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Los dos tipos

de la fe
Secreto de la fe revelado

E.W KENYON
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E W Kenyon
Capítulo 1
La base o el fundamento de la fe
“Este asunto de la fe me tiene abatido”, me dijo un hombre joven el
otro día.
“El pastor predicó sobre eso el domingo. El no me dijo como tener fe,
pero me dijo la necesidad de tenerla, y lo que puede hacer. El citó esas
oraciones maravillosas que salieron de los labios del Maestro, “Todas
las cosas son posibles para aquél que cree”. “Si tuvieras fe como un
grano de mostaza…” He tratado de tenerla. He hecho todo lo que sé o
todo lo que otros me han dicho, pero parece que todo es tan elusivo.
¿Puedes decirme donde esté la dificultad?”
Me gustó su franqueza, fue genuino. Su angustia en sus ojos me
desafiaba.
Le dije, “La fe viene a través de la Palabra de Dios. Tú tienes fe en el
hombre para quien trabajas; si él te promete un aumento salarial, tu no
lo cuestionarías. Tú tienes fe en el banco donde haces negocio. Si te
dicen que tu cuenta está sobregirada, tu no lo cuestionarías. Tú sabes
que tú y tu palabra son uno. Tú estás enlazado con tus palabras,
respaldado por cada palabra que prometes. Dios y Su Palabra son uno.
Dios respalda cada Palabra que Él ha prometido. No solo la respalda,
sino que Su trono es sustentado por Su Palabra. Él ha dicho: “Yo
apresuro mi Palabra para ponerla por obra”. Él es un hombre de
negocios. Él sabe que Su Palabra es el fundamento o la base para todo,
por lo tanto, El la respalda. Jesús dijo, “El cielo y la tierra pasarán, pero
mis palabras no pasarán.” Esto es lo que trae fe…la integridad de Su
Palabra. La fe viene por el oír de la Palabra, al comprenderla, al
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convertirse en parte de nosotros. Voy a decir algo fuerte. Estoy seguro
que me entenderás. La mentira y el engaño y la deshonestidad son las
insignias del mundo. Lo vemos en las relaciones internacionales entre
las naciones. Ellos tienen a sus hombres del servicio secreto
escuchando en todos lados, robándose los planos de los buques de
guerra, etc., hasta que no haya ninguna posibilidad de seguridad en
ninguna parte. Esta es la razón para nuestra incredulidad. El aire está
preñado con esto. Cuando nos enfrentamos a la palabra de Dios que no
puede mentir ni desafiar, de alguna manera u otra no estamos
preparados para aceptarla. Satanás es un mentiroso y es el dios de este
mundo. Jesús vino como una Revelación de la Verdad. Él es el único que
puede hacer que un hombre sea honesto, cuando el decir la verdad
signifique que pueda ser quemado en la hoguera. Aquí vemos el
fundamento de la fe. Aprendes a conocer a Jesús a través de la palabra.
Él te presenta al Padre. Entonces tu empiezas a actuar conforme a la
Palabra, y pruebas que es real. Después de un poco te darás cuenta que
actuando de acuerdo a lo que Jesús dijo, o el Padre dijo, se vuelve tan
natural como actuar según la palabra del hombre para quien estás
trabajando.
El hombre joven dijo luego de un pensamiento profundo, “Gracias. Creo
que aprendí algo que nunca había visto antes.
Un fundamento
Solo hay un fundamento para la fe, La Palabra Viviente. A medida que
nos hagamos uno con la Palabra en nuestras acciones, entonces la fe se
hará una realidad inconscientemente. Tú nunca pensarás en tu fe, solo
pensarás en la necesidad y Su habilidad para suplirla.
Si tu deseas que la fe crezca y se haga robusta y fuerte, tienes que
sumergirte en la Palabra, alimentarte de ella, meditar en ella hasta que

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te hagas uno en ella de la misma manera que eres uno con tus
negocios.
Descubre quién eres en Cristo, cuáles son tus privilegios, que El piensa
acerca de ti, que Él dice de ti.
Encontrarás todo esto en La Palabra.

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Capítulo 2
QUE ES LA FE
“Fe es dar sustancia a las cosas que se esperan”.
La fe consiste en agarrar las irrealidades de la esperanza y llevarlas al
campo de la realidad. La fe crece por la Palabra de Dios. Es la garantía
escrita que las cosas por las cuales estás esperando, por fin son tuyas.
Es la “evidencia de las cosas que no se ven”.
En el área de las finanzas, tú tienes esperanza que podrás cumplir con
tus obligaciones; la fe te da la seguridad, la certeza, la garantía de que
tendrás el dinero cuando lo necesites.
Tú tienes esperanza en tener fuerzas físicas para hacer el trabajo que
tienes que hacer. La fe dice “Dios es la fuerza de mi vida, ¿de quién he
de atemorizarme?
El conocimiento sensorial le ha dado a la iglesia una aprobación mental,
que se parece tanto a la fe que muchas personas no han podido ver la
diferencia. La aprobación mental es verlo, admirarlo, decir: “eso es
cierto, pero no en mi caso”.
La aprobación mental acepta y está de acuerdo que la Biblia es una
revelación, que viene de Dios, y que toda Palabra es verdad, pero, sin
embargo, cuando llega la crisis ésta no funciona. Solamente reconoce la
veracidad de este maravilloso Libro, pero no actúa conforme a eso, no
la aplica.
La esperanza dice, “Algún día lo tendré”
La fe dice, “Lo tengo ahora”

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La aprobación mental dice: “Es hermoso. Yo sé que debería tenerlo. Por
alguna razón no lo tengo. No puedo entenderlo”.
La fe del conocimiento sensorial dice: “Cuando lo vea, cuando lo sienta,
entonces sabré que lo tengo”
La fe real en la Palabra dice, “Si Dios dice que es cierto, lo es”. Si Él dice
que “Por Su llaga he sido sanado”, lo soy. Si Él dice que Dios suplirá
cada una de mis necesidades, Él lo hará. Si Dios dice que Él es la fuerza
de mi vida, Él lo es. Entonces yo haré mi trabajo porque Él es quien Él
dice que es, y yo soy quien Él dice que soy.
Si Él dice que soy fuerte, lo soy. Si Él dice que soy sano, lo soy. Si Él dice
que el cuida de mí, yo sé que Él lo hace. Así que tranquilamente
descanso en Su Palabra, independientemente de las evidencias que le
puedan satisfacer a mis sentidos.
La fe real o verdadera está construida sobre la Palabra.
No se mancha por el conocimiento sensorial.
Es tan inconsciente de sí misma como la fe de un niño pequeño en su
madre.
El niño nunca dice: “Ahora madre, yo creo tu palabra. Yo sé que si te
pido un pedazo de pan tú me lo darás”. Si dice esas cosas, asustará a su
madre. Ella estaría preocupada que le pasa a su hijo. Nosotros hemos
construido alrededor de la fe una palabrería o dialecto extraño que es
como un enredo de alambres de púas.
Tú escuchas a hombres y mujeres llorando “Señor, yo creo, ayuda a mi
incredulidad”
Los escuchas orar por fe. Los escuchas diciéndole a Dios que ellos saben
que lo que Él dice es cierto, que toda Palabra dicha por Dios es cierta.

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Todo esto indica el dominio del sentido del conocimiento sobre sus
espíritus, y que la Palabra no ha ganado la supremacía en sus vidas.
La fe es el resultado de que la Palabra habita en nosotros. No me
refiero a la Palabra memorizada. Me refiero a la Palabra vivida,
practicada, hasta que se hace parte de nosotros.
Nosotros meditamos en ella. Pensamos profundamente en ella. Nos
alimentamos de ella. La Palabra llega a ser una parte de nosotros; esa
Palabra de fe construye en nosotros confianza y seguridad.
El conocimiento sensorial peleará cada paso del camino para
mantenernos en la realidad física de lo que vemos, sentimos y oímos,
pero nosotros de manera persistente nos guiaremos nosotros mismos a
la Palabra hasta que la Palabra se haga parte de nuestro ser, la Palabra
es real.

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E.W. Kenyon
Capítulo 3
TIPOS DE FE
Di un discurso acerca de la nueva creación en la cual afirmé, sin dar
ninguna prueba Escritural, que los discípulos no nacieron de nuevo
hasta el día de Pentecostés, que la salvación viene como resultado de la
fe en Jesús como nuestro sustituto.
Luego de la reunión un hombre me dijo, “¿Marta no fue salva? Ella
creía en Jesús. ¿No fue la declaración de Pedro una de salvación?”
¿Qué clase de fe tenían las personas en Jesús antes de Su muerte y
resurrección?
Juan 20:9 “Porque aún no habían entendido la Escritura, que era
necesario que él resucitase de los muertos.” Esta es una parte de la
dramática historia relacionada con la resurrección del Señor Jesús.
Nosotros sabemos que nuestra salvación depende de nuestra fe en
Jesús como sustituto, que El murió por nuestros pecados, y que Él se
levantó para nuestra justificación.
Entonces la fe de Marta en Jesús se describe en Juan 11:27 “Le dijo: Sí,
Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido
al mundo.” Ella no tenía fe en Jesús como el que había muerto y
resucitado como su sustituto y salvador personal. Ella tenía fe en El
cómo el Hijo de Dios, como el Mesías prometido.
Pedro hizo otra confesión de Jesús la cual está registrada en Mateo
16:16: “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del

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Dios viviente.” Esta no fue una confesión de que Cristo murió por sus
pecados y resucitó por su justificación, sino, una simple confesión de su
rol como Mesías y ser el Hijo de Dios.
Todavía hay otros tipos de confesiones en los 4 Evangelios que son
asombrosos, notables.
Juan 6:30 “Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que
veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?” Fíjate en la expresión “para
que veamos y te creamos”
Tal vez podamos ir a Juan 20:25 y leer la declaración de Tomás. Jesús se
apareció a sus discípulos después de Su resurrección. Tomás no se
encontraba presente en ese momento. Ellos le contaron lo que había
sucedido.
Él dijo “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi
dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no
creeré.”
Él estaba dispuesto a creer si él podía tener la evidencia.
Jesús se le apareció. Los versos 27-29 dicen: “27 Luego dijo a Tomás:
Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi
costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados
los que no vieron, y creyeron.
Aquí hay dos tipos de fe que se contrastan.
Una es la fe del conocimiento sensorial (los sentidos), el cual se basa en
la evidencia física. Nosotros vemos y creemos. Nosotros oímos y
creemos.

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Jesús habló de otro tipo de fe donde ellos no ven, ni sienten, ni oyen,
sin embargo, a pesar de todo, aún creen.
La fe que los hombres tenían en Jesús durante Su peregrinaje aquí en la
Tierra fue la fe por el conocimiento sensorial. Este es uno de los
descubrimientos más sorprendentes que hemos realizado en este
caminar de la fe. Esto aclara muchas cosas.
La mayoría del cuerpo de la Iglesia tiene fe en el conocimiento
sensorial, en vez de fe en la revelación que Dios nos ha dado.
Durante el caminar terrenal de Jesús los judíos estaban bajo el Primer
Pacto. Estaban bajo la sangre de los toros y cabras. Ellos no tenían vida
eterna hasta que Jesús muriera y resucitara, por lo tanto, ninguno de
ellos creía en Cristo como Salvador. No creían en Su trabajo como
sustituto. Ellos no sabían nada de eso. Lucas 24:10-53 nos muestra una
imagen viva de la condición de los discípulos después de la resurrección
de nuestro Señor Jesús. Él se apareció a María y a las demás. Ellas
corrieron al lugar donde estaban reunidos los discípulos. “Eran María
Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas,
quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían
locura las palabras de ellas, y no las creían.”
De parte de los discípulos, no había fe para salvación en ese momento.
No lo aclamaban a Él como Su Salvador. Estaban desconcertados,
asombrados por su aparición. Ellos lo reconocieron a Él porque vieron
la evidencia de la crucifixión en Su cuerpo. Ellos sabían que era El.
Los discípulos tenían fe en Jesús como Mesías, como el Hijo de Dios,
pero no como Sustituto, no como Salvador de sus pecados. Ellos lo
veían a Él como el libertador del imperio romano.

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El conocimiento del trabajo de Cristo como sustituto no lo tenían claro
hasta que Dios se lo reveló a Pablo. Nosotros tenemos esta revelación a
través de las Epístolas de Pablo.
La fe como se ve en el libro de los Hechos
Notemos la fe que los discípulos tenían según se registra en los
primeros 15 capítulos del libro de los Hechos antes de que la revelación
paulina se supiera. En Hechos 1, los discípulos están con el Maestro. Lo
tocan. Comen con El. Oyen Su voz. Su fe en Él estaba basada en la
evidencia de sus sentidos.
No es el tipo de fe que tu posees. Tu nunca viste a Jesús físicamente. Tu
nunca oíste Su voz. Nunca tocaste Su cuerpo, sin embargo, tú crees que
El resucitó de entre los muertos.
Ellos vivieron con El antes de Su muerte. Ellos vivieron con El otra vez
por 40 días después de Su resurrección.
Lee cuidadosamente Hechos 2:1-4:
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que
soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose
sobre cada uno de ellos.
4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en
otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”
Ellos oyeron un sonido como de un viento recio que soplaba. Ellos
vieron las lenguas repartidas como de fuego asentándose sobre cada
uno de ellos. Ellos se oyeron hablando en lenguas y glorificando a Dios.

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Aquí no hay una fe revelada; es fe puramente sensorial. Ellos creyeron
en las lenguas porque se escucharon. Ellos creyeron que el Espíritu vino
porque vieron las evidencias.
Los grandes milagros que siguieron, los cuales se registran en Hechos 5,
le dieron a la multitud gran fe en la resurrección del Señor Jesús.
Esta no es el tipo de fe que tú tienes hoy en día, porque tú no tienes
esas evidencias físicas como ellos las tuvieron en Jerusalén.
1 Juan 1:1-4 “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que
hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon
nuestras manos tocantes al Verbo de vida
2 (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os
anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos
manifestó);
3 lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también
vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión
verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.
4 Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.”
Ahí estaba Pedro y los demás quienes habían visto a Jesús con sus
propios ojos después de la resurrección, y que con sus propias manos lo
habían tocado. Jesús les dio el derecho de usar Su Nombre y de poner
las manos sobre los enfermos. Ellos manifestaron esa autoridad.
En Hechos 3:6 Pedro y Juan usaron el Nombre para sanar al paralítico
en la puerta del templo que se llamaba la Hermosa. La multitud pudo
ver sanado ante sus propios ojos al hombre que se le conocía como un
lisiado indefenso. El Sanedrín no pudo decir nada cuando los arrestaron
- Hechos 4:14 “Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba
en pie con ellos, no podían decir nada en contra.” Esto cerró sus bocas.

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El Día de Pentecostés cuando ellos le preguntaron a Pedro, él no dijo
“Hombres y hermanos lo que debemos hacer para ser salvos”, que ellos
tenían que creer en el Señor Jesucristo. El simplemente dijo,
“Arrepiéntanse y bautícese cada uno en el Nombre de Jesucristo para
remisión de sus pecados”. La revelación de la fe no había venido. Dios
los estaba tratando como niños. Él no les pidió a ellos que creyeran en
nada que no pudieran ver, oír o sentir.
Es interesante notar que muchas veces los creyentes nos dicen:
“Quisiéramos vivir el tipo de cristianismo que hubo en la iglesia
primitiva”. Ellos no se dan cuenta que al tratar de vivir ese tipo de
cristianismo están repudiando la fe real, y la Palabra. Ellos estarían
declarando que entonces nadie recibiría el Espíritu Santo a menos que
reciban una manifestación física. Ellos no creerían que Dios está en
medio de las personas a menos que haya una evidencia sensorial (a los
sentidos). Eso no es fe en la Palabra de Dios. Eso es fe en los sentidos.
Yo lo veo; yo lo oigo; yo lo siento. Entonces, yo creo que lo tengo.
Gálatas 3:2-3: “Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el
Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois?
¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la
carne?” – o por los sentidos.
Puede ver que Dios ha tratado con gran gracia con nosotros como
niños, cuando por razones de tiempo deberíamos haber crecido,
madurado y aprender a caminar por fe y no por vista. Si estudias
cuidadosamente los primeros 15 capítulos del libro de los Hechos,
podrás notar que no hay ni la menor evidencia que ninguno de ellos
entendió la enseñanza de la sustitución.
No hay ni un indicio, ni una pista sobre la gran enseñanza de la justicia
de Dios. No hay indicación de que poseyeran un entendimiento de lo
que significaba el nuevo nacimiento. Ellos disfrutaban todo esto,
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caminaban en la plenitud de esto, pero no lo entendían. Esto vino más
tarde a través de la revelación que le fue dada al apóstol Pablo por el
Padre.
Nosotros naturalmente esperaríamos que en el libro de los Hechos se
dé la apertura para los grandes temas de la redención, sustitución, la
nueva creación, el ministerio de Jesús a la diestra del Padre, pero no
hay un indicio de esto. Lo más cercano a esto que se encuentra en el
libro de los Hechos es en Hechos 15:10-11 en el concilio de Jerusalén.
Pablo puso ante los apóstoles el mensaje que había predicado.
Entonces Pedro dijo, “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo
sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni
nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del
Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.” El hacía
referencia en guardar la ley bajo el Primer Pacto. La última declaración
habla en relación de los gentiles como creyentes.
Antes de ver la fe por revelación, tenemos que notar los diferentes
tipos de fe que el hombre tiene hoy en día en Jesús. La Ciencia
Cristiana, Unity, y otras filosofías metafísicas y filosóficas no creen que
Dios es una persona. Ellos te dirán que Él es una mente perfecta, pero
no tiene ubicación. Él es solamente una gran mente universal que
encuentra su hogar en cada individuo. Él no tiene una sede. Es una
mente sin cerebro, sin una personalidad. Ellos no creen en el pecado de
la manera que Pablo lo enseño según la revelación que le fue dada.
Ellos no creen que Jesús murió por nuestros pecados, sino que fue un
mártir. Ellos no creen que tuvo una resurrección literal, una
resurrección física, sino una resurrección metafísica (sea lo que eso
signifique para ellos).
Si Dios no es una persona y Jesús no quitó el pecado, entonces ¿quién
es Jesús y cuál es el valor de nuestra fe en El? Uno de ellos lo llamó a El

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“el muestra camino”. ¡Él no es nuestra muestra camino, EL ES EL
CAMINO!
Su fe en Jesús y su fe en Dios es, después de todo, fe en ellos mismos y
en lo que ellos inherentemente poseen en ellos mismos. Esto ha
causado grandes cambios en ellos, pero nunca producirá una nueva
creación, no los llevará a una relación real con el Padre Dios, ni los hará
justos.
¿Cuál es la fe que el modernismo tiene hoy en día? No es fe en Jesús
como nuestro sustituto, porque ellos no creen el sacrificio sustitutorio
de Cristo. No es la fe en el Dios Padre como ha sido revelado a nosotros
por Jesús. Es fe en la concepción humana de Jesús. No produce una
nueva creación. No salva al perdido. El hombre tiene fe en la ciencia y a
gran voz proclama la ciencia como el dios moderno del ser humano.
Pero la ciencia no es más que los fragmentos de conocimiento que el
hombre ha reunido del gran cuerpo de verdad oculta en el universo. Él
ha obtenido esos conocimientos a través de los 5 sentidos. Estos 5
sentidos no son capaces de encontrar la razón para la creación o las
causas de la creación. No han descubierto el origen o la fuente de la
vida o movimiento, o la autoridad o poder que sostiene al universo.
Ellos no saben el propósito del hombre, ni el final de él. De la misma
manera que el conocimiento sensorial está limitado, el conocimiento
de la fe sensorial también lo está.

