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Empezando a Meditar

Para meditar en tu casa, dedica un rincón de tu habitación que mantendrás


absolutamente puro y santificado, un lugar sagrado que sólo utilizarás para meditar.

Cuando hagas tu meditación diaria, es mejor meditar solo. Antes de empezar, es de gran
ayuda darse una ducha o un baño. También es aconsejable vestir ropa limpia y ligera.

Para seguir la vida espiritual deberás meditar al menos una vez al día. Es mejor meditar
temprano en la mañana cuando la atmósfera está calmada y pacífica.

Al meditar es importante mantener la espina dorsal derecha y erguida, y el cuerpo


relajado. Mientras meditas descubrirás que tu ser interno te llevará espontáneamente a
una postura confortable, y luego depende de ti mantenerla.

A algunos buscadores les gusta meditar acostados, pero debo decir que no es nada
aconsejable. Tal vez entres en un mundo de sueño o en una especie de adormecimiento
interno. Por otra parte, la posición del loto, que es una postura avanzada de yoga, no es
necesaria para una meditación correcta. Mucha gente medita muy bien sentada en una
silla.

También ayuda encender incienso y velas y tener algunas flores frescas delante. La flor
externa servirá para recordarte a la flor interna que hay dentro de tu corazón. Cuando
sientes la fragancia del incienso, recibes inspiración y purificación que se suman a tu
tesoro interno. Cuando ves la llama externa, sientes de inmediato tu llama interna
ascendiendo alto, más alto, altísimo.

La respiración adecuada es muy importante en la meditación. Intenta inhalar tan lenta y


tranquilamente como puedas, de modo que si alguien pusiera una pequeña hebra de hilo
delante tu nariz, no se movería nada. Cuando exhales, procura hacerloaún más despacio
que la inhalación. Si es posible, haz una breve pausa entre en final de la exhalación y el
comienzo de la inhalación. Si puedes, retén el aliento unos segundos. Pero si te resulta
difícil no lo hagas. Nunca hagas algo que pueda perjudicar tus órganos o sistema
respiratorio.

Entonces, cada vez que inspires intenta sentir que estás trayendo a tu cuerpo paz, paz
infinita. Lo opuesto a la paz es la intranquilidad. Cuando espires, intenta sentir que estás
expulsando la intranquilidad que hay dentro de ti y también la que ves a tu alrededor.
Cuando respiras de esta manera, verás la intranquilidad alejarse de ti. Después de
practicar esto algunas veces, puedes intentar sentir que estás inhalando energía del
universo. Y cuando exhales, siente que todo tu miedo está abandonando tu cuerpo. Tras
hacer esto unas cuantas veces, intenta sentir que lo que inhalas es alegría, alegría
infinita, y lo que exhalas es tristeza, sufrimiento y depresión.

Hay otra cosa que también puedes intentar. Siente que no estás respirando aire sino
energía cósmica. Siente que no hay un solo lugar de tu cuerpo que no esté lleno de
energía cósmica. Está fluyendo como un río dentro de ti, lavando y purificando todo tu
ser. Entonces, cuando comiences a exhalar, siente que estás expulsando toda la basura
de tu interior –todos los pensamientos no-divinos, ideas oscuras y acciones impuras.
– Sri Chinmoy, The Wings of Joy, p. 32–33

La flecha y el arco
La concentración es la flecha.
La meditación es el arco.

Cuando nos concentramos, enfocamos todas nuestras energías sobre algún sujeto u
objeto a fin de descubrir su verdad. Cuando meditamos, nos elevamos desde nuestra
conciencia limitada hacia una conciencia superior donde la inmensidad del silencio
reina suprema.

La concentración quiere asir el conocimiento al cual apunta. La meditación quiere


identificarse con el conocimiento que busca.

La concentración no permite que la perturbación, el ladrón, entre en su arsenal. La


meditación le deja entrar. ¿Por qué? Precisamente para capturarlo in fraganti.

La concentración es el comandante que ordena a la conciencia dispersa que preste


atención.

La concentración y la firmeza absoluta no son sólo inseparables guerreros divinos, sino


también interdependientes.

La concentración desafía a duelo al enemigo y pelea con él. La meditación, con su


sonrisa silenciosa, reduce el desafío del enemigo.

La concentración le dice a Dios: “Padre, estoy yendo hacia Ti.”


La meditación le dice a Dios: “Padre, ven hacia mí.“

Un aspirante tiene dos profesores genuinos: la concentración y la meditación. La


concentración es siempre estricta con el estudiante; la meditación es estricta a veces.
Pero ambas están solemnemente interesadas en el progreso de su estudiante.

El Poder de la Concentración
Concentración significa vigilancia y agudeza interna. Hay ladrones a nuestro alrededor
y en nuestro interior. El miedo, la duda, la preocupación y la ansiedad son ladrones
interiores que están tratando de robar nuestro equilibrio interno y nuestra paz mental.
Cuando aprendemos a concentrarnos, es muy difícil para estas fuerzas hostiles entrar en
nosotros. Si la duda entra en nuestra mente, el poder de la concentración destrozará la
duda. Si el miedo entra en nuestra mente, el poder de la concentración ahuyentará
nuestro miedo. Ahora mismo somos víctimas de pensamientos sin luz, oscuros,
destructivos, pero llegará un día en que, en virtud de nuestra concentración, los
pensamientos negativos tendrán miedo de nosotros.

La concentración es la voluntad dinámica de la mente que actúa en nosotros para


nuestra aceptación de la luz y nuestro rechazo de la oscuridad. Es como un guerrero
divino en nosotros. Lo que la concentración puede hacer por nosotros en nuestra vida de
aspiración es inimaginable.Puede separar fácilmente el Cielo del infierno, de modo que
podamos vivir en el constante deleite del Cielo y no en las eternas preocupaciones,
ansiedades y torturas del infierno mientras estamos aquí en la tierra.

La concentración es la manera más segura de alcanzar nuestra meta, sea ésta la


realización de Dios o meramente la satisfacción de nuestros deseos humanos. Un
verdadero aspirante adquiere antes o después el poder de concentración, ya sea a través
de la Gracia de Dios, a través de la práctica constante o a través de su propia aspiración.

1- El punto
Si quieres desarrollar el poder de la concentración, aquí hay un ejercicio que puedes
practicar. Primero lávate la cara y los ojos adecuadamente con agua fría. Luego haz un
punto negro en la pared al nivel de los ojos. Colócate frente al punto, a unos veinticinco
centímetros de distancia y concéntrate en él. Después de unos minutos, intenta sentir
que cuando inhalas, tu aliento está realmente viniendo del punto, y que el punto también
está inhalando, obteniendo su aliento de ti. Trata de sentir que hay dos personas: tú y el
punto negro. Tu aliento está viniendo del punto y su aliento está viniendo de ti.

En diez minutos, si tu concentración es muy poderosa, sentirás que tu alma ha salido de


ti y ha entrado en el punto negro en la pared. En ese momento trata de sentir que tú y tu
alma estáis conversando. Tu alma está llevándote al mundo del alma para tu realización,
y tú estás trayendo el alma al mundo físico para su manifestación. De esta manera
puedes desarrollar muy fácilmente el poder de concentración. Pero este método ha de
ser practicado. Hay muchas cosas que son muy fáciles con la práctica, pero tan sólo
porque no las practicamos no obtenemos el resultado.

