estaba, incluso durante su infancia, de
manera que eran escasas las posibilidades de que lo cuidaría como
debería. Pero la idea de tener un compañero hizo que se sintiera como si se
hubiera perdido de algo que podría, potencialmente, haber sido divertido.
Juzgando por el tamaño de éste, Luka debe haberlo tenido durante
mucho tiempo.
—No tuviste que llamarme, Alex.
—Entonces, ¿por qué estabas allí?
Esto no tenía sentido para ella, en lo más mínimo. Tenía la certeza de
que nunca le mencionó a nadie la existencia de Snow, por lo que no existía
manera de que pudiera haber tenido conocimiento de ello, al menos no de
ella. El único otro escenario que se le ocurrió fue que Mishca la mandó a
seguir; pero si lo hubiera hecho, por lo menos, le habría contado.
—Tenía una entrega, ordenes de tu hermano, por cierto. Llegué allí, te
vi, y estabas lista para irte, por lo que te fuiste conmigo.
Eso no sonaba ni de cerca creíble... ¿o sí?
Mierda, no podía recordar nada.
—Mientras comemos, tendremos un montón de tiempo para hablar
de ello. Por lo tanto, siéntete como en tu casa.
Lo dijo sin darle importancia, como si ya no le prestará atención a su
conversación, y sin saber en qué pensaba; solo sabía que algo se gestaba
bajo la superficie, así que no presionó. Subiéndose sobre uno de los
taburetes, sus pies apenas llegaban al suelo, tamborileo los dedos sobre la
superficie del mostrador, esperando a que terminara, y tal vez entonces
estaría listo para hablar.
No pasó mucho tiempo, y no sabía cuánto tiempo en realidad estuvo
haciendo esto, pero una vez que apagó las hornallas y tuvo dos platos
cargados con comida, movió la cabeza en dirección a la escalera,
indicándole para que lo siguiera de vuelta a la habitación en la que se
despertó.
Ahora que, al menos, sabía dónde se encontraba; finalmente
preguntó—: ¿Esta es tu habitación o una de invitados?
Si se trataba de una habitación de invitados, entonces eso explicaría
por qué realmente no la decoró o incluso puso algún esfuerzo en ello. No
tenía ni siquiera una cama apropiada.
—Es mía.
Aunque notaba algo extraño en la forma en que actuaba, aun así
entró voluntariamente en su habitación, sentándose de vuelta en el colchón
ya que no había sillas en la habitación... o nada más, para el caso.
Le entregó un plato, luego un cuchillo y un tenedor, sentándose frente
a ella, pero cuando cerró la puerta antes de acercarse, no pudo evitar
darse cuenta de que la puerta no se cerraba desde el interior.
En su plato, la comida se veía increíble. Pescado con una salsa de
mostaza sobre una capa de col marchitas y una parte de espárragos. Ella
nunca llegó a beneficiarse personalmente de sus talentos, pero Lauren le
contó todo sobre ello. Y esta noche, indudablemente, se estaba
beneficiando, aunque no tenía hambre.
Apuñalando un trozo de espárragos, hizo girar el tenedor en su mano.
—¿Vas a decirme finalmente lo que pasa, o tengo que adivinar?
—Respóndeme una pregunta.
—Por supuesto.
—¿Con qué te estás drogando?
Su pulso se aceleró, incluso cuando apartó su mirada de la de él que
le observaba.
—¿De qué hablas?
—No voy a mentir. Esta mierda podría haber terminado si realmente
hubiera prestado atención, ese es mi error. Pensé que te encontrabas muy
borracha. No me gustó, que bebieras hasta no ser consciente de nada,
¿pero qué mierda podía decir? No tenía derecho sobre ti, y dejaste bien
claro que no serías razonable acerca de cualquier cosa que te preguntara.
»Entonces anoche... no mentí cuando dije que tenía un encargo de
Mish. Mentí cuando dije que querías irte conmigo. Sí, prometí nunca mentirte
—dijo ante la expresión de su rostro—, pero existía una posibilidad de que si
te dijera la verdad en la planta baja, te habrías ido de mi casa... y no podía
permitirlo.
—Luka, qué mierda... lo que dices no tiene ningún sentido.
—Anoche te encontrabas tan drogada que ni te diste cuenta cuando
entré en su jodido recinto. —Miraba a lo lejos, como recordando
exactamente lo que ella tenía miedo de oír—. Eso solo me dijo que no podías
haber sabido que la pequeña mierda con quién estabas te desnudaba
delante de todo el mundo, con una mano bajo esa patética excusa de
jodido vestido.
Alex tragó, ahora sintiendo la irritación que salía de él en olas. Bajando
su plato, se alejó.
—Ah, ¿te molesté? —preguntó con una voz falsamente dulce, esos
duros ojos azules ahora centrados en ella—. Imagínate lo jodido que me
dejó.
—Lo que sea. —Se puso de pie, dirigiéndose a la puerta, pero cuando
giró el pomo, no cedió—. ¿Qué demonios estás haciendo, Luka?
—Nos vamos a quedar aquí un rato y discutir a fondo esta mierda. Oh
sí. Y vas a desintoxicarte por un tiempo. Probablemente ahora te sientas
bien, pero una vez que desaparezcan los efectos, va a ser una perra.
Créeme.
—¿Estás loco? ¡No puedes mantenerme aquí!
Sonrió, y vio la misma mirada que sabía que utilizaba cuando
pretendía intimidar.
—¿Quién va a detenerme?
—Luka, no puedes hacerlo.
—No te preocupes. Estaré aquí para acompañarte a través de ello.
18
Ultimátum
Traducido por Sam89
Corregido por indiehope

H
abía visto la adicción durante su tiempo con Bastian. Había visto
los efectos de ella sobre hombres que se pinchaban antes de
entrar al Pozo e incluso en las mujeres que Bastian compraba
para los hombres. Más que nada, recordaba a la chica con el cabello sucio
y negro que se tumbó sobre el escritorio mientras Bastian se colocaba detrás
de ella, empujándose dentro de su cuerpo mientras permanecía quieta
enfrente de él. Hasta este día, todavía no sabía si estaba viva en ese
momento. El pensamiento de Alex así con Snow solo lo enojaba más, y
temprano, después de que se desmayó cuando la cargó de la ducha, las
paredes del cuarto de baño sufrieron lo peor de su ira.
Sin importar si Alex se sentía preparada o no para confrontar el asunto,
él iba a llegar a la raíz del que fuera el problema que tenía y resolverlo,
incluso si tenía que romperla en el proceso, pero últimamente, no creía que
lo hiciera. Ella era fuerte, más fuerte de lo que le había dado crédito, y
necesitaba recordárselo.
—Entonces, ¿qué? ¿Tu plan es mantenerme aquí, como tu cautiva?
—preguntó lentamente, sus palabras goteando sarcasmo—. No creo que
eso vaya de la forma que quieres. Hay esta pequeña cosa donde tú trabajas
con mi hermano.
Si pensaba que esa iba a ser la cosa que lo haría cambiar de opinión,
entonces no lo conocía en absoluto. Mientras estuvo desmayada durante
horas, él se preparó para esta reacción. Ya tenía una caja de agua en su
armario, por no mencionar suficiente comida para que les durara… no era
que pensara que ella fuera a comer mucho.
—No sería la primera vez que desaparezco —respondió serenamente.
—¿Qué significa eso? —Movió sus dedos antes de que él pudiera
responder—. Oh, correcto. No vas a decírmelo. ¿Y por qué hace tanto calor
aquí?
Probablemente no hacía tanto calor como ella pensaba, pero había
bajado el aire, e incluso tapó las grietas en las ventanas para asegurarse de
que retenían tanto calor en la habitación como fuera posible.
—Lo que mierda sea que has estado tomando, y voy a tomar una
suposición loca y asumir que tampoco lo sabes, tiene que salir de alguna
manera.
—No es tan serio, Luka. De acuerdo, tal vez ayer se me fue la mano un
poco, pero no soy una drogadicta. Y seguro que no justifica esto.
Abandonando su propio plato, cruzó la habitación hacia ella.
—¿Sí? Entonces, dime, ¿quién es Snow?
Sus ojos brillaban y pudo ver el momento en que pensó en mentirle,
pero entonces pensó mejor en ello.
—Sólo un tipo que conozco. —Frunció el ceño—. ¿Es sobre lo que se
trata esto? ¿Me viste con un tipo y ahora te sientes herido?
—¿Lo follaste?
Rodó los ojos hacia él, pero su falta de respuesta le dijo todo lo que
necesitaba saber.
—No lo sabes, ¿verdad? —Espero hasta que vio la confirmación en sus
ojos, una mirada que lo enfureció—. Ese es mi problema. Te dejé tener tu
espacio, pero ahora tienes mi total atención.
—El problema es —disparó de vuelta—, que no la quiero.
Sonrió, aunque no fue amable en lo más mínimo.
—Demasiado tarde.
Rechinando sus dientes, sacudió su cabello fuera de su cara,
mirándolo con fijeza, intentando reunir hasta la última pizca de coraje que
tenía.
—No puedes forzarme a quedarme aquí, Luka. No me posees.
—Sólo diré esta mierda una vez. Vas a sentar tu culo y vamos a resolver
esta mierda. Porque si estamos siendo honestos, sólo tienes tres opciones.
»Una, sales por esa ventana detrás de ti. Si pretendemos que no la
cerré con clavos, entonces podrías abrirla y saltar, excepto que estamos en
un segundo piso y más bien te romperías tu bonito culo si saltaras. Segundo,
pasas por encima de mí para llegar a la puerta, pero te lo advierto ahora,
nena, tendrías mejor suerte con la ventana.
Con la manera en que hablaba, las inflexiones rusas en su voz se
empezaban a notarse y ahora ella estaba oyendo pedazos de él que
obviamente había escondido cuidadosamente.
—Tercero, podrías usar tu teléfono, pero… —Lo alzó, agitándolo de un
lado a otro mientras la boca de ella se abría, sus manos automáticamente
yendo a su cuerpo, aunque podía ver claramente que lo sujetaba—. El
problema con ese escenario es que tu teléfono está roto.
En ese momento, lanzó el teléfono por la habitación, enviándolo
contra la pared, donde la pantalla de cristal se astilló. Para hacerlo peor, se
acercó y lo recogió sólo para ver si funcionaba antes de dejarlo caer de
nuevo y pisarlo con su bota.
Definitivamente no existía manera de que pudiera usarlo ahora.
—¡Has perdido completamente tu jodida mente, Luka! —Ni siquiera se
molestó en intentar ver si su teléfono se podía salvar. Podía decir desde esa
distancia que no se podía.
Luka volvió a su comida, pareciendo más calmado ahora que antes.
—Ahora que tengo tu atención, qué tal si te sientas, comemos y luego
discutimos esta mierda. No he trabajado como un esclavo en este horno
caliente por esta comida para que se malgaste.
No viendo otra opción por el momento, hizo lo que le pidió, al menos
parcialmente, tomando asiento en el colchón, pero mirando lejos de él,
usando su tenedor para empujar la comida alrededor del plato. Tuvo peores
probabilidades, pensó. Siempre y cuando pudiera esperar a lo que sea que
él estuviera llevando a cabo, podría volver a casa y todo esto acabaría.

***

Estaba inequívoca e irrevocablemente jodida.


En algún momento, se quedó dormida, su comida abandonada en el
suelo a su lado, pero cuando se despertó un poco después y vio a Luka
todavía levantado, esta vez girando una navaja como si fuera un deporte
olímpico, supo que lo había subestimado. No era que estuviera haciendo
nada en particular, sólo estaba haciendo un punto al quedarse delante de
la puerta y, ahora, había un ligero pellizco en su estómago que no estuvo
allí antes.
O, al menos, pensaba que no había estado.
Levantándose del suelo, ignorando la manera en que su brazo
temblaba, preguntó—: ¿Qué hora es?
—Las nueve.
—¿Cuánto tiempo he dormido?
—Ocho minutos, más o menos.
Irritada, alejó su mirada de él, frotando sus brazos.
—¿Me has mirado dormir? Ya sabes, eso no es raro en absoluto.
—Deberías volver a dormir. Podría ayudar con tu actitud.
—¡O tal vez podrías dejarme salir de esta habitación! Eso haría
maravillas con mi jodida actitud.
Cerró su navaja, la dejó en el suelo a su lado mientras inclinaba esa
rubia cabeza contra la puerta.
—Alguien está de mal humor.
No había un insulto lo suficientemente bueno para decirle mientras
ella se dirigía al baño y daba un portazo, echando el cerrojo del pomo. La
puerta no parecía muy robusta y, si tenía que suponer, él probablemente
sería capaz de patearla si quisiera, pero por el momento, dejaría que la
alusión de privacidad calmara sus nervios.
Usando el baño, se lavó las manos después, mirando a su reflejo en el
espejo, algo que parecía haberse convertido en hábito, e intentó
recomponerse. Esto era sólo un juego, algún intento retorcido de meterse
bajo su piel. Pronto, él se aburriría y la dejaría ir, así podría volver a sus rituales
semanales con Natasha.
Ese pensamiento la hizo sentir tanto mejor como molesta.
Negándose a permanecer escondida, se reunió con él, pero sólo
después de agarrar el colchón y tirar de él por el suelo al lugar contrario a
donde se hallaba sentado.
Si era serio sobre hacer esto…
Echó un vistazo en su dirección, notando la manera en que no se vio
molesto ni lo más mínimo.
Esta iba a ser una larga noche.

***

Paseándose, Alex intentó recordar qué le había gustado alguna vez


sobre Luka. Alguna vez.
Se tumbaba felizmente de espaldas, mirando cada uno de sus
movimientos como si supiera que ella empezaba lentamente a romperse. La
urgencia de sacar su mente de esta ridícula situación la invadió con fuerza,
y ese familiar pellizco en su estómago sólo lo hizo peor.
Y eso, junto con la manera en que Luka parecía tan fácilmente
indiferente, sólo la enojó más.
Cuando lo miró de nuevo, él sonrió.
—Lo que sea que estás pensando, no lo hagas.
Iba a salir como el infierno de allí, no importaba lo que él dijera.

***

Su crisis nerviosa llegó lenta y firmemente, otro pedazo de ella


desprendiéndose y distanciándose. Intentó aguantar por tanto tiempo
como pudo, tratando de probar que estaba en control de lo que había
estado haciendo, pero mientras la observaba, la vio caer en espiral de una
manera que hizo que su pecho doliera.
Pero, aun así, ella no admitió que necesitaba ayuda.
Luka se quedó en su lado de la habitación, dándole tanto espacio
como pudiera querer. Apoyó su cabeza contra la pared, sus brazos
descansando en sus rodillas levantadas.
Al principio, estuvo tumbada en la cama, mirando al techo por largos
minutos, sus labios moviéndose en silencio mientras contaba las líneas en
espiral. Entonces, se puso de pie, pretendiendo explorar lo poco que había
en su habitación, quedándose en el armario donde la mayoría de su ropa
colgaba, algunas apiladas en el suelo. El baño fue lo siguiente, luego miró
por la ventana a pesar de que apenas había nada que ver ya que su
dormitorio se encontraba en la parte de atrás de la casa, y cuando se cansó
de todas sus opciones, volvió a la cama, dejándose caer con un resoplido.
Horas pasaron de esta manera, y sólo cuando se desmayó de nuevo,
dejó la habitación y se dirigió a la cocina, agarrando algo para para
comiera, ya que lo había olvidado antes. Dos cajas de agua embotellada y
suficientes suministros para que duraran un par de días; estaba preparado
para el largo recorrido, incluso si ella no lo hacía.
Fue sólo cuando la agitación se convirtió en molestia y la molestia se
volvió desesperación, que las cosas realmente empezaron a cambiar, y fue
sólo cuando estuvo en el borde que Alex en realidad mostró algo de
vulnerabilidad. Él había estado esperando esto, el momento cuando
empezaría a ser demasiado para ella. Por un tiempo, Luka pensó que podría
manejar esto, siempre habiendo pensado que lucía tan fuerte.
Pero a pesar de lo que sentía por ella, sin importar lo fuertes que fueran
esos sentimientos, los obligó a retroceder en su mente, disponiéndose a sí
mismo a hacer lo que necesitara ser hecho. Sabía lo que necesitaba ser
hecho. Incluso si la hería, tenía que hacer lo que tenía que hacer.
Nadie sabía la carga que llevaba, ni cuán fácil era para él, apagar su
brújula moral, así podía hacer lo que otros no podían. Se sentía dispuesto a
herirla si eso significaba ayudarla.
Luka no creía que alguna vez la hubiera visto tan expresiva, todo lo
que sentía y pensaba se reflejaba sobre toda su cara. Esa cuidadosa
máscara que había mantenido puesta, ahora se ida. Él sabía mejor que
nadie el daño que tomaba mantenerlo todo embotellado dentro, sufriendo
en silencio para no cargar a otros con el dolor, pero ahora quería su dolor.
Quería tomarlo de ella.
No era una buena persona. Realmente no merecía cosas bonitas,
pero ella lo hacía. Y quería que fuera feliz. Que fuera libre.
Pero todavía tenía que llegar al fondo del asunto. Tantas cosas podían
pesar sobre ella, especialmente con las vidas que llevaban. Sólo quería que
ella se confesara con él, a nadie más.
—Alex…
Cuando dijo su nombre, ella se encogió, cerrando sus ojos con fuerza.
Como si fuera un golpe físico que la hiriera.
—Sólo necesito salir de aquí —susurró, más para ella que para él. Esa
desesperación, teñida con una pizca de ira, estaba de vuelta—. Por favor…
Luka, sólo necesito irme.
Le habría dado el mundo si se lo hubiera pedido, pero esto… esto, no
podía. Tantas respuestas vinieron a él, variaciones sobre cómo
decepcionarla gentilmente, pero no necesitaba eso en este momento.
—No.
No quería esa respuesta, haciéndola ponerse de pie en un frenético
movimiento. Ignorándolo completamente, caminó hacia la puerta y
alcanzó el pomo, pero él fue más rápido, interceptándola. Aunque hubiera
querido, él cambió las cerraduras de la puerta del dormitorio donde se
bloqueaban desde el interior, y tenía la llave metida con seguridad en su
bolsillo.
Cuando la alcanzó, ella se tambaleó hacia atrás, y él pudo ver el
momento exacto cuando la ira se apoderó, pudo sentir la lucha alzándose
en ella. Pero eso era bueno porque al menos entonces supo que la Alex que
solía conocer y cuidar, estaba allí en alguna parte.
Ella hizo un movimiento para rodearlo, pero la bloqueó de nuevo, esta
vez alcanzándola para mantenerla firme cuando tropezó un poco. Ese era
el catalizador. El momento en que la tocó, lo bastante inocente mientras
capturaba sus muñecas cuando ella caía hacia atrás, se liberó de su agarre
y giró.
Le permitió el primer golpe, su palma conectando contra su cara, lo
suficiente para que sintiera la picazón cuando se echó hacia atrás para
hacerlo de nuevo, pero no importaba cuántas veces lo golpeara, no
parecía ser suficiente.
Cuanto más intentaba pelear contra él, tratando violentamente de
apartarlo, más agitada se ponía, vocalizando todas sus frustraciones. No
importaba cuánto la sujetara, o al menos intentara agarrarla, todavía
encontraba una manera de golpearlo, su rodilla alzándose tan rápido que
apenas pudo bloquearla.
—¡Alex, por el amor de dios! ¡Cálmate!
Empujó para alejarse de él y la dejó. En ese breve periodo de tiempo,
lo golpeó más de lo que le había permitido a nadie jamás, pero no sintió la
más mínima urgencia de herirla de vuelta.
—¡Que te jodan! No necesito tu ayuda. Ni siquiera la quiero. ¿Cuándo
empezó a importarte una mierda, de todos modos? Estoy segura de que tu
prostituta te está esperando en alguna parte.
No sabía qué de ese pequeño discurso lo molestó. Había estado
haciendo un buen trabajo en mantener su temperamento a raya hasta ese
punto, pero entonces fue golpeado.
Sus ojos se ampliaron mientras tomaba un paso atrás, pero incluso en
la cima de su ira, nunca la heriría.
El brazo de Luka se movió hacia delante, su pulgar a un lado de su
cuello, sus dedos en el otro, y tiró de ella hacia delante, con una pequeña
cantidad de fuerza. Intentó bajar la mirada, lejos de la suya su inquisitiva,
pero él no lo iba a permitir.
—Mí.ra.me.
Podía decir que ella quería amabilidad, alguien que se llevara su dolor
como las drogas hicieron por la breve cantidad de tiempo que las estuvo
usando, al menos esto era lo que había aprendido, pero Luka no podría
darle eso. No podía pretender que no sabía que estaba matándose
lentamente. Y lo sabía, al menos pensaba que lo sabía, lo que la estaba
carcomiendo más, y la única forma de que pudiera sanar, era si finalmente
lo enfrentaba en lugar de intentar huir. Aunque este proceso iba a ser
agotador, iba a tener que enfrentarlo, excepto que no lo haría sola.
Ella se sobresaltó por sus palabras, y él inmediatamente suavizó su
tono.
—Mírame.
Cuando finalmente lo hizo, sus ojos se aguaron, lágrimas listas para
caer, y supo que lo peor de su ira había salido ante su cara, pero no dudaba
ni por un segundo que volvería.
Tan pronto como sintió que tenía su completa y total atención, dijo las
palabras que quemaban por salir de él.
—Va a doler. Vas a odiarme. —Su agarre fue todavía firme sobre ella—
. Va a ponerse mucho peor antes de mejorar.
Se sentía tentado, tentado a decirle lo mucho que lo sentía, pero no
era el momento para eso, aún no.

***

En la última hora, ella estuvo callada, además del constante


movimiento que ponía a Luka en el borde. Se sentía nervioso, inseguro de lo
que ella era capaz en su estado actual. No quería herirla, incluso cuando
eso era exactamente lo que estaba haciendo actualmente, pero hasta
ahora, la necesidad de dominarla no había venido.
Loki se acercó a la puerta, gimoteando, tratando de meter su pata
bajo la puerta como si lo ayudara a abrirla, pero se rindió poco después,
dejando caer su peso sobre el suelo cuando se tumbó allí.
Observador por naturaleza, Luka simplemente la observó cuando se
perdió en su mente, preguntándose sobre lo que había hecho que se
olvidara de él. Se preguntó, por algún tiempo, qué parte de su jodida vida
era la razón para este reciente descenso a las drogas. No le había
importado con el alcohol, no realmente. Todo el mundo tenía sus vicios, pero
lo quisiera ella o no, él necesitaba intervenir y arreglar el problema. Ella
podría no haber pensado que se apoderaría de su vida, pero los adictos
raramente lo hacían.
Si tenía que suponer, entonces esto tenía algo que ver con Anya.
Mikhail había estado muerto por demasiado tiempo para ser un factor, por
no mencionar el hecho de que ella raramente lo sacaba a colación. Eso no
significaba que la manera en la que la trató no jugó una parte en su miseria,
pero eso no se metió bajo su piel de la manera en que Anya lo hizo. Había
algo allí que Luka no sabía, y probablemente tenía algo que ver con el día
que Alex había ido a reunirse con ella y finalmente la mató.
Ella vivía entre gente que mataba sin remordimiento, era sólo su forma
de vida, pero hasta esa noche, Alex permaneció intocable de la brutalidad
de la vida de la Bratva. Luka veía muchos rostros cuando cerraba sus ojos
por la noche, más de una docena al menos, pero sabía que había sólo una
que plagaba la de ella. A diferencia de los hombres que él mató, ella había
tenido una relación con Anya. No importaba que él pudiera haber pensado
que Anya era una perra, incluso había pensado en silenciarla así Mishca no
tendría que hacerlo, pero todavía era la madre de Alex.
—¿Has hecho alguna vez algo que lamentas?
La pregunta de Alex sacó a Luka de sus pensamientos. Lo miraba con
unos ojos tan tristes y dolidos que casi fue difícil para él mantener el
contacto.
Sabía lo que le preguntaba realmente, pero en ese aspecto, no tenía
ninguno. No existía nadie a quien hubiera matado que no lo hubiera
merecido o hubiera intentado matarlo. ¿Tenía otros lamentos? Muchos.
Aunque la verdad era diferente, le mintió, porque lo necesitaba.
—Sí.
Apoyando su cabeza contra la pared, ella cerró sus ojos.
—No había sangre, ya sabes… bueno, por supuesto que lo sabes.
Probablemente tú tuviste que limpiarla, eliminarla del todo. —Hizo una
pausa, como si esperara que él lo negara. Cuando se mantuvo en silencio,
continuó—: Un amigo mío me vendió GHB 4 la noche anterior, así que
supongo que no puedo decir que no pensé sobre lo que iba a hacer. Quiero
decir, sabía lo que iba a suceder al final, ¿verdad? Incluso sin todo el
negocio de mercenarios, ella había avergonzado a Mikhail. Causó tanto
daño que fue una sorpresa para mí que no estuviera muerta ya.
Riendo, aunque sonó forzado y lleno de dolor, Alex limpió una lágrima
de su cara, finalmente mirándolo. En realidad, mirándolo. Ahí estaba, su
rotura, la cosa que nunca había visto en ella.
—Era siempre una perra, con todo el mundo. Incluso conmigo.
Especialmente conmigo ahora que pienso en ello. Todo era siempre una
competición para ella. Tenía que lucir lo mejor, llevar las mejores ropas y
comer la mejor comida. Realmente no importaba que yo fuera su hija. Para
ella, sólo era otra persona potencialmente interponiéndose en su camino.
Lo sintió antes de verlo, la manera en que su tristeza empezaba a
apoderarse de ella, derramándose en sus palabras. Entendía lo que era

4Se conoce como una droga de diseño porque se con el objetivo de tener "subidones" o
colocarse.
repasar un recuerdo que te perseguía, y cuando no existía lugar al que ir,
sabía lo que pasaba una vez que te consumía.
Ella luchó por varios momentos, pero el momento en que la primera
lágrima cayó, fue como si la rompiera. Estaba sorbiendo, sus palabras cerca
de la incoherencia, pero se forzó a sacarlo, y Luka hizo un punto al no
interrumpir y sólo escuchar.
—Pero ella era mi madre y la amaba —dijo esnifando, limpiando su
nariz con el dorso de su mano—. Entiendes eso, ¿verdad? —Su voz se rompió
cuando preguntó eso, sus ojos buscándolo por la respuesta que necesitaba.
Verla así era un tipo diferente de tortura que nunca había experimentado—
. Puedes todavía amar a una persona que te odia. Ella ni siquiera me quiso.
Sólo fui otra manera de asegurar su lugar. Iba a matarme sin duda…
—Pero todavía la amas —dijo Luka suavemente.
Ella lloró, con todo en ella, y Luka no pudo solo sentarse y mirarla.
Quería sostenerla, llevarse el dolor, pero lo golpeó, intentó alejarlo, y con el
primer golpe vino otro. Y otro. Y pronto, se hallaba de pie, abofeteándolo y
golpeándolo.
Dejó caer sus brazos, tomando la arremetida, dispuesto a hacer
cualquier cosa para ayudarla, y si esto era lo que necesitaba, ella podía
golpearlo y él lo aceptaría.
Continuó por algún tiempo hasta que estuvo demasiado cansada
para moverse. Entonces sólo lloró durante horas, y sólo entonces finalmente
dejó que la atrajera a sus brazos, metiendo su cabeza debajo de su barbilla.
Ahora que no luchaba contra él, la levantó y los tumbó en el suelo,
maniobrándola hasta que estuvo sentada confortablemente en su regazo,
sus piernas envueltas a su alrededor.
La sostuvo hasta que por fin se desmayó, demasiado exhausta para
hacer cualquier otra cosa. Luka no movió un músculo, demasiado asustado
de sobresaltarla y despertarla. Después de estar despierta por casi
veinticuatro horas, ella necesitaba dormir. Acariciando su espalda, deseó
poder llevarse el mal recuerdo y tomarlo él mismo.
El dolor y la miseria usualmente lo excitaban, lo inspiraban a romper a
alguien, pero nunca con ella. No creía que quisiera ver la sonrisa de alguien
tanto como la de ella.
Se había contenido antes, manteniendo sus deseos bajo control,
dejándola libre de lo que quería, pero algo se encendió en él. O podría
haberlo estado ya y sólo se cansó de luchar.
No era que ella fuera la única constante en su vida durante los años
que llevaba trabajando en la Volkov Bratva. Pero no podía pensar en nadie
que hiciera a su corazón latir como ella, ni cómo lo hacía sentir como si fuera
más que su pasado.
Luka daría todo por devolverle su vida…
19
Sólo un poco más
Traducido por Cjuli2516zc
Corregido por indiehope

E
lla se debilitaba rápidamente por hora, y pronto, no podía hacer
nada más que yacer allí temblando. A pesar de sudar como
loca, sentía más frío de lo que alguna vez sintió en toda su vida.
Ni siquiera era capaz de reunir la energía suficiente para girarse
cuando sintió la cama hundirse a su lado, todavía esperando que las
punzadas en su estómago se detengan.
Cuando su mano se posó en su hombro, se estremeció. Incluso ese
pequeño contacto era doloroso.
—Tienes que beber algo, Alex —dijo, su voz apenas más alta que un
susurro.
Sacudió su cabeza, no queriéndose arriesgar a cualquier movimiento
adicional en caso de que el dolor de cabeza partidor-de-cráneo que había
estado sufriendo sólo empeorara. No podía recordar un momento en que
sintiera tanto dolor, ni siquiera cuando había estado bailando sin parar
durante tres días.
Pero él no aceptaría un no por respuesta. Con cuidado, la movió, no
es que fuera difícil, ya que apenas tenía energía para dar batalla, sostuvo
su cabeza mientras cautelosamente presionaba la botella en sus labios,
inclinándola apenas lo suficiente para que un flujo ligero de líquido cayera
en su boca.
Tragó todo lo que pudo, pero sólo la hizo sentirse peor, así que cuando
trató de darle más, se apartó.
—Sólo un poco más —dijo en voz baja.
Pero ella ya había caído bajo.
***

Su cuerpo se sacudía por los escalofríos, no importaba lo que hiciera,


no podía luchar contra el frío que la consumía. Ahora que no trataba de
luchar contra Luka para escapar de la habitación, sin importar lo mal que el
impulso la comía cada minuto que pasaba, Alex se hallaba acostada en la
cama, de espaldas a él, escuchando el golpeteo de la lluvia contra la
ventana.
Podría ser peor, su prisión. Cada día, al menos esto era lo que ella
pensaba que hacía, Luka salía de la habitación, atendía a Loki, y traía de
nuevo comida, lo suficiente para que alcanzase durante el día. Sólo una vez
se había despertado y él no estaba en la habitación, pero cuando intentó
abrir la puerta, se encontraba cerrada, lo cual era sorprendente, ya que no
notó un cerrojo en el exterior, aunque no era como si hubiese estado
consciente viniendo aquí.
Luka estaba en el otro lado de la habitación, sin camisa, su espalda
contra la pared, una botella sin abrir de Gatorade a su lado. Varias botellas
vacías cubrían el suelo, lo único que parecía beber además de agua. En el
tiempo que habían estado dentro de esa habitación, había estado
forzándolos en ella también, a pesar de que en realidad nunca le tomó el
gusto a la bebida energética antes de ahora.
No tenía que mirarlo para saber que la miraba. Había estado
haciéndolo bastante para prácticamente sentir su mirada fija.
Apretando sus ojos, Alex trató de ignorar el dolor en sus entrañas, la
forma en que sus manos temblaban incontrolablemente, sin importar si las
apretaba en puños, y el sudor que cubría prácticamente cada pulgada de
ella. No importaba que la calefacción estuviera encendida y estar
enterrada bajo un montón de mantas, nada ayudó.
Apretó sus dientes, tratando de detener su castañeo, pero con el
silencio de la habitación, no existía mucho que pudiera hacer para evitarlo.
La vieja madera crujió cuando Luka se puso de pie, y brevemente se
preguntó si ya había tenido suficiente, pero en su lugar, se acercó,
arrastrándose sobre la cama, levantando las mantas brevemente mientras
se deslizaba debajo.
Su brazo se acercó inmediatamente, serpenteando alrededor de su
cintura, tirándola contra su cuerpo. Probablemente ella olía y estaba, sin
duda, asquerosa, pero no había ni un poco de lucha dentro de ella.
Sus ojos se humedecieron, sus emociones fuera de control mientras
trataba de no leer demasiado en lo que hacía, pero era difícil.
—¿Quieres oír una historia? —preguntó, su voz carente de cualquier
emoción.
No segura de a dónde iba con esto, asintió con la cabeza de todos
modos.
—Conocí a un tipo una vez, algunos pensaban que era un sociópata,
pero nadie lo conocía de la manera en que lo hice. Incluso pensé que, con
el tiempo, alguien iba a tener que poner una bala en su cabeza una vez
que fuera demasiado lejos. Un día, conoció a una chica, bastante bonita y
con bonitos ojos, pero él no era bueno para ella. Rompía todo lo que
tocaba, verás, lo había visto hacerlo. Joder, traté de advertirle que la dejara
en paz, pero no pudo. Se sentía contento de haber conocido a alguien que
era amable con él, incluso si la habían obligado a estar cerca de él.
Luka se movió, apretándola más, aunque casi no había espacio entre
ellos. Alex no se quejó.
—Podría haber intentado más duro para hacerle entrar en razón, sólo
así podría comprender lo que estaba haciendo y cómo no solo lo afectaría
a él, sino a la chica también. ¿Dos personas rotas así? Prácticamente eran
el uno para el otro, pero creo que... Creo que una parte de él sabía que
nunca funcionaría debido a la diferencia de poder entre ellos. Incluso
cuando ella confesó su amor a él, no le creyó. Sabía que no era real para
ella, incluso si era real para él.
»Durante un tiempo, sin embargo, no le importó. Le gustó vivir en esa
ilusión. Debido a que admitir que él no era más que un arma... arruinaría
todo.
Luka respiró.
—Ella lo era todo para él entonces, pero él significaba todo para
alguien más. Y a ese alguien más no le gustaba la forma en que pasaba su
tiempo. Pero él no podía tocarlo, por supuesto, entonces se desquitaron con
ella en su lugar.
Luka se quedó en silencio de nuevo, su mano apretando en su
estómago. Ella la alcanzó, sintiendo la tensión en él, pero no se detuvo,
entrelazado sus dedos, ofreciendo el poco apoyo que podía. Mientras
podría no haber nunca mostrado vulnerabilidad, le dolía lo que sucedió con
su amigo, y quería consolarlo lo mejor que podía.
No se había dado cuenta de que dejó de temblar tan pronto como
él empezó a hablar.
—Fue jodidamente brutal lo que le hicieron a ella y una parte de mí...
mierda, una parte de mí entiende por qué lo hicieron. Quisieron romperlo
otra vez, enseñarle una lección y convertirlo en un monstruo más grande de
lo que ya era, pero no entendían lo que el amor podía hacerle a una
persona. Ellos podrían haberle enseñado que el amor venía con un precio,
pero trajeron de vuelta a su humanidad en el proceso. Por eso, él siempre
estaría agradecido, pero debido a que la lastimaron, a la única persona que
lo hizo humano otra vez, ellos no eran nada para él.
—¿Qué pasó con ella? —preguntó, mirando cómo la lluvia llegaba en
una lenta llovizna.
—No lo sé.
Quería darse la vuelta y mirarlo a la cara, leer las emociones en sus
ojos, pero no quería romper el momento entre ellos.
—¿Y tu amigo? ¿Qué pasó con él?
—Escapó de la vida y aprendió a ocultar sus monstruos.
Suspirando, Alex sacudió su cabeza.
—Siento que hayas perdido a tu amigo.
—No lo estés. Todo sucede por una razón.
—¿Y los hombres? ¿Los mató? Eso es lo que tú harías.
Lo sintió temblar con una risa silenciosa.
—Tal vez, pero por lo que sé, consiguió solamente a uno de ellos, el
otro todavía está por ahí en alguna parte.
—Esperamos que llegue a él.
—A menos que alguien más le gane.
—¿Puedo hacerte una pregunta más?
—Por supuesto.
—¿Cuál era el nombre de tu amigo?
Luka estuvo en silencio durante tanto tiempo que ella temió que no le
fuera a contestar, pero en voz tan baja, de modo que casi no lo oyó, dijo—
: Valon. Su nombre era Valon.
20
Despertar
Traducido por Sam89
Corregido por Taywong

C
ada par de horas, ella se despertaba aturdida, su estómago
doliendo, sus ojos aguándose, pero antes de que pudiera
descomponerse, Luka estaba ahí, su mucho más grande
cuerpo acurrucado alrededor de ella, proveyéndole el calor que no sabía
que necesitaba hasta entonces.
Era difícil decir dónde terminaba ella y empezaba él ya que sus
piernas se enredaban juntas. Sus brazos se envolvían seguramente a su
alrededor como si él pensara que se alejaría, y en algún momento durante
la noche, ella agarró su mano, entrelazando sus dedos, aferrándose como
si fuera la que se sentía asustada de irse.
Las ansias nunca paraban. La necesidad por las pastillas era más
fuerte que nunca. Pero casi parecía como si él pudiera leer su mente,
porque cada vez que sentía la urgencia de salir de allí, la sostenía más fuerte.
Él era su ancla.

***

Después de cuatro días de constante merodeo, asegurándose de que


ella no intentaba dejar la habitación, Alex no estuvo sorprendida de que
Luka se desmayara, y mientras que normalmente él escucharía todo, había
ido y venido al baño y caminado alrededor de él bastantes veces para
saber que no se despertaría en algún momento pronto.
Ahora, finalmente se hallaba despierta y podía moverse alrededor.
Por un tiempo, se sentó donde él lo había hecho, mirándolo dormir,
sintiéndose terrible porque incluso mientras dormía, se veía estresado.
Realmente, lucía exhausto, y no había nadie a quien culpar excepto ella
misma.
Mientras que la puerta podría haber sido bloqueada, y no tenía ni idea
de qué hizo él con la llave, comprobó el pomo antes de quitar dos
pasadores de su cabello. Todavía sabía algunos trucos.
Un poco oxidada, le tomó un poco de tiempo antes de ser capaz de
abrir la cerradura y girar el pomo, la puerta abriéndose. Loki se hallaba
tumbado al otro lado, pero cuando la vio salir, se levantó, su cola
agitándose salvajemente.
Alex lo hizo callar, rascándole detrás de las orejas por un breve
segundo antes de dirigirse al baño en la primera planta. Ya que la despensa
estaba justo al otro lado del pasillo, agarró algunas de sus ropas junto con
una toalla.
Quitándose la camiseta que sentía completamente asquerosa, abrió
la ducha, esperando a que el agua se calentara antes de dar un paso
dentro, cerrando la cortina.
Aunque la ducha parecía una buena idea cuando lo pensó al
principio, para el momento en que se había lavado el cabello y bañado, le
hubiera gustado quedarse allí al menos otra hora, el cansancio rápidamente
la invadió.
Contemplaba solo sentarse bajo el chorro cuando la cortina se abrió
y soltó un grito sobresaltado ante la vista de Luka de pie al otro lado. Sus ojos
se veían rojos por la falta de sueño, pero eso no disminuía la intensidad de
su mirada.
—Jesús, Luka. ¡Me has asustado como la mierda!
Cubriéndose lo mejor que pudo, no pareció ayudar mucho. La
manera en la que la miraba la hacía sentir como si estuviera desnuda
totalmente ante él.
Tal vez lo estaba, en más maneras de las que ella pensaba.
—Lo siento. —Pero no sonaba como si realmente quisiera decirlo.
Aunque tenía todo el derecho a sospechar de ella, todavía se sintió
indignada mientras alzaba sus manos descaradamente, agitando sus dedos
ante él.
—Solo tomaba una ducha. Nada de píldoras y eso.
Por el más breve de los momentos, él no se enfocaba en sus manos
vacías o en el tono sardónico de su voz. En su lugar, su mirada era intensa
en cada parte que ella acababa de revelar. No era la primera vez que la
había visto desnuda, ni siquiera la segunda, pero la manera en la que
parpadeó la hizo sentir como si estuviera por todas partes de nuevo. Esas
otras veces, realmente no se sintió como si en realidad hubiese notado su
desnudez, ahora era como si finalmente estuviera viéndola.
No importaba que luciera exhausto. Todavía reaccionaba a ella.
Solo cuando se aclaró la garganta, finalmente alzó la mirada a su
rostro, pero no había disculpa en sus ojos, ni siquiera cerca.
—Necesito ropa. —Ella hizo un gesto al lavabo donde la había dejado.
—Reúnete conmigo en la cocina.
Él empuñó la toalla, lanzándosela sin mirar atrás mientras salía del
humeante baño, dejando la puerta abierta en su estela. Incluso si no
estuviera desnuda, todavía se habría sentido vulnerable después de los
últimos días, y en su actual condición, no se sentía de humor para pelear
con él sobre esto.
Se secó rápidamente, poniéndose su camiseta dos tallas demasiado
grandes y un par de shorts que tenía que enrollar un par de veces en la
cintura para mantenerlos. A pesar de que se la tragaban, eran muy
cómodos.
En la cocina, Luka estaba ante la estufa, cuchillo en mano mientras
encendía uno de los quemadores. Había un cartón de huevos sobre la
encimera, junto con otros pocos ingredientes. Él supo el momento en que
entró, su cabeza se giró solo lo mínimo cuando entró. La puerta de atrás
estaba abierta, y ya que Alex no vio a Loki trotando alrededor de la cocina,
se dirigió en esa dirección, saliendo al patio de atrás.
Había pensado que él vivía en medio de la nada, considerando que
nadie llamó a la policía cuando ella gritaba sin parar la primera noche, pero
había subestimado seriamente el aislamiento en el que vivía Luka. Había solo
bosques detrás de la casa, tan lejos como el ojo podía ver.
Un pájaro planeaba en el cielo, Loki brincaba detrás de él, saltando
cada tanto para intentar atraparlo. En su tercer intento, finalmente lo atrapó
con su garra.
Alex se encogió, gritándole antes de que pudiera matar a la pobre
cosa.
Viéndola, él fue corriendo hacia ella a toda velocidad, casi
derribándola mientras se arrojaba sobre ella, caliente aliento en su rostro. Se
rio, intentando apartarlo incluso mientras frotaba su cabeza. Luka podría no
estar de buen humor, pero Loki lo estaba.
La mirada de Luka fue de ella a Loki, luego retrocedió de nuevo
mientras volvía a entrar en la casa. Lo que fuera que hubiera estado
haciendo en la estufa, estaba ahora en un plato y esperándola en la isla.
Era raro. Alex empezaba a notar que cuando él cocinaba para ella,
mientras que hacía bastante para los dos, nunca comía con ella.
Él esperó hasta que estuvo sentada enfrente de la comida, cuchillo y
tenedor en mano, antes de empezar a hablar.
—¿Cómo te sientes?
Esa era una pregunta tan cargada. ¿Era posible sentirse totalmente
exhausta, pero aun así bien? Se sentía más ligera que nunca, como si le
hubieran quitado un peso de encima, pero también sentía como si hubiera
sido arrollada por un auto repetidamente.
—Bien.
Él inclinó su peso en sus brazos, las venas en ellos sobresaliendo. A
pesar de no llevar despierto más de media hora, ya lucía tenso.
—¿Puedes comer?
Asintió, aunque no estaba totalmente segura de si esta era la verdad
o no. Aun así, dejó la tortilla por el momento, recogiendo una fresa. Cuando
la mordió, estuvo agradablemente sorprendida por el sabor, especialmente
desde que la fruta no estaba en temporada.
El silencio entre ellos era tenso, y mientras que Alex quería romperlo,
no sabía qué decir. Se sentía avergonzada, y ahora que su mente se
encontraba lo bastante clara para recordar las malas acciones que
cometió en las últimas semanas, que empezaban a volver lentamente a ella,
no sabía cómo siquiera miraría a Luka de nuevo.
Había estado tan molesta con él tratándola como a una niña, ¿pero
no estuvo actuando como una? Teniendo rabietas cuando no conseguía lo
que quería, actuando con insensatez solo porque podía. Incluso dudaba
que Mishca hubiera sido tan indulgente, especialmente sobre su auto, si
Luka no lo hubiera cubierto todo, pero eso llevaba a la pregunta de por qué
exactamente él la ayudaba a ocultar esto de alguien que era
esencialmente su jefe.
Cuando el teléfono de Luka empezó a sonar, saltó, bajando la mirada
antes de mirar a Luka. No podía recordar si su teléfono sonó durante su
tiempo en su dormitorio, lo cual era una rareza, considerando cuán a
menudo era llamado sobre trabajo. ¿Había estado ignorándolo a propósito
solo para poder ayudarla?
Eso solo la hacía sentir peor.
Luka se levantó abruptamente, rodeando la isla hasta que estuvo
junto a ella. Su presencia era tan abrumadora como siempre, e incluso más
ahora que de verdad podía concentrarse en ello.
Él extendió la mano, como si no tuviera la fuerza para detenerse a sí
mismo, poniendo un mechón de su cabello detrás de su oreja, su toque
permaneciendo allí incluso después de que se alejó.
No había más decepción, ni siquiera lástima. Solo una mirada dolida
que la hacía preguntarse cuán a menudo se había equivocado cuando
pensó que él no se preocupaba por ella.
Cuando su teléfono sonó de nuevo, esta vez no lo ignoró, en su lugar
lo tomó y leyó el identificador de llamada.
El teléfono desechable en su mano se veía rompible, como si solo un
apretón abollara el metal, pero en lugar de romperlo, Luka finalmente tomó
la llamada, alzando su dedo mientras dejaba la habitación.
Alex se quedó ante la encimera, dejándolo tener su privacidad
mientras terminaba su desayuno. Se preguntó, como cualquiera haría, qué
tipo de llamada sería. Mishca era más cuidadoso ahora de lo que lo había
sido antes. No significaba que antes no fuera cuidadoso, pero las
precauciones extra tomaron lugar desde que Vlad resultó ser un agente del
FBI encubierto.
No se fue por mucho tiempo, unos pocos segundos como máximo,
pero en esa breve cantidad de tiempo, el momento entre ellos fue roto.
—Tengo que irme. No estaré fuera mucho, pero te quedarás por tu
cuenta un rato. —A pesar de lo obviamente cansado que estaba, su mirada
era intensa cuando sostuvo su rostro en sus grandes manos, obligándola a
mirarlo—. Prométeme que te quedarás aquí hasta que vuelva.
—Luka…
—Prométemelo.
Suspiró, sabiendo que no iba a dejarla ir hasta que lo dijera.
—Lo prometo.
Sus hombros se relajaron visiblemente, pero sus ojos no perdieron su
intensidad. Inclinando su cabeza, presionó un breve beso en su frente.
—Tómalo con calma. Volveré pronto.
Casi fue consolador en cierta manera, verlo alejarse, sabiendo que
creía en ella lo bastante para no pensar que se iría e intentaría encontrar
algo. No tenía intención de buscar a Snow, no después de lo que Luka
describió, pero saber que confiaba en ella lo bastante, sin importar cuán
pequeña fuera esa confianza, significaba mucho para ella.
La soltó, echando un vistazo a Loki con una mirada aguda que
obviamente era una orden silenciosa. Mientras subía las escaleras para
cambiarse de ropa, ella terminó su desayuno en silencio excepto por el
ocasional movimiento de Loki.
Alex acababa de enjuagar su plato cuando Luka volvió, luciendo un
poco mejor que antes. Cruzó la habitación, extendiendo la mano para
acercarla a él, sorprendiéndola cuando la envolvió con sus brazos. No dijo
nada, al menos no con palabras, pero la manera en la que la sostuvo, sus
brazos apretados a su alrededor, le dijo todas esas palabras que nunca
pudo.
21
Cuerpos muertos
Traducido por Bella'
Corregido por Taywong

L
uka no podía recordar la última vez que durmió tan
pobremente… no, sí podía. La noche que fue al bar de mala
muerte en Brooklyn y encontró a Bastian. Esa noche se quedó con
él por más tiempo del que esperaba porque, mientras que pensó que vería
a ninguno de ellos de nuevo —especialmente a alguien que jugó un papel
importante en moldear quién era— sería fácil ya que no era la misma
persona que fue una vez, eso no quería decir que no tuviera un efecto
secundario en él.
Pero incluso entonces, había sido fácil comparado con los últimos
días. La preocupación se lo comía mientras se hallaba despierto y debido a
eso, cuando realmente perdía el conocimiento por los pocos minutos que lo
hacía, se sentía demasiado nervioso para caer. No era de extrañar que
finalmente hubiera marcado su salida esta última noche considerando que
había estado despierto por cerca de setenta y dos horas. Incluso había
caído cuando Alex se movió de su lado, y él normalmente era de sueño
ligero. Cuando finalmente se despertó y vio la puerta abierta, el pánico se
apoderó de él, y salió furioso de la habitación tan rápido como sus pies
podían llevarlo.
No había tenido intención de asustarla cuando pateó la puerta, pero
ella duchándose había sido la última cosa de posibilidades en su mente de
lo que podía estar haciendo al otro de esa puerta.
Y peor, cuando finalmente puso sus ojos en ella, el agua cayendo
sobre cada centímetro desnudo de ella, las drogas desaparecieron de su
mente. No era como si nunca la hubiera visto desnuda antes —una vez
accidentalmente, la otra debido a que quiso conseguir una reacción de
él— pero como cada vez anterior, tuvo que recordarse a sí mismo por qué
perseguir cualquier cosa con ella era una mala idea. Ahora más que nunca.
Ella no lo necesitaba tomando ventaja cuando estaba obviamente yendo
a través de alguna mierda. Ahora que había una posibilidad de que ese
Fatos estuviera merodeando, eso solamente hacía las cosas más
complicadas. Pero por un momento, mientras permaneció allí y miró hacia
cada parte de ella, una fuerte necesidad de tomarla en su cama lo llenó.
Incluso si sabía que estaba mal, teniendo esos pensamientos de ella,
todavía no podía sacar la imagen de su cabeza y con ella llegó una fuerte
necesidad.
Hasta ahora, tuvo éxito en sus intentos de permanecer lejos de ella
con un infierno de mucho esfuerzo, sin mencionar a Natasha, pero aun
cuando pasaba por su mente, no podía imaginar ir a ella.
Cuántas noches yació permaneciendo despierto pensando en qué
hacía Alex y con quien salía. Lo atormentaba constantemente, pero había
logrado estar allí para ella sin comprometerla.
Solo que no era suficiente, y lo sabía, incluso si no lo habían discutido,
esto iba a suceder. Ya sea que él quisiera o no, la pregunta era cuánto
tiempo más iba a continuar luchando contra ello.
—¡Ven aquí!
Mishca estaba obviamente de mal humor, pero Luka se sentía
demasiado cansado para tratar de escapar de ello. Se había mantenido
fuera de la red por cuatro días o más, ayudando a Alex por lo peor de su
desintoxicación, pero solamente podía evitar a su jefe por un tiempo, y
juzgando por la furiosa expresión dirigida hacia él, no existía duda de que
Mishca sabía acerca de lo que sucedió en el compuesto.
Luka caminó dentro de la oficina, empujando una mano por su
cabello para alejarlo de su rostro. La puerta se estrelló y Mishca estaba en su
rostro, furia emanando de él.
—¿Qué diablos pensabas?
No había sentido en tratar de defenderse —no que habría dicho a
Mishca la verdad sobre lo que pasó esa noche— porque Mishca estaba en
un hilo.
—¿Has olvidado cómo funciona este negocio? No hemos tenido
problemas con los Angels desde los últimos cinco años, y no quiero empezar
ahora. Cualquiera que fuera la mierda dicha para molestarte, me importa
una mierda. Controla tu temperamento y arregla tu mierda.
Supuso que el presidente de los Angels le dijo sobre su pequeña pelea
—o solo dejó en claro que no quería trabajar con Luka de nuevo— pero era
obvio que dejó fuera la razón detrás de ello. De lo contrario, dudaba que
estuvieran teniendo esta conversación.
Tomó un respiro, su mirada entrecerrándose a Luka, mirándolo.
—¿Qué dominios te pasó?
—Tuve que arreglar unas cosas. —Y eso era lo único que diría sobre
eso—. Hiciste tu punto. ¿A qué hora nos vamos?
El musculo en la mandíbula de Mishca seguía latiendo, y era claro que
todavía no estaba feliz, pero tenían trabajo que hacer, así que terminó por
el momento.
—Hay una reunión en Las Vegas que necesito atender.
Luka siguió por detrás a Mishca cuando dejaron la oficina, mirando
alrededor hacia los nuevos rostros presentes.
—¿Razón por la que no puedes llevar uno de los nuevos matones?
—Porque te lo estoy pidiendo a ti.
Luka sintió una oleada de irritación golpearlo, y antes de que pudiera
detener el impulso, se encontró diciendo—: No soy un maldito niño.
Mishca arqueó una ceja, pero sin ofrecer respuesta.
Mordiendo su lengua, Luka no dijo más. Este iba a ser un jodido largo
viaje.

***

Cinco horas en un pedazo de metal volador no era la forma en que


Luka quería pasar la mañana y, aunque un dolor de cabeza le golpeaba
detrás de los ojos, no se tomó nada para ello. La idea de tomar cualquier
tipo de droga, inofensiva o no, no le atraía en este momento.
Mishca se había calmado más durante el vuelo, habiendo hablado
antes con su esposa. Luka había permanecido en silencio, girando su
teléfono entre las manos, esperando y temiendo que sonara.
Todavía no podía pensar en nada más que Alex mientras se
preguntaba si se encontraba bien. Si hubiera podido, se habría quedado
con ella, dándole más tiempo para adaptarse además de los últimos tres
días. Demonios, ese era tiempo suficiente para convencerla de que hiciera
lo que él quería, aunque sólo fuera para salir de esa habitación con él. Pero
le reconfortaba el hecho de que, incluso después de que él se desmayara,
y ella se hubiera ido de la habitación sin que él se diera cuenta, no había
ido más allá del baño en el primer piso de su casa.
Eso no significaba que estuviera milagrosamente curada. El viaje era
todavía largo, y existía la clara posibilidad de que nunca terminara, pero si
había algo que Luka sabía, era que estaría ahí para ayudarla a superarlo.
—¿Vas a decirme con quién nos vamos a encontrar? —preguntó Luka,
centrando su atención en Mishca, intentando con todas sus fuerzas
mantener a raya su irritación, tal y como lo había pensado antes en la
conversación. No sabía lo que se le había metido por el culo al ruso, pero
estaba demasiado cansado para lidiar con ello.
—Dos sindicatos, querían reunirse en territorio neutral.
Luka le dio una mirada extraña.
—Eso todavía no me dice una mierda.
Mishca, que parecía estar luchando por tener paciencia, explicó:
—Tengo dos clubes nocturnos, Roman tiene un salón, y
probablemente has oído hablar de sus torneos que celebra cada dos
meses. Entre los dos, por no mencionar la cantidad de tierra que los italianos
todavía controlan en Atlantic City, es más difícil abrir camino sin pisarle los
pies a alguien.
—¿Cuánto te están pagando?
—¿Por qué asumes que me están pagando?
Poniendo los ojos en blanco, Luka se dio la vuelta.
—Puede que no haya ido a un internado de lujo pero, si vamos a volar
para encontrarnos con ellos porque uno o ambos están tratando de abrir su
propio lugar, entonces obviamente están entrando en nuestro territorio. La
única manera de hacerlo es pagando el alquiler. Dime, ¿cuándo te volviste
tan condescendiente? No soy un maldito yuppie.
—Sólo me aseguraba de que prestaras atención.
—¿Qué carajo? Yo…
—No siempre vas a ser el gruñón —le respondió Mishca, perdiendo la
paciencia—. No tendré a nadie que no pueda manejar algo tan simple
como una presentación a mi lado.
—Nunca pedí estar a tu lado, ruso —dijo Luka, utilizando una página
del libro de Klaus. No era realmente un insulto, considerando la nacionalidad
de Mishca, pero la forma en que lo dijo hizo que sonara como tal.
—¿No? ¿Entonces cómo llegaste aquí, Luka? Normalmente el Bratva
te elige a ti, pero tú lo buscaste. ¿Por qué es eso?
Algo en la forma en que realizó la pregunta hizo que el ojo de Luka se
moviera. Por muy curioso que pudiera haber parecido, su tono tenía una
mordida desafiante que no le sentaba bien a Luka. No podía saber la
verdad, más de la mitad de los albaneses que habían estado involucrados
ese día estaban muertos, no quería pensar en Fatos y, si Klaus ya se lo hubiera
dicho, no estarían sentados en el avión juntos.
No, Mishca probablemente sólo estaba curioso.
—No tenía nada más. —Y eso fue lo más cercano a la verdad que
pudo admitir.
Mishca se quedó en silencio durante un rato antes de responder.
—Eres más inteligente de lo que la mayoría cree. Aprender un idioma
sólo para impresionar a una chica es una hazaña en sí mismo, no me mires
así. Sólo un maldito idiota no sabría por qué aprendiste francés. Soy pasable
en el mejor de los casos, pero tú no hablas de verdad —dijo Mishca mientras
lo miraba fijamente—. Sé de lo que eres capaz. Eres grosero, claro. ¿Kto....
quién no lo es? Pero eres capaz de más y, si realmente te esfuerzas en vez
de intentar permanecer en las sombras, serías un gran capitán.
Luka sacudió la cabeza.
—¿Y si eso no es lo que quiero?
—Entonces, ¿te conformas? ¿Dejando que te mande?
No, odiaba esa mierda. Luka siempre había tenido un problema con
la autoridad y, aunque Mishca no era tan malo como la mayoría, todavía
se sentía tenso cuando se le llamaba como a un perro bien entrenado.
Mishca sonrió con suficiencia, sabiendo la respuesta.
—Sean cuales sean tus reservas, es hora de que te enfrentes a lo que
sea que te detenga o lo haré por ti.
Aparentemente terminando su discurso, Mishca sacó su teléfono,
comprobando la hora. La luz del cinturón de seguridad se encendió y el
piloto habló por los intercomunicadores para avisarles que iban a aterrizar.
Luka se alegraba. El avión era demasiado pequeño.

***

El hotel al que llegaron era grandioso, como la mayoría en el Strip.


Pasaron entre la multitud sin ser notados. En parte porque había docenas de
personas vestidas con trajes caros, y también porque pasaron por los
controles de seguridad con facilidad.
Mishca habló el que más, con Luka flotando justo detrás de él,
pareciendo en todo momento el músculo que se suponía que era.
Finalmente, llegaron a una habitación privada en la parte de atrás del
casino donde dos guardias fuertemente armados esperaban para revisar si
tenían armas. Mishca entregó la pistola con mango de perla que siempre
llevaba consigo, pero Luka sacudió la cabeza antes de que se preocuparan
por alcanzarlo.
Uno, más atrevido que su amigo, hizo un movimiento como si estuviera
a punto de palparlo y quitarle físicamente cualquier arma que tuviera contra
él.
—Tócame y perderás la mano.
El músculo contratado lo miró fijamente, pensando que podía quebrar
a Luka de esa manera pero, cuando eso no funcionó, miró a su camarada,
que se tocó la oreja con un dedo. Segundos después, obtuvieron órdenes
nuevas.
Luka sonrió con suficiencia mientras se apartaban de su camino.
La decoración de la habitación era llamativa, atrayendo más a los
hombres de negocios que estaban sentados en sillones rellenos, con puros
en la mano. Reconocieron el estatus de Mishca pero, cuando sus miradas
se dirigieron a Luka, hubo un toque de desaprobación.
Podía adivinar por qué. Aunque él y Mishca estaban cubiertos de
tatuajes, los de Luka eran más descarados, y más que eso era el hecho de
que Luka llevaba vaqueros, y probablemente parecía que se había vestido
con prisa (lo cual era cierto) y los tres llevaban trajes planchados que
costaban más de lo que Luka pagaría por cualquier prenda de ropa que
tuviera.
No había mucho que pudiera hacer al respecto ahora.
—Caballeros —saludó Mishca suavemente, tomando uno de los dos
asientos disponibles para ellos—. Vamos a empezar.
Luka desconectó durante la mayor parte de la conversación,
dándose golpecitos con el pulgar contra el muslo durante la mayor parte
de la misma. Esta era otra razón por la que no creía que subir más por el
Bratva le funcionaría. Esto, sentarse frente a hombres que podrían ser aliados
o enemigos dependiendo de cómo soplara el viento ese día, y hablar de
propuestas y tratos y otras cosas inútiles que no le importaban. Todo eso lo
aburría. Le gustaba el aspecto más práctico del trabajo.
Tal vez un día, un día muy lejano en el futuro.
Si hubiera estado más concentrado en la compañía actual en lugar
de dejar que sus pensamientos se desviaran hacia otras cosas, podría haber
notado las extrañas miradas que recibía de uno de los músculos que se
encontraba de pie a un lado y que había entrado en la habitación unos
minutos antes. En vez de eso, se perdió en sus pensamientos, ahora
pensando en lo que Alex hacía ella sola. Su lado obediente sabía que habría
sido mejor decírselo a Mishca antes de que subieran al avión, pero su lealtad
no se lo permitía, por no mencionar que ni siquiera quería contemplar
cuándo, exactamente, se había vuelto más leal a Alex que a su propio jefe.
Finalmente, una vez la reunión, cuyos resultados fueron los que Mishca
quería, llegó a su fin, Luka estaba más que listo para irse y volver a casa.
Asintiendo hacia los hombres, Luka salió primero de la habitación, más
que un poco molesto. Se había sentado durante horas en un avión sólo para
tener una reunión de veinte minutos, justo para volver a tomar otro vuelo.
Podrían haber resuelto esto con una llamada telefónica.
Necesitando orinar, Luka se excusó, dirigiéndose a los baños que se
hallaban a sólo unos metros de distancia. Sólo había estado allí unos
minutos, como mucho, cuando oyó que la puerta se abría, y su cabeza giró
automáticamente en esa dirección, pero el hombre, el guardia que había
estado en la habitación con ellos hacia el final de la reunión, se paró junto
a la puerta.
Luka se subió la cremallera, levantando una ceja mientras se
acercaba a los lavabos.
—En lo que sea que estés metido, yo no lo estoy. Me siento
halagado....de verdad.
—¿No te conozco de algún lado?
Luka lo miró fijamente, aunque por dentro estaba entrando en pánico.
Normalmente, su antigua organización nunca hacía negocios más allá de
la Costa Este, e incluso eso era extenderse, ya que la mayoría no podía llegar
al país.
Pero ese era siempre su primer instinto, si alguien pensaba que lo
conocía.
—Nunca he estado en Las Vegas —dijo Luka cuidadosamente—. Y
siempre recuerdo todas las caras.
—No, no —dijo el hombre con firmeza, entrecerrando los ojos hacia
Luka—. Sé que lo he… oh, mierda. Eres un Ahmeti.
Luka se enorgulleció de no reaccionar, sólo el más mínimo movimiento
de sus manos reveló sus emociones. Se le levantó la comisura de la boca
mientras cogía una toalla de papel, secándose las manos y acercándose
ágilmente al hombre.
—Estuviste increíble en el Foso, nunca perdiste una pelea después de
la primera, ¿verdad? —preguntó, sin darse cuenta del peligro que corría—.
¿Pero qué más puedes esperar de uno de los chicos de Bastian? Siempre
supo cómo entrenarlos. Supongo que así es como terminaste trabajando
con los rusos, por tus habilidades. A menos que... no conozcan ese pequeño
detalle.
Luka no dijo ni una palabra mientras el hombre continuaba haciendo
sus suposiciones. No, esperó porque, en el momento en que el hombre le
diera una razón, terminaría con todo esto.
—Se corrió la voz sobre la disputa entre los rusos y los albaneses. Es un
poco extraño que los rusos dejaran que alguien de la misma organización
que odian trabajara para ellos... a menos que no sepan quién eres. ¿Cuánto
crees que vale esa información?
Luka sacudió la cabeza, realmente sorprendido por toda esta
situación.
—Idiota. Déjame ver si lo entendí bien. Vienes aquí y tratas de
chantajearme, ¿estás tratando de chantajearme, verdad?
El hombre lo miró fijamente pero no ofreció una respuesta.
—Como dije, tratas de chantajearme, pero el problema es que sabes
quién soy y de qué soy capaz. Entonces, ¿qué esperabas lograr aquí,
exactamente? O tal vez tengas ganas de morir...
Debe haberse dado cuenta del peligro que corría porque apuntó con
una pistola al pecho de Luka. Ahora... había miedo en sus ojos.
No había manera de que este tipo hubiera estado haciendo esto
durante más que unos pocos meses, al menos a capacidad oficial. Mucha
gente se quedaba esperando formar parte de cualquier organización que
se lo permitiera.
Ni siquiera se dio cuenta de que el seguro seguía puesto mientras lo
amenazaba.
—Quiero cincuenta de los grandes o revelaré tu secreto y veré cómo
los rusos te cortan en pedacitos.
Creativo, Luka le daría eso.
Y tal vez otro día podría haberse quedado y seguir jugando con él un
poco más, pero tenía los nervios destrozados y no estaba de humor para
esta mierda.
Moviéndose más rápido de lo que el hombre podía seguirle el ritmo,
Luka le dio la vuelta, con el brazo alrededor de la garganta del hombre
mientras experta y fácilmente comenzaba a ahogarlo, con los músculos
flexionando mientras apretaba, pero incluso cuando el hombre le arañó,
tratando de liberarse, no se detuvo.
El arma se golpeó contra el suelo mientras él luchaba por liberarse,
aterrizando a sus pies, deslizándose por el suelo.
Luka suspiró.
—Deberías haber sabido no amenazarme nunca.
Cuando el hombre hizo un ruido de estrangulamiento, pateando con
sus piernas, su pie conectándose con el borde del fregadero, Luka
finalmente lo terminó, rompiéndolo el cuello.
Lo arrastró a una de las cabinas, sosteniéndolo en el inodoro. Aunque
dudaba de que fuera necesario, tuvo especial cuidado en limpiar todo lo
que había tocado, guardándose la toalla de papel que había usado en el
bolsillo.
Saliendo de los baños, con las manos en los bolsillos, Luka regresó al
lugar donde Mishca se encontraba esperando a la entrada del casino, junto
con los dos hombres con los que se habían estado reuniendo.
Mishca frunció el ceño.
—¿Por qué tardaste tanto?
—Un cadáver en el baño. El lugar más extraño.
Poniendo los ojos en blanco mientras los otros hombres reían, Mishca
se dirigió hacia el exterior, hacia donde su coche lo esperaba.
Cuando volvieron a estar en el cielo, regresando a casa, Mishca lo
miró.
—Realmente dejaste un cadáver ahí dentro, ¿no es así....
22
Comodidad
Traducido por Kariza
Corregido por Taywong

S
in Luka, Alex se sintió incómoda quedándose en su casa sin él ahí,
pero dejó claro que no quería que se fuera. Loki se sentaba
orgullosamente en sus pies, su mirada sobre ella, o tal vez, solo era
el tocino que tenía en la mano. No sintiéndose muy hambrienta, lo sostuvo
en su mano para él, sorprendida por cuan gentilmente lo tomó de su mano,
como si hubiera practicado no arrebatarlo.
Dejando su plato en el lavabo, cargó su vaso de jugo de naranja con
ella mientras iba a explorar la casa, no que hubiera realmente mucho que
ver. Aparentemente Luka no creía en los muebles… o incluso en la TV, pero
una parte de ella pensó que tal vez había algo más que eso.
Para ella, su apartamento parecía reflejar el tipo de persona que
retrataba para los demás. Vacía. Estéril. Pero no pensaba que eso fuera lo
que decía su casa. Vacía, tal vez, pero la pregunta era por qué. Él una vez
le dijo que las personas como él no merecían cosas lindas, pero si la dejara,
ella le daría todo lo que pudiera.
Ahí fue cuando una idea la golpeó. Tal vez podría pagarle
ayudándole a arreglar este lugar y haciéndolo sentir más como un hogar.
Si su departamento estaba sucio ella contrataba alguien para
limpiarlo. Hubo veces en las que no se sentía en humor de cocinar,
especialmente en los últimos tiempos, y prefería comer fuera en su lugar.
Ahora que pensaba en ello, no podía recordar la última vez que hizo algo
por ella misma o la última vez que hizo algo por alguien más sin obtener algo
a cambio. Después de todo lo que Luka hizo por ella en la última semana,
se lo debía, y mientras sabía que él no aceptaría dinero, pensó en algo
mejor.
Ahora, la única cosa que tenía que hacer, era que él aceptara.
O… tal vez solo hacerlo mientras él no estuviera, había dicho que
volvería tan pronto como pudiera, pero a veces los viajes de la Bratva
duraban días, y si era honesta, no se sentía con ganas de regresar a su
apartamento vacío en la ciudad. Por qué no disfrutar su tiempo ahí, sin el
constante ruido y luces brillantes, y en su lugar, pasarlo con un perro muy
entusiasta. Mientras más pensaba en hacerse útil, más le atraía la idea. Sin
mencionar, que le daría algo para mantenerse distraída por un buen rato,
porque Luka tenía un buen número de casas.
Desde que llevaba ropas prestadas, se aseguró de que fueran viejas
antes de empezar, comenzando en la habitación donde había pasado los
últimos cuatro días. Quitó su colchón, arrojando las sabanas a una esquina,
yendo a través del resto de la habitación para recoger los contenedores
vacíos y botellas que ella muy probablemente lanzó durante su juerga. Loki
estaba siempre presente, sentado a su lado, observando cada movimiento.
Solo la limpieza de la habitación tomo una media hora, y para el tiempo en
que terminó de barrer y echar las sabanas en la lavadora, otros veinte
minutos habían pasado.
Terminando con esta habitación, se movió a la que se hallaba
directamente cruzando el pasillo, golpeando el interruptor encendido en su
camino hacia dentro. Había estanterías integradas en las paredes de la
habitación, pero ni un solo libro adornaba las estanterías.
Había un buen número de cajas de leche alrededor de la habitación,
todas llenas hasta el tope con libros nuevos y viejos, pero ni eso era suficiente
para contenerlos todos. Más estaban colocados en pilas a lo largo de la
pared. Algunos eran novelas, que iban desde romance hasta clásicos de
literatura, pero lo que captó su atención fue el número de libros escritos en
francés, junto con un diccionario. Sin mencionar los libros de texto, algunos
de filosofía, otros de psicología, y variando en diferentes títulos.
¿Luka se enseñó a sí mismo como hablarlo? Y si tuvo qué, ¿por qué?
Nunca cuestionó como él sabía el idioma, suponiendo que lo aprendió
como Mishca, pero ahora se lo preguntaba. Se arrodilló junto a estos,
pasando sus dedos por los lomos, leyendo los títulos.
Se sentía sorprendida de encontrar muchos de sus favoritos, lo que le
trajo sus propios recuerdos.

