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Número 83 - F e b re r o d e 2 0 1 7 - D i s tr i b u c i ó n g r a t u i t a w w w. u n i v e r s o c e n tr o .

c o m
2 CONTENIDO EDITORIAL # 83 3

8
Bajar al Centro
make
America
Los vagabundos del Dharma
(Fragmento)

Tengo la mochila preparada y es primavera, voy a ir al

great again
Sudoeste, a las tierras secas, a la extensa y solitaria
región de Texas y Chihuahua y a las alegres calles

10 Llamado
nocturnas de México, con música saliendo por las
puertas, chicas, vino, yerba, grandes sombreros,
¡viva! ¿Qué importa? Como las hormigas, que no tienen
nada que hacer y se pasan el día entero atareadas, yo

en voz
Historia de dos
jardineros no tengo que hacer nada más que lo que quiera y ser
amable y, con todo, mantenerme sin influencias de las
consideraciones imaginarias y rezar por la luz.

12
La lengua
baja Jack Kerouac, 1958.

E
l centro de todas las meadas. El mapa de los

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cruces tenebrosos. El ejemplo del aire im-
posible. El parque de los indeseables. El te-
rror de los desprevenidos. El hogar de los
desocupados. El dilema de los habitantes.
No lean más de El coco de quienes viven y duermen en las orillas.
eso, por favor
El Centro lleva años de intervenciones, diagnós-
ticos y reanimaciones. Y siglos de rutas obligadas. La
parrilla de este valle estrecho que pasó de los cantares

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de la ciudad modosa en los cuarenta a los raudales de
nuestro tiempo.
Casi siempre se mira el Centro desde arriba. Sus lo-
Arquitectura cales muertos, sus crímenes, las rutas de buses y colecti-
del crimen vos. Se busca a los urbanistas y a los policías. Se propone
una gran intervención o un gran operativo. Más ampli-
tud y menos jíbaros es la consigna. Tal vez sea más útil

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poner tres o cuatro alfileres atractivos sobre el mapa.
Sin las vallas de la policía ni las demoliciones.
Algunos expertos proponen una revolución tan
grande como la que empujó al Centro a ser la simple
En bicicleta Comuna 10. Un número inspirador al menos. Desde
hasta Macondo aquí desconfiamos de las soluciones solemnes, de las
maquetas, de los sueños de los reformadores. Se pue-
de trabajar con lo que hay.
El Parque Bolívar, centro de ideas graves desde

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hace cien años largos, puede ser un buen ejemplo de
puntadas sencillas para agitar un poco el corral sin
verja que hoy lo habita. En la esquina suroccidental Retrato proletario
MED & REC está la casa que fue de Pastor Restrepo. Fachada de las
primeras fotos. En 1858 Pastor fundó con su hermano Una joven alta sin sombrero
con delantal
América
el laboratorio fotográfico Wills i Restrepo y se convir- (Fragmento)
tió en una especie de mago en el pueblo que acataba el Su pelo recogido atrás parada
ver para creer. Esa casa, ese hermoso palacete de bu- en la calle (…)
hardillas, es ahora un fantasma detrás de un caucho
gigante y un CAI diminuto. Sería un hermoso museo Un pie en calcetín la punta
Estoy hablando contigo.
de memoria visual de la ciudad. Un perfecto cuarto os- en la acera
¿O acaso vas a permitir que nuestra vida emocional sea
curo para que se hiciera la luz en el Parque Bolívar. dirigida por la revista Time?
Su zapato en la mano. Mirando
W W W . U N I V E R S O C E N T R O . C O M

Al frente, en la esquina suroriental, está el Tea- Estoy obsesionado con la revista Time. La leo cada semana.
DIRECCIÓN Y FOTOGRAFÍA atentamente adentro
tro Lido luciendo sus 72 años. Ahora es una envidia- Su portada me mira cada vez que giro la esquina de la tienda
– Juan Fernando Ospina ble sala de ensayo. Fue gran teatro de variedades y Le saca la plantilla de papel de golosinas.
EDITOR elegante teatro de estrenos en el cine. Vive de puer- para dar con el clavo La leo en el sótano de la biblioteca pública de Berkeley.
– Pascual Gaviria tas para adentro. No lo acompaña la retreta porque los Siempre me habla sobre responsabilidad. Los hombres de
músicos se sindicalizaron y no trabajan fin de semana. Que la ha estado lastimando.
COMITÉ EDITORIAL negocios son serios. Los productores de películas son serios.
Solo la Dany sigue trabajando domingos y festivos. Un Todo el mundo es serio menos yo.
– Fernando Mora Meléndez William Carlos Williams, 1935.
parque de fachadas y emboscadas. Y me da por pensar que yo soy América.
– Guillermo Cardona Bolívar muerto bajo el megáfono de los evangéli- Estoy hablando solo otra vez.
– David E. Guzmán cos desganados, las crispetas de siempre, un tambor
– Andrés Delgado que busca unas monedas y cuatro hombres de biblia (…)
– Anamaría Bedoya que discuten como si se fuera a acabar el mundo.
Una casa venerable con la historia de Medellín
Estos son tiempos excitantes
– Maria Isabel Naranjo América, en realidad tú no quieres la guerra.
en imágenes, un teatro que programen tres o cua- (Fragmento)
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN América, son ellos los rusos malos.
tro organizaciones que hayan mostrado una escena Los rusos, los rusos y también los chinos. Y los rusos.
– Gretel Álvarez y una idea. Una fuente que no parezca cultivo de al- (...)
Rusia quiere comernos vivos. El poder loco de Rusia. Quiere
DISTRIBUCIÓN gas y deje oír su viejo silbido que refresca desde 1968. sacar nuestros coches de nuestros garajes.
– Erika, Didier, Daniel y Gustavo Una puerta de la Catedral Metropolitana que ha que- Estos son tiempos excitantes para los directores de periódicos:
Quiere llevarse Chicago. Necesita un Reader’s Digest Rojo.
rido mostrar sus tesoros con la ayuda del municipio. la Historia se está haciendo; la humanidad está en marcha.
CORRECCIÓN Quiere tener nuestras fábricas de coches en Siberia. Con su
Los policías dejan de cuidar el CAI y cuidan los copo- El acueducto más largo del mundo está ya
– Gloria Estrada enorme burocracia controlando nuestras gasolineras.
nes venerables. Casa de fotos, teatro al público, fuente en construcción; los Comités de Drenaje de Aguas
ASISTENTE Y eso no es bueno. Argh. Ellos enseñar a Indios a leer.
cristalina, tesoros eclesiásticos, el Girabar, La Polo- y Preservación de Suelos van pronto a publicar
Necesita grandes negrazos.
– Sandra Barrientos nesa y la promesa de Barbacoas en la culata de la Ca- un informe mixto; aun los problemas de los Ciclos de Comercio
Ahh. Ella hacernos trabajar dieciséis horas al día. ¡Socorro!
tedral. Lo que podría lograr algún movimiento en el y los Precios en Espiral son considerados por los expertos
América, esto es algo bastante serio.
antiguo feudo de Tyrrel Moore. como prácticamente resueltos; y las recientes restricciones
Es una publicación mensual de la América, esta es la impresión que te llevas al ver la televisión.
Menos taladros, menos policías. a los judíos extranjeros y librepensadores comienzan a tener
Corporación Universo Centro América, ¿Son así las cosas?
un efecto saludable en la opinión pública.
Número 83 - Febrero 2017 Mejor debería irme al trabajo.
Cierto, los mares occidentales aún están infestados de piratas,
Es verdad que no me quiero apuntar al ejército o manejar un
20.000 ejemplares Y el creciente poder de los bárbaros del Norte
torno en fábricas de repuestos.
Impreso en La Patria no deja de inquietarnos un poco; pero ya nos hemos puesto
activos ante esos peligros; estamos rápidamente armándonos;
De todos modos soy miope y psicópata.
a ambos trataremos con los métodos convenientes; y unidos después
universocentro@universocentro.com en razón de la ganancia común y el derecho común,
América, trataré de arrimar mi hombro de maricón a la rueda.
nuestro gran imperio estará seguro por mil años.
DISTRIBUCIÓN GRATUITA
W. H. Auden, 1940. Allen Ginsberg, 1956.
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requisada hasta en las partes más íntimas con el fin pues el polvo tomó vida propia y la arena de la Plaza pesado. Tal situación no les era indiferente ni extra-
de buscar productos non sanctos, tal como lo relató el se volvió una nube que tapó a todo el público de abajo. ña, pues el público que asistió a La Batalla de las Ban-
periódico El Mundo que reseñó el concierto días des- “Hubo muchísimo calor, y cuando la gente empezó das ese día era su público habitual.
pués en el artículo “Una expresión de libertad… ¡vi- a brincar se levantó un arenero de tal magnitud que la Sus letras eran fuertes, pero no creyeron nunca que
gilada!”: “En aprietos se vieron los uniformados para gente no veía el escenario, y nosotros desde la tarima no fueran un detonante incitador para acabar con el con-

La Batalla De las BanDas revisar todos los bolsillos y los bolsillitos, todas las bi-
lleteras y todas las mochilas de todos los rockeros asis-
tentes. En un rincón de cada entrada empezó a crecer
el cúmulo de periódicos, cadenas, navajas, botellas,
chapas, al lado de una que otra bola de marihuana. La
veíamos la arena, del polvero que había”, recuerda Jairo
Álvarez. “Tocó llamar a los soldados para que mojaran la
arena, y la gente aprovechó para mojarse, se volvió una
gran fiesta, pero mientras se armó todo ese desorden si-
guió el concierto y el caos no se hizo esperar”.
cierto. Querían hablar sobre la lucha contra el comer-
cio musical, contra la música caspa, vendida al mejor
postor, contra aquellos que para ellos no hacían nada
significativo con las canciones que creaban, pero eran
las letras de sus canciones, era la forma con la que inte-
muchachada solo esperaba cumplir con la humillante Danger se encargó de volver a caldear la plaza. ractuaban con su público, era su filosofía de vida.
por F E L I P E H I N C A P I É requisa para correr desenfrenada hacia las graderías,
y regresar más rápido a buscar la arena de la plaza,
Aunque el sonido era malo, y la voz del grupo se es-
cuchaba gangosa, un cover de Judas Priest hizo deli-
“Parabellum, en esas épocas, confrontando lo que
era la religión, la política, la misma existencia, la gue-
porque era allí que se vivía la vida. Los más ‘serios’ rar al público, al punto de que uno de los aficionados rra y el comercio musical, hizo que la gente entendie-
Fotografías: Archivo El Mundo se quedaron en los tendidos, disfrutando el espectá- se subió a darle un abrazo al cantante. “Gracias Me- ra y se saciara hasta un punto máximo. Quedaron a
culo con el vino que llevaron en una bolsa plástica, o dellín por ponerle sangre”, gritó el líder de la banda, gusto, al punto que no querían escuchar más. Después
en una bota que no les decomisaron porque le repi- despidiéndose, sin imaginar lo que se vendría unos de que la banda tocó la gente no quería más concierto,
tieron cincuenta veces al agente, en la puerta, ‘somos cuantos minutos después. ya no necesitaban más sonidos en sus oídos, se gene-
una parejita sana’. En el ruedo, centenares de jóvenes El error clave estuvo en el momento en que se le ró un caos. Además, luego venían unas bandas que en
se jugaban la vida, como toreros. Le hacían el quite a permitió subir al escenario a un grupo llamado Mier- ese momento, por el pensamiento radical de la gente,
la rutina, agarraban a estocadas los convencionalis- da, cuyo propósito, según ellos mismos, no era ni el no eran aceptables, porque los consideraban muy co-
mos y entraban a matar todo lo que estorbara su li- amor, ni la armonía, ni la belleza. Representante del merciales. Bandas locales, bandas nuestras, que en esa
bertad. Otras veces parecían gladiadores venidos de ultra metal, el vocalista subió maquillado con sangre época eran consideradas caspas y que ahora son respe-
otros circos y otras Romas, semivestidos, pletóricos e incitando a la gente a insultar, a ser irreverentes y a tadas y se reconocen como parte de la historia de nues-
de taches y de hebillas y de colores. (…) Y al final de no dejar nada en pie. “Crucificadme” y “Satanás está tra música, pero en ese momento no lo eran. Se supone
cada intervención, miles de manos alzándose hacia entre nosotros” fueron algunas de las frases que des- que nosotros ganamos La Batalla de la Bandas y mere-
el cielo, coronadas con una ve y ambientadas con gri- de el micrófono tentaron a la suerte. cíamos el disco. Igual el sentido no era ese, el propósito
tos como descargas de infernales artillerías. Por no El ambiente se volvió tan tenso que tras la pre- no era ganarnos esa grabación, al fin y al cabo el ultra
hablar de las bandas. Alguien imitaba a alguien en el sentación de Mierda hubo un receso no programa- metal o el metal de esa época era muy underground;
fervor y en la mística del rito-rockero-musical-vital”. do. Mientras algunos se abrazaban, otros trataban de preferíamos hacer las cosas por nuestros propios me-
Con el ambiente pesado y los nervios del primer limpiarse la polvareda, buscar a los amigos e hidra- dios encima de que nos la regalaran, aunque si nos la
gran concierto, Spol se apoderó de sus instrumentos tarse, pues la temperatura seguía por las nubes. daban tampoco la íbamos a rechazar”, cuenta Restrepo
y se encargó de abrir el concierto. Los altoparlantes, Excalibur, aunque era metal, pecaba por no ser recordando ese día de tarima.
hasta ese momento utilizados para dar indicaciones, del grupo ultra metal. Tal y como le pasó a Spol, fue- Parabellum se montó al escenario gritando que ha-
se llenaron de un rock suave que levantó nuevamente ron apedreados una vez se subieron al escenario, por bía llegado el metal, que se prepararan todos para la
las silbatinas. Era un público difícil, y al notar que la lo que decidieron bajar sin dar todo su potencial. Una presentación más impactante de la tarde. Hasta los po-
primera canción del grupo no sería la estridencia que parte del escenario ya había sido reventado, lo que licías dejaron de bostezar para ponerse alerta tanto con
fueron a escuchar, comenzaron a volar las primeras auguró que la presentación de Kraken, el verdadero el grupo como con aquellos que desde la arena comen-
piedras y cúmulos de arena. “florero de Llorente”, sería una catástrofe. Sin em- zaban a tirar guijarros a los de las graderías que, se su-
Más que una presentación musical lo de Spol fue bargo, antes del grupo de Elkin Ramírez se debía pre- ponía, eran los que no querían estar en el alboroto.
un acto circense, pues la gran atracción fue ver a su sentar Lasser, y antes de estos dos el turno era para El público enardecía, y las paredes maltratadas a
cantante tratar de cantar mientras se defendía de los el grupo más esperado por el público. No había ter- lo largo del día ya se habían astillado. La pared del es-
objetos voladores. El acto duró una canción, preci- minado Excalibur y ya se oía el grito generalizado de cenario era negra, de cuatro metros de alto y con los
samente hasta que una pedrada en el ojo le avisó al “Parabellum, Parabellum”. cantantes de Parabellum en su cúspide, lo que no fue
vocalista que debía bajarse de allí, en medio del abu- obstáculo para uno de los asistentes que, ayudado por
cheo y el grito generalizado: “¡Caspa, caspa, caspa!”. otro, escaló con el único fin de abrazar a Ramón.
El segundo en escena fue Glostergladiattor, que La visión de Parabellum Ricardo Aricapa, en su crónica “Rock y Anarquía”,
usó las palabras mágicas para que el público comen- Aunque Ramón Restrepo, vocalista de Parabe- así lo reseñó: “Subterráneo, como herido de muerte,
zara a bailar: “Sigue el metal”. No importó el rit- llum, sabía que ellos representaban el género musical surge de las esquinas de los barrios populares de Me-
mo sincopado, la arritmia musical ni la estridencia, del ultra metal, hoy día cree que en la presentación dellín ese grito hondo y desgarrado del cantante del
el público por fin estaba feliz. El vocalista no paraba de ese día hicieron lo que tenían que hacer. grupo Parabellum; un alarido como el de un degollado
de alentar con frases como “el heavy es la solución” y Estaban tras bastidores, y ya había llegado el ru- que se riega airoso y contagioso por la plaza estre-
“que seamos polvo”. Algo de poder tuvieron sus frases, mor al camerino de que el ambiente afuera estaba meciendo cuerpos y levantando polvareda, a pesar

