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Oración pidiendo la protección de Dios

(1) Del maestro de coro. Salmo de David.


140 (2) Señor, líbrame de los malvados;
protégeme de los violentos,
2 (3) de los que traman el mal
y a todas horas provocan peleas.
3 (4) Su lengua es aguda, como de serpiente;
sus palabras son como veneno de víbora.

4 (5) Señor, protégeme del poder de los malvados,


protégeme de los violentos,
de los que hacen planes para que yo caiga.
5 (6) Esos orgullosos me han puesto una trampa;
me han tendido red y lazos;
me han puesto trampas junto al camino.

6 (7) Le he dicho al Señor: «Tú eres mi Dios;


¡escucha, pues, mi grito suplicante!
7 (8) Señor, Señor, mi Salvador poderoso,
tú proteges mi cabeza en el combate.»

8-9 (9-10) Señor, no concedas al malvado sus deseos;


no dejes que sus planes sigan adelante.
Los que me rodean levantan la cabeza;
¡que caiga sobre ellos la maldición que lanzan!
10 (11) Que caigan sobre ellos carbones encendidos;
que los echen en pozos, de donde no salgan más.
11 (12) Que no permanezca en la tierra el deslenguado;
que el mal persiga al violento y lo destruya.

12 (13) Yo sé que el Señor hace justicia al pobre


y defiende el derecho del afligido.
13 (14) Los hombres honrados alabarán tu nombre;
¡los hombres rectos vivirán en tu presencia!

Mis ojos están puestos en ti


(1a) Salmo de David.
141 (1b) A ti clamo, Señor: ¡ven pronto!,
¡escucha mi voz cuando te invoco!
2 Sea mi oración como incienso en tu presencia,
y mis manos levantadas, como ofrenda de la tarde.
3 Señor, ponle a mi boca un guardián;
vigílame cuando yo abra los labios.
4 Aleja mi pensamiento de la maldad;
no me dejes andar en malas acciones
ni tomar parte en banquetes de malhechores.

5 Es un favor que el hombre honrado me castigue,


un perfume delicado que me reprenda.
Tales cosas no rechazaré;
a pesar de sus golpes, seguiré orando.
6 Los jefes de los malvados serán despeñados,
y verán que mis palabras eran agradables.
7 Sus huesos serán esparcidos junto al sepulcro,
como cuando se abren surcos en la tierra.

8 Señor, Señor, mis ojos están puestos en ti.


En ti busco protección: no me abandones.
9 Líbrame de la trampa que me han puesto;
líbrame de la trampa de los malhechores.
10 Que caigan los malvados en su propia red,
mientras yo sigo adelante.

Tú eres mi refugio
(1) Instrucción y oración de David, cuando estaba en la cueva.
142 (2) Con fuerte voz clamo al Señor,
con fuerte voz le pido misericordia.
2 (3) En su presencia expongo mi queja,
en su presencia doy a conocer mi angustia
3 (4) cuando me encuentro totalmente deprimido.

Señor, tú conoces mi camino:


en el camino por donde voy,
me han puesto una trampa.
4 (5) Vuelvo la mirada a la derecha
y nadie viene en mi ayuda.
¡No hay nadie que me defienda!
¡No hay nadie que se preocupe de mí!

5 (6) A ti clamo, Señor,


y te digo: «Tú eres mi refugio;
tú eres todo lo que tengo en esta vida.»
6 (7) Presta atención a mis gritos,
porque me encuentro sin fuerzas.
Líbrame de los que me persiguen,
porque son más fuertes que yo.
7 (8) Sácame de mi prisión
para que pueda yo alabarte.
Los hombres honrados me rodearán
cuando me hayas tratado bien.

En ti he puesto mi confianza
(1a) Salmo de David.
143 (1b) Señor, escucha mi oración;
pon atención a mi súplica.
¡Respóndeme, pues tú eres justo y fiel!
2 No llames a cuentas a tu siervo,
porque ante ti nadie es inocente.

3 Mis enemigos me persiguen,


me han aplastado contra el suelo;
me obligan a vivir en la oscuridad,
como los que han muerto hace tiempo.
4 Me encuentro totalmente deprimido;
turbado tengo el corazón.
5 Me acuerdo de tiempos anteriores,
y pienso en todo lo que has hecho.
6 Hacia ti tiendo las manos,
sediento de ti, cual tierra seca.