***

Recostada sobre su estómago, Alex ignoraba a los hombres que


caminaban a través del vestíbulo de la mansión, ajena a ellos tanto como
ellos a ella. Se hallaba absorta en una historia, tomando su muy necesitado
descanso de pasar todo el día con su madre, quien, a pesar de los años, no
se había vuelto menos molesta. Aparentemente, ellos se preparaban para
una cena de navidad, una tradición que había puesto en segundo plano
por los últimos años, pero este año era diferente con Mishca trayendo a su
novia a casa a conocer a la familia. A Alex le agradaba lo suficiente para
estar un tiempo limitado en su presencia, pero eso no quería decir que
entendiera por qué Mishca sentía la necesidad de presentarla,
especialmente cuando ella no sabía nada sobre la vida de la que eran
parte.
—¿Qué es eso?
Alex levantó la mirada, las mariposas que siempre yacían dormidas en
su estómago hasta que Luka aparecía volvían a la vida al escuchar su voz.
Había hombres a su alrededor, vistiendo trajes a pesar del hecho de que
hacían labor manual, cargando cosas por Mikhail, y sin embargo, aquí se
encontraba Luka de pie, vistiendo jeans y una camisa gris, siempre
mostrando la tinta colorida que cubría sus brazos.
Él se inclinó sobre un lado del sofá, su expresión ilegible incluso cuando
ella detectó una nota de curiosidad en su tono. Mientras se giraba para verlo
mejor, sus ojos la escaneaban, persistiendo en lugares delicados. Desde el
día en que lo conoció, lo había encontrado interesante. Tal vez era porque
era muy diferente a todos los demás que rodeaban a su familia, o tal vez
solo era que él le hablaba como si fuera alguien.
Por un instante, pensó que había visto interés en sus ojos cuando se
conocieron, pero rápidamente fue claro que no estaba interesado desde
que la evadía como la peste. Otras veces, lo notaba observándola con esa
manera intensa de él y tal vez —y esto solo era una delgada posibilidad—
era debido a la diferencia de edad.
Alex no sabía qué edad tenía desde que raramente hablaba sobre sí
mismo, y cualquier intento que hizo de obtener información a través de
Mishca, él tampoco sabía o no quería decirle.
En vez de responder, lo sostuvo para que lo pudiera ver, moviendo sus
manos así podía leer las letras doradas en el lomo.
—Una de mis novelas favoritas. —Él miró, sus labios moviéndose en
silencio mientras trataba de pronunciar el nombre. Ella lo hizo por él—. Es una
de mis favoritas.
Tomando el libro de sus manos, lo giró, sus ojos escaneando las
páginas. Ella le sonrió con confusión.
—Es francés.
—¿Tú hablas francés?
—Sí —dijo sin problemas, sonriendo mientras hablaba el idioma que no
había usado en meses desde que regresó de Nueva York—. Pero sabrías eso
si me hablaras.
La diversión en sus ojos no parecía condescendiente en lo más
mínimo, pero de nuevo, él siempre la miraba de esa forma.

***

Había un libro, sin embargo, uno que estaba separado en un lado de


los otros, su lomo desgastado por lo viejo. El Principito. Lo leía
frecuentemente cuando era niña, y específicamente recordaba haberle
dicho sobre él. Fue una influencia, más que una influencia si realmente
pensaba sobre ello. Alex no sabía por cuanto tiempo tuvo estos libros —
incluso si la mayoría de ellos se veían moderadamente nuevos— así que no
existía garantía de que hubiera aprendido el lenguaje recientemente.
Pero, ¿cuáles eran las probabilidades que no lo hubiera conocido
cuando la conoció por primera vez?
¿O que todos los libros que él tenía en su idioma eran sus favoritos,
favoritos que ella le mencionó al menos una vez?
Era mucho para una coincidencia.
Dejándolo ser por el momento, los arregló tanto como pudo,
barriendo y limpiando estantes. Cuando terminó con esa habitación, se
movió a la cocina, después la sala, y prácticamente cualquier lugar, pero
incluso después de trabajar por horas, exhausta después de que todo estuvo
hecho, se encontró a si misma yendo a la deriva a esa habitación con libros,
sentada en el piso junto a las cajas sacando uno.
Por un momento, estando ahí perdida en el mundo representado por
páginas, recordó lo que era estar sin preocupaciones. Recordaba cuán fácil
era perderse en un libro, lejos de la sangre y la muerte que se utilizaba para
compensar su mundo. Sin embargo, no podía escapar. Estaba sumergida
hasta las rodillas en ello.

***

Cuando Luka no regresó un par de horas más tarde, Alex comenzó a


volverse un poquito loca encerrada en su casa, especialmente desde que
no había nada más que pudiera hacer. No era como que hubiera algo más
para limpiar, además del piso apenas tenía algunos muebles.
Hablando de… después de tomar las llaves de su camioneta, Alex se
aventuró afuera, respirando aire fresco que se enfriaba rápidamente. No se
encontraba particularmente vestida para el clima, pero era la última cosa
en su mente mientras se subía a la camioneta y la encendía. La última vez
que estuvo en un auto, no terminó bien para el auto, pero salió de la
entrada, después bajó derecho a lo largo de la calle —sin saber realmente
a donde iba— estaba determinada a ser más cuidadosa esta vez.
No le tomo mucho tiempo para saber dónde estaba, y ahora que
sabía, se comprometió a mantener la ubicación en su memoria, pero en vez
de dirigirse de vuelta a la ciudad, hizo una parada justo afuera de esta,
entrando en el estacionamiento de un grupo de tiendas.
Alex se aventuró a través de un par de ellas, alegre de que una de
ellas era una tienda de muebles. No quería suponer qué tipo de muebles le
gustarían a él, pero sabía que podría utilizar algunos estantes y algunas
sabanas nuevas. Para el momento en que terminó y encontró todo lo que
quería, al menos por el momento, se dirigió de nuevo a la casa de Luka,
dándole a Loki una afectuosa caricia en la cabeza ya que no había hecho
ningún ruido desde que se fueron.
Cuando regresaron, fue directamente a organizar las cosas,
cargando los dos estantes que compró en la tienda. Sin ninguna
herramienta, podría haber esperado para más tarde, pero quería ser capaz
de comenzar a arreglar lo que sería la biblioteca.
Ahí fue donde la encontró Luka muchas horas más tarde. Absorta en
lo que hacía, no lo escuchó venir o lo vio merodeando en la puerta.
—¿Qué demonios haces?
Alex se sobresaltó, girando para ver a Luka observarla, su rostro sin
expresión mientras su mirada yacía en ella, una mano detrás de Loki
rascando su oreja. O había estado absorta en lo que hacía, o ellos dos
tenían movimientos silenciosos.
Abandonando la pregunta original mientras miraba de ella hacia
donde estaba de pie, su ceño se hizo evidente.
—¿Y qué demonios es eso?
—No es de verdad —proclamó en defensa de la gran alfombra de
piel de oveja que estuvo tratando de centrar en su dormitorio, había tenido
que mover su colchón para recargarse hacia arriba cuando él entró—. E
incluso a Loki le gusta.
—¿De dónde vinieron?
—Los compré —dijo, apurándose a decir—, para ti, supuse que, si
querías el marco, entonces ya habrías comprado uno, pero pensé que al
menos podías usar algo para que este lugar se sienta más acogedor.
—¿Así que pensaste que quería una alfombra?
No podía decir por su gesto si se sentía molesto o solo confundido,
esperaba que la última.
—Si no te gusta, entonces puedo cambiarlo por algo más. Tú sabes, si
de hecho quieres un marco.
—Tú quedándote aquí, no era una invitación a mudarte.
—Lo sé, es solo…
Él sacudió su cabeza, saliendo de la habitación.
—Cualquier idea que se te haya ocurrido, déjala ir, no estamos…
—Por el amor de Dios, solo trataba de hacer algo lindo por ti.
Por supuesto, la única vez que ella intentaba hacer algo sin ningún
motivo ulterior, se lo echaban en cara, pero debía haber esperado eso.
Como siempre decían, ella siempre estaba jodiendo las cosas. No importa
qué hubiera estado haciendo las últimas horas, eso no podía borrar las
ultimas treinta y seis horas.
Agarrando su abrigo, porque se había quedo ya más allá de su
bienvenida, estaba lista para salir de ahí. Se sentía más que lista para llamar
un taxi para que la llevara de vuelta a la ciudad, pero Luka se giró hacia ella
de repente, bloqueándole el paso.
Fue un déjà vu de nuevo.
—Muévete
—¿Herí tus sentimientos?
—¿Tienes que ser un asno todo el tiempo? —preguntó, exasperada,
lista para empujarlo fuera de su camino.
Él encogió un hombro, pareciendo tomar la pregunta en serio.
—Sí.
Ladeando su cabeza a un lado, ella encontró su mirada.
—¿Por qué?
Luka se veía incómodo por la pregunta, su lengua lamiendo sobre su
labio inferior, sus ojos moviéndose rápido contemplando una respuesta.
—Nada se da libremente. Mejor saber qué quieres por adelantado
antes de que me lances mierda.
Estaba muriendo por hacerle preguntas, finalmente entrar en su
mente, pero sabía que tenía que hacer eso gradualmente porque en el
momento que presionara mucho demasiado rápido, se cerraría. Y entonces
ahí no habría manera de conseguir nada fuera de él.
—Sé que los últimos cuatro días no fueron… fáciles para ti, así que
pensé que podría pagártelos ayudándote a arreglar tu casa. Deuda por
deuda, ¿entiendes?
Sus ojos, lo más suaves que nunca había visto, se arrugaron en las
esquinas mientras la más breve de las sonrisas curvó sus labios.
—No tenías que hacer eso.
—Pero quiero hacerlo.
Porque se lo debía por todo lo que hizo por ella, no solo de hace tres
días, si no por lo que había hecho desde el momento en que lo conoció.
Realmente, era lo menos que podía hacer, y más que eso, si le permitía
quedarse con él solo por un poco más de tiempo, sin la interferencia de sus
vidas de vuelta en la ciudad, ella lo tomaría.
—Ha sido un día de mierda para mí.
Alex le devolvió la sonrisa.
—¿Esa es tu forma de pedir disculpas?
Alcanzó el abrigo que ella seguía sosteniendo, tomándolo y
poniéndolo de vuelta donde estaba antes de que lo tomara.
—Tal vez.
—No es lo suficientemente buena.
Su ahora vacía mano derecha fue a descansar sobre su pecho, sobre
su corazón, sus dedos extendidos para cubrir el área.
—Lo siento.
Ahora empezaban a llegar a algún lugar. Sintiéndose con suerte, Alex
cuidadosamente preguntó—: ¿Quieres hablar sobre lo que hizo tu día malo?
Completamente esperaba que dijera que no, se preparó a sí misma
para escuchar la palabra, pero solo le respondió con otra pregunta.
—¿Tienes hambre?

***

Abajo en la cocina, Alex observaba mientras Luka hacia su camino


alrededor de la cocina, sacando utensilios de cocina y más, pasándose
después al refrigerador. Pollo, patatas, espárragos, y un gran número de
hierbas y pimientos se colocaron en el mostrador.
A pesar de que había sido solo esa mañana cuando lo observó
preparar el desayuno, él ya había terminado de hacer la mayoría para el
momento en que ella salió de la ducha y se unió a él. Ahora que observaba
desde el principio, Alex se dio cuenta de lo bueno que era.
Dado su amor por los cuchillos, no debería haber estado sorprendida
por la manera experta en que los manejaba. Era como si solo se sintiera
cómodo cortando un limón tanto como cortando a un hombre.
Él solo había puesto un sartén en la estufa, girando uno de los
quemadores cuando habló.
—¿Que hiciste después de que me fui?
—Comí, llevé a Loki por un paseo, deberías haberme dicho que odia
las correas, por cierto, me dio un pequeño golpe, después fui de compras
para tu casa.
Él fue un poco lento en procesar lo que dijo, pero tan pronto como
hizo clic, se giró con toda la fuerza de su mirada sobre ella.
Levantó las cejas, y ella preguntó—: ¿Muy rápido?
—¿Qué más?
—Nada más. Me quedé aquí todo el día hasta que llegaste con un
palo atascado en el trasero. Ya sabes, antes de que decidieras actuar como
un idiota, podrías al menos haber tomado una mirada alrededor para ver lo
que hice.
Por un momento, se vio incómodo.
—No tenías que limpiar mi casa, no buscaba un pago de vuelta.
—Entonces no me mires de esa forma. Considéralo un regalo.
Sus labios hicieron una línea, pero no parecía tener una respuesta para
eso. Más bien, parecía incomodo por la idea de recibir un regalo de ella.
—¿No te gustan los regalos? —preguntó, metiendo el puño bajo la
barbilla.
Estuvo en silencio por un momento, meditando su pregunta.
—Nada nunca es gratis. Ni siquiera los regalos. Incluso las cosas que se
supone que son libres vienen con una etiqueta de precio.
Ella frunció el ceño.
—Lamento que te sientas de esa manera, pero no hice esto
esperando algo de ti. Era lo menos que podía hacer después… bueno,
después de todo.
Tomando una toalla de papel en su mano, la rompió en pedazos,
moviendo las pequeñas piezas alrededor de la mesa.
—¿Le vas a decir a Mish sobre Snow?
—¿Que podría decirle? ¿Que follabas con un tipo a cambio de
drogas y acabo de descubrirlo? No estoy seguro de que eso vaya a ir bien.
Haciendo una mueca, miró lejos de él.
—Así no es como sucedió.
Esa fue la cosa incorrecta para decir. Él se giró lejos de la estufa,
nivelando su mirada que era casi aterradora por la intensidad.
—¿No? Ilumíname.
—Ya estás molesto —susurró, aun mirando a la ventana—. No quiero
empeorar tu humor.
Él cruzó la isla que los separaba mientras se inclinaba hacia el frente.
—¿Por qué? ¿Te sientes asustada de mí?
Ante eso, Alex encontró su mirada.
—Nunca he estado asustada de ti Luka. Nunca ha habido una razón
para estarlo.
Su sonrisa era fría y cruel.
—Si supieras lo que planeo hacerle, entonces podrías repensar eso.
Mierda, si supieras lo que me gustaría hacerle, lo pensarías dos veces. —
Sacudió su cabeza, su sonrisa deslizándose—. No me conviertas en algo que
no soy, Alex. No soy una buena persona. Nunca lo seré.
—Pero lo eres —respondió suavemente—. Nadie más habría hecho lo
que hiciste por mí.
—¿Eso es? —preguntó, aun mirándola—. ¿Hago algo agradable por ti
y te olvidas de quién soy?
—¿Que hay que olvidar, Luka? Recuerdo cada pequeña cosa sobre
ti.
¿Luka parecía… irritado?
—Ni siquiera me conoces.
—Pero quiero hacerlo. —Alcanzó la mano que él había hecho puño
justo enfrente de ella, pero cuando vio los tendones apretados, suspiró, no
moviéndose más cerca—. Siempre he querido. Sabes eso.
—Y nunca he entendido por qué. ¿Qué es lo que ves, Alex? Dime,
quiero saber. No soy un proyecto para joder hasta que logres aburrirte.
—Eso no es…
—Y tú te aburres fácilmente.
—¡Luka!
Él parpadeó, mientras salía de su trance. La ira que parecía estar
presente en el alejándose.
—Solo siempre he querido ser tu amiga.
Se pasó una mano por la espesa maraña de cabello rubio en su
cabeza.
—No eres mi amiga.
Su corazón se hundió en su pecho, y se preguntaba de nuevo por qué
se ponía a sí misma en esta posición, rogando por algo que él no quería
darle.
—¿Entonces qué es lo que soy? —Tal vez si decía “nada”, sería capaz
de cortar lo que sentía por él. Tal vez así ya no le importaría tanto.
Él sopló su aliento, su lengua asomándose por la comisura de sus
labios.
—Más que eso.
Y tan rápido como ese lazo invisible pareció aflojar, se tensó una vez
más. Esto no era de ayuda, lo sabía, pero no, no creía poder dejarlo ir hasta
preguntarle… incluso ni siquiera entonces
Dejándolo así, observó su movimiento alrededor de la cocina mientras
él regresaba a la estufa, disfrutando la forma en que se metía a sí mismo en
lo que hacía. Sabía que era experto en lo que hacía, pero no creía que
nadie más podría mantenerse como él cuando ponía su mente en ello.
Existía algo bastante intimo en Luka cocinando para ella, incluso
aunque cocinar era algo que siempre hacia. Además de los profesionales,
no creía que alguien más hubiera cocinado para ella. Lo curioso es que no
pensaba que Luka lo viera de esa forma —como si fuera una gran cosa—
pero lo era para ella. No podía recordar alguna ocasión cuando alguien
hubiera cocinado para ella del mismo modo en que Luka lo hacía, y para el
caso, no creía que jamás hubiera salido del camino para hacer algo así por
nadie más que para sí misma.
Para el momento en que terminó, ella miraba hacia el frente a su
creación, ansiosa por ver de lo que se trataba su pasión. Casi se ofreció a
ayudar, pero él parecía estar en su mundo y no quería quitárselo. Cuando
la comida fue colocada y ofrecida para ella, esperó para que se uniera
antes de tomar su cuchillo y tenedor.
Recordando la manera en que la miró cuando regresó, y la
conversación que había seguido, Alex pensó que era lo mejor no traer sus
sentimientos sobre él de nuevo, en vez de eso se concentró en él.
—¿Quieres hablar de ello? —preguntó Alex suavemente, dando un
mordisco al rollo de mantequilla—. Quiero decir, lo que pasó cuando te
fuiste.
Su expresión prácticamente gritaba no, pero después de unos
momentos, él dijo—: Un trabajo fue mal.
—Mal como… oh, ese tipo de mal —respondió a sí misma cuando la
mirada que él elevó hablaba en voz alta.
Empujó la comida alrededor del plato antes de finalmente dar una
cucharada poniéndola en su boca, masticando metódicamente mientras
intentaba pensar la mejor manera de romper con este tema. Era bastante
obvio que cuando dijo que un trabajo fue mal, tuvo que probablemente
haber matado a alguien. Nunca había pensado sobre lo que eso le había
hecho mentalmente porque siempre parecía tan jovial, pero una breve
imagen de su mirada esa noche que lo vio entrar el apartamento de Mishca,
sus manos y ropas cubiertas en sangre, pasaron por su mente.
—¿Es… duro para ti? ¿Hacer… eso?
Él masticó metódicamente, limpiando su boca con una servilleta
antes de hablar.
—Depende. Se lo que estás pensando —dijo con el fantasma de una
sonrisa—, pero no es solo blanco y negro como crees. No es solo una bala
en la cabeza de alguien y se termina. A veces necesito mantenerlo con vida
y tengo que obtener información de ellos. Otros reciben un indulto de mi
parte y mueren rápido. Entonces, por supuesto, hay algunos con los que
toma tiempo. No es si lo disfruto o no. No es ni siquiera si lo odio o no. Lastimar
personas es la única cosa que sé.
A Alex no le gustó la forma en que dijo eso.
—Pero no lo es. Y, como dijiste, no es blanco o negro. He visto la
violencia de la que eres capaz. —Cuando él levantó una ceja, rápidamente
explicó—. Eres el ejecutor número uno de Mishca, Luka. A veces tu nombre
se escapa por ahí, y más tarde podría ver el resultado de una visita tuya que
pagó esa persona, durante una conferencia de prensa.
Ambos sabían a quien se refería cuando dijo eso.
—Pero también he visto el bien en ti, más veces de las que te das
cuenta. Y no es solo lo que hiciste por mí, si no lo que haces por todo el
mundo. Cuando Mish estaba en el hospital después de que le dispararon, tú
fuiste por Lauren. Escuché una vez que cuando estuviste a cargo de la
Habitación Dorada, eras de hecho agradable con las chicas, más
agradable que cualquiera.
Él terminó su vaso de agua.
—Y por eso es por lo que te agrado entonces, este punto suave mío
por ayudar a mujeres.
—¿Es tan difícil de creer que me agrades?
—No puedes.
—¿Por qué no?
—Porque
—¿Porque me destrozarás? —preguntó Alex, sintiendo la urgencia de
poner sus ojos en blanco—. Si, Luka, ya hemos tenido esta conversación. No
veo como es justo que digas que no te conozco lo suficiente para que me
gustes, pero ¿qué sabes sobre mí? ¿Por qué crees que soy tan débil?
—No creo que seas débil —replicó negando con su cabeza—. No
creo que seas débil en absoluto.
—Si crees que no puedo manejarte con todo lo que viene contigo,
entonces, sí, crees que soy débil.
Miró hacia su reloj.
—Es tarde, tengo que levantarme temprano.
La conversación, al parecer, había terminado.
Enjuagando sus platos y dejándolos en el lavabo, se dirigió escaleras
arriba, regresando a la habitación que había tenido cuando fue su
prisionera. Si tenía que adivinar, parecía que él había llevado su puño a la
pared varias veces, y tal vez incluso en su regadera dado que algunos de
los azulejos estaban rotos. No mintió cuando dijo que su rabia no la asustaba,
pero tal vez era solo porque no lo había presenciado de primera mano.
De cualquier manera, por esta noche terminó de pelear con él.
Apagando la luz, se dirigió a su dormitorio, quedándose en pausa
cuando lo vio entrar, aun en su camisa, pero había remplazado sus
pantalones con shorts. Cuando se dio que ella se había congelado en la
puerta, solo mirándolo, él ladeó su cabeza hacia la cama, una orden
silenciosa para que entrara.
Lo hizo sin dudar, aunque se preguntó si se suponía que se uniría a ella
ahí. Era su dormitorio y él obviamente podía hacerlo si quería, pero después
de estar encerrados juntos por tres días y medio, no creía que quisiera estar
en la cama con ella de nuevo. Al menos no tan pronto. Cuando se deslizó
detrás de ella, intentó recordar como respirar.
Alex se sentía más alerta por su presencia ahora que lo que había
estado las últimas noches que durmió a su lado. Se quedó ahí rígida,
intentando no notar el calor de su cuerpo y cuán agradable se sentía en su
espalda. Nunca había dormido tan cerca de él antes. En el mismo
departamento, sí, pero nunca en la misma cama, especialmente no así.
No sabía por cuánto tiempo yació ahí cuando lo escuchó suspirar,
evidentemente aun despierto. Casi salta fuera de su piel cuando sintió su
brazo envolverse en su cintura y jalarla contra él, sujetándola hacia él.
—Solo estamos durmiendo, Alex —murmuró, su respiración rozando su
cabello.
—Luka, yo n…
—Te necesito exactamente donde estas.
¿Qué argumento racional podría decir ante algo como eso?
No se molestó en responder, solo se relajó, forzando sus ojos cerrados,
pero cuando él se relajó detrás de ella, no pudo encontrar difícil caer
dormida, así como estaban.
23
Cuando me necesitas
Traducido por ∞Jul∞
Corregido por Taywong

A
la mañana siguiente, Luka estuvo despierto primero. Para el
momento en que Alex se despertó, se sentía peor que el día
anterior. Era como si cada parte le doliera, y no pensó que era
solo debido a todo el trabajo que había hecho ayer.
Apartándolo, aunque no quería nada más que yacer allí y disfrutar de
la comodidad de su cama, Alex se aventuró a la planta baja, encontrando
a Luka de pie en la puerta, mirando a Loki ir por el patio trasero.
—Luka, necesito ir a casa.
Él giró la cabeza al escuchar el sonido de su voz, su cuerpo quieto.
Podría decir simplemente por la expresión de su rostro que no le gustaba la
idea.
—No tengo nada de ropa aquí. Bueno, obviamente lo sabes, pero no
puedo seguir usando tus cosas. Porque, obviamente, tienes que llevar ropa
también... —Finalmente cerró la boca cuando su expresión estoica cambió
a una sonrisa.
Estar cerca de él la hizo incomodar. No iba a decir que eran
mariposas. En un momento dado, había conseguido esas, cuando seguía
conociéndolo a después de que acababa de irrumpir en su vida de
repente, pero ahora, solo había esa sensación de calma que tenía cuando
él se hallaba cerca. No era tan fácil de mantener un frente. Vio a través de
ella, cada vez, y tal vez eso era el por qué le gustaba tanto.
—Dudo que poseas algo para pintar una casa —se quejó mientras
empujaba fuera de la pared, cruzando el suelo a un armario cercano.
—¿Pintar una casa?
Sacó dos contenedores gigantes, cerrando la puerta de atrás.
—Te ofreciste. La voy a aceptar. Podemos acabarlo hoy hasta que
reciba una llamada.
Es decir, antes de que tuviera que salir a manejar los negocios de la
Bratva. Podría haber sido feliz con este cambio en él, pero sospechaba que
tenía menos que ver con ella ayudándole y más que ver con mantenerla
alejada de los problemas.
—No tienes que cuidar de mí, Luka. Salí ayer y ni siquiera pensé en ello.
Voy a tener que volver a casa con el tiempo.
Por lo menos no trató de negarlo cuando dijo—: No se trata solo de
asegurarme de que permanezcas limpia, Alex. Cosas locas han estallado en
los últimos seis meses. La última vez que estuvimos juntos tú y yo antes... esto...
tuvimos un buen tiempo, ¿verdad?
Tuvieron.
Solo habían pasado por un par de horas, pero ese par de horas fueron
increíbles. Cuando era solo ellos, nada ni nadie más alrededor, se llevaban
increíblemente. Fue solo cuando las influencias externas se involucraban
que tenían una habilidad especial para discutir.
—Correcto.
Se acercó más, su mano subiendo a agarrar un mechón de su cabello,
al parecer hipnotizado mientras observaba las hebras ir a la deriva entre los
dedos.
—Sé lo que se siente al estar solo, incluso cuando hay gente a tu
alrededor. —La miró, los ojos fijos en su rostro, y no se asustó por esa
intensidad. Le dio la bienvenida—. Solo se necesita de una persona para
llenar ese vacío.
Alex no sabía si hablaba de ella, o él mismo, pero, de cualquier
manera, estuvo totalmente de acuerdo.
—¿Cuándo empezamos?

***

Después de haber lavado su rostro, cepillado sus dientes, y comido


otro desayuno preparado por Luka, aunque no se sentía muy hambrienta,
para empezar, ayudó a llevar la pintura, regresando por las brochas y la lona
que él utilizó para cubrir el suelo.
Se arremangó el chándal a los tobillos y cintura, sin molestarse con la
camiseta ya que no había mucho que pudiera hacer al respecto.
Seleccionando una pared, vertió un poco de pintura, agarrando un rodillo,
inició. Luka se encontraba detrás de ella, a los pasos sonaba así. Trabajó en
silencio, sus pensamientos sobre lo que estaban haciendo, al menos por un
tiempo, luego se dio la vuelta, lista para hacerle una pregunta, pero fue
sorprendida por la visión de él sin camisa.
Alex pensó que estaba acostumbrada a la vista de Luka sin camisa,
antes de esto, pero viéndolo hacer el trabajo manual era una experiencia
en sí misma. Era extraño, sin embargo, ayudándolo a hacer renovaciones a
su casa. Todo se sentía tan... mundano. Estaba acostumbrada al glamour
de todo esto, pero trabajando al lado de Luka, incluso con el significado
espantoso detrás de la mayoría de sus tatuajes, trajo un sentido de
normalidad que no consiguió en ningún otro lugar.
—¿Tú…?
Alex parpadeó, lanzando su mirada hacia Luka mientras permanecía
de pie en la base de las escaleras, limpiando sus manos salpicadas con
pintura salpicada con una toalla.
—¿Sí?
Él sonrió, el primer indicio real de diversión que había mostrado
durante todo el día.
—Has estado pintando un mismo lugar durante diez minutos. Creo que
está cubierto.
Miró de él hacia la pared, sintiendo el rubor calentar sus mejillas
mientras aclaraba su garganta, bajando el rodillo al lado de la bandeja.
Había estado en piloto automático, demasiado centrada en él incluso para
ver el trabajo que había estado haciendo. Por no mencionar el hecho de
que estuvo pintando sobre el mismo punto.
—Cierto, lo siento.
Se dio la vuelta, buscando cualquier otro lugar que pudiera comenzar,
preferiblemente lejos de él si quería hacer esto.
—¿Qué tienes en mente?
Cómo se vería completamente desnudo, pero dudaba que quisiera
saber la verdad.
—Nada importante.
Se dio cuenta de que no creía eso, pero lo dejó pasar.
—¿Estás lista para hablar de ello?
Esta vez le estaba preguntando y no lo contrario, y ahora que se
hallaba en el extremo receptor de la misma, Alex quería encontrar una
manera de salir de la conversación.
—¿Hablar sobre…
—¿Anya? ¿Snow? ¿Mikhail? ¿Viktor? ¿Mishca? ¿Yo? Elige tu opción.
—Luka…
—Viktor era un bastardo, tú y yo sabemos eso. Mikhail... —Sonrió
disculpándose mientras la miraba de regreso—. Él no era mucho mejor.
—No se trataba de ellos —murmuró Alex, mirando de regreso a la
pared.
—Anya era…
—Fue todo, Luka —dijo interrumpiéndolo—. Había mucho que hacer y
no sabía cómo manejarlo. Yo solo... no pude sacar nada de eso de mi
mente, no estando sobria.
Quería dejar las cosas así, pero en la siguiente respiración, se descargó
sobre él, diciéndole todo lo que había tenido miedo de decirle a otra
persona. Hubo algo tanto liberador y aterrador de decirle a alguien sus
pensamientos más íntimos, esperando que entendieran, pero se sentía
contenta de hacerlo. En el momento en que llegaba a su fin, se sentía como
si un peso hubiera sido levantado de sus hombros.
Dio la vuelta a su lado, tirando de la brocha de su mano.
—¿Por qué no viniste a mí antes?
—No es que no quisiera. Nunca hubo un momento adecuado. Y no
puedo correr a ti por cualquier cosa. No siempre vas a estar alrededor.
Él no respondió, simplemente buscó en su rostro por respuestas que no
tenía para él.
—No puedo prometer que no me voy a abrumar de nuevo. Ni siquiera
puedo prometer que no voy a alejarte, pero voy a hacerlo mejor.
Un segundo pasó antes de que Luka tirara de ella en sus brazos, su
mano a la deriva de la caída de su cabello, sus dedos cerniéndose a través
de las hebras. Su cuerpo se sentía caliente, demasiado, pero se emocionó
en la sensación de ello. Si alguna vez hubo un momento en el que sintió más
tranquila, entonces era con él.
—Cuando me necesites, estoy aquí. Incluso cuando estás siendo
malditamente terca. Estoy aquí.
Golpeó su pecho, riendo, pero él no la dejó alejarse.
—Gracias, Luka.
Besando la parte superior de su cabeza, la dejó ir.
—¿Cómo te sientes?
—Bien.
—Bien, ahora dime la verdad.
No es que eso hubiera sido una mentira necesariamente. No se sentía
tan mal como cuando se estaba derrumbando, pero no se encontraba de
regreso a toda su fuerza todavía. Todavía tenía un largo camino por recorrer
antes de esa fecha.
—Me siento mejor. ¿Suficientemente bueno?
Deslizando un poco de pintura sobre su frente, asintió.
—Por ahora.

***

Fue increíble lo que podrían lograr cuando no luchaban y se


dedicaban a una tarea en singular. Mientras que no habían hecho mucho,
además de pintar, y tirar un par de cosas, el lugar ya se veía más habitable.
—¿Has estado viviendo aquí durante años y estás ahora consiguiendo
muebles, Luka? —preguntó a la mañana siguiente, mientras ojeaban una
tienda de artículos para el hogar. Bueno... ella hizo la mayor parte de la
exploración. Él solo miró a cualquier persona que se quedaba mirándolos
más de unos pocos segundos.
—Es a lo que estoy acostumbrado —murmuró con aire ausente,
jugando con su teléfono.
Alex levantó la mirada hacia él, tratando de reconocer si hablaba en
serio, pero cuando su expresión no vaciló, sintió una tristeza abrumadora por
él. No había realmente querido nunca nada, ni material al menos.
—Te mereces una cama cómoda, por lo menos. Y una almohada.
Se rio, aunque sonó forzada.
—Gracias por preocuparte.
¿Alguna vez pensó que no lo hacía?
Mirando hacia atrás en su teléfono, escaneó la pantalla y frunció el
ceño.
—Tengo una entrega. Puedes terminar esto —Hizo un gesto a la
tienda—, en otro momento. ¿Nos vemos más tarde?
—Por supuesto. Voy a estar en mi apartamento.
—Alex…
—Estoy bien, Luka. No dudes en consultarme cuando hayas
terminado, si es necesario.
—Sí, todo bien.
Anduvo alrededor de la tienda un poco más de tiempo después de
que se fuera, haciendo una lista de lo que iba a recoger más tarde, cuando
pudiera hacer volver a Luka allí.
Parando un taxi, pensó en ir a su apartamento, pero decidió no
hacerlo. Mientras que todavía no tenía claro lo que pasó entre ella y Snow
esa noche, definitivamente recordó la vez anterior... y como no estaba
segura de si Snow se tomó la molestia de usar un condón.
Era un pequeño paseo a la clínica cerca de su apartamento, y no
existía ningún punto en posponerlo por más tiempo.
La clínica era estéril y fría, como la mayoría eran. Varios carteles con
la sonrisa adolescente prometedora de que la clamidia era curable
colgados en las paredes. A pesar de la hora, había poca gente en la sala
de espera. Había un par de asientos más allá de ella, otra mujer con un bebé
llorando, y otra chica que parecía absolutamente aterrorizada.
Alex se preguntó cómo la veían ellos.
Cuando su nombre fue llamado, se dirigió a la corta distancia a la
parte posterior. No se permitió la vergüenza que sentía mostrarse,
permaneció tranquila, mientras le tomaron viales de su sangre.
Estos iban a ser los dos días más largos de su vida.
24
Estar sola
Traducido por ∞Jul∞
Corregido por Taywong

D
e vuelta a casa en su apartamento después de salir de la
clínica, el silencio era sofocante. Ahora que estaba sola por
primera vez en días, lo odiaba. Ya extrañaba el sonido de Loki
caminando en el suelo y hasta la inquietud de Luka. Por lo general, a estas
alturas, ya estaba demasiado lejos para recordar su propio nombre, y ahora
que tenía tiempo en sus manos, no sabía qué hacer consigo misma.
Nunca pensó mucho en lo superficial que era su vida hasta ahora. Si
no estaba bebiendo, iba de compras, y si no estaba haciendo ninguna de
esas, fantaseaba acerca de hacer una o ambas. Después de terminar la
secundaria, nunca tuvo ningún interés en ir a la universidad. En realidad, solo
existía algo de lo que realmente se había apasionado, y eso era el ballet.
Pero eso no era algo que pudiera hacer actualmente.
Ya era bastante difícil volver a la danza después de tener un bebé,
pero después de salir de la empresa sin una palabra... era bastante como
suicidar su carrera. Si pudiera volver ahora, cambiaría tanto. En lugar de
permitir que el secreto de Anya eclipsara toda su vida, debería haber
avanzado y dejado el pasado donde debería haber estado.
Pero ya era demasiado tarde para sentir lástima por lo que se había
perdido. Solo podía avanzar desde aquí. No sabía lo que haría, no justo
ahora, pero ya no se sentaría y sentiría lástima por sí misma.
Alex quería más.
El timbre de la puerta sonó, haciéndola sentarse, mirando su teléfono.
No podría ser Mishca o Lauren porque ellos habrían llamado primero. Y
definitivamente no era Klaus ya que no hacía un punto para verla afuera
cuando ambos estaban en el mismo lugar al mismo tiempo.
Poniéndose un par de shorts, se dirigió a la puerta, mirando a través
de la mirilla.
El corazón le dio un vuelco al ver quién se encontraba de pie al otro
lado. Después de que se había ido antes, comentó cómo tenía cosas que
hacer, y la posibilidad de que se vieran era baja... y, sin embargo, aquí
estaba.
Tratando de fingir facilidad, desbloqueando la puerta, abriéndola,
con una sonrisa en los labios.
—Tigre.
Luka parecía cansado, pero en su saludo, una chispa entró en sus ojos.
—He estado esperando escuchar eso. ¿Puedo entrar?
Dio un paso al lado para dejarlo pasar, tratando de no parecer
demasiado entusiasmada con su presencia en su apartamento.
—¿Qué haces aquí?
Él metió las manos en los bolsillos, balanceándose sobre sus talones por
un momento antes de que sus ojos la encontraran.
—Fui a casa, pero no estabas allí.
Una emoción la atravesó por sus palabras, y como su espalda daba
hacia él mientras regresaba a su dormitorio, no luchó contra la estúpida
sonrisa que floreció en respuesta.
Alex se alegró de repente por el trabajo duro que había hecho en
todo su apartamento ahora que Luka estaba aquí. Antes de hoy, no podía
recordar la última vez que había limpiado sus sábanas, ni la última vez que
hizo algo por este lugar.
—¿Vas a invitarme a tu cama? —preguntó él casualmente,
apoyándose contra la pared mientras señalaba hacia su cama con una
inclinación de cabeza.
Subiendo a ella y resistiendo la sonrisa que intentaba abrirse paso
sobre su rostro, haciéndole como si una invitación fuera realmente
necesaria. Siempre fue bienvenido y lo sabía.
Tirando de la camiseta por encima de su cabeza, él se quitó las botas,
dejando caer su bolsa en una de las sillas cerca de la puerta. Mirarlo correr
hacia ella hizo brotar otra sonrisa, pero se sentía aún más feliz cuando se
estiró, su cuerpo parecía mucho más grande ahora que estaba en su cuarto.
Se giró de costado para poder enfrentarse mejor a él. Todavía existía
cierta distancia entre ellos en la cama, pero no quería cerrarla, no cuando
no había una invitación. Pero como si hubiera leído su mente, él levantó su
brazo, mirándola expectante.
Alex no iba a rechazar eso.
Se deslizó y cuando estuvo lo suficientemente cerca, envolvió ese
brazo alrededor de su cintura y la atrajo en el resto del camino hasta que
encajaron, como dos piezas de rompecabezas.
Luka suspiró, sus dedos se deslizaron por su cabello.
—Lo cortaste... de nuevo.
—¿Y no te gusta?
Tiró ligeramente, no lo suficiente para lastimar, lo suficiente para que
lo mirara.
—No hay nada sobre ti que no me guste.
—Excepto mi habilidad para meterme en situaciones de mierda de las
que tienes que sacarme.
Él rio.
—Solo esa.
Una parte de ella tenía miedo de preguntar, especialmente sabiendo
que vino aquí sin que tuviera que preguntar... pero tenía curiosidad.
—Es martes…
—Lo es.
—Pero estás aquí...
Asintió.
—Estoy aquí.
Golpeó su pecho.
—Deja de repetir todo lo que digo.
—Pregúntame lo que realmente quieres saber.
Mordiendo su labio inferior, pensó en la mejor manera de formular la
pregunta, sabiendo que podía ser sensible cuando se trataba de Natasha.
—Estás aquí en vez de con Natasha...
—Todavía no es una pregunta.
—¿Por qué?
Él rodó sobre su espalda, metiendo las manos bajo la cabeza mientras
observaba cómo el fuego ardía, el sonido de la madera chirriaba fuerte en
el silencio de la habitación.
—Nunca fue así entre nosotros. Además —dijo girando su cabeza en
dirección a ella—, quería verte.
—Estoy bien, Luka. No tienes que cuid...
—Esa no es la razón.
Quería aceptar que él se encontraba aquí por ella, pero la parte
insegura de ella no lo dejaría ir.
—Siempre he estado aquí, pero nunca has venido antes.
Él suspiró, extendiendo una mano, su mirada cayó hasta su cadera
donde sus dedos trazaron su piel.
—¿No puede ser ambos? No voy a mentir y decir que no estoy
preocupado por ti. Lo has conseguido a través de la abstinencia, claro, pero
no es el final de esto. —Entonces, tan rápidamente como su seriedad lo
encontró, sonrió brillantemente—. Y tal vez porque quería dormir a tu lado
otra vez. Cualquiera que sea la excusa con la que quieras ir... haz tu
elección.
—Pero yo…
Puso un dedo en sus labios, silenciando otra protesta, pero esta vez
ella lo dejó.
—No quería estar solo.

***

Por segunda vez en lo que parecía un puñado de horas, Alex abrió de


nuevo los ojos, parpadeando para despejar su visión, tratando de ver a Luka
con claridad. No sabía si realmente estaba despierta o soñando, pero la
versión real o falsa de él seguía siendo agradable de ver.
Estaba inclinado sobre ella, el cabello húmedo escondido detrás de
sus orejas, sus ojos atentos a ella.
—Tengo que irme.
—No te vayas.
Al menos, eso es lo que esperaba que dijo, pero en realidad, salió
como poco más que monosílabos. Él sonrió indulgentemente antes de tirar
la sábana sobre ella. Sus labios se movieron de nuevo, pero en ese momento
ya se había quedado dormida.
Mucho después de que Luka se hubiera ido de su apartamento y el
sol se hubiera levantado en el cielo, Alex finalmente despertó, sintiéndose
cansada y excitada, sin mencionar los rastros de miedo que sentía. Esta vez
no había nada que le nublara la mente: sin drogas, sin alcohol, y por eso,
podía recordarlo viniendo a ella por una vez.
Gimiendo, se derrumbó en la cama, cerrando los ojos, porque una
parte de ella deseaba poder volver a anoche y disfrutar de estar con él. No
tenía ni idea de lo que iba a ser hoy, si volvería a ser como eran antes.
Pero mientras las infinitas posibilidades recorrían su cabeza, eso no era
motivo para sentarse en la cama todo el día. En su lugar, necesitaba salir de
su apartamento y encontrar algo para ocupar su tiempo. Recordaba
vagamente que él la despertó —la segunda vez— y pensó que estaría
ocupado la mayor parte del día con Mishca. Así que eso le daba tiempo
suficiente para prepararse para lo que su reacción a su noche juntos fuera.
Alex se duchó y se preparó en un tiempo récord, dirigiéndose a una
cafetería no muy lejos para su arreglo de la mañana, felizmente bebió el
líquido ardiente para ayudarla a sentirse más humana.
Alex paró un taxi, dirigiéndose hacia una de sus tiendas favoritas, una
joya de una tienda que vendía ropa vintage. Examinaba algunos de los
estantes, mirando un vestido particular que se vería muy bien con un par de
zapatos que ya tenía cuando escuchó que alguien llamaba su nombre.
A pesar de los años, reconoció la voz, una sonrisa vacilante ya
floreciendo en su rostro cuando se enfrentó a su vieja amiga.
—Amerie, ¿qué haces aquí?
Amerie era como recordaba, además de unos pocos kilos, aunque
eso no era necesariamente una mala cosa. Tenía el cabello recogido en
una cola de caballo en la nuca, y mientras su maquillaje era subestimado,
seguía impresionante.
—¡Debería estar preguntándote eso! ¿Dónde has estado? Después de
que dejaste París, no he escuchado nada de ti.
Esa fue una historia larga y complicada, y una en la que Alex no podía
realmente entrar.
—Tuve que tomar un descanso de bailar porque mi vida en casa era
un poco loca en ese entonces. ¿Qué pasó contigo?
Fue entonces cuando Alex notó a una niña tomada de las manos con
un hombre caminando en su dirección, la niña casi una imagen de su
madre. Cuando se acercó, abrazó las piernas de Amerie, mirando a Alex
con una sonrisa tímida.
—Esta es mi hija, Sophia, y mi marido, Marcus.
Él sonrió y se veía bastante bien, aunque sin duda nada como el tipo
de chicos que salían por ahí durante su juventud. Agarró a Sophia,
llevándola al otro lado de la tienda para que las dos pudieran terminar de
hablar.
—Las cosas realmente han cambiado para ti —comentó Alex
suavemente, sonriendo con un pequeño saludo a Sophia que seguía
observándolas con grandes ojos de ciervo.
—Oh, ya sabes cómo van estas cosas. Ahora que ella es mayor,
esperaba volver a bailar.
Para algunos, tener un bebé era como cometer un pecado en el
mundo del ballet, no solo por los cambios físicos que hacía a su cuerpo, sino
por el compromiso que requería. El ballet era un compromiso de veinticuatro
años y tener un bebé entraba en conflicto con eso.
Por supuesto, Amerie no era la primera y no sería la última chica que
había tenido que tomar un descanso de bailar para estar allí para su familia,
pero era raro que volvieran a ello.
—¿Es eso lo que te ha traído de vuelta a Nueva York? —preguntó Alex
mirando hacia ella.
—Sí, Calvin O'Fare está teniendo audiciones el próximo mes con cinco
espacios abiertos en su compañía. ¿Tal vez puedas salir y hacer una
prueba?
El corazón dio un vuelco a aquellas palabras, bombeando aún más
cuando pensó en ello. Todavía podía recordar cómo se sentía, cómo el
baile le traía tanta alegría en un momento en que rara vez lo sentía. Esto
podría ser bueno para ella, más que bueno.
—Aquí, ¿por qué no tomas mi número y piensas algo? Entre ahora y
entonces, te puedo escribir la dirección y el código de vestimenta.
Alex se encontró asintiendo, introduciendo el nuevo número de
Amerie en su teléfono y dándole el suyo a su vez.
—Entre nosotras —dijo Amerie con una sonrisa mientras se giraba para
marcharse—. Nuestros puestos están garantizados.
25
Visitas espontaneas
Traducido por Maeh
Corregido por Taywong

S
olo fue cuestión de tiempo.
Considerando lo cuidadoso que era Luka con la mayoría de las
cosas, fue una sorpresa que finalmente dejara de resistir su
atracción hacia ella. Ni siquiera podía decir cuándo eso en
realidad sucedió, pero una parte de él reconocía que se sentía cansado de
pelear con ello. No era a Mishca a quien le temía tanto —aunque sabía que
el jefe de la Bratva no lo aprobaría— sino por lo que Luka le podía hacer a
ella.
Nadie realmente sabía todo lo que había tenido que hacer de regreso
en Albania, incluso Klaus. Y como si no fuera suficiente, en última instancia le
dio la espalda a todo lo que conocía por personas que lo querían muerto.
Pensó a menudo en la elección que había hecho todos estos años, la única
llamada que finalmente cambió su vida.
Pero también pensaba acerca de por qué llegaría a este lugar, a estas
personas, en lugar de cualquier número de otras organizaciones que con
mucho gusto hubieran querido a alguien con sus habilidades.
¿Había sido una penitencia? Tal vez entonces él querría morir, y nunca
querría tomar su propia vida, pero si era hecho por la mano de alguien más,
tal vez entonces finalmente dejaría a la muerte tomarlo…
Muchas noches se metió a la cama, pensando acerca de la decisión
que tomó meses en considerar. Y ahora esas cosas eran buenas para él y no
había mucho más en qué preocuparse acerca de alguien averiguando lo
que tuvo que hacer —especialmente ahora que Jetmir estaba muerto— él
debería de estar bien. No había algo más que pudiera necesitar.
…Bueno, excepto Alex.
Sabía que sus defensas se desmoronaban, incluso si no quería
admitírselo a sí mismo. Pero mientras pudiera pelear duramente contra él
mismo, incluso si había hecho un buen trabajo por el último par de años,
necesitaba ayuda de donde sea.
Con Mishca lejos haciendo negocios con Klaus en algún lugar, en
lugar de dirigirse a casa, Luka se dirigió al club, haciendo caso omiso de
todos lo que pasaban hasta que llegó a la oficina en la parte de atrás,
deslizándose a través de la puerta abierta y cerrándola ruidosamente detrás
de él.
Lauren, quien se hallaba sentada detrás del escritorio de Mishca, alzó
la vista de manera alarmada, pero una sonrisa la reemplazó cuando vio que
era él. Ni desde el primer día que la conoció ella le temió, ni incluso cuando
supo exactamente cuál era su trabajo con la Bratva. Una maldición o una
bendición, Luka no estaba seguro.
—Pensé que estarías libre haciendo… bueno, lo que sea que hagas
cuando no estás aquí —dijo ella a modo de conversación, descansando
una mano en su estómago, pero tan rápido como lo hizo, movió su mano
hacia el escritorio.
Extraño.
—Mishca no te dijo acerca de esto, nada de ello, no al principio,
¿cierto? —preguntó Luka, haciendo un gesto alrededor de ellos, no
teniendo que explicar a lo que se refería.
—Uh, no lo hizo. ¿Por qué…
—Sin mencionar toda la cosa con tu padre, lo siento por eso, por
cierto.
Lauren, quien no tenía idea de a qué demonios se refería, sacudió su
cabeza lentamente.
—¿Gracias?
—No te dijo acerca de su pasado, nada de la mierda que tuvo que
hacer antes de que lo conocieras, no acerca de quién era, ¿cierto?
—Luka, ¿de qué hablas?
Colapsando en el sofá al otro lado de la habitación, echó un brazo
sobre su rostro, suspiró pesadamente. Trató de pensar en alguna respuesta
de todo lo que había querido decir, o al menos bastante para que pudiera
conseguir una idea clara, pero ni siquiera sabía cómo hablar con Alex
¿Cómo en el infierno iba a hablar con Lauren acerca de ello?
—¿Es acerca de Alex? —preguntó ella, cruzando la habitación,
sentándose frente a él con la más brillante de las sonrisas—. ¿Has decidido
dejar de luchar contigo mismo por eso?
—Eso no es ni la mitad de ello —murmuro más para sí mismo que para
ella.
—Estoy escuchando.
Tal vez luego de decírselo, solo algo no todo, tal vez le advertiría a Alex
y entonces él podría sacar esta estúpida idea fuera de su cabeza. Ella era
la principal defensa en esta relación, y si sabía más acerca de por qué ellos
lo llamaban en las últimas horas del día, tal vez no estaría feliz acerca de
enviarlo con la hermana de su esposo.
—Maté a Vlad.
Parpadeó una vez, dos veces, pero no reaccionó de otro modo ante
lo que él dijo.
—¿Esa es la razón del por qué Mish estuvo enojado contigo por un
tiempo?
—Él no fue el primero, ni el último. Es… es en lo que soy bueno. Y si me
atrapas en un mal día, vivo por ello. Algunos días no puedo ver nada más.
¿Qué puedo darle a ella que no tenga ya?
—¿Esta es la parte en donde solo te digo que eres incomprendido? —
preguntó cuidadosamente, de hecho, tomando en serio lo que él decía—.
Porque no voy a hacerlo. Estoy segura que no hay nada peor que Mishca…
o Klaus.
No, no individualmente, no incluso combinados. Si él fuera un libro,
entonces iría por el tercer volumen ahora. Algunas veces todo lo que podía
ver era la sangre en sus manos, sin importar qué hiciera, nunca podía
tenerlas limpias.
—Luka, no sé mucho acerca de ti, así que solo puedo basarme en mis
experiencias contigo. Cuando te he necesitado, has estado allí. Cuando no,
aún has estado ahí y no me has dejado. Y si así es como eres conmigo, sé
que lo harías tres veces más por Alex. Así que si esperas que te diga que te
mantengas alejado de Alex, has venido con la persona equivocada. Estoy
segura que has tenido suficiente de eso de Mish, y la mitad del tiempo creo
que él solo lo dice porque aún sigue siendo su hermana menor.
—Voy a lastimarla —dijo puntualmente, sin dudarlo.
—¿Cómo?
—Con la verdad.
—¿Y cómo eso la lastimará?
Él rio, el sonido haciendo eco en su frustración.
—La verdad siempre lastima.
Lauren asintió.
—Sí, pero tú sabes que hace todo mejor. Vas a decirle. Lo que sea que
te agobie, todo lo que creas que arruinará en última instancia lo que tienen
entre los dos, debes ser quien se lo diga. Nadie más. Puede que duela al
principio, pero será más fácil viniendo de ti que de alguien más.
Luka dejó caer su brazo, mirando fijamente hacia el techo.
No importa cómo tratara de razonarlo, no existía manera en que él le
dijera la verdad acerca de qué lo llevó a Nueva York. No, no se sentía
orgulloso de su vida dentro de la Organización y la mierda que tuvo que
hacer para sobrevivir allí, pero no podía ver lo que los hizo apartarse.
Tener que explicarle que intentó torturar como el infierno a su hermano
y tener que matarlo, pero debido al tecnicismo que nadie vio venir, terminó
entregándole la salida a Klaus.
—Obviamente estás de humor hoy —comentó Lauren, golpeando su
brazo así la vería—. ¿Qué cambió?
Luka lamió sus labios, contemplando cómo iba a responder eso.
Nunca traicionaría la confianza de Alex, no incluso con Lauren. Si ella quería
que se enteraran acerca de los pasados meses y los problemas que ha
atravesado, entonces sería su historia por contar, de otro modo, solo ambos
lo sabrían.
Pero Lauren no era lo suficientemente tonta como para pensar que él
simplemente vio la luz un día y finalmente se cansó de sentarse sobre su
trasero y no hacer nada al respecto acerca de todo lo que ha estado
sintiendo por Alex. Obviamente existía una razón… pero no pudo pensar en
una mentira que no sonara como una mentira.
—Nada. —No podía decirle más de lo que ella le estaba dando que
él a ella. Siempre lo hizo. Pero teniéndola tan cerca… no se sentía dispuesto
a renunciar a eso—. Nada ha cambiado.
Levantando sus pies, besó la parte superior de la cabeza de Lauren
antes de salir por la puerta.
—Feliz de poder ayudar —dijo después de él, la diversión claramente
en su voz.
Ahora, había unas cosas que necesitaba hacer antes de mandar al
diablo las reglas de Mishca y hacer cada cosa que se dijo que nunca haría.