E
l éxito que tenía Súper Conciertos JIV Li- Batalla porque más allá de una manifestación cultu-
mitada había llegado al punto de manejar ral era una manifestación social. Había muchas ban- El cartel
dos emisoras, una columna en uno de los das de punk, de metal, de hardcore, y que al final Fueron ocho agrupaciones en total, y la dinámica
diarios más reconocidos del país y tener fueron seleccionadas, luego de más o menos seis me- del concierto era generar una votación para que las
a todos los grupos locales a su favor. Des- ses de preparación y selección, les escogimos salas de bandas más populares entre dos categorías, exper-
pués del histórico concierto de Argus, Raúl Velásquez ensayos donde les dimos instrumentos un poco más tos y novatos, ganaran un disco. Además, se esperaba
tuvo la idea que marcaría la historia tanto para ellos adecuados para que pudieran practicar y tener una sacar un videoclip de los grupos ganadores y un re-
como para el rock paisa en general. Raúl, Jairo Álva- mejor calidad a la hora de la presentación”. gistro completo del concierto para ser transmitido en
rez, Carlos Alberto Acosta y Vicky Trujillo comenza- Era la primera vez que se vinculaba un medio de televisión nacional.
ron a idearse el concierto La Batalla de las Bandas. comunicación como copatrocinador de un evento de El orden pretendido para esa tarde era Spol, Glos-
La idea inicial era tratar de abarcar todos los gru- rock. El periódico El Mundo fue, además de algunas tergladiattor, Danger, Mierda, Excalibur, Parabe-
pos locales y géneros posibles para promocionarlos y empresas privadas, el que impulsó la realización del llum, Lasser y Kraken.
posicionarlos, pues se miraba mucho hacia el ámbito concierto. Era una apuesta segura, por lo que dineros A diferencia de Ancón, los pormenores técnicos ya
internacional pero no se tomaban en serio los grupos privados y algunos personajes políticos se mostraron estaban listos: una tarima de dieciséis por ocho me-
locales. Un gran concierto que uniera a los rockeros interesados en colaborar en algo realizado para los tros, cincuenta personas de logística controladas por
en la Plaza de Toros La Macarena, lugar que ya tenían jóvenes. Así lo recuerda Carlos Alberto Acosta: “Esos Javier Betancourt, quien había trabajado anterior-
como referente. personajes políticos salieron muy aburridos porque mente con Alice Cooper. La boleta se podía comprar
“Empezamos el proceso, comenzamos a hablar casi los linchan apenas se montaron al escenario y co- en el almacén de JIV Limitada y en otros seis puntos
de eso en el programa de radio y aparecieron muchas menzaron a hablar. La verdad es que los odios entre de la ciudad. Todo estaba listo para aquel sábado 23 de
bandas interesadas en participar”, recuerda Jairo Ál- los distintos géneros musicales, sobre todo los más ra- marzo de 1985, el día de La Batalla de las Bandas.
varez. “Nos dimos a la tarea de ir a visitar todas las zo- dicales como los metaleros y los punkeros, hacia otros
nas donde ensayaban, todos los barrios donde estaban géneros como el rock heavy, el rock estándar y el pop, Primeras horas
las bandas para seleccionar las que iban a participar”. eran muy fuertes, entonces ahí no hubo ninguna con- Como si de un presagio se tratara, la temperatura
Jairo y Vicky eran los encargados de las audicio- vivencia. Fue una real batalla entre los seguidores de en Medellín aquel sábado estaba en uno de sus pun-
nes y de calificarlos. Un día, cuando ya estaban se- unos géneros tratando de matar a los otros”. tos más altos. Treinta grados acompañaban a la ciu-
leccionadas la mayoría de las bandas, apareció un Como organizadores, el hecho de haberle puesto dad en aquellos tiempos sin fenómeno de El Niño.
grupo de punkeros que se sentían relegados. Raúl Ve- La Batalla de las Bandas a un evento que pretendía Mientras las personas del común buscaban la sombra
lásquez, como representante del evento, luego de ha- fomentar la convivencia sí les llamó la atención, al y se abanicaban con lo que tuvieran a la mano, los jó-
blar con ellos les dio la razón, por lo que abrió dos punto de querer cambiarlo días antes del evento por venes rockeros aguantaban el sol mientras hacían la
espacios más de los que tenía planeados. Encuentro de Bandas. Era demasiado tarde, la mayo- fila afuera de la Plaza de Toros La Macarena.
Jairo Álvarez, quien fue el primer vocalista y má- ría de la publicidad ya estaba impresa. Algunos, como en Argus, llegaban ebrios a la re-
nager de Kraken, así lo recuerda: “Kraken era como El mito decía que el concierto se iba a acabar quisa antes de entrar, pues si el policía les detecta-
el gran referente en ese momento y la mitad de los cuando tocara Spol o cuando tocara Kraken, que ba la bota o el litro de cualquier licor lo vaciaba en un
rockeros los adoraban y la mitad los odiaban, enton- eran los grupos “caspa”, los que la mayoría de la gen- considerado río de vicios. El capitán Acevedo se ase-
ces se creó un ambiente muy curioso alrededor de La te de los barrios populares no quería escuchar. guró de que toda persona que pasara al recinto fuera
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al género musical más adelante: “Cuan-


do el reportero gráfico de El Mundo se
acercó a fotografiar la escena de un mu-
chacho desmayado por exceso de rock
y estupefacientes en pleno ruedo de la
plaza de toros La Macarena, en el pa-
roxismo de la efervescencia que vivió
el sábado la juventud rockera de Me-
dellín, uno de los dos jóvenes que, tan
trabados como su compañero caído tra-
taban inútilmente de ayudarlo, enfren-
tó sin alientos al reportero y con una
voz droga y cansada le pidió el favor de
que no tomara la foto porque con ella
iba a perjudicar la juventud. En su en-
sueño artificial el jovencito por lo me-
nos logró captar que semejante foto iba
a ser el más triste testimonio de una ge-
neración extraviada a la cual está atado
por manoplas de cuero negro y correas
anchas tachonadas con estoperoles; una
juventud que se resquebraja en un nihi-
lismo sin brújula; al ritmo metálico del
rock y en plácida traba de metacualona,
la cocaína de los pobres, porque el rock
en Medellín se bajó de clase social y anda
regado como una epidemia por los ba-
rrios populares de la ciudad. Por eso, los
que tuvimos el privilegio de asistir el
sábado a La Macarena para ver lo que
hace la juventud más atravesada de Me-
dellín cuando tiene un espacio físico
de los bomberos, que con sus mangue- Como es natural, las personas de arri- La mayoría de esos catorce mil asis- va, mucha gente salió muy malherida, para su ritual de rock y droga, vimos en
ras no pudieron sofocar del todo ese in- ba comenzaron a responder, y el evento tentes habían salido de la Plaza de To- el concierto no se pudo terminar, fue esas miradas hundidas y en esos atuen-
cendio juvenil”. perdió el poco sentido que le quedaba. ros en los diez minutos posteriores al un fracaso para la banda tener que ter- dos insólitos la avidez de la pobreza. Y
Faltaban por tocar Lasser y Kraken, Cada uno de los involucrados en la gue- suceso. Los cuerpos descompuestos, minar así, escoltados y todo”. bajo esos maquillajes estrafalarios vi-
pero como Parabellum era el último gru- rra comenzó a despicar piedras de las es- empolvados, con ropas desgarradas y La Batalla de las Bandas se convir- mos también las muchachas más lindas
po representante del ultra metal, para tructuras con las botas y las comenzaron botas raídas, en su mayoría, buscaban tió en una expresión violenta, pues ya de Medellín danzando sin uno en ple-
algunos, el concierto había terminado. a tirar. Los dos hombres que manejaban una forma de regresar a su hogar, mien- había un problema social más grande. no ruedo”.
“Y llegó Lasser. Ahora los ánimos el sonido se tuvieron que refugiar en los tras otros se dedicaban a seguir la pelea Lastimosamente, toda esa música pesa- El problema del radicalismo se agra-
tenían el mismo volumen de los alto- tornamesas mientras se cubrían con los y esparcirla por todo el barrio El Na- da se filtró ahí en el mundo del sicaria- varía posteriormente, pues el odio que
parlantes. En los tendidos seguía el en- bafles y las telas negras del escenario. ranjal. Tanto fue así que la mujer de la to, lo que volvió a la época en sí misma había hacia Kraken por una parte del
tusiasmo, pero dosificado, la gente en Ricardo Aricapa terminó su reseña pañoleta roja tuvo que salir corriendo un periodo muy oscuro. público sabotearía un par de eventos
general tiraba juicio. Buena parte de los así: “Era una verbena robada a esta ciu- del lugar y montarse al primer bus que Luis Grisales, quien también asistió más en los años posteriores. El radica-
de la arena ya andaban volando. Y vo- dad voraz donde ya no quedan resqui- pasó por el lugar. Todos vieron partir a al evento, aún no es capaz de hacerse lismo llegaría a su punto máximo y su
lando bajo”, escribió Aricapa ese 1985. cios para los sueños, la que sin embargo aquella mujer en un Floresta San Juan, una idea de la lógica que tuvo la gen- caída en los años noventa, cuando la
Lasser tuvo la misma suerte que Ex- no se aprovechó plenamente porque lo mientras dejaba atrás todo el caos que, te para ocasionar tal grado de destruc- apertura económica y la llegada de ma-
calibur y Spol, pues lo poco que estuvo que se había anunciado como un grito en parte, había provocado. ción. “En ese instante me di cuenta de yor oferta musical volverían absurdo el
en tarima fue para luchar por su vida. de libertad de las bandas y de los súb- Muchos, como Juan Fernando, se algo muy triste, que en realidad la ciu- hecho de pelear por gustos musicales.
Las piedritas comenzaron a volar por ditos del rock de Medellín; lo que se es- quedaron en los alrededores de la Pla- dad estaba pasando por un momento Como ocurrió con Ancón, luego de
todo lado con mayor frecuencia, y la ta- peraba que fuera una batalla fraternal za por el resto de la tarde. Despro- muy crítico, un momento de violencia, La Batalla de las Bandas se vino una épo-
rima, con los golpes en la pared que la entre metaleros, terminó en una bata- gramados, silenciosos, aletargados, que uno no lo tiene en la cabeza. ¿Has- ca oscura donde tímidamente los grupos
sostenía, ya no era un lugar seguro. lla de guijarros entre el público. Y fue pensativos con lo que había sucedido ta dónde una masa es capaz de agredir volverían a sus zonas de confort: parches
Juan Fernando Trujillo había deci- así como el altar del rock fue profana- allí adentro, una parte de ellos quería a otra? Era un despertar, era ver que pequeños, notas con amigos, cada uno
dido desde el principio del concierto ir do por esa minoría sin dirección que terminar el concierto, aunque esa op- las masas eran, y son, idiotas. Si a mí dedicado a lo suyo y los conciertos de ga-
al balcón, pues no era allegado al metal parece empeñada en masacrar todos ción ya era más que imposible. no me gustaba una banda me iba para raje que serían pieza clave para el resur-
ni al ultra metal. Necesitaba un espa- los valores; por esa franja marginal de otro lado o la escuchaba a ver si ahora gir del género en los noventa.
cio sin congestión y donde pudiera ver la cultura urbana que el sábado asistió sí me gustaba, pero yo no tenía esa di-
el fenómeno tranquilamente: gente en masivamente a La Macarena. Confie- ¿Y Kraken? mensión, el querer agredir a alguien
la arena bailando, corriendo, poguean- so que sentí temor por mi vida cuando el En el camerino aún permanecían por música. Con el tiempo es que uno
do y gritando cualquier cantidad de co- ruedo y las tribunas se desocuparon en Vicky Trujillo, Raúl Velásquez, Carlos aprende que hay unos problemas de
sas a los que estaban cerca de él. estampida; cuando ya había varios heri- Alberto Acosta y Jairo Álvarez, quienes fondo, como se viven ahora esos pro-
Ya se habían tirado diferentes tipos dos. Fueron diez minutos mudos en los despacharon a los músicos y les ofrecie- blemas con las barras futboleras que es
de objetos desde abajo hacia las gra- que cualquier cosa pudo haber pasado ron disculpas anticipadas a los miem- algo que no tiene que ver con el fenó-
das, pero quizás el primer gran motivo en La Macarena. La gente pedía música bros de Kraken. meno del fútbol. Si el parqués fuera de-
de la guerra que se formaría fue un bai- y paz, pero los vándalos hacían la gue- Hugo Restrepo, de Kraken, toda- porte nacional también nos daríamos
le de una persona en las graderías. La rra. Todos queríamos que el concierto si- vía recuerda ese tiempo en el cameri- bofetadas por el color de las fichas”.
gente lo recuerda de muchas maneras: guiera, pero no había por dónde porque no: “No logramos tocar en La Batalla de Los reclamos por parte de los contra-
que fue un tipo que empezó a bailar de se había desatado una situación absurda las Bandas porque todo se terminó an- dictores del rock no se hicieron esperar, y,
forma homosexual, que los de las gra- que ya no tenía reversa. En esas estába- tes con el tipo de desorden público que como lo dice Carlos Alberto Acosta, al día
das comenzaron a gritarle cosas a los mos cuando llegó la policía, que boli- hubo, entonces Kraken no se pudo pre- siguiente de La Batalla de las Bandas se En el ruedo La Batalla
que estaban tirando cosas, que nadie llo en mano desocupó la plaza en cinco sentar. No nos vimos en peligro, porque sabía que se tenía que empezar de ceros. comenzó literalmente y
bailó nada, que todo empezó con Spol, minutos. En el tráfago de la salida pre- estábamos atrás en el camerino. No fue “A partir de eso todo se fue para atrás: ya no hubo tiempo de liberar
que todo empezó con Lasser. En todo cipitada, pude ver otra vez al joven de porque estaban en peligro nuestras vi- la Plaza de Toros no la querían prestar, el Kraken. El Titán y sus
caso, Juan Fernando Trujillo asegura la foto. Iba más trabado y ausente, sin das, sino que la gente, el público, se es- los medios no querían saber nada de rock músicos se quedaron en
haber estado diagonal a la mujer de pa- darse cuenta de que en el fondo del ca- taba agrediendo entre ellos. No siento y los enemigos del género se aprovecha- el camerino. Su ausencia
ñoleta roja que empezó a bailar con pa- llejón sin salida en el que se encuentra que hubiera una resistencia a Kraken, ron de eso para difundir más eso de que quedó como una marca. Su
sos de Jhon Travolta. En las tribunas, él y esa juventud que no quiere ver per- lo que se detectó es que fueron riñas el rock era satánico, que el rock era pro- momento no había llegado.
desentendidos del concierto, comen- judicada está la policía esperando”. personales: la gente que estaba en las motor del vicio, y lo escribían desde las
zaron a animar a la mujer, hasta que El capitán Acevedo y sus 48 hom- tribunas empezó a agredir o a hacer co- secciones editoriales. Todos se vinieron
el alboroto fue tal que los que estaban bres se adentraron a la gradería donde sas que disgustaron a los de abajo, pero encima de La Batalla de las Bandas, y el
en la arena se dieron cuenta, y le lan- estaba Juan Fernando Trujillo y la chi- no había una rencilla con ningún gru- golpe fue duro”.
zaron a aquella mujer de pañoleta todo ca de la pañoleta. Mientras unos iban po. Rencilla después, en un concierto El golpe se podía notar desde las
lo que tuvieron al alcance: chitos, papi- de manera pacífica a calmar el alboro- en el teatro al aire libre Carlos Vieco, mismas reseñas al concierto. Una vez
tas, guijarros, arena y bolsas llenas de to, otros, con bolillo en mano, aumen- ahí sí fue una rencilla. Esa del Carlos más el texto Rock y Anarquía, de Arica-
quien sabe qué cosas. taron la tensión. Vieco fue una experiencia muy negati- pa, mostró lo que se le vendría encima
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Bajar al Centro
por J O R G E G I R A L D O R A M Í R E Z
Fotografía: Juan Fernando Ospina