7 Señor, ¡respóndeme pronto,


pues ya se me acaba el aliento!
No me niegues tu ayuda,
porque entonces seré como los muertos.
8 Por la mañana hazme saber de tu amor,
porque en ti he puesto mi confianza.
Hazme saber cuál debe ser mi conducta,
porque a ti dirijo mis anhelos.
9 Líbrame, Señor, de mis enemigos,
porque en ti busco refugio.
10 Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tú eres mi Dios.
¡Que tu buen espíritu me lleve
por un camino recto!

11 Por tu nombre, Señor, ¡hazme vivir!


Porque eres justo, ¡sácame de la angustia!
12 Porque eres fiel, ¡destruye a mis enemigos!
¡destruye a todos mis enemigos, pues yo soy tu siervo!

Gratitud de un rey a Dios


(1a) De David.
144 (1b) ¡Bendito sea el Señor, mi protector!
Él es quien me entrena y me prepara
para combatir en la batalla;
2 él es mi amigo fiel, mi lugar de protección,
mi más alto escondite, mi libertador;
él es mi escudo, y con él me protejo;
él es quien pone a los pueblos bajo mi poder.

3 Señor,
¿qué es el hombre, para que pienses en él?
¿Qué es el ser humano, para que tanto lo estimes?
4 El hombre es como un suspiro;
su vida pasa como una sombra.

5 Señor,
descorre la cortina de los cielos, y baja;
toca los montes para que echen humo;
6 lanza tus flechas, los relámpagos,
y haz huir en desorden a tus enemigos.
7 Extiende tu mano desde lo alto,
y líbrame del mar inmenso;
líbrame del poder de gente extraña,
8 de los que dicen mentiras
y levantan su derecha para jurar en falso.

9 Señor,
voy a cantarte una canción nueva;
voy a cantarte himnos con el salterio.
10-11 Tú, que das la victoria a los reyes;
tú, que libraste a tu siervo David,
líbrame de la espada mortal;
líbrame del poder de gente extraña,
de los que dicen mentiras
y levantan su derecha para jurar en falso.

12 Nuestros hijos crecen como plantas en un jardín;


nuestras hijas son cual columnas labradas
que sostienen la estructura del templo.
13 Nuestros graneros están llenos,
repletos de toda clase de alimentos.
Nuestros rebaños aumentan por millares,
por miles y miles en nuestros campos.
14 Nuestras vacas quedan preñadas,
y no tienen su cría antes de tiempo.
No hay gritos de alarma en nuestras calles.
15 ¡Feliz el pueblo que tiene todo esto!
¡Feliz el pueblo cuyo Dios es el Señor!

Que todo hombre alabe al Señor


(1a) Alabanza de David.
145 (1b) Hablaré de tu grandeza, mi Dios y Rey;
bendeciré tu nombre por siempre.
2 Diariamente te bendeciré;
alabaré tu nombre por siempre.
3 El Señor es grande y muy digno de alabanza;
su grandeza excede nuestro entendimiento.

4 De padres a hijos se alabarán tus obras,


se anunciarán tus hechos poderosos.
5 Se hablará de tu majestad gloriosa,
y yo hablaré de tus maravillas.
6 Se hablará de tus hechos poderosos y terribles,
y yo hablaré de tu grandeza.
7 Se hablará de tu bondad inmensa,
y a gritos se dirá que tú eres justo.

8 El Señor es tierno y compasivo,


es paciente y todo amor.
9 El Señor es bueno para con todos,
y con ternura cuida sus obras.

10 ¡Que te alaben, ¡Señor, todas tus obras!


¡Que te bendigan tus fieles!
11 ¡Que hablen del esplendor de tu reino!
¡Que hablen de tus hechos poderosos!
12 ¡Que se haga saber a los hombres tu poder
y el gran esplendor de tu reino!
13 Tu reino es un reino eterno,
tu dominio es por todos los siglos.

14 El Señor sostiene a los que caen


y levanta a los que desfallecen.
15 Los ojos de todos esperan de ti
que tú les des su comida a su tiempo.
16 Abres tu mano, y con tu buena voluntad
satisfaces a todos los seres vivos.
17 El Señor es justo en sus caminos,
bondadoso en sus acciones.
18 El Señor está cerca de los que lo invocan,
de los que lo invocan con sinceridad.
19 Él cumple los deseos de los que lo honran;
cuando le piden ayuda, los oye y los salva.
20 El Señor protege a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

21 ¡Que mis labios alaben al Señor!