***
La casa en la que Luka se detuvo era grande, nada fuera de lo común
en el vecindario en donde estaba. Bloqueando su Jeep, caminó hacia la
puerta principal, llamando dos veces antes de darse la vuelta y esperar.
Tomó unos segundos antes de escuchar el suave golpeteo de pies,
luego la pesada puerta de roble fue tirada abierta por una chica no mayor
de doce en un vestido de verano verde brillante. Sus ojos ligeramente
abiertos de par en par mientras lo veía, pero sonrió.
—Hola, ¿en qué puedo ayudarte?
Antes de que Luka pudiera preguntar por él, escuchó al buen doctor
caminar, preguntando quien estaba en la puerta. Cuando apareció detrás
de su hija y vio quién se hallaba en la puerta de entrada, palideció
visiblemente, su mano llegando a descansar en el hombro de su hija.
—¿Por qué no vas a ver lo que tu hermano está haciendo, Lea?
Ella asintió, tomando una última mirada hacia Luka antes de
desaparecer en la casa.
Las manos del doctor temblaban mientras hablaba.
—Por favor, no he prestado nada de dinero. Nunca he dicho una
palabra acerca de…
—Relájese, doc. Es una visita social. Necesito un favor.
—¿Qué clase de favor?
Luka encogió los hombros, observando alrededor de él hacia las
casas de la cuadra.
—¿Va a invitarme a pasar? —Cuando el doctor lo miró con más
miedo, Luka levantó su camisa, solo lo suficiente para mostrar la banda en
la cintura de sus pantalones—. Si ayuda, no estoy armado.
Eso, por supuesto, no significaba que no sabría usar sus manos
desnudas para tener el trabajo hecho, pero pensó que sería mejor si no
mencionaba ese hecho.
Con renuencia, el doctor dio un paso a un lado, dándole a Luka
espacio, la puerta se cerró y aseguró detrás de él.
—Mi oficina está por aquí —dijo, dirigiéndolo a través de la casa
directo hacia la oficina decorada con tonos grises.
Aunque era evidentemente claro que seguía nervioso, puso buena
cara mientras tomaba asiento detrás del escritorio, tratando de lucir
tranquilo mientras esperaba a que Luka explicara la razón por la que estaba
ahí.
—Necesito sacarme sangre.
—¿Perdón?
Dejándose caer en su asiento, gesticuló hacia su brazo.
—Probablemente tendrá que atar mi brazo, esperar a que las venas
se llenen, pegar una aguja, llenar un par de frascos con sangre, usted sabe
cómo hacerlo, ¿cierto?... y sacarla.
Aclarando su garganta, el doctor asintió.
—¿Qué es lo que estaré buscando?
—Asegurarse de que estoy limpio, Doc. —Cuando continuó sin
moverse, Luka aplaudió con las manos—. En algún momento hoy.
Él se movió, buscando en un gabinete de abajo por un botiquín. Luka
tendió un brazo mientras se acercaba. Una vez que se dio cuenta que Luka
no bromeaba, se puso en marcha, aunque parecía extremadamente
cuidadoso con su trabajo, asegurándose de tener cada pieza de su equipo
recién abierto en frente de él.
Con la sangre drenándose, y su brazo envuelto, Luka buscó en su
bolsillo, sacando un fajo de billetes, dejándolo al borde del escritorio.
—Apreciaría que esto quedara entre nosotros.
Ya sea o no que escuchara lo que Luka dijo, los ojos del doctor se
enfocaron en el dinero.
—Por supuesto.
—Contácteme cuando tenga los resultados.
Luka se dirigió hacia afuera, pero se detuvo cuando la misma niña
esperaba por él en la puerta. Cuando se acercó, ella le tendió una paleta
envuelta en plástico transparente.
—Cuando voy al doctor, siempre me da una de estas. Esto hará que
te sientas mejor, también.
Sonriendo, Luka acepto el obsequio, desenvolviéndolo y colocándolo
en su boca, sabía a azúcar y saborizante artificial, pero ella se lo dio y él se
lo comió de todas formas.
26
Dame todo
Traducido por Maeh
Corregido por Taywong

L
uego de trabajar tan duro en el departamento de Luka, un
impulso golpeó a Alex para hacer algo en el suyo propio. Desde
que se mudó, lo había dejado en el estilo que Mishca lo decoró,
solo moviendo sus propias cosas, pero ahora quería algo más.
Hizo un plan para extraer muestras para las paredes, pensando en un
nuevo esquema de colores para el dormitorio, y mientras hacía esto, hizo su
camino hacia el armario del pasillo en donde colocó la mayoría de las cosas
con las que no había sabido qué hacer y encontró una gran caja la cual no
recordaba haber dejado allí. Era obvio que fue ella dado que garabateó su
nombre en la parte superior con su propia letra.
Abriéndola, pasó su mano a lo largo de la parte superior, limpiando
algo de polvo. Era increíble cuánto había acumulado en el poco tiempo
que estuvo allí. Quitando la parte superior, un amor agridulce la llenó
mientras veía el contenido.
Un viejo par de zapatos de ballet estaban en el fondo, rodeado de las
demás cosas de su vida en París. Había olvidado cuánto disfrutó estando allí
hasta que ya no lo tuvo. Fotos, instantáneas del tiempo en que en lo único
que le preocupaba era llegar a tiempo a la práctica.
Esa vida había sido más simple, sí, pero incluso entonces, no se había
sentido completa. Había anhelado algo más de lo que tenía.
El repentino sonido del timbre hizo que Alex frunciera el ceño. Verificó
doblemente su teléfono, asegurándose de que no tenía alguna llamada
perdida antes de dejar caer la caja de zapatos al suelo y dirigirse hacia la
puerta.
La confusión solo creció cuando observó por la mirilla y vio quién se
encontraba al otro lado.
—¿Luka?
—¿Alex? —preguntó del mismo modo en que ella lo hizo, rodeándola
para entrar al departamento.
Suspirando, empujó la puerta para cerrarla, volviendo a él.
—Seguro, no importa, entra.
Él escaneó el recibidor, las cajas que había dejado en el suelo, sus
cosas fuera de ellas. Lo que sea que pensó que estaba haciendo, no lo dijo.
Cayendo en una de las tres sillas, se quitó la chaqueta,
inmediatamente recogiendo una de las cajas que cubrían el suelo y se
asomó dentro.
Ella le arrebató la caja lejos, pero ya había visto lo que había adentro.
—¿Vas a hacer ballet clásico otra vez?
—No —dijo cuidadosamente, reclamando su lugar en el suelo—.
Solamente limpiaba mi departamento.
—Gracias a Dios. Parecía una maldita escena del crimen la última vez
que estuve aquí.
Poniendo sus ojos en blanco, miró hacia él.
—¿Hay alguna razón por la que estés aquí ahora?
Le dio esa media sonrisa encantadora.
—¿Me creerías si te dijera que te he extrañado?
Sí. Se sentía definitivamente encantada, incluso si no lo quería estar.
—Tal vez.
—Bien. Ahora regresando a la cosa de la danza. Podría ser bueno
para ti, ¿no? Volver a hacer algo que amas.
—¿Cómo lo sabrías? —preguntó mirándolo, sus dedos apretándose
alrededor de las zapatillas de ballet que sujetaba—. ¿Qué si lo disfrutaba
entonces, pero no lo hago ahora? No soy la misma chica que era entonces.
Moviéndose hacia el borde de la silla, hizo una seña para que se
acercara, y cuando lo estuvo, él colocó su mano en el centro de su pecho,
su piel se sentía cálida contra la de ella. Y mientras su proximidad había
hecho que se sobre excitara por su presencia, su toque hizo que su corazón
martilleara. No dudaba de que él lo hubiera sentido.
—Te sientes igual para mí.
—Sabes a lo que me refiero, Luka. —Negó con la cabeza—. Ha
pasado mucho tiempo desde que bailé…
—No estoy diciendo que no estés oxidada, probablemente necesites
algo de trabajo, pero puedes hacerlo. Creo en ti.
Se preguntó si él sabía lo que esas palabras significaban para ella.
En un capricho, decidió decirle acerca de Amerie y su conversación.
Quería creer que se lo dijo solo para tener a alguien quien le dijera que no
debía hacerlo, que necesitaba más tiempo. Pero Luka no era esa persona.
—Bueno. Mierda. Necesitamos comenzar ya, ¿cierto? No podemos
tenernos avergonzándonos a ambos cuando lo intentes.
—Cierrrrrto. Como si no tuviera suficiente por lo qué esperar.
—Usualmente soy la voz de la razón. De cualquier manera, estoy
saltando a la ducha. —Cuando ella frunció el ceño, él negó con la
cabeza—. Me gusta estar limpio. ¿Es eso tan malo?
—Tanto como vas a quedarte allí, deberías mudarte.
Él se mofó, dirigiéndose a su dormitorio en vez de al de invitados como
usualmente hacía.
—Cariño, deberías venir conmigo, no ir a otro lugar.
—¿Por qué todos los chicos sienten que la chica debe ir hacia
ustedes? —¿Y realmente estaban teniendo esta conversación? Incluso no
sabía si bromeaban o no.
—¿No te gusta mi casa?
—Claro, me gusta tu casa. —Incluso antes de que la repararan, a ella
le había gustado. Antes, se sentía un poco… estéril—. Pero…
—¿Y realmente quieres que reacomodemos a Loki? Él está tan
acostumbrado a tener espacio para correr.
—Por supuesto, pero…
—Sin mencionar, que odio la maldita ciudad.
—¡Bien! Lo entiendo. Si alguna vez quiero vivir contigo, sería en la casa.
Dirigiéndose de regreso a su habitación, se giró hacia ella con una
sonrisa.
—¿Sí? Cuando.
Mientras él desaparecía en la esquina, Alex debía asegurarse de que
éste no fuera un elaborado sueño que estaba teniendo.
Pero sin importar si lo fuera o no él parecía verdaderamente
entretenido con la posibilidad de ellos, se sentía agradecida de que
estuviera siendo amigable de nuevo. Esto era lo que más amaba acerca de
su relación, lo fácil que era hablar con él. No se había dado cuenta de
cuánto lo había extrañado hasta ahora.
Mientras Luka se duchaba, terminó de clasificar el resto de cosas en
su armario, ordenando el resto en la sala antes de que él reapareciera.
—¿Qué estás…
Pero se detuvo abruptamente cuando sintió su presencia detrás de
ella, sus brazos se deslizaron alrededor de su cintura, dándole la vuelta así
ella lo enfrentaba ahora.
No hubo un segundo para preguntarle por sus acciones. Él solo
reclamó su boca como si tuviera el derecho de hacerlo. No había nada
suave y tiempo acerca de ello.
Su lengua se enredó con la de ella antes de succionar su labio inferior
en su boca, mordiéndolo de manera gentil y, finalmente, cuando estuvo
segura de que no podría sentir algo más que él en ella, él se apartó.
—Di que sí.
Él no preguntó, demandó. Y ella era incapaz de no darle lo que
exactamente quería.
—Sí.
Tan pronto como la palabra abandono sus labios se encontró a si
misma chocando contra él, su boca descendiendo en la de ella una vez
más. Cualquier resistencia, o pensamientos en general, se dispersaron
mientras trataba de recordar cómo respirar.
Su brazo se deslizó debajo de su blusa, la planicie de su mano
presionándose contra su pequeña espalda, empujándola incluso más cerca
de lo que era posible. Su mano fue alrededor de su cuello, sus dedos de
curvaron en el suave cabello allí. Y cuando se derritió en su contra, él gruñó,
un pequeño sonido que hicieron a sus piernas debilitarse.
No es que fuera fácil debido a su diferencia de altura, pero la alzó de
repente, sus piernas yendo alrededor de su cintura automáticamente.
La mano que no acunaba su rostro se deslizó alrededor de su cadera,
su muslo y sus dedos fueron a lo largo de su trasero, obligándola a jadear
mientras lo exprimía.
Su brazo se apretó mientras la presionaba en la pared, llevándola
hacia la sala, colocándola cuidadosamente en el suelo mientras se
colocaba de rodillas. Siempre pensó que su primera vez juntos sería lento y
delicado, incluso ella fantaseaba con eso.
Eso no era nada parecido. Tan impaciente como se sentía, tirando de
su ropa por sobre su cabeza, él estaba el doble de mal.
Cuando no consiguió sacar su camisa más allá de la mitad de su
pecho, demasiado ocupada besándolo para darle tanta importancia, él la
alzó, buscando detrás de su cabeza, sacando su camisa, lanzando el
material mientras ella se ocupaba de buscar a tientas sus vaqueros, tratando
de desabrochar el botón, luego arrastrando la cremallera hacia abajo.
Mientras los vaqueros caían, todo lo que podía ver era más piel tatuada, el
rastro de vello bajo su ombligo yendo a la deriva hacia abajo.
Él parecía tan impaciente como ella se sentía mientras empujaba su
ropa, teniéndola desnuda debajo de él en segundos, y justo como en la
mañana cuando la asustó en la ducha, la observó como si fuera la primera
vez de nuevo. Cuando la veía de esa manera, con el miedo como si fuera
la primera vez que veía a una chica desnuda, ella se sentía hermosa.
Alcanzando la parte delantera de sus pantalones, deslizó su mano,
envolviendo sus dedos alrededor de su erección, sintiendo el palpitar en su
mano. Siempre había sabido que sería grande, pero sintiéndolo, duro y
caliente en su palma, no había nada que la hubiese preparado para eso.
—Dime lo que quieres.
Alex no era tímida, nunca lo había sido en su vida entera, pero al
minuto en que hizo la caliente pregunta, no pudo encontrar la respuesta
para él, especialmente cuando sabía exactamente lo que él quería de ella.
—Tú. Te quiero a ti.
—Mmm. Voy a necesitar que seas más específica que eso —dijo él en
su oído—. ¿Quieres que chasquee mi lengua en tu coño? ¿Te dé vuelta y te
folle por detrás? Dime y te lo daré.
Su cuerpo entero se ruborizó cuando el calor de sus palabras la rodeó.
—Ambos, por favor.
Tuvo que separarse de él mientras bajaba en su cuerpo, sus brazos
fueron alrededor de sus muslos para mantener sus piernas abiertas.
Luka no lo dudó. No se molestó. Sus labios y lengua inmediatamente
encontraron su centro, y solo tuvo un segundo para tomar un respiro antes
que fuera hacia delante, dándole lo que prometió.
Ella susurró su nombre, sus piernas temblaban mientras sus dedos se
enredaron en las hebras de su cabello y tiraba. No estando segura de si lo
estaba manteniendo allí o retirándolo, pero era claro que él no esperaba
detenerse. No hasta que consiguiera lo que quería de ella.
Era todo el estímulo que necesitaba porque entre más tiraba, más
profundo iba hasta que sus piernas temblaban y su nombre caía de sus
labios cada pocos segundos.
—Necesito venirme, Luka. —Casi suplicó, sus sentidos estaban
abrumados como para seguir siendo tímida.
Lo necesitaba a él.
Y lo necesitaba ahora.
Pero él no estaba listo para dárselo, no importando lo que dijera.
Incluso cuando sacudió sus caderas, tratando de forzarlo a darle más,
simplemente la rodó hasta que prácticamente estaba sentada sobre su
rostro.
—¡Oh Dios!
Una de sus manos serpenteó hacia arriba a su cuerpo, palmeando su
pecho, luego retorció su pezón. La otra fue entre sus piernas, su pulgar se
deslizó sobre su clítoris hasta que la hizo volar por lo que ella rogaba.
El orgasmo se apoderó de ella lentamente, y luego todo a la vez,
haciendo que lloriqueara su nombre en abandono, sus piernas apretaron y
levantaron a través de ella. E incluso cuando descendió, sabía que no había
sido suficiente, ni de cerca.
—Súbete en mí, ahora.
Ella se apresuró a obedecer, y con su insistencia, se movió hacia
debajo de su cuerpo hasta que la cabeza de su polla se posicionaba en su
entrada. Estaba lleno de tensión, una fuerte necesidad en sus ojos, así que
ella fue quien buscó entre ellos, sosteniéndolo fuerte, bajando a lo largo de
su sexo.
—Ahora, Alex.
Pensó en burlarlo del modo en que él hizo con ella, pero Luka estaba
lejos de acabar. No se guio hacia su interior de manera gentil. No, se hundió
con urgencia, sus manos se apretaron tanto en sus caderas que sabía que
tendría moretones.
Hubo una punzada de dolor, y él pareció darse cuenta porque se
contuvo, su mirada cambió en la de ella. Le dio tiempo suficiente para
ajustarse, como si pudiera leer su cuerpo como si lo hubiera hecho un millón
de veces, y mientras tiraba hacia afuera, solo para que la punta quedara
en su entrada, volvió a hundirse, sacando un gemido estrangulado de ella.
Con un brazo de regreso alrededor de su cintura, él los rodó una vez
más, aumentó el ritmo, hundiéndose más profundo en ella, su frente
sudorosa calló en la unión de su cuello con su hombro.
Sus labios encontraron su piel, bordeando su mandíbula, su lengua,
acariciando la piel allí, como si tratara de calmarla.
—No seré suave. —Fue tanto una promesa como una amenaza.
Aún podía sentir cómo se retorcía, para su suerte, pero mientras lo
presionaba más cerca, ella le dio el permiso que buscaba.
—Dame todo.
Y él lo hizo.
Tomándola fuerte por las muñecas, colocó sus brazos en el suelo, y no
importa cuánto luchara, queriendo tocarlo, él la sostuvo firme.
Con cada empuje castigador, ella se acercaba más a un final al cual
no quería llegar. Nunca, siquiera con los dos amantes que había tenido
previamente se había venido dos veces en una noche, pero se hallaba
cerca de hacerlo. Y esta vez, quería llegar con él.
Él parecía tan ocupado concentrándose en ella que no tomaba
nada para él.
Tomando su rostro con ambas manos, lo guio por un beso,
asegurándose de transmitir exactamente lo que ella sentía por él cuando lo
hizo.
Las palabras cayeron de sus labios antes de que pudiera detenerlas.
Sabía que entendería el francés, podía sentirlo en él, pero no fue sino hasta
que respondió de igual manera cuando se entregó a sí misma en la marea,
perdida en el mar de todo lo que le hacía sentir. Segundos después, él la
siguió.
Luka era cuidadoso de mantener su peso fuera de ella, aunque se
dejó caer en un solo brazo.
Ambos estaban sudorosos y pegajosos, y él se ablandaba poco a
poco, pero se quedó en donde estaba. Sus miembros se sentían como jalea,
y si no fuera por la sensación de él encima de ella, podría pensar que nada
de esto fue real.
Pero entonces él alzó su cabeza, viéndola con la más dulce de las
sonrisas.
—Finalmente.
27
Una feliz navidad
Traducido por Taywong
Corregido por indiehope

T
erminando de aplicar una capa de labial rojo, Alex observó su
reflejo en el espejo, satisfecha con los resultados, aunque en su
interior se sentía nerviosa como el infierno. Tres días habían pasado
desde que ella y Luka terminaron en el suelo de su sala. Tratar de
concentrarse en otra cosa era imposible, no cuando lo único que podía
recordar eran sus manos sobre ella, la sensación de él dentro suyo, y cómo
se sintió nunca acabar. Podría haber estado preocupada por no hablar con
él en mucho tiempo, pero estaba harta de Mishca diciendo que se ha ido
de negocios por la Bratva. Se suponía que él debía estar allí en la cena de
esta noche, pero no tenía idea de lo que eso iba a ocasionar. Mientras que
no parecía lamentar su noche juntos... eso no quería decir que no estuviese
reconsiderándolo ahora.
Agarrando las bolsas de regalos que compró y su cartera, se dirigió
afuera, llamando un taxi al ático.
La nieve caía fuertemente, cubriendo las calles de Nueva York de un
blanco brillante. Guirnaldas y luces navideñas colgaban de las farolas, había
varias decoraciones incluyendo un árbol de Navidad gigante en medio del
Times Square que hacían a la ciudad cobrar vida, y por una vez, Alex se
sentía en el espíritu navideño.
El tráfico era aún peor en el centro de la ciudad donde se dirigieron,
pero no podía comenzar a preocuparse por eso mientras se detenían en
una larga fila de taxis. En la distancia, podía distinguir fácilmente el edificio
de Mishca, así que, en vez de esperar, pagó al taxista y salió, caminando las
últimas calles.
Hizo una seña al portero quien le sonrió de vuelta, deslizándose dentro
de la cálida luz del interior y se dirigió a los ascensores. Insertando su llave, la
luz junto a la “A” se iluminó mientras la encendía, las puertas cerrándose
detrás de ella.
Su auto no había estado a la vista cuando pasó la calle que entraba
en el edificio, pero eso no quería decir que él no estuviera ya esperando
dentro. Con cada piso que pasaba, su corazón latía un poco más rápido.
Alex sabía que exageraba un poco. No era como si algo había
realmente cambiado entre ellos, no de manera oficial ni nada. Solo tuvieron
sexo.
Alucinante, intenso sexo.
Estaba tan jodida.
La campana sonó, las puertas abriéndose hacia el vestíbulo. No tuvo
que salir del ascensor para saber que Lauren había ido por todo. El olor a
vainilla y canela era fuerte en el aire, por no mencionar el estúpido árbol
gigante que Alex podía ver desde donde estaba.
La altísima cosa se mantenía de pie desde el piso a las ventanas de
techo. Destellantes bombillas blancas y azules decoraban el pino,
parpadeantes luces navideñas blancas envolviéndose alrededor del árbol
hasta alcanzar la cima, donde una estrella brillante descansaba. El ático
parecía particularmente festivo, y Alex dudaba que Mishca hubiera hecho
todo esto.
Sonrió ante la vista de todas las decoraciones, sorprendida por
cuantas molestias se tomaron para hacerla sentir bienvenida. La mansión
había sido lujosamente decorada también, pero de una manera que solo
estaba destinada al show. Esta habitación se sentía confortable.
Colocando sus bolsas cerca del árbol, se quitó su abrigo, doblándolo
sobre su brazo mientras giraba la esquina para dirigirse hacia el ruido que
escuchó en la otra habitación.
—¡Alex! —exclamó Lauren mientras daba la vuelta a la isla en la
cocina, frotando sus manos sobre sus jeans.
Mientras Lauren era toda sonrisas y espíritu navideño, parecía ser la
única. Klaus se hallaba sentado en el sofá mirando hacia el techo como si
lo hubiera molestado personalmente. Cuando sus ojos se posaron en Alex,
lo hizo, al menos por un momento, sonreír, a pesar de que se fue con la
misma rapidez. Estaba acostumbrada a él siendo un gruñón, aunque era
mucho más divertido estar cerca cuando discutía con Mishca, quién,
mientras Alex miraba alrededor, estaba notablemente ausente.
Regresó el abrazo de Lauren, mirando sobre su hombro hacia la
cocina para ver lo que cocinaba, pero con la luz interior del horno, no podía
hacerlo. Lo que sea que fuera, olía bien.
Lauren se apartó mucho antes de lo que Alex esperaba, en el pasado
era una seria abrazadora, no se acercaba demasiado tampoco, pero con
la forma en que revoloteaba, simplemente imaginó que se sentía
demasiado emocionada para quedarse quieta durante demasiado tiempo.
—¿Dónde están todos?
—Mish está en el dormitorio en su última llamada del día. Amber está
en camino. Tristán y Matt querían venir, pero...—Miró a Klaus—. No puedo
estar segura de lo que va a pasar esta noche. No sé acerca de Luka. Solo
mencionó que estaba en camino, dijo que tuvo que hacer una parada
primero.
Se preguntó brevemente dónde tenía que ir, y por qué no la llamó o
incluso envió un mensaje. Y aunque no tenía por qué, consideró la idea de
que tal vez él vendría con Natasha. No era como si alguna vez le hubiese
mencionado que había dejado de verla.
—No dijo que estuviera trayéndola —dijo Lauren suavemente, leyendo
su expresión.
—Está bien si lo hace. —Mientras siguiera diciendo eso, lo sería.
No tenía ningún derecho sobre Luka. Podía hacer lo que quisiera.
Colocando su abrigo en uno de los dormitorios de invitados del primer
piso, dejó a Lauren cocinando, y fue a unirse a su más o menos hermano.
Colapsando junto a Klaus, imitó su postura mientras se echaba hacia atrás.
Esperó hasta que sintió sus ojos sobre ella antes de hablar.
—¿Por qué tan triste?
Klaus levantó sus piernas, y con poca preocupación por el espacio
personal, las dejó caer en su regazo.
—¿Quieres entrevistarme?
Ella y Klaus no tenían mucha relación, y eso era principalmente su
culpa desde que hizo un objetivo el evitarlo cuando estaban en el mismo
lugar. No importaba que Mishca no la hubiera tratado de manera diferente
una vez que Klaus entró en sus vidas, pero siempre tenía un irracional miedo
de que eligiera a Klaus sobre ella dado que en realidad era su hermano.
Pero parecía que a Klaus no le importaba si ella quería o no una
relación. Iba a forzar una.
—Solo trato de mantener una conversación así dejarás de maquinar
el asesinato del yeso.
Cuando sus cejas se juntaron en confusión, se rio.
—Has estado mirando al techo desde que llegué aquí. Podría haber
sido por más tiempo.
Él sonrió y se apoyó contra el sofá.
—O estás esperando a que el albanés llegué aquí y estoy destinado a
entretenerte.
Rodando sus ojos, Alex desvió su atención.
—¿Cuál es tu problema usando los nombres de las personas? ¿Sería
tan difícil decir Luka o Mishca?
—Los nombres son iguales a afecto y no hago eso.
—¿No? Has usado mi nombre antes. El de Lauren, también.
Él frunció el ceño, mirando a otro lado.
—Ninguna de ustedes hizo nada que me haga querer matarlas.
A veces era casi incómodo cuán franco podía ser. Uno de los rasgos
que tenía en común con Luka.
—¿Qué te hicieron? Mishca, puedo asumir que probablemente tiene
algo que ver con la confusión de identidades. ¿Tengo razón? ¿Pero qué te
hizo Luka?
Se tomó el resto de su trago, alcanzando la botella sobre la mesa.
—Él me convirtió en esto —dijo crípticamente.
—¿Qué significa eso? —preguntó, realmente queriendo saber.
Normalmente sus oscuros pensamientos relacionados con Mishca son la
razón por la que era un mercenario, ¿Pero ahora era Luka?
—Es Navidad, Niklaus. ¿No puedes actuar como si fueras feliz por la
siguiente hora por lo menos? —preguntó Mishca mientras se acercaba,
deslizando su teléfono en el bolsillo de su chaqueta—. Estás con la familia.
Debes actuar como tal.
Klaus, andando, arrojó la tapa de la botella que sostenía en la cara
de Mishca.
—Joder, sabes que no puedo soportar tu culo, ruso.
—Cierto. Te das cuenta de que eres ruso también, ¿verdad? Y sí, soy
muy consciente de que debería haber sido yo en tu lugar el día en que fuiste
llevado y torturado. ¿Algo más de lo que te gustaría culparme? —preguntó
con sequedad, sentándose frente a ellos—. ¿Tal vez cuando te dispararon
en Kiev después de que una de tus misiones saliera mal y uno de tus chicos
fuese capturado? ¿Fue eso mi culpa, también?
Alex no lo sabía a ciencia cierta, pero algo andaba mal, más de lo
que se decía en realidad. No se dio cuenta de lo cerca que había estado
de la verdad cuando trajo a Klaus confundiendo sus identidades.
—¿Y qué tiene eso que ver conmigo? —preguntó Klaus mientras
dejaba caer sus pies en el suelo, poniendo la botella al lado. No había
sacado un arma, pero había algo especialmente peligroso en la manera en
que miraba a Mishca ahora.
—Pude haberte dejado en ese edificio —dijo Mishca—. No te olvides
que me pediste que te matara, que pusiera fin a tu miseria. Nunca te di la
espalda ni una vez, Niklaus. Tú te fuiste. Tú caíste en la madriguera del conejo
por tu cuenta. Y estoy harto de que eches toda tu mierda sobre mí.
Alex se sentía demasiado conmocionada como para hacer otra cosa
que sentarse allí y mirarlos. No había sabido ni la mitad de lo que Mishca
revelaba sobre Niklaus. Pero lo vio, el momento en que estuvo segura de
que Klaus estaba a punto de lanzarse encima de la mesa y atacar a Mishca,
pero a medida que comenzaron a pararse, Lauren se colocaba allí en
medio de ellos.
—No esta noche —dijo lentamente, mirando hacia atrás y hacia
delante entre ambos—. Pueden golpear la mierda del otro mañana.
Mishca tiró de ella detrás de él a pesar de su resistencia, pero eso solo
consiguió molestar más a Klaus.
—Malditamente clásico viniendo de ti, ruso. A pesar de lo que sea que
piensas de mí, no le haría daño. Condición actual o no.
—¿Por qué es eso, Niklaus? No es por mí.
Ninguno escuchó el ascensor mientras se miraban como malditos
asesinos el uno al otro, y mientras que Alex estaba segura de que Lauren
podía manejarlos a los dos, se sentía un poco más que feliz de ver a Luka
mientras caminaba dentro del apartamento, mirándose perdido.
—No, tienes razón en eso. Ya he terminado contigo. Toma tu oferta y
tu posición y métetelos por el culo.
—¿Porque es eso en lo que estás más interesado? He estado dispuesto
a enmendar mierda sobre la que no tengo control, pero mi mujer no está
malditamente sobre la mesa.
—Oh, jódete. Si quisiera cogerme a tu esposa, entonces lo haría.
Las mejillas de Lauren se ruborizaron, y por primera vez desde que esta
discusión inició, había rabia en los ojos de Mishca.
—Cuidado.
—¿O qué, ruso? —La sonrisa de Klaus creció a medida que su postura
se relajaba—. ¿Es eso en lo que piensas cuando sabes que estamos solos?
¿Si tengo a Lauren en su espalda? O tal vez en sus rodillas…
Mishca no pensó, solo se balanceo, el sonido extremadamente fuerte
de sus nudillos golpeando la cara de Klaus.
Luka agarró la parte posterior del vestido de Lauren y tiró de ella hacia
atrás fuera del camino de los puños volando mientras se ponía en medio del
ataque. Finalmente, se los llevó aparte, y si Alex pensó que Klaus estaba
enojado con Mishca, el momento en que se dio cuenta de quién se hallaba
de pie entre él y su objetivo, prácticamente podía sentir la furia saliendo de
él.
—Esto se trata de ella, ¿no? —preguntó Luka, nunca apartando los
ojos de Klaus, al menos hasta que Alex dio un paso en su dirección—. No—
le dijo—. Quédate ahí.
—Di su nombre.
Luka se volvió a Klaus.
—Sarah. Ese era su nombre. No lo he olvidado. —Mantuvo sus manos
a su lado mientras hablaba de algo que solo ellos tres parecían entender—
. Si quieres desquitarte con alguien, entonces desquítate conmigo. Estuve
ahí. No hice nada para detenerlo.
Klaus vibraba rabiosamente, tan fuerte que sus manos temblaban,
pero mientras que las palabras de Luka se hundían, él tenía su pistola fuera,
el cañón escondido debajo de la barbilla de Luka.
—¡Klaus! —gritó Alex.
—No —dijo Luka, apuntando a ella de nuevo. Incluso no parecía
perturbado por el arma—. Tengo esto. Klaus, fue hace seis años. Sé lo que
significa hoy para ti, y sé lo que verme hoy te hace. Pero Jetmir, ¿recuerdas?
Lo cortamos en pedazos y lo arrojamos sobre un puente, ¿verdad?
Luka había esperado un golpe después de que puso su mano sobre
el brazo de Klaus, esperó hasta que voluntariamente lo dejó caer antes de
poner su propia distancia.
—Vamos a tomar un paseo.
Guardando su arma, Klaus lo ignoró, dándole la espalda mientras iba
de regreso hacia donde Alex se encontraba de pie y tomaba asiento en el
sofá, alcanzando la botella que había dejado atrás. Alex, muy rápidamente,
la agarró y la mantuvo cerca.
Él suspiró.
—No puedo matar al ruso. No puedo darle una paliza a él. Y ahora,
¿ni siquiera puedo tener mi bebida? Recuérdame la próxima vez rechazar
una invitación a estas funciones de “familia”, seguir mis instintos.
—Bueno... —dijo Amber mientras entraba en la habitación—. Acabo
de llegar. No se preocupen, sin embargo. —Miró a Mishca, a Klaus, y Luka
sucesivamente—. No vi nada, ni oí nada. Oh, mira. Galletas.
Eso fue suficiente para aliviar la mayor parte de la tensión en la
habitación.
Alex estaba contenta de que no hubiera sido peor. Luka la miraba, y
el alivio que sintió al verlo bien fue corto ya que Natasha daba la vuelta en
la esquina, mirándolo de la misma manera en que Alex lo hacía.
Mishca y Lauren habían salido de la habitación, para ir a discutir,
asumió Alex.
—¿Cuándo sucedió?
Alex parpadeó, mirando a Klaus observándola.
—¿Qué?
—Tú y él —dijo con una inclinación en dirección a Luka—. Estoy
suponiendo que esa es la razón por la que te ves con ganas de vomitar.
—No es lo que piensas. —Era exactamente lo que pensaba.
—Oye —dijo con un empujón a su lado—. Por lo menos es mejor que
levantarse con alguien a punto de apuñalarte por la espalda. Literalmente.
Casi no salgo de esa.
—En primer lugar, asqueroso. Eres como un vago, mayor, propenso-a
estar-enojado hermano que nunca tuve. Realmente no quiero pensar en ti
haciendo algo que no es... —Se estrujó el cerebro por algo que recordaba
de él, que no la hiciera querer vomitar—. Pulir armas de fuego o algo.
Segundo lugar, ¿eso sucedió en serio? ¿Ella te obtuvo, o saliste del camino
a tiempo?
Alcanzó a tirar hacia arriba de su camisa, pero él soltó una risa
moviendo sus manos lejos.
—Todo está bien.
—Así que... ¿Te sientes mejor ahora? ¿No estoy en peligro de estar
recibiendo el final de toda esa ira?
—No, a menos que no me des mi botella de regreso. Odio los días
festivos, y preferiría no recordar este tampoco.
Debido a quién sea que fuera la chica de quién ellos hablaban. Sarah.
Alex sentía curiosidad, y tal vez le hubiera preguntado sobre ella si no
hubiese visto el tipo de reacción que tenía solo de escuchar su nombre.
Ella sabía todo acerca de los malos recuerdos, sin embargo, si no
quería hacer frente a ellos, quién era ella para forzarlo.
Entregándole la botella de whisky, el líquido marrón centellando en la
luz baja, lo observó tomar dos largos tragos. Miró la botella, y luego se la
ofreció, preguntándole con el gesto.
—No, gracias. He reducido de nuevo mi forma de beber. —En realidad
ya no bebía en absoluto hoy en día.
—¿No me digas? ¿Tratando de mantenerte sobria?
—Ese es el plan.
—Bien por ti. —Y en realidad parecía orgulloso de ella—. ¿Eso significa
que no puedo beber cerca tuyo? Porque me gustas, pero por el momento,
creo que me gusta más esta bebida.
Riendo, ella negó.
—Siéntete libre de arruinar tu hígado.
—Es bueno verte, Alex.
Su sonrisa se congeló en su rostro mientras se vio obligada a mirar a la
última persona en el mundo que quería ver. Natasha llevaba un vestido que
acentuaba su figura, su largo y oscuro cabello caía por su espalda. Si Alex
no la despreciara, entonces podría haberla felicitado por la elección.
—Hola. —Alex alcanzó el vaso de Sprite que había dejado sobre la
mesa, sorbiéndolo como una excusa para no decir más.
Su sonrisa todavía firmemente en su lugar miró a Klaus.
—No creo que nos conozcamos.
—No tenemos razón para hacerlo. Me gusta la mía dada libremente.
Alex, sorprendida por el comentario de Klaus, escupió su bebida,
cubriendo su boca mientras trataba de ahogar la risa que luchaba por
escapar. Podría haber intentado dañar a Mishca y a Luka, pero por el
momento, era su persona favorita en el mundo.
A pesar de que no quería, miró a Luka. Su mirada se enfocaba en ella,
sí, pero no en su rostro. Iba a la deriva sobre su atuendo, y si su expresión
tenía algo que decir, realmente le gustó lo que vio. Ella conocía esa mirada.
La llevaba cuando bajó sobre ella.
El reconocimiento la ruborizó, sin embargo, y mientras se aclaraba la
garganta, sus ojos se movieron hacia ella. Sí, estaba pensando lo mismo que
ella.
Una puerta se cerró en la distancia, Mishca y Lauren reaparecieron.
Lauren se detuvo para saludar a su amiga, pero Mishca se dirigió a la cocina.
Queriendo escapar de Luka, y las implicaciones de Natasha estando
allí, Alex los dejó, escapando a la cocina donde encontró a Mishca
buscando en sus gabinetes de licor. Le estaba dando la espalda cuando
entró, pero él echó un vistazo por encima de su hombro cuando llegó.
—¿Estás tratando de entrar aquí?
—Ya no bebo más —dijo caminando a su lado.
—¿Desde cuándo?
Desde esa noche con Snow que apenas recordaba y Luka
ayudándola a superarlo.
—Solo un cambio de vida.
—Bien por ti, pero estoy teniendo una mala noche, así que
discúlpame.
—Umm, Klaus dijo algo similar. Oh, no me mires así —dijo cuando le dio
una mirada oscura—. ¿Hay una razón por la que van a la garganta del otro?
—Le faltó el respeto a mi esposa.
Alex frunció el ceño.
—¿Por qué hablas así? —Arqueó una ceja—. Mi mujer. Niklaus. ¿Por
qué estás siendo tan formal?
—¿Qué quieres, Alex?
—¿Qué demonios te pasa? —preguntó ella, y esta vez no era una
pregunta casual. Él estaba actuando.
—Si pensara que ayudaría, entonces te lo diría, pero no lo haré.
—Siempre me lo decías antes —dijo, empujándolo cuando se puso de
pie—. Solíamos hablar de todo antes de...
Bueno, antes de que descubrieran que no era hija de Mikhail. Desde
entonces, su relación no había sido la misma.
Sonriendo casi tristemente, la atrajo a su lado con un brazo alrededor
de sus hombros.
—¿Cómo has estado?
—Mejor últimamente. —Y la persona a la que tenía que agradecer por
eso estaba en la sala con otra chica.
—Me alegra escucharlo.
Antes de que pudiera detenerlo, él extendió la mano, desordenando
su cabello, haciéndola empujarlo mientras reía.
—Eres un hombre adulto, ¡Mishca! ¿Cuándo vas a detener eso?
—Pero siempre serás mi hermana pequeña.
—Lo sé —dijo secamente, tratando de arreglar a ciegas su cabello.
—Entonces, ¿por qué estás aquí conmigo en lugar de allá afuera?
En lugar de allí afuera con Luka, quería decir.
—Alguien necesitaba asegurarse de que estabas bien.
—Si bien no dudo de que te preocupas lo suficiente como para venir
a comprobarme, pero tal vez realmente estás aquí porque Natasha está
aquí.
Alex se encogió de hombros, la única respuesta que estaba dispuesta
a dar.
—Lauren la invitó, hace meses. Ya sabes lo agradable que puede ser.
Obviamente eso fue antes de que los dos finalmente decidieran juntarse.
Ella lo miró fijamente, sacudiendo la cabeza.
—Nosotros no estamos juntos.
—¿No? Entonces por qué cuando lo necesitaba para un trabajo dejó
tu apartamento a las cuatro de la mañana. ¿Coincidencia? O tal vez estaba
cambiando una bombilla...
Puesto que no había una visión clara de la sala, ella no pudo evitar
buscarlo.
—Es complicado… Nosotros…
—Créeme cuando digo que no quiero detalles.
Miró de nuevo a Mishca, tratando de evaluar cómo se sentía acerca
de esto, pero su expresión se mantuvo neutral.
—¿No te dará un ataque por esto?
—¿Y qué cambiaría eso? Si te dijera que te mantengas alejada de él,
o viceversa, acabarían yendo uno tras otro de todos modos. No hay punto
en mí perdiendo el aliento. —La atrajo a un abrazo una vez más, besando
la parte superior de su cabeza—. Me gustaría poder prometerte que las
cosas serán fáciles, pero no voy a mentirte acerca de eso.
Había algo en la inflexión de sus palabras que la hizo preguntarse lo
que realmente trataba de decirle.
—¿Puedes prometerme algo? —le preguntó de repente.
—Cualquier cosa.
—No importa lo que pase, confía en que quiero lo mejor para ti. Y más
que nada, todavía voy a protegerte de cualquier persona que quiera
lastimarte. —Suspiró, finalmente, tomando un sorbo de su bebida—. Llegará
un momento en el que te preguntarás eso. Es por eso que te lo estoy
diciendo ahora. No lo olvides.
Mishca estaba siendo... raro. Todo en esta noche era raro.
El horno sonó de repente, trayendo a Lauren de nuevo a la cocina,
pero no estaba sola. Luka la siguió.
Alex, no queriendo estar en la misma habitación que él, se apartó del
camino para dejarlos pasar, pero Luka se encontraba allí para interceptarla.
—¿Me estás ignorando? —le preguntó en voz baja para que solo ella
escuchara.
Era eso o reconocer el hecho de que trajo a su compañera sexual a
la fiesta solo días después de que tuvieron sexo.
Pegando una sonrisa, Alex sacudió la cabeza.
—Por supuesto que no. Solo te estoy dejando disfrutar de tu cita. —Ahí,
ella dijo lo que quería decir, y no la había llamado puta. Ese fue un paso en
la dirección correcta y se sentía más o menos orgullosa de sí misma.
—No la he invitado. Se hallaba en el vestíbulo esperando para subir
cuando llegué aquí.
Mishca había reafirmado eso, pero todavía no la hacía sentirse mejor.
No cuando no sabía en dónde se encontraban.
—Luka, puedes hacer lo que quieras.
Dio un paso a su alrededor antes de que pudiera detenerla, volviendo
a su asiento junto a Klaus. Esta vez, ella echó sus piernas sobre las suyas.
—¿Sintiéndote mejor, tipo grande?
Él rodó sus ojos.
—Creo que ya me preguntaste eso.
—Solo me aseguraba. —Alex no había tenido muchas conversaciones
con Klaus, pero no era demasiado tarde para cambiar eso—. Entonces,
¿qué se siente ser un mercenario? ¿Trabajo duro?
Un repentino estallido de risa brotó mientras tomaba un trago de una
botella recién abierta de cerveza. Eso era mejor que el fuerte alcohol que
había estado bebiendo antes.
—Bebemos y disparamos cosas, no siempre en ese orden.
Ella no tuvo que preguntar si alguna vez recibió un disparo. Mishca
dejó eso claro.
—¿Eres un buen tirador?
—El mejor tirador.
—De ninguna manera. Muéstrame pruebas o no te creeré.
Sosteniendo firmemente sus piernas, él se inclinó hasta recoger una
revista de la mesa, abriéndola, entonces desgarró unas cuantas hojas.
—Es como una gran coordinación mano-ojo, nada más que eso. —
Hizo una bola con uno, arrojándola entre sus manos. Parecía estar mirando
algo a un lado—. Tienes que estar preparado para condiciones variables.
Tienes que anticipar cualquier cambio en el tiempo, incluso el más mínimo.
Primer, necesitas tu arma. —Levantó la pelota para que la viera—. Después,
esperas que tu objetivo entre en posición, entonces finalmente...
Lanzó la bola de papel que disparó a través del aire para golpear a
Luka justo en su frente mientras giraba en la esquina.
Alex y Amber se rieron, especialmente por la expresión en el rostro de
Luka mientras bajaba la mirada a la pelota que había caído a sus pies, con
sus manos a los costados.
—La paciencia es la clave —dijo Klaus con una pequeña sonrisa.
Cuanto más tiempo se sentaron allí, más se daba cuenta Alex de que
en realidad disfrutaba de la compañía de Klaus. Cuando no estaba
pensando, o amenazando con matar a la gente, en realidad era realmente
muy bueno hablando.
—Necesito que me la prestes durante unos minutos —dijo Luka
mientras tomaba asiento junto a Alex, dirigiendo su declaración a Klaus.
—Por supuesto —dijo Klaus, terminando lo último de su bebida—. La
palabra es tuya.
—Solos…
—Solo pretende que no estoy aquí —sugirió, pero era claro que no
trataba de darles algo de privacidad. De hecho, se volvió en su dirección,
inclinando su cabeza hacia atrás contra el sofá.
—Bien —comenzó Luka, girando así podría enfrentar mejor a Klaus—.
Puesto que quieres ventilar toda nuestra ropa sucia. La última vez que
estuvimos solos, no fuiste amable en absoluto. Te pedí tranquilidad, ¿crees
que me gusta estar herido? Pero no, solo necesitabas meterlo.
Alex escupió el refresco que había estado bebiendo, cubriéndose la
boca con el dorso de la mano mientras reía, sintiendo los ojos de los demás
sobre ellos.
Klaus podría haber tratado de verse irritado, pero sus labios
temblorosos lo delataron.
—Necesito otro maldito trago.
Se puso de pie, dándole un innecesario empujón a Luka mientras se
levantaba. Ahora que su puesto se hallaba libre, quedaba un montón de
espacio para que Luka pudiese moverse y aumentar el espacio entre ellos,
pero se quedó exactamente dónde estaba.
A pesar del hecho de que eliminó exitosamente a Klaus desde su
lugar, Alex todavía no estaba lista para hablar con él.
—Tienes cinco segundos, Alex.
Sonriendo, hizo el recuento para él.
—Cinco, cuatro, tres, dos, uno. Y aún, todavía no estoy…
Él levantó su vaso, sujetándolo precariamente sobre su regazo como
si tuviera toda la intención de derramarlo sobre ella.
—Derramas eso sobre mí y patearé tú culo, Luka.
Se encogió de hombros, sonriéndole.
—Me gusta el dolor, me satisface. Estoy seguro de que recuerdas eso
muy bien.
La sorpresa hizo que abriera su boca, pero se recuperó lo
suficientemente rápido, alejándose de él, sintiendo el calor en su rostro.
Definitivamente recordó la forma en que él reaccionó cuando pasó
sus uñas por su espalda... o cómo todo parecía ponerse más rudo...
Lo que sea que haya visto en su cara en ese momento lo tuvo
acercándose, su mirada concentrada en sus labios, y todos los demás en la
habitación parecieron desaparecer. Ella lo quería de nuevo, y…
—Luka, ¿puedo hablar contigo?
La voz de Natasha la trajo de vuelta a la realidad. Se aclaró la
garganta, sentándose lejos de Luka mientras esperaba ver lo que haría a
continuación.
Mientras que su cara había sido abierta y expresiva con ella, se apagó
por completo mientras miraba a Natasha.
—Ve —lo animó Alex.
La miró, como si estuviera tratando de averiguar si realmente quería
decir eso.
Pero lo hizo, y no fue porque tratara de ser mezquina.
Maldiciendo entre dientes, Luka se puso de pie, agarrando el brazo
de Natasha mientras la conducía a una esquina.
No se fueron por mucho tiempo, aunque se sintió como si lo hicieran,
y cuando regresaron, era hora de la cena. Alex tomó asiento junto a Klaus,
Luka cayendo a su otro lado y Natasha junto a él.
Mishca se hallaba sentado justo enfrente de Klaus, lo que animó a este
último a arrojar guisantes a través de la mesa hacia él, Lauren estaba junto
a él, y Amber al lado de ella.
Además de la tensión incómoda entre Alex, Luka, y Natasha, y la
guerra de comida que Klaus trataba de iniciar, todo estaba bien.
—¿Tienes que ser un niño? —preguntó Mishca cuando Klaus clavó uno
en medio de su frente.
Lanzándole otro, el mercenario sonrió y dijo—: Toma uno para
conocer a otro.
Alex, tratando de no reírse a la indignada expresión en el rostro de
Mishca, estaba ocupada cortando un trozo de pollo cuando sintió la mano
de Luka sobre su pierna por debajo de la mesa. Se sorprendió, saltando
ligeramente, pero nadie se dio cuenta mientras lo miraba, viendo la sombra
de una sonrisa en los labios.
Empujando su mano, ella regresó a su comida, solo para que él la
pusiera de vuelta.
—¿Hay algo en lo que te pueda ayudar, Luka?
Parecía sorprendido de que hablara con él.
—¿Qué quieres decir?
Rodando sus ojos, ella recuperó la pierna que estaba sosteniendo.
—¿Hay una razón para eso?
Se encogió de hombros, alcanzando su tenedor con la única mano
disponible.
—No, solo me gusta la sensación de ti.
En segundos, sintió la ira desaparecer.
Maldita sea.
—Tienes compañía. No quisiera distraerte.
Él sonrió.
—Siempre has sido una distracción.
—Luka.
Ambos miraron hacia Mishca quien miraba a su ejecutor.
Si las miradas pudieran matar…
La reprimenda fue clara en su voz. No tuvo que decir más.
—Solo estoy sentándome aquí, jefe.
Pero deliberadamente frotaba su pulgar sobre su pierna, aunque no
parecía que lo hubiera movido en absoluto.
—Si tengo que…
—¡Vamos a abrir los regalos! —anunció Lauren de repente, mirando a
su marido y a su gemelo, y luego a Luka.
Lo que sea que ella hubiera planeado para esta noche, no iba de la
manera que quería.
Con la cena olvidada, todos ellos se dirigieron de nuevo a la sala,
todos excepto Luka que fue al cuarto de atrás, con Natasha siguiéndolo.
A pesar de lo que sucedió en la mesa, y cómo su toque aún persistía,
contó cada segundo que estuvo fuera. Pero en lugar de solo sentarse allí, se
acercó a recoger los regalos que había comprado y los pasó.
Lauren fue la primera, Mishca, incluso Klaus, y otro para Amber. El de
Luka lo dejó en el lugar donde había estado sentado.
De Mishca y Lauren, obtuvo un par de muy sorprendentes zapatos que
recordaba particularmente haber pedido cuando había estado hablando
con Lauren. Klaus, sorprendentemente, le consiguió un anillo bastante a la
moda que funcionada como arma, que era su favorito por el momento.
Luka y Natasha surgieron de la parte posterior, Luka cargando los
regalos que había traído. Natasha manteniendo sus emociones
cuidadosamente ocultas.
Luka le arrojó una caja cubierta de papel de regalo dorado, una
brillante cinta del mismo color atada alrededor de ella. Era bastante más
grande que la caja que le tiró a Lauren, pero sorprendentemente, no tenía
una para Natasha. Llámala egoísta, pero se sentía de cierto modo feliz con
eso.
Había una etiqueta en la cinta, y cuando le dio la vuelta, esperaba
ver el nombre de Luka entintado en ella. Se rio suavemente cuando vio las
tres palabras precipitadamente dibujadas.
¡Malditamente de nada!
Mientras que todos los demás estaban ocupados, Alex desató la cinta,
delicadamente desenvolviendo la caja. Tenía impreso el nombre de una
empresa de la que nunca había oído en la parte superior, y sentía curiosidad
acerca de lo que estaba dentro.
Levantó la tapa, echando un vistazo al interior e inmediatamente la
cerró de golpe.
Esto no era algo que quisiera compartir con todos en esta sala, no
porque fuera inapropiado, sino por lo que significaba para ella. Nadie, ni
siquiera su familia, le había comprado un par de zapatillas de punta. Por
supuesto, la escuela a la que asistió regularmente se los dio por un tiempo,
pero si hubiera querido un par especial, tenía que comprárselos ella misma
Sin preocuparse si alguien se daba cuenta, se llevó la caja a la
habitación donde estaba su abrigo, abriéndola de nuevo una vez que la
puerta estuvo cerrada. Pasó sus dedos sobre el delicado satén de los
zapatos, dejando que los listones se deslizaran a través de ellos. Eran
hermosos, simplistas, y le recordaban a una vida que había significado todo
para ella, al mismo tiempo.
Solo Luka pensaría en conseguirle esto, algo que significaba más para
ella que todos los zapatos en el mundo.
Volviendo a la sala de estar, Alex cogió su vaso, mirando los cubos de
hielo flotar en el interior, girando en remolinos.
Lauren repartió sus siguientes regalos, guardando el de Mishca para el
final. El suyo era el más pequeño de todos, pero si la expresión de su rostro
era una indicación, este hecho no le importaba. Le susurró algo al oído que
la hizo sonreír, instándolo a abrirlo. Desatando la cinta, tiró de la tapa, sus
cejas alzándose mientras levantaba la llave estilo USB del interior
aterciopelado. Su siguiente sonrisa prometió cosas que Alex realmente no
quería pensar.
Luka, que estaba caminando detrás de él mientras lanzaba su propio
presente a Lauren, bajó la mirada a la llave.
—Oh, ¿SLR McLaren? Alguien tiene buen gusto.
—Acércate a mi auto, Luka, y te desuello vivo.
—¿Por qué tan serio? Es Navidad. Saca ese palo de tu culo, Mish.
Ahora, abre mi regalo y di, “gracias, Luka, eres tan generoso. Te amamos
más que al mercenario enojado”.
—Me estás estereotipando y no me gusta —se quejó Klaus.
—Ustedes tres luchan más que cualquier chica que conozca —dijo
Alex rodando sus ojos.
No pasó desapercibido que Mishca y Lauren se encontraban en una
privada y acalorada conversación, y estaba más que claro que Lauren
estaba ganando cualquier punto que estuviera tratando de marcar.
Cuando finalmente llegaron a un acuerdo y se dieron cuenta de que todo
el mundo se había dado cuenta de su pequeña discusión, miraron hacia
ellos.
Lauren y Mishca se hallaban de pie delante del árbol de Navidad, el
último luciendo pensativo, pero Lauren parecía bastante contenta
haciendo que Alex se preguntara qué sucedía. Estaba más allá de lo obvio
ahora que lo que sea que estaban a punto de compartir era importante.
—Manos a la obra —dijo Klaus secamente—. Nos están manteniendo
a todos en suspenso.
Lauren lo miró, y por la forma en que lo miraba, parecía que Klaus ya
sabía lo que iba a decir. Extraño.
—Pensamos que era importante que todos sepan que... bueno, lo que
quiero decir es, los considero a todos familia y es... bueno, no…
—Lauren está embarazada —espetó Mishca.
Alex estaba tomando un sorbo de su bebida cuando dio ese anuncio,
y tosió, casi escupiéndolo de vuelta. Como la mayoría de los otros en la
habitación, sus ojos cayeron inmediatamente al estómago de Lauren,
aunque difícilmente había alguna evidencia de embarazo. Esto también
explicaba por qué su ropa era tan holgada.
Los ojos de Lauren se agrandaron mientras miraba a su marido,
obviamente no se sentía feliz con la forma en que les había dicho, pero no
importaba cómo lo dijeran, Alex estaba segura de que todo el mundo
seguiría mudo aún.
—Eso es un poco egoísta, ¿no es así? —preguntó Luka, rompiendo el
silencio después de su anuncio—. ¿Es ese mi regalo entonces? ¿Su
embarazo? ¿Puedo al menos conservar al bebé?
Alex ocultó su sonrisa detrás de su mano, tosiendo cuando incluso
Klaus comenzó a temblar de risa.
Lauren, que había estado luciendo angustiada por la manera en que
todo el mundo actuaba, se relajó visiblemente, una mano fue a su
estómago por reflejo mientras emitía una sonrisa a Mishca.
—Yo, por mi parte, estoy emocionado —continuó Luka—. Nunca he
tenido un bebé antes.
—Y no comenzarás ahora —dijo Mishca, pero tampoco podía luchar
contra su sonrisa.
Alex se puso de pie, sonriendo ampliamente a Lauren.
—Deberías dejarme decorar el cuarto del niño, por supuesto,
podemos hacerlo juntas. Tú estás haciendo todo el trabajo duro, después
de todo. ¡Oh! Y solo espera que llegue el momento de escoger la ropa.
Mientras que Alex se encontraba ocupada hablando con Lauren,
Mishca se había dirigido hacia Luka y Klaus. Alex se sentía tan entusiasmada
con la posibilidad de tener una sobrina o sobrino que no se dio cuenta
cuando Natasha se acercó. Al igual que antes, la sonrisa de Lauren se
congeló, la única advertencia que Alex consiguió antes de que empezara
a hablar.
—Enhorabuena, Lauren. Debes estar muy emocionada.
—Gracias.
Un incómodo silencio cayó sobre ellos, y en lugar de decir algo malo,
Alex guardó sus pensamientos para sí misma. Decidiendo que era mejor
simplemente ignorarla por completo, Alex preguntó a Lauren—: ¿Qué tan
avanzado está?
—Cerca de diez semanas, quizá un poco más ahora.
Alex le dio una mirada de complicidad.
—Luna de miel. Al menos sabemos que tuviste un gran momento.
Riendo con buen humor, Lauren dijo—: No creo que nadie haya
teniendo un mejor momento que yo.
—Ugh, asqueroso, tú…
—Tal vez Alex lo tuvo —intervino Natasha—. Dado que estrelló el auto
de Mishca y todo.
Alex se congeló y Lauren lucía confundida antes de que la
comprensión llegara. Lucía demasiado atónita para responder, pero Alex
tenía eso cubierto.
—Considerando que aquí nada es realmente de tu incumbencia, no
veo por qué estás siquiera hablando.
Natasha se volvió hacia ella, con la cabeza en alto, el desafío claro
en su expresión.
—Luka lo hace mi asunto.
—¿Cuándo fue eso exactamente? —preguntó Alex—. Porque he
estado en su casa prácticamente todos los días y ha estado ignorando tus
llamadas, ¿o no te has dado cuenta?
—Teniendo en cuenta que estoy aquí ahora, parece que soy su
asunto, ¿o no me ha estado cogiendo desde que tú eras aún menor de
edad?
—¿Y últimamente? —replicó Alex, la rabia caliente fluyendo a través
de ella haciéndola temblar de ira apenas contenida—. ¿O se perdió en el
mar de los otros hombres que ves en el día a día?
—No cuando él es el único quien importa.
—¿Pero eres tú quien le importa a él? Porque, corrígeme si me
equivoco, ¿no te deja una propina antes de irse?
Natasha dio un paso hacia delante, como si tuviera toda la intención
de golpear a Alex, pero Lauren se puso en el medio, y si había una cosa que
ella sabía, no era volverse salvaje y golpearla.
No le gustarían las consecuencias de eso.
—¡Es suficiente! —dijo Lauren en un acalorado susurro, pero no fue
suficiente para mantener la atención de ellas.
Alex casi por casualidad miró en dirección a Luka, pero verlo solo
reafirmó todo lo que Natasha había estado diciendo.
—Alex... — la llamó después, pero lo ignoró, continuando.
Claro, ella había estado pasando tiempo con Luka. Claro, él la folló
como si el mundo estuviera terminando, pero nada de eso importa si no le
ofrecía nada más.
Nadie podría cuestionar su amistad, pero empezaba a ver que la
amistad había dado un solo paso sobre el borde antes de volver atrás.
Tenía que dejar ir a Luka, especialmente si Natasha era la mujer que
él todavía quería.
Girando sobre sus talones, Alex fue a la habitación de invitados,
donde los abrigos se hallaban sobre la cama. Mishca le preguntaba a
Lauren qué sucedía, pero Alex no se volvió para comprobar. Si se supiera la
verdad sobre el auto de Mishca, entonces confesaría y lo dejaría ser.
Sin embargo, Luka no estaba lejos de ella.
—Alex.
—¡Oh, jódete! Lo que sea que tengas que decir, guárdatelo. Estoy tan
harta de este círculo en el que seguimos. Si no eres tú peleando contra esto,
es tu... bueno, ¡lo que malditamente sea ella para ti!
Agarrando su abrigo, empujó sus brazos por las mangas, liberando su
cabello del cuello.
—¿Así que solo te vas a ir?
—Sí.
—¿Y crees que te voy a dejar?
Se dio la vuelta para mirarlo.
—¿Qué vas a hacer para detenerme? Sabes, Luka... estoy cansada
de esto.
Luka se encontraba en la puerta, bloqueando su única salida, con las
manos en los bolsillos. Estaba claro que no se movería hasta que estuviera
listo.
—¿Esto?
—Nosotros. Yo persiguiéndote cuando obviamente no soy lo que
quieres.
—¿Y qué te dio eso idea, exactamente? ¿Cuándo te mantuve estable
mientras te desintoxicabas? ¿Cuándo te di todo lo que alguien como yo
posiblemente podría dar? —Se apartó de la puerta, acercándose tanto que
apenas podía respirar sin arrastrarse en su aroma—. ¿O cuando finalmente
me rendí y te follé como quería hacerlo por las últimas seis semanas? —Le
sostuvo la mirada durante unos instantes, dejando que sus palabras
penetren, y luego dijo—: No estás cansada de mí porque estoy seguro como
la mierda que no estoy cansado de ti.
—Y, sin embargo, Natasha está aquí, disputando tu atención toda la
noche. ¿Cómo crees que me hace sentir, Luka? Verla aquí contigo, incluso
si no la invitaste. —Se apresuró a seguir cuando él se preparaba para decir
algo más—. Incluso si estás siendo amable dejando que se quede... ¿Qué
harías tú si uno de mis ex apareciera dos días después de que tú me cogieras
y estuviera colgando sobre mí?
Incluso la idea de eso parecía enfurecerlo, haciéndola tragar cuando
su cara cambió de emoción.
—Sabes exactamente lo que haría.
Y lo hacía. Realmente lo hacía.
Pero eso no cambiaba su situación actual.
Hizo un gesto para que se moviera fuera de su camino, pero a pesar
de que lo intentó, sabía que no se movería a menos que quisiera moverse.
Alex se preparaba para vocalizar su petición, hasta que su mano tomó
su cara, su pulgar acariciando su mejilla, siempre gentil a pesar de que sabía
lo que esas manos eran capaces de hacer. ¿Cómo podía él esperar que
ella se alejara de él, incluso para entretener a otra persona cuando, con
solo un simple toque, él la capturaba?
—Luka... —Su nombre salió como un susurro, pero no pareció
importarle.
—Te quiero. Te quiero a ti, Alex.
Lamiendo sus labios, por una vez no dio marcha atrás.
—Pruébalo.
La demanda era egoísta. Sabía eso, pero por una vez, no le
importaba. Cuando se trataba de él, quería ser egoísta. Quería tener cada
pedazo de él porque ella felizmente le daría hasta el último trozo de su
corazón si eso era lo que él quería.
—Te veo en tu lugar.
28
Bésame
Traducido por Bella’
Corregido por Taywong

P
ara el momento que Alex llegó a casa a pasar la noche,
lanzando su bolso y llaves sobre el sofá cuando entró, se sentía
más que un poco mentalmente agotada después de la noche
que había tenido. Se quitó los tacones, lanzándolos en la dirección general
de su dormitorio, y desabrochando su abrigo. Nunca había tratado sus cosas
con tanto cuidado, pero en realidad no le importaban entonces. Antes, en
una noche como esta, ella habría más que felizmente ahogando sus
problemas con Luka con un muy caro vodka, y solo pensar en ello era
deprimente. Tener que depender del alcohol para atravesar el día con
solamente diecinueve años definitivamente no era el punto culminante de
su vida.
A pesar de cómo se sentía, y del hecho de que eran cerca de las tres
de la mañana, y que había estado de fiesta la mayor parte del día, no
pensaba que encontraría el sueño pronto.
En su dormitorio, ató su cabello, decidiendo sobre una ducha antes
de arrastrarse dentro de su cama por la noche. Permaneció allí mucho más
tiempo de lo que debería, dejando que el agua caliente lavara el estrés.
Para el momento que salió, poniéndose el kimono que normalmente usaba
en su departamento, se sintió mejor. Las palabras de Luka sonaban como
un disco rayado en su cabeza, e incluso cuando trató de no pensar en ello,
no podía evitar recodar la manera que sus labios se sintieron contra los suyos.
Pero tan pronto como pensamientos de él cruzaban su mente, también lo
hacían de Mishca.
Su advertencia todavía la confundía, incluso si fue una no tan
sorprendente. Nadie sería nunca lo suficientemente bueno a ojos de su
hermano, y mientras que ella seguía molesta por ello, no lo culpaba. No
dudaba que, si hubiera encontrado alguien que fuera agradable y no en el
estilo de vida, habría sido un poco más accesible, pero claro, el único chico
que hacía que su corazón latiera también estaba tan profundamente
involucrado dentro de la Bratva que no existía manera de que pudiera
dejarlo pasar.
Hubo una vez cuando ella se entretuvo dejando todo esto atrás,
demasiado avergonzada del legado para el que había nacido. Había
pensado sobre encontrar un chico que fuera normal en todos los sentidos,
con una sonrisa amigable y quien trabajara de nueve a cinco como la
mayoría del mundo… pero entonces Luka se acercó a ella y se olvidó de
todo eso.
Y peor, una vez que se obsesionó con él, no había nadie más que
quisiera, no como lo quería a él. Snow era… Snow era solo alguien a quien
iba cuando se sentía deprimida. Deseaba entender a Luka porque tratar de
descifrarlo era más que un poco agotador, y no por primera vez, deseaba
que llevaran vidas diferentes donde todas las complicaciones que
permanecían en su camino desaparecieran.
Sacándolo de su mente por el momento, agarró el control remoto,
encendió la televisión y cambió los canales hasta que encontró una película
que no la irritaría en veinte minutos. Arrojó el control remoto atrás sobre la
cama y se dirigió a la cocina, pensando en el té que iba a hacer cuando
atrapó la imagen de Luka casualmente descansando en su sofá, sus sucias
botas puestas sobre su mesa de café.
Su corazón golpeó dolorosamente en su pecho mientras se detuvo
abruptamente, su nombre deslizándose de sus labios mientras miraba
fijamente hacia él. No debería estar sorprendida en realidad. Sin nunca
haber hablado de ello, sabía que él era altamente experto en su trabajo,
pero para calmar su propia curiosidad, tenía que saber.
—¿Cómo entraste aquí? ¿Pensé que tomé tu llave?
Ella recordaba el día claramente, la mañana después de que él pasó
la noche en su lugar, la misma noche que se besaron fuera en la piscina.
Luka sonrió satisfecho, la esquina de su boca levantada, revelando
uno de los hoyuelos en sus mejillas. Reclinándose más, inclinó su cabeza
hacia atrás para verla mejor.
—Forcé la cerradura.
Sus ojos la recorrieron, deteniéndose en sus piernas desnudas.
Rápidamente fue consciente de que no tenía nada más que una fina capa
de seda. Tratando de mantener cierta apariencia de compostura, sostuvo
ambos lados del kimono mientras siguió hacia la cocina. Prácticamente
podía sentir su mirada en su espalda mientras se iba.
—¿A qué hora te vas? —gritó hacia él—. ¿No está Loki solo?
Él se puso de pie, pasando por un interruptor en la pared y
presionándolo para encender su chimenea. Una vez, ella había sido feliz de
tenerla, pro ahora se sentía demasiado íntimo.
—Loki está bien. Cuidé de él antes de venir aquí, no te preocupes. Y,
¿quién dijo que me voy?
Tragando, no se molestó en responder a eso.
—¿Hay alguna razón por la que irrumpes en mi casa en lugar de
tocar?
Agarrando la tetera de metal del gabinete superior, la llenó con agua,
poniéndola en uno de los quemadores antes de prenderlo.
Sus pasos eran sin prisa mientras se unía a ella, su presencia a su
espalda la ponía más nerviosa de lo necesario. Cuando se giró, pasándolo
para conseguir algo de espacio, se dio cuenta de que su chaqueta había
desaparecido, junto con sus botas.
Él, poniéndose cómodo en su departamento cuando ella se hallaba
tan drogada para notarlo era una cosa, pero hacerlo mientras ambos
estaban completamente sobrios era algo completamente distinto. Ella no
quería pensarlo, pero algo acerca de esta noche era diferente, incluso si no
lo reconocería.
Vapor era emitido solo de la tetera, y como si fuera la cosa más
interesante del mundo, no apartó sus ojos de ella, al menos hasta que él la
obligó a hacerlo.
Él deslizó su mano dentro del bolsillo de sus vaqueros, el musculo en su
bíceps estirándose con el movimiento. Ella trató de no hacerlo, pero sus ojos
la traicionaron mientras observaba la acción, deseando que pudiera trazar
las venas con la punta de sus dedos. Apartó la mirada antes de que pudiera
notarlo.
Mientras rodeaba la isla, moviéndose hacia ella con paso pausado,
ella compró tiempo, entrando en la despensa para examinar las cajas de té
dentro, tomando una respiración profunda mientras iba.
No quería parecer como si estuviera huyendo de él así que agarró una
caja sin realmente leer la etiqueta y se unió a él.
Sin mirarlo, preguntó—: ¿Quieres un poco? Puedes tomar el tuyo si no
quieres… —Bajó la mirada a la etiqueta—… hierbabuena. En caso de que
creas que pueda envenenarte…
—No bebo té.
—Claro que no —murmuró, yendo de regreso a la estufa para esperar.
Él era uno de los más quisquillosos comensales que conocía.
Doblando sus brazos por su pecho, mordió el interior de su mejilla. Era
difícil enfrentarse a él cuando estaba completamente vestida, pero con casi
nada, necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir.
—¿Por qué estás aquí de nuevo? No recuerdo extenderte una
invitación.
Él miró hacia la tetera silbando, apangando el fuego debajo de ella
antes de enfrentarla de nuevo. Arrancando la caja de té de sus manos, la
arrojó sobre el mostrador.
Gentilmente, puso una mano alrededor de su cintura, girándola así
ella lo enfrentaba antes de descansar sus manos sobre el mostrador a cada
lado de ella, enjaulándola. Por la manera en que su boca se levantó otra
vez cuando miraba la parte de su bata, era obvio que apreciaba el
conocimiento, incluso si no podía ver nada, y ante ese pensamiento, la
sangre se precipitó a su rostro.
—Te dije que venía —remarcó, acercándose más si era posible.
Recordó lo que dijo antes de que se fuera, momentos después que
pudiera recuperar el aliento tras besarlo.
—En realidad no —dijo finalmente encontrando su mirada—. No fuiste
muy claro en eso.
—¿No lo fui?
Rehusándose a ceder, dijo—: No fuiste claro en un montón de cosas.
—Estoy aquí ahora. ¿Qué te dice eso?
—Absolutamente nada. Estuviste aquí hace dos noches y sigo sin
saber qué significa.
Ella pensó que lo sabía, pero esa suposición claramente estaba fuera.
—Tú… no, mírame —instó cuando trató de alejarse, forzándola a
encontrar su mirada—. Me querías, soy tuyo.
Tan bellas palabras, palabras que anheló escuchar desde el momento
en que se dio cuenta que Luka era para ella. Era casi demasiado bueno
para ser verdad. No estaba lista para creer que de verdad había dicho esas
palabras.
Odiaba sentirse vulnerable, mostrar más de lo que pretendía, pero con
Luka, incluso si trataba de aparentar, él vería a través de ello. Odiando la
vulnerabilidad que sentía, presionó su mano en el centro de su pecho para
empujarle a retroceder.
—Pero por cuánto tiempo.
Siempre sincero, él dijo—: Por tanto tiempo como tú me quieras.
—Luka…
Su mano se cerró alrededor de la base de su cuello, tirando de ella
hacia delante mientras la callaba con un beso.
—¿En serio quieres pelear ahora? —susurró contra sus labios, su otro
brazo yendo alrededor de su cintura.
La respuesta era no.
No, ella no quería pelear con él, no sobre esto. Ya no más. Lo que sea
que lo haya hecho venir esta noche, no preguntaría. Podría lamentar esa
decisión en la mañana, pero por ahora, disfrutaría de él tanto tiempo como
pudiera.
—Pero eso es todavía…
—Hasta que alguien me arrastre lejos, estoy justo aquí. Contigo. Con
nosotros. ¿Sí?, e incluso entonces, sigo siendo tuyo, Alex.
Debe haber sentido la pelea escapando de ella porque su sonrisa
creció aún más y buscó su mano.
—Una cosa…
El té por el que ella había sido tan inflexible fue rápidamente olvidado
mientras él conducía el camino de regreso a la sala, tomando asiento en el
sofá antes de tirar de ella sobre él. Sus manos volaron a sus hombros para
estabilizarse, y rápidamente fue consciente de su nueva posición y cómo los
pliegues de su kimono se abrieron más, apenas escondiendo algo ya.
—Eso es para ti —dijo, señalando con una inclinación de cabeza a los
papeles cuidadosamente doblados sobre la mesa frente a ellos que pasó
por alto cuando lo vio por primera vez.
Sin apartarse de él, se inclinó hacia atrás por ellos, su aliento
tartamudeado cuando sus manos vagaron a sus muslos, deslizándose por
debajo de la tela para rozar sus dedos sobre su cintura. Cuando los leyó, se
sentía confundida, tratando de descifrar lo que eran, hasta que llegó a la
segunda página.
Resultados de análisis. Y ya que era el único mostrándoselos, supo que
eran de él. Si hubo alguna duda de a dónde se dirigía esa noche, se pusieron
a descansar ahora.
La última vez había sido espontaneo. Esto… esto era planeado.
—Esto no era necesario, Luka —murmuró, dejando caer las hojas otra
vez sobre la mesa.
—Pero lo era. —La mano en la parte baja de su espalda la instó a
acercarse, y cuando la tocó, ella puso sus manos sobre su pecho, sintiendo
el calor de su piel a través—. Esto es fácil. La atracción está aquí. Esa
necesidad que siento por ti siempre ha estado ahí, no lo negaré. Quiero que
confíes en mí… completamente. Esto es para que nunca tengas que dudar.
—Bien.
Eso fue lo mejor que pudo decir, ¿verdad? ¿Qué más había para
decir? Encontró su mirada mientras sus manos fueron al borde de su camisa
y se quedaban allí.
Él dijo—: Nunca he estado en una relación, realmente nunca quise
una, así que no puedo decirte que seré bueno en lo que sea que estamos
haciendo. Cuando me necesites, estaré allí. ¿Necesitas algo? Me aseguraré
que lo tengas. Como dije, por tanto tiempo como tú me quieras, soy tuyo.
—¿Y tú? ¿Qué quieres tú?
Él vaciló, como si esto no fuera algo que hubiera considerado siquiera.
—Yo… necesito que seas paciente conmigo. No lo conseguiré a la
primera, pero trataré… por ti.
Se quedó en silencio otra vez, satisfecha con su respuesta, pero sin
saber qué más decir.
Era fácil imaginar, fantasear sobre cómo pasaría esto, pero ahora que
estaban aquí, no sabía cómo proceder. Parecía como, aunque no por
primera vez, él la estuviera viendo realmente.
No como Alex, la adicta…
O Alex, la hermana pequeña o hija del jefe…
Sino como ella misma.
Podría haber sido más fácil ignorar la manera en que su cerebro
trabajaba horas extra si él hubiera venido por ella rápido y sin restricciones,
arrancando su ropa, sin tiempo para pensarlo todo. Esto era cuidadoso, y
mientras que se sentía nerviosa a horcajadas sobre su regazo, estaba
demasiado consciente de lo que les pasaba.
—Yo solamente siempre te he querido —susurró, sus palabras
prolongándose en el aire entre ellos.
Esta vez, su respuesta fue en forma de un beso.
Fue lento, lánguido, y finalmente se entregó a ello. Una parte de ella
siempre había sentido que esto… esta chispa entre ellos nunca se apagaría
y que este momento era inevitable.
Tenía razón.
Sus manos se deslizaron a su alrededor hacia la parte trasera de sus
muslos, y fácilmente, se puso de pie con ella en sus brazos, cargándola hacia
el dormitorio. No se molestó en cerrar la puerta tras ellos. No era como si
fuese necesario.
Alex jadeó cuando fue lanzada hacia atrás, rebotando dos veces
antes de quedar sobre la cama.
Él se quedó de pie al final, con la mirada fija en ella como si fuera un
premio que había ganado. Con la manera en que la miraba, se sentía
terriblemente autoconsciente de que su bata se había abierto y estaba más
que probablemente revelando más de lo que pensó. No había sentido en
tratar de cubrirse. Solo la desnudaría de nuevo.
Empuñando la parte inferior de su camisa, la arrastró, tirando de ella
por encima de su cabeza, exponiendo tinta y músculos que le robaron el
aliento. Bebió de él, de cada centímetro de él, pero fue cuando comenzó
con sus vaqueros, deshaciendo el botón, tirando de la cremallera hacia
abajo, revelando más carne tonificada y pintada que no pudo recuperar el
aliento…
Aparentemente, Luka no creía en la ropa interior.
Un minuto, él había estado completamente vestido, y al siguiente,
estaba completamente desnudo.
¿Existía alguien que pudiera compararse con él?
No era perfecto físicamente. Tenía las cicatrices que lo probaban,
incluso si se encontraban mayormente escondidas, pero irradiaba una
confianza que decía que no le importaban las cicatrices, ni que le importara
la opinión de los demás acerca de ello. Por eso a ella le gustaba de todos
modos.
De pie al final de la cama, él se paraba orgulloso, y ¿por qué no lo
estaría? No había nada sobre él que no le gustara.
Envolviendo sus dedos alrededor de su tobillo, la empujó hacia el final
de la cama. A continuación, él tenía sus manos y ella se puso de pie, tan
cerca que podía sentir el calor irradiando de su cuerpo.
Cuando su boca bajó a la de ella, se derritió. Esto estaba sucediendo,
en verdad sucediendo, y más que eso, no era un encuentro borracho. Ella
recordaría esto. Por un momento, estuvo abrumada al pensar en todo lo que
pasaba.
—Está bien —susurró él contra sus labios, deslizando la bata por sus
hombros, sus labios a la deriva por su mandíbula hasta la febril piel en su
cuello, su pulso trabajando horas extras—. Tenemos toda la noche.
Cuando la besó de nuevo, ella se volvió en ello, perdida en las
sensaciones que le inspiraba. Su mano a la deriva en la parte delantera de
su cuerpo, se sintió apretarse de dolor mientras esperaba con el corazón en
un puño hasta que finalmente, finalmente, la tocó donde más lo necesitaba.
Ya se sentía húmeda e hinchada por él, casi demasiado sensible
cuando sus dedos se deslizaron por sus pliegues, conociendo justo los lugares
correctos para tocar. Al momento que empujó un dedo dentro de ella,
estirándola, llenándola, ambos gimieron, el sonido increíblemente fuerte en
el silencio de la habitación.
Inquieta debajo de él, inclinó sus caderas, deseando más, demasiado
ansiosa por algo que había fantaseado durante años, pero Luka parecía
determinado a prolongarlo y hacerla esperar. Retrocedió lo suficiente para
poder beber de ella, sus ojos vagando por el rubor que se extendió por su
pecho, bajando por su estómago plano, hasta donde él trabajaba un dedo
dentro y fuera de ella.
Alex era demasiado consciente de todo sucediendo entre ellos,
incluso cuando estaba perdida en lo que le hacía. Sus ojos sobre ella
solamente lo hacían peor, sus piernas se cerraron.
Él negó con la cabeza, el fantasma de una sonrisa apareciendo.
—Ahora no hagas eso.
Con fuerza irresistible, usó su mano libre para empujar su pierna hacia
atrás, exponiéndola para él una vez más, pero esta vez se movió hasta que
estuvo prácticamente encima de ella. Besando su cuerpo, no perdonó ni un
centímetro, haciéndola cobrar vida debajo de él. Era dolorosamente
consiente de lo lejos que él estaba por debajo de su ombligo, pero la
anticipación era algo peor.
No fue a dónde deseaba inmediatamente. No, la besó donde sus
muslos encontraban su hueso pélvico, labios y dientes arrastrándose por sus
muslos antes de chupar delicadamente la carne allí. Su nombre salió en un
susurro, desesperado y suplicante.
Sus manos tuvieron mente propia cuando se movieron por su cabello.
Tirando de los mechones sedosos, una orden silenciosa para que dejara de
burlarse de ella. En el momento que lo hicieron, su boca estaba en su
abertura, su lengua empujando dentro.
Todo el aire salió de sus pulmones al momento que hizo contacto, y
tomó todo en ella solo recordar cómo respirar. Sus manos se enrollaron
alrededor de sus piernas, manteniéndolas abiertas.
Se sentía como si estuviera en todos lados a la vez, llevándola más alto
de lo que había estado antes. Ella ni siquiera podía encontrar una palabra
para decir porque todo lo que él hacía era perfecto.
Y mientras él chupaba y ella por reflejo tiraba de su cabello, podía
sentir el estremecimiento correr a través de él, sus manos tensándose en su
pie, y si algo, es que solamente parecía ponerlo más hambriento.
Sintiendo que esa pequeña chispa se extendía a través de ella, apretó
sus ojos con fuerza, llorando su nombre una y otra vez mientras se inclinaba
en el borde.
Luka se levantó, limpiando su boca con la parte trasera de su brazo,
sus ojos salvajes pero enfocados completamente en ella. Empuñó su polla,
los músculos en sus brazos se destacaban en relieve. Pasó su lengua por sus
labios, sus ojos cerrándose como si su esencia fuera lo mejor que había
probado.
Alcanzándolo, tiró de él hacia abajo, besándolo con todo en ella,
probándose en él. Había sido lento y lánguido al principio, una acumulación
para este mismo momento ya que algo se rompió dentro de él.
Posicionándose en su entrada, únicamente tuvo un momento antes
de que se empujara dentro de ella, casi demasiado grande para caber. Sus
muslos temblaron, tratando desesperadamente de mantenerlo en el lugar,
necesitando ajustarse.
Él gruñó, un suave sonido roto que la hizo palpitar a su alrededor.
—¿Demasiado? —preguntó cerca de su oído.
Nunca lo había escuchado sonar así, su voz más profunda y oscura de
lo normal, su acento más grueso de lo que había escuchado nunca.
Él se quedó inmóvil, cuidando de mantener su peso de aplastarla.
Había olvidado cuán grande era Luka, pero cuando salió de ella,
lentamente, centímetro a centímetro, y empujaba de nuevo, ya no
importaba.
Empujó dentro de ella otra vez. Y otra vez, hasta que ella
prácticamente se convirtió en masilla. Podía sentir su sonrisa contra el
costado de su cuello.
—¿Mejor?
Se aferró a él como si fuera su salvavidas, asintiendo vigorosamente.
—No, necesito escuchar que lo digas. Dime.
No era como si hubiese dejado de empujar dentro de ella, como si su
mano no hubiera subido para enrollarse en su barbilla y forzar su mirada a la
de él, y aun así ¿quería que formulara una respuesta a eso?
—No te detengas —dijo solo lo suficientemente alto para que él
escuchara—. Por favor, no te detengas.
Le dio todo, más de lo que ella podría haber deseado nunca. Para el
final, no existía duda en su mente de que él era para ella.
29
Trayendo un final
Traducido por Maeh
Corregido por Taywong