2- La visión y la realidad
Otro ejercicio que puedes intentar es el siguiente. Primero, dibuja un círculo muy
pequeño en la pared, al nivel de los ojos, y dentro del círculo haz un punto negro. Debe
ser negro; no azul ni rojo ni de ningún otro color. Entonces ponte mirando a la pared, a
un metro de distancia y enfoca tu atención en el círculo. Tus ojos han de estar relajados
y entreabiertos. Deja que la fuerza de tu concentración provenga desde el centro de tu
frente.

Después de tres o cuatro minutos, abre los ojos por completo y trata de sentir que eres
todo ojos, de los pies a la cabeza. Toda tu existencia física se ha vuelto nada más que
visión, y esa visión está enfocada en el punto que hay dentro del círculo.

A continuación comienza a hacer más pequeño el objeto de tu concentración. Después


de unos segundos intenta sentir que todo tu cuerpo se ha vuelto tan pequeño como el
punto en la pared. Intenta sentir que el punto es otra parte de tu propia existencia.

Entonces entra en el punto, atraviésalo y ve al otro lado. Desde el otro lado del punto,
mira hacia atrás y observa tu propio cuerpo. Tu cuerpo físico está en un lado, pero con
la fuerza de tu concentración has enviado tu cuerpo sutil al otro lado del punto. A través
de tu cuerpo sutil estás viendo tu cuerpo físico y a través de tu cuerpo físico estás
viendo tu cuerpo sutil.

Me concentro para el éxito en el viaje de mi vida.


Medito para el progreso en el viaje de mi vida.
Contemplo para el proceso de Dios en el viaje de mi vida.

Cuando empezaste a concentrarte, tu cuerpo físico se volvió todo visión. En ese


momento el punto era tu realidad. Cuando entraste en el punto, visión y realidad se
volvieron una. Eras la visión y también la realidad. Cuando te miraste desde el punto, el
proceso se invirtió. En ese momento te convertiste en la visión fuera de ti y el lugar al
cual regresabas –tu cuerpo– era la realidad. Entonces la visión y la realidad se volvieron
una otra vez. Cuando puedes ver la visión y la realidad de esta manera, tu concentración
es absolutamente perfecta. Cuando tu poder de concentración puede llevarte al otro lado
del punto que estabas llamando realidad, en ese momento tu existencia entera estará
mucho más allá tanto de la visión como de la realidad. Y cuando puedas sentir que has
trascendido tu visión y tu realidad, tendrás poder ilimitado.

3- Mi amigo el corazón
De la misma manera que puedes concentrarte en la punta de un dedo, en una vela o en
cualquier otro objeto material, también puedes concentrarte en tu corazón. Puedes cerrar
los ojos o mirar a la pared, pero todo el tiempo estás pensando en tu corazón como un
amigo querido. Cuando este pensamiento se hace muy intenso, cuando absorbe toda tu
atención, entonces has ido más allá del pensar ordinario y entrado en la concentración.
No puedes mirar físicamente a tu corazón espiritual, pero puedes concentrar toda tu
atención en él. Entonces, poco a poco, el poder de tu concentración entra en el corazón
y te lleva completamente fuera del dominio de la mente.

Si no tienes pureza en abundancia, si numerosos deseos terrenales están en posesión del


corazón, entonces deberías invocar la pureza antes de concentrarte en el corazón. La
pureza es el sentimiento de tener un altar viviente en lo más íntimo de tu corazón.
Cuando sientes la presencia divina de un altar interno, automáticamente estás
purificado. En ese momento tu concentración en el corazón será sumamente efectiva.

4- El latido de la vida
A algunos buscadores les gusta concentrarse en el latido de su corazón. Si quieres hacer
esto, no temas que el corazón vaya a pararse y vayas a morir. Si quieres ser un
verdadero héroe en tu vida espiritual, puedes practicar la concentración en el latido de tu
corazón. Esta es tu oportunidad dorada para entrar en la vida sin fin. Cada vez que
escuches el sonido del latido de tu corazón, inmediatamente siente ahí tu vida infinita,
inmortal.

5- La flor interna
Para este ejercicio necesitas una flor. Con los ojos entreabiertos, mira la flor durante
unos segundos. Mientras estás concentrándote, trata de sentir que tú eres esa flor. Al
mismo tiempo, trata de sentir que la flor está creciendo en lo más íntimo de tu corazón.
Siente que eres la flor y que estás creciendo dentro de tu corazón.

Entonces, poco a poco intenta concentrarte en un pétalo en particular de la flor. Siente


que ese pétalo que has escogido es la forma-semilla de tu realidad-existencia. Después
de algunos minutos concéntrate otra vez en la flor entera y siente que ésta es la Realidad
Universal. De esta manera ve adelante y atrás, concentrándote primero en el pétalo –la
forma-semilla de tu realidad– y luego en la flor entera –la Realidad Universal. Mientras
lo haces, procura por favor no dejar que ningún pensamiento entre en tu mente. Procura
hacer tu mente absolutamente calmada, silenciosa y tranquila.

Después de algún tiempo, por favor cierra los ojos e intenta ver la flor, en la que te has
concentrado, dentro de tu corazón. Entonces, de la misma manera que te concentrabas
en la flor física, concéntrate gentilmente en la flor dentro de tu corazón, con los ojos
cerrados.

La Voluntad Indomable del Alma


Nos concentramos con la iluminadora agudeza de la mente. Meditamos con la
expansiva vastedad del corazón. Contemplamos con la colmadora unicidad del alma.

Cuando nos concentramos somos como una bala entrando en algo o como un imán
atrayendo el objeto de concentración hacia nosotros. En ese momento, no dejamos
entrar en nuestra mente ningún pensamiento, sea divino o no divino, terrenal o celestial,
bueno o malo. En la concentración, la mente entera tiene que estar enfocada en un
objeto o sujeto en particular. Si nos estamos concentrando en el pétalo de una flor,
intentamos sentir que no existe otra cosa en el mundo excepto el pétalo. No miramos
adelante ni atrás, arriba ni adentro; tan sólo tratamos de atravesar el objeto con nuestra
aguzada concentración. No es una manera agresiva de entrar en algo. Esta concentración
viene directamente de la voluntad indomable del alma, o fuerza de voluntad.

Cuando quieres practicar la concentración en un objeto, deberías escoger algo que te dé


alegría inmediata. Si tienes un Maestro, la foto de tu Maestro te dará alegría inmediata.
Si no tienes un Maestro, elige algo que sea muy bello, puro y divino, como por ejemplo,
una flor.

Concentración desde el Corazón


Muy a menudo oigo a los aspirantes decir que no pueden concentrarse más de cinco
minutos. Después de cinco minutos tienen dolor de cabeza o sienten que la cabeza está
ardiendo. ¿Por qué? Porque su fuerza de concentración está viniendo de la mente
intelectual, o podemos decir, de la mente disciplinada. La mente sabe que no debe
divagar; la mente tiene ese conocimiento. Pero si la mente va a ser utilizada
correctamente, de una manera iluminada, entonces la luz del alma tiene que entrar en
ella. Cuando la luz del alma ha entrado en la mente, es sumamente fácil concentrarse en
algo durante horas. Durante ese tiempo no habrá pensamientos, dudas ni miedos.
Ninguna fuerza negativa puede entrar en ella si la mente está cargada con la luz del
alma.