¡Que todos bendigan su santo nombre,
ahora y siempre!

SALMO 56, ALEJAR A TODO TIPO DE ENEMIGOS


» ESPIRITUALIDAD SALMOS

Muchas personas tienen algún conocimiento de lo importante que pueden llegar a


significar los salmos, teniendo en cuenta que son popularmente conocidos por las virtudes
que pueden ofrecerles a las personas creyentes, como es el caso del Salmo 56.

Sin embargo, son realmente pocas las personas que conocen el verdadero alcance que
pueden tener estas oraciones y que saben que esta es una herramienta que puede ser
capaz de conectar a la tierra con el cielo.

Lee también: Salmo para la prosperidad y bienestar en la vida

¿PARA QUÉ SIRVE EL SALMO 56?


¿Para qué sirve el Salmo 56?
Cada salmo se caracteriza por estar dirigido a una necesidad específica que pueden tener
las personas. Sin embargo, cada uno de ellos tiene un ritual en especifico que debe
realizarse de la manera más correcto con la intención de que se puedan obtener los
resultados que se desean.
Es justamente por esta razón que no todos los salmos se pueden realizar en cualquier
momento, todo lo contrario, cada salmo posee un día u hora en especifico en que deben
ser realizados.
Esto es para aumentar las posibilidades de poder revisar lo que estamos pidiendo, aunque
existen salmos que no tienen ningún ritual en especifico.
En el caso del Salmo 56, sus oraciones están dirigidas a las personas que por alguna
circunstancia estén pasando por un momento en donde su vida pueda estar en riesgo.
En relación a esto, las oraciones del Salmo 56 también pueden servir para alejar a todo
tipo de enemigos, bien sea conocidos hasta esos enemigos que no conocemos, pero que
por alguna razón se encargan de buscar la manera de perjudicarnos, teniendo en cuenta
que este es un salmo protector.
Los resultados de estas oraciones darán resultado a medida de que se vayan realizando los
rezos de manera continua.

¿CUÁNDO REALIZAR LAS ORACIONES DEL SALMO 56?


La mayoría de los salmos tienen rituales en específico que se deben realizar a la medida
para obtener lo que se desea, aunque existen salmos que no necesitan de ningún ritual o
estar acompañados de otros elementos para que puedan resultar.

En el caso del Salmo 56, se caracteriza por ser un salmo que no se rige por un ritual en
específico, es por esta razón que puede ser rezado hasta que se vean los resultados y se
recomienda que mientras se realicen las oraciones con más fe y más continuamente
seguramente podremos recibir pronto lo que queremos.

SALMO 56
1 Oh Dios, ten piedad de mí, que me hostilizan; me acosan asaltantes todo el día.

2 Me hostigan todo el día y me miran cómo me debato. ¡Qué numerosos son mis
adversarios!

3 En ti pondré, oh Altísimo, mi confianza el día que tenga miedo.

4 Renuevo mi fe en las palabras de Dios, confío en Dios y no temo más: ¿qué me puede
hacer un ser de carne?
5 Oigo todo el día palabras hirientes, no piensan más que en hacerme daño.

6 Se agrupan, se ocultan, me siguen el rastro, se lanzan a la caza de mi vida.

7 Después de tanta maldad, que no se escapen, que sobre ellos recaiga, oh Dios, la furia
de los paganos.

8 Tú contaste mis disgustos, recogiste mis lágrimas en tu odre.

9 Retrocederán mis enemigos el día que te invoque. Sé muy bien que Dios está conmigo.

10 Mi fe renuevo en las palabras de Dios, tengo fe en la palabra del Señor;

11 Confío en Dios y no temo más, ¿qué puede hacerme un hombre?

12 No me olvido, oh Dios, de mis promesas, te ofreceré sacrificios para darte gracias.

13 Porque me sacaste de la muerte; no dejaste que diera un paso en falso. En presencia


de Dios seguiré caminando a la luz de los vivos.

LEE ESTE SALMO y tus enemigos serán derrotados


El camino de los malos
Salmo de David.
37 No te impacientes a causa de los malignos,
Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

2 Porque como hierba serán pronto cortados,


Y como la hierba verde se secarán.

3 Confía en Jehová, y haz el bien;


Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.

4 Deléitate asimismo en Jehová,


Y él te concederá las peticiones de tu corazón.

5 Encomienda a Jehová tu camino,


Y confía en él; y él hará.