S
u almohada se agrupaba bajo su rubia cabeza, su rostro vuelto
en dirección opuesta a ella. Había algo demasiado increíble en
tenerlo ahí, y mientras se deslizaba más cerca, su pierna rozó la
de él, eso fue incluso mejor que quitarse la ropa.
Se tomó un momento para apreciar la vista de él, sintiendo la suerte
por una vez en su vida. Él siempre fue tan secreto, no tanto con ella, pero
mientras dormía, quería tomar un vistazo de los coloridos tatuajes que
adornaban su espalda. La primera vez que los vio, las vividas imágenes
tatuadas, había estado muy distraída. La mayoría de los chicos que conocía
solo tenían un puñado de tatuajes a lo mucho, pero era difícil, si algo, ver
piel mostrándose.
La escena de la jungla era impresionantemente realista a pesar del
tiempo en que debería de haberlo conseguido.
Cuidadosamente, tanto para no despertarlo, siguió la longitud de la
vid con sus dedos, persistiendo en algunos lugares para tener una mejor vista
ahora que se hallaba más cerca, pero vaciló cuando sintió las diferencias
en la piel de algunos lugares.
La noche anterior, había estado en una nube de lujuria, demasiado
concentrada en lo que le hacía a su cuerpo para fijarse totalmente en otra
cosa, pero ahora que estaba despejada, era difícil no notar la suave piel
con la multitud de cicatrices que le cubrían. Las cicatrices no eran raras en
este mundo, pero mientras trazaba la larga cicatriz justo debajo de su
hombro donde una hoja estaba arrugada en su cintura, esto no era nada
como lo que había visto antes. Y peor aún, era solo una de muchas.
Su cuidadosa e inocente exploración ahora la hacía temer mientras
sus pensamientos creaban diferentes escenarios de cómo terminaron en él.
Con cada línea irregular que sentía, menor era la duda de que habían sido
por los riesgos del trabajo. Eran demasiado precisas, las líneas demasiado
limpias y por la cantidad que lo cubrían, tenían que haber sido hechas
durante un periodo prolongado de tiempo.
En algún momento de su vida, antes de haber conseguido este
tatuaje, Luka fue torturado. La mano de Alex se sacudió ante la realización,
la tristeza llenándola por el dolor que debió de sufrir. Eso podría explicar su
estado de ánimo más oscuro, pero eso no explicaba cómo podía estar feliz
todo el tiempo. No podía imaginar estar debajo de este nivel de tortura y
salir siendo la misma persona. Pero entonces, nuevamente, no sabía si Luka
era la misma persona que una vez fue.
—Fue hace mucho tiempo atrás. —La voz de Luka resonó en la
habitación, ronca por dormir.
Perdida en sus propios pensamientos, no había notado cuando
despertó, su cuerpo se tensó mientras trazaba sin rumbo las cicatrices.
Alejando su mano, ella preguntó—: ¿Qué te sucedió?
Estuvo tranquilo por un corto momento, y no tenía que preguntarse si
quería discutirlo. No lo hizo. Su lenguaje corporal hablaba alto.
Pero en lugar de ignorar su pregunta o evadirla, como era propenso
de hacer, los rodó uno frente al otro, sus ojos generalmente azul vibrante
murieron en el momento.
—Un pequeño desacuerdo entre unos viejos amigos y yo.
Alex frunció el ceño, sin entender.
—Un desacuerdo, ¿y te hicieron esto? ¿Qué tipo de amigos eran? —
La idea de alguien torturando su estómago.
El fantasma de una sonrisa cruzó su rostro antes de haberse ido.
—Algunos que no tengo más.
—¿Cómo hiciste para… —No sabía cómo terminar la pregunta, ni
siquiera estaba segura de qué preguntaba exactamente.
Pero Luka sí.
—¿Sobrevivir? Aprendí a adaptarme.
Sobrevivir del dolor…
Esas palabras que le dijo una vez en un susurro cruzaron su mente,
respondiendo su propia pregunta. ¿Había aprendido a canalizar la tortura
infringida en él por otros medios?
Eso solo la hizo preguntarse si la noche anterior fue suficiente para él.
¿Pudo haber sido ella suficiente? Alex no podía imaginar infringirle algún
dolor.
—¿Qué estás pensando?
Mordió su labio, apartando la vista.
—En la fiesta de Navidad, me dijiste que habías superado el dolor…
Ahora, él sonrió, moviéndose en la cama para estar más cómodo.
—Lo hago, pero no en el modo en que piensas. Regresando al Pozo…
—¿El Pozo?
Su mandíbula se tensó, y sabía que había algo deslizándose de lo cual
no estaba listo para decirle. A pesar de su curiosidad, ella prefería que se lo
dijera en vez de cerrarse debido a eso.
—Olvídalo, solo sigamos adelante.
Él se veía más que agradecido.
—Antes de Nueva York, antes de… esto, luché en un lugar llamado El
Pozo. Piensa en peleas de perros, pero con humanos. Era sangriento y
malditamente terrible, pero era lo que tenía que hacer. Tenía tan solo trece
años o algo así en el momento y no peleaba una mierda. Gjarper estaba
instruido a hacerme mejor de la única manera en que él conocía. Por días,
pateaba mi trasero hasta que apenas podía ponerme de pie.
Alex no se atrevía a interrumpirlo de nuevo, no cuando él había
mirado más allá de ella, pareciendo recordar un tiempo del que solo él
sabía. No podía decir si era un recuerdo cariñoso o uno malo.
—Dhimpje ju bën të mprehtë. El dolor solo te hace más perspicaz. Eso
es lo que siempre me decía después. En aquel tiempo, lo odiaba por ello.
No lo entendía, pero si quería sobrevivir en ese lugar, tenía que aprender. Así
que, lo hice. El dolor me transformó, me moldeó supongo. Tomé un arma
que usaron en mi contra y lo hice funcionar para mí. Ellos no pudieron
controlarme, y a una persona que no podían controlar, le temían. —
Parpadeó, pareciendo regresar al presente—. Ahora, para responder a tu
pregunta original. Actué sin aprobación, y debido a eso, este fue mi castigo.
¿Dolió? Sí, pero no en el modo en que piensas. Y para responder tu pregunta,
no, no quiero que me golpees mientras estoy follándote.
Una risa se me escapó ante su comentario, y se sintió más relajada
cuando la tensión salió de él.
Tomando su mano, él besó su palma.
—Estoy bien, en verdad.
¿Cuántas veces ella había dicho esas palabras a él, pero realmente
no era así?
—¿Sabes por qué tengo estos tatuajes? No porque estuviera
avergonzado de las cicatrices, sino porque quería recordar que eran más
de lo que son. Ellas, y la historia detrás, soy más lo que soy. Así que, no te
preocupes, ¿sí?
Asintió, dejándolo por ahora.
—Lamento que eso sucediera.
—No sería ni la mitad del loco bastardo que soy sin ellas. Ahora, por
mucho que amaría quedarme aquí contigo, tengo algo con lo que necesito
lidiar.
Alex miró hacia sus vaqueros en el suelo donde sabía que estaba su
teléfono. No recordaba haberlo escuchado.
—No por tu hermano. Por ti.
Ahora, miró hacia él en confusión.
—No puedo tener a Natasha apareciéndose en las funciones
familiares de nuevo, ¿cierto? —No esperó por una respuesta de ella, solo
lanzó las sábanas y tomó sus vaqueros del suelo—. Además, creo que Klaus
podría de hecho intentar y matarme si ella lo hace.
Sonrió ante eso.
—De alguna manera he cavado mi camino hacia su gratitud.
—Exactamente.
Inclinándose, besó su frente, y luego la besó como si pensara que
nunca la vería de nuevo. Para el momento en que se apartó, estaba sin
aliento y alcanzándolo.
—Te llamaré luego.
Fue hasta mucho después que se dio cuenta de que Luka de hecho
nunca decía adiós cuando se iba, solo “hasta luego”, como si estuviera
prometiendo que regresaría.

***

Luka llamó dos veces a la puerta de Natasha, esperando con las


manos en sus bolsillos. La mierda que pasó en la fiesta de Navidad… la
quería evitar en un futuro, y la única manera para hacerlo era cortarla en
persona. Mientras no la había visitado en semanas, incluso no había
respondido sus llamadas, ella no había dejado mensajes. No podía estar
molesto por este hecho porque disfrutaba mucho con Alex, pero si quería
mantener esta pequeña pieza de felicidad que encontró para él, entonces
tendría que hacerlo de la manera correcta.
La puerta se abrió, Natasha se hallaba al otro lado en una bata y un
poco más. No sabía por qué le sonreía hasta que pensó qué día era.
Ella creía que estaba de vuelta en el itinerario.
Era lo más alejado a la realidad.
—Te he extrañado —susurró ella, acariciando su garganta, deslizando
sus manos sobre sus hombros—. Se siente como si no me hubieras tocado en
semanas.
Eso era porque no la había tocado en semanas, posiblemente mucho
más. Todo estuvo normal entre ellos por un tiempo. Él la vería los martes, pero
esas visitas serían solo acerca de sexo —al menos de su lado— solamente
para disfrutar de su compañía. A pesar de los demás pensamientos de ella,
estaba bien estar alrededor de ella, pero desde todo lo que había pasado
con Alex, incluso no podía ni verla.
En parte, era porque sabía que Alex no quería que la viera —por
buenas razones, puesto que el par había llevado una relación durante un
par de años ahora— pero más que eso, era porque él no quería más
confusión acerca de lo que quería.
Sin embargo, aún no estaba seguro de cómo iba a funcionar de
cualquier manera.
De lo único de lo cual estaba seguro era que Alex era importante.
Quitando sus brazos de alrededor de su cuello, hizo un gesto hacia el
departamento con una inclinación de su cabeza.
—Necesitamos hablar.
—Seguro, pasa.
Su nuevo lugar era de buen gusto, no que esperara nada menos para
ella.
—¿Puedo ofrecerte algo?
Por supuesto, ella sabía que algo sucedía. Nunca en los años que
llevaban viéndose le había ofrecido algo de comer o beber, eso significaba
que no quería que él se deshiciera de ella.
—No voy a quedarme mucho tiempo.
Su sonrisa vaciló, pero se repuso, descansando su mano en la isla a su
izquierda, como si necesitara el soporte.
—¿Qué puedo hacer por ti, Luka?
—Nuestro acuerdo, se ha terminado. —No existía ninguna razón para
andarse por las ramas.
Para crédito de ella, lucía confundida, como si no hubiera esperado
eso de él.
—¿A qué te refieres?
—No voy a verte más. Esta probablemente será la última vez.
—Pero… Luka, tenemos algo.
No quería ser frío, pero ella no parecía comprender lo que decía… o
tal vez simplemente no quería, pero antes de marcharse, se aseguraría de
ser claro.
—Te dije lo que quería, y pagué por ello. Incluso cuando ya no quisiste
que te lo diera. Estábamos bien, pero te apareciste donde no eras querida,
eso terminó.
—Lauren me invitó a esa fiesta.
—Debiste declinar. Me importa una mierda si el Pakhan te invita en
persona. Di malditamente que no, y sigue adelante.
Un vaso, uno que no había notado hasta que ella lo tomó, vino
volando hacia él y solo faltó un centímetro para ser golpeado en la cabeza
mientras se agachaba, agua y flores cayeron al suelo mientras el vidrio se
rompía. Incluso cuando vino por él, tratando de golpearlo, hizo que Luka
alzara una mano contra ella, pero la sostuvo de sus muñecas y forzó sus
brazos hacia los lados, previniendo que hiciera algún otro daño.
—Esto es acerca de ella, ¿no es así? ¿Ahora que te dio algo de coño,
estás dejándome? ¿Qué pensaría Mishca si supiera que estás follando a su
hermanita?
El agarre en sus muñecas se hizo más apretado hasta el punto en que
ella parpadeó, pero él frenó su temperamento, liberándola.
—Te dije lo que te ofrecía, nada más. Estuviste de acuerdo. Si tus
sentimientos están heridos, entonces lo siento. Y tal vez debí haber
terminado tiempo atrás de lo que estamos porque quise evitar cada maldita
cosa aquí. Pero yo sería muy cuidadoso en la forma en que hablas. He
cortado la garganta de alguien por menos. —Palideció, retrocediendo,
pero no la dejó ir lejos—. Malditamente no me amenaces. No te gustará
cómo responderé.
—¿Entonces qué? ¿Solo fui una zorra? —El dolor fue evidente en sus
ojos, pero él estaba lejos de la simpatía en el momento.
—Cuando estuve contigo, nunca te traté como una.
Y esa fue la única respuesta que le daría a esa pregunta mientras se
dirigía a la puerta sin mirar hacia atrás.
30
Háblame de ti
Traducido por Taywong
Corregido por indiehope

O
tro día de salir, sin hacer absolutamente nada de lo que
pensaron, por lo menos fueron a su apartamento para recoger
más ropa, dado que prácticamente estaba viviendo en su
casa.
Estar con él se comenzaba a convertirse en algo habitual.
Luka rio mientras ella se quitaba los zapatos con la punta del pie,
saltando alrededor mientras trataba de quitarse los pantalones vaqueros,
aunque decayó cuando se quedó en nada más que su top sin mangas y
bragas de encaje amarillo.
Subió a la cama, a horcajadas sobre él como lo hicieron todos los días,
descansando sus manos sobre su pecho. Cuando se movió, tratando de
ponerse más cómoda, sus manos volaron automáticamente, sus dedos
desviándose por debajo de su camisa para deslizarse sobre su cintura,
disfrutando del contacto tanto como parecía.
—Sabes —dijo, después de algún tiempo—, casi no sé nada de ti.
Se imaginó que esto vendría con el tiempo, él mismo tendría que
resolverlo, pero más que eso, en realidad quería compartir su pasado con
ella. No sabía si debería decirle todo, al menos no ahora, pero compartiría
tanto como pudiera.
—Pregúntame.
Si por ninguna otra razón más que responder recibió esa sonrisa, le
daría cualquier cosa que pidiera.
—Podemos empezar con algo fácil. ¿De dónde eres? Sé que eres de
Albania, pero que…
—Berat, es un pequeño pueblo. Es posible que no hayas oído de él.
Trataba de no parecer demasiado ansiosa, y prácticamente podía
ver la energía agitándose dentro de ella.
—¿Y tus padres? Ellos fueron…
—Mi padre, sí. Mi nënë 5, no. Ella nació en Rusia por lo que me dijo.
Su cara cayó.
—¿Nunca llegaste a ir allí con ella?
Luka tenía una opción. Bien podría darle verdades a medias, solo para
que continuara sonriéndole como lo había estado haciendo, o podía
decirle la verdad y ver cómo la historia pinchaba su felicidad. Quería
escoger la primera opción, pero eso no era quién era. Si alguna vez
esperaba entender exactamente quién era y por qué actuó de la manera
en que lo hizo, entonces tenía que saber la verdad, sin importar cuán fea
fuera.
—Mi nënë fue comprada por mi padre mientras estaba casado con
otra mujer. Cuando fue traída, no pudo volver a salir del país. Mi padre era...
bueno, era un hombre muy poderoso en ese momento y su palabra era la
ley.
Solo eso podía matar el estado de ánimo de esa manera, pero lo hizo
bien, ocultando su sorpresa lo mejor que pudo por su bien. Agradecía el
pensamiento, pero sabía que sonaba tan mal como lo hacía.
—Pero no puedes simplemente hacer eso. No puedes simplemente
comprar a la gente.
—Era una prostituta, Alex. Para algunos, ni siquiera era una persona.
Lo vio, el momento en que todo hizo clic en su cabeza. Pensaba en
Natasha, probablemente sobre cómo él no había necesariamente
defendido a la chica, por los nombres que era llamada. La vergüenza y el
arrepentimiento fueron claros en sus ojos.
—Lo siento.
Luka negó con la cabeza, apretándola hasta que bajó la mirada
hacia él.
—Todos decimos cosas que no queremos decir cuando estamos
molestos. Siguiente pregunta.
Sacudió la cabeza, como si tuviera miedo de que cualquier pregunta
que hiciera conseguiría una respuesta peor que la anterior. Él le dio un pase.

5 “Madre” en albanés.
Existía una razón por la que no le gustaba hablar de su pasado, y por ahora,
había dicho suficiente.
—¿Cuál es tu recuerdo más feliz? —Ahora, era su turno de hacer las
preguntas, y si fuera por él, ahuyentaría la melancolía que brevemente los
rodeaba.
—¿Mi recuerdo más feliz? No lo sé. Creo que tengo unos cuantos. Está
el día en que Mishca me llevó por un helado cuando tenía seis años, o el día
que encontré una tortuga en nuestro patio trasero y le puse Sunshine.
Entonces, está el día en que te conocí.
—¿Cómo es posible que eso te haya hecho feliz? —Eso realmente lo
desconcertó. De lo que recordaba, ellos raramente hablaron.
—Pero tú no recuerdas tu cara cuando abrí la puerta. Estoy segura de
que esperabas ver a Mish, y tenías esta extraña mirada en tu cara como si
no supieras cómo ibas a actuar, pero cuando me viste, sonreíste.
Se rio, sus ojos iluminándose.
—Porque no te esperaba.
A decir verdad, se había estado preparando para la vista de Mishca
y lo que haría con él. Nunca esperó encontrar a Alex del otro lado, por no
hablar de formar un vínculo con ella.
Sonrojándose, se colocó el cabello detrás de la oreja.
—¿Cuál es el tuyo? Y no puede relacionarse conmigo.
—Pero, ¿qué si tú fuiste el mejor?
—No trates de cautivarme, Luka. Ya te has metido en mis pantalones.
Metiendo sus manos bajo su cabeza, se estrujó los sesos por una
respuesta a su pregunta, porque la mayoría de los recuerdos que guardaba
eran dolorosos. Antes de Alex, había una gran cantidad de derramamiento
de sangre, especialmente en el Pozo, y después... hubo más derramamiento
de sangre, pero para una persona diferente.
Pero aún…
—Tenía siete años —dijo, diciéndole algo que nunca le había dicho a
nadie—. Y mi nënë se hallaba obsesionada con mantener mi cabello de la
forma en que a ella le gustaba. La mayoría de los chicos de mi escuela
tenían cortes de cabello, pero yo era el único ahí con cabello como el de
una niña. Fui objeto de burlas sin descanso, y en ese entonces era pequeño,
no existía mucho que pudiera hacer al respecto. Un día, me harté y le dije
que quería cortarlo todo. Al principio, pude ver la tristeza en sus ojos, pero
finalmente estuvo de acuerdo, pero solo si ella podía cortárselo también. —
Negó con la cabeza mientras pensaba en ese día—. Me dijo que algunas
mujeres en su edificio habían hecho comentarios de que su cabello no lucía
como el de ellas, por lo que era poco atractivo. Me sentía enojado como la
mierda, y me aseguré de hacerle saber que pensaba que su cabello era
hermoso, que era hermosa, y que no debería dejar a cualquiera de esas
perras, no, no las llamé perras frente ella, la hicieran sentir mal.
Luka se estiró para tocar su propio cabello.
—Me dijo que si me sentía de esa manera, ¿por qué no creía cuando
me decía que mi cabello lucía bien cómo estaba? Nunca me quejé de
nuevo.
Levantó la mirada cuando el silencio se extendió entre ellos,
preguntándose lo que pensaba, pero Alex lo miraba fijamente con esos
grandes ojos.
—No te atrevas...
—Pero eso es tan dulce, Luka. —Y su voz vaciló mientras parpadeaba,
formando una sonrisa temblorosa.
—Eso no quiere decir que llores por eso.
—Apuesto a que eras adorable cuando eras un niño.
—Era una pequeña mierda.
Ella sacudió su cabeza.
—Me niego a creer eso. Entonces, ¿dónde está? ¿Sigue en Albania?
Abrió la boca, listo para decirle, pero las palabras murieron en su
lengua. Cuán fácil podía hablar sobre otros asesinatos, pero no podía, no
del de su propia madre.
—Mi padre, Ahmeti... él la mató.
Esperó a que se tensara debajo de él, reaccionando a la horrible
verdad que acababa de decirle, pero además del leve aquietamiento de
su mano, no dio ninguna otra muestra física.
—Luka...
—No te disculpes. Tú no me la quitaste.
Sus dedos se deslizaron libremente por su cabello, desviándose sobre
su costado.
—¿Ese era su nombre? —preguntó en voz baja.
Además del rapaz tatuaje que se había hecho, a lo largo de sus
costillas llevaba su nombre en letras cursivas.
—Sí... su nombre era Galina.
Recordó lo último que alguna vez le dijo.
Muéstrale a ella tu verdadero yo, incluso si te ocultas de todos los
demás.
—A ella le hubieras gustado —se encontró diciendo.
Alex alejó sus palabras.
—Tal vez no.
—No, estoy seguro. Le hubieras gustado porque tú… —Se contuvo
antes de que pudiera terminar esa declaración, cambiándola en el último
segundo—… porque me haces feliz. Y eso era todo lo que siempre quiso
para mí.
Ella pareció no captar su desliz.
Le hubieras gustado porque me amas.
Fue allí, lo sabía. Esa sofocante emoción que siempre los envolvía
cuando estaban juntos, pero no pretendía suponer saber lo que ella todavía
no le decía en voz alta.
No cuando no era capaz de decirle las palabras a cambio.
Cuando amas a alguien, puedes decirles tus secretos, confiar en ellos
con la verdad... pero aún se sentía demasiado asustado como para darle
realmente la oportunidad de aceptarlo a él y a su pasado.
Pero hasta que los secretos crecieran demasiado, disfrutaría esto...
durante el tiempo que ella lo tuviera.

***

Cuando Alex se despertó a la mañana siguiente, se sentía diferente,


pero por razones que desconocía. No era que algo hubiera cambiado en
ella físicamente, pero haber estado despierta toda la noche con Luka
hablando de su vida, sentía como si lo conociera mejor.
Pero se dio cuenta de que parecía estar conteniéndose con ella.
Claro, habló de su vida, pero solo habló de ello hasta que cumplió los trece
años, luego se trasladó a su vida aquí con la Bratva. Había una pieza vital
faltando, y sabía que esta pieza era la esencia de quién era, principalmente
porque parecía que la guardaba con tanto esmero, pero dado que se
había abierto más, pensó que le diría cuando estuviera listo.
Estando ya despiertos, quería aprovechar el día y hacer algo para los
dos antes de que tuviera otro trabajo que hacer y que ella tuviera que ir al
entrenamiento.
Luka se hallaba sobre su espalda, un brazo sobre su cara bloqueando
la luz del sol. Dudaba que aún estuviera durmiendo. Había aprendido que
tenía un horario bastante exacto al que se apegaba a la hora de sus
patrones de sueño. Si bien la cantidad de tiempo que pasaba dormido
variaba, nunca eran más de ocho horas. Nunca.
Se empujó a su lado, esperando a que la notara, pero cuando él ni
siquiera se movió, se empujó más cerca.
—Oye, Tigre.
Trató de fingir que seguía durmiendo, pero vio su boca contraerse.
—Es demasiado pronto.
—No podemos permanecer en la cama todo el día —dijo, sentándose
a horcajadas sobre su regazo, esperando obtener al menos otro tipo de
reacción de él.
Pero simplemente no le hizo caso, pretendiendo aún estar dormido.
Subiéndose encima, lo miró.
—Luka...
Bien. Si no quería responder, entonces tenía algo para él.
El tiempo que le tomó bajar las escaleras, llenar la jarra con hielo y
agua, y regresar, aún no se había movido. Loki se encontraba sentado en
su lugar habitual, vigilándolos como si no tuviera cosas mejores que hacer.
Alex se detuvo al final de la cama, mirando hacia Luka, esperando a que la
mirara.
—Lo digo en serio. ¿Qué dices?
Refunfuñó algo que no pudo entender, pero ni siquiera se molestó en
abrir los ojos y mirarla.
Se merecía su destino, pensó Alex mientras levantaba la jarra, pero
eso no quería decir que no iba a disfrutarlo inmensamente.
Mordiéndose el labio para reprimir su risa, inclinó la jarra y vació el
contenido encima de él.
Riendo fuertemente, saltó hacia atrás mientras él se levantaba,
farfullando, sus ojos muy abiertos mientras empujaba las hebras húmedas de
su cabello rubio de la cara. Solo se rio más fuerte mientras se miraba a sí
mismo como si nunca hubiera visto agua antes.
Esa mirada de asombro fue rápidamente sustituida y pudo ver la
intención clara en sus ojos así mientras retrocedía un paso cuando
inmediatamente intentó agarrarla.
—No tenemos que pelear por esto —dijo entre risas, casi en la puerta—
. Yo solo quería tu atención. Ahora podemos saltarnos esto y llegar al punto
de la cuestión.
Pero evidentemente, no era algo que estaba dispuesto a hacer. Se
acercó a ella de nuevo, sus brazos imposiblemente largos casi atraparon su
tobillo, pero ella era rápida, y salió rápidamente fuera de la habitación antes
de que él estuviera fuera de la cama.
Escucharlo tropezar fuera de la habitación solo la hizo reír más,
mientras corría por la casa tratando de escapar. Pero él era más rápido y
más decidido, y antes de que siquiera hubiera pasado por la sala de estar,
tenía un brazo alrededor de su cintura, tirándola contra él.
Alex gritó, golpeando su espalda para que la dejara en el suelo, pero
él se seguía moviendo, y se dio cuenta, casi tardíamente, que los estaba
llevando a la cocina.
—¡Luka, vamos a hablar de esto! —No podía ver lo que estaba
haciendo, pero conociéndolo, no le iba a gustar, especialmente si pensaba
en conseguir venganza.
Por último, pareció entrar en razón mientras la dejaba en el suelo. Ella
tomó una respiración profunda, a punto de mirarlo cuando oyó el agua
abrirse y el zumbido de él tirando de la manguera a su lado.
—¡Espera! —Levantó las manos, y él se detuvo, con el rostro
extendiéndose lentamente en una sonrisa que, a pesar de las circunstancias,
se la devolvió—. Podemos resolver esto sin armas.
—¿De verdad? Explícame eso.
—Podemos…
Antes de que pudiera terminar esa oración, la roció directamente en
la cara.
—¿Decías? —preguntó con una sonrisa satisfecha, sin la más mínima
vergüenza por lo que había hecho.
—Luka…
La roció de nuevo, riendo cuando trató de esquivarlo. El agua estaba
en todas partes, sobre los mostradores y suelos, empapando la camiseta
que llevaba.
—¿Qué decías? ¡No puedo oírte! Es el agua, creo.
Ella se reía tan fuerte que dolía, y finalmente, después de que se las
arregló para golpear la manguera con sus manos, el agua se detuvo. Los
dos se hallaban completamente empapados, chorreando aún más agua
sobre los suelos.
Pero tampoco parecía preocuparse mucho acerca de esto.
Alex nunca creyó haber visto a Luka tan despreocupado, con la
guardia baja por una vez. La sensación que hinchó su interior al ver su sonrisa
era indescriptible.
Se puso de puntillas y lo besó suavemente, sintiendo sus labios debajo
de los de ella.
—Llevarme fuera por una noche no te matará.
Suspirando, a pesar de que no se veía en lo más mínimo molesto por
la idea, dijo—: Probablemente no.
—Entonces vamos a alguna parte, solo nosotros.
Dando un paso adelante, besó la parte inferior de su mandíbula y le
sonrió.
—Gracias.
En respuesta, sacudió su cabello, rociándola con más agua.
—Tienes veinte minutos.
—Luka, nunca podré estar lista en veinte minutos.
Y tenía razón en eso. Incluso después de dejarlo en la cocina para
lidiar con el desastre que habían hecho, todavía no estaba ni cerca de estar
lista para el momento en que llegó al piso de arriba una hora más tarde.
—Jodido Cristo, ¿qué haces aquí? —se quejó Luka cuando entró al
cuarto de baño, completamente vestido y listo para irse.
¿Cuándo diablos se molestó en conseguir ropa?
Alex solo había logrado ducharse y secarse el cabello, encontrar un
vestido y zapatos para usar, y seguía sentada delante del espejo, un pincel
de maquillaje en la mano mientras se preparaba para terminar de aplicar la
capa de base que había empezado.
Se encontró con los ojos de Luka a través del espejo.
—Te dije que me tomaría un rato.
—Podríamos estar saliendo ahora sí, ya sabes —Hizo un gesto a su
exhibición de cosméticos—, no estuvieras creándote una nueva cara.
Rodando los ojos, volvió a lo que estaba haciendo.
—Nunca te he oído quejarte de mi nueva cara.
Le quitó el pincel de sus manos, colocándolo de nuevo con los otros,
agarrando el taburete en el que se sentaba la volteó. Sin tener que
preguntar qué era, alcanzó sus toallitas de maquillaje, sacando unas
cuantas.
—Me gusta cuando haces toda esa mierda en tu cara. —Frotó
suavemente la tela a lo largo de su piel, eliminando meticulosamente todo
el color que había añadido—. Pero me gusta más este lado de ti. Relájate,
puedes ser suave conmigo. No tomaré ventaja de ello.
Arrojándola, enseguida tiró de la banda que mantenía su cabello,
retirándola y lanzándola también. Su cabello caía hacia delante sobre sus
hombros y sus dedos de inmediato fueron a meterlo detrás de una de sus
orejas.
—Creo que eres hermosa, Alex. De esta manera.
Podía sentir el rubor en su rostro y no pudo detener la tímida sonrisa
que floreció en su rostro, aunque quisiera. Nadie le había dado un cumplido
así, e incluso si lo hubieran hecho, no eran Luka. Que lo dijera hacía que
todo lo que sentía por él fuera mucho más intenso.
—Ahora, ¿podemos irnos?, porque puedo volver a dormir...
—Sí, vamos.

***

El cabello de Alex azotaba detrás de ella mientras pasaban


rápidamente por la carretera, las salidas y los árboles eran simples borrones
mientras Luka aceleraba.
—¿A dónde vamos? —gritó, para ser oída por encima del viento.
Sus pies descalzos se hallaban en el tablero, sus tacones en el suelo.
Habían estado viajando por un poco más de media hora, y no importaba
cuántas veces preguntara, siempre se negaba a responder. Poco después,
se detuvo en el estacionamiento de un edificio sin una señal, y todavía
seguía sin tener una respuesta.
Pero él obviamente sabía dónde estaban.
Estacionando y guardando sus llaves, saltó y dio la vuelta a su lado,
abriendo la puerta.
Riéndose de la sonrisa de niño en su cara, se deslizó en sus zapatos de
nuevo y aceptó su mano mientras la ayudaba a salir.
Mientras caminaban, lado a lado, Alex deslizó su mano debajo de la
de Luka, entrelazando sus dedos. Levantó la mirada hacia él cuando sintió
sus ojos en ella, pero él no se apartó, solo la sostuvo con más fuerza.
—Entonces, has estado pensando en esto —dijo Alex, mientras se
acercaban a la cabina una vez que entraron, dándose cuenta de que
estaban en un cine.
Pero no era como cualquier otro en que hubiese estado. Este parecía
que había visto días mejores una década atrás, y mientras debería haber
estado mirando hacia el tablero para ver lo que reproducían en este lugar,
Luka había comprado los boletos y la guiaba por un pasillo largo y sinuoso.
Obviamente sabía a dónde iba, ya que parecía tan firme sobre ello,
así que no cuestionó hacía dónde la estaba llevando.
Llegaron a una puerta con un gran seis de metal colgando por
encima.
Luka atravesó la oscuridad expertamente, dirigiéndose hacia el fondo
de la sala, a los últimos asientos de la segunda fila. Se sentó justo en el centro,
y ella a su derecha.
Los avances ya habían comenzado, algunos se veían tan antiguos
como el cine.
—Entonces, ¿qué estamos viendo?
—Le Quai des Brumes.
—¿Puerto de Sombras? —preguntó con sorpresa, mirando hacia la
pantalla de forma reflexiva—. Amo esta película.
Él sonrió, mirando por encima de ella.
Por supuesto, ya lo sabía.
—¿Pero no es un poco deprimente para una primera cita, Luka?
Puerto de Sombras cuenta la historia de un desertor militar, Jean, quien
viajó a la ciudad de Le Havre, donde conoció y, al final, se enamoró de una
chica llamada Nelly. Habrían vivido felices para siempre una vez que sus
enemigos fueran exterminados, pero en los últimos minutos de la película,
Jean recibe un disparo y muere en los brazos de Nelly.
Era una escena tan hermosa, y Alex lloró más de una vez después de
verla.
—¿En serio? —preguntó, sin mirarla.
Las luces se apagaron, la pantalla se oscureció antes de que la
imagen cambiara y la película comenzara.
A medida que empezaron los créditos de apertura, Luka levantó el
reposabrazos entre ellos, extendiéndose más allá. Durante un tiempo,
mientras la película avanzaba, pensó que lo había hecho para estar más
cómodo, pero la sorprendió cuando la alcanzó, curvando su mano
alrededor de su muslo, las venas y los tendones en la parte posterior
apretándose con más fuerza. Alex echó una mirada hacia él, una sonrisa de
complicidad curvando sus labios, pero su expresión nunca vaciló.
Con la más mínima fuerza, le dio un ligero tirón a su pierna, no tan
amplio como él estaba sentado, pero lo suficiente para que cuando sus
dedos comenzaran a desplazarse por encima de su pierna, causándole piel
de gallina al subir a su paso, pudieran deslizarse por debajo del vestido y
alrededor de la curva de la cara interna del muslo sin obstáculos.
Ella levantó la mano, con la intención de agarrar su muñeca y poner
su mano donde quería, pero él habló, su voz clara a pesar de que solo
hablaba lo suficientemente alto para que ella escuchara.
—Manos abajo.
Ni siquiera la había mirado mientras daba esa orden y no podía dejar
de apretar los muslos gracias al timbre áspero de su voz.
Se tomó su tiempo, haciéndola esperar para lo que había planeado.
No podía haber sabido que no llevaba bragas, no cuando ella sabía que
esto sucedería en algún momento entre ellos, pero no se esperaba aquí de
todos los lugares.
Ahora, ella era la que quería verlo, ver su reacción a lo que pensaba
que sería una sorpresa. Cuando sus dedos la rozaron, solo el más mínimo de
los toques, sus labios se curvaron en una sonrisa por un momento, y los vio
moverse, el “mierda” apenas audible con el volumen de la película.
Luka la buscó, con cuidado, su pulgar deslizándose sobre lugares
delicados que la hicieron estremecerse completamente, y mientras se
retorcía, se quedó repentinamente sin aliento cuando empujó dos dedos
dentro de ella.
No la tocó en ningún otro lugar, solo el lento y constante empuje de
sus dedos, pero era como si lo pudiera sentir en todas partes.
Sus ojos se cerraron cuando su cabeza cayó hacia atrás contra el
asiento. No debería haber estado tan cerca como estaba, no cuando
apenas la había tocado, pero era como si estuviera tratando de convencer
al orgasmo a salir de ella y sabía exactamente qué lugares golpear. Como
si pudiera sentir la inminente liberación, finalmente giró en su dirección.
Ella abrió los ojos, encontrando su mirada, y el hambre que vio allí la
hizo apretarse alrededor de sus dedos. Presionando más profundo, los
mantuvo allí, enganchando sus dedos hacia arriba y sobre un lugar que
ningún otro hombre había tocado.
Y se rompió.
Ahuecando su nuca, la arrastró a través del asiento, aplastando sus
labios, mientras que el llanto se derramaba de ella. Fueron afortunados de
que los fuegos artificiales estrellándose en la pantalla eran lo
suficientemente fuertes como para que ahogaran el sonido. Mientras sus
dedos llegaban a una lenta parada, gentilmente trayéndola de vuelta,
finalmente logró abrir los ojos de nuevo después de mantenerlos apretados,
mirando en sus profundidades azules, perdiéndose allí por un momento.
Con la mirada que le estaba dando, no creía que fuera a dormir
mucho esta noche.
31
Enséñame
Traducido por mariana90
Corregido por Taywong

L
uka tiró la bolsa por encima su hombro mientras hacía un gesto
con una inclinación de su cabeza para que lo siguiera al interior
del edificio. Si había una cosa que comenzaba a aprender de él,
era que le gustaban sus sorpresas. Caminando por dos tramos de escaleras,
viajaron por un corto pasillo, y no necesitó confirmación por parte de él para
saber dónde estaban. Prácticamente podía oler el esmalte en los pisos
utilizados para mantenerlos pulidos y lisos. Sin importar el estudio, nunca
cambiaba el olor.
Él no le dio ni una sola indicación de dónde la estaba llevando,
simplemente le dijo que se levantara y vistiera. Su única especificación era
que llevara su suéter.
Ahora se hallaban aquí.
Tirando de una llave de su bolsillo, abrió la puerta frente a la cual se
detuvieron, manteniéndola abierta para que ella pudiera entrar por delante
de él. Sus ojos tomaron todo y alrededor de la habitación, desde las grandes
ventanas en un lado, a una pared de espejos en el otro, donde una barra
se anclaba en la pared. En el otro lado de la habitación, un elegante piano
negro se instalaba, lejos de donde cualquier bailarín tendría que practicar,
pero lo suficientemente cerca que la música haría eco.
—¿Tú alquilaste este lugar? —preguntó Alex con asombro, girándose
para enfrentarse a él, su corazón hinchándose con el pensamiento.
¿Realmente necesitaba otro recordatorio de lo magnifico que era?
—Una audición se aproxima, ¿verdad? Necesitas practicar, ahora no
tienes una excusa. Durante las siguientes seis semanas, este lugar es tuyo.
Pero sólo tengo un par de horas antes de que tenga mierda que hacer. Así
que… —Aplaudió, dirigiéndose hacia el piano—, vamos a empezar.
—¿Como ahora? —preguntó.
—No hay tiempo como el presente.
—Luka...
Él la miró con expectación, le hizo señas para que continuara cuando
dejó de hablar.
—No puedes ser tímida. Haces esto para ganarte la vida.
—Pero nunca he bailado delante de ti.
—Primera vez para todo. Ahora, deja de retrasarlo y vamos a seguir
adelante con ello.
Decidiendo que no iba a ser capaz de disuadirlo, Alex se quitó su
suéter, hurgando a través de su bolsa por sus calentadores de piernas y
zapatillas de punta. Se estiró, disfrutando de la opresión familiar de sus
músculos.
A medida que fue a través de los movimientos, se olvidó que Luka se
encontraba allí, tomándose su tiempo mientras preparaba sus zapatillas de
punta, un riguroso proceso que se inició con el arrancando del revestimiento
y terminó cosiendo nuevas cintas a los lados de los zapatos. Tirando de ellos,
una sonrisa floreció y al igual que siempre lo hacía antes de que les diera la
espalda. Ellos la llenaban de un sentido de logro a diferencia de cualquier
otra cosa en el mundo.
Fue arriba y abajo, balanceándose, consiguiendo meterse en el ritmo
de las cosas. Con cuidado, levantó la pierna en el aire, utilizando la pared
de espejos para mantener el equilibrio. No fue fácil por cualquier medio,
había sido mucho tiempo desde última vez que hizo esto, pero después de
un breve periodo de tiempo, se encontraba finalmente plana contra el
espejo y sintió una oleada de triunfo.
Luka aclaró su garganta, hablando de su lado de la habitación.
—Has estado ocultándolo de mí.
Sonrió, pero no le hizo caso, terminando su calentamiento.
Divagando de nuevo en sus pensamientos, oyó los recuentos
familiares de sus instructores de hace mucho tiempo, pasando por los
movimientos de lo que estaría haciendo si estuviera de vuelta en la práctica
de una compañía.
Pero con cada paso en falso y tropiezo, se fue desanimando un poco
más. Trató de no mostrarlo, todavía moviéndose lo mejor que pudo, pero los
pasos no llegaban a ella tan fácilmente como había esperado, y ahora se
preguntaba si las seis semanas que tenía para prepararse antes de que
empezara la clase real, sería suficiente.
—Muy bien, te estás volviendo loca y no funcionará. Obtén tu mierda
junta.
Alex rio sin humor, empujando su cabello del rostro mientras
aumentaba su frustración. En un momento dado, podría haber completado
estos giros dormida, pero ahora luchaba para hacer incluso uno sin caer.
—Eso no está ayudando, Luka.
—Cálmate.
—¡Luka…!
—En serio —dijo poniéndose de pie, caminando hacia su bolso y
buscando en el interior, tirando de su teléfono fuera. Sus dedos volaban
sobre la pantalla, y antes de darse cuenta, música suave sonaba, pero muy
diferente de la música clásica que había estado tocando antes.
—¿Debo siquiera preguntar cómo sabes mi contraseña? —preguntó
con sequedad, uniéndose a él por el piano.
Sin levantar la mirada, explicó:
—En realidad, la cambiaste. Era el cumpleaños de tu hermano en
primer lugar, ahora es 1122. —Su sonrisa era lenta y fácil—. No sabía que
significaba tanto para ti.
Tragando, Alex se alegraba de que no la mirara.
—¿Qué dice eso acerca de ti que recuerdes lo que esa fecha
significa?
Ahora, él la miraba con la convicción de un hombre destinado a ser
tomado en serio.
—Nunca fue una cuestión de si me preocupaba por ti, Alex. Siempre
me has importado. Era sobre si quería arriesgarme o no persiguiéndote.
—¿Y ahora? ¿Aun vale la pena el riesgo... después de todo?
—Ahora más que nunca.
Ella colocó un mechón de cabello detrás de su oreja mientras se
alejaba. Probablemente fue más allá de lo obvio de lo que esa simple
declaración significaba para ella y no tenía necesidad de expresar eso para
que él supiera.
—Toca más —dijo colocando el teléfono hacia abajo en la parte
superior del piano, girando en el banco para que pudiera hacer frente mejor
a ella, sus codos sobre sus rodillas—. El objetivo no es que te conviertas en un
trompo hoy, sino que comiences consiguiendo tu ritmo de nuevo. Como ya
he dicho, no hay nadie aquí, sino tú y yo. Actúa como tal.
Pero a pesar del asesoramiento —y había estado tratando de seguirlo
desde que entraron en esta sala— todavía no se sentía como ella misma.
Más importante aún, se sentía como si estuviera forzando cada movimiento
que hacía, y mientras no estuviera al cien por cien positiva de esto, su
reflexión, los pocos destellos que había capturado, confirmaban eso.
—¿Quieres... quieres bailar conmigo?
No existía ninguna duda.
Él ofreció su mano, la palma hacia arriba, y mientras la tomaba, tiró
de ella, girando con cuidado, y cuando se encontraba de espaldas a su
pecho, Luka empezó a moverse por la habitación.
A pesar de que ella se movía en las puntas de los dedos de los pies,
apenas alcanzaba su barbilla, y con esta ventaja de altura, era más fácil
para ella quedarse de esta manera, dejándolo guiar cuando comenzó
inclinarse.
Pero pronto se dio cuenta de que Luka no estaba realmente bailando
en absoluto, sino que, solo se movía de lado a lado, de vez en cuando
haciéndola girar como lo había hecho antes. Sin realmente intentarlo,
dejaba que ella lo utilizara como una distracción de sus dudas, y mientras
sólo disfrutaba a si misma con él, ella estaba haciendo finalmente, lo que
antes no podía.
Podía sentir el rubor en sus mejillas, el calor cada vez más caliente,
cuando notó que él aún no había apartado sus ojos de ella.
—¿Qué?
—Eres hermosa.
Ella colocó un mechón de cabello suelto detrás de su oreja, mirando
lejos de él, pero él giró suavemente su rostro de nuevo, obligándola a mirarlo.
—Gracias.
—En serio. —Mientras él era más propenso a hacerlo hoy en día, la
atrajo más cerca de la nuca, besando su frente.
Alex no se sintió pequeña cuando hizo esto, ya no. Se sentía querida
e importante.
—Incluso cuando tus pies se conviertan en mierda una vez regreses de
esto después de algunos años, todavía serás hermosa para mí.
Riendo, lo empujó.
—Eres tan idiota.
Él recuperó su asiento, estirando las piernas y cruzando los tobillos.
—Sólo termina tu práctica.
32
Aprobación
Traducido por JennMB y Lipi Sergeyev
Corregido por Taywong

—L
uka, pienso que tu perro es un poco pervertido —dijo
Alex con una carcajada, sintiéndolo sonreír contra la
curva de su cuello mientras escuchaban los jadeos de
Loki.
Si no hubiera sido entrenado tan bien, Alex se preocuparía de que
pudiera saltar en la cama con ellos, y nada era más incómodo que tener a
un perro lamiéndola mientras se hallaba a horcajadas sobre Luka.
—Sí, entiendo.
Enganchando un brazo alrededor de su cintura, los hizo rodar,
poniéndose de pie mientras se dirigía a la puerta, acompañando a Loki
fuera y cerrando la puerta.
Él agarró su tobillo, tirando de ella hasta el borde de la cama
situándose entre sus piernas, su cabeza descansando en su vientre, su
cabello rozando su piel.
Ella jugó con sus puntas, viendo cómo las hebras doradas se
deslizaban entre sus dedos, usando las yemas para masajear su cuero
cabelludo. Él se relajó por su toque durante un tiempo, al menos hasta que
ella se desvió a la parte posterior de su cabeza. La mano en su cintura se
tensó, relajándose lentamente cuando se detuvo.
Ella no sabía qué había causado esa reacción. Por lo que podía sentir,
no tenía cicatrices ahí, pero como todo con él, quizás era psicológico.
Desde que la llevó al estudio que rentó, ella había ido y regresado,
sintiéndose más cómoda con cada hora que pasaba ahí. No estaba
suficientemente cerca de donde debía estar para la audición, pero iba
acercándose.
Y era todo gracias a Luka.
Él no la había curado completamente. No se sentía totalmente
recuperada solo porque él estuviera profundamente involucrado en su vida
ahora, pero la ayudaba recordándole que era alguien.
Ahora no olvidaba lo que realmente quería para ser feliz.
Luka se inclinó sobre el borde de la cama, la pantalla de su teléfono
se iluminaba mientras él contestaba. Apenas la miró dijo—: Tengo trabajo.
Alex frunció el ceño, viendo cómo se vestía.
—Es medianoche. —Pero tan pronto como lo dijo, supo que no
significaba nada. Él podía ser llamado a las tres de la mañana y tendría que
aparecer.

***

Inhalando una bocanada de nicotina y tabaco, Luka se sentó en el


asiento del conductor de su Wrangler, corrientes de humo salían por la
ventana hacia el aire de la noche mientras exhalaba. Esto pasó
desapercibido para el hombre a pocas cuadras, estacionando su Harley.
No, él parecía muy ocupado con la mujer que estuvo cerca de caerse de
la moto, ya que se encontraba visiblemente intoxicada.
Luka los siguió por un poco más de una hora, acechando a su presa
como le habían entrenado. Había estado impaciente por que esto
empezara, pero sabía que la paciencia era la clave.
Hizo un compromiso con Snow después de todo, y no quería arruinarlo
actuando irracionalmente.
Snow pudo haber olvidado esa amenaza y continuar, teniendo en
cuenta a la chica que llevaba a su casa club, pero Luka nunca olvidaba.
No le importó que Alex estuviera finalmente sanada, que la última cosa en
su mente fuera Snow… No, quería hacerlo pagar, no por las drogas, pero si
por lo que hizo mientras ella estaba fuera de sí para consentirlo.
Y con los cambios dentro de la Bratva, él no podía solo ir y dispararle
en el rostro. Los Angels querrían más que vengarse por su muerte. Luka había
pensado acerca de decirle la verdad a Mishca del por qué actuó así el día
que fue a hacer la entrega, pero no necesitaba que dirigiera su frustración
hacia Alex, lo que solo empeoraría la situación.
Así que tomó la segunda mejor opción.
***

—¿Qué mierda quieres? —preguntó Klaus mientras se quitaba la


camisa, yendo por uno de los trapos en el suelo cerca de él.
Klaus era la última persona a la que Luka habría querido buscar, pero
se encontraba en una situación delicada en la que solo él podría ayudarlo,
y aunque ellos tal vez no habían sido los más amigables el uno con el otro,
esto era algo con lo que estaba dispuesto a ayudarlo.
—Necesito un favor. —Luka supo cómo sonó eso tan pronto como las
palabras salieron de su boca, especialmente con la forma en que Klaus lo
miraba; pero no podía echarse para atrás ahora. Y aunque pudiera, no lo
haría.
Y sin mencionar el modo en que había actuado Klaus en la fiesta de
navidad unas pocas semanas antes.
—No estás en posición de pedirme nada, Ahmeti.
Luka se encogió visiblemente ante la mención de su nombre. Han
pasado años desde la última vez que lo llamó así, e incluso durante esos días,
aún era llamado por su primer nombre. Ahmeti fue su padre, el bastardo que
tomó todo de él. Si existía algo que odiaba, era el recuerdo de que él era
producto de su padre.
Klaus giró, dirigiéndose a un lado de su auto mientras pasaba la toalla
sobre él, secando las gotas de agua que quedaban. Mientras se movía, Luka
obtuvo un vistazo de cerca, las cicatrices que surcaban su espalda, otro
recordatorio de por qué acercarse a Klaus era arriesgado. Hubo días en los
que ellos se entendieron, pero otros días, muchos como este, Luka era otro
recordatorio de qué había traído a Klaus tan abajo.
A diferencia de Luka que las había cubierto con vívidos tatuajes hasta
el punto de que no podrías verlas —solo las sentías si las tocabas— Klaus las
lucía para que todos las vieran.
—No es acerca de mí —dijo Luka cuidadosamente.
Regresó su mirada a él, Klaus sacudió su cabeza.
—¿Alex, entonces? ¿No te dijeron los rusos que te mantuvieras alejado
de ella?
Ignorando su pregunta, Luka preguntó por su cuenta.
—¿Vas a ayudarme o no?
Arrojando el trapo, Klaus se apoyó contra su auto, centrando su
mirada en él.
—¿Qué puedo hacer?
—Aproximadamente en una hora, hay una reunión agendada con el
Club de Motocicletas Angels. Te necesito ahí.
—¿Para fingir ser los rusos? —Una repentina sonrisa floreció de sus
labios—. Esto debería ser divertido, pero deja ese pedazo de mierda aquí —
dijo con un gesto hacia el Jeep de Luka—. Vamos en mi auto.
Luka parpadeó sorprendido momentáneamente, no esperando en
realidad llegar a un acuerdo con Klaus. Habría sido una ilusión de su parte
porque, por una vez, él había pensado antes de actuar. De cualquier forma,
Snow iba a morir. Eso no cambiaría.
Klaus se dirigió a su cuarto del motel y se cambió de ropa. A diferencia
de su gemelo quien en su mayoría tenía un armario lleno de trajes, Klaus
usaba jeans y una camisa lisa negra, pero aun así se las arregló para lucir
bien.
El camino hacia la reunión fue tranquilo, y para cuando llegaron a su
destino, Luka se sentía un poco inquieto.
—¿Hay algo que debería saber?
—Al que quieres es a Snow.
Asintiendo, Klaus miró fuera hacia el hombre que lo esperaba.
—Antes que lo condene a tu culo, dime. ¿Qué diablos te hizo?
—Como dije, no tiene nada que ver conmigo. Alex… —Regresó a la
noche en la que la encontró, la forma en que sus ojos lucían vidriosos y
apenas podía sentarse… no, esto nunca ha sido acerca de él para nada.
Una vez, él le había dicho que la mantendría a salvo, no importaba
qué. Y eso fue antes de… lo que sea que tuvieran ahora. Había hecho esa
promesa porque se preocupaba por ella. Algunos hombres pensarían que
hicieron su trabajo solo sacándola de esa situación, pero Luka… Luka tenía
que asegurarse por sí mismo que esa situación no volviera a ocurrir otra vez.
Luka le contó a Klaus una versión muy resumida de los eventos que
sucedieron esa noche, luego le dijo qué hizo después, pero nada más de la
primera noche que trajo a Alex a su casa.
Klaus era mejor ocultando sus emociones que Luka, pero hubo un
entendimiento mutuo entre ellos en ese momento. Él podría no haber sido
tan cercano a Alex como el resto de ellos… pero le importaba.
Luka fue el primero en salir del auto, después Klaus, ambos atravesaron
el estacionamiento quedándose a poca distancia de los motociclistas.
El presidente no perdió tiempo.
—¿Cuál es la razón por la que pediste esta reunión, Volkov? Y trajiste
a ese hijo de puta…
Podría haber sido suficientemente valiente para decirle a Mishca la
verdad acerca de por qué Luka estuvo cerca de matar a unos pocos de
ellos esta noche, pero mencionarlo habría sido un problema.
—Porque tenemos un problema.
Fue desconcertante cómo Klaus podía imitar a Mishca, y para
cualquier otro, sonaba real. Y Luka no los conocía tan bien como lo hacía él
y no habría notado las sutiles diferencias.
Eso jugaba a su favor esta noche.
—Una reunión de rutina, pero salió mal esta vez. ¿Por qué es eso?
El presidente lo miró inseguro ahora que no era Luka quien lo
cuestionaba. Incluso Luka se sentía sorprendido por la forma en cómo
hablaba.
Sacando el arma de la pretina de sus vaqueros con una ridícula
facilidad, Klaus apuntó a la frente de Luka, sin apartar los ojos de los
motociclistas.
—No tolero las faltas de respeto de ningún tipo, así que, por favor, si
sus acciones fueron injustificadas, pondré una bala en su cráneo ahora
mismo.
Puesto que nada de esto se practicó, Luka miró a Klaus, tratando de
juzgar qué tan serio era. Conociendo a Klaus, le dispararía solo por diversión.
—Pero si me mientes… y créeme, voy a saber si lo haces… destruiré tu
organización miembro por miembro. ¿Entiendes?
El presidente tragó, sus hombres lo miraron, pero no apartó la mirada
de Klaus.
—Uno de nuestros hombres se divirtió con una chica, pero no nos dijo
que era tu hermana. Ella nunca dio su nombre.
Klaus dejó caer su brazo a un lado, luciendo impresionado.
—¿No? Entonces, ¿por qué tu hombre, Snow, lo presumió a tres idiotas
de mierda, mis idiotas, verás, que folló a una perra rusa a cambio de
pastillas?
Cómo Klaus llegó a este punto, Luka no lo sabía, pero estaba
malditamente contento.
Klaus no le dio oportunidad de responder.
—No me importa si mete su polla en cada mujer que camina en la
tierra, pero me importa cuando es de mi familia. Y definitivamente me
importa cuando ella no lo consintió.
El presidente se dio cuenta en el peligro en que estaban,
desplazándose en sus pies tratando de sopesar sus opciones, pero sabía que
solo existía una manera de salir de esto sin una guerra en sus manos.
—¿Qué quieres?
—Snow.
Él podría declarar la guerra, protegiendo a los suyos, como habrían
hecho ellos en su lugar, pero no estaba preparado, en lo más mínimo, para
lo que la Bratva era capaz de hacer, incluso si no supiera que solo iba por
uno en particular.
Si tuviera que elegir entre morir todos y entregar a uno de los suyos a
este sociópata que lo quería… la respuesta era clara.
—Calle 36 y Lex, el encuentro será mañana —dijo el presidente a
regañadientes, mirando a Luka como sabiendo que tan pronto se fuera,
Snow estaría muerto.
Tenía razón.
—Un placer hacer negocios con ustedes, caballeros.
Klaus y Luka regresaron a su auto, viendo a los motociclistas hasta que
estuvieron fuera.
Tan pronto como regresaron al cuarto de Klaus, Luka dejó su mente
vagar en lo que planeaba hacerle a Snow cuando lo encontrara,
deleitándose con imágenes de sangre y violencia.
No era su culpa realmente. Nadie podría haber sabido cuando Luka
vino a este lugar, que aprendería a cuidar de alguien más otra vez, no
alguien como Alex. Alguien inocente.
Luka no era buena persona. Estuvo al borde de la muerte haciendo lo
que podía cada día, sobre todo por las personas por las que lo hacía, pero
Alex no debería tener que sufrir la mierda que este mundo le ofrecía.
Y después de lo que Snow hizo…
Él lo iba a herir.
—¿Vas a ir tras él esta noche? —preguntó Klaus cuando se movía al
lado de su Jeep.
—Ya sabes la respuesta a eso.
Klaus golpeó su pulgar ligeramente contra el volante mientras
apagaba el motor.
—¿Planeas decirles a los rusos?
No, no desearía ser nunca el que les dijera esa historia. Si Alex quería,
entonces ella les diría.
—Sabes la respuesta a eso, también.
Klaus asintió, rascando su cabeza mientras salía del auto.
—Hazlo sangrar.