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Capítulo 4
Las diferentes fases o etapas de la fe
La fe nunca ha recibido un “trato equitativo” por parte de la iglesia,
pero ha dado a luz a todos los logros más grandes del hombre.
Woolworth tuvo fe en 5 y 10 céntimos y dejó atrás una fortuna de
$60,000,000 y tiendas en cada cruce. Ford tuvo fe en automóviles a
bajo precio que cualquier persona pudiera comprar. La fe es el
elemento más grande en la civilización avanzada.
De la misma manera que la fe humana da a luz esos logros asombrosos
en la realidad natural, la fe del creyente en el Padre y Su Palabra da a
luz logros espirituales.
El predicador quien tiene fe en el mensaje que está dando, encuentra
que la Palabra produce resultados de fe en los corazones de las
personas que lo escuchan. Él tiene fe en la Palabra, en que Dios está en
eso y la respalda. Él tiene fe en la humanidad, que responderá al
mensaje que está dando. Él tiene fe en el Amor, el tipo de amor de
Jesús. El cree que es la solución para cada problema del ser humano, y

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que la familia que practica el amor produce el tipo más alto del carácter
cristiano.
El día más grandioso de mi vida fue cuando descubrí que Dios es un
Dios de fe. Yo sabía que Él es un Dios de amor. Yo sabía que Él es un
Dios justo, un Dios omnipotente, un Dios omnisciente; cuando encontré
que Él es principalmente un Dios de fe yo vi que es natural para
nosotros, sus hijos, el caminar por fe.
FE CREATIVA
Hebreos 11:3 “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo
por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que
no se veía”. Es una creación fresca, nueva…no es una creación renovada
hecha de mundos desgastados, viejos, dañados.
Yo descubrí que es gobernado por palabras. Hebreos 1:3 “el cual,
siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y
quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo
efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo,
se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.
Hay tres grandes palabras usadas una y otra vez en el primer capítulo
de Génesis. Estas son: “que sea la”. Palabras llenas de fe trajo el
universo a la existencia, y las palabras llenas de fe gobiernan el universo
ahora. Jesús nos dio algunas ilustraciones sobre la fe creativa.
Mateo 15:30-31 registra que los lisiados fueron hechos completos.
“Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos,
mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y
los sanó; de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos
hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y
glorificaban al Dios de Israel.”

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He conocido varias mujeres a quienes sus órganos han sido
reestablecidos por Dios luego de haber sido removidos
quirúrgicamente en operaciones. La fe creativa es tan real hoy en día
como lo era cuando Jesús caminaba por Galilea.
FE QUE DOMINA
Esta es la fe que gobierna las circunstancias. En Hebreos 1:3 vemos una
ilustración de Jesús: “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la
imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la
palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros
pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en
las alturas”. Aquí El no solo es el creador, sino que también El domina
sobre Su creación. El gobierna el universo por la Palabra de Su poder.
Te daré una demostración de El dominando las fuerzas de la naturaleza.
Mateo 8:26 “Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo
grande bonanza.” Jesús gobernó el viento y el mar. ¿Cómo su autoridad
asombraba a aquellos que lo observaban? Ellos decían: “¿Qué hombre
es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?
En Lucas 5:1-11 lo vemos a Él controlando los peces en el mar. El usó un
ratito el bote de Pedro como un púlpito. Entonces Él le pagó por
dejárselo usar. Él dijo: “¿Pedro no pescaste nada anoche?
Pedro respondió “No Maestro”
Jesús dijo, “Boga mar adentro, y echa las redes para pescar.”
Pedro dijo, “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada
hemos pescado; más en tu palabra echaré la red.”
La red se llenó instantáneamente de peces. Esa es la fe dominando.

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Marcos 1:32-34: “Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le
trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y
toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban
enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y
no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.”
Jesús dominaba, gobernaba sobre los demonios y ellos reconocían su
dominio sobre ellos.
Juan 11:39-44 en la resurrección de Lázaro, Él fue el Señor sobre la
muerte.
Jesús tenía una fe que dominaba. El gobernaba, regía, dominaba
fuerzas demoniacas. El gobernaba a las fuerzas del diablo. Él era Señor.
Él ordenó que un árbol muriera y el árbol murió desde las raíces. Fue
absoluto monarca de las leyes que rigen el universo.
FE RELIGIOSA
Pocos de nosotros se han dado cuenta que fuerza poderosa tiene hoy
en día la fe religiosa. La gente tiene fe en los credos, en organizaciones,
en sus iglesias, en la medicina, en los doctores, en la ciencia médica y
quirúrgica, en las buenas obras, en los hechos amables, en dar dinero,
en arrepentimiento y penitencia. Es impresionante ver la fe que el
hombre promedio tiene en algo que él o alguien más puede hacer.
FE EN LAS EXPERIENCIAS
Tal vez la más engañosa de todos los tipos de fe, es la fe en las
experiencias. Los hombres cuentan lo que han sentido, lo que han oído
o han visto. Alguien me dijo recientemente: “No estoy sano, no he sido
capaz de demostrar mi fe”. Esas personas tienen fe en el conocimiento
sensorial. Ellos tienen que tener evidencia física o, sino no creen.
Ningún engaño en la cual se haya aferrado la iglesia moderna es más
mortal que esto.
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Algunos no creen que han recibido el Espíritu Santo hasta que tengan
una manifestación física. Ellos no creen que han sido sanados hasta que
el dolor haya dejado sus cuerpos. Ellos no creen que Dios ha oído sus
oraciones hasta que no vean alguna evidencia física de eso.
Podemos ver en este tipo de fe que, el conocimiento sensorial y la
evidencia sensorial ocupa el lugar que la Palabra de Dios debería
ocupar. En la fe revelada la Palabra ocupa el primer lugar. No depende
de evidencias físicas. La fe revelada cree que ninguna Palabra de Dios
carece de poder, y descansa confiadamente en lo que Dios establece.
Acepta la Palabra como final sin añadir ninguna evidencia. Si la Palabra
lo declara, eso es suficiente. El enfermo podrá leer “Ciertamente llevó
El mis enfermedades y sufrió mis dolores”, y el grita “Gracias Padre.
Entonces yo soy sano”
Este es el Nuevo Pacto o Fe Revelada.

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E W Kenyon
Capítulo 5
FE REVELADA
Hay 3 grandiosas escrituras en el Viejo Testamento en las cuales se
fundamenta la revelación paulina. La primera está en Génesis 15:6 “Y
Abram creyó al Señor, y el Señor lo consideró justo debido a su fe. Esto
significa que hizo un “compromiso incondicional” con Jehová y le fue
contado a Abraham por justicia.
Este “compromiso o pacto incondicional” es idéntico al pensamiento de
Romanos 10:9-10 “que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,
y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás
salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se
confiesa para salvación.” La fe revelada que se le dio a Pablo demanda
una confesión con nuestros labios sobre el Señorío de Jesús. Eso
significa un “compromiso incondicional” hacia la Palabra porque la
Palabra toma el lugar del Cristo ausente físicamente.

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La segunda Escritura, Isaías 28:16 “Por eso Dios el Señor dice así:
«Miren esto: yo he puesto en Sión, por fundamento, una hermosa
piedra angular, probada y de cimiento firme; quien se apoye en ella, no
se tambaleará.” Hay otras dos traducciones: "Todo aquel que cree en él
no paseará distraídamente buscando otro fundamento", o "Todo el que
cree en Él no será avergonzado".
Esto dice que cualquiera que haga esto no será avergonzado. Sin
importar las circunstancias, apariencias o evidencias de los sentidos, él
descansa absolutamente en la Palabra.
La tercera Escritura está en Habacuc 2:4 “pero el justo vivirá por fe”
Esto nos lleva a un paso más allá. “El justo” se ha vuelto Justo por la
Nueva Creación. El camina, no por vista o por los sentidos, el camina
por fe. En otras palabras, el camina por la Palabra.
2 Corintios 5:7: “porque vivimos por la fe, no por la vista”.
Hebreos 10:38:” Pero el justo vivirá por la fe; y si se vuelve atrás, no
será de mi agrado.”
Notarás en cada una de estas Escrituras un reto para nuestra confianza.
Tú eres Su justo. Tú tienes que vivir por fe. Tú no puedes volver atrás a
las evidencias sensoriales y al conocimiento sensorial, sino que caminas
con El a la luz de La Palabra. Tú haces lo que hizo Abraham. Tú miras a
la Palabra y te mantienes firme y fuerte a través de la fe, dando gloria a
Dios, reconociendo que Dios es capaz para hacer todo el bien en ti que
Él ha prometido en Su Palabra.
Puedes ver cómo estas grandes escrituras se convierten en el
fundamento de la revelación de la justicia por la fe en la Palabra tal
como se encuentra en las Epístolas Paulinas.

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Puedes notar que Pablo, a principio de su gran enseñanza en el libro de
Romanos, usó como ejemplo el tipo de fe que tenía Abraham. Romanos
4:3-5: “Pues ¿qué es lo que dice la Escritura? Que Abraham le creyó a
Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia. Ahora bien, para el que
trabaja, su salario no es un regalo sino algo que tiene merecido; pero al
que no trabaja, sino que cree en aquel que justifica al pecador, su fe se
le toma en cuenta como justicia.”
Justicia significa la habilidad de permanecer en la presencia de Dios sin
el sentido de pecado, culpa o inferioridad. Te darás cuenta de que
después que Dios le tomara en cuenta la justicia a Abraham, éste apeló
por la salvación de Sodoma y Gomorra. Lee cuidadosamente Génesis 18
y fíjate en la fe sin miedo de Abraham. Él no fue justificado de la
manera que nosotros somos justificados. Su justificación le fue contada
(se le tomó en cuenta). Fue puesto a su cuenta. Le otorgó crédito con
Dios.
La Escritura que acabamos de leer de Romanos 4 nos dice que la justicia
no se es contada en el terreno de las obras. La justicia se gana en el
terreno de la fe. Uno no trabaja para eso. Se acepta el regalo. Efesios
2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”
La salvación, redención, vida eterna, la nueva creación, la presencia del
Espíritu dentro de nosotros, el derecho legal para usar el nombre de
Jesús, y todos nuestros privilegios como hijos e hijas de Dios, son
basados por la gracia por medio de la fe. Nadie los puede ganar. Nadie
tiene una posición mejor que otro. Cada persona tiene la misma
redención, los mismos privilegios, la misma posición y todo por es por
la gracia.
La fe de Abraham se describe en Romanos 4:18-21.

23 | P a g e
18 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de
muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu
descendencia.
Esto es una aseveración asombrosa. La fe tuvo un combate con la
esperanza, y la fe ganó. La esperanza siempre es futura. La fe es
siempre ahora. La esperanza habría robado a Abraham un hijo, pero la
fe combatió con la esperanza, la derrotó, y recibió como recompensa a
Isaac.
Versos 19-21 “Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que
estaba ya como muerto (siendo de casi cien años, o la esterilidad de la
matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de
Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente
convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había
prometido”
Esta es una imagen hermosa de la fe. Abraham no tenía nada en que
descansar excepto en la Palabra de un ángel. Como el creyó en aquella
Palabra; el miró más allá de su propio cuerpo y se dijo a el mismo: “Yo
tengo 99 años. Yo he pasado la edad donde yo puedo ser padre de un
niño”. Él pensó en Sara, 90 años de edad. Él sabía que era muy vieja
para cargar un niño en su vientre. Sin embargo, rechazando las
evidencias de sus sentidos, el miró a la Palabra que Dios le había
hablado a través del ángel, y se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios.
Por lo que dijo sin duda o temor: “Dios es poderoso para hacer todo lo
que ha prometido”.
Esto no es fe en el conocimiento sensorial. Esto es fe revelada. Este es
el tipo de fe que Pablo nos dio en su revelación. Nota el verso 22: “por
lo cual también su fe le fue contada por justicia”. Él no tenía la justicia
que nosotros tenemos. A él le fue contada.

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Romanos 4:23-25: “Y no solamente con respecto a él se escribió que le
fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser
contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a
Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones,
y resucitado para nuestra justificación.”
La Revelación Paulina muestra que Dios forjó una perfecta redención en
Cristo.
Colosenses 1:13-14 “el cual nos ha librado de la potestad de las
tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos
redención por su sangre, el perdón de pecados.”
Efesios 1:7 “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de
pecados según las riquezas de su gracia”.
Romanos 3:26 “con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a
fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
La Redención fue una redención del dominio de Satanás. Fue una
redención de la culpa y la penalidad del pecado. Fue una Redención de
nuestros cuerpos físicos del dominio de la enfermedad. Es una
Revelación de la nueva creación creada en Cristo Jesús. Esto se vuelve
una realidad cuando aceptamos a Cristo como Salvador y le confesamos
a EL como nuestro Señor. Dios le dio al hombre natural Su vida y Su
naturaleza. 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo,
nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas
nuevas.”
Efesios 4:23-24 “y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos
del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la
verdad.” Esta revelación de la nueva creación es el hecho más
asombroso de la gracia de Dios. Dios puede tomar a un hombre
gobernado por Satanás, uno a quien se le llama “pecado” (porque está

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identificado con Satanás, es un hijo de Satanás), Dios puede redimirlo,
sacarlo de su condición e impartirle Su propia naturaleza, haciéndole Su
hijo.
1 Juan 5:12-13 nos dice que él ha recibido – “El que tiene al Hijo, tiene
la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he
escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que
sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo
de Dios.”
Juan 6:47 “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida
eterna.” El creyente es un poseedor. No hay creencia sin posesión. Si yo
creo que Dios puso mis pecados sobre Jesús y que Jesús fue mi
Sustituto, que él murió en mi lugar, que El resucitó porque Él puso mis
pecados lejos y obtuvo Justificación por mí, en el momento en que creo
yo recibo vida eterna y me convierto en hijo de Dios. Creer es tener.
Luego, él nos regaló su Justicia. Es la revelación de la justicia de Dios
que se hace disponible para el hombre quien tiene fe en Jesús.
(Romanos 3:21-26).
Dios se hace la Justicia del hombre quien toma a Cristo como su
Salvador y lo corona a Él como el Señor de su vida.
2 Corintios 5:21 “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo
pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” El
no solo se hizo nuestra Justicia, pero por la impartición de Su naturaleza
nosotros nos convertimos en Su Justicia, Sus hijos e hijas.
Hebreos 10:38 “Mas el justo vivirá por fe”. Nosotros somos llamados
Sus justos. No solo somos los justos de Dios, sino que también nos
convertimos en hijos e hijas de Dios. El punto culminante de la
revelación que Dios le dio a Pablo, registrado en Romanos 8:14-17
establece esto claramente.

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“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son
hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para
estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de
adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos,
también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es
que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos
glorificados.”
Esto es una relación de hijos con todos los gloriosos privilegios. Pablo
no paró ahí. Estos hijos e hijas son participantes no solo de la
naturaleza de Dios, sino también de Dios mismo en la persona del
Espíritu Santo.
Romanos 8:11 “Si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús
vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora
en vosotros.”
1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois
vuestros?”
Todo esto viene al creyente por fe. No se requiero fe en el
conocimiento sensorial. Tu no necesitas tener ninguna emoción para
probar que eres nacido de nuevo. Todo lo que necesitas es la Palabra
de Dios.
Romanos 10:9 declara “que, si confesares con tu boca que Jesús es el
Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,
serás salvo.” Tu no necesitas la evidencia del conocimiento sensorial
para demostrar que has recibido el Espíritu Santo.

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Lucas 11:13 “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas
a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu
Santo a los que se lo pidan?” Tu confianza no es en ninguna
manifestación o evidencia física. Es siempre en la Palabra de Dios.
Lucas 1:37 “porque nada hay imposible para Dios.”
Estas magníficas Escrituras dan un fundamento para la fe. Nosotros
tenemos confianza cuando sabemos quiénes somos en Cristo. Cuando
yo veo lo que Dios ha hecho por mí en Cristo, todo mi ser se emociona,
la fe se hace un hecho inconsciente, es mía, Él lo hizo por mí, yo digo:
“Gracias Padre” y comienzo a disfrutar mis derechos en Cristo.

Capítulo 6

Algunos enemigos de la fe

Este libro no estaría completo a menos que nosotros le revelemos


algunos magníficos enemigos de la fe.

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El primero es la “Esperanza”

Esperanza

La esperanza siempre está en el futuro.


“Tengo esperanza de que seré sanado.”
“Tengo esperanza de que tendré el dinero para pagar mis deudas.”
“Tengo esperanza de que tendré las fuerzas para hacer mi trabajo.”
Te pregunto, “¿Cuándo yo ore por ti serás sanado?”
Y tu responderías: “Esa es mi esperanza, eso espero”
Eso significa que no serás sanado. En la esperanza no hay sanidad; en
lo que se refiere a la fe, la esperanza es un espejismo. La fe siempre es
en tiempo presente. Entonces, como la Esperanza es siempre futura, es
un obstáculo para la Fe. Nosotros tenemos una esperanza de ir al cielo.
Cuando lleguemos al cielo no tendremos más esa esperanza.

Aprobación Mental

La aprobación mental es otro enemigo, uno muy peligroso.


La aprobación mental reclama, expone que la Biblia completa es
verdadera. La aprobación mental dice que cree cada palabra de ella,
pero no actúa sobre ella, no la aplica. Ellos simplemente asienten al
hecho de que es verdadera.

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A mí me llamaron para orar por una mujer con cáncer. Ella y su esposo
habían sido extraordinarios maestros de la Biblia por años. Me senté
en la cama y abrí la Palabra, mientras leía ella se mantenía diciendo:”
Siempre he creído eso. Conozco esa Escritura desde que era una niña”.
Me fui de su casa desconcertado, derrotado, frustrado. No entendía
dónde estaba la dificultad.
Cuando llegué a mi casa, caminé en mi cuarto de un lado a otro
preguntando: “Señor, ¿porque no ha sido sanada? Es una buena mujer.
Ella dice que cree en Tu Palabra y ha sido una maestra de la Palabra por
muchos años”. Luego el Espíritu me hizo ver que lo que pasaba es que
ella tenía una aprobación mental de la Palabra. Ella no la creía. Creer es
actuar, aplicar la Palabra. Ella nunca aplicó la Palabra para recibir su
sanidad.
Unos días después, volví a su casa. Esta vez tenía un conocimiento de
lo que realmente ocurría. Mientras abría la Palabra ella dijo, “Yo he
creído eso toda mi vida”. Le dije a ella, “No, tu nunca has creído esto, si
lo hubieras hecho estarías fuera de la cama haciendo tus cosas. Tu
solamente has tenido una aprobación mental, la has aceptado”.
Entonces abrí otra vez la Palabra. Ella dijo, “Es cierto. No la he creído.
Ahora es que puedo ver como nunca la había creído. Solo la había
aceptado”

Fe en el conocimiento sensorial

La fe en el conocimiento sensorial requiere evidencia sensorial (de los


sentidos). Ese es el tipo de fe que Tomás tuvo cuando él dijo en Juan
20:24-29: “Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba
con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al
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Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los
clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano
en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra vez sus
discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas
cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a
Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela
en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás
respondió y le dijo: !!¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me
has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y
creyeron.”

Aquí vemos el contraste de 2 tipos de fe. Hay una fe bíblica, y una fe en


el conocimiento de los sentidos. La fe que María y Marta y los demás
tuvieron en Jesús durante su caminar en la Tierra fue fe en el
conocimiento sensorial. Ellos creyeron en Jesús porque vieron los
milagros que El hizo. Los judíos decían ¿Qué señal, pues, haces tú, para
que veamos, y te creamos? Esta fe en el conocimiento sensorial casi ha
expulsado la fe real de las iglesias. Este tipo de fe no le da el lugar
correcto a la Palabra. La gente lleva la Palabra a la iglesia, pero ellos no
la creen. Confían en lo que sienten, en sus emociones, en lo que
pueden ver y oír, probar u oler.
La fe real es actuar en la Palabra independientemente de cualquier
evidencia sensorial.
Hay 2 tipos de incredulidad.
La primera se basa en la falta de conocimiento. El hombre no cree en la
Palabra porque no sabe nada acerca de ella. Por lo tanto, no cree en la
revelación del Padre para él. Un gran número de creyentes son
ignorantes acerca de las cosas que deben creer.

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El otro tipo de incredulidad se menciona en Hebreos 4:11. Es una que
no es persuasiva. “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que
ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.” (La palabra
griega se traduce como incredulidad en la versión King James. Es
desobediencia en la Am. Rev. y significa no persuasiva.)
Esto significa que la persona está reacia a permitir que la Palabra le
gobierne.
Es un rechazo para actuar en el conocimiento. Él sabe lo que la Palabra
dice, pero rehúsa actuar en ella.
Creer es un acto de voluntad. Si él quiere, puede actuar en la Palabra.
Creer es querer hacer Su voluntad.
La desobediencia es una actitud de incredulidad hacia la Palabra.
Entonces la incredulidad puede ser ignorancia de la Palabra o la
resistencia para actuar en ella.

Capítulo 7

Fe en tu fe

Fe en tu propia fe es la ley del éxito en el reino espiritual. Tú vives en La


Palabra y la Palabra vive en ti. La Palabra es algo vivo. Cuando dejas
que se libere en ti, estás dejando que Dios se libere en ti. Cuando te

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atrevas a actuar en la Palabra y hablarla, Dios estará en las palabras que
hablas. Mientras la Palabra sea la autoridad final, habrá una fe
inconsciente en tu propia habilidad para confiar en Él. Confiarás
absolutamente en El, irás hasta donde su Palabra llega.
Es algo hermoso cuando una persona se entrega a la Palabra, marcha
completamente libre y deja que Dios fluya libremente en el hasta que
“Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo” se haga una
emocionante realidad.
1 Corintios 2:12 nos dice que hemos recibido el Espíritu, que sabemos
las cosas que Dios nos ha concedido.
“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu
que proviene de Dios, para que entendamos lo que Dios nos ha dado”
Llegamos a conocer nuestra posición, nuestros derechos, nuestros
privilegios y nuestra autoridad. Entonces aquí no hay ningún problema
relacionado a la fe. La fe es un problema solamente cuando no
conocemos al Señor y no conocemos la Palabra. Dale a Dios Su lugar
dentro de ti. Estima, considera y valora a Dios dentro de ti.
Antes de levantarte en la mañana di “Yo puedo hacer esto porque EL
está dentro de mí. EL me permite y me facilita reunirme con las
personas. EL me permite hablar Su Palabra. El me facilita caminar en
amor porque, mayor es el amor que está en mí que los celos y odios
alrededor de mi”.
Solo reconoce a Dios dentro de ti. Planifica tu trabajo consciente de Su
habilidad en ti para hacerlo.
Él se convierte en una realidad viva. EL ahora está ahí. La espera tus
peticiones sobre EL. Se revela a sí mismo como lo requiera tu
necesidad. Tu espera a que EL te guie a toda verdad o realidad.

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Siempre que tomes la Palabra por unos minutos, tú sabes que la luz
dentro de ti abrirá la Palabra y la hará viva. Tú sabes que Juan 16:13 es
absolutamente cierto.
“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la
verdad”. El tomará las cosas del Padre y te las revelará a ti.
Tú tienes una confianza inconsciente en el Nombre cuando lo
mencionas a través de tus labios. Tú sabes que cuando tú dices “En el
Nombre de Jesús, demonio sal de ese hombre o mujer” el demonio sale
fuera. Tú sabes que cuando tú ordenas que esa enfermedad deje de
existir, ella deja de existir. Tú sabes que cuando usas el Nombre de
Jesús por tus finanzas para pagar tus obligaciones, tienes la seguridad
de que el dinero vendrá de la misma forma que tienes la seguridad de
que el Padre está sentado en Su trono.
Tú sabes que Su Palabra en tu boca salvará al perdido, sanará al
enfermo, dará valor y fortaleza al débil y victoria al derrotado.
Una vez fue la Palabra de Dios en los labios de Jesús. Ahora es la
Palabra de Dios en tus labios. Jesús creyó en la Palabra de Dios en sus
labios. Tu confianza en esa Palabra hace que sea algo vivo en tus
labios. ¡Que enriquecedora y hermosa se vuelve la vida cuando la
Palabra gana la supremacía en nuestros corazones! Será un gran día
para ti cuando tu entiendas que tu fe hace cosas, cuando tu creas en tu
propia habilidad para alcanzar el oído de AMOR.
Cuando tu entiendas y sepas que tus oraciones son contestadas, que
Dios te escucha, no dependerás ya de la fe de otros, tienes tu propia fe.
Di una y otra vez, “Por fin tengo fe en mi propia fe. Puedo alcanzar a
Dios, así como cualquier otra persona”. Si alguien que amo está
afligido, sin temor alguno tu toma tus derechos y lo liberas del
enemigo, tu oración prevalece, tu fe gana. Puedes utilizar el Nombre

34 | P a g e
de Jesús ahora. Ese Nombre te pertenece con toda su autoridad y
puedes atreverte a usarlo como tuyo. EL te ha dado el derecho de
usarlo, y tú lo haces.
El conocimiento no tiene valor alguno a menos que tu sepas como
usarlo. Tú conoces tu posición con el Padre, tú conoces tus privilegios,
ahora has tu parte.
Fe en la fe de otros

Un alto por ciento de aquellos que se sanan en reuniones masivas o


convenciones, donde hay una fe masiva, usualmente algunos no
mantienen su sanidad. La razón es obvia. No tenían una fe personal.
Era solo una fe en la fe de otras personas.
Durante nuestra última gira a Los Ángeles, un creyente a quien el Señor
usaba grandemente me dijo, “No puedo entender porque las oraciones
de algunos amigos no han sido escuchadas. Ellos sanan cada vez que
oro por ellos.” Yo le dije, “La dificultad está en el hecho de que esas
personas enfermas deberían estar orando por los enfermos, pero
necesitan que alguien más ore por ellos.”
Así como el Espíritu dice en Hebreos 5:12 “Porque debiendo ser ya
maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os
vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de
Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de
alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en
la palabra de justicia, porque es niño”.
Cualquiera que participa de la leche; esto es, vive en la realidad de los
sentidos y depende de la evidencia sensorial en vez de la Palabra, no
tiene una experiencia en la Palabra de Justicia. Sigue siendo un infante.

35 | P a g e
¿Qué me quieres decir? Esas personas que han sido sanadas por causa
de la fe de alguien por años, han alcanzado un lugar donde Dios
demanda que ellos tengan fe en su propia fe. Si no están dispuestos a
estudiar la Palabra, no están dispuestos a desarrollar su vida de fe, se
volverán a las “armas de la carne” y sufrirán las consecuencias
naturales que esto acarrea.
Dios quiere que cada uno de nosotros tenga una experiencia en la
Palabra de Justicia. En otras palabras, que tengamos nuestra propia
experiencia orando por los enfermos, nuestra propia experiencia en
proclamar la Palabra, en llevar gente a Cristo, en revelar la Palabra. Eso
le pertenece a cada creyente.
Colosenses 1:12 “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos
para participar de la herencia de los santos en luz”. Hay una mejor
traducción: “Dando gracias al Padre, quien nos ha dado la habilidad
para disfrutar nuestra participación en la herencia de los Santos en luz”.
Él te ha librado de la autoridad de las tinieblas. EL ha recreado tu
espíritu. Ahora EL está dispuesto a renovar tu mente de tal manera que
puedas entender tus privilegios y derechos en Cristo. Te pertenecen.
Tienes derecho a ellos. Tú puedes disfrutarlos en vez de ser
dependiente de la fe de otro. Ahora tienes fe en tu propia fe. Qué
momento hermoso sería si todos los que leyeran este libro declararan,
“por la gracia de Dios, tendré mi propia fe”. Tienes el derecho a eso.
Te pertenece. Tú tienes el mismo Espíritu Santo que yo tengo, el
mismo Espíritu Santo que tuvo Jesús, y el que tuvieron los Apóstoles.
Tú tienes la misma vida eterna, la misma justicia, la misma habilidad. El
Padre no tiene favoritos. Todas estas cosas pertenecen a cada uno de
nosotros, por lo tanto, no necesitamos ser estériles o infructuosos.

36 | P a g e
2 de Corintios 9:8 “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en
vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas
todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”.
Y en el verso 10 dice “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que
come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los
frutos de vuestra justicia”. Tu posees la Justicia que te fue impartida en
la naturaleza del Padre en el nuevo Nacimiento. Esa justicia debe dar
fruto en tu vida diaria. Debes aprovechar el hecho de tu posición legal
ante el trono, de tus derechos en Cristo y comenzar a orar por el
enfermo y el necesitado. Tú tienes la misma posición legal ante Dios
que Pablo tenia y tienes la misma justicia que la tenía, no hay excusa
para esconder tu luz debajo de un almud.
Comienza a ser testigo de lo que eres en Cristo.

Capítulo 8

Acciones correspondientes

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Santiago 2:14 dice: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno
dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?” v. 18 “Pero
alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus
obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.”
Uno de los grandes errores que muchos creyentes cometen es confesar
su fe en la Palabra, y al mismo tiempo contradecir su confesión con
acciones equivocadas.
Una mujer me dijo, “No puedo entender porque no he recibido mi
sanidad. He orado y orado. Yo sé que la Biblia es verdadera”.
Le pregunté, “¿Sigue tomando sus medicamentos”
“Oh si” - me respondió ella.
Luego le leí esta Escritura que acabo de compartirles. Sus acciones no
eran compatibles con su confesión. Ella dijo que estaba confiando en el
Señor y, sin embargo, su confianza estaba en las medicinas y no en Su
Palabra.
Decimos que confiamos en el Señor acerca de nuestras finanzas, y al
mismo tiempo nos preocupamos y nos impacientamos en como
pagaremos nuestras deudas. Un minuto confesamos que ninguna
Palabra de Dios pasará, que EL cumplirá Su Palabra y nosotros sabemos
que así será, y al otro minuto repudiamos todo lo que hemos
confesado.
El libro de Santiago nos enseña que tenemos que tener acciones
correspondientes de fe. “Sean hacedores de la Palabra y no tan solo
oidores”. Las acciones de “un hacedor de la Palabra” coinciden con su
confesión.

38 | P a g e
Jesús dijo en Mateo 7:24-26 “Cualquiera, pues, que me oye estas
palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó
su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron
vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba
fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no
las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa
sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y
dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”
Entonces muchos de los que profesan a Cristo y quienes declaran que
creen en la Palabra desde Génesis hasta Apocalipsis y lo dicen con
mucha unción, no son hacedores de la Palabra. Ellos son habladores de
la Palabra. Ellos han aprobado mentalmente el hecho de que la Palabra
es verdadera. Esto no les hace bien. No la están haciendo suya.
Cuando yo creo la Palabra con todo mi corazón, y no me apoyo en el
razonamiento de mis sentidos, entonces hay acciones correspondientes
de fe. Mis acciones están en perfecta armonía con mi confesión. A
algunos de nosotros nos ha tomado un largo tiempo en tener acciones
correspondientes con nuestra confesión. Hasta que no haya acciones
correspondientes, habrá un continuo fracaso.
Yo puedo confesar a viva voz que Dios es la fortaleza de mi vida y al
mismo tiempo hablar acerca de mis debilidades, mis incapacidades, y
mi falta de fe. Aquí no hay acciones correspondientes. Estoy
recurriendo a los medios humanos en lugar de confiar completamente
en el Señor. Esto está destinado a traer confusión en mi espíritu y
debilidad y fracaso en mi vida. Vamos a aferrarnos firmemente a 1
Pedro 5:7 “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene
cuidado de vosotros.” Sin importar las circunstancias, sin importar las
influencias sobre nosotros, echemos cada problema a EL. Tu peor
enemigo eres tú mismo. Ha llegado a través del conocimiento sensorial

39 | P a g e
pensamientos que limitarán tu propia capacidad. El lenguaje de los
sentidos es “No puedo, no tengo la habilidad, no tengo la fuerza, no
tengo la oportunidad, no tengo la educación, estoy limitado”. El
lenguaje de la fe dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
¿Quién es el que me fortalece? Mi Padre Dios. Puedo hacer todas las
cosas a través de Él. No puedo ser conquistado. No puedo ser
derrotado. No existe ninguna fuerza en todo el mundo para vencer a
Aquel que vive en mí. No solamente soy un nacido de Dios, un
participante de la naturaleza y vida de Dios, sino que también tengo a
Dios morando en mí, y tengo el Espíritu de EL, quien levantó a Jesús de
entre los muertos morando en mí. Poseo la sabiduría de Dios, la
fortaleza de Dios y la habilidad de Dios. He aprendido como dejarlo a
EL gobernar mi intelecto, pensar a través de mí, usar mis facultades
vocales. Me atrevo a creer que es Dios quien trabaja dentro de mí y
trabajará conforme a Su voluntad. Me atrevo decir en presencia de mis
viejos enemigos: fracaso, debilidad, carencias, faltas de oportunidades,
falta de conocimiento, falta de amigos que den fortaleza, y miles de
otros, “Dios es mi capacidad”. Dios me ha hecho más grande que mis
enemigos. Dios ha puesto mi talón en el cuello de la debilidad, del
miedo, de la incapacidad, y me paro firme y declaro que cualquiera que
cree en El no será avergonzado.
No puedo ser avergonzado.
Mi debilidad es derrotada.
La fuerza de Dios es mía.
La habilidad de Dios me ha tomado cautivo y me deleito en ese
cautiverio.
Esa es la FE hablando, las verdaderas acciones correspondientes.
Capítulo 9

40 | P a g e
Con el corazón el hombre cree

Por años estuve buscando ansiosamente una explicación satisfactoria


para Romanos 10:10 “Porque con el corazón se cree para justicia, pero
con la boca se confiesa para salvación.”
Puede entender que la palabra “corazón” se utiliza de manera
ilustrativa ya que el corazón es el centro vital de vida del hombre. Es la
maravillosa estación de bombeo que mantiene el cuerpo físico con
vida. Tenemos que comprender que cuando Dios habla del corazón, EL
se refiere al espíritu humano. Sabemos que el hombre es un espíritu.
Está en la misma clase o naturaleza de Dios. Sabemos que Dios es un
espíritu y que EL se convirtió en hombre y tomó un cuerpo humano, y
cuando hizo eso Él no fue menos Dios de lo que había sido antes de
tomar el cuerpo humano.
Sabemos que el hombre, al momento de la muerte, deja su cuerpo
físico y no es menos hombre del que era cuando tenía un cuerpo físico.
Sabemos que el hombre no puede conocer a Dios a través del
conocimiento de los sentidos. Dios solo puede ser revelado al hombre
a través del espíritu. Es el espíritu del hombre el que contacta a Dios.
Sabemos que las cosas espirituales son tan reales como los materiales.
Dios es una persona tan real como si tuviera un cuerpo físico. Jesús,
ahora con Su cuerpo físico en el cielo, es igual de real que el Espíritu
Santo o el Padre.
En 1 Pedro 3:4 nuestros espíritus son llamados “el hombre oculto del
corazón” – versión KJV. En Romanos 7:22 se le llama “el hombre
interior”. Este “hombre interior” y “hombre oculto” nos dan la
definición de Dios para el espíritu humano.
41 | P a g e
El verdadero hombre es espíritu.
Tiene un cuerpo y un alma.
El alma tiene contacto con la realidad intelectual, el cuerpo físico
contacta la realidad física, y el espíritu la realidad espiritual. Esto
explica como “el hombre natural no percibe las cosas que son del
Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender,
porque se han de discernir espiritualmente.”- 1 Corintios 2:14. Los
primeros 2 capítulos de 1 de Corintios nos muestran un contraste entre
el conocimiento de los sentidos y el conocimiento espiritual, o entre los
sentidos y el espíritu. Puedes comprender que todo el conocimiento
que el hombre posee fuera del Conocimiento Revelado, viene a él a
través de estas 5 puertas de la mente (los 5 sentidos). Son los medios
de comunicación entre las cosas materiales y las intelectuales. La
mente no puede recibir nada a menos que sea a través de los 5
sentidos. (Este tema se cubre con profundidad en nuestro libro “Los 2
tipos de Conocimientos”). Si los 5 sentidos se destruyeran, el hombre
no tiene manera de recibir conocimiento. No se conocería él mismo, ni
tampoco al mundo material.
2 corintios 4:16 “Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este
nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se
renueva de día en día.”
Efesios 3:16 “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser
fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu”.
Cuando un hombre es nacido de nuevo, la vida eterna se le imparte a
su espíritu, a su hombre interior. Cuando el Espíritu Santo viene dentro
de su cuerpo, EL viene a morar en su espíritu. El Espíritu Santo no se
comunica directamente con nuestra mente, pero se comunica con

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nosotros a través de nuestro espíritu quien alcanza e influencia en
nuestros procesos intelectuales.
El espíritu tiene una voz. Le llamamos consciencia, corazonada o
dirección. Algunas veces se le llama intuición. Nosotros tenemos una
corazonada y si la seguimos no cometeremos errores. (No me gusta
usar la palabra “corazonada” pero es como se le conoce comúnmente).
Todos sabemos que, si hubiéramos seguido esa voz interior, no
hubiéramos perdido el dinero en nuestras inversiones; que nunca
hubiéramos escogido ciertas personas como amigos; nunca hubiéramos
hecho negocios con ciertas clases de personas. Esa voz interna busca
dar dirección a nuestras mentes. Casi nunca nos equivocaríamos si
aprendiéramos a prestar atención a nuestro espíritu. Uno de los
grandes errores que hemos cometido en nuestra cultura intelectual es
ignorar al espíritu. El conocimiento de nuestros intelectos ha tomado el
trono, y nuestros espíritus han estado encerrados en una cárcel. Por
consiguiente, continuamente estamos cometiendo errores porque el
espíritu quien es el que nos debe guiar, no se le es permitido ejercer su
función.
El conocimiento es algo que adquirimos a través de los sentidos al leer,
al viajar y al oír. La sabiduría es la habilidad de usar el conocimiento
para obtener ganancias. La sabiduría no viene a través de los sentidos.
La sabiduría viene de nuestro espíritu. Santiago dice que viene de lo
alto. Eso es sabiduría divina, la sabiduría de Dios impartida a nosotros –
Santiago 3:13-18. El hombre que apaga su espíritu y lo hace prisionero,
que nunca lo escucha, nunca lo obedece, queda incapacitado y es una
presa fácil para las personas egoístas y maquinadoras. El que permite
que el espíritu gane el señorío y la influencia en su vida en tiempos de
crisis, es el que llega a la cima.

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¿Qué es “creer con el corazón”? Significa creer con el espíritu. No
podemos creer con nuestro intelecto. Eso no se discute. La fe es un
producto del espíritu. Esta convicción interna, esa cosa llamada
seguridad, es un hijo de nuestros espíritus. No sabemos porque
sabemos; no podemos explicarlo y aun así lo entendemos.
El otro día estaba abriendo la Palabra para leerla a una mujer quien
tenía una dolorosa enfermedad. Mientras abría la Escritura paso a paso
ella me decía: “Yo sé, por Su llaga yo he sido curada”. Le dije, “¿Cómo
sabes que has sido curada?” Ella contestó – “Porque la Palabra declara
que lo soy”
El conocimiento sensorial dice “La herida está todavía en tu cuerpo y tú
puedes sentir el dolor incluso ahora”. Sin embargo, ella se levantó por
encima del conocimiento sensorial y de las evidencias de los sentidos y
declaró que ella fue curada. Mientras oraba por ella su fe
definitivamente expulsó la enfermedad. Lo que significaba muerte para
ella se fue. ¿Por qué? Porque en su corazón ella creyó la Palabra de
Dios; en su espíritu ella la creyó.
¿Cómo nuestros espíritus adquieren la fe que nuestro intelecto no
puede obtener? – a través de la Palabra. Jesús dijo, “El respondió y
dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios.” – Mateo 4:4 Él está hablando del alimento
espiritual. EL está usando un término del conocimiento sensorial para
expresar una verdad espiritual. Nuestros espíritus se llenan de
confianza mientras meditamos en la Palabra.
Por muchos años caminé por fe relacionado a nuestras finanzas, y a
nuestras necesidades físicas. Ahora he madurado para ver que la
Palabra es el alimento que nutre el espíritu, lo hace fuerte y le da una
apacible quietud.

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Los sentidos creen en lo que pueden oír y ver y sentir. El espíritu cree
en la Palabra, sin importar lo que ve, escuche o sienta. Las personas
por las que se ora una y otra vez y no obtienen su sanidad, tienen fe en
el conocimiento de los sentidos. No tienen una fe revelada. Ellos
tienen la fe en los hombres, en el aceite cuando lo ungen, en la oración
de otra persona, en la fe de otra persona u organización. Ellos no
tienen fe en la Palabra.
Santiago 5:4 ilustra lo siguiente: “¿Está alguno enfermo entre vosotros?
Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite
en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor
lo levantará”. Esta ilustración es como una foto de la fe en el
conocimiento de los sentidos. Si el que está enfermo conociera que
“por Sus heridas fuimos sanados” el sería sanado, el no tuviera
necesidad de llamar a los ancianos. Pero como no lo sabe, en su
desesperación se vuelve a Dios y a los ancianos. Aquí hay una
demostración de la Gracia de Dios, al conocer al hombre en su propio
nivel, como lo hizo Jesús en la encarnación. Cuando la Palabra se hizo
carne y habitó entre los hombres, El entró a la realidad del
conocimiento sensorial, entonces el hombre lo podía ver a EL, lo podía
tocar a EL y lo podía escuchar a EL. Todo lo relacionado con el andar de
Jesús en la tierra hasta donde el hombre pudiera ver, era en la realidad
de los sentidos. Desde un punto de vista espiritual, no había fe en
Jesús. Ellos creyeron porque vieron los milagros y comieron el pan.
Cuando EL murió no había una comprensión espiritual. Ellos no sabían
que EL estaba muriendo por Sus pecados. Ellos pensaban que EL moría
como un mártir por Sus ideales. El sentido del conocimiento sostiene
hoy en día la misma concepción. El mundo escolástico cree que Jesús
murió por sus convicciones. En la crucifixión la fe en el conocimiento
sensorial se rompió. Creer con todo nuestro corazón es creer
independientemente del conocimiento sensorial. Nuestros espíritus

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responden a nuestra entrega al señorío de Jesús. (La clave para la fe
bíblica es el reconocimiento del señorío de Jesús en nuestros
corazones).
1 Pedro 3:15 “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones”.
“Santificar” significa “separar” o “ponerlo aparte”. Ponemos a Cristo
aparte en nuestros corazones. Cuando coronamos a Jesús como Señor
de nuestras vidas, coronamos Su Palabra como Señor de nuestras vidas.
Esto le da a la Palabra su lugar apropiado. Jesús está sentado a la mano
derecha del Padre. Su Palabra está en nuestros corazones. Nosotros le
damos a esa Palabra su lugar, y cuando lo hacemos, la fe viene de una
manera perfectamente natural.
Proverbios 3:5-7: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes
en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él
enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a
Jehová, y apártate del mal”. No seas sabio en el conocimiento sensorial
que nos hace repudiar la Palabra o actuar independientemente de ella.
2 Corintios 10:5 “derribando argumentos y toda altivez que se levanta
contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a
la obediencia a Cristo”. Esto es muy importante si queremos caminar
por fe. La Palabra es más superior que el sentido del conocimiento, ya
sea que ese sentido del conocimiento sea nuestro o de otra persona.
Debemos recordar que el conocimiento sensorial siempre está limitado.
Ningún hombre tiene un conocimiento sensorial perfecto.

La Palabra de Dios es perfecta. Esta revelación es Su perfecta


revelación y suple cada crisis y cada necesidad de nuestras vidas. Si
nosotros creemos esa Palabra con todo nuestro corazón entonces
vendrá quietud y reposo en nuestros espíritus. Creer es conocer.

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Sabemos que la Palabra de Dios es verdadera. Cuando EL dice “Y mi
Dios suplirá toda necesidad”, nosotros simplemente sabemos en
nuestro espíritu que cada necesidad será suplida y no nos
preocupamos; no tenemos ansiedad. Nuestros corazones toman valor
mientras leemos la Palabra. Nuestra seguridad se vuelve más profunda.
Esta es una garantía que es independiente de la evidencia sensorial.
Puede contradecir la evidencia sensorial como lo hace a menudo, pero
sabemos que las cosas espirituales son tan reales como las cosas
materiales. Sabemos que las cosas espirituales son superiores a las
físicas, porque Dios, un espíritu, creó las cosas físicas. Sabemos que las
fuerzas espirituales son más poderosas que las fuerzas físicas. Nosotros
sabemos que “Mayor es el que está en nosotros que el que está en el
mundo “. Sabemos que el Único Grande es el Señor sobre la
enfermedad y sobre la debilidad. Confiamos en El con todo nuestro
corazón, EL se levantó en nosotros y le da a nuestra mente la
iluminación que no se puede obtener de ninguna otra fuente.

Sabemos que no podemos ser conquistados, vencidos.

Los sabemos porque hemos creído.

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Capítulo 10

Actuando en Su Palabra

En Juan 6:47 Jesús dijo, “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí,
tiene vida eterna.”
“Creer” es “tener”. Es una posesión. La aprobación mental admira la
Palabra, declara que la Palabra es verdadera y muy deseable, pero no la
posee. Creer termina con la confesión satisfactoria, “es mío, lo tengo”.
Qué poca acción real en la Palabra vemos hoy en día. ¿Recuerdas al
hombre que fue traído a Jesús por sus 4 amigos? – (Marcos 2:1-12).
Jesús le dijo, “Levántate, toma tu lecho y anda”. Si él no hubiera
actuado conforme a las palabras del Maestro, él nunca hubiese sido
sanado, pero porque actuó, él fue sanado.
En Lucas 5:5 Pedro dijo, “Mas en tu Palabra echaré la red”.
Que cambio vendría a nuestras vidas si dijéramos “En Tu Palabra lo
haré”. Nos hemos aferrado a las teorías de los hombres e ignorado la
Palabra Viviente.
La sanidad y la victoria te pertenecen. Cuando Jesús le dijo a Pedro,
“Ven camina sobre las aguas conmigo”, Pedro actuó en esa Palabra.
Cuando los sirvientes llenaron las tinajas con agua, ellos obedecieron lo
que Jesús dijo, y el agua se convirtió en vino. Juan 2:1-11.

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Mentalmente, hemos aprobado la integridad y la realidad de la Palabra,
pero no hemos actuado conforme a ella. Hasta que no actuemos, no se
convertirá en realidad. Tú puedes aferrarte a la Realidad de la
Resurrección como una gran doctrina o dogma, pero no significará nada
para ti hasta que tú digas, “EL murió por mí. El conquistó la muerte y el
infierno por mí. El resucitó por mí. Y porque EL resucitó yo soy un
vencedor, yo conquisté a Satanás, porque Jesús lo conquistó. Satanás
no tiene dominio sobre mí. Yo soy libre”. Entonces la Palabra será algo
más que una mera doctrina o teoría. Se volverá una realidad.
Las personas que actúan en la Palabra reciben cosas. Hoy en día, los
que actúan en la Palabra son los que reciben. Tu actúas en fe, tú hablas
fe; tus acciones y tus palabras están de acuerdo, concuerdan entre sí.
Tú eres un creyente.
Se requiere fe entrar en la Familia, pero luego de que entras en la
Familia todas las cosas son tuyas. (1 Corintios 3:21). Se requiere fe
llegar a ser hijo de Dios, pero Sus hijos poseen todo lo que Cristo ha
forjado para ellos.
Cuando Dios dice, “porque yo apresuro mi palabra para ponerla por
obra.”, entonces tú puedes estar seguro que si tu aceptas Isaías 53:3-6
con la misma certeza de que Dios está sentado en Su trono, la sanidad
está destinada para ser tuya. Todo lo que necesitas es actuar en la
Palabra. Es profundamente importante que tu aprendas esta pequeña
y simple lección. No es luchar, u orar, o llorar. Actuando en lo que Dios
ha dicho es lo que trae resultados.

Fe y Creer

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La palabra “fe” es un sustantivo, la palabra “creer” es un verbo. “Creer”
es en realidad “actuar” en la Palabra. Actuar en la Palabra de Dios es
simplemente como cuando tu actúas en la palabra del doctor, en la
palabra del abogado o en la palabra de alguien a quien amas. Tú no te
preguntas: “¿Yo estoy creyendo? o ¿Yo tengo fe? Tu simplemente dices
“Esto es lo que Dios dice”, y tu actúas de acuerdo a eso; o “¿Dios dijo
que por Su llaga yo fui curado? Si Dios dice eso, entonces yo he sido
curado, y actuaré en lo que Dios ha dicho”.
La fe es el resultado de la acción. Creer es dar el paso hacia la meta,
hacia lo que tu deseas. La fe es haber llegado. En vez de usar la
palabra “creer”, yo uso las palabras “actuar en Su Palabra”. Es más
simple. Es perfectamente Escritural y es lo que Jesús quiso decir. Es
algo notable que en ninguna parte de las epístolas Pablo instó a los
creyentes a creer o tener fe. Nuestra exhortación a la gente para que
crea es el resultado de que la Palabra ha perdido su realidad.
¿Qué Pablo nos decía? Efesios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual
en los lugares celestiales en Cristo”. Si Él te bendijo con toda bendición
espiritual, entonces ya tu eres bendecido. No necesitas pedir por las
bendiciones espirituales. Todo lo que necesitas hacer es darle gracias a
El de que ya las tienes. Todo lo que tienes que hacer, es decir, “Padre
te doy gracias por mi sanidad, te doy gracias por mi liberación”.
Todo lo que hizo Jesús fue actuar conforme a la Palabra del Padre.
Todo lo que Pedro hizo fue actuar de acuerdo a la Palabra que Cristo le
dio a él. Fue la Palabra de Cristo en la boca de Pedro, por la que él
actuó y trajo salvación, sanidad y liberación a las personas. Nosotros
podemos predicar la Palabra, pero si no la practicamos, no va a
producir resultados. Podemos predicar sanidad y declarar nuestra fe en
la sanidad, pero carecerá de valor si no la practicamos. Santiago dijo

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que “la fe sin obras es muerta”. Cuando actuamos en la Palabra
demostramos nuestra fe. Sabemos que ninguna Palabra de Dios está
carente de poder o de Su habilidad. Lucas 1:37.
Entonces, actuamos en ella. Sin temor alguno, imponemos nuestras
manos sobre los enfermos. Le ordenamos a la enfermedad salir en el
nombre de Jesús y tiene que obedecer. El enfermo es sanado.
Él dijo: “yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.”
Nosotros nunca impondremos manos sobre el enfermo y reclamaremos
sanidad si EL no nos hubiera dicho que lo hiciéramos. Él dijo, “sobre los
enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” Marcos 16:16-18. Eso
significa que en el instante en que aceptamos a Cristo como nuestro
Salvador, lo confesamos como nuestro Señor, y recibimos vida eterna,
comenzamos a funcionar en la Familia. Podemos empezar a poner las
manos sobre los enfermos. “El que creyere y fuere bautizado será
salvo” Marcos 16:16. Aquí la palabra griega para “salvo” es “sozo” que
significa “sanado”. Analizando esto podemos concluir que la sanidad es
tanto espiritual como física. Las enfermedades en sí, se manifiestan en
lo físico, pero en sus raíces, en su substancia, su realidad es en el
espíritu.
La palabra “creer” se menciona alrededor de 100 veces en el Evangelio
de Juan. La palabra “fe” se menciona alrededor de 2 o 3 veces. La
razón evidentemente es porque Él le hablaba a gente fuera del Cuerpo
de Cristo, a los judíos bajo la Ley. No había hombres de fe. Ellos no
tenían fe. EL los incitaba a creer.

Algunos hechos acerca de creer

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Algunas personas no creen en la Palabra porque nunca han confesado
el Señorío de Cristo. El miedo a los hombres los ha tenido cautivo. Este
es uno de los puntos más fuertes de Satanás en el hombre. Muchas
veces un credo o creencia muerta aprisiona al hombre. Has sido
enseñado a no creer esto o lo otro. Tu Cristo se ha perdido en el
laberinto de las teorías teológicas. Entrégate al Señorío de la Palabra;
actúa en ella, y Dios se hará real en ti.

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Capítulo 11

Cosas que nos pertenecen

El Padre por Su grande gracia le ha dado a la Iglesia suficiente para que


viva en abundancia y hacerla fuerte. Efesios 1:3 “Bendito sea el Dios y
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. ¿Qué significa esto? En
su trabajo de redención todo lo que Dios hizo en Cristo, desde el
momento en que se hizo pecado hasta el momento que Él se sentó en
Majestad a la derecha del Padre, le pertenece a la Iglesia, al Cuerpo de
Cristo. Hemos sido bendecidos.
Jesús no hizo nada para sí mismo y el Padre no necesitaba nada.
Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más
tenga vida eterna.” Jesús fue el regalo del Padre para este mundo
perdido. Él nunca ha retirado el regalo. El mundo posee a Jesús, sepan
o no de su posesión. Todo lo que Jesús hizo en su Sacrificio Sustitutorio
es de propiedad privada del individuo para quien Jesús lo hizo. El
pecador no tiene que rogarle a Dios que lo salve. El trabajo fue
realizado. Todo lo que tiene que hacer es aceptarlo y agradecerle a
Dios por eso. Luego se hace suyo.

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“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios
2:8-9. La salvación es un regalo. La fe viene por el actuar en la Palabra
de Dios. Nosotros aplicamos la Palabra. Hacemos a Jesús el Cristo
como nuestro Salvador, lo confesamos a Él como Señor, y en ese
momento recibimos vida eterna. “Porque somos hechura Suya, creados
en Cristo Jesús”.
El trabajo fue completado antes de que Cristo resucitara de los
muertos, y esas obras nos pertenecen ahora. Todo lo que tenemos que
hacer es aceptarlo. El creyente no necesita pedirle al Padre que lo sane
cuando se enferma, porque “Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por
azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras
rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue
sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” Dios puso nuestras
enfermedades sobre Jesús. Isaías 53:10 declara que Jehová quiso
enfermarlo a EL con nuestras enfermedades para que por sus heridas
fuéramos sanados. Si fuimos sanados entonces no tenemos la
necesidad de orar por nuestra sanidad. Todo lo que tenemos que hacer
es reprender al enemigo en el Nombre de Jesús, ordenarle que deje
nuestros cuerpos, y darle gracias al Padre por nuestra perfecta salud.
Es todo muy simple.
No tenemos que orar a Dios para que nos de fortaleza porque Él es la
fortaleza de nuestras vidas. El Salmo 27:1 dice “Jehová es mi luz y mi
salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de
quién he de atemorizarme?” Esto nos pertenece a nosotros ahora. Él
se ha convertido en nuestra luz y salvación. Esto es, Él se ha convertido
en nuestro conocimiento y en nuestra redención. Él se ha convertido
en nuestra libertad. 1 Corintios 1:30 “Mas por él estáis vosotros en

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Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación,
santificación y redención”.
El creyente es un poseedor. “El que cree tiene vida eterna”. No
podemos creer sin tener la vida eterna. No podemos creer Filipenses
4:19 “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus
riquezas en gloria en Cristo Jesús” sin ser poseedores de las cosas que
necesitamos.
Pablo reconoció que los creyentes eran poseedores. No podemos
tratar de creer que somos redimidos porque somos redimidos - Efesios
1:7. No podemos tratar de creer que estamos en Cristo porque ya
estamos en EL - 2 Corintios 5:17. No tratamos de creer que somos hijos
de Dios porque hemos sido recreados. Estamos en Su familia - 1 Juan
3:2. No tratamos de creer que EL remitirá nuestros pecados, y orar por
ese fin, porque nuestros pecados han sido remitidos y estamos
absueltos, justificados en Su presencia. Nuestra vieja naturaleza
pecaminosa ha sido quitada y hemos recibido la naturaleza de Dios -
Colosenses 1:13-14. No tratamos de creer que Dios nos dará Su Espíritu
Santo. Todo lo que necesitamos hacer es invitarlo a venir. “Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se
lo pidan?” - Lucas 11:13. Él le está hablando a un nuevo bebé en Cristo
que nunca ha recibido el Espíritu Santo. Él le habla a uno que ha
recibido vida eterna. Ahora, definitivamente, le pide al Espíritu Santo,
quien levantó a Cristo de entre los muertos, venir en su cuerpo y hacer
Su morada ahí.
El Nombre de Jesús nos pertenece. Dios es nuestro propio Padre. Jesús
es nuestro propio Señor, Abogado y nuestro Dueño. El Espíritu Santo es
nuestro Maestro.

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La sanidad es absolutamente nuestra. La fortaleza es nuestra. La luz y
la sabiduría son nuestras. La vida eterna nos pertenece. Él es nuestro
proveedor. Él es nuestra suficiencia. Él es amor en nosotros.
Todo esto lo tenemos cuando creemos por primera vez y no depende
de nuestra fe individual ahora como creyentes. Lo poseemos. Lo
tenemos. Pertenece a cada hijo. Todo eso es redención. Solo
agradece al Padre, alábalo siempre que una necesidad te confronte
porque la solución es cubierta por la redención, y es tuya. Algunos se
preguntarán, ¿Entonces por qué podemos orar? Podemos orar por
este mundo con tanta necesidad, por aquellos cristianos que viven en
oscuridad por debajo de sus privilegios, por liberación de hombres y
mujeres llenos de ataduras que no saben que han sido libres.

Disfrutando nuestros derechos en Cristo

La redención fue el plan de Dios; su resultado es satisfactorio al corazón


de Dios y suple toda necesidad del hombre. El cristianismo nos une a
Dios. Si estamos unidos a Dios somo exitosos. Las fuerzas poderosas
de este universo están a nuestra disposición. La capacidad, el poder de
Dios es nuestra herencia.
Hechos 1:8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros
el Espíritu Santo”. El poder de Dios está a nuestra disposición. ¡Que
emocionante hecho es esto!
1 Juan 4:4 “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque
mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.”
Nosotros somos de Dios. Nuestras raíces se hunden en Dios. El poder
de Dios es nuestra herencia. Así como las raíces extraen la humedad
del suelo, nuestras raíces en Dios atraen la fuerza, la vitalidad y la
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capacidad (poder) de Dios. El no solo está con nosotros, sino que EL
forma parte de nosotros. EL está en nosotros. Su naturaleza es
nuestra.
Nos ayudaría declarar una y otra vez durante el día: “Dios está en mí. El
poder de Dios es mío. Las fuerzas de Dios son mías. La salud de Dios es
mía. Su éxito es mío. Soy un ganador. Soy un conquistador. Soy un
éxito porque EL GRANDE, con su gran capacidad está en mí”. No es lo
que cedemos, es lo que obtenemos. Es disfrutar esta vida con EL. Es
nuestro diario vivir con EL, relacionarnos con El, trabajando con el
Hombre de todas las Edades. Tenemos el uso de Su Nombre, el
Nombre que conquista, el Nombre que es sobre todo nombre. El
nombre de Jesús se puede usar en el mundo de los negocios, en el
mundo científico. Se puede utilizar en cada departamento del esfuerzo
humano.
“En mi Nombre”. En realidad, es como si el Maestro mismo estuviera
aquí.
“Cualquier cosa que pidan en mi Nombre yo lo haré”. Cuando usamos
ese Nombre, ponemos a Jesucristo en contacto directo con nuestros
problemas. La fuente de todo poder está conectada, ligada con
nuestras vidas y los problemas que enfrentamos.

57 | P a g e
Capítulo 12

Obstáculos a la fe

La fe nunca irá más allá de tu confesión. (No me refiero a la confesión


de pecados, sino a la confesión/declaración de la Palabra). Si
confesamos debilidad, fracasos y enfermedades estamos destruyendo
la fe. Cuando hacemos nuestra declaración con firmeza de que Cristo
tomó nuestras enfermedades y nos mantenemos firmes a esa
confesión, nosotros traemos a Dios a la escena. Algunas veces la falta
de conocimiento nos obstaculiza para hacer una confesión audaz.
Nosotros no vamos a actuar en la Palabra más allá de nuestro
conocimiento. La fe crece con el entendimiento de la Palabra. La falta
de conocimiento de nuestra redención y nuestros derechos adquiridos
a través de ella, es a veces la razón para la incredulidad.

Falta de entendimiento

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La falta de entendimiento de que significa la nueva creación y lo que
actualmente es, obstaculiza nuestra vida de fe. Muchas personas no
saben que tienen vida eterna. Ellos piensan que han “sido salvos del
pecado”. Muchas personas no tienen una mentalidad de que Dios
habita en ellos.
La falta de entendimiento de su posición en Cristo y la posición de
Cristo en sus vidas, la falta de entendimiento de la Justicia, que es y qué
es lo que da, mantiene a la gente en esclavitud tal vez más que
cualquier otra cosa.
Cuando sabemos que somos la Justicia de Dios en Cristo, salimos del
lugar estrecho del fracaso y de la debilidad en el que hemos vivido,
hacia la plenitud ilimitada de Dios.
La falta de entendimiento de nuestro derecho legal de utilizar el
Nombre de Jesús nos mantiene atados y nos da una sensación de
debilidad. Pero cuando sabemos lo que ese Nombre hace, podemos
derrotar a Satanás y disfrutar la victoria. Muchos fracasos han sido
causados por la falta de entendimiento acerca de la confesión. Nuestra
fe sigue el paso de nuestra confesión. Nos mantenemos en esclavitud
por la falta de entendimiento acerca de actuar conforme a la Palabra.
Tratamos de creer. Todo lo que se necesita es que actuemos de
acuerdo con lo que Dios dice. Si sabemos que la Palabra es verdadera,
actuamos como si fuera verdadera y se convierta en una realidad en
nuestras vidas. La verdadera fe es el hijo del conocimiento de la
Palabra.

Las dos confesiones

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Nuestra fe se mide basada por nuestras confesiones. Nuestra utilidad
en las obras del Señor se mide por nuestras confesiones. Tarde o
temprano nos convertiremos en lo que confesamos. Está la confesión
de nuestro corazón y la confesión de nuestros labios. Cuando la
confesión de nuestros labios armoniza perfectamente con la confesión
de nuestro corazón, y esas dos confesiones están alineadas con la
Palabra de Dios, entonces tendremos una vida de oración poderosa.
Muchas personas tienen una confesión negativa. Siempre están
diciendo lo que no son, diciendo sus debilidades, sus fallas, su falta de
dinero, su falta de habilidad y su falta de salud. Invariablemente irán al
nivel de su confesión.
Una ley espiritual que pocos de nosotros han reconocido es que
nuestras confesiones nos gobiernan. Cuando confesamos Su Señorío y
nuestros corazones están de acuerdo, volvemos nuestras vidas a Su
cuidado. Esto es el final de la preocupación, el final del temor y el
comienzo de la fe.
Cuando creemos que Él se levantó de los muertos por nosotros, y que
por Su resurrección El conquistó al adversario y lo llevó a nada por
nosotros, cuando esto se convierte en la confesión de nuestros labios y
de nuestro corazón, nos convertimos en seres poderosos en Dios.
Si lo hemos aceptado a EL como nuestro Salvador y lo hemos confesado
como nuestro Señor, somos nuevas criaturas; tenemos vida eterna;
tenemos la posición de hijos; somos herederos de Dios y coherederos
juntamente con Cristo. En el momento en que reconozcamos el hecho
de Su resurrección, entonces sabemos que el problema del pecado ya
ha sido solucionado; sabemos que Satanás ha sido eternamente
derrotado para nosotros.

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Sabemos que estamos unidos a la Deidad. Sabemos que hemos
entrado en la familia de Dios. Sabemos que la habilidad de Dios, Su
poder se ha hecho nuestro. Tal vez no nos hemos dado cuenta de
primera intención, pero a medida que estudiemos la Palabra y
actuemos conforme a lo que dice, la vivamos, y dejemos que ella viva
en nosotros, se hará poco a poco, pero con toda seguridad una realidad
viviente. Esa realidad se desarrolla a través de nuestra confesión.
Confesamos Su Señorío y declaramos ante el mundo que Él es nuestro
pastor y que nada nos faltará. Confesamos que en delicados pastos nos
hará descansar, y que junto a aguas de reposo nos pastoreará.
Confesamos que El restaurará nuestras almas a una dulce y maravillosa
comunión con El. Confesamos que EL nos ha hecho nuevas criaturas,
que todas las cosas viejas pasaron y que todas son hechas nuevas, y
que nos hemos convertido en la Justicia de Dios en Cristo. Confesamos
sin miedo alguno al mundo nuestra unidad absoluta y nuestra unión
con El. Declaramos que Él es la vid y nosotros las ramas; y que las
ramas y la vid son una. Declaramos que somos participantes de la
Naturaleza Divina que habita en El tal como El caminó en Galilea.
Estas son nuestras confesiones. Hemos entendido que Satanás ha sido
derrotado, que los demonios están sujetos al Nombre de Jesús en
nuestros labios, que la enfermedad no puede existir en la presencia del
Cristo Viviente en nosotros. Ahora nos atrevemos a actuar sobre lo que
conocemos que la Palabra enseña. Nos atrevemos a tomar nuestra
posición y confesar ante el mundo que lo que dice la Palabra acerca de
nosotros es cierto. Hemos terminado con las confesiones de derrota,
debilidad, de incapacidad, porque Dios se ha convertido en nuestra
habilidad, Dios se ha convertido en nuestra suficiencia, y EL nos ha
hecho suficientes, completos como ministros de un Nuevo Pacto.

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Confesamos que Él se ha llevado de nosotros el viejo reinado donde
reinaba el fracaso y nos ha dado el nuevo reinado de victoria, gozo y
paz.
Mientras hagamos nuestras confesiones y actuemos en la Palabra,
nuestra fe crecerá y nuestra redención se hará una realidad.

La confesión correcta

Jesús dijo, “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre


que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo
que he de hablar.” Cada sanidad que Jesús hizo fue hecha a través de
la Palabra de Su Padre. Jesús sabía quién era; El conocía Su posición, El
conocía Sus obras. Siempre estaba positivo en Su mensaje. Él sabía
que las palabras que hablaba eran las Palabras de Su Padre. Él tomó Su
lugar de hijo. El hizo Su parte. El continuamente confesaba Su filiación
como Hijo. Jesús siempre confesaba lo que era. Él decía, “Yo soy en
Buen Pastor. Yo soy el Pan de Vida. Yo soy el Agua de Vida. Dios es Mi
Padre. Yo soy la Luz del Mundo.”
En Juan 5:19-30 Jesús dijo 10 afirmaciones de El mismo. Eran
confesiones verdaderas, y cada una de ellas lo ataba a Él con la Deidad.
Él hablaba la propia Palabra del Padre. Juan 7:29 dice “Pero yo le
conozco, porque de él procedo, y él me envió.” El no solo confesó
quien era, sino que también declaró sin miedo alguno lo que un
hombre sería luego de ser una nueva creación.
Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”.
Juan 7:38-39 “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior
correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir

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los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo,
porque Jesús no había sido aún glorificado.” ¡Qué gran confesión fue y
como se hizo realidad el Dia de Pentecostés!
Juan 8:54 “Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria
nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es
vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis; más yo le conozco, y si
dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le
conozco, y guardo su palabra.”
Juan 17:5 “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella
gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” Esto es un
asombroso testimonio.
Juan 17:26 “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer
aún.” Jesús sabía el nuevo nombre que Dios iba a recibir.
Juan 17:6 “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo
me diste;”. Estoy convencido de que el nuevo nombre que Jesús
hablaba aquí es el de “PADRE”. Nadie jamás le había llamado “Padre”
antes.
Juan 9:35-36 “Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo:
¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor,
¿para que crea en él?” Jesús entonces confesó quien realmente era El.
En el versículo 37, Jesús le dice al hombre que había sido ciego “Pues le
has visto, y el que habla contigo, él es.” Jesús declaró abiertamente
que Él era el Hijo de Dios.
En Juan 4:26 tenemos otra extraordinaria confesión. Él estaba
hablando con la mujer de Samaria y Él le confesó que era el Mesías, el
Hijo de Dios.

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Jesús sabía quién era

Todos los milagros que Jesús realizó fueron hechos con la Palabra del
Padre en los labios de Jesús. Jesús era la voluntad del Padre revelada.
Juan 4:34 “Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me
envió, y que acabe su obra.”
Juan 5:30 “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así
juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la
voluntad del que me envió, la del Padre”.
Juan 6:38 “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió.”
Juan 8:29 “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado
solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.”
¡Que ilustración del Maestro! Él no tenía ambiciones personales ni
fines personales para lograr. El simplemente hizo la voluntad de Su
Padre, revelando al Padre hasta que El pudiera decir “El que me ha
visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9)
Mientras menos ambiciones del mundo tengamos, menos deseos del
mundo, más se revelará completamente el Padre mismo a nosotros.
Sus palabras en nuestros labios harán los mismos prodigios que Sus
Palabras hicieron en los labios de Jesús.
La auto búsqueda nos limita. El hombre egoísta es un hombre limitado.
Aquél que vive en la Palabra y deja que la Palabra viva en él, aquél que
practica la Palabra y la aplica, es a quien el Padre se le revelará.
Cuando actuamos según la Palabra de Dios, nosotros revelamos al
Padre.

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Confesiones equivocadas

Pocos de nosotros nos hemos dado cuenta que nuestras confesiones


nos encarcelan. La confesión correcta nos hace libres. No es solamente
nuestro pensamiento; son nuestras palabras, que construyen poder o
debilidad en nosotros. Nuestras palabras son las monedas en el Reino
de la Fe. Nuestras palabras nos atrapan y nos mantienen en cautividad,
o nos hacen libres y se hacen poderosas en la vida de otros. Lo que
confesamos con nuestros labios, es lo que realmente domina nuestro
ser interno. Inconscientemente confesamos lo que creemos. Si
hablamos enfermedad, es porque creemos en la enfermedad. Si
hablamos debilidad y fracasos, es porque creemos en la debilidad y los
fracasos.
Es sorprendente la fe que la gente tiene en las cosas equivocadas. Ellos
creen firmemente y determinantemente en el cáncer, en úlceras en el
estómago, tuberculosis, y otras enfermedades incurables. Su fe en esas
enfermedades se eleva a tal punto que los domina completamente y los
gobierna. Se convierten en esclavos absolutos de todo eso. Ellos tienen
el hábito de confesar sus debilidades y su confesión le da fuerza a su
debilidad. Ellos confiesan su falta de fe y son llenos de duda. Ellos
confiesan sus temores y se hacen más temerosos. Ellos confiesan su
miedo a la enfermedad y la enfermedad crece bajo su confesión. Ellos
confiesan su escasez y construyen un sentido de carencia que gana la
supremacía en sus vidas.
Cuando entendemos que nunca vamos a estar más allá de nuestra
confesión, llegamos al lugar donde Dios realmente puede comenzar a
usarnos. Tu confiesas que por Su llaga fuiste curado; te mantienes

65 | P a g e
firme en esa confesión y ninguna enfermedad permanecerá delante de
ti.
Nos demos cuenta o no, estamos sembrando palabras tal como lo dijo
Jesús en Lucas 8:11 “Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra
de Dios.” El sembrador fue a sembrar y la semilla que el sembró era la
Palabra de Dios. Esa es la semilla que tenemos que sembrar. Otros
están sembrando semillas del conocimiento sensorial de miedo y de la
duda. Es cuando confesamos la Palabra de Dios, declaramos con
énfasis “Por Sus heridas yo fui sanado” o “Mi Dios suplirá cada
necesidad” y nos mantenemos firmes en esa confesión, que veremos
nuestra liberación.
Nuestras palabras engendran fe o dudas en los demás. Apocalipsis
12:11 declara “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del
Cordero y de la palabra del testimonio de ellos”. Ellos vencieron por la
Palabra de Dios que estuvo en su testimonio. Ellos conquistaron al
diablo con palabras. Muchos de los enfermos que Jesús sanó durante
Su ministerio fueron sanados con palabras. Dios creó el universo con
palabras: palabras llenas de fe. Jesús dijo, “Tu fe te ha hecho sano”. Él
le dijo al muerto Lázaro “Ven fuera”. Sus palabras resucitaron al
muerto.
Satanás es vencido por palabras, es azotado por palabras.
Nuestros labios se convierten en el medio de transportación de la
libertad de Dios desde el cielo hacia la necesidad del hombre en la
tierra. Podemos usar la palabra de Dios. Decimos “En el Nombre de
Jesús demonio sal fuera de él”. Jesús dijo “En mi Nombre echarán
fuera demonios, en mi Nombre podrán las manos sobre los enfermos y
sanarán”. ¡Todo con palabras! Me pregunto si las manos hacen más
que percibir para los sentidos. Es la Palabra la que sana.

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Jesús dijo “Todo lo que pidan en Mi Nombre, lo recibirán” (En el griego
la palabra “pedir” significa “demandar”). Nosotros demandamos tal y
como Pedro lo hizo en la Puerta de la Hermosa cuando él dijo: “En el
Nombre de Jesús levántate y anda”. Las palabras sanaron a ese
hombre.
Ahora hacemos nuestras confesiones de palabras. Nos paramos firmes
en ellas. Nos negamos a ser derrotados en nuestra confesión.
Juan 8:32 “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” O Juan
8:36 “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
Sabemos que el Hijo nos ha libertado y nosotros lo confesamos. Jesús
es el Sumo Sacerdote de nuestra confesión. Cristo conquistó a los
enemigos de la humanidad: Satanás, el pecado, la enfermedad, el
temor, la muerte y las faltas. Los hizo cautivos e hizo al hombre libre.
Hebreos 4:14 nos dice que retengamos nuestra confesión. “Por tanto,
teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo
de Dios, retengamos nuestra confesión.”
Esa confesión es la fe hablando. Es nuestra victoria sobre el enemigo.
Es nuestra seguridad. En una de las traducciones de Colosenses 2:5
dice: “Pues, aunque estoy ausente en el cuerpo, no obstante, en
espíritu estoy con ustedes, gozándome y mirando su buen orden y la
firmeza de su fe en Cristo.” Esa firmeza de su fe significa una confesión
continua de su victoria. Nunca confesaremos nada que no sea victoria.
Romanos 8:37 “Más bien, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó.” Jesús desarmó a los
principados y potestades que lucharon contra EL y los puso en
vergüenza pública.” (Colosenses 2:15 Traducción Connybeare’s).
Debemos detenernos en hacer confesiones equivocadas y comenzar a
disciplinarnos en COMO confesamos y QUE confesamos. Debemos

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comenzar a confesar que nosotros somos lo que Él dice que somos, y
mantenernos firmes en esa confesión aun cuando veamos evidencia
contraria.
Nos oponemos, rechazamos ser débiles o confesar debilidad. Nos
negamos a tener algo que ver con una confesión equivocada. Nosotros
somos lo que Él dice que somos. Nos aferramos a esa confesión con
una conciencia valiente de que la palabra de Dios nunca puede fallar.

E W Kenyon
Capítulo 13
Oración
La oración es unir fuerzas con el Padre. Es una relación con El, llevando
Su voluntad sobre la Tierra. Pareciera ser que Dios está limitado por
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nuestra vida de oración, que Él no puede hacer nada por la humanidad
a menos que alguien se lo pida a El hacer. El porqué de esto, no lo sé.
Tenemos una pista en Génesis 18 cuando Dios se negó a destruir a
Sodoma y Gomorra hasta que él lo hablara con su amigo del pacto de
sangre, Abraham.
La oración bajo el Antiguo Pacto
La oración de Abraham, la cual se registra en Génesis 18:22-23 es la
más reveladora y sugerente que cualquier otra oración en el Viejo
Pacto. Él le dijo a Dios: “¿Destruirás tanto al justo como al malvado?
Supongamos que encuentras cincuenta personas justas en la ciudad,
¿aun así la destruirás y no la perdonarás por causa de los justos? Seguro
que tú no harías semejante cosa: destruir al justo junto con el malvado.
¡Pues estarías tratando al justo y al malvado exactamente de la misma
manera! ¡Sin duda, tú no harías eso! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no
haría lo que es correcto?”
Aquí Abraham estaba tomando su lugar en el Pacto. A través del Pacto
Abraham recibió derechos y privilegios que apenas entendemos. El
Pacto que Abraham solemnizó con Jehová le dio a él una posición legal
con Dios. Le oímos hablar sin rodeos y categóricamente “¿Acaso el Juez
de toda la tierra no haría lo que es correcto?” Esta fue su intercesión
por Sodoma y Gomorra.
A través de todo el Viejo Pacto encontramos a hombres que
entendieron y tomaron su lugar en el Pacto. Josué pudo abrir el Jordán.
Él pudo ordenar al sol, la luna y las estrellas quedarse quietos en los
cielos. Elías pudo traer fuego del cielo para consumir el sacrificio al igual
que todo el altar. Los hombres poderosos de David fueron
completamente protegidos de la muerte en sus guerras. Ellos se
convertían en superhombres siempre y cuando se mantuvieran
recordando el Pacto.
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Prácticamente todas las oraciones del Antiguo Testamento eran
oraciones de gente de Pacto. Tenían que ser contestadas. Dios tuvo que
prestar atención a sus peticiones.
Oración bajo el Nuevo Pacto
El Nuevo Testamento es el Nuevo Pacto. El creyente posee derechos de
Pacto en sus oraciones. Isaías 43:25-26 “Yo, yo soy el que borro tus
rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.
Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para
justificarte.”
Aquí hay un desafío del Dios que guarda su pacto a Israel. Es un reto
para la iglesia.
“Hazme recordar”. En otras palabras, recuérdale a Él Sus promesas
relacionadas a tu oración. Los hombres que han sido poderosos en la
oración siempre le han recordado a Dios sus promesas y han
presentado el caso legalmente ante El. Cuando ores, párate ante el
trono y defiende tu caso como abogado. Un abogado continuamente
trae la ley y su precedente. Lleva Su Palabra, Sus promesas pactadas,
alega tus derechos.
“Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para
justificarte.” Es el reto de Dios que pongas tu caso delante de Él. Si tus
hijos no son salvos, busca una Escritura que cubra tu caso y ponla
delante de Él.
Isaías 45:11 “Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador:
Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y
acerca de la obra de mis manos.”
Esto es profético. No aplica a Israel. Es tuyo.

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“Preguntadme de las cosas por venir”. Estas son cosas futuras, cosas tal
vez conectadas con tu vida y a la de tu familia, con tu comunidad o con
tu gobierno.
“Y acerca de la obra de mis manos”. Esto está en perfecta armonía con
Juan 15:7 “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.” La palabra
“pedid” significa “demandar”. Tu no demandas en un tono arrogante,
sino como un socio, un colaborador. Tu presentas el caso delante de Él.
Llamas Su atención a Su parte en el drama de la vida. Una Escritura que
puedes usar continuamente es Isaías 55:11. Lee cuidadosamente los
versos 9 y 10 “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis
caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que
vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y
la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y
producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi
palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que
yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Esta es la
espina dorsal de la vida de oración. Ninguna Palabra que haya salido de
Dios, volverá a EL vacía”
Jeremías 1:12 “porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.”
Él cumplirá Su Palabra, si te atreves a permanecer firme en ella.
Los recordatorios de Jehová
Isaías 62:6-7 “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardias. Jamás
callarán ni en todo el día ni en toda la noche. ¡Los que hacen que el
SEÑOR recuerde, no reposen! Tampoco le den reposo, hasta que él
restablezca a Jerusalén y haga de ella una alabanza en la tierra.”
Aquí El sugiere que hay hombres y mujeres que son “recordadores”,
cuya labor es mantener delante de la mente del Señor Sus promesas.

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Isaías 64:7 “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para
apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos
dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.”
Daniel se animó el mismo para orar. Él se entregó a la oración. El llamó
la atención de Dios a las promesas que Él había hecho a través de
Jeremías. Habrá una restauración de Israel. Ellos volverán otra vez a la
tierra prometida. Su cautividad en Babilonia terminará. Lee
cuidadosamente Daniel 9.
Satanás trata de oponerse a la oración y meterse en medio del camino.
Lee la historia del combate entre los ángeles y los demonios sobre
Daniel registrado en Daniel 10:20.
Jeremías 33:3 “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas
grandes y ocultas que tú no conoces.” Dios nos estimula a cooperar con
El en nuestra vida de oración. Él nos quiere bendecir.
Salmo 78:41 “Y volvían, y tentaban a Dios, Y ponían límite al Santo de
Israel.”
Hemos hecho esto. Lo hemos limitado en nuestra vida de oración.
Hemos dejado pasar las grandes promesas de compañerismo y
cooperación con Dios como intactas, no realizadas.
Jesús no era solamente un maestro de la oración, sino que El mismo
oraba. Desearía que hubiera para nosotros un registro de las cosas por
las que El oraba y el método que usaba en la oración.
Sabemos que Él se alejaba de las multitudes una y otra vez para pasar a
veces una noche entera en oración con Su Padre.
Si fue puramente para pasar un tiempo de compañerismo, fraternidad,
comunión o si era que El oraba por el mundo perdido, no lo podemos
saber.

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Oración de acuerdo
Mateo 18:18-20 nos da una ilustración de la oración de acuerdo.
“De cierto les digo que todo lo que aten en la tierra, será atado en el
cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo. Una
vez más les digo, que, si en este mundo dos de ustedes se ponen de
acuerdo en lo que piden, mi Padre, que está en los cielos, se lo
concederá. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy
yo, en medio de ellos.»
Esta Escritura es asombrosa. “Porque donde dos o tres se reúnen en mi
nombre, allí estoy yo, en medio de ellos.” Eso es una reunión ejecutiva
con el Maestro. Estamos juntos para hacer negocios, sentado en Su
presencia, planificando, discutiendo y luego orando, por lo que Él dice,
“si dos de ustedes se ponen de acuerdo”.
El grupo puede ser muy pequeño, solo el esposo y la esposa, pero si
ellos se ponen de acuerdo en algo, se le concederá. Eso es un reto.
Cada creyente debe buscar a alguien que se ponga de acuerdo, alguien
que se una a él en oración.
Deberíamos establecer un programa de oración, haciendo una lista de
temas y de personas para que oren con entendimiento ante el Padre.
Juan 15:7-8 “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es
glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis
discípulos.” Si somos nacidos de nuevo, entonces permanecemos en EL.
Su Palabra habita en nosotros en la medida en que gobierna nuestra
vida, en la medida en que actuamos en ella. El problema de la fe no
entra en la oración. Se supone que aquellos que habitan en El tengan
fe. Se requiere fe para entrar en la familia. Ya estamos en la Familia y
no es un problema de fe. Es un problema de que la Palabra no habita en

73 | P a g e
nosotros. Si viviéramos en la Palabra, entonces cuando fuéramos a
orar, esa Palabra que habita abundantemente en nosotros se
convertiría en Su Palabra en nuestros labios. Sería como las Palabras del
Padre en los labios del Maestro.
Como orar
Juan 15:16 “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a
vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto
permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él
os lo dé.” Aquí vemos que la oración se le hace al Padre en el Nombre
de Jesús. Ese es el orden divino.
Esta declaración ha envuelto en ella la capacidad de traer a Dios dentro
de nuestras circunstancias, dentro de nuestras finanzas o de cualquiera
que sea la necesidad en nuestros hogares, en nuestros negocios o en
nuestra nación. “Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo
dé”.
No le oramos a Jesús. Oramos al Padre en el Nombre de Jesús. Jesús
nos da el poder legal. Eso significa que lo que Jesús puede hacer,
nosotros también lo podemos hacer. Eso significa que el Nombre de
Jesús nos da el derecho para ir a Su presencia y ver nuestras oraciones
contestadas. Jesús respalda nuestras oraciones. Las hace buenas.
Juan 16:23-24 “En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de
cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo
dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis,
para que vuestro gozo sea cumplido.” Nosotros tenemos que orar al
Padre en el Nombre de Jesús. Nosotros podemos tener comunión,
relación y hablar cosas con el Maestro, pero cuando se trata de
oraciones basadas en fundamentos legales, entonces son dirigidas al
Padre, en el Nombre de Jesús. Nada es imposible aquí.

74 | P a g e
Nunca pediremos nada al Padre que esté fuera de Su voluntad si
andamos con El. La palabra “fe” no ocurre en esta conexión. Tuvimos fe
para venir a ser parte de la Familia; ahora todo lo que Jesús hizo nos
pertenece. Tomamos ventaja de eso. Tomamos la posición de hijo de
Dios.
1 Juan 5:14-15 “Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si
pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos
que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos
las peticiones que le hayamos hecho.”

Es la voluntad del Padre


El creyente, que camina en comunión con la Palabra, nunca pedirá nada
fuera de la voluntad del Padre. No tenemos que preocuparnos por eso.
Sabemos que salvar a los perdidos está en Su voluntad, porque por este
propósito murió Jesús.
Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más
tenga vida eterna.”
Sabemos que sanar al enfermo es Su voluntad, porque Jesús llevó
nuestras enfermedades y nuestras dolencias.
1 Pedro 2:24 “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados,
vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”
Sabemos que orar por las finanzas para poder cumplir con nuestras
obligaciones es Su voluntad.
Filipenses 4:19 “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a
sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
75 | P a g e
Prácticamente todo está cubierto en estos puntos.
Podemos orar por los ministros para que hablen; en el poder del
Espíritu.
Podemos orar por los perdidos en tierras paganas.
Todo esto está en Su voluntad.
¡Con qué seguridad deberíamos acudir a El!
Hablándole a los judíos Él dijo en Mateo 21:22 “Y todo lo que pidiereis
en oración, creyendo, lo recibiréis.”
Marcos 11:24 “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando,
creed que lo recibiréis, y os vendrá.”
Aquí está la fe dándole las gracias a Él por algo que el ya posee y que no
se ha materializado, pero que sabe que ya es suyo.
Marcos 9:23 “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es
posible.”
Todas las cosas son posibles para el hombre quien coopera con el
Señor, quien se relaciona con el Señor, quien es un colaborador con el
Señor.

Capítulo 14

Algunas cosas que debemos creer

76 | P a g e
En la iglesia primitiva a los cristianos se les llamaba “creyentes”.
Cuando Jesús dijo “todas las cosas son posibles para el que cree”, la
palabra griega usada para “cree” significa “un creyente”.
Él dijo “Estas señales seguirán a los que creen”, esta palabra también
significa un creyente. Un creyente realmente significa un poseedor,
uno que ha aceptado a Cristo, recibido vida eterna y que ha tomado su
lugar en la Familia. El que profesa ser cristiano y tiene solo una
aceptación mental carece de una realidad de la vida eterna en su
espíritu. Él tiene esperanza y lo anhela, sueña que algún día lo tendrá,
pero el creyente gozoso le da gracias al Padre por ello.
La palabra creer es un verbo. La palabra fe es un sujeto. Cada
momento que Jesús usaba la palabra creer Él quería decir poseer.
Juan 6:47 “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida
eterna.” Aquí creer es equivalente a tomar posesión. Hoy en día
significa lo mismo.

Algunas cosas por las cuales no creer

Nunca debemos creer en el fracaso. Nunca debemos pensar o hablar


fracaso porque somos creyentes. El creyente, en la mente del Padre, es
un vencedor. Él es el propio hijo de Dios.
Nunca debemos hablar acerca de la escasez o la inhabilidad de hacer
las cosas. Nunca debemos mencionar debilidad. Tenemos que
recordar que Dios es la fortaleza de nuestras vidas y que hemos
recibido la habilidad o poder de Dios. Jesús les dijo a los discípulos que
esperaran en Jerusalén hasta que recibieran poder de lo alto. La
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palabra griega traducida “poder” significa “habilidad”. Luego ellos
esperaron en Jerusalén hasta que recibieron la habilidad/poder de Dios.
No hemos visto la importancia significativa de esto. Nunca lo hemos
escuchado explicado. Como aprieta nuestros corazones. Apenas nos
atrevemos decir a gran voz: “Dios es mi habilidad/poder”.
Tenemos la habilidad/poder de hacer cualquier cosa que el Maestro
hizo. Tenemos el poder de amar al desagradable y al odioso tal y como
El los ama a ellos. Cristo murió por los impíos y los indignos. Tenemos
el poder para vivir para esos impíos e indignos.
Tenemos la capacidad de conocer Su Palabra, porque Dios es nuestra
capacidad. Él es el autor de la Palabra.
Nunca debemos hablar odio, porque el odio es el distintivo del
adversario. Nunca debemos permitirnos pensar en eso.
Nunca debemos permitirnos pensar por un momento el admitir que lo
malo puede ganar o que el pecado puede conquistar. Somos
representantes de Dios. Tomamos el lugar de Jesús, haciendo las obras
de Jesús.
Tenemos Su Nombre con toda Su autoridad. Lo tenemos a Él como
nuestra sabiduría.
Lo tenemos a Él como nuestra habilidad, capacidad, poder.
Si tan solo entendiéramos que somos superhombres.
Si pudiéramos entender como Él nos mira, como El piensa de nosotros,
nunca volveríamos a hablar debilidad, fracaso ni escasez.
Somos participantes de Su naturaleza. Tomamos el lugar de Jesús en Su
ausencia. Hacemos el tipo de obras que Jesús hizo. “De cierto, de cierto
os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y
aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al
78 | P a g e
Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el
Hijo.”
Salimos del viejo reino de los sentidos donde la debilidad y los fracasos
dominaban y entramos a esta nueva realidad de éxitos y victorias.
Sabemos que la Justicia nos ha dado acceso al trono de Dios y tenemos
derechos de entrar a ese trono como Jesús.
Esto pone la oración en una nueva base. No suplicamos ni lloramos,
sino que vamos como hijos e hijas asumiendo nuestras
responsabilidades y llevando nuestras necesidades ante El. La oración
se convierte en una reunión ejecutiva. Hemos venido para obtener una
solicitud para satisfacer alguna necesidad especial

Capítulo 15

Recibiendo, no dando

79 | P a g e
Le hemos dado un mensaje erróneo al mundo. Nuestro mensaje al
mundo ha sido “dar y dejar”; le hemos dicho que deben hacer, mientras
la realidad es que Dios no le ha dicho al mundo que deje nada.
Alguien tal vez preguntará, “¿No les pide que renuncien a sus
pecados?” - Nunca.
“¿No les pide que renuncien a su maldad y rebeldía hacia El?”- No.
nota aclaratoria: Dios no envió a los discípulos a predicar pecado sino
El evangelio (Buenas noticias) Dios no les toma a los hombres sus
pecados porque el problema de los hombres es su naturaleza de
pecado, Dios desea dale una nueva naturaleza a través de Cristo. De
nada sirve dejar de pecar sin haber recibido salvación a través de
Jesucristo. Hay religiones y sectas que dejan de pecar y no han
reconocido a Jesús como salvador.
2 Corintios 5:19-21 -19 que Dios estaba en Cristo reconciliando
consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus
pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios
rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo:
Reconciliaos con Dios.
21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Romanos 3:25
25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su
sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto,
en su paciencia, los pecados pasados,
Resumiendo; No somos llamado a predicar pecado sino reconciliación
con Dios. Pedro Cotto.
80 | P a g e
No es una resta. Es una suma.
No es quitarte, es añadirte.
Dios es el dador. Nosotros somos los que recibimos.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito” – Juan 3:16.
Él nunca le pidió a la humanidad que le diera nada. El vio nuestra
pobreza. El vio que las únicas cosas que le podemos entregar serían
cosas que Él no puede usar.
Dios es el Dador. El da solo como un príncipe o un rey puede hacerlo.
Él no nos pide que demos nada o que renunciemos a nada.
Él quiere que recibamos algo.
Lo primero que El ofrece es Redención del miedo a que nos falte algo,
al fracaso, la debilidad, la dolencia o enfermedades. Él nos regaló una
Redención de todo esto. No se ve creíble o posible de que pueda ser y
sin embargo es cierto.
Él nos ofrece Redención de las obras del enemigo. ¡Como se deleita mi
corazón al contemplar ésto!
Colosenses 1:13-14 nos muestra esta maravillosa verdad: “el cual nos
ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su
amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de
pecados”. Notemos cuidadosamente. Él no nos pide a nosotros nada.
Él ha venido por su propia voluntad, pagando un precio alto por Su
voluntad, y nos ha redimido de la autoridad de las tinieblas, debilidad,
ignorancia y fracaso, y ha enviado la Revelación para darnos las buenas
noticias de que somos Redimidos; no que podríamos ser liberados, no
81 | P a g e
por si somos buenos y entregamos nuestros pecados. No. Ya hemos
sido liberados de la autoridad de las tinieblas.
En esa palabra “tinieblas” está el sistema completo de esclavitud, de
odio satánico, amarguras y celos. Todo lo que Satanás es, está en la
palabra “tinieblas”. Hay ignorancias. Hay lágrimas. Hay hambre. Hay
faltas. Hay escasez. Hay enfermedades, dolores y agonías.
Hemos sido liberados de eso.
Dios es quien nos liberó de la autoridad y dominio de Satanás. No
solamente nos liberó, sino que Él nos trasladó al reino de su Hijo amado
en quien tenemos Redención, la remisión de nuestros pecados.
¡Como esto se adhiere a nuestros corazones! Este no es el mensaje que
ellos nos han enseñado a predicar. Es lo contrario a eso.
En ninguna parte nos dice que salgamos y le demos con palos al
pecador, le digamos a qué debe renunciar, a qué debe rendirse.
Si aceptó a Cristo como Su Salvador, eso es arrepentimiento. Si lo
confesó a Él como su Señor con todo su corazón, eso es creencia.
El no solo nos pide que recibamos su maravillosa Redención, sino que
recibamos a Jesús como Señor. Es como Rut, la moabita, recibiendo a
Booz como su esposo. El recibir a Booz significó el final de su pobreza y
falta, el final del hiriente temor y ansiedad, el final del hambre y
sufrimiento. Ella se convirtió en la dueña y señora de la mansión que
estaba en la colina. Aquellos grandes huertos de olivos, granadas,
melocotones y naranjas, aquellos grandes terrenos de trigo se hicieron
propiedad de ella.
Ella no abandonó su pobreza. Ella recibió su riqueza.
Ella no abandonó su soledad; ella recibió su compañero.

82 | P a g e
Ella no entregó su debilidad, miedo y ansiedad; ella recibió su plenitud,
su protección y cuidados.
Dios viene a nosotros. Él nos pide que aceptemos a Jesús como nuestro
Señor y que gozosamente le digamos al mundo que hemos alcanzado el
final de las debilidades y fracasos, que hemos encontrado Su fuerza, Su
plenitud, Su poder.
La palabra “Señor” significa el proveedor de pan. Él es nuestro
proveedor de alimento. Él es nuestro proveedor de fortaleza. Él es
quien nos provee el poder.
“Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” Juan
1:16
Somos los que recibimos.
Ya no somos mendigos llorando para que El venga y nos bendiga.
Ya somos bendecidos con toda bendición espiritual en las regiones
celestiales.
Somos ricos en Sus riquezas.
Somos completos en Su plenitud.
Estamos satisfechos con El.
Él es nuestro Señor resucitado, nuestro dueño.
Él nos pide que recibamos vida eterna, Su naturaleza.
Eso nos hace nuevas criaturas. Somos creados en Cristo Jesús.
Las cosas viejas de fracasos, debilidades y pecados han quedado atrás y
todas las cosas son hechas nuevas. Todo esto es de Dios, quien nos ha
reconciliado consigo mismo. No nos reconciliamos con nosotros

83 | P a g e
mismos. No tenemos nada que hacer con la reconciliación. No
tenemos nada que hacer con la nueva creación que no sea recibirla.

Es todo de Dios

No podemos entenderlo. Está más allá de nosotros. Está en la realidad


de nuestro espíritu, en la realidad de las riquezas de su gracia, de su
gloria. Esta nueva creación nos hace hijos del Dios Todopoderoso.
Ahora Dios es nuestro Padre. Nosotros somos Sus hijos, estamos en Su
Familia. ¡La maravilla de ello! ¡La gracia de ello! ¡La alegría de ello!
¡Como esto nos conforta y nos fortalece!
Cuando recibidos Su Redención somos libres de la vieja esclavitud y
hábitos. Mientras recibimos Su Señorío y alegremente lo digamos al
mundo, recibimos nuestra Redención. La vida eterna nos une con El. Ni
tan siquiera le tenemos que preguntar a Él. No tenemos que pactar ni
orar ni prometer que haremos ciertas cosas para que Él nos la de. Todo
lo que tenemos que hacer es reconocer el regalo, y agradecerle a Él por
el regalo.
“Pero” - me dirás –“¿Qué pasa con nuestros pecados?” Él puso
nuestros pecados lejos, los echó a un lado, los apartó por medio de Su
sacrificio. No tenemos nada que hacer con esto. Por años nos
encontrábamos en esclavitud y sin ayuda, pero entonces alguien vino y
nos dijo: “¿Sabías que El llevó nuestros pecados por medio de Su
sacrificio?” Contestamos “Si, lo hemos leído, pero nunca lo hemos
entendido”.
Las cosas que nos ataban al adversario y que nos traían condenación
han sido erradicadas y ahora nuestros corazones están llenos de gozo.

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“El llevó nuestros pecados en su cuerpo en una cruz”. Él se hizo pecado
con nuestros pecados para que fuéramos Justos con Su Justicia. El
pecado no tiene dominio sobre nosotros.
2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó
por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” Y
el Padre puso sobre Cristo todo lo que hemos hecho o pudiéramos
hacer en un futuro.
Isaías 53:6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se
apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos
nosotros.
Juan el Bautista dijo “Este es el Cordero que quita el pecado del
mundo”.
Juan 1:29
Dios ya resolvió el problema del pecado. Él no nos manda a resolverlo
nosotros mismos. No nos manda hacer nada al respecto. Ni tan
siquiera nos dice que debemos sentirnos apenados de que éramos
pecadores. ¿Porqué? Porque no somos culpables de ser pecadores.
¿Puede un hombre ser culpable por haber nacido en cierto país? No.
No puede hacer nada al respecto.
No podemos hacer nada con nuestra condición de pecado. Ni siquiera
pudimos ayudar a cometer los pecados que cometimos. Ellos fueron el
resultado de la condición de pecado debido a nuestra naturaleza
pecaminosa. Ahora El viene y nos dice que ha quitado ese pecado, que
El remitió todos esos pecados que cometimos. Él no nos pide hacer
nada.

85 | P a g e
Todo es por gracia

Él dijo, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas
obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en
ellas.” Efesios 2:8-10
¿Cuándo fue la nueva creación un hecho en la mente del Padre?
Cuando Jesús resucitó de los muertos. ¿Cuándo fuimos justificados y
declarados Justos? Cuando Él se levantó de entre los muertos y se
sentó a la derecha del Padre en Majestad.
¿Entonces esta nueva creación, Justificación y Justicia han estado
esperando por nosotros todos estos años? Ese es el hecho. Él no nos
dice que tenemos que hacer algo, sino solo recibirlo. Si tuviéramos que
pagarle a Él por nuestra redención, no sería por gracia, sino por obras.
“Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues
es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”
La relación de hijos es un regalo.
La redención es un regalo.
La vida eterna es un regalo. La nueva creación es un regalo. El Espíritu
Santo es un regalo.
Jesús fue un regalo. Dios nos amó tanto que nos dio a Su Hijo.
Jesús es el regalo, el regalo del Padre para nosotros.
Nosotros no pagamos por un regalo.

86 | P a g e
Capítulo 16

La mente gobernada por los sentidos


(Romanos 12:1-2)

Que pocos de nosotros nos hemos dado cuenta que la mente


gobernada por los sentidos nunca tendrá una revelación victoriosa de la
fe. Solamente cuando la mente se renueva a través de practicar la
Palabra, es que la fe en la Palabra se vuelve poderosa. Esta renovación
de la mente viene por el actuar en la Palabra en cada crisis, día a día,
permitiendo que la Palabra tome su lugar en la vida. El creyente no
podrá disfrutar de la Palabra Viva hasta que su mente haya sido
renovada.
La mente no renovada prefiere alimentarse de las palabras del hombre.
No puede actuar en la Palabra de Dios de la misma manera que actúa
en las palabras del hombre. Las personas te pueden decir lo que el
médico ha dicho, y ellos actuarán conforme a esa palabra. Yo les digo
lo que Dios ha dicho y ellos sacuden sus manos y dicen: “No, no
podemos actuar en eso”.
La mente gobernada por los sentidos siempre está librando una batalla
en contra de la incredulidad. Vive en el ámbito del miedo y la
inseguridad. La Palabra no es final, no resuelve problemas, siempre es
la misma batalla una y otra vez, solo para perder. Esto es porque los
sentidos, en vez de la Palabra, gobiernan su mente.
La mente gobernada por los sentidos vive en el ámbito de la
inseguridad. Hasta que la Palabra gane el señorío sobre eso, será

87 | P a g e
influenciado por los sentimientos y por lo que ve y oye, en vez de ser
influenciado por el Conocimiento Revelado.
Cuando las personas tienen la mente gobernada por los sentidos leen la
Palabra, ellos declaran que es verdadera, pero en el próximo suspiro
hablan del alivio que les provee el conocimiento sensorial. El enfermo
puede declarar que la Palabra es absolutamente cierta, pero luego se
vuelve a los remedios.
El que es gobernado por los sentidos no se establece en la Palabra ni
descansa tranquilamente en ella. Tiene una mente con un doble
pensamiento. Por un lado, dice que la Palabra de Dios es verdadera y
está dispuesto a debatir sobre la integridad absoluta de la Palabra y,
por otro lado, la repudia constantemente con su conducta diaria.
Santiago les llamó a estas personas: “gente de doble ánimo” quienes
hablan “fe” pero actúan en base a la “razón”. Ellos buscan resultados
de “fe” basadas en acciones de la “razón”. Estas personas de doble
ánimo o doble pensamiento son siempre inestables. Viven en la zona
fronteriza entre la fe y la razón. Su casa está construida en la frontera
de esos dos países. Ellos buscan la ciudadanía de esos dos gobiernos.
La fe no se puede edificar excepto sobre la Palabra de Dios.

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Capítulo 17

El nuevo mandamiento y la justicia

La ley que gobierna la iglesia, la ley que sustituye los Diez


Mandamientos, la ley que prevalece sobre todas las leyes humanas, es
la ley del amor. Si alguno camina en el tipo de amor de Jesús, nunca
romperá ninguna ley que fue dada para detener el pecado. Cuando
uno camina en amor, ciertamente camina en Dios, porque Dios es
amor. Cuando alguien camina en amor, ya no es más negativo o
neutral. Se convierte en un elemento positivo de bendición para el
mundo.
Cuando alguien se sale de la ley del amor, se sale del medio ambiente
de Dios, y entra en el medio ambiente del adversario. Cuando alguien
actúa fuera del amor, esa persona actúa en armonía total con el
adversario; se pone a sí mismo en un lugar donde no tiene defensas. El
adversario tiene el control. Mientras la persona ande en amor, Satanás
no tendrá dominio sobre él. Cuando la persona camina fuera del amor,
el elemento de la fe en él se va debilitando. No se puede caminar en fe
sin andar en amor. No podemos vivir la vida de fe sin vivir la vida de
amor. Me tomó un largo tiempo aclarar esto en mi espíritu, pero ahora
lo sé. Inconscientemente nuestra fe se mide por nuestro andar en el
amor. No podemos ni hablar ni actuar fuera del amor sin debilitar
nuestra fe.
1 Corintios 13 El amor “no busca lo suyo”. Fe en el Padre y el interés
propio (egoísmo) no mezclan. Cuando caminamos en fe, nos hacemos
independientes de las circunstancias.
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Cuando caminamos en amor, caminamos en la dimensión de
protección del Padre y caminamos en Su sabiduría.
El Padre es amor, y Él es luz. Él ha hecho a Jesús para que sea sabiduría
para nosotros. Cuando andamos en una relación íntima con Él tenemos
sabiduría; tenemos Su poder. La fe debe ser tan natural para nosotros
como lo es el agua para un pez. Es parte de nuestro ser. Dios es
nuestra fuerza, nuestra vida, nuestra habilidad.

El efecto de la Justicia ante la presencia de las dolencias y


enfermedades
Nos maravillamos de como Jesús se enfrentaba ante Satanás y sus
obras completamente libres de temor. Lo vemos a Él en la presencia de
la misma muerte ante la tumba de Lázaro, con una confianza intrépida
que nos fascina. ¿Por qué? Porque Él era Justo. El pecado hace del
hombre un cobarde. La consciencia de pecado nos mantiene en
esclavitud.
Sabemos que somos de Dios y sabemos que Dios habita en nosotros.
Sabemos que somos la Justicia de Dios. Podemos pararnos en la misma
presencia de Satanás, de sus obras, con la misma autoridad y valentía
con que lo hizo Jesús. (Lee nuestro libro “Dos Tipos de Justicia”).
Justicia es realmente la habilidad de Dios tomando posesión de
nosotros. Podemos estar en su presencia sin temor, porque
conscientemente sabemos que somos nuevas criaturas. Somos creados
por Dios mismo, y Jesús nos ha dado el poder legal de usar Su Nombre.
Él dijo “En mi nombre echarán fuera demonios”. Si podemos echar
fuera demonios, podemos deshacer cualquier cosa que Satanás haya
hecho. Podemos romper el poder de Satanás en cualquier parte en que
esté atrincherado. Podemos echarlo fuera y destruir sus fortalezas.

90 | P a g e
Podemos atacarlo con una gran valentía que significará su destrucción y
nuestra victoria. Sabemos que Satanás ha sido conquistado, que ahora
somos señores donde habíamos sido esclavos, que somos fuertes
donde habíamos sido débiles.
Estamos identificados con Dios; podemos tomar sin temor alguno Su
lugar y actuar como Jesús actuaba cuando caminaba en la tierra. No
fue una oración sin sentido lo que salió de los labios del Maestro
cuando Él dijo, “Mayores cosas harán ustedes, porque Yo voy al Padre;
y cualquier cosa que demanden en mi nombre, lo haré para que el
Padre sea glorificado en el Hijo”. Esto, entendemos, no es oración, no
está hablando con el Padre, sino con los demonios. Tomamos una
actitud no temerosa, de frente, y enfrentamos a nuestro adversario
como los conquistadores que somos.
Jesús dijo “Salgan de él”. Nosotros decimos, “En el Nombre de Jesús sal
de él. Vete al abismo en donde perteneces y nunca más vengas y
causes daño a este hombre otra vez”. Tomamos el lugar de Jesús.
Actuamos en Su lugar. Su Justicia impartida a nosotros nos da la
facultad para actuar y tomar Su lugar. Este es un nuevo día en la Vida
Divina. Este es un nuevo orden en el reino de los hombres. Satanás
gobernaba bajo el viejo orden. La consciencia de pecado nos
dominaba. Hemos llegado a saber que la nueva creación es la Justicia
de Dios en Cristo. Sabemos que esta Justicia no es teológica o
filosófica, sino una Justicia existente. Es Dios cambiando nuestra
consciencia de pecado a una consciencia de Justificación. Es Dios quien
ha estado trabajando en nosotros, construyendo Su Palabra dentro de
nuestros espíritus hasta que nuestra forma de pensar sea como Dios,
autoritarios en nuestras obras. Ya no somos ni tímidos ni temerosos.
Permanecemos como los hijos de Dios deben estar en presencia de un
enemigo derrotado.

91 | P a g e
En 1 Corintios 2:6 habla de los poderes destronados en el mundo
(Versión Moffatt). Los reconocemos a ellos destronados. Nos
reconocemos a nosotros entronados. Dios es entronado en nosotros.
Somos los amos de las fuerzas de la oscuridad que han destruido a la
raza humana. Vamos a tomar nuestro lugar y a hacer nuestra parte.

La relación de la Justicia con la fe

La fe crece con una continua relación con el Padre. La Justicia es la


habilidad para estar delante de la presencia del Padre sin sentido de
culpa o inferioridad. Es el producto de la obra final de Cristo que
culmina en la nueva creación.
Cuando sabemos que el Padre nos recreó, con Su propia naturaleza,
sacando todo lo que no era agradable, poniendo Su propia vida y
naturaleza en su lugar, y cuando comprendemos que Él está tan
satisfecho con la nueva creación la cual hizo Su morada, que Él viene y
habita en nosotros, podemos comprender cuan preciosos y cuan
valiosos somos para El.
Si Él tuviera hijos e hijas con los cuales no pudiera convivir en términos
de igualdad, no habría satisfacción en ello; la obra que hizo en Cristo
sería un completo fracaso. Estamos seguros de que el hombre, al
principio, tenía una relación perfecta con el Padre, y cuando el hombre
tuvo su caída esa relación se rompió. Una redención perfecta
restauraría esa relación perdida. La restauraría en terrenos legales. El
hombre debería saber que tiene excelentes derechos en la presencia
del Padre. Él debe sentar las bases para construir una vida de amor
perfecta; y a consecuencia de eso crecerá su vida de fe. La fe obra por

92 | P a g e
el amor. La fe y el amor son almas gemelas, son afines entre sí. El
amor da a luz a la fe y la fe fortalece el amor.
Cuando uno sabe que Dios lo recreó, lo hizo una nueva criatura, y que
esa nueva criatura es la naturaleza del Padre otorgada a él, entonces
sabe que su lugar normal es en la presencia del Padre. Jesús dijo, “Yo
soy la vid, ustedes son las ramas”. Esta ilustración nos muestra que hay
una unión, una relación perfecta desde el momento en que la vid y la
rama son uno. La rama es tan Justa como la vid, porque la vid imparte
su vida y Justicia a la rama. Esto fundamenta la fe dentro del creyente.
Nosotros continuamente afirmamos que somos la Justicia de Dios en
Cristo. Lo decimos una y otra vez continuamente, hasta que esa
realidad se haga parte de nuestra consciencia. Somos tan conscientes
de eso como lo somos de que 4 + 4 = 8, o que el fuego emite calor, o
que el sol imparte luz. Sabemos que somos lo que Dios dice que
somos. No intentamos ser lo que Él nos ha hecho. Disfrutamos de la
abundancia y riquezas de lo que somos en Cristo. Cuando Él dice que
se convirtió en la Justicia del hombre que tiene fe en Jesús, sabemos
que Dios se ha hecho nuestra Justicia, porque tenemos fe en Jesús
como nuestro Salvador y Señor. Sabemos que somos Justos. No
tratamos de ser Justos de la misma manera en que un hombre no trata
de ser un hombre, porque ya lo es. Somos lo que Dios nos ha hecho -
Su propia Justicia.
El Espíritu dijo a través de Pablo que Dios hizo que Jesús fuera la
sabiduría misma para nosotros. Sabemos que Jesús es nuestra
sabiduría. Cuando Él dice que Jesús fuera para nosotros santificación,
sabemos que somos santificados por Su santificación. Cuando Él
declara que Él ha sido hecho en nosotros Redención, sabemos que
somos Redimidos, que Él es nuestra Redención. Por consiguiente,
nuestra Redención es una realidad. Por la misma razón El declara que
Él se ha hecho nuestra Justicia. Si Él se ha hecho nuestra Justicia,
93 | P a g e
entonces nuestra posición con el Padre es idéntica con Él. Esto es un
fundamento sólido para una fe verdadera en el Hijo de Dios.
Marcos 11:22 (Versión Autorizada) “Tengan la fe de Dios” (Versión
Revisada) “Tengan fe en Dios”. Tenemos ambas.
Tenemos la fe de Dios reproducida en nosotros por Su Palabra Viviente,
por la Naturaleza que nos ha sido impartida a nosotros. Tenemos fe en
Dios porque es algo normal y natural para un hijo tener fe en su padre.
Tenemos más fe en el poder de Dios para ponernos por encima de las
situaciones, para sanarnos, para darnos habilidades y fortalecernos,
resolver los problemas de la vida, de lo que tenemos en el adversario
para obstaculizar el propósito de Dios en nosotros. En otras palabras,
tenemos más fe en el poder de Dios que lo que tenemos en lo que
pueda hacer el adversario.
Tenemos más fe en la Palabra del Padre que en las circunstancias que
nos rodean o el ambiente que nos amenace con mantenernos en
esclavitud. Dios es más grande para nosotros que cualquier cosa en el
mundo. Sabemos que mayor es el que está en nosotros que el
ambiente o las influencias que nos rodean. Sabemos que somos más
que vencedores, que hemos sido trasladados del reino de los fracasos al
reino del éxito y victoria.

El efecto de la consciencia del pecado en la fe

La fe no puede crecer en una atmósfera de condenación. Mientras nos


mantengamos en la dimensión de una consciencia de pecado, nuestra
fe será débil e inefectiva. Si vamos a una iglesia donde el pecado es
predicado continuamente, eso desarrollará una consciencia de pecado
y destruirá el vigor de la fe. La fe, como el amor, demanda una
94 | P a g e
confesión continua. Si no afirmamos continuamente nuestro amor por
los que nos rodean, el amor se enfriará lentamente, y se hará
inefectivo. Debe haber una afirmación continua del amor. El esposo y
la esposa que cesen de afirmar su amor el uno por el otro, lento, pero
seguramente perderá su relación matrimonial entre ellos. Lo mismo
pasa con la fe. Constantemente afirmamos nuestra confianza, nuestra
fe y ésta crece.

Algunas declaraciones para hacer

“Puedo hacer todas las cosas en Él quien me fortalece.”


“El poder de Dios habita en mí.”
“Tengo la vida de Dios habitando en mí.”
“Todo lo que le pida al Padre en el Nombre de Jesús, El me lo dará.”
“La fortaleza y el poder de Dios habitan dentro de mí.”
“Yo tengo Su sabiduría.”
“No tengo que pedir sabiduría, porque la sabiduría me pertenece.”
“No tengo que orar por fe, porque Sus promesas no pueden ser
quebrantadas. Ninguna Palabra de Dios carece de poder.” Lucas 1:37
“Tengo una invitación para entrar confiadamente al trono de la gracia y
sentarme en la presencia de mi Padre.”
“Soy un miembro del hogar divino. Dios es mi Padre. Yo soy su hijo.
Estoy en la Familia.”
“Soy participante de Su naturaleza divina.”
“Soy constantemente consciente de Su presencia residiendo en mí.”
95 | P a g e
“Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo.”
“Tengo Su vida de amor habitando en mí.”
Estas declaraciones fundamentan la fe, salud, vida y fortaleza en la vida
del creyente. Estas afirmaciones son la Palabra, o basadas en la
Palabra. No son declaraciones del Conocimiento de los Sentidos.
Capítulo 18

Mi recibo

El otro día, mientras hablaba con una anciana, hermana en Cristo,


quien había sido afligida con un problema renal, llamé su atención al
hecho de que Dios había puesto su enfermedad sobre Jesús. Le leí
Isaías 53:4 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores”.
Ella dijo – “Sí, eso es cierto”
Le dije – “¿Abuela, no estás viendo que esa Escritura es tu recibo para
tener una salud perfecta? Es como si tuviera una factura que no
pudiera pagar y alguien te entregara un recibo evidenciando el pago
completo de la factura. Miras el recibo y sabes que la factura ha sido
pagada. Te regocijas en el hecho de que eres libre de esa deuda. El
Padre quiere que sepas que Él ya pagó la deuda. Él puso tus
enfermedades sobre Jesús, hizo que Jesús se enfermara con tu
enfermedad. “Pero el Señor quiso quebrantarlo. Él lo hizo enfermar”
Isaías 53:10 (AMP). Es impropio para ti tener la enfermedad o que
pienses en ella. Esta Escritura es tu recibo completo y actualizado para
que tengas una salud perfecta de cualquier enfermedad. De acuerdo a
Su Palabra “Por Sus heridas has sido curado” ahora. Te niegas a darle
96 | P a g e
lugar a cualquier pensamiento que contradiga Su Palabra. Te niegas a
prestarle atención al testimonio de tus Sentidos. Hay un dolor en tu
espalda baja, pero te rehúsas a aceptar eso como evidencia de que no
has sido sanada. Dices confiada y calmadamente “Padre, gracias
porque este problema del riñón fue puesto sobre Jesús, que Él fue
hecho enfermo con eso, y que por Sus heridas yo he sido curada”. No
hay preocupación, no hay temor, porque Jesús llevó nuestras
enfermedades en Su cuerpo en aquel madero. Cuando Él fue herido,
azotado por Dios y afligido fue con tus enfermedades. Él fue magullado
por tus iniquidades y el castigo de tu paz fue sobre Él y por Su llaga tu
fuiste curado. Ese es tu recibo cumplido en su totalidad. Fuiste librada
del dominio del adversario. Tú eres libre.”
Ella dijo – “Yo lo veo”

El problema del pecado y la enfermedad resueltos

En una ocasión yo estaba muy impaciente por probar que Jesús resucitó
de la muerte, ascendió a los cielos con Su propia sangre y la presentó
en el Lugar Santísimo Celestial y que la Justicia lo aceptó. Estaba
desesperadamente ansioso por saber que esto era verdad.
Si esto era verdad entonces el problema del pecado y de la enfermedad
estaban pagados y que el dominio de Satanás sobre mí había
terminado. Si Jesús se sentó a la derecha del Padre, entonces la
enfermedad no tiene derechos sobre mi espíritu, alma y cuerpo.
Hebreos 9:11-12 (Cent.Trans.) “Pero estando ya presente Cristo, sumo
sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto
tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por
sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre,
97 | P a g e
entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido
eterna redención.”
Esto contestó mi pregunta. El hizo una eterna redención para mi
espíritu, alma y cuerpo. Jesús llevó mi enfermedad y soportó mis
dolores, y por Sus heridas yo fui sanado.
Si Jesús se sentó a la derecha de Dios, ese hecho es mi recibo cumplido
en cuanto al problema de pecado, enfermedades y dolencias. No
puedo decirles cuan frenéticamente busqué en las Escrituras para
demostrar esto. Encontré que 19 o más veces las Escrituras declaraban
que “Se sentó”.
Él se sentó porque Él me hizo libre, porque Él satisfizo los reclamos de
la Justicia. Él rompió el dominio del adversario. “.se presentó una vez
para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el
pecado.”-Hebreos 9:26
Él hizo que la Justicia estuviera disponible (2 Corintios 5:21). Él había
asegurado la vida eterna (1 Juan 5:13). Esto significa que cada Palabra
en el Nuevo Testamento está respaldada por Jesús mismo. Detrás de
Jesús está el trono de Dios. Detrás del trono está Dios mismo.
1 Pedro 2:24 “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo
sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados,
vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” Esto hace que
vivamos en justicia. Que vivamos en la realidad y en el ámbito de la
justicia. Eso significa que podemos estar en la misma presencia del
Padre, tal como el Maestro, sin ningún sentido de culpa o inferioridad.
Tomamos nuestro lugar de hijos e hijas del Dios Altísimo, miembros de
Su propia familia, coherederos con Su propio Hijo. A menos que
tomemos nuestro lugar, estaríamos negando la eficacia de Su Sangre, la
realidad de Su Sacrificio y la integridad de Su Redención. Cuando

98 | P a g e
tomamos nuestro lugar honramos al Padre. Honramos al Hijo.
Honramos la nueva creación en Cristo Jesús.
Nosotros honramos nuestra propia posición. ¡Qué importancia tiene
que nos aferremos al significado de esto!
“Por su llaga fuimos curados”. Esta es la conclusión de toda esta
materia.
El pecado se erradicó. La Justificación es un hecho. La enfermedad es
algo del pasado. De acuerdo a esta Escritura y a la revelación de Pablo,
en cuando a la obra finalizada de Jesús, nunca jamás estaremos bajo el
dominio del adversario.
Nosotros debemos estudiar para entender que somos aprobados por
Dios, los cristianos no necesitan avergonzarse, tenemos que tomar
nuestro lugar en la Familia sin ninguna condenación.
“¿Como moriremos entonces?” – alguien podría preguntar.
Debemos simplemente envejecer y quedarnos dormidos sin ningún
dolor, sin las repugnantes enfermedades que deshonran a nuestro
Señor.
¡Qué vida, que redención, que relación extraordinaria nos pertenece!

99 | P a g e
Capítulo 19

Que dijo Jesús acerca de la fe

El porque Jesús demandaba fe a los judíos me incomodaba al principio,


pero entonces entendí la razón. El le hablaba a la gente del Pacto de
Dios quienes habían quebrantado la fe con Jehová.
Mateo 9:28-30 “Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les
dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces
les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los
ojos de ellos fueron abiertos.”
Él le dijo a Marta “¿No te he dicho que si creyeres verás la gloria de
Dios?”
Nuevamente Él dijo “Todas las cosas son posibles para el que cree”.
Lo que ellos tenían que creer…..no era que El moriría por sus pecados y
resucitaría para la Justificación de ellos, no era que Él iba a ser su
Sustituto e iba a quitar el pecado de en medio, no era que si ellos lo
aceptaban como su Salvador personal y lo confesaran a Él Señor de sus
vidas recibirían la vida eterna.

100 | P a g e
¿Qué tipo de fe era la que Él demandaba? No fue la fe salvadora como
ahora la podemos entender. “Que si confesares con tu boca que Jesús
es el Señor y creyeras en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos,
serás salvo”.
El nunca le pidió a nadie que creyera en Él como el Salvador que le
daría al ser humano la vida eterna. Él le pidió a ellos que creyeran que
Él era el Hijo de Dios, el Sanador, el Mesías. Él no le pidió a nadie que
creyera en lo que nosotros llamamos su Sacrificio Sustitutorio. Él nunca
lo mencionó. Él no les pidió que creyeran en Su Resurrección, porque
Él todavía no había muerto ni resucitado de entre los muertos.
Marcos 11:20-24 es sugestivo. Ellos vieron la higuera seca desde las
raíces. Pedro acordándose dijo “Maestro, mira, la higuera que
maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte:
Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que
será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo
que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”
Él no le estaba hablando a la Iglesia. Él le hablaba a los judíos bajo el
Viejo Pacto, aunque de alguna manera, se aplica a nosotros. Él
demandaba que le creyeran a Él. Ellos lo veían como un hombre. Ellos
veían Sus milagros. Él alimentó a las multitudes; Él tornó el agua en
vino; Él caminó sobre el mar; Él tenía dominio sobre los vientos y las
olas; Él resucitó de entre los muertos.
Juan 6:30 Los judíos le dijeron a Él “¿Qué señal, pues, haces tú, para
que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?” Aquí vemos la fe en el
conocimiento sensorial. Ellos creían en lo que veían o escuchaban.
Juan 20:24-29 es la historia de la incredulidad de Tomás. “Si no viere
en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los

101 | P a g e
clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Ocho días
después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás.
Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo:
Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis
manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo,
sino creyente.”
Jesús no le estaba pidiendo a Tomás que creyera que Él había
resucitado de los muertos porque Él había quitado sus pecados. Él
estaba retando su fe en el conocimiento sensorial para que, de hecho,
creyera en Él. La fe de Tomás estaba en los sentidos: en lo que podía
ver, sentir y escuchar.
Deberías comprender que ninguno de los que caminó con Jesús tenía fe
con el significado o el enfoque en que Pablo nos lo presentó en el libro
de Romanos.
Jesús nunca demandó que creyeran en Él como el Salvador quien
moriría y resucitaría para su justificación.
En Juan 11:27 Marta le dijo a Jesús: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres
el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” Esa no es una
confesión de salvación. Si Marta hubiera confesado salvación de
pecados ella hubiera dicho: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el
Cristo, el Hijo de Dios. Creo que vas a morir por mis pecados y que
resucitarás para mi justificación”.
Juan 20:9 “Porque aún no habían entendido la Escritura, que era
necesario que él resucitase de los muertos.” Después de que Él se
levantó de entre los muertos ninguno expresó fe en Él como Salvador
de pecados y dador de vida eterna y autor del nuevo nacimiento. Ellos
lo que creyeron era que había resucitado. La Revelación Paulina tuvo

102 | P a g e
que venir antes del conocimiento de Cristo como Sustituto, y antes de
que el conocimiento de la nueva creación fuera conocida.
Jesús dijo “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda
la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará
todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” Esto
indica que habría de venir una Revelación de Jesús y el Padre paralela
con lo que Jesús nos enseñó en Su caminar terrenal. Esa Revelación
vino al Apóstol Pablo. La base de ésta la encontramos en los primeros
10 capítulos del libro de Romanos. Nos es revelado la Justificación de
Dios para el hombre que cree en Jesús. Justificación es la habilidad de
permanecer en la presencia de Dios libre de una consciencia de pecado
tal como Jesús lo era en Su caminar terrenal. No hay ninguna pista de
esto en las enseñanzas de Jesús.

Lo que Pablo enseñó

La fe de Israel fue todo futuro.


Nuestra fe encuentra sus raíces en el pasado en lo que Dios hizo por
nosotros en Cristo. Abraham miró a la promesa y nunca la cuestionó o
la desafió. Nosotros miramos al Nuevo Testamento, al hecho de
nuestra redención, de nuestra sanidad, del cuidado del Padre para
nosotros, y como Abraham nos fortalecemos dando gloria a Dios. He
aquí algunos simples hechos que nosotros, como hijos de Dios,
debemos actuar sobre ellos.
Efesios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales
en Cristo”. Eso significa que en el momento en que aceptamos a Jesús

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el Cristo como nuestro Salvador y lo confesamos como nuestro Señor,
todo lo que Cristo forjó para nosotros nos pertenece. Es nuestro.
Jesús pertenece hoy en dia al mundo porque Dios dijo en Juan 3:16
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna.” Dios dió a Jesús al mundo. El hombre no salvo no necesita
pedir que venga un Salvador porque ya Dios proveyó la Salvación a
través de su Hijo Jesús. Jesús le pertenece al hombre no salvo. El Padre
nunca ha quitado ese regalo. Ese regalo pertenece a las personas a
quienes le fue dado. Cuando tu aceptas el regalo, todo lo que Jesús
hizo por ti te pertenece. Para nosotros, esto ha sido difícil de aceptar.
Nos han enseñado que tenemos que orar, agonizar y llorar para estas
cosas.
Son nuestras.
El Espíritu Santo ha sido dado a la Iglesia.
Lucas 11:13 “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas
a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu
Santo a los que se lo pidan?”. En el momento en que fuiste nacido de
nuevo, ese momento es tuyo para pedirlo.
La vida eterna le pertenece al pecador.
En el momento en que acepta a Jesús el Cristo, ya tiene vida eterna.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios”. Es un regalo. “Somos hechura suya creados en
Cristo Jesús”.
“¿Cuándo fuimos creados en Cristo Jesús?” Durante los 3 días y 3
noches antes de que Él resucitara de entre los muertos.

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¿Cuándo fuimos declarados justos? El cual fue entregado por nuestras
transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (o declarados
Justos).
La Justificación es un regalo. La salvación es un regalo. No es algo que
tenemos que ganarlo.
En la revelación que Dios le dio a Pablo, Él demandó que el pecador
tuviera fe en lo que Cristo hizo por él. El pecador tiene que creer que
Jesús murió por sus pecados y resucitó de entre los muertos.
La revelación de Pablo declara que luego de que hayas creído, el
problema de la fe no vuelve a levantarse otra vez, porque todas las
cosas te pertenecen. No necesitas ejercitar la fe para obtener algo que
es tuyo. Solo la necesitas para saber que te pertenece.

Resumen

Ya lo has leído. ¿Cuál ha sido tu reacción? Muchas cosas han sido


nuevas para ti. Algunas de ellas te confundieron porque son muy
diferentes a lo que habías escuchado anteriormente.
Tu corazón sabe que es cierto. ¿Qué vas a hacer con eso ahora? La
Iglesia está en una condición desesperante. En cualquier parte, vemos
que hay poca fe activa y viva entre los creyentes.
¿Nos ayudarías a propagar estas verdades gloriosas que hacen real al
Padre y Jesús, el Espíritu y la Palabra? Pídele a tu maestro de escuela
bíblica que lo lea en la clase. Invita a tus amigos para leerlo y discutirlo.
Asegúrate que tu pastor y cada maestro bíblico en tu comunidad tenga
una copia.

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¡Déjanos saber de ti!
Lee nuestros otros libros; te ayudarán.

Una sugerencia

Has visto la diferencia entre la fe en los sentidos y la fe en la Palabra.


¿Cuál es tu responsabilidad hacia aquellos que viven en los sentidos y
están batallando para obtener los resultados que solamente vienen a
través de la fe en la Palabra?
“Pero” – tu dirás, “¿Cómo puedo ayudarles?” Lo puedes hacer
circulando esta literatura, dando clases de ella en tu comunidad,
diciéndole a las personas lo que Dios puede hacer en ellos a través de
estos libros.
Si no has leído los otros libros publicados por este autor, asegúrate de
conseguirlos.
Quieres participar en este gran ministerio, lo sé. Si no es conveniente
organizar una clase, ¿no le gustaría al Señor que vendieras los libros?
Dependemos de aquellos que leen nuestra literatura y nos ayudan para
ayudarnos a darla al mundo.

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