6 Exhibirá tu justicia como la luz,


Y tu derecho como el mediodía.

7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.


No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
Por el hombre que hace maldades.

8 Deja la ira, y desecha el enojo;


No te excites en manera alguna a hacer lo malo.

9 Porque los malignos serán destruidos,


Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

10 Pues de aquí a poco no existirá el malo;


Observarás su lugar, y no estará allí.

11 Pero los mansos heredarán la tierra,


Y se recrearán con abundancia de paz.

12 Maquina el impío contra el justo,


Y cruje contra él sus dientes;

13 El Señor se reirá de él;


Porque ve que viene su día.

14 Los impíos desenvainan espada y entesan su arco,


Para derribar al pobre y al menesteroso,
Para matar a los de recto proceder.

15 Su espada entrará en su mismo corazón,


Y su arco será quebrado.

16 Mejor es lo poco del justo,


Que las riquezas de muchos pecadores.

17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados;


Mas el que sostiene a los justos es Jehová.

18 Conoce Jehová los días de los perfectos,


Y la heredad de ellos será para siempre.

19 No serán avergonzados en el mal tiempo,


Y en los días de hambre serán saciados.

20 Mas los impíos perecerán,


Y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros
Serán consumidos; se disiparán como el humo.

21 El impío toma prestado, y no paga;


Mas el justo tiene misericordia, y da.

22 Porque los benditos de él heredarán la tierra;


Y los malditos de él serán destruidos.

23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre,


Y él aprueba su camino.

24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado,


Porque Jehová sostiene su mano.

25 Joven fui, y he envejecido,


Y no he visto justo desamparado,
Ni su descendencia que mendigue pan.

26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta;


Y su descendencia es para bendición.

27 Apártate del mal, y haz el bien,


Y vivirás para siempre.

28 Porque Jehová ama la rectitud,


Y no desampara a sus santos.
Para siempre serán guardados;
Mas la descendencia de los impíos será destruida.

29 Los justos heredarán la tierra,


Y vivirán para siempre sobre ella.

30 La boca del justo habla sabiduría,


Y su lengua habla justicia.

31 La ley de su Dios está en su corazón;


Por tanto, sus pies no resbalarán.
32 Acecha el impío al justo,
Y procura matarlo.

33 Jehová no lo dejará en sus manos,


Ni lo condenará cuando le juzgaren.

34 Espera en Jehová, y guarda su camino,


Y él te exaltará para heredar la tierra;
Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.

35 Vi yo al impío sumamente enaltecido,


Y que se extendía como laurel verde.

36 Pero él pasó, y he aquí ya no estaba;


Lo busqué, y no fue hallado.

37 Considera al íntegro, y mira al justo;


Porque hay un final dichoso para el hombre de paz.

38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos;


La posteridad de los impíos será extinguida.

39 Pero la salvación de los justos es de Jehová,


Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.

40 Jehová los ayudará y los librará;


Los libertará de los impíos, y los salvará,
Por cuanto en él esperaron.