Cuando nos concentramos, tenemos que sentir que nuestro poder de concentración está
viniendo desde el centro del corazón y luego subiendo hasta el tercer ojo. El centro del
corazón es donde se localiza el alma. Cuando pensamos en el alma en este momento, es
mejor no hacernos una idea específica de ella o intentar pensar en cual es su aspecto.
Sólo pensaremos en el alma como representante de Dios o como luz y deleite sin
límites. Cuando nos concentramos, tratamos de sentir que la luz del alma está viniendo
desde el corazón y pasando a través del tercer ojo. Entonces, con esta luz, entramos en
el objeto de concentración y nos identificamos con ello. La etapa final de la
concentración es descubrir la Verdad oculta, última, en el objeto de concentración.

P & R: Concentración
P. Cuando me siento a meditar, tengo que concentrarme tanto en mantener la mente
quieta, que no puedo contactar con mi ser interno.

R. Puede que no lo sepas, pero estás haciendo lo correcto. Cuando estás intentando
calmar y aquietar tu mente, te estás concentrando. En la concentración, intentas
controlar tus pensamientos y emociones. La concentración tiene que abrir camino a la
meditación. Para poder meditar tienes que haber disciplinado ya en cierta medida tu
vida emocional y tu mente inquieta. Cuando tengas éxito en ahuyentar a todos los
pensamientos que perturban tu mente, tarde o temprano tu ser interno saldrá a la
superficie, como el sol ardiente disipando el velo de las nubes. Ahora mismo el sol
interno está cubierto de nubes: pensamientos, ideas, dudas, miedos, etcétera. Cuando
puedas ahuyentarlas, verás que tu ser interno luce, brillante y radiante, justo delante de
ti.

P. ¿Cómo puede uno saber si está concentrándose o meditando?

R. En la concentración hay tremenda intensidad; es como una flecha entrando en el


blanco. Si sientes una fuerza intensa energizándote, es el resultado de tu concentración.
Pero en la meditación hay paz y un sentimiento de vastedad a todo alrededor, sobre todo
en la mente. Si sientes en lo profundo de ti un inmenso mar de paz, luz y dicha, se debe
a tu meditación. La meditación es todo paz, serenidad y vastedad. Hay intensidad, pero
la intensidad está rebosante de luminosidad. En la concentración no tiene por qué haber
y a menudo no hay la más alta luminosidad.

Además, la concentración quiere resultados inmediatos. Está dispuesta a hacer cualquier


cosa para lograr su objetivo. La meditación siente que tiene tiempo infinito a su
disposición. Eso no significa que la meditación rechace el tiempo fugaz. No, lo aprecia,
pero dentro del tiempo fugaz ve el tiempo sin fin. Es por eso que la meditación tiene
dentro paz infinita.
No des preferencia a una de estas experiencias. Si el Supremo quiere concentrarse en ti
y a través de ti, tú lo permitirás. Y si quiere meditar en ti y a través de ti, también lo
permitirás.

P. Una vez que hemos aprendido a meditar, ¿ya no debemos practicar mas la
concentración?

R. Como regla general, los aspirantes que están comenzando en la vida espiritual deben
practicar la concentración por lo menos varios meses. Una vez que han aprendido a
concentrarse, entonces la meditación se hace fácil. Pero incluso cuando has aprendido a
meditar, es buena idea concentrarte durante varios minutos antes de empezar la
meditación diaria. Si te concentras, eres como un corredor que quita los obstáculos de la
pista antes de empezar a correr. Una vez que la pista está despejada, puedes correr muy
rápido. En ese momento te conviertes en un tren expreso interno que sólo se detiene al
llegar a su destino final.

R. Hay dos maneras de meditar. Una manera es silenciar la mente. Una persona común
y corriente siente que si hace callar su mente, se volverá tonta. Siente que si la mente no
piensa, la mente lo ha perdido todo. Pero esto, en la vida espiritual, no es cierto. En la
vida espiritual, cuando aquietamos la mente vemos que amanece en ella una nueva
creación, una nueva promesa a Dios. Ahora mismo no hemos cumplido nuestra promesa
a Dios; no hemos dedicado totalmente nuestra existencia a Dios. Cuando podemos
silenciar la mente, estamos en condiciones de complacer y satisfacer a Dios.
Otra manera de meditar es vaciar el corazón. Ahora mismo el corazón está lleno de
turbulencia emocional y problemas causados por el vital impuro que lo ha envuelto. El
corazón es un recipiente. Ahora mismo este recipiente está lleno de cosas no divinas,
cosas que nos limitan y nos atan. Si podemos vaciar el recipiente-corazón, hay alguien
que lo llenará de paz, luz y deleite divinos que nos liberarán. Cuando vaciamos nuestro
corazón de toda ignorancia, la Luz-Sabiduría de Dios vendrá y lo llenará.

P. Si una persona no cree en Dios, ¿puede practicar meditación?

R. Si una persona no cree en Dios, puede practicar meditación, pero tal vez no logre
nada. La meditación es el sendero que lleva a Dios. Si no crees en Dios, naturalmente
no seguirás ese sendero

Cómo empezar a meditar


Desde el momento en que quieres hacer un progreso constante y continuo, en ese
momento eres un principiante eterno.

Desde el punto de vista espiritual, todo aspirante es un principiante. Un principiante es


aquel que tiene el ímpetu interno de convertirse en algo aún más divino, aún más
iluminador y aún más colmador. En el momento en que quieres progresar de una
manera constante y continua, en el momento en que quieres superarte y entrar en el Más
Allá siempre trascendente, en ese momento te conviertes en un principiante eterno.
Si eres un principiante absoluto, puedes empezar leyendo algunos libros espirituales.
Estos te darán inspiración. Deberías leer libros escritos por Maestros espirituales en los
que tengas fe implícita. Hay Maestros que han alcanzado la conciencia más elevada y si
lees sus libros, sin duda te inspirarán. Es mejor no leer libros escritos por profesores,
académicos o aspirantes que están todavía en el sendero y no han logrado la
iluminación. Sólo quienes han realizado la Verdad van a tener la capacidad de ofrecer la
Verdad. De otro modo, es como un ciego guiando a otro ciego.

También es buena idea asociarse con personas que ya llevan algún tiempo meditando.
Puede que estas personas no estén preparadas para enseñarte, pero podrán inspirarte.
Incluso si solamente te sientas a su lado mientras meditan, de forma inconsciente tu ser
interno derivará algún poder meditativo de ellas. No estarás robándoles nada, sino que
tu ser interno estará recibiendo ayuda de ellas sin tu conocimiento externo.

Al principio ni siquiera deberías pensar acerca de la meditación. Tan solo intenta


reservar un cierto momento del día en que procurarás estar tranquilo y callado, y sentir
que esos minutos pertenecen a tu ser interno y a nadie más. La regularidad es de suma
importancia. Lo que necesitas es practicar con regularidad a la misma hora.