***

Mirando el reloj iluminado del tablero, Luka lanzó su cigarrillo por la


ventana.
Era hora.
Saliendo cuidadosamente, dejó la puerta entreabierta mientras iba
tras el hombre que merecía todo lo que estaba a punto de obtener. La
chica lo vio primero, pero se encontraba demasiado drogada para advertir
a Snow.
—A tu izquierda.
Snow, precavidamente, miró a su izquierda mientras Luka lo golpeaba
en dirección opuesta, conectando un sólido golpe en el rostro del hombre
que calló, pero no lo noqueó. Dando un paso hacia atrás mientras el
motociclista se enderezaba, Luka trató de no disfrutar la imagen de shock e
indignación que cruzó su rostro una vez se dio cuenta quien lo golpeó. Luka
no le dio tiempo a que avanzara en su contra cuando le lanzó otro
puñetazo, después otro hasta que finalmente, Snow se hallaba inconsciente
en el suelo.
Lo ató rápidamente, asegurándose que cuando se despertara, no
fuese capaz de liberarse. Gruñendo, levantó al hombre, arrastró su cuerpo
cerca del Jeep, lanzándolo en el asiento trasero, tendiendo la manta de
lana que guardaba allí para él. Con una última mirada a su alrededor, Luka
arrancó, llevándolos al único lugar donde sabía que tendrían privacidad.
El Cuarto Húmedo, llamado así por la oxidación, tuberías con fugas
que cubrían el techo del edificio, era uno de los lugares que los Volkov
Bratva usaban para obtener respuestas de las pobres almas que forzaban a
pasar horas ahí. Actualmente, estaba desocupado, y ya que Luka era quien
más la utilizaba —y en raras ocasiones, Mishca— sabía que tenía tiempo
ilimitado para asegurarse que Snow entendiera la gravedad de sus errores.
Afortunadamente, había un garaje unido al lugar, por lo que meter a
Snow no era un problema. Habiendo pasado la mayor parte del día con
Alex, no había tenido tiempo de arreglar las cosas como quería, y ahora
necesitaba un poco de tiempo extra para mover las cosas justo cuando su
nuevo amigo empezaba a moverse.
Luka lo arrastró hasta una de las cadenas y ganchos que colgaban
del techo, asegurando sus nuevas ataduras, pero dejando la venda en su
lugar mientras levantaba una silla frente a él y se sentaba. Por un tiempo,
Luka se sentó y lo observó, por la forma en que gimió al adquirir conciencia
de la quietud que lo superó una vez que se dio cuenta de la situación en la
que estaba. Al principio, no trató de luchar libremente, Para intentar sentir si
Luka se hallaba o no en la habitación con él. No era como si hubiera algún
secreto sobre quién se lo había llevado.
El único sonido en la habitación era la respiración pesada de Snow,
luego los zapatos de Luka mientras ajustaba su posición en la silla,
enganchando su pie sobre su rodilla mientras se sentaba. Snow se congeló,
y aunque trató de parecer tranquilo, Luka podía sentir el miedo en él. Tardó
un momento, los dos en silencio, hasta que las luchas de Snow comenzaron,
pasando de una tirada cuidadosa a una desesperación absoluta.
Luka cerró sus ojos por un momento, dejando que todo se hundiera,
preparándose para el trabajo que estaba a punto de hacer. Rodó su
cabeza sobre sus hombros, estirando sus brazos hacia delante, sintiendo los
músculos tirar brevemente antes de que se relajara de regreso.
Ya era hora.
De pie, todo lo demás se alejó de él cuando alcanzó la bolsa en la
cabeza de Snow, tirando de ella en un rápido movimiento. La cabeza de
Snow se sacudió, no por la fuerza en la que Luka sacó la bolsa, sino por lo
que vio en la mirada de Luka.
Luka había visto esta mirada en diversos grados a lo largo de los años,
sobre todo cuando se enfrentaba a alguien en el Pozo. Había arrogancia,
sí, pero miedo también.
—No puedes solo matarme —dijo Snow con indignación—. Mi gente…
—Esa es la cosa —le interrumpió Luka, con una sonrisa en los labios—.
No me importa una mierda. Así que, ahora que hemos conseguido esto
fuera del camino, vamos a empezar.
Sacó la hoja de su bolsillo, pasando la punta de su dedo por el borde
de ella, escuchando los gruñidos amortiguados de Snow y el raspado de las
patas de la silla mientras luchaba.
—No siempre fui así —dijo Luka conversando, volviendo al lado de
Snow—. Por supuesto, nunca pensé mucho en lo que quería ser cuando
creciera, pero, ¿esto? Definitivamente no era eso. Mi madre era cocinera,
o, mejor dicho, le gustaba hacerlo. Aprendí porque pensé que al menos
haría una cosa que la haría sentirse orgullosa. La mierda sabe que ella está
dando vueltas en su tumba ahora. Siempre he tenido curiosidad acerca de
eso, ¿sabes? ¿Por qué tienes que dar una vuelta? ¿No podrías simplemente
cambiar a un lado? Constantemente rodando en ese pequeño ataúd de
mierda suena agotador.
Los ojos de Snow eran amplios cuando se lanzaron sobre el rostro de
Luka, y él tenía una idea bastante buena de lo que pensaba. Aunque no
podía estar seguro de por qué, todo lo que decía tenía sentido.
—Pero eso es además el punto. No estamos aquí para hablar de mí.
—Golpeó la hoja contra el pecho de Snow—. Hablemos de ti. ¿Cuántas
chicas has obligado a follarte a cambio de drogas? Aquí, déjame darte un
poco de motivación. Si tu respuesta es entre una y dos, entonces esto
termina. Cualquier cosa más que eso y voy a tomar esta hoja y cortar tu
maldita polla, ¿entiendes?
—Fue solo una, hombre. Solo una.
Luka suspiró, una sonrisa se extendió por su rostro, y Snow, como era
de esperar, tomó eso como una buena señal.
—Entonces, ¿solo Alex?
Snow asintió.
Luka giró el cuchillo en su mano, observando la luz brillar de la plata
antes de hundir la hoja en el costado de Snow, su grito de dolor como
música a los oídos de Luka.
—¡Dijiste que terminarías con esta mierda!
—Lo hice, pero no dije que lo terminaría ahora. —Luka agarró el rostro
de Snow—. Ella sufrió de una manera que me gustaría no recordar. Me senté
en una habitación con ella durante tres días cuando se desmoronó de la
mierda que le diste, y luego miré cómo sudó la mierda de su sistema. La
observé romperse, una y otra vez, impotente para detenerla, y Snow, odio
estar jodidamente indefenso. Lamentablemente, no puedo mantenerte
aquí durante tres días como quería, tengo mierda que hacer. Pero durante
las próximas tres horas, voy a hacerte sentir una fracción de lo que ella sintió
durante esos tres días. Entiendes, ¿verdad? Esto es solo negocios.
—¿Qué mierda te importa una perra estúpida? —le gritó de nuevo, un
grito desesperado de un hombre desesperado.
Luka lo empujó lejos.
—Porque ella es mía. Y soy un poco sobreprotector de lo que es
jodidamente mío.
Caminando hacia los altavoces instalados en un rincón de la
habitación, conectó el iPod colocado allí, riéndose cuando Snow empezó
gritando “maldito asesino”. Incluso si alguien lo escuchara, nadie lo
reportaría. No en este barrio y especialmente porque venía de este edificio.
Cuando encontró una canción que le gustó, la puso en repetición, luego se
volvió hacia Snow.
Disfrutaría de esto, mucho más de lo que debería.
El primer corte a lo largo de la piel del hombre envió euforia a través
de él. Era cuidadoso, asegurándose de infligir la cantidad necesaria de
dolor, no queriendo ir por la borda demasiado pronto, pero un minuto se
encontraba allí en la habitación, haciendo lo que había que hacer, y al
siguiente, tallaba en un hombre con una cuchilla caliente. Esto era lo que él
sabía, lo único en lo que era realmente bueno. Luka no se sentía
particularmente orgulloso de este hecho, pero repartir este tipo de castigo
funcionaba para él.
No sabía cuánto tiempo permaneció allí, quitando la carne de la
espalda del hombre —Snow desde hace mucho se desmayó por el dolor—
, antes de que las puertas de acero de la parte trasera de la habitación se
abrieran y ya no estuvieran solos en la habitación.
—Algunas cosas nunca cambian.
Esa voz.
Luka sostuvo la hoja en la mano, girando lentamente, limpiando su
antebrazo a través de su rostro para limpiar la sangre, pero solo logró
mancharla aún más.
El hombre, parado en la parte trasera del almacén, con la misma
sonrisa maníaca que Luka a menudo usaba, se colocó en un trozo de luz, el
color desnudo haciendo resaltar el aspecto de su rostro.
Por un momento, se limitó a mirar fijamente, dejando que la realidad
de esto se hundiera en él.
—Hola de nuevo, Valon.
TERCERA
PARTE
Mis demonios,
aunque tranquilos,
nunca son lo suficientemente silenciosos.

Tan tranquilos como pueden ser,


esperan pacientemente
por una razón para despertar,
tomar una tan esperada bocanada de aire,
y arrastrase de vuelta a mi oído.
—Autor desconocido.
33
Los demonios del pasado
Traducido por Lipi-Lipi
Corregido por dai_alvarado

E
l tiempo torció las cosas. Recuerdos. Apariencias. Pero tan
fácilmente como las cosas parecían diferentes, todo, hasta el
más insignificante de los detalles, regresó como si nunca se
hubieran ido.
Fatos era como lo recordaba Luka. Aunque, al menos, se veía un poco
más viejo, pero bajo la apariencia de un hombre, todavía podía ver los restos
del niño que corrió a casa con él en alguna ocasión.
Era unos centímetros más bajo que el metro ochenta y siete de Luka
con cabello marrón oscuro cuidadosamente peinado. Y sus ojos... eran tan
oscuros como el agujero en su pecho. A diferencia de Luka, que ganó al
menos unos nueve kilos de músculos desde la última vez que se vieron, Fatos
era delgado. Casi demasiado delgado.
Mirándolo ahora, era difícil de racionalizar que se trataba de la misma
persona que fue su mejor amigo durante toda la escuela primaria, solo para
convertirse en un rival cuando Luka más lo necesitó. Incluso ahora, los dos
lados de él estuvieron siempre presentes. Contenido y agradable en el
exterior, pero detrás de esa sonrisa tranquila era un monstruo que le gustaba
salir a jugar. Por un momento, Luka pensó en cómo Klaus siempre lo miraba,
y los pensamientos que tendría al verlo.
En este momento, cuando se encontraba de pie a unos de tres metros
de su viejo amigo, Luka solo podía recordar cómo estuvo tan contento de
hacer daño a aquellos que no hicieron nada para merecerlo.
¿Pero no lo hacía Luka?
Trabajaba bajo sus propios principios, y ahora que Fatos admiraba su
obra, Luka sabía cómo debía verse. No importaba que supiera que Snow
merecía hasta el último corte de su hoja. Para Fatos, parecía que él y Luka
eran uno mismo.
—¿Qué haces aquí, Fatos? —preguntó Luka mientras se limpiaba las
manos en la parte delantera de sus pantalones. Mirando hacia atrás a Snow
que se desplomó hacia delante en la silla, se hizo mucho más fácil ver que
su espalda fue cortada en tiras.
Aunque Luka consideró la posibilidad de dejarlo vivo con el recuerdo
de lo sufrido, no existía manera de que fuera a dejarlo ir ahora, no con Fatos
en la habitación. Su verdadera identidad era uno de sus secretos mejores
guardados, y no iba a ponerse en peligro por nadie. Ya era suficiente que
Klaus lo supiera, y aunque nunca lo colgó sobre su cabeza, la amenaza
siempre estuvo allí.
¿Y qué haría el mercenario ahora con Fatos en la ciudad? Ya Luka
escuchaba el tictac del reloj, sabiendo que era solo cuestión de tiempo
antes de que todo lo que construyó se viniera abajo. Si Klaus rastreaba a la
Organización de la manera en que Luka pensaba que hacía, sabría muy
pronto que Fatos estaba en Estados Unidos.
¿Y no advirtió a Luka? Se sentía como hace tanto tiempo cuando
Klaus acudió a él, hablando de cosas que nunca consideró.
Fatos daba el perfil. Perfectamente preparado, llevaba puesto un
traje que tal vez le costó más dinero del que Luka gastó en su guardarropa
entero. Mientras Luka no quería envolver su mente alrededor de Fatos
estando a cargo de cualquier organización, y mucho menos la que odiaba,
entendió por qué sería un gran líder.
Indudablemente, haría lo que fuera necesario para permanecer en la
cima.
Klaus le preguntó si estaría dispuesto a negociar su vida por la de Fatos.
No le dio una respuesta porque no se sentía seguro de poder hacerlo.
¿Ahora? Necesitaba a Fatos fuera del cuadro.
Parecía apropiado que aparecería una vez más cuando Luka era
verdaderamente feliz.
—¿No me extrañaste, vëlla 6? —preguntó Fatos pacientemente, con
los ojos a la deriva en el cuerpo a espaldas de Luka, una pequeña sonrisa
en sus labios. No hubo repugnancia en su mirada, ni sorpresa por el horrible
trabajo. En todo caso, Fatos se sentía orgulloso de lo que vio.
—¿Hermano? No soy tu hermano. Ahora responde a mi pregunta. Han
pasado cinco años. ¿Qué quieres?

6 “Hermano” en albanés.
Después de varios minutos de simplemente observar el cuerpo,
finalmente miró a Luka.
—¿Me creerías si te dijera que te extrañaba? Es verdad. —Se apresuró
a añadir cuando vio la mirada de incredulidad cruzar por el rostro de Luka—
. Hubo rumores, por supuesto, diciendo que te aliaste con los rusos. Podría
entender por qué creerían eso, tu madre y todo, pero nunca habría
pensado que te sentirías tan cómodo con la persona que te pagaron para
matar. ¿Cómo funciona exactamente?
No cayendo en la trampa, Luka hizo su propia pregunta.
—Tienes tu propia experiencia con eso, así que tú dime.
Fatos pareció herido, como si lo que Luka insinuaba realmente le
hiciera daño.
—Yo nunca te habría hecho daño. Lo sabes.
—¿Me perdí cuando me apuñalaste en la espalda con una cuchilla
sucia? O, ¿tal vez cuando apostaste contra mí cuando peleé en el Pozo? —
Pensó en traer a Elena y lo que Fatos le hizo, pero por la expresión de su
rostro, lo esperaba.
Y no importa cuánto tratara de quitárselo, tenía que admitir que lo
que le hicieron fue la mejor extracción de información de ese lado receptor.
Mientras Luka nunca se rompía, otros lo hicieron. Muchos otros.
—Pero eso te hizo mejor, ¿no es así? —preguntó Fatos, haciendo un
gesto hacia Snow—. Ese día te hizo más. No puedes estar todavía enfadado
conmigo por eso. Si no recuerdo mal, aceptaste mi cuidado mientras
atendía tus heridas.
Eso fue porque se encontraba tan jodidamente débil como para
hacer algo más que estar allí en agonía. No fue hasta que recuperó sus
fuerzas, que Luka echó a Fatos con amenazas de muerte.
Pero este era su problema. Fatos, incluso durante su tiempo
compartido en Berat, siempre hizo cosas que pensaba eran lo mejor para
Luka, aunque lo desfiguró permanentemente y lo convirtió en algo más
temido.
A su manera, Fatos cuidó de él.
Pero ese cuidado se convirtió en un cáncer.
Apretando los dientes para no arremeter, Luka dijo—: Me torturaste.
—Por favor. ¡Te ayudé a sobrevivir! —En un abrir y cerrar de ojos, Fatos
pasó de estar tranquilo a la rabia absoluta, una expresión con la que Luka
se hallaba demasiado familiarizado torció su rostro.
Ignorando el arrebato, Luka pasó una mano por su cabello, sin
importarle que tuviera sangre por todas partes.
—¿Por qué estás aquí?
Aclarando la garganta, Fatos pareció tener su temperamento bajo
control al sonreír una vez más.
—Quiero ofrecerte una oportunidad de volver. Estoy seguro de que
con un poco de trabajo, la Organización te perdonará y no habrá
necesidad de que hablemos más de esto.
Por “trabajo”, quiso decir más jodida tortura. A pesar de cuán
elegantemente lo dijo, Luka sabía cómo trabajaban, y el perdón no venía
sin un precio.
—¿O?
Fatos parecía confundido, como si no hubiera pensado que Luka
contemplaría ninguna otra oferta.
—O serás devuelto a la fuerza. Sabemos de Bastian, y no es que
alguna vez me preocupara por el maldito bastardo, pero las reglas son
reglas y no estás por encima de ellas. Alguien tiene que responder por su
muerte y teniendo en cuenta que dejaste tu marca sobre él, ese alguien
serás tú.
Dos emociones diferentes pelearon dentro de él después de que
arrastró a Bastian fuera del bar albanés hace más de un año. Dando una
puñalada en el rostro y cuerpo del hombre, su mente se concentró en lo que
le hizo cuando se hallaba indefenso, incapaz de hacer algo al respecto. En
la mayoría de los días, pensaba en el asesinato con cariño, repitiéndolo una
y otra vez en su cabeza. Casi podía sentir la suavidad del fantasma de la
sangre en sus manos, pero otros días, se sentía enfermo con el recordatorio
de que Bastian tuvo éxito.
Hizo de Luka el monstruo que era.
—¿Ellos saben? —preguntó Fatos interrumpiendo sus pensamientos—.
¿Sabe ese Volkov que pusiste un cuchillo en el cuerpo de alguien más con
la intención de matarlo a él? No creo que sea tan indulgente como yo...
pero eso es porque te quiero más.
Allí estaba... una amenaza real.
Luka no le importaba ser arrastrado de nuevo a Albania, aunque la
idea de ir allí hizo que se le revolviera el estómago, pero no quería que su
pasado fuera revelado. Especialmente a alguien que lo vería muerto si
supiera la verdad. Luka finalmente sintió el ambiente familiar desde que
Fatos entró en el almacén.
—¿Me estás chantajeando? —preguntó Luka, su cabeza ladeándose
cuando los dedos de su mano derecha se movieron nerviosamente.
Fatos, sabiamente, percibió el cambio en él, pero a diferencia de
otros, quiso causarlo, disfrutaba del caos que seguía.
—Tal vez… tal vez no. Pero esta oferta no durará mucho tiempo. O
vienes conmigo y arreglo esto para ti o quédate y aprende por qué avancé
en nuestro mundo.
El movimiento lógico sería tomar esto, sabiendo que sería el camino
de menor resistencia. Pero si lo hacía, la verdad acerca de quién era saldría
a la luz de todos modos, venciendo el punto que albergó durante tanto
tiempo.
Pero lo que Fatos no sabía era que existía alguien que realmente sabía
el secreto de Luka y, lo que es más importante, odiaba a los albaneses más
que Luka. En eso, tenía un aliado, y teniendo en cuenta el conocimiento de
Fatos viniendo a los Estados Unidos era desconocido, era seguro asumir que
Luka sería capaz de llamar al mercenario para ayudarle con esto.
Era lo único que tenía sentido y lo único que le daría tiempo suficiente
para finalmente poner su pasado a descansar. E impedir a cualquier otro
averiguar quién era antes de venir a Nueva York.
—Es posible que hayas subido en las filas, Fatos, pero los dos sabemos
quién era el favorito de Bastian. —En ese momento, Fatos perdió su sonrisa—
. Esta es mi advertencia, y puedes preguntarle a este chico cuán serio soy —
dijo con una inclinación de cabeza en dirección a Snow—. Tú y quienquiera
que viniera contigo, regresen a Berat y olvidaré que esto pasó. Al igual que
no escuchaste de mí en los últimos cinco años, vamos a hacerlo otros
setenta más. Si vienes por mí, no vivirás para ver el final de ello.
—¿Es esa tu respuesta final, Valon?
—Esa es la única respuesta que alguna vez vas a conseguir.
Fatos suspiró, jugando con su corbata ya recta.
—Al final de mi tiempo en este país olvidado de la mano Dios, vas a
desear haber tomado mi oferta. Lo siento, tiene que ser de esta manera. —
Fatos echó un vistazo a su reloj, moviendo la cabeza y se volvió hacia la
puerta—. Voy a verte muy pronto, Valon. Espero, por tu bien, que te
perdonen por el infierno que estás a punto de traer a sus vidas.
34
Animales
Traducido por Lipi-Lipi
Corregido por dai_alvarado

A
costada sobre su estómago, Alex escuchaba la lluvia fuera de
la ventana del dormitorio de Luka, el torrencial se calmó
mientras golpeaba el cristal de la ventana. Sonaba
increíblemente fuerte, los truenos ocasionales todavía más fuertes, pero en
el ojo de la tormenta, se sentía en paz.
Eran casi las tres de la mañana y durmió la mayor parte de ese tiempo,
pero durante la última hora, se quedó allí preguntándose dónde diablos se
encontraba Luka. Loki se acurrucó con ella un poco, pero luego también se
separó deambulando alrededor, dejándola con sus pensamientos.
Mientras que ahora sabía que podía llamarlo, especialmente cuando
no sabía lo que hacía, no podía controlar el impulso de recogerlo de vez en
cuando solo para ver si llamó.
Pero cuando iba a recogerlo de nuevo, escuchó la puerta abrir y
cerrarse de golpe.
Alex no quería parecer tan impaciente, pero se hallaba fuera de la
cama en cuestión de segundos, acelerando hacia el pasillo, casi
resbalándose en las escaleras en su prisa por llegar a la planta baja.
—Tigre, pensé…
Sus palabras quedaron atrapadas en su garganta cuando consiguió
un buen vistazo de Luka, y las implicaciones de sus ropas hablaban de su
noche. Tenía un cigarrillo en una mano, sin importarle que el rojo de la sangre
en sus manos manchara el filtro. No era solamente en sus manos, también
cubría su camisa en forma de arcos, e incluso algunas partes de sus
pantalones.
También existía una tensión notable en torno a él, sin importar cuantas
bocanadas de nicotina tomaba, no disminuía. Mientras su cuerpo se
encontraba tenso, sus ojos eran salvajes. Un hambre oscura nadaba en sus
profundidades, y ahora que estaba allí, delante de él, toda esa intensidad
se concentró en ella.
Esta no era la primera vez que lo veía cubierto con la sangre de
alguien, y como la vez anterior, no se inmutó. Hace tiempo aceptó que los
hombres de la Bratva hacían cosas terribles. Tanto si eso la hacía una
persona terrible, se sentía más preocupada por como Luka lo hacía que por
la desafortunada persona que se le cruzó.
Sin embargo, aunque no temía que Luka la lastimara, al menos en el
sentido físico, era cautelosa. Existía una clara diferencia entre la persona que
la dejó y la que se encontraba frente a ella.
Poniendo la mano sobre el brazo del sofá, sintió su mirada sobre ella
como un toque físico mientras tragaba.
—¿Qué puedo hacer? —Sabía que no debía preguntarle lo que
sucedió esa noche, pero tenía la esperanza de que pudiera ayudarle.
Inclinó la cabeza, como un depredador evaluando su presa.
—¿Tienes miedo?
La forma en que hizo la pregunta, el acento que siempre fue tan
cuidadoso de ocultar retorciéndose alrededor de sus palabras, le hizo
preguntarse si debería tenerlo.
—Por supuesto que no.
—Snow tampoco tenía. —Otra larga calada de su cigarrillo—. Al
principio.
Alex se lamió los labios, apartando el rostro ante el sonido de su
nombre. En primer lugar, la vergüenza la golpeó, recordándole lo que hizo
hace algunas semanas, luego vino la implicación de sus palabras.
—¿Snow? ¿Estuviste con Snow esta noche?
Luka apagó el cigarrillo, moviéndose, acechando hacia ella cuando
dejó escapar una bocanada de humo. Se acercó a un respiro de ella, sus
dedos estirándose para acariciar a largo de su barbilla. Oscura emoción
irradiaba de él, pero era amable con ella.
Por ahora.
—No duró mucho —dijo Luka casi pensativo—. Y probablemente lo
disfruté más de lo que debería, pero... —Se encogió de hombros, tomando
su rostro para obligarla a mirarlo—. Valió la pena.
—Luka…
—Lo habría matado de todos modos. Pensé en ello, en realidad. Esta
persona sin nombre, sin rostro con la que pasabas todo tu tiempo. Odiaba
esa mierda. Odiaba pensar en ello. Obsesionarme por ello. Pero te habría
dejado ir si te hacía feliz. Incluso si no fuera yo haciéndole feliz, lo habría
aceptado. —El agarre en su rostro se puso más firme, pero no dolía. Incluso
en su estado frenético, no le haría daño—. Pero no te hacía feliz. Y por lo que
te hizo... pasar tres horas con él no fue suficiente.
No tuvo que preguntar dónde se encontraba Snow ahora. Su
presencia aquí con ella y el estado de su ropa le dijo todo lo que necesitaba
saber.
Pero lo que no sabía era por qué, si hizo lo que quería hacer, seguía
lleno de emociones reprimidas.
Antes de que tuviera la oportunidad de interrogarlo más, sus labios se
estrellaron en los suyos, obligándola a aceptar lo que ofrecía. Por un
segundo, estuvo tan sorprendida para hacer algo más que quedarse allí,
pero su resistencia huyó, y respondió de la misma forma, con las manos en
puños en la parte delantera de su camisa.
La besó como si estuviera muerto de hambre, como si fuera la única
cosa en la tierra que necesitaba. Se sintió consumida por él.
Y, sin embargo... podía sentir que se contenía por ella.
Si eso era lo que necesitaba para traerlo de vuelta, felizmente se lo
daría, así que tenía que asegurarse de que lo supiera.
Al soltar su agarre sobre él, puso sus manos sobre su pecho y empujó.
A pesar de que apenas se movió un centímetro, la distancia entre ellos se
amplió, mirándolo atrevidamente, esperando ver qué haría a continuación.
Sus pupilas se dilataron, la misma sonrisa depredadora se extendió.
Cada instinto en su interior le dijo que corriera, incluso sabiendo que iba a
atraparla.
Y cuando la inundación de conciencia la golpeó, se dio cuenta de
que quería eso también.
Alex se negó a darle la espalda, con ganas de ver su próximo
movimiento, y en el momento en que dio otro paso atrás. No tuvo que decir
una palabra para que entendiera.
Sabía exactamente lo que le ofrecía.
No hubo palabras. Antes de llegar al pie de la escalera, estaba sobre
ella, prácticamente desgarrando su ropa, el material marcando su piel
mientras lo arrancaba de su cuerpo.
Tropezó, cayendo al suelo, pero él enganchó un brazo alrededor de
su cintura, mitigando ese dolor.
Sus labios se hallaban por todas partes a la vez. A la deriva por su
mandíbula, sus dientes mordieron abajo en la cuerda sensible de su cuello,
arrancando un grito de ella, pero el sonido solo lo estimuló más.
Una mano subió entre sus cuerpos, tirando de la copa del sujetador
hacia abajo para poder palmear su pecho, luego apretando con dureza,
golpeando, y tirando de su pezón endurecido.
Ella tiró de su cinturón, deshaciéndose rápidamente de sus
pantalones, y liberando su polla, haciendo un puño alrededor de ella,
moviendo lentamente de arriba abajo.
Gruñendo, una maldición salió de sus labios cuando tomó su boca
con otro beso brutal. Aprender a darle placer le tomó algún tiempo, pero
ahora sabía la cantidad correcta de presión que debía ejercer.
Él sacó el otro brazo de debajo de ella, su mano yendo entre sus
piernas. Tiró sus bragas a un lado, sus dedos deslizándose a lo largo de su
sexo.
Desde el segundo en que la tocó, estuvo lista para él, su cuerpo
respondiendo a su brutalidad. No creyó haber estado tan mojada alguna
vez en su vida.
En primer lugar, un dedo fue empujado dentro, y luego otro,
curvándolo hacia arriba para golpear su punto dulce.
—Por favor, fóllame —dijo en un grito desesperado, apretando su polla
para dar énfasis.
Esas palabras parecieron romper el resto de su reserva. Deslizando sus
dedos en ella, sus manos se pegaron a sus muslos con fuerza casi
magullándola, arrastrándola más cerca.
En un minuto, se alineaba en su entrada, y el siguiente, estaba dentro
en un movimiento rápido.
Alex contuvo el aliento ante la invasión repentina, el dolor
momentáneamente haciéndola muy consciente de su tamaño.
Pero ese dolor fue olvidado rápidamente cuando empezó a moverse.
El frenesí siempre presente en sus ojos mientras la miraba, pero el
pensamiento racional parecía haberse escapado.
—Sí, más.
Siempre fue cuidadoso con ella, tratándola como porcelana. Pero a
medida que se estrellaba dentro de ella, usando sus manos y dientes para
marcarla por todas partes, finalmente parecía tan entregado a esta pasión
como siempre lo sintió.
Justo cuando se acostumbraba a su repentina invasión, se retiró. Le
dio la vuelta, su respiración dejándola en un apuro cuando la empujó sobre
sus rodillas, apretando sus caderas con las manos mientras se cernía sobre
su espalda, empujándose de nuevo dentro de ella.
Con cada sacudida, un gemido indefenso se le escapaba, pero
nunca se detuvo. Su mano se clavó en su cabello mientras tiraba de él,
exponiendo su cuello a su boca mientras utilizaba sus labios, lengua y dientes
para enviar sacudidas de placer a través de ella.
Aun así, no pensaba que le diera todo porque, con cada ruido que
hacía, se ajustaba, como si se estuviera acoplando para encontrar la mejor
manera de hacer esto bueno para ella.
Con la mano enroscada en su cabello, tiró de ella hasta que su
espalda estuvo contra su pecho, los labios en su oído.
—¿Vas a correrte para mí?
Las palabras eran guturales, marcada por sus empujes agudos, y era
todo lo que podía hacer para responder a su pregunta. No con palabras,
sino con un movimiento brusco de su cabeza, pero eso no fue lo
suficientemente bueno para él. No, quería que verbalizara su respuesta.
—Respóndeme.
—Dios, sí... ¡Por favor!
Sus dedos encontraron su clítoris, frotando con el mismo ritmo frenético
de sus embestidas, forzándola hacia el borde que no se hallaba lista para
alcanzar.
Pero no fue hasta que él movió su mano, trayéndola con una firme
palmada, lo que la llevó a la cima, incapaz de pelear con el orgasmo que
la venció.
Cuando se vino, la conciencia perforaba lentamente la neblina, Luka
seguía igual de duro, enterrado dentro de ella.
Podía sentir sus labios curvados en su oreja.
—No he terminado todavía.

***

Luka no estaba cuando despertó a la mañana siguiente, pero no se


sentía así. Era como si su presencia ocupara toda la habitación, todavía
podía sentirlo a lo largo de su piel, dentro de ella como si siempre hubiera
estado allí.
Alex se estiró, estremeciéndose ligeramente mientras alcanzaba la
camisa que llevaba la noche anterior, solo para descubrir que estaba
rasgada, al igual que sus bragas.
Cuando dijo que no terminó, no se dio cuenta de que se refería a
horas de él llevando a cabo su ataque, utilizando su cuerpo para hacerlo.
Fueron del suelo a la pared más cercana en la que recordaba claramente
las pinturas colgadas allí traqueteando y, finalmente, hasta su dormitorio.
Sonrojándose ante el recordatorio, se dirigió al baño para tomar una
ducha rápida. No se molestó en mirarse en el espejo hasta después de
terminar, y cuando lo hizo, tuvo que parpadear un par de veces para
asegurarse de que vio correctamente.
A ella le salían moretones fácilmente, pero no pensó que así de fácil.
Marcas de color púrpura cubrían prácticamente desde su cuello hacia
abajo, una marca de mordedura en su estómago, y solo podía ver donde
sus dedos la agarraron. No es de extrañar que se hubiera sentido tan
adolorida al levantarse. Anoche, no recordaba que fuera doloroso en
absoluto.
Se colocó un vestido que casi rozaba la mitad de sus muslos, y fue en
busca de él, el sonido del agua corriendo la atrajo a la puerta principal.
Luka llevaba un par de vaqueros de cintura baja, una manguera en
la mano mientras rociaba su jeep, incluso regando el interior, burbujas de
jabón se formaban en cada pasada del agua. Sus hombros visiblemente
relajados, y parecía mucho más tranquilo que la noche anterior cuando
llegó... hablando de eso, Alex todavía no sabía qué inspiró esa reacción en
él, especialmente desde que regresó cubierto de sangre.
Ahora, era la que se sentía preocupada.
—Luka.
Volvió la cabeza en su dirección mientras se acercaba, y Loki trotó por
detrás del auto al escuchar su voz. Cuando estuvo lo suficientemente cerca
para tocarlo, apagó el agua, dejando caer la manguera en el suelo cerca
de sus pies.
Cuando Luka no le sonrío, sintió que algo estaba definitivamente mal.
Sus dedos se cerraron alrededor de su barbilla, levantando su rostro,
sus ojos fueron a la deriva a la piel expuesta allí cuando su cabello cayó
hacia atrás sobre su hombro.
—¿Debo disculparme por eso?
Alcanzando su mano, la apartó de su cuello, pero no la soltó.
—¿Disculparte por qué?
Más rápido de lo que hubiera pensado, la llevó de vuelta a la casa.
Caminando hacia el baño en el pasillo, la levantó, colocándola en el borde
del lavabo mientras barría su mirada sobre ella. No podría haber visto lo que
le afectó sobre su cuello, pero podía ver claramente las huellas de sus dedos
en el interior de sus muslos, el ancho de los cuales encajaban perfectamente
a sus manos.
—No duele —explicó, con la esperanza de alejar algo de su
preocupación, pero sus palabras parecían caer en oídos sordos.
Fue cuidadoso mientras trazaba las marcas, aparentemente
hipnotizado por ellas.
Se mordió el labio inferior por un segundo al contemplar lo que
pensaba. No quería hacerle daño, sabía eso con certeza, y muy bien podría
ver esto como hacerle daño.
En lugar de reflexionar, sin embargo, preguntó—: Luka, ¿qué estás
pensando?
Aunque giró su rostro ligeramente, podía ver solo sus labios aparecer.
—Si me permites hacer esto otra vez…
Luka finalmente la miró cuando se estremeció, su sonrisa volviéndose
de divertida a carnal.
—No puedo decir que siempre seré suave.
Y ella no estaba segura de que lo quisiera.
—¿Eso es lo que hiciste?—preguntó con incertidumbre, jugando con
las puntas de su cabello mientras miraba más allá de él—. Cuando estuviste
con Natasha, quiero decir. Es que…
—¿De verdad quieres que responda a eso?
No, no quería. Pero, al mismo tiempo, quería saber la respuesta, no
realmente la parte de Natasha, sino de cómo manejaba el estrés. Lo que
pasó la noche anterior era, obviamente, un gran problema porque no podía
recordar un momento en que perdiera el control de esa manera.
La sorprendió al responder lo que realmente quería saber.
—A veces tomaré un trabajo que se hará sangriento, me da otra
excusa para hacer ejercicio. Otras veces, bueno, estuviste allí la noche
anterior. El dolor me ayuda a concentrarme.
Frunció el ceño, juntando sus cejas.
—¿Dolor? ¿Cómo fue que te causé dolor?
Se dio la vuelta y por primera vez, vio los profundos arañazos en su
espalda, y no tuvo que preguntar cómo llegaron hasta allí, recordaba
vagamente clavar sus uñas en él.
Sonrió, un rastro de humor negro en su expresión.
—Diste lo mejor de ti.
Ella no se ruborizó.
—¿Estás bien?
—Mejor que eso, amor —dijo besándola en la frente—. Mejor que eso.
35
Natasha
Traducido por Lipi Sergeyev
Corregido por dai_alvarado

L
a primavera se hallaba en el aire, el dulce aroma floral de la
tienda de flores al lado luchaba contra el hedor constante de
gases de combustión que quedaban en el aire. Natasha no
mostró interés mientras escondía el dinero que ganó en las últimas
veinticuatro horas en el bolso negro que llevaba, deteniéndose en la acera
para llamar a un taxi.
Desde que La Habitación Dorada fue cerrada, Natasha tuvo que
buscar trabajo por su cuenta, negándose a trabajar en un trabajo de salario
mínimo que no apoyaría su estilo de vida. Las otras chicas con las cuales
solía trabajar eran diferentes a ella en esa manera. No le gustaban las cosas
mediocres. Prefería las cosas refinadas muy a menudo cuando hacía
correctamente su trabajo.
No era una mala ocupación, incluso si no era lo que se propuso hacer
con su vida. Sus padres eran inmigrantes. Se trasladaron a América antes de
que naciera. Trabajaron duro para darle una buena vida, pero eso
realmente no se notaba en la ropa que llevaban o en su casa. En un
momento, Natasha los resintió por no ser capaces de lograr las mismas cosas
que otras familias después de navegar a través del mar.
Por supuesto, en ese entonces, no sabía lo que aquellas familias
hicieron para ganar dinero. Solo vio el resultado de ello. A partir de ese
momento, sabía que quería algo más, algo que no poseía, y durante toda
su vida, se esforzó para encontrarlo.
Excepto, que no fue en busca de la Bratva, la Bratva la encontró. La
siguiente cosa que sabía, trabajaba para esos tipos y haciendo más de lo
que jamás soñó.
Nunca vio dos veces a cualquiera de los hombres que se
consideraban sus “jefes”, al menos hasta que conoció a Luka, y eso fue solo
después de que un cliente se fuera un poco de las manos. Natasha nunca
pensó que pudiera sentirse atraída por la violencia hasta que lo conoció,
antes de ver lo que podía hacer solo con las manos. Verlo llevar a alguien
tan fácilmente al borde de la muerte, solo para detenerse en el último
segundo, permitiéndole tomar otro aliento... lo deseó tan mal después de
eso.
Pero no estuvo alrededor mucho después de eso, al menos hasta que
fue asignado a ser prácticamente su proxeneta. Entonces, fue bastante fácil
convencerlo de entrar en su cama. Estuvo reacio, al menos hasta que lo
convenció de que no sería nada más que ellos dos disfrutando de una hora
juntos, sin ningún compromiso. Solo entonces saltó sobre ella. En un principio,
constantemente se aseguró de que entendiera que nunca conseguiría
nada más profundo entre ellos. Estuvo de acuerdo con eso también, pero
cuanto más tiempo pasaba con él, más quería saber acerca de su vida, y
más quería ser una parte permanente de la misma.
Y se encontraba dispuesta a esperar para que sucediera. Podría ser
paciente. Sabía que no sería fácil convencerlo de que valía la pena, pero
eso no significaba que perdiera la esperanza. Solo quería decir que estaba
en él a largo plazo.
Pero esa maldita perra, Alex Volkov, la amada hermana de Mishca y
la princesa Bratva, de algún modo cavó su camino en el corazón de Luka,
haciendo más difícil para Natasha permanecer allí. No pensó mucho en eso.
Después de todo, Alex era menor de edad cuando su enamoramiento se
hizo conocido y Luka no parecía corresponder sus sentimientos.
Natasha todavía no entendía qué cambió entre ellos. Lo único que
sabía era que Luka la dejó como si nunca hubiera significado nada para él.
Estuvo más que enojada, deseando poder conseguir algo para traerlo de
regreso, pero hasta el momento, no consiguió nada. Pero lo haría, y se
aseguraría de que estuviera tan lastimado como ella.
Cuando el taxi se detuvo, se metió en la parte de atrás, cerrando la
puerta mientras dio su dirección al taxista y se puso cómoda.
Después de que se mudó de la casa con las otras chicas, encontró un
apartamento en las afueras del Bronx. No tan grande como le hubiera
gustado, pero se las arregló.
Quitándose la chaqueta al entrar en su departamento, Natasha sacó
el dinero de su bolso, contándolo mientras se dirigía a su habitación... hasta
que notó al hombre bebiendo casualmente su bebida en la silla cerca de
su ventana.
—¿Cómo demonios entró aquí? —preguntó Natasha, negándose a
moverse de donde se encontraba. Con cuidado, metió la mano en el bolsillo
de la chaqueta, buscando su teléfono.
—Soy amigo de Valon… ¿O le llamas Luka? Realmente debería
aprender a quedarme callado. Oh, no sirve de nada llamarlo, pero creo que
ya lo sabes desde que básicamente te dejó por la más joven, Aleksandra,
¿no?
La ira, y algo muy parecido a los celos, la atravesaron, pero trató de
no mostrarlo.
—¿Qué quieres?
—No mucho... solo una dirección. Solo quiero hablar con ella.
Ella se rio, sinceramente.
—Correcto. Crees que voy a darte la dirección de Alex Volkov, la
hermana del Pakhan. O eres muy tonto o muy valiente. Si el Pakhan no te
mata por acercarte a su hermana, Luka definitivamente lo hará. —Lo último
fue dicho con una nota amarga, y no podría haberla mantenido fuera de
su voz aunque lo intentara—. Me gusta mi vida tal como es, gracias.
—¿Estás segura de eso? —preguntó, mirándola con algo parecido a
compasión—. Eras una puta para los rusos, entonces fuiste una puta
complaciente con nuestro amigo Valon, pero él te cambió, ¿cierto?
¿Cuando encontró algo mejor? No podrías haber disfrutado de eso. Él iba a
ser tu salida. —El hombre suspiró, poniéndose de pie, dejando una tarjeta de
visita blanca—. Pero no podrías saber que nunca te elegiría. Podrá disfrutar
follar con putas, pero nunca se casaría con una.
La ira hirvió a fuego lento en su sangre, lo miró.
—No sabes una mierda sobre él.
—Sé más de lo que piensas. Sé que la única puta que alguna vez amó
fue su madre. Llámame cuando cambies de opinión.
Sonaba tan seguro de que Natasha cambiaría de opinión, pero a
pesar de lo mucho que despreciaba a Alex, valoraba demasiado su vida.
Antes de que pudiera ofrecer otra réplica, sin embargo, salió por la puerta,
la tarjeta de visita solitaria era el único recordatorio de que estuvo allí.
Se acercó a ella, girándola en sus manos. Su nombre, ¿Fatos?,
garabateado en la parte superior, un número escrito debajo de él. Para un
hombre que trataba de hacer algo desagradable, era bastante valiente al
dejar su nombre.
Se sintió tentada, si eso significaba que Alex estuviera fuera del
cuadro, no habría nadie más para atrapar la atención de Luka, pero
tampoco era una niña tonta. La probabilidad de que volviera con ella era
corta... pero si supiera de esto, si le dijera sobre el hombre, entonces le
debería un favor.
Deslizando la tarjeta en el bolsillo, sacó su abrigo para volver a salir de
nuevo. Llamó un taxi de regreso a la ciudad, viendo el club de Mishca no
muy lejos en la distancia mientras se subió después de pagar la tarifa.
Su camioneta no estaba fuera, pero podría haber estacionado en la
parte trasera por lo que sabía. Mientras más se acercaba al club, se
encontraba pasando los dedos por su cabello, comprobando que su
maquillaje siguiera en su lugar. No existía ninguna razón para que Luka la
afectara tanto, pero de alguna manera se metió bajo su piel. Y en lugar de
empujarlo de vuelta, le dio la bienvenida con agrado.
Su error.
Natasha se encontraba casi en la puerta cuando la vio, caminando
hacia fuera, su atención en el teléfono en su mano. Alex se parecía a
cualquier otra niña rica mimada en esta ciudad.
Cabello rubio brillante, grandes ojos verdes, y un armario envidiado
por casi todas las chicas de este país. Tenía todo lo que podía desear, pero
todavía tenía que tener más.
Natasha quería odiarla, pero sobre todo envidiaba cómo todo le llegó
tan fácil.
Finalmente, Alex levantó la mirada de su teléfono, inmediatamente
cayendo sobre Natasha como si hubiera intuido que estaba allí. Primero fue
la mirada de sorpresa antes de reprimirla, por su máscara en su lugar.
—Natasha, hola.
Teniendo en cuenta cada nombre que Alex la llamó en el pasado, era
increíble que realmente supiera cómo se llamaba.
—¿Dónde está Luka?
Se aclaró la garganta, mirando hacia atrás en el club.
—Aquí no. ¿Hay algo mal? ¿Puedo ayudarte en algo?
—Como si alguna vez necesitaría algo de ti.
—Escucha, fui grosera contigo, más a menudo de lo que podría
recordar. Me equivoqué y no estoy tratando de excusarme, pero era una
persona bastante de mierda en ese entonces con una gran cantidad de
personas. —Alex alisó el cabello sobre su hombro—. Quiero disculparme…
No, me disculpo. Lo siento por las cosas que te dije, por cómo te traté. Si
quieres, le diré a Luka que lo estás buscando.
¿Le pedía disculpas? ¿A ella? El resentimiento la llenó mientras miraba
a Alex. Por supuesto que podía disculparse, consiguió a Luka, la única
persona que Natasha quiso para ella.
—Nunca serás suficiente para él —Natasha no pudo evitar decir,
rebajándose, pero tenía que decir algo, cualquier cosa si eso significaba
que alguien sufriera, incluso si eso era solo una fracción de lo que sentía.
Y sus emociones solo se hicieron peores por el hecho de que Alex no
parecía herida por lo que le decía. En realidad parecía que sentía pena por
ella.
—Le diré que te llame.
Esta vez, Alex no esperó a que respondiera. Simplemente se alejó,
dejando a Natasha de pie en la acera, más enojada de lo que jamás se
sintió en su vida.
De vuelta en su apartamento, trató de no pensar en el albanés y las
palabras que le dijo. Pero mientras más se sentaba en su apartamento, más
su teléfono la llamaba y la necesidad de llamar a Luka. No hablaba con él
desde que Mishca cerró la operación, realmente tampoco vio a cualquiera
de los rusos que conoció durante su tiempo trabajando para ellos.
Sus pensamientos se dispersaron cuando su teléfono sonó, un número
que nunca vio antes iluminó la pantalla. Vaciló solo un segundo antes de
conectar la llamada.
—¿Hola?
—¿Qué necesitas?
Luka siempre fue brusco, pero no creyó que hubiera sido alguna vez
tan cortante como ahora. Ni siquiera cuando vino a su casa para romper
después de que finalmente decidió estar con Alex.
—Podrías al menos decir “hola, ¿cómo estás?”. Eso es lo menos que
puedes hacer, Luka.
—Hola. ¿Cómo estás? Ahora, ¿qué necesitas?
Luchando por paciencia, Natasha dijo—: Trataba de verte antes…
—Alex me dijo. Todo. —Un toque de ira entró en su voz—. Cuidado
con lo que dices a continuación. Me pidió que llamara. Ese es el final de mi
obligación.
En ese momento, Natasha se olvidó de decirle sobre el hombre que la
visitó.
—Por lo tanto, mientras te dejé hacerme lo que querías, estaba bien.
Pero ahora que estás con la princesa, ¿soy solo una puta?
—Nunca te llamé puta.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¡Te di todo! Nosotros éramos
felices, y ahora actúas como si no significara nada para ti, ¿porque
finalmente has tenido tu probada de un coño joven?
No era lo correcto para decir.
Su silencio le dijo eso, y ya era demasiado tarde para recuperarlo,
pero más que eso, no quería.
Que se joda Alex.
Que se joda su hermano.
Y que se joda la Volkov Bratva completa.
—No vuelvas a hablar así de ella —dijo con calma—. No te gustará lo
que haré si lo escucho de nuevo. Esto es, Natasha. Mantente alejada de
Alex y no vuelvas a preguntar por mí otra vez.
Colgó, el clic sonó fuerte en sus oídos. Se sentía herida, avergonzada,
y lo más importante, enojada.
Quería enfurecerse, destruir las cosas preciosas en su departamento
para que algo más se sintiera tan roto como ella, pero existía una mejor
manera de vengarse de Luka por su descuido.
Sacando la tarjeta, no perdió el tiempo marcando el número.
36
Recordatorios
Traducido por Zyanya
Corregido por dai_alvarado

—¿M e vas a decir qué está pasando? —preguntó Alex


mientras se detenían frente al edificio de Lauren. No
apartó sus ojos de él desde que se marcharon.
Antes, habría hablado con ella, o le habría dado alguna información
que la ayudara a calmar la ansiedad que sentía. No sabía mucho más que
ella, pero sabía tanto como ella, que la llamada de Mishca fue críptica y
corta. La única tarea que recibió fue llevar a Alex al departamento de
Lauren y asegurarse de que se quedaran ahí, y luego iba a conducir a la
dirección que le dieron.
—No sé mucho —respondió Luka, arrastrándola por el asiento para
poder plantar un beso en sus labios—. Y aunque supiera, no sería tu
problema preocuparte por ello.
Poniendo los ojos en blanco, Alex se alejó, su mano yendo a la puerta
del auto.
—No tú, también.
Sonrió, encogiéndose de hombros.
—Es por una buena razón, no quiero que nada te pase.
—Sí, conociéndote, dispararías primero y preguntarías después —
bromeó ella.
La ayudó a salir del Jeep, su sonrisa tensa, pero genuina.
—Reduciría esta ciudad a cenizas.
Una parte de ella se emocionó por esas palabras, pero a su nuevo
lado racional no le gustaban tanto. Una cosa era decir lo que se encontraba
dispuesto a arriesgar por protegerla, pero también decía que se arriesgaría
a sí mismo y no quería eso.
Cuando se dispuso a marcharse, dudó, queriendo llamarlo de regreso,
pero no queriendo parecer tonta. Si existía una persona capaz de
arreglárselas por sí mismo, era Luka. Era su trabajo después de todo, pero
eso no detenía la ansiedad que la invadía con solo pensar en cualquier
situación desconocida que iba a enfrentar.
Él le echó un vistazo, pausando antes de regresar a ella. Su mano
ahuecó la parte trasera de su cuello mientras la arrastraba hacia delante,
su boca bajando para conectar con la suya. Solo un breve toque, pero era
todo lo que necesitaba para calmarse.
—Te veré pronto.

***

No existía nada como el olor de un cuerpo quemado y en


descomposición. En el momento en que Luka puso un pie en la propiedad,
su mirada buscó alrededor del área en caso de que alguien hubiera
decidido quedarse, y los olores asaltaron su nariz. Estaba acostumbrado a lo
segundo. Estuvo alrededor de suficientes cadáveres para reconocerlo, pero
el primero hizo que su corazón diera un vuelco.
Fue el primero en llegar aun cuando Mishca hizo la llamada. Mientras
esperaba junto a su camioneta, contemplando a otro fantasma de su
pasado, encendió un cigarrillo, inhaló profundamente, esperando que la
nicotina hiciera lo que él no podía.
Luka debió estar preparado, debió saber que en el momento en que
Fatos mostró su rostro, esto sería lo siguiente. No podía saber lo que
encontraría dentro, pero tenía una buena idea. Fatos, al contrario que
cualquiera que conocía, sabía cómo joder con la mente de alguien.
Finalmente, después de diez minutos, dos autos se detuvieron, uno
moderno y brillante, el otro más viejo y sucio. Mishca salió de uno y Klaus
bajó del otro. Y al ver a ese mercenario, cuyos ojos lo cortaron
inmediatamente, Luka supo que esto no iba a terminar bien.
Los tres compartían una historia con este lugar, Luka y Klaus más que
Mishca. Y la historia era diferente para cada uno de ellos.
Pero era seguro decir que este lugar no era algo muy estimado.
Nadie habló mientras Mishca guio el camino hacia dentro, siguiendo
el tortuoso camino a la puerta principal como lo hicieron tantas veces. Pero
era difícil olvidar un lugar como este. Klaus casi murió aquí, sufriendo por algo
sobre lo cual no tenía control, y no hacía mucho que Lauren fue traída aquí
por Brahim para sufrir un destino similar. Tales recuerdos llenaban este lugar
que se sentía como que eran los únicos manteniéndolo.
No hubo nada en el primer piso que mereciera su atención, y mientras
se aventuraban arriba, Luka pensó en cuántas personas mató en este lugar,
desde la primera vez hasta la última. Cuando tomó una respiración mientras
ascendía las escaleras detrás de Mishca, casi podía probar la sangre en el
aire del día que lo cubrió por completo.
Despejando las escaleras, solo tuvieron un breve momento para
prepararse para lo que les esperaba en el otro lado de la pared. Mishca
maldijo a lo que vio, el cuerpo de Luka se encogió por completo ante la
vista, pero Klaus… Klaus no reaccionó en lo absoluto.
Su expresión era ilegible mientras todos miraban los dos cuerpos
atados a las sillas. Una escena particularmente brutal que trajo recuerdos
que estaban mejor enterrados. Como lo hizo desde el momento en que
Fatos apareció en la ciudad, la cuenta regresiva sonó más fuerte que nunca
en la cabeza de Luka. Sabía que era todo alcanzándolo, pero existía algo
que Luka sabía.
Fatos no sería el que le dijera a Mishca la verdad.
No porque estuviera asustado, sino porque esto era un juego para él.
Mientras Luka siguiera jugándolo, lo alargaría lo más posible, sin importarle a
quién hiriera en el proceso.
Esto era tanto un mensaje para Klaus como lo era para Luka, porque
se hallaba mucho más involucrado íntimamente con esta escena que Luka.
A pesar de los años, nada podría haber ocultado la emoción en los ojos de
Klaus mientras miraba, no al ruso muerto que llevaba muchas de las mismas
heridas que Klaus alguna vez llevó, sino al cuerpo quemado que era
irreconocible.
Ignorando su entorno, o perdido en sus recuerdos, Klaus alcanzó la
cadena que normalmente escondía bajo su camiseta, apretando el
talismán que colgaba de ella.
Este habría sido su destino si Luka no hubiera buscado por la única
cosa que demostró que estuvo diciendo la verdad bajo el ataque de
tortura. Nadie sabía esa simple verdad, sin embargo, ni siquiera Klaus.
Después de lo que Luka le hizo, dudaba que hubiera hecho mucha
diferencia, así que nunca se molestó en revelarlo.
Dándose cuenta de que ellos también se perdieron en sus
pensamientos, Luka rompió el silencio.
—¿Qué quieres hacer?
Pero la pregunta quedó sin respuesta cuando Klaus pareció salir de
cualquier hechizo bajo el que se hallaba. Ni Luka, ni Mishca dijeron una
palabra mientras observaban, con expresiones variadas, mientras Klaus
caminaba hacia el cuerpo quemado, arrodillándose ante ella.
Él se estiró, su mano cerniéndose junto a su rosto, pero incapaz de
tocarla. Se hallaba quemada más allá del reconocimiento, pero Luka no
pensaba que Klaus se preocupara por eso, no cuando veía el rostro de
alguien más en su lugar.
Mientras se encontraba perdido en sus recuerdos, Mishca se giró hacia
Luka, su mirada furiosa, pero su voz era tranquila cuando habló.
—Quema todo este maldito lugar. No dejes nada atrás.
Con un asentimiento tenso, Luka esperó a que se fuera, su teléfono ya
en la mano, antes de atreverse a acercarse a Klaus.
Lentamente, al ponerse de pie, Luka se dio cuenta de que era el Klaus
que tantos temían, pero no hasta que era demasiado tarde. No vibraba con
ira de la forma que Mishca lo hacía, no llevaba las emociones en su manga.
Cuando mostraba su enojo, era porque en realidad quería que lo vieras, no
porque no pudiera contenerse.
Ahora… Luka veía al monstruo escondido que ayudó a crear. Todos
ellos lo tenían, lo sabía, pero era raro que Klaus mostrara el suyo.
—Él va a morir —dijo lo suficientemente alto para que solo Luka lo
escuchara, pero eso no hizo sus palabras menos poderosas—. Te guste o no.
Mantente fuera de mi camino, o puedes morir con él.
Frotando una mano en su rostro, Luka se puso a trabajar.

***

Luka se encontraba inusualmente callado cuando la recogió y


empezaron el viaje de regreso a casa. Ahora que lo veía de nuevo, podía
decir que existía más en su estado de ánimo sombrío que Snow.
Alcanzó su mano donde descansaba entre ellos, entrelazando sus
dedos con los de él, ofreciéndole consuelo. Cuando apretó levemente, se
tranquilizó un poco.
Una vez en su casa, él desapareció en el baño y ella subió a su
habitación. Mañana sería otro largo día de práctica que no podía perderse.
Empacó una bolsa, metiendo sus pantalones, cinta adhesiva y su leotardo.
Cuando envolvía la cinta en sus zapatillas y las metía en un bolsillo lateral,
escuchó el inconfundible sonido de cristales rotos, seguido por el ladrido de
Loki.
La golpeó un dèjá vu mientras salía de la habitación y bajaba las
escaleras, encontrando a Loki sentado frente a la puerta del baño. Un
rápido escaneo a la habitación le dijo que no escuchó ningún vaso por ahí
Tomando una respiración profunda, se deslizó en el baño, dejando a
Loki afuera. No había mucho espacio, el imponente cuerpo de Luka
ocupaba la mayor parte del lugar.
Pero podía ver lo que pasó, a juzgar por el cristal roto del espejo, y el
lugar con sangre en el centro.
—Luka… —lo llamó vacilante, queriendo ver su reacción antes de
acercarse más.
Sus hombros se tensaron visiblemente, pero al menos dejó de pasear
en el reducido espacio del baño.
—Si
—¿Puedo ayudar?
Sangre caía al suelo de su mano herida, pero parecía inconsciente
del daño o el dolor que sabía debía estar sufriendo.
Cuando no negó su petición, se acercó lentamente. Lo rodeó hasta
que estuvo frente a él, levantando cuidadosamente su mano para poder
ver el daño. Todavía quedaban pedazos de cristal en su carne, sangre
saliendo alrededor de los fragmentos.
—¿Tienes un botiquín de primeros auxilios?
La estudió con sus ojos claros y sin emociones antes de asentir en
dirección al armario debajo del fregadero. Ella lo agarró, junto con un par
de pinzas y una botella de peróxido, poniéndolo todo en el mostrador a su
lado.
Fue cuidadosa mientras se movía, ya que había cristal en todo el piso
y solo llevaba un par de calcetines. Luka, notando esto, deslizó un brazo
alrededor de su cintura, levantándola hasta que estuvo sentada en el
lavabo, separando sus piernas para poder ponerse entre ellas.
Era difícil no reaccionar ante él, especialmente cuando estaban así
de cerca. Prácticamente exudaba peligro, pero recordaba lo que le dijo,
acerca de cómo disfrutaba de un poco de dolor.
Tragando, se aclaró la garganta, alcanzando su mano otra vez, más
que consciente de que la otra descansaba junto a su cadera.
—¿Quieres hablar de ello?
Agarrando las pinzas, las roció con alcohol, acercando su mano a su
rostro mientras removía laboriosamente cada pedazo de cristal que podía
encontrar.
Seguía callado, pero no quería presionarlo por una explicación. Para
ella, tenían todo el tiempo del mundo.
—¿Y si no soy quien crees que soy?
Controló su reacción cuidadosamente, sin querer que se diera cuenta
de que la pregunta la tomó con la guardia baja.
—¿Entonces, quién eres? Puedes decirme.
Suspiró, como si el peso del mundo estuviera sobre sus hombros.
—No te gustaría mi respuesta.
—Luka, hemos hablado acerca de esto, o al menos yo he hablado y
tú escuchabas. ¿Qué es lo que crees que hiciste y por lo que te odiaría?
Con la mano libre de cristales, puso peróxido sobre ella, secando el
exceso con algodón, y luego envolviendo su mano con gasa y cinta.
Todavía tenía que responder su pregunta y no parecía que fuera a hacerlo,
al menos no hasta que terminara.
Sosteniendo sus muñecas en sus manos, impidiéndole que lo tocara
más, la forzó a mirarlo. Existía tal miseria en la profundidad de sus ojos que
deseó por millonésima vez que le dijera lo que lo carcomía solo para que
pudiera liberarse un poco.
Mordisqueando su labio inferior, lo miró con atención.
—¿Es aquí donde me dices que eres el chico equivocado para mí?
¿Que debería alejarme de ti?
—¿Por qué demonios haría eso?
—No lo sé, Luka ¿Por qué harías esto? —preguntó, señalando su
mano—. Cualquiera que sea el secreto que esconde… obviamente te está
consumiendo.
Contenerse lo consumía, y casi pensó que iba a romperse, pero él
sacudió su cabeza, apartando la mirada.
—Ha sido un día jodidamente largo. Necesito dormir.
Alejándose de ella, salió del baño antes de que pudiera protestar.
No tenía sentido discutir con él, no cuando no estaba listo para abrirse.
Luka era terco de esa forma.
Hasta este punto, se conformó con esperar que viniera a ella, pero
ahora… Se sentía frustrada por no ser capaz de ayudarlo. Especialmente
cuando no parecía querer su ayuda.
Suspirando en derrota, apagó las luces, dejando el desastre para ser
limpiado otro día. De regreso en su habitación, se deshizo de su ropa.
Trepando a la cama, deseó nuevamente que las cosas no fueran tan difíciles
para los dos.
Acababa de cerrar los ojos cuando Luka retiró el cabello de su rostro.
Estaba arrodillado a su lado.
—¿Puedes hacerme un favor?
Sin dudar, dijo—: Lo que sea.
Salió de la habitación y bajó por el pasillo. Se abrió otra puerta, la luz
inundó el pasillo, y entonces Luka estuvo de regreso tan rápido como se fue,
cerrando la puerta de golpe detrás de él.
Cargaba lo que parecía ser una caja de zapatos con una sombra de
marrón y cubierta de polvo. Arrojó la tapa a un lado de la cama, sacando
una bolsa de seda que la hizo sentarse, sosteniendo las sábanas contra su
pecho para ver mejor lo que hacía.
Soltando los hilos, salieron de la bolsa dos peinetas y cayeron en sus
manos. Tuvo cuidado con ellas, y después de un momento, las sostuvo para
ella.
No eran nuevas, podía decir eso, pero estaban en excelente forma.
Tenía tres púas en la parte inferior, pero la verdadera belleza eran las flores
blancas, que no solo se hallaban talladas en el metal, sino que cubrían la
mayor parte de las peinetas.
Era obvio que significaban mucho para Luka, ya que todavía tenía
que quitar sus ojos de ellas, pero se sentía preocupada por la tristeza que
emanaba de él.
—Cuando obtengas tu primer papel principal, quiero que uses estas.
—Luka…
—Eran de mi madre —explicó, mientras apartaba su cabello con una
mano, poniendo cuidadosamente una de las peinetas allí—. Significaban
mucho para ella. Tú significas mucho más para mí. No puedo darte muchas
cosas que no puedas darte a ti misma, pero esta es una pieza de mí que yo
no… —Se detuvo, y no por primera vez, deseó saber lo que pensaba—.
Tómalas, así siempre tendrás una pieza de mí contigo.
Le dio una sonrisa temblorosa, asintiendo aun cuando nada acerca
de esto parecía correcto. Algo pasaba con él. Algo más allá de lo que
sospechó originalmente, y aunque hubiera querido que viniera a ella, no
podía esperar más.
—¿Qué es lo que te molesta, Luka? —Siguió sosteniendo su mano,
antes de que pudiera alejarla—. Y no digas que no es nada, te conozco
mejor que eso.
Sonrió ligeramente, solo una pequeña torcedura en sus labios.
—Todo acabará pronto.
Pero eso no contestaba ninguna de sus preguntas o calmaba sus
miedos.
37
El ataúd de cristal
Traducido por Gabych87
Corregido por dai_alvarado

A
hora más que nunca, Alex practicaba, pasando largas horas
en el estudio así podría estar lista para la próxima audición. Y
mientras más tiempo pasaba ahí más mejoraba y pronto se
encontró yendo solo porque le hacía falta. Algunas veces, se olvidaba de
cuán vacía su vida se volvió desde que dejó París. Finalmente, después de
tanto tiempo, las cosas fueron mejorando.
Empacando la última de sus cosas, tiró en su hombro la correa de su
bolso y se dirigió a la puerta.
El viaje de vuelta a casa desde el estudio no era largo, y Alex lo
caminó suficientes veces para no preocuparse por la distancia, pero
mientras sus zapatos golpearon contra la acera de concreto, ruidosamente
en el silencio de la noche, sus dedos volando a través de la pantalla de su
teléfono, se hallaba muy distraída por el mensaje de texto que trataba de
enviar como para notar la furgoneta parada en el bordillo. Le tomó solo unos
segundos pasarla, y cuando rodeó la parte de atrás, las puertas se abrieron
y un hombre se deslizó silenciosamente.
Acababa de presionar enviar, su dedo todavía flotando sobre ese
botón cuando unas manos grandes la agarraron, un paño sucio lleno de un
humo de olor dulzón se metió en su rostro. Su teléfono cayó al suelo mientras
reaccionaba inmediatamente y violentamente, tratando de liberarse.
Sus pensamientos revolotearon. Cada instrucción que Luka le dio huyó
de su mente. La única cosa que pudo hacer fue reaccionar por instinto, pero
eso no fue suficiente, no cuando el hombre la dominaba tan fácilmente.
Incluso trató de retener su respiración, pero en su pánico, solo logró respirar
más humo.
Su visión se empezó a difuminar, su fuerza se debilitó, Alex hizo un
último intento desesperado por liberarse pero era muy tarde.
Estaba atrapada.