promesas. Tendría razón, pues si uno tipo, las carretas y los buses, los furgo-

M
I mira las fotos del antiguo Teatro Junín II nes y las motos. Los drogadictos, espar-
i encuentro con el Cen- y lo compara con el actual edificio Colte- Cuando se inauguró el metro en cidos desde Barrio Triste a comienzos
tro de Medellín fue el jer se da cuenta de inmediato de la mio- 1995 fue como si hubieran encendi- del siglo y desde Barbacoas hace poco,
descubrimiento de las pía del empresario que tumbaba porque do la luz en Medellín y nos insuflamos que reflejan tanto la alta prevalencia de
ruinas. Había nacido en tenía con qué, se llevaba por delante el de optimismo. Las razones de fondo es- consumo de drogas en la ciudad (la me-
un pueblo pobre pero patrimonio arquitectónico de la ciudad y taban en Montesacro, en la tumba del nos sobria ciudad de Colombia) como la
bello y me estaba criando en otro bien sembraba una torre que no pasó de atrac- capo; en los procesos de paz consolida- atracción nacional que ejercen los pro-
tenido pero ya embarcado en ese ho- ción y símbolo fugaz. Detrás de él vinie- dos, en la nueva constitución política, gramas de atención al llamado habi-
rroroso proceso de cambio que algunos ron otros a competir por las alturas. en la elección popular de mandatarios tante de calle. Una buena imagen del
llaman modernización urbana y que No pasó mucho tiempo cuando el locales, pero el metro era el hecho con- cambio de perfil en la dirigencia del
describió tan bien Marshall Berman so- tornado cogió las viejas calles de San creto —bien concreto— y tangible que Centro es que el edificio del Banco de
bre su amada Nueva York. Félix y Caldas y se las llevó dejando un contribuía a marcar un antes y un des- Colombia en Colombia con Bolívar aho-
Mi papá me llevaba —se supone que rastro largo de manzanas abandona- pués en la historia de la ciudad. Hasta ra está ocupado por Gana, el flamante
yo lo acompañaba— a mercar a El Pe- das y callejones de espanto entre San el insatisfecho Alberto Aguirre quedó grupo empresarial creado a partir del
drero. No me explico por qué íbamos Juan y Ayacucho. Se construía la Ave- conforme con el estado en que quedó el monopolio del chance en Antioquia.
desde Envigado, “bajábamos” se de- nida Oriental que algún administrador Parque de Berrío. La excepción son los núcleos edu-
cía en ese tiempo, pero el caso es que intentó —sin éxito, sobra decirlo— que Tuvimos paciencia para esperar las cativos y culturales que se resisten con
a veces mercábamos allá. El Pedrero se conociera como Jorge Eliécer Gaitán. adecuaciones urbanísticas en las es- plena conciencia —especialmente es-
era literalmente lo que había queda- Quien sí tuvo éxito fue el Éxito, prime- taciones del metro, especialmente, la tos últimos— a abandonar un territorio
do del incendio de la plaza de merca- ro, y después la colonia chocoana que remodelación de la carrera Bolívar. Al- que debe ser de todos. Añadiría algunas
do ubicada entre San Juan y Amador, y supo aprovechar un espantajo de ce- caldía tras alcaldía el Centro siguió entidades del tercer sector como funda-
Carabobo y Cúcuta. Ignoro el caso con- mento que se bautizó Parque San Anto- siendo objeto de intervenciones pun- ciones, cooperativas y cajas de compen-
creto pero todavía en los años sesenta nio a pesar de que le dio la espalda al tuales, unas con más sentido que otras. sación. Hay que admitir la contribución
los incendios eran uno de los disposi- tradicional templo del mismo nombre. Entre las primeras perviven la Plaza que los comerciantes emergentes han
tivos más usados para modernizar: no Tuvimos un respiro hasta que empe- Botero y la peatonalización de Carabo- estado haciendo en Guayaquil, con una
había que pedir permisos, abarataban zaron las obras del metro. Durante diez bo. Las grúas dejaron puentes, estos de- estética más bien deplorable pero nada
la demolición, se premiaban con pri- años el Centro de Medellín fue asola- jaron una enorme deuda en los libros inferior a la de sus antecesores. Lo de-
mas… una maravilla. En mi memoria do desde el salvado puente de Guaya- de la ciudad; los buldóceres abrieron más está constituido por la masa nóma-
están registrados como la forma en que quil hasta el cementerio de San Pedro. vías y arrasaron gran parte del peque- da de millón y medio de personas que
se trasformó raudamente el parque de Las parálisis, la desidia para adecuar ño patrimonio histórico de la ciudad; pasa o va al Centro a alguna cosa, masa
Envigado. El Pedrero era, entonces, un los lugares en construcción y la conduc- ni grúas ni buldóceres contribuyeron que no lo considera su hogar porque el
montón de paredes chamuscadas y de- ta ciudadana convirtieron el improvi- a ampliar el espacio público de Mede- Centro ha dejado de ser un lugar de en-
rruidas a cuyos pies los viejos venteros sado viaducto en el orinal más grande llín, tal vez la capital más deficitaria cuentro reposado o paseo, es un área a
destechados y los nuevos aprovechados del mundo. Las fotografías del Centro del país en esta materia. través de la cual se huye a casa.
ponían costales y básculas sobre ande- eran de lo más parecido a las de Beirut, Bajo el polvo encontramos las nue-
nes y calles para vender las vituallas. vas realidades sociales del Centro. Dos
A una decena de cuadras tenía lu-
que en esos mismos años era el foco de
la llamada Primera Guerra del Líbano. décadas de abandono, escombros y mu- III
gar una escena igual de prosaica pero gre y el paulatino desplazamiento de El llamado “milagro Medellín” —
La comparación cobró sentido cuando
más optimista. Una gran excavación en las élites tradicionales hacia la perife- que data de hace ya una docena de
Pablo Escobar y su pandilla terroris-
La Playa con Junín donde se iría a cons- ria (Empresas Públicas, sedes corpo- años— apenas rozó el Centro. Mede-
ta, convertidos en tiempos de ahora en
truir el edificio más grande de Colombia rativas, las clases altas) habían dejado llín se convirtió en un modelo interna-
protagonistas de novelas, sembraron la
y el símbolo de la pujanza paisa. Estaba el terreno a los segmentos que aún hoy cional en transporte masivo, urbanismo
ciudad de bombas. El investigador ho-
rodeada de unos muros nuevos y provi- son hegemónicos en la zona. Los comer- social y seguridad ciudadana, pero no
landés Gerard Martin contó sesenta ca-
sionales llenos de carteles Horche que ciantes tradicionales de mente decimo- hubo pensamiento ni innovación sobre
rros bomba y otros 140 atentados con
anunciaban todo tipo de cosas, letreros nónica; cacharreros. Los informales, el Centro. No se puede hacer todo al mis-
explosivos entre 1988 y 1993. Los más
en brocha que denunciaban otras y de- desde los que se ubican en la subsisten- mo tiempo, pero el resultado final de las
previsivos caminábamos en zigzag para
cenas de huecos hechos por los novele- cia hasta los mayores contrabandistas prioridades pasadas es que hoy el Centro
eludir en este andén una estación de
ros para ver qué estaba pasando allá del país. Los criminales, desde los clá- es la peor zona de la ciudad. El Centro
policía y en el otro una sede empresa-
adentro, allá abajo. Cincuenta metros sicos atracadores hasta los mercaderes concentra la inseguridad de Medellín:
rial, pero la arbitrariedad de los narcos
más adelante Crescencio Salcedo, cie- de drogas, celulares y autopartes que uno de cada tres robos, incluyendo autos
podía caer sobre un busto de Guiller-
go y sabio, tocaba sus pífanos melancóli- despachan con licencia detrás de La y motos, uno de cada cinco homicidios.
mo Cano en el Parque de Bolívar o en la
cos, descreído, supongo, de tantas bellas Alpujarra. Los trasportadores de todo No hay datos sobre transacciones ilega-
Plaza de Toros en Otrabanda.
les pero deben ser dos de cada tres.
La condición en que está el Centro de
Medellín no es comparable con ninguna
ciudad colombiana. No hablemos de las
pequeñas hermosuras que hay en Popa-
yán y Santa Marta, de lo amables que si-
guen siendo Manizales y Bucaramanga.
Bogotá, con las lacras que dejaron Mo-
reno y Petro, se mantiene firme por la
vida de La Candelaria y Las Aguas. Tam-
poco en América Latina; una referencia
tal vez sea el Centro de Lima, por lo feo,
pero es bastante seguro.
Una explicación complementaria a la
de que la ciudad tenía que ponerse al día
con sus comunas más pobres es la políti-
ca en sus dos principales atributos: el po-
der y la voluntad. Las administraciones
municipales han mostrado tener menos
poder y menos voluntad que los dueños
del Centro. Alcaldes intentaron regu-
lar el transporte privado en los noventa,
peatonalizar más vías, pero los comer-
ciantes legales de mente estrecha no de-
jaron; trataron de sacar los buses de la
llamada parrilla y no pudieron; cada tan-
to formalizan venteros ambulantes y ha-
cen un desalojo, pero al día siguiente se
multiplican; el éxito de Medellín en segu-
ridad tiene su kriptonita en los bajos fon-
dos céntricos. Ahí está nuestro lunar.
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Historia de dos jardineros
Salió un señor y le dije todo: que nos habíamos volado de la
granja, que estábamos muy aburridos, que íbamos para Me-
dellín pero que estábamos cansados y teníamos hambre. Y vea
lo que son las cosas: ¡era un tipo tan buena gente ese! Nos dio
por J U A N C A R L O S O R R E G O chocolate y nos dejó entrar, y ahí al lado de la puerta nos echó
un tendido. Ahí dormimos y al otro día nos madrugamos. Lle-
Ilustración: Verónica Velásquez gamos a Medellín como si nada, y otra vez a gaminiar.
La historia me conmovió, o mucho más que eso: me atrapó Caído
como si se tratara de la mejor novela de bosques y escapadas
—yo recién acababa de leer El doctor Zhivago de Pasternak—, del zarzo
y casi me pareció sentir, bajo las narices, el olor mentolado
de los pinares. ¿Cómo podía, en esa circunstancia, objetar
la titularidad de jardinero del aguerrido don Leonel o tan si-
Elkin Obregón S.
quiera regatear el costo de sus servicios? Para colmo, el vie-
jo sumó un colofón lacrimoso al que ya no podría resistirse, ni
siquiera, el Rey de los Hunos:

TALKING ON MOVIES
H
—Oiga pues don Juan: entonces yo seguí gaminiando. Has-

E
ta que un día que iba por Junín, por la acera de la izquierda, se
ará como cinco años que escribí la his- me cruzó un señor que venía por la otra. Llegó y me dijo: “Niño, l cine de género ha existido desde siempre, y en muchos casos
toria de mis dos jardineros, don Leonel ¿usted cómo se llama?”. “Leonel”. “¿Dónde vive?”. Yo le dije que sigue vigente. En otros no, porque hemos perdido la inocencia
y don Azael, aunque a este, para extre- no vivía en ninguna parte, que vivía por ahí, y él siguió pre- frente a la pantalla. Algunos géneros: el de aventuras, el de va-
mar la atmósfera literaria del relato, lo guntando: “¿Usted tiene hermanos?”. “Sí”. “¿Cómo se llaman?”. queros, el de capa y espada, el de suspenso, el musical, el de te-
llamé el Entelerido. Era largo, mustio y Entonces yo le dije que Mengano, Zutano, Perano… “¿Y her- rror, el melodrama.
tembloroso como una caña al viento o como un es- manas?”. Mengana, Zutana, Perana, contesté yo, y él me mira- Subsiste el de suspenso, con productos desiguales; hace poco vi La chi-
pantapájaros abandonado, mientras que el otro era ba. Y entonces me dijo: “Yo soy hermano suyo”. Imagínese, don ca del tren, que me habían vendido como un eco de Hitchcock; pero ni
pequeño y parlanchín como —precisamente— un pa- Juan, dijo eso, pero yo no lo conocía. Entonces me dijo: “¿Ve al sombra del maestro. En cuanto al musical, acabo de ver el muy promo-
jarillo. La historia es, en lo esencial, así: don Leonel señor que hay allá al frente?, ¿lo conoce?”. Entonces miré y vi a cionado La la land, y, contra todo pronóstico, me gustó mucho; buenos y
se encargaba del antejardín de mi casa manriqueña mi hermano grande, el que había trabajado en Pepalfa y se ha- pocos bailes, lindas canciones, gran respeto del director al espíritu de an-
hasta que trató con alguna insolencia a Luz Dary, la bía ido al monte. Había vuelto. Qué alegría tan berraca. Ese se- taño; además, valor agregado, una soberbia actuación de Emma Stone, ac-
empleada doméstica, y fue remplazado en sus labo- ñor me abrazó y me cargó, aunque yo ya no era tan chiquito, y triz destinada a andar por buenos pasos.
res de poda por don Azael, quien le seguía en la larga así cargándome pasó Junín y me llevó adonde mi otro herma- Claro que resulta imposible exhumar a un Fred Astaire o a un Gene Ke-
lista de espera de la ciudad mendicante. Meses des- no. Viví mucho tiempo con ellos, don Juan. Trabajaban arre- lly, los dos grandes íconos del género, tan insuperables, tan distintos. Astai-
pués, mi esposa perdonó a don Leonel y le confió el glando carros y me enseñaron a manejar. re más grácil, si cabe la expresión, Kelly más atlético, si la expresión cabe.
solar trasero, vedado para don Azael en razón de su Sobra decir que, cuando le pagué por la tarea cumplida, Kelly era además director, y tal vez esto le facilitó tener como partenaires a
tosca manera de blandir el machete. Pero no solo por me pareció que lo estafaba; o, más exactamente, pensé que si Debbie Reynolds, a la adorable francesita Leslie Caron, y a ese asombro lla-
eso: a ojos vistas, el viejecito iba menguando en su también debía pagarle por el relato, era poco lo que ya había mado Cyd Charisse, la danza hecha mujer. Me atrevo a recomendar una pe-
ánimo y salud, día tras día, hasta que una mañana se puesto en su mano sucia y arrugada. Pero a don Leonel no le lícula suya (codirigida, como otras, por Stanley Donen), Siempre hay un día
quejó de un dolor en el pecho y ya no volvió más. Fue importaba nada más. Tranquilo, melancólico, se apoyaba en feliz. No se la menciona mucho cuando se habla de los grandes musicales,
cuando, en su homenaje, escribí un cuento que Uni- el portal y rezumaba una satisfacción invencible que, por su- pero es, en mi opinión, uno de los mejores; no solo cumple con sobra de mé-
verso Centro publicó a modo de necrológica: “La últi- puesto, no le venía de los billetes que empuñaba sino de la en- ritos lo que se espera de ese tipo de filmes, sino que narra una historia vá-
ma visita del Entelerido”. trañable evocación que, todavía fresca, nos envolvía como un lida por sí misma para atraparnos, aunque no estuvieran en ella las magias
Pues bien, el Entelerido no murió. Algo así como humo azul. Entonces, movido por mi obsesión argumental de de la Charisse. No salgo del teatro sin evocar a un Fred Astaire octogenario,
dos años después de que hubiéramos cumplido con lector de novelas o solo por decir algo que acabara con la en- que, en Finian’s rainbow, de Copola, nos regala un auténtico canto del cisne,
sus honras fúnebres, apareció en mi puerta con los rarecida escena, pregunté: para mí lo más recordable de esa película farragosa.
mejores colores y la mejor disposición. Fue entonces —¿Y qué pasó con el otro muchacho? Ahora, el cine de aventuras, pieza ya de museo. No hay que creerle de-
cuando supe por fin su nombre fatídico, que solo por Don Leonel respondió inmediatamente, sin darle mucha masiado al oportunista Spielberg, quien, con el pretexto de revivirlo, lo
una letra no es el del ángel de la muerte del islamis- importancia al asunto: parodia. Indiana Jones no dista mucho de Sábados Felices. Para este es-
mo. Quería retomar sus labores en el antejardín, pero —No lo volví a ver. Creo que se llamaba Azael o Misael, criba (no viví las proezas mudas de Douglas Fairbanks), su mejor ofician-
se vio forzado a aceptar que, por abandono del car- algo así. Era un flaco muy largo, como entelerido. te es Errol Flynn, que fue filibustero, espadachín, legionario, boxeador y,
go, el trabajo estaba ahora en manos de don Leonel, Un escalofrío me recorrió la espalda. No podía ser: la his- por sobre todo, fue Robin Hood. Vi esa película en mi infancia, y represen-
ya del todo redimido después de su descarrío verbal. toria que se había agolpado junto a mi puerta no podía ser tó para mí la aventura por excelencia. Pasados los años volví a verla, con
En el cristianismo ocurre de esa manera. Don Azael tan redonda. Pero, por otro lado, ¿habían sido gratuitas las el lógico temor de perder aquella magia. La perdí, claro, pero en compen-
pareció entenderlo y, con la cabeza gacha, se fue por casualidades previas? Si don Leonel había llegado a desho- sación hallé en ese filme, dirigido por Michael Curtiz, un relato sin fisuras
donde había venido. ras —como por ensalmo— justo el día en que, tras años de ni puntos muertos, un magistral trabajo narrativo. Metiéndome en terre-
Siempre habrá, empero, un nuevo advenimiento ausencia, había aparecido don Azael; y si, además, mi jardi- nos vedados, creo que sería un magnífico tema de estudio en las escuelas
de los ángeles. El día de Santo Tomás de Aquino de nero había aludido de alguna manera, espontáneamente, al de cine. Recuérdese además que a Curtiz se debe también Casablanca, y
2017, cuando mi empleada abrió la puerta para irse, desaguisado que antes le había quitado su trabajo (me refie- eso lo dice todo.
se topó de manos a boca con don Azael. Tenía la cara ro a sus viejas injurias contra Luz Dary), ¿qué tan difícil era Y es hora de darle fin a esta tertulia, tan caótica como insulsa. Quede
rosada y redonda, la dentadura casi completa, mon- que, ahora, la historia adoptara la forma de una vieja aven- para otra ocasión hablar del wéstern, si nos dejan.
taba una bicicleta, y sin duda albergaba la esperanza Y al decir eso empezó una de sus largas peroracio- junto a la casa y que terminaba en un muro. Por ahí tura compartida por los dos rivales? Al fin y al cabo, un círcu-
de que, a la sazón, don Leonel hubiera salido del es- nes autobiográficas. Por lo visto, no estaba tan “chi- nos trepamos y salimos al laíto de la quebrada. Cla- lo solo puede ser redondo si lo es totalmente; quiero decir que
cenario. Otra vez se llevó un chasco, aunque enton-
ces tuvo bríos para argumentarme su pretensión:
quito” cuando murió su progenitora, pues la historia
incluía una escena en el batallón Girardot, cuando
ro pues que allá se dieron cuenta de que nos habíamos
ido: allá siempre se daban cuenta y salían a perse-
su redondez no es azar sino necesidad. CODA
Mi privilegio consistía, por supuesto, en ser el testigo ex- En un librito, casi un folleto, que supongo de mínimo tiraje, Zoraida Ga-
—Pero es que este trabajo era mío antes. ella le llevó un trozo de carne guisada con papas y guirlo a uno con perros. Nosotros oímos toda la bu- clusivo del sorprendente reparto de cartas de la vida. Pero de viria revive la casa que fue de su hermano, el poeta Pacho Gaviria. De he-
—Sí, don Azael, pero como usted no volvió se lo arroz, todo embutido en un viejo tarro de galletas. O lla: oímos ladrar a los animales mientras pasábamos la manera más torpe, creyendo que debía poner la última pa- cho, el libro se llama La casa de Pacho poeta, y consta de dibujos digitales
di a otro señor. quién sabe a qué se refería el jardinero con aquello de la quebrada. Con ese frío tan berraco, ¡oiga!, y a se- labra del cuento, dije lo que no hacía falta: que recrean los espacios de esa vivienda. Las pinturas de Zoraida (porque
—Deme la oportunidad otra vez. haber perdido a la madre: quizá quiso decir que no guir corriendo. Lo bueno era que ellos tenían que dar —Quién sabe dónde andará ahora. El día menos pensado pinturas son) tienen un poder evocador que conmueve. Al menos para mí,
—¿Y qué le digo al otro señor? Está que aparece. había contado con su abrigo desde muy niño, porque, una vuelta: tenían que salir por la puerta de la granja se encuentran. que también habité esa casa, y vuelvo a encontrarla gracias a esas imágenes.
Qué falla, don Azael, pero no puedo. cuando terminó la faena botánica y quiso disimular y darle la vuelta al muro para llegar al puente. Enton- Don Leonel sonrió de modo burlón. Ahora sí, telón.
No tuvo otra opción que irse, pero en algo lo con- su tarifa descomedida con una nueva historia, se refi- ces yo le dije al pelao que nos subiéramos a un pino,
formó un billete proletario que le ofrecí para que se rió a una pintoresca aventura de abandono: ya habíamos llegado como a un bosque. Y esos pinos
tomara un café. No había pasado media hora cuando, —Imagínese don Juan que cuando yo estaba chi- son muy oscuros, don Juan: ahí no lo ven a uno. Pre-
del todo ajeno a sus hábitos crepusculares —todavía quito no hacía sino gaminiar. Yo tenía hermanos gran- ciso, nos trepamos bien alto y nos quedamos quietos,
nos agobiaba la llenura del almuerzo—, don Leonel des pero ellos vivían en otra parte. Uno hasta se había y vimos a esa gente pasar y devolverse al rato. Yo no
tocó el timbre. Juro que, cuando dije a don Azael que ido a trabajar con la guerrilla. Salió de Pepalfa y se fue sé en las películas por qué los perros siempre encuen-
su rival iba a aparecer de un momento a otro, mentía para allá. Entonces yo vivía en la calle, aunque algu- tran a la gente, porque a nosotros ni nos olieron. Al
con la sola esperanza de disuadir al resucitado. Pero, nas veces me llevaban para el Preventorio, que queda- rato nos bajamos y seguimos caminando, hasta que
como si mis palabras lo hubieran invocado, llegó don ba en Belén. Ah, pero yo me volaba porque, dígame, llegamos al filito desde el que se ven las luces de Me-
Leonel; y no solo eso: me saludó aludiendo a su re- don Juan, ¿uno qué hace encerrado? ¿Y con policías? dellín. “Ah, listo”, le dije yo al pelao, y nos dio esa ale-
ciente encuentro con Luz Dary, con quien se había En una de esas me llevaron a una granja en Santa Ele- gría tan berraca, porque sabíamos que los de la granja
cruzado cuadras más abajo, cerca del cementerio San na, ahí al lado de la capillita. Pero como eso fue hace no nos iban a perseguir hasta allá. Claro pues que to-
Pedro. Como si hubiera adivinado la visita del Entele- tanto tiempo, era como si quedara más lejos que aho- davía nos podían coger. Como uno tenía un uniforme
rido y hubiera recordado el affaire que años atrás lo ra. El bus llegaba hasta ahí y daba una vuelta para co- —un uniforme como de soldado—, la gente lo reco-
puso a él contra la espada y la pared, quiso aclarar el ger la carretera que iba al Tambo. Eso era puro monte nocía a uno. Y había campesinos que veían a los que
lugar especial que nuestra empleada ocupaba ya en y la quebrada le llegaba a uno hasta el ombligo. ¡Era se volaban y llamaban a la granja o a la Policía, o ellos
su corazón: limpia la cosa más sabrosa! Imagínese pues, don mismos le echaban mano a uno y lo llevaban otra vez
—Quiubo, don Juan. Ahí me encontré con doña Juan: nos tenían allá encerrados en la granja, traba- allá. Por eso nos volamos de noche: para que no nos
Luz Dary. ¡Como es de querida! Iba dizque a visitar la jando y rezando. “Ah, me voy a volar”, dije, y le dije a vieran fácil. Entonces empezamos a bajar a la carrera
mamá al cementerio. otro pelao: “Oiga, yo me voy a volar”. “¡Listo, yo tam- para llegar temprano a Medellín. Ah, pero nos mama-
—Ah, sí. Se le murió en julio. bién!”, me dijo él. Entonces a la noche, cuando íbamos mos; nos mamamos, don Juan, y terminamos arri-
—Tan siquiera la tuvo hasta ahora. Yo la perdí para las piezas, seguimos hasta el fondo del corredor mando a una finquita. El pelao siempre tenía miedito
hace muchos años, desde chiquito. y nos metimos a un jardín, uno muy grande que había pero yo le dije que tranquilo, y fui y toqué la puerta.
12 # 83 # 83 13
limita las experiencias sensoriales al no emperador del que ningún otro poeta o
poder nombrarlas. El barroso amariña estudioso pudo contagiarse.
no expresa la amplitud del alma nueva Cuando salí de estas divagacio-
de su sociedad, ensanchada por los me- nes era la última tarde de sol antes
lodramas televisivos, las películas ame- del invierno. La ciudad, vista desde el
por F E L I P E C Á C E R E S C E R Ó N ricanas, la internet, se queda corto y mirador urbano frente al palacio presi-
Postales de Etiopía Fotografías por el autor
pobre y, resumiendo, insuficiente ante
la aparición de ignoradas —aunque es-
tereotipadas— formas de sentir el mun-
dencial, durante un momento, hundida
en la humareda de amarillo quemado
de la polución, era una bruma deflagra-
do, la religión y el amor, etcétera. da. Pero hasta aquí, la huella que bus-
El ébano ya irreparable de una boca caba seguía siendo intangible y quería
que dice “oh, my God” para exclamar una saber más. Supe que los grafitis de mala