Cada día hay una sola cosa que aprender:


Cómo ser honestamente feliz.

Algunas técnicas básicas


Para el principiante, es mejor comenzar con la concentración. De otro modo, cuando
intentes calmar y vaciar la mente, millones de pensamientos inoportunos entrarán en ti y
no podrás meditar ni siquiera un segundo. Si te concentras, en ese momento estarás
desafiando a los pensamientos erróneos que tratan de entrar en ti. Así pues, al principio,
simplemente practica la concentración durante unos minutos. Entonces, algunas
semanas o algunos meses después, puedes intentar la meditación

Cuando comiences a meditar, siempre procura sentir que eres un niño. Cuando eres un
niño, la mente no está desarrollada. A los doce o trece años, la mente comienza a
funcionar a un nivel intelectual. Pero antes de eso, el niño es todo corazón. Un niño
siente que no sabe nada. No tiene ideas preconcebidas sobre la meditación y la vida
espiritual. Quiere aprenderlo todo fresco

Siente primero que eres un niño, y luego intenta sentir que estás dentro de un jardín
florido. Este jardín florido es tu corazón. Un niño puede jugar en un jardín durante
horas. Va de una flor a otra, pero no abandona el jardín, porque recibe alegría de la
belleza y la fragancia de cada flor. Siente que hay un jardín dentro de ti y que puedes
permanecer allí todo el tiempo que quieras. De esta manera puedes aprender a meditar
en el corazón.

Si puedes permanecer en el corazón, comenzarás a sentir un llanto interno. Este llanto


interno, que es la aspiración, es el secreto de la meditación. Cuando un adulto llora,
habitualmente su llanto no es sincero. Pero cuando un niño llora, aunque sólo esté
llorando por un dulce, es muy sincero. En ese momento el dulce es el mundo entero
para él. Si le das un billete de cien dólares, no estará satisfecho; sólo le interesa el dulce.
Cuando un niño llora, su madre o su padre acuden inmediatamente. Si puedes llorar
desde lo profundo de tu ser por la paz, la luz y la verdad, y esto es lo único que te va a
satisfacer, entonces Dios, tu Padre eterno y tu Madre eterna, inevitablemente vendrá a
ayudarte.

Siempre debes procurar sentir que estás tan desamparado como un niño. En el momento
en que te sientas desamparado, alguien vendrá a ayudarte. Si un niño está llorando y
perdido en la calle, alguna persona bondadosa le mostrará dónde está su casa. Siente que
estás perdido en la calle y se ha desatado una tormenta. La duda, el miedo, la ansiedad,
la preocupación, la inseguridad y otras fuerzas no divinas caen copiosamente sobre ti.
Pero si lloras sinceramente, alguien vendrá a rescatarte y a mostrarte cómo llegar a tu
hogar, que es tu corazón. ¿Y quién es ese alguien? Dios, tu Piloto Interno.

Temprano en la mañana invita a Dios, tu Amigo, tu verdadero Amigo, tu único Amigo,


a caminar contigo todo el día.

Sencillez, Sinceridad, Pureza


Hay muchos ejercicios de meditación que un principiante puede intentar. Para el
buscador que quiere entrar en la vida espiritual, la sencillez, la sinceridad, la pureza y la
seguridad son de suma importancia. La sencillez es lo que te da la paz mental. La
sinceridad es lo que te hace sentir que eres de Dios y que Dios es para ti
constantemente. Tu corazón puro es lo que te hace sentir en cada instante que Dios está
creciendo, brillando y colmándose dentro de ti. La seguridad es lo que te hace sentir que
la meditación es absolutamente lo correcto.

En silencio, repite gentilmente la palabra “sencillez” siete veces dentro de tu mente y


concéntrate en la parte superior de tu cabeza. Luego, repite la palabra “sinceridad” siete
veces silenciosa y devotamente dentro de tu corazón, y concéntrate en tú corazón.
Luego repite gentilmente la palabra “pureza” siete veces dentro o alrededor de tu centro
del ombligo, y concéntrate en ese centro. Por favor, haz esto silenciosamente y con
sumo fervor. Después concentra la atención en tu tercer ojo, que se halla un poco por
encima del punto entre tus cejas, y repite siete veces silenciosamente “seguridad”. A
continuación, coloca la mano en lo alto de tu cabeza y repite tres veces “Soy sencillo,
soy sencillo, soy sencillo.” Luego coloca la mano sobre el corazón y repite tres veces
“Soy sincero, soy sincero, soy sincero.” Luego coloca la mano sobre el ombligo
repitiendo “Soy puro”, y sobre el tercer ojo, repitiendo “Estoy seguro.”

Una Cualidad Favorita


Si te gusta un aspecto en particular de Dios –por ejemplo, el amor– repite por favor
internamente la palabra “amor” varias veces con mucha devoción. Mientras repites la
palabra “amor” con toda tu alma, procura sentirla reberverando en los rincones más
profundos de tu corazón: “amor, amor, amor.” Si te gusta más la paz divina, entonces
por favor repite o canta internamente la palabra “paz”. Mientras lo haces, trata de oír el
sonido cósmico que la palabra contiene reberverando en las profundidades mismas de tu
corazón. Si quieres luz, entonces por favor repite “luz, luz, luz” con sumo fervor, y
siente que de hecho te has vuelto luz. Desde la planta de tus pies hasta la coronilla de tu
cabeza, trata de sentir que te has convertido en la palabra que estás repitiendo. Siente
que tu cuerpo físico, tu cuerpo sutil, todos tus nervios y tu ser entero están rebosantes de
amor, paz o luz.

Invita a Tus Amigos


Siente que te hallas a la puerta de tu corazón y que has invitado al amor, la luz, el
deleite y todos tus amigos divinos a visitarte. Pero si la complejidad, la insinceridad, la
impureza, la inseguridad, la duda y otras fuerzas negativas aparecen, por favor no las
dejes entrar. Intenta sentir que tanto las cualidades divinas como las no divinas han
tomado forma de seres humanos y puedes verlas a simple vista. Intenta invitar a un
amigo cada día a entrar en tu corazón. Este será el comienzo de una amistad divina. Un
día sólo dejarás entrar a tu amigo el amor; al día siguiente dejarás que entre tu amiga la
alegría. Después de un tiempo, tendrás la capacidad de invitar a más de un amigo cada
vez. Al principio quizás no puedas prestar atención a más de un amigo cada vez, pero
finalmente podrás invitar a todos tus amigos divinos al mismo tiempo.

Preparándote para Meditar


Sin preparación no hay intento.
Sin intento no hay progreso.
Sin progreso no hay perfección.
Sin perfección no hay satisfacción.

Cuando meditas en tu casa, deberías tener un rincón en tu cuarto que esté absolutamente
puro y santificado –un lugar sagrado que sólo utilices para la meditación. Allí puedes
hacer un altar donde puedes tener una imagen de tu Maestro espiritual, o de Cristo o de
alguna personalidad espiritual que consideres tu Maestro.

Antes de comenzar a meditar, será muy útil que tomes una ducha o un baño. La
limpieza del cuerpo es muy provechosa para la purificación de la conciencia. Si no
puedes tomar una ducha o un baño antes de sentarte a meditar, deberás al menos lavarte
la cara. También es aconsejable ponerse ropa limpia y ligera.

