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Educación Artística

Módulo 6. Música y educación

Tema 1. La Educación Musical en la Escuela

Andrea Giráldez Hayes


Guillermo Rosabal Coto

Escuela de las Culturas - Centro de Altos Estudios Universitarios OEI


Andrea Giráldez Hayes. Profesora Superior de Pedagogía Musical y Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación,
desde 1978 ha trabajado tanto en el campo de la docencia como en el de la interpretación musical. Ha sido profesora
de música en Educación Infantil, Primaria y Secundaria, y asesora permanente del área de Música en el Centro de Desa-
rrollo Curricu¬lar del Ministerio de Educación y Ciencia entre los años 1991 y 1996. Posteriormente ha colaborado en el
desarrollo de los currículos de Educación Artística en Primaria y Música en Secundaria de la Ley Orgánica de Educación
(LOE, promulgada en 2006) y, desde el año 2008, en el Centro Virtual Leer.es. Asimismo, ha participado como ponente
en jornadas, congresos y más de 200 cursos de formación del profesorado en numerosas ciudades del Estado español y
del extranjero.

Actualmente es Profesora Titular de Universidad del área de Didáctica de la Expresión Musical en la Escuela Universi¬taria
de Magisterio de Segovia (Universidad de Valladolid) y profesora invitada en los cursos de doctorado MODELTIC y FORMA-
PROF del Departamento de Didáctica, Organización Escolar y Didácticas Especiales de la UNED. También es miembro del
grupo de expertos del programa Educación Artística, Cultura y Ciudadanía de la Organización de los Estados Iberoameri-
canos (OEI). Desde 1995 es codirectora de la revista Eufonía: Didáctica de la Música, y desde 2006 miembro del consejo
editorial del In-ternational Journal for Music Education (Practice). Autora de diversos artículos científicos y libros. Entre
sus últimas publicaciones se cuentan las siguientes: Internet y educación musical (Graó, 2005), Competencia cultural
y Artística (Alianza Editorial, 2007), 10 ideas clave: el aprendizaje creativo (en colaboración con otros autores; Graó,
2009), así como los capítulos que forman parte de Educación Artística, cultura y ciudadanía (OEI y Fundación Santillana,
2009).

Sus principales líneas de investigación giran en torno a la integración de las TIC e Internet en el ámbito de la Educación
Artística y la formación inicial y permanente del profesorado de Música.

Guillermo Rosabal Coto. Guillermo Rosabal Coto es docente en la Universidad de Costa Rica desde 1999. En esa institu-
ción imparte Fundamentos y Metodologías de Educación Musical, Historia de la Música (período romántico y contemporá-
neo), e Investigación Musical. Anteriormente, se desempeñó como educador musical en escuelas primarias y secundarias
de Costa Rica, así como fagotista en orquestas y ensambles de cámara, y director coral.

Rosabal Coto es también un activo capacitador y consultor en educación artística y musical para los ministerios de edu-
cación pública y cultura de Costa Rica, y organizaciones no gubernamentales, como UNESCO, PNUD, y UNICEF.

Ha escrito artículos sobre filosofía y metodología de la educación musical, para las revistas Action, Criticism and Theory
in Music Education (“Acción, Crítica, y Teoría en la Educación Musical”), Canadian Music Educator (“Educador Musical
Canadiense”), Gender, Education, Music and Society (“Género, Educación, Música, y Sociedad”), Sonograma, y La Re-
treta, entre otras.

Rosabal Coto es Coordinador para Centroamérica del Comparative Music Education Project, del MayDay Group, foro
internacional que aborda de manera crítica la teoría y prácticas de la educación musical contemporánea. También es
investigador del grupo CADRE (Creative Agency and Democratic Research in Music Education) de la Academia Sibelius
(Finlandia), institución donde también cursa estudios de doctorado en educación musical. El profesor Rosabal Coto
cuenta con una Maestría en Educación Musical, con énfasis en educación coral, de la Universidad de Brandon (Canadá),
y un Bachillerato en Música con énfasis en Fagot, por la Universidad de Costa Rica.
Módulo 6 - Tema 1 - La Educación Musical en la Escuela

Tema 1. La educación musical en la escuela ANOTACIONES

Introducción
1.1. Los fines y el valor formativo de la música
1.2. Reflexiones en torno a la enseñanza musical en las escuelas

Introducción

¿Por qué enseñar música en la escuela? ¿Para qué fines enseñamos? ¿Debemos for­
mar ejecutantes diestros? ¿Debemos enseñar a apreciar la música de los grandes
maestros? ¿A leer música? ¿O a disfrutarla y expresarse por medio de ella? ¿Debe
apoyar la música otros aprendizajes en la escuela? Estos interrogantes no sólo son
comunes para el docente de música en el aula, sino cruciales para el ejercicio de
nuestra profesión. De su respuesta depende el valor que se le dé a la asignatura
dentro del currículo escolar, la validez de las metas que nos tracemos, y la efectividad
y relevancia de cualquier decisión metodológica que tomemos. Por otra parte, en
vista de que en muchos países de Iberoamérica la música ocupa un lugar accesorio
y hasta marginal en los currículos escolares, es práctico, sensato y necesario buscar
un fundamento teórico que sustente nuestras convicciones y acciones como pro-
fesionales interesados en promover la formación musical de todos los estudiantes.

Responder a los interrogantes anteriores no es una tarea sencilla, pues no hay una
respuesta única ni completa que abarque los contextos en los que trabajan todos los
do­centes, ni la diversidad de estudiantes a su cargo. Formular estas preguntas de
índole filosófica, pero a la vez de alto valor práctico, nos remite, por una parte, a
un cuerpo teórico que explica la multiplicidad de fines y contextos de la educa­ción
musical. Por otra parte, nos plantea el reto de conocer también la realidad de los
estudiantes a nuestro cargo. Iniciemos nuestro itinerario en busca de respuestas
planteando el “por qué” de la práctica y enseñanza musical en la escuela y, por
extensión, en otros contextos educativos.

1.1 Los fines y el valor formativo de la música

Para comprender el lugar que ocupa (o debería ocupar) la música en el sistema


escolar, y también en otros espacios educativos, es necesario preguntarnos por los
fines y el valor formativo de la educación musical. Las respuestas no están siempre
claras. En primer lugar, deberíamos diferenciar entre las dos principales modalidades
de enseñanza musical: la específica y la que se inserta en la educación general. La
primera se desarrolla en instituciones especializadas, y se ocupa de la formación
de músicos profesionales con distintos perfiles (instrumentistas, cantantes, compo-
sitores, educadores, directores, etc.). La segunda se dirige a todos los estudiantes
(independientemente de sus condiciones o habilidades innatas), con el objetivo
de contribuir a su formación integral y al desarrollo de capacidades básicas que
le permitan fortalecer un vínculo que, probablemente, la mayoría ya tiene con la
música, sea como oyentes, intérpretes o creadores1.

Esta distinción, aunque pueda parecer obvia, es importante puesto que en muchas
ocasiones los enfoques respecto a la educación musical se han centrado de manera

1 Hacemos esta afirmación desde una perspectiva amplia, entendiendo que, en mayor o me-
nor medida, la mayoría de las personas tiene un contacto con la música en su vida cotidiana, ya sea
cantando sólo, con amigos o en reuniones familiares; bailando; asistiendo a conciertos de músicas de
distintos estilos o, simplemente, participando en espectáculos y otras actividades de música comunita-
ria; escuchando música en la radio o en discos; visionando videoclips; etc. En este sentido, la función
de la escuela sería la de trabajar para progresar, enriquecer y diversificar las experiencias de los estu-
diantes, considerando que éstos no son recipientes vacíos, sino que cuentan con un bagaje que, según
sus circunstancias, puede ser más o menos rico.
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ANOTACIONES casi exclusiva en el desarrollo de habilidades técnicas (por ejemplo, las vinculadas
al manejo de un instrumento específico –generalmente la flauta dulce– o al estudio
de la lectura y la escritura musical como única vía de acceso a la música) y/o en
la enseñanza de la historia de la música eventualmente “ilustrada” con algunas
audiciones, sin una reflexión previa de cuáles son, o deberían ser, los principales
objetivos de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Desde el punto de vista de la escuela, la música permite desarrollar una serie de


capacidades específicas y, al mismo tiempo, potenciar conocimientos y habilidades
generales de niños y jóvenes. Esto puede entenderse, como señalan Bukofzer et
al. (1977), desde dos perspectivas: la educación para la música y la educación con
la música.2

La educación para la música permite promover el desarrollo de una serie de ca-


pacidades específicas tales como: la escucha; la memoria auditiva; la imaginación
creadora; la expresión a través del canto, el movimiento y la danza o la ejecución
instrumental. Se trata, sin duda, de capacidades que sólo pueden desarrollarse a
través de un contacto directo con la música. En este sentido, ninguna otra materia
escolar puede considerarse equivalente.

Ampliando los aspectos señalados, Lehmann (1993) expone una serie de razones que
nos muestran otros valores formativos de una educación para la música, al tiempo
que justifica la necesidad de una educación musical para todos los niños y jóvenes.

(1) Uno de los propósitos fundamentales de la educación ha sido siempre transmitir


nuestra cultura de una generación a la siguiente, y la música se encuentra en el
núcleo de toda cultura.

(2) La escuela debería ayudar a todos los estudiantes a desarrollar sus potencialida-
des, y las potencialidades musicales se cuentan entre las facultades más importantes
que existen en el ser humano.

(3) La música proporciona una salida muy necesaria a la creatividad y la autoex-


presión.

(4) El estudio de la música nos ayuda a comprender mejor nuestra propia naturaleza
y la naturaleza de la humanidad. La música proporciona una avenida fácilmente
accesible para el estudio de otras culturas.

(5) El estudio sistemático de la música aumenta nuestra satisfacción al hacerla o


escucharla, agudiza nuestra percepción y nos capacita para comprender música
más compleja y más sofisticada.

Además de estos valores específicos, en las últimas décadas la comunidad científica


y educativa ha mostrado un gran interés por investigar los efectos benéficos que la
música ejerce sobre el ser humano. El resultado de algunas de estas investigacio-
nes y experiencias nos permite referirnos a los valores formativos de la educación
musical desde otra perspectiva, la de la educación con la música.

La actividad musical estimula e integra muy diversos aspectos de la personalidad:


físico, intelectual, emocional, social, ético y estético, en una proyección educativa

2 Bukofzer es musicólogo, y por tanto, al hacer esta distinción, entiende por educación “para”
la música la formación como compositor, intérprete y musicólogo y por educación “con” la música la
capacitación que permita comprender, que facilite la experiencia artística, la agudización de los senti-
dos y la estimación de los valores culturales. En este texto, tomamos las expresiones de Bukofzer como
metáfora para contextualizarlas al ámbito de la educación general.
2
Módulo 6 - Tema 1 - La Educación Musical en la Escuela

que trasciende los objetivos propios de la materia. Los resultados de investigaciones ANOTACIONES
más o menos recientes confirman, desde la neurobiología, la psicología, la psicope-
dagogía o la pedagogía musical, los valores formativos de la música y su efecto en la
formación integral del individuo. Entre estas investigaciones se cuentan las realizadas
por Alfred Tomatis (1986), Frances Rauscher (1993) o Don Campbell (2002), que se
vinculan con lo que se conoce como Efecto Mozart3. Por su parte, la Teoría de las
Inteligencias Múltiples de Howard Gardner (2005) sugiere la necesidad de diseñar
modelos educativos multidimensionales que contribuyan al desarrollo paralelo e
integral de todas las capacidades del ser humano4. Ampliando la teoría de Gardner,
Aronoff (1989) observa con agudeza que a través de la educación musical conve-
nientemente enfocada se estimula no sólo la inteligencia musical sino las diferentes
inteligencias, y muestra cómo las distintas actividades musicales contribuyen al
desarrollo de capacidades y habilidades relacionadas con las matemáticas, la lengua,
el conocimiento de propio cuerpo o el desarrollo afectivo y social del alumnado.5
En síntesis, podemos afirmar que la música debe formar, por derecho propio, parte
del currículo escolar o, en su caso, de la educación básica de todos los ciudadanos,
y que su valor formativo trasciende lo puramente disciplinar, ya que se trata de
un área integradora de las facultades humanas que, además de potenciar algunos
de nuestros sentidos, favorece el desarrollo de la capacidad de atención, estimu-
la la percepción, la inteligencia y la memoria a corto y largo plazo, potencia la
imaginación y la creatividad y es una vía para desarrollar el sentido del orden, la
participación, la cooperación y la comunicación.

1.2. Reflexiones en torno a la enseñanza musical en las escuelas

Según el antropólogo John Blacking (2007), todos los niños son musicales. Si ob-
servamos cuidadosamente, notaremos que los niños tienen una inclinación natural
a escuchar, cantar, danzar, jugar, y expresarse musicalmente, hayan o no tenido
instrucción musical previa. Ciertamente existirán diferencias individuales en el gra-
do de desempeño musical y de intereses y actitudes hacia la música. Por ejemplo,
habrá niños que prefieran cantar a tocar, mientras que otros se inclinarán a bailar o
a componer su propia música. Sin embargo, todas las capacidades musicales pueden
ser desarrolladas. Por esta razón, valga mencionar que no resulta ético restringir
la enseñanza musical únicamente a aquellos considerados “talentosos”. En este
sentido, una de las premisas que debe guiar la enseñanza musical en la escuela es
la de “música para todos”.

Al mismo tiempo, es necesario pensar en para qué, qué, cómo y cuándo vamos a
enseñar y, sobre todo, a quién vamos a enseñar. Las primeras cuestiones, aún estando
lejos de haber alcanzado un consenso, han sido más debatidas entre el profesorado.
Sin embargo, la última, es decir, a quién se dirige la enseñanza, suele ser la gran
olvidada. Muchas propuestas pedagógicas se hacen para un estudiante “ideal”, que
generalmente poco tiene que ver con la realidad. Es esta la razón por la parece
importante referirse ahora a aspectos concernientes a los jóvenes y la música, que

3 Para más información, véase: El efecto Mozart. Documento electrónico: http://canales.


laverdad.es/cienciaysalud/9_6_2.html
4 Recordemos que Gardner (1983) señala la existencia de múltiples formas o modos de inte-
ligencia que incluyen, entre otras, la inteligencia lingüística, musical, lógico-matemática, espacial,
corporal-kinestésica, interpersonal e intrapersonal. Dice Gardner: «Solamente si expandimos y refor-
mulamos nuestros puntos de vista respecto del intelecto humano, podremos encontrar maneras más
apropiadas de explorarlo y formas más efectivas de educarlo».
5 La Coalición Nacional para la Educación Musical de los Estados Unidos utiliza muchos de
los argumentos expuestos en sus campañas para mejorar el acceso y oportunidad al aprendizaje de la
música. Al final de este tema se referencia el sitio web y materiales en español producidos por dicha
organización, que pueden consultarse al respecto. Se recomienda además leer el artículo de Rodríguez-
Quiles y García (2005), también referenciado al final.

3
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ANOTACIONES pueden servir de guía a los docentes, independientemente de la orientación de los


programas o currículos de Música en su centro educativo.

Para comenzar, debemos ser conscientes de las diferentes maneras de “musicar”


de niños y jóvenes, y las motivaciones y razones para ello. Pero, ¿qué es “musicar”?
Como diversas investigaciones provenientes de los ámbitos de la psicología, la an-
tropología, la sociología o los estudios culturales lo demuestran, personas de todas
las edades, clases sociales, ocupación y cultura se relacionan con la música o se
involucran indi­vidual o colectivamente en actividades donde la música es importan-
te, y lo hacen por múltiples y diferentes razones. A esta acción se le conoce con el
nombre de musicar6. Aunque tradicionalmente tocar instrumentos, cantar canciones
escritas por adultos para niños y jóvenes, y escuchar música de los grandes maestros,
han sido los contenidos prioritarios de la educación musical en la escuela, éstas no
son las únicas maneras de “musicar”. Muchos jóvenes “musican” bailando en una
reunión, acompañando con música el ejer­cicio físico o el estudio, reflexionando
y cantando para sí, componiendo sus propias canciones, musicalizando vídeos o
presentaciones de diapositivas para crear un diaporama, etc. Y las motivaciones y
medios por los cuales se “musica” son múltiples y diversos. Por ejemplo, mientras
no muchas personas optan por asistir a un concierto de música “clásica”, más y más
jóvenes consumen, reproducen y hasta componen su propia música valiéndose a
las modernas herramientas tecnológicas para satisfacer necesidades emocionales,
cognitivas, y hasta espirituales7. Las maneras de “musicar” son muy personales, y
obedecen al bagaje de cada persona.

¿Qué implicaciones tiene lo anterior para la educación musical en la escuela? Pri-


meramente, debemos familiarizarnos con el bagaje de nuestros niños y jóvenes.
En términos generales, el bagaje es el conjunto de experiencias de cada persona,
es decir, lo que cada una es, lo que piensa, siente, expresa, lo que le interesa y
necesita. En particular, nos interesa de qué manera se manifiesta el bagaje en los
gustos musicales y en las maneras individuales o colectivas de “musicar”.
Como docentes, podemos explorar las diferentes músicas de la realidad cotidiana
de los estudiantes, es decir, la que consumen, escuchan y hacen, intentando am-
pliar el repertorio y evitando, como es frecuente, centrar la atención únicamente
a la música “clásica” de Occidente, puesto que esto supone ignorar un inmenso
repertorio de obras y prácticas musicales. Al mismo tiempo, debemos atender a
las expectativas de los estudiantes y, como sugiere Regelsky (2009, p. 32), “evitar
enseñar la música como una ‘disciplina’ [alejada de la realidad... algo que] ya
plantea muchas dificultades en las asignaturas más comunes, pero que en el caso
de la música, y dada la importante función praxial de ésta en la vida de los alumnos
fuera de la escuela –en especial cuando se acercan a la adolescencia–, [corre el
riesgo de abocarnos] no sólo en al fracaso en propiciar un aprendizaje relevante,
sino también al fomento de la enajenación y del retraimiento de los alumnos. La
praxis de la música, tan importante para el Ser existencial de los estudiantes, [no
debería] quedar reducida a una simple asignatura académica”.

6 Según propone el filósofo de la educación musical David Elliott (1995), “musicar” consiste
en un involucramiento activo con la música. Elliott se basó en el concepto musicking introducido por el
Christopher Small más de veinte años antes, en su obra titulada Mú­sica y Sociedad. En aquel momento,
Small definió “musicar” como “explorar, afirmar, y celebrar las relaciones que ocurren cuando se hace,
ejecuta, y escucha música”. Se recomienda profundizar en esta postura, leyendo el artículo de Small
(1999) titulado “El Musicar: Un ritual en el espacio social”.
7 Las siguientes lecturas pueden aportar a una mejor comprensión de este argu­mento: Finne-
gan (2003) y Cruces (1999); (véase Referencias bibliográficas, al final de este tema).
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Módulo 6 - Tema 1 - La Educación Musical en la Escuela

Referencias bibliográficas ANOTACIONES

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5
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guillermorosabal.html

Webs recomendadas

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de Estados Unidos). http://www.menc.org

GIRÁLDEZ, A. Biblioteca Virtual de Educación Musical. http://www.bivem.net


Revista Electrónica de LEEME (Lista Electrónica Europea de Música en la Educación).
http://musica.rediris.es/leeme/index.html

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