Salmos 7; Salmos 27; Salmos 31; Salmos 34; Salmos 52


Salmos 7
1 Oh SEÑOR, Dios mío, en ti me refugio; sálvame de todos los que me persiguen, y
líbrame, 2 no sea que alguno desgarre mi alma cual león, despedazándola sin que haya
quien me libre. 3 Oh SEÑOR, Dios mío, si yo he hecho esto, si hay en mis manos injusticia,
4 si he pagado con el mal al que estaba en paz conmigo, o he despojado al que sin causa
era mi adversario, 5 que persiga el enemigo mi alma y la alcance; que pisotee en tierra mi
vida, y eche en el polvo mi gloria. (Selah) 6 Levántate, oh SEÑOR, en tu ira; álzate contra la
furia de mis adversarios, y despiértate en favor mío; tú has establecido juicio. 7 Que te
rodee la asamblea de los pueblos, y tú en lo alto regresa sobre ella. 8 El SEÑOR juzga a los
pueblos; júzgame oh SEÑOR, conforme a mi justicia y a la integridad que hay en mí. 9
Acabe la maldad de los impíos, mas establece tú al justo, pues el Dios justo prueba los
corazones y las mentes . 10 Mi escudo está en Dios, que salva a los rectos de corazón. 11
Dios es juez justo, y un Dios que se indigna cada día contra el impío. 12 Y si el impío no se
arrepiente, El afilará su espada; tensado y preparado está su arco. 13 Ha preparado
también sus armas de muerte; hace de sus flechas saetas ardientes. 14 He aquí, con la
maldad sufre dolores, y concibe la iniquidad y da a luz el engaño. 15 Ha cavado una fosa y
la ha ahondado, y ha caído en el hoyo que hizo. 16 Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y
su violencia descenderá sobre su coronilla. 17 Daré gracias al SEÑOR conforme a su
justicia, y cantaré alabanzas al nombre del SEÑOR, el Altísimo.
Salmos 27
1 El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de mi vida;
¿de quién tendré temor? 2 Cuando para devorar mis carnes vinieron sobre mí los
malhechores, mis adversarios y mis enemigos, ellos tropezaron y cayeron. 3 Aunque un
ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque en mi contra se levante guerra,
a pesar de ello, estaré confiado. 4 Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite
yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del
SEÑOR, y para meditar en su templo. 5 Porque en el día de la angustia me esconderá en su
tabernáculo; en lo secreto de su tienda me ocultará; sobre una roca me pondrá en alto. 6
Entonces será levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan; y en su tienda
ofreceré sacrificios con voces de júbilo; cantaré, sí, cantaré alabanzas al SEÑOR. 7 Escucha,
oh SEÑOR, mi voz cuando clamo; ten piedad de mí, y respóndeme. 8 Cuando dijiste:
Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, SEÑOR, buscaré. 9 No escondas tu
rostro de mí; no rechaces con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni
me desampares, oh Dios de mi salvación. 10 Porque aunque mi padre y mi madre me
hayan abandonado, el SEÑOR me recogerá. 11 SEÑOR, enséñame tu camino, y guíame por
senda llana por causa de mis enemigos. 12 No me entregues a la voluntad de mis
adversarios; porque testigos falsos se han levantado contra mí, y los que respiran
violencia. 13 Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del
SEÑOR en la tierra de los vivientes. 14 Espera al SEÑOR; esfuérzate y aliéntese tu corazón.
Sí, espera al SEÑOR.
Salmos 31
1 En ti, oh SEÑOR, me refugio; jamás sea yo avergonzado; líbrame en tu justicia. 2 Inclina a
mí tu oído, rescátame pronto; sé para mí roca fuerte, fortaleza para salvarme. 3 Porque tú
eres mi roca y mi fortaleza, y por amor de tu nombre me conducirás y me guiarás. 4 Me
sacarás de la red que en secreto me han tendido; porque tú eres mi refugio. 5 En tu mano
encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, oh SEÑOR, Dios de verdad. 6 Aborrezco a los
que confían en ídolos vanos; mas yo confío en el SEÑOR. 7 Me gozaré y me alegraré en tu
misericordia, porque tú has visto mi aflicción; has conocido las angustias de mi alma, 8 y
no me has entregado en manos del enemigo; tú has puesto mis pies en lugar espacioso. 9
Ten piedad de mí, oh SEÑOR, porque estoy en angustia; se consumen de sufrir mis ojos,
mi alma y mis entrañas. 10 Pues mi vida se gasta en tristeza, y mis años en suspiros; mis