***

La conciencia retornó lentamente, como si su cabeza estuviera llena


de algodón y estuviese luchando a través de eso. No recordaba, no al
principio. Fue como si el mundo hubiera dejado de existir, aunque solo por
un corto tiempo.
Por unos preciosos momentos, Alex se despertó pensando que se
encontraba en la casa de Luka, pero cuando el olor penetrante de la tierra
la rodeó, todo se aceleró. Lo peor era no saber cuánto tiempo estuvo ahí.
La oscuridad la rodeaba por todos lados. Una vez encontró consuelo
en ella, pero esto se sentía sofocante. Trató de sentarse pero se quedó corta
cuando sus manos entraron en contacto con algo duro justo encima de ella
y a sus lados.
Supo, sin tener que ver, que se encontraba en un ataúd, y por lo que
pudo sentir, era hecho de algún tipo de plástico duro.
Respirando profundamente, trató de no permitir que el pánico llegara
a ella. En cambio, hizo uso de sus manos, sintiendo alguna cosa que pudiera
ayudarla. Sus dedos se deslizaron alrededor de algo cilíndrico, y cuando lo
agarró y golpeó el botón a un lado, la luz amarilla se derramó por un extremo
del mismo.
Con la mano temblorosa, apuntó el cilindro por encima de ella y no
pudo detener el grito de alarma que se deslizó de ella.
Alguien la enterró viva.
Extendiéndose una vez más, puso su mano plana sobre la superficie,
empujando con la poca fuerza que tenía, sangre corriendo en sus oídos
mientras lo sentía ceder. Dejó caer la linterna, usó ambas manos ahora, casi
llorando de alivio mientras se movía más, pero la esperanza que burbujeó
dentro se desvaneció cuando la parte superior no fue más allá de unos
centímetros. Algo, algo que no podía ver, le impedía moverse más.
Hasta el último pedacito de calma que intentó reunir desapareció
cuando la desesperación la agarró mientras empujaba y pateaba —sus
zapatos perdidos— tratando de abrirlo, en todo caso, se desmayaría por el
esfuerzo, pero no iba a rendirse. No era así como iba a morir. Justo cuando
preparaba un grito de auxilio, una voz la llamó y la silenció.
—Yo no lucharía demasiado. No querría que desperdiciaras el poco
oxigeno que tienes.
Cada parte de ella se revelaba a seguir esa orden, pero su parte
racional sabía que tenía razón. Tuvo que calmarse y pensó que, si hablaba
con ella, no planeaba dejarla ahí.
… Tal vez.
Pero tal vez era todo lo que tenía.
Su prisión se sacudió cuando alguien aterrizó encima de ella. No tuvo
que preguntarse por mucho tiempo quién fue mientras que la capa de
suciedad, no tan gruesa como previamente asumió, fue barrida, un rostro
apareció sobre el suyo.
No le frunció el ceño. No existía ira en su mirada. De hecho, solo se
veía… curioso, como si ella fuera algún tipo de experimento que tratara de
averiguar. No lo reconoció, y por lo que pudo ver, le faltaban las marcas
que le harían saber si era uno de ellos.
Sin embargo, vestía un traje, sin chaqueta, las mangas de su camisa
enrolladas en sus codos. Quienquiera que fuera, Alex no creía que fuese una
casualidad.
Viendo que tenía su atención, su boca se levantó en las esquinas. Su
sonrisa creció, y lo que más la confundió fue el hecho de que era genuina.
Aparto más la suciedad, dándole una visión más clara de… ¿Eso era el
techo? Por lo que podía decir, miraba hacia arriba a través del piso, a un
agujero en otro nivel, hasta que entrecerró los ojos, tratando de ver si era
correcto lo que pensaba.
—Me alegra ver que finalmente estás despierta. Temía que te hubiera
matado.
Se sentía muy confundida y asustada para formular una respuesta,
pero él llenó el silencio.
—Diré que tú eres más bonita que la última.
No se molestó en preguntar por qué se encontraba ahí, escuchó
hablar en más de una ocasión lo que le pasaba a aquellas familias como la
suya, la única pregunta era qué buscaba.
—¿Se trata de dinero? Mi hermano…
Sacudió la cabeza antes de que pudiera terminar.
—¿Por qué las personas siempre asumen que es sobre dinero? Algunos
de nosotros, yo en particular, disfrutamos de las cosas más finas de la vida.
La angustia me proporciona mucha más alegría que el dinero. —Su mirada
se posó en su rostro de nuevo, sus dedos acariciando la parte superior del
cristal como si tocara su piel.
Asqueada por la forma en que la miraba, preguntó—: ¿Quién eres?
—Fatos, pero dudo que hayas escuchado hablar de mí, ya que no
hago negocios con los rusos.
Fatos… ese nombre sonaba extrañamente familiar, pero no pudo
ubicar por qué lo sabía. ¿Quién era y por qué se hallaba aquí?
—Entonces, ¿por qué estoy aquí? ¿Qué quieres?
Alex no sabía por qué se sentía tan calmada, no asustada por el
hecho de que se hallaba literalmente en una caja de vidrio con un loco
arrodillado sobre ella.
No, tenía miedo pero aun no la abrumó.
—Dime. ¿Cuánto piensas que vale tu vida?
—Por favor —dijo Alex—. Solo dime qué quieres.
Suspiró, poniéndose de pie mientras se levantaba del agujero.
—¿Sabes lo que me gustaría? Escucharte rogar. Así que continúa.
Vamos a escucharlo.
Apenas fuera de su vista, él buscó una herramienta en el suelo, y
cuando volvió vio que sostenía una pala. Cuando la primera capa de tierra
se derrumbó sobre ella, Alex saltó.
Una vez, Mishca le dijo que nunca cediera ante nadie, pero en ese
momento, lo único que quería era salir de ese agujero.
No se dio cuenta de que sus manos temblaban hasta que las puso en
contacto con el vidrio, tratando de levantarlo mientras hablaba.
—Por favor.
—¿Disculpa? —Él levantó una mano hasta su oído, inclinándose hacia
abajo—. No pude escucharte.
La desesperación se apoderó de ella, poniéndola frenética, mientras
cerraba sus manos en puños, golpeándolos contra su prisión de cristal,
aunque la parte superior no se movió ni un centímetro.
—¡Por favor! ¡Te puedo dar lo que quieras! ¡Solo déjame salir!
Las lágrimas picaron sus ojos…
Su carrazón correteó…
Su respiración vino en ráfagas agudas…
Pero tan pronto como entró en pánico, respiró hondo, cerrando la
boca. Ignoró el dolor que floreció cuando mordió su labio inferior,
frenándose de pronunciar otra palabra.
Hacerle una oferta no funcionaba, como tampoco rogar por su vida.
En todo caso, el sonido de su ruego solo parecía excitarlo.
Cualquiera que fuese su verdadero propósito, no era sabido por ella.
Indefensa para hacer algo más, observó cómo la tierra llovía sobre
ella, hasta que la oscuridad la rodeó. Con cada palada, se estremeció una
vez más.
Iba a morir aquí.

***

—¿Has hablado con Alex?


Niklaus Volkov, o Klaus si querías vivir, frunció el ceño aunque la
persona al otro lado del teléfono no podía verlo. Estaba ocupado puliendo
el cañón de la nueva semiautomática que adquirió para el trabajo que
estuvo posponiendo durante meses.
Con el Kingmaker —su nuevo jefe que se negaba a dar su nombre a
alguien— respirando en su cuello para que lo hiciera, se quedaba sin
tiempo… y sin excusas. Incluso si el trabajo no le iba bien, lo que era raro en
sí mismo, ya aceptó el contrato.
—Odio decirte esto, pero yo no soy su guardián —murmuró, más
centrado en su tarea que en Luka—. Espero que lo sepas ya que están
juntos.
No tenían que admitirlo para que Klaus lo supiera. Era bastante fácil
de leer cuando se hallaban juntos en la misma habitación.
—La he llamado y no responde.
—Todavía no estoy seguro de lo que quieres que haga al respecto.
Era claro que Luka se frustraba con él.
—Tú conoces a alguien que puede.
Eso era cierto. Klaus tenía amigos por todas partes, pero esos amigos
tenían un precio.
—Ya estás arrastrando tus pies pagando una deuda. ¿Por qué querrías
otra? Mierda, ¿por qué yo aceptaría otra?
Klaus no entendía la lealtad ciega. No podía entender cómo Luka
todavía protegía a los bastardos que casi los mataron a ambos. Si estuviera
en los zapatos del albanés, habría entregado a Fatos en un abrir y cerrar de
ojos, aunque solo fuera para proteger sus propios intereses.
Un chasquido sonó en su oído. Klaus frunció el ceño, mirando la
pantalla leyendo el número que parpadeaba en la pantalla. No lo
reconoció.
—Un momento.
Sin esperar la respuesta de Luka, Klaus respondió la nueva llamada.
—¿Si?
—Te he dejado un regalo.
Frunciendo el ceño, Klaus trató de reconocer la voz, seguro de que la
escuchó antes, pero cuando no pudo, la descartó por el momento.
—No me gustan los regalos.
—Te gustará este.
La persona misteriosa del otro extremo, colgó. Klaus volviendo a
conectar la llamada con Luka, se puso de pie. Se acercó a la cama y sacó
un estuche de debajo de ella. Desbloqueando las cerraduras, la abrió,
tirando de una de las pistolas libres de 9mm.
Klaus no entretuvo a la persona que llamó. No le gustaban los regalos,
ni le gustaban las sorpresas.
—¿Dónde estás?
—¿Por qué eso importa?
Apenas tuvo tiempo de atornillar el silenciador en el extremo de su
pistola cuando tocaron la puerta.
No tenía un buen presentimiento sobre quien estaría al otro lado de la
misma.
Tomando un momento para revisar la mirilla, miró al hombre del otro
lado, esperando hasta que relajó su guardia antes de abrir la puerta y
arrastrar al hombre adentro.
Abandonando su teléfono por el momento, Klaus lo dejó caer al suelo
mientras empujaba al hombre al piso, su rodilla en su pecho, su arma debajo
de la mandíbula.
—¿Quién te envió?
—Yo…
Con su mano libre. Klaus golpeó al hombre en el rostro.
—Un nombre lo hará.
—No puedes…
Klaus envolvió su dedo alrededor del gatillo, el desafío claro en sus
ojos.
—¡Fatos! —Se apresuró a decir.
En todo caso, el nombre solo lo ponía más enojado.
—¿Te das cuenta, no? ¿Que te envió aquí a morir?
Hubo un rastro de miedo en sus ojos, pero también la arrogancia de
un hombre que pensaba que sabía algo.
—No puedes matarme hasta que escuches lo que tengo que decir.
—¿Si? —preguntó Klaus entreteniéndolo.
—¿Y por qué es eso?
—Solo yo sé dónde está enterrada Alex.
Mierda.
Mierda.
Agarrando el teléfono del suelo, mantuvo su mirada en el hombre que
ahora le sonreía.
—Tus albaneses tienen a Alex. Trae tu trasero aquí. Te mandaré la
dirección.
Colgando, Klaus llamó a Mishca.
—Tenemos un problema.

***

Había un caos organizado a su alrededor, y a través de ello, Klaus fue


el único que permaneció tranquilo. Mishca intentó, por el bien de sus
hombres, mantener su rabia contenida, pero Klaus pudo ver ese control
cuidadoso fracturándose.
¿Y por qué no lo haría cuando su hermana fue enterrada viva en
alguna parte?
Sin mencionar, que se les acababa el tiempo.
Pero el albanés todavía no caía, sin importar cuánto Klaus lo hizo
sangrar. Pero él soportó la tortura antes, la historia de ella incrustada en su
carne.
—¿Dónde está? —preguntó Mishca, pasando una mano agitada por
su cabello.
Pero la pregunta era inútil cuando Luka entró a toda prisa por la
puerta, apenas dándoles una mirada mientras se concentraba únicamente
en su cautivo.
Ahora, finalmente, recibieron una reacción de él. Era una mezcla de
miedo y oscuridad, cualquier asignación que le hubieran dado, obviamente
tenía que ver más con Luka que con Mishca y la Bratva.
Klaus temía saber muy bien de qué se trataba realmente.
Al salir del camino de la rabia de Luka, observó con una velada
anticipación cuando Luka sacó un cuchillo de su bolsillo.
—La dirección. —No era una pregunta.
—Valon.
Por una vez, Luka no se estremeció ante el nombre, demasiado
concentrado en su tarea para darse cuenta de que su secreto se
encontraba a solo unos segundos de ser revelado.
A diferencia de Klaus, que amenazó al hombre diciéndole lo que haría
sino soltaba el paradero de Alex, Luka inmediatamente actuó.
Echando la hoja sobre la mesa, extendió la mano hacia una sierra,
incluso cuando los ojos del hombre se abrieron de miedo, su cabeza se
sacudió de un lado al otro como si eso pudiera ayudarlo.
Alineando los dientes dentados en su muñeca, Luka empezó a cortar
sin vacilar ni un segundo mientras cortaba, rociando sangre, los gritos del
hombre resonando en la habitación, aquellos que no podían soportar la
brutalidad se voltearon, pero ni Klaus ni Mishca lo hicieron.
Solo cuando la mano del hombre quedó desprendida en el suelo,
Luka dejó caer la sierra.
—Fatos no quiere que muera. De lo contrario no te habría enviado.
Entrega tu mensaje.
Las lágrimas estaban en los ojos del hombre, su dolor claro. Le tomó
varios minutos controlar su respiración antes de que pudiera ofrecerle una
respuesta.
—Yo… No se la di-dirección.
Luka buscó otro instrumento de tortura, pero no era necesario.
—¡Espera! Fatos… Fatos dijo que te dijera que se encuentra donde
nuestros ca-caminos se cru-cruzan.
Klaus frunció el ceño confundido, hasta que Luka se volvió para
atravesarle con una mirada que le dijo exactamente dónde y por qué ella
estaba allí.
Se hacía evidente que Fatos planeaba revelar todos sus secretos.
—¿De qué mierda está hablando? —preguntó Mishca.
—Ella está en la casa —contestó Klaus, que ya se dirigía a la puerta.
Mishca escupió las instrucciones a los soldados que todavía
permanecían, saliendo sin gastar otra mirada en Luka.
Luka, se volvió hacia al albanés, buscó otra herramienta, sus
movimientos más medidos, ya que ahora tenía más tiempo en sus manos.
—Llámame cuando la tengas.

***

Desde que era una niña, Alex le temía a la oscuridad, pero como la
rodeaba tan completamente que casi se sentía ciega, deseaba haber
apreciado la luz un poco más.
Luchó, lo mejor que pudo para liberarse, pero sus manos simplemente
se deslizaron sobre el cristal. A pesar del dolor en sus manos, no fue lo
suficientemente fuerte para romperlo.
Entonces gritó hasta que su voz se quedó ronca, esperando que
alguien, cualquiera, la escuchara, pero debajo de la tierra… no tenía voz.
Alex no quiso llorar, en realidad no se dio cuenta cuándo empezó,
pero con la primera lágrima derramada, el resto vino en serio.
Esto era todo.
Así era como terminaría.
…Hasta que escuchó un movimiento amortiguado por encima de
ella.
Era el más leve de los sonidos, pero la llenó de tanta esperanza que
trató de gritar de nuevo, incluso cuando su voz le falló.
El movimiento llegó, y finalmente, la suciedad encima de ella se
desplazó, lo suficiente que el brillo casi perforó a través de la oscuridad que
la cubrió durante tanto tiempo.
Luego, una mano deslizó otra capa, revelando el rostro de Mishca.
Su alivio al verlo reflejó el suyo. Se estiró hacia él, llorando más fuerte
de lo que lloró en su vida.
—Estoy aquí —dijo desde su posición sobre ella, apoyando las manos
contra el cristal donde descansaba la suya—. Tranquila. Respira.
Pero no importaba cómo tratara de arrastrar aire a sus pulmones, no
podía obtener suficiente, hasta el punto de que su cabeza se volvió confusa
y la imagen de él borrosa.
—¡Klaus, haz algo!
Pero si Klaus respondió, no lo sabía.
Se desmayó de nuevo.
38
Casa segura
Traducido por mariana90
Corregido por dai_alvarado

—L
a tenemos. Estamos en la casa de seguridad, tú sabes
cuál. —Klaus se quedó en silencio por un instante
mientras tomaba una respiración—. Va a querer verte
cuando se despierte.
Luka terminó la llamada, colocando su teléfono en el bolsillo, mirando
al hombre frente a él. Era nuevo para él, no lo recordaba de su tiempo en
Berat, pero Luka se aseguró de que entendiera la gravedad de la parte que
desempeñó en esto. No importaba que, como dijo, solo acompañó a Fatos
y en realidad no puso un dedo sobre Alex. No, eso no le importó al monstruo
que se llevó a Luka.
—¿Cómo sabía de ella? —preguntó Luka, la pregunta lo atormentó
durante todo el trayecto.
Nadie, a excepción de los más cercanos a él podrían haber sabido
que Alex era todo para él. Solo podía significar que fue alguien dentro de la
Bratva.
Ahora, solo quería un nombre.
—Una mujer. Eso es todo lo que sé.
Y con eso, Luka tenía su respuesta.
—Por favor —dijo, las palabras salieron raras ya que Luka sacó un gran
número de dientes... y fue lo más pequeño que le hizo al rostro del hombre,
por no mencionar el resto de su cuerpo—. Solo mátame. Por favor.
Esas palabras le habrían complacido más una hora antes de que Alex
fuera llevada, pero ahora no le hicieron nada.
Con un movimiento audaz, Fatos le dijo todo lo que tuvo demasiado
miedo de reconocer.
Estaba fuera de tiempo.
Tomando su cuchillo, el mismo con el que entró, Luka cortó la
garganta del hombre y se alejó.
Con cada paso que daba, escuchó el tictac del reloj.

***

—Pensé que te odiaría el día que Anya me dijo que estaba


embarazada —comenzó Mishca cuidadosamente cuando se dio cuenta
de que despertó.
Mientras volvía poco a poco a la conciencia, se dio cuenta de que
ya no se encontraba en el ataúd de cristal, pero si en una cama de la que
nunca quería salir. Además de un dolor de cabeza y los recuerdos de la
oscuridad más absoluta, no hubo otro recordatorio de que fue enterrada no
hace mucho tiempo.
Mishca se hallaba a su lado en la cama, la arropó en su costado,
recordándole un momento en el que hicieron lo mismo. Antes de París, antes
de que siguiera los pasos de Mikhail...
Aquí, aunque no sabía por cuánto tiempo, estaba a salvo.
Moviéndose, así podía verlo mejor, esperó a que continuara.
—Pero el día en que naciste, aun cuando gritaste a todo pulmón, te
amé más de lo que creí posible. Y con esa comprensión, sabía que quería
protegerte de todo, incluyendo la vida que finalmente llevaría. —La miró
entonces, a pesar de la leve sonrisa, había tristeza en sus ojos—. Fallé en eso.
—Mish...
—Todavía no —dijo cuidadosamente—. No quiero tu perdón. No hasta
que esto termine. Y aun así... No estoy seguro de si vas a estar dispuesta a
ofrecerlo.
No segura de cómo responder a esas graves palabras, Alex cambió
de tema.
—¿Dónde está Lauren?
—En casa.
—Y sabe que yo... —No podía decirlo.
—No. Si se lo hubiera dicho, se habría preocupado más de lo
necesario.
—Bueno.
El sonido de gritos atrajo su atención de Mishca a la puerta cerrada.
Sabía quién venía por ella sin tener que escuchar su voz. Y con ese
conocimiento, su corazón martilleó una vez más. Además de su hermano, él
era la otra persona que necesitaba desesperadamente ver.
Un grito agudo de dolor sonó fuera de la puerta, y la voz de Luka, más
fuerte de lo que nunca la escuchó, la hizo sentarse con la espalda recta, ya
anticipando el momento en que estaría allí a su lado.
Mishca se deslizó de la cama cuando la puerta se abrió de golpe,
Luka se encontraba de pie en la entrada con ojos salvajes. A pesar de la
compañía en la habitación, solo tenía ojos para ella. Pero no era solo el que
ignorara a Mishca, percibió Alex. Su hermano apenas le dio un vistazo
cuando salió de la habitación sin despedirse, cerrando la puerta al salir. A
pesar de la ilusión de privacidad, sabía que no iba a ir muy lejos.
Salió de la cama en un instante, prácticamente arrojándose en sus
brazos mientras se aferraba a él. Sentía la tensión alejándose mientras sus
brazos la rodeaban y apretaban, quitándole el aliento.
—Lo siento —susurró, sus labios en su oído. Lo dijo de nuevo más suave,
como si necesitara decirlo de nuevo para que sea verdad.
Pero no era él quien creía que debía disculparse. No era como si fuera
su culpa. E incluso con los enemigos que su familia cosechó en los últimos
años, no culpó a Mishca tampoco. No, la culpa era exclusivamente de la
persona que la enterró.
Se estremeció, pensando en cómo sonó la tierra al chocar contra su
prisión temporal, el olor penetrante de la tierra a medida que más y más
bloqueaban los rayos de luz del sol a través del cristal por ese corto período
de tiempo. Apretando con fuerza los ojos, obligó a esas imágenes a salir de
su cabeza y trató de concentrarse en el presente.
Hubo un montón de veces en su vida en las que sintió miedo, pero no
de esa forma.
Su cabello se hallaba húmedo, su piel también, como si se hubiera
duchado recientemente. Contempló brevemente la razón de eso, pero el
pensamiento de esto huyó mientras se retiró suavemente de su agarre.
El apenas se alejó, y al igual que la noche que destrozó el auto de
Mishca, la miró desde la parte superior de su cabeza hasta la punta de los
pies. Sus manos siguieron el camino de sus ojos, a la deriva por debajo de su
camisa, a lo largo de sus hombros, a lo largo de su caja torácica, y bajo su
estómago plano.
No se dio cuenta de los moretones en las muñecas y los brazos hasta
que se quedó con ellos.
—¿Los viste?
Tenía que recordar, mientras Luka le hacía esa pregunta, que no se
sentía molesto con ella porque la espeluznante manera tranquila en que le
preguntó hizo que el miedo se deslizara por su columna.
—Fue rápido, pero hubo al menos dos de ellos, y ambos tenían
máscaras. Lo siento, yo no…
—Respira. Lo estás haciendo bien. Solo termina.
Pero por la forma en que su cuerpo se tensó, se preguntó lo que le dijo
para llevarlo a esa reacción. No tuvo la oportunidad de contarle a Mishca
lo que pasó, pero tal vez también sabía que Luka lo obtendría de ella, y
luego se lo transmitiría.
—Había una furgoneta blanca, pero eso es todo lo que recuerdo
porque que uno de ellos me golpeó y me noqueó. —Alex apartó la mirada,
tratando de no hiperventilar mientras pensaba en ese momento—. Lo
siguiente que supe, me hallaba en un ataúd, y pude escuchar estando allí.
Él sujetaba un objeto de metal, la pala creo, y no dejaba de golpearla
contra el suelo. Cada vez dejaba caer más tierra sobre mí, me dijo cómo
sería una vez que estuviera enterrada. No le importaba que estuviera
suplicando. Era como si disfrutara más.
La hizo callar a continuación, presionando sus labios en su frente por
un momento, con ganas de calmarla. Ayudó, pero no sabía cuánto tiempo
lo haría.
—Sabes que lo encontraré, ¿verdad?
—Por supuesto, pero no quiero que te hagan daño por esto. Sobre mí.
—Aleksandria. —Fue la primera vez que dijo su nombre en su totalidad
en todos los años que la conocía—. Voy a quemar esta jodida ciudad hasta
los cimientos si tengo que hacerlo.
La besó en la frente, una promesa en sí misma, y luego le dio un beso
tan a fondo que le quitó el aliento.
Tan rápido como llegó, se marchó de nuevo.
—Necesito irme.
Alex no tenía intención de aferrarse a él tan fuerte como lo hizo, pero
en el momento que dijo esas palabras, su mano agarró su bíceps,
prácticamente tratando de obligarlo a quedarse.
—No puedes irte.
—Tengo que terminar esto. —Sus manos apretadas en puños al decir
esto, entonces, se veía cansado de repente—. Quédate y descansa. Nadie
puede llegar a ti aquí.
Sin otra alternativa, asintió, observándolo marchar. No era por ella que
sentía miedo ahora, sino por los hombres que perseguiría.
Sin importar las diferentes personalidades, entre los tres —Luka, Mishca,
y Klaus— cuando se trataba de venganza, todos estaban de acuerdo.

***

El alivio momentáneo que Luka sintió al ver a Alex segura duró poco
ya que su mente trabajaba con las posibilidades de cómo esto podría haber
sucedido y todo lo que significaba.
Justo en el pasillo, Mishca y Klaus esperaban, sus rostros
cuidadosamente inexpresivos. Pero Mishca no fue tan cuidadoso y Luka vio
la única cosa que tenía la esperanza de no volver a ver en los ojos del
hombre.
Sospecha.
Luka no pensó que conectara todas las piezas todavía, pero era una
suposición bastante fácil que esto era debido a él. Si hubieran querido
hacerle daño a Mishca, podrían haber ido fácilmente tras Lauren.
No, lastimando a Alex, mientras afectaba Mishca, apuntaba
exclusivamente a Luka.
—Voy a encargarme de esto —dijo simplemente, continuó sin
molestarse en explicar más mientras el teléfono de Mishca sonó.
Pero mientras se dirigía a su jeep, Klaus pegado a sus talones.
—¿Qué vas a hacer al respecto? —preguntó Klaus.
No queriendo reconocer que habló, Luka continuó, pero Klaus no era
para ser ignorado.
—Acerca de Fatos. El albanés. El que ayudó a mutilarme. Ah, y el hijo
de puta que puso Alex en un ataú…
Se interrumpió cuando Luka se volvió tan rápido que Klaus estuvo a
punto de chocar con él, pero se contuvo justo a tiempo para no golpear su
espalda. Cruzando los brazos sobre el pecho, esperó, sin inmutarse por la ira
en los ojos de Luka.
—Acabar con ello.
Klaus, quien nunca pareció preocuparse por las decisiones de Luka,
se quedó pensativo por un segundo.
—¿Puedes?
Nadie pensaba que sería capaz de hacerle daño a Fatos. No en todos
los años que pasaron juntos.
Ni siquiera el mismo Luka.
—Era solo cuestión de tiempo —Se encontró diciendo mientras subía
al Wrangler, colocando la llave en el contacto—. Pero solo puedo correr por
un tiempo determinado.
—Sabes entonces que el ruso sabrá lo que has hecho.
Deseaba otra cosa, pero...
—Era solo cuestión de tiempo.
Antes de Fatos, sin embargo, tenía otra parada que hacer.
39
Respira… respira
Traducido por Maeh
Corregido por dai_alvarado

L
uka se detuvo bruscamente frente al viejo edificio, casi
arrancando las llaves de la ignición mientras salía y se dirigía
directo a la entrada. No tenía que preocuparse por ningún tipo
de vigilancia, no en este barrio. Al menos eso, era un pequeño favor.
Demasiado impaciente para esperar el ascensor, tomó las escaleras
de dos en dos hasta que llegó al quinto piso, empujó la pesada puerta de
metal al final del pasillo. Sus dedos se flexionaron cuando se enfrentó a la
puerta cerrada que se alzaba frente a él, pero antes de que pudiera tirarla
abajo como quería, controló el impulso y levantó su puño para golpearla en
su lugar.
Uno segundos fue todo lo que necesitó, y cuando Natasha abrió la
puerta, sonriéndole con sorpresa, se las arregló para ocultar su ira lo mejor
que pudo. Allí estaba, el interés en sus ojos, e incluso mientras irradiaba
maldad, no le importaba. Eso nunca le molestó antes.
—¿Puedo pasar?
Vaciló, mirando detrás de ella, aunque no sabía por qué. Si alguien
hubiera estado allí, no habría respondido a la puerta o al menos, no
demasiado como para que viera el interior. Mirando de vuelta hacia él,
finalmente asintió y caminó a un lado para que pasara.
Cerrando la puerta detrás de ellos, permaneció allí y observó cada
uno de sus movimientos. No podría haber sabido de Alex, no existía alguien
que le dijera, pero podía ver en su lenguaje corporal que se sentía nerviosa
por tenerlo en su casa. Incluso si hubiese tenido dudas de que estuvo
involucrada en eso, desaparecieron.
Fingir era fácil, alzó los brazos, rozando con sus dedos su cabello
mientras lo sacaba de su rostro. La acción subió el dobladillo de su camiseta,
lo suficiente para que su mirada se dirigiera inmediatamente allí. Lo hizo a
propósito, asegurándose de que se diera cuenta que no estaba armado, no
que eso hiciera mucho por ella, pero tuvo el efecto deseado. Se relajó un
poco, alejándose de la puerta mientras se dirigía a su alrededor y entraba a
la cocina donde tenía una copa de vino descansando en el mostrador.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, tomado un sorbo—. ¿Pensé que no
me querías ya?
Y todavía no lo hacía.
—Necesitaba verte.
—¿Oh? ¿Y Alex está bien con eso?
Era una cosa incorrecta de decir, e incluso se dio cuenta de eso
cuando sus ojos se abrieron mientras rodeaba la isla para llegar a ella.
Sabiamente dio un paso atrás, pero no había lugar al que pudiera ir con el
refrigerador a sus espaldas.
—Fatos. ¿Qué te ofreció?
Ella negó incluso antes de que la oración hubiera salido completa de
su boca, viendo hacia sus pies.
—No sé quién es.
—Me has conocido por tres años, y en ese tiempo, ¿cuántas personas
han venido a ti debido a mí?
—¿Sí? Pero dónde está tu lealtad hacia mí —replicó, girándose hacia
él—. Te lo di todo, pero me diste la espalda al momento en que ella llamó.
Él comprendió su dolor una vez, incluso se disculpó aunque no sentía
la necesidad de hacerlo. Porque ella quiso eso de él incluso cuando no lo
pidió.
A pesar de su actuación ahora, su necesidad por apartarlo de lo que
realmente quería saber, no funcionó esta vez.
—¿Qué le dijiste?
Ella tragó visiblemente, encontrándose con su mirada.
—¿Te hizo algo? Dijo que no iba a herirte.
No sabía lo que hizo, nadie lo sabía, pero pudo adivinarlo, y a
menudo, la imaginación de una persona era peor que cualquier historia
contada.
—Luka, por favor. Nunca podrías ser feliz con ella. —Trató de
explicarse.
Luka llegó detrás de ella, sus manos deslizándose alrededor de sus
hombros, presionándola contra él. Lloraba, disculpándose por su parte,
relajándose en su agarre mientras creía que trataba de consolarla.
Pero la única cosa en la que podía pensar era cómo Alex sufrió por su
culpa.
—Te lo advertí una vez —susurró cerca de su oído, su agarre
apretándose más—. Jamás me traiciones.
Ella balbuceaba, jadeando por respirar mientras trataba de liberarse,
pero Luka era más grande y fuerte de lo que ella era. Por un poco más de
un minuto, la sostuvo de esta manera, no dejándola ir incluso cuando sus
brazos cayeron a los lados y su cuerpo se relajó.
No, espero hasta que el último latido de su corazón se redujo a nada
antes de dejarla caer en una silla.
Por una vez, no se quedó y esperó a que el remordimiento lo golpeara.
Todavía tenía a alguien más que ver.
40
Sin palabras
Traducido por Maeh
Corregido por dai_alvarado

É
l la sostuvo apretadamente.
Luego de Natasha y una conversación con Fatos que no fue
bien, Luka no quería nada más que pasar cada momento que
podía con Alex.
Permanecieron en la casa de seguridad, ese era el único lugar en el
que podía garantizar su seguridad. Cuando caminó a través de las puertas,
los hombres mantuvieron la distancia y le dieron una mirada interrogante,
inmediatamente fue a la habitación de Alex, asegurándose de que estaba
donde la dejó. Dormía profundamente y se mantuvo así incluso cuando se
duchó y vistió, deslizándose en la cama a su lado.
Luka fue cuidadoso al deslizar su brazo alrededor de ella, acercándola
a él. Pronto, se dio la vuelta, colocando su mano sobre su corazón,
suspirando en sus sueños, como si el simple acto le trajera paz.
El agotamiento le pesaba, por todo lo que tuvieron que hacer al
intentar terminar con Fatos y los otros albaneses. Pero era solo un hombre
tratando de luchar una batalla que no tenía esperanzas de ganar, y
finalmente estaba listo, dispuesto a aceptarlo.
¿Quería darse por vencido?
Todo en su interior se rebeló ante la idea de nunca ver a Alex de
nuevo, nunca ver la manera en que sonreía cuando la hacía reír, la emoción
en esos enormes ojos cuando era realmente feliz. Ahora que tenía algo para
llamar realmente suyo, alguien que le hacía creer de nuevo, tenía que
dejarlo ir.
Y lo haría, si eso significaba mantenerla a salvo.
Sabía los riesgos. Más que nada, ella era su debilidad. Fatos explotó
eso, y continuaría haciéndolo hasta que Luka cediera. Era el juego que le
gustaba jugar.
La vida es todo acerca de decisiones, le dijo Fatos por teléfono, una
burla para meterse bajo su piel. Y sucedió. Las palabras hicieron su camino
a su interior, plantándose, constantemente jugando una y otra vez con su
cabeza.
Podría quedarse, revelarle la verdad a Alex, arriesgarse con el jefe de
Bratva, y esperar lo mejor. Pero si fuera por esa ruta, Fatos vendría después
por él. No habría una guerra contra la Bratva. Solo vendría por Alex, sin
importar dónde fuese, sin importar quién estuviera allí para protegerla.
Entonces, solo porque lo deseaba, iría después por Lauren, tal vez hiriéndola
o a su hijo no nacido.
O…
Luka podría hacer lo que debió hacer años atrás. Entregarse a los
albaneses y hacer lo que hacía mejor. Pelear su camino fuera. Por supuesto,
si Fatos pensara que Luka haría esa elección, no lo daría por hecho.
No, tenía que sentir que ganó, como si hubiera derrotado a Luka, lo
cual era algo que nunca fue capaz de hacer desde que eran niños. Ahora
no se perdía la codicia y celos que vivían dentro de Fatos. Simplemente no
sabía cómo lo pasó por alto durante tanto tiempo.
La única cosa que podía hacer ahora era perder voluntariamente
porque no se trataba de él —incluso no de la Bratva o lo que tuvo que
hacerle a Klaus hace tantos años— era acerca de mantener a su chica libre
de peligro.
Incluso si Luka era ese peligro.
Muy pronto, lo perdería todo.

***

Por los siguientes tres días, todo excepto la radio se mantuvo en


silencio. Mishca desapareció con Klaus, dejando a Luka para vigilar a Alex.
Mientras se sentía curioso por saber dónde fueron, no se molestó en
averiguar más, no cuando podía pasar su tiempo con Alex.
Se recuperaba lo suficientemente bien. No parecía tener ningún
trauma prolongado por ser enterrarla viva, pero Luka la observaba,
esperando por cualquier señal de que se rompía. La mantuvo ocupada
recordándole su próxima audición, y desde que eso era mañana, pensó que
se sentiría mejor si pasaran la última noche juntos fuera de la casa de
seguridad.
—Vamos a regresar a mi casa —dijo empacando lo último de sus
cosas—. Dime, ¿cómo logras acumular tanta mierda cuando solo hemos
estado aquí por algunos días?
Alex puso los ojos en blanco, abotonando sus pantalones mientras iba
por sus zapatos.
—No olvides que tú trajiste todo.
Ah, solo así.
—Y estoy bien con quedarme aquí.
Luka no quiso ir demasiado lejos, sabiendo que podía leerlo mejor que
nadie.
—No puedo follarte aquí, hay demasiados oídos. —Sonrió aunque se
sentía falso—. A menos que estés en ese tipo de cosas…
—Por supuesto —respondió ondeando su mano—. Salgamos de aquí.
Además, creo que Loki me extraña.
Luka vaciló por un momento, tirando de la correa de su bolso sobre su
hombro.
—Sí, lo hace. Te encargarás de él, ¿cierto? ¿Si no estoy alrededor?
—¿Por qué no estarías alrededor?
—Solo bromeo.
Como si pudiera leerlo, pudo ver la variedad de emociones corriendo
a través de su rostro. Miedo. Sospecha.
—Por supuesto, lo haré. Lo amas y yo… yo lo amo, también.
Sabía lo que estuvo a punto de decir, y ese pensamiento lo hizo
ponerse tanto eufórico como triste.
Aclarando su garganta, Luka alejó la mirada de ella.
—Salgamos de aquí.
El camino desde la casa de seguridad hacia la de Luka fue bastante
largo, ya que tomó medidas preventivas para asegurarse de que nadie los
seguía. Loki los esperaba tan pronto como abrieron la puerta. Él fue hacia
Alex primero, mostrándole todo el amor que posiblemente deseaba.
Verlos a ambos juntos le dijo a Luka todo lo que necesitaba saber.
Cuando se fuera, Loki estaría en buenas manos.
Con una última rascada a las orejas de Loki, Alex se puso de pie,
viendo a Luka con una expresión que no podía confundir.
—Creo que me prometiste algo, Luka.
Riendo, la llevó a su habitación y le dio exactamente lo que quería.
Por horas, la saboreó, queriendo recordar todo acerca de esta noche,
queriendo mantener una parte de ella para sí mismo.
Necesitaba esto…
Antes de que no le quedara nada.
Por un largo tiempo, Luka se mantuvo despierto, desde hace mucho
tiempo que Alex se durmió a su lado, el brazo que tenía alrededor de él tan
apretado incluso en sueños, como si estuviera asustada de que se deslizara
lejos en medio de la noche.
Luego de esta noche, sabía que se quedaría sin tiempo.
Fatos siempre fue propenso a una conducta imprudente, pero lo que
hizo… estaba determinado a asegurarse de que Luka supiera que no se iría
lejos tranquilamente.
Estando en la tranquilidad de su casa, Luka también sabía que era
hora de que pagara por sus pecados.
Se movió, trayendo a Alex más cerca, si eso fuera posible, una mano
enredada en las finas hebras de su cabello. Disfrutándola por el tiempo que
pudiera porque sabía, con cada parte de su ser, que esta sería la última vez
que sería capaz de tener esto con ella.
Aunque no podía divisar los rasgos de su rostro en la oscuridad de la
habitación, miró fijamente hacia ella, trazándolos con ligeros roces de las
puntas de sus dedos. Era feliz con la paz que finalmente fue capaz de
encontrar. Una paz que últimamente fue capaz de ayudar a darle. Si no
existía nada más que pudiera llevarse con él, algo hecho sin ningún tipo de
recompensa, finalmente lo hizo bien.
Te amo, Alex… y no te lo digo para que lo digas de vuelta. Lo estoy
diciendo para que lo sepas en caso de que nunca tenga la oportunidad de
decirte…
Pero entonces… no podía decir las palabras en voz alta, no porque
tuviera miedo, sino porque temía que no pudiera estar alrededor lo
suficiente como para demostrárselo a ella.

***

A altas horas de la noche, primeras horas de la mañana, Alex


despertó, acomodándose poco a poco mientras parpadeaba abriendo los
ojos.
Luka todavía seguía a su espalda, su pecho alzándose y cayendo con
cada respiro que tomaba, pero existía una tensión dentro de él que el sueño
no quitaba.
Ahora más que nunca, sabía que algo le molestaba, y lo consumía.
No podía dejar de notar que le mostraba más afecto de lo usual, no es que
no lo hiciera de otro modo.
Luka nunca susurraba cosas dulces. No se mantenía constantemente
anunciándole su amor, pero Alex no dudaba de su amor por ella. Lo sentía
en cada cosa que hacía. Desde la forma en que le preparaba la cena,
constantemente intentando nuevas recetas para impresionarla. La forma en
que escuchaba cada cosa que decía de una manera que no la hacía
dudar que de hecho realmente escuchaba lo que decía.
Pero más que todo eso existían las noches que pasaban juntos. No
importando que cayera dormida antes que él, se deslizaría, cuidando de no
moverse demasiado mientras quedaba a sus espaldas, su brazo
deslizándose alrededor de su cuerpo. Colocaría su mano por debajo de
cualquier camisa que estuviera usando, las yemas de sus dedos dirigiéndose
por su estómago hasta que reaccionara.
No podía asegurarlo, no cuando no estaba dispuesto a compartirlo,
pero no podía sino sentir algo malo, algo peor que ser enterrado vivo,
viniendo hacia ellos.
41
Elecciones
Traducido por Valentina D.
Corregido por Taywong

—¿Q
ué sucede?
Lo intentó. Dios, eran tan obvio cómo trató de
forzar una sonrisa para hacerla sentir mejor,
pero ahora era demasiado fácil para ella leerlo
y las emociones que trataba de ocultar. Desde que fue enterrada en ese
almacén, las cosas solo se pusieron peores con él, pero no de una manera
que ella entendiera completamente.
Era obvio que se sentía culpable por lo que le había sucedido. No
importaba cuántas veces ella le dijo que no era su culpa, aceptó su palabra,
pero no parecía estar mejor. La mayoría de los días se iba más de lo que
permanecía en casa. Trató de no hacer un gran problema de eso
considerando que no quería sofocarlo, pero empezaba a sentir que se
alejaba de ella, y no sabía cómo hacer que se detuviera.
—¿No deberías estar preparándote? —-preguntó él, sin mirarla—. No
quiero que llegues tarde.
Era evidente que estaba evitando la pregunta, pero se negó a
ignorarlo.
—Luka, habla conmigo.
Pero él la ignoró, yendo hasta el pequeño cofre en la esquina de su
habitación, sacando una pistola y un cargador. Eso no hizo nada para
hacerla sentir mejor.
Cualquiera que dijera que los perros no podían discernir la emoción
humana obviamente no pasaron tiempo alrededor de uno.
Mientras Luka ponía el cargador en su lugar, colocando la pistola en
la parte baja de su espalda, prácticamente podía sentir la mirada
penetrante de Loki en él, como si también supiera que esta vez era diferente.
Cuando él se movió hacia la puerta, Loki, su siempre leal compañero,
trató de caminar detrás de él. Luka sacudió la cabeza una vez, una orden
silenciosa para que Loki se quedara, pero no lo hizo. Agachándose, Luka lo
alcanzó, alisando una mano sobre el pelaje en la parte superior de su
cabeza.
Rompió su corazón al ver a los dos de esa manera. No importaba que
no se dijera nada, podía sentir el cambio en ellos.
—Cuidarás de ella, ¿verdad? —susurró Luka tan bajo que casi no lo
escuchó—. Y cualquiera que le de mierda, tienes mi permiso para morder
un pedazo de su culo, ¿de acuerdo?
Se levantó de nuevo, listo para marcharse una vez más, pero Loki
gimoteó, dando un paso en su dirección.
—Quieto. —La orden incluso hizo saltar a Alex—. No puedes ir conmigo
esta vez.
Por lo que él le dijo, Alex sabía que Loki había sido su única compañía
durante los últimos años. Por la forma en que hablaba… como si nunca fuera
a volver…
—Luka…
—Vámonos.
Sin mucha elección, Alex agarró su bolso y lo siguió.
Mientras conducían juntos hacia el estudio en el corazón de Chelsea,
Alex alcanzó entre ellos, agarrando su mano y sosteniéndola como una
cuerda de vida.
Cuando llegaron, y Luka puso su Jeep en el estacionamiento, ella se
sentó con él, deshaciendo su cinturón de seguridad para enfrentarlo mejor.
—No estás planeando nada demasiado loco, ¿verdad? ¿Estarás aquí
cuando salga?
Luka miró fijamente hacia delante, sus ojos siguiendo la línea de autos
que conducían cerca.
—Esto… toda esta mierda con los albaneses… cuando salgas de aquí.
—Señaló el edificio a su derecha—. Estará hecho. Estarás a salvo. Eso te lo
prometo.
—Luka…
La interrumpió con un beso, uno que pudo haber hecho que sus dedos
de los pies se curvaran si no fuera por su conversación… o la falta de ella.
—Sé buena.
Quería quedarse con él, pero ya se estaba apartando de ella.
Suspirando, Alex salió y cerró la puerta. Se giró para mirarlo antes de que se
pudiera ir.
—Ten cuidado, Luka.
Esperó en esa acera hasta que se retiró y su Jeep desapareció en el
mar de otros autos.

***

Luka estacionó frente a la vieja piedra arenisca, reclinándose en el


asiento e ignorando su teléfono zumbando a su lado en el asiento vacío del
pasajero.
Su tiempo había terminado y lo había aceptado, pero no caería solo.
Alcanzando su asiento, sacó otra Glock 7, quitando el seguro. No tenía
suficiente munición para eliminar a todo el mundo, en realidad no sabía
cuántos se hallaban en la casa, pero tenía suficiente para lo que
necesitaba.
Antes de salir, pensó en Alex: su sonrisa, su risa, y dejó que su imagen
lo tranquilizara. Si pudiera hacerlo, entonces esa sería la última imagen que
pensaría antes de morir.
Saliendo, Luka tomó una respiración calmante, dejando que el eco
del latido del corazón en sus oídos lo guiara mientras se dirigía a la puerta.
Tocando el timbre, esperó un segundo, otro, entonces retrocedió y la abrió
de golpe, sorprendiendo al hombre que venía por el pasillo. Dos disparos al
pecho lo hicieron caer, haciendo que el resto de hombres gritaran de
sorpresa, el sonido de pies corriendo.
Disparó a dos más antes de que devolvieran el fuego. Agachándose
detrás de una esquina, contó cada tiro, esperando una pausa antes de que
se inclinara, disparando más rondas.
De ida y vuelta siguió hasta que Luka tuvo que lanzar su arma,
sacando la otra de la pistolera en su espalda.

7 Pistola semiautomática.
Esta vez, no permaneció oculto, pero se movió audazmente hacia los
otros, disparando a tantos como pudo hasta que el arma también estuvo
vacía.
Luego, solo contaba con la fuerza bruta.
Golpeando a uno, cayó con un golpe, su cuerpo se desplomó en el
suelo, pero más estaban sobre él, arrastrándolo y golpeándolo con la culata
de una pistola. Su rostro estalló de dolor, pero eso solo lo hizo reír mientras
retrocedía, pateando para golpear al hombre en la ingle.
—¡Solo dispárale! —gritó alguien.
Finalmente, la única cosa que Luka estuvo esperando. No podía
manejarlos a todos, sabía eso antes de venir aquí, pero si quería a salvo a los
que amaba, tenía que darse a sí mismo a los albaneses… pero no se dejaría
vencer sin pelear.
Y luchando, por lo general, conseguía matar a uno.
Si estuviera muerto, no habría razón para que Fatos y los demás
permanecieran en Nueva York,
Alguien blandió un arma, y Luka no se molestó en mirar al rostro del
hombre que iba a matarlo. No le importaba.
—¡Esperen!
Luka se tensó ante el sonido de la voz de Fatos, estirando su cabeza
para obtener una imagen de él.
Cuando entró en la habitación, se movió tranquilamente, como si
tuviera todo el tiempo del mundo.
…Como si hubiera sabido que Luka vendría.
—¿Es esta la manera de tratar a un viejo amigo? —preguntó mientras
sacudía la cabeza, como si estuviera decepcionado de las acciones de
Luka.
Levantó el teléfono de Luka para que lo viera, dándole una pequeña
sacudida. Casi, como si pudiera sentir el problema en que él estaba, el
teléfono empezó a zumbar de nuevo con el nombre de Alex apareciendo.
Sacudiendo la cabeza, Fatos silenció la llamada.
—Dime. ¿Quién está allí para proteger a tu muñequita ahora que estás
aquí conmigo? Podría haber hombres esperando por ella fuera de ese
estudio incluso ahora…
Cuando Luka se sacudió hacia él, varias pares de manos lo agarraron,
obligándolo a arrodillarse.
—¿Qué quieres, Fatos? ¡¿Por qué no me matas y acabas con esto?!
—No quiero que mueras. Quiero que vivas. ¿Cuántas veces te he
ofrecido un lugar a mi lado? Todo será perdonado… eventualmente.
—No lo quiero.
Fatos frunció el ceño.
—¿Prefieres dar la vida por esos rusos? ¿Qué te han dado que yo no?
¿Qué no te daré?
—Todo.
—Bien. —Sacó su propia pistola, nivelándola en la frente de Luka—.
Entonces puedes morir como querías, y después de que acabe contigo,
también mataré a esa putita tuya, pero no hasta que la folle hasta sangrar.
Luka no perdió los estribos. No tenía sentido.
—¿Qué quieres, Fatos?
—Si no quieres gobernar a mi lado, hermano, entonces puedes
responder por lo que has hecho en contra de la Organización.
Luka se burló.
—Mishca no…
—¿Mishca? El ruso que estás protegiendo tanto te vendió. ¿Cómo
crees que sabía que elegirías hoy para atacarme? Incluso sin tus actos
frívolos, soy libre de arrastrar tu trasero a Albania y no hay nada que puedas
hacer para detenerme.
Las palabras le fallaron cuando Fatos habló. Eso no podía ser cierto.
No después de todo…
—Él no lo haría.
—¿No? —Fatos parecía muy feliz mientras sacaba otro teléfono del
bolsillo, tecleando algunos botones antes de que la voz de Mishca llenara la
habitación.
—¿Él hizo todo esto? —preguntó Mishca.
—¿Por qué mentiría? —preguntó Fatos a cambio—. Si una parte de ti
no me creyera, dudo que todavía estarías aquí sentado conmigo, ¿no?
—Y quieres que te lo entregue. ¿Por qué no lo mantendría? ¿Tenerlo
para que responda por lo que le hizo a mi hermano?
—Porque, ruso, solo yo sé lo que realmente lo romperá. Tú no
entiendes. Valon pudo soportar las torturas más duras y nada de lo que
puedas pensar podrá hacerle daño de la manera en que yo puedo… la
manera en que estará en casa en Berat lo hará. Esto, también, lo sabes.
Mishca permaneció en silencio por un tiempo, luego regresó y dijo—:
No se irá sin una pelea, y dudo que se vaya primero sin golpear contra ti por
lo que le hiciste a mi hermana.
—Ella nunca fue dañada… no realmente. Pero tú si arremetiste contra
varios de mis hombres, tú y tu mercenario. ¿Creo que todo está perdonado
en ese frente?
Mishca parecía ignorar esto.
—Dentro de dos días, mi hermana tendrá una audición. Sospecho que
Luka vendrá por ti entonces. Esa es tu única oportunidad de llevarlo vivo.
Pero, antes de que te vayas con él, necesito escuchar las palabras de su
boca. Tráemelo. Después de que me diga lo que quiero escuchar, puedes
hacer lo que quieras.
La grabación terminó, Fatos mirando a Luka con suficiencia.
—La lealtad es difícil de conseguir, ¿verdad?
—Incluso si me llevas, no hay garantía de que ninguno de ellos esté a
salvo de ti.
Fatos se encogió de hombros.
—Cierto. Parece que tu ruso falló en recordar eso.
Luka lo miró fijamente, asegurándose de que Fatos pudiera ver lo serio
que era.
—No se trata de él. Esto es sobre mí. ¿Quieres llevarme? Tú, más que
nadie, sabe de lo que soy capaz, y te prometo, no lo haré fácil. —Luka lamió
sus labios—. Pero… si me das lo que quiero, iré contigo… voluntariamente.
—¿Qué quieres, exactamente?
—Primero, nadie afiliado a la Bratva será herido por ti. Especialmente
Alex.
—No puedes…
—De acuerdo o no.
—Bien, de acuerdo.
—Y yo hablo con Alex. No Mishca.
—¿Quieres que ella sepa cómo trataste de matar a su hermano?
Claro, por supuesto.
No, él quería que ella supiera la verdad.
Incluso si no pensaba que sería capaz de manejarlo.
42
Volver al principio
Traducido por Taywong
Corregido por *Andreina F*

A
lex se encontraba en pánico.
No importa que todo el mundo parecía estar en el borde,
incluso Mishca que rara vez parecía exhausto. Fuera lo que
fuera, dudaba que acabara de terminar con lo que le
sucedió. Sabía que algo grave ocurría sólo por el hecho de que Mishca
llamó a Celt, un amigo de Klaus que trabajaba como mercenario. Parecía
lo suficientemente agradable, su acento irlandés una delicia para escuchar,
pero Alex se sentía más preocupada por Luka de lo que sucedía aquí.
No había contestado a su teléfono, y lo estuvo llamando docenas de
veces después de su audición. Había estado tan emocionada,
especialmente cuando le pidieron que regresara para otra actuación. Le
dijo a principios de la semana que vendría a recogerla después y que
saldrían a celebrar, sin importar la respuesta que obtuviera. Esta mañana, sin
embargo, no mencionó nada al respecto. Había notado cómo se retrajo
hacia sí mismo, pero finalmente aceptó su palabra de que estaba bien.
Ahora deseaba haberlo presionado.
Los hombres se encontraban a un lado, lo suficientemente lejos en el
despacho de Mishca, donde Lauren y ella no podían oírlos. Los dos se
hallaban sentados juntos, y Lauren frotaba su muy hinchado vientre. Parecía
preocupada, su mirada se centró en su marido a través de la habitación. Si
él no se lo había dicho, entonces no existía ninguna posibilidad de que ella
pudiera obtener información de él.
Y peor aún, en su estómago, sintió que todo lo que sucedía tenía algo
que ver con Luka.
Buscando a través de sus contactos, hizo clic en el nombre de Luka,
llevando el teléfono a su oído y escuchándolo. Y timbró. Y timbró. Cuando
siguió sin contestar, esta vez dejó un correo de voz. Tal vez eso le indujese a
llamarla antes.
El sonido del teléfono de Mishca sonando cortó el silencio en la
habitación. Desde el momento en que conectó la llamada, Alex lo
observaba, esperando cualquier señal de con quién hablaba. Siempre
sabía cuando algo le molestaba. Ese tic empezaba en su mandíbula cada
vez que molía sus dientes. Lo que la persona en la otra línea decía, a Mishca
no le gustaba mucho.
Por un instante, Mishca permaneció en silencio, y luego sus ojos se
enfocaron en Alex y se quedaron allí. —Tráemelo.
Su estómago cayó al suelo. —¿Eso fue por Luka? —preguntó antes de
que él pudiera colgar el teléfono.
No respondió, abriendo uno de los cajones y agarrando la nueve
milímetros que guardaba dentro, revisando el clip.
Ahora, era Lauren quien apretaba su pie, mirando a su marido en
alarma. —Mish, ¿qué está pasando?
El hombre en cuestión miró a Klaus. —Llévatela de aquí.
Lauren, quién nunca se había portado bien con las instrucciones, miró
a Klaus. —Tócame y te haré arrepentirte.
Pero Alex seguía concentrada en su hermano, dándose cuenta
exactamente de lo que él no le decía. —Esto es sobre Luka, ¿no? —No era
una pregunta.
—Alex…
—¿Qué vas a hacer? —exigió ella, haciéndose muy consciente del
auténtico poder de fuego y del nivel de habilidad presentes en la
habitación—. ¿Qué hizo él?
Mishca no ofreció una explicación, pero Klaus lo hizo... la última
persona que ella esperaba. —Hay mucha mierda que no sabes de ese
albanés.
—¿Como que su nombre es Valon? Me dijo. Me lo contó todo.
Shock cruzó su rostro por un segundo, sus labios se separaron, aunque
no salieron palabras. Extrañamente, tocó su pecho, frotándose sobre su
hombro, pero una vez que se dio cuenta de lo que hacía, dejó caer su
mano.
—Lo que sea que te dijo, probablemente no era todo. Si tengo que
sacarte de aquí, tú también —dijo con un movimiento de cabeza en
dirección de Lauren—, que así sea.
Intentó agarrarla por el brazo, sus dedos apenas rozando su piel antes
de ella darle una bofetada y dar un paso atrás.
—¡¿Qué mierda está pasando?!
Pero lo que pudo haber conseguido se perdió porque había una
conmoción ruidosa fuera en el cuarto delantero. Antes de que alguien
pudiera detenerla, Alex salió de la habitación primero, ignorando a Mishca
mientras él gritaba su nombre.
Hasta que se levantó, viendo al hombre que se quedó feliz sobre ella
mientras la enterraba viva. Había una pizca de miedo que corría a través de
ella al verlo, pero sabía que Mishca y Klaus, e incluso Celt, no le dejarían
hacer nada más a ella.
No, fue la visión de Luka junto a él lo que sacudió el aire de sus
pulmones.
Algo acerca de la expresión de Luka la preocupaba, sin importarle las
armas que le enseñaron, la mayoría de ellos rifles de asalto. Era al mismo
tiempo tranquilizador y preocupante que le temieran tanto que necesitaban
asegurarse de que no pudiera parpadear sin que el dedo de alguien se
retorciera en el gatillo.
Su cara lucía magullada en algunos lugares, a través de su mejilla y la
parte inferior de su mandíbula, pero eso no era nada comparado con
algunos de los otros que estaban detrás de él. De alguna manera, lo habían
superado, pero era obvio que no se los puso fácil.
Ante la repentina aparición de Alex, uno de los hombres giró su pistola
sobre ella y le gritó algo que no entendió. Sin embargo, antes de que
pudiera registrar la amenaza, Luka arrojó el codo hacia atrás, golpeando al
hombre en el ojo, desarmándolo fácilmente, como si fuera una segunda
naturaleza.
Ahora en control del arma, apuntó hacia abajo en la frente del
hombre.
—Ella no.
Su exhibición no la confundía. Era el hecho de que todos los demás
simplemente lo vieron pasar. ¿Por qué no trataron de detenerlo? Si era su
cautivo, ¿por qué se movía libremente?
Todo sobre esto estaba mal...
Había algo sucediendo, una imagen más grande que ella no estaba
recibiendo.
—Ahora, ahora, Valon. Nadie va a tocar a tu mascota. Sabemos que
te gustan las rubias.
—Fatos —dijo Mishca adelantándose, Klaus a su lado—. Vinieron aquí
por una razón.
Por la forma en que Klaus miraba al hombre, estaba claro que lo
conocía, pero de dónde Alex no lo sabía. Parecía que la única persona
perdida en cuanto a quién realmente era este hombre, era ella.
Alex fue golpeada por un recuerdo, uno de ella y Luka de vuelta a su
lugar durante una de sus conversaciones nocturnas cuando le reveló
fragmentos de su pasado. Fatos era mi mejor amigo, le dijo, pero no era
quien pensaba que era.
No…
No podría ser
Pero cuando miró a Luka, su mirada ahora sobre ella, supo que él
sabía lo que ella pensaba, y la respuesta a su pregunta era sí.
Su mejor amigo la enterró viva.
Y cuando lo vio, esa comprensión nublando sus ojos, pareció
arrepentido, una emoción que no creía haber visto nunca en él, ni siquiera
cuando él la cubrió con la sangre de otra persona.
—Luka, ¿qué está pasando?
Fatos, que miraba hacia delante y hacia atrás entre los dos,
frunciendo el ceño cada vez más presente, habló antes de que Luka
pudiera. —Como acordamos, puedes preguntarle, Volkov, antes de quitarle
las manos.
¿Así que Mishca lo sabía? ¿Los había ayudado activamente?
—Dime —dijo Mishca, esto dirigido a Luka.
Excepto, no era para él, o realmente nadie más que Luka dirigió su
respuesta. No, se explicó a la única persona en la sala que quería supiera la
verdad.
—Hace seis años, me ofrecieron un trabajo. Venir a Nueva York,
secuestrar al hijo de Mikhail Volkov, torturarlo y luego matarlo si no me daba
la información que quería. —Lo dijo todo sin pestañear, sin dudarlo, como si
estuviera recitando una lista que había memorizado—. El problema fue que
no conseguimos el Volkov correcto. Klaus y una chica, Sarah, vinieron a
Nueva York. Lugar incorrecto. Tiempo incorrecto.
Alex se hallaba consciente de que temblaba, pero no se sentía
conectada a sí misma. Esto estaba sucediendo, en realidad sucediendo, y
nadie parecía sorprendido por lo que decía. Tal vez Lauren, pero Alex no
estaba a punto de darse la vuelta para ver. Hasta el segundo que terminó
de hablar, le dio a Luka toda su atención.
—Pasé tres días torturando el infierno fuera de él. Hice todo lo que
sabía para hacerlo hablar, pero no lo hizo. Se negó, en realidad, dijo que no
era quien pensábamos que era. Resulta que tenía razón, pero no me
molesté en comprobarlo hasta después de que Jetmir Besnik encendiera a
su novia en llamas.
Incluso Alex se estremeció ante eso, tomando conciencia de lo tenso
que había sido Klaus.
—No tenía sus estrellas. Era la cosa más fácil de comprobar, pero no
miré hasta después, y para entonces, el daño fue hecho. Estaba apenas
vivo, pero al final, era inocente. Así que hice una llamada a una de las
personas de Mishca.
Ahora, a eso, Mishca y Klaus miraron a Luka con expresión de sorpresa.
Al parecer, esto era algo que ninguno de ellos sabía.
—Él vivió. Maté a unas pocas personas...
—Has asesinado a diecinueve de nuestros hombres —le interrumpió
Fatos con un giro de sus ojos.
—…y dejé todo atrás. Quien sabía de mí murió ese día con la
excepción de Jetmir y Fatos.
—Hace seis años —dijo Alex, finalmente encontrando su voz—. Te
conocí hace seis años. Estabas... así que después de todo lo que hiciste,
viniste... no lo entiendo.
Y no lo hizo. ¿Por qué iba a acudir voluntariamente a ellos, a toda la
gente, a aceptar un trabajo, a abrirse camino en sus pliegues si sabía que,
si alguno de ellos hubiera aprendido la verdad, habría sido asesinado?
—Al principio nadie me buscaba. Lo habrían dejado enterrado, pero
maté a Bastian el año pasado.
Recordaba ese nombre, recordaba lo que le contó de su antiguo...
bueno, no sabía cómo llamarlo. Había sido la noche antes de que ella fuera
a Anya, cuando estuvieron fumando un cigarrillo y la sangre le cubría las
manos.
Protegerla le había costado...
—Una vez perdonado, dos veces me costó una deuda de sangre. —
Su boca seguía abierta, como si estuviera tratando de encontrar las
palabras, algún tipo de explicación para darle, pero al final, él simplemente
dijo—: Lo siento.
Esas dos palabras, más que cualquier otra cosa que acababa de
revelarle, le rompieron el corazón.
—Ahora tienes lo que querías, Volkov —dijo Fatos—. Es nuestro.
Alex trató de ir hacia Luka, necesitando tocarlo, asegurarse de que
esto realmente estaba sucediendo, pero Celt agarró la parte de atrás de su
camisa antes de que pudiera.
—Déjala ir —dijeron Mishca y Luka simultáneamente, pero sólo existía
una persona que Celt realmente escuchara.
—Sí —dijo Fatos como si todo esto fuera un gran evento entretenido
para él—. Que tengan su momento.
Ella no le prestó atención a ninguno de ellos mientras cruzaba el piso,
sus manos se lanzaron hacia el frente de la camisa ensangrentada de Luka
mientras se aferraba a él, con miedo de soltarlo. Vio todo lo que no podía
decir desnudo para que nadie lo viera, y no le importaba nada a su
alrededor. Porque Mishca arreglaría esto. Si él supiera lo que sentía por él, lo
que él significaba para ella, entonces no permitiría que esto le sucediera a
Luka.
No se había dado cuenta de que lloraba hasta que le dio un fuerte
beso en los labios, y se apartó lo suficiente para oírle decir—: No llores por
mí. No llores nunca por mí.
—Por favor, no...
Pero la silenció con otro beso, y éste le dijo lo que el otro no. Él sabía
que esto era un adiós y no estaba luchando.
—Está bien, ya es suficiente.
Fatos le hizo un gesto a uno de sus hombres para que agarrara a Luka,
obligándolo a retroceder.
Ella supo tan pronto como sus ojos se dirigieron a Fatos y luego volvió
a ella lo que iba a decir y no podía manejarlo. —No digas adiós.
Luka negó con la cabeza, incluso cuando Fatos se rio.
—¡No lo digas!
—Au revoir 8, Alex.
—Es hora de irse. Un placer hacer negocios contigo, Volkov. Espero no
volver a verte nunca más.
Cuando dos de los hombres agarraron a Luka, uno a cada lado,
ambas, Lauren y Alex hicieron un sonido de protesta, pero Alex ya estaba
tratando de ir tras ellos, un brazo alrededor de su cintura frenándola.
Ella gritó con todo lo que tenía dentro de ella, luchó tan fuerte como
pudo, pero no pudo evitar detenerlo de que se lo llevaran de ese lugar. Ni

8 “Adiós” en francés.
siquiera después que despejaran la puerta la persona conteniéndola la dejó
ir. No, esperaron durante al menos un minuto antes de liberarla, y el
momento en que fue libre, se dio la vuelta, su puño ya volando antes de que
hubiera terminado ese turno. La fuerza detrás de su golpe forzó a Klaus a
retroceder un paso, pero se recuperó lo suficientemente rápido y no se veía
enojado en lo más mínimo de que ella lo golpeara.
Antes de que pudiera agarrarla de nuevo, ella corría a través de las
puertas, a la calle, mirando en ambas direcciones para cualquier signo de
Luka, pero incluso en ese corto periodo de tiempo, se desvaneció, y no tenía
idea de qué tipo de autos usaban.
La desesperación le apretó el pecho mientras se dirigía de nuevo
hacia dentro, casi no pudo ver con lágrimas nublando su visión. Mishca
permaneció en el mismo lugar, pero Lauren se encontraba fuera de su silla,
su cara mojada de tanto llorar, intentando hacer entrar en razón a su
marido.
—¿Qué estás haciendo? ¡Lo matarán! ¡Lo sabes!
Mishca nunca había sido cruel, no con Lauren, pero la mirada que le
dio era más fría que todo lo que había visto nunca. —Déjalo.
Pero Lauren no se inmutó. —Es Luka… puedes tú…
—Su nombre es Valon Ahmeti. Un ex ejecutor para el Sindicato de
Albania. Uno que trama matarme. Ese delito por sí solo habría conseguido
matarlo aquí.
Lauren miró desconcertada. —¡No me importa una mierda cuál era su
nombre! Él es mi amigo…
—¡Zatknis! 9 No me cuestiones ni lo que hago. Llévenla a casa, y si
malditamente protesta, arrastrarla hacia allí.
Lauren se echó hacia atrás como si hubiera recibido una bofetada,
con su rostro ruborizándose con el calor de su ruda contestación, pero antes
de que pudiera pronunciar una palabra, Mishca le dio la espalda y entró a
la oficina dónde todos habían estado. Klaus susurró algo a Lauren, su mano
en la parte baja de su espalda mientras la guiaba fuera de allí, Celt
siguiéndolos.
Alex se quedó dónde estaba, sin saber qué hacer, pero trataría.
Por Luka.
Lo intentaría por Luka.

