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“Estadio del espejo como formador

de la función del yo (je) tal como se


nos revela en la experiencia
analítica” de Jacques Lacan.

Analizaremos el siguiente material para comprender la constitución de la


instancia psíquica del yo. Fundamental para establecer lo que respecta al
recorrido posterior que realizaremos sobre la constitución de la identidad
adolescente.
Introducción a la lectura:
Nos parece oportuno luego de leer el texto, empezar su análisis a par:r del 4tulo, el cual nos an:cipa algunas cues:ones
importantes:

“El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la
experiencia psicoanalítica”

Te propongo que vayamos recortando los datos que nos propone este 4tulo:
Estadio del Espejo: se trata de una fase o período donde cobra importancia la imagen
Formador de la función del yo: este 4tulo nos an:cipa que el yo no está desde un principio. En
consecuencia, el yo se forma.
Si somos más precisos podemos recortar aún más: “Función del yo”, el yo :ene una función.
Con estas tres consideraciones te proponemos ahora introducirnos por completo a trabajar el
texto
Lacan ubica la constitución de la psiquis a partir de una imagen.

✓El autor basa su teoría en la observación de un niño en la etapa inicial, quien


superado en inteligencia instrumental por el chimpancé, reconoce ya sin
embargo su imagen en el espejo. La edad en cuestión va desde los seis a los
dieciocho meses.
Enumeremos las siguientes características de un niño a esa edad:
• No coordina su cuerpo lo suficiente como para dominar su postura
• Dependencia de la lactancia
• Dependencia en los cuidados para desarrollarse en esta etapa en la vida en general.

Todas estas características ocurren en la realidad material, veamos qué está


ocurriendo en la realidad psíquica.
A los seis meses el niño no
coordina su cuerpo lo suficiente
como para dominar su postura;
sin embargo, si tiene un espejo
cerca, puede sentir interés como
para gatear o arrastrarse hasta
encontrar una posición que le
permita obtener del espejo lo
que Lacan llama una imagen
instantánea de sí mismo.
Veamos qué pasa en esta imagen donde un niño es sostenido por un adulto frente al
espejo. Pensemos en la impotencia motriz y la dependencia de la lactancia, por una parte,
y el hecho de que su imagen especular sea animada jubilosamente por otra. Analicemos la
biología prematura del niño y su desvalidamiento para introducir la noción del cuerpo
fragmentado y el deseo que lo anima para reconocerse ante el espejo.
Tenemos a un niño que cuando se mira en el espejo, se mira con sus ojos que no están
afectados por la prematuración y se observa; de acuerdo a Lacan con una expresión
jubilosa. Reconoce su imagen ante el espejo, encontrando aquí el punto clave: aquel que el
niño mira y reconoce, ese que tarde o temprano descubrirá que es él mismo, o su imagen,
no sufre de descoordinación, no tiene el cuerpo fragmentado. Se observa completo,
maduro.
El niño antes de poder ponerse de
pie y aún antes de poder sostenerse
en su propio eje responde al
reconocimiento de su imagen
reflejada en el espejo. A este acto de
asunción de su propia imagen
reflejada, Lacan la llamará Estadio del
Espejo.
El “yo” como instancia psíquica no
está constituido desde el nacimiento,
sino que se constituirá a partir de este En general es la madre quien encarna al Otro, sede del tesoro de
acto y constituirá la base para los significantes, y hacia quien se dirige el niño girando su cabecita
posteriores identificaciones. El yo para comprobar que la madre lo mira y luego vuelve jubiloso a
(moi) puede definirse como la mirarse en el espejo.
denominación a sí mismo. En efecto, ese otro que le mira tras el espejo y que le cautiva,
pronto aprenderá que es él, es la imagen del yo. La primera
identificación dice Lacan, imaginaria, pero que irá constituyendo el yo
del ser humano. Sin embargo, al mismo tiempo que imaginaria, esa
primera identificación es en sí, el lazo entre el niño y el otro que aun
si fuese él mismo está afectado por la simetría especular.
“Este acontecimiento puede producirse, como es sabido desde los trabajos de
Baldwin, desde la edad de seis meses, y su repetición ha atraído con frecuencia
nuestra meditación ante el espectáculo impresionante de un lactante ante el espejo,
que no tiene todavía dominio de la marcha, ni siquiera de la postura en pie, pero que,
a pesar del estorbo de algún sostén humano o artificial (lo que solemos llamar unas
andaderas), supera en un jubiloso ajetreo las trabas de ese apoyo para suspender su
actitud en una postura más o menos inclinada, y conseguir, para fijarlo, un aspecto
instantáneo de la imagen.” (Lacan, 1949, p.86-87)

Lacan ubicará que el niño ante el reconocimiento de su imagen en el espejo


responderá jubilosamente ante ella, adoptando esta imagen de sí mismo como
constitutiva del yo (moi), como construcción imaginaria y diferenciará de sí al yo
(je) como constitución simbólica, ya que el sujeto requiere del soporte
simbólico, de un Otro que afirme que ese que ve en la imagen es sí mismo. Ello
se ve cuando el bebé responde alegremente al reconocimiento de la imagen en
el espejo pero voltea su cabeza en la búsqueda de la mirada de la madre (en
tanto rol cuidador) que afirme esa imagen.
La primera identificación queda definida así; como la asunción de esta imagen que produce una
“transformación en el sujeto”, NECESARIA, para que el sujeto pueda constituirse y señala:

“Basta para ello comprender el estadio del espejo como una identificación en el
sentido pleno que el análisis da a éste término: a saber, la transformación producida en
el sujeto cuando asume una imagen, cuya predestinación a este efecto de fase está
suficientemente indicada por el uso, en la teoría, del término antiguo imago.” (Lacan,
1949, p.87)

“El hecho de que su imagen especular sea asumida jubilosamente por el ser
sumido todavía en la impotencia motriz y la dependencia de la lactancia que es el
hombrecito en ese estadio infans, nos parecerá por lo tanto que manifiesta, en
una situación ejemplar, la matriz simbólica en la que el yo [je] se precipita en una
forma primordial, antes de objetivarse en la dialéctica de la identificación con el
otro y antes de que el lenguaje le restituya en lo universal su función de sujeto.
“(Lacan, 1949, p.87)
IDENTIDAD
La etimología nos ayuda a buscar el sentido del concepto de "identidad"; dicha
identidad se encuentra en el término latino "ídem", es decir, es una identidad que se
designa por "una especie de redoblamiento".
Aquí, el sujeto como tal “no es mas que un ejemplar segundo de su propia
identidad”, él es Otro, pero es también él mismo.

IDENTIFICACIÓN
La identidad desde estas miradas, se plantea en general como un proceso psíquico de
sedimentación de identificaciones. La identificación representa la forma más temprana y
primitiva de enlace afectivo. Se trata de una incorporación del objeto al yo. Así, el sujeto
asimila un aspecto, un atributo de otro y lo transforma, total o parcialmente sobre el
modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de
identificaciones.
La identidad infantil, desde este punto de vista, se resignifica a partir de los
vertiginosos cambios de la pubertad, reeditándose en esta etapa las posiciones y
conflictos identitarios infantiles. El grupo de pares permite un refugio a la crisis de
identidad otorgando modelos con quién interactuar reeditando la conflictiva individual
infantil.
Esta primera identificación, necesaria para constituirnos como sujetos, es la formadora de la función
del yo. Previo a toda posterior identificación con el otro:

“Pero el punto importante es que esta forma sitúa la instancia del yo, aún desde antes de su
determinación social, en una línea de ficción, irreductible para siempre por el individuo solo (…).” (Lacan,
1949, p.87)
“La función del estadio del espejo se nos revela entonces como un caso
particular de la función de la imago, que es establecer, una relación del
organismo con su realidad. (…) Pero esta relación con la naturaleza está
alterada en el hombre.” (Lacan, 1949, p.89)
El cuerpo es vivenciado para el bebé como fragmentado, ya que lo que
advienen son diversos estímulos provenientes de un interior y un exterior aún
no diferenciado para sí.
Lacan ubica esta imagen que que se constituye en el estadio del espejo
como “ortopédica” de su totalidad, ya que ante la vivencia de fragmentación la
imagen funcionará como soporte de unificación del cuerpo aún cuando no
cuenta con la estructura motriz para sostenerse.
“Este desarrollo es vivido como una dialéctica temporal que proyecta decisivamente en historia la formación del
individuo: el estadio del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la
anticipación; y que para el sujeto, presa de la ilusión de la identificación espacial, maquina las fantasías que se
sucederán desde una imagen fragmentada del cuerpo hasta una forma que llamaremos ortopédica de su
totaIidad, y a la armadura por fin asumida de una identidad enajenante, que va a marcar con su estructura rígida
todo su desarrollo mental.” (Lacan, 1949, p.90)

Lacan utilizará el término de “fetalización” (1949, p.89) extraído de la embriología para analizar la prematuración
del nacimiento. En los primeros meses de vida el bebé requiere completamente del otro para su desarrollo, y
aquí es que va de la insuficiencia a la anticipación de una imagen de su totalidad que adquirirá a partir del
estadio del espejo. Ubica la incompletud al nacer, ante la cual el sujeto requiere ser alojado por un Otro
significativo.
Y señala que se establecerá una identidad “enajenante” ya que permite al sujeto a traves de la identificación
asumir una identidad, pero que es ilusoria y requiere del sostén de un otro. El efecto de la asunción de ésta
imagen es constitutiva pero a su vez representa una alienación del sujeto.
Esta primera identificación que establece la instancia psíquica del “yo” será “el tronco de las
identificaciones secundarias” (Lacan, 1949, p.87). Cuando analizamos la etapa de la adolescencia,
vemos cómo la identidad asumida en la primera infancia presenta ciertos quiebres y nuevas
identificaciones. Pero no pasamos por alto que la identificación primordial es constitutiva y
perdurará más allá de los cambios que asuman las identificaciones posteriores a lo largo de la vida
de un sujeto.