fuerzas se agotan a causa de mi iniquidad, y se ha consumido mi cuerpo . 11 A causa de
todos mis adversarios, he llegado a ser objeto de oprobio, especialmente para mis
vecinos, y causa de espanto para mis conocidos; los que me ven en la calle huyen de mí.
12 Como un muerto soy olvidado, sin ser recordado, soy semejante a un vaso roto. 13
Porque he oído la calumnia de muchos, el terror está por todas partes; mientras traman
juntos contra mí, planean quitarme la vida. 14 Pero yo, oh SEÑOR, en ti confío; digo: Tú
eres mi Dios. 15 En tu mano están mis años ; líbrame de la mano de mis enemigos, y de los
que me persiguen. 16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame en tu
misericordia. 17 Oh SEÑOR, no sea yo avergonzado, porque a ti clamo; sean avergonzados
los impíos; que desciendan en silencio al Seol. 18 Enmudezcan los labios mentirosos, que
arrogantes hablan contra el justo con soberbia y desprecio. 19 ¡Cuán grande es tu bondad,
que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que en ti se refugian,
delante de los hijos de los hombres! 20 De las conspiraciones de los hombres tú los
escondes en lo secreto de tu presencia; en un refugio los pondrás a cubierto de los
enredos de las lenguas. 21 Bendito sea el SEÑOR, porque ha hecho maravillosa su
misericordia para mí en ciudad asediada. 22 Y yo alarmado, decía: ¡Cortado soy de delante
de tus ojos! Empero tú oíste la voz de mis súplicas cuando a ti clamaba. 23 ¡Amad al
SEÑOR, todos sus santos! El SEÑOR preserva a los fieles, y retribuye plenamente a los que
obran con soberbia. 24 Esforzaos, y aliéntese vuestro corazón, todos vosotros que
esperáis en el SEÑOR.
Salmos 34
1 Bendeciré al SEÑOR en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca. 2 En
el SEÑOR se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán. 3 Engrandeced al
SEÑOR conmigo, y exaltemos a una su nombre. 4 Busqué al SEÑOR, y El me respondió, y
me libró de todos mis temores. 5 Los que a El miraron, fueron iluminados; sus rostros
jamás serán avergonzados. 6 Este pobre clamó, y el SEÑOR le oyó, y lo salvó de todas sus
angustias. 7 El ángel del SEÑOR acampa alrededor de los que le temen, y los rescata. 8
Probad y ved que el SEÑOR es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en El se
refugia! 9 Temed al SEÑOR, vosotros sus santos, pues nada les falta a aquellos que le
temen. 10 Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al SEÑOR
no carecerán de bien alguno. 11 Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del
SEÑOR. 12 ¿Quién es el hombre que desea vida y quiere muchos días para ver el bien? 13
Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. 14 Apártate del mal y haz el bien,
busca la paz y síguela. 15 Los ojos del SEÑOR están sobre los justos, y sus oídos atentos a
su clamor. 16 El rostro del SEÑOR está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra su
memoria. 17 Claman los justos, y el SEÑOR los oye, y los libra de todas sus angustias. 18
Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu.
19 Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el SEÑOR. 20 El guarda
todos sus huesos; ni uno de ellos es quebrantado. 21 La maldad dará muerte al impío, y
los que aborrecen al justo serán condenados. 22 El SEÑOR redime el alma de sus siervos; y
no será condenado ninguno de los que en El se refugian.
Salmos 52
1 ¿Por qué te jactas del mal, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua. 2 Tu
lengua maquina destrucción como afilada navaja, oh artífice de engaño. 3 Amas el mal
más que el bien, la mentira más que decir lo que es justo. (Selah) 4 Amas toda palabra
destructora, oh lengua de engaño. 5 Pero Dios te destruirá para siempre; te arrebatará y
te arrancará de tu tienda, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. (Selah) 6 Los justos
verán esto y temerán, y se reirán de él, diciendo: 7 He aquí el hombre que no quiso hacer
de Dios su refugio, sino que confió en la abundancia de sus riquezas y se hizo fuerte en sus
malos deseos. 8 Pero yo soy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de
Dios confío eternamente y para siempre. 9 Te alabaré para siempre por lo que has hecho,
y esperaré en tu nombre, porque es bueno delante de tus santos.