Además, te ayudará quemar incienso y tener algunas flores frescas en tu altar. Cuando
hueles la fragancia del incienso, quizá sólo recibes una pizca de inspiración y
purificación, pero esa pizca puede añadirse a tu tesoro interno. Hay personas que dicen
que no es necesario tener flores delante durante la meditación. “La flor está dentro”–
dicen–, “el loto de los mil pétalos está dentro.” Pero la flor física en tu altar te
recordará la flor interna. Su color, su fragancia y su conciencia pura te darán
inspiración. De la inspiración obtendrás aspiración.

Lo mismo ocurre con el empleo de velas durante la meditación. La llama de una


vela por sí misma no te dará aspiración, pero cuando ves la llama externa sientes
inmediatamente que la llama de aspiración en tu ser interno también está elevándose
alto, más alto, altísimo. Si alguien está a punto de realizar a Dios o si, de hecho, ya ha
realizado a Dios, entonces estas cosas externas no tendrán ningún valor. Pero si sabes
que tu realización de Dios es todavía un clamor lejano, entonces, sin duda estas cosas
aumentarán tu aspiración. Cuando realizas tu meditación individual diaria, procura
meditar a solas. Esto no se aplica al caso del esposo y la esposa, si ambos tienen el
mismo Maestro espiritual; para ellos está bien meditar juntos. De otro modo, no es
aconsejable meditar con otros durante la meditación individual diaria. La meditación
colectiva también es importante, pero para la meditación individual diaria es mejor
meditar en privado ante tu propio altar.

La meditación es un regalo divino. La meditación simplifica nuestra vida externa y


energiza nuestra vida interna. La meditación nos da una vida natural y espontánea,
una vida tan natural y espontánea que no podemos respirar sin ser conscientes de
nuestra propia divinidad.

La postura es importante
Cuando meditas, es importante que mantengas la espina dorsal derecha y erguida, y el
cuerpo relajado. Si el cuerpo está rígido, las cualidades divinas que están fluyendo en él
y a través de él durante la meditación no serán recibidas. El cuerpo tampoco debe estar
incómodo. Cuando estés meditando, tu ser interno te llevará espontáneamente a una
posición cómoda y tú tienes que encargarte de mantenerla. La ventaja principal de la
posición de loto es que mantiene la columna vertebral derecha y erguida, pero no es
cómoda para la mayoría de la gente. Así que la posición de loto no es necesaria en
absoluto para meditar apropiadamente. Muchas personas meditan muy bien sentadas en
una silla.

Algunas personas hacen ejercicios físicos y posturas. Estos ejercicios, llamados Hatha
Yoga, relajan el cuerpo y traen paz a la mente durante un breve período de tiempo. Si
alguien es físicamente muy inquieto y no puede permanecer inmóvil más de un
segundo, entonces estos ejercicios ciertamente le ayudarán. Pero el Hatha Yoga no es
necesario en absoluto para meditar. Hay muchos aspirantes que pueden sencillamente
sentarse y aquietar y calmar su mente sin hacer ningún Hatha Yoga.

No es aconsejable meditar tumbado, ni siquiera para quienes ya llevan varios años


meditando. Quienes intenten meditar tumbados entrarán en el mundo del sueño o en una
especie de letargo o amodorramiento. Y más aún, al estar acostado, tu respiración no es
tan satisfactoria como cuando estás sentado, ya que no es consciente o controlada. La
respiración correcta es muy importante en la meditación.

Un corazón devoto ha descubierto una verdad suprema:


meditar en Dios es un privilegio y no un deber.

Ojos abiertos / ojos cerrados


Me preguntan muy a menudo si se debe meditar con los ojos abiertos o cerrados. En el
noventa por ciento de los casos, los que cierran los ojos durante la meditación se
duermen. Meditan cinco minutos y otros quince permanecen en el mundo del sueño. No
hay una energía dinámica, sino sólo letargia, complacencia y una sensación sosegada,
dulce.
Cuando mantienes los ojos cerrados durante la meditación y entras en el mundo del
sueño, puedes disfrutar todo tipo de fantasías. Tu fértil imaginación puede hacerte sentir
que estás teniendo una meditación maravillosa. De modo que lo mejor es meditar con
los ojos medio abiertos y medio cerrados. De esta manera eres la raíz del árbol y, al
mismo tiempo, la rama más alta. La parte de ti que tiene los ojos medio abiertos es la
raíz, que simboliza la Madre Tierra. La parte que tiene los ojos medio cerrados es la
rama más alta, el mundo de visión o, podemos decir, el Cielo. Tu conciencia está en el
nivel más elevado y también está aquí en la Tierra, intentando transformar el mundo.

Cuando meditas con los ojos medio abiertos y medio cerrados, estás haciendo lo que se
conoce como “meditación del león”. Aún cuando estás profundizando en tu interior,
estás enfocando tu atención consciente tanto en el plano físico como en el plano
subconsciente. Tanto el mundo físico, con su ruido y sus distracciones, como el mundo
subconsciente, el mundo del sueño, están invitándote, pero tú los estás conquistando a
ambos. Estás diciendo: “Mirad, estoy alerta. No podéis llevarme a vuestro territorio.”
Puesto que tus ojos están parcialmente abiertos, no te dormirás. Así estás desafiando al
mundo del subconsciente. Al mismo tiempo estás manteniendo tu dominio sobre el
plano físico, porque puedes ver lo que sucede a tu alrededor.

Respirando en el centro del corazón


Por favor inhala y retén el aliento durante un par de segundos. Siente que estás
manteniendo el aliento, el cual es la energía de vida, en tu centro del corazón. Esto te
ayudará a desarrollar capacidad interna para meditar.

Respirando conscientemente
Cuando te sientes a meditar, procura inspirar lo más lenta y silenciosamente posible, de
modo que si alguien pusiera delante de tu nariz una hebra de hilo, esta no se movería en
absoluto. Y cuando espiras, procura hacerlo más lentamente aún que cuando inspiraste.
A ser posible, haz una pequeña pausa entre el final de la exhalación y el comienzo de la
inhalación. Si puedes, aguanta el aliento unos segundos. Pero si te resulta difícil no lo
hagas. Nunca hagas nada que te cause incomodidad física durante la meditación.

Inhalando paz y alegría pura


En lo primero que debes pensar al practicar técnicas de meditación es en la pureza.
Cuando inspiras, si puedes sentir que el aliento está viniendo directamente de Dios, de
la Pureza misma, entonces tu aliento puede ser purificado fácilmente. Luego, cada vez
que inspires, procura sentir que estás trayendo paz infinita a tu interior. Lo opuesto de la
paz es la inquietud. Cuando espiras, trata de sentir que estás expulsando la inquietud
que haya dentro de ti y también la que ves a tu alrededor. Cuando respires de esta
manera, verás que la inquietud te está abandonando. Después de practicarlo varias
veces, trata de sentirpor favor que estás inspirando poder del universo, y cuando exhalas
procura sentir que todo tu miedo se está yendo de tu cuerpo. Después de hacer esto unas
cuantas veces, intenta sentir que estás inhalando dicha infinita y exhalando la tristeza, el
sufrimiento y la melancolía.
Energía cósmica
Siente que no estás respirando aire sino energía cósmica. Siente que tremenda energía
cósmica está entrando en ti con cada respiración y que vas a utilizarla para purificar tu
cuerpo, tu vital, tu mente y tu corazón. Siente que no hay un solo lugar en tu cuerpo que
no esté siendo ocupado por el caudal de la energía cósmica. Está fluyendo como un río
dentro de ti, limpiando y purificando todo tu ser. Luego, cuando exhalas, siente que
estás expulsando todos los desperdicios que haya dentro de ti –todos tus pensamientos
no divinos, ideas oscuras y acciones impuras. Cualquier cosa dentro de tu ser que
consideres no divina, aquellas cosas que no quieras reclamar como propias, siente que
las estás exhalando.

