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CARACTERÍSTICAS DE LA ECONOMÍA

SOLIDARIA EN COLOMBIA

XVII Congreso Internacional de Investigadores en


Economía Social y Cooperativa
La Economía Social: transformaciones recientes, tendencias y retos de
futuro

Ricardo Dávila Ladrón de Guevara


Amanda Vargas Prieto
Lina Blanco
Edgar Roa
Luz Stella Cáceres
Luis Alfredo Vargas
Red Unicossol. Colombia
RESUMEN

En el marco del proyecto de investigación de la Red Unicossol, sobre conceptualización


de la economía solidaria en Colombia, presentamos en este artículo los primeros
resultados de la investigación que hacen un acercamiento a su conceptualización desde
los aportes de pensadores denominados “ideólogos”, “contemporáneos” y la
normatividad nacional, para finalmente presentar algunas conclusiones. El estudio se
realizó a través de la metodología cualitativa basada en el análisis documental sobre la
evolución del concepto de economía solidaria desde diferentes fuentes. En los primeros
hallazgos se identifican algunas características de este concepto propias del denominado
sector cooperativo, y posteriormente, a partir de otras organizaciones, experiencias y
prácticas socioeconómicas locales y territoriales se sustraen elementos que suman a los
postulados finales que identifican al sector solidario.

PALABRAS CLAVE

Autogestión, desarrollo, innovación social, socioeconomía, cooperación, solidaridad,


economía alternativa.

1. INTRODUCCIÓN

Las dinámicas sociales, económicas y políticas a nivel mundial, inciden positiva y


negativamente en la vida de las personas y afectan las economías locales. Estos efectos,
algunos irreversibles, han generado el movimiento, despertar, organización y
estructuración de espacios de discusión y diálogo entorno a otras formas de hacer
economía que procuran un equilibrio entre los factores que confluyen en la interacción
de la sociedad, su idiosincrasia, cultura, desarrollo y economía.

Estas relaciones socioeconómicas sin lugar a dudas son determinantes dentro del
establecimiento del camino para alcanzar el desarrollo de un país o territorio. Es por ello
que el presente documento analiza los aportes de los actores y agentes de cambio más
significativos en el entramado social colombiano, que han aportado tanto en lo práctico
como en lo teórico en la definición de otras formas de hacer economía desde la realidad
social y cultural diversa. Aunque el estudio se enmarca en una ventana de observación
del 2005 al 2015, se consideró importante para esta última fase, no solo tomar los
autores más relevantes en esta época, sino incorporar al análisis los autores que se
pueden denominar seminales o pensadores ideológicos de Colombia, que han generado
aportes base para lo denominado hoy economía solidaria en Colombia.

En complemento al análisis del pensamiento y aportes de investigadores, profesores y


/o actores representativos del sector solidario, se hace un estudio inicialmente
exploratorio de la utilización e incorporación del concepto de economía solidaria en la
normatividad Colombia, con el propósito de identificar la existencia de un hilo conductor
y doctrinal que sustentará la definición.

Finalmente, se presenta un acercamiento a la caracterización de la economía solidaria


en Colombia, desde los aportes de cada autor estudiado.

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2. APORTES DE LOS “IDEÓLOGOS” COLOMBIANOS

Detrás de una práctica social, existirá un autor o personaje que motiva, lidera o
representa dicho movimiento, es por ello que una vez analizado el material encontrado
en la fase del estado del arte del término de economía solidaria en Colombia, se
identificaron aquellos autores principales, seminales e inspiradores que abrieron el
camino a la práctica, discusión e incursionamiento en favor del sector solidario. Entre
ellos, Benjamín Ramírez Baracaldo, Carlos Julio Pineda, Carlos Uribe Garzón, Francisco
de Paula Jaramillo, Gonzalo Pérez Valencia, José del Carmen Moreno, Luis Francisco
Verano Páez, Marco Antonio Mansilla, Mario Arango Jaramillo y Rymel Serrano Uribe,
caracterizados por los autores de este texto como impulsores del cooperativismo, luego
llamado sector solidario.

Uno de los principales hallazgos encontrados en el análisis de los autores en mención,


es la relación, correlación o vinculación del cooperativismo en la economía solidaria. Para
algunos autores como Mansilla, Serrano, Ramírez y Uribe, el sector cooperativo tuvo y
tiene una relevancia significativa dentro del sector solidario; es el cooperativismo de
alguna forma el movimiento que ha tenido mayor avance desde lo organizacional,
doctrinal y normativo permitiendo en diversos momentos históricos avances prácticos,
axiológicos y normativos para el sector solidario, sin embargo sus aportes doctrinales y
organizacionales han generado la inclusión de otras formas de organización que se
encontraban rezagadas pero que avanzan en la conformación de nuevas prácticas y
relaciones socioeconómicas.

Para el profesor Mansilla, existe aún elementos de discusión en la utilización del término
economía solidaria, al respecto menciona: “Si se está tomando la terminología
"economía solidaria" y "sector solidario" como sinónimos de la "economía cooperativa"
y "sector cooperativo", simple y llanamente se está incurriendo en sustitución de
principios fundamentales y en consecuencia de doctrina". Así mismo, define a la
cooperativa como un sistema esencialmente concebido para cambiar el capitalismo y
no para modificarlo ni en la práctica, ni en la teoría. (Mansilla, 1983), apreciación
inicialmente contraria al postulado del profesor Pineda, cuando refiere que la economía
solidaria puede ser una forma de complementación del mercado. (Pineda, s.f.).
Sin lugar a dudas las cooperativas en Colombia, han tenido un amplio desarrollo desde
lo práctico inicialmente, y seguidamente ha generado un sustento teórico representativo
que le ha permitido incursionar rápidamente a las especificidades de los territorios de
tal forma que han propiciado la generación, fortalecimiento y afianzamiento de otras
prácticas o “modelos” socio empresariales que emergen desde los contextos locales y
territoriales que se desenvuelven en prácticas similares o complementarias a las
cooperativas.

Algunos aportes dentro del llamado sector cooperativo indican que la cooperativa
produce beneficios no solo económicos sino sociales, (Ramírez, 2015), y es
simultáneamente ASOCIACION de personas y EMPRESA económica o, en otras palabras,
es una empresa asociativa (Serrano, 1994). El cooperativismo como una forma
alternativa de economía para alcanzar la equidad, la solidaridad y asociatividad
empresarial entorno al desarrollo del ser humano más que del capital es la perspectiva
más sólida que se ancla dentro de la economía solidaria como un principio rector que da
primacía al ser humano sobre los recursos en especial el capital.

Por otro lado, Verano, Jaramillo, Moreno, Arango, Pérez y Ramírez, mencionan
elementos comunes y características propias del sector cooperativo, como: la
cooperación como principio rector , la autogestión como modelo organizacional, la

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participación activa de sus asociados a partir de la democracia, la solidaridad como la
acción permanente y transversal de la organización y la asociatividad como factor
determinante para la capitalización social y empresarial, principios o fundamentos
inicialmente demarcados dentro de la filosofía y doctrina cooperativa pero que se han
adoptado, complementado e incorporando a las otras formas de organización socio
empresarial. Los autores en mención, aunque abordan elementos del cooperativismo se
introducen en una nueva reflexión en torno al análisis de la práctica socio económica
local y especialmente rural que demuestra tener dinámicas de relación que son afines
pero no son del todo equivalentes a las cooperativas.

Benjamín Ramírez, hace referencia a la economía solidaria desde la perspectiva de


considerarla como un adjetivo: “La economía es una sola como ciencia social y los
adjetivos que se le agreguen sirven para identificar sus propósitos, sus métodos o
también las tendencias o escuelas a que pertenecen…economía solidaria o de la
solidaridad” (Ramírez, 2015:18) y considera que “la separación entre ciencia económica
y la economía cooperativa es apenas sutil” (Ramírez, 2015: 20). Ramírez afirma que
“con la creación del término Economía Solidaria, para designar a las formas asociativas
de cooperación, en varias legislaciones cooperativas del continente, indica que la
solidaridad forma parte de estas organizaciones” (Ramírez, 2015:77).

Ninguno de los autores se aleja de la revisión y análisis de la incorporación del término


de economía solidaria dentro de un sector socio económico alternativo a la economía
pública y privada basada en el capital. Es así, que del acercamiento a una definición para
la economía solidaria desde los ideólogos encontramos:

“la economía solidaria es una alternativa de acción social y de desarrollo humano, con
un elemento básico en la gestión económica y participativa; donde estos elementos
definen dicha economía como el “conjunto de fuerzas sociales identificadas por ideales
solidarios y humanistas para manejar los recursos naturales, científicos, tecnológicos y
financieros que ofrece el mundo actual para generar como resultado y dentro de una
concepción de Estado, un proceso de desarrollo integral” (Moreno, 1995)

“La economía solidaria se entiende como una racionalidad económica diferente que
puede intervenir eficientemente en un circuito económico y social en donde se mueven
fuerzas diferentes y aun opuestas como lo son la sociedad y el mercado capitalista,
donde actúa con el compromiso de ser una alternativa económica autónoma no
excluyente que tiene que producir un cambio sustancial en los comportamientos sociales
de los implicados en esta experiencia solidaria y de cooperación que se expresa en la
cooperativa. La economía solidaria es una alternativa económica y social” (Arango,
1997).

“La solidaridad, la cooperación y la democracia como forma de vida y convivencia


humana, son una norma que deben cumplir todas las personas u organizaciones
laborales y empresariales que hagan parte del sector solidario”(Verano, 2011).

Según Perez, (2008). Existen suficientes y válidos argumentos históricos y teóricos para
admitir la categoría conceptual ECONOMIA SOLIDARIA, como un nombre genérico para
designar a todas aquellas formas de organización asociativas que fundamentan su
naturaleza en el hecho de ser emprendidas y gestionadas por los sujetos que
personifican las categorías económicas COMUNIDAD Y TRABAJO.

La economía solidaria no es solo un hecho dado por la existencia práctica de ejercicios


socio económicos funcionales, sino que debe ser concebida como algo potencial que

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exige una construcción histórica como acto real, en la cual, el hecho de fundar, gestionar
y desarrollar organizaciones solidarias tendrá que contener procesos de formación y
capacitación de nuevo tipo, orientados a propiciar el aprendizaje y la enseñanza de los
contenidos teóricos e ideológicos que, aprehendidos por los hombres y mujeres que
viven o van a vivir la experiencia asociativa solidaria, generen las habilidades,
competencias y comportamientos necesarios para que los proyectos empresariales en
donde la solidaridad actúa como energía fundante, tengan sustentabilidad en su
desenvolvimiento.

3. APORTES DE LOS “CONTEMPORÁNEOS” COLOMBIANOS

Como resultado de la lectura y análisis documental de la segunda fase investigativa


donde se estudiaron 431 documentos de 31 organizaciones pertenecientes al sector de
la economía solidaria en Colombia, en una ventana de observación de 10 años del 2005
al 2015, se identificaron varios sujetos representativos que han aportado a la
construcción epistemológica, práctica y normativa del sector de la economía solidaria en
Colombia, entre ellos, analizados hasta este avance: Alveiro Monsalve Zapata, Edgar
Augusto Salgado, Hernando Zabala, Juan Fernando Álvarez, Luz Dolly Lopera G, Miguel
Fajardo y Olga Lucia Arboleda.

El primer denominador a resaltar de los autores contemporáneos, es el reconocimiento


de otras formas de organización que complementa la práctica y experiencia de las
cooperativas. Este acogimiento abre la reflexión y análisis de esas otras o “nuevas”
formas de organización empresarial fundamentadas en principios y valores
diferenciadores al sistema tradicional, pero que a su vez toma elementos de la doctrina
cooperativa. Aunque algunos autores mantienen un enfoque más cooperativo que el de
la pluralidad organizacional, se evidencia claramente la inmersión a nuevas realidades,
racionalidades, diálogos y discusiones al respecto de tal forma que dentro de sus
discursos y textos se incorpora ampliamente el término de economía solidaria.

Antes de abordar un análisis de la conceptualización de economía solidaria en Colombia


desde estos autores, es importante resaltar sobre qué elementos teóricos seminales
varios de ellos se basan. Álvarez (2014) indica que Horvat y Ward arrojan varios
elementos de discusión, el primer autor plantea que las organizaciones solidarias no
distan mucho de una empresa de capital y por lo tanto su función objetiva es la
maximización de utilidades netas totales. El segundo enfoque colige que la función
objetivo de la empresa solidaria es maximizar el beneficio neto per cápita; esto es lograr
el mayor beneficio no de la empresa sino de sus asociados.

Sin embargo, a la luz del filtro doctrinal inspirado en la normatividad Colombiana, se


encuentra mayor coherencia explicativa bajo el segundo enfoque, que refiere el
beneficio de los asociados y no la rentabilidad económica de la empresa. De manera que
si el objetivo es maximizar el bienestar por cada asociado, el éxito no vendría dado por
la identificación de un ranking financiero, sino un ranking de organizaciones que, no
importando su tamaño ni dimensión financiera, logran generar mayores beneficios a sus
asociados." (Álvarez, 2015).

Autores como Lopera y Arboleda, dentro de sus análisis planean que dentro de un
mundo popular solidario se presenta un modo de acumulación especial, que no es de
capital o la posesión de riquezas, sino principalmente, su fundamento es en la riqueza
de las relaciones sociales y la posibilidad del desarrollo de las capacidades y recursos
humanos para poder enfrentar las difíciles situaciones económicas, que a través de los

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circuitos económicos generan economías estructuradas como encadenamiento de flujos
que tienden a ser recurrentes y articuladas a la ecología de la economía solidaria.
Argumentos sustentados por tesis orientadas por el autor e investigador chileno Luis
Razeto.

Ha de indicarse que los autores contemporáneos han ampliado su espectro de análisis


al buscar, caracterizar y estudiar realidades territoriales autóctonas y locales que
aportan argumentos a la pluralidad empresarial que a su vez se proyectan como otra
forma de economía social, más equitativa, justa y democrática.

En este sentido Zabala (2005), define la economía solidaria como “un vehículo de
ordenamiento de la sociedad mediante la organización de la economía, estimulándose
el trabajo y la cooperación. Desde el orden económico, lo explica como un modo de
subsistir de los seres humanos y su tendencia es la permanencia de la asociación.

De igual forma Álvarez (2014), se acerca a una definición desde la racionalidad de los
valores rectores para el cooperativismo y la economía solidaria, afirmando que el
movimiento cooperativo como un instrumento pedagógico para la democracia
participativa fundamentado en valores y principios propicia equidad, justicia, cohesión
social y paz. Entre tanto la economía solidaria se fundamenta desde los valores solidarios
que coayudan a la forma de organización de trabajo y la producción de sostenibilidad
del sistema social; es así que la concentración económica es la contracara de la exclusión
social, y la forma alternativa y superadora de organizar el trabajo y la producción es el
sistema cooperativo, que es el eje vertebral de la economía social y solidaria. Aunque el
autor intenta describir algunas características que se complementan no se hace expresa
la definición de economía solidaria e incorpora el concepto de lo social, sin explicación
del mismo.

Por último, Lopera y Arboleda (2006) han trabajo en varias publicaciones colectivas
donde ratifican su posición conceptual indicando que la economía solidaria es una
economía en la cual la solidaridad se hace presente e interviene en la producción, en la
distribución, en la acumulación y en el consumo, fundamentados en los aportes de
Razeto, adicionalmente es parte de la ciencia económica que se dedica al estudio de las
relaciones sociales de solidaridad que interactúan en el circuito económico,
fundamentadas en principios de cooperación, participación democrática, autogestión,
ayuda mutua y bien común, con el propósito de satisfacer las necesidades humanas.

Como elementos articuladores entre los autores en función de la conceptualización o la


caracterización de la economía solidaria en el contexto Colombiano, se puede interpretar
que existe unidad en el reconocimiento del aporte sustancial del cooperativismo y la
identificación de otras formas de organización que sin responder completamente el
modelo cooperativo si comparten, defienden y promueven prácticas empresariales
basadas en la asociatividad, la participación democrática, los valores de cooperación y
solidaridad en función de un desarrollo sostenible a nivel personal, colectivo y territorial
de las comunidades o grupos inmersos en la práctica, haciendo diferencia sustancial a
la tendencia o modelo de acumulación de riqueza.

4. LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA NORMATIVIDAD EN COLOMBIA

La historia de la normativa del cooperativismo y de la economía solidaria en Colombia


muestra que, a mediados del siglo XIX, se crean las primeras asociaciones mutuales,
para superar problemas sociales más sentidos de la época. Así mismo, a partir de

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prácticas de ahorro en Antioquia se crean las conocidas “Natilleras” que a la postre se
convierten en una forma asociativa regulada legalmente, conocida como fondos de
empleados.

Cronológicamente, de las normas relevantes para este sector, encontramos que en 1931
se expide la ley 132, por “la cual se crea el Consejo Nacional de Agricultura y se fomentan
los servicios de investigación, enseñanza y divulgación agrícolas” (Ley 132 de 1931), en
la cual se hace referencia a la promoción y fomento de las cooperativas de producción y
consumo.

Posteriormente, se sanciona la ley ordinaria 134 del mismo año, que contiene dos
capítulos; en los cuales se establece las disposiciones generales de las sociedades
cooperativas, el régimen jurídico sobre su constitución y funcionamiento, que a su vez
contiene nueve secciones relacionadas con diversas temáticas para el funcionamiento de
las distintas cooperativas de (consumo, compras y ventas, producción, crédito,
construcción y trabajo, profesionales, artesanos; habitaciones y previsión y servicios
especiales) (Ley 134 de 1931)¸ haciéndose un uso considerable en la norma de los
principios de solidaridad y cooperación.

Esta norma, en el artículo 23 define la cooperativa como:


Toda sociedad de capital y personal variables e ilimitados, en que los asociados organizan
en común y con objeto determinado sus actividades o sus intereses Individuales, a fin
de realizar el progreso económico o social de los que componen la asociación, sin ánimo
de lucro y sobre la base de distribución de los beneficios a prorrata do la utilización que
cada uno haga de la función social.

Seguidamente se declara la utilidad y conveniencia pública de las sociedades


cooperativas, y se establece una superintendencia a fin de promover estas
organizaciones desde las autoridades nacionales, departamentales, locales, etc., y crear
condiciones favorables en la celebración de contratos y convenios con entidades
oficiales; así como subvenciones, y auxilios o aportes por parte del gobierno, entre otros
aspectos, (Decreto 874 de 1932).

En este mismo año se reglamentan la ley 134 de 1931 y los decretos números 874 y
1108 de 1932 sobre sociedades cooperativas, donde se trata temas como la creación del
Consejo Nacional de Cooperación, la Superintendencia de inspección y vigilancia;
iniciación, constitución, autorización ejecutiva, aprobación de estatutos, exenciones y
concesiones a favor de las cooperativas. (Decreto 1339 de 1932).

Posteriormente, se expide la Ley 128 de 1936, por la cual se adiciona y reforma la ley
134 de 1931 y se modifica la 132 del mismo año. Esta norma contiene, la aprobación de
estatutos, derechos y exenciones a favor de las sociedades cooperativas, así como
aspectos administrativos y financieros de las mismas.

Por su parte, mediante la ley 61 de 1936, los municipios podían establecer el número de
cooperativas de consumo que fueran necesarias para atender las necesidades de los
habitantes de los barrios obreros”. (Ley 61 de 1936).

Mediante el decreto 2392 de 1938, se crea el departamento de Cooperativas y previsión


social, encargado de dirigir y coordinar el movimiento cooperativo en el país, llevar el
registro, promoción y fomento de cooperativas y ejercer su vigilancia, inspección y
control.

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La ley 115 de 1959 decreta de manera obligatoria la enseñanza de la cooperación “en
todo establecimiento de educación, sea rural, urbano de enseñanza primaria,
secundaria, universitaria, de comercio, de artes y oficios, etc. oficiales y privados”. (Art.
1). Así como cursos de entrenamiento para dirigentes, administradores y empleados de
las mismas instituciones, entre otros aspectos relacionados con la educación
cooperativa.

Mediante la ley 1 de 1963, se faculta al presidente de la república para “reformar y


actualizar la legislación sobre cooperativas; organizar y financiar la Superintendencia
respectiva y crear los organismos de fomento y educación cooperativos necesarios,
asegurando su financiación y funcionamiento, a fin de lograr el desarrollo técnico del
cooperativismo”. (Art. 11, núm. d).

Dentro de las normas vigentes en Colombia relevantes para la investigación se encuentra


la ley 79 de 1988 que actualiza la legislación cooperativa, establece la regulación de
organizaciones cooperativas multiactivas, especializadas, integrales, de trabajo
asociado, precooperativas, fondos de empleados, administraciones publicas cooperativas
e instituciones auxiliares del cooperativismo. Contempla además, aspectos como el
acuerdo cooperativo, la definición de la cooperativa, la constitución y reconocimiento,
los asociados, la administración y vigilancia, el régimen económico y de trabajo, la
educación, integración, actividades financieras y las relaciones de las cooperativas con
el estado, entre otros.

Esta norma reúne organizaciones de carácter socioeconómico que integran el


denominado sector cooperativo (Ley 79 de 1998, art 1). Aquí se propicia un escenario
de desarrollo favorable para este sector, al contemplar la posibilidad de ejercicio de la
actividad económica de ahorro y crédito y financiera, posicionando por primera vez a las
cooperativas entre las empresas más importantes del país, con alto apoyo
gubernamental y acogida social.

Dentro de las formas asociativas más representativas se desarrolla las cooperativas


multiactivas, especializadas e integrales y se reglamenta el ejercicio de la actividad
mutual, a fin de que las personas naturales puedan “brindarse ayuda recíproca frente a
riesgos eventuales y satisfacer sus necesidades mediante la prestación de servicios de
seguridad social” (Decreto 1480 de 1989, art. 2). Asimismo, se regulan los fondos de
empleados (Decreto 1481 de 1989), como una figura jurídica de génesis colombiana a
través de la cual los empleados del sector público, privado y mixto encuentran una
alternativa para acceder principalmente a servicios de ahorro y crédito con tasas de
interés más favorables y subsidiariamente a otros servicios para la satisfacción de
necesidades específicas, con un desarrollo significativo en todo el territorio nacional.

De igual manera se reglamenta la actividad de las Administraciones Públicas


Cooperativas APC (Decreto 1482 de 1989), como una forma asociativa de iniciativa
estatal nacional, departamental y municipal para la prestación de servicios públicos,
constituidas por personas jurídicas de naturaleza pública, pero con la posibilidad de
asociar a su vez personas jurídicas de derecho privado sin ánimo de lucro para el
desarrollo de su objeto social y económico. Se caracteriza por la integración de recursos
económicos, la democratización y efectividad en la prestación de diferentes servicios
públicos y el control social.

No obstante, las figuras asociativas, con mayores medidas jurídicas especialmente de


tipo sancionatorio (Decreto 2025 de 2011, hoy derogado jurisprudencialmente) y
tributarias (Ley 1233 de 2008), entre otras, han sido las precooperativas y cooperativas

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de trabajo asociado, (reglamentadas por medio del decreto 4588 de 2006 e incorporadas
en el Decreto 1072 de 2015 único reglamentario del Sector trabajo. El cual en su título
octavo compila las normas relacionadas con la asociatividad social y solidaria,
principalmente lo atinente a las precooperativas y Cooperativas de trabajo asociado).,
esto en razón a que fueron usadas como empresas de tercerización laboral y como un
medio para llevar a cabo prácticas inadecuadas que no respondían a la naturaleza,
valores y principios cooperativos, vulnerando derechos y omitiendo responsabilidades de
carácter laboral, por no pertenecer al régimen laboral ordinario, que llevaron la
defraudación de muchas personas y de paso la creación de desconfianza y animadversión
hacia este tipo de organizaciones, con un desgaste del sistema judicial por el aumento
de la litigiosidad derivada de los conflictos laborales.

Con la expedición de la ley 79 de 1998 y sus decretos reglamentarios, se hace referencia


al denominado sector cooperativo, pero no se conceptualiza a cerca de la economía
solidaria. Esta definición, aunque ambigua se origina con la ley 454 de 1998, que la
define, como un

sistema socioeconómico, cultural y ambiental conformado por el conjunto de fuerzas


sociales organizadas en formas asociativas identificadas por prácticas autogestionarias
solidarias, democráticas y humanistas, sin ánimo de lucro para el desarrollo integral del
ser humano como sujeto, actor y fin de la economía. (art. 2).

Por medio de esta ley, en Colombia se hace referencia a la economía solidaria, como un
modelo que agrupa diversas organizaciones sociales y económicas, que se caracterizan
por ser sin ánimo de lucro, divididas en dos grandes grupos, de un lado las denominadas
organizaciones de economía solidaria, de que trata la ley 79 de 1988 y de otro, las
organizaciones solidarias de desarrollo, de las cuales hacen parte las juntas de acción
comunal, (Ley 743 de 2002) los grupos de voluntariado (Ley 720 de 2001), las
fundaciones, y las asociaciones y corporaciones. (Código Civil. Art. 633). Cada una de
ellas con sus respectivas normas reglamentarias.

Actualmente, con ocasión del proceso de paz y en el marco del fast track se han expedido
otras normas relacionadas con la economía solidaria en Colombia, que tratan temas
como¨: los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial-:-PDET. (Decreto 893 de
2017). Medidas e instrumentos para la reincorporación económica y social colectiva e
individual de los integrantes de las FARC-EP a través de la creación de una cooperativa
denominada Ecomún. (Decreto 899 de 2017), y la implementación de la Reforma Rural
Integral contemplada en el Acuerdo Final en materia de tierras, específicamente el
procedimiento para el acceso y formalización y el Fondo de Tierras. (Decreto Ley 902 de
2017).

Recientemente se emitieron algunas disposiciones relacionadas con la prestación


servicios de ahorro y crédito (Decreto 961 de 2018) y normas de buen gobierno (Decreto
962 de 2018), para organizaciones de economía solidaria.

5. CONCLUSIONES

Luego de una lectura amplia de cada aporte generado por los autores ideólogos,
contemporáneos y la trazabilidad de la normatividad en términos de economía solidaria
en el contexto Colombiano, se halla que los autores tiene en común el aporte sustancial
del cooperativismo a la generación de una forma sólida y diferente de hacer economía

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en los territorios locales, esta lectura de ratifica en la normatividad presentándose
inicialmente normas que fomentan, promueven y regulan las formas cooperativas.

Por otro lado, otros puntos de acuerdo entre los tres vectores de análisis mencionados
(autores ideólogos, contemporáneos y normatividad), es el reconocimiento de nuevas o
diferentes formas de hacer economía en los territorios que generan desarrollo desde lo
colectivo hacia lo territorial ratificando que existen prácticas autóctonas o evoluciones
en las relaciones socio-económicas entre las comunidades que procuran alcanzar el
objetivo centrado en el desarrollo del ser humano más que la acumulación de riqueza.

Así mismo, llama la atención que existe una brecha entre las posturas “ideológicas o
teóricas” en relación con las expresiones normativas. El énfasis de clasificación
normativa se centra principalmente en el lucro, es decir, las organizaciones con y sin
ánimo de lucro, sin embargo en las expresiones teóricas la categoría del lucro no es tan
relevante y es casi invisible. Las características más significativas dentro de la teoría se
centran en la asociatividad y sus diferentes expresiones en las relaciones sociales y
económicas de los habitantes de los territorios que a través de prácticas de cooperación
y solidaridad determinan acciones y proyecciones en función del desarrollo personal,
colectivo y territorial sin demarcar el distintivo del lucro.

Dentro de las características indicadas en la normatividad marco Colombiana del sector


solidario y cooperativo, así como las expresiones que caracterizan este sector
presentadas por algunos autores como (Guerra, 2015), (Chaves y Monzón, 2007),
(Montolio, 1999), (Pérez de Mendiguren Castresana, Etxezarreta Etxarri y Guridi
Aldanondo, 2009), indican que son expresiones con primacía del ser humano, la libre
asociación o adhesión, la toma de decisiones y gestión empresarial democrática,
organizaciones autónomas, aplicación del excedente sin injerencia al capital y por último,
se caracterizan por ser organizaciones formalmente organizadas; sin embargo dentro
del análisis realizado por los autores ideólogos y contemporáneos las características más
relevantes al momento de definir la economía solidaria se centra en la primacía del ser
humano, la asociatividad y la gestión democrática, rezagándose las otras categorías
generando un punto de partida para la definición del sector de la economía solidaria,
elemento de análisis profundo en la fase de interpretación final del presente estudio.

A manera de conclusión en el componente normativo se encuentra que pese a la


expedición de diversas normas que tienen relación con la economía solidaria en
Colombia, se observa ambigüedad en la determinación del componente de
organizaciones que hacen parte del denominado sector de la economía solidaria, pues
existen diversas expresiones y prácticas sociales y económicas que se identifican con la
filosofía cooperativa y solidaria que no se encuentran reguladas. Además, este sector
presenta vacíos normativos que deben suplirse con remisión a otras normas como el
código del comercio que regula la actividad de capital, entre otros.

Debe tenerse en cuenta, además, que se evidencia el uso conceptual del cooperativismo
y la economía solidaria, como sinónimos, no obstante, la actividad de cada una de las
organizaciones de cada sector es diferencial, como quiera que vr. Gracia, en el
cooperativismo predomina la asociatividad y las actividades de carácter socioeconómico
mutualista, mientras que en las organizaciones denominadas solidarias de desarrollo
prima las actividades sociales con beneficio exógeno, entre otros aspectos
diferenciadores.

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BIBLIOGRAFÍA

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