9 “¡Calla!” en ruso.
Alex permanecía de pie en la boca de la oficina, viendo a su hermano
sacar una botella de vodka, bebiendo directamente de la botella durante
varios largos segundos antes de arrojarla, rompiéndola, lloviendo vidrio y
alcohol sobre la alfombra del otro lado de la habitación. No sabía cuánto
tiempo tenía. Por lo que sabía, podían estar cruzando la ciudad,
conduciendo a un aeródromo privado. Sabía que no podía enfrentarse a
ellos sola. Necesitaba a Mishca. Él era la única manera en que podía
recuperar a Luka.
—Mish…
Levantó la mano sin mirarla. —No.
—Pero tú no lo entiendes —dijo Alex, forzando las palabras mientras
parecían quedar atrapadas en su garganta—. Lo amo, más de lo que
nunca he amado a nadie. Y.… y no puedes dejar que se lo lleven. Sé que lo
que hizo fue... no lo conoces de la misma manera que yo. Ha estado allí
para mí. Me ha ayudado más de lo que te das cuenta. Te lo ruego…
—Ve a casa, Alex.
—Incluso si estás molesto, entonces sácalo fuera de él de aquí. Lo que
sea. No me importa, pero haz esto por mí. Hazlo porque me amas.
Finalmente la miró, sus ojos sin pestañear. Más enojado de lo que lo
había visto. —No te lo diré de nuevo.
—Tuve un problema con las drogas. Estaba en lo alto de todo lo que
podía conseguir en mis manos. Sea lo que sea que me diera Snow... —Hubo
un brillo de reconocimiento en sus ojos, pero Alex se hallaba demasiado
concentrada en lo que tenía que decir para cuestionar eso—. No me
importó lo que tenía que darle a cambio. Si él quería mi cuerpo, podría
tenerlo. No me importaba. Luka me ayudó. ¿No entiendes? Se quedó
conmigo durante tres días mientras yo sufría por la abstinencia.
Prácticamente me trajo de vuelta a la vida. ¡Cuando nadie más estuvo allí
para mí, él lo hizo!
Mishca se estremeció. En realidad, parecía herido por su admisión. No
quiso hacerle daño en su confesión, pero ya era demasiado tarde para
retirarla.
—Lo siento.
Por un momento, pensó que se disculpaba por no estar allí, no que
pudiera haber sabido mucho desde que ella lo evitó en ese momento.
—Lamento que te hayas enamorado de él. Pero todos respondemos
por las vidas que hemos llevado y las que hemos tomado. Tal vez algún día
me perdones por esto.
El dolor en su pecho comenzaba a expandirse, casi consumiéndola
mientras se ahogaba con más lágrimas. —Si dejas que lo tengan. Si no lo
traes de vuelta, nunca te perdonaré, Mishca. ¿Me escuchas? Nunca te
perdonaré.
No se alejó de su dolor, de sus lágrimas. Se enfrentó a ellas con la
misma mirada de indiferencia que Mikhail le mostró hace tanto tiempo.
—Ya está hecho.
CUARTA
PARTE
El amor en mi corazón es un grito perdido para siempre
perdido como el vuelo de la golondrina,
buscando por ti y nunca, nunca
detenido por las estrellas en la noche.
—Sara Teasdale.
43
Ida y vuelta
Traducido por Lipi-Lipi
Corregido por indiehope

—O
h, eres la cosita más linda —arrulló Alex al bebé que
se retorcía, sonriendo cuando le dio una sonrisa
desdentada mientras tomaba el cabello que cayó
sobre su hombro.
Era una pequeña cosa acaparadora, amando tirar de cualquier cosa
que consiguieran sus manos. Y mientras que eso dolía más de lo que parecía,
ella igualmente le permitía que lo hiciese. Lamentablemente, no podía verlo
tan a menudo como quería, no desde que se mudó a París hacía siete
meses, pero ese fue un sacrificio que tuvo que hacer.
—Gracias de nuevo por cuidarlo, Alex —dijo Lauren mientras corría por
la habitación, preparando su portafolio mientras al mismo tiempo
empacaba una bolsa de pañales—. Sé que no vas a estar por mucho
tiempo y…
Cuando hizo un movimiento para poner un biberón entre sus libros de
texto, Alex lo tomó suavemente.
—No te preocupes por ello. Este pequeño mocoso y yo vamos a tener
un montón de diversión, ¿verdad?
Haciendo una cara graciosa, se rio a su vez cuando él carcajeó, su
pequeño vientre moviéndose por el esfuerzo, pero perdió esa sonrisa
cuando agarró un puñado de cabello y tiró.
—No voy a salir de clase hasta las seis, pero si tienes planes, puedo
hacer que Mish…
—No —dijo Alex, extrayendo el cabello de su férreo agarre—. Estaré
completamente bien. Sólo llámame cuando estés en casa y lo traeré.
Suspirando, Lauren cruzó la habitación, metiendo la mano en la cuna
para recoger a Sacha mientras lo acunaba contra su pecho. A pesar de
que sonreía, se veía cansada, haciendo que Alex se preguntase cómo
estaba todo por aquí. Mientras que ella puede ser que haya hablado una
vez cada dos semanas con Lauren desde que se marchó, no había hablado
con Mishca ni una vez. Al principio, él parecía aceptar eso perfectamente,
pero después del primer mes, hizo costumbre el llamarla y dejar mensajes de
voz, que ella borraba sin escucharlos, probablemente a insistencias de su
esposa.
—Sé que prometí no ponerme en el medio de esto, pero, ¿no crees
que lo has castigado bastante?
Ni siquiera estoy cerca.
—Luka pasó años sufriendo en el mismo lugar al que Mishca lo envió
de vuelta y, ¿para qué? ¿Cuál podría haber sido, posiblemente, su razón de
hacer eso a alguien que se preocupaba más por todos nosotros que por él
mismo?
Alex no mentiría. Echaba de menos a su hermano, más que a nada,
pero su resentimiento era mucho más fuerte. Aún recordaba rogándole que
hiciera algo para traer de vuelta a Luka, cómo incluso había ido hasta Klaus,
y luego a Celt, sólo para no conseguir nada debido a que fueron ordenados
por Mishca a no ayudarla de ninguna manera. ¿Cómo podría perdonarlo?
Una semana más tarde, se gastó hasta el último de sus ahorros y huyó
con la ropa que llevaba puesta... y Loki. Nunca podría haberlo dejado atrás.
Su dolor solo empeoró debido a la reacción de Loki al ver que Luka no
regresaba.
Por la noche, lloriqueaba, a veces arañando la puerta para que lo
dejara salir, pero después de un rato, se rendía, saltando en la cama junto a
ella y apoyando la cabeza sobre su pierna.
Aquellas noches fueron las más difíciles.
—Yo sé, y entiendo tu enojo con él, pero…
Sabía que tenía buenas intenciones, pero no estaba lista para tener
esta conversación.
—Lauren, por favor. Te quiero, lo sabes, pero... no puedo. No ahora.
Algún día, quizás pueda ser capaz de hablar con él, pero es demasiado
pronto para mí.
Con un suspiro de derrota, Lauren negó con la cabeza.
—Si hay algo que pueda hacer, házmelo saber.
—Gracias.
Con varios besos en las mejillas de Sacha, se lo entregó, alisándole el
cabello. Alex no tenía ninguna duda de que era una gran madre. No podía
recordar un momento en que Anya alguna vez la hubiera mirado con tanto
cariño, y con su compasión, Alex dudaba que expusiera a Sacha a la vida
que causó tanto dolor en su familia.
—Vamos, ya lo tengo.
Riendo, ella negó con la cabeza.
—Todo lo que necesita está en la bolsa. Tienes mi celular, obviamente,
y escribí…
—Lo tengo. Hacemos esto cada vez.
—Bien, bien. Lo siento. Sé que dijiste que no quieres a Klaus contigo en
la habitación pero, aun así, agradecería que lo dejes acompañarte a tu
hotel.
—Por supuesto.
La abrazó muy fuerte.
—Es bueno verte, Alex.
Bajaron juntas, pero en el vestíbulo, Lauren se dirigió al
estacionamiento y Alex salió por la parte delantera, con cuidado de
mantener la manta de Sacha cubriéndolo.
En el exterior, no tuvo que buscar a Klaus. Se hallaba apoyado al
costado de su auto de alquiler, con los brazos cruzados sobre el pecho, y los
tobillos cruzados. Se había dejado crecer un poco el cabello desde la última
vez que lo vio, los mechones oscuros estaban ahora recogidos en un
pequeño moño en la parte posterior de su cabeza. Aún vestía de negro, así
que no había muchos cambios en él.
Ignorándolo, por el momento, presionó la tecla de desbloqueo del
mando a distancia, abrió la puerta trasera y colocó a Sacha en la parte
posterior.
—Es un poco grosero no hablar, ya sabes.
Todavía sin hacerle caso, buscó a través de la bolsa de pañales por el
pequeño chupete azul, que era el favorito de Sacha, y luego buscó un
juguete antes de cerrar la puerta de nuevo.
Sonriendo fuertemente, dijo—: Hola.
—¿Es esa la manera de tratar a un hermano perdido hace tiempo? —
preguntó, caminando detrás mientras se dirigía hacia el lado del conductor.
Le abrió la puerta antes de que tuviera la posibilidad de alcanzarla.
Alex se dio la vuelta tan rápido que su cabello lo golpeó en el pecho.
—No eres mi hermano, Klaus. Mishca no es mi hermano. Piensa en mí
más como una prima lejana, que sólo viene para las fiestas, y aun así, se
queda solo por una hora.
—¿Es ese momento del mes? —preguntó mientras ella subía,
colocándose su cinturón de seguridad.
—Jódete. Ve a poner tu culo en esa monstruosidad de auto y
sígueme. Cuanto antes lleguemos, antes terminará esta reunión.
Esperó a que diera un paso atrás para cerrar la puerta, colocando la
llave en el encendido mientras él corría de vuelta a su propio auto. Cuando
sonó el rugido de su motor, Alex salió, comprobando únicamente por el
retrovisor una vez en el camino a su hotel. El viaje en sí fue corto, y para
cuando estacionó y agarró a Sacha del asiento trasero, Klaus se acercaba.
—Coómo puedes ver, llegamos aquí muy bien. Y mira —dijo,
señalando hacia la entrada—, incluso hay un portero.
—¿Vas a actuar como una mocosa todo el camino hasta tu
habitación? —le preguntó sinceramente mientras cerraba la puerta detrás
de ella—. Porque, en resumidas cuentas, tenemos una conversación
pendiente.
Apretando los dientes, lo miró.
—No tengo por que dejarte entrar.
—Voluntaria o involuntariamente. De cualquier manera, voy a entrar.
Tú eliges, cariño.
No tenía ningún sentido seguir discutiendo. Iba a hacer lo que quisiera
de todos modos. Levantando el bolso encima de su hombro, se dirigió hacia
el interior.
Una vez en su habitación, colocó la silla mecedora de Sacha,
poniéndolo con cuidado ahí, asegurándose de que los juguetes colgantes
estuvieran a su alcance. Era bastante fácil mantenerlo entretenido.
Al pasar a la sala de estar de la habitación, se sentó y cruzó las piernas
debajo de ella, mientras observaba caminar a Klaus. Trató de no mirarlo,
centrándose en su regazo porque no importaba cuán diferentes eran sus
personalidades, aun así, se veía igual que Mishca.
—¿Qué quieres, Klaus?
Primero se puso cómodo, tamborileando con los dedos sobre el
reposabrazos de la silla.
—¿Cómo es París?
—Bien.
—¿El ballet? —Lo intentó de nuevo.
—Bien.
—¿Y cómo has estado?
—Bien.
Klaus suspiró, apoyando su cabeza en el respaldo del sofá.
—No lo suficientemente bien.
—¿Por qué te importa? La última vez que comprobé, la única persona
que realmente te importaba en nuestra jodida familia era Lauren. ¿Dime,
Klaus, consigues tener esos pensamientos de gemelos? ¿Puedes sentirlos
cuando están follando?
Mientras que no perdió la sonrisa, sus ojos se endurecieron.
—He oído eso antes. Supongo que el albanés ha influido en ti.
La ira fluyó a través de ella.
—No te atrevas a hablar de él. Nunca.
—¿No? Parece justo ya que él fue a trabajar en mí, y aunque lo único
que quería era hacerle pagar por eso, guardé ese secreto del ruso. Deberías
agradecerme.
Alex se burló.
—Déjame saber si entendí esto bien. ¿Sales de la nada amenazando
a todo el mundo, actuando como un completo idiota, hasta que la esposa
de tu hermano pestañea en tu dirección, y entonces tu corazón cambia?
Ah, pero espera, atraes a aquel albanés de mierda aquí y ¿qué hace? Me
entierra viva, y la única razón por la que estoy aquí es por Luka. Así que a la
mierda lo que sea que estés…
—Escucha.
Él nunca había sido otra cosa que cortés con ella, por lo que la dureza
de su voz la tomó por sorpresa.
—El albanés que conoces, no era así hace unos años. —Trató
visiblemente de controlar su ira, aunque no estaba segura de era dirigida a
ella—. Entiendo tu lealtad. Créeme. Hice lo que pude, pero hay…
—¿Es esta la parte en la que te doy las gracias? —preguntó, y luego
se lo pensó mejor—. Gracias, Klaus. Por todo lo que has hecho. Pero eso no
cambia nada porque Luka no está aquí.
Dejó caer los pies al suelo.
—Vi a todos ustedes hacer todo cuanto estaba en su poder para que
Lauren estuviera segura. Nadie estaba a salvo. Nunca dudé, ni por un
segundo, que cuando te necesitara, estarías allí. Ni uno solo de ustedes
movió un dedo para hacer algo para ayudar a Luka. ¿Así qué,
honestamente? Guarda tu sermón o lo que sea que tengas que decirme.
No quiero escucharlo.
—¿De verdad piensas que quería que te lastimaran, Alex? —preguntó,
poniéndose de pie.
—No creo que ninguno de ustedes se preocupara por lo que me
pasaba, siempre que Luka sufriera por lo que era antes. —Hizo un gesto
hacia la puerta—. Por favor. Sólo guarda tu hipocresía y vete.
44
Hogar lejos del hogar
Traducido por mariana90
Corregido por indiehope

T
an pronto como aterrizó en París, el avión deslizándose por la pista,
se sintió como si un peso fuera quitado de encima de los hombros
de Alex. Llamó a un taxi para volver a su casa, feliz de ver a su
edificio aproximándose. Pagando, salió, y tecleó el código para entrar,
yendo hacia la parte trasera del vestíbulo donde se encontraba el ascensor.
Hizo una parada en uno de los apartamentos de la planta del primer
piso, golpeando suavemente, sonriendo al oír los gemidos procedentes del
otro lado. Tomó alrededor de un minuto, pero una vez que se abrió la puerta,
Loki salió volando, su gran cuerpo disparado hacia ella mientras lamía su
cara, meneando la cola.
Se rio, empujándolo mientras le frotaba la cabeza, sonriendo a
Cadessa que se apoyaba en la puerta con un delantal alrededor de su
cintura, y una toalla de cocina en la mano.
—Él te extrañó.
—Sólo porque lo llevo al parque de perros cada dos días.
—Debes venir a cenar esta noche, Aleksandria. Nos encantaría
tenerte.
Cadessa y su esposo, Gabriel, eran la única pareja en todo el edificio
cercana a la edad de Alex, incluso aunque eran unos años mayores.
Cuando se mudó, Cadessa al instante le dio la bienvenida, presentándola
a Gabriel a los pocos días. Alex no podía contar el número de veces que
había estado en su apartamento para la cena, al menos dos veces a la
semana.
Sabían de Loki dado que Alex los necesitaba para vigilarlo, sabían que
ella viajaba de regreso a Nueva York cada vez que podía, incluso les mostró
la imagen que llevaba de Sacha, y que bailaba con la Compañía de Ballet
de Francis. Por primera vez, desde que era joven, tenía amigos, y aunque no
sabían nada acerca de la familia de la que provenía, ya que se esforzó por
evitar hablar de ellos, se sentía contenta.
—Por supuesto. ¿Necesitan que recoja algo del mercado? Igualmente
iba a ir.
—No, no. Tenemos todo.
Sonriendo, Alex se despidió, con Loki entre sus zapatos mientras hacían
el corto viaje hasta su apartamento. Cambiando su equipaje a su otro
hombro, abrió la puerta, empujándola, dejando que Loki trotara primero
antes de seguirlo detrás, cerrando de nuevo y deslizando la cerradura en su
lugar. Dándose la vuelta, puso las llaves en un recipiente, dejando caer sus
bolsos a lo largo del camino.
Caminó por el apartamento, abriendo las cortinas, dejando entrar la
luz del sol para bañar las habitaciones en un cálido resplandor. Los pisos
estaban hechos de madera rubia, terminada en un gris claro que
complementaba las paredes blancas. Gastó una pequeña fortuna
comprando muebles y decorando los ciento sesenta y ocho metros
cuadrados del apartamento, pero valió la pena la inversión, sobre todo
cuando no tenía la intención de volver a Nueva York en un futuro cercano.
Su habitación se encontraba en el lado este del apartamento con un
balcón que daba al río Siena. Era por esa vista que este lugar era tan caro.
Seguía el mismo esquema de colores que el apartamento, pero con toques
de azul cielo en todas partes.
Se echó el cabello hacia arriba, cambiándose a unos pantalones
cortos y una camiseta sin mangas. Dirigiéndose a la cocina, seguida de
cerca por Loki, buscó su bolsa de golosinas, riendo cuando se sentó
inmediatamente en posición firme. Lanzándole uno, fue a buscar en el
refrigerador algo para sí misma. No había quedado mucho, y ya que, de
todos modos, no estaría comiendo en casa esa noche, supuso que ir al
mercado para recoger otros suministros, junto con algo pequeño para
comer, sacaría algo de la tristeza que tenía.
Una parte de ella sabía que era poco probable, pero le gustaba tener
esperanza de todos modos.
Ir de compras en París, para Alex al menos, era siempre un asunto sin
prisas, mientras se abría camino alrededor de las tiendas más pequeñas,
recogiendo las pocas cosas que necesitaba. Ya había ido al mercado,
buscando pan fresco y una botella de vino para llevar a la cena más tarde,
incluso si Cadessa decía que tenía todo, quería ser amable, pero a medida
que se dirigía de vuelta a casa, se detuvo en una tienda de artículos de
papelería. Se deslizó por los pasillos mientras miraba a través de los estantes,
buscando hasta que encontró la postal perfecta, una que no había
recogido antes.
Justo al final, había una con una puesta de sol en la parte delantera,
recordándole el despertar en una casa en el medio de la nada de vuelta
en Nueva York. Pasó el dedo a lo largo de la parte delantera, sonriendo con
tristeza antes de ir a la caja y comprarla. Se dirigió a casa después.
De regreso, dejó sus bolsas en la cocina para guardarlas más tarde,
dirigiéndose a su habitación mientras buscaba un bolígrafo dentro de un
cajón.
Normalmente, esperaba hasta que hubiera algo interesante para
escribir en ellas, asegurándose de que las notas fueran todas muy buenas.
Incluso ahora, mientras yacía sobre su estómago y escribía el corto mensaje
en movimientos cuidadosos, saboreó el momento, queriendo poner cada
parte de sus emociones en ello como pudiese.
Comenzó, como siempre lo hacía, “Estimado Luka”, y cuando
terminó, después de haberse quedado sin espacio, la finalizó escribiendo “
amor, Alex”.
Besó el frente, su lápiz de labios dejando una huella en la parte
delantera, pero a diferencia de la mayoría de las personas que compraban
esto, no añadió ninguna estampilla, en su lugar la colocó en una caja
decorativa que mantenía bajo su cama, llenándola con al menos una
docena de mensajes que había escrito en los últimos seis meses. Él nunca los
vería, nunca los leería, pero le daban esperanza y, al menos, mantenían viva
su memoria.

***

La cena con Cadessa y su marido fue tan bien como esperaba, la


comida divina, y la conversación también fue buena. Había aprendido a
disfrutar de la tranquilidad de su vida cotidiana, ahora que se hallaba lejos
de la Bratva.
Después de otro largo día de práctica, Alex se acercó a un rincón del
estudio, quitándose con cuidado sus zapatillas de punta. Se puso un par de
botas sueltas, haciendo una mueca cuando la tela rosó contra la piel
sensible.
Guardando todo lo demás en su bolsa de lona, se dirigió a la puerta,
pero no antes de que fuera recibida por los pocos amigos que tenía en la
compañía. Con tantos bailarines diferentes, había docenas de
personalidades. Cuando el momento de las audiciones para un lugar llegó,
mostró lo peor de algunos.
Sin embargo, hubo al menos unos pocos a los que Alex se volvió
cercana.
—¿Estás preparada para tener compañía? —le preguntó Robbie con
una dulce sonrisa, sus mejillas coloradas más enrojecidas después de la
práctica.
Él era lindo, y si no fuera por su constante necesidad de tirarse a
cualquier chica nueva que se unía a la compañía, habría sido sin duda el
hombre que hubieras llevado a casa para conocer a tus padres.
Excepto que Alex no estaba interesada y dudaba que alguna vez lo
estuviera.
Forzando una sonrisa, sin embargo, asintió.
—Claro. Creo que Jordan, Raj, y Amerie vendrán, también.
Era obvio que él pensaba que serían sólo ellos, pero quería poner fin a
eso temprano.
Al ver a Amerie a través de la habitación, le dio un rápido adiós a
Robbie, uniendo su brazo con su amiga.
—Espero que no estés muy ocupada esta noche para pasar el rato
durante un par de horas —susurró mientras salían del estudio—. Podría
haberle mencionado a Robbie que tú, Raj, y Jordan iban a venir.
—¿Aún estás evitando decirle que no estás interesada?
—No, le dije que no estaba interesada. Él sólo piensa que estoy
jugando a ser difícil de conseguir.

***

Mientras sus amigos disfrutaron de su improvisada escapada juntos,


Alex se sentó justo en el medio de ellos, pero no pudo haberse sentido más
distante.
Una nueva botella de vino de reserva fue abierta y los vasos fueron
servidos, pero Alex lo rechazó en voz baja, consumiendo sidra de uva en su
lugar. Mientras todo el mundo se iba poniendo más ebrio, se sentía diferente
siendo la única sobria.
Excusándose en silencio, Alex fue a la cocina y se sirvió otro vaso,
felizmente resoplando hacia abajo como si fuera lo mejor. Nadie más tenía
que saber que no era una gran bebedora. A pesar de la melancolía que
había estado viviendo en los últimos seis meses, ni siquiera estuvo tentada a
tomar una copa. A pesar de que actualmente la rodeaba.
La urgencia por la bebida se encontraba siempre en el fondo de su
mente, ya que sería tan fácil dejar que se llevase el dolor... pero en cambio,
se quedó con algo más productivo, algo de lo que podía estar orgullosa en
lugar de sentirse culpable.
—¿Quién era él?
Mirando por encima del hombro a Amerie, no tenía ningún sentido
tratar de actuar como si nada estuviese mal.
—Su nombre era Luka.
Descansando su vaso sobre el mostrador junto a ella, observó a Alex
con curiosidad.
—¿Los dos rompieron... o fue debido a tu familia?
—¿Sabes acerca de mi familia?
—No creo que haya alguien que no sepa acerca de tu familia.
Riendo, Alex sacudió la cabeza.
—Fue un poco de todo, para ser honesta.
—Estoy realmente segura de que no puedes decirme nada, pero aquí
está mi consejo. Si estaba destinado a ser, aún puede ocurrir... sin importar
los obstáculos.
Sabía que su amiga tenía buenas intenciones, pero no importaba
cuán desesperadamente quisiera creer en esas palabras, no se daría falsas
esperanzas.
—Gracias.
—Bueno, se está haciendo tarde. Probablemente debería ponerme
en marcha. Todos nosotros, en realidad.
Cuando regresaron a la sala de estar, sin embargo, Robbie ya estaba
inconsciente en el suelo. Cómo había llegado hasta allí abajo, Alex no lo
sabía.
Raj se ofreció a agarrarlo, pero Alex agitó la mano.
—Déjalo dormir aquí.
—¿Estás segura? —preguntó Amerie.
—Sí, no te preocupes. Mi perro guardián me protegerá si algo pasa.
Podrían haberse reído de esa observación porque Loki era en su
mayoría dócil, pero no sabían de lo que era capaz.
Al verlos salir, se enderezó, derramando el vino que quedaba en la
botella antes de tirarla. Agarrando una manta libre del armario, cubrió a
Robbie, y luego dejó a Loki fuera de la habitación.
En el momento en que lo vio en el sofá, sus orejas se levantaron, sus
labios retrocedieron hacia atrás mostrando sus dientes.
—Tranquilo, asesino. Lo necesitamos para el show de mañana por la
noche. No puedes usar sus huesos de juguete.
Fue al balcón, su vaso en la mano, tomando asiento en una de las
sillas de hierro forjado, doblando sus piernas debajo de ella. Era una noche
estrellada, sin nubes oscureciendo el cielo. Loki la siguió, descansando a sus
pies, pero se animó de repente, ladeando la cabeza hacia un lado,
gimoteando lastimosamente haciéndola fruncir el ceño hacia él.
—¿Qué pasa?
Lo acarició, queriendo calmar lo que fuese que le molestaba, pero su
atención se centraba exclusivamente en la calle de abajo. Trató de mirar
hacia abajo y ver lo que le molestaba, pero la calle se hallaba desierta en
su mayoría, además de las personas que de vez en cuando pasaban por
allí.
Casi lo había descartado, pensando que podría haber sido sólo algún
pájaro que vio. Entonces, oculto, vio a alguien de pie abajo, el humo
flotando en el aire a su alrededor.
Se puso de pie, caminando hacia el borde, tratando de obtener una
mirada más cercana, pero en esos pocos segundos, la persona se
desvaneció.
...Sólo el humo esfumándose era una indicación de que alguien
estuvo allí.
45
Esclavo
Hace siete meses
Traducido por Maeh
Corregido por indiehope

E
sposado a la pared de la furgoneta, y con sus piernas sujetadas
con esposas atornilladas al suelo, Luka inclinó su cabeza contra
el delgado revestimiento de metal, manteniéndose
perfectamente firme a pesar de los movimientos del camino desigual. Dos
hombres se sentaban a cada lado de él, armas en mano y dedos justo
contra el gatillo.
Sentado solo frente a ellos se encontraba Fatos, quien silbaba una
inquietante melodía bajo su aliento, pero también tenía un arma sobre su
regazo.
Podría haber sido incapacitado para moverse, y se hallaba
claramente superado en número y armas, pero aun así parecían temerosos
de lo que era capaz de hacer.
Posiblemente Fatos no, sin embargo.
A pesar de todo, sabía eso debido a que Alex aún seguía en peligro
a menos que le concediera lo que Fatos quería, Luka no iría a ningún lugar.
A diferencia de la furgoneta que usaron para sacar a Klaus del
camino, esta tenía ventanas, un lujo por el que de hecho se sentía feliz. No
sabía si habría algún momento en el que pudiera ver el cielo nuevamente,
así que quería disfrutarlo todo el tiempo que fuera posible.
Viendo hacia afuera, notó que, a pesar de los años, mucho había
cambiado desde la última vez que estuvo en Berat, incluso más de lo que
hubiera esperado. El hogar que una vez compartió con su madre, el viejo
edificio tambaleante, no estaba más. Incendiado de adentro hacia fuera,
era solo un imponente desastre de ladrillos y cemento.
Era extraño… Había visto cosas quemadas con anterioridad, algunas
veces frente a frente, pero nunca antes lo llenaron de tanta paz. Pudo haber
sido alguna vez un lugar con buenos recuerdos, pero también le recordaba
un tiempo que preferiría olvidar. Un tiempo en el cual su vida cambió en
maneras que formaron su camino actual.
Ahora, al menos, era una cosa menos que lo atormentaba.
Fueron por un camino recto, los niños bordeaban el camino mientras
la furgoneta aceleraba pasándolos, viéndolos durante varios segundos
antes de perder el interés.
Pronto, pasaban la casa de los horrores de Bastian, y a diferencia de
su apartamento, la casa aún seguía de pie, y detrás de esta, el granero
estaba en alto. Pero este lugar, en el que a menudo pensaba con desdén…
no era ni de cerca lo que recordaba.
Dios, aún podía recordar el día cuando llegó por primera vez, lo
embrujado que el lugar se veía a la distancia… incluso si hubiera lucido
normal para los estándares de cualquier otro. Pero tal vez incluso en su
juventud, sabía los horrores que lo esperaban.
Para sorpresa de Luka, siguieron su camino pasándolo, al menos otra
hora por el camino, antes de dirigirse a otro lugar que parecía estar de pie
a pesar de las pruebas del tiempo. Había una puerta, incluso perros que
caminaban por el perímetro, y suficientes cámaras de seguridad que le
dejaron saber que era donde llevaban a cabo por lo menos algunos de sus
negocios.
Cuando se detuvieron, Fatos ladró órdenes y las puertas exteriores se
abrieron, derramando luces, dejando temporalmente ciego a Luka por su
brillantez. No se resistió mientras dos hombres lo sostenían, arrastrándolo
hacia fuera y sobre la suciedad.
Pudo sentir los ojos sobre él mientras era llevado de una prisión a otra,
las condiciones empeorando. Mientras la parte frontal de la propiedad
parecía estar en perfectas condiciones, el edificio detrás era viejo y parecía
falto de mantenimiento.
Si estuviera de mejor humor, podría haber reído por lo absurdo de estar
en otro edificio de mierda, justo como lo estuvo cuando llegó por primera
vez donde Bastian. En ese frio, sucio piso del viejo granero esperó muchas
noches en convertirse en algo más.
Cuán lejos había caído…
Una silla lo esperaba, un rollo de cuerda descansando a su lado. Sólo
Fatos podría disfrutar la humillación que sentía al ser atado a la silla.
Comenzaba a parecer como si su objetivo fuera hacerle revivir aquellos
años previos hasta el momento en que decidió unirse a la Bratva.
Pero también el recuerdo de lo que era capaz de hacer. Pasó un
tiempo desde que había dado un paso en el Pozo, pero aún era capaz de
hacer daño con sus puños… y eso no era nada comparado a cuando se
sentía inspirado.
Tenían que mantenerlo tan restringido como fuera posible.
Empujado hacía la silla, se rehusaba a darles la reacción que
buscaban, permaneciendo silencioso mientras comenzaban a atarlo. Pero
antes de hacerlo, removieron su camisa.
Fatos eventualmente apareció a la vista, su mirada deslizándose
alrededor de la habitación antes de aterrizar en Luka una vez más.
Pensó de nuevo el por qué no presionó el gatillo cuando tuvo la
oportunidad… por qué había dudado.
Debió hacerlo. Debió haberlo terminado antes de que Fatos lograra
desgarrar su mundo. De nuevo.
Su tatuaje fue apreciado con ojo crítico y lo que sea que Fatos vio lo
hizo fruncir el ceño, rodeando la silla hasta que estuvo detrás de él.
Buscó con una mano gentil, pasando sus dedos sobre la longitud de
la espalda de Luka, encontrando fácilmente las líneas marcadas que fueron
enterradas debajo de diferentes tonos de tinta. A diferencia de Alex, no
cayó por error en ellas, sino que las buscó activamente con reverencia
haciendo que su piel se estremeciera.
Estuvo silencioso por algún tiempo, y luego lo giró por los hombros
antes de dejarlo a la vista, negando con la cabeza como si estuviera
decepcionado.
—Estoy herido de que hayas cubierto estas. Pensé que tú más que
nadie las llevaría como una insignia de honor.
Luka pensó en el recuerdo en silencio, centrándose en la multitud de
manchas de agua que complementaban la pared, queriendo distanciarse
del inevitable dolor de esta noche. Incluso con el tiempo que había pasado,
mientras la mano de Fatos recorría las marcas que le había dejado, pudo
recordar vívidamente el dolor de la hoja caliente deslizándose por su
cuerpo, cómo su piel se sintió una vez que fue cortada. Pudo haber
aprendido a canalizar el dolor de manera diferente, pero eso no significaba
que quisiera hacerlo. Sólo imaginar lo que le había hecho causaba que sus
dedos se apretasen.
Su disgusto por estar indefenso era nada comparado con cómo se
sentía mientras veía a uno de los hombres de Fatos acercársele con un par
de tijeras de podar.
Más que nadie, sabía lo mucho que Luka odiaba tener la cabeza
afeitada.
No había mantenido su cabello largo como una cuestión de moda,
sino como otra forma de librarse de la vida que tuvo antes de que este lugar
se lo llevara y destruyera la poca humanidad a la que se había aferrado.
No sólo eso, sino que había algo escondido debajo de las hebras de
cabello rubio, un regalo lo llamó Bastian, así Luka nunca olvidaría este lugar.
Como muchas cosas, era una de sus mayores vergüenzas.
A lo largo de la parte trasera de su cabeza, mientras más y más
cabello caía al suelo, el comienzo de una palabra aparecía, y, no fue hasta
que casi todas las hebras cayeron, que pudo leerse claramente. Por la forma
en que Fatos sonrió, como si supiera que aún estaba allí, disfrutaba la
vergüenza que probablemente era clara en el rostro de Luka.
Luego de que Luka ayudara a Elena a ser libre, Bastian quiso
recordarle su lugar… recordarle que no importaba cuánto lo complaciera
con la cantidad de dinero que trajera, nunca sería más de lo que era
entonces…
En espesas letras negras, tatuadas cuando Luka luchó con cada fibra
de su ser para liberarse, había una única palabra, escrita en inglés para que
todos la leyeran.
Esclavo.
46
Despertar
Traducido por Maeh
Corregido por Taywong

A
venturándose hacia el balcón a la mañana siguiente, su
mirada barrió la calle de abajo, Alex se preguntaba si solo
estuvo imaginando cosas la noche anterior, y tal vez no hubo
ninguna persona parada frente a ella. Era sin duda posible. Con las horas
que había estado trabajando y la cantidad de tiempo que pasaba en la
práctica, la mayoría de los días se sentía exhausta, y la noche anterior no
fue diferente.
Y sin embargo… solo porque se encontraba a miles de kilómetros lejos
de la Bratva, no significaba que se hallara lejos del peligro. Su familia tenía
suficientes enemigos fuera del estado a los que no les había dado muchos
pensamientos. Por todo lo que sabía, podría haber un acosador enviado por
alguien que trataba de llegar a su hermano. No era como si estuviera en
constante vigilancia, ahora que Lu… bueno, ahora que no tenía a nadie
alrededor que fuera formidable por propio derecho, podrían pensar que era
el eslabón débil.
Por un segundo, pudo recordar el olor de la tierra, fuerte y rica, y la
sonrisa de Fatos cuando vio su miedo.
Incluso si ella siguiera molesta, prefería estar a salvo y molesta que
enterrada viva de nuevo.
Tomando su taza de té, caminó de regreso adentro, tomando su
teléfono de donde se estaba cargando a un lado de la cama y marcando
el número que sabía de memoria. No existía garantía de que respondiera, o
incluso ser de alguna ayuda con el modo en que lo trató la última vez que
lo vio, pero al menos podía intentarlo.
Klaus era exigente por naturaleza. No podía decir cómo reaccionaría.
La línea sonó por tanto tiempo que temió que no respondería, pero
cuando estaba a punto de colgar, finalmente contestó.
—Habla.
Alex puso sus ojos en blanco mientras balanceaba su teléfono entre
su hombro y oído mientras empacaba sus cosas para el ensayo.
—Realmente necesitas aprender etiquetas apropiadas al teléfono.
Klaus estuvo en silencio por un momento, la sonrisa clara en su voz
cuando dijo—: No pensé que tendría una llamada tuya.
—Sí, bueno, no esperaba hacer esta llamada, pero creo que me están
siguiendo.
—¿Has llamado al ruso?
Suspiré, largo y fuerte. Ese había sido su primer instinto porque eso
debió de haber hecho, pero era terca y se rehusó a doblegarse. Mischa sería
la última persona en llamar si fuera una necesidad.
—No, te llamé a ti.
—Me siento honrado, realmente.
—¿No deseas hacer algo al respecto, o tengo que hacerme cargo
por mí misma? —preguntó, casi rasgando la cremallera mientras cerraba su
bolso.
—Oh, calma tu mierda. Dime lo que sabes.
—No lo sé. Un chico rondaba fuera de mi departamento la otra
noche. Realmente no lo vi, pero era obvio que estaba allí. Luego, obtuve
flores luego de mi presentación la otra noche.
—Eso es genial. Desearía obtener flores luego de hacer mi trabajo. La
única cosa que obtengo son más contratos de muerte —dijo Klaus, sonando
como si estuviera hablando consigo mismo.
¿Qué demonios?
—¿Por qué no estás tomando esto seriamente?
—Créeme. Si pensara que estás en peligro, lo haría. Para mí, esto solo
suena a que tienes un acosador. Puedo hacerme cargo de eso también, tú
sabes, por un precio.
Frustrada, Alex pensó en colgarle.
—No puedo creer que hubo un tiempo en donde de hecho pensé
que eras una persona decente.
—Si todavía no creyeras en eso, no me habrías llamado.
Ella le colgó y una vez más se encontró a sí misma viendo hacia la
ventana, su dedo manteniéndose en el icono de “contactos”. Una vez,
contempló borrar el número de Mishca de su teléfono, pero se dio cuenta
de lo inútil que era considerando que se sabía todos ellos de memoria.
Pero… aún no se sentía lista para llamarlo.
Metiendo su teléfono en el bolsillo, caminó de regreso hacia la sala,
cerrando y asegurando las puertas del balcón detrás de ella. Robbie
finalmente estaba despierto, gruñendo mientras rodaba casi fuera del sofá
y dándose vuelta de nuevo. Pudo haberse embriagado en un estupor la otra
noche, pero todavía era temprano.
Él vio alrededor con ojos abiertos, tratando de obtener sus almohadas,
solo relajándose cuando atrapó a Alex suspirando mientras caminaba hacia
él.
—¿Dormí aquí?
—Sí. —Sonrió—. No creo que fuera bueno para nadie llevarte a tu casa
en tus condiciones. ¿Quieres algo de café?
Murmuró una afirmación, cuidadosamente alzándose en sus pies
mientras pensaba en que volcaría en cualquier momento.
—¿En dónde está tu baño de nuevo?
—Al fondo del pasillo a tu izquierda.
Alex se hallaba ocupada sacando dos tazas de los gabinetes,
tomando crema y azúcar, cuando escuchó la exclamación de Robbie y el
sonido de Loki gruñendo. Apresurándose detrás de él, hizo lo mejor para
mantener la risa cuando atrapó la vista de él. Robbie tenía sus manos arriba,
sus brazos temblando, pero eso no hizo nada para apaciguar a Loki mientras
se mantenía alerta y en su lugar, solo a un segundo de saltar hacia delante
y adherirse al cuello de Robbie.
—Loki, compórtate. —Alex se paró al lado de Robbie, acariciando la
cabeza de Loki—. Deberías de saberlo mejor. No te preocupes por él,
Robbie. No está acostumbrado a conocer gente nueva. —O no le
agradaba Robbie, pero no quiso decirle eso.
Mientras ella se fue de regreso, condujo a Loki a su dormitorio, dándole
una golosina antes de cerrar la puerta detrás de ella.
De regreso en la cocina, esperó a que Robbie se le uniera antes de
darles a ambos una taza, haciendo la suya como le gustaba antes de
pasarle a él la crema y azúcar. Parecía menos muerto ahora, pero no tenía
duda que, para la presentación de esta noche, luciría relativamente normal.
—Creo que tu perro me odia —dijo Robbie mientras tomaba un sorbo
de su café—. Cada vez que vengo, siempre espera tomar un trozo de mí.
Alex se encogió de hombros, sin molestarse en hacer alguna excusa.
—¿Qué hora es de todas formas? —preguntó él observando alrededor
por algún reloj.
—No demasiado temprano. Aún tenemos algunas horas antes del
ensayo.
Él le dio una sonrisa de infarto, pero eso no hizo nada en ella. Casi
deseaba que fuera…
—¿Quieres ir al mercado conmigo? —Antes de que pudiera
responder, él cambió eso—. Tendremos que detenernos en mi piso primero…
si eso está bien.
Alex realmente no se sentía de humor para pasar las siguientes cuatro
horas sola en su departamento antes de que tuviera que ir al estudio, así que
incluso si no era con Robbie con quien quisiera pasar tiempo, se encontró a
sí misma aceptando de todas formas.
47
El final está cerca
Traducido por yo-5-4-1998
Corregido por Taywong

G
oteo. Goteo. Goteo.
La caída constante del agua en su cabeza fue una vez una
molestia, entonces una lenta agonía, y finalmente, tenía
que ser la última cosa que lo mantenía sano, si eso era lo
que quisiera llamarlo.
Luka no sabía cuánto tiempo llevaba en el agujero, ni si quiera era
capaz de ver sus propias manos en la oscuridad inquebrantable que lo
rodeaba. Intentó pensar en todo para mantener a raya a la locura,
pensando en su antigua vida en Nueva York, sus amigos, su familia —aunque
nunca los llamó así— y Alex. Esas pocas primeras noches, ella había sido lo
único que le hizo atravesar esto. Recordando la forma en que sonreía, lo feliz
que estaba mientras estuvieron juntos, pero cuanto más pensaba en ella,
más la realidad de su situación actual le hundía.
No diría que era optimista por naturaleza, pero había esperado que
saldría de esto y volvería a casa y con la persona que necesitaba en su vida.
Pero con cada día que pasaba, esa esperanza empezó a disminuir hasta
que ya no tenía ninguna.
Desde hacía mucho que había aceptado el hecho de que este era
su destino, y después de todo lo que hizo en su vida, esto era lo que se
merecía.
Luka intentó ponerse lo más cómodo posible en su nueva celda,
estirándose en el suelo, ajustándose tanto como se lo permitía la cadena,
pero cada vez que conseguía una pizca de comodidad, sus torturadores
volvían para continuar con lo que habían empezado.
El tiempo que le habían dejado solo se le escapaba, pero no le
concedieron el indulto por mucho tiempo. La puerta se abrió de nuevo y
Fatos volvió con sus secuaces.
Luka perdió la cuenta de cuánto tiempo Fatos jugó con él, turnando
entre torturarlo y decirle cuánto había estado perdido. La primera noche fue
fácil. No desconocía las técnicas que Fatos utilizaba, especialmente porque
él había sido quien le enseñó.
No, eso no era lo que le molestó. Ni la noche siguiente, ni la siguiente.
Tres días seguidos de dolor físico, y después nada. Fatos le dejó sangrar sobre
la paja, el dolor, su viejo amigo, fue lo único que le hizo compañía.
La verdadera tortura era el silencio. Era ensordecedor, como una
fuerza física que le sofocaba. Siempre lo había odiado.
Entonces, la tortura comenzó otra vez.
En medio de la siguiente sesión, Fatos paró pasando el dorso de su
mano sobre su frente para limpiar el sudor que había allí, solo logrando
mancharse el rostro con la sangre de Luka.
—¿No recuerdas la diversión que solíamos tener? —preguntó Fatos
mirando a Luka con los ojos muy abiertos—. Éramos un equipo, tú y yo. No
hay razón por la que no podemos tener eso ahora.
A pesar de la agonía en su pecho de los repetidos golpes que soportó
y la sangre en su boca, Luka todavía se reía, tosiendo mientras trataba de
limpiar su nariz.
—Nunca fuimos un equipo, mierda delirante.
Fatos parecía herido.
—Te quiero como a un hermano, Valon. ¿Qué…?
En albanés, Luka preguntó—: ¿Qué querías de mí, Fatos? ¿Querías un
compañero, o pensaste que soy una puta como mi madre y pensaste que
sería tuyo?
El rostro de Fatos se tiñó de rabia por lo que Luka insinuaba, pero al ver
su reacción solo le hizo reír. Esta no era la primera vez que sus intereses eran
cuestionados, sobre todo cuando se trataba de Luka, y al igual que ahora,
siempre se enfurecía por la sugerencia.
Pero tan rápida como apareció la rabia, desapareció mientras forzó
una risa, sacudiendo la cabeza.
—Tú siempre has apreciado a tus putas, Valon. Dime, ¿qué hacen
exactamente por ti? ¿Sonríen con coquetería cuando estás cerca? ¿Se
aferran a cada una de tus palabras?
—No te importan las putas —dijo Luka calmadamente, escupiendo
otra bocanada de sangre—. Si lo hicieran, Natasha estaría muerta. Sin
embargo, la dejaste sola porque sabías que significaba una mierda para mí.
Fatos frunció el ceño, mirando a Luka como si fuera el loco.
—Son todas putas, Valon. ¿No has aprendido nada?
—Solo que los dos moriremos aquí.
Eso pareció, al menos momentáneamente, callarle, aunque no por
mucho tiempo.
—Quería... no, esperaba más de ti. Sin embargo, sigues
decepcionándome.
—Esto se está volviendo aburrido. Si vas a usar eso. —Señaló el látigo
que Fatos agarraba holgadamente en una mano—. Sigue adelante.
Fuego brilló en los ojos de Fatos cuando golpeó, dando un sólido
golpe en el rostro de Luka que lo hizo reír a pesar de sí mismo. A nadie le
gustaba reírse, especialmente cuando intentaban ser tomados en serio.
—No vas a conseguir que te mate —dijo Fatos uniformemente,
asegurándose de que llamara la atención de Luka mientras decía esto. Pero
se dio cuenta demasiado tarde de que se había acercado demasiado.
Con un brusco movimiento de cabeza, la cabeza de Luka lo golpeó,
sintiendo el cartílago de la nariz de Fatos ceder bajo la presión. Fatos se
tambaleó hacia atrás, casi resbalando sobre el cristal que cubría el suelo,
pero cuando se enderezó, con sangre goteando de su nariz, Luka vio lo que
había estado esperando.
Rabia.
Por lo menos ahora le esperaba una tortura, y no el sonido de la voz
de Fatos. Solo uno de ellos le había ayudado a superar su tiempo aquí, pero
no sabía cuánto tiempo más.

***

Klaus puso la última correa de su chaleco antibalas en su lugar,


alcanzando las pistolas a continuación. Celt, que se hallaba parado
estoicamente en el lado opuesto de la sala de armas, tenía sus brazos
cruzados sobre su pecho.
Era consciente de ello, prácticamente podía sentir la mirada del
irlandés en él mientras se preparaba, pero no se había molestado en
preguntarle hasta el momento.
—¿Qué?
Alejándose de la pared, Celt preguntó—: ¿Seguro que puedes
manejar esto?
Mirándolo, Klaus revisó la cámara de su Glock antes de enfundarla.
—¿Por qué no?
—Incluso yo sé que esto no es un trabajo normal para ti.
No lo era, pero Klaus no iba a confirmar sus palabras, no cuando
usaba cada poco de energía que poseía para evitar actuar mal. No
pretendía que durante los últimos seis meses no hubiera pensado en Luka y
en lo que le sucedió, pero no había tenido los recursos necesarios para
encontrarlo.
Los albaneses cambiaron su ubicación para el funcionamiento y
trabajaban prácticamente fuera de la red. Entonces, en el momento en que
había ido a Winter para recibir ayuda —un hacker que trabajaba para ellos
de vez en cuando— el nuevo encargado llamó a su equipo para un trabajo.
Klaus no pensó mucho en eso en ese momento. Eran buenos en lo que
hacían individualmente, pero juntos eran casi imparables, pero él no esperó
los detalles del trabajo que les dieron.
El cliente, Mishca Volkov.
La asignación, rastreo y rescate, y un recalentamiento 10.
Cuando se produjera el recalentamiento, iba a matar a cualquiera a
la vista y no dejarían ninguna prueba de que un equipo había estado allí.
Era raro que hicieran un recalentamiento, solo porque era tan difícil asegurar
que todo el mundo se había ido y terminado, pero con las muertes de Brahim
y Jetmir, los dos jefes de la Organización, era mucho más fácil destruir una
infraestructura ya desmoronándose.
No, el problema de Klaus era el hecho de que no había sabido que
Mishca iba a ser su encargado para hacerle un trabajo oficial. Podría haber
llegado tan fácilmente a Klaus y dejar que lo manejara personalmente.
Incluso si hubiera pensado que el trabajo habría sido demasiado para él,
Klaus era completamente capaz de llamar a su equipo.
Esta era otra razón por la que Klaus no estaba seguro de poder confiar
en Mishca, no completamente. Esto, todo el acuerdo relacionado con estos
albaneses en particular debería haber sido dejado para que lo manejasen.
Esto era prácticamente por todo lo que había vivido.
Solo otra cosa que Mishca le quitó.

10 Se refiere a un sobrecalentamiento eléctrico (N. D. T.)


Klaus volvió a mirar a su amigo.
—Hagamos esto.
No eran los dos únicos en esta misión.
También estaba Calavera, la única mujer mercenaria en su equipo. Su
especialidad eran los cuchillos, algo que Luka habría disfrutado, pero era
muy buena con una pistola. Cuando no se le quitaba una tarea para
trabajos especiales como éste, se quedaba en la costa este, viviendo en el
The Strip, en Las Vegas.
Luego estaba Payne, un nombre que todos odiaban colectivamente,
pero él lo había aceptado. Después de todo, era bueno siendo letal. De
todos ellos él era el que más se parecía a un criminal, en parte por el cuervo
tatuado en el costado de la cabeza, su mohawk 11 a veces cubriéndolo, y
luego porque sus caninos se hallaban cubiertos de plata por razones que
solo él conocía.
Y, por último, fuera del lugar, se encontraba Winter, cómodamente
sentada prudentemente detrás de un escritorio, hackeando ya el
ordenador central de los albaneses para hacerse con el control de su
sistema de seguridad. No era oficialmente parte del equipo, pero si un
trabajo lo pedía, Payne la llamaba para pedir ayuda, porque de lo
contrario, temía que ella se metería en problemas si no cuidaba de ella en
todo momento. No ayudaba que fuera una hacker de oficio. Luchar en
persona era una cosa, pelear virtualmente era algo que Klaus no podía
comprender.
Había otros que hicieron su pequeña guarida de mercenarios, pero
para esto, solo unos pocos eran necesarios.
Alquilando un jet desde los Estados Unidos a Rusia, y luego tomando
uno más pequeño hasta Albania, el viaje fue más largo de lo que Klaus
hubiera querido, pero trabajaba duro para sofocar su ansiedad.
Tras Fatos, no quedaría nadie. Todas las personas que contribuyeron
al peor día de su vida estarían muertas... todos excepto Luka, pero de
alguna manera, él había expulsado lejos todo el enojo hacia él.
Todavía no sabía por qué.
Desde el avión, se subieron a un Jeep, Klaus y Celt en el frente, Payne
y Calavera en la parte posterior. Se colocaron los transmisores en sus oídos.
Su equipo fue revisado de nuevo, solo para asegurarse de que nada había

11Mohicano o iro (refiriéndose al pueblo iroqués) es un corte de cabello que consiste en


cortar ambos lados de la cabeza, dejando una franja de cabello notablemente más largo
o cresta.
sido olvidado. Cuando rodearon la curva de la colina, Klaus sacó su
máscara de su bolsa, mirándola por unos momentos antes de ponérsela.
Era la hora.

***

El dolor finalmente se desvaneció hasta convertirse en uno leve, que


mantuvo a Luka en el borde de la conciencia. Desde hacía mucho tiempo
deseaba desmayarse, para finalmente obtener unos segundos de paz de la
interminable agonía, pero no importaba cómo lo intentara, no podía
escabullirse.
A medio metro de distancia de él había grandes pedazos de vidrio
roto de la ventana que Fatos rompió. Uno era lo suficientemente largo y
recortado como para haber retenido la atención de Luka durante la mayor
parte de la noche. Él no estaba roto. Eso era algo que tenía que recordar
constantemente cuanto más permanecía en este lugar.
Pero... ¿para qué más tenía que vivir?
Escapar de los albaneses una vez que no estaban conscientes era una
cosa, pero intentarlo de nuevo, sobre todo sin tener armas y con la cantidad
de hombres que Fatos tenía aquí... y moriría intentándolo. No era como si
pudiera volver a la vida que dejó atrás. Los rusos lo querían muerto, y no
pensó por un segundo que Mishca se quedaría a su lado, no cuando lo
ofreció tan felizmente.
En este punto, ¿para qué más tenía que vivir?
A pesar de su mano encadenada, Luka se estiró lo más que pudo,
finalmente utilizando su pie para arrastrar el pedazo de vidrio hasta que
pudo agarrarlo con su mano. Era grueso y robusto, y lo suficientemente
afilado como para saber que una vez que lo cavase a través de su carne,
su piel se cortaría.
Las palabras no podían describir la forma en que se sentía ante la idea
de que su sangre se derramara sobre el piso de cemento sucio debajo de
él. Ansiaba esa libertad.
Ansiaba que esto finalmente terminara.
El rostro sonriente de Alex brilló en su mente, solo por un fugaz
momento, uno de duda sobre lo que estaba a punto de hacer.
Pero, ¿qué podía ofrecerle a ella aquí?
Ella podría tener mucho más sin él en su vida. Incluso si por alguna
casualidad se liberase de este lugar, Mishca nunca los aceptaría juntos, no
ahora, no después de que se revelara la verdad. Nunca la obligaría a elegir
entre ellos porque sabía que ella lo elegiría y él querría que eligiera a su
hermano.
Esta era la salida fácil, Luka se dio cuenta cuando presionó el cristal
en su piel. Para todos.
Aplicó presión. Lo suficiente como para que la aguda mordida de
dolor le hiciera parpadear, mirando a su propio brazo donde la sangre fluía.
Podía hacer esto.
Podía hacer esto.
Podía hacer esto.
Pero el momento en que se preparó para tirar de su arma a lo largo
de su piel fue el mismo momento que escuchó unos disparos amortiguados.
No existía razón para que Fatos disparara contra uno de sus propios
hombres, lo que solo podía significar que alguien estaba aquí... un enemigo
que Luka no conocía.
El Sindicato Albanés tenía muchos enemigos propios sin tener en
cuenta la Bratva, probablemente más desde que Luka había dejado este
lugar. Una cosa era ser torturado por gente que conocía, por lo menos podía
explicar lo que iban a hacerle, pero otra cosa era enfrentarse a una
amenaza desconocida.
Luka no podía pasar por esto otra vez.
Agarrando el vidrio con más fuerza, se había determinado a seguir
adelante con la decisión que tomó. A un segundo de terminar esto, la
puerta se abrió de golpe y un rifle de asalto fue la primera cosa en la que
sus ojos se centraron, además de la luz que entraba.
Sabía, incluso con la máscara, que miraba a Klaus. La otra persona
que entraba detrás de él era todavía un misterio.
Luka no soltó su arma, ni siquiera cuando Klaus se quitó la máscara,
revelando su rostro. Debería haber sentido alivio al verlo allí, pero lo único
que sentía era confusión. No sabía si lo que veía era realidad o si todo esto
era solo un sueño. Pero si éste fuera el último y no hubiese consecuencias en
lo que iba a hacer, lo aceptaría felizmente.
Tal vez se había desmayado o sufría bajo una intensa ilusión porque
no existía otra forma en que Klaus pudiera estar aquí.
—¿Entonces ha enloquecido? —Un hombre, el que no reconocía,
estaba de pie sobre él con una ametralladora en la mano.
—Lo tengo, Payne. Solo asegúrate de que los otros estén muertos.
El inglés miró a Klaus, encogiéndose de hombros una vez antes de
partir. Klaus dio un paso vacilante hacia delante, y en lugar de su habitual
arrogancia, parecía pensativo. Se agachó frente a él, con los antebrazos
apoyados en los muslos, las manos juntas frente a él. Era lo más vulnerable
que se permitió ser, especialmente alrededor de Luka.
—Creo que me estoy muriendo —susurró Luka angustiado, el sonido
de su propia voz le sonaba extraño—. Aunque no pensé que serías la última
persona que vería antes de irme. —Él apartó la mirada—. ¿Necesito tu
perdón antes de que finalmente deje de respirar? ¿Incluso lo ofrecerías?
Klaus negó con la cabeza, extendiendo una mano hacia Luka, su
agarre firme. No entendía por qué al principio o siquiera cómo su toque se
sentía tan real.
—Esto es real —dijo en voz baja—. Estoy aquí, ahora mismo. Pero
necesito que pongas esto abajo para poder ayudarte —dijo con un gesto
con la cabeza al vidrio que Luka agarraba con tanta fuerza que le sangraba
la mano.
Luka, que se daba cuenta de que esto no era una ilusión, abrió la
mano, viendo el vidrio chocar contra el suelo.
Miró a Klaus con ojos poseídos y le hizo la única pregunta que podía.
—¿No estoy muerto?
—Hoy no —respondió él mientras sacaba una pistola de una pistolera
que tenía en la espalda, disparando contra la cadena que unía a Luka a la
pared.
Arrastrando su brazo sobre sus hombros, Klaus lo ayudó a ponerse de
pie, apoyando la mayor parte de su peso ya que apenas podía estar de pie.
Hizo un esfuerzo concentrado para caminar por su cuenta, pero cada vez
que su paso vacilaba, Klaus estaba allí, sin palabras, enderezándolo.
Luka era bueno fingiendo. Fingiendo que todo estaba bien ahora.
Fingiendo que no caminaba sobre diversos cuerpos mientras Klaus lo llevaba
fuera de su propio infierno personal.
Se aventuraron por la puerta principal de la casa, con el sol haciendo
que las pupilas de Luka se contrajeran dolorosamente. No sabía a dónde
iban, y tampoco le importaba, siempre y cuando estuviera lejos de aquí.
—¿Tienes el paquete?
Luka forzó su cabeza hacia arriba a la voz, mirando a una chica que
era una cosa pequeña, pero parecía que podía manejarse muy bien ya que
iba armada como el resto de ellos. ¿Klaus consiguió su equipo para sacarlo?
Si Klaus respondió a su pregunta, Luka no la escuchó.
—Celt te espera con el otro.
¿Otro?
¿Había otra persona que Fatos retuvo como prisionero? Tendría
sentido, ya que le gustaba lastimar a otros, pero Luka no creía haber
escuchado los gritos de nadie más que los suyos.
La chica, cualquiera que fuera su nombre, se abalanzó bajo el otro
brazo de Luka, ayudándoles a moverse más rápido por el solar.
Riéndose sin humor, aunque le dolían las costillas, Luka dijo—: Lo siento,
me han hablado.
—Simplemente apuesto que lo han hecho —respondió con ironía, su
acento español cálido y amistoso.
Cuando se aventuraron más cerca de Celt —un mercenario que Luka
realmente conocía— sintió un escalofrío por su espina dorsal ante la gran
cantidad de cuerpos alrededor del lugar. Nunca dudó de la eficacia con la
que trabajaba Klaus, pero verlo de cerca y personalmente, especialmente
con lo tranquilo que estaba todo el mundo, era aterrador ser testigo.
Fatos se hallaba de rodillas, con el labio partido, el ojo hinchándose
rápidamente. E incluso después de todo lo que había hecho, todavía
miraba a Luka con reverencia en sus ojos.
Celt dio un paso hacia atrás, su mirada yendo de Luka a Klaus.
—Tu llamada.
La chica salió de debajo de Luka, alejándose de forma que estaba
fuera de alcance, aunque más sorprendentemente, Klaus también se
movió, pero Luka sabía que esto necesitaba suceder. Después de todo lo
que le quitaron, no era ninguna sorpresa que quisiera que Fatos muriera. Se
lo había contado en tanto sospechó que se encontraba en Nueva York.
Pero, esta vez no se interpuso en el camino. Si Klaus lo quería muerto,
era solo cuestión de tiempo...
Alguien puso una pistola en la mano de Luka y la visión de ella no hizo
nada para cambiar la forma en que se sentía por dentro. No pudo evitar
mirar a Klaus, la pregunta clara en sus ojos. Él simplemente asintió, sin ofrecer
una respuesta, pero Luka podía adivinar.
Esto era tanto para él como para Klaus.
Mientras miraba a su antiguo amigo, alguien a quien conoció durante
demasiado tiempo, finalmente empezó a sentir algo distinto del vacío que
se apoderó de él desde que estuvo aquí.
Mirándolo fijamente, Luka no dudaba del vínculo entre ellos, uno que
probablemente nunca podría ser roto, incluso en la muerte. Sabía que Fatos
se preocupaba por él a su manera y siempre había querido su amor y
aprobación. Pero Luka aprendió de la manera difícil que Fatos era un poco
obsesivo, y no importaba lo que Luka hiciera, no era suficiente.
Luka debió haberlo dejado hace años antes de que llegara a esto,
pero en cierto modo, Luka lo amó demasiado para ver que su vida había
terminado.
—No lo harás —susurró Fatos desde su posición en el suelo—. Nunca
podrías.
Pero eso era lo que se refería al amor. Mientras que nunca podría
desaparecer por completo, su amor por alguien más le dio la fuerza
necesaria para hacer lo que debería haber hecho hace mucho tiempo.
—No deberías haber venido a por mí —dijo Luka entre dientes—. Y
nunca deberías haberla tocado.
Fatos estaba perdiendo la sonrisa, consciente de que había algo
diferente esta vez que en la última. Antes de que Luka pudiera hablar de
ello, y antes de que Fatos pudiera pedirle misericordia que no lograría, Luka
apretó el gatillo.
Solo una vez, pero ya era suficiente, la bala se desgarraba por la mitad
de su frente, dejándolo desplomado en la tierra, con los ojos todavía
abiertos, la boca helada en una media sonrisa.
Una vida de sórdido infierno, todo en cuestión de segundos.
Luka dejó caer el arma, casi como si el peso fuera demasiado para él.
Se balanceó sobre sus pies, ya que la poca energía que le quedaba se
había acabado. Lo último que vio antes de caer en la inconsciencia fue ver
llegar a Klaus para frenar su caída.

***

Klaus tomó un trago de su cerveza, la mirada todavía puesta en la


cama donde el bulto gigante todavía tenía que moverse desde que fue
depositado allí hace varias horas. Le habían dado una buena paliza a Luka,
y por su apariencia, desde la parte superior de la cabeza rapada hasta el
fondo de los sucios pies, no tuvo una comida decente en todo ese tiempo.
Lucia notablemente más delgado, y parecía que estaba dando vueltas por
el desagüe.
Todas las veces que Klaus lo vio, siempre se había visto tan
endurecido, la máquina de matar en la que se convirtió. Pero ahora, Klaus
lo veía en lo más bajo, o al menos lo había hecho. No creía que fuera capaz
de conseguir que la imagen de Luka estando listo para cortar sus propias
muñecas pudiera sacarla de su cabeza. Recordando eso, cómo tuvo que
impedirlo físicamente de hacerlo... eso era una cosa que deseaba poder
olvidar.
Gimiendo, Luka despertó lentamente, luego de repente, se puso de
pie completamente. Inmediatamente se arrepintió de la decisión mientras
tocaba con una mano su costado, sintiendo los vendajes que habían sido
envueltos alrededor de su torso.
—Por lo menos dime que salimos del maldito campo. —Gruñó, girando
sus ojos hinchados y llorosos hacia Klaus.
Asintiendo, Klaus dijo—: Lo hicimos.
—Y Fatos... está realmente muerto.
—Su cuerpo ha sido quemado solo para estar seguros.
Luka se echó hacia atrás, con los ojos ya cerrados de nuevo.
—Debe haber sido agradable.
Klaus sonrió.
—Tómalo con calma. Duerme un poco. Probablemente lo necesites.
Pero ya se había desmayado.
48
Adiós
Traducido por Maeh
Corregido por Taywong

E
l dolor era único, la única entidad física con la que Luka podía
contar.
A pesar de despertar con una suave cama debajo, la agonía a
lo largo de su cuerpo era tan fuerte que no importaba la
comodidad. Desorientado, intentó conseguir sus almohadas, dándose
vuelta tan cuidadosamente como pudo. Su brazo fue alrededor de su torso
así podía sentir los vendajes envueltos apretados alrededor de sus costillas.
Luka no tenía el lujo de no recordar su tiempo con Fatos y los demás.
Recordaba la tortura, cada vez que Fatos entraba a la habitación, su
consiguiente rescate, e incluso poner una bala en la frente de Fatos. Pero
todo luego de eso era borroso.
Mirando a su alrededor al estéril espacio, la cama en donde estaba,
una pequeña mesa a su derecha que mantenía un par de botellas de agua
sin abrir y otra que se encontraba vacía. Eso le recordaba su propia casa…
al menos antes de que Alex lo convirtiera en algo digno para vivir.
Moviéndose al lado de la cama, dejó caer sus pies en el suelo,
gimiendo ante la aguda puñalada de dolor que se disparó a través de él
ante el movimiento.
Respirando profundamente por la nariz, luchó para pasarlo,
intentando llegar a sus pies, pero el sonido de una puerta de metal
abriéndose le dio una pausa.
—Bien. Estás despierto. Pensé que estabas muerto.
Luka giró sus acuosos ojos hacia Klaus mientras entraba a la
habitación, limpiando la grasa de sus manos con una pequeña toalla de
mano.
—¿En dónde estoy? —Su voz sonaba extraña para sus propios oídos,
áspera y ronca por el sueño.
—Casa de seguridad.
—Cierto.
Luchando con sus pies, Luka lentamente hizo su camino hacia las
manchadas ventanas, viendo afuera. Él conocía la ciudad de Nueva York
como la palma de su mano, así que pudo decir con una sola mirada que
no se encontraban en el estado.
—¿Cómo te sientes?
Como si lo hubiesen torturado implacablemente durante meses.
—Bien.
Klaus tomó asiento en la cama, descansando sus manos sobre sus
rodillas.
—Mira, sé que estás en un estado de mierda, y la última cosa de la
que quieres hablar es de Fatos, pero necesitamos…
—¿Qué hacías en Berat? ¿Por qué han hecho esto? —preguntó con
un ondeo de su mano, abarcando la totalidad de su situación.
—Una asignación.
—¿Una asignación? —Luka no sabía por qué eso lo molestaba tanto.
…O al menos no quiso reconocer por qué. Tal vez una parte de él
esperaba que alguien, ya fuera Klaus o Mishca, lo ayudaran debido a que
se preocupaban… no porque fuera una asignación.
—Mira, Luka…
—Es Valon, ¿recuerdas?
Cualquier bondad que estuvo en el rostro de Klaus desapareció como
si una máscara fuera deslizara de sus facciones.
—¿Cómo podría olvidarlo? Pero pasaste una buena parte de los seis
años intentando borrar ese pasado, ¿no? De hecho, lo hiciste un punto para
evadir o matar a cualquiera quien pudiera haber traído ese pasado.
Luka gruñó, deseando que pudiera bloquear sus palabras.
Si su pasado pudiera haber sido borrado con la menor cantidad de
víctimas, Luka habría tomado esa oferta hace años. Pero dejó que el miedo,
junto con su lealtad fuera de lugar, nublara sus pensamientos. Hasta el punto
en que si actuaba como si no hubieran existido, como si nada de eso
hubiera pasado, entonces no afectaría lo que tenía en su nueva vida.
Debió saberlo mejor. No, lo sabía mejor, pero solo no había actuado
por sus impulsos.
Ahora, aquí encontraba a miles de kilómetros lejos de la pieza de vida
que construyó él mismo e incluso más lejos de la persona con la cual ansiaba
estar.
Pero, ¿qué importaba algo de eso ahora?
—¿Obtuviste tu venganza, no? Todos en ese día están muertos. ¿A
menos que estés pensando en matarme también? Si es así, creo que esta
asignación fue demasiado trabajo para nada.
—Como te dije antes, si hubiera querido matarte, estarías muerto.
Además, creo que hemos llegado a un entendimiento desde entonces,
¿cierto?
—Así que, ¿cuál era el plan? ¿Cuál era la asignación exactamente?
—Extraer a un desagradecido trasero albanés y matar a todos los
demás. —Klaus golpeó su pierna con su puño—. Y cuando digo eso, me
refiero a todos.
Luka lo observó de nuevo con incredulidad.
—No hay garantía de que hayas matado a cada persona en La
Organización. Eso no es posible.
—¿No? En verdad subestimas lo que mi equipo es capaz de hacer.
—¿Tu equipo?
—¿No me digas que no recuerdas a los demás? Ellos estarán
ofendidos.
Luka comenzó a responder, se calló a sí mismo, dándose cuenta un
poco tarde que estaban bromeando.
—¿Qué estamos haciendo aquí?
—Pensé que querrías algo de tiempo para ti mismo antes de regresar.
—No voy a regresar.
Klaus frunció el ceño.
—¿Dilo de nuevo?
—Me escuchaste.
—Sí, te escuche, pero considerando la estúpida mierda que te he
escuchado decir, y créeme ha sido bastante, necesitaba asegurarme.
—No me queda nada en Nueva York.
—¿No? ¿Está tu Bratva? ¿Lauren? Y Ale…
Luka rio amargamente.
—Cierto. Sé que Mishca prácticamente me envolvió como regalo
para Fatos. ¿Cómo se supone que trabaje para alguien en quien no puedo
confiar?
—Estábamos bien, pensé.
Ignorando su comentario, Luka dijo—: No les digas a ellos.
Klaus lo observó confundido, reajustando el gorro cubriendo su
cabello.
—¿Acaso te has escuchado a ti mismo?
—Luego de la primera semana en ese agujero, pensé que tal vez me
había equivocado, que había un plan en marcha, alguna mierda de la que
no sabía. Tres semanas, empecé a dudar de todo. Entonces, cuando no
pude envolver mi cabeza con el concepto del tiempo, me detuve de creer
en todo. Así que, no. Cuando deje este lugar, no me sigas.
Luka no tenía nada. No tenía ningún acceso a dinero, e incluso no
tenía la energía para continuar con la conversación.
Así que, dándole la espalda a Klaus, se dirigió hacia la puerta.
—¿Qué hay acerca de Alex?
Se detuvo, endureciéndose a sí mismo.
—Estoy haciendo esto por ella.
Preferiría que ella pensara que estaba muerto que ver la traición en
sus ojos.
49
Canjes
Hace ocho meses
Traducido por CamileMarie
Corregido por Taywong

S
iguiendo a la anfitriona hasta la mesa en el centro del salón, lejos
de los demás comensales, Mishca sacó su BlackBerry de su bolsillo
y vio a su esposa sonriéndole desde el aparato vibrante. Antes de
que siguiera sonando por mucho más tiempo, lo apagó. No necesitaba
ninguna distracción durante su reunión.
Y luego, estaba el hecho de que el hombre con el que se reuniría
insistiera en ello.
Rechazó el menú que le ofrecían, pero aun así pidió un vaso de
whiskey escocés, necesitando algo para calmarse. No era llegar a la cima
lo que era difícil, era recordarse que había trabajo que venía con ello.
Mishca nunca pensó que iba a ser fácil retomar todo desde donde
Mikhail lo dejó. Estaba el constante chequeo de las cuentas, el asegurarse
que todo fluyera correctamente, sin mencionar al montón de personas a las
que tenía que rendirles cuentas. Y con los hombres que Mikhail tenía bajo su
mando, Mishca pasó una buena parte del último año reconstruyendo y
persuadiendo a la gente a la que confiaba.
Pero la última persona de la cual pensó que dudaría era Luka.
Antes de que viajará para Italia, no existía razón alguna para que
pensara que una vez el chico terminara por excavar el pasado de todos, no
habría ni una cosa acerca de Luka que él no supiera. Tal vez el conteo de
cuerpos fuera un poco más alto de lo que anticipó, pero ese era el precio
de trabajar con alguien como él.
Excepto la noche en la que recibió la llamada, la última noche de su
luna de miel, de hecho, ni siquiera lo había creído. Pero no importaba
cuántas veces se lo habían repetido, no importaba como había ordenado
para que los hechos fueran reevaluados, la respuesta fue la misma.
Hace seis años, cuando fue a esa casa en el medio de la nada y
encontró a un hermano que no sabía que existía, la tortura por la que pasó,
había sido trabajo de Luka. Por supuesto, nunca habría pensado que los dos
estuvieran relacionados. No era como si Luka hubiera aparecido
inmediatamente después de que Klaus se hubiera ido, y después de todo,
Luka trabajó bajo el mando de Mikhail por más de un año antes de que
viniera a Mishca. Claro que, ahora podía verlo. Nadie a quien Mishca
conociera era tan bueno con un cuchillo como lo era Luka.
Era más extraño el hecho de que Klaus no hubiera dicho una palabra
acerca de él, y más, mientras allí siempre hubiera hostilidad entre él y Luka,
Mishca siempre pensó que era debido a la personalidad de Luka. Él, tal vez,
se sintió rechazado por lo que Luka había hecho, pero al final, no podía estar
más enojado de lo que Klaus estaba, y más que eso, solo fue un peón en
toda la estrategia que tenían. Mikhail realmente estuvo detrás de eso y si
alguien iba a golpear a Luka por lo que había hecho, ese sería Mishca.
Pero había un rumor de que Fatos y sus secuaces se hallaban a la caza
de Luka, y Mishca sabía que no era solo por la muerte de Bastian. Existía
mucha más historia detrás de ello y gran parte de ella aún estaba sin
terminar. Bastian era solo una excusa. Tal vez, en un mundo perfecto, si Luka
no hubiera asesinado a Bastian, los Albaneses no estuvieran haciendo un
plan para atraparlo, pero Mishca sabía que todo eso era un juego en
espera.
Tanto como Luka viviera, ellos estarían esperando por él. La única
manera de que podrían prevenir una guerra era la excusa de Luka matando
a Bastian para llevarlo a su país natal. No había pensado que alguno de
ellos iba a resaltar todo lo que Luka le hizo a Klaus todos esos años, que era
de donde todos los tratos provenían, pero existía otra cosa que Mishca no
entendía sobre Fatos.
¿Por qué parecía tan determinado en atrapar a Luka?
Pero sea cual fuere la razón, Mishca siempre odió hacer tratos con los
Albaneses. Y no tendría que hacerlo ahora que estaba a cargo. No había
mucho que Mishca pudiera hacer sin tornar todo esto en una guerra total.
Había sorteado las posibilidades y angustiado sobre ellas, pero si quería que
Luka saliera de todo eso —sin mencionar a su esposa, su hermana y su
organización— tenía que jugar de la única manera que ahora sabía.
Eso era el por qué Mishca llamó a la única persona capaz de hacer lo
que necesitaba que fuera hecho. Desde lo que Mishca aprendió acerca de
Fatos el albanés, era que su extraña obsesión por Luka tal vez fuera
beneficiosa.
Cuando la mesera volvió con su bebida, no venía sola.
El hombre con el que Mishca se reunía era tan misterioso como una
leyenda en el mercado negro. Lo contrario a Mishca, el cual todavía tenía
un perfil bastante público mientras que administraba algunos clubes
nocturnos y otros negocios. Este hombre vivía y crecía prácticamente en
soledad.
La única cosa que Mishca sabía sobre él era que poseía La Guarida,
la organización en la que Klaus trabajaba. De hecho, este hombre era el
encargado de Klaus, al menos su nuevo jefe por lo que Mishca había
entendido. Él era la única persona que tenía suficiente poder para retener
un equipo de mercenarios que solo eran leales a ellos mismos,
especialmente cuando los mercenarios tendían a seguir el monto de dinero
más grande.
Oh, y el nombre por el que respondía.
El Kingmaker.
Mishca se levantó como muestra de respeto aceptando la mano
antes de que él reclamará su silla. Le dio gracias a la chica por su bebida
antes de que se fuera apresurada.
El hombre se sentó mientras su mirada recorría a Mishca. Aunque
intensa, había algo en su mirada que parecía aburrida con todo esto.
—Volkov, no creo que hayamos tenido el placer.
—No lo hemos tenido… —interrumpió, sin saber cómo llamarlo.
Sonrió.
—Los nombres tienen poder, Volkov. No te daré el mío. Dime, ¿cómo
te puedo ayudar en tu dilema? Si estuviera en tu lugar, creo que hubiera
recurrido a Valon Ahmetti, el hombre a quien quiere al chico, solo para
salvarme a mí mismo de los problemas.
Mischa pestañeó, esperando que su sorpresa no se reflejara en su
rostro. No debería estarlo —no cuando este hombre estaba en el negocio
de la información— pero tener a alguien que sabe de los detalles de algo
que ha estado en secreto por unos buenos seis años, especialmente cuando
solo existían unas pocas personas que tenían la información de primera
mano de lo que ocurrió ese día… bueno, Mishca no estaba preparado.
—Con todo respeto, como manejo mi negocio solo me concierne a
mí.
Los hombres podrían ser variables y algunos, tal vez, habrían tomado
las palabras de Mishca como una ofensa, pero el Kingmaker no era tal
hombre.
—Lo suficientemente justo. Así es como puedo ayudarte, Sr. Volkov. Sé
que Fatos tiene un encaprichamiento nada saludable con tu subordinado y
que es por esa razón, por la que sabemos que no lo matará
inmediatamente. Preferiblemente lo mantendrá a salvo y lo torturará un
tiempo, solo porque lo disfruta. Cuando el calor de la incursión haya bajado,
mis hombres entrarán, lo rescatarán y destruirán todo dentro de un kilómetro
de distancia.
—¿Destruir? —preguntó Mishca. Necesitaba asegurarse de que todo
el dinero que colocaba dentro de esta operación valiera la pena.
—En el momento en que ellos terminen, no habrá quedado nada. Tu
problema de Albaneses habrá dejado de existir.
Mishca asintió, terminando la última gota de su bebida.
—¿Y cuánto tiempo tendrá que pasar después de que se lo lleven
para que empiece la misión?
—Doce semanas.
Los dedos de Mishca se apretaron alrededor del vaso mientras lo
colocaba en la mesa, encontrándose con los ojos del hombre sentado
frente a él.
—¿Quieres que permita que uno de mis hombres sea torturado por
doce semanas?
—Esto no es un simple “Entrar y Tomar” como ustedes los rusos hacen.
Esto toma paciencia, habilidad y conocimiento de la compleja
organización que quieres que sea destruida, todo lo que tú no posees. O
aceptas el trato como está o lo dejas ahí, pero recuerda que después de
esos seis meses, él puede morir o puedes salvarle la vida. Toma tu decisión.
Ahora, Mishca entendía por qué a Klaus no le agradaba su nuevo
encargado. El hombre era un imbécil. Uno poderoso y casi intocable pero
un imbécil sin remedio.
Y lamentablemente era la única opción de Mishca.
Asintiendo una vez, Mishca estuvo de acuerdo.
—Es un placer hacer negocios contigo, Volkov. —El hombre se paró
abotonado su chaqueta—. Un consejo. —No habló hasta que Mishca lo
miró—. Algunas veces los hombres que rescatas después de una tortura no
son los mismos que entraron. Sé cuidadoso con lo que vas a rescatar, no
vaya a ser que no lo puedas controlar.
***

Mirando la forma de su hijo durmiendo, Mishca esperaba por paz. Él


ansiaba por ello después de todo el estrés por el que pasó durante los últimos
seis meses, pero no había llegado. Solo por un momento, cuando Lauren dio
a luz, enviándole una sonrisa cansada y sudorosa una vez que el bebé
estuvo en sus brazos, él sintió una solitaria emoción que lo había eludido.
Felicidad. Pero fue fugaz, y mientras trataba de ignorar la nostalgia que
había sentido, era difícil.
Ni una vez en los veinte años en los que Alex había estado viva, se
sintió lo suficientemente enojada con él para cortar toda comunicación.
¿Enfadada? Algunas veces, he incluso hubo una vez que no hablaron por
un par de días mientras le daba el trato del silencio, pero ella volvió como
siempre lo hacía.
¿Ahora? No estaba seguro.
Él no esperó que ella entendiera su pensamiento. Solo esperaba que
respetará la decisión que había tomado. Mishca no estaba acostumbrado
a explicar cada acción, incluso con Lauren. Ellos habían estado juntos por
casi cuatro años, casados durante casi un año y ella aún tenía que tratar de
sacarle alguna información que no hubiera compartido inicialmente. La
única persona que parecía no estar enojado con él era Klaus pero eso no
era mucho.
Él no había expresado algún sentimiento acerca de todo el tema.
Estirando su mano, Mishca pasó sus dedos por el cabello de Sacha, lo
suficientemente suave para no despertarlo. Sus labios estaban ligeramente
separados, su respiración era calmada, su pecho subiendo y bajando con
cada bocanada. Sacha era perfecto en cada sentido de la palabra.
—Mish…
Volteó sonriendo suavemente mientras observaba a su esposa en la
puerta. Parecía cansada, lo suficiente, teniendo en cuenta que tenían un
bebé de cuatro meses, pero sus ojos lucían tan alertas que Mishca supo que
tenía algo que decirle.
Caminando hacia ella miró por última vez a Sacha, saliendo del
cuarto y cerrando la puerta detrás de ellos. Lauren se sentó en el sofá,
enroscando sus piernas debajo de ella, con sus brazos en su pecho. Mishca
se sentó frente a ella con sus brazos abiertos. Lauren los miró tentada pero
sus hombros se tensaron y sus ojos se estrecharon ligeramente.
Aparentemente no podría ganarla así de fácil...
—La cagaste, Mish —empezó suavemente, sus ojos yendo de
determinados a angustiados en un segundo.
Suspirando, Mishca frotó una mano en su rostro, apartando la mirada
de ella.
—¿Necesitaré una bebida para esto?
—Tal vez, pero quiero que realmente me escuches. El alcohol va a
anular eso.
Mishca se congeló, colocando toda su atención en Lauren.
—Siempre te escucho Lauren. Siempre
—Pero no cuando se trata de Luka.
Debería haber sabido que querría hablar sobre esto. Parecía que no
era la única persona que seguía colgado de ese día hace seis meses. Pero
realmente, nadie sabía lo difícil que fue para él tomar esa decisión o los
pensamientos que tuvo por ello. No fue hasta mucho tiempo después que
incluso pensó que había cometido un error.
—Su nombre es Valon.
El fuego volvió a los ojos de Lauren, incluso si su respuesta tenía algo
de vehemencia.
—El único asunto en el que te dejo que te envuelvas es legítimo. He
tratado de que nada de lo que tenga que ver con la Bratva te toque, y no
voy a cambiar eso ahora.
Lauren sonrió con suficiencia, halando el cuello de su blusa hacia la
derecha, revelando una de las dos estrellas que Mischa tatuó en su pecho.
Un símbolo de la vida que él veneraba y de lo lejos que él iría para
protegerla.
—Demasiado tarde.
—Lauren…
—Explícamelo, Mish —interrumpió—. Si Klaus no estuviera enojado, y
no es como si estuviera en la oscuridad de todo esto. Entonces, ¿por qué
estabas tan enojado?
—No olvides que era yo el que tenía que estar en esa silla. Si Niklaus
nunca hubiera venido a Nueva York ese fin de semana, las circunstancias
serian completamente diferentes ahora.
—Sigues pensando de esa manera, pero la manera en la que yo lo
veo, Luka te ayudó en una manera en la que tú no estás viendo. Sí, cometió
actos reprensibles contra Klaus, no estoy excusando eso, pero al final, él fue
el único que lo liberó. Él te llamó y te dijo dónde encontrarlo, sin él, nunca
hubieras sabido que tenías un hermano. Desde eso, Luka ha hecho
muchísimo, incluso más para ti. Me gustaría pensar que trataba de arreglar
el pasado.
No era como si la aparición de los Albaneses hubiera sido una
sorpresa. Ni siquiera fue una sorpresa cuando le dijeron que les entregara a
Luka, sabiendo que sería una declaración de guerra si solo se lo hubieran
llevado. Por meses, incluso desde el último día de luna de miel, Mishca se
había angustiado sobre la verdad que supo por una sola llamada de
teléfono sobre una persona de la que él pensaba que podría confiar en la
Bratva. Contempló una y otra vez lo que haría, porque a pesar de sus
sentimientos, tenía que hacer un ejemplo.
Las personas en sus círculos tenían un terrible hábito de chismosear,
incluso si la mayoría de ellos eran hombres de edad. Si se hubiera sabido que
Mishca aceptó a alguien que trató con tanta audacia de menospreciarlo
en el pasado, especialmente con lo que los Albaneses pensaron en hacerle,
entonces eso lo habría hecho ver como un hombre débil. De hecho, ya tenía
una, ahora dos, notorias debilidades y no quería que siguieran apilándose.
Pero incluso en ese momento, él llegó a querer a Luka como un
hermano, un molesto hermano menor, de hecho, y no habría querido ver a
Luka sufrir en la manera en la que sabía que lo haría. Al final, había hecho la
decisión que podía tomar. Una que mantendría su rostro con la organización
y una que él creía, ayudaría a Luka en un término indeterminado.
Sabía demasiado bien el peligro de tener un pasado que estaría
arrastrándote.
—Él debería haber venido a mí —dijo Mishca finalmente, mientras sus
pensamientos volvían al momento.
Lauren sonrió tristemente mientras le preguntaba—: ¿Y tú reacción
hubiera sido diferente?
Eso, también, era algo que él había pensado constantemente.
¿Hubiera hecho algo diferente?
Fue con la verdad, o al menos lo que se sentía como ello.
—No lo sé, el punto es irrelevante.
—Pero no lo es. No sé si lo has notado, pero Alex está enojada contigo.
Más de lo que estuvo cuando se dio cuenta acerca de Anya y Viktor.
Ella ni siquiera estuvo enojada al principio, recordó Mischa. Se veía
rota, dolida en una manera en la que hizo que su corazón se contrajera.
—Ese tipo nunca fue al que quería para Alex, de todas maneras.
Burlonamente, Lauren puso sus ojos en blanco.
—¿En serio? Estoy bastante segura de que Ross estaba muy
emocionado la primera vez que te conoció.
Sonriendo ligeramente, Mishca encogió un hombro.
—Tiempos diferentes.
—Luka la ama y ella lo ama. No puedes pelear más eso de lo que Ross
pudo haber peleado contra ti y contra mí. Ahora, la única cosa en la que
Alex piensa es que tú tienes la culpa de que Luka no esté aquí.
Mishca negó con su cabeza, tan terco como siempre lo ha sido.
—Ellos hubieran venido por él de una manera u otra.
—Pero fue tu decisión entregarlo. Ella vio cómo voluntariamente
dejaste que se lo llevaran. Demonios, incluso si no te amara tanto como lo
hago, estaría mucho más enojada contigo de lo que estoy.
—Si recuerdo bien, no me dejaste dormir en nuestra habitación por
una semana
—Cierto, y probablemente hubiera sido más si el bebé no hubiera
actuado como si tener tu mano en mi estómago era la única forma de
ayudarlo a dormir por la noche. —Ella sacudió su mano en el aire—. Ese no
es el punto. Si quieres a tu hermana devuelta en casa, y me refiero a
quedarse en vez de salir y tratar de evitarte cada vez que está en Nueva
York, entonces necesitas hacer esto bien.
Mishca suspiró.
—¿Que debería hacer?
—Ve por él.
—¿Dejarías que me fuera en una guerra contra los Albaneses?
—Si fueras tú el que estuviera allá, hubieras hecho algo peor y lo sabes.
Eres demasiado suertudo de que Klaus se negara a tomar el trabajo cuando
se lo pedí.
Sus ojos se entrecerraron peligrosamente, pero para Lauren su
desagrado pasó desapercibido, o ignorado, mientras ella encontraba su
mirada con la de él.
—Arregla esto —dijo Lauren suavemente—. O Sacha tendrá que
crecer sin su tía y su tío porque papa está siendo un cretino.
—¿Tío?
Lauren sonrió genuinamente.
—Ellos son inevitables, Mish. Siempre lo han sido.
Suspirando, la empujó en sus brazos besándola suavemente.
—Ya me he hecho cargo de ello.

***

Seis meses después


Klaus desabotonó su cuello mientras regresaba a su hotel. Pasó la
mayor parte de la noche afuera en una taberna en el corazón de Hell's
Kitchen mirando por las grandes ventanas a la chica detrás de la barra.
Llevaba un pequeño delantal alrededor de sus caderas, ese cabello rojo
familiar atado en un moño y afirmado con un lápiz. Aunque se paró ahí más
de una hora, ella estuvo ajena a su presencia. Estaba pérdida en la vida,
cualquiera que fuera la vida que le hubiera dejado después de que él
hubiera abandonado Nueva York.
Desde que regresó, había contemplado ir hacia ella, para incitar una
conversación que ellos ya deberían haber tenido hacía mucho tiempo, pero
no había sido la misma persona que era ahora. Aún resentido, todavía sentía
rabia hacia el mundo, pero en algún punto, esa línea roja de rabia se había
ido y no era más un esclavo de ese sentimiento. No sabía si tenía que
agradecerle a ella, por haber sido amable en el momento en el que él lo
necesitó.
Klaus nunca le gustó estar equivocado. Lo odiaba. De hecho, era más
que eso, le disgustaba cometer errores, y ahora, mientras llegaba a casa
después de una larga noche deseando otras cosas —cosas que no tenía
derecho a desear considerando la vida que llevó— tal vez haya cometido
un error hacia cinco años cuando abandonó Nueva York y a la chica,
Reagan.
De alguna manera, a pesar de toda la gente que conoció y toda la
información que procesaba diariamente, aún recordaba su nombre.
Eso dijo todo lo que necesitaba saber.
Llegando a su hotel poco después, sacó la llave de su bolsillo. Antes
que recibiera la marca en su cuello, a Klaus no le había importado el hotel
en el que se estaba quedando con tal de que estuviera limpio. Ahora, sus
estipulaciones eran diferentes. Mientras que aún estuviera limpio, prefería los
moteles desde que los gerentes miraban hacia el otro lado y solo
aceptaban el dinero en efectivo. También prefería los lugares donde se
necesitará una llave real para entrar en el cuarto. Era demasiado fácil
duplicar una llave electrónica.
Celt dejó eso en claro desde que era un maniaco de la seguridad.
Desbloqueando la llave, Klaus rodó el picaporte y empujó la puerta,
entrando al cuarto y azotando la puerta detrás de él. Estaba oscuro, todas
las luces apagadas, pero había suficiente luz de la luna pasando a través
de las persianas para que viera a Mishca sentado en la pequeña mesa de
cenar, con un cigarrillo entre sus dedos. Aunque estuviera sorprendido de
verlo ahí, especialmente cuando no notó nada en la puerta, Klaus no dejó
que eso se reflejara. Salió de su chaqueta, tirándola en la cama y tiró de una
silla para empezar a quitarse las botas.
—¿Vas a continuar sentado en la oscuridad o vas a decir toda la
mierda por la que viniste?
Desde que los Albaneses se llevaron a Luka, Mishca y él no se habían
visto mucho y en las pocas veces que lo hicieron, había sido por Lauren.
Klaus no dudó de que siempre iba a haber esta tensión entre ellos por los
pecados de otros. Pero llegaron lejos desde que Klaus lo miró a través de la
mirilla del rifle, contemplando en quitarle la vida.
Tirando sus botas en un rincón, Klaus se sentó en la silla, dejando sus
brazos descansar en los reposa brazos y estudiando al hombre frente a él.
Sabía demasiado bien cómo un evento singular podría cambiarlo todo.
Mientras que Mishca siempre había parecido demasiado frío, excepto
cuando se trataba de su esposa, donde dejaba bajar su guardia, había algo
de cansancio en su expresión esta noche, que hizo que Klaus sintiera una
chispa de lástima.
Tal vez haya llevado una vida que era muerte y oscuridad, pero
Mishca cargaba con un legado que él no tenía. Todavía seguía con su
habitual inexpresión, sin querer revelar sus pensamientos incluso por un
momento, pero a Klaus le resultaba fácil leerlo... O tal vez era porque era
fácil leer su propio reflejo.
Levantando una ceja, Klaus decidió romper el silencio que Mishca
parecía determinado en conservar.
—¿Qué es lo que quieres, ruso?
—¿Dónde está?
Klaus no tuvo que preguntar a quien se refería porque los dos ya lo
sabían. Solo había una persona específica por la cual Mishca vendría a
buscarlo. Pero la pregunta era, ¿por qué ahora? ¿Qué cambió para que
buscara a Klaus en las primeras horas de la madrugada?
Trató de encontrar la respuesta por sí mismo, pero sin llegar a
encontrarla, decidió preguntar—: Incluso si supiera, ¿por qué querrías saber?
—Mis razones no te incumben.
Típica mierda rusa.
—Entonces no te podré ayudar.
Un músculo en la mandíbula de Mishca saltó mientras que apretaba
sus dientes, probablemente en un esfuerzo para evitar contestar.
—Cualesquiera que sean tus razones para mantener la historia de
Valon para ti mismo, es tu problema. No fisgoneo. Pero en esto, necesito
respuestas.
—¿Por qué? —preguntó Klaus, queriendo saber genuinamente—.
Pensé que él estaba muerto para ti.
Mishca se congeló.
—Sabes que eso no es cierto.
—¿Quieres saber lo que no entiendo acerca de ti, ruso? Dijiste que
querías discutir esta mierda para dejar el pasado detrás, pero fuiste
directamente a mi encargado. —Klaus negó con la cabeza en señal de
disgusto—. Hubiera podido manejar esa mierda por mí mismo.
—¿Podrías? —preguntó Mishca con el condescendiente e irritado
tono de siempre—. ¿Sabías el número de gente envueltos en esa misión?
—Obviamente. Creo que estuve ahí, ruso.
—¿Entonces sabes sobre el equipo que asaltó el complejo de Besnik
en Londres? ¿Y el otro que se infiltró en una reunión en un yate en el medio
del océano de Bering?
De hecho... eso era nuevo para Klaus, fue cuidadoso en no dejar que
su sorpresa se mostrara, pero Mishca sabía la verdad.
—Lo que todo el mundo no se da cuenta es que no tomé esta decisión
a la ligera. Cuando Fatos vino hacia mí por Luka, no lo quería ver desterrado,
incluso si quería estrangularlo hasta morir.
Klaus podía verlo, la furia residual reposando latente dentro de él, pero
estaba evidentemente lista para salir.
—Esos Albaneses eran como unas putas cucarachas. Incluso cuando
uno moría, otro tomaba su lugar. Esto no era solo de tomar a Luka de una
maldita situación, también era para prevenir que volviera a pasar. Fatos no
era la única persona que quería muerta. Acabé con toda su red. Porque ni
tú ni él habrían sido capaces de seguir con sus putas vidas hasta que eso
acabara. Así que, de nada. Ahora, si me dejaras en paz y te bajarás de mi
puta espalda por lo que crees que sabes, lo apreciaría.
Trepando su pie, Mishca pasó su mano a través de su cabello,
manteniendo su temperamento bajo control.
—Sabes dónde está y en este momento, no me importa. Dile a esa
pequeña mierda que, si quiere un futuro con esta Bratva o con mi hermana,
entonces que esté en mi oficina dentro de las próximas setenta y dos horas.
Klaus solo pudo parpadear mientras veía a Mishca irse, ni siquiera tuvo
las agallas para azotar la puerta como Klaus hubiera hecho si las posiciones
hubieran sido revertidas.
Imbécil.
Ahora... parecía que tenía que tomar un avión.
50
Es tiempo
Traducido por Maeh
Corregido por Taywong

—S
olo vas a continuar acosándola —comenzó Klaus
mientras llegaba al lado del ex ejecutor, sin sorprenderse
en lo más mínimo de encontrarlo allí—. ¿O no?
Fue honesto cuando le dijo a Mishca que no sabía en dónde estaba
Luka, pero había tenido una idea.
Solo había un par de complejos hasta el departamento de Alex,
sentado en un pequeño café cerca del mercado donde Alex ignoraba su
presencia, mientras se encontraba ocupada comprando una cuadra
abajo, conversando abiertamente con un hombre arrastrándose a su lado.
Lucía menos molesta que la última vez que la vio, pero había tristeza
irradiando de ella. Tal vez, si viera hacia el frente, solo una vez, y los atrapara
sentados observándola, tal vez esa tristeza se iría.
Luka lucía mejor, sus moretones habían sanado, y parecía que había
ganado algo de peso, aunque no tanto como probablemente necesitaba.
Su cabello aún se mantenía corto, aunque era obvio que empezaba a
crecer.
Golpeando sus dedos contra la mesa en una cadencia que solo él
conocía, Luka se endureció ante la intrusión no bienvenida de Klaus, aunque
mantuvo su miraba en Alex.
Klaus nunca lo admitiría, pero extrañó esa sádica sonrisa y crudo
humor del albanes sentado frente a él. Si no fuera porque lo veía, podría no
haberlo reconocido.
Simplemente estaba ahí, aunque toda la vida había sido tomada de
él, y ahora no era más que una cáscara.
De la misma manera que se veía cuando se conocieron por primera
vez.
—Ella es libre.
—¿Qué mierda significa eso? —preguntó Klaus, frunciendo el ceño.
—Necesitaba saberlo. —Prosiguió como si Klaus no hubiera hablado
para nada—. Necesitaba saber que estaría bien sin mí.
Luka se puso de pie sin advertencia. Alex se puso en movimiento,
dirigiéndose a la dirección opuesta con su masculino amigo. Klaus dejó la
cuenta sobre la mesa, manteniendo el paso con Luka a pesar de que
estaba claro que no lo quería.
—Escucha, necesitas regresar a Nueva York.
—No voy a regresar.
Al menos estaba agradecido por la presencia de Klaus. Ese era un
progreso.
—Solo porque tuviste un pequeño altercado no te exime de tus
deberes.
Luka se detuvo, girándose para ver a Klaus quien simplemente levantó
las cejas.
—¿Demasiado pronto?
—Vete a la mierda, Klaus.
Murmuró algo que Klaus no pudo escuchar, hurgando en su bolsillo
por el paquete de cigarrillos en ellos. Sacando uno, lo encendió y tomó una
larga calada, exhalando el humo mientras fácilmente se movían a través de
la multitud.
Luego de un momento, Klaus se dio cuenta que aún seguían a Alex,
quien se encontraba ahora en movimiento.
—¿Estas feliz haciendo esto? —preguntó Klaus, deslizando su mano en
sus bolsillos—. Siguiéndola alrededor como un cachorrito perdido cuando
podrías estas con ella. Digo, ¿quién interfiere en nuestro camino? Según
recuerdo, le disparaste a Fatos a quemarropa. ¿O tal vez lo imaginé?
—¿Cómo podría? Después de todo lo que he hecho.
—A ella no le importa eso.
—Pero a mí sí.
—Así que, ¿qué? ¿Simplemente vas a alejarte?
Luka tomó una última calada del cigarrillo que fumaba antes de tirarlo
y alejarse.
—¿Tuve alguna vez opción?
Klaus no podía explicarlo, pero una rabia lo llenó, y mientras ellos
cruzaban la calle, lo empujó hacia el callejón. Puede que no se diera cuenta
en ese momento, pero había estado tratando a Luka con guantes de seda
desde Berat.
Sabiendo de primera mano la clase de tortura que le hacían a una
persona, eligió darle a Luka su libertad, dándole el tiempo para hacerle
frente a lo que sufrió. Pero nunca pensó que Luka se daría por vencido de
todo.
Esta vida de ellos… era todo lo que conocía.
Estaba claro que Luka aún se revolcaba en cualquier culpa que
llevara, pero Klaus no dejaría que permaneciera allí, ya no.
Batiendo su puño, Klaus se columpió, enviando un sólido golpe hacia
el rostro de Luka, tomando su camisa con su mano libre para mantenerlo
erguido. Cuando no reaccionó lo suficientemente rápido, Klaus golpeó otra
vez, solo que esta vez, finalmente obtuvo una reacción.
—Golpéame de nuevo y perderás tu mano.
Klaus no tenía duda de que lo haría.
—Estás actuando como una pequeña perra —dijo ahora que estaba
seguro de tener la atención de Luka—. Dos años ahora, digamos que ella es
feliz con quien sea el mierdecilla. Cuando los enemigos del ruso vengan por
ella, ¿quién estará allí para protegerla? Porque ese pobre bastardo no
conoce ni su propio culo cuando los hombres aparezcan con sus malditos
blancos listos haciéndole un agujero para llegar a ella. Y para el momento
en que el ruso se dé cuenta de lo que sucede, ella ya se habrá ido. En el
tiempo que has estado observándola, ¿cuántas veces has escuchado que
hable con él? ¿Con Lauren? ¿Tal vez dos veces como máximo, pero con el
ruso? Ella no quiere nada que ver con él por lo que ella cree que él te hizo.
—¿Cree? —respondió Luka de regreso, apenas conteniendo la furia
que irradiaba de él—. ¡Él malditamente me entregó!
—Créelo o no, el ruso tuvo sus razones. Y ya sea que te guste o no, esas
razones fueron lo único que te sacaron con vida.
Luka luchó.
—¿Sí? Podría haber jurado que era tu rostro el que miraba ese día.
—¿Tan rápido olvidaste quien más estaba allí ese día? No solo era yo,
sino mi equipo entero. El ruso tal vez tenga conexiones, pero no tiene tantas.
—¿Qué estás tratando de decirme?
—Ve. A. Ver. Al. Ruso.
Pero Luka seguía siendo testarudo.
—Le prometí a ella que siempre estaría allí, que no dejaría que
ninguna mierda la tocara. Debido a mí, fue enterrada viva. Tuvo que dormir
con las luces encendidas por una semana luego de eso. —Luka negó con
la cabeza, el odio hacia sí mismo era claro en sus ojos—. ¿Qué demonios
puedo darle que no sea que termine siendo herida?
—Tú y ese ruso son molestos como la mierda —dijo Klaus, agitado—.
Todo lo que dices es “Oh, no puedo protegerla. Ella está mejor sin mí”. Deja
de ser una perra y arréglalo. Arregla las cosas. Hazlo a un lado, la única cosa
que la mantiene lejos de ti eres tú.
Luka no respondió, pero tomó un respiro, la tensión abandonándolo.
Buscando en su bolsillo, Klaus sacó un ticket.
—Tu vuelo a Nueva York sale en una hora. Nunca digas que no hice
nada por ti.
Solo cuando Luka lo arrebato de él, lo chocó con su hombro mientras
salía del callejón sin decir una palabra dejando a Klaus sonriendo.
Su trabajo estaba hecho.
51
Estrellas tenues
Traducido por Sam89
Corregido por Taywong

S
alir del aeropuerto fue una experiencia completamente diferente
a la de la última vez que hizo lo mismo. Deslizándose en uno de
los varios taxis amarillos que se alineaban en la entrada, se sentó
en el asiento agrietado de piel y le dio al conductor su dirección. Miró
mientras el concreto se convertía en exuberante verde, y finalmente,
viajaba por esa familiar carretera que encontró por casualidad años atrás.
No se había ido por mucho tiempo, pero cuando llegó a su casa, se
sintió como si la estuviera viendo con nuevos ojos.
Dándole al taxista una propina extra de cuarenta dólares, Luka entró,
dejando su bolsa de lona en la entrada. Fue a través de cada habitación,
se tomó su tiempo, respirando el aire familiar de un lugar que no había sido
tocado por su antigua vida en Albania. Por una vez, no había nada
alrededor que le trajera malos recuerdos… era lo contrario, en realidad.
La única cosa que podía pensar mientras se aventuraba por ahí, era
en Alex y los recuerdos que compartieron aquí.
Y más…
Con suerte.
Tomando una ducha, Luka se deshizo del día, luego se vistió y salió de
la casa y se dirigió a su Jeep. Sonrió a la monstruosidad llena de barro,
subiendo en el asiento del conductor y arrancando, el rugido del motor
como música para sus oídos.
Las cosas casi se sentían normal, como si hubiera estado en un trabajo
durante un largo tiempo y ahora estuviera de vuelta, pero había una
persona fundamental —y Loki— quien se sentía más que preparado para
ver.
Y por ella, haría la única cosa que había jurado no hacer…
Treinta minutos más tarde, se encontró a sí mismo fuera del Club 221,
mirando a la gente entrar y salir mientras se preparaban para los eventos de
la noche.
Dirigiéndose al interior, Luka ignoró algunas dobles tomas que
consiguió de unos pocos empleados. Por supuesto, ellos no habrían sabido
por qué fue, solo que no estaba más alrededor… lo cual podría haber
significado varias cosas.
No fue hasta que se acercó al pasillo de atrás que levantó su guardia,
mirando a los dos hombres que vigilaban allí. No recordaba a ninguno de
ellos, así que tenían que ser nuevos, pero ambos obviamente tenían
opiniones de él cuando le fruncieron el ceño mientras se acercaba.
Uno era más atrevido que su amigo, sin embargo, extendiendo una
mano para detener los pasos de Luka.
—¿Tiene una cita?
Luka echó un vistazo a la mano que se hallaba a pocos centímetros
de su pecho. Cuando levantó la mirada, relajó su postura, una sonrisa
curvando sus labios.
Al punto de partida, ciertamente.
Con un encogimiento de hombros, respondió—: No.
Estaba demasiado claro que ellos no le negarían el acceso a la oficina
de Mishca, y mientras que podría haberse divertido con ellos antes, Luka
estaba trabajando en su irascibilidad.
En el tiempo que le tomó alcanzar detrás de él para agarrar el cuchillo
que había envainado allí, pensó cuán rápido sería acabar con sus vidas…
sentir la vida drenarse de ellos justo como su sangre haría.
—Realmente no estoy de humor para encontrar a alguien que limpie
la sangre del suelo —anunció Mishca mientras daba un paso fuera de su
oficina, fulminando con la mirada a los tres—. Déjenlo pasar antes de que
realmente le molesten.
El más bajo de los dos siguió las órdenes obedientemente, dando un
paso a un lado, aunque no parecía feliz al respecto.
El otro, puso la palma de su mano contra el esternón de Luka y le dio
un empujón. Antes de que incluso supiera que le heriría, el puño de Luka
conectó con su nariz. Sintió el satisfactorio crujido del cartílago.
Cayendo como un saco de patatas, Luka dio un paso sobre él,
metiendo sus manos en sus bolsillos mientras entraba en la oficina de Mishca.
Luka permaneció de pie hasta que Mishca se unió a él, cerrando la
puerta de la oficina detrás de él.
Su antiguo jefe hizo un gesto para que tomara asiento mientras iba
detrás de su escritorio y reclamaba su propio asiento.
Se sentaron en silencio por algún tiempo hasta que Luka finalmente lo
rompió.
—¿Cuánto tiempo lo habías sabido?
Golpeteando su pulgar contra su escritorio, Mishca encontró su
mirada de frente.
—Desde mi luna de miel. Sabías mejor que nadie que después de
Vlad, tenía que verificar a todos. Eso te incluía. Por supuesto, no esperaba
encontrar nada, pero cuando se refiere a ti… realmente no debería estar
sorprendido ya.
Sacudiendo su cabeza, Mischa lució pensativo.
—Nunca dudé de tu lealtad, incluso después de que descubrí la
verdad. Incluso Klaus fue reticente en confesarlo cuando lo confronté sobre
ello.
Pero nada de eso tenía sentido, y no importaba lo mucho que él
intentara racionalizarlo durante los últimos seis meses, no estaba más cerca
de una respuesta.
—Si sabías… por qué nunca dijiste nada.
—Quería que vinieras a mí.
Luka sintió su temperamento chispear.
—Todo esto podría haber sido evitado.
Mishca arqueó una ceja, el desafío en sus ojos obvio.
—¿Cuánto tiempo has estado apartado de la Bratva? Y en ese
tiempo, ¿cuántos de tu antigua Organización han venido buscándote?
Incluso cuando Jetmir vino, ahora entiendo la animosidad allí, nunca
mencionó tu implicación. La aparición de Fatos aquí… ¿quién mierda podría
haber sabido que él se hallaba tan empeñado en llevarte de vuelta a Berat?
—Les dejaste tomarme. Prácticamente me entregaste.
Suspirando, Mishca miró sobre el hombro de Luka.
—Parece que he tenido que repetirme más veces de las que me
importan. Escucha bien porque no lo diré de nuevo. Tú más que nadie sabes
que lo que le hicieron a Alex fue solo el comienzo. No se hubieran detenido
hasta conseguir lo que querían. ¿Debería haberme quedado aparte y
entregado a mi hermana? ¿Mi esposa? ¿Mi hijo nonato? Entiendes que
había mucho en riesgo. Antes de que decidieras continuar con tu pequeña
misión suicida, había un plan en su lugar, uno que me tomó semanas arreglar
y una significativa cantidad de dinero. —Mishca pasó una mano por su
cabello—. El contrato fue cumplido, estás vivo, y la Organización ya no
existe.
—Sí —dijo Luka, recordando de repente todo lo que pasó en ese
recinto—. Pero, ¿a qué precio?
Fueron interrumpidos por un suave toque en la puerta, uno que los
tuvo a ambos mirando en esa dirección.
—Mishca —llamó Lauren mientras abría la puerta—. Sacha ha estado
actuando exigente hoy. ¿Puedes…? —Lauren había estado demasiado
ocupada intentando consolar a su molesto bebé para notar la presencia de
Luka, pero cuando lo hizo, el total alivio en su rostro casi lo hizo sonreír.
Levantando su mano, él le dio un saludo, uno que nunca falló en
hacerla reír, pero ninguno de ellos encontraba el humor en eso ahora. Él
podía ver en sus ojos cómo debía lucir, y deseó, como había hecho mucho
últimamente, no preocuparse por ella. De esa manera, no le importaría que
hubiera compasión en sus ojos.
—Lauren…
A pesar de Mishca diciendo su nombre, ella simplemente le entregó a
su hijo y se acercó a Luka. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para
tocarlo, lo rodeó con sus brazos, sosteniéndolo como si tuviera miedo de
soltarlo.
Todo el cuerpo de él se tensó, no acostumbrado al gentil toque
después de los meses que pasó con los albanos. Incluso ahora, todavía
esperaba que alguien se acercara para herirlo de alguna manera.
Ella se retiró con lágrimas en sus ojos.
—¿Estás bien? Luces como si hubieras perdido un poco de peso, pero
podemos arreglar eso, ¿verdad? Puedo cocinar algo para ti. Soy mejor en
eso ahora… no mucho, sin embargo. ¿Necesitas algo? ¿Algo que pueda
traerte?
Hablaba rápidamente e incluso Luka podía decir que estaba cerca
de romperse. A pesar de lo que sabía, todavía lo desconcertaba que se
preocupara tanto por él. Lauren era bondadosa por naturaleza, pero eso no
garantizaba que él significara algo para ella.
—Ten cuidado. ¿Pensaba que estábamos manteniendo nuestra
relación como un secreto? Mish está sentado justo ahí.
Sus palabras podrían haber estado faltas del borde de humor que
siempre añadía, pero la hicieron reír, no obstante, y esta vez, se las arregló
para sonreír un poco.
—Estoy tan contenta de que estés aquí.
—Lauren, déjalo respirar.
—Pero acaba de llegar.
Mishca, jamás paciente, dijo—: Sí, pero tenemos una reunión.
—¿En serio, Mish? Acaba de llegar aquí. Después de todo por lo que
ha pasado, merece un descanso.
—Lauren…
Poniendo sus ojos blanco, dejó sus brazos caer a sus costados mientras
se alejaba un paso de Luka.
—Estoy feliz de que estés en casa, Luka. Una vez que hayas acabado
la reunión con Mishca, deberías pasarte y ver a Sacha… después de que
veas a Alex, por supuesto.
Era como si nada hubiera cambiado.
Luka sabía sin duda que Lauren escuchó cada palabra que dijo
durante aquel fatídico día, y aun así e hallaba delante de él y actuaba
como si no importara. No sabía qué había esperado si no. ¿Ira, tal vez?
¿Asco? Pero no había nada de eso.
—Después. —Su primera promesa del día, y cuando ella sonrió en
respuesta, él supo que había hecho la elección correcta.

***

No había estado seguro de para qué era la reunión con Mishca, pero
cuando llegaron a la familiar casa de piedra rojiza que era el hogar de
Clorick, la única persona autorizada por la Bratva para hacer tatuajes, Luka
lo supo.
—Sabes lo que esto significa, ¿no? —le preguntó Mishca mientras salía
del auto, abotonándose su chaqueta mientras lo hacía—. Puedes llevar…
eso —dijo, haciendo un gesto a los vaqueros y camiseta de Luka—, en tu
propio tiempo. Pero en el mío, ponte un maldito traje.
Cuando un enorme hombre que lucía como si no hubiera hecho nada
más en su vida que levantar pesas les permitió entrar, Luka no pudo evitar
pesar que antes de ahora, esto era todo lo que nunca había querido. Era
feliz como un sicario. Había prosperado en eso. Pero ahora que estaba
siendo designado un Capitán… no podía pensar en nada que quisiera más.
Clorick había estado alrededor por varias generaciones, más que la
mayoría, y empezaba a lucirlo, pero todos, incluso Luka, lo trataban con el
máximo respeto.
Luka entró en la habitación, subiendo a la mesa mientras Clorick
entraba, ese familiar kit negro metido bajo su brazo.
—Nunca esperé verte en mi mesa —dijo Clorick
despreocupadamente mientras desbloqueaba su caja, sacando sus
herramientas antes de ponerse un par de guantes negros de látex.
Luka sonrió, pero no respondió de inmediato mientras echaba un
vistazo a la máquina de tatuar que parecía casi tan vieja como Clorick.
Mientras que no diría que era necesariamente un snob del tatuaje, esos que
cubrían la mayor parte de su cuerpo eran trabajo de calidad. No quería
estrellas de mala calidad, incluso si tenían un significado diferente.
—¿Estás seguro de que sabes lo que haces? —preguntó, agradecido
de que el viejo al menos sacara una aguja limpia.
Probablemente no había nadie en la historia de la Bratva que
cuestionaría a Clorick quien, a pesar de su modesta vida ahora, había sido
admirado por su brutalidad muchos años atrás, por no mencionar que nadie
que había sido lo bastante afortunado para estar en el lado receptor de sus
talentos se sentía feliz de haber estado allí.
Clorick, que había escuchado rumores de Luka, se lo tomó con calma,
ignorando la pregunta por completo.
Fue Mishca quien, como Pakhan, hizo de guardia con sus brazos
cruzados sobre su pecho.
—Cuidado. Puede poner una polla en tus rodillas. Yo, por una vez, no
quiero tener que explicar eso a nadie.
Cuando el zumbido de la máquina llenó la habitación, Luka miró a
Mishca, un hombre al que respetaba y que le importaba.
Notando la mirada, Mishca frunció el ceño, retirándose de la pared.
—No te pongas sentimental conmigo. Esos son solo para tu
protección.
No importaba lo que contuviera el pasado de Luka, todos sus secretos
estaban fuera ahora. Sabía que mientras que las personas más cercanas a
él podrían mirar más allá de lo que había hecho en el pasado, habría otros
que no lo aceptarían.
Alguien sería lo bastante atrevido para mencionarlo de pasada ya
que no podían hacerlo más ahora que él tenía sus estrellas… pero no serían
tan cuidadosos alrededor de Alex.
Estas estrellas no solo representaban su posición, sino que también
significaban exactamente lo que podía hacerle a quien se atreviera a
hablar contra él.
Y esa clase de poder… lo hacía feliz.
A pesar de sus palabras, Mishca pareció pensativo por un momento.
—Ella me dijo, ya sabes. Acerca de cómo la ayudaste. Estoy en deuda
contigo.
—Pobre elección de palabras —dijo Luka con una sonrisa, todavía
mirando al techo mientras Clorick se movió de su pecho a sus rodillas. Estos
serían los peores.
—Sí, bueno… no estaré lamentándolas por algo de tiempo, y mientras
que me duele decir esto, no te haces una puta idea, estoy seguro de que
vas a estar ocupado por un tiempo.
—¿Oh?
Mientras Klaus trabajaba, Mishca sacó un sobre, dejándolo en una silla
cercana.
—Alex llamó a Lauren y le dijo que ha conseguido su primer papel
principal. Pensé que al menos uno de nosotros debería verlo. Tienes dos
semanas para hacer lo que te plazca. Después, me informas. La única cosa
que pido… —Mishca lució sorprendentemente vulnerable mientras se ponía
de pie—… Tráela a casa, aunque sea por un tiempo.
Cuando se giró para irse, Luka preguntó—: ¿Es verdad que no has
hablado con ella desde ese día?
—Dos meses después de que se fuera a París, vino a visitar a Lauren,
solo porque ella se lo rogó. Llegué a casa temprano. No importó que
estuviera feliz de verla, ni siquiera me miró.
52
Bienvenido a casa
Traducido por Sam89
Corregido por indiehope

D
espués de haber mirado ese tablero durante más de diez
minutos en estado de shock, Alex se sentía demasiado eufórica
para recordar que seguía enojada con su hermano. La primera
cosa que hizo cuando vio su nombre junto a “principal” y su papel, fue llamar
a Lauren. Segundos después de que su cuñada respondiese el teléfono, su
emoción se derramó y compartió las buenas noticias. Sólo cuando terminó
la llamada, consideró el hecho de que Lauren compartiría sus noticias con
Mishca.
Cuando era una niña y soñaba con estar sobre un gran escenario, le
prometió que vería su actuación, sin importar dónde estuviera ella. No lo
había dudado. No importaba que supiera que no lo querría allí, estaría
exactamente donde dijo que lo haría, con Lauren y Sacha junto a él.
Era demasiado malo que la única persona a la que quería ver más
que a nadie, no pudiera.
Pero eso había sido dos días atrás, y desde entonces, dejó ir su ira,
finalmente, aunque sea un poco, aceptando que no podía cambiar nada.
Sentada en su tocador, terminó de difuminar la sombra negra sobre
sus párpados, asegurándose de que su maquillaje estuviera tan perfecto
como fuera posible, antes del inicio del espectáculo.
Este era uno de los días más importantes de su vida, y mientras que
tenía un montón de nervios y de la emoción que venían con ello, una pizca
de miedo y tristeza todavía permanecía.
Pero no tenía tiempo para pensar en eso.
Era tiempo de bailar.
Pero antes de hacerlo, alcanzó su bolso, sacando un paquete
envuelto. Cuidadosamente desenvolvió los peines y dejó que sus dedos se
movieran por los dientes de metal un momento antes de levantar uno,
asegurándolo en su cabello.
Al menos una parte de él estaría allí con ella.
Dejando su camerino, se dirigió hacia el escenario, buscando a
Madame Toulles para la revisión final. Había un zumbido en el aire mientras
los otros bailarines iban detrás del escenario por los cambios de último
minuto, pero Alex se forzó en ignorar todo a su alrededor, centrándose en su
propio latido mientras se colocaba en posición.
Cuando las cortinas se separaron, tomó una última tranquilizante
respiración y estuvo lista para presentarse ante el público.

***

Solo después del número final, cuando terminó el último de sus giros y
cuidadosamente aterrizó sobre sus pies con un amplio arco, Alex finalmente
registró que ya no estaba perdida en su propio mundo.
El aplauso empezó de inmediato, el sonido haciéndola sonreír a pesar
de sí misma. La luz de los focos le hacía difícil ver a alguien en la multitud,
sólo vagas formas y manos aplaudiendo.
Cuando las cortinas se cerraron, miró a la primera fila, entrecerrando
los ojos, intentando ver tanto como podía, pero no fue mucho.
Al menos… pensaba que podría haber visto un destello de rubio
cuando alguien se movió por el pasillo.
Más vítores y celebración la esperaban cuando se dirigió de nuevo
hacia su camerino, preparada para cambiarse en algo más cómodo. Sonrió
graciosamente, permitiéndose unos momentos de felicidad.
Después de una breve charla con Madame Toulles sobre su vestuario
y las alteraciones que necesitarían hacerse antes de su próxima actuación,
finalmente fue capaz de deslizarse en su camerino, suspirando de alivio… al
menos hasta que vio quién la esperaba.
—¿Debería siquiera preguntar cómo se te permitió venir aquí? —
preguntó mientras su mirada saltaba de su hermano a los arreglos de flores
que ahora llenaban su tocador.
Sabía que al menos uno era de él y Lauren, otro de sus amigos y tal
vez otro de la compañía, pero los otros dos, no tenía idea.
Mishca se puso de pie, pasando una mano sobre la parte delantera
de la chaqueta de su traje.
—Estoy seguro de que sabes la respuesta a eso. Además, no me
habrías visto de otra manera.
—¿En serio? —preguntó Alex con sequedad—. ¿Y por qué es eso?
—Ya sabes… específicamente recuerdo pedirte que confiaras en mí
una noche, y prometiste que lo harías.
—Sí, bueno, eso fue antes de que le volvieras la espalda a alguien que
me importaba.
Mishca lució pensativo.
—¿Lo hice?
Entrecerrando sus ojos hacía él, preguntó—: ¿Qué estás haciendo
aquí realmente, Mish? Te conozco. Algún motivo oculto hay.
—A veces, hiero a personas que amo porque es lo que se necesita en
el momento. Si…
—¿Cuándo diablos empezaste a hablar en código, Mish? Sólo suéltalo
así puedo volver a mi vida y tú puedes volver a ser el jefe.
—Un día, entenderás lo que hice… no fue sólo por ti, sino que también
fue por él. Tal vez en realidad me perdonarás por el dolor que te causé, pero
hasta entonces… enhorabuena. Nunca dudé de que serías menos que
asombrosa.
Incluso con la manera en que se sentía hacia él, no pudo evitar que
una pequeña sonrisa se extendiera por su cara.
—Gracias, Mish.
Cruzó la habitación, atrayéndola a un fuerte abrazo que no pudo
evitar devolver. Lo había echado muchísimo de menos.
Besando la cima de su cabeza, la liberó después de un momento, su
mirada yendo a las flores.
—Te veré en dos semanas.
Frunciendo el ceño mientras se dirigía a la puerta, Alex le preguntó—:
¿Qué ocurre en dos semanas?
Pero solo sonrió y salió de la habitación.
Entre Mishca y Klaus, no estaba segura de quién estaba contagiando
a quién.
Por el momento, sin embargo, decidió poner esa conversación, o la
falta de ella, en la parte de atrás de su mente mientras se vestía, poniéndose
un par de pantalones flojos y una camiseta sin mangas. Sus pies
prácticamente lloraron con alivio cuando desató sus zapatos de punta y se
los quitó despacio, cuidadosamente reemplazándolos con zapatos que
eran más como calcetines con suela dura.
Empacando su bolsa, la puso sobre su hombro, pero antes de salir, se
dirigió a las flores, inhalando el delicado perfume que desprendían. Una en
particular robó su atención, principalmente porque no era un ramo en
absoluto. Era una simple flor, una orquídea, creía, que tenía un cordel
cuidadosamente envuelto alrededor de su tallo para mantenerla en pie.
Los pétalos eran blancos y satinados, hermosos en su simplicidad, pero
cuando la miró más de cerca, más allá de los delicados pliegues en el mismo
corazón de ella, su corazón se saltó un latido ante lo que pensó que podría
haber visto dentro.
Pero… eso tenía que haber sido una coincidencia.
¿Cuáles eran las probabilidades?
Aun así, parpadeó para asegurarse de que veía apropiadamente
porque, dentro del mar blanco con estallidos de amarillo, rayas naranjas y
bruñidos rojos, podía haber jurado que dentro de la orquídea estaba la cara
de un tigre.

***

Las otras las dejó en su camerino, pero la orquídea no pudo dejarla


atrás. El viaje de vuelta a casa fue diferente a como lo era normalmente.
Habitualmente, se tomaba el tiempo para reflexionar y pensar sobre su día,
pero ahora no podía evitar pensar en todo lo que Mishca había dicho y en
lo que la orquídea significaba.
Alex no creía en las coincidencias, no desde que era pequeña, pero
no se atrevía a creer en la esperanza.
Esperanza de que Luka hubiera vuelto.
Si era de vuelta a Nueva York o a ella, no lo sabía, pero
desesperadamente esperaba que fuera lo último.
Loki gimoteó cuando desbloqueó y abrió la puerta, esperando al otro
lado, su cola moviéndose furiosamente. Lo rascó detrás de sus orejas,
dejando caer su bolsa en su camino hacia la cocina, abriendo la nevera
para agarrar una pequeña bolsa de hielo que guardaba allí.
Con otra actuación a la vuelta de la esquina, era mejor que cuidara
de sus pies y tomara un baño de hielo para protegerlos.
Era un largo proceso de al menos una hora, y para el momento en
que terminaba, estaba lista para la cama.
Alex no estaba segura de cuándo se durmió, pero los gimoteos de Loki
la despertaron. Luego, sus agudos ladridos la sacaron de la cama. Estaba
sentado ante la puerta, su atención únicamente ahí. Ni siquiera cuando lo
llamó se volvió para reconocerla.
Entonces alguien tocó.
Sólo dos breves toques que hicieron que todo su cuerpo se tensara.
Ella sabía, sin tener que verlo, quién se hallaba al otro lado. Incluso sin
la manera en que Loki actuaba, lo sabría.
Cada pasó que tomó para acercarse se sintió imposiblemente largo
mientras el tiempo parecía ralentizarse. Quería prepararse mentalmente,
quería pensar en cuáles serían sus primeras palabras, pero el pensamiento
racional abandonó su mente.
Finalmente, con una mano temblorosa, agarró el pomo de la puerta,
sólo dudando un segundo antes de abrirla.
Y ahí se encntraba él, con una mano en su bolsillo, la otra alzada
como preparada para tocar de nuevo.
Se sintió como si su garganta estuviera cerrándose mientras sus ojos
revisaban cada centímetro, intentando asimilarlo tanto como fuera posible.
Quería verificar con sus propios ojos que era en realidad Luka el que estaba
delante de ella.
Su cabello estaba más corto, sus pómulos eran más pronunciados
como si hubiese perdido algo de peso, pero no existía duda en que eran sus
ojos azules y sus coloridos tatuajes. O la manera en que su mirada se suavizó
y sus labios se curvaron en una sonrisa gentil.
—Alex.
Escuchar su nombre de sus labios después de tanto tiempo…
Ahogó un sollozo, su mano levantándose para cubrir su boca. Loki se
disparó pasándola, lanzándose sobre Luka con toda la alegría del mundo.
Casi lo noqueó en el proceso, pero incluso cuando extendió la mano para
acariciar a su más querido amigo, sus ojos nunca se apartaron de ella.
Pareció darse cuenta, casi con retraso, de que estaba demasiado
paralizada para moverse, así que fue a ella en su lugar. No se detuvo hasta
que su esencia la rodeaba. Estaba tan cerca que, si extendía la mano,
podría tocarlo, sentirlo, y entonces pensó que sabría con seguridad que esto
era real.
Pero le quitó la elección, su mano deslizándose alrededor de la curva
de su hombro hasta que estuvo acunando su cuello, aplicando una ligera
presión para hacerla moverse hacia delante.
Y un segundo después, sus labios se hallaban sobre los de ella,
persuadiéndolos a abrirse, una muda promesa que hacía a su corazón
cantar.
No quería nada más que perderse en esto, en él, pero no podía.
Todavía no.
Apartándose, tomó una lenta respiración, intentando reunir sus
pensamientos.
Acunó su cara en sus manos, limpiando las lágrimas con sus pulgares
mientras le sonreía. Una vez, pensó que había experimentado el peor tipo
de dolor que existía, pero viéndolo ahora, este era un tipo diferente de dolor.
Todavía no se sentía bien, ese dolor en su pecho, pero no creía que alguna
vez hubiera estado más feliz.
—Pero… ¿cómo? No lo entiendo. Pensé que estabas… —No pudo
terminar la declaración.
—Klaus.
Se sacudió en su agarre, la sorpresa nublando su cara.
—Nunca dijo nada, ni siquiera cuando yo… ¿Cuándo fue esto?
Desde el momento en que él dio un paso dentro del apartamento,
había lucido seguro de sí mismo, al menos hasta ahora.
—Hace dos meses.
Ella se apartó.
—¿Dos meses? ¿Dónde has…? Espera. Estabas aquí, ¿verdad?
—Alex…
—¿Era la única que no lo sabía? No lo entiendo.
—Hay mucho que no sabes, y cosas que no entiendes, algunas sólo tu
hermano puede explicarlas. No, no te apartes de mí —añadió mientras
agarraba sus muñecas, evitando que ella retrocediera más—. Después de
que Klaus me sacó, me fui. Le dije que no me siguiera y que no te dijera que
me encontró. En ese momento, no lo sabía por mí mismo. No sabía cómo te
sentirías sobre mí después de todo, después de lo que te conté. Me sentía
asustado de cómo reaccionarías.
—Luka…
—No, déjame terminar. Como dije antes, quería que fueras feliz,
incluso si no era conmigo. Has encontrado felicidad aquí. Estás viviendo tu
sueño. No quería arruinarlo. —Sus pulgares frotaron sus mejillas, su mirada
moviéndose por su cara—. Pero alguien, o un par de personas, me ayudaron
a ver que sólo tú podías decirme si no me querías en tu vida. Así que aquí
estoy, esperando todavía ser lo que quieres. Y si lo soy, prometo no herirte
de nuevo. Y prometo que no hay nada, nada, que podría hacerme dejar tu
lado otra vez, jamás.
Alex permanecía callada. Su corazón hinchándose tanto que apenas
podía respirar. Pensó en los últimos seis meses, la angustia que sintió con Luka
yéndose… el resentimiento que sintió hacia Mishca por ser el que estaba
detrás de ello.
Ahora que él estaba aquí, finalmente entendió lo que Mishca estuvo
evitando antes.
Y supo que había una conversación que tenían que tener, pero
primero…
—Te quiero, Luka. Siempre te he querido.
Puso una de las manos de ella sobre su pecho, justo sobre su corazón.
—Soy tuyo.
Se liberó de su agarre, envolviendo sus brazos alrededor y
sosteniéndolo con fuerza. Había todavía mucho que descubrir sobre sus
vidas. Ella estando aquí en París. Las obligaciones de él hacia la Bratva, si
siquiera era todavía parte de ello.
Pero existía una cosa de la que estaba segura.
Lo descubrirían juntos.
Mirándolo, le dio una sonrisa.
—Nunca te dejaré ir de nuevo, Luka.
—Të dua 12, Alex.
Era la primera vez que él había dicho las palabras en voz alta y ella las
sintió todo el camino hasta sus huesos.
Pero no sería la última.
—Je t’aime 13, Luka.

12 “Te amo” en albanés.


13 “Te amo” en francés.
Epílogo
Seis meses después
Traducido por Alysse Volkov
Corregido por indiehope

—S
iempre he sido fan de los vaqueros, Luka, pero esto
te queda muy bien.
Desde su posici