Este no es el pranayama tradicional, que es más complicado y sistemático, pero es un


método sumamente efectivo de respiración espiritual. Si practicas este método de
respiración, verás muy pronto los resultados. Al principio tendrás que emplear la
imaginación, pero más tarde verás y sentirás que no es en absoluto imaginación, sino
realidad. Estás conscientemente inhalando la energía que está fluyendo a tu alrededor,
purificándote y vaciándote de todo lo no-divino. Si puedes respirar de esta manera
durante cinco minutos cada día, podrás progresar muy rápido. Pero tiene que hacerse de
una manera muy consciente, no mecánica.

Respiración rítmica
Mientras inhalas, repite una vez el nombre de Dios, de Cristo, o de quien adores.
También, si tu Maestro te ha dado un mantra, puedes repetirlo. Esta inspiración no tiene
que ser larga o profunda. Luego aguanta la respiración y repite el mismo nombre cuatro
veces. Y cuando espires, repite dos veces el nombre o el mantra que hayas escogido.
Inspiras repitiendo una vez, retienes el aliento repitiendo cuatro veces y espiras
repitiendo dos veces internamente la palabra sagrada. Si tan solo cuentas los números
(1, 1-2-3-4, 1-2) no recibes ninguna vibración o sentimiento interno. Pero cuando dices
el nombre de Dios, las cualidades divinas de Dios entran inmediatamente en ti. Luego,
cuando aguantas la respiración, estas cualidades divinas circulan en tu interior, entrando
en todas tus impurezas, oscuridades, imperfecciones y limitaciones. Y cuando espiras,
estas mismas cualidades divinas se llevan todas tus cualidades no divinas, no-
progresivas y destructivas.

Al principio puedes comenzar con una relación de 1-4-2. Cuando tengas más
experiencia en este tipo de respiración, podrás hacerla de 4-16-8: inhalando durante
cuatro tiempos, reteniendo el aliento durante dieciséis y exhalando durante ocho. Pero
esto tiene que hacerse muy gradualmente. Algunas personas hacen una cuenta de 8-32-
16, pero eso es para los expertos.

Respiración total
<p>
Cuando alcances un nivel más avanzado, puedes tratar de sentir que tu respiración está
entrando y saliendo a través de cada parte de tu cuerpo,–a través de tu corazón, a través
de tus ojos, a través de tu nariz e incluso a través de tus poros. Ahora mismo sólo
puedes respirar a través de la nariz o la boca, pero llegará el día en que podrás respirar a
través de cada parte de tu cuerpo. Los Maestros espirituales pueden respirar incluso con
la boca y la nariz cerradas. Cuando hayas perfeccionado esta respiración espiritual, toda
tu impureza e ignorancia serán sustituidas por la luz, la paz y el poder de Dios.<p>

Respiración alterna
Otra técnica que puedes probar es la respiración alterna. Esta se hace tapando el orificio
derecho de la nariz con el dedo pulgar y tomando una inhalación larga a través del
orificio izquierdo. Al inhalar, repite una vez el nombre de Dios. Entonces aguanta la
respiración repitiendo el nombre de Dios cuatro veces. Por último, destapa el lado
derecho, tapa el lado izquierdo con el dedo anular y exhala mientras repites dos veces el
nombre de Dios. Luego hazlo en sentido contrario, comenzando con el orificio
izquierdo tapado. En este sistema, al inhalar, no tiene que ser silenciosamente. Si haces
ruido, no importa. Pero por supuesto, estos ejercicios no deberían hacerse en público o
donde haya otras personas intentando meditar en silencio.

No deberías practicar la respiración rítmica (1-4-2) más de cuatro o cinco minutos, y no


deberías hacer respiración alterna más que unas pocas veces. Si lo haces veinte,
cuarenta o cincuenta veces, el calor subirá desde la base de la espina dorsal y entrará en
tu cabeza, creando tensión y dolor de cabeza. Es como si comes demasiado. Comer es
bueno, pero si comes vorazmente, te afecta al estómago. Este calor interno actúa de la
misma manera. Si lo elevas más allá de tu capacidad, en vez de proporcionarte una
mente pacífica, te dará una mente arrogante, turbulenta y destructiva. Más adelante,
cuando hayas desarrollado tu capacidad interna, puedes hacer esta respiración alterna
durante diez o quince minutos

La hora de la meditación
Si quieres ver el Rostro de Dios, debes pasar por lo menos algún tiempo cada día con
Su instrumento escogido: tu propio corazón.

Si eres serio respecto a tu vida espiritual, tienes que meditar por lo menos una vez al
día. Si eres muy entusiasta, puedes meditar tres veces al día –a primera hora de la
mañana, al mediodía o a la hora de comer, y por la noche. Tus meditaciones de la
mañana y de la noche pueden ser más largas, de quince o treinta minutos, mientras que
tu meditación de mediodía puede ser tan sólo de cinco o diez minutos. Si no te es
posible alimentar tu alma tres veces al día, aliméntalaentonces por favor al menos una
vez. Siente que el alma es como un niño divino. Si no alimentas al niño divino que hay
dentro de ti, no podrá crecer y manifestar tus cualidades divinas internas y las
posibilidades de tu alma.

Es mejor meditar bien una sola vez al día por la mañana que sentarte cinco o seis veces
al día con los ojos cerrados y simplemente tener pensamientos agradables divagando
por tu cabeza. Cada vez que meditas tienes que sentir que estás ofreciendo tu aliento de
vida al Supremo y haciendo emerger la luz de tu alma. Sólo entonces vale la pena tu
meditación. Si sientes que sólo puedes meditar fervorosamente una vez, temprano en la
mañana, entonces es suficiente. Tienes que ver tu verdadera capacidad, sinceridad,
buena gana y alegría. Si la inspiración está presente, significa que has recibido la
aprobación del Supremo y correrás muy rápido. Algunas personas meditan a la hora del
almuerzo o cuando tienen un descanso en el trabajo. Eso es excelente. Pero por
favorprimero medita también por la mañana. Si empiezas haciendo lo correcto al
comenzar la mañana, estarás entonces inspirado todo el día.

La meditación matinal
La belleza vino a mí como la rosa de la mañana.
El deber vino a mí como el sol de la mañana.
La divinidad vino a mí como la aspiración de la mañana.

