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PINTURA CUSQUEÑA

La pintura de los siglos XVII y XVIII en la ciudad virreinal del Cusco, fue sin duda la más
importante de la América Colonial española. Estas obras adquieren la categoría de Escuela,
por las múltiples características formales e iconográficas, y por su amplia difusión
territorial, destacando que sus autores son casi todos anónimos.

Las pinturas de la Escuela Cusqueña se caracterizan por la utilización exclusiva de temas


religiosos, su falta de perspectiva, y el predominio de rojos, amarillos y colores tierra.
También utilizaron una gran cantidad de oro, especialmente con imágenes de la Virgen
María. Aunque los pintores cusqueños estudiaron el arte bizantino flamenco, de Andorra y
el renacimiento italiano, sus obras eran más libres que las de sus tutores europeos que
usaron colores brillantes y distorsionados, imágenes dramáticas, y representaban la flora y
fauna nativa como telón de fondo en sus obras.

Destacan pintores como:

Diego Quispe Tito: Pintó la serie del zodiaco (1681) para la catedral cusqueña

Bernardo Bitti: De un estilo “contra maniera” y “anti maniera”. Su obra cumbre


fue “Coronación de la Virgen”, se exhibe en la iglesia San Pedro.

Mateo Perez de Alesio: Su pintura más celebre es “La virgen de la Leche”;  cuyas réplicas
fue venerada por Santa Rosa de Lima y aún se conserva en su santuario.

Basilio Santa Cruz: En 1667 participó en la ejecución de la serie sobre la vida de San
Francisco de Asis; para el convento Franciscano en Cusco.

Angelino Medoro: Pintó la “Inmaculada Concepción” (1618) en el convento San Agustín,


tuvo amistad con Santa Rosa de Lima, a quien llegó a retratarla poco después de su
muerte.
Virgen de la leche,
Mateo Pérez de
Alesio Ca. 1604
Óleo sobre
plancha de cobre
grabado 48.30 x
38.20 cm

La virgen de
medio cuerpo
sostiene al niño
en su regazo y
este nos mira en
vez de mamar.
La virgen se
muestra con un
claro tipo de
Madonna italiana.
La Virgen tiene
contornos de un
dibujo propio
del

renacimiento. Un velo cubre su cabeza, esto pertenece a un rafaelismo.

La virgen expresa emotividad con su cabeza inclinada, su mejilla enrojecida, su expresión también tiene un
halo de tristeza y melancolía al notar sus ojos entrecerrados y meditativos, encontramos un fuerte contraste
al observar la seriedad atenta del niño.

Las líneas fluyen gráficamente y los volúmenes anatómicos están determinados por fuertes contornos. El
colorido es claro, frío en las carnaciones, con puntos de rojo más intenso en los labios y en las mejillas, y
oscuro en el fondo y en el manto azul de la Virgen. El característico granate del vestido de María y el blanco
velo transparente que envuelve el hombro del niño, el pecho y la cabeza de la Virgen, aligeran el contraste.

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