N
sorpresa, en plena calle, solo ocurre en la caligrafía que se escriben en paredes
capital, razonaron los otros. El problema anónimas durante la noche se borran
o era, pues, el único habi-
está en los hablantes, no en la lengua. El al amanecer por la policía, con pin-
tante en la tierra.
campo abierto que se extiende afuera es tura roja, aunque todo el mundo sabe
A veces, cuando en-
como el agua de un manantial sin desti- que están allí. De modo que el silencio
cuentro por la calle, en los
nos forasteros. Y no dijeron más. también se extiende por la venas de los
rostros de los que pasan,
Tewodros Hailu, que además de lin- suburbios como una revolución en ger-
la cara de mí tía, la de mis hermanas,
güista y poeta cepillaba los caballos de men, como un desastre natural. Venía
las de amores y amigos hace mucho
Haile Selassie, el emperador rastafari, el fin del semestre académico y pensaba
tiempo olvidados, un poco oscurecidos,
estuvo agonizando hasta la muerte en el visitar la ciudad de Harar ese fin de se-
tengo la sospecha de que Adís Abeba no
barro de un día invernal de julio a cau- mana. Disuadido por Zaid, un pakistaní
es real. Pero basta escucharlos discu-
sa de una doble patada que su potran- de ojos pequeños y rápidos y muy inteli-
tir en su lengua para recordar de dónde
ca negra de cola rubia, cuyo nombre no gentes que trabaja en la Cruz Roja inter-
venía y dónde estaba. En cierto sentido,
pude averiguar, le zampó en la barbilla nacional y que me previno de las rutas
este modo tan ignorante de viajar, de
romana sin que hubiera podido llevar a por carretera debido a las protestas ar-
salir a buscar planetas fuera de la casa,
cabo el proyecto encargado por el em- madas de los oromos que habían monta-
me estaba volviendo pobre como el pai-
perador de unificar todas las lenguas de do retenes en las fronteras y quemaban
saje que tenía delante. A cada paso que
su territorio bajo un alfabeto de signos y buses de turistas después de bajarlos y
daba, limitado a mis pensamientos en
sonidos comunes, librándolo de sus preo- fundirles el estómago a plomo de AK47,
otros idiomas, había comenzado a per-
cupaciones. Debía concentrar sus fuer- negándose al avance depurador del pro-
der la memoria de los nombres que sa-
zas y su atención en la catedral gótica greso que los expropia para vender sus
bía en español, los títulos de los libros,
de la que provenía su idioma, el ge’ez, tierras a los chinos. Rimbaud tenía que
las fechas, las palabras. Desheredado
y multiplicar los sinónimos para, redi- esperar. Todavía no había comenza-
de mi propia lengua e inválido a mi ma-
mido de las cárceles fonéticas tribales, do a soñar con las hienas que encontra-
nera, sin lenguaje, necesitaba actuar
superar las onomatopeyas, que son ape- ría en ese lugar, que alimentaría con mi
con sabiduría, comprendía mi entrada
nas el segundo estado de una lengua en mano, ni con el desierto. Tenía la sensa-
por la puerta trasera y quise enmendar-
su aspiración a ser civilizada y que aún ción de haber penetrado un secreto y es-
me enseguida, y comprar el periódico
caracteriza su comunicación de mugi- tar muy adentro y al mismo tiempo más
en amárico.
dos rumiantes y kas explosivas. El nue- afuera de lo habitual. Como si le estu-
Fui a las calles donde la gente sin tra-
vo inventario de la realidad debía ser el viera pidiendo a un idioma antiguo lo
bajo se agolpa en las esquinas para leer
más perfecto, equipararse a las poten- que podría existir en el espíritu de otros
avisos clasificados. El rincón este de
cias europeas y ser aquella expresión planetas, no faltaban menos ni mejores
Arat Kilo, como un punto de calvario,
del espíritu que hasta entonces nadie razones para estar perplejo al encontrar
amontona una multitud diaria en cere-
había sido capaz de realizar. La lengua la necrológica del amárico oponiéndose
monia silenciosa ante las ofertas de em-
ilustraría de ese modo la forma de vida, a su deseo de vida, y vislumbrar vaga-
pleo, gallinas gordas, casas muy caras.
por las enunciaciones, integrando los mente, frente a mí, el filo de una espada
Tropezando unos con otros miramos las
dialectos. Fue el delirio más secreto del nacionalista y vulgar.
carátulas vencidas del Times que se exhi-
ben por el suelo, sobre cartones, los dia- acecho de un intencionado cambio de concluyó, y me despachó sin que pudie- Intrigado, lo dejé allí sentado sin
rios en inglés y en amárico, sus garabatos tono, de alguna grieta que precipitara el ra argüirle ninguna lógica. atreverme a cruzar la puerta. De un
iluminados para mis ojos de analfabeto. paso hacia el sentido. Reprochaba mi ne- El ímpetu con el que entré y con el modo poco claro, ese territorio de silen-
Me llevé uno bajo el brazo. Apenas gligencia al no haber comprado un al- que salí me aguzó la vista. No lo había cio que ahora compartíamos juntos me
estuve encerrado, sintiendo que flo- fabeto desde el principio, podría haber pensado. Entraba y salía de aquel edi- hizo pensar que el lenguaje ausente en
recía un mundo nuevo, lo estudié. El encontrado rasgos definidos de su espíri- ficio muchas veces todos los días, pero las paredes y en los cuartos de los otros
hechizo iba descendiendo al centro tu absoluto en menos tiempo y solo a la no reparé hasta entonces en la pátina chicos que pude entrever mientras aban-
mismo de una vida desconocida. Re- segunda semana, Ferdiduke mío, comen- de silencio que barnizaba las paredes. donaba el edificio, como una ciencia te-
paraba las fotografías y las caricaturas cé a reconocer anglicismos repetidos que Recorrí los pasillos de la facultad como nebrosa, debía residir oculto en alguna
políticas para imaginar el argumen- el locutor pronunciaba con un acento rá- si estuviera a oscuras y llevara una lin- parte. ¿En la lógica de otro idioma? ¿En colección

to de los textos. Todas las palabras que pido de máquina china: masterplan, im- terna. Por primera vez me daba cuen- alguna otra lengua desconocida y secre- FUNDADORES

me hacían falta estaban frente a mí, ex- portation, exportation. Entretanto seguía ta de que no había afiches de nada, ni ta? ¿En el mismo amárico?
travagantes, en un abismo de miste- con mi vida de profesor universitario ex- avisos de notas ni carteles. Busqué mar- Como para entonces mi mujer ya me
rios que me hablaba de otros tiempos tranjero. Un día de esos criticaba men- cas de nombres en las puertas oxidadas había dejado, y nada me distraía, estu-

UNAULA
y, pensativo, pasaba las páginas es- talmente las irrupciones del inglés en la de los baños, en la madera de los pupi- ve semanas agotando la bibliografía
perando encontrar noticias sobre los radio cuando sonó mi teléfono. tres. Anduve deambulando por las de- sobre el uso del amárico y su composi-
milagros de Cristo o alguna crónica —¿Abet? —dije, ensayando. más facultades sin encontrar una sola ción lingüística. Cuatro años atrás, en
ilustrada de su época. Volví a la fecha
del diario, alegrado por ese pensamien-
Crucé la mirada fría de los dos leo-
nes de piedra enfrentados sobre la
huella que delatara la vida secreta de
un estudiante, o algún evento con pre-
el 2004 de su era, se fraguó una discu-
sión en la radio entre académicos por el
CONQUISTA
to: marzo 25 de 2008.
Leí otra vez. Mi corazón dio un salto.
enorme puerta de la universidad sin
dejarme intimidar. El campus exhala-
cios y fechas. Berhanu, mi mejor estu-
diante, vivía dentro del campus y corrí
salto que el gobierno dio en las escue-
las primarias al sustituir el maravillo-
POPULAR
La geometría del calendario alejandri- ba el aliento del cambio de estación ha- a visitarlo. Me urgía un impulso inspi- so alfabeto tradicional por el alfabeto
no con ocho años y cinco días de retra- cia los árboles que ya traían los aires rado o una intuición que vinculaba con latino, a b c d, y que puso en oídos de
so estaba todavía fuera de mi alcance. de invierno. Practicaba la pronuncia- mi aprendizaje de su lengua. todos a través de las ondas inalámbri- Roberto Luis Jaramillo
Fui a otras esquinas y a otros puntos de ción de las dos o tres palabras nuevas Estaba echado en su estrecha cama cas el enfrentamiento de si su lengua, [INVESTIGADOR PRINCIPAL]

venta e hice preguntas. Y de todas par- que había escuchado en la radio, era un con la puerta abierta, leyendo un libro desde la raíz, es elástica o limitada. La
tes volví alimentado por el mismo pre- día claro y fresco, entré a la sombra del de matemáticas aún más incomprensible vieja dama menesterosa de la Abisi-
sentimiento egoísta: estar aquí era la edificio de la facultad y descubrí a las por las explicaciones en amárico. Estu- nia, estirándose las arrugas, cambiaba
oportunidad para destejer el pasado y mujeres del aseo, con sus pañuelos ne- ve a punto de hacer una de mis pregun- de mitología. Aquellos que defendían
reconstruirlo. Se me permitía la única gros de nudo musulmán en la cabeza, tas estúpidas, y en cambio dije: “¿Dónde la decisión del gobierno habían asumi-
cosa que no había soñado: viajar en el retirando los poemas escritos por mis están los poster de chicas en bikini?”, al do que hay una frontera clara y del otro
tiempo, y enmendarlo. La memoria que estudiantes y que, para exhibir su des- no ver, como preveía, señales de su vida lado, en otro idioma, está el futuro. La
estaba perdiendo era una memoria que treza, colgamos en el corredor del pri- privada en las paredes desnudas. Son- vieja lengua no puede crear conceptos
aún no poseía. Una memoria futura que, mer piso en una cuerda, con ganchos de rió como un buda negro. Al sentarse en inéditos, está liquidada, moribunda,
en suma, no podía utilizar de la misma ropa, a la espera de que sus versos to- el borde de la cama noté que solo había por lo que toma las palabras extran-
forma que hasta entonces había usado. maran forma al calor del tiempo. Las una cama, el libro de matemáticas, sus jeras como llegan. Debido a que nun-
Mi rostro ya no sostenía el equilibrio. Es- interrogué. “No inglisiña”, respondie- cuadernos, el maletín, una mesa coja ca antes habían tenido primores como
taba muy bien vestido en medio de los ron, malignas. Subí furioso las escale- sobre la que descansaba un montonci- el papel higiénico, la ausencia de las
otros, pero mudo y equivocado. ras hacia la oficina del director con las to con su ropa. Que la policía secreta lo condiciones materiales para desarro-
Esta gramática hueca del pasado im- hojas despedazadas y se las enseñé. Es- sonsacaba dos días imprevisibles a la se- llar ideas al respecto incrusta en el flujo
perfecto y el futuro perfecto obraba por los tuvimos discutiendo un momento. Para mana por venir de las afueras de Adís, de su pensamiento una práctica refle- Ediciones
efectos secundarios. Para compensar, du- zanjar la conversación, sentado encima dijo, de un pueblo cercano, del country- ja, indolora y rápida, que borra la vida
rante las mañanas, puse la radio en amá- de su escritorio con las manos cruzadas side, por ser de la tribu oromo esculca- pasada. La experiencia de las sucesi-
rico. Dediqué un examen descuidado para sobre el pecho, me explicó, masticando ban sus bolsillos, miraban debajo de la vas guerras internas y los recomienzos,
UNAULA
habituar el oído mientras me ocupaba de su inglés chicludo de cabra, “no se pue- cama, buscaban libros prohibidos, al- confusos como una pesadilla viviente,
limpiar la casa, preparar el desayuno, fu- de colgar nada en las paredes, porque gún indicio de conspiración o impureza insisten en la construcción de una ver-
marme un cigarrillo. Era mi canto de si- se ensucian”. “No estaban en la pared, contra sí mismo o contra el honor del go- sión “modernizada” del presente. Pues-
renas y a veces, concentrado, me ponía al sino suspendidas”, dije. “Es lo mismo”, bierno y el Estado. to que lo vernáculo, según argüían,
14 # 83 # 83 15

No lean más N
o sé si haya en la jungla joven y robusto, amante de los deportes, atraído espe- Cuando no podía distinguir entre el sueño y la vi- introducidos, seguramente, por algún espíritu burlón.
cultural una cosa más trá- cialmente por el agua. En él, la pasión por el cuidado gilia, decía, “prefiero el primero. En los sueños somos Lo que no han querido ver nuestros lectores medie-
gica, más lamentable, que físico solo tenía comparación con su maravillosa in- inmortales y conservamos la parte más preciada del vales es que la literatura es el único verdugo, el único
cause más tedio y resen- quietud intelectual: “¡No hay nada más agradable que mundo, sus imágenes. Qué dicha pensar que lo que enemigo amado del hombre.

de eso,
timiento con la vida que pensar caminando a grandes pasos! Partir a pie cuan- hemos amado existirá siempre en torno nuestro. Es- Verán: el problema de Maupassant fue que la sensi-
encontrarse a un lector. No a un lector do amanece, y caminar bajo el rocío, a lo largo de los toy cansado de la vida”. bilidad literaria le facultó para describir su decaimien-
cualquiera, no a uno cauto o silencioso, campos, a orillas del mar calmo, ¡qué embriagador!”, El tercer mundo del que habla Nerval consiste en to de una manera tan impactante que él mismo, dice,
no a uno que haya entendido de qué va decía. Su brillantez fue por todos admirada, así como una especie de combinación entre lo real y lo imagina- hubiera deseado no acercarse nunca a la literatura “de
el asunto, ¡no!, sino a un lector de los por todos lamentado el estado en que cayera a raíz de rio, se es consciente de que hay algo en el mundo que haber sabido que es como una antorcha que ilumina

por favor
que no soporta que el mundo no sepa un deterioro físico que le valió el deterioro mental que hemos metido en él, sabemos que hay algo en el mundo la esquina grotesca de un cuarto oscuro en el que los
que él es un lector. le llevó a la muerte. que le pertenece a nuestra imaginación, que es, como amantes, extasiados, no habían percibido al demonio
Entre ellos hay casos especiales. La mañana de mayo 25 de 1893 escribió en El hor- dijo Cortázar, el producto de nuestra nostalgia. Nerval perverso que les miraba en silencio”. Pero el asunto no
En 1995 el escritor español Javier Ma- la, su relato más perturbador, algo que nos hace testi- lo supo cuando, atormentado por el abandono de Au- acaba allí, no solo es que con la literatura el sufrimien-
rías recibió el premio Rómulo Gallegos gos parciales de su decaimiento: “¡No siento ninguna relia, la mujer que amaba, pensó en lo que había perdi- to sea más agónico, o que los precipicios se muestren
y como es habitual ofreció un discurso mejoría! Mi estado es realmente extraño. Cuando se do pero no fue capaz de saberlo: una era la Aurelia real más altos y sea más destructiva la caída; el asunto es
corto, en él contaba que el filósofo ru- aproxima la noche, me invade una inexplicable in- y otra la que él veía, que era una combinación entre la también el problema del “tercer mundo” de Nerval.
mano Emil Cioran consideraba que es- quietud, como si la noche ocultase una terrible ame- real y la imaginada. Al perder a Aurelia, Nerval no sa- A diferencia de Maupassant, a Nerval le gustaban
taba mal leer novelas: la realidad es tan naza para mí. Ceno rápidamente y luego trato de leer, bía realmente qué había perdido, y acá voy uniendo ya esos episodios controlados en los que en sueños sa-
rica, tan trágica, tan sorprendente, tie- pero no comprendo las palabras y apenas distingo las estas historias que parecen no tener relación. bía que soñaba, le gustaban los episodios en los que,
por J H O N I S A Z A ne tantos misterios que no se entiende
cómo alguien puede dedicar el tiempo
letras. Camino entonces de un extremo a otro de la
sala sintiendo la opresión de un temor confuso e irre-
Hay quienes dicen que los hombres hacen litera-
tura porque están aburridos con el mundo. Que re-
despierto, se imaginaba que soñaba. Es fácil encon-
trar en la literatura y en la vida misma ese elemento:
a la ficción, a la mentira, a lo que no su- sistible, el temor de dormir y el temor de la cama. A clamando la falta de belleza o astucia o sencillez de parece que aceptamos sin recelo entrar en episodios
Ilustración: Samuel Castaño cede. El consejo de Cioran era simple y las diez subo a la habitación. En cuanto entro, doy dos las mujeres que les rodean se ponen a leer historias fantasiosos, lejos de la cotidiana y aburrida vida de
sensato: si porfiamos en alejarnos de la vueltas a la llave y corro los cerrojos; tengo miedo... sobre mujeres de mentiras y se van enamorando de los días, y que a causa de nuestra inconformidad con
práctica que tanto prepara y cambia la ¿de qué?... Hasta ahora nunca sentía temor por nada... Penélope, de Dulcinea del Toboso, de Antígona, de el mundo le damos vía libre a la imaginación. En La
vida, y tercos nos ponemos a leer, en- abro mis armarios, miro debajo de la cama; escucho... Yocasta o de Mia Wallace. Que inconformes con el ca- hora del Diablo, Fernando Pessoa propone un diá-
tonces que sea sobre la realidad: perió- escucho... ¿qué?... ¿Acaso puede sorprender que un rácter que les tocó imaginan que son Ulises, el señor logo entre la Virgen María y el Príncipe de las tinie-
dicos, historias, biografías. En alguna malestar, un trastorno de la circulación, y tal vez una K., el coronel Aureliano Buendía, Ignatius J. Reilly blas, quien trata de convencerla de que ella, útero de
parte del discurso Marías lo dice: leer ligera congestión, una pequeña perturbación del fun- o cualquier otro hombre de mentiras que valga más Dios, le ha pensado siempre; de que ella, modelo de
literatura es para insensatos. cionamiento tan imperfecto y delicado de nuestra má- que ellos. Hombres simples que veían en los espejos a mujer, cree todas las noches en él y le evoca con pa-
Les contaré dos historias cortas quina viviente, convierta en un melancólico al más hombres simples y en la calle o en la cama a mujeres sión. María, claro, se muestra confundida, sabe que
como excusa para hablarles de dos es- alegre de los hombres y en un cobarde al más valien- complejas y que ahora, gracias al artificio de la fic- es falso, y que nunca ha faltado a Dios. A lo que el
critores: Guy de Maupassant y Gérard te? Luego me acuesto y espero el sueño como si espera- ción, ven algo que merece menos su desprecio. Y len- Diablo responde: “Dicen que muchas hechiceras han
de Nerval. Luego intentaré demostrar- se al verdugo (…) Duermo durante dos o tres horas, y tamente la literatura los va enfermando. Su mundo tenido relaciones conmigo, pero es falso; en realidad,
les que la literatura es para intelectos luego no es un sueño sino una pesadilla lo que se apo- se multiplica y es ahora la suma de todo lo que hay y hechiceras o no, las mujeres tienen todas las noches
pequeños y para espíritus débiles, veré dera de mí. Sé perfectamente que estoy acostado y que todo lo que querrían que haya, entonces después los relaciones con su propia imaginación, que, en cierto
si puedo convencerlos de que si leen li- duermo... lo comprendo y lo sé... y siento también que hombres ya no sabrán distinguir, y serán como Ner- modo, soy yo. Así pues, esté usted tranquila. Corrom-
teratura tienen que aceptar que son alguien se aproxima, me mira, me toca, sube sobre la val: “Lo que temía pasó, ahora no sé si la belleza de po, es cierto, porque hago imaginar”.
unos cobardes, y si nos va bien conclui- cama, se arrodilla sobre mi pecho y tomando mi cue- Aurelia le pertenece o si es la que tomé prestada de la Ahora tenemos que la literatura no solo nos hace
rán conmigo que deberíamos alejarnos llo entre sus manos aprieta y aprieta... con todas sus plácida Ofelia, si su encanto está en sus carnes o en la ver más viles y tristes las cosas viles y tristes de la
de la literatura. fuerzas para estrangularme”. Un mes después, cuando imaginación de Shakespeare; ahora no sé qué de la vida, sino que nos invita a alejarnos del mundo y me-
*** la demencia se hacía ya insoportable, Maupassant in- mujer que amo es suyo, y qué de las mujeres perfectas diante la imaginación proyectar sobre su superficie
1. Cuentan que una noche Mercedes tenta explicarse lo que sucede, piensa: “Ciertamente, que la literatura ha creado para mí. ¿La culpa es mía?, cosas que no están en él. Parece que Pessoa insinúa
Barcha supo que García Márquez estaba estaría convencido de mi locura, si no tuviera perfec- detesté el mundo, recuerdo que una noche pensé que que la imaginación es Diablo en tanto que entre más
triste. “Estaré en cama”, le dijo, y lo dejó ta conciencia de mi estado, al examinarlo con toda lu- Aurelia sería incapaz de enamorarme. Al día siguien- cerca estamos de ella, más lejos del mundo, y más le-
a solas en el estudio. Casi al amanecer cidez. En suma, yo solo sería un alucinado que razona te la amé. Ahora lo sé. La imaginación que alguna vez jos, por tanto, de lo único que podríamos poseer y
llegó él, “¿ya está?”, preguntó ella, “ya”. (…) hoy todo debería ser más fácil ahora sabemos que me ayudó a huir del mundo que aborrecí me ha he- que el buen Dios dispuso para nosotros. El proble-
Lloraron juntos hasta el alba, dicen, la el misterio de la mente no es tal, que cada parte del ce- cho vivir en un tercer mundo, combinación de éste y ma no está en que la literatura invite a crear mundos,
muerte del coronel Aureliano Buendía. rebro tiene su función, y que lo mío entonces tiene que de aquel. Ya no sé qué de mi tercer mundo es una ilu- a vivir en ellos, a complacerse de ellos, el problema
2. El hombre que no fue jueves es una ser, por tanto, algo físico, que he perdido, por razones sión. Tengo miedo”. quizá resida en lo diferente que son ambas, la litera-
novela juguetona en la que Juan Este- incomprensibles y funestas, mi facultad de controlar El problema es que Maupassant y Nerval no son tura y la vida, en lo bella que es aquella y lo patética
ban Constaín cuenta que en 1884 el es- la irrealidad de ciertas alucinaciones (…) o tal vez he casos anómalos. Aquí va la advertencia: que es esta. Difícilmente podríamos decir con senti-
critor inglés G. K. Chesterton visitó a sido juguete de mi enervada imaginación”. La calle y las universidades y las escuelas están lle- do que fue Aurelia la culpable de la locura de Ner-
sir Arthur Conan Doyle. Chesterton ad- Francés también, traductor de Goethe, Schiller y el nas de gente que no solo reconoce el gran valor de la li- val, el peso cae sobre él porque Nerval, dice, creyó
miraba la inteligencia del creador de Heinrich Heine que odió a los alemanes por quemar li- teratura sino que insiste fanáticamente en sugerir la en el amor de la literatura, creyó que las mujeres de
Sherlock Holmes. Al llegar a su casa bros y que diría, cuan profeta: “Donde se queman li- tontería de todo aquel que no se incline a sus nobles la vida real eran como las mujeres de Shakespeare.
encontró un montón de gente enlo- bros no tardará en quemarse también seres humanos”, pies. Lewis Carroll, el que inventó el país de maravi- La literatura es culpable, no obstante, de mostrarles
quecida, eran los lectores de novelas Gérard de Nerval tuvo una obra quizá tan corta, tur- llas del que Alicia Lidell nunca pudo salir, dijo alguna a nuestros ojos infantiles y hambrientos las golosinas
detectivescas de Conan Doyle y esta- bulenta e impactante como su vida misma. La madru- vez que la definición de hombre es “animal que hace li- infinitas que nunca serán nuestras.
ban dispuestos a sepultar bajo piedras, gada de 1855 su tía encontró junto al cuerpo del chico, teratura”. Y con ella, tenemos cientos de virtudes: de Y eso, el desprecio que causa, es una de las tan-
tomates y fuego la casa del escritor. que se mecía como péndulo ensordecedor, una nota la literatura se dice que es el alimento del alma; de la tas cosas que no se dicen de la literatura. De la lite-
Chesterton vio también, en la segunda que decía: “No me esperes esta tarde, porque la noche literatura se dice que Dios, incluso, se revela por me- ratura no se dice, por ejemplo, que fue la culpable de
planta, al pobre hombre pálido y aco- será negra y blanca”. La locura le llevó al suicidio. dio de ella; los aborígenes australianos creían, cuenta que la sensual Milena Jesenska, la escritora y perio-
rralado, caminando de un lado para el En las primeras páginas de Aurelia, el libro que Bruce Chatwin, que cuando el mundo no era mundo, dista que tanto amó Franz Kafka, decidiera decirle,
otro, agitando un pañuelo blanco en la carga con el nombre de la última mujer que recordó cuando no estaba poblado por nada, salvo una tribu tras el segundo encuentro en un romance epistolar
mano derecha. Preguntó y le dijeron amar y que le llevó, dice, inocentemente al extravío, que los dioses parieron para tal fin, los mismos dio- que duró dos años, que ella no amaba a Kafka, que
que Conan Doyle había publicado un nos hace también testigos de su deterioro: “Intentaré ses dieron a los hombres dos cosas, poesía y música, ella amaba las cartas de Kafka, que Kafka sin sus ho-
relato en el que Sherlock Holmes mo- transcribir las impresiones de una larga enfermedad y los hombres de las tribus se dividieron, partió cada jas no era más que un sujeto incapaz para la vida; lo
ría junto con su enemigo. Nadie podría que se ha desarrollado íntegramente en los misterios uno en dirección opuesta, hacia nadas distintas, y lle- que no se dice de la literatura es lo que sugería Pes-
permitirlo, “nadie”, dice Constaín que de mi espíritu. Y no sé por qué empleo la palabra enfer- naron el mundo con ríos, árboles, animales y nubes, y soa, que es como una mariposa que, posándose en la
gritaban: “Quién va a resolver ahora medad: en realidad, yo nunca me sentí tan bien. A ve- en la medida en que su imaginación les permitía na- cabeza de los hombres, les hace tanto o más ridículos
nuestros misterios”. Todos los lectores ces creía duplicadas mi fuerza y mi actividad; otras me rrarlo en verso, lo cantaban, lo creaban, para llenar- cuanto mayor sea su belleza; lo que no se dice de la li-
de las novelas del detective estaban dis- parecía saberlo y comprenderlo todo; la imaginación le a la vez de armonía y belleza; de la literatura se dice teratura es que quizá la puso Dios ante los hombres
puestos a quemar a Conan Doyle si no me deparaba infinitas delicias. Cuando se recobra eso que hace a los hombres sensibles; de la literatura se ha como una tentación, como una prueba ante nuestro
evitaba que Sherlock Holmes, un detec- que se llama razón, ¿habrá que lamentarse por haber- llegado incluso a decir que es condición para los hom- espíritu siempre débil; lo que no se dice de la literatu-
tive de mentiras, de novelitas, muriera. la perdido?”. Lentamente la enfermedad fue toman- bres de intelecto desarrollado; y de la literatura se di- ra es, en últimas, que su belleza es una ficción y que
Ese día entendió Chesterton que la fic- do espacio, y Nerval intentó explicárselo. Decía que el cen barbaridades como que tiene solo sentido en tanto solo el hombre que se desprecia y desprecia el mundo
ción es más peligrosa que la realidad. sueño es una segunda vida, que hay algo que podemos cumpla una función política; los hay, se los digo que que le circunda debería acercarse a ella; no se dice de
*** llamar “el derramamiento del sueño en la vida real”, y los hay, que dicen incluso que si alguien no lee, o no ella que es propia del reino de los cobardes y que hace
Guy de Maupassant era un atleta. La que eso consiste en una especie de desviación, que la dice que ama leer, entonces sabremos que ese alguien de los hombres menos que hombres. Lo que no se dice
imagen del escritor francés del siglo XIX razón nos lleva por la ilusión, y que juntas nos hacen vale poco la pena. Pero así como de Dios, de la litera- de la literatura es que si algún afecto nos merece el
suele recordarse como la de un hombre habitar una especie de tercer mundo. tura los hombres solo han sabido predicar embustes, mundo, deberíamos alejarnos de ella.
Arte Central

Mario Tachack Art


La Seducción (war-like) / De la serie My Wall
Dibujo con sellos en forma de like sobre papel
2016
18 # 83 # 83 19
Las campanas de La Candelaria cedieron
entre modernista y los inicios del funcionalismo en la Los despojos de Anita reposan en el cementerio cubo de las escaleras, carpintería metálica impor-
su supremacía. Los telares sonaban todo el ciudad, no es la simplificación extrema, porque hay de San Pedro, y de Abel Antonio, cumplida su conde- tada, decoración en las formas y en los materiales”,
tiempo y el Edificio Fabricato se convirtió en el elementos redondeados, del Expresionismo alemán, na hace ya varias décadas, dicen que pasa los días de dice Luis Fernando y se adentra por un pasillo has-
por eso el edificio de La Naviera es redondeado, como sus 85 años, casi ciego, sentado en una banca de un ta un ventanal de aluminio y vidrio —también de
“rascacielos”. Era el acuario del momento y su una proa, es una modernidad temprana, toda la mo- parque de un barrio popular. Una imagen inquietan- “procedencia extranjera”— para enseñarme el me-
dernidad no es racionalista, no es funcionalista, bebe te que serviría como escena de apertura de una pelí- canismo de cierre y apertura con bisagras corredi-
vitrina merecía el peregrinaje. Pero la caja del del art nouveau y el art déco franceses, el Style belga y cula que esconde más de un crimen y la duda terca de zas que nos lanza como en un viaje en el tiempo.
ascensor marcó su historia. Un crimen entre otros holandés, la Secesión vienesa, la Bauhaus y el Expre- una conspiración de clase para inculpar a un inocen- Hasta aquellos años en que portero y ascensoris-
sionismo alemanes”. te pobre. Una película como la que el director Víctor tas vestían uniformes con quepis, delantales y guan-
oficios varios. Mitos, sudor y sangre. Sobre la ampliada y valorizada Junín se sembraron Gaviria quiso hacer. tes blancos, cuando en la vitrina afuera de la entrada
los cimientos de ese modernismo y lentamente se con- *** principal —donde hoy se muestra información del
virtió en ese “rendez-vous de lo más elegante de la so- Al mediodía de un día cualquiera de semana, ho- Banco Agrario— se exhibían las colecciones de Fabri-
ciedad de Medellín”, como dice Pedro Rodríguez Mira ras en las que está abierto el restaurante de la terra- cato y desde la entrada se veía al frente el lujoso al-
en su Significado histórico del nombre de algunas calles za, uno puede encontrarse en la entrada del edificio macén Parisina –donde hoy está Ragged—.
y carreras de la ciudad de Medellín. sobre la calle Boyacá a David Gutiérrez Rojas, con La vista desde el ventanal nos trae de vuelta al
Fue en esa “milla” de vitrinas lujosas y facha- uniforme azul, de pelo cano, piel blanca tostada por abigarrado presente de la aglomeración de locales
das de piedra bogotana con destellos dorados que el sol y el rostro afable de campesino nacido en Santa comerciales y ventas estacionarias con sombrillas de
el domingo 13 de octubre de 1968, en la entrada del Elena. Durante 35 años fue el vigilante en el turno de colores que convierten a Boyacá en una especie de
edificio Fabricato, el portero y encargado de oficios la noche y desde 2012 es el encargado de oficios va- galería de plaza de mercado. Desde la calle hay que
varios Abel Antonio Saldarriaga Posada, de 36 años rios. El heredero de la estela dejada por Posadita. esquivar venteros para apreciar el acceso principal
y conocido como Posadita, vio por última vez con Desde las siete de la mañana trapea los pisos y y la vitrina en forma de pasaje peatonal que compo-
vida a la ascensorista Ana Agudelo Ramírez, de 23 sacude los tres ascensores Westinghouse, ahora au- nen una “esquina magistral del centro de la ciudad”,

Arquitectura
años de edad. tomáticos, pero que conservan el forro de los vestíbu- al decir de Mercedes Vélez White.
La cabeza putrefacta y partes del cuerpo descuar- los en mármol rojo del levante italiano. En el primero ***
tizado de Anita, como le decían sus compañeros de era donde Anita subía y bajaba la gracia y dulzura Encerrados en un pequeño cuarto de utilería, ubi-
trabajo, fueron encontradas doce días después escon- que decían que tenía, desde donde transportaba las cado en la terraza, con la vista de las cúpulas de La
didas en el buitrón y el ducto de ventilación del edi- ilusiones de sus pretendientes —porque Posadita no Candelaria a nuestras espaldas y el Centro de Mede-
ficio y en el techo de un local contiguo. “De las cien fue el único que se quedó atrapado en ese ascensor llín que parece al alcance de la mano, David me cuen-

del crimen
partes en que teóricamente dividieron los médicos llamado deseo—. ta de su llegada al edificio el 10 de septiembre de
legistas el cuerpo de la víctima, solo fueron halla- Luego David limpia los zócalos y las instalaciones 1977, cuando tenía 21 años. Había acabado de pres-
das 81, pues algunas porciones fueron posiblemente de las escaleras en mármol de Carrara y los baños fo- tar servicio militar y le ofrecieron el puesto de porte-
arrojadas por los inodoros, o sacadas del edificio”, es- rrados en vitrolite importado de Inglaterra, que to- ro nocturno donde ya trabajaba su hermano Gerardo
cribió el cronista judicial Alfonso Upegui, Don Upo, davía cuentan con algunos inodoros de pedestal y como portero en el día. No tenía idea de que allí ha-
en El Colombiano, en 1971. lavamanos blancos originales de marca Standar, “de bía ocurrido el sonado crimen del sótano. “Lleva-
En la primavera eterna del 68, de las nobles entra- procedencia extranjera”, como se lee en el reglamen- ba como una semana cuando me dijeron que una tal
ñas de un edificio emblemático, brotó un reguero de to de propiedad horizontal y que emocionan a Luis Mona espantaba, que habían matado a una mucha-
sangre. “El crimen ocurrió en un momento en que Fa- Fernando González cuando recorre los pisos después cha. No sé si Anita era mona o qué. Mi trabajo ha sido
bricato era la textilera más importante, patrimonio de de terminar su almuerzo. normalito, nada raro, mucha especulación, pero en
los antioqueños. Era el rascacielos de la ciudad, el más Un edificio con una estructura en concreto refor- estos años no he sentido nada o soy muy de malas que
elegante, en su vitrina se mostraba la moda del mo- zado diseñado con normas y códigos internacionales; ni siquiera un espanto me ha salido. Por eso digo que
mento. Todo eso hizo que un crimen así generara mu- con materiales y acabados resistentes al fuego; puer- es un mito. No se sabe dónde la mató, si fue él, porque
cha conmoción y curiosidad, y con el paso del tiempo tas, ventanas, chapas y cerrojos de primera calidad; pagó cárcel y sigue diciendo que no fue”, dice David.
se fue convirtiendo en leyenda. Todavía hoy nos pre- con chut de basura y de correo y un sistema de venti- Quizás por de buenas no se dio cuenta cuando
guntamos cómo inauguró un periodismo judicial, una lación con extractores en varios pisos. Las condiciones durante su turno mataron a un fotógrafo en la ofi-
noción nuestra de los crímenes. Después vendrían las conceptuales y constructivas estaban dadas para que cina 706. “Alguien dijo que había estado secuestra-
masacres terribles de los narcotraficantes y los para- Medellín contara la historia de su primer gran crimen do y que era periodista. Tenía aparatos de filmación
militares. Este crimen fue inaugural de muchas cosas moderno. Arquitectura al servicio de una leyenda. para eventos y los alquilaba. A este señor le gustaban
que pasaron después con la criminalidad en Mede- “Esto era arquitectura de calidad, tiene seten- los pelaos y ponía un aviso en la prensa y venían bas-
por A L F O N S O B U I T R A G O L O N D O Ñ O llín”, dice Luz Ofelia Jaramillo, periodista y autora de ta años y se conserva original, con halls amplios en tantes jóvenes. Eso fue como en 1989. Él había veni-
El caso Posadita: un crimen contado dos veces, en una cada piso, cielorrasos con iluminación indirecta y do en el día, la última vez que lo vieron fue antes del
Fotografías: Archivo BPP y Juan Fernando Ospina entrevista para el periódico Centrópolis. luz natural que entra a través de los ventanales del mediodía. Volvió tipo 11:30 de la noche. Había unas
Edificio Fabricato. Digar, 1954.

L
as calles tenían que seguir ampliándose. La El edificio Fabricato, construido hace setenta El edificio Fabricato, cómo no, sería el más alto
ambición y el capital disponible para inver- años en la esquina de la carrera Junín con calle Bo- en su momento. Dejaría a sus pies, como a una niña
tir de la Medellín industrial de los años cua- yacá, justo en la trastienda de la iglesia de La Can- cogida de la mano, a la iglesia de La Candelaria, y se
renta del siglo pasado parecían desbordados delaria, sería el símbolo del esplendor textilero de la igualaría en pundonor con el Teatro Junín. “Valori-
y demandaban una palabra que pasaría a región hasta los años setenta —cuando se levantó el zación de lotes más ensanche de vías, igual edificios
formar parte del habla popular: ensanche. A partir de edificio Coltejer— y casi veinte años después de cons- en altura. Esa formulita se aplicó en los cuarenta y
1940, de alguna manera a todos “nos llevó el ensan- truido se convertiría en el escenario de un crimen empezó a formar el nuevo paisaje del Centro de Me-
che”, pero en particular a muchas casas del siglo XIX y horrendo con visos de thriller sentimental, que invo- dellín. Esa formulita traía la condición de progreso,
principios del XX que reposaban en el Centro, adormi- lucró a dos humildes trabajadores, atrapados en el re- Olano hacía las cuentas de lo que se invertía por me-
ladas sobre el curso de la futura avalancha. Casas que luciente casco de la edificación. tro cuadrado y de las ganancias. Progreso era plata
“estorbaban” al paso arrollador del progreso —“hom- Desde el “tenebroso y sangriento” crimen del y también una arquitectura moderna, que significa-
bre-estorbo” llamaba Ricardo Olano a quien osaba Aguacatal, cometido el 2 de septiembre de 1873, Me- ba edificios en altura y solo se hacen en los cuarenta
salir en defensa de una que otra muestra de lo que pu- dellín no tenía una historia criminal que acapara- cuando entró el concreto armado”, agrega González,
diera considerarse un patrimonio digno de conservar ra tanto su imaginación. Por primera vez dos obreros, cada vez más práctico y reflexivo.
para las generaciones venideras—. empleados rasos de una fábrica, se robaban las luces, “Sereno, estricto. Transparente. Alejado del rui-
Ese año de 1940 la ciudad inauguró el Hotel Nuti- las grabadoras y las primeras páginas de la película in- do. Arquitecto de pocas palabras… de estatura me-
bara, moderno y sofisticado para la época, a la al- dustrial de la Medellín de finales de los años sesenta. diana. El movimiento de sus manos y su andar,
tura de los anhelos de estrellato de la elite local. *** pausados. Precisos, sus gestos y palabras. Sus ojos…
Diseñado por Paul Revere Williams, un arquitecto “Todos estos edificios que hay en este sec- son claros. Su cabello blanco”, así describe la perio-
californiano con glamur hollywoodense, es quizás el tor, La Bastilla, La Naviera, el Bemogú, lo mismo dista Margaritainés Restrepo a Federico Blodek en
edificio que mejor marca el inicio del cambio de de- que todos los de la zona bancaria, de los cuaren- un libro dedicado a su obra. Este arquitecto austría-
corado y de un nuevo look ensanchao para paisaje ur- ta e inicios de los cincuenta, tienen que ver con la co, nacido en Viena en 1905, responsable de con-
bano de la ciudad. ampliación de calles”, dice Luis Fernando Gonzá- cebir el edificio Fabricato como la caja de una gran
Por su parte, a Ricardo Olano, prominente líder lez, arquitecto constructor y docente de la Universi- planta eléctrica, aportó su visión de la arquitectura
de la Sociedad de Mejoras Públicas (SMP), le parecía dad Nacional, mientras almuerza en el restaurante y sus construcciones a ese estilo ecléctico, a manera
inconcebible que una ciudad tan importante como El mirador gourmet, ubicado en la terraza del edifi- de salpicón tropical, que abunda en Medellín. “El es-
Medellín no tuviera una vía amplia, arborizada y con cio Fabricato. plendor de la arquitectura moderna austríaca se ma-
andenes espaciosos, que condujera a visitantes y tu- La emoción que siente Luis Fernando al hablar y nifiesta en Medellín a través de la obra del arquitecto
ristas desde la estación del ferrocarril hasta las jo- contemplar desde lo alto esos edificios que rodean en numerosos proyectos de edificios de apartamen-
yas arquitectónicas del momento: el Hotel Europa y el Parque de Berrío es similar a la de un adolescente tos y oficinas en el centro de la ciudad”, dice Merce-
el Teatro Junín. nerd en un museo de ciencia y tecnología. Una emo- des Vélez White en Arquitectura contemporánea en
Así pues, con la ampliación de la carrera Junín ción rejuvenecedora, como si él mismo se sintiera Medellín. Con Blodek se afianza la entrada de un mo-
a partir de 1942, una especie de Milla de Oro de la un Ignacio Vieira —arquitecto de La Naviera, Bemo- dernismo que bebía de múltiples influencias.
época y la primera promovida por la SMP —proyec- gú, La Bastilla, entre otros— o un Federico Blodek El profesor González aclara las particularida-
tada desde la avenida La Playa hasta la avenida San —arquitecto de los edificios de Fabricato, Banco de des: “En la arquitectura llamada moderna cabe todo.
Juan— comienza el relato de un edificio que marca- Colombia y Suramericana— en esos años cuarenta, Cuando uno habla de moderno, ¿habla de funcionalis-
ría la historia de la ciudad y que más tarde quedaría cuando las condiciones conceptuales y constructivas ta, expresionista, racionalista? Blodek había bebido de
tatuada de forma trágica y en diminutivo en el imagi- estuvieron dadas para transgredir el límite impuesto todo ese modernismo. En Medellín hace parte de una
nario citadino. por las cúpulas de las iglesias. arquitectura que no es racionalista, una transición
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En bicicleta
decoradoras de las vitrinas de Fabrica-
to en la 716 y 717 y ese día se queda-
hasta Macondo
ron hasta la 1:30 de la mañana. Ellas
salieron y yo subí a revisar las puertas
y apagar las luces. Todas las puertas es-
por M A R C O S P E R E D A
taban con llave. El señor era casado y
no llegó a la casa. Lo buscaron en las es- Fotografías: Archivo BPP
taciones de policía, en Policlínica, y no
lo encontraron. Mucho más tarde vi-
nieron al edificio a buscar en la oficina.
Lo encontraron degollado y con puña-

A
ladas en las manos. Llegué a recibir el
turno temprano y encontré a mi herma- Gabriel García Márquez lo y cadencioso para que el mundo sona-
no asustadísimo y me contó. Al momen- salvó la Palabra de un sa- se como a él le gustaba escucharlo. En
tico bajaron el cuerpo en una carretilla cerdote. O, al menos, una otras palabras, el escritor que conversa
para mover mercancía, bañado en san- palabra que dijo un sacer- con Ramón Hoyos es ya el deicida que
gre, descubierto, y lo montaron en una dote. Tenía apenas doce más tarde alumbrará todo un universo
patrulla. Ahí sí me asusté. ¡Yo había años y paseaba despreocupado, los ojos mientras derrumba a cuantos dioses se
amanecido con él! Esa noche me quedé llenos de imágenes y vidas. Tan abstraí- le pongan por delante. Menos a uno, su-
en la puerta sentado, sin nada de sue- do iba que no vio cómo una bicicleta se pongo. La Palabra.
ño, impresionado. Fue uno de esos mu- le echaba encima. Lo hubiese atrope- (Por cierto, lo de deicida se lo puso a
chachos conocidos”, dice David sentado llado de no ser por el grito de un cura. García Márquez su primero amigo y des-
tras un escritorio viejo. “Ya vio lo que es el poder de la Palabra”, pués enemigo irreconciliable Mario Var-
Crímenes pasionales que por alguna dice García Márquez que le dijo. Y ja- gas Llosa. Y quizá haya una enseñanza
razón se desataron al interior de la edi- más iba a olvidarse de tal afirmación, en que esa sea la mejor definición que ja-
ficación; hilos de un telar macabro que aunque a veces gustase de restar la ma- más se ha hecho del cataquero. La que le
empezó a tejerse incluso antes de que yúscula, por aquello de quitarle solem- regala un rival a todos los niveles).
alguien desperdigara la humanidad de nidad al asunto. Pero hablábamos de García Már-
Anita y rompiera el manto tranquilo Al García Márquez adulto se le quez, y de su conversación con Hoyos.
que cubría a la ciudad. Un alto ejecutivo caían las bicis por entre las letras a me- Esa en la que se le cuelan las frases labe-
de Fabricato ya había matado a su espo- nudo. Eran toques tiernos, soñadores, rínticas que más tarde serán de Premio
sa en el sótano del edificio. con un puntito irónico, como ese re- Nobel. El orfebre de la lengua se mues-
Y digo “alguien” porque el mito se cuerdo de adolescencia que dibujaba tra ya aquí. Quizá dubitativo, a lo mejor
resiste a condenar a Abel Antonio. To- futuros. Pero hubo una vez en que los conservador en la forma, pero intuido,
davía hay quienes insisten en la inocen- verbos se le hicieron ruedas, y dedicó potencial. Y encuentra para expresarse
cia de Posadita y cuentan historias que una pieza extensa, dulce y delicada, al una historia maravillosa, una que, vere-
deleitarían aún más a la crónica roja. deporte ciclista. Claro que el protago- mos, funde lo real y lo mágico como más
Hay una versión, con canibalismo in- nista de la misma lo merecía. tarde ocurriría cada atardecer en aquel
voluntario, que inculpa a la esposa del Cuando Gabriel García Márquez en- Macondo de Buendías y venganzas. Una
gerente de ventas de Fabricato de ese trevista a Ramón Hoyos en 1955 está biografía que más parece cuento de ha-
momento. David me la cuenta con la se- claro quién es la estrella y quién el tem- das. La de Ramón Hoyos.
renidad de un campesino que ve una porero de la gloria. El antioqueño lle- Aquellas primeras Vueltas a Co-
puesta de sol: “Él y su esposa tenían va ganadas ya tres Vueltas a Colombia lombia poco tienen que ver con la com-
discusiones por celos con Anita. Me lo (solo se habían disputado cinco), y pue- petencia moderna y consolidada que
contó un juez que estuvo en el juicio. Se de ser definido fácilmente como el me- existe hoy. La idea de la Vuelta ronda-
dice que la esposa hizo el almuerzo y jor ciclista colombiano del momento. ba desde la década de los años cuarenta
que le dio al marido un pedazo de la va- Es una figura, alguien a quien paran del pasado siglo, pero hasta 1951 nadie Publicidad Coltejer. Gabriel Carvajal, 1955.
gina de Anita de carne. Cuando el hom- por la calle. Un rostro reconocible que tendrá la locura suficiente para llevar-
bre terminó de almorzar, la esposa le preside los salones de muchas casas en la a cabo. Será el periódico El Tiempo el con las piernas muy separadas del cuadro de la bicicleta, con
dijo: ‘¿Te la querías comer? Ahí te la co- Medellín, en Bello, en Rionegro. Allí, que logre convocar a 35 ciclistas para el tronco muy inclinado sobre el manillar. “Parece un salta-
miste’. Eso lo escuchó la empleada del cuentan, se colgaba una estampa de la que recorran, con salida frente a sus montes”, pensó de él Jorge Enrique Buitrago, Mirón (aunque
servicio. Él no supo a qué se refería la virgen local y, al lado, otra de Ramón propias oficinas, la primera de las diez otros dicen que fue Carlos Arturo Rueda). “Parece un salta-
esposa. En ese entonces se hacía la sies- Hoyos. El “santo de todos los ciclistas” etapas que tenía la inicial Vuelta a Co- montes”, pensó, pero como no brotaba en su mente la pala-
ta, se levantó, se duchó, y saliendo del lo llama el autor en un pasaje de esta lombia. En total, 1233 kilómetros. El bra concreta se confundió de insecto. “Parece un escarabajo”,
garaje lo mataron. A Anita la desapare- maravillosa charla por entregas. campeón pionero será Efraín ‘el Zipa’ fue lo que finalmente dijo. Un escarabajo. El error que bauti-
cieron el domingo y eso fue al martes, Porque no estamos ante una biogra- Forero, que saca 2 horas y 19 minutos za a una raza diferente de pedalistas. El primer escarabajo:
porque era puente. Entonces la gente fía usual. El entrevistador, el periodis- a Roberto Cano, el segundo clasifica- ese fue Ramón Hoyos.
relaciona una cosa con la otra”. ta, es un joven de Aracataca que trabaja do. El cuarto y primer extranjero, un De sus victorias, de sus récords, de sus increíbles demos-
Para el momento de la llegada de para El Espectador haciendo crónicas de ecuatoriano llamado Luis Galo Chiri- traciones por los puertos de todo el país, podemos hablar en
David a Fabricato, a finales de los seten- todo tipo. El mismo año en que habla boga, queda a 4 horas y 48 minutos. Ya otra ocasión. El palmarés no es lo que nos interesa ahora. Las
ta, la pompa del edificio iba en retirada con Hoyos, García Márquez alcanzará solo las diferencias nos hablan de otro sensaciones, los símbolos, las metáforas. Las palabras. Eso
y se anunciaba la decadencia venide- la popularidad de la manera más dura: mundo, de otro país, diferentes carre- anhelamos. Las que Gabo pone en boca de Hoyos y Hoyos pin-
ra. La aguja del Coltejer ya tejía su som- su Relato de un náufrago revela irregu- teras, distintas circunstancias. Por cier- tarrajea en la mente de Gabo.
bra sobre la competencia. Con los años laridades en la Marina colombiana y el to, mientras informó de aquella exitosa Porque la figura de Ramón Hoyos, su devenir vital, se le an-
y las crisis financieras por las que atra- literato, que se encuentra en Europa ha- primera edición, el cabezote del perió- toja sabroso material al escritor en ciernes. Nada menos que
vesó Fabricato en los ochenta y noventa ciendo una serie de reportajes, es invi- dico organizador aparecía orgullosa- un ídolo absoluto, un hombre que a veces parece que fuera to-
—que la llevaron a firmar un concorda- tado a no volver a su país. La dictadura mente presidido por un “Este periódico dos los hombres, un personaje que aglutina en sí los grandes te-
to y acogerse a la ley de quiebras—, las de Rojas Pinilla no podía consentir que se publica bajo censura oficial…”. mas que luego darán fama inmortal a García Márquez. Porque
oficinas pasaron a manos de particula- hubiera dudas sobre el sacrosanto ejér- Esa Vuelta “imaginaba” Colombia por los recuerdos de Hoyos circulan, en pedaladas furiosas, las
res, en su mayoría abogados, algunos cito. Así que Gabo entra en la fama an- como nadie antes había osado hacer. Las sombras que más tarde van a habitar Macondo.
contadores, prestamistas, una venta de tes como exiliado que como escritor. noticias en prensa, los boletines en ra- Lo telúrico, por ejemplo, que aparece como si fuese símbolo
pantalones, una empresa de trabajos Pero, eso sí, escritor ya era. En 1955 dio… todo contribuía a crear una sensa- recurrente durante toda la carrera de Hoyos. La tierra en San-
temporales, el Banco Agrario, que hoy publica La hojarasca, su ópera prima. ción nacional. Escuchando las hazañas ta Elena, corriendo hasta sepultar su hogar, llevándose por de-
constituyen una propiedad horizontal “¿Cómo hizo usted para aprender orto- de los pedalistas, los colombianos apren- lante a su madre y a su hermana. O cuando está en mitad de
con ocho locales comerciales, 132 ofici- grafía?”, llega a preguntarle un atribu- dían la geografía de su propia tierra, ima- una competición, cubierto completamente de polvo, cegados
nas y un restaurante en la terraza. lado Ramón Hoyos tras enterarse del ginaban paisajes ajenos, en ocasiones los ojos, avanzando a ciegas. Polvo amasado con sudor que for-
hecho. Y Márquez responde, guasón: inconcebibles (pensemos que era una ma costra de cieno sobre su piel brillante. O el barro en la boca
“Eso no se aprende nunca, mis errores época anterior a la llegada del televisor). después de una caída en su primera Vuelta a Colombia. Saliva
los corrige el linotipista”. En aquella A lomos de la bicicleta de sus ídolos todos marrón, aliento a petricor. Como la Rebeca de Cien años de so-
obra aparece por primera vez Macon- iban dibujando en su mente la verdadera ledad, que comía tierra cuando el mundo la golpeaba. O el fes-
do, y se dejan sentir ya muchos de los imagen de un país que sentían cada vez tín de hierba fresca en La hojarasca. La vida de Hoyos y la obra
grandes temas de García Márquez. Los más como el suyo. de García Márquez se entrelazan sin remedio.
mismos que van a salpicar las páginas Y en esos tiempos de héroes más A aquella II Vuelta a Colombia, la primera que él corrió,
de la biografía de Hoyos, porque Gabo que de deportistas destaca la figura llegó Hoyos casi por casualidad. Apenas llevaba unos meses
siempre fue narrador glotón, omnis- egregia, santo laico, casi icono de cate- compitiendo como amateur cuando Ramiro Mejía, un pro-
ciente en forma y fondo, que dibujaba dral, de Ramón Hoyos. Ramón Hoyos, hombre de Antioquia, le comunicó que lo quería en el equipo
realidades sobre las realidades de los que fue auténtica leyenda. Ramón Ho- que iba a representar al departamento. Camisolas sin publi-
demás, que paladeaba el adjetivo suave yos, que subía de manera desgarbada, cidad en una época donde cualquier ayuda era buena para
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poder conseguir el objetivo. Años más abrirle la herida de la cabeza, así que Ra-
tarde a Cochise Rodríguez lo patrocina- món Hoyos detiene a un campesino que
rá en la Vuelta una eterna enamorada llegaba cargado del mercado y le pre-
suya, quizá buscando ablandar su co- gunta: “¿Tienes algo para el dolor de ca-
razón de ciclista indomable. Lo de Luis beza y una naranjada?”. Y así, dolorido
Alfaro fue bastante distinto: en el pe- y refrescado, continúa. Siempre conti-
cho de su maillot se podrá leer la expre- núa. Días después, en la llegada a Sevi-
sión “Virgen del Carmen”. lla, logrará ganar la etapa. Es su primera
El debut de Ramón Hoyos es toda gran victoria, la más inolvidable. Al año
una odisea, y no resulta difícil imagi- siguiente, piensa, podrá volver para im-
narse a García Márquez estremecido de ponerse en la general.
puro placer ante la historia que le iba Otro de los aspectos fundamenta-
brotando ante los ojos. El mundo dis- les de la literatura de García Márquez
frazado de literatura. Y, al fondo, el no- que aparece en esta crónica (que, como
velista en ciernes que hace y deshace vemos, excede en mucho al habitual re-
con las herramientas que la realidad le portaje periodístico y más parece expe-
otorga. Que son preciosas. Que son pu- rimento metanarrativo que otra cosa)
ras, bellas, imposibles de mejorar con el es el costumbrismo. El costumbrismo
fallido mecanismo de la ficción. en los orígenes humildes de Hoyos, en
En la primera etapa pronto queda sus primeras carreras con carros de ma-
Hoyos solo a cola del pelotón, perdien- dera allá en Marinilla. En su rutina,
do cada vez más y más tiempo hasta casi maniática, de limpiar una vez a la
que, en un momento, ningún otro com- semana todos sus trofeos. “Lo hago con
petidor se atisba en el horizonte. Enton- agua de colonia, gasto un frasco cada
ces ocurre. Una piedra, una pedalada poco tiempo”. En las Vírgenes de mai-
en falso, un quiebro. Ramón Hoyos cae, llots y premios, en las muchedumbres
y su frente choca contra una roca. La que abarrotan las cunetas. Cada rostro
ambulancia de la carrera acude a au- una historia, cada cara un secreto, pa-
xiliarle, el enfermero consigue que re- rece decirnos García Márquez.
Vuelta a Colombia. Horacio Gil, 1966. cupere el conocimiento, lo pone de pie, Cada secreto un mundo.
lo ayuda a subir al vehículo para que La primera victoria de Ramón Ho-
abandone. “Total, los demás ya están yos en la clasificación general de la
demasiado lejos”. Pero Hoyos se nie- Vuelta a Colombia es buen ejemplo de
ga, vuelve a montar en la bicicleta, em- esto. Llega en la tercera edición de la
pieza a pedalear lentamente, sintiendo prueba, solo un año después de su rosa-
dentro de su cabeza como si un animal rio de emociones durante el debut. Pero
palpitase. Uno de sus ojos está ciego a su dominio absoluto (saca una hora y
causa del golpe. Aun así, logra llegar a cuarto al segundo clasificado) no hace
la meta de Honda. Desierta. Todos, ci- más tranquilo el éxito. Durante la úl-
Vuelta a Colombia. Horacio Gil, 1970.
clistas, organizadores y aficionados, se tima etapa, con meta en Bogotá, Ho-
han marchado hace rato. Tanto sufri- yos teme que los aficionados lo linchen
miento para nada. a golpes, expresando así su desconten- se hizo violenta y hubo muertos. Cuando Ramón volvió
La ambulancia, que nunca se ha se- to porque un antioqueño haya domi- a su trabajo encontró la carnicería rodeada de curiosos.
parado de Ramón, insiste en llevarlo a nado la prueba de principio a fin (ganó “¿Qué ha pasado?”, interrogó a uno. “Nada, que mata-
un hospital de Honda atendido por reli- ocho etapas, más de la mitad de las dis- ron a Ramón Hoyos”, le contestaron.
giosas. Allí lo ingresan... solo para que el putadas). Así que Ramón hace venir de La muerte siempre rondó cerca de Hoyos, como lo
ciclista se escape a la mañana siguiente Antioquia a cuatro amigos en sendas hacía con todos los ciclistas en aquella época de ca-
para continuar con la competición. Hay motocicletas que lo irán custodiando rreteras infames y escasas asistencias. Pensemos que
un pequeño problema: está descalifica- durante todo el trayecto de esa jornada durante la V Vuelta a Colombia los corredores amena-
do por llegar demasiado tarde en la pri- final. Revólver en mano, por supuesto. zaron con retirarse de la prueba debido al estado en
mera etapa. Pero otro de los eliminados La imagen es suficientemente pintores- que se encontraban sus máquinas tras recorrer duran-
se apellida Ramírez, y es sargento del ca como para retenerla en la memoria. te horas y horas senderos que no merecían tal nom-
ejército, así que los organizadores re- Y aún no hemos llegado al final… Por- bre, pedregales montañosos, ríos que vadeaban a pie
ciben presiones para que sean benévo- que entrando como vencedor en Bogo- con la bicicleta al hombro, cenagales fangosos donde
los con el cierre de control. Acorralados, tá de nada sirven guardaespaldas ante se hundían los tubulares…
dejan que Ramírez, el militar, continúe la inmensa muchedumbre que espera a Pero cuando la muerte golpea con fuerza a Ramón
en carrera. “Yo también quiero”, dice los ciclistas. Empiezan a llover golpes, y Hoyos la escena vuelve a tornarse simbólica, vuelve
Ramón Hoyos. “Pero usted, ¿podrá co- Ramón entra corriendo en un camione- a disfrazarse de realismo mágico dentro de la trage-
rrer con ese ojo?”, le preguntan. Y el ta. “Arranca, arranca”, dice al conduc- dia, se remueve el poder telúrico que reclama lo suyo
antioqueño, flemático y genial, respon- tor, pero es inútil, porque unas manos como propio. Ocurre mientras Ramón está alistado en
de: “Para lo que hay que ver con un ojo anónimas lo han sacado de la cabina y el ejército. Defendiendo sus colores logrará imponer-
me basta”. Y uno puede atisbar a García lo están pateando en el suelo. Al final se en su tercera Vuelta a Colombia consecutiva. Gar-
Márquez regodeándose en su suerte, pa- es el mismo Hoyos quien toma el volan- cía Márquez no deja pasar la oportunidad de señalar
ladeando una historia como aquella, de te y, atropellando algunas docenas de de forma irónica, casi inapreciable, las ventajas que
tragedia y héroes, de humor y acción. pies, consigue salir de aquel tumulto. tenía la Armada en este tipo de situaciones, el abuso
Al final Hoyos convence a todos y Cuando se calma se da cuenta de que su que suponía arrancar a los mejores deportistas algu-
Ramón Hoyos. Archivo particular, 1958. sale unos minutos después que el res- bicicleta no está con él. Le han robado nos años sin remedio alguno. Pero en el ejército cono-
to del pelotón… con su maleta aún en la la máquina con la que ganó su primera cerá Hoyos además del éxito los mayores sinsabores
mano. Eso sí, al día siguiente dará la pri- Vuelta a Colombia. de su vida. Se rompe las dos manos, debe guardar re-
mera muestra de su valía, ascendiendo El más puro realismo mágico surge poso mientras se recupera. Y entonces ocurre.
el majestuoso Páramo de Letras en cabe- también por doquier en la narración del Hoyos está leyendo en su cama una carta de su ma-
za. El Páramo es el puerto más alto de joven Gabriel García Márquez. Porque, dre. En ella la mujer le cuenta banalidades de su día
Colombia, un monstruo de más de cin- ¿qué puede ser más maravilloso, más a día, le dice que está bien, y termina con una admo-
cuenta kilómetros de ascenso que sepa- deliciosamente fantástico, que la mis- nición: “Cuídate mucho, hijo”. A esa misma hora, a
ra a Fresno de Manizales, el templo más ma realidad? Es por eso por lo que la bio- muchos kilómetros de distancia, un cerro cerca al co-
prestigioso, más sagrado, de la Vuelta a grafía de Hoyos aparece salpicada aquí rregimiento de Santa Elena, en Medellín, empieza a
Colombia en aquellos años. Y allí Hoyos, y allá por hechos que pasarían por habi- moverse. Cada vez más rápido, cada vez más violento,
el ojo aún hinchado, una enorme cos- tuales en Macondo, incluso en, deliciosa devorando cuanto encuentra a su paso en un derrum-
tra sanguinolenta cruzándole la fren- iconoclastia, Comala. No es ficción, por- be que pronto se viste de tragedia. En el ascenso a Santa
te, resurge. A su estilo natural, ya de por que no hace falta la ficción cuando se re- Elena venció Ramón su primera competencia en bici-
sí tosco, hay que añadir el dolor de las latan vidas extraordinarias. cleta. Ahora esa montaña entierra a los suyos, se lleva
caídas, que no le permite pedalear con Y así vemos al narrador paladear he- la vida de su madre y de su hermana… Pero él todavía
normalidad. Así que asciende de forma chos apenas anecdóticos de la vida del no lo sabe. Esa misma noche, ignorante de la noticia,
rara, como si fuese un hombre contra- escarabajo, que van conformando un sueña con la mamá. En el sueño ella está postrada en
hecho. Es en aquella pendiente eterna crisol aterciopelado de su personalidad la cama de un hospital, con la pierna quebrada. “Tran-
cuando Buitrago lo ve, cuando le recuer- y de su tiempo. Como aquella Virgen del quilo, Ramón”, dice con esa voz que en las madrugadas
da a un saltamontes, cuando, por error, Carmen de 75 centímetros de altura que oníricas es la de todas las voces, “todo está bien, es solo
lo llama escarabajo. La leyenda, una que le regalaron tras ganar su tercera Vuel- una pierna”. A Hoyos lo despierta otro soldado y le da la
dura hasta nuestros días, ha comenzado. ta a Colombia y que el campeón cuidaba noticia. Recuerda la carta, recuerda el sueño. El verbo
Aunque quedarán emociones fuer- con mimo. O recuerdos de su infancia, de García Márquez parece estremecerse, se hace más
tes en aquel su debut en la Vuelta. Por de de su juventud. La primera vez que vio a moroso, cálido, mira con ternura a quien perdió lo que Vuelta a Colombia. Horacio Gil, s.f.
pronto, el amargor de quedar último en alguien subido en una bicicleta y le pre- más amaba. El deicida no puede evitar ponerse del lado
otra etapa, de llegar cuando el público guntó que cómo hacía para no caerse. de la criatura. El realismo mágico está brotando en una
ya se está retirando, de sufrir, incluso, “Es con secreto”, le contestó el descono- crónica periodística…
un botellazo lanzado por algún desal- cido. Con secreto. O cuando era carni- Cómo lo hacen, preguntamos al narrador; tam-
mado que quería divertirse a costa del cero y entraron a robar en su comercio bién, claro, al ciclista.
Vuelta a Colombia. Horacio Gil, s.f. pedalista desgraciado. El golpe vuelve a mientras él estaba ausente. La refriega Es con secreto, nos pueden contestar.
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esta sociedad eran, pues, los de trabajar

Manuel del Socorro Rodríguez: en forma decidida por la emancipación


de la colonia. Allí se leían, comentaban,
estudiaban, intercambiaban, prestaban,
compraban y vendían, nuevos y usados,
periódicos europeos y libros, muchos de

inane, inocuo, prescindible


ellos llegados de contrabando, por con-
siderarse peligrosas las ideas de sus au-
tores para la salvaguardia de la fe y la
seguridad de la corona española. Nari-
ño, sin duda, a más de autodidacta, era
un apasionado de los libros, bibliófilo y
bibliómano. Sus negocios de exporta-
ción de quinas, cacao y azúcares, au-
nados a su condición de heraldo de las
por C A R L O S   B U E N O   O S O R I O ideas nuevas, lo iniciaron en el merca-
do de la letra impresa. Es seguro que al
comienzo haya adquirido libros para
acrecentar su importante biblioteca, he-
redada del padre y del abuelo, en donde
solazaba sus horas de criollo distinguido
y culto.
Buscando iniciar un negocio edito-
rial en el virreinato, adquirió una im-

U
prenta, la célebre Patriótica, que de
n día cualquiera del horri- paso iba a utilizar para la divulgación
ble año de 1816, el Pacifica- de los principios revolucionarios. De
dor Pablo Morillo ordenó el esta prensa salieron la traducción de los
arresto de Manuel del So- Derechos del Hombre y varias hojitas
corro Rodríguez, que vivía y novenas, y otras obras importantes
desde muchos años atrás en su habitación para la época. Y las ediciones del Papel
de la biblioteca local de Santafé de Bogotá. Periódico de Santafé de Bogotá, desde
Tras dos días de arresto domicilia- el número 86 del 19 de abril de 1793 al
rio el jefe español se presentó a inte- 157, aparecido el 29 de agosto de 1794,
rrogar al inofensivo cubano sobre su día fatídico de su primer encarcela-
participación en el movimiento eman- miento. Tanto en la Imprenta Patriótica
cipador. Notó de inmediato que un re- como en su casa de la Plazuela de San
trato de Fernando VII estaba colgado Francisco vendían los libros, junto con
en un sitio visible del salón. Estaba allí otros títulos, pues el periódico que ya
desde 1809. Al verlo, don Pablo apla- se repartía entre los suscriptores a do-
có su rabieta y ordenó la inmediata li- micilio anunciaba esos lugares de ven-
bertad de Rodríguez. Este señor figura ta, en avisos que así lo notificaban.
en nuestra triste historia como padre En julio de 1785 el virreinato fue sa-
del periodismo colombiano porque edi- cudido por un terremoto que desbarató
tó desde el 9 de febrero de 1791 el Papel la capital. Nariño aprovechó la circuns-
Periódico de Santafé de Bogotá, del cual tancia para obtener permiso del Supe-
sacó 270 números. rior Gobierno de publicar un periódico
En mi historia personal, Manuel del o gaceta cuyo fin primordial era sumi-
Socorro apareció por primera vez como nistrar noticias acerca del movimiento
sacado del magín del congresista Her- sísmico. El periódico, editado en la Im-
nando Echeverri Mejía en los días en prenta Real de Santafé, se llamó Aviso
que se discutía la aprobación de la Ley del Terremoto en la Ciudad de Santa-
51 de 1975, declarada inexequible tan- fé y circuló apenas tres días después de
tos años después por la Corte Constitu- ocurrido el sismo con noticias de luga- hizo oposición al presidente Jorge Ta- Papel Periódico de Santafé, en los nueve un papel que hoy señala la diferencia en-
cional. Aún no son claros para mí varios res remotos afectados, lo que todavía deo Lozano, al que consideraba débil y de febrero no les ha mostrado a los pe- tre la prensa inocua y prescindible, y la
asuntos relacionados con este tema. El resulta inexplicable dada la lentitud bobalicón. Las campañas de La Bagate- riodistas otra cosa que la colección de que se vuelve indispensable para vivir
primero es sobre la utilidad, convenien- con que se recorrían entonces las gran- la tumbaron a Lozano y el pueblo acla- sus 265 publicaciones, con una prosa co- en libertad. La ley de prensa que creó el
cia, necesidad o como quiera decirse, de cierto de desearse eterno” no era gratui- Ven aquí, tú, estrafalario inició formalmente el periodismo en des distancias. Lo cierto es que el Aviso mó a Nariño como nuevo Presidente de rrecta y de una significación más históri- Día del Periodista alrededor de Antonio
un día especial para la conmemoración ta, ni un simple elogio. Perrazo con piel de zorro, Colombia. El semanario vio la luz públi- del Terremoto estaba al día en detalles Cundinamarca. Publicó Los Toros de Fu- ca que personalmente intrínseca”. Nariño tiene ese solitario acierto que la
de este oficio. Podríamos hacerla coin- Manuel del Socorro Rodríguez na- Sal aquí, Manuel Socorro, ca el viernes 9 de febrero de 1791 y, sin y pormenores de los estragos causados cha en 1823 para reclamar, como ya lo El pasado del periodismo, represen- redime. En efecto, el Día del Periodista
cidir con la del peluquero, la secretaria, ció en Cuba. Fue ebanista, dibujante Pasa aquí, bibliotecario. interrupción, aparecieron 265 números por el terremoto en todos los rincones había hecho en 1794, el respeto a la li- tado en el Papel Periódico, es una memo- no tiene por qué ser el homenaje a una
los decoradores, los ingenieros o las pu- y calígrafo. En esas actividades cono- Si, aprendiz de boticario: de ocho páginas, en formato de octa- del reino, y eso le garantizó un éxito bertad de expresión, amenazada por ria sin utopía, es decir, sin una invitación memoria embalsamada; es un apren-
tas. Nada cambia. Nada soluciona. Para ció y trabó estrecha amistad con el go- No mereces ser trompeta vo, hasta el 6 de enero de 1797. Su di- completo, gracias al cual Nariño logró ciertas actitudes arbitrarias de Santan- ni un entusiasmo para cambiar lo exis- dizaje permanente de una lección in-
nada sirve. Igual fue la vida y obra del bernador de la isla, brigadier José de ¿Quién te ha metido a poeta?: rección y edición siempre corrió a cargo permiso para continuar la publicación der, su sucesor en la vicepresidencia de tente. No se trata de recordar lo que fue, dispensable: la de ser libres a cualquier
señor Manuel del Socorro Rodríguez. Ezpeleta, nombrado en 1789 virrey de no reflexionas, mohíno, de Rodríguez. Inicialmente fue arma- con el título de La Gaceta de la Ciudad la República. sino de inquietarse por lo que pudo ha- costo. Con Nariño aparece el periodismo
Estamos en la Santafé de finales del la Nueva Granada, quien lo trajo y lo que no ha habido escritor fino do en la imprenta de Bruno Espinosa de de Santafé. Sin embargo, el Superior Afirma el periodista Javier Darío ber sido y por lo que tendrá que ser. Con como un ejercicio de libertad.
siglo XVIII, pacata capital del virreina- nombró bibliotecario y lo instaló en el que tenga un palmo de jeta? los Monteros, posteriormente en la Im- Gobierno desconfió de la publicación y Restrepo que “entre el cubano, Manuel Antonio Nariño, como figura ejemplar Esa fue la intención del legislador
to de Nueva Granada. Un pueblo gran- edificio de la Biblioteca, en la misma   prenta Patriótica de Antonio Nariño, y la frenó, prohibiendo el acceso de papel del Socorro Rodríguez y el santafereño del periodismo, la conmemoración re- al aprobar en la controvertida Ley 918
de que no llega a veinte mil habitantes, pieza en que Morillo le perdonó la vida Manuel del Socorro fue animador de en 1794, debido al destierro del Precur- periódico a la capital. La Gaceta de San- Antonio Nariño, prefiero a éste como re- cupera toda su fuerza transformadora. de 2004, que el Día Clásico del Perio-
situado en medio de los Andes y a va- por realista. una de las tertulias literarias de Santafé sor, volvió a la imprenta de Espinosa. tafé duró tres semanas y en ella, tanto presentante y ejemplo de mi profesión. “Nariño es más que una estatua honrada dista y el Comunicador fuera el 4 de
rios meses de distancia de la metrópo- Quienes conocieron a Manuel del de Bogotá con el extravagante, difícil y Tiempo después, a solicitud del virrey como en el Aviso, Nariño mostró sus do- Rodríguez, asalariado del Virrey Ezpe- con coronas, es un desafío, una herencia, agosto, “en conmemoración de la pri-
li. Don Manuel cerraba un periódico Socorro, elogiaron siempre su pacien- rebuscado nombre de Eutropélica, pala- Antonio Amar y Borbón, Rodríguez tes periodísticas y de escritor. leta, pluma oficiosa del virreinato, ce- una línea truncada que impone el deber mera publicación de la Declaración de
y abría otro. En 1806 publicó 71 ejem- cia, su tenacidad, pero jamás sus logros bra proveniente del griego que significa creó un nuevo periódico, El Redactor En el semanario La Bagatela, que loso defensor de ideas no contaminadas de continuar”, remata Restrepo.        los Derechos del Hombre, realizada el 4
plares de El Redactor Americano; en periodísticos o literarios. José María moderación, jocosidad inofensiva. Eran Americano, de distribución quincenal, apareció el 14 de julio de 1811, perió- por la revolución francesa y cronista de Nariño fue un precursor del pensa- de agosto de 1794 por Antonio Nariño,
1807, la revista mensual El Alternativo Vergara y Vergara lo ponderó, pero ad- reuniones mansas e inanes, sin profun- cuyo primer número apareció el 6 de di- dico que se ha vuelto legendario, le la vida de la sociedad santafereña en su miento y de la urgencia de la libertad, Precursor de la Independencia”.
del Redactor Americano, que llegó has- virtió que “no tenía genio, ni inspira- didad ni trascendencia: “Una diversión ciembre de 1806, y que se publicó sin
ta el número 47. Luego del Grito de In- ción sino laboriosidad, con su mediano como su director, ingenua e inocua”, interrupción hasta el 4 de noviembre de
dependencia, el 20 de julio de 1810, la ingenio y su alma apacible”. dice doña Rocío Vélez de Piedrahíta. 1809. El Redactor contó con un suple-
situación económica de Rodríguez se Su mérito consistió en el incansable Vergara y Vergara dijo que no fue- mento, El Alternativo al Redactor Ame-
complicó, pues el nuevo gobierno dejó servicio a la conservación y adquisición ron más allá de las implicaciones de la ricano, que se publicó mensualmente
de pagarle el sueldo de bibliotecario. de obras y manuscritos interesantes so- palabra y que sus producciones eran desde el 27 de enero de 1807 hasta el
Tuvo que vivir de la caridad pública, bre la viruela, el coto y otras enferme- leves, frías y su director un mediocre. 27 de noviembre de 1809.
muy especialmente de la ayuda de la fa- dades tropicales. Francisco Caro, el mismo Caro, más Es cuando Antonio Nariño fundó su
milia de Manuel de Bernardo Álvarez, Rodríguez sobrevivió tres años a la agresivo, dijo: “El bibliotecario hacía famosa logia disfrazada de círculo lite-
tío de Nariño, y de Jorge Tadeo Lozano. visita de Morillo. El 3 de junio de 1819 versos, pero ellos eran la negación de rario, que denominó, como para que no
Inicialmente ejerció funciones de redac- fue encontrado inmóvil en su lecho, la poesía”. De uno de los poetas partici- quedara duda, El Arcano Sublime de la
tor de La Constitución Feliz, órgano ofi- vestido con el sayal de los hijos de San pantes en la tertulia Eutropélica, Fran- Filantropía. La francmasonería, vín-
cial de la Junta Suprema, y cuyo único Francisco, apoyada la cabeza sobre una cisco Antonio Rodríguez, dijo Vergara culo de moda entre los intelectuales
número daba cuenta de las novedades piedra y estrechando entre sus manos y Vergara que “su único mérito consis- europeos, era una receta inglesa, con in-
ocurridas en Santafé de Bogotá entre una rústica cruz hecha de cañas. Extraña te en que no hay una sola palabra que gredientes franceses, para exportar la
el 20 de julio y el 17 de agosto de 1810. escenografía para este pobre personaje. se entienda”. Don Manuel no pensaba revolución. Los venerables maestros re-
Más tarde, Rodríguez fue miembro del El bisabuelo de Miguel Antonio Caro, en libros sino en periódico. Y para ser corrían el mundo ayudados y protegidos
Colegio Electoral de Cundinamarca y
colaboró activamente en el gobierno de
don Francisco Caro, considerado el pri-
mer ensayista en prosa del costumbris-
llamado el padre del periodismo co-
lombiano tiene un mérito: cerraba un
por sus “hermanos”. Irreversibles cau-
sas históricas, sociológicas y económicas www.lentejaexpress.com.co
Antonio Nariño. La expresión de Ma- mo colombiano, que despachaba a sus periódico y abría otro. señalaban que la independencia de las
nuel del Socorro Rodríguez, que señala enemigos con versos agresivos, decía de La historiografía informa que con el colonias americanas era una realidad
al gobierno de Nariño como “digno por don Manuel: Papel Periódico de Santafé de Bogotá se a corto plazo. Los objetivos secretos de
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Crónica
verde

Med & Rec


Un to ur humeante po r el
mundo de la marihuana
legal de Co lo rado

por L I N A B R I T T O
Fotografías por la autora

S
i no supiera que es una especie de tes- A mi otro lado, un hombre de unos 32 años Nos da como ejemplo las hojitas que remo-
tigo del cannabis dedicado a tocar come su sánduche para la monchis a pesar de ja frente a nosotros. “Productividad, velocidad
a las puertas de los incrédulos para que no ha consumido nada. No vino por placer y sabor”, reza las tres variables de la ecuación.
adoctrinarlos sobre el nuevo credo de sino por trabajo, explica entre mordiscos. Aboga- Durante las fases de experimentación en los
la yerba panacea, juraría que está vo- do de finanzas experto en asesorar a compañías años de inicio, o ahora cuando busca introducir
lando en perico. Habla de sí mismo y de su com- de marihuana, viaja por el mundo desde Canadá, una nueva variedad en el menú, siembra sin se-
pañía sin pausa y a los gritos por un micrófono donde la medicinal es legal pero pronto lo será millas, solo las ramitas cortadas de las mejores
que tiene enganchado en su oído derecho y co- también la recreativa, estudiando casos específi- plantas en bagazo de coco y nutrientes contro-
nectado a un parlante que cuelga de su pecho cos. “Denver es pionero”, me dice, y “Uruguay es lados al milímetro. Una vez estas echan raíces y
como crucifijo de arzobispo en procesión. Des- lo más raro”, agrega sin darme detalles, más in- alcanzan medio metro de altura, aniquila a los
potricando de las farmacéuticas, licoreras y ta- teresado en su roast beef que en la conversación. machos y traslada a las hembras a las salas de
bacaleras nos arrea por los pasillos hospitalarios A las puertas del cultivo, el Hombre Medici- florecimiento. Unas 108 matas salen a diario del
de la inmensa bodega en donde una sofisticada na grita “med & rec” por su parlante portátil. Una vivero hacia la primavera eterna. Con luces, ai-
infraestructura le permite cultivar miles de clo- vez más está chicaneando con su dinero, explican- res acondicionados, ventiladores y un coctel de
nes de las mejores variedades que se consiguen do atropelladamente cómo tanto con la marihua- nutrientes que varía según la finalidad y el mo-
en Colorado, estado pionero de la legalización na medicinal como con la recreativa se ha hecho mento de desarrollo, finge un microclima pri-
total de la planta. Es el Hombre Medicina, uno de a una fortuna que parece salida de una traba deli- maveral que las hace florecer más allá de sus
los primeros empresarios de la industria legal de rante. La prueba de su éxito es que ahora se puede proporciones naturales. Entre podas para pre-
la marihuana en Estados Unidos. dedicar exclusivamente a jugar en casa con simu- servar los moños intactos, comienza la cata en
Llegamos hasta él en un bus limusina que des- ladores de vuelo y de combate, y de vez en cuan- busca de las que dan más cantidad a mayor velo-
de el centro de Denver trasladó a 35 adultos en- do realizar su “verdadera vocación” que no es otra cidad y con mejor sabor. Las seleccionadas pasan
vueltos en nubes de humo de joints, pipes, bongs y que “educar al público” —como le llama a darse a cosecha y clonación, es decir, recoger las flores
vapes hasta las afueras de la ciudad a ritmo de hip pantalla en los grandes medios y en las redes so- para fumar o vaporizar, procesar las hojas llenas
hop, surf rock y reggae. Nos recogieron al medio- ciales, cual Kardashian del Hollywood canábi- de resina para aceites y otros productos y hacer
día en un restaurante de sánduches cuya misión co—. El estrés diario de administrar una de las el corte de las ramitas con las que se da inicio a
públicamente declarada es calmar la monchis. Pa- más grandes productoras y dispensarios de Esta- un ciclo idéntico al anterior.
nama Red, Acapulco Gold, Thai Stick y otras varie- dos Unidos, afirma, se lo deja a los nueve miem- En sus dispensarios vende el setenta por
dades clásicas del mercado norteamericano sirven bros de su familia con los que preside la compañía. ciento de su producción y comercializa los dul-
de nombres a los platos, junto a Kush, Dank, Bomb Su personalidad grita “nuevo rico” en todos ces, chocolates, ungüentos, aceites y demás
y otras denominaciones de especies hidropónicas o los tonos, pero es su trayectoria la que lo confir- productos de otras compañías, algunas de ellas
genéticamente modificadas. En una de las mesas, ma. Obrero de construcción que en 2008 olfateó trabajan con insumos salidos de su fábrica. En
los guías del tour confirman documentos de identi- una mina de oro en la naciente industria legal dos secciones custodiadas por hombres de se-
dad vigentes y recogen las declaraciones firmadas de la marihuana medicinal y se aventuró a ha- guridad con armas automáticas al cinto y acti-
en las que los eximimos de cualquier responsabili- cer una serie de micropréstamos para montar un tud de veteranos de alguna guerra imperial en
dad por percances a nuestra salud o integridad. pequeño cultivo bajo techo y abastecer Denver, el Medio Oriente, el Hombre Medicina vende
Por el camino, los guías nos recuerdan que la la capital del estado. Le bastaron un par de años “med” a un lado y “rec” en el otro, ambas con
altitud es traicionera y para asustarnos nos na- para que la creciente demanda lo llevara a posi- menús diseñados, cual sommelier de restauran-
rran anécdotas de marihuaneros curtidos des- cionarse firme en el negocio hasta que la legali- te francés. Sobre el límite que separa ambas
plomándose como moscas muertas por pálidas zación de la marihuana recreacional en 2014 le secciones me advierte, con el micrófono apaga-
inesperadas a semejantes alturas. Sentada al permitió crecer exponencialmente. do pero el parlante aún en el pecho, que trans-
fondo del bus, donde el humo se acumula en vo- Desde la millonaria sede en la que opera ac- portar yerba o comestibles por fuera del estado
lutas, me dejo interrogar por mis vecinos. A mi tualmente resiste los vaivenes del declive, pri- de Colorado es delito federal. “En el equipaje de
lado tengo a un hombre de unos cincuenta años meras señales de que la demanda alcanzó su mano te cogen inmediatamente”, y me mata el
que viaja junto a su esposa y dos hijos adolescen- pico máximo y ahora busca estabilizarse. “En los ojo, “you know what I mean”. Como creo saber
tes. Viene desde California, estado que en las próximos meses veremos muchas quiebras”, ad- exactamente qué quiere decir, le doy las gracias
elecciones presidenciales de noviembre apro- vierte, porque miles se han arriesgado con gran- y me dirijo a la zona “rec”.
bó la legalización total de la yerba, porque es- des inversiones sin prever la saturación de la En el bus limusina, el humo y los ánimos se
tán a punto de alquilar su finca a terceros para oferta. No es su caso, afirma, pues su temprana han asentado. Los guías, advirtiendo el descenso
el cultivo de marihuana. Y mientras él rechaza irrupción combinada con la integración vertical del vuelo, van por el corredor del medio con bol-
cada bareto, pipa y vaporizador que pasa encen- que la legislación exige (todo aquel que la pro- sas de gomitas en forma de ositos en las manos:
dido por sus narices, el resto de los miembros de duce debe también comercializarla al detal), lo “regular sweets, regular sweets, regular sweets”,
la familia los reciben complacidos. “Primera vez obligó tempranamente a hacerse autosuficiente van repitiendo. Nos devoramos los dulces anima-
que veo a mi esposa y a mi hija trabándose”, me en lo financiero e innovador en lo tecnológico, litos entre bostezos y bajo el sol poniente sobre
confiesa. “Go ahead, sweety”, le grita a su mujer y abriendo un nicho propio con variedades únicas, las Rocosas nevadas.
ella le sonríe traviesa. orgánicas y altamente modificadas.
28 # 83

No esconda
la lat a

La bolsa plástica recuerda el Sacol

La bolsa de papel es para las empanadas

El vaso ensucia lo que queda

La pola al aire cuesta $ 196.725

Pinte la lata

EMBUTIDO ARTESANAL

*Envíenos la foto de sus latas a universocentro@universocentro.com.


Llévelas a El Guanábano o La Pascasia. Las páginas centrales de nuestro
próximo número tendrán las mejores versiones.
Carrera 42 # 54-60
make
America
great again

Chicago
Carnicero del Mundo
Fabricante de Herramientas, Estibador de Trigo,
Jugador de Ferrocarriles y Faquín de la

x 10
Nación…
¡Tempestuosa, robusta, vocinglera
Ciudad de Anchos Hombros!
Me dicen que eres perversa y lo creo, porque he
Visto, bajo los faroles de gas, a tus mujeres
Pintadas al acecho de jóvenes granjeros.
Me dicen que eres falsa, y yo contesto:
Sí, es verdad, porque he visto a los pistoleros
Matar y luego ser puestos en libertad
Para que sigan matando.
Me dicen que eres brutal, y yo contesto:
He visto el estigma del hambre
En rostros de mujeres y niños.
Y una vez contestado esto, me vuelvo
Hacia aquellos que se mofan de mi ciudad y,
Después de devolverles la mofa, les digo:
Acercaos y mostradme alguna otra ciudad que
Cante, con la cabeza tan erguida, su orgullo de
Vivir, y que sea tan soez, fuerte y graciosa.
Lanzando magnéticas blasfemias mientras se
Entrega a sus faenas, he aquí un alto y audaz
Muchacho asentado vívidamente
Contra las blandas y pequeñas ciudades;
Fiero y sacando la lengua como un perro
Acometedor, astuto como un salvaje en lucha
Contra el desierto,
Destocado,
Paleando,
Demoliendo,
Planeando,
Construyendo, hundiendo, reconstruyendo.
Bajo el humo, con polvo en la boca, riendo
Con sus blancos dientes,
Bajo el terrible fardo del destino, riendo
Como ríe un muchacho,
Riendo como ríe un ignorante luchador
Que no ha perdido nunca un combate,
Fanfarroneando y riendo porque en su muñeca
Late el pulso y bajo sus costillas se mueve
El corazón del pueblo
¡Riendo!
Riendo con la tempestuosa, ruda y fuerte risa de la Juventud,
medio desnudo y sudando, orgulloso de ser el Carnicero del Mundo,
el Fabricante de Herramientas, el Estibador de Trigo, el Jugador
de Ferrocarriles y el Faquín de la Nación.

Carl Sandburg, 1914.