Si meditas por la mañana, encontrarás tu meditación sumamente fructífera. Antes de


que salga el sol, la conciencia terrestre aún no está agitada. El mundo no ha entrado
todavía en su trajín diario. La naturaleza está calmada y silenciosa y te ayudará a
meditar. Cuando la naturaleza está profundamente dormida, lo animal en nosotros, o
nuestra conciencia no iluminada, también duerme. En ese momento todavía estamos en
el mundo de sueños energizantes y colmadores, desde los cuales puede crecer la
realidad. Por eso la conciencia aspirante despierta puede obtener el máximo de la
meditación a primera hora de la mañana.

Una vez que ha amanecido, la Madre Tierra se vuelve divinamente energética o no-
divinamente inquieta. Sobre todo en Occidente, debido a su presente naturaleza
dinámica, hay cierto sentimiento de irritación en el cosmos o en la naturaleza externa.
Estas cualidades inquietas del mundo no tienen por qué entrar en ti, pero habitualmente
lo harán. Cuando la gente comienza a moverse alrededor, en seguida su vibración entra
en ti, no importa dónde estés. El aire, la luz, todo lo que te rodea queda permeado por la
vibración de la actividad humana y las ansiedades humanas. El mundo está ante ti como
un león rugiente. ¿Cómo puedes entrar en tu meditación más elevada delante de un león
rugiente? Pero si puedes meditar antes de que el mundo despierte, cuando el cosmos
está quieto y la gente alrededor está descansando, entonces podrás tener una meditación
más profunda.

Meditar durante el día es muy difícil. Por la noche la meditación es también un poco
difícil, porque durante ocho o diez horas has estado en el ajetreo del mundo. Durante el
día te has encontrado con mucha gente que no aspira, y sus pensamientos no divinos e
ideas impuras han entrado en ti inconscientemente. Así pues, a menos que seas muy
fuerte internamente, habrás asimilado del mundo muchas fuerzas no aspirantes y no
inspiradoras. Por tanto, se hace muy difícil meditar por la noche con la misma
esperanza y frescura. Si te das una ducha antes de meditar, te ayudará. Si te asocias con
gente espiritual, también te ayudará. Por la mañana, todas estas fuerzas y experiencias
no divinas están fuera de tu memoria, al menos durante un rato. Durante el tiempo en
que duermes, todas las impurezas que han entrado en ti de los demás son limpiadas.
Durante las horas en que estás durmiendo, tu alma, como un ladrón divino,
estáobservándote silenciosamente. Un ladrón común te robaría algo, pero este ladrón
divino tan sólo te dará y te dará. Si en algún lugar necesitas paz , tu alma pondrá paz. El
alma actúa como la madre que entra secretamente en la habitación del niño temprano en
la mañana, para prepararle las cosas que va a necesitar durante el día. Por la noche,
cuando estás durmiendo, el alma tiene la oportunidad de hacer lo necesario para ti. Pero
durante el día, cuando estás absorto en las actividades del mundo externo, es
extremadamente difícilpara el alma dar y para ti recibir. Por todas estas razones la
meditación matinal es la mejor.

La meditación vespertina
Si no puedes meditar por la mañana, el atardecer es el segundo mejor momento, porque
al atardecer por lo menos la atmósfera se está calmando y apaciguando. Al mediodía la
naturaleza está inquieta y salvaje, así que tu meditación quizás no sea muy profunda o
intensa. Pero al atardecer la naturaleza está preparándose para descansar y no te
perturba. Si meditas al atardecer, puedes mirar al sol poniente y tratar de sentir que te
has vuelto totalmente uno con la naturaleza cósmica. Puedes sentir que has hechomuy
satisfactoriamente tu parte durante el día y ahora, igual que el sol, vas a retirarte.

Al atardecer estás cansado y sientes que el mundo entero también está cansado. Pero
hay una ligera diferencia entre la aproximación del mundo a la verdad y tu
aproximación. Cuando el mundo está cansado, no aspirará. Sólo quiere descansar. Pero
tú sientes que tu cansancio puede ser superado trayendo más luz y energía a tu sistema.
Cuando rezas y meditas, nuevavida y nueva energía entran en ti en ese momento y te
refrescan.

Una hora fija es importante


Tanto si meditas por la mañana como al atardecer, es de suma importancia tener una
hora fija para la meditación. Incluso un bebé llorará por la leche de su madre a una hora
fija. Cuando tienes una tienda, si abres la puerta siempre a las nueve en punto, todos
confiarán en que pueden venir a las nueve y encontrarla abierta. Todas las cosas tienen
su propia hora. Tu ser interno y tu Piloto Interno, el Supremo, siempre observan. Si
meditas siempre a la misma hora, el Supremoentonces confía en ti. El Supremo dice: “A
esta hora no está holgazaneando, está meditando. Si le ofrezco algo a esta hora, sin duda
estará allí para recibirlo”.

Deberías acordar con Dios una cierta hora para vuestro encuentro diario. Cuando Él
viene a esa hora, si estás profundamente dormido, te perdonará. Simañana tampoco
estás allí, serás perdonado otra vez . Pero tú no podrás excusarte. Tu unicidad con Dios
no te permitirá perdonarte a ti mismo. Tu alma te punzará de tal manera que te sentirás
miserable. El amor de tu alma por lo Altísimo es muy importante para ti. Cuando tu
Amigo Eterno va a venir, el anfitrión quiere estar preparado. La mente humana es algo
muy traicionero. Si la dejamos a su aire, la mente oscura e ignorante tratará de impedir
que hagas lo que escorrecto espiritualmente. Encontrará muchas excusas para impedirte
cumplir el deseo de tu alma. Pero si tu aspiración es sincera e intensa, la disciplina de
haber establecido un momento para meditar te ayudará a luchar contra la letargia y la
tendencia a divagar de la mente.

Cuando no prestes tu atención a innumerables cosas externas, verás que la verdad está
mirándote directamente y dándote la fortaleza para disciplinar tu vida.
Supongamos que quieres meditar a las seis y media. Esa es tu hora elegida. Si te
levantas a las siete, tu propia letargia y pereza se llevarán toda tu inspiración. Por un
lado, tu letargia intentará justificarse. Entrará en tu mente consciente y te dirá: “Bueno,
anoche volví muy tarde a casa; por eso no he podido levantarme hoy.” O bien dirá: “En
los últimos seis días me he levantado a las seis y media. Puesto que Dios es todo
amabilidad, hoy me perdonará.” Tu mente puede justificarde muchas maneras el que te
levantes tarde. Pero aunque ayer llegaste tarde a tu casa, eso no significa que no vayas a
hacer primero lo primero. Lo primero es la meditación; lo primero es Dios.

Una vez que comienzas tu viaje, si no sigues moviéndote hacia tu objetivo, estás
perdido. Puedes pensar: “Hoy estoy cansado, así que pararé aquí y descansaré. Mañana
continuaré de nuevo.” Pero tienes que saber que la ignorancia está más alerta que tu
propia aspiración. Una vez que empiezas a justificarte a ti mismo, la cosa no tiene fin.
La regularidad te dirá que la meta es real. Pero si eres puntual, de inmediato está
presente una especie de dinamismo y movimiento. Tu regularidad es como un motor.
Puesto que tienes un motor, sabes que puedes conducir en cualquier momento. La
puntualidad es cuando de hecho giras la llave y enciendes el motor. Con la
regularidadsolamente obtienes una vaga idea de que lo harás. Pero con la puntualidad lo
haces realmente.

Si eres regular y puntual en tu meditación, te darás cuenta de tu propio progreso. Si


puedes meditar sincera y fervorosamente a una hora fija todos los días, llegará el día en
que serás un experto. En ese momento, serás capaz de meditar mientras estés haciendo
cualquier cosa, y no necesitarás una hora fija. Finalmente, serás capaz de meditar
veinticuatro horas al día, incluso cuando estés hablando con gente y haciendo tus
múltiples actividades diarias. Pero para esto necesitarás muchos años –tal vez muchas
vidas– de práctica.

Ningún camino puede ser demasiado arduo para ti, si tienes un regalo de Dios: la fe en
ti mismo.

Oriente y Occidente
Dice Oriente: «He visto el Rostro de Dios. Ahora debo ver Sus Pies». Dice Occidente:
«He visto los Pies de Dios. Ahora debo ver Su Rostro».

Dice Oriente: «He visto la Trascendencia de Dios». Dice Occidente: «He visto la
Inmanencia de Dios».

Oriente considera la vida como un continuo crecimiento desde la materia hacia el


espíritu. Occidente considera la vida como un continuo crecimiento desde la sencilla
vida material hacia un desarrollo científico complejo y siempre expansivo.

El indiferente Oriente sintió que no tenía nada que escuchar de Occidente. El orgulloso
Occidente pensó que no tenía nada que aprender de Oriente.

Según Oriente, Occidente es cualquier cosa menos divino. Según Occidente, Oriente es
indolente. No es exagerado decir que Oriente tiene un temor terrible a la vida dinámica.
Asimismo, Occidente tiene un temor terrible a la solitaria calma del ser.
Puede que a Oriente le falte cuidado, detalle y exactitud, pero a Occidente le está
faltando amplitud, vastedad y universalidad. Oriente carece de una inteligencia terrenal,
práctica. Occidente carece de la incomparable realización del Ser.

Oriente siente que el dominio de los propios movimientos internos es la verdadera


plenitud de la vida. Occidente cree que el dominio del mundo es la verdadera plenitud
de la vida.

La humildad y la devoción son para Oriente un derecho de nacimiento. La honestidad y


la franqueza son para Occidente un derecho de nacimiento. La combinación de estos
cuatro poderes debería ser el ideal del ser humano.

Oriente ha querido conquistar al mundo en nombre de la Liberación. Occidente ha


querido conquistar al mundo en nombre del comercio y de la religión.

Oriente posee el control del Espíritu. Occidente posee el control de la Materia. El


Espíritu es existencia creativa y consciente. ¿Qué es la Materia? Es todo menos
sustancia mecánica inanimada. La Materia es Energía vibrante que dentro de sí oculta
deliberadamente Vida y Conciencia.

El individuo de Oriente está contento de guiarse por el lema: «Déjenme vivir sin ser
visto ni conocido y déjenme morir sin ser llorado». Y podría agregarse: «Dejemos que
todo se haga sin demasiado esfuerzo». El individuo de Occidente, por el contrario,
parece desear la completa expresión de su individualidad; desea construir para sí mismo
una posición fuerte y poderosa en su propio mundo.

La muy antigua experiencia de Oriente con la vida espiritual, le ha enseñado equilibrio


interior y ecuanimidad en el trabajo. Puede permanecer apartado de la frustración, la
agitación, la irritación por trastornos menores y todo lo que perturba el equilibrio
interno. Puede hacer tranquilos reajustes y continuar con la misma calma. Esto es lo que
Occidente todavía tiene que aprender.

La intensiva experiencia de Occidente con el progreso material le ha enseñado a ser


objetivo en el trabajo. Ha aprendido a quedar apartado del favoritismo, el nepotismo y
otras consideraciones personales al llevar a cabo un trabajo necesario. Puede hacer el
trabajo por su propio bien, con rapidez y eficacia, y con la mejor mano de obra
disponible. Esto es lo que Oriente todavía tiene que aprender.

La filosofía de la India es, en su origen, la búsqueda de la Verdad más elevada.


Unicamente la Realidad que está más allá de los sentidos ha sido capaz de saciar la sed
interna de Oriente.

La filosofía europea es, en su origen, un examen de las ideas por medio del intelecto
crítico. Hasta ahora, la razón y el intelecto han sido suficientes para alimentar al
hambriento Occidente.

Es ahora cuando Oriente y Occidente han llegado a descubrir la necesidad de un


matrimonio entre la Mente y el Espíritu.
Oriente y Occidente pueden considerarse como dos ojos del mismo cuerpo humano. Las
otras divisiones y distinciones humanas –raciales, culturales y lingüísticas– están
destinadas a desaparecer de la conciencia humana cuando esta se inunde con la Luz y la
Fuerza supramentales. Esta es la consecuencia inevitable de la Hora de Dios que está
alboreando por todo el mundo. Las diversidades estarán ahí, enriquecidas y
acrecentadas en su plena medida. Pero estas diversidades no serán perturbaciones para
la conciencia general sino al contrario, serán felices y armoniosos complementos para
un todo único. La humanidad será una verdadera familia humana en el pleno sentido del
término y en un sentido todavía desconocido. La respuesta a la nueva Luz excederá
ciertamente las expectativas humanas.

La conciencia despierta del hombre está tendiendo visiblemente hacia lo Divino. Este es
un rayo de luz sumamente esperanzador en medio de la oscuridad que hoy nos rodea.
Este es un momento, no simplemente de unir las manos sino de unir las mentes, los
corazones y las almas.

Atravesando toda las barreras físicas y mentales entre Oriente y Occidente, muy por
encima de los patrones nacionales, por encima incluso de patrones individuales, ondeará
el estandarte supremo de la Unicidad Divina.

–Sri Chinmoy, 'Yoga y la vida espiritual', 1974

Espiritualidad
Introducción

Todos somos buscadores y nuestra meta es la misma: lograr paz, luz y alegría interna,
llegar a ser inseparablemente uno con nuestra Fuente, y llevar unas vidas de verdadera
satisfacción.

Vivir en la alegría es vivir la vida interna. Esta es la vida que


conduce a la auto-realización. La auto-realización es la realización de Dios, puesto que
Dios no es sino la Divinidad que hay en lo más profundo de cada uno de nosotros,
esperando ser descubierta y revelada. También nos podemos referir a Dios como el
Piloto Interno o el Supremo. Pero sea cual sea el término que utilicemos, estamos
refiriéndonos a Lo Altísimo dentro de nosotros, lo cual es el objetivo último de nuestra
búsqueda espiritual.
Una persona espiritual debería ser una persona normal, una persona sana. A fin de
alcanzar a Dios, una persona espiritual ha de ser divinamente práctica en sus actividades
cotidianas. En el sentido práctico divino, compartimos nuestra riqueza interna. Sentimos
la motivación divina detrás de cada acción y compartimos el resultado con los demás.
La espiritualidad no rechaza la vida externa. La vida externa debería ser la
manifestación de la vida divina que hay en nuestro interior.

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