eavivados Por Su Palabra, lee y comparte hoy Salmo 55 – Plegaria pidiendo la destrucción
de enemigos traicioneros – #RPSP

Plegaria pidiendo la destrucción de enemigos traicioneros – Al músico principal; en


Neginot. Masquil de David

55 Escucha, Dios, mi oración


y no te escondas de mi súplica;
2 atiéndeme y respóndeme.
Clamo en mi oración, y me conmuevo
3 a causa de la voz del enemigo,
por la opresión del impío,
porque sobre mí echaron iniquidad
y con furor me persiguen.
4 Mi corazón está dolorido dentro de mí
y terrores de muerte sobre mí han caído.
5 Temor y temblor vinieron sobre mí
y me envuelve el espanto.
6 Y dije: «¡Quién me diera alas como de paloma!
Volaría yo y descansaría.
7 Ciertamente huiría lejos;
moraría en el desierto. Selah
8 Me apresuraría a escapar
del viento borrascoso, de la tempestad.»
9 Destrúyelos, Señor; confunde la lengua de ellos,
porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.
10 Día y noche la rodean sobre sus muros,
e iniquidad y trabajo hay en medio de ella.
11 La maldad está en medio de ella,
y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas.
12 No me afrentó un enemigo,
lo cual yo habría soportado,
ni se alzó contra mí el que me aborrecía,
pues me habría ocultado de él;
13 sino tú, hombre, al parecer íntimo mío,
¡mi guía y mi familiar!,
14 que juntos comunicábamos dulcemente los secretos
y andábamos en amistad en la casa de Dios.
15 Que la muerte los sorprenda;
desciendan vivos al seol,
porque hay maldades en sus casas, en medio de ellos.
16 En cuanto a mí, a Dios clamaré,
y Jehová me salvará.
17 En la tarde, al amanecer y al mediodía
oraré y clamaré,
y él oirá mi voz.
18 Él redimirá en paz mi alma
de la guerra contra mí,
aunque muchos estén contra mí.
19 Dios oirá, y los quebrantará pronto
el que permanece desde la antigüedad,
por cuanto no cambian
ni temen a Dios. Selah
20 Extendió el perverso sus manos contra los que estaban en paz con él;
violó su pacto.
21 Los dichos de su boca son más blandos que mantequilla,
pero guerra hay en su corazón;
suaviza sus palabras más que el aceite,
mas ellas son espadas desnudas.
22 Echa sobre Jehová tu carga
y él te sostendrá;
no dejará para siempre caído al justo.
23 Mas tú, Dios, harás que ellos desciendan
al pozo de perdición.
Los hombres sanguinarios y engañadores
no llegarán a la mitad de sus días.
Pero yo en ti confiaré.
Tú eres quien me protege
SALMO 31 (30)
Himno de David.
31 Dios de Israel,
tú eres un Dios justo;
no me dejes pasar vergüenza.
¡Sálvame, pues confío en ti!
2 Préstame atención,
ven pronto a socorrerme.
Protégeme como una enorme roca,
rodéame como una alta muralla.
3 ¡Tú eres la roca que me protege!
¡Tú eres la muralla que me salva!
Guíame y dirígeme,
pues así lo prometiste.
4 No me dejes caer en la trampa
que me han puesto mis enemigos;
¡tú eres mi protector!
5 Tú eres un Dios fiel.
¡Sálvame!
¡Mi vida está en tus manos!

6 Odio a los que adoran ídolos,


pues éstos no sirven para nada;
¡pero yo en ti confío!
7 Tu bondad me llena de alegría,
pues me viste sufrir y me cuidaste,
8 me libraste de mis enemigos,
y me diste libertad.

9 Dios mío, tenme compasión,


pues estoy muy angustiado,
siento dolor en todo el cuerpo
y mis ojos ya no aguantan más.
10 Toda mi vida he sufrido,
toda mi vida he llorado;
mi maldad me debilita,
mis huesos no me sostienen.
11 Amigos y enemigos
me ven como poca cosa;
al verme en la calle
se espantan y huyen de mí.
12 Me tienen olvidado,
como si ya me hubiera muerto;
¡parezco un vaso hecho pedazos!
13 Mucha gente habla mal de mí,
y hasta mí llegan sus chismes
de que parezco un fantasma.
Todos se han puesto en mi contra,
y hasta quieren matarme.

14 ¡Pero tú eres mi Dios!


¡En ti he puesto mi confianza!
15 Mi vida está en tus manos;
¡sálvame de mis enemigos!,
¡sálvame de los que me persiguen!
16 Yo estoy a tu servicio:
¡muéstrame tu buena voluntad!
¡Por tu gran amor, sálvame!

17 Dios mío,
mira que te estoy llamando;
no me dejes pasar vergüenza.
¡Que pasen vergüenza los malvados!
¡Échalos a la tumba!
18 ¡Calla a esos mentirosos,
que me desprecian y me humillan!

19 Tú eres muy bondadoso


con la gente que te honra;
a la vista de todo el mundo
derramas tu bondad
sobre los que en ti confían.
20 Tu presencia los pone a salvo
de los planes malvados;
tú los proteges de la maldad
como protege la gallina a sus pollitos.

21 ¡Bendito seas, Dios mío!


Cuando yo estuve en problemas
me mostraste tu gran amor.
22 Estaba yo tan confundido
que hasta llegué a pensar
que no querías ni verme.
Pero a gritos pedí tu ayuda,
y tú escuchaste mis ruegos.

23 Ustedes, los que aman a Dios,


¡demuéstrenle su amor!
Nuestro Dios protege
a los que merecen su confianza,
pero a los orgullosos
les da su merecido.
24 Todos ustedes,
los que confían en Dios,
¡anímense y